H E T IC A

CONVERSACIONES CON BUÑUEL

Luis Buñuel expresa a Catherine Deneuve su criterio sobre una escena de (1970).

Tristona

MAX AUB

CONVERSACIONES CON BUÑUEL
SEGUIDAS DE 45 ENTREVISTAS CON FAMILIARES, AMIGOS Y COLABORADORES DEL CINEASTA ARAGONES
Prólogo de FEDERICO A L V A R E Z

AGUILAR

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colección literaria

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Signatura

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TIRSO ECHEANDIA

cubierta y cuidado de la edición

© herederos de max aub 1984 aguilar s a de ediciones 1985 juan bravo 38 madrid depósito legal m 2414/1985 primera edición 1985 ISBN 84-03-09195-8 printed in Spain impreso en españa por gráficas ema miguel yuste 31 madrid

AL LECTOR

Cuando Max Aub murió, el 22 de julio de 1972, en la ciudad de México, dejó sobre su gran mesa de trabajo, ordenadas en más de un centenar de carpetas, alrededor de cinco mil hojas escritas a máquina en torno a un proyecto de «novela» sobre el gran cineasta y viejo amigo suyo Luis Buñuel. La idea de escribir un libro sobre Buñuel le fue sugerida, con todas las libertades ima­ ginables, por Agustín Caballero, Enrique M ontoya y Antonio Ruano, de la Editorial Aguilar, en 1967, y fue acogida por Max Aub con enorme interés. Puede decirse que desde entonces, hasta su muerte, todas sus fuerzas, día a día debilitadas, y todo su tiem­ po, multiplicado por su asombrosa laboriosidad, fueron dedica­ dos a este proyecto. Alrededor de una tercera parte de todo ese material que dejó escrito estaba compuesta por transcripciones literales de conver­ saciones que, grabadora en mano, Max Aub mantuvo con Luis Buñuel y con muchos de sus parientes, amigos y colaboradores, en México, Madrid, París, R om a... Otra tercera parte la com po­ nía una nutrida colección de textos ajenos, documentos de la época, materiales surrealistas, citas, cronologías, viejas críticas de cine, recortes de prensa... También recopiló exhaustivamente toda la obra escrita por Luis Buñuel desde sus primeras poesías y reseñas de cine hasta los guiones de películas que nunca llegaron a filmarse. Por último, en una veintena de carpetas, Max Aub había reunido notas para el prólogo previsible, sus propias reflexiones sobre el surrealismo, sobre su generación y sobre el libro mismo del que aquella balumba de papeles era tan sólo el material primario. En algunas de esas anotaciones, que tienen a veces un tono es­ pecialmente subjetivo, como si de un diario íntimo se tratase, se transparentó la creciente angustia que la acumulación de todo ese material escrito le iba creando. De la idea original (una semblan­
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za de Buñuel, una biografía, una reflexión sobre su obra) surgió en seguida la mucho más ambiciosa de escribir, a partir de la vida y la obra de Buñuel, un gran testimonio novelesco generacional que retratara la realidad cultural y social de los años veinte en Es­ paña y sus secuelas en París y, tras la derrota de la República, en el exilio. Max Aub acababa de publicar un libro y estaba prepa­ rando la publicación de otro, que le parecieron, de repente, lógi­ cos predecesores de éste que acabaría resultando su obra postuma. El primero de estos dos libros, la «biografía» del pintor apócrifo Jusep Torres Campalans, le brindaba un modelo formal que ansia­ ba volver a experimentar y que le parecía sumamente eficaz para esta «novela» del muy real—y surreal—cineasta aragonés. Ese modelo consistía en el destrenzamiento de los elementos estruc­ turales básicos de toda narración—acontecimientos, personajes, ambiente, ideas—y su presentación consecutiva, deslizando en cada uno de ellos una ironía en torno al género—¿narración?, ¿ensayo?, ¿historia?, ¿biografía?—que «programaba» de hecho el sentido del nuevo libro que empezaba a fraguarse. El segundo de estos libros, La gallina ciega, balance apasionado, profuso, exuberante de su prim er viaje a España desde la pérdida de la guerra—y, para muchos, su mejor obra—, empezaba a funcionar en su cabe­ za como la contraparte vivencial de este otro sobre la generación «de la República» que se le convertía a posteriori en tesis ideal. Por último, la sola noticia de la existencia de un tercer libro, no leído, de Louis Aragón, titulado Matisse: novela, redondeó el proyecto imaginado. Buñuel: novela. En esas dos palabras, y en la experiencia previa, form al e ideal de Jusep Torres Campalans y La gallina ciega, se empezaba a plasmar un proyecto transparente. Max Aub se lanzó, pues, a reconstruir la vida de Buñuel y la de su generación no a la manera del biógrafo o del historiador, sino a la del novelista. A primera vista, podría parecer más bien la del antropólogo fiel al método de la «historia oral», pero por dentro circulaba avasallante la concepción del narrador: el deta­ lle, la frase, el gesto verdaderos, aniquilados y preservados en la creación literaria. A l morir, Max Aub dejó la tarea inacabada e inacabable. Quien, a la muerte del autor, leyó todos los papeles, pudo pensar por un instante—editor, al fin—que el libro ideado estaba ya vivo en aquellas hojas y que sólo exigía paciencia y montaje. Pero des­ de el prim er momento hicieron falta palabras, nuevas palabras que no estaban todavía escritas en aquellas hojas, y que nadie en su sano juicio se hubiera atrevido a añadir. La única alternativa posible era, pues, partir de aquellos papeles y, sin salir de ellos, reducirlos a las dimensiones de un libro normal ped ían te el pro­ cedimiento único de elegir y desechar, respectivamente, lo visible­

mente óptimo y lo obviamente prescindible (o, comparativamen­ te, menos válido); hubo luego que eliminar repeticiones, «peinar» la retórica de la grabación y establecer soluciones de continuidad inevitables manteniendo un orden cronológico que no rompiera la fluidez de los diálogos. Otro aspecto hubo también que cuidar: el de las referencias vi­ driosas hacia terceras personas o hacia el propio Buñuel. Más de una vez le oí decir a Max Aub—al leer los textos que iban salien­ do de las transcripciones—que habría que prescindir, aquí y allá, de opiniones ligeras o infundadas que pudieran herir susceptibi­ lidades legítimas. «Al final—decía con frecuencia—, todo deberá leerlo Luis antes de entregar el libro a la imprenta. Y no apare­ cerá nada en él que no le guste.» Cuando hablé con don Luis de todo esto, hecha ya la selección final, tuve que hacer esfuerzos para que leyera por lo menos algunas partes. «Ponlo todo, no te preocupes. Si alguien dice que estaba enamorado de mi madre, déjalo. Si alguien me toma por homosexual, déjalo. Ponlo todo, todo.» Me resistía en algunos casos, le ponía ejemplos. Sólo le hice vacilar cuando de terceras personas se trataba. «Bueno, en esos casos no pongas nombres, pon sólo iniciales...» Nos reía­ mos. Las iniciales resultaban transparentes. A l segundo martini soltaba su honda generosidad: «Mira, haz lo que te parezca m e­ jor. Cuando pasa el tiempo, todo queda reducido a la mitad de la mitad. De verdad. Decide tú mismo. Tienes toda mi confian­ za. » Luego, cuando pasaba por Madrid, me llamó alguna vez por teléfono. «¿Cómo va eso?» Y sé que, al cabo de algún tiempo, per­ dió las esperanzas de que el libro viera la luz. Era doloroso imaginar lo que hubiera hecho Max Aub con todo ese material, y repasar los originales que yo iba entregando a la imprenta. Y, sin embargo, ahora, al terminar de releer por enésima vez las páginas que a continuación se inician, me parece encontrar entre sus líneas la «novela» de Max A ub; por lo menos su sustancia. A l vaivén de las conversaciones entre esos dos viejos amigos, de su sencilla sabiduría, de su humor socarrón y de su innata bondad va surgiendo la novela. Y cuando, ya terciado el libro, entran en escena los amigos de la infancia, los compañeros de la Residencia de Estudiantes, las novias, los camaradas de Pa­ rís, los de la guerra, los colegas cineastas, etc., todo se multiplica y adquiere la riqueza vital concreta que surge de toda gran nove­ la. El lector decidirá si éstos son los Papeles sobre Buñuel que dejó inéditos Max Aub o si la labor intensa que se encierra en ellos alcanzó ese cambio de calidad que pueda permitirnos lla­ marlos Buñuel: novela. Federico A LVA R EZ

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PROLOGO PERSONAL .

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se trata de explicar novela o poema por ella. sino porque éste ha sido casi siempre mi método. horripilado por las arañas. a través de ellos. las reacciones personales son de gran importancia: di­ bujan mis personajes y. y. BUÑUEL: PERSONAJE OCULTO Para mí. ¿Por qué no las películas? Misterio. A medida que he ido acercándome a la vida y la obra de Luis Buñuel y la he conocido mejor. y todo hombre que vive va. y parece no importar para el producto la vida de quien fabrica y enlata. si se trata de un poeta. Pero los cineastas tam­ bién tienen biografía. Sin duda porque los autores suelen con­ siderar el cine como una industria. han cre­ cido las ganas de llamar a este libro novela. un dramaturgo. Para dar a entender lo que es el cine de Luis Buñuel— tan personal— me interesa saber quién es ese extraño ser que anda por el mundo. Entornó- . ¿qué más da que mi Salomar haya vi­ vido— o viva— y mi Campalans sea una composición? A veces las biografías— en el papel o el celuloide— son las historias más falsas que he contado.LOS CINEASTAS TAMBIÉN TIENEN BIOGRAFÍA Es curioso que los libros acerca de los cineastas—-no son po­ cos estos años últimos— siguen más o menos una línea parecida: la de sus películas. es­ cribiendo una novela. un novelis­ ta. La Geografía y la Historia propiamente dichas me interesan en menor grado. Al fin y al cabo— para mañana— . de hecho. se habla también de su vida. novelista que voy buscando la verdad a través de la literatura. No porque lo sea la suya. un mundo. En cambio. muchas ve­ ces.

Por el momento. Tal vez. Luis Buñuel. Facetas. ha logrado ocultar su vida personal y ha sa­ cado gran partido de sus enfermedades para aislarse casi total­ mente de quienes le molestan. tal vez que­ de— siempre borrosa— más clara su figura humana (fotografías . hipocresía. ha logrado tender una cortina de humo y repetir en declaraciones y entrevistas casi siempre lo mismo. Ese extraño ateo que habla continuamente de la Iglesia católica. Se me ocurrió. Tal vez. ¿C ó m o ven a B uñuel los q u e lo c o n o c e n ? (U n m étodo) Porque si nadie sabe cómo es uno.logo por añadidura. Es lo que cela con gran cuidado. que sabe lo que son. gusto. ahora. entonces. de su manera de ser y de trabajar. como profesio­ nal. No permanece uno como lo que es—com o lo que fue— . comensal. y son como son porque fueron descritos por su creador. sólo los personajes de novela tienen trazos firmes. como es de moda entre policías. una computadora pueda acercarse al retrato. menos los demás. la organización más importante de nuestro tiempo en los países más cultos. Buñuel se me escapa por todas partes. a medias. y no más cobarde que cualquier hombre. para dar una imagen aproximada. ignorancia. ese amigo de las armas. Enfrentando pareceres. pues. ¿Y a quién se parece el Buñuel de tantos diversos retratos? A un Luis Buñuel ideal. acudir a quienes le conocen o co­ nocieron. que no existe más que en la mente del que dice: Luis Buñuel. aun atreviéndome a imprimir lo que dicen de él sus envidiosos. jefe. a la vejez. sin embargo. a pesar. o hablan por lo mismo. es decir. podamos aproximarnos al «dibujo» de quien sea. estudiante. confrontando testimonios de lo que creen los otros. que huye de toda contienda aunque ésta pueda servir a sus ideas. prudencia. no es un Torres Campalans cualquiera. Antes o después se puede hacer el examen de su obra con relación a la de los demás. Harían falta diez o quince mil. Y. sino como le ven— como le vieron— los demás. aquí y allá. le molesta casi todo. socio. amigo. arte. pero para comprenderla hay que intentar saber quién es. como las de ciertos ojos de insectos. de ser objeto de miles de preguntas acerca de sí mis­ mo. por su profesión. Los hombres callan por conveniencia. BUÑUEL: MI CRIATURA No es posible retratar a nadie si no es desde el ángulo en que le pinta el que lo ve. algún día.

Olvidan a la gente porque la gente olvida. más. pues. sencillamente. La Historia va vestida de andra­ jos. La pintura— si se conserva y es buena— deja rastro. que sólo dicen lo que ven). y no saben lo que quieren. He ido a no pocos sitios para dar con personas que me sirvan para reconstruir. La ignoran­ cia prevalece. como en un rompecabezas. y de la vida según la interpretación de muchos. a menos que fuera reciente. tal vez. pero. De los documentos ni se hable: están al alcance de quien se interese (no todos. ni siquiera arrinconados. Un periódico no es la Biblia. Quedó en intento. M ie n t e . quién era Luis Buñuel. pero también mienten. los eruditos son basureros y quincalleros que ex­ hiben sus hallazgos en vitrinas. y los trenos y las elegías sólo que­ dan por casualidad. por eso.aparte. No tengo esa facultad de pintor: tras­ lado. según el presente. Los hombres se matan y entrematan por cosas sin mayor importancia. ¿Se puede llamar progreso a un bienestar que acaso acabe mañana por el hecho mismo de existir? No tengo inconveniente en ello. La g e n t e o l v id a . lo remedian soñando. y olvidan. omito. el sistema es bueno. un plagio de la Historia tal como la vieron otros. pero no es pa­ nacea. La Historia es semi-invención y viene con el tiempo a ser una verdad variable. No somos viejos. Cuando dos o tres han coincidido lo di por cier­ to. remedo y— en caso extremo— retrato (lo cual es fal­ Prólog o p ú b l ic o . y el bronce. Otros vendrán que lo harán mejor. La música es de todo tiempo y suena según la moda. _— Este libro es. en todos los tonos. Lo han señalado los poetas que valen la pena. Con esa masa he procurado recoger el curso de algunos acontecimientos de la vida de Luis Buñuel. T a m b ié n los d o c u m en to s Y Fuimos. Y Dios debe de saber la de mentiras que allí acumuló. Gasté dos años de mi vie­ ja vida en hacerlo. única historia de la gran mayoría de los hombres. también. Ojalá fue­ se una vil y buena copia. ¿Por qué no? Menos. la gente olvida. y me quedé corto— de tiempo y dinero— . porque van dedicados a mayor número. un solo testimonio me ha dejado en la duda. sí los suficientes). Lo peor: no por aparecer cojos o mancos del espíritu inventan o creen recordar— de buena fe— inexactitudes. Desaparecemos. La Historia está hecha de ceni­ zas. no somos Historia.

Sólo Dios sabe. sea el que sea. una sec­ ta a lo sumo. Luis Buñuel es un hombre que tiene un concepto de la vida a la altura de su tiempo y ha intentado— y conseguido a veces— plasmarlo en una obra singular. mas ¿quién me asegu­ ra que así fue? Al principio. y la misma.sedad. copié. de una confe­ rencia. ¿qué más me da que se haya sacado una noticia de un periódico. Ni lo hice por ganar dinero. lo cual es afirmar que existe. Si saqueé lo que digo. madurez. no despojo al necesitado. y les queda clara una ima­ gen (formada de miles) de lo que fue su época. no para que escogiera. hurté. por ejemplo. o Cervantes. pero no forman religión. ancianidad. Pero sí que existen dioses: Picasso. cosa de la que huí en lo posible). que así es. o Leonardo. me alcé de hombros y decidí— si podía divertir al lector— dar las diversas versiones. Puede haber dudas y— sobre todo— falsificaciones. faltó tiempo para apoderarme de más. cuando — como en cualquier novela de El laberinto mágico—me di cuen­ ta de que no había manera de desentrañar lo sucedido (porque no hay un suceso. ¿Cómo ajustar la copia a un original vivo? Por otra parte. o Shakespeare. Más adelante. Con Buñuel no sucede eso. pero con todos sus atribu­ tos: juventud. así me levante con la prisa más o menos villanamente. transcri­ bí. de una mentira? Procuré no apartarme de lo que creí que fue verdad. de un libro. Pero no es Dios. sino tantos como testigos auténticos). No lo sé. que buenos centavos me cuestan estos despojos. Se sabe hoy demasiado. y el mundo dobla la espalda al peso de tan­ ta noticia o suposición. Buñuel no es Dios. Si este libro tiene lectores y al cerrarlo tienen ante él un hom­ bre— un personaje— . Aproveché la de los demás y procuré no inventar. Hizo muchas películas que no parecen suyas. Lo DIVINO Y LO HUMANO Buñuel no es Dios. Dios es puro futuro. uno piensa que no debe apartarse un adarme de lo que haya sucedido. Se nota en cualquier cosa que toquen. é. sa­ . sino para que las tuviera todas por verdad. Pero no creo que se en­ tretenga en esa clase de sabiduría de segunda mano que es el re­ cuerdo. Es decir. Lo es para unos cuantos. de un relato.

novela: m ayor verdad Si lo he subtitulado novela es porque. los cuen­ tos. no da mayor autentici­ dad a este libro que a otros. tal vez no estu­ viera mal. pero tampoco la da. Los diálogos— de ahí no se puede pasar— . hecho. ni a Luis Buñuel ni a mí nos importó tanto la verdad como la justicia. burguesamente ha­ blando) o «Esto va a ser algo de lo que llevo dentro. Y. Además. lo que. si exis­ ten. como lo es Picasso. para poder vivir. su obra— como la de todo creador— no es muy numero­ sa. «Esto es para comer» (y basta con que sea decente. Uno y otra no son sino movimiento. ¿Conocerán mejor a Buñuel si reproduzco su acta de nacimiento que si repito algu­ nas barbaridades juveniles.biéndolo. se reconociera su genio. Por primera vez. quiero estar lo más cerca posible de la verdad. en ge­ neral hablamos muy mal. Buñuel es dis­ tinto: se ata a una obra con un espíritu determinado. Ninguna de ellas— lo ha recalcado— traiciona su visión del mundo. aun co­ rregidos. con lo que ganan. A menos de prostituirme. y tal vez lo sean). sino hablado. no por serlo es de fiar. dejando aparte unos privilegiados (que pasan por pedantes. de Fede­ rico. porque no lo está. tienen algo de plano continuo que sólo anima la vida que son. El problema de Lope. lo inventado acerca de un personaje o un hecho son mucho mejores para conocerlo que los documentos. encontrar aquí material de primeras lenguas. Yo no respon­ do más que de lo mío. pero despilfarra­ dores. Como si les bastara que en un trazo. Desde este ángulo. Este libro. a pesar de todo. cuando pude. y cada día peor. al igual que una película documen­ tal. un detalle. pero son menos. . es distinto: eran dioses. visto como película. si hubiese vivido. hice uso de una grabadora. una escena. como Dalí. L ib r o d iá l o g o .» A todos nos ha pasado lo mismo. Buñuel no quiso nun­ ca (o pocas veces) grabar conversaciones. naturalmente. aunque éstas no sean tan ciertas como una fotocopia del libro parroquial en el que constan fecha de bautizo y nombre de sus padrinos? Las generaciones que sigan (no van y vienen) podrán. m a l h a b l a d o : c in e Este es un libro mal construido— si no es una ruina— y mal es­ crito. Las anécdotas. Buñuel. suficiente a ojo de hombre.

sin embargo. ¿Y así quieren la verdad? No hay otro modo. de imposibilitar al relator el imponer sus vistas generales y sus intereses más allá de la anéc­ dota. E ntre v e r d a d y m e n t ir a : o t r a n o v e l a m ía m A s Conste que no miré a Buñuel con otros ojos que con los que vi a mis demás personajes. como han venido a ser hoy. las obras de arte: teatro que no es teatro. de ahí el subtítulo. novela que no es novela.L a «p e q u e ñ a h is t o r ia ». No soy verdugo más que a medias. Pero una luz de verdad extraña a ella. Me im­ porta más esa vida «menor» que se olvida: el personaje. Buñuel. Ahora bien. otra quien la ve copiada. en general. el escritor. sino del que ve o lee. y de dejar que el lector sea su propio historiador. Tener algo pre­ sente ante los ojos no quiere decir que el fotógrafo. en cuarentena. poesía que no es poesía. por si acaso. novela: un nuevo género No será tal vez la historia de Luis Buñuel. cada cual la suya. No la amistad. antes que los lectores tomen cuanto digo por cierto— así haya sido yo autor del suceso— . Ignoro si las razones de Aragón para con Matisse son idénticas. a los hombres de bien se les ve. Todo es diversidad de pareceres. Nieremberg fue capaz de asegurar que «diferentemente se ha de hacer suplicio de un noble o de un rústico». y cualquier cosa puede ser otra. La «pequeña historia» tiene la ven­ taja de ceñir de más cerca los hechos. pero aun así juro que este resultado de la lucha de clases me es extraño. el pintor sea capaz de transmitirlo. Claro que es difícil vivir en este mundo. en ese mundo. m e jo r q u e l a H is t o r ia Lo que habría que discutir es «¿Qué es la Historia?» (o lo que los franceses llaman petite histoire). que es otra clase de riqueza. A veces tan dis­ tinta. Es relativamente fácil dar ojos sin vista y orejas sin . Por eso todo cuanto sigue puede muy bien ser una sarta de mentiras o verda­ des a medias— que viene a dar lo mismo— . sino algo híbrido. pero tengo la espe­ ranza de que el resultado dará cuenta de las suposiciones— pro­ pias y ajenas— de por qué fuimos como fuimos. Las imágenes engañan tanto como las palabras. no será un estudio sobre el siglo XX. No depende sólo de él. una luz de verdad en lo que aseguran. por apasionados. En general. ¿Qué Historia escriben los historiadores? Evidentemente. otra quien la mira y copia. pónganlo. Una es la cosa. que a nada se parece.

no me conocía. he trabajado buscando la razón de ser de la obra de Luis Buñuel. sino de destruirse (salvo que destruirse sea comprenderse. Sigo con tan gran varón.» (Dicho sea de paso. siempre me pasó. no conocía a nadie: por algo fue un santo. No es manera de comprender­ se. no puede ser sino una novela más. según sus dictámenes inmediatos y sin apelación. Creo que intentábamos decir la verdad. de sucesos. el vino tinto. Lo siento. intelectualmente hablando.si no me interesa escribir de otra cosa. las rameras. Bretón. Por una razón u otra. siempre contesté: «Para mis amigos. al azar. ¿Quién los mueve? El otro. Creí que me convenía: manera de intentar recordar lo mejor de mi pasado. Benjamin Péret. Calanda. La destrucción o el amor se titulará uno de los libros mejores de nuestro tiempo español). De hecho. de recuerdos. ni anales ni ensayos. el surrea­ lismo en general y el comunismo en particular. su madre. parecida a las que he escrito: saco de recortes. pero que de todo tienen. lo que su época fue influyendo en él: la religión. Con lo que este libro sólo in­ teresará a los viejos y a los estudiosos: poca gente. 21 . vaciado sobre el tapiz de su época. «Dos contrarios no caben en un sujeto». creo que ha lle­ gado el momento de volver sobre la enormidad de lo reunido y ver adonde he llegado. ¿Qué le voy a ha­ cer. Cuando alguna vez me han preguntado: «¿Para quién escribe?». Freud. Yo soy el otro.) Lo malo es que ahora quedan pocos. min­ tiendo. la culpa la tiene cierta mane­ ra— moda. Bu­ ñuel ha contestado de la misma manera a la misma pregunta. Y resulta que mi personaje es su época.» ¡Cómo no! El mundo. Fritz Lang. Rimbaud. Dalí. si no sé escribir de otra manera ni de otra cosa? Miento: . me lo ofrecieron en matrimonio. Este libro. asegura San Juan de la Cruz. decía. A ' i c' " oídos. A veces me choca. y en su misma espléndida Subida al monte leo: «No sabemos lo que hay entre la diestra y la siniestra. podríamos decir— de redactar algunos libros que no son novelas ni biografías. Siempre se dijo que va mucho de parecer a ser. Federico García Lorca. Buñuel e s l a v id a n o r m a l d e s u t ie m p o Ahora que llevo años trabajando en este libro. lo mismo. Wagner.. revuelto con fotografías que aclaren el texto y trozos de libros ajenos. Va­ mos dando bandazos. No conocía a Buñuel.. es decir. repito. los jesuítas.. Siempre se dista infinitamente de ser otro. De hecho. más o menos. Nadie es el otro. No escogí a Luis Buñuel. de chistes.

diga­ mos de 1898— Guillén— a 1910—Hernández— . ¿qué tiene que ver Picasso con Ri­ cardo León. ni Pérez de Ayala con Mu­ ñoz Seca. enemigo de ese tipo de sociedad. Es su tiempo— nuestro tiempo— el que se refleja en él de una manera privilegiada y profunda y el que pone de relieve su obra y su vida con absoluta normalidad. las de Ayala con las de Gaos. Dámaso Alonso con Alberti. El concepto de gene­ ración debe de ser exacto en una generación de masas— pero ¿la hay?— .Las guerras calientes. y la civil española. «¡Qué mal quedamos los del 98!». Existe una generación del 98. y existe tam­ bién la del 27. lo más curioso es que la defendiera Ortega. ni Ortega con d’Ors. Medina. Pero no lo diría por Antonio Machado. sobre todo si son españolas. Ahora bien. G e n e r a c io n e s sin d e n o m in a d o r c o m ú n La cuestión no es saber a qué generación pertenecemos: evi­ dentemente. desde la cual se siente la existencia de un modo determinado». no fue razón de agruparnos. Tal vez mi generación estuvo más pla­ gada de maricas por el relajamiento— ¡ya era hora!— de las cos­ tumbres. pero esto no quiere decir en manera alguna que Baroja tuviera que ver con Unamuno. las de Masip con las de Quiroga Pía. Y en cuanto a asegurar. o Buñuel con Pemán? . ¿Qué tuvieron que ver las mías o las de Luis con las de García Lorca o Cernuda. Con la abso­ luta normalidad— todo hay que decirlo— que viene a ser. influyen tanto en su vida como en la de todos. como lo hace Ortega. en París. Que todos viviéramos las dos guerras mundiales. sino de separarnos más. Ni— en los que siguen— que Manuel Bueno tuviera que ver con Cañedo. Ni siquiera tenemos un denominador común. que «cada generación repre­ senta una cierta altura vital. en el siglo XX. como diría Ortega. Evidentemente. la fría. el 37. la del surrealismo. una generación se distingue por las convicciones comunes. Es posible que a los veinticinco años los amigos de juventud— Gaos. Altolaguirre con Domenchina. ni siquiera por Unamuno. a la de los nacidos antes o después de 1903. Chabás— tuviéramos unas ideas socia­ lizantes y humanitarias bastante próximas. Ni. en la mía. más o menos. cuenta Moreno Villa que le dijo Baroja. pero hoy día me sien­ to mucho más cerca de algunos jóvenes que de muchas personas de mi edad. Federico con Prados. ni Azorín con ValleInclán. con las de La­ rrea? Poco.

El fue del campo a la ciudad. y yo no pasaba de burgués. Ni hubo más Zeus que el de los rayos y truenos. Luis iba a veranear a San Sebastián. Nací a las 12 del día 2 de junio de 1903. Debía de tener siete u ocho años cuando descubrí el mar y las mareas en Berk Plage y en invierno. en París. Mu­ chos de nuestros conocidos— si no amigos— de juventud fueron comunes.P a r a l e l o B u ñ u e l -A u b Uno no nace cuando quiere. y no. como Buñuel. Para y por la obra. por las vacacio­ nes. total: nada. Si fue o no co­ munista es un problema que no me atañe. según consta en el Ayuntamiento del 9. tengo tres hijas casadas con un inglés. que no he resuelto ni 23 ) . No a mí. de su tra­ bajo. Desde el ángulo de la cultura somos dependientes de la cultura española y francesa. Nuestra diferencia fundamental reside en lo político. español. pero siempre fui hombre de libros. Su padre. parisino y mexicano. casado con una francesa que vino a ser mexica­ na. nos parecemos en muchas cosas. al revés. él de la raíz católica y yo de la «librepensadora». A él le importa más la justicia que la verdad. D e­ bimos de empezar a escribir «versos» en los mismos años. Ni modo de que sea de otra ma­ nera. Nuestros caracteres son distintos. Realizamos lo más de nuestra obra en el extranjero y. bastante en la forma. todos nos definen— creo que con razón— españoles. al fin y al cabo. Y. Lo anglosajón nos afectó poco en el fondo.” Distrito. lo que no cuenta para los gustos. El. un hispano-cubano y un mexicano. pero nuestras vidas «paralelas» tienen muchos puntos de contacto. El primer recuerdo de mi madre era el del entierro de Víctor Hugo y— tal vez— el de la vuelta de las cenizas de Napoleón. Los nombres de Baudelaire y de Rimbaud tuve naturalmente que descubrirlos. Eso. sin embargo. en tantas como las que nos diferencian. joven. La diferencia mayor es la religiosa. Uno de ellos está casado con una norteamericana de origen judío. Tiene un hijo francés y otro norteamericano. Las escuelas de «vanguardia» me hirieron a mí antes que a él y las dejé. sin em­ bargo. yo. Era de familia rica. Posiblemente deberíamos morir los dos en México. el mío. para la vida. de casa y pu­ ños. el mío no paraba en casa. sin contar que nuestra relación con el cine no es tan distinta en años. vivía de sus rentas. si ateos ambos. Cuenta eso más que la similitud del medio madrileño. casado con una española que vino a ser mexicana. somos españoles: allí estudiamos el bachillerato y ambos nos hicimos hombres en la Península. Su padre ya no viajaba. él se hizo en un país distinto que el de su nacimiento. recalamos los dos en Galdós. como yo. No tengo sino tres años menos que él. viejo. yo. francés. sería lo justo.

del catolicismo intran­ sigente de su madre. Dice que no le importa. Y tanto para él como para mí. Posiblemente me equi­ voqué y debí explicarme con más novelas en las que los sucesos no jugaran el papel que les otorgo en casi cuanto he escrito. tuvo. tal vez. Las novelas fuera de todo contexto. No busco ser cabal ni perfecto. que es la que cuenta. Fue otra cosa. Pero eso no cuenta más que comercialmen­ te. Siempre me ha gustado poner a otros por talanquera. yo no. a lo sumo. y seguramente por el miedo de pecar y condenarse— le fue bastante ajeno. desgraciadamente. la verdad con la mentira para acercarme disfrazado a la verdad inalcanzable. Tuvo mejor salud que yo. problema para se­ guir adelante. el suyo. Pero i no nos formaron. el sueño con la razón. tan importantes para él como para mí. Estuvo. no siendo mala la mía. hasta donde esto puede ser en una familia burguesa. o por ambas cosas a la vez. pero la justicia y la verdad — con las diferencias normales— fueron el agua en la que bebi­ mos lo más que dejamos. me parecen. procuramos estar al tanto de lo que sucedía en el mundo. leer libros y estudios recientes acerca del tiempo pasado fue regresar a un país enterrado. es porque fue paralelo al mío. como tales— como amigos— . pero me es más gustoso mezclar el día con la noche. por pura cobardía o por natural pudor. al servicio de los comunistas. sin duda. carecí de fuerza. y. Tuvo éxito. Nos casamos con mujeres muy guapas y totalmente apartadas de nuestra obra. vimos bastantes cosas. mucho más liberal que él. Fue atleta. pero miente. Tanto monta: a ambos nos fue mal. Fui y sigo sien­ do. Viajamos mucho. a veces. tal vez. revistas ni noticias lo que nos faltaron. socialista. si más rico él que yo— por su familia— . La diferencia más honda— de la que no somos resultado— fue nuestra educación religiosa. ejercicios retóricos de clase de embalsamamiento. Si he dedicado los últimos años (iba a escribir. Tuvo más miedo que yo frente a los acontecimientos.me importa. creo que con cier­ ta razón. pero este hecho no se refleja en su obra. No fueron libros. más apego al dinero que yo. la mía fue totalmente agnós­ tica y en mi formación no influyeron para nada mis padres. a ver las pe­ lículas de 1930. nunca fue el dinero. de mi vida) a reconstruir ese medio. que le adoró. ni para el uno ni para el otro. La gloria es cosa distinta. divertidos de hacer. El amor— como todo lo que podía sacarle de sí. 24 . como las que escriben hoy algunos. fáciles— y largos— y. es decir. Como más afortunado. efecto. en él. co­ munistas fueron y son sus mejores amigos. pero es posible que en sus circunstancias yo no hubiese obrado de manera muy distinta. no contó. si no de leer. Volver a hojear las revistas de 1920.

en Alema­ nia. Bohr y Freud. tienen su vida y su muerte. separada por escasos meses de la segunda mundial. No es novedad. las contradicciones son de todas las épocas. las discrepancias. sin que el hombre pu­ diera. contando con que la rusa bien valió la francesa. estoy muy lejos de Sartre y de asegurar que nada vale su obra al lado de un muerto de hambre (al mismo tiempo que publicaba Les m ots). buro­ crática y conservadora de las teorías de Marx. el desplome de los rei­ nos de Italia y Grecia. en Rusia. mi ración de pan obligado. Cuando los hombres se juegan la vida suele ser por la verdad.) He visto demasiadas cosas como para poderj>rescindir de ellas. en China. la dinastía Manchú. la subida irre­ sistible de las teorías de Einstein. que la condiciona en el tiempo. desde que hubo ejércitos de verdad. el naci­ miento y crecimiento del fascismo mezclado con el derrumba­ miento financiero de Norteamérica en 1929— otra guerra— . el derrumbe de los imperios europeos bien orquestado con la ex­ plosión de la bomba atómica y la conquista del espacio todavía relativamente cercano a la Tierra. 25 . caen. la transformación total de los medios de comunicación y publicidad. el resquebrajamiento del im­ perio comunista aferrado a una interpretación unilateral. El viraje se inició a fines del siglo XIX. (Jamás tuve la paciencia flaubertiana de reconstruir el pasado cuando los periódicos me dan. la aparición de cincuenta repúblicas nuevas y el resurgir maotsetungiano de China. sirven un espíritu diferente. y el fenecimiento sin lujos del Imperio turco. pero la nueva estética— y la nueva política— que había de transformar la fisonomía del mismo surgió hacia los años 30: La edad de oro coincide con la cri­ sis norteamericana y los prolegómenos del stalinismo. mientras o tras la desaparición de los Hohenzollern. los Romanov. Las palabras suenan de pronto a hueco. Mi padre ya viajaba por España en 1898— iba a sus negocios. pero no puedo imaginar que una no­ vela— una novela mía— pueda pasar por alto los vaivenes— tal vez inútiles— de la Historia. Todo fueron gue­ rras durante el siglo XX. el intento des­ esperado de sobrevivencia de la Iglesia católica. No pasaron veinte años del final de la primera guerra mundial al principio de la civil española. los Habsburgos. seguir estando al día salvo a costa de olvidar el pasado. y no creo que la derrota española en Cuba le impresionara más que la guerra ruso-japonesa o la de los bóers— . es decir. en Austria y en España. cada día. El siglo XX ha visto desfilar el entierro de lo que teníamos por más preciado de nuestra herencia cultural. Añádase revolución tras revolu­ ción. en su gran mayoría. Vino el surgir de los dos Grandes. el reemplazo parcial del racionalismo por su contrario. abono natural.No obstante.

mas se leen pocos. sino que le gusta comer migas en un an­ tro ahumado. Ni cree. Se suele decir lo que no se sabe que ya se dijo en los mejores libros. Y tristes de los que queden recuerdos. .. Sin embargo. Todo es olvido. desestima. Mas nadie cae en la cuenta de la ingratitud hasta que le bajan a des­ cansar. es lo que buscamos yéndonos en pos de otros. el emplazamiento de la cámara. como fray Luis. «que la vista deleite los ojos». como yo ahora. sólo es mío el punto de vista. aunque se tengan. Lo cierto es que no pido gracia. No sé si basta lo dicho para explicar mi intento. Nadie me lo ha de agradecer ni per­ donar. Deshecha la rueda de la vanidad. y la primera imagen que filmó e partir un ojo por la mitad.. Yo no ventilo negocios y no nie­ go que se le puede tomar gusto a la vida siempre que se tenga salud y descanso: madres del cordero. D e tanto mi­ rar siempre adelante se olvida el hombre de lo que fue. Tal vez lo que más falta— a nues­ tros ojos cansados— es piedad. como pasará con los mejores. espero que el lector tenga en cuenta que. de hecho. somos los últimos en saber las cosas del mundo. sino al revés: que los ojos son los responsables de la vis­ ta. es decir. desprecio. No en vano odia la ceguera. y todo son ardides. Nada más y nada menos. Pero Luis Buñuel no pa­ rece haber nacido para «sentir olores novísimos sensiblemente».pero ésta cambia como la luz. como quería el Santo.

me limito a citar las que apunté.POSDATA Hoy. hice solo este libro— tru­ fado de citas— . a veces descuidé hacerlo. No pude. lo demás. Animo no me falta. recuerdos venidos a folios. inventar la Historia. Lo sucedido pasó. No las tengo todas con­ migo. Lo siento. domingo 3 de enero de 1971. la palabra y el papel. El que salga de este cúmulo de documentos.. No quiero creer en premoniciones. ensayos. hechos. Procuré ceñirme a los hechos. Mi cuerpo está dañado. sino con la cabeza. empiezo a poner en orden mis papeles acerca de Luis Buñuel. lucubraciones. dar con la ficha. tras dos años y medio de preparación. y lo siento. aparece según me lo contaron. personajes son y quedan. en el labe­ rinto enorme de los papeles revueltos. y no sabría. No tengo tiempo de dar todas las fuentes. mi duda y preocupación. bocetos. que es mayoría. mi memoria se resiente de ello (prueba de que poco tiene que ver con la inte­ ligencia. y no se es­ cribe con él. También ignoro qué se publicará de este amontona­ miento de datos. . ¿sobrevivirá? Para eso necesito acabar este li­ bro y que no acabe él conmigo. que pasa a ser personaje. Mi corazón lo ha de decir. Conste que a pesar de cuantos agradecimientos tenga que de­ jar constancia (justificados sin duda). Es la primera vez que me enfrento al papel con el temor (fundado) de no acabar lo que principié. sin ayuda alguna. por mucho que la ayude). estos tiempos. Buñuel vive y morirá. Todo lo busqué. Respondo de lo que vi. Los personajes. Es curioso que a mi personaje le sucede exactamente lo /m ism o y que si no se decide a empezar otra película es por­ que— según me confiesa— no sabe si la terminará. Esta ha sido. conversaciones.. todo lo hurgué.

que no era tonto. pero que. que leimos a los veinte años: una especie de Julio Verne entre Paul Morand y Sous les toits de París. (Tuvo la impronta de Picasso. en Estados Unidos. con toda seguridad.) Murió Lucien Goldman. unos funcionarios de Pétain. el de aquel Mag­ nífico cornudo. que tal vez no lo era. A ver si acabo este libro. que nos re­ cordaba a Von Stroheim. sin eso. ahora lo recuerdo... resultó ser un judío vienés. Murió Mauriac. tan cerca de mi corazón— no sé si del de Buñuel. el alemán estereotipado en el cine. novela que tantas ve­ ces pensaste convertir en película!). uno de los hombres que más influyó. y. de Jerusalén— que nada tiene que hacer aquí— . el antipático judío y buen escritor. a Crommelynck. entre Madero fusilado y Azaña enterrado en el exilio. pequeño novelista al que le tocó el gordo de la guerra del 14. por unas horas que me hicieron perder en la frontera. Así vine a ser mexicano. Está bien que muera ahora. Apenas murió Kerenski. del que no quiero pasar (ojalá lo hiciera con los discretos encantos de que es capaz la burguesía). Daladier debe de andar en el infierno quemándose las posaderas en el lugar donde siguen ardiendo las ruinas de Guer- . y que a Buñuel le gustaba tanto (¡ah. Murió Daladier. al que de­ diqué— bien acompañado— uno de mis libros. el 70. creo que sí— con sus collares. me pongo a releer.De los m u erto s el a ñ o 1970 Cuando ahora. Enterraron a don Antonio de Oliveira Salazar para probarnos que la tiranía es fuente de larga vida: sin duda la sa­ tisfacción del poder debe llenar de júbilo venas y arterias y el sis­ tema solar de los nervios. que influyó más en mí que en Buñuel. a estu­ diar e intentar organizar tantas noticias reunidas alrededor de Luis Buñuel para rehacerlo en el papel. en Casablanca. que. Cosas sin gran importancia. a estas horas tendría pasaporte norteamericano. Murió Elsa. y no sólo en el arte novelero de nuestro siglo. a veces.. Allá (¿dónde?) se fue el magnífico mariscal Timoshenko. Fue uno de los res­ ponsables de nuestra derrota. en enero de 1971. pero no puedo olvidar que fue él quien me dio el affidavit para poder salir de Europa el año 41 y a aquel cónsul norteamericano que no quiso prorrogármelo. le fue mal. estuvo con nos­ otros. y Jean Giono. que Aragón iba a vender a los grandes almacenes. lo parecía. como Ayala o don Américo. gran escritor como hay muchos. ¡y mis collares!. el vie­ jo Agnon. a la postre. como es natural. tengo que recordar a Marie-Laure de Noailles (Toujours en avant!). como yo mis gemelos. en Uxda. Le hussard sur le toit. y John Dos Passos. y Erich Maria Remarque. luego se pasó al moro. echo un vistazo a los muertos del año 70. A Pierre Mac Orlan. Buñuel no ha hecho ninguna película este año.

gracias. . dejando— en lo posible— las teorías a los lectores. quiero que quede claro desde ahora mi agradeci­ miento a los señores Aguilar. a Enrique Montoya y Antonio Ruano. Lo que sucede es que los encargos (para quienes no somos me­ ros ejecutores) se transforman en obra personal. Murió el general Cárdenas. Stravinsky es el me­ jor ejemplo contemporáneo. sabio. Estas páginas se han hecho a base de conversaciones y de re­ cuerdos. Van muriendo todos los que fueron a Es­ paña del 36 al 39. respetémosle. aun­ que él mismo reconocerá que podía haberme ayudado más. y — sobre todo— a Luis Buñuel por todo lo dicho y callado. la interpretación. también Buñuel. Murió Eli Lotar. el malicioso. lo que sí reconozco es mi tiempo. A todos los que me han ayudado y que aquí se verán nombra­ dos o se reconocerán si prefirieron callar su nombre.nica. Ahora bien. lo hacemos aun sin querer.. Hay que hacer otra cosa. No se puede: la Historia es irrever­ sible. En el 69 murió Gustavo Durán. a Agustín Caballero (que descan­ sa en la paz del recuerdo de los que le conocieron). Después de todo— por razones algo distintas— . y doña Gloria Giner de los Ríos. a pesar de las cuatro columnas necrológi­ cas que le dedicó el New York Times. gran escritor. el catalán un tanto prosopopéyico. ser mexicanos. aquí no entra tanto en juego la casualidad. por la paciencia que conmigo de­ mostraron ante las transformaciones que ha sufrido este encargo. Nunca utilicé otro método cuando quise contar sucesos ver­ daderos. el cama­ rógrafo de Las Hurdes'. A g r a d e c im ie n t o s y p a l in o d ia p o r e s t a «n o v e l a » Nunca escribí por encargo nada que tuviera por mío. Los dos le debemos mucho: entre otras cosas. París cuenta mu­ cho en nuestras vidas. y Gastón Modot. gran poeta a lo latino. sólo en parte.. se convierte necesariamente en un relato en el que la imaginación. Fuiste a darle otra vuelta. que los que lean estas páginas no sabrán quién fue. Tam­ bién murió el general De Gaulle. el protagonista de La edad de oro\ y Ungaretti. Ignoro si Buñuel se reconocerá. como no me canso de decir. He escrito no poco acerca de ello este año. y José Carner. Seguramente viví equivocado. Puesto a con­ tar cualquier vida (aun la propia). es pro­ pia. como no sea este libro. Al fin y al cabo.

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CONVERSACIONES CON BUÑUEL .

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y quiero buscar y encontrar. si todos calvos. Dentro de cincuenta años. si no para siempre. por lo menos por algún tiempo. — Ya te digo que no se trata de hacer un libro sobre ti. Lo que quiero es intentar un retrato en movimiento. y no hay quien proteste. son otra cosa. Tampoco quiero hacer una biografía. No aburrirme. Siempre me ha molestado. Las novelas. sino un libro sobre nuestra generación. sino sobre Luis Buñuel autor de películas. y para dar con lo que se quiere. Veremos^ . llevas a tus personajes por donde quieres. no es. ¿Quién.— 2 . que tal vez se parezca un poco a Desnudo bajando la escalera. Si he aceptado. y no se trata ahora de hacer otro más sobre ellas. según su humor: — Cuando escribes una película. y a nuestra época. — Me molesta que hablen de mí. para ver hasta dónde es_j posible que un lector sea capaz de sacar de ese cuadro. se equivoca uno muchas veces de camino. ellas. hechos pedazos pero enteros. Ya estamos viejos. porque a lo mejor ni me contesta o me miente. y tal vez con razón. las otras. — Se han escrito ya muchos libros acerca de tus películas. para confrontarte' con Chaplin ni con Fellini. — ¿Dejar rastro? — Las películas son de un material poco durable. Hacer algo. poco o mucho. — No es el trabajo el que me asusta. al mismísimo Luis Buñuel. que ha vivido un tiempo bastante extraño. pues. — Pues te va a costar trabajo. como nosotros. con la de España como pivote? M AUB. ha visto dos guerras mundiales. sino el tiempo. Tú sí protestarás. hechas polvo. ni para comparar a Viridiana con Simón del Desierto.PRIM ERA No hay necesidad de preguntárselo. ¿lo haces para ti o para los demás? ¿Para ayudar a transformar el mundo o para escupir en la cara del banquero que vive en la esquina de tu calle? — Para ganar dinero.

Porque él estaba en su despacho. no tenían que ver con el surrealismo? — Completamente. en París.— Y todas las demás. No se abastecía de una sola marca. Pero cuando Arrabal me dijo que iban a poner mi nombre entre los que autorizaban lo que ellos llamaban la toma de los pabellones de la Ciudad Universitaria. no me hizo el menor caso y pusieron mi nombre. de verdad. sino de varias. -— Creo que era Smith. — No tienes idea. cosas para barcos. el famoso Smith. lo desmentí. Es decir. haya podido surgir un movimiento como el surrealismo. No es necesario que alces la voz. Y España sigue siendo España. que me las llevaba a casa. Parece mentira la cantidad de insensateces que han inventado a costa mía. e influir de una manera tan continua y persistente. aquí en México. ¿O crees que los sucesos de mayo del año pasado. me dedicaba a ir a misa todos los sábados para buscar hostias consagradas. ¿verdad? Y le regalaban de vez en cuando. regalo de fabricante a vendedor. las llevaba al excusado y hacía funcionar la bomba de agua. una mentira más que te cuelgan. Era una ferretería grande donde había un poco de todo. — Lo que me importaría poner en claro es el cómo ha sido posible que en nuestro tiempo. mi padre estuvo treinta años en La Habana. luego. no sé. -— Cuando vio saltar el Maine.» Y como resultado natural. que de ninguna manera. — ¿Tu padre pasó mucho tiempo en La Habana? — Sí. hijo del siglo XIX. Saltaba de júbilo porque estaba viviendo. Como lo publicaron estando yo en España. basado en la irrealidad. — No te extrañaría. Que el día en que verdaderamente hicieran la Revolución. tan racionalista. que es cuando volvió a España y se casó y nací yo. Con el aparato oigo bien. Aquello era surrealismo puro. le dije que no. ¿nunca te dijo nada de su impresión? — Sí. porque iba a llegar la Policía y los iba a echar a las primeras de cambio. cuerdas y velas. tres. Breas. un rifle Win­ chester. que no es grano de anís. una época surrealista. Smith. La tienda estaba en Lamparilla. y Remington también. los dos. Como es natural. con tal que hables despacio. sí. ¿no?. — ¿Qué fábrica era la que mandaba armas a tu padre en Cuba? — Smith. con el mayor gusto. las ponía en unas jaulas de grillos y les decía: «Canta. últimamente un periódico francés publicó que yo. entonces sí. Sí me contó. hostia. — Smith. Porque vendía armas. canta ahora. del sesenta y ocho al noventa y ocho. un revólver Smith con sus iniciales. Era la calle donde se hallaba la . o verás lo que te pasa.

Pero ¿cuántos años estuvo tu padre en Cuba? —Treinta años. A las obras que valen la pena no les pasa lo mismo. claro. Cómo se deshace uno. Miramos un poco las fotografías: de soldado. — Por lo visto. En la calle Lamparilla. hacia los adentros. o barcos hundidos con honra. te lo presto. Y en Lamparilla. o algo así: «Prefiero barcos con honra. pero en Santiago de Cuba. les traspasó el negocio a dos de sus empleados. Fue una catástrofe de gran conmoción. que barcos con honra». Se levanta con ese su andar en el que le cuelgan un poco los brazos hacia adelante como arrastrando un poco los pies. Sí. — Sí.. ¿Desde los diecisiete? — Sí. Yo no he estado nunca en La Habana. Hasta Castro. no. ¿Por qué? Después de tanto tiempo de estancia en Cuba de tu progeni­ tor. que eran los dos socios de mi padre. Creo que fue el almirante Cervera en la guerra de Cuba. asturiano. una ferretería y cosas de barcos.. número tres. Vuelve con el libro de Kyrou. Pero eso fue en Santiago. —Toma. ahí cerca del puerto. -B ueno sí. Han debido de morir los contemporáneos de mi padre. Mi padre era como yo. cuando pensó que tenía bastante dinero. una cosa así. que barcos sin honra». era una de las grandes fortunas de La Habana. Ya sabes que soy racista (guiña el ojo). — No. pero los hijos tenían el negocio. pero dado a las mujeres. — Sí. ¿no crees que puedas tener hermanastros allí? — No. Y lo vio saltar. — ¿Una ferretería? — Sí. creo que estaba en el puerto. no lo sé. Se ven los barcos. y se prestó para que Cervera dijera su célebre frase: «Prefiero barcos y no honra. y el otro. tuvieron éxito con el negocio. También conocidísimos. Toda una vida. y oyó la explosión del Maine. frente a su retrato. hecho por Dalí el año 23. creo. ¿Quieres una taza de café? — Sí. — Comenzaron siendo dependientes.ferretería que luego se llamó Casteleiro y Vizoso. Mi padre. no creo que tenga hermanastros en Cuba. una calle que estaba en el puerto mismo. y aún era famosa en La Habana la casa «Casteleiro y Vizoso». El uno era gallego. tres (yo no he estado nunca en La Habana). pero 35 —¿Entonces? . Pero no creo que fuera de los que se acostaran con negras o con mulatas.

Ugarte se reía cuando yo se lo decía. con diez de Calanda. — No tendría importancia si no fuese porque lo consideran publicado con su total aprobación y alguno que otro ha repetido sus inexactitudes. si fuese cierto. ¿no? — N o. no me veo con hermanos mulatos. pues debió de hacer ahora cien años. Como el padre de Ugarte. — ¡Si mi madre nunca estuvo en Cuba! — Ya te digo que está lleno de errores garrafales en las fechas. Luego asegura que tu madre fue a La Habana. aun como cuento: Luis Buñuel. D e una familia que venía del Alto Aragón. soy hijo de Weyler. Oyó campanas. Por otra parte. A mi padre lo llamaban «Weyler». — ¿Había una gran diferencia de edad entre tu padre y tu madre? — Cuando se casó. Además. después de la guerra. — ¿Cuáles por ejemplo? Porque te aseguro que o no me acuerdo. mi padre debía de tener cuarenta y dos años. Reímos. Así que. se casa el mil ochocientos noventa y nueve. lo haya leído muy por encima. como todos estos libros.. y mi madre. — Lo que pasa es que tú no lo has leído. — ¿Sabes que.. mientras preñan a sus mujeres. justo. — Ella era de Alcañiz. sentado en una mecedora. ya que en esto no mienten las fechas. Porque ése sí. — No dejaría de tenerla si fuese verdad. — Mi padre sentó plaza. Pero no me extraña. Nunca hablamos en serio. desde el balcón de su casa. Bebemos. mil ochocientos noventa y ocho. Sí. no es posible. hijo del general Weyler. serías cubano.no.. ya te lo he contado. No me fijaría. si se asoma a la vida. tampoco era de los que se vuelven a casar y. y el mil novecientos nazco yo. o lo más probable es que. vio cómo 36 . — Sí. y no las de Calanda. todas las fechas están equivocadas? — No me digas. se acuerdan de las indígenas. y que volvisteis definitivamente a Calanda en mil novecientos catorce. ¿Te acuerdas? — Claro. fecha de su vuelta a España. diecisiete. sino que nos vimos varias veces y no recuerdo si tomó notas o no. —Empieza diciendo que tu padre fue a Cuba como militar y que puso su tienda luego. con todo el interés que tiene el libro de Kyrou y lo exacto que es en cuanto de cine se trata.. mil ochocientos sesenta y ocho más los treinta años que pasó allí. hace mucho tiempo. de Calanda. — Mira que tiene gracia. Asegura que tu padre volvió allá el noventa y nueve..

Pero por oposición: cuando mi padre— yo tenía once años— quiso que aprendiera a tocar el piano. — Lo único cubano que hay en tu vida es el dinero que te dio tu madre para Un perro andaluz. — No me extraña en absoluto. desencantado y furioso porque sus ex empleados no quisieron admitirle. Y ya te digo. en el fondo. mi padre sentó plaza y se salvó de morir por su buena letra. hasta mil novecientos doce.. Aún tengo arriba cartas de él. A mi padre le pareció bien.. y aun anteriores. el oboe. al cabo de unos meses. Pero volvió a los tres meses. lo llevaba conmigo. Tenía una caligrafía magnífica.. — Pero tocabas el violín. sin Cuba— y sin España.. Cuando lo licen­ ciaron debió de entrar en una ferretería y luego puso su casa propia. En eso he . Se queda pensando unos segundos. Que se quede aquí en la plaza. el violín. N o puso los pies en Cuba. Mientras que el piano. como sabes.. -¡Pues sí! ¡Tienes razón! Ya no me acordaba. — Sí.. La cosa es que al escribir su solicitud dijo alguien: «Este chico tiene buena letra. [. Con lo que resulta que.] ¿Qué instrumento te gusta más? — Cualquier cosa que no sea el violonchelo. ni el dadaísmo ni el surrealismo hubiesen sido lo que fueron. como ya te dije el otro día. ¡las trompas de Wagner!. a pelear con los mambises. — Sí. cariacontecido. A mí me gustan las trompas. y los nueve murieron de fiebre amarilla. Es chistoso..... el corno. también fuera cubano. — Hasta en París.volaban el Maine. y quería dejar su dinero fuera..» Y sí. Un pendolista. seguramente la guerra. siempre lo puedes llevar contigo. —Y así fueron las cosas hasta que decidió volver. Y volvió en seguida. claro— .» Los otros nueve del pueblo se fueron al interior.. Digo gustaba porque desde que estoy sordo no puedo oír música. Y lo curioso es que posiblemente el dinero que aportó Picabia para todas sus fantasías dadaístas. — ¿En París? No. puedes decirlo. que decían. Quiso volver a La Habana el año doce. yo preferí el violín porque todos aprendían a tocar el piano. — ¿Y el violín? — Bueno. ¡Yo con mi violín en París! A mí el piano sí me gustaba. Olía que iba a pasar algo en Europa. — ¿Cómo se llamaba? — Leonardo. A mí Casals me parece una mierda. Nunca le vi más desengañado. «Además— me dijo— .

Su padre se llamaba Leonardo. no estuviste más que cuatro años con los jesuitas. Me puse malísimo. durante los años que estuve con ellos.. — No. . Era jueves. El bautizo se efectuó el día 9 de marzo. en una tasca de Zaragoza. en Zaragoza. Por entonces tuvo su primera «novia»: Pilarín Urazandi. La tasca se llamaba «El Velódromo». que vivía en La Habana.. María. Un dedo al aire para lo menor. hombre. — Bueno. — Según me dice Mantecón. su madre. vende­ dor de esponjas. Que yo recuerde. Desde los seis. legítima esposa de Gaspar. Se emborrachó por primera vez a los trece años. porque él se refería a los años de bachillerato. ambos tenéis razón. en la calle Mayor. donde estuvo un mes y medio. — La melena rubia de M antecón. y su madrina. Panchita Homs. Allí estaba Mantecón. Me acordaré siempre.. Nace en Calanda (provincia de Teruel) el 22 de febrero de 1900. amigo y compañero de negocios de su padre. con Martín Sante y los tres hermanos Barazas. a Palma de Mallorca. dos campanadas para lo mayor. frente a la placeta de Mañero. — Pedimos chorizo y aguardiente. Tomó la primera comunión el 17 de abril de 1910 en el Colegio del Salvador. dos dedos para lo mayor. ¿eh? Los jesuitas en eso eran de lo más ojo alerta. 38 L. H izo su prim er viaje precisamente a casa de sus padrinos. Cuando quiero hacerle rabiar le recuerdo cómo el padre Marcelo lo tenía sentado en las rodillas— tan mono— mordiéndole la orejita. entre nadie. acabé el bachillerato en el Instituto. neé Portolés. Debí de tomarme como un cuarto de litro de aguardiente. Su padrino fue Gaspar Homs. En el cafetucho había obreros que iban al trabajo. — Sí. — Ignoraba lo del largo pelo de Mantecón. en 1907. Siempre había algún hermano que nos vigilaba. con unas monjas dándome fricciones. que ni mi padre me dijo nada. nada de nada. estuviéramos donde estuviésemos. que enton­ ces gastaba melena. Eran las siete y media de la mañana. Estuve siete años. Tan mal estaba. a menos que nos llevaran a todos juntos: una campanada para lo menor. no. Arrojé todo lo que había que arrojar y me desperté en la enfermería. mallorquín. Pasábamos del punto de vista de uno al punto de vista de otro. efectivamente. pasando por Barcelona. Decidieron no ir a la escuela. Pero nada malo.venido a ser surrealista al final de mi vida: a los surrealistas no les gustaba la música.

¿las fechas exactas? — En los corazonistas de Zaragoza. de Zaragoza. y luego a San Sebastián. -E s curioso cómo se acuerda uno de algunas cosas. con mi madre. en la antigua Capitanía General. Hasta los catorce años yo era católico practicante: misas. que estudiaba primero de Derecho. 39 . Como todos los de mi familia. y decía que se acercaba «¡i los sacramentos del altar» una vez al año. Acerca de los castigos rli'i nos debidos a los pecados que sobre todo tuvieran que ver con 1 1 sexo. — Mi padre era un liberal del siglo xix. —Sí. y los dos últimos cursos del bachillerato: mil novecientos quince a mil novecientos dieciséis. — Sí. — Hay muchos libros sobre ti llenos de verdades y mentiras. un chico de Logroño. Si me pusiera a contarlos. —Y hasta los catorce años ibais de vacaciones a Calanda. y en el otoño de mil novecientos diecisiete. en el Instituto de Segunda Enseñanza. A los diecisiete años. La casa ya ha desaparecido. — ¿Tu madre era muy católica? — Muy católica. de los jesuítas. Era en Indepen­ dencia. Mí gran amigo era Tomás Pelayo (el padre del que hoy es fíohernador de Barcelona). una subyacente desconfianza hacia la existencia del infierno. y de mil novecientos dieciséis a mil nove­ cientos diecisiete— mayo de mil novecientos diecisiete— . Quién sabe. Yo andaba continuamente con él. comulgaba muy frecuentemente. — Nunca. me acordaría de cuántos había. diecinueve. Morquecho. de mil novecientos seis a mil novecientos ocho. menos mi padre. Yo era muy joven cuando fuimos a vivir a Zaragoza. —También dicen que la iniciación de tu ateísmo se debe a la lectura de El origen de las especies. de mil novecientos ocho a mil novecientos quince.. hacía esqui­ na. confesiones. rosarios.. Iba a misa para dar ejemplo. Los jesuítas insistían mucho sobre el infierno. porque lo consideraba necesario. como la mayoría. a Madrid. Primero fue una duda. en Zaragoza. Es decir. a buscarme una casa de huéspedes. tenía dos pisos y muchos balcones a las dos calles. —Tu padre. yo ya no creía nada.— Entonces. El propietario se llamaba Rafael Pamplona. en el Colegio del Salvador. Hay quien dice que fuiste a Madrid a estudiar pintura. ¿Y cómo perdiste la fe? Supongo que de la manera más corriente y vulgar. A los dieciséis años. y a Spencer y a Haeckel. de los quince a los diecisiete años. me dio a leer los tres tomos de la Editorial Sempere. lo que enreda mucho más las cosas.

— Pues sí. donde el doctor Madrazo.. yo me puse a leer primero a los sociólogos y a los filósofos. Fue mi profesor de latín. Siempre me gustó extraordinariamente. Un tío de mi madre era cura. Familia de don Marcelino. Alguna parte del verano lo solía pasar en Vega de Pas. sin contar que ya había empezado a leer los libros que me pasaba Morquecho. — Ya me dijiste no haber leído a Lautréamont sino hasta el año 40 . el Año Cristiano. — D e hecho. — ¿Tuviste algún director espiritual de primer orden? — No. el cual ya estudiaba entonces primero o segundo de Derecho. nos masturbábamos. Todo eso coincide con la pérdida de la virginidad de la manera más normal en aquellos tiempos. y no literatura. cómo estaba hecha. lo mismo que la música. ¡Qué miedo pasábamos! — D e hecho hemos sido la última generación a la que el miedo a las enfermedades venéreas no dejaba dormir. De todas maneras. están de acuerdo conmigo en que efectivamente la pérdida de la fe en la juventud cristiana se debe ante todo a esa hinchazón del infierno de la que rezumaban los colegios de sus órdenes. El proceso fue largo. la culpa la tuvo Blasco Ibáñez. — Pues sí. Hoy día. el tío Santos. y hablábamos y hablábamos. en Santander. La colección Prometeo. — Arturo Sáinz de la Calzada me decía de su estupefacción ante lo que podías saber de teología. Tomás y yo. — ¡Bah! Son cosas que leí estos últimos años para hacer el Simón. que era una especie de Marañón de la Montaña.hablábamos. Hacia los catorce o quince años. es decir en el mismo cuarto. Era de la familia. después. Hacia el año quince y dieciséis o diecisiete ya nos apasionaba el hecho mismo de la sociedad. No deja de ser un consuelo. siempre me gustó leer vidas de santos. y más por los ligeros pecados sexuales que cometíamos. el órgano. como todos nos­ otros. — ¿Y tu afición a la liturgia? — Es una fijación artística. Creo que perdí totalmente la fe cuando cumplí los diecisiete. Dormíamos juntos. Era el administrador de mi padre en Calanda. y yo le hacía partícipe de mi desconfianza de la existencia del infierno. ¿Cómo era posible que por algo tan insignificante tuviéramos que pasar toda la eternidad metidos en el infierno sufriendo penas inacabables? Por ahí empezó la cosa. cuando estu­ dié letras. y de allí a Darwin y Nietzsche. lo que me sirvió mucho. cuando hablo de eso con dominicos o jesuitas. tenía un gran sanatorio para tubercu­ losos. como todos los jóvenes de nuestra edad en España. aunque todas las vidas de santos se parecen mucho.. Porque. porque evidentemente.

Lo llevaban trabajadores de las fincas. al rosario. — Dicen que es una idea de Dalí.. Vimos ahí un mulo muerto. Ya te he contado que en La Habana vendía de todo. 41 . la Virgen y Pellicer. Cuando yo estaba malo. Era yo un niño. vestidos de blanco y con cíngulos rojos. campanas a misa. Por lo visto. Cuando murió mi padre tuve aquella sensación de liberación y me bebí dos copas de coñac. — ¿Cuál fue tu primera imagen de la muerte? — La putrefacción. a veces. Es una idea mía que tenía en la cabeza desde el año veintitrés.] Mi afición por las armas se la debo a mi padre. ¡Figúrate. — ¿Tienen algo que ver con los burros putrefactos de Un perro andaluz? — Desde luego... Los huesos. Es una lástima. vendía bastante. Y te pusiste sus zapatos. Iba de paseo con mi padre. nn padre entraba en m'i habitación a verme y me prestaba o me regalaba alguna. el toque de agonía. — ¿Te impresionaba la idea de la muerte desde niño? — Sí. Iba mucho por el cementerio. en Calanda. Un «carnuzo». Tenía yo ocho años. es otra historia. Precioso. —De ninguna manera. no lo puedo separar. Con dos ángeles de tamaño natural. ¿no? Mi padre había pagado un paso para la procesión del Mila­ gro. Me fui a dormir con la Smith bajo el almohadón. Para mí— instintivamente— el coito es algo infernal. y la casa Smith y Wcsson. ¿Pero crees que corresponde al hombre ser responsa­ ble del bien o del mal? — Ya te he dicho que el dios creado por el hombre es el espíritu del mal. -Lo puedes remediar. De un lado venían los aparceros. para los barcos. además. Y. ¿quién muere? Campanas.. en Calanda. por otra parle. Los carneros. de cuando en cuando.. Una ferretería. Que tocan todo el día. veintinueve. le regalaba algún revólver. Sentí una liberación. un primo m ío. Una visión de muerte continua y el sentido del pecado. |N o me oye.. del mejor estilo sansulpiciano. venían de la pared. Y armas. Las campanas de Calanda. con las cachas de nácar y sus ¡nidales. Tuve dos apariciones terribles.. De eso hay mucho en El ángel exterminador. las campanas. a mí! Pero no lo puedo impedir. Las «hordas rojas» lo destruyeron en mil novecientos treinta y seis. Sí. —Tu padre tenía gran sensibilidad hacia el arte. como llaman allá a los animales muertos.

un ruido de sillas. Pero últimamente comprendí que lo quería. los exámenes eran en junio y la matrícula creo que terminaba hacia el treinta de abril. o una cosa así. bebiendo bastante.. que se llamaba el doctor Amorós. — Con Chabás. Era mayo. no en el coma todavía. lo enterramos. hasta que murió. lo cuidé por la noche porque mi madre no aparecía por allá. no sé.. Se iba a examinar de otra cosa. recuerdo mal. Perdía el conocimiento. Yo quería a mi padre. El había terminado la carrera.. cabeceando un poco para conciliar el sueño antes de ir a la estación. Entonces me acuerdo que en momentos de lucidez. ¿Dónde estabas? — Fue a finales de abril del año veintitrés. los dos días que duró. dos botellas de coñac en dos días. mi padre me decía: «Me voy a marchar para siempre. Cuida bien a tu madre. Entonces.— Vamos a hablar un poco de la muerte de tu padre. bebería.» Pero veía muy bien levantarse el Cristo. Que debía ir a Zaragoza inmediatamente. etcétera. a las once de la mañana (murió por la noche).. y fui a matricularme. No. por la mañana. Mis hermanas tampoco aparecieron. Creo que me matriculé y fui a la Residencia. en total. y estuve toda la noche velándole. y al llegar allí me encontré un telegrama diciendo que mi padre estaba muy grave. dando cabezadas para. Y estando en la cola frente a la ventanilla de matriculación. No sé por qué estaba allí. al día siguiente. Mi padre murió el tres de mayo. sobre todo cuando tenía dieciocho o diecinueve años. y hasta que lo enterramos. sí. Y en eso oí en el comedor. Yo tenía que irlo a esperar a la estación a las dos de la mañana.. Yo decía: «Bueno. Tenía un Cristo en el pecho y lo veía respirar. Casó con una prima hermana mía.. Y llegué cuando mi padre estaba. que era la habitación contigua. esto sería a las once de la noche. como alguien que pasa rápidamente entre una multitud de sillas. no sé. que lo estimaba mucho. tal. Entonces comencé a beber para. estaba el balcón abierto. pues. A lo mejor era la ampliación de latín. Estaba en la cama. Yo había ido a la Universidad Central. Perdía el conocimiento. Y me asusté un poco: 42 . por ejemplo. esto es una alucinación. pórtate bien con ella». volvía a recobrarlo. aunque había una cierta rivalidad. Me examinaba por libre. Era profesor de Numismática. era una temperatura muy tibia y yo estaba sentado en un sillón. Entonces me impresionó bastante. de la Universidad de Barcelona. Yo lo amortajé. Nervioso y tal. Y aquel día había­ mos puesto un telegrama a un primo mío a Barcelona. Tomé el expreso y me fui a Zaragoza. Vivió todavía dos días. ¿no? — Chabás estaba allí también. Y entonces había recibido un telegrama de mi padre. pero muy grave. comencé a beber coñac. Pues aquella misma tarde me marché. Y murió al día siguiente de llegar yo..

— ¿Y qué hay de aquello de que te pusiste los zapatos de tu padre? ¿Tu padre ya estaba enterrado. váyanse y déjenme solo. Una cosa completamente absurda. Volvimos a casa. pero tengo miedo.» Y me acosté en el colchón. al llegar las dos. sé que es el coñac y que me encuentro tal. Salí un día con el jipi por.. y tal. Y me lo puse también. Mi padre tenía un poco más grande la cabeza que yo. Di un grito. Una maravilla. Y les dije: «Tuve una alucinación. al lado del cuarto donde había muerto mi padre. me sentí un poco ya el jefe de la familia porque era el hermano mayor. Déjenme. como una tela de araña. Se abre la puerta y oigo un ruido. un jipi extraordinario que se trajo de La Habana. se lanzó contra mí. Digo: «Si vuelve a hacer la aparición le disparo un tiro. ( 'reo que había costado cuatro o cinco mil pesetas.. entre sus ropas. sus cajas de puros. los ojos saltones. por ejemplo. Y luego vi las botas.. Entonces. Y volvió.t «¿Quién anda por ahí?» Y de pronto apareció mi padre en la puerta del comedor. que tú conoces. entre los dos. Y empecé a usar cosas de mi padre. mirándome de una manera muy agresiva. Y dormí con el revólver bajo la almohada. y me vieron Sánchez Ventura y Mantecón el día que fui il Moderno. En el Café Moderno. o todavía se hallaba de cuerpo presente? — No. porque en la casa había mucha gente. y me las puse y salí. en la calle Alfonso y Coso. A mí las armas me dan confianza. Me levanté y me fui al salón donde habían puesto un colchón. Serían ya las tres de la mañana. Me puse las botas simplemente. tomé un revólver que tenía de mi padre. a ver qué le pasa a la aparición.. se me ha aparecido mi padre. no. Se acostó y yo me acosté en el cuarto.. por 43 . tenía un jipi maravilloso. Entonces. de la misma manera agresiva. las manos como garras dirigidas hacia mi cara. a. donde dormían el jardinero y un cochero que había venido del pueblo. Dos empleados. me llevaron a la estación. Y me llevé un susto tremendo. que tenía sus iniciales grabadas en nácar. Y aquella misma noche dormí en la misma cama donde había muerto mi padre. le puse una róndela de periódico y salí con mi jipi. Tomé a mi primo Pepe Amorós. dos campesinos. Y de una manera. En fin. Y yo había ya revisado todas las cosas de mi padre. No apareció nadie. en la culata. y otra vez mi padre. y entonces vinieron a mi cuarto: «¿Qué pasó?» Digo: «Otra alucinación. Eran botas con dos tirantes de goma a los lados. un Smith muy bueno. dos o tres armas que tenía. La puerta se abre. Cinco días después o tres días después quedé citado con Sánchez Ventura y Mantecón en el café. Y al día siguiente estaba muy preocupado porque había tenido miedo de esa apari­ ción. Entonces decidí dormir en la misma cama donde había muerto mi padre. y tal. a fumar sus puros. pues no sé. hasta ahora..» Yo tenía confianza. Todo pasó normalmente.» Me dormí.

A los diez días de muerto mi padre volví a Madrid a examinarme. Me paseé con ellas y luego volví a mis zapatos. he vivido mi niñez y parte de mi juventud. no sé. no.. porque estaba impuesto. los rosarios.. a tomar con los amigos mucho valdepeñas.» No. casi de felicidad. A veces. -¿ S í? — Empecé a beber con los Federicos y los Pepines en Madrid. Me suspendió. una copa de coñac. Fui de artillero.. ya muy trastornado por el alcohol. en el colegio. era mi libertad de mandar. Ya había bebido mucho. —N o. porque nunca había tenido botas de goma de ésas.. Viendo a mi padre muerto tenía una sensación de pena grande. Sabíamos la hora y lo que teníamos que hacer por las campanas de la iglesia. Yo fui de artillero a examinarme. no lo hacía por nada. puesto que le tengo cariño. N o. al mismo tiempo me sentía libre. Y al mismo tiempo una sensación de. sí. — Pero era la primera vez que bebías en esta cantidad. Y. — ¿Me hablaste una vez de tu sensación de libertad y al mismo tiempo de pena? — Sí. Una mezcla. los poníamos hacia afuera para que se pincharan los graciosos que se acercaban a pegarnos con la mano boba para decirnos.. identificado con mi padre. — ¿Con qué fin lo hacías? ¿Era para imponerte a tus her­ manos? — N o. el jefe de la familia.. un conflicto tremendo. — Sí. Sustituto desde el primer instante en que me puse los zapatos sin darme cuenta. El sustituto. Me fui en seguida. Después de la guerra— me contaba ayer una sevillana joven y graciosa— todo era todavía silencios y flagelación con látigos de nudos y puntas. Sí. el aragonés. — ¿Te impresiona la muerte? — Sí.. don Antonio Ballesteros Bereta. sí. Yo luchaba contra mi propio sentimiento. muy atado a la muerte. La iglesia era y es todavía la que ordenaba el día y la noche. — prueba es que te fuiste en seguida. Vamos. -La — Me fui a examinar a Madrid. Ballesteros. sí. inadvertidamente: «¿Cómo 44 . estaba muy emocionado. las vísperas. los muertos. porque me gustó. debo estar tristísimo y nada más. Los muertos era una serie terrible de toques de campana. claro.. en vez de ponernos los cilicios que llevábamos en los muslos con los pinchos para adentro.. Las campanas eran las que dividían y ordenaban nuestras vidas. como todos los españoles de pueblo. ¿cómo se llama?. Decía: «No debo.sentirme mi padre. ¿En Historia? — Sí. Y las misas. a los veintidós años. ¿no? Algo así..

guapísima. es decir. que es horrible. pierdo la cuenta. Lo que sí te he contado alguna vez es lo de Castelserás. Castelserás es un pueblo muy bonito. fue obispo de Pamplona. que no llegó a más en su carrera por la hincha que le tomó el obispo. además del administrador que teníamos en Calanda y tío lejano del que ya te hablé. — ¿Ha influido tu infancia y pubertad en el tema de tu produc­ ción cinematográfica? — Evidentemente siempre salen. Un tío-abuelo. antes de dormirme. ¿Dónde está Castelserás? —A unos cinco kilómetros de Calanda y a diez de Alcañiz. canónigo. en el 45 . un año de sequía. pero es lo corriente en las familias burguesas españolas. Monjas. tío paterno. el que me enseñó latín. tan pronto como pasó la granizada. y cuando pasaban el puente que hay ahí para entrar al pueblo. en mis películas. Pues los de Castelserás. En Sevilla.estás?» Esto duró hasta después del año cincuenta. vieron aparecer unas nubes en el horizonte y sacaron en procesión a la Virgen para hacer una rogativa y que lloviera. como supongo todos los de mi edad. una imposibilidad total de que esto se realizara a pesar de que pensaba en mil triquiñuelas para introducirme en palacio. lo del narcótico que don Lope le hace tomar a Viridiana. Era una cosa totalmente imposible. — No. como todos los de aquel lugar de Aragón. ¿No te acuerdas de aquella historia que no sé quién me contó del Cristo que echaron en el Guadalope y que llegó a Alcañiz? — No. Por ejemplo. que yo le daba un somnífero. refleja bastante bien la manera de ser del pueblo. un pueblo precioso. — Sí. todavía se venden. —Cantidad. tiraron la Virgen al río. que ya venía crecido. Menos Calanda. Y. Un hombre excelente. en Calanda. — No estás mal servido. tendrás algunas monjas o tal vez algunos curas entre tus allegados. Curas. Yo estaba enamorado de la reina Victoria Eugenia. o durmiéndome. Como en toda buena familia española. Todo esto viene de un sueño de mi juventud. una rubia. a dos kilómetros y medio de Calanda. yo un joven burgués y ella la reina. extranjera. —Tu relación con la Iglesia no será únicamente la de tu educación con los jesuitas. por lo menos están a la base de muchas ile ellas. o dormido. a los de Castelserás les llamamos los judietes. Entonces yo pensaba. Allí. Era de Fos. hay que añadir a Manuel Pérez. y entonces— claro que no estaba el rey— me acostaba con ella. recuerdos de mi niñez o de mi juventud. debe de hacer de eso unos sesenta años. quién sabe cómo. se desató una granizada del demonio. — Sí. que evidentemente arrasó las tristes cosechas. por parte de mi madre.

por ejemplo). Y el insensato gritando: «¡Mao nos va a enviar armas! ¡Y se va a armar la gorda! ¡Y el camarada Buñuel está con nosotros!» Lo agarraron. cerca de la casa. Y así fue saliendo la película. pero en el momento mismo de poder acostarse con ella se vuelve atrás. En Vindiana me pasó un poco lo mismo. Me extrañó ver ahí al alcalde. que hay otra dificultad.» Pasaba un rato.cuarto de la reina. — Calanda. a ser posible de lo esperado. en el momento en que don Lope se suicida. Además. «¿Cuál prefieres?» «Es igual. como seguramente yo también lo hacía en mis sueños con la reina.. — Te acordabas de la muerte de tu padre y de cuando le pusiste los zapatos. Es decir. ¿qué hace Viridiana? ¿Recoger prostitutas? Ya está muy visto. Hay grandes separaciones. Te cuento todo esto para que veas cómo hago y salen mis películas. para mí había terminado la película. Por eso. huir de lo ingenioso. En Viridiana hay dos películas total­ mente distintas. el papel fundamental que tiene en la vida. El azar. pero al revés: don Lope soy yo y la muchacha es joven. claro. se ha hecho otras veces. Unos zapatos de esos con goma. Y el gobernador de Teruel le escribió al alcalde: «Nada de calle por ahora.» Y resulta que ahora sí le han puesto Calle de don Luis Buñuel a un callejón que está al lado de la iglesia. se fijaba bien y volvía a repetir: «Sí..» Y efectivamente. siempre escoge.» —Tu pueblo no te gusta como pueblo. Hace dos o tres años vinieron a verme unos muchachos de la Universidad de Zaragoza. el señor Buñuel es mexicano. Además. Entonces cogí una tijera y corté las gomas y luego bajé los pantalones y nadie se dio cuenta. Acumulo todos los obstáculos posibles entre una y otro. ¿Recoger mendigos? Me decidí por eso. en Tristana. Don Lope le da el narcótico a Viridiana. al que 46 . y quise ponerle los zapatos. pero no puedes negar que lo quieres. Tres chicos y dos muchachas y un insensato que se paró frente a la puerta de mi casa. Yo le vestí con el aya de mi hermana María. grandes separaciones. y no cabían. Ya te dije que para mí se acaba con la muerte del viejo. ella es monja. — Sí. al cabo de la Guardia Civil. pero cuarenta vecinos se negaron a firmar. de la moral.» Entonces es cuando querían poner a una calle mi nombre— ya te lo he contado— . — Se nota.. como fuera. Siempre hace escoger al perso­ naje (entre dos garbanzos. Ante todo.» «No. mira bien. ésta. El alcalde protestaba: «El señor Buñuel es una persona muy respetada aquí. Entonces.. Eso de ponerle los zapatos al muerto. pasaban diez minutos y las distinguía y escogía: «Esta.» «Tú fíjate. Pero se me quedó muy grabado. Eso es también un recuerdo de niñez con su hermana Margarita y dos migas de pan. Todo va surgiendo poco a poco.

— Sí. que no creían en Dios. ¡hostia! ¡Y en la Torre! Hasta cierto punto satisfecho. desde hoy queda proclamado en el término de Calanda el año uno del amor libre. Pregunté quién era. — ¿Te acuerdas de Ferrer? — Sí. claro. en San Sebastián. las cosas han cambiado mucho.. Fíjate si me acuerdo: «Hombre. Debió de cogerme. Ahora. Debía de tener un año más. Siempre he sido tímido con las mujeres. — Y de mujeres. — Pero oía hablar nada más. No era mucho mayor que yo. se contentarán con poner «Calle de La edad de oro». de Ferrer sí me acuerdo. ¡El «Callejón de la mierda» convertido en «Calle de don Luis Buñuel»! Y. Nunca le dije nada. ya hemos dicho que las hueles. Gentes de mal vivir. — Yo llegué a Madrid el día que habían matado a Dato. — Sí.. Tomé un coche en la estación de Atocha y hablé de ello con el chófer a la altura de la Puerta de Alcalá.» ¡Figúrate! A la primera que le metieron mano. Yo ya había pasado por la milicia.. Pasábamos todos los veranos en San Sebastián. Anarquistas. Estoy seguro de que ella se dio cuenta. aunque no quieras.. Pero no le dije nada. ¿qué? ¿Cómo te has desenvuelto con ellas? — A Pilar Bayona no le dije nunca nada. te atrae la mirada. — Por poco os los llevan a Calanda. Eran las fiestas del Pilar. fue el único pueblo donde se proclamó oficialmente el amor libre. — No llegarán a tanto. — ¿Y lo del veintitrés? — Ya fue otra cosa. Alguien que vino de Barcelona contaba horrores. — Detuvieron a su familia el veinte de agosto de mil novecientos nueve y los deportaron a Alcañiz. Con banda y trompetazo: «Por orden del Comité. Es curioso cómo llama la atención. Una vez nos quedamos solos en mi balcón. — Eso no lo sabía. la vi salir de un cine (¿o del Conservatorio?) en Zaragoza. cuando cambien las cosas me fusilarán. o en un callejón a un guardia civil meando y cerrándose la bragueta.. En calles más principales no es raro que te veas la cagada de un borracho. Yo la miré. Yo siempre he estado un poco fuera de las catástrofes. como me lo ha puesto el Ayuntamiento falangista. Gentes renegadas. está 47 . — ¿Y la huelga del diecisiete? — Nada.. por la fecha.llamábamos «Callejón de la mierda» porque siempre había tres o cuatro mojones allí en medio. Fue el auténtico coup de foudre.

las Ramblas. Vi proclamar el estado de guerra. Pero a mí no me importaba nada. — Y yo. que me las arreglé. ¿quién es el presidente del Consejo. — Sí. — Se me había olvidado completamente preguntarte qué in­ fluencia había tenido en ti la guerra europea. — A mí no me interesaba nada de todo eso.. recuerdo las discusiones entre los aliadófilos y los germanófilos. Yo era bastante sindicalista entonces. la del catorce al dieciocho. — ¿Qué impresión te hizo la sublevación de Primo de Rivera? — Me molestó bastante. de la familia. No se trata de recuerdos como los que se pueden tener del colegio. — A mí me sucedió todo lo contrario. Son imágenes brutales. — Tú. aquí. y me acuerdo de muchas cosas de aquel tiempo como si fuese ayer. Era natural. para no ir a la guerra de Marruecos. Estaba en San Sebastián. ¿vio tu madre tus películas? — No. Pasé. También me pareció bien. Cuando lo de Canalejas estaba yo en Zaragoza. El maniqueísmo de los franceses me hería terriblemente hasta el día en que pasé la frontera de España.» «Sí. mi padre tenía razón. uno menos. Tenía once años. aunque más joven. pero no pasaba de ahí. — Yo tenía catorce años. ninguna. pero dieciocho bien cumplidos cuando acabó. la estación— del centro de Francia— donde vi de cerca mi primer tren de heridos. Cuando lo del Gurugú ya estaba yo liberado. la primera. ante la gran furia de mi padre: «¡Pero cómo es posible! ¡Cómo es posible que a un muchacho de tu edad no le importe lo que pasa por el mundo! A ver.. tampoco. — ¿Qué impresión te causó la revuelta obrera? — ¿Lo de los socialistas? — Sí.» Entonces era uno medio anarquista. había nacido en Francia y mi padre era alemán. — No.. Lo del diecisiete. Me molestó mucho. ya te lo he contado. No. cero. Sí. Once años. — Hablando de otra cosa.bien. Me removió las tripas.. pasamos. sin difumino. absoluta­ mente nada. en España?» «No' lo sé ni me importa. Para mí la guerra. El hotel de Barcelona. Quiero decir sin rebaba alguna. 48 . El pueblo donde aquel verano pasábamos las vacaciones. Pero tú eras un señorito y no hiciste nada. Pero no puedo decir que me hiciera ningún efecto del que me acuerde con precisión. de los amigos. y ya es edad para darse cuenta. Ninguna. Ya sabes que no fui. No leía periódicos. un canalla menos. en Zaragoza. Valencia.» «¡Pero es una vergüenza!» Evidentemente. No recuerdo que me hiciera una impresión particular. — No. Sabía que había una guerra.

— Pues se me escapó una novia tuya. pero que muy enamorado. tu gusto por Wagner. Pero Strauss. Conchita Martínez Conde. ¿Dónde la conociste? — En Santander. Y Brahms y Strauss.. un profesor ayudante de matemáticas del Instituto. y ¡a correr! Yo en el balcón. Muchas veces venían unos carros y a paletadas enarenaban el adoquinado. Yo estoy seguro de que ella sabía que yo la quería. Uno esperaba entonces oír la Novena de Beethoven. un año o dos. Entonces no había discos que duraran tanto. Estuve muy enamorado. — Ya te dije que lo mismo le sucedía a Auric. sí.— A mí. no hay duda. y yo oía en todo momento a Schumann como si fuese La Verbena de la Paloma o Agua. — Me asombra. Pero por aquel entonces lo que nos importaba eran las muchachas y las que no lo eran. Debía de tener un año o dos más que yo. Seguí a don Julio. . — Y los insectos. Una que estuvo viviendo aquí. y trabajaba en una farmacia de Puente de Alvarado. Tuvo que ser antes del diecisiete. Yo debía de tener quince años. la viuda de Galarza.. por unos meses. nos quedamos solos en un balcón — eran las fiestas de la Patrona de Zaragoza— .. — De acuerdo con Brahms. — ¡Ah. El primero. Y los toques de atención. el Paseo de la Independencia enarenado. Una vez. Nos quedamos mirando. — Sí. Su familia estaba bien 49 . eso sí. no cabe duda. Como fui luego al Real a oír a Wagner. cuéntanos cosas de Pilar Bayona. Que estoy con los pobres. Que estoy en contra de la sociedad tal y como está organizada. las trompetas. La que se casó con Galarza. — Hasta que me quedé sordo. muchísimos años. si quieres. sí!. Estoy viendo todavía a la Guardia Civil a caballo en la calle de las Barcas. Era fácil correr por las calles transversales. viendo. D ebe de andar por los setenta. y se relamía esperando el día en que llegaba la orquesta de Madrid. El segundo toque y el tercero. — Sí. Ya que hemos ido tan atrás. — Pero ¿no tenías ideas políticas? — No. Ni siquiera creo que las tengo hoy. Nunca le dije que la quería. azucarillos y aguardiente. — Es de las cosas que no entiendo. — Bueno. en Vega de Pazo. Creo que era bastante mayor que tú. — No. Pero nunca nos dijimos nada. llegué a su casa y oí que tocaban el piano de una manera verdaderamente maravillosa. en México. Yo iba con mi partitura. y los dos o tres mil obreros seguían en el centro del paseo. un año o dos después. Era hija de don Julio..

Para mí es el misterio de la vida.» Pero no. te gustan tanto las putas. Ella me lo ha contado todo. le quiero decir una cosa». — ¿Quién te lo dijo? — Tú. fue en el Metro. De verdad. La reprodujeron en Positif. Mi hermana Conchita tomó una fotografía estupenda. — ¿Y después del bachillerato. Conozco su vida de arriba abajo. Sé todas sus historias. Le dije: «Señorita. Tenía diecisiete años. solos.. en mi casa. A desayunar.. etcétera. — ¿Perito? — ¡Vamos! ¡Eso hubiera faltado! Entonces lo más difícil. Y lo que más me ha gustado. Te lo repito. me pasaría horas mirándole. Debía haberle dicho: «Mejor. estábamos enamora­ dos.acomodada. Tenía un negocio de lecherías. La primera vez que nos encontramos juntos. — Ya sé. Estábamos enamorados de verdad. como se hacía en esos tiempos. Aquello estaba repleto. — ¿El noviazgo fue en plan de don Juan o en serio? — Yo como don Juan no sirvo. ¿Quién si no? Luego vas diciendo por ahí que hago de policía. No faltaba más. Lo que está más allá. Yo me declaré. nos besamos. canales y puertos o ingeniero agrónomo. Y es que en el pueblo pasábamos por riquísimos. Vengan besos y besos y salir juntos. solos. me manda al cuerno que para qué te cuento. me sigue gustando y me continúa pareciendo un misterio extraordinario son los insectos. me pega. Y nos besamos. 50 ..? — Quise ser agrónomo. a comer. — Ya ves. Puedo ver una mosca durante no sé cuánto tiempo. — ¿Te acuerdas de tu casa? — No faltaba más. Ya la buscaré. en los últimos días del verano. No lo entiendo. Y no pasó nada. Total. — ¿Cuántos hermanos erais? — Siete. Yo era el mayor. Te dijo que estaba enferma. lo que más le distinguía a uno era estudiar ingeniero de caminos. Por mucho más ricos de lo que éramos. Una vez la tuve sentada en mis rodillas. Y va y me dice que ha hablado con su mamá y que le parece bien. no sirvo como don Juan. Pero ella es una mujer fría. pegados el uno al otro. Y lo que es un escarabajo. pero que habría que formalizar las relaciones y que no estaría mal que mi padre les escribiera a los suyos.. Lo incomprensible. Por eso iba a la Montaña. que nos hicimos novios y nos vimos luego en Madrid. Aquello duró como dos años. — Tal vez. — Por eso te gustaban. ¡Hazme el favor! Si le escribo eso a mi padre ¡a los diecisiete años!. Y acabamos.

. debía de ser en junio. Luis. nada. La primera verbena que Dios envía es la de San Antonio de la Florida. (Acta de eterna amistad). señores. PAISAJE SIN CANCION Cielo azul. — Nada. Actúas en la Residencia. 1923 Dije «esto es malísimo» y. Nocturnos de la ventana. estrecho tu mano amiga — Léeme este otro. Monte azul. cero. — Sí. nada.. que ignoraba totalmente.. Pero es que huele mucho a libro de poemas. Un solo olivo. campo amarillo. Madrid. sí. 51 . en mil novecientos veinticuatro.. creo yo.» Yo me lo esperaba. pam. Dedicatoria especial: A mi queridísimo Luis Buñuel. — Del mismo libro de poemas. Luis. mi amistad apasionada hace una trenza con la brisa. F.. y actor de teatro. Por la llanura desierta va caminando un olivo. Bajo la influencia de su amigo íntimo Federico García Lorca. Buñuel entra en el mundo de la poesía. — Bajo ese influjo.. cero. Mi corazón luce y rueda en la noche verde amarilla. triste sin una sonrisa. El niño toca el pianillo. — Así que no es verdad que te interesaste una temporada en el teatro. hay alguna foto con Federico. Bajo los arcos de papel. — En particular de marionetas. — Es en la verbena de San Antonio de la Florida.Lee el poema que Federico le dedicó en mil novecientos veinticuatro. Nada más. en el encanto de la madrugada canta mi amistad siempre florecida. La luna grande luce y rueda por las altas nubes tranquilas. que es del mismo libro.. — Nada. Lo demás. casi te haces poeta. campo amarillo. se va muy enfadado: «Adiós. surtidores. O sea.

con Manuel Angeles Ortiz. en enero. no ocupas el puesto que.— Y en mil novecientos veinticinco diriges en Amsterdam el estreno mundial del Retablo de Maese Pedro. Y fuimos e hicimos el Retablo con una inconsciencia tremenda.. tres. de Falla. ¿fue desde París a Amsterdam? — De París a Amsterdam. Tres sesiones dimos. — ¿Y cómo fue eso? — Vino Ricardo Viñes. Los actores eran mi primo Saúl. Y encargó a Ricardo Viñes que montara el Retablo de Maese Pedro. sí. — Y eso debió de ser en octubre. cuando se marchó el público. al terminar. con recomendación de Azcárate. Era un gran director de orquesta. Los tengo con las fotografías del Retablo. Pero 52 . y Mengerberg quiso estrenar algo equivalente en el otro teatro. de Strawinski.. Tengo arriba también los recortes. — Pero. Y la primera. Peinado hizo del ventero. no me acuerdo. ¿Quiénes hicieron las marionetas? Ism ael. — No ocupo nada. Con Mengerberg. no llegaba al año. como no sabía nada de teatro. — Pues en octubre o en noviembre sería. dejé los personajes en el escenario y desde abajo no se veía nada. que hacía de Don Quijote. Yo llegué el veinticinco. Es verdad. — ¿Ah. Cossío hacía de Sancho. Y yo era el director de escena. Todavía no me lo creo. y esa salida.. no sé qué.. Lo arreglamos para la segunda y tercera representa­ ción. Y además costaba creo que doscientos florines. la luz ámbar. si era el veinticinco no llegaba al año. En uno de ellos presentó con gran éxito la Historia del soldado. a París. etcétera... — Veinticinco. — ¿Tan pronto como llegaste a París o poco tiempo después? — ¿Cómo? — ¿Al poco tiempo de llegar tú a París? — Pues al año. lo hicimos en Amsterdam sin saber una palabra de nada.. por la Residen­ cia de Estudiantes. era amigo de Mengerberg y había dos famosos teatros en Amsterdam de música sinfónica. — Sí.. — ¿Con Mengerberg? — Sí. — N o. Armando Viñes. fui a París a lo de la Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. A principios del veinticinco. el pianista.. Entonces Ricardo dijo a su sobrino Armando que qué españoles había en Amsterdam o en París. sí? — Sí. bajé al patio de butacas a ver cómo estaba la iluminación. — Así que en París. Pues por ahí. Ocho actores y además las marionetas. a principios del veinticinco. Se pusieron bien los reflectores.

me mata. — ¿Ese era Bretón? — Bretón. es capaz de leerlo». y él y Aleixandre iban a hacer de reos. de Joyce. — ¿Por qué? — Por si se enteraba su madre. ¿no? —-Conocí a Dámaso un poco más tarde. llegó desalado a La Rotonde y nos llevó a todo el grupo. sí. porque cuando estaba yo en Los Angeles quise marcharme a los mares del Sur. Pepe Bergamín todavía estaba en Madrid. tomaría arsénico o no sé qué. Y me hizo mi horóscopo.» — Pero ¿por qué? — Era de lo más estricta. infinidad de conocimientos por aquella época. que en vez de tomar una purga. Pero Denise Tual. tampoco tenía dinero. Por poco funciona el horóscopo. y estaba muerto de miedo. me dijo. me convenció de venir a México. — Será porque me va bien el disfraz. . Lo que no recuerdo es si era en un set o en el circo Medrano. en mil novecientos veintitrés. que eran ciento ocho páginas.. pues me dediqué al cine. Y en ese intervalo de dos años que estuve aprendiendo política internacional y tal. Siempre habían ejercido una gran influencia en mí. — Bretón trabajaba seis o siete horas al día cuando hacía un horóscopo. que de ninguna manera. — Tienes una carrera de actor. Acababa de traducir El artista adolescente. Has salido en muchas películas tuyas y en las de algunos otros. en la Carmen que hizo Feyder. Siempre te gustó hacer de cura. «Si descubre en casa el manuscrito. en una película de Saura. Francia.. Agarroté a siete. me desaparecieron muchos papeles. en la plaza de Colmenar Viejo.la Sociedad de Naciones no tenía dinero. Las perdí en la guerra de España. Nombra­ ron a Peinado asesor técnico o algo por el estilo. que le publicó la Biblioteca. — Pero mi debut fue nada menos que con Raquel Meller. Le tenía un miedo atroz: «Si se entera. a los demás no les avisamos. Ahora en España. y más cuando era el de un amigo. que era la que tenía que pagar. a quien conocía de París. Y Bretón me decía que yo moriría en un mar lejano o por una equivocación medicamentosa. hice de verdugo. — Nuevas amistades. Llegó el asistente temblando de miedo diciendo que no. —También trabajaste en Un perro andaluz. entendía mucho de eso. — Pero ¿conocía a Joyce? — Lo mismo le pregunté yo. Pero yo sí hice de verdugo. Ya sabes que me gusta mucho disfrazarme. — Y conociste a Bretón.

El artista adolescente. y era echarles un somnífero para poder abusar de ellas. — A veces creo que no eres surrealista. — Llegué a París en mil novecientos veinticinco. escandalizado. cuando cierro los ojos. Yo no era surrealista cuando llegué a París. La única literatura. monsieur Rucart.. Por el estudio de Viñes pasaban tres o cuatro chicas que estudiaban gimnasia rítmica. Y me sucedió lo mismo. todos los demás eran allí rusos blancos. — No. Chabás era otra cosa. Vivíamos como turcos. — Soy más surrealista que nunca. sin reservas de ninguna clase. Después de Un perro andaluz. que no quiso de ninguna manera. A mí mi madre me mandaba el que yo quería. pero algo parecido. Un nihilista total. Entonces empecé a decir que me interesaría hacer cine. — Es el germen de una escena de Viridiana. la única poesía que me gusta es la surrealista. de asistente. allí cerca.. hasta el regreso del viaje de Aragón a Rusia.. Y firmó la traducción con un seudónimo. igual que años atrás leía Ultra para divertirme en el tranvía. Pero yo andaba con una idea detrás de la cabeza. No Amado A lonso. Sin embargo. un nihilista completo. y yo fui a Zaragoza a ver a mi madre. acabó por metérseme dentro. . En verdad yo no pertenecí al grupo hasta el veintinueve o el treinta. también empecé a ir a la escuela de madame Epstein con Uzelay. Fue el año de Sacco y Vanzetti. y venga a beber vino. tan católico. Empezaron las discusiones. tenía mucho dinero. El padre de Jeanne era experto contable. Muerto de miedo. Leía sus cosas para reírme. — Esa sí es una novela. — Es posible. y empezábamos por la primera y acabábamos más allá de la veinte. Juanito.. según dicen los franceses.— Si hubiese sido el Ulises. en Mauprat. yo soy nihilista. me doy cuenta de la imposibilidad.. Ibamos a algún bistrò. Dejando aparte nosotros dos. La verdad es que en Mauprat no tenía nada que hacer y f u de segundo asistente de Mario Nalpas y de Etievant en La sirène des tropiques. D e verdad. en Madrid. Tampoco allí tenía nada que hacer. Me pasaba el tiempo con Hernando Viñes. cuya estrella era cette salope de Josephine Baker. que tienen todas las botellas puestas en fila. Siempre hicimos buenas migas. La única pintura que me gusta es la surrealista. hijo único. Andábamos de tasca en tasca o de cabaret en cabaret con Juan Vicens. Pero allí estaba. me llevó con él. Viñes protestaba. Pero cuando los abro. me parecía una cosa de maricones. Y yo me quedé con Aragón y algunos otros.. Entonces tuvimos la idea de poner un cabaret. Vicens tenía dinero. y como Epstein era del grupo y de la escuela. y con Peinado y con otros pintores españoles. las exclusiones del grupo. Entonces. Cuéntame algo de París.

— Sí. me pone telegramas: «Tienes que venir a Cadaqués».. Sólo una vez en que vi las cosas muy negras. O a Venecia. ni mucho ni poco. mitad y mitad. ¿qué vas a decirme de Dalí? ¿Cómo quieres que salga en el libro? ¿Vamos a decir de verdad todo lo que es? — Diremos escuetamente la verdad: en qué intervino. donde los recibo en francés. Magritte y uno que luego fue vendedor de cuadros surrealistas. Tal vez alguno que otro. Bueno. Luis. — Pero no. eso sólo lo firmaban los franceses. Hasta intentó tener una amante. Bretón los odiaba.. muy amigos. estaría encantado de que lo insultáramos. unos meses más tarde. repetirle lo que ya le dije y añadir las cuatro frescas que tengo que echarle en la cara. si se es un sentimental como yo. que es la mujer que más odio. Dalí. — Y eso cuenta. Cuando voy a Madrid o me dan algún premio. ninguno es mucho decir: Crevel sí lo era. Pero sin Gala. El surrealismo no era cosa de maricones. al revés. en la patria. Dalí. de cagarse en la familia. «Ahora sí haremos cosas estupendas». Cuando se trataba de algo serio. un martini bastante especial. A ésa. «Te beso en la boca». En cambio. con algo de campari. Bueno. Cómo escribimos Un perro andaluz.. Tenían mucho cuidado. fue mi mejor amigo.» Y no te creas. de los veinte a los treinta. Fuimos muy amigos. Los extranjeros no firmábamos más que los documentos anodinos o los que se referían exclusivamente a temas artísticos. Yo fui el que presenté a Dalí con el grupo. donde me los pone en italiano. en la bandera. — N o. Pero al verano siguiente fueron Paul Eluard. Y luego. a Cadaqués. Un hijo de puta. con agua natural. — Yo le sigo fiel al martini.. no. Bebemos. Pero durante muchos años. un día. Gala. a lo mejor. le contesté sin enfadarme: «Agua pasada no mueve molino.» — Por cierto. Dalí sí los ha firmado casi todos. De verdad. Fue él. La parte que le toca en La edad de oro es muy poca porque ya estaba bajo la influencia de Gala. — Si quieres. pero hizo todo lo posible por dejar de serlo. O a París. — No firmaste nunca ningún manifiesto surrealista. sí. ¿Quieres un whisky? — Sí. de verdad. tomar unas copas juntos. él fue el responsable de que me pusieran en la calle en Nueva York. el que me dijo: «Te voy a presentar a la mujer más fenomenal que has conocido en tu vida. Antes les había enseñado fotografías de sus cuadros y no les interesaban mucho. ya que me decía que o iba yo a Cadaqués o se presentaba él en Madrid. Ninguno del grupo lo era.— Como buen burgués que eres. ni . no me disgustaría encontrármelo frente a frente.

La película era mala. Es curioso descubrir que tu afición al cine nace del expresionismo alemán. Hay un momento en el que la muerte. nos gustaban mucho las películas cómicas. no le dejaban a uno ni a sol ni a sombra.. ¡Cómo iba a firmar yo algo en favor de lo que había hecho! — Lo he traducido porque es un documento importante para la historia de tu «carrera cinematográfica». con tal de que la muchacha pase por diversas pruebas. Lo que me interesaba es saber cuándo pensaste dedicarte al cine. En La edad de oro no hizo nada. lo mejor de lo tuyo también está bajo la influencia de la muerte y el destino. Claro que iba uno a magrear a la novia. Lo echó a perder totalmente. Pero. Pero vamos a no darle más importancia de la que tuvo. que. No digamos cogerla de la mano. Aquellos enamorados muertos. Me doy perfecta cuenta de lo que pudo interesarte en Las tres luces. y Los misterios de Nueva York. además. Eso nos encantaba. Hablamos de eso y en seis días hicimos el script de Un perro andaluz. Fue en París. está en la Historia del surrealismo. el . él no hizo nada. Iba a hacer una película de Ramón con el dinero de mi madre. Metrópolis. los cómicos norteamericanos: Ben Turpin. es la de América.en pintura. El cine era otra cosa. la obra mala de Lang. Pero. cansada de triunfar siempre. — Pues es un documento difícil de encontrar. En Las tres luces se oponen. Por eso firma el manifiesto de los surrealistas acerca de la película. habían de molestarte. deja escapar su presa. Buster Keaton. Ya íbamos en Madrid y seguí yendo en París. — Lo he contado muchas veces. Y Max Linder. Era el único sitio donde se podía. y yo no. — Sí. cómo se te ocurrió hacer cine. iba mucho al cine. Pero era una película sin letreros. viendo Las tres luces. de Fritz Lang. si es que la tiene— ¿quién no?— .. Porque. si no. de Nadeau. Pero sus películas hechas en Alemania tienen interés.. Yo fui de París a Cadaqués. las bañistas de la Keystone.. naturalmente. Hubiera sido un escándalo. hijos de las influencias de Reinhardt. — No era una película tan mala. Lo mismo Las tres luces que M. Para mí. D e la filmación. — No lo creas. También las películas del Oeste. La presencia de la muerte. Desde luego no son sus decorados. Nunca vi a nadie con más mala leche.. Fatty. y La mano que aprieta. naturalmente. Lo único que hizo fue poner los burros en los pianos y el alquitrán en los ojos. sino. — La pared. El doctor Mabuse. Al fin y al cabo. Se trata de tres historias de amor. — Y a todos. en el VieuxColombier. — Sí. Los Nibelungos. Llegó el último día con su madre y su tía. la pared de la muerte. Harold Lloydy Harry Langdon.

y acaso sobre todo en éstas. Como persona no me interesó nunca. — ¡Qué recuerdos! Uzelay. Pero es curioso que una obra de este tipo. esa lucha. en esa época. cuando hice Un perro andaluz. de los pocos que hizo. incluso cuando hacía. Ya te dije que la película me pareció muy mala.» Y así empecé. que yo estaba allí para trabajar con él y no con un director que me parecía muy malo... Contando. y yo le contesté que no. Esa intrusión de la muerte me hizo una gran impresión.. aunque sea de barrendero. Pero sus poemas me hicieron una gran impresión. me estaba acordando constante­ mente de sus poemas. mejor no hacer cuentas. una emoción románti­ ca. — No. «Comment un petit con comme vous ose parle ainsi d ’un si grand metteur en scéne!» Aunque después me ofreció dejarme en París. eran los surrealistas. Fui con Regoyos y Uzelay. y en La caída de la casa Usher. Me gustaría saber dónde está. tenía no poco que ver con el expresionismo. Aquella presencia de la muerte que llegaba en un carricoche del siglo dieciocho o algo así. que está en las antípodas del surrealismo. — No me extraña. sin conocer a nadie del grupo. — Lo curioso es que también la estética de Epstein.destino. Yo tenía un dibujo de Uzelay. y de ellos. Luego. en mi casa de Valencia. siempre vigilante en esa metafísica.. — Pues es verdad. La de Jean Epstein. impide el triunfo del hombre sobre la muerte. — Lo curioso es que debiste trabajar con él. Yo no le conocía hasta verle aquí. él también. Me dijo que al día siguiente tenía que trabajar con Abel Gance. — Sí. y la posibilidad de hacer llegar mi manera de entender el mundo a los demás. Por primera vez sentí una especie de escalofrío. en su coche. Benjamín Péret. Puso el grito en el cielo. además. porque trabajábamos en Epinal.. — Uff. con que la mecánica del cine va muy bien con el surrealismo. te haya podido llevar a la idea de hacer cine. Lo que me impresionó fue precisamente esa pared. un dibujo cubista. Es difícil creer lo que cuentan. Todavía está por debajo del nombre que 57 .. «películas alimenticias». poco a poco. Un mes después le dije a Epstein: «Yo quiero trabajar en el set. Bilbao. — Pues lo que a mí me interesaba ya. Me conven­ ció de que el cine podía despertar emociones artísticas. en películas como Seis y m edio. — Y haciendo esa película es cuando te sucedió el famoso incidente que motivó vuestra separación. — ¿Y entonces? — Pues sencillamente me fui a una escuela.

U na m añana me dijo Dalí: «He tenido un sueño muy extraño: tenía un agujero en la m ano y me salían cantidades de hormigas. —Volvamos a tu «carrera» cinematográfica.llegará a alcanzar. ¿qué hiciste? — Pues vino el centenario de Goya. pero tardo horas y horas. Me molesta todo lo que salga de mis manos directam ente. con las diferentes secciones: las noticias. desde luego. D esde mil novecientos veinte o mil novecientos veintiuno éram os grandes amigos. veinticinco mil pesetas. y nos pusimos a trabajar. Estuvo com pletam ente conform e de que yo filmara las rotativas y todo lo que yo quisiera. greguerías y cuentos cortos de Ram ón Góm ez de la Serna. Claro que queda la m áquina. eso sí me gusta. No hice en seguida la película porque me dediqué a gastar parte del dinero en los cabarets y divirtiéndome. porque como escritor soy no solam ente muy malo. ciento cuarenta mil francos. nos dijimos. Y después. Y. a esa violencia. M enos mal que no lo dio y que no se hizo nada. Valle-Inclán tam bién quería hacer algo por el estilo. ocho o diez mil francos. a casa de Dalí. en mil novecientos veintisie­ te. — Sí. A mí me pasa todo lo contrario. me cuesta a mí tres. Todo a base de textos. hom bre. y con la Luna. Volví a París y luego fui a C adaqués. lo de tribunales. trabajar con aparatos. Pocos han llegado. En cambio. H asta llegué a hablar con el segundo de a bordo del A B C . H e soñado con mi m adre. Me fui a París y me dieron lo que correspondía entonces al cambio. y lo que tú harías en m edia. los sucesos. pues hablam os de la película. puram ente m ental. y ella se echaba para atrás. yo necesito un escritor. sino sum am ente lento. es decir.» «Pues aquí tenem os la película». Ya no era el que fue. pero luego la convenció el notario y me dio cinco mil duros. ocurrido hacer una película que fuese como un periódico. claro. y luego le querían cortar un ojo a mi m adre. — ¿Te gastaste mucho? —N o. Es curioso cómo hay directores que sólo son buenos cuando tienen un escritor. y con una nube que atravesaba la Luna. Me nom braron a mí para dirigirla. Al principio con ciertas reservas. — Es curioso lo que dices del expresionismo porque con Epstein tuve tam bién que ver con Lupu Pick. Hicimos el script en seis días. ¡Figúrate lo que hubiera salido! ¿Q uieres un whisky? — Bueno. los dram as. rechazando todo 58 . A mí se me había . Se formó un comité en Zaragoza y se pensó hacer una película. me fastidia hasta mi letra.» «Pues yo tam bién he soñado una cosa muy extraña. Es una poesía de choque y de choques. en poesía. Todo el m undo sabe que empezó cuando tu m adre te dio dinero para que hicieras una película. El G obierno tenía que dar el dinero. como la suya. no con Luca de Tena.

que nos gustaran las imágenes. el público no se da cuenta. Iban a estrenar. de cerdo? ¿Vivo? — Un ojo de ternera m uerta. nosotros hemos sido los prim eros en verlas. que no significaran nada. Como yo no sabía nada de m ontaje. Inicia una sonrisa. Pero se podía haber hecho con una ternera viva. La de ahora crece con la televisii que es otra cosa. — ¿H asta qué punto nos ha m arcado? ¿H asta qué punto hemos visto las cosas de otra m anera? Igual que mis nietos ven el m undo a través de la televisión. A dem ás. La Luna. Y yo digo: «A hora en vez de caja hay un sapo. la pone sobre una mesa baja. No. coge una cajetilla de G itanes. la continuidad parece perfecta. y sobre todo. asentando la navaja.. D e cada seis rechazábam os cinco. M an Ray. — ¿H abías visto L ’Étoile de m e rl —Sí. Esa fue idea de Dalí. ver las cosas. La física. gracias al mecenazgo del conde de Noailles. Lo digo por los folletines. — ¿E ra un ojo de ternera. Por ejem plo. o por lo menos la prime que se ha educado en el cine. como lo que sigue es tan fuerte.» Como si fuera un sacrificio por la patria.. vimos Judex. no me gusta. —Hem os sido la única generación. Como grabador es otra cosa. como la del ciclista. Nada más las cosas que nos gustaban. y los anuncios de la televisión. dem asiado artístico.. Le pusimos rimel en las pestañas. Nada de magia. la nube. pero nosotros vimos Los misterios de N ueva York. el cine. y hay una gran diferencia entre leerlas y verlas. nosotros leimos N ick Cárter ya en tiras de colores. y L a moneda rota. Nuestros padres y nuestros abuelos leyeron L os misterios de París. Así. Diciéndome: «Hay que hacerlo. la televisión. Las prim eras nos salieron muy fácilmente. una película de M an Ray. ni lo es. me fui a aprender cómo se hacía con M aría Epstein. muy mal arreglada. Parece que no hay grandes saltos: el folletín. Luego se volvió a Figueras. Las anteriores. desde fuera. los cohetes. Ya te dije que D alí llegó el último día. — Sí. la química y las m atem áticas que . cineasta. — ¿Estuviste realm ente enferm o después de filmar la escena del corte del ojo? — La hice sacrificándome. A pesar de lo mal que está. con los folletines. los viajes al espacio.lo que fueran asociaciones más o menos norm ales. en cuadernos. el hom bre afeitán­ dose. ni creo que lo vaya a ser. la radio. Porque. Y no me gustó. Leyeron Rocam bole. y los dramas y la violencia de la televisión. Pero no lo fue. Ya se había estrenado el Estudio Veintiocho. y Fantomas. y los dibujos anim ados de la televisión.» Rechazado por malo. recuerdos o lógica.. tienes razón. con grabados en acero.

de los cuentos de hadas. casi en seguida. — Evidentem ente ni lo uno ni lo otro tuvo influencia en cómo escribimos Un perro andaluz. como la pluma o el pincel. H asta que un día.. no ha aparecido más que un nuevo arte. no tienen nada que ver con las que enseñan hoy. de los trucos— de la prestidigitación— . Y así llegamos a Un perro andaluz. Tal vez entre la política. cómo colaborasteis. si quieres. Pero te servirá de poco. al contrario. a través de este últim o. — Ya lo sé. el cine. Fritz Lang y Ram ón Góm ez de la Serna. H asta qué punto— en cine—se volvía a reproducir la colaboración de Soupault y Bretón en Le cham ps magnetiques o algún intento ligeram ente anterior de Tzara y Picabia. fuera porque la sucesión de imágenes era dem asiado visible o porque. del teatro. pensaron— bajo la influencia de lo que en la literatura se estaba haciendo por el m undo— que el cine podía ser. la m áquina de escribir.estudiaron nuestros padres. Ya sé. O del antiarte. las ciencias y la burocracia. rechazándolas cuando no nos parecían bien. mal). mamó lo que tenía a su alrededor. De pronto. parecía dem asiado traída por los cabellos. y nosotros por inercia. No hay tal. Trabajam os en total común acuerdo. hemos creído que existía una relación de dependencia constante y abrum adora entre las artes y la ciencia.. porque voy creyendo que tiene muy poco que ver uno con la otra. los discos. de las ciencias naturales. — Yo soy enemigo de la ciencia y amigo del misterio. que habían «visto» desde sus prim eros tiempos la imagen inventada y reflejada. aunque alguna que otra invención: la aspirina. una fuente de emociones que podía emplearse para dar form a a las nuevas m aneras del arte. Y nació el «cine de arte». sin duda alguna. Lo que puedo decir es que. tú. sí. D e cuanto podía introducir en su em budo. es decir. Buscábamos un equili­ brio inestable e invisible entre lo racional y lo irracional que nos diera. uniendo ideas. Pero vamos a ver cómo hicisteis (D alí no sabía escribir a m áquina. una capacidad de entender lo ininteligible. Pero las artes «no adelantan que es una barbaridad». Nos hemos equivocado. de unir el sueño y la realidad. lo consciente y lo . En verdad. como es natural. las grabadoras. algunas gentes algo mayores que nosotros pensaron que tam bién debía ponerse al servicio de la expresión— del expresionismo— y de la poesía tal como la enten­ dían hacia los años veinte. trabajam os en total y absoluto acuerdo. del sentim entalism o. abandonando los textos de Ram ón Góm ez de la Serna. Sin proponérnos­ lo al principio. de las «actualidades» pacíficas y guerreras. dos personas que habían nacido con el cine ya hecho. Ya te dije que una m añana nos contam os nuestros sueños y que yo decidí que podían ser la base de la película que quería hacer. Y hemos nacido con él por casualidad. El cine. faciliten el trabajo.

Si fuese así. «¡Eh. ni es— ¿cómo. Em pleam os nuestros sueños— no es nuevo— para expresar algo. Sí. Fíjate bien: inconsciente. echar en varios som breros los distintos gags y pegar las secuencias al azar. ¿con quién? No me acuerdo. con las mesas bastante cercanas las unas a las otras y sofás. al de G ala. con el Dalí de ayer y conmigo. lo que estuviera más cerca. D espués del prólogo estuvimos dudando. — El Café C astilla. Pero no para presentar un galima­ tías. Venían los amigos. con nuestros sueños. a su vez. después. están todos los teatros cerca. — Yo iba a m ediodía. sino exclusivamente de que nos diera una continuidad que satisficiera nuestro inconsciente. no tuviera una relación directa con lo racional. no muy grande. Es decir. cuando se planeó La edad de oro.. acaricia la espalda desnuda de una estatua (de una m ujer). y por ahí nos fuimos. y al m om ento llegó Primo de Rivera con tres o cuatro amigotes. debía haber cortado la película en puros flashs.. sin herir lo consciente. Ni tiene nada que ver con Lautréam ont. lógica.» Se sentaron. con nuestra m anera de ser. razón. tiene su orden. 61 . por qué?— un desesperado llamado al asesinato. orden. Era un miércoles. No hubo tal. que es normal consecuencia de la caída. dije. Una tertulia. La calle del Barquillo. naturalm ente. pero que. a la hora de comer. Y en las paredes.inconsciente. — Cuando venía de París iba al Café Castilla. Lo de la falta de ilación lógica en Un perro andaluz es puro cuento. Nos pusimos a comer. las secuencias. es decir rechazando. se siguen según un orden lógico. No. E s decir. un café de cómicos donde había gente hasta muy tarde por la noche. Cuando el m oribundo cae en un jardín. tuerce los hom bros. huyendo de todo simbolismo. como no fuese. pero cuya expresión depende del inconsciente. varias ideas hasta que a Dalí se le ocurrió lo del ciclista con su caja: «Excelente». de lo que B retón había definido como la m anera exacta de ser del surrealismo. Un perro andaluz no tiene de absurdo más que el título. lo absurdo sería que esta secuencia antecediera a la otra. teóricam ente. Pregunto: «¿Qué?» «Que es miércoles y viene don Miguel a com er su cocido.. B ueno. que. de Fresno. —Sí. Un café bonito. hace caras de lástima. Sí.» Aquel día estaba yo. Y no porque no pudiera hacerlo: no hubo razón que lo impidiera. éram os dos. «¡Que quiten este biombo! Estam os en familia. sencillamente es una película surrealista en que las imágenes. jóvenes!.. No se trataba de unir una imagen con la otra a base de ta razón o de la sinrazón. ¿una copa?» Buñuel tuerce el gesto. Un día veo un biom bo puesto. m ucho. muchas caricaturas de autores y de cómicos.

En la prim era com ida estábam os. El me presentó a Noailles. Todo esto lo habían movido. Cocteau no era de los nuestros ni podía serlo.» No sabía qué decir. de un gusto.» ¿Q ué iba uno a hacer? Y la copa. querían que hiciera una película. — ¿Cuándo se estrenó Un perro andaluz ? — U n perro andaluz se estrenó en M adrid el veintinueve. de que me llevó a H yeréspara trabajar. con el Sang d'un poète es otro problem a. en el cine Royalty. siempre tuvo una adm iración total por mí. de que me «protegió». Claro que luego rectifiqué cuando conocí a M arie Laure y al vizconde.» El coñac. Estaba a reventar: O rtega. Cocteau y Zervos. Como en el grupo éram os entonces muy respetuosos de las formas. a pesar de todo eso. era una época buena. Sin olvidar que su desvergüenza hería a B reton y a algunos más. Aragon y yo. al final. Allí estábam os una hora o una hora y m edia. Con los maricones nunca pisa uno terreno firme. y no hice más que repetir lo que había escrito para E l surrealismo al servicio de la R evolución. Luego: «Que les sirvan dos coñacs a los jóvenes. sólo Auric y yo. A pesar de eso. R a­ m ón. cerca de la M adeleine.» «Muchas gracias. C añedo. sin Cocteau. de una delicadeza verdade­ ram ente ejem plares. a su m anera.. — Ese discurso de Gim énez Caballero debe de estar publicado en La Gaceta Literaria. d ’Ors. le pedí permiso a B reton y a los demás para ir. él no m ató a nadie. de Giménez Caballero. de una discreción. suelta: «A hora dirá unas palabras Luis Buñuel. ¿Q ué ibas a hacer? A de­ más.— «Muchas gracias. H ubo un discurso. y luego tom ábam os un autobús para ir a parchear el culo que nos apetecía. Que la fusilara seis meses después. A mí me molestó un poco porque se me hacía extraña esta mezcla de un m ovimiento que se quería revolucionario y de la aristocracia. en parejas. Pero sí. —Ya hacía un año que no dirigía la página de cine. — ¿Y cómo hiciste La edad de o r o l — Los vizcondes de Noailles me invitaron a com er. él insistió día tras día para que me diera dinero para hacerla. Pero. que no me atañe. desde un palco. hubo un tiem po en que nos relevábam os—es un decir— en la puerta de su casa. Claro que. no existiría La edad de oro. de una finura. Com i­ mos lo de siempre. además de ellos. seguram ente debió de publicarlo. Me dijeron que no había ningún inconveniente. Eluard.. hablando del cine de vanguardia. lo de la llam ada al crimen. y. Yo no he conocido nunca m ecenas como ellos. más o menos. La ética le tenía sin cuidado. A él le im portaban otras cosas. a pesar de eso. al que le daban dinero para que hiciera sus 62 . para jugarle una tunda. — ¿Simpatizaste con Cocteau? — No. Eso de hacer guardia es un decir. al fin y al cabo.

D ejando eso aparte. es una maravilla. Con Dalí no podía ser. yo no tengo prejuicios. vi que ésa era precisam ente la forma de su cuerpo. Preciosa. en la playa. no tienes idea. E ra G ala. T otal.» D alí acababa de hacer su famosa exposición en Barcelona en la que estaba el cuadro donde escribió: «Y escupo sobre el retrato de mi m adre. Dalí estaba transfigurado: «Chico. Allí estaba M agritte. diciendo que odiaba a las m ujeres cuyo sexo quedaba en un horcajo entre dos piernas separadas. ella en traje de baño.» Y nos fuimos a Cadaqués.» Trastornado. Al día siguiente. Siempre había m anifestado un total desprecio hacia nosotros referente a este asunto.revistas. — ¿Y cómo lo hiciste? — Pues más o menos como Un perro andaluz. Pansers. Es la explicación m aterialista de la historia.» «No quiero verle más por aquí». porque en realidad él esperaba que yo le diera ese dinero que he ganado en la exposición de Barcelona. Rivière. y Eluard y Gala. que se vaya. Estuvimos todos juntos en el café del hotel. el belga. segunda comida. Además. Llegué a casa de Dalí y oí unos gritos verdaderam ente desafora­ dos. A los cuatro días. repetía. Escribí bastantes. que yo no sé si todavía existe. claro. Yo no conocía a Gala. Salvador era virgen. Pero lo m ejor es que se vayan a C adaqués y hagan allí lo que quieran. Perdónem e. Pero esta vez solo. charlando. «No colaboro con católicos ni con genios». que hiciera lo que quisiera y como quisiera.. que era director. les contesté. Me dijeron que Strawinski estaba dispuesto a hacer la música de una película de dos rollos. Y ahora que recuerdo. Me abrió el padre de Dalí diciéndome: «No quiero verle más. por eso me acordé de que estuvo en la prim era. etcétera. o algo así. que a ver si me ponía de acuerdo con él. «Mi padre— decía Dalí— no acepta que gaste con Gala el dinero que he ganado. allí en la plaza. la comida transcurrió de una m anera total­ mente normal y agradable. Y ahí m etí la pata. Era el verano siguiente al estreno de Un perro andaluz. los fui arm ando y quise enseñárselos a Dalí. Eluard se volvió a París y Gala se quedó en Cadaqués. D alí estaba ya totalm ente bajo su dominio. del Museo del H om bre.. ¡Qué apología del coito! Como si esto . de Man Ray y estaba casada con E lu ard . D ejé a Jeanne en Lloret de M ar y me fui a Figueras. creo que estaba tam bién un hom bre muy simpático. Ella vivió todavía un año con Eluard antes de separarse y casarse con Salvador. del Museo del Trocadero. Cuando acabé Un perro andaluz pensaba que no haría más cine y me puse a hacer gags. pero esa m ujer que había sido am ante de Chirico. Vino a verme Rivière. No sabes qué carta me escribió cuando se acostó con Gala. y luego nos fuimos paseando a casa de D alí. de Max Ernst. Georges H. como ya te he contado otras veces. Y mira que yo quería hacerla con él. Inteligente como no tienes idea.

D alí se puso a protestar violentam ente: «¿Cómo? ¿Por qué? ¿Estás ciego? Esta es la N aturaleza. Eluard se m archó a París. con su hija. en la playa. Total.. Y luego. M ientras film aba la película. de que le cambiaste el título.» Me molestó. m etiendo cizaña. Los dem ás. echando puyas constante­ m ente. sobre todo. como si tal cosa. 64 .. yo no he nacido para m atar m ujeres. La gran diferencia entre nuestra colaboración en Un perro andaluz y en La edad de oro nace de ahí. las olas. m ientras comíamos. Por ejem plo. a pinchar. que era el castillo de los Noailles. Le m olestaba nuestra amistad íntim a. gags.» Como de costum bre. Así una y otra vez.. por las piedras. — No me acuerdo.. No nos entendía­ mos. — El se queja. como te digo. a Un perro andaluz. en un salón entra y pasa una carreta. y em pezó a molestarnos de una m anera trem enda. los gags. desechados. si la encuentro. Yo dije: «Parece un Sorolla. no me acuerdo. Al fin y al cabo. Por mucho que intento hacer m em oria. el agua transparente. Me lo devolvió diciéndome que estaba bien. A ceptába­ mos. ahogarla. él se fue a Málaga con Gala.sólo le pudiera suceder a él. muy pocas. en principio.» Y efectivam ente era de Gala. — ¿Pero por qué? — Celos. Al día siguiente nos fuimos en barca más allá del Cabo de Creus. M arie Laure estaba con Cocteau. C uanto le proponía le parecía mal y cuanto me proponía él me disgustaba a mí: «Eso es G ala. Poco más tarde. Gala se quedó en el hotel. Ya conoces aquello. E ra imposi­ ble trab ajar con él. — ¿Por qué la quisiste m atar? — B ueno. Me fui a la A bbaye Saint B ernard.. que auténtica­ m ente la quise m atar. rechazábam os en paz y con buena voluntad. E ra un día espléndido. porque nos entendíam os perfectam ente en ese tiem po. la rom po. — Volviendo a La edad de oro y. — Sí. ella venga a m olestar. Con La edad de oro todo fue distinto. Un hom bre m ata a su hijo porque sí. ¿Q ué tiene que ver. A cepté algunas cosas. Como es natural.. La cosa ya no m archaba.?» Intervino Gala: «Vosotros siempre como dos perros en celo. Bérard y compañía. de hecho. Y no me gustaba. Para Un perro andaluz yo daba una idea y él daba otra. malos. le envié a D alí el guión. en la playa.. E staba hechizado. cuando se presentó la oportunidad que me ofrecieron los Noailles. El lo reconoce. que no lo hiciera. allí. rogándom e. De cien gags. Y Dalí agarrado a mis piernas. a com er una paella. las rocas. Y la hija de G ala— ¿qué tendría?. Trabajam os tres días y luego yo acabé solo el guión. ¿doce años?—corriendo allá arriba. A lo m ejor todavía la tengo.. desesperado. se podrían aprovechar treinta.

El vizconde y la vizcondesa los saludaban al llegar: «Señor m arqués. «Me ha gustado mucho— me dijo Dalí— . Me negué en redondo. 65 M A UB . La película se estrenó en el cine del Panthéon. Claro está que hubo una sesión para C octeau y sus amigos. y a D alí. a las tres sem anas. Llegaron todos. es uno de los hombres más agrada­ bles. Parece una película de Holly­ wood. le devolví lo que sobró.. por ahí corre el runrún de que tal vez. ciento tres mil francos y un fajo con todas las facturas y las cuentas.— 3 . al salir. Esa noche. a última hora.. el vizconde tuvo la delicadeza de dejarnos solos en su casa. y cuando acabé de filmar. m ientras los vizcondes esperaban sus opiniones y parabie­ nes. El vizconde me dio un cheque de setecientos mil francos.. En un mes acabé La edad de oro.. pero.. el vizconde m ande quem ar el negativo. Con suma elegancia. H abía algunos cuartos donde no se podía entrar. Auric me hacía compañía. a la chim enea.». m ientras yo iba hacia una ventana. ¿Lo tiene él? -No. del olor. que era presidente del Jockey Club. no recuerdo quién... U na vez. Cuando la enseñé por prim era vez al vizconde y a algunos amigos de él. D ebí de sorberlo mal. fue un triunfo.» La enseñam os varios días a algunos grupos de amigos del vizconde y un día a todo el grupo surrealista. Un perro andaluz lo había hecho en quince. Señor duque. y el vizconde. educados y finos que yo he conocido. La filmé en veinte días. Está en la Cinem ateca. D uquesa. No sé lo que pueda pasar de aquí a que desaparezca el vizconde. Yo no he tom ado nunca ninguna droga.Casi todos opióm anos. y Tzara em pezó a decir pestes de los aristócratas y vaciaron por lo menos cincuenta botellas de alcoholes y licores en un fregadero. Por cierto que han sacado copias * ilegalmente. desde luego. porque lo único que me pasó es que me dejó insensible una aleta de la nariz y su alrededor. Sentí no haberle robado un poco. si hacía nnas declaraciones para aum entarlo. Aragón y yo fuimos a verle. fue echado sin más de su puesto. Y la princesa de Poix.. C om o son muy católicos. H abía invitado a la flor de la aristocracia francesa. en vista del escándalo. como si hubiese ido al dentista. la gran m ayoría salió sin saludarles siquiera. Recibí un telegram a de G astón H ugory que me ofrecía ir a Hollywood. Príncipe. D urante todo este tiem po. — ¿Tú hiciste la sonorización? —Como de todas mis películas. El vizconde tuvo el buen gusto de no decirm e ni una palabra. Vieron la película y. etcétera. su suegra. D alí me escribía desde Málaga. fue al V aticano para lograr la excomunión de su yerno. me ofreció tom ar cocaína como la cosa más natural del m undo y me puso un poco de polvo entre el índice y el pulgar. echó todos los papeles al fuego.

estupendo: «surrealismo codorniú». yo estaba detrás de la pantalla con un fonógrafo y unos discos y los iba cambiando: W agner y unos tangos. Es el surrea­ lismo de A lberti. Lo que no quiere decir que. — Pues precisam ente por todas estas razones que das es por lo que Un perro andaluz y La edad de oro son películas surrealistas. Lo que yo llamo apariciones. lo que pasa en el camión no es un sueño. No sé si habrán seguido mis instrucciones. sentado. gags. el surrealismo de 66 . imágenes que yo creía que se podían unir aunque no tuvieran aparentem ente ninguna relación. El día del estreno. de mucho m edir. Y creo que Bretón tendría razón. ya que en ninguno de sus escritos teóricos se refiere al cine como medio de expresión del surrealismo. de una exactitud m atem ática— . porque si el surrealismo significa azar. pero ya te he dicho que soy mal escritor. llevado por las situaciones y las imágenes. el surrealismo de A leixandre. Pero pude hacer en La edad de oro lo que tal vez no se me había ocurrido en Un perro andaluz. imágenes visuales. si yo hubiese sido buen escritor. ¿Estás de acuerdo? — Magnífico. Lo que sucede es que lo inventaste tú. De cómo salió lo de La edad de oro no me acuerdo bien. pueda entrar a considerarse com o un medio de expresión surrealista. -—H ablando del surrealismo— literario— español. que es una cosa de mucho pensar. Y o veía cosas. pero insisto para ver si de pronto le salta el recuerdo exacto. — ¿Y el título? [Ya sé que se lo he preguntado antes. dar suelta a mi rebelión en contra de la sociedad establecida. de mucho prever— y sobre todo el tuyo. irrealism o. Por ejem plo.] —R ecuerdo que Dalí quería llam arla C ’est dangereux de se pencher au dehors. Un perro andaluz sonorizado. es decir. las imágenes nacen de las im ágenes. No son sueños. intervención de lo desconocido* veo difícilmente que el cine. es lo que se ve. Por ejem plo.— H e leído que acaba de estrenarse. Se hizo exactam ente igual. un trans­ atlántico deja a un m ercader de tapices en la orilla y éste em pieza a andar. no se me hubiera ocurrido hacer cine. se encadenan. — ¿La edad de oro tenía otro sentido que Un perro an dalu z ? —No. y B retón no debía de estar lejos de com partirla. Yo no sé lo que habrán hecho. No recuerdo de quién fue la idea. con el vaivén y el traqueteo del vehículo. Bergamín lo definió como un «surrealismo codorniú». por un desierto. cargado. — Decías hace unos días que la mecánica del cine iba muy bien con el surrealismo. — No lo he visto. en M adrid. No quise decir nada. en Subida al cielo. y siem pre he necesitado de algún escritor a mi lado para mis diálogos. Tengo la impresión contraria. escritura autom ática.

