Juan Fco Santos

GRAN HERMANA

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A mis padrinos 3 GRAN HERMANA .

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Amaba al Gran Hermano. la lucha había terminado. Pero ya todo estaba arreglado. todo alcanzaba la perfección. 1984 George Orwell 5 GRAN HERMANA . perfumadas de ginebra. le resbalaron por las mejillas. Se había vencido a sí mismo definitivamente.Dos lágrimas.

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La buena noticia era que la depresión. Algo sumamente imposible. más duro. en este caso idea. abrió un agujero en mi cráneo. De remate. más ficticio que el orificio anterior. más fuerte. La mala noticia era que la poca solidaridad. Estaba siguiendo un proceso de desencarnación acelerado en medio de la vida. por el que se fugaron los últimos retazos de juicio. altius. Y lo que era peor: el pan con el que venía debajo del brazo. un clon citius. y más doloroso también. el dolor. Completamente. era tan obsesiva. La poca cordura que me quedaba se fue por algún ficticio sumidero de la vasija que lo contenía. sintiendo el fin próximo.(WILL) TESTAMENTO Supongo que fue en ese momento cuando me volví loca. los minúsculos escrúpulos. fortius. puesto que no estaba muerta. comprendí que ya no era la Milagros de antaño: me había reencarnado en un sosias diferente. a punto estuve de gritar el ¡hik! y el ¡fet! libertadores de los iniciados tibetanos al sentir la cúspide del espíritu ―mi antiguo espíritu bueno. O quizás el golpe sufrido al enterarme de la noticia. pero sin sangrar. la similitud con el proceso post mortem era tan evidente que nada más levantarme del suelo. o el asombro causado por la impresión. más bastardo. dolorida. si es que alguna vez bondad alguna hubo dentro de mí― ascendiendo hasta un utópico nirvana que mi deformación profesional seguía sin poder verificar. Pero en el fondo. la rabia y todas aquellas sensaciones de mierda que me había provocado el despido se habían fugado igualmente por la bóveda del cráneo. se fueron igualmente por la abertura astral que mi nueva personalidad psicótica se había encargado de aceptar como algo tangible. que no cesaría hasta poder llevarla a cabo completamente. Incluso. 7 GRAN HERMANA . la debilitada compasión que todavía se agarraban con fe a una dueña que jamás había hecho nada por fomentarlas. no en la forma.

¡Saludad a la nueva Milagros! ¡Postraos ante mí o sufriréis las consecuencias! Pronto contemplaré a mis enemigos vencidos. Y me regodearé esparciendo sus cenizas… GRAN HERMANA 8 .

y no quieres ―o no te interesa― saber por qué Milagros perdió la razón.  Si por el contrario estás deseando saber cómo era Milagros antes de desatar su venganza o el porqué de la misma ―o piensas que has pagado suficiente por el libro como para desperdiciar una parte―. puedes ir directamente a la Venganza. en la página 127. Si eres de los que no soporta los preliminares. 9 GRAN HERMANA . continúa leyendo.

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Incubación 11 GRAN HERMANA .

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puesto en pie. la despedía con una sentida salva de loas sonoras. en primera instancia. escuchó de nuevo el sonido del triunfo: su público. Cuando se perdía tras la puerta del set. recordando los momentos más interesantes del debate. los próximos aplausos que iba a escuchar se los daría ella misma a algún artista callejero que le alegrara la espera en la cola del paro. riéndose con las respuestas que algún invitado les había regalado. se dijo Milagros a sí misma para reforzar la ficticia idea de triunfo que flotaba en el aire―. un batir de palmas fervoroso lleva asociado el éxito. Para cualquier otra persona. El sonido del triunfo. Curtida en mil batallas. durante aquella noche dejó de atormentarse con la idea del fracaso. Sin embargo. maneja al público y les indica cuando tienen que aplaudir. por mucho que la crítica mañana se rindiera a sus pies. ―¡Has estado impresionante! 13 GRAN HERMANA . Al fin y al cabo. el regidor es el máximo culpable. Torpe reafirmación de autoestima a costa de fingir interés en sus opiniones. Se había pasado los últimos diez minutos departiendo con ellos. alabando el ingenio de otros en las mismas lides y preguntando una y otra vez si les había gustado el programa. Él dirige a la masa.Cada cual sufre su propio naufragio Lucano Un clímax de diez segundos Aplausos. por muy bueno que hubiera sido ―«que lo ha sido». pensó la mujer mientras abandonaba el plató. No es el caso de Milagros. «Recompensa ficticia sobrevalorada aquella que viene de acólitos que te adoran». si el españolito medio no enchufaba el televisor. dejaba el botón del mando parado en su canal y veía su programa. ficticias y reales. y el regidor había salido a cenar hacía cinco minutos. sabe que. con su público. televisivas y mundanas.

A decir verdad. En la calle todo el mundo se preguntaba por esa decisión estúpida que había tomado ―Milagros cogió la copa que le ofrecía Jaime y la sujetó delante de los ojos. por poco acaban ambos en el suelo. con el tiempo.Jaime se abalanzó sobre Milagros en cuanto llegó al camerino. lo veía como a un enfermo incurable por el que no se podía hacer nada. ―Gracias. Demasiadas segundas. Pero no creo que para felicitarme tengas que tener las manos ahí abajo. que no le daba mayor importancia. Inconscientemente se vengaba burlándose en su interior cuando aparecía con un ojo amoratado o las marcas de un bofetón en la mejilla después de haberse pasado de efusivo con alguna mujer. y la pena derivó en compasión. pero Milagros estaba cansada de discusiones inútiles. siguió con los parabienes mientras descorchaba una botella de champán y llenaba dos copas―. Jaime le quitó las manos del culo. cariño ―respondió al cumplido la mujer―. pero estaba tan acostumbrada a los ataques del hombre. El hacer oídos sordos era una mala solución. Siempre le había fascinado el vaivén de las burbujas―. las manos de Jaime habían sobado todo el caramelo mientras regalaba su efusividad a Milagros. Y eso que le has dado donde más le podía doler… ―Era mi deber. La efusividad no era precisamente su mejor cualidad. ajeno a las disertaciones de Milagros. ―He estado hablando un instante con los invitados antes de que se fueran y me han dicho que te felicitara en su nombre ―Jaime. A decir verdad. como si fuera un niño al que le dijeran que no podía desenvolver el caramelo con el que jugueteaba. acompañando el acto con cara de tristeza. Ya va siendo hora de que en este país cada cuál acepte sus responsabilidades. la aversión se tornó pena. Al principio le había puesto en su sitio cada una de las veces que intentaba propasarse. Somos demasiado indulgentes con los fallos de los demás. y hasGRAN HERMANA 14 . Sin ningún tipo de rubor. ya fuera conocida o desconocida. Incluso el ministro se ha mostrado encantado.

A menudo parafraseaba a Sun Tzu delante del espejo. repitiendo como un mantra que la victoria puede ser creada. y cuadriculados. Pensaba que quizá podríamos montar una fiestecita privada en tu casa… Ya sabes ―le susurró al oído mientras acariciaba sus hombros―. Todas estas conversaciones recurrentes habían llegado a un punto en el que Milagros ya no sabía si Jaime hablaba en serio o le estaba gastando una broma. Tú y yo solos.ta terceras y cuartas e infinitas. Milagros sabía de antemano que el programa sería perfecto: en su interior ya lo había revivido varias veces. Milagros evitó la sugerencia de su amigo echando un buen trago. su reputación era lo primero―. En situaciones adversas e inesperadas sus reflejos a la improvisación eran igual de buenos.. 15 GRAN HERMANA . Para mi gusto. Más errarían.. Un defecto importante para alguien que vive del gusto de los demás. A no ser que ocurriera un cataclismo. Para él. claro. Cualquiera de las dos opciones era igual de mala. todo movimiento previamente estudiado.. más diplomática… Eres demasiado directa. Jaime cambió rápidamente de tema. No es propio de ti. que su obsesión por el dominio absoluto. Si había algo que no soportaba en absoluto era la crítica a su trabajo. Su perfeccionismo la llevaba al control absoluto: toda pregunta ya pensada. ―No te equivoques ―contestó Jaime enfadado. oportunidades se dan al que fracasa… ―Ya. Pero podrías haber estado un poco más comedida. Cualquiera de sus enemigos utilizaría esta obstinación para echarle en cara su poca capacidad de reacción. ―el hombre golpeó las copas con delicadeza en el brindis―. ―Creí que me ibas a pedir que nos fuéramos a celebrarlo ―se sorprendió la mujer―. ―¿Te llevo a casa? ―viendo que Milagros evitaba cualquier comentario al respecto.. todo detalle calculado.

terminó por chupar el sabor afrutado de la vaselina. Y Milagros odiaba los flecos. ―No ―cortó de raíz―. Quizá empezara a remitir el desasosiego cuando sacó un pequeño bote de vaselina de olor afrutado y se embadurnó la boca con ella después de quitarse el pintalabios y el gloss ya compacto. Jaime se acercó hasta Milagros y depositó el más casto beso que pudo encontrar dentro de su ardiente repertorio. ¿no? ―prefirió asegurarse mientras le quitaba. ni volviéndolos a cubrir con medio kilo de gloss. Parecía mentira que no supiera qué iba a hacer con aquel hombre. la preocupación en sí era Jaime. frotando fuerte con un kleenex. ―Por supuesto. Por GRAN HERMANA 16 . Jaime era un fleco. las manos de encima. ―Como quieras. cuando vio cerrarse la puerta del camerino. se pasó la mano por los labios para quitarse el amargo sabor que su socio le había dejado en la boca. Durante todo el recorrido en taxi no pudo deshacerse de la ficticia impronta de Jaime hasta que. encanto ―respondió con una voz que atufaba a falsedad por los cuatro costados―. Ya sabes que yo siempre estoy de broma. de nuevo. Luego se despidió sin contemplaciones mientras murmuraba algo de que la diversión le hubiera salido más barata en casa de la mujer. desesperada. No lo consiguió ni cubriendo de nuevo los labios con pintalabios. Milagros. Por su parte.―Estás de broma. así que la mujer no quiso perderse en los vericuetos de una conversación intrascendente que va muriendo poco a poco por insustancial. la sensación de agobio nacida de la mujer fue en aumento. ¿Te llevo o no? El tono con el terminó la pregunta presagiaba huida inminente. Sin poder evitarlo. Llamaré a un taxi. un ser irracional por los cuatro costados que sólo tenía un flanco previsible: el sexo. Su preocupación no se centraba en lo que había ocurrido esa noche en el camerino.

«¡Cuántos días nos 17 GRAN HERMANA . Si es que no lo había causado ya y Milagros todavía no se había enterado de las funestas consecuencias. agitado por el viento cambiante del destino. Parecían sacados de cualquier película americana de los años cincuenta y eso a ella le encantaba. «Hoy ha sido tu gran noche. Desde que. Busca un pensamiento positivo. Los ruidos de la noche sin estrellas del Madrid contaminado y de sequía se mostraban sordos a oídos de Milagros. niña?». apagados bajo el fuerte bombeo del corazón de la mujer. mudos algunos. Esperaba que el sofocante calor de aquellas primeras noches estivales actuara de psicodepresor. Milagros entró en una vorágine donde los dos estados de emoción antagónicos empezaron a sumar fuerzas con un único objetivo: hacerla estallar. el dedo índice de la mano derecha embadurnado de más vaselina. convirtiendo la perfección en desastre. protestones los estropeados. Entre la euforia que siempre acompañaba el trabajo bien hecho y el estado de alerta y pesimismo que se imponía por sí misma.» Pero su mente no quiso encontrarlo. «¿Por qué te preocupas de eso ahora. de los carteles de neón que había en la parte vieja del Distrito Cero. tomó el mando. inyectó adrenalina en el espíritu y llamó a capítulo al entendimiento. Había que organizar un cónclave del que surgiera la solución final para un fleco que empezaba a bailar con más fuerza cada día que pasaba y que. como lo había hecho desde niña. o al menos minimizando su impacto. Milagros intentó disfrutar. en la infancia. logró ver una reposición de West Side Story. La parte más obtusa del cerebro. un recuerdo feliz que llevarte a la boca. terminaría por causar cualquier tipo de desastre.una sencilla razón: siempre quedaban colgando por ahí. El nivel de pesadumbre llegó a cotas tan altas en tan poco tiempo que tuvo que bajarse del taxi unas cuantas calles antes de llegar a su casa. se preguntó enfadada consigo misma. aquella revestida de tecnocracia. aquella parte del barrio le recordaba al Nueva York donde portorriqueños y neoyorquinos se disputaban la hegemonía del barrio bailando.

«¡Basta ya!» Milagros dejó a un lado sus necesidades pasadas y se exigió las inmediatas. mientras sacaba las llaves del bolso para abrir la puerta. De nuevo regresó la impertinente y sempiterna idea del fleco para martillearla el cerebro con razonamientos que.habremos pasado Amalia y yo brincando por los alrededores de esta tapia!». Jaime buscaba prestigio. Intentó relajarse haciendo resGRAN HERMANA 18 . Milagros apagó el móvil azuzada por ambas. al no acordarse del maldito escalón de la entrada del vestíbulo. Milagritos. se reprochó. «¡Dios. recordó con cariño al pasar delante de un solitario muro lleno de pintadas y empapelado de anuncios de conciertos y circos varios. por desgracia. y tragedia al final cuando no puedes deshacerte de ellos ni con aguarrás. qué tío más pesado! ¿Cuándo me dejará en paz al menos una hora?». «¿Por qué no habré hecho caso a aquellos que promulgan que no se puede mezclar el trabajo y el placer?» Milagros repetía una y otra vez las frases sobre las que había estado reflexionando en el taxi. Todos los años de experiencia que Milagros llevaba a sus espaldas se habían conjurado en contra de Jaime desde que firmaran el contrato de la productora. El haber recordado a su mejor amiga de la infancia suavizó un poco su nivel de alerta. sin importarle qué sería lo que su socio querría de ella a la una de la mañana. Yo necesitaba la pasta». Fue una pena. como lo hacen aquellos que eligieron la solución menos mala porque no había ninguna buena a la que agarrarse. pero el efecto de la inyección de melancolía que la nostalgia se había encargado de suministrar no duró mucho. porque el dolor no consiguió que las disertaciones de su cabeza terminaran. Lo que ahora necesitaba era calma. reparó en el móvil: tenía una llamada perdida de Jaime.» La frustración ocupó el sitio que la pesadumbre había dejado unos instantes antes. se desesperó. «Pero necesitaba esa asociación. Abrió la puerta de mala gana y sin mirar. tranquilidad. «¿Pero qué placer? Jaime es sólo tu amigo. y con él el tobillo. lo que casi provoca la rotura de uno de sus tacones. no tenían nada de absurdos. Al acercarse a su casa. Uno de esos que hacen gracia al principio.

piración abdominal. recordando que cuando el espíritu no permanece sobre nada aparece el verdadero espíritu. algún tipo de reminiscencia perdida de la noche anterior le recordó que entraba esa mañana en un programa de radio para comentar la actualidad política y. Cuando terminó de masturbarse. horrorizada. sin freno. sin dejar de cerrar los ojos. derivó toda su euforia. Intentó interrumpir el flujo de pensamientos incesantes y maquinaciones mentales. responder a las preguntas sobre su recién estrenado programa. Padmasana no ayudó ni una pizca. Sola. el lejano ruido del despertador de su habitación logró sacarla de un sueño maravilloso en el que se veía a sí misma envuelta en el vacío más inocuo. Luego. La nariz se taponó y por la boca sólo se oía ya un claro gemido de ahogo. miedo y excitación hacia dos dedos de su mano derecha. Milagros pensaba que la euforia iba a terminar en tragedia cuando dedicó un último vistazo al compás armónico de su pecho y contempló que los pezones luchaban por abrirse paso a través del ajustado top que las de vestuario le habían impuesto. Echando mano al instante de una idea filtrada a través de algún resquicio desprotegido del terror que gobernaba su mente. que se aceleraba por momentos. incluso sacó la colchoneta que utilizaba para practicar yoga y se sentó en la posición del loto sin siquiera haberse quitado los tacones. A la mañana siguiente. fija la mirada perdida en la preciosa lámpara que le había comprado a un artesano de habilidad intemporal en algún pequeño pueblo perdido de Europa del Este. de paso. acompasando la respiración. cómo su pecho subía más rápidamente. Logró levantar su dolorido y maltrecho cuerpo para ir a la habitación y 19 GRAN HERMANA . Cada vez que abría los ojos veía. pero fue inútil. Sin nadie a su alrededor. No era momento de meditación alguna: Milagros estaba al borde de un ataque de ansiedad y urgía descargar todo aquel estado de excitación y euforia del que no podía deshacerse. Se levantó refunfuñando. se quedó apaciblemente dormida encima de la colchoneta de yoga. se desnudó a toda prisa.

A mediados del dos mil. La libertad de aquellos días viajando a través del planeta. El maquillaje había sido un vicio adquirido cuando comenzó a trabajar en televisión. el destino la convirtió en reportero de guerra. o muriéndose de frío en algún desierto al contemplar la inmensidad del firmamento preñado de estrellas mientras devoraba un chamuscado pariente de las lagartijas. allí aparecía ella. Algunos de los surcos persistieron después de la ducha. mientras recorría las partes más enfermas del mundo con la mochila llena de ilusión y el estómago de aire. Milagros formaba parte de un grupo de periodistas que cubría el conflicto del Congo. Pensaba que moriría pegada a su réflex. Por el camino se rascó las marcas que los bordes de la colchoneta habían dejado sobre la totalidad de su cuerpo. catástrofes naturales. no habría dudado en comerse la base de maquillaje si hubiera tenido que hacerlo para sobrevivir. la puso nostálgica. Milagros comenzó de reportera gráfica porque. Revoluciones. Años atrás. sin más equipaje que su cámara y sin más ropa que una mugrienta muda.apagar el ruido del despertador. De todas formas. Un buen día. guerras. El camión en el que viajaban cuando iban en busca de una explota- GRAN HERMANA 20 . pero se equivocó. como decía su madre. A su mente llegaron flashes de días durmiendo al raso en los páramos arrasados por el napalm. aquellas marcas no eran la mayor de sus preocupaciones: estas aparecieron al contemplar su cara en el espejo cuando el vaho de la ducha desapareció del baño. se sentía un culo inquieto incapaz de quedarse más de dos minutos sentada en ningún sitio. por casualidad. desarrollando unos buenos bíceps sujetando los objetivos de la cámara. un síntoma de flaqueza del que ya no podía desprenderse y que mostraba su debilidad al mundo entero. en cualquier clase de entuerto que se produjera desde el ochenta y nueve al dos mil. introduciéndose en todos y cada uno de los conflictos y fregados que asolaban el planeta. acompañándola durante el resto de su devenir diario.

Las malas lenguas dicen que la ruptura sentimental con su cámara. 21 GRAN HERMANA . y con el que convivió ―de forma mundana y sentimental― durante este período. cómo sacarle más partido al oficio de reportera de guerra y aceptó la oferta de la cadena para regresar a España. Su imagen dura se hizo famosa y claramente reconocible en toda España por el mero hecho de ser inusual. tostada por el sol tras muchos años al aire libre y el titilar del acero inoxidable de sus placas oblongas de identificación frente a la cámara le otorgaban un aspecto salvaje. La cadena quiso aprovechar ese tirón popular y muchas veces la llamó a consultas. y siendo ella hija única. Muerta ésta. los ojos verdes casi apagados por el brutal contraste de su sempiterna camiseta de tirantes blanca sobre la que asomaba una piel oscura.» Tres años después. El 80% de las reservas mundiales se encuentra en África. Sólo hubo una víctima. que tuvo la mala suerte de caer debajo del furgón cuando se produjo el impacto y murió aplastado por el vehículo.ción clandestina de coltan 1 ―en la que estaban esclavizados. o no sabía. niños. Milagros ya no podía. mineros y prisioneros de guerra―. Así que renunció a su añorada 1 El coltan es un mineral poco conocido. El pelo sucio recogido en decenas de rastas. los teléfonos móviles o las consolas. el reportero de la cadena de televisión. Sin embargo nadie supo nunca que la verdadera razón por la que Milagros regresó a casa fue para acudir al entierro de su madre. la columbita-tantalita (coltan). esen- cial para las nuevas tecnologías como las armas 'inteligentes'. pero siempre obtenían la misma respuesta de Milagros: «Hasta que no domine este nuevo trabajo. con el que siempre había trabajado. no se atrevió a dejar solo a su padre. fue la verdadera causa del abandono. suficientes para que el director de informativos. totalmente satisfecho con su trabajo. Milagros lo sustituyó como free lance unos cuantos días. no regresaré. codo con codo. volcó al pasar por encima de un reguero de minas antipersonales. le ofreciera el puesto de forma permanente.

Seguro que le hace mucha ilusión». no pudo ocultar su sonrisa al verla aparecer en el estudio. en cuanto a oyentes. de forma cariñosa―. se dijo. «En cuanto vuelva de la radio. Seguro que David se burlaba de ella en cuanto entrara en la emisora. Dieciséis años ya ―le cortó. mientras una de sus colaboradoras hacía el boletín horario de noticias. Acertó. ―Niña… ―siempre le decía así. para después lamentarse: «Si logra reconocerme. no había tiempo para lloriqueos de adolescente. David Torres. no digamos ya un secador? Milagros le sacó la lengua mientras fruncía el ceño. cadena de radio del país. el locutor estrella de la primera. Daba igual. Mientras entraba en un taxi se maldijo por haber sido siempre tan despreocupada con su pelo. voy a visitar a papá. Y de eso hace… ―Ni lo menciones. al menos frente a la parte del mundo que tuviera el valor de contemplarla. a él y a su alzheimer. Estaban en el aire cuando la distinguió detrás del cristal. Un par de pegotes con la máscara de pestañas y la cara lavada eran su única protección frente al mundo. ―Yo también te veo muy bien. Parecía que si lo decía ella resultaría menos doloroso.libertad para tenerle vigilado de cerca. La madeja rizada que ondulaba al viento en todas direcciones era el perfecto resultado de años de maltrato capilar.. llegaba tarde. GRAN HERMANA 22 .! ―suspiró el hombre debajo de un fino bigote que no dejaba de manosear―. ¿Tan mal estás de dinero que no tienes ni para un peine. ―¡Ay. David salió hasta el control y le dio un par de besos patéticos. Torrecilla.» No tuvo tiempo para seguir con los lamentos. principalmente porque no podía dejar de reírse. ¡Qué recuerdos! Nadie me llamaba así desde la facultad. en el control de sonido y aún así no pudo reprimir una risita que descolocó al invitado que estaban entrevistando. Sonaron las señales horarias de las ocho de la mañana y..

―Y tú igual de adulador. Te estás jugando ir a casa con los pantalones mojados. Tenemos una máquina maravillosa cuyo funcionamiento se rige por el azar con peor sentido del humor del mundo. ja ―el rostro de Milagros se contrajo como si fuera el de una adolescente al que no le hacían gracia las gracias de su novio―. casi integrista. ―Ja. se sentaron alrededor de la mesa de discusión. Ya puede ser bueno ese café.―Y estás igual de guapa que entonces. o al menos así le gustaba llamarla a Torres. Abrió la puerta a la mujer ―que agradeció con una inclinación de cabeza su caballerosidad― y ambos se introdujeron en la sala. ―¿Quieres un café? ―preguntó―. Debido a su obsesión por la objetividad más radical. Pensaba que ahora que vives en la civilización se te habían pegado sus males y el peinado era una composición moderna de algún famoso gurú de las tijeras. No quiso seguir con la broma. David esbozó una fascinante sonrisa de complicidad y cariño. ―Ni me había dado cuenta ―volvieron las bromas―. Milagros no era muy asidua de las tertulias radiofónicas de las mañanas. 23 GRAN HERMANA . Para regocijo de Milagros. La discusión humorística murió cuando le hicieron señas a David para que regresara al estudio. Y a tus dos niñas. Jaime ―otra vez él desde por la mañana― decía que si al menos fomentara la polémica en sus intervenciones estaría mejor considerada. ―Y tú sigues sin quererme ni una pizca. ―Sabes que eso es mentira. Y a tu mujer también. ―Te lo agradecería infinitamente ―suspiró la mujer―. después de saludar Milagros a todos los contertulios con la mano y una sonrisa muda. donde. Estoy recién levantada. Incluso a tu perro. Yo te quiero mucho. no la encontraban hueco en la mayoría de las cadenas.

