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en la escuela de las

escritvras

HE PUESTO MIS PALABRAS EN TU BOCA

EL PROFETISMO EN ISRAEL

EL PROFETA ELISEO Y EL REY JOAS. Obra de W. Dyce. en la escuela de las

EL PROFETA ELISEO Y EL REY JOAS. Obra de W. Dyce.

en la escuela de las

escritvras

Redacción y diseño: fray Domingo Cosenza OP

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EL PROFETA ELISEO Y EL REY JOAS. Obra de W. Dyce. en la escuela de las

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SUMARIO

EL PROFETA ELISEO Y EL REY JOAS. Obra de W. Dyce. en la escuela de las
  • 5 Rebelión contra la casa de David

Al final del reinado de Salomón estalló una revuelta a causa de la falta de atención de los reclamos sociales. El resultado fue la división del estado hebreo en dos reinos autónomos. En el sur, la dinastía davídica conservó sólo la tribu de Judá, mientras que las tribus del norte se congregaron en torno a Jeroboam.

EL PROFETA ELISEO Y EL REY JOAS. Obra de W. Dyce. en la escuela de las
  • 12 No solo de pan vive el hombre A partir de las intervenciones de Elías y Eliseo nos encontramos por primera vez con el que fue, tal vez, el fenómeno más asombroso de toda la historia israelita: la predicación de los profetas.

EL PROFETA ELISEO Y EL REY JOAS. Obra de W. Dyce. en la escuela de las
  • 29 YHWH apartó a Israel de su presencia. La prosperidad económica de Israel llevó al reino del Norte a una creciente pérdida de identidad con trágicas consecuencias.

El profeta Elías asesinando a los profetas de Baal. Convento de los Frailes Carmelitas en el Monte Carmelo (Israel).

YHWH ADVERTÍA A ISRAEL Y JUDÁ POR BOCA DE TODOS LOS PROFETAS

(2 Re 17,13)

La unificación de todos los clanes hebreos había sido posible por el genio militar de David. Por entonces la Alianza de las tribus israelitas constituyó un Estado centralizado con capital en Jerusalén y organizado monarquicamente. Pero este reino davídico no pudo afrontar el brusco cambio cultural desarrollado bajo Salomón. Al final de su gobierno estalló una revuelta a causa de las desigualdades establecidas por el rey entre su tribu natal de Judá y las tribus del Norte. El resultado de esta rebelión fue la división del Estado hebreo en dos reinos autónomos y rivales (1 Re 12,16). En el Sur del país, la dinas- tía davídica conservó únicamente la tribu de Judá, mientras que las tribus del Norte confor- maron el Reino de Israel. El cisma político muy pronto pasó también al campo religioso, enfren- tando al antiquísimo santuario de Betel con el

reciente templo de Jerusalén. Sin embargo muy pronto, tanto Israel como los demás reinos de la región, tuvieron que en- frentar una difícil situación: el despertar de Asi- ria, después de muchos años de letargo, desde el siglo IX aEC. Tal situación, agravada por la degradación social y religiosa a la que condujeron los reyes, influenciados por las alianzas extranjeras, des- pertaron la denuncia de parte del pueblo repre- sentado por el movimiento profético en el reino de Israel. La predicación de los profetas impul- saría el retorno a las antiguas tradiciones triba- les apoyados en la amenaza que representaban las invasiones de los reyes asirios. Israel sobrevi- ría sólo en virtud de la Alianza establecida con YHWH y no en otros pactos con las naciones.

fray Domingo Cosenza OP

«Hizo el rey Salomón una leva en todo Israel; la leva fue de 30.000 hombres. Los envió al Líbano, 10.000 cada mes, por turnos» (1 Re 5,27-28).

Transporte de troncos de cedro en el Líbano. Relieve asirio de Sargón II.

LA DIVISIÓN DEL REINO UNIFICADO

ISRAEL EN DESOBEDIENCIA CONTRA LA CASA DE

DAVID

(1 Re 12,19)

Salomón explotó a su pueblo. Y, si él logró contener la rebeldía que empezaba a incubarse, ésta estalló a su muerte. La falta de habilidad política de su hijo Roboam provocó la división de las tribus del Norte y de la del Sur. Desde entonces seguirán por separado su propia historia: en el Norte el reino de Israel, con capital en Samaría, y en el Sur el reino de Judá con capital en Jerusalén. El reino unificado había durado sólo 70 años.

L os relatos del comienzo del Libro de los Reyes conservan una ima

gen muy positiva del reinado de Salomón. La tradición referente

a la gloria de el hijo de David manifestaba la seguridad de que el

esplendor de este soberano poderoso se apoyaba en su luminosa sabidu- ría. Por tanto, el sueño narrado respecto al comienzo de su gobierno debía mostrar que la destreza política del rey estaba en conformidad con la sabiduría de Dios:

Porque has pedido esto y, en vez de pedir para ti larga vida, riquezas, o la muerte de tus enemigos, has pedido discernimiento para saber juzgar, cumplo tu ruego y te doy un corazón sabio e inteligente como no lo hubo antes de ti ni lo habrá después (1 Re 3,11-12).

Pero parece claro que redacciones sucesivas han idealizado en gran medida la imagen de Salomón. Esta tendencia se advierte ya en la narración de la sucesión del trono de David, con su tono prosalomónico. Pero, a pesar de su intención teológicamente justificadora, la redacción no ha borrado otros relatos negativos con respecto a la persona y la obra de Salomón. 1 Re 11 constituye el resumen de las críticas y de los hechos negativos de su reinado.

Puerta de Gézer, enclave cedido por el Faraón a Salomón y fortificado por éste.

Sombras del reinado de Salomón

Un primer punto negativo subrayado por el texto se refiere a las mujeres de Salomón. La acusación afirma que sus muchas mujeres desviaron el corazón del rey hacia los dioses extranjeros.

«El rey Salomón amó a muchas mujeres ex- tranjeras, además de la hija de Faraón, moabitas, ammonitas, edomitas, sidonias, hititas, de los pueblos de los que dijo YHWH a los israelitas: «No os uniréis a ellas y ellas no se unirán a vosotros, pues de seguro arrastra- rán vuestro corazón tras sus dioses», pero Salomón se apegó a ellas por amor; tuvo se- tecientas mujeres con rango de princesas y trescientas concubinas. En la ancianidad de Salomón sus mujeres inclinaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no fue por en- tero de YHWH su Dios, como el corazón de David su padre.

Salomón se fue tras de Astarté, diosa de los sidonios, y tras de Milkom, monstruo abomi- nable de los ammonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos de YHWH, y no siguió plena- mente con YHWH como David su padre. En- tonces edificó Salomón un altar a Kemós, monstruo abominable de Moab, sobre el mon- te que está frente a Jerusalén, y a Milkom, monstruo abominable de los ammonitas. Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranje- ras que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses» (1 Re 11,1-8).

Se trata de una crítica hecha desde la mirada de los profetas, que tratarían de rescatar el carácter monolátrico del culto israelita. Pero tanto el he- cho de tener un harén numeroso, como el que cada princesa siguiese adorando a sus propios dioses, era algo común en aquella época. El ma- trimonio de Salomón con la hija del Faraón apa- rece como parte de un tratado entre ambos sobe- ranos para controlar a otros pueblo de la región:

Puerta de Gézer, enclave cedido por el Faraón a Salomón y fortificado por éste. Sombras del
  • 970 HADAD recupera el trono de Edom, que David había sometido (1 Re 11,25)

SALOMÓN sucede a su padre David en el trono (1 Re 2,12)

REZÓN recupera el trono de Damasco que David había sometido (1 Re 11,24)

ARAMEOS Damasco Samaria REINO DE ISRAEL FILISTEA Jerusalén Gaza avance de ASIRIA REINO DE JUDÁ
ARAMEOS
Damasco
Samaria
REINO DE ISRAEL
FILISTEA
Jerusalén
Gaza
avance de ASIRIA
REINO DE JUDÁ

«Viendo todo Israel que el rey no le oía, replicó el pueblo al rey diciendo: «¿Qué parte tenemos nosotros con David? ¡No tenemos herencia en el hijo de Jesé! ¡A tus tiendas, Israel! ¡Mira ahora por tu casa, David!» Israel se fue a sus tiendas. Roboam reinó sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá» (1 Re 12,16-17).

Al final del reinado de Salomón estalló una revuelta a causa de los pesados trabajos con los que las tribus del Norte debían contribuir a los grandes emprendimientos reales. La intransigencia de Roboam, el heredero real, y de sus consejeros en la falta de atención de los reclamos desencadenó la rebelión de los clanes de la casa de José, encabezada por el efraimita Jeroboam. El resultado de ésta fue la división del estado hebreo en dos reinos autónomos y rivales. En el sur del país, la dinastía davídica conservó únicamente la tribu de Judá, mientras que las tribus del norte se congregaron en torno a Jeroboam.

«Faraón rey de Egipto había subido y se ha- bía apoderado de Gézer, la incendió y mató a los cananeos que habitaban en la ciudad, y se la dio en dote a su hija, la mujer de Salomón» (1 Re 9,16).

nar y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciu- dad que había elegido YHWH de entre todas las tribus de Israel para poner en ella su Nom- bre. El nombre de su madre era Naamá, ammonita» (1 Re 14,21).

Otro elemento negativo del reinado de Salo- món es la revuelta de Jeroboam, capataz de los cargadores de la casa de José (1 Re 11,26). Poco antes de fugarse a Egipto, el profeta Ajías de Silo le anunció que sería rey de las diez tribus de Is- rael (1 Re 11,29-39). La intervención del profeta será en adelante característica de las situaciones de injusticia provocadas durante la monarquía. A la muerte de Salomón la situación, tanto política como económica y militar, era delicada. Entre los hijos que Salomón tuvo de sus muchas esposas, el heredero fue el hijo de una princesa ammonita:

«Roboam, hijo de Salomón, reinó en Judá; te- nía 41 años Roboam cuando comenzó a rei-

Era imprescindible que el nuevo soberano fuese hábil y decidido. Pero Roboam no lo era.

La división del reino

La reunión de todas las tribus bajo la autori- dad de David había sido fruto de un acuerdo con Judá y el resto de las tribus. Por eso, cuando Ro- boam se presentó en Siquem ante «toda la asam- blea de Israel para proclamarlo rey», ésta le puso una condición para aceptarlo como soberano:

«Tu padre ha hecho pesado nuestro yugo; ahora tú aligera la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que puso sobre noso- tros, y te serviremos» (1 Re 12,1-4).

ARAMEOS Damasco Samaria REINO DE ISRAEL FILISTEA Jerusalén Gaza avance de ASIRIA REINO DE JUDÁ «Viendo

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ROBOAM sucede a su padre Salomón en el trono (1 Re 11,43).

JEROBOAM se rebela y es aclamado como rey de ISRAEL (1 Re 12,20).

Jeroboam se dijo en su corazón: «Si este pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en la Casa de YHWH en Jerusalén, el corazón de este pueblo se volverá a su señor, a Roboam, rey de Judá, y me matarán». Tomó consejo el rey, hizo dos becerros de oro. Colocó uno en Betel, y el pueblo fue con el otro hasta Dan» (1 Re 12, 26-30).

Jeroboam se dijo en su corazón: «Si este pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en la

Restos del lugar de culto edificado en Dan durante el período monárquico de Israel. Una estructura metálica proporciona al visitante una imagen de la forma que podría haber tenido el altar de piedra, que ya no se conserva.