-P ero no como Relie de jour. Aragón. -No lo creas. en Viridiana. Yo no había previsto esa escena que se ha hecho tan famosa de la reproducción de la Cena según Leonardo da Vinci. Pero cuando llegué al set y vi la mesa y el mantel blanco y la disposición de los mendigos. pero era pura cáscara. Bueno. Si lo hubiera pensado antes. en mil novecientos le veinticuatro. en la IH’lícula no hay más que nueve mendigos y en la mesa son trece. Es una moral.. Pero ¿cómo te explicas que películas como Nazarín. Poetas líricos de prim er orden. cambió mi senlulo. Soupault. Viridiana o E l sean tenidas tam bién por surrealistas ( uando tienen. no tenía nada que ver.han sacado muchas copias fraudulentas. sino «mili apuestos. Bretón abandonó la escritura autom ática por el «humor objetivo»—el hum or negro— y el azar. ¿Te ha sucedido alguna vez fiarte del azar para lo riar un resultado aprovechable? A veces. Y volviendo atrás. Y son poetas de prim era. -C laro que no. . Y <ntonces m andé buscar cuatro extras más. ¿Cómo te explicas que todo el m undo hable de La edad de oro y que seguram ente la mayoría no la haya visto? -No lo creas. ¿Q uerías el fracaso según las m ejores leyes de la escuela? Sí y no. cuando em pezaste a filmar Un perro andaluz. I'cro no son surrealistas. una lógica narrativa que nada tiene que ver con lo que definió Bretón? La línea moral es surrealista. La han visto muchos.. que I> redan surrealistas.i I I surrealismo es otra cosa. pero sentía una gran afinidad hacia ellos.I cderico.. B retón.. Pero a la mayoría de los que le interesa. pensé en ello. no me hubiese costado nada poner trece cu la película en vez de nueve. de igual denom inación. 1-1 O tro que no era tonto era el famoso conde de Foxá. para tirárselas al público si em pezaban a protestar. Dependió del público. ¿pensabas ingresar en el grupo surrealista? No. Ya sabes que yo estaba detrás de la pantalla poniendo discos. el hum or y la casualidad no sólo son distintos. y que las pusierais en práctica en Un p erro andaluz y I ii edad de oro. Demos por sentado que Dalí y tú os m ostrabais convencidos « las razones del prim er m anifiesto de B retón. Cuando yo vi que todo el Kiupo. Hacían cosas. Porque si tú ves. un hilo conductor. . estaban allí. Pero fue un triunfo. Ahora bien. pues yo tenía los bolsillos llenos de piedras. que fue algo así como su 67 . sobre todo Rafael. Por ejem plo. por lo m enos. C ada vez que voy a París me recibe el cónsul.

con su corbata de m oño. o algo por el estilo. — Háblam e del anarquism o y del influjo de Sade en el surrea­ lismo. que qué tenía que ver la película con las chuletas. como la de G aldós. absolutam ente nada.» Y yo le contesté que no im portaba nada.. hasta aquel m om ento. se quedó sin ver L a edad de oro. Federico dudó. Yo era ateo. que le dijeron: «Vente con nosotros al T eatro de la Com edia. que todo eso podía existir (y si no eso. debía tenerse en cuenta como no fuese la total libertad con que si le diera la gana podía moverse el hom bre. — A los veintiocho años yo era anarquista. Federico. con el anarquism o. y que no había bien y que no había mal. Figúrate lo que esto representa para un anarquista. sino con el pensam iento ateo. el veintinueve.secretario y que le guarda una veneración curiosa. sobre todo. y de pronto descubrí que todo eso no era nada. por el capital. había perdido la fe. En cam bio. — Desde luego. Nos encontram os no sé con quiénes. es que pura y sencillam ente me habían ocultado la libertad. de mi gusto. — Si no hubiese ido ese día hubiera sido otro. Cañedo. que va a hablar José A ntonio Primo de Rivera. vente. cuando oyó por prim era vez hablar a José A ntonio Primo de Rivera. E pisodios nacionales. pero la había reem plazado con el liberalismo. otra cosa). es cuando com prendí la razón de ser de mi afición. Vamos—ya no recuerdo adonde— a com ernos unas chuletas».. Allí estaba todo el M adrid izquierdista o al que por entonces teníam os por tal: O rtega. con el sentido de la bondad innata del hom bre. y que nada. de mi total com penetración 68 . Lo extraordi­ nario es que entonces. Allí cuenta cómo sintió el santo advenim iento en el T eatro de la Com edia. acerca de la moral. No tuvo nada que ver con la erotología. que es un tipo fenom enal. y se fue con sus amigos a oír al fundador de Falange. y el descubrim iento de Sade fue para mí absolutam ente extraordinario. me habían engaña­ do totalm ente referente a lo que era la religión y. Resulta que lo que había sucedido. Lo que no cuenta es que ese día venía conmigo e íbamos al Palacio de la Prensa para la única presentación que se dio entonces en M adrid de La edad de oro. Pero es curioso que el día que se presentó en M adrid L a edad de oro se fundara la Falange Española.» Foxá me dijo que al fin y al cabo él podría ver la película otra vez. y dijo con su acento que todavía tengo en los oídos que ya no me sirven: «Luis. tu película no me ha gustao na. le dije a Federico: «A nda. y en el fondo estaba convencido de que el ser hum ano tenía una predisposición a la bondad echada a perder por la organización del m undo. No era tonto. Se titula. Al salir. Tengo un prim er tom o de una serie que no sé si ha seguido saliendo.

. Sí.i ternera. Dicen las malas lenguas que eres cruel.. Me fui horrorizado. Y luego. Eso de mi cru eldad. desaparece esa «crueldad». Sade influyó más que nadie. a ver una película de dieciséis milímetros hecha por Jean Painlevé.. no sólo en mí. Tal vez sí. se esfuma. habrá que creer que tiene que ver con la fuerza viril.. Se veta un depósito de cadáveres. en uno de los prim eros planos de Un perro andaluz. era encerrarte en una <usa de putas y acostarte con seis o siete a la vez.. Yo lo hacía por el cine. Y pasa uno a la I listona por eso. creía de verdad haber hecho una película en honor de «el más cruel de los cineastas». Yo no creo haber hecho muchos ¡idos tic valor en mi vida. ¿qué más da? Y así han seguido las cosas.. Lo que pasa es <|u< entonces los surrealistas siem pre estábam os hablando de <osas sexuales. . Seguramente creen que lo hice así. El padre de Jean era I>01 entonces ministro. en un libro que acaba de publicar... dice que lo que te hubiese gustado. por representarlo. Algún psicoanalista. en el surrealismo.. ¿Por el arte? No. supongo.. Sí. lo tengo. Al Iin y al cabo me trajeron del m atadero una cabeza de ternera. en efecto.1 lijo! Este joven. No eres espejo de valientes. la cabeza de una vieja m uerta. cree que la navaja de afeitar representa un pene. yo recuerdo que hablábam os de un harén y del gusto que daría tenerlo. Jacques l’ievert me llevó al Ministerio de la G uerra. y la cosa es que al cadáver le extraían el seso por la nariz. Pero si no lo sabemos. en tu tiem po. I lasta viendo una película de Libertad Lam arque... Pura m entira. Y «a mí me gusta la cuarta». Eso no lo he hecho yo nunca.. y. Paul. lal vez. por el arte no.io n el surrealismo. a sangre fría. Me dio un asco del dem onio. 69 . Es curioso. de los pocos que he hecho.. Le tienes m iedo al miedo. Sí. y h u ían no sé qué operación. con los años. sin manifestar ninguna duda. para qué voy a hablar. Ya ves: cortarle el glóbulo del ojo a una ternera m uerta el día anterior. Para ser cruel. Es una idiotez. A lo que yo le tenía y le tengo miedo es a llorín. U no de ellos. es por aquel corte del ojo de l. ¡Sobre todo viendo una película de Libertad Lamarque! Máxime A lexandre. Para mí fue un m ío de valor trem endo.. sino en los surrealistas. Le puse rimel yo mismo. que no era nada tonto. Me proyectó una que se llamaba H om enaje a Luis Buñuel. por el que he pasado a la I lisloria o por lo menos a la leyenda. por lo que sea. se atenúa. No. por reproducirlo. por explicar un sueño. Pero tiempo después. por explicarlo no. hay que ser valiente.

pero me acuesto con la prim era.. Me da la impresión de que lo más valioso de tu obra. no me gusta tan to .. Pero no creo ser una excepción. que ya no te interesan. Bian. A hora bien. o. ¿Y eso del examen previo? — Como la Sociedad de Conferencias era una cosa muy seria. películas. si es posible. amigos de la Residencia.» Desconocían que había un cine llam ado arte. — No una excepción. Ya sabes que a mí nunca me ha gustado decir ni que sí ni que no. — Al día siguiente me llamó O rtega. presenté ocho o diez películas. O rtega me puso un telegram a. — H abla de Soupault. de las que. me gustan los gags. Es decir. Presenté E n tr’acte. lo que más te gusta de ella son precisam ente los gags. me llamó Juan R am ón. de París. como si fuese un texto. de R ené Clair. pues para que no dijera alguna tontería tuve un presidente un poco bruto que me examinó a ver si no decía alguna incongruencia. — Como a todos nosotros. teniendo en cuenta tus ideas. te gustaban y seguram ente influyeron en ti las comedias norteam ericanas del cine mudo. A lberto Jim énez Fraud. le jeune. el m arqués de Palom ares. quieres forjar un universo a través de ejem plos. Esto fue el año veintisiete. ¿hasta qué punto los gags no han sido determ inantes de muchas secuencias de tus películas? — Evidentem ente. no recuerdo quién más. dejar sólo los ejem plos para que los espectadores saquen de por sí la ley. de toda esa gente de la época. «Esto del cine. me llamaba todo el mundo. Juan Ram ón Jim énez se quedó porque presenté ocho o diez películas de la época de vanguardia.] 70 . Creo que M orente vino tam bién.. —Es posible. claro. don A lberto. un día o dos días antes de la conferencia. Y me exam inaron.. desarrollados hasta form ar una secuencia o sencillos cortos. M e gusta la octava. ¿verdad? De Cavalcanti. Si tuviera veinticinco años. sí un ejem plo. O rtega y G asset. todavía m ejor. La roue. que iba Frobenius y no sé quién.. Lo ignoraban totalm ente.» D e aquello habrá salido eso.» Fui. no me acuerdo. me dedicaría al cine. pero. no me acuerdo. Buñuel —me dijo O rtega— . otro: «O rtega lo espera. Y luego. una sucesión de gags. —No le conocí nunca. Por eso dices que ya no quieres contar historias. un libro de clase con un teorem a básico y luego puras ilustraciones. porque era amigo de O rtega. Es decir. Pues háblam e de españoles.. Les di la conferencia y la aprobaron.Y «no.. No decía ninguna inconveniencia ni nada. [Comemos juntos el 14 de abril. —Bueno. — Bueno..

tam bién.. Mi padre se hubiera alegrado. de pie. Fui a París el m iércoles. nunca fui republicano. Tenía bastante dinero y quería hacer un viaje. Y no fui. tan serio como siempre: «No. De pronto se abrieron las puertas de toriles y salió uno em puñando una bandera republicana. a las islas del mar del Sur. A poco me fui a París. Les dije a los surrealistas: «Este es el momento.» Gaos pertenecía al partido socialista. a Fidji. con Sánchez V entura y con Gaos. Se armó una rechifla trem enda. y estaba aquello abarrotado. Entonces andaba yo con la idea de Las Hurdes en la cabeza. A toda aquella gente no le interesaba nada la República. El domingo me fui a Zaragoza y el lunes o el martes me despertó el himno de Riego. Tengo que hablar con los com pañeros. Estuvimos en la presidencia Sánchez V entura y yo. Pero al día siguiente fuimos a la plaza de toros. el único que he tenido ilusión de hacer en mi vida. en la presidencia. — ¿Votaste? — No. Como cuando le propuse quem ar—en la Place du Ter71 . y nosotros. No tiene nada que ver con la realidad. en tu decisión de realizar Las Hurdes? —No lo sé. otro. Hijo. Debía de ser el catorce o el quince de abril. Por aquel entonces se debió de estrenar en París y en los t ine-clubs de M adrid La línea general —en París se llamó La lucha l>or la tierra — . Vámonos y quem am os el Prado.iliora. Se necesitan por lo menos siete litros. detrás. Lo único que pensaban y querían era lo suyo: «Bien está la República. Por la tarde fuimos a sacar a los presos de la cárcel y me pegué una borrachera de sidra trem enda.» Yo no era anarquista. sí. y de H endaya a C alanda. pero ahora vendrá la nuestra. En el café le habíam os dicho a Gaos: «¿Vienes?» Y él. donde había renunciado a mi contrato. que estaba de catedrático en la Universidad. Pues allí nos tienes. Estaba en París cuando la guerra de los conventos. En Nueva York me gasté todo el dinero que tenía. No fui por el horóscopo que me había hecho B retón. D e hecho llegaba de Hollywood. Las borracheras de sidra son espantosas. a Hawai. A dem ás.» «No es más que un paso. Cogí un taxi hasta Hendaya. además del libro de Legendre. siempre.* — Hace cuarenta años yo estaba en San Sebastián. me había ido a I lollywood el treinta de noviem bre.. La edad de oro se había estrenado el treinta de diciem bre anterior. ¡qué barbaridad!. Lloré y hasta hice discursos. Tal vez por eso. sim patizante. Como es natural. Allí en el café. el treinta y dos. Yo no estuve. yo no he visto tanto entusiasm o y tanta gente por la calle. era un mitin anarcosindicalista. Yo estaba en Zaragoza. No me acuerdo. A mí eso me tiene sin cuidado. había diez sentados.» Bretón se escanda­ lizaba. ¿Influyó. y el viernes— Viernes Santo—estaba tocando el tam bor en Calanda. Y .

no y no. debía de ser el treinta y dos. Y quem aría todas las obras de arte sin el m enor rem ordim iento. dijo Legros. Frenético. Frenético.tre— el negativo de La edad de oro. A ragón dijo: «Está aquí el com pañero Buñuel. ¡fuera. «¡Hombre! N uestras obras. U n león enjaulado. Yo no pertenecí nunca al Partido. H oy. [Luis era surrealista. E ra la época en que tenían poco dinero y Elsa se ganaba la vida haciendo collares. pero seguro de sí.» «Que pase». Y casi todo lo m ejor. Traductores. Seguro de sí. a las siete y media. Traidores. ¿Q ue es una idea anarquista? De acuerdo. H erm oso. A ndando y desandando furioso por la habitación. en cuya prim era página del núm ero 1 (1929) se reproduce— mal—el telegram a original de la organización soviética: 72 . Sí. que por lo menos era la castidad y la pureza. en arte. No lo adm ito. que nos acom paña. ¿Q ué quedaría?» Así eran. Salen del arte para ir hacia la interpretación. lo hacen o lo han hecho los hijos de puta. Intérpretes. H abían tenido un disgusto. — ¿Q ué pasó entre Elsa y A ragón? ( — D ebió de ser en mil novecientos treinta y dos cuando una m añana recibí un neum ático de A ragón. Ten en cuenta que abren o abrían entonces las oficinas de correos a las siete: «Ven.» Entonces vivían en el hotel. Cuando fui con los dem ás a L ’H um a para que les regañaran. Se había ido Elsa. lo que se dice un hom bre herm oso. por surrealista! Y nuestros encantadores com ­ pañeros surrealistas publican esta porquería—y me tiende un folleto: L ’affaire A ragón — donde me excomulgan por comunis­ ta. No me interesan los genios en lo más mínimo si no son personas decentes.» Me había llamado para poder desfogarse delante de alguien que fuera de veras amigo suyo. Y el Partido. Cada día lo soy más. T anto m onta D alí como Chirico. «Me ha dejado solo. No me interesa. Inventan a base de copias. sino la gente. — ¿Y la pintura surrealista? —El arte pictórico surrealista es ante todo un «pastiche». y todo eso sucede en la época de Le Surrealisme au service de la re'volution. no. me propondrían quem ar todas mis películas y lo haría sin pensar un m om ento. Pero no pertenecía al Partido. Un tigre. necesito hablar urgentem ente contigo. ¿D e qué sirven y han servido tantas obras de arte? ¿Para llegar al estado en que vemos a la H um ani­ dad? ¡Vaya! A ún prefiero a la Virgen M aría. — ¿Tú eras entonces m iem bro del Partido? — No. A mí no me interesa el arte. No vale la pena.

¿No sabes que trabajé con Gide durante cuatro días en hacer (bueno. ¿Q uién dio dinero para la prim era? Tu madre. EN SITUACION ACT U A L D E CONFLICTO NO A R M A D O CREEMOS INUTIL ESPER AR P A R A PONER AL SERVICIO DE LA REVOLUCION LOS MEDIOS Q U E NOS SON PRO PIOS. en francés. el treinta y cuatro. No lo sabía. SI ESTIMAIS EN TAL CASO U N MEJOR EMPLEO POSIBLE DE N U E S­ TRAS FA CU LTA DES ESTAMOS A V U E ST R A DISPOSICION P A R A MISION PRECISA EXIJA C U A L Q U IE R O TRA A C T IV ID A D EN TAN TO INTELEC­ TUALES STOP SOMETERNOS SUGESTIONES SERIA IR MAS ALLA DE NUESTRO PAPEL Y D E LAS CIRCUNSTANCIAS.Pregunta DIRECTIVA IN TERN AC IO NAL LITERATURA REV O LUCION ARIA R UEG A CONTESTAR PR EG U NTA SIGUIENTE: Q U E POSICION A D O P T A ­ RAN SI IMPERIALISMO D E C LA R A G U E R R A A LOS SOVIETS DIRECCION CAJA POSTAL 650 M OSCU. —Por falta de dinero. jam ás te has gastado un céntimo propio en Ius películas. siempre y cuando tengas el suficiente para vivir sin el m enor aprieto.. A dem ás. jamás. a costa de la Em bajada. de acuerdo. en hacer es mucho decir: en plantear) las posibilidades cinematográficas de Les caves du Vaticanl No. ¿Q ué quieres? A uno lo han educado así. ..E n verdad. — tuviste la película enlatada todo ese tiem po? ¿Y Hasta el treinta y siete. estoy de acuerdo. I )¡spuesto a no cobrar. Luis. A raquistain. en que.] — es posible que filmaras L as H urdes el treinta y dos. D ebió de ser el ministro de I nslrucción Pública de Sam per. el que te negara su explotación. Y lo más curioso es que el dinero te tiene sin cuidado. Pero dar dinero.. la mandó sonorizar. en No marzo o abril del treinta y dos. STOP Contestación CAM ARADAS VIETS NUESTRA SI IMPERIALISMO D E C L A R A G U E R R A A LOS SO­ POSICION SERA CONFORME A LAS DIRECTIVAS POSICION D E LOS MIEMBROS PARTIDO TERCERA INTER N A CIO NA L COMUNISTA FRA NC ES. C uéntam e más cosas sustanciosas.. ¿Q ué le vamos a hacer? Nada. 73 . como ya te dije.

— Sí. le dije. Orgías «normales» las he 74 . y luego hizo el viaje. Eso fue mucho después. Gide fue a pronunciar el elogio fúnebre de G orki. «padre de todos los pueblos». no. durante la ofensiva de B rúñete. y de ayudarnos. Luego iba a trabajar todos los días a su casa. para M ezrapon. aquellos días en que M alraux consiguió. y G ide se sentó al lado de Araquistain. puse a Aragón a mi lado. m uda. tres años. como jefe de protocolo que decías que eras. porque eso debió de suceder en la Em bajada. — Si miras bien las cosas. Y ya había hecho La edad de oro y Tierra sin pan. y antes tam bién del lumbago. — Claro. y m enos mal que al cuarto día vino a verm e V aillant-C outurier. en la Plaza R oja. él me lo contó: «Usted com prenderá que yo no podía firm ar eso. a fuerza de telefonazos.— Leí dos veces el libro. y antes de m archarse es cuando le propusieron firmar el telegram a de agradecim iento a Stalin. creo que por la rué Bonaparte o por ahí. — ¿Por qué modificó Gide la última página de su libro? — Yo debía de estar entonces en M adrid. Las orgías dependen ante todo de lo que beba uno y de lo que pueda resistir y del dinero que se tenga. E ra una m anera de ayudar. Porque era una película que yo dirigiría en la URSS. — ¿H as participado en orgías? — Las orgías. que era el que me había presentado a G ide. que Gide modificara la última página del libro poniendo una gota de esperanza. es decir. — Sí. usted me va diciendo cómo se debe o cómo se puede hacer esto. ¡Hay que ver el dinero que yo ganaba sin hacer nada! — ¿Pero no anularon la película después del viaje de Gide a la URSS. no tanto. hom bre. no iba a poner juntos a A ragón y a Gide. — ¿Pero era antes o después de la ruptura de Gide con los comunistas? — A ntes. para decirm e que en Moscú habían decidido no hacer la película. Yo lo hubiera hecho.» «¿Por qué no?». No. un piso. A ntes de que me dieran el contrato de la W arner y de que me fuera a M adrid. Ahí. que era entonces la com pañía oficial del cine soviético.» Así estuvimos trabajando. hom bre. «Yo no sé nada de cine. el treinta y siete. durante el Congreso de los Intelectuales. y de su libro sobre el viaje? — No. no me hagas reír. me acuerdo que llevamos a Gide a ver Tierra sin pan. Sí. Debió de ser hacia el treinta y tres. Las orgías no son únicamente dar o tom ar por el culo a un hom bre o una m ujer. mucho antes. debido a la ayuda que la URSS nos prestaba. en aquella famosa cena en la que tú dispusiste los lugares. de cuatro a siete. no. No.

la dejé plantada. Lo más divertido era oír a C’octeau dando clases de moral a veinte jovencitas que ganaban cincuenta francos al día con la obligación de perm anecer vírgenes. Me llamó y me ofreció un contrato con seis meses de pago y los viajes para que viera lo que era un estudio ■ verdad» y trabajara sucesivamente en varios departam entos. un irlandés simpático que era una especie de secretario de Irving Thalberg. Tom se fue. de con la condición de que le llevara una recom endación de cuarenta personas que hubieran visto L a edad de oro. Allí. a éste. Total. Volviendo a Hollywood. —¿Q ué te pasó con la M etro? —El representante de la M etro Goldwyn M ayer era amigo de la mujer de Noailles. Lya L ys. B ueno. Allí vi a Dolores del Río y a un sinfín de otras gentes. Yo. feliz. el que le impidió acabar M erry-G o-R ound). era el despido fulminante. Eran tiempos de la prohibición. pero lograba siem pre que las mujeres se pelearan entre sí.» E n película... iliciéndome: «A éste le conozco. Dije: «Esta. Se lo dije al vizconde. H abía un gran cuadro con todas las producciones que estaban en proceso. con Cocteau. Todo esto te lo cuento para decirte que eso de las orgías. Y las orgías en M ontecarlo. sí iba. Al día 75 . Cuando llegué a Hollywood. Estaban filmando un fi an plano de la actriz. y yo me dedicaba a beber todo lo que podía. Esas sí. uno de los personajes mas funestos que ha creado Hollywood (el que no dejó jam ás en paz a Von Stroheim .. y me echaron vergonzosam ente del estudio. «¿Qué película le interesa?» Había una con G reta Garbo. se pelearon. Si quedaban em barazadas. Entonces estreché mi amistad con E duardo I Igarte. tam bién. Y no volví más a la M etro Goldwyn M ayer. claro.. cuando supe aquello. y era bastante extraordinario.» «Dígale que no quiero ver putas. a cobrar. ¡Q ué tía !. me preguntó.» M e hicieron las tarjetas. le dije. los pases necesarios y me fui para los estudios. Un día.vivido en Hollywood desde el año treinta con Lya Lys. me dijo: «Míster Thalberg quiere que vaya usted a la sala de proyección núm ero quinientos y pico para vci unas tomas y unas pruebas de Lily Dam ita. curioso.» Cuando me faltaban dos meses les propuse que me pagaran uno y me dejaran en libertad.. el que mutiló L os rapaces. Yo estaba como a unos diez m etros. con U garte. Y luego en casa de C haplin. sonrió y me trajo el testim onio de cuarenta de las gentes más ilustres de Francia. De pronto.. «Ver filmar». el jefe me recibió y me dijo: «¡Qué contrato más extraño!» No era ninguna cosa del otro m undo. todas fracasan. doscientos cincuenta dólares a la semana.. Yo no sé cómo se las arreglaba.» «Muy bien. mirando.. Tom Kirkpatrick.. «¿Por qué quiere usted em pezar?». Escogí una rusa blanca de dieciséis años y.. ella llamó a un judío híspido y le habló en inglés.. una noche Lya Lys se llevó a una lesbiana.

Parece m entira: ¡la única película de Luis Buñuel que se hizo durante la República! Y que no se acabó. No. que en su apellido llevaba su gloria. grabado. en Hollywood. mucho más elegantes. que esté mal. y tuve mala nota.. 1927. para siem pre. Y te aseguro que no habrá perdido nada de su horror y que la secuencia de los gallos seguirá siendo lo que fue. ¿Q ué razones dieron para prohibirla? — Que denigraba a España. — ¿Cuándo filmaste Las H u rd esl — Filmé Las H urdes en mil novecientos treinta y dos porque a Ram ón Acín le tocó la lotería. que era ministro de Instrucción Pública de Lerroux. La lástima es que todos los que hablan de esa película no la han visto nunca con su texto original. Pero hay otras cosas. Porque eso lo mismo podía suceder en Serbia o en el Paraguay. M ira. sino de animales. — El tal Villalobos se llam aba Filiberto. — A España. el ministro de Estado era el inefable R icardo Sam per. tu paisano M anuel M arracó. pero no creo que le sacaran gran cosa. ¡Y que se prohibió! Y que seguram ente no podrá verse— m irando las cosas con optimis­ mo— hasta pasado medio siglo de haber sido filmada. Ni moviola ni hostias. Eli L otar.siguiente me dijeron que aceptaban mi proposición. — Por un amigo supimos que habían puesto un telegram a en el 76 . denigra al hom bre. A dem ás. para siem pre.] — Nos fuimos a E xtrem adura. que lo enlodan infinitam ente más. y el de Instrucción Pública. en francés y en inglés. de ninguna m anera. — Eso dices tú. por lo que a veces se me desenfocaban las imágenes. porque no se trataba de hom bres. M onté la película sobre una mesa de cocina con una lupa. de acuerdo con el ministro de la G obernación y del Estado. Estuvimos marzo y abril. A mí me había im presionado mucho el libro de Legendre y el viaje del rey. no. que sólo existe. Pierre Unik y yo. Es una edición de la B ibliothèque de l’École des H autes E tudes Hispaniques. Y para ti debía de ser más que sadismo. — Pues la prohibió el señor Villalobos. está m ontada con los pies. es muy difícil saber si está bien o mal m ontada porque no la he visto más que m uda y com entada por ti. [Me tiende un libro: Les Jurdes Étude de G éographie Humaine Maurice Legendre Bordeaux-Paris. De verdad.. Y no me parece. «liberal dem ócrata». éste es el libro de Legendre. Me dio veinte mil pesetas y luego le cayeron encima todos los anarquistas de la localidad.

Si no. tenía un contrato con la W arner B rothers. de La edad de oro. yo me decía: «Adiós al cine. A hí tenem os a M arquina. me presenté en casa de Ricardo Urgoiti y le dije: «Bueno. no. De hecho. natu77 . de hecho. aquí tengo veinte mil duros para que hagamos D on Quintín el A m argao. yo había acabado con los surrealistas. una m añana. me dediqué a hacer cine comercial desde ese m om ento hasta el principio de la guerra. y Urgoiti estaba feliz conmigo porque decía que le ahorraba tiem po y dinero. m ejor dicho. El ingeniero * Pereira. le contesté. que anda por aquí. la trayectoria de Dalí. ya idos los radicales. hicimos luego las otras. En cuanto a que filmé lo peor. que es hoy presidente de la Sociedad Española de A ntibióticos. estábam os todos contra el surrealis­ mo. Pero las discusiones.» Fue un éxito colosal. Yo he visto allí carros ubérrim os de trigo.» «¿La vas a dirigir tú?» «De ninguna m anera. como que me parece la única cosa seria de nuestro tiem po. las divisiones entre unos y otros. presidente del Com ité de las H urdes. Yo no hacía más que ver que realizaran las películas lo más rápidam ente posible y gastando lo menos que se pudiera. y aun del propio B retón. M arañón me dijo: «Usted ha tom ado lo peor. Grém illon vino con quince mil pesetas. después de Un perro andaluz.. Saber. así que eso de adm inistrar y dirigir lo hacía con mucho gusto. Nos seguíamos reuniendo Pepín Bello. Ya no me interesaban. no me interesaban nada. Adem ás. adem ás. era jefe de la C EA . Y por hacer algo— no me hacía falta dinero— . — ¿Fue el fracaso de Tierra sin pan el que te llevó a admitir cargos en com pañías cinematográficas americanas? — No. ¿a qué iba? Pensé que ya no podía hacer nada en el cine. De ninguna m anera. Ya sabes que hice cuatro películas. Urgoiti. Y me llevé la película. conseguimos que la viera M arañón. ¿Q uién me va a contratar a mí?» Y.. Por eso. pero cuando acabó su película ya había estallado la guerra. —N aturalm ente. Le dam os dos mil pesetas. Fui con Sánchez V entura.. y. de Las Hurdes. Yo seguía reuniéndom e con muy poca gente. Yo quería practicar. Sánchez V entura. Yo no necesitaba dinero. Ganam os mucho dinero. Luego. era verdad. M oreno Villa. Al acabar la proyección.que se prohibía su exhibición por «denigrar a España». A mis amigos de antes había añadido R icardo Urgoiti. —Pero sí el surrealismo. por cuatro mil pesetas semanales como jefe de doblajes. Adem ás. después de un ataque fuerte de ciática durante el que había leído muchas obras de Arniches. contra los surrealistas. Vicens.. en M adrid. igual que lo había pensado al acabar Un perro andaluz y La edad de oro. a mí me encanta el orden y la organización. Un poco avergonza­ do.» «Habla usted como un ministro de Lerroux».

de Béjar»? — Eso ya te lo he contado. A las arañas las adm iro. con un adelanto y a plazos. Estaba yo en Salamanca y fuimos a las Batuecas. con Viñes y Lulú. en el Congreso Cultural de La H abana. las m onjitas del Sagrado Corazón.» Q uedam os en firm ar las escrituras el veinte de julio. llam ándom e a M adrid para filmar. — ¡Ah. Me preguntó: «¿U sted qué quiere hacer?» «¿Yo? Q uedarm e. que era entonces subsecretario de Instrucción Pública. tomé con la mano una araña grande como la propia mano. El frente no sirve para eso. si es para hacer una película. B ajé a ver a A raquistain.» ¿Q ué es todo esto? — Fue así. Vi una tejem anería rústica en un boto y me fui porque había una araña. los pellejos de vino que colgaban entonces en el mesón. se lo enseñé. No me acuerdo de nada.. Ya sabes que no las soporto. Ibas con Pepín Bello. Cuando yo les dije de pagarles al contado. — ¿Y esto de: «Luis abandona la taberna del Segoviano. — ¿Y qué es esto que tengo tam bién aquí apuntado: «Pepín. me dijeron: «Esto es suyo. [. pero me repugnan. Regresé a M adrid. Me enseñó la película que hizo con sus reportajes 78 . un día recibí en la Em bajada un telegram a de Roces. E ra todo un país aquello. No tengo la m enor idea. Pero es estupendo. una araña! Te espero en Platerías. m ejor se hace en el estudio. y entonces se ve todo. No sé si serán los cuatro pares de patas. eh!..] Ya estando algún tiem po en París. — E ncontré a Karm én en Cuba. Film ar en las trincheras. pidió veinte rocines más»? — ¡Ja! ¡Ja! ¡Qué maravilla! ¡Qué bien suena! ¡«Pepín pidió veinte rocines»! No sé. los baños de M ontem ayor. Por ahí tengo una fotografía de la com ida de despedida que les dimos. segundo de Luis. a lo m ejor a estas horas estamos tú y yo allí tom ando el fresco. Sólo de noche. Las miro. y si no es porque estalla la guerra. todos los Buñuel somos así. su m ujer. Filmando no sé qué película. Precio­ so. Es aquello de la carta al dueño del balneario que era amigo de Lerroux.. donde cenaba con Sánchez V entura una tortilla de patatas»? «¡Va a salir una araña. no se puede. A hora bien. aquí. — ¿Y esta nota enigmática que tengo aquí apuntada: «Camino de la Plata. la hija de Francis Jourdain. No sé por qué. Pero no creo que es el caso. De día. que las querían vender.raím ente. La vi con sus patas enorm es y salí corriendo. señor. Sería para una película. Pero ya lo tenían vendido. no. sí! Es cuando quisiste com prar las Batuecas. — ¿Q ué es eso de boto? — Com o llamamos a los pellejos en A ragón. — Debió de ser el doce de julio. Yo tenía las ciento cincuenta mil pesetas que pedían.» Me quedé. ¡por todo el convento..

Me dijo que se sentaría a su derecha. Al poco estalló una bom ba de ese tipo en los Campos Elíseos. — Y peligrosos. allí estaban nuestros hom bres. Nada. Pero no. El inform e fue contundente: eran explosivos de extraor­ dinaria potencia. Llevaba un maletín. que las m andó exam inar por la Policía francesa. si no al G obierno. — ¿No volviste a ver nunca a Dalí? —En Nueva Y ork. A los tres o cuatro días me avisan. Pk. estaba muy mal. Yo no hubiera salido de Djelfa sin un guardián que me ayudó a huir. — Hay de todo. Invité a Finkie (el hijo de A raquistain) y a Germ aine M ontero a que me acom pañaran a tom ar una copa. pero no de los que le gustan a él. Todo esto te lo cuento para que veas— una vez más— lo que es la Policía y lo que son las Policías: un poder aparte. de una potencia inaudita para su tam año. destruyó una casa. y al llegar a la terraza del café. R esultaba que el jefe era tam bién un suramericano que había trabajado en el cine. sí.t lo visto. m ató a dos policías y los atentados siguieron. a un grupo de fascistas emboscados en la Policía. con nosotros. Por más esfuerzos que hizo el em bajador—ya te he dicho que A raquistain fue un em bajador excelente. Organizó una conferencia de prensa. Pedimos detalles. Le pedí que se reuniera con él en La Coupole. a mí. Son muy fotogénicos. Le agradecí los informes y quedó en seguir en relación con nosotros. que ellos habían atentado contra los Consulados republicanos españoles en Toulouse y en Perpiñán y que traicionaba por convencimiento. U na m añana se presentó en la E m bajada un joven hispanoam ericano con la pretensión de ver al agregado militar. No era nadie. el cuarenta y dos. vestido de niño de Lindbergh asesinado. H ubo un escándalo. La prim era vez que fue. Me avisaron a mí. que era socialista. D e verdad. un asco. que estaban de nuevo en libertad. Nos los dio: dirección. fueron pocos: «Vengan m añana a un baile de m áscaras. y el aéreo estaba fuera de París. sacó cuatro bom bas y me dijo que eran de lo m ejor. D etuvieron a todo el grupo.. no se consiguió la detención de los maleantes. tan bueno como fueron malos Ossorio y Pascua— . Volvió el hom bre. etcétera. Que él form aba parte de un grupo de acción de Burgos. A brió su m aleta. Le bajé las bombas a A raquistain. no se veía nada.. nom bre del jefe de la organización. Nuevos telefonazos al prefecto de Policía. les convenían. No había agregado m ilitar esos días.españoles. Lloré. G randes abrazos a G erm aine. con la cara cubierta de sangre. 79 . Llamadas urgentes del em bajador al prefecto de Policía con pelos y señales.» Y se presentó con G ala. Los bom bardeos. de bigotito. en Madrid. no sin m andar una a Moscú. ya no recuerdo quién. E ra un joven elegante. — Lo malo es que somos sentim entales.

Cuando supo que yo me m archaba. por las buenas. pues aunque te rías y digas 80 . Y me dio una clave para poder com unicarnos si hacía falta. en el bulevar de los Italianos. a la E m bajada. no tenía una gente de confianza a quien entregarle ese dinero. — Sí. en el M inisterio de la G uerra. sí.Nueva conferencia de prensa. a París. — El cuatro de septiem bre. Pero soy un sentim ental para mis amigos.. ni en la URSS. viajes rápidos.. le dije claram ente que no se me volviera a acercar. en la URSS tam bién. Pero si me hubiesen dicho que me quedara. — Sí. Me llevé Las H urdes (Tierra si pan). y no pude evitar el verme tom ando una copa de cham pán con él en el bar de Regis. Pocos como yo conocían a la gente de París. para rom perle la cara. Pero ni en tu familia. a Valencia. sino por haber conseguido que me echaran del Museo. [. porque Tierra sin pan nunca se ha doblado en español. no viviría nunca en Moscú.. No por Lindbergh. B ueno. y en España. a medias. y en las banderas. —Tú que te cagas en todas. a hacer de correo. Y a pesar de que me ofrecieran lo que me ofrecieran. Se estrenó a finales del treinta y siete en el Om nia Pathé. A Barcelona. Es mi segunda patria. a M adrid. sí... ni en España... Pero yo le dije a Araquistain: «Lo que usted q u iera. — ¿Es verdad que llevaste dinero del G obierno a M ünzenberg? — Me lo pidió A rias. del Minis­ terio? — No..» Y era verdad. Pero yo creo que soy más útil aquí. ¿Q uiere hacerm e el favor de llevarse estas cuatrocientas libras y entregárselas a M ünzenberg?» — Entonces. A mí me quieren allí. — Sí. — De ida y vuelta. Por lo visto. — D esde luego. — Es verdad.. Bueno. ¡Que cómo podían pensar que se refería a un héroe epónim o que era la representación de su p ad re! ¡La paranoia! — ¿Le viste? — Sí. Y en la familia. A ra­ quistain pagó la sonorización. en francés y en inglés. A pesar de que es la única que lucha contra esa m ierda que es N orteam érica. me m andó llamar. así. fue a finales del treinta y seis. Y volví cinco veces durante la guerra. en Nueva York. y en la religión. en París. y en la URSS. y en los partidos. No obstante. y sí. en M adrid. ¿no llevabas una misión del G obierno. —Te lo pidieron.. para trabajar en el Ser­ vicio de Inform ación. muy a gusto. fue a finales del treinta y seis.] El treinta y siete me llevó A raquistain. — Así que saliste.. no. a finales de agosto del treinta y seis: «Ya sé que se va usted a París. A llevar algún informe.

es un político. Pero yo colocaba a la gente cuando había algún banquete. — Al español.. — Pero tú form abas parte del grupo que con A ragón fue llamado al orden por el Partido. —No me acuerdo. 81 . pero uno más había. —B ueno. cerca de ellos. Eram os seis: Unik. ¡Una vez! Y no volví. — ¿Y quién más? ¿Thirion? — No. sus m aneras intratables. No fuera alguien a colocar a Aragón al lado de Gide. eso sí. Sadoul y yo. si lo dice A ragón. ahora ya sé que con algún jovencillo. Pero yo no pertenecía al Partido. que luego se volvió católico. Porque Thirion estaba de acuerdo con el Partido.. — Entonces lo que asegura A ragón. — Ese era el más politizado de todos. A seguraba que su padre había sido em bajador en Berlín y que conocía bastante bien la política y la gente de París para necesitar que vinieras tú a colocar a la gente. aun antes que De Gaulle volviera al poder. todos me decían. Por eso me marché.. B ueno. No recuerdo quién más. A hora sí. — Sí. Tam bién fui una vez a una reunión de célula. — Y Thirion. sí fui el jefe de Protocolo en París. no he pertenecido nunca al Partido. — Se enfadó Finkie Araquistain cuando se lo dije.. — Es que no sólo estuve en la Em bajada con su padre. en mil novecientos treinta y uno a mil novecientos treinta y dos. Se encerraba. y no había m anera de hablar con él. aparte: «Cuidado con Thirion. Cuando llegué al grupo surrealista... Porque son los únicos que tenían razón. Me aburría trem endam ente.. sino con Ossorio. — U na vez asistí a una reunión de célula del Partido español. con Pascua. Thirion siempre estaba en la línea.. Tan superior..» A cabó siendo concejal degaullista. Thirion. él tuvo la culpa de que subieran las tarifas del M etro. Está aquí para ir a contar al Partido todo lo que hacemos. sin nom bram iento. — ¿Y del Partido francés? —Tam poco. para hablar de ver qué hacíamos con un hijo de puta socialista que había allí de secretario y nos hacía la vida imposible. A ragón.. Con su perro. no. no y no. — Y no hicisteis nada. Según Sadoul. — ¿Has pertenecido alguna vez al Partido Com unista francés? — No. Como debe constar en algún lugar de los archivos de la burocracia norteam ericana. A su lado. A lexandre—Máxime— . una célula que había en la E m bajada en París.lo que digas. durante la guerra. Ese Pascua.

Intervine en eso de las bom bas de la Legión C óndor. sí. El em pezó a decir que yo bebía champán y que le tenía en la miseria. whisky.. a O tto Katz. —Tú tam bién. Me lo ha contado M antecón.] Tam bién me enfadé con Sánchez V entura. — Ese era otro. Se las entregué. que fue enviado a Pam plona. me dijeron que con sesenta dólares.cuando llegué el treinta y ocho a los Estados Unidos: «¿U sted es comunista?» «No. [. un hom bre de confianza del ministro de la G obernación. — El que me mandó a París fue Ogier. nada que ver con ese asunto. luego fueron mil más. y me sirvieron muchísimo porque yo no tenía nada. yo intervine en bastantes cosas. Ese que dices quería m atar a M arch. Entonces fui yo y lo em bargué por una cantidad que fingimos que me debía. y el Partido Com unista es el único que lucha de verdad por el pueblo español.] — Lo que pasa es que tenían confianza en mí. Me prestó ochocientos dólares. pero que no tiene nada. Yo tenía entonces una cuenta muy fuerte en el Banco. Y con ese Bosch. Allí nos serás más útil. cuando el G obierno republicano perseguía al Partido. frente a él. ya no se podía em bargar por otro. — Sí. yo cobraba cada mes unas cantidades en la Em bajada. que no tenía nada y que por favor le devolviera lo prestado. — Puede ser. Yo ganaba muy poco— doscientos dólares a la sem ana— y tenía que pagar el piso y m antener a la familia. A cabó suicidándose en Chile. -—No. Me dijo: «Vete. Yo pregunté con cuánto se podía vivir allí. él se enfadó conmigo. Pero tengo muchos amigos com unistas. para ir a N orteam érica.» [Levanta la mano. Pero sí. un cubano. y ¡cómo sería el tipo que llegó a capitán de requetés! El prim er día que llegó al frente. Para esto y lo otro. se pasó y dio detalles útilísimos. el treinta y ocho. un anarquista. La gente se hace unos líos espantosos. Y el G obier­ no iba a em bargar M undo O brero. M ejor dicho. porque ganaba mucho dinero con Filmófono. para un alemán no fichado que iba a ir a Burgos entrando por Portugal. Lo del champán no era cierto. — Sería otro. Estarem os allí dentro de quince días. Luego me escribió. yo em bar­ gué M undo O brero. desde México. U na vez em bargado por uno.» «¿Lo jura?» «Lo juro. — Argentino. Sí.» Entonces me llamó Arias y me dio las cuatrocientas libras para Münzenberg. Y le fui m andando sus sesenta dólares cada mes. Tengo todos los recibos arriba. cubano. Y lo del H absburgo ése. No te las voy a contar porque yo no soy como otros. Pero creo que le 82 .. A ntes de la guerra.

vuelo. — Mi hija estuvo de asistente de profesor en O berlin y. Todos estaban contentos con él.? Pero tiene su lado malo. sí.] Adm iro mucho la burocracia norteam ericana. Luego. — N o. norteam ericanos y extranjeros— porque nos tuvimos que apuntar todos— . yo le hice ir a Hollywood. Pero esta vez me dije: «Luis. Pusieron un telegram a a la E m bajada para acelerar los trám ites. cuando fui a México. — Sí. y luego iba diciendo por ahí que era el único español que había conseguido el visado de inm igrante en dos días.. En todo. Técnica. en un escenario. Bueno. Les recom endé a Eduardo. — Pero era un hom bre muy raro. no sé qué pasó. Cuando tuvimos que ir a inscribirnos todos para la guerra. no entro. — Pero tú por lo menos sabes por qué. sino pasar al baile y verlo.. Me dijo una cosa que nunca se me olvidó. Y le devolví hasta el último céntimo.. — Porque a Juanito Rej ano se le ocurrió ponerm e en una lista de 83 .. me lo encontré en la avenida Juárez. qué voy a hacer. Pero. Volvió. A mí no hay cosa que más me moleste que esperar. A hora no me dejan entrar como no les diga el día. cuánto tiem po voy a estar. A hora bien. Nos dimos un abrazo. aunque sea de veinte personas. ella no se bajó. como cuatrocientos muchachos sentados. sí. Ya ves U garte.m andaba lo necesario. y me voy. Y en todo es igual. no tienes más remedio que aguantarte y te aguantas. aguántate. — ¿No te digo que es m agnífico. con unas amigas. Y ya. ideas propias no las tenía. Cumplía. — Ya lo sabe. Fuimos muy amigos.. en un cine. Pero raro. aprendió cine gracias a mí. — Sí. pues allí conoció al que hoy es su m arido y se vinieron en coche. ¡Y no la dejaron entrar porque tenía una hija que había desaparecido m isteriosam ente de Estados Unidos! Palabra.» Para eso era muy bueno. a com prarse algo de ropa. Hay que hacerlo.. la cuestión es que no sellaron su pasaporte. No sé qué adaptación hacíamos: «Nunca hay que anunciar lo que va a suceder. Yo lo llevé a todas partes. trabajador. calma. lo era. ahí.» ¿Q uerrás creer que a los veinte m inutos estaba fuera? Entrábam os por paquetes de a cien. Yo voy al cine y veo una cola. Iba a pasar sin decirme nada. que daba tres vueltas a la m anzana. Me pidieron a alguien que supiera traducir docum entales. Estupendo. Calm a. Nunca hay que decir: “Voy a ir al baile para ver a Fulanita” . A ños después fue mi m ujer a Estados Unidos.. Me dio la m ano. yo llegué y vi una cola.. Al pasar la frontera. Pero útil y leal. muy raro. — ¿O berlin College? ¡Como Juan Miguel! Se lo tengo que decir. Con los amigos pasan las cosas más raras. eso sí. y allí. [. no sabía escribir. dale que dale a las máquinas. en la frontera. a San A ntonio.

por favor». y las cuatrocientas libras para M ünzenberg.» Yo no llevaba dinero.los que presidían honorariam ente aquello de España y la P az que firm aron todos. me tocó perder mi sitio de prim era en el avión. Ibáñez oyó decir al jefe: «Trátalo con todo respeto. ¿Cómo que no 84 . — A mí. A ntes me daban el visado sin dificultad.. ¿Q ué os habéis creído? ¡Sois peores que la misma Policía!— y otra sarta de blasfemias— .» A hora. la últim a vez coincidí en Nueva York con los muchachos que iban a Nancy. Lo grandioso es lo mío. Iba a Cannes. Pero Juanito me puso. Y el m uy. Iba detrás de mí Juan Ibáñez. — Yo. «Eso no sirve. no.. a Imaz y M uñoz Suay y unos quince estudiantes que iban a un Congreso. — ¡Qué va! — ¡Que sí! Fíjate.. Unas pesetas. A mí que me digan el porqué. A mí me subleva. no. te contaré mi salida de M adrid. M iran en su libro negro. Y una especie de tribunal de la CNT. vuelve con su jefe. pero como no sabía qué día ni en qué vuelo: «Vuelva usted. tam poco.] —Tú por lo menos sabes por qué. — Dios te bendiga. lo mismo. a buscar unos avales de la CNT. En la frontera me encontré a Bergam ín. que no lo sé. ¿viva la burocracia norteam ericana? — ¡Claro! — Pues yo.. sean verdad o m entiras las razones que d e n . Al bajar del tren había allí un anarquista con barba y pañuelo negro y rojo. D ebieron de pensar: «Este no viene». no. Así lo hice yo tam bién. Pensaba pasar por Nueva Y ork. Yo llevaba un pasaporte ordinario y una carta de M undo O brero recom endándom e. [Se ríe cuando se acuerda. Bergam ín me dijo con su vocecilla: «Te harán volver a Barcelona como a nosotros.» ¡Qué he de volver! Me voy en Iberia. * * * — Sí. me pasa lo mismo que a ti.» «¿Cómo que no sirve?— solté un par de blasfemias— . y santas pascuas. que lo ganaron con D ivinas palabras. «Espere un m om ento. al concurso de teatro. — El te oiga. — Yo.. A hora. Hay una cantidad de gente que vive a tanto el denunciado. Total. ya sabes.. Tú conoces a la Policía tan bien como yo. que había sido de mis padres. desde hace tres o cuatro años. invitado por los franceses. y lo vendieron a otro. Pero sí una cadena de platino. — A pesar de eso.. — Claro.. Sale corriendo el burócrata.

. el presidente quedó muy satisfecho.» Me quedé de piedra. Pero es que por aquí pasa cada fascista. decidimos hacer una edición de cinco mil ejem plares para repartirla en el territorio franquista. Yo fui a entregar la propaganda al jefe de los dockers del puerto belga. Pasó el tiem po. de eso no quiero que hables. con los italianos. saliendo de la oficina del bulevar de la Madeleine. que me dijera qué em barques se hacían.encontré a Edgar Neville. Todos. eran fascistas. «¿Tú por aquí?— le pregunté— . — ¿Q ué pasó? -—Pues precisam ente por eso. U n pub. El em bajador debió de enviarlos a Negrín. los m arinos. Fíjate que hacía tiem po que ...» Es todo lo que sé. Te juro que no sé si era de España a A lem ania o de A lem ania a España. la Rerum N ovarum . y no había m odo de acercarse a nadie. Alguien me ha hablado de ello. Efectivam ente.. —No.. U na vez le pregunté a Ossorio: «¿Qué hubo con aquello de la potasa?» Y me contestó: «Muy bien. millares y millares de ejem plares. Palabra. Entonces pregunté a alguien de un servicio comercial cualquiera.. a la que no se le dio publicidad en la zona rebelde porque había no pocas cosas en contra del nazismo. con la complicidad del Partido Com unista francés y por medio de marinos alemanes. caballos. Me lo llevé a tom ar una copa en un bar inglés que había por allí. los civiles mismos. ¿Cómo lo has sabido? ¿Cómo te has enterado? — Palabra que no me acuerdo. [. — Sí.sirve? ¡Peores que la misma G uardia Civil! ¡A hacer puñetas!» «Bueno. ¿Q ué haces?» «Voy a Burgos. Lo cierto es que me dio los datos y se los pasé al em bajador. que no puedo acordarm e de quién me lo indicó. porque no pasó nada.» Y pasé el prim ero.. cuando el año treinta y siete se publicó la Encíclica Rerum N ovarum . a España. En esta libreta leo: «¿Q ué tuvo que ver Buñuel con un asunto de potasa y Negrín?» He hablado con tanta gente durante esos siete meses en E uropa. —U n día.. del Turismo. con tantas personas.. ya no lo recuerdo en absoluto. Sencilla­ mente creo que fue Ossorio el que me dijo que el presidente del Consejo estaba muy interesado en saber qué comercio de potasa había entre España y A lem ania.. — . muy bien. bueno. un bar como de club: m aderas. Con los alem anes podía uno entenderse. com pañero. Se encargó de llevar el m aterial un barco alem án que salía de A m beres. no.] D urante la guerra m andábamos— ¡yo!—encíclicas del Papa.. — ¿Y qué me dices de la potasa? — Eso me molesta muchísimo más..

Le m andaría llam ar Pérez de Ayala o lo enviaría A zaña.» Y se levantó. en fin. A veces me entran rem ordi­ m ientos al pensar que tal vez influí para que hiciera fusilar al agregado comercial que tenían los rusos en París el año treinta y siete. por cierto. diciendo eso.. que casi no le conocía. en casa de C arrière. que era el jefe de la cinem atografía. como el hom bre es malo— dejando aparte que pueda tener. Claro que volví en seguida. A hora. [. con su cara de albañil. a quien yo no conocía. — D e todo hay en todas las generaciones. y lo prim ero que hizo fue preguntarm e: «¿Y usted por qué no está en el frente?» Me quedé estupefacto y le contesté: «Vengo aquí en representación del G obierno español— y le tendí mi pasaporte diplomático de agrega­ do en la E m bajada—para pedirle que me dé informes acerca de por qué carecem os. en España. y lo único que le vuelvo a preguntar es que por qué no está usted en el frente. — Yo traje a París a Vicens. Y le recordaba conspirador republicano. arranques muy estimables— . para gran escándalo de todos mis amigos comunistas. me han pedido un artículo acerca de él. Me hizo esperar más de media hora. Se trajeron a A lberti. Lo hice. Luego me recibió sentado tras su m esa. reclam aba que no hubiese llegado a M adrid ni un palm o de las películas que habían tom ado en los frentes Karm én y otros tres operadores soviéticos. lo hacía muy bien). Me dio tanta rabia.no le había visto. que escribí una carta en cuatro ejem plares. todos los papeles y se fue con Franco. El año pasado. ¿Q ué hacían en España? M uertos de miedo. al Partido francés. A los tres meses cogió todas las claves.» «Yo no tengo por qué darle a usted ninguna explicación. en la que Colinos. No había nadie en la antesala. de cuando en cuando. En París hicieron un papel brillante. pero. Por eso fui estalinista y sigo siéndolo. a Álvarez del Vayo y a W enceslao Roces. Y le conocí poco. o por lo m enos de los noticieros (y que. de las películas tom adas por los camarógrafos soviéticos. a U garte. que han resucitado Litoral. años tal vez. Digan lo que digan. porque tenía que defenderse de cien mil tram pas y emboscadas y traiciones. — Sí. llegaron a echarm e a la calle. E staba en nuestra E m bajada en Londres. que dirigí a A raquistain. Fui a hablar con aquel agregado. habíam os em pezado a escribir más o menos al mismo tiem po. cayera quien cayera. dando la entrevista por term inada. Lo digo por lo que le dijo B aroja a C orpus. A los pocos meses lo 86 .] Yo soy partidario de las dictaduras. a Lacasa. referente a la del noventa y ocho. en M álaga. me parece que la dictadura es la única m anera de poder gobernar. en París. A raquistain me dio una carta que le había llegado del M inisterio de Propaganda o de Instrucción Pública. Yo creo que Stalin no tenía más rem edio que haber gobernado como lo hizo.. ya no recuer­ do.

Tengo todos los papeles en mi caja fuerte. que era la historia de cómo un barco norteam ericano sacaba unos niños del Bilbao asediado. Nunca me hablaron de eso.] — A los tres meses me volví a París y le dije a Pascua. Eso de los procesos de Moscú motivó muchas discusiones. como el que creíamos que comeríamos hoy. ¿Tú sabías que el mariscal Tujachevski era cuñado de Elsa? — No. grande. pero con unos fallos trem endos de información. que tam bién era com unista. Yo la conocía a ella de Londres. Pero a los dos días el C entro Cinem atográfico de W ashington dio la orden de que no se hicieran películas que tuvieran referencias a favor o en contra de la República. su prim er m arido. y Sánchez V entura me dio. a Hollywood. mil cuatrocientos dólares. gratis. que iba a hacer una película. Por ejem plo. llamaron de vuelta a Moscú y lo fusilaron. no. Entonces veía yo mucho a Aragón. Esto lo tienen muy en cuenta los norteam ericanos. [Nos reímos. creo. que era la querida de Q uintanilla y al mismo tiem po del secretario del Tesoro norteam ericano. Blockade. Mortimer. E ntonces yo le propuse a Pascua— y a Vayo— el ir de consejero. Ione R obinson. se presentó Dick A bbot. — Sí. con su m ujer. a condición de que se lo devolviera cuando pudiese. en Princeton. pero en vez de poner las norm ales. com unista. Les pareció muy bien. hasta que por allí. poco a poco. que es lo que tenía ahorrado. Llegué a Hollywood después de pasar ocho días con mi amigo C enteno. vicepresidente del M useo de A rte M oderno. Ya sabes toda la historia de mi estancia allí. Pero ahora. Iris Barry. en Hollywood. que entonces era em bajador. Y me quedé sin trabajo. hacían películas favorables a la República española. habían sacado esas enorm es de un becerro entero. Ya en el treinta y nueve vivía como podía. Ella me conocía muy bien. desde los años del surrealismo. y fui a ver al productor Frank Davis.. Me llevó con ellos un músico norte87 . Caviar gris. Entonces. espléndido. Ya te he contado que se lo devolví todo. de mi negativa a Thalberg de ir a ver una filmación de Lily D am ita. habían oído hablar de que se bebía en botas. Hace pocos años fuimos una noche— todavía vivía Sadoul— a cenar a su casa. me prestó cien mil francos. C reo que nunca he comido tanto caviar. Porque en Hollywood yo estaba en la lista negra desde mil novecientos treinta. etcétera. — Sí. era presidente de un trust cinematográfico im portante. y prefería tener ese dinero en Estados Unidos. Ya suponía él tam bién que aquello no podía durar mucho. en enero o febrero. Tal vez se trataba de esas premoniciones de las que tú hablabas. que ya me había cansado y que creía que no servía para nada el trabajo de los globos.

que había sido aviador en la prim era guerra m undial. G eorges Anteuil. Me dijo. Anduvim os vagando. cosa de la cual los yanquis no tenían la m enor idea. E staba en Estados Unidos desde mil novecientos cuatro. y entonces decidieron crear la sección de cine en el Museo de A rte M oderno. — A unque te parezca extraño. en la televisión. y en el Museo de presentó la película a Nelson para que se diera cuenta de la im portancia que tenía el cine como elem ento de propaganda. Con la ayuda de una m uchacha alem ana para que los cortes de los discursos tuvieran continuidad.am ericano amigo mío. y aun antes de que se creara yo me puse a trabajar en The Triumph o f the Will. Se me había acabado el dinero que traía. me traían el desayuno a la cam a. allí. decidieron que no se exhibieran por miedo de que aquella brutalidad y aquel despliegue de fuerzas fuera contraproducente. Rockefeller se quedó muy im presionado. y allí te vas a encontrar con Fulano. Buscamos por todas partes. que era un famoso músico de películas y director de orquesta. y hasta fuimos a pedir trabajo al padre de Janet Alcoriza. en aquel tiem po. En Nueva York íbamos a leer las listas de la gente que ofrecía trabajo. con su acento que no había perdido nada de su fuerza: «Yo te voy a encontrar trabajo. W eber se había ido con De Gaulle. Allí me encontré con un catalán. que tenía un olfato del dem onio. Varesse. lo reduje exactam ente a la mitad. y a veces cenaba cuando los Davis no salían. te vas a un restaurante francés de la calle C uarenta y Nueve. Yo estaba viviendo en casa de Iris. buscando trabajo no solam ente nosotros.» Me dio la tarjeta. de chófer. Volví a Nueva York con Niño W eber. e Iris. Y le dices que te m ande. dispuestos a hacer cualquier cosa: de peones. de lo que fuera. que. en una serie acerca del pasado de Hollywood. hijo de un por entonces todavía famoso autor dram ático francés. se había hecho rico fabricando ruedas denta­ das. en un capítulo sobre 88 . Yo le debo mucho a Iris: por ella no me he m uerto de ham bre en Estados Unidos. y no había que pensar. sino tam bién otro músico que ahora es famoso. M ira. Pero es el jefe. un gángster. en que mi familia me enviara dinero. B ueno. que conocía de Hollywood. Galí. pero no fui. B ueno. Te advierto que es el jefe de todos los cocineros de Nueva York. pero con un buen puesto. había traído de E uropa la película de Leni Riefenstahl sobre el Congreso de Nurem berg y otra sobre la invasión de Polonia. Eran muy amigos de los R ockefeller. Allí tenía mi cuarto. Lo dem ás ya lo sabes: se asustaron tanto. eso fue en Hollywood. Eran doce rollos y había otros doce de la conquista de Polonia. H abía estallado la guerra. anoche. Niño había trabajado con Max R einhart. a Sheraton. después de haber m andado hacer dieciocho copias para los países suram ericanos. en la calle en donde estaba el elevado.

—Y tú marchas de España en mil novecientos treinta y seis. Fui a ver al arm ero. Pero ya entonces.. Eugenio M ontes y todos los ultraístas que andaban entonces por M adrid. que era comunista. amigo mío y secretario del gobernador. en que me fui a Hollywood de jefe del departam ento de español de la W arner B rothers. — ¿Tienes premoniciones? — Sí. se pudieron arreglar las cosas. Tam bién me traje a Hollywood a José R ubia Barcia. cuando estrenó. él mismo em pezó a deshacerse de todos los libros marxistas que 89 . A dem ás. En el banquete estuvieron Rafael Sánchez V entura. sobre Valle-Inclán. — H erm osa com edia. — Bueno. el treinta y ocho. Estuve en el Museo hasta el año cuarenta y cuatro. y decidieron hacer do­ blajes. Gracias a Payne. entonces. Y así vine a ser jefe del departam ento de doblaje de la W arner Brothers con treinta y cuatro em pleados a mis órdenes. Como que le dimos un banquete. El em pleado me preguntó: «¿Es usted norteam ericano?» Cuando le dije que no. en el Eslava. de Francia. ¿Tú le conocías de antes? — Claro. porque pensaban hacer versiones en español y en francés de las películas de guerra hechas durante esos años. creo que el año veintiuno. E ra un tipo hirsuto y desagradable. puso una cara de asustado y se negó a registrarlas. E ra profesor adjunto de la Universi­ dad. Pero no im portaba. y se negó tam bién a apuntárm elas.. ¿responderían a eso? —Tal vez. Y a Jacqueline Sadoul. Tuve que ir a declararlas. Pero. entre ellos Alfonso Vidal y Planas. — Que ha escrito unos cuantos libros muy buenos. Y eso que de Hollywood yo tenía motivos de preocupación. de Estados Unidos.. — Sí. — Estoy seguro de que en las filmotecas de las em bajadas am ericanas debe haber copias de esa película. hija de aquel famoso m arino francés que se rebeló en el M ar Negro. pasaron largos trozos del que seguram ente fue tu m ontaje. era anarquis­ ta.. por extranjero.Hollywood y las películas sociales. el sacar a escena putas respetuosas y santas era de un atrevim iento prodigioso. me dijo que se las regalara a un •amigo norteam ericano para que ése a su vez las declarara. Yo tenía—como siem pre— algunas armas. — Que ha m uerto en California hace un par de años. Pero al poco tiem po se dieron cuenta de que les iba a costar mucho hacer estos remakes con actores hispanoam ericanos y franceses. y a nosotros nos bastaba eso para estar de su parte. Ya en el cuarenta y cuatro vinieron a hacer averiguaciones. Santa Isabel de Ceres.

Un día. la directora. porque yo tenía la orden de olvidarme de la película. ¿no? . en Hollywood— se moría de risa. Pero la verdad es que yo soy capaz de retractarm e de cualquier cosa si puedo ayudar con ello a un amigo. ¿Q ué coño me im portaba a mí el escribir una carta en que reconocía que el surrealism o era un m ovimiento que respetaba la ley y estaba dentro de todo lo normal y establecido. En cambio. Si algo me dice vete. Chaplin— que era muy amigo mío desde los años treinta. estaba blanco: «No la exhiban. decidió proyectarla para Chaplin y R ené Clair. Chaplin. que arm ara un escándalo. D ebe de haber copia de esa película en la Em bajada norteam erica­ na.tenía. Está bien. que. si con eso podía yo preservar la situación de mi amiga Iris Barry. Chaplin se m oría de la risa. La película está bien. Las películas originales las sacó de la Embajada alemana un agregado m ilitar que desertó. Las sacó así. no eran tantos ni tan influyentes como ahora. — Alguien se pondría en contra. — Es la prim era vez que te oigo hablar bien de un trabajo tuyo. B ueno. Leyó el libro de Dalí y empezó a hablar. a hacer gestiones. por las buenas. entonces. como las tengo ahora. Tuvimos la orden de trabajar en total secreto. al final de la proyección. resulta que hacía ocho meses que estaban haciendo una gran presión para que yo renunciara. — De verdad el que se puso en contra fue el representante de los católicos en W ashington. Ella era la que m andaba. tenían unos planes enormes: íbamos a hacer una cantidad ilimitada de docum entales. me voy. Lo de la Riefenstahl salió magnífico. El señor Barry me dijo que me m antuviera firme. Allá ella. todo eran facilidades. pero luego vino la orden de no proyectarlas. Cuando ingresé al M useo de A rte M oderno. Clair. U na vez. C uatro rollos de discursos y desfiles. El cuarenta y cuatro. Así lo hicimos. Teniendo detrás a Nelson R ockefeller. Se hicieron dieciocho copias en español. personalm ente.. Me preguntó a mí que qué me parecía. Malas personas. en cambio. y seis de la invasión de Polonia.. Yo seguía teniendo mis ideas surrealistas. Cuando yo presenté mi renuncia. Luego no hubo dinero y nos dedicamos sólo a traducir al español. aquí. muy bien m ontados. para todas las E m bajadas.. casi se cae de la butaca.. la B arry. el señor Pendergast fue quien movió principalm ente el asunto. es un ser despreciable. Los m andé a la mierda. — Es que está bien. y le dije que yo no me hacía responsable. Me gustaría volver a verla.» Se veía claram ente que ante este despliegue de la fuerza hitleriana sentía la imposibili­ dad de ganar la guerra. que se había portado conmigo estupendam ente y a quien yo le debía tanto? Me lo echaron en cara algunos surrealistas. se proyectó. No sé si fue antes o después de E l gran dictador. Pero 90 .

Se com prende perfectam ente que después de Un perro andaluz. Frente a lo que las guerras subsiguientes nos han m ostrado. Hasta la guerra harán cuatro películas (ya verem os cóm o) y gana mucho dinero. que se pirran por contratar a cualquiera que se salga de lo corriente con tal de rebajarlo a un nivel comercial. que no se atenía gran cosa a la verdad. tienden a llamar la atención del espectador en lo pintoresco o en lo trágico. el cine ha term inado. era algo más. naturalm ente. de hecho.no me im portaba nada escribir una carta oficial. No era hacer política. si con ello podía hacer un favor grande a quien se había portado conmigo tan magníficamente. Y lo volvería a hacer. La edad de oro y Tierra sin pan. en M adrid. él. va a ver a su amigo Ricardo Urgoiti y le pregunta si ha visto o leído Don Quintín el A m argao. sin solución de continuidad. pero precisa­ mente tenem os que ponernos en la época y en el sitio donde se filma dejando aparte la calidad cinematográfica de lo real que aparece por prim era vez en la obra de Luis Buñuel. * * * Tierra sin pan presenta el caso de todos los docum entales. Es un medio de vida. haciendo trabajos sin im portancia que le perm itirán vivir espléndidam ente. es una m anera de hacer algo porque no sabe estar sin hacer nada. U na ciática que le tiene cerca de tres meses inmovilizado le lleva a leer la obra casi com pleta de Carlos Arniches. película impía y blasfema. pero no ve la posibilidad de hacer algo más que de verdad le satisfaga. y cuando se restablece. Pero. Le pone un cheque de cien mil pesetas encima de la mesa y le dice: «Pon otro tanto. Buñuel piense que ya no tiene nada que decir con la cámara. que no necesita ni siquiera de esos medios. en lo más pintoresco o en lo más trágico. pero en su cochino libro sí decía que su respeto profundo por la Iglesia y la religión cristianas le impedían haber participado de una m anera seria en la realización de La edad de o ro . D e Tierra sin pan hay que pasar. hasta L os olvidados. Gracias a los escándalos de sus dos prim eras películas halla fácilmente trabajo bien retribuido en las compañías norteam ericanas. Se divierte mucho. Vuelve a París. y Luis Buñuel irá de la W arner Brothers a la Param ount y a la M etro Goldwyn M ayer. Es verdad que D alí no me denunció como com unista. y con esa película fijaba Buñuel su posición política. se trataba de España. Y lo hice y no me pesa. 91 . sobre todo si se tiene en cuenta que fue filmada en m arzo-abril de mil novecientos treinta y tres. que. casado ya y con un hijo. Para Luis Buñuel. no es gran cosa. a pesar de los dieciocho años que van a transcurrir. adem ás.» Nace Filmófono.

Iba a los cafés. limpiarlas. Claudio. en calzoncillos. A lo sumo. nos insultaba en el café. Buñuel está m ontando la película. tan extraño como siem pre. Ibam os. D espués de D on Quintín el Am argao. cuando salió corriendo. La Barraca y sus am ores contrariados). llorando. Se deja tentar. Parirá Filmófono. un pase de M undo O brero diciendo: «El com pañero Luis Buñuel es afín a nuestras ideas. tan inglés. y Buñuel y U garte se la encuentran de nuevo. Al año siguiente. le ofrece hacer doblajes para la Param ount. nace Juan Luis. Por mil pesetas. a la A lianza de Intelectuales. que acepta dirigir la película por quince mil pesetas. Soldevila necesita quince días para filmar un plano. La hija de Juan Simón. en el que aparece como productor ejecutivo y que dirige Luis M arquina. Buñuel decide retirarse. en un hotel. Me acuerdo de Elie Faure. por dos mil pesetas (U garte ha hecho la adaptación. Me gustan las arm as. y Buñuel le escribe a Jean Grém illon. ya vuelto Grém illon a Francia. alerta! Urgoiti y Buñuel deciden hacer una película de mayores alcances. yendo y viniendo con Federico García Lorca. Le ha asegurado que no quiere hacer más cine después de su aventura de Tierra sin pan. y la W arner Brothers ya se lo ha sonsacado a la Param ount y lo han m andado a M adrid como «supervisor» de sus doblajes. José Luis de H eredia acepta dirigir la película ¿Quién m e quiere a mí? Y sin solución de continuidad estam os en 1936. a la Alianza de Intelectua­ 92 . Pero ya está ahí. pero m anejarlas en la m esa. no. Urgoiti acepta. A rniches reúne dos obras suyas y nace ¡Centine­ la. no tiene nada que hacer más que reconcom erse por los sucesos de A sturias y quedarse inmóvil por la ciática. El 18 de julio. No jugué ningún papel en los famosos días.» Sender. Yo no pertenecía a ningún partido. Me dieron un carnet de la U G T . B uena se la hicieron luego. o parte de ella. La lástima es que a poco de llegar em piezan a dolerle terriblem ente las muelas. cazar. bajo la idea del arquitecto bilbaíno Soldevila. en plena G ran Vía. a ningún sindicato. Pero eso de que disparen y que le tiren a uno. como te decía. sobre todo. en noviem bre. desesperado. Urgoiti. Como tal. tan elegante.H a pasado por todo desde que regresó a París. que había ido un m om ento al frente. * * * — ¿Cómo te encontrabas en aquella época? — M uerto de m iedo. en mil novecien­ tos treinta y tres. aprende inglés. trescientos francos diarios. Se encontró a su viejo amigo Claudio de la Torre. Pepín Bello era derrotista. llama a Buñuel para que le saque del atolladero. T rabaja con el m arido de M arlene D ietrich y.

Muy joven. su m ujer. Es curioso cómo luego. H asta que me fui a París. No quise que me pagaran el viaje. y R irette M aitrejean. Por entonces. Si hubiese estado paralítico. Me dio tal horror. se encontró en la novela y me fui a hablar con ella. en . y se estrenó y tuvo éxito. H asta gastándose su dinero. Total. ¡Qué gran em bajador fue Araquistain! Ossorio. el periódico de Blasco. — Es curioso cómo vives dos vidas. — Yo hubiera ido. que fue una idea de Fisher. después. —No sé lo que harías. si yo supiera dónde vive. —Suelen decir que m ontaste España leal en armas (M adrid. no a los paralíticos. Como es natural. que querían ser sim patizantes. pero ya form aba parte de la «bande á Bonnot». m ejor dicho.. no era una cosa seria. que corrigió las pruebas. que entonces estaba pasado Lista. Lo de la inform a­ ción. oficialm ente. —Yo le conocía. A raquistain pagó. para ver qué hacía. y se me ocurrió que lo m ejor que podía hacer era ir allí. con el material que nos m andaba la Subsecretaría de Propaganda. Ogier Preteceille. —No me había fijado. Ya estábam os en el treinta y siete. entonces no. — H om bre. Creo que se m etieron en una Em bajada. Entonces estaban haciendo en Hollywood bastantes películas sobre la guerra de España. de jefe de Protocolo de la Em bajada con Juanito Vicens y luego con Sánchez V entura. y me dijo que me esperara o. que cuando llegué a Hollywood llamaron a mi quinta. Mercedes Ballesteros.. T rabajaba en El Pueblo. — Colinos. Claudio de la T orre. Le hablé. D ebió de llegar el año trece. no llegaron nunca. y supervisarlas para que no dijeran barbaridades como lo estaban haciendo. de Valencia.. el sesenta. Kotapos y Claudio. Buena gente. la sonorización de Las Hurdes. — Sí. el treinta y siete. que hoy se llama Jean-Paul le Chanois. un austríaco. Allí. Está ciego. Ya te contaré luego cómo se lo devolví. hija del que me suspendió en Historia. 36). y allí me quedé. El que trabajaba de veras era García Ascot. hacía muchos años. de su dinero. Lo último que hice fue lo de los globos con las encíclicas.les. que ignoraba que M ercedes. En tus películas odias a los ciegos. y al doctor Pascua lo único que le im portaba era su perro. cuando iba a salir la traducción francesa del Campalans. Le escribí a Cruz M arín. que no fui a verle.. salió Ogier a relucir y le llamé por teléfono. — ¿Te acuerdas de Ogier? — Cómo no. era centurión de Falange. que estaba de ministro en W ashington. Me lo prestó Sánchez V entura. —No hice más que supervisar el m ontaje que hizo Jean-Paul Dreyfus. que esperara órdenes.

¡Fuera! . sino para que los viese Roosevelt. N ada menos. Gustavo D urán era assistant associated y chef editor. un uruguayo. Me encontré con Iris Barry y Georges A nteuil. un chileno. Y recurrí a los amigos. un vene­ zolano. Allí monté un docum ental sobre el Congreso de N urem berg del año treinta y cuatro. Pregunté por qué. que trabajaban en el campo con excelentes resultados. El del acero fue mucho más sencillo: lo suprim ieron. y por ellos me fui a Nueva York como director de docum entales en el M useo de A rte M oderno. y en el otro. Debíam os doblar y hacer docum entales. Lo hice prim er en veinticuatro y luego en diez. no para los cines.Hollywood. Entonces me encontré ya a Gustavo D urán y a Gustavo Pitaluga. de cómo se fabrica el acero. ya no sé. sin posibilidad de que mi familia me m andara nada. «No sea que aprendan y luego crean en sus países que pueden hacerlo». En uno de los docum entales se trataba del trabajo en el campo. Pero todo dependía de Rockefeller. siguiendo las indicaciones de sus profesores. Creo que eran treinta y cuatro rollos y había que reducirlos por lo menos a diez. No fuera que se les ocurriese m ontar unos altos hornos aquí o allá. Y lo mismo hice con los docum entales sobre la conquista de Polonia. con todos los discursos de Hitler. En el prim ero salían cinco estudiantes latinoam ericanos: un argentino. Me acuerdo de dos cosas bastante divertidas. sin dinero. Por la misma razón. N uestro jefe era un tipo estupendo. me dijeron. H ubo que quitarlo. K enneth M cGovan. que no podía perder el tiem po viendo todo el m aterial.

— Fue en marzo.. Yo recuerdo muy bien que hacia el año dieciocho o diecinueve. no teniendo dinero. Entonces sí que había pobreza. al fin y al cabo. para mí. Había otro tipo de pobreza con la que conviví casi desde mi llegada a M adrid. no era más que falta de recursos. M ateu.SE G U N D A — Llegué a M adrid. el día del atentado contra D ato. en H um illadero núm ero siete.. ¿y quién más? —No me acuerdo. dejando aparte que gentes como Pedro Garfias gustasen de alardear. digamos del diecisiete en adelante. porque. y no digamos Dostoievski y Tolstoi. Pero ¿no te acuerdas que en mil novecientos veinte hubo un intento de sublevación prom ovida por sol­ dados? — No. —La pobreza. de hecho. ¡figúrate!.. Y no sólo Gorki o Andreyev. ya te lo he dicho. la auténtica miseria. todos nosotros la descubri­ mos por los libros. Casanellas. Es curioso cómo en aquellos años. es de mi quinta. de la que no teníam os ni idea y que además no nos im portaba nada. De lo que me acuerdo. pero que no me llam aba la atención y que. Garfias y Eugenio M ontes vivían en una pensión. la Revolución rusa no existió hasta mil novecientos veintiocho. que no es exactam ente lo mismo. de que era porque sus padres se habían olvidado de enviarles la mensualidad o algún que otro truco por el estilo. Por la literatura rusa.. era una habitación alta 95 * . en una casa de huéspedes donde por cuatro pesetas les daban habitación y las tres comidas. más bien diecinueve. Por lo menos así descubrí yo la pobreza. bastante bien traducidos en la colección que dirigía O rtega. por los escritores rusos. la de A nnual.. sino sus escritores... lo que nos impresionó de Rusia no fue la Revolución. con el surrealismo. El chófer del taxi me llevó a ver las señales de las balas. por la Colección Universal. Eso sí. sino muchos más.

Le desperté y le dije: «¿Qué haces aquí?» «Nada. senta­ do.. he andado m ucho. ¡Cómo cambió Eugenio después! ¡Qué bárbaro! Fuimos muy amigos. eh? B ueno.» Claro está que luego Franco hacía lo que le daba la real gana. toda cochina.. Se m etió en una habitación de las m ejores y no salió de ella en los dos días que tardó en gastarse ese capital. dile a Esteban que vaya a hablar con los del Prim ero Ligero. Tam bién de Gim énez Caballero.. Ernesto era muy capaz de decir: «Me parece esto. El editor no le pagó nada por los prim eros núm eros. Lo de la lluvia me recuerda que los dos días que estuvo en el hotel Inglés tam bién llovía. [.» Le di dos pesetas para que se fuera a desayunar. y allí se hallaba dorm ido. Esto es simpático. Estaba lloviendo. Y mira tú dónde han acabado: hace veinte años que M ontes anda de agregado cultural o algo por el estilo en Lisboa o en R om a. H abía venido tem prano porque habíam os quedado en ir a dar una vuelta por los alrededores. No me acuerdo cómo se llamaba. Eran los tiempos de Ultra y antes de los de H orizonte. Sender se fue al hotel Inglés— ¿te acuerdas dónde estaba. ya ves. Los nom bres se hicieron muy famosos en España. [. Mi padre conocía a un senador. de eterno em bajador en el Paraguay. tabaco y un pijam a. Con el franquismo los dos prom etían mu­ cho.] Me emboscó Miguel Primo de Rivera. Primo de Rivera era capitán general de M adrid. Gim énez Caballero iba una noche sí y otra no al Pardo. allá arriba. Los consideraban como los consejeros de Franco. negra y con dos chinches. Por aquellos días. en un banco frente al M inisterio de la G uerra.] — Yo creo que Sender nunca ha contado que hacia mil novecien­ tos dieciocho él escribió para un editor de Barcelona una revista semanal de tiras cómicas que se llamaba Cocoliche y Tragavientos. Eugenio M ontes. con el som brero puesto. toda la noche. m irando llover. cuando pensaba ser ingeniero agrónom o. El senador me dio una carta. y se pasó el tiem po detrás de la ventana. no?— después de haberse com prado una pipa.. estaba acostado allí con una camiseta de m edia manga. Me miró con cierta sorna: «¿Y tú. una m añana. me parece lo otro.» «¿Conque golfeando. le quité una y la aplasté en el suelo. con dos camas y con un solo ventanuco.. a las siete o las ocho. me lo encontré dorm ido. y G im énez C aballero. Me recibió. qué haces?» «Pues estudiando.. Yo estaba cohibido. pero al cuarto le m andó cien pesetas. que luego hemos conocido tan pulcro. Era un tipo raro. Debían de ser las diez o las once de la m añana. allá hacia el M inisterio de Fom ento.(todavía lo estoy viendo).» El Prim ero Ligero acababa de obtener la laureada y no volvería a M arruecos sino en último 96 . Entonces. por toda ventilación. en que yo iba a clase.

porque aseguraban que el regim iento. Un com pañero nuestro.. Allí me encontré a Chabás. Pero a mí me gustaban. seguram ente no iría a M arruecos (porque yo soy de los de Annual). Yo ya había dicho que si me tocaba ir a M arruecos desertaría. con el amigo de M ontes.-----4 . las cosas iban norm alm ente. que tam bién estaba emboscado. G ran susto. — No. desertó unos veinte días antes y pasó a Portugal con la ayuda de Eugenio M ontes. Pintaba unas cosas muy garigoleadas. de * un coronel de la G uardia Civil. Así que llegué a la Residencia y avisé a todos que al día siguiente lo haría. como te dije. Fuimos a despedirle a la estación. en el patíbulo de un árbol. de paisano. con la Laureada de San Fernando ganada unos años antes. como yo no he estado nunca en la cárcel ni en campos de concentración. me acuerdo de aquellos versos: La noche ajusticiada. Por cierto que fue entonces cuando M ontes. que era muy amigo mío. me dijo que todos los de O rense estaban locos. U na noche me dijo: «¿Tú sabes que este chico pintor que está con vosotros en la Residencia es un poeta estupendo?» Se refería a A lberti. del Pacífico. y digo norm alm ente porque supongo que así era en todos los cuarteles. Se subió en un vagón de prim era. el recuerdo del cuartel y del colegio de jesuítas (la obediencia. en el Prim ero Ligero de A rtillería. En la Residencia no había más que tres soldados. al día siguiente. ¿Eh? ¡Qué del tiem po es eso! La noche ajusticiada. alegrías arrodilladas le besan y ungen las sandalias. Pasó la frontera por las cercanías de Vigo. en com pañía. y el tercero estaba 97 M A U B . Rey Vigil. ¿conocías a Dámaso? — No mucho. tres de las baterías salían para M arruecos. que a mí me gustaban mucho. ¡Qué recuerdos! — ¿Pero continuaste em boscado? —No fui desertor por un pelo. Una m añana. — H ablando de C habás. casualm ente. él. Había un precedente. Pero. el m ando) no se me ha borrado nunca de la memoria. con oros.. No fue nunca. con la mala m em oria que tengo para eso. Efectivam ente. m ontado en un burro. Ya te hablé de él. — No eran muy buenas. Ingresé. un sargento nos dijo que íbamos a tener el día libre y que nos presentáram os nada más que a pasar lista porque. a pes^r de todo. Y me acuerdo.extrem o.

E ra a veces fox-trot. cuando era San Sebastián. había un ja z z estupendo. sí. llamábamos los chulos el tuestén.. La prim era orquesta de ja z z que llegó a M adrid. E ra de negros. 98 . — U n baterista. el tem po de una música com pletam ente exótica para nosotros. -¿ S í? — Fue en San Sebastián. Yo me acuerdo perfectam ente de las prim eras cosas de ja z z que hubo en Valencia. Rey Vigil está hoy de ingeniero en el Brasil. que no salíamos. fue el año veintitrés. al vals. magnífica. Tal vez no se llam aría entonces ja zz. pasado el tiem po. A lo m ejor. — B ueno. yo sería entom ólogo en el Am azonas. con juego y todo.. B ertrán. existía el ritm o. acostum brados al pasodoble. — B ueno. Lo que pasa es que cuando llegaba a Z aragoza. p ara ver a la persona que tocaba la batería. R ecuerdo que en el cine Olimpia. y la gente se ponía en pie en todas partes. el que fue prim ero teatro. El tuestén. que era lo que. — ¿Two-step? — Two-step. la m ejor playa de Europa. porque al pasar lista nos dijeron que había contraorden. tu-ta-ta-pa. Yo creo que sí. Así que. tw o-step. E sto era el año veinte. No sé si lo llam aban ja z z . — Sí. — Two-step. se presentó la prim era batería que conocíamos. me acuerdo muy bien: Lime House Blues. los años veinte y veintiuno. incluso en la general. bastante asustado. después de Arniches. al two-step.. Pero. recién term inada la guerra. E n el Club de M adrid o algo así. era ja z z . aunque no se le llam ara ja z z . * * * [Hablamos de ja zz:] — Ya lo creo que había. two-step. buena. servía en Ingenieros. Me acuerdo de u n . al chotis. buena. H unttington se llam aba el negro.. a ese baterista lo conozco yo desde el año quince. Con una batería extraordinaria. el ritm o estaba ya pervertido. Pero el buen ja z z yo lo he oído en San Sebastián a partir del año dieciséis. como hubiese querido C ándido Bolívar. sí. por ejem plo. No me acuerdo exactam ente. Y dos años antes. Pero no pasó nada. en San Sebastián. El otro com pañero. El Lime House Blues. — Para ver al baterista.dispuesto a hacer lo mismo. No había hasta entonces. en fin. me llamó don A lberto y me dijo que sería bueno que ese día (en que yo iba a desertar) no lo pasara en la Residencia. La síncopa ti-ta-ta. yo no sé.

por lo m enos. Federico me insultaba. Hacías deporte. eran muy buenas. como me ha gustado siem pre. Y. boxear. el nuestro y el de «los inteligentes»: Salinas. Yo estaba mucho más cerca de D alí. y lo inventaba. Y yo me iba a la cama. cuando era joven. Le pasaba lo mismo. Me aburren. Tam poco me gusta leer libros gruesos. — Pues de joven no te gustaba quedarte en una habitación. A mí. Y eso que para él existían dos m undos. en chatos y tapas. sin él yo no habría sabido lo que era la poesía. Vivía de deudas y sablazos. llegué a tirar bastante bien la jabalina. de su m anera de pensar y todo. — ¿Es verdad que una vez casi m atas a uno? — Cuentos. su padre le daba veinte duros en octubre. M oreno Villa..» Luego. Me m olesta viajar. por otra parte. ¿eh? — De verdad. «¡Y mis hermanas!» E ra un gran poeta lírico y un im itador fenomenal: «Toca Schumann». y en paños m enores. Por mí. Y parecía que lo tocaba como un ángel. Y su padre era riquísimo. 99 . Guillén. U na vez (tenía nueve años) desafié por escrito a los herm anos Fernando y Diego M adrazo a pegarm e con los dos. Entonces defendía a toda su 'fam ilia a capa y espada: «Mi pare es buenísimo. esta noche me voy con gente inteligente. Por el trabajo. «Tú ere mu bruto». Yo estaba a m etro y medio y lancé la jabalina contra el tronco. le decíamos. A Federico. Luego volvimos a ser muy amigos. Por eso. y éste se lo m andó a mi padre con las notas del m es. Es decir. Se escondió detrás de un árbol. Se los gastaba en tres días con los amigos. Sin contar que la punta de la jabalina estaba rom a. hasta diciembre. ¡no digamo! ¡Y el talento que tie Paquito! ¡Josú!» Parecía un perso­ naje de los Q uintero. O . Tuxpan y Guanajuato por el cine. E ra la hora en que em pezaba a leerles. — Sí. sólo me gustaba hacer deportes.. pero a Federico le debo mucho más: me descubrió mucho más mundo. saltar lo que fuera.. cuando a veces íbamos al cuarto de Emilio Prados y yo me retiraba a dorm ir. estaría en esa habitación toda la vida. mi m are. y le dieron el papelito al prefecto. o a tocar. lanzar la jabalina.— Yo no salgo. yo era muy bruto. todos. No nos dejaba entrar en él: «No. para correr. que. a Federico se lo debo todo. ya no me gustan. me repetía siempre Federico. que era bastante grueso.. Adolfo Salazar. con el tiem po. a las nueve de la noche. H e conocido Acapulco. Luego le dio cuarenta. Se lo echaban en cara. sin em bargo. — R om a. en la Residencia. las cosas cam biaron un poco. o a recitar. hacer gimnasia. Me levantaba tem pranísim o. A hora bien. Y era verdad.

m arrano!» Se quedó un poco estupefacto. mucha. En mis viajes he visto a algunos y he sabido de otros. — ¡Qué barbaridad! He sido bastante buen cazador. Subimos otra persona y yo. el cincuenta y cinco o el cincuenta y seis. y no solam ente que no las usas. en no sé qué teatro. Todo era capaz de imitarlo. empieza a sacar deducciones y acaba descubriendo en ti curiosísimos complejos. Sé que Sebastián C órdoba está en San Sebastián. Pero sólo se peinaba por delante. El se levantaba antes que yo. la m ujer que se peina en El ángel exterm inador no está ahí más que como recuerdo de esa escena de C enteno. para vom itar. — Es curioso. U na vez.» Disparé y cayó. por los alrededores del lago Catem aco. hasta el surrealismo. todo. con su gran pico dibujado sobre el cielo. pero no las usa. Siempre con rem ordim ientos. y. Me prom etí no volver a hacerlo.su teatro. — Pero que únicam ente te dedicas a limpiarlas. — Lo de la m uerte del tucán. A causa de esto se ha ido form ando la leyenda de que tenías una excelente colección de arm as. de Pepe A renal.. Me acuerdo de los herm anos O ntañón (creo que eran de Santander). B ueno. — Ya ves cómo nacen los mitos: Buñuel tiene armas. siendo o creyéndose inteligente. miré a una de las personas que estaban allí. Me dije: «A ver si le doy. efectivam ente. Luego hice muchas experiencias y muchas cosas de hipnotism o y de transm isión del pensam iento. Estaba el tucán arriba de un árbol. Entonces estudiaba yo para ingeniero y me reunía en Fornos con un grupo de estudiantes de Medicina. la apunté con el dedo y le dije: «D uérm ete.. farm acéutico.. Entonces. sino que no las has utilizado nunca. Se lavaba en una jofaina azul y luego se peinaba. había un hipnotizador que invitó a quien quisiera del público a subir al escenario para hipnotizar a cualquiera de los que estaban ahí. y de verdad lo odié. para que veas. Esto me ponía furioso. La m ayoría son médicos de mi edad. de Víctor 100 . — ¿H as tenido alguna relación con el hipnotismo? — De los veinte a los veintitrés años. A quien más he visto es al doctor M artín U rquijo. Así que digan lo que quieran. Muchos de ellos viven todavía. H asta que un día se lo dije: «¡Pero péinate hasta atrás. — ¡Qué le vamos a hacer! ¿A quién no le ha sucedido? Cuando yo llegué a la Residencia no había sitio. pero bastante buen cazador. Ibamos en coche. y com partí el cuarto con Augusto C enteno. alguno. ¿cuándo fue? — Estábam os buscando exteriores para La muerte en este jardín. le gustan. — Es verdad. Es decir. nunca llegaba hasta atrás.» Y se durm ió.. un cualquiera.

. y seguram ente B retón no lo sabía por los años cuarenta. en la cocina. pero lo curioso es que su herm ana. que era la coqueluche de las niñas que paseaban por la Castellana. Le hice abrir la caj a y que me diera el dinero. cuando os veíais en Nueva Y ork. y que trabajaba al lado. dorm í al cajero. te presento al señor Buñuel. — Sería pariente de León Felipe. Me sucedió una cosa curiosa. con cierto trabajo. Porque la herm ana se llam aba Rafaela. «¡Ay. y yo la hipnotizaba. Luego quise despertarlo. U n mozo de mi pueblo se vestía de cura en Sem ana Santa. — Y de la de Jardines. la dorm ía. Calle de la Reina. Allí estuvimos hablando en voz baja hasta que a la m edia hora em pezó a moverse y le m andé que se despertara. Evidentem ente. —Curioso. señor Buñuel! ¡Ay. A los diez minutos llegaba una m uchacha: «M ercedes (o quien fuera). era una médium estupenda. pero no pude. Me asusté mucho. porque de otro modo le hubiese sacado punta relacionando a la triste Rafaela con Brauner. Tenía yo veinte años. se subía al tranvía. Se resistía. creo que con C enteno.. con un párpado colgando. Allí te recibía la dueña con toda clase de m iram ientos e indagaba tu nom bre. diez pesetas. veintidós. Siempre me han interesado las relaciones de los escritores con este tipo de com uni­ caciones. Ibamos a los burdeles de la calle de la R eina.. «En el convento lo hacem os todos». No sé si me lo contó Usandizaga o Pepe A renal.» Y al m om ento: «¿Q uieres esperar un m om ento afuera?» Pero lo grande. Las buenas estaban en la calle de las H uertas. estaba enam orada de mí. un buen amigo..] U n aragonés es capaz de mucho. referente al hipnotism o y cosas de este tipo. Teresita era la más guapa. Fue muy fácil. él. U na noche. a Federico. —Supongo que hace mucho tiem po que no has contado eso. en la Residencia. Luego murió en un hospital.. [. «¿Y usted de dónde es?» «De Zaragoza. No hay trazas de ello en tus películas.. ahí detrás. era en la calle de la Reina.. sacaba un pan relleno de chorizo o longaniza o jam ón serrano y se ponía a devorarlo.» H ablaba por teléfono. en su m otocicleta. — Es posible. señor Buñuel! ¡Cómo será usted!» Le di el dinero y se fue corriendo. — Era la época en que Vicens quería convertirm e a la teosofía. ante la indignación de las m ujeres. [. —A Emilio lo dorm í muchas veces. Lo subí a mi cuarto. horrible. Leí muchos libros de una cosa y de otra. Hicimos muchos experim entos en el estudio de Camino Galicia. y cuando yo quería dorm ir a Teresita. —Esas eran de las más baratas.] E ntre los . Luego me asusté y lo dejé estar. la que recibía los efectos inm ediatos era R afaela. no. decía con la boca llena. Lo hizo en seguida. fea.. Era una muchacha callada. que era muy fea.U rrutia.

Yo me destoqué y le contesté: «Sí. al ver al rey. el rey alzó la cabeza. — Desde luego. Me acababa de peinar. a mí me pasó lo mismo.» Farfullé el «majestad» porque entonces era yo tanto o más nihilista que ahora y me sabía mal em plear la palabra. sobre todo con el té. me asomé. y que no se te ocurrió. que seguían a Juan Vicens. Al día siguiente. Siempre he pensado que en el fondo de tu obra corre un romanticismo desatado. estábam os divididos entre los vegetarianos. y los que estaban conmigo. además del té. Tam bién fui una vez. desgraciadam m ente. — ¿Tal como a mí me lo han contado? Es decir. Por tem peram ento. cuando cierro los ojos. No. Tú tam bién tuviste tu época vegetariana de rábanos y lechugas. en la Residencia? — Para que veas. — ¿Cómo fue lo tuyo con el rey. me vio y me preguntó no sé qué acerca de algo que me sonó a que si aquel era «el camino de Cham berí». m ajestad. usando mucha bandolina. y estaba desnudo. que éram os alcohólicos. en el grupo de la Residencia. y mi sorpresa fue verdaderam ente extraordina­ ria al ver que de un auto había bajado el rey y que hablaba con un portero o algo así. fue la influencia de Vicens. Porque se pasaban el día bebiendo té. No. — Cosa curiosa. — Sí. Lo que no he sido nunca es liberal. a mí me gustan las cosas de una m anera y no de otra. En ese m om ento oí hablar. Al asom arm e. para ver de qué se trataba. eso sí es verdad. ¿que estabas en pelota en el prim er piso. y les llegábamos a poner unas marcas en el bote señalando hasta dónde llegaba o había llegado la riada del té. es verdad. U na vez quiso hacerm e ingresar en una logia. Entram os e hicimos los toques. que tenía veinte años y que se necesitaba tener veintiuno para ingresar. A mí todas esas cosas de tipo rom ántico me entusiasm an. Vicens era vegetariano. — D éjate de cosas. E ra dom ingo. don A lberto Jim énez habló con el secretario del rey para presentar sus excusas por el hecho de no haber nadie 102 . A mí me parecía muy bien. y para que no se me deshiciera el peinado me había puesto un som brero de paja. por el diecinueve o el veinte. más que coger un som brero hongo y cubrirte la cabeza? — No. Les gastábam os unas brom as bastante feroces. con raya en m edio. H ubiera sido mucho más su­ rrealista. nihilista. Y te lo repito. el cual era naturista extrem ista. El ron era nuestra bebida favorita. Desde abajo no podían verme más que la cabeza. no. E ra una logia que se llamaba Fuerza Numantina. dijo que no podía ser. Yo vivía en el segundo piso del segundo pabellón. hasta que los abro. soy anarquista. masón y teósofo. pero cuando vio mi cédula. No volví nunca. Pero lo hice.amigos.

empecé a echar pestes. de bedel de V eterina­ ria. —Tam bién de cura. y nos tropezam os duro con ellos. tenía derecho a usar uniforme de alférez de Sanidad. — Que te disfrazabas de. y que. de obrero me disfracé con Federico. el mono sucio. De ahí debió de nacer toda la fábula. —C uentan muchas cosas de ti en aquel tiempo. se comía los plátanos con cáscara y todo. Bueno. de obrero. como artillero. — Es posible que se queden cortos. me dijeron cuadrándose dem udados. para ver la sociedad desde otro punto de vista. Nos disfrazábamos. y de todo. por no haberle visto ni saludado. por lo menos yo. Y yo sin saber qué hacer. te las daban de cinco céntimos. oficial de Sanidad. Las saqué de una casa que había en la C orredera B aja. entre otras cosas. Pasaba el tiem po. Por la calle. Sí. Nos habíamos citado a las siete en la glorieta de Colón. Entonces me volví y les dije: «¿Qué hace un soldado cuando se encuentra con un oficial?» «Saludar». o iba a serlo. Ibamos a los restaurantes y. y yo. pasaba el tiem po. Yo le di un em pujón a M elchor. «Pues presénten­ se en el cuartel. una bufanda. con Chabás. eran cinco años de cárcel. frente al mismo soldado. por ejem plo. No vino. Ibas a un estanco y te despachaban el último. Con el uniform e del doctor Pascua. y que les arresten. la gente no nos hacía caso. sin afeitar. me había m andado arrestar. — Dicen que de cura. que. En la calle de Alcalá me crucé con dos de mi batería. Si me cogen. Con Navás hicimos muchas barbaridades. de todo. y anduvimos por todas partes.» No nos conocieron. Con quien más me he disfrazado. las niñas ni te miraban. A las siete y media. de paleto. ¡Que no se conocieran M elchor y Federico! ¡Es fenomenal eso de disfrazarse! Me he disfrazado de todo. Federico llegó a las ocho y media y no me dijo ni pío. y por allí rondaba una pareja de la G uardia Civil. Pedías cerillas y no había duda. que alquilaba trajes para el teatro. Vestidos de obreros. con boina.en la Residencia y de que «su majestad» había hablado con un residente «que estaba desnudo». — Me he disfrazado muchísimo.» Al día siguiente. es con Navás.. y empezamos a insultarles: «Estos cochinos señoritos que no saben adonde van. El iba vestido de paleto. Debió de ser el año veintiuno o veintidós. que salían del café Regina. y yo hacía señales desesperadas a los dem ás y 103 . Me acuerdo que nos tropezam os con M elchor Fernández Almagro y con José de Ciria y Escalante— ¿te acuerdas de Ciria?— . y gritando que había encontrado a un hijo de la tal por cual.. H asta de militar. ya no pude más y me fui a la Residencia. tam bién me vestí de cura y llevé otra sotana para Federico. cuando yo hacía mi servicio m ilitar. en la calle de Alcalá. No me saludaron. como era médico.

magnífica.» Federico se levantó muy indignado: «Pues D alí no opina lo mismo. no. Sí. — Sí. que de ninguna m anera llegaba 104 . Volvíamos a llam ar. El muy indio sabía muy bien que nosotros le estábam os viendo. a la m añana siguiente. Yo era más amigo de Dalí que de Federico. Y echaban a correr. entre todos nosotros. y no se puede. D alí y yo nos fuimos por ahí y seguimos bebiendo.» Y volviéndose hacia D alí. Y yo le dije: «Esto es muy m alo. cuando volví de Nueva Y ork. A mí.» Y Dalí. que viene a ver si puede. cierta promiscuidad o algo por el estilo. — No. me he disfrazado mucho: de bedel. pero que te diga éste (Dalí) qué tal es lo que he hecho. no es bueno. me dijo: «Tú eres mu bruto y no entiendes na de na. lo que les gustaba era estafar a los suramericanos. que quedam os en que Federico me leyera su Don Perlimplín. asegurábam e: «Sí. la obra de Federico no me gusta nada. Me gustan algunas poesías. A los diplomáticos. Nos reunim os en el sótano del Nacional. Y nos volvían a cerrar el ventanillo. E ntró y se hincó de rodillas con los brazos abiertos. Pero eso no es nada al lado de las cosas que hacían Federico y Dalí. Nosotros le seguimos. recogió sus papeles y se fue.» En la calle. — E ran muy amigos Federico y Dalí. — Sí. Así llegó hasta una iglesia que había a la entrada de la G ran Vía. H asta íbamos a casas non sanctas. que com partía la habitación con Federico: «¿Qué tal?» «Ya está todo arreglado. cien o doscientas pesetas. — Eran amigos.. E ntre otras cosas. Y.» C erraban el ventanillo. y Navás sacaba un pañuelo de yerbas y em pezaba a hacer y deshacer nudos hasta sacar dos o tres duros. que no ha perdido nunca.. le pregunté a Salvador. El era mucho más amigo de Federico que yo. hablando en voz alta. o algo así. Entreabrían el ventanillo: «A quí está mi prim o. Su teatro me parece muy malo. En lo que era genial era como hom bre.» Entonces. Pero hubo en todo aquel tiem po.. con ese acento catalán. a base de lo mismo. Y al final del prim er acto salía no sé quién de la concha del apuntador. le preguntó: «¿Verdad?» Y Dalí le dijo: «Pues sí. sí.. dejando aparte a Federico y C ernuda. de portero. yo no creo que ninguno de ellos fuera homosexual de verdad. Intentó hacerm e el am or. Les pegaban unos sablazos como de. No mereces ser amigo mío. Federico em pezó a leer. en lo que allí llaman «caballerizas». R ecuerdo que una vez. por ejem plo.decía: «Mi primo llega del pueblo. en la Residencia. y no mucho. sí. hacíamos toda clase de tonterías. pero no pudo. es una cosa magnífica. en los tranvías. ¿Te acuerdas? Había allí una especie de cervecería.» — Este es uno de los puntos de la Residencia acerca de los cuales habría que hablar y aclarar. para que se diera cuenta.» Total. Federico se levantó airadam ente.

De todas m aneras. en sus declaraciones.» Nos fuimos a com er a una tasca de la calle de Alcalá. para que no haya equívoco. para ir de putas. toqueteos.. 105 .. am ores. se trata de algo muy grave » B ueno. Una vez fuimos a pasar unos días al M onasterio de Piedra en un R enault que yo tenía entonces. me hería doblem ente.. por su amoralismo. hemos de dejar en seguida en claro.í. pero platónicos. no había nada. |¡Q ué tiempos! Sí. —A veces pienso que todos tenem os algo de eso. pero que por el campo o en la Bombilla se besaban como si fueran lo que no eran. que ahora es muy elegante.. pequeñas ñoñeces. o tan m ujer como otra. Dalí lo ha dicho. Federico era im potente. Le digo: «Tengo que hablar contigo de un asunto muy grave. eran hom ose­ xuales. ni hablar. Federico. Afem inam ientos.. que para nosotros un marica era tan hom bre como un hom bre cualquiera. y con don A lberto.. No tenían dinero.i nada más que a besos o cosa por el estilo.] —No. vivir una camadería masculina hasta parecerlo. «¡Hemos term inado para siempre!» Nos reconciliamos al día siguiente. creyente en el proletariado. «Bueno. Nada más. Federico. muchos. no. Se levantó ofendidísimo. si lo era. Tal vez en A rgentina. por lo m enos enton­ ces. sólo Gustavo. le pregunté de sopetón. cobardías. antes. de m anteles y todo. A Dalí no le hubiera im portado nada. Un día que había ido a com er a la Residencia con d ’O rs. Homosexual de verdad.] — Estuve a punto de pegarme con M artín Domínguez— el otro inerte de la Residencia—porque aseguraba que Federico era homosexual. en todo el grupo. E ra marica. Iba Federico tan peripuesto. No me refiero a esa tendencia general de los escritores señoritos de nuestra generación de exaltar. —Sin echar en olvido que los dos m ejores poetas de nuestra generación. con sus botellas de vino a todo lo largo de las mesas. No podía. Pedimos nuestros cocidos. ¡Qué le vamos a hacer! Nació así.. Pero no podía. ¡Y con obreros! Eso. Pero no. No.. En el fondo. como fue el caso de tantos que no quiero nom brar porque a lo m ejor les parece mal. Me estuvo contando muchas cosas de su vida sexual. Para mí que... a m. su corbatita.. o lugar para llevarse una chica. pero ninguno era homosexual. — ¡Vaya pareja! — . el homosexualismo de Federico. besuqueos. Cuando vino de Cuba me pareció más desatado. no lo era. Seguían m asturbándose cuando ya no estaban en edad de eso. el odio de Luis se debe a que Dalí reveló al m undo. Y Pepín podría tam bién decirlo. Federico García Lorca y Luis C ernuda. sin medias tintas. ¿qué es?» «Mira. [Hablamos de Dalí. en sus libros.

a la plaza donde estaba Botín. Ultra.» «¡A quince kilóm etros del frente! ¿Estáis locos?» «Sí. Tú dices que era misógino y no marica. sobre todo. No tengo por qué no creerte. Trabajaron quince o dieciséis estrellas. a Eugenio M ontes. los cantantes más em inentes que había entonces en el T eatro Real. a Ram ón.] Hasta el veinticinco. de señoritos y señoritas (es curioso cómo lo prim ero tom a un acento peyorativo). claro. Al grande e im portante señor Isaac del Vando Villar.. del Vando Villar. y la A rgentina. como decía Federico— . los seis años que pasaste en M adrid. a Guillerm o de T orre y. a Paskievich — ¿te acuerdas de Paskievich?— . Me lo volví a encontrar en agosto del treinta y seis.. El café ya no existe. anarquis­ tas. un aragonés. a H uidobro. Tenía dos salidas. y Borrás. nadie cobraba y se juntó bastante dinero. a Jahl. Tableros. Como es natural.. Los unos han huido y los otros no sabemos dónde están.—Te advierto que hay en eso un fondo de protesta social perso­ nal que pesa lo suyo y que hay que tener en cuenta. y me dijo. vete al 106 . sí. y luego el A teneo y el Lyceum. y la Xirgu. Hicimos imprimir no sé cuántas octavillas y las repartíam os por los cafés y a la salida de los cines e íbamos por ahí todos con cepillos: Guillerm o de T orre. si se pueden llam ar así. que venía siempre a nuestra tertulia. Alguna vez fue Samblancat. En esto y en otras cosas. No sé si es en esa tertulia donde conocí a Gil Bel. el segundo mes de la guerra. y la otra. pero algún amigo nuestro se fue de la Residencia porque estaba convencido de lo contrario. [... a los Rivas Panedás. C olaboraron los actores. Dirigía el periódico de la CNT en M adrid.. Con los ultraístas. con los que hacían Grecia. a Isaac del Vando Villar. y conste que seguí con las mismas ideas hasta el treinta. La cosa es que allí todos los chalés están desocupados. lo más famoso que había entonces en M adrid. feliz: «¡Vamos a fundar una colonia para intelectuales en Torrelodones! ¡La prim era en E uro­ pa! Ya no quedan burgueses. una a la calle M ayor. Sí a d ’Ors.» «¡Con Franco a quince kilóm etros.. anarquista tam bién y amigo de Rafael [Sánchez V entura]. Rivas Panedás. En general.. en nuestra genera­ ción hará crisis esta separación de sexos: la Residencia. Cervantes. Así conocí a Borges. A hí empecé yo a ser anarquista. ¿qué vida hacías? — Pues me ligué con los ultraístas. Y. que es cuando yo empecé a tener ideas políticas. A Cansinos no le conocí nunca. Organizamos un gran festival en el T eatro del C entro.. Allí con B arradas y todos los ultraístas en el café de Platerías— «Flaterías». decidimos hacer una gran colecta para rem ediar en lo posible «el ham bre de los niños rusos». hom bre. Tenía­ mos la peña ahí cerca de la puerta.. la vida en la Residencia de Estudiantes puede recordar la de tantos colegios de Oxford o de C am bridge.

Me contaba de un pobre em pleado de C orreos que se m archaba siem pre a las cuatro menos cuarto pasándole por debajo de la mesa su poem a del día. Y fuimos todos al estreno de Santa Isabel de Ceres. O se sostiene a la acracia o no. en el teatro Eslava. no. al poco de llegar yo. cuando yo tenía un departam ento en la W arner B rothers. Muy buena persona. allí en la frontera. No sé cómo lo hizo. muy digno. — Guillerm o de Torre habla poco de él. — Sí. Total. —Tal vez. Muy entero. hom bre. No recuerdo si fueron doscientas o cuatrocien­ tas personas. los que más se m ovieron fueron H um berto Rivas y del Vando Villar. Por San Diego. M ucho más im portante que del V ando Villar. ni ayer. ya sabes que Araquistain era más bien bajo. Com o cuando se trataba de cosas de los ultraístas. En una clínica que tenían los actores. Araquistain se negó. m urió hace poco. Como si fuera una vergüenza escribir versos. y nos movimos como dem onios para darle un gran banquete a A raquistain en el Palace. después de la guerra. Por lo menos no tanto. La convocatoria la firmó todo el mundo. No lo sé. ultraístas nos pareció muy bien la bofetada. entre los seis escritores del departam ento hice que lo contrataran. y el seudo-ofendido. No creo que volviera a España. — No fastidies. sobrino del cardenal de Tarragona. Nunca perdió su acento catalán. E ra más malo que el sebo. pero era una cosa periodística desde luego. R ecordarás que era conocido como gran espada­ chín. y aquel animal de C arretero era algo así como un gigantón. — A José le vi m orir aquí. — Sí. H um berto. es una vergüenza. — Pues sí. Con decirte que. Araquistain se encontró en la C arrera de San Jerónim o al Caballero A u d a z y le pegó una bofetada del dem onio. Ya no recuerdo la razón. La cosa es que le pegó.carajo!» Pero volviendo atrás y hablando de banquetes. pero fuimos. Pero los leía. o no sé. Fue toda España. con gran furia de H um berto. — El año veintiuno. — H um berto fue al ultraísmo lo que B retón al surrealismo. Tal vez por celos. El único 107 . — C entenares de cafés con leche le pagué a H um berto— yo pasaba por muy rico— en los cafés de la Puerta del Sol. menos tú. le retó a duelo. muy seguro de la pronta victoria. les dimos otros a Vidal y Planas. que a los . Como es natural. de Vidal y B arraquer. pero buena persona. Y le dimos un banquete.» E ra verdad. Era malísimo. — ¡Cuántas medias tostadas de arriba o de abajo no le pagaría! «Hoy no comí.

con las herm anas Domínguez. El estado sordo ya.. — Q ue tam bién se las traía. como si se abotonara el alto chaleco presbite­ riano de don Miguel. No sé si se acuerda de mí. Se confunden las notas de la escala.. Y como el Caballero A u d a z es red acto r. ¿Y tú? — Yo.] U na de ellas se casó con Vicens. Lo vi hace poco. otra sube y baja. porque tengo mis artículos (o mis m em orias. completas. me dicen que es B eethoven y dudo. con el debido respeto: «Don Santiago.. absurda. al Café del Prado. Más tarde. Me ponen un tango. con los ultraístas.. Claro que tam bién me gustaba Debussy. no recuerdo) en A B C . yo soy Buñuel. Las herm anas D om ín­ guez se vestían como adefesios. Llamó a los demás. con patillas y melena y una capa corta. en París. no firmo. Como Federico. y a Cajal le fui a ver yo. Pero tal vez es m ejor que no lo haya hecho. — ¡Qué lástima que no escribiera sus memorias! ¡Qué libro sería! — Sí. [Luis hace un gesto. Yo le he preparado muchas córneas de mosca.. en una reunión donde estaban «los seis». unos seis años.. yo ya tenía L os m aestros cantores. No podía creer lo que oía. donde iba todos los días. D e nuevo Dalí se vestía de una m anera extravagante y absurda. Luego me doy cuenta de que no. frente al A teneo.» Y no firmó. Parsifal. — ¿De veras te gustaba Wagner? — Sí. Tengo dos tipos de sordera: una. en Nueva Y ork. Nos dejaba en cualquiera de los cafés mugres donde nos reuníam os Garfias. D epende de los días. y no digamos Sánchez V entura. Me acerqué.. — ¿Q uién está más sordo? — E ntre dos sordos no se sabe nunca. A los ocho días me había desbancado. hubiera llegado a ser em bajador de Estados Unidos. «¿A que no saben qué músico le gusta a Buñuel? ¡Wagner!» Lo odiaban. E staba a mis órdenes. Hoy me gusta mucho menos. y la seguía. hablaba de eso con Auric. Yo era de esos aficionados que iban al Real con su partitura. Cuando em pezaron a salir en discos las óperas.. no.. Vando y Villar. la del nervio. Las Walkirias.] Gustavo era un caso inaudito.. Guillerm o de T o rre.que se negó fue Cajal. «¡Vengan! ¡Vengan!» Los reunió a mi alrededor. 108 . [. Le hice entrar en el Museo de A rte M oderno. Es de lo que me acuerdo.] Federico nos dejaba en el café Castilla. pues a lo m ejor me los detienen. que lograba lo que se proponía. Eran discípulas de Unam uno. [. a Poulenc y a los otros. E ra una ser tan brillante.. Si no es por M cCarthy. después de la guerra.» D on Santiago me miró: «Amigo Buñuel. con Dalí. Yo. No sé cómo es tu voz. hace mucho menos. Yo me vestía norm alm ente. es la más constante y seria. Estuve trabajando con Bolívar. Todos odiaban a W agner.

— ¿Pero no estudiaste tú violín? — Sí. — Yo no fui a Pombo más que una o dos veces porque no me gustaba aquel am biente. —Sí. Casals es una mierda. Casals es una m ierda. — Sí. ¿Te das cuenta? — Claro. porque así lo puedes llevar contigo. — Así. A mí me gusta. 109 . en Suiza. allí por la plaza de A tocha. G entes de prim era. el corno. los expresionistas buscaron.. —Por lo menos el que le impuso Ram ón.. en general. A la Residencia. U na de las características de aquellos días era lo anodino de los cafés donde nos reuníam os. —Tú tienes la culpa. Federico nos dejaba y se iba con los intelectuales de prim era clase: «Hoy me dan mi café Salinas o Guillén (o quién sabe quién).» Y me lo llevé conmigo.» Y nos dejaba y se iba. No. ¿Y quién te lo ha contado? — Cosas que yo me sé. En todos. E n los cafés más anodinos y absurdos. — Como el violín. sobre todo. —En eso no hay leyes. —D etesto el violín. — Ram ón ha sido el hom bre que más ha influido en toda nuestra * generación. no. —En cambio. el violoncello. pues? —Las trom pas. tienes razón.... el oboe y. Pom bo tenía carácter. Porque a los once años mi padre quiso hacerm e aprender a tocar el piano y yo me negué y escogí el violín. en A lem ania. Eso puedes escribirlo. —Pues tienes razón. Nos dejaba en los cafés mugres donde nos reuníam os los ultraístas. sí. ¿Q ué tipo de instrum entos te gustan. Luego yo tam bién me hice amigo de esos intelectuales de prim era.. la gran orquesta. — Lo heredaron los surrealistas. lugares más garigoleados. —A París. — Nos hem os quedado muy lejos de Federico. — Sí.—Yo creí que ponías a W agner y a los otros grandes rom ánticos en la música de fondo de tus películas como contrapunto hum orís­ tico. —El Nacional. —Ram ón era fenomenal. a París tam bién. —Y a París. — ¡Qué va! Eso era para los elegantes. — No. «Pues es m ejor.

R am ón. Valentín de Pedro. Uzelay.. pero la frase de la que me acuerdo no sé si estaba al principio o al final: «Basta ya de novelitas rom ánticas que sólo sirven para poner en erección el clítoris de las viejas. ¿te acuerdas? Victorio M acho. adem ás de los taxis. Como un príncipe. — ¿Jugando? — Claro. Te digo prólogo.. Era la época en que yo no pude aprobar. Paskievich. que murió hace poco en Estados U nidos. en M adrid. en G am brinus. gran amigo de Gaos. m ira. Ahí tengo unas fotografías. M ontes. U no.— Yo fui todos los sábados. Era una especie de traición. Me di el lujo de alquilar una m otocicleta por ocho días. y otro. sobre todo por el prólogo que le puso a un libro de un joven poeta lírico-socialpolítico catalán. el de los jóvenes que íbamos al café de Platerías. y éste. en side-car. en la Residencia. el ingreso para ser ingeniero agrónom o. éste soy yo. A Am érico le hacía mucha gracia Sam blancat. B ueno. en El O ro del Rhin. pero era un genio. Por enton­ ces. que era director de un periódico anarquista de Sevilla... el prim ero que se ve es 110 . Y allí la tenía. el médico. les m olestaba su paso del catalán al castellano. Mira a Barradas. En la otra foto. San­ cha. sabía muchas cosas.. no estoy seguro. cuando Am érico me hizo cambiar de rum bo al decirme que pedían profesores de español en Am érica. U na vez le gané cinco mil pesetas en Rosales. B arradas era un genio. — Nos reuníam os en Gam brinus por la tarde. Allí venía Eugenio d ’Ors porque no le aceptaban en las reuniones de O rtega. Con nosotros sí venía. Samblancat y otros. había m otocicletas de alquiler. Adem ás de no tom arle muy en serio. Al final de la noche daban ganas de llevarse la piedra y enviarla a un museo. G arfias. Allí. C om et. el de los académicos y de la gente de prim era clase. en septiem bre. No tenía ninguna cultura. — Ha m uerto aquí no hace mucho. Francisco Cam ba. A ugusto C enteno. Tengo fotos de los dos banquetes. Rafael U rbano. U na vez lo llevamos Rafael Sánchez V entura y yo a com er a la Residencia de Estudiantes. Se pasaba el tiem po dibujando vasos y botellas sobre el mármol de la mesa. Ram ón iba de un banquete al otro en motocicleta. Chabás. Y éste es Oliver. A dem ás de su aire engolado y de sus ínfulas de triunfo parisiense. y en Platerías. desde el dieciocho hasta el veinti­ cuatro. Y éste es César A. por la noche. — E ra un tipo extraordinario. en Lhardy. E ra un hom bre muy violento.» En mil novecientos veintitrés le dieron un banquete doble a Ram ón Góm ez de la Serna. Y me salía y me subía al side-car y nos Íbamos a un café de la calle Alcalá o al Palace. pero mira: M aroto. No me acuerdo de todos. éste creo que es Gili. a tom arnos un verm ut y regreso a la Residencia. a veces venían sindicalistas de acción: Santaularia.

Francos Rodríguez.. Y no sé si por aquel entonces. no.. Con M orente pasó algo parecido. — ¿Estás seguro? Le conocí muy bien y no creo. Federico y Ciria Escalante. como siem pre. De los dem ás no me acuerdo.» Y llegaba. Y luego nos íbamos al Paseo. Cañedo. Yo le dije: «Te espero a las doce en Zocodover.» — Pero. Bertolozzi. No comíamos. Nick C árter. Urgoiti. Eduardo?» «Sí. A zorín. Todo el día. m ientras me estaba afeitando. Tal vez únicamente La isla misteriosa y Veinte m il leguas de viaje subm ari­ no. — Ibamos a beber y a beber. y me iba a dar un paseo.. antes de irme a M adrid.. y a vom itar por sobre el pretil que da al Tajo. en tiempos de Gaos. pero las circunstan­ cias. E duardo U garte en m edio. lo visual.. Le entendía perfectam ente. a la A lam eda. los que hemos leído todos. a Schopenhauer y a . — Mira a A ntonio Espina. —No sé. M anuel Abril.. Yo me levantaba. E duardo me miró a medias... Ese año explicaba a Kant. en Toledo. —Sí. «¿Ya no me odias?» «Se me va pasando. hom bre. tal vez. pero al salir se me borraba com pletam en­ te de la cabeza. pero cuando nos encontrábam os era con la misma antigua cordialidad. — Yo diría que es M aeztu. creo que el dieciocho. sí. y tapas. Toda la serie de detectives de entonces: Nat Pinker. a D iderot y tam bién el Jean Christophe. Moya. G randes abrazos. Y en m edio. todo lo relacionado con el sexo— que era muy poco— que podía haber en la biblioteca de mi padre. ibais a trabajar en una película de fantasm as. H istoria. con los im portantes. y me dijo: «Te odio. los sucesos. Pero casi nada del aburrido señor Julio V erne. Pero allí.. aunque lo que yo estudiaba eran Letras. «¿V erdad. No sé. E n cambio. Sáinz R odríguez. a Voltaire. leí a Rousseau. A ndrenio. El que asoma la nariz a la izquierda es Alfonso Reyes.» Y sentí que era verdad. como siempre. Raffles. Yo iba a clase de M orente. Schumacher. apoyando todo lo que decía Federico... eso no lo olvido. A ntoniorrobles. — ¿Q ué libros habías leído antes de eso? — Los de todos. Salgari.Federico. Nos veíamos poco.» — Con U garte. Tal vez. Me acuerdo perfectam ente que un día.. Pero poca cosa. no le des tanta im portancia. Chato de manzanilla tras otro. Nos acostábam os a la hora que fuese. Paco Vighi. Sherlock Holm es. guardas en la m em oria lo visto y lo oído. con aquel su ojo saltón. ¡Y todavía te acuerdas! ¿No estaría E duardo endiablado por haberlo desperta­ do tan tem prano habiéndose acostado a las tantas? Curioso. en tal café. Luego.. Este no sé quién es. abajo. claro está. Dick T urpin. los folletines de Ponson du Terrail. a las ocho..

Todos. vosotros estabais con Cocteau. desde luego. La gran impresión es mi descubrim iento de Fabre.. Hemos cambiado mucho desde entonces.. Pobre viejo. Pero ya ni siquiera aguanto a Dostoievski. la Revista de Occidente se fundó el veintitrés. — H e intentado volver a leerlos últim am ente. Benjam ín Péret. y no puedo decir que ya no me gustan nada. todos los rusos. Pero todo esto ya te lo he contado. con G ide. Lo que le hacía decir a Juan Chabás. antes de irme a M adrid. claro está. Para nosotros. — Lo leí como una novela. — Estoy virgen de Proust. ¡Carrere! Le tom ábam os el pelo. Quince años después me pareció una porquería. — H abría que volver a los ultraístas. Cosa que hice con Bolívar. como tú: «Estáis todavía en la edad del sam ovar.. —Tam poco nosotros dejam os de leer a los rusos. por lo m enos. — Estam os hablando de los libros. con Valéry. — Que ésos sí eran libros de bolsillo. que me decidí a estudiar Ciencias Naturales... — A los del Café Castilla. aunque yo no estuviera de acuerdo con O rtega. Tolstoi. pero casi. — Yo salí en M adrid el veinticuatro. Kuprin. H orrendo. — Y ni siquiera sabía quién era. La Novela Semanal y La Novela Corta. que tam bién leimos nosotros en seguida. con 112 .. Esas páginas terribles. Y no pasé del prim er tom o. La porte étroite me hizo una gran impresión. —Claro. qué cochino iba. Andreyev. si no el veinticuatro. Pero sobre todo Dostoievski. para qué te digo. —Y lo que te im portó fue. la de la Biblioteca Sem pe­ re y la de la Colección Universal. Diego San José. sin un punto y aparte. Fue tanta la im presión. Debió de ser el veinte o el veintiuno. pero nosotros no llegamos a nutrirnos de la Sempere. Y luego. —Cinco céntimos y luego diez céntimos: Felipe Trigo. y O rtega no tuvo ninguna influencia sobre mí. Manuel Bueno.Nietzsche en las ediciones de Sem pere y. G orki. K orolenko. Nunca pasé de la prim era página de Las jovencitas en flor. Y de Cocteau. — La verdad es que por pocos años de diferencia podríamos considerar que hubo dos generaciones. — Spengler. Había que ver qué pelo tenía. Ya estam os en mil novecientos veintitrés. él era el director indiscutible de nuestras lecturas. Tolstoi aparte. como una araña.. negras. si em bargo. cuadradas. — A los rusos los leimos en la Colección Universal.. — Pero Spengler. cuando empezó la Colección Universal. — Sí. que era de los «ilustrados» finos.» En cambio.

hablando de la salida del rey al balcón para saludar a la m ultitud: «Entonces se asomó el astro. No sé si fue don A lberto Jim énez—creo que sí—el que me mandó con don Pablo A zcárate. sus ganas de darse im portancia. Pero. hom bre. a pesar de ello. Creo que no me faltaba ninguno de sus libros. su prosopopeya. A ntes de eso. Pero. La cosa es que entonces quise irme a eso de la Cooperación Intelectual y hacerme diplomático. de verdad. Todos. se vino C enteno. D ejando aparte la Ben plantada.. en A m érica. hasta que me licencié. — Yo tam bién lo conocí. en que después de una enferm edad del rey. deseaba m archarm e de España). y ahora Am érico me decía que si quería ir a N orteam é­ rica (yo no quería vivir de lo que mi m adre me daba. como Cañedo. antes de aquellas famosas glosas. o fue M adariaga. esi*í escritor. Pero ya seguí la carrera de H istoria. Tan adm irado por amigos míos en los que yo confiaba totalm ente. Y no será porque no lo leí. a la que parecía que iba a ir de representante Eugenio d ’O rs. una de las pocas personas que hablaba bien del arte. veinticuatro. el equivocado soy yo. — H om bre.cuánta caspa. Y piojos. de la Sociedad de Naciones).» No. m ientras tanto. todos lo admiran. Será porque lo conocí personalm ente en aquellos años del «astro» y en C ataluña. Y es de los pocos españoles. «¿Qué estudias?» «Ciencias N aturales. y ya con mi título de Letras era relativam en­ te fácil. pero luego pasé a Ciencias Naturales. jam ás me convenció. bueno. sin em bargo. no me digas. en serio.» Porque antes quise ser ingeniero agrónom o y estudié un año o dos. — Yo nunca lo he tragado. en N orteam érica. en el A B C . como tú ahora mismo. lo que realzaba su condición de traidor. reconocen su hincha­ zón. después de la victoria protestante. Pero no era eso. pasé a Historia Universal y me suspendió Ballesteros. y cambié Am érica por París. Américo se puso a hablar de que aquí. que podía hacerlo estudiando Letras. por lo que todos dicen considerable. * —Tal vez no. Seguramente hablam os de cosas distintas. no. a todos nos gustaba d ’Ors. Me dijo que lo 113 . veintitrés. nunca me interesó. creo que el veintiocho. y yo tenía una gran admiración por él. de los poquísimos— con esa enorm e. necesi­ taban muchos profesores de español. terrible. bárbara injusticia con la que el m undo. y. D ’Ors era muy amigo mío. y entonces em pezó a hablarse de la U N ESC O de aquel tiem po (la Sociedad de Cooperación Intelectual. Al día siguiente em pecé a estudiar. te estoy hablando de mil novecientos veintidós. escribió.. Todo eso hasta la excursión que hicimos con Am érico C astro y con Góm ez M oreno. Seguram ente. ha ignorado a España—que traspuso las fronteras y del que ¡todavía! se leen y traducen libros. Entonces le pregunté qué es lo que había que hacer. E ra. Y que era muy fácil.

