Aprendizaje SUD EL JURAMENTO Y EL CONVENIO DEL SACERDOCIO

"Los Santos de los Últimos Días son el pueblo de Dios, un pueblo escogido, un sacerdocio real, un pueblo del convenio y un pueblo que hace convenios. "Las bendiciones más grandes y más importantes que nuestro Padre Celestial tiene reservadas para sus hijos e hijas fieles se reciben mediante convenios." (George F. Richards, Conferencia abril de 1945)

Uno de esos convenios solemnes que recibimos cuando somos ordenados al Sacerdocio de Melquisedec es conocido como el juramento y convenio del sacerdocio. ¿Sabe las condiciones del convenio que usted hizo cuando fue ordenado? ¿Recuerda qué es lo que se espera de usted? ¿Comprende qué es lo que el Señor ha prometido? El presidente Marión G. Romney dijo: "Los hombres reciben el Sacerdocio de Melquisedec por medio de un juramento y convenio. "Un convenio es un acuerdo que se hace entre dos o más partes. Un juramento es un testimonio de la inviolabilidad de las promesas que se encuentran en el acuerdo. En el convenio del sacerdocio las partes son el Padre y el que recibe el sacerdocio, y cada uno asume ciertas obligaciones." (Conferencia abril de 1962)
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"Pablo dijo que Jesús tenía 'un sacerdocio inmutable' y que por eso tenía 'el poder de una vida indestructible' (Hebreos 7:24, 16), José Smith dijo que 'todos aquellos que son ordenados a este sacerdocio son hechos semejantes al Hijo de Dios, permaneciendo sacerdote continuamente, es decir, si son fieles y verídicos. "De manera que Cristo es el gran prototipo en lo que respecta al sacerdocio, al igual que lo es con respecto al bautismo y a todas las demás cosas. Y así, de la misma forma en que el Padre asegura con un juramento que su Hijo heredará todas las cosas mediante el sacerdocio, de la misma forma promete con un juramento que todos los que magnifiquemos nuestros llamamientos en ese mismo sacerdocio recibiremos todo lo que el Padre tiene" (Joseph Fielding Smith, en Conferencia octubre de 1970). No todas las promesas del Señor se postergan hasta nuestra vida futura. Respecto a aquellos que magnifiquen sus llamamientos del sacerdocio pueden ser "santificados por el Espíritu para renovación de sus cuerpos", el presidente Hugh B. Brown testificó: "Hermanos, doy testimonio del hecho de que esa promesa se ha cumplido en la vida de muchos de nosotros. Yo sé que se ha cumplido en la vida del presidente David O. McKay, que él ha sido santificado por el Espíritu para la renovación de su cuerpo, y que algunos de nosotros estamos mejor hoy día de lo que estábamos hace muchos años en lo que se relaciona con la salud física, y atribuimos ese hecho a la bendición del Señor." (Conferencia abril de 1963) ¿Si hemos de lograr la bendición de todo lo que el Padre tiene, ¿qué se espera de nosotros? Hablando de este tema, el presidente Marión G. Romney dijo: "El padre promete estas bendiciones trascendentales al que recibe el sacerdocio por medio de un juramento y convenio el cual El dice'… no se puede quebrantar, ni tampoco puede ser traspasado'. Sin embargo, estas bendiciones… no se reciben automáticamente con la ordenación. La ordenación al sacerdocio es un requisito para recibirlas, mas no garantiza el que las logremos. Para que un hombre pueda llegar a obtenerlas, debe desempeñar fielmente la obligación que se le confiere al recibir el sacerdocio." (Conferencia abril de 1962)

