DEL INOCENTE AL HUÉRFANO INICIANDO EL VIAJE DEL HEROE INTERIOR El inocente vive en un mundo paradisíaco donde todas sus

necesidades son satisfechas en un clima de amor y cuidados. Para algunos, esto se relaciona con la primera infancia. Para otros, con el primer amor o con las primeras experiencias místicas de conexión con el cosmos. En general, este mito constituye la manera en la cual deberían ser las cosas, es el deseo que existe en cada uno de nosotros de ser completamente cuidados. Para los Inocentes los demás y el mundo natural existen para servirlos y satisfacerlos. La Tierra existe para complacerlos, pueden saquearla, contaminarla, arrasarla porque solo existe para ellos. Para los Hombres Inocentes, el rol de la mujer es atenderlos, complacerlos y apoyarlos. Para las Mujeres Inocentes, los hombres están para protegerlas y proveerlas de lo que necesitan. Ninguno percibe al otro como completamente humano. La inocencia es el estado natural de los niños, pero cuando se prolonga en la edad adulta, implica una proporción increíble de negación y narcisismo, con lo cual no es raro que los adultos crean que los demás deben ocuparse de que su vida sea un paraíso. Lo ironico es que podemos retornar ala seguridad, al amor y a la abundancia pero como resultado de nuestras travesias. Es lógico que haya muchos que prefieran ahorrarse ese paso. No importa cuanto tomemos y aferremos, así no se llega. Los inocentes, enfrentados a la necesidad de abrirse paso en su propia vida, se sienten abandonados, traicionados y aun ultrajados. Y no saben que esa es al fin, una afortunada caída. Muy, muy en el fondo de su ser, desean salir.

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