— ¿Y E l m oribu n do ? — H om bre. que. el prim er gran ateo que hubo en el m undo fue Sade. ni de otros alicientes que tenía para ti el ir a París. Lo mismo que todos: C endrars. casi al mismo tiem po. pero de lo que estam os hablando es de lo tuyo. ¿Q ué leiste entonces? — Lo mismo que tú. como si estuvieses hablando con tu m adre entonces. que te descubre los insectos. aunque se encuentre. Para ti. porque no se encontraba un ejem plar de Sade ni por casualidad. lo mismo. hace hincapié en lo que ha venido a llamarse el sadismo. que te hace ver un m undo totalm ente insospechado.. No sé en m edio de cuál. — ¿En qué orden los leiste? — Prim ero. B ueno. de hecho. Y en ese interm edio me dediqué al cine. A mí me hizo una impresión trem enda. Es curioso. — ¿Los surrealistas? — Sí. te descubrió el m undo del espíritu. G ide. Fabre. —Y que era totalm ente insospechado para la mayoría de la gente. todos los de entonces. que me lo prestó una noche que cenamos con Desnos. el veintinueve y el treinta. Max Jacob. L os ciento veinte días\ luego. dejando aparte a H eráclito y a algunos de esos griegos de los que no sabemos gran cosa. Me contaba Vaillant que Lenin le había dicho que Sade es el prim er gran m aterialista de la Historia. pero poco. No sé si fue B retón o A ragón el que le hizo com prar a Noailles un 114 ... el veinticuatro fue el año en que yo volví a París por prim era vez. — ¿Cuándo leiste a Sade por prim era vez? Más de una vez me has dicho que fue una lectura capital en tu vida. Desde el punto de vista filosófico y moral no hay nadie a quien se le pueda com parar. con lo que resulta que los tres hom bres que más han influido en tu concepción del Universo o en tu m anera de plantarte ante él fueron Federico García Lorca. T odo eso leyendo L e Temps y The Times. No es el m om ento de hablar de eso ni de Vicens. Justina. — Vamos a decir que hay un ochenta por ciento de verdad en lo que estás diciendo ahora. cuando Sade es exactam ente lo contrario. y para cualquiera. En fin. aprender bien inglés y estudiar la política inglesa. en lo pornográfico.que me convenía era venirm e a París y estudiar la política francesa. — Naturalm ente: el prim er ateo.. y Sade. Es estupendo. — Y hoy. Y así fui y me puse a estudiar en una academ ia francés e inglés. Julieta y el B oudoir. Hasta el veintisiete me parecían una partida de maricones. El prim er ejem plar que tuve en mis manos fue el de Tual. claro.

a su herm ana. Luego me fui a París y ya no me doctoré. C uando yo acabé el bachillerato me preguntó mi padre que qué quería hacer. — Pues no. ese mismo año. Noailles ya lo tenía. Y era el ejem plar de Proust. Y le contesté que estudiar música. porque los libros de René fueron a parar a su familia. y le hablaron a T ota Cuevas de V era. no ingresaste. es curioso: en toda m entira hay algo de verdad. fíjate. — No. B retón. ni lo supo nunca nadie. el día que se suicidó Crevel. Pero m ira. ¿Q uién se los llevó? No lo sé. Tan no se podían encontrar que. Entonces no se podían encontrar libros de Sade. Fui a una academ ia. pero no im porta. No estábam os más que nosotros. Estudié Filosofía y Letras. Bueno. a no sé quién. Todos sabíamos lo que valía aquello. No lo creo. hizo bien.ejem plar de L o s ciento veinte días que se podía adquirir en Berlín por cuarenta mil francos. en París. D e Dalí respondo como de mí mismo de que no se lo llevó. con Medina. porque me lo había prestado él. En un piso cocham broso de la calle de Escudilleras. el año veinticinco..] — Y como ya hemos dicho. . Un tercer piso. Y era su am ante). — ¿Pero te llegaste a licenciar? — Claro. y nada más entrar se dio cuenta de que faltaban los cuatro tomos de Justina. y luego llegó Bretón y Noailles y yo. pero como eso estaba tan mal visto entre los surrealistas. En un tribunal estaban Américo C astro y M enéndez Pidal y otros genios. pues Tota llegó de Londres en un avión particular. — Lo mismo que yo. a la Schola Cantorum. Y venga. que era su am ante (porque tú sabes que Crevel era hom osexual. — ¿No habías ido a París en mil novecientos diecisiete para estudiar música? — No. y Tota hizo lo posible y lo imposible para lograrlo. porque fue Dalí el prim ero que llegó. El que lo hizo. hizo unos esfuerzos desesperados para dejar de serlo. en Barcelona. cuando Dalí lo encontró. El año veinticuatro. U no de mis exámenes lo hice con Dámaso.. que eran unos beatos indecoro­ sos. En la edición de mil novecientos cinco tirada a diez ejem plares. * * * — Hay dos m ujeres que se disputan el honor de haberte enseñado a bailar el tango. — Un m aestro y una m aestra. La rama de Historia. No lo sé. Claro que no fui. que me quería ir a París. [Y canturrea La C um parsita . Ya te lo dije.

. .

De m anera que. al oficio. Y tenía un argum ento que pasaba entre buscado­ res de oro. Con diálogo mexicano y todo eso. él había hecho el libreto. Después me castigaron tres años.. me marché a México porque no se arregló el asunto con Denise Tual. H abía pensado hacer más cine. ¿verdad? Hice la película. fue la prim era vez que.» A Dancigers lo había conocido en París. pero no sabía cómo ni cuándo. tengo dos cantantes muy buenos. novelista.TERCERA — ¿Y no habías pensado hacer más cine? —A mi m anera. y tuve una conversación con M agdalena para transfor­ marlo en mexicano.» «Muy bien.. H asta E l gran calavera. Por inercia. Digo «castigaron» porque nadie quería nada de mí ni quería darme películas. sabía que podía hacer algo en cine. hijo de aquel W eber francés. Michel W eber. E ra un sentim iento confuso. Lo tomé con gusto. de un francés. H abía hecho cine y. 117 . Hice la película más bien para com er. que tuvo un gran éxito de taquilla y me perm itió hacer L os olvidados. cuando me contrataron en Hollywood para ir a Francia. Negrete y Libertad Lam arque. Volvía otra vez . y además la hice porque desde el año treinta y dos no hacía películas. Yo sabía qué. seguía con el cine.» Decía: «Hago cine. pero de una m anera muy confusa y lejana. —El hacer L os olvidados fue una m anera de volver a ti mismo. además. No. muy bien. había trabajado con Max Ophüls en E l sueño de una noche de verano . pero sin tener una noción clara. En realidad había term inado. como una experiencia técnica. «¿Usted qué hace?» No podía decir: «Hago zapatos o hago música. Esto era el cuarenta y cinco. una cc"a vaga. Nunca he pensado algo así como «deseo ardientem ente hacer cine a mi manera».» «Ah. «Quédese usted aquí y harem os una película juntos. ¿Q ué harem os?» Y había un argum ento que no era el de Tampico.

mi whisky. Por esos días habíam os leído. Fui a clínicas de deficientes m enta­ les. Lo sentía de 118 . m ugriento. uno peor que el otro.. en general. Yo todavía tenía alguna reserva de dinero de El gran calavera. tom ando de aquí y de allá. vi muchas fichas de mendigos. un niño. Me interesó muchísimo todo aquello. de que habían encontrado m uerto a un niño de once años. Entonces empecé a ir al Tribunal de M enores. y tú porque no quisiste. de Galdós. tenía un español que podía trabajar conmigo. jefe. Larrea sobre todo... de. una más. además. «Pues esto puede ser un punto de partida. pero no aparecisteis en los créditos. El estaba dispuesto a lo que fuera con tal de ganar dinero. Más de una vez he pensado que sería un buen tem a dé tesis. como si fuese una película de Peter Lorre.] — Fui solo más de cuarenta veces a consultar datos y a buscar luego exteriores por los suburbios de barracones y chozas. con Larrea.. Unas veinte veces más con Fitzgerald. — Me parece que estás repitiendo el prólogo de M isericordia . La mira y no dice nada y la tira.. Se la conté a Dancigers. Más de lo que él dice. un som brero de paja. De eso sólo quedó la imagen de un m endigo encontrando la fotografía de un conquistador en un basurero. — Es la única influencia que yo reconocería.. Volví a mí mismo con L os olvidados. una serie de plagios. Y que. No fuera que.» Trabajam os un par de días. Era Alcoriza. tirado en un basurero. me daba un paseo. yo. B ueno. andando por la avenida M adero. la de G aldós. y me iba por los arrabales a ver. sobre mí. ¿te acuerdas?.. Pero de lo que hablamos me dio la idea de un viejo hidalgo español.— Exactam ente. pero en serio. Nos reíamos mucho. — Sin duda alguna. que dirigía M aría Luisa Ricaud. entraba en los bidonvilles. así. trabajadoras sociales. ¿cómo se llam an?. un actor joven. y un golfo. — Y la cantidad de sueños que hay en don Benito. — ¡Ja! Me lo imagino muy bien. No le gustó nada. el decorador. — Me ponía una salopette. Cuando iba solo me disfrazaba un poco. y me dijo que hiciera lo que quisiera. No hacía falta ningún otro com entario. acerca de un papelerito: Su huerfanito. El porque no quería. y tres o cuatro veces con Alcoriza. contigo y con Alcoriza. Me lo presentó y em pecé a trabajar. la noticia. y os pagaron.. Se nos ocurrió hacer un m elodram a de lo peor. por líos del sindica­ to. y una de nuestras ideas resultó ser la semilla de Los olvidados. un m ono. E stába­ mos pasando por entonces una época muy mala. Nos divertíamos acum ulando elem entos. a la cárcel de m ujeres. [El bebe su cárpano. y que me perm itió ver informes de las.

No buscaba nada. Yo procuraba que en cada película hubiera siempre un escape. Hay gente a la que le gusta mucho. Creí que había term inado. Según algunos. creo. que eso fue. había sido yo su produc­ tor y. no me daba lo mismo. como lo hiciste. Buñuel. en noviembre del cincuenta. y luego... no. después de L os olvidados. Pero tenía mi m ujer y dos hijos. debió de dolerte bastante más que la prim era vez. Pero el éxito europeo lo acalló todo. se repuso en el cine Prado. Me parecía imposible. m exicana. hija del pintor Diego Rivera. a mi derecha. una harpía. ¿cómo se llam a?. — Entonces. — Susana. esposa de León Felipe. muy bien. si no recuerdo mal. pero me falló el final porque el final parece en serio. sino seis. Entonces es cuando vinieron las protestas de la Liga de Profesores de México o algo así... amigos. Al salir. un jueves. que siempre tuviera un 119 . con la cara larga. y el m artes siguiente ya no estaba en cartel. que fue un fracaso trem endo en México antes que le dieran el premio de C annes. gritándom e con sus uñas delante de los ojos: «¡Miserable! ¡Cana­ lla! ¡Puerco! ¡Estos niños no son mexicanos! ¡Voy a pedir que le apliquen el treinta y tres! ¡Granuja!» Fuera de sí. como es natural). Siqueiros. no. la Susana. decidida a sacarme los ojos (yo tuve m iedo. H asta que llegó B ertha G am boa. y de no recuerdo qué otras asociaciones. Creí que no volvería a hacer cine personal. El prim er día invitamos a unas cincuenta perso­ nas. gracias a Ragasol. —No. me decía: «¡No hagas caso! ¡Cosas de viejas!» Y pensar que B ertha venía a com er a casa (con León. como una estatua. con entusiasm o de verdad. no una vez. — Esa vuelta a ti mismo con L os olvidados. Total. pero no me podía echar para atrás). No. una vez que hiciste L os olvidados. tenía que vivir. Presentam os la película en el cine México. Podía haber tenido algo la película. — ¿Te daba lo mismo? —No. con sus uñas afiladísimas. Insultos a granel.» Sin ningún entusiasm o. donde estuvo siete u ocho semanas. todo. aún tiene. Y R uth Rivera.. sí. ¿no? De m anera que. quince veces. le dieron un prem io. hecha una furia. a su lado. el volver a hacer cine comercial. que me había felicitado con entusiasm o. ¿fue un poco por casualidad o porque la buscaste desde que llegaste a México? — No.. La arreglé como pude. Podía haber estado bien. todos muy amables: «Muy bien. no. Porque mis películas habían sido personalísimas.veras. me ofrecieron e l. ¿Es Susana la prim era que hice después de Los olvidados ? No me gustaba gran cosa.. Fue a Cannes. diez. —No.

libertad total. cuál? — E nsayo de un crimen. C reo que pasó tres semanas. H abía más calidad. no. sin em bargo. plena libertad.» — Por lo que veo. jam ás se me hubiera ocurrido a mí hacer R obinsón . Pero me limitaba yo mismo.. Muy buena persona. — En el Palacio Chino. Lo que pasa es que ahora tengo autonom ía. Tam poco quería hacer R obinsón. Unos am ericanos que vinieron aquí. nos separam os. Al contrario. Me sentí personalm ente. — Sí. — H asta donde te sientes responsable del capital del produc­ tor. al gusto del público. para hacer lo que me daba la gana.. Hice R obinsón . o al comercialismo. tus productores no leen mucho tus adaptacio­ nes. con A latriste.. los productores no han intervenido. tiene voz y voto de no hacerla. pero tam poco lo hubiera hecho yo. libertad relativa. — Así que de las últimas películas eres totalm ente responsable.. me exigían que fuera a más.... Belle de jour. pero una vez que lo tuve en la manos. Si el que paga no está de acuerdo. A hora siem pre consta que si no estam os de acuerdo. Me lo propuso Dancigers. Con Nazarín. me lo propusieron. las leen mucho. Q uitando algunos m om entos. 120 . me censuraba yo mismo. pero he tenido libertad de hacer mucho más que eso. Com o tam poco hubiera hecho jam ás E nsayo de un crimen. — Sí. fue un gran éxito.. — ¿Q uién la hizo? — La Alianza Cinem atográfica. No. En las últimas películas. Si no están m ejor es porque no he podido. pues procuré hacerlo. perfecto. — ¿Q ué. — Sí.. Hoy eso está vedado com pletam ente al intervenir conmigo. he tenido libertad total. Se portó muy bien.. La Vía Láctea.. no me acuerdo cómo se llama. Patiño era el productor. — Y.. sí. pero quedaba ahogado por el conjunto. no. entonces. Es por. Lo hice porque tuve que hacer una película. — No. Yo no estaba aquí. pasó cuatro sem anas en un cine d e . entré en la obra personalm ente. — En el extranjero ha gustado mucho más que en México. Pero no de transform arm e escenas para que convengan a la moral consuetudianaria. H asta Ensayo de un crimen.. nada: «Haz lo que quieras. Las leen mucho.senderillo por donde me iba a hacer lo que yo quería. Y a mí no me atrae gran cosa. Tres con A latris­ te: las tres prim eras que hice en Francia. No leyó ni la adaptación. estaba en París cuando pasó. A quí en México. Y luego la últim a. y además había m ejor m ateria que en Gran Casino... etcétera.

. Entonces me dijeron los Hakim que les había dicho el director del Colisée: «La película nos gustaría mucho ponerla. — ¿Tú crees que el acto sexual es diabólico? 121 . No había nadie. de esas dos escenas chiquitas que Hakim en el fondo hizo censurar. en cambio. Yo tengo la sospecha de que Belle de jou r fue prohibida totalm ente por la censura en la prim era versión. porque no lo sé. la enseñó Hakim . de Belle de jour. C ortado tam bién.. no sé quién cortó la escena. se veía el Cristo de G rúnew ald. • — Pero no como conflicto. me dice: «No quiero hacerla porque ¡usted se imagina el com prom iso. dicen que católico. Erotism o de Eros sí hay. Me cortó una escena que para mí era muy im portante. — No como en el cristianismo. creo que fue al director del Colisée.. él y el sacerdote. ¿no?. los pies. pero bastante discretam ente. y describía el cuadro medio m inuto viendo la cara. a nuestra adm inistración. no quiero hablar de Belle de jour. con unos inditos. porque sin él no hay sentim iento del pecado. un cine de París. eso es horrible. las uñas.» Había interpolado. Luego. de los Campos Elíseos. justam ente detrás de la cám ara. el erotism o mezclado con cristianismo crea el sentim iento del pecado. pero hay una escena ahí de religión que a nuestros com anditarios.porque Barbachano es un censor trem endo. Justam ente. todo el mundo se lanzaría.. para ti. que en la directiva son católicos. De una m anera muy amistosa. el Cristo es verdaderam ente im presionante. pero. ¿por qué no me cuentas la historia de Hakim .. que estaba en el ángulo. una misa de réquiem a la cual ayudaba el duque.? — R etiro lo dicho. Fue rehusada en el Festival de Cannes.. la escena de necrofilia. Porque el sentim iento del pecado en ninguna parte está. O sea.. Porque el erotism o sin cristianismo es un erotism o a medias. es un conflicto. cuando estaba el prim er m ontaje hecho. sí. eso es exacto. aquí en México! Esa escena de los inditos no podría ser. Belle de jour. los dos nada más.» — B ueno. Y por eso me parece que la escena ha quedado destrozada. La cortó porque no quiso hacerla.. Que es la parte en el castillo. — Entonces.. las m anos. sobre todo en el cristianismo. por unanim idad. Que la censura cortara eso fue «una pequeña casualidad». Es un trust que tiene varios cines. cuando. no va a gustar­ les. en el judaism o. El erotism o agnóstico es una cosa fresca y natural. tan desarrollado y tan actuante como en el cristianismo. los garfios. la de que la censura coincidiera con el gusto del director del Colisée a través de los Hakim. que eran los elem entos religiosos que introducían una escena erótica. Esto es lo que puedo decir. ¿en la India no hay erotism o? — Claro. creo. Y. Un catafalco sin cadáver y sin prostituta. cuando la metía en el ataúd.

Eso sí. Era una cosa de familia española. M antecón creo que fue ahí tam bién. Dos meses. vamos a bañarnos. E ra mucho más joven que yo. su devocionario se lo sabía de memoria. Mi m adre conocía todos los lugares comunes de las cosas divinas. O sea. — Bien. quinto y sexto. Los cuadros con el Angel de la G uarda. Cuando mi padre fue a Cuba a liquidar todos sus negocios. el elem ento religioso. me aburría un poco. tal vez. — No.. la oración nocturna antes de acostarm e. 122 . Pero tam poco era una obsesionada hablando siempre de religión.. No hay en ellas nada político. o peor. cuando era la ocasión.. con la servidum ­ bre. — ¿Y en los colegios religiosos? — Prim ero fui a los m arianistas. Bueno. ¿no? — Año doce. aunque era muy creyente. todas las noches el rosario. pero en tus películas. en el Instituto. — Sí. ¿Has visto alguna vez política en mis películas? Nunca. y term iné a los diecisiete el bachillerato. hasta los seis o siete años. Ahí estuve un año entero.] — Ya hemos hablado mucho hoy. C atorce o quince.. [Y se zambulle en la piscina. de los devocionarios. que.. sí. de los curas.. cumplimiento con los precep­ tos y. ya no hablo más. Estudié el bachillera­ to. salí el año quince de los jesuitas..] * * * —Tu m adre era extrem adam ente religiosa. A hora bien. En ese sentido era norm al.. ya sabes. — En mis películas cada vez voy poniendo más elem entos religiosos. Ida y vuelta casi un mes en barco. muy normal. — ¿Y desde qué edad te em pezó a hablar de esas cosas divinas? — Pues desde pequeño. total que a los ochos años fui a los jesuítas y estuve hasta los catorce. — No sé lo que es el acto sexual. lo im portante para ti es que siendo el acto sexual un acto que tiene un fondo diabólico. por ahí. Vamos a bañarnos... — Sí. más un mes en La H abana. Mi m adre no hacía más que repetir todos los lugares comunes de la Iglesia.. Yo me escabullía muchas noches. rezábamos todas las noches el rosario. los hijos todos allá y. Y estuvo un mes o dos. Es un poco de obsesión hacia. No. caballero. — Y rezar el rosario. — Fue el año doce. [Se ríe.— No.. ¡El padre de viaje! Para mi m adre el viaje de mi padre a Cuba era como ahora el de los astronautas.

En él cuenta esa historia. A hora que me acuerdo.. siendo jurado. ene­ migos feroces de Cocteau. por tanto. encantado.. a su vez.. en una reunión del jurado.» «¿Q ué le parece a las cinco en el bar del C arlton?» «Muy bien. em pezaron los periódicos am ericanos a llam arm e «comunista». pero tam poco mucha gente. Encuentro en seguida la m anera de encerrar a mis personajes. Ese año se presentó una película de Zinnem ann. diez años antes. — Lo cuenta M aurice Bessy en su libro. Por aquello de haber dicho que la película era un asco. con un miedo loco por el macartismo. sí. H asta la picaresca es un rosario de «encierros». me dijo: «M onsieur B uñuel. No lo sé. D ebía de tener un miedo atroz. U na escritura de conventos. No sé qué hacer en ellos. Y yo. A rriba. los que anuncian el noventa y ocho. surrealistas y. Y el presidente era Cocteau. a esa hora no hay nadie. cuando fui jurado.. Los jurados no tienen por qué decir nada. Y del jurado eran Kyrou y Benayoun. ¡Qué le vamos a hacer! T odo esto viene a cuento de C octeau. Por eso no hay verdaderos rom ánticos espa­ ñoles. muy como eran las salas de tu familia a principios de siglo. Está muy bien eso de ser jurado del Festival de Cannes. E ra muy divertido. Porque siempre puedes hacer algo. — Los decorados. No hay casi paisajistas españoles.. — Es posible. muy decorados. norteam ericana. quisiera hablar con usted. Su prim era realización im portante había sido la novela de A nna Seghers The Seventh Cross . Un día. — La literatura española es tam bién una literatura de encerra­ dos. Sólo los de finales del siglo diecinueve. ¿te acuerdas?. ¿No lo tienes? Te lo d ejaré cuando vengas a casa. la película de Zinnem ann se llamaba From here to eternity. Eso no se debe hacer.— Así que tu m asturbación es perfectam ente jesuítica. — Y los «americanistas» ocupan muy poco espacio en la historia de la literatura española. Pobre Z innem ann. que. fue la prim era que se presentó fuera de concurso. con Spencer Tracy. porque o están viendo la proyección de 123 . — Yo no sé lo que es m asturbación. al día siguiente hablé muy mal de la película a unos periodistas. — Y eres tan poco «am ericano». pero no tiene nada • que ver con él. * * * — Los espacios abiertos me asustan. hizo una película desvergonzadam ente imperialis­ ta y anticom unista. C uan­ do usted quiera. que debe de ser del año cincuenta y cuatro o por ahí.. estaba tocado. señor.» «Muy bien. van a descubrir el paisaje español para que tú vuel­ vas a huir de él.

Pasó alguna otra. F íjate.» «De acuerdo. porque soy muy puntual. Si hablam os en serio. hom bre. —Tú siem pre con tus explicaciones racionales. que estaba casado.. Todavía no estaba más que medio sordo. allí estuvimos los dos y no nos vimos. Estuve allí desde las cinco a las seis y media y no había nadie. qué m odales tenía. Las cosas se arreglaron como Robles las cuenta. y ni siquiera nos recibió. a la que quiero es a Gina Lollobrigida.. Y comían sólo Lucía. C ontesté que era una persona muy seria. Pero con un curioso sentido del hum or. o cam biándose para la de la noche. en brom a: «A G reta G arbo. que es francesa. Efectivam ente. Muy bien. un día fue a com er a casa de Tenouchi— tú la conoces— . pero casi todas las noches Luis Miguel me telefoneaba al hotel Boulevard Raspail para saber quién iba a ser el galán. Pero Cocteau no aparecía. — Pero ya estabas m edio sordo. Pero se estaba cam biando de casa. Se sentaron. al encontrarnos: «¿Q ué pasó?» «Lo mismo le pregunto. Luis Miguel vino un par de veces a ver a Lucía. etcétera.» Y entonces em pezó a preguntarm e que qué tipo era. Entonces pensé en Lucía Bosé. Al día siguiente. que vivía en un castillo. no.» A las cinco en punto. Las 124 .» Y el hom bre. Tal vez tengas razón y pueda escribirse una m em oria para un congreso de otorrinolaringólogos: «De cómo en el oído de un ser medio sordo Majestic se transform a en Carlton». llamó a su secretaria y pidió una conferencia con Hollywood. Luego vino una pareja. Muy celoso. terriblem ente celoso. un tipo estupendo. — A lo m ejor oíste mal y te dijo en el Majestic. A las seis y media me levanté y me fui. Y allí filmamos.la tarde. pero luego pensam os que para qué nos íbamos al extranjero si podíam os filmar la película en Córcega. Em m anuel Robles no recuerda ahí bien las cosas. me siento en el bar del Carlton y espero. Entonces le dije: «No. — Robles dice que entonces podías elegir para tus películas a los actores más famosos de todo el mundo. ahí detrás de la Estrella. se fueron. ni corto ni perezoso. — No. No había nadie. H asta que se lo pude decir: «Es George M arshall. etcéte­ ra. em pezando por Cagliari. por lo visto.» M aurice Bessy lo cuenta en su libro acerca de los actos de magia y de los sucesos sobrenaturales.» Y esa misma noche nos fuimos a Rom a Jaeger y yo. pero Tenouchi—que pasa por ser un productor roñoso— me dijo: «¿A quién quiere para el papel?» Y yo le contesté. O tal vez no las supiera. que era un productor francés arruinado que Tenouchi tenía como segundo. Luis Miguel y el señor Bondass. que le pusieran con G reta G arbo. que se acababa de casar con Luis Miguel. Prim ero pensam os filmar en C erdeña. Estuve quince días por ahí buscando exteriores. — N o. Todo bien.

Conocía a todos.» A los veinte minutos aparece un jefe y una aerom oza. y por poco me desbanca. Luego. fui a ver a B onté y a Gustavo.brom as. M íster Buñuel Portolés. sí—me dijo— .. pero— somos muy pocos en saberlo— hace dos años un toro cogió a Luis Miguel en C órdoba y le afectó los dos cojones. cada dos meses.» «No puede ser. a estas horas hubiera m uerto como em bajador de Estados Unidos en París o en Londres. tenía veintiún películas que doblar. tam poco. H oras y horas los de la CIA encima. desde luego. rubio. y. E ra consejero de M urphy. ni el p la yb o y de París. Así q u e. Dije todo lo que querían. — ¿Y crees que era de la Policía antes? No digo en nuestra guerra. ¡Es un comunista!» «Mire usted. muy quitado de la pena. Llegamos en seguida a un acuerdo. No tienes idea. no tienen ningún chiste. con el em bajador mexicano Alvarez Acosta. y allí— ya todos los pasajeros acomodados— le devuelven el pasaporte. sí.» Las hizo. Ya no era aquel adolescente adorable.» * * * [Vuelven de Francia. «M íster Buñuel.] — Cuando volví. sino luego. lo m etí yo en el M useo de A rte M oderno. quince días en un manicomio porque me sentía capaz de cualquier barbaridad. No es que yo me invente nada. Pasan al café. «Sí.» «¿Q ué pasa?» «No lo sé. Yo te denuncié. Todos lo adoraban.» Lo llevan a una habitación. de Eisenhow er. o lo hace el señor D urán o me las llevo. en Cuba. Cuando algunos españoles 125 . Al día siguiente. Si no es porque lo denuncia M cCarthy. Me dijeron que estuviera con usted aquí. Lo llevan al avión. El treinta y cuatro. Va Luis detrás. en Nueva Y ork. «¿M íster Gustavo D urán?» «No. en M adrid.» «Pero ¿me van a dejar seguir a México?» «No lo sé. si no hay entre los que las oigan alguien que esté en el secreto.» «Ah. se entregaba a las causas que servía. Seis meses. Juan Luis. Nunca he visto una persona con más simpatía. «Quiero que las doble m íster D urán.» Gustavo era así. lo encierran.. Yo tengo un poco de culpa.. es una venganza. paran en Nueva York (vuelan en A ir France). Bondass me lo contó. Luis Miguel se puso a contar en serio que yo me encerraba. Ni a la W arner. ya presidente. chico. de los diecisiete años (luego se quitó como cinco).. Fui a los laboratorios donde trabajaba Gustavo. cuando estaba yo en la W arner. Jeanne. y yo le dije a Tenouchi: «Eso no tiene ninguna gracia. perdón. el de las historias con N éstor de la T orre. los m ejores. — Sin duda alguna. Luis. luego llega un policía uniform ado y se le planta delante. angelical. Q uerem os un trabajo bien hecho. hacia 1954. no es más que una venganza. a mí no me im porta.

Interviene Jeanne: — Luis es así. que daba gusto. llamé un día a Dalí. salió anonadado. que es de una gran familia norteam ericana. —Tal vez. Por eso rom pí la escena con otra: se oye un ruido de vajilla rota. la Sinfónica de México m etida en la estructura de la casa en construcción. y los campesinos. B ueno. desde su punto de vista de productor. tú. Me preguntaba: «Pero a usted. porque sí. para rom perle la cara. Si te dejan poner la orquesta— lo cual no hubiera estado muy bien— . — No. — Un auténtico hijo de puta. la abre. Sin razón ninguna.] — En E l corté la sonata. mucho se lo debe a B onté. referente a G ustavo. basta que hayan sido amigos suyos para perdonar­ les todo. que sencilla­ 126 .» Tuve que am enazar con m archarm e y dejarlo plantado. Pero. El.. que están tocando en el piano m ientras A rturo de Córdova mira a su am ada em bobado. ve al criado que ha dejado caer unos platos. D alí y G ustavo. Ya ves. ¡un neorrealista! —Todos sabemos que para ti el neorrealism o es lo peor que hay. ¿qué le ha hecho la sociedad? ¿Le ha tratado mal? ¿H a sufrido mucho? ¡Qué barbaridad!» Com o es natural. porque yo no quería de ninguna m anera que aquella escena rom ántica se fuera de corrido. — Lo he dicho y lo he dem ostrado muchas veces. Ya ves. etcétera. de Lewis. m ientras sucedía la escena del atentado contra el ciego. [Lo van a enterrar en C hipre. a veces creo que oposiciones de este tipo no son malas. * * * — Cuando estuvo De Sica en México. les decía: «Tú puedes ir. ridículo. Es curioso. sus m ejores amigos. el del dinero. —Cuando Dancigers vio el corte. que vino con la idea de hacer L os hijos de Sánchez. le dije que no. En cambio. creo que de Schubert. — Sí. Buñuel.querían ir a Estados Unidos. Dancigers se me puso de rodillas: «¿Q ué dirá M enache?» (M enache. y acabamos tom ando cham pán. no hubo m anera de introducir la orquesta en la escena de L os olvidados. Defendía lo que le tenían encargado. Pertenece a ese grupo num eroso de españoles que dio su vida por la O N U . en Nueva Y ork. Y salió horrorizado. tal vez no se te hubiese ocurrido lo del gallo. agradecidos. le dijo a Sabage: «Quita eso. se la enseñé.) Y no dejaba de tener razón. no: estuviste en la décima brigada».. vio Viridiana. ¿Te acuerdas? — Cómo no. A rturo de Córdova se dirige a una puerta. — La razón profunda es justam ente la de rom per la continuidad de la sonata y de la escena dulzona. vamos. le van a levantar un m onum ento.

cuando llegaban tarde y M anolo la disculpaba diciendo que «le dolía la cabeza». basada en un hecho cierto.. Cuando 127 . — Pobre M anolo.» Y lo decía con esa satisfacción infantil que nunca le abandonó. M anolito. D ieron seis o siete volteretas.. H asta entonces había cobrado veinticinco mil.. m orir así. Y eso mismo nos va a pasar a nosotros.. Y m orir tan absurda­ m ente en una recta. adaptación y dirección. La hija del engaño. italiano o lo que fuera. Dicen que pidió confesarse..» Luego... la m enstruación!» Y M anolo. aquí—señala su nuca— . Tengo lo que me hace falta. la carta es auténtica (reconocí mi letra). en el set... le olió el sobaco y le dijo: «Me gusta. Un *día me da un dolor. D ebían de haber bebido bastante.. Se quedó atrás con Jeanne y le preguntó. productor de películas! ¿Eh? ¿Q ué te parece? Yo. a mí y a ti. de Acapulco a Z ihuatanejo. — No dejaron en trar su cadáver en Madrid. chico. en un camión de segunda. Salieron tarde de San Sebastián. le dije que le costaría treinta mil pesos todo.. frente a Burgos. No me acuerdo cuál. Porque era una cabra.. sobre el techo del coche. Porque era católico. M anolito m anejando con el brazo izquierdo fuera. — ¿Y M aría Luisa? — H om bre.] — Cuando M anolito quiso que hiciera la película. Con capital francés. M anolito era fenomenal. ¿y qué? * * * — Yo nunca he pertenecido al Partido. le levantó el brazo. productor de películas. ¡Pero qué películas! Ya nadie se acuerda de ellas: Una m ujer sin am or. Huele a limpio. Paloma va.. no como los cojones de M anolo.m ente yo veía así el cine y que para eso servía.. cuando va.. m anejando con una mano y volviéndose hacia mí diciéndom e con su acento que no hay quien nos quite de los oídos: «¡Quién lo habría de decir.. pues la haría aquí. Aquí estoy bien. Y m orir con el brazo doblado sobre el techo del coche. Y por L os olvidados tam bién cobré veinticinco mil pesos. Habían ido al Festival. Las botellas que necesito. Claro. un viaje de ya no recuerdo quién. creo que hacia las once... en voz baja: «¿Le pega a usted su marido?» [Acabamos hablando de Subida al cielo. Está enterrado en un cem enterio de las afueras. en una recta total. Y si quiero hacer una película.» G ritó: «¡M ano­ lo! ¡Pues no es tan feo como decías!» Luego saludó a Jeanne. se la debió de dar a U nik. abrió ella la puerta y dijo: «¿Buñuel?» «Sí. Razón por la que no quiero ir a dirigir otra vez a Europa. Susana. Pero irme a E uropa a dirigir. no me hables. ella chillando: «¡Qué cabeza ni qué nada! ¡La m enstrua­ ción. detrás de esa cabra. la prim era vez que fuimos a cenar a su casa. Luis! ¡Las vueltas que da el mundo! ¡Yo.

No por eso. Entonces cambiaron todos.. H asta que en Moscú.. me m andó un neum ático citándom e en un bar de los Campos Elíseos. Y no sólo a él. si uno te va a perforar la panza con un cuchillo y aparece un policía y le pega en la cabeza. Cuando vio Los olvidados. bien está. Y yo a él. A nda muy ocupado. Luego yo lo m arqué culturalm ente. — ¿Entonces? . ése soy yo. no cinem atográficam ente. políticam ente. Pero eso. Sadoul nunca entendió nada. * * * — ¡Qué han de ser buenos tus personajes! — No. Pero no creo que te pueda decir nada interesante. Nazarín es bueno. o por lo m enos le contó. cientos de Buñueles. inclusive A ragón. pero Raquel le adora. — Podría hablar tam bién con su m ujer. — De acuerdo. no te dirá. lloraba: «No es posible que tú hayas hecho eso. Pero tú le haces portador de m aldades para con los hombres. Al fin y al cabo..» Pero no se dejaba convencer. Le hizo leer. Le llamaré m añana. comedias que había hecho o leído. Sadoul me quería más que a nadie. Sin eso habría miles de Cervantes. Publicas m añana un artículo diciendo que es genial y te adorará. — Sí. y yo a él. ella le abrió el m undo de los libros. — En Galdós.. \ — Le vi anoche.» «¿Pero por qué?» «¡Un policía protegiendo a un niño! Y esos discursos. voy a estar defendiendo el capitalism o. — ¿Para qué quieres hablar con él? Más de lo que dice ahí. pero no entendió nunca mis películas. — Es muy buen chico y con una afición trem enda. Si te ataca un atracador. Pudovkin publicó un artículo elogiosísimo. C ualquier cosa que haga está bien hecha.. Buenísimo. creo que en la Pravda.supe que les había llamado el Partido. y desde entonces L os olvidados pasó a ser una de mis grandes películas.» «H om bre. más que muy superficialm ente. — No se puede. él no era más que un cómico español. no. estuvieron todos renuentes. [Sale Alcoriza a relucir debido a una entrevista que le publican hoy en Excelsior. que es muy inteli­ gente. hablando de la ternura de L os olvidados y poniendo la película por los cuernos de la Luna. Estaba aterrado.. Q uería tanto a Unik. por no cargar con el agujero. fui con ellos. Le parecía mal. y sobre todo a Sadoul. pero me quería mucho. no te niego que tuve que hacer algunas concesiones al G obierno mexicano. que tam bién tenía sus reservas.

— Ese bueno que hace mal a todas horas y de cualquier m anera.. esa última frase de N azarín: «Dios se lo pague». su vida ¿de qué sirve? Usted del lado bueno. Para mí. usted hace el bien. Lo que pasa es que ésa no es la frase esencial de la película. El no tiene la culpa.— 5 . aunque sea la última frase y aunque la diga el personaje principal. que es donde te olvidas a cada m om ento que sucede la película. — Eso de que al final llora porque pierde la fe. no es. y estoy cam biando de opinión. Ya no está seguro de nada. Nunca llegará a tanta ternura ni en diálogo ni en imagen. Y el m uerto. — Eso dices tú. al fin y al cabo. no le gustara. Es lo que decimos en España. en tu película. — Y en México. Esa escena con los obreros. La duda. ni del rico y el pobre. ni creo que el que es cojo de nacim iento o «malo» tenga la culpa. bueno.. a prim era vista. lo mismo podría tratarse de un peón que de un sacerdote. porque no hubo más que un m uerto. pero duda: es el gran problem a de nuestro tiem po. porque cree en el hom bre. Anoi. — Sí. pero. — Yo no digo que él tenga la culpa. — ¿Cuál. — Es totalm ente natural. duda de su fe. — Me ha dejado destanteado. luego. llora porque duda por prim era vez. y aquí no hablo del viejo y la niña. tan frecuentes en su obra. — Eso es bueno. — No hay inconveniente.. como decimos aquí. ¡Eso sí es mío! No de Galdós. Nazarín es un sacerdote ejem plar. y de ahí tam bién que le gustara tanto. sino del 129 M A U B . Lo malo es la religión católica. D e ahí la im portancia universal— en mil novecientos sesenta— de tu película. Ninguno de los dos servimos para nada. en esa época. No ha perdido la fe. es que Nazarín. yo del m alo.— No im porta. No hay en toda la obra de Buñuel escenas de am or * tan tiernas como las del enano U jo y la prostituta A ndara. a Octavio Paz. y de ahí que. fue un invento de Octavio Paz. Respeto tu opinión. Es \? expresión cinem atográfica de la confusión de nuestros días. la inseguridad. la acepta. por lo menos. — Estam os en nuestros días. [Y el amor. Pero el hecho. que es la última de la película. Nazarín podría ser tam bién un com unista de nuestros días. El am or en Luis Buñuel— como en todo arte manierista— sólo se com prende entre contrarios. Rechaza la caridad de la vieja.. pero estás equivocado. si no quieres aceptar la palabra «malo». ’e volví a ver N azarín. son buenas. pues? — «Míreme: yo hago el mal. del bruto y la palom a. por ejem plo. a Sadoul.» —Tienes razón.

U jo solo. Se em peñaron en seguir. Fenóm eno. Fontalans. allá por el sesenta: representam os el Tenorio en el T eatro Fábregas un grupo de refugiados. cómo no. interpretado por el propio Buñuel. el C om endador. en y por el amor. Lo m onstruoso llega al alma con una ternura «evangélica» que pocas veces sobrepasará el genio cinematográfico de Buñuel. Yo ya estaba sordo. Fueron tres días de llenos a reventar. m ilagrosam ente. don Diego. y unos cuantos más.] — G anam os cuarenta mil pesos. que dirigió la obra. genial. ¡Pero cómo vas a com parar Locura de am or con D on Juan Tenorio ! El Tenorio es una de las cum bres del teatro. doña Inés fue alternativam ente Silvia D erbez y Alicia C aro. — L ’am our fou . como quería A ndré B retón. don Luis. Bravo. que nos gastamos en una fiesta que para qué te cuento. el escul­ tor. Julio Villarreal. y azarado. A mí el Tenorio me entusiasm a. a cargo de Luis Alcoriza. Yo no quería hacerlo más que tres días. — Vi anoche L ocura de am or. Alcoriza me tenía que dar de codazos para recordarm e mis bocadillos. Me parece una obra m aestra. de Zorrilla. tantas veces abandonado. lo real y lo im aginario. 130 .] * * * — ¿Así que no fuiste nunca em presario? — Sí. en la Residencia. * * * —Yo quisiera hacer una película sobre el cólera. am or sólo roto por la imposibili­ dad física del enano al no poder seguir la cuerda de presos. y al cabo de las siete representaciones todavía nos repartim os mil pesos cada uno: Alcoriza. dura toda su vida. que hizo los decorados. — La Guilmain es una actriz muy buena.contrahecho y la m ujer pública. abandonado en el polvo. Dam os precisa­ m ente en el blanco en el que se unen. Don Juan fue interpretado alternativam ente por Carlos N avarro y A ntonio Bravo. Yo hacía de don Diego. dirigido por Am érico C astro. la unión de lo irreconciliable no es ni repugnante ni perversa. D esaparece la contradicción por un m om ento. con la Guilmain. Y aquí. la vida y la m uerte. Sin eso la gente no iría a verlo desde hace tantos años. en que interpretó a don Diego en el T eatro Fábregas. [La afición de Buñuel por D on Juan Tenorio. García Alvarez. desde que lo representó. es tan desgarrador o más que C harlot. hasta los años sesenta. lo alto y lo bajo (en todos sentidos). —Ya la hiciste.

. No me acordaba. Ya la conoces. Si hablas con él. pero lo que no podrán decir nunca es que soy un mal vendedor. Adem ás. Les contestó: «Recibí su agradable ofrecim iento. según decían. como decían en Zaragoza. Con Sim ón del D esierto ha hecho cosas que parecían incomprensibles. — Eso del cólera. es una calam idad. no fuimos a Vitoria. una secuencia. agitando su capa roja.. pero. un azote. de pronto no tiene un 131 . — El ángel exterminador. pero sobre todo con A latriste.. con una sábana.. A cuérdate que allí izas una bandera que impide que la gente se acerque. Pero ahora la está vendiendo en todas partes a los cinco años de hacerla.» Y tiene razón. en mil novecientos once. La ha guardado hasta ahora.. No sé por qué me acordaba del H am let de Vachtangov. U na de las prim eras veces que andábam os juntos me dijo: «De mí podrán decir lo que quieran. He leído muchas novelas. Un tipo curioso. La cuestión es que le ofrecieron diez mil dólares al contado y luego el cuarenta por ciento de los beneficios. Pero así es. Ha hecho cosas verdaderam ente formidables. — De Dios. no es una película fácil. De pronto tiene dinero. —Sí... U na de Thom as Mann. cuando hubo cólera en España. Mi padre tom ó un piso en Vitoria porque. con una de las fotografías más extraordinarias que se pueden recordar de tus películas. Siento mucho no poder ofrecerles más que una fiesta aquí. en esta su casa. un buen vendedor. Es una oferta decente. que soy un sinvergüenza. Por fin. en la parte alta del escenario.] ¿Con quién has trabajado más a gusto? —Yo he trabajado a gusto con todos. y les prom eto que me costará por lo menos diez mil dólares. de todos modos. si es que vienen por México. Lo mismo se acuerda de una cosa como que la olvida. que no soy una persona seria. que soy un ladrón. en N azarín... Que deben quitar todas las estatuas y poner la mía.» Pura m entira. «El cólera de Vendrell». me tiene en los cuernos de la Luna.. —Tienes razón. cuando pasaba.— B ueno. Lo mismo me da. aquella de la niña por la calle del pueblo. con un docum ental de Tanganica o con un m elodram a cualquiera. — ¿Con qué la van a poner? — Yo qué sé. siem pre me quedó fija esa idea del cólera. Eso corresponde a un recuerdo mío de niñez. Pasó el tem or y nos quedam os en Zaragoza. Sólo dura cincuenta y cuatro minutos. precisam ente porque creen que hay una epidemia. y a muy buen precio. Quisiera que estallara la epidem ia y la gente no pudiera salir de casa. Y ahora salen unos ingleses que dicen que han oído hablar de la película y que quieren com prarla. [. ya verás. «en V itoria nunca entró el cólera».

Simón tiene cinco rollos. Hace 132 . claro. Pero no se preocu­ pen. — Y porque te dejó más o menos libre. m añana me voy a México y el lunes tienen el dinero.. Y no la hicimos.. ciento ochenta. — ¿Es muy rico ese señor? — A hora me dice que tiene mucho dinero. Te advierto que conmigo se ha portado de maravilla. Y por eso le hice yo.. hace poco. Y hasta hoy. y queda de acuerdo con ellos para hacer una película. E l ángel exterm inador y Simón del Desierto.» «Muy bien. y que les iba a dar. Sim ón del Desierto. — ¿Cóm o lo conociste? — C reo que en M adrid. A latriste les firma el cheque de las seiscientas mil pesetas. y una revista de esas del corazón y de los buenos sentimientos.» «Cuando esté listo. Muy buenos los dos.centavo. Palabra. «¡Ay. durante las cinco sem anas de filma­ ción. — Sí. cuando hice con él Viridiana. es un buen vendedor. con la cantidad de cosas que he tenido que pagar. se encuentra con Berlanga y un m uchacho.» Al poco tiem po. me pone un telegram a. Tiene un sinfín de negocios. y Alatriste le dijo que no. que entonces me gustaba mucho. — Pero ¡qué vendedor! Es curioso cómo cambian las cosas. cuatro millones de pesetas para Berlanga y un millón para el adaptador. Q uedan en el precio. Orson le dijo que sí. Es que.» Y fueron. como sabes. le dijo: «Se la enseño m añana en Rom a. Total.» «Y usted me envía veinte mil dólares. son las mejores.. A riadne W alter. Luego se casó con Silvia Piñal. Orson Welles le m anda el telegram a. Encontró a Orson Welles en M adrid y le preguntó si no querría hacer una película para él. Los m uebles son la base de su negocio. Alatriste tenía dos mil pesetas en su cuenta. En el vuelo de regreso se pusieron de acuerdo. Me pagó quinientos mil pesos por hacer una película. T rabajaba su prim era m ujer en una película. Fíjate.. en M adrid. — El Q uijote en cinco rollos. «¡Caray!. Nos vemos el lunes en el banco. no llevo mi chequera encima. que lo que quería hacer era el Quijote. A hora.» H asta hoy. efectivam ente.. como adelanto.» «Muy bien.» A las diez en punto se encuentran los tres en el banco. el cincuenta y cinco. A las diez. quinientas mil pesetas a uno y cien mil al otro. — Y ahora está em peñado en regalarm e una casa. Va Berlanga a la caja. gratis. E nsayo de un crimen. — Como no tenía copia de Sim ón en M adrid.» «Usted hace lo que quiera. «Encantado. aquí. caray! Se me había olvidado. Y ahora me quiere regalar una casa en Cuernavaca. en las condicio­ nes que quisiera. Me preguntabas que con qué película la iba a presentar. un argum entista. O rson vio la película y le gustó mucho. No. y luego. precisam ente para com pletar el program a.

— Es una película bastante mala. y referentes a lo religioso. Bueno. * * * — N uestro tiem po es evidentem ente el de la confusión. tres páginas en A B C . salió el periódico. a ver si. Las dos más libres sí lo han sido. — Sí. Inm ediata­ m ente llamó el gobernador al director del periódico y le dijo: «¿Qué es eso de Luis Buñuel y de hablar de él?» Total. como le pusieron aquí. Un prem io católico. nadie sabía quién era yo en Italia. — Por eso tengo tanto interés en ver la últim a. — La fièvre m onte à E l Pao.. Con lo que me m olesta la gente que se da im portancia. igual o peor: en España. Q ue ha encontrado la m eta. E l H eraldo de A ragón publicó su biografía y una lista de sus películas y. ¡Y quieren que vayas a recibirlo! — Evidentem ente por Nazarín. B ueno. Lo hemos dicho. L os am biciosos. y que la había dirigido yo. Después del premio de Venecia.. que ha encontrado la verdad. Soy anti.... Pero los argum entos tienen cierta relación.. Por tanto. — El Buñuel de La edad de oro es un hom bre que está seguro de sí mismo y de sus ideas.cinco años.. sin mi nom bre. que te van a dar un prem io a ti. cuando m urió G érard Philipe. No son argum entos lineales. como es natural. — ¿Y vas a ir? — ¡No faltaba más! Dile a Barbachano que vaya él. — Han avisado a B arbachano... hablaba de La fiè v re . luchemos contra lo que odio. * * * — Me has repetido que las películas que has hecho con mayor libertad han sido La edad de oro y La Vía Láctea. — Bueno... Todo lo que quiera. Son las películas más religiosas que he hecho: La edad de oro y La Vía Láctea. Tu confusión: el Buñuel de La edad de oro frente al de La Vía Láctea. A hora se disputan mis películas. — Sí. que haciéndola es cuando le había dado el cáncer al hígado. es el asunto y no la form a lo que te hace creer que son las películas más libres y más im portantes. esa que sube. Esto es auténtico y no hay nada que. al final de la misma. No he visto la última. — De una forma descompuesta. cuatro páginas en E l H eraldo de A ragón . E l Heraldo de A ragón decía que era su última película. Vamos a luchar 133 . efectivam ente. desde Nueva Y ork.

anti-todo. y da la casualidad de que sigo siendo el mismo. La revolu­ 134 . de hecho. a la ideología surrealista. Yo creo que soy el mismo.. Todo lo que tiene de anti-tal. Yo no creo ni más ni menos que hace cuarenta años. en un curso de cuarenta años de cineasta. los valores que eran antes positivos. Soy el mismo. anti-religión. Muy surrealista desde luego. ahora son negativos. o en cualquier grupo social. las ideas del grupo surrealista se ven perfectam ente. A hora bien. — Sí. La verdad es inasequible y no creo en ella. Religión y surrealismo. Hay un m om ento de confusión trem enda en el m undo. tengo mis ideas. — Sí. empiezas y acabas con el mismo problem a en el que te em barcó tu juventud y tu niñez. sin proponérm elo. Me m olesta personalm ente. — Sí. anti-patria. o . la gente que ha encontrado la verdad.. Y es un filme claro. sin misterio. Nada. Y La Vía Láctea. en cualquier doctrina. — E igualm ente.contra todo lo que odio. las partes de derecha ahora resultan de izquierda. intelectualm en­ te. Y me marcó para siempre. Me adhiero todavía hoy. Han pasado cuarenta años. anti-familia. — Cristo y Sade m urieron hace mucho tiem po. pero me marcaron indudablem ente. — Es decir. están expresadas clarísimam ente. una forma ambigua. no han desaparecido tam poco sus ideas.. pero hoy encuentro el m undo subver­ tido. siendo yo el mismo. se puede decir tranquilam ente que de los veintinueve a los sesenta y nueve años. pero no hay m isterio. tiene un aspecto. es muy violenta. — Sí. No las mías. cuando ha desaparecido oficialmente el grupo surrealista. Esa ambigüedad es lo único que podem os m anejar todavía hoy. La de los jesuitas ha desaparecido. No creo que la verdad esté en ningún sitio. Las ideas siguen ahí intactas. decidido. Mis ideas se ven clarísimas. el Papa y Bretón. En el fondo. totalm ente. Están en vigor. lo curioso es que son exactam ente los mismos tem as que te apasionaban hace cuarenta años. creo que se ve muy bien que no he variado. incluso entre mis amigos. pero hay aspectos que pueden atraer la ira o el desprecio de gentes que me ven a base del plan anti. y la ambigüedad del filme es la ambigüedad de nuestra época. Jesuitas y surrealismo. O sea. —Está perfectam ente claro. — Es decir. hagas lo que hagas ahora (ni fue La edad de oro tu prim era película ni ésta será la últim a). evolucionadas desde luego. y fíjate la que siguen armando.. ¿verdad? Y que digan: «¿P orqué trata de este tem a que es odioso?» Eso puede producir alguna deserción. — Es una experiencia extraordinaria en mi vida. No sabemos adonde vamos.

El grupo ha desaparecido. que estam os en vigor. al fin. Todo parecidísimo. capital. — No. Las consig­ nas. Y los estudiantes eran ochocientos mil. que no son pocas. los surrealistas éram os veintiuno en el grupo. tal como Lázaro se casa y vive sus cuernos. y claro está que 135 . V eintiuno. — Sí. no me acuerdo. en París.» Me acuerdo de que alguien hablaba de Cristo en un artículo titulado: «Á bas la putain de N azareth». No es poco. Es lo mismo. sin pretender dem ostrar nada. En la Sorbona había un letrero: «A bajo la vaca. pero siguen siendo los mismos. la de la doble naturaleza de Cristo y la de la Trinidad. A menos que lo que te hayas propuesto sea probar que la versión apostólica y rom ana no deja de ser otra.. los otros. pero. había cuatro o cinco que eran subm inistras y .». los fundadores y m antenedores del surrea­ lismo han m uerto casi todos. Y en poesía aún tiene que dar la última palabra. y la «putain» era Cristo. Los unos son del dogma mismo. Estoy seguro de que no piensan como cuando los escándalos de Zurich. la de la libertad de la gracia y la que engloba todos los misterios de M aría. Esa es la diferencia. a mi juicio. Tres grandes: la del misterio de la eucaristía (la transubstanciación). Las herejías nacen de los misterios. H abía un yugoslavo. O sea. al poder.. En la película trato de seis herejías. no creas. como en el famoso relato. familia.ción estudiantil en París. Las tres menores son la de la aparición del mal (m aniqueísm o). el de Santiago. pero el mundo ha reaccionado. No hay progresión en la historia. como el Lazarillo de Torm es cuenta su historia según la sucesión de sus dueños. Sigue ésta un camino. pero era un slogan contra Cristo. Prim ero hice fichas de las herejías. Hay seis grandes misterios. En mi época. otra última palabra. como has deseado siem pre. ¿A don­ de vamos? ¿Q ué es lo que quieren destruir? Religión. en Canarias otro. los m ots d ’ordre: «La imaginación. No dem uestras nada. Es la misma ideología. no decía la «putain». com pletam ente. Los surrealistas han salido a la calle ahora con la revolución estudiantil en París. uno tras otro. y. La gente de entonces tiene hoy día setenta y cinco o setenta y ocho años. de las dificultades. fue com pletam ente surrealis­ ta. Has hecho una película picaresca en el sentido en que se puede definir una novela del mismo tipo. de las contradicciones. El surrealismo no ha m uerto.. Los surrealistas flotando entre anarquism o y comunismo. En Japón había un grupo surrealista. De todas las que encontré. — Las herejías.. éram os veintiuno. patria. haces que tus dos peregrinos se vayan con la puta a festejar la palabra «fin» en las profundidades de un bosque. has vuelto a hacer en La Vía Láctea una película de puros gags. máximo.. —Tal como querías.. pero no estás ni en pro ni en contra de ellas.

— Porque entonces tú no tenías nada ni contra la familia. No sabía lo que era política ni nada hasta los 136 . Volví a México cinco o seis semanas. de R enán? — Creo que a los dieciséis años. ni los padres.. tratándose de herejías. — No. — ¿Y cómo surgió la idea de La Vía Láctea ? — Fue en Venecia. — Ni contra nada. a la religión. ni nadie. — Sí. A hora. de pronto le vemos en el interior del cuarto? — ¿Q ué? — En la escena con la virgen en la cama y el hom bre en la o tra . Le pregunté a C arrière: «¿Q ué le parece hacer una película acerca de las herejías?» Aceptó. — ¿Cuándo? — En mil novecientos sesenta y siete. tengo toda clase de respetos hacia la Virgen María. — No. Pero lo leyó Silvermann. — ¿A qué edad leiste La vida de Jesús. por gusto.. Allí estuvimos cinco o seis semanas. o muy principal­ m ente. y quedó listo el prim er guión. m eter a la Policía. — La religión.. y de repente ya no está. — Claro. ni contra la patria. la estoy releyendo.. Yo creí que eso no le podía interesar a nadie. — Y a la política la dejas en paz. — En La Vía Láctea únicam ente te refieres.. No se puede. Siempre que me habla un cura detrás de la puerta. no. Nos fuimos a M adrid y luego al Parador de Cazorla. Sobre todo lo de los seis o siete herm anos de Jesús. — Sí. dogmas y herejías. Ya sabes que Cristo no me m erece ninguna simpatía y que.. Me dijo que la hacía. cuando la presentación de Belle de jour. R egresé a París e hicimos la película. Eso sí. Regresamos a París. Me hizo una gran im presión. Ni la Policía. Lo que quiero decir es que lo que yo veo ahí es la e te r­ na vuelta: tú vuelves exactam ente a tu niñez total con La Vía Láctea.los trato a mi m odo. ni contra la Policía. A ceptarás que es difícil. en cambio. — Sólo se te ha quedado fijado lo de tu juventud y lo de tu vejez. de pronto está dentro de mi habita­ ción. A cabé el guión. — ¿Por qué cuando el cura está escuchando en el pasillo. — ¿Q ué? — ¿Por qué el cura lo mismo está dentro que fuera? — ¡Ah! Porque a mí me sucede lo mismo. — A la política no creo que.

Aragón dijo: «Todo está dicho. La noche del estreno subieron a hablar algunos de mis viejos amigos. — Sigue.. menos el crítico de L a Croix.. En cuanto a la m ariología.. Tengo que volver a verla.. tras haber visto La Vía Láctea. «¿Q ué?». el arte. para ver la película. encantado con la familia. Pero es verdad. le pregunté a Carlos: «¿Q ué dice Cortázar?» «Que es una película pagada por el Vaticano. si quisieras m eterte con el arte. C ortázar. Pero no sé. es lo único. 137 .. — Estarán encantados. claro.» Y a lo verás. había que odiar a los padres para ser surrealista. La vio un domingo el padre Peña. Tam bién le pregunté: «¿Qué?» «¡Uy! ¡La que se va a arm ar entre nosotros!» Tam bién estaba un jesuíta. H ernando Viñes y su m ujer. «¿Qué van a pensar las altas autoridades eclesiásticas?» No hizo más que inclinar el pulgar hacia el suelo. «Estoy desconcertado. «Y rom ano». Y todos. No. Vuelvo a la religión. Es decir. * * * — A ntes de salir de París llamé a unos cuantos.] — Nunca he sido más ateo. A mí la política no me interesa nada. podría ser tam bién que la misma película se aplicara a la política y al arte. — ¿Con el. lo trata de «católico y apostólico».. No podía estar contra la Policía ni contra nadie. Luis. rem acha.. Claro. no me dijo nada.» Como con las prisas y todo eso C ortázar ya se había ido. Ríe. La que ibas a arm ar. — ¡Claro! [Le enseño la carta de M aría Teresa León en que. me ciño desde luego totalm ente al dogma. ocho en total. hilé más delgado. — Acabo de volver a ver N azarín. bueno.diecisiete años. A unque en esto soy una mala nota para los surrealistas.. A hora.» Elsa se deshizo en elogios. Ahí te quisiera ver.? — Con el arte. han aplaudido. ¿Y qué? — Es la prim era vez que Carlos [Fuentes]. sobre mis películas. Manolo [Angeles Ortiz]. — A hora. Pero no sé. en L a Vía Láctea. que viene con dos m ujeronas: me presentó. le pregunté. estoy encantado. — En cuanto al arte. pero con mi sordera no me enteré de quiénes eran. hasta en Italia. al contrario. Estoy enterado más o menos de la política en el m undo y... es verdad. me interesa. que siempre está entusiasm ado y hace grandes elogios y ha dado conferencias por ahí. Ni contra la familia. — A h.

] Siempre he sonorizado mis películas. Rafael sí tiene sentido del hum or. juntas las manos. claro. 138 . muy com pungido. Me señala la pared del fondo.] — Claro que en seguida me desm ientes. Tom aba luego el suelo: las hojas caían... de las memorias:] — Nadie puede salir de sí.[Y vuelve a la carta de Rafael y M aría Teresa. porque no tiene sentido del hum or— . Le dices a Rafael— a M aría Teresa no.» [Cara com pungida. o «¡Ese bruto de Luis!» Pero luego se reirá. [Damos una vuelta por su jardincillo.... en La Vía Láctea. hubo que suprim ir la escena de la película. Tal vez prim ero te diga: «¡Ese animal!». A mi gusto. Que pensara una película. El espacio encerrado. Jesús la m aldecía. que no me preocu­ para. [.] — Les dices.¡ H i j o ! ¡Lo que te habrás divertido haciendo esa película! — No lo sabes bien. en lo que puede ser. Debía de quitarles luz. por prim era vez he puesto el «genérico»: «Sonori­ zación de Luis Buñuel. Rehusé. Total. en la m uerte. Pero ahora. le dices a Rafael que. en lo que serem os. [Damos unos pasos. Que piense. — Me lo figuro. D onde y como quisiera. encañonado. Me ponía aquí. la hiciera o no.] — A mí no me gusta salir de aquí. rodeado de altas tapias. [Recuerdo San José Purúa. sus personajes. Silvermann me aseguró que tenía un truquista formidable en Londres.. Vemos su higuera. [Miro alrededor. claro. Le dices a Rafael que yo he dicho que cuando llegue a nuestra edad «se mire en un espejo y piense en el m añana. [Le encanta la hiedra que recubre las altas paredes del estrecho jardín. Con música de otros.. Es una lástima. Silvermann me decía estos días que me ofrecía seis meses en Europa. — Sí.. Muy bonito...] — No huele (por una rosa). Como no hay higueras alrededor de París. después de haber­ me dicho que estaba muy bien. los ojos al cielo. que saldría estupendam ente bien. Le puse sólo un refrán gregoriano a un texto latino que me dio D ám aso Alonso y que cantan unas monjas. te dije: «Hay que volver a las creencias que nos inculcaron nuestros padres.» Conste que no hay música. lo que hablábam os antes.» . la más alta:] — Los vecinos hicieron quitar la hiedra. subía la cám ara y se veía a Jesús del otro lado de la higuera desnuda.] — La quería así para La Vía Láctea. am arillas. Nos acercamos a un térm ino que no sabemos qué nos reserva. ence­ rrados.

Nadie habla de verdad de sí mismo. te repito. — Pues yo. Es la sociedad. No. Em pezando porque. y me negaré. Sólo así nos asomamos al mundo. Contam os cosas que pueden tener interés (Collingwood. Algo vergonzoso. D ejem os en segundo lugar la hipocresía.. 139 . Siempre me negué. Einstein. ¿Y por qué será así? — Por cobardía.. El hom bre. Nosotros. Uno está siem pre encima de sí mismo. — Pero así aceptas la existencia de Dios. Y lo creo bastante difícil. de sí mismo. por mi parte. No podem os discernir. — ¿A un sabiendo que son unos hijos de puta? — Sí... es cobarde. me pasaría el tiem po hablando mal de mí. si no. Y. de verdad. — No. — Pero hay hom bres. El hom bre no es malo. Gaos. No. Varios editores me lo han propuesto. — Lo prim ero que habría que saber es cómo se es. — Pero no lo haces. — No. — Sí. Prefiero escribir novelas. Ni Rousseau ni Gide. [La hiedra de libros de las paredes de mi casa. ante todo por cobardía. — No. intenta filmar tu biografía. en serio. repito. De los dem ás sería otra cosa. dentro. —No ha caído del cielo. —No soy Fellini..] — Pero— le digo— nadie puede hablar. puede uno hacer que un pastor analfabeto se acuse de haber querido m atar a su padre o a su herm ana. Nadie se atreve. teniendo buen cuidado de no dejar filtrarse nada que pueda denunciarlo.. no hay quien escriba de veras sus memorias. ¿O tú escribirías tus m em o­ rias? — De ninguna m anera. Si fueran amigos míos. Am bivalentem ente. pero acerca de sucesos exteriores. Por eso escribo novelas y tú haces películas... H orrendo. Con razón. Nadie. Pero nos da risa. Leía un texto de Sade en el que asegura que Dios creó la Tierra para el m al. De algunos hablaría bien. — ¿El Bien y el Mal surgidos de la nada? — ¿Por qué? ¿Por qué Dios solo? — Por eso no escribimos nuestras memorias. — ¿Por qué? — Ya te lo dije antes.— Sí puede uno hablar de los dem ás. ni pío. hablaría muy mal de mí mismo. Lo que está mal hecho es la sociedad. ante todo. Para el bien y para el mal. Callan mucho más de la mitad. Churchill). De verdad. lo que pasa es que no está uno nunca de acuerdo consigo mismo.

. Luis se va a San José P urúa. Sin eso está m ejor aquí. No hace nada. a veces habla por teléfono... tarde o tem prano. tres. Julio A lejandro. Los recibe muy am ablem ente. por lo m enos.). Pero hay poco de lo uno y de lo otro. A que lean y aprueben. de nuestro m undo actual. ahora no iría a España.. — Pero a lo que no estoy dispuesto es a pasar examen. extrem adam ente amables. Yo tam bién. a solas. Esperando. ni a su m ujer. Y filmo o no. pondría— para salvar la verdad— «inspirado en Galdós». En su casa.. Cam biaría el final. Me gusta. si existiese. inseguridad. a los niños.. A parte me asegura que no quiere hacer la película. Buñuel irá a Toledo a realizar la película. D iría. Q uiere hacer lo que quiere. de hecho. — ¿No decías que no ibas a hacer más películas? — Soy un hom bre débil. he rechazado estos días cuatro películas que. no. cuatro días— . No se lo perdonaría nunca. no haciendo nada más que figurarse películas o secuencias solas. por ejem plo. y. desde M adrid. — ¿Y Tristana ? —Bueno. Y no es por dinero. No dice nunca. Pero me lo niega. Se levanta. como siem pre. Pero ya les dije que sólo a condición de que me dejen hacer lo que me dé la gana. están. otras. El m undo a sus pies. Les da bien de com er y beber. Pero invita a com er a su coadaptador. Acaba de rechazar medio millón de dólares. quiere aparecer siempre seguro. como Sade: «Quisiera que Dios existiera para escupirle a la cara. [Se descubre: ya es él. solo— dos. me iban a pagar cuatro veces más que por Tristana. y. [De pronto. Yo haría Tristana. seguros de que. Sin contar que. auténticam ente. Solo. les da largas (las circunstan­ cias actuales le favorecen: estado de excepción. Son malos y se lo m erecen. De ninguna m anera.— Sí. si te parece. dentro de lo que cabe.» ¿Por qué hacer sufrir a los animales? ¿Por qué hacer sufrir a los niños? Todavía a los hom bres.] — No. qué día volverá. No se iba a m olestar Galdós. — Es que em pezaría y no acabaría.] — No haré más películas sobre religión ni erotismo. etc. 140 . por lo que dicen los posibles productores. Tendría dem asiadas cosas malas que contar de mí. [Vienen a verle dos personas. para quedar de acuerdo acerca de la filmación de Tristana. — Ya lo has dicho dos veces.. Ya ves. ¿no? — Sí. Me dicen que sí o que no. Una de las razones por las que le gusta estar aquí es la seguridad. No les dice que no. ¿Q uién contaba que el año pasado se largó a Bélgica desde París cuando las revueltas de mayo y junio? Curioso este hom bre partidario convencido de la revolución social violenta y dispuesto a salir corriendo a la prim era escaram uza. Les pasea. Pero a los anim ales.

Un m om ento. Y. Estaba de servicio el 19 de julio. D e Buñuel: «Nunca ha sido anarquista ni com unista. de Aragón. por el arma de A rtillería. y surgió el marxismo.hacia las siete.» Fernando Rey no 141 . en el fondo.» «¡Quiero! ¡Acabo de m atar al general Fanjul!» «No es cierto: Fanjul fue juzgado y fusilado. Choque violento. Desayuna. «Sí—le digo— . hom bre. . Com ida en casa de B uñuel. jefe de la A rtillería republicana.» Fernando Rey está terriblem ente desengañado de todo. «Es curioso: nunca nadie le ha preguntado nada de la guerra. Me ayudan R aquel Alcoriza y Silvermann. se tum ba. que se pegaron para conocer a Z apata. [Día 18 de abril de 1971. repite furibundo. ¡Qué gusto hablar con un hom bre que ha estudiado latín en serio! Lo digo sin ironía. Me cuenta de su padre (el que fue coronel Casado.» «Sí. Dice que ha m atado a Fanjul.. U no quiso resolver el problem a internacionalm ente. vive—ochenta y siete años— en M adrid. H ablam os un m om ento del problem a judío. el productor de Tristana: un m adrileño de edad m edia y de la E dad Media: «¡A mí. sí. los Alpes! ¡Vivir en Venecia!» Sí. — Por respeto a don Benito. Un segundo me dejo llevar por la furia: «¡No hay comida como la española!». en el fondo.. Marx y Herzl no buscaron otra cosa en su vida más que la solución del problem a judío.» D e Estados Unidos: «Donde hay libertad total para no hacer nada. Fernando Rey.» Hablam os de M alraux. tal vez trabaja. y surgió el sionism o. Mas no im porta: el fondo queda. que pasma. de una m anera nacionalista. y no el de la últim a rebelión anticom unista de 1939). pero cuando se habla de España le brota un nacionalismo feroz y un am or exclusivo por las judías con chorizo.» «Dígale que no recibo a asesinos. Con Silvermann hablo diez m inutos. «Nunca fue com unis­ ta. que puedo poner «inspirado en Galdós»? — Sí. es un viejo liberal decim onónico. Me doy cuenta y me trago a mí mismo.» Azaña estaba terriblem ente im presionado por lo que estaba sucediendo en el C uartel de la M ontaña.» E ntró el coronel a hablar con el presidente: «Ahí hay un hom bre que quiere hablar con usted. con Silvermann. y tal vez hayan fracasado los dos. los Alcoriza. Se presentó un miliciano en la Presidencia... señor presidente. es una frase que retrata bien a A zaña.] — ¿Tú crees— vuelve a preguntar— . A yudante de A zaña. D a un paseo. «Hay que haber conocido lo que eran los judíos en Polonia: parias. Luego se ha dejado cazar por el cine y el dinero. ya que cambio el final. dice. No hay más comunismo que el soviético». el otro. Esta vez ha hecho el final de Tristana . «¡Quiero hablar con el señor Azaña! ¡Quiero hablar con el presidente!» «No se puede.

por ejem plo. Pero ahora yo no peco ya en absoluto. ¡Hacerse de nuevas a estas alturas! Sabía perfectam ente a qué atenerse. Porque es el pecado del m undo. ahora. me da igual. Por lo visto. Nunca en Estados Unidos. Lo triste es que la vida sea tan corta. sobre mi ateísm o y esas cosas. de lo que es tabú. en París. Hay en él pecado. 142 . Lo mismo que Silvermann. de lo que no lo es. que decanta de la lectura de Pabellón de cancerosos. D e verdad. Cada religión tiene su sentim iento del pecado. y de las fotografías que vio. «No sabíamos nada. — Pero ¿qué tiene que ver eso con la religión? — M ucho.. tam poco. Les ha gustado tanto. Y llego allí con bigotes. «Vivir lo m ejor posible— dice Silvermann— . C uenta de Colombia. que en vez de publicarla en Z aragoza. Estoy seguro de que no aceptaría trabajar en Estados Unidos. Tiene un sentido erótico la religión. no sabíamos n ad a . Y yo he tenido siem pre la idea de que el acto sexual siem pre es un poco tabú. en esta biofilmografía tuya.. siempre que no tuviera que ver con él. la van a dar en su revista principal en M adrid. sin que se avizore rem edio alguno.. Violencia y confusión del m undo actual. se la di a un jesuíta de Zaragoza.» «Y poner a D alí en su lugar. — ¿Q ué entiendes por eso? — El sentim iento del pecado.espera nada de España ni del m undo. me creen «recuperable».» «Quién sabe. sí le haría una película aquí. No quieren ver las cosas com o son. H echos y Dichos. mucho. Pecas. Silvermann le ofrece que le borren de la «lista negra» norteam e­ ricana si se com prom ete a hacer para él una película (gratis) en Nueva Y ork.. me dice). La única interviú de verdad. pero estaba de acuerdo con la m anera estalinista de organizar el m undo.] — H abla aquí. Sí. No se enteran. inauditas. — ¿Y qué tiene que ver el pecado? — El sentim iento del pecado en el acto sexual. hay pecado porque hay religión.» «No eres capaz. Pero siempre me ha quedado ese sentim iento. del sentido erótico de la religión. creo que es el único al que le he dicho la verdad. — Sí. donde filmó una película hace dos años. Pero si Silvermann lo consiguiera («Está loco». está atribulado por la ferocidad de la violencia desatada en todas partes.» Buñuel se reafirm a en su nuevo antisovietism o. En cualquier cosa relativa al sexo.» Se los retuerce en el aire.» Lo miro con cierta ironía. en M adrid o en París. «¡De acuerdo!» «Ustedes son testigos. ¿no? Sin religión no habría sentim iento del pecado. ni hacer una película gratis.

Con una visión. fui estalinista hasta su m uerte. se acercó a la puerta y gritó: «¡Carmencita. Y de cómo han protestado todos.—Claro. Pero lo que más me gustó es que. Pero hay muchas otras cosas que no lo están. —No sé qué pensar acerca de lo que sucede. muy bien. y comimos hoy juntos en el Parador. no soy dem ócrata. Y un tanto avergonzado. — ¿Cuáles? — No sabría decírtelas. — Como con N apoleón. Fenom enal tipo. Se llama el padre A rtela Lusuviaga. * * * [Regresó anoche Buñuel de M adrid.] — Bien. [Le gusta tanto. y me expliqué. creo. Estuvimos hablando media hora. Después de Checoslovaquia hubieran seguido Polonia. Cuando c . . que es una m anera de lo mismo... — Sí. Pero siguen las enes en todas partes. R um a­ nia.. —N o.] — D e lo dem ás. muy español. Sigue cercada.. [Se le llena la boca de gusto al pronunciar S. — Y yo. Rusia se defiende. C reo en las dictaduras. con una variante: «¡Carmelita! ¡Carmelita! Haz un par de huevos fritos para Buñuel. J. Creo que luego hicieron muchas tonterías. es navarro o vasco. Muy simpático. Es un tipo estupendo. En seguida le pregunto por su entrevista con Franco. — Pero ya te dije que sólo es cuando cierro los ojos. jesuita y de Zaragoza. cuando me m archaba. Y no me im portan porque me explico. que media hora más tarde me lo vuelve acontar. en Francia. que se m archa. Eso está claro. E stá igual. haz una tortilla con chorizo para Buñuel. bien..» Dice que ha contado a todo el m undo que he escrito un libro acerca de España en el que me m eto terriblem ente con la comida española. que se marcha!» Muy español. —B onito para un nihilista. —E sta es una parte de la confusión. y lo de Hungría y lo de Checoslovaquia. — Porque eran de piedra. a mí no me im portan. Mira que m andar­ les unos oficialillos a Stalin m ientras Cham berlain y D aladier iban a ver a H itler.] — ¿Y en política? — Ya te dije que estoy confuso.. muy bien el pacto germano-soviético. y eso que para mí los problem as que a vosotros los dem ócratas os tienen en vilo. S. ¡Pero de la comida! Ducay y G urruchaga me han ofrecido lo que quiera para que haga una película. J.

de A na María. Viajé mucho.] De hacer alguna. y vi a Finkie. A 144 . eso sí. de verdad. Con su hijo. a nadie.vengas a casa te enseñaré el contrato: lo que yo quiera.. No digo que si dentro de dos o tres meses me aburro m ucho. cuando yo quiera y donde yo quiera. estás como niño con zapatos nuevos. Te he traído un póster. Estaba en México. [Se ríe. — Aragonés. no vaya a M adrid o a Francia y haga «mi últim a película». — Chico. Como siempre. Me invitaron Ducay y Gurruchaga. pero hacerlas. V iaja mucho. y Carm encita. Pero fui por prim era vez a Andalucía.] A ver. que no conocía. —N o. Es un tío.] — No vi a nadie. Contentos.. como no sea para ver la película de un amigo. No voy nunca al cine. ¡Con más fuego! «¡Te amo!» Un asco. — B ueno. — Creo que me dijo aquí. — ¿Y E l m onje ? — Se lo di a Kyrou. No es seguro. — ¿H acerlas? Q ue la cám ara aquí. de Paris-Match. mal herido de la garganta. Muchos jóvenes. — ¿A quí? No nos avisó. A Sánchez V entura sí lo vi una vez. con Franco saludando. — ¿Ni a Urgoiti? — No. Ni hablar. esos que no existían en nuestro tiem po. Siempre creí que acabarías haciéndolo. ¿A quién viste? — A nadie. Me gustó mucho. Vino aquí con permiso de su marido. Al doctor Barros. que es la que más me gusta: Le charme diserei de la bourgoisie. Está igual. haría la que he escrito con C arrière. otros tantos se fueron por A renal. es gallego. que al fin y al cabo es el albacea de la familia. — A mí no me gusta el cine. Y luego dices que no te gusta el cine. vivió mucho tiem po en A ragón. — ¿Y a su m ujer? — No. decirle a un actor: «¡Más pasión!» [Se me acerca. Tienen un niño de meses. que allá. [Hablamos de Gustavo Pittaluga. El día de la m anifestación en favor de Franco bajé a los jardines del Palacio R eal.. — ¿Y no viste a nadie? —No. Fui a G inebra. Vi pasar más de ciento cincuenta mil personas que regresaban.. Pero. muchos. de dieciocho o veinte años.» No. di: «Te amo. — Lo siento. tal vez fuese sólo a N orteam érica. hom bre. No. No vi a nadie.

. Está mal. no digamos...* Gustavo no le quise ver. [Se acerca el dueño con un periódico. y les gustará. Los alifafes:] —Yo preferiría la vejez..» Y ya ves. tam bién. Mi sobrino.. pero que si la diabetes. la Asociación de Periodistas! Muchas gracias. N uestro tiem po no fue mejor. Nada.. a medias. No. U na puñeta. —Fum o.] — ¡Estoy en el poder! ¡M añana mismo voy a pedir que me nom bre.» «Dicen que el general X se ha puesto de acuerdo con. D ije: «Será un gran éxito en España. Lo de Epoca Films no creo que vaya muy bien.] — Con Tristona me equivoqué. fumo y no debiera fumar. Hasta fui a cenar a casa de su m ad re . Al que vi como siem pre. haciéndose el distraído. Y algo de política. sí. es lo que hemos visto siempre. y ya ves. el de los cuartos sigue con lo suyo. Hablam os de lo de siempre. está en Zaragoza. En Francia.. los m ejores artículos y el más com prensivo. Figúrate que empiezo una película.. lo de Cuba. y yo me quedo con mi whisky. ¡zas! Es una lástima porque ves m ejor las cosas. Ya sabes: «Dicen que se han reunido quinientos capitanes. — Nunca se sabe para quién se trabaja. [Le devuelve el periódico. fue a Sartre [lo imita. Y en Suram érica.» Todos los chismes.] — M ire. te m anda muchos saludos. ¡Qué lástima! ¡A donde hemos llegado! Ya ves. V endrán las tías gordas y los viejos. don Luis. con su ojo desviado y salido. pero tam bién. Tiene una nieta. ¡Enhorabuena! — ¿A ver? ¿Q uién? ¡Ah. Bebe vino. — Sí.. y está loca con ella. [Vamos a comer. No. muy bonita. En Italia.! — ¿Viste a A ragón? —No. A randa. Conchita [Buñuel] no vino esta vez. Se queda pasm ado al saber que Moya Palencia y Rabasa son ministros. — ¿Y E rnesto? —Le vi mucho.. 145 . algo menos. vendiendo su periódico La Cause du Peuple: «¡La Cause du Peuple!» Pero que si quieres.. Lo de Polonia. norteam ericano. le han dado otro premio. Me da envidia. lo que le resulta fácil] em peñado en que lo detengan.. de veras. y a la mitad. A los años mil era de suponer que la gente trabajaría menos y viviría m ejor. el corazón. Ducay y G urruchaga se han separado. ¿Tú no? — Sí. [Bebe otro m artini. — Si no fuese porque a lo m ejor no te despiertas mañana. Mi familia te recuerda mucho.

estuve en una casa. hablando con tres curas.. Vinieron a buscarme. ¡qué m aravilla de chocolate!. debajo. Y la nieve. Allí comimos. y. yo soy don Lope. ¡Haber vivido para esto! A llá. — Así es como debía acabar la película. dale y dale. contentos de haber visto la m ano en alto a Franco. — De todos modos. A hora que fui a M adrid. discutiendo. como los tam bores de Calanda. — Ya estoy de tam bores hasta la coronilla. afuera. La mayoría son jóvenes de dieciocho a veinte años. Pero quedaba la venganza de Tristana en el aire. muy anticlerical al principio..— Bueno. Conocen mis películas al 146 . Hay uno. hubiese estado m ejor: las muletas de la coja. [Al volver a casa no puedo borrar la imagen de Buñuel. a la vejez. baja. sentado con tres jesuitas. Tienen muchas. la Casa de C am po. — Sí. que está haciendo una tesis sobre mis películas. N o quisiera creer lo que está viendo: está mirando desfilar su pasado. Se acerca a mirar a los que vuelven satisfechos. Pero don Lope soy yo. que a las seis viene Alcoriza. apoyado en la reja de los jardines que comunican con el Cam po del M oro. una residencia que tiene la Com pañía en El Viso para escritores jesuitas. Cuando em pieza a disolverse. H a venido a ser mi historia. el padre A lberto. — Así acababa. Muy liberal. vámonos. m irando pasar aquella gente española de hoy: El viejo está asom ado en un balcón de la Torre de Madrid viendo la manifestación enorm e frente al Palacio Real. sentado en una camilla tom ando chocolate.] — Sí. gris de invierno.

Una enorm idad. —Todos los que quedan de la Cueva de los Ladrones. se lo hice decir: que era m entira. y de la fiesta de L a edad de oro. el prefecto de Policía. y de ahí nos extendem os a ver quién de los amigos nuestros todavía vivos podrían— y querrían— trabajar en la pelícu­ la. C laro. en casa de una persona muy sonada que tenía una hija de maravilla. — ¡Qué película! Y a Picasso. en un papel como de los nibelungos. M entira. a ti y a M antecón. ¡figúrate! — H acer una escena entre A ragón y B retón. No habría ninguna razón para no m eter en la pe­ lícula a otros. no. Y a Llorens Artigas. Man Ray. Estaría dispuestísimo. claro. Les dije que durante el último año siem pre comí de rodillas. a las seis. — Elouard. «Está bien. ¡Qué solar! Vale millones y millones de pesetas. U na vez estuvo en el cam po. Se acostaba con todo el mundo. Y ahí sigue. una gente estupenda. de los pintores. — Sí. Con su cabezota. Pero el protagonista sería A rrabal. Y a Roces. Y M anolo se quedó. — ¡Qué película! Sería un éxito fenomenal.. de mil am ores. y le dijo: «Tiene usted veinticuatro horas para abandonar Francia. y A ragón. por un capricho. que también tenía lo suyo. y le digo que sería muy buen personaje para una película suya—física­ m ente— . Pero. su cuerpecito y su barba sería magnífico. M anolo [Manuel Angeles Ortiz]. Lo recibió seco.. Viñes. A hora aquello está totalm ente tum bado. aunque no fueran del grupo de aquella época en París: A lberti. y se acostó con la hija y con la m adre. Y M anolo. tengo la visita de un gran director mexicano. Cinco días. el cual m andó llam ar a Manolo. Total. quien le dijo que de ninguna m anera. ¡Quién lo habría de decir! Me preguntaron acerca de mi estancia en los jesuitas de Zaragoza. y del desem barco. y fue a ver a Chiappe.» Y hablam os de A rrabal. que no se le podía echar así como así. El hom bre era persona im portante.» M anolo fue a ver a un abogado.. y yo hablando con ellos de tú a tú . como le de­ cían en su tiem po en los periódicos de París: la coqueluche des salons. de ensueño. Vino a cuento al hablar de A rrabal y su película Muera la inteligencia. Sánchez V entura. de ninguna m anera. sí. al día siguiente.. de verdad. — Esta tarde. muy sencillos. [Hablam os de la posibilidad de hacer una película: A u rendezvous des amis. de pie. Porque A rrabal es un nibelungo. Luego. y Miró. B ueno. No había reunión ni borrachera donde no estuviera él. Pero Max E rnst. tal vez. 147 . no sé. — H om bre. Se am ontonan vivos y m uertos:] — B retón. que se enteró el señor y hubo un lío de los mil dem onios.dedillo: ¡ríete de cómo las conoces tú! Muy agradables.

y Buñuel lo leyó. pero no quiero hacer más películas. el director norteam ericano vino acom pañado de un gerente de los productores y su esposa. Me río. pagándo­ le lo que sea. en serio. La chienne. Llam aron inm ediatam ente por teléfono. — ¿Q ue me gustó qué? — La chienne. y le digo: «Estaría bien que habiendo em pezado con Le chien. pero que nunca se decidió a realizar— . con M aría Félix. Fíjate que M aría Félix. un encanto. cuando trabajó conmigo. los Hakim . su m ujer le preguntó: «¿Te gusta?» «Sí. y contestó.» A quel hom bre regresó a París.] — Diles que me escriban. hacer el cast. — B ueno. había salido a relucir R enoir. de verdad.— ¿Quién? — Luis Alcoriza. y en unos días los Hakim volvieron a com prar los derechos de la novela de Georges de la Fouchardiére. yo nunca he podido hacer aquí lo que he querido. Con su sordera. A lo m ejor. Le enviaron el libro. — No. Buñuel arde en cólera. servicial. de que Buñuel les haga otra película. — ¿Tiene mucho trabajo? — ¡Uff!. A hora tal vez sería distinto.] 148 . [Comemos en casa de Buñuel. ver el script. Hace doce años que no me ofrecen. » El productor ejecutivo le preguntó si le gustaría volverla a hacer. todo el que quiera. Hablando hablando. Buñuel no entendió la pregunta. —Va a hacer Z ona sagrada. pensando siempre en lo que le había gustado la película de Jean Renoir: «Mucho. Le llaman los Hakim por teléfono desde París.» Y ahora que llaman desde París. Lo que más me espanta es pensar que pudiera em pezar algo y no acabarlo. m ucho. — Pero ya les dije que te gustó. [La historia es bastante divertida. en sus tiempos. era el espejo mismo de la profesional: obediente. D ejando aparte a A latriste. acabaras con La chienne. que me escriban a Madrid. hacer una película en México. Jeanne se desespera porque Buñuel no quiere ponerse al teléfono.. Cuando hace un par de meses estuvo aquí Dassin para preparar la realización de Bajo el volcán — novela que le gusta mucho a Buñuel. a la vista de los millones que han ganado con Belle de jour. La razón no es sólo el nacionalismo. que están deseosos. Pero ahora quiere salir en todos los planos. Yo no hablo por teléfono. — Pues no lo sé. — ¡M erde! Que no les hablo.. Alcoriza renuncia. de la que hizo un intento de adaptación. Jeanne les dice que a su m arido le gustó. y Buñuel dijo cuánto le había gustado.

—Tú eres com unista. en mil novecientos treinta. pero un ser com pletam ente norm al.. he dicho muchas frases célebres. incluyo desde el Partenón. guerra. y no quiero saber nada.» — Alim entos. ¿Bonita frase. la realidad. el puro. — ¡Muy bien! Así queda m ejor: «No he enviado a luchar mi escuadra contra los alim entos. en cuanto se refiere al arte. Todo lo llevo en la cabeza. sí. A hora bien. ¡fuera! ¡Peor que el azteca! Del arte hindú no hablemos. Y soy sadista. tenía que decir que sí. pero no era verdad. es muy curioso. No hay más arte. ¡Me jode la prisa! ¿Q ue se va a hacer? ¿Q ue no se va a hacer? Que escriban. del otro. asesinatos. Lo cierto es que. Y. Eso del arte negro yo no lo he com prendido nunca. ¡fuera! Sí. para mí. 149 . — ¿Y qué tiene que ver? ¡Si tuviera que hacer la adaptación de todos los libros que me gustan. en su tiempo. a ti te gusta más que nada la bárbara cocina española y los bárbaros vinos españoles... pero soy así. A mí el arte negro me repugna. — Que el europeo.! A dem ás. * * * — Siempre he pensado que en ti hay una dicotom ía entre tu m odo de pensar y lo que haces.. Pero nunca he hablado de hacer esa película ni nada que se le parezca. y yo estaba m uerto de m iedo. Soy anarquista. — Sin em bargo. pero totalm ente burgués. aquello de: «No he enviado a luchar mi escuadra contra los. adem ás. era realidad todo lo que habíamos pensado. En París. que me escriban. Soy revolucionario. el arte azteca me repugna. y no solam ente eso. Por ejem plo. por lo menos lo que yo había pensado: quem a de conventos. el arte japonés me repugna. es verdad.» Muy bien. Todo ese arte bárbaro. sino que estaba en contra. — Sí. pero la revolución me espanta. cuando la guerra de España. que todo lo que no es cristiano nos es extraño. no? Tengo muchas frases célebres.. todo eso no es arte.» Esa es mía. mis ideas. pero estoy totalm ente en contra de los anarquistas. Todo lo que no es cristiano me es extraño. y ya veré lo que les contesto. huyo. — Pero leiste el libro y me dijiste que te gustó. pero. en el m om ento en que se presenta la ocasión de realizar mis deseos. esa que le atribuyen a Fe­ lipe II: «Para que una cultura influya en el m undo se necesitan cañones. ya he dicho que yo no hablo por teléfono con nadie. Por ejem plo. De un lado. — Sí. Si quieren. El arte árabe.. cuando yo digo. — Y no todo.—Yo dije que me gustaba la película de R enoir. Ya veremos. hablando de alim entos.

en Europa. sepa o no si lo que lee o ve fue hecho en serio o no? La autenticidad sólo sirve para las joyas. en cambio. nos hundieron en el infierno. — ¿Q ué im porta que el lector. y el agua m ineral. en el m undo. Es como para hacer el am or. Tam poco si es falso. no ignoren nada de Dickens... en los decorados de mis películas. el público. Pasa lo mismo con Galdós. lo necesario. — ¿Pero cómo va a com pararse con el éxito de Dostoievski. sobre todo. Miró y Dalí son pintores españoles. — Pero nada de eso me explicará cómo es que nadie sabe nada ni haya leído de Galdós. a G oya. en N orteam érica. pero lo necesario. si es necesario. el m odern-style. y que.. y no digamos la judía. — No te digo que no.. Pero ¿para vivir? No. no es el caso de la pintura. — ¿Cómo que no tuvo? — Según desde el punto de vista que lo mires. Tormento. y. ¿Por qué Galdós no tiene el nom bre que debe tener? Se lo he preguntado a veinte mil profesores norteam ericanos. —No. En mi sala tengo un refrigerador corriente. me refería a Velázquez. 150 . Lo que me im porta es que el vino blanco esté frío. — Lo que pasa es que no te das cuenta de que estam os en mil novecientos setenta y que Galdós era muy conocido en Francia. Le dieron a la Inquisición una im portan­ cia que no tuvo. en Inglaterra. Pero. — Pon a quien quieras. m ejor. — Para ti. Por eso soy partidario de las reproducciones: cuantas más. Nos borraron del m apa. Y la intolerancia de tus queridos amigos com unistas. Bueno. — H abría que ver hasta qué punto Picasso. Lo dem ás es literatura. Pero no son bárbaros. con los surrealistas. — Alto ahí. helada. No para el que la sufre. a veces. excelente. a Zola. eso es otra cosa. a M urillo. de todas form as. o de A natole France? — Este último. no. o una de esas novelas.—Claro. Yo no sé si lo que hago está hecho en serio. del siglo quince al diecisiete. Ni eres tú el prim ero que lo dices ni yo el prim ero que lo repite. ¡Ca! Y de repente. llegó a ser un best-seller. o de G orki. En casa de los dem ás me parecen bien los perifollos. La Inquisición protestante no fue m enos feroz. A unque. — No... en serie o no. Lo que pasa es que los dem ás no queréis reconocer que son superiores. Ningún estilo. No lo sé. en mil novecientos. curiosam ente. hace dos o tres años. es cierto que la literatura española ha venido a pagar los pecados de la sociedad española. la España negra. Es el pago de nuestra popularidad. Para vivir. Juan Gris.

Me doy cuenta. Pero tú eres un hom bre violento en el sentido en que eres capaz del disparate. ninguna.. no. Flom bre. — ¿Siendo niño? — Sí.. no.. — De pronto por. — En el fondo. Al principio podía ser por una cosa física. — Sin p oder. — Esa misma violencia.. no hablo de crueldad física.. salido de ti? ¿Desde qué edad? ¿Lo recuerdas? — No. lo que se llama la violencia. E ra como lo de tus «crímenes»: «Lo m até porque no pensaba como yo.» Un poco por eso. pero me ha servido mucho.. si me pongo a verla como si fuera la obra de otro. — Frenarm e. me la puedes m ostrar. — Es el tem a que a todo el m undo ha dejado verdaderam ente estupefacto. — ¿Te has sentido em pujado por ti mismo. me lleva a mí a contem plar las cosas desde la barrera. — B ueno. estar fuera de sí. — O cine. Eso. A hora ya pocas veces. no sé. la fuerza. — Sí. — ¿Pero era porque no hacían lo que tú querías o porque te encontrabas con algo que no esperabas. obrar— a veces— fuera de razón y justicia. No. que te m olestaba. el ím petu sin barreras. no sé. ¿no te ha dado ninguna idea? — No.. Es como un ataque de epilepsia. pero yo no me doy cuenta. ya la violencia por la discusión fue mayor. — No.. Exactam ente todo lo que. A unque a los dos m inutos recorro mi camino en sentido contrario. Como no me doy cuenta del erotismo. pero contra la violencia no puedo. por el dolor físico? — No. — Y no podías dom inarte... Ya cuando fui adolescente. — Prontos de violencia. sobre alguien. y.. la violencia me sale. ¿verdad? — Sí.. el estallar de pronto ante una cosa. te repito una cosa que me extraña: yo no veo la violencia de mis películas. Sí. La furia. es cierto.. sí. el tem a fundam ental de tu arte es la violencia. mecánica.. 151 .— . Luego. pero esos dos m inutos. — Lo prim ero es instintivo y por encima de mis razones. No ha habido ningún director que.O cine. desde niño.. la ira. Sin em bargo. generalm ente era porque no pensaba como yo u oía decir una cosa que me indignaba.. a partir de cierto límite. un poco de «lo mató porque no pensaba como él».

. Lo que pasa es que no tengo 152 . El erotism o. bueno. sesenta mil m uertos.. Ni del valor de las películas. — Evidentem ente. B ueno. Me doy cuenta luego. digo: «Han construido un castillo sobre algo que yo veo muy pequeño. cinco niñas violadas.El erotism o. — Bueno. Polonia. Me lo pueden explicar o . en muchos libros. pero no estoy tan seguro como tú de que te horrorice teóricam ente. cualquier película de Hollywood es más erótica que ninguna de las tuyas. — Es absurdo. es increíble. soy capaz de darm e cuenta.. Cuando pienso en eso. — Hay violencia. — Me refiero a la guerra. me adm ira ver que le han dado esa magnitud. Pero una bom ba aquí. Sí.. pues. que aborrezco a m uerte. Es posible que se liberalizase.. Me quedo adm irado. O a lo que no le doy im portancia.. sí. no se liberaliza­ ba. No es que me horrorice. —Te olvidas de que Checoslovaquia es un país occidental.. la ira contra el otro. no sé. De m anera que por eso creo que actúo siempre bastante irracionalm ente. Checoslovaquia.. luego. ¿no? La violencia que me atribuyes. y hasta Rum ania. sí. el erotism o. Luego.. No creo que sea por am or a la violencia. Es increíble. — Porque evitan la violencia negativa. la guerra. o lo que sea. Eso me horroriza como a un pobre corderillo... Palabra. como toda persona bien nacida. con tus reacciones políticas. en N azarín.. Porque de esa gente que hace erotism o en Hollywood no se acuerdan después. pero no me doy cuenta muy bien. lo de Checoslovaquia. porque yo no lo veo.. —Te aseguro que en miles d e .» Me extraña. Un nuevo cinturón im perialista y la guerra. o erotófilo. — Yo. del valor que tienen para alguna gente. En E l ángel extermin ador. No sé por qué. si se occidentaliza Checoslovaquia. C reo que exageran. — Lo mismo sucede con las cosas políticas. pero en realidad se occidentali­ zaba. tam poco. No me doy cuenta. te horroriza porque eres una persona decen­ te. Pues no es lo que dice la gente. Ni del erotism o ni de la violencia. —No. lo justificas por la violencia. y en el D iccionario de erotología. Es un libro así de gordo. yo quedo como un eroticista. a mi juicio. en cambio. y uno de los que tienen más páginas soy yo.. Y. O sea. Max. no. por ejem plo. se occidentalizaba. No me doy cuenta. lo de Hungría. Me quedo adm irado cuando leo libros que hablan del erotism o de mis filmes.. — Hay violencia en todo. Cuando tú justificas el pacto germano-soviético.. Por ejem plo..

.. eso sí.nada que ver con la política. Que le podía rom per la cara im punem ente porque no se podía defender. Cossío del Pom ar. comienzos del treinta y uno. vamos a ver: me pareció bien el pacto germano-soviético. y que veo todo eso desde el punto de vista de la justicia. Y esto fue en el mes de febrero del treinta y uno. U na carta de insultos. eso es un poco de exasperación. norm al. y dije: «Está muy bien.. no perm ite el paso de tropas soviéticas en defensa de Checoslovaquia. Eso no lo pude ver.. No sigo. No me gusta encontrar cada día cartas de antiguos amigos insultándom e.. — Sí. Hay un pacto comercial de no agresión. No sé qué le dije. que soy muy antipolítico. que La edad de oro era un filme burgués. Recibí una carta de Cossío insultándome. Por ejem plo. De m anera que no vi que el pacto germano-soviético fuera un pacto ideológico entre el fascis­ mo y el comunismo. atacó Hitler.. ¿no? Y digo: «Pues voy a term inar esto. muy natural. C reo que no. ¿Q ué año? —Cuando estaba en Hollywood. has hablado de algunos asuntos en que la violencia era para ti la solución. y que no le perdonaba la vida. ¿qué va a hacer Rusia? Polonia no la deja pasar. Pero ejem plo. llamé a Cossío. que no influyó. Y no por violencia ni no violencia. En cambio. porque soy bastante sentim ental... d e. — No sé.. Lo vi justo. En todo caso. Al llegar a París. el pintor. Y para arreglar la crisis van dos capitanes a hablar con Stalin. el peruano. y me callé. etcétera. un enano m onstruoso. el año treinta y uno. — Pero.» Cuando van Cham berlain y el otro a ver a H itler y envían entre tanto a Rusia a dos capitanes franceses a hablar con Stalin para evitar la guerra. Porque. Le ha cerrado las fronteras. Y en efecto. Me parece más justa esa posición que la otra que tiene mucha gente honrada y de buena fe. — Eso no es violencia. Me * extrañó muchísimo. sino con lo justo y lo injusto. cuéntam e de lo de Huidobro. un paralítico. van a Bad G odesberg. — ¿Q ué año? — Cossío. han hecho bien. diciendo que era un contrarrevolucionario.. Eso es más bien imaginativo.» — ¿Cómo fue exactam ente? — Fue estando yo en Hollywood. Q ue veo que aquello se complica con cartas de insultos y que decido term inarlo. que yo era mucho más fuerte que él.. estos tres incidentes o accidentes políticos no tienen que ver con la violencia. no influyó. Le dije que era un tal. sino porque no me parece justa esa idea. Y estuve muy duro con él. Yo llegué en noviem bre del treinta. 153 . — Así que crees que no eres más violento que cualquier otro hom bre normal. en lo que hemos hablado corrientem ente estos días. la contraria a mí.

le haré un ojal en el vientre (o una cosa así). se va mi m ujer y no llega a las siete.» Volví. le pegaré una puñalada o le. el tal y el cual».» Huidobro: «Sepa usted. sobre un accidente. «Y antes de que usted supiera leer. Pero yo aum ento mucho la realidad. porque así. Y entonces yo decidí term inar con eso y fui a encontrarles al Dom e. Lo más que hubiera habido: unas bofetadas. y cual y tal. Y me em pezaron a escribir cartas de insultos: eres un tal. y no hubiera pasado nada. H uidobro no me hubiera hecho un ojal en el vientre. Con Eluard o Thirion.. tam bién fueron fantasías. y no estaba más que G ilberta. Y al final me decía: «Pero term inem os ya con mi autobiografía. En esa ocasión de H uidobro. Sobre un peligro. Y estando allá. y a lo m ejor no pasa nada. yo había hecho tal y tal. señor mío. no sé qué. en todo. una situación. y tal. Me dijo: «Hola. Pero. Y no pasó nada. y hay palos. O le tiro una taza de café a la cara. No. porque soy muy im aginativo. N o.. que me dio en la oreja. donde se reunían H uidobro. Fui acom pañado de A rm ando Viñes. y me fui. Castañer: «Algún día seré más que tú. — Eso desde luego. Por ejem plo. Y digo: «Pues ya está arm ada. teóricam ente.» B ueno. no me acuerdo. sí. ¿qué tal después de Holly­ wood?». Cossío fue a la peña del D om e. lo mismo en política que en sociedad. pero es que resulta que en las otras cosas que me has contado tam bién había. Soy siem pre pesimis­ ta.». y no sé qué. me tiraron una caja de cerillas.Entonces. que era una m ujer de la cual había estado enam orado Cossío. y creo que ha tenido un accidente de auto. C uatro páginas. si yo tenía que hacer fuego y me detenía la Policía. y yo no hubiera tirado un tiro. Yo esperé una media hora.. En fin.. Hago una m ontaña de un grano de trigo. ¿no? Llega la reali­ dad. 154 . Allá donde lo vea. Milicua. podía dem ostrar que estaba am enazado de m uerte. — Sí. que yo fundé el surrealism o. Lo esperábam os haciendo una guardia. yo iba preparado con su carta de insultos en el bolsillo. Q ue estabais esperando a Cocteau para pegarle. los problem as. un cual. — Sí. Siempre veo lo peor. Pero esta noche han ido al cine no sé qué». Que no se lo hubiera dado posiblem ente.. y hago una m ontaña de nada. Digo: «¿Y no han venido por aquí o no se reúnen aquí por las noches?» Dice: «Sí. ¿no? Es real. el dadaísm o. y entonces nos verem os las caras. todo eso es un poco im aginativo. dispuesto a defenderm e y darle un tiro a Huidobro. C astañer. — Sí. por si acaso. Bueno. Com pré una pistola sesenta y cinco.. una pistola y una posibilidad de usarla. Siempre construyo una m ontaña sobre nada. Pero olvidas decir que habías com prado una pistola. yendo a esperarle a la puerta de su casa para pegarle. sucedió así. No lo puedo evitar.

* * * [Cenamos espléndidam ente. No sé qué hacer. ¿no? — Sí. o diciendo. una película al año. Esta casa la pagué en gran parte con lo que me dieron por hacer L ’aurore. La palabra cámara no 155 . — He venido a sacar en consecuencia que.] — Ya sé que andas preguntando por ahí. un accidente necesario. toda la gente junta alrededor del fuego.. la historia. acabas por encerrar tus personajes en un lugar. — ¿Crees en la inspiración? ¿O la necesaria sucesión de planos * te lo im pide? ¿H asta qué punto tiene que ver el m ontaje. los diálogos. sin lograrlo. Es decir.. Y acuérdate. las situaciones. luego. de Camus. — Es muy intelectual.— Sí. Pero la acción directa vuestra era. de la que pugnan por salir. bajo la cam pana de la chimenea. — Algo teníam os que hacer. para que lo vean los dem ás. hasta dos y tres años sin películas. Y. los grandes horizontes. —Tienes razón. un convento. Pero una película que sucediera en dos o tres habitaciones: L e hussard sur le toit.. Era el m om ento de la acción directa de los surrealistas. Tal vez una película acerca de la peste. a veces. a esperar que bajara. con el resultado final? —Film ar es un accidente. un cuarto. te diría: Navidad. en una finca. ya no. Si tú crees que se podía vivir así. en algún sitio donde los pueda vigilar. para ti.. el m ar. como si no hubiesen pasado cuarenta años:] — Si quisiera darte una idea de lo que me sucede con mis personajes. No. ¿A quién le beneficia eso? Sí. A mí.. Siempre me las arreglo para encerrar a mis personajes en un cuarto. de la que no pueden salir. Me interesa la peste. D e verdad. que luego fuisteis.. con Sofía. subir a los autobuses a tocarles el culo a las monjas.. Y a la puerta de Cocteau. sea el que sea: una isla. — La peste. que cuento el pan. he vivido muchos años del dinero que me han m andado.. consciente o incons­ cientem ente. No me interesa. al principio. por ejem plo. [Cambia de expresión y me dice. veinticinco mil pesos por película.] Me propone Ponti hacer La casa de Bernarda A lba. Luego. tener a mano. hasta hace seis o siete años no ganaba bastante dinero.. me vuelven loco. Es que me saca fuera de mí que com pren siete u ocho panecillos para el desayuno cuando sólo necesitamos tres o cuatro. el script. de G iono. que soy roñoso. una casa. el desierto.. [. Pero lo que me im porta es el «escenario».

o al revés. sé lo que deben decir. según. la prim era y la segunda. Pero todo seguido. No. A veces. Y a te digo: a mí lo que me im porta es que las escenas. basta con explicarles lo que quiero. dos o tres veces. pero es que en el cine puedo decir lo que quiero. y el actor aparece. No tom o cada escena más que una. las afirmaciones 156 . Y sé cómo voy a em pezar. me parece que hay demasiadas entradas y salidas. en sí. no. Suelo tom arm e dos horas antes de em pezar a filmar para pensar en la escena del día. Decidir el m ontaje de una película me cuesta un par de horas. No hace falta pasar del busto. a veces. para com unicar. aunque la copia de trabajo dure cinco o seis. Y menos hago tom ar una escena com pleta desde diferentes distan­ cias. y soy un actor muy malo. —Tal vez. para la producción. sé lo que va a pasar. pero nunca lo que va a seguir. Necesitas pocos m etros de película para decir lo que quieres. Me m ontan la película con todas las tomas que m andé imprimir. Con los malos es peor. No num ero nunca mis scripts. la tercera. Digo hasta aquí. Ensayar. — Por eso dicen que eres un director «barato». por las repeticiones. ¿prefieres la imagen a la palabra? — No es que la prefiera. Con los actores buenos no hay problem as. de que estaría m ejor haber filmado un raccord.aparece en ningún script mío. la segunda y la tercera. No quiero que se quede nunca nadie en el escenario después de cortar. en el set. en una secuencia. — Para decir. sino al final. o la prim era sola). ya m ontado. Por eso no pongo núm eros ni hay casi close-up en mis películas. le lleguen al espectador sin halagarle nunca. Yo «veo» la película antes de filmarla. porque no sólo tengo que explicarles. Conozco la escena. no hay más que afinar. No preparo. No suelo ver «roches». y eso que llego al set sin una idea fija o totalm ente determ inada. sino m im ar las escenas. pegadas (la prim era. sí. pero ¡qué le vamos a hacer! No tiene dem asiada importancia. y corte. digan algo. ensayo mucho. Pero no creo que sea superior. Nunca tengo idea del decorado ni sé lo que voy a hacer. Luego. Nunca sé lo que voy a hacer en el plano siguiente. pero ignoro si voy a em pezar sobre un objeto u otro. * * * — ¿El surrealismo es o no un nuevo romanticismo? De un lado están las negativas de Crevel y de E luard. entonces les digo en la m ontadora: la prim era. sirvan para algo. según. Luego me doy cuenta. de otro. y escribiendo. — ¿Y dices que no crees en la inspiración? — No sé qué decirte. y entonces fijo la cám ara sobre otra cosa y hago que oigan tu voz. la segunda.

Fíjate que digo absurdo. — A lo largo de nuestra vida hemos convivido con los surrealis­ tas a conciencia. lo que me interesa. pero escoges una y aciertas. en que en uno el sentim iento vence al racionalismo y que. como es público. algún día. sino misterio. A hora bien. — ¿Y si resulta al revés de lo que te propusiste? — Me divierte. no sé qué contestaría dentro de unos días. La imaginación piensa mil cosas. Si me pusiera a darle vueltas— soy lento— . no. ¡Qué le vamos a hacer! Por eso ya no me interesan los surrealistas. — Se puede decir que el surrealismo fue antirreligioso y ateo. — ¿Te aficionaste a la cábala.. Piensas tres mil cosas y aciertas en tres. — El esoterism o y el m aterialism o se oponen. Lo que me llevará tal vez. — ¿Leiste el Z o h a rl — No. sí. — La diferencia está. — ¿Crees en los presentim ientos? — En los presentim ientos. no tiene gran im portancia. — ¿Crees en la posibilidad de un m ejoram iento del ser humano? — C ontestándote así. — Son homónimos.. Lo malo es que la m ayoría de las veces está uno atado por las conveniencias. con sus correspondien­ tes infiernos. para mí. y con los surrealistas que lo eran sin saberlo. -—Ya no soy anticlerical. Desde ahora te digo que.. como B retón? — No. — Como Pepín Bello. le tengo horror a la tecnología. — Prefiero decir premoniciones. sin pensarlo. tu arte es precisam ente la unión de ambos. A mí lo que me im porta. a creer en el absurdo de Dios. sucede al revés. — Yo no diría esoterism o. Entonces es fenomenal. El que yo esté con la prim era posición no quiere decir que no le reconozca su valor a la razón. no. en lo clásico. en las prem oniciones.de la mayoría. por las conveniencias sociales. materialista y anticlerical. a menos que nos dem ostraran que había un paraíso para los rom ánticos y otro para los clásicos. la reacción natural. es el prim er instinto. — ¿Te gusta explicarte o que te adivinen? — Que me adivinen. — ¿No estarás de acuerdo con Elsa Triolet cuando dice que el surrealismo es «una vieja coqueta que no sabe envejecer decente­ m ente»? — ¿D ónde dice eso? 157 . La verdad es que odio la ciencia.

— ¿H asta qué punto el surrealism o. me han m olestado siem pre las «frases». Y está segura de que fue una «etapa ya sobrepasada del rom anti­ cismo». No puedo decir que estaba con ellos. ella no venía nunca a las reuniones de los surrealistas. Breton afirmaba que la salvación estaba en el am or. Sin dejar de reconocer que. Le conocí en Nueva Y ork. en la base de la «revolución de mayo». — «La independencia del arte. — Quizá. con el tiem po. como lo fue para B reton? — Sí. Nunca pude separar lo uno de lo otro. ochenta mil. es evidente que hubo en él no poca automistificación. ¿estaba en ti o nació de tu relación con el surrea­ lismo? — Estaba en mí. cuando yo era un adolescente no lo creía así. te has acercado más a la creencia pesimista de Lévi-Strauss de que el hom bre no es capaz sino de destruir la creación? — Más bien con Lévi-Strauss. estuvo. el surrealismo de los años veinte. — ¿H a tenido Freud una influencia especial en tu obra? — No lo sé. y ellos. de B reton y Trotski. con B reton. E videntem ente. Existía entonces para mí el am or platónico. en el fondo. 158 . Y me vengo. posiblem ente por la influencia de la religión. — Visto a distancia. no. Los veía y no acababa de creerlo.— En el prólogo de una antología de Maiakovski. Luego. E ra más bien un hom bre de mal humor. para la liberación definitiva del arte. —Me m olestan.» ¿Estás de acuerdo? La fórm ula es de mil novecientos treinta y ocho. lo racional es útil. para la revolución. aunque no ha perdido la im portancia que tuvo— tu obra lo dem uestra— . a veces. ¿Estás de acuerdo? —Todo es cuestión de tiem po. de época. ¿O . la revolu­ ción. Pero nosotros éram os veinte. Lo que sí puedo asegurar es que leí mucho de Freud. aunque fuera exclusivamente en el acto sexual. está en la base de la «contestación» que informó los sucesos de mayo y junio en París? ¿H asta dónde crees que el surrealism o fue un antecedente de esas tentativas juveniles? ¿O lo son sólo por juveniles? — Estoy seguro de que el surrealismo estaba. desde el veintitrés. — El «espíritu de negación» del que habla Poe como necesario a la poesía. — ¿Lo racional es para ti la bête noire. ¡«Una vieja coqueta»! —Tal vez sean celos. Me molesta esa actitud actual de A ragon tratándola como otra Gala.

— Me repugna toda perversión sexual. No sé quién inventó eso de que yo dije que los jesuítas nos enseñaban a m asturbarnos en su honor... no. Me repugnan tal como le repugnaban a Bretón: naturalm ente. discuten de mi ateísmo como si fuese algo de prim era im portancia en el mundo. U na política en la que quedara patente mi nihilismo.— A cuérdate de que B retón habla de su «sombra venenosa» y de sus «misteriosas perversiones». Uno es sádico o. No me im portan los homosexuales. — Lo hice para ofender a los periodistas. quizá. Cristo era un mal bicho. Tengo ganas de hacer una película que vaya en contra del gusto de todos.. Allá ellos.. a contracorriente de todas las ideolo­ gías. ¿Te parece bien? — No me parece mal. no el mal afeitado y cejijunto de Pasolini. — Pero en tus películas. Sí. U na pelícu­ la en contra de Cristo. Para que se ofendieran todos.. de los socialistas. de los católicos. H ablan. La Virgen es adorable. sino la Virgen con su velo y su toga tapándole hasta las uñas de los pies. ni descansar la frente en las dos manos. por si además nos pasábam os papelitos. — Ya no lo dirías hoy. de los liberales. Pero uno conscientem ente no lo es. Pero el Cristo barbado y rubio al que estam os acostum bra­ dos. — Insisten en tu ateísmo hasta ponerse pesados.. aquello de que «Un perro andaluz no es más que una desesperada invitación al crimen».] — El reverendo Claudio Sorgi dice en el núm ero de hoy de L'O sservatore Rom ano que «el cine se está transform ando en un segundo e inmenso pecado original». satisfecho. — Yo soy el ateo del que más se habla. Un poco presuntuoso. — No lo sé. [En el fondo. de Siva. en una fórm ula que se ha hecho famosa y que buen núm ero de tontos ha tom ado en serio. A aquél lo odio. una película en contra de los com unistas. — Como cuando dijiste. Pero yo no entiendo de política. Pero ¿por qué dice eso? — Porque «el paganismo está en pos de una victoria de des­ quite». Pero no una Virgen vieja y desdentada como me proponían. por si nos dormíamos. ¡Qué barbaridad! D urante el mes de ejercicios mariológicos extrem aban su rigor en cuanto a nuestra m anera de sentarnos. algo hay ya de eso en La Vía Láctea. Como no pueden andar diciendo que me acuesto con G reta G arbo o que ando flagelando m onjas. de Buda. La Virgen. 159 . — Me refugio en el humor. no nos dejaban poner una m ano debajo de la mesa. de los fascistas.

o de lo policíaco. — Desde su punto de vista.— Ahí sí que no. — No lo sé. si no quieres «político». en pecado colectivo. que. o en el M artín. No para sabotear al cine. —Tal vez por eso el reverendo no se hace muchas ilusiones. pero no el sentim iento del pecado. toda la vida. y no digamos de las revistas parisienses de la belle époque. los picaros. — Es todo lo contrario. dan a tus obras un regusto social. Escucha: «No hay personas que puedan superar el traum a de contacto o la repugnancia de una mala experiencia en la que el mal se transform a en una fantasía frenética de relajam iento irracional. para 160 . Pero sí. A un cuando perdí la fe. en Barcelona. Lo sexual y lo social son las bases de tu interpretación del m undo. Lo que sucede es que este santo padre tiene un concepto de la belleza. la bondad y la verdad. Es curioso. al fin y al cabo. — Sí. algo físico. porque. Ojalá. Los mendigos. que es otra m anera de decir lo mismo. es posible. * * * — Para mí. que perdiste el sentido de todo pecado que no fuese el carnal. no se diferencia mucho de lo que daban en los teatros del Paralelo. a través de lo religioso. de la bondad y de la verdad que sale directam ente de la imagen resplandeciente y sangrienta del Sagrado Corazón de Jesús. para él. las «verdaderas» orgías son eso. el coito y el pecado han sido una misma cosa. — Se podría hacer un estudio de tu obra vista exclusivamente a base de ese sentim iento. un signo de sadismo o un plan perverso contra el hom bre. lo que nos ofrece el cine comercial de hoy. — Es curioso ver cómo expresas tus ideas políticas a través de referencias picarescas. hoy. — O de lo político. de M adrid. pierde uno la fe. Es curioso. T odo el m undo debe ponerse de acuerdo y no ir. — El reverendo Sorgi asegura que el cine se está transform an­ do en un pecado del hom bre. — Es algo físico y no metafísico. la obsesión de lo sexual. — Está convencido de que.» — Estoy totalm ente de acuerdo. el entrar en un cine significa penetrar en una cám ara de orgías. sino por una honesta voluntad de purificar el aire.» Y concluye: «El público no debe ir al cine. tiene razón. como es la refutación por la Hum anidad entera de la belleza. — Es decir.

Dilo.» Y luego sigue la película como si tal cosa. B aja el periódico. Em pieza a m olestarm e la palabra ateo. más o menos. aunque lo digas. desde este ángulo.. como hay varios para los blancos y otros mil para los negros. U no para cada especie. La para­ noia de El no puede estar m ejor expresada. La aguja zapatera. escríbelo una vez.. al que se le escapen las menos cosas posibles) es un examen de inteligencia y de mala fe. ¿de qué sirve la vida? — H abría entonces un Dios para las hormigas. otro. El creer en Dios es absurdo.. para los débiles. que suena tan bien en español y que tiene un pasado tan bonito. 'lista. — La influencia de Sade.6 .. pero me m olesta la palabra. — ¡Pero si tú eres el que más la ha empleado! —Tal vez por eso. —Tal vez. — Lo que sucede es que ser espectador de una película tuya (espectador en un sentido com plejo. y el cinturón de castidad. y la hoja Gillette. sentado en la cama. bastante sencillo. más ateo que nunca. otro. sobre todo por decirlo. Pero a los anim ales. para las amarillas. — H aber dicho agnóstico. Y. ahora. pero luego. Mira a la cám ara y dice: «Mi odio a la ciencia y mi horror a la tecnología tal vez me lleven a esa absurda creencia en Dios. otro. sólo impulsivo. — Según me has contado alguna vez. — Y si no hay Dios. como Sade: «Quisiera que Dios existie­ ra para escupirle a la cara. Son malos.. Y ésta es m auténtica posición. para los reptiles. pero todavía odio más la técnica y la ciencia. ---. — Diría.. por serlo y decirlo. Pero las especies no son más im portantes que los colores: un Dios para las mariposas blancas. —No hables en brom a. al fin y al cabo. Dios. para nosotros es lo más fácil. Más bien más que menos. — Uno para los fuertes. no se necesitaban alforjas. si existiese.. Para hacer un m undo así. —Tal vez Dios no era muy inteligente. — ¿Cóm o quieres hablar de Dios en serio? Lee los periódicos. a los niños. — Más o menos.] De pronto sale un hom bre leyendo el periódico. A U B .ti. y se lo m erecen. — ¿H istóricam ente? — Sí. — Yo no niego que lo soy.. [. ¡Allá 161 M. te echaron de Nueva York. em plea otra palabra. Podrían servir de test. Sigue siendo una posición totalm ente sum .. hasta históricamente. — Es una palabra fea. cómo todo es. efectivam ente. No se lo perdonaría nunca.» ¿Por qué hacer sufrir a los animales? ¿Por qué hacer sufrir a los niños? Todavía a los hom bres.

Pero ¿estás seguro de que no es más que por fastidiar a José Ignacio? Salinas. bajo del tren y digo: «Pues me voy a pasear por el andén un m om ento. para acordarm e. — Son brom as que sólo entienden los españoles. Pero ¿estás seguro? — No.] — Los veinte sueños están aquí. O tro tren: subo. Q ue no solemos entender otras. adiós m aletas. que llego a la consigna y es muy com plicado. y antes de que disparen gritaré: «¡Viva Cartagena!» — ¿Q ué? — ¡Viva Cartagena! — Está bien. juego. O tro sueño: precipicios. El tren se m archa. 162 . digamos veinticuatro horas antes. * * * [Buñuel saca un papel del bolsillo.» No sé qué. «Mis m aletas. si voy a España y me pegan al paredón. dejo las m aletas. que pierdo las m aletas. que velaron la agonía de Pedro y que lo niegan en redondo y con irritación. pediré un som brero de charro. —Tam poco está mal. «como un caballero es­ pañol». que es el más ateo de mis amigos. Que pierdo el tren. Te los puedo am pliar. según dicen que dijo. La cuestión es fastidiar a los demás sin que sepan por qué. tengo que ir a . en años. dicen que tam bién se confesó.. el tren se me va. el célebre tren.. una estación.. se me ha ido. que a vistas no era menos ateo que tú.» Me distraigo. Lo he soñado unas veinte veces. Son. explote el pecado! Las galaxias: un fuego de artificio. haré llam ar a todos mis amigos y le diré a Jeanne que traigan un cura. llevo mis m aletas. prim ero. — Pero ¿en cuánto tiem po? — No. pero no tiene nada que ver. todos. — ¡A rte. sólo para fastidiar a M antecón.. ahora. con mucha burocracia. — Para m orir. algo con un tren. Me merecen mayor confianza Sólita y Juan M arichal. Sueños repetidos de cinco a docenas de veces. Y yo. los he escrito para mí. — Muy bien. — No lo sabía. en Boston. Variaciones sobre eso he soñado muchas veces. y así se me va el tren. en los últimos quince o veinte años. Ya sea en una m ontaña. ¡pum!. cuando me vaya a m orir..va! ¡Ruede la bola. fuego! — Para fastidiar a M antecón. Y me confesaré y haré todo lo que haya que hacer. el que m enos son cinco o diez veces. como es natural. Están muy esquem áticos. Incluso no lo creo.

Esto es muy largo. desde hace cuarenta años. y al mismo tiem po tengo compasión por ellos. eso siem pre. o el sexo está obturado. ¿A quién van a poner en mi lugar? Bueno. Sé que están m uertos. casi todos los sueños son de angustia. Hay algunos sueños que los he tenido unas veinte o treinta. con todos sus herm anos en el balcón. condicionantes. sobre todo por mi padre. pero. y lo estudio. hace cuarenta años. O tro: la fornicación. veo una habitación inmensa con butacas. Me observan los vecinos por la ventana. y hay que disimular delante de él. lo de la ventana es muy im portante. qué lástima. No tengo trabajo. No te puedo precisar cuándo han em pezado todos estos sueños. y no me sé el papel. Muy corriente sueño.. Angustia. veinticinco. Me escabullo.. son de hace veinte años. porque luego hay incidentes en el sueño. a México.» C orro las cortinas. Tengo compasión de que esté m uerto. Otro: no tengo trabajo ni esperanza de tenerlo.» Pero no. Sobre todo desde hace unos quince se repiten m u­ cho. o entran a destiem po en la estancia. Y está muy serio en la mesa. — Sí. A veces sí. — No. Porque digo: «Estoy soñando». ¿no? Esto es muy largo. Me paralizo en un sitio.. — ¿Hay público? — G eneralm ente.. tengo la m ujer aquí. Gran desesperación. siento una gran emoción dolorosa. y en Am érica tam bién. Es im posible.. Es posible.. digo: «Yo sé que está m uerto. y me tiro. Es imposible estudiar una cosa que tengo que hacer en seguida. Hace unos quince o veinte años me tiraba y no me pasaba nada. D esespera­ ción. O tro: debo intervenir en una representación teatral y no me sé el papel. está conmi­ go. no.. no me dan. U na chica que me gustó mucho en San Sebastián. Voy a buscar trabajo.en una cima o en un edificio muy alto. con sólo un pequeño reborde. un escenario. pues yo debía hacer una película. — Es posible. — Eso es después de tu llegada aquí. A veces logro descender o me despierto. Y empieza la representación. bueno. que me ven por la ventana los vecinos. yo digo cualquier cosa. pero no puedo fornicar. es posible q u e. más o menos. O sea. Angustia. O tro: mi padre y mi m adre viven. — Porque es que hay razones. quedo muy mal. pero. todos estos sueños se repiten. estoy cachondo. o no encuentro el sexo. la gente está por el escenario y tengo que hacer el papel equis y no sé cuál.. Pero ya no me atrevo a tirarm e. que estoy en un plan magnífico. . — Desde hace quince o veinte años. La gente que. todos son en mi vida recientes. y digo: «Bueno. Fornicación dificultada casi siempre.. pero otras veces aún no ha llegado el público.

— Sí. cierro una puerta. y nado pacíficam ente. He soñado el lago. Todo inmóvil.. En m edio de una música enternecedora. la M ater Purísima. Yo estoy en el agua. que está a oscuras. repetidísimo: arañas en mil variaciones. Espectros. aparezcan ya de una vez». G ran tem or de que la Policía me descubra. pero el toro es muy potente y me despierto. 164 . un ruido. desde que hice La muerte en este jardín. ya te digo. de pronto. voy a una corrida de toros. Es muy conocido tam bién: toro. Yo nado pacíficam ente. me persigue el toro. O tro: éste es psicoanalíticam ente muy claro. glauca. subo al prim er piso. o algo así? — Sí. no sé. Tengo m iedo. el blanco. Terrible. se me aparece la Virgen. la de tus películas. A ntes tenía mucho m iedo. tigre. Yo maté a alguien en com binación con otros amigos hace ocho años o diez. Insoportable. O tro im portante: he sido cómplice de un asesinato. sí. muchas vivas. glaucas. una música m aravillosa. como aceite. pues ya me ha dado m ucho. inmóviles. El sueño es de unas aguas tibias. O tro que lo tiene m ucha gente: las fieras. A hora llego a mi casa. Es la angustia de no tener dinero. Entonces digo: «Canallas. E ntro allá y cierro la puerta del recibidor. No pienso en la familia. no. Es la m adre. Son mil variaciones. verdosa. me acuesto. hijos de puta. Da gusto. ¿no? No hay duda. Eso es la m adre. y tal. el único inefable. lo enterram os y tal. que no sé quién es. están junto a la selva. pero estereotipada con el m anto azul. Un gran silencio. La selva empieza aquí. Lo he soñado unas siete u ocho veces. No tengo dinero ni me atrevo a pedirle dinero a mi m adre.O tro: no tengo dinero. La selva me produce m iedo. pero tengo una cierta voluptuosidad al mismo tiem po. sí. religioso. árboles. em pie­ zan a salir patas de araña. huyo. una silla. en Catem aco. pero los árboles son muy grandes y cubren las aguas con som bra. y. pero lo resisto bastante bien. huyo por corredores. La aparición de un m uerto. M ucha angustia. H an pasado diez años. extraordina­ ria.» Está a oscuras. pero tam bién m iedo. O tro. pero con mucho m iedo. Insulto a los espectros. Llego a un sitio. lo ha detenido la Policía. el líquido amniótico. tierra. venga. un poco aceitosas. Pero generalm ente de m uertos. ¿verdad? — ¿En form a de ectoplasmas. De pronto veo los síntomas de un espectro. O tro: en la casa de mi infancia. o sea. ahora. casi floto porque es muy densa el agua. el toro se escapa. pero tengo miedo. Pánico enorm e de que me descubran a mí. me entero de que a uno de los cómplices míos. y digo: «Voy a dem ostrar que puedo apartar la aparición y el espectro de quien sea.. O tro: sueño inefable. Trem endo tam bién. Se ha encontrado un brazo del m uerto. como ojos verdes. y no sé qué voy a hacer.

Sentim iento y premonición de mi m uerte.» Y el último sueño es la autofellatio. El tronco debe de ser muy pequeño en el sueño. porque puedo perfectam ente succionármela. como pidiéndom e algo. las paso negras. mu­ rió.» O tro: defecación o desnudez en público. Y digo: «En realidad es mi m uerte. Pero 165 . una quinta bonita con los vidrios grandes. y el perro me ve y viene a mí ladrando. Bosque. un perro callejero que lo quería m ucho. Tam bién es un sueño largo. Me dura mucho tiem po la emoción de ese sueño. tengo ya una carrera. con el de la Virgen. que me ladra como pidiéndom e algo..» «Pero ¿cómo con Pepito? M urió hace quince años. la historia universal.. No he term inado el bachillerato.. que me puedo succionar el miem bro. y me pasan cosas. Angustia tam ­ bién. y ya tengo mi edad. que es un perro que tenía en casa. que se fastidie. Este lo habrás tenido tú tam bién. Lo veo donde está. O tro: tem pestad. Tam bién. muy bueno.» Llega una chica con una túnica blanca. Que me hallo en la Reform a o en los Campos Elíseos. ciertos misterios de la religión. y estoy defecando. los rayos. No me hace falta carrera a mí. pues tienes razón. y toda la gente pasando y yo disimulando ah í. Y digo: «Bueno. O tro. las paso negras. Es el único que tengo positivo. me encuentro un amigo: «¿Qué haces por aquí? Te he visto con Pepito. En los m enos.. Creo com prender por el sentim iento. y no sé qué hacer y luego me levanto. ¿no?.. Lo he soñado como treinta veces: hago levitar objetos o personas im poniendo mis manos. haciendo Jeanne la labor. nos miramos con una gran ternura y luego resulta que todos son m uertos. yo me gano la vida. en fin. el más conm ovedor: me veo con mi perro «Tipi». los rayos. Entonces digo: «¿Y mi m adre? Pues. busco cobijo. y no he ido a clase los últimos meses. Siguen la tem pestad. O tro: sueño narrado.» Nada. empieza a llover. Estoy en cuarto de bachillerato.. O tro. piedad infinita por «Tipi». De pronto.— Me sum erjo en una emoción dulcísima. no por la razón. lo he puesto exactam ente en El discreto encanto de la burguesía.» Pero los exám enes van a ser pasado m añana. geografía. pánico. porque ayer la hice levantar. qué carajo.. O tro: engaño a mis padres. ¿no? Exactam ente lo puse en El discreto encanto de la burguesía.. ya no me sale ahora.» «Ah.. lluvia. «¡Qué maravi­ lla!». rayos. He puesto el sueño de que voy por una calle. y no lo puedo term inar.. lo consigo. el pánico. Me falla en algunos sueños. que me dura días a veces. ya tengo m anera de vivir. Me falla. Pues me lo he encontrado aquí. porque el perro m urió. veo que la silla se levanta a tres metros. Al despertar siento gran angustia. Busco cobijo. E ntro aquí. en una habitación con cristales.. Pero me produce una angustia trem enda. pues voy a decirle a mi m adre que se vaya a paseo. «A ver esa silla. dicen todos.

la m uerte.] .. — ¿Y ése es muy viejo o . no funcionaría cinem atográficam ente. Hace treinta años hubieras podido hacer una película con estos sueños.. ocho veces. el erotism o.. Es estúpido.? — El autofellatio es muy viejo tam bién. uniendo las secuencias. A dem ás. Toma. Pero no.] — Sí. Lo habré soñado unas seis. — No.no me produce ningún placer. [Me da la lista de los sueños enum erados de su puño y letra. — Es posible.. «Qué suerte— digo yo— poder yo mismo succionarme. en verdad está todo: la religión. — Como tu cambio acerca de la Virgen M aría.. que dan ganas de echarse a reír.. siete. lo que sucede es que hoy te suena a raro. no me gusta nada esto. — De ahí se explica tu repulsión por las arañas.. Esos son los veinte sueños que recuerdo. — Claro. B astante viejo.. ¿ver­ dad?» Pero no. nada. para ti son una representación de la m uerte. [Me mira con tal ironía.

