H

DOMINIQUE WOLTON
SOBRE LA COMUNICACIÓN
UNA REFLEXIÓN SOBRE SUS LUCES YSUS SOMBRAS
TRADUCCIÓN DE RAMÓN NIETO
ACENTO
EDITORIAL
Esta obra ha sido publicada con la ayuda
del Ministerio francés de la Cultura.
cultura Libre
Diseño de cubierta: Estudio SM
Imagen de cubierta: 5tephen webster / PHOTONICA
Título original: Penser la communication
Publicado originalmente en francés por Flarnmarion
© Flammarion. 1997
© Acento Editorial, 1999
Joaquín Turina, 39- 28044 Madrid
Comercializa: CE5MA, 5A- Aguacate, 43- 28044 Madrid
ISBN: 84-483-0420-9
Depósito legal: M-4927-1999
Preimpresión: Grafilia, 5L
Impreso en España I Printed in Spain
Imprenta 5M- Joaquín Turina, 39 - 28044 Madrid
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informético, ni la trans-
misión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro
ti otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del cop.'friSill.
Para n. El. y Ed.
PRÓLOGü
VEINTE ANOS DE INVESTIGACiÓN
SUMARIO
11
INTRODUCCI()N GENERAL:
EXISTE UN MARGEN DE MANIOBRA 15
PRIMERA PARTE:
Los CONCEPTOS 31
INTRODUCCIÓN: COMUNICACIÓN y MODERNIDAD 33
CAPÍTULO 1: COM¡;NICACIÓN y SOCIEDAD, TRES HIPÓTESIS 37
CAPÍTULO 2: LAS CONTRADICCIONES CULTURALES 50
CAPÍTULO 3: LAS INVESTIGACIONES 70
SEGUNDA PARTE:
TELEVISIÓN: EL VÍNCULO SOCIAL 95
INTRODUCCIÓN: EL VÍNCULO SOCIAL DE LA SOCIEDAD INDIVIDUA·
LISTA DE MASAS 97
CAPÍTULO 4: TELEVISIÓN GENERALlSTA y TEORÍA DE LA SOCIEDAD. 103
CAPÍTCLO 5: LA CULTURA Y LA TELEVISiÓN 112
CAPÍTULO 6: FUERZAS y LÍMITES DE LO TEMÁTICO 130
TERCERA PARTE·
COMUNICACIÓN y DEMOCRACIA 143
INTRODUCCIÓN: No HAY DEMOCRACIA SIN COMUNICACI()N 145
CAPÍTULO 7: EL TRIÁNGULO INl'ERNAL: PERIODISTAS. POLÍTICOS.
OPINiÓN PÚBLICA 149
CAPÍTULO 8: EL ESPACIO PÚBLICO 164
CAPÍTULO 9: LA COMUNICACIÓN POLÍTICA 176
CUARTA PARTE:
INFORMACIÓN y PERIODISMO 191
INTRODUCCIÓN: TODO SE COMPLICA 193
9
SUMARIO
CAPíTULO 10: ENTRE EL IDEAL Y LAIDEOLOGíA 197
CAPÍTULO 11: EL FRÁGIL TRIUNFO DE LA INFORMACiÓN 207
CAPÍTULO 12: LAS TRES CRISIS DEL PERIODISMO 219
QUINTA PARTE,
LAS NUEVAS TECNOLOGíAS 235
INTRODUCCIÓN, Los ESTRAGOS DE LA IDEOLOGÍA TÉCNICA 237
CAPÍTULO 13: LAS CLAVES DEL ÉXITO, TRANSPARENCIA, RAPIDEZ
E INMEDIATEZ 243
CAPÍTULO 14: LAS SOLEDADES INTERACTIVAS 257
CAPÍTULO 15: MANTENER LAS DISTANCIAS 274
SEXTA PARTE:
EUROPA 295
INTRODUCCIÓN, LA COMUNICACIÓN FRENTE A LA HISTORIA 297
CAPíTULO 16: DEL MULTlCULTURALISMO A LACOHABITACIÓN 302
CAPÍTULO 17: IDENTIDAD y COMUNICACiÓN 312
CAPÍTULO 18: EL DIFÍCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLÍTICO 327
CONCLUSION GEMRAL
EL FILODE LA NAVAJA 349
LAS CIENCIAS DE LACOMUNICACiÓN 361
Los TRES POLOS DE INVESTIGACIÓN 363
GLOSARIO 373
10
PRÓLOGO
VEINTE AÑOS DE INVESTIGACIÓN
Este libro presenta una síntesis de veinte años de investigaciones de-
dicadas al estudio de las relaciones entre comunicación y sociedad. Tam-
bién tiene por objeto subrayar la importancia teórica de estas cuestiones,
así como preservar el ideal de la comunicación cuando asistimos al triunfo
de su instrumentalización. Permite igualmente comprender la continuidad
de las siete obras precedentes" publicadas de 1978 a 1994, que trataban
de diferentes aspectos de las relaciones entre la comunicación y la socie-
dad ..
La síntesis de esas investigaciones, sin pretender ser exhaustivos ni
estar en posesión de la verdad, pretende proporcionar a los lectores el
medio de percibir cómo las ciencias sociales, «en directo», sin retrocesos
históricos, tratan de introducir los conocimientos en los que dominan
-cosa normal, por tratarse de comunicación- las pasiones, los intereses
y las ideologías. El investigador no está a salvo de cuestiones apriorísticas
ni de opciones subjetivas, pero al retomar las principales conclusiones de
estos veinte años intento demostrar que es posible, al lado del espacio
cada vez mayor de los intereses, conservar un espacio para el conoci-
miento. Por esta razón, la primera parte expone el marco teórico y las
hipótesis que guían este trabajo, y las otras cinco partes se dedican a los
campos de la investigación empírica ligada a ese marco.
I Les Réseaux pensants. Télécommunications el société (con A. Giraud y J.-L. Missika),
Masson, 1978: L'Information demain? De la presse écrite aux nouveaux médias (con J.-L. Lepl-
geon), La Documentation trancase, 1979; La Folle du logis. La télévision dans les sociétés
démocratiques (con J.-L. Missíka), Gallimard, 1983; Terrorisme ala une. Médias, terrorisme el
démocratie (conM. Wieviorka), Gallirnard, 1987; Éloge du grand publico Une théorie critique de
la télévision, Flammarion, 1990; War Game. L'information et la guerre, Flammarion, 1991; La
Derniere Utopie. Naissance de I'Europe démocratique, Flammarion, 1993.
11
SOBRE LA COMUNICACiÓN
Es preciso insistir sobre esta dificultad analítica. Pocos sectores se en-
frentan a mutaciones tan rápidas desde hace medio siglo; pero, sobre
todo, pocos son tan recientes.
La educación, la ciudad, las ciencias, el ejército... también se han visto
afectados por cambios inmensos, pero se trata de antiguos sectores de
nuestras sociedades en los que existen tradiciones de análisis; mientras
que la comunicación hace explosión, como valor característico de la mo-
dernidad, hace una cincuentena de anos. Se ve así lo reciente que es este
fenómeno. Al mismo tiempo la comunicación se ha hecho tan presente
en la economía, las técnicas, la política, que el discurso de los actores
(empresaríos, íngeníeros, políticos y períodístas) lo ha ínvadído todo. Por
decirlo así, ya no hay sitio para otra cosa. Sin embargo, la comunicación
está tan pegada a la piel de las sociedades contemporáneas que su com-
prensión es indispensable. Lo que se suscita aquí es el estatuto del co-
nocimiento.
Las ciencias sociales están obligadas, pues, más que de costumbre, a
hacer dos cosas a la vez: mantener una cierta distancia sin la que no existe
el conocimiento, y tomar a menudo una posición. En consecuencia, no es
contradictorio desde mi punto de vista que se reivindique un estatuto de
investigador y un cierto compromiso cuando los riesgos están directa-
mente ligados a opciones teóricas, como, por otra parte, es también el
caso para las ciencias de la naturaleza, de la materia o de la vida. Por esta
razón no me contento en este libro, como en tantos otros precedentes,
con realizar un análisis crítico, sino que intento en la medida de lo posible
proponer soluciones sustitutorias. Sobre todo cuando se adopta, como es
mi caso, una posición favorable a la comunicación. Pero esto no basta
cuando al investigador le atenaza esta contradicción: se le pide que sea
libre, que explore, y al mismo tiempo, cuando dice algo que difiere del
discurso de los actores, de los políticos o de los periodistas, percibe in-
mediatamente una intensa resistencia. Principalmente cuando se trata de
temas tan «al rojo vivo» como los relacionados con la televisión, la cultura
de masas, la información, el periodismo, la política, las nuevas tecnologías
o Europa. Es como si a uno le pusieran un par de esposas: «Ayúdanos a
comprender mejor lo que pasa, pero no digas algo diferente a lo que
queremos escuchar...». Todos los que en el mundo académico y en el de
la investigación trabajan como yo en este sector sonarían a veces con que
les prestasen un poco de atención de signo favorable, que abarcase, ade-
más, las múltiples profecías de la comunicación. Este campo no es el único
en el que se aprecia una resistencia al análisis, pero sin duda es uno de
aquellos en los que tal resistencia es más visible, debido a la ambigua
relación que cada uno mantiene con la comunicación.
12
PRÓLOGO
Pensar hoy la comunicación es pensar el vínculo entre los valores de
los que surge, las técnicas y el modelo democrático occidental. Pero el
margen de maniobra es estrecho porque la victoria de la comunicación
mezcla en la actualidad, de un modo sutil, valores e intereses. Por ejem-
plo:
¿Cómo salvar una cierta idea de la comunicación ligada a la idea de
reparto y comprensión, cuando está tan invadida por intereses e ideolo-
gías?
¿Cómo pensar las relaciones entre individuos en una sociedad domi-
nada por una panoplia de técnicas cuya interactividad es interpretada
como favorable a la comunicación?
¿Cómo conciliar el individualismo dominante con el desafío de nues-
tras sociedades que, por el contrario, persigue mantener los lazos de la
cohesión social y del «estar juntos»?
éCómo preservar la relación con el otro en una sociedad abierta, en la
que la circulación es tal que otro, que se ha vuelto omnipresente, se mues-
tra más amenazador que deseable?
¿Cómo explicar que cuanta más comunicación hay, más se necesita
reforzar las identidades que ayer eran un obstáculo a la comunicación y
hoy se han convertido en una condición esencial?
En suma, con la comunicación es muy dificil encontrar una equidis-
tancia. Si otro está demasiado cerca, nos inquieta y crea una reacción de
rechazo. Si está demasiado lejos, la diferencia parece infranqueable. En
ambos casos el problema que se plantea es el del otro, o más bien las
condiciones que han de cumplirse para que una comunicación con él sea
posible. Cuanto más presente esté el otro -y hoy, por medio de la téc-
nica, omnipresente- más necesario resultará respetar cíertas reglas para
evitar que esa proximidad sea una fuente de conflictos. También por esa
razón las distancias que aportan los conocimientos son fundamentales, en
especial para resistir a las ideologías de la comunicación que se niegan a
admitir las molestias indispensables a toda comunicación o, pura y sim-
plemente, a toda cohabitación vivible.
,
Al no existir una producción de conocimientos sin una referencia bi-
bliográfica, he intentado citar las obras más importantes, sean cualesquiera
sus orientaciones teóricas, y las he agrupado por capítulos, para respetar
la lógica temática. También he intentado destacar al final de la introduc-
ción un cierto número de títulos «clásicos» -unos sesenta libros- que,
en su diversidad, marcaron el surgimiento de este campo del conoci-
13
SOBRE LA COMUNICACIÓN
miento. La elección no pretende en absoluto ser exhaustiva, pero quiere
ser equilibrada.
Luego, para una buena comprensión del texto, he establecido un glo-
sario de las catorce palabras o conceptos ligados a la perspectiva teórica
que se desarrolla aquí.
Para dar una visión sintética de las ciencias de la comunicación he
utilizado algunos fragmentos del informe realizado en 1985 a petición de
la dirección general del CNRS (Centre National de la Recherche Scienti-
fique).
Por otra parte quisiera agradecer muy sinceramente a Martine Escoute
y Michele Ballinger, que me han ayudado tanto en la realización del ori-
ginal, con una mención especial para la segunda, documentalista, por su
trabajo sobre la bibliografía. Agradezco, en fin, a Jean-Michel Bernier, Eric
Dacheux e Yves Winkin su cordial lectura del texto y las observaciones
que me han hecho.
14
INTRODUCCIÓNGENERAL
EXISTE UN MARGEN DE MANIOBRA
La comunicación es uno de los símbolos más brillantes del sigloxx: su
ideal -acercar los hombres, los valores, las culturas- compensa los ho-
rrores y las barbaries de nuestra época. También es una de las frágiles
conquistas del movimiento de emancipación, pues sus avances han acom-
pañado a los combates por la libertad, los derechos humanos y la de-
mocracia.
¿De dónde procede, entonces, ese sentimiento de malestar, paralelo a
lo que debería constituir un legitimo orgullo, que provoca uno de los
adelantos más tangibles de este siglo, por otro lado tan equívoco? Sin
duda por el hecho de que hay de todo, y demasiado, en la comunicación,
Desde luego las posibilidades de cambios se multiplican, en la medida de
una libertad individual sin límites, pero han de realizarse a través de las
industrias «culturales», cuyo poder financiero y económico se opone a
menudo a toda idea de cultura y de comunicación.
Por supuesto, sólo es cuestión de cambios, rápidos, interactivos, cada
vez menos costosos, de un extremo a otro del mundo. Pero esto sólo
puede realizarse al precio de consolídar las desigualdades entre el Norte
y el Sur. Por supuesto, se trata sólo del «derecho» a la comunicación y
del acceso a sus redes. Pero esto presenta inquietantes problemas de li-
bertades privadas y públicas, y las democracias se encuentran faltas de
recursos para afrontarlos. Yla lista de estas ambigüedades podría alargarse.
Porque ésa es la palabra que acude inmediatamente a nuestra mente. Este
siglo contempla el triunfo de la comunicación, pero las ambigüedades que
la acompañan son al menos tan intensas como los progresos, lo que ex-
plica las dudas y los interrogantes que ya se esbozan para el próximo
siglo.
La comunicación mezcla de forma inextricable valores e intereses, idea-
les e ideologías. Ynada garantiza, sobre todo en el momento de su triunfo
15
SOBRE LA COMUNICACIÓN
técnico y económico, que los ideales de la comunicación de ayer se ins-
cribirán en las realidades de mañana.