Pero, en lugar de escuchar a los ancianos ser- vidores de su padre partidarios de la modera- ción, Roboam se dejó influir por los jóvenes, im- buidos de una concepción absolutista de la mo- narquía, y se negó a la petición de la asamblea. Las tribus del norte rechazaron, en consecuen- cia, la dinastía davídica (1 Re 12,16-17) y acla- maron al capataz rebelde y fugitivo como rey:

«Cuando todo Israel supo que Jeroboam ha- bía vuelto, enviaron a llamarle a la asamblea y le hicieron rey sobre todo Israel; no hubo quien siguiera a la casa de David, aparte sólo la tribu de Judá» (1 Re 12,20).

Los intentos de Roboam de recuperar el Nor-

te por la fuerza fracasaron. El texto bíblico lo atri- buye a la recomendación del profeta Semaías:

«Llegando a Jerusalén reunió Roboam a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, 180.000 hombres guerreros escogidos, para combatir contra la casa de Israel y devolver el reino a Roboam, hijo de Salomón. Pero fue dirigida la palabra de Dios a Semaías, hom- bre de Dios, diciendo: «Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín y al resto del pueblo y diles:

Así habla YHWH: No subáis a combatir con vuestros hermanos los israelitas. Que cada uno se vuelva a su casa porque esto es cosa mía».

Jeroboam se dijo en su corazón: «Si este pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en la

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Jeroboam se instala primero en Siquem y poco más tarde en Penuel (1 Re 12,25)

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El faraón SHOSHENQ saquea Jerusalén y otras ciudades (1 Re 14,25).

«Jeroboam dijo al pueblo: «Basta ya de subir a Jerusalén. Este es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto» (1 Re 12,28).

Jeroboam ofrece sacrificios al ídolo. Obra de J.H. Fragonard.

Ellos escucharon la palabra de YHWH, y se volvieron para ir conforme a la palabra de YHWH» (1 Re 12,21-24).

Posiblemente la relación de fuerzas era fa- vorable a Jeroboam y Roboam se dio cuenta de que ya no podía hacer nada. Pero Judá dispo- nía, frente a su rival, de una estabilidad religio- sa marcada por la presencia del Arca de la Alianza en Jerusalén. La fuerza religiosa de Is- rael era el rico patrimonio de tradiciones de los santuarios ligados al pasado patriarcal de las tribus, como Siquem, Betel, Silo y Dan. Pero esto no podía compararse con el Arca en torno a la cual desde el principio se congregaba la asam- blea de Israel. Por eso, la división política se plas-

mó muy rápidamente como división también religiosa y el reino de Israel se independizó del culto sostenido en Jerusalén. Una de las prime- ras medidas tomadas por Jeroboam para impe- dir que las tribus del norte peregrinaran a Jeru- salén fue la de erigir en dos santuarios afama- dos dos toros de fundición destinados al culto (1 Re 12,28). Los santuarios elegidos fueron Dan y Betel, en las extremidades del reino. Betel era, por otro lado, el centro de las antiguas tradicio- nes en torno a la manifestación de Dios al pa- triarca Jacob (Gn 28,18-22). Jeroboam vaciló mucho al erigir su centro político. La elección primitiva de Siquem se vio desplazada hacia Penuel, en la Transjordania (1 Re 12,25), tal vez para asegurarse contra las

913 ABIYYAM sucede a su padre Roboam en el trono de JUDÁ (1 Re 14,31).
913
ABIYYAM sucede a su padre Roboam
en el trono de JUDÁ (1 Re 14,31).

«se han hecho imágenes fundidas, con su plata, ídolos de su invención: ¡obra de artesanos todo ello! ¡Con ellos hablan los que sacrifican hombres que envían besos a becerros!» (Os 13,2)

Al hacer los becerros de oro, Jeroboam tal vez no pen- só en representaciones de YHWH, ni mucho menos en las de otro dios. Sus «becerros de oro» habían de so- brepujar a los bueyes de bronce que sostenían el Mar de Bronce en el Templo de Salomón (1 Re 7,23-25), a la par que se les atribuía la función del Arca, como trono del invisible YHWH. Están inspirados, igual que el Arca, aunque en forma más tosca, en la idea, corriente en la historia de las religiones, de que a un huésped divino se le brinda ocasión para presentarse corporalmente, al ofrecerle un asiento desocupado. El toro ha sido elegi- do como sede de Dios porque su imagen ha quedado profundamente grabada en la por el arte semítico, sien- do el animal sagrado sobre cuyo lomo se erguía el dios del tiempo. Igualmente la figura del toro era venerada en Egipto (foto), de donde podría resultar familiar a los is- raelitas. Así se comprende que ni Elías hablara en contra de los «becerros», ni Jehú acabara con ellos (2 Re 10,29). Y lo que Oseas alega contra ellos, con altivez y con sor- na, sería debido a que el pueblo no sabía distinguir en- tre el sitial de un dios y una representación de Dios mismo, y besaba el pedestal (Os 13,2) como si fuera Dios mismo.

«se han hecho imágenes fundidas, con su plata, ídolos de su invención: ¡obra de artesanos todo

incursiones del faraón Sheshonq. Finalmente trasladó la capital a Tirsá (cf. 1 Re 14,17). Esta fluctuación era un signo evidente de la búsque- da de Jeroboam de un equilibrio político entre los distintos clanes que conformaban el reino del Norte. Tras la ruptura, los dos reinos se opusieron entre sí, llegando a ser la frontera entre ambos, entre Jerusalén y Betel, una zona de continuos conflictos durante varios años:

«Hubo guerra continua entre Roboam y Jeroboam» (1 Re 14,30).

Los reyes de Judá hicieron todo lo posible para hacer retroceder hacia el Norte la frontera y evitar así que Jerusalén quedara muy expues- ta en caso de guerra. Del reinado de Roboam el relato bíblico re- cuerda únicamente la incursión militar que el faraón Sheshonq efectuó contra Judá e Israel (1

«se han hecho imágenes fundidas, con su plata, ídolos de su invención: ¡obra de artesanos todo

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ASÁ sucede a su padre Abiyyam en el trono de JUDÁ (1 Re 15,8).

  • 910 909

NADAB sucede a su padre Jeroboam el trono de ISRAEL (1 Re 15,25).

BASÁ asesina a Nadab y usurpa el trono de Israel (1 Re 15,28).

«El año quinto del rey Roboam, Sosaq, rey de Egipto, subió contra Jerusalén y se apoderó de los tesoros de la Casa de YHWH y de los tesoros de la casa del rey; de todo se apoderó» (1 Re 14,25-26).

En el templo de Karnak, el faraón Sheshonq I hizo grabar la crónica de su campaña contra las ciudades fortificadas de Oriente, entre las que se encontraban Jerusalén y otras de Judá e Israel. Cada una de las poblaciones vencidas es representada como un cautivo, con su respectivo nombre, y sujeto a un lazo que sostiene el vencedor en su puño.

«El año quinto del rey Roboam, Sosaq, rey de Egipto, subió contra Jerusalén y se apoderó

Re 14,25-26). Tal vez la división del imperio de Salomón habría sido la ocasión propicia para reanudar la presencia egipcia en la región. Es posible que Jeroboam I se instalase en Penuel, al otro lado del Jordán, a causa de la invasión egip- cias. Roboam tuvo que pagar un tributo impor- tante. Seguidamente fortificó varias ciudades:

«Roboam habitó en Jerusalén y edificó ciuda- des fortificadas en Judá. Fortificó Belén, Etam,

Técoa, Bet Sur, Sokó, Adullam, Gat, Maresá, Zif, Adoráyim, Lakís, Azecá, Sorá, Ayyalón y Hebrón, ciudades fortificadas de Judá y Ben- jamín» (2 Cro 11,5-10).

El afianzamiento de Israel

Al cabo de dos años, la dinastía de Jero- boam, el efraimita, se extingue por asesinato. Mientras que Judá contaba con la ventaja de

«El año quinto del rey Roboam, Sosaq, rey de Egipto, subió contra Jerusalén y se apoderó

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ITBAAL usurpa el trono de la ciudad de Tiro

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ELÁ sucede a su padre Basá en el trono de Israel (1 Re 16,18).

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ZIMRÍ asesina a Elá y usurpa el trono de Israel (1 Re 16,10).

OMRÍ asesina a Zimrí y usurpa el trono de Israel (1 Re 16,18).

Valle de Yizreel.
Valle de Yizreel.

El contraste entre la prosperidad del reino de Israel y los escasos recursos de Judá era muy marcado. Jerusalén está rodeada de montañas, muy cerca de donde comienza el desierto. Su suelo es pedregoso y, además de algunos cereales, sólo permite el cultivo de la vid y del olivo, así como la cría de ovejas. El pequeño reino de Judá estaba privado de la salida al mar, porque la rica llanura costera estaba en manos de los filisteos. Sus horizontes eran, más bien, el valle del Jordán y el desolador Mar Muerto.

El reino de Israel, en cambio, ocupaba las colinas de Samaría con verdes valles, y las llanuras de Sharón y de Yizreel. Contaba con su propia salida al mar y disponía, además, de la posibilidad de acceder mediante alianzas a los puertos fenicios de Tiro y Sidón. En cuanto a territorios, población y poder militar, Israel superaba a Judá y poseía la mayor proporción del reparto del imperio salomónico. Pero también su situación geográfica lo exponía con anterioridad a los ataques de las potencias del Norte, especialmente Asiria.

una estabilidad dinástica a través de la suce- sión davídica, Israel padecía una inestabilidad política al momento de decidir a qué tribu per- tenecería el rey que los presidiera. Esta inestabi- lidad se pondrá de manifiesto en el hecho que de los 19 reyes que reinarían en Israel 8 serán asesinados. Después de una sangrienta sucesión de re- yes, Omrí consiguió el trono de Israel. Y decidió edificar una nueva ciudad, Samaría, sin pasado alguno y libre de las rivalidades entre las distin-

tas tribus, para que fuese la capital del reino. En el plano de la política exterior, Omrí se asoció a los fenicios y estableció con ellos una alianza. El matrimonio de su hijo Ajab con la princesa Jezabel, hija de Itbaal de Tiro consagró una nueva orientación de la política de Israel. Los israelitas se beneficiaban mediante la salida de sus productos a través de los puertos feni- cios, y las ciudades fenicias contaban así con la tierra productora que ellas no tenían para sos- tener su industria mercante.

Valle de Yizreel. El contraste entre la prosperidad del reino de Israel y los escasos recursos

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Omrí casa a su hijo Ajab con la princesa tiria Jezabel (1 Re 16,31).

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Omrí funda SAMARÍA sobre un terreno adquirido a Shemer (1 Re 16,24).

ELÍAS. Obra de Ferdinand Bol.
ELÍAS. Obra de Ferdinand Bol.

NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE, SINO TAMBIÉN DE TODO LO QUE SALE DE LA BOCA DE YHWH

(Dt 8,3)

A partir de las intervenciones de Elías y Eliseo nos encontramos por primera vez con el que fue, tal vez, el fenómeno más asombroso de toda la historia israelita:

la predicación de los profetas.

La colina de Samaria estaba en el territorio de la tribu de Manasés, pero no estuvo muy habitada hasta la época del Rey Omrí, cuando se edificó en ella la ciudad que fue la capital del reino de Israel. Samaria está bien posicionada con cuestas empinadas en cada lado. Esta caracterítica del terreno le permitió soportar repetidamente los ataques de los arameos y de los asirios.