. /J o.ENTREVISTAS CON FAMILIARES. ' ~ o) o fs\ a . AMIGOS Y COLABORADORES DE LUIS BUÑUEL d ^J i Jr U.

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San Juan Bautista. era primo de Jesucristo y se decían herm anos. pero no eran herm anos. — ¿A h. se calló.. — Sí. — ¿Y usted cree. sí? — Sí. sí.. Cuando le contesté eso a mi her­ m ano.. — ¿Pero tenía una capillita? — ¿U na capillita? N ada. ¿verdad? Pero a mí me parece que...» — ¿Y usted cree. A los pri­ mos se les llam aba herm anos. — No. Y Luis me gasta esa brom a para que yo le con­ teste. Se calló.» Claro. Y Jesucristo tenía primos. qué horror!» Y no. como dicen m uchos. pero no. Jesucristo tuvo herm anos. pero ¿dónde? ¿En el último piso? — En el último piso.. porque en aquella época. Me dice: «M aría.] — Y les daba la com unión. Sobre el más allá. E ra como si lo hubiese hecho un sacerdote. pues claro. 169 . Yo ya sé que no tuvo herm anos. pues a los primos se les llama­ ba herm anos. no. Jesucristo no tuvo hermanos nunca. A hí. que está en la verdad? Por­ que eso de los herm anos de C risto. Y le digo: «Yo estoy en la verdad. les decían her­ manos.» Digo: «Claro. en aquella tierra. efectivam ente. que Luis.. llamará a un sacerdote? — Yo creo que sí. una cosita así. — ¿Y discuten cuando hablan de religión? — Pues no.. el día que se vea en una situación desesperada.M A R Í A B U ÑU E L [. Para que yo le diga: «¡Ay. sobre la vida eterna.. No lo puedo asegurar.. Era un niño. A veces me dice cosas para que yo. se calló inm ediatam ente. Porque él lleva dentro una inquietud grande sobre todas esas co­ sas. claro. pero procuraba im itar lo m ejor posible. A mí me parece que Luis ha de term inar así. Por ejem plo.

m ucho. Nos quitaba un juguete y se lo llevaba a ella. pues no parece que pensara igual. A un amigo suyo sí lo hip­ notizaba m ucho. — ¿C uántos años tendría? — Iba ya a los jesuitas. tiene mucha inquietud..— ¿Se calló Luis? — Sí. pero le costó bastante.. ¿eh? Respecto a lo sobrenatural. ¿verdad? Diría como hom bre. A Alfonso. pero le falta religión. — Eran am ores de verano. sí. sí. — ¿U sted conoció a sus prim eras novias allí. Porque. nunca. le dije que la figura más grande del m undo había sido Jesucristo. tiene buen corazón. No precisam ente novias. Y esa per­ sona. claro. Al final lo despertó. —Claro que no. — ¿Y toda tu familia es creyente? — Pues mi herm ana Alicia. ¿te parece que Jesucristo ha sido la figura más grande en toda la historia del m undo?» Y mi her­ m ano dijo que sí. sí. pues yo creía que la única «oveja negra» de la familia era Luis. -—Y Alfonso. casi novias. Profundam ente creyente. Dios. a nadie. Lo dejó hipnotizado com pletam ente. Pero los dem ás. — No. sí? A h. — Pero Luis tam bién hipnotizaba. ¿no hipnotizó a nadie de la familia? — Era mi herm ano Alfonso el que hipnotizaba. e Isabel M atutano. — Y cuando le dio por hipnotizar a la gente. — Eso está bien. hipnotizó a algunos amigos en París. — ¿A quí. Podría tener doce años. Yo creo que tiene una inquietud espiritual grande. en la familia. sí. sí. Luis.. no? — No. — ¿A h. No diría precisam ente como Dios. claro. la otra. pero a lo m ejor la lleva dentro. no. A Luis yo no lo he visto nunca hipnotizar. yo le ponía como hom bre y ade­ más como divinidad: Jesucristo.. ese chico tiene una inquietud. . Pero. ¿a quién hipnotizó de la familia? — Alfonso. — Y tam bién yo. porque es bueno. Era casi un niño. yo soy muy creyente. Le falta. discutiendo con otra persona. en Calanda? — ¿En C alanda? Pues sí. a Isabel. — ¿Luego no podría despertarle o qué? — Le costó despertarle. Cuando era muy jovencito le gustaban dos. Una era Catalina Fortón (luego m arquesa de V aldeanavera). ¿eh? Yo no sé. —-Sí. ¿verdad? Y entonces se lo preguntó a Luis: «Oye. Y yo. a todas esas cosas. claro.

—Todos. — Es que yo he tenido esta voz porque cuando era joven me bañaba en el río. — Y luego el tabaco. y luego no me quitaba el traje de baño. se pasaba la vida vestido de cura y diciendo misa arriba. algo he oído... — ¿Lo has conocido tú? — Y la casulla. Claro que las chicas.. Voz de fum adora. U na casulla muy bonita.ALI CI A B U Ñ U E L y L E O N A R D O B U ÑU E L — Tengo una voz horrible— dice Alicia Buñuel. Entonces agarré una afonía de las cosas brutales que. en un granero? — Sí. — B ueno.. nosotras. — ¿Y qué «fieles» tenía? 171 . — Sí. fumo desde muy pequeña. dicen los periódicos que no ayuda para nada..... por la noche. porque he fum ado. los partíam os en cuatro y nos los fumábamos. desde luego. no. me decían que. — No im porta nada. yo tam bién le he robado tabaco a mi padre— com en­ ta Leonardo— . — Yo. Así que.. —Todavía me acuerdo del altar— dice Leonardo. — ¿Los chicos o las chicas? — No. pero es una voz horrible. — El tabaco no. Adem ás es una voz muy bonita y me re­ cuerda a Conchita M antecón. — No. — ¿U sted ha sabido que mi herm ano. pero nunca me he traga­ do el humo. Hecha con tela de colchón y una estela dora­ da.. referente a tragar o no tragar. cuando era pequeño. A mi padre me acuerdo que le quitábam os los puros habanos.

Y luego. no. — ¿Q ué? —Ya verá.— Sus herm anas. Pero ya tiene muchos años para que em pezara a cambiar ahora y hacer películas de Funny Girls y cosas de ésas. que era entonces muy pequeña. — ¿U sted cree que no es ateo? —T otalm ente. —Y entonces las m uchachas estaban cenando en la cocina. A hí donde tenem os la cocina (luego se la enseñaré) era el cuarto de las amas.. Mi prim a Araceli. —Eso fue antes de ir a los jesuitas. Y usted ¿qué piensa? ¿C ree que es ateo? — Pues yo creo que tiene una enorm e preocupación por la re­ ligión. la cogía de la pierna. Resulta que había por aquí un bandido. sí. sí. Todo lo hace para engañarles a ustedes. Entonces esta casa era muy grande. sí. sobre todo a sus herm anas. Nosotros teníam os un tío sacerdote que era adm inistrador nuestro... Está engañando a todo el m undo desde hace años. Y cuando subía el am a. Y todos unos sustos horribles. yo creo que es buenísimo. — A mi herm ana M aría y a mí. Y la parte de la cochera era por donde vivía nuestro cochero. que la conoció usted en Barcelona.. Pero Mussolini siempre.. de Luis? ¿Q ué cree usted? ¿De verdad es malo? — H om bre. otra cosa. Es que las brom as pesadas. Hay que acatar y hacer lo que él 172 . A ntonio y Rafael Saura. haciendo creer que la religión para él no significa nada. — Sí. Pero ¿qué opina usted. Un susto ho­ rrible. y M argarita lloraba y él se metía debajo de la cama. no. y su m ujer estaba dando de m am ar a un niño. ¿Por qué está todo el día m etiéndose con la religión si no cree? Porque a mí no se me ocurre m eterm e con otra religión que me im porta tres pitos.. Y dorm ía mi herm ana M argarita. que les quedaba muy lejos. Y la teníam os que sacar la leche. — Bueno. Es un pesado. Que él es un ateo espantoso. claro. y Luis venía y despertaba con algún susto a M argarita. — Sí. Y luego sé de una cosa que tam bién ya se la ha­ brán contado: cuando robó un niño a la m ujer del criado. un bandi­ do que robaba niños. Y entonces mi h er­ m ano Luis se puso el m anteo y la teja de nuestro tío y subió por la calle a recoger niños y se escondió y se escapó. y mis primos. nosotras. ¿eh? — Sí. Es que es malo mi herm ano Luis. Un corazón buenísimo. Ya em pieza uno a decírselo. cuanto más pesa­ das. — No. — Sí. más le gustan. de verdad. no. — A M aría y a usted.

que es tan puntual. cuando vivíamos bien. Porque antiguam ente. a la una y media.» —M ire. m anda mucho. sí.» Y el que a las ocho en punto no estuviese. esas botas de elástico me las puse yo tam bién un día. — M enos. Yo siem pre le he llamado Mussolini.. aquí se que­ daba. pero yo no le hago caso. Y nos hacía una es­ pecie de. Llegaron a las dos. bue­ no. los personajes. no me las puse por el elástico. El otro día vino y dije: «A quí está Mussolini. es m uy.quiere. es buenísimo. ¿verdad? El tenía unas ganas locas de unas botas de elástico. que en México. —Menos— corrige Leonardo. a su herm ano. — Exacto. Pero a mí me dijo: «No. 173 . El m anda y yo no le hago caso. así.. Los demás están más supeditados. No. Me acuerdo que otro día íbamos en el coche grande. Entonces me puse yo esa bata. me las puse para dem ostrar que yo era el jefe. que nunca le hago caso. Tenía un teatro de un tam año así... cuando fuimos a San Sebastián? «A las ocho en punto saldre­ mos.. M enos yo. donde no se respeta la hora para nada.. — Cuando era pequeño tenía tam bién aquí un teatro. preciosa. — Sí. ¿Tiene usted alguna idea de éste su com portam iento? — Pues no sé. muy pintada. él me lo ha contado. y luego me puse las botas de elástico y bajé al salón. ¿te acuerdas del Buick aquél. Así que yo tam ­ bién me puse las botas. — De esas de elástico. convidó a unos periodistas a tom ar una paella hecha por él.» Porque es Mussolini. Y sacaba las figuras en unos alam bres. cuando falleció el padre de ustedes el veintitrés.» Y un día me acuerdo que tenía mi m adre una bata de cola rosa. — Sí. No sé. Porque en casa mi padre no era así. — Personajes de cartón recortado y pintado. ni mi m a­ dre tam poco. cogió la paella y la tiró al suelo delante de ellos. en eso es. sí. sí. aquí. U n teatro. sí. — Y se las puso.. Les abrió la puerta. Y decían: «A ver cómo baja hoy Alicia vestida. ¿Tú te acuerdas del teatro? — Sí. Y en Nueva York hizo lo mismo. A hora. Yo no sé de dónde le ha venido eso.. — Se la tiró. Yo le contaba antes. yo me vestía siem­ pre para cenar. — Y nos hacía unas funciones muy bonitas. O se iba él solo y nos dejaba plantados.. — Con él jugaba yo después— recuerda Leonardo. — A hora yo com prendo por qué se puso los zapatos de su p a­ dre.

y nos las obligaba a tom ar. Y estaban cuatro días cazando. no. Lo que tom a él. Volvían. — ¿Cuántos años tenía entonces? — Pues ¿qué tendría? Once años o así. — Luego nos decía: «Vamos a jugar a los cafés. Entonces creía. — E ran unos «buñuelonis» en potencia. — E im ploraba a la Virgen para que lo salvase. o alguno de éstos.— A mí no me dejaba entrar porque era pequeño. no! Malas. — Sí. Era una Mantis religiosa.. con tres muías. que se llama Seperuelo.. — Y otra cosa que tam poco le habrán contado: él tenía una pis­ tola de. Le daba 174 .. o plegadeu. y se llevaban colchones. que le dicen en Cataluña. — Sí. Nos hacía entonces unas cosas horribles con vinagre. Seperuelus pinaris. que era Tom ás Pelayo. — Sí. — Sí. En los jesuitas era el príncipe de los estudiantes. Pero cuénte­ me más cosas de él.. — ¿M alas? ¡Uy. Pero cazar. — Descubrió un insecto. y decía: «¡Virgen del Pilar. Araceli se tom aba siempre el avina­ grado tam bién. E ra muy aficionado a la entom ología y descubrió un in­ secto. —Tenía un amigo íntim o.. Venían aquí y dorm ían los dos en ese cuarto. Y se lo llevó a un amigo suyo. Un avina­ grado. o al catedrático quizá. No habían cazado nada. sálvame!» Eso decía. a Zuazo. cerca de Calanda. Se pegó un tiro en la m ano. Nos hacía tom arlo. Siempre salía con una corona de laurel. Resulta que era vulgarísimo. — De un tiro. él reconoce haber perdido la fe hacia los diecisiete años. Entonces organizaron un safari.» Y entonces nos hacía. — «Buñueloni» con cerveza y mezclado a ver si. Cuando el tiro clamó a la Virgen. — ¿El viñado? Era pintado tam bién. Después del tiro. Pero de verdad malas. Sí.. Y venía un carro de aque­ llos antiguos. E ntre los hom bres es cosa relativam ente general. A n­ tiguam ente los jesuitas les daban una corona de laurel. Y el carro aquél era com o una carreta de esas del Oeste. lo clasificó y le puso nom bre: Seperuelus pinaris. Lo trajo. —Com o un café. nunca trajeron nada. Tendrían diecisiete o dieciocho años. era peque­ ño Luis. todos llenos de m an­ chas de vino. el plegamanos. sálvame! ¡Virgen del Pilar. que se pegó en la mano. con no sé qué. Lo cogió en un m onte ahí. — A bares.. Lo de ateo habrá sido después. y entonces se iban con el criado nuestro y otro más. Como un bar o un café..

en casa. mi m adre siem­ pre tuvo locura por él. Desde luego. eso ya lo sé. Mi m adre siempre decía que éra­ mos nosotras muchísimo peores que él. con unas bombas que caían. porque su m adre prefería a Luis. y en el Instituto con otros chicos.» — ¿No era Conchita la que dijo eso? — Fue Conchita.. no fue. al lado de la calefacción.. para que se acostum brase al tránsito del bachillerato a la carrera. — C reo que no. Fue Luis el que se ofreció. Y entonces a mi m adre sólo se le ocurrió decir: «Y el pobre Luis. que Conchita. de pequeño. — Bueno. intolerancia. Los dos últimos años de bachillerato lo sacó de los jesuitas para que se acostum brara a estudiar por su cuenta. a aprender a estudiar por su cuenta. nos­ otros con Araceli y A ntonio a una cueva. abajo. que era muy grande. Porque es intolerancia. me m a­ táis a mí y me coméis. durante un bom bardeo. — Conchita era muy propensa a todo eso. . Parece ser que lo sacó mi padre. Y malo así.mucha vergüenza. — Son fantasías moriscas. pero salía siem pre de em perador con una co­ rona de laurel. Nos m etimos con nuestros primos. Tenía una clara predilección por él.. estábam os en Zaragoza. y luego h abía. Si nos quedam os aquí y tenéis ham bre. El motivo fue ése.. en París. — Pues yo sí lo sé. Pero. Había que entrar ram pando así. Expulsado. M aría y yo. —N o. Pero hay en esos aspectos algo de. desde luego. Pero dígame por qué se salió de los jesuitas. Nosotras éramos muchísimo más traviesas que él. diga­ mos. Y entonces Luis nos dijo: «No os preocupéis. Luis era mucho m ejor que nosotras tres.» — En la expedición a la cueva. no encontrábam os la salida.. creo yo— trata de recordar Leonardo. y nos perdi­ mos. — ¿El dice que se salió de los jesuitas? No sé por qué. y yo tem blando. en la guerra. ¿verdad? — Intolerancia. R e­ cuerdo que. sí. en el sótano. ¿tú no estuviste? ¿Cuando os perdisteis? — Fue en Calanda. Entonces éram os muy traviesas.

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. Es una se­ ñora muy bien.. de Madrid. que nos quitaba los juguetes para regalárselos a una novia que tenía. el padre tenía idea de que Luis era de una familia muy rica. — Quién era? —No sé cómo se llamaba. A ntes. —No. Vive en Calanda. Cuando andaba por los dieciocho años tuvo aquí una novia de veintidós años o más.CONCHITA BUÑUEL — Pues. lo prim ero que recuerdo es que nos quitaba— era muy joven. de esas que llaman «una niña bien» en M adrid. —B ueno. debía de tener unos doce años— . Y entonces el padre quiso formalizar la cosa. no. ésa es Concha. Tendría diecisiete años. como él aparentaba mucho. y le pidió que. en M adrid. ¿qué otras novias recuerdas? — La segunda era ya aquí. U na novia que. diciéndole que su amigo Luis la adoraba. y que murió nom brándola. — ¡Ah. lo encontró el padre. Entonces le escribió una carta como si fuese otra persona. — ¿A ntes? —Sí. y no sabía cómo rom per con ella. Luis aparentaba mucha más edad de la que tenía.. Y entonces. ¿no? —No. y creo que lo per­ siguió con el bastón por aquí.. Pero se fue el verano a Calanda. por Madrid. — Y después de esa novia. E ra una chica de aquí. quizá. sí! T rabajaba en una farmacia. . y Luis dijo que sí. mucho antes. naturalm ente. En aquellos tiempos era muy guapa y muy agradable. Todavía vive. debía de tener diez años o así. pero está gordísima. tres o cuatro meses después. Y luego. Esta era una chica bien. — Isabel M atutano. — Y que se llamaba Isabel. que se casaría con ella. no. pero que había m uerto en un acciden­ te de m oto muy grave.

pues sí. cosas de fa­ milia. recapacitó. — ¿A h. pero es que tú tienes adoración por Luis. tam bién fue profesor de m atem áti­ cas y tam bién se enam oró de Pilar Bayona. y cuando la digo. ¿Y Pilar Bayona? —B ueno. sí? Pues no creas. ¿no?. la satisfacción que tenía de todo lo que hacía Luis y de todo lo que 178 . tuvo el niño y ya no volvió... — Contigo Luis tiene un trato más fácil. Y entonces co­ m enta conmigo cosas de los filmes. Yo creo que con más fuerza que Luis todavía. y dijo: «Pues nada. pero es que casi es inmoral.. el padre de Pilar Bayona era profesor de m atem á­ ticas de Luis. o sea que en el treinta y dos o el treinta y tres.. H a m enguado. por su música. C uando yo hago una cosa me gusta hacerla. conmigo.— ¡Ja! B uena historia. Y Pilar tenía dos o tres años más que él. Y en M adrid. — Eso es lo que se llama tener influencia. y Luis se ha burlado mucho de mí. y. que tenía die­ ciséis años m enos que Luis. luego. una belleza. no ha hecho nada. — Sí. pero tiene una cosa de desviación de la columna vertebral.. Porque es una persona que no ha trabajado nunca en Calanda— era un juez— . no las obedece. Se casó. Y te es­ cucha. pasó una tem ­ porada en mi casa. Dijo: «No. Cuando fui a la estación a buscarla. vive. mi herm ano Alfonso. Y en Seo de Urgel. E ra . se la voy a regalar a tal persona de C a­ landa. pero las acepta. era su predilecto. Prim ero. Y lo curioso es que. ¿tú la conocis­ te?. es verdad. Y es que Luis es muy impulsivo y hay que darle tiem po a pensar. hay cosas que le digo yo. Mi m adre adoraba a Luis. me pareció maravillosa.» Pero guardó la car­ ta dos días y a los dos días la rompió e hizo lo que había dicho yo. — B ueno. como tu m adre. me que­ dé deslum brada. está pequeñita. la hago. y. U na vez se fue a vender una finca. si­ gue dando conciertos.» Y así. — ¿Y Pilar Bayona vive? — Sí. — ¿Y cuándo conociste a Jeanne? — Yo siempre de las fechas me olvido. Vamos. puedes regalársela a la persona que la ha trabajado. —A veces no tiene nadie con quien com entar.. cosas de libros. en efecto. Pero Luis se enam oró de ella de un modo muy platónico. — ¿Y cómo se m anifestaba esa predilección? — Pues se m anifestaba en mil detalles pequeños. Tam bién estuvo con nosotros en San Sebastián. pero debió de ser unos cuatro años antes de la guerra..» Le digo: «Bueno. muy m aquillada. Y a veces. porque yo siem pre he sido la tonta de la familia. Resulta que aunque no eran novios.

Entonces fui a preguntarle a este tío sacerdote. y le digo: «Tío. M iradlo. sino en la costum bre diaria. Y la insti­ tutriz siempre estaba con nosotras en presencia de nuestras amigas. Y últim am ente. siem pre. A los dieciocho años.. Y recuerdo una cosa graciosa. ¿no?. quince años. sinvergüenza!» Esa era la educación que nos daban.» Entonces fui y le dije a mi herm ana Alicia: «Mira: viene una cosa en el periódico que debe de ser muy fea. — ¿Y cómo cayó en ese am biente la noticia de la adhesión de Luis al surrealismo? —La verdad es que entonces no sabíamos nadie en casa lo que era el surrealismo.! Y es que además tuvisteis m u­ chos curas en la familia. Yo no sabía lo que era un feto. H an influido bastante en nuestra vida familiar. no sabíamos nada. mi m adre todavía nos quería hacer creer que los niños venían de París. — ¡Qué vida la de provincia. me hace gracia. cuando Luis hizo El. que Luis no fuera religioso. ¿qué es un feto?» Y me pegó en un hom bro y me dijo: «¡Cállate. —Muchos.hablaba. cuando recibió esta foto vestido de fraile. —No. porque ya mi m adre em pezaba a flaquear un poco. Nos tenían muy aisladas. insa­ ciables.. que era como nuestro adm inistrador en las fin­ cas. Y les lla­ m ábamos los cocodrilos porque eran insaciables com iendo. y jam ás nos dejaron solos ni siquiera cón alguna parienta de por allá.. Teníamos una institutriz. Y entonces mi m adre. m andó una fotografía vestido de fraile. pero es que no vivíamos en el campo. porque viviendo en el campo. ¿com prendes? Los parientes y los no parientes. 179 .. No han influido en nuestro modo de pensar. —Es raro. a quien le m olestaba m ucho. segu­ ram ente por las relaciones sociales. Ella creía que por el hecho de estar vestido de fraile ya iban a pensar que era una persona religiosa. porque m adem oiselle se ha enfadado m ucho. tanto que critican a Luis. ¡Cuántas veces habrán venido a com er a casa! Algunos domingos venían tres canónigos a com er a casa. m irad­ lo. ¿qué es un feto?» Y se puso muy colorada y dijo: «Usted no tie­ ne necesidad de saberlo. uno de ellos tío nuestro. Y teníam os otro tío que era sacerdote.» Y entonces esta amiga dijo: «¡Jesús! ¡Qué sacrilegio!» Mi m adre se quedó muy indignada. Ibamos sólo al­ gunos días a Calanda. Cada vez se les hacían más platos y cada domingo co­ mían más. pues se la enseñó a una amiga diciéndole: «Mira. mira. no sé. leí en un periódico que se habían encontra­ do un feto fem enino abandonado. y cuando yo tenía. y entonces le pregunté a m adem oiselle: «M ademoiselle.» Fuimos a buscarlo y lo habían recortado. Siempre estaba encantada.

Decían a veces que Luis no era religioso. hablaba mucho de las 180 . y mi m adre se encantó. no. que en ninguna se comía bien. Pero mi m adre se horrorizaba. tam poco. le horrorizaba dejarlo. — Y cuando vinisteis de Zaragoza a M adrid. es uno que tenía un quiosco de periódicos y que luego lo m ataron en la sublevación del C uartel del Carm en. — Entonces te refieres a La quinta de Palmira. ni siquiera con la palabra ateo. no. o lo dirían los canónigos. — Pues en el segundo tom o. y ese año tam bién estaba Sender. yo creo que es Crónica del alba. Vinieron mi padre y mi m adre. que en casa he sido la que más he leído. pero. pero entonces. no. Na­ die relacionaba aquello con la cosa surrealista. Y luego. nosotras. no. Luis se hallaba mucho más contento que con los jesuitas.. Eso lo recuerdo por­ que se habló mucho de ello entonces. creo. — ¿Sí? ¿La quinta de Palmira? Pues yo leí. ¿tú has leído un libro de Sender que se titula Crónica del a lb a l — Sí.. ahora está mucho más cerca de todo el m undo lo de la Luna que entonces el surrealismo. no sé... pues no tenía idea de lo que era el surrealismo. Pues no. En Zaragoza. Y yo. que en casa se dieron cuenta y mi padre aceptó. — Yo he leído. — Pero él sitúa la acción en Reus. No sé. sí. Hay allí algo que to­ davía recuerdo. Es que ahora la vida es muy diferente. habló de la Residencia de Estudiantes y fueron. pero nada más. ha­ blar entonces del surrealismo era como hablar ahora de la Luna. Yo creo que los canónigos tam poco sabían lo que era el surrealismo ni si era ateo o no. nom bra a m ucha gente conocida de entonces..— B ueno. pero de todas m aneras sí sabían que era una cosa atea. E ra anarquista. E ra lo co­ rriente dejar en una pensión a los hijos que estudiaban. de los escándalos que se arm aron entonces? — Pues no. Entonces alguien. para dejar a Luis instalado en una pensión. — ¿Y tam poco sabíais lo que pasó en la familia de Dalí. no sé quién. ¿qué pasó? — Sí. que es lo del «Chueta». le parecía que todas eran sucias. Le pareció preciosa.. — Sí.. ¿No es Crónica del a lb a l — Es posible. Entonces fue al Instituto. — En R eus. — Pasa en Zaragoza. había menos convivencia con gente de fue­ ra. — ¿Por qué Luis salió de los jesuitas? — Salió de los jesuitas porque verdaderam ente estaba tan re­ belde y odiaba tanto la educación aquella. No lo sé.. — Pues no. yo creo que disim uladam ente.

Se le arregló una habitación un poco extraña y él se trajo todos sus libros. Pero mis otras her­ manas son com pletam ente diferentes.. mi padre se enfadó y le hizo ir a Zaragoza. y cuando hablaba tam bién de la cosa externa. — ¿Y qué solía contar Luis de la Residencia cuando iba a Zaragoza? — Luis ha sido siempre un poco reservado en casa. no. que era muy joven. incluso franquistas.. sólo conocía una clase de educación. Em pecé a leer la literatura rusa. No sé si M argarita es igual que yo. porque es todavía más joven que yo. Un perro andaluz es del veintiocho. Y luego tam bién la Vida de Jesús. porque Un perro andaluz ya lo hizo en seguida. de R enán. entonces sí fue antes de m orir mi padre. hoy día a esa edad ya no se es joven) dieciocho años. tenía (bueno. Cosas así. — El veintitrés. — ¿Y de Vicens te acuerdas? — Pues sí. De reuniones.• habitaciones. Yo era entonces muy joven. y yo creo que todo esto es lo que luego me ha servido a mí para irme transform ando. Pero luego. del jardín. — No. pues sí. sí. pero de fechas no nos acordam os nada. Nunca pensó en que la educación podía ser más o menos religiosa. le influyó más la parte exterior. toda la cosa exterior: que 181 . Com o cuando nos llevaron a nos­ otras al Sagrado Corazón o a los jesuitas. no por la sociedad. ¿Y tu padre? — Mi padre no debía de ser religioso. veintitrés. Com o a los seis o siete meses. — Es que yo de fechas. sin im portancia. por­ que empecé a leer sus libros. de que boxeaba. Es que estaba calculando ahora que mi pad re. ¿no? —No. A unque pien­ so que debió de ser después de m orir mi padre. de amigos. Luis tendría veintidós años. sino por nosotros. cuan­ do le suspendieron. ya. la que se veía que era buena sin tener que preguntar. no sé. —Tu padre murió el veintitrés. — B ueno.. Vieron que en Zaragoza no podía hacer nada y volvió a M adrid. la de la gente bien. aunque nunca lo dem os­ tró claram ente. — Bueno. tam bién. pero siem pre. A cuérdate.. Y creo tam bién que a M argarita la he transform ado yo un poco. A mi m adre. no.. creo.. Y creo que no le daría ninguna im portancia aunque se enterase luego de que era algo diferente. ¿Y cuándo volvió Luis a M adrid? — Pues pronto. Es cuando empecé yo a tener otra idea de la vida. No. para tener otra educa­ ción. y.. —Ya sé... No.. Luis tendría entonces veintitrés años porque es de mil novecientos. son muy religiosas. entonces no.

sin avisar a nadie? — No. esto ya lo sé.» Siempre lo decía. a pesar de todo lo que dice y hace públicam ente. Cuando esta­ mos juntas decimos: «Yo le diría tal cosa. el ser tan rastreram ente franquista como es. lo de Un perro andaluz. y la quería muchísimo. — A mí me repugna un poco esa falsa originalidad que tiene. eso.. por cómo se ha portado. Y luego esas cosas de él. Luis le pidió dinero a mi m adre. no. más de tipo intelectual. — Sí. que sólo comían alm endras y vegetales. que es ese ángel de Dios. nos regodeam os pensando la que le vamos a arm ar. tal vez también experim entarlo. — ¿Y cuándo conociste a Dalí? — No lo conocí nunca. no la conocía. porque bien que lo finge.. — A él le encantará saberlo y. nadie se puede portar peor con un amigo que como se portó con Luis. pero no lo he co­ nocido nunca. — Y cuando Luis se fue a París. Pero le daba horror que se casase con una francesa por ideas de ésas. además. quién sabe. — Claro.» Y entonces yo digo: «Pues yo le diré tal otra. desde luego. — ¿No? Pues es peor. ¿a tu m adre le pareció bien. siempre le decía: «Tu m ujer.. He oído hablar de él. Es tan ateo como siem pre.. Y luego.. no sé. por­ que entre mi herm ana M argarita y yo se ha form ado un deseo de insultarlo. Y luego. tan indigna. no sé por qué le tenem os tanta antipatía. Pero yo a veces pienso que aunque no se hubiese portado mal con Luis seguiría siendo un ser repugnan­ te. Tenía mucho miedo de que le pasara algo. Pero luego mi m adre le tom ó un cariño tan grande a Juana. Es como una manía. — Lo finge. — Y. que cuando le escribía a Luis. tan rebuscada. No sé por qué. — ¿Tu m adre dudaba? 182 . ese ángel del cielo que anda por la tierra. así.. yo pienso que influí en mi m adre para que le diera el dinero para Un perro andaluz.» O sea.. no. tan. A unque tengo muchos deseos de conocerlo. — Es una cosa curiosa..los dos eran naturistas. o de pensar que Luis no volvería. o se fue así. Mi m adre se dejó con­ vencer siempre por Luis. Al principio no estaba conform e con Juana. y aunque Luis no creo que lo sepa. no lo analizo bien. — Pues. lo mismo que con Federico. que iban a la nieve y se desnudaban y se enterraban en la nieve. pero cosas d e . con toda la razón del mundo. un poco extrañas. — Pues no es nada franquista. A mi m adre la convenció.. no sé por qué.

— ¿Pero Luis ya no estaba? — No. en Madrid. jam ás. Pero yo era muy hipócrita. Y re­ cuerdo que fingí y me levanté diciendo que me había disgusta­ do. comunismo. Lo del cine le parecía casi como una profesión de saltim banqui. — Y L a edad de oro tam poco. — Eso está muy bien. yo era un poco exhi­ bicionista entonces. — El día siete. para que vie­ sen los obreros que estaba a su lado. para el cine. Mi marido nunca me dejó tener amigos ni hablar con las m uchachas. Se había ido a Francia en septiem bre u 183 . Pues dale esto.. Yo vivía aquí.» Pero yo le dije: «M ira. si Luis fuese dentista le pondrías un consultorio. yo vivía aquí en M adrid. un bufete. pero. no. un día en que se creyó que iban a entrar los nacionales. — ¿Cómo? — Sí. En noviem bre. que era del Estado M ayor.. yo com praba M undo O brero e iba por la calle casi. aun sin entender ni estar acostum ­ brada a estas cosas. pero el caso es que le dio el dinero e hizo Un perro andaluz. B ueno. si fuese abogado. lo m etieron en la cárcel. ni nada. y a mi m arido. — ¿Y qué te pareció? — Pues muy extraña. Pero ¿hasta cuándo tú no viste Un perro andaluz ? —No. No sabía hacerlo de otro modo.. Si la vio. Y cuando Luis le pidió dinero. el haber ido a ver La edad de oro fue lo que hizo que a mí me m etieran luego en la cárcel. — ¿Y tu m adre la vio alguna vez? — No.. si fuese médico. dijo: «No. estaba como secuestrada.» Y yo no sé si la convencí. a veces. — El siete. aunque no era hom bre político. La edad de oro la vi yo aquí con mi marido. yo me sentía muy cerca de todo lo que era de izquierdas: socialismo. todo me parecía que era. pues tam bién. una cosa muy poco bien. la vi en cuanto se entrenó aquí. Un perro andaluz. no. no quería. Luis no estaba. Y ya no la he vuelto a ver.. Cuando em pezó la guerra. sí. con mi m arido tenía que tener una hipocresía muy grande. en M adrid. Y me gustó y me trastornó bastante. jam ás. claro. Pero en realidad me gustó.— Mi m adre. Sin saber muy bien lo que era el comunis­ mo. con mi M undo O brero. Pues me fui a casa de Luis con mis hijos. como digo. no. Entonces. A de­ más. —-¿Quiénes eran tus amigos? —No tenía. algo que me gustó. Yo entonces no distinguía bien una cosa de otra. m am á. —Tam poco... pero no creo. fue muchos años des­ pués.. ya hubo algo que me atrajo. por exhibicionismo.

— Del treinta y seis mismo. — B ueno. que nos habían educado estúpidam ente y que lo único que había dicho era que Jesucristo era el prim er socialista que había habi­ do. ahí. Todos los que le pareció que. — ¿Eso qué año fue? — Pues yo me pasé. Y mi familia me vino a buscar y me llevó a Zaragoza. Pero esto no interesa que lo cuente.. pero. Salí a Francia por Alicante. sólo por darle gus­ to. que yo fui una traidora.. — La prim era declaración que me tom aron. — ¿A casa de tu herm ano Alfonso o . en fin. y yo proporcioné al general R o jo . Gracias a él se conservó bien la biblioteca de mi her­ mano. Le destrozó la biblioteca. facilitó mi salida a F ran­ cia. R ojo estuvo viviendo allí con sus hijos durante el asedio a M adrid. estuvieron a punto de fusilarte. Y este C oderque le dijo al otro policía. — Sí.. pero entonces él avisó al general R ojo que estaba. debió de tener en cuenta que a ti. pues era uno que había sido com pañero de Luis. porque yo no lo conocía. en atención a la amistad que nos une con 184 . de mi herm ano Luis. sí. — Sí. Por cierto que sin ser creyente. podían llevarlo al pelotón de fusilamiento.. ya que mi m arido no me perm itía que cono­ ciera a nadie (estaba como secuestrada. O sea.? — No. prim ero unos y luego otros. por mucho m e­ nos. son las palabras que se em plean— . ¿Entonces él era ya general? —Coronel. yo no. Rom pió y quem ó no sé cuántos libros.. cuando se liberó—a mí me m olesta decir «li­ beró». cuando se liberó M adrid. C oderque. Hidalgo de Cisneros.octubre. no. si cogían a Luis. es otra historia. mi m adre llegó a casa de Luis con una amiga y se dedicó a rom per sus libros. vinieron a buscarm e. Y la prim era declara­ ción que me tom aron. Y fue entonces a vivir a casa de mi hermano. salí. Entonces... que tam bién conocía a mi familia: «Esto. que era policía. del treinta y seis. que estaba en el M inisterio. Y cuando hacía un mes que estaba en Zaragoza. y eran dos policías. Pocos días después. Ya te dije que yo era muy idiota. me pasé al ene­ migo. E staba sola la muchacha. — Y me tom aron declaración y me preguntaron si había hecho declaraciones antirreligiosas. ¿no? — Sí. entre M enéndez Pelayo e Ibiza.. Me dijeron que ha­ bía dos señores que me esperaban.. bueno. ya te lo he dicho: ni ami­ gas y mucho menos hom bres). Me llevaron con ellos y me tuvieron tres o cuatro horas tom ándom e declaración. y fui a casa de la institutriz de mis hijos. estaba rezando el rosario con mi m adre. en un avión de A ir France.. que es­ taba ya en París con ellos.. llegué a Zaragoza en diciem bre.

y había. pero luego. Y ya en la cárcel. le dije a uno de los guardias: «Puede usted sentarse. H abía una se­ ñora que entonces a mí me parecía muy vieja. a lo m ejor te ríes. Para que hiciera así sus nece­ sidades.» Yo creía que no se sentaba por fino. porque las infelices (aún había allí jerarquías) me consideraban a mí una señora. muy señora y muy fina. de arrancar niños de meses de los brazos de las m adres para llevarlas a fusilar.» Y dice: «Ya lo sé. y le decía: «Si tienes sed.» Y le metía con los dedos trozos de pan en la boca.. como novelista. y la sentaron y le ata­ ron las m anos extendidas a los respaldos de las sillas y las pier­ nas separadas atadas tam bién a las patas de las sillas. me tom a­ ron mucho cariño las presas. ciento cincuenta. y más de veinte niños m enores de cinco 185 . cuando yo es­ tuve. Le habían m atado tres hi­ jos persiguiéndolos por el m onte. sí. el bom ­ bardeo más fuerte que hubo en Zaragoza. Y al marido. y con las faldas levantadas atadas al cuello. toma. cuando empecé a saber estas cosas). me hicieron dorm ir en un des­ pacho. Y rezaba el rosario y estaba como un poco enlo­ quecida. en la cárcel. dorm ir. Y la tuvieron tres días así. un día pues me decía. H abía dos guardias paseando toda la noche. B ueno. pues claro.» Y entonces me dijo: «Esto no lo repita. pero no sé si interesaría.. yo. Hasta he hecho ejercicios m entales para olvi­ dar estas cosas. Me fui a casa. — B ueno. la cela­ dora le tiraba agua con un cubo. tú.. Cuéntalo. Y luego. la celadora. La cárcel de Z a­ ragoza estaba hecha para doce m ujeres. con los dos asientos frente a frente.su familia. pero a los cinco días me soltaron. Y ella. con una tabla con un agujero en el centro. Y el último día ya aullaba como una fiera la pobre m ujer. cosas trem endas. De sacar a fusilar m ujeres em barazadas. tam bién por am istad.» Esa noche me dijeron que iba a dorm ir en el calabozo. Entonces. Luego hubo un bom bardeo. Y un día. aunque segura­ m ente sería más joven que yo ahora. A h. ¿quieres que no lo pongamos?» Y el otro: «Sí. era m aestra. De vez en cuando.. Pusieron entonces dos sillas. y yo sentada en la silla y los guardias paseando delante de mí. Y luego me llevaron detenida a casa de un coronel de la G uar­ dia Civil que era pariente de mi m arido. vi cosas horrendas. un poco separadas. — Sí. no hablaba con nadie. Y también vi algo espantoso. y me vinieron a buscar de nuevo y me llevaron a la cárcel. y era porque no le daba la gana. aunque fue entonces. pues entonces la celadora golpeó a una chica em barazada y esta maestra le quitó la porra y le dio a ella. que había sido muchacha de la Pardo Bazán y tenía seis dedos y era muy mala (era lesbiana. como digo. porque le podía costar muy caro.. aunque no fue nada. que yo no sabía lo que quería decir.. La verdad es que m trato de olvidar.

a los que yo siem pre les daba chocolate. —Y de Cam acho tam bién. y co­ sas que me llevaba mi m adre. no tenía ni m iedo. si no nos das. ropa. Bueno.años.» En fin. E ra muy amigo de Hidalgo de Cisneros y del otro que no me acuerdo cómo se llam a. déselo a su m a­ dre. No debía de ser muy buena cuando no se me ha quedado gra­ bada. la Q uinta C o­ lumna y todo aquello. Mi m arido no era político.» «Pues si ellas son criminales. Yo tenía un anillo. ni nada. y a mí ya no me sacaron. de mi m a­ rido. — Pero ¿por qué? — Por Kindelán. Me dijeron: «Pues ahora. Pero a los tres meses de guerra lo m etieron en la cárcel. cuando usted pueda. en M adrid. sí. comida. un zafiro con bri­ llantes. y me querían. Cuando se term inó la guerra estuvo siem ­ pre en el grupo de aviadores. que me parece que se llam aba Q ui­ 186 . como a los dem ás. que era G asapo. Ya sabes. porque dicen que la van a fusilar. hijos de una presa común. si no lo descubro. que era muy herm oso.. aspirinas. de Camacho. y luego lo de mi m arido.» ¡Unos niños de cinco años! Yo repartía todo lo que mi m adre me traía. mi anillo de petición. Porque para mí la m uerte es como una aventura.. ¿no? Pero pienso que al m orirm e tengo que descubrir algo muy trem endo. pero una noche nos sacaron a todas las que supuestam ente iban a fu­ silar. y me llevaron a casa. Parece ser que Kindelán. que era enemigo nuestro. — Sí.» Decían: «Pero si son unas criminales.» Me paiecía imposible que me fusilaran. Unos días después fue el jefe de Estado M ayor. sí. y digo: «Pues por las infelices que se quedan.. como no me enteraré.. Por cierto que había dos niños. Y a las cuatro de la m adrugada nos subieron de nuevo a las celdas y sacaron a otras. y entonces se lo queda todo la celadora.. en tiem pos. ¿No estoy hablando dem asiado de mí? ¿No? Y me pasé toda la noche pen­ sando en decir una frase muy herm osa que ya la he olvidado. sí. Y me decían: «Esto. daba los suministros de aviación a un cuñado suyo. De Sánchez Mazas y de Camacho. me parece que voy a descubrir algo tras ella. Y luego Franco le hizo Consejo de G uerra y lo condenó a tres años y un día. Y estuve esperando toda la noche. ni preocupación. Lloré como una loca y me dijeron que por qué lloraba. y a mí me están sacando. algo que no he podido disfrutar en vida. — ¿D espués de haber estado en la cárcel en nuestra zona? — Sí. lo repartía. le vamos a decir a la ce­ ladora que estás en la ventana provocando a los hom bres. Todo lo que me traían lo convertía en un restaurante. con el jefe de Policía. tam bién lo soy yo. y que. tam poco me im portará. Un día me pidieron y no tenía. Lo curioso es que él había estado preso aquí.

millonario y muy de derechas. Y tres o cuatro meses después fue cuando lleva­ ron a Kindelán a un castillo por monárquico. él y otros amigos se iban. Y vino porque quería que mi m arido denunciara a Kindelán con docum entos y cosas que mi m arido tenía. incluso. ni siquiera vengarse. era la posguerra. ¿verdad?. Nos escribió prim ero di­ ciendo que venía a pasar unos días con nosotros a Calanda. que la orden mía de detención y la am enaza de fu­ silamiento y todo eso la dio Kindelán. Mi m arido dijo que no quería sacar las castañas del fuego a nadie. Era muy joven.ñones de León. le dijeron que si no se cam biaban los suministros denunciarían el caso. de dos años. cuando no había nada de com er. a Luis le gustaba disfrazar­ se. A veces de lapón. de M adrid. y luego con sus condenas. creyeron que era el «sa­ cam an tecas» que se había disfrazado y quería robar la niña. No sabía que luego siguiera disfrazán­ dose. y en Ca187 . — En su infancia. en Calanda. Pero era un juego de niños. deshecha. a la plaza de toros. sol­ terón. porque entonces se hablaba mucho del «saca­ mantecas». Se puso la ropa de sacerdote de nuestro tío. La casa estaba entonces quem ada. u ocho. Niñas de gente humilde de por allá. porque estaba muy enferm o. una careta. Se ponían unas faldas muy viejas. B arberán. ¿verdad? — En casa no recuerdo que se disfrazara mucho. y le escribimos diciendo que no viniera. en su juventud. Nunca estoy muy segura de los nom bres. y se iban por. el doctor Segarra. Y como Luis era muy alto. de guardia. R ecuerdo que se vistió de cura una vez. Pero... Ya no recuerdo. y mi m arido. Pare­ ce. para carnaval. quince o die­ ciséis años. aquel que des­ apareció en el Golfo de México. porque él acostum braba vivir estupen­ dam ente e iba a pasarlo muy mal. aun sabiendo que mi marido había estado en la cárcel. de eso que llaman de destrozonas. no había m uebles. Pero él no le daba im portancia al dinero. la cogió y empezó a hacerla saltar. Había sufrido mucho con todo lo mío de la cárcel. o. Y le pidió que lo denunciase y que se le devolverían todos los sueldos que no había percibido desde antes de la guerra. nos fuimos a vivir a Calanda. vino. Mi marido estaba muy en­ fermo del corazón. y la gente comenzó a gritar creyendo que era un secuestrador. a pesar de esto. Seis o siete años después. E nton­ ces la gente se sentaba a tom ar el fresco. Y luego tam bién. Mi padre llegó con dinero de Cuba. que eran profe­ sores de C uatro Vientos. cuando jugaba a cazar con sus amigos. Y él cogió a una de estas niñas. y había unas niñas que llamábamos «las gorditas». Y entonces. y por eso lo miraban con respeto. Y vino un médico de aquí. El nunca se lo perdonó. Y pa­ saban muchas desgracias. que me asistía a mí en los partos. porque él tenía catorce o quin­ ce años.

Pero no.landa era muy generoso. lo sabía ya de antes. y el piano. Eduardo. que lo ha leído en algún libro— que cuando en España se tenían más de doce hijos. Obispo de Logroño. se escapó a los catorce años de su casa. se les declaraba «hidalgos de bragueta». No exis­ ten para mí. H abía sido escolapio. ¿Tú no sa­ bías eso? — No. no sé cómo les llaman.. que mi abuelo m aterno podía haberlo sido porque tuvo veinticuatro hijos. fueron veinticuatro herm anos. Porque su p ad re. vamos. para mí es como si hubiese sido en tiem pos de Felipe V. Y mi m a­ dre pasaba muchas tem poradas en Logroño con ese tío y su her­ mana.. No es cier­ to. y cuando hubo la gripe. Después tam bién m andó cons­ truir el m atadero. Del cólera famoso que hubo en­ tonces en España. A dem ás.. sí. la m adre de mi m adre murió de cólera cuando ella tenía meses.. La daba mi padre. Mi padre. — Sí. y mi ma­ dre tocó allí las únicas piezas que sabía: la Oración de una virgen. Por ejem plo. chocolate. —Sí. 188 . pero luego se salió y se hizo cura corriente. tam bién había otro tío de mi m adre que era obispo.. quitando ese tío sacerdote que nos adm inistraba en Calanda. ni siquiera a mi abuelo. durante los ocho o diez primeros días del mes regalaba carne y leche en la carnicería y en la lechería a la gente necesitada. no sé si te dijo M argarita. m edicam entos. que nunca he conocido parientes de mi m adre. No era religioso. El canto del ruiseñor y algo de Tosca y de La Bohéme. y nunca los conocí. Mi abuelo era el más joven de ios hermanos. que cuando el viaje de novios— eso lo con­ taba siem pre mi padre— fueron a Algeciras a un hotel maravi­ lloso que había allí entonces (no sé si todavía existirá).. O sea. trajo al pueblo un va­ gón con leche condensada. y esto ha creado una especie de leyenda sobre que mi padre se casó con mi m adre y que luego la llevó a un colegio. O sea. — ¿A eso llamas tú no tener familia? — No. el príncipe de Gales. ¿Y cómo conoció a la familia de tu m adre? — Mi m adre se puede decir que no ha tenido familia para nos­ otros. Mi m adre. pero. el adm inistrador o quien fuera. no el duque de W indsor. no sé si sabrás— esto lo dice mi hijo. Tanto. Y tú. Ya todos habían ido desapareciendo cuando nací. Q uiero decir que aunque fueron veinticuatro herm anos.. Fue entonces cuando mi m adre aprendió piano y francés. Incluso regalar la proce­ sión de las rosas. Y entonces. — Pues sí.. era un regalo para el pueblo. Vamos. Y siem­ pre hacía cosas buenas para el pueblo. pero. pero el príncipe de Gales.. el poquito francés que sabía. que murió cuando yo tenía cuatro años.

. ahí se com prende que.. apenas nos ha dejado es­ tar con amigas.* — Sí.» — ¡Ah. para que luego lo publique y yo pueda decir que cuenta mentiras.. no tiene. Te lo digo para desm entir todo eso de que mi padre la había llevado a un colegio. Sin tener en cuenta las que tú me digas. — ¿Q ué. De París mismo. M enudo bromista. pues apenas nada. ha sido tan diferente la vida nuestra de la de mi herm ano Luis. a nosotras nos tuvo sujetí­ simas.. en el teatro. —El pagó el viaje de tus hijos. ése. En el pueblo le lla­ maba mucha gente don M anuel. pero. En cambio. Me dijo: «Cuando venga Max. Yo he pasado de las manos de la ins­ titutriz. pero eso no hubiera sido grave. sí. — Sí. De Luis hemos sabido muy poco. que era severísima.. con todo lo que 189 . — B ueno. ya figuraba su prim er nom bre. Que eso se dijo. Es que m ira. —No. — No.. pero todo el m undo le conocía por Leonardo. Y bueno.. por ejem plo? — No. — Luis me dijo que tú seguram ente te acordarías de cuando él estuvo un año en el seminario. con el tiempo. es verdad. Su padre le quiso po­ ner M anuel. a las manos de mi m arido. tú le dices que he estado un año en el sem inario. no. Pero es que se forman historias. ha ido sabiendo de ellos. Cuando mi hijo acabó la carrera tenía deseos de m ar­ charse a Estados Unidos. Pues estaba en este hotel de incógnito. no sabía nada. Eso tam bién lo dicen. No conocíamos a nadie. le pusieron Leonardo Manuel. cuando ya empezó a figurar oficialmente en docu­ mentos y así. Pero no. ni sabía quién era Cocteau. seguram ente. — A hora vamos sabiendo cosas de entonces. y acabam os descubriendo que eran amigos suyos. y luego nos hemos casado todas con el prim er novio que hemos tenido.. Como aquello de que mi padre se llam aba M anuel. y que un día. Para nosotros. e hizo pe­ dirle a mi m adre que volviera a tocar el piano para él. me parece perfecto! C ontaré muchas. una. El se emancipó de un m odo trem en­ do. todos esos nom bres no tenían sentido. y mi m adre le dejó. los amigos que tuvo. No nos ha dejado nunca bailar. Yo entonces ni sabía quién era B retón.. Pero verdaderam ente. ni sabía quién era A ragón. Pero luego. Nada. y entonces mi padre fue al Juzgado y se cambió el nom bre. el pro­ tagonista se llam aba Leonardo y mi m adre dijo: «¡Qué nom bre más hermoso!». pues eso. — Sí. — B ueno. por ser el santo del día. que ha sido todavía más severo.. m ientras fue niño. Y en el pueblo le llamaban M anuel. incluso tam poco esta­ ría mal. No tiene im portancia.

sin em bargo. — Es posible tam bién que se sintiera orgullosa por la ayuda que le había prestado a Luis para hacer su prim era película y sal­ tar a la fama. M ucha gente cree que Luis le ha costado dinero a mi m adre. claro. cuando em pezaba a flaquear su cabeza.. Y un día le oí que le decía a su m ujer: «Si no hago ninguna p e­ lícula. Sé que Luis solía decir: «Conchita es la única que no ha tenido suerte en la vida. y yo creo que si se pusiera una a contar. sin em bargo. Incluso del inglés podía traducir artículos sobre Luis.. Porque de esto hace dieciséis años.. pues a M aría le encantan las antigüedades y las casas bonitas y tiene un palacio. tengo para vivir como vivimos para un par de meses. Con una barca que se llama «Luisito».. Todo el gasto de casa.» Y. Y no sé por qué teníam os barca. era Alfonso. claro. sí! Para mi m adre fue su predilecto y lo adoraba. en cuanto en un artículo hablaban de Luis. me había invitado a mí a México. — Sí. que nosotros la llamábamos «el lago». — C uatro años después me invitó a mí. m édico. Con su poco de francés. Para ella. — Cuéntam e sobre lo de la pistola. Pero éram os sie­ te. es el que menos. Cuando venía a nuestras casas o íbamos a tener algún hijo. con la guerra y todo eso. y a vuelta de correo me m andó el dinero para el viaje. y la po­ bre siempre ha estado encadenada. o había hecho ya. Tenem os una especie de piscina en la finca.» Y. tenía locura por él. Alfonso a ve­ ces era Luis. a Conchita le gusta viajar. la barca. regalos. lo traducía en seguida. —Tal vez él es consciente de que fue siem pre el favorito de tu m adre y. Y creo que era lo último que tenía entonces. me pagó el viaje a M é­ xico y luego a Estados Unidos para que fuera a ver a mis hijos. Y le escribí a Luis. Y luego. Pues le voy a hacer este re­ galo. pero a nosotros era constantem ente.... lo prim ero que hacía todas las m añanas era recortar del periódico la lista de cines y por la tarde se iba encantada al cine. porque era muy pequeño. yo estoy muy agradecida a Luis por todo. A yudó a Luis en varias ocasiones. pues tam bién. — Sí. no teníam os un céntim o. Todo lo pagaba ella. La Torre está construida en un barranco. — Cuando se le disparó la pistola tenía catorce años. — ¡Ah. a Alicia le gusta jugar y alternar en sociedad.le había pasado a mi m arido aquí. y otras. A doraba el cine. enferm era. pues ella pagaba todo. Y todo era por Luis. No sé. y a él se puede decir que le ayudaba de vez en cuando. bajando hacia el barranco. y creo que todavía no h ab ía. L o s olvidados. Y luego ya este cariño a Luis lo traspasó a Alfonso. Mi padre tuvo que desviar la acequia para poder hacer ahí la finca 190 .

Y vino mi herm ana Alicia corriendo. corriendo: «¡Luis se ha m atado. se habían m ultiplicado y los volvía a soltar en el granero. — A él siem pre le han gustado mucho las armas. en C alanda cogía en el granero ra­ tones. D ebía de ser de algún amigo o algo así. de diez o doce que había cogido. y encontram os a Luis que estaba sangrando m ucho. Nunca ha hecho daño a ningún animal. los ponía en una som brerera y cuando nos m archábam os. que se había reventado un dedo con un disparo de pistola. ¿Por qué? — Pues verdaderam ente no lo sé... No le deja­ ban tener armas en casa. . mi m adre enloque­ cida.de recreo. Luis se ha matado!» Bajam os. Es más. porque nunca le ha gustado m atar ningún animal.

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Y hacía sombras chinescas con una linterna m á­ gica.. ha de creer usted que soy muy poco hablador. no. pero no le he visto nunca decir m isa. — De espiritismo.. Háblem e todo lo que quiera de Luis.. Dorm íam os en la misma habitación. de teatro. Una vez. . no.— 7 . vamos a ver. ¿Q ué influencia tuvo Luis sobre t dos uste­ des. — Y cuando se fue de Calanda. por ejem plo. y ya no me acuer­ do. y no me dejaba estar en sus juegos. — ¿Ni como público? — Ni como público. sí. Pero ¿usted no se acuerda.. Me acuerdo que hacía unas sesiones de. — ¿A h. ya sé que es muy poco hablador. sí? — Un teatro pequeño en el que hacía funciones. — ¡Qué difícil! — No. Es mucha edad la que nos lleva­ mos. de cuando decía misa? ¿En la casa? — No. un poco de luz y una sábana. Tenía un teatro de niños. sí? 193 M. Tenía un altar. — No. y a mí no me dejaba entrar. en Zaragoza. de verdad. —No. He conocido en casa el altar y la campana tam bién. Entonces yo era un niño. Se lo hizo un carpintero de Calanda. Luis me llevaba siete años.. y las sombras. T e­ nía casulla y ornam entos sagrados.LEONARDO BUÑUEL — Bueno. la ópera italiana. cálices y copones. A U B . ya aquí. Le gustaba mucho la música. doctor. Cuando estudiaba el bachillerato. Me lo dijo Luis. los hermanos? — Bueno. ¿tam ­ poco tuvo usted ninguna relación con su herm ano Luis? — Sí. U na vez entré nada más. Pero no lo vi.. — ¿A h.

m ucho. C reo que. y en Conchita y María. pero no es. ¿ver­ dad?. -¿ S í? — Sí.. — De todas m aneras. Y sería más razón de que Concha fuera a ver El. Yo me las sabía de m em oria y él me las silbaba. El me lo relató. En el m a­ rido de Conchita. por ejem plo. la película El ángel exterm inador la va a ver ahora todas las sem a­ nas dos veces. es verdad. quizá veinte años sin verlo. en la Casa de España. Francam ente paranoico. lo que fuera. sí. aunque en forma irónica. y está totalm ente enluisada. — Es una cosa que sucede con frecuencia. me preguntaba. A prendía el violín. Ella misma cuenta. tarde. — No sé. que ya de por sí no es una familia muy corriente. A sí que la ha visto diez o veinte veces. y él tam bién me contó que la historia de E l se refería a la vida de su herm ana.. El tendría trece o catorce años.. Según él. eso era aparte. lo despreciábam os. en mí y en Alfonso. sí. claro: 194 . al cual abofeteó en público? Luis me lo contó el vera­ no pasado en París. — Enluisada. Ha es­ tad o . E ra celoso. — ¿Y usted cree que era un paranoico o que Luis lo ha hecho paranoico en la película? — Pues sí que era paranoico.. pero no lo era por ser pequeño. — Sí. cuentan. — ¿Q ué le ocurrió a su padre en La H abana con José M artí. para te­ ner celos de la m ujer el ser pequeño. — No. las óperas italianas. el poeta. de estatura norm al. pero un poco más bajo que nosotros. Sería una de sus bromas. es verdad. sí. efectivam ente. absolutam ente en nada.— O pera italiana. — ¿U sted lo conoció? — M ucho. por ejem plo.. — Bueno. parece que está inspirada en nuestro cuñado. nosotros nos burlábam os de él. sí. Hijos de Conchita. sí. Entonces W agner me parece que todavía no le interesaba. Q ue. — Pues ha influido en los dos herm anos. silbaba lo que fue­ ra: «¿Esto qué es?». Y silbaba por las m a­ ñanas. — En M argarita. En los otros dos. — Pero yo he visto ahora a M argarita.. en fin. tam bién. «Pues esto es I Pagliacci». nada. me acuerdo cuando nos levantábam os. no sé. Es una familia bastante extraordinaria. — No. Y en los sobrinos. el genio de Luis ha transform ado la fa­ milia Buñuel. — En M argarita y Conchita. y se creía perseguido. no. Era peque­ ño. Porque no ha convivido con él..

— ¿Sí? Pero en nuestra casa nunca fue así. m ientras tanto. vinagre. Porque la co­ cina que sale. todo nos hacía recordar Calanda cuando éram os pequeños.. hasta hace quince años.que estando su padre en un café de La H abana. Y las gallinas.» Y entonces se levantó. azúcar. la tartana con el caballo por el camino. puso baño ya. con libros grandes nos ha­ cía mesitas debajo de la mesa y allí nos dejaba com er.. como si vendie­ se refrescos. la cocinera persiguiendo a un ratón con la escoba. Eram os siete herm a­ nos. Que había recibido un balazo en la guerra. provinciano. Cuando la hizo mi padre. — Porque en sus películas hay cantidad de recuerdos de infan­ cia. Me han contado cosas sobre su padre totalm ente fan­ tásticas y. A las chicas les daba agua con aceite. — Sí. recuerdo sus fiestas en Calanda. con barba pequeña. leía unos poe­ mas con un coro de gentes alrededor. Volviendo con Luis.. le arrancó el papel de las m anos y. Son como una secuela de cierto espíritu colonialista. y que entonces preguntó don Leonardo Buñuel que quién era aquél. B ueno. Recuerdos de infancia que he­ mos repetido mil veces. — Bueno. — Y hay recuerdos de Cuenca.. y a los chi­ cos. — ¿D e Cuenca? — En E l ángel exterm inador dice que en el retrete se ven co­ rreteando gallinas allá abajo. agua con vinagre y azúcar.. — Sí.. Así era en Calanda hasta hace quince o veinte años. y era una cicatriz que tenía de un grano en la espalda. aceite. yo creo que eran sim plemente m entiras. He conocido muchos. y parecía que estábam os en Calanda. debajo de la mesa del com e­ dor. traían 195 . y nos dejaba com er. Y así. En el piso había una tabla con un agujero encima de una galería. — Lo sé. Y le dijeron: «Es M artí. sí. se podía mi­ rar cómo iban picando. Y aún hay muchas casas igual. que Luis con­ vertía en boutade surrealista. Esa es la verdad.. Es que en Calanda los retretes. M artí. A lo m ejor tenía diez.. cronológicam ente imposibles. debajo. — Pero h o m bre. sí. adem ás. con aspecto de poeta. No. pero hom bre. Con bañera y agua corriente. — Sí. un individuo jo ­ ven. Pero lo que sí es verdad es que era de una ternura infinita con nosotros.. En El diario de una camarera fuimos mi herm ana Conchita y yo a verla. Y entonces. por ejem ­ plo. agua. En España existían muchísimos pueblos que tenían esos retretes. Ponían una mesa con «refrescos». menos. a veces. cuando mi herm ano tenía unos catorce años. Nos hacía como un restaurante. eran así.

Y serían. un depósito enorme de agua. Conchita y yo hemos hablado mucho de ello. Sale estupen­ dam ente. una almohadilla acolchada para la caja. lo de la m uerte. — ¿Q ué de particular tiene. ¿no? Tam bién imito con Luis esas misas de las ocho de la m añana. con los fastos eclesiásticos. grandes. — Es el atractivo de lo ritual. un mantel negro con la cruz dorada y unas siemprevivas bordadas alrededor... cosa que le sucede cada vez que tom a la pluma con la m ano para escribir una historia. Y después ya pusieron al­ cantarillado en Calanda. La gente no le ten ­ dría tanto terror como ahora. y un criado que teníam os nosotros. del decir y ayudar a misa. en que el cura está muy ronco y el monaguillo tiene una voz muy clara. el bautizo. de m onje. Se trataba de convertir la m uerte en una cerem onia como la prim era com unión. sino por el olor del incienso que él solo debe husm ear. cuando cada día se echa a p a­ sear kilómetros y kilóm etros por los barrios bajos de M adrid o por la Casa de Cam po. por ejem plo.. sí! Los discos. ¿eh? C orderos pequeños. — Sí. Lo he oído con Luis. En esos discos imito los rebaños de corderos. — A h. Luego pusieron un m otor. pero de lo que no se ha librado nunca totalm ente. por ejem plo. una rueda. Hay en él una fusión indisoluble con la Iglesia. Llegarían. del canto gregoriano. como tantos españoles. Prim ero los imito yo com pletos. — De aquel tiem po son tam bién las imitaciones que luego grabasteis.el agua en unos toneles grandes. las bodas. — Sí. del altar. del catecismo que lleva en la m em o­ ria tan pronto como se vuelve hacia su niñez. pues. Y había abajo un depósito grande en un cuarto. — ¡Ah. y luego los imita él. de los que creo que se acordó Luis en El ángel exterm inador.. Entonces prepararían los regalos. Com pletos. Es divertidísimo. de los que se liberó con la pu­ bertad. al am anecer. Tam bién está en un disco. con una bom ba de m ano. con un caballo. — Sí.. que Luis guste de vestirse de cura. que estuvo cincuenta años en casa. un aparato— inventado por nosotros tam bién— pa­ 1% . Pues el cura y el monaguillo y todo lo que se dice en el disco es inventado por mí. La traían del río. las víspe­ ras de la m uerte y estarían todos los amigos esperando una in­ vitación del futuro m uerto. si a cada m om ento le sale a flote esa infancia suya? Creo que le gusta volver a España no sólo por las lejanías de El Pardo o por Toledo. su­ bía el agua. Pero siem pre hubo cuarto de baño en casa. aunque a veces se transform e tan irreverentem ente en esas fiestas de la m uerte..

Com o el día del bautizo. un pañuelo de seda natural morado para el cuello. la tarta mortal blanca con la M uerte y su guadaña arriba. calam ares en su tinta. como prim er plato. y no recuerdo qué regalos más. un vale por trein­ ta misas gregorianas. luego. Felicidades. . givé de liebre. al final.ra cerrar los pies al m uerto. Pondrían la mesa m ortal con el m antel ése. y. Entonces. caviar y aceitunas negras. Y entonces llegaría el día de la m uer­ te y acudirían todos los invitados con los regalos. enhorabuena. Lo m eterían en la caja. y el menú sería. otro vale por un funeral de prim era. para em pezar. después. y todo el m undo muy contento. el dueño de la casa se moriría. para que no se le abriera la boca.

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de una clase sensacional.. exactam ente igual. de elegan­ tes. de forma que no siem pre se dice que le dio a Luis su hijuela para que hiciera Un perro andaluz. doña M aría Portolés. aparte de que lo tenía en la Residencia de Estudiantes.. han ido ahí.J. Y las chicas han sido una maravilla de guapas. Estos chicos eran en Zaragoza el cen­ tro. de ese tipo de m ujer de entonces. deportivas. — Bueno. Como su m adre. Sólo he visto fotografías de ella. ¿no? —No.. — ¿Q uieres decirme quién era en verdad doña M aría Portolés? — La m ujer más guapa de Europa. ¿Tú co­ nociste a Concha M éndez? — Sí. un indiano de bastante más edad que mi tía María. sin darle mayor importancia. — La familia Portolés era una familia de C alanda. en fin. Tía M aría ha sido siem pre una m adraza. Y Concha M éndez. M aría Portolés se casó con Buñuel padre. de m odernas. cuéntam e. como se ha dem ostrado hasta su último m om ento. todos los chicos. Y presentar ahora a Luis como una especie de self-m ade man y toda esta cosa me parece perfectam ente absurdo. sino de la vida m undana. una maravilla de m ujer. R. no sólo de la vida intelectual. y por su ex­ traordinaria belleza. 199 . y no digamos como Alfonsito. Adem ás. Tú la conociste. que en paz des­ canse.. siempre viajando. pues Concha M éndez era de esa misma trinca. U na preciosidad de m ujer. Y como su her­ mano Leonardo. — Por su m adre. en fin. en aquella época. en fin. Ha sido siempre un hom bre que ha tenido el dinero que ha querido. pues se prendó de esta muchacha que era verdaderam ente. Al llegar de vuelta a España. MASOLIVER —Tú. que eres prim o de Luis. de vuelta a la tierra baja y de vuelta a Calan­ da.

Porque don A lberto Jim énez Fraud. sin nada. — Pero ¿qué es lo del desierto? — ¡Ah. en fin. porque todo eso es anterior a la penetración. échale del mango. a Luis le daba por los disfraces. en la que ac­ tué. — Y. hasta que a viva fuerza los echaron. pero de izquierdas. diciendo que estaban abando­ nados en el desierto. contra Juan Ram ón Jim énez. sin que los pudieran echar. cuatro o cinco— a palos. de todos los valores. claro. y ese estilo fue él el que lo m etió en la Residencia. tres días seguidos. bueno. entre tanto. es decir. Para no hablar de las barbaridades que hicieron ya en Calanda. que tam bién era uno que. con las m antas de la cam a. ese espíritu. Niños bien. Y. Se han explicado muchas veces de­ cenas de anécdotas. que tenía ya en Zaragoza una peña de lo­ cos. cuando escri­ bía las Caram bas y todo eso. no sé.. que estos tipos. intentaban preservar. se quedaron días y días. y estaban ahí los tíos. Pues nada. En fin. lo del desierto. de la Residencia tam bién. digamos.. Un p erro andaluz nace naturalm ente de todo eso. Y así los tíos estuvieron—con Pepín Bello y tal. Y en estas cosas les ayudaba uno que era bastante m ayor que ellos.. eso es anterior. en fin. envueltos en sába­ nas. pues. así acababan haciendo no digo misas negras. una especie de dadaísm o sin saberlo. Porque además eso em pezó ya antes. — Su filmación debió de ser una gran pachanga. de las mil barbaridades de tipo dadaísta que realizaban. no son cosas de Dalí ni de Federico García Lorca. todo lo que sea. Ese clima. 200 . pues una de ellas fue ésta: que en la R e­ sidencia. — Bueno.— Y. Este tipo de cosas eran. Eran hijos de papá que estaban contra toda esta cosa impoluta y perfum a­ da que los caballeros de la Residencia. Y no sólo en Zaragoza. ya lo creo que sí.. de pronto. perdón. com iendo m endrugos. del surrealismo en el país. contra todas las cosas respetables. — Pero ¿de dónde no los podían echar? — De la habitación. de pronto. hombre! Yo creía que era una cosa conocida. pero. que se habían quedado allí dentro. lo que quieras. sí. desnu­ dos. o sea. diciendo que se habían perdido en el desierto. por ejem plo. en una habitación desnuda. Pepe M oreno Villa. hijos de papá. — Es la cosa más divertida que haber pueda. para qué nos vamos a engañar.. — Un perro andaluz. las brom as pesadas y el boxeo. — Exactam ente. se dio en otros medios de jóvenes. Así que los proceres gemían en la Residencia sobre la respetabilidad de nuestra querida enseñan­ za.. pero La edad de oro. Eran hijos de fa­ milia. en la Residencia y todo eso. son cosas de Luis B uñuel. en Zaragoza.

intentando resolverlo. Estaba m e­ tido entonces en el lío de la m ujer de E luard. que le digo: «Pues nada. — Uzelay estaba en París. Vino Pepito. ¿Cómo se llama este pollo? — ¿Palencia? — No. Pero los que vinieron en ese grupo. Pancho Cossío y este otro. — Sí. Y: «H om bre.— No te lo imaginas. ¡ah!. ¿por qué no te decides?» Y yo. y.jjn. no? Me parece que murió. tú serás el prefecto de La edad de oro. pero eran amigotes de París. — Uzelay. de frac y por ahí. supongo.» ¿No? Y así. Discurso que. es verdad. uó. Pero no se acuerda de nada. Luis y yo teníam os contacto de siempre y tal. que fuimos al cabo de Creus. y la prim era cosa que hizo al venir a Barcelona fue ver a mi m adre. Esto fue en el veintinueve. que entonces era un estudiante de Letras y D erecho. pintor tam bién. — Y con quien he hablado. — No. Entonces él cogió a O tero. vino ¿quién m ás?. en fin. Y fuimos a Cadaqués. — Bueno. pero se fue a París. sí. un escenario dantesco. no. No era Uzelay. T otal. ¿tú te acuer­ das de O tero. — No. que en paz descanse. ahora está así. era mudo. Y entonces Pepito improvisó. Pues Pepito Llorens A rtigas un día me enseñó una fo­ tografía de cuando él era soldado. Imagínate todos estos tipos vestidos de cerem onia. Palencia estaba entonces juanram onizado. Entonces volvió y vino con Pepito Llorens Artigas. con quien podrías hablar. Total. — No. sensacional. vinieron los actores estos franceses. pues tal. ¿no?. -—No puede ser Viñes. Cogió a O tero para que le buscara por aquí gente de sociedad. O sea. estuvimos allá. no. aparte de los actores profesionales. ¿no?. pues tú. que está en Madrid. — No. ¿Cóm o se llama? Hacía acuarelas interesantes. uí. la cosa y tal. Pancho Cossío y este otro que digo yo. pues total que sí. en el cabo de Creus. A hora está en la cosa esta espiritufláutica. que sólo salía la gesticulación. Dalí era el que había dicho: «H om bre. que me acordaría.discurso . y. al cabo de Creus. Bendito Dios. que todavía era su novia. pues fueron Pepito. no. que estaba en París. ¿no? B ueno. Muy amigo de E duardo Vicente. muy parecido a Eduardo Vicente. Porque quería hacer una cosa de sociedad. con unos «uí. uó». naturalm ente. él venía ya con Juanita. Se hallaba en París.» En fin. no me acuerdo. y acep­ té trabajar en la película. no. que es una cosa dantesca. hom bre. vino Pancho Cossío. Dalí no estaba. Y entonces Pepito inaugura no sé qué diablos de m onum ento y te­ nía que pronunciar un discurso. no. Iba con el pelo al rape y un bigotazo así.

por favor.. to­ dos m areados. pero. Y luego había que m atar un perro. con un m ar que no quieras saber. tiene setenta y siete años Pepito Llorens Artigas. Yo creo que allí em pezó ya la decisión de casarse con Juanita. —B ueno. Sí... claro. y el ope­ rador partiéndose de risa y vuelta a em pezar: «H om bre. no. que tuvieron que parar cinco veces la.. hechos un asco en aquel lanchón. Y Juanita. ¿cómo se llama el tío éste? Pierre no sé cuántos. Jeanne lo tuvo dieciocho años. vuel­ ta a em pezar. — Entonces Gastón M odot tenía que m atar al perro. Fue troncharse. — Ya entonces era m ayor que nosotros. un tío m uy.que fue el tronche. y que van a poner ahí una placa para recordar el asunto? — ¡Ay. qué bueno! Pero tengo que ir a verlo. y aparte el ho­ tel y todo. una crisis de ner­ vios. y que está don­ de el Club M editerráneo. — Sí.. Tenía dos meses.. die­ ciocho. con todos así vestidos era una cosa sensacional. — M ientras se estaba inaugurando ese m onum ento. y que el pe­ rrito. porque era prim avera. Y cochinadas por todas partes. y Pepito tiene como setenta años o . En fin. Intenté verle. sí.. en fin. ¿no?. porque allí ella dem ostró que lo que ella dice. m ira.. porque se suponía que le estaba m olestando. sí. Cinco veces.. el actor! Gastón Modot. Pepito. — Sí. pero está totalm ente baldado. No. G astón M odot. Pero entonces Juanita em pezó que tal. la piedra de La edad de oro. — ¡Ah. Se llamó «Dalú».. E ra un chucho asqueroso que trajo este O tero y ... No. No. U na cosa de tipo brutal. tal y que no.. trem enda. por ahí. eso es. — ¿Tú fuiste de extra? — Me parece que me pagaba dos duros diarios. no! Luis estaba em peñado. en marzo. Así que M odot ha debido de pasar los ochenta.. yo era un pillo con diecinueve. limpiándose como podían los vómitos. y al perro lo salvaron Jeanne y el cam arógra­ fo.. En fin..... — Que aún vive. — ¿Y Luis cedió fácilmente? — ¡Oh.» En fin.. diecinueve años.. claro. y.. Dieciocho 202 . ni siquiera los tenía. y al fin se acabó dándole nada más un puntapié. lo haces muy bien. con una cara serísima. pero sigue con el perro. y que por qué. la cantidad de barbaridades que dijo. como si fuera un prefecto francés.. — ¿Tú sabes que actualm ente la piedra esa de la supuesta inau­ guración sigue allí.. Ibamos en barca todas las mañanas desde Cadaqués. yo estaba con Juanita y con el perro y el caballero. — ¿Quién? — El masculino. Y.

ya. pero tuvieron que salir zum bando en un taxi y toda la cosa.... -—Ya. — No me digas. mira. Y no he vuelto a sa­ ber más de esta señorita. ¿fuiste a París? — No. — No. Luis no estaba. y todos éstos. y Desnos. y. Eso sí. y abajo es­ taban practicando Lya Lys con no sé quién... en el treinta. Nancy. total. pero entonces tú viste exactam ente. claro.. Lya Lys se quedó en París. La familia quería com erse al pianista y encerrar a la muchacha. me faltó tiem po para llegar a París y conectarm e otra vez con todos estos caballeros. E ra una rusa judía.. por cierto. negro como el betún. — Yo viví toda esa época. Y traductora de cosas en versos. dicho sea entre paréntesis. En fin. y lo hice. — Yo la conocí con aquel negro. Luis había ido a Am érica contratado. Entonces éste les cantaba (tararea). aparte de. un poco a ver cómo pintaba la cosa. ¿no? Bueno. la hija de lady Cunard. — Bueno. Bueno. ¿no? Y. yo fui a París luego.. que no soportaban eso a pesar de ser tan snobs. y Pepito estaba en la parte de arriba de la couchette. Luis ofre­ cía a Lya Lys. Guapo. y los m andó a freír churros. me traje a M adrid un capital fantástico de unos quince duros. a pesar de los Noailles y tal. que la película ya em ­ pezó en el tre n . — Es curioso. Nancy C unard. Por lo menos con ese seudónim o. ni que haya hecho película alguna. y fue toda una em presa surrealista. — ¿Con Lya Lys? Porque querían a Lya Lys. estaba con un pianista negro y habían salido huyendo de su familia. O sea. en fin. — Sí. los oídos castos se cierran.. ¿no? En París estaba Luis. no. — Sí. Pero porque quería ser diplomático. ¿no? Q ue luego la vi en París. Fue entonces cuando le ofre­ cieron a Luis no sé qué en la Param ount. Pero. y después fue a Mallorca. una señorita muy res­ petable que se llamaba Natalia M agurí o algo así. Pero no. Con gran escándalo en aquel m om ento. pero querían contratarla a ella. ¿no? — Y para filmar los interiores.. ahora sí. ¿no? Pues ella es la que lleva Un perro andaluz a Lon­ dres. supongo yo. chico. y C har.. B retón. ella se quedó por aquí una tem porada. Y fui para diplom arm e en el Instituto de Artes y Ciencias Naturales. ya con Gala.años. a quien yo conocí ya muy vieja— y creo que debe de haber m uerto—. Entonces estaba Dalí en París. pero no: Lya Lys se quedó en París justam ente en lo que era la square M alakoff o no sé qué. Dos duros de plata.. fue mi prim era traductora al inglés. 203 . Vamos. Ibamos en el tren. una gran opor­ tunidad..

Jesús tal.. — No. Y ahí tam bién se arm ó la de Dios. esto de ahora está totalm ente dulcificado. — ¿La viste antes de la noche del escándalo? — La vi en una sesión privada. ¿verdad? Pero entonces ya era el cachondeo padre.. sí. con estos modos no va a hacer carrera ninguna». B ueno. en fin de cuentas.. me parece que en el Estudio Veintidós. — No. el cine comercial. que es de en­ tonces. y tal.. — Una tem porada que duró dieciocho años. — ¿Veintiocho? Es que estam os hablando de hace cuarenta años. aquello de Je crache sur la tête de ma mère.— Sí. pero no re­ cuerdo cuándo. toda la familia estaba contra él. cosa que a él le avergon­ zaba bastante.. en fin. ¡qué locura! — Eres el único superviviente de La edad de oro. — El conde fue el que dio el dinero para La edad de o r o . Lee este artículo.. o una cosa así. Em pezaba una tem porada difícil. y le pareció a la familia que iba por un camino por el que sólo hacía cosas asquerosas. no la he visto desde entonces. Sé que hizo la gestión a través de Sangro. luego la acortaron mucho a raíz de esta que vi yo.. ¿no? — Muy bien. para esta otra los que dieron los cuartos fueron los Noailles. Vi La edad de oro en el Estudio Veintidós. claro . en fin. y que. tam bién salió rana. de la bolsa de su m ujer. Entonces es cuando Luis em pezó a hacer. — Pero ¿qué es lo que cortaron? — Pues no quieras saber: Jesús m arica. Y las familias respectivas. Ese cine asqueroso como pudo ser D on Quintín el A m argao. Así como Un perro andaluz lo pagó mi tía M aría Buñuel. Vamos. Coincidía con lo de Dalí. y respetables. 204 . era la auténtica incitación al crimen. del M iniste­ rio. no sé si la recuerdas. Luis. menos mi tía M aría. — ¿Viste la famosa representación de La edad de oro en casa de los Noailles? — No. decían: «Bueno. ¿Con Tierra sin pan tuviste algo que ver? — No. Pero antes está lo de las Hurdes. bue­ no. desde luego.. ya sabemos que entonces. He estado con el vizconde de Noailles y me ha con­ tado toda la historia desde su punto de vista. — Sí. porque era realm ente de blasfemos.. si­ gue siendo una película blasfem a. — A hora. ¿no? En ese m om ento.. Sangro era el ministro de no sé qué cosa social. — O Veintiocho. — Yo no la he vuelto a ver tam poco.

al nivel del resto de la familia. ¿no? Entonces esta chica. porque murió. Porque. que fue a través de Juanita que la familia volvió a estar otra vez en buenos térm inos con Luis. con gran escándalo. como la princesa Bonaparte o una cosa así.. que era M onzón. — El quedó m uy. Si se pone uno a pensar. sin em bargo. No. — Veinte años. un caso perdido. M arga­ rita. M aría tenía otra clase. El loco Horcasitas. trem endo. en fin. por su m adre. E ra. Alfonsito de arquitecto pasó a decorador. más listo que una liebre. Bueno. El Luis de entonces. el origen de la cosa no lo sé. en fin. que. Pero era una cosa desatada. éste era un loco frío. pues ella lo fue encarrilando. Así como Concha era una loca intelectual. M aría era la mayor. M aría es cosa aparte. en su vida se hubiera casado. como le llamábamos. todos ellos tenían esa vocación de investigadores. pero con ese problem a que tú sabes. que es la más pequeña y es lista. M argarita es un caso verdaderam ente ex­ traordinario. Como Concha Méndez. sí. — ¿Conociste tam bién al m arido de Concha? — H om bre. Puedes estar horas y horas con ella.. era «el callado». para quien realm ente era un hijo. El caso de Juanita. E ra como una m ujer del siglo pasado. no. era un loco peligroso. conocido? — Sí. el Luis de los años treinta. ¿no? En cambio. No sé si influido por Fede­ rico. E ra él quien le había formado y le había m etido el virus este del arte y de la literatura y todo eso.. B ueno. Tenía unas colecciones rarísimas de cosas. muy parecido. otro tipo. vamos.. no está. El hijo auténtico de Luis es Alfonsito. pero. ¿no? Nosotros siempre la habíam os visto— claro que era mucho m a­ yor que nosotros—como una señora. de una ca­ lidad. no sé. O sea. Vamos. en fin. ¡uh!. ahora mismo. Alfonsito era como G us­ tavo. por Dios. — A dem ás. con terrible contrariedad de Luis. era una muchacha jovencita que quería m eterse en el mundo del cine y todo eso.— bueno. un loco frío. estos otros eran más coquetudos. Hizo collages interesantes. en fin. sí. — Sí. de los años vein­ titantos. la familia es excepcional en eso. Se casó con uno que tam bién era primo mío. él quedó muy atrapado en sus relaciones. — Exacto. Luis tenía una carrera interesantísim a.. ¿no? Pero Leonardo. una cosa triste.. ¿Lo has conocido? Muy parecido.. cuidado. — ¿Y fue un problem a público. Tam poco Leonardo tiene esa viva­ cidad que tenían todas ellas. Siempre con sus microbios y con sus. Prácticam ente hasta que hizo L o s olvidados. esto tú lo sabes m ejor que yo— . Leonardo era.. ¿no? No. — M argarita es muy sim pática. Horcasitas era ingeniero militar. una loca poéti­ ca. 205 . tú la has conocido.— Sí.

uno de los m atem áticos potentes de España.. Pero era un paranoico terrible. — Claro. ¿no? Pero un sabio. La pobre Concha tam bién estuvo en la cárcel. La condena. H orrendo. —Sí. ¿no? La cárcel.. La ra­ paron y la pusieron con putas y tal. hacia el año treinta. catedrático. Lo que hicieron con Concha no tiene nom bre. estuvo condenado a m uerte. . Se m etió en una cosa de organizaciones. treinta y dos. tal vez.por cierto. sí.

yo soy Miguel Z apater. Y España es muy especial. claro. ¿me entiende? Porque las lenguas son muy m a­ las. Y a todos los amigos nos reunía todos los dom in­ gos y nos hacía subir a un salón de su casa. Porque yo no he salido de España. Y nos explicaba toda la película.. — De diferencia de edad. — ¿Y Luis les hacía pagar para ver las películas? 207 . a nadar. ¿me entiende? Pero como buen corazón. era muy popular. — D e edad. hijo de Calanda. a los amigos. que ha llegado a donde ha llegado.. ninguna aquí. Para mí. — ¿Q ué películas ha visto de él? — Bueno... a Santa B árbara. «¡Hola! ¿Q ué hay? ¿A los toros?» Y como gran amigo y gran aragonés. en Calanda. de aquellos tiempos. Veintiocho días me llevo. pues. pues yo le tom é tanta sim patía. Y. en paz descanse. y es donde se hizo ya tan famoso con las cintas de cine. a todos los amigos.. Y luego. explicando sus sentim ientos. cla­ ro. le com pró una m á­ quina de cine muy cara. pues. se fue a París. nos llevaba para arri­ ba para jugar aquí. por las tardes. al aparato que decía. Explicando su vida. ahora. para mí no hay persona m ejor que Luis Buñuel. de él. a Francia. a la piscina que hay allí. al cabo de unos años. Del gato «Periqui­ to» y todo eso.. Y nos hacía cine del gato «Periquito» y demás. Yo me llevo veintiocho días con Luis Buñuel. D es­ pués se marchó del pueblo y estuvo trabajando en M adrid.M IG U EL Z A P A T E R (D ueño de la gasolinera de Calanda) — Sí. y a todos nos guiaba. y ha soportado hasta lo que no es. Los periodistas tienen muchas entrevistas en M adrid con él. después de term inar la película. y lo han puesto muchas veces en la revista de los dominicos. Su papá. Y sobre Luis Buñuel. Y lue­ go. Luego nos bajaba a veces a la T orre. Y. a la balsa.

¡Me cago en diez! ¡Qué vida ésta! . Y luego vino la guerra y tuve la gasolinera. Y nos hacía cine gratis. con las herm anitas Saura.. Yo ya luego me marché a Barcelona. pero nada. Pero vaya usted a saber. con toda esta cuadrillica. y decía a los amigos: «Nada.» Pero después. en Zaragoza o Madrid.. — ¿Y aquí? — Aquí. para comprar otras. Y me vine aquí y me dediqué a hacer trabajos por ahí. luego.— Sí. diez céntimos a cada uno. Y estuve allí die­ ciocho años.. con la Julianica.» Y traía películas de ésas. porque no me dejaban trabajar esos granujas de la CNT.. Nada. pero ¿les hacía pagar para verlas? — Al principio. Siempre ha sido una cosa extraor­ dinaria. de aquellos tiempos.. no. con la Arduda. — ¿Conoció usted a las prim eras novias de Luis? — No. en algún baile.. que esta tarde.. Eram os pequeños. «Sí—dice— . cuando llegó la República. ya nada. Yo no le conocí ninguna. ya nada. A quí. Y después. y me vine ya el año treinta y uno. por­ que soy mecánico especializado en esto y me dedico a esto. — Bueno. allá en su casa de la plaza.

un excelente cazador. Pues consistía en ir por distintas. — ¿Y qué es la esbarra de los zorros? — La esbarra. que él regaló a Pedro Saura hace muchísimos años. Casi siempre le acom pañaba este amigo suyo. que a Luis le divierten m ucho. un «Belloth». Estos zorros andan sueltos. pero ¿de dónde sale ese am or de Luis por las armas? — Pues no sé. el Barranco del Rico. y entonces disparaban. eso es otra cosa. con quien realizaba todas sus expediciones cinegéticas. Un revólver de cinco tiros. Luis llevaba ya sus rifles. como. pues ellos iban a la andada y. que él posible­ mente recuerde. — ¿Excelente? — Muy aficionado. enam orado de las armas. claro. y que le costó seis pesetas. — Porque es una palabra m uy. — De las arm as. perdiz tam bién. y en vez de realizar la caza normal como se suele hacer en otras partes. 209 .. Cuando llegaba a Calanda. de cuando en cuando. sí. Y se dedicaba a la esbarra de los zorros y a la caza.. Yo le contaría muchas anécdotas. Pedro Sau­ ra. m ediante caballos o acosa­ dos por una jauría de perros. Yo tengo un famoso revólver.. En fin. — Bueno. Por entonces. lo mismo que los motes o apodos. — B ueno. Y él andaba a la esbarra por partidas muy concretas.. allá por el río Cantalobos. él tendría unos veinticuatro o veinticinco años. — ¿Y qué más cazaban? —C onejo.REPOLLÉS — ¿Era buen cazador Luis? — Sí. — Precisam ente yo he ido recopilando todas las palabras calandinas. por ejem plo. pues tropezaban por aquellas alturas con al­ gunos zorros.

la M asada del Vicario. pues pusieron el disco.. no sé si le conocerá usted. esto es sólo una de las mil asociaciones con C alanda que podrían sacarse de muchas películas de Luis. lo que él en realidad añora. puesto de acuerdo de antem ano con el maître. se veía para recordar y rem e­ m orar. y que ahora la han vendido. etcétera. desde arriba. — Sigue en México. La cosa infernal. Lo impri­ mieron en un disco y lo m andaron allí. Luis. que aún la sigue usando. por ejem plo. y precisam ente de este balago salió tam ­ bién la palabra carnuzo. la Sota al Caballo. Poco antes de venir él aquí a España. en calandino. con un árabe que hacía cántaros y cazuelas. ese canto un poco extraño que a Luis le gusta tanto. — ¿Es la grande. con los olivares? 210 . Pero los buenos tiem ­ pos son los de los amigos de la adolescencia: «el Rebullida». — Rom ualdo Sancho sigue en México. esto ya es de ayer como quien dice.. la Fuensalada.. el amigo por el cual él se hubiera dejado m atar. de los burros.. en fin. la M asada de las A renas. como a la boca de un vol­ cán. E n­ tonces. Esta palabra la adoptaron Lorca y A lberti. al oír aquel retum ­ bar de tam bores. En Calanda. un tal Romualdo Sancho. Los Buñuel tenían dis­ tintas propiedades y tienen. luego. el famoso pregón. pues solía ir con amigos al balago. le llaman el balago. Pero. las cadencias. y pasó tam bién a Un perro andaluz. — ¿Cuándo fue eso? — Pues hace. a México. como al infierno. «el M elena». Carnuzo.. De C alanda sacó precisam ente lo del halago. de Calanda. a Rom ualdo. «el Tuerto». «el M udo». gra­ bando todas las saetas. en fin. es hijo de un magistrado de aquí. en Calanda. al cem enterio del asno. — Sí. su gran amigo de toda la vida.pero de aquí. «el Alfranca». las voces aquellas que él recordaba tanto. Tiene aquí sus herm a­ nas. Y en una de las fiestas en que solía reunirse con Luis.. Luis. Por ejem plo. que está al frente de una editorial muy im portante allá. que es la que más ha querido él siem pre. va­ mos. Pero. en México. para asom arnos al horno cuando se cocía el barro. con estos gustos tan extraños que tiene. Sigue exiliado. todavía. y en las fiestas. En una oca­ sión se hizo aquí un disco de la Sem ana Santa de Calanda. Ibamos tam bién mucho a las Cantelerías. Es lo que él quería y quiere. — Rom ualdo Sancho. pues. sí. Pues con éste es con el que cada Sem ana Santa. de Calanda. la T orre. en el m om ento de ir a ser­ vir el alm uerzo. Porque incluso allí en México yo sé de su amistad con un paisano tam bién de Calanda. E ra im presionante. es la carne del animal m uerto.

él arregló un poco aquello. hasta el río. — ¿C uándo. Pero uno de sus mayores placeres era llegar allí. se llama la Fuensalada. ahora. — El clásico indiano. sentado en la puerta. A la T orre mismo la prendieron fuego. Solo o con amigos. y no sé por qué. Pero tienen otra. cerrar la puerta. crear en Calanda algo que recogiera todas las especies botánicas. perfum arse del humo que desprendían los rom eros al quem arse. donde iba en tiem po de la trilla. dentro de sus posibilidades. coger ro­ meros verdes y pegarles fuego. que es donde Luis desde niño iba ya con su padre. no. es un jardín botánico.. la noria. Era un señor que. como algo más m editerráneo. hasta el año trein­ ta y seis siguió viniendo casi cada año. No sé si conoce usted allí. además. en el río. A pesar de tener ya más de treinta años. Infaliblem ente venía una vez o dos al año. Como arquitecto. a ver si recuerda usted en qué año construyeron una acera p ara. Luis no nació en esa casa. Exactam ente Luis nació el veintidós de fe­ 211 . la M asada del Vicario. Como si lo viese ahora. a Luis le gustaba esta de la que es­ toy hablando. en unos sillones de m im bre. Eso es una mesilla. — No. a la M asada. pues les destrozaron la casa. arregló lo de la noria.? — ¿Para pasar a la iglesia? — No sé.. ¿com prende? Y por eso le aña­ dió muchos árboles y luego le puso aquellos surtidores. su jipi.. a él le da igual que vendan una cosa como que vendan otra. en tiem po en que él venía muy a m enudo. la acequia. des­ de el abeto hasta la caña de bam bú. — Pues más que esa finca. En mil novecientos dos. no. cuando vino de Cuba. Fafumarse es im­ pregnarse. y fum ando unos haba­ nos. además. yo conocí a su padre.. tengo fotografías con Leonardo. vestido siempre de blanco. era como un procer. donde están todos aquellos árbo­ les. Y gracias a que yo le ayudé mucho a A lfon­ so. Yo lo conocí. ¿eh?. Es que su padre intentó. en la T orre. — E ra el clásico indiano. ¿U sted conoció a don Leonardo? — Sí. ¿Vio usted aquella piscina? — Sí. — Exacto.. En la Fuensalada hay unos alm endros y olivares. D urante la guerra. Im presionante. Y / afum arse . les destrozaron todo lo que tenían. han sido hom bres que han vivido estupendam ente. exactam ente. ¿Para pasar a la iglesia? — Sí. pero es que. la bajada hasta el final. ¿com prende? Sin em bargo. — Ya. Claro que. Alfonso había visto aquello siempre como un poco el Generalife. como todos los Bu­ ñuel. con esos trajes cubanos.— No. Debió de ser en el año dos..

que hacía de 212 . Don Leonardo lo que hizo fue trata de. pero ya la tiraron. la casa es más alta que la igle­ sia. porque había ganado millones a espuertas. Y si usted la ve.. — ¿De hierros? — Sí. ¿com pren­ de? Entonces fue cuando él quiso edificar una casa. Exactam ente. y los obreros que estaban construyendo la casa se queda­ ron parados. que en aquellos tiem pos era ya una fortuna de fábula. y don Leonardo no escatimó nada para educar lo m ejor que pudo a sus hijos.. Todo el ladrillo que. que no sé si se habrá fijado us­ ted . hierros.. Y entonces don Leonardo dice: «Si no hay ladrillo de Salamanca. a traficar única y ex­ clusivamente con hierros. pues. en Lam parilla. institutrices. — ¿H asta qué punto es verdad eso que cuentan de que hizo tra­ ta de negros? — No.. como si dijéram os de la O rden de Calatrava. Y el hom bre de gran confianza que des­ de el prim er m om ento tuvieron fue un tal Cam pos. — Bueno. vamos. es que era muy vieja. — Sí. en una casa que hay en una placeta. a nosotros nos llaman los andaluces de A ragón. pues. Allí tam bién hay ahora una casa nueva. ¿no? Hay hasta una película tirando la casa. allí lo tuvieron todo. En fin. la que estaba casada con Ranz. que procedían de la parte de Alcañiz. Al venir don Leonardo a Calanda.. no.. bueno! Sí. Y ahora vie­ ne la fanfarronada. term inarem os la casa con onzas de oro puestas de plano. la Placeta. — Sí. E sto lo sé bien. trece.. Pues lo fundaron todo en piedra. C o­ nozco el sitio.. pues él quiso edificar una casa que fuera más alta que la iglesia. en Calanda. el famoso ladrillo de Salamanca. — Bueno. Tuvo unas ferreterías im presionantes.. criadas. claro.brero de mil novecientos. en La H abana. los famosos Ranz. Pero lo que sí le pue­ do yo a usted asegurar es que don Leonardo trajo tanto dinero. E ra la casa de la baronesa de Pueyo. que se llama así. cosa que usted observará que en todos los pueblos de E spa­ ña siempre la iglesia es más alta que cualquier otro edificio. Pero. en todo el Bajo Aragón. La casa se hizo con fundam entos de piedra. claro. para edificar. vino rodeado de toda la opulencia que usted quiera. Desde el prim er m om ento les puso. D on Leonardo se limitó.. en fin. porque. muy propia nuestra. — ¡Ah. Y encima de esta piedra quiso hacerlo todo con una cosa que entonces era de mucho lujo. Pues hubo un m om ento en que este ladrillo se ter­ m inó. En Z a­ ragoza tenían tam bién una gran propiedad. en fin.. sí. Detalles no sé. porque C alanda tiene mucho sayón y es un suelo malo.» D a una idea del dinero que él sabía que tenía. — Sí.. ¿com prende?. Y ahora hay un banco allí.

claro.? —Escurzones. Y nos encerrábam os muy a m enudo con un tocadiscos. a oír los M aestros Cantores o a oír. los escurzones. Escurzo­ nes. los que conocen bien a Luis dicen que tenía un com ­ plejo de Edipo evidente. — ¿Y Alfonso? —Alfonso. que estaba enam orado de su m adre. como le digo. sentía las mismas aficiones. un día. el padre de los Buñuel. que volcaron. pues sentía las mismas aficiones que su herm a­ no. de su finca. porque no sabía conducirlo. oiga. —Ya. Lo mismo que le gustaba W agner a Luis. Vehículo que. por cierto. es una m onstruosidad. pero siempre música de W agner. ¡qué lásti­ ma!. que tenía verdadero pánico a las arañas. era tan m ayor. pues se les m e­ tió una avispa.. se las m etía dentro de la camisa y la sensación de correrle las ser­ pientes por la espalda y por el pecho. claro. 213 . Alfonso. — Como su padre. — Sí. Alfonso decía siem pre una barbaridad que no Sé si la diga porque. Alfonso decía que Luis era en realidad su padre.. con doña María. se ataba la camisa. Luis. Los escurzones son unas serpientes de agua. y le com pró a A lberto Casañal el vehículo.. Luis era el herm ano m ayor. Y el mismo terro r a las arañas.. Como. por suscripción. yendo Luis con el tal Campos. Alfonso.m ayordom o y de chófer. era igual que su herm ano. Pero A lberto Casañal no quiso adm itir. allí. y además le daba miedo (ya sabe usted que a prin­ cipios de siglo pues parecía que era el dem onio aparecer en un automóvil). igual. pues era uno de sus m a­ yores gustos cuando tenía dieciséis o diecisiete años. ¿verdad?. E ra un «Renault» del año mil novecientos ocho. regalaron a un famoso poeta que se llam aba A lberto Casañal. Ya lo sabía. y el mismo entusiasm o por otras cosas que le gustaban a Luis. y a esto se reía Luis tam bién. En el fondo. se m etía en esa piscina que usted conoce. Y entonces llegó don Leonardo. Y fue un «Renault» que en Zaragoza. aquel regalo. Total. y Alfonso siempre decía. por ejem plo. Es una cosa que ha andado por ahí. H abía dieciséis o diecisiete años de dife­ rencia. Por un milagro se salvaron. en fin. vamos. salvo su tendencia. aparte de lo que usted sabe. el prim er automóvil que tuvieron los Buñuel fue en el año mil novecientos ocho. — ¿Los. que vivía en Z ara­ goza. lo que fuera. pues. A ún más. cogía esas serpientes acuáticas. le gustaba a A l­ fonso. que su padre era Luis. por pequeñas que fuesen. sí. y es que resulta que había una diferencia de edades muy grande entre Luis y Alfonso. con el que he convivido durante muchísimos años. Cosa curiosa. y Alfonso era el último de los hijos. como había tanta diferencia de edad con su esposa.

como si fuera un Zeus.. una piedra muy famosa que es como un peñasco enorm e.. pero con unos gestos y unos adem anes. un hom bre. — ¡Ah... — Sí. subía al To­ locha. era la cabeza m ás. Pero la de Alfonso era más viril. es la cabeza de Alfonso Buñuel. insultaba y desafiaba a los cielos. — Una de las cosas que le gustaba era subir a una m ontaña que la llaman el Tolocha. Por cierto que la cabeza de la estatua del Cid en Burgos es la de Alfonso Buñuel. Y como todos los chicos del pueblo ya sabían lo que era. con unos relám pagos. que no sé cómo algún día no se quedó allí. con los gritos más desaforados. ya la conozco. Y entonces se ponía a pontificar. que lo escuchaban como si fuera Dios... y todo lo que él sabía lo com unicaba a aquellas gentes ignorantes.. Tenía la cabeza de O rtega. que le llam an. digo. muy amigo suyo. Luego bajaba sudando y llegaba al Estrechillo. pero ¿quién la esculpió? — ¡Ah! Fue el famoso Juan Cristóbal.. Y surgía otra vez de las aguas el hom bre fresco.. — B ueno. E ra el año diecisiete. pero bueno. — Sí. sí! Lo conocí. pues siempre que Luis venía a Calanda.— Sí.. Y allí él. Les echaba prim ero un serm ón y luego se hablaba de política. con palabras horren­ das. ¿com prende?. que aquello imponía. que le llaman el M ojón de la Vieja. y le puso la ca­ beza. y si va usted a Burgos verá la cabeza de la estatua del Cid C am peador. Oiga. iniciada la rebelión en Rusia.. ¿D e quién es la estatua? — Del Cid. ese escultor que murió tam bién.. sí. Y él desde lo alto de la piedra les echaba un sermón. con blasfemias horrorosas. y se sentaban alrededor de la piedra. — Pues la cabeza es la de Alfonso. cerca mismo del puen­ te.. son tres picos. Era un hom bre alto. se supone. Esto es muy lógico. Se puso cuando el milenario de... desafiaba al otro Zeus.. — ¿En dónde? — En una piedra que hay allí. un pozo que había allí. al otro Júpiter. ¿sabe? En C alanda había un cura sim pati­ quísimo. por­ que entonces. ¿Lo sabía? —No. — Bueno. es que. — Sí. sí. Juan Cristóbal tenía dos ca­ bezas para el Cid. El había leí­ do a K ropotkin y a no sé quién más. Al M ojón de la Vieja se subía Luis. y se pegaba un baño como si.. pero pegado a la tierra. Y cuando más le gustaba era en los días de torm enta. y la cabeza de Alfonso. que tenía 214 . Bueno. ¿verdad?. mosén Vicente Allanegui. que la cabeza de O rtega es tam bién cabeza de escultura.. como todos los niños. pues acudían alrededor de él.

en Calanda se toca el tambor de muchas formas. Cuando salen los soldados. los «putuntunes». van acom pañados por el rítmico acompasar de un tam bor. Ninguno de los frailes que había en el convento de dominicos se salvó. que hace: pu. A estos soldados rom anos les llaman los «putuntunes». Son siempre voluntarios. y se m etió de sacerdote. en fin. todas las cosas que le gustaban a Luis. Y esta cosa. Ya don Leonardo fue de los pri­ meros en vestirse de soldado romano. vamos a correr un velo. Eso le dará a usted idea de quién era aquel hom bre. los he grabado en cinta magnetofónica y con los Dominguín se las he m andado a México. llamémosla onom atopéyica. en C alanda se com etieron trem endos desafueros. Y de otras muchas cosas. hay unos soldados romanos. ¿sabe? Pero. En Calan­ da.» Y me parece que Luis fue el autor. para acom pañar las procesiones y para celebrar no sé qué cerem onias. Por ejem plo. por ejem plo. pu. este hombre sabía exaltar todas las cosas de Calanda. según me han asegurado a mí muchos. Un buen día le di­ jeron tal. — Sí. Bueno. subía al lugar donde 215 . es lo que dio lugar a que la gente de Calanda. — ¿Y ese hom bre era amigo de Luis? — Intim o amigo de Luis. Increíbles. Usted no tiene ni idea. tun-tuntún. tun-tuntún. — ¿Los qué? —Los «putuntunes». que Luis los conoce todos. Los Dom inguín venían a Calanda a to­ rear por tal y cual. Qué sacerdote sería. — ¿Y por qué? — Pues porque el Com ité en pleno reconoció que aquel hom­ bre no era m erecedor de que lo m ataran. en el año treinta y seis. los «putuntunes» fueron una creación de mosén Vicente. claro. Decidieron vestirlos. H abía sido médico. E ntre ellas. cuando llegaba Semana Santa. qué sa­ cerdote. de la palabra «putuntún». y todavía van vestidos con los trajes que en tiem pos de César llevaba aque­ lla gente. bueno. Hay muchísimas. mosén Vicente. Y cada toque de tam bor. que son los soldados romanos. en vez de decir: «Ya vienen los soldados ro­ manos». y luego continuaron hacién­ dolo todos los hijos. Porque yo se lo he visto hacer a Alfonso m u­ chísimas veces. Porque es que. Luego don Leonardo. Sola­ m ente se salvó uno. ¿eh? Allí hubo m uertes espantosas. algunas un poco bestias. — Las hay pero que usted es que no tiene idea. Pues. en Semana Santa. diga: «Ya vienen los “putuntunes” . además. y entonces grabábam os.un jardín im presionante. Jotas bestias hay muchas. que cuando vino la guerra. y Luis lo hacía tam bién todos los años. es que inenarrables. unas que están en una pared re­ flejadas y otras que no están en ninguna parte. Y las «jotas bestias» que a él le encantan.

pero animales extraños. claro. ¿eh? Al llegar a Calan­ da subía donde estaban los «putuntunes» y charlaba un rato con ellos. del partido de la CNT. en el m om ento del entierro. este tuertecito. este tuertecito Lafranca. cuando Luis ya no pudo venir. y delante de mí lo ha hecho todas las veces. Y Luis le bajaba al­ guna chuleta o algún trozo de m erienda o algún bocadillo. por ejem plo. E ntre los dos se dedicaban a cazar animales. Pero es que luego. Es decir. Pues bien. oiga. la iglesia la tiene usted aquí y la casa de Buñuel está aquí. y entonces les dejaba una cantidad espléndida. Y Luis lo anduvo buscando hasta que lo localizó un día en 216 . que esperaba siem­ pre a que saliera el coche de casa de los Buñuel. se lo bajaba para que el otro com iera. Luis corría aba­ jo . Ya en aquellos tiempos Luis les daba quinientas pesetas. la hacían debajo mismo del balcón de los Buñuel. cuando iba ha­ cia la T orre. entre los «putuntunes» y. Pues bueno. y se daba tam bién en su herm ano Alfonso. cuando veinte duros. en agradecim iento a la casa de Buñuel. — Sí. que. que me parece que eran veinte duros. hay una herm osa urna de cristal con el cuerpo de Cristo llevado en andas y custodiado por los soldados rom anos. Pero en el m om ento de retirarse solían ce­ lebrar una especie de lucha. Al­ fonso continuó haciéndolo. iba siem pre con Luis. hacían esto en la misma puerta de casa de Luis. cuando venía. una especie de cuar­ telillo donde los quince o veinte hom bres se visten y eso. y entonces lo hacía bajar al río. porque era un desharrapado que pasaba ham bre. y corría luego detrás de él. porque siem pre les pagaban tan bien. como si fuera un rito. que en C alanda se dio m u­ cho. este Cam pos. después de la guerra. porque. los Buñuel se encantaban con los lagartos. Y el m ayordom o. Llega­ ba don Leonardo y les daba una cantidad. — Oiga. a juntarse con él. al río. Y cuando vino la guerra. los lagartos. Tenía cinco o seis años. seis. al final de la Sem a­ na Santa. no po­ día hacerle subir. que siem pre es en el mismo sitio. Y jugaban con ellos y los dom esticaban. del año diez y del año doce. Bueno. le aguardaba al llegar a la T orre. era para hincharse de com er carne y de beber vino y aún les sobraba dinero para ha­ cer una m erienda de Pascua. les gustaba jugar con animales que en el pueblo les hemos tenido siem pre odio y has­ ta terror. y le estoy hablando del año ocho. ocho y diez años. Pues bueno. Se da la paradoja en esta familia. no. H a­ bía un chavalín.se reúnen. si bien tem ían a una araña. Luis continuó haciendo lo mismo que hacía su padre. éste se exilió tam bién porque era anarquista. Y esta amistad continuó d u ra n te ‘años y años. en vez de hacer esta cerem onia aquí. el más pobrecito del pueblo. Y cada año. muy divertida y vistosa. subía lo mismo al cuartelillo ése.

y tuvo interés en aprender el saxofón. Es éste. es de Luis. «el M elena». Pedro Saura. Con éste tenía unas cosas muy cojonudas. los largos aquellos. Pedro Saura. íntimo amigo. Luis le traía una cosa que a Lafranca era lo que más le gustaba. m e la han cascao. Y otro que. Este es un toque de los que le gustan. Es im portante. — Este era rico. Le encanta. supongo. que es otro desgraciado de allí del pueblo.. que es uno de los motes que más le gus­ tan a Luis. — ¿Y quién más? — «El Rebullida». Estos toques de los tam ­ bores tienen diferentes nom bres. Y Luis le dio nom bre. el tuerto Lafranca. — Este no era tan pobre. ¿C om prende? Y allí.. — . Pues.. Pedro Saura. Este. Es este que está aquí tam bién. que eran los cuarteleros. —B ueno.uno de los toques de tam bores. Con éste era con el que iba a cazar siempre. Luego.. qué le diré. los prim e­ ros que salían. «el M ediaculera». Le encanta esto (canturrea). Tenía discos de ja z z . que era el obsequio m ayor que le podía hacer a su amigo. Luis se los sabe perfec­ tam ente. Pedro Saura. ensimismados. Hay uno que es creación de Luis. Y éste es «el R ebu­ llida». era por los años en que él em ­ pezaba a boxear y todo aquello. el saxofón también! —Luis era fanático del ja z z .un hospital. por ejem plo. o «el Melena». —Tam borilear. pues el toque del m e la han cascao es un 217 . que eran. cuando a lo m ejor están solos. — Sí. tam ­ bién. Este es «el M udo». Y más tarde. porque usted no sé si sabrá que Luis aprendió a tocar el saxofón. lo mismo Alfonso que él. Unos puros que eran los fa­ mosos toscanos.. — Luis le traía esos puros. — ¿E ra mudo de verdad? — ¿Este? Sí. cuando Lafranca volvió a España. Y éste.. en Francia. O tro. el que le enseñó a to­ car el saxofón a Luis. Luis tenía unos quince años. es: m e la han cascao.. el toque del m e la han cascao. Y otra de las cosas que ellos hacen. la marcha palillera. sí. — ¡Ah.. como le podía decir «el Mocasantos». Y le llama él así. como digo. es un apodo. U no de los toques de tam bores es. Han m uerto todos. que ha m uerto ya. y yo he oído muchos de aquellos dis­ cos. pero ¿por qué se llam aba «el Brumos»? — Pues es un m ote. en Calanda... hay distintos toques de tam bores. Y ponga otro: «el M udo». G regorio «el Brumos». como le digo. es que em piezan a tocar con los dedos o con cualquier cosa. Y éste es G regorio «el Brumos».

que es una ciudad. en fin.. hay poblaciones que tienen una figura. en el año mil seiscientos cuarenta. — ¿Q ué milagro es ése? — ¡Ah. — ¿Lo de los Cristos? — Y lo de las ruedas. Esta familia tenía un hijo.. no. lo de las ruedas de los autom óviles. A hora hay grandes problem as con Alcañiz.. Miguel Pellicer.. Con Alcañiz. pero bajaba todos los días a Alcañiz. Y Alcañiz. como ya no podía trabajar. yendo este m uchacho. yo. Entre los pueblos ve­ cinos ya sabe usted que hay siempre un antagonism o. Es decir. No. Reinaba en España Felipe IV. como población es estupenda. que ya se lo conté. Y de pronto. Y la tercera fi­ gura es Luis Buñuel. nos tienen a los de C alanda. y las caballerías van aquí y el carro detrás y van sentados. pero.. Porque ya sabe usted que suelen ir sentados en la vara. conduciendo un carro. que se llena. se pone el pueblo a reventar. a todos. pues en uno de los baches cayó. El mila­ gro ocurrió no en los albores de la H istoria. no. se dedicó a la m endicidad.. Y se dice. la enterraron y le quedó a él un muñón. Y es que ha cogido un cuerpo la Semana Santa en C alanda. — Muy bonita. Yo tuve negocios y vivía en Calanda. U na. Pellicer. hacen películas. Fueron unos mozalbetes de Alcañiz que cogieron nada menos que setenta u ochenta autom óviles que estaban apar­ cados en C alanda y les reventaron todas las ruedas. que es figura universal y en el V aticano y en todos los m e­ dios cristianos se le conoce.. Esta rivalidad persiste. porque C alan­ da es el único pueblo en el m undo que tiene tres figuras de tipo universal. una riva­ lidad. ¿no? — No. Le cortaron la p iern a . de Zaragoza. Un día. y yo en esto no tengo elem entos de juicio definitivos. que es el creador del prim er m étodo de guitarra en el mundo. hasta tal punto. se arman follones. — Muy bonita. nada.. H a­ bía en C alanda una familia. lo reconozco. Y con una m uleta. el milagro! Es una cosa muy im presionante. que este año pa­ sado hicieron en C alanda algo espantoso.. Cual­ quier historia de música que coja hablará de él. que es el famoso milagro de Pellicer. Este hom bre.. en Fuendetodos. ¿U sted no ha estado nun­ ca en la Sem ana Santa en Calanda? — No. como puede tener otro a un gran gene­ ral u otros que tienen. La otra es don G aspar Sanz. A hora. sino anteayer. un bache y cayó. C alanda tiene tres figuras de tipo universal. Entonces le pasó el carro por encima de la pierna y se la tuvieron que am putar en el Hospital de G racia. pues Goya. A unque. de la cual yo tengo docu­ mentos auténticos.toque muy curioso y muy espectacular. que usted habrá oído nom brar y que algu­ nos la discuten.. 218 . que era un joven sano.

a las autoridades eclesiásticas. Se dice que murió en Pina de E bro. el escándalo consiguiente. le pusieron un serón. inm ediatam ente. pues en Pina de Ebro fue donde murió Miguel Pellicer. todo el pueblo. entrando a m ano derecha. se está agrietando m ucho. Y allí. pero el hom bre vivía así. ¡por lo menos tenía que quedar el hueso! Porque le habían cortado por aquí mismo. vieron que era una cosa de mila­ gro. en unos era pa­ drino de boda. eligió como punto que a él le convenía más la puerta del Pilar de Zaragoza. por cierto. que era la del veintinueve de m ar­ zo del año mil seiscientos cuarenta.pues. que le supu­ raba de vez en cuando. Y desde entonces hay allí una capilla. y allí durm ió. Y allí. está aque­ llo hecho polvo. con una gran fe. murió. pues todos los que iban y entraban al tem plo. lo fueron creciendo. a la orilla del E bro. pidiendo por los pueblos. entraba todos los días al tem plo. El tem plo. Entonces su m adre le dijo: «No te preocupes. junto a la cuadra. E ntre Zaragoza y C alanda había un servicio de diligencias. se untaba la herida con el aceite de la lám para. — ¿Y qué repercusión tuvo en Calanda? — A h. Claro. que fue exactam ente el lugar donde se produjo el milagro. U na de las veces. pues Miguel Pellicer fue de pueblo en pueblo. Su ma­ dre y. aquello. Así fue vi­ viendo hasta que un día desapareció. Y sí. se acercó a casa. cuéntase que se le apareció la Virgen y le volvió a poner m ilagrosam ente la pierna que le ha­ bían cortado hacía dos años y cinco meses. fueron a m irar y allí no había nada. Como hay una lám para votiva junto a la imagen. en fin. y el hom bre se lo envolvía y volvía a pe­ dir. El hecho es que llegó a C alanda en un m om ento en que en el pueblo había tropas.» E ra en el mes de marzo. el arzobispo y todo el m undo reconocieron que era milagro. y él. pueblo que hay allí. T otal. a la altura de la rótula. Y ya luego. al día siguien­ te. Fue­ ron al lugar donde el cirujano había enterrado la pierna. y Felipe IV le adoró la pierna. pues. se fue acercando. debido precisam ente a que el suelo de Calanda 219 . Y cuando en Zaragoza se hizo m ayor el tem plo del Pilar. la mis­ ma junta que asistía a su construcción vino a C alanda y ayudó a levantar la torre esa que hoy destaca sobre toda la población. Hay tam bién otros re­ cuerdos y existe constancia histórica de este hecho. Y al que tenían alojado le habían dado precisam ente la cama de él. cuando el chico se levanta. Se tuvo que ir a M adrid. en otros asistía a un recién nacido. uno le daba y otro no le daba. Pero luego. no hacía mucho frío. ¿Us­ ted conoce la carretera de Alcañiz? B ueno. pues. tiraron la casa y levanta­ ron un tem plo. Pero él. Se untaba el muñón. ahora. Allí donde vivía Miguel Pellicer. Y aquella noche. en fin. que allí no existían los huesos. pues en C alanda inm ediatam ente se construyó el tem ­ plo.

criados y de­ más. pero con la Virgen del Pi­ lar. y a cada cambio de M inisterio vol­ vía a hacer de las suyas. pues la niñera de su casa— porque como fueron siete herm anos. Y un día. que da a la calle San R oque. nosotros pues a lo m ejor blasfemamos contra todo. que es la prim era que hay a mano izquierda. ¡Ay!. oiga usted. claro. pues estaban las dos casas comunicadas por detrás. hay quien. pues aunque lo cogían se iba salvando. Salía otra vez. hay quien tiene fe y hay quien no tiene fe. que debía de ser M argarita— esta que vive aquí— . Total.. después de lo de Lázaro. Entonces. mosén Santos. pues ya sabe. pero para esto hace falta conocer la configuración de la casa. Esta cosa de Pellicer ha sido muy discutida. este Cam pos. ¿qué solían hacer? ¿En qué se distin­ guían? ¿G astaban brom as? — M uchas. la cual sube perpendicular a la plaza. Y. muchas. pero. y a esta hora indecisa del atarde­ cer. en cierta ocasión. entreteniendo a la criatura. unos alaridos. ¿sabe?— . ya digo. pero en el fondo se sigue teniendo como quizá el único milagro en la Iglesia católica. comunica con otra casa que era donde vivían los m ayordom os. chico. claro.. por aquel enton­ ces había en aquella com arca del Bajo A ragón un bandido muy famoso. lo llamaban «el Floro». porque de esto hay m ucha gente que. tenía uno. el único milagro de la resurrección de la carne. envolverse en el m anteo de su tío el cura. Le podía hablar muchísimo más del milagro de Pellicer.. — Exacto. Pero siem pre en Ca­ landa. le quita la criatura. la de la calle San R oque. pues allí estaba la niñera con la criatura. la otra que ve que 220 . A h. y aparece con el tra­ buco allí em bozado. cuando todavía (porque en Calanda la luz eléctrica vino muy tarde) había un poco de luz. que es esta de que hablo yo. tom ando el fresco. por ejem plo— volvemos otra vez al gusto por las armas— . aquello era una procesión de gente. pues ahí estaba en la puerta. profundizando. a Luis no se le ocurrió más que coger este trabuco. ¿eh?. — Sí. un bandido que hacía de las suyas. como le protegía. y el mayordomo de su casa. Y los amigos ésos. y no se le ocurrió otra co­ sa— tendría él doce o catorce años— que presentarse con el tra­ buco al hom bro. Estaba muy ayuda­ do por la cosa política porque había un individuo que le ayuda­ ba mucho.. no sé. — Eso es universal entre los católicos. ¿me com prende?. E ra la época de los trabucos.es un suelo muy malo para eso. Y la otra estaba allí. esta cosa del Pilar. la mete bajo la capa y echa a correr. Porque Luis. B ueno. allí siem pre había niñeras e insti­ tutrices. A Luis le encantaban. pero sin tocar la cosa de aspecto religio­ so. como en todo. La casa de Buñuel está enfrente mismo de la iglesia. Es la casa que más han querido todos los Buñuel.

“Floro” . cla­ ro. y desnudo com pletam ente. cuan­ do andabas en pelotas. yo las he visto muy desnudas bañándose. subió por la calle de San R oque. en C alanda. él jam ás duerm e en la cama. y Luis había cogido a su herm anica. y buscando. ¿eh?.» En fin. B ueno. que. yo las he visto muy desnudas. se armó un escándalo. ¡Cómo Luis va a hacer misas negras! Lo que pasa es que se divertía con sus cosas.. oiga. oiga. cuando G regorio «el Brumos». Y un día. a ver aquello.. A todo esto. ¿E ntiende? Pero me refiero no en cosa llamémosla en el aspecto. por ejem plo. y el tío allí tum bado. ver allí al señorito m uerto. ¡La de anéc­ dotas que yo le puedo contar.. nos encendió.. tenía un saco de arena. pero en aquellos tiem pos.. largo. y de las que él ni se acordará! Si usted le cuenta. como decía una vez. porque allí en un patio era cojonudo. en Calanda. pues plantaba unas velas. pues le gustaba mucho hacer el Cristo y hacer misas y cosas de ésas.. T anto Luis como Alfonso. — ¿H asta las m ujeres? — Pues las m ujeres.. y allí el tío daba cada puñetazo que. Y. Pues desnudo com pletam ente. A hora se habla mucho de «contamos contigo». cuando tocaste el saxofón.. en m itad de la habitación. Cuando tenía doce o tre­ ce años y aprendía a boxear allí.. por ejem plo. o sea sem ejando un Cristo. todo el pecho ensangrentado. porque además han podido. ¿com prende? Y lo mismo Luis con el boxeo y demás. en una declaración. ¡Unos alaridos por la casa al ver aquello! Y cada día. ¿sabe?.se llevan. porque siem pre ha habido G uardia Civil. entre medias de los dos cirios. toda la gente del pue­ blo acudía allí. se subió arriba. Es una cosa un poco rara ésta. y tal: «¡Los ladrones. pues al en trar la criada. Total. un cu­ chillo allí teñido de sangre tam bién. hacía una de éstas. que nos han robado. a pesar de que le han culpado a él. Este fue el rapto de su herm ana. pues así en el suelo. cuando robaste a tu herm anita.. Pero después que había arm ado un es­ cándalo y un sofoco a su m adre y a todo el m undo que. — ¿Cuántos años tenía entonces? — Doce años. O tro día. por­ que a todos los Buñueles les ha gustado exhibirse un poco des­ nudos. Porque otra de las cosas que usted sabrá. a la puerta. E n seguida un alboroto por todo el pueblo. m ientras estaba en Calanda. hecho un C risto. 221 . tenía en el patio de la casa de la calle de San R oque. A hora Luis está muy casca­ do. inm ediatam ente el otro dio la vuelta y desapareció. pero Alfonso mismo era tam bién un tiarrón. siem pre duerm e en el suelo. de que hacía misas negras.. y allí estuvo hasta que el hom bre se cansó de la brom a y apare­ ció allí con su herm ana. porque él se hacía el m uerto. en el granero. claro. la G uar­ dia Civil buscando. sino. se m etió por la otra puerta.

él. Con la G uar­ dia Civil. ¿sabe?.. y. — B ueno. Y le gusta mucho sacarla en sus películas. Esto le en­ cantaba a él. más que el cobro de la pieza es el disparo. el criado. pues el tío. Viridiana o ve cualquiera de sus películas. duchas y de todo. claro. era el hom bre de confianza de los Buñuel). pues el hom bre hacía por allí sus ejerci­ cios y sus cosas. y era cuan­ do se preparaba para ser boxeador. pero quiero que usted se lo recuer­ de. pues iba a cazar con este Pedro Saura.. y se lo voy a contar a usted que no lo conoce y él no se acuerda siquiera. Y cuando el tío estaba sudando llam aba al Cam pos (que Campos es un p er­ sonaje clave dentro de la vida de Luis. y el tío regán­ dolo desde arriba. B ueno. aún iba todo el m undo tapado en los baños. en aque­ llos tiem pos. Le gustaba mucho cazar con rifle. — ¿Q ué son? * 222 . siem pre la G uardia Civil. ¿sabe? Un buen vino. y allí cada puñetazo que pa qué. ¡bim. sino de disparar. Siempre que puede. no más con un taparrabos así. desde arriba. sobre todo en bota. y que hace muchos años que no come. y tantos. que consis­ tía en atarse en la cabeza un pañuelo estilo baturro. y. con un jodio calzoncillo.. ¿no?. en fin. en los años veinte. con armas. claro. cogía una regadera llena de agua y des­ de la galería. Porque es un hom bre de poca comida. el m om ento. Pero dentro de esta cosa de las armas hubo un hecho curioso. Y este Campos. en mangas de camisa. ¿sabe? Se ataba en la cabeza un pañuelo. y al hom bre.el deporte es que ni se conocía. en cueros. a pesar de que Luis ha sido siempre muy m ori­ gerado en las comidas. aguantaba la ducha. era el m ayordom o. el m ayordom o. despechu­ gado el tío. ¿com prende? Por eso iban mucho a la esbarra de los zorros. Después. tam bién tenía Luis algo parecido. Pero el tío en cueros. bim!. Y él lo había traído ya de Z a­ ragoza y de París y de donde había estado el hom bre. U sted ve. si no en cueros. a pesar de que en casa tenían cuarto de baño.. B ueno. Y. a la andada.. son las tortillas de tucas y de colellas. bim. como no confiaron m ucho. que era el día que lo detuvo la G uardia Civil. pues aparecía. era el chófer. no por el hecho de cazar en sí. Tenía un saco. al­ gunas chuletas. lo mismo que Lorca. y luego. ante todo el pueblo— oiga. con su rifle al hom bro. el motivo de disparar. como le digo yo. otras veces. o sea. y allí cada en­ trenam iento que encendía el pelo. yo de esto le puedo con­ tar muchas cosas— . no por el hecho de m atar. más de vino. allí. llevaban m erienda. nada de eso. pues aquello le. iba a cazar con este Pedro Saura. Luis llevaba una indum entaria especial. ¿sabe?. usted. de pronto. Pero. sí. por ejem ­ plo. Y una cosa que le puede. Le encanta. — Sí. Siempre que iba a cazar. le zum baba dos o tres tiros.