Esta infranqueable ambigüedad es lo que me interesa desde hace veinte
años, a través de los estudios realizados sobre las relaciones entre la co-
municación y la sociedad: comprender ese distanciamiento constante en-
tre las palabras y los actos, las promesas y las realizaciones.
Me atormenta esta pregunta: écon qué condiciones salvar la soberbia
dimensión de la comunicación, una de las más bellas del hombre, que le
hace desear entrar en relación con otro, hacer intercambios con él, cuando
por el contrario todo va en la dirección de los intereses? ¿Cómo salvar el
sentido humanista de la comunicación cuando triunfa su dimensión ins-
trumental? ¿Qué relación hay entre el ideal de la comunicación -que
atraviesa edades y civilizaciones hasta el punto de hacer de ella uno de
los símbolos más sólidos de la humanidad- y los intereses e ideologías
del mismo nombre?
Cuestión tanto más difícil cuando cada uno tropieza inmediatamente
con dos obstáculos. El primero está ligado a la palabra en sí misma. Es
inasequible, polisérnica, indominable. Desde que se la aborda resulta res-
baladiza, desbordante de sentidos y de referencias, sobre todo en la so-
ciedad contemporánea, dominada por la apertura y los intercambios in-
cesantes. La comunicación está omnipresente, valorizada, sin que se sepa
si las referencias que la rodean tienen aún una relación cualquiera con
los ideales en cuyo nombre se la instrumentaliza. No es la única "palabra
comodín» que forma parte de nuestro entorno conceptual cotidiano. En-
contramos la misma polisemia en palabras como información, identidad,
libertad, democracia...r pero pocas están tan en el fondo de la experiencia
individual y colectiva. Y éste es el segundo obstáculo. Nadie es ajeno a
la comunicación, nadie mantiene una distancia respecto a ella. Cada uno
es parte adherida a la comunicación, que nunca es un objeto neutro, ex-
terior a uno. Una reflexión acerca de la comunicación requiere, pues, un
esfuerzo considerable de distanciamiento, tanto para quien trata de com-
prender como para aquel a quien la reflexión se destina.
1. Los TRES SENTIDOS DE LA I'ALABRA COMUNICACIÓN
¿Qué debemos entender por comunicación? La literatura sobre este
tema es considerable, en la medida en que las tradiciones, las prácticas y
las doctrinas, de la teología a la filosofía, de la antropología a la sociología,
de la lingüística a la psicología, de la ciencia política al derecho... han
16
INTRODUCCIÓN GENERAL
elaborado sus definiciones y sus teorías de la comunicación '. En la pers-
pectiva de mi trabajo, que es una reflexión sobre las relaciones entre co-
municación y sociedad, se pueden diferenciar tres sentidos principales: la
comunicación directa, la comunicación técnica y la comunicación social.
1. La comunicación es ante todo una experiencia antropológica funda-
mental. Intuitivamente, comunicar consiste en intercambiar con otro. Sim-
plemente, no hay vida individual ni colectiva sin comunicación. Y lo ca-
racterístico de toda experiencia personal, como de toda sociedad, es de-
finir las reglas de comunicación. Del mismo modo que no hay hombres
sin sociedades, no hay sociedad sin comunicación. Esto es lo que hace
que la comunicación sea siempre, y a la vez, una realidad y un modelo
cultural, del que antropólogos e historiadores sacan a la luz progresiva-
mente los diferentes modelos de comunicación -interpersonales y colec-
tivos- que se han sucedido a lo largo de la historia. Nunca hay una
comunicación en sí: siempre está ligada a un modelo cultural, es decir, a
una representación del otro, pues comunicar consiste en difundir pero
también en interactuar con un individuo o una colectividad. El acto banal
de la comunicación condensa en realidad la historia de una cultura y de
una sociedad.
Desde esta perspectiva, la originalidad del modelo occidental, a través
de sus raices judeocristianas con el añadido de la emergencia de los va-
lores modernos del individuo libre, consiste en haber dado primacía al
ideal de emancipación individual y colectiva. Comunicar implica por una
parte la adhesión a los valores fundamentales de la libertad y la igualdad
de los individuos, y por otro lado la búsqueda de un orden político de-
mocrático. Estas dos significaciones tienen como consecuencia dar valor
r Estaría por hacer un apasionante trabajosintético acerca de la etimología, la semán-
tica y los debates sobre la definición, la perspectiva y los contextos ligados a las palabras
información y comunicación. Desde ese punto de vista resulta muy interesante darse una
vuelta por los principales diccionarios y enciclopedias. Los territorios son inmensos, en la
medida de las raíces religiosas y mitológicas de esas dos palabras, y sobre todo de la
palabra comunicación. Se puede citar principalmente a: S. Auroux, La Sémiotique des ency-
c/op¿distes, Essais d'épistémologie historique des sciences du langage, Payot, 1979; E. Ben-
vertiste, Le Vocabu/aire des il15titutions Ed. de Minuit, 1969; Y. Bonnefoy,
Dictionnaire des mythologie5, Flammarion, 1991; M. Eliade, Histoire des croyances et des idées
religieuses, 2 t., Payot. 1976; A. Rey, Dictionnaire historique de la langue franfaisc, Le Robert,
1992.
Desde hace quince años, el éxito del tema de la comunicación ha relanzado una refle-
xión teórica y semántica sobre la palabra comunicación. Se encontrará una investigación
sobre esas múltiples filiaciones en: la revista MEI, principalmente el editorial n." 1, por B.
Oarras, 1993, y n." 4 y 5 (1995-1996), «L'espace sémantiquede la communication», Univer-
sidad París VIII; Y. Winkin, La Nouvelle Communication, Seuil, 1981.
17
SOBRE LA COMUNICACIÓN
al concepto de comunicación en su dimensión más normativa, la que de-
vuelve al ideal de intercambios, de comprensión y de compartir mutua-
mente.
2. La comunicación es también el conjunto de técnicas que, en un siglo,
ha roto las condiciones ancestrales de la comunicación directa para sus-
tituirlas por el reinado de la comunicación a distancia. Hoy se entiende
por comunicación tanto la comunicación directa entre dos o varias per-
sonas como el intercambio a distancia por medio de las técnicas (teléfono,
televisión, radio, informática, telemática...). Los progresos han sido tan in-
mensos, y los resultados tan evidentes, que hoy los intercambios instan-
táneos de un extremo a otro del mundo, a través del sonido, la imagen
o los datos, son una banalidad, al menos para los países ricos. Es el tema
de la «aldea global», exacto desde un punto de vista técnico, pero evi-
dentemente sin fundamento desde un punto de vista histórico y cultura!.
La distancia entre el carácter cada vez más «naturalmente mundial» de
las técnicas, y las dificultades de comunicación, cada vez más visibles, de
las sociedades entre sí, es una de las grandes revelaciones y contradiccio-
nes del siglo xx. Incluso si la ideología técnica promete siempre para ma-
ñana mismo acercar los resultados de los procedimientos y los contenidos
de la comunicación.
3. Ln comunicación, en fin, se ha convertido en una necesidad social funcio-
na! para las economías interdependientes. A partir del momento en que
el modelo dominante es el de la apertura ---a fortiori después de la caída
del comunismo-, tanto para el comercio como para los intercambios y la
diplomacia, las técnicas de comunicación juegan un papel objetivo indis-
pensable. Si todo es abierto, y en interacción con una organización inter-
nacional del trabajo, entonces los sistemas técnicos -de los ordenadores
a las redes y a los satélites- son una necesidad funcional, sin relación
con el modelo de comunicación normativo. Se trata de la misma palabra,
pero no tiene el mismo contenido. La «comunicación mundial» no tiene,
evidentemente, nada que ver con el horizonte y el sentido de aquella que
se desarrolla a escala de individuos y de grupúsculos.
Queda, no obstante, un punto común entre esos tres niveles de co-
municación, directa, técnica y funcional: la interacción. Es incluso la in-
teracción la que define la comunicación. Ycomo las interacciones no cesan
de crecer a medida que se pasa de la comunicación directa a la comuni-
cación técnica, y después a la comunicación social funcional, se concluye
rápidamente en más «comunicación». Yaquí sale ganando la ambigüedad:
las interacciones de la comunicación funcional no son sinónimo de inter-
comprensión.
Toda la ambigüedad del triunfo de la comunicación viene de ahí: el
18
INTRODUCCIÓNGENERAL
sentido ídeal -íntercambiar, compartir y comprenderse- ha sído recu-
perado, y plagiado, por la comunicación técnica, y luego por la comuni-
cación funciona!. El ideal de la comunicación ha servido de bandera -al-
gunos dirán que de garantía- al desarrollo de la comunicación técnica,
y luego de la comunicación funciona!. El ideal de intercambio y de com-
prensión sirve, pues, de telón de fondo tanto al fantástico desarrollo de
las técnicas de la comunicación como al del mundo de la economía. No
resulta sorprendente, en esas condiciones, que un malentendido cada vez
más ensordecedor acompañe la problemática de la comunicación en sus
relaciones con la sociedad...
n. LAS DOS FUENTES: COMUNICACIÓN NORMATIVA Y COMUNICACIÓN
FUNCIONAL
A lo largo de este libro opondré estos dos significados de la comuni-
cación que, en la realidad empírica, se solapan y se corresponden, pero
que, desde el punto de vista de los valores y los retos, no revisten en
absoluto la misma realidad. Por otra parte ambos significados cohabitan
ya en la etimología de la palabra, como se verá más adelante, que distin-
gue dos sentidos: el sentido de compartir, cercano a la idea de comuni-
cación normativa; y el sentido de transmisión y de difusión, cercano a la
idea de la comunicación funciona!.
Por comunicación normativa debemos entender el ideal de comunicación,
es decir, la voluntad de intercambiar, para compartir algo en común y
comprenderse. La palabra «norma» no se refiere a un imperativo, sino
más bien al ideal que cada uno persigue. Aquí, la voluntad de compren-
sión mutua es el horizonte de esta comunicación. Yquien dice compren-
sión mutua da por supuesta la existencia de reglas, de códigos y de sím-
bolos. Nadie aborda «naturalmente» a otro. El fin de la educación y luego
de la socialización es proporcionar a cada uno las reglas precisas para la
entrada en contacto con otro.
Por comunicación funcional hay que entender las necesidades de co-
municación de las economías y de las sociedades abiertas, tanto para los
intercambios de bienes y servicios como para los flujos económicos, fi-
nancieros o administrativos. Las reglas juegan aquí un papel todavía más
importante que en el marco de la comunicación interpersonal, no en una
perspectiva de intercomprensión o de intersubjetividad, sino más bien en
la de una eficacia ligada a las necesidades o los intereses.
Todo separa a estas dos dimensiones de la comunicación, pero no
habría nada más falso que limitar la primera al nivel único de comuni-
19
SOBRE LA COMUNICACIÓN
cación directa interpersonal y de reducir la segunda a comunicación téc-
nica o social. Sería algo demasiado simplista. Toda la ambigüedad viene
del hecho de que la oposición entre las dos formas de comunicación, la
normativa y la funcional, no cubre la distinción entre los tres niveles de
comunicación: directa, técnica y social. Dicho de otro modo, las dos for-
mas de comunicación se reencuentran en cada uno de los tres niveles de
la comunicación.
Si la comunicación normativa es en principio el ideal de la comuni-
cación directa, todos comprobamos, por experiencia, cuántas y cuántas
relaciones interpersonales se rigen en realidad por una simple comuni-
cación funcional. En sentido contrario, en la comunicación técnicao social,
ambas dominadas por la comunicación funcional, se comprueba a me-
nudo la existencia de una comunicación auténtica. Es lo que cada uno
busca en los grupos, asociaciones, partidos, y también en las relaciones
de trabajo, aparentemente regida,s por las ló¡;icas de la com;micación fun-
cional. Estas son a menudo motivo de relaciones mas autenticas que las
que existen en la vida privada y familiar...
En otras palabras: si la comunicación normativa se adapta más al pri-
mer nivel del intercambio individual o de pequeños grupos, nada permite
creer a priori que las comunicaciones técnica y social dependan princi-
palmente de una lógica de comunicación funcional. El teléfono y la tele-
visión, por ejemplo, son medios de comunicación que permiten una co-
municación normativa, mientras que, por el contrario, existe un gran nú-
mero de situaciones privadas, familiares y de grupos en las que, a pesar
de las apariencias, sólo impera la comunicación funcional.
No habría, pues, nada más falso que oponer "la autenticidad de la
comunicación en las relaciones privadas» a «la funcionalidad de la co-
municación en las relaciones sociales». Es esencial tener presente la dife-
rencia de significado entre esas dos formas de comunicación, conscientes
de que esa diferencia entorpece las situaciones, individuales o colectivas,
de comunicación. Ahí radica la ambigüedad y la dificultad de la comu-
nicación: la mezcla constante entre las dos dimensiones, y el obstáculo
para aplicar a priori el sentido normativo o el sentido funcional a talo
cual situación.
III. LA IDEACENTRAL: EXISTE UN MARGEN DE MANIOBRA
Mi posición, desde hace veinte años, y esto a través de investigaciones
varias y de múltiples obras dedicadas a las relaciones entre comunicación
y sociedad, no ha cambiado.
20
INTRODUCCIÓN GENERAL
La comunicación lleva consigo desde siempre esas dos dimensiones
contradictorias, normativa y funcional, pero pese al éxito creciente de la
segunda, existe siempre un margen de maniobra.
Tal es la hipótesis central: el espacio en aumento de la dimensión
funcional no es suficiente para reificar y enajenar la dimensión normativa
de la comunicación, porque las industrias se desarrollan en nombre de
esta dimensión normativa, dejando un lugar a partir del cual siempre es
posible denunciar las distancias entre la promesa de los discursos y la
realidad de los intereses. Ylas dificultades de toda comunicación humana
relativizan las promesas de una comunicación funcional más eficaz. Nin-
guna técnica de comunicación, por eficaz que sea, llegará a alcanzar el
nivel de complejidad y de complicidad de la comunicación humana. En
otras palabras, existe un margen de maniobra, una capacidad crítica, que nun-
ca puede ser destruida, pues tiene su origen en la dimensión antropoló-
gica de la comunicación. Capacidad crítica que permite siempre entresa-
car, distinguir lo que en las promesas remite al ideal normativo de lo que
remite a una realidad funcional, separar lo verdadero de lo falso, los dis-
cursos de las realidades, los valores de los intereses. En este punto de
nuestro razonamiento hay que subrayar hasta qué punto la comunicación
presenta un elemento común con la democracia, otro concepto central de
la modernidad: el de poder añadir los hechos a los valores. Del mismo
modo que en nombre de los ideales de la democracia es posible criticar,
diariamente, las desviaciones y los errores de las sociedades democráticas,
es posible criticar, en nombre de los ideales de la comunicación, las rea-
lizaciones que se hacen en su nombre.
