TRANCE ZOMBA

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principios de 1993 ya tenían su disco debut publicado, empezaban a hacerles notas, tocaban más seguido. ¿Vivían de la música? Tuñón: Éramos un desastre, pero ya vivíamos modestamente de la música. Durante los dos años que le siguieron a Pasto tuvimos que apre n d e r todo para poder sobre v i v i r. El manager era un amigo nuestro… Porque cuando se hizo obvio que Quique no podía ser manager de nada, Cosme Palumbo empezó a hacerse cargo. Al principio creíamos que podía irnos bien con la venta del disco, pero después entendimos que con eso no te va bien ni cuando te va bien, y que podíamos sobrevivir con los shows. El primer lugar que nos aceptó fue Die Schule, porque Chabán era el único que te permitía hacer boludeces y perd e r plata. En esos dos años de tocar tres veces por mes en Capital y el Gran Buenos A i res agarramos un montón de training, entonces llegamos a Trance zomba más como una banda. Diego: Teníamos mucha preparación mental y sabíamos cosas que había que hacer para atraer público. Porque éramos un entretenimiento, pero además teníamos que tener un alma. Ensayábamos tres o cuatro veces por semana. Hacíamos distintas versiones de los temas para poder cambiar de recital a recital. Los que iban a ver el show veían una escenografía y una puesta de luces diferentes. Hubo uno en el que pusimos conos de goma espuma… Eran cosas que encontrábamos en la basura. De eso empezó a ocuparse Peggyn: en un momento nos teñía ropa, después consiguió telas y plásticos, y armábamos con eso el escenario. Gabo: Los shows eran un escándalo. Todos teníamos una energía desbordante. Éramos una olla a presión: la destapabas y salíamos como locos, no nos importaba nada. Con Diego nos chocábamos por estar corriendo todo el tiempo sobre el escenario. Los shows eran un bardo y un esfuerzo, porque nuestro flete era Cacho, el padre de Tuñón, que iba a buscarnos con la camioneta a las cinco de la mañana, y en ese momento había que cargar todo, subir cosas a los autos… Tuñón: Cuando recibimos la plata de Sadaic por los shows de Soda, decidimos no usarla para vivir. En cambio, me fui a Los Ángeles a comprar instrumentos, porque tenía el contacto con Bob Jackson de la vez que había viajado con Daniel. Le dije a Bob que queríamos sonar como el grupo más grande del mundo y él me explicó todo: «Tenés que comprar lo viejo, lo que se hace ahora es una mierda». Me explicó la importancia de lo valvular, por qué sonaba más lindo. Y agarramos la etapa en la que todavía no se había puesto de moda lo vintage: en aquella época no me daba cuenta que estaba pagando trescientos dólares por amplificadores que hoy cuestan cuatro mil. En ese momento hicimos un truco: me fui de acá con los equipos nacionales que teníamos y los declaramos como si fueran importados, cuando llegué allá los tiré y traje los buenos de verdad. No nos quedaba otra, porque no teníamos plata. Si hasta anduve por todo Los Ángeles a pie porque no tenía ni para alquilar un auto: necesitaba cada dólar para los instrumentos. Al final me

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compré un sampler muy barato, un equipo de guitarra para Mariano, unos platos y un tambor para Panza, el bajo para Gabo y una boa rosa de plumas para Adrián. Mariano: En mayo del 93 fue lo del Nuevo Rock Argentino en Córdoba, pero no tengo grandes re c u e rdos de eso. Al principio no entendía muy bien qué pasaba, por qué estábamos entre todos esos grupos. Era todo nuevo y había mucha confusión, pero era interesante. Al año siguiente volvió a hacerse, pero ahí ya se sabía mejor quién era quién. ¿En esa época ya ensayaban en la casa de Deán Funes y Chiclana, donde vivieron varios de ustedes? Gabo: Al principio no. Después de grabar Pasto había aparecido un sótano que no tenía ni baño, que alquilaron Adrián y Diego vaya a saber con qué guita, y ensayábamos ahí. En ese lugar ensayamos casi todo Trance zomba. La idea era conseguir la guita para el próximo disco, como sigue siendo hasta ahora. Mariano: Para la época de Trance zomba ya contábamos con esa sala en la calle Deán Funes, en la parte de arriba de una esquina. Recuerdo que hubo una época oscura en la que empezamos a ensayar un tipo de música que después quedó en la nada, que podría haber sido nuestro segundo disco, que era una especie de funk medio disco, una mierda. De esas sesiones sólo quedó Posesión del tercer tipo, el último tema de Trance zomba, p o rque después aparecieron los o t ros temas más rockeros. ¿Cómo fue que decidieron incorporar a Peggyn a la banda? Gabo: Él estaba siempre en Lanús, igual que Quique, Cosme y Luchi. Peggyn era más colaborador, le importaba, y tenía cierto poder adquisitivo, entonces les pidió a los padres unas bandejas. Seguramente Adrián le explicó cómo era lo de ser DJ, porque Peggyn no tenía cultura ni en pedo. Mi relación con él era rara: nos tratábamos bien, pero hasta ahí. No re c u e rdo haber contribuido mucho a su incorporación ni a su salida, ni tampoco alentado su continuidad. Siempre me p a reció que lo que hacía estaba bueno porque no me lo esperaba. Por eso mismo, Adrián se dio cuenta de que servía para las escenografías, que era una p a rte de la que no podíamos ocuparn o s . Mariano: Peggyn siempre estuvo ligado a la banda, primero como amigo, y después, como vestuarista. En las primeras épocas, antes de que empezara a ser DJ, se ocupaba de las puestas, cosa que luego siguió haciendo. Diego: El hermano de Peggyn era compañero mío en la escuela y nos habíamos hecho amigos. Incluso vivió en mi casa un tiempo. En mi casa siempre vivían como siete personas, y todos aportaban algo, porque mis viejos no tenían plata para mantenerlas. Y si no traían nada, bueno, se tomaba y se comía lo que había, que no era mucho. Salvo tocarle el queso y dulce a mi viejo, porque si le

faltaba eso era como si le cortaran la mano… La cuestión es que mi casa tenía espacios liberados para la juventud. En un momento Adrián y Tuñón le pre g u nt a ron a Peggyn si quería ser DJ. Te rminé de convencerlo yo, porque en la familia no era muy tomado en cuenta y entre nosotros encontró gente que lo apoyaba. Adrián y Tuñón le compraron las bandejas y el mixer, le armaron todo, le e x p l i c a ron, y de algún modo empezó a formar parte de Trance zomba. En los shows tocaba en la consola porque no podía estar cerca de donde nosotros estábamos bailando y de donde estaba la batería, si no le saltaba todo. Tuñón: No había escuchado música en su puta vida, pero se había divertido y entendió cómo era. ¿Cambió la forma de componer con la incorporación de un DJ en la banda? Adrián: Simplemente le dimos un lugar a un amigo que estaba entre nosotros. Peggyn no es músico, es DJ. Está bien, él tuvo un desarrollo enorme: de la nada pasó a ser DJ. Pero componer no es transformar la música hecha. Eso sería como posmodern o … P e rdón, ¿y The Avalanches con Since I left you, tu disco favorito de 2001? Adrián: Sí, pero es un disco para bailar, yo ni en pedo hago eso, no sé cómo hacerlo. La música es hacer canciones. Lo más importante que aportó Peggyn fue part e de las escenografías, participó dos o tres veces en los shows de Trance zomba. Lo que pasa es que transformamos la forma del show, y él leyó bastante bien la dinámica. Así podíamos transformarlo en lo que a mí siempre me gustó, un show más amalgamado. Peggyn hacía cosas con Tuñón: básicamente atrapaba loops y después Tuñón los transformaba, porque no nos gusta usar loops reconocibles. De todos modos, era un aspecto que en ese momento ustedes destacaban mucho. Eran «una banda con DJ»… Adrián: P o rque eso nos permitía algunas texturas y una dinámica que podía ir desde la música lenta hasta música tocada a mucho volumen y rápido. Nos daba impacto y sorpresa en vivo. ¿En qué momento se convirt i e ron en una especie de trotskistas de la música, en el sentido de que planteaban la revolución disco a disco? Adrián: Antes de Trance zomba. Mariano: Para mí fue entre Dopádromo y Babasónica. Adrián: ¿O entre Trance zomba y Dopádromo? Mariano: No sé, igual es muy amplio. Si te referís a revolución permanente, te diría que empieza desde el principio. Cambiamos antes de Pasto, p o rque se puso más sucio en el camino.

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¿Ese cambio era algo que se proponían, o simplemente se aburrían del disco anterior y tenían que reaccionar? Adrián: Queríamos hacer un disco mejor. Ya habíamos cambiado y queríamos i n v o l u c r a rnos con cosas que nos gustaran más a nosotro s . Tuñón: S i e m p re supimos que teníamos que ser diferentes de todo lo que sonaba en la radio, incluso de nosotros mismos. Para alguna gente hacer un disco mejor es pulir la misma idea de siempre… Tuñón: Totalmente. Ojo, nosotros tenemos las mismas miserias y aciertos que los otros. Lo que pasa es que, a la larga, te avala lo que hayas hecho o no. Y apostar a algo nuevo en un mundo así parecía ser más noble. Adrián: Ya desde Pasto sabíamos que nuestro formato de canción era una mutación hacia otra cosa. No creíamos que fuera una idea definitiva, estábamos esperando tener un mínimo grado de conciencia sobre la música para cambiar. No lo habíamos hecho antes porque no lo sabíamos, pero en el proceso de P a s t o cambiamos y empezamos a movern o s . ¿Qué cambió entre Pasto y Trance zomba? Gabo: Como a Trance zomba empezamos a ensayarlo en un sótano, medio que estábamos metidos bajo la tierra. Teníamos la idea de que ya habíamos hecho un disco muy colorido y explosivo, así que teníamos que ir para el otro lado, a ver hasta dónde se podía llegar. Queríamos que el filtro fuera otro. Siempre consideramos que estamos aprendiendo a componer y a hacer las cosas de mejor manera. Aparte de diferenciar a Trance zomba del primer disco, lo que queríamos era pasarlo por un lugar que estuviera oculto a nuestra primera sensación, que había sido Pasto, y que el beat fuera más hondo… Supongo que por eso de que estábamos en el sótano. Tratábamos de ralentar lo que era rápido. Por momentos pensaba en un disco frenado. Desde mi posición de bajista rítmico, a Panza lo tiraba para atrás, le hacía abandonar el vértigo… Y después, para la grabación, los chicos habían averiguado que la tecnología de punta eran los adats. Mariano López tenía un estudio de adats y más o menos podía hacerlo, la plata nos alcanzaba para ir a grabar a una quinta, y Mariano se copó en hacer esa locura. Tuñón: Seguíamos en una nube de felicidad increíble, la vida nos sonreía de una manera impresionante: lo que importaba era estar ahí, ser parte de eso. Adrián: P robamos cosas y eso tenía su riesgo. De hecho, Trance zomba suena muy raro. Pero habría que ver qué hubiera pasado si su producción hubiese sido más estándar… Además, lo mezclamos muy mal. Sin embargo, para los fans de los comienzos es «el» disco. Mariano: A mucha gente le gusta ese disco. Yo odio las mezclas, que fueron muy

d e s p rolijas. Fue el último disco que mezclamos nosotros y se nota que había muchas opiniones. Suena decididamente mal. Está mal grabado, también, porque lo hicimos con un estudio móvil. Buscábamos una situación parecida a la de los Chili Peppers, que se fueron a grabar a la casa embrujada; una situación muy de ese momento. Claro que después nos quisimos matar. Lo mezclamos n o s o t ros en Moebio y fuimos a masterizarlo a Nueva York. El tipo nos decía «¿Dónde lo grabaron? No, la próxima vez vayan a un estudio». Podríamos haber ido a un estudio a grabarlo, pero había sido nuestra decisión. ¡Y así suena! Árbol palmera tiene como un sonido ambiente, campestre. En algún momento, si prestás atención, se escuchan los pajaritos… Panza: Quizás hay menos efusividad en Trance zomba. Es más de viaje interno, medio místico, como de buscar un lugar adónde ir. Y tiene swing. Ojo, en o t ros momentos también tiene explosiones o se pone más ro c k e ro. Es un disco muy variado. Pasto era más inocente, pero nos dimos cuenta de que la banda se hacía tocando. Por eso, entre Pasto y Trance zomba nació la banda. Tuñón: Trance zomba podría habernos convertido en una especie de banda de g é n e ro, cosa que afortunadamente no sucedió. Hicimos bien en meternos en esa especie de rock rap y también hicimos bien en abandonarlo. A la gente debe gustarle porque fue la primera vez que salió lo que más adelante iba a ser la música de Babasónicos. Ahí Babasónicos empezó a sonar como orquesta, porque, en P a s t o , Adrián y yo guiábamos más la visión de cómo tenía que ser, aunque no le impusiéramos a nadie qué tocar. Y Gabo, obvio: para mí, la banda la armó Gabo. En ese primer momento Gabo tenía el reloj de la banda y eso era fundamental. Panza tenía el tino de saber seguir ese reloj, porque a veces hay bandas que tienen compositores maravillosos pero vas a verlas en vivo y no están esas cosas tan sencillas, ese metrónomo que hace que todo funcione. Gabo: Trance zomba tiene su encanto desde el lado de las canciones y de la locura de que tira por la borda todo lo que habíamos propuesto en el primer disco. ¡Hicimos mierda todo! Cuando salió, fui a comprarlo a una disquería de Lomas y el pibe, que me conocía, me dijo: «¿Por qué suena mal el disco?». Me quedé helado. No entendía nada. Yo estaba re-contento con el disco, aunque sabía que tenía un sonido extraño. Si ponés cualquier disco extranjero que haya salido ese año al lado de Trance zomba, parece que el nuestro tuviera encima una frazada. El tema era que no teníamos ni idea y queríamos hacer algo que era imposible por las condiciones técnicas. Quizás ahora sería posible sonar como queríamos hacerlo en ese momento. ¿Cómo era? Gabo: Así, pero brillante. En ese momento, por el sistema de monitoreo que habíamos usado, escuchábamos más de lo que había y no lo sabíamos.

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Entonces, nunca llegábamos a lo que queríamos: íbamos para adelante, pero siempre terminábamos muy debajo de lo que pretendíamos. Adrián: Trance zomba es mejor que Pasto y peor que D o p á d ro m o . De un disco a otro me doy cuenta de las cosas que antes no sabía. Pero somos un grupo que hace lo que quiere ahora mismo, ya. Por eso no tenemos mucha melancolía por el pasado. Por eso nunca más volví a escuchar Trance zomba. Sólo tocamos algunas canciones porque me gusta haberlas compuesto, como Sheeba Baby. A mí siempre me gustó Patinador sagrado, aunque nunca entendí de qué se trata. Adrián: No se trata de nada. Creo que Montañas de agua fue la primera canción que compusimos para el disco. En ese momento también empezamos a tener otra forma de composición. Cada vez éramos p e rf o rm e r s más grandes, entonces podíamos animarnos con esas formas de cambios muy raros. Hacíamos muchos cambios sincrónicos, tipo Poder ñandú. De esa raíz vienen canciones como Carismático o Cybernecia. Empezamos a tocar como un rock pesado medio sincrónico, es lo que entendíamos de Slade, Led Zeppelin, Queen, bandas que tienen una multidinámica de poder tocar como en varias velocidades, con varios swings y con sincronía, manteniendo un estado. Trance zomba los llevó a sus primeras giras por el interior y a ser teloneros de Depeche Mode. Mariano: Sí, empezamos a ir a Córdoba y mucho a Mendoza. No sé bien por qué, pero ahí pegamos más rápido que en el resto del país: hicimos los primeros shows grandes, los primeros en los que hubo dinero . Panza: Con Depeche Mode tocamos en Vélez y fue otra experiencia difícil como teloneros. Salimos a tocar y nos tiraban de todo, lo que tenían en los bolsillos y hasta zapatillas. Supongo que sería la tribu del tecno, que venía de los 80, y nosotros éramos como más coloridos… Pero no creo que fuera una cuestión musical; les molestaba que estuviéramos ahí. Además, parece que no sonó muy bien, porque no habíamos podido probar sonido, como suele pasar con los teloneros. Igual, nos chupaba un huevo que nos tiraran de todo, nos cagábamos de risa. Después también abrimos para INXS, pero ahí era un público más general, directamente no nos daba bola. Me acuerdo de que esa misma noche nos fuimos a hacer un show en Quilmes: pasamos de miles de personas a decenas en un rato. ¿En Trance zomba tenían la intención de decir algo en part i c u l a r ? Adrián: Creo que Pasto tenía más intenciones. Trance zomba tenía a unos que viajaban por la música, que no estaban componiendo para ningún parámetro,

para ningún mercado, que es lo que nos dio cierta seguridad para hacer lo que hacemos. Supongo que Babasónicos se gestó en Trance zomba. En la peor de las paranoias pensaba: «¿Qué es lo que la gente pretende de mí?». La única re spuesta que encontraba era: «Que siga siendo el mismo loco que soy». Entonces ni siquiera podía volver atrás, porque a esa altura no sabía lo que a la gente le gustaba. Siempre hice lo que quise, a veces gustó y otras no, pero sigo haciendo lo que quiero; por las dudas. Llega un punto en el que después de hacer muchas canciones y ver el feedback de la gente, empezás a sacarte esas paranoias. Esa seguridad la tenía el grupo ya en Trance zomba, donde todas las canciones son distintas y se amalgaman en una especie de viaje. (Piensa) Éticos, empezamos a ser éticos. Mientras muchas canciones del rock nacional dicen «ésta es la verdad», nosotros estábamos tirando una jodida, que daba para mucho. Empezó ese mensaje de complot, paranoia, caos, carteles. Yo quería que Trance zomba se llamara El cart e l , o El cártel, p o rque ya entendía que el rock tenía que funcionar como los carteles de droga. Una idea malísima, supongo, p e ro que daba cierto aire de clandestinidad. En las entrevistas empezaban a asumirse como agentes del caos. Adrián: Y, sí… A partir de ese momento todo podía ser confusión. Igual, estamos en una empresa por la dignidad.

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