—Son unas yerbas extrañas. Luis concretam ente. Y son solam ente los brotes los que hay que coger. por ejem plo. Viene la G uardia Civil. Esta fue una de las veces que lo cogieron los de la G uardia Civil. Ellos. es de una exquisitez que. Era muy gordo.». a culatazos. después. no. frito en una tortilla. tal y cual. ¿com prende?. No de cardenali. cuando iban a cazar. m ientras el otro la estaba go­ zando de verse el tío allí. pues esto tam bién le encantaba. pa’lante. des­ pechugado y el rifle al hom bro. el que gobernaba. y tiran p a’lante. Tiran p a ’lante. grande.. muy sabrosas.. de vez en cuando. Esto. La G inebrosa es un pueblo que hay cerca del desierto. el que llevaba toda la finca. una chuleta o un trozo de jam ón. y p a’lante. calla. cogidos y vueltos boca abajo. echar un poco de fenaz y.. Es un pinar. llegaron allí y se internaron en dirección a la G inebrosa. y aquí qué pasa.» Y se hace pasar por el facineroso. por los bandidos que andaban buscando. la G uar­ dia Civil andaba sobreaviso. como tra ta n . se acer­ có a la masía a pedir sal.. claro. pues fueron de caza por la M asada del Pino. B ueno... el adm inistrador. Y con el que tam bién iba muchas veces era con el R ebu­ llida. term inaron de com er y siguieron camino. pues: «¡Manos arriba!. Q ue es el que estaba al frente de la T orre de los Buñuel. O tra cosa que le gustaba mucho eran los ca­ racoles. allí. E n una de aquellas masías que hay por aquellas contornadas. se les había olvidado la sal. Pues bueno. de papi. es bocatti di papi. se cansó ya de hacer el bandido y de aguantar todos los insultos o todo lo que le dijera la G uardia Civil. Y. claro.. Lo que llaman el desierto de Calanda. que se encuentran en según qué puntos. el pañuelo atado a la cabeza. hacer un poco de fuego allí. como se puede imaginar. y a ese pinar iba él muchas veces a cazar. y entonces fue cuando este Pedro Saura. que digo yo.. pues se había com etido hacía poco un robo. porque esto tam bién a Alfonso le gustaba. no han sido hom bres de exquisi­ teces ni. Fenaz. pues la tuvo con ellos. Pues solían llevar. que es el que iba con él. con éste. pero gor­ da. H abían cogido unas chuletas y querían asarlas. la G uardia Civil: «¡Alto! ¡Alto!» Y Luis con aquella facha que tenía de facineroso. Y que los llevan a la G inebrosa. este otro gordo. cogía la carne y de dos sopli­ dos. siempre hacían lo mis223 . Pues. para la G inebrosa. Y Luis le pega un codazo al otro y le dice: «Tú. va­ mos. ¿tam poco sabe lo que es? Y erbabuena. Entonces. apresado y conducido por la G uardia Civil. porque resulta que llevaban la carne y no llevaban sal. O sea. que para esto no han tenido nunca grandes reparos. se dio a conocer porque estaba acojonado. Y en esto. en fin. el cultivador. Y uno de los días. Pero el tío. H asta que allí al tío se le soltaron los huevos. así. U stedes. O sea. Luis estas tucas y estas colellas hace años que no las ha comido.. Y entonces.

m ontaba él en colletas. hay que cruzar varias veces el río G uadalope. era un criado. de su riqueza. lo que él ha reconstruido. Como con la Fuensalada. y luego en el camino resulta que tiene que volver a cruzarlo otra vez. porque al fin y al cabo era un em pleado de él. no sé como decirle. m ejor dicho. pues. De cacique nada. H asta hace poco tiem po las tuvo un tal Paco «el M atalobos». hacia la M a­ sada del Pino.. Luis no quiere saber una pa­ labra de nada. como si fueran de la fa­ milia. pues claro. que era esta que decía yo de la M asada A renas.a las espaldas del otro. que por eso todo el m undo los adoraba. Esta es la gran virtud de los Buñuel.mo. Y. M ire. de la cual era comenda• 224 . To­ tal. Para subir en esta dirección que le hablaba yo. han sido tan dem ocráticos en su trato con la gente.. usted imagine que eran dos tiarrones. Yo conozco a todos sus amigos arquitectos de Zaragoza. Y prueba de esto es que jam ás las fincas les han pro­ ducido nada a los Buñuel. hom bre. para dar la impresión de que. como compró tam bién unas ca­ sas en Zaragoza. Es decir. Alfonso. eran dos hom bretones. Em pezando por la T orre. la casa. era m onte donde se cogía mucho trigo. ¿no? T am ­ poco las tenía para obtener ninguna riqueza ni ningún beneficio de ellas.. oye y se ríe. era u n . Y al que iba por allí y veía esto. no. nada. un obrero de la casa el R e­ bullida. o como com pró otras cosas en otros sitios. m edieros y gentes. las fincas no sé quién las tendrá. — . — Ya. Don Leonardo com pró unas fincas porque se llevaba bien eso de decir... Bien. M ientras que los de arriba. claro. ade­ más. ¿sabe?. a todos los entradores. El río G uadalope tiene un curso muy tortuoso. era Luis el que tenía que pasar al Rebullida.. un tipo como Luis yendo. porque yo pertenecía tam ­ bién a la O rden de D on Juan T enorio.. donde podían coger algo de acei­ tunas y de alm endras. cebada y de­ más. la bur­ guesía. Don Leonardo las com pró. qué va. en fin. gordos. el Pozo del Vicario. la única finca que pudiéram os decir que tenía algún valor. Pero es que los Buñuel han tenido igual a los criados. ya. en colletas quiere decir.. ahora mismo. ¿sabe?.. porque.. Pero jam ás ellos le han concedido ningu­ na im portancia al beneficio que pudieran producirles las fincas. ¿com prende?. Y a Luis le hablan de las fincas.. Esto es lo que yo siem pre he observado. Entonces tiene usted que cruzarlo. en eso me com prende. los tenía siem pre. Pues ¿sabe usted lo que le gustaba a Luis? ¿Con este Rebullida? U na es. Luis nunca ha querido saber una palabra de nada. muy sinuo­ so. O sea. no.. de su poder. que esto ocurre varias veces. Y luego. ¿eh?. ¡bueno! — Pero el padre ¿era una especie de cacique del pueblo? — No. Nada. para d em ostrar. usted imagine.. a la otra vez.

claro. Para s. su mismo cuñado. ¿me com­ prende? Pues él term inó la carrera de arquitecto y tenía posibi­ lidades de haberse ocupado en muchísimos sitios. que era arquitecto. Y se murió sin dar golpe. U na vez se propuso dem ostrar quién era. A hora. Yo era profesor. ¿com prende? Su m adre le pasaba un tanto.» Llegaba allí y le hacía lo que fuera. Y Alfonso era el C om endador. Jefe de Regiones D evastadas. jam ás quiso hacer ninguna obra ni tra­ bajar para el Estado. el prim er prem io. Era una cena un poco es­ trafalaria. Y nada. presentó un proyecto. que tal. para los amigos era ya otra cosa. Estaba de jefe un paisano nuestro. aquí están los toques de los tam bores. pues. el marido de M argarita. en otros puntos cercanos a M adrid. Se reunían en Casa Lhardy. Ortega: «Oye.. la marcha pa­ lillera. que suban y bajen las im á­ genes. pero yo tam poco ejerzo. por una­ nim idad. después de la guerra. hom bre. Y tenía amigos arquitectos estupendos. este de Lucas. ¿eh?. Y fue allí donde conocí a Pepín Bello. Y le ofrecían tam bién una obra de doscientos cincuenta millones y no quiso ni pre­ sentarse. el toque del juanete. * * * — B ueno. un tal Allanegui. que en Toledo. otras veces. Desde que se acabó la guerra yo no he ejercido más. Pero cuan­ do vino a C alanda. pero el hecho es que no qui­ so nunca trabajar. le po­ dían. porque ade­ más valía mucho. u obtenía dinero de otra form a. no. todo el m undo iba vestido a su m anera. Llegaba Dominguín: «Oye. en fin. en fin. El nunca quiso. que trabaja en el cine.. A pesar de ser arquitecto. Y quería. O tra cosa.. vino ya muy vencido.. unas veces en Alcalá de ííen ares. nunca quiso hacer nada. tengo una am istad.. por aclamación. que la casa..--. Y. hijo de una herm ana de este mosén Vicente. pues. Todos ellos. s amigos. mire qué carguito. Pues nada. Oiga. A pesar de que luego tenía sus aficiones o sus características que son ya de cada uno. H ubo un con­ curso. o en distin­ tos lugares de M adrid. a rodar p o r el pu eblo y m e la han cascao. y a Juan Cris­ tóbal. Y m e la han cascao es de Luis.» La hacía. la correata.8 . lo que fuera. arquitectos que han triunfado y que han hecho obras im portantes. en Z a­ ragoza. Lo llam aron para Regiones Devas­ tadas. Palinfiesta.dor Alfonso. Pérez Páram o.. Usted sabrá que Luis un día abandonó el ro­ 225 M AUB.. Adem ás les superaba a todos en treinta codos. una cena a la cual yo he asistido muchísimas veces. que Alfonso. pues yo. y a muchos más. con Alfonso. de Calanda. A quí mismo hay uno muy bueno. una relación íntim a. la Com pasa. un tal Allanegui. En fin. so­ brino de este mosén Vicente. no sé. le daba lo que fue­ ra.

y esto ya no tiene nada que ver con Buñuel. coge el avión y se va para Calanda. y en un pueblo como en Calanda. pues oiga. un pueblo burgués por excelencia. oiga. y venía a lo m ejor con tres o cuatro artistas y fulanos.. Y ya. aquellos coches largos. B ueno.. aquellos «Bugatti». Porque es que no podía ser de otra m anera. — ¿Por qué? — Pues. con el mismo afecto. B ueno. allí se m ató gen­ te. por eso la ex­ plosión de la guerra tuvo que ser tan espantosa como lo fue allí. ¿No ha oído usted hablar de esto? — Poco. moradas. se tuvo que salir de allí. yo quie­ ro a mi pueblo. le hubiera pegado cuarenta pa­ tadas en. en donde ya el anarquism o en C alanda fue cogiendo raíces. y por eso term inó con Hollywood.. ¿com prende? Q ue se han ma­ tado los mismos del pueblo. con el mismo cariño que usted pueda querer al suyo. — Pues aquello fue horroroso.. sería por el año treinta y cuatro. ha habido m om entos en mi vida (no sé usted cómo lo pasó.. entre cuatro. pero es un pequeño bache) en donde me he sentido anarquista. oiga. pues. ¿com prende?. esto es lo que me hace a mí tener coraje contra mi pueblo. con follones. Con bom bas. pero casi. aquello fue la hecatom be. Yo soy de Calanda y me ha tocado vivir por muchas partes del m undo. Pero como este jodido pueblo mío ha sido un pueblo de caciques toda la vida. el «Rolls». aban­ dona el rodaje.. y en esta Sem ana Santa. Y yo me acuerdo que a lo m e­ jo r venía de París. haciéndole pasar.. a pesar de que lo quiero. Porque allí. un pueblo tradicional. en el año treinta y seis. porque. Y prueba de ello es que en el año treinta y tres. mire usted. Porque Calanda ha sido un pueblo muy puñetero. — Y luego. no tantas como usted. no crea que de aquí solo. Y cada vez que volvía a mi pueblo. ¡Moradas! P rue­ ba de ello. cuando estaban el «Buick». al revés. me conocen tanto como a Luis. estando precisam ente en Hollywood. aquellos años. oiga. ¿com­ prende?. échele usted carrete. todo el pueblo me conoce a mí. 226 . Luis se acuerda que era Sem ana Santa. seis o media docena han tenido al pueblo en un puño. treinta y tres o treinta y cuatro. ¿eh?. lo mismo. con los sucesos de Asturias. A pesar de que él ya sabe usted que ha sido siem pre muy enemigo de ir en avión: le tiene verdadero pánico. la hecatom be. En el año treinta y cuatro. le hablaría de los tiem pos de la Sem ana Trágica. haciéndole pa­ sar ham bre.daje de una película. Es decir.. Porque aquello.. ya la prim era explosión del anar­ quismo se produjo en Calanda. pues C alanda ha sido siempre un pueblo de caciques. yo le hablaría de F errer G uardia. donde ahí.

— Pues esto es lo que le estoy diciendo. me tocó vivirlo a mí todo. — ¿Estuvo usted allí? — Yo lo he vivido todo. Porque. Fue entonces cuando em pezó a venir Alfonso por aquí. . adem ás. — M enos mal que lo puede contar. Yo lo he vivido todo. Cuando se aca­ bó la guerra es cuando me querían a mí cascar.

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Parece ser que tenían una especie de café. U na tem po­ rada coincidimos en el com edor. en la clase. muy simpática. la señora de Buñuel. Y a ese mismo colegio llegó Luis. Pero como los dos éram os m ediopensionistas y salíamos los dos de la misma casa en un coche que los jesuitas tenían. U na casa de dos pisos. E ra. Llegó la hora del bachillerato. No coincidimos. sobre la que se levan­ ta ahora la casa llam ada Escoriaza. Y nosotros —digo nosotros porque yo tenía un herm ano m ayor que murió en Africa. Seguram ente el único que ha­ bría en aquel entonces. en el desastre de A nnual— . Mi m adre hizo una gran amis­ tad con M aría Portolés. grande. Y él pasó a los jesuitas tam ­ bién. en el trato— a mí me llam aba Pablito— . me parece que de los corazonistas. que eran. no tenía más que atravesar una escalera y pasar a la otra. donde los jesuitas perm itían la 229 . la familia Buñuel vivía en una de ellas y nosotros en la otra. M aría Portolés era una persona guapísima. nosotros pasábam os a jugar con Luis. M aría y ella. en los jesuitas. extraordinariam ente genero­ sa. aproxim adam ente de la misma edad. E n la plaza de Santa Engracia. con dos escaleras. porque estaba en­ cima de nuestra casa. Y luego. Mi herm ana jugaba con M aría y con Alicia.PABLO C ISTU E D E CA STRO (B arón de la M englana) — ¿C uándo conoció usted a Luis? — Pues mire usted. yo me llevo con él muy pocos meses. yo conocí a Luis cuando tendríam os cinco o seis años. A dem ás. por tanto. muy atrayente. Yo anticipé un año porque hice ingreso y pri­ mer año en un año. pues. persona hum ilde. Vivíamos en la misma casa. pero muy guapa. de m esón. en Zaragoza. generosa. Claro. Los domingos pasábam os a la casa de los Buñuel. íbamos juntos. de pueblo. en el piso de arriba de nues­ tra casa. A mí me enviaron a un colegio que se acababa de fundar. E ra hija de unos pequeños com erciantes de Calanda. siendo teniente de C aballería. en fin.

con estas cosas. que fueran ellos los que vinieran invitados a nuestra casa. Conocía y recordaba los nom bres de todos los padres je ­ suítas que habíam os tenido de profesores en las clases y los que estaban de vigilancia en las aulas de estudio. o m e­ nos quizá. con la guerra perdí el contacto y hasta pasados veinticinco años después. de aquellos tiem pos. Podía haber ocurrido al contrario. Y le mo­ lestaba que Zaragoza acabara pareciéndose a todas las ciudades del m undo de su tam año. allí donde nos llevaban a jugar. ya había hecho antes muchos recorridos por toda la Zaragoza antigua. que volvió a España. y le contrariaba que Zaragoza no hubie­ ra perm anecido siendo como él la vio hacía veinte años. de aquellos tiem pos. Yo le de­ cía que era cosa irrem ediable. Y en esa prim era visita hicimos un recorrido por Zaragoza. E ra yo el que le preguntaba: «Y aquél.» .» Me dijo que tenía otro amigo aquí. Pero había m uerto ya. veía yo cómo se rebelaba contra las transform aciones m odernizadoras que habían hecho. y él fue quien me transm itió los prim eros conocim ientos sobre la vida sexual. Llegó y me llamó por teléfono. del retorno a su ciu­ dad natal. Y. y yo hablaba con Luis. por obsequiarnos. — ¿Y no lo volvió usted a ver hasta cuándo? — D e M adrid m archó a París. Me dijo: «De m om ento no he querido verme más que contigo. Subimos al Cabezo. no lo volví a ver.conversación. el abo­ gado Tomás Pelayo. ¿cómo se lla­ m aba? ¿Y aquel otro?» El los recordaba a todos. pero es que M a­ ría era de una generosidad abierta. los recuerdos del colegio tenían para él siem pre un arranque sentim ental y de em o­ ción. como es un afectivo. Tenía una inteligencia anticipada. con­ versación clásica de los catorce años por aquel entonces. y me contestaba: «Pero. Y cuando nos encontrábam os. claro. Y de París. que era a quien tenía a mi derecha. La prim era visita fue para mí. El. veinte años. se desvivía por atendernos. Tam bién amigo nuestro. Tenía recuerdos preciosos de la Zaragoza antigua. Estuvimos en el co­ legio. fue muy grande. Iba los domingos a su casa. para mí. de mi herm ano y mío. en el Paseo. e insistía siempre en que fué­ ramos nosotros. La señora de Buñuel nos daba unas esplén­ didas m eriendas. como aquello no hay. eran verdaderas m erendolas las que nos daban en su casa a todos los niños. Le salían las lágrimas al volver a visitar Zaragoza. Cuando se citaba conmigo. Se em ocionaba con todo. Tomás Pelayo vivía enfrente. La emoción de él. hacía algún viaje aquí esporádico y yo le veía alguna vez. El me los recorda­ ba a mí.

— ¿Quiénes? — Luis y su m adre. Hice el bachillerato en tres años. un chico estupendo. Cuando en mil novecientos diecisiete llegaron a M adrid. y guapa. y gracias a la recom endación de don Bartolom é E steban.. Me los m andó. [Interviene Concha.? — Sí. después de Jaca. el treinta.. fue un tal Jarné. vista de espaldas. Fueron prim ero a varias casas de huéspedes. que era senador. a los trece años ya era bachiller. desde M adrid. A lta tam bién. — ¿Y su padre? — A lto y fuerte. sobre todo una muy famosa. Tam bién lo fusiló F ranco... —Es curioso. De verdad. en la Plaza del Angel. fueron 231 . — ¿Es verdad que te hiciste bachiller a los trece años? — Es verdad. El que acompañó a Acín a Sevilla. que era cajero del C entro de Estudios Históricos. A hí tengo mi diploma. D oña Iturria. o de su hijo Cris­ tóbal. — Luis dice que su herm ana Concha. para buscar alojam iento m ientras estudia­ ba en una academ ia para el ingreso en la Escuela de Ingenieros Agrónom os. Y tiene mi edad: sesenta y seis.M A TR IM O N IO M A N TEC Ó N (Concha y José Ignacio) [J o s é I g n a c i o M a n t e c ó n ] — Sí. — Sí.. parece una m ujer de treinta años.. Me contaba ayer Luis cómo el haber llegado a ser lo que es se debe a la casualidad. — ¿Luis era tan alto y tan fuerte.] — Y su m adre era una real moza. Nin­ guna le gustó a la m adre de Luis.. En el treinta y seis.. H onorato de C astro.

— Inteligentes. en el piso de en medio. Sin em bargo. Locos. B u­ ñuel. se llam aba «Oteyza-Lom a». — Y todos inteligentes. Pero el que tuvo más influencia en él fue Federico.a la Residencia de Estudiantes. en el prim er pabellón. Siempre le tuve aversión. — Fue bastante mal soldado. — Según lo que me decía Luis el otro día. pudo ingre­ sar en la Escuela. que. salir como les diera la gana. Y no le iba tan mal. — Lo curioso es que cuando hablé con Alcoriza y salió el tema de Dalí.. que llegó el año siguiente.. G ran triunfo en Biología. en Zoología. que no apareció sino tres años después. para él es un insulto. ingresó en la de Ingenieros In­ dustriales. era adinerado. Presidían las mesas M oreno Villa y Ricardo O rueta. E ntre mil novecientos veinte y mil novecientos veintiuno fue soldado. — Después de los Escoriaza. claro. Pero lo decía negándolo. una fortuna. ni D alí. por cierto. por lo lim­ pio. En vez de estudiar Ciencias N aturales prefería irse con Pepín Bello a com er pajari­ 232 . hijo único. que eran la prim era fortuna de Zaragoza. por ejem ­ plo. Pero. Le tom ó una habitación de lo m ejor. hasta tal punto que le escribieron a su padre para felicitarle por tener un hijo de esa calaña. A la m adre le gustó. -—Yo no he tenido nunca amistad con Dalí. Pero no le en­ traban las m atem áticas ni para un remedio. — No sabían lo que les esperaba. Recurrió a los mismos E steban que lo habían recom endado para ingresar en la Resi­ dencia para incorporarse al Prim ero de A rtillería y librarse de ir a M arruecos.» Y lo más divertido es que es rara la vez en que hablo con Luis que no salga Dalí a relucir. Y tam poco. lo que te explica que aquí esas fami­ lias hayan seguido tan relacionadas. —Todos señoritos y gentes de mucho dinero. sí. Todavía no estaba García Lorca. — Sí. al salir. Quién sabe. el veintiuno. eso es lo que le gustaba a Luis. su padre pasaba por ser el hom bre de más dinero después de los Escoriaza.. vamos a dejarlo. U garte y yo. Costaba entonces siete pesetas al día. Nos dio por ser vegetarianos. D orronsoro. — La peña de Zaragoza. con nuestros quince años: Vicens. — De mil novecientos diecisiete a mil novecientos diecinueve se estuvo preparando Luis en la A cadem ia. Creo que le he visto tres veces en mi vida. creo. El hecho es que Vicens. A lo único que puso mala cara fue cuando se enteró de que podían ir y venir. — Eran muy amigos. me dijo: «No le hables de Dalí.

Me dejó pasm ado. Conchito. el hijo del conde de Rom anones. y entonces vino toda aquella historia de don Pablo de Azcárate. U na casa pre­ ciosa. en Zaragoza. Luis vio el cielo abierto. Hay fotografías. — ¿Y C ernuda? — ¡Hombre! Lo conocí en casa de sus padres. un caserón que había entre el Elvo y el H uava.» «No: hay que ser licenciado en Filosofía y Letras. no había nada como Estados Unidos. Se lo criticaron mucho. Total. grandes abra­ zos: «Hola. me pidió en seguida perdón. Estábam os en el Palace. desde luego. y de M adariaga. «Pues yo— le dijo a don Américo— acepto. — Por esas fechas ganó la final del cam peonato de pesos m e­ dios. «Ese amigo tuyo es m aricón. Pero lo más im portante es que no podía con las matem áticas. * * * — Me quedé de piedra cuando Pepín Bello me dijo que F ede­ rico era lo que era. — ¿Q ué le quedó a Buñuel de los jesuitas? — Buñuel no estudió sino tres o cuatro años en los jesuitas. — ¿Y lo del rey? — Sí. éste dijo que de todas partes pedían lectores— sobre todo de Estados Unidos—para universidades. como siem pre. que ya le conocía.'N o lo podía creer. y de la Sociedad de Naciones. me dio. veinte. Una vez fueron a Toledo con Asín Palacios y Agustín Ca­ talán. Tenía yo veintidós años. pero al que no se atrevía todavía a leerle nada. el rey fue a visitar la Residencia. Luego recordé que el úni­ co al que se le ocurrió pensarlo fue a mi padre. y otro día. con unas ratas enorm es que subían por las paredes. ¿verdad?». bastante disoluta. y hablaron de hacer la carrera de Filosofía y Letras.» «¿Qué estudia?» «Ciencias N aturales.tos fritos. en la tertulia de U nam uno. Pero creo que fue en tiempos anteriores a los de Buñuel. me dijo mi padre. Com o protestara. yendo a Alcalá con Am érico C astro. llegó Federico. de aficionados. Y renun­ ció. La acabó en septiem ­ bre del veinticuatro. en lo que cabe. 233 . El ocho ya estaba en «La R otonde». frente a la catedral. H acían una vida de señoritos. Y de ir a estudiar francés e inglés y diplomacia. en ese m om ento.» Y acabó la carrera en tres años. él. — Sí. Se lo dije a Salinas. que desembarcó en París el seis o el siete de enero de mil novecientos veinticin­ co. porque para él.» Me llam aba así porque siem pre le estaba hablando de Conchita. Me leyó unos versos.

¡Qué buena persona, qué gran persona era Salinas! Y Guillén. ¡Y qué cosas hicieron por Cernuda! ¡Y cómo les pagó! No, no quiero saber nada de su poesía. Su padre era com andante de la G uardia Civil, pero el verdadero com andante era la m adre. No tienes idea: hom bruna, m andona, terrible... ¿Sabes el segundo apellido de Juan Ram ón Jim énez? ¡Mantecón! ¡El respingo que dio el día que nos presentaron! Porque no le gustaba nada. T e­ nía horror al apellido. Su herm ano G ustavo, al contrario (era co­ m erciante en vinos); vino un día a pedirm e que renunciara a mis derechos a no sé qué título que quería reivindicar. ¡Con lo que a mí me im portaba aquello! Al principio traté de divertirm e. «Es que tengo diez herm anos», le dije. Pero en seguida: «A hora mis­ mo vamos al notario y renuncio a todo lo que quiera.» ¡Imagí­ nate! ¡A mí con títulos! E ra en la Rábida. Mi padre com pró todo aquello, unas cuatro mil hectáreas, y yo tenía derecho a una cel­ da en el convento... — ¿Q ué tenías tú que ver con los rotarios? — Mi padre era gobernador de los rotarios y me obligaron a serlo y a dar una conferencia. La di, sobre la posibilidad de fun­ dar un Banco de Honras. Porque no hay derecho a que por casi nada pierdan la suya tantas muchachas. El Banco las protegería, las haría estudiar en Sevilla las prim eras letras, en M adrid el ba­ chillerato y el doctorado en París. Luego reem bolsarían los gas­ tos con sus intereses y el Banco les devolvería la honra casándo­ las con tenientes de carabineros, burócratas, etcétera. — A todos nos salía el espíritu del cuerpo. — Siempre fue así. — Pero no fuimos señoritos. — Sí, yo recuerdo grabados de revoluciones del cuarenta y ocho, del setenta y otros, donde un señor con chistera defiende al pueblo, fusil en mano. Así nosotros, cambiando lo cambiable. — ¿Fuiste a Calanda? — Sí, yo estuve en Calanda. Di un mitin. Q ue si no les daba vergüenza. Porque allí habían proclam ado el am or libre. El úni­ co lugar. Y el sitio era precisam ente la Torre. La finca de los Buñuel.

[R e su m e n d e u n a c o n v e r s a c i ó n c o n C o n c h a M a n t e c ó n , EN MARZO DE 1970]

De cómo Eluard convenció a D om inique..., en casa de Ernes­ to García (A venida Veracruz, 56, México D F), donde está Pa­ blo N eruda, con flebitis, en cama, inválido de una pierna, con una anilla colgada del techo para agarrarse, incorporarse y po­
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der ser visto; y el poeta francés, tam bién a media vela, sentado sobre un refrigerador chiquito, habla encendido de pasión con aquella buena moza inteligente y divorciada. Decidieron casar­ los; pusiéronse de acuerdo M antecones, Nerudas y E rnesto, y sa­ liéronse con la suya, muy a gusto de los contrayentes. Sólo hubo una víctima que lam entar, y no fue culpa de nadie. Tenía Dominique una perra «salchicha» que le caía mal a Paul Eluard. H a­ bía que traspasarla. La heredó muy a gusto Jeanne Buñuel, muy amiga de Dom inique (aunque parezca m entira, no había relacio­ nes entre N eruda y Buñuel). Llevóse el daelzel Jeanne a su casa. Allí lo tuvo hasta que un buen día el perro se cayó de la azotea. Las malas lenguas dicen que se suicidó. Lo cierto es que fue la única nube de aquella unión tardía que, desgraciadam ente para todos, duró poco. En seguida, Eluard tam bién moría. Acín se esconde [Huesca, 18 de julio del 36] en un arm ario de pared recubierto con papel. Ponen el arm ario de luna delante. Lo vienen a buscar. No lo encuentran. Los vecinos aseguran no haberle visto salir. Al fin lo descubren. Lo fusilan sin más. La m ujer insulta a los que vienen por él. Se la llevan a la cárcel. A la prim era incursión de la aviación republicana, sacan a los pre­ sos de la cárcel y los fusilan, entre ellos tam bién a ella. No era rico, pero puso gran parte del dinero necesario para filmar Tie­ rra sin pan, por amistad con José Ignacio, Sánchez V entura y Bu­ ñuel. El resto, como siem pre, lo aportó la m adre de Buñuel. D es­ de hace algunos años, Luis les ha ido devolviendo a las dos hijas de Acín el dinero que éste había aportado. De cuando en cuan­ do les m anda algo. * * * —A ver, Concha, ¿qué sabes de la boda de Luis? — La boda de Luis... La boda de Luis. Fue su herm ana C on­ cha la que le forzó cuando supo que Juanita estaba em barazada. D ebía de ser en mil novecientos treinta y cuatro, creo. «No te figures— le dijo— que vas a tener un hijo espurio. ¡Eso faltaba! Eso no pasa en nuestra familia.» Luis se fue a París, se casó con Jeanne y regresó en seguida a Madrid. — ¿Cuándo la conociste? — Conocí a Jeanne en mil novecientos treinta o mil novecien­ tos treinta y uno, en San Sebastián. M ejor dicho, la vi. Me di­ jeron: «Esa es la novia de Buñuel.» Me pareció muy alta, con unas piernas muy largas. Llevaba un traje de baño color coral. Y, efectivam ente, allí estaba la familia de Luis, bajo un toldo, en la playa.

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— ¿Y tienes que grabarlo? Menos mal que mi voz parece de hom bre. Es una ventaja. B ueno, pues, según me dijo mi m adre, este señor llegó a Alcañiz. — El padre de Buñuel. — Exactam ente. Se hospedó en una posada que se llam aba la posada de «El Blanco». E n esa posada había una m uchacha muy bonita que le agradó extraordinariam ente. Como se enam oró de ella, la quitó de la posada y la m andó a un colegio; de lo que no estoy segura es de si fue a un colegio en el propio Alcañiz o en Zaragoza. U na vez educada y refinada, se casó con ella. Entonces fue cuando parece ser que com pró en C alanda (que él había nacido allí) una casa antigua o la m andó construir él. — Y tú, cuando conociste a Luis, era porque andaba revolo­ teando alrededor de tu prim a Pilar Bayona. — Exacto. Pilar estaba viviendo en mi casa por una tem po­ rada. — ¿D ónde? — Calle de A rgensola, núm ero nueve, en M adrid. Vino a pa­ sar una tem porada a mi casa porque le habían contratado los Daniel para dar unos conciertos. El que entonces era el más im­ portante de los Daniel se enam oró de ella. Le escribía cartas amorosas y le proponía m atrim onio. Pero no le hizo caso. Luis Buñuel tam bién estaba enam orado de ella. Y un buen día suena el tim bre, abro la puerta y aparece un joven, con una caña en la m ano, no sé, una red de pescador o de cazador de m ariposas. Me acuerdo que él la dejó colgada en el perchero, en uno de aquellos famosos percheros o cornucopias que había antiguam en­ te. Y entonces dijo que quería ver a Pilar Bayona. Llam é a mi prim a y... — ¿C uántos años tenía tu prima? — E spérate, que eso casi no te lo puedo decir porque es bas­ tante m ayor que yo. Yo tenía entonces doce años. Y creo que ella me lleva nueve; así que entonces ella tendría... — Veintiuno. Y él, quince... —Por lo visto. Fue la prim era vez que vi a Luis. Vino varias veces a casa a ver a Pilar, y después me enteré de que en Z ara­ goza él iba con frecuencia, casi a diario, a escucharla tocar el pia­ no. Y tam bién iba Rafael M artínez. Y Pilar les daba grandes con­ ciertos para ellos solos, en su casa. D e eso me enteré, no lo vi. Pero una vez, en Zaragoza, en casa de mis tíos, tam bién vi que entraba Buñuel y que se m etían en el salón donde tenía el piano y se daban los grandes conciertos. A mí, como me consideraban dem asiado pequeña y no me atrevía a entrom eterm e, pues los oía desde fuera. 236

— Luis tuvo afición a la música desde muy joven y tocó el vio­ lín, y aún lo tocaba cuando tenía relaciones con Jeanne. Jeanne tocaba el piano, y Luis, el violín. — Sí, pero Jeanne tocaba muy mal el piano. Sólo sabe tocar la Marsellesa. — No exageres. Pero ya me ha contado ella cómo Luis, un día, le cerró el piano y le dijo: «Se acabó. Para tocar un vals de Chopin así, m ejor lo dejas.» — ¿Ves? Pero antes de Pilar, Luis fue novio de una señora, que después se casó con alguien que fue algo de la R epú­ blica. — ¡Pues estás bien de información! E ra Galarza. — ¿V erdad? Pues se fue hace unos seis meses a España. Se­ gún parece, conoció a Luis en un balneario cerca de Santander, y debieron de ser unos am ores de verano. — Supongo. — Después, Concha M éndez. Yo estaba en el colegio de las m onjas de los Sagrados C orazones, en M adrid, en la calle de Fuencarral, y Concha iba a tom ar clases de inglés con la M ère Patrie, te lo habrá dicho, ¿no?, con una m onja. — No, de eso no hablamos. —Bueno. Pues ella iba a tom ar clases de inglés después de las siete de la tarde, y llevaba en el abrigo unas ratas blancas dentro del bolsillo, y claro, para que no se le salieran llevaba un im per­ dible. Y presum ía mucho de que era la novia de Luis Buñuel. Yo la conocía fugazm ente, nada más de verla entrar y salir y de que nos sorprendían muchísimo las ratas blancas. A mí me sor­ prendía muchísimo tam bién que fuera la novia de Luis Buñuel. Después, cuando me casé, que fuimos de viaje de novios a E uropa, recalamos en San Sebastián, y yendo con José Ignacio a Igueldo nos encontram os a Luis Buñuel con Concha M éndez. Llovía muchísimo y se hallaban tan furiosos, que estaban pegán­ dose paraguazos el uno al otro. Bueno, enfadadísim os, enojadí­ simos. Luego supe que rom pieron. Juanito Vicens le escribió a José Ignacio, antes de casarnos, claro, cuando yo era novia de José Ignacio, diciéndole: «Vente. A quí estam os, ya en París, yo, Luis Buñuel y...» No sé, no puedo asegurar si estaría o no R a­ fael Sánchez V entura; y añadía: «Luis ha reñido con su novia, yo he reñido con la mía», porque Juan Vicens tenía relaciones con una prim a suya, por cierto muy agradable persona y bonita. «Riñe tú con la tuya y vente.» Com o es natural, me sentó muy mal. — Luis trabajó durante la guerra en el servicio de contraespio­ naje de la República, con Sánchez V entura y con Vicens, que te­ nía su librería en París. En un hom bre como Luis, que no es un
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ejem plo de valentía ni mucho m enos, y que no tenía por qué ser­ lo, no me sorprende que no quisiera irse al frente. — A él le horrorizó la sublevación. El era un teórico de la revolución. — Y de la violencia. — Y en cuanto vio violencia, pues le entró un pánico espanto­ so y se m archó de M adrid. Es indudable. — No sé si estaba en M adrid o en París cuando comenzó la guerra. . — Estaba en M adrid, eso sí lo sé, porque entonces estaba ha­ ciendo esas películas comerciales como D on Quintín el A m argao, con las que le iba muy bien. Y tam bién hizo Las Hurdes. — B ueno, eso fue antes, mucho antes. — La hizo con una persona que vivía en Huesca, con Ramón Acín. — Acín es el que pagó Las Hurdes. — Exacto, sí. — Era anarquista y lo fusilaron el diecinueve o el veinte de ju ­ lio del treinta y seis. — A Ram ón Acín lo tuve escondido en mi casa. — ¿Cuándo? — En Sevilla, después de la sublevación de Jaca. — El año treinta. — Sí, cuando la sublevación de Jaca. José Ignacio estaba de ge­ rente de la sociedad de su padre, Vías y Riegos, y teníam os una casa entera bastante grande. Me acuerdo que era exactam ente el día del santo del rey, San Alfonso, y tenía una cena prepara­ da para mi cuñado, que se llama Alfonso, y que trabajaba como ingeniero en las obras de Vías y Riegos, y para la esposa del ca­ tedrático C arande, que vivía entonces en Sevilla y que era, pues yo no sé, catedrático de la U niversidad, desde luego, pero no sé si sería rector, no me acuerdo. Yo era muy amiga de Mary, se llam aba M aría Rosa de la T orre, y todo el m undo creía que era herm ana mía porque era tam bién rubia y medio gordita. Bueno, pues estaba invitada M aría Rosa, porque su marido iba a la cena oficial, en honor de Alfonso XIII. La prim era en llegar fue M a­ ría Rosa, y como ni mi marido ni mi cuñado aparecían, pues ce­ namos las dos solas y nos pusimos luego a jugar al rum m y. De repente veo que aparece José Ignacio y, por la puerta, me hace así, llam ándom e. Entonces pido permiso a M aría Rosa para ausentarm e un m om ento y me dice José Ignacio que en el gara­ je están, dentro del coche, escondidos, Ram ón Acín y otro se­ ñor, que en este m om ento no me puedo acordar quién era, que habían venido a Sevilla dentro de un camión de paja, escondi­ dos. Yo, que he sido siem pre la más antipolítica de este mundo,
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y que me da pavor todo eso, estaba horrorizada, ¿verdad?, con un miedo que no veas, un miedo espantoso. Así que volví a ju ­ gar al rum m y y perdí siempre. Ya muy tarde, vino Ramón Carande a buscar a su m ujer y preguntó por José Ignacio; le dije que no sabía qué había pasado, que seguram ente algún proble­ ma en las obras de la dársena, en Sevilla, le había detenido y que por eso no había venido. Cuando ya se m archaron M aría Rosa y su m arido, aparecieron Ram ón Acín y otro señor que no me acuerdo, periodista. Y entonces, como a mí me dio miedo de que las criadas acabaran descubriéndoles, porque el cuarto de huéspedes lo tenía en el segundo piso de mi casa y daba al cuar­ to de juego de mis hijas y al cuarto de plancha, le dije a mi don­ cella que preparara las camas en el cuarto de José Ignacio y mío, porque era una gente muy im portante que había venido a pasar unos días. Y cuál fue mi horror al ver que estaban llenos de pio­ jos, pobrecitos, porque habían venido dentro de un carro de paja. Les proporcioné ropa interior de José Ignacio, aunque no les iba muy bien: un traje de José Ignacio a Ram ón Acín, que era más bajo, y un traje de Rodríguez G abás al otro. El inge­ niero Rodríguez G abás trabajaba con José Ignacio, pero vivía en una pensión y me daba a guardar su sm oking y sus trajes más elegantes. Estuvieron como dos o tres días, hasta que José Ig­ nacio pudo pasarlos a Portugal, aprovechándose de que conocía muchísimo a toda la gente de Huelva y de la frontera con Por­ tugal, y diciendo que eran unos ingenieros que venían a ver las obras. — Lo curioso es que Sánchez V entura fuera el asistente de Bu­ ñuel para lo de Las Hurdes y que el mismo Acín fuera el pro­ ductor. El treinta y seis lo fusilaron. — Eso no lo sé. Yo estaba en Zaragoza cuando comenzó la guerra, e ignoro com pletam ente todo lo que pudo pasar. Porque a mí tam bién me detuvieron y me m etieron presa. — Sí, claro; adem ás, tú llegaste aquí, a México, mucho más tarde. — No, yo llegué aquí antes que Buñuel, mucho antes. — Q ue Buñuel sí, desde luego, porque Buñuel vino muy tar­ de, de Estados Unidos. El cuarenta y seis. No, lo que yo quiero saber—y tú no lo sabrás, naturalm ente— es por qué Buñuel se vino de París a N orteam érica el año treinta y ocho. — Estaba presa, Max, en Zaragoza. — En una carta que acaba de escribirme se le ve asustadísimo por las cosas que pasan aquí, en México. Lo de Tlatelolco ha sido terrible. — ¡Uy!, está tan asustado, que ha pensado en sacar su dinero de México; le ha dicho a Juanita que tenga listo su pasaporte,

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que no adm ite que nadie vaya a su casa ni le guarde ningún pa­ quete a nadie; horrorizado, sí. — Así es Luis. — Volví a ver a Luis, ya casada, hacia finales del treinta y cin­ co, en Zaragoza. Vivimos en Sevilla hasta mil novecientos trein­ ta y cinco, y, en ese año, el padre de José Ignacio le quitó de gerente de su sociedad Vías y Riegos, en Sevilla y en G ibraltar (porque tam bién tenían una filial en G ibraltar), porque le pare­ cía que era dem asiado blando con los obreros y que más bien es­ taba de parte de los obreros que de sus intereses. La verdad es que todos los obreros adoraban a José Ignacio porque en las huelgas siem pre les daba la razón. Y entonces el padre de José Ignacio lo llamó a la casa central, en Zaragoza, para tenerlo a su lado y poderle controlar. Y fuimos a vivir a Zaragoza en el año mil novecientos treinta y cinco, en el verano. — ¿Y volviste a ver a Luis? — Volví a ver a Luis exclusivamente una vez, porque entonces él vivía en M adrid. Lo vi una vez que vino a cenar a casa, p re­ cisam ente con Rafael Sánchez V entura. — Y Jeanne, ¿dónde estaba? —E n M adrid. Pero Jeanne era la esposa incógnita, porque en realidad jam ás la llevaba con él a ningún sitio ni nadie conocía a Jeanne más que el pobre M oreno Villa, que parece ser que la iba a ver con cierta frecuencia. Pero nadie conocía a Juanita. Luis iba siem pre solo a todas partes. Incluso hay por ahí unas fotos de mi prim a Pilar, en una com ida a no sé quién, en la que están Federico, A lberti y Luis, y miles de gentes, pero no Jua­ na. E stá tam bién Angelines D orronsoro y su m arido, pero Juanita, no. Juanita era la esposa incógnita, dedicada a sacar de paseo al R etiro a su niño. Muy surrealista y todo, pero... — Y Angelines, ¿conoció a Luis? — Lo debió de conocer, puesto que está en la foto, ¿no? — Porque la cosa terrible es que toda la gente se ha m uerto. — Eso es lo horrible. Que somos viejos. — No somos tan viejos. Los amigos han m uerto relativam ente jóvenes. — ¡Ay, Max, ésa es una ilusión! — No, no es ninguna ilusión. No lo es.

C O N C H A M É N D E Z C U ESTA — ¿Cuándo conociste a Buñuel? —Yo le conocí en San Sebastián, cuando tenía dieciocho años. El los cumplía el diecinueve de marzo y yo los acababa de cumplir. —Tú naciste el noventa y ocho. — Sí. — Luego él es del noventa y nueve. — El tiene ocho meses menos que yo, de julio a m arzo del año siguiente. Yo, mayor. — Sí, ya lo sé. Pero entonces es del noventa y nueve y no del novecientos como se em peña en decir todo el mundo. — Pues es igual, me lleva todo un año. Y o, como nací en la gloriosa fecha del noventa y ocho, no me la quito. A dem ás, ¿pa’qué? Prefiero que me digan: «H om bre, pues estás m ejor...» —Y le conociste... — Le conocí en San Sebastián, veraneando. Su familia vera­ neaba allí. El padre había trabajado en C uba y allí hizo fortuna. Conoció en su pueblo a una muchacha muy inteligente, muy guapa. — ¿En Calanda? — Sí, en Calanda; una chica que tenía diecisiete años, y se casó con ella. Nacieron varios chicos, Luis era el mayor. Luego vie­ nen tres chicos, dos chicas, luego un chico (ése vive), luego otra chica y el pequeño, que creo que murió. — ¿Y era gente rica? — Rica. G ente rica. — ¿Y reaccionaria? — Pues yo no sé si serían reaccionarios o qué. Muy amigos míos, siempre me quisieron mucho; después de rom per relacio­ nes y todo eso, siempre cariñosísimos conmigo, com o si fuéra­
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mos una familia, ¿verdad? El estudiaba en M adrid, en la Resi­ dencia de Estudiantes. Em pezó estudiando ingeniero agrónom o, creo; o no sé qué era. Sí, y luego dejó eso para estudiar no me acuerdo qué. — Filosofía y Letras, que tam poco acabó. ¿Cuándo os pusis­ teis en relaciones? — Pues al año; yo tenía diecinueve años recién cumplidos. — ¿El diecisiete? — Pues sí. Y luego, después... — ¿Q uién os presentó? — Nos presentó Miguel C atalán, yerno de M enéndez Pidal, hoy. Entonces andaba detrás de Jimena. — ¿Cóm o fue, dónde? — Pues en San Sebastián, en el M onte Igueldo, en un baile. E staba de m oda tam bién, como el Casino, el Kursaal, y como yo hacía vida de burguesa, su familia, pues, tam bién burguesa... —Tu familia era rica. — Rica. Y la de ellos, tam bién. A dem ás, nosotros tenía­ m os... — Tú, ¿de dónde eres? — Yo, de M adrid. Nosotros teníam os casa para veranear en San Sebastián, frente a la Concha. Y en la cuadra de al lado te­ nían ellos la suya. Desde la terraza de casa se veía el m irador de la de ellos. — ¿Y cómo fue la presentación? — Pues nada. Le dijo Buñuel: «Preséntam e a esa chica.» Yo bailaba muy bien; adem ás, tenía mucho partido entre la gente y todas esas cosas. Y luego, ya, pues nos hicimos novios ese año, ya en M adrid. — Entonces conociste a Dalí, a Federico... — C uando le conocí, no sé si Dalí ya estaba allí. No sé. El ha­ blaba de Federico. Pero yo era aparte, yo salía con mi familia, con él y con la familia, con mi institutriz; de m odo que él hacía su vida de residente y de estudiante aparte com pletam ente de las relaciones conmigo, y nunca me presentó... — ¿Con Dalí no saliste nunca? — A h, sí, pero después que ya rom pim os las relaciones. — ¿C uánto tiem po tuvisteis relaciones? — Seis años y pico, casi siete. — Entonces, hasta el veintitrés. — Por ahí. — Alguna vez me has contado que ibas con Luis y con Dalí por el R etiro con una muchacha muy guapa— creo que se llama­ ba M argarita— y que D alí le lanzaba capullos de rosas. —T odo muy inocente, cursi, más que de la época, de los años
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que teníam os. Y de la época tam bién, claro. Muy señoritos, muy puritanos; hasta cierto punto, naturalm ente... — ¿Y entonces...? — B ueno, él se fue a París. La verdad, yo pienso que la vida es como un camino, y por ese camino te acom pañan familia, ami­ gos, quien sea; con unos estás de acuerdo, con otros no. Luego te vas encontrando gentes, hay am ores y cosas, ¿verdad?, y yo, pues yo tenía miles de novios. — ¿Cuándo tuviste relaciones con A lberti? — Con A lberti fueron unos días, se puede decir. — Sí. ¿C uándo, en qué año? — Pues después que acabé con Buñuel. Conocí al grupo de A l­ berti en una exposición de pintura iberoam ericana y eso, en la que Federico García Lorca dio una conferencia. A hí le conocí yo. Yo lo supe porque... — Conociste a quién, ¿a Rafael o a...? — A hí conocí a todos. Supe que había esa conferencia y fui y le llevé un ram o de claveles a Federico, y luego me dijo que no había guardado ni un clavel, porque el recuerdo era más bonito que la flor, y qué sé yo. Y cuando le oí a Federico recitar, me dije: «Esto tam bién lo hago yo.» Entonces me puse a escribir, y A lberti, que era el que me asesoraba, decía: «Se nota la influen­ cia de Juan Ram ón.» Y yo me decía: «¿Q uién será Juan R a­ món?» No sabía nada. Decía luego Alberti: «Es que la época, ese tono, está en el aire.» Por eso para mí fueron muy intere­ santes las relaciones con Buñuel, me sirvieron para conocer lue­ go a la gente de la Residencia. — ¿Y nunca te contó nada Buñuel de la vida que hacían en la Residencia, Dalí y Federico, todos ellos? — El no quería que los conociera. M oreno Villa quería ir un día a Toledo, donde tenía una casa, con un grupo de amigos, y me m andó una postal pidiéndom e, en verso, que le perm itiera a Buñuel que fuese con ellos a pasar unos días. Yo, pues, ¿qué per­ miso tenía que darle? Pues que fuera. Luis no quería, no le gus­ tó que yo escribiera en verso. — Y B uñuel, ¿cuándo em pezó a interesarse por el cine? — Pues cuando se fue a París, cuando conoció a Dalí. — ¿En España? — No. En España, no. En España estudiaba. Luego, tres o cuatro veces nos íbamos a casar, y mi familia ni caso que hacía, y la suya, pues tam poco; tenían razón, además. Yo he pensado eso que te digo, cada uno va por su camino en la vida. Tú te vas encontrando gente en tu camino, ¿verdad? Pero cuando llega un m om ento, esas gentes que te han servido en tu formación o en lo que sea, esos conocidos, esa familia, esos am ores (porque yo
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tuve bastantes am ores, ¿eh?), total, llega un m om ento en que los destinos se bifurcan, cada uno cumple el suyo, y llega el día en que éste tiene que irse para acá y éste para allá. Porque, ló­ gicam ente, pensándolo bien, piensa una luego: «Bueno, no nos convenía habernos casado, no. El tiene una m anera de ser que...» — Pero ¿cómo fueron vuestras relaciones? —N ada. Un noviazgo a la española, que no te deja m overte, que era una cosa trem enda, pesada. Así era antes la vida, chico. No podías salir sola y tenías que... — ¿No fuisteis al cine juntos? — Sí, pero con mi familia. — ¿Siempre con la familia? — Siempre con la familia. — ¿Los besos a escondidas? — Pues muy difícil, ¿sabes? Muy difícil. Y era una verdadera lata. - ¿ Y él? — A h, pues yo me figuro que andaría por ahí con gentes. Digo yo. —Tú no sabías, ni supiste nada, ni jam ás se te ocurrió pensar en nada... — Yo pensaba casarm e con él, ¿no? Porque ésa era, adem ás, una m anera de salir de casa. U na m anera airosa, ¿no? Decir: «Bueno, me caso, ya.» Pero, pensándolo bien, fíjate, era un error, el destino nos hizo un favor. — Sí. — Un error, porque yo tenía mi destino, soy de tipo aventu­ rero; él, un tipo muy independiente, yo tam bién. Nos unían va­ rias cosas. Pues sí, queríam os entendernos, etcétera; pero, para mí, era la salida de casa, irme. — ¿Y os veíais todos los días? — Pues todos los días que podíam os, en los cines. Ibamos al cine con la familia; venían mis herm anos, venía mi m adre, o nos íbamos a bailar con amigas. — Y a misa. — No, a misa no. —Tu familia era... — M etida en misa, no. Nada de eso. — Nada de misa. —No, nada; nosotros, nada. F íjate, cuando éram os pequeñas hicimos la comunión mi herm ana y yo. Nos educábam os en un colegio francés, cómo se sienta uno a la mesa y esas cosas, todo muy social, muy correcto, muy superficial, barnices, todas las cosas elem entales de geografía, para saber dónde queda París y
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el em bajador.. Cuando yo dejé la A rgentina. ¿verdad? Una se ha hecho escritora sin saberlo. esto . a él su fami­ 245 . ya no me acuerdo. te enseño ahora cientos de recortes. ¿verdad?. — Entonces no te extrañó que le pasara lo mismo a Buñuel... Yo le vi en París cuando pasé por allí. Si quieres. Nos recom endó para que nos atendieran excepcionalm ente. Yo me casé el treinta y dos. creo.. levantaba polvaredas de éxito. ya no sé qué te iba a decir. aunque yo no me car­ teaba con él ni nada de esto ya. — Exactam ente. estaba D an­ vila. por dondequiera que iba. y por ahí salieron a recibirnos a ella y a mí. ¿usted aquí?» «Pues eso digo yo: ¿usted aquí? Porque yo soy amiga de éstos. este am biente lo recoges y lo reflejas. el que era allí em baja­ dor de España. a otra escritora. Y cuando llegué a París. — ¿Y qué impresión te hizo ver de pronto al Buñuel que habías conocido como futuro ingeniero haciendo películas su­ rrealistas? — Pues.. Paloma.todas esas cosas. Yo me quedaba muy asom brada.. que luego.. Esta nació el treinta y cinco. en fin.. casi se puede decir oficialmen­ te. el treinta y seis. Consuelo Berges. en.. ¿no? Total. con Federico y todas esas gentes. Y cuando fui. más o m enos. Claro que había una diferencia. — ¿Q ué año te casaste? — Yo me casé. porque nos recom endó al capitán y a toda la gente de un barco m ercante que nos trajo. ella me ponía un te­ legrama. Yo creo que fue para mí una gran cosa captar a través de él el reflejo. si estás en un am biente. fíjate la sor­ presa: Buñuel se entera que yo estoy allí. ya saldrá. digamos. Yo tenía treinta y. y a mí. él estaba en París.. Siempre que sabían que yo estaba en París. — ¿Luis estuvo en tu boda con M anolo? — No. del am biente de la Residencia.. — Sí. para que tuviéramos sitio de privilegio y nos presen­ taran a los cónsules españoles en Santos y en Brasil. El chico.. Danvila creo que se llam aba. unos ban­ quetes que me dieron en A rgentina.. — Y Luis estaba en París.» «Pero ¿desde cuán­ do?» Total. ¿esto me pasa a mí?» Q ué curioso.. todo muy bien. «Cómo.. Porque. ¿sabes qué pasaba? Que ni yo misma me creía tam ­ poco lo que vivía.. estaba en París. estaba allí un grupo. Bueno... — Sí. Porque muchas veces me preguntaba: «¿Qué es esto que me está pasando?» Porque yo. Unas cosas tan raras. y me invitó a ver sus películas La edad de oro y Un perro andaluz. — Algo sobre la no religiosidad de tu familia. bueno. Decía: «Bueno.. fue muy gracioso. estaba.. No sé.

¿ver­ dad? Le ayudaba todo lo que podía. Y si yo fuera él. A M anolo le conocí yo de una m anera muy curiosa. En ese m om ento. con artesonado. porque no me dejaban sola ni un m om ento. El conoció a la que es ahora su m ujer. le daban dinero.lia le ayudó con dinero. claro. M urió el padre cuando él tenía unos veinte años. que es una buena chica. Muchísimo. Por aquel tiem po yo tenía tam bién relaciones con otro m uchacho. dos departam entos. claro! Nosotros nos acabábam os de m udar a una casa que pagaba mi padre diecisiete mil pesetas. Ya él había pedido mi m ano por carta a mis padres. Y él todavía la vio. Y era una casa esplén­ dida. porque yo ya no volvería. otro piso aba­ jo .. cuando dijo: «Allá voy yo a ver dónde me coloco. Me 246 . yo lo justificaba todo. y a él le ayudó muchísimo. en M adrid. cuando yo venía de la A rgen­ tina y toda esa cosa.» No sé qué pleito llevaba.. — Pero ¿eran de verdad muy ricos. Me volví.» Fíjate tú cómo yo ya pensaba que si hubiese sido yo.» Y va y me dice: «¿Cómo la del hum o?» «Sí. en la calle Villanueva. a él le com praban coche. Me iba a casar con un argentino. Teníam os todo un piso. — ¡Ah. con portero de librea. es entonces cuando yo conocí a M anolo. o sea. nos volvimos tam bién a ver. qué sé yo. — ¿Conociste a M anolo A ltolaguirre en casa de León Sánchez Cuesta? — No. E ra el hijo favorito. Pero luego la vida. pero a úl­ tim a hora tuve miedo de casarme y quedarm e allí.. Y lue­ go a ver si nos casábamos y tal. no. A ntes habíam os vi­ vido en la calle de Herm osilla diecisiete. y estaba dis­ puesto a ir donde yo quisiera. en fin. Es verdad que fue a buscar trabajo. Yo ya había tenido otros am ores. ¿verdad?. claro.» Digo: «Sí. me dice: «Ya se ha ido.. ya en M adrid.? — No. Pero luego nos m udam os a una muy lujosa. ¿ves? A pulso. -—Así que cuando se m archó a París todavía era novio tuyo. de allí salió. una prim a de mi m adre que nos acom pañaba siem pre. y la m adre quedó con toda la fortuna. en la Socie­ dad de Naciones o donde sea. Yo me tuve que ganar la vida así. sí. —Y la familia de Luis. Y fíjate qué curioso. —La m adre le quería muchísimo. — ¿Y rompisteis vuestras relaciones? — Sí. haría la del hum o. pues nos separó. V eraneaban a todo dar en San Sebas­ tián. Jam ás pedí nada. y a mí no. a pulso. de verdad. que dejé. o. Después.. se fue a París con dinero y toda esa cosa.. Porque antes vivía­ mos en una casa que era de mi padre. de esas for­ tun as. hubiera hecho igual.

— Guillerm o de T orre dice ahora en un artículo que Buñuel colaboraba en La Gaceta Literaria. cuan­ do la guerra. A M anolo lo conocí de una m anera muy curiosa: entré un día a la «G ranja El H enar». yo iba a mi grupo... — Pero. un grupo de vanguardia.. U n poem a que se llam aba Instrumenta­ ción.. en un banco. En el Banco Central. donde es­ taba colocada la herm ana de Jeannette. a A lberti. A quien conocí en casa de León Sánchez fue a Cernuda. ¿verdad? Porque son cosas. bueno. ¿ves? Lo que yo no pensaba es . sí? — Sí. U n poco antes de ca­ sarme. a la entrada. entonces. Allí estaba colocado Luis C ernuda. — El hacía poem as. — ¿Con Buñuel no tuviste correspondencia? — Sí.. ¿verdad?. — ¿A h. No quedó nada. Bueno.. Muy simpática. Cuando se iba en verano unos días. — Pero saquearon todas las cosas que había dentro. no tengo nada. y dibujos. el Banco C entral sigue existiendo.lo presentó Federico. Todo eso lo he perdido en un banco. ¿Y qué? ¿D ónde estará? — ¿No intentaste buscar ahora que volviste a M adrid? — Pues no. Ahí tengo las llaves. que me escribían unas cartas preciosas y toda esa cosa. — Pero ¿dónde está? — Pues ¡vaya usted a saber! ¡Vaya usted a saber qué habrán hecho! Cosas. de Manolo. Que dirigió la página de cine es otra cosa. Y ya entonces me hablaron de él. y.. En una caja fuerte. El entonces quería hacer poesía. en una m esa. que luego lo volvía a corregir y yo se lo pasaba a limpio. pero no tenía libros ni conocía más que a un grupo pequeño: a Lorca. Y muy poéticas. A mí me habían hablado de M anolo en París.. ad em ás. y a la entrada estaban Federico y M anolo. Pero no le conocía. y entonces. pero poco. cartas de Federico. me escribía.. cartas amorosas que yo ten ía. ¿cómo se puede llevar nadie esas cosas? — ¿Cartas de Rafael? — Tam bién tenía cartas muy bonitas de Rafael. fíjate. Yo di conferencias sobre poesía y todo eso en la A rgentina. Max. — ¿Y no conservas nada de eso? — No. Todo se perdió. allí. Vicens. ¡fíjate! — ¿Cóm o en un banco? — Sí. m ujer. pero ahora que vuelvo me voy a llevar las llaves a ver si. ¿verdad? E n su librería. Todo se lo devolví. Yo no me acuerdo para nada de lo que pudo escribir allí. Y tam bién se perdieron.

don­ de yo recogía mis cartas. yo. «Pues yo voy a lista de C orreos.» E nton­ ces me acom pañaron M anolo y Federico. pero yo no lo sabía. creo. ¿dónde? — En el hotel D ardé.que sería yo quien la haría después. Sólo he vuelto a casa en este último viaje.» Y luego me decía el tipo del com ptoir: «Vaya. me fui a un hotel. si que­ rías. claro. dijo. nada. y luego nos fuimos a la verbena de San Juan después de recoger mi correspondencia. Y entonces. Luego re­ sultó que ya no volví a mi casa nunca. claro. ¿Q ué cosa. pues me lo presentó Federico. Resultó que vivía en mi mismo hotel. me lo acababan de presentar. por lo menos algunas cosas. — Pero ¿cómo?. en lista de Correos. ya nos cono­ cíamos. de esos que se hacen chistosos sin venir a cuento. G ran tipo. Entonces. cogió y tom ó el ascensor. Yo tenía que recoger correspondencia en C orreos. en el hotel. Nunca más volví con la familia. B ueno. a un tipo que me caía regordo. y yo lo confundí con el otro. Y al día siguiente o a los dos días. pero no logro acordarm e de quién era. que no quería usted saludar a ese se­ 248 . y yo. te he confundido con otra gente. pues te acom pañam os. — Yo voy a ver si las recupero. hablando por teléfono. ése es el Altolaguirre!» Entonces le dejé una nota diciéndole: «Perdón. a mí me habían presentado en la tertulia de Valle-Inclán. y yo como si no lo viera. Se alojaba en el mismo hotel que yo. dije: «¡Uy. Yo iba allí a recoger mi corresponden­ cia. Y las de­ más cosas se perdieron en ese banco. un tipo estúpido. Pues a M anolo lo conocí como te digo: entré en la G ranja y es­ taba con Federico en una mesa. no tengo nada. el tío me saludaba. no? — Pues yo no creo que lo hayas perdido. estando yo en el com ptoir. y M a­ nolo otra vez. -—A h. Porque él sí. — En Pekín. aunque allí. Se alquilaban habitaciones por cinco pesetas. Vicens. me saludó. que era muy amigo mío. «¿A donde vas?». donde fuese. Federico me vio. ya.» «Ah. había restaurante tam bién. que me habían recom endado en la Librería Española. «Fióla. y por eso conocía a la herm ana de Jeannette. — Delicioso. y luego comías. Porque Vicens era muy amigo mío. Y cuando se volvió de espaldas. Y fíjate qué curioso. nada. se parecía algo a M anolo en el tipo. en M adrid. T oda esa poesía m oderna y qué sé yo. no sé qué». — U n hotel muy barato. — ¿Y de eso tam poco tienes nada? — No. pesado. M u­ rió Vicens. fíjate. eso quería. Me cayó así. y me lo presentó. en París. y. nada de nada de nada. entró M anolo. y eso. ya en vista de que no le hacía caso. D ardé se llam aba. em ancipada del todo.

los otros. Vicente A leixandre. Yo le vendí localidades. como si fuera una cualquiera. le contesté. ¿quién es?» «Ese es A ltolaguirre. y qué sé yo. yo no dije nada.» «Uy. Estábam os con no me acuer­ do quién. En la casa me desm aya­ ba. en España. en la puerta del baño. me habían dejado sin sangre. Me pegaba cada desm ayada horrible.. y gracias a ese medicucho que estaba en M aterni­ dad. Entonces se dio cuenta de que M anolo andaba detrás de mí. pero el niño murió. Yo estuve en tu boda. pues ya esta­ ba yo. Y Concha A lbornoz se quedó allí conmigo en la habitación. Yo me acordé y me dije: «¡Uy!» Claro.. ya traba­ jarem os». con el chófer y eso. ¿verdad? Y me dijo: «No tiene ni un real». Me llevaron en una ambulancia dándom e vuel­ tas por todo M adrid con conato de asfixia. éste. que era donde todas las prostitutas tenían sus hijos. y. me sal­ vó la vida. B ueno.. en efecto. vaya. De repente voy en un coche y oigo ese.. y el traum a es esto.) Estaba yo en M adrid cuando Buñuel llegó a dar una de sus películas prim eras. porque tam poco iba a am argarle la vida a nadie 249 .. esas co­ sas que pasa uno. — Me acuerdo. Yo tenía mi familia. pues ya. pasó una ambulancia. E n ­ tonces han descubierto que es un traum a que yo arrastro. — Negras. «No im porta. y cuando term inó la función. estaba como el pa­ pel. Cuando llegué allí me trataban a patadas. por fin. Y luego llegó el chico. del M inisterio de Justicia. el niño que no va a na­ cer. ahora. perdí el chico. mi m adre me regaló unas ca­ mas. y por falta de asistencia médica lo perdí. además.. ¡qué m etedura de pata! ¡Qué horror!» Y así conocí yo a M anolo. le ayudé a vender. me m andaron a un medicucho ahí. blanca. bueno. Horrible.» Pero no. pero no. Y luego. que iba yo en el coche de mis herm anas.. Con el dinero que yo había ganado en la A rgentina y toda esa cosa. pues ya me apartaron. hasta que me fui recuperando poco a poco. que no puede nacer porque. toda esa cosa.ñor. a las veinticuatro horas. y su padre era ministro entonces. mira.. Estaba Torreblanco. una cosa trem enda. la am bulancia. Nos reunim os en el café. Y como aquello dependía de Justicia. Fíjate que el traum a todavía lo tengo. cuando llegué. pero em pezó a desfilar todo el mundo: Lorca. y nos regaló un palco para ir a ver Bodas de sangre. Y después. no fue así.. y qué sé yo. me atendieron. Llegó días después Federico a casa. porque me habían vaciado. fíjate. porque yo pregunté: «Pero ése. a Luis C ernuda.. en seguida. la asfixia. y luego. me tuvieron que sacar en brazos a un co­ che porque ya perdía el conocim iento. yo estaba que me iba a desm ayar. y qué sé yo. (Señala el piso alto en el que encontró m uerto. Pero yo. Y pedí un lápiz para escribir. Prim ero las pasa­ mos. B ueno. ¿ver­ dad? Ahí. hicimos la im prenta y nos iba muy bien. negras.

con M aría Luisa Góm ez M ena. oye. m ujer. su marido— a quien no conozco— y sus cuatro hijos. Debió de sa­ berlo al principio con Concha. Y ya ves. y el mismo hum or y em puje de siem pre. donde iba toda la gente que no.» Es una fuente. Cinco o seis años. la casa grande don­ de vive Palom a. Para ella. Me lo pronosticaron todo. pasando el Puente de Segovia. De veras. «aquí sé lo que es una mujer». en las líneas de la mano. Tam bién me dijeron que el dinero que tenía vendría de Cuba. * * * Coyoacán. Hacen bien. a M aternidad. donde murió Luis C ernu­ da. Allí están. M anolo! Tan bueno. Porque con este retrato de sor Juana me gustaban m u­ cho estos libros alrededor.ni le iba a contar nada al chófer. Tan atropellada como siempre. lo que motivó una di­ vertida equivocación cuando. como fondo. hacen bien. Los kilos se le han bajado a las posaderas y a las piernas. le pregunté: «¿Tú fuiste novia de Luis?» «¡Qué barbaridad! No. ¡Ay. ya en Londres. Pero. — No los quisieron enterrar juntos. donde trabaja­ ba. Pero la m uerte del niño. El m ayor. por teléfono. está enorm e. por lo m enos. a pesar de la ciática. Fue testigo de nuestra boda. Porque en España sólo vale un m atrim onio. donde vive Concha. Al fondo del jardín.. yo tenía que velar por mi hija.» «No. Concha tiene setenta años. un chorro. pasa uno a veces! ¿V erdad? Y así es la cosa. 250 .» ¿Yo? ¡Vamos! Vine a com prar una m á­ quina para la im prenta y me vuelvo a M adrid. le había colocado para que ganara algún dinero. la innom brable aquí. casa que fue de M anolo.» «¡Ah! Claro.» Y luego: «Le conocí en casa de Sánchez C uesta. más ho­ rribles. Te hablo de Buñuel. no. pero. pero el negocio m archaba bien. que se vendió— a gusto— por sacar­ los adelante. Dirán lo que di­ rán. Al fin y al cabo. Pero ¡qué cosas más dram áticas. ¿no? Sí.» Y ya ves. «Viajará usted mucho. la H u­ m anidad crece de tam año. que no era ninguna niña (tenía treinta y cuatro años cuando se casó). La vejez le sienta bien a la larga: está menos fea. B ueno. horrible M aría Luisa. Yo no fui. Porque si fea era Concha. Sí. «No se fíe de este hom bre. de quince años. M a­ nolo venía en la am bulancia conmigo. acordándom e. hace ocho días. Palom a sí ha ido.. Luis es C ernuda y no Buñuel. Un primo de M oreno Villa había metido medio millón en la im prenta. Y este cuadro. — Estos libros me los com pró M anolo en La Lagunilla. Los dem ás libros son los que tenía Manolo en Villalongín.

D ejó dinero y libros en Estados Unidos. Subo a ver el lugar donde encontraron a C ernuda m uerto.] — Sólo con Palom a. [Lo com prendo. la llevaron a obli­ gar al bueno de M anolo a costear por las afueras.prim ero. Se habrán perdido. . el nacim iento de Palom a. — No nos hablábam os. después. Y no era hom ­ bre de aventuras más que tipográficas.

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sentado en la sala. porque además en M adrid estaba lo m ejor. Vino recom endado por Fernan­ do de los Ríos. Salvador. que Revista de Occidente. más influencia. Esa libertad que había en la Residencia se ha reflejado enorm em ente en la obra de todos nosotros. Porque una vez lo encontré en mi casa una m añana. con aquel m odo de ser que ya em pezaba a tener. y sentado allí lo vi un día. Venía recom en­ dado por Fernando de los Ríos. — ¿Y boxeando? — No.SEÑORA DE JIMÉNEZ FRAUD — Federico llegó a la Residencia el dieciséis. Es una cosa que no he com prendido todavía cómo le podía gustar. Entré y lo encontré sentado en una butaca. cogiendo el tranvía. por ejem plo. Pero había algunos residentes. bien puesta. aquella sala. me dijo. que venían a casa. E ra una más bien ro­ m ántica. pero siem pre andando. y le pregunté: «Pero. siem pre corriendo.» — ¿Y cómo recuerda usted a Luis Buñuel cuando estaba en la Residencia? — Corriendo. que venía a mi casa muchas veces. 253 . como una sala de cam po. siempre corriendo. no lo he visto boxear. Nada más que rico. tal vez. la Residencia tuvo m ucha im portancia y mucha influencia. y creo que en eso la Residencia ha jugado un papel fenom enal. entre ellos Dalí. deprisa. y me dijo: «Nada. En aquel tiem po. lo más contrario a sus cosas surrealistas. no sé. y A lberto vino a decirme: «Ha venido un chico muy simpático. cosa que luego me ha parecido extraña.» Yo me he reído mucho porque le pregunté que qué era su padre. ¿qué hace usted aquí?» «Es que me gusta mucho el am biente de esta sala». que eran más socia­ les. que era. Yo vivía bastante apartada. — ¿Y de su amistad con Dalí? — No recuerdo nada especial. más influencia de lo que la gente cree.

¿cómo se llam aba. Pero conocíamos muy bien a A zaña. — E ra una cosa mucho más cosm opolita que lo de la Revista. porque Navás venía bastante a la casa. que está muy bien hecha. Y eso pasó durante to­ dos los años que hemos vivido en la Residencia. — La Revista iba todos los domingos por la m añana a la Resi­ dencia. — A dem ás. además. pero tengo la firma de Mari254 . y de Navás me acuerdo muy bien una vez. y me dijo A lberto una noche: «Si quieres venir esta noche a la sala. Navás. — ¿En qué año fue eso de M arinetti? —N o se lo puedo decir ahora. ya. a mi casa. tan bien que A l­ b erto le pidió la traducción de L a Biblia en España. a las once. limitada a menos gente. inventó unos versos muy graciosos im itando a M arinetti. porque sabían que se podían encontrar allí con O rtega. Pero todos eran m ayores. y tres o cuatro años después fuimos a la Residencia. Pero O rtega nunca faltaba a ninguna de nuestras cosas. y no había más que hom bres. los domingos. ¿no puede decir o contar­ me absolutam ente ninguna anécdota? — A lguna sí. sí! E ste. Navás se contagió de M arinetti. y las gentes que no querían ir a la Revista iban a la Residencia a ver a Ortega. Navás venía más a casa. Pero de Buñuel. la verdad es que allí conocimos a todo el mundo: conocimos a M ontherlant.. Estaban desde las once u once y m edia. — ¿Iba el grupo de Azaña? — No.» Navás estaba. pero yo sé que m ucha gente que no iba a las reuniones de la Revista sabía que O rtega llegaba todas las m añanas. ésos no pasaban por allí los domingos por la m añana. pero allí las m ujeres estábam os excluidas. la Revista era una cosa más pequeña. Tan buenos chicos. porque cuando estuvo M arinetti a dar una conferencia. yo no vi gente joven como Dalí. Digo mi casa por­ que ésa era mi casa. — Extraordinaria. — Sí. iba O rtega. que ve­ nían. ¡Oh. por ejem plo? — No sé quién le diré. está en San Sebastián. pero de segunda o de tercera m ano. conocimos a Valéry. todos los domingos estaba O rtega allí. y la gente iba a verle. Pero no sé. que contaban.. Un gran éxito. te vas a reír. hasta las doce y m edia. ¿no?). — ¿Com o quién. cóm o se llama? Ya sé.— Me gusta mucho oírselo decir. Y desde entonces hasta el treinta y seis (pues son casi dieciséis años. debemos de habernos m udado el año veinte o el veintiuno. D éjem e ver: me casé en el año dieciséis. un grupo grande. conocimos a mil gentes fundam entales.

Mi hija tiene un álbum. y porque dijo un día en casa cuando estaba con nosotros: «¡Qué pena que ya las señoritas no tengan álbumes como antes!» Y entonces A lber­ to salió. Sí. Lo em ­ pezó Max Jacob. tengo un álbum .netti en el álbum. . bueno. con el dibujo de M oreno Villa. mío no. com pró uno y lo trajo. El álbum de mi hija lo em pezó Max Jacob. ahora le voy a énseñar el álbum de mi hija. de mi hija. pero era bastante caro.

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257 M A U B . La impresión fue tanta. y de pronto entró una pa­ reja de aquellos con quienes estaba— que me parece que uno de ellos era C enteno— . Don A lberto Jim énez F ra id me in­ vitó a que fuera por allí cuando quisiera. Desde lue­ go. y en una mesa les esperaba algo que les parecía a todos los dem ás una ex­ travagancia: una gran ensalada.JOSÉ GAOS — ¿Cuándo conociste a Luis? — Pues debió de ser en los últimos meses de mil novecientos veintiuno. pues en el grupo de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras. Filosofía y Letras. muchos residentes de los dos últimos años de la carrera de las distintas secciones: Historia. lo vi por prim era vez. creo. —Tam poco ellos tenían idea de lo que iban a ser. nos relacionábamos mucho porque éram os muy pocos. fraternizábam os. recién llegado yo a M adrid para seguir los estudios de Filosofía. Estábam os ya comiendo todos. y uno de los días que fui y comí allí. pero no lo pude lograr. Después nos debim os de hacer amigos. García Lorca. U na ensalada con rábanos. -—R ábanos. porque entonces estaban en plan vegetariano. yo no tenía idea entonces de quiénes eran. que todavía tengo una ima­ gen muy plástica del com edor. Dám aso Alonso. Yo tenía la idea de entrar a la Residencia de estudian­ tes. Me dicen: «Esos son Luis Buñuel y Dalí. y una capa de estudiante de Coimbra. —Y rábanos.» Se distinguían porque Buñuel iba en mangas de camisa y con san­ dalias. — Claro.— 9 . sí. y Dalí llevaba una m elena y una barba como las que llevan los jóvenes ahora. los residentes y los invitados. y mucho menos de quiénes acabarían siendo. de la entrada que hicieron y del aspecto que tenían. En el año segundo estaban Zubiri. E ntraron causando cierta sensación en los com ensales. rábanos.

Sería la prim avera del veintidós. El que verdaderam ente tenía una per­ sonalidad sobresaliente era Federico García Lorca.. y siguió todo el veintidós. la hija de don R am ón. paseándose por el proscenio dijo aquello de que «Cervantes era seguro que era manco. M aría M onzón. con detalle. camino de la Facultad. un desnudo de m u­ jer. no me acuerdo. y todo el tiem po fue hablándom e de estas lecturas y me recitó cosas de Soto de R ojas. — Sí. Que estaba entonces en trance de descubrir a los pregongorinos y los gongorinos m enores. y yo creo que tam bién dijeron cosas de tipo medio clownesco. que. — Sí. los com pañeros que tuve en ese año ni uno sólo perseveraron en la Filosofía. y que acabó luego en fascista. — Sí. Así es nuestra m em oria. No cabe la m enor duda. el público se indignó de tal m anera. Jim ena M enéndez Pidal. sino que nos vimos en la Residencia de Estudiantes más de una vez. no. Pero no recuer­ do qué es lo que estudiaba realm ente Buñuel entonces. como último de los cuadros de D alí.. Era am igo. en Madrid. pues.En el prim ero de Filosofía.. que entonces era de ese grupo.. — Buñuel llegó a M adrid para estudiar ingeniero agrónomo. Me acuerdo que un día nos encontram os en un tran ­ vía. y es donde C ésar González R uano. Y estaba en el fondo de la última de las salas. — ¿Q ué clase de barbaridades? — Pues verbales y de actuación escénica. Exposición en la que figuraba en el ca­ tálogo.. E n fin. ahora recuerdo. Q ue es cuando hicieron aquella famosa sesión. en que dijeron e hicieron tantas barbaridades y que no sé cómo pu­ dieron conseguir de la G uerrero. pero no estudiaba Filosofía y Letras.. sí. que en vez de tom arlo con hu­ m or lo tom ó de la peor m anera y les tiraron las butacas al esce­ nario. porque no hablaba más que de eso. — Y sencillamente no pudo aprobar el ingreso en la Escuela. Desde el escenario se m etieron con el público. — Pues sí estudió Filosofía y Letras. Sotom ayor. Y cuando las 258 . todos muy amigos. porque escribía con los pies». y en la misma Facultad estoy segu­ ro de que tam bién. Ese año fue el de la aparición de D adá en España. En H istoria estaba Juan Chabás. Yo no sé si iba a algunas de las otras. la mayoría es­ tán de doctores en Estados Unidos: C enteno. — Yo no recuerdo bien si apareció por allí. por las clases de Filosofía. como te he dicho. Porque el curso era de finales del veintiuno... es cuando em pecé a co­ nocer a estas gentes. C asalduero.. Y por la misma época fue la exposición en que tom ó par­ te Dalí. Yo no re­ cuerdo así. — Los Ibéricos. en el T eatro de la Princesa. B ueno. estudió Filosofía con nosotros en ese prim er grupo.. Sespruger.

de esos de redes. por nuestra tertulia de casa de Q uerol? — Claro. Musicalia es un eco de esas batallas por la introducción de la que por entonces pasaba por ser música m o­ derna. ¿verdad? — Sí. ya en plena guerra. —Y por los artículos de Salazar en España. Es la mis­ ma época en que entró Debussy en M adrid. de O rtega. se encontraban frente al cuadro que correspondía a esc nom bre y que era un corcho grande. — B ueno. Y tam bién hubo grandes batallas por causa de Debussy.. Toda nuestra generación diría lo mismo. — ¿Tú no te acuerdas que nosotros sí conocíamos a Debussy. y ya no regresé a M adrid en cinco años. la iniciación en el arte m oderno de entonces la debo a los artículos de España. como a las seis de la tarde.. Yo creo que la prim era vez que volví a verlo fue en París. —Sí. me encontré con las piquetes en la plaza aquella que había junto a la de San B ernardo. U na de las víctimas de esa irritación fue mi herm ano Carlos. claro. Estuve un año en M ontpellier. la cam aradería fue tal.. si no lo vi alguna vez en la Casa de . Nosotros em pezam os a conocerlo muy pronto por esa am istad con Querol. leyendo el bando. —Sí. No sé cuándo volví a ver a Buñuel. ¿Cóm o se llam aba? ¿Q ué pla­ za había al lado de la Facultad de San B ernardo? — ¿Cuál? ¿Santo Domingo? — Por detrás. absolutam ente inasequible al vulgo. Porque estuve en Valencia los años. al que le dieron un paraguazo.. — Fue el trece. Un poco de todo eso está en Musicalia. De to­ das m aneras. Cañedo para la literatura. y Adolfo Salazar para la música. — Y después que term iné los estudios en M adrid. que realm ente se pegaban las gentes que lo defen­ dían contra las otras. — ¿El trece? —Es decir. — A la salida de mi examen de licenciatura. Juan de la Encina para la pintura. perdí el con­ tacto con casi todos ellos. los buenos burgueses que iban a ver la exposi­ ción. el trece de septiem bre del veintitrés. la irrita­ ción era tal. Yo term iné la carrera exactam ente el veintisiete de septiem bre de mil novecientos veintitrés. pues ahí estaba un piquete proclam ando la dictadu­ ra. el día en que se proclam ó la dic­ tadura de Prim o de Rivera. Por lo que a mí personalm ente respecta. Fue entonces cuando me fui para V alen­ cia. y ya no tuve más relación con la m a­ yoría de los amigos. porque Primo de Rivera suprimió las oposiciones a cátedras hasta el veintiocho.buenas gentes. que siem pre nos hemos tra­ tado de tú.

todo eso. en el piso de arriba vivía N eruda. E ntró en la literatura mucho antes. D onde nunca estuve. tú no te acordarás. su enorm e éxito. pero hacia el año diecisiete o die260 . te has convertido ya en una de las figuras internacionales de nuestro tiem po. era en Pombo. de lo francés. en donde después lo vi y hable mucho con él. yo no sé si era cónsul de Chile o estaba ahí por sus cosas. por el año cuatro o cinco.las Flores. en todos los as­ pectos. todo aquel año treinta y ocho que yo estuve allí. viéndolo retrospectivam ente. ¿qué representa para ti? ¿Cóm o te explicas que. Sí. Góm ez de la Serna estuvo muy unido a este tipo de movimientos en su iniciación. y. y seguram en­ te con Luis. Así que la relación mía con él es toda de juventud. ya enton­ ces quizá parecía una brom a. y le digo: «Bueno. Pero en París nos vimos bastante. C ada uno a su m anera. Me acuerdo que me lo encontré en la calle. Porque Góm ez de la Serna fue un poco como el m aestro de las jóvenes generaciones de esas de vanguardia. efectivam ente. de vuelta a la N aturaleza o cosa por el estilo. Pero ahora no me cabe la m enor duda de que había una cantidad considerable de brom a y de ga­ nas de fastidiar y de irritar al buen burgués corriente y moliente. la gran figura que presidía un poco todo aquello. el cuadro de Dalí y otras extravagancias por el estilo. Yo me he encontrado allí más de una vez con García Lorca y con N eruda. a quien entonces traté poco. me parece. ¿verdad?» Acababa de estrenar L os olvidados. un eco. porque yo creo que Buñuel andaba entonces así porque tenía cierta presunción de atleta. el corcho de Dalí. Y luego me lo volví a encontrar aquí. para unas gentes. Yo a Ram ón no lo conocí ni lo tra­ té hasta que ya empecé a ir regularm ente a la tertulia de la Revista de Occidente. Me parece que todo esto. nos entretuvim os ha­ blando. Yo creo que Dalí era ya entonces el m istificador que des­ pués se ha revelado. pero no entram os en una rela­ ción mayor. y no sé qué relación podía haber entre lo uno y lo otro. pero a la casa de N eruda sí iban to­ dos ellos. — B ueno. o como quieras decirlo. pertenecen a la línea de Dadá. no! Yo no creo que fuera aceptado como una obra de arte. en México. — ¿Tú qué opinas referente a todo eso? Todas estas escuelas artísticas. ¿verdad? Eran ganas de llamar la atención. si es que existía. Em pezando por la vestim enta. un reflejo. En España fueron una imitación. Y Dalí andaba con aquella capa extravagante de C oim bra y aquella barba y aquella m elena por lo mismo que ahora se deja esos bigotes y dice las cosas que dice. pero para esos años del veintiuno era. Ya después casi no lo he visto. porque los años que viví en la Casa de las Flores. pueda ser aceptado ese corcho como obra de arte? — ¡Ah.

in­ tento de explicar la realidad toda por medio de la razón. tenía una cierta precedencia cronológica y auténtica fundada en la edad sobre nosotros. -—Dice que nació el noventa. Entonces. creo que es el superrealism o y todas estas formas de arte litera­ rio. el intento de explicar la razón hum ana por lo irracional d el hombre. A mí me parece que eso es lo dom inante de la épo­ ca contem poránea.^OwK^-^ . Pero volvamos a lo nuestro: ¿no crees que el surrealismo señala un cambio fundam ental— la victoria del irracionalismo— cuando el cubismo y el futurismo eran. en el psicoanálisis. De suerte que yo me preguntaría: la . y es algo contrario a ese progreso de las cosas irracionales. plástico. Yo me acuerdo muy bien del tomo de las greguerías. pero. Vamos con el siglo. cuando cambió de nom ­ bre de Sem pere a Prom eteo. H -í+t» ciocho leimos nosotros a Ram ón en Las Arenas: leimos Senos. va tecnificando la existencia entera. Tam poco muchos. La Edad M oderna es el racionalismo. — Sí. que es otra m anifestación de ésas. que explica Marx. desde Descartes hasta Hegel. y se puede hablar de tecnocra­ cia en un sentido amplísimo. la irracio­ nalidad psicológica. la irracionalidad de la vida m aterial. Como que todo eso se publicó en Valencia. es lo contrario: la tecnología es una form a de racionalización. y que es el antropologism o. intento contrario al de la Edad M oderna. Y una manifestación últim a. sí. La reacción contraria es el antropologis­ mo. las gentes que teníam os veintiún años el año veintiuno. Todas las grandes novedades del siglo diecinueve son antropologism o: ex­ plicar la razón por lo irracional. me parece a mí un epígono o una manifestación más de aleo que dom ina. todo el siglo diecinueve. especie de florescencia de últim o extrem o. Sea la irracionalidad biológica. por tanto. ¿te acuerdas? Algo así como un da­ m ero. al contrario. poético. leíamos todas las greguerías. que son ininteligibles por­ que renuncian precisam ente a la inteligibilidad que da la razón. eviden­ tem ente. Ram ón era muy poco anterior. Intento perfectam ente contrario al de la Edad M oderna. (o irv X M iW af- A Á . que a ti te parece que inaugura una época nueva. en la medida en que se va apoderando de todo. puram ente m aterial. Y de ahí el irracionalismo. y. unos cuantos años más. pero tenía dos o tres años más. desde la base. claro.. que estaba encuadernado en una especie de encuadrillado negro y blanco. según esa prim era com plicación. el fin natural del ra­ cionalismo del diecinueve? — Es que el siglo veinte.. Las prim eras ediciones de estos libros de Ramón las hacía la Editorial Prom eteo. un tablero de ajedrez.^XjjA¿e*r lo~ LwauMwx. Lo mismo pasa después con el existencialismo. de nuestros días. Primera complicación. El circo. en Darwin. Porque parece que tiene sus raíces en el diecinueve. y tenía.

hay contrarios. En el barro­ co. etc. Porque yo creo que es ahí donde hay que verla. a las épocas históricas les pasa un poco lo que a los individuos hum anos. exactam ente de nuestra edad. por otro lado. y adem ás. todo es renacentista. — Y eso es seguro que no lo ha hecho un solo crítico del cine de Buñuel hasta ahora. a ver si ello pCTmite situar la obra de Bu­ ñuel en un contexto histórico muy amplio.. las prim e­ ras películas. — O la incongruencia que llega a su máximo en los herm anos M arx. de una cultura. K 0 VAl \ %. Pero. todo es barroco. B ueno. biográficam ente. ¿es por simple inercia de esa innovación del siglo diecinueve o em pieza a ser una reac­ ción contra la tecnificación y la tecnocracia? ¿O es una m otiva­ ción nueva para prolongar algo que en el siglo diecinueve. la subliteratura que lo invade todo. el cine ha sufrido esas dos influencias de que tú hablas. Hay ese irracionalismo. y.prolongación del irracionalismo del siglo diecinueve en nuestros días y en el futuro inm ediato previsible. es decir. de todas . evi­ dentem ente. Las colectividades son mucho más com­ plejas todavía que las almas individuales. al mis­ mo tiem po.. como en el folletín. tam bién incluso en los buenos historiadores hay una cierta tendencia a simplificar lo que se puede llam ar el alma de la época. del folletín. ya son películas de un m undo inventado. podría tam bién decirse que el cine em pieza siendo más bien irracional. Él cine en sí es ya un elem ento nue­ vo. ese otro que acabas de señalar que no es una cosa ni otra: lo que podría­ mos llam ar el vulgarismo. ni del cine ni del. es igual. pero de la que hay muchas cosas ya en Max Linder. ese racionalismo peculiar de la técnica. de un período. lo malo es malo y lo bueno es bueno. Es decir. — Exactam ente. A cuérdate del verso de Rafael. Yo lo plantearía así: prim ero tenemos el cine como técnica. el m elodram a. al mismo tiem ­ po. son com plejas.. pero hay. No existe época en que no haya dos o tres corrientes com pletam ente contrarias e inter­ ferencias en reacción.. Y las de nuestro tiem po se ven bastante bien. se debió a otras causas?lEstas son las dos cosas que debíam os repensar. son muy complicadas. después.. del hom bre en la Luna. — No. Es un error mayúsculo. en el Renacim iento. etcétera. A hora bien. las de principios de siglo. K v — Mucho m ayor la influencia del racionalismo. Ya están los dos elem entos metidos en el cine. Así como la mala psicología es la que hace hom bres de una pieza en los que. que es una especie de degeneración del romanticismo o cosa por el estilo. Y. del viejo racio­ nalismo y de la subliteratura. — M ira. las películas de Meliés. no sé.. — Sí.

Es decir. concretam ente.esas cosas.o/ufaíñuel. el caso de Bu. así como em piezan mucho antes de que se vean. . Unas le en. se mezcla con otro. El Werther mismo. porque el cine tiene unas aspiraciones artísticas que no puede realizar ni lograr sino por medio de una instrum enta­ ción técnica cuyo volumen lo hace al mismo tiem po víctima del capitalismo. resulta que el prerrom anticism o casi empieza con el siglo o poco después. La visión del dieciocho como el siglo del puro racionalismo es absurda. Una novela tan locam ente rom ántica. — E n el dieciocho pasa igual. de un tam año m onum ental. como no lo veas influido un poco por todo eso. — Deform ándose. como Buñuel. Porque m ira. y otras. y cuando se ven. Es el veinte el que cobra concien­ cia de que en el diecinueve lo fundam ental fue eso. y en el dieciocho tam bién hay. más que nada. las cosas se extienden todavía muy lentam ente cuando parecen llegar a desaparecer del todo. — Es una industria. al mismo tiem po que se pro­ longa el racionalismo. Quizá. que ahora en nuestro tiem po salta a los ojos. Lanson hace ver cómo en las cartas de m adam e D udefant se pasa del predom inio del racionalismo al del sentim entalismo. por ejem ­ plo. adultas. — Claro.. El cine es por eso un fenóm eno particularm ente acto para estudiar todas las corrientes de nuestro tiem po. están ya muy crecidas.! tran por el lado de los directores con genio artístico. y no hay victorias absolutas ni derrotas definitivas. se pueden perseguir. por el de su carácter industrial. en esa correspondencia se puede seguir esa evolución perfectam en­ te. que seguirán coexistiendo.. sigue o siguen. El siglo die­ cinueve mismo no lo vio porque el positivismo estaba un poco em bobado con la idea de una prolongación del racionalismo del dieciocho. Y tienes el fenóm eno de que. — B ueno. ¿no? Este irracionalismo. el siglo diecinueve no tuvo casi conciencia de él. E ra una señora que escribió mucho y estuvo relacionada con los enciclopedistas: tenía una correspondencia muy abundante. ¿verdad? A parece un tem a. Si empiezas a hurgar en los llamados «prerrom ánticos». esto a lo que más se parece es a una sinfonía. — El Werther es de mucho después. el dieciocho. tú com prenderás que ningún fenóm eno im portante de nuestros días me parece a mí. Bastaría una sola prueba en contra: un siglo que ha producido Manon com prenderás que no puede ser el siglo del racionalismo. -' — Y lo más seguro es que ninguna de las dos tendencias aca­ bará venciendo. que pasa por ser la gran época del puro racionalismo.

— Pero de todas m aneras es un fenóm eno de finales del siglo, ¿no? Es un fenóm eno de principios del diecinueve. D ate cuenta de que G oethe m uere a los ochenta años, el año treinta y nue­ ve. Es una visión absurda del siglo dieciocho pensar que es el siglo de una Ilustración puram ente racionalista. — B ueno, pero ¿tú crees que C alderón, en el siglo diecisiete, era un hom bre racional? — Bueno, tam bién el dieciocho es el siglo de D escartes, por un lado, y el de H obbes, y el de M ilton, y el de C alderón, y el de Corneille, y el de Pascal... A hora, conjuga todo esto. No, m ira, lo m ejor es hacer una cosa, como el subtítulo aquel de Azorín: «Razón social del romanticism o en España.» Pues bien, la razón social del siglo diecisiete es: «Hobbes, Milton y Cía.» En cualquier otro país es igual. Gracián y C alderón son contem po­ ráneos. Pero, fuera del culteranism o, ¿qué tienen de común m en­ talm ente? Nada. El alegorismo teológico. El Criticón, una no­ vela de alegorías. Pero ¿qué tiene de común ese alegorismo con la filosofía que encierra, un laicismo que llama la atención? ¿Cóm o es posible que un jesuíta haya podido escribir un libro en el que no hay la m enor alusión al más allá? —Tal vez porque otro aragonés, Buñuel, que se proclam a ateo, sólo se interesa por el más allá. Y siem pre en función de valores morales. — La de Gracián es una ética absolutam ente inm anentista. B ueno, tuvo que acabar pensando en m archarse de la Com pa­ ñía, y no pudo; pero, de todas m aneras..., ¡al mismo tiem po que Calderón! Y los individuos representativos de muchas de esas co­ sas se conjugan. Algunos son muy unilaterales; pero otros, no. Y a Buñuel le pasa lo mismo, es una mezcla de dos o tres cosas. Y la m anera m ejor de presentar su obra es como un centro de unificación o de síntesis, un foco de convergencia, no sé. Es de­ cir, de estas grandes potencias de nuestro tiem po, yo creo que ésa es la salida... Sin darse cuenta. — Y aun dándose cuenta. Hay películas de Buñuel claram ente am bivalentes. Subida al cielo, por ejem plo... — Es una película evidentem ente dirigida al gran público, en la que tuvo un gran éxito. Yo la vi en un cine popular porque se me había escapado en el estreno, allá por Santa M aría la R e­ donda. Y al mismo tiem po tiene su escena, su sueño; esa pelí­ cula, ciertam ente, es muy representativa de este conflicto o de esta conjunción de instancias históricas. — Y de lo absurdo de nuestro tiem po. Y tal vez de lo absurdo de cualquier tiem po. No creo que jam ás el hom bre se haya des­ tacado por su racionalismo estricto. — No. La m ejor frase que sobre el hom bre hay es de Hostos.
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En un discurso que don A ntonio Caso llama algo así como «La carta moral de la Am érica española», Hostos dice... No me acuerdo exactam ente de la frase, que está estupendam ente bien articulada, pero la idea es ésta: «El enorm e trabajo que cuesta hacer razonable al único animal racional que hay.» M erece la pena que la reproduzcas al pie de la letra si te interesa en un cier­ to m om ento, porque está hecha con mucho garbo. Es una frase corta, pero estupenda.

RAFAEL MARTÍNEZ NAD AL — C uéntam e cómo conociste a Federico y qué influencia tuvo sobre todos vosotros. — Yo no era residente. Yo no participaba de lleno dentro del grupo de los residentes. Yo era, hasta cierto punto, un outsider en la Residencia. Conocí a Federico en casa de los García Ascot. Luego fui dos o tres veces invitado por Federico a la Resi­ dencia, a las reuniones que tenía en su habitación. Allí se tom a­ ba té de una m anera desesperada y se leía poesía. Se empezaba a tom ar té a las cuatro o cinco de la tarde y seguíamos tom ando té hasta las once, las doce, la una de la m añana. Y no se hacía más que tom ar té, fum ar y leer; sobre todo, Federico leía mu­ cho. Aquellos días yo vi a Buñuel dos o tres veces. No tuve una gran amistad con él. R ecuerdo, sí, que un día estábam os allí reunidos, si no recuerdo m al,'Federico, Pepín Bello, C enteno, quizá tam bién Emilio Prados, y de pronto alguien dijo: «Fijaos dónde está Buñuel.» Y por una ventana vimos a Buñuel totalmente desnudo en la azotea. Cuando Buñuel era boxeador y tom ó par­ te en el cam peonato de España de boxeo, quedó, si no recuerdo mal, semifinalista, boxeando con mi herm ano m ayor en Madrid. — G anó tu herm ano. —Sí, lo dejó «K. O.». Y recuerdo su com entario: «Este Bu­ ñuel es fuerte, pero no sabe una palabra de boxeo.» Me acuerdo que boxeó tam bién con C oronado, César Palomino y con otro boxeador, todos ellos señoritos. — ¿D ónde? — En M adrid. — Pero ¿dónde? — Me parece que fue en la Gim nástica Española, en el campo de la G im nástica, al aire libre. — ¿En qué peso?
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— Me parece que era peso medio. Yo asistía al cam peonato a ver boxear a mi herm ano, que tenía seis años más que yo. Era una amalgama curiosa la del público del boxeo, hacia mil nove­ cientos veinticinco. De un lado, aristócratas, «gente bien» que «cultivaba» el delicado arte de la se lf defense. E ran entonces el mayor núm ero. Luego em pezaba a interesarse la «plebe», el pueblo más bajo. Com o siem pre en España, eran dos públicos —como el de los toros y el del fútbol— que se entendían muy bien. A ese conglom erado se añadió de pronto, fugazm ente, cla­ ro, el de la Residencia, que trajo Buñuel. Mi herm ano quiso que fuera Federico. Casi lo consiguió. Luego, Federico se felicitaba por no haber ido. Rafael M artínez Nadal se pone a im itar la voz de Federico: «¡Figúrate! ¡Quería que yo viera cómo dejaba medio m uerto a un amigo mío!» Con su suave prosopopeya, saber erudito y esa capa de barniz de profesor que se le ha quedado indeleble al cabo de tantos años de universidad inglesa, me vuelve a hablar de su libro acer­ ca de E l público, de Federico. Del ejem plar que le dio antes de m archarse a G ranada, en julio del treinta y seis. Y de cómo Paco García Lorca no quiere que lo publique porque, a lo que dice, existe un ejem plar con una versión más acabada. Lo duda. Sen­ cillamente cree que Paco no quiere publicarlo ahora porque en ninguna de las suyas Federico trató tan clara u oscuram ente, se­ gún se interprete, el homosexualismo. — Como A lberti el incesto... Recordam os conversaciones con Sánchez M ejías, cuando se hablaba de esa debilidad de Federico, y de cuantos decían haber gozado de sus favores. El torero preguntaba, medio en serio, m e­ dio en brom a: «¿Y tú crees de verdad que esa gente lo hace? ¿No crees que lo dice por darse postín?» Lo cual nos trae el re­ cuerdo de una conversación indignada de M anolo A ltolaguirre, en la época del famoso Congreso de Intelectuales, en Valencia y M adrid: «¡Pues fíjate que va ese hom bre tan grande y tan gua­ po y me toca el muslo y me quiere dar un beso...» «¿Y tú qué hiciste?» «Pues darle un beso.» — Eram os gente civilizada.

C A R T A D E R A F A E L M A R T ÍN E Z N A D A L

(17-V-1970) Q uerido Max: Al fin, carta de mi herm ano referente al famoso com bate de boxeo. Te copio los párrafos pertinentes:
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Y ahora voy a informarte sobre el encuentro pugilístico Buñuel-Nadal. ¡¡D e julio 1921!! M e ha hecho reír el trasnochado amor propio del gran Buñuel. A l final de los cuatro rounds, el juez, no los jueces (el árbitro lo fue Piña), decidió por un round más. ¿Por qué iba a prevalecer la supuesta petición mía de un solo round y no la de los diez rounds de Buñuel? En los com ba­ tes de amateurs (y en m uchos profesionales) no se llega a tal lí­ mite. Ni él ni yo intervinim os en el señalam iento de prórroga al­ guna. La decisión fue del árbitro, y él dispuso fuese de un round más. T od o eso me hace sonreír. N o sé si tú recordarás la verdad sobre aquel cam peonato organizado por el periódico— que fue de corta duración — La Jornada. En el mes de junio llevaba un mes sin entrenam iento, pues a últim os de m ayo, Gus R hoder, sobri­ no de Jack Johnson, creo que estaba por San Sebastián. Con él solía boxear diariamente en la G im nástica Española. En julio, los amigos del gim nasio se em peñaron en que representase a la Real Sociedad. El día anterior al encuentro sufrí en la m ano derecha lesión en los ligam entos del pulgar. N uestro herm ano A d olfo me recom endó no asistiese, pero a pesar de no contar con los golpes decisivos de tal m ano, me aventuré confiando en los «jabs» de la izquierda, y sólo con la izquierda gané a Buñuel, tocándole sola­ m ente con la derecha— y en ello veía las estrellas— para los efec­ tos de acumular puntos. Y la final contra C obos, estudiante se­ gún me dijeron de m edicina, más fuerte que B uñuel— pero más bajo— , le gané en las mismas condiciones. A dm iro a Buñuel por su genio cinem atográfico y creo que nos reiríamos mucho si nos volviéram os a ver— yo casi no le conocía— recordando la juven­ tud deportiva, y hasta podríam os hacer un round, ¡ahora sólo uno!, para volver a empatar. T en em os la misma edad, más o m e­ nos, y com o sigo haciendo mi gimnasia sueca, estim o que con otro anciano com o yo— y am bos de buen humor— podría hacer ¡todavía! decente papel.

Verás que mi querido herm ano tam poco está exento de cierto am or propio. Sin em bargo, creo que su versión es la que más se acerca a la verdad. En vista de que no me contestaba, escribí a unos amigos de E spaña, y uno de ellos, gran deportista, me re­ mite la copia xerox de la reseña que hizo el deportista Félix Pomés. Si ves a C añedo, dile que sigo sin recibir la carta prom etida. Cariñosos recuerdos de Jacinta y míos para tu m ujer, y para ti un fuerte abrazo.

FRA N C ISC O G A R C ÍA LO R C A — Mis prim eros recuerdos de la Residencia son levantarm e muy tem prano y salir a correr y a saltar. A mí me gustaba m u­ cho el salto. Buñuel hacía jabalina. — Y luego bajaba al com edor con una camiseta a rayas y con sandalias... — No, no creo. Me parece que todo el m undo en la Resi­ dencia era muy respetuoso. No creo que hubiera ninguna ves­ tim enta estrafalaria, salvo, claro está, cuando salíamos a los disfraces. — ¿Cóm o conseguíais los disfraces? — Ibamos a esos tipos en la Cava B aja que venden trajes para teatro. Y salíamos por la calle y llegábamos hasta la misma R e­ sidencia, pero no llegábamos a entrar al salón. Salvo un día en que llegó a la Residencia una de estas figuras universales que fueron allá, a dar conferencias a la Universidad. No sé si era Einstein o lord C arnavon, o ... U na de éstas. No sé si don A lberto llegó a vernos. En aquella época con D alí y el pintor Uzelay hicimos más de un viaje a Toledo. — ¿Tú tam bién eras de la O rden? — Sí. La había fundado Luis, y distribuía los títulos y tal. Y decía: «Tú eres no sé qué, com endador de la orden tal.» — ¿Ibais todos juntos en tren o ...? — Sí, íbamos en tren y nos hospedábam os en la Posada de la Sangre. La prim era vez que fuimos, íbamos sencillam ente a dar un paseo a Toledo. No llevábamos ningún otro propósito. Lue­ go allí hubo que com prarse camisas, porque habíam os ido para un rato y nos quedam os varios días. Y estábam os allí, en la Po­ sada de la Sangre; allí comíamos y allí salíamos y tal. Y a veces estábam os toda la noche dando vueltas por las calles de Toledo. — ¿Cuántos días estuvisteis?

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— ¡Uy!, pues nos quedam os la prim era vez, qué sé yo, nos que­ damos tres o cuatro días allí, sin volver por M adrid. Luis sentía por Toledo un entusiasm o extraordinario. — Q ue sigue sintiendo. — Q ue sigue teniendo, claro, que sigue teniendo. Uzelay fue muy im portante en todo aquello. — Vive en Bilbao. — ¿En Bilbao? — Yo tenía entonces, en mi casa de Valencia, uno de los pri­ meros dibujos de Uzelay. De los dibujos cubistas, que hizo po­ quísimos. Pero yo tenía uno muy bonito. Voló, como tantas co­ sas. En realidad, no me resulta fácil relacionar aquel dibujo, por ejem plo, con vuestra vida de brom as, disfraces, órdenes, espan­ tos... Tal vez fueron dos épocas distintas que ahora confundimos en unos mismos años. — No creas, no creas. Nos cubríamos de noche con las sába­ nas de la Residencia y se subía uno encima de otro, a hom bros, con las sábanas y tal, y paseábam os allí fugazm ente. Luego se ocultaban las sábanas allí, en el jardín, en el Canalillo y tal. Pero yo creo que lo hicimos en M adrid y luego tam bién en París, en la «Closerie des Lilas», donde Buñuel dirigía cine con los ami­ gos. Decíamos: «A hora suponem os que tal, y tú entras, y tú sa­ les, y tú haces como que estás viendo, y tal. Y tú supones que has visto aquí a este señor, que estaba con la m ujer d e ..., y tal. Y entra. Y tú sales...» Y así. Y jugábam os a eso. Yo no sé en qué época era. Tengo mala memoria. Si esto era anterior a las películas de Buñuel. Me gustaría poder localizarlo en el tiempo. — B ueno, eso lo cuenta O ntañón. Dabais premios al m ejor ac­ tor y al que lo había hecho m ejor. Y O ntañón dice que él siem ­ pre era de los m ejores. O ntañón y tú. — Pues no sé si yo era de los m ejores, no sé. En fin. Me acuer­ do que entonces uno de los personajes que Luis tenía constan­ tem ente en la cabeza era Robinsón. — ¿Q uién? — R obinsón Crusoe. Es decir, nosotros me acuerdo que tenía­ mos muchas discusiones, Luis y yo y los demás. C reo que yo era el que más se irritaba. Sobre si fuéram os a una isla desierta, quién sería el jefe de todos nosotros. «Bueno, pues será el jefe el que tenga más habilidad.» «No creas tú que porque tienes más fuerza que los dem ás ibas a ser el jefe.» «El que tenga más ha­ bilidad, el que sepa hacer m ejor las cosas.» «El que distinga las hierbas comestibles y el que tenga allí más eficacia será el que...» Y discutíamos allí sobre quién sería el jefe. Todos estos juegos salían con mucha frecuencia. De m odo que cuando él hace la p e­ lícula tiene ya raíces muy viejas.
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— No. Todo, todo en Luis tiene raíces muy viejas. ¿Y cuáles eran las relaciones entre tu herm ano y Luis? — Muy cordiales y muy estrechas. Y creo que se querían mu­ cho uno a otro. — Dalí dice que lo que Federico tenía eran celos porque eran dem asiado amigos, Luis y Dalí. — Pues sí, es posible. Pero, en fin, yo creo que la relación entre los tales era una relación muy estrecha y cordial. Muy cordial. Y con Dalí, m ucho... Que es una de las cosas que yo siento: que se haya perdido aquella correspondencia, las innu­ merables cartas de Dalí. Es una catástrofe las cosas que han desaparecido. — Estuve con Ana M aría tam bién. — ¿Con A na M aría Dalí? Yo no la conozco. — Le pregunté a Ana María. Digo: «Bueno, todo el mundo dice que Federico estaba enam orado de ti. ¿Alguna vez te dijo algo Federico?» Se puso roja como un tom ate. ¡A los setenta años! Es simpático, ¿no? —Sí. El tenía mucho afecto por Ana María. Bueno, y hay su correspondencia y tal. Efectivam ente hubo una relación muy es­ trecha. Y como hablaba muy bien tam bién del padre de Dalí... Ahí había una relación muy estrecha entre ellos y muy cor­ dial. — ¿Y tú tom abas parte en esa amistad? ¿Te incluían o no? — H om bre, sí, yo estaba allí. A unque yo tenía mis propios ami­ gos y mi propio mundo. Pero la relación con todo el grupo era muy estrecha. Y los viajes, y Toledo, y las brom as de vestirme y tal. Y me incluían. — Pero los más amigos eran Luis, Salvador y Federico. Era el núcleo. — B ueno, sí. Sin duda. Es, por otra parte, natural, eran tres personalidades muy fuertes. — B ueno, y Pepín Bello. —Y Pepín Bello, claro, eso incluía a Pepín Bello... — Mucha gente dice que las ideas centrales, por ejem plo, de Un perro andaluz son de Pepín. Cosas viejas de Pepín que han vuelto a salir ahí, igual que siguen saliendo en otras películas de Luis. No sé. Porque a Pepín yo no lo traté casi nada. — Bueno, Pepín era un caso de sim patía extrem ada. Tenía grandes amigos porque, vamos, era un hom bre extraordinaria­ mente comunicable, fácil, alegre y, en fin, una de esas gentes que tienen una sim patía fundam ental. De ahí nacía todo, por­ que Pepín Bello no tenía, digamos, desde el punto de vista de producir, de escribir, de tocar, de tal, nada. E ra sencillamente una persona muy inteligente, con una simpatía muy com unica­
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ble y una personalidad muy atractiva. E ra una gran persona, fun­ dam ental en aquel grupo, en aquella época. — Sí. La cuestión es ésa, ver exactam ente por qué es una épo­ ca im portante, definida por qué. —Emilio Prados era otra de las personas que estaban allí más constantem ente. Y M oreno Villa. M oreno Villa estaba un poco más alejado. Yo creo que la situación de M oreno Villa, que no tiene ya edad de ser residente, pero, en fin, que por razones p er­ sonales y de tradición es de los prim eros y tal... Claro, vivía allí, pero estaba en una situación un poco más alejada por razones de edad, de experiencia. — En Vida en claro lo cuenta muy claram ente. — Estaba muy cerca de don A lberto Jim énez, y era un poco el punto de contacto entre la dirección y los estudiantes. De m odo que eso daba un poco de distancia. A pesar de que todos tenían por M oreno Villa un cariño muy grande. Ese es un retra­ to de M oreno Villa. [Señala uno de Federico.] Y, claro, en ese tipo de juego que te digo yo, de los disfraces y tal, no entraba M oreno Villa, claro, como es natural. — Y había otros jóvenes. Por ejem plo, hablabas antes de lo de la jabalina. ¿Tú te acuerdas de cuando Luis le lanzó una ja ­ balina a un muchacho allí? ¿Te acuerdas de quién era? ¿Cómo fue aquello? —Fue una im prudencia de Luis, pero no porque hubiera ha­ bido una discusión o cosa parecida. No me acuerdo de su nom ­ bre, pero de la figura, del tipo, sí me acuerdo. Estaban jugando. Se m etió detrás de un chopo pequeño, y quizá con más fuerza de la que él intentaba, Luis la tiró jugando. Y la jabalina se que­ dó m edio incrustada en el chopo. Pero no fue un acto, digamos, de violencia. Fue sencillam ente una im prudencia, tal como yo re­ cuerdo la cosa: tal que te tiro, que tal, que no me tiras y tal, de brom a. Se pone detrás del chopo, y Buñuel, im prudentem ente, la tiró quizá con la confianza de que com o era un experto y la m anejaba y tiraba la jabalina muy bien y tal, que no iba a pasar nada. Fue un acto de m era im prudencia por parte de Luis. Por­ que Buñuel era muy fuerte, y tenía un pulso, vamos, fenom e­ nal. Hacía falta un brazo m uy... Solía decir que él le echaba un pulso a Ochoa. ¿Te acuerdas de O choa, el cam peón de lucha gre­ corrom ana? E ra una gloria nacional. Me acuerdo del aspecto de B uñuel, en Toledo, sin afeitar..., andábam os hechos unos faci­ nerosos. Pero él era un tipo fuerte, atlético, forzudo. — ¿No te acuerdas del pleito con los cadetes a propósito de M aría Teresa? — ¿M aría Teresa León? No, no lo recuerdo. D ebe de ser pos­ terior. Yo he conocido muy poco a M aría Teresa. Y a Rafael lo
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una película que era totalm ente del gusto de Dalí. En fin. en Nueva York nos veíamos menos. muy respetuoso con la Iglesia. ¿Y qué más recuerdas. así como yo. él lo sabe. eso es una falsedad com pleta. lo que provocó la salida de Buñuel del Museo. no sólo porque nos veíamos m enos. — ¿D e Dalí? — Sí. C om prendo que la amistad se rom piera. era incapaz de participar en ella. en Nueva Y ork. — B ueno. y si lo he visto ha sido porque me lo he encontrado accidentalm ente un par de veces en casa de amigos comunes y tal. Es verdad que procura no hablar de F ede­ rico. A hí cuenta Dalí. no sabía que hubiera intervenido para nada el libro ése. por ahí. — Así.. sino p o r­ que entonces no creo yo que ocurriera ninguna cosa así de. y reanudaron su amistad. me he m antenido siempre alejado de Dalí. A dem ás. cuarenta y dos? — Sí. — ¿En qué años fue todo eso? ¿El cuarenta.. figúrate. en una de esas salidas de tono que le son tan familiares. — ¿Y cómo ves la relación Luis-Salvador en aquella época? ¿Se veían con frecuencia? ¿Tom aban sus copas juntos? —Tom aban sus copas con los dem ás en grupo. Luis no la tuvo. no intervino en ello Dalí. todo esto es muy conocido. en Nueva York? — B ueno. Y que eso estaba bien para el ateo de Buñuel. por ahí. la am istad se rom pe. sin duda porque había tenido con Dalí una relación mucho más estrecha que yo. después.recuerdo de cuando iba por la Residencia y nos enseñaba sus pri­ meras pinturas. pero nos veía­ mos con el grupo que trabajaba allí. que La edad de oro era una película blasfema y que él... Tengo yo menos recuerdos de Nueva Y ork. — Porque tú sabes que llaman a Luis y lo echan del Museo después de leer en el libro lo de su ateísmo. — Sí. En fin. Porque eran realm ente un grupo. El lo ha contado muy bien. — G rupo que debió de rom perse con la publicación de La vida secreta de Salvador Dalí. ¿No lo sabías? — No. cuarenta y uno. — Más que lo de Dalí. ellos se vieron y tal. que La edad de oro. Sus m em orias son un libro muy bueno. ¿Tú crees que salió por lo de Dalí o porque sencillamente la W arner le pa­ reció m ejor? — Bueno. — Ya lo creo. Muy curioso. claro. y siempre he tenido una cierta resistencia a verle. que yo sepa. 275 .

[Cierto retintín.— ¿Q ué me dices de la entrevista del rey con Luis en la Residencia? — Lo del rey creo que es una leyenda. enterarm e.. «Es que todos duerm en con las ventanas abiertas. busto desnudo. dijo el almi­ rante. Tam poco parece ser santo de la devoción de Luis. — ¿Por qué se cortó la relación entre Pepín Bello y Luis? — Se ha portado mal con Pepín Bello.. sino para saber qué es lo que iban a hacer. porque yo sé quién es B u­ ñuel y lo que vale. lo mismo por el dinero que por el script. se ven muy poco por razones políticas. A lo m ejor lo confun­ den con una visita del alm irante Magaz. a una hora intempestiva: las siete de la m añana. Todas las ventanas de los cuartos estaban abiertas. para mí.» «Muy bien. El se negó. en película. no para corregirlo. Rectificarlo no— yo no entiendo nada de cine— . porque efectivam ente Pepín no es un ejem plo de republicanismo. — Entonces.] La casa de Bernarda A lb a la quiso hacer Buñuel. U na vez muy al principio.» Así se salvó la Residencia. ya estaba. Seguram ente por razo­ nes políticas. pero sí leerlo. Más de una vez lo he sentido. Pero hay que tener en cuenta que «pasearon» a su herm ano. Dalí y Federico. al principio de la Dic­ tadura. me ha sabido mal. Y tal vez sea ésta la base de esa supuesta entrevista del rey y de Luis. — Sí. por lo menos dos veces. «Creí que había más estudiantes». que se había quedado tonto después de un acciden­ te de moto. De verdad. Y la segunda. Pero quien nos asesoraba— no sé si esa vez o antes—nos dijo que la cantidad ofrecida era ridicula y que no la tom áram os en cuenta. a veces. Luego. Pero yo quería verlo. . los más íntim os. con un señor A latriste. — ¿Ya estaba en México? — Sí. se presentó como un rayo y echaron a andar. E ra el mes de enero. «¡Muy bien! ¡Muy bien! Así se forja una juventud fuer­ te y sana. a veces me sabe mal no haberle dado caríe blanche. — Creo que se han visto alguna vez. Q ue no me preocupara: que respetaría la obra de Federico. — Es posible. decididos como estaban a cargarse la Residencia. Pero. inesperada. E ran muy amigos.» Se asomó un joven haciendo ejercicios calisténicos. pero no m enos que Buñuel de ellos dos. Don A lberto se vistió deprisa. El que parece recordarle con cierto rencor es el propio Paco.

residente. Estaba en su cuarto a m edia m añana. desde luego. sí tiene bastante de surrealista: el rey de España. Buñuel se quedó desconcertado ante una situación inesperada y tan insólita. que por cierto se apellidaba T ruán. Y recuerdo tam bién una cosa que me im presionó. sino asustarlo. com pletam ente desnudo.. pues yo tengo el recuerdo de que Luis era un m u­ chacho deportista. y ponérselo en la cabeza. N aturalm ente la gente no insistía mucho en la veracidad de la misma. enfrente precisam ente de la entrada a la Residencia por la calle del Pinar. y es que una vez. tenía fama entonces de ser un hom ­ bre excéntrico.. que quedó clavada en un árbol que estaba como a unos cincuenta centím etros de donde estaba ese m uchacho. y no se le ocurrió otra salida que agarrar un som brero hon­ go. Buñuel vivía entonces en un cuarto de la planta baja del prim er pabellón. y se contaban de él bastantes anécdotas. que. de la cual había que salir de alguna m a­ nera. un chico asturiano. le dijo algo que no debió de gus­ tarle. la jabalina. Lo recuerdo en el campo de fútbol de la R e­ sidencia haciendo atletismo: lanzando el disco. — ¿Cuáles. después de hacer su ejercicio acostum brado. Pero. viendo a un estudiante en pe­ lota y cubierto con un som brero hongo. del cual descen­ día nada menos que Su M ajestad el rey don Alfonso XIII. 277 . se llevó el gran susto. La escena. p or ejem plo? —U na que me contaron era una anécdota que él refería que le había sucedido.. y entonces le lanzó la jabalina. una cuesta que es­ taba bordeada de chopos. claro. delante de la ventana. en fin..SAINZ DE LA C ALZADA —B ueno. que había al alcance de su m ano. un día que volvía. N atural­ m ente que la idea de Buñuel no fue atravesarle con la jabalina. original. por eso me acuerdo bien de él. y se asomó a la ventana en el m om en­ to que delante de la misma se paraba un coche. Entonces.

en los años de La Barraca. Bu­ ñuel form aba parte del grupo «brillante». Federico García Lorca me explicó que Dalí sentía pavor por cualquier insecto que volara. pa­ rece m entira. en torno a ese grupo. yo era un novato. se habla de un gravísimo problem a sen­ tim ental de E duardo. en mil novecientos diez. a pesar de que se aseguraba y había por lo visto muchos indicios.. — Con U garte. claro. Yo traté después a F ede­ rico y lo traté bastante íntim am ente. y coincidí con él porque yo comí. naturalm ente. Pepín Bello.. pues sí se com en­ taba. tom ando la cosa en relación con Buñuel. con Federico G arcía Lorca. siem pre comían con M oreno Villa. que era homosexual. Tú. ¿en qué año entraste? — En el año veintitrés. y. — En el libro— que no habrás leído todavía— de Marcelle Auclair. Sí. con Ugarte. Sin em bargo. una sola vez. asegurar. Yo 278 . — ¿Y Dalí? — De D alí tengo el recuerdo de un joven retraído. me imagino de tipo freudiano. — Parece que el rey fue a la Residencia. ni podría ase­ gurar nada d e. el año treinta y cuatro. claro. porque tam bién hay una relación entre estas cosas. y. — Tú viviste La Barraca con Federico y. al lado de M oreno Villa. — B ueno. Fue una anécdota que me contaron a mí y que él contaba como si le hubiera sucedido. y me dio entonces una explicación. durante muchos años. yo no podría poner la m ano en el fuego. cuando venía Buñuel. cla­ ro. gentes así. entre D alí y Federico. N aturalm ente. ¿qué se decía en la Residencia? — Yo entonces tenía quince años. porque yo creo que es­ tos años. y la verdad es que yo no podría.. que ocu­ paba la cabecera de una de las mesas largas que había en el co­ m edor de la Residencia. tímido.— ¿En qué año fue esto? — Bueno. del veinte al veintisiete. sobre Federico. ¿Q ué fue? — Bueno. muy íntim am ente. yo no sé en qué año sucedió eso. El después se m ar­ chó a París y volvía algunas veces. R ecuerdo una vez que estando sentado en el co­ m edor se dem udó y salió porque había entrado por una ventana próxima una libélula. sobre todo. Buñuel. Y he convivido con él.. vamos a llegar a eso. que no recuerdo. y en ningún m om ento podría yo decir. y acerca de las relaciones entre Federico y Dalí. Dalí. fueron de los más interesantes de la Residencia de Estudiantes. había term inado el bachillerato y fui a estudiar la carrera. claro. yo no creo que hubiera nada entre Dalí—en ese aspecto— . y. que era inseparable de ellos. Con Buñuel coincidí un año en la Residencia. artistas o literatos.

yo no sé por qué razón. en los Italianos precisam ente. y Federico García Lorca era el director artís­ tico y el artífice. por estar demasiado atareados. si por ausencia. él.recuerdo haberle visto. La crea­ ción de La Barraca se aprobó en el segundo Congreso ordinario de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos. C ernuda y A ltolaguirre no hicieron nada más que acto de presencia en la prim era reunión de aquella comisión de teatro universitario. en noviem bre del treinta y uno se ce­ lebró el Congreso E xtraordinario para la Reform a de la E nse­ ñanza y el II Congreso O rdinario de la U nión Federal de E stu­ diantes Hispanos. La llevaba a cabo Federico García Lorca. lo 279 . Y re­ cuerdo que un día me citó Buñuel. bueno. bueno!. Estaba integrado por cuatro alum nos de A rquitectura y cuatro alumnos de Filosofía y Letras. a quien yo no conocía. Aleixandre... claro. — Sí. inicialm ente. en un sitio estratégico. a Buñuel tam bién. Vicente A leixandre. el cerebro y el alma de aquel teatro. Fernando de los Ríos concedió a la Unión Federal de Estudiantes Hispanos una subvención de cien mil pesetas para poder llevar a cabo el proyecto. una barraca donde se lleva­ rían a cabo las representaciones teatrales. Buñuel estaba en un palco y el público le aplaudió y le hizo que dijera unas palabras. Con ese motivo. no dijo nada más que una frase: «Esta película es una incitación al crim en. — ¿Q ué año? — El año treinta y uno. desm ontable. que entonces estaba en M a­ drid. El nom bre del teatro universitario se deriva de que en el proyecto. ¿no? Después esa cosa derivó en hacer un escenario portátil. no se volvieron a ocupar más de la cosa. que se nom bró precisam ente para escuchar y aprobar la ponencia que presentaron sobre la creación del teatro universitario. y la ponencia para su creación la presentó Federico. Y la barraca esa que se pensó inicialmente en construir no se construyó nunca. y allá me presentó a E duar­ do U garte. Se aprobó por unanim idad y se designó un comité que yo presidí. en el Cine-Club. y llevar el teatro a los pueblos. Yo era presidente del teatro universitario La Ba­ rraca. en el estreno. No.» Después. ¡ah. — A U garte. Pero la ponencia era de Federico. pero respecto. y me habló de él (bueno. de Un perro andaluz. en mi calidad de presidente de la Unión Federal de E stu­ diantes Hispanos. Entonces em pezó la selección de actores entre los estudiantes. muy breve. a las plazas de los pueblos. figuraba la idea de construir en M adrid. Luis C ernuda y M anuel A ltolaguirre. un grupo de cuatro poe­ tas: Federico G arcía Lorca. mis rela­ ciones con Federico García Lorca fueron bastante frecuentes y conviví con él en todas las expediciones que realizó La Barraca al principio de su creación. Y después.

yo m antenía relaciones de amistad con todos los que lo form aban.conocía de nom bre. eran fotografías estram bóticas.. y estuvieron siem pre muy com penetrados los dos: Federico y Ugarte. Pero en aquella épo­ ca yo ya había term inado la carrera. pero no personalm ente) como de una per­ sona que podría ser muy útil. pro­ testando de lo que costaba. sacaban de la camisa un pañuelo atado con muchos nudos para sacar el dinero. ¿qué otras anécdotas de él contaban por ahí? — Bueno. no ya de las publicaciones que se han estudiado y se estudiarán. pues que una vez él se había disfrazado de portero de M inisterio. Y. al ir a pagar. — Bueno. Y volviendo a Buñuel. Oí contar que en años anteriores a mi llega­ da a la Residencia. y. a esa cuestión que hubo en­ tre. había dejado la presidencia de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos y me había retira­ do tam bién de La Barraca. un herm ano mío traba­ jaba tam bién allá y estaba enterado de lo que pasaba. A ndré Bretón creo que salía fotografiado insultando a un sacerdote y Salvador Dalí salía retratado escupiendo el retrato de su madre. — Bueno. efectiva­ m ente. y pues. eso es una cosa. — Bueno. En los tranvías.. y otro de los residentes. un navarro que se llamaba Navás. natu­ ralm ente. pues sí. Yo recuerdo tam bién que en una revista surrealista francesa por aquella época salían fotografiados algunos de los más prom inentes surrealistas que había entonces. Por ejem plo. oí com entarios respecto a eso. y. Claro. así parece que recorrieron M adrid hacien­ do una serie de disparates. no sé. en fin. Pero.. después hacían intento de tirarse del tranvía en m archa. — ¿Y de Luis? — De Luis no recuerdo así ninguna cosa. qué actos surrealistas hicieron toda esa gente. pues. en fin.. ante el consiguiente susto de todos los que iban en él. 280 . sino precisam ente viendo qué hechos. — Pregunto sobre posibles anécdotas porque se trata de fijar los orígenes del surrealismo español. se había disfraza­ do de paleto de pueblo y que habían recorrido M adrid haciendo todas las extravagancias y todas las barbaridades que se les ocu­ rrían. Des­ de luego fue un magnífico colaborador. pero ¿qué le pasó a E duardo en el treinta y cuatro? — Sí. Parece ser que tuvo una cosa sentim ental con una de las muchachas que trabajaban en La Barraca. poco después se nom bró a E duardo Ugarte colaborador de Federico en la dirección artística del teatro universitario. con librea y gorra de plato. Yo recuerdo perfectam ente a Rafael disparando sobre una palom a que soltó M aría Teresa en una lectura de versos de Rafael. que podría ser un magnífico cola­ borador para Federico para entrar en La Barraca.

El problem a es que Luis nunca pa­ rece haberse prestado a ese tipo de cosas. Con ese motivo hicimos algunos viajes al valle del M ezquital. fue a verte. en los primeros años del siglo. Acabó hacien­ do un Nazarín muy lejos de la idea de Galdós.» D e m odo que yo creo que se debe a eso. — ¿Y el anticlericalismo de N azarín! —Ese anticlericalismo se m anifiesta claram ente en los dos: en Galdós y en Buñuel. sería de tipo bizantino. es una persona pues más retraída y no es muy amigo de la publicidad. de ser algo.. m artelinada después para darle ca­ lidad de piedra. de México. y parece ser. que Luis debió de ser al mismo tiem po N azarín y Halma. quería ver si yo le podía ayudar. Y figuraba don Be­ nito en la presidencia de la m anifestación. — Sí. E n cambio. un gran capitel que no podría decir que perteneciera a un estilo deter­ minado. y que era hueca. haber visto una colección de Blanco y Negro de principios de siglo. y no. pero no creas que aquí vas a ver a muchas estrellas de cine y de tal. bastan­ te alta. porque yo creo que Luis.. que la voló. A dem ás. y que. — Sí. A él le gusta. en el valle del M ezquital. en fin. Me acuerdo que cuando le hice la casa. que le pusieran dentro una carga de dinam ita y que la hicieran salir dis­ parada como un cohete. . y en algu­ nas de sus novelas así se manifiesta. y Viridiana es Halma traspuesta a otro clima. y venían va­ rias fotografías de una manifestación anticlerical que se celebró en M adrid. ¿no?.. según me ha dicho después. no sé. que iba a hacer una película y que se iba a llam ar Simeón el estilita. me llamó un día por teléfono y me dijo que tenía un pro­ blem a. observarás que Viridiana es Halma. Yo le había sugerido que le rom pieran la base.. Pero en N azarín. no. francam ente anticlerical. ahí está el problem a. pero. y que necesitaba construir una colum na.. — Galdós era anticlerical. me dijo: «Bueno. no. Dalí.. para poder conseguir en la parte alta una plataform a de bastante amplitud donde pudiera desenvolverse el actor.—No. ya sabemos todos cómo ha explotado la publicidad. en N azarín. Es más. Yo llevo una vida muy sencilla y muy retirado del mun­ do. Entonces fui y me hice cargo del asunto y le pro­ yecté una columna que tenía ocho cincuenta m etros de altura me parece. E ra de concreto con un capitel. ¿por qué? —B ueno. hay otra cosa: si ves bien Viridiana. se construyó la columna. sí. efectivam ente. Seguiste te­ niendo buena amistad con Luis. en Ixtla. —A hora cuéntam e algo de Sim ón del Desierto. -—A tu juicio. que fue de concreto arm ado. recuerdo yo hace poco en un rancho de aquí. -—En la novela es otra cosa. es decir.

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ni mucho menos. Algo em pe­ cé a conocer de los ultraístas. en penum ­ bra. ruidosos entre tanta piedra palaciega— sólo de cuando en cuando. en el Museo del Prado. — Yo llegué a M adrid— me acuerdo perfectam ente— el siete de mayo de mil novecientos diecisiete. a copiar. Por las celosías de las ventanas. V endrá pasado m añana. Ferragosto. Entonces com enzaba a salir Ultra. sí? Venía de El Puerto de Santa M aría. E ra algo extraordinario para un andaluz que venía de El Puerto. con ventiladores relativam ente silenciosos. Pasan coches— eso sí. Llega Rafael de AnticoliC orrado.. El mes de mayo. no lo he visto nunca más.. verano de 1969. U na cosa realm ente sorprendente. dibujantes de los centros académicos. Y me puse a dibujar: academ ias. Mis prim eras relaciones fueron con pintores desconocidos. el sol sin clemencia. Las altas habitaciones del H otel de Inglaterra. nunca volví a ver helado el es­ tanque del R etiro. en todos los m onto­ nes de años que viví en M adrid. que la gente patinaba en el estanque del R etiro. Sólo fui a la Residencia años después. M adrid. de­ siertas.RAFAEL ALBERTI R om a. Luego conocí a Vázquez Díaz.. Me gustaba muchísimo. Yo llegué a M adrid para ser pintor. la estación del M ediodía y una nevada tan colosal. No sabía ni que existía. — Unos meses antes que Buñuel. No sabía escribir ni una carta. A hora. Las calles. una sobrina mía me ha manda283 . — ¿A h. y M adrid no me gustó absolutam ente nada. en prim avera. Hace un calor del dem o­ nio. — ¿Y fuiste a la Residencia? —No. en San Fernando. M aría Teresa se tuvo que quedar en el pueblo para cuidar al perro.

un arpa. G regorio Prieto. una vez. una especie de aforismos. me presentó a Federico García Lorca. — Casi a punto de m archarse. — Ya se lo preguntaré. Allí estaba Buñuel. yo estaba malo de un pulm ón. Llegaron a ser cuñados del único mexicano que colaboró en H orizonte y se casó con la herm ana de los Rivas: Raúl Carrancá Trujillo. No los publicaba. fuertísim o. o. —Todavía no. —Tam bién los conocí. Creo que eso lo habían escrito juntos C habás y Luis. y eran poem as muy de la vanguardia absoluta de aquel entonces. T raté más a Hum berto. M urió en México. — Yo le conocí en la Residencia poco más o menos al mismo tiem po que a Federico. Y repetía que «su padre le pagaba la carrera de pintor». — Yo conocí a C habás antes de ir a la Residencia. — Ya estaba Dalí en M adrid. porque ése es el m om ento en que le conocí. y ya. y me acuerdo que entonces Buñuel era un chico corpulento. por ejem plo. el pintor. en los jardines de la Residencia. donde quedaban los supervivientes de Ultra. Me acerqué a la R e­ sidencia muy tarde. y fueron los tres pri­ meros poem as que publiqué. rápidam ente. para publicarlos en la revista H orizonte. Conocí a Dalí. Se lo puedes preguntar. era una muchacha aso­ m ada a un balcón. Yo ya em pezaba a escribir algo: hice unos poe­ mas.do los poem as que yo hacía en aquel m om ento en que era pin­ tor y que yo me avergonzaba de escribir. todavía estuvo algún tiem po. —Te quería preguntar algo acerca de los Rivas Panedas. Había ido. Conocía un medio pictórico en el que. Tú los vas a ver: es un m anuscrito im portante. a la gente que estaba allí. — Q ue tenía más talento. «a estudiar la carrera de pintor». Chabás me trajo a casa a Pedro Garfias (que era el director de H orizon te). Estuve con él días an­ tes. pero se podría decir que ya era después de pasado el m om ento agudo de Ultra. a finales del veintitrés. me los publicó H o rizo n te . Volvamos a Luis. la prim era vez que fui. como yo. y cosas así. qué era cada instrum ento. Vi una sola vez a José. Lo conocí cuando Chabás me contó que estaba escribiendo con él. fue él quien me la organizó. sobre los instrum entos de la orquesta. en el m om ento más se­ reno de H orizonte. según de­ cía. qué era un violín— no me acuerdo bien— . — Entonces ya estaba Dalí. más bien. con unos ojos como de huevo que 284 . — ¿E ra el cojo? — El cojo era José. y C habás me conocía como pintor y orga­ nizó mi prim era exposición en el A teneo de M adrid. greguerías. Eso ya fue muy tarde. Creo que me lo presentó Juan Cha­ bás.