Este es el porqué de que la hipótesis de mi trabajo, a saber, la capa-
cidad de los individuos, los grupos, las colectividades, de echar por tierra
las falsas promesas de la comunicación, está en relación con el paradigma
democrático encarnado en la capacidad critica del ciudadano. Si éste es
lo suficientemente inteligente para seleccionar en el discurso político, épor
qué no adjudicarle la misma inteligencia para hacer una selección en las
promesas de la comunicación?
No creo, pues, más en el advenimiento de la sociedad de la infor-
mación y de la comunicación, de lo que pueda temer la instalación del
poder totalitario en una sociedad de comunicación organizada según el
modelo del Big Brother. Simplemente porque las contradicciones entre el
ideal y la realidad son lo suficientemente fuertes para quebrar las pro-
mesas de una sociedad irénica, o las estrategias de un poder totalitario
comunicacional.
Nunca ha habido un edén de la comunicación que se haya degradado luego
en tantos intereses y mentiras. Por el contrario, existe desde siempre una
21
SOBRE LA COMUNICACIÓN
ambivalencia entre las dos significaciones de la comunicación. E incluso
si los progresos técnicos y las necesidades de la comunicación social re-
fuerzan hoy las dimensiones de la comunicación funcional respecto a la
comunicación normativa, no hay una recuperación de la segunda por la
primera. 0, para decirlo con otras palabras, puede haber, con la comu-
nicación, dominio, pero no enajenación. La enajenación supondría la desa-
parición del libre albedrío, es decir, de esta famosa capacidad críticaligada
al estatuto de ciudadano. La dominación afecta en cambio a la experiencia
de cada uno: la comunicación puede ser la ocasión de una relación de
poder, o de violencia, en las relaciones privadas o sociales, pero siempre
es posible criticarla.
El objetivo del libro es, pues, algo bien distinto del análisis del papel
de las técnicas de la comunicación en la sociedad abierta. Es más bien
una reflexión sobre la democracia sometida a la prueba de la comunica-
ción. Consiste en examinar minuciosamente a través de la comunicación
la mayor parte de los conceptos de la sociedad democrática, puesto que
pertenecen al mismo sistema de valores. El objetivo no consiste ya
en «denunciar» una degradación de la comunicación respecto a un ideal
comunicacional que podía haber existido ayer, ya que la propuesta de
partida plantea, por el contrario, el principio de una ambigüedad funda-
mental.
IV. EL LÍMITE DE TODA COMUNICACIÓN: EL OTRO
Esta hipótesis de un margen de maniobra nos traslada a la idea de
una quiebra casi ontológica. Si la imposibilidad de una comunicación de
éxito total tiene el inconveniente de impedir la utopía de una comuni-
cación perfecta, tiene, en cambio, la ventaja de preservar una libertad
crítica incompresible. Hay siempre algo fallido, aproximativo, frustrante,
en la comunicación, pero esos límites estructurales son también el medio
de comprender que en toda comunicación existe el otro, y que el otro
continúa siendo inalcanzable. La idea de relación entre dos entidades, que
crea la sociedad, y la comunicación, es también el medio de comprender
el límite de todo acercamiento. La comunicación permite el acercamiento,
aunque manifestando el límite infranqueable de todo acercamiento. ¿Por
qué? ¡Porque con la comunicación lo más complicado sigue siendo el otro!
Cuanto más fácil es entrar en contacto con él, de un extremo al otro del
mundo, en cualquier momento, más se perciben rápidamente los límites
de la comprensión. Las facilidades de la comunicación no bastan para me-
jorar el contenido del intercambio.
22
INTRODUCCIÓN GENERAL
¿Por qué insistir en esta dificultad? Para recordar, cuando nunca se ha
hablado en nuestras sociedades de intercambios, ni ha habido una ad-
hesión a los proyectos más ambiciosos de la sociedad de información, que
no hay comunicación sin una prueba, sin duración ni fracaso. Es impor-
tante decir esto antes de entrar en un libro donde sólo se tratará de co-
municación. Los adelantos técnicos no son suficientes para acercar, pero,
sobre todo, al hacer más visibles los diferentes puntos de vista, convierten
igualmente en visible aquello que los distingue. i'Ierrible experiencia' La
comunicación que debería acercar a los hombres, resulta en realidad la que revela
lo que los aleja...
Como resumen, este libro quiere recordar que no hay comunicación
sin malentendidos, sin ambigüedades, sin traducciones y adaptaciones, sin
pérdidas de sentido y apariciones de significados inesperados, en pocas
palabras, sin fracaso de la comunicación y sin normas aplicables. La ha-
zana de las llamadas «nuevas técnicas de la comunicación»desde los anos
setenta -y que evidentemente ya no lo es a los ojos de las nuevas ge-
neraciones nacidas con ellas- es hacer creer, equivocadamente, que pue-
den reducir la polisemia de la comunicación. Que se puede racionalizar
la comunicación humana como se puede racionalizar la comunicación téc-
nica. Pero si la racionalidad de las técnicas de la comunicación es muy
superior a la racionalidad de la comunicación humana, también es mucho
más pobre.
¿El riesgo? Querer reducir ese foso, indispensable, entre las dos formas
de comunicación, y proponerse racionalizar la comunicación intersubjetiva
para hacerla «más eficaz». 0, para decirlo de otra forma, creer que la
comunicación funcional, desmultiplicada por las técnicas, se acercará a la
comunicación normativa.
V. NECESIDAD y DIFICULTAD DEL ANÁLISIS
En estas condiciones, se comprende la dificultad de una lógica del
conocimiento sobre la comunicación. Por tres razones. A,jte todo, cual-
quiera que tenga una cierta práctica de la comunicación, se siente natu-
ralmente especialista. La comunicación tiene un punto en común con la
política: todo el mundo se considera competente. Ésta es la consecuencia
del paradigma democrático que reconoce la igualdad de todos, tanto para
expresarse, hablar y comunicar, como para tener una opinión política y
hacerla conocer. En segundo lugar, la comunicación es un sector nuevo, sin
tradición, en el que, desde hace un siglo, multitud de innovaciones téc-
nicas y unos resultados que no dejan de aumentar parecen haber apor-
23
SOBRE LA COMUNICACIÓN
tado soluciones a las preguntas que cada uno podía plantearse. La idea
implícita es que las objeciones de hoy serán barridas por las innovaciones
de mañana. Por último, con la comunicación se trata de poner al menos
tanta pasión como razón. No solamente nadie tiene distancia alguna res-
pecto a la comunicación, sino que más bien cada uno es ambivalente a la
idea de «saber», porque las dificultades encontradas en este terreno re-
miten frecuentemente a las dificultades de cada uno. Seprefiere «utilizar»
la comunicación para hacer pasar un mensaje que reflexionar sobre ella,
porque se transforma con rapidez en espejo de sí misma. Por eso todo el
mundo, incluidos quienes están en los medios culturales y académicos,
mantiene relaciones ambiguas con la comunicación. Ésta jamás es un ob-
jeto neutro de conocimiento.
¿Resultado? No se quiere saber porque se cree que ya se sabe, o por-
que, en contacto con la comunicación, cada uno percibe que se trata de
otra cosa. Como de todas formas con la comunicación siempre hay algo
«que pasa», son muchos los que desean dejar de lado el reflexionar sobre
ella. Loque impera es, pues, una visión instrumental. Sebuscan, más que
reflexiones críticas, recetas. Yno son los múltiples guardianes del espacio
público, tan solicitados hoy por aquellos que deseanacceder a ese espacio,
quienes pueden pedir actualmente una reflexión crítica.
Estas razones puestas una al lado de la otra explican la dificultad de
una lógica del conocimiento allí donde domina la seducción de cara a las
promesas técnicas y el deseo de comunicar. En una palabra, resulta difícil
ser escuchado cuando el objeto de la investigación tiene que ver con la comuni-
cación.
Sin embargo, a base de elaborar conocimientos sobre la cuestión on-
tológicamente ambigua de la comunicación, se llegará quizá a crear la
famosa distancia crítica indispensable, fuente de toda libertad. La función
crítica del conocimiento es hoy indispensable a la altura del papel de la
comunicación en nuestras sociedades, a la altura de la rapidez de los
cambios, y de la dimensión de los imperios financieros que la acompañan.
Si se toman en serio los valores y las referencias que la comunicación
reclama, se puede analizar y salvar ese concepto, tan esencial al patri-
monio religioso, filosófico, cultural y político de Occidente. éCuéndo se
aceptará que la comunicación es para nuestras sociedades una cuestión al
menos tan importante como las que afectan a la educación, la investiga-
ción, la ciudad, la ciencia y la salud?
24
INTRODUCCIÓN GENERAL
BIBLIOGRAFÍA
He intentado destacar un cierto número de «títulos clásicos», es decir,
unos sesenta libros que, en su diversidad, han marcado la emergencia de
este campo de conocimiento. La elección no pretende en absoluto ser
exhaustiva, pero trata de ser equilibrada.
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Existe además un cierto número de manuales, diccionarios y enciclo-
pedias que desde hace algunos años ofrecen una síntesis de las principa-
les líneas de estudio e investigación sobre la comunicación. Pueden ser
citadas:
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SILLS, D. L., International Encyclopedia of the Social Sciences, Marmittan,
N. York, 1968.
Por otra parte, las principales revistas son:
Communication. Revue québécoise des recherches et des pratiques en commUlú-
cation (Québec), desde 1979.
Communication et langages (Retz).
Communications (Seuil), desde 1964.
Études de communication (PUL, Lille), desde 1992.
European Journal of Communication (Londres), desde 1986.
Hermés (Ed. du CNRS), desde 1988.
Journal of Communication (Cary, Pennsylvania), desde 1951.
Les Cahiers de médiologie (Gallimard), desde 1996.
Les Dossiers de l'audiovisuel (INNLa Documentation francaíse), desde 1985.
Media, Culture and Society (Londres), desde 1978.
MEI «Média et Informatioll» (Université París VIII), desde 1993.
Public Opinion Quaterly (Chicago).
Quaderni (AZ Press), desde 1987.
Recherches en communication (Lovaina).
Réseaux (CNEr), desde 1984.
Technologies de ['information et société (Líege, Montréal).
Telos (Madrid).
La revista Hermés, «Cognition, communication, politique» (Éd. du
CNRS), creada en 1988, ha publicadolos siguientes números:
n." 1, Théorie politique et communication
n." 2, Masses et politique
n." 3, Psychologie ordinaire et sciences cognitives
n." 4, Le nouvel espace public
n." 5/6, Individus et politique
n." 7, Bertrand Russell. De la logique ala politique
n." 8/9, Frontiéres en mouvement
n." 10, Espaces publics, traditions et communautés
n." 11/12, Ala recherche du public
n." 13/14, Espaces publics en images
28
INTRODUCCIÓN GENERAL
n." 15, Argumentation et rhétorique (1)
n." 16, Argumentation et rhétorique (U)
n." 17/18, Communication et politique
n." 19, Voies et impasses de la démocratisation
n." 20, Toutes les pratiques culturelles se talmt-eúes?
29
PRIMERA PARTE
Los CONCEPTOS
INTRODUCCIÓN
COMUNICACIÓN y MODERNIDAD
¿Por qué tiene hoy tanto éxito la comunicación? Sin duda porque las
técnicas liberan al hombre de los obstáculos ancestrales del tiempo y el
espacio, y le permiten ver, hablar, relacionarse, de un extremo al otro del
planeta, todos los días, a todas horas. Pero ante todo porque esas técnicas
amplifican la comunicación, necesidad antropológica fundamental, y sobre
todo símbolo de la modernidad.
De ahí es de donde hay que partir para comprender la inmensa afición
que rodea a la comunicación. Ésta no tendría el éxito actual si no estuviera
directamente asociada a la modernidad. Pero équé se entiende por mo-
dernidad? Sin duda uno de los valores más sólidos de la época contem-
poránea, que favorece la libertad, el individuo, el derecho a la expresión
y el interés por las técnicas que simplifican la vida: elementos todos ellos
presentes en la comunicación.
Eso que se llama modernidad es el resultado del lento proceso que
comenzó en el sigloXVII y que se caracteriza por la apertura progresiva
de las fronteras, de todas las fronteras, y ante todo de las fronteras men-
tales y culturales. Apertura que será la condición para que emerja el con-
cepto de individuo, luego la economía de mercado, y, en el siglo XVIIJ, los
principios de la democracia. Y la comunicación fue el artesano de ese
movimiento. Por ella se abrieron unos a otros mundos antes cerrados, y
comerciaron, para intercambiar bienes y servicios, y después ideas, artes
y letras. En pocas palabras, la apertura al otro, condición de la comuni-
cación, encontró en el valor comunicacional las herramientas simbólicas,
más tarde culturales, y por último técnicas que han permitido esta mu-
tación. Esta no se hizo sin violencias ni guerras, pero no habría ocurrido
si previamente, del lado de las categorías mentales y de las representa-
ciones del mundo, no se hubiera producido esta revolución cuyo objetivo
era organizar las relaciones con el otro. La gran ruptura a partir del siglo XVI
33
SOBRE LA COMUNICACIÓN
sigue siendo la apertura al otro, que encuentra en los modelos intelectual
y cultural de la comunicación el medio teórico de pensarla. El correo, la
librería y más tarde la prensa, y simultáneamente el comercio terrestre y
marítimo, fueron los instrumentos de esta apertura, acentuada evidente-
mente por el ferrocarril, el teléfono y todas las técnicas del sigloxx.
He aquí por qué la comunicación tiene tanto éxito: se sitúa en el centro
mismo de la modernidad, que a su vez es el centro de la cultura occi-
dental contemporánea. Por supuesto hay otros valores que han jugado
un papel en ese vasto proceso, pero ,en general no se subraya suficien-
temente el papel de la comunicación. Esta, además, al consolidar ese paso,
ha tenido esa función ambigua que hoy encontramos de nuevo: destruir
el pasado, a la vez que se le hace perdurar, porque los procesos comu-
nicativos son también mecanismos de memoria. El estrecho vínculo entre
comunicación y modernidad permite comprender lo que califico como la
doble hélice de la comunicación, es decir, esa mezcla constante entre valores
normativos y valores funcionales.
