SCHOPENHAUER, NIHILISMO CÍNICO

Arthur Schopenhauer, filósofo alemán, representante del pesimismo; brillante, polifacético, sombrío, nihilista, cínico y suspicaz. Nació en Dantzing en 1788 y murió en Francfort en 1860. Fue comerciante en la juventud y se dedicó a la filosofía después de la muerte de su padre. Criticó la tesis de Hegel y de los grandes idealistas alemanes. Porque para él, la filosofía no debe dedicarse a temas abstractos sino de la experiencia. Su obra fundamental, "El mundo como representación y como voluntad". El mundo para Schopenhauer, al igual que para Kant, es fenoménico: apariencia. El mundo en cuanto a manifestación es sólo un conjunto de representaciones. Pero ( no todo es apariencia) también captamos nuestra propia realidad, la de nuestro yo, que se presenta como voluntad de vivir, como querer. Si las cosas por ser fenómenos no son accesibles en sí, podemos vivirlas y por medio de nuestra voluntad nos ponemos en contacto con el mundo de las cosas en sí. Esta vivencia es más intensa que la intuición y la representación sensible del conocimiento. Pero la voluntad que se manifiesta en el querer, en el aspirar a algo, no siempre está satisfecha y esto produce dolor. La única salvación es la anulación de la voluntad. Schopenhauer encontró en su pesimismo una salida en el arte, en la contemplación desinteresada para fundirse en él y perder el interés por la vida. Por eso defendió la doctrina budista de la ausencia del deseo como medio para calmar la voluntad. "El amor, las mujeres y la muerte" es su obra más popular y ha gozado durante casi un siglo de especial demanda. Sus tesis son provocadoras, polémicas, sobre todo sus juicios en contra de las mujeres, a las que aborreció y menospreció por considerarlas inferiores: "El hombre puede con facilidad engendrar más de cien hijos en un año, tiene otras tantas mujeres a su disposición; la mujer por el contrario aunque tuviera tantos otros hombres sólo puede dar a luz a un hijo cada año. Por eso el hombre siempre anda en busca de mujeres12". "Las mujeres son largas de cabellera y cortas de inteligencia". "Las mujeres piensan que los hombres han venido al mundo para ganar dinero y ellas para gastarlo". "Casarse es perder la mitad de los derechos y duplicar los deberes". "El hombre es un ser para la muerte". FRIEDRICH NIETZSCHE, HUMANISMO ATEO Filósofo y escritor alemán, nació en Rocken -Sajonia- en 1844. Hijo de un pastor luterano, recibió una excelente educación en temas de filosofía, filología, teología, artes en general, literatura, etc. Escribió poemas, compuso música,

tocaba a la perfección el piano. Su gran talento le permitió ejercer la docencia universitaria sin haber logrado el doctorado. Se entusiasmó con las tesis de Schopenhauer, influencia que lo llevó a la contemplación trágica. Murió en 1900 a causa de una grave enfermedad -la sífilis- que había contraído a raíz de una fugaz relación con una prostituta. Nietszche es fundador del irracionalismo moderno y uno de los más destacados pensadores vitalistas. Fue fundamentalmente un crítico profundo de los valores de la cultura cristiana. Poseía una vasta cultura clásica. Fue apasionado y subyugador con sus argumentos en la predica del amoralismo como necesidad de un hombre libre y nuevo. Nietszche profesó un humanismo ateo. Es sucesor y heredero de las tesis filosóficas de Arthur Schopenhauer, aunque más cruel, más guerrero, más orgulloso y aristocrático. Él considera que hay que combatir la debilidad con la dureza a fín de alcanzar la verdadera grandeza. Cree que es posible modelar al hombre del futuro por medio de la disciplina, el trabajo y el esfuerzo de la voluntad. Plantea que "es necesario que los hombres superiores hagan guerras para eliminar a los mediocres". No es partidario de la democracia, porque según él, la plebe no tiene la suficiente formación para gobernarse. Para él la miseria de una nación es menos importante que el sufrimiento de un gran hombre. Atacó las tesis éticas de Hegel, las de Kant, las de los filósofos utilitaristas, porque considera que están dirigidas a hombres débiles, enfermizos, fracasados y miserables. Para Nietzsche, el principal valor es la voluntad de dominio, que excluye la compasión, que es la causa del mal13. Profesó un desprecio casi enfermizo –misoginia- por las mujeres, mantuvo con ellas relaciones inhibidas, distantes y faltas de compromiso. Las injurió con severidad en el más popular de sus libros: Así habla Zarathustra. Dice que las mujeres no merecen la amistad de los hombres y plantea que deben ser asumidas como simple objetos de propiedad masculina. Nietszche es nihilista. Considera que Dios es un estorbo para la realización del superhombre. Porque la teología pregona una moral de esclavos. Por eso proclamó la muerte de Dios, el fin del orden establecido y de la familia. Según él, al hombre le corresponde dirigirse hacia el superhombre, mediante la transformación de sí mismo y del mundo, para lograrlo debe trasmutar todos los valores. Algunas de sus tesis: "Dios ha muerto y si Dios ha muerto, no existe otro mundo, sólo existe nuestro mundo, el terrenal, esa es la única realidad". ( Así habló Zarathustra ). "Conozco mi suerte. Alguna vez irá unido mi nombre al recuerdo de algo gigantesco, de una crisis como jamás la había habido en la tierra, de la más profunda colisión de conciencia". ( Ecce Homo ).

"Yo no soy un hombre, soy dinamita". ( Ecce Homo). "¡Qué le importa la verdad a la mujer!... su gran arte es la mentira, su máxima preocupación son la apariencia y la belleza". ( Más allá del bien y del Mal). " Sed fieles a la tierra, no escuchéis a aquellos que os ofrecen las esperanzas celestiales". ( Humano demasiado humano). " El Dios de la cruz es una maldición de la vida, la gran maldición, la grande e intima corrupción, la gran infamia de la humanidad". (El Anticristo). HUMANISMO Y EXISTENCIALISMO El existencialismo14 es una corriente del pensamiento contemporáneo cuyo eje de reflexión es la existencia humana. Surge en mitad del siglo XIX y se consolida en la primera mitad del siglo XX. En general es una reacción "existencial" contra la abstracción y el teoricismo de Hegel. El tema central de los pensadores existencialistas es el hombre concreto, sus problemas, sus angustias, el absurdo de la vida, la muerte, el dolor y la nada. Este pensamiento se vio sacudido intelectualmente por las dos guerras mundiales. Por eso, ante todo es una filosofía rebelde contra el racionalismo historicista -de Hegel- y proclama abiertamente la importancia de lo vital por encima de lo intelectual, lo subjetivo e individual sobre las generalizaciones y abstracciones teóricas. Los existencialistas creen que la grandeza del hombre está en autorrealizarse, autodescubrirse. No acepta que el hombre sea un objeto de la acción dialéctica o un simple ente del destino. Los existencialistas ateos consideran que el hombre es el ser de mayor evolución biológica y moral, y los teístas creen lo mismo, con la diferencia que piensan que el hombre es el milagro más grande de la creación. Sin duda el gran mérito de las corrientes existencialistas radica en haber devuelto a la filosofía el interés por el hombre concreto, por la persona humana, que volatiza el idealismo clásico, degrada el positivismo, cosifica el tecnicismo y el tecnocratismo. Existencialismo es una filosofía pesimista que reacciona contra la filosofía clásica alemana. El hombre no es una esencia, algo hecho, es existencia. Por eso, él mismo se hace. La esencia está representada por ideas generales y abstractas que nos permiten definir las cosas. En ese sentido, tanto los clásicos griegos como los modernos les interesaba sólo saber qué es el ser, qué es el espíritu; qué es el valor y qué es la belleza, etc. Los existencialistas contemporáneos reaccionan contra ese "esencialismo" y proclaman su interés por el hombre concreto, de carne y hueso. Son considerados representantes del existencialismo: San Agustín, Fedor Dostoievski, Soren Kierkegaard, Miguel de Unamuno, Gabriel Marcel, Carlos Jasper, Martín Heidegger, Albert Camus, José Ortega y Gasset, León Chestov. Tesis del existencialismo:

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La filosofía debe partir del estudio del ser concreto y no de la idea. Las manifestaciones del espíritu son más relevantes que las de la materia. El hombre es un ser inacabado y en continuo proceso de superación. La filosofía debe atender los problemas humanos y renunciar a las especulaciones científicas. El hombre no tiene una naturaleza innata y está condenado a ser libre. Existir es crear tu propia existencia. El hombre es el único ser que sabe que existe.

KIERKEGAARD Y EL CONCEPTO DE LA ANGUSTIA Soren Kierkegaard nació en Copenhague, 1813. Fue el último de una gran familia de siete hijos. Era raquítico, jorobado, de temperamento melancólico y muy reflexivo. Murió en la misma ciudad al año de 1855, de cuarenta y tres años de edad, víctima de un ataque de parálisis. Su padre era un hombre sombrío y melancólico, atormentado por un sentimiento de culpa y preso de un excesivo temor a Dios. Por eso, la educación recibida de su progenitor fue dura y exigente, dominada por la conciencia de austeridad, del deber y el temor al pecado; lo que él mismo llamaría "educación insensata" que reforzara su timidez y melancolía. Su vida estuvo siempre dominada y atormentada por el temor a Dios. A los dieciséis años se comprometió con Regina Olsen, una joven de catorce, quién le enseñó a ser poeta y escritor. Pero su timidez no le permitió mantener el compromiso, lo que ocasionó una ruptura dolorosa que va a marcar toda su vida; este acontecimiento dejará una profunda huella en su conciencia de pensador que reforzó su soledad y melancolía. Su salud siempre fue precaria y antes de cumplir 21 años vio morir a cinco de sus hermanos. Kierkegaard vivió a principios del siglo XIX, en el apogeo de la burguesía liberal, cuando la filosofía había culminado en el idealismo clásico. Kierkegaard asistió a las clases de Hegel, que era el máximo maestro de su tiempo; escucho sus brillantes exposiciones sobre la dialéctica, la fenomenología del espíritu absoluto etc. Pero toda esa concepción racional y perfecta del mundo le pareció falsa, no se acomodaba a la imperfección y a la miseria del mundo real. Por eso atacó violentamente la filosofía de Hegel y a todos los representantes del idealismo clásico alemán, a quienes calificó de burgueses "satisfechos" que ignoraban la realidad, el desarraigo, la esclavitud que producen las maquinas, la amargura, el dolor, y la vida. Fue un escritor de poderosa palabra, teólogo y filósofo. Vivió en Alemania algunos años, hombre de un innegable genio a pesar de su triste y sensitivo existencialismo. Su nuclear "concepto de la angustia" impresionó a todos sus seguidores, entre otros a Miguel de Unamuno, quien aprendió el idioma danés para leerle en su propio idioma.

Hizo de su vida un acto al servicio de la fe y se definió el mismo como filosofo religioso que defendería la autenticidad de la iglesia. Definió su existencialismo como un acto de conciencia, que hace el hombre por comprenderse y aceptarse tal como es; existencialismo es la necesidad de pensar en las contradicciones de la vida, en los problemas fundamentales que le aquejan, como el dolor, la muerte y sobre todo, el sentido que tiene la vida. Kierkegaard pregonó el irracionalismo, afirmó que el pensamiento no puede alcanzar nunca la realidad; lo que se piensa no existe realmente, es sólo algo posible. El pensamiento es abstracto y la existencia es concreta, son dos cosas absolutamente opuestas y no hay transición de lo uno a lo otro. Según Kierkegaard, Dios no es un objeto de demostración lógica. Es un postulado sin el cual nuestra personalidad no puede resistir las contradicciones y sufrimientos de la vida. Él concibe la fe cristiana como una religión pesimista, unida a la conciencia del pecado y dirigida a la negación del conocimiento científico racional. Principales tesis:

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En la vida del hombre hay tres etapas: estética, goce del presente; la ética, conciencia del deber consigo mismo y por último la religiosa, relación del hombre con Dios. La angustia es la consecuencia del pecado original[5]. Vivimos en un universo hecho libremente por Dios, pero nos entretenemos en el uso de nuestra razón. El hombre debe salir libremente de su estado y no dejarse absorber por la angustia. La eternidad es más importante que el tiempo, y el pecado es peor que el sufrimiento. La ética cristiana sólo es realizable en la eternidad. La existencia es individual y personal. JEAN PAUL SARTRE, FILOSOFÍA Y EXISTENCIALISMO

Sartre nació 1905 en París y murió en la misma ciudad en 1980. Realizó estudios en la Escuela Normal Superior. Fue profesor de filosofía, en centros de enseñanza media. Hombre público, siempre en la brecha asumiendo posiciones ante los avatares de la vida. Sartre es el más célebre representante del existencialismo francés. Su filosofía ha sido calificada de existencialismo ateo, porque prescinde en forma total de Dios y de toda trascendencia, para quedarse en la pura inmanencia del ser como persona. Por eso, su doctrina va a tener grandes consecuencias éticas, antropológicas, en la época actual, no sólo en el pensamiento sino en las formas de vida. Fue admirado como el gran filósofo existencialista de la segunda mitad del siglo XX, y también, por la densidad de su prosa literaria, en especial por el teatro, su