El fue quien llevó todo el cine de vanguardia. Echaba unos baldazos de agua espantosos. Tam bién Rien que des heures. que conocí al final de sus relaciones con Luis. — ¿Por ejem plo. donde había un entierro en el que se iban com iendo las coronas como grandes roscas de pan y las iban com iendo al ralenti'. La Coquille et le Clergym an.. — Dirigió durante aquellos años la página de cine de La G a­ ceta Literaria. como una persona de pasada en la Residen­ cia. No sé exactam ente lo que hacía. Yo recuerdo al Buñuel de entonces un poco difusam ente. nos puso realm ente en contacto con toda una cinem atografía que no llegaba a España porque pe­ lículas com o éstas no eran aceptadas todavía públicam ente ni eran comerciales. con los ojos desorbitados. Luego se fue a París y de allí desapareció tam bién. y vivía en M adrid.] Traté más a Luis después de la República.. [. 285 . Y refiriéndom e a esa cabeza vio­ lenta que le había pintado Dalí. y en el que Federico le dedicó unos poem as. la prim era obra de René Clair. de ese m om ento son las bromas terribles de Buñuel. muy boni­ to. C reo que en el hall del cine Principal. V erdaderam ente una brom a de tipo aragonés. — Dos años o tres después apareció con la cabeza rapada para presentar Un perro andaluz. — Y siguió siéndolo. que era el ser más extraño imaginable. cuando dijo aquello de que su pe­ lícula era «una desesperada llam ada al crimen». de Cavalcanti. — La verdad es que sólo conozco una. que era levantarse a m e­ dianoche. y fue el m om ento en el que Dalí le pintó una cabeza trem enda. A veces comíamos en el «Arrum bam baya». — Es verdad. en este aspecto. Luis jugó un papel muy im portante.se le salían de las órbitas. allí fue donde apareció L arrea. «A la cabeza de Luis Bu­ ñuel». El fue quien.? Sé algunas. — ¿Viste Un perro andaluz ? — Vi Un perro andaluz y las películas que él nos hizo conocer en la Residencia. en su L ibro de canciones. que era Concha M éndez Cuesta. y los vi. llenar baldes de agua y echarla por las rendijas de la puerta del cuarto donde estaban durm iendo Federico y Dalí. O sea. Por él conocimos el H undim iento de la casa Usher. o m om entos antes de la República.. Es la vez en que quizá yo vi a un Buñuel más preciso y más dibujado. incluso hasta acom pañados por una señora de compañía. no como una cosa perm anente. pero ya no estaba yo allí. y cuando volvió a M a­ drid le veo como un personaje tan misterioso como a Larrea. nadie le conocía. Sé que tenía una novia.. Parade. Era muy amigo de Buñuel. después de sus viajes a París. que.

de pronto.. estaba estupendo. y entonces comenzó a hacer sus cosas de crí­ tica. Iban a la V enta del A ire. Allí estaba Dalí. y tuvimos m iedo de que apareciera el sereno. de esas cosas que hacía Dalí como magnífico dibujante. y me acuerdo que preparaba. bajándolas en la sem ipenum bra de la plaza. y haciendo el fantasm a. hasta que. des­ pués lo encalaron y lo borraron. y se pasaba las noches. colgada de las sábanas. entre otros. — Sí. Yo creo que la vida de Buñuel en España es así: muy de cuando en cuando. rom ántica. y. Yo ingresé en la O rden más tarde. — Es posible. y fui admitido en la Orden. Me acuerdo que estuvimos en la Posada de la Sangre y a m edianoche sacamos las sábanas de la cam a. Esa era una de las cosas que hacían los H erm anos de Toledo. La verdad es que había un gran en ­ tusiasmo por Toledo y toda la literatura becqueriana. No había luna. se asustara y em pezara a tiros con nosotros. Estuve en Toledo con Luis B uñuel. según me contaban Federico y los dem ás. Yo lo llegué a ver: estaba el re­ trato de Buñuel. y en ellas apareció Luis.... — Sé que le costaba un gran trabajo escribir y sufría muchísi­ mo. que tiene unas escaleras. A dem ás. — Buñuel quería ser poeta. yo era pintor y tenía pocas relaciones con los escri­ tores.cuando tenía fundada la O rden de los H erm anos de Toledo. era realm ente im presionante. — ¿Q ué cosas recuerdas que publicara entonces? — C reo que nada más que eso que te he dicho antes. con M a­ nuel Angeles Ortiz una noche para celebrar los ritos de la O r­ den. al fin y al cabo yo no era más que un visitante. form idable. con un gran esfuerzo. y con ellas Buñuel se vistió de fantasma. ¿Tú conoces poem as de Buñuel? — Sí. — Seis años. No estuve más que esa noche. y que te va a ser difícil recom ponerla. pero sí una luz difusa de las ventanas tras las que es­ taban rezando las monjas. Allí duró bastantes años. la m ano así. con Luis Lacasa. D esapareció y se fue al atrio de la iglesia de Santo Dom ingo. En la V enta del A ire ha­ bía un dibujo de D alí. No se adm itía a cualquiera. pero no sé si lo firmó él solo o los dos. a lápiz: todos los H erm anos de la O rden de Toledo. A pareció Luis en el atrio sin que se le vieran los pies. escribiendo sus cosas literarias con un gran dolor. en el año veintiocho. debió de vivir poco en la Residencia. a la que pertenecían Federico y Pepe M oreno. adem ás. un G oya que le daba mucho que hacer: un enorm e guión que escribía con 286 . hasta que insensiblem ente fue descubriendo su verdadero camino. en la pared.

E ran muy bonitos. aunque no lo decían claram ente. Buñuel lo sabe bien. Eso... Se acercaba con él bajo el brazo. e hizo unos dibujos p re­ ciosos que estaban basados en los poem as del M arinero . al que se le ocurrían cosas extraordinarias. por las calles. me parece que él intervenía poco. de pronto. D alí no ha hablado ni ha citado nunca mi nom bre en ninguno de sus libros. y ya se borró toda esa otra idea del Buñuel anterior. E ra un transeúnte que iba por la Residencia.. Fue muy larga la relación Buñuel-Dalí. El ruísmo era la tendencia de ir por las calles. no se publicaron nun­ ca. lo estaba estudiando con verdaderos detalles. pero yo tengo la idea de que Federico no se los dejó publicar.. haciendo el putrefacto. y tam bién con Pepín Bello. D alí había hecho unos dibujos para mi Marinero en tierra.. con inte­ rés. y fue ahí la am istad grande con Federico. Por ejem plo. Pero realm ente cuando D alí empieza a dibujar m arineros y cosas así es cuando yo hago M arinero en tierra. un día llegaba yo a la Residencia. y sé que cuando hice el M arinero le gustó muchísimo porque él vio allí todo su m ar de C adaqués en esas cosas. después.. dos versos. el «ruísm o». Buñuel conocía todas esas cosas muy bien. pero me acuerdo que con F ede­ rico jugábam os a em pezar una estrofa. y en 287 .gran dificultad. y eso del «putrefacto» y todas esas cosas. Todo esto de los burros y los pianos.. eran unos dibujos muy lindos.. y era muy bonito. Y salieron mis poem as sin di­ bujos. muy gracioso. pero el que había hablado más de todo eso y se pasaba la vida perdiendo el tiem po sin hacer nada. C reo que fue una película que no se hizo. —Fue un encargo oficial. Yo me acuerdo que tenía un m ontón de cuartillas muy grande. porque Pepín Bello tuvo una influencia muy grande en ellos. Y lo he visto a veces en el A rrum bam baya o en La G ranja llevando el guión. Esto fue cuando salió el «anaglifo». Pepín Bello estaba lleno de ima­ ginación.. con su jaleo anticom unista y todas esas cosas. creo. Pero en esa época fuimos muy amigos. para unos poem as que hablan del sueño de un m arine­ ro.] D alí estuvo dos o tres años en la Academ ia de San F ernando. porque yo sé que le gustaban mucho mis poem as. muy largo. — Pero era un guión enorm e. muchas de esas cosas eran de Pepín Bello. que yo sé que eran para mis poesías.. y el otro lo continuaba. [. Pepín Bello era un tipo genial. Flay muy pocos ejem ­ plos de «ruísmo». Inven­ tando. él llevaba hecha una vida de G oya. D espués apareció con Un perro andaluz. «el putrefacto» y todas esas cosas... Fue entonces cuando D alí dibujó. de unos m arineros que juegan al ajedrez con las sirenas. Pero lo que pasa es que Dalí es un fresco. muy agudo. que había sido residente. de verdad como para hacer un gran filme. muchas de ellas eran de Pepín. era Pepín. y.

porque muchas están llenas de ingenio y llenas de gracia. sólo le conocía de eso... — Fue el año treinta y dos.. porque realm ente.. pero como yo no era un residente in­ terno. E ste fue un anaglifo que ya no se aceptó porque se consideró que era dem asiado largo y exagerado y perteneciente al ba­ rroquism o. ¿sabes?.. la gallina. Cosas así.. como el que decía: Guillerm o de Torre. muy del m om ento. Federico in­ ventó el «anaglifo» barroco. Y Federico contestó: . 288 . recordar exactam ente todas estas pequeñas co­ sas. de los H er­ m anos de Toledo: esa noche que estaba con él. venido de Seveningen. Porque el anaglifo era: El pin. ¿verdad? como los «anaglifos». Guillerm o de Torre. y luego le acom ­ pañé cuando hizo la película de Las H u rdes . alguna vez. el pan. Pierre U nik y Eli Lotar estaban tam bién esa noche del fantasm a de los Herm anos de Toledo. [. Federico decía anaglifos y todas esas cosas. E sto lo conoce muy poca gente.. desde el punto de vista de la gracia espontánea y natural. Pepe M oreno habla de eso.. y por ahí debe de andar algún enjam bre. la gallina y el com andante. sería lindo.el cuarto de Federico estaba la revista el Bauhaus — esa famosa revista de arquitectura— . pues las cosas las sé unas por vistas y otras por oídas..] — Yo. Así que no. estuve con Pierre U nik. el cura. de Toledo. y yo le dije a Federico: Mientras que leo el Bauhaus. a Buñuel..m e cago en Jacinto Grau y en la Santísima Virgen... que fueron estupendos hasta que Federico los echó a perder.

viniendo de Valencia. Luego. y al­ guna vez como con él en el A rrum bam baya. lo encontré allí.— 10 . la influencia que 289 M. en el patio de la Alianza de In­ telectuales. ¿y con quién? — Con U garte.. ¿Cuál es hoy. y fue él quien nos llevó. Bergamín estaba en París también. Después me entero de que Buñuel vive en M adrid haciendo unas películas m isteriosas. Claro que desde París. Cuando yo vine de Ibiza entonces Buñuel— era ya el mes de agosto— estaba ya en plan d«. el año treinta y siete—cuando viajé a la U nión Soviética— . he ido una sola vez a París.. AUB. cuando pasé por París. cuando Luis estaba planeando la película... estuve com iendo con él. las abejas furiosas y salvajes de las flores am argas que atacaban a la gente. — M ira.. Los de esa secuencia donde dejan el esqueleto del burro. que estoy hasta el año treinta y siete sin salir de M adrid. yo. varias veces. y todo eso. Fue una etapa tardía de los H erm anos de Toledo. y regresé el sie­ te. Conocía los si­ tios más m iserables. m archar­ se. cuando fue a la U nión Soviética para cosas del C onsejo Nacional del T eatro. donde los niños m ojaban el pan en el agua que hozaban los cerdos. no en el m om ento de la filma­ ción. con Miguel H ernández y con Cipriano. poquísimo. Bergamín estaba en Madrid. y en M adrid se quedó Bergamín. y no estoy enterado de nada. — A Bergamín lo sacamos A ragón y yo de España porque creíamos que haría m ejor papel en París. Bergamín estuvo en la Alianza hasta el siete de noviem bre y luego se marchó. — ¿Le viste durante la guerra? — Al comienzo.—Ya no estaba allí Dalí. — Sí. comerciales. Pierre Unik y Eli Lotar en un viaje que hicieron a Las H urdes. Yo conoz­ co todo eso en gestación. del que nos incautamos muy pronto. y la cabra. a tu juicio— quince de agosto de mil novecientos sesenta y nueve— . Y no salió de España hasta mucho más tarde. * * * — Hablem os de otra cosa. una misión misteriosa. fue cuando lo de las abejas. — No sé. en el Palacio de ¡os H eredia Spíndola. que vengo de Ibiza. Luis ya conocía bien todo aquello.. Yo fui con Luis. Se iba— nunca explicó bien qué era— para una misión. Ya estaban casi peleados. Ese viaje fue para perfilar la película. Me acuerdo que fui con Gustavo D urán. buscando papel para el periódico. Le veo muy poco. Yo llegué a M adrid el cuatro. —No. — Estuvo más tiem po.

pero el G erardo inventor es verdaderam ente el de M anual de espumas. luego. — Volvamos un poco atrás. eso sí. para mi gusto.. por ejem plo. Bodini.. una poesía más vinculada in­ dudablem ente a la cosa española. en el G erardo creacionista que.. En esa prim era etapa. el dadaísm o. — ¿Con Tzara? — No. y todo lo que quieras. es decir. La verdad es que los años veinte tienen mucho de esto. Eso es aparte.. en cierto m odo. que armó un jaleo enorm e. en el G erardo Diego de M a­ nual de espumas. sí. ¿verdad? Y entonces. nosotros. de Gil V icente. Llega a poner poem as como el de M anolito. me parece com pletam ente absurdo. — Conoces mi opinión: la influencia de la publicación del li­ bro de H enríquez U reña sobre la versificación irregular. Yo creo que el dadá de Tzara es otra cosa que corres­ ponde más que nada a los ultraístas. ¿Tiene algo que ver con C octeau? — Con Cocteau. bueno. después de toda aquella especie de francachela— en la que en cierto sentido había cosas positivas y funcionaba como renovador interesante— . Luego hay una reacción en E spaña contra el ultraísm o. me llegaba a la cintura. ¿Tú conoces su libro? — No. en la tuya? ¿La hubo o no la hubo? — Eso lo ha tratado un hispanista italiano.. —T rata de los surrealistas españoles y defiende una tesis tan excesiva—totalm ente tergiversada y caprichosa— . sobre. realm ente. Yo creo que indudablem ente había una atm ósfera sobrecargada. aquel de: Era mi dolor tan grande. cuando se murió mi madre. la conozco. queram os o no. volviendo un poco la cara hacia nuestro país. hacia una construcción. se produce un repliegue hacia la serenidad. no sé. todos seríamos surrealistas.tuvo el surrealismo en nuestra poesía.. es el m ejor G erardo que hay. en un m om en­ to determ inado para nosotros. mucho m ejor que cuando hace el clasicista y hace sonetos. la influencia de H uidobro yo creo que es más im portante en G erardo Diego que en nadie. 290 . Yo digo que si eso es surrealism o. muy bien hechos. tu poesía? Me es igual en la tuya que en la de Guillén. y luego pasa a un gongorismo en el que. — Sí. que la puerta de mi casa. que si fuera verdad. ¿Q ué influencia tiene el ultraísm o.

porque yo ja ­ más he hecho un poem a así. No estás de acuerdo con él. ¿Tú conoces la famosa le­ trilla de G erardo Diego. — Pero se ha tratado de.. muy bonita. desde luego. Em pezaba una época irritable. La poe­ sía mía. lo que se llama surrealista.. yo he sido un poeta subversivo en cierto modo: dar mis conferencias en un club de señoras. porque vivía en París y se moría por hacerse retratar por los pin­ tores españoles. ¿verdad? — Yo creo que no. vivo unos años totalm ente diferentes. amor. ¿comprendes? — Claro. estaba Huidobro. Yo creo que detrás de todo eso estaba Reverdy. dejábam os atrás la se­ renidad prim era de nuestros M arinero en tierra y Rom ancero gitano. desde el punto de vista o r­ todoxo. no sé. que es estupenda. — Claro que no. amor. una época de conmoción que tiene indudable influencia en nosotros y nos convierte en gente mucho más subversiva. pero con muchas otras cosas: Ella llevaba por vestido com bo un proyecto de arcángel en relieve. E ra un chico que tenía cierto dinero por su familia.. la cuestión es que yo lo hacía sinceram ente. por necesidad. y yo. porque creo que ya en España. Es otra cosa. a quienes pagaba. hace la Fábula de equis y zeta. pero no el surrealismo. aun cuando parece más nebulosa. donde realm ente pa­ rece que está releyendo el Polifem o. — Eso no es el surrealismo todavía. con tierras y todo eso. que dice: Musa tan fachosa non vi en la poesía com o la H inojosa de José María. —T al vez cierta atm ósfera.. Pero José M aría no era más que eso: llegaba de París. que si algunas cosas.asimilando todos los P olifem os y muchas otras cosas.. Puede que lo fuera. que si algunos gestos. amor de seis a siete. pero no el sistema.. Todos dijeron que era una cosa de procedencia surrealista.. ya te digo que no había nadie como no fuese José M aría Hinojosa. en ese m om ento.. dejándom e llevar la m ano. El surrealismo podría estar más cerca en algunos poem as míos de Sobre los ángeles. Faciendo la vía del surrealismo 291 . cosa con la cual el surrealismo no está de acuerdo. Surrealista.. es muy controlada. y que es azul las m anos del grum ete..

¿verdad?. descontenta. ah. un poco frío. nada. José M aría era el que quería hacer un surrealismo verdadera­ m ente consciente. Indudablem ente. influido por Francia. retratos pedía el pobre H inojosa de José María. Puede ser que sean imágenes un poco en el aire de la época. D e un reservado con varios pintores con Joaquín Peinado. nía. en fin. corta la flor de California. ¡Los m andaría al índice más absoluto! — Lo del corte del ojo. Tal vez la form a de estar com puesto Un perro andaluz y todo eso. un libro que se llama La flo r de Califor­ nia. ya no hay más poesía que la jinopepa de José María. En la katoblepas se encontró a Picasso y díjole: ¡paso! Europa es Europa. — Sí. que están cerca de una atm ósfera irritada. Es un libro. el de H i­ nojosa. con Francisco B ores y A p eles Fenosa. ía. Y el prim er poem a me acuerdo que dice así: José María. producto de ochenta factores que vienen a coin­ cidir quizá con que Buñuel le corte el ojo a un cordero y cosas así. como la del surrealismo. corta la flor de California. que sería interesante releer hoy día. Como no era surrealista Sobre los ángeles ni Poeta en Nueva York. y. José María. Así term inaba el poem a.... pues viva la Pepa.a California m ontado en sí mismo perdió la sandía el pobre H inojosa de José María. pero con una furia española que no tiene el surrealismo. Pero lo que es B retón. si Luis Buñuel no va a Francia. 292 . ¡qué duda cabe!. acentuado. así. Yo soy poeta controladísim o. donde él vivía. ¿verdad? Creo que era un surrealismo adrede. E hizo en Litoral. no creo que incluyera jam ás nuestros libros como libros surrealistas. fornía.. de M álaga. Es estupendo.

con una predisposición congènita para serlo.no lo hace. del pen­ sam iento central de Buñuel. es­ taría encantado de tenerte a ti a mano. de esto y del surrealismo. de Pepín Bello y de Dalí. Y ahora que se ha m uerto M artínez B aena. aun sin conocerlo. como a él. — El hom bre que hace eso es que ha tenido una formación como yo. y de más allá. Y hace Viridiana. Serías un maravilloso obispo. Lo de los burros y los pianos y todas esas cosas. Y hace Nazarín. Sería muy interesante que tú hablaras de verdad. A parte de que tiene más talento que nin­ guno. buenos y malos. y que es ése el pensam iento central de casi todas sus cosas. a los mismos actores. — No. sin duda. El obispo per­ petuo de Buñuel. Pero creo que Buñuel. — No solam ente lo religioso. no hay otra cosa: es una ob­ sesión en él. creo yo. porque él acoge siempre a sus amigos. su obispo vitalicio. — Las cosas eclesiásticas me gustan m ucho. Porque se dicen muchas superficia­ lidades. desde el fondo realm ente. que cree en el infierno y que tiene terrores nocturnos. del cogollo. — ¿Cree en el cielo. esa cosa nos la encontram os en la masa de la sangre. ¿com prendes?. Y yo creo que cuando se esté m uriendo va a tener un miedo terrible de ir al infierno o al cielo. se habla así. pero esas cosas las conocemos y las tenem os a flor de piel. E stá latente en todas sus obras. Y Buñuel ha tenido la va­ lentía de sacársela y m ostrarla. No sé en qué colegio estuvo. es un hom bre religioso y com ple­ tam ente católico. como te digo. en el fondo. — ¿En el cielo no? — Eso nunca lo he pensado. Pero la m uestra porque la tiene verdaderam ente en todas las venas. Pero lo hizo después de estar em papado de surrealismo y de ser aceptado por los surrealistas. o de cualquier cosa que le vaya a pasar. y cuan­ do querem os ser sinceros con nosotros mismos. pero siempre los mismos. — Yo creo que cree en el infierno. Pero que a él le preocupa enor­ m em ente la religión. Se ve que le preocupan de una m anera ex­ traordinaria estos problem as. de la m édula de lo de B uñuel. lo eclesiástico. — M uchas de esas imágenes eran. — ¿Jam ás has sido actor de Buñuel? — No. sino lo dependiente de la Iglesia católica. o sólo en el infierno? — ¿Buñuel? — Sí. — D ebieras serlo. 293 . Estás equivocado. Creo que D alí fue indudablem ente el único surrealista español. de colegio de jesuitas.

en Berlín. de los católicos. — ¿Y que se arrepintiera de sus películas? —No. Sin em bargo. — Y el de Juan XX III. de violaciones. de las Iglesias protestantes. Yo lo veo com o el ideal de la cosa es­ pañola. por más marxismo que uno quiera echarle. Porque creo que Buñuel tiene m iedo de hacer una profanación.de que si a Cristo lo fusilan. le im portaría un pito. en Nueva York. — ¿Así que tú crees que el día que Luis se m uera se va a confesar? — No me atrevería a decirlo. no pensaría en ella. — O el de Luis Vives. Y al mismo tiem po acaba de cobrar dos mil dólares. serán los capítulos más serios. llena de terrores y de cosas. en esa novela de Buñuel. sobre todo en España.. Pero puede ser. ha­ blando en serio.. Es realm ente curioso que a la persona que parece más avanzada en las artes nuestras. no la haría.. esta preocupación de Luis es tan fantástica. que yo la entiendo perfectam ente. — Es el miedo que le tiene a todo. Pero lo hace con m iedo. él ha hecho la unión de las Iglesias. ¿sabes?. que de pronto se queda uno atónito de que Buñuel tenga la sinceridad de atreverse a expo­ nerla. como él las hace.. le preocupen las cosas más viejas. Tal vez sea la explicación de muchas de sus cosas. de pobres. están tan en la m édula. de Nazarines. y que es la vanguardia más absoluta. por más revolucionarism o en que uno quiera ponerse. de todo eso. son cosas que. — Buñuel sería el ideal de Erasmo. Yo creo que efectivam ente se pueden llegar a reunir las Iglesias y a nom brar papa a Buñuel. un prem io de nueve mil marcos. más serios y m ás. sabien­ do que va a im presionar—porque la gente se asusta cuando se hace una profanación— . a ve­ ces. La culpa. Lo mismo pasa con m u­ chos pintores y con otras gentes. de mi formación— que no se le ha quitado a uno— . Estas preocupaciones son las de una beata española de provincias. creo que es un dram a muy profundo en Luis todo ese jaleo que se ha arm ado de ricos. ¿verdad?. Pero. Y menos ahora en que los católicos hacen la gran de­ fensa de La Vía Láctea y en que acaba de recibir. Cuando los pobres están sentados en la m esa y se suceden uno tras otro los pecados más terribles. por Nazarín. estoy seguro de que si no creyera. — H acer una profanación. y tal cosa.. Y luego las plantea en una form a no normal para la gente. porque si me dejara llevar. si Buñuel no los considerara pecados no tendría interés alguno: ¿qué más daría? Y ésa es la cosa que en ese libro tuyo. — Sin querer. 294 .. Ese miedo que le ha quedado desde su niñez.

en el sexual. igual que la del diecinueve. Creo que bien estructurado. ahora. por lo m enos.. donde uno. ni siquiera atendía a ella.. de M irbeau. que. me gusta mucho. es una cosa mucho más seria. lo debes analizar profundam ente. ¿verdad? Lo de la represión.. es de colegio. Y a Buñuel le gusta eso porque su vida ha sido eso. ¿verdad? Vale la pena por el hom bre y por la figura española que se considera más de la vanguardia. que se em borrachaba y se ponía de rodillas ante el Santísimo Sacram ento y luego se iba a su logia masónica—porque era masón— . tú. porque éram os parte. Y realm en­ te sus preocupaciones parecen a veces las del que tiene visiones religiosas. sino que se cae en la cuenta de que es la m adre de uno: que es una tía mía. después. Claro. Y lo curioso es que sigue teniendo esas pre­ ocupaciones. bien pensado. — No la leíamos. esa película de Buñuel donde se flagela a las m ujeres. Es el jaleo inm ediato a nosotros. indudablem ente. a lo m ejor. Hay o tra cosa. que es muy bonita película por cierto.—No. he com prendido realm ente que era un fenóm eno de juventud pri­ m era. — Pero más digno. Josefina. toda esa novelística que antes. más de todo. mu­ cho m ás. qué sé yo. Desde luego. — No la leíamos. que tenía visio­ nes. no así como estam os hablando: apuntando las cosas de m anera esbozada. Es una m aturranga literaria france­ sa.» O E l diario de una camarera. por eso le gusta tan­ to Galdós. considerado como el hom bre más trem endista de E uropa. A hora. como toda juventud. ¿verdad? Pero hace ya más de veintitantos años que leo todo eso. ¿verdad? Pero. de ignorarla. en otro aspecto. Por eso nos gusta tanto. Freud y todo lo que tú quieras. Es nuestra época española. Esa novela que uno está leyendo le gusta tanto por­ que no es ya una novela. cuando tenía veinte años. nuestra pro­ pia familia. represiones infantiles. tiene que rom per algo para echar adelante. pero en el fondo.. esto. Pero ahora. son­ reí pensando: «¡Qué fantástico es Buñuel! Q ue. porque vale la pena. que es mi tío Vicente. se excede al decir una cosa. y más. algo que hemos vivido todos nosotros. term inarás dedu­ ciendo cosas terribles que no se sabe hasta dónde llegarían. y que me gus­ 295 . en él. adem ás. Y. de m ayor. M e­ tido en la provincia. si lo enfocas por ese lado. Y cosas extraordinarias que están en Galdós y que ahora se da uno cuenta de que la familia de uno era eso y que por eso nos gustan.. o. E incluso nos dábam os el lujo de no hablar bien de ella.. ¿no? No sé.. tenga a Galdós por uno de sus escritores preferidos. a mí. todo eso vendrá de lecturas del m ar­ qués de Sade. tam bién sucede exactam ente lo mismo. C uando me dijeron que iba a hacer Tristana. familia.

» Y como ya le pasó con Viridiana. ¿verdad?. — Claro. — Un crom o. que está aquí. Pero indudablem ente es la es­ cena que más ha sorprendido a la gente. nadie lleva la cuenta. casi oníricam ente. porque realm ente no es la Cena de L eonardo. U na réplica acrom ada. endulzada. —Toda nuestra educación ha sido profunda. — ¿Q ué tal? — No se trata de que sea bueno o malo. el de Bergamín y. y está discutiendo constantem ente con Dios. no la del fresco famoso. Es decir. ¿cómo te explicas tú que esto pueda suceder en Cuba o en Checoslovaquia. Bueno. Acabo de leer un libro de versos del hijo de R ancaño. hijo de ateo. en miles de pantallas cinematográficas.I ta más que Belle de jour. pues la escena que hizo caer al ministro se le ocu­ rrió a Buñuel una m añana. hijo de com unista. que si uno se de­ jara llevar así. sino una Cena copiada. Fraga Iribarne debe de estar diciéndose: «Aquí hay gato encerrado. como decías. Tristana es una película que tenía term inada hace cuatro años. que es donde este chico ha tom a­ do conciencia de sí mismo? 296 .. La prueba es que en toda la película no hay más que siete mendigos y en la cena salen trece. sa­ cada de la de Leonardo y reproducida en millones de tarjetas postales. que es el de León Felipe. de H onorio. — Ya no le gusta contar historias. y el libro tiene una influen­ cia—por eso no está ni bien ni mal—de los libros y de las pre­ ocupaciones de León Felipe. * * * — Hablábam os ayer. — Lo interesante es que es Galdós otra vez. y eso es lo que im porta. el tuyo. ¿verdad? Pero nuestra formación no pudo ser peor. — No vas a creerlo. Hay allí m en­ digos que no salen en ninguna secuencia. todo ese fondo saldría cons­ tantem ente a flote. que ha tenido una edu­ cación totalm ente atea y com unista.. porque esto de Buñuel no puede dejar de tener clave. no estaba prevista. porque le ha parecido más que una profanación. y mucho menos lo de la fotografía. No sabe lo que le va a parecer Tristana a la juventud. sí. — Siempre está con la mosca en la oreja. aquel jaleo que hasta cayó un m inistro. y no son cosas que se eliminan fácilmente. sino de que un m u­ chacho. ¿no? -—Bueno. Por otra parte. porque ésa es la literatura que Buñuel m aneja mejor. del problem a ca­ tólico de Buñuel. Pero uno lo esquiva casi conscientem ente.

el país más terriblem ente católico. no se ha enfocado mal solam ente en España. Yo creo que la atm ósfera española está tan sobre­ cargada de todos esos artefactos. La prueba es que. sí. de jesuitas. porque entraba de lleno en el sentido de Cruz y Raya. ¿com prendes?. yo creo que no sólo es eso. creo que en el O sservatore Rom ano. ¿comprendes? Alguien dijo— A zaña. R eferente a Buñuel. naturalm ente. de una m anera subversiva y trem enda. se lo publica Bergamín. Pero cuando te dejas lle­ var de la m ano.. y aunque él crea que lo está haciendo desde fuera. la reacción y todo. que es muy difícil sustraerse. están defendiendo las pelí­ culas de Buñuel casi como una cosa ortodoxa. yo creo que lo está haciendo des­ de dentro y en serio. y 297 . — Lo más curioso es que ninguno de nosotros. Hace mucho que he llegado al convencim iento de que. pero supongo que ha estado en un colegio tan religioso como el mío. el atraso. y los prim eros libros de Blas están llenos de motivos religiosos que van y vienen. en el sentido más oscuro de la palabra. en definitiva. por eso. esporádicos y marginales le sirvió para desencadenar lo que parecía ser una gran cruzada en nom bre de Dios.. En España hay la m ar de gente que protesta contra el régimen. no sé dónde lo he leído. yo no conozco paso a paso su biografía. te sale tu Dios por ahí. pueda dejar de serlo de la noche a la m añana? Este es un proble­ ma que se enfocó siempre mal. La nuestra tuvo mucho de eso. — Es verdad. ¿Y qué? Eso es lo que deja más huella. como los bárbaros in­ cendiarios de conventos.. pero en quie­ nes ese fondo es muy difícil de elim inar. ¿com prendes? No sé. aunque.— No sé. todas las guerras son guerras religiosas. A menos que tengas la sinceridad de hacerlo com o León Felipe o Buñuel: plantearlo abiertam en­ te. Luego lo rechazamos y protestam os. en el fondo. nos trajo tan graví­ simas consecuencias. como decíamos antes. la censura. uno esté fuera de eso. aunque digamos que sí. ¿Cómo es posible que un país. pero. y. lo que se apren­ dió allí no desaparece. nos hemos referido en nues­ tra obra a este tipo de problem as en la guerra civil española. ¿no?—que España había dejado de ser católica o algo así. ni tú ni yo ni casi nadie. Hacemos por evitarlo. ¿no? Y luego viene una persona como Blas de O tero. Y algo que realm ente fueron hechos ais­ lados. sino que las cosas están en el aire. Y. tal vez por ir más deprisa. Porque ahí tienes a Miguel H ernández: Miguel llega a M adrid con un auto sacram ental llamado Quién te ha visto y quién te ve. te sale todo. Y surge constantem ente. cuando te dejas ir. fría­ mente pensando. que tienen ese sentido. La prueba es que para Franco fue un caballo de batalla fantástico: presentar­ nos a nosotros como una República atea. — B ueno..

todos tenían visiones. en el fondo. pues no te digo nada. En unos es muy claro. es el pro­ blem a. Pero es asom broso que Buñuel siempre saque ricos y saque pobres y saque problem as de conciencia y gente que peca y gente que está torturada por el pecado. — Sí. dejando aparte la enorm e diferencia de difusión que hay entre el libro y el cine. profundísim a. Cuando yo vivía en Rute y es­ cribía E l adefesio. que indudablem ente Buñuel hace perfectam ente bien en. —Tal vez lo ha hecho por miedo. que es palabra poco agradable. estoy convencido de ello. Lo entiendo m ejor que nada y com prendo de qué le nace. Y todo esto lo he­ mos vivido nosotros en la infancia. ¿verdad? Y lo nuestro. algo co­ nocido. todavía. algunos sólo callan. no sean más que sus problem as. pero sí en sacar el hilo de todo esto y ponerlo en evidencia con la sin­ 298 .el que sí lo ha hecho. Nosotros lo dejam os siempre a un lado. en otros. otros se lo plantean de una m anera más hipócrita. de mucha gente española y de casi toda la gen­ te. Y todos creían pro­ fundam ente de una m anera dislocada. vivísimo. — Es verdad. -—B ueno. Es asom broso. tan condensada por lo ge­ neral. ha sido Buñuel. todo eso nos ha dejado una huella verdaderam ente profunda. es una cosa mucho más tem pestuosa y más difícil de dar el golpe a la gente. y no refiriéndose a la guerra civil españo­ la. Toda la gente del pueblo eran suicidas. pero el problem a está todavía vivo. porque. ¿verdad? — C reo que está absolutam ente convencido de lo que acabas de decir. — Claro. A él qui­ zá no le guste mucho esta conversación. ¿comprendes? Porque esto. constante­ m ente. m inada. resulta algo propio. tienen un poder ava­ sallador. en el fondo. — Lo decimos en el tono más cordial y más auténticam ente es­ pañol y sincero que pueda haber. pienso mucho en mí mismo. que pensam os de una m anera tan sintética. este problem a era realm ente aterrador. los que hemos nacido en pueblo. en el fondo. Pero. la de provincias. Y casi toda la gente de fuera de M adrid. Y si vas a la provincia española. aunque confusam ente. Porque es el único español que rara es la película donde no le sale este fondo del que estam os hablando. no diré «explotar». más confuso. corporales. estas cosas. Y es el único que lo está planteando públicam ente. mezclado con borracheras y to­ dos los problem as físicos. Lo que pasa es que nosotros. llevadas así a la imagen. sino a la guerra civil constante que hay en todo el m undo. sobre todo los poetas. sobre todo Viridiana. seguram ente. y se les aparecía la Virgen. y que. Siempre que veo las cosas de Buñuel. aunque dudam os de pronto.

no hubiera sufrido esa lucha tan trem enda que se traía con su propio ángel. se asustan en el sentido en el que el mismo Buñuel se asusta. ¿ver­ dad?. Porque eso le ha preocupado a él tanto.ceridad y violencia con que él lo hace. El hom bre que lucha con el ángel a brazo partido. no hubiera hecho ninguna de sus películas. m uertos de m iedo. cerraron las puer­ tas. Pedro. es com pletam ente inocuo. como con un m ensajero de Dios o de quien sea. — Es exactam ente lo mismo que pasa con León Felipe. en un banquete que se le dio. dio una con­ ferencia y echó un sermón trem endo que a los judíos y a los ára­ bes les gustó muchísimo. hasta yo mismo y todo el m undo que estábam os allí. Pero León era más sincero porque era poeta de verdad y no era co­ munista a la m anera en que lo es Buñuel. y León Felipe decía: «Todos conmigo: ¡Pedro. León estaba totalm ente resignado. ¿com prendes? Se asustan de pensar que están haciendo algo que no se debe. ¿verdad? C reo que los ca­ tólicos que lo ven no se asustan dem asiado. León fue directam ente a la blasfemia porque era su m anera de decir las cosas. A lo m ejor. Pedro.. Yo no estuve a la hora de su m uerte. hay que tener una creencia para blasfemar o alabar. quizá en esa hora. León. falso.. hubiera teni­ do más miedo que nadie. — Claro. te ro­ baste las llaves del cielo!» Y desde don Claudio Sánchez A lbor­ noz. te robaste las 299 . ¿com pren­ des? Es el que más ha representado ese papel en la poesía espa­ ñola. Y después.» Y los cam areros. ¿Cóm o ha sido la m uerte de León? — Estaba totalm ente inconsciente y recibió todas las. Pedro. que estaba a su lado y que le había acabado de llamar «el gran juglar de Castilla». no lo harían. — No. — No. donde yo le presenté. que no es comunista. Me refiero a lo de atrás de la m uerte. Sí. — Pues claro que no. sí. frío. sus conferencias eran verdaderos serm o­ nes. él. supongo. — Por su herm ana. no tiene sentido ninguno. ¿verdad? Si no. no lo creo. ¿verdad? Porque si no. y entonces les echó un poem a que era contra San Pedro. Yo le vi muy poco antes. vamos a blas­ fem ar. En la Sociedad Branca. o algo que está penado. sí? ¿Los sacram entos? — Por em peño de su herm ana. Pero no creo que a él le hubiera des­ agradado. — Si Buñuel fuese tan herm osam ente agnóstico como dicen los norteam ericanos. Si no. Sólo el que cree blasfema o alaba a Dios. ¿Qué sentido tiene hacer una cosa en la que uno no cree absolutam en­ te nada? No. Cuando estuvo en la A rgentina. Pedro. gritábamos: «¡Pedro. — ¿A h. les dijo a los camareros: «Cerrad las puertas.

— P ero. Bergamín está encorvado como un pelí­ cano. desde luego. No creo que ni Bergamín se confiese.. — Iba a confesarse. No cree en Dios. — Más com pleto. — No. y ése será su paraíso.. Estam os hablando con la li­ gereza con que a veces se habla. es lo mismo. Yo le digo que está hecho un bastón. exactam ente igual. pues eso es un poco la escena de Viridiana. R ealm ente es el que más ha hablado del diablo en la literatura española. No. Un bastón que se pone en un paragüero y. — B ueno. Pero realm ente Federico tenía terrores nocturnos y era una persona de una formación muy católica.. en fin. Federico era creyente de ver­ dad. Bergamín no. A hora. — Y de Federico. eso sí. H abía que oírle poniéndose uno la m ano en el oído. para continuar siendo lo que en la vida ha sido de una m anera ejem plar. — B ueno... — No creo. en París. sino en el diablo. Eso. sí. de Federico tam bién. tal vez. eso es evidente. por eso está tan delgado y hecho una astilla. Buñuel y tanta gente. no tiene casi ni canas. Pero. — ¿Iba a confesarse? No. — Iba. Porque Berga­ mín necesita arder. que no enve­ jece. Pero de to­ dos modos se condenará. Tiene la misma voz apagada que tenía cuando yo le conocí en mil novecientos veintitrés. no estaba de moda. que no. ¿y A leixandre? ¿Tú qué dirías colocándole frente a Buñuel y los demás? 300 . En E spaña no hay más que Guillén. cuando estás con él. en fin. Así que en eso no ha cam­ biado.llaves del cielo!» Y los cam areros y toda la gente estaba verda­ deram ente atónita. y él no lo ocultaba. de verdad. Bergamín ha hablado tanto o más del diablo. eso no. Decía que era. en el buen sentido de la palabra dieciochesca. como un bastón. pero no cree en el paraíso. y decimos cosas inexactas. lo que se llama m aterialista. no. Lo que pasa es que no hablaba mucho de esto porque. Así como León Felipe habla mucho de Dios. — Sí. si hay agua. — Sí. Federico. León Felipe. tú has dicho bien que ése es el problem a de Bergamín. Bergamín es ateo: B erga­ mín cree en el infierno. — El último libro suyo que he leído me ha gustado mucho. y no tiene edad. ninguno. tal vez en el infierno. que no. — Lo que sucede es que es poeta m aterialista. has­ ta puede echar flores. ¿no crees? — Luis es más complicado. Bueno.. Guillén es el único poeta m a­ terialista de la generación.

sí. no sé bien. aun siendo un punto de partida. No lo veo tan fundam ental. Y Judas... Entonces. — Yo.. m uy. como re­ cordarás. no. dan­ do codazos y puntapiés. Porque en Dámaso hay una cosa com pletam ente desusada. es Dámaso. hace poco: «Yo dejé de escribir porque no Jorge Guillén. No. quizá más que nadie. con menos latido. la verdad es que la vida no le ha dado ningún latido. — Lo que no quita gran cosa para su calidad poética. es cierto... Se ha movido poquísimo. sí.. Es una cosa m ás. Los conoce m ejor que nadie. Es alum no de los jesuitas de C ham artín de la Rosa y co­ noce muy bien. ningún aliciente: puede decirse que no ha vivido nada.— Pues mira. muy triste.. en el año veintitrés. Creo que le hicieron una operación de un riñón o de no sé qué cosa. eso de la ira es otra cosa. porque yo he hablado mucho con él cuando éra­ mos jóvenes. Es uno de los libros fun­ dam entales de la nueva poesía española. y nos dice en una nota. — Nadie lo duda. que son realm ente interesantes. Dám aso. Pero él n o . U ltim am ente ha publicado uno. como de un hom bre que siente la preocupación de que la vida ha subido dem asiado alto en el nivel de los años. en sus prim eros libros. Dámaso se volvió diablo y escribió. E ra un hom ­ bre. — Bueno. dos años des­ pués se puso enferm o. Pero yo creo que la obra de Aleixandre no refleja ese problem a. su obra no refleja nada de esto.. — En A cuario en Virgo. porque me gustaba la . ninguna sorpresa. cosas verdaderam ente espantosas: fue Buñuel avant la lettre. no sé. tan precursor. de esa poesía de la gen­ te que nos sigue en el tiempo. Pero queda el Judas. V erdaderam ente hizo unos poem as. para un poeta tan extraordinariam ente dotado como él. ¿verdad? Y dejó de escribir.. sí.. Hay unos libros de Aleixandre que no conozco. — ¿H as leído H om bre y D io s ? — Sí. No sé lo que le pasó. como sabes muy bien. — No le concedo esa im portancia. todos los problem as religiosos y de conciencia es­ pañola. Es un poeta que desde que yo le conocí. Y L os hijos de la ira. A cuérdate de A cuario en Virgo. Dámaso tiene una formación religiosísima. D esde entonces. tiene su fondo tam bién y su infierno trem endo. — No. menos profundidad. todos buenísimos.. En todo esto estamos de acuerdo: resulta que somos los doce apóstoles. Pero Dám aso hizo exactam ente lo contrario que todos nosotros. prácticam ente no se ha movido. y desde enton­ ces ha estado acostado. un poco machadesco e incluso guilleniano. indudablem ente. —No.

— Sabrás que ese apellido no se puede usar en México. Me hubiera gustado hablar con él. por toda Am érica. se entendían muy bien: yo los he visto tam bién juntos. y dice que se trataba de una Sociedad de Conferencias que era. de muchas de las que estam os hablando aquí de una m anera deshilachada. él dio en la Residencia una conferencia sobre cine el día en que presentó unas películas. Dám aso y él. me llamó. la tragedia de Crevel. — ¿D ónde? — En México. — ¿V erdad? —Estaban Yebes. es­ taba convencido de que se podía ir a recitar con Victoria O cam ­ po. la condesa de Cuevas de V era. León. de origen alem án. recitando por toda Am érica. Pero eso me pareció una cosa extraordinaria. yo la he conocido mucho. porque las pocas ve­ ces que lo he encontrado me ha parecido extraordinario.] — Isabel D ato. todavía vive. esa noche. León se entusiasmó con Dámaso: dijeron que tenían que form ar una com pañía de recitadores y m archarse. — No. Me lo encontré en la A rgentina. con esos poem as suel­ tos.. que ha seguido siendo la gran amiga de Luis. — La más elegante. y León. —No lo sé. Y creo que nunca se ha hablado de esto. 302 .. casada con no sé quién. Cogertale. La M aría Luisa Cogertale era una señora de la aristocracia. — Sí.. Esto fue el proyecto que hicieron en mi casa. [No se le acaba la risa.luego se descolgó. se juntaron los dos y se entendieron a las mil maravillas. Aquello de: «M adrid es un cem enterio de un m illón. estando León Felipe. después de la guerra.. ni siquiera yo al escribir mi A rboleda perdida. — Estuvo aquí. — Fue la am ante de Crevel. Pero próxim am ente hablaré de todas esas cosas. D á­ m aso y Victoria O cam po.» Y eso fue interesante. Isabel D ato. pero yo no estaba en Rom a. Pero luego tiene el mismo problem a de todos cuando se enfrenta a Dios. — En Buenos A ires se entendieron de maravilla. * * * — Dime una cosa: según Buñuel. A mí me gusta. Dám aso dijo atrocidades trem endas. Cogertale: eran las tres gracias de la aristocracia intelectual. La noche que llegaron a mi casa se em borracharon. precisam ente. Y hasta me dicen que se ha vuelto catolicón. en Florencia. Hace tiem po que no lo veo.

eso sí. en la Residencia de Estudiantes. No sé lo que diría. —-En eso es absolutam ente de su edad. dirigía el Cine-Club de M a­ drid. Pero creo que más que una conferencia era una pre­ sentación. pero es siempre amiga de Luis. la de Cuevas de V era andaba m etida con él y le ayu­ daba algo. la verdad. — ¿Estuviste en esa conferencia? — No recuerdo. — Parece que no. Es de otra categoría que M aurice Denis.. el año treinta y siete. y frente al catolicismo. porque. — Sí. — No. 303 . de hecho. que ya es decir. pero m andaba las películas desde París.—T endrá hoy más años que Picasso. vi La sangre del poeta. que no había perdido nada. [. Vi las películas. — A h. Me pareció un vómito de literatura vomitable y de una m ariconería sin rem edio. pienso que en toda la obra de Picasso no se trasluce la más m ínim a. Porque tam poco en Matisse se trasluce ninguna preocupación religiosa. pero creo que fue una serie de conferencias..] — La de C octeau. ¿verdad?. y así como Un perro andaluz me pareció espléndida. ni siquiera en R ouault. Se asom braría mucho que habláram os de esto delante de él. B ueno. Fue en la sala de conferencias don­ de Federico tocaba el piano y el R om ancero y lo cantaba todo el mundo.. — Quién sabe. Y creo que cuando Luis era espía. de la de Cocteau habla la gente como si fuera una película surrealista.. el anterior. — ¡No me digas! — Sí. entonces era una cosa muy pequeña.. — C onsiderado en relación con la generación que le sigue. y me pareció horrible.. — Es evidente.. porque era un elem ento de la aristocracia que se retrataba con gente franquista. me parece. Yo creo que era confidente de Luis Buñuel en el Café de París.. Hoy la he vuelto a ver. el Cine-Club era más o menos de G im énez Caballero. — Del m onstruo de don Pablo. No creo que tuviera mucho aire de conferencia aquello. ¿verdad? — Ibamos a hablar nada menos que de Picasso. muy privada. Pero estábam os hablando de la conferencia de Buñuel y del examen al que le som etieron días antes O rtega y otras gentes para saber a qué atenerse sobre su nivel. — Esto le gustaría a él. El. Y siem pre que va a París lo ve. de Cocteau. — De eso no sabía nada.

las películas de Buñuel no correspon­ den de ninguna m anera a los cuadros de Picasso. luego con un gallo que canta. ¿verdad? Yo no he visto la Capilla. Lo que dem ues­ tra que no hay ninguna lógica ideológica en el arte. Yo le pregunté: 304 . habla de la morcilla colgada no sé dónde. algo surrealistas en cierto modo. Y. porque si la hubiera. cuando el hom bre se expresa así. los boquerones de la playa. un poco dejándose llevar de la m ano. El mecanismo m ental de Picasso. los toros. Com o cosa divertida no está mal. aunque fuera de la infancia. — No tiene ninguna importancia. Se le em pieza a complicar todo y le sale algo que la gente podrá llam ar surrea­ lista. pero lo mezcla todo. o de que haya ido nunca a misa. Yo creo que Picasso va por un camino tan diferente a todas esas preocupaciones. el barrio suyo del Perchel. alguna vez. no tiene un pensa­ m iento lógico. en efecto. creo que no. En esos m om entos. para mí. cosas de su verdadera in­ fancia. Pero no sé qué decirte a eso. tiene matices muy diferentes. hecho un lío. pero estaba cerrada. — No lo creo. siem pre se sale por lo que la gente llamaría la tan­ gente en todas las cuestiones: cuando habla de literatura. — No sé qué sería M atisse. le perm ite siempre decir lo inesperado. Lo que hace Picasso es una en­ redadera: pone una palabra y comienza a tirar. cuando escribe esos poem as. ni siquiera lejano. ni si tenía alguna preocupación religiosa. Pero eso se hace como se puede hacer lo con­ trario: se puede pintar una capilla para Venus o para quien sea. pero que. Yo he escrito acerca de ello y hablo de un pensam iento enredadera. pero es tam ­ bién otra cosa. sin em bargo. que realm ente es el caso más extraordinario y más especial que ha pasado en la tie­ rra. cuan­ do habla de pintura. Y a Picasso. a pesar de la Capilla.— Y de otra época. La he querido ver este año. — No. pero le sale lo que le daba su m adre de com er. es realm ente cuando pudiera traslucirse algo de su fondo. le salen. que es una verdadera Capilla. todo mezclado de pron­ to con una estrella. — Es verdad. cuando habla de política. — Así que los poem as de Buñuel se parecen a los poem as de Picasso. aun ahora. Buñuel debiera ser Picasso y Picasso debiera ser Bu­ ñuel. En cambio. Jam ás se le es­ capa una sola palabra por la que pueda uno pensar que existe en él un fondo religioso. Y los poem as son verdaderam ente poem as oníricos. Pero fíjate que en Picasso no se trasluce nada re­ ligioso. Picasso hizo la Capilla esa de la Paz en Vallauris. cuando se está con él. la verdad. a sus ochenta y ocho años. — Está bien.

— Picasso. — Es verdad.. como una playa. C reyente sería.. desde luego.«¿Q ué opinas del realismo socialista?» Me contestó: «Del realis­ mo socialista opino extraordinariam ente bien. de chico. José. debió de haber ido con los maristas o con los jesuítas. Se llama Pablo. sin límites. ¡Qué más quisiera yo que saber hacer el realismo socialista! Eso no lo sabe hacer nadie. Juan Nepom uceno. en M álaga.. que está con un lazo de la prim era comunión. Diego. que ha sido bautizado con los santos del día. sería muy curioso saber si sus padres fueron cre­ yentes o no. en cuanto llegue. como es la costum bre católica. H ubiera sido bueno preguntarle alguna vez (y se lo voy a preguntar. porque se la voy a preguntar a boca de ja­ rro. es decir. cuando menos la prim era comunión la hizo. Pero eso se hacía siem pre como una m ecánica. Nadie lo ha hecho. porque sí. Crispín y Crispiniano de la Santísima Trinidad Picasso.» [Y A lberti se ríe con su risa abierta y franca. Francisco de Paula. adem ás. Lo único que sé es que Picasso siem pre se ha di­ vertido mucho con sus nom bres. Así se llama. C uan­ do le bautizaron le pusieron ocho nom bres. Nos han engañado. si estabas en un colegio y no hacías la prim era com unión. Pero dem uestra. Si tuvieron esa preocupación. desde luego a Picasso no se le ha transm itido nada. eso que tú planteas de que si la familia fue creyente o practicante. claro. ¿No la conoces? — No. como siem pre. ahora que voy en diciembre a pasarm e dos meses en la Costa Azul y que por lo menos iré a verle tres o cua­ tro veces) ese problem a religioso que a ti te interesa y en el que yo nunca había pensado. -—Y. A hora. pero como cosa pintoresca. — Fíjate que voy a anotar esta conversación. y te lo contaré por escrito. esta preocupación tuya. Lo que pasa es que nadie lo ha hecho. te echaban.. pues se acuerda 305 . Porque seguram ente va a decir algo interesante. tengo una fotografía dedicada por Picasso. en noviem bre. y mi libro se llama así: L os ocho nom bres de Picasso. M aría de los R e­ medios. Y le divierte m ucho. Pero espera. —Ni en general a ninguno de los pintores españoles de la es­ cuela de París. ¿verdad? Nunca le he oído aludir a nada de este asunto.] — No me negarás que es una opinión sensacional. pero nunca ha aludido tam ­ poco a nada. — Esto debiera saberlo Sabartés. pero practicante. Y yo ahora le he hecho un poe­ ma. — En ese tiem po. y cuando habla.

Sólo. como que está tem blando. no. Es una cosa interesante para preguntarle a él.. que empezó como teatro y la ter­ minó como un relato. y cosas así. donde podía haber hecho una alusión en pro o en contra es en el Guernica. últim am ente. que tiene ochenta y nueve años y se le ve tan tranquilo y tan repo­ sado.de Car ancha. no le sale nada. Es raro que en él no haya ninguna alusión a nada. Sólo una cosa an ti. fíjate. Sí. pintó un cuadro que es la m uerte de alguien reci­ biendo la extrem aunción. de una de esas cosas que quedan de la infan­ cia. ¿un tem a de la época? Pero me sorprende. — Claro. pero no se ve que tenga él nin­ guna preocupación en este sentido. que cuando escribe. sobre todo. Pues ahí salen unos curas y los pone en ridículo. nada en absoluto. un brazo que sale con una lám para que se apaga. al fin y al cabo. Pero no hay nada antirreligioso tampoco. más que nunca. que es una cosa que. es su lógica o su hilo especial. porque está el caballo espantado. nada.. ni parece que le haya preocupado nada de todo esto. a los ochenta y nueve años no se siente igual que a los treinta o a los cuarenta o los sesenta.. y salen otros curas putañeros y unas niñas que se levantan la falda y se mean en las mesas. Tal vez fuese un tem a obligado. ¿no? Porque en sus cuadros no hay ni la más mínima alusión. — Es el auténtico pintor ateo. eso sí. La verdad es que. que es cuando le podría salir algo de verdad referente a todo esto. trabaja doce o catorce horas diarias. de sus academias primeras. En tres meses. — D e pitorreo. de que Carancho lo tuvo sentado en la falda. ¿verdad?. Yo creo que ni siquiera se casó por la Iglesia cuando lo hizo con la rusa aquélla. Pero es un tem a como otro cualquiera. y así y todo. ¿verdad? — Sí. sin contar la pintura. él aprovecha sus m inutos. ¿verdad?. Y no hay nada. — Eso sí es de la época. Un disparatazo.] No sé cómo se casó. Es un terror prim ario. Yo le he hecho un prólogo a un texto suyo — que me pidió que le hiciera— que se llama El entierro del conde de O rgaz.. no disparata­ do. tan sin sobresalto ante la m uerte. El Guernica es la fuerza desatada del horror. no antirreligiosa. No lo sé. no. pero jam ás le he oído hablar de una confesión. anticlerical. No. Ni creo que nadie jam ás le haya planteado este asunto. de las corridas de toros. es una cosa así como de la tierra. — Es extraño. Es una cosa larga. en sus rodillas. de­ lante de los curas. Y sería interesante.. hizo más de cua­ trocientos grabados. siquiera tres palabras. Por ejem plo. con un pulso sobera­ 306 . ni siquiera a la época realista de sus comienzos. [Es curioso cómo A lberti rehuye siem pre pronunciar el nom bre de Dios. de lo ibérico si tú quieres.

de la película que estaba haciendo. en un aguafuerte famoso del D inosaurio. — ¡Ah! Sí. sí. Porque.. como le llamábamos a Pierre Unik. fue cuando hicimos el viaje ese a las H urdcs. — No.» 307 . Y con Eli Lotar fuimos a los H erm anos de la O r­ den de T oledo. A un­ que entre Goya y Picasso ya sería otra cosa.. Sólo hay. creo que estuvo del otro lado y se quedó allí. Fue un amigo. No sé.no. no. y dijimos que era de él. con Gustavo D urán. Puede ser que la hayamos publicado más tarde. es verdad. algo como que se sube a la barrera o se sube por una ventana. — Si. putas. Y una noche dijo que se iba a un funeral. por­ que él hizo Tierra sin pan en el año treinta y dos o un poco más tarde. y Buñuel le dice: «¡Qué barbaridad! Eso no hay que hacerlo jam ás. Goya no tiene absolutam ente nada que ver con Buñuel. — Sí.» —Al funeral ¿de quién? — Se había m uerto el padre de Carm en. pero creo que no.. Hacíamos la revista Octubre en ese m om ento. Buñuel se parece a alguien. con una chica francesa que no sé cómo apareció allá. de Tierra sin pan. — No. Pérez Mínguez tam bién vino a Toledo. sale un caballo. allí hay como un Cristo. aunque sin intervenir directam ente en la revista. de ello se podría hablar muchísimo. Eso es verdad. Y nunca hay nada de lo que hablamos: siem pre celestinas. Pero publicamos en una de las portadas una foto que nos dio él. Pero no sale nada. — B ueno. al fin y al cabo. Tam bién venía Pedro el Unico. él me lo contaba: entonces andaba de novio. realm ente son unas com paraciones disparatadas. ponerlo entre Goya y Picasso y ver qué sale. Está en la cubierta del núm ero dos.. así. ni un indicio rem oto de nada. en la pintura. Pero Pérez Mínguez desapareció en la guerra. — Con la Carm en. — ¿Y de la actitud política de Buñuel? — Tenem os que volver muy atrás. — M ucho más. Ya andaba metido en esas cosas. La revista Octubre es del treinta y tres al treinta y cuatro. Eso habría que ver por qué lo hizo. pero no. Creo recordar que en ese m om ento. — Y tam bién la Argentinita y Pérez M ínguez. Lo cuento en La arboleda. cuando hicimos O ctu­ bre. Más que a Goya. es a Velázquez. pero su actitud política era muy clara y muy de izquierdas. Em eterio lo conoce. — Sí. muy ocasional. Se había enam ora­ do. — No hay nada de Buñuel en ella. — Hay que volver a Buñuel. Y Buñuel le dice: «¡Eso no se hace jamás! Hay que ir allí y escupirle. Nos dio un trozo del filme y pu­ blicamos una fotografía. un arquitecto.

Estaba Luis Lacasa. una vez. por un lado entra­ ba M anolo Angeles. Eso no lo cuento yo en L a arboleda. y se armó una cantidad de trom padas. los caballeros que rodeaban a M aría T eresa tom aron partido. E ra la época.? —N o. subieron a la A cadem ia y dieron aviso.. se nos acercó un capitán de la G uardia Civil—ya era en tiem po de la República— y nos dijo: «Váyanse lo más pronto posible. ya dejé de serlo. Así que fue muy bueno. ¿verdad? Fue así. lo cuento en La noche de Toledo. ahí sí. Y me hipnotizaba a mí. Cuando engordé. No sé en qué reunión. Que quién es el más guapo.. quién es el más cabrón. Después. Pérez Mínguez. — Y todo esto me lleva a lo de los juegos. Y lue­ go. le veo tan de tarde en tarde. Y estaban ver­ daderam ente desesperados. ¿O fue la noche de los fantasmas? Lo que sí recuerdo es que venía M anolo A n­ geles Ortiz y que dos cadetes le dijeron a M aría Teresa unos piropos «españoles». Jugar a decir algo agradable y algo desagradable sobre la misma persona. los muy cobardes. por otro entraba Buñuel. Buñuel era un aragonés con buenos puños.. — ¿No sabes nada de su afición al hipnotism o. tengo unas imágenes muy confusas y muy precisas de determ inados m om entos. y... * * * — ¿Y de la noche aquella en Toledo y la lucha con los cadetes? —No era de noche. y dio sus buenos puñetazos. no. empezamos a jugar a eso. les largaban otra trom pada. Los flacos son unos médiums formidables: son hipnotizados rápidam ente. que era otro hipnotizador genial.. contra todos los cadetes.. en plena calle. y era un buen médium. iba a haber un motín cívicom ilitar. le hicieron sangre en la boca a uno de los cadetes.. ¡paf!.» La ver­ dad es que estábam os todos un poco borrachos. — Eso creo que lo he prsenciado alguna vez. Me acuerdo perfectam ente. Nos pareció lo más prudente largarnos. la del fantasm a de la Posada de la Sangre. Porque es la época en que yo estaba flaco. porque. pero poco. porque éstos van a avisar a sus com pañeros y puede tener consecuencias desagradables. A veces me hipnotizaba con una fa­ 308 . De espiritismo e hipnotism o sólo he hecho sesiones con Fernando Villalón.. — Sí. Eso es cierto. estaba Manolo Angeles O rtiz. si no. de Buñuel. casi pedían perdón. Ese era extraordinario. Y enton­ ces los cadetes..— Puede que sea cierto. ya no sabían qué hacer. quién. Pero no tengo una idea muy clara: yo. y.. Y em pezaron a bajar cadetes.

por ejem plo. hipnotizado. triqui. tray. ahora me acuerdo. triqui. con acom pañam iento de la fra­ gua. a arrodillarm e en el centro de la habitación y clavar el alfiler a través de la estera en el centro del aspa de multiplicar dibujada en el papel. y darm e a mí un alfiler y venir yo. con los ojos ven­ dados. A E rnestina. quería im itar la m anera de cantar cante jondo que tenía el pobre José M aría H inojosa ■ —lo m ataron al com enzar la guerra— . ¡que genial! — Y no poder despertarla.cilidad enorm e. que en­ tonces entre Buñuel y yo inventam os un cante jondo que Buñuel cantaba. triqui. Y entonces se perdían por las calles. y que viene y que 309 . triqui. hecha con lápiz. y Buñuel y los dem ás les can­ taban una estrofita que decía: Ernestina y U zelay. un signo de multiplicar pequeñísim o. un papel. y cantaba los m artinetes. Buñuel hipnotizó a mucha gente. y m eter ellos de­ bajo de la estera. O dorm irm e y estar en una habitación al lado con los ojos vendados. H inojosa cantaba: Sí. pero era un poco cascajoso y muy premioso. casita de los M ontoya tem bló. sin música. por ejem plo. debajo de la estera. que se cantan siempre con acom pañam iento. y cuándo. triqui. y en medio del papel un aspa. a la m ujer y a la cuñada de Vicens. — ¿Tú crees? Eso sería extraordinario. Y entonces. H abría que verlo. y que decía: Interm itentem ente. Porque desaparecían en la oscuridad de cuando en cuando. Fue cuando B uñuel. triqui. sí. y Villalón me ha hecho hacer cosas extraordina­ rias: ejercicios de pulso. en esa época. — No creas.. Pero esto lo cantaba muy prem ioso y tan a destiem po. en un hotel de Sevilla. no. con Uzelay. n o . así. triqui. Y presum ía que sabía cantar cante. — E rnestina tam bién venía a Toledo. pero no cayó. interm itentem ente y cóm o. el pintor. H inojosa cantaba. Por ejem plo. Eso lo he hecho yo.. Creo que es más im portante que las co­ sas que hacía Buñuel.

Luis dice: «Me casé el veinticinco. A hora yo te diré una cosa: Bu­ ñuel es muy celoso. pero que ni siquiera lo parecía. — ¿E ra Claudio? — En París. Quizá antes porque era joven. tal vez aho­ ra la presente.. Pepe M oreno. — A h. Y entonces.. — Bueno.. — ¿Y Claudio de la Torre? — H om bre. y que resulta de que había y tenían por allá latente de una casita los M ontoya. por la Iglesia. La verdad no im porta nada.» Es decir. como no fuese con Claudio. — Sí. de la parodia de los m ar­ tinetes del pobre Hinojosa. que no sabíamos muy bien qué era. en Z aragoza. su. Porque a Buñuel. Buñuel era como un soltero que tenía una m ujer. Después la em pezó a enseñar un poco. hasta que estuvo casado. no perm itía que saliera con nadie. pero no vale la pena. Y Jeanne dice: «Nos casamos en mil novecientos treinta y cuatro. Si ves a Luis.. siem pre he sabido que Luis era muy celoso. Y siempre aparecía como un soltero hasta que tuvo sus hijos y esa cosa.. — Sí. — Quizá sea la verdad. — B ueno. — No. le preocupaban las cosas— yo creo— . Sí. Me parece que sí. A mí me pareció una persona extraordinaria y que hacía muy bien todas las cosas que hizo. Y entonces la tenía muy oculta. eso no me extraña nada. sí. Claudio fue muy amigo mío.. A quí se ha traducido ahora.. Yo tendría que ir a rebuscar.. porque él entonces. cuando dejaba a Jeanne. — Yo a M oreno lo he querido muchísimo. te lo contará. con Claudio. Y su m ujer nunca se la presentó a nadie.. — El misterio llega hasta la fecha del m atrim onio. Yo sé que era muy celoso. las dos personas con las que ha dejado salir a su m ujer. en el fondo.» — ¿El año veinticinco.y que se esconde por sí y sobre tras. ¿verdad? Pero yo sé que él la escondía mucho. como buen católico que hemos decidido que es. — El sí me dice que mucha. E ra muy herm osa chica. en París. porque le daba tanto aire de m isterio. en mil novecientos veinticinco? — Sí.. sí. Pero no sé qué rela­ ción pueda tener Claudio con Buñuel. Del cante. y como un 310 . que es otro de quien no hemos hablado. muy guapa. Esa es su ley. con M oreno Villa. Y luego. legal o lo que fuera. en M adrid. La verdad es el treinta y cuatro.

— ¿A h. el capítulo que yo le de­ dico a ese Federico está hecho con un cariño com o está hecho todo el libro. ¿verdad?. Al contrario. Hay un artículo de Rafael M artínez N adal.. ¿eh? Estaba consternada. porque Paco García Lorca no quiere que se publi­ que aparte tal y como está. Parece que efectivam ente la hubo y que Federico se la re­ galó. sí? — Lo que sucede es que esa obra. rompió el m anuscrito y lo tiró al cesto de los papeles. Según dice. adem ás. Federico te 311 . Decía: «Bueno. Y que ésta tal vez se es­ candalizó porque no entendió una palabra. ese gusto o como se llame. porque habla de la hom osexualidad de Federico. Jacinta la Pelirroja. La noche que se fue Federico a G ranada. Fede­ rico se presentaba con sus amigos tranquilam ente. El hecho de ser esto.. No quieren saber nada de M ar­ celle Auclair. era una cosa muy im portante para su poesía y para todo. Y por eso se opone la familia a que se publique. — Muy amigo de Federico. Estuvo aquí en Rom a. Yo sospecho— quede bien claro que no es más que una sospecha— que esa versión la tiene Paco.. te los imponía.. — Y que. la afición de Federico o lo que fuera. Dice: «Porque. y estaba consternada. no voy a cenar si no invitas a Fulano. — Pero si te digo que no es un secreto.» Y si no invitabas a Fulano. con un respeto profundo. los llevaba a la casa. la familia le ha retirado el saludo. nunca fue un secreto. existe. la verdad. — A hí cuenta cómo acom pañó a Federico a la estación y le dio el original de El público. como verás. A hora va a publicar un estudio con casi todo el texto. porque no iba Federico a regalarle la única a una chica. Porque a Federico no le im portaba absolutam ente nada que la gente lo supiera. En eso son algo verdaderam ente. Paco dice que hay una segunda ver­ sión.. y tal vez Paco esté en lo cierto al suponer que existe una copia. pero que indudablem en­ te eso. Me lo ha contado.libro extraño de la vanguardia española. era una brom a. según lo que me ha dicho Rafael [Sánchez V entura]. en Cuba. es el texto donde más claram ente se trasluce el homosexualismo de Federico. que es un libro muy curioso. ¿verdad?» Y. Así que sí que hubo o hay una segunda versión. Es más. sin em bargo. — Y volviendo a Federico: ¿El pú blico existe? — Claro. Cosa que conocía todo el m undo y que a Federico le im portaba tres pitos que lo supiera la gente.. una risa perm anente cuando se hablaba de este asunto. ¿verdad?. — La familia quiere echar una cortina sobre eso. Se han enfa­ dado con la pobre Marcelle Auclair. a Dulce M aría Loinaz.

parece que están las cosas más claras. Eso sí se publicó. porque nos llamábamos prim os. — Sí. porque. Hizo. — No. claro. ¿com prendes? Y te dejaba con la cena colgada y con toda la gente. . Y aunque lo invitaras con él. no me vayas a dar a mí el plantón arcangélico. en fin. — Yo lo he visto bien representado. le digo: «Mira.» Pero. con alguien que él decía que era un gran poeta. Después. — A cabo de verlo representado. En la traduc­ ción de Marcelle Auclair. ¿comprendes? Federico era extraordinario. éste. adem ás. A hora mismo me he acordado. éste. ¿verdad? -—Muy bien. prim o. ¿verdad? Y yo a ve­ ces lo invitaba a mi casa de la calle del M arqués de U rquijo y le decía. — Sí. Muy bien. Cuando ya no venía.» Y él había escrito unos poem as inventa­ dos. eso sí. más adelante.plantaba un plantón colosal y no venía a verte. Se ve entonces. claro. Me dijo: «Mira. no le im porta­ ba absolutam ente nada. en El p ú b lico . el plantón arcangélico.. Q uedaba bien la obra. por cierto. Entonces a eso le llamábamos. U na vez me presentó a uno que se llamaba Serafín o no sé qué. pero creí que no había tenido tiem po de hacerlo. tam poco venía. — Pues. lo que Federico po­ dría haber hecho. en París. que los decía como si fueran de ese chico y eran de Fede­ rico. Treinta años antes. un poco de lo de G enet.. So­ bre todo en la segunda parte. vam os. era el plantón arcangélico. yo siempre lo invité con alguien que estaba de tur­ no. Yo le oí muchas veces hablar a Federico de que iba a hacer una cosa que se llamaba El público. en escena. tam bién habló de A s í que p a ­ sen cinco años. prim o. — Yo lo he visto representado en la A rgentina. Federico y yo. tú y yo somos los más grandes poetas que hay en España.

A dem ás. Estaba leyendo Santa Casilda.» Se vino conmigo. dice: «Hace muy buena noche. A h. estábam os muy tranquilas. y la única que empezó a hablar de rom anceros antiguos y de todas esas cosas fui yo con él.. ¿dónde conociste a Rafael? — En casa de una amiga mía. le dije: «Me voy a mi casa. El coche está abajo. ya no sé. — ¿En qué año? — Pues fue el año veintinueve o treinta. mi familia es burgalesa. Y se entusiasm ó. ¿no? Mi tía M aría Goiri. todo coincidía con Santa Casilda. Y entonces. ¿Q uieres que te lleve para allá?» El dijo: «Sí. pero luego él hacía.» — Oye. cuando bajé a abrir la puerta y me encontré a Rafael. Porque hablaba de lo que tanto le gustaba en aquel m om ento. ¿Por qué no damos una vuelta?» Y nos pusimos a pasear por Rosales. Lo conocí mucho 313 . que me gritaba: «¡Pero qué va a ser ésta la casa de M enéndez Pidal! Estoy desde las cinco de la m añana cantando rom ances y nadie me abre la puerta. — Sí. Y una m añana.M A R ÍA T E R E S A LEÓN — Dim e. al term inar. De m anera que figúrate. Iba yo con mi m adre. — ¿El año veintinueve o treinta? — Sí. Leía Santa Casilda y nadie decía nada. pero yo no conocí entonces a Buñuel. y nos dieron las tres de la mañana paseando por Rosales y hablando de los rom anceros españoles. sí. a casa de mi m adre. y por allí andaba todos los veranos Buñuel.. ¿tú conociste a B uñuel. a San Rafael. que había tenido relaciones con Concha Méndez. sentado en el escaloncillo de la puerta. en la puerta. Porque la gente que estaba escuchando era bastante frívola. claro. Al poco tiem po yo me m archaba a casa de Ramón M enéndez Pidal. y entonces. Llegamos a mi casa. ya que hablas de Goiri? Porque ellos veraneaban en San Sebastián. que era la casa de mi tía. ya nos despertábam os.

de repente. nos encontra­ mos con Buñuel. pero que tam bién pueden llamarse «ordinarieces». sí. Un día nos cruzam os. no tuviste am istad ni con su m ujer.» Y entonces se ponía a hablar con R afael. de pronto. que creo está en el bulevar Raspail. Y. hermosa. Bueno. a ese hotelito del bulevar Raspail. — Sí. Yo estaba muy asustada de haber provocado sin querer todo aquel conflicto cívico-militar. íbamos a buscarlo y era muy gracioso porque decía siem pre que no estaba para nadie. Claro que para nosotros sí. nos pasaban por entre medio de las casas. más que esporádicam ente. nadie. pasamos al lado de un grupo de muchachos de la Academ ia de Infantería y se les ocurrió decir una de esas cosas que dicen los hom bres. corran. vosotros dos solos. Le acom pañam os algunas veces en los viajes esos que hacía a las Hurdes. Siempre le vamos a buscar a su hotelito. — Nos lo volvimos a encontrar. pues ahí. sí. patios y callecillas pequeñas.. Buñuel y todos se pusieron como lobos: em pezaron a dar gritos y casi a pegarse con los estudiantes. Sigue parando allí.. llegamos al Puente y nos libram os de los cadetes. E ra una m ujer grande. salvados por la fraternidad cívica de la gente de Toledo. Estaba Buñuel y estaba M anolo Angeles Ortiz y algunos amigos más. — Por eso. Pero nos advirtió: «Por favor. M anolo Angeles O rtiz. pero ya mayores. Y así. y alguien me dijo: «Ese es Buñuel. que se llaman «flores». y hemos estado con él en Francia dos o tres veces. claro. Luego se fue formando un grupo de amigos a quienes les gustaba mucho ir a Toledo: los Cofrades de la O rden de Toledo. Que no venga nadie. Y al fin tuvimos que irnos volando porque nos gritó una vecina desde un balcón: «C orran. A los chicos los he conocido en Francia. Nos abrían pasillos privados. Y de pronto. dando vueltas y gritos. vi Un perro andaluz y todas esas cosas. — Sí. frente al cem enterio. A la m ujer la he conocido tam bién. creo que por eso em pezó todo. estando con Rafael ya. un día. pero no puedo decir que haya tenido amistad con ella.» Huimos por patios y callejas. de hecho. para nadie.. —Tú no te acuerdas de que Buñuel era campeón de boxeo. y un lío espantoso. Váyanse pronto. porque quiso dem os­ trarnos que era cam peón de boxeo boxeando con los cadetes. Que viene toda la A cadem ia de Infantería contra ustedes. — No. y hablaba. — Y luego con Buñuel no has vuelto a convivir así. ¡Era tan bonito oírlos! — Pero. ni con los chicos. Un día callejeam os por todo Toledo. Los he conocido.. y contaba. Tenía un porte muy 314 . Y entonces dijeron no sé qué.más tarde. Venían de México. nadie. no me acuerdo bien. en Francia.» Y después.

a buscar papel para el periódico. en la Alianza de Intelectuales. — Yo me acuerdo muy bien todavía cuando nos vimos la última vez. — Esto es.. —Cuando nos m archam os. fuerte.. yo creí que habías conocido más a Buñuel. ¿desde cuándo? — Es lo que me gustaría saber. en agosto. — Por eso te digo. como un idiota. Yo no he conocido más a Buñuel que eso. M ira. cuando nosotros llegamos de Ibiza. En todas las fechas estoy siem pre muy mal. yo creo que lo de M adrid empieza hacia. —No. Los chicos tam bién son enorm es. — En aquel m om ento difícil y crucial. ¿no? — Bueno.. Y como una parte de mi familia es de A ragón. — Y luego hubo grandes disgustos en el Partido. pues tengo cierto parentesco. ni idea. pero yo no. — Y luego. — Sí.. — Pues ya ves. — Ya. En la guerra tam poco nos vimos porque él estuvo en París. muchos de los intelectua­ les que no estaban en la Alianza se hallaban en el frente. pero. porque habían dejado M adrid. sí. — No. el siete de noviembre. No sólo él. — Sí. — Yo estaba en M adrid el dieciocho de julio. en la estación del Norte. E ntre ellos. . — A hora recuerdo. Yo llegué. yo llegué el día tres. yo estaba en Valencia. fue el día tres. Y Buñuel tiene siem pre esa cara de aragonés. porque se había ido. Y luego Roces lo llamó y no quiso. claro.. con León Felipe. Pero de la partida de Buñuel. pero tú no estabas en M adrid. El siete de noviembre estábam os solos. pero me fui a Valencia más o menos cuando llegasteis vosotros. Tú llegaste. Os estoy viendo.. me acuerdo perfectam ente. Luis Cernuda.. altos. Eso es verdad.majestuoso. — Ya. digo en la Alianza. — Verás.. no. muchos. —No quiso venir. fantásticos. Lo de M adrid. a nosotros nos dejan solos en M adrid.

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que no puedo precisar cronológi­ cam ente cuáles son exactam ente. en el año veintitrés o veinticuatro. — B ueno. pues no sé. Se inventaba un crim en. siempre dentro del personaje que se conocía. en esa época. que luego fue diplomático. nos reuníam os bastantes en La Closerie des Liles. Y estaban muy contentos todos.SANTIAGO ONTAÑÓN — B ueno. porque habían dado un premio na­ cional de poesía a A lberti. en un hotel cerca de la cárcel de La Santé. siempre que sea acerca de Luis en sus buenos tiempos en que lo conociste. Esa es una cosa toda tram ada por mí. habíam e de lo que te dé la gana. siempre había otro policía que se reía muy irónico y decía: «Oué ingenuo. de n u estra peña. Buñuel era de nuestra tertulia. que era una es­ pecie de sanatorio. no estoy seguro. mi querido O ntañón. a juzgar por. todo de azulejos blancos. pues fue la prim era noticia que tuve de la existencia de Rafael. frío. Entonces. el cual era muy amigo nuestro. que era un juego en el que cada cual era un detective famoso: Nick C árter.. Yo recuerdo que fui una m a­ ñana. Sherlock Holm es. Okito. ¿Cuándo ganó Rafael A lberti el Prem io Nacional de Literatura? — En el veinticuatro. Porque vivía allí B u­ ñuel. y nos reuníam os bien en La R otonde. y uno explicaba la tram a. que había salido hacía años de España.. que tú seguram ente conocerás. bien en el Jockey.» Y allí era una lucha constante de los detectives. creo que con Juan Castañé o Diego Buhigas Dalm au. Y entonces a él le gustaba mucho jugar a eso. Yo. Bueno. Pero. porque esos prim eros años de París están todos tan unidos. inhóspito. Un hotel muy absurdo donde él vivía. — B ueno. y allí nos encontram os a Paquito G arcía Lorca. cómo se destruían unos a otros el cri317 . en fin. de los años veintitrés y veinticuatro... entonces fue el veinticuatro. un japonés. yo conocí a Buñuel. de los detectives. entre ellos Paquito.

no. Y eso. ¿no? U no escribía un pequeño argum ento. 318 . Y en el prim er m om ento quiso ha­ cer en cine la vida de un periódico. Entonces fue cuando em ­ pezó a querer hacer G oya... Porque tú sabes que él era un señorito rico. claro. Era una película que fue muy famosa. y el otro tam bién. ¿no? E n­ tonces se escribía un capítulo a lo B aroja.men. ¿no? Para entonces fue cuando él em pezó a pensar en el cine. o uno de ésos. no. B ueno. que era mucho para todos nosotros. por ejem plo.. — No. en ha­ cer cine. le cortó. oye. vámonos. H abía un prem io. era la historia de una ciudad des­ de que am anece hasta que se acaba. me parece que se llam aba Rien que des heures 1. en una reunión. Que fue. El. no. y m andaba: «Bueno. como imbéciles.» Entonces. porque le había dado la media hora justa. —No. Y al que ganaba. Y hacíamos escenas.. yo soy el director». ¿no? Estábam os. si fue René Clair. Los actores éram os C astañé. No es eso. y tal. basta!».» Entonces no todo el m undo. y tal. hacía un m ovimiento elefantístico y teníamos que ir to­ dos detrás de él. H ortelano. ¿no? Pero. ¿Te acuerdas? De un autor que luego fue muy famoso director. Y le estropeó un poco el filme.. jugábam os a que él era director. Entonces valían siete francos. claro. al que era m ejor actor. en el sótano. Tenía entonces una especie de potencia casi física. hacerlo aquí. como tú sabes. y se acababa la novela. un manhattan. ésta es la novela de. Paquito García 1 D e A lb erto Cavalcanti. Decía: «A ver: vamos a hablar de poe­ sía m edia hora. en el Select. como una locom otora. Y nosotros: «Bueno. Q ue inclusive pensaba en A B C .». o Picabia. pues de repente m ataba al protagonista. Y muchas veces se m ataba a diestra y siniestra. pues. Y. y se que­ daba la historia sin continuar. Esa es de M orand. de repente. Y ya. Entonces bajábam os al sótano del Select y él se ponía. O tro juego que le gustaba mucho tam bién era escribir un capítulo de novela «a la m anera de. en realidad esa era la idea de Buñuel. El fue siem­ pre un niño rico de Zaragoza. era absor­ bente. ¿por qué no vamos a algún sitio?» «No. Entonces el otro lo tenía que seguir. No. él le convidaba a un manhattan. no. porque parecería un plagio haber hecho lo que él quería. Y a Buñuel le gustaba mucho cuando llega­ ba su capítulo.. soplando m ucho. no. todos. Porque era una fuerza de la N aturaleza. que no re­ cuerdo yo quién fue el que lo hizo. hablaban de poesía. y m ata­ ba a todos. y de repente decía: «¡Bueno. siem pre estaba con su Goya y su Goya. él decía: «Bueno. A ser director.» Y hacía así. Eso venía un poco de la Residencia de Estudiantes.

. Tú entras. — No. sí. ¿sabes? Buñuel: «A hora. allí. a la dueña de la casa. disfrutaba trem endam ente. nada menos que Cum bres borrascosas. él era muy adm irador de Ramón. que luego creo que la hizo tam bién en México. y yo. muy ele­ gante.. Y él.. Y al poco rato aparece un niño y le saludas». el G oya de Ram ón es muy posterior. no quiero ha­ blar de ligero.. y de los burros m uertos. la de C um bres borrascosas. — Porque en Un perro andaluz hay muchísimo más de Pepín Bello que de Dalí. Tu tenías que entrar y sa­ ludar de lejos. Muy buenos. Luego. Toda la teoría del «carnuzo». pero lo tom aba de lo más en serio. ¿nunca te habló de Ramón Góm ez de la Serna? — ¿De Ram ón Góm ez de la Serna? No recuerdo. Casi siempre ganábam os Paqui­ to García Lorca o yo.» Y Dalí. era una de esas ideas obsesivas que tenía Pepín Bello. Fue algo curioso. El periódico. y fue cuando de repente hizo Un perro andaluz. Eram os los que nos llevábamos los cóc­ teles. desde luego.. porque él era muy ramoniano. lo cuenta él mismo. Y él la gozaba con eso.. Yo me acuerdo que él estaba entusiasm ado con una novela que se llam aba Les Hauts de Hurle-Vent.Lorca. yo ya me tuve que venir a España. Entonces éram os los m ás. — Pues yo no creí nunca que Dalí tuviera tanta im portancia en Un p erro andaluz. venía un niño imaginario y le tenías que hacer ca­ ricias y tal. ¿verdad? Bueno. pero es muy posible. pues ésa fue la película que él pensaba. — ¿D esde cuándo? 319 .. — Sí la tuvo. Historias de Ramón y todo eso de El periódico. — Luego quedó muy mal. y la saludas con una inclinación.. y todo eso. -—Los dos rollos finales son muy buenos. Desde la puerta ves a la directora.. porque Dalí lo llamó. M anolo Angeles O rtiz. Dice: «Voy a hacer esta película. cuando Emily Bronté era muy poco conocida en Es­ paña. — Sí. — ¿Cuál? — Emily B ronté. le envió la síntesis general de Un perro andaluz. y. Y no muy bien. Diego Buhigas muchas veces. Iban a hacer todo con gags de Ram ón. la película grande que él pensaba hacer siempre. Luego. él trabajó con Ramón Góm ez de la Serna para hacer El periódico. y todo eso. Ya no estaba yo en París. tú sales y llegas a una reunión social. — Sí. — Cuando quería hacer El periódico. O quizá del Goya. en una caja de zapatos.

Sí.. a Federico y a todos. Dalí luego lo ha hecho mucho con su pintura.— D esde los tiem pos de la Residencia. los carnuzos encima del piano. la teoría del carnuzo. un épicier francés. ¿no? Pero la idea del ojo. ¿no? Por eso en Un perro andaluz salen los burros. ¿no? Es la podredum bre burguesa. que se dedicó a cortar ojos de vaca y tenía cientos de m etros de película de dieciocho milímetros con ojos cortados. que había hecho antes La viuda alegre. Pues a mí me han contado— y no puedo decirte aho­ ra quién. ¿no? Ha pintado mucha horm i­ ga después. un carnuzo era un señor que representaba todo sobre lo que no estábam os de acuerdo. Si no es de Dalí. — ¿Y las hormigas? — Pues no sé. eso era de M oreno Villa. que luego se aprovechó para la película. — De Dalí. los viejos señores reaccio­ narios. sí. bueno. ¿no? La prueba es que tú sabes que es una película en que ese gag ha causado inclusive enferm os m entales.. del carnuzo. — ¿Tú estabas? — No. Pues la teoría del carnuzo es un poco lo que da en el filme. Y de re­ 320 . pero ha sido un residente. ¿no? Hubo un señor. la educación religiosa y todo esto . — ¿Cuál? — Lo de la nube en el ojo. las familias adocenadas. ¿no? O sea. de cómo esto lo hicieron entre Dalí y él a base de sus propios sueños. que fue el más famoso de la película. Y fuimos pensando en ver una película un poco al uso. en fin. Pero. eso sí. era una cosa ya de dem ente. Y luego hay un gag. en ­ tre ellas del propio Luis. el cual era ab­ solutam ente de M oreno Villa. eso. En fin. se había cortado el ojo. la tradición.. porque tengo muchas versiones. he oído hablar a todos ellos. como salen las Tablas de la Ley y salen los m aristas. afeitándose.. decir «un carnuzo». es una cosa casi inefable. — Me dejas estupefacto. ¿no? Un dato curioso del cine de Buñuel: yo me acuerdo que un día fuimos a Les Ursulines a ver una película de Joseph von Stroheim . — Es de Dalí. los burros m uertos. Y que a todos les produjo un ramalazo de cosa trem enda. — Bueno. ¿no? Es decir. de lo terrible del ojo seccionado y con la masa viscosa saliendo. no sé si fue el mismo Fe­ derico. ¿no? Pero todo eso era mucho de Pepín.. de eso que estam os todos en contra.. A mí me parece que un carnuzo. — ¿Estás seguro? — Seguro. que un día M oreno Villa bajó a desayunar a la Residen­ cia muy im presionado porque había soñado que con una navaja.

que lue­ go se hacían novios.pente em pezam os a asquearnos de la película y nos m archam os indignados.. En aquella época fue una película que nos hizo a todos un gran impacto. claro. sí. Era una película hecha con una maldad por parte de Stroheim . sí. pero Las tres luces es aparte.— 11 . era el 321 M. — ¿Y de La edad de o r o l — Yo. sí. Vamos. Q ue éra­ mos unos imbélices. ¿Viste luego Un perro andaluz aquí? — Sí. — Más.. ye. que no. Ibamos andando hacia La R otonde. — Y de la m uerte. que era el que tenía más fam a. Fue una película que hizo un gran im pacto en todos nosotros. A U B . ¿no?. que nos habíamos salido de una película por­ que no la entendim os. — Sí. Que es muy buena». — Que es un señor que se enam ora viéndole las muelas carea­ das a una señora. porque tiene otra intención. protestaban de que en La edad de oro Luis había dado los papeles por catego­ rías. Que le ponía cloroform o para besarla. y tal. Y ahí trabajaban malas lenguas. no habíam os captado la idea del otro. — El admite que Las tres luces fue lo que le hizo pensar en ha­ cer cine. — Sí. oye... de hacer la cosa. de mucha fotogra­ fía y de. ¿sabes? — ¿Y no te habló nunca de Las tres luces. de Lang? — Bueno. y luego M etrópolis y todas estas cosas. hablando: «Chi­ co. Que se iban al lado del m ar. es que esta película. La vi ya. — Sí. — ¿Te acuerdas? — Sí. nos dimos cuenta de que la película era extraordinaria. O sea. que la película tiene otra intención. Una película base. porque era la época en que se hicieron Los nibelungos. espe­ ra. De Las tres luces aquella quedan mu­ chas cosas en som bra y. al llegar ya allí. es que no deja nada. sí. para hacer repugnantes todas las cosas nobles... más. dice: «¡i. Y volvimos al día siguiente. La edad de oro la vi mucho después. Max Ernst. E ra una película trem enda. es que hasta el mar es asqueroso». Y según íbamos hablando.. — B ueno. Se llama L os rapaces.. cerca de la rué Vavin y todo eso. y donde se sen­ taban era a la salida de unas alcantarillas de la ciudad. — El treinta y cuatro. Lo vi aquí. según com entábam os. ñor la rué Vaugirard. y tal. — ¿Q ué te pareció? — A mí me gustó mucho. sí. Y entonces nos pare­ ció magnífica. Y de repente.

en fin. que era muy amigo mío. que ha sido de una forta­ leza física fenom enal. sí. y. de la calle del M arqués de Riscal. nada. a que me cacen como a un conejo. ¿verdad? Yo entonces no tenía ningún car­ net ni ninguna solvencia política. Yo lo único que era. no». hom bre. La hija de Juan Simón y todo eso era m onstruoso. Y luego. ¿no? Pero Un perro andaluz parece ser que lo hizo con di­ nero propio. Pero yo digo: si cuando nosotros pensamos hacer una película muy buena. pues. porque. y el teléfono del tío estaba intervenido. ¿no? Con dinero familiar.» E n­ tonces a mí me pareció. Yo le llevé una cama de mi casa y. la otra ya fue con la condesa de Noailles. E n­ tonces salió al teléfono a una taberna que hay frente a los E stu­ dios Ballesteros. después. claro. A un comité de éstos. lo que hicieron. Le escucharon y al otro día fueron a por él y se lo llevaron. para que se incorporase al cine Y empezamos a pen­ sar un argum ento y tal. Cosa que a mí no me gus­ tó nunca porque creo que eso. saltando de mata en m ata. Tú sabes que Luis. el Com ité y todos éstos. claro. Aquellos bodrios.protagonista. ¿no? Y luego.. ha­ ciendo ese cine que era el que lo daba. Un tipo encantador. le llevábamos la comida.. Y luego él vino a España a hacer el cine nefando que llam aban ellos. Y me lo encontré en la calle. como los obreros lo convidaban y tal. Después venía Manolo Angeles Ortiz. pues ya con ese criterio de hacerla muy mal. ¿no?. los argum entos más inmundos. después. y estoy esperando. por estar sin dinero. ¿no?. y le digo: «Pero ¿qué haces aquí?» Dice: «Pues ya ves. Hacían las películas buscando los actores más cocham brosos. porque era el más pobre. confesado. divertidísimo y estupen­ do muchacho. en fin. Yo me lo encontré uno de los prim eros días en mangas de camisa.. cuando estalló la guerra. salía. pero entonces... los prim eros días detuvieron a Sáenz de H eredia.. cuando estalló el Movi­ m iento. Entonces ese chico no se había m etido nunca en política. A mí me daba rabia. que él cuenta la estadía de esos tres días y es de morirse de risa. M elodram á­ tico y es de m orirse. es el hom bre más miedoso del mundo. que inclusive se pensó que él hiciese una película de tipo com er­ cial. muchas veces nos salen muy malas. Entonces lo llevamos al estudio. chico: aquí estoy como un conejo. ¿verdad?. C astañé. hablé en los E stu­ dios Ballesteros a los obreros y al Comité: «No. Y se portaron tan bien con él toda la clase obrera. y tal. y nada más. él ahora dirá que sí. yo he tenido siem pre respeto por el cine y yo creía que era muy fácil hacer dinero. salió a hablar con un tío suyo. Siempre dice que Luis es un miserable vendido al oro. E ra prim o de José A ntonio Primo de Ri­ vera. Pero confesado. Cossío. No he podido ir a ninguna casa de mis parientes. Le llevé a mi casa. Pero él. en el último papel. pues. ¿no? Pues. de 322 .

Vas pasado. me parece. y vino el golpe de M unich. y se fue a Estados Unidos...» Y se fue a París. al señor no se le pue­ d e . llegó a creer.. Un día. No podía ir a gritar a ningún sitio. cayó la bom ba. que ha sido tan fuerte.la Alianza de Intelectuales Antifascistas. le de­ tuvieron la noche que cayó la prim era bom ba en la Cibeles. chico. echamos el pul­ so con M anolo Angeles y le ganábam os todos. le está muy agradecido a Buñuel. me he quedado. Digo: «A este tío me lo .. pero fue exactam ente. le dejaron salir.. y salió un domingo por la m añana. y no paró. pero ayer iba por la calle y de un balcón le dieron un tiro a uno y. por­ que no es lógico que le pueda ocurrir. vino a mi casa y estuvo en mi casa dos meses escondido hasta que lo sacó la E m bajada de Cuba. ¿no? Porque él echaba el pulso con to­ dos nosotros y nos ganaba.. llegó a creer que era cam peón de A ragón. esta noche me lo liquidan».. claro. fíjate. los que hicieron.. muy al principio. Yo creí que era la revolución. Fue el prim er bom bardeo que hubo sobre M adrid.. Me voy m añana. yo ahora fechas no sé. porque me voy.» «No. ¿Tú sabes que fue campeón de pulso del A lto A ragón. muy. Luis hizo la pam em a de dejarse ganar. quién puede tener una autori­ dad aquí política para decir: “No. ¿no? Y digo: «Bueno. Q ue cayó una bom ba en el M inisterio de la G uerra. ¿no? Porque él. Fue entonces cuando vi por última vez a Buñuel. no. porque tú tienes que hacer algo por este muchacho. Porque José Luis era el que hacía las películas de. si tu­ viera un periódico.”?» Entonces yo pensé en Buñuel... Y Buñuel cuando ha venido aquí lo ha visto. Y me decía: «Chico.. Cuando lo soltaron. Y un día le hizo creer a M anolo Angeles Ortiz que era un tío tortísim o.. m ira.. Esto no. con M anolo Angeles Ortiz. Y es cuando intervi­ no Buñuel. Pero Buñuel ya estaba con un pie en el tren para buscar la famosa misión en el extranjero p ara. Y E duardo U garte. ¿y a quién puedo y o . y tal.. porque cuando nos reuníam os ahí. — Y Grém illon. Esto no.. Y de repente. no. Pastor y otros. en el Select.. Muy al principio.. pues te vas pasado. Y entonces M a­ nolo Angeles no se explicaba por qué Buñuel era el campeón del 323 . sí.. Y entonces yo veía que a este hom bre. Yo tengo que irm e. vamos. a hacer cine y a charlar. ¡pum!. claro. que es un despistado y un ingenuo. Yo estaba comiendo con Elfidio Alonso.. señor. Y fue.» Le digo: «No. Y M anolo Angeles. no? Q ue por cierto era muy gracioso. Y habló por él.... — ¿Q ué día? ¿Q ué mes? — M ira. tan fuerte.. Si tienes ra­ zón». No. Dice: «No. Esto fue un viernes. Yo en seguida pensé: José Luis. ¿sabes? Y luego. chico. — Y Grém illon tam bién. el gor­ do.. El y M arquina fueron. El.

Ha tenido mucha in­ fluencia sobre todos ellos. parece que lo tienen como secuestrado. le han dado al­ gún asuntejo de esos de negocios y ha estado con ellos. Tú debes buscarle. Y luego le tienen acaparado. y lo daba sólo a los hom bres. cla­ ro— . y dice que cuando se mu­ rió el padre. y Pepín contando las cosas de Bu­ ñuel con su familia. — Bueno. pero está en Huesca.] Es una pena. ¿no? Yo creo que si tú le llamas....? — No. ¿verdad? Las m ujeres no tenían derecho a esas excelencias. aquí está. No te dice nunca nada. pues ya veremos... — B ueno. ¿sabes? — Sí. Le he visto varias veces. y. y a la hora de la comida sacaba jam ón. en un cofre fuerte. por la sordera. por­ que se reúnen en unos sitios muy absurdos y.. — Porque es curioso. — Porque él ha trabajado con los Garrigues. Hicimos un viaje a A ndalucía. — Sí. chico.. . que siempre fueron el sueño de Luis.. mucha influencia. lo prim ero que hizo— eso debe de ser m entira. que eran el sueño de Buñuel. Ni ter­ minó la carrera de médico siquiera. Y Pepín Bello contaba cosas divertidísimas. Fernando Rey y todos ésos. Es muy amigo de Garrigues. Y las m ujeres. Pero mucha. nada. que no pudo ser nada. ¿sabes? Y ahora. que se las daba a los hijos. con el padre. Le tienen acaparado los tres o cuatro amigos recientes: R abal. tenía em butidos. — ¿Q ué sabes del padre? — ¡Ah! El padre era un personaje divino. no sé. ¿no?.Alto A ragón. lo prim ero que hizo fue ponerse las botas de elástico del padre. [. Pepín. que era un personaje. — Sí.. C ontaba que el padre tenía unas botas de elástico. pero ¿qué hace. voy a ver si lo veo y. no ve a nadie. — ¿El no tiene teléfono allá? — No. a fuerza de ser inteligente. adelantaría algo.. Yo le veo poco. un m uchacho como Pepín. que dicen que. salchichón.» Pero con quien me he reído mucho es con Pepín Bello. y siempre me dice: «Hola. vendría... — No. El padre tenía un sentido tan reverencial por la masculinidad. nada.

— Yo. — Para intentar entrar a trabajar en una de las dependencias de la Sociedad de Naciones. no es m entira. — Sí.JEANNE RUCAR — B ueno. según me dicen. — No. yo le enseñé a bailar el tango. Y un día me presen­ taron a Luis. — Entonces. y Luis. vamos a ver. pero fue de otra m anera. Bueno.. ¿no? — Sí bailaba. pero a divertirse. yo le enseñé a bailar el tango. — No. — El año veinticinco. Y a em borracharse y a bailar. Yo conocí a Luis por mediación de Joaquín Peinado. el veinticinco. Tú conociste a Luis.. — A cababa de llegar. — ¿No es cierto? — No. — ¿D ónde? 325 . yo tengo idea de que sabía bailar. ¿es m entira? — No. por medio de tu herm ana. — El llegó a París el veinticuatro. bailar no bailó por­ que no sabía. yo. todo lo que dicen de la librería de Vicens. en la rué Gay-Lussac. Yo conocía a una familia anda­ luza a través de la cual conocí a Joaquín. — ¿Tú? Entonces ya son dos las m ujeres que me dicen lo mismo. — No. a principios del veinticinco. de Manolo Angeles O r­ tiz y de Paquito García Lorca. — ¿Entonces tú no trabajabas con Vicens? — No. — ¿Q ue año? — El año veinticinco.

el año veinticuatro. — Luis. con los que tenía confianza. tan pudibundo. porque en París se baila en los hoteles. Entonces con ellos podía salir. con pan­ talones cortos y se te veían las piernas. — Y entonces tú eras amiga de una familia. las túnicas griegas. madam e Rucar: «Je vais partir en Espagne. Y podría decir una cosa que él negará.. — Pues ahí sí estuve. y es ahí que he conocido a Joaquín Pei­ nado. Pero entonces era la librería de Sánchez Cuesta... Puede salir con De la Torre. no me acuerdo su nom bre. sí. Yo estaba allá de vendedora de libros españoles. Y fue cuando dejé la gimnasia. sino de un señor Escribano y de otro.» ¿Cómo se llama? — Claudio. — Española. más o menos? — Al principio. pero cuando él se iba a Zaragoza.—En casa de una amiga. sí. Y durante la 326 . — ¿Os hicisteis novios en seguida? — No. R ené C arée. entonces G eorgette estaba allá... me fui a la librería. una amiga de la gim­ nasia. ¿no? — Después. — Me agarró. pero conozco muy bien la calle.. sí. e íba­ mos a bailar.. —Te agarró. — Yo no fui jam ás a la librería de Vicens. ¿Q ué núm ero era. — Con Claudio de la T orre. Entonces salió mucho contigo. Después de la estación. como siem pre. que todavía no era de Vicens. ¿D ónde bailabais? ¿Bailabais en casa de una familia? -—De una familia. y Luis venía tam bién. — A ntes me decías que Luis se enojó y que no quiso que si­ guieras haciéndola. naturalm ente. en las Olimpíadas de París. porque practicaban. sí. sí. ¿A hí estabas tú? Y tu herm ana. después.. — ¿Al lado mismo de la estación? — Sí. por la tarde. — Sí. Jeanne ne dois p a s sortir. Y de vez en cuando íbamos a los hote­ les. y des­ pués G eorgette le com pró a Juanito la librería. sí. en seguida. le decía a mam á. porque a Luis no le gustaba. pero sé que fue por eso. M anolo y Paquito. pero íbamos de vez en cuando. El no lo dice. ya m e. A Joaquín. con amigos que él conocía. — Y tú hacías por entonces gimnasia rítmica y ganaste una me­ dalla de bronce. Bueno. Bailábamos poco. andaluza. ya. — Sí. en la rué GayLussac. — ¿Y por qué iban estos jóvenes a casa de esos señores? — Porque los conocían de Andalucía. Después que Juanito le com pró la libre­ ría a ese señor Escribano. y ya.

. — Luis. Entonces. Bueno. — D e esto tengo que hablar con Luis. — No muchas.. le llegó a preguntar: «Su señora.. — En octubre del treinta y ocho. — Sí. si lo saben. Nunca me ha dicho una palabra de la guerra.. Y G eorgette ha llevado todo eso a casa de mam á. a mamá la fusi­ lan los alemanes. por lo menos. —C asi. —B ueno. eso me dijo a mí. como no sé si buen español o buen aragonés o buen árabe. ¿Y fuisteis a Nueva York o . de eso ya me acordaré. D urante la guerra vivíamos en M eudon y él venía. — Yo sé algunas cosas. Pero no hizo la película.. después fuimos a N ue­ va York y después a Los Angeles. Hemos vivido allá. — ¿Q ué fecha? — En el año treinta y ocho. Porque Luis no dice nunca nada. no. de un español. bueno. Porque una de las co­ sas que yo quiero poner en claro es el papel de Luis durante la guerra. nada. — No. algo. Nada. no podíamos. pero no quieres de­ cirme nada. — No. todos los papeles de los republicanos los llevaban a la librería. nada. -—Yo. era muy peligroso.. Yo no sé nada de su. la señora d e .. te escondía de todo el m undo que no fuera español. pero algunas.. ¿tú no sabes nada? — Yo no podía recibir a nadie. sí sabes. por cierto. seguram ente. — D e eso yo no sé nada. — ¿Y te fuiste con él? — Con él. Lo que no sé es por qué se m ar­ chó a E stados Unidos en el treinta y ocho. treinta y tres o treinta y cuatro.. En Nueva Y ork. ¿es negra. — Nadie te conocía.guerra. ¿Tú sabes por qué? — Dijo que para hacer una película. que usted nunca la saca?» Entonces no era tanto por eso. — Sí. y de Los Angeles a México.? — Fuimos a Nueva York y de Nueva York fuimos a la casa.. el mes de octubre. sí. Yo debía estar siempre en casa con los niños. en Stanford. eso lo sé. (¡qué m em oria tengo!) Bueno. De eso no sé nada. la directora del M useo de A rte M oderno. Yo no sé nada. lo que. vamos a ver: ¿qué año os habéis casado? — En el año treinta y cuatro. — ¿Pero al principio o al final? — Al final. Y después de allá com pram os un coche y fuimos a Los Angeles. 327 . Bueno. y otras me las figuro. es que no teníam os dinero y estaban los niños.. No sé.

a Ma­ nolo Angeles Ortiz. no te lo presentó nunca. Y ahí le volví a ver. Entonces os casasteis el treinta y cuatro. Lo cu­ rioso es que cuando Sadoul habla de Luis. Sí. pequeñito. Cuando íba­ mos al restaurante decía: «M ademoiselle. fui a M adrid y visité la Residencia de Estudiantes. Conocía a sus amigos españoles. — ¿Y Dalí? — ¡Ah. ¿le conociste en París? — En el año veinticinco o veintiséis. creo. — ¿Q ué año? — El treinta y cuatro. sí.. cuando yo estaba em barazada. Y Elsa hacía co­ llares para ganarse la vida. Con Rafael al lado de las armas que Luis tie­ ne ahí arriba. Eso es. — Sí. Juanita. 328 . yo aún no le conocía. Nada. — No. Y los dem ás. En seguida. no tenían dinero. Muy joven. Bueno. Cuando se iba de un café me decía: «Juanita. M oreno Villa. cuando esperaba a Juan Luis. Al lado de las armas. — Cossío. a Joaquín. — A Dalí. — ¿Sí? ¿Tanto? — Así mismo. m ademoiselle. Fui a com er a su casa y todo eso. lo cual. — Sí. a M oreno Villa lo has conocido mucho. ha­ cen ocho años de relaciones. Tam bién conocí a un pintor. — Son más o menos las mismas que yo tuve con mi m ujer. A los dem ás no los he conocido. al cojo. — ¿Cuándo te presentó a Sadoul? — A quí en México. ¿cuánto dinero debo po­ ner?» No sabía lo que era un franco. si no m ienten las m atem áticas. Y después. porque era muy simpático.. con su bigotito. Uzelay. — ¿Y qué opinabas de D alí entonces? — Me encantaba.. ¿D ónde? — En París tam bién. El único surrealista que conocía era Aragón. porque Sadoul mismo cuenta que se presentó aquí y Luis se había m archado y se quedó a vi­ vir aquí. porque en seguida tuve el niño. — Sí. sí. dice que ignoraba que estuviera casado. De eso sí me acuerdo muy bien. sí! Todos estos amigos que.. a H ernando Viñes. — Cossío. Pero muy simpático. — Sí. No sabía nada. Claudio de la T orre. mademoiselle.—Treinta y cuatro. — ¿Ya vivían en la rué de la Sourdiére? —No sé.. a Federico.» Para pedir algo a la serveuse se retorcía el bigotito.. Y fui a la Residencia y conocí a Federico tam bién. Un apartam entito así.

no.. — Y en seguida hizo Un perro andaluz. por la tarde y luego por la noche. con las que tenía que ir acom pañado.. sí. — B ueno. — Y estuvo trabajando dos años con Epstein. B ueno. No me acuerdo del nombre. en otro. — Ay. — Sí. — ¿Ibais solos al cine? — Sí. Porque Luis no entiende el catalán. — Pero ¿lo hizo con Dalí. ¿no? — Sí. no. ¿dónde vivía? — En el Hotel Le Gladier. a Federico. Porque no había venido de París. m ejor dicho.. ¿No le habías conocido antes en París? — No. entonces volvamos un poco atrás. El llega a París. a vivir del dinero que le m anda su mam á. sí. después. — ¿No? Yo creo que sí. en París? — En París y en Cadaqués. y. — De novios. — ¿Q uién le presentó a Epstein? — No lo sé.— ¿No lo habías conocido antes? — No. o se retradujo. — ¿O en catalán? — No. una vez por semana. — Y es cuando Luis presentó L a edad de oro en M adrid. Hemos visto todas las películas que. y cuando se ha publicado en español supongo que se tradujo. en que íba­ mos casi tres veces por día al cine. por la m añana a una cosa pri­ vada. Lue­ go hubo veces. con la m adem oiselle detrás. 329 . nunca. lo escribieron en español. pero ese texto se ha pu­ blicado siem pre en francés. eso sí que no lo sé. y a Larrea. no. — Lo cual te hacía muy diferente de sus novias «españolas. ¿veías a Luis todos los días? — No. cuando ya le gustaba el cine. no sé.. aquí. — Aquí. ¡Ah. No me acuerdo. A ntes. en una calle que da al bulevar Saint-Michel. no! No. ¿verdad? — Sí. me parece. ¿dónde le conociste? — A Larrea. — ¿Y lo escribieron en español o en francés? — En español. o dos veces. empieza a no hacer nada. — Bueno. — Hasta que rompió con él. — ¿U na vez por sem ana durante ocho años? — Bueno. — ¿Cuándo empezó a trabajar con Epstein? — Un año después. depende de si íbamos al cine o no.

Nunca. ¿Q ué decía cuando re­ cibía a Luis? — «Puñetero señor. Como le conocí así.¿ A h . y se conocieron porque esa señorita cosía. — ¿Y a qué atribuyes esto? ¿A que auténticam ente no quiere o p o rq u e. Tenía sesenta y ocho años. ¿H abía hablado antes de esa posibilidad con Dalí o no? — No lo sé.. Y ahora no puedo llorar. Nunca me habla de su trabajo.. — A hora cuéntam e lo que me decías antes: la clase de español que le enseñaban tus amigos a tu mamá. Y yo tam poco le pregunto. lo quería mucho. Luis lo hace todo él solo. Luis hace sus cosas y nunca me dice nada. Hay veces que está escribiendo y pensando solo y se ríe. A hora no se llora. nada.. seguram ente. Murió hace diez años. Y yo no pre­ gunto más. de un noviazgo tan lar­ go. — B ueno. ¿Nunca te ha consultado nada? — Nunca. Mi padre siempre ha tenido mucha con­ fianza en Luis. en París.» Y no me la dice. las m a­ dura y las hace. . Hoy tendría ochenta.» Brom as de Peinado. lo que pasa es que guarda sus cosas para él. Y había una señorita de la misma edad que G eorgette. por­ que sé que no me contestaría. y enfrente vivía esa familia anda­ luza.. Porque los vecinos.. V e­ nían mucho a casa antes de conocer a Luis. no me im porta­ ba lo que decía la gente. y siem pre ha sido así.? —No. Puede que sea mi culpa tam bién. — ¿Y G eorgette era más joven o . y yo le digo: «¿Por qué te ríes?» Dice: «¡Oh. Nada. — Y cuando era una película triste me pasaba el dedo por de­ bajo del ojo para ver si lloraba. nada. estoy pen­ sando una cosa para la película. — ¿D ónde vivíais? — E n la A venue G am betta. señor.— Exactam ente. Así que hemos conocido a 330 . Yo hacía esfuerzos para no llo­ rar. sí? — Entonces. Nunca me da a leer un script. en Francia. a la española? — A h.? — O porque me tiene por una tonta. Como no veía a nadie entonces.. — El pensó hacer cine— lo ha contado muchas veces— en cuan­ to vio una película de Fritz Lang. de M anolo o de Pa­ quito.. nunca le he hecho preguntas. — ¿Y qué dijeron.» Y ella creía que decía: «Buenos días.. era m ayor que yo. Y aún le enseñaron cosas peores. Puñetero señor. — ¿Nunca te ha leído una secuencia? — N ada. ésa es una reacción de m ujer. porque las piensa. Los tres eran así.

— Pues sí. el vals de Chopin. Al principio venía con su violín y to­ cábamos una cosa de H aendel. No pensaba entonces en otras cosas. El m arido español. y mam á tuvo chocolate para dos años por­ que era el huevo más grande que nunca he visto. Siempre hemos sido muy amigos. no. Y cuando te pusiste en relaciones con Luis. Cuando me conoció vino en seguida y me trajo un huevo de Pascua— era en Pascua— . — ¿Y nunca te habló del surrealismo.» Y.tres señores españoles y después a Luis. el violín lo regalamos. los niños y nada más. Porque a lo prim ero. Que soy de un carácter muy calm ado.. nunca me enfado. — A h. bueno. — ¿El no ha vuelto a tocar el violín después? — No. así. yo lo esperaba. Un día que estaba en casa. — Sí. así. lo que es m u­ cho más bonito para la historia. y había visita. mam á me dice: «Jeanne. siem­ pre. Yo era su consentida. Em piezo. Y no he tocado más. — Y entonces así seguisteis. No sé. Juan Luis. por mi parte. siendo novios? — No. m ejor no. — H asta que se hizo surrealista. Yo no sabía lo que era el surrealismo. que desde entonces nunca me ha dejado que toque. yo lo esperaba. Seguram ente él vio a mi profesor de piano. Nunca me hablaba— incluso ahora— ni de política. — Sí. ¿No hubo ninguna interrupción en vuestras relaciones? — No. 331 . Luis iba a Es­ paña. Luis va a decir que es m entira. Luis iba a Estados Unidos. Es verdad. — Bueno. toca su vals. Para mí. Luis era novio de Conchita M éndez. — Cuéntam e lo del piano. yo tenía diecisiete años. nunca me habla de nada: la casa. Luis. ¿su­ piste de sus aficiones surrealistas? — No. un huevo de chocolate. su m ujer allá. y mi carácter tam bién. es lo mismo que yo. Y flores y rosas. sí. es verdad. esto explica muchas cosas del propio Luis. y así. — Dicen que te acom pañaba tocando el violín. del propio Luis. Me acom pañaba en el violín. y Luis se viene cer­ quita de mí y me dice: «Para tocar así. Nunca. Y éste. — ¿Cuándo lo dejó? — Al año de estar en París. y me guardaba así. Yo creo que no. era una chamaquita. no. sí. ¡bumm!.. y. me cierra el piano de golpe. el piano y la gimnasia. Ha sido un caso muy raro. Nunca. sí. Después. No hubo líos.» Y voy a tocar. la niña que tenía apar­ te. — No tan raro. En absoluto. no sé.

— Luis no tiene am antes. los prim eros años que tú fuiste allí. — Sí. — ¿Los tiene él? ¿G uardados? — Sí. de pronto. — Me extraña. Los tiene. que no conoce.— Quisiera que conocieras las declaraciones que Luis ha he­ cho últim am ente. que era la última que iba a hacer. cansado. de mí. muchas películas. que supongo que hará: The M on k. Pero dice que ahora. nunca. — ¿Tiene un archivo o no? — No. de sus am antes. vamos a ver. él trabajó y supervisó. dice cosas. — Sí. — ¿No tiene ningún archivo? Entonces ¿cómo Sadoul cuenta que tú o tu hijo le bajaron unos recortes? — A h. con otro nom bre. como él dice. sí. — ¿El las dirigió? — C om pletam ente. después de Navidades. Es verdad. de Lewis. Siempre hablan de Concha. y ya piensa en una cosa. B ueno. Pero pasa un mes y ya está en su cuarto con libros de no sé qué. Y después de un mes. A ntes era un hom bre muy callado. de Luis. — ¿Con otro nom bre? ¿D e quién? — Con el nombre del asistente. seguram ente. al ter­ m inar su película. — Sí. Y bajo llave. ¿no? — Esto me interesa. ¿verdad? — Sí. Va a re­ gresar.] — H abla mucho y muy bien de ti. aunque pienso decir lo menos posible de sus películas. Pero me da la impresión de que cuenta muchas mentiras. no. Pero ¿es verdad. sí. * * * [Hablo a Jeanne por teléfono del artículo de Jomi García A scot. vas a ver que va a em pezar a ver qué hace. No puede estar sin hacer nada. — El ha hecho más o menos todas las películas que pensaba hacer. 332 . siem pre lo dice. eso sí. pensando y tom ando notas sobre un papelito. de su fa­ milia. y ahora. — Sí. Por cierto que Luis ha dicho últim am ente. G uarda recortes. las hizo? — Sí. — M enos una. — En M adrid. — Así que todavía tiene que hacer E l monje. eso sí.

no hay duda. D esde luego es su única m anera de liberarse. en herm o­ sura. desde el treinta y cinco. claro. que ella no era nadie? Explica que Luis no tuviera que ver con actrices (no había duda. acaso. Curioso cómo la persona viene a ser lo que las demás dicen y aseguran de ella. burocrático. que volvimos a ver ayer.. prote­ gido por la m entira. Ni en Hollywood. tam poco le falta a Buñuel. Seguram ente. ¡y fue la asistente de Luis en La edad de oro\.] — Sí. tam poco era para andar exhibiéndose. En Estados Unidos su trabajo cinem atográfico. Acabo de llam ar a Jeanne: — ¿Y Luis? — En París. y sólo escondido. T anto decir Jeanne Buñuel que ella no sabe nada. Que ella— luego— . — Cuando iba a hablar un actor ya sabía lo que iba a decir.[Una duda. el masoquismo. sí. Y me daba la razón. se dedicara «a sus hijos». Pero miente al ensalzar el sadismo. ha mentido siempre. Claro.. poco a poco. en la guerra. Sucede el proceso de los 16 de Burgos. Pero ¿cómo pueden decir todos hoy que Buñuel la escondía. ni celoso español como lo pintan. y Jeanne se hizo un poco más independiente. Se la sabe de memoria. . Rafael. para que no le descubran. de conseguir esconderse. entre Jeanne y la llamada Lya Lys).. — ¿H asta cuándo? — H asta que se le acaben las pesetas que tiene allí. que ni siquiera sabe lo que quiere decir el surrealism o. y luego. la suspensión de garantías en toda España. hace cuarenta años. En México pasarán la pena negra para poder comer. Luego vuelve a ello. — ¿Cuándo crees tú . en este aspecto Buñuel no es tan ogro.? — Hacia mediados de enero. la crueldad. [No le doy im portancia. las protestas. ni Jeanne tan ignorante de sus ideas y trabajos. Luego. Se lo había asegurado la noche anterior a Alcoriza. Mas ¿cómo saberlo? Luis m iente. M iente para no descubrir­ se. Ni mucho menos. las manifestaciones. Nació Juan Luis. No. Lo que sucede es que a los dos les gusta la vida que hacen.] Hace veinte días le pregunté a Jeanne: — ¿Y Luis? — En M adrid.. se siente libre. y las actividades de Luis no eran entonces para ser com partidas (no hay fotos de esa época). que no está al tanto de nada. que. Ha sabi­ do hacer un gran arte de la m entira. todo se fue aburguesando.

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sonrosado y apasionado de la horticultura. [Se equivoca.] — Esa pintura m oderna la com pra M arie-Laure [como dicien­ do: «Yo la dejo. allá ella. un C arpaccio.] —No conozco a M arie-Laure. U n señor que vive el crepúsculo de su tiem po sin querer darse cuenta de ello. Extrem adam ente amable. [Una gran tristeza y lástima. Se llamó el Casti335 . entonces con G ala. un Juan Gris. un gran Klee. Es viejo— sin duda más viejo de lo que aparenta— . era un muchachito fino. Sólo el tiem po le trastorna un poco.V IZ C O N D E D E N O A ILLES (Charles de Noailles) El vizconde de Noailles.. — Sí. sus recuerdos en cuanto a las cosas son perfectam ente claros.] — Conocimos a Buñuel después que a Dalí. sí.] — Sí. como una brisa que le confundiera los papeles a ras de suelo. Sin em bar­ go. allá arriba..] — Decidimos que Man Ray hiciera una película acerca de nues­ tro castillo en Hyéres.. [Falso. — Ella se ocupa de pintura m oderna. como queriendo evitársela a la vida de su m ujer. tímido.»] [Desde mil novecientos treinta y pico cambió totalm ente su vida. tom a una cosa por otra. — Me acuerdo de Dalí. Jam ás vi casa más sobrecargada de objetos de arte y tratados por su dueño con tanto desprecio. redon­ do. [Les quita im portancia. Precisa cuando le pregunté:] — De esto me acuerdo muy bien. con nuestros invitados. [Confunde L a edad de oro con Un perro andaluz. es posible que tenga usted razón.

— Hicimos una gran fiesta. De verdad. Crevel venía tres días por sem ana. ¡Es tan superior a Man Ray!» Además intervinieron C octeau y Valentine Hugo.La hizo Man Ray en ocho o diez días. Y ya Dalí con Gala. hizo un viaje a A lem ania con M arie-Laure: — Un viaje rom ántico. en la prim avera de mil novecientos veintiocho. además de su billete de tren. quién sabe por qué. En aquel tiem ­ po no teníam os por qué preocuparnos de nada económ icam en­ te. y así vimos Un perro andaluz. . Mi m ujer me dijo: «Es absolutam ente necesario encargarle una película a este hom bre. y les dimos a cada uno. aquí. Fue entonces cuando lo de la jira­ fa de G iacom etti. Por aquel entonces. otro de cinco mil francos: a todos. Ibam os a pro­ yectarla. Ilo de D é 1 Le mystère du cháteau de Dé. Conocíamos a D alí de Hyéres. Pero se necesitaba otra pe­ lícula. Man Ray nos pidió autorización para que la película se pasara en el Estudio de las Ursulinas. fue una gran fiesta. mucho más con la fiesta que con las películas. de un museo de artes y tradiciones populares. pero no conocíamos a Luis Buñuel ni de nom bre siquiera. El viejo vizconde rechoncho hace recuerdos: habla de G eor­ ges H enry Rivière y. Se acuerda de que por aquel entonces. Nos divertimos mucho. en casa.

—Todo. como lo es Un perro an­ daluz. — En La edad de oro no ha querido hacer sino una cosa: l'am our fou. Para mí es una de las películas capitales de Buñuel. y entonces ¿juega a la lotería aquí o qué? — Yo no te lo puedo precisar. pero es una resultante de La edad de o ro .. Si es cuando el levantam iento. viene a Francia. 337 . y además hay algo que me hace pensar que es tam bién una historia de am or. ¿la ganó en España o aquí? — La lotería la ganó en España porque el billete lo había com ­ prado en España.m anuel An g e l e s o r t iz — M anolo. es de un año o dos. — E ra la subversión por la subversión.. Todo lo que ha dicho después. tal vez.. — ¿Y tú sigues creyendo. o si es con posterioridad. porque ya eso es del año de M a­ ría Castaña. el sueño poético y el sueño del holocausto del amor. — Es el sueño. —Es la película capital o es una de las películas. en las otras ha querido hacer algo político. ¿no?. pero es entonces cuando hay esa cuestión del pre­ mio de la lotería. — Pero la lotería. la cuestión es la siguiente: Acín viene a París des­ pués del fracaso de la intentona de G alán y García H ernández. sin que lo haga o lo desee. todo. — Ahí está todo dicho.. pero de tipo poético. de eso ya no me acuerdo.. y que le propone a Buñuel que con ese dinero haga lo que le dé la gana... capital. tal vez. Es por lo de Jaca que. Hay una subversión poé­ tica. m agistral. — Para mí. que en La edad de oro está todo Buñuel? — Yo creo que sí.. como yo. de sueño.

que recuerde quiénes éram os. Buñuel. Y estábam os siem­ pre con esa familia. Pero Jeanne era preciosa. y ha quedado la brom a de que él siem pre me invi­ taba al café o a cualquier parte. Por esta amistad de Peinado. la escuadrilla de caza. y para filmar esta parte de la película se fueron a Cadaqués. nosotros nos veíamos a m enudo con esta fa­ milia. —Tú sabes que en L a edad de oro los únicos profesionales eran M odot y aquella chica. que es donde está anclado el barco. guapísima en todo el sen­ tido de la palabra. vino en plan de niño rico— como era— a divertirse a las boîtes. y esa familia vivía enfrente de la casa de los padres de Jeanne. es decir. ¿Tú sabes dónde conoció Luis a Jeanne? — E spérate. invitaban a Peinado. y eran muy amigos. — Sí. ¿no? Pero ahora. — Bonita historia.. Eran muchachas preciosas todas ellas. Y los pilotos. no sé. el erotism o de Buñuel. — Con esa am istad. íntimos amigos. tanto en esa película como en Un perro andaluz. que se habían co­ nocido en España. éram os inseparables. Y no sé por qué mo­ tivos habían quedado muy amigos de Peinado. yo y Paco García Lorca. como la Venus de Milo. que es­ taba aquí en esa época. pero siem pre yo tenía que po­ 338 . Viñes. de militares.— El am or. pues Viñes. se­ ría el año veinticinco. B ueno. joven. en avión. Y no sé si era en Barcelona o en G erona. Se acostaba con el sursuncorda si se le presentaba. bastante atrayente. bailes con gram ófono. era una chica rusa bas­ tante guapa. que tenían un estudio en el bulevar de M ontparnasse. la acom pañaron custodiando el tren. y venía muy a m enudo Jeanne con amigas del grupo de baile de Irène Popart. que existe como existe un vaso de agua. Tenía dieci­ séis años. y con todos se acostó la rusa. me invitaba a todas partes. El siem pre estaba conmigo. — Yo creo que el erotism o. — Que eran los padres de Jeanne. y Buñuel se reía porque la película empieza en el Cabo de Creus. Es decir. aquella rusa. que es por eso que nosotros fuimos amigos de la familia Rucar. hacían fiestas. E xtraordinaria. — Q uien sabe. Peinado y yo. cuando se fue de España. en esa época en que vino a París. antes. que había una escuadrilla de aviación. y Peinado nos invitaba a nosotros e íbamos allí. en el mismo sentido que en La edad de oro. por am or a esta m uchacha. bella. es un erotism o de «cos­ turero». Cada vez que esa familia hacía una fiesta.. pero no porque él no lo proponga. ¿en qué sentido? En sentido erótico o en sentido. H ernando Viñes y Peinado. en todo hay am or. porque Peinado. la acom pañaron hasta la frontera. Peinado era muy amigo de una fami­ lia francesa que había vivido en C órdoba.

Federico era todavía un descono­ cido. Si no lo veía. que tal vez el café valía cincuenta sous\ entonces yo tenía que dar algo. siempre acabamos hablando de Federico. pues de pronto le daba el esquinazo. les decía a los que deja­ ban tirados en el café que les daba esquinazo. sí. — Lo que pasa es que entre los amigos de Federico y de Luis. se casó el veinticinco. Porque el agrado de él era siempre brillar. que le escribe 339 . ¿Tú cuándo conociste a Luis? — Yo conocí a Luis Buñuel en M adrid. según Buñuel. le dije. Pero en esa época en que hablábam os de la Residencia de Estudiantes. y según Buñuel. los intelectuales im portantes. un poco cierto. ¿no? Federico ya era conocido. porque ya hace varios años y tengo du­ das.» «Te voy a llevar». cosas maravillosas. que decía Federico. nunca. La cosa de Federico era siem pre su gran m ara­ villa como poeta. — ¿Tú no tom aste nunca parte en las cosas de él y de Navás? — No. no me acuerdo. y lo llevé un dom in­ go al estudio de Peinado y Viñes. e incluso a O ntañón. — Sí. — Según Jeanne. pero no puedo precisar fechas. cuando vivía en un es­ tudio allá. Ya había estrenado co­ sas de teatro y todo. Vuelves a encontrar a B u­ ñuel cuando llega a París. a las únicas personas que les daba beligerancia era a Cotapos.ner una perrilla o una perra gorda. — Pero ahora volvamos a Buñuel. tenía una gran personalidad. es decir. donde estaban tam bién Jeanne Rucar y sus amigas. Esto ya es posterior. en París. Hace muchos años. y no me acuerdo. nada. y es cuando daba el esquinazo. un desconocido inteligentísimo. yo ya estaba aquí. llévame a un sitio donde yo me divierta o algo. Pero eso no era porque Federico los despreciara. — Eran de los que Federico no llevaba a las «cosas» de los intelectuales. No. — ¿Y esto es cierto? — Sí. Pero si ese individuo. el treinta y cuatro. Y un día me dijo: «Oye. Yo sé que Federico cuando veía mucho a un individuo es porque le tenía una gran estima. ¿no?. y siem­ pre hemos tenido que recordar esa brom a. y extraordinario de gracia. que era a su vez una perso­ na que m ental y espiritualm ente tenía una cierta personalidad. Federico lo hacía así. es decir. No. aquí. llamado por Vicens. y allí fue donde se conocieron. Lo conozco bien. sí. sino porque le m olestaba de pronto que otros indi­ viduos tan extraordinarios como él se le igualaran. Después. Porque les hablaba así. Eso lo recuerdo muy bien. En ese sentido. con quie­ nes se divertía y hacían los sketchs y las cosas de teatro que in­ ventaban los tres. — Es claro.

durante la guerra. y él com pró esa librería y se instaló. — B ueno. de la librería. — La herm ana de Jeanne fue secretaria de Juan Vicens y fue propietaria incluso. éste era el lugar. Ahí estaban todos y Pablo N eruda. no. a Lulú y a H ernando.una carta: «D eja a tu novia. yo. no recuerdo bien. — B ueno. que había invitado a los Viñes. — A dem ás. — ¿Pero Luis? — Luis. estaba en España. Pero la cosa es que le decíamos que iba a poner toda su fortuna en una fábrica de preservativos. él estaba en M adrid y yo estaba continuam ente con él. De guerra no hay que hablarle a Luis. creo. —Y ahí trabajó la herm ana de Jeanne. No recuerdo si era verdad... al final. y que allí se sacó esa fotografía. y nosotros le gastábamos la brom a a Vicens diciéndole que eran preservativos. no. Sí. La Librería E spa­ ñola de la rué Gay-Lussac. venían a divertirse. que ha dejado a la suya. y recuerda cómo salió de España con Imaz y con Buñuel. Eso era a principios del treinta y seis. no. durante la guerra. Y es cuando Juan Vi­ cens quería colocar dinero que tenía. Luego vino el principio de la guerra. Sánchez V entura la tenía ya ins­ talada. tanto Vicens como Luis eran señoritos y eran muy enamoradizos. — Cuando estalló la guerra. pero parece que fabricaba artículos de goma. de violen­ cia y de guerras. — En esa época. Pero no recuerdo datos o de­ talles particulares. a quien conocía de Chile. — ¿Y cuándo se fue? — No lo sé.» — Entonces Luis se dedica a hacer vida de señorito. o un poco antes. A quí está Sánchez V entura. — ¿Y te acuerdas de Un perro andaluz? — El recuerdo que tengo es el de las filmaciones. Roces me dice que Buñuel ya estaba en París.» — Era cierto. de un banquete que le dimos a H er­ nando. cuando se ha­ cían algunas estando yo presente. pero el hecho es que com pró una librería. Pero esta carta la escribió a M antecón: «D eja a Concha y vente para acá. ahora hay una cosa muy curiosa. que se ha hecho tan famosa. En cambio. No sé si es entonces. Ayer estuve con Pepe Bergamín. y yo me acuerdo que estaba muy nervioso. pero pronto. — ¿Fuiste al estreno? 340 . Yo no sé si fue por aquello o no. eso yo ya no lo sé. donde reci­ bían las cosas de. El padre de Jeanne Rucar era contable. Me acuerdo que se hallaba inquietísimo.