Las dos fuentes de la dimensión normativa son las siguientes:
Por un lado, la comunicación está en el centro de la cultura occidental,
porque expresa la fuerza del vínculo con el otro, que es uno de los ele-
mentos básicos de esta cultura. Aquí se hallan las raíces judeocristianas,
~ u r o p e a s y luego occidentales, en las que el otro es el igual de uno mismo.
Esta es la razón por la que la cultura occidental, desde hace aproxima-
damente dos siglos, valora al individuo, su libertad y su derecho a la libre
expresión, condiciones de una comunicación realmente intersubjetiva. Por
otro lado, la comunicación se sitúa en el centro de la sociedad democrá-
tica. Es indisociable de la sociedad individualista de masas -cuyas carac-
terísticas estructurales se verán más adelante-, modelo de nuestra socie-
dad al que se encuentran ligados los dos valores fundamentales y contra-
dictorios de la democracia: la libertad individual, alcanzada en el sigloXVIII,
y la igualdad, en las luchas del siglo siguiente. Es fácil adivinar el papel
normativo que juega la comunicación. En ambos casos, no hay libertad ni
igualdad sin comunicación auténtica.
Las dos fuentes de la dimensión funcional de la comunicación son las
siguientes.
En el marco del "derecho a la comunicación» ligado al modelo occi-
dental del individuo, se constata una deriva egotista cuyo problema no
es tanto el diálogo con otro como la simple reivindicación del derecho a
la expresión en una especie de búsqueda narcisista infinita.
Igualmente, en el marco de la "democracia de masas», en la que la
comunicación juega un papel normativo esencial, se observa una desvia-
ción hacia lógicas de rentabilidad y de instrumentalización, adaptadas a
34
COMUNICACIÓN YMODERNIDAD
los problemas de las sociedades complejas pero alejadas del ideal comu-
nicacional.
Esa mezcla entre dimensiones normativa y funcional constituye la doble
hélice de la comunicación. Se trata del proceso permanente en que las dos
referencias normativas se desdoblan en dos referencias funcionales.
Por una parte, la valorización del individuo, en nombre de la cultura
occidental, conduce al individualismo rey. Por otra, la valorización del
intercambio, en nombre del modelo democrático, es finalmente la condi-
ción de funcionamiento de las sociedades complejas, en el marco de una
economía mundializada. La comunicación se generaliza en nombre de los
valores de la intercomprensión y de la democracia, para satisfacer en rea-
lidad, bien sea las necesidades narcisistas de la sociedad individualista,
bien sea los intereses de una economía mundialista que sólo puede so-
brevivir con ayuda de sistemas de comunicación rápidos, eficaces y glo-
bales. Esto es la doble hélice de la comunicación, con el desdoblamiento
constante de dos a cuatro posiciones.
Las técnicas de comunicación son el mediador entre estas dos dimen-
siones de la comunicación. Ellas son las que mezclan permanentemente
las dos dimensiones, lo que explica por qué juegan un papel teórico esen-
cial, acentuado por el lugar cada vez mayor que ocupan en el conjunto
de las situaciones de la vida privada y pública. Estas técnicas se encuen-
tran, pues, doblemente en una encrucijada de caminos. Sirven de paso
entre las dos dimensiones de la comunicación y, al mismo tiempo, encar-
nan lo mejor posible la modernización. Esto explica que una reflexión
sobre su estatuto y su papel en la sociedad contemporánea sea a la vez
necesario y difícil.
*
La primera parte tiene como objetivo mostrar el interés teórico de la
comunicación. Para esto, he procedido en tres tiempos.
- El capítulo primero pretende desarrollar las tres hipótesis principales
que guían mi trabajo desde hace casi veinte años. La primera de ellas
consiste en indicar el vínculo estructural, en el seno de la cultura occi-
dental, entre la comunicación y el poderoso movimiento de moderniza-
ción que comenzó en el sigloXVI. Este vínculo explica la importancia teó-
rica de los problemas de la comunicación en nuestras sociedades. La se-
gunda hipótesis se refiere al papel que ha desempeñado la comunicación
en la sociedad contemporánea, a la que llamo sociedad individualista de
masas, en la que dominan las dos raíces antagonistas de la libertad y de
la igualdad, del individuo y de la masa. La tercera hipótesis, en fin, se
35
SOBRE LA COMUNICACIÓN
refiere al papel teórico de la recepción, y establece el paralelismo entre la
importancia que se le confiere al individuo en el sistema democrático y
la que deberia acordársele cuando se encuentra en situación de «público».
La hipótesis sobre la inteligencia de la recepción y del público es el com-
plemento de la apuesta hecha sobre el estatuto de ciudadano en el modelo
democrático.
- El segundo capítulo se dedica a las contradicciones culturales de la
comunicación, con objeto de comprender el desfase entre los compromi-
sos culturales, políticos y sociales ligados a la explosión de la comunica-
ción, y el escaso lugar que ocupan esos problemas en el terreno del co-
nocimiento. ¿Por qué hay tan poca demanda de análisis en ese sector,
luminaria de la modernidad?
- El último capítulo se centra en el estudio de la constitución de ese
nuevo espacio de conocimiento, con referencia a tres aspectos. El primero,
la historia de ese campo de investigación en Francia, cuyo progreso ha
sido frenado por numerosas dificultades intelectuales, culturales e insti-
tucionales. El segundo persigue explicar, a través del itinerario de un in-
vestigador, en qué consiste la política científica en un espacio nuevo, de
fronteras fluctuantes y confrontado constantemente a la interdisciplinarie-
dad. El tercero, en fin, saca a la luz las cuatro posiciones teóricas que
caracterizan cualquier reflexión que se haga sobre las relaciones entre co-
municación y sociedad.
Al describir estas cuatro actitudes, cada una de las cuales está relacio-
nada a la vez con la técnica y con la sociedad, espero proporcionar al
lector la clave de análisis para comprender las posiciones en el campo aca-
démico, y también en el de los agentes económicos, institucionales y po-
líticos.
36
CAPíTULO 1
COMUNICACIÓN y SOCIEDAD: TRES HIPÓTESIS
Con la comunicación no existe un discurso «natural»; cada uno, in-
merso en la comunicación, debe precisar lo que le interesa y el lugar
desde donde habla.
Vaya resumir las tres hipótesis en que se basan mis investigaciones,
y que caracterizan la posición «empírico-crítica» que pone de relieve la
importancia teórica de la comunicación y su adecuación al modelo de
democracia de masas, a la vez que critican los desfases constantes entre
los actos y las referencias. Al utilizar la palabra empírico se insiste en la
necesidad de pesquisas concretas. Esta tradición ha sido esbozada en los
Estados Unidos, en el periodo de entreguerras, por investigadores que,
en su mayoría, habían huido de Europa a causa del fascismo. Comenzaron
a trabajar con hipótesis criticas y hostiles respecto a los medios de co-
municación. Ellos son quienes hicieron las primeras investigaciones sobre
la radio y luego sobre la televisión. Se trata de P. Lazarsfeld, B. Berclson,
W. Schramm, E. Katz, 1. Adorno...
Esta posición empírico-crítica sigue siendo bastante minoritaria. En la
comunidad científica que trabaja sobre la comunicación, las posiciones do-
minantes son en conjunto más críticas, con una minoría, por otra parte,
de trabajos apologéticos, en concordancia con la ideología de la comuni-
cación actual. Tampoco en otros medios culturales, a los que se llama un
poco abusivamente las élites, la actitud es apenas más favorable, pues esos
grupos han visto en los media una amenaza para su cultura. El espaclO
considerable que ha ocupado después la comunicación no ha modificado
esta actitud; al contrario, ha provocado en las élites culturales un fenó-
meno de rechazo. Durante más de una generación no ha habido sino
pullas e indiferencia, acompañadas del siguiente estereotipo: los i n d i ~ i ­
duos se muestran pasivos ante los meáia, que los mampulan. Esta reaccion,
37
SOBRE LA COMUNICACIÓN
que se identifica con los trabajos de la escuela de Francfort, sigue siendo
hoy moneda corriente.
Entre las élites apareció luego una actitud más instrumental, que ade-
más no era en modo alguno incompatible con la primera. Puesto que la
comunicación está en el cogollo de la ciudad, mejor aprovecharse de ella
para «hacerse conocen>, sin que por otra parte sea necesario valorar la
comunicación ni la capacidad crítica del público. Digamos que hoy la ac-
titud crítica de las élites culturales es de indiferencia teórica con respecto
a la información y la comunicación, incrementada por el sentimiento cre-
ciente de que hace falta aprovecharse de ella. Volvamos a las tres hipótesis.
1. HIPÓTESIS N.' 1: LA COMUNICACIÓN, CONDICIÓN DE LA
MODERNIZACIÓN
El éxito masivo de la comunicación procede de la conjunción de dos
fenómenos: la comunicación es una necesidad fundamental y una carac-
terística esencial de la modernidad. El vínculo entre ambas es, en efecto,
lo que explica el lugar que ocupa en nuestras sociedades desde hace dos
siglos.
La comunicación como aspiración remite alfundamento de toda la experiencia
humana. Expresarse, hablar a otro y compartir con él, es lo que define al
ser humano. La comunicación es el medio para entrar en contacto con el
otro, que es el horizonte, aquello que cada uno desea y teme a la vez,
porque abordar a otro nunca es cómodo. Sólo la comunicación permite
administrar esta relación ambivalente entre uno mismo y el otro.
El lenguaje está en el meollo de esta experiencia, lo que explica el
éxito de todas las técnicas que, paso a paso, han llevado más lejos el
sonido de la voz y la imagen del rostro, en esa búsqueda siempre difícil
de la relación con el otro en la que se mezclan el simple afán de expre-
sarse y la voluntad de mutua comprensión. Para darse cuenta de la fuerza
de esta palabra, y de su ambivalencia, hay que referirse a su etimología,
donde encontramos los dos sentidos que han origínado su éxito.
El primer sentido, que aparece en el sigloXII (1160), procede del latín
y nos traslada a la idea de comunión, de compartir. Es el sentido que todos
buscamos en la comunicación. La laicización progresiva de la palabra no
cambiará para nada ese significadoprofundo. La comunicación es siempre
buscar al otro y compartir algo con él.
El segundo sentido se manifiesta en el sigloXVI; quiere decir trans-
misión, difusión. Está ligado al desarrollo de las técnicas, empezando por
la primera de ellas, la imprenta. Comunicar es difundir, a través del texto
38
COMUNICACIÓNYSOCIEDAD, TRES HIPÓTESIS
escrito, el libro y el periódico, luego del teléfono, la radio y el cine, y por
último, de la televisión y la informática. Sin olvidar el tren, el automóvil
y el avión, técnicas físicas que han jugado un papel complementario ca-
pital. En un siglo, las comunicaciones físicas y luego mediáticas se han
hecho omnipresentes; y su referencia, su legitimidad y su ideal eran el
primer sentido de la palabra, a saber, el compartir. Las técnicas se desa-
rrollaron para «comunicarse» mejor, para comprenderse mejor, incluso
cuando ese ideal -que sigue siendo, no obstante, la referencia común-
fue rápidamente desnaturalizado por los intereses económicos, políticos e
ideológicos. También hay una utopía latente en el fondo de toda técnica
de comunicación.
Tendré, pues, presente esa ambivalencia infranqueable cada vez que uti-
lice la palabra comunicación en este libro. Comunicación que remite si-
multáneamente a su dimensión normativa (el compartir como valor e
ideal) y a su dimensión funcional (la difusión y la interacción como he-
chos). Además, esa ambivalencia es la que permite una crítica de la co-
municación.
La segunda razón del éxito de la comunicación es el vínculo estrecho exístente
entre ella y el modelo cultural occidental de la modernización. Si las necesidades
de intercambios existen en todas las sociedades, sólo en nuestra cultura
han suscitado tanta avidez. Ha sido en el seno de la cultura occidental
-entonces europea- y en ningún otro lugar aparte de éste donde ha
surgido el modelo de la comunicación ligada al individuo. El reconoci-
miento de la persona, elemento central de los valores cristianos, ha ali-
mentado el lento y profundo emerger de la modernidad a partir del si-
glo XVI. Ésta, al romper con las referencias trascendentales, planteará los
principios de la libertad y del respeto al individuo desde una perspectiva
laica, a fin de cuentas poco alejada de la referencia cristiana de la persona.
En esto la modernidad, que se había constituido de modo natural contra
las referencias cristianas, acaba siendo finalmente su hija, con la referencia
a la comunicación -que establece el lazo con la tradición- en su centro.
La comunicación, al surgir la idea de ser libre, capaz de anudar relaciones
a su antojo, expresará y reforzará la modernidad, al plantear el principio
de la separación entre lo espiritual y lo temporal. Secularización, racio-
nalización, modernización, individualización y comunicación irán parejas.
La historia de estas filiaciones, apenas hecha, pero apasionante, es indis-
pensable para comprender por qué y cómo el movimiento de moderni-
zación ha conducido finalmente a esta otra visión del mundo, la nuestra,
en la que medimos poco la singularidad, y que consiste en colocar al
individuo, la persona, el sujeto, el hombre, en el centro de los sistemas
39
SOBRE LACOMUNICACIÓN
económico, social y político. Esto no significa la desaparición de toda re-
ferencia trascendental, sino la aceptación de la separación de los órdenes.
A partir del momento en que el hombre se encuentra solo frente al cielo,
la tierra y la naturaleza para organizar la ciudad, los mercados y la polí-
tica, el recurso a la comunicación, con esta ambigüedad funcional y nor-
mativa fundamental, constituye un aliado precioso. Nos encontramos de
nuevo con la importancia de ese concepto tanto a escala del individuo
como de las relaciones entre el individuo y la colectividad; en efecto, no
se insistirá bastante en que la comunicación no es solamente un valor
individual, sino también el origen de un principio de organización de las
relaciones sociales menos jerárquicas.
¿Por qué este rodeo respecto a los vínculos entre comunicación y mo-
dernidad? Para comprender la importancia teárica de la comunicación. Ésta
no viene sólo, ni ante todo, de los adelantos de los instrumentos ni de
los progresos de las industrias del mismo nombre; resulta ante todo del
lazo existente entre la «explosión» de la comunicación y los valores fun-
damentales de la cultura occidental, en su definición del individuo y de
un cierto modelo de relaciones sociales. Además, la aparición de las teorías
contemporáneas de la comunicación a partir de la cibernética en los años
cuarenta, ligadas a los trabajos de N. Wiever, y su éxito creciente, sólo se
explican por la filiación entre esas nuevas utopías y el estatuto de la co-
municación en la cultura occidental.