pasión literaria. Como filósofo, reflexionó sobre la soledad, la amargura, el fracaso, la muerte. Por eso es uno de los pensadores más comentados del siglo. Su fama la obtuvo no sólo disertando sobre filosofía sino también como literato. Sartre, como todos los existencialistas, es el producto de la influencia de Kierkegaard, de Husser y también de Heidegger, de quién él se proclama su continuador, aunque el mismo Heidegger rechazó tal afirmación. Sartre parte del análisis del ser, desde la existencia. En el análisis del mundo distingue dos modos de ser: ser en sí y el ser para sí. El ser en sí no es ni activo ni pasivo, ni afirmativo, ni negativo, sino que reposa en sí, es compacto y rígido. No tiene relación alguna con otros entes, se halla fuera del tiempo. Es decir, ser en sí es lo que es. El para sí es el ser específicamente humano, por el cual el hombre conoce y es libre. Sin embargo, el hombre como ente también es un ser en sí -su cuerpo, su yo, sus costumbres-, por lo tanto, el hombre alberga dentro de sí, la nada. Lo esencial del para sí es su existencia. Para Sartre la existencia es anterior a la esencia; las esencias y teorías son construidas por el hombre después de la existencia como respuesta a ella. Algunas consecuencias del pensamiento de Sartre serían la negación de todo valor y objetivos de la vida. Por eso su afirmación: la vida humana no tiene ningún sentido. Se observó, a sí mismo, una marcada preferencia por las relaciones tempestuosas, como el homosexualismo radical, a pesar de su vida al lado de Simone de Beauvoir, compañera y amante de toda su vida. Defendió a los homosexuales y a los drogadictos. La descripción de estos conflictos y vicisitudes aparecen en sus obras literarias. El punto de partida de la filosofía de Sartre es el absurdo, que oscila entre el ser y la nada16, entre la vida y la muerte. He ahí el motivo de la angustia. Logró radiografiar en sus libros el estado de ánimo del hombre europeo que se encuentra con los despojos de la guerra, la aniquilación física que aplasta todo optimismo y recuerda al hombre el sinsentido que tiene la vida. Sartre define al hombre como una pasión inútil, pero él no se resigna a ser nada. Por eso busca desesperadamente una forma de afianzarse, de autorrealizarse y lo intenta por tres caminos que podemos llamar: primero, tendencia a la nada, segundo, tendencia al otro y tercero, tendencia al ser. Según Sartre el hombre está condenado a la libertad. Pero esa libertad es absurda porque ha sido dada sin su consentimiento, y porque además es incapaz de llegar al objetivo que se propone. El hombre fracasa en la búsqueda del ser por medio de la conciencia y de la libertad. Entonces, trata de apropiarse a través del "otro", pretendiendo convertirse en Dios, que sería la realización del imposible metafísico del ser y no ser al mismo tiempo. Porque Dios no existe, con esto llega Sartre a fundamentar una moral sin preceptos, ni deberes, es decir, una inmoralidad total, expresada en la proposición "Si Dios no existe, todo está permitido".

Ello significa que no hay valores fijos, ni eternos, que no hay normas preestablecidas. El hombre tiene que elegirlas, crearlas de acuerdo con sus convicciones personales. En este aspecto la filosofía de Sartre trata de ser optimista en la medida en que el hombre es responsable de la construcción de su propio proyecto de vida.

Introducción a la antropología filosófica
Indice 1. Desarrollo 2. La antropología en debate consigo misma 3. Conclusiones 1. Desarrollo ¿Qué es la antropología filosófica? La antropología filosófica pone como centro de su reflexión al ser humano. Busca comprender al hombre como un ser que vive y sabe que vive. El saber es la dimensión propia del hombre. Él es el único ser que necesita comprenderse para saber quién es, quién quiere ser y qué puede realizar. El hombre percibe su vida como una posibilidad única en la que ganarse o perderse dependen de sí mismo. Este impulso hacia el saber brota de la conciencia de su propia finitud, es decir, de saber que no es dueño del tiempo y, por tanto necesita diseñar su vida. La antropología filosófica reflexiona acerca de la existencia humana, la cual es de suyo complejo y problemática. En su libro EL PROBLEMA DEL HOMBRE, dice GEVAERT, "La antropología filosófica no crea ni inventa los problemas del hombre. Los encuentra, los reconoce, los asume, los examina críticamente." Las preguntas "¿Quién soy?" "¿Quién quiero ser?" Son propias del modo de existir del hombre. Por eso la antropología filosófica se pregunta por aquellos que determina y posibilita la existencia humana, en la cual reside la dignidad propia del hombre. En primer lugar para esta reflexión podemos decir que no sólo reconocemos un objeto, el hombre, sino que sabemos que ese objeto al que buscamos conocer es un sujeto. Cuando preguntamos qué es el hombre pedimos como respuesta un ente, una esencia acabada, un algo. Cuando preguntamos quién es el hombre preguntamos por alguien y este alguien es un sujeto haciéndose, una posibilidad que busca concretarse. La representación que cada uno de nosotros tiene del hombre está plasmada de valores y fines, que orientan nuestra acción. En su obra EL SENTIDO DE LA FILOSOFÍA DEL HOMBRE, dice JAVIER SAN MARTÍN": La imagen del ser humano no es una creencia que nos venga desde afuera, es el conjunto de ideas prácticas, plasmado de valores y fines que constituyen la autointerpretación que hace de sí mismo el ser humano". No hay ningún hombre que exista sin tener que comprender. La necesidad de saber no es ajena al hombre, lo constituye. La subjetividad humana es una subjetividad que interpreta, lo cual implica una toma de posición respecto de sí

y de los otros. De este modo los hombres vamos dando significado a nuestras acciones, elecciones, tareas, transformando el tiempo de nuestra vida en historia, en la vida de cada hombre se seleccionan unos momentos y se olvidan otros, se van armando estructuras significativas desde donde se comprende el pasado y se proyecta el futuro. La vida humana es un acontecer que se va narrando, es historia. La antropología filosófica es necesariamente histórica. Recoge lo que el hombre ha dicho de sí mismo y lo interpreta desde el presente. La antropología debe hacerse cargo de esta dimensión histórica del hombre, de la red de significados que se van constituyendo en el tiempo. A partir del siglo XIX y en lo que va del nuestro asistimos a una multiplicación de las ciencias que estudian al hombre. La consolidación de las ciencias humanas y el surgimiento de una serie de antropologías (cultural, física, social, médica, psicológica, religiosa) puso de manifiesto un interrogante: ¿cómo hablar del hombre en medio de tantos discursos sobre él? ¿Cómo se articula la antropología filosófica con las otras antropologías y con las ciencias que hablan acerca del hombre?. La antropología filosófica contemporánea se ha ido haciendo cargo de los aportes de estas ciencias, ubicándose en el cúmulo de saberes que nos ofrecen, no para renegar de ellos, sino, más bien, preguntándose en qué modifican el concepto que el hombre tiene acerca de sí. Lo que llamamos hombre es, al mismo tiempo, el producto de una serie de determinaciones biológicas, psicológicas, sociales, culturales; y una posibilidad de realización, de deseos, de libertad. Mientras que las ciencias aportan cada DIA mas datos específicos respecto de tales determinaciones, la antropología filosófica reflexiona tratando de integra estos datos e interesándose de mostrar el entrecruzamiento que se produce entro lo determinado y lo indeterminado de la vida humana, entre condicionamientos y libertad. El hombre, a partir de lo que es, se proyecta hacia lo que no es aún y desea ser. Estando determinado, viviendo en una situación concreta, es un aquí y un ahora, está impulsado a construirse así mismo, a ser él mismo con los otros, dándose libertad para hablar, para desear dándole sentido a sus vínculos, siendo libre para amar, trabajando en la construcción del mundo como un espacio habitable y digno. 2. La antropología en debate consigo misma Sin embargo, no todo es tan claro como parece. Es necesario advertir que el debate en torno del objeto de la antropología, hoy se ha vuelto problemático. La multiplicidad de discursos que hablan acerca del hombre ha aportado nuevos conocimientos acerca de éste, a la vez que se produjeron su fragmentación. Hoy hablamos de antropologías filosófica, cultural, religiosa, médica. El hombre se vuelve objeto de conocimiento a la vez si disuelve como sujeto. Lo que queremos señalar es que poseemos discursos acerca del hombre pero no una idea integrada y unitaria hombre. Lo que es el hombre se ha tornado oscuro y