» Entonces. — ¿Ves a Max Ernst alguna vez? —No. en fin. y después se dio ya pú­ blicam ente. ni Peinado. y el único que rom pió filas fue Coc­ teau: «C’est épatant». el capitán de los bandidos. las reuniones que daban los Noailles eran mararavillosas.. y yo. ¿no? Pero yo no sé si a la gente le gustaba la película. entusiasm ado por la expresión de Cocteau y nosotros. Asistió lo que se llama el tout-Paris. por invitación. el pintor. desde luego. con comidas en mesas individuales. — Y ¿qué más recuerdas de La edad de o ro ? — Me acuerdo cuando se pasó por prim era vez en la casa del vizconde de Noailles. Luego. Y a todas las personas que fueron a las representaciones de su casa les volvían la espalda. Cuando lo encuentre. ¡cómo!. pero. a tal grado. No sé si ya a partir de ese m om ento Charles de Noailles se decidió por que se diese al público. que era. en fin. en un teatro cerca del Panteón. dijo. A ésos los recuerdo perfectam ente. la aristotocracia. ¿por qué no iba a ir? Pero no recuerdo nada con­ cretam ente. ¿no? Yo estuve en esa reunión. Cuando term inó la película hubo un silencio sepulcral. esas personas que se ponen de un lado y lue­ go de otro. naturalm ente. sí. en la pelí­ cula. Pero lo que produjo escándalo. no. todo francés. Fue delirante. por allí. un entusiasmo loco.. la partida de los bandidos del principio. Fui. naturalm ente. fue La edad de oro. todos segui­ mos diciendo: «C’est épatant. Lo que pasaba es que todo el m undo estaba a la expectativa sobre C ’est épatant. todos son los com pañeros pintores que estábam os aquí. Solam ente hubo dos presenta­ ciones de ese tipo en la casa de Noailles. tú sabes que en La edad de oro trabajam os casi to­ dos los amigos. los Noailles. sí. Ese día es­ tábam os invitados a la presentación. Entonces se arm ó el gran escándalo en toda la municipalidad. dio una prim era presen­ tación en su casa. ir a verlo. — Ya que hablam os de La edad de oro. no. Buñuel. B érard. Sadoul. se dijo en un Consejo municipal que. claro. y duques y marqueses. ¿qué recuerdas tú? — B ueno. Y tam bién fue un éxito delirante en L’Erm itage.— Sí. que fue el que dio el dinero. que esa película para pasarla al público debía haber pasado antes por la censura y que cómo la censura lo había perm itido.. un verdadero escán­ dalo. eso sí. que fue expulsado Charles Noailles del Jockey Club. Y.. es decir. capitaneados por Max Ernst. yo tengo allí un papel de guardabos­ ques. Pero están todos los que estába­ mos entonces. Ya sabes. porque se me ha quedado grabado.. Fue un gran escándalo. Noailles. Nadie se atrevía a decir nada. ¿Rué Cujas? No recuerdo. 341 . Jean Cocteau. El único que no es­ taba allí es Viñes. y a sus am i­ gas y a su familia las m enospreciaron.

U na cosa horrible. Los Noailles cedieron a Buñuel su palacio. — Sí. — Sí. no de pago. ¿para qué te cuento esto? P orque. Eran gentes muy simpáticas los Noailles. Allí se hizo una exposición de pintu­ ras surrealistas donde había muchos cuadros de Dalí. En el Erm itage fue con invitación. * * * — El siempre escondía a Luisa de todo el m undo. ¿no? — B ueno. con todos los criados de calzón corto. y nosotros bebim os todo lo que nos dio la gana. Casi todos eran de Dalí. desde luego. de nos­ otros tam bién.En fin. Yo no sé. en la Plaza de los E sta­ dos U nidos. Yo no sé si separados com pletam ente. ya m urió el po­ bre.. — Escondía ¿a quién? — A Luisa. — Sigue lo mismo. El hecho es que los criados de pantalón corto y con hebillas en los zapatos nos atendían. que diga. La única copia que sale de cuando en cuando es la que tiene la Cinem ateca. — A Juana. no recuerdo. Tam bién se dio la película en L’A telier. pero cuéntam elo tú. Todo estaba abierto y a nuestra disposición. Flores. — Sería a Juana. aquello fue espantoso: tiraron tinteros a la pantalla y a los cuadros. Buñuel va a todas partes. — Entonces fuimos allí todos los que hicimos el papel de ban­ didos y los que tenían otros papeles en la película. pero. — El me lo ha contado. Es muy raro Buñuel. todos los pin­ tores. — Studio Vingt-huit. Noailles retiró la película. en ocasión de una exposición de pinturas surrealistas donde se exhibían cuadros de Dalí. Studio Vingt-huit. Se hizo el escán­ dalo y no acabó de pasarse la película. 342 . y a Juana no la lleva nunca. Eso ya es con público. El día del estreno. Floy se han distanciado. en fin. — Pero eso fue después de que en L’Erm itage.. El se va y deja a Juana. en M ontm artre. no sé si es que Juana no quiere ir o es que Buñuel no la deja ir con él. pero había de Dalí. — Es su carácter. algo trem endo. no viven juntos. Entonces. muy raro. y desde entonces está bajo candado. No sé. un espectáculo normal.. entre ellos. B ueno.. m ientras que en el Studio de M ont­ m artre fue de pago. Flores era m urciano. un gran escándalo. — B ueno. Eso es lo que yo recuerdo. había de D alí y de otros.

raro? Juana está en­ cantada en seguir siendo la m adre de sus hijos. Porque hay otra cuestión. pero ella ha seguido igual hasta hoy. . aho­ ra que tú me llevas a ese terreno. sí. Juana no tiene nada que ver. No. Porque ¿qué papel iba a representar ella en un m ovimiento de surrealistas o de tipo intelectual más o m enos extraño. no ha estado nunca con él en ninguna parte. Es de­ cir. de ser la m ujer de Buñuel y de estar con sus amigos. Yo pienso.— ¿Pero era lo mismo entonces? — A h. Buñuel no llevaba a Juana a ninguna parte. en fin. Está maravillo­ sam ente bien. que en la época en la que Buñuel entra al surrealism o. — Por mí te digo: no sé si es que Buñuel la escondía o si es ella que no quería ir. Ni cuando era su gran am or. si es que ha habido un gran amor. — No sé.

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Algunos vivían en la calle que se llam aba entonces rue Brocea. estábam os allí un grupo muy simpático y que ha continuado después esta am istad. un balón así. que tenía cinco o seis pisos. y todas 345 . Vicens ya venía un poco arruinado. en la rue de la Glacière núm ero setenta y cuatro. no. con unas correas. en la rue Gay-Lussac. Uzelay. porque yo llegué a París a finales del veintitrés. que se llama. creo que fue el veinticuatro. Y Buñuel tenía su habitación en el Hôtel des Terraces. Muy bien.. ¿te acuerdas?. se inauguró un hotel que se llamaba H ôtel des Terraces. y allí nos reuníam os a veces hasta quince españoles. en lo alto del hotel. Juan Vicens era uno de los que trajim os. Cossío. en el año veinticua­ tro seguram ente. pues íbamos a com er a un restaurante del bulevar A rago. Tam bién andaba por allí Ismael González de la Serna y Milicua. Paco G arcía Lorca. y como Paco García Lorca. Y en aquel tiem po. pues Buñuel ocupaba una habitación muy buena. pues allí hacíamos un grupo. que era de un señor que se llam aba Bondoux. no.. B ueno. Y en seguida me encontré allí con este grupo que ya conoces: M anolo Angeles O rtiz. Y fuimos un grupo de españoles los prim eros habitantes u ocupantes de aquel hotel. había vendido su molino y se m etió en la librería.JO A Q U ÍN PE IN A D O — ¿Cuándo conociste a Buñuel? — Creo que nos conocimos el año veinticuatro o el veinticinco. porque Juan Vicens estaba con su librería. H abía otros como Buhigas. lo estrenam os. y tenía una terraza en la que colocó un balón para practicar el punching-ball . en el núm ero diez. de las m ejores. ¿no crees? En fin. la librería de Sánchez C uesta. B ueno. Buñuel. Bueno. todas las noches nos reuníam os. Buñuel entre nosotros. Buhigas. y un hom bre tan honrado no podía ser nunca un com erciante floreciente. Bores. esta amistad la han ido culti­ vando siempre. porque iba a decir que era el niño rico.

Luego. lo cual. y traía una carta o una presentación para una familia cordobesa.. y le digo algunas veces que si él hace cine me lo debe a mí. muy bien. a finales del veintitrés. no es cierto. Yo llegué a París. otras cosas tenía Buñuel. si tiene usted algunos amigos españoles. como te he dicho antes.. Un día. Dijo: «M añana yo la m ando al tinte. Eran dos. — Todo lo que diga. 346 . Seyler. Es que puedo ser dem asiado prolijo. claro.. unas veces raras y otras veces las aceptábam os. claro. los m enos amigos o los que cultivába­ mos m enos la cultura física. Vicens éram os lo que se dice hijos de familia.. E sto desaparece. Y traiga usted amigos.las m añanas. él hacía allí su sesión de boxeo o de punching-ball. Fíjate si es gorda la cosa. porque Uzelay.. no sé cuál es tu opinión. y allí venían ya otros españoles mucho más modestos que nosotros. por el nom bre del m arido. y la casada. com o Juanito Vicens. artistas. Porque yo no sé si Buñuel ha sido de joven un hom bre tímido. tal día celebram os una reunión aquí. — Sí. se hablaba allí. Buñuel. Se sacaron unas plumas estilográfi­ cas. en noviem bre.» Y entonces yo llevé a Paco García Lorca. producía una gran impresión entre nosotros.. Pero él venía de la Residencia de Estudiantes. si puede interesarte.» Y no se alteró lo más mínimo. sí. En fin. venía con principios muy sanos y le gustaba practicar el deporte para m antenerse bien. R ecuerdo. pretendo ser una persona im portan­ te en la vida de Buñuel. Una noche. era herm ana de Conchita. yo creo que no lo ha sido nunca. — ¿Es cierto que tú fuiste novio de Juanita antes que lo fuera Luis? — No. que era la prim era comunión de Juanita—Juanita era muy joven— . todo. A H ernando tam bién lo conoció. señor. No sé qué pasó con aquella discusión. Paco García Lorca. Esto no dejó de im presionarm e. No. a Luis B uñuel. que trabajaban haciendo marcos. Y estas amigas me recibieron muy bien y me dijeron: «Joaquín. haciendo m uebles... que si era otra: la «W atermans». que eran finos escultores. Q ue si la «Parker» era la m ejor. Rafaela. La soltera se llamaba Conchita U rbano. En La R otonde ya era distinto. lo que sí te digo es que de pronto saltó allí un chorro de tinta y le cayó a Buñuel en una gabardina muy bonita y nueva que él traía de M adrid y que todos adm irábam os. Y Buñuel pensamos que se iba a enfadar o que se iba. Nos reuníam os en la C oupole casi todas las noches. B ueno. Prueba de ello es que te lo cuento como una cosa de Buñuel.. Y ocurre tam bién que si se casó con Juanita es por mí.. con el torso desnudo. a M anolo Angeles Ortiz. allí venían otros muchachos que vivían allí de su trabajo. el día de las Catherinettes. recibíam os nuestro dinerito todos los m e­ ses.

en el año veinticuatro creo que fue. seguíamos reuniéndonos. Fuimos a un castillo de un amigo que se llamaba Roger de Vetnal. Prim ero. ahora no me acuerdo del nom bre. su herm ana mayor. pues. y Juanita era muy joven. y he estado allí con ellos porque me solicitaron. usted es pintor. hay un pabellón denom inado «Doctor Albarrán». y luego volvíamos. todos muy ricos. E ra un hom bre oculto. Venía con Raquel M eller y con un alem án. no se le veía. tenía un negocio de artículos de goma. Tam bién venía un tal A lbarrán. nos adoptaron en la familia de Juanita. No conozco otra cosa. tam bién me dijeron: «Nos va usted a ayudar para hacer los decorados de los interiores. yo no sé qué. se escondía. sino H elen Tasnó y otra que. pues a La R otonde. y por la noche. porque estaba Juanita y estaba G eorgette. El estudio lo tenía en M ontreuil. C atherine o algo así. porque él se sentía cohibido ante la avalancha de estos brillantes españoles que llegaban a París. que cedió a Cochin eso. en el Hospital Cochin. creo. el castillo de C ourtam pier. A lbarrán. las m uchachas eran muy simpáticas.» Y esos decorados los hacía Lazar M erson. lo veíamos poco. tom ábam os vaca­ ciones que nos separaban. al taller. En cambio. Ese hom bre era muy tímido. una sociedad que se llama A lbatros. a 347 . muy conocido como decora­ dor de cine. Y al regreso. porque luego se han hecho otras versiones. Y quiero saber: ¿el padre de Juanita tenía un negocio de artículos de goma. usted es de R onda y nos va a servir aquí. Me dijeron: «Usted es nuestro hom bre. o algo así. B ueno. de París. y ya. Pues venían allí.los llevé a todos.» Y estuve con ellos. amigos de H ernando Viñes. originario. y yo convocaba a los amigos: «¡Que viene Juanita!» Y allí nos reuníam os. — Esto era en el bulevar G am betta. hom bre muy rico. el año veinticinco. C reo que es una donación de ese doctor A lbarrán. Bien. que nuestro buen Juan Vicens quiso representar o am pliar. allí en C ourtam pier. Y muy bien. Pasa el tiem po. dije allí a los amigos: «Pues he conocido en Ronda a una troupe de ciném a. varios hijos. de C uba. Y un año. de unos rusos. Pasamos allí unos días muy simpáticos. Porque allí en París. y que tenía allí una familia. El grupo de españoles era muy solicitado. no sólo Juanita. Y el director de la película se llam aba Jacques Feyder y hacía la película esta de Carmen. cuando regresé de mis vacaciones. No sé si tú has oído ese nom bre. alquilé un taller en el bulevar de M ontparnasse. o era contable? — Según mis noticias. porque eran los principios nuestros en Francia. Creo que era de gomas. Yo iba todos los días. eran dos herm a­ nas. el cual estaba muy relacionado con ciertas personas im portantes de allí. y allí venían las chicas. Louis Larch. porque cada uno iba a su tierra. sí. una versión.

pues ésos son los días de cine y de nuestro encuentro allá. que es Louis Page. pues ha sido con Buñuel y con todos los amigos de la época. sino porque el operador. un ensayo de cómo se debe llevar el capote.» Entonces vino.» Y esa escena. 348 . a La Rotonde a tom ar café.. porque cuando Carmen salió al público ya venía el cine sonoro. Y Carmen no ha sido una buena película. a otra de las que salían.cenar a casa de Bondoux. en Carmen. por aquel entonces.. Y no sólo eso. de Jacques Feyder. porque fueron los prim eros años. dijo: «Pues muy bien. sino que tam bién lo ocuparon en ciertos pequeños papeles allí. que me la estás ensuciando. — No solam ente me acuerdo porque hizo esta película. conocer su técnica. que es el autor de esa película. — Q uiero preguntarte una cosa.. Rafael Sánchez V entura. porque querían hacer una pequeña farsa de toros en el estudio. en la película que tú dices. H ernando V iñes. y con otros directo­ res de aquella época. ¿cómo se llama? Cuando los españoles en Flandes. B ueno. y de allí. Y recuerdo a Sánchez V entura quitarle a Cossío la gabardina y decir: «Una “larga” se hace así». Así que ya ves la cantidad de vueltas que da el mundo. a finales del veinticinco o a principios del veintiséis. no tuvo la difusión que podría haber tenido. Estás limpiando el bulevar con mi gabardina». de extra?» C laro. y era muy gracioso. Y dice: «Yo le toqué el culo no a R aquel M eller. asistimos a la prim era representación. que ya había tenido algunos contactos con Epstein. me parece.. Juanita. pues claro. por­ que la arrastraba muy lentam ente. y el pobre Cossío: «H om bre. tirarla en el suelo y arrastrarla por aquel bulevar. Hicimos una vez un ensayo en el bulevar Edgard Q uinet. Y entonces. además tuvo mala suerte. conocía la obra de Feyder La kermesse héroïque. La película ésta se estrenó. porque la prim era parte. que se interesaba por el cine. no fue buena. Cos­ sío. Buñuel. creo que fue en la sala M arivaux. B ueno. Buñuel. y estábam os allí peleando. Salió una vez de aragonés con unas alforjas. de m odo que de esta fecha es. cuando yo veo sobre todo la última parte de Carm en . ¿quién quiere venir m añana a M ontreuil para hacer de figurante. todos levantaban la m ano. es el que hizo posteriorm ente L ’espoir con Malraux y con­ migo en España. que los nom bres ahoran no me vienen a la cabeza. y esto hundió la película. porque había que ir muy elegante y todo esto. B ueno. es muy larga esa película. que es anterior a Carmen. Buñuel. Sin em bargo. — Es La kerm esse héroïque. ya nos acordarem os luego. Y yo llegaba allí algunas noches y decía: «Señores. yo quiero ver cómo trabaja Feyder. y cómo me pongo un sm oking o un traje de noche.

Y no presté mucha atención a la medalla. él mismo las cocinaba. nos hizo unas chuletitas. Vivió en M eudon una tem porada larga. pero eso ya es durante la guerra. en efecto. cuando iba. Pero se casó. y él preparó la cena. — El treinta y cuatro. Pero esto es antes de la guerra. y todos las comimos con mucho gusto. porque veo que no habéis dejado nada. por Concha. cuando estuve com iendo con ellos.. les ponían unas túnicas con una cosa muy bonita. Y luego Luis me dijo que se habían casado el treinta y cuatro. pues form aban parte de una escuela o una acade­ mia de cultura física que tenía. nos acusaba de haber sido unos comilones. donde alquiló una casita. porque Concha se puso frenética cuando supo que Juanita estaba em barazada. Estaba entonces en M adrid con su ciática y dem ás. una muchacha muy simpática amiga de ella. Bueno. Luis se fue a París. atacándonos. si no me equivoco.se ganó una medalla en los Juegos Olímpicos. no sé si era Ivonne o Irène Popart.» Y. y de allí debe de venir la m edalla.. se casó y regresó. Luego vivió tam bién. con Hélène Tasnon. medalla que conserva. M ira. Sí lo he conocido y tratado después en M eudon. sí que me acuerdo. — Sí. me dijo que se había casado el veinticuatro.. que formó ella muchas alumnas. — Muy poco antes de la guerra. — Sí. Nos reuníam os mucho en 349 . él siem pre. efectivam ente. cenamos con Viñes. Es que Juanita. ¿no? ¿Fue antes? — No.. Es que tam bién ha vivido en la rue Pascal. ¿verdad? Dice: «La familia Buñuel es tal. en efecto. porque Juan Luis nace el treinta y cuatro. la guerra llega el treinta y seis. sé que se casaron el treinta y cuatro. medalla que me enseñó el lunes. Cuando hablé hace ya tres años con Juanita.. Y entonces dijo él: «He hecho poca cena. — Bueno.. que la tuve el otro día en la mano y no me acordaba ya de eso. la fecha del casamiento no la recuerdo. las ponía aceite. fue antes. ¿no te dice nada ese nom bre?. — Hay una cosa muy curiosa.» Estas son las cosas de Luis. y te vas inm ediatam ente a París y te casas con ella. formaba parte ella del equipo que presentó Irène Popart. las colocaba en la parrilla. ahora ya se hacen cosas más atrevidas todavía. Es decir. os lo habéis comido todo. ya lo conoces. Yo.» Y yo he estado allí. En realidad es que lo hizo muy bien y estaba todo estupendam ente preparado. ¿Tú conoces eso? El otro día le dije: «¿Te acuerdas de la casa de la rue Pascal?» «Sí.. en efecto. Yo esto ya lo he perdido un poco. de gimnasia. se fue a París. tenía ya a Juan Luis. sí. Pues. En fin.

. Y un día nos dice H ernando: «Tenemos que trabajar porque ha pedido a papá que haga los decorados para E l retablo de m aese Pedro. Allí venía don José Viñes. se quedó en París no sé por qué. Que después nos detuvimos y visitamos no sólo H olanda. tam bién paisano de Luis. Y Cossío diciéndole: «Don José. — Entonces. no! Tam bién vino. como sabes. no sólo conoce literatura y cine. y entroncados con músicos y con gente de valía. Uzelay y otros. Todo esto venía de la casa de Viñes. de los muñecos y todo eso. el pianista. me pareció siempre que era un hom bre negado. el padre de H ernando. Ya se dio el año veintitrés. una alum na de Ricardo Viñes tocaba el piano y nosotros seguíamos la cosa. que era otro de los amigos que antes no he m encionado. no. allí se hicieron los decorados. no. ¿qué com entarios hacía él sobre los pintores holandeses o sobre H olanda? — M ira. Yo decía: «Pero este Luis es algo extraordinario. han solicitado de nuevo que sea papá y nosotros los que hagamos los decorados. los movimientos de los niños. claro que vino. — ¿Y fue Juanita? — No. Y recuerdo muy bien que Buñuel ya en aquellos m om entos tom ó la dirección artística como un cineasta. nosotros hicimos unos decorados.» Es una cosa que yo he adm irado mucho siem pre. Pues en la rué Broca. la lucha de esos Países Bajos para 350 .. sobrino de R icardo. Porque yo he conocido a Sauges. Saura.» Muy bien.casa de H ernando Viñes. los amigos que podían leer la música. y ahora quieren darlo en la O pera de A m ster­ dam . Q ue hacía unos com en­ tarios sobre H olanda. sí. es verdad. Pues él dirigía esta cosa. en cierto m odo. a Ricardo tam bién. tam bién vino. sino Bélgi­ ca. y a Darius M ilhaud. en casa de Viñes. que no es un piano. hacía de Don Q uijote. porque venía a nuestros talleres. diferentes ciudades. hom bre muy nervioso. claro. Visitamos los m useos. como un director de cine. porque era su prim er viaje a Holanda.. Y de la visita lo que más apreció él fueron las ciudades. B ueno. no. y además me adm iró mucho que la partitura o la partición él la leía. para construir aquel escenario pequeñito del Retablo. Sí. ¡Ah. Luego no vino él a A m sterdam . Y ahí. sino que tam bién la música. A mí me tocó hacer de M aese Pedro. con un martillo. y puede leerla. por las noches en casa de H ernando ensayábam os la parte musical.. sobre la pintura nunca lo he visto muy aficionado. que no tenía esa sensibilidad ni esa atracción. Y se enfadaba don José Viñes cuando se daban unos golpes allí. hacíamos los ensayos musicales. que se va a dar en Holanda. era un muchacho muy delgadito. pero la pintura no le interesaba.» Le decía eso. donde había un taller bastante amplio que ocupaba Cossío.

era injusto porque hay pintores del grupo. Pero nunca sentí en él el aficionado a la pintura. donde hay una cena de mendigos. la cena de. plástico. ¿verdad?. Claro. o por lo menos yo así me consideraba. y tal. no sabéis nada de literatura. U n día nos som etió a un exam en. en cambio. los pintores. jovencito entonces como éram os to­ dos.defenderse del m ar. que podía hacer alguna crítica. Sin em bargo. ¿verdad?. sino que tuvo en sus manos una tarjeta postal de tipo jesuítico.. por las que se circulaba como si fuera de día. ¿cómo se llama?. — B ueno. veinticuatro. en la cual está bien term inada. Luego. Y luego resulta tam bién que tiene un gran sentido plástico. — Sí. que ha tenido una educación iranccsa y se ha encontrado en un círculo de gentes muy intere­ sante. Le digo: «Yo he leído Stepanchikovo. La Cena de Leonardo. Yo creo que ha hecho cosas muy serias desde el punto de vista pictórico. que en tan mal estado está. — Así lo creo yo. pues nos tenía que sorprender. y entre ellos— no sé si lo conoces— G regorio Prieto. en aquellos tiempos era más bien la literatura.» «¡Ah. esto yo lo sé muy bien. — Sí. cosa que. esas carreteras iluminadas en la noche. cuando viene ahí Jesús con sus apóstoles. Lo éram os. Y Luis diciendo siempre: «Vosotros. los años enseñan m ucho. en el año veintitrés. y nos desprecia­ ba y al propio tiem po nos quería tanto. —Pues sí.» Que era verdad. ¿verdad? Pero Buñuel nos lia considerado siempre como unos analfabetos. este hom bre joven que le dice la mamá: «No te quites la barba». en Viridiana. jóvenes. él para nada se refirió a La Cena de Leonardo. en esa película. para esos cuadros. pero luego.. ¿verdad? Luego la 351 . pues ante todo los críticos pretenden que puso en la cena. por ejem plo el propio H ernando. yo creo que Luis va a una cosa funcional en sus películas y que la misma función le da la posibilidad de lograr una belleza que no tiene. Pero ahí yo encuentro un gran plasticismo. en el fondo. en una de las últimas películas. en su obra cinematográfica. La Vía Láctea. Y entonces me dice a mí: «Y tú. ¿Tú qué opinas? —No.. respeto tam bién para todos esos museos. Y entonces le dice a Prieto: «¿Q ué libros conoces tú o has leído?» Y Prieto no sé qué le dijo. No sé. bien fignole. nada que ver con la representación que de hecho es la pintura. de hom bre que no era analfabeto entre los pintores. sois unos analfabetos. por su tío y por otras razones. para los que veníam os de España. Nos encontrábam os en casa de Viñes varios amigos. ¿qué has leído?» Y yo me lo tenía muy reciente en la memoria. tan abandonado eso en España. te doy el premio! Tú eres el mas inteligente y el más erudito de todos.» De modo que me dio una especie de diploma. Claro. claro. mi querido Peinado..

» «Pero ¿qué te pasa. le invito yo y voy a tal restaurante.» Yo decía: «¡Pues vaya preocupacio­ nes!» Las cosas que más me entristecen es prim ero tener que recibir algún dinero de papá. un Cossío: «H om bre. Me interesan muchísi­ 352 . déjam e diez francos. Luis?» «Que la familia ha com prado un automóvil “R enault” .. Eran gestos surrealistas que yo no aprobaba. Teníam os nuestros sillones con cigarrillos al lado. en fin.. como estas reuniones se hacen con mucha generosidad por parte de los dueños de la casa. yo tengo setecientos francos. y segundo. y con un rigor que él mismo lo lam enta ahora. Cuando hizo Un perro andaluz. Pero allí vi Un perro andaluz porque nos habían invitado a todos los amigos.. Yo salí de allí un poco confuso. estoy muy preocupado. que nos desconcertaban un poco. le dijo que podía invitar a sus amigos para una representación.» Y cosas así que eran un poco duras.. Se llenó una salita muy bonita del palacio aquél. ¿cómo se llama la señora ésta. los que no dependían de papá. Sin em bargo. a poner agua en la botella de ginebra. y para eso él reservaba setecientos francos.historia suya. Pues no te doy los diez francos que me pides. pero. Y algunas veces nos consideraba como unos sablistas profesionales. Y me acuerdo de que.» Y decía: «No. Y es lo que digo yo: ¿era timidez eso? No sé. — Sí. Tengo referencias bastante precisas de ese día. que me acuerdo era en la Place des E tats Units. Pero en el caso suyo era diferente: otra ética. nos lo negaba. él tenía dinero. y allí se proyectó la película. Pues un día le dijo la señora ésta.. — No viste Un perro andaluz. una cosa.. pero m aña­ na tengo que com er con Epstein. diciendo: «Yo tengo aquí tantos miles de francos. Bueno... Y luego le pedía un Fenosa. H a sido un hom bre de gran cerebro y enérgico..? — La Noailles. a poner vino en la de whisky. había tam bién los franceses y todos. pues todo pasaba muy bien. que eran con un filtro de terciopelo azul o violeta. y el whisky lo pasaban a otra. Así que eso tam bién. El ha tenido siempre unas ideas muy fijas sobre las cosas. esto fu e . y los amigos iban a pedirle dinero. me parece. había un bar. estoy muy indignado. siempre viéndonos.. sino La edad de oro. que nos sorprendían a todos. y allá fuimos. Así se m etieron varios de estos jóvenes surrealistas y em pe­ zaron a vaciar botellas. la princesa o la. Como tam bién un día decir: «Oh. Y había sobre todo gentes del equipo surrealis­ ta. Allí saludé a Aragón y a otros muchos.» Cosas así. porque allí no había problem as de ese tipo. Claro que no había amigos españoles solam ente. porque iba a com er con Epstein y con el otro. si las noticias de sus negocios no son buenas. otra m anera de pensar. y yo no quería que com prara un “R enault” . Me acuerdo.

pues ellos venían a colaborar allí con nosotros en esta Oficina del Turisr ). Pero ahora me interesa. Yo nunca entré en esas cosas. etcétera. a Sadoul y a A ragón. creo que a partir de ese m om ento que indicas. que llega a París en ese tiem po. que se Iniiislormó en Oficina de Propaganda. que se hacían más fuertes. perdíam os un poco de vista . ¿O no? ¿O seguiste viéndolo? — Sí. mira mi torso cómo está deform ado por la 353 M A U B . que era negro. A hora te quiero preguntar una cosa: en el m om ento del encuentro entre Luis y Dalí. porque. que tuvo mucho éxito. Me gustaría que contaras tu punto de vista. en fin. ¿no es verdad? Yo lo he visto en su casa. y de Eduardo U garte. en efecto. pero me parece que hacía el doblaje. Yo a la pintura la quería en el sentido pictórico y no introducir literatura.. Un perro andaluz. yo había perdido un poco de contacto.. Prim ero. y más o menos ayuda al grupo comunista.i 1. con el partido. ¿verdad? Y sucede lo que has contado antes. Se ocupaba de cine. sea el español. Pero no te puedo decir exactam ente. cuando sufría de la ciática. Porque continué siem pre muy amigo de | mus Aragón. y es cuando hace La edad de oro y van a casa de los vizcondes. y me dijo: «Joaquín. Como la ('. yo. dime si tú crees que Luis ha pertenecido al Partido C om unista. me parece que nos hemos visto menos.mo. Luis se había ido a España. del propio B retón.nena de España viene el año treinta y seis. Tam bién venú. antes de la guerra. Y no lúe por esas razones.. se fue a un fondo de puerta. precisam ente paia contraponerlo con otros. el surrealismo nunca me interesó. I’i ro esto ya era el año treinta y seis.— 12 . no sé. Y de Juanito Vicens por allí... ¿qué pasa? Es decir. —Sí. en efecto. —Sí. sí.. y los surrealistas quisieron echar a Luis por el éxito que tuvo. hubo una separación. Y . tú ya pierdes un poco de vista a Luis en el m om ento en que se une a Pierre Unik.uis o. ¿Hizo películas? ¿En España? Porque lo vi una vez en M adrid. Y son los m om entos que tú has citado antes. entonces entró en relación con los Noailles.. no lo sé. y luego cuéntam e tu relación con Luis durante la guerra y referente a estas cosas del bulevar de la Madeleine y de todo esto. en efecto. se levantó de la cama (porque estuve en su habitación). hizo películas. en marzo del veintinueve. por lo menos. Por sus relaciones tan estrechas con el grupo surrealista. Tal ve/. Buñuel. de Tristan T zara. y cada uno con sus preocupaciones. Buñuel exhibió en el Studio des Ursulines. Pues. sea el francés. Es que todos íbamos avanzando en edad.

Yo hablé de esto a Juan Vicens y a otros amigos. C uando era ya una cosa notoria. muy grandes.» Bueno. precisam ente cuando llega la guerra de España (yo había estado en M adrid). no lo creo. pues resulta que la guerra ha estallado. lo han m atado.» Pues bien. bulevar de la M adeleine. y los tres hacem os un escrito. querem os aprovecharlo.» Y se puso allí como si fuera en un espejo. en efecto. es lo que le separó un poco de nosotros. ¿qué hacemos?» Me pongo al habla con José Luis Sert y con Guillerm o de T orre. me encuentro allí de director de aquella oficina o de subdirector. que las hacíamos de tipo industrial. C ésar V allejo. y él no quiere que se hagan cosas. han traído fotografías del frente.. don Enrique Ramos.» Y allá voy. porque no es verdad. y cuando llego. a esa oficina venían todos los días. y aquello es un nido de fascistas. Tenem os ya docum entos. y dijeron: «Este Paco nos está siem pre fasti­ diando. Un golpe de teléfono de Bélgica: «Joaquín. Joaquín. y al lado. con una colaboración muy estrecha que prestaron. Por otro lado. lo llevamos a la em bajada y decimos: «Señor em bajador (creo que era A raquistain). me había dado en M adrid la misión un ministro que era muy amigo de mi herm ano Juan. por­ que se pasó tem poradas largas en la cam a. teníam os catorce m etros de vitrina en la rué Vignon.. había una deform ación de la espina dorsal que se notaba a ojos vistas. el año treinta y seis.. Que sé. y la gente se agolpaba.» «¿Quién ha­ bla?» «Paco. y pusimos una de Federico. ha ido Chim. a Buñuel yo no lo veía. y tal. Tristan Tzara. Si bien estaba yo. que tienes en esa oficina un gran retrato. Ha ido C appa. traducción d e. Entonces me encuentro allí por imperio de las circunstancias. Hay que quitarlo porque tene­ mos todavía esperanzas de que Federico no esté m uerto». adem ás. el retrato de Federico (no sé si conoces esto) en tam año grande. ponía­ mos el comunicado. C uando regresé a París.. porque no había. nos die­ ron su conform idad y aquello se transform ó.. No creo que él haya pertenecido al Partido Com unista n i. su poem a L a casada infiel.. y. y en el bulevar de la M adeleine. Porque poníamos publicaciones del frente. No me acuerdo. ha ido otro a España. empecé a hacer unos cursillos y tal. el estar curándose. fotografías. un poem a. tam poco he pertenecido 354 . Y Buñuel no venía. porque había una vitrina. se sabe. Venían qué sé yo. Y entonces.. me han dicho. Pusimos.. entre otras cosas. Estaba a diario todo aquello lleno de fotografías.. No sé por qué. yo quiero que te ocupes de esa Oficina del Turism o que tenem os allí. y hay que quitarlo. Tal vez su enferm edad tam bién. aquí querem os transform ar esto en cosa de propaganda. Y yo digo: «Pero esta Oficina de Turism o tan herm osa. desgraciadam ente. Venían A ragón.ciática. como decía don M anuel o don Diego Barrios. Me dijo: «Joaquín.

no sé cuándo he oído yo a Juanita decir (y esto. y por ella conocimos a Juanita.. porque él se acuesta muy tem prano. que sucedió a Vicens en su trabajo. Vicens. Lo que yo te decía.. después de la guerra) que Buñuel estaba en Hollywood y que Juanita le dijo 355 . Office Espagnol de Turism e. Buñuel y E duardo U garte llegan allí.. una cantidad de gente allí. una cosa que no había que divulgar. ¿Cóm o vais a llegar?» Porque eran Luis Buñuel. Em pezam os con m edios muy m odestos y con la ayuda de estos amigos que te he citado. Nina. Y el que tam bién estuvo mucho allí. Rafaela. estaba tam bién Guillerm o de Torre. Y lo que sí me acuerdo es que les dieron consejos los amigos. en fin. sobre lodo Tzara. lo que tú ya conoces. a comer. que se llam aba Patronato Nacional del Turism o. Claro. Así que yo decía: «Pues estos amigos están tam bién trabajando. muy mal de la vista. que estaba en los servicios de Propaganda. pues fíjate: no sólo estaba José Luis Sert. aquella oficina se amplió mucho cuando yo llegué. Pero tú tam bién llegaste en aquellos días. al perder contacto. me acuerdo. y yendo en automóvil! U no. claro. Lo que sí recuerdo. porque tú llegaste en aquellos días. en cambio. el setenta o no sé. este es el responsable.»— y se dirigía a mí para saber si era el nom bre— . Rafaela. y pedimos ayuda a la I '. Esto era en los orígenes. Y esto era todas las tardes. Siempre ha habido.» Q ue ya murió Rafaela Seller. diciendo: ¡Pues vaya viaje.nunca. que salían aquella tarde para Barcelona en automóvil.mbajada. y a mí. si yo me casé con Juanita. cuando la exposición A rt et Technique y el Pabellón Español. que oslaba. el que conduce. Y.. pero. Pero luego ya era I acasa. y el otro es ciego. su herm ana: «Mira. dice. Y nos lleva a com er allí por la plaza de Saint Michel. Porque él vino a París y conocía a Rafaela. desgraciadam ente. pero estábam os muy cerca. y estando en la mesa le dice a Conchita. y conocimos a toda la familia osa. Y le dije: «Así es. Porque por allí pasaban. en el boulevard de la M adeleine. ellos tenían quizá una misión... no se dónde. Tzara se ponía entre la gente que se agolpaba allí para ver el com unicado y leerlo. que ya la sordera se anunciaba en él. los prim eros meses. no a cenar.. como sabes. La circulación del bulevar se entorpecía por la parte de nuestra acera. fue U garte. y U garte. en efecto. No una fiesta. —¿En qué trabajo lo sustituyó? lin la dirección de esa oficina. Nos reuníam os.» I uego. a G eorgette... es sordo. El vino allí como jefe enviado por Sánchez Arcas.. H ace quizá dos años. y quizá tienen una funi ion mucho más im portante que la que yo estoy haciendo aquí.» Un día. porque yo decía: «¿Y cuál es la posición de Buñuel? Estam os en i sla guerra. porque entonces yo pensé que. ¿te acuerdas?. nos invita a cenar Luis a mi hija mayor.

que le dijo: «Pero Luis. se levantaba Luis y le dejaba la presidencia en la cabecera a don José M oreno Villa. Allí estaba Rafael (Juan Luis estaba en N orteam éri­ ca). Pero ocurre que tiene que irse a París para trabajar. que me solicitaba. cree usted que puede em plearse el aguarrás para disolverlas?» Me hizo una pregunta así.» Y que ella lo animó. usted puede trabajar como si fuera un óleo». pues cuando abrí la exposición (él no va a ninguna exposición). Y entonces se puso a pintar el m uro aquel del patio de Luis. porque lo veía postrado siem pre (no sé. Juanita me llam aba y me decía: «Mira que Luis me está preguntando todos los días: ¿has llamado a Joa­ quín?. Y se produjo un ligero incidente porque lo firm ó y le puso la fecha. cuando ya aquello se iba a cerrar. creo. No sé hasta qué punto Juanita ha podido influir en él benéficam ente o no. es que yo ayudé. muy bien. Bueno. que le ayudaba a traer las pinturas. este cariño que él tenía por don José M oreno Villa. Bueno. cuando estaba Luis en París. Y me dice Juanita: «Oye. allí se presenta Luis. una ausencia de tres meses o cosa así. y le hizo unas flores. Y yo iba a casa de Juanita con frecuencia. y nos 356 . pues llegaba don José. Y con él en su casa. Tú sabes de esto. Y me dice un día.. Esto no lo he podido olvidar. nada se opone.. a lavar los pinceles y tal.un día.. Luis. que a veces estábam os com iendo. Pero otra vez me dice José M oreno Villa. sin em bargo.» Y ella insistía. yo decía: «No. cuando el año cincuenta y cuatro vine a México. o no. y nos veíamos y salíamos. Y a mí me sacaba de eso insistiendo en que él era el que me pedía. ¿tienes noticias de Joaquín? Tiene que venir Joaquín. pues tam bién lo firmó.» Porque este am or. se ha m olestado don José porque yo lo firmé tam bién. que tan respetado y querido era en la casa de Luis. y le pone: Las flores que no planté. Bueno. ¿cree usted que estas pinturas Ripolli que se utilizan en los m uros. porque sabe que Luis tiene fama de hom bre muy raro que no quiere recibir a alguna gente. Luego regresó Luis. y ya em pezó a trabajar. y tal. bueno. sí. Fíjate qué cosa más bonita. si yo alguna vez sentía algo contra Luis. y Juanita. tú no te puedes quedar así... porque todos los días. Joaquín. Y ahí estaba Alcoriza. Cuando hice esta exposición en la galería de Inés A m or.» Y le dije: «Pues tiene razón don José. que pasé aquí una larga tem porada. yo a Luis se lo tengo que perdonar todo.. lo cual. y veíam os. y en la cabecera. no. y ahí estaba Juanita.» Estas son las cosas del año cincuenta y cuatro. que nos vimos. no. me dice M oreno Villa: «Peinado. Le dije: «Sí. ya en México) y que no hacía nada. y una vez fuimos Rafael y yo a m ontar a caballo en un lugar que tenía un sevillano. y estaba la m ujer de Alcoriza. ¿Tú por qué tienes que firm ar una cosa que ha hecho él?» «Ah. que tam bién se llama Juanita.

no lo creo. mira el vino. ¿tú crees que Luis sea celoso? No. dice.» D e los grandes restaurantes de allí. yo lo saqué. Oye. ilos. pues qué tienen: el retrato que le hizo Dalí.» Y los cuadros que tienen ahí. árabe. que están en la cámara plisándolo. No creo que la sienta. yo le dije a Juanita. Por casualidad los he visto en casa de un amigo que los com pró a un cham arilero. No lo había pensado así. porque ella decía: «Sí.. en cuanto a la pintura. otro que le ha hecho. pero es muy posible. a él y a Juanita. él no es hombre que suela decir: «¡Oh. Sí.m dedicados. y mira. M oreno Villa. que creo que vino ile una lotería o no sé. Bueno. Y era Luis el que silbaba al proyeccionista. Traía.. Así que Luis para mí siem pre es sorpresa y mucho afecto. de pronto. unos menús del restaulante tal y cual: «Pues m ira lo que vale la sole meunière. cuando murió G eorgette. muy reducida. árabe y tal vez judía. ¿no?. y tam bién tenías eiisas de Viñes.. y venía tam bién M anolo Angeles O rtiz. veinticinco. porque ya había otra versión. liemos pasado un rato muy agradable después de la comida. que él lia hccho con otro título. En lin. Porque cuando éram os jóvenes yo te regalé un cuadrito.» Yo le dije a Juanita: «Ni lo (finirás. I’ero ve. pues son las mismas que las de su padre. El lunes últim o. Dice que ha vendido casi lodo. y qué miIc . y dedicados. y ahora tiene doce o quince. Como los celos. Todas estas influencias me parece que las lleva m uy.E s posible.. qué am or tenéis por la pintura?» Y no se le ocurrió a Luis decir: «Ahí hay unos cuadros. y todo eso estaba en el piso de G eorgette. pero no. sí. y oigo allí. y que te » i.» Y se lo decía. Celoso ¿en qué sentido? ¿En el sentido de 357 . Pero ¿tú crees—por imlo lo que has contado de Luis— que hay un fondo de avaricia aragonesa.luimos de nuevo. como siem pre. dio un silbatazo como un campesino o.. encuadraron bien la imagen. qué vino. aragonesa. en él? . Yo los quiero para mi casa o mi colección. estábam os en la sala. judía. Y yo he visto • uadros firmados por mí el año veinticuatro. En el fondo.. a él lo teníam os en el centro. creo. y después otro. Y Juan Luis: • Si. no tenem os nada tuyo. pero es que se habían puesto tal vez un poquito más bajos estos reajustes que tienen que hacer. IV i d le dije: «¿Q ué es eso.» Y el Vines es la única cosa que había sacado Juan Luis. de Leonora Carrington. Cum bres borrascosas. en efecto. Y he visto un Bores. Y. Tenía sesenta y tres arm as. y. Nos llevó un día a ver esta película. y había que llevarse los otros. ese piso lo habéis liquidado. Tam bién te regaló Bores. que ya está. yo no me di <uc iita. Nos llevó un día. mucho i m iño. ¿Tú eres de mi opinión? Sí. en este aspecto sí soy de tu opinión. este cuadro!» No siente la pintura. y cuánto me sorprendió. pues me ha enseñado su colección de am ias.

— ¿Q ué aspecto tenía? — E ra un joven delgadito. y unos horrores y unas cosas de tipo sexual. Y Luis. Nos reuníam os tam bién en la Closerie des Liles. hemos estado charlando y no hemos hablado de m ujeres. y nosotros los alumnos queríam os que entrara Vázquez Díaz. que Fulanita. los más caros. siem pre hablando de muchachas. en aquellas épocas. A hora. no sé cuál había m uerto. Y su vestir. veinticuatro. — Pero es que en Un perro andaluz hay muchas cosas de Dalí.» Y el cuadro. que se editaron ¿cuántos núm eros? — Según. Yo no he podido entrar en ese aspecto suyo. pues me quedo muy perplejo. y que si las malagueñas y los m alagueños. claro. y cuando yo salí de la Escuela de M adrid. de M adrid.. Pero él nunca utilizó eso en el terreno del am or o de la conquista. Y a poco de haber leído eso. nunca ha sido el hom bre. leyendo esa revista Le Surréalisme. Y luego con sus películas. Y decían— a lo m ejor Luis— : «Estoy muy contento. no. que Z utanita y que la otra se da bien o se da mal. E staba la revista Le Surréalisme au Service de la révolution. él entraba.» Y porque no se habló de m ujeres. — No te he dicho nada de Dalí porque lo he tratado muy poco. esto puede ser un com plejo en él. y te trae un cuadrito de parte de Emilio Prados. no. de España... mira. creo. no puedo juzgarlo... pues 358 . No sé. me vine a París (esto fue el año veintitrés) y él se quedó allí. Y lo adm iraba. poquísimo. Juanita lo adm iraba mucho por sus zapatos. los años veinticinco.» A mí me desconcertaba. Me hubiera gustado. U na cosa horrible. me dice Vicens: «Está aquí Dalí.sus relaciones o de su trabajo? No. En el otro aspecto. pero verás lo que me ocurre: estando en París. que siem pre tenía dos o tres m ujeres detrás. Pero una cosa. Eran unos m om entos en los que se había producido una vaca ite. la clase del profesor de pintura. no le recuerdo con bigote. no: im penetrable.. que si él sacó su sexo y se lo enseñó a tal. Hicimos mucha cam paña. M ira. con Un perro andaluz.. Yo tam poco. y sobre todo ésta. C uatro. Porque hay que ver un Saura tam bién viniendo de Zaragoza. pero aquél era mi último año. — Pues abro uno de ellos y veo que Dalí habla de Málaga y de la costa de M álaga a Estepona. porque en realidad siem pre se habla de m ujeres: «Mira. porque no tuve suerte en esa época. Porque tam bién en el trabajo se puede ser celoso. no tenía bigote. Porque llevaba unos zapatos preciosos. del que no me has dicho nada. no. Hemos pasado aquí dos horas o tres.. Pero los otros amigos. nunca he podido descubrir qué es Luis. Luis ha sido de otra m anera. todos los días en la librería de Sánchez C uesta. Cuando yo salía de la Escuela de Bellas A rtes. y entonces llegó Dalí.

Con eso basta.? No digas más.» (No sé . Y i ii vez de m andárm elo a R onda. V . ¿Tú conociste a G astón M odot? Sí. en que yo reclutaba a los extras. el torso desnudo. Esto define muy bien a Dalí. o . un sol.1 1 . o había querido ser pintor. Es que él llegó a Málaga y se anunció por teléfono a lose María H inojosa. digo del veintiocho.. nos hicimos muy amigos. < unió me preguntas cómo era. pues nos vimos diferentes veces y me dijo: «¡Oh.. que quería darle un paseo. Muy bien. Allí vino G astón M odot. Sí. y se hace el program a que él ha estableci­ do y qu e. en Malaga. Aquello es maravillo. seguram ente... personajes para ir a term inar Carmen. y tal «Bueno.» H um o.. no sé si todo él desnudo. Luego he visto a 359 ...) Dice: «Allí sale Dalí.» Hacía una m añana espléndida. Am que me quedé tam bién muy sorprendido. dijo: «Se lo m ando a París. ahí hay alf.o muy curioso. y lo respeta desde la niiiñana hasta la noche. aquello es. Pero dice que iba muy violento José M aría. él venía a mi estudio porque tam bién de joven había sido pintor.. con algunos papeles. ^ dice—esto lo supe por José M aría— : «Voy a buscarlo. pues me lo trae y nos vemos. pues lo visitaba en su casa. Y eso lo hizo en el año veintiséis o antes. a más de como cineasta. cuando había escrito todo lo contrario.» Es todo. y lo propagaba y lo decía a todo el mundo. Y años después. que no sé por qué lo tenía Emilio Prados. — Eso es. no sé. y digo: «¡Qué me va a decir éste de Málaga y de Ronda!» Y me dice: «Vengo de tu país. cuando veo a Dalí había leído ya eso. Y cuando fui a París en esta época que te he recordado. ¿Y qué más puedo «Unirte de D alí. A Gastón M odot lo conocí en R onda.. de crear una confusión. más larde. que tam bién estaba en aquel grupo. cuando el trabajó en La edad de oro. esas cosas que ocurren. cuando se hacía la película Carmen. Y con un collar tal vez de Haití. lo que dice todo el m undo. pues estoy aquí. Lo ha em pleado varias veces. Esto debe de ser del veintinueve.i ia un cuadro mío..» Así que tenía mucha admiración por Luis. por Jacques Feyder. sí. Yo... Pero con disciplina y con.. el de La flo r de California. de Hawai. Y yo.. y le dijo: «Bueno. ¿E n cuál de ellas? Es el guardabosques que m ata al niño. eso es. no..» Y en seguida H inojosa: «Voy a ir a buscarte al hotel».i ya venía con G ala. Después lo ha em pleado Luis en otras películas. Buñuel! ¡Qué gusto trabajar con él! ¡Qué director! El tiene su plan y no lo deja. es 1 1 deseo de m olestar. pues se 10 di. En el trabajo es un hombre extraordinario. más tarde.» Y me habló de una serie de lugares comunes. y con un collar. porque en Malaga lo conoce todo el mundo. i» qué sé yo. sí.

Ya está bien. Pues pasó una vez G aston M odot: «¡Oh. a lo m ejor voy. D ebía de ser de la edad de Picasso. .. estando con Bores y con M anolo Ortiz. ahí hace un papel muy im portante. viejos amigos.!» Y se saludaron. nos bañábam os. E ra muy amigo de Picasso. Muy amigos. que va a cumplir ahora noventa años. Pues ya m urió. Muy viejecito tam bién. Picasso. que es tam bién el que está ahí encargado de la finca. Sí. íbamos a Juan-les-Pins. ¿eh? Noventa años en octubre. allá en A ntibes. Sí.. A lo m ejor voy allá. porque me acuerdo una vez. La règle du jeu. y con Picasso. Pues ya murió.Gaston M odot en una película de R enoir.

con piedi.. r. En esa épo(. veintiocho o veintinueve? No. ¿Y hasta cuándo ha continuado siéndolo? No lo sé. todos estákunos en un estado de entusiasm o completo. para tirároslas a la cabeza por si no os gus­ taba o lo silbabais. ¿Entonces él se inscribió en el Partido poco más o menos al mismo tiempo que tú? Ah.L O U IS A R A G O N Buñuel cuenta que él estuvo detrás de la pantalla.» Oue él perteneció al Partido francés es verdad. yo pertenezco al Partido francés. Fue después que volví de Jarkov. . según una revista española. I so no me incum be. No me preocupé de avei ¡^liarlo. I . Yo quiem saber si eso es exacto. Pero él se inscribió en el Partido y era m iem bro del Partido. perteneció al Partido ( omunista español del treinta y dos al treinta y cinco. Pero eso no era así. y Buñuel salió del grupo surrealista al mismo tiem ­ po que yo y por las mismas razones.. Hace falta que pida. no sé cuándo se inscribió él. No soy yo quien lo dice: está en la revista. I s exactam ente lo que él contestó a Roces en el treinta y seis. — ¿Eso fue en el veintisiete. etcétera. Le dijo: «No. en realidad.i pantalla. porque. Buñuel. No sé a partir de qué m om ento.1 si estaba. en los bolsillos. no puedo saber si perteneció o no a un pailido extranjero. fue en el treinta. cuando Roces le pidió que viniera a España. El esperaba solam ente con inquietud lo que penl< Niiríamos. Lo que sí sé es que perteneció al Partido imncés. No tenía piedras en los bolsillos ni estuvo detrás > l. El no debía de estar ya en el Partido francés cuan­ do la guerra.o soñó.

en lo que ocurrió el año pasado en mayo y junio? — O h. sino su sem ejanza. Unik. en tu opinión. — D e acuerdo. Pero de antes sí tengo un recuer­ do exacto. cuajada. no los han reeditado. Yo. como lo hubieran creído. Pasemos a otra cosa. De eso no tengo un recuerdo exacto. — ¿Por ejem plo? — Lo que es divertido es que durante cuarenta años mis libros que eran. Y aunque es verdad que en el último período él hizo películas de todas clases. Cuando Roces le preguntó: «Porque ¿qué es lo que haces aquí? Tú debes ir a M adrid». que fue excluida del Partido. cuando hablo con Buñuel. en ese tiem po. ninguna. no diría: «Soy más surrealista que nunca». o dialéctica. era un per­ sonaje im portante. Pero me parece que lo que escribo es una especie de continuidad ló­ gica. no. hablando con propiedad. Esta persona. creo yo. estaban también Thirion. en ese tiem po. él estaba en el Partido francés. dice: «Yo soy más surrealista que nunca. en razón de todo esto. con la que no deja de te­ ner relación. porque no he considera­ do nunca el surrealismo como una cosa cerrada. si esto te gusta. Entonces. con lo que hice después. Se hizo una reunión en su despacho en la que estábam os los surrealistas miembros del Partido. nadie se interesó por ellos. Y esto es posible en la medida en que se han identificado las prim eras películas de Buñuel con el surrealismo. A hora. — ¿Tú crees haber tenido influencia. porque cuando volví de Jarkov habíamos tenido his­ torias muy desagradables con una persona. A hora vuelven a publicarse. — Pues entonces es necesario creer que estaba aún. en el treinta y seis. no estábam os solam ente Buñuel y yo.» ¿Q ué es lo que. después de un cierto tiem po sus películas son mucho más próximas a las primeras. que aún existe. de lo que escribía en aquel tiem po. ¿Y quién era el sexto? Eram os seis. y trató de excluirnos del Partido por perte­ necer al grupo surrealista.— Yo puedo decirte lo que en el treinta y seis él respondió a Roces. 362 . como se los quiera llam ar. él respondió: «Yo debo ir a M adrid. Ciertam ente es cosa que sucede a muy pocas gentes que han sido surrealistas y después son no im porta qué. ¡Má­ ximo Alexandre! Eram os seis. no sé lo que hizo. sí era miem bro del Partido. Y es muy cierto si miramos ciertas cosas. quie­ re decir con eso? — Lo que él quiere decir con eso. pero eso depende del Partido francés. por ejem plo. pero lo fue. Sadoul. y la cosa que im presiona a las gentes no es la desem ejanza..» Entonces.. Después de esto. es que él lo es ahora más que lo era en aquel tiem po. dadaístas o surrealistas. etcétera.

Te pregunté por él porque. el surrealismo de líreton es el trotsquism o. El surrealismo tuvo mui ha importancia desde el punto de vista de la vida del espíritu. es un poeta de una tradición profunda. De acuerdo. la de los poetas barrocos de los siglos dieciséis y diecisiete. Citemos a D ucasse. sí. Y ahora no hay «reviradas».límente de los valores que nosotros desenterram os. La cuestión no es absolu­ * tamente de ese orden. Estos son puntos de vista demasiado simples de las cosas. porque los surrealisIiis justam ente rom pieron con los dadaístas debido a que éstos • i. Pero no se trataba sólo de Baudclaire. -¿ P é ret? Péret era un hom bre muy inteligente. Pero ¿podríam os decir entonces. Seguro. Para mí. a Buñuel no hay poeta que más le guste que Péret. Lo que para Péret es el barroco francés. en el fondo.is esquemática. Probablem ente el mayor m érito del surrealismo fue descubrir y poner a la luz todo género de hom bres. por ejem plo. y son mucho más numerosos 1111< los que leen los unos o los otros. No es así la cosa. por ejem plo. obras e ideas que se habían perdido de vista. o que no habían tenido nunca ninguna resonancia. Bretón es un gran poeta. no. I . y el otro surrealismo es el co­ munismo? No. Es muy anterior.i |iivcntud actual. y probablem ente ni si­ quiera hubiese comido sin mí. de horn­ illos que repusimos a la luz. Hay gente t|iu* no lee ni los unos ni los otros. de la gran cólera de Eluard por­ que se le impidió leer a B audelaire. de la m anera mi.Porque ellos leían. pero creo que hice por Péret más que cualquiera en el mundo. El surrealismo quería tener en cueni. de ninguna m anera.i Me acuerdo. Sí. Pues no.id. de suprim ir todas las cosas del pasado. y por consiguiente en el sentido histórico. un gran poeta de esa vena. pensaban en tus últimos libros y no en i ir. contrariam ente a lo que pareció en su tiem po. primeros. Me enfadé con él por razones políticas. aunque con un carácter horrible. que el dadaísm o es la anarquía. de un modo indiscuti­ ble . adquisición poéIn . I I no hubiera publicado nunca sin mí. esto no es revirar.i una cierta adquisición del espíritu hum ano. 363 . fue un poeta como ya un hay. En este sentido. pero hay muchos otros.ni partidarios de la tabla rasa.i que del surrealismo. un hombre muy inteligente. Lo que es grande en Bretón no es i I imtsquismo. vive intelecIn. para Buñuel lo es el barroco español. desde hace ya bastante tiem po. Y esto fue una cosa extrem adam ente im portante. que lúe una vena perdida. nuestros jóvenes amigos de mayo del m sonta y ocho revelaron muchos más elem entos del movimiento I ».

Porque la peregrinación salía de París. Pero. la de salida. que está en la esquina de la calle de L ’A bbé de l’Epée de nuestros días. no del surrealism o. el mi­ lagro se produce. Pero ¿por qué no me dices verdade­ ram ente lo que piensas? — Pero ¡eso es lo que pienso! Eso es verdaderam ente lo que pienso. para la peregrinación a Com postela. Parece que los progresos en este sentido son ya considerables. si habrá entre los comunistas gentes bastante inteligentes para reconocer el interés. son intercam biables. de verdad. Pero se trataría de ave­ riguar qué es lo que le im porta más. la teología o el hecho de mezclar la teología a las cosas. Esto es Buñuel. como una serie de gags. cinem atográficam ente. espectadores enajenados. No hay más que esperar. sino de lo que. — Lo triste es que éstos sean los estertores del surrealismo. Pero para él. como se produjo el surrealism o. Hay una cosa que Elsa subraya siem pre en esta película y que es verdaderam ente extraordinaria y propia de Buñuel. del que él ni siquiera se da cuenta: es el milagro. es una espléndida película. porque los teólogos lo pasan ge­ neralm ente muy mal con él. para el personaje que está en el suceso. — A doro La Vía Láctea. de la iglesia de Santiago de Haut Pas. el rayo que cae cuando dice ciertas palabras es un fenóm eno natural. En realidad. no es para él. En el fon­ do es lo que a él le gusta: gags teológicos. uno detrás de otro. pero cuando se produce. . aparte de ese pequeño detalle. y sólo le hago un reproche.. Le falta la prim era esta­ ción. tú puedes mezclarlos. y todo está mezclado. — Estam os de acuerdo. es el m om ento en que el personaje dice una espantosa blasfemia e inm ediatam ente cae un rayo a su lado. por ejem plo en Francia. y tienes razón: el lado teológico le interesa en o rm em ente. él niega el m ilagro... Esa es la cuestión. se producirá entonces. como Max Linder. es una falta. ¿Tú crees que podría volver a florecer? — Nada florece. pues.— Sí. se pro­ duce para nosotros. haya triunfado el comunismo. Se trata solam ente de saber si el día en que. Ese barroquism o hace que la teología sea vista por Bu­ ñuel. En La Vía Láctea no hay. — ¿Cuál? — No es un reproche. El no quiere contar historias. me gusta enorm em ente la película. historia. que verda­ deram ente no tiene gran im portancia.

¿verdad? -B ueno. Luis me lo decía siempre: «Tú eres un tío que ha nacido de pie. Una de las suertes más grandes. ¿verdad? Yo estaba entre los niños. E sto. ese puesto de direetor de la producción de docum entales. juntos. a través de Nelson Rockefeller. Más larde se fue a París. Y yo he sido quizá de los que menos i elación ha tenido con ellos. —No. Que era un gran boxeador. pues es enorm e. ¿verdad? Nos conocíamos todos. que hicieron un Tenorio con botas de fútbol. Y entonces yo tuve la suerte de llegar en el momento en que Gustavo D urán se m archaba de allí. Ah. El había pasado m om entos difíciles en Estados I Inicios y había conseguido. y entré a sustituirle a los cinco o seis días de llegar a Nueva York. Nada. A hora dime lo que contaban de él. Es curioso. que tenía una serpiente en su cuarto y cosas enteram ente ajenas a todo lo que se pueda suponer después de Buñuel. de los ocho años a los dieciocho que él tendría. Sabía quién era él como sabía quié­ nes eran todos. listaba Gustavo Durán trabajando en el Museo de A rte Mo­ derno con él.» Y entonces em pezam os a trabajar allí. del M useo de A rte M oderno. m ilagrosam ente. ya había nacido. desde luego. en efecto. no. que es lo que me importa. en ese período. que eran realm ente fil­ mes de propaganda. Pero no tenía una relación muy constante porque la diferencia de edad. y él estaba entre los mayores. que tiraba la jabalina. sí. y lue365 . Porque las hemos pasado to­ dos m oradas. y entonces no lo veo hasta Nueva York. y tú te encuentras con un puesto a los cinco días de llegar. Sé lo que todos en la Residencia conlahan. Pero es que estábam os en dos gru­ pos muy separados.G USTAVO PITTALUGA -Y o recuerdo muy poco de Luis en la Residencia. — Pero ya habías nacido.

pero de lanzarse a hablarlo. muy tierna. o tenían un objetivo mili­ tar o políticam ente m ilitar dirigido.. casi familiar. nada. Era antes de M cCarthy eso. A unque había cinco traduccio­ nes allí. Co­ noce muy bien el idioma. pues aparte del trabajo vivíamos una vida d e . Pero estoy seguro de que. — ¿Fue M cCarthy? — No. se rehacían. muy hum ana. Dio esa casualidad: el cardenal Spellman aprovechó el libro de Dalí para ir a decir que hacía ya mucho tiem po que los católicos am ericanos habían hecho eso... El clero católico de E stados Unidos le buscaba las vueltas desde hacía ya mucho tiem po. Pero. vivíamos una vida. se volvían a m ontar. en francés. Muy mal.. con mucha flui­ dez. Casi todo el m undo. eso sí.... Así como habla el francés m aravillosam ente. Era una producción soi-disant docum ental. pues en realidad se hacían muy bien. Te puedo decir adem ás las fechas. En plena guerra euro­ pea y luego. y se apoyaban en el libro y en que era muy difícil hacer com prender a un auditorio tan vasto como el de los Estados de lengua española que un ácrata y un m alnacido rojo fuese el portavoz de Estados Unidos. Muy torpón para el inglés. en caste­ llano y en italiano. ¿Y entonces esas películas eran películas de pu­ blicidad? — No. que ahí se pulían. el inglés. En Nueva York en ese período vivíamos una vida familiar casi todos los refugiados europeos. estaban dirigidos a Hispanoam érica y eran filmes de propaganda de gue­ rra. Fernán Lise. ¿no? Y ahí es donde realm ente nos hicimos grandes amigos. por así decir. — ¿Q ué año era? — Pues del año cuarenta en adelante.. sobre todo. fatal.. C asafuerte. — ¿Luis sí hablaba inglés bien? — Muy mal. En fin. y se le rehacía el texto por com pleto. cronológicam ente. A veces eran buenos. ¿verdad? Y entonces eran soi-disant películas docum entales que se enviaban especialm ente a Flispanoamérica. otras veces eran regulares. pero los do­ cum entos eran casi siem pre militares. se reha­ cían ahí. ¿verdad? Pero los españoles especialm ente. — Bueno. — Es que Luis se da el gran festín de que es McCarthy..go. otras veces eran m edianos.. creo que tam bién. pues. Se hacían en inglés. Y además se trababa una especie de amistad muy especial. — ¿Estuvo ahí hasta el m om ento del libro de Dalí.. a toda velocidad. superpuesta en Nueva York. Con un acento aragonés terrible. además. 366 . ¿no? Y nos veíamos constantem ente. en portugués. o antes? — Su salida coincide con la publicación del libro de Dalí.. A bsolutam ente. después de Pearl H arbor.

le contrató como jefe de rodaje en Hollywood. no me acuerdo qué em presa. a todo Cristo que tenía una etiqueta rojilla nos hizo la puñeta de denunciarnos a todos. pero mucho antes de lo de M cCarthy. a Luis B uñuel. A Luis le costó el puesto. a mí. es que Dalí les hizo la vida imposible a todos: a Gus­ tavo D urán. no me acuerdo si era la M etro Goldwyn Mayer o la Param ount. y entonces. Salió del Museo. Y de Hollywood también tuvo que salir porque tam bién allí le hicieron la vida imposible. .— B ueno.

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Le dije que no era posible. que estaba en Hollywood. Finalm ente aceptó. No era la prim era vez. donde podría trabajar y hacer películas. y la película tuvo un gran éxito. pues se ocupaba de doblair'. Trabajaba en una gran soi irdad am ericana. Tenía que hacer tam bién una película. El quería hacer una película comercial y nc acordó de una historia que alguien había escrito en Holly­ wood. y ade­ mas tenía a una actriz que había llegado de Buenos Aires: I Hu rtad Lam arque. y un día Buñuel vino dii icndo que le habían contado una historia muy bonita. porque tendría luego yo dificultades con los com pradores de películas. a una gran estrella de A m érica Latina. él estaba dispuesto a dirigirla. de películas americanas al español. no recuerdo quién.aba. E ra una hisImia bastante vulgar.OSCAR DANCIGERS Denise Tual me habló de Buñuel. pero no quiponer su nom bre como director de escena. no sé cuál. Después buscábamos cualquier cosa. Buscó un seudónim o. porque mi memoria empieza a flaquear. en aquella época. E ra la his369 . Para mí i i ni también mis comienzos. nm hernando Soler. to­ mada de una pieza española. y yo tenía en contrato.mlc deprimido. Se la di a leer y me dijo que no le inten . Se la di a Buñuel porque él tenía absoluta necesidad de trabajar. H abía que hacer la película con ellos dos e luí unos una que a mi juicio era bastante mala y que se llamaba ( imu Casino. que se llam aba El gran calavera. creo que Sergio W eber. A hora no recuerdo muy bien. a Jorge N egrete. que llevaba una vida bastante triste. Eso lur lo que se hizo. Entonces yo dije que era necesario hacer ir a Huñuel a México. Buscábamos un argum ento. etcétera. Llegó con su m ujer y su hijo e hizo una o valias películas conmigo. y no tenía ni muchos medios ni glandes posibilidades. y verdaderam ente se sentía basl. lo necesitaba.

Fueron a ver los expedientes del Tribunal para M enores y fue allí donde encontraron el argum ento de Los ol­ vidados. está muy contrariado porque tie­ ne que entregar el dinero y no lo tiene. total. por supuesto que tam bién en España. Tú me llam aste.toria de un m uchacho. Después de esto. hay que ha­ cer algo más interesante.» En este tiem po. y la película. y trabajé dos semanas con Buñuel. fue asunto del Sindicato. esa película fue la escogida por Favre Le Bret en representación de México en el Festival de Cannes. el Premio del Jurado. no obstante. que no puede vender el último billete. La película se exhibió en un cine pequeño. en fin. y. Ésta fue una película en la que todo el m undo trabajó con mucho entusiasm o. se tom aron actores poco conoci­ dos y se hizo la película. Tam poco ha gustado en ningún país de Am érica Latina. que era una película muy ba­ rata. ésa no es mía. vendedor de billetes de lotería. estuvo prohibida en Ita­ lia. porque no gustó nada. pero se hicieron muy amigos en seguida y em pezaron a trabajar juntos. que costó muy poco en aquel tiem po. — Sí. — La película. Yo le dije a Buñuel: «No. ¿Susana la perversa? — No. — ¿Y no te acuerdas de que yo trabajé en esa película? — ¿Sí? Tengo una ligera idea. En fin. El Prado. E ra la prim era vez que acontecía esto a una película mexicana. ese billete saca el premio mayor. con ar­ tículos y demás. acabó siendo una catástrofe. Después se la ha considerado como un clásico del cine. fue una catástrofe entonces. Cuando se estrenó en México fue una catástrofe. —Yo no puse mi nom bre en el genérico.. pero a Luis no le gustan los actores. Buñuel estaba muy ligado con Luis Alcoriza. La mía se llam aba Don Quintín. no pudiera cubrir su costo en toda Am érica Latina. Y tuvo un prem io en el Festival. no la perm itieron exhibir en otros países. porque había que encontrar varios niños actores. No recuerdo. porque no quise el seis por ciento. y fue un éxito.. desde el punto de vista comercial. Fue bastante difícil hacerla. que era un asunto que a Buñuel le gustaba m ucho. en fin. aún hicimos dos o tres películas Buñuel y yo- — Sí. y se hizo una publicidad formidable en todos los diarios. Pero. estuvo prohibida en A rgentina. como recordarás. — ¿Y aún continúa sin corresponder económicam ente? —Ya no es mía la película. que él ya había he­ 370 . Lo que no impide que esta película. — ¿Estaba muy ligado o los presentaste tú? Porque Buñuel me ha dicho que fuiste tú quien los presentó. Éa vendí por un precio insignifi­ cante. No ha tenido venta en muchos sitios.

con A rturo de Córdova. En E spaña. —No está en la filmografía de Buñuel. — ¡Ah! No sé. —La conozco. com ercialm ente estuvo muy mal. Georges M archai. — ¿Y la firmó? —Sí. Me propusieron antes hacer otra película franco-m exicana des­ pués de firm ado un acuerdo de colaboración entre Francia y M é­ xico. —No. porque los am ericanos han hecho copias y las han dado a lodas las cinematecas. ¿Cómo director de escena? — Sí. y al volver a verla ahora. una película francomexicana. fue U garte quien la firmó.. Se pueden encontrar R obinsones un poco por doquier. —Hice tam bién otra película con Buñuel.. Era una película de aventuras que pasaba en Brasil... en París. es posible. — En México. En México. Buñuel lo hizo con otro productor. v — No lo creo. porque él tenía un buen recuer­ do de la película. . estoy casi seguro de que era él. Se llamaba La muerte en este jardín. Que no era muy buena. que se llamaba La m uerte en este jardín. —Lo es. -En todo caso. y La Buñuel no estaba muy contento.. que era una idea de. l’iecoli. no sé quién propuso a Buñuel otro argum ento de un escritor belga. Buñuel y yo vinimos a París y nos propusieron un argu­ mento que se llamó La fièvre m onte à El Pao (L os am biciosos). — ¿Pero cómo se llam aba la película? — D on Quintín el amargao./. Se llamó /. — No. la prim era coproducción que se hizo en México. Trabajam os mucho en ella con Buñuel y Alcoriza. en el Amazonas. que lue también un desastre. -T am poco muy mala. A ntes de R obinsón Crusoe se hizo una pelí­ cula que fue tam bién una gran sorpresa para mí y me gustó m u­ cho. con Buñuel. —No. Después hizo R obinsón Crusoe. Encontram os aquí. a los actores: Simone Signoret.. que hicieron esa película.cho como productor en España. — he vuelto a ver no hace mucho tiem po. la firmó. Por ese tiem po. En ninguna. —Sí. pero que quería absolutam ente hacerlo de nuevo. Me pareció el argum ento muy malo. ha encontrado que no era tan buena como él pensaba.

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uis quiso presentarla al grupo de sus amigos. A mi juicio. los caba­ llos que pasan. La solución no está dada. en absoluto. que no es exactam ente una pe­ lícula realista. y Aragón dijo que si B retón iba.. No sé exactam ente cómo decirlo. como alguien ha dicho. y recuerdo que invitó a A ragón y a B retón. claro está. ¿Fue B retón o . se hizo una lis­ ia había. desde luego. Pienso que no. porque por lo m enos tiene un aspecto. doscientas personas.. la que es un poco surrealista.. No. 373 . la carroza... Se alquiló el Estudio Veintiocho. es la película más surrealista de Buñuel. Sí se puede llam ar a eso una película surrealisla. La edad de oro y Un perro andaluz. Bretón dijo que si Aragón iba. Estaban como perro y gato. —C iertam ente..? Aragón es el que fue. pe­ lícula surrealista? —No. —El Nuevo Testam ento visto por B uñuel. tam poco es una película surrealista. La Vía Láctea.. y hubo que alqui­ lar una pequeña sala de cine. A propósito de L os olvidados. cómo term inó lo otro. -A ntes del Festival de Cannes quisieron presentar la pelícu­ la I . es el Nuevo Testam ento visto por Buñuel. ¿Y cómo term inó eso? -La película tuvo un éxito enorm e. -¿Y qué es? —Es una interpretación de la religión al m odo de Buñuel. es Belle de jour. salvo. él no iba. D ijeron que no se podía pasar en una sala de proyección. No está nada mal rum o definición. entre lo real y lo irreal. es asunto del espectador el encontrarla. poco más o m enos. él no iba..E D U A R D O DUC AY —¿Tú crees que La Vía Láctea es.

que era el respaldo financiero resuelto para hacer esta pelí­ cula con cualquier nacionalidad y donde fuera. Soy una especie de única ligazón posible entre los dos. a pesar de todo. nos decidimos a presentar la solicitud de permiso y la presentam os. y es si la película sería autorizada aquí o no. sim plemente en un estado de ausencia de decisión por par­ te de la Adm inistración. me parece que fue en el mes de mayo. entre el co­ munismo y el surrealismo. Tardam os bastante tiem po en presentar la solicitud oficial porque tuvimos durante cierto tiem po la duda de si pedir el permiso o ni tan siquiera pedirlo. todas las dificultades iban a estar constantem ente sobre el tapete. dos de mis más viejos y m ejores amigos. la pugna entre A ragón y B retón. A ra­ gón y M alraux. es cierto. Por las convulsiones políti­ cas que había habido. en el Club Libanés precisam ente. que por aquellos días precisam ente se levantó en España. Pero. que fue en marzo. en el contrato que firmamos con Luis. Finalm ente. — Sí. en aquel viaje a México. desde que Joaquín G urruchaga y yo estuvimos en México (recuerdo que comimos un día. rodaríam os los exteriores en Portugal y los interiores en Francia. Nosotros fuimos con el firme propósito de hacer la película. siempre que Bu­ ñuel estuviera de acuerdo. nos planteam os una duda. Y. en casa de Luis). ya se establecía que si la película no podía rodarse en España. D esde entonces. — Sin em bargo. a consecuencia del estado de excepción. A unque en el caso de no autorizarse. Pero.— Porque en el fondo esa situación es la que siem pre ha des­ trozado a B uñuel. se ven y se hablan cuando estoy aquí. — ¿Y las incidencias pintorescas y leguleyas de la filmación de Tristona ? — Bueno. con usted tam bién. O sea. no se ven ni se hablan. Joaquín y yo. en este sentido. es triste ver que dos personas tan excepcionales como Aragón y Bretón hayan acabado por odiarse a causa de la política. teníam os algo que en la producción de cine es fundam en­ tal. em pezam os a plantear aquí las cosas. de que se nos diera por parte del M inisterio una actitud definida 374 . D urante este tiem po o a partir de este m om en­ to hemos estado pendientes de una solución concreta. — Sí. — Se separaron y se desarrolló una especie de aborrecim iento incomprensible entre gentes que debieran ser algo más toleran­ tes y comprensivas. — ¿Pero se ven? — No. en París. tanto si se autorizaba como si no se autoriza­ ba. nos temíamos que todo fuera a quedar pa­ rado. a pesar de todo.

No se le negó la entrevista. y conseguimos que Luis fuera a Portugal. Entonces. y se le propusieron fechas poste­ 375 . D esde el punto de vista de produc­ ción. Incluso el presidente de la A N IC A . por todas partes nos convenía hacer la película en España. que había tenido al principio una actitud muy cor­ dial y muy com prensiva. y resulta que es estu­ pendo. Posteriorm ente yo no dudo de que llegó la noticia de que estábam os hablando de la contratación de es­ tudios en Lisboa. Se nos íueron dando largas y descubriendo nuevas dificultades. Hubo una protesta y ciertas presiones. como película española. Pero al director general. sino incluso el rodaje. aunque acabó gustándole mucho aquel país. puesto que estábam os dispuestos incluso a rodar los interiores en Portugal. Al mismo tiem ­ po que hacíamos nuestras gestiones. Se encontraban profundam ente desconcertados al ver que una película que tenía una denotación netam ente espa­ ñola era prohibida en España no sólo como película española. se supo que habíam os pedido permiso para rodar en Portugal. Ducay. porque aunque la película estaba al parecer prohibida. persona que práctica­ mente no fue recibida. pero se dijo que no eran buenas las fechas. Ethel M onaco. llegó un m om ento en que le enviamos un telegra­ ma a Luis diciéndole que viniera a España. Poco a poco se fue com penetrando con lo que veía allí. y que el tem or im portante del M inisterio y lo que inmovilizaba a los funcionarios era el tem or a Luis Buñuel y a que les jugara algu­ na otra mala pasada al estilo de Viridiana. a Ro­ bles Piquer. nuestros planes saldrían adelante.para saber a qué atenernos. La historia de las conversaciones o de los tanteos que liemos hecho en el Ministerio durante todo ese tiempo es bastante prolija y puede usted imaginarla. Se supo que ha­ bíamos ido a Portugal. se localizó la película en Portugal. lo que son los prejuicios.» En España todo esto fue trascendiendo. acabó diciéndome: «Hay que ver. La Dirección G eneral de Cultura estu­ vo con este asunto durante un período de casi tres meses sin sa­ ber qué hacer. en los Estudios Tobis. Supimos extraoficialm ente que el pleno de la Comisión de C ensura había autorizado el guión sin ningún género de observaciones. No se nos dijo nunca un «no» decidido. Yo pensaba que este país era una porquería. al que en el último Festival de Venecia nom braron MaesIro del cine. Y re­ cuerdo que en un viaje de localización que hice con él. envió una persona a M adrid a hablar al M inisterio. A esto se unieron presiones desde Italia. no conseguimos verlo. como los contratos tienen fechas y teníam os contratado a Luis por unas fe­ chas determ inadas y había otros compromisos contraídos muy im portantes. cosa que hizo de muy mala gana. porque nuestros coproductores en Italia estaban muy satisfechos de tener una película con Buuuel.

Rafael M éndez se presen­ tó en M adrid y vio al ministro. Y al salir de allí fuimos Joaquín y yo con Luis a la Torre de M adrid. Pero que su deseo era que él pudiera hacer en España no sólo esta película. que está al otro lado de la Plaza de España. Pocos días después. es­ tando precisam ente Luis en Portugal. muy en síntesis. asociado nuestro a la producción. y el ministro dijo que le gustaría ver a Luis. Total. Llamaron del M inisterio a la oficina y se concertó una entrevis­ ta. en lugar de volver directam ente a A m érica. y de allí nos bajam os Joaquín y yo a E N T E L . que este envia­ do se tuvo que volver a m archar. Y. Luis y yo. un día. Preparam os un texto del telegram a.riores a la de su venida. en fin. donde vivía Luis y donde tenía la direc­ ción de Rafael Méndez. pero muy cordial. Luis habló de que él tenía un amigo en México. Inm ediatam ente la película quedó autorizada. R a­ fael M éndez. Joaquín. Entonces le dijimos que sí. Tengo entendido que fue una entrevista rápida. sino otras. Y éste es el final de la historia. . Parece ser que M éndez estaba en Venecia y que a Venecia le enviaron desde su casa la corres­ pondencia urgente. Y M én­ dez. que era lógico enviárselo. cuando estábam os comiendo en nuestro restaurante con Víctor Z apata. esto entraba dentro de la actitud de no tom ar una decisión. muy posteriores. en la que el ministro le rogó que no se extralim itara de aquellos m árgenes que la actual cen­ sura española perm itía. cuan­ do ya estaban dados todos los pasos para preparar la película en Portugal. que tenía buena amistad con Fraga Iribarne y que le podía enviar un telegram a. Finalm ente. resolutiva. Luis vio al ministro. si lo deseaba. y lo enviamos. le enseñó el te­ legrama de Buñuel. entre la cual estaba este telegram a.

. preferentem ente en su casa. A las pocas semanas me largué al Perú. Sobre Un perro andaluz escribí. sólo nos encontram os circunstancialm ente. poco o nada puedo yo com unicarte que no puedas conseguirlo. como quizá recuerdes.— . en mi Surrealismo. al estreno de Un perro anda­ luz en Les Ursulines. nos juntam os en 48-49 casi todos los domingos. mas no con mucha frecuencia. hasta que Luis partió para los Estados Unidos. Pero él an­ daba con españoles y surrealistas. a puro G ordon Gin hasta el am anecer. en com pañía de H uidobro. gravísimo— todos los días abro el diario con la m ayor aprensión— . term inado ya el episodio de La edad de oro. ya en México. Luis. En París nos tra­ tamos a partir de 1927. entonces en N orteam érica. Tzaia . Alguna vez celebram os una pequeña paella en mi taller de la rué Michel-Ange. desde luego.. leyó mi texto con agrado. Lipchitz. León. y hasta m ejor. por excepción en la mía. por otros conductos. dos anos después. así como en las de otros amigos. disecados. m ientras que yo me ceñía a nú­ cleos hispanoam ericanos cuyas ramificaciones internacionales no eran las suyas. Como más larde me dijo que a su juicio «era lo m ejor que se había escrito sobre el surrealismo». y a mi regreso. lo mismo que durante nuestra guerra— E m bajada. reproducido en el librito que publicó C añedo. Sin em bargo. etc. es muy poco lo que de concreto puedo contarte de Luis que no sepas. En cambio. Menos mal que estas desdichas se acom pañan con el proyecto ile tu libro sobre Buñuel. De Luis. quizá esa afirmación sirviera para m atizar lo que entendía Luis por surrealismo. 12 septiem bre 68 Q uerido Max: Tristes noticias las de tu carta. L os Sesenta. 377 . Asistí.CARTAS DE JUAN LARREA C órdoba. propaganda.

» Me instó para que trabajase y estirase un poco el asunto. que. a quien le había referido algunas escenas en 1929. a grandes trazos. me parece que no es mi único texto de esta especie. que tam poco llegó al celuloide. Lo recordé m ejor. Ilegible. que inte­ resó mucho no sólo a los amigos. A mí me interesaba Ilegible por otras razones. pensé. como todo lenguaje. secundada por Luis. le había llam a­ do la atención por lo muy cinematográficas que le parecían. su produc­ tor. y a fin de acabar los requisitos del Sindicato. parecía hallarse en relación consubstantiva con el espíritu de la catástrofe española y de nuestra emigración al Nuevo M un­ do. sin trabajo a la sa­ zón. no obstante lo muy interesado que estaba Luis. sino a Dancigers. Fracasaron varias tentativas. que había perdido con la guerra. Tras algún debate. Pero ante su insistencia. U n día que proyectó Un perro an­ daluz en su casa. porque de mis ilustraciones en Cuadernos deducían que estaba yo lleno de imágenes. Se tra­ taba. lo habían he­ cho a su m anera los acontecim ientos de mi propia vida. de Arniches. y luego. Me re­ sistí unas semanas por no sentirm e en condiciones de m anejar el lenguaje cinem atográfico. con su ayuda técnica y alguna colabora­ ción de su parte. El te lo confirmará. y antes de partir a Nueva Y ork colaboré tam bién un poco en el script de L os olvidados. ante unas veinte o veinticinco personas. Por cierto. R e­ cordé así. m ientras tanto. Estim aba des­ de 1932 que lo que no había sabido yo continuar. Adaptación y dirección cinematográficas de Luis Buñuel. Con mi hija Luciana imaginamos varias escenas que a nosotros nos gustaron 378 . alguien lanzó la idea. Pude así añadirle en México continuación y final. porque el filme iba a ser algo más largo. de una especie de vaticinio personal que. ya en C órdoba. que lo único que se me ocurría era tra­ tar de reconstruir cierto argum ento que a G erardo Diego. En México le ayudé. pues. acogida con entusiasmo por un pequeño grupo. hijo de flauta. Al oírlo exclamó Luis: «¡Pero si es un filme!» D e ahí arrancó todo. compuse una especie de anteguión. me llegó de improviso un telegram a de Luis anunciándom e que Ilegible estaba aceptado para filmarse. quien trató de encontrar los dólares indispensables para rodar un corto de cine-club. relato incon­ cluso de 1927— incluso por no haber sabido cómo continuarlo y menos term inarlo— . a adaptar El último m ono. necesita práctica. de que debíam os hacer juntos un filme.Luego vino lo de Ilegible. Buñuel me diría entonces si mi forma de imaginar tenía algo que ver realm ente con la cinem atografía y con su estilo personal. de otro lado. Siete años después. me resigné a que los créditos se redactaran del si­ guiente modo: «Argum ento de Juan Larrea sobre un relato p er­ dido del mismo autor. y así se lo expuse a todos.

A Luis recuerdo haberle oído repetir de m e­ moria algún verso mío aparecido en Carmen. tocante a los Tes­ tigos de Jehová. hijo de flauta. Firm am os el contrato en mayo de 1957. en enero de 1963. anulando el contrato en cuanto supe que Luis no pen­ saba incluir dicha escena. Si León m ejorase siquiera un poco y pudieras hacerle llegar mis votos más fervientes. absorbidos como estaban por los dogmas su­ rrealistas. M ientras que la mía. De lo que te interesa es poquísimo lo que puedo decirte. transcurría aparte. Y así term inó el cuento. mas yo con cierta reserva a causa de una de esas escenas. la extrem ada de Occidente. C orrespondía. D . I . a mi entender. a otra vertiente cultural. Quizá hubieran leído los dos núm e­ ros de Favorables. Me pa­ rece que ni se conocieron. así como la de César. Parte de un relato fílmico de Juan y Lu­ ciana L arrea. acaparada como siempre estuvo por mis reque­ rimientos íntim os. me avi­ ne a dejarle hacer como quisiera bajo la siguiente presentación: «¡legible. no me parece que en París existiese sobre ellos in­ fluencia nuestra. Fracasó el proyecto a causa de los otros. Eso fue todo por entonces. Me enviaron por delante 1. que. Luego se publicó en la A n tología de G erardo Diego. Q uerido Max: Gracias por tu última. Los poem as de León me interesaban por ser respuesta a una intencionada mía. H abiendo desaparecido mi hija. revista que quizá conociese. 379 . volvió Luis a escri­ birme sobre el asunto. Como me parece haberte dicho al contestarte sobre Buñuel. pronto y m alm andado. devolví.—No he leído aún el ensayo de David Bary.n limpio. pertenecen al más allá.500 dólares en cheques. La relación de Vallejo con Buñuel y D alí debió de ser nula. La posición surrealista es. que yo juzgaba imprescindible y cuya filmación le parecía a Luis dudosa por su excesivo costo. Un buen abrazo.bastante. P. te lo agradecería muchísimo. mi vida. aunque siem pre quedó Luis con la idea fija de que algún día volvería a la carga sobre Ilegible.» Se trataba de una pe­ lícula mosaico con la G radiva y otros argum entos de Carlos Fuentes y Julio C ortázar. estoy con­ vencido. Unos años más tarde. Ju a n . por la razón antedicha. adaptado por Luis B uñuel.

No se necesita ser lince para saber. que. La Vía Láctea. Siempre tuyo. No puedo satisfacerte en lo que deseas de Ilegible. aún no ha llegado por aquí. Perdido el inconcluso texto prim itivo. a partir de México. de dónde proviene el tem a básico del último film de Luis. dale un gran abrazo de mi parte. las cosas cambian. por cierto. 1947.Sin em bargo. el recordado está literariam ente sin hacer. por ejem plo. Puesto que vas a ver a Luis. . Ju an .

como siempre. de Luis Buñuel. un argelino. teóricamente. Escribí condicionado por él. se nota esta im pregnación de una condición so381 . adem ás. para la ocasión. por ejem plo. a pesar de todo. y fue protagonista una actriz que había de jugar cierto papel en el futuro cinematográfico de Buñuel: Lucía Bosé. Fue ayudante suyo de director. de Jean Ferry («el peor adaptador que he tenido en mi vida»). en esos países. ubicación que no engañó ni a Aragón ni a Cam us. quienes entendieron de inmediato que trataba del problem a colonial bajo todas sus formas y de una aspiración argelina inm ediata. tenía a mi alrededor todo ese m un­ do musulmán— como se decía entonces— que sufría una terrible miseria. un hom ­ bre muy explotado. y el albañil ha sido siem pre. en Las alturas de la ciudad o en La ac­ ción. Esto reaparece en muchos de mis libros de form a flagrante. Se filmó el 55. y como es cos­ tumbre en mí. en Monserrat. Tuvo un éxito mediocre. o en una transposición que no engaña a nadie. — Es muy sencillo. es decir. En Cela s'appelle l'aurore.EM M ANUEL ROBLES Cela s ’appelle laurore. y. tienes razón. en la que el héroe es un indígena. ya que no por nada he vivido una gran parte de mi vida en A r­ gelia. —Sin em bargo. inmediata. El guión fue. Nací en una familia de albañiles. como entonces se decía. Es de las películas que no le gustan a su realizador. Marcel Camus. una explotación a fondo de los grandes colonos. que sucede en Am érica del Sur. película basada en la novela de Emmanuel Robles. no está explícito. mismo año de Ensayo de un crimen. El problem a de explotador y explotado siem pre ha sido para mí uno de los grandes problem as. etcéte­ ra. lo que le dio alas para mucho. Creo que lo que era más im portante en tu libro— desde un cierto punto de vista— era el problem a de Argelia.

Todavía hay otros problem as. la confusión de Sandro a la m uerte de su m ujer. lo dice ella. ella ya lo ha salvado. pues en este café está acodado en una mesa. al contrario. que debo hacer perceptible para el lector. pero su m ujer no es para él lo que se llama una com pañera en el sentido total del térm ino. la cám ara. sabes que Buñuel cambia aun durante la filmación. creo. Esta aspiración existe en la novela. en la persona que encarna en la p e­ lícula Lucía Bosé. y modificó. en las que mezclo sensaciones. Existía una prim era preparación del texto. que son las mismas relaciones de gran propietario rural y peón que existen en España o en Italia. por ejem plo. algunas cosas. usted reconstituye su personaje. con San­ dro. existe ese problem a de nivel del patrono. uno a uno. y muy lealm ente me preguntó cuáles eran mis reparos. Porque el pro­ blem a no es únicam ente de Argelia.cial injusta que siem pre me ha revuelto las tripas. Está ahí. La pareja es una familia en potencia.. ha rebuscado ahí dentro. impresiones. pero el conjunto ya estaba com ­ pletam ente determ inado. es la adhesión total.. Y eso en el m om ento en el que debe salvar a Sandro. sentim ientos. porque son «cosas de Buñuel». es decir. psico­ lógicos y sociales. T raduje en una docena de páginas esa desespera­ ción en un estilo muy particular. Estábam os citados para trabajar. y halla esta com ­ pañía. Imagino que Buñuel los ha ilustrado todos. Encontró cosas que te voy a señalar. hay otros problem as. lo sitúo en un café. En ese m om ento ella revela que está a su lado. Si. G erson. de un genio muy agudo. todas estas cosas le tocan de cerca. y tam bién el de la pareja. Algo modificó. a una justicia que no estim a. En consecuen­ cia. o las de gran colono y obrero agrícola en Argelia. digamos que para Sandro es la desesperación. que es un obrero agrícola. tiene que conver­ tir eso en imágenes. El problem a de la pareja es a la vez un problem a psicológico y un problem a social. Hay un señor que se ha casado. pero. se opone a ese salvamento de San­ dro. Sandro es el obrero agrícola víctima de la crueldad y de la inconsciencia de gran patrono de ese latifundis­ ta. Para entendernos. y cuanto pasa en su conciencia es la desesperanza. poco im portan las circunstancias. Luego se pone a andar a lo largo de una playa. y antes que él diga: «Voy a salvarle». T raba­ jam os juntos. m ientras que su m ujer legítima. oponer su justicia a una justicia hum ana. Los indiqué. — ¿Cuándo conociste a Buñuel? — Le vi en México. al mismo tiem po. ya que ahora se trata de cine. la cámara captará a un hom bre con los co­ 382 . Prim er ejem plo: en mi libro. esta adhesión total. Buñuel me dijo: «En literatura está muy bien. Pero yo. G erson. en la que después sucederá el asesinato de Gerson. la cabeza entre las m anos. Por otra parte.

se vuel­ ven a besar. sin dejar de ser elem entos fílmicos. Bu­ nuel me había dicho: «Las escenas de am or no son lo mío. La expongo porque me parece ge­ nial. Me contestó: «No. Es la trasposición fílmica. Sería necesario que diera con la imagen capaz 383 . significativa bajo todos los planos. Y este símbolo de la reja se vuelve a encontrar al final de la película. Entonces me contestó: «Está pa­ sado de m oda. si restituyo esto. Siempre son símbolos. Le sugerí una voz fuera de cuadro. pero titubea en su desesperación. sin em bargo. el hacer aparecer gatos cada vez que se acerca una desgracia. es el calle­ jón sin salida de la m uerte. se besan. Se lo dije y me contestó: «Todas esas escenas se parecen. que le per­ tenecen. la m oribunda.» De hecho hay mucha ternura en Buñuel. No soy bueno para eso. como en L a fièvre. Se abrazan. que se encuentra en E l bruto. por ejem plo. cuando las gallinas se escapan del carro que conduce la m uer­ ta.» Después no me dijo nada. de desesperación. A cada tiro se hace diana. una serie de símbolos: digamos los gatos. no conviene. Y la tortuga. porque se por­ taba form idablem ente conmigo. la ternura no se expresa únicam ente en el beso o en las actitudes. no restituyo sino el exterior del personaje. el gato anuncia siem pre una desgracia. Pero puede estar seguro de que. has­ ta llegar a una reja que cierra el fondo del atolladero. no está borracho. que dan la sensación de aplastam iento. es la felicidad m uerta con la desaparición de Sandro. y el gallo y la gallina.» Entonces le di dos o tres soluciones distintas. pronuncia algunas palabras que expresan y que resumen bajo esas arcadas donde uno se siente aplastado y que restituyen perfectam ente por la imagen el sentim iento de aplastam iento. Le di fórmulas. y en lo oscuro. Es una hermosa imagen. se vuelven a abrazar. yo necesito comunicar al espectador ese sentim iento de desolación y de rebelión. la cabeza entre las manos y luego se le verá an­ dar a lo largo de la playa. Pero he aquí cuál fue su solución. Para mí. A dem ás. Por ejem plo. porque Sandro vie­ ne a suicidarse exactam ente contra esa reja simbólica. Hay otros. lo lia dem ostrado. húm edos. los gatos y el burro. Es otro pun­ to. H abía una escena de am or. hizo pasar a Sandro bajo arcos muy bajos. Sandro titubea como si estuviera borracho. Hay los gallos.» Y me pregunto cómo lo resolvería. No volvió a los gestos de mi per­ sonaje. m ientras que usted ha po­ dido penetrar en el interior. nos divertíamos. que se encuentran en varias películas. es algo definitivo. En consecuencia.dos en la mesa. A dem ás de ese bestiario hay otros hallazgos extraordinarios. que siempre anuncia la destrucción del individuo. cortado por rayos de luz. Este es uno de sus hallazgos. En el bestiario de Buñuel y en la simbólica de Buñuel hay elem en­ tos como el gallo. Todas esas escenas se parecen. puram ente fílmicos. las gallinas.

tiene un potente carácter erótico. A dem ás.» Y yo. Y este esguince. es una forma del genio buñuelesco. Es fácil. que no está en el libro. Y le dice: «Voy a llamarla C lara. No dijo ni pío. y se pone cóm o­ do. que la imagen restituye perfectam ente. he hecho esto. esto o tro ” . Me dio el script y me dijo: «A hora no hay nadie.. Es una imagen muy rápida. Es teatro.» R ecuerdo esa expresión: «Una gran carta de am or es decir: “Me he levantado esta m añana. da al fin— y 384 . etcéte­ ra. Q ue iba a ser horrendo si le ofrecía una joya. y que.. que ese sentim iento es pro­ fundo. me doy cuenta de que no em plea para nada mi texto.» Entonces lo probó. me ocupé del niño. C enábam os con Lucía Bosé y el representante de Claude G éret en un restaurante. C uando Lucía Bosé se acer­ ca a él. una jo ­ ven tortuga. Al día siguiente. se acuesta. ella le dice: «He pensado en ti. pero al mismo tiem ­ po muy fuerte. y en ­ tonces no se ve más que la parte baja de los personajes. «Es cuestión suya. que se agita— .» Y entonces realizó esa escena. Y sugiere un erotism o que en seguida supone a los dos am antes en la cama. tuve mie­ do preguntándom e qué regalo le iba a hacer él a ella. muy shakespeariana o m uy. para mí. he h e­ cho esto. me senté ante la m áquina de escribir e hice una escena de am or que. no es cine.de m ostrar que el am or es profundo. en su vida de todos los días. eres el hom bre de mi vida” . No vale la pena que diga: “Te adoro. se siente como en su casa. era una cum ­ bre. una m u­ jer puede expresar su am or sencillamente diciendo lo que ha he­ cho durante el día.» Son gestos de todos los días. Hagam os un sketch. el autor. U sted debe hacerlo. moviendo sus patitas entre las piernas. m ientras hacía su recorrido de médico.» Tom é m edio litro de café. la expresión de su más profunda ternura. abandona la tortuga— que cae de espaldas. y la to r­ tuga. pero hay en esta simple escena una expresión de ternura muy profunda. eres mi am ante.» Entonces me dio una escena. pero que él restituía por la imagen. que tú has visto. ha pensado tam bién en ella y ha encontrado una tortuguita. No es con palabras con lo que hay que dem ostrar una escena de am or. está en casa de su querida. esta m anera de pro­ ceder por una serie de planos que parecen sencillos. del genio del cine. en el rodaje. Y es el signo de la m ayor ternura. Max. ya no se ven los personajes. porque se le ve llegar: no está en su casa. Llega y me dice: «En una carta de am or. es con una im a­ gen. según mi parecer. Buñuel la lee por la noche. muy sen­ cillos. La cám ara abandona a Lucía Bosé. Me dice: «Hizo un texto teatral. se siente que está bien cuando ella se acerca. lo que fuera. lo que se quiera. Pero no. Pensé que lo había dejado estupendo. una m ujer puede dar de m anera cotidiana.» Ferry y los otros colaboradores se habían ido. No es necesario delirar a lo C hateaubriand. se desnuda.

pero que no es. Es una imagen muy real que todos hemos visto durante la guerra. vio en una librería. un Crislo de tam año natural. I ste episodio. Pero no es como Buñuel la ha visto. muy divertido. yendo al estudio. la cual me m andó una carta furi­ 385 M A U B .. hija segunda de Claudel. —No. no. a la italiana o a la espa­ ñola. que está aquí al lado. Buñuel lo ha interpretado por m e­ dio del hermoso Cristo de Amiens— creo que es ése— y le ha eni a jado aisladores eléctricos. la imagen real que vi y que fo­ tografié. las puso sobre aquella mesa de la Comisaría y colocó las esposas encima.lie visto varias veces la película— una escena de ternura y de am or carnal. pero había ese crucifijo. pero entre el público estaba la señora N antée. subiendo hacia el puente— yo era corresponsal de guerra— . las líneas telefónicas llegaban y se anudaban alre­ dedor del cuello y de los brazos o del tronco del Cristo. Como en la escena de la Com isaría. o mayor tal vez. y la imagen de la tortuga me parece potentem ente evocadora y sugestiva. como picado de viruela. Un día. D a así una imagen muy surrealista. ese Cristo visto de arriba abajo. la señora Claudel-Nanlee. interpretó mal el libro. en medio. en el lí ente del Garigliano. Estaba picado por los impactos de bala. las obras completas de Claudel. y lo <|iie quedaba en pie era ese Cristo en aquella cruz gigante en la plaza de este pueblo hecho polvo. Para hacer pasar las 1 eas te­ lefónicas de cam paña se usaban los postes que quedaba . con aquel Cristo colgado. Claro está. i|iie me gusta m ucho. B uñuel. Pasó así: durante la guerra había una bifurcación. Bueno. No solam ente de ternura platónica. la im a­ gen inicial que había em pleado. al recoger su som brero y sus guantes. —¿Y esa historia de las fotos del Cristo y de los recuerdos de guerra? —Creo que es una incom prensión de Buñuel. en el preestreno. la describí. muy bueno y muy surrealista. de ninguna m anera.. Las com pró. bulevar Raspail. Lo volvía a ver cada vez que iba o volvía a Nápoles: fue en el m om ento de los com bates hacia el Garigliano. sino de am or carnal. —Cosa más extraña. Después se ve. Fue un hallazgo suyo. hizo reír a todo el m undo. donde había una bifurcación en la que nos separábamos los que subían hacia las líneas inglesas y los que íba­ mos hacia las líneas francesas. es verdadera. en los bajos de su hotel. pero se tenía de pie. Y en ese gran cruce había un cruei l ijo sem idestrozado— todo el pueblo estaba en ruinas— . el Cristo de Salvador Dalí. Y le hablé de esa im a­ gen. está en el libro. y subíamos hacia C esarunga.. untes de que nos pararan ante Cassino.— 13 . con el Cristo de Salvador Dalí y las esposas sobre las obras completas de Paul Claudel.. colgado contra un m ue­ ble.

que rodaba M onsieur Ripois. llamó por teléfono— delante de mí—a Dominguín: «Quiero a tu m u­ jer. Y Buñuel les ha dicho que él colocaba Cela s ’appelle 1’aurore entre las tres películas suyas que más le gustaban. en el fondo.» Y Dominguín 386 . — A él le gusta esta película..bunda. refiriéndose al Papa: «Es un sinvergüenza. Prim ero había pensado en G érard Philipe. porque el antiguo Papa ha­ bía colaborado con los nazis y había bendecido los cañones franquistas. frente a mí. y te cuento una anécdota porque es totalm ente cierta: fue con Claude G éret a Londres para ver a G érard Philipe. y G érard Philipe le ha­ bía dicho que de acuerdo. — Sí. La carta es feroz.» Yo lo aprobaba. Entonces.» —Tengo ahí una entrevista de G eorges Sadoul y de Jean de Baroncelli. ese Claudel es un flic. mi m em oria em pieza a fallarme. Prim ero le había m andado el libro. lo odia. un sinvergüenza. Hay que decir que encontró en Lucía Bosé una intérprete extraordinaria. pero el m arido me dijo que dejáram os pasar el tiem po. Sadoul lo ha reproducido en uno de sus libros y Baroncelli lo ha publicado en un artículo del Le M onde. con algunos intérpretes. Y no se podía esperar dos años porque el contrato expiraba un año des­ pués. Q ue es. que todavía guardo y de la que di una copia a Buñuel. como sabes. en Perugia.» Lo que era verdad. Buñuel. Necesito que trabaje conmigo. no te digo quiénes son. que su enojo desaparecería. lo que verdaderam ente quiero hacer en la vida. — La conozco. pero que no estaría libre antes de dos años y que no podía hacer el papel de médico ahora. Para la m ujer se pensó en varias actrices de cuyos nom bres no me acuerdo aho­ ra. Pero Lucía acababa de casarse con Dom inguín. Hacía un año que se habían casado. La prim era es L os olvidados. sencillamente no le conve­ nían. Y de pronto piensa que hay una sola: la heroína de Crónica de un am or. Buñuel me dijo: «Pero si es verdad. La realizó muy bien. Y en cuanto a Dalí. llena de ternu­ ra. Pienso que es así por­ que se trata de una historia de am or muy digna. desde Perugia. y se habían jurado no volver él a los toros y ella no hacer más cine. Entonces se decidió por G eorges M archal. por mil y una razones: «Es un sinvergüenza— decía— . La segunda creo que es Viridiana. La carta es m anus­ crita. E stá muy contento. Hazlo por mí. le di a Buñuel una copia a m áquina. Habíamos hecho ensayos aquí. No ponía en duda su talento. Lucía Bosé. a pesar de que no es deshonroso decir que había grandes intérpretes que Buñuel había hecho llam ar y que no los aceptó. Me ha di­ cho: «Por fin he podido hacer algo contra la Policía. no im porta. anunciándonos que iba a dem andarnos.» Este epíteto lo ha aplicado una vez..

Desde el momento en que está libre puede vérsele. en consecuencia. que hizo después otra película con él. que no es un Buñuel muy bueno.» «¿Q ué quería usted hacer?» Entonces Buñuel le miró con sus ojos saltones: «Pues— le dijo— quería que en vez de un médico. siem pre hay ese lado humorístico que te pone en su favor. preguntó ion gran interés el otro. Le contestó Buñuel: ■Es por una sola vez. y conmigo. tocando.o igual con L os olvidados. el sentido de la amistad. Su hum or no tiene nunca una punta ile crueldad. con negros. Después hay un hum or específico. Eso me ^usta tam bién. ya que después hizo con Luis La fièvre monte à El Pao.» «¿Por ejemplo?» •Por ejem plo. El productor ha sido odioso. m anejado por Dominguín. en Cela s ’appelle l'aurore hubo aquella pregunta de un periodista que vino al set: •■¿Qué tal se ha entendido usted con Roblès?» Y él. muy bunuolesco. adem ás. quería poner arriba de l. Lucía es una muchacha deliciosa. muy español— que no es el hum or a la inglesa— . de una generosidad hum ana extraordinaria. y. ya que el personaje es una m ujer de Génova. y G érard Philipe cumplió con lo prom etido. muy dócil.i casa en construcción un ja z z . naturalm ente. Le lie lelefoneado dos o tres veces. yo quería poner en la escena de la lapidación. pero sin maldad. m ando los «olvidados» lapidan al ciego. Por ejem plo. un humor helado que lleva en sí algo de sarcasmo y que se desata en una enorm idad de detalles.» Y Lucía cogió el teléfono. sin la m enor sonrisa. en el 387 . con lo que acaban casi siempre sus películas de una m anera s. — tú qué piensas de Buñuel? ¿Y -B uñuel. Hay siempre alguna cosa que apunta a la risa. un buen ca­ marada desde cualquier punto de vista. muy fiel— .» «¿Q ué?». fuese cualquier otra cosa. Lo hizo con Georges M archai. «Hubiese querido que fuera un faquir. con ese hu­ mor helado.» Ili/. Los dos esposos hablaron. bajo sus apariencias de hom bre duro. Pero Buñuel quedó tan conten­ ió con Marchai— que es un m uchacho estupendo.ncastica.» «¿No le ha dejado hacer lo que usted quería?» «De nin­ guna m anera. pero G érard Philipe cumplió con su palabra. Q ue decida ella. y. Y es sobre todo esa ternura la que constituye el prim er rasgo del calactcr de Buñuel. B uñuel. la trasposición en corso era perfecta­ mente plausible.» «Yo no decido— le dijo Dominguín— . Sé cuándo viene a París. y finalmente ella dijo que sí y vino en el avión personal de Dom inguín.recordó las prom esas que se habían hecho. es un homhre tierno. he comido con él otras. Y. Le hicieron la misma pregunta: • No— dijo— . Tengo las lotos. No qui­ so Podo eso forma parte de esa leyenda buñuelesca de hum or frío. le ha liado su acento italiano. Por ejem plo. dijo: «¿Roblés? De ninguna manera. para mi es el hom bre fiel a la amistad.

y muchos otros rasgos de carácter. y sobre todo en este sentido fraternal que es en él un sentim iento de generosidad. en ese m om ento. el lado testarudo.Festival de Venecia.» Tengo la foto de Buñuel sonriendo. unos amigos míos fueron a verle y le dije­ ron: «Venimos de parte de Robles. Es verdaderam ente un sentido de la amistad totalm ente español. si puede decirse. Lo que no le impide ser entero e intransigente en sus opiniones. . porque existe tam bién el lado aragonés en el interior del español. Porque Buñuel es español ciento por ciento.

Vino a parar a México hace unos quince años. con más fuerza quizá que en todo el mundo en su época. Le sucedió una terrible tragedia en Filipinas..] Para Luis. y ante el panoi. quedó a medias. de una mam i 389 . la gran atracción del surrealismo fue lo que tenía de protesta feroz contra todos los sentim ientos burgue­ ses que im peraban en España. Se acerca el cocinero: «No hubo dinero para la co­ mida. como todos ■.mia teatral.. Simón del Desierto-.JULIO ALEJANDRO Me encuentro a Julio en el Sindicato de A utores. originada por la ferocidad de los japoneses durante la guerra. seguram ente tuvo que ver con El ángel exterminador. que. D e m anera que eso fue exactam ente lo que le atrajo. su gusto por la buena mesa y su indispensable necesidad de no apartarse de un plan trazado y de trabajar según lo establecido. donde hacía por lo menos diez años que no iba. -S ólo quiero dejar constancia hoy de la m anera con que Bunuel cortó la filmación de Simón del Desierto. Q uedam os en vernos. su furia por la falta de dinero. H a trabajado con Buñuel en sus m ejores películas: Nazarín. Julio A lejandro de C astro. el protestar de una m anera violenta. en ha­ blar de su colaboración con Buñuel en muchas películas.» Hay en este gesto la explicación de cierta m anera de del realizador. donde se filmó todo lo hecho— . cayó en el cine. sobrino de H onorato de ( astro. Es hoy uno de los hom bres más solicitados. Viridiana.» «Recojan todo— clamó Buñuel— . fue oficial de la M arina de G uerra española y era escri­ bir de teatro de calidad cierta. Virtudes o defectos que evidentem ente adquirió en Francia y en N orte­ américa.aben. Buñuel da la orden de corlai para com er—en el valle del M ezquital. [. español. Un m ediodía. La película se ha ter­ minado.

» — Me parece totalm ente cierto. se encontraba y se encuentra muy a gusto. — A la cual él pertenecía y. Le parecía magnífico. que te divierte ahora y que te divirtió tanto eso en aquel m om ento. esplén­ dido. con muy buena visión. es que en esto no hacía más que seguir los preceptos de Bretón. Me relataba que. Yo vi la dificultad trem enda de hacer un script sobre Cum bres borrascosas sin que hubiera ninguna escena am orosa. Luis me contaba esto m uerto de risa. rapidísima. ¿qué habrías pensado?» La contestación inm ediata. una vez. Bretón ha dicho siempre que la obra que ellos hacían. y recuerdo claram ente que el m ayor contacto. no puedo recordar ahora exactam ente en casa de quién era. pensó inm ediatam ente en Cum bres borrascosas. si hubiera sido una hija tuya la que hubiese hecho eso. contra todo lo que estaba esta­ blecido. y así es Luis— que tiene dos hijos y ninguna hija— . E nton­ ces. como a todos sus com pañeros. Después de que estaba arreglado ya todo para hacer la película. Entonces. contra todo lo que se consideraba como ya imposible de rem over y que era una consecuencia de siglos de burguesía terriblem ente cerrada. Fue una película con un trabajo de preparación muy curioso. Em pezam os a trabajar. pero me contaba que la hija del dueño de la casa. desde el punto de vista del surrealismo. durante todo el trabajo del script. cosa curiosa. dentro de la cual. U na de las cosas que me pidió fue que no hubie­ ra escenas de am or en la película. en París precisam ente. — A la que pertenecía. Dancigers nos contrató a Dino Mauvri y a mí por­ que la película se suponía que la iba a hacer Irasem a Dilian (la m ujer de Dino). y tuvo que seguir el traba­ jo. cuando le pidieron hacer algo que a él le gustase. El. Y la prueba de esto es una pequeña anécdota que puedo contar. no tenía nada que ver con la vida. además. ¿C uándo em pezaste a traba­ jar con él? — La prim era película que hice con Luis fue Cumbres borras­ cosas. le pregunté: «Y a ti.ñera feroz en algunas ocasiones. entró en el cuarto y en lugar de sa­ ludar a los señores fue abriéndoles a todos la bragueta. hasta un cierto punto. Pero no había vuelto a leerlo desde aquella época. desde luego. adem ás. conociéndolo un poco más a fondo. le gustó mucho menos que en la época en que lo había leído por prim era vez. volvió a releer el libro y. lo tuvo Luis conmigo. le parecía una cosa verdaderam en­ te genial. le encantaba el libro. Y yo. fue: «La m ato. com prendió inm ediatam ente que el libro no era un libro de 390 . desde su época surrealista. en una reunión. A Luis. pero ya estaba com pletam ente com prom etido para hacer la película. y. que era una m u­ chacha de unos doce años.

Porque se puso de relieve este odio cerrado. que existe en la nove­ la. grotesca. y esto lo ponía trem en­ . como avergonzado. Entonces. Sin contar que N azarín fue para mí la colaboración más difícil con Luis. por ejem plo. había sentido que las lágrimas se le agolpaban en los ojos. una película de Libertad Lam arque. casi podría decir familiar o racial o.] Después de Cum bres borrascosas hice con él Nazarín. sino todo lo contrario. brutal. que obligado a ver. H asta el extre­ mo de que en ciertas películas a las que tiene que asistir. ¡Cómo me ha hecho llorar en esta escena ab­ surda. Y el valor que pueda tener la película estri­ ba en eso. furioso. Porque se tra­ ta de una de sus películas fundam entales y porque juega ahí su unión con el realismo español y con Galdós.!» Y creo que su repulsión. Yo le he oído decir. ni furioso con­ tra la actriz. y es que en aquel m om en­ to fue cuando estaba peor del oído. le gustó y fue a la película. yo tuve que poner verdaderam ente el cerebro entre dos piedras porque no sabía cómo salir del paso. pero no furioso contra la película. —No tiene nada que ver con el surrealism o. él se revolvía frenético diciendo— no sé si pueda em plear las pala­ bras exactam ente— : «No puedo soportar a esta vieja cabrona. — ¿A qué se debe que ese odio hacia las escenas de am or sea una constante de las películas de Luis? Porque no tiene nada que ver con el surrealismo. lan buena actriz. —Nazarín plantea problem as bastante curiosos. ni furioso contra el guionista. frenético contra esta especie de fondo casi. Esto creo que liene la misma fuente o tiene la misma raíz que lo que le ocurre con ciertas películas de orden melodramático. se sue­ le ir a la m itad o algunas veces antes. que no era una novela de am or. y en algunas escenas melo­ dramáticas.. [. en fin... de raíz muy profunda.am or. por circunstancias espe­ ciales. furioso contra sí mismo porque durante esta película.. —Sí. una novela de odio. su des­ agrado hacia todas estas cosas de orden sexual nacen de ese mis­ mo fondo. cuando me dijo: «No quiero ninguna escena de amor». Pero un día se me ocurrió hacer la escena saliendo al jardín los dos protagonistas en el m om ento en que estaban m atando un cerdo. Y esa escena de am or con un fondo de gruñir del cerdo que están m atando le pareció bien. y yo creo que se debe a una vergüenza íntima a todo lo que tiene que ver con un contacto sexual o relación am orosa y que cualquier cosa que toca esto le produce una especie de repulsión física. ridicula. por una razón física. se salió no viéndola entera. en que la película se hizo siguiendo la novela mucho más de cerca de lo que la siguieron los americanos. Cuando hay un beso en la pantalla él se cubre la cara. Entonces.

Pero cuando se hizo Viridiana. en los pueblos especialm ente. de que aunque aparece como película con argum ento de Luis B uñuel. hablas de Viridiana. de Halma. los scripts resultaron más españoles. Yo tenía una obra de teatro. es decir. Sí. Y luego. por­ que se excitaba enorm em ente al no poder oír. entonces a él le interesó simplemente este hecho. El tenía un gran interés en hacer Halma alguna vez. precisamente por eso que acabas de decirm e. y yo recuerdo que volvía a mi casa fatigado hasta el último extrem o por el esfuerzo físico de garganta que había tenido que hacer durante todas las horas de trabajo que había tenido con él. incluso tom am os notas y se llegó a pensar en escenas que se podrían ha­ cer con Halma. Es decir. — No. que no se había estrenado nunca. Pero que una prostituta se revolviese contra el sacerdote y le di­ jese tres o cuatro palabras fuertes era bastante difícil dentro del am biente mexicano. el sacerdote. sin que yo nie­ gue que es posible que en el fondo. en el fondo es una trasposición de la continuación de Nazarín. el padrecito. como después ocurrió con Viridiana en el script que se hizo en México. con un trabajo muy lento. lo irritaba terriblem ente. creo yo. muy curiosam ente. pero no tiene nada que ver Viridiana con Halma. por ejem plo. no sé hasta qué punto justa. donde el padre. Las prostitutas. se le ve de una m anera com pletam ente distinta de como se le veía en España. y yo tengo la im presión. el de una m ujer encerrada en una casa con un hom ­ bre. su cone­ xión con el realismo español. Incluso ha­ blamos después de Nazarín. Pero a él la novela le entu­ siasma. hubiera un trasfondo en el que es­ tuviera flotando el personaje de Halma. Esto hubo que tratarlo de una cierta m anera por­ que es evidente que en México. H ablé de esto con Luis. y durante el trabajo que se hizo para el script de Nazarín se habló mucho de Halma. aparte de ese esfuerzo físico. se revuelven contra el sacerdote en algún m om ento. que si se hubieran hecho en España. y éste se encuentra con gentes que lo tratan mal. el curita. De ahí empezamos a trabajar y a elaborar y de ahí empezó a surgir el personaje de una novicia. Y le interesaba muchísimo el personaje de Halma. N aturalm ente hubo que hacer toda una serie de cosas para que la historia ocurriese en México. El personaje del hom bre se 392 . en que había un personaje femenino encerrado en una casa con un hom bre. De todos modos.dam ente nervioso. que tranquilizarlo. — B ueno. Entonces esto le producía una reacción casi violenta. por tener que calm arlo. com o pasan muchísimas cosas tanto en él como en mí. está en un gra­ do de— ¿cómo diría yo?— de afecto o de cariño. Esta fue una de las dificultades— mínimas al parecer— que hubo que vencer. La Viridiana de la historia surgió de una m anera paulatina.

en fin. hasta que los án­ geles le traen de nuevo la pierna. de este m odo. sino que era otra cosa. un personaje fantástico. obsesión más bien. a la posibilidad del am or de este hom bre por la ahijada. y. era Una trasposición de imaginación a realidad y de realidad exalta­ da y florecida por Viridiana. se llegó a casi prácticam ente term inar la prim era p ar­ le de la película. en los cuales entrábam os y nos enconI rábamos con una pared y teníam os que volver nuevam ente hasta que se llegó a la construcción definitiva de este prim o. pensó que el p er­ sonaje que después acabó haciendo Paco Rabal hubiera sido el enano.. hasta que llegamos al personaje del padri­ no. Ya establecido más o menos el personaje del padrino. ya enterrada. Todo eso le atrae de una m anera muy fuerte y lo ha estu­ diado enorm em ente. Se pensó entonces en que este hom ­ bre había estado casado con una m ujer de la que estaba muy ena­ morado y que Viridiana se parecía mucho a ella. a pesar de muchos días de trabajo. como diciendo que es el milagro más im presionante que hay en la historia ca­ tólica. Nos dimos cuenta de que había una solución de continuidad muy fuerte entre esa prim era parte y lo que po­ dría ser la segunda parte de la película. Pero todo esto nos fue llevando. Parece evidente que algo ha pasado en este terreno desde La edad de oro hasta Nazarín. llegamos paulatinam ente a la construcción de la segunda parte. Entonces este enano era en realidad un personaje que ella de pronto veía en su imaginación como alguien casi. que Luis. Después. nos fue llevando a una especie de callejones sin salida. se llegó tam bién. Un ejem plo clásico: el milagro de la pierna. por conversaciones. con el recuerdo de Nazarín y el im pacto que había producido en él mismo la actuación del enano de Nazarín. es decir. que casi se podría pensar que eran dos historias unidas por un hilo muy tenue. este milagro él lo cuen­ ta con un orgullo muy curioso y muy especial.discutió muchísimo. la liturgia. — Nazarín replantea de nuevo los aspectos religiosos del cine tic Buñuel. Tuvimos que luchar contra eso. de ella favoreciendo a los pobres. los san­ tos. Todavía la segunda parte estaba en una gran nebu­ losa. — La cuestión religiosa. íbamos por otro derro­ tero. que no había ninguna posibilidad am orosa de pri­ mera intención. creo. — Pero ¿ya teníais hecha la segunda parte para pensar eso? —No. el hombre de C alanda que pierde la pierna y se la entierran. Las misas infantiles. casi de cuento de hadas. En fin. no. los milagros. va el hom bre todos los días ante el altar y se unta aceite en los dedos para pasarlo por el m uñón. H asta el extrem o estaba en una gran nebulosa.. Es decir. bellísimo. Me ha hablado de este milagro yo creo que como cin­ 393 . nace en su infan­ cia. en fin.

tú crees que ese fondo ca­ tólico es más de su infancia en C alanda que de su educación con los jesuitas? — Pues creo que hay una gran parte de las dos cosas. Hasta el extrem o que. Al term inar unas clases. porque todo eso le interesa con una fuerza enorm e. y se volvió al rector y le dijo: «Oiga. el rector. — Bueno. cuando la curiosidad va más am pliam ente a abarcar otras zonas. Entonces. — Entonces. Lo marca en el sentido de su enorm e atracción hacia todas las cosas teológicas. Pero él se sentía verdaderam ente indignado. pero ¿esto qué es? En mi tiem po salíamos de la clase en fila. y él los re­ cibió con un gusto enorm e. vio que los m u­ chachos salían en grupos. Yo me quedé sor­ prendido de sus conocim ientos cuando empezamos a hacer la adaptación de Sim ón del Desierto. que había muchísimos más alumnos y que no era posible guardar la misma disciplina que en su época. con los brazos cru­ zados. el estudio de las cosas de teología es apasionante. — Sí. cuando estuvo en España. pero ten en cuenta que Simón del Desierto es una 394 . esto le indignó. y los archivó y los guardó.cuenta o sesenta veces. visitó el colegio de los jesuitas en Z ara­ goza donde él se había educado. le indignó fu­ riosam ente. con una personalidad como la de él. y no nos podíam os hablar. Pero creo firm em ente que fue lo suficiente como para m arcarlo para siempre. Esto es una relajación de dis­ ciplina intolerable. o creo que la segunda. la prim era vez que fue desde México. — R eferente a lo que me dices de la teología. fue el que lo recibió y él mismo el que le enseñó el colegio. esto del milagro prueba que su infancia en C a­ landa supuso un estigma muy fuerte en todo el resto de su vida. Después. retozando. hubo un centenario o. una de estas fechas religiosas. ¿tú crees que este fondo católico. y hace de él una persona francam en­ te intransigente desde este punto de vista. Luego estudió en el Instituto. porque Luis— a lo que sé— no estuvo en este colegio más que cuatro años. bajaban corriendo las escaleras. en fin. su herm ana le mandó una serie de artículos de E l H eraldo de A ragón que hablaban del milagro y de las cerem onias que se habían celebrado. el colegio había crecido mucho. y cuando. Y para dem ostrártelo. Le atrae enorm em ente esa historia de mi­ lagrería. cuando la inteligencia se abre. jugando verdaderam ente.» El rector se justificó diciendo que. los cuatro prim eros años. Para él. no hace mucho tiem po. tengo mis du­ das. sea del tipo que sea— no vamos a exam inarlo ahora— . Pero su educación con los jesuitas lo caracteriza de una m anera muy diferente. natural­ m ente. entonces sí le atraen los Padres de la Iglesia y el A ño Cristiano y le divierte enorm em ente leer vidas de santos.

. le obligaron en un principio a pensar en lo que él jam ás quiere pen­ sar. aun sin apearse nunca de sus ideas. esta libertad precisam ente cohíbe a Luis de una m anera enorm e. en México. como ha ocurrido con las de Gustavo A latriste. se le dio un nom bre diferente. y no quiere arruinar al pro­ ductor. y al reunirías en una sola. de hum or. —Cuando él em pezó a trabajar aquí. al principio. ¿cómo te diría yo?. Esta fue una de las preocupaciones más grandes que tuvo en Viridiana. El hace la película que quiere hacer. Luis no ha rea­ lizado sino lo que quiso hacer a los treinta años. que es una de sus películas en la que parece que se ha pensado menos en el público. Había m aterial más que suficiente para haber hecho una película de largo m etraje que. es decir. en el hum or. En algunas ocasiones. Pero entonces encontró un medio ile escape en la brom a. —Tú conociste a Luis ya en México. porque se pensaba hacer una cosa exactam en­ te sobre Simeón. por un período de renunciación de muchas cosas y de casi podría de­ cirse de adaptación a las ideas de los productores. no tuvo más rem edio que amoldarse a lo que le daban. pero como después encontram os toda una se­ rie de detalles sum am ente interesantes en otros estilitas. Sin em bargo. Al principio. o. hubiera sido enorm e­ m ente interesante. cosa que nunca le había ocurrido. en que un productor. con detalles de vidas que eran de per­ sonajes diferentes. como una línea subterránea de brom a. en hacer que en esas pelí­ culas haya una especie de subtram a. Porque evidentem ente lo está. Luis pensó m u­ cho en la posibilidad de que la película pudiera tener una devo­ lución económica. Al fin y al cabo. Lástima que la película quedara a medio hacer. Tam bién se llam aba. Digamos. y en el último de los instantes piensa en el público. en la segunda etapa del cine comercial de Buñuel. el estilita. y ésa es la razón por la cual la película se siente truncada. Para Luis. a mi m odo de ver. Pero esas ideas sentía que tenían que conducir a una finalidad en la cual el productor no perdiera ese dinero. Y es un aspecto de su grandeza.película que él quería hacer desde hace más de treinta años. tuvo que pa­ sar por lo que han pasado casi todos los directores. en su fondo más íntimo. le da absolutam ente todos los medios y toda la libertad que se pueda soñar para hacer una pe­ lícula.. que es en el público. el que el público responda o no a sus películas no le im porta en ab­ soluto. que fue Simón del Desierto. Ha tenido tiem po para inform arse. enton­ ces se hizo una especie de fusión de varias vidas de estos santos. cuando em ­ pezó a trabajar en el cine mexicano. Pero no se pudo hacer por dificultades econó­ micas. porque siente la responsabilidad de tener en las manos una cantidad de dinero muy fuerte. Es decir. que nos hace ver 395 . Simeón.

Pero lo hizo casi. En ésa sí hizo exactam ente lo que quería hacer. casi me atre­ vería a decir. y que a mi m odo de ver es N azarín. y en ese m om ento se lanzó por la línea de la brom a o del hum or. y. L os olvidados. sino sim plem ente. Y eso que cuando trabajam os ya estaban reunidos los docum entos que había recopilado Alcoriza. Para mí. en E uropa. y esto es lo que pienso. dice: «Aquí estoy. creo yo. casi sin que el productor y las gentes que estaban a su alrededor se dieran muy bien cuenta de lo que estaban haciendo. Adem ás. como una justificación personal. Después de esto. su gran m érito es que. Bueno. —Te dejas L os olvidados. jam ás ha hecho 396 . a partir de ese m om ento. cuando ya empieza a hacer el cine que él quiere. extraño. El necesitaba justificarse en el sentido de que estaba haciendo una cosa que no le gustaba. y que al tener el Premio Internacional. y esa pausa se debe tam bién a la idea de ayudar a viejos amigos suyos.que Buñuel se estaba burlando de sí mismo en el m om ento en que las hacía. — No creas. para mí la significación de Buñuel dentro del cine universal es la de una personalidad muy fuerte que. la prueba fue que cuan­ do se exhibió la película aquí.. Juan L arrea es Juan Larrea. se repuso la película y duró una enorm e cantidad de tiem po. se hiciera lo que se hiciese. cosa que le daba una cierta tranquili­ dad.. Porque des­ pués de L os olvidados hay una pausa muy larga. no creas. Es una especie de milagro que se produjo en un instante y que no se vol­ vió a repetir en mucho tiem po. Es decir. Pero en el m om ento en que él pudo hacer la película que le interesaba. Entonces. y esto es lo que siento. — B ueno. en aquel m om ento. com o Ugarte y Altolaguirre. de pron­ to. tú— . — Sí. duró cuatro o cinco días.» Y se hace universal por profundidad hum ana. Y se sabía lo que Luis quería. en que Luis tiene que hacer otras cosas y no vuelve a hacer lo que él quiere verdaderam ente hasta Nazarín. Esto en realidad no lo hizo con fines estéticos. milagroso. y le ha dado a la película cierto tinte que no se podía borrar. Claro está que quienquiera que haya trabajado con él sabe per­ fectam ente que es tan terco como le corresponde a un buen aragonés. — Estoy de acuerdo. creo que Los olvidados es una especie de excepción dentro de la trayectoria de Luis. — Pero tú me estás dem ostrando. de todas m aneras. precisam ente con esto que me dices— Larrea. Pero. L os olvidados es una pelí­ cula com pletam ente aparte en la historia de Luis Buñuel. La gente no sabe que en el script de Los olvidados trabajó Juan Larrea y trabajé yo. que el caso de L os olvidados es espo­ rádico. por una especie de milagro y casi. abso­ lutam ente lo que quería hacer.

a pesar de eso. el de Tristona. sino porque está dentro del espíritu de Buñuel. de Lewis. y tam bién supongo que los hará algún día. A mi modo de ver. pero no porque se quiera hacer surrealism o. en cualquier carácter hum ano. El sedim ento del surrealismo. que ahora lo que hay de surrea­ lista en sus películas tiene exactam ente el mismo valor que lo que hay de español. —Sé que quiere hacer Tristana hace mucho tiem po. de español en sus películas lo hay todo. el script más im­ portante (no conozco el últim o. sigue absolutam ente vivo. yo creo que. el surrealismo está integrado en la obra de Buñuel. el que está haciendo ahora en París. del surrealismo (y Simeón o Simón es un ejemplo perfecto). va haciéndose más leve. como puede verse en La edad de oro y Un perro andaluz. lo que a él le impresionó a sus veinticinco y a sus treinta años. son más o menos las películas que él quería hacer entonces. este vigor. sino sim plemente un sedim ento de pensam iento que surge y aflora. se va desvaneciendo cada vez más en todas las películas de Buñuel. ahora. —Te explicas perfectam ente. a la influencia del inconsciente. aunque tengo noticias de él). al que vigoriza la idea de lo interno. precisam ente porque no ha claudicado nunca. a la influencia de Freud. hacer surrealism o. como es natural. La prueba de eso es que las películas que ha hecho últim am ente. dejando aparte. ac­ tualizada. en sus prim eros m om en­ tos.más de lo que su conciencia le dictaba. es decir. Belle de jour. C reo que a pesar de lo lejos que pueda estar Belle de jour. y. —Bueno. antes. —Es cierto. como quiere hacer El monje. este valor para expresar sus propias ideas es lo que le ha dado al cine de Buñuel un valor universal. Y esta independencia. —No estoy de acuerdo contigo en lo que se refiere al prim er surrealismo. y creo que en sus últimas películas pasa a tener más bien una especie de valor casi decorativo. auténticam ente. él cubría y recu­ bría su obra de apariencias surrealistas cuando ya las obras lo eran en sí. no falta más que El monje. y he forzado la nota porque es­ toy totalm ente de acuerdo contigo en que. No sé si me explico. —Tam bién hay otra cosa. 397 . I sta cosa que para él era prim ordial. o cualquiera de sus últimas películas. aparece en las últimas películas. —Pero no es exactam ente una ideología puesta en acción. el m ejor script de Buñuel es uno que no se ha filmado. pero pasa esto: que ya en su prim era época el le daba a ese pensam iento surrealista una im portancia que ha per­ dido posteriorm ente. De (odas ellas. el surrealismo. a mi m odo de ver. es decir. Es decir. creo.