La reacción de los profetas

En la época de Josué y de los Jueces, los israe- litas habían tomado contacto con la religión ca- nanea y a veces habían adoptado sus prácticas. Por su parte David incorporó a su reino amplias regiones cananeas que no practicaban el culto de YHWH. Necesitada de integrar dentro del terri- torio de sus tribus a muchas ciudades-estado ca- naneas, la dinastía fundada por Omrí procuró una política religiosa de integración: YHWH y Baal fueron adorados uno junto al otro. Pero esto fue producendo la desintegración de las antiguas ideas acerca de YHWH, de la exclusividad de su adoración y de su voluntad de justicia, en un proceso sutil desapercibido por la mayoría. Exteriormente todo permanecía como antes en lo que se refería al culto: los alta- res humeaban, se pronunciaban las oraciones y el lenguaje religioso en el que se actualizaba la

revelación de YHWH tal vez no habían cambia- do mucho. Pero, en esa época en que parecían quedar en el pasado las grandes amenazas de los enemigos poderosos, ¿todavía se adoraba al «guerrero YHWH» (Ex 15,3)? ¿O se pensaba más bien en Baal, con sus bendiciones naturalistas, necesarias para el sustento cotidiano? Este era un problema que reaparecería continuamente. La región al este del Jordán, en cambio, no era terreno de la antigua cultura cananea, sino que había sido un territorio colonizado directa- mente por los antepasados de Israel. Allí la fe en YHWH se había mantenido más firme en su ex- clusividad que en el Oeste, donde Israel se abría con creciente despreocupación a la religión de Baal. De esta región oriental del Jordán proce- día Elías, de Tishbé de Galaad. Es fácil imagi- narse cómo horrorizaría a Elías esa mezcla reli- giosa, ya que en su tierra había sido educado en la fe de YHWH propia de los patriarcas.

La colina de Samaria estaba en el territorio de la tribu de Manasés, pero no estuvo

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ASSURNASIRPAL II accede al trono de Asiria y emprende la expansión del imperio hacia el Oeste

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AJAB sucede en el trono de Israel a su padre Omrí (1 Re 16,29). BEN HADAD accede al trono de Damasco y reina sobre los arameos.

l b e z a y e ‘ sentido de la lectura en hebreo «Ajab, hijo

l be za ye

sentido de la lectura en hebreo

«Ajab, hijo de Omrí, hizo el mal a los ojos de YHWH más que todos los que fueron antes que él. Lo de menos fue haber seguido los pecados de Jeroboam, hijo de Nebat, sino que, además, tomó por mujer a Jezabel, hija de Itbaal, rey de los sidonios, y se fue a servir a Baal postrándose ante él. Alzó un altar a Baal en el santuario de Baal que edificó en Samaría» (1 Re 16,31-32).

Impresión (izquierda) de un sello (derecha) que lleva el nombre de ‘YeZaBeL. Tal vez haya sido propiedad de la esposa de Ajab.

Bajo la influencia de la predicación de los profetas, los narradores de la historia del rey Ajab (y de su esposa extranjera) han dibujado un retrato deliberadamente negativo, convirtiéndolo en el prototipo del rey impío.

La boda de ambos había inaugurado unas relaciones políticas y comerciales entre Israel y las ciudades fenicias, como en tiempos de Salomón. La alianza permitía, eventualmente, establecer un frente político y militar sólido frente al expansionismo de otras naciones. Pero, como en tiempos de Salomón, se iniciaba también un ciclo de profunda injusticia social, que los profetas denunciarían muy acertadamente.

La esposa del rey Ajab, Jezabel, no sólo ha- bía seguido activamente, y a título personal, las prácticas cúlticas de su tierra natal fenicia, sino que también sostenía en Israel a los dirigentes del culto a Baal. Así, mientras que en el campo se servía a YHWH, en la corte y entre la clase diri- gente de la ciudad de Samaría se veneraba a Baal. Por otra parte la arqueología ha mostrado la actividad de Ajab en el terreno de la cons- trucción. En Samaría no sólo se han descubierto los restos de su palacio y de potentes fortifica- ciones de su época, sino que preciosas incrusta- ciones en marfil ricamente esculpidas han pues- to de manifiesto el nivel de vida de ciertas clases de la capital. Éste es un aspecto importante en el que se fijan los textos bíblicos, y por el cual el rey y la corte serán descalificados.

fortificó, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel?» (1 Re 22,39).

La historia de la viña de Nabot constituye un ejemplo de la política social del rey, contra- ria a la tradición yahvista y de la que Elias apa- rece como el representante legítimo y eficaz:

«Te has vendido para hacer el mal a los ojos de YHWH. Yo mismo voy a traer el mal sobre ti y voy a barrer tu posteridad y a exterminar todo varón de los de Ajab, libre o esclavo, en Israel. Y haré tu casa como la casa de Jeroboam, hijo de Nebat, y como la casa de Basá, hijo de Ajías, por la irritación con que me has irritado y por haber hecho pecar a Israel» (1 Re 21,20-22).

«Los hechos de Ajab, todo cuanto hizo, la casa de marfil que edificó, todas las ciudades que

En esta situación, no es raro que se creasen grupos de oposición que cristalizarán en una

BEN HADAD II rey de los arameos intenta varias invasiones contra AJAB DE Israel (1 Re 17-19; 21).

l b e z a y e ‘ sentido de la lectura en hebreo «Ajab, hijo

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JOSAFAT sucede a su padre Asá en el trono de Judá (1 Re 16,18).

«Elías tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «Vive YHWH, Dios de Israel, a quien sirvo. No habrá estos años rocío ni lluvia más que cuando mi boca lo diga». Elías subía a la cima del Carmelo, y se encorvó hacia la tierra poniendo su rostro entre las rodillas. Dijo a su criado : «Sube y mira hacia el mar». Subió, miró y dijo:

«No hay nada». El dijo: «Vuelve». Y esto siete veces. A la séptima vez dijo: «Hay una nube como la palma de un hombre, que sube del mar». Entonces dijo: «Sube a decir a Ajab: Unce el carro y baja, no te detenga la lluvia». Poco a poco se fue oscureciendo el cielo por las nubes y el viento y se produjo gran lluvia» (1 Re 17,1; 18,42-45).

«Bajo Itbaal hubo falta de lluvia desde el mes de Hyperbereteo hasta el mismo mes del año siguiente; pero cuando él hizo suplicas se desataron grandes tormentas. Con estas palabras [Menandro] designó la falta de lluvia que hubo en los días de Ajab» (Flavio Josefo, Antigüedades Judías VIII,324).

Mt. Carmelo ISRAEL GALAAD Samaria
Mt. Carmelo
ISRAEL GALAAD
Samaria

El Carmelo habría sido desde tiempos antiguos un santuario de Baal. Pero en algún momento de la historia (¿durante la expansión davídica?) el culto de YHWH se impuso en el lugar por algún tiempo. Finalmente habría decaido y el altar de YHWH fue derribado. Esta situación que Elías encuentra en el Carmelo se repetiría en cada lugar en que ambos altares rivalizaran. Un relato alternativo de la tradición bíblica le reconoce al rey fenicio el final de la sequía.

encarnizada resistencia a la dinastía, en la cual ciertos círculos proféticos desempeñarán un papel decisivo. Fue entonces cuando la religión yahwista fue capaz de surgir de una forma nue- va e impetuosa, gracias a la predicación de los grandes profetas. Entre las causas principales de su aparición se pueden señalar:

1) La degeneración de la religión yahwista.

2) La falta de interés por la protección de YHWH. El estado israelita, confiando en sus ar- mamentos y alianzas, se fue olvidando de YHWH y fue adquiriendo autonomía política.

3) El sistema tributario disolvió la antigua soli- daridad tribal, originando grandes desequili- brios sociales entre las ciudades y la población campesina.

4) La rápida ascensión desde el siglo VIII de

los imperios mesopotámicos que dirigieron su política expansionista sistemáticamente hacia el oeste, privando de autonomía nacional, en- tre otros, a Israel y a Judá.

La exigencia de veneración exclusiva a YHWH se opuso entonces a la transformación que quería implantar la clase dirigente, cuyo fin era convertir la sociedad israelita en un Estado como los que tenían los cananeos. En contra de esa tentativa se activaron las antiguas tradicio- nes yahwistas. En este contexto se ubican las tradiciones que relatan la intervención de Elías en favor de la fe en YHWH, el Dios de los padres. Convocó al pueblo al monte Carmelo a una asamblea cúltica para resolver allí la disputa entre las dos formas de culto. Nadie había visto hasta enton- ces como Elías la incompatibilidad del culto de Baal con las antiguas tradiciones de YHWH, propias de Israel. Elías tenía que obligar al pue-

«Elías tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «Vive YHWH, Dios de Israel, a quien

866

Josafat casa a su hijo Joram con Atalía, la hija de Ajab, estableciendo una alianza entre JUDÁ e ISRAEL (1 Re 22,4).

859

SALMANASAR III sucede a su padre en el trono de Asiria

Ajab envió a todos los israelitas y reunió a los profetas en el monte Carmelo. Elías
Ajab envió a todos los israelitas y reunió a los profetas en el monte
Carmelo. Elías se acercó a todo el pueblo y dijo:«Hasta cuándo van
a fluctuar de un lado a otro? Si YHWH es Dios síganlo; si es Baal,
sigan a éste» (1 Re 18,21).

blo a tomar una decisión, cuya necesidad nadie había comprendido hasta el momento. Por eso la narración que recordaba a la asamblea con- vocada por Elías tomó la forma de un duelo de- terminante:

«Invocaréis el nombre de vuestro dios; yo in- vocaré el nombre de YHWH. Y el dios que res- ponda por el fuego, ése es Dios» (1 Re 18,24).

El dasafío quería resolver la cuestión sobre quién era el dios providente que brindaba la llu- via necesaria para el campo. La sequía que aso- laba la tierra era achacada por Elías a la infide- lidad religiosa que habían fomentado Ajab y su esposa extranjera:

«Elías dijo a Ajab : «No soy yo el azote de Israel, sino tú y la casa de tu padre, por haber abandonado a YHWH y haber seguido a los Baales» (1 Re 18,17-18).

La sequía, que habría comenzado por or- den de Elías, terminaría si el pueblo reconocía a YHWH como el dador de la lluvia. Sin embargo la respuesta sobre quién era verdaderamente Dios en Israel no la habría dado el pueblo, sino el mismo YHWH. Para el narrador Israel por sí mismo nunca hubiera podido arrancarse de aquel abandono de la fe y del culto verdadero si YHWH mismo no se hubiera manifestado una vez más con su gloria. Elías (hebr. Eli-Yah: YHWH es Dios) había planteado la irreductible oposición entre YHWH y Baal, que reaparecía así bruscamente cuando ya se los creía reconciliados. ¿Ya no iba a ser Baal el que diera la lluvia; el que curara las en- fermedades? Esa pregunta del pueblo no existía en la mente de Elías, pues él combatía en nom- bre de YHWH todopoderoso contra el impoten- te Baal. Elías había defendido como nadie la antiquísima tesis de que Israel sólo pertenecía a YHWH.

Ajab envió a todos los israelitas y reunió a los profetas en el monte Carmelo. Elías

855

BAAL AZOR sucede a su padre Itbaal en el trono de Tiro

853

SALMANASAR III realiza una campaña de conquista hasta el Mediterráneo

«Josafat, hijo de Asá, comenzó a reinar en Judá el año cuarto de Ajab, rey de Israel. Respondió al rey de Israel: «Yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballos». Josafat estuvo en paz con el rey de Israel» (1 Re 22,4.41.45).

«Josafat, hijo de Asá, comenzó a reinar en Judá el año cuarto de Ajab, rey de

En el ámbito diplomático, Ajab continuó la política de alianza de su padre Omrí, añadiendo nuevos aliados a su programa. Su hija, Atalía, fue casada con el rey Joram de Jerusalén, asegurando paz durante todo su reinado.