Sin duda ésta es la hipótesis central de este libro: el lazo entre la
comunicación como aspiración humana fundamental, y la comunicación
como paradigma central de la cultura occidental. Desde mi punto de vista,
esto es lo que justifica la importancia teórica de la cuestión de la comu-
nicación.
De esta hipótesis se derivan tres consecuencias:
1. Ante todo, se comprende mejor el éxito auténticamente fantástico
de todas las técnicas de comunicación que, desde el teléfono a la radio
y de la televisión a la informática, se presentan y se perciben como medios
de aproximación al ideal de la comunicación. ¿No se consideran las au-
topistas de la información, «estadio supremo» actual del desarrollo de esas
técnicas, como el «auténtico» entramado que permite «al fin» una comu-
nicación directa e interactiva entre millones de individuos?
2. Segunda consecuencia: la dualidad estructural de las dos dimen-
siones, normativa y funcional, impide la victoria de la segunda. Igual que
la información y la comunicación son valores del patrimonio cultural eu-
ropeo demasiado importantes para ser totalmente instrumentalizados en
las técnicas del mismo nombre, es poco probable que la dimensión fun-
40
COMUNICACIÓN YSOCIEDAD: TRES HIPÓTESIS
cional de la comunicación, necesaria para la gestión de sociedades com-
plejas, sea suficiente para desvitalizar el ideal normativo que existe en las
problemáticas de la comunicación.
En una palabra, me aparto de la hipótesis central de la escuela de
Frandort que, sin negar la referencia ideal de la comunicación, ve en la
multiplicación de las técnicas, en el crecimiento de las industrias culturales
y en la escalada de los grandes grupos de comunicación la prueba de una
cosificación de ésta, y su alienación en las categorías del dominio econó-
mico y de la empresa ideológica. Siempre existe una elección posible, una
capacidad crítica de los individuos. Con la comunicación, como con no
importa qué práctica social, puede haber mecanismos de dominio, pero
no de alienación. Esta supondría la desaparición de la autonomía y de la
capacidad crítica del individuo.
3. Tercera consecuencia: la comunicación es una cuestión tan impor-
tante para los equilibrios sociales, culturales, políticos y económicos como
la salud, la defensa, la investigación o la educación. No sólo por razones
financieras, sino también porque hoy la vida diaria, el trabajo, la educa-
ción, la salud... se organizan y redistribuyen en torno a problemáticas de
la comunicación y a las técnicas que la sustentan. La paradoja radica en
que a pesar de esta omnipresencia no hay todavía una toma de conciencia
de la importancia cardinal de los problemas teóricos de la comunicación.
¿Cuándo se reconocerá que cuantos más teléfonos, ordenadores, tele-
visores, media interactivos, redes, etc., haya, más existirá el problema de
saber qué harán las sociedades con esas técnicas, y no, como se escucha
a menudo, de saber qué sociedad será creada por esas técnicas? En una
palabra: ¿cuándo se reconocerá que el problema está en socializar las téc-
nicas y ¡lO en tecnificar la sociedad?
n. HIPÓTESIS N." 2: LA COMUNICACiÓN, DESAFÍO DE LA SOCIEDAD
INDIVIDUALISTA DE MASAS
La sociedad individualista de masas es tanto una realidad como un
modelo, en el sentido de que el problema mayor con que se enfrenta -la
crisis de la relación entre el individuo y la colectividad- es en gran me-
dida el resultado de la victoria de dos movimientos contradictorios: el que
está a favor de la libertad individual y el que está a favor de la igualdad.
La sociedad individualista de masas es la heredera de esas dos tradiciones,
contradictorias pero no jerarquizables. La libertad, por una parte, como
prolongación de la tradición liberal -en gran medida inglesa- del si-
glo XVIll, es la fundadora de la tradición individualista, tanto en el plano
41
SOBRE LACOMUNICACIÓN
económico como en el político. Por otro lado está la herencia de la tra-
dición socialista del siglo XIX, que insiste en la igualdad social y en la le-
gitimidad de la cantidad de personas y de las masas, en cuyo nombre se
ha organizado toda la batalla de la emancipación colectiva durante dos
siglos. No olvidemos que el sufragio verdaderamente universal sólo se
generaliza a partir del final de la Segunda Guerra Mundial. El modelo de
sociedad europea valora, pues, de un lado, al individuo, siguiendo la tra-
dición liberal jerárquica; y del otro, a la cantidad de personas y las masas,
siguiendo la tradición socialista igualitaria.
El éxito de la comunicación está en relación directa con este modelo
de sociedad, en el que juega un doble papel: por una parte funcional, para
organizar las relaciones entre las grandes masas en el marco de la eco-
nomía mundial; y por otra normativa, en el marco de un modelo político
de democracia de masas. La originalidad del modelo europeo consiste en
asumir ambos papeles: el individuo en la tradición liberal, y la muche-
dumbre en la tradición de la democracia igualitaria. Y la comunicación
sirve de unión entre esas dos referencias que son la libertad y la igualdad,
con la doble dimensión funcional y normativa. En suma, la sociedad in-
dividualista de masas se caracteriza por este triángulo de tres dimensiones
esenciales: el individuo, la masa, la comunicación.
Pensar la comunicación en ese modelo de sociedad es pensar la «ma-
sificación» perceptible en los mercados de la televisión, las redes, las nue-
vas técnicas de comunicación, como también en la instalación de grandes
museos o de grandes exposiciones mundiales. Pero es así mismo pensar
la «individualización», con los medios electrónicos, la fragmentación de lo
audiovisual y las promesas de Internet, en donde un individuo tiene la
sensación de poder dialogar «naturalmente» con no importa quién de un
extremo al otro del planeta. En realidad, incluso esta comunicación me-
diatizada individual supone la existencia previa de una infraestructura
colectiva. Pero curiosamente esta condición no se percibe. El resultado, en
todo caso, es que el triángulo de la sociedad individualista de masas (el
individuo, la masa, la comunicación) es simétrico al de la modernidad
(tecnología, economía, sociedad).
¿Qué consecuencia extraemos de esta simetría? No hay una teoría de la
comunicación sin una teoría de la sociedad. Toda teoría de la comunicación
que no enuncie formalmente la visión de la sociedad ligada a ella, es una
teoría caduca; o más bien contiene una implícita: «Dime cuál es tu visión
del papel de la comunicación y yo te diré qué modelo, explícito o implí-
cito, haces de la sociedad».
Este vínculo entre técnica y sociedad explica sin lugar a dudas el éxito
42
COMUNICACIÓN YSOCIEDAD, TRES HIPÓTESIS
de las dos ideologías que rodean hoy la revolución de la comunicación:
la ideología técnica y la ideología económica.
La ideología técnica confiere a la técnica el poder de transformar radi-
calmente la sociedad. Con dos versiones: una, optimista, encomienda a
cada nueva tecnología resolver las contradicciones anteriores y facilitar de
ese modo el advenimiento de una sociedad libre, abierta y comunicacio-
nal; la otra, pesimista, prevé, con la generalización de esos útiles, la ins-
talación de un control social, político o policiaco totalitario. En los dos
casos, la técnica, como fuerza autónoma, modela la sociedad. Se recupera
el poder de la ideología técnica 1.
La ídeología económica se basa en las previsiones ligadas a los avances
de esos instrumentos y en algunos principios: «dejar hacer» al mercado;
suprimir los obstáculos estatales de otros tiempos; facilitar la consecución
de una economía mundial de la comunicación que garantizará más paz
y comprensión. El modelo cultural de las negociaciones del GATT (General
Agreement on Tariffs and Trade), y posteriormente de la OMC (Organización
Mundial del Comercio), descansa desde hace muchos años en esta ideo-
logía perfectamente visible en la rígida actitud de las industrias america-
nas hacia el resto del mundo, y en especial hacia Europa.
Es inútil recordar que estas dos ideologías cada vez tienen más éxito.
Pero habría que preguntar mejor a la historia, porque los mismos discur-
sos optimistas, o pesimistas, que acompañan hoy a las autopistas de la
información acompañaron ayer la llegada del teléfono, la radio, la tele-
visión o la informática. ¿Por qué no miramos más a menudo el retrovisor?
y sobre todo, épor qué olvidamos cuántas veces «giran» los discursos? Las
mismas profecías que hoy sólo hablan de los prodigios de la informática,
los multimedia, Internet..., que además van a crear empleos, y un nuevo
modelo de crecimiento, incluso de sociedad, denunciaban hace apenas
veinte años los efectos devastadores que iban a causar las técnicas de
1 Las obras sobre la ideología de la comunicación, que debemos distinguir de la ideo-
logía técnica, aunque forme parte de ella, existen aunque no han tenido mucho impacto.
y nos tropezamos una vez más con la distancia entre el discurso de los industriales, los
hombres públicos, de los media y de las ciencias sociales.
En tanto que los primeros son eminentemente favorables a las nuevas técnicas de
comunicación y vehiculan la ideología de la comunicación, las ciencias sociales hacen un
análisis crítíco fundado en argumentos sociales, históricos, técnicos, sin que por eso sean
comprendidos. Se puede citar principalmentea: P. Bretón, L'Utopie de la eOllllnunicaCÍoll. Le
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1996; 1. Sfez, Critique de la communicatioll, Seuil. 1990.
43
SOBRE LA COMUNICACIÓN
comunicación. No se hablaba más que de paro, de destrucción de la di-
visión del trabajo, de desaparición de los oficios, y de agresión a las li-
bertades individuales y colectivas. Veinte años después, estas amenazas
más bien se han confirmado, y ni la telemática ni las redes han dado
nacimiento a un nuevo modelo de trabajo o de sociedad. Sin embargo,
los discursos han cambiado de sentido, para volverse claramente favora-
bles a todas esas técnicas, como si la persistencia de la crisis económica
condujera a la idea de que la «sociedad de la información» relanzará el
crecimiento.
De esta hipótesis se derivan dos consecuencias:
1. Todo se discute. Los cambios no caen del cielo. Existe un margen de
manicoru. Incluso si el discurso de las industrias técnicas, demasiado a
utilizado distanciamiento por los media, repite que las téc-
mca; de comumcacron van a cambiarlo todo, en el trabajo, el ocio, la edu-
cacion. la industria... Vuelve a aparecer aquí el impacto del determinismo
tecnológico, tan familiar a la ideología moderna.
Para escapar a esta tiranía de la urgencia que caracteriza los discursos
sobre las técnicas de comunicación, hay que tomar distancia. Éste es el
papel de los conocimientos, pero con esta paradoja: los mismos conoci-
mientos, que todo el mundo reclama, no interesan si no van en la misma
que las modas del momento. iUn ejemplo de esta pereza frente
al análisis? El discurso sobre la pasividad del público. A pesar de los nu-
merosrsimos trabajos que muestran por qué el espectador no es un ser
pasIvo delante de un televisor, por qué los medios de masas son proba-
?lienantes que los medios individualizados, por qué la
comurucacion política es otra cosa que marketing..., las ideas no progresan.
Los conocimientos tienen en este sector menos impacto que los dis-
cursos definitivos de los industriales o de personalidades que jamás se
han ocupado de estas cuestiones, no conocen nada de las bibliografías ni
de los trabajos, pero proyectan su filosofía implícita o explícita de la vida
y de la sociedad sobre la comunicación. Sin embargo, esta distancia de-
rivada del análisis es indispensable para compensar la ausencia de retro-
ceso teórico e histórico. Y para tratar de comprender, por medio de in-
vestigaciones comparativas, cómo las mismas técnicas y los mismos servi-
cios son acogidos de forma diferente en las sociedades. 2. La segunda
consecuencia afecta a la problemática de la comunicación generalizada. Ésta es
esencial, no gorque corresponda a la primera forma técnica de la radio y
de la televisión, sino porque muestra una hipótesis sobre el papel de los
media en la sociedad. Se ha creido durante mucho tiempo que los media
generalistas, o media de masas, eran demasiado molestos, ligados a un
cierto estado de la técnica, y que pronto desaparecerian en beneficio de
44
COMUNICACIÓN YSOCIEDAD: TRES HIPÓTESIS
los media temáticos individualizados. En resumen, los media generalistas
corresponderían al primer estadio de la historia de las técnicas de la co-
municación, mientras que los media individualizados e interactivos per-
tenecerían al futuro. En realidad, la elección de «generalista», como se
verá con más detalle, expresa una cierta visión de las relaciones entre
comunicación y sociedad, y no un estadio de las técnicas de comunica-
ción.
Cuanto más fragmentada está la sociedad, fragilizada por la exclusión
o por otras formas de jerarquía, más solución aportarán la radio y la
televisión generalistas, pues son un vínculo entre los medios sociales. En
contra de las apariencias, el progreso no persigue «calcar» la comunicación
en las jerarquias de las comunidades, comoconsiguen las nuevas técnicas,
sino, al contrario, ofrecer, gracias a los media generalistas, enlaces entre
los gustos y las preocupaciones de los diferentes grupos sociales. Apesar
de sus limites, la radio y la televisión generalistas están más cercade una
problemática del interés general que la panoplia de los media temáticos,
cuya fuerza y debilidad corresponden al estado de fragmentación de la
sociedad.
Recordar la preeminencia de una problemática social y cultural sobre
las lógicas técnicas tiene otra ventaja: borrar la dicotomía que opone los
media audiovisuales, dominados por la oferta de programa, en la que el
público estaria en posición de "pasividad», a los media de teleinformática,
que, del microordenador a las redes, situarían al público en una posición
«activa», ligada a una lógica de la demanda. Esta distinción es sólo par-
cialmente exacta, porque en ambos casos el usuario es activo. La oferta,
cuando domina, descodifica, filtra, acepta o rechaza los mensajes recibi-
dos. Cuando domina la demanda, también es la oferta la que elige.
III. HIPÓTESIS N." 3: LA INTELIGENCIA DEL PÚBLICO
La recepción representa un papel capital en toda problemática de la
comunicación, pero este papel está ampliamente infraevaluado. Por re-
cepción ha de entenderse los públicos. Uno de los estereotipos más fre-
cuentes consiste en no valorar la recepción. Pero, como ya he dicho, son
los mismos individuos que votan, que escuchan la radio y que miran la
televisión. ¿Cómo admitir, de un lado, la inteligencia de los ciudadanos,
hasta el punto de extraer de ahi la fuente de la legitimidad democrática
a través del sufragio universal, y del otro, suponer que el público de los
media es influenciable e idiota?