ésta era personal. Milagros transmutaba la profesión de periodista en ingeniería de la comunicación. A lo que ella respondía. Aséptica. Pero a Milagros no le interesaban las guerras de audiencia. el único con valor suficiente para decirle la verdad a la cara. que errare humanum est. Incluso sus colaboradores más cercanos seguían preguntándose si la forma tan desapasionada con la que manejaba sus programas no era una tara genética: todo salía perfecto siempre. corazón de piedra. lo que el hombre definía como el prestigio del pueblo. pero en un raro clima de desconfianza. Jaime. la disputa en altercado y el altercado en querella. Sí. Y he ahí la otra clave fundamental de que no participara en casi ningún tipo de tertulia o debate en la que ella no fuera dueña y señora. Deformación profesional de tantos años protegiendo su existencia en GRAN HERMANA 24 . Sibila. Otro de sus grandes errores. Sus acérrimos enemigos la criticaban por no mojarse. pero nadie sabía cuáles eran. Todo el mundo sabía que no se sentía a gusto sin poseer el control absoluto de la situación. precisa e inhumana. fama. una forma de estajanovismo ilustrado en busca de la tan anhelada perfección. o por no predicar en los púlpitos adecuados las consignas aprendidas. Reina de hielo. eran algunos de los calificativos con los que la obsequiaban sus compañeros de profesión. que aprendiera a tratar con grupos humanos.tenía la teoría de que la polémica deriva en disputa. su equipo deshumanizado era una máquina perfecta en la que cada una de las piezas debía estar lo suficientemente bien engrasada para no hacer chirriar a las demás y fracasar en el cometido para el que se había fabricado. después de quitarse sus manos de encima. le pedía. Más de una vez. Milagros no sabía lo que era la vehemencia. casi suplicaba. que se crea un círculo vicioso en el que uno gana tantos detractores como partidarios ―mayores cuánto mayor sea la radicalización de las posturas enfrentadas― y por ende. De la forma más insensible que podía imaginarse. las ideologías enfrentadas ni los poderes fácticos. tenía sus propias opiniones formadas respecto a la política del país. La anterior afectaba a los demás.

no esperaba el final de la misma ―cuando el entrevistador abre la parte de ruegos y preguntas e obsequia a sus invitados con la posibilidad de preguntar― para resolver sus dudas. 25 GRAN HERMANA .» La mesa de discusión pronto empezó a echar humo. Hubo una parte dedicada a política internacional en la que Milagros se lució. pero la cosa no llegó a mayores. convirtiendo la entrevista en una nueva tertulia. todos asentían con la cabeza las disertaciones de la mujer. «No es más que una mala costumbre adquirida de tus tiempos de reportera de guerra. manejando a su antojo a los otros invitados. Milagros era sumamente territorial. No en vano Milagros había vivido in situ el conflicto sobre el que se movía la discusión y sus opiniones giraban más sobre la historia y desarrollo del conflicto que sobre las posibles conjeturas que podrían darse en su evolución. Asumía el mando con total naturalidad. esa dulce aliada que más de una vez le había salvado la vida. acostumbrada a la soledad más amarga y a la paranoia más cruel: la de mantenerse cada segundo con vida. su voracidad perfeccionista derivaba en una inconsciente degradación del moderador. pero el debate continuó de forma fluida.territorios hostiles. si entraba algún invitado en directo al que el conductor del programa pretendía hacer una entrevista más a fondo. y cuando participaba en el programa de otro. «Deformación profesional». Al principio todos los invitados arremetieron en la misma dirección. llevándolos hasta donde su minucioso cerebro pensaba que debían ser llevados. reforzando su propia visión de los hechos. Con otros las posiciones resultaron inamovibles. Ahí no hubo controversia alguna. Luego Milagros chocó un par de veces con las opiniones de los demás. la consuela Jaime cuando se lo reprochan. era posible que los temas de conversación cambiaran hacia otros que ella suponía más interesantes y lo que era peor. incluso hubo un par de tertulianos que la dieron la razón en alguno de los puntos. de vivir pegada a una cámara envuelta por la desconfianza. Fuiste un lobo solitario durante unos cuantos años.

pero has de entender que aquí yo soy el jefe y tengo que hacerme respetar ―se acercó hasta la mujer y le frotó el brazo derecho con cariño―. El programa está saliendo a pedir de boca. En la emisora conocen de sobra nuestra historia en común. Milagros podía ver con claridad una desmesurada sensación de alivio reflejada en el rostro de su amigo y no tardó en preguntarle si había solventado algún tipo de problema imprevisto. pero… ―…estás preocupado por si te lo boicoteo ―terminó la frase por él. que esta vez venía seguido de un largo bloque publicitario. con maldad por supuesto. ―Mira. el programa me encantó. Todos lo saben. yo lo decía por lo de hoy. ―No te voy a engañar. Mila. niña ―le dijo con total sinceridad―. te voy a dejar hacer y deshacer a tu antojo. ―No. La segunda parte del programa la dedicaron a entrevistar a Milagros acerca de su recién estrenado programa. ¿Acaso no te gustó el programa de anoche? ¿Lo vistes plano? ¿Soso? ¿Aburrido? ¿Tan mal fue? David observaba su discurso inconexo más extrañado todavía.Llegaron las nueve y David dio paso otra vez al boletín informativo. pero… No pudo terminar la frase porque tuvieron que meterse todos de nuevo al estudio. que. David le volvió a regalar una sonrisa sincera. A mí me encanta. Saben que somos muy buenos amigos y esperan. sé cómo eres. Pocas veces la había visto perder la compostura de esa manera. ―¿No será que estás deprimida? ―¿Yo? ¿Por qué? ―se extrañó―. ―Pues ya ves que hoy estoy muy comedida ―se burló. David comenzó la entrevista recalcando que le había parecido muy interesante el forGRAN HERMANA 26 . Momento aprovechado por los tertulianos para salir fuera del estudio y estirar las piernas unos instantes. precisamente por esa amistad.

cuando. aunque anquilosada por la contaminación de las grandes urbes. Enseguida se dio cuenta de que flotaba en el ambiente un clima que conocía muy bien de sus años de reportera gráfica. Cada vez que una de sus fotos mostraba el lado más desagradable de la historia y dejaba al descubierto la incompetencia. Los demás invitados le dieron la razón. la au27 GRAN HERMANA . porque todas sus crónicas. la corrupción o el abuso de poder. «La cuestión es saber si esta vez mis colaboradores me van a ayudar o han sido los que han metido el zorro en el gallinero. un rating menor todavía. casualmente. la nariz de Milagros captaba el hedor de la represión en el estudio. alabaron la elección de los invitados y festejaron la encerrona al ministro. Los resultados fueron demoledores: un share pobrísimo. se preguntó extrañada. en riguroso directo y en exclusiva mundial. se dijo con ironía. Al fin voy a comprobar cómo son los palos en un país civilizado».» No tardó mucho en comprobar que. y preocupada. filtraba sus dimes y diretes. casualmente el que trabajaba en el diario donde el ministerio. en el descanso anterior. vio que una de las becarias le daba un fax de forma sospechosa. comenzaban con la misma frase larguísima: segúnhapodidosabernuestrodiariode fuentescercanasalministerio… «¿Por qué habrá invitado David a este tipo si casi nunca aparece en antena?». ¿Tan oxidados estaban sus reflejos de supervivencia como para no haberse dado cuenta antes? Lo había vivido cientos de veces. o ejecutada sin más razón que mostrar la verdad? ¿Cuántas veces habría salvado la vida gracias a sus colaboradores dentro del país o a la maravilla tecnológica que es un teléfono vía satélite? Sí. El supercalifragi sacó el papel de fax encima de la mesa y desveló. ¿Cuántas veces había tenido que salir huyendo de un país por miedo a ser encerrada de por vida en alguna cárcel cochambrosa. llegaban los palos. Represión. los datos de audiencia del programa de Milagros. su nariz seguía siendo tan fiable como su instinto. «Está bien. casualmente. o lapidada públicamente. Milagros les llamaba los supercalifragi.mato. Todos menos uno.

diencia máxima rebasaba por los pelos el medio millón. Un desastre. Detrás de la sonrisa maliciosa del portavoz de la desgracia se escondía un manso acólito actuando bajo la ley del Talión: favor por favor, aunque, en este caso, sería más correcto decir exclusiva por exclusiva. Una vez recuperados de las malas noticias, David mostró su lealtad a Milagros rápidamente, quitándole hierro al asunto de la audiencia. Con la maestría de los manipuladores de la información, minimizó el impacto de la noticia al abrir un foro: ¿el interés por la política y los programas de debate y entrevistas en este país estaban heridos de muerte? ¿No interesan al gran público? ¿Sólo triunfan los encabezados por gente rara o en los que se ensalza la polémica hasta el grito, los insultos y las agresiones? ¿Hay una desidia hacia la política en todas las clases sociales? Los argumentos empezaron a caer desde todas las bocas: que si se recogían las tempestades de los vientos de la corrupción; que si la mal llamada generación X a la que todo le importaba un comino se había convertido ya en mayor de edad y su desidia intoxicaba el ambiente; que si los jóvenes de ahora viven en realidades virtuales ajenos a todo lo que no les entre por la pantalla del ordenador o la consola; que si la política era sinónimo de descrédito, de enriquecimiento estratosférico, de pago de favores… y así cien mil argumentos, los típicos argumentos que siempre salen en este tipo de conversaciones. Pero a Milagros todo aquello le daba igual. Se había quedado petrificada. Ni siquiera se atrevía a mirar a los ojos del supercalifragi. Hizo bien, habría contemplado cómo se relamía por dentro de gusto mientras pensaba cuál sería la siguiente exclusiva ministerial que podría anunciar a bombo y platillo en su periódico. Después de cinco o diez minutos de discusión, David metió un bloque publicitario y despidió a los invitados. Saludos fríos y patéticos ánimos forzados para Milagros; sonrisa ladina del supercali-

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fragi aderezada con ánimo desganado en el que recalcó no más de siete veces la palabra fracaso. ―No te preocupes ―intentó consolarla David―. Un fracaso es tan buena, o mejor incluso, publicidad que un éxito sonado. Mucha gente querrá saber por qué has tenido tan mala audiencia. Querrán comprobar con sus propios ojos si de verdad el programa es tan malo. ―Muchas gracias por tu apoyo ―contestó la mujer con sorna. ―Te lo digo en serio ―continuó―. Si hay algo que guste al espectador más que nada en el mundo es ver cómo fracasan los demás. Además, en el contrato habrá cláusulas penalizadoras permitiéndote al menos dos o tres programas hasta que se vea si armonizas la audiencia. Lo peor que te pueden hacer es cambiarte de día, o de horario. El programa es muy bueno. En serio. Antes no he podido alabarlo demasiado en antena para no perder la objetividad. He tenido un momento de flaqueza, superado al recordar que tú hubieras hecho lo mismo conmigo. Y me ha costado. Mucho. Ya sabes que contigo no puedo ser objetivo, niña. ―Gracias, David ―Milagros encontró una sonrisa debajo de cientos de kilos de pena―. Te lo agradezco. De corazón. David la llevó hasta el estudio mientras le explicaba que se había levantado con la noticia de tener que hacer un favor a la dirección de la cadena metiendo al supercalifragi en antena. No tuvo que darle más explicaciones, tampoco las quería. Apesadumbrada, continuó con la entrevista, que, segundos más tarde, daba un giro radical. David le tenía preparada una sorpresa para celebrar el hipotético éxito del programa y vistos los malos resultados, agradeció tener una pequeña tarta de chocolate a mano para endulzar el fracaso. Milagros salió de su estupor para caer en otro mayor al darse cuenta de que se le había olvidado que hoy era su cumpleaños. Treinta y nueve. Las placas de identificación que siempre le habían acompañado en su
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singladura planetaria y ahora estaban guardadas en algún cajón olvidado mostraban su fecha de nacimiento, su estigma, el motivo de burla con el que le habían hecho sufrir desde pequeña: seis de junio del sesenta y seis. Intentó agradecer el gesto y la invitación, pero, en ese momento, la cabeza de Milagros ya no estaba para festejos. Ni para burlas, ni para nada que no fuera saber cómo iba a solventar sus problemas. Sopló la única vela con desánimo y se comió un trozo de pastel con rapidez, la misma que utilizó para despedirse de David y agradecerle que no le hubiera hecho ninguna bromita más a costa del día de la bestia. Salió de la emisora con el alma en los pies, y lo que es peor, perdida en un mar de dudas, maldiciéndose por haber dejado la parte administrativa de la productora en manos de Jaime, ajena a su control. «No puedes abarcarlo todo, cariño. Déjame a mí la parte económica. Tú vuélcate en cuerpo y alma en la creativa; disfruta con ella.» Las palabras de su socio martilleaban su cerebro a intervalos solapados, desgarrando retazos de cordura con cada repetición. Encendió el móvil nada más pisar la calle. En la pantalla del teléfono aparecía el nombre de Jaime. Doce llamadas perdidas, una cada quince segundos. La número trece, como si fuera un capricho supersticioso del destino, era de Miguel Herrero, el director de contenidos de la cadena. Ya no había dudas: el fleco se había soltado.

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Para un pesimista. y nadie se acordará más que de vuestra negativa Plinio el Joven Quienes opinan que el dinero todo lo puede. a pie y cabizbaja. cuanto antes llegara a conocer los problemas. todas las facetas de su vida se mezclaban en el recuerdo que tenía de él en su subconsciente. A cualquier hora. más tarde empezaría a preocuparse en serio por ellas. Aquel hombre había inculcado a toda una generación de periodistas unos 31 GRAN HERMANA . o por desgracia.» Demoledor. Miguel Herrero había sido el mentor de Milagros.Servid cien veces. antes podría ponerse a solucionarlos. optimista o pesimista. en ese instante. simplemente demoledor. el camino hacia los estudios televisivos. cuanto más tarde conociera las dificultades. Para un optimista. sin duda están dispuestos a todo por dinero E. adiós. la cadena de televisión para la que Milagros ofrecía sus servicios no estaba muy lejos de la emisora. Amor platónico. depende del punto de vista que se utilice. Pierre Beauchêne La traición del Sensei Por suerte. antiguo reaccionario antifranquista y a la vez delator del Régimen. vividor crápula de mirada límpida y sonrisa arrebatadora. casi una abanderada. Sonaba a ruptura de pareja enamorada. profesor de universidad. negaos una. Adiós al idilio. Milagros siempre había sido de las optimistas. esta vez contemplaba la botella medio vacía mientras recorría. Pásate esta mañana por mi despacho. El mensaje que le había dejado Miguel en el buzón de voz no podía ser más conciso y a la vez más aterrador: «Tenemos que hablar. sin embargo.

ideales que él jamás pudo cumplir: integridad y objetividad. Precisamente los ideales que seguía Milagros. ―Pues sí que te has dado prisa en venir ―saludó el hombre al verla aparecer por la puerta de su despacho―. Me alegro de que tengas tantas ganas de verme. Los besos de rigor dieron pasos a ese tipo de saludos forzados y banales, puro aire para saturar la espera, puro teatro de una indiferencia desesperante que sólo sirve para calentar la boca de cara a una conversación insustancial que rellene los momentos previos al meollo de la cuestión. ―Sé que ya te has enterado ―Miguel era de los que iban directamente al grano: no habían llegado siquiera a preguntarse por sus respectivas familias―. Lo de anoche fue un auténtico fracaso. ―No sabes cuanto te agradezco que no utilices eufemismos para amortiguar el golpe ―escupió de forma cínica la mujer. Si había que luchar, sería ella la que diera el primer golpe, ya vendrían después los tiempos para defenderse. ―Lo he intentado, no te creas ―entró Miguel al trapo―, pero me ha sido imposible encontrar un adjetivo que describa mejor la situación. ―Objetividad ante todo, ¿no? ―Por supuesto. Miguel le hizo un gesto con la mano para que tomara asiento delante de su escritorio y la mujer obedeció separando una silla cercana a la mesa para luego dejarse caer encima de la superficie acolchada. ―Mira, Miguel ―comenzó un discurso improvisado durante los diez minutos de paseo hasta la cadena de televisión―. Ya sé que la audiencia del programa no ha sido la que esperábamos… ―Dirás que ha sido un desastre ―la cortó enfadado el hombre.

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―Vale, ha sido un desastre, pero ten en cuenta que el programa se emitía un domingo, que era la primera vez que aparecía en las pantallas un formato semejante… ―Y ni eso ha sido suficiente para que la gente se interese por la novedad. ―… que competíamos con tres pesos pesados de la competencia ―continuó la mujer sin hacer caso de la interrupción―, y si a esto le sumamos que la cadena tampoco le ha dado una promoción como la que se merecía, tenemos como resultado que… ―Tenemos un desastre, Mila ―Miguel se levantó de la mesa y se puso a contemplar los confines del Madrid que le mostraba la enorme cristalera de su no menos enorme despacho―. La cadena le ha dado la promoción necesaria, incluso en franjas horarias de los telespectadores que no son afines con este tipo de programas. La promoción ha sido correcta, buena diría yo. ―Ya, pero si hubierais emitido en… ―Déjate de excusas baratas. La gente piensa que eres la objetividad hecha carne. Demuéstralo. Aquel comentario le sentó como una patada en el estómago, máxime viniendo del que se lo había inculcado en el cerebro como una idea romántica. ―Tienes razón ―logró reaccionar―. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Nos vas a cambiar de día, de horario? ―recordó las palabras del bueno de Torrecilla y las usó para intentar taponar la herida, pero sabía que no sería suficiente, así que se vio obligada a suicidarse jugando la carta de la suposición―. En el contrato tenemos una cláusula… ―En el contrato no tenéis nada ―Miguel se volvió hacia el escritorio y abrió uno de los cajones. De su interior sacó una serie de folios grapados. La mujer distinguió, con la claridad que otorga la adrenalina generada por el miedo, la firma de Jaime acompañando a

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la de Miguel en cada uno de los laterales―. Compruébalo por ti misma. Milagros se tomó su tiempo para leer el contrato una vez en su poder, después de que su mentor se lo lanzara al regazo. Cuando terminó estaba tan nerviosa que le temblaban las piernas, incluso llegó a temer, como había visto en sucesos nauseabundos causados por el terror, que sus esfínteres se relajaran lo suficiente a causa del miedo y se dieran al libre albedrío sin contar con ella. ―Tu socio es un inepto ―se burló Miguel―. Por no llamarle algo mucho peor. ―Pero… pero… ―Milagros no lograba articular palabra―. No puede ser. Aquí pone que prácticamente no tenemos nada, ni derecho a indemnización, ni período de cortesía, ni derecho a opinar… ¿Cómo has logrado que Jaime te firme esto? ―Porque era su última oportunidad. Llegó aquí arrastrándose, casi por los suelos. Suplicándome una oportunidad. Habían rechazado el proyecto en todas las cadenas y yo era su última esperanza. «Si que tenía que estar desesperado. Jaime y Miguel se odian a muerte. Si ha tenido que venir hasta aquí para pedir un favor, es que me ha estado mintiendo todo este tiempo sobre las ofertas que teníamos», se dijo la mujer, más aterrada que antes, si eso era posible. ―Y tú te aprovechaste de él. ―Por supuesto ―se jactó Miguel―. Mi trabajo consiste en hacer que la cadena gane audiencia manteniendo una relación calidad-precio equilibrada. Él me ofrecía un producto con una serie de condiciones, yo le expuse mis condiciones para aceptarlo y él las aceptó. Un buen negocio para ambos. ―¿Un buen negocio? ―Milagros no sabía si se burlaba de ella o quería hacerla llorar de rabia―. Prácticamente te pertenecemos. Somos tus esclavos.

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Por primera vez en su vida. a continuación comenzar un masaje no pedido―.―No te pongas dramática ―Miguel se colocó detrás de ella y le puso las manos en los hombros. acostumbrado a comentarios hirientes para que dejara de tocar lo que no debía. Después de una rápida comida. Para ambos. El único problema era convencer a la audiencia de que le dieran una oportunidad. Milagros acompañó en el sentimiento a la secretaria que llevaba los asuntos de semejante degenerado. aquel hombre no era su socio. se pasaron toda la tarde urdiendo miles de conjeturas y planes. Milagros estaba a punto de vomitar. ahora su amo. pero no consiguieron nada. Miguel descolgó el teléfono y llamó a su secretaria ―a la que Milagros compadecía en su interior cada vez que la veía―. Para que veas que nuestra amistad está por encima de todo. te voy a ayudar. Milagros terminó por perder la compostura sin esperar siquiera a ver qué hacía su jefe. su mentor no era más que la realidad en la que se convertiría Jaime cuando alcanzara su edad. ―Si no hubieras engañado al idiota de Jaime… ―visto que no encontraban solución alguna. Casi desesperados. Milagros fue diplomática. En realidad te he hecho llamar para que intentáramos encontrar una solución al problema. Juntos. desarrollando ideas y fórmulas para intentar hacer el programa más atractivo o reducir costes. para. pero no hizo comentario alguno sobre las confianzas que el hombre se estaba tomando. azuzada por la bilis de la traición y el cansancio. aquel depravado era el director de contenidos de la cadena para la que prácticamente se había malvendido sin compensación alguna. ¿Acaso tenían que sobarla todos los tíos con los que trabajaba? Si le quitaba el aura de admiración que le profesaba desde la facultad. con aquel encerado de 35 GRAN HERMANA . y que apareció cinco minutos después con una enorme pizarra en la que estaba representada toda la programación de la cadena para el siguiente mes. el formato era el ideal.

sí. ―No te tolero. salieron despedidas por la enorme cristalera del despacho. aquello rayaba el esperpento―. ―¿Qué no me toleras? ―explotó―. pero aquellos gráficos escapaban a su compresión ejecutiva más elemental. insensible como pocas. maneras.. intentó encontrar una pauta en la pizarra. ―No me reproches nada ―se enfadó Miguel―. Milagros había vivido en el filo de la navaja durante muchos años. no sé de qué me hablas ―su voz se tornó trémula y asomó una lágrima en cada uno de sus ojos. En su opinión. ¡Mira! Milagros se asustó. ¿Te das cuenta? ―Lo… Lo siento. Por el amor de Dios. ¿A timar a mi socio lo llamas hacerme un enorme favor? Todas las buenas palabras. Siguiendo la inexplicable orden de su mentor. Y ya se sabe que cuando el dinero sale por la puerta. ―comenzó Milagros. sigues siendo una niña malcriada. ¿Cómo te atreves? Te hago un enorme favor y ¿así me lo pagas? ―¿Un enorme favor? ―se burló la mujer. pero su mentor no le dejó terminar la frase. conviviendo con la muerte a diario. ―No sabes lo que dices ―Miguel la cogió con fuerza del brazo y acercó su cuerpo hasta la pizarra―. Nunca le había visto tan enfadado. aquel que sólo sale a flote cuando el instinto toma el mando de las operaciones después de fagocitar un inexistente autocontrol al que regía la tolerancia emanada del cariño. quedando dentro de la casa el odio acumulado durante todos los años de relación.plástico―. Que rápido se desmoronan los mitos cuando observas de cerca su enfermiza humanidad. Todo esto es por tu puta culpa. alabanzas mutuas y demás que se habían regalado en la ficticia tregua pactada antes de comer. algunas veces cruel. Era dura como una roca. ―¿Lo ves ahora? ―el director de contenidos de la cadena seguía fuera de sí―. el amor salta por la ventana. pero también tenía un punto débil: no soGRAN HERMANA 36 ..

―Yo. Sin embargo.. Tienes que creerme. aquella escena de miedo y desconocimiento no consiguió ablandar a Miguel. ―Después de todos estos años. Sus patéticas palabras de súplica tuvieron el efecto deseado. pero se odiaba a sí misma por haberse mostrado tan vulnerable―. Miguel soltó el brazo de Milagros y se la quedó mirando con la culpa reflejada en el rostro. ―Siempre has odiado la competitividad ―le recordó la mujer―.. A veces creo que todos los que me rodean están familiarizados con los tejemanejes de esta profesión. ¿sigues creyendo que me puedes timar con ese burdo truco de mala actriz? Si no te funcionó hace años cuando venías a llorarme en la revisión de los exámenes. Me estoy volviendo un paranoico.portaba el dolor resultante de cualquier tema que afectara a la gente que quería―. ―No pienses que estoy intentando engañarte. ¿por qué crees que te va a funcionar ahora? El orgullo de Milagros a punto estuvo de absorber las lágrimas hacia el interior de su cuerpo. Miguel. y la calma. El momento de debilidad había pasado. Miguel ―logró articular una vez recuperado el control. imaginando complots. resurgió la cordura. Por favor. no entiendo nada. o de una pesadilla embutida en un instante. Últimamente. cargada de un alto nivel de incomprensión. No entiendo cómo te has metido en este fregado. que confundió la debilidad de la mujer con una estratagema ya vivida anteriormente. En lugar de reproches. explícamelo. Quizás lo hubiera conseguido si algún retazo de coherencia no hubiera detenido la andanada de acusaciones que casi se le escapan de la boca. 37 GRAN HERMANA . trampas y conspiraciones por todos los lados. este cargo me está matando. lo siento ―fueron sus primeras disculpas―. me haces daño… ―gimió. Era una cualidad que nunca supe si alabar o repudiar. Como si saliera de un mal sueño.

El maldito dinero. Todo el mundo tiene un precio. Quería llevar a la práctica aquellos conceptos teóricos que os había intentado inculcar durante vuestros años de aprendizaje. Os dije que me parecía una idea maravillosa que podría funcionar. Conozco sus gustos al detalle y en base a mi experiencia sabía que tu programa sólo aguantaría en antena de una forma: que algún miembro del gobierno. No a toda. GRAN HERMANA 38 . Que no te quepa duda. ―Lo es ―se jactó.―Pues por qué va a ser. que las teorías que promulgaba eran válidas en el mundo real. ―Cuando Jaime y tú me presentasteis la idea de un programa de entrevistas y debate os mentí de forma burda y descarada. ―Pero… ―Pero sabía que no iba a funcionar. antes de la jubilación. a ser posible el presidente. ―Entonces… ¿No te gustó la idea? ―La idea me encantó ―se justificó―. pero sí a la mayoría. ―Espero que el tuyo haya sido muy elevado. Sin embargo. tampoco el dinero tuvo todo el peso específico de la decisión. ―Y después de lo de anoche eso no va a ser posible. pero con el mismo tono melancólico―. Por el dinero. La praxis eligió y el dinero decidió. manifestara públicamente su gusto por él. Necesitaba comprobar por mí mismo. ―¿Cómo? ―¿No te acuerdas? ―explicó―. Ya te he dicho mil veces durante el día que el programa de ayer me gustó mucho. Milagritos ―expresó con melancolía―. Anda ven… Milagros se acercó hasta el hombre y juntos miraron la pizarra. ―Pues créetelo. ―No me lo creo. Si algo he aprendido durante estos cinco últimos años es a comprender a la audiencia.

dejémoslo. hubiera funcionado. ―Debe ser en lo único que coincidimos ese imbécil y yo. Me recuerda que le timaste como a un ingenuo. No sé si podría siquiera aguantar una clase entera de las de antes. No tenéis integridad. Continúa explicándome por qué nos hiciste un hueco en ―la mujer señaló la amplitud de la pizarra barriendo todo el área con la mano― tu parrilla. Bebió un pequeño sorbo y esperó a que el hombre comenzara su relato. ―Perdona ―se disculpó el hombre una vez la secretaria se hubo marchado―. ―La respuesta a tus preguntas es bien sencilla ―le dijo Miguel una vez se terminó su vaso de un lento trago―. No te lo dije porque lo del embarazo hubiera sido una exclusiva y no me fiaba del perro de tu socio. por alguna extraña razón que excede mi comprensión de la audiencia. Como te iba diciendo. sólo aceptó el vaso lleno de agua que le ofreció. Por el amor de Dios. si el programa. ―Sabes que detesto los informativos ―exclamó indignada Milagros―. Y Jaime ya no vende exclusivas. Raquel de la Vid estaba embarazada y quería que la sustituyeras en cuanto dejara de trabajar. Milagros no dijo nada. Milagros. mejor que mejor ―continuó el hombre sin hacer caso a su indignación―. si se conocen desde la infancia. Pero a veces me quedo seco. ¿No podías haber sido un poco más… diplomática? ―Otro igual que Jaime ―Milagros se enfadó―. En vez de contestar. Necesitaba un par de no39 GRAN HERMANA . ―Deja de meterte con él. No hubiera aceptado. Te quería para los informativos. ―Si tú lo dices… En fin.―El ministro es amigo personal del presidente ―recalcó―. Ya no estoy acostumbrado a tanto hablar. A los pocos instantes aparecía con una botella de forma estrambótica llena de agua y dos vasos a juego. Miguel se acercó hasta la mesa y llamó a su secretaria de nuevo.

pues nada. Os concedí dos noches para ver qué ocurría. ―Sabes que prefiero mendigar antes que presentar un informativo ―Milagros comenzó un tira y afloja estudiado de antemano. Que no funcionaba. Así que decidí colocar vuestro programa en su lugar. Siempre has tenido un sentido de la lealtad muy acusado. delante de ella. No le cabía en la cabeza el modo en que Miguel estaba presionándola para que aceptara un trabajo que detestaba. tengo una bala en la recámara con la que presionarte para que presentaras los informativos. Milagros no podía creerse la sinceridad con la que le estaba hablando su mentor. Si todavía no la había echado del despacho era porque aquel viejo manipulador tenía algo que ofrecerla. al igual que ocurrió cuando se asoció con Jaime. En la boca de Miguel apareció una sonrisa que Milagros. ―Qué considerado por tu parte ―se burló la mujer. todas pésimas. De nuevo se encontraba en la tesitura de elegir la menos mala. No quería tener que echar mano de nuevo de alguna película emitida ya cien veces en todas las cadenas o montar un par de galas insustanciales en cualquier provincia para atraer el turismo. casi conducida por la ira.ches de domingo que rellenar antes de que comenzara nuestro proyecto estrella del verano. Le parecía una desfachatez que se intentara aprovechar de la penosa situación en la que la ineptitud de Jaime les había dejado. Que funcionaba. Eso y el hecho de que la productora estaba al borde de la quiebra y necesitaba cualquier palo al que agarrarse para seguir comiendo―. tachó de malévola. El despacho se había con- GRAN HERMANA 40 . Como si de un burdo déjà vu del destino se tratara. Os di dos magníficas oportunidades casi en prime time. Pero estoy dispuesta a escuchar tu oferta. os cambio de día y seguimos emitiendo. ―Pensaba que me devolverías el favor sin rechistar. se abrían varias posibilidades de futuro. pues nada.