Al intento infructuoso por atraer la atención divina por medios humanos (1 Re 18,26-29), se opone la serenidad de Elías que, si se compara con los frenéticos esfuerzos de los profetas de Baal, casi parece pasividad. Elías sabía que su Dios siempre estaba dispuesto a manifestarse, y no necesitaba ir a buscarlo o atraerlo:

«A la hora en que se presenta la ofrenda, se acercó el profeta Elías y dijo: YHWH, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que se sepa hoy que tú eres Dios en Israel y que yo soy tu servi- dor y que por orden tuya he ejecutado todas estas cosas. Respóndeme, YHWH, respónde- me, y que todo este pueblo sepa que tú, YHWH, eres Dios que conviertes sus corazones». Cayó fuego de YHWH que devoró el holocausto y la leña, y secó el agua de las zanjas. Todo el pueblo lo vio y cayeron sobre su rostro y dije- ron: ¡YHWH es Dios, YHWH es Dios!» (1 Re

18,36-39).

El relato prosigue con el exterminio de 450 profetas de Baal. Perseguido por la reina Jeza- bel, Elías huyó y experimentó en el camino un total abatimiento, hasta no querer vivir más. El motivo de su desesperanza era el fin de la fe en YHWH. El profeta pensaría que sólo quedaba él y experimentó entonces la debilidad. ¿Quién podría ser más débil que un profeta que sólo puede apoyarse en el brazo y la boca de Dios? El relato fija la huida hasta el Sinaí. Querría buscar a Dios en su montaña, en el lugar en el que se había revelado, y manifestarle su sufri- miento allí donde Moisés había actuado. Estaba convencido que la fe en YHWH había dejado de dominar en Israel definitivamente. Sin embargo YHWH tenía todavía muchos planes sobre el pueblo:

«Me reservaré 7.000 en Israel: todas las rodi- llas que no se doblaron ante Baal, y todas las bocas que no le besaron» (1 Re 19,18).

«Josafat, hijo de Asá, comenzó a reinar en Judá el año cuarto de Ajab, rey de

853

SALMANASAR III es detenido en Qarqar por una coalición de reyes

OCOZÍAS sucede a su padre Ajab en el trono de Israel.

«

...

incendié

Qarqar, su ciudad real.

1.200 carros, 1.200 soldados de caballería, 20.000 soldados de Hadad Idri del pais de Imerishu (Aram), 700 carros, 700 soldados de caballería, 10.000 soldados de Irhuleni de Hamat, 2.000 carros, 10.000 soldados de Ajab del país de Israel » ...

La estela de Salmanasar III describe una de sus campañas militares en occidente, donde él mismo se atribuye la victoria sobre una coalición de 12 reyes, entre los cuales estaba Acab. La alianza intentó frenar la expansión de Asiria, que ya había sometido a los estados del norte de Hamat en el Eufrates superior y Cilicia. El ejército israelita por el número de efectivos aportados, 2.000 carros y 10.000 soldados de infantería, parece ser el mayor de cuantos intervinieron. Este enfrentamiento no parece haber sido un triunfo para el invasor, pues al menos durante unos años se detuvo el avance asirio hacia el Mediterráneo.

« ... incendié Qarqar, su ciudad real. 1.200 carros, 1.200 soldados de caballería, 20.000 soldados de

Israel seguiría existiendo ante YHWH, pero como un mero resto instituido por Él. Ya antes se sabía que Dios podía castigar al pueblo; pero era una novedad la posibilidad de destruirlo y dejar solo un resto. Y sin embargo era solamen- te el comienzo de lo que otros anunciarían des- pués de Elías. Mientras tanto, el reinado de Ajab fue testi- go del aumento del poder asirio. Para contra- rrestarlo se formó una importante liga antiasi- ria a la que Ajab aportó recursos humanos y materiales. El promotor de esta empresa fue el rey de Damasco, Hadadidri. La alianza con Da- masco fue coyuntural e interesada, con vistas a hacer frente al enemigo común. El texto bíblico no habla de estos acontecimientos, pero la este- la de Salmanassar III los menciona con bastante detalle. Ajab aparece en tercer lugar de la lista de coaligados en la batalla de Qarqar en el año 853. La coalición no constituyó ni un éxito ni un desastre, pero consiguió que los asirios no re-

presentasen un peligro durante cierto tiempo. Por otro lado, Israel mantuvo su control so- bre el otro lado del Jordán, ya que según la este- la del rey Meshá, Moab pagó tributo a Israel durante todo el reinado de Ajab.

Golpe de Estado Yahwista

La situación se deterioró muy rápido a la muerte de Ajab. Ocozías el primer heredero del trono, murió rápidamente a consecuencia de un accidente (1 Re 22,52-54). El texto bíblico dice que, a la muerte de Ajab, Moab se rebeló contra Israel (2 Re 1,1). La estela de Meshá parece confirmarlo. De hecho, a la muerte del señor, el vasallo intentaba casi siem- pre recobrar su independencia aprovechando las incertidumbres de la sucesión. A Ocozías le sucedió su hermano Joram. El único texto bíblico sobre Joram se refiere a su actividad política y militar: precisamente la gue-

« ... incendié Qarqar, su ciudad real. 1.200 carros, 1.200 soldados de caballería, 20.000 soldados de

852

JORAM sucede a su hermano Ocozías en el trono de Israel.

848

JORAM de Judá sucede a su padre Josafat en el trono de Jerusalén.

rra contra Moab (2 Re 3,1-27). Frente a la rebe- lión de Meshá de Moab, Joram decidió reducir al rebelde juntando sus fuerzas con las del rey de Jerusalén, emparentado con su hermana Ata- lía, y con las de su vasallo Edom. La ruta de los aliados no deja de sorprender, ya que dan un rodeo por el sur para llegar a Moab. Esto podría confirmar que Meshá, como indica en su estela, habría fortificado sus defensas por el norte, ha- ciendo así más difícil un ataque. El resultado del enfrentamiento fue que Moab se liberó del yugo israelita. Según el texto bíblico (2 Re 3,26), Meshá pi- dió ayuda a los arameos para librarse de los is- raelitas. Fue el preludio de la amenaza aramea

que se abatiría contra Israel. En efecto, en Da- masco la situación había cambiado después de la batalla de Qarqar, ya que Jazael había usur- pado el poder (2 Re 8,15). Viéndose libre mo- mentáneamente de la presión asiria, el nuevo rey arameo se lanzó a una política de conquista de los territorios israelitas al este del Jordán. Mientras Jazael tenía cercada a Ramot de Galaad, Joram de Israel, resultó herido y fue a reponerse a su propiedad de Yizreel (2 Re 9,14- 15). Jehú, un general del ejército, fue ungido entonces en secreto por un enviado del profeta Eliseo, y, al conocer la noticia, los otros oficiales del ejército lo proclamaron rey de Israel (2 Re 9,15). Jehú reinará veintiocho años.

rra contra Moab (2 Re 3,1-27). Frente a la rebe- lión de Meshá de Moab, Joram

843

JAZAEL de Damasco usurpa el trono de los Arameos.

JAZAEL hostiga a Israel.

«A la muerte de Ajab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel» (2 Re 3,5).

Izquierda: ESTELA DE MESHÁ, rey de Moab. Museo de Louvre.

Según esta inscripción (derecha), Omrí de Israel oprimió a Moab durante mucho tiempo. El dato muestra una de las facetas de la actividad de Omrí. Si bien la cifra de «100.000 corderos y 100.000 carneros con su lana» (2 Re 3,4) puede ser exagerada, sin duda el tributo que Meshá debió pagar a Samaría pudo ser una fuente importante de recursos para el reino de Israel. El texto confirmaría el relato del libro de los Reyes, según el cual los ejércitos aliados de Israel, Judá y Edom no lograron aplastar la rebelión moabita (2 Re 3,27).

Yo soy Mesá, hijo de Kemoshyat, rey de Moab, el dibonita. Mi padre reinó sobre Moab
Yo soy Mesá, hijo de Kemoshyat, rey de Moab, el dibonita. Mi
padre reinó sobre Moab durante treinta años y yo reiné después
de mi padre. Hice este alto lugar para Kemosh en Qeriho, alto
lugar de salvación, pues me salvó de todos los asaltos y me hizo
triunfar de todos mis enemigos. Omrí era rey de Israel y oprimió
a Moab durante muchos días, ya que Kemosh estaba irritado
contra mi país. Y su hijo le sucedió y dijo: «Oprimiré a Moab». En
mis días habló de este modo, pero yo triunfé de él y de su casa.
E Israel quedó arruinado para siempre. Pues bien, Omrí había
tomado posesión de todo el país de Madaba y había habitado allí
durante sus días y la mitad de los días de sus hijos, cuarenta
años. Pero Kemosh lo abatió durante mis días. Y yo construí a
Baal Maón e hice la piscina y edifiqué Qiryatôn. Las gentes de
Gad habían habitado en el país de Atarot desde siempre y el rey
de Israel había construido Atarot para sí. Yo combatí contra la
ciudad y la tomé. Y maté a todo el pueblo
;
la ciudad fue
ofrecida a Kemosh y a Moab. Allí me apoderé del altar de su Bien
amado y lo arrastré ante Kemosh en Qeriyot. Hice habitar allí a
...
dijo: «Vete, quítale Nebo a Israel». Yo fui de noche y combatí
contra ella desde el amanecer hasta el mediodía. La tomé y maté
a todos, siete mil hombres con extranjeros, mujeres, extranjeras
y concubinas, ya que la había destinado al anatema por Ashtar-
Kemosh. De allí tomé los vasos de YHWH y los llevé ante
Kemosh. El rey de Israel había construido Yasa y permanecía allí
mientras me hacía la guerra, pero Kemosh lo expulsó ante mí.
Tomé de Moab doscientos hombres, toda su gente escogida; los
llevé contra Yasá y la tomé para anexionarla a Dibón ...
las gentes de Sarón y a las gentes de Maharot
Kemosh me

El siguiente paso de la conspiración fue la eliminación de Joram. Jehú encuentra en Yizre- el no sólo a Joram de Israel, sino también a su sobrino Ocozías de Judá, que había ido a visi- tarlo. El relato del encuentro da a entender que la revuelta estuvo motivada por la intención de suprimir en el reino el culto extranjero fomenta- do por Ajab y su esposa:

«¿Qué paz mientras duran las prostituciones de tu madre Jezabel y sus muchas hechice- rías?» (2 Re 9,22).

Pero Jehú aprovechó la ocasión para asesinar igualmente al rey de Judá, que llevaba en sus

venas sangre de Omrí (2 Re 9,24-27). También se deshizo del resto de la familia real para con- seguir la sumisión de la capital, Samaría. Y, ante todo, acabó con los funcionarios. Tal vez la conspiración de Jehú y el entu- siasmo del ejército en su nombramiento fueron motivados por un deseo de reforzar la política de Israel frente a los arameos. Para frenarlos se necesitaba el apoyo de Asiria. Y la condición impuesta para eso habría sido la desaparición de la dinastía de Ajab, que había logrado frus- trar su expansión en la batalla de Qarqar. Más tarde el golpe de estado sería legitimado como una continuación de la obra del profeta Elías (2 Re 10,17). Sin embargo otros profetas,

841 JEHÚ asesina a Joram de Israel y a Ocozías de Judá y usurpa el trono
841
JEHÚ asesina a Joram de Israel y a Ocozías
de Judá y usurpa el trono de Samaría.
MESHÁ de Moab se rebela contra el
dominio de Israel.
841 ATALÍA, hija de Ajab, ejerce la regencia de Judá ante la muerte de Ocozías. «Ungirás

841

ATALÍA, hija de Ajab, ejerce la regencia de Judá ante la muerte de Ocozías.

