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Anochecer

Cuando el sol tras el monte se apaga, y el crepúsculo dice silencio, y amortajan las nieblas el valle, del sol para el duelo; de la tarde en la breve agonía, cuando gime en las pencas el viento, como faros, se encienden en lo alto trémulos luceros. A la luz de esos astros, velada por la gasa sutil del ensueño, otra tierra feliz adivino de paz y misterio. Y con rumbo a la patria soñada, una estrella –mi estrella– a lo lejos, me parece que alumbra la ansiada ribera del cielo.