Raquel sufrió un aborto y el puesto ya no está vacante. sólo señaló el nombre del programa en la enorme pizarra con un puntero láser que había sacado del bolsillo sin que Milagros se diera cuenta―. estamos muy satisfechos con nuestro departamento de limpieza. 41 GRAN HERMANA . ―Lo siento ―dijo el hombre. sino peor. cualquier cosa que le ofreciera ahora sería mil veces peor que lo de la sustitución por maternidad. ¿Qué cosa puede ser peor que presentar unos informativos? ¿Me vas a ofrecer un puesto de becaria en la cadena? ¿De señora de la limpieza. Hace una semana. Sabía que Miguel ahora pensaba con la mente de un banquero. Empezaron a temblarle las piernas. Voy a darte la oportunidad de tu vida. con un extraño rictus en la boca. A Milagros se le cayó el alma a los pies. quizás? ―Crees que te voy a ofrecer algo peor. ―¿No? ―suspiró resignada―. La conversación en sí no era ya mala. sino porque. y lo más sincero. «¿La oportunidad de mi vida?». si esa no era la oferta que le iba a proponer. puesto que no podía cerrarla a causa de esa estúpida sonrisa que le desencajaba el rostro―. Dispara. se preguntó Milagros. pero te equivocas. para salir del paso y no mostrar de nuevo sorpresa o angustia―. ―Veo por tu semblante ―se rió Miguel―. Y por cierto. aunque fuera presentando los informativos.vertido en una jungla y la leona indomable acababa de caer en una celada bien urdida por parte del gran cazador blanco. Nuestro buque insignia de este verano. ―Quiero que presentes nuestro proyecto estrella de la temporada―Miguel no alargó la incertidumbre. No te lo puedes ni imaginar. No por ver cómo se le escapaba la oportunidad de seguir trabajando. que sabes lo que viene a continuación. ―Miedo me das ―fue lo primero que se le ocurrió. Pero te equivocas. su definición de oportunidad difería bastante de la que pudiera proponerle aquel periodista con alma de ejecutivo.

GRAN HERMANA 42 .―¿Quieres qué presente un reality? ―la indignación hizo que la voz de la mujer pareciera la de un oso―. insultos… ―se mofó Miguel―. Te lo estoy diciendo muy en serio: quiero que presentes ese programa. la que salió por la boca de Miguel. Estás como una puta cabra. ni por un solo instante. La parte optimista de su personalidad. la parte pesimista. Milagros empezó a marearse. la revestía de gracieta. estaba preparada para lo peor. Milagros no sabía si su mentor estaba de broma. Mila ―el rostro de Miguel se tornó inexpresivo. había manejado cientos de noticias espeluznantes. ―Estás de broma ―se rió. pero ni por un momento. Tenía que comprobarlo. algo así como los globos sonda que lanzan los gobiernos a la opinión pública para ver cómo caería entre el electorado una posible decisión arriesgada que no se atreverá a tomar a costa de la merma de su prestigio. Sólo se sentó en una de las sillas y comenzó a llenarse su vaso de agua. Te estás quedando conmigo. de esas que utilizaba cuando tanteaba el terreno para intentar llevársela a la cama y luego. No pensé que te aclimataras al estilo tan rápido. pero no le dio la satisfacción de ver cómo se derrumbaba delante de sus narices por una noticia más mortífera que una puñalada. que todavía no se había suicidado. ―Veo que ya te vas metiendo en el tema: gritos. Aquello parecía una de las excusas baratas de Jaime. ―No es ninguna broma. Casi me lo creo. La noticia había caído como un mazazo en la autoestima de la mujer. abandonando el tono ufano de los últimos momentos―. Eres toda una profesional. al ver la negativa. todavía incrédula ante la cantidad de oportunidades que se le estaba brindando para salir a la superficie y tomar el mando. ante todo estar segura de si le estaba tomando el pelo―.

Resulta que eran pareja. ajena a todos los cotilleos de este país y del mundo entero. el programa va a ser un éxito. Hemos realizado un casting entre más de dos mil personas. tú. primero se suicidó el uno y luego abortó la otra. en fin. ―Me baso en la experiencia. la idónea. Necesito originalidad. ―Pues sí que fue buena la semana anterior para los trabajadores de esta cadena ―el cinismo acudía en ayuda de una descolocada Milagros. y he pensado que tú eras la indicada. los anunciantes han pagado lo que queríamos. hace una semana.―No sé si lo sabrás. lo presente quién lo presente. ―¿En qué te basas? Sabes que preferiría volverme al Congo antes que tener que ver nada con esos experimentos que dignan de definirse como sociológicos. un programa que impacte. dejemos los detalles escabrosos a un lado. Jerónimo Santana se ha suicidado. del que se hable durante mucho tiempo después de que se haya acabado. ignorando los desplantes de la mujer hacia los realities―. Sabrás encontrar el punto de vista adecuado para mostrar al mundo lo que otros no encuentran en este tipo de programas: realidad. Aunque fue al revés. pero claro. Primero aborta una. Estaba muy visto. impotente ya ante cualquier nueva contingencia―. En fin. luego el otro se suicida… ―Veo que sigues siendo muy rápida atando cabos ―en la voz del hombre había cierto tono de orgullo―. ―El formato del programa no terminaba de convencerme ―continuó Miguel. ―Yo no tengo ninguna experiencia en manejar teatrillos populares de polichinelas. frescura. la mejor opción. pero no veo por ninguna parte innovación alguna. pero. ―¿Y crees qué yo podría darte eso: impacto? ―Sé que lo harías. 43 GRAN HERMANA . Necesito un presentador para el programa. no podías saberlo ―la mujer asintió con la cabeza mientras se refrescaba los labios―.

lo conviertes en un hámster al que puede contemplar todo el mundo y decir lo majo o lo guarro que es. o muere porque su dueño. Como yo lo veo. ¿No tienes suficiente realidad con el síndrome del hámster? ―¿El síndrome del hámster? ―se extrañó su mentor―. pero que. no la sorprendida―. No sabía si la persona que tenía enfrente era su antiguo mentor desquiciado en busca de un método sórdido que diera más verisimilitud a la realidad o el diablo tentándola para que pecara rompiendo los más sagrados de sus ideales y juramentos.―¿Realidad? ―Milagros no se creía lo que estaba oyendo―. Ayúdame a que la realidad parezca más real de lo que realmente es. lo sacas de la jaula dorada y lo tiras por el inodoro. ―Sí. ya no está encaprichado con él. la fama es efímera ―afirmó el hombre―. pasará al olvido cuando su dueño ya no se acuerde de él o se encapriche con otra mascota más novedosa o que le guste más. Aunque no para todos. Si por alguna razón ―continuó Milagros exponiendo su teoría―. si coges a un individuo corriente. Al final del programa te has quedado con el hámster que más le gusta a todo el mundo. Estamos hablando de un… de un reality ―a la mujer le costaba pronunciar la palabra―. La mujer comenzó a asustarse. es decir. como todas las mascotas. ―Sí. Nunca he oído hablar de nada parecido. el hámster ya no te sirve. ―Lo único que podría darte más realidad de la que te ofrece un reality es ocultar una cámara y no decir a nadie que le estás fil- GRAN HERMANA 44 . le das de comer y haces que gire en la rueda de pruebas absurdas para que no esté todo el día cebándose o adormilado sobre un sofá. le metes en una jaula dorada. la audiencia. Ayúdame Milagros a derribar ese falso mito del que hablas. Te necesito. el síndrome del hámster ―Milagros se alegró de haber sido ella esta vez la que sorprendiera.

Ya puedes amenazarme todo lo que quieras que no voy a aceptar tu propuesta. ¿Me oyes? Nunca voy a presentar un programa como ese. que en otra época hubieran derretido a la mujer. No lo entiendo. ―Pero. ―Creo que te estás equivocando con el enfoque. la realidad ficticia o la realidad real? ―Déjate de trabalenguas ―parecía que Miguel no quería ponerse a discutir con ella―. ¿por qué? ―el hombre suavizó el tono. Se había dado cuenta de que por el camino del enfrentamiento no iba a conseguir nada. pero el sentido común. ¿Es verdad o mentira? ¿Qué parte de la realidad quieres que sea más real. casi todo. si es real o irreal o si la ficción supera a la realidad o viceversa. se lo impidieron―. sobre los de ella. Aún ahora estuvo tentada de claudicar. Es más. y la furia. ―Me importa un bledo si todo es verdad o mentira. Nunca. Dime al menos que te lo vas a pensar. ¿Te das cuenta de que si quisiera ahora mismo estarías despedida? ¿No ves que con solo romper estos papeluchos ―hizo amago de rajar por la mitad el contrato de la productora― estás en la calle y medio arruinada? ―Ahora sí que no te permito ese tono. Estarías cometiendo un delito. No voy a presentar un maldito reality. por no decir todo. Te voy a dar un consejo sobre los realities que no debes olvidar nunca: en este mundo nada es lo que parece ―el mentor de Milagros posó sus ojos azules cristalinos. 45 GRAN HERMANA . ―¿En qué quedamos? ―Milagros ya no entendía nada―. Miguel ―el combate dialéctico se volvió a reactivar―. es mentira.mando ―se le ocurrió de repente al pensar en el pecado―. ―¿Te das cuenta de que tengo cien peticiones encima de la mesa de reputados periodistas suplicándome que les dé el puesto? ―su tono de voz empezó a subir―. Va en contra de mis principios. Violarías su intimidad. así que intentó hurgar entre los argumentos e ideas preconcebidas que tenía Milagros sobre los realities―. La respuesta de Milagros no le hizo ninguna gracia a Miguel.

de forma piramidal: hoy te enseño un resumen de cuarto de hora por las mañanas. En sí misma esta no es una mala razón. contertulio.―Primero porque estos programas son concursos. esperando no olvidarse de ninguna de las ideas que luchaban por salir de su cabeza. Milagros. otro de media hora por las tardes y otro más de media hora por la noche. te venden las aventuras de los enjaulados por capítulos. empujando todas a la vez. ―En este punto tengo que diferir contigo. quería soltar todo su discurso del tirón. aplastándose unas con otras. o como yo los llamo. para retroalimentarse. Milagros no quiso contestar. se miente perfumando el formato con una avioneta de fumigar desde la que se lanzan reiteradas ráfagas de estudios sociológicos y experimentos similares para ver el funcionamiento del individuo frente a un espionaje constante. GRAN HERMANA 46 . No estoy de acuerdo. porque para justificar el hecho de montar una cárcel fuera del control de las penitenciarías estatales. ―Eso no es cierto. Segundo ―enumeró señalando dos dedos estirados de su mano izquierda―. puesto que. puesto que su única misión es la de bendecirnos con su prestigiosísima opinión. al menos en algunas cuestiones. opinólogos. A estos hay que añadirles el programa matriz semanal y todas las tertulias y mesas de opinión formadas para intentar desentrañar el meollo de las intrincadas cuestiones filosofo culturales que se desarrollan dentro de la jaula. Estaba embalada. porque. y yo no presento concursos ni nada en lo que el azar esté de por medio. para aprovechar el tirón de la audiencia. ―Tercero. el fenómeno del reality recicla antiguos individuos que pasaron por sus garras anteriormente: confiesan las experiencias pasadas y añaden su pericia a la hora de esclarecer el devenir del experimento actual. siendo su consecuencia más evidente la aparición de una nueva rama y profesión periodística denominada tertuliano.

Está comprobado que los resúmenes se ven. por su experiencia en ellos. He estado escuchando esta mañana el programa de radio donde. ya sé que para ti no es lo mismo ―Milagros intentó protestar. Si le preguntas a un comercial por su máxima. Sí. cuando los domingos se juntaba a hacer punto con sus amigas alrededor de una mesa camilla: cotillear. harían cualquier cosa? ―Esa no es la cuestión ―obtuvo como respuesta―. pero Miguel no se lo permitió―. ¿qué te respondería? 47 GRAN HERMANA . tú ―recalcó―. Pero es lo que quiere ver el público. ―En primer lugar ―comenzó Miguel. Ahora yo te pregunto. pero sólo porque me falta el aliento y no puedo seguir hasta que beba un poco de agua. como para que su opinión sea tomada en cuenta aunque no sean periodistas? ―Pero… ―Milagros comprendió la lógica y tuvo que aceptarla aunque le desagradara sobremanera―. voy a hacerte uno yo para que lo entiendas mejor. ¿no están igual de suficientemente cualificados en el tema de este tipo de programas. Con lo que no estoy de acuerdo es en lo de los tertulianos. No te lo voy a discutir. y lo que es más importante. imitando a su discípula. Es cierto. subyugándola bajo la sombra alargada de sus huesudas falanges ―. has actuado de tertuliana. ―Lo sé.―Te escucho. Eso no es periodismo. Es imposible emitir las veinticuatro horas a no ser en digital. Como veo que tanto te gustan los símiles. que tratabais opiniones políticas y que los que las trataban estaban lo suficientemente cualificados como para que su opinión fuera tomada en cuenta. Es lo que hacía mi abuela antiguamente. Los contertulios que diseccionan apasionadamente el desarrollo de un reality. ―¿No te parece que por el mero hecho de conseguir un pedacito de fama. y éste no es nuestro caso. que tú eres periodista. sus cinco minutos de gloria. los anunciantes exigen espacio en esos resúmenes. es cierto que se desgajan unos cuantos programas hijo a modo de resúmenes respecto al matriz semanal.

así lo llamaba Jaime. y de que manera. discusiones y demás. Imagínate la popularidad que conseguirías presentándolo. todo lo que ella consideraba cualidades intrínsecas a una persona habían quedado vilipendiadas en la última hora de amarga discusión. su sensei. su maestro. presa bajo otro de los masajes gratuitos de su sensei. pero le jodía. Está bien: el cliente siempre tiene la razón. pensó. Mila. Milagros claudicó al escuchar la frase lapidaria de su jefe. Ahora sólo cuenta la fama. pero cierto. «Esa es la última de las lecciones que aprenderé del gran Miguel Herrero. Al menos desde que aparecieron las televisiones privadas. ni el porqué. después de doce horas ininterrumpidas de reuniones. Todo lo que sabía de ética lo había aprendido de él. Aún así reculó―. tráfico de ideas. «La fama. ―En nuestro mundo el que tiene la razón es la audiencia. El prestigio del pueblo». búsquedas infructuosas de soluciones. recordó la mujer. ―Vivimos en una época en la que el prestigio no vale nada. casi a las once de la noche. me imagino todo el prestigio que perdería. La integridad es un valor demodé.―¿Vendo hasta a mi madre si puedo? ―Milagros sabía bien la respuesta.» ―Piénsatelo. que Miguel tuviera razón en lo que iba a decir. Nunca lograría saber por qué. Su antiguo mentor. ―Sí. Paradójico. «Todo el mundo tiene un precio». GRAN HERMANA 48 . un valor sin valor. No quiso responder más ni seguir hablando con aquel hombre que la había traicionado de esa manera. pero en ese momento de la conversación.

Había salido del cubil de su mentor sin rumbo fijo definido. Miguel del brazo izquierdo y la audiencia del derecho. Daba igual quién ejerciera más fuerza. Milagros pensaba que Jaime tiraba de su pierna izquierda. a la postre. y lo que es peor. cada uno en una dirección. sin solución alguna a su problema. opuestos. Los jamelgos apuntaban los ollares hacia puntos cardinales distintos. al provocar el verdugo la estampida mortal. para que del desgraciado no quedara más que dos jamones y dos cetros sobre el torso pelado. La gente miraba con desagrado su particular procesión por las calles. su padre de la derecha. contemplaban extrañados a una mujer desaliñada que caminaba descalza sobre el largo reguero de césped macilento. que era la propia personificación del término. pero para tener mucho éxito hay que tener enemigos Frank Sinatra Cara a cara Nunca antes Milagros había comprendido tan bien la definición de alma en pena como ahora. el juguete roto que era su cuerpo termina49 GRAN HERMANA . Se sentía como los antiguos condenados a los que ataban cada una de las extremidades a un caballo. con los zapatos en la mano y los ojos ocultos bajo una capa del negro desplazado por amargas lágrimas nacidas de la impotencia.Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien Martin Luther King Todos nuestros enemigos son mortales Paul Valéry Para tener éxito hay que tener amigos.

Funcionó. Todos malditos bajo la blasfemia del espectáculo televisivo. después de tan poco tiempo. Insulsa. Ni siquiera ahora. no los internos que queman. dirigida por un gesto impulsivo salido de sus costumbres de antaño. sino los externos que mojan. se indujo a pensar. la culpabilidad por haberse valido de algo que repudiaba hizo que el remordimiento saliera con fuerza. aunque fuera una vida de atrezo. los de verdad.. Había comido tan deprisa. «Maldito cumpleaños». dejó la mujer un amago de vómito. que la comida no le supo a nada. como la realidad intangible por la que se movía sin sentimiento alguno. o en la autocompasión. La esfera le recuerda que todavía le quedan quince minutos de cumpleaños. y lo que es peor. Quizá la ira terminara por llenarla de vida. pensó.. casi abrasado por la insulsa cena a la que Miguel le había obligado a asistir. Maldito el regalo que le había hecho su querido maestro. desplazando más si cabe el negro corrido de sus ojos.ría descuartizado. maldito Jaime por haber regalado su futuro. Como su espíritu en ese momento. Desconsolada ya totalmente. Entonces aparecieron los lloros. y de ahí a la angustia sólo había un paso: el aplastarse bajo toneladas de realidad tangible. Milagros miró el reloj de su muñeca izquierda. sin mucho que aprovechar: siempre había sido de complexión flacucha. «Como en uno de esos malditos realities». Milagros comprendió que el estómago le bailaba al ritmo de gases y ardores varios. Si al menos la apatía derivara en el sufrimiento. una falsa realidad en la que apoyarse para llegar a la verdadera. transformándola en una muñeca rota de lágrimas perfiladas con máscara de pestañas deshechas por el GRAN HERMANA 50 . El pensar en las consecuencias viscerales de la tortura había terminado por revolver su maltrecho estómago. recordaba qué se había llevado a la boca. maldita ella por haberse dejado convencer de ello. Cerca del último árbol que sobrevivía en la avenida a la contaminación del Madrid nocturno. había tragado con tanta determinación y celeridad para poder largarse de los estudios y encontrarse lejos de aquel filibustero que tenía por jefe.

si el subconsciente me ha traído hasta aquí. y ahí residía el problema. leyó en voz alta el nombre. más bien al contrario.amargo dolor de su dueña. provocando la indignación de la gente que llevaba más de una hora esperando. Aquel día todo se había puesto en contra de la mujer y como todavía quedaban tres minutos del fatídico seis de junio. hasta la última. Enfangada entre aquella maraña de disertaciones inútiles. todas en las que alguna vez había llorado. «Este es el sitio que tanto le gusta a Jaime. el mal fario la acompañaba como si fuera su sombra. era dura como una roca. «Bilis». tendré que hacerle caso. Milagros no era fuerte. Los diques que Milagros apilaba extramuros no pudieron contener el torrente lacrimal. porque como había leído mil veces a Sorilea: lo fuerte resiste. Milagros no era una mujer de lágrima fácil. ni fue una niña ñoña. Tenía que haber comprendido que el encefalograma plano de los cien kilos de masa muscular del portero no iba a dejar atravesar la puerta de un supuesto sitio selectivo a un adefesio como aquel. ante sus ojos empezaron a aparecer todas las situaciones desesperantes de su vida. se dio cuenta de que los erráticos pensamientos que guiaban sus pasos la habían llevado hasta la puerta de un bar. se dijo mientras se dirigía hacia el cordón rojo de la entrada. El pensar en Jaime siempre le provocaba algún sentimiento. Milagros se presentó delante del cordón rojo con el pelo expandiéndose hacia el infinito a su libre albedrío. El alcohol ahoga las penas». Por el camino se quedaron muchas otras. «En fin.» Milagros amagó una sonrisa. incluso le levantó un poco el ánimo. en el funeral de su madre. desde la primera que recordaba. la cara llena de surcos resecos color ceniza y 51 GRAN HERMANA . que encima se había saltado la larga cola de entrada. ni una adolescente de intensos sentimientos veleta. Pero no fue tan fácil. ya fuera bueno o malo. desparramando sus tripas por las baldosas de gres. pero lo duro termina por hacerse pedazos. Aquella vez había sido bueno. Y en el que seguro pasa más tiempo que en su casa. pero no demasiadas. cuando tenía cuatro años y pisó sin querer al canario suelto en la cocina.

señorita ―se disculpó ante la atónita mirada de Milagros. el escándalo formado atrajo hacia la puerta a uno de los camareros que reconoció a la mujer. GRAN HERMANA 52 . No había que ser muy listo para saber que esa indefinible definición del derecho de admisión no la admitiría. Espero que pueda perdonar mi exceso de ímpetu. Se había echado al hombro. a pesar de su aspecto. de despedirla de buenas maneras y pasar por alto el incidente de haber sido utilizado como apoyo. Milagros intentó protestar. de forma majestuosa. pero fue en vano. Ciriaco levantó el ansiado cordón rojo y dejó pasar a una Milagros que lo cruzó. como una estrella del Hollywood de los años cincuenta. que no dejaba de patalear y extender los brazos mientras gritaba una manida frase sobre el peso de la justicia―. Es amiga de Jaime.poniéndose los zapatos mientras se apoyaba en el impasible guardián de la puerta para no caerse. Ciriaco ―le dijo al portero. Incluso casi se suicida utilizando las tácticas kamikazes que emplean los borrachos cuando no les dejan entrar a un sitio porque están muy borrachos y empiezan a insultar a todo el que les deniega lo que quieren. ―Nada. como si fuera un saco de patatas. ―Es usted muy considerada. ―Tranquilo. y con la misma delicadeza. el cuerpo de Milagros. Sólo estabas cumpliendo con tu trabajo. ―Lo siento. Cuando la mujer comenzaba una retahíla sobre si los esteroides habían hiperatrofiado el cerebro del pobre portero a la vez que sus gónadas. Permítame. señorita. Al menos el portero demostró la empatía suficiente. nada ―contestó Milagros haciendo como que se arreglaba el vestido―. dejando el cuerpo de Milagros sobre el suelo con suma delicadeza. presa del hastío del fracaso. presa ahora de un ataque de labio leporino―. ante las protestas del resto de la larga cola. y una calma fría que aterrorizó a Milagros. El portero reaccionó de forma fulgurante.

en la parte por la que se rompió una aciaga noche de junio. 53 GRAN HERMANA . Te lo aseguro. pensando. donde había un lúgubre callejón escondido de miradas ajenas. antes de que llueva. Yo no soy así. El pobre hombre no sabía que aquella montaña de carne trataba con suma delicadeza a las mujeres. No sé lo que me ha pasado. Llenando todas las noches. Desde entonces. Ciriaco esta vez no fue tan condescendiente. ―Bilis tampoco es muy elitista y ya ves como nos va ―contestó el camarero―. Amigo personal de Helenio. siente una punzada en la espalda. ―Muchas gracias por lo de antes ―se disculpó la mujer―. ―A mí también me hubiera gustado ―mintió―. Le hubiera hecho mucha ilusión conocer por fin a la famosa Milagros Mondragón. con lógica ilógica. que así conseguiría el mismo resultado. Otra vez será. No es un nombre muy internacional para el portero de un bar supuestamente tan cosmopolita. ―¿Ciriaco? ―comenzó Milagros la conversación con el camarero―. uno de los individuos que conformaban la cola de la entrada del bar intentó hacer lo mismo que Milagros.Cuando ya estaba dentro. Siempre está hablando de este lugar. Te lo presentaría. Me parece que debe ser como su segunda casa. Jaime no me lo hubiera perdonado en la vida. ―Es nuestro cliente estrella ―se rió―. y su dentista aún felicita cada Navidad a Ciriaco por conseguirle semejante volumen de trabajo. pero está de viaje. El dueño ―explicó al ver que la mujer no reaccionaba ante el nombre―. Si te hubiera pasado algo. Llamó a su compañero para que se quedara en la puerta y acompañó al tipo a la vuelta de la esquina. ―Todos podemos tener una mala noche ―le dijo el camarero encogiendo los hombros―. Sólo a las mujeres. lunes como hoy incluidos. ―¿Le conoces mucho? Supongo que sí.