«Ungirás a Jehú, hijo de Nimsí, como rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, le ungirás como profeta en tu lugar. Al que escape a la espada de Jazael le hará morir Jehú, y al que escape a la espada de Jehú, le hará morir Eliseo» (1 Re 19,16-17).

Dijo Eliseo a Jazael: «Sé el mal que vas a hacer a los israelitas: pasrás a fuego sus fortalezas, matarás a espada a sus mejores, aplastarás a sus pequeñuelos y abrirás el

vientre a sus embarazadas

YHWH ha

... hecho que te vea como rey de Aram» (2 Re

8,12-13).

JAZAEL DE DAMASCO. Placa de marfil proveniente de Arslan Tash (Siria). Jazael Usurpó el trono arameo, asesinando a Ben Hadad II (2 Re 8,15). Aunque algunas tradiciones bíblicas atribuyeron a Elías la unción de Eliseo como profeta y de Jehú como rey de Israel, otras refieren a su discípulo la unción de Jehú y el preanuncio del advenimiento del rey arameo y de sus ataques contra Israel. El movimiento profético intentaron una vuelta a las tradiciones yahwistas, tratando de convencer a sus oyentes de la validez inmutable de unos preceptos que habían sido abandonados hacía ya mucho tiempo. Pero también hicieron una lectura del presente de Israel, considerando las intervenciones de las naciones extranjeras como un castigo de YHWH debido al quebrantamiento de su Alianza.

como Oseas, terminaron rechazando su revolu- ción y denunciando su carácter sanguinario:

«Pediré cuenta a la casa de Jehú por la sangre derramada en Yizreel, y pondré fin al reina- do de la Casa de Israel» (Os 1,4).

De todos modos el relato no deja de mostrar el cinismo y la crueldad de Jehú con toda su fuerza:

«Jehú mató a todos los que quedaban de la casa de Ajab en Yizreel, a todos sus magna- tes, sus familiares, sus sacerdotes, sin dejar ni uno con vida. Entró en Samaría y mató a to- dos los supervivientes de Ajab en Samaría,

841 ATALÍA, hija de Ajab, ejerce la regencia de Judá ante la muerte de Ocozías. «Ungirás

SALMANASAR III de Asiria vence a Jazael y domina hasta el Mediterráneo

«Cuando Jehú entraba por la puerta, Jezabel le dijo:

«¿Todo va bien, Zimrí, asesino de su señor?» Alzó su rostro hacia la ventana y dijo: ¿Quién está conmigo, quién?» Se asomaron dos o tres eunucos, y él les dijo:

«Echadla abajo». La echaron abajo y su sangre salpicó los muros y a los caballos, que la pisotearon» (2 Re 9,31-33).

Marfil procedente de Nimrud.El motivo de la MUJER ASOMADA EN LA VENTANA fue muy frecuente en el arte asirio. No se sabe con certeza si representa a la diosa Innana o a sus sacerdotisas que ejercían la prostitución sagrada. Tal imagen pudo servir de inspiración a los narradores de la historia de Jezabel, a quien se había estigmatizado con la fama de prostitución (en realidad, idolatría).

«Cuando Jehú entraba por la puerta, Jezabel le dijo: «¿Todo va bien, Zimrí, asesino de su

hasta exterminarlos, según la palabra que había dicho YHWH a Elías. La guardia y los escuderos entraron, pasaron a filo de espada a los siervos de Baal y llega- ron hasta el santuario. Sacaron el cipo del tem- plo de Baal y lo quemaron. Derribaron el al- tar, demolieron el templo, y lo convirtieron en cloaca hasta el día de hoy. Jehú exterminó a Baal de Israel. Pero Jehú no se apartó de los pecados con que Jeroboam, hijo de Nebat, hizo pecar a Israel, los becerros de oro de Betel y de Dan» (2 Re

10,11.17.25-29).

Por textos asirios sabemos que Jehú tuvo que

pagar tributo a Salmanasar III. Es probable que el tributo pagado a los asirios por Jehú fuera el precio para aligerar la presión aramea:

«En el decimoctavo año de mi reinado crucé el Eufrates por decimosexta vez. Jazael, del país de Damasco, había confiado en la gran

cantidad de sus tropas y las puso en movi-

miento en gran número

Trabé combate con-

... tra él y lo derroté. Abatí con las armas 16000

de sus hombres de guerra. Le arrebaté 1121 carros, 470 de sus jinetes con su campamen- to. Escapó para salvar su vida. Fui detrás de él y lo encerré en la ciudad de Damasco, su ciudad real; talé sus jardines, quemé sus mie-

«Cuando Jehú entraba por la puerta, Jezabel le dijo: «¿Todo va bien, Zimrí, asesino de su

JEHÚ paga tributo a SALMANASAR III de Asiria

«Tributo de Jehú, hijo de Omri; recibí de él plata, oro, un cofre de oro, un
«Tributo de Jehú, hijo de Omri; recibí de él plata, oro, un
cofre de oro, un vaso de oro con el fondo en punta, cubiletes
de oro, copas de oro, estaño, un cetro real y venablos».
Obelisco de piedra caliza conservado en el Museo Británico. Contiene la
crónica de 31 campañas militares realizadas por Salmanasar III. La
descripción en 190 líneas y 5 niveles de paneles, muestra escenas de
varios reyes rindiéndole tributo. Entre ellos Jehú de Israel (abajo).

ses. Marché hasta el monte Haurán; ciudades sin número destruí, demolí, incendié; me lle- vé su botín innumerable. Fui hasta el monte Ba’lira’si, que está en frente al mar y frente al país de Tiro. Erigí en él una efigie real mía. En aquellos días recibí los tributos del país de Tiro, del país de Sidón, de Jehú, hijo de Omrí» (cf. Pritchard, ANET 280).

La conspiración de Jehú hizo un gran favor a los asirios, ya que exterminó a la dinastía que

había logrado aliar a Israel, Tiro y Damasco con- tra Salmanasar. Sin obstáculos, el conquistador siguió avanzando hasta el Mediterráneo, some- tiéndolos a todos a pagar tributo. Por eso, a pe- sar de todo, Jehú perdió todas las posesiones is- raelitas al otro lado del Jordán:

«En aquellos días comenzó YHWH a cercenar a Israel, y Jazael batió todas las fronteras de Israel, desde el Jordán al sol levante, todo el país de Galaad, de los gaditas, de los rubenitas,

«Tributo de Jehú, hijo de Omri; recibí de él plata, oro, un cofre de oro, un

835

ATALÍA es asesinada y se corona como rey de Judá al joven JOAS.

BEN HADAD hostiga a Israel.

824

SHAMSI ADAD V sucede a su padre Salmanasar en el trono de Asiria.

«Se encendió la ira de YHWH contra los israelitas y los entregó en manos de Jazael, rey de Aram, y en manos de Jazael, rey de Aram, y en manos de Ben Hadad, hijo de Jazael, todo aquel tiempo. No le quedaron a Joacaz como tropas sino cincuenta jinetes, diez carros y 10.000 infantes, pues el rey de Aram los había exterminado y reducido a polvo de la tierra» (2 Re 13,3.7).

Derecha: BEN HADAD de Damasco, derrotado, es llevado de la mano del rey asirio. Abajo. Estela del rey asirio Adad-nirari III, que relata sus victorias sobre los arameos. El texto reproduce parte de la inscripción.

«Se encendió la ira de YHWH contra los israelitas y los entregó en manos de Jazael,
«Se encendió la ira de YHWH contra los israelitas y los entregó en manos de Jazael,

«Yo, Adad-nirari, rey poderoso, rey de la Totalidad, rey de Asiría

sometí a mis pies el país de Amurru y el país de Hatti; recibí el tributo de Damasco:

  • 2000 talentos de plata,

  • 1000 talentos de cobre,

  • 2000 talentos de hierro,

  • 3000 vestido multicolores y

de lino. Recibí los tributos de Joás el samaritano, del

rey tirio y del sidonio

...

».

de Manasés, desde Aroer, sobre el torrente Arnón, Galaad y Basán» (2 Re 10,32-33).

Joacaz sucedió a su padre, Jehú. Los textos bíblicos señalan que, durante su reinado, los ara- meos oprimieron a Israel:

Joás, el nuevo rey de Samaría, pidió ayuda a Adadnirari III, rey de Asiría, para librarse una vez más de los arameos. Estos datos se conocen desde hace poco gracias a una estela del sobera-

no asirio. En tales circunstancias, el rey de Sama- ría pudo emprender la reconquista de parte, al menos, de los territorios perdidos por su padre:

«Joás, hijo de Joacaz, volvió a tomar de mano de Ben Hadad, hijo de Jazael, las ciudades que había tomado de mano de Joacaz su padre, por las armas. Joás le batió tres veces y reco- bró las ciudades de Israel» (2 Re 13,25).

814 811 798 JOACAZ sucede a su padre Jehú en el trono de Israel. ADAD NIRARI
814
811
798
JOACAZ sucede a su padre Jehú en
el trono de Israel.
ADAD NIRARI III ocupa el
trono de Asiria.
JOAS sucede a su padre Joacaz en
el trono de Israel.
Reveladores de los secretos divinos Oración de un adivino «Shamash, señor del juicio, Adad, señor de
Reveladores de los secretos divinos
Oración de un adivino
«Shamash, señor del juicio,
Adad, señor de la
adivinación, yo os traigo, os
ofrezco una cordera de un
año que ningún carnero ha
asaltado, en cuyo seno la
inseminación de Shakkan no
ha caído; ha comido la hierba
en país llano, no bebe más
que aguas de los regatos
puros; el cordero ha estado
lejos de ella. Os ofrezco esta
cordera, pongo en la boca de
esta cordera cedro puro en
nudos, virutas y buena resina.
Shamash y Adad, venid a
esta cordera. Y a lo que yo
digo, con mi mano alzada, a
todo lo que hago, a la
petición de oráculo que
pronuncio, que haya una
respuesta sin ambigüedad».
Foto: Amuleto sumerio representando una oveja.
No se debe considerar el profetismo como un fenómeno
exclusivo de Israel, pues personajes de características
semejantes aparecieron también en el resto del Oriente
antiguo. En Mesopotamia existían personajes que tenían
la función de emitir oráculos de parte de los dioses, pues
tanto si se trataba del rey como de una persona privada,
era preciso asegurarse de que toda empresa de cierta
importancia no estuviese en contra de la voluntad divina,
si no se quería fracasar en ella.
De este modo, el arte de la adivinación consistía en analizar
ciertos signos mediante los cuales se intentaba descubrir
la respuesta de los dioses (mediante el vuelo de los
pájaros, los sueños, la observación de las entrañas de
los animales, etc.). Antes de actuar, el adivino tenía que
recitar a los patronos de la adivinación unas oraciones
especiales. Un ejemplo es la siguiente fórmula babilónica
anterior al año 1600 aEC.
L a consulta a un especialista en revelar los
hechos ocultos fue frecuente en el primitivo
Israel. Una de las primeras menciones de un
profeta es respecto a Samuel, a quien se lo llama
vidente (Ro´eH). Saúl va a consultarlo para encontrar
unas asnas que había perdido (1 Sam 9,6-20).
El desplazamiento de las nubes en el cielo o el
rumor del viento en la copa de los árboles también
podía ser leído como anuncio de lo que sucedería.
Hesíodo nos describe que el oráculo de la ciudad de
Dodona surgía de una encina. Por su parte la tradición
bíblica recuerda la «encina de los Adivinos» (Jue
9,37), que probablemente sea la misma «encina de
Moré» (Instructor), donde Abram recibe de YHWH
la promesa de poseer esa tierra (Gn 12,6s).
Otras técnicas han sido la observación de los líqui-
dos (hidromancia), de acuerdo a los círculos formados
por objetos arrojados en medio de ellos, o por las for-
mas de manchas de aceite en el interior de una copa.
Ésta parecería ser la práctica de José, que tiene una
«copa de plata con la que suele adivinar» (Gn 44,5).
En la Biblia abundan los sueños a través de los
cuales se da a conocer a los hombres lo que deben
hacer. Así Jacob decide fundar el santuario de Betel
(Gn 28,11-16); José aconseja al faraón hacer acopio
de provisiones para los años de penuria (Gn 41). Otras
veces los sueños son premonitorios, como cuando se
anuncia a José la superioridad sobre sus hemanos (Gn
37) o el destino que aguarda al copero y al panadero
de la corte (Gn 41).