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El élder Delbert L. Stapley dio consejo específico relacionado con nuestras responsabilidades contraídas con el juramento y convenio del sacerdocio: "En este juramento y convenio hay dos requisitos principales. El primero es la fidelidad, que indica obediencia a las leyes de Dios e implica verdadera observancia de todas las normas del evangelio. Para que comprendamos mejor en qué consiste el juramento y convenio del sacerdocio, permítanme formular estas preguntas: "1. ¿Puede ser fiel un hombre que no se adhiere a los dos primeros y grandes mandamientos: el de amar al Señor su Dios con todo su corazón, con toda su alma, fuerza y mente, y el de amar a su prójimo como a sí mismo? "2. ¿Puede ser fiel un hombre que no es honesto y verídico en todos los tratos y relaciones que entable con sus semejantes? "3. ¿Puede ser fiel un hombre que no honra el día de reposo y lo santifica, que no asiste a las reuniones sacramentales y del sacerdocio; y que no cumple como corresponde con los demás deberes que tiene en sus llamamientos y obligaciones de ese día? "4. ¿Puede ser fiel un hombre que no planea y hace los arreglos para que en su hogar se lleven a cabo diariamente oraciones familiares? "5. ¿Puede ser fiel un hombre que no enseña a sus hijos los verdaderos principios del evangelio de Cristo y que no les da el ejemplo de vivir según esas verdades? "6. ¿Puede ser fiel un hombre que no observa y que no cumple la Palabra de Sabiduría? "7. ¿Puede ser fiel un hombre que no paga su diezmo íntegro y sus ofrendas de ayuno? "8. ¿Puede ser fiel un hombre que no obedece la ley de castidad y cuya vida y acciones no son moralmente limpias? "9. ¿Puede ser fiel un hombre que no se prepara, mediante la obediencia y el sacrificio, para entrar dignamente en los templos de Dios, donde puede recibir su investidura y sellamientos en las ordenanzas mayores del evangelio, sellándose de esta manera a su familia feliz y eternamente, en amor y comprensión? "10. ¿Puede ser fiel un hombre que no honra ni obedece las leyes del país? "Tal vez podríamos sintetizar haciendo la pregunta. '¿Puede ser fiel un hombre que no cumple con todos los mandamientos de Dios?'.. "El segundo requisito del juramento y convenio del Santo Sacerdocio es el de magnificar nuestro propio llamamiento. Magnificar
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significa honrar, exaltar, glorificar y manifestar mayor estimación o respeto. También quiere decir aumentar la importancia de algo, o ampliarlo o hacerlo más grande. Teniendo en cuenta esta definición, permítanme hacer algunas preguntas para lograr una comprensión más lúcida: "1. ¿Puede un hombre magnificar su oficio y llamamiento en el sacerdocio sin honrar y vivir fiel y dignamente como un verdadero siervo de Dios? "2. ¿Puede un hombre magnificar su llamamiento sin darle a su oficio esa dignidad de carácter espiritual y humilde que le corresponde? "3. ¿Puede magnificar su llamamiento el hombre que rehusa aceptar posiciones y responsabilidades de confianza cuando su presidente de estaca, su obispo u otra autoridad constituida lo llame a servir? "4. ¿Puede magnificar su llamamiento un hombre que no es obediente a las normas y requisitos del evangelio, y que no es receptivo al consejo y dirección de hombres recios debidamente llamados y aprobados por los miembros como sus dirigentes autorizados? "5. ¿Puede magnificar su llamamiento un hombre que rehusa a sostener mediante su fe, oraciones y actos a aquellos a quienes Dios ha llamado y ordenado para presidirlo? "6. ¿Puede magnificar su llamamiento un hombre que no utiliza su sacerdocio justamente para la bendición y beneficio de sus semejantes? "7. ¿Puede magnificar su llamamiento un hombre que no elimina toda la iniquidad de su alma, a fin de poder obtener la gracia de Dios y de esa forma gozar del poder que viene al usar el sacerdocio para bendecir a los demás? "De nuevo, recapitularé preguntando: '¿Puede magnificar su llamamiento un hombre que no está dispuesto a sacrificar y a consagrar todo para la edificación del reino de Dios en justicia, verdad y poder, en la tierra?' " (Conferencai abril de 1957) El presidente Marión G. Romney nos dio la siguiente amonestación: "Es la obediencia a este mandamiento (D. y C. 84:43-44) lo que le da al poseedor del sacerdocio el derecho de recibir las bendiciones y recompensas ofrecidas por el Padre en 'el juramento y convenio que pertenecen al sacerdocio'. "El Señor explica en estos términos la situación del que recibe el sacerdocio y luego quebranta el convenio: 'El que violare este convenio, después de haberlo recibido, y lo abandonare totalmente, no logrará el perdón de sus pecados ni en este mundo ni en el venidero' (D. y C. 84:41).
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"Con la pena prescrita por quebrantar el convenio, puede surgir la pregunta de si es aconsejable aceptar las obligaciones del mismo; duda que queda aclarada cuando uno lee el versículo que sigue a la enunciación del castigo. En él uno se da cuenta de que aquellos que no reciben el juramento y convenio no están en mejor posición que los que lo reciben y lo quebrantan. En ese versículo el Señor dice: 'Y ¡ay' de todos aquellos que no aceptan este sacerdocio que habéis recibido. . .' (D. y C. 84:42). "Esta es la importancia solemne del 'juramento y convenio que pertenecen al sacerdocio" (Conferencia, abril de 1962). Al esforzarnos por permanecer dignos del sacerdocio, los poderes del cielo vendrán en nuestra ayuda, pues hemos sido encomendados a los ángeles (véase D. y C. 84:42). Viviendo el evangelio nos convertimos en verdaderos hijos de Dios No podemos obtener la perfección en un instante, sino que debemos mejorar diligente y constantemente (Mosíah 4:27). La gracia y la misericordia del Salvador quitan de los corazones arrepentidos el peso de los errores pasados. Siguiendo las palabras de vida eterna y viviendo el evangelio de Jesucristo activamente, nos convertimos en verdaderos hijos, "según el orden de aquel que fue sin principio de días o fin de años, de eternidad en eternidad"( Moisés 6:67).

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