Parecía uno de aquellos baños de película de terror. dejando un cauce de líquido que brillaba. abrió el grifo del lavabo ―los aparatos sanitarios. pensó mientras secaba el goterón de sudor frío que le había resbalado desde la frente hasta el cuello. eso sí. «Estará escondido en algún lugar recóndito porque. bajo la tenue luz de las luminarias del espejo. pero no pudo. mortecino. Las juntas de los azulejos habían perdido su pureza años atrás y ahora no eran más que regueros oscuros de polvo y suciedad. Tardó unos minutos en reponerse. pensó Milagros con el primer sorbo. Cuando abrió la puerta se le cayó el alma a los pies. Parecía que el contenido del estómago se resistía a salir. ―Lo raro es lo de Jaime ―dijo mientras terminaba de ponerle la copa―. totalmente alicatado de blanco hasta el techo. algunos solidificados. Las papeleras no habían sido vaciadas desde quizá la inauguración y asomaban por sus bordes compresas y condones todavía llenos. incluso el techo. hoy no ha venido. y cuando lo hizo. a estas alturas. El camarero la despidió aduciendo una carga considerable de trabajo y Milagros le regaló una sincera sonrisa antes de poner rumbo hacia los servicios. lo cuál era bueno para su reputación: que la vieran decorando las paredes de los antros de moda no aumentaría su prestigio. En su lugar salió un fuerte eructo por la boca que le provocó un dolor agobiante mientas el aire deflagraba la garganta haciendo presión a modo de émbolo gástrico. debe de saber que como le pille. El estómago de Milagros no pudo más ante aquel espectáculo y quiso vomitar la insulsa cena por segunda vez. aunque todavía le quedaban otros cuantos años para dejar el gris y evolucionar hasta el negro más tenebroso. me lo cargo». «Quizás si aumente mi prestigio del pueblo».El camarero asintió con la cabeza mientras se metía detrás de la barra y le preguntaba a Milagros qué era lo que quería tomar. No suele fallar los lunes y sin embargo. estaban impecaGRAN HERMANA 54 .

sus ojos se concentraron en ellos mismos sobre el cochambroso espejo del baño. tan bien cuidadas últimamente y ahora sometidas a un ejercicio innecesario para fortalecer sus surcos y sacarlos de la discreción que el maquillaje les ofrecía a diario. que para su sorpresa no habían quitado. decía el dicho. si el destino le era aciago. regodeándose en el dolor físico que enmascaraba el psicológico. tanto. Estuvo así un buen rato. Pero ajena a todo y de todas. Mientras lo pensaba. su ánimo se envalentonó y comenzó a delirar. Sin pensárselo dos veces. que al empezar a cubrirse el rostro con los polvos de emergencia.bles― y le puso el tapón.» Pero 55 GRAN HERMANA . Termina de pintarte y sal ahí fuera a beber hasta caer rendida. «Estás fatal. previo examen minucioso en el cristal. tenían un rictus de desesperanza que rayaba el desazón más irreversible. siguió abriendo la boca de forma desorbitada hasta que se le montó un tendón del cuello y chilló cuando no pudo soportar más el dolor. la miraban y salían despavoridas. Haciendo astracanadas a las doce de la noche para intentar levantar un ánimo que no subiría ni con viagra. Milagros se dijo a sí misma que si la suerte le sonreía. De aquellos polvos llegaron estos lodos. El aspecto de la mujer comenzaba a mejorar visiblemente. Una vez se deshizo de los restos de celulosa. como hacen en la mayoría de los locales. sacó un enorme peine del bolso y empezó a moldear el cabello dando tirones de psiquiátrico hacia atrás. viéndose de nuevo cubiertos por la sempiterna máscara de pestañas. «Milagritos». y para sus propias arrugas y patas de gallo. tendría que conformarse con una polla. metió la cabeza dentro del agua del lavabo cuando terminó de llenarse y se secó la cara con docenas de toallitas de papel que salían de un oxidado expendedor que antaño debió de tener tonalidades metálicas. empezó a hacer muecas delante del espejo sin saber por qué. pero lejos de tranquilizarse. caería algún pollo en sus redes. para sorpresa de las mujeres que entraban al baño. Milagros tuvo vergüenza ajena de sus propias y disparatadas ocurrencias. y de estos polvos la mujer pensó que quizá aquella noche consiguiera otros polvos. se dijo.

incluso casi bajó la mano hasta la entrepierna. Milagros sufrió unos instantes de arrepentimiento. se levantó la falda allí mismo. pensando que el remedio de la noche anterior surtiría el mismo efecto. causado por el despilfarro de ver desaparecer ciento veinte euros de encaje. y había que eliminar todo mal sin contemplaciones. porque cuando la parte racional del cerebro le ordenó recogerlo. Cuando. lúcida al fin. sentía un aura opresora alrededor de su cuerpo que la asfixiaba. se quitó el sujetador y lo tiró en la papelera. «Está gafado». pero el remordimiento no pasó a mayores. Sin pensárselo dos veces. pensó. sino porque esta vez no podía dejar de pensar en la palabra libertad. sorprendiendo a una escuálida chica que salía de uno de los retretes. Y como el sujetador formaba parte de un conjunto. los escrúpulos ―esos escrúpulos que más intensos eran cuanto más tiempo pasaba sobre el asfalto de las ciudades. al menos durante unas horas. implorando. Necesitaba dejar la mente en blanco y que las ideas fluyeran. Y así lo hicieron sus recuerdos: «librarse de las ataduras». Milagros se dio cuenta de que nunca podría volver a taparse su cosGRAN HERMANA 56 . Una vez eliminado el mal fario. se dio cuenta de lo que había hecho. meditar. Y no fue por estar en un sitio público. para luego quitarse las bragas. El encaje sobresalía por el borde de la papelera suplicando volver a sentir la suave piel rasurada de Milagros. masculló. mucho menos a dirigirle la palabra. para convencerse de que era una locura deshacerse de un sujetador tan caro.por muchos ánimos que se intentara insuflar. pero ahí se quedó. respirar. Intentó relajarse. «Quema hippie de sostenes». reduciendo su espacio vital a la nada más ambigua. que fueron a hacer compañía al sostén. Pero no lo hizo. su subconsciente sólo podía pensar en liberarse de la mala suerte que la tenía prisionera. inexistentes lejos de la civilización― fueron mayores que el arrepentimiento. se dijo para reafirmar la decisión. Pero no tenía mechero y no podía conseguir uno. aplaudió. Necesitaba ser libre. «Sufragio universal». porque las mujeres que entraban al baño la habían tomado por una loca y no se atrevían a acercarse a ella.

harto de ganar dinero. que terminó de pintarse a la carrera y salió hacia la parte lúdica del garito hasta el que le había llevado su yo más extravagante como alma que lleva el diablo. cuando la situación lo requería. la mujer se pasó quince minutos estudiando el local concienzudamente. El camarero.tosa. para qué cambiar. 57 GRAN HERMANA . pero el eufemismo anterior era mucho más políticamente correcto una vez ―se supone― desaparecieron los esclavos hace años. nunca había reformado para darle solera al lugar. Se asemejaba a esos locales antiguos que no han parado de dar dinero un fin de semana sí y otro también a los que el antiguo dueño. Ya con la copa en su poder. de aquellas bragas con pedigrí. Los nuevos dueños. tampoco habían puesto un euro en su remodelación. «Mutatis mutandis para el que se atreva». ley de Murphy mediante. depilación brasileña con unas bragas que habían estado en contacto con media docena de tampones y compresas usadas. De todas formas. y dolorosa. Aún así. sin prisa pero sin pausa. o muerto en alguna reyerta con su camello. la máxima ilusión en el mundo era servirla. porque. Lo primero que hizo fue sentarse en un alto taburete y pedirle a un camarero que pasaba por allí que le trajera una copa. o herederos. la conducta guiada por aquella enajenación transitoria alivió un poco las penas de Milagros. En realidad. con la bandeja llena hasta los topes. el recoge tardó sólo dos minutos en llevarle la copa a Milagros. tuvo que hacer malabarismos para que no se le cayera el kilo y medio de vidrio mientras intentaba hacerle comprender a Milagros que él no servía copas y mucho menos las llevaba hasta la minúscula mesa donde la mujer se había apoltronado. una de las cuales. se quedó pagada por las alas a la famosa marca. El antro ―no se lo podía llamar de otra forma― no era muy grande. Tanto es así. Milagros podía convencer a cualquier hombre de que su máxima ilusión en el mundo era complacerla. que no era tal. sino un recoge de los de toda la vida. causa inherente de su precio. aduciendo que si el negocio siempre ha ido bien de esa guisa y con esos pelos.

se rió la mujer. aturdidas por los fogonazos de los flashes que las cámaras digitales escupían cada pocos segundos. la Milagros periodista necesitaba saber. Nerviosa. horrorizada. cómo goteaba el arcaico sistema de refrigeración de la sala. casi todas las mujeres que por allí se contoneaban estaban cortadas por el mismo patrón: semiescuálido. «Garrafón destilado por enfriadora y transportado por conductos de fibra de vidrio». El hombre se GRAN HERMANA 58 . brincando. Sí. las segundas encontraban.pensó la mujer mientras contemplaba. sin enterarse que el mismo local hacía de cómplice de sus dueños aguándole un supuesto buen alcohol que había pagado a precio de gasolina. la curiosidad de Milagros se activó y empezó a impacientarse. chillando. En lo que al género femenino se refería. totalmente en trance. teñido y recauchutado. saciar su curiosidad. «Menudo alambique. La Milagros racional no necesitaba saber quién podía ser aquel individuo. momento oportuno para hacer recuento de todos los descubrimientos realizados. Milagros logró distinguir alguna que otra prostituta de nivel más que aceptable intentando iniciar alguna que otra transacción sexual. escondido entre aquel harén de locas había un famoso. Excepto un grupo de chiquillas ―Milagros consideraba una niña a cualquiera que tuviera menos de veintiún años― que revoloteaban alrededor de alguien. En ese momento. pulseras y brazaletes cegándola con sus brillos palpitantes. y lo que era más triste: que quizá supiera como esta. Milagros se puso más nerviosa por momentos y comenzó a abrir y cerrar las piernas. golpeando las rodillas con fuerza.» Fueron estas risas espontáneas con las que terminó la inspección del bar. se notaba a la legua las que trabajaban y las que querían que se las trabajaran. Y él a ella. Entonces le vio. aderezando la condensación el cubata de uno de los advenedizos que pululaban por allí. comenzó a dar golpecitos al suelo con la pierna derecha. Las primeras buscaban. No le veía. allí. Seguía sin verle entre tanta marabunta de brazos que eran sólo huesos y collares.

el tiempo que tardó Milagros en reaccionar―. luego sonrió y continuó con su acoso verbal. El hombre seguía hablando cerca del lóbulo de Milagros. No les separaban más de cinco o seis metros. El hombre se apartó de la oreja extrañado. ―Hola ―le dijo. 59 GRAN HERMANA . Milagros la representación del nerviosismo incontrolado y el hombre mostrando una media sonrisa estudiada. ―No es una frase muy original para empezar una conversación ―contestó la mujer mientras veía cómo aquel tipo dejaba su copa encima de la mesa. No es que fuera lenta. Vaciló unos instantes. el destino dio un giro: el hombre se levantó de la silla y dejó de prestar atención a su séquito de fans para acercarse hasta Milagros. Milagros también dejó fija la mirada en él. en un instante. plantando allí su campamento. donde se quedó unos segundos manoseándolo. ―Y sin embargo es la más efectiva. ―¿Qué importan los nombres? ―acercó su mano y acarició el brazo de Milagros desde la palma de la mano hasta el codo y desde allí se posó encima del pecho de la mujer.quedó embobado contemplándola. poniéndole la boca cerca de la oreja derecha de Milagros para hacerse oír por encima de la música. sino porque no tenía ni idea de quién era. Así estuvieron durante un minuto. más sorprendido que extasiado. pero no por sorpresa. Entonces. ―¿Cómo te llamas? ―Milagros decidió bajar el nivel sexual de la conversación. ni por deseo ―aunque aquel hombre le atraía físicamente―. incluso con la última rozó su labio inferior contra el pendiente de la mujer. pero aquel tipo iba demasiado deprisa. preparándose para quedarse un largo rato. pero a la mujer le pareció que aquel play boy de poca monta tardaba horas en llegar hasta ella. cada palabra más cerca. lo que hizo que se estremeciera. Dejémonos llevar por el deseo. casi dolido por no haber sido capaz la mujer de reconocerle.

jugando con las pajitas de sus combinados de colores―. un espécimen de los que gustaban a Milagros. Yo tenía pensado que me la chuparas en los servicios. con gesto huraño. Apareció de nuevo el pragmatismo ilustrado de Milagros. ―Hombre. mientras señalaba al grupo de famélicas teñidas y siliconadas que esperaba expectante el resultado de la conversación. ―No me jodas ―gritó el hombre de mala manera. haciéndome señales abriendo y cerrando las piernas encima del taburete. que. apoyada por una lógica aplastante que ahora no parecía nada lógica. cama. Era aquella mala manera una forma estudiada de respuesta. ¿Tan caliente estás? ―Eres un verdadero. sin embargo. no podía esperarse el resto de la frase y terminó con las orejas de un escarlata encendido―. swahili y kikongo.. algunos incluso en árabe. GRAN HERMANA 60 . incitándola a no continuar con discusiones estúpidas en las que la razón no estaba de su parte. que mañana trabajo y no tengo ganas de hacer esfuerzo físico alguno. ¿Te crees qué me voy a ir contigo a la cama sólo porque vengas aquí y me lo pidas? ¿Por qué no te vas con una de tus fans? ―continuó. sin parar de hablar―. ―pero la mujer no consiguió encontrar un insulto adecuado. Llevas diez minutos poniéndome cachondo. Eres un engreído. ¿O es que vas por ahí con el coño al aire por el calor que hace? ¿Acaso es un nuevo método de refrigeración? ―se burló. Yo no estoy tan desesperada. perfeccionada durante varios años por un auténtico castigador. cogida por sorpresa y todavía sin poderse creer lo que estaba ocurriendo. arremolinadas alrededor de una mesa. le apartó la mano espantada y comenzó un sermón ininteligible donde la palabra cerdo constituía el ochenta por ciento del discurso. Prefirió cambiar de tema y eligió defenderse atacando―. visiblemente sorprendido por la reacción de la mujer. lo que se dice llevarte a la cama… ―se rió―. enseñándome todo. el otro veinte por ciento eran insultos de mayor rango. quitarse las bragas.. Al fin y al cabo era ella la que había decidido.Milagros.

Veo que me equivoqué. puesto que frenó el rodillazo con el que la mujer pensaba obsequiar a sus testículos. se dio ánimos no muy convencida. ¡Me haces daño! ―¡Calla. En fin. luego con indignación. viéndolo de forma objetiva. como el resto de este país. tener que ir a encontrarme a un oportunista de esos de los realities precisamente en la peor noche de mi vida. ―¡Suéltame! ―gritó Milagros por encima del último candidato a canción del verano―. Como bien has dicho. aunque me duela admitirlo. y. pero. creía que no emitías juicios antes de conocer los hechos. me equivoqué. de nuevo. Nos gustaría que no fuera así. 61 GRAN HERMANA . ―Todos tenemos nuestro sambenito particular―en el debate estaba el poder de Milagros. aquel tipo era demasiado rápido para ella y paró la bofetada cogiéndola por la muñeca. el mío es la objetividad. lanzar la mano directa a la cara del hombre. El asombro de verse reconocida por aquel infeliz salvó al hombre del peor de los dolores. nos decimos que no es así. Nunca llegó a su objetivo. pensó la mujer. evitando así un sonoro bofetón―. Supongo que. al contrario. no ha visto en mí más que un conjunto de tópicos y típicos de concursante parásito de realities. lo reafirman. Milagros abrió la boca con sorpresa. niña. no nos queda más remedio que aceptarlo. pero sin soltar el contacto―. «Menuda suerte la mía. ―¿Sorprendida? ―se mofó mientras bajaba sus manos hasta colocarle los brazos en posición vertical. ¿Por qué no podrías ser tú así? Los cinco minutos que llevamos hablando no me dicen otra cosa. para finalmente. «Así que era eso».Ni pestañeó al decirlo. Pensé que una afamada periodista como tú tendría más autocontrol. La gran Milagros Mondragón. ¿Te crees qué no sé quién eres? Pensaba que eras la reina de la objetividad. coño! ―el hombre le agarró la otra mano. Las discusiones eran la forma con la que se ganaba la vida―. la mayoría de las veces somos iguales a cómo nos ve la gente. corazón». de tripas.

aquel gesto desilusionó a la mujer. ―Demuéstramelo ―le desafió la mujer. En parte ―puntualizó. después de imitar el gesto del hombre y beber un sorbito de alcohol―. Pero quizá tarde un rato. por alguna extraña razón. pero recordó que era demasiado lenta. y atacó con la lengua. Además. un arma tan válida como otra cualquiera―. ¿Cómo podía saber aquel tipo de su fracaso? ¿Tan rápidas corrían las malas noticias? Pensó en abofetearle de nuevo. gracias. y. Lo intentaré ―sin más explicaciones. Mientras la mujer denegaba el ofrecimiento. GRAN HERMANA 62 . Si es que puedes… ―De acuerdo.El hombre dejó de oprimir las muñecas de Milagros. ―Sólo lo he dicho en aras de la objetividad― aquel hombre tenía el defecto de seguir metiendo el dedo en la llaga aún después de saber que si seguía apretando podría perderlo de un mordisco―. ―No. Un acto de generosidad altruista. te equivocas. acercó un taburete a la mesa y se sentó encima. Preferiría no tener que deberte nada. Pero conmigo. Sacó una cajetilla de cigarrillos del bolsillo de la camisa y le ofreció uno a Milagros. creo que vas a estar en el paro muy pronto. el hombre se encendió el cigarro despreciado. ―Es sólo una invitación. ―Tienes razón. Me parece que te va a hacer falta ahorrar algo para el futuro. así que decidió aplicarse lo de cedant arma togae. el recurso del débil. ―Si sigues por ese camino. dejando el ambiente lleno de aroma a la gasolina del mechero―. me largo ―Milagros tuvo que hacer un esfuerzo titánico para no perder la compostura. Veo que estás seca ―le dijo. comportamientos como ese sólo demuestran que perteneces a la misma clase de chusma que tus colegas concursantes. después de echar un trago a la copa que había dejado antes encima de la mesa―. y con algunos como yo. Te invito a una copa. señalando el vaso medio vacío con el que jugaba la mujer―.

―¿Récord? ―se extrañó Milagros―. De mi récord de imbatibilidad. Debería ser mi récord de victorias. también se puede decir que nunca he perdido y… ―Te agradecería que me explicaras de qué estás hablando ―le cortó Milagros indignada ante tanta divagación―. No sé de qué estás hablando. El estar tan cerca de ti me va a hacer mucho bien. La mirada de desprecio con la que obsequió a la mujer cortó las divagaciones al instante. He participado en seis realities y he triunfado en todos ellos.Debe de ser transferencia de valores por ósmosis. Hasta esta noche no sabía ni que existías. Y tampoco me importaba. Así podrás comprender lo de mi récord. No sé nada de ti. de voz más fuerte y grave. con todo el porte del que pudo echar mano―. 63 GRAN HERMANA . Tienes razón. ―Tienes razón ―el hombre se rascó la nuca pensativo mientras expulsaba el aire del cigarro por los orificios nasales―. Aunque. ―¿Nunca has perdido a nada? ―lo dijo por decir algo. ―Me llamo Lorenzo Sotelo. No tenía ni idea de qué estaban hablando. pero la gente lo ha llamado de esa manera espontáneamente y así es como ha trascendido entre la audiencia. Las siguientes palabras fueron autodidactas y curriculares. Milagros quiso protestar. ―Pues de qué va a ser ―el hombre parecía ofendido―. apabullaron los minúsculos esfuerzos de la mujer por hacerse oír. ―Está bien. en realidad. Y viceversa. pero las palabras del hombre. Dejemos el cinismo a un lado. Te explicaré por qué yo no soy como los demás. aunque todo el mundo me conoce como el Loren ―se presentó ante Milagros. de ahí lo del récord de imbatibilidad.

aunque sólo sea GRAN HERMANA 64 . no a la persona. Bueno. fue un pensamiento expresado en voz alta―. no me interesas para nada. ―La audiencia me adora ―contestó el hombre. que ahora eres un actor de campeonato ―le interrumpió Milagros―. Tienes más fecha de caducidad de la que había supuesto para personajes como tú.―¿Y la gente no se ha cansado todavía de tu careto? ―Milagros se sorprendió a sí misma. Ya no sé qué pensar. La audiencia adora al Loren: aman al personaje. un androide o un maniquí. ¿no será que eres adicto? ―Eso es imposible ―Lorenzo omitió lo de la adicción. En lo que sí estoy interesada es en saber qué pasaría si un día no consiguieras ganar uno de esos realities en los que parece que te gusta tanto meterte. No me interesa lo más mínimo si eres una persona o un personaje. más escandalizado por el sólo pensamiento de la derrota―. Si ahora me dices que te pasas fingiendo todo el rato. Yo creía que la gracia de esos programas estaba en conseguir ver la realidad en su estado más puro. Los efectos del alcohol empezaban a vislumbrarse y la verborrea era uno de ellos―. ajeno a las palabras de Milagros―. En realidad. Lo dijo sin ninguna connotación humorística. En realidad no. ―¿Nunca has pensado en ello? ¿Ni siquiera un par de minutos? ―Nunca he pensado en ello porque es una posibilidad totalmente imposible. ―Pero. ¿te imaginas que perdieras? ¿Qué ocurriría con tu aura de invencibilidad. Oye. No ocurrirá nunca. Es cierto que… ―Vamos. con tu récord? Pasarías a ser uno de los muchos y normales ex concursantes de realities que pululan por los platós de televisión buscando seguir en el candelero. me dejas descolocada. ¿y qué más da? ―continuó sin esperar respuesta alguna de Lorenzo.

porque me pienso retirar dentro de poco. Estudiaste rumorología en la universidad del Chismorreo. 65 GRAN HERMANA . así que continuó atacando a Lorenzo―. ―Ya ―se mofó Milagros. ―Eso no me preocupa ―el hombre se desentendió del tema―. Tengo estudios. Pero no. ―Claro. Su ego superlativo estaba alimentado a base de la confianza del ganador. ―¿Y cuándo te retiras? ―Milagros no quería que la discusión siguiera por esa senda. alguien como tú. ―No te pases ―la recriminó Lorenzo―. Supongo que me haré contertulio o colaborador en algún programa si necesito dinero alguna vez. Milagros se asombraba de la enorme autoestima de Lorenzo. Era tu asignatura favorita en la facultad de Ciencias de la Opinión y el Montaje. siguió preguntando: ―¿Y cuánto cobra un jubilado de realities? ¿Cuánto has cotizado por esos seis realities? ¿De qué vas a vivir entonces? ¿De las rentas? ―He ganado bastante pasta. pero estoy seguro de que si hiciera un programa tendría más audiencia que el tuyo. He estado preparándome durante estos años para tener mi propio programa de televisión. que iba por su tercera copa y tenía la lengua más suelta que nunca―. aunque no lo creas. Y la he invertido bien. Eso es cierto ―contestó el hombre sin hacer caso de las bromas a la hacienda pública―. Aún así. Hasta ahora no lo hecho más que por obligación de la productoras. Y adiós a Lorenzo el Invicto. Milagros acompañó el comentario con una risita gutural que terminó por convertirse en carcajada. que te llevan de acá para allá en cuanto sales de los concursos. es el más indicado para llevar un programa. periodista vocacional. Todo el que pasaba por allí la contemplaba como si fuera una auténtica borracha. sí. ―Puedes pensar lo que quieras.durante cinco segundos para que su cara les suene a los telespectadores.

―¿Y de qué va a ser? ―se burló―. ¿Os van a encerrar en un casino para ver quién aguanta más tiempo dándole a la palanca de las tragaperras? ―No. muda. Pero tú ya debes saberlo. Una agria mueca de reproche murió. como ya le había repetido antes. «Acabáramos. Qué poco diplomática eres. El otro día llegó de Las Vegas donde firmaron el contrato. «Ya sé por qué este tío sabe tanto de mí. ni sería la última.» ―Va a ser el bombazo del año ―Milagros intentaba escuchar al hombre. Es un programa de Miguel Herrero. Aquello ya era demasiado para la mujer. que le echara en cara su falta de mano izquierda. Creo que os conocéis muy bien. Abriré una botella de champán y brindaré por ello. pero.Es para señalarlo en rojo en el calendario. Tienen que estar compinchados. su curiosidad se lo exigía: ―¿Y cómo se llama el programa? ―Todavía no tiene un nombre definitivo. Miguel va a reunir a los diez ganadores de realities más importantes del mundo en una especie de campeonato mundial.» Ahora todo tenía sentido. pero se arriesgó a seguir preguntando. cuando participe en mi último reality. ―Ves. GRAN HERMANA 66 . no le interesaba nada de lo que pudiera decirle―. ese es tu defecto ―contestó el hombre sin inmutarse―. Tenía que admitir que no era la primera persona. ―¿Las Vegas? ―ahora sí que estaba intrigada―. ―Pues será durante estas navidades ―visto el momento de indecisión. en los labios. ¿Va a emitir en Estados Unidos? ―Va a emitir a nivel mundial. Lorenzo continuó hablando―. Y de ahí saldrá el más grande. Yo habría dicho botella de cava para conseguir más votos de la zona noreste de la Península. Miguel lo tiene todo planeado para que sea su canto del cisne particular.

Al igual que Jaime y tú. al menos durante muchos años.» ―Eso es imposible ―contestó Lorenzo―. ―¿Y si en esas fechas. fugaz. también nosotros dos hemos formado una pequeña productora que posee los derechos para España. porque al fin y al cabo. Y no hay nada más serio en este mundo que el dinero. algo que no contemplo. aquella idea no era más que una utopía barata surgida de la ira más irracional. dinero.Hubo un instante. Entonces. Lorenzo sabía qué quería decir la mujer―. deseó poder tener entre sus manos un programa de televisión que aplastara en audiencia a esa especie de campeonato del mundo de ganadores de realities. fruto de la impotencia. «Como Jaime y yo. ya sí que me quedaré para siempre con el apodo de invencible. pero sabía que con los formatos en los que se manejaba. eso es lo que son los votos. no mereceré ese título. No habrá programa más espectacular. y la de sus tataranietos. Pero pronto se compuso y siguió disparando: ―¿Y lo sabe la cadena o nuestro querido Miguel va por libre? ―Lo sabe ―se rió. ¿Qué puede ser más importante para todos los que nos han seguido desde nuestros orígenes? Es como ver crecer a un hijo. Y si no lo gano. «Qué hijos de puta.» A Milagros le daba igual el último comentario sangrante. en el que Milagros se maldijo por comprender que aquella idea era una mina de oro. ―Si logro ganar ese concurso. lo que verdaderamente le fastidiaba era ver a sus dos archienemigos ―Lorenzo lo era desde esta noche― asegurarse la jubilación. A un hijo que has apoyado con tu dinero. 67 GRAN HERMANA . por alguna extraña razón ―que Milagros sabía inexistente― la competencia estrena un programa tan espectacular que cautiva a la audiencia y pasa de vosotros? Os podríais ir a la ruina. Esperemos que los símiles se terminen ahí y que podamos tener más suerte que vosotros.

así que apuró la copa de un trago ―su cuarta copa―. pero se guardó sus teorías para ella misma. en cuclillas. Por muy vilipendiada que estuviera. pensó Milagros. tambaleándose a causa de la ingesta de alcohol. tomado por sorpresa. Milagros podía deshacerse de todos ellos cuando realizaba una acción altruista. un hombre leal a Jaime. Gracias a Dios que Ciriaco. Poco antes de llegar a su casa. ―Te daría dos besos. Adiós. Desde lejos ya se distinguía la silueta del hombre. después de una carrera frenética con los zapatos en la mano por toda la avenida de los Mártires. se interpuso entre ella y la turba. se sentía dichosa de ayudar a la gente. Milagros se paró en seco delante de la boca del metro de la estación de Emilio Carrere.«Es como ver crecer a un hámster». la mano de Milagros fue más rápida que los reflejos de Lorenzo. e hizo ademán de levantarse. perseguida por media docena de niñatas anoréxicas a las que no había sentado muy bien la mancillación de su ídolo. El bofetón resonó en toda la sala y la mujer tuvo que salir corriendo del local. El resto ya no importaba. ―Acepta el trabajo ―fue la sorprendente respuesta a las palabras de Milagros―. No quería seguir con la conversación. Y enfrente de ella apareció su oportunidad. lo vas a pasar muy mal. regalándole un tiempo precioso para desaparecer por el callejón donde el portero tiraba la basura. Miguel sabe lo que hace. Espero que una de tus muchísimas fans te haga disfrutar en los servicios. Más de una vez se había sentido bien al darle una limosna. por mucha cantidad de problemas que llevara a cuestas. pensando que aquel famélico barbudo tendría una oportunidad de llevarse algo a la boca. delante de sus ojos estaba el mendigo que siempre pedía en esa boca de metro. si no fuera porque podrías interpretar que tu fama me hace caer rendida a tus pies. Estaba demasiado agobiada por la insulsa perorata de Lorenzo. Si no. Esta vez. dándole la espalda. incluso hubo veces que le había reGRAN HERMANA 68 . por muy triste que se sintiera.