problemático. ¿por qué ha ocurrido esto? Para responder esta pregunta me parece interesante atender a la diferencia que señala Miguel Morey es su obra el hombre como argumento entre tema y problema. Durante la antigüedad y el medioevo, el hombre ha sido un tema de reflexión pero, a partir de la modernidad, se devela como problema. De aquí que el surgimiento de la antropología filosófica junto con las otras antropologías e incluso con el de las llamadas ciencias humanas se remonte recién al siglo XIX. Podemos decir entre los siglos XIX y XX se harán cargo explícitamente de una cuestión que caracteriza a toda la modernidad: la finitud humana. En este camino, la antropología filosófica fue paulatinamente saturando el discurso filosófico. De este modo, la perspectiva antropológica fue constituyéndose en la perspectiva privilegiada desde donde pensar, o bien hacia donde conducir y desde donde resolver todas las cuestiones. 3. Conclusiones De este modo concluyo dejando estos interrogantes:
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¿Todos los problemas y todas las cuestiones son problemas y cuestiones antropológicas? ¿Es la antropología el discurso que subyace a todo otro discurso? ¿Es suficiente para justificar esta centralidad de la antropología decir que es el hombre en que conduce la historia, constituye la sociedad y plantea los interrogantes?

Ante este panorama de problemas para la antropología filosófica la pregunta por el ser del hombre pararía a un segundo lugar, porque primero deberá empezar por legitimarse a sí misma como discurso posible, discutiendo su estatuto epistemológico, su necesidad y su función. Ahora bien, ¿esto significa que ya no es posible una antropología filosófica? O bien: ¿significa que esta debe renunciar a su pretensión de constituirse en discurso fundamentador de todo otro discurso? Nuevos problemas se van abriendo a medida que intentamos ahondar en esta dirección. A modo de enriquecer la discusión les acerco más interrogantes: Texto de morey: Pretender una definición de hombre que no sea mera sanción de nuestros prejuicios etnocéntricos o ideológicos es tarea siempre en exceso comprometida. Afirmar "el hombre es una animar racional" (o sea dotado de lenguaje); La existencia concreta del hombre es el trabajo; o el hombre es un animal dotado de veintitrés pares de cromosomas, ¿son caracterizaciones suficientes para tomarlas como punto de partida de una antropología filosófica? Evidentemente, puede decirse que el hombre es todas esas cosas, pero ¿se puede decir que es hombre precisamente por ellas? Y también esta pregunta: cuando nos preguntamos por el ser del hombre ¿qué interrogamos exactamente: la idea de hombre o la existencia concreta de los hombres, el hombre eterno o los sujetos históricos?

Gabriel Marcel
(Francia, 1889-1973)

Filósofo católico, dramaturgo y crítico francés que mantenía que los individuos tan sólo
pueden ser comprendidos en las situaciones específicas en que se ven implicados y comprometidos. Esta afirmación constituye el eje de su pensamiento, calificado como existencialismo cristiano. Nacido el 7 de diciembre de 1889 en París, Marcel perdió a su madre a una edad muy temprana lo que le dejó un profundo sentimiento de pérdida. Fue educado en un ambiente de cariño, aunque sofocante, por su abuela y tía, convirtiéndose esta última en su madrastra. En su primer libro, Diario metafísico, Marcel abogaba por una filosofía de lo concreto que reconociera que la encarnación del sujeto en un cuerpo y la situación histórica del individuo condicionan en esencia lo que se es en realidad. Marcel distinguió la reflexión primaria, que tiene que ver con los objetos y las abstracciones y alcanza su forma más elevada en la ciencia y la tecnología, de su propio método, la reflexión secundaria que se ocupa de aquellos aspectos de la existencia humana, como el cuerpo y la situación de cada persona, en los que se participa de forma tan completa que el individuo no puede abstraerse de los mismos. La reflexión secundaria contempla los misterios y proporciona una especie de verdad (filosófica, moral y religiosa) que no puede ser verificada mediante procedimientos científicos, pero que es confirmada en tanto ilumina la vida de cada uno. Marcel, al contrario que otros seguidores del existencialismo, hizo hincapié en la participación en una comunidad en vez de denunciar el ontológico aislamiento humano. No sólo expresó estas ideas en sus libros, sino también en sus obras de teatro, que presentaban situaciones complejas donde las personas se veían atrapadas y conducidas hacia la soledad y la desesperación, o bien establecían una relación satisfactoria con las demás personas y con Dios. Defensor de los sublevados durante la Guerra Civil española, Albert Camus polemizó con él en varias cartas públicas donde denunció las contradicciones éticas de su reflexión filosófica humanista. Entre sus obras destacan Diario metafísico (1923), Ser y tener (1933), Del rechazo a la invocación (1940), Homo viator (1944) y El misterio ontológico (1959).

El misterio ontológico (fragmento) " El problema es lo dado que se me propone como externo y el misterio algo en lo
que me encuentro comprometido y cuya esencia no está enteramente ante mí. De donde el ser no es problemático, sino misterioso. Los misterios no son problemas insolubles, sino realidades no objetivables, pero que al estar inmersos en ellas nos iluminan. Por eso, frente al ser no cabe más que la opción, por lo que la Metafísica es la lógica de la libertad. "
a lo

“La vida más que pensamiento quiere ser hoy acción” J.C.M.

