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BRISTOL o paisajes sobre el “drang”

(un concepto que de la nada, significa)

“La historia de mi vida no existe. Eso no existe.
Solo hay vastos paisajes donde se insinúa que algo hubo.
Pero no es cierto. No hubo nadie.”1

Lo que sigue es especulación; fragmentos de un proceso creativo; notas de
un paciente que asocia libremente sobre los bordes de su propia creación
(¿fantasma?). Por tanto no pretende ser un escrito académico. No debería
pretenderlo.

1.
A lo real no le falta nada, porque lo real es lo que es ¿estamos de acuerdo,
no? Es lo simbólico lo que introduce un agujero en lo real. Agujero que nada
significa, o bien significa demasiado simultáneamente. “Demasiado a la vez es
demasiado”, advierte Beckett en Residua. Cada sujeto, en su devenir, construye
en su agujero, una historia. Hace de su yo, un cuento. Lo que a veces no logra
advertir es que ese relato - retrato no es más que una pantalla estructurada por
coordenadas que responden a leyes precisas. Por eso me atrevo a citar el dicho
popular: “No sabía que era imposible, fue y lo hizo”. ¿Cómo se construye
fantasma? El cachorro humano es respetuoso, aprende de sus padres, de los
libros, de la televisión. Los universos simbólicos en los que se inserta responden a
lineamientos definidos, que su vez responden a una geometría particularísima de
la memoria. Cada historial subjetivo, como su fórmula lo indica, debe tener un
inicio, un desarrollo y un final. Repito: inicio, desarrollo, final. El establecimiento de
una cronología viene a darle estructura al Pasado, secuencia los hechos de forma
tal que se vuelvan comprensibles. A vino antes de B, y en consecuencia C. En
palabras de Aristóteles: “...hablaremos a continuación sobre cuál debe ser la
organización de los hechos, pues éste es el elemento primero y más importante
de la tragedia. Ya hemos señalado que la tragedia es imitación de una acción
completa y entera y (...) es entero lo que posee principio, medio y fin. Principio es
aquello que por necesidad no viene después de otra cosa, sino que la otra cosa
es o llega a ser después de él. Fin, por el contrario, es aquello que por naturaleza
ocurre después de una cosa, por necesidad o la mayoría de las veces, pero él
mismo no tiene nada después de él. Medio es aquello que viene después de una
cosa y es seguido por otra cosa. Así pues, es preciso que las tramas bien
organizadas ni comiencen ni finalicen al azar en cualquier punto, sino que se
ajusten a las normas que acabo de mencionar”2. Este ordenamiento, entonces,
viene también a cumplir una función: contener, proteger. Sin embargo, ¿no se trata
acaso de una ilusión de sentido? Ayer al levantarme recibí un llamado telefónico
de mi madre que me hizo recordar la vez que paseamos por una plaza (¿o un
jardín era?), a su vez, mi padre me habló de nuestras vacaciones en San Luis,
pero yo solo recordaba Mendoza. Por la tarde hablamos del tiempo, él del clima,
yo de las horas. Se promueve un ordenamiento de la memoria, se intenta una
1
Marguerite Duras, El amante, 1984.
2
Aristóteles, La Poética.
suerte de clasificación, pero, maldita sea, ella nos trae todos los días algo distinto.
Antes tenía sentido, ¡¿porqué ahora no?!. “Bristol”, ante todo, bien podría ser un
devenir de evocaciones. Una construcción inspirada en el retorno - retoños de lo
reprimido. Paisajes que se fugan en los lapsus. “Sé perfectamente que todo esta
ahí. Todo está ahí y nada ha ocurrido aún.”

2.
“En eso se revelan iguales muerte y recuerdo: en que son, para cada
hombre, únicos, y los hombres que creen tener, por haberlo vivido en la
proximidad de la experiencia, un recuerdo común, no saben que tienen recuerdos
diferentes y que están condenados a la soledad de esos recuerdos como a la de
la propia muerte”3.

3.
Entonces, me atrevo a seguir especulando, suponiendo, y me animo a
expresar que la narrativa clásica, en su intento por establecer una cronología,
niega la falta. Sofoca lo dionisiaco con lo apolíneo. Pretende completar aquello
que no es, ni puede ser. He aquí, en consecuencia, la primer premisa de nuestra
creación: la firme convicción de que no se puede representar un agujero
semejante (y disculpen si suena obsceno). Fue precisamente, esta cierta
imprecisión, la vía regia para el desarrollo del proceso creativo - deconstructivo de
“Bristol”, un territorio dramático donde no hay historia, o bien, “la historia no
preexiste al acto de crearla” (J. Lacan, Función y campo de la palabra en
psicoanálisis). O, por último, el vacío de la memoria que crea la historia de la
memoria de ese vacío. Entonces: “Es, si se quiere, octubre, octubre o noviembre,
del sesenta o del sesenta y uno, octubre tal vez, el catorce o el dieciséis, o el
veintidós o el veintitrés tal vez, el veintitrés de octubre de mil novecientos sesenta
y uno, pongamos.”4 Si, pongamos. La experiencia, como se encarga de reiterar
sucesivamente Saer, es inaprehensible. La memoria actúa sobre si misma, en un
doble juego, por un lado traduce la fugacidad del acontecimiento construyendo
historia, por el otro resignifica esa historia, unas veces negándola, otras
mitificándola, otras simplemente olvidándola. Sobre la ausencia estructural se
inscribe la “pérdida”, como concepto (significante), supliendo precisamente ese
rincón vacío que es intrínseco a la constitución del sujeto, sujeto a falta de objeto.