¿Sería demasiado? Tampoco quería parecer una prepotente. No por el esfuerzo de la carrera. ―¿Qué haces puta? ―la gritó. ¡Déjame en paz! ¡Me quieres robar mi caballo! Fue la sensación de vergüenza la que hizo que saliera corriendo. se dijo. no tenía más. se echó en cara. pero no soporta escuchar los lamentos de 69 GRAN HERMANA . El corazón se le salía del pecho y no podía mirar atrás. sino por el enorme desengaño a causa del mendigo.galado algo de comer cuando venía de la compra. Sólo escuchaba los gritos ininteligibles del mendigo que la insultaba de mala manera y que terminó de escuchar cuando el yonqui se dio cuenta de que había un billete de veinte euros a sus pies: ya tenía financiación para el próximo chute gracias al altruismo de aquella desconocida. Milagros sacó la cartera y vio que sólo le quedaba un billete de veinte euros. Milagros alcanzó la puerta de su casa. Cuando. inculcada con más fuerza que cualquier emoción. «Qué más da». sintiendo cómo el ánimo surgía desaforado del rincón de su enclaustramiento. con el billete de veinte en la mano. por fin. hizo que encendiera el móvil antes de sacar las llaves. acompañando la cólera de un aroma a alcohol de noventa y ocho grados―. Para su desgracia. Le tocó en el hombro con delicadeza. «Él lo necesita mucho más que tú. contempló cuarenta y cuatro llamadas perdidas de Jaime.» Se acercó despacio para no asustarlo. horrorizada. cómo el supuesto buen mendigo que no tenía a donde ir quemaba el papel de aluminio que contenía la dosis de droga. «¿Cuántas papelinas le habrá financiado mi irresponsable caridad?». Le temblaban las piernas. para que se girara y entonces pudo contemplar.» La rutina. Milagros sabe que debería haber activado el buzón de voz mientras estaba reunida con Miguel. su estado emocional era lamentable. «Otro desastre que añadir a la lista de todas las decisiones equivocadas que he estado tomando durante el último año.

Mientras entraba en casa. A la tercera fue la vencida. pero aún así. Tan enfrascada estaba borrando las llamadas del teléfono que no se había dado cuenta de que. Milagros estaba demasiado borracha y cansada. «Perdón y felicidades nunca deberían ir en la misma frase». pero eso ella ya lo sabía. Puede que pierda mensajes importantes. Sin avisar. últimamente. el último guardián de la prisión del mareo. llorando de pena al contemplar cómo habían quedado sus zapatos nuevos. a la entrada de su casa. logró que las líneas escritas le bailaran lo suficientemente poco como para descifrar el mensaje. yendo a parar todo su contenido. Era de Jaime. y eso era suficiente para ella. el esófago de Milagros expulsó las cuatro copas que burbujeaban dentro de su estómago. Un pensamiento traicionero que le hizo perder la concentración. con una saña inusitada. todo lo que tocaba lo convertía en basura. yacía una docena de rosas.su socio. pensó. haciendo un esfuerzo sobrehumano de concentración. GRAN HERMANA 70 . Milagros pensó que. dormidas sobre la puerta. pero se había ahorrado el acoso parlante de Jaime. sobre el ramo de flores. insulsa cena engullida de mala manera también.

pero no lo consiguió del todo. Lo comprobó a las ocho de la mañana. las personas Anónimo En el país de los cotillas… ¿con quién está liado el rey? No sirvió de nada haberse desecho de aquel carísimo conjunto de lencería de alta costura. Ella. la resaca era monumental.El que chismorrea contigo de los defectos ajenos. Para su desgracia. y el estómago bailaba al compás del estruendo matutino.» Se pasó diez minutos intentado eliminar el amargo regusto de la bilis. se dejó llevar por la superstición más chabacana al intentar convertir un simple encaje en la fuente de todos sus males. Además. con aquel espantoso ruido no lograba concentrarse. que siempre había sido objetiva. cuando los ciento diez decibelios de un martillo neumático la sacaron del catre. mascullando entre dientes maldiciones en contra de la ingesta de alcohol. «Lo recordaré para la próxima vez. y las pequeñas. El sonido del martillo los amplificaba por diez. las inteligencias medias los sucesos. «Ahora entiendo por qué llamaron así a ese antro apestoso. Sentía unos pinchazos tan fuertes en la cabeza que la hicieron pensar si no sería ella la calle que estaban taladrando. tanto. que terminó por vomitar lo poco que le quedaba escondido en lo más recóndito del aparato digestivo.» Había sido un error el simbolizar el mal fario con la ropa interior. cuando me sobrevenga un nuevo ataque de locura. chismorrea con otros de los tuyos Denis Diderot Las inteligencias grandes discuten las ideas. Su cuerpo no respondía con fiabilidad a las órdenes más elementales como caminar o agarrar algo 71 GRAN HERMANA .

El dolor de cabeza se había minimizado y el de estómago casi había desaparecido. Había después uno de Amalia. funesta consecuencia de haber estado tirada sobre el parqué echa un ovillo durante dos horas. Sus movimientos eran más elásticos y llevaderos. «Tendría que haber ido ayer a verle». A Milagros se le humedecieron los ojos al escuchar aquella añeja voz tan familiar felicitándole por su décimo cumpleaños. abrió la cafetera. Quién iba a pensar que tendría un epi de piel de Epi en su casa. suspiró aliviada. se reprochó mientras aguantaba las lágrimas. siempre dando por GRAN HERMANA 72 . Despertó de su inconsciencia a eso de las diez. Amalia tenía un pronto muy fuerte. Sin embargo. Fue el último pensamiento coherente que tuvo antes de caer sobre el suelo en posición fetal y quedarse dormida. aunque aderezados por pequeños quejidos musculares. arrugando las transparencias del camisón corto que llevaba puesto. Primero los de Jaime. aquel complemento del disfraz minimizaba el ruido de forma considerable. Se tiró sobre uno de los sofás mientras escuchaba los mensajes del contestador. que la llamara o de nuevo se iba a enterar. De la cocina regresó al salón. Tenía el pelo completamente empapado por el sudor que le provocaban las orejeras y un amargo regusto a sequedad en la garganta. que si te vas a enterar. Le costó un esfuerzo ímprobo el llegar hasta el cajón que custodiaba sus enormes orejeras naranjas que Amalia decía estaban hechas de piel de peluche. Milagros logró acceder a la cocina dando sólo un par de traspiés. esa era la palabra. Estaba muy enfadada. tan a mano. que el año que viene la iba a felicitar quién ella le dijera. y a veces podía ser muy… ladina. Milagros pensó que tendría que llamarla cuanto antes. En fin.con las manos. El cuarto mensaje era de su padre. «Maldito Miguel. Que si no cogía el móvil. aún a costa de sufrir un calor espantoso en la cabeza. doblados los brazos contra el estómago. Las había comprado hace unos años para Carnaval y desde entonces no las había vuelto a ver. la llenó de café y después la puso al fuego. idénticos en contenido a la patética nota que dejó en las flores.

pero piensa que levantarse de una derrota te hace más fuerte que escuchar cientos de miles de falsos elogios. Es cierto que no estás acostumbrada al fracaso. La sensación térmica hizo que ahogara un suspiro por la impresión del agua helada. dejando la única prenda que llevaba puesta. Permaneció con el pelo lleno de espuma unos minutos. era de su mentor. No tengas prisa en recapacitar sobre mi proposición. Consiguió una esponja y el gel y se frotó con fuerza todo el cuerpo. que en ningún momento habías contemplado el fiasco de tu ―palabra recalcada― programa. los ojos nuevamente cerrados. El aclarado lo hizo con agua caliente. Y no te preocupes.» Milagros no pudo reprimir un grito de ira. las manos apoyadas en la pared y las piernas abiertas un poco. pero le parecieron una eternidad. Allí apagó la cafetera y sacó una taza y una cucharilla que dejó encima de la mesa. Un beso. me preocupas. Apagó el grifo y se enjabonó la cabeza. un contraste brutal: de nuevo todos los poros de su piel tuvieron que reaccionar ante la agresión térmica. Retiró la melena hacia atrás y abrió los ojos. He suspendido la reunión de hoy. Tengo entendido que anoche se te vio bastante trastornada. No ahogó un suspiro esta vez. encima del radiador del pasillo. Por otro lado. Se metió dentro de la ducha y abrió uno de los grifos.culo. Cuídate. 73 GRAN HERMANA . el camisón. Descansa. Sentía cómo cientos de afluentes líquidos resbalaban por todos los rincones de su cuerpo. Ya sé que estarás muy estresada. Tómate el día libre. Sólo tardó seis segundos en acostumbrarse al frío. apretó los dientes con fuerza mientras se escaldaba envuelta en un halo asfixiante de vapor. grabado a las siete de la mañana. Tiró el cojín a la televisión y se fue a la cocina. Se desnudó camino del baño.» No pudo ser más acertado el comentario de la mujer porque el último mensaje. Cogió uno de los cojines y se tapó la cabeza con él mientras pataleaba su frustración. también he derivado a la totalidad de tu equipo a otras funciones dentro de la cadena. «Querida Mila. Podía sentir toda su epidermis combatiendo contra el ataque gélido exterior. casi hirviendo. Pasaron unos segundos y la rabia se disolvió tan rápido como vino. Milagros seguía con la boca abierta y los ojos cerrados.

El café estaba ardiendo. ablandada. ya sea verdadero o falso. Físicamente al menos porque durante todo el lavado no pudo quitarse de la cabeza el mensaje de Miguel.» Intentó dejar la mente en blanco paseándose desnuda por la casa ―después de comprobar que tenía bajadas las persianas que daban a la calle donde trabajaban los obreros― mientras recogía todo lo que había dejado por el suelo. donde se sirvió una enorme taza de café. el camisón. había que perfeccionar el olfato de la objetividad hasta límites insospechados. La piel.juntándose antes o después en cualquier recoveco. los cojines. sosegada. así que. Milagros se metió en internet para descubrir en tiempo real qué se cocía en el mundo. buscando indicios de veracidad o tufo de trola. «Hace y deshace a su antojo. abrió de nuevo el grifo del agua fría y se aclaró la melena. terminó. hasta morir en los tobillos o suicidarse por la pelvis. volvió a protestar ante la indecisión de su dueña. Me puentea al equipo. varios pares de zapatos y mil cosas más que había ido olvidando en los sitios más insospechados por el estrés propio de la emisión del primer programa. Milagros salió de la ducha totalmente calmada. Ahora que cualquier individuo puede escribir y opinar todo lo que quiera en el ciberespacio. Cuando terminó la limpieza matutina. cortado con leche de soja. como siempre. No quiso comer nada porque el estómago todavía gemía con delicadeza. Después de deambular por varias webs de noticias en las que podían leerse las mismas historias en diferentes idiomas. desconcertada. Y se permite el lujo de darme un día libre. dejando mi autoridad por los suelos. para después analizarlas fríamente. las orejeras. ya sea comedido o exagerado. cogió el portátil del salón y se lo llevó a la cocina. olvidados por una onda expansiva de placer relajante. Milagros leía varias de esas opiniones todas las mañanas. Maldito cabrón. Lo hacía para desarrollar el instinto. Cuando pasaron los tres minutos de rigor. fisgando en blogs de dudosa reputación. Cada día cambiaba el GRAN HERMANA 74 . aunque pronto cesaron los reproches. mientras perdía potencia calorífica.

intuido. En un país cainita como este. ¿metáfora de la lucha de clases? Había un link a una página de un pastor luterano salvadoreño. abría cada cierto tiempo un post en el foro. Y demagógico. sibilino. político principalmente.destino. Argumentos baratos que derrumbaban realidades inamovibles sólo por el hecho de tenerlas grabadas a fuego tras años de tradición oral. en el que Abel sólo habría muerto porque desenfundó más tarde que Caín. Como si la hubieran leído el pensamiento. enfrentadas generalmente. y tenían que ser muy fuertes. Sólo aparecía cuando empezaban las escaladas de insultos para poner un poco de calma. En un entorno austero. No le valía el insultar por insultar. de nick Facineroso. lo fácil que se llegaba al insulto. su favorito. Aburrida de las noticias del mundo. Facineroso había abierto un nuevo post la madrugada anterior en el que. cansados todos los invitados de una discusión eterna salpicada de insultos en la que nunca se pondrían de acuerdo. lo recurrentes que son los tópicos y típicos. porque a Facineroso le gustaba el eufemismo bien afilado. por supuesto. no mostrado. es normal que existan cientos de foros dedicados exclusivamente a la lucha dialéctica y El Blog de Mis Cojones representaba ese espíritu a la perfección. para sorpresa de Milagros. Le gustaba comprobar el abismo de posturas enfrentadas. Milagros pulsó en marcadores la dirección de El Blog de Mis Cojones y esbozó una sonrisa. el tema de discusión rezaba: La parábola de Caín y Abel. donde un artículo asimilaba ese pasaje del Génesis con la lucha 75 GRAN HERMANA . Milagros a veces se había tirado horas leyendo los reproches de unos y las hirientes réplicas de otros. lo poco que pensaban por ellos mismos. El Blog de Mis Cojones era una parodia de la dualidad española. Él nunca opinaba. Y al final el post siempre se cerraba al abrirse otro nuevo. el desprecio tenía que venir estudiado. el odio que habían transmitido los padres y abuelos de generación en generación. Nunca dejaba un mensaje. y esperaba a que el resto del mundo dejara sus opiniones. pero había uno en particular que le hacía mucha gracia y que seguía a diario. con ingenio. el administrador del sistema.

Le abrió la puerta una mujer oronda con el pelo teñido de ese extraño color gris anciana del que tanto gustan las peluquerías. pensando que si le daba otro ataque de locura no tendría que lamentarse tanto como la noche anterior. Para finalizar.de clases. escuchando cómo se solapaban unas con otras las barbaridades más refinadas que trataban de vestir de piropo. pero se dio cuenta de que no las había traído consigo. dejó todos los anillos y pulseras que llevaba encima sobre una bandeja de plata labrada que perteneció a su madre y se puso unas enormes gafas de sol tipo pantalla como único complemento. Nada sofisticado. ―Te has vuelto a olvidar las llaves ―saludó la sexagenaria mientras le daba un beso. sedentarismo contra nomadismo. cultivo contra agricultura. Cincuenta mensajes leídos más tarde y acabado el café. Le habría dado también un abrazo. Milagros apagó el ordenador. así que no le quedó más remedio que llamar al timbre. Lo primero que hizo fue ponerse el tanga más barato que encontró. todo outlet de primera calidad conseguido gracias al finísimo olfato de Amalia para este tipo de gangas. regalándola una sensación contradictoria de frescor y cosquillas a la que pronto se acostumbró. Tardó poco más de dos minutos en vestirse. dejó la taza en el fregadero y se fue hasta la habitación. al descubierto por la apertura trasera de la blusa. pero venía limpiándose las manos con el mandil―. Algún día vas a perder la cabeza. De vez en cuando el agua resbalaba por toda la espalda hasta el inicio del culo. Milagros tenía llaves. Milagros salió contoneándose a la calle con el pelo mojado recogido en una coleta que reposaba sobre la piel de la espalda. ropa informal. multitud contra soledad. GRAN HERMANA 76 . Caín el capitalista contra Abel el socialista. En cinco minutos estaba delante de la puerta de la casa de su padre. Esbozó una sonrisa al pasar al lado de los operarios y ver la reacción simiesca de estos.

su niña se había 77 GRAN HERMANA . para él. antes de que nadie supiera la decisión que había tomado. Ni rondando los cuarenta podía deshacerse de él en presencia de aquella mujer―. Milagros le explicó entonces lo que había pensado y le dio las gracias por el ofrecimiento. como siempre.―Jo. ―¿Y papá? ―Compruébalo tú misma. Milagros avanzó por el pasillo mientras daba gracias a Dios por poder contar con la ayuda de su tía. papá ―en cuanto lo dijo supo que había sido un error. Milagros se rió. Sin embargo. Milagros no dudó ni un momento en que dejaría de ser reportera de guerra. su tía se ofreció a cuidarlo para que ella no tuviera que dejar su carrera. tía Petri. recordados y vueltos a olvidar. A pesar de todo. Cuando murió su madre. Desde que tenía uso de razón siempre le había escuchado la misma respuesta. Anda. Hacía tiempo que no la reconocía. ¿Qué tal estás? ―Pues jodida. no me regañes tan pronto ―siempre que Milagros se encontraba con la hermana pequeña de su padre le salía el tono ñoño de cuando tenía cinco años. Petri quería salir del pueblo. así que se vino a Madrid y ahorró a su sobrina el tener que buscar a alguien que cuidara del devenir diario de su padre cuando el trabajo no se lo permitiera. Yo tengo que seguir con la comida. ve con él. Leyendo. olvidados. Agradece mucho la compañía. sobre todo si es la de su niñita. La soltería de Petri había sido un estigma para ella durante toda su vida. ―¿Lo de siempre? ―Lo de siempre ―suspiró resignada―. ahogado ya en un mar de recuerdos superpuestos e inconexos. ―Hola. Para ella su principal preocupación era tener vigilado a su padre. y ahora era una bendición para Milagros. ya estuviera bien o no pudiera con su lumbago latente. Está en el salón ―hizo un gesto de negativa con la cabeza al decirlo―.

―Los he puesto todos fuera de circulación. Mira ―Adolfo sacó una foto de la cartera en la que se veía a una Milagros de ocho años mostrando una fila de dientes en los que había varios huecos―. ¡Me abandonó! ¡Se marchó con otro! ¡Me ha engañado! Milagros se asustó. se dijo pesarosa. Las tengo a buen recaudo. ―Soy Milagros ―aunque fuera un error. ―Tú no puedes ser mi niña. que se había metido al salón para limpiar el polvo―. «Otro problema más que añadir a mi larga lista». GRAN HERMANA 78 . es de hace dos años. se la hice para la ficha de judo. aunque.quedado estancada en la edad de diez años. Nunca antes había reaccionado así ante el nombre de su madre. ―¡No nombres a esa furcia! ―gritó el hombre―. Adolfo. pero no puedo controlar si le dan alguno por la calle. Hola. ―¿Quién es usted. no vaya a ser que las encuentre y al quemarlas le prenda fuego a la casa. envolviendo la frase en un tono de melancolía rendida―. todos los días lo intentaba de nuevo―. un cumpleaños que había celebrado ya varias veces―. ¿qué puede ser la muerte más que un eterno abandono? ―Ahora le ha dado por que la pobre Rosa le abandonó ―le confesó su tía. Y he tenido que quitar todas sus fotos de la pared porque le sorprendí quemando una. Ni siquiera sabía que pensara que su madre le había abandonado. ―Es muy guapa ―le dijo la Milagros actual. señorita? ―el hombre dejó un momento un pequeño y desgastado libro sobre sus rodillas para mirar a Milagros. Se parece mucho a su madre. Tu hija. ―Habrás quitado todos los mecheros. No se la puede nombrar. si quieres te las puedes llevar.

Milagros asintió resignada. ―Toma ―le dijo a Milagros―. ¿qué más podría hacer? Observó cómo su padre salía del salón para regresar con un paquete. Le habían visto los dos últimos años hacer lo mismo ese día. mirándola como si ella fuera la demente―. Menos mal que el dependiente de la tienda de modelismo le vuelve a vender los materiales que le llevo yo por las tardes y me devuelve el dinero. Ayer fue su cumpleaños. La que le regaló su padre cuando cumplió diez años por primera vez y las otras dos que le volvió a regalar al cumplir los treinta y siete y treinta y ocho. Cada vez olvida más pronto las cosas que acaban de suceder. Es la muñeca que me pidió. Terminará por revivir el mismo día un millón de veces. ―Los fallos en la memoria de corto plazo se hacen cada vez más fuertes ―le dijo su tía―. Al día siguiente vuelve a hacer lo mismo. ―Es que Matías es un sol ―Milagros podía percibir la concentración de su padre en las arrugadas páginas del libro de mode- 79 GRAN HERMANA . Hace años que no voy. Me han dicho que te lo pasaste muy bien. En casa tenía tres muñecas iguales a la que había dentro de la caja. Ambas mujeres sabían lo que contenía.―¡Ah. Tú eres la chica que cuida a mi niña. sale a la tienda y compra los materiales necesarios. pero eso tú ya lo sabías. de nuevo los diez para Adolfo. Cuando regresa comienza a montar la maqueta hasta que se cansa o se aburre. Lo lee todos los días. Milagros aceptó el paquete con una sonrisa. ya me acuerdo! ―las palabras de su padre dejaron la preocupación momentáneamente aparcada―. Espera un momento. ―¿Yo al zoo? ―se extrañó. Dásela cuando la veas. ―¿Qué tal la excursión al zoo del otro día? ―Milagros le había preparado una pequeña excursión cinco días atrás―. como hace con el libro de modelismo.

pero la intención de sus supuestas buenas palabras eran malévolas. Lo siento.lismo―. tía ―Milagros volvía a sentirse derrotada por hacer sufrir a los suyos de forma indirecta―. Nada bien ―se resignó Milagros. ―¿Qué quieres que te cuente? ―Lo del programa. Cuéntame. ¿Estrenas un programa y sólo se te ocurre eso? ¿No era el reto más importante de tu vida? ¿No era tu gran oportunidad. es cierto. ―¿Bien? ―la mujer se enfadó―. que se había derrumbado sobre uno de los sofás. Se le parte el corazón cuando ve que su antiguo entrenador ni siquiera le reconoce. tía. A aquella mujer no podía engañarla―. Sabía que la batería de preguntas iba a ser larga y dolorosa―. Además. No abiertamente. ―Ya me había hecho a la idea ―ahora la que se sinceró fue su tía―. y la abrazó con ternura a la vez que cubría su cabeza de besos. Ha sido un fracaso. esta reacción me parece demasiado comedida. ―No te preocupes. GRAN HERMANA 80 . ―Lo siento. han venido a verme todas las cotillas del barrio para darme el pésame y mofarse en mi cara. Me hace mucha compañía por las mañanas. ―En fin… Qué le vamos a hacer―la tía Petri dejó el plumero aparcado un instante y pasó al interrogatorio antes de que Milagros pudiera excusarse. Saldrás adelante. Conociéndote como te conozco. Eres la persona más fuerte que he conocido. la culminación de años de trabajo y sacrificios? ¿Qué ha pasado? ―No ha salido bien. ―No pareces muy sorprendida de la noticia ―se extrañó Milagros―. La tía Petri se acercó hasta Milagros. Sabes que siempre escucho el programa de radio de Torrecilla. ―Estuvo bien.

para que la mirara directamente a los ojos―. Me tenían ganas. Le contó todo lo que había sucedido el día anterior. Era evidente que no estaba hecha para vivir en un mundo de cotillas y chismosas. Milagros no se resistió al abrazo. Me han dado un poquito de mi propia medicina. ―¿Conociste al Loren? ―preguntó excitada la tía Petri. cosas peores se han dicho. Significaba que por muy lista que fuera no se enteraba de lo que acontecía en el ecosistema. No te lo tomes a mal. Haciendo un ejercicio de autocrítica quizá había sido demasiado condescendiente con los demás. 81 GRAN HERMANA . sólo es eso. ―La gente es muy mala. Empezó a atemorizarse.―No tienes por qué disculparte. has sido libre. ¿Desde cuándo me llaman la supermujer? ¿Lo hace mucha gente? ¿Quién? El suspiro de Petri enfadó a Milagros. palabras textuales escuchadas a la pescadera. la supermujer se ha caído del pedestal. Si han venido hasta aquí ha sido sólo para fastidiarme porque yo presumo constantemente de ti. ¿Tan rara era? ¿Tan distinta a los demás? ¿Tan distinta la veían los demás? ¿Acaso se había convertido en un bicho raro? ―Miguel me ha ofrecido presentar un reality. incluso su conversación con Lorenzo Sotelo. deja que tu tía Petri te mime un poquito. Anda ven aquí. era probable que no hubiera intentado conocer sus gustos desde la burbuja de la objetividad en la que vivía. has triunfado. con el ciudadano medio. Has visto mundo. cariño mío. vengan a saciar su inquina. Si te llaman así es por la envidia que te tienen. has desempeñado trabajos más propios de hombres. tonta ―Petri agarró la cara de su sobrina con ambas manos. omitiendo los detalles más escabrosos y el incidente de las bragas. por supuesto. En este barrio todos conocen los chismes de todos y es normal que cuando. Cizañera. ―¿Supermujer? ―Milagros no comprendía nada―.