Si bien la divinidad es la que concede el sueño que presagia lo que ocurrirá, el hombre puede buscarlo deliberadamente durmiendo en un santuario. A este recurso se lo llama incubación. Parecería ser lo que Salomón hace cuando recibe el augurio de su reinado durante el sueño en el santuario de Gabaón (1 Re 3,5). La consulta a los muertos o necromancia es una práctica bastante extendida, según los testimonios bíblicos.Israel debe evitar las abominaciones de los cananeos, y por eso no debe haber en el pueblo «nin- gún encantador ni consultor de espectros o adivinos, ni evocador de muertos» (Dt 18,11). El caso más la- mentable es el de Saúl que, después de haber inten- tado otros medios de consulta a Dios, hace evocar el espíritu del difunto Samuel. La nigromante dice «Veo un elohim que sube de la tierra» (1 Sam 28,13). El espectro del anciano profeta fallecido, después de re- prochar al rey la interrupción de su descanso, comuni- ca un anuncio desfavorable: «Mañana tú y tus hijos estaréis conmigo» (28,19). El oráculo o palabra reveladora era la forma preferi- da en Israel y en Grecia, mucho más que los signos y portentos. Diversas circunstancias sugerían la consul- ta. A veces se trata de la elección de un gobernante. Los israelitas recurren a Samuel para que elija, en nombre de Dios, a la persona adecuada para ser su rey (1 Sam 8). Otras veces había que considerar la oportunidad de hacer o no la guerra. David no se olvida de consul- tar a YHWH antes de iniciar una campaña: «¿Puedo atacar a los filisteos? ¿Me los entregarás?» (2 Sam 5,19). En cambio el rey Ajab prefiere escuchar sólo los buenos augurios, aunque provengan claramente de falsos profetas. Los malos augurios de Miqueas pre- tende neutralizarlos encarcelando al profeta: «Meted a éste en la carcel y racionadle el pan y el agua hasta que yo vuelva victorioso» (1 Re 22,28). Pero más allá de todas las consultas, existe la posibilidad de que la divinidad espontáneamente orde- ne algo o revele el futuro. Ésta será la orientación fun- damental de la profecía hebrea. La conclusión de una comparación entre los textos bíblicos y los de otras culturas permite evitar tanto la negación de la posibilidad de comunicación divina a personas de cualquier raza, como la equiparación de un vidente casi desconocido con profetas de la talla de Isaías. Probablemente la más primitiva profecía bí- blica en los siglos XI y X aEC tenga origen en un entor- no afín al de otros pueblos. Pero si bien no se puede afirmar la exclusividad del fenómeno en Israel, sus pro- fetas tienen su propia peculiaridad. Su originalidad no consiste en haber sido un caso único, sino en el desa- rrollo que llegó a adquirir con el tiempo.

DESARROLLO DE LA PROFECÍA BÍBLICA

Antes de la actuación de Elías y Eliseo, otros predi- cadores habían ejercido un ministerio de proclamación de la voluntad de YHWH. Natán habría proclamado como palabra divina la posteridad davídica en el trono de Jeru- salén: (2 Sam 7,4ss). Gad, vidente de David, propuso al rey la elección de una entre tres desgracias como castigo divino por haber hecho el censo de Israel (2 Sam 24, 11ss). Ajías de Siló habría anunciado a Jero- boam como voluntad divina la división del reino salomó- nico (1 Re 11,31). La profecía de Israel fue dando los siguientes pasos:

De una palabra buscada por el hombre, a una palabra enviada por Dios. Del descubrimiento de un enigma, al descubri- miento de una misión. De la búsqueda de seguridad personal, al cho- que con una responsabilidad. Del interés personal, a la responsabilidad frente a los demás.

Se trata del paso del oráculo solicitado por interés al oráculo que transmite la voluntad de Dios.

Si bien la divinidad es la que concede el sueño que presagia lo que ocurrirá, el

El último episodio referido por las tradiciones sobre Eliseo lo presenta anunciando a Joás de Israel el triunfo sobre los arameos. Después de disparar su arco ha- cia Oriente según la orden del profeta, el rey escuha la interpretación del gesto: «Flecha de victoria de YHWH, flecha de victoria contra Aram. Batirás a Aram en Afeq hasta el exterminio» (2 Re 13,17). Efectiva- mente, Joás venció a Ben Hadad y recuperó las ciu- dades perdidas durante el reinado de Joacaz

YHWH APARTÓ A ISRAEL DE SU PRESENCIA, COMO HABÍA ANUNCIADO POR MEDIO DE TODOS SUS SIERVOS LOS PROFETAS

(2 Re 17,23)

Jeroboam II, hijo de Joás, tuvo el reinado más largo de la historia de la monarquía del Norte, durante un periodo de prosperidad sin precedentes, que sería recordado durante mucho tiempo como una Edad de Oro. La

razón más probable de tal progreso fue la supremacía asiria sobre Damasco y la entusiasta participación de Israel en la próspera economía mundial asiria.

S i bajo el liderazgo del rey Joás, el reino del

Norte se restableció y comenzó a recupe-

rar sus territorios perdidos a manos de Da-

masco (2 Re 13,25), la expansión de Israel conti- nuó bajo Jeroboam II, de quien se dice que am- plió las fronteras de Israel hasta muy al interior de los antiguos territorios de Aram:

«Jeroboam restableció las fronteras de Israel desde la Entrada de Hamat hasta el mar de la Arabá. Guerreó con bravura y devolvió Hamat y Damasco a Judá y a Israel» (2 Re 14,25.28).

El autor de los libros de los Reyes trató de buscar buscar una explicación a aquella buena suerte de que disfrutó el nuevo monarca, a quien no deja de reprochar por un instante que «no se apartó de todos los pecados con que [su antece- sor] Jeroboam, hijo de Nebat, hizo pecar a Is- rael» (2 Re 14,24). Y explicó el giro de los acon- tecimientos por la repentina compasión del Dios de Israel:

Fragmento de una estela de piedra escrita en arameo, hallada en Tell Dan. En ella se hace referencia a la invasión de Israel por un rey arameo, seguramente Jazael rey de Damasco, que se ufana de vencer y dar muerte a los reyes de Israel y de Judá. Aunque fue Jehú quien dio muerte a ambos reyes, Jazael pudo considerar que la sublevación sirvió a sus intereses. Pero en realidad terminaría beneficiando a los asirios. Cuando Joás recuperó para Israel las ciudades conquistadas por los arameos (2 Re 13,25) debió destruir la estela, reutilizándola como material de construcción.

«Cuando mi padre enfermó y se fue con sus antepasados, el rey de Israel vino ante la tierra de mi padre. Pero Hadad me hizo rey y Hadad vino ante

mí y yo partí de mi reino, y maté a setenta reyes que habían uncido miles de carros y miles de caballos.Y yo maté a Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, y yo maté a Ocozías, hijo de Joram, rey de la casa de David. Y yo dejé sus ciudades en la ruina y su tierra

inmersa en la desolación

...

»

«El rey Joram se volvió a Yizreel para curarse de las heridas que le habían infligido los arameos en Ramot cuando combatía a Jazael, rey de Aram; Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá, bajó a Yizreel a visitarlo» (2 Re 8,29).

«Según la palabra que YHWH, Dios de Israel, había dicho por boca de su siervo, el profeta Jonás, hijo de Amittay, el de Gat de Jéfer, porque YHWH había visto la miseria, amar- ga en extremo, de Israel; no había esclavo ni libre, ni quien auxiliara a Israel. No había de- cidido YHWH borrar el nombre de Israel de debajo de los cielos y lo salvó por mano de Jeroboam, hijo de Joás» (2 Reyes 14,25-27).

La prosperidad de Israel

Al asesinato de Ocozías de Judá en la cons- piración de Jehú había seguido grandes distur- bios en Judá. Un largo relato describe la regencia de su madre Atalía y la conspiración que la des- tronó y acabó con su vida. Atalía, no era de la dinastía de David, de modo que ordenó asesinar a los herederos reales de la casa de David sin de-

jar uno, para asegurarse el trono (2 Re 11,1). Un sacerdote del Templo llamado Yehoyadá, esperó durante seis años. Llegado el momento, anunció públicamente que un heredero davídico se había salvado de la masacre de Atalía, y presentó Joás, hijo de Ocozías. Atalía fue asesinada en la cere- monia de unción de Joás como legítimo rey da- vídico. La revolución fue paralela a la del Norte, pero en Jerusalén contó con el apoyo del pueblo del interior, guardián de la tradición yahwista, en oposición a la clase dirigente de la capital, alcanzada por la influencia extranjera:

«Yehoyadá hizo una alianza entre YHWH, el rey y el pueblo, para ser pueblo de YHWH; y entre el rey y el pueblo. Fue todo el pueblo de la tierra al templo de Baal y lo derribó. Des- trozaron sus altares y sus imágenes, y mata-

Fragmento de una estela de piedra escrita en arameo, hallada en Tell Dan. En ella se

835

ATALÍA es asesinada y se corona como rey de Judá al joven JOAS.

  • 811 796

ADAD NIRARI III ocupa el trono de Asiria.

AMASÍAS sucede a su padre Joas en el trono de Judá.

«En el décimo año, de parte de Azzah to Gaddías, un ánfora de aceite refinado»

Los famosos óstraca de Samaría —una colección de sesenta y tres fragmentos de cerámica escritos en hebreo con tinta— anotan cargamentos de aceite y vino enviados a la capital desde las aldeas de los alrededores de Samaría.

La foto muestra el fragmento clasificado como 17a, cuya inscripción se reconstruye el dibujo de abajo y cuya traducción se transcribe arriba.

Este territorio agrícola de Israel se había poblado, entre tanto, con mayor densidad que nunca. Al estar ligada a una economía mundial y no tener que enfrentarse a ninguna amenaza militar de importancia, la población del reino del Norte se expandió de forma espectacular. A finales del siglo VIII, las tierras altas de Samaría y los valles del norte eran el territorio más densamente ocupada de todo la región.

ron ante los altares a Matán, sacerdote de Baal. El sacerdote puso centinelas en la Casa de YHWH, y después tomó a los jefes de cien, a los carios y a la guardia y a todo el pueblo de la tierra, e hicieron bajar al rey de la Casa de YHWH y entraron a la casa del rey por el camino de la guardia, y se sentó en el trono de los reyes» (2 Re 11,17-19).