4.
La segunda premisa de “Bristol” se articula con el concepto del drang
(empuje, ímpetu), adoptado por el Dr. Freud para definir el factor motor de la
pulsión o la suma de fuerzas que constituyen su esencia. Freud advierte que no es
posible huirle al drang, dado que se trata de una fuerza constante que empuja
desde el interior del organismo y es independiente de los estímulos exteriores. (S.
Freud, Pulsiones y destinos de pulsión). ¿Qué significa esto? Para el psicoanálisis
infinidad de cosas indudablemente, para nosotros solo una: la evidencia de que
hay algo en el ser humano que excede el plano de la significación (más allá de
que eventualmente podamos significarlo), que forma parte de la experiencia y es
3
Juan José Saer, El entenado, 1982.
4
Juan José Saer, Glosa, 1986.
el hecho de que este algo nos hace avanzar, aún desconociendo su motivo, su
causa, su finalidad, su inscripción. Solo sé que hay drang, como sé que deseo,
aunque no sepa por qué, ni para qué. “Bristol” es, en consecuencia, lo más
cercano a la experiencia de habitar la inevitable anacronía de la historia, y a su
vez la suposición de que, con seguridad, los personajes continúan y continuarán
viviendo, aún ignorando el mito que les dio origen. Sujetos a-históricos. Páginas
en blanco. “Bristol” se edifica, al igual que este artículo, sobre si mismo. Cada
ladrillo que se agrega es base del subsiguiente, de forma tal que ya no se puede
reconocer cuál fue el primero, el segundo, el tercero... y así... así... así... (apagón)

5.
Nos gustaría que todo esto fuera sencillo, ¿no? Nos gustaría meter la
cabeza en una máquina, tragarnos una pastilla, confesarnos en televisión y
curarnos antes de la próxima propaganda. Pero ni siquiera sabemos de qué
estamos enfermos.

6.
¿Es la falta, acaso, lo que empuja? ¿Es esa necesidad de ligar ese resto de
energía, en el sentido que le da Freud en “Mas allá del principio del placer”, lo que
nos conduce a historizar? ¿Es posible, y digámoslo lisa y llanamente, vivir sin
pasado? Los personajes de “Bristol” están perdidos en la trama, habitan el
desierto del olvido, inundado por sustituciones. Cada personaje, es fantasma del
otro, y del Otro, que bien podría ser el espectador. De la misma forma que Ulises
transforma el alarido de los cerdos en palabra5, cada espectador construye, a
partir de sus fragmentos, la historia que desea escuchar.

7.
Más allá de la angustia (Angst) que adviene en el sinsentido, de la
desesperación que sobrevuela al enfrentarse con la falta, con la propia y con la del
otro, prefiero a veces considerar la ausencia, como la causa misma de la creación
y por lo tanto como un fenómeno liberador, activo, en el sentido que le adjudica
Nietzsche a lo largo de su obra. Entonces, deconstruir la autobiografía, o bien el
propio síntoma (la creación mayor del neurótico), se transforma potencialmente en
el paso previo al hallazgo de un nuevo goce, fundado en una nueva historia,
dentro de la cual pueda sentirme un poco menos sujeto, una poco más absuelto.
Aquí reside, si se quiere, la verdadera subversión que cada cual debe realizar, si
acaso es posible, con su Pasado. En las criaturas de “Bristol”, adviértase que no
me refiero solo a los personajes sino a sus creadores, lo que adviene en lugar de
la ausencia primordial, es la desaparición del Padre. Ella viene a representar lo
que falta, opera como punto de eterno retorno. La rebelión se torna inviable
porque la sujeción es total. La fijación impide una fuga, por lo tanto la respuesta
frente a la imposibilidad del parricidio, es la destrucción del otro vía transferencia,
o bien, la del otro encarnado en uno mismo, o por último, la melancólica
reconstrucción ideal de lo perdido, según como cada personaje singularice su

5
Jacques Lacan, Función creadora de la palabra, 1954.
compulsión. “Has querido matar al padre para ser padre tú mismo: ahora eres el
padre, pero el padre muerto"6.

8.
La construcción del mundo reside en el lenguaje. "¿Qué es entonces la
verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias,
antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones
humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y
retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo
considera firmes, canónicas y vinculantes. Las verdades son ilusiones
que se han olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y
sin fuerza sensible.”7 La historia intelectual de la humanidad, es en
efecto, la historia de la metáfora y de la ilusión. El poder de
transformación de esa interpretación primordial, es entonces, en
palabras de Nietzsche, el motor de la Actividad. Pareciera, por último,
que una historización categórica sofocara el empuje, o bien que la
imposibilidad de metaforizar cada vez de nuevo ahogara lo Activo. ¿Es
acaso un retorno a esa contingencia del ser La Respuesta? Si todos los
caminos conducen al orden simbólico, ¿es, finalmente, la admisión de
una posible orfandad respecto del símbolo lo que no logra inscripción?
Los significantes nos crean, están ahí, son los hitos de los hitos, ¿cómo
evadirlos? ¿Quién fue, realmente, el que los creó? ¿Quién fue El? ¡¿Quién
es El?!

9.
El 9, en numerología, representa la Realización, ese “tan demorado pero
siempre esperado algo por el cual vivimos”8.

Juan Coulasso
Director de “Bristol” (Reestrena en marzo de 2008)
www.espaciobristol.blogspot.com
Contacto: juancoulasso@fibertel.com.ar

Agradezco a la Lic. Liliana Patri por apoyar la concreción de este proyecto.

6
Roberto Espósito, Communitas, Buenos Aires, Amorrortu, 2003.
7
Friedrich Nietzsche, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, Madrid, Tecnos, 1990, p. 25.
8
Tennesee Williams, El zoológico de cristal, Buenos aires, Losada, 1951.