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a que se apoyen uno al otro con las tareas de la escuela. Que se organicen ellos mismos: el mayor ayuda al del medio, éste al más chiquito y el menor puede mostrarles sus avances a ambos. También se puede hacer una mini ceremonia cuando reciben o dan la ropa y los juguetes que ya no usan: que festejen estar creciendo ¡o ser los herederos!

UN RATO SOLOS

Hermanos

EL DEL MEDIO
Manual para evitar diferencias incómodas. Claves para entender sus reacciones.

es ingeniero agrónomo pero él quiere tocar la guitarra, no hay nada malo en eso. Al contrario.

SIN ETIQUETAS

E

s el más rebelde o el más tímido. Siempre tiene un capricho o al revés: se encierra toda la tarde en su cuarto “como-un-santo”. ¿Qué le pasa? Quizá su carácter se relacione con el lugar que le tocó en la familia, en el que tiene que luchar para que sus hermanos, mayores y menores, no se lleven siempre la atención. Alguna huella puede quedar en su personalidad si nadie lo felicitó cuando aprendió a multiplicar, porque justo en la misma época el chiquito empezó a leer y la princesa mayor terminó la primaria. Dicen que el hermano del medio siempre la tiene más difícil. Mito o realidad, no se puede generalizar: cada chico es único, sin importar en qué orden nació. Y la forma en la que se sientan reconocidos depende de la

dinámica familiar. Pero si la experiencia (y el berrinche de anoche) te indica que algo no anda bien, tomá nota de algunas estrategias para que todos tengan mimos por igual.

COMO UNO MAS

Antes de preocuparse (o quejarse) porque “el del medio” siempre está solo o responde mal, mejor pensar si se le está dando el lugar que necesita. ¡Atención! No hay que tratarlo de un modo especial –sería el cuento de la buena pipa con los otros hermanos–. Sólo hay que estar, como con los demás, pendientes de lo que pide, de lo que quiere, de sus inquietudes. Y reforzar su autoestima. Tal vez tenga gustos distintos al resto de la familia: en vez de marcarle las diferencias, hay que estimularlo. Si papá

Evitá caer en las comparaciones o en los rótulos que pueden marcarlos. Conviene no decir –ni pensar– que “el más chiquito es un goloso”, “el mayor es un sabio” y “el del medio salió terrible como el tío”. Es clave aceptar a los hijos como son, con sus virtudes y limitaciones. Con el tiempo, ellos y sus amigos elegirán el apodo que más les guste.

Así como la pareja necesita intimidad, los hijos también necesitan, cada tanto, sentir un poquitito de exclusividad y tener momentos de a dos o tres, con mamá y papá. Se puede compartir un deporte o algún taller (pintura o teatro, ¿qué prefieren?). En lo cotidiano, hay pequeños gestos que suman: como invitarlos a cocinar juntos o que al momento de ir a la cama, arroparlos y darles las buenas noches sea especial y dedicado para cada uno.

EN COMBO

Jugar con (¡toda!) la familia no es una misión imposible y sirve para integrar. Extra, extra: ¿Qué tal un pic-nic o un campamento? ¡No se olviden de sacar la foto todos juntos!
Clara UraNga Asesoramiento: Rosina Duarte, psicóloga infantil, y Paula Gerardi, psicóloga infantil del Hospital Penna Foto: Getty Images Latin Amrica/Digital Vision. (www.orientacionapadres.com)

CUCHICHEO

Ayudalos a generar rituales entre hermanos. Una buena idea es acostumbrarlos

“¿YO, CELOSO?”

Sí. Y es normal. Mayor o menor, existe cierta rivalidad natural entre hermanos y eso es parte de la vida en familia. Siempre puede haber sentimientos de envidia, celos y competencia. No hay que tratar de taparlos ni enojarse con los chicos. Mientras no sean extremos, no habría de qué preocuparse. Ellos deben recorrer el camino de aprender a esperar, a ceder, a compartir.