El péndulo de reyes judaítas buenos y ma- los continuaría. Amasias, fue considerado un rey moderadamente virtuoso que «hizo lo que YHWH aprueba, aunque no como su antepasa- do David» (2 Reyes 14,3). Emprendió con éxito una guerra contra Edom, pero acabó derrotado y hecho prisionero por los ejércitos del rey de Israel, que invadió su territorio:

La edad de Joás y el preponderante papel representado por Yehoyadá en su subida al tro- no explican la influencia de este último durante su reinado. Joás reinó en Jerusalén durante cua- renta años e «hizo siempre lo que YHWH aprue- ba» (2 Reyes 12,2). Su acto más importante fue la restauración del Templo. Pero lfinalmente fue asesinado por sus oficiales. La sucesión dinásti- ca funcionó normalmente y su hijo Amasias subió al trono.

«Abrió brecha de cuatrocientos codos en la muralla de Jerusalén desde la puerta de Efraím hasta la puerta del Angulo. Tomó todo el oro, toda la plata y todos los objetos que se hallaban en la Casa de Yahveh, los tesoros de la casa del rey y también rehenes, y se volvió a Samaría» (2 Re 14,14).

Mientras tanto, el registro arqueológico nos permite ver un afianzamiento económico en

«En el décimo año, de parte de Azzah to Gaddías, un ánfora de aceite refinado» Los

783

JEROBOAM II sucede a su padre Joas en el trono de Israel.

781

OZÍAS sucede a su padre Amasías en el trono de Judá.

«Propiedad de Shema, servidor de Jeroboam». Otra prueba del esplendor del renacido reino de Israel es

«Propiedad de Shema, servidor de Jeroboam».

Otra prueba del esplendor del renacido reino de Israel es el hecho significativo que Jeroboam II sea el primer monarca israelita de quien se conserva un sello oficial. Este sello de tamaño excepcional fue encontrado a comienzos del siglo XX en Megiddo. Muestra la imagen de un poderoso león rugiente y una inscripción en hebreo que menciona a su propietario. El dibujo del león es típico del siglo VIII aEC y no puede atribuirse, por tanto, a Jeroboam I, fundador del reino casi dos siglos antes.

Norte bajo Jeroboam II. Este progreso tuvo mu- cho que ver con el abandono de la política de resistencia antiasiria que había mantenido la di- nastía de Omrí, y con el sometimiento de los ara- meos, que no habían logrado conseguir la adhe- sión de Israel para esa causa. Se trataría de una recompensa obtenida por sumarse al nuevo or- den mundial impuesto por Asiria. En efecto, en la frontera Norte una estela triunfal que Jazael habría erigido en Dan fue hecha pedazos y reutilizada en la construcción de un edificio posterior. En Betsaida, la estela con una deidad de estilo arameo fue desmocha- da también deliberadamente y colocada en po- sición invertida. Pero la mejor demostración de la fuerza de la economía israelita durante el reinado de Jero- boam II es, posiblemente, el desarrollo de la agri- cultura y su impresionante crecimiento demográ- fico. Las tierras altas que rodeaban Samaría ha- bían constituido durante milenios la mejor región del país para el cultivo de viñedos y olivares. En el siglo VIII observamos por primera vez la cons- trucción de asentamientos sobre los salientes ro- cosos en las regiones más aptas para el cultivo de árboles productivos, donde se excavaron instala- ciones para procesar aceitunas. No faltaban mer- cados para la producción: el aceite de oliva de Israel podía exportarse a Asiria y ser enviado por barco a Egipto, pues allí se carecía de zonas de cultivo dedicadas a olivares.

El lado oscuro de la prosperidad

En este momento culminante de prosperi- dad del reino del Norte es cuando podemos re- conocer finalmente todo el conjunto de criterios de una formación estatal: alfabetización, admi- nistración burocrática, producción económica especializada y ejército profesional. También es el periodo del que tenemos la primera informa- ción sobre protestas proféticas. Los oráculos de los profetas Amós y Oseas son los más antiguos conservados en los libros proféticos y contienen materiales que reflejan los años de apogeo de Jeroboam II. Los oráculos recogidos en su nombre cons- tituyen una virulenta condena de las formas de vida fastuosas y la realidad material de la aris- tocracia israelita en el siglo VIII aEC.

«Canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales; bebéis vino en copas, os ungís con perfumes exquisitos » ... (Amós 6,5-6).

Amós pasa luego a condenar a los que «han construido mansiones de piedras labradas» (5,11); y su contemporáneo, el profeta Oseas, cla- ma contra quienes «hacen acopio de embustes funestos. Hacen alianza con Asiria, envían aceite a Egipto» (Oseas 12,1). En éstas y otras muchas alusiones, ambos profetas esbozan las relacio-

783 - 743
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JEROBOAM II ocupa el trono durante el reinado más extenso de la historia del reino Israel.

nes económicas y una cultura material tan abun- dantemente ilustradas por la arqueología. Más allá de

nes económicas y una cultura material tan abun- dantemente ilustradas por la arqueología. Más allá de las condenas contra los ricos y los poderosos, tanto Amos como Oseas critican con virulencia las injusticias sociales, la idolatría y las tensiones internas generadas por el comer- cio internacional y la dependencia de Asiria. Amós condena la perversidad de quienes se limitan a observar externamente los dictados de la religión mientras acumulan riquezas para sí y maltratan a los pobres:

Escuchadlo los que exprimís a los pobres y elimináis a los miserables; pensáis: ¿Cuándo pasará la luna nueva para vender trigo, o el sábado para ofrecer grano y hasta el salvado de trigo? Para encoger la medida y aumen- tar el precio, para comprar por dinero al des- valido, y al pobre por un par de sandalias» (Amós 8,4-6).

Amós predicó entonces que Dios enviaría un cas- tigo terrible si los israelias no se convertían:

«No saben obrar con rectitud -oráculo de YHWH- los que amontonan violencia y ra- piña en sus palacios. Por eso, así dice el Se- ñor YHWH: el adversario invadirá la tierra, abatirá tu fortaleza y serán saqueados tus palacios» (3,10-11).

«Acostados en camas de marfil, arrellenados en sus lechos, comen corderos del rebaño y becerros sacados del establo» (Amos 6,4).

La prosperidad y relevancia conseguidas por el reino de Israel durante el reinado de Jeroboam II proporcionaron gran riqueza a la aristocracia israelita. En Samaría se hallaron más de doscientas placas de marfil exquisitamente talladas en estilo fenicio con motivos egipcios y fechadas por razones estilísticas en el siglo VIII aEC (abajo). Debieron decorar, probablemente, los muros del palacio o el excelente mobiliario de la realeza israelita. Son un testimonio de la riqueza y los gustos cosmopolitas de los monarcas de Israel y las familias nobles. Sus banquetes tratarían de imitar a la aristocracia asiria. Izquierda: Assurbanipal de Asiria bebe en un lecho de su jardín.

nes económicas y una cultura material tan abun- dantemente ilustradas por la arqueología. Más allá de
nes económicas y una cultura material tan abun- dantemente ilustradas por la arqueología. Más allá de
Profetas con obra escrita En el siglo VIII ocurre un fenómeno nuevo dentro de la profecía
Profetas con obra escrita
En el siglo VIII ocurre un fenómeno nuevo dentro de
la profecía de Israel: la aparición de profetas de cuya
obra queda registro escrito. No se trata simplemente
de que el aumento de la alfabetización en ese tiem-
po haya propiciado la consignación de su palabra.
Más bien sucede que el mensaje profético a partir de
esa fecha es lo suficientemente novedoso respecto
a lo anterior como para no permitir que se olvidara.
«Entronizaron reyes, pero sin contar
conmigo; designaron príncipes,
pero sin mi aprobación. Se hicieron
ídolos con su plata y su oro, para su
propio exterminio» (Oseas 8,4).
En efecto, hasta el momento los profetas habían diri-
gido su duro mensaje contra los reyes para corregir
sus errores y pecados personales, pero no cuestio-
naban la estructura vigente en la sociedad. Los pro-
fetas que surgen en el siglo VIII acusan a la totalidad
del sistema, que está corrupto, y que debe ser supri-
mido para que surja una nueva realidad.
Las instituciones políticas y religiosas del reino del
Norte fueron denunciadas, desde Amós y Oseas, como
el abandono de la Alianza con YHWH, con terribles
consecuencias. La puesta por escrito de un mensaje
tan radicalmente opuesto a ellas serviría de testimonio
para demostrar, cuando la ruina se consumara, que
Dios lo había predicho a través de sus profetas.
Amos fue un pastor que mar-
chó al Norte desde la locali-
dad judaíta de Tecoa (foto).
Y Betel era, desde el cisma
de Jeroboam I, el santuario
del reino de Israel donde se
ofrecían los sacrificios del
Estado, de la misma mane-
ra como el templo de Jeru-
salén era el santuario real
de Judá. No era extraño,
entonces, que allí fuera muy
mal acogida la predicación
del castigo divino contra la
clase dirigente del reino.
Amós fue considerado un
profesional que se ganaba la
vida profetizando, y entonces
se le prohibió la palabra en
ese santuario enl que él no
había sido contratado.
Pero el ser profeta no era simplemente un oficio, sino
que era una situación nueva que repercutía en todas
las dimensiones de la vida y arrancaba al elegido de
la sociedad y de todas la seguridades que ésta le
ofrecía, y lo hacía independiente de ella. Se hacía
dependiente de YHWH y carente de toda seguridad.
La expulsión de Amós estaba también vinculada a
un temor. La palabra del profeta era considerada efi-
caz, y por eso se temía que produjera infaliblemente
las desgracias anunciadas. Callar al profeta era evi-
tar la tragedia. Porque la palabra tenía un poder de
conjuro y era una realidad cargada de poder.
El sacerdote Amasías dijo a Amós: «Vete
vidente; huye a la tierra de Judá; come allí
tu pan y profetiza allí. Pero en Betel no
has de seguir profetizando, porque es el
santuario del rey y la Casa del reino».
Respondió Amós: «Yo no soy profeta ni
hijo de profeta, yo soy pastor y cultivador
de sicomoros; pero YHWH me tomó
detrás del rebaño y me dijo: ve y profetiza
contra mi pueblo Israel (Amos 7,12-15).
Becerro de bronce hallado en Samaría.
Becerro de bronce hallado
en Samaría.

Los profetas anunciaron lo que estaba por venir también me- diante acciones simbólicas. Estos signos tenían igual poder creador que la palabra. En los signos YHWH mismo actuaba en Israel, pues el profeta por medio de ellos insertaba en la historia, como anticipación, aquello que vendría más tarde. La importancia del signo en la predicación sobresale espe- cialmente en Oseas, un profeta contemporáneo de Amós que también predicó en el reino de Israel. Oseas predicó la rela- ción de Dios con su pueblo a través del ejemplo de su propio matrimonio. La Alianza quedó entonces presentada como un desposorio entre Dios y el pueblo, y la idolatría como un acto de prostitución. La ruina se precipitaría sobre la dinastía real de Jehú, que había llegado al poder mediante una gran cantidad de críme- nes entre la familia de Ajab y Jezabel. Sin embargo, la última palabra sería el restablecimiento de la Alianza con YHWH.