45
SOBRE LA COMUNICACIÓN
Es el mismo individuo el que fundamenta el sistema democrático, con
el sufragio universal, y el que está comprometido en la comunicación.
Hay, pues, que elegir. Si el ciudadano es lo bastante inteligente para dis-
tinguir los mensajes políticos y el origen de la legitimidad, lo es también
para distinguir los mensajes de comunicación. La comunicación está in-
separablemente unida al sufragio universal.
Esta capacidad crítica, característica del ciudadano en sus relaciones
con la comunicación y la política, explica también la problemática de mis
investigaciones: el objetivo no consiste en denunciar la tiranía ejercida por
la comunicación en el modelo democrático, ni, en una versión irénica,
encontrar en las técnicas de comunicación el instrumento de una sociedad
de comunicación. El objetivo es más bien pensar las relaciones entre ambos.
Las consecuencias de esta hipótesis son tres:
1. Si se piensa en interacción y no en alienación, la cuestión radica en
saber de qué manera las evoluciones cualitativas de la sociedad están «en
resonancia» con la explosión de las técnicas de comunicación. ¿Cómo po-
dría haber, de un lado, técnicas de comunicación cada vez más avanzadas,
y, de otro, usuarios cada vez más pasivos o dominados? Esto indica ade-
más la díficultad teórica de separar información y comunicación. No hay,
por una parte, un mensaje "bueno» de la información, y por otra, una
comunicación «mala» que la desnaturaliza. Esto es lo que intentan hacer-
nos creer sobre todo los periodistas para responder a las críticas que se
les dirigen. Ellos hacen un buen trabajo, producir información, pero por
otro lado el comercio de la comunicación lo pervierte. Sin embargo, todos
están sometidos a las mismas reglas económicas. Además, esta distinción
no es posible desde un punto de vista histórico. ¿Qué valor tiene el de-
sarrollo de la información sin la técnica de la prensa escrita, y luego del
teléfono, de la radio y de la televisión? No hay que separar la buena
información y la mala comunicación por el hecho de que hoy la lógica
económica es más favorable a las industrias de la comunicación que a las
de la información. Tanto más cuando entre la información y la comuni-
cación se encuentra el trabajo esencial del periodista, intermediario entre
el espectáculo del mundo y los ciudadanos. Por frustrante que sea esta
unidad estructural entre información y comunicación, es indispensable y
va mucho más allá de la información política.
2. Así como no puede haber comunicación sin capacidad crítica del
público, ni absorción de la dimensión normativa por la dimensión funcio-
nal, tampoco es fundamental recordar que la dimensión universal de la co-
municación no se agota en las lógicas actuales de global ilación y de mundiali-
zación. Los tres planos están, y deben permanecer, separados.
La mundialilación de las técnicas existe, pero no conduce a la aldea
46
COMUNICACiÓN YSOCIEDAD TRES HIPÓTESIS
global, porque nunca hay mundialización de los contenidos de la comu-
nicación. La globalilación pertenece al vocabulario económico para designar
una realidad de la economía que se ha vuelto mundial por la ampliación
de los mercados, la producción y la estandardización de los productos a
escala mundial, la interconexión de los servicios y la generalización del
libre cambio.
¿El riesgo? Presentar la globalización y la mundialización como la ins-
trumentalización de la referencia a lo universal. Además, en nombre de
un cierto universalismo, ligado a la idea de pacifismo, es como se desa-
rrollaron ayer el correo, y más tarde el telégrafo y el teléfono, prime;as
revoluciones mundiales de la comunicación. Todos los hombres debían
ser hermanos. Eran los tiempos de las grandes asociaciones y de las ex-
posiciones universales. Es verdad que existía una bien conocida ambigüe-
dad en esas referencias que eran principalmente las de Europa, pero la
tierra, desde el punto de vista geográfico, todavía no había sido conquis-
tada. Hoy la situación es diferente. No sólo el mundo ha sido conquistado,
sino que, sobre todo, dos guerras mundiales y la guerra fría han mostrado
los límites de esa filosofía universalista de la historia. Las circunstancias
no se han simplificadotras el hundimiento del comunismo, pues asistimos
a un desmenuzamiento de los sistemas de valores, al mismo tiempo que
a una ascensión de los irredentismos. Simultáneamente, la leyes la eco-
nomía-mundo, y la única realidad es la comunicación funcional, con las
redes bancarias, los flujos transfronterizos de datos y la multiplicación de
los satélites de telecomunicaciones. En síntesis, el horizonte, casi banal, de
los países ricos. De esto a confundir esta mundialización y estaglobaliza-
ción con una instrumentalización de lo universal, no hay mas que un
paso, ampliamente traspasado por todas las industrias de la
La referencia a lo "mundial» parece haber absorbido la del «universalis-
mo» o, peor aún, dar de él una transcripción práctica. Como si mundiali-
zación, globalización y universalismo se hubieran vuelto sinánimos...
Es, pues, indispensable recordar cuánto continúa separando la referen-
cia universalista de las otras dos referencias. El universalismo es un valor;
la globalización y la mundialización son realidades. Internet, red mundial
y global, no es, contra lo que se cree generalmente, la encarnación de la
referencia universalista de la comunicación. Es simplemente una red téc-
nica que se inscribe en una economía global indiferente a las fronteras.
Igualmente la CNN no es «la primera cadena de información mundial»,
sino simplemente una cadena de información americana cuyo punto de
vista sobre la información mundial es ante todo un punto de VIsta ame-
ricano.
47
SOBRE LA COMUNICACIÓN
3. El carácter mundial de las técnicas 110 es suficiente para crear una co-
municación mundial. Salvo que se sucumba a la ideología técnica que re-
duce un modelo de sociedad a una infraestructura técnica.
El debate ya se presentó con el surgimiento de la sociedad industrial.
¿Nacía con ésta un solo tipo de sociedad? La historia ha demostrado,
principalmente a través del enfrentamiento entre regímenes capitalista,
comunista y socialista, que las ideologías son más fuertes que la existencia
de un modelo técnico de sociedad. En efecto, un mismomodeloindustrial
no ha hecho nacer un modelo idéntico de sociedad, pues la misma in-
fraestructura técnica no es suficiente para crear una organización social y
política idéntica. Un fenómeno parecido se producirá con el tema de la
«sociedad de la información». Supongamos que el principio de acumula-
ción de la riqueza de mañana sea la información, como ayer lo fue el
capital: esto, sin embargo, no daría nacimiento a un modelo idéntico de
sociedad ---que sería la sociedad de la información- aunque todas las
sociedades intercambiaran la información, como intercambiaban ayer bie-
nes y capitales. Esta sociedad común sería además investida de ideologías
y sistemas de valores diferentes según las regíones del mundo. Ocurriría
así que la misma infraestructura de la «sociedad de la información», como
ayer la de la sociedad industrial, daría finalmente nacimiento a varios
modelos políticos y culturales de sociedad. La técnica dominante 110 crea un
modelo dominante de sociedad, contrariamente desde luego a los discursos
marxistas, para los que las infraestructuras técnicas determinan las rela-
ciones sociales.
Es fundamental tener presente esta distinción entre técnica dominante
y modelo dominante de sociedad. Aunque sólo sea para evitar la confu-
sión ideológica cuyos peligros he evocado varias veces. Preservar la dife-
rencia de naturaleza, de referencia y de lógíca entre globalización, mundiali-
zación y universalismo permite apoyarse en el valor del universalismo para
combatir los inevitables estragos ligados a la globalización y a la mundia-
lización de las técnicas de comunicación.
Vuelve a aparecer siempre el mismo desafío intelectual: olvidar las
distancias entre las palabras.
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49
CAPíTULO 2
LAS CONTRADICCIONES CULTURALES
¿Por qué hablar de contradicciones culturales y no de contradicciones
sociales, políticas o ideológicas? Ante todo una cosa no excluye la otra,
pero sobre todo la elección de la palabra cultural nos lleva a la idea de
que no se trata sólo de contradicciones sociopolíticas. Es verdad que los
hechos, los conflictos de intereses, las estrategias de los grupos multimedia
permiten ver el espacio existente entre las promesas que rodean las pa-
labras y las realídades; pero al elegir la palabra cultura, deseo mostrar que
la problemática de la comunicación no se agota en una crítica económica,
política o ideológica. Principalmente porque toda comunicación se inscribe
en un modelo cultural, y sobre todo porque existe, como lo he enunciado
desde el comienzo, un vínculo muy estrecho entre la comunicación y la
cultura occidental.
Con la comunicación se trata menos de racionalídad, de organización
de las relaciones sociales, que de lo imaginario, de representación y de
símbolos. Pensemos, por ejemplo, en el efecto de palabras mágicas como
«ciberespacio», «navegación interactiva», «autopistas de la información»,
«realidad virtual» o «redes». Dicho de otro modo, las técnicas de comu-
nicación constituyen la parte visible de esta enorme cuestión antropológica:
la relación con el otro, el intercambio, el compartir. Para intentar dar cuenta
por medio de palabras, torpemente, de la inmensidad de los fenómenos
presentes en la comunicación, he elegido la expresión «contradicciones
culturales». «Cultural>, se refiere aquí menos al sentido de las «obras» que
al sentido antropológico que insiste en las maneras de ver y de pensar,
en los símbolos y las representaciones. Además, este espacio entre los ade-
lantos técnicos de las herramientas y una comprensión mutua que apenas
mejora es lo que me interesa, porque en ese espacio se sitúan las famosas
contradicciones culturales. Como si el «núcleo» de la comunicación -la
comprensión mutua- se escapara a medida que el rendimiento de los
50
LAS CONTRADICCIONES CULTURALES
artefactos avanza más y más. Como si las inevitables incomprensiones,
malentendidos, fallos de toda comunicación no los redujeran las comu-
nicaciones mediatizadas cada vez más fiables y con mejores resultados...
En fin, como si la no-comprensión aumentara casi tan deprisa como
los resultados de los instrumentos encargados de aproximar los puntos de
vista. En otras palabras, el incremento de los intercambios no garantiza
en modo alguno una mejor comunicación. Es esa distancia de tipo cul-
tural, o antropológico, la que quisiera explicitar aquí, porque cada uno de
nosotros está atrapado por esas contradicciones culturales.
Las he agrupado en tres grandes conjuntos a fin de comprender su
lógica y su dinámica.
1. LA COMUNICACI6N TRIUNFANTE
A) Las distancias infranqueables
Si el tiempo puede ser suprimido, no ocurre igual con el espacio. Pue-
do saber lo que pasa simultáneamente en Hong Kong y en París, pero
no puedo estar simultáneamente en los dos lugares. Existe, pues, un límite
estructural a la desaparición de todas las distancias, y no es otro que el
carácter intraspasable de la experiencia. La instantaneidad sólo es válida
finalmente para una de las dos dimensiones, la del tiempo, lo que acentúa
aún más la distancia con la problemática del espacio. Uno hace como si la
cuestión de las dos distancias, espacial y temporal, estuviera ya resuelta,
cuando resulta que no pueden serlo simultáneamente. Es verdad que la
velocidad de la circulación de las informaciones produce la ilusión de que
se puede bordear igualmente la resistencia del espacio, pero se constata
por experiencia personal que es imposible franquear esa frontera. El es-
pacio y los lugares constituyen obstáculos infranqueables: no puedo, a
distancia, experimentar los climas, sentir los olores, conocer las costumbres
y los modos de vida. Esto exige en cada ocasión desplazamiento y tiempo.
Lo que se gana por un lado se pierde por el otro. Es cierto que las técnicas
de comunicación permiten «ver» pero no comprobar. Pura y
te, existe una limitación a la «experiencia cognitiva». Este es un antiguo
debate filosófico y teológico...
Aparece también otra contradicción. ¿Cómo recuperar la alteridad, la
distancia, la relación con el otro, cuando todo es proximidad? Se creía que
la comunicación, al acortar las distancias, reduciría las dificultades de ac-
ceso al otro. Y se comprueba lo contrario, simplemente porque la comu-
nicación instantánea, al destruir las distancias, nos pone todavía con más
51
SOBRE LA COMUNICACiÓN
rapidez frente al otro. Con la simultaneidad, el otro se impone más de-
prisa y nos agrede más, por el simple hecho de estar ahí. A distancia es
menos agresivo. Ayer el tiempo de desplazamiento facilitaba la preparación
para encontrarse con el otro; hoy, al haber desaparecido este espacio-
tiempo, el otro está casi inmediatamente presente, y en consecuencia más
rápidamente «amenazante". No sólo por razones ligadas a la tradición, la
diplomacia, cuya función es establecer lazos entre sociedades diferentes,
requiere desde siempre códigos y ritos que «necesitan tiempo". Este tiem-
po es un medio de conservar las distancias y de evitar un cara a cara
demasiado rápido. Hoy, cuando el acceso al otro se produce directamente
y sin problemas, haríamos bien en meditar sobre esta lección de la diplo-
macia.
Encontramos la misma problemática en otra situación social comple-
tamente distinta, cuya importancia es considerable desde que han proli-
ferado los desplazamientos por tren y sobre todo por avión: la hostelería
internacional. ¿Por qué los hoteles internacionales son todos idénticos, con
un simple toque de cultura local en la cocina o en la decoración de in-
teriores? Desde luego por razones económicas, pero también para garan-
tizar a los clientes un mínimo de estandardización, de puntos de engan-
che, para tranquilizar a quienes están tan lejos de sus lugares de origen.
La estandardización de la hostelería internacional, al margen de sus costes,
es un medio cultural ofrecido a los que viajan para que no se sientan
demasiado «marginados». Se les ofrece un marco tranquilizante, para que
puedan abordar más fácilmente al otro cuando salgan del hotel. Esta es-
tandardización facilita la «previsibilidad», una de las condiciones, como
todo el mundo sabe, de la comunicación; la otra es tanto menos amena-
zadora cuanto se tiene una anticipación posible de su comportamiento.
Diplomacia y hostelería son dos experiencias muy antiguas que ates-
tiguan la necesidad fundamental de poner cualquier cosa entre uno mismo
y el otro, para evitar una aproximación demasiado brutal y directa. Son
experiencias que merecen ser meditadas cuando los adelantos de las téc-
nicas de comunicación suprimen el tiempo de acceso al otro. Toda la
historia de la comunicación ha consistido en destruir las distancias; la
experiencia contemporánea, por el contrario, muestra que se hace urgente
recuperarlas.
Por lo que respecta al espacio, la cuestión es quizá más compleja to-
davía. Reintroducirla representa reintroducir al otro físicamente, es decir,
reencontrar esa prueba de la alteridad de la que se desearía poder des-
prenderse por medio de una aparente supresión de las distancias. Un
ejemplo simple: el teléfono móvil en la calle. Es práctico y hace «ganar
tiempo», pero todos sabemos que ese tipo de comunicación, llevado a cabo
52
LAS CONTRADICCIONES CULTURALES
en la calle, no tiene nada que ver con las otras situaciones de comuni-
cación. No se habla de la misma forma en un despacho, una casa, una
cabina telefónica o en la calle, que es un lugar abierto, donde los demás
nos ven, y que no está hecho para este tipo de comunicación. Incluso la
cabina telefónica, por su materialidad, simboliza el carácter particular de
la comunicación telefónica. Es verdad que la calle proporciona la ocasión
de múltiples situaciones de comunicación, pero no ésta. Ytodos lo notan.
Entre los que, cuando telefonean, ponen cara de hablar como si estuvieran
solos, sin nadie alrededor, y los que, al contrario, hacen una demostración
ostentatoria, se aprecia cómo las condiciones espaciales retroactúan sobre
el contenido de la comunicación. Se puede «ganar» tiempo al hablar por
teléfono desde la calle; no se puede «ganar» espacio. Y todos sabemos
que esta comunicación aparentemente natural determina un tono, incluso
un contenido diferente, simplemente porque existen reglas espaciales para
cada tipo de comunicación. Además, eso de ganar tiempo a menudo no
sirve para nada, salvo para simples comunicaciones de servicios, que no
son las más numerosas. Es, pues, la experiencia como prueba del tiempo
y del espacio, lo que se convierte en elemento central. Con una inesperada
vuelta al territorio, categoría ancestral de la experiencia humana. No sólo
el dominio del espacio geográfico revaloriza la problemática del territorio,
sino que a escala individual, donde cada uno vive simultáneamente en
varios espacios, la búsqueda de "un rincón para uno mismo» se vuelve
central. La comunicación, que simbolizaba la conquista del tiempo y del
espacio, cae de nuevo en estas dos categorías infranqueables.
B) La sociedad transpare1lte
Con el paso de la modernización a la modernidad, nos instalamos en
un presente indefinido, simbolizado maravillosamente por la interactivi-
dad y la inmediatez de las autopistas de la información. Todo está en la
«instantaneidad» y en la «transparencia». Un fenómeno idéntico se pro-
duce en el plano sociopolítico: se pasa de la idea según la cual no hay
democracia sin espacio público, a otra más arriesgada, según la cual
"todo» debe estar en la plaza pública, con la comunicación garantizando
la transparencia de los retos. Es el bien conocido tema de la "democracia
electrónica» o de la "televisión como espacio público». Los ciudadanos-
consumidores podrían intervenir regularmente para comunicar, expresar-
se, decidir en una especie de voto instantáneo y permanente. Una mezcla
de sondeo, de democracia directa y de referéndum continuo. ¿Asegurar
53
SOBRE LA COMUNICACIÓN
una mejor visibilidad de los problemas y de los antagonismos no equivale
a reducirlos parcialmente?
Esta utopía de una política comunicacional revela una contradicción
cultural, a saber, la tentación de utilizar los adelantos de las técnicas para
resolver la crisis del modelo político y finalmente la crisis de la represen-
tación social. Como si la visibilidad de las relaciones sociales -en el su-
puesto de que esto sea realmente posible- permitiera una visión más
aguda de los problemas y sobre todo una solución más eficaz. Nuestras
sociedades, a pesar de todos los «captores» -media, sondeos, estadísti-
cas-, nunca llegan a evitar las crisis. La transparencia no evita más con-
flictos, ní la ínformación es suficiente para crear conocimíento. Hay mucha
distancia de la visibilidad a la acción. No solamente porque las crisis son
imprevisibles, a pesar de todos los sistemas de información, sino sobre
todo porque subsiste una diferencia de naturaleza entre el conocimiento de
la realidad y la voluntad o la capacidad de cambiarla. Se trata de dos
actitudes anímicas muy diferentes. Observar no es actuar. Si no fuera así,
casi no existiría diferencia entre periodistas y políticos.
Reaparece aqui la ideología moderna que hemos evocado antes. En
vez de integrar las técnicas de comunicación en visiones de la sociedad
más vastas, se supone que son las técnicas las que modificarán las visiones
de la sociedad. ¡Como si la comunicación instantánea e interactiva de un
extremo a otro del mundo hubiera conseguido reducir una vez tan sólo
los problemas políticos, la violencia y el riesgo de guerra!... La época con-
temporánea descubre incluso con horror, de la guerra del Golfoa Somalia,
de Chechenia a Ruanda y a Yugoslavia, que se pueden tener todas las
informaciones sobre una situación política sin que esto evite las guerras.
Se ha creído durante mucho tiempo que los conflictos existían cuanto más
se ignoraban. Y de manera complementaria, se ha supuesto que cuantas
más imágenes e información había, menos posibilidad existía de guerra.
En treinta años, iay', acaba de descubrirse lo contrario. El esquema es más
complicado. Ayer se mataba porque no había cámaras. Hoy se puede muy
bien matar con las cámaras al lado.
El ideal de la transparencia tiene otra consecuencia: la de crear la falsa
idea según la cual puede haber una sociedad sin distancias simbólicas.
Hasta hoy todas las sociedades han estado oficial y legítimamente jerar-
quizadas. Sólo la sociedad democrática predica la igualdad. De ahí a creer
que la comunicación generalizada aumentará la transparencia y atenuará
la jerarquía no hay más que un paso, franqueado por muchos. Pero la
reducción de las distancias simbólicas se encuentra rápidamente con un
límite. En primer lugar, porque no todo el mundo puede vivir al mismo
nivel de comprensión los problemas de una sociedad. Y después, supo-
54
LAS CONTRADICCIONES cmTURALES
menda que esto sea posible, subsiste esta evidencia: toda colectividad ne-
cesita mantener distancias simbólicas entre los órdenes económico, militar,
político, judicial, religíoso. ¿Qué valor tiene una sociedad si todos los có-
digos, los vocabularios, los ritos, se encuentran de golpe en pie de igual-
dad? Por último, esa sociedad sin distancia simbólica no sería más malea-
ble. Para actuar hace falta que exista un relieve, unas diferencias. Nadie
puede llevar a cabo una acción teniendo ante él la crudeza de todos los
datos de todos los problemas. Nadie está simultáneamente en la situación
social, cultural, psicológíca, económica, del alto funcionario, del comer-
ciante o del militar. La reducción de las distancias simbólicas, hecha po-
sible a priori por la omnipresencia de la comunicación, construye una so-
ciedad en la que todo es plano, sin relieve.
Esas famosas distancias simbólicas son ante todo la huella de la historia
y la materialización de las desigualdades, injusticias y contradicciones del
tiempo presente. Con la comunicación cada uno puede, por un momento,
soñar con una sociedad transparente y sin jerarquía, pero équién puede
creer en ello seriamente? Hace falta, sin duda, hacerse a la idea: las so-
ciedades, lo mismo que los individuos, no pueden vivir en una perfecta
transparencia. Además, las distancias, de las que tenemos soberbios ejem-
plos en el conocimiento y la cultura, constituyen una de las fuentes de la
libertad.
C) La expresión identificada a la comunicación
El discurso dominante valora la expresión como condición de la co-
municación. Ser libre es ante todo expresarse para comunicar. Este adagio
está en el meollo del movimiento de liberación individual, desde hace por
lo menos una cincuentena de años. Con esta idea simple: el otro está al
final del camino que va de la expresión a la comunicación. Pero, en rea-
lidad, el otro acude raramente a esa cita. Porque «el uno» y «el otro»
buscan raramente la misma cosa. No solamente no hay comunicación sin
malentendidos y errores de interpretación, sino sobre todo unos y otros
prácticamente nunca esperan la misma cosa. En la reivindicación del «de-
recho a la comunicación» hay menos interés en escuchar al otro que en
la posibilidad de expresarse uno mismo. Comunicar se convierte casi siem-
pre en sinónimo de expresión, en la que lo primero que busca cada uno
no es la interlocución, sino la posibilidad de hablar. Y he aquí que dos
expresiones jamás han hecho un diálogo. Un diálogo supone una voluntad, y
tiempo para escuchar al otro, sin por otra parte tener la certeza de com-
prenderse. Un eslogan reciente de una publicidad exterior expresaba bien
55
SOBRE LA COMUNICACIÓN
esta misma ambigüedad. Decía: «Hacerse oír es esencial». Es exactamente
la ideología del momento: se piensa en uno mismo, se pretende hacerse
oír. ¿Pero hay alguien dispuesto a escuchar? Y el que desea hacerse oír,
éestá a su vez dispuesto a oír? Es muy improbable. No hay en absoluto
un lazo natural entre expresión y comunicación, o, dicho de otro modo,
el derecho a la expresión es perfectamente compatible con los monólogos.
Si los programas de radio y de televisión en los que los individuos cuen-
tan sus historias personales tienen tanto éxito es porque unos y otros
pueden relatarse, identificarse con las historias de los otros, pero sin tener
que responder. Esas emisiones tendrían seguramente menos éxito si los
que se expresan estuvieran obligados a escuchar a los otros.
De lo que se tiene necesidad es de hablar y de experimentar la sensación
de que se es escuchado. De ahí a escuchar realmente al otro, hay un paso.
y la interactividad, presentada como un progreso, se resume a menudo
en una capacidad suplementaria de expresión dada a uno mismo o a otro,
más que a una interacción realmente reforzada.
Se cae ahí en el segundo contrasentido, que afecta a la comunicación
y los media de masas. Se ha creído durante mucho tiempo que esos media
no favorecían la comunicación porque el espectador no podía responder.
Se,sabe hoy, merced a investigaciones, que el espectador responde, pero
mas tarde, lejos, de otro modo. Desde el punto de vista de una calidad
de la comunicación, se comprueba que existe interés en dejar una duración
entre el momento de la recepción y el de la respuesta. Responder más
deprisa, instantáneamente, sobre todo en comunicación mediática, no es
en absoluto señal de una «mejor» comunicación. Porque al responder in-
mediatamente estoy bajo la influencia de la emoción, del instante, y to-
davía no he movilizado mi inteligencia, mi sistema de valores, mis pre-
ferencias, para filtrar lo que acabo de recibir, matizarlo, relativizarlo. Es-
cucho la radio o miro la televisión en mi casa, solo, y ya hablaré más tarde,
al día siguiente, en otra parte. Ya menudo ese discurso será el punto de
apoyo de otra discusión. En otras palabras, lo que es agradable con los
media de masas es exactamente el hecho de no encontrarse inmerso en
la interactividad inmediata, sino en una interactividad diferida. Contraria-
mente a una idea muy asentada, responder inmediatamente no es for-
zosamente un progreso, porque se está bajo la influencia de las reacciones
ligadas a la recepción inmediata de las imágenes y los sonidos. Al acortar
el tiempo entre recepción y respuesta, la comunicación técnica confunde
comunicación funcional y comunicación normativa. La primera entra en
la racionalidad del instante, de lo inmediato, mientras que la segunda se
inscribe en otro espacio-tiempo.
El tiempo resulta ser una condición estructural de la comunicación nor-
56
LAS CONTRADICCIONES CULTURALES
mativa. "Hace falta tiempo para comprenderse». De un modo general, no
hay comunicación sin un tercero, y cuando más omnipresente es la co-
municación, en todos los planos, más esencial es el papel que juega ese
tercero. He aquí el contrasentido: pensar que el déficit de comunicación
observado en nuestras sociedades será compensado por capacidades su-
plementarias de expresión. Creer que si los públicos respondieran direc-
tamente a las emisiones recibidas, la sociedad seria más activa. La nece-
sidad de tomar la palabra, evidente en las sociedades hipermediáticas, en
las que el público se hunde bajo una oleada de informaciones de todas
clases, es real, pero no es utilizando teclados interactivos como se solu-
cionará esa necesidad. Puede serlo, pero a menudo lo será en otro esce-
nario, con otras reglas.
A éste se añade otro problema. Es cierto que no hay un vínculo directo
entre interactividad y calidad de la comunicación, pero no existe tampoco
entre el aumento del volumen de los mensajes, el número de los media
y la diversidad de los discursos. La multiplicación de los media no ha
aumentado la diversidad de los discursos y de las visiones del mundo.
En otras palabras, puede haber simultáneamente hipermediatización y
conformismo. Y sobre todo, los media generalistas, cargados de todos los
males, resultan mejores garantes de una cierta apertura que los media
temáticos, más sometidos, como todos los mercados segmentados, a las
presiones de sus públicos. En definitiva, no hay relación directa entre el
aumento del número de soportes, de programas, y la diversidad de los
programas. Era necesario hacer esta experiencia, pues todo incitaba na-
turalmente a pensar lo contrario.
Il. Los LíMITES DE LA COMUNICACIÓN
A) La prueba de la comunicación directa
Cuanto más mejora la comunicación mediática, rompiendo las escalas
del tiempo y del espacio, más parece forzada la comunicación directa,
física, con otro. Es tan fácil dialogar de un extremo al otro del planeta que
se olvidan las dificultades, indispensables, del "cara a cara». Las técnicas
no han resuelto los problemas de la comunicación humana: simplemente
los han diferido, empujados al extremo de los teclados y las pantallas.
Más allá de todas las técnicas cada vez más simples, baratas, lúdicas, in-
teractivas, el otro está siempre presente, tan difícil de acceso, tan difícil
de comprender y de interesarnos. Como si las dificultades de la comu-
57
SOBRE LA COMUNICACIÓN
nicación humana estuvieran simplemente puestas entre paréntesis por las
proezas técnicas.
¿Si se puede "ver» todo, qué queda por "hacer»? O más bien, éde qué
naturaleza es ese «hacer» en relación con ese «ven, tan fácil y omnipre-
sente? ¿Qué lugar queda también para el «decir»? ¿Qué papel para las
palabras cuando la hipertrofia de la imagen y de las pantallas informáticas
ocupa todo el espacio y todo el tiempo? No hay duda de que la distancia
entre las tres experiencias -ver, decir, hacer- aumenta. Se generaliza
una experiencia del mundo sin contacto con la naturaleza y la materia, y
centrada en una gestión de signos aseptizados. ¿Qué valor tiene entonces
esa relación con el mundo sin la prueba del trabajo, del esfuerzo físico,
de los peligros de la naturaleza o de la materia? ¿Sin los olores y las
huellas de los azares naturales? Los hombres han necesitado siglos para
franquear los obstáculos de la naturaleza, para inventar formas de trabajo
menos fatigosas y más limpias, y todo el sentido del progreso ha consis-
tido en emanciparse de las tiranías de la naturaleza y de la materia. Ape-
nas recorrido ese camino, hay que comenzar a comprender los límites. El
tema de la aldea global, especie de horizonte de ese lento movimiento en
favor de un mundo más transparente, aparecerá pronto como un contra-
sentido justamente porque no es posible tener una relación en el mundo
sin dificultades. Y el ideal de una sociedad de comunicación inmediata e
interactiva no tiene sentido desde el punto de vista antropológico. No se
repetirá suficientemente que la transparencia ofrecida por la comunicación
no es obligatoriamente un factor de aproximación, e incluso puede sus-
citar mecanismos de rechazo. Cuanto más fácilmente visible es el otro, sin
intermediarios, más esfuerzos hay que hacer para soportarlo...
La antropología de la comunicación no verbal muestra además los
múltiples estratagemas que los individuos, y evidentemente las colectivi-
dades, utilizan para no estar en contacto directamente con otro 1. De cara
a la emergencia de esta «sociedad en directo» se observan ya dos medios
de distanciamiento. Primero la generalización del zapping, que es tanto un
medio de acceder a todo como de protegerse de ello. Yluego un creciente
interés por la historia -y sobre todo por la historia inmediata, que vuelve
sin cesar con la moda, las canciones, los estilos-, que es también un
medio de escapar a la obsesiva inmediatez; como si la rehabilitación cons-
tante de un próximo pasado fuera el medio de dar un poco de espesor
1 Cfr. los muy numerosos trabajos de antropología de la comunicación. Seencuentra
una buena presentación de ellos en: Winkin Y., La Nouvelle Communication, Seuii, 1981;
Hall E.-T., La Dimension cachée, Seuil, 1971; Bateson y Ruesch, J., Cmnmullication el société,
Seuil, 1988.
58
LAS CONTRADICCIONES CULTURALES
a este presente indefinido, cuyos encantos de instantaneidad tienen como
contrapartida las ambigüedades inquietantes de la falta de referencias.
B) No hay comunicación sin incomunicación
Esta realidad fundamental y banal se silencia hoy por el hecho de la
perfección de las herramientas en los tres niveles de la realidad. En el
plano personal, la comunicación es el símbolo de la expresión, de la liber-
tad y del intercambio. En el plano político, es el ideal de la democracia,
materializada por el hecho de que los hombres políticos no cesan de co-
municar, de explicarse, de justificarse. En el plano técnico, la omnipresen-
cia de los instrumentos, su creciente avance y sus interconexiones, cons-
tituyen la infraestructura evidente de nuestra sociedad. Ya no es posible
no comunicar. Cada vez más fácilmente, en todos los sentidos, cada vez
más deprisa.
Recordar los límites, olvidados en el discurso actual atestado de resul-
tados brillantes, es recordar las condiciones de eficacia de la comunicación.
Ésta supone pertenecer al mismo universo sociocultural y compartir los
mismos valores, cuando no recuerdos, referencias, experiencias, lenguas o
estereotipos idénticos. Está tanto en el intercambio de mensajes como en
la «implicidad» y las connivencias de una cultura compartida. Y he aquí,
sin duda, la palabra esencial: es necesario que haya algo para compartir.
Ahora bien, hoy la comunicación, al superar las fronteras y alcanzar todas
las comunidades, confirma la idea según la cual se puede eximir uno de
esas innumerables e indispensables condiciones que han regido siempre
toda comunicación. En primera línea de esas condiciones, la identidad.
Sin ella no son posibles los intercambios. Pero tampoco hay intercambios
sin el reconocimiento de la alteridad. Hay que recordar estas tres cuestio-
nes obligatorias: una cultura y unos valores comunes; un reconocimiento
mutuo de las identidades; una aceptación de las alteridades, constituye el
mejor medio de precisar los límites de la incomunicación.
Desde este punto de vista, el fantasma de Internet -comunicar con
no importa quién, frecuentemente en inglés, de no importa dónde, sobre
no importa qué y a no importa qué hora- ilustra la tentación de eliminar
esos obstáculos. ¿Qué quiere decir el fantasma de tal universo de la co-
municación, si no es la desaparición de toda conciencia de la alteridad, y
la creencia en la existencia de un único universo de la comunicación?
Dicho de otro modo, Internet, presentado como el ideal de la comunica-
ción universal, es finalmente el símbolo de una comunicación que impone
el máximo de molestias: las nuestras. Se hace como si las facilidades de
59
SOBRE LACOMUNICACIÓN
«enganche» prefiguraran las de la comprensión, como si la comunicación,
entre espacios simbólicos diferentes, pudiera hacerse sin intermediarios,
sin traductores, sin tiempo. Internet es lo contrario de un modelo de co-
municación universal: es el ideal de la modernidad, alienante para aque-
llos que no forman parte de ella. O más bien es un modelo de comuni-
cación funcional que se presenta como el ideal de la comunicación nor-
mativa. Como si existiera un lazo entre la calidad de una comunicación y
el número de aquellos que recurren a ella. El número de usuarios no es
equivalente a la dimensión de un público. El hecho de que miles de in-
dividuos utilicen una técnica de comunicación no basta para transformar-
los en público, y la dimensión del público no es siempre la norma de la
calidad de una comunicación. Es verdad que los intercambios son más
fáciles, a una escala más amplia, pero al precio de una reducción de la
complejidad de la comunicación.
C) Los tres tiempos de la comunicación
Al final de la comunicación se encuentra siempre el tiempo, pero nadie
sabe exactamente cómo le afecta esta generalización del presente indefi-
nido de las técnicas triunfantes.
Los media tienen un gran efecto a corto plazo. Para darse cuenta basta
recordar el impacto mediático de cualquier hecho dramático: atentado,
catástrofe natural, acontecimiento político, guerra, asesinato... Es el reino
de lo directo, de la emoción y del zapping. La supermediatización de acon-
tecimientos graves a escala mundial perturba las conciencias. Estono quie-
re decir que los ciudadanos cambien su manera de ver, pero es evidente
que su relación con la actualidad inmediata se encuentra seriamente per-
turbada por este espacio creciente de la instantaneidad y de la emoción.
Nunca se sabe gran cosa del efecto real de esta hipermediatización en las
poblaciones occidentales, las únicas que sufren este bombardeo mediático.
Existe también una influencia en el medio plazo. En este caso, en contra
de lo que se ha creído durante largo tiempo, los ciudadanos están rela-
tivamente armados. Convocan sus propios recuerdos, representaciones,
ideologías, para situar, en un marco espacio-temporal que es el suyo, las
informaciones recibidas. La supermediatización del instante obliga a mo-
vilizar los sistemas de valores anteriores para poner en perspectiva las
noticias, aunque sólo sea para escapar a esta tirania del acontecimiento,
ya que es difícil para cualquiera no reaccionar ante tantos mensajes con-
tradictorios. El público y, de modo más amplio, las sociedades, seleccio-
nan, filtran. A condición evidentemente de que la «urgencia», verdadera
60
LAS CONTRADICCIONES CULTURALES
ideología de los tiempos modernos, deje un poco de tiempo a los ciuda-
danos para que se opere ese «metabolismo».
En cambio, del largo plazo, que es un poco el escenario del conflicto
de los valores, no se sabe casi nada. Las culturas de la urgencia y del
acontecimiento tienen tendencia a reducir el interés, incluso la importan-
cia de ese tercer tiempo, en realidad esencial, porque es ahí donde se
organiza la cohabitación de los valores de la modernidad y los de otros
universos simbólicos. Evidentemente esta escala del largo plazo es esencial
para saber cómo se integra la comunicación en la antropología contem-
poránea. Desgraciadamente los media no tienen más que entre treinta y
sesenta años de existencia, lo que no permite, por el momento, un sufi-
ciente distanciamiento para aprehender esta cuestión.
Distinguir estos tres tiempos es dejar abierta la cuestión del lugar de la
comunicación con relación a otros valores. Ayer, el modelo de la tradición
favorecía la duración y la continuidad. Cada uno se inscribía en una his-
toria de la que respetaba los códigos y las costumbres, y su trayectoria
consistía en conjugar la singularidad de su destino con la fuerza de las
tradiciones. El individuo, como suele decirse, «reproducía» más que in-
novaba. Respetaba. El modelo cultural moderno es exactamente el contra-
rio: lo que prima es la libertad individual; el sujeto y no la tradición; el
presente y no el pasado; la expresión y no la regla; yo y no lo otro. La
disciplina, el respeto al pasado, las tradiciones, la memoria, la obediencia,
son valores que parecen «de otro mundo». Subsiste un presente indefi-
nido, sin reglas ni prohibiciones, en consecuencia casi sin rupturas. Cada
uno, singular y libre, está un poco perdido en busca de su singularidad.
Esto explica esa inmensa cohorte de «mónadas»: individuos reconocidos
en su ser, sin adversario ni proyecto. Ayer, la continuidad y la tradición
eran la regla; la secuencia, la ruptura o el individualismo, la excepción.
Hoy se reconoce «el derecho a la diferencia». Pero se trata de una sin-
gularidad suspendida en el tiempo y en el espacio. El presente indefinido
de las innovaciones continuas resulta tan agobiante como en otros tiempos
el que todo estuviera organizado en torno al calendario de las tradiciones.
En los dos casos, y por razones opuestas, el surgimiento del aconteci-
miento era también difícil. Ayer, porque el acontecimiento hacía dudar de
una estructura; hoy, porque sólo hay acontecimientos.
La paradoja radica, pues, en que a pesar de un modelo cultural indi-
vidualista y liberal, centrado en la realización de uno mismo, la diferencia
y la singularidad se admiten en realidad tan poco hoy como ayer. Sim-
plemente porque esta ideología de la libertad, de la expresión y de la
búsqueda de uno mismo conduce a conformismos al menos tan pesados
como los de ayer, ya que cada uno tiene ahora la sensación de ser libre.
61
SOBRE LA COMUNICACIÓN
Desgraciado el que no piensa como la mayoría democrática: el número
democrático, largo tiempo considerado un ideal, puede ser tan tiránico como fue
la élite aristocrática. Volvemos a encontrar aquí la célebre contradicción
entre libertad e igualdad planteada por Alexis de Tocqueville.
lII. LA COMUNICACIÓN: FUERTE RESISTENCIA AL CONOCIMIENTO
A) La voluntad de ignorar
Pocos sectores ofrecen tanta resistencia al análisis, es decir, una tal
disyunción entre la importancia de los cambios técnicos, económicos, cul-
turales, y la escasa interrogación sobre sus significaciones. Ayer esta resis-
tencia al análisis estaba en gran medida ligado a la ignorancia, porque las
informaciones relativas a las mutaciones de ese sector eran escasas. No
había en los periódicos una sección sobre los media y la comunicación, y
existían pocas revistas especializadas. Hoy ocurre exactamente lo contra-
rio. Hay una profusión de informaciones: se sabe todo de la estrategia de
los actores, de la constitución de grupos multimedia, de nuevas técnicas
de comunicación, de los gustos del público, del coste de los programas,
sin que se manifieste, sin embargo, una demanda de análisis. Los media
han creado todos una sección especializada y el resultado es paradójico.
En lugar de ver favorecida una información más abundante, más rica de
diversidad y de análisis, se constata el fenómeno inverso. Como si las in-
formaciones constituyeran un análisis. En esto se manifiesta la resistencia al
análisis: en la voluntad de no ir más allá de la información, de los ru-
mores, las suposiciones, numerosas en ese campo. En pocas palabras, el
«mercado» de la información sobre la comunicación está en pleno flore-
cimiento, a condición de contentarse con ese murmullo de informaciones
y de secretos a medias identificados con análisis. La comunicación es un
sector del que, a pesar de los discursos oficiales, se prefiere no saber.
¿Cómo se ha llegado a esta contradicción?
Quizá porque la lógica del conocimiento se halla hoy confrontada a
cuatro enfoques concurrentes mucho más «eficaces»: los de los periodistas,
los políticos, los técnicos Ylos economistas. La información periodística se
autoerige en conocimiento del simple hecho de la velocidad de los acon-
tecimientos. 0, dicho de otro modo, los acontecimientos son tan nume-
rosos, contradictorios, técnicos, económicos, institucionales, a escala eu-
ropea y mundial, que seguir la actualidad y comprenderla exige un real
esfuerzo. Muchos identifican de buena fe ese trabajo de seguimiento de
la actualidad a los conocimientos. El segundo discurso es el de los polí-
62
LAS CONTRADICCIONES CULTURALES
ticos. Cuando se trata de la difícil reglamentación de este sector sacudido
por la ideologia liberal y los principios del sector público, la tendencia es
a la politización, y cada uno busca en las referencias ideológicas un medio
para situarse. En el lado opuesto, el discurso de los técnicos pondera las
promesas, siempre más miríficas, de una revolución cuyos límites no se
ven ya. Los actores económicos, en fin, verdaderos «héroes» de la sociedad
de la información y de la comunicación, mantienen un discurso «de flujo
tenso» sobre los mercados del futuro. Cada uno con el anuncio para ma-
ñana, cuando no para hoy, de esta verdadera revolución de la comuni-
cación. El resultado es la saturación de discursos, todos más definitivos
unos que otros. ¿Por qué tendría que haber una demanda de conocimiento?
y sobre todo, épor qué introducir dudas suplementarias cuando es tan
cómodo dejarse llevar por las innovaciones? ¿Por qué resistirse a lo que
es nuevo, bello y prometedor? ¿Por qué rechazar el propio placer? ¿Por
qué los universitarios habrían de ser más clarividentes sobre los riesgos y
las mutaciones, que los periodistas, los políticos, los empresarios? Eviden-
temente las élites culturales son en parte responsables de ese vacío, en la
medida en que se han negado ampliamente a reflexionar sobre ese sector,
cuya legitimidad científica sigue siendo «mediana». Tampoco han contri-
buido a crear ese «colchón de conocimientos» en el que apoyarse para
relativizar las promesas incesantes. Yaún más, la forma en que esas élites
han decidido luego, al menos una parte de ellas, «utilizan> los media, a
la vez que seguían manteniendo un discurso crítico sobre la comunica-
ción, no ha dado la sensación