Las modas intelectuales casi siempre han sido generadas por el deseo de negar lo anterior y superarlo a partir de nuevos presupuestos que marquen una ruptura o distanciamiento con el pasado. Las demás de las veces, estos cambios son sólo respuestas a los defectos mismos de los paradigmas teóricos vigentes. Actitudes que no siempre responden a necesidades reales, sino, a veces, a un esnobismo de fijación efímera e insensata que puede arrastrarnos por falsas pistas de renovación. Modas, más bien derivadas de un ánimo de cambio no necesariamente

funcional o efectivo, sino esteticista, desde una disposición “filoneista”, en la que, al igual que los objetos, los grandes discursos de la razón se
hallan atrapados también por la irresistible lógica de lo nuevo. Los períodos de crisis obligan a tomar medidas drásticas en pos de soluciones teórico-empíricas que nos permitirán escapar de la zona de turbulencias. Thomas Kuhn ha planteado los períodos de “crisis” como tiempos de inestabilidades y anomalías en los que los problemas sobrepasan la capacidad de respuesta esperada de un paradigma determinado. Siendo esa sensación de mal funcionamiento del modelo, el que crea el espacio propicio para que las revoluciones acaezcan. Estos períodos intermedios, de transición, de inestabilidades y turbulencias, muchas veces han sido aprovechados por sectores conservadores o neoconservadores que han visto estos cambios como un peligro para su condición de privilegio; movimientos de defensa de

categorías del pasado que, tras haber perdido el poder, buscan nuevas formas de legitimar e imponer su señorío.
La teoría de la posmodernidad se ubica en esos márgenes. Entre la mirada inconciliable de filósofos y críticos de arte, entre las pugnas por una nominación estricta y los cambios societales reales, entre los presupuestos de Lyotard, que enuncia la ruptura de la episteme modernista que inaugura la posmodernidad, o Habermas que reclama la modernidad como un proyecto inacabado. Pero ver el posmodernismo como algo diferenciado de lo posmoderno, ha originado malentendidos derivados de su multivocidad y las supersticiones de los estudios historicistas. Sobre todo a partir de su adopción a las distintas teorías del arte contemporáneo. Entre la literatura y la arquitectura, entre Hassan y Jencks. Donde el posmodernismo, visto como una vanguardia artística caracterizada por un eclecticismo radical e historicista, sintetiza estilos del pasado, presente y tendencias futuras, plasmando aquella idea, de aprender de todas las cosas, que a manera de manifiesto expusiera Robert Venturi, refiriéndose al espacio arquitectónico de Los

LAS RAZONES DEL ÚLTIMO SARTRE
Nacido en París el 21 de junio de 1905, filósofo, dramaturgo, novelista, narrador y ensayista, Jean-Paul Sartre fue, qué duda cabe, el animador más importante de uno de los movimientos filosóficos de mayor repercusión en los ambientes académicos, políticos e intelectuales de Francia de posguerra. Pero con el existencialismo -rótulo impuesto por el filósofo católico Gabriel Marcel-, ocurrirá lo mismo que con otras modas culturales: tras una eclosión apoteósica devendrá el olvido. Ya incluso antes, en tiempos de su mayor auge, había sido bajado del pedestal de la filosofía por los positivistas lógicos que, como Rudolf Carnap, lo catalogaron como ideología y no como filosofía. No obstante ello, el aparato conceptual del movimiento -angustia, náusea, nada, absurdo- fue enquistándose en el uso cotidiano hasta hacerse parte del folklore citadino francés. Tal vez en él, como no en muchos otros, pese al intelectualismo indolente que marcara su primera etapa, podemos reconocer al filósofo de la libertad sin concesiones, de la consecuencia extrema, del compromiso político y de la praxis, alguien que -como Bertrand Russell y su infatigable lucha contra los crímenes de guerra- a pesar de la vejez y el lastre de la ceguera -aunque sus enemigos hayan divulgado con maledicencia que había sido echado fuera y hasta escupido por los insurgentes de la Sorbona-, tomara partido por los jóvenes en las revueltas estudiantiles de mayo del 68. Pero Sartre no solo fue solo la caricatura que muchos han querido hacer de él o aquel activista de postal, cercano al clamor de las revueltas sociales o al impulso vivo de las masas, sino fue también un intelectual humanista y filósofo de la existencia que, durante la segunda mitad de su siglo, llegara a ser considerado por muchos como la conciencia moral de su tiempo. Un anticolonialista que se pronunció, contradiciendo los intereses franceses, a favor de la independencia de Argelia, o un francés que a inicios de 1980, al ser cuestionado algunas semanas antes de su muerte sobre el por qué gran parte de los intelectuales de su época se habían dejado seducir por los ideales y utopías comunistas, respondiera: “Porque se trataba de encontrar un porvenir a la sociedad. La sociedad tenía que dejar de ser la porquería que es hoy en todas partes. Yo no pensaba en cambiar el mundo por mi solo y por mi propio pensamiento, pero divisaba

fuerzas sociales que intentaban avanzar y yo me convencía de que mi puesto estaba en medio de ellas”. Sartre vino al mundo cuando éste alcanzaba apenas el primer lustro del convulsionado siglo XX -siglo marcado por dos guerras mundiales, explosiones atómicas y un neocolonialismo galopante-, y quedó huérfano de padre solo un año después, en 1906. Dicha ausencia marcará su niñez al lado de su madre, una viuda que se volverá a casar años después. Algunos dicen que tras la revelación de su fealdad decidirá hacerse genial, o abstraerse al universo conceptual que dominará las dimensiones de su pensamiento. Quizás algo de ello pueda intuirse en uno de sus textos confesionales incluido en Las palabras, donde escribe: “mi primera relación con el mundo fueron los libros”. En 1924, al ingresar a la Escuela Normal Superior, conocerá a Paul Nizan, a Merleau-Ponty y Raymond Aron, sociólogo y teórico de la historia con quien trabará una especial amistad, que terminará tras un pleito político que los distanciará a ambos, y quién luego le “dedicará” un libro y los capítulos de Los marxismos imaginarios, en el que Sartre es criticado, al lado de Althusser, por “su revolucionarismo verbal”, y donde, con un poco de mala leche, el existencialismo y el estructuralismo marxista, son tratados como “sectas, contemporáneas y rivales, del izquierdismo parisiense”. Un año fundamental en su itinerario biográfico será 1929, año en el que tras obtener la agregation en filosofía, conocerá a Simone de Beauvoir, que ocupará el segundo lugar tras de Sartre. A partir de ello, ella se convertirá en la compañera de su vida, y llegará a escribir en sus Memorias..: “Cuando yo lo dejé a comienzos de 1929, sabía que Sartre jamás saldría de mi vida”. Y ellos serán el centro de aquel movimiento cuyo auge entre 1945-50, convulsionará el bohemio barrio Saint Germain de Près. Pero el existencialismo no fue sólo una moda de boulevard o cafetines parisienses, sino fue también una corriente de una dispendiosa tradición filosófica que podría remontarse a los precursores postulados filosófico-teológicos de Blas Pascal, los de Soren Kierkegaard, y extenderse luego a pensadores tan disímiles como Heidegger, Karl Jasper, Gabriel Marcel, Albert Camus, Miguel de Unamuno y otros autores referenciales, que fueron dejando una importante huella en la historia del pensamiento. Su filosofía giró en torno a dos de sus más importantes obras El ser y la nada, de 1945, y Crítica de la razón dialéctica, de 1960. En su etapa fenomenológica, que se extiende a la primera, en contra de los determinismos