A un lugar tranquilo donde poder pasar la resaca con tranquilidad. Por favor. Antes de entrar le preguntó a uno de los operarios cuándo iban a terminar de hacer ruido. sólo quiero tirarme a la bartola y GRAN HERMANA 82 . Se levantó del sofá. después de comérsela con la mirada. Se puso de nuevo las gafas de sol ―detestaba tener que hablar a la gente sin que le vieran los ojos y viceversa― y se metió en la casa a toda prisa. haciendo valer su diferencia de altura―. cogió el paquete y le dio un beso a su padre. Sin esperar la respuesta de su tía. El hombre. Milagros contemplaba la emoción en el rostro de su tía y le anegó la amargura. Me alegro de verte. Tengo que irme. tía ―Milagros se acercó hasta la mujer y la besó en la frente. estarían allí. Le he seguido desde que ganó la primera edición de aquel concurso. Milagros salió disparada hacia la calle. El viejo ni se inmutó. ¿cómo se llamaba? ¡Dios! Qué memoria la mía. enfrascado como estaba en el estudio del libro. Estaba claro que todos tenían razón: no conocía absolutamente nada a la audiencia. Milagros se ofuscó. perseguida por el estrépito del martillo y los obscenos piropos de los obreros. Puede que me pase mañana otro rato. maldiciéndose por pretender que los suyos odiaran a aquellos que la despreciaban. No. ―Es un fiera. y parte de la tarde. ―¿Ya te vas? ¿Qué ocurre? ¿He dicho algo malo? ¿Te hizo algo el Loren? ―No te preocupes. La única sorprendida fue su tía. Invencible. «Tendré que irme por ahí hasta que esto termine. Adiós. Quizás un spa. no me digas que te gusta ese tiparraco. donde compró una decena de medicamentos para el dolor de cabeza.―No me digas que tú también ves esos programas ―Milagros se dijo que no conocía a su tía―. Llegó a su casa después de pasar por una farmacia. le dijo que seguramente durante toda la mañana. cambiando la acometida de una finca cercana.

a partir de ahora. que al verla pasar le dedicó la mejor de sus sonrisas mientras estiraba la mano hacia ella. pasando todo Madrid a convertirse en potencial destino. No me meteré en el agua. pero se contuvo. todo encima del bikini. por si acaso se me rompe una uña… Cuando terminó de llenar el bolso. Antes de salir se tomó unos momentos para decidir a qué piscina se marchaba. pero la municipal más parecía un correccional y la otra era un lujo acuático sólo apto para los socios del club Hermes. decidió que. y ella no lo era. no había que hacer trasbordos y recordaba que a Amalia y a ella les gustaba tumbarse en la parte de arriba para hacer topless con tranquilidad. Al salir a la calle escuchó de nuevo las barbaridades de los obreros. pero el bolso pesaba tanto que no pudo. Pasó delante de ellos a toda prisa. Milagros a punto estuvo de darle una patada en el culo. A la piscina. En la puerta del metro le esperaba su amigo el mendigo. Intentó levantarlo para hacerles hueco. En el barrio había un par de ellas. aumentó las posibilidades de Milagros. Casi todos eran por si acaso: por si acaso me quemo. Es más. entre la multitud de gays embutidos en aquellos horteras y apretados bañadores de lycra. así que vertió su contenido encima del suelo para dejar todos los por si acaso desparramados por el salón y meter sólo lo indispensable. ya preparado: odiaba los vestuarios de las piscinas. incluso por encima del ruido del martillo neumático. vestida con unos minúsculos shorts y una camiseta de mercadillo. No estaba muy lejos. pues. Al final se decidió por la piscina del Lago de la Casa de Campo.» Abrió el coqueto armario del pasillo y sacó un enorme bolso de playa donde empezó a meter objetos de lo más variopinto e inútiles. la única caridad de la que disfrutaría aquel drogadicto sería el autocontrol que tendría que hacer para no tirarle 83 GRAN HERMANA . se dio cuenta de que no había metido las toallas. sólo me tiraré sobre el césped y a esperar que se pase el tiempo mientras me pongo morenita. El hecho de no querer ir a la piscina del barrio. por si acaso me quedo sin batería en el móvil.dormir.

» Pero los ánimos autoinsuflados se desmoronaron como un castillo de naipes al llegar al andén. Tu razonamiento original es el válido.»―. Conténtate con no tener que escuchar nada más de ese piojoso de Lorenzo Sotelo. los pormenores de las nuevas aventuras amorosas de su querido Loren. ¿cómo se llamaba? ―Esther. desistió. pero si estaba claro que aquella historia era un montaje del viejo para sacar pasta. Milagritos. Deja ya de darle vueltas al asunto. tía ―le dijo una a la otra―.por las escaleras cuando le viera apostado allí fuera. Repleta de mal humor. «Tienes que analizar la cuestión desde la objetividad más aplastante». le apuntó su amiga―. Descansa y punto. así que. GRAN HERMANA 84 . Anoche. como había creído hasta ahora. ―Va. Se equivocan los demás. se dijo. El padre decía que se la había tirado y que no era mayor de edad. Estaba con unas amigas celebrando el final de los exámenes en el Bilis y le vieron. a grito pelado. ni cotilleos. mientras se dirigía hacia el andén. el dolor de cabeza no le dejaba mucho margen de maniobra. ―Que sí. Luego resultó que la niña tenía casi treinta tacos. ¿Cómo va a estar con una cuarentona? Acuérdate de cuando tuvo aquel incidente con aquella chica. ―Pero si al Loren le gustan jovencitas ―respondió la otra mientras Milagros se ahogaba de cólera. Ni rumores. «Maldito Madrid de garrafa. y más concretamente a la idea de si ella era el bicho raro y no los demás. timando a los pobres viandantes. que lo sabe de muy buena tinta. después de un rato. Dos chicas jóvenes que estaban a su lado comentaban. Que me lo ha dicho mi prima. Milagros volvió a rumiar la conversación que había mantenido con su tía. ni chismes. Sin embargo. «¿Vieja? Serán putas. Eso. Ligando con una vieja que terminó por pegarle una bofetada. con la Esther esa.

Eulalia ―la corrigió la segunda mujer. Son unos putos cuentistas. En ese momento llegó el tren. ―Qué fuerte. Con lo majo que era ese chico. Que se liaron. Aún así. ¿qué más da? No se casan. ―Pero. ganando una pasta gansa. ―Pues como te lo cuento. en un camerino mientras entrevistaban a sus respectivas parejas en directo. mariquitas. ¿no estaba casado? ―¿Cómo va a estar casado? ―Anda. su vecina del cuarto. ―¿Y lo del Juan y la Paca? ―parecía que había recordado una noticia trascendente―. era capaz de estrangularlas. ―Gays. tía. más indignada todavía. Milagros dejó su asiento a una embarazada que se subió en la siguiente estación. Así pudo el cabrón ir arrastrándose por los platós durante tres meses. El vagón no iba muy lleno. que el hijo de Susana es gay. ―Gays. me ha dicho mi madre. sabía. como que no hay maricas que se casan. ―Ya te digo. ―Ya te digo ―volvió a escuchar Milagros. 85 GRAN HERMANA . Nos pasamos diez horas al día currando por unos míseros setecientos euros y esa gentuza los gana sin hacer más esfuerzo que inventarse historias.―Ya te digo ―corroboró la otra―. porque se lo había dicho el yerno de su hija. la más gorda―. Craso error. Si es que nos hemos equivocado de profesión. Al ponerse de pie tuvo que colocarse entre tres cincuentonas que no paraban de contar las mismas historias que las dos chicas anteriores. Milagros se metió en un vagón diferente al que entraban las dos chicas sin pensárselo dos veces. ―¡Madre del Amor Hermoso! ―dijo una de ellas mientras se santiguaba―. Teresa. «¿Cuarentona?»―. ―Ya te digo. Si escuchaba un ya te digo más. ―Ya te digo. Ahora se les llama gays. que Purita.

―La pobre chica ―se lamentó la más gorda―. Ni de confesar. Manuela. se quedó embarazada a través de una gatera. empezó a reírse. mi tía abuela Genara. anda ―contestó la primera mujer mientras mordía las patillas de sus enormes gafas de pasta―. nada de nada ―Milagros estaba estupefacta. ¿Me vas a decir que en nuestros tiempos o en los de nuestras madres no se casaban para poder chingar a gusto? ―¿Chingar? ―le recriminó la más gorda―. Intentó sacar el iPod del bolso para no tener que escuchar más chismes. ¿Una gatera? La tercera no respondió. ―Pero ya no están casados. Ahora por lo menos tienen los anticonceptivos. que en paz descanse. La coartada perfecta. GRAN HERMANA 86 . porque la chica era muy católica y le había dicho que antes del matrimonio. Siguieron para adelante y cuando llegó el día de la noche de bodas el desgraciado adujo problemas de nervios y de estrés. ―Anda. ¿Cómo es posible? ―Pues resulta que no se había atrevido a salir del armario durante todos estos años. ―¡Santo cielo! ―de nuevo la primera mujer recurría al santoral―. ¿verdad? ―Evidentemente se descubrió el pastel. San Benito de Alburquerque me libre. ¿Antes qué había? Sin ir más lejos.―Pues sí. Qué basta eres. ―Anda que antes no pasaban más cosas que ahora. Llevaba saliendo con su novia diez años. subiendo y bajando el enorme pecho enclaustrado bajo una blusa de llamativos colores. estaba casado. ya ―contestaron sorprendidas las otras dos mujeres―. Pero la chica quería casarse y él no tuvo el valor de dejarla. Diez años engañada. pero en la siguiente estación se terminó de llenar el vagón y la misión se tornó imposible al verse limitada de movimientos―. ―¿Ves como llegar virgen al matrimonio no sirve de nada? ―Vamos.

»―. tío ―Milagros podía. Milagros estaba harta de rumores. sin la maldita CE. Estaba tan nerviosa que no lograba dar con ellos y tenía que seguir escuchando aquella maldita conversación de chismes―. por muy feo que seas. ¿No podía pasar un instante sin escuchar un rumor? Al menos en la cola iba detrás de dos adolescentes masculinos. La estación de Lago está al aire libre. Ella era objetiva.Risas a las que se sumaron las otras dos al instante. podría subir mucho más el volumen y así estar segura de no 87 GRAN HERMANA . ―¿Ese que se lió con aquella modelo el año pasado? ―No.» ―Pues sí. las verdades a medias. ―Qué cabronazo. tío. Milagros se maldijo por no tener un iPod americano. Quizá fue esa sensación de libertad la que aminoró el incipiente estado de ansiedad que le había producido el viaje en metro. Eso sí que es un curro. Va a ser la primera vez en mi vida que soporte escuchar una conversación futbolística. te puedes tirar a las tías más buenas del planeta. y lo reconocía. Viajas por todo el mundo. «Venga. Te dan millones por currar dos horas al día y algo más los fines de semana. escuchar la conversación―. aunque no quisiera. durante el último tramo del recorrido. Odiaba los cotilleos. El que lleva el nueve. el otro ―Milagros metió la mano en la bolsa y comenzó a buscar los cascos. Te digo que es verdad. te regalan de todo y encima. todo el mundo lo sabía. que ya queda poco para el tan ansiado descanso. El que se lió con aquella ex concursante de aquel reality en el que tenían que hacer la mili. ―Segurísimo. se animó. Jo. y silencio. Antes de seguir escuchando más loas a la cultura del pelotazo. los chismes. te invitan a fiestas. Gracias a Dios que las tres se bajaron en Príncipe Pío y Milagros pudo tener tranquilidad. «Estos seguro que hablan de fútbol». ―¿Estás seguro? ―contestó extrañado el otro chaval. Era el delantero centro ―«Tenía razón. Menos mal que los hombres sí que son previsibles.

mientras daba el papel de su entrada al portero para que le hiciera un corte en la misma. cómo los chavales compraban su entrada y salían de la cola. algo así como una especie de catarsis colectiva. El murmullo ininteligible de la conversación que le llegaba de lejos era como música celestial. Cada vez que se iban. O eso era lo que creía ella porque. Hundida en la miseria y echando de menos sus orejeras naranjas. GRAN HERMANA 88 . campaba a sus anchas por el césped. la escena le pareció entrañable. Elimíname. que debía de haberse quedado con los por si acaso. Milagros pudo ver. pero no el iPod. Milagros entró en el recinto de la piscina echando espuma por la boca. escuchó cómo éste le contaba a una pareja de policías municipales con los que estaba hablando que ayer habían pillado a los socorristas liándose en el cuarto del botiquín. cuando iba a entrar a la piscina. Desplegó su toalla entre un armario empotrado totalmente depilado.» Así lo hizo. con los pezones taladrados por sendos aros y un tanga amarillo fosforescente y una pareja de abuelos que se encargaban de cuidar a su nieto. Puede que fueran el pan y circo de la época actual. Y aunque Milagros carecía de cualquier instinto maternal. Al final encontró los cascos. «Pasa de todo y descansa. o al menos lo intentó. preocupándose por que su nieto estuviera lo más protegido posible a su regreso. así llamaban al crío. tampoco podían estar tan mal. pidiendo a su abuela que le llevara una vez sí y la otra también a la piscina de niños. «¿Y qué más da eso ahora?». Su subjetividad intentaba hacer oídos sordos y se repetía que quizá todo aquello no fuera tan malo: si su tía Petri. es tu objetivo principal. Su objetividad le decía que el juicio se le iba minando poco a poco. le dijo el dolor de cabeza. el abuelo se quedaba y movía un poco la toalla para que le diera la sombra. Ahora podía estar tranquila. a la que admiraba y quería con devoción. cabeza incluida. era una adicta a todo tipo de programas que ella calificaría como basura. Hugo.escuchar más chismorreos. al fin.

No sabía por qué. y que se van a vivir juntas. devolviéndolas a su estado original y contestó. arrullada por los lejanos gritos de persecuciones de críos y el romper del agua cuando alguien se tiraba a la piscina. No. en Febrero del año que viene. Y encima todo el mundo en la T4 lo sabe… Pero eso no es lo más fuerte de todo. con esa tía. Y en eso estaba. Llevan cuatro meses de idílico romance. Cuando la braga estaba tan arrebujada que se había convertido en tanga. Sólo llevaba puesto la braga del bikini. pero al final Milagros desistió del topless. Estaba en la gloria. porque mientras fumaba un cigarro no paraba de moverse de un lado para otro. mientras se encendía otro cigarro. Incluso el dolor de cabeza empezó a remitir. todavía no han abierto la T4. que no llegaba a ocultar. pero al final optó por tostarse al sol en bikini. ―Pues no sabes lo que me contó. un extraño tatuaje. o la braga era tan grande para tan poca chicha. también a Milagros se le terminaron sus minutos de gloria. A Milagros se le cayó el alma a los pies cuando llegó hasta sus oídos la conversación de la mujer multiusos. ¿Qué cuánto llevan? Cuatro meses. como todo lo que empieza tiene un final. tía… resulta que la marimacho esa ya se había liado antes con ¡Belén! Yo 89 GRAN HERMANA . No te lo pierdas. La flaca se incorporó de un brinco estirándose las bragas. superfelices. No. Fue una media hora gratificante. Estaba tan delgada. dando voces para escucharse por encima de los cascos. Milagros disfrutó al fin de un merecido descanso. a punto de caérsele. Pero. de color salmón. Resulta que Alejandra está liada con el marimacho ese de la T4. que Milagros temía que si la chica hacía un giro brusco dejaría al aire toda la pelvis. en su totalidad. Quizá fue un falsa vergüenza de ver a los abuelos allí o quizás es que el oír tanta tontería junta en tan poco tiempo le había trastornado más de lo que creía. Sí. Delante de ella instaló su toalla una chica bastante alta y delgada. Pero lo mejor de todo es que dicen que están hipermegaenamoradas. casi tísica. su bolso empezó a moverse como si fuera un perro en celo a causa de la descomunal potencia del vibrador del teléfono.

cuentos. Sí.flipaba cuando me enteré. la hacía saltar por los aires de un manotazo. como lo hacen los niños de esa edad y en esa lengua semiinteligible que utilizan al principio de sus días. y que lejos de menguar se agigantaban en las lenguas viperinas de aquellos que las expulsaban. hablillas. esperando que terminara. Completamente desesperada. Milagros también empezó. patrañas. el abuelo intentaba la misión más difícil. no oía más que chismes. gritando. se volvió para ver cómo los dos abuelos cuidaban a su pequeño nieto. pero Hugo no se dejaba. y harto ya de tanta insistencia. risas malintencionadas sobre cuerpos de escombro en proceso de reconstrucción o que ya fueron demolidos y vueltos a alzar. analizándola desde los distintos mismos puntos de vista. bolas ―sin nieve― que crecían bajo un sol asfixiante. Hugo cogía el biberón lleno de zumo ya con una sola mano. va Alejandra y me confiesa que había vuelto a liarse con Iván hace un mes. Se maldecía una y otra vez por no haberse traído el iPod o los tapones para el baño. no se sabe si por el sudor de tener pegada la oreja tanto tiempo al aparato o por alguna que otra gota mal secada del agua de ducha. y cuando creía que ya no podía alucinar más. ¡Con Iván! Que se supone que se va a ir a vivir con Laura dentro de ná o que ya están viviendo juntos… La chica regresaba sobre la misma conversación una y otra vez. dimes y diretes. El GRAN HERMANA 90 . que más parecía de agosto. apuñalamiento a los supuestos mejores amigos. Cada vez que sentía la tela en su cabeza. Su abuela mantenía en vilo un diminuto trozo de jamón en la suya. dejó el biberón a un lado y exclamó. que ahora no se ponía la gorra porque tenía el pelo mojado. quería ponerle la gorra al niño para que el sol no hiciera de las suyas. reafirmándola en su cabeza tostada por el sol de junio. fábulas. invenciones. casi en silencio. más invenciones. pero a ponerse enferma. El móvil empezó a gotear. me quedé a cuadros. Escuchara donde escuchara.

viendo desaparecer el agua purificadora. Yo pensaba que había sido el día de la fiesta. ―Pues sí. Salió corriendo hacia la ducha. Los socorristas la miraban extrañados. miraba las losetas y el sumidero de la ducha embobada. se le cayó el ánimo. esperando que el agua se llevara todo lo que había tenido que oír durante los últimos veinte minutos. una pendiente demasiado pronunciada por donde. Estirándose del pelo en una mueca de desesperación. de nuevo. las lágrimas camaleónicas de viaje con alguna corriente que bajaba aguas abajo de la cabeza. de borrado de huellas tras la posesión. gritos y carreras de niños por el andén de la piscina. que iba a ver una cosa que iba a flipar… ―se escuchó otra vez entre la barahúnda de voces. reinaba el príncipe Hugo. 91 GRAN HERMANA . pero al final no hubo más daños colaterales. Y por el sumidero. regresando a la boca aquel rictus de puente romano: curvados los labios hacia abajo. también se le fue la esperanza. Milagros. tía. la de la sombra. de intento de purificación tras la violencia. Que me dijo que fuera con ella. Su pecho subía con un ímpetu desbocado. en la otra. devolviéndola a la cruda realidad en la que estaba destinada a vivir. Eran gestos de mujer violada. De nuevo la cadena de rumores apagaba la incipiente sonrisa que había aflorado en los labios de Milagros al contemplar al niño. Nunca habían visto a nadie frotarse con tanta fuerza y energía. Llegó la mujer a temer que se le saliera alguno de los pechos del minúsculo bikini en el que los había enclaustrado.abuelo desistió con una sonrisa y se echó sobre la toalla que tenían al sol. camuflado el histerismo con la acción de achicar agua.

GRAN HERMANA 92 .

Casi peor que cualquiera de los de Jaime. de pies a cabeza y de ánimo a espíritu. para que algo la afectara tendría que haber muerte de por medio. Aún sin notar los efectos del golpe. pero que no es capaz de convertirlo en experiencia Elbert Hubbard Después de un fracaso. Él. Milagros se tiró sobre el tercio más grande de su enorme 93 GRAN HERMANA . grosso modo. le esperaba uno de los mensajes bomba que tanto gustaban de cobijarse últimamente en las entrañas made in Korea de su contestador. la noticia no causó reacción alguna en la mujer. con frases rellenas de excusas vanas y lamentos forzados. que durante aquella mañana se había producido una conspiración a escala interdepartamental en la cadena cuya consecuencia última fue el despido fulminante de Milagros. Era. Al principio. lo sentían. Lo escuchó: patético. el funesto paraninfo que convertía en desgracia todo lo que anunciaba. los planes mejor elaborados parecen absurdos Fedor Dostoievski Ninguna situación es tan grave que no sea susceptible de empeorar Federico II de Prusia Vida de un caracol con agorafobia El programa de Milagros nunca más se volvió a emitir. quemada. pura formalidad corporativa de patada en el culo. Cuando llegó de la piscina. En cierto modo porque llevaba dos días temiéndoselo y porque. por supuesto. cómo no.Un fracasado es un hombre que ha cometido un error. es decir. del gran Miguel Herrero. Venía a decir. después de los últimos acontecimientos sufridos. y todo el organigrama empresarial.

el enfado con él era mayúsculo. la traición de Jaime malvendiendo la productora. aquellas historias no eran la misma. en el fondo. pero también sabía que si en cualquier momento algo prendía la mecha. Nada de esconderse. la excusa de la conspiración no iba tan desencaminada.tresillo. y mucho menos nada de deprimirse hasta saber por qué: quizás tuviera que recurrir a la ira en vez del lamento. el bombardeo constante de chismes y cotilleos de la mañana y el desengaño de la figura de Miguel. Había decidido ponerse a pensar en las consecuencias directas que la habían llevado hasta la situación en la que se encontraba y que todavía no terminaba de creerse. y se pasara el resto de la tarde hablando con tres fuentes distintas de dentro de la cadena. ni siquiera moverse. estallaría en mil pedazos. la ira acumulada contra el cretino del Loren. Milagros sabía que su aguante era titánico. Simplemente era incapaz de hacer nada. la decepción de que su tía admirara a dicho cretino. pero no pudo. consecuencia lógica del boca a boca. Según pudo extraer. uno de los miembros del gobierno salía vapuleado de los estudios centrales. y no estaba segura de si podría volver a juntarlos. dolor de estómago y tueste al sol. pero no lo suficientemente diferentes para pensar que. en prime time. una vez le quitó los matices irrelevantes a los tres relatos. con matices distintos. la convertían en un cóctel explosivo a punto de estallar. y como no se lo había ofrecido primero a ellos. Dentro de la cadena ya sabían que Miguel había puesto en subasta su próximo reality. la curiosidad innata de la mujer terminó por exigir respuestas. Quizás. completamente ida. Si a esto le sumamos que unos días antes. la tristeza por ver que su padre iba a peor cada día. Pasados unos minutos en la dulzura del vacío. agarró uno de los cojines y lo oprimió contra su estómago mientras miraba al vacío. aderezados con resaca. Las tres le contaron la misma historia. La vergüenza del fracaso del programa. después de estampar el cojín contra el televisor. habiendo de por medio una nueva asignación de licencias GRAN HERMANA 94 . Suficiente esperanza para que Milagros cogiera el teléfono.

tumbado sobre el sofá. Fue un proceso a fuego lento. Él sólo ha sido el verdugo. donde permanecerán hasta que su dueña quiera despertarlos. el cuerpo de Milagros. que era la objetividad hecha hombre. alrededor de las ocho de la tarde. anegada la alegría bajo las cenizas de recuerdos obsoletos e ilusiones baldías. Un mísero instante es lo que te cambia la vida.» Tanto ir una y otra vez sobre este tipo de pensamientos provocó. aunque se acierte un millón de veces. quedó en un estado comatoso de tedio intermitente y sobredosis de hastío. Dentro de Milagros no quedó nada más que la ira y el resentimiento más encorajinado. exactamente a las veinte horas. aumentaba la llama. una decisión mal tomada en un momento inapropiado puede conducir el resto de 95 GRAN HERMANA . tenemos como resultado la cabeza de Milagros sobre una bandeja.televisivas. Así se apacigua al Ejecutivo con una paloma. escondidos en algún remoto rincón. que la mecha comenzara a arder. masculló Milagros entre dientes mientras estrujaba otro de los cojines. Cientos de diminutas partes del ánimo se disolvieron en la atmósfera al sentir el contacto con el aire purificador. Porque Milagros. Y cuando ya no pudo crecer más. «Maldita sea». acompañado por un cojín destripado. al baño María: a la par que crecía la ira. al menos hasta que le venda a otro los derechos de su programa. puesto que el halcón es intocable. explotó en mil ficticios pedazos. cuatro minutos y treinta y tres segundos. dejó de ser objetiva por un momento. y que el contrato que firmó Jaime era papel mojado libre de indemnización. Como si de un temporizador se tratara. y ya se sabe que. no el juez. perdida la autoestima en una centena de imperceptibles trocitos difuminados por combustión espontánea. «Lo peor de todo es que no puedo culpar al desgraciado de Miguel. la única vez a tener en cuenta es la del fallo. Ella. desperdigados todos por el suelo de una ficticia sala imaginaria a la que la mujer nunca lograría acceso. el hecho de convertirse en la cabeza de turco de una limosna gubernativa hizo explotar el cóctel contenido en la vasija llamada Milagros.

Habían pasado ochenta y seis horas cuando el primer trozo de ánimo. deshecho en mil cachos. el relleno estaba bajo las uñas de Milagros. el más afligido. por muy malo que fuera. no se lo permitía porque guardaba fuerzas para un hipotético futuro. Si el futuro era negro. tan pequeños y finos que terminaban desapareciendo entre los dedos de la mujer. hasta que se convertían en hilos. Sólo abandonaba el cobijo del tresillo para ir al servicio o hasta la nevera a por una tableta de chocolate. el dulce manjar con el que anestesiaba el hambre. degustando. Tenía todo el cuerpo agarrotado por GRAN HERMANA 96 . A veces intentaba abrir los ojos. Sí. Literalmente. No había nada más. podría ser gris. el presente. casi siempre cerrados. Era un pensamiento pesimista. cuando el sabor del chocolate se desvanecía de su memoria.la existencia al cielo o al infierno. pero obró el milagro. el timbre de la puerta lanzó una sucesión de rápidas y repetitivas salvas para conmemorar la buena nueva. que olvidara el pasado futuro y el futuro pasado y se concentrara en el presente presente. salvo esparcir la ansiedad. Non plus ultra. ese estado temporal al que Milagros había consagrado la mitad de su vida. No hacía más. Los siguientes tres días se los pasó en el purgatorio. el futuro. De los cojines sólo quedaban las fundas. regresó a su cuerpo. Algún pensamiento nunca llevado a cabo le susurraba al oído. en modo hibernación. a la nada de un tenebroso limbo de color tresillo. una y otra vez. onza a onza. y del que ahora huía porque no conseguía tener la perspectiva suficiente para verlo de otro color que no fuera el negro. como ella. con parsimonia. O a la nada del purgatorio. actuando de inocuo entretenimiento para sobrevivir a la indiferencia. No quiso recibir a nadie. pero su cuerpo. A las diez y once minutos de la mañana del sábado. camino a una congregación de polvo que nunca sería limpiado. Milagros se levantó despacio. coincidiendo con la feliz noticia. la maldita vida laboral. Tenía que ser gris. Se pasaba las horas muertas mirando al techo. Cogía un pedazo de tripas de almohadón y las iba fisionando lentamente.

