El Sosiego de una Pesadilla (26/11/2010) Solo el sombrío árbol era iluminado por las tinieblas, nada existía ya con

luz o sol. El último pétalo cayó ayudado con un suspiro de nadie, desde una flor marchita, olvidada y en soledad. Sentado en las sombras observaba esa imagen final, ese último momento donde algo pasaría. Ese árbol y sus flores ya nada serían, más que un miedo más en mis fantasías. En esa eterna noche, el silencio gritó su sentencia, engañando a mis cobardes sentidos una vez más… sentía esa presencia siempre detrás de mi espalda, robándole, a mi ya desaparecida sombra, su lugar. - ¿Dónde estás?- Es lo que me oía preguntar. Silencio, ni siquiera mi eco podía escuchar. Me levanté y rodeé a ese árbol seco y descolorido, amargado y abandonado, en las penumbras de un otoño frío y desierto, oscuro y sediento. Mis pisadas eran la escarcha del suelo frío y apaciguado de un suelo que devolvía las voces de mi caminata, buscando refugio en mis ya lastimados oídos. Cuando estaba posado ya en el tronco muerto, irrumpió a la brisa seca y helada –que colmaba mi frágil atención- un goteo suave y lejano que parecía formar un charco alrededor del primitivo árbol. Al acercarme, noté que no había tal imagen que creí tener, sino un río de sangre que charco aparentaba ser, y mi macabro reflejo al fin pude ver… Un cadáver podrido al cuál hasta su sombra ha de temer, eso era todo lo que podía ver, mientras diabólicas risas ancestrales retumbaban en el vacío, sobornando a mi alma ahuyentada y escapada. Temor de mis temores, horror de mis horrores, esa presencia me arrojaría a lo profundo de esa materia inmunda y vomitiva, no sin antes abrazarme con sus raíces y arrástrame suavemente, sin darme oportunidad a escapar. Hundiéndome lentamente, despacio, con mis labios secos, casi paralizados, invité a mi boca a preguntar “¿Así debe terminar?”, susurrando en el vacío, una respuesta habría de escuchar… - Así lo ha querido tu carme podrida, sedienta de sangre mortal- dijo el árbol esbozando una sonrisa sarcástica y lúgubre, volviendo a reír, con sus raíces envolviéndome, orgulloso de que su trampa funcionara una vez más y transformara mi ser en pesadillas de alguien más, mientras me arrastraba hacia mi posición final, sin dejarme ahogar. Ahí estoy todavía, en tus noches, en la oscuridad, y debajo del suelo que has de pisar…

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