esencialistas, que plantean la idea de una “naturaleza humana”, Sartre ve al hombre condenado a la libertad, y con la necesidad de construir su propia esencia para seguir existiendo. Pero con un posicionamiento del sujeto, que resulta hostil ante la presencia del otro, que tiende a objetuarlo, transformando el mundo en una tensión de “pesadilla”. Sartre ha dicho que, luego de la comprensión teórica ya no se puede ser el mismo de antes, pues la comprensión implica transformación. Su comprensión de Marx llegará recién tras una relectura que hiciera de él en la década del cincuenta. A partir de ello, asumirá el compromiso político como horizonte teórico y estrategia de praxis, entendiendo las libertades alienadas en situaciones concretas, para afirmar, en asonancia con algunas de sus predilecciones de la primera etapa, que la libertad del sujeto no significará nada sin la libertad social. Combatiendo a partir de ello, contra todo el colonialismo y matiz totalitario, lo cual ocasionará los atentados contra su vida ocurridos en su departamento de la rue Bonaparte. Hacia el año 1964 Sartre rechazará el Premio Nobel, aduciendo razones ético-políticas: “Yo sé bien que el premio Nobel en sí mismo, no es un premio literario del bloque del oeste, pero es una realidad lo que han hecho de él (...) En la situación actual, se presenta objetivamente este premio como una distinción reservada solo a los escritores del oeste y a los rebeldes del este. Bernard-Henri Lévy, en un ensayo laudatorio, ha llamado al siglo XX, El siglo de Sartre. Pero Sartre también tuvo detractores, quienes le criticaron su inercia ante la ocupación alemana en Francia, pese a que en 1940 fuera recluido en un campo de prisioneros de guerra nazi. En 1974, ante el avance de la ceguera, se verá forzado a dejar de escribir. No obstante seguirá hurgando en pos de formas novedosas de indagación teórica, sin temor a la originalidad y a desdecirse. Acercándose paulatinamente, mientras trabajaba en un libro sobre la “teoría de los conjuntos prácticos”, que nunca terminó, a lo que metodológicamente llamó “pensamiento plural”. E insólitamente hablará de la esperanza, la moral y la fraternidad. En su último texto. La esperanza ahora.., un diálogo con Benny Lévy, publicado en Marzo de 1980, explica esto: “dos hombres, poco importa la diferencia de edad, que

conocen bien la historia de la filosofía y la historia de mis pensamientos, y que se asocian para trabajar sobre la moral. Moral que además entrará en contradicción con algunas ideas que tuve. Al no poder escribir, tuvo la necesidad de dialogar. Buscó un secretario para eso, y encontró a Benny Lévy, que se había iniciado en la filosofía a los 15 años, a partir de sus obras. Y lo invitó a participar en la meditación, experimentando en esa nueva forma de indagación teórica. “Esto resulta abominable, mi pensamiento diluido a través de otro”, decía, pero pensaba que la ventaja de un pensamiento plural está en que no posee una entrada privilegiada, sino varias, que cada quien aborda a su manera. Sartre morirá la noche del 15 de abril de 1980, tras ser internado por un edema pulmonar en el hospital de Broussai, pero sus ideas finales -quizás marcadas por los acontecimientos de Mayo del 68- sobre las fuerzas sociales, que en solo unas décadas lucharán como movimientos de masas, fragmentados en pos de fines definidos y particulares, nos dará las pautas para una agenda que recién ahora nos detiene: el ideal del “progreso” sustentado solo en parcialidades.
Estractos de "Las coplas de Meloni nos enseñan a filosofar" Las coplas de Meloni nos enseñan a filosofar No es raro que la Filosofía y la poesía se junten para nutrirse mutuamente. No por casualidad Heidegger utilizó las poesías de Rilke y de Hö1derling para expresar su pensamiento o para pensar a partir de ellas. No por casualidad nuestro brillante filósofo chaqueño Eduardo Fracchia fue a la vez un magnífico poeta. Hoy tomamos la obra de Don Aledo, quien rehúsa ser llamado poeta y dice que es un simple coplero. Cada vez que me lo dice, le contesto que en realidad es un maestro de filosofía, porque con sus palabras simples pero profundas hace que la gente piense. ¿Por qué elegí la obra de Meloni para esta charla? Porque la obra de Meloni y mi personal enfoque de la filosofía están en la misma frecuencia de onda. Mi enfoque de la filosofía es tan simple y cotidiano (sin que simple signifique falta de profundidad) como sus coplas. No es el mío un enfoque academicista, falsamente neutral, cargado de términos técnicos. Se pueden decir las verdades más profundas

con un lenguaje claro y cotidiano. Tenemos la prueba de ello en un filósofo de la talla de Ortega y Gasset, que decía: “La claridad es la cortesía del filósofo” y esa claridad se refleja en toda su obra, con la que podemos coincidir o no, pero sin duda podemos entenderla. Comencemos pues con la obra de Meloni y lo que humildemente pude pensar de ella desde la filosofía. Pido perdón al autor si mi interpretación difiere de lo que él quiso expresar, pero me defiendo diciendo que el mayor mérito de la obra de arte, sea ésta cual fuere, es que deja al espectador la libertad de hacer de ella diversas lecturas. Tanto en Árbol caído (de Tierra ceñida a mi costado). Como en Esperanza (de Rama y Ceniza), como en Pregunta (de Coplas de barro), como en Copla (de La otra mirada), encuentro un tema fundamental para la filosofía que es el de la Crisis. Árbol caído Una racha de viento, poderosa y aleve al borde del camino lo tumbó para siempre. Caído y todo, vive. Hunde en la oscura tierra, con avidez, las cuatro raíces quedan. Y cada primavera -milagro de la saviareverdece con nuevo vigor y nueva gracia. Y echa al aire sus flores redondas y amarillas, como para decirnos que vive todavía... …………………………………………………………….. El Amor y la Presencia: En «Unión» está el tema del amor en sus infinitas variantes: amor de pareja, amor de amigos, amor filial. No podemos vivir plenamente si no sabemos amar. Parece fácil, pero no todos sabemos amar. Por empezar, yo no puedo amar a otro o a los otros si previamente no me amo a mí misma. Esto no es egoísmo. Es la condición indispensable para amar. «Ama al prójimo como a ti mismo» dice el mandato bíblico. Nuestra autoestima suele estar tan baja en determinados momentos con que nos enfrenta la vida, que somos incapaces de amarnos a nosotros mismos. El amar es inseparable del dar o más bien del darse: no es dar lo que tengo sino darme en lo que soy. Pero como somos humanos y por lo tanto limitados, cuando damos esperamos recibir la recompensa de la respuesta, de la gratitud del otro. Se necesita mucha grandeza para dar no importa a quién y sin esperar nada a cambio, como el árbol de la poesía de Meloni. Presencia: otro tema importante que reaparece en varias le las coplas y poesías que mencionamos. En “Nostalgia” aparece ligado al tema del darse. Gabriel Marcel hace la distinción entre Presencia y Recuerdo cuando habla de nuestros muertos queridos. La presencia es algo así como saber que a pesar de todo están conmigo, me acompañan, pensar en ellos no me provoca angustia (a lo sumo una dulce tristeza), al contrario, puedo hablar con ellos y hasta pelearme o decirles cosas bonitas. En cambio, el recuerdo es crispante, casi morboso, sigo de luto de por vida por aquellos que perdí, los convierto en piezas de museo.