Por ejem plo. Estos lugares no son algo anecdótico en la película. y tal otro. Creo que lo que es Toledo m arca de tal m anera la película. que parte de las secuencias están hechas en el Hos­ pital de fuera. Tendría que darse una serie de circunstancias difíciles. sino que tienen una fuerza vital dentro del script. Estoy firm e­ m ente convencido de que la censura de España no lo leyó.» Luego. 398 . y que aho­ ra. H as­ ta tal extrem o. [Hacemos una pausa. T endría que darse adem ás la circunstancia— como te dije antes— de que se pudiera hacer en Toledo. Tom am os café. delante de tal iglesia. de que encontrase a una actriz que le gustase. a mi modo de ver. Y el apellido que tienes. a los cinco o seis años de haberse hecho la película. Porque es muy curioso. vuelva a gus­ tarle el script. sí. en tal crucero de calles. que siempre está en el corte. Le dice: «Tú eres judío porque eres valenciano y por esa nariz que tienes. Hablam os de otras co­ sas. Volvemos a Buñuel. pero este nieto que voy a tener. que se prohibió no porque el script tenga que ver con lo que pasó en Viridiana. deja asom­ brados a los cortadores por la mínima cantidad de película que necesita para filmar una historia. la mayor parte de los scripts de las películas que ha hecho Luis Buñuel.. hace verdaderam ente el corte en el set. ¿pa’qué lado va a salir?» Con una cierta preocupación. que sabe exactam ente dónde va a hacer el corte de cada escena. es muy difícil hacer esa película en otra par­ te. él to­ davía m ejor que yo porque lo ha visto últim am ente de nuevo. son judíos. y tal otro. está conform e. que él. que. de m anera que es una m anera de pensar. lleva el script de tal m anera medi­ tado y pensado. tam bién de pronto. cuando Juan Luis se casó con una mu­ chacha judía. Tiene tal precisión.. y por lo de más allá.) — La posición de Luis frente a la cuestión judía es muy curio­ sa porque no acabas nunca de saber si les tiene sim patía o no. a mi m odo de ver un poco flotante. la pri­ m era de las cuales es que le autorizasen a hacer la película. Así que se pensó en la adaptación exactam ente en lugares de­ term inados de Toledo. en tal plaza. y nunca jam ás filma nada que vaya a sobrar. sino porque lo que pasó con Viridiana se tradujo en la prohibición de Tristana sin haber leído el script. Hasta tal extrem o. y le pa­ rece bien. y por esto. pero después. dice: «Bueno. no le gustan ya absolu­ tam ente nada. C uando Luis filma. lo re­ chazó de plano antes de leerlo. después de unos años de haber hecho Tristana. porque los dos recordam os muy bien Toledo. una de las brom as más constantes que tiene con Luis Alcoriza es la de tacharlo de judío.— Tristana creo que no. y le sim patiza la m uchacha. Por una razón muy clara: escribimos Tristana pensando de una m anera definitiva en Toledo. com pletam ente conform e.

es absolutam ente natural que haya pasado a ser suyo. y tanto o más en Aragón. Teruel. Alcoriza la firmó solo. Porque B uñuel. — Ya en E l hay diferencia de edades. es muy posible que sea así.. sino una especie de recelo.» No. desde luego. algunas veces. y. Fue A latris­ te. estuvo pobladísima de judíos y de moros como dicen allá. No es una posición clara. así que lo más probable es que la familia de Buñuel. Y con sus intereses. Tam poco Alcoriza—cuando lluñuel se desentendió de ella— m antuvo el nom bre de Buñuel. Por otra parte. de­ jándonos de brom as. tienen tanto de tipo árabe como de judío. y pienso muy sinceram en­ te: «Esto debe de ser la sangre árabe y la judía. que tiene hon­ do arraigo allá. Por ejem plo: —Estuve con unos franceses en San José Purúa.en la que hay admiración por un lado de ciertas cosas. 399 . todas estas palabras acabadas en el. Yo. que se están pe­ leando dentro de mí... Un asunto que hicimos. en sus tiem pos. no pasó del tango. como si fuese algo que pudiera separar­ se del cine. ¿Sabrá Luis bailar la jota? —Creo que. y por qué será esto y. hace una película titulada El\ Pero.» — Sin hablar en serio.] — Hay en Luis un problem a que se repite desde Viridiana. la jota lo prueba. Y lo vende. Israel. me despierto por las mañanas en una tensión.. sea por el padre o por la madre. M anuel. y es el problem a del viejo enam orado de una joven. Pero sería bueno ver hasta qué punto el apellido Buñuel pueda tener ante­ cedentes semitas. ¡Para colmo. una película que acaba de hacer Luis Alcoriza resulta ser «de Alcoriza y mía». y me in­ teresa por lo siguiente: Calanda. Aragón es el centro mismo del mayor nú­ cleo judío-árabe que pudo haber en España. Lo mismo le sucedió con Luis Alcoriza.. — No había pensado relacionar a Luis con este tem a. — Como casi todos los españoles. en una especie de angustia o cosa así. Le di (le vendí) un asunto que ya no me gustaba. de qué es lo que va a pasar. No se le ocurre decirle a Julio A lejandro: «Te toca tanto. Así es el cine. tenga sangre judía. y toda esta parte de Aragón.. No le pasa por la cabeza com partir su valor con quien co­ laboró en ello. No sé de qué se asom bra Julio. Hay un m om ento en que una obra hecha en colaboración con él pasa a ser suya. y no desprecio en absoluto. (A hora descubre Julio A lejandro que Luis no es enemigo de la gloria de los créditos. raíz esencial de lo español.

— No fastidio... — Sí. Y es un tem a que ya no dejará. .. cuando Luis ya tiene cincuenta y hace L os olvida­ dos. —No fastidies. pero no tanta. —Luego. — Me rindo. — A la de Luis. —Tam poco tú en la última parte del Petreña. pero digo la verdad. La edad de o r o : los pro­ tagonistas tienen una edad aproxim adam ente idéntica. O en lo de la m uerte de Franco. — En los rom ánticos. Tom a Un perro andaluz. yo dictam inaría que Buñuel es un artista rom ántico. es fácil. por ejem plo. E n el fondo.— Sí. aunque sólo sea por ese indicio. D ebe de ser general.. que no abandonará. aparecen las jovenzuelas y los viejos. —Te veo venir. como en Picasso.

no sé. y yo quería ser productor o fotógrafo o algo. una persona encantadora. Le pregunté qué podía hacer para ser director.ARTURO RIPSTEIN — Ripstein. haciendo La joven en los estudios Churubusco. ha sido siem pre cariñosísimo conmigo. — ¿Y cómo le trataba? —B ueno. Siempre ha sido.. Siempre ha visto por ayudarm e por. el fin der y el guión. usted fue asistente de Buñuel en El ángel exterminador. un plátano. porque yo había estado m etido en el cine hacía muchísimos años. Y em ­ pezó así una amistad formidable. en el cine Variedades. sabía exactam ente que yo quería ser director como Buñuel. fue una m oviolita. El estaba. Le cargaba un portafolios donde traía un sandwich de pan negro.. creo. Siempre me gustó. Cuando empezó a hacer E l ángel exterm inador fui a verlo por si podía estar con él durante el rodaje. trab ajar en el cine. yo conocí a Buñuel mucho antes. sí. verdaderam ente. por apoyar casi todas las decisiones que tom aba respecto a dirigir. y le dije quién era yo. Entonces me dijo una serie de cosas en las que tenía yo que trabajar: anotador. Después fui a verlo. El conocía a mi papá. cosa que me puse a hacer inm ediatam ente. Entonces. — ¿Y usted hizo siempre caso de sus indicaciones. script-girl. ¿no?. toda mi vida. Se lo dije a mi papá en el m om ento de salir del cine. Me dijo que sí. Y lo acompañé en toda la película. de juguete. salvo cuando me dijo que no filmara algunas películas. 401 . Lo prim ero que me regalaron. pues el trato con Buñuel siem pre ha sido de una gran afabilidad. ¿Cómo fue eso? — B ueno. Un sábado me llevaron al estreno de Nazarín. un gran amigo. edición. a partir de ver N a za ­ rín. así. por tratar que yo salga adelante. en sus películas? —Sí.

Buñuel siem pre ha sido para mí un elem ento. todos sus consejos fueron siem pre muy acertados. a pesar de todo. alucinante. pero me dijo que buscara otra cosa. Nunca estuvo de acuerdo con el guión de García M árquez de Tiem po de m orir. — ¿Y qué opina usted de sus últimas películas? — A partir de N azarín. Siempre alegó que eran obras interesantes. Fuera de ahí. . y yo no lo hice. ni estaba exacta­ m ente de acuerdo con el guión de L os recuerdos del porvenir. así.que sí las filmé.

Esas son cosas que no se me pueden hacer a mí. que salía de los ojos de Buñuel. Y si lo que yo quise y si lo que yo hice fue precisam ente herir. De pronto. y cómo él en algunas secuencias de Nazarín tuvo que acabar las escenas únicam ente guiado por un rayo de luz. em pieza a torcerse y retorcerse. anteayer.. haciendo una gracia a las que. — . ya que no puede indicar ni hacer ningún m ovimiento. y querer pisotear los sentim ientos del público. sufriendo horriblem ente sobre todo desde el punto de vista m oral. En un segundo cambió la expresión de Buñuel. le dijo que en la excelente copia que había podido prestar a los estudiantes había dos cortes: el del Cristo sonriente y el de la escena de la m ujer lavándose las manos en la jofaina consagrada. Y en el trópico.de una intensidad de la que no tienes idea. A unque éste se defendió en seguida.. por lo visto. Esas son cosas que no se pueden hacer a un surrealista. y es algo verdaderam ente aterrador el verle esforzarse cerca de la cámara.F E D E R IC O A M É R IG O Am érigo me cuenta los ratos terribles que Buñuel les ha hecho pasar cuando pierde la sensación del equilibrio y tiene que sentarse sin poder moverse ni hablar.. en la Universidad. deshidratándo­ se. al igual que yo. y querer herir. No tengo ni idea de lo que pueda ser. están acostum brados en tantos años de trabajo conjunto. rezongó Buñuel: — Me es igual que sea quien sea. me cago en quien sea. me cago en mi m adre. De eso no puedes hacerte ni idea... había entendido que el que había cortado esos cuadros era el propio Am érigo.. 403 . Y. que seas tú. pero la escena siguiente me perm ite vislumbrar cómo puede ser con sus m ejores amigos en sus peores mom entos. me cago en ti. que. que sea mi m adre. H ablaba con Amérigo de la proyección de Nazarín. y querer m olestar.

Son cosas que van más allá de mi capacidad de resistencia. sea lo que sea. allá él. Am érigo le explicaba cómo. — A mí no me im porta nada de ningún hijo de perra. sea argentino. Y apretando los puños con una rabia feroz. Pero lo hacen. pidiéndonos perdón: — Es que me salgo fuera de mí y no me puedo controlar. adem ás. se salió de la sala en la que nos encontrábam os las siete personas restantes con cierto asombro. asom brado de la tranquilidad de Am érigo. restablecería la integridad de la copia. cómo intentaba explicarle a Buñuel que esa copia acababa de regresar de la A rgentina y que evidentem ente el proyeccionista había juzgado conveniente cortar estos trocitos y quedarse con ellos. y nadie tiene derecho a entrom eterse entre el público y yo.ésas son cosas mías. . tú eres muy capaz de haberlo hecho. a base del negativo. M iraba yo. Ya estoy acostum brado. A los dos minutos reaparecía Luis. y si el público reacciona de la m anera que reacciona. ¿Con qué derecho hacen esto? — Con ninguno. — No hagan caso— digo Amérigo— . total y absolutam ente mías. Y. transform ado.

vivos hace veinte años. como si éste. a estas alturas. es escritor fácil y amigo de correspondencia. al fin y al cabo. no me dirá gran cosa además de la acumulación de barbaridades que va soltando contra todos los que intervinieron en la filmación. y que. bajo la responsabilidad de Alfonso Patino Góm ez).) Se niega a grabar porque dice estar borracho— lo cual es posiblem ente cierto. porque. en cambio. consistía en las aportaciones hechas por diversas ramas del Sindicato de la Producción (autores. Es posible. lo que hace fácil el recuer­ do. que filmó Buñuel hace ya tres años. Siento no poder contradecirle y ponerle la grabadora enfrente. (Hay que tener en cuenta que Ensayo de un crimen fue y sigue siendo un éxito mundial y que posiblem ente. pero que no se le nota como tantas otras veces—y que. músicos. de hecho. que achaca— con sus ideas fijas— a Salvador Novo. en cuanto a renom bre universal se trata. triste y desengañado por el estreno de su Corona de luz. Usigli no se interesó por ese aspecto. La condición hum ana de Usigli hace que cualquier suceso molesto— de los muchos que tuvo— a lo largo de su vida siga presente com o si fuese de ayer. y tiene poco que hacer en su lejano puesto. todavía se acordara de los viejos rencores. ya que lo que le im portaba eran los veinte mil pesos que por 405 . La película fue filmada por lo que se llamó Alianza Cinem a­ tográfica. directores.R O D O L F O U SIGLI Viene a verm e Rodolfo con su hijo Sandro. Q uiero aprovechar su presencia para grabar su opinión acerca de Ensayo de un crimen. Vuelve a Oslo la sem ana próxim a. me escribirá detalladam ente lo que piensa de la realización de la película. le deba Rodolfo a la filmación de esta su única novela más que al gran núm ero de sus obras de teatro. técnicos y m anuales. cuando todavía Villaurrutia y Celestino Gorostiza eran de este mundo.

Hay un Buñuel bueno y un Buñuel malo. donde entonces vivía. No niega los m éritos de Luis. su queja es que Luis se acabó las botellas de whisky de excelente calidad que entonces tenía: — Y a mí el whisky me sienta mal por la mañana. sin ninguna razón. Me la pasó la m añana anterior. Siempre ese instinto absurdo de recurrir a imágenes católicas. actor que tenía un interés muy grande en interpretar al protagonista.. y el pobre de U garte. que m ueren de una m anera trágica y totalm ente gratuita. Miroslava Stern. sí. Mi desilusión fue com pleta. más inteligente. se considera traicionado. pero. R eferente a este tem a preciso. La falsificación llegó a tal punto que cambió. No quedaba rastro de mi historia. — Me prom etió cinco mil pesos más.derechos de autor le correspondían y que le había pagado. el Kid. como en tantas cosas en su vida. de origen checo. — Un periodista de mala índole aseguró que se había m atado porque había interpretado mi película. la había convertido en una com e­ dia de hum or negro. Esa no era mi novela. alegando que se los debía por el núm ero de whiskies que había tom ado en el bar de su propiedad. Me cuenta que Buñuel iba con frecuencia a verle por la m añana a su piso de la calle de Q uerétaro. y ni siquie­ ra pude verla antes del estreno. Lo que era una solemne m entira. en la m ano. E rnesto Alonso. Protesto. Le hago ver que cuenta. que nunca me pagó. — Sí. que resultó ser la muy guapa. O tro. es posible. Luis se portó muy mal. tam bién (U garte. Es posible. Tam bién es posible que no. de la misma m anera que hizo intervenir unas m onjas. escribió que lo había llevado a cabo porque había leído mi novela después de haber hecho la película.. . entre los aciertos indudables de Buñuel. Buñuel no me quiso enseñar la película hasta que estuviera totalm ente term inada. Discutieron sobre todo acerca de la falta de personalidad de E rnesto Alonso y de lo necesario que era reforzar el papel de la actriz. el colaborador de Buñuel en la adaptación). Pero no es mi novela. y él me había hablado con tanto entusiasm o de esa escena de la escalera en la que baja la m ujer con su cabeza cortada. Y a mí me tocó el Buñuel malo. que se suicidó poco tiem po después. hacía algún tiem po. el apellido de mi héroe— Archibaldo Burns— por el de Archibaldo de la Cruz. por lo menos para mí.

CARLOS VELO — Su padre estuvo en la guerra de Cuba, del lado de España, y yo creo que siem pre le quedó a Buñuel la idea, tal vez no muy equivocada, de que la independencia cubana fue una farsa, que era una cosa que no funcionaba, que era una tontería. Los muchachos se espantaron. — B ueno, pero esa conversación con A lfredo G uevara y los directores del IC A IC 1, ¿dónde se celebró? — Se celebró aquí, en México. — ¿Cuándo? —No me acuerdo exactam ente, hace ocho o diez años. Sin contar con que G uevara— esto es un dato que te puede intere­ sar— , G uevara aparece, creo, en los créditos de Nazarín. No estoy seguro, pero creo que aparece. G uevara estaba exiliado y trabajaba con Barbachano y conmigo. Entonces dijo: «Quiero aprender a dirigir y a hacer cine.» Y Buñuel se lo llevó a Nazarín. Fue tam bién asistente mío, haciendo cortos, y noticieros, y reportajes, y cine-verdad, y estas cosas. Fue Federico Am érigo, muy amigo tam bién de Buñuel, como sabes, el que lo llevó a la filmación de Nazarín. Y Buñuel le gastaba esas brom as crueles a las que está acostum brado, diciéndole que M artí era negro, que M artí era... Y se espantaba terriblem ente. —M artí era valenciano. — U nas fantasías así, trem endas, ¿no?, que me recordaban mucho las fantasías de Diego R ivera cuando hablaba del rey, o decía: «Yo desciendo de éste o la otra.» Y Buñuel hablaba de sus cosas, tam bién en brom a, de su ascendencia. De la im portancia de su padre, que tenía un palacio, que tenía esto y lo otro. Yo me daba cuenta de que nos estaba mintiendo.
1 Instituto Cubano de Artes e Industrias Cinematográficas.

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—No un palacio, sino una casa grande hecha hacia mil nove­ cientos, hoy m edio en ruinas, a lo que se dice. No olvides que Calanda fue centro de resistencia de la CNT. —Y lo bueno es que ni siquiera creí que su padre había estado en La H abana... Pensé que era una cosa mítica. — Nuestras brom as nos han hecho... — Esas brom as son m ejores si se basan en la verdad. «Mi padre— les decía Buñuel— tenía una tienda en La H abana, en la calle tal», y esto y lo otro... — Luis dice que el sentido del hum or español es muy peculiar y que las demás gentes no lo entienden. — En eso estoy com pletam ente de acuerdo. A ti te habrá pasado gastar brom as a la gente, ese tipo de brom as españolas dichas muy en serio, y ofenderse las personas, sentirse fuera de balance, ¿no? Vas con un español, que es amigo tuyo y lo entiende, y se m uere de risa y te cuenta otra peor. — ¿Tú hiciste N azarín con B u ñ u el?' — Bueno, sí. Figuro en los créditos como representante de la producción, porque no podía tener ningún crédito sindical. Por cierto, hay una anécdota. Estando un día Sadoul y Buñuel viendo N azarín, yo me hallaba sentado detrás y ellos no lo sabían. Y Sadoul, que ya sabes que hacía fichas de todo, com entó al leer los créditos: «H om bre, ahí está Carlos Velo, el de Torero.» Y entonces Buñuel, que no sabía que estaba yo detrás, le dice: «Bueno, bueno, pues está ahí, porque, bueno... Pero no tiene nada que ver con la película...» Esa es una cosa que te cuento porque refleja su carácter, ¿no? — Sí, es su carácter. A bsorbe tanto su obra, que la convierte en sí mismo, o al revés. — Entonces yo le dije: «Bueno, algo tengo que ver, ¿no? Algo te ayudé.» Buñuel dijo entonces: «Bueno, sí. Pero quiero decir que eso es un crédito de producción. No tiene nada que ver.» — Con Alcoriza le pasó algo parecido. — O tra cosa de N azarín que te voy a contar. Es una cosa que me im presionó mucho de Buñuel. Cuando estábam os haciendo la adaptación—yo representaba a Barbachano— , le decía: «Oye, pues esta escena, pues no sé... Ya sé que tú vas a hacer lo que quieras, pero...» Porque ése era el contrato de Nazarín. Buñuel, en aquel m om ento, pasaba por una crisis de trabajo en México, y M anolo B arbachano, que tenía sus rasgos así, buenos, de repente dijo: «Pues lo que hay que hacer es dejarle a este hom bre hacer la película que le dé la gana, aunque luego no sirva para nada, pero que haga lo que él quiera. Y nada de decirle que el script tal o que acaba así o que term ina así.» Pero Buñuel sí oía opiniones, ¿no? T rabajó con Julio A lejandro, como sabes, porque Alcoriza no le
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caía muy bien a B arbachano, nunca le cayó bien. Nunca supe por qué. Inclusive Alcoriza cree que eso es culpa mía, y yo nunca tuve nada que ver. Entonces A m érigó y yo le decíamos a Buñuel: «El script tiene esto, tiene lo otro», con mucho m iedo de que se fuera a enojar. Pero él era muy razonable. Pero, en un m om ento dado, me di cuenta de que nunca hablaba de Galdós. Y, claro, para mí, pues es un ídolo. — Y para él tam bién. — Bueno, y para él tam bién, pero no hablaba nunca de él. Y llegó el m om ento de los créditos de la película. Se hace la lista de créditos y no aparecía el nom bre de Galdós. Dije: «Bueno, eso no es posible.» «Bueno— me contestó— , es que esto es muy personal, esto no tiene nada que ver con Galdós.» Le dije: «Pero ¿cómo que no tiene nada que ver con Galdós?» Y puso un crédito muy chiquito, así, en la película. G randes celos de Galdós. Esto a mí me im presionó extraordinariam ente. — Bueno, en Viridiana pasa lo mismo. — Pero muy pocas personas lo saben. Es la continuación de N azarín: la m arquesa de Halm a, y el castillo, y todos los m endi­ gos; pero Buñuel no lo reconoce ni aparece el nom bre de Galdós. Ama a Galdós, pero él se considera de tal modo creador, y lo es en sus obras, que olvida de dónde sale, de dónde arrancó. Y eso no me gusta, y es la única cosa, quizá, que yo tengo como un defecto de Buñuel. Porque ¡qué le im porta a él que sea de Galdós! Porque además lo quiere, lo adm ira y siem pre lo está estudiando y haciendo películas, y planeando hacer A ngel Guerra, y planeando hacer esto y lo otro, ¿no?, constantem ente. —Y va a hacer Tristana. — Bueno, pues ¿ves? Ten la seguridad de que le pone un «Benito Pérez Galdós» chiquitito. Verás. —Julio A lejandro dice que es la m ejor adaptación que han hecho nunca, la de Tristana. Pero hay que hacerla en Toledo. —Sí. La conozco, muy buena. Yo la he leído, me la dio Julio Alejandro. Muy buena, muy buena. A quí no se podía hacer. No sé qué pasaba que no era posible. — Bueno, Luis dice que hoy puede hacer lo que quiera. Pero yo lo he encontrado aprensivo y sin querer volver a E uropa a hacer películas. — Pero tiene proposiciones para ir a Londres. —Sí, a donde quiera. Pero no va a ir. Está en manos de los médicos. Todos los días le hacen análisis. Debe de tener algo, pero él no dice nada. Por ejem plo, ahora a las seis y media iba al médico, y dice que le han estado haciendo toda clase de exámenes. —Quisiera creer que es un neurótico con la cosa de las enferm edades. Que está mucho más sano de lo que cree. A parte
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de su vértigo de M éniére, que es pavoroso. Esa sí es una enferm edad misteriosa, y ojalá todo lo que él padece sea como lo del oído. Yo creo que es un hom bre muy sano, pero muy alarm ado. ¿Tú sabes que mi prim er contacto con él viene del M useo de Ciencias N aturales? Es muy interesante. — ¿D ónde? ¿A quí o en M adrid? — M adrid, M adrid. Es decir, yo soy un muchacho que viene a estudiar medicina a M adrid, pero que le gusta la biología, y a escondidas de mi padre— médico de pueblo—estudio biología, ciencias naturales. Al estudiar ciencias naturales conozco la Residencia, de la cual no quiero decir nada porque sabes tú más que yo de ella. En la Residencia me hablaban de un grupo que había allí que ya se había escapado a París. En ese tiem po ya no estaban; eran Buñuel, Dalí y no sé quién m ás... — Vicens. — Vicens, exactam ente. Me hablaban de ellos como de unos tipos extraordinarios, de las travesuras que hicieron: salir de noche, a pesar de los esfuerzos del director de la Residencia, A lberto Jim énez; su em peño de no cumplir con las disciplinas; salirse y venir, ir y venir y no tener muy en cuenta la hora de com er, cosas que eran medio sagradas en el espíritu de la institución. Entonces oí hablar de Buñuel a Cándido Bolívar, joven profesor que fue mi m aestro, porque don Ignacio Bolívar ya estaba retirado cuando yo estudié. Entonces entré en ese laboratorio. Y estando en él con un profesor llamado M aynard, no me acuerdo del nom bre, profesor de Histología, un día me dice: «Señor Velo, com o a usted le gusta la entom ología... Yo tengo un com promiso muy grande, tengo que m andar a París unas hormigas.» E ra lo que me gustaba a mí, insectos sociales, mi especialidad. A bejas, hormigas, term es era lo que me gustaba. Yo tenía un horm iguero artificial, un horm iguero transparente en el Museo, que llam aba mucho la atención. Eso me consiguió una beca de la Junta de Ampliación de Estudios. En ese m om ento yo no conocía a Buñuel. H abía oído hablar de Buñuel a mis novias de la Residencia y a otros. Buñuel y Dalí. Entonces, M aynard me dice: «Tengo que m andar hormigas. ¿Cómo se m andan hormigas vivas a París?» Y digo: «Pero ¿qué hormigas?» «La hormiga roja del G uadarram a, la Fórmica rufa.» C laro, muy conocida mía, yo la estaba estudiando. Digo: «Bueno, ¡qué tontería! En las Landas de Francia está la Fórmica rufa; en los alrededores de París, en el Bois de Boulogne— porque yo todo eso lo sabía muy bien— , hay la misma Fórmica rufa. A unque digan que ésta es una variedad, es falso.» Yo estaba contra los sistemáticos. «No, no, es que las pide Luis Buñuel.» Esas hormigas fueron recogidas por mí en la Sierra de G uadarram a, metidas en una form a especial en un saco
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para que se conservaran húm edas con las mismas hojas de los pinos de G uadarram a, y entregadas a M aynard, que se las envió a Luis Buñuel. Yo no sabía para qué eran. Las hormigas son famosas hoy en el m undo, son las de Un perro andaluz. Se lo conté luego a Buñuel y le hizo una gracia enorm e. Mi prim era ligazón con Buñuel fue m andarle unas hormigas, buscar unas hormigas para Buñuel. En ese m om ento yo no era cineasta. Me hice cineasta después, por las abejas. Ya lo he contado muchas veces que fotografié a la reina de las abejas. U na cosa que descubrí yo de la reina de las abejas y, para eso, me com pré una cam arita y me puse a fotografiar. Y de ahí empecé haciendo docum entales. Entonces da vueltas el tiem po y me hago dirigente estudiantil. Y llego a dirigente de las F U E de toda España. Un cargo muy espectacular, sucediendo a Sbert. Te acuerdas perfec­ tam ente: la Unión Federal de las FU E. — Claro que me acuerdo: la U F E H , Unión Federal de Estu­ diantes Hispanos. —Eso. Entonces, el famoso Fernando G utiérrez M antilla, el «jefe M antilla», que conociste muy bien, me da la idea de hacer el Cine-Club F U E de M adrid. Basado en el Cine-Club Filmófono, usábamos casi el mismo m aterial. Volvimos a poner películas que había pasado Urgoiti y habían arm ado m ucha discusión. Y organizar la exhibición en el Palacio de la Prensa, que era de Urgoiti. n i conocí a Buñuel cuando presentó L a edad de oro. Había guardias en el Palacio de la Prensa. La sala era una salita donde se subía por un ascensor. Nosotros estábam os listos, los de la FU E , sobre todo. ¿Te acuerdas de Soria? ¡Cómo no te vas a acordar! B ueno, Soria dijo: «Hay policías aquí, hay policías dentro. ¿Q ué vamos a hacer?» «Bueno, pues se va a pasar la película. Y si hay policías, que la vean, ¿no?» Y veo llegar a Buñuel, muy joven en aquel tiem po, claro, casi com o en la foto, y muy guapo, que era guapo, bien peinado, parecía un chulillo madrileño de estos de rom pe y rasga. Y que llega con los rollos debajo del abrigo; los traía el propio Buñuel. Entonces, lo em ocionante es que yo agarré los rollos y los subí a la caseta. Me hizo una gran im presión, una impresión decisiva. No me im porta­ ban los policías ni nada. Yo entonces era muy bravero, muy peleador. Y a mí no me im portaban los policías. Y que se proyecta la película. Buñuel desapareció, no sé dónde se m etió ni qué pasó. Si estuvo en la exhibición, no te lo puedo decir, porque en ese m om ento se proyecta la película y aparece en la pantalla un escorpión. El mismo artrópodo que yo estaba estudiando. Porque estaba yo metido con Fabre y con todas estas cosas, ¿no? Y aparece un escorpión. Así em pieza La edad de oro. Y yo me dije: «Bueno, ¡este Buñuel!» T raté luego de buscarlo y supe que
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había querido estudiar ciencias naturales. Ahí pierdo yo a Bu­ ñuel. Es decir, vienen las cosas, ¿verdad? La guerra. Estoy en la zona de Franco, y sé que M antilla arregla mi película de Galicia y se la lleva a París. A hí tú interviniste. Entonces, Buñuel siempre me dice: «Yo te di el prim er premio de tu vida, ¿eh? El prim ero que has tenido te lo he dado yo.» Siempre me repite esa brom a, por el docum ental de Galicia. El estaba en el jurado de la Exposición de París en ese tiem po, cosas que tú sabes, doy el dato para ligar. Y, efectivam ente, el prim er premio internacional que he tenido en mi vida me lo ha dado Buñuel. ¡Ah!, antes de esto, veo a Buñuel en otra fase muy curiosa. C ontratado por la W arner B rothers, estoy haciendo con M antilla Castillos en Casti­ lla, El Escorial, unos docum entales que algunos debes de haber visto. Estudios en M adrid, en la C EA . Buñuel con Ugarte haciéndose el loco. A hí es cuando vi yo el hum or de Buñuel. Haciéndose el loco com pletam ente y el hom bre distraído. H a­ ciendo de productor, diciendo que no dirigía las películas, ¿com ­ prendes? Diciendo que todo eso no servía para nada. Estas conversaciones las tenía con Mantilla. M antilla era periodista. Es decir, era reportero de la radio. Le hablaba a Buñuel para sacarle cosas que usaba luego para sus charlas radiofónicas, charlas que fueron famosas porque era un crítico con bastante autoridad en aquel tiem po. El protegió el cine ruso, lo lanzó en España, e hizo una labor estupenda en M adrid. B ueno, entonces M antilla y yo estábam os filmando efectos para los cortos de El Escorial. E stá­ bam os haciendo las calaveras que se suponía que estaban en las tum bas, y venía Buñuel y decía: «Esto es más bonito, esto es más interesante que lo que estoy haciendo.» Porque hacían Don Quintín el am argao y otras cosas. Estupendas, hacían cosas estupendas, pero muy mal hechas, y Buñuel no se ocupaba. Era una actitud misteriosísima. El estaba encargado de que se produjera eso, como productor ejecutivo, no como director. Y no se preocupaba, ¡un cineasta como él! Trem endo, ¿no? A mí me angustiaba porque me decía: «¿Por qué no las dirige él? A unque sea D on Quintín el amargao, es estupendo, ¿no? ¿Por qué no lo hace?» Y hacía unas películas malísimas. Son cuatro. — Sí, son cuatro. Sadoul dice en sus biografías de Buñuel: «Y hay una serie de películas que no vamos a hablar de ellas, en las que intervino Buñuel.» B ueno, pero vamos a ver. A hí hay una cosa que me im porta: ¿Buñuel dirigía o no dirigía? — No, estaba detrás. O pinaba, pero no dirigía. Creo que tuvo que acabar una o dos. — D urante la guerra, ¿tú estabas del otro lado? — Estuve en la zona de Franco hasta que me pasé a la zona
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republicana en el último año. Fui a Barcelona. No vi a Buñuel. Supe tus aventuras de L ’Espoir. — Buñuel estaba en París, en el Servicio de Información. Y de eso nadie quiere darm e detalles. — Mi suegro sería el único que podría hacerlo. Mi suegro, Luis Santullano, am aba a Buñuel. C ontaba cosas graciosísimas. ¡Qué lástima que no esté él! Entonces decía yo: «¿Cóm o que no está aquí Buñuel haciendo películas?» Para mí, entonces todavía muy joven, era un impacto en mi ingenuidad. Yo me acuerdo de las bromas de mi suegro: «Buñuel no se acerca donde haya un tiro. Pero ni a miles de kilómetros. En cuanto se oiga un tiro, no se acerca.» Y añadía: «Me parece muy bien. Porque ¿qué va a hacer él en el frente, y qué va a hacer él debajo de estos bom bardeos?» — Eso no ofende a nadie. — Pasó el tiem po y le volví a ver aquí, en México. — Me interesa mucho oír la versión del posible productor de Ilegible, hijo de flauta. ¿Por qué no se hizo la película? — Bueno, la versión es ésta: en Nazarín hubo un disgusto muy grande, que tam bién debes de conocer; un disgusto misterioso para mí, indescifrable, con Manuel B arbachano. M anuel B arba­ chano fue al Festival de Cannes con la película. Invitó a Luis. Pero a Luis, en ese m om ento, se le enredó la cosa porque tenía una filmación de la película que hizo con W alerstein, que fue... — Susana o ... — No, no, no. La película con los franceses, ¿cómo se llama?
— La fièvre m onte à E l Pao.

— Exactam ente. Y estaba film ando, en fin, que no es que no quisiera ir. Pero B arbachano se encontró solo en el Festival con Nazarín, y, claro, no pudo hacer buenas conexiones. Le faltaba Buñuel. Tú sabes que, en los festivales, eso es fundam ental, ¿no? Entonces pasó muchas angustias. A pesar de eso, le tocó su palm arès. Porque no im portaba que no estuviera Buñuel. Era una película que tenía, en aquel tiem po, una calidad extraordina­ ria. Y cuando Barbachano me habló a mí por teléfono, me dijo: «¿D ónde está Buñuel? Dígale usted que seguro nos van a dar la Palma de O ro o una cosa así.» Entonces yo le hablé a Buñuel a Acapulco, donde estaba filmando. Y me contestó con monosíla­ bos, porque estaba preocupado con su filmación. A mí no me pareció... — Es que, adem ás, no le im portan nada los premios. — No le im portan nada. Y me dijo: «Bueno, muy bien, hom ­ bre. Pues ¡qué bien!, pues ¡qué bien!, magnífico, magnífico.» Después, te lo digo incidentalm ente, después yo lancé esa pelícu­ la con un miedo trem endo y una gran publicidad. Yo la m anejé para estrenarla, y resultó comercial. Y cuando Buñuel me habla­
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ba por teléfono, siempre decía: «Soy un director comercial, ¡estoy perdido! ¿Q ué dicen de mi película? ¿Q ue es la historia de Jesucristo? Pero ¿cómo es posible?» «Pues sí, que es la historia de la Pasión. Eres un director comercial. Has hecho, otra vez, R ey de reyes.» Y él se reía mucho y decía: «Si dan dinero mis películas, ahora sí que mi prestigio se acabó. Y esto es muy malo.» Pero M anolo no recibió ni un telegram a de Luis. Se enferm ó Manuel Barbachano con eso de que su director, al que le había dicho: «Haga la película que quiera», y que le dieran el prem io, y que ni siquiera le pusiese un telegram a. Se enferm ó, de veras, se enferm ó. Y volvió com pletam ente im pactado. A A m é­ rigo y a mí nos costó mucho trabajo explicarle ese carácter español, de austeridad y de creer que las obras no valen, esa falta de cordialidad, esa sequedad. Yo le expliqué hasta la teoría de los desiertos de A ragón. Los sordos producidos por esa tierra, esos desiertos, por esas sales que dan los grandes sordos: Cajal, C osta, B uñuel... Todos esos sordos, m onstruos inteligentísimos. ¡Y Goya! Esa insistencia nuestra fue cam biando a M anolo, y le propuso a Buñuel: «Bueno, vamos a hacer otra cosa, la que usted quiera.» Ya, pero con cierto resentim iento. Entonces, Buñuel dijo: «Bueno, pues yo ahora quiero hacer una cosa muy atrevida. Yo tengo unos cuentos...» Propuso unos cuentos de m isterio, que nunca se hicieron, que eran de él y de Alcoriza. Unos cuentos que ocurrían en París. Personajes desaparecidos que estaban presentes. Unica película de Buñuel que yo sepa que fuera película «ómnibus». Es decir, tres cuentos. Porque nunca ha hecho él una película de tres cuentos. En ese tiem po tam bién me dijo: «Vamos a hacer una película tú y yo.» Cosa que me em ocionó mucho. «¿De qué?» «De insectos. Porque tú sabes de todo eso.» Yo estuve entusiasm ado con ese proyecto, pero cuando me dijo la idea, me quedé espantado. La idea era las relaciones hum anas vistas a través de los insectos. Te habrá hablado de ella. — No me ha hablado de ella, pero acabo de leer algo acerca de eso. — ¿A cerca de este asunto? Bueno. La película ésa no se hizo nunca, porque ¿cómo se iba a producir? No sabíamos que hacer. Y vino lo de Ilegible, hijo de flauta. Viene el script, y M anolo dice: «Bueno, esto es una locura. Esto ya no es comercial ni es nada, pero lo vamos a hacer. Porque esto debe ser para los cines de arte, esto es una cosa muy extraña. Es una película de Buñuel. En E uropa se venderá; en fin, la vamos a hacer.» Pero el final de la película, que era la destrucción de Nueva York, ¿conoces el script ? — No, pero tengo una idea.
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— Es interesantísim o. El script te lo puede dar Am érigo, tiene copia de él. — ¿Tiene copia? — Claro. Está en su archivo. —Se ha publicado una parte. — ¿A h, sí? — Sí. — B ueno, pues Buñuel dijo: «Bueno, yo estoy de acuerdo en que hay que cam biar el final, y tal. Voy a hacer otro final. Pero a este script no se le puede tocar, porque es del señor Juan Larrea. Y solam ente si él me autoriza.» Entonces se lo comunicó. Yo puse el cable a Juan Larrea, a la Universidad de La Plata o algo por el estilo. — De Córdoba. — C órdoba, sí. Me contestó muy atento: «Dígame cuál es el cambio.» Y entonces le m andó Luis, directam ente, la idea de la modificación, y Larrea le dijo que no estaba conform e. Entonces yo le dije: «Bueno, esto hay que arreglarlo, hay que buscar la forma de arreglarlo, ¿no? Vamos a ver a Larrea, vamos a hacer un viaje, y tenem os que convencerle.» «No. Si él no autoriza el cambio, no se hace la película.» —Y no se hizo. Lástima. — Es que, adem ás, él sabe m anejar una película como nadie. —Ni se ocupa. — Sí, pero hay toda una pragmática de Luis Buñuel que se podría llam ar «cómo llevar las relaciones públicas de un director a una altura que desconcierte com pletam ente a la plebe de periodistas seudointelectuales y demás». Tiene varios artículos de los que me he dado cuenta a través de mucho tiem po de oírle. U no de ellos, la negación absoluta de que sus películas tengan interpretación. A specto que es profundam ente surrealista, claro. Todo un estilo y una escuela. Y a los que no están o no conocen esa escuela ni ese movimiento les sorprende mucho: «¿Entonces su película no quiere decir nada?» «Mi película quiere decir lo que usted quiera.» Es el principio núm ero uno. Es decir: «Lo que usted piense al verla es lo que quiere decir mi película.» O sea, interpretación abierta del arte, ¿no? No el arte como una regla, sino el arte como un motivo nada más para producir una reacción en alguien. A hora, el segundo principio es: «¿Le molesta a usted la película? ¿Le ofende profundam ente? ¡Qué maravilloso! ¡Es lo que yo quería!» Q ue tam bién es surrealista. Es decir, no es épater le bourgeois, no: es agredir. Es decir, agredir para que se despierten estos desgraciados, ¿verdad? Esas dos cosas las ha m anejado Buñuel maravillosam ente: «Yo no sé lo que dice mi película.» «Yo tam poco lo sé.» «A mí no me interesa.» «Bueno,
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pero usted ha querido decir...» «Yo no he querido decir nada. Usted es el que está diciendo.» Esto es ya una escuela internacio­ nal. Porque esto te lo dicen ahora directores italianos y de todo el mundo. Yo, m odestam ente, siendo un pequeño director, lo he usado ya cuando he estado en Europa. C uando te sientes acorra­ lado: «Yo no quiero decir nada.» Lo haces como defensa. Es una pragmática buñuelera estupenda, que se debía estudiar. O tra es la que se refiere a los premios: «¿Tengo un prer '.o? No me interesa. Yo no he m andado mi película a concursar, la habrá m andado el productor o habrá llegado allá.» A veces parece una brom a, otras lo interpretan como falsa m odestia, pero es una actividad filosófica. Es que sabe de los jueces, de los premios y del mecanismo de los prem ios, que todo es profundam ente am oral, y profundam ente burgués, y profundam ente equivoca­ do, ¿no? Entonces, esa pragm ática de Buñuel es estupenda. Hay tres o cuatro cosas así, en él, estupendas, que son normas. Cuando regresó de hacer Viridiana, vino a vernos. — H abía estado en Galicia por prim era vez. — Sí. Y vino a verme porque en las comidas con Am érigo y todos, siempre salía Galicia. Em pezaba yo a hablar de Galicia, a contar cosas y tal. Y él decía: «Bueno, estos gallegos son...; los andaluces no valen nada a su lado, son unos fantásticos. ¡Qué m anera de hablar de su tierra, qué cosa tan trem enda!» Le llamaba mucho la atención. Yo le decía: «Ya vas a conocer Galicia.» Y, efectivam ente, cuando llegó de vuelta de Viridiana, me llamó. Creo que estuvimos en su casa, comimos unos cam aro­ nes y no sé qué otra cosa. Y me dijo: «Te llamé porque, en prim er lugar, quiero suscribirme a la revista gallega que tú haces, porque voy a aprender gallego; en segundo lugar, te digo que no entendía yo ni las saudades ni todos los problem as vuestros. A hora he visto Galicia y he quedado im presionado.» «Bueno, pero ¿qué es lo que te impresionó?» «No, a mí no me impresionó el paisaje, a mí me im presionaron las ciudades, me impresionó Santiago de Com postela, me impresionó una atm ósfera, algo que yo había imaginado siem pre, pero que no creía que existiera.» Entonces le dije: «Bueno, pues mira: todo eso no es nada. Lo que es bueno es que Galicia es la cuna del hereje más grande y el más im portante, el que se enfrentó a R om a con todas las de la ley, y que fue Prisciliano.» Claro que él lo conocía, porque él tiene los libros de... — No, no. Y, adem ás, Larrea. — Larrea, los libros de M enéndez Pelayo, y además conocía a este político español que se me olvida ahora el nom bre, político amigo de Casares Quiroga, que escribió el único libro que hay sobre Prisciliano. Y yo le di el dato. Me dijo: «Eso me interesa
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mucho. Eso me interesa mucho. Un día...» Esto que te hablo es ya de hace años. Dice: «Un día voy a hacer una película sobre Prisciliano.» Me conmovió extraordinariam ente cuando vi que ya había logrado hacer la película de Prisciliano. [...] Un día le dije: «Luis, tengo una explicación perfecta sobre el argum ento, la continuidad y la historia rom ántica, perfectam ente rom ántica, burguesa y apacible de Un p erro andaluz.» «Ah, bueno, pues eso me interesa m ucho.» Entonces le hice una proyección con Carlos Fuentes, Federico Am érigo, M anolo B arbachano, no sé cuantas gentes había allí con él, y yo le fui explicando la película como una historia de am or. El conflicto de un hom bre con su otro yo, y un final, verdaderam ente, como una novela rosa. No tienes idea de la indignación que esto produjo a Buñuel. Entonces yo le expliqué: «M ira, desde que soy estudiante, desde que em pecé a ser cineasta, como todos los cineastas del m undo nos hemos esforzado por descifrar Un perro andaluz. De qué trata, qué es lo que trata, qué tiene dentro, qué es lo que quiere contar.» «No quiere contar nada.» «Ya lo sé. Pero a lo largo de esforzarm e, desde hace algunos años, llegué a la conclusión de que ene un argum ento perfecto.» Dice: «No, eso es una cosa fantási a, eso es increíble, eso no puede ser, eso no lo puedo resistir.» Se m ataban de risa Am érigo y todos. Muchas veces me dijeron que lo escribiera y nunca lo escribí. A rgum ento perfectam ente razo­ nable, del m uchacho que recuerda su infancia, se pelea consigo mismo. El bien y el mal: voy a ser bueno, voy a ser malo. Encuentra la m uchacha, lucha con ella, ¿verdad?, y se van por una playa juntos un happy end, ¿verdad? Maravilloso, porque por fin ya se realizó el am or y el encuentro que buscaba el muchacho. Esto le desespera a B uñuel, le vuelve loco. Dice: «Tenía que ser un gallego el que viniera a explicar Un perro andaluz, que no lo ha podido explicar nadie.»

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Vinimos a Barcelona. Luis sacó. Pero mi educación sectaria no me dejaba ver en el surrealismo grandes cosas. por ser aragonés. que he robado o que he m atado en M adrid. en un m om ento determ inado se planteó cierta polé­ mica. y me lo presentó Bergamín. no recuerdo bien. de diecisiete a dieciocho años) a Valencia. Entonces. Dice: «Yo me voy a París ahora. una capitalista. estaba Luis Buñuel. Luis es más gallego que aragonés. que siempre para mí ha tenido una extraña relación con la historia del collar de M aría A ntonieta. principios de septiem bre. un collar de su bolsillo y me dijo a mí.» ¿V erdad? Como yo no conocía (después de dos años las he conocido) ni las brom as de Luis ni las brom as adscritas al surrealism o. no tengo dinero y necesito vender este collar. Luis dice las verdades como puños. si geográficamente podem os hacer dis­ tinciones raciales. que era más joven que él: «Esto es de una condesa. Sin em bargo.RICARDO M UÑOZ SUAY — La gente cree que. pero me quedé pensando si aquello era verdad o era m entira. y en un m om ento determ inado. ¿Me lo queréis com prar?» Entonces Pepe Bergamín dijo 419 . yo creo que. al entrar en el restau­ rante del tren. Estuvimos com iendo o tom ando algo en el trayecto Barcelonafrontera. una burguesa. no te digo que me lo creyera. en G ine­ bra. Pepe Bergamín y Eugenio Imaz vinieron a por mí (yo era un m ucha­ cho dirigente de la FU E estudiantil. Ibamos a G inebra a un Congreso Internacional de Intelectuales o de Es­ tudiantes. Yo a Luis lo conocí en septiem bre de mil novecientos treinta y seis. mi afición por el cine hizo que todo aquello que Luis Buñuel em pezó a decirme me interesara mucho. y en el trayecto del tren de Barcelona a la frontera entram os en el coche restaurante Pepe Bergamín— porque Imaz no se encontraba bien— y yo. La Sociedad de Naciones. Yo a Luis Buñuel no lo conocía más que a través de fotografías. creo recordar. una m arquesa.

¿Te acuerdas?» «Claro que me acuerdo de ti. Barbachano nos invita a una comida en su casa. y allí está Luis Buñuel. que no se hablaba de él para nada. en enero. en el que encontram os a C onchita o a Isabel G arcía Lorca. — Pues esto sería dos días después. que asustó a los del control y lo dejaron pasar. R ecuerdo que me hizo una gran impresión con la historia aquella del collar que sacó de su bolsillo.» Dice: «Sí. no sé si es ésa la imagen que tengo yo ahora o es imagen vista después en fotografía. pero yo no dije ni siquiera esto. pero tú no te acuerdas de mí. voy a México. Pasaron años. pero el hecho es que pasó en seguida. yo nunca he hecho eso». rojo. Y continuam os el viaje hablando de cosas que ya no recuerdo. tú eres aquel chico jovencito estudiante.» Entonces yo le dije: «Por cierto. Ricardo: ¿sa­ bes que es verdad aquello que me decías? Pero la diferencia es 420 . eso es una invención tuya. Luego pasamos la frontera.» Entonces se indignó. — ¿En qué fecha exactam ente? — Creo que debió de ser el ocho. ¿Te acuerdas que no dejaron pasar a los otros?» «Efectivam en­ te. que no le pasaba nada.que no. claro. En la frontera tuvimos dificultades porque los elem entos de control en aquellos días. etcétera. Supongo que nos m entía. pusieron algunas pegas a nuestros pasaportes diplomáticos. ¿verdad?. pero yo he viajado contigo en septiem bre del treinta y seis y con Pepe Bergamín. se acercó y me dijo: «Oye. Te lo podría confirm ar con los libros que tengo en M adrid. Luis Buñuel se me aparece con esos ojos saltones. Luis pasó en seguida. FA I o CNT. y en mil novecientos cincuenta y nue­ ve. que me acuerdo que en un m om ento determ inado sacaste un collar y me dijiste que era de una condesa. y a mitad de la com ida se levantó Luis. Pero creo que fue el ocho o el nueve.» Le digo: «Sí. Le digo: «Tú no te acuer­ das de mí. tres días después.» Digo: «Sí. porque yo estaba todavía con Pepe Bergamín el día cinco de septiem bre en Madrid. porque soy de cine. ¿verdad?. porque Muñoz Suay ahora te lo sabes porque escribo. Estaba bastante asom brado. Luis se iba a París y nosotros seguimos nuestro viaje en otro tren. y me dijo: «Eso es m entira. soy aquel mismo. Comimos en el coche restaurante. y nos contó después que lanzó un «me cago en Dios». Luis. que no tenía dinero.» Dice: «Ah. una m arquesa que habías m atado o habías robado en M adrid. y el prim er día o segundo que estoy en México. Nos sentam os a com er. el nueve o el diez de sep­ tiem bre de mil novecientos treinta y seis. Nos presentam os. que nos dijeron que Federico estaba muy bien en G ranada. se puso lívido. R ecuerdo que fue casi en seguida de dejar a Luis Buñuel. Lo recuerdo joven. — Necesito que me lo confirmes. ojos de enferm o de tiroides. tú eres M uñoz Suay.

me acuerdo. o era en otra casa de apartam entos? —Sí. un bistró. 110 . Ya verás cómo es verdad. del Guernica. era la cadena de un reloj de mi padre. era una casa de apartam entos que creo que hacía esqui­ na. creo que había un M iró. —Exacto. que viaja con ella. en el G eorges V. que dice que fue el G obierno español quien se la encargó. y que hizo en París. no. y estabas tú en un despacho al que entrábam os por un hall. pero entonces. ¿ver­ dad? Me lo presentasteis creo. que es cierto que tenía esa cade­ na. Ahí estás equivocado.la siguiente: no era un collar. de la escultura de A lberto. o en verdad un collar que llevaba para sacar unas pesetas y llegar a París. —Allí. el de la exposición. Pero yo siempre me he quedado con la duda de si era la cadena de su padre. en plena guerra. y creo que había un café abajo y ahora hay unas cosas de aviación. Ven a mi casa y verás la cadena. Que yo recuerde. Yo me encontré a Luis ahí tam bién con vosotros. —Ah. En la filmografía de Luis figura una película de m ontaje sobre la guerra española. muy cerca de allí. no estoy seguro. KLM o la sección com ercial. y me pa­ rece recordar que tam bién estaba Clavé. —Me acuerdo. ¿verdad? — Un Calder. Sert. en México. traba­ jando mucho en esto. la realidad es que ni en aquella oca­ 421 . muy cerca del Georges V. ¿En el Hotel Georges V? Me lo encontré una o dos veces por allí. En París lo vi más tarde. Me parece que estaba Pepe Bergamín. — Exacto. en la sección— no recuerdo ahora cómo se llam aba—de la Em bajada de la República. no me dijo nada. etcétera. o algo así. en el cincuenta y nueve. me acuerdo perfectam ente del pabellón. arriba. que nada tiene que ver con el despacho donde estaba Luis. La diferencia de edades ahora es menos notable: tú eres igual. Y lue­ go me acuerdo ya de la exposición. Yo tenía entonces un despa­ cho grande. una brom a surrea­ lista. que yo siem pre viajo con ella y que aún la conservo y con la que te gasté aquella brom a. ¿Y Luis no te dijo nada de su tra­ bajo en París? —No. A hora bien. —No. y ya no lo volví a ver hasta después de la guerra. el arquitecto. Y me acuerdo que tú estabas enloquecido. ¿verdad?. Fui­ mos a com er a un restaurante al que íbamos todos los días. estaba tam bién mi despacho de la ex­ posición que hicimos en el treinta y siete.» Después he consultado con sus her­ manas y me han dicho que sí. —¿Pero lo viste en la E m bajada. de esto no estoy seguro. en ese despacho. a mano izquierda. Recuerdo que para mí erais los grandes de la República.

a la FAI. firm ado por alguien. sino firm ado con un seu­ dónim o. ¿verdad?. — No olvides que estás hablando para gente que no sabe quién era G arcía Atadell. di­ ciendo que en el barco tal. le envió un telegram a a Luis. creo yo recordar. En julio de mil novecientos sesenta y cinco. etcétera. D espués de. Es. hasta que las autoridades. que se llama algo así como La guerra española. y si no le responde. Estam os hablando. detuvieron a G arcía A tadell y lo ajusticiaron.sión en que estuvimos allí. D alí. Luis piensa que si le escribe diciéndole que es un cabrón. Sender p er­ tenecía entonces al Partido Com unista. aludien­ do a esos aspectos más o menos desconocidos de Luis en París. luego de haber sido el denunciante de Buñuel en Am érica.» 422 . según dice Luis. ¿no? García A tadell. Decide enviarle un telegram a que sólo decía: «Agua pasada no mueve molino. ¿verdad? — Estás com pletam ente equivocado. en el que dice que tiene una idea genial y que deben verse para hacer en seguida la segunda parte de Un perro andaluz. etcétera. La historia de Sender es muy distinta. ni en la filmografía que me ha dado luego Luis personalm ente figura esta película. — Y.m i conocim iento con él en el tren. o si no cuando la época del sesen­ ta. Sender. porque creo que pertenecieron los dos a la «Bri­ gada del Am anecer». tom aron el poder en sus manos. o en el rodaje de Viridiana. redactado en un mal francés. para mí. tem e que Dalí se presente. en el sesenta y uno. que se había escapado de España e iba hacia Am érica a refu­ giarse. en efecto. Buñuel. un punto oscuro. Luis llega a decirme a mí que es que está _n contra de todos aquellos que en la guerra eran m aleantes y habían com etido crím enes. en cambio. — ¿Sender no estuvo en la «Brigada del Am anecer»? — No. El no me ha hablado nunca de esto. en México. entraron las autoridades franquistas en este barco. barco extranjero. prim era vez que viene a España. y que. Era CNT. a la Torre de M adrid. pero es igual. Eran una brigadas chequistas del am a­ necer. — El recuerdo de G arcía A tadell. iba García A tadell. Negrín. Este es el recuerdo que tengo de García Atadell. A ñade que Luis vaya a Cadaqués o que él irá a la Torre. que tom aban la justicia por su mano y que com etieron m u­ chos crím enes al com ienzo. en los prim eros meses de la guerra. En un m om ento de la ar­ gum entación sobre esta base. a las autoridades de Canarias. no. el otro pertenecía a la CNT. E sto no interesa. años más tarde. me dice que desde la Em bajada él envió un telegram a no firm ado por él. que no sé por qué en este m om ento (luego tú me puedes rectificar) lo uno a Ram ón J. este telegram a Dalí lo dará a la publicidad.

sindicalista. m ientras abajo los soldados rom anos N disputan el cadáver. en el R etiro de M adrid. dinero.) A las ocho. Les recuerda. a Huesca. en una boîte. Simón debía i egresar a su colum na. llamado Ramón Acín. Nieves y yo nos presentam os en su departam ento de la T orre al que siem pre va. desde su prim er via­ 423 . R ecuerdo yo la estatua del Angel Caído. Alatrisle y yo.. Hasta ahora dice que unas ciento cincuenta mil pesetas. En un m om ento delei minado me dice: «He hecho E l ángel exterm inador sin ningún program a.-L o que le ha contado Domingo D om inguín. Simón en Nueva Y ork..iii ahora las gentes. con la puntualidad que él exige. que le cedió los derechos a B rom berger. Bueno. D o­ mingo añadía que naturalm ente Luis había intervenido también i 11 aquel festín. Hace seis o siete años. Acín le dijo a Buñuel que si le tocaba la lotería. o sea. hasta el año sesenta y cuatro. Buñuel me explica que ha escrito a Alatriste para decirle que si Sim ón del D esierto no iba a la M ostra veneciana. Me explica que luego del Imal actual. Simón baja mía vez de la colum na y es sustituido por el diablo. Al día suguiente se presentó Ramón Acín y fue fusilado con su esposa. más o menos. Sé cosas mucho más im portantes acerea del asunto. irracionalm ente. Mira.. Luis Buñuel ex­ plica en mi casa (está presente Villegas López) que un día se ent mitró en Huesca a un viejo amigo suyo. a las dos hijas huérfanas.. fue testigo de que una vez se encontró en la cama a I >alí con Federico en un cuarto de la Residencia. e (Recuerdos del viernes 17 de jun io de 1966. Entonces. Acín se escondió en H ues­ ca La G uardia Civil detuvo a su esposa y la am enazó con fusi­ larla si no se presentaba su m arido. que nos separam os todos. profesor de A rtes y Oficios y puro anárquico. Según cuenta Domingo Dom inguín.. ¿verdad? Es toda la brom a de Domingo Do­ minguín. el se com prom etía a term inar el filme. A los pocos días le tocaron cien mil peselas y le entregó a Buñuel veinte mil para hacer Las Hurdes. el uno de agosto del sesenta y cinco. — Con todas las reservas del caso. pero ya en pecado m ortal. No es gran cosa. Al final de los años. de París. I I dieciocho de julio o el diecinueve. hasta el año pasado. Sí. Según dice Dom ingo D om inguín.» El día dieciocho de agosto del se­ senta y cinco. menos Luis. Si­ món m uere en la colum na. le daba el dinero para que hiciera una película. cuando éram os amigos antes de hacer Viridiana.. Luis Buñuel manda actualmente. al que adoi . Síguele. Luis fue testigo (o lo lia contado Luis a Domingo o a su herm ano Luis Miguel Dominguín).

va a un burdel a acostarse con gente baja. pero que le gusta que su m arido le pegue. la única. le pregunto. Kessel es un autor m alo. cuan424 . Luis me dice que mil espadas de Damocles le am enazan. de Saura. A hora escribo solo. M ando telegram as a los productores y ni me contestan y tal.» E n­ cuentro a Luis más sordo. de todo el mundo. tienes ganas de hacer la revolución y m atar burgueses (se ríe). muchas. me dice que voy de peluquero. pero bebo. con mi chaqueta am ericana. una amiga suya. es entonces cuando me hice amigo de Saura. nada más que haga las películas. Yo no como mucho. etcétera. en el corazón. A hora me pagan m ejor que nunca y me dan libertad total para escribir lo que yo quiero.» Y yo le pregunto: «¿Tienes muchas proposiciones?» «Muchas. ¡Meto cada cosa! Como lo escribo yo solo. Es una historia. Como nunca. no sabe lo que le suce­ derá. Lo rodaré en septiem bre. me da lo mismo. Nos abre su herm ana Conchita. Es la película más cruel que conozco. Y yo me acordé de que Chicote nos servía. Es extraordinaria. Pero me divierte. no sólo está muy bien hecha: aunque estuviera mal hecha. pues quería visitarlo. No gustará a las gentes. Me dice: «Los dos filmes que más me han im presio­ nado han sido El acorazado Potem kin y La caza. y me iré después a México. Pero La caza es extraordinaria. de una m ujer que es frígi­ da. Pero así como en E l acorazado Potem kin. A mí todas las cosas del vino y de las bebidas me interesan. en París. hasta diciembre. A Nieves la saluda como a una niña y le pregunta por su mamá. A los pocos instantes me dice que ha visto la m ejor pe­ lícula española. No. no sé si es bueno o malo. Me dejó hecho polvo. Hace unos días pasé por el Museo Chicote. por­ que no quieren saber nada. Se entera de que su amiga. el carnicero. pero sobre él penden. Estoy alcoho­ lizado (se ríe). Pero me dice que está sano. por lo que le gusta que se acuesten con ella los tenderos. cuando sales de verlo.» «¿De aquí en España?». Luego. «Cuando llegué de México. creí que tenía ya cirrosis. «No. pero me hicieron varios análisis científicos y es­ toy ya muy bien. la de Kessel. etcétera. D ebo term inarlo a finales de marzo. Muchas. con tanta crueldad. Se ríe y bebem os un «buñuelone». Es una gran película. A mí. y ella se va tam bién. ¡qué crueldad! (se ríe). La sem ana que viene llegará Carrière para escribir un guión basado en la obra de Kessel.je a España. especie de «negrone». H a term inado con todos los infames filmes españoles. Yo— dice— apoyé L os g o lfo s . aquí en el hígado. Estoy seguro de que su segunda película es mala. Yo ya sé que se trata de La caza. de poca m oral. en la cabeza. tal vez al otro año. etcétera. Pero todos van a hablar de ese filme: la crítica. en La caza te quedas hecho polvo. pero yo me divierto escribiendo el guión. ruede El monje. como bebía y bebía y no estaba mal.

D etrás—<lice—me escribió Federico un poem a.«lo yo estaba en mil novecientos treinta y cinco. y se entusiasma. Con él organizamos la caza de los maricones.» Como no les abrió. le parece como un museo. «¿Sabes?— me dice— . en I spaña. el surrealismo es lo único que vale la pena en este m un­ do. Max A ub. Le entrego un recorte del A B C de ayer: un padre ciego. en estos días. si todos llevan la bomIm atómica detrás para destruir el m undo? Le enseño la carta del editor italiano Marsilia. Yo siem pre le guardo noticias sobre «icgos. Bebe y come con ganas y está contento. Federico era pederasta. «Yo— me dice—le conocí. tal como está. «Fue aquel día de la foto del avión. están bien. et­ cétera.» Le explico quién es Chicote. Están bien. Pero no quiere hablar de polítii ¡i Los comunistas son simpáticos y buenos. No hay ojén y bebemos chinchón. en Filmófono. de Barcelona.ume. en el que la revista llama «cerdo» a Dalí. Yo tengo varios poem as inéditos de I éderico. al que no quería ii Pero luego reconoce que es el m ejor que conoce fuera de I rancia. se m earon en la puerta de la calle. creo que por Valladolid.» Al pasar por Hileras. arrefiada e iluminada. pero era muy larde y el sereno no les abrió. El se acuerda de que el año pasado le di una noticia que le gustó mucho: un partido de fútbol entre dos equipos de cie­ gos. algunas bebidas. Alude a Villegas y me dice que le gusta lo que ha escrito sobre él. hace años. Tam bién le entrego un recorte de Destino. en la calle de Lista. D ejé ahora una tarjeta y ni mu ha contestado. Me dice que D alí es un cerdo porque siempre delins de él está el dólar. ¿Cómo voy a creer en unos o en otros. poique éste confiesa que se alegró de que asesinaran a Federico <inicia Lorca. El se empeñó en llevar a Federico a la casa de putas. ¿Existe todavía?— me pre­ 425 . Le digo que hoy. ya no hay las casas de putas que él conoció. (17 de septiem bre de 1969. Los dueños del leslaurante le hacen firm ar en el libro de honor. Me dice que aliora. había apuñalado a su hijo. fueron a la V erbena de San Anlonio Federico García Lorca y él y que se em borracharon. creo que en Castilla. La plaza. esquina a la Castellana. M antecón. que me encar­ da unos trabajos para un libro sobre Buñuel. Me dice: "Estamos borrachos. Le hablo de que lo único válido que perm anece es el surrealismo.» No sé por qué aludo al hijo de Benlliure. A la salida quie­ re ira la plaza M ayor a tom ar ojén.) Hablábam os sobre los años cumbic de México: Roces. Va por la calle un poco m areado.1 Urgoiti y a mí. Juanito R ejano. Me prom ete ayuil. recuerda que en el numero cuatro había una casa de putas. —Sí. . Comemos en un restaurante francés. Había un urinario de esos que por fuera se ven los pies.

son buenos. cuando salía yo.» Yo le digo que siem­ pre dice lo mismo. Luego piensa algo y me dice: «Yo ya sé que no volveré a España. 426 . Bueno. y me contesta. Me voy a m orir a México. lo tengo aquí. y hacía gestos con la cara. rotundo. Dice que si están bien educados. Benlliure y los dem ás amigos me esperaban en un ban­ co de piedra del paseo. por contagio. el obispo. en París. Este es mi último viaje. de A lbacete. Q ue solam ente ha sido rígido. o quien fuera. pero ríe de vez en cuando. y que le gustó tanto a Buñuel que dijo que si en la época del surrealismo hubiesen tenido esos Cristos-navajas ha­ brían sido un símbolo de las revistas y de la literatura de aquella época.) Hoy tenían que haber venido a casa. Yo entraba en el urinario. las autoridades eclesiásticas. Y que volverá muchas veces. Pero confiesa que todo se debe a no saber nada de Rafael. Si yo veía que el que m eaba me hacía caso.» (Se ríe a carcaja­ das. Se pasa casi toda la tarde con nosotros charlando. a comer cocido. H abla­ mos de los hijos. Lo curioso es que después que nosotros rodáram os Viri­ diana. Es escultor ahora. no le ha enviado ninguna tarjeta. Juan Luis es más extrovertido. pero que cada vez está más fuerte y m ejor. pero ahora lo re­ cuerdo. A los pocos días viene a casa y me trae personalm ente toda la bibliografía y la filmografía. Pero ayer llamaron para decir que Luis está muy preocupado porque hace tres sem anas que su hijo Rafael. sacaba un pañuelo del bolsillo y era la señal para que Benlliure y los otros se lanzaran sobre el que m eaba y le dieran una paliza m orrocotuda. con alam bres. Dice que bebió mucho el otro día y que no se encuentra bien. y que le ha vuelto la diabetes. T rabaja en hierro. en Pa­ rís. Escribe muy bien en inglés. Le digo que él ha sido duro con los suyos.) Seguimos por la G ran Vía para dejarle en su Torre de Ma­ drid. ¿no? (D ía 21 de junio de 1966. Dice que está muy malo.gunta— . que no. en Albacete concretam ente. «Rafael— dice— es introvertido. Está triste. prohibió la fabricación de estos Cristos-navajas. a eso de las tres. solo.» Dice que el otro día proyectó. y que son dos rollos en los que sólo se ven los tam bores y se escucha el sonido. que se en­ cuentra enferm o. que no come. Luis Buñuel y su herm ana Conchita. cuando algu­ no entraba a mirar. Dice que bebimos mucho el otro día. Y des­ de entonces no se encuentran ya en ningún sitio. que iba de Alem ania a A te­ nas en m oto. el corto que ha hecho Juan Luis en Calanda. Vuelve a decirm e que estam os borrachos. los hijos. Luis se presenta en casa. foto del C risto-na­ vaja. No tiene nada que ver. cuando estábam os com iendo. Yo hacía como si quisiera mirar al que m ea­ ba. Sin em bargo. La navaja-Cristo que sale en Viridiana fue un descubri­ m iento que Domingo Dominguín hizo en España.

V dice que es muy bueno. ya que no hay nada escrito— gritaba: «Y entonces los malditos judíos hicie­ ron». el tam bor y comenzó a so­ nar. Dice que ellos. Pilar. y que dijo de Luis que era un pornógra­ fo «¿Yo pornógrafo? Soy todo lo contrario.» Dice que él es muy ho­ nesto en la práctica. A ntes. pero en la práctica siem pre he sido muy puro. me quedaré hecho polvo. Dice que hay un pregón con un ritm o parecido al del R etablo de Falla— lo imi­ ta -.» Esto lo escribí acordándom e de la frase de Buñuel. Dice que el no celebra el santo. que el precursor intelectual del anarquism o. y que el pregonero— que por tradición lo repite.» Esto es una nota mía: en Barcelona leo. editado por G rijalbo. que no se puede m archar con la música de C alanda. y recuerdo cuando sacó en México. Creo que dice aquí: •■Yo. es que estaré hecho un gagá. Dice Luis. cuan­ do comíamos. que era una buenísima persona. Estaré hecho polvo. si me la pongo. Le digo que le he com prado dos botellas de vino de Rioja porque hoy es su santo. hace poco. no en la vida. de Roces. Terrible. Más que yo. Hoy ha com enzado a tam borilear en la mesa. muy cruel. pero ¡qué bue­ no! Es cruel. de Max. siglo XVIll. el cual ni sabía hablar. que era originario de Alcañiz: «Pero ¿de qué se ríen?» Y el de Alcañiz le respondió: «Porque es una anim alada. Mantecón se ha puesto corbata negra al m orir. Dice que ha ido desde que tenía dos años. son gente muy buena y muy sentim entales.Dice que Juan Luis le ha com unicado por teléfono que la gente se reía m ucho. en el libro de L os anarquistas. Y añade que no sabe si es Luis Gonzaga o el rey de Francia. «Mi cabeza es muy complicada. hasta sangrar y ensuciar los tam bores. etcétera. muy deshonesta.» I lablamos de un reportaje que le hizo la Televisión francesa. lo sentiré mucho. los exiliados en México: de M an­ tecón.. que es música primitiva. Tocan las veinticua­ tro horas. que por cierto era suegro de Shelley. le preguntó a un exiliado. han quitado lo de los malditos». a la que odiaba. Dice que ahora. A ñade: «No creo que sea Gon/aga. al oír el disco que le hicieron los amigos y que le enviaron. el in­ gles Godwin.» De nuevo Luis habla de los tam bores de Calanda. Y que como Juan Luis estaba extrañado. escribió una vez: «Soy audaz y osado en mis opiniones. el año pa­ 427 . una hermana que tenía. últim am ente. los co­ munistas o amigos. H a­ blamos de los amigos com unes. O. pero no me pondré nunca la corbata.» Hablam os mucho del filme de Saura. y que el año pasado fue y tocó durante tres horas. si se m ueren mis hijos o mi m ujer. que no es marcha m ilitar. de R ejano. «Tiene un final de gran guiñol. y sólo dicen judíos. en agosto. Q ue el que estuvo peor fue Berlanga. muy ufano. como en una película de Charlot. en la cabeza (se la señala).. en mil novecientos cincuenta y nueve. pero muy im puro en la teoría. Lloró luego.

y se ríe como un niño.) Se ríe mucho. Dice que debe de ser un cor­ te que debió de hacer cuando el Cristo se ríe. que cuando Luis me ha enseñado la lista bibliográfica de libros y ensayos sobre él. pero La caza es m ejor. Llegaron a un acuerdo y se fijó en cien mil pesetas la 428 . «En Valladolid». que vivía en Salamanca. me alegra que no sea lugar de tu­ rismo. le llamó desde el Am erican Express.» Y que recuerda a Miller. La novela se llama Belle de jour. Así el día de m añana podrem os incautárselo a los frai­ les. Q ue le gustaría hacer la vida de Cristo según San M ateo. que com a. Me dice que ella va al prostíbulo de cuatro a seis. en realidad. toda cubierta de cas­ pa su chaqueta. Me pregunta si hemos entrado en el m onasterio. Me dice que. A hora recuerdo. Me pregunta dónde está Rueda. Le digo que no y le hablo del cartel que está en la puerta como prohibición. he observado que hay un libro de Henry Miller sobre él. en París. pues quería com prar las Batuecas. Inm ediatam ente se pone el aparato para la sor­ dera. conoció a Miller.) A las dos llegan a casa Luis y su herm ana Conchita. Me precisa más el proyecto con Kessel. Se ha puesto de espaldas a las m ujeres y señala la b ra­ gueta. Me recuer­ da que cuando hace muchos años. C reía que era un jerez. para que la copie. ¿qué debe decir? ¿Me cago en Dios?» El se ríe y dice que no. Le he servido vino de Rueda. aunque sea francés. para ha­ blarle de La edad de oro. el filme que más me gustaba era el del brasileño Rocha. un tal don José. Traen dulces para las niñas y whisky para nosotros. Dice: «Me alegra. creo que contento. Y añade que él siempre quiere que el Cristo se ría. cuando su marido está en la oficina. Me entrega los m ateriales bi­ bliográficos. hoy. (C om ida el 30 de ju lio de 1966. donde él trabajaba. que habló con una orden religiosa de m onjes y que luego habló con el propietario. que dice: «¡Me cago en D eu.» Me dice que el día seis u ocho de julio del treinta y seis es­ tuvo en las Batuecas con Pepín Bello. en el cuadro. Le digo: «Y si le pica una avispa. pero con un Cristo hum ano. en efecto.» Le digo que yo guardo un trozo de N a­ zarín que B arbachano me entregó. la lista. no con los brazos alzados como en plegaria.sado. En brom a. Miller le dedicaba cuarenta páginas. que ande con los brazos extendidos. si es una avespa!». D ebe decir: «¡Caramba!» Le cuento el cuento valencia­ no del cura en el púlpito. H asta esto. Le encanta. «Me expresó toda su admiración por L a edad de oro.» (Señalándose la bragueta. A las cinco y pico se va. y hablam os de vino. A lude a mi reciente viaje a las Batuecas. le pregunto: «¿Ya te has puesto la dentadura?» Se ríe y me dice: «Todo es falso. le re­ cuerda los prostíbulos de su época. le digo. Y dice que el prostíbulo.

He vendido toda la colección al mismo que me las vendió o las he regalado. etcétera. Llega un m om ento en que ambos se confunden y no se sabe lo que es verdad. Me pre­ gunta por el viaje que acabo de hacer a La A lberca y a las Ba­ tuecas. D ebía volver el diecisiete o dieciocho de julio. «Es horrible esto de los católicos. sí. pues no 429 . era su hermana— . Me dice que hacia el diez de agosto se va a París y que la preparación es fácil. como trabajaba en lilm ófono. Pensé que no debía tener objetos. Me dice que ha recibido mi tarjeta con la foto de la reliquia del brazo de Santa Teresa.compra. y cuando se dio cuenta estaba caído en una barranca. quitaría eso de las reliquias. ganaba mucho dinero y podía hacer esa compra: m onasterio. Dice: «¡Qué asco!» Y apenas contem pla la foto. si son los recuerdos o es la historia vivida.» Le ha­ blo de otras reliquias de Santa Teresa y le m uestro las fotos de la mano. A hora.» «¿Por qué?» «Tuve una crisis de misticismo (se ríe).» «¿Y por qué no te quedas en España?» «Porque no. Segu­ ro. las misas. Mis cosas. etcétera. Me gusta. sólo doce. fuentes. y que entró una avispa en el automóvil. del brazo y del corazón de la Santa. cerca del Jalón.. Le pregunto cuándo comienza su filme. y me dice que la Dorléac. Lo he cam­ biado. En todo caso.. todo lo iba a com prar. el marido de Conchita. A hora se mezcla la realidad con los pensam ientos masoquistas de ella. se la mostró en México. que no ha visto. no le gusta. jardines. en la carretera a Zaragoza. le pregunto. Le relato el accidente de coche de Xavier Domingo y me recuerda que en mil novecientos treinta y dos. Si la Iglesia católica. de Polanski. Dice que no le pasó nada. ¿no?» «Sí. en m arzo. iba en un auto recién com prado por su cuñado. no haré el prim er plano de la película.. pero los protes­ tantes no tienen esa manía de las reliquias. Que no se acordaba que era la protagonista ele Repulsión. El m onje no sé si lo haré. Se ríe. mis armas. Le pregunto si le gusta el guión que acaba de term i­ nar con C arriére: «Ha quedado muy bien. pero que ya la verá. en una revista de m odas. Que su m ujer. mis libros. los pensam ientos vendrán a corte hecho. Tengo todo mi m onasterio de México. Los recuerdos. C uando ve lo del corazón. Es la C atherine Dencuve. a quien no conoce. Los artistas (se ríe) preferim os el catoli­ cismo por eso de la liturgia. si son los pensam ientos. y que le pareció bien. nueva.» «¿Todavía conservas tus arm as?». Le pregunto quién la interpreta. El auto quedó destrozado. pero la guerra lo impidió. comenzó a aventar a la avispa.» Le digo riendo: «Es tu último viaje a Europa. En eso los pro­ testantes son m ejores. Jeanne— aquí me equivoqué: no era Dorléac. Me aclara que entonces. «Bue­ no. Y que no ha visto L os paraguas de Cherburgo. Como iba aburrido. Que a mitad de octubre com enzará la película. pudiera intentarlo.

pero a su m ujer no le gusta.. quem ar los li­ bros. Y a lo m ejor estoy cam biándome de casa.» H abla de su último filme. de Sender. «Yo era el responsable de la página de cine de Gaceta Literaria — me cuenta Buñuel— . el vino está rancio y malo. hace muchísimos años.1. le telefonearem os para com er juntos. aunque yo lo encuentro más viejo. incluso. Que está cansado y que aho­ ra puede vivir con algo de dinero. Me dice: «Ese Sender no me es simpático. ahí gustará y lo conocerá todo el mundo. Tiene dos o tres años menos que yo. el más caro. y.. de Madrid. a nues­ tro regreso de Logroño. pero ya no quiere n ad a. de César. Dice que si el filme va a París. bien. A las ocho le visitamos. Le saco una botella de Vega Sicilia y me dice: «Todo el vino de Vega Sicilia sabe m alo. que.» D estapo la botella. que a C arrière le ha gustado. y Pérez Ferrerò vino a traerm e un artículo de cine. agrio.. luego de Berlín. ni cuando se equivocan los actores. que es el m ejor bar. pero siempre sale malo. Y tengo libros incontables. «Puedo vivir muchos años. porque tiene el compromiso con Tognazi. no me acuerdo cuál es.) Recibí un telegram a de Luis Buñuel. Q uiere que le invitemos a un arroz a banda. por cierto. pero tam bién puedo m orir de un m om ento a otro. Que se va a México a vivir. Está bien. lo absurdo. Dice que le gustó una novela suya sobre Extrem adura. Es el de más fam a. en el que me citaba a cenar hoy. en efecto. según él. Dice que ya no quiere dirigir. Intentaré publicarlo. M añana vuelve a París a hacer las mez­ clas de su último filme. Sólo me gusta una novela suya so­ bre un error judicial.» Hablamos de A rconada. desde la T orre.. pero que es imposible llevarlo al cine. 430 . no se podrá nunca reprodu­ cir. Y pensé. por la caza de los conejos. Me dice que ha recibido una carta de Buzatti sintién­ dolo.quiero ligarme a los objetos. Pero antes iremos a Coq. trayéndom e todo aquí. Le m uestro varios libros de la época: de A rconada. De vez en cuando vendrá a M adrid.” Me hablaba de usted. Dice que está sordo.. Q uedam os que el día seis o siete. Me dice que le gusta mu­ cho El desierto de los tártaros. «Todo el m isterio. (25 de enero de 1967..» Le digo que el relato de Buzatti sobre la clínica ya lo va a hacer Tognazi. Me dice que la ha vuelto a ver con Saura.. Bebemos valdepeñas. que ya no oye nada. Yo le dije: “Bien. ante todo sobre el surrealismo. Dice que ella. me da un ataque al corazón y me m uero.. de Salinas.» A las cuatro se va. la . no sé cómo se 1 Catherine Deneuve. Volvemos a hablar de L a caza.» Comemos. a m orir. ya no desea cam biar de casa. y que dentro de unos meses se com enzará la película.

Ahí es­ taban Kyrou. Tenía fecha de ocho o nueve de agosto de este año. que es el com pañero de Rabal en la historia. lo peor es que no aguanta que el gran prem io no se lo lleve él. Piensa vender su guión de E l monje. que ahora tiene proposiciones para trabajar en París y en Londres. pero que ha hecho lo que ha queri­ do. Tiene tem or a ponerse enferm o lejos de su casa. que es el fotógrafo que hizo Tierra sin pan. pero no mucho. No quiere ir porque tien e. Que sólo aceptaría si se lo llevara él. porque no lo alababa bastante. Es una cosa de la que no estoy se­ guro. etcétera. y que los otros actores son todos muy buenos.» «¿H a m uerto Lotar?» «Sí. Pero parece que tam bién está en París. en una casa que le dejan los Noailles. a com er dem asiado. Tem or a emboi lacharse. Yo creo que llo­ re)— esto es impresión mía— . Lo que quiera y con libertad y dinero. Pero nadie reconoció a Luis Buñuel. es un exiliado español que vive en París. en México. y si no se lo lleva. Pienso ver­ le. un español. protestando de la entrevista que le han hecho los muchachos que yo le presen­ 431 . aparecida hace tiem po en Fotogramas'. Vuelve a hablar de que ha mezclado la fantasía con la realidad y que no se sabe bien lo que pertenece a una o a otra. pero que «da» bien. se cagaría en la m adre del Ilirado.) A yer perdí la m ejor carta que Luis Buñuel me ha escrito. con poca gente. C arrière.. dice. pero que fue con gafas oscuras. gente. Y C astañé es un pintor catalán que vive en H yéres. Estuvo junto a la tum ba. Nos cuenta que estuvo en el entierro de B retón.llama la protagonista de la película.» Aparece Castañé. a dos pasos. y la coba siem pre es bue­ na.. M urió quin­ ce días antes de llegar yo a París. tem e ver m u­ llías peliculitas. Me decía que había recibido mi colum na sobre él. porque no le han dado el premio. Freud. Benayoun. adem ás. Irío. pero que el productor. hace un mes y m edio. por varias razones. «Cada vez— añade— tiene más im portancia para mí el surrealismo. «como G reta G arbo». H abla de un jo ­ ven. que estaba bien.» (19 de agosto de 1967. A guantar tostones. Tiene algún guión de Buñuel.. Q ue su filme es muy pornográfico. etcétera. Luego me decía que no sabía si iba a ir a Venecia. Hizo un guión con Renoir. Que él siempre estuvo a bien con B retón. Fuentes y kiriane. Lenin y B retón.» «El era muy amigo de R enoir. como él desea. pero que ya no quiere trabajar. Me dice que ha escrilo a Ezcurra. este Castañé.Me dice que el entierro fue triste. es idiota. le invitaban. Eli Lotar parece que posee el carnet de rodaje de Tierra sin pan. con una carta para Nuestro Cine. «Ha m uer­ to. que le apreciaba mucho. Dice que los cuatro hom bres más gran­ des del siglo XX son: Einstein. y tengo su teléfono. los actores. Y.

que se puede trasladar la his­ toria de Belle de jo u r a M adrid. enero de 1959. R e­ cuerdos sueltos para ir ordenándolos. se aproxim a bastante lo que escriben a lo que él dice. al parecer. dijo: «¿D ónde dorm irán las mariposas?» A lo que el padre.té. y a ver quién de todos ellos era el más rápido. ¿no? De estudiante. (R elee.) «El m iedo a los tiros.» Se fue de París a Bruselas cuando los sucesos de mayo del sesenta y ocho. ¿verdad? Y es que Luis. A hora. al que yo conocía algo por los de la FU E. aunque lo hicieron de buena fe. Y luego había unas carreras.» Dice que sí. un estadio olímpico.» Yo le digo: «Como Erasm o. Me cuenta que una vez (esto es en V enecia ya.» «Sí. creo que con Federico G arcía Lorca o con al­ guien de la Residencia. llegan a quitarse las chaquetas y aparecen las pistolas debajo. en la cama. a mí me da la impresión de que. porque tenía que rodar E l acoso. han falseado sus pa­ labras.. sin música. uno de los núm eros era que en un es­ tadio grande.) Es lo mismo que te decía del re­ cuerdo del collar y de que él decía que no era el collar. El día que murió A lfonso. de Francia. su herm ano. — ¿Q ué historia era? — Es una historia que Alfonso contaba que Luis había inven­ tado. sin los tam bores finales.» «Salí de España. tam bién disfrazado de sacerdote. con el com pañero. El dice siempre que esto es una historia que inventó su herm ano Alfonso y que no era suya. no quiso cortar el rodaje de Viridiana. trescientos y pico sacerdotes tenían que hacer la misa. La O lim píada vaticana. con los que estuvo en la cárcel. luego. Me habla de la orquesta de cine que toca violines. al parecer de frailes y de curas. en general. en donde las m onjas desde las gradas del público lanzaban besos a los curas para que corrieran más o corrieran m enos y todas esas cosas. no quise ir a Cuba. yendo por el cam po.» (M éxico. cuando ve publicadas las en­ trevistas que le hacen. y a esto no hay derecho. porque.» «La calle de las H uertas.. C uenta y no acaba de los mexicanos. de C arpentier. en que. Precisa: «De joven. A h— dice— . irritado. el miedo a los tiros de Buñuel. etcétera. Me pesa. Me enseña Nazarín antes que a nadie. 432 . Allí. siempre rectifica porque dice que aquello que le reproducen no es cierto. para refugiarse en Madrid. Y que la casa de putas de París es un recuerdo de la casa de putas que él conoció de joven en M adrid. le gustaba vestirse de cura y subir al tran ­ vía. septiem bre del sesenta y siete) su m adre. respondió: «Idiota. El que era el más rápido se llevaba el premio. Esto es una cosa que añado yo.

Dice i|iic lo pasaba bien. A cada bom bardeo en Zaragoza. de señorito. Margarita y Conchita. y todavía se fingió más enferm o. Nos habla de la épo­ ca de la guerra. que la m adre de Luis. por miedo a que si volvía su hijo lo fusilaran. desde la época de Zaragoza con los li'suitas. en la calle de M enéndez Pelayo. se fue al piso que Luis tenía en M adrid. M antecón estaba pre­ ocupado. Hacía pruebas muy curiosas: «E ntraba en un estanco ves­ tido como siempre iba yo. las recoge el m arido de esta última.metían mano a la m ujer que estuviera cerca para que se escan­ dalizara y gritara. En ese m om ento. un ejem plar del manifies­ to surrealista original de Bretón y dedicado a Luis. Alfonso. y que no lo ha devuelto. entonces.» M ante­ cón. (Día 20 de enero de 1969. com pungido. y que estuvo días y días quem ando y quem ando todo lo que tenía Luis. Por­ que ella tenía pasión por su hijo Luis. Después entraba de nuevo vestido de obrero y me daban las peores. E ntró su amigo íntimo. pedía una caja de cerillas y me daban las m ejores. Es un favor muy íntimo. Luis le dijo: «Quiero pedirte un favor. la metían en la cárcel. De vez en cuando. M aría. te quedarías dudando de si yo había hecho eso por brom a o en serio. Siempre estaba pensando qué liase célebre sería mi última. las dos. Me habla de la familia. le gustaba vestirse y disfrazarse de obrero. dos años después. 433 .» Un día. le respondió que haría lo que él quisiera. ellas mismas dicen cosas sor­ prendentes. Luego. con voz de ultratum ba. pero quiero que me prom etas que me lo harás. Luego añadió: «Toda tu vida. R icardo.» M antecón dio un salto y dijo: «¡A tom ar por el culo!» Y I uis todavía se ríe. Luis. C onchita habla de que no le molesta la m uerte: lo i|uc le m olesta es la vejez o la enferm edad. No pudo evi­ tar Conchita. le dijo: «Tráeme un cura. a los que llevó C on­ chita. Son: Luis. Conchita dice que sus hi­ los le entregaron hace años. Y yo. Luis me dijo que cuando creyera que iba a m orir lla­ maría a un cura y se confesaría y comulgaría. una condena por los nacionales. inm ediatam ente de term inada la guerra. que había sido habitado durante toda la guerra por Vicente Rojo y sus hijos. ya muy tarde. en la Residencia.) Vienen a casa Conchita y Margauta Buñuel. Se bajaban corriendo del tranvía. a Ducay. protestaba. Alicia. de la infancia. mientras su marido estuvo casi dos años detenido en Madrid.» Luego nos recuerdan. que su m arido era militar en M adrid y que ella lo traicionó y se fue prim ero a Pau y luego a Zaragoza. Decían que de esa m anera hacían política anticlerical. Me explica que de es­ tudiante.» Me añade que una vez que estaba muy enferm o en México llamó a M antecón. Le pregunto: «¿Y no tenías miedo a que te m ataran?» Dice: «Al contrario.

¿no? — Sí.. son iguales a los que llevaba nuestra institutriz francesa. C uan­ do él habla oficialm ente. La cocina recuerda la que tenía­ mos en nuestra casa de Calanda. pero que la ve a través de un espejo.» Term ina Conchita: «M u­ chas. menos lo de la violación.Conchita. Años des­ pués. * * * — Según tú. dice que le asusta la m uerte. entre comillas. Siempre es una especie de clave. Q ue hay que recibir ese día a la familia que nos lleva regalos: uno puede llevarnos una alm ohada bordada para la cabeza. o el día de la com unión. H ablando de la m adre. Y lo de los botines. Me dicen hoy: «Como sabes. C uando nos vemos. que era la finca de recreo. L eonardo. entre criados. Conchita dice que no tiene m iedo a la m uerte. se despide de todos y se m uere. Y llenábamos varias cestas.. N aturalm ente.. nosotros hemos visto muchas veces la película de Luis El diario de una cam are­ ra. dice: «Los comunistas son lo menos 434 . otro. Luis llama al Partido la «viuda» o. M argarita. luego de llover. La m a­ dre todavía vive. reflejada. Lo del fogón y las ratas era de casa. unos pasteles con unas calaveritas de dul­ ce. pero que está segura de que no m orirá. y luego no sabemos nada? — Exacto. — La «viuda». a recoger en una cesta los caracoles. o el día del santo. M argarita y A lfonso. que es la única aristocrática. que ella cree que la m uerte debe ser como un día se­ ñalado y como si fuese un cum pleaños. Y cuando llega la hora. Bueno. me pregunta: «¿Qué tal va la “viuda”?» O yo le pregun­ to a él: «¿Q ué. El misterio de Luis en relación con el Partido. etcétera— me confesó que nuestro padre le decía que llevara los caracoles al campo para que nosotros los encontráram os. por desgracia» (y se ríen). de la familia. cómo estás con tus amigos de la “viuda” ?» Esta es la palabra que él utiliza cuando hablam os del Partido Com u­ nista. Salíamos los herm anos al cam po. Luis ingresó en el Partido. doncellas e institutriz. en cambio. Tam bién lo de la m ujer que tiene manía por la limpieza y por los objetos. dice que Luis ya no quiere entrar a verla. etcétera: es nues­ tra herm ana M aría.. Lo de los caracoles es un recuerdo. uno se m ete en la caja. Y nos damos cuenta de que hay muchas cosas en ella que son recuerdos de nuestra casa. que m urió. muchas cosas que hay en la película son idénticas a las que nos sucedían a nosotros. ¿Y tú estás de acuerdo conmigo en que después del famoso viaje de A ragón y de algún otro de sus amigos a la Unión Soviética. un criado— nosotros teníam os siete u ocho criados en la fin­ ca.

Me pregunta: «¿Qué hacemos? Me parece una cosa terrible. que tiene miedo a quedarse paralítico. se va con el dinero de Sánchez V entura y con un contrato para el Museo. con ese pavor terrible hacia la m uerte. en Venecia. Es decir. porque son como los fascistas. por ejem plo. él se m archa a México. por ejem plo. Bueno. mi impresión que te dije antes. voy a hacerte una pregunta. yo siento. él me decía: «Sí. con el Partido español no creo que haya tenido relaciones oficiales. ¿Tú ves alguna relación de Luis en la vida de m i familia. de los anarquistas no. digamos.malo». que las arañas son el símbolo de terro r de toda la familia Buñuel. etcétera. me dices. Por otra parte. Supongo que tú llegarás a una conclusión en tu libro. Esto no es una cosa norm al. cuando ve las cosas muy mal. o «El comunismo es lo menos malo». pero no es cierto. Hay un hecho indiscutible que yo no conozco. hacer él mismo sus cartuchos. se va a B ru­ selas. una consulta: Luis sale de España en el treinta y seis. que él era anarquis­ ta moral e intelectualm ente. Mi im presión. El otro día. —Tú has hablado antes sobre el miedo de Luis. que él tiene miedo a la enferm edad. me decía. Esa es la razón de su ida a México. Es de( i i . y que no ha tenido reparo hasta hace diez años en cazar? Hay que m eterse en su m undo. por ejem plo. y la m uerte violenta principalm ente. los prim eros días del movimiento de mayo a junio del sesenta y ocho. que a lo que fundam entalm ente tiene él miedo es a la m uerte. en ser anarquista. y creo que nunca del Partido español. siento de una m anera física. El dice que con una misión del G obierno. ¿verdad?. A hora. 1 uego. Entonces. pero políticam ente. que no conozco bien. Luis se va a Aménca en el treinta y ocho. cuando está en París. Luis siem pre dice que él no tiene miedo a la muerte. los sucesos de los estudiantes. como lodos los extranjeros. es que él ha tenido contactos o ha sido m iem bro del Partido francés. cuando viene la guerra europea y se ve obligado. cuando yo le hablaba de que mi pro­ ceso ideológico era que iba cada vez más hacia el anarquismo. digo yo. estoy de acuerdo.» Y le escribe a Inanita prohibiéndole abrirle la casa a nadie. que tal vez empiece plan­ teándose de una m anera distinta a como lo term inarás.» Y siem pre insis­ te en que los comunistas son lo menos malo que hay en el mun­ do. m ando estoy con Luis. intelectual y moralm ente. a ingresar en el Ejército o m archarse. ( orno has dicho antes. en un hom bre a quien lo que le gusta mas son las armas. contigo. Es: ¿por 435 . porque probablem ente será un libro científico a través de una se­ ne de testimonios y de escritos hum anos o literarios. Sin em bargo. en cambio. pero que a la m uerte no le tiene miedo. ¿verdad? A mí me ha escrito cuando el año pasado los su­ cesos de Tlatelolco. sin perm iso.

E n­ tonces yo. Yo siento siem pre.» El orden en que me las decía no era así. lo que estábam os hablando antes. E videntem ente. siendo una obra muy sincera—es paradójico lo que te voy a decir— . en cambio. en el fondo es un hom bre que es. si no fuera por razones pu436 . unas motivaciones o unas valencias idénticas. conoce­ mos familias de herm anos en que—ya no digo desde el punto de vista ideológico o político. sobre todo. surrealista. es el más espa­ ñol de los españoles. para el m undo del surrealism o o para el m undo del no surrealismo. Es curioso. me creo problem as enorm es cada vez que veo una película de Luis. religión y familia. evidentem ente. por ejem plo.. anarquista. Respecto a la patria es en donde estamos de acuerdo. como un hecho peyorativo. me decía Luis: «Ri­ cardo. Yo tengo miedo y no tengo miedo en variantes. cómo este hom bre. cómo este hom bre tiene miedo. que yo estoy cada vez más en contra. las cosas que hay que com batir. para el mundo de hoy. por una parte— y no lo digo en el sentido peyorativo— . el hecho cierto es que encuentro que Buñuel. con una ideología burguesa. Luis que. el surrealismo sí que vuelve otra vez a estar de m oda. Esto es producto de una educación religiosa. Pero. Es decir. repito. para la gente. con un cariño hacia la familia disimulado de una m anera rígida y. — Exacto. bom ba ideológica en don­ de se escriben libros hablando del Buñuel anárquico. como estudioso de Luis. com o crí­ tico. A hora. su obra. — Pero es el más español de los españoles.. yo. eso iba a decir. que esto es lo más fácil— no se pare­ cen en nada unos herm anos a otros. etcétera. Me parece que la persona que tiene miedo es estupenda porque tiene la since­ ridad del miedo. la familia y la religión. Y tam poco digo y repito que lo considero miedo como un hecho negativo. sin em bargo. Luis. es la patria. Luis me da la impresión de que es hom bre que huye siem­ pre.. para mí. moda superficial o interior. El otro día.. bomba im portantísim a en el cine. que hay unas concomitancias extraordi­ narias. creo que es de las cosas más detestables que hay. bom ba con retar­ do. es producto de una educación familiar. la impresión que tengo de Luis es que huye siempre. se burla de la patria. que supongo que en el fondo es lo que él desea o que a él le gusta. — A hora. que tú me decías el otro día que no has percibido la im pronta de la resurrección del surrealis­ mo y que yo te decía. en Buñuel y con sus herm anos. — Bueno. Y que tal vez.qué se parecen tanto los Buñuel unos a otros? Es decir. íntimo amigo de Luis. que me hacen pensar y suponer que pertenecen a un m undo de la infan­ cia. tal vez. cuando estoy con un Buñuel. era patria. como amigo de Luis. que aquí en España. ¿verdad?. me parece insincera.

siem pre. Esto por una parte. en el fondo. porque se encuentra bien. No en cuanto a mí. y. Respecto a la religión. ¿verdad?. — Exacto. en tierra española.. ¿verdad?. repito. Es decir.. es la comida.uis íntimo que nosotros ahora. si es católico o no es católico. evidentem ente. que sea Luis un católico. es la vida. que tú y yo ahora intentam os descubrir. Y cuando se le dejó solo.. en las cuales la marca de Buñuel es bastante considerable. etcétera. a juicio mío. Entonces. su anticatolicismo. partiendo de que es un hom bre culto y es un hom bre civilizado y un intelectual. Ya sé que no viene a besar la enseña patria. finalm ente. su vida con su m ujer. —Alicante. exacto. adem ás. es M adrid. con sus hijos. pero él. y.... Me refiero a que toda su proyección. ya que no me he educado dentro de la religión católica. éste es el proble­ ma fundam ental de su vida. sin em bargo. en muchos aspectos. — Respirar. que se educó con los jesuitas.ram ente personales. — Sobre el surrealismo Luis me dice que era ante todo. con ese I .. yo soy el prim ero que digo que las películas de Luis siem pre me conturban. veo siem­ pre un poso que.. están en contradicción. — Y no lo ha resuelto de ninguna m anera. que él ha intentado resolver con el surrealismo. ¿ver­ dad?. es el recuerdo. etcétera. me producen una serie de problem as respecto a si Luis cree o 110 cree. esta cosa que se llama m orir. siem pre. ¿verdad? Yo por lo menos no lo tengo. La rigidez que ha llevado con sus hijos. los símbolos— para mí—de la patria. ¿verdad? Para mí. pero. También es el vino. tratam os de estudiar. católico. A hora digo: si él dice que no existe patria. en todas sus películas. Sin em bargo. una vez más. de los pro­ blemas de Luis frente a la religión. hay un poso. — En contradicción violentísima. la gran preocupación en todas sus películas es la religión. ¿verdad?. a beber. Z aragoza. em pezó con Las H urdes. Luis artista o autor. Si él viene a España a com er. que. es hablar del ateísm o. no me refiero al poso crítico que po­ demos tener cualquiera. sobre todo por la crítica internacional cinem atográfica. dem uestra la paradoja de un Luis per­ sonal íntim o. y patria para él es M adrid. — Y Alicante. Porque de películas surrealistas hizo dos. — Exacto. le gustaría m orir... la familia. y el Luis oficial. un sentim iento moral frente a una sociedad con 437 . fun­ dam entalm ente. La religión dice que es lo que hay que com batir. lo de la bandera no tiene im portancia. etcétera. Y.. etcétera. para mí no pierde puntos ni gana puntos.. que le conocemos a él. En M adrid. que dicho sea de paso.

— Lo que me dices tú es tan cierto que Luis siem pre me ha di­ cho que con el que más lazos amistosos. cuál era la situación con Dalí. y evidentem ente las ideas de B retón. Finalm ente. cuando intenté que viniera A ragón a presentar a Luis Buñuel en Venecia. dijo: «No.» Cuando yo le conté todas esas histo­ rias a Luis. es una impresión mía. yo pensé: «Si queréis alguien de su época. A hora. Hablam os siempre del surrealismo de Luis. Entonces me preguntaron: «¿Q ué otra persona puede presentar a Buñuel?» Yo les hablé de M iró. indígenas. viven­ cias o incluso si tú quieres mimetismo de París. Aragón nunca vendría a presentarm e. y de izquierdas. se nos ha escapado hasta ahora. habla­ ron de Dalí.. ¿verdad?. sí. no se encontraba en París. evidentem ente. por­ que querían que lo presentara alguien im portante. creo yo. resulta de nuevo una contradicción abso­ lutam ente insalvable entre ese bretonism o y el comunismo. Hace dos años comí en su casa. después en Venecia. Yo les expliqué. Lo que te iba a preguntar.» — Creo que Aragón no contestó. Independientem ente de otras implicaciones de tipo personal. porque estaba de vacaciones. en dos llamadas por teléfono. los divorcios entre gru­ pos que llamaban de derechas. han producido 438 . el pintor. A ho­ ra. yo creo que hay muchos elem entos surrealistas en Luis. es lo siguiente. hace quince días. pregunto. lo que has dicho tú ya me lo dijo una vez. creo que te lo conté el otro día. etcétera. Me da la impresión. desconociendo el asunto.» Yo dije: «Pero ¿por qué? ¿Es que no sois amigos?» Dice: «Sí. ¿verdad?. ¿no hay aquí algo que se nos escapa. estando yo en Venecia. literarias. en efec­ to. Seguimos muy amigos. ¿verdad?. y se sentía hum anam ente más cerca de B retón. yo digo. A ragón. y es que Luis no tiene nada que ver con el surrealismo de A ragón. sino que los elem entos de Luis son elem entos autócto­ nos. los italianos. como tú has dicho. hum anos. intelectuales del grupo de B retón. sin em bargo. si conside­ ramos que Luis es un autor. Miró m andó un telegram a desde M allorca diciendo que no podía asistir. le unían era con Bretón. E stá más unido hum anam ente a B retón que a A ragón. más cerca del com unis­ mo que de otra cosa. Aragón no se dignaría venir a presentarm e.. personalm ente me lo ha dicho. Bien. que se fueron con. cuando com enzábam os el diálogo.la que ellos no estaban de acuerdo. etcétera. de B retón. — Pero ten en cuenta una cosa. él siem pre quiso mucho más a B retón. pero. no sé si iría al entierro de A ragón. A hora. y esto es otra contradicción. él fue al entierro de B retón. que sea A ragón. desde el punto de vista político. El otro día. de los demás com ­ pañeros. entrem ezclados con aquellas experiencias. con quien le unen lazos mucho más estrechos.

el padre de la novia se lo encontró por la calle. El filme es la contradicción. Filme lleno de recuerdos de Buñuel y de sus amigos. cuando el joven le pregunta: «¿Qué edad tiene?».. es quien aparece en la cama de la posada y dice algo así como «que leyendo tanta invención científica. creo que dice setenta o algo así. se encuentra en ruinas cerca de Calanda. para que no digan que no es surrealista. y el otro le dice: «¿Y tú todavía.?» El viejo hace el signo del lenguado. hablándom e de que ha estado en México. uno piensa que existe Dios». O sea. en la radio del auto del diablo. dice que Buñuel ha com entado que ya ha dicho todo lo que tenía que decir en 439 . dejando aparte las dos pri­ meras películas. Es una especie de biom bo puesto para esconder el sentido social. Posada del Llopo. en el cuarto de baño. En París se dice «la próxim a última película de Buñuel». En la escena de la Inquisición pare­ ce como si Buñuel tuviera presente la represión española. y que. pero que a mí me parece que Luis no aporta o no tiene nada que ver con el surrealismo. por telé­ fono. — Las últimas notas que tengo son sobre La Vía Láctea.. Paul Francoeur. entre el hum or y la tragedia.lo que es hoy ia obra de Luis. más tarde. desde Las H urdes hasta la que vaya a hacer ahora. sino que es una cosa. y que a Luis le gustaba visitarla. comunista francés. en todas las dem ás el surrealismo es una cosa pegada. Ducay. es la voz que dice: «Desde el infierno. Las tomé en M ontpellier. Luego fue novio mucho tiem po de Concha M éndez. guerrillero en la Resistencia. como salga la Tristana. donde fuimos a verla el veinticuatro de abril del sesenta y nueve. un día le es­ cribió diciendo que estaba enferm o y que se moría pensando en ella. Inclu­ so creo haber oído que se habla de un millón de m uertos. Meses después. y casi lo m ata.» Y lo dice en español. Estoy muy cerca de creerlo. Pero me gustaría que me hablaras un poco de La Vía Láctea y . m ejor dicho. No solamente eso. Claude G érére. Hice el viaje con M argarita Buñuel. ese que inventamos Domingo y yo diciendo que Buñuel todas las m aña­ nas. El Cristo caminando norm al me lo ha representado muchas veces en mi casa. la que fue. se afeitaba el sexo como si fuera un lenguado ancho y aplastado. m ujer de M anolo Altolaguirre. cansado de ella.. digo yo.. que no sé cómo llam arla en este m om ento. él mismo. Vamos. Me dice que la posada que aparece en el fil­ me. muy nuestra. Cosa que yo desconocía. sino que he llegado a pensar que. dando un salto atrás trem ebundo. Me cuenta que Luis tuvo una novia. El m en­ digo viejo. este año. cree que en M adrid. que no tiene nada que ver con el surrealismo francés? — Es muy posible. que es el sentido más profundo de todas las otras películas de B u­ ñuel de L os olvidados en adelante. a Luis. La voz de Buñuel en español. puesta ahí.

del prim er m atrim onio. Nos ha preparado la familia una estupenda m e­ rienda.. com enzó a com erciar en Cuba. gallegos. (Barcelona. pero que podía haber tenido más. y que ahora quiere hacer. B ueno. está dirigida al catedrá­ tico A m orós. una señora se había caído. y que luego tiene dos o tres mesas. y que ellos se llam aban. Dice que el padre tuvo mucho dinero. obsesionada por los naipes. personaje de Sade. en una fiesta se oyó un ruido y alguien dijo: «Es una señora que se ha caído. con las aristócratas de Zaragoza. que es dam a zaragozana y que sólo está preocupada en jugar a las cartas. que ha hecho el pinacle. Q ue como sabía escribir bien. Q ue sus ne­ gocios llegaron a ser muy buenos. D es­ de que se levanta comienza a jugar con su hija al pinacle. de joven. sino ju n ­ tos. la hija de M argarita. so­ cios suyos en La H abana. Conchita nos habla de su herm ana Alicia. de la Universidad de Barcelona. en efecto. una foto en forma de postal de Luis. m arido de M argarita. M argarita me enseña seis o siete fotos de Luis ex­ traordinarias: cuando la prim era com unión. 24 de enero de 1969. y Alfonso. respondió: «Ah. con letra clara. presidía una misa petitoria y que de improviso co­ menzó a barajar las estam pitas que tenía delante. Tristana.. Me cuenta que el padre de Luis era hijo de labradores. cada vez más graciosa con sus olvidos divertidos.» Y la m adre. una vez.La Vía Láctea. en todo caso.. debe de ser mi hija Alicia. muy joven. mantel bordado para la última com ida. y entonces el padre de Luis nom bró a dos criados que tenía.» Pero en re a­ lidad era que. tranquila. Alfonso de Lucas. cuando la m adre estaba to ­ davía bien. Y cuenta que una vez. una de las firmas más im portantes y más grandes de Cuba.) Vamos Nieves y yo a casa de M argarita. Dice que Ali­ cia. Me dice M argarita que Luis quiso que la hija de Juan Luis y de Joyce se llam ara Juliette. Están M argarita. M argarita me puntualiza lo de los regalos m ortales que inventan ella y Conchi­ ta: pañuelo de seda para cerrar la boca del m uerto. Que siem pre ha tenido la costum bre de que cuando hace el pinacle se echa al suelo por las alfombras y da varias vuel­ tas de alegría. aparato para lograr que los pies de los m uertos no queden separados. del se­ gundo.— aquí no recuerdo— .. valenciano que aún vive y que estuvo casado con una prim a herm ana de los pa­ dres. que tenían algunas tierras en Calanda y que a los catorce o quince años se hizo voluntario y se fue a Cuba. pero que ya la m adre había tenido a Luis y no quería quedarse sola en España. por la tarde. Conchita. .

pero que era una pésima. o desde hace más de ocho años. pues no le podría decir qué. Pero Buñuel me atraía mucho porque después de esa conversación que tuve con él fui a ver. y haga usted cuenta que lo que se estaba allí celebrando era un velatorio. porque el único que se reía era yo.. com enté con esta señora que qué era lo que le gustaría que yo hiciera por ella. Pero un velatorio con un loco. se volteaba extrañada a verme. H abía muy poca gente. ahora. Si usted me pregunta por qué me reía. y la gente.» Esto fue en Rom a. en mi concepto. Me acerqué a platicar con él. Yo me reía m ucho. con la cual no me había yo casado. «Me 441 . Ln esos m om entos que tiene uno sentim entales.. pésima actriz. E staba tom ando en la barra. una buena actriz. el Kid.. Y esta señora era. tuviera tam bién una pésima impresión del cine mexicano. Y posiblem ente Buñuel. qué era lo que me causaba realm ente esa hilaridad.GUSTAVO ALATRISTE — La prim era vez que lo vi fue en un restaurante. pues me había yo divorciado. Es una cosa rara lo que yo le digo a usted. y yo. después. Me atrajo su personalidad. En realidad yo no sabía cómo se llamaba. El loco era. Me dijo: «Pues nada me gustaría más que hacer una película con el señor Buñuel. en el Palacio Chino. yo. me atraía mucho la personalidad del señor Buñuel. Yo he tenido una debilidad. pues qué quería que le regalara. la poca gente que había ahí. estando yo en Europa con otra señora. allá por el año de mil novecientos sesenta. Estando yo en Europa con otra señora. y luego. Por ese entonces estaba yo casado con una persona que trabajaba en el cine. Es posible que por la visión que yo tenía de ella. le decía yo a usted. En fin. nos encontram os en España. esa debilidad han sido las m ujeres. Entonces. en este caso. tam bién.. y al poco rato estábam os hablando. La prim era película que yo vi del señor Buñuel fue Ensayo de un crimen. pasado el tiem po. en las calles de Puebla.

que él haga lo que quiera. señor Buñuel. del cual tenía yo ya una idea por haberlo visto en el restaurante aquel que le he platicado. G uerra en el apellido o algo así. Así. en España. Yo tenía que regresarm e a México. después. algo de un nom bre. Tristana no. serán favorables para filmar. en caso de que se decida a hacer una película. me dijo: «Procura darle tú todas las facilidades. etcétera. Y lo que G abriel Figueroa quería hacer o intentar hacer. ¿Cómo se llama? — Galdós. pero mi propósito por ahora es quedarm e aquí unos días. por no decir interés. no sé.» Finalm ente. ayúdeme usted un poco en la m em oria.» El señor Buñuel pudo haber pensado. una especie de restaurante night-club. ver qué es lo que se puede hacer al respecto. — No. de uno de los escritores españoles preferidos por Buñuel. no. él siem pre ha estim ado mucho a Paco Rabal.parece muy bien». Llegó el señor Buñuel. nos regresam os a México y recibí de él. de Pérez Galdós. Era considerado así porque era primo herm ano del entonces presidente Adolfo Ló­ pez M ateos. Dice: «Yo no sé si las condiciones aquí. y quien sirvió de interm ediario fue Paco Rabal. como usted sabe. Dije: «Mire usted. no. ¿ve usted? Claro. de las gentes que trabajaban en el cine.. un telegram a del barco en donde él venía. usted escogerá tem a. una porquería 442 . entonces había un hom bre que era considerado como el zar del cine mexicano.» Le interesó. Me contestó que lo iba a pensar y que diez o quince días después me escribiría o me m andaría un telegram a. Y que ya platicaríam os en México. el mismo autor de V iridiana. Silvia Piñal. le dije. pues contaba con todo el apoyo oficial y con un enorm e respeto. Cuando llegó a M éxico. como a los quince o veinte días. señor Buñuel. Y yo recuerdo muy bien que Silvia. situación. más o menos eso. la m ayor parte del cine que se hace es un cine oficial subvencionado por el G obierno. le ofrecí yo la película. algo así de guerra. Gabriel Figueroa. pero pudo haber pensado que era un gesto mío de esplendidez por la m ujer que yo tenía entonces. etcéte­ ra. lo que le guste».. no recuer­ do más. — A ngel Guerra.. Esto ocurrió en mayo de mil novecientos sesenta. En ese telegram a me decía que aceptaba mi proposición. Y se lo repetí. — A ngel Guerra. Y la obra.. y creo que me preguntó: «¿Usted sabe lo que me está diciendo?» Dije: «Tengo una leve idea de lo que le digo. — Tristana. lugar. usted escogerá tem a y tendrá toda la libertad. Y él me dijo que estaba ahí para filmar una película con Paco Rabal. la señora que yo tenía entonces. Fuimos a M adrid. en el hotel Fénix. — G aldós.

Le hablaron al señor Buñuel delante de mí. El señor Figueroa me hace otra proposi­ ción. en donde trabajaría la entonces máxima estrella mexicana. A quí es donde comienza a surgir. Entonces usted sabrá. pero dándolo como 443 . y la he repetido varias veces. Así que yo le suplico a usted que me acom pañe a una reunión que va a haber con Figueroa y con los señores Galindo. en fin. que era María Félix. y cuando ya creían que lo habían convencido y a mí de paso. donde surge realm ente. el problem a que se presentó. no había de por medio una sola firma. me dice: «Después hará la película contigo. etcétera. fue que G abriel Figueroa le ofreció o le había ofrecido con anterioridad una película al señor Buñuel.» Pero una proposición que yo nunca había hecho por escrito. en fin. H abía un telegram a que decía: «A cepto su proposición. si tú todavía estás dispuesto». en cine. la película se formaliza. junto a Gabriel Figueroa. Porque yo nunca había hecho ninguna película. M aría. le dijeron maravillas de la película que él iba a hacer. dirigiéndose a mí Pedro Galindo. etcétera. creo que ni eso. porque no conozco a todos los otros. Pero ahora que regresa el señor Buñuel de E uropa.. pues era un ratón. y por eso el señor Buñuel se fue a Europa. — Bueno. Y entonces preten­ den ellos hacer la película con el señor Buñuel. Allí estaba Figueroa. Se trabaja a base de un sistema. yo tengo un compromiso con usted. jam ás. Yo creo que el cine más malo que se hace en el m undo es el mexicano. de un Banco. B ueno. donde se iban a gastar mucho dinero en la producción.» Hsa reunión se celebró en los Estudios Churubusco. — Bueno. Finalm ente. y después surgiría el afecto. En realidad yo. asociado del señor Figueroa.infame de cine. etcétera. — Yo no diría tanto. allí estaba G alin­ do. Pero el señor Buñuel me llamó y me dijo: «Señor A latriste. se lo quiero platicar en orden. creo yo. pero. etcétera. en un am biente tan enrarecido como es el del cine. E ntre el señor Buñuel y yo no había nada firm ado. Entonces. Llegué yo a los Estudios Churubusco. un ratón. en donde las gentes dicen una cosa hoy en la noche y al día siguiente dicen otra y al mediodía dicen otra. lo más natural para mí en aquel entonces era que el señor Buñuel aceptara la proposición de Gabriel Figueroa.. el respe­ to que como hom bre siento por el señor Buñuel. puesto que yo era un ratón en todo este contexto de gentes. etcétera. m ejor dicho. El señor Pedro G alindo. con el trato. —H e trabajado durante muchos años en el cine mexicano. Es una opinión muy personal. Pero no llegaron a conclusiones. Y yo les he dicho que solam ente si usted me libera de ese compromiso estaré en condiciones de aceptar el de ellos. no sé si usted sabrá eso.

me habló. pues no era bonancible su situación económica. yo no entiendo de cine. Se sonrió. Julito A lejandro. Ni sé nada. Julio A lejandro. realm ente yo creo que son dos películas distintas. A dem ás. C uándo comenzamos. Dice: «Muy bien. Si el señor A latriste me libera de ese com prom iso. Y. «No estoy de acuerdo.» Dije: «Bueno. M ándem e usted un cheque de cincuenta mil pesos y yo com enzaré a escribir. Digo. Quince días o un mes después. Cuando term inó de leer la obra y me preguntó qué me parecía.» (Es posible que él no me creyera lo de los trescientos cincuenta mil. R ecuerdo muy bien que le contesté que me parecía muy poco. Si usted quiere. usted me dirá ahora qué hacemos. D e tal form a que me llamó mucho la atención que un hom bre confiara solam ente en mi palabra. señor A latriste.» Seco. ya tengo lo que he escrito. más. en realidad yo no le había preguntado nada de eso. creo. le repito a usted. necesario. com o habíam os conveni­ do. Dice: «Necesario. pero la idea es exacta. Más de un mes.) «Vamos a com enzar m añana.» Nos juntam os en la casa: Silvia.» Al día siguiente. ¿ver­ dad. Entonces me dice el señor Buñuel: «Bueno. Pero es la costum bre que un productor oiga lo que escribe un escritor o lo que va a hacer un director. ciento cincuenta mil pesos» (que es lo que había cobrado por N azarín). pues entonces podem os conversar sobre el tem a. usted ni siquiera me ha preguntado cuánto cobro.» Pues sí. pues perfecto. señor Alatriste?» Y les contesté yo: «No. Yo no sé si lo que yo vaya a escribir le guste a usted. Pues vamos a comenzar. Entonces el señor Buñuel les contestó.» «Pues sí. no. le estoy hablando a usted de memoria. yo cobro. yo entiendo que por esa fecha el señor Buñuel atravesaba por una situación económica bastante difícil. don Luis. yo le agradecería que m añana me m ande usted un cheque de cincuenta mil pesos. Nunca hemos firm ado nada.» A hora. No.» Galindo y Figueroa dijeron: «Bueno. creo que usted lo conoce.» Y volvió a escribir. y su servidor. Pero a mí no me haga caso. Dijo: «Pues mire usted. un ayudante de don Luis. Nos fuimos al café C hurubusco. Por supuesto. Dice: «Oiga usted. o dos historias distintas. si no difícil. no. Y que le iba a pagar trescientos cincuenta mil pesos.una situación hecha. le m andé los cincuenta mil pesos sin que hubiéram os firmado un papel ni nada. le dije: «Pues a mí me parece que son dos películas distintas. Y entonces surgió una 444 . les dice: «Miren ustedes: yo tengo un com prom iso con el señor Alatriste. por la dirección y por el guión de la película.» Le quiero aclarar que las palabras pueden no ser las de él. Y me lo dijo con una gran modestia. ¿Lo quiere usted oír?» Y le dije: «¿Q ue es necesario que yo lo oiga?» Me dice: «Bueno. el señor Alatriste estará de acuerdo por tratarse de una película de esta im portancia. Y él comenzó a trabajar.

produciría una película excepcional. si usted hace la película con una firma española.» D on Luis se disgustó conmigo: «Pues no. Gustavo. A hí está Dom inguito (así le decía él a Domingo I )ominguín: D om inguito). y yo. Porque ese vuelo le descompensó desde las uñas hasta las narices. don Luis. cuando ya terminó de escribir la película o la estaba term inando de escribir. me caía extraordi­ nariam ente bien y. con España.» «Bueno.» «Pero es que si se hiciera en España. esa película tiene que ser hecha. sobre todo. m ejor dicho. qué bien se ve. yo no la hago en España. don Luis. El nunca había volado. yo creo que el contacto de usted con la tierra. yo no lo he pensado.. ( ¡ustavo? Porque si me ve usted muy chic. Le dije: «Don Luis. «Oiga. y la prim era impresión que yo tuve de Domingo Dom inguín. se bajó con una cara de m uerto. y usted tiene que hacer esta película con U N IN C I. donde ya ha filmado varias veces. no fue buena. no me gusta Dom inguito. pero es cierto. D om inguito. Usted se lo dice de brom a. adm iraba mucho su talento. ¿y si esta película se hiciera en I spaña?» «H om bre.. yo pienso que no es lo mismo un Buñuel filmando en México. no sabiendo qué decirle. Y fui y le propuse a don Luis: «Oiga.» Como yo respetaba ya mucho a don Luis. fui a U N IN C I. yo no sabía nada de cine) una firma española para que la película gozara de determ inadas franquicias que daba el cine español. yo no creo. bajo el punto de vista económico. me dice: «¿Cómo me ve. la claridad con que me hablaba sin confusiones— . don Luis. esa com pa­ ma tiene que ser U N IN C I.» No quiero alargarle a usted mucho la conversación: no me costó mucho trabajo convencerlo. la señora que yo tenía en ese entonces. me dijo que la película se podía llam ar Viridiana. Y como tal. ahí está Bardem y un muchacho italia­ no y el hijo del que hace los yogures.»— ya para entonces había más amistad entre él y yo. estaba en España filmando. porque en U NINCI hay un grupo de amigos míos. Yo ya había estado en España y me había gustado mucho. un muchacho catalán. qué buena cara trae. le mentí: «Oiga usted.» Lo cierto es que estuvo quince días internado en la clínica de La l’aloma. Entonces. ahí está Muñoz Suay. don Luis me dijo: «Mire. esta película. Lo que usted le dice de broma de que él es bueno para las corridas bufas con enanos es cierto. ahí están mis amigos. G ustavo. que en España. donde nunca ha filmado. como tam poco me costó trabajo llevarlo en avión. si usted no hace esta película con ellos.cosa: cuando ya term inó la película. vine y se lo dije a don Luis (vivíamos en la Torre de M adrid).. Yo necesitaba o creía necesitar (en fin. pues la voy a hacer con 445 . En lin. ando muy bruto. Y Silvia.» Por eso ahora. cada vez que nos vemos.. A dem ás. R ecuerdo que euando lo esperé en el aeropuerto de B arajas. la forma que él tenía de pensar.

En fin. pero creo que esta película debe obtener la Palma de O ro. Ni lo he oído. Cuando salí.ellos. que es el prem io éste que dan ahí en Cannes. B ueno. Y después de aquella reunión en que me leyó dos películas. U na película que yo no conocía. R ecuerdo que comencé a com erm e el pan. Y entonces me dice el señor Buñuel: «Mire usted. pero sí estuvo su esposa) que qué me había parecido la película. que era la que había salido. lo que usted quiera. ni bandera. de Colpi.. Y la fui a ver com iéndom e un. el dieciocho se term inaba y el diecinueve era la entrega de premios. me preguntó don Luis (creo que don Luis no estuvo en la proyección. y la selección la rechaza por mala. U N IN C I. pan de flauta que se venden allá en París con queso y con porquería y m edia. porque la película me interesó tanto. Bueno. por lo que concurre Viridiana a Francia como una película apátrida. Esa película se tenía que ir a Cannes en la noche. La película se suponía que debía pasar en el Festival de C annes el día trece o catorce de mayo de mil novecientos sesenta y uno. la presentan los productores españo­ les. me dice: «Así. Llegué en la m añana y al mediodía fui a ver Viridiana. y yo llegué a Francia. Entonces. Pero ya no había tiem po. Es decir. es decir. en fin. pero no comí más que un pedazo.» El arreglo consistió en que yo ponía todo el dinero y ellos no ponían nada.» Y así. generalm ente. que se me fue el apetito. porque entonces en España el sonido era pésim o. ni sabía de qué se trataba porque jam ás había leído el script. El Festival se acababa el diecinueve. se me fue todo. si usted quiere llevar la película a Francia. productores de nom bre. todo eso. se estila presentar en un Festival la quinta. Se filma la película y se presenta. porque estaba yo muy desvelado. el día diez de mayo. En la noche hubo una fiesta en la E m bajada argentina. la prim era copia que salía del laboratorio. lo que me interesaba es que se hiciera la película. para la selección de las películas que podían ir a Cannes. De esto es de lo que yo me entero. ni un carajo.. no había más que una copia. sonidos. El quince. sin patria. pues Favre le hará a usted la invitación. pues yo no sabré de cine. Ese día se pasó una película que se llam aba Una larga ausencia. el director del Festival. la sexta o la séptim a copias. La presenta España. le decía yo que la película estaba prevista para que pasara el catorce o el trece de m ayo. Efectivam ente recibo la invitación de Favre y la acepto. jam ás he vuelto a leer ningún script de Buñuel.» Favre. a París. y yo me regreso a México a atender mis negocios. me recuerdo. B ueno. efectos. hasta que salga una buena copia. o me deben m eter en la cárcel. una de esas flautas. Gustavo. No más platico con él. Buñuel se va a Francia a hacer lo que los españoles llaman mezclas. y todo el m undo brindaba por la 446 . A quí no había tiem po. Yo entiendo que.

447 .. ya en el Palacio de Festivales. Pero recuerdo tam bién que allí. Regresé otra vez a la función de las seis de la tarde. pero que tenía un tipo de tonto que no podía con él. para usar un térm ino muy mío. que era «un cañón». o con una mención honorífica: «¿Qué más quieres?» Dom ingo. La prim era sorpresa que me llevé en C annes es que estaba ahí Dom ingo González Dominguín. no recuerdo cuál fue. el último día del Festival.» Bueno. adem ás. No me llamó la atención gran cosa. creo que fue. pero yo sabía que tarde 0 tem prano iba a dejarm e en la estacada. la gente no t ubía. al fin. D os mujeres o M adre Juana de los Angeles. que era la actriz. el director general de C inem ato­ grafía de España. Regresé yo. Y entonces. se quemó ligeram ente un dedo. en La Croissette. pues nadie se fijaba en Silvia. que se decía era la del gran prem io. Goya puro. con el cambio de horario y esas cosas. ¿Cóm o se pudo haber hecho en I spaña?» O «¿qué clase de autoridades hay allá? ¿Q uién es I raneo?» Y «¡esto es algo increíble! ¡Esto es lo m ejor que haya hecho Buñuel jam ás!» Alguno com entó que era Goya. un señor que se llamaba Muñoz Fontán. Pero yo tenía la seguridad. Paco Rabal se había venido de Italia tam bién. En fin. Me fui con los señores estos de la prensa extranjera. Entonces yo le dije a Silvia que si quería venir a ver la función de las tres de la tarde. en que se pasaba a la prensa extranjera. si alguna vez he tenido seguridad en algo. No sé en qué grado le habían hecho mella las opiniones de la gente de IJNINCI. Recuerdo yo también que el día diecisiete pasó otra película. que llevaba yo una película. tenía una gran simpatía y me hacía reír m ucho. y que cuando la película se term inó salieron corriendo los de la .. aunque me parecía turbio. y hubo gente. Y así fue. la acogida de ia película es extraordinaria y la película se va a llevar la Palma de Oro. que al encender un cigarrillo. y se lo dije a Silvia: «M ira. R ecuerdo yo que cuando llegamos a C annes. Silvia no quiso ir. nos juntábam os en la noche y Dom ingo González decía que me conform ara con el gran prem io. ni mexicanos. Nadie tom aba en cuenta a los actores españoles. La película pasó el día dieciocho. estaba sentada hasta en los pasillos. inclusive algún corresponsal. por cierto. Bueno. que no podía pasar inadvertida. en el salón ese de abajo. los corresponsales extranjeros y dijeron: «Esto es una bom ba. Bardem y. Ya me había entera­ do en España de que el señor no había pagado algunas cosas. me dormía yo y a ratos despertaba. no recuerdo bien. Pasó a las tres. Extraordinaria película Madre Juana. o digo con el premio de la crítica internacional.. ni nada. no perdiendo la vista de la pantalla. si no me equivoco. Yo vi la película de Colpi y me pareció extraordinariam ente lenta. que tenía pendientes.película. luego. no sé. en el salón chico del Palacio de 1 estivales.

que yo le hiciera publici­ dad a Viridiana. es que esta película. había una gran expectación. a la que ya le han concedido la Palma de O ro. D espués nos fuimos a cenar a un restorán de por ahí—no recuerdo ahorita— . Y a la película que dicen que es la gran favorita. casi tiraban la puerta los fotógrafos y comenzó todo el m undo a gritar: «\Viridiana. porque. porque es muy superior a lo que yo he visto.. una bom ba. estoy borracho.» En la entrega de los premios me llevé una gran decepción. ahora ya. Le hablé a Buñuel.» «Los miembros del Jurado están reuni­ dos desde la m añana porque Viridiana ha venido a cam biar totalm ente el orden de los premios. Pero lo que debo decir a usted. hasta que ya me aburría m aterialm ente. jam ás. Y tres o cuatro veces. Lo m andé al carajo.. No era ninguna sorpresa.. pues para mí es una birria. y desde la m añana me com enzaron a ir a ver gentes a com prarm e Viridiana. Se acercó a darm e un abrazo y me dijo: «Q uiero que sepas que yo voté en contra de Viridiana.. te puedo decir que es posible je tenga el Prem io de la Crítica. de algún hotel.a las seis. le contesté: «¡Si yo no vengo por un prem io de publicidad! Vengo por un prem io de una película. que estábam os com iendo. Fue jurado. sí. pues ahí tiene amigos Buñuel».» Dije: «Sí. a las tres de la tarde. eran unas ovaciones y unos gritos increíbles. Para no hacerle a usted el cuento largo. Y en cuanto apareció el nom bre de Buñuel. fue una ovación cerrada increíble. me 448 . Silvia me había dicho tres o cuatro veces. después de esto. Le hablé a