«Por eso voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón. Allí le
«Por eso voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré
a su corazón. Allí le daré sus viñas, el valle de Akor lo
haré puerta de esperanza; y ella responderá allí como
en los días de su juventud, como el día en que subía de
Egipto. Y sucederá aquel día -oráculo de YHWH- que
ella me llamará «Marido mío», y no me llamará «Baal
mío». Yo te desposaré conmigo para siempre; te des-
posaré conmigo en justicia y en derecho, en amor y en
compasión, te desposaré conmigo en fidelidad, y tú
conocerás a YHWH ( Oseas 2,16-22).
«Quedará hecho trizas el becerro de Samaria. Pues que viento siembran, segarán tempestad: tallo que no
«Quedará hecho trizas el
becerro de Samaria. Pues
que viento siembran,
segarán tempestad: tallo
que no tendrá espiga, que
no dará harina; y si la da,
extranjeros la tragarán.
¡Tragado ha sido Israel!
Están ahora entre las
naciones como un objeto
que nadie quiere. Porque
han subido a Asiria, ese
onagro solitario; Efraím se
ha comprado amores;
aunque los compre entre
las naciones, yo los voy a
reunir ahora y pronto
sufrirán bajo la carga del
rey de príncipes»
(Oseas 8,6-10).

Oseas denunció el carácter ilusorio de la Alianza con Asiria. Y en poco tiempo la historia dio un giro trágico para Israel.

Dijo YHWH a Oseas: «Ve, tómate una mujer dada a la prostitución e hijos de prostitución,
Dijo YHWH a Oseas: «Ve,
tómate una mujer dada a la
prostitución e hijos de
prostitución, porque la
tierra se está prostituyendo
enteramente, apartándose
de YHWH (Oseas 1,2).
«Tomó a Gómer, hija de
Dibláyim, la cual concibió y
le dio a luz un hijo. YHWH le
dijo: «Ponle el nombre de
Yizreel, porque dentro de
poco visitaré yo la casa de
Jehú por la sangre
derramada en Yizreel, y
pondré fin al reinado de la
casa de Israel» (1,3-4).

«Asiria no nos salvará, no montaremos a caballo» (Oseas 14,3).

Foto: Un soldado extranjero lleva caballos como tributo al rey de Asiria. Museo Británico.

Las tablillas llamadas «listas de caballos» informan acerca sobre el ejército asirio en tiempos de Sargón II. Estos registros indican que algunas tropas especializadas de regiones conquistadas eran incorporadas al ejército asirio. Después de la conquista del reino del Norte por Asiria la brigada de carros israelita pasó a formar parte de las fuerzas de Sargón:

«Formé una unidad con doscientos de sus carros para mi fuerza real».

Las conquistas logradas sobre los arameos no deberían ilusionarlos, pues Asiria estaba mo- mentáneamente dormida:

¡Vosotros que os alegráis por Lo-Debar, que decís: «¿No tomamos Carnáyim con nuestra propia fuerza?» ¡Pero he aquí que suscito con- tra vosotros, casa de Israel, -oráculo del Se- ñor YHWH, Dios Sebaot- una nación que os oprimirá desde la entrada de Jamat hasta el torrente de la Arabá! (Amós 6,13-14).

Por lo tanto, la Alianza con Dios no era una seguridad que permitía vivir de cualquier ma- nera, sino que implicaba una grave responsabi-

lidad frente al prójimo:

«Buscad el bien, no el mal, para que viváis, y que así sea con vosotros YHWH Sebaot, tal como decís. Aborreced el mal, amad el bien, implantad la justicia en la Puerta, quizá YHWH Sebaot tenga piedad del Resto de José» (Amós 5,14-15).

Estas condenas fueron conservadas por los seguidores de Amós y Oseas. Su repugnancia ante los efectos de las formas de vida extranjeras so- bre las del pueblo de Israel, presagiaban el movi- miento espiritual y social que dejaría una huella indeleble en la redacción de la historia bíblica.

«Asiria no nos salvará, no montaremos a caballo» (Oseas 14,3). Foto: Un soldado extranjero lleva caballos

745

TIGLATPILESER III usurpa al trono de Asiria.

743

ZACARÍAS sucede a su padre Jeroboam en el trono de Israel.

SALÚM asesina a Zacarías y usurpa el trono de Israel.

ASIRIA ARAM Damasco ISRAEL Samaría Jerusalén JUDÁ N EGIPTO Una revuelta militar puso en el trono
ASIRIA
ARAM
Damasco
ISRAEL
Samaría
Jerusalén
JUDÁ
N
EGIPTO
Una revuelta militar puso en
el trono de Asiria a un
hombre que llevaría al
imperio a su mayor
esplendor: Tiglatpileser III,
un conquistador con un
poderoso ejército a su
disposición. Su plan fue
conquistar Asia de forma
definitiva. Por eso, una vez
consolidados sus dominios
en el Norte, se volvió hacia el
oeste a partir de 738 aEC.
En la era imperialista
inaugurada por Tiglatpileser,
el vasallaje solía dar paso
inmediatamente a la
conquista y a la anexión.
Las poblaciones locales
eran deportadas a donde
desearan las autoridades
asirias.

La sombra amenazante de Asiria

Al morir Jeroboam II la estructura de la so- ciedad israelita mostró ser una cáscara vacía. Surgieron facciones entre grupos con intereses particulares y los reyes se sucedieron con rapi- dez y crueldad. La dinastía de Jehú acabó san- grientamente, como había comenzado, y como lo había anunciado el profeta Oseas (1,3-4). La sucesión de trastornos dinásticos violen- tos en Samaría no podía haber ocurrido en un momento más peligroso. En Mesopotamia se estaban produciendo grandes cambios. El am- bicioso gobernador de la ciudad asiria de Calaj se sublevó contra sus propios soberanos y co-

menzó el proceso de transformar Asiria en un Estado brutal y depredador. Este nuevo rey, Tiglatpileser III, condujo a su ejército hacia el oeste en una gran campaña amedrentadora en la que consiguió doblegar a los vasallos de Asiria, hasta entonces semiindependientes, imponién- doles exigencias económicas sin precedentes. En 738 Menahem de Israel figuró en los anales asi- rios entre los tributarios del Imperio. Mientras crecía el poder de Asiria, el reino de Israel se iba consumiendo en disputas triba- les por el poder. Por su parte Egipto, protegido por la distancia respecto de Asiria, alentaba a los pequeños reinos de la región para que se alia- ran para enfrentar al poderoso Imperio.

ASIRIA ARAM Damasco ISRAEL Samaría Jerusalén JUDÁ N EGIPTO Una revuelta militar puso en el trono

MENAHEM asesina a Salúm y usurpa el trono de Israel.

740

JOTAM sucede a su padre Ozías en el trono de Judá.

  • 738 737

PECAJÍAS sucede a su padre Menahem en el trono de Israel.

PECAJ asesina a Pecajías y usurpa el trono de Israel.

«Cometieron los israelitas todos los pecados que hizo Jeroboam, y no se apartaron de ellos, hasta que YHWH apartó a Israel de su presencia, como había anunciado por medio de todos sus siervos los profetas; deportó a Israel de su tierra a Asiria, hasta el día de hoy» (2 Re 17,22-23).

«Cometieron los israelitas todos los pecados que hizo Jeroboam, y no se apartaron de ellos, hasta

Cautivos de las ciudades conquistadas son desterrados. Relieve asirio.

Impulsado, quizá, por la desesperación ante el cambio de medidas tomado por Asiria y la incapacidad para satisfacer sus demandas, Pécaj se unió a una coalición de otras potencias loca- les —entre ellas, el rey Razín de Damasco y al- gunas ciudades filisteas— en una apuesta por lograr la independencia. Pécaj intentó arrastrar también al rey Ajaz de Judá. Al no lograrlo, is- raelitas y arameos sitiaron Jerusalén para depo- ner a su rey y coronar a otro que adhiriera a sus causa. En esa situación angustiante Ajaz buscó la protección del más poderoso:

«Ajaz envió mensajeros a Tiglatpileser, rey de Asiria, diciendo: «Soy tu siervo y tu hijo. Sube,

pues, y sálvame de manos del rey de Aram y de manos del rey de Israel que se han levanta- do contra mí». Y tomó Ajaz la plata y el oro que había en la Casa de YHWH y en los teso- ros de la casa del rey y lo envió al rey de Asiria como presente» (2 Re 16,7-8).

Aprovechando el llamado de Ajaz, el rey de Asi- ria puso sitio a Damasco y se apoderó de la ciu- dad (cf. 2 Re 16,9). También redujo el territorio de Israel y llevó a cabo una primera deportación:

«En tiempo de Pecaj, rey de Israel, vino Tiglatpileser, rey de Asiria, y tomó Iyyón, Abel Bet Maacá, Yanóaj, Cadés, Jasor, Galaad,

«Cometieron los israelitas todos los pecados que hizo Jeroboam, y no se apartaron de ellos, hasta
  • 736 732

AJAZ sucede a su padre Jotam en el trono de Judá.

DAMASCO es conquistada por Tiglatpileser, que también deporta a la población de Galilea

OSEAS sucede a Pecaj en el trono de Israel por imposición de Asiria.

«Desde el comienzo de mi reinado hasta el decimoquinto año del mismo, derroté a Humbanigash, el elamita, en los alrededores de Der. Sitié y conquisté la ciudad de Samaría; me llevé como botín 27.290 habitantes de ella. Reuní 50 carros de entre ellos, e hice trabajar al resto en su oficio. Puse al frente de ellos un alto funcionario mío y les impuse el mismo tributo que el rey anterior».

Anales de Sargón II (Inscripción de Fastos)

«Restauré la ciudad de Samaría y la hice mayor de lo que era antes. Hice venir gente de los países, conquista de mis manos».

Anales de Sargón II (Prisma de Nimrud )

Arriba: Los textos relatan la conquista de Samaría en 721 aEC. La conquista de Samaría fue iniciada por el rey Salmanasar V y concluida por su sucesor, Sargón II (foto derecha). Además de deportar a la población israelita de Samaría, procedió a repoblar el territorio con las tribus ára- bes por él conquistadas. Según la política asiria se recurría a estas prácticas de desarraigo para impedir las subleva- ciones de los naturales en los territorios sometidos. La llegada de pueblos muy distintos a Samaría trajo como consecuencia un sincretismo religioso y el rechazo de éstos por parte de la población de Judá (2 Re 17,32-34).

«Desde el comienzo de mi reinado hasta el decimoquinto año del mismo, derroté a Humbanigash, el

Galilea, todo el país de Neftalí, y los deportó a Asiria» (2 Re 15,29).

En un nuevo intento de rebelión, confiando contar con la ayuda del faraón Tefnakht, el rey Oseas de Israel cayó prisionero y la capital fue sitiada. Samaría cayó finalmente después de un largo asedio, en el comienzo del reinado de Sar- gón II de Asiria:

«El rey de Asiria descubrió que Oseas conspi- raba, pues había enviado mensajeros a So, rey de Egipto, y no pagó tributo al rey de Asiria, como lo venía haciendo cada año; el rey de Asiria lo detuvo y lo encadenó en la cárcel.

El rey de Asiria subió por toda la tierra, llegó a Samaría y la asedió durante tres años. El año noveno de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaría y deportó a los israelitas a Asiria; los estableció en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de los medos» (2 Re 17,4-6).

El territorio de Israel pasó a ser una provincia asiria y el rey Ajaz de Judá, convertido en vasa- llo suyo, fue fiel a los asirios hasta su muerte. Así acabó la historia de la mayoría de las tribus de Israel. No se había escuchado a los pro- fetas que exhortaban a no poner la confianza en los poderes humanos. La tribu de Judá tenía mucho por aprender para evitar el mismo final.

«Desde el comienzo de mi reinado hasta el decimoquinto año del mismo, derroté a Humbanigash, el

726

SALMANASAR V ocupa el trono de Asiria.

722

SARGÓN II ocupa el trono de Asiria.

721

Sargón CONQUISTA SAMARÍA y deporta a su población.

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