Era una mala señal que la mujer hubiera adoptado la política preventiva de riesgo cero. Al contrario que tú. su músculo más débil. que siempre vas estupenda. pero la obsesión por no haber podido calcular el fracaso del programa se había hecho tan fuerte que le era imposible separarse ya de ella.0. ―Hola. Julia. estás guapísima. Le costó tanto alcanzar la puerta que cuando la abrió vio cómo dos figuras se escapaban calle abajo. de ojos grises y pelo rubio de rizo voluminoso después de darle los dos besos de rigor nada más llegar a la puerta. Milagros las había hecho volver a gritos porque no tenía fuerzas para ir detrás de ellas―. pasados los segundos. ronca por los chillidos―. ―Pensábamos que no estabas ―le dijo una mujer alta. nacida fruto de la conjunción de los augurios más inoportunos: Milagros 2. por insignificante que fuera. Mascaba la situación como si fuera una bola de tabaco que no se atreviera a escupir hasta estar completamente segura de haber absorbido todo el sabor. aún incluso un… ¿qué día es hoy? ―«Sábado. Amalia ―contestó. Milagros se abrazó a la joven con fuerza y. Al principio no era más que un sordo y seco gemido. terminó convirtiéndose en lloriqueo ininterrumpido.estar tumbada durante tanto tiempo en posturas más propias de contorsionista y no quería que la espalda. pero. cariño ―respondió el segundo de los trozos de ánimo que regresó a su antigua casa―.» Amalia parecía sorprendida de que su mejor amiga no supiera en qué día vivía― …un sábado por la mañana. Milagros tenía que verificar cada paso que daba. Así era la nueva y defectuosa Milagros. ―Hola. sin poder evitarlo. Tienes un aspecto horrible. 97 GRAN HERMANA . Mila ―saludó una niña que bordeaba la adolescencia. se quebrara por un mal movimiento. visualizando las mil contingencias que podrían darse al hacer esto o lo otro. ―No estoy en mi mejor momento. comenzó a llorar ante los atónitos ojos de Amalia.

le era imposible disculparse. Inspira… Expulsa el aire… Inspira otra vez… Muy bien. Julia aguantó estoicamente. Si tenía que hacerse. por fin. un tiempo que aprovechó Julia. una escena que aumentó la perplejidad de Amalia. pero le había cogido tan de sorpresa la llorera que tardó en reaccionar más de lo previsto. como el que emiten los niños pequeños cuando no paran de llorar después de haber cogido una pataleta. En la vida le habría levantado la mano a su mejor amiga. y lo que es peor. se haría. Incluso llegó a regalarle a Milagros alguna que otra palabra de ánimo. Amalia era la adulta. De su boca sólo salía un sonido continuo y agudo. Cogió a Milagros por debajo de las axilas e hizo que se abrazara a su cintura mientras la metía dentro de casa―. Otra vez. Reacciona. ―Mira. Niña. Amalia se sorprendió de su actitud. la mujer rubia. Mila. anda ―logró reaccionar. En vez de soltarla comenzó a darle golpecitos en la espalda mientras le animaba a calmarse. pero los acontecimientos por los que había pasado durante estos últimos años la habían vuelto más fuerte y decidida. cariño ―Milagros no comprendía por qué estaba haciendo aquello. pero sus neuronas no le hacían caso. porque cada vez que lo intentaba. no sin sorpresa. ¿qué ocurre? ¿Es por tu padre? ¿Está peor? ¿Le ha pasado algo? Milagros intentaba responder. ―Trae aquí. Contéstame o te pego una bofetada. Amalia no veía más opción que arriesgarse a ser la mala―. Lo siento. respira ―bajó el brazo avergonzada y siguió intentándolo con los métodos convencionales―. Coge aire. para demostrar que la madurez no le era extraña en absoluto. la niña casi adolescente. Inspira… GRAN HERMANA 98 .―Lo siento. no me asustes ―ante la imposibilidad de hacer reaccionar a su amiga por las buenas. ―Venga. el derrumbamiento de Milagros. aumentaba el estado de aflicción y con él su ininteligible lenguaje mocoso―.

―Entonces… ―respiró aliviada su amiga―… será que el síndrome premenstrual de este mes ha venido fuerte. ―Al menos has reaccionado ―se rió Amalia mientras recogía del suelo las fundas de los cojines―. El ambiente viciado lo agradeció. tanto dolor durante esos días. gracias. En su familia. conocidas o con la gente corriente. Y mucho. ―Lo siento.Los ejercicios respiratorios se vieron interrumpidos cuando Julia regresó de la cocina con un vaso lleno de agua. que se fue a la cocina para llenarlo de nuevo―. Desde que le vino la regla por primera vez. A Milagros nunca le habían gustado las bromas sobre ese tema. Creo que lo he conseguido: 99 GRAN HERMANA . lo que ocurría era que Milagros sentía. En realidad tampoco era un eufemismo. Amalia. Por eso se referían a él como Él. cariño ―Milagros al fin pudo articular palabra al coger el vaso―. al igual que las narices de las tres féminas. Sin tener que decirle nada. ―Qué puta eres ―le respondió Milagros a la yugular.»― llegaba Él. Espero no haberte asustado. nunca se habían utilizado eufemismos para denominar a la menstruación. y con sus amigas. dejando entrar el aire denso y pastoso de principios de junio. La niña negó con la cabeza mientras esperaba a que se bebiera el agua. Perdona. seis días antes de que le bajara el periodo ―«Maldita sea el número seis. pues el recuerdo podía ser igual de doloroso que su sufrimiento carnal. que no soportaba que nadie se lo mentara. ―No te preocupes ―le dijo Milagros después de acercarle el vaso a Julia. ―Gra. ―Estarás perdonada cuando me quites esta sensación de agobio del pecho. casi siempre. Nadie ha muerto. la niña había abierto todas las ventanas. pero sí a su síndrome anunciador. Si ha pasado algo grave ya me lo estás contando antes de que siga imaginando barbaridades a cada cuál más horrible. pero a mí sí. No ha ocurrido ninguna desgracia.. ―A ella puede que no.

aún cuando lo que iba a decir hiriera. Eres tremendamente previsible cuando se trata de Él. Cuéntale a tu mejor amiga qué es eso tan horripilante que te ha llevado al estado lamentable en el que te encuentras. Así era ella. ―¿Tú también. Había encontrado un pañuelo con el que secarse los mocos y los surcos de lágrimas. Bruto? ―respondió Milagros. pero no me hiciste caso. arrastrándola de nuevo al lamento más irracional―. Cuando terminó. dime qué te pasa. visiblemente abatida. ¿Cuándo me lo advertiste? ―Te lo advierto todos los días que nos vemos.no veo que estés lloriqueando. ―¿Peor? ―Mucho peor. esperando la reacción de su amiga. pero esto se veía venir. echó los ojos al suelo. GRAN HERMANA 100 . ―Yo te avisé. Sois como ese proverbio turco tan cabrón de muchos os dirán por dónde no se debía pasar cuando el carro ya se ha roto. Milagros asintió con la cabeza y le contó toda la historia. ―¿Tú qué crees qué es? ―¿A Jaime se le han ido las manos definitivamente a tu entrepierna sin pasar por el culo esta vez? ―Ojalá fuera eso ―respondió compungida Milagros. ―Lo siento. Cada vez que intentaba enfadarse con su amiga una mano invisible asfixiaba el impulso. ―Te han despedido. Venga. Mila ―al menos sabía que lo decía de corazón―. siempre directa al grano. ―Ahora resulta que todos sabíais que me iba a pegar la hostia y nadie me avisó. ―¿Cuándo? ―la desesperación hacía mella en la mujer. ―No puedo decir que me sorprenda ―los ojos de Amalia se tornaron fríos al mostrarle la verdad más cruel.

―¿Cuándo? ―Milagros intentó recordar algún aviso de su amiga. No quería que siguiera viendo a su amiga en tan lamentable estado. pero no sirvió de nada―. Julia admiraba a Milagros. la consideraba una mujer fuerte y decidida. No. Como le sucedió a ella con Cecilia. y aunque era aconsejable ver que los ídolos también tenían sus momentos de debilidad. ha sido un momento de debilidad ―Amalia abrió los grifos de la bañera. encontró un bote de sales escondido en uno de los armarios del baño y lo derramó en su totalidad sobre las primeras aglomeraciones acuáticas―. pero no pudo―. Todavía 101 GRAN HERMANA . Julia. Mientras la bañera se llenaba. Sí. tenía muchos nombres. Amalia no quería que se quedara con aquella patética imagen grabada en la retina para el resto de sus días. pero hermanastra nunca te lo había oído. Las había contemplado durante más de treinta años y podía adivinar sin dificultades cuál había elegido del catálogo―. un odio desmesurado que no se pudo quitar de encima en dieciocho años. Amalia sostenía la puerta abierta para que pudiera pasar sin golpearse. La adolescencia era un período muy difícil en el que cualquier acontecimiento intrascendente podía adquirir rango de tragedia e incrustarse en el recuerdo para toda la eternidad. ven ―en lugar de contestar. ―Ya ―se burló Milagros al entrar al baño dando tumbos. o la otra. sin miedo a nada y a nadie. ―Anda. Vamos a adecentarte un poquito. ―Estás pensando en tu hermana ―Milagros conocía bien las miradas perdidas de su amiga. tú quédate aquí en el salón ―Amalia evitó que la niña las acompañara. ¿A qué sí? ―Hermanastra. después de sentar a Milagros sobre la taza del inodoro. o aquella pequeña rubia bastarda. No lo recuerdo. Antes no pasaba de ser la gran puta. ―¿Desde cuándo la llamas así? ―Siempre la he llamado así. ―Perdona. Amalia se acercó hasta Milagros y la hizo incorporarse―.

rica. inseparables. luego se volvió a arrodillar y comenzó a frotarlo de arriba a abajo con un guante de crin. No la conocía. Ella sí. de la noche a la mañana. comprobó cómo a Milagros se le escapaba un indecente gemido de placer cada vez que le acariciaba los pechos con la esponja. Una vez la piel de su amiga exfoliada completamente. GRAN HERMANA 102 . después de soltar un comentario hiriente sobre la cutrez de su ropa interior.guardo minúsculos trocitos de odio enquistado que poco a poco voy expulsando. Es lo que tienen las experiencias traumáticas. así que sintió alivio cuando su amiga dejó la conversación. ―Sobrina ―sentenció Amalia―. ―Casi inseparables ―la corrigió. Las paces con su hermana fueron hechas en medio de una tragedia. Amalia cerró la conversación de forma tan posesiva que Milagros no quiso incidir sobre el tema. ―Casi veinte años odiándola como no he visto odiar a nadie en mi vida. se arrodilló delante de ella y comenzó a desnudarla. Además. era más que probable que con alguno de sus comentarios metiera la pata. Para su sorpresa. y el recordar ese drama ponía melancólica a la mujer. Milagros no estaba en condiciones de utilizar el tacto adecuadamente. contrariada―. ―Al menos tienes una sobrinastra maravillosa. ―Mira que eres golfa ―se burló Amalia a la vez que soplaba un montón de etérea espuma sobre la cara de Milagros―. Yo odiaba a mi hermanastra. Ni siquiera lo había intentado. cogió una esponja y repitió el proceso. esta vez lentamente y con suavidad. Cuando terminó de desvestirla. pero sólo por ser mi hermanastra. y yo no la dejé. Julia es mi sobrina. Amalia introdujo en la bañera el cuerpo de Milagros no sin dificultades. ¿Tan necesitada estás? ―A golfa tú no me ganas. que todo lo superficial que hay en tu vida se vuelve trivial en comparación con lo importante de verdad. Y un buen día. Esa es mi penitencia.

¿Quieres matarme? ―No seas quejica ―le reprochó Amalia con tranquilidad―. ―Serás… Pero el calificativo de la mujer se ahogó de nuevo bajo otro montículo de blanca espuma. ¿Por qué? ―Por ser tan idiota. ―¿Qué me lo debías? ―Milagros al fin logró quitarse toda la espuma de la cara y el sonido de su voz era el de costumbre―. ―¿Qué coño haces? ―escupió entre la espuma Milagros después de sentir de nuevo el oxígeno en los pulmones. Su amiga había llevado la broma demasiado lejos―. despiadadamente risueño. te lo debía. manteniéndola bajo el agua hasta que comenzó a agitar los brazos de forma desesperada. Casi me ahogas. Al final.. Además. ―Te juro que si no te hubieras reído. Entre toses y gestos de asco se alzó la risa de Milagros. ―¿No te habrás puesto cachonda por los gemidos? ―se burló esta vez Milagros. 103 GRAN HERMANA . He visto que pasabas mucho tiempo frotándome el pecho. No ha pasado nada. Estaba furiosa. Ha sido una broma. esta última logró empujar la cabeza de su amiga dentro de la bañera. en los que ambas mujeres intentaron anegarse de cualquier forma. ―No exageres.Amalia abrió la boca por el comentario. en parte por la debilidad de Milagros y en parte por las marrullerías de Amalia. un sonido desconocido en toda la semana. te ahogo en la bañera ―Amalia tenía espuma por toda la cara. ―¿Nada? ―el tono de indignación lograba hacerse oír a través de una cabeza llena de espuma―. incapaz de deshacerse de aquel sentimiento festivo―. El combate siguió. con tan mala suerte que se tragó parte de la espuma soplada por su amiga para devolverle la jugarreta. durante unos instantes. y una sonrisa enorme de oreja a oreja―.. Estás preciosa cuando te ríes.

con fuerza y rapidez. ya de pie. A veces un fallo entre mil aciertos vale por mil. Contestó al ver a su amiga esperándola. La mujer se contuvo. Por saber que soy la mejor abogada de todo el puto Madrid y no pedirme consejo en temas legales. pero no se sentía con fuerzas. que abrió sobre Milagros. era una deformación periodística de cara a la cámara que a veces le jugaba malas pasadas en el mundo real. no quería hacer más daño. ¿en qué coño estabas pensando? Milagros no contestó. Por Dios. Durante la operación. Mila. Así que ayudó a Milagros a salir de la bañera y envolvió su cuerpo desnudo en la toalla. Una palabra murió en la boca de Amalia. en brazos y piernas sobre todo. todavía abierta a consecuencia del gesto de énfasis de la pregunta anterior. Esperó a que Amalia cesara el riego para intentarlo. grifo de ducha mediante―. sujetando una toalla extendida: ―Supongo que en nada. Amalia estiró su cuerpo huesudo para alcanzar la ducha. cogió otra toalla y terminó el trabajo de forma más concienzuda. Milagros pensó que debería arrebatarle la toalla a su amiga y terminar ella misma. por encima del paño. pero aún así la mujer dio un respingo al notar el líquido llenando su boca. Por haber dejado que el idiota de Jaime lleve la productora a pesar de mis advertencias. «La única vez en mi vida que no soy objetiva. La única vez en la que me dejé llevar por la euforia. El agua estaba templada. ―Por no hacerme caso ―Amalia continuó aclarando a su amiga. una ficticia respuesta que nunca logró alcanzar el canal de comunicación. El problema de diferenciar entre cantidad y calidad: ¿cuánta cantidad iguala a esa calidad?» GRAN HERMANA 104 . tomándola otra vez por sorpresa. comenzó a frotarla con las manos. Acto seguido. Había más oportunidades de decir algo coherente si no tenía que mantener la boca cerrada para que no le entrara agua.Haciendo un pequeño esfuerzo. Una vez efectuado el primer secado superficial. como ahora. El hecho de tener que darle la razón llevaba asociado otro nuevo fracaso.

Y la rechacé. ―¿Y por qué no aceptaste? ―Era un reality ―recordó angustiada la mujer. No hubiera podido ―reafirmó la idea en voz alta―. Siguen sin gustarme ese tipo de programas. yo conozco todas las tuyas. ―Así como tú conoces todas mis miradas.―Mila. ―Pero si tú detestas los realities ―suplicó Milagros―. de contestar sí o no―. Es sólo un chulo. pero tampoco tuvo el tiempo suficiente para poder sopesar las posibilidades.. ―Tranquilízate. Lo sabes bien. ―Ya tuve una―se sinceró Milagros―. Detesto esos programas. ―¿Eres su abogada? ―primero su tía y ahora su mejor amiga. y a sus participantes. ―El Loren no es mala gente. ―su amiga la sacó del trance―. Por alguna extraña razón. enseguida te empezarán a llegar ofertas de todas las cadenas. Le conozco porque soy su abogada. ¿quién más la traicionaría?―. Nunca habría aceptado. ―¿De quién? ―Miguel me ofreció presentar un programa. No te preocupes. Tú eres de los míos. gentuza como el Loren ese. no porque lo haya visto en televisión. Deja de pensar en el trabajo por una vez.. desde una perspectiva distante y objetiva. soltando invisibles burbujas de ira por los orificios nasales―. ¿Cómo puedes representar a alguien así? 105 GRAN HERMANA . ―No estaba pensando en el trabajo. ―¿Y cómo lo sabes? ―gritó Milagros indignada. Mila. Vuelve a este mundo. ¿Acaso le conoces? ―Claro que lo conozco. el hecho de no tener la oportunidad de aceptar el trabajo provocaba un sentimiento de desazón.

―Pero. La conversación se acabó entonces. Amalia condujo a la depresiva Milagros a su habitación. Eso es lo que más me gusta de ti. por simple que fuera. A pesar de todos sus intentos. de la misma forma concienzuda que la había lavado. Así evitaba que su amiga viera las lágrimas insonorizadas que estaba derramando. el segundo trozo de ánimo hizo las maletas y se fue por donde había venido. mientras la ayudaba a incorporarse―. Todas las palabras bonitas que le había dicho Amalia le producían el efecto contrario al esperado. Es más. Milagros se quitó la toalla de la cabeza y dejó que el pelo le cayera sobre la cara. Me alegro de que no hubieras aceptado presentar ese programa.Amalia había terminado ya la tarea del secado. Después de vestirla e intentar maquillarla GRAN HERMANA 106 . es una pena ―abatida. con un matiz: ella provocaba ambos. que su dolor era el dolor de los que la querían. ¿sabes una cosa? ―continuó Amalia. Milagros intentó ponerse de pie. como hacen todas las personas perfeccionistas en exceso. Es una pena que mis escrúpulos no sean tan fuertes como los tuyos. creía. puesto que Milagros asociaba la idea de fracaso al fallo personal. pero le costaba horrores cualquier movimiento. Visto el panorama. cubriéndola en su totalidad. ―Sí. A diferencia de ti. El primero siguió el mismo camino cuando Amalia le preguntó por el carísimo conjunto de ropa interior que le había regalado hace tiempo y que no veía por ninguna parte. Por su parte. absurdamente. ajena al desaliento de su amiga. yo hubiera aceptado presentar el reality. Se estaba arreglando la larga falda negra cuando contestó a las acusaciones de su amiga con la sinceridad que la caracterizaba: ―Todos tenemos que comer. que su fracaso era el fracaso de los que la rodeaban. te admiro por ello. donde la vistió. el saber que soy la mejor amiga de la persona más íntegra y con más principios del mundo. Amalia no consiguió que Milagros saliera de casa.

No me hagas tener que arrastrarte. Julia dejó el lápiz y el cuaderno sobre la mesa y se dirigió hacia la puerta. ―Vamos a comprarle un regalo a Felicia por su cumpleaños. intenta convencerme con algo mejor. Se nota que tiene los genes de su padre. Sabes perfectamente que Julia no tiene los genes de Sebas: es su padrastro. apremiándolas cada dos pasos. sobrinastras. La niña. tía ―le instó su sobrina―. ―Deja de poner excusas tontas y vamos a la calle. padrastros e hijastras. menuda familia que sois. os deberían llamar. ―Cinco años ya ―recordó Amalia en voz alta un pensamiento melancólico. Quizá triunfarais en algún musical de la Gran Vía. que se había pasado el tiempo de lavado automático de Milagros dibujando en un cuaderno. ―Sí. ―Touché. Nació en el dos mil. Si no nos damos prisa van a cerrar la tienda. todos hermanastros. La familia Von Tras. ―La niña de Miriam ―recordó Milagros―. 107 GRAN HERMANA . ―Está hecha toda una artista ―comentó Milagros al ver la calidad del dibujo de la niña cuando pasó. Eres la reina del argumento. su amiga le buscó unos tacones y la obligó a acompañarlas a ella y a Julia. arrastrada por Amalia. al lado del cuaderno―. sonrió al verlas aparecer por la puerta ―.―algo que no logró por la cabezonería de Milagros a no llevar encima pote alguno―. Su tía asintió con la cabeza. ―No vas a hacer que desista de sacarte a la calle porque me cuentes chistes baratos ―Amalia empezó a notar cómo se hacía cada vez más fuerte la resistencia de Milagros―. ¿Cuántos cumple ya? ―Cinco ―respondió Julia adelantándose a su tía. tíastras. ―Nos tenemos que ir.

Aquel aire mefítico le daba la vida. Milagros divisaba con claridad ―con la claridad policromática gentileza del terror―. No te resistas. haciendo un último esfuerzo. giró la cabeza hacia el ambiente viciado de su casa y aspiró profundamente. la mujer tenía las uñas clavadas en el cerco de la puerta. Allí. terminó la disputa―.―Venga. y por qué. Desesperada. no un sudor de esfuerzo sino un sudor frío provocado por el terror―. GRAN HERMANA 108 . Tiene que hacerlo por propia voluntad. la que reponía las fuerzas de las que había carecido en los tres últimos días. coño! ―Milagros comenzó a sudar. presa de un miedo irracional hacia los espacios abiertos. Por alguna extraña razón necesitaba aire y allí fuera no lo encontraba. joder ―Amalia tiraba con todas sus fuerzas. Mila. ―¡Déjame. motivada por el miedo. que contemplaba la escena con un rictus de serenidad que daba miedo. Incluso Milagros se sorprendió a sí misma al comprobar cómo un ímpetu desconocido sacaba fuerzas de flaqueza que la permitían luchar contra la voluntad de Amalia. por absurdo que pudiera parecer. ―Pero si te encanta mi casa. Algún día tendrás que salir a la calle. pero no lograba moverla ni un milímetro―. Cuanto más la obligues. delante del umbral de la puerta. ¿cómo osas llamarla agujero? La conversación degeneró hacia decenas de temas insustanciales. más se negará a ello. Pero no fue así. Amalia intentó tirar de ella hacia fuera. Estaba claro que Milagros se resistía a salir a la calle y pensaba que retrasando el momento con palabras fútiles. Estaba ya casi en la puerta cuando comprendió que era la adrenalina. un soporífero y soleado día de junio. esperaba que la debilidad de su amiga decantara la balanza hacia ella. Amalia pensaba lo contrario. Te hará bien salir de este agujero. pero fue en vano. la respiración de Milagros se aceleró súbitamente. ―Vamos. Cansada de la situación. su amiga desistiría. ¡Suéltame! ―No la presiones más. tía―Julia. Sin saber cómo.

¿Y si me quedo en este estado vegetativo el resto de mi vida? ―Tendremos que ir al médico a ver que nos dice. ¿verdad? ―Milagros a punto estuvo de cruzar el umbral por la sorpresa. ¿y si no se me pasa? ―volvió a insistir―. ―Es el entorno lo que le hace crecer a uno ―se lamentó Amalia―. Sólo necesitas un poco de tiempo. Llevó así ya tres días. Pero después de lo que ha pasado esta niña últimamente. Luego se fue hasta la cocina. Esta vez no le importó que su amiga la viera. Amalia desistió al fin. ―¿Qué me está pasando? ―Nada. ―Descansa. secándole las lágrimas―. Cogió el cuerpo de Milagros y lo introdujo dentro de la casa. donde la metió en la cama después de desnudarla. ―Sólo tiene doce años. ―Pero. doy gracias a Dios al saber que su personalidad es la misma de siempre. pero tenía las manos bien aferradas a la jamba de la puerta. Tengo miedo Amalia. Duerme un poco. Y me da miedo salir a la calle ―esto último lo confesó como si fuera una blasfemia―. Pero antes tienes que prometerme que vas a intentar tranquilizarte. llenó un vaso de agua y regresó a la habitación para hacerle tragar una pastilla.Ambas mujeres miraron a la niña boquiabiertas. 109 GRAN HERMANA . Milagros asintió compungida y se puso a llorar. ―No te preocupes ―Amalia seguía acariciándole el rostro. Mañana vendré para ver qué tal estás. Mila. ―Pero no se me pasa. Después de las palabras de su sobrina. guiándola hasta su habitación. Estás un poco depre por lo del despido. Milagros no preguntó qué era aquello que se estaba tragando. Nada más. Se te pasará pronto. cariño ―le dijo Amalia mientras le quitaba el pelo de la cara con ternura―.

atenazada bajo los efectos internos de la pastilla que le había dado su amiga. Amalia se fue hasta el baño. donde se puso a llorar a moco tendido. GRAN HERMANA 110 . Poco a poco se fue durmiendo. Ahora que su amiga no podía verla. podía desahogar todo el sufrimiento acumulado durante la última hora. Cuando escuchó el primer ronquido de Milagros.La mujer asintió con la cabeza mientras aspiraba fuerte por la nariz evitando una fuga inminente de mucosidad.

Salía del trabajo a la carrera. «A saber de dónde saca esta niña las frasecitas de marras».Si un hombre te dice que pareces un camello. si te lo dicen dos. acaba por ser cruel con los misericordiosos Talmud Revelación histérica surgida de matriz fría Amalia pasaba por casa de Milagros todos los días a las nueve de la noche. no le hagas caso. se preguntaba su tía al ver el dibujo nuestro de cada día. mírate al espejo Proverbio árabe Escribe en la arena las faltas de tu amigo Pitágoras El que es misericordioso con los hombres crueles. firmado con una frase de ánimo. En el bolso llevaba consigo un dibujo de Julia. se metía en un taxi y aparecía delante de su puerta quince minutos después. mientras contemplaba en qué se estaba convirtiendo Milagros. tragándose las ganas de llorar por la impotencia. pensaba que su amiga ya no era 111 GRAN HERMANA . por no hablar de las cientos de llamadas que dejaba en el contestador ―Milagros era incapaz de coger el teléfono―. distinta cada vez. la mujer más fuerte que nunca había conocido a lo largo de su vida. A veces. a la postre. lo único que lograba llenar sus ojos de un atisbo de vida. Casi el mismo tiempo que tardaba muchos días en abrirla su amiga. Había veces que el dedo se le quedaba pegado al timbre. puesto que el móvil se lo encontraba desconectado a todas horas: no se había vuelto a cargar desde aquel domingo fatídico tras el que le cambió la vida.

no consiguieron que el médico la viera. y contaminado. aliviar ese sufrimiento. Es lo que tiene el amor. llevaba a la niña como pase pernocta. porque. Amalia llevó consigo a un psiquiatra amigo suyo. sustituidas hábilmente las siguientes veces por placebos sin poder terapéutico alguno. Hicieron lo posible y lo imposible por llevarla a la consulta. como era el caso de Milagros. densa y lentamente.más que un fantasma. Esta vez entraron. envejeció diez años de golpe. Milagros no abrió la boca más que para agradecerle a su hija los dibujos que le mandaba. o saber. cuanto más se quiere. envuelto en un vacío constante GRAN HERMANA 112 . Máxime si el que lo padece no quiere dejarse ayudar. y casi incurables. pero Milagros seguía negándose a salir de casa. casi a cámara lenta. a lo máximo que llegaron era a las pastillas para dormir que le dio Amalia el primer día. Aún así. pero cuando Cecilia intentó hablar con ella. la tía Petri por la mañana y Amalia de parte tarde. un alma en pena emparrillada bajo las cuatro paredes de un piso hipotecado. Era ver el cielo despejado. dejando libre la hora de la siesta. más se sufre por no poder. Amalia apreció con Cecilia y Julia. La pobre Petri. del junio madrileño y le entraban náuseas. lo peor llega cuando la empatía es demasiado alta. Cecilia le dejó escritas una serie de recomendaciones inocuas obtenidas por un colega. También a diario se pasaba su tía Petri. en sesión continua de doble jornada. Sin embargo. te importan tanto las otras personas que terminas adoptando como tuyos sus problemas. Aún así. Al día siguiente. pero ambas seguían yendo allí todos los días. Cuando se enteró de que los males de su sobrina eran permanentes. La vía caduceo no se atrevían a comenzarla hasta que un psiquiatra la viera. Puede que el dolor y al impotencia fueran insoportables. Así transcurría el tiempo en el oscuro cubil de Milagros. Aquello fue lo máximo que consiguieron vía medicinal. pero el instinto de Milagros se olió la jugarreta y no les dejó entrar. Una tarde. puesto que ella era ginecóloga y no una especialista en enfermedades mentales.

Llevabas año y medio sin fumar. Enfrente de su cama estaba el espejo de cuerpo entero con el que. «¿Quién será?». pero cada día que pasa tu nivel de idiotez aumenta hasta cotas insospechadas ―fueron las primeras palabras de la mujer en mucho tiempo. antaño ―«parece que fue hace miles de años»― decidía si estaba lo suficientemente decente para salir a la calle. acompañada por las repeticiones del soniquete del timbre. A duras penas llegó hasta la puerta. los ojos inyectados en sangre y con un cigarro en la boca―. falseando la capacidad de sus sentidos. pero llegó. O así se veía ella. Más bien la ira.sólo perturbado por las visitas de Amalia y de Petri. se ve todo negro. por favor. Se levantó como siempre. ―Hola. con parsimonia. Cuando se quiere ver todo negro. despertando de su período de hibernación. engañada de la misma manera que las pobres anoréxicas se engañan a sí mismas deformando la realidad. Gracias por dejarme entrar. masculló la curiosidad. ―No me pongas más nervioso. la rabia y la cólera. Era demasiado pronto para cualquiera de ambas mujeres. pero a ella le parecía que sus piernas eran casi negras y que el pelo del coño le llegaba hasta el ombligo. por no hablar del bigote tipo Emilio Zapata que caía como hiedra por su labio superior. Ahora. el espejo le devolvía su imagen reflejada. Milagros tenía su propia paranoia: veía una mujer casi esquelética que no se había depilado durante mucho tiempo. Como ahora. Y era patética. Milagros lo escuchó perfectamente. Levantó la mirilla ―«pocas son las precauciones desde que Amalia intentó meterme a aquel matasanos dentro de casa»― y lo que vio le levantó el espíritu. trastornando su ánimo con mentiras. Se presentó delante de la mujer parapetado tras una tupida barba. sólo roto por el sonido del timbre. 113 GRAN HERMANA . Hasta le dolió la mandíbula al decir toda la frase seguida―. ―Creía que no podías ser más gilipollas. Se extrañó. Mila ―la estampa de Jaime era deprimente. No se dio más prisa. Tampoco era para tanto.

pero en casa de Milagros. no se recordaba un cenicero desde que su padre olvidara su afición al tabaco. hacía gestos de negación con la cabeza. No he conseguido nada. anestesiada bajo el efluvio de la ansiedad más irracional y el insomnio más mortífero. sin levantar la mirada del suelo―. ―¿A qué has venido? ―volvió a repetir mientras clavaba los ojos en la nuca del hombre. Nada. ¿me oyes? Nada ―gritó―. acérrima militante de la liga antifumadores. así que el tabaco no es el único vicio al que has vuelto… ―Nada ―repitió Jaime sin hacer caso a Milagros―. «¿O ex socio?». Cuando regresó hasta el salón. Habían pasado quince días desde la última vez que se vieron y a Milagros semejante cantidad de tiempo le parecía un mundo. poseída por su rol miedoso y agorafóbico. la mujer. ―¿Y a eso vienes? ¿A relatarme tu ineptitud? ―Nada.Jaime intentó deshacerse de la colilla. «¿Todavía somos socios o la productora se ha ido a la mierda de una vez por todas?» ―¿A qué has venido? La repuesta de Jaime se hizo esperar. ―Llevo seis días haciendo guardia delante de la casa de un importantísimo miembro de la jet set ―comenzó. sobre todo porque había visto discurrir ese período lentamente. Lo hizo con tanta rapidez que cogió a Milagros por sorpresa. donde no encontraría el refugio y la comprensión de otras veces. Quería que lo primero que viera al levantar la cabeza fuera la ira de su mirada. ¿me oyes? ―Jaime se decidió al fin a quitar la vista de sus zapatos. Tuvo que ir hasta la cocina y apagarla debajo del grifo. ¡Nada! GRAN HERMANA 114 . y por ambos brazos―. Y no he conseguido nada. donde no encontraría esta vez compasión. ―Vaya. pensó. chistando de vez en cuando la estupidez de su socio.

Aquel hombre había perdido los papeles de forma alarmante. y saber que aquel gozo se lo provocaba el sufrimiento de otra persona la dejó anonadada. ―Nada. como era el caso. no pudo evitar que la comisura de los labios formara una sonrisa malévola: sabía por lo que estaba pasando. Aún así.» 115 GRAN HERMANA . y eso le alegraba. Delante de ella ya no se encontraba el causante de sus males. Por primera vez en mucho tiempo. ahora en tono lastimero―. se acercó encolerizada hasta el hombre. ―siguió diciendo Jaime. agarrotada y débil.. así que. le arreó un sonoro bofetón que paró en seco la coctelera. Cuando la mujer volvió a tener bajo control a todos sus sentidos. de nuevo los ojos al suelo. repitiendo su mantra de nulidad una y otra vez. Y eso la hacía feliz. estaba segura de vomitarle encima. Milagros se sintió dichosa. dispuesta a resarcirse por todas las mentiras y jugarretas. Nada… Pasaron dos minutos en un incómodo silencio. totalmente vencido por los acontecimientos. a la mujer no le quedó más remedio que parar la violenta sacudida.La mirada de locura que había en sus ojos asustó a Milagros hasta el punto de ser ella la necesitada de compasión. extrañamente feliz. porque aquella angustia era tal que no se la desearía ni a su propio enemigo. Pero no pudo. Entonces comenzaron las preguntas ¿La enfermedad la estaba volviendo cruel? ¿Sería un efecto secundario de las pastillas para dormir? ¿Enfermedad? ¿Desde cuándo estaba enferma? ¿Qué clase de enfermedad tenía? Físicamente estaba bien. No paraba de agitarla mientras repetía aquella inocua palabra: «Nada. lo había sufrido en sus propias carnes. sus ojos contemplaban a un hombre ausente.. en cuanto tuvo oportunidad. Entonces sólo quedaba una respuesta: «Enfermedad mental. Si seguía zarandeándola de aquella manera. derrotado. La compasión había triunfado. pero sí a un amigo. Milagros intentado que la cabeza dejara de darle vueltas y Jaime lamentándose por lo bajo. pero bien.» Presa de un terror incipiente.

Jamás. por ahí ―los términos cosilla y por ahí provocaron escalofríos en el corazón de Milagros― nos quedaremos a cero. ―¿Y cuánto tiempo tenemos hasta entonces? ―Muy poco. los odiaba tanto como Milagros odiaba los realities―. antes formalizaremos la suspensión de pagos y con la venta del inmueble y alguna que otra cosilla que tengo. Ambas respuestas. ―Una buena exclusiva podría proporcionarnos algo de líquido con el que pagar a los acreedores más impacientes. GRAN HERMANA 116 . cuando nos quedemos sin dinero. con Jaime siempre había de unos y otros. Y eres tan cobarde que no te has atrevido a decírmelo. excepto Laurita.―¿Por qué has vuelto a trabajar? ―si algo había aprendido Milagros a hacer durante los últimos días fue a cambiar de pensamiento para evitar el ataque de ansiedad cuando estaba a punto de aparecer―. Lo sabes perfectamente. ―Por eso has vuelto a las andadas. que sigue empeñada en organizarte la agenda hasta que dejes de estar de baja. Milagros no respondió. Si había algo que detestaba Jaime eran los montajes. tenemos. ―La productora no va a quebrar. esperó las justificaciones y los detalles. ―La productora ha quebrado. o los que sean. No vas a hacer un puto montaje. Mila. ¿qué más da ya? ―¿Qué has dicho? ―Milagros se levantó del sillón como un resorte. Ni hablar. ¿Respuestas acertadas? El hombre asintió con la cabeza. Los empleados ya se han ido. Seguiré intentándolo con las exclusivas o quizá me rebaje a pactar un montaje… O dos. Lo siento. Terminantemente prohibido. o cincuenta. Puede que nos salga algún trabajo antes de que quebremos de verdad. ¿Y por qué no has dado señales de vida durante los últimos quince días? ―¿Por qué me lo preguntas? ―habló Jaime para el cuello de su camisa―.

algo que intimidaba al hombre. ―¿Y no aceptaste? ―la cara del hombre se tornó cenicienta. Nunca has hecho uno y no voy a permitir que pierdas tu integridad ahora. Era más alta que Jaime. dejándola sentada sobre el parqué. No me debes nada. ¿Prefieres perder la casa? ―No vas a pactar ningún montaje ―la posición de Milagros era inflexible. Va en contra de mis principios. apoyando sus manos en las piernas del hombre. Sin garantías.―Pero necesitamos el dinero. Cualquier apaño que nos dé dinero será bienvenido. conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. al contrario. topándose con los cristalinos ojos de una Milagros a punto de confesar―. con tranquilidad. te lo debo. Nos vendiste. ¿Te das cuenta de lo que has hecho? ―¿Te das cuenta de lo que hiciste tú. Accionado por un resorte ficticio. así que aprovechó esa ventaja para acusarle en contrapicado―. Es lo único que nos queda. Ya habríamos hecho otro. Se había arrodillado delante de Jaime. ―¿Qué me lo debes? ―se sorprendió Jaime. sorprendida por los gritos del hombre―. ―¿Me estás diciendo que podías haber salvado la productora y no quisiste? ―la mujer estaba segura de que los gritos podían escucharse en todo el barrio―. ―Puede que no pienses igual cuando te diga que Miguel me ofreció presentar uno de sus realities. Además. sin período de prueba. ―¿Cómo iba a hacerlo? ―se enfadó la mujer―. Sin nada. o 117 GRAN HERMANA . hablándole muy despacio. ―¡Nadie quería comprar el puto programa! ―¿Y qué? ―continuó Milagros. Jaime se levantó con tanta fuerza del sillón que tiró a la mujer hacia atrás. pedazo de hijo de puta? ―Milagros logró juntar las pocas fuerzas que le quedaban para levantarse del suelo. como lo hacía siempre―. sin indemnización. o pensado otras fórmulas. La sorpresa hizo que levantara la cabeza del suelo.

¿sabes? Estoy de los nervios. coño! ―se enfadó Milagros―.buscado otras soluciones. ―Perdona. Mira. pedazo de idiota. ―Esto no tiene nada que ver con el fracaso del programa. No quería hacerte daño. ―Supongo que has perdido la confianza en mí. tenía uno preparado con esa actriz de segunda que… ―¡Jaime. Es demasiado posesiva. Las palabras de Milagros hicieron mella en Jaime. ¿por qué estás así? He intentado hablar con Amalia. ¿me perdonas? ―Por supuesto que no ―el hombre dio un respingo hacia atrás al escuchar su respuesta―. la espalda por lo menos. ―Tú lo has dicho. que he estado detenida en campos de prisioneros de guerrillas africanas. Es la tensión. ―No me extraña. Es más. ―Pues ya me explicarás de donde vamos a sacar la pasta si no voy a poder hacer los montajes. ¿Crees qué me iba a hundir en la miseria por una cosa así? ―Pues no lo parece. hasta que la quiebra nos separe. Deja ya el tema. no yendo cada uno por libre. ―Joder. ―Yo… ―comenzó―. Tendrás que hacer muchos más méritos para eso. ―Entonces. GRAN HERMANA 118 . Pero juntos. pero no ha querido decirme nada. Éramos socios. ―Entonces. seis días delante de una casa metido en un coche deben de fastidiar a cualquiera. ha amenazado con castrarme si me encontraba merodeando por tu puerta. No quería que pensaras que habías fracasado. Estás hecha una mierda. He dicho que no. volviéndose a demostrar que era la única persona que sabía cómo apaciguarlo. ―No se lo tomes en serio ―sonrió Milagros―. Tienes suerte de tener a alguien así. Como un puto matrimonio. Jaime. Somos socios.

Y no soy cursi. niña ―se rió Jaime―. Esa parte de tu drama no es lo suficientemente patética como para que lo tenga en cuenta. Sólo intento no blasfemar más de la cuenta. ―Todo hombre tiene sus necesidades ―se defendió su amigo―.―No es por eso. Y mucho menos ya por el Pasifae. Todo el mundo se la sabe. ¡Ah! ―recordó nostálgico―. Comprendió que había hablado más de la cuenta. Que yo tenga más necesidades que los demás y que tenga que desahogarme más pronto que tarde no es culpa mía. Todo hombre tiene que desahogarse tarde o temprano. Yo. Y te está bien empleado. temeroso de que Milagros le sacara más los 119 GRAN HERMANA . ahorrando todo lo que gano para pagar las deudas. ―¿Quién es Falillo? Se oyó un tragar de saliva. ―Pero si hasta me he tenido que hacer una paja ―sollozó―. es lo primero que le cuentas a la gente después de darle la mano ―exageró―. que desde los catorce años no me había vuelto a masturbar. Llevo quince días gastando lo menos posible. por vicioso. exhausta tras su demostración de poderío―. La cantidad de dinero que me he dejado allí. ―Mira que eres cursi con algunos temas. Ni siquiera voy por el Bilis. pero Jaime no respondió. El Pasifae es una casa de putas de las de toda la vida. Y ha tenido que ser en las bodas de plata de tan magno acontecimiento cuando se consumara el desastre. ―No creas que me vas a dar pena ―Milagros se sentó en el sofá. comprendió. nuevas la sufragaron a tu costa ―terminó Milagros―.. y ya no había marcha atrás. Las orejas se tornaron color escarlata y bajó la mirada hacia el suelo. Pobre Falillo. Si hasta una de las salas… ―. Sí.. Es por la falta de sexo ―Milagros miró al cielo y se lamentó por no saber qué hacer con aquel hombre―. nos sabemos esa historia. ―Pensé que habías dejado ya las mancebías.

colores, con tan mala suerte que terminó mirándose la entrepierna. Levantó la mirada con celeridad, esperando que la mujer no se hubiera enterado y se topó con la mirada estupefacta de Milagros. Jaime había sido el mejor de los paparazzi, pero cuando se trataba de disimular delante de una mujer, aquel desgraciado era patético. ―¿Me estás hablando de tu pene? ―Milagros, los ojos en blanco, no sabía ya si aquella conversación era surrealista o de un realismo hiperbólico―. Y yo que pensaba que estaba medio loca… ―Está bien ―se ofendió Jaime―. La señorita cursi no quiere seguir hablando del tema. Le molesta tener la polla en la boca. El burdo chiste de Jaime hizo que Milagros volviera a maldecirse por haberse asociado con aquel enfermo. Se levantó para atizarle un puñetazo en el hombro ―el famoso ataque de las vestales menos violentas―, pero falló. Perdió entonces el equilibrio y, cuando ya se veía en el suelo, los reflejos de Jaime evitaron la caída. Evidentemente, las manos de su amigo no encontraron otro sitio mejor al que agarrarse ―para salvarla―, que las tetas de la mujer. Después de quitarle las manos de encima, Milagros le dio un puñetazo ―y esta vez no falló―, no por meterle mano tan descaradamente, sino por el dolor causado al golpearle los senos. ―¿Qué voy a hacer contigo? ―se lamentaba, a la par que se masajeaba los pechos, intentando que el dolor desapareciera lo antes posible. Lejos de amedrentar al hombre con sus palabras, los tocamientos de Milagros le excitaron todavía más. Y la mujer lo notó. Era difícil no hacerlo: boca entreabierta y baba incipiente lo corroboraban. ―Lárgate ―le dijo asqueada a lo que parecía un animal en celo―. Vete antes de que llame a Amalia para que venga a cortarte el Falillo ese. ―Está bien ―contestó su amigo metiendo el culo en un acto reflejo al escuchar la palabra cortar―. Ya me voy, pero antes…
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―Jaime sacó del bolsillo una cantidad desorbitada de píldoras que parecían caramelos de menta―. Toma. ―¿Ahora me traes caramelos? Sabes que prefiero las piruletas ―intentó el chiste, del que se lamentó inmediatamente. Con aquel degenerado no se podía mentar nada relacionado con chupar―. ¿Qué son? ―Me las ha dado un psicólogo amigo mío al que le he explicado lo que te pasa. Me ha dicho que son infalibles. ―Tenía entendido que los psicólogos no podían prescribir medicamentos. ―Tú tómatelas ―Jaime depositó las pastillas en las manos de Milagros, que tuvo que hacer equilibrios para que no se le cayeran―. Te harán bien. ―¡Largo de aquí! Jaime dudó un segundo. Parecía que no se decidía a realizar algo arriesgado, o suicida, que le pasaba por la cabeza, pero al final lo hizo. Ayudado por la distracción de las pastillas, le dio a la mujer un rápido beso en la boca y salió corriendo sin mirar atrás, despidiéndose con un dicharachero adiós. A Milagros toda la acción la había cogido por sorpresa. Le hizo gracia, aunque no la suficiente como para neutralizar la sensación de impotencia. «¡Será cabrón! ¿No me ha llenado las manos de pastillas para que no pudiera defenderme mientras me tocaba el culo al besarme?» Aún así, no pudo evitar que se le escapara una sonrisa. La distracción de Jaime le duró a Milagros un sueño, del que despertó malhumorada, consecuencia de una mala postura sobre un sofá incómodo y de una inoportuna ola de calor procedente del Sáhara. Tuvo que ir hasta la cocina porque la boca, reseca y pastosa, le pedía agua. No cogió ni un vaso, abrió el grifo y metió la cabeza debajo. Cuando se le llenó la boca miró al reloj: las cuatro y media. Su tía Petri no había aparecido aquella mañana. Le extrañó, pero la modorra no quiso que siguiera haciendo averiguaciones. Regresó al
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sofá y cometió el error de encender la televisión. Lo primero que le mostró la pantalla era una imagen enorme del Loren. A Milagros se le revolvió el estómago. Al final se había embarcado en el reality que Miguel le había ofrecido presentar. «Gracias a Dios que no acepté. Hubiera perdido la imparcialidad en treinta segundos al ver a semejante sabandija.» Cambió de canal. Anuncios. Tranquilidad al fin. Se terminan los anuncios y aparece una telenovela. No dura mucho, pero Milagros se la traga. «La mejor de las peores opciones», se dice no muy convencida. Más anuncios. Quince minutos de anuncios. Y un programa del corazón. Milagros huye de él y cambia de canal. De nuevo le sorprende la cara del Loren. Ha vuelto a pasar por el mismo canal sin darse cuenta. A esas alturas ya no se da cuenta de nada, pero no puede dejar de pulsar el mando, subiendo de canal, desde el primero al último, y luego volviendo a bajar, desde el último al primero. Vuelve a parar en una cadena indeterminada. Local. Un adivino. Cambia, no se oye bien. Dos adivinos. Pulsa el botón, un canal más. Otro programa del corazón. Horror. El pulgar duele ya, pero los golpecillos son tan adictivos que Milagros no puede dejar de pulsar. Compulsión. Anuncios, cinco minutos de relax. Estaba en la cadena del segundo programa de cotilleos. Cambio de nuevo. Ahora hay una tertulia y aparece el Loren otra vez como blanco de las iras de unos e idolatrado por otros cientos de sus acólitos, acólitas mejor dicho. «No le soporto.» Otro cambio. De nuevo un adivino. En el siguiente canal dos. Y uno más arriba, una bruja. Cambio. Anuncios. «Gracias a Dios.» Pero sólo duran tres minutos. De nuevo prensa rosa. «Y tienen el valor de llamarse prensa.» Cambio triple. Un adivino. Un canal menos. Anuncios. Se acaban y aparece el Loren. Cambia y ¡otra vez el Loren en una noticia de sucesos! Cambio y un anuncio en el que el Loren nos vende cerveza. Tres canales más y el adivino ha sido sustituido por un noticiario local donde el Loren inauguraba una fuente en su barrio natal. La sobredosis de Loren hizo que el dedo de Milagros se bloqueara, quedando fijo sobre el botón del manGRAN HERMANA

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…. de esos regentados por inmigrantes de las razas más variopintas y que. desesperada. tres… Así estuvo quince minutos. donde encontró una botella de ginebra que la tía Petri le había confiscado a su padre meses atrás. dejando paso a la insensatez. sufridas durante los últimos días. gritándose entre ellos y a los demás. Pasara por la cadena que pasara veía una y otra vez aquella plaga de ex concursantes y contertulios. El asco derivó en enfado. vociferando bajo los aplausos de un público catatónico. Por primera vez en mucho tiempo. caucásicos. Más gracia le hizo pensar que le faltaba la bolsa marrón de papel para parecer un borrachín de serie americana después de salir de uno de los colmados yanquis. Milagros terminó por consumar una gilipollez supina. dos. Estaba segura de que los efectos del alcohol aparecerían enseguida. y el enfado en ira. Una nueva sensación que añadir a las cientos de miles. así que esperó pacientemente su visita. donde se dejó caer con fuerza. Harta de programas de corazón y resúmenes de 123 GRAN HERMANA . Dos largos tragos le costó llegar de nuevo hasta la seguridad del sofá. y la ira nubló el juicio. Milagros sintió asco. por muchas cámaras de seguridad que tengan instaladas. uno dos.. Era pequeña ― parecía un colutorio― y a la mujer le hizo gracia el poder echar un trago empinándola sin dificultad. futuros inquilinos de cama metálica en la sala de autopsias. siempre terminan siendo atracados por hombres blancos. puesto que su organismo malvivía a base de poca comida. ávidos de contemplar hasta dónde es capaz un ser humano de rebajarse por conseguir unos segundos de gloria o cuatro duros mal contados. se fue hasta la cocina.do. veintisiete. obnubilado en las gradas por el influjo del olor a sangre. veintiséis. todas ellas nauseabundas de por sí. veintiocho… y cero. El maléfico aparato le devolvió el tipo de imágenes que no necesitaba ver. veinticinco. tres. y como el que no piensa comete tonterías. si es que cataba algo. Los canales pasaban uno a uno y volvían a repetirse: uno. Para no aburrirse mientras. Y como la insensatez es acción. hasta que. y como la acción no piensa. decidió hacer otra intentona con la caja tonta.

reparó en que el azar la había recompensado con un documental. así que se tumbó. cortaron. desvió la mirada hacia la mesilla del comedor. antiguo miembro de los Estados Confederados. pero antes de localizar el cuaderno se topó con las pastillas que Jaime le había dejado aquella mañana. cuando volvía a tumbarse sobre el sofá. denominación adquirida de la zona semiGRAN HERMANA 124 . Parecía un remanso de paz. haciéndolas viajar esófago abajo. Así lo hizo. maldiciéndose por tropezarse con inconvenientes a cada instante. allí donde estuviera. Cerró los ojos y se acurrucó sobre el sofá. cuando el alcalde de entonces. Lucius Alexander Keane. el quincuagésimo primer estado del país. envueltas por una placentera corriente de ginebra. Sin embargo. y la crisis del petróleo de los años setenta después. la progresión económica del pueblo ―la voz en castellano sonaba por encima de la inglesa original. decidió mejorar la oferta de empleo de la zona cediendo unos terrenos colindantes a la gran presa de Littlebeek para la construcción de la tercera prisión estatal. justo lo que necesitaba. terminara por llevarle al mundo de los sueños: «…Perteneciente a Silvera. por dos veces. Milagros engulló tres pastillas verdes sin pensar. con tan mala suerte que cayó encima del mando a distancia.realities. «Puede que así todo termine. Milagros decidió que terminaría por dormirse arrullada por el sonido de la voz en off del narrador del reportaje. proporcionándole a Milagros una nana a dos frecuencias terriblemente relajante―. ya incipiente. clavó los ojos en la pantalla y esperó que el sopor. Pero la industrialización del país primero. esperando encontrar los dibujos que Julia le había ido dejando para animarla. que lleva el mismo nombre de la presa.» No hubo señal de alarma alguna por parte de su parte racional. «¿Y qué más da?» dijo la insensatez. La mujer se hizo con el control de la situación segundos después. En la pantalla del televisor aparecía la imagen de un bucólico pueblo de montaña. Chargeville era conocido por su antigua industria maderera. provocando un cambio de cadena inmediato y una subida desmesurada del volumen. Fue en esa época.

ubicado al lado de otro. era del dos mil. Milagros se dio cuenta de que tenía el corazón en la boca. una pequeña silla de roble que se incendió durante la tercera ejecución. con el paso de los años. Las conclusiones y recomendaciones de la Comisión no saldrán a la luz. Desde entonces. famosísimo en tiempos. El pueblo terminó. así llamada por ser la sustituta de la primera silla eléctrica de Chargeville. aterrorizada por el nombre escuchado abrió los ojos. A partir de entonces. como reza el letrero de entrada a la población. Chargeville volvió a conseguir su cuota de fama en el resto del país. que muestra el descenso de la población de condenados a muerte. previsiblemente. aún después de que se dejaran de ejecutar presos a raíz del escándalo Flannigan. por convertirse en destino turístico preferencial para cientos de personas. Chargeville. vuelve a estar de capa caída. cuando se descubrió que más de una veintena de presos habían sido ajusticiados en el estado siendo inocentes. una Comisión sobre la Pena Capital estudia el sistema de aplicación de la pena de muerte en el estado con el fin de determinar qué reformas son necesarias para hacerlo más justo y fiable. Esperó con ansiedad para ver los créditos del reportaje una vez finalizado. El nombre le fue dado por dos razones. Por esta razón. convirtiendo al condenado en una tea ardiente que fagocitó la primera cámara de ejecución de la prisión de Littlebeek. hasta finales de dos mil cuatro. sumido en otra de las crisis que lo azotan cada cierto tiempo. Y ya no pudo cerrarlos―… la silla eléctrica más famosa del país. Su fama le viene por poseer el récord de ajusticiados del país. 125 GRAN HERMANA . el paraíso de la corriente alterna.pantanosa que antaño rodeaba aquellos parajes. esperando de nuevo a un salvador que les saque de la ruina…» En ese momento. La Gran Hermana salió del mismo roble que la primera silla. Su gran atracción turística es la Gran Hermana… ―fue entonces cuando Milagros. aunque ahora por motivos bien distintos ―los ojos de Milagros estaban a punto de cerrarse―. En la actualidad sigue manteniéndolo. un documental reciclado de esos que se repiten periódicamente en la parrilla cada cierto tiempo. y de su tamaño mayor obtuvo el calificativo dimensional. lo que ofrecía parentesco. como demostraron las pruebas de ADN.

Pretendía anegar la idea que le había venido a la cabeza. era malévola. era cruel. deseaba luchar contra la serpiente que se le había incrustado en el cerebro.» Así fue: las pastillas hicieron su efecto y Milagros se desplomó contra el suelo.Inconscientemente. «Que así sea. era indecente. sería su fin. GRAN HERMANA 126 . Al fin. era terrible. era perversa. agarró de nuevo la botella de ginebra y se echó un largo trago mientras afloraban las lágrimas.

El odio abiertamente profesado carece de oportunidad para la venganza Séneca La venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno Walter Scott 127 GRAN HERMANA .

GRAN HERMANA 128 .

Venganza 129 GRAN HERMANA .

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