En Marcel este tema de la presencia yo lo encuentro muy ligado al del amor y su consecuencia que es el darse. En “Burbuja” (Todo se vuelve azul), Meloni dice: Soñamos una amistad incontaminada y única. Para que nadie, mirándola, empañara su tersura, la aislamos y la escondimos adentro de una burbuja: corno una joya en su estuche, nada más que mía y suya. Y así fue nuestra amistad, incontaminada y única: en una burbuja aislada y a toda mirada oculta. y duró lo imaginado: lo que duran las burbujas. La comunicación, que es una experiencia que no se da todos los días, es un darse al otro y a la vez recibir el mundo del otro. Digo que ésta es una experiencia privilegiada porque aunque parezca mentira, no todos la han experimentado siquiera una vez en su vida. Si bien comunicación está ligada al amor, no son exactamente sinónimos. Yo puedo amar mucho a alguien y sin embargo no puedo comunicarme con él. ¿Qué es en definitiva la comunicación? Cada uno de nosotros tenemos algo así como dos “yo”. Uno es el que se llama ''yo social", que es el rostro que todos conocen de nosotros, es nuestra manera habitual de relacionarnos en el trabajo, en la vida social y a veces hasta en la vida familiar. Es como una máscara que usamos sin darnos cuenta por pudor, por temor, por pensar que no nos van a comprender. Muy dentro nuestro, escondido, está el “yo profundo” que es lo que realmente somos, pensamos, sentimos, queremos. Cuando se produce ese fenómeno un tanto misterioso y mágico que es la comunicación, tanto mi ''yo social'" como el “yo social” del otro se disuelven, caen las máscaras, se encuentran nuestros ''yo profundos". En ese momento se crea entre ambos una esfera nueva que antes no existía, que es la esfera del "nosotros". La comunicación por lo tanto es darse y recibir el mundo del otro y cuando eso ocurre, por momentos, por chispazos, porque no es continua sino intermitente, ambos nos enriquecemos y cada uno descubre en su interior sentimientos, ideas, una riqueza que no sabía que tenía y logra expresarla. Y lo mismo pasa en el otro. Les cuento una anécdota que tiene que ver con esto: yo estaba explicando el tema de la comunicación en el último curso de un Nivel Terciario. Los alumnos eran adultos, la mayoría casados y con hijos. Para hacer más vivencial el tema les leí un párrafo de Johannes Lotz donde el autor describe claramente lo que pasa en mí y en el otro en el preciso momento en que se produce la comunicación. Cuando terminé de leer se escuchó un profundo suspiro desde el fondo del salón. Por supuesto todas las cabezas giraron a esa dirección y también yo miré hacia allí. Era una joven señora, casada con hijos. Le pregunté:-“¡ Qué te pasa Chela?"- y ella me contestó con tono angustiado: - “¡Lo que daría yo por vivir una vez una experiencia parecida!"_ Ante semejante espontaneidad, los compañeros comenzaron a contar sus propias experiencias. Conclusión: de cuarenta y cinco alumnos que tenía en el curso, sólo tres habían vivido la experiencia de la comunicación. Un tanto asustada por ese resultado, me fui al otro curso donde tenía

que dar el mismo tema. Pero esa vez leí el párrafo no como ejemplificación sino como experimento. De cincuenta alumnos, sólo cuatro habían vivido esa experiencia. Creo que éste es un tema importantísimo para el crecimiento personal y comunitario que debería ser tratado en todos los niveles de enseñanza. Pero a lo que quería llegar es a lo que dice Meloni en "Burbuja: cuando se produce una experiencia privilegiada como ésta., tendemos a resguardarla de los demás, nos alejamos en el tiempo y en el espacio de los otros, la cuidamos como un tesoro y de veras que lo es, pero ocurre que si toda esa riqueza interior que surge de la comunicación entre dos seres no se vuelca a los demás, a los otros, inevitablemente se atrofiará y morirá de inanición. -----------------------------------------------------------------------------------Para terminar quiero compartir con ustedes el último verso de “En el umbral” (Don de Lágrima), donde con encantadora sencillez y franqueza nos hace pensar en nuestras humanas flaquezas:

Ya en el umbral, a veces me pregunto: ¿En el día del juicio, cuando no habrá ningún lugar para la fábula, ni aun para los sueños, de qué me servirán estos poemas, estas palabras vanas: el eco, el contrapunto de la rima, el extraño disfraz de la metáfora? …………… Nada más que papeles, al final, a los que Dios, tal vez, no les asigne otro destino que avivar la hoguera en donde quemará hasta la última partícula de mi escondida vanidad.

¿Quién, entre nosotros, puede decir sin mentir que no oculta muy dentro suyo una pequeña o grande “escondida vanidad”? Del Libro ¿Qué es la Antropología Filosófica? Introducción a una Filosofía de lo cotidiano.

Primera Parte Capítulo I

El hombre y el Universo 1. Insuficiencia de las definiciones: Lo habitual suele ser comenzar dando la etimología de aquello de lo cual queremos hablar. Bueno, ahí va: antropos: hombre logía: estudio, ciencia, tratado philos: amor sophía: sabiduría De acuerdo con la etimología, la Antropología Filosófica parece ser el estudio del hombre desde el punto de vista filosófico. Esto no me aclara mucho, como pasa siempre con las definiciones etimológicas, porque tenemos otras ciencias: Anatomía, Fisiología, Medicina, Psicología, Sociología, que estudian también al hombre. Ustedes me dirán: sí, pero la diferencia está en que allí no se lo estudia desde el punto de vista filosófico. En cierta forma es correcto, y digo en cierta forma porque no sé hasta qué punto en algunas de ellas no está presente la fundamentación filosófica. Pero admitamos por ahora la objeción. Ocurre sin embargo que tenemos otras disciplinas FILOSÓFICAS que estudian al hombre: la Ética, la Estética y, según Aristóteles, hasta la Economía entraría aquí. ¿Y la Antropología Filosófica qué? En realidad seguimos sin saber mucho de ella, por lo menos a partir de la etimología. Podemos intentar otro recurso que se utiliza habitualmente: dar la definición acuñada por los estudiosos a lo largo de los siglos. Pero las definiciones, cuando se trata de todo lo que se refiera al hombre en su aspecto, en su dimensión espiritual, existencial, suelen resultar insuficientes. Demasiadas vagas, demasiado generales, y al mismo tiempo estrechas y limitantes. Les doy un ejemplo: ¿Podríamos encontrar una definición del Amor? Pero una definición tan clara como para que a partir de ella un ser que nunca lo hubiera experimentado, lo entendiera en toda su profundidad y en todos sus matices (amor maternal, amor filial, de pareja, a Dios, al prójimo...) Casi imposible. Yo por lo menos no conozco ninguna, ninguna que me conforme totalmente. Si no podemos definir un sentimiento, uno de los tantos sentimientos que experimenta el hombre, podremos con éxito definir a quien los experimenta a este ser tan complicado que es el hombre, y yendo más lejos, definir a la ciencia que lo estudia que a su vez es una de las tantas ciencias que lo hace ? Más adelante veremos los problemas particulares que se presentan con la definición de la Antropología Filosófica, pero supongamos por ahora que yo les diera una o

varias definiciones, ¿qué pasaría? No entenderían nada. La definición sería como una cáscara vacía de contenido. Y nada menos filosófico que palabras vacías de contenido. No hay pues definiciones. Y ¿cómo vamos a estudiar una materia sin saber siquiera de qué se trata? Aprendemos a vivir viviendo, aprendemos a caminar caminando, aprenderemos a filosofar filosofando: "Caminante, no se hace camino al andar... ". hay camino

Machado, con esos versos tan simples en apariencia, ha calado hondo en la condición humana, en la condición de ese ser que es justamente el que tenemos que estudiar. ¿Por qué digo que ha calado hondo? Porque para el hombre no hay nada hecho. Todo tenemos que ir haciéndolo. Es el ser más desprotegido y a la vez quizá el que mayores posibilidades tiene en la creación. No encuentra a su alrededor nada hecho, ni siquiera a sí mismo. El filósofo español contemporáneo, José Ortega y Gasset ejemplifica esta condición con la metáfora del teatro: es como si de repente a alguien lo llevaran dormido y lo dejaran entre los bastidores del teatro. De pronto siente que lo despiertan de un empujón que lo lleva al medio del escenario, frente al público que colma el teatro y que lo mira expectante esperando ansioso su actuación. Nadie le ha dado el libreto. Sin embargo él debe actuar. Y lo que es más, de su actuación dependerá en gran medida el éxito o el fracaso de la obra. ¡Vaya responsabilidad! Y ésa es precisamente la condición del hombre: la de un ser "arrojado " al mundo, un mundo donde debe actuar, y para actuar necesariamente debe elegir, y con cada elección va condicionando su vida y tal vez la de los demás. De ahí la tremenda responsabilidad del elegir, porque yo elijo no sólo para mí sino que mi elección condiciona de alguna manera la elección de los demás. (1) Pues bien, aquí en esta materia nos ocurre un poco como en la vida que describe Ortega. No tenemos nada hecho, no hay una definición, no hay un texto al cual ajustarnos, no hay una corriente de pensamiento a la cual ceñirnos. O tal vez sea más correcto decir que hay mucho de todo eso. A nosotros nos toca elegir. Tenemos que empezar a caminar sin nada. Contando sólo con las ganas o con la necesidad de caminar. Aquí caminar se traduce por pensar, reflexionar. Puede que no tengan ganas, pero aunque no lo admitan ahora, nadie puede eludir la necesidad de pensar. Yo los voy a ayudar a caminar. Ustedes me ayudarán a mí. Pero nadie puede caminar por el otro. Nadie puede pensar por mí. Nadie puede decidir por mí. Sin darnos cuenta, muy despacito, hemos ido entrando en materia, porque ya estamos hablando de una característica esencial del hombre: la ineludible necesidad de elegir y la igualmente ineludible necesidad de pensar y decidir por sí mismo. El hecho que de que nuestro objeto de estudio sea el hombre tiene su ventaja y

también su inconveniente. La ventaja: tenemos una vaga intuición de qué somos, es decir, ¡Nos Conocemos! El inconveniente: somos terriblemente complicados y multifacéticos, es decir, ¿Será Que Nos Conocemos? La pregunta " ¿Qué es el Hombre? " es una de esas preguntas que como dijera Gabriel Marcel, resbala sobre sí misma y se vuelve sobre quien la formula: no puedo preguntar " qué es el hombre? " sin preguntar al mismo tiempo " qué soy yo ? ". La pregunta general y lejana por el hombre abstracto se convierte en otra pregunta mucho más personal y próxima. Y justamente porque es tan personal, tan próxima, tan íntima, no puedo responderla con frases hechas, con respuestas pensadas por los demás. En Medio del Torbellino “- ¿Y la Historia de la Filosofía? - " ¿Será que no me sirve de nada la Historia de la Filosofía y las sabias respuestas que ella me ofrece? Menuda broma sería que tanto tiempo, tanto esfuerzo para pensar, tanto dinero gastado en imprimir toneladas de libros no sirviera para nada... Veamos: NO me sirven esas respuestas si las acepto sólo porque las dio un señor famoso que puede llamarse Platón, Kant o Heidegger, que fueron indudablemente muy inteligentes pero que pensaron en otra época y en otro lugar muy distintos al nuestro. SI me sirven en cambio en la medida en que las repienso, en la medida en que las tomo como pistas para descifrar qué pasa conmigo aquí y ahora. En ese descifrar (filosofar) por nosotros mismos iremos coincidiendo con algunas respuestas y rechazando otras, pero lo importante es que lo haremos por nosotros mismos y sabremos por qué lo hacemos, por qué aceptamos o por qué rechazamos. El pensar por uno mismo es la condición básica de la libertad. No es fácil. Suele ser más cómodo dejar que los demás piensen por mí o a la inversa, pensar yo por ellos para evitar que disientan conmigo. Seguimos introduciéndonos de a poco en nuestra materia. Si a mí me dicen que aquí tengo que estudiar eso que es el HOMBRE, se me ocurren de inmediato algunas preguntas: ¿Qué relación tiene el hombre con las otras cosas y seres que lo rodean, con la tierra, las plantas, los animales, los otros hombres...?. ¿Qué papel ocupa en el Universo? ¿Será que Dios tiene algo que ver en un estudio sobre el hombre? ¿Y la ciencia, y el hambre, y el industrialismo, y la justicia...?. Las preguntas se me multiplican hasta formar un torbellino y ahí, en el medio de ese torbellino estaremos nosotros tratando de encontrar las respuestas. Eso es estudiar Antropología Filosófica. Necesitamos un Andamio Provisorio: Del mismo modo que el albañil debe construir un andamio para poder edificar el muro, nosotros vamos a necesitar una especie de andamio mental, una definición provisoria que nos sirva sólo como punto de partida de nuestro caminar. Insisto en que es provisoria, no se ajusta demasiado a las leyes lógicas de la definición y por cierto no logra agotar debidamente el objeto definido.

“La Antropología Filosófica es la rama de la Filosofía que estudia al hombre considerado en sí mismo y en sus relaciones esenciales ". La explicamos brevemente: " El hombre considerado en sí mismo ": quiere decir que tomamos al hombre como un proyecto de ser, es decir, no como algo ya constituido, terminado, sino como una realidad que se va haciendo, que no está nunca completada, como algo que está siempre en camino (hacia dónde va ese camino es precisamente una de las respuestas que tenemos que encontrar). Al mismo tiempo lo vemos como un ser donde se armoniza carne, huesos, sangre, sentimientos, capacidad de imaginar, intuición e inteligencia, espíritu, pasiones, voluntad, egoísmos y acciones sublimes. “En sus relaciones esenciales ": ese ser que es un proyecto encarnado, no es autosuficiente, si no que es lo que es sólo en relación con otras realidades distintas de él: el mundo, los Otros hombres, lo Sagrado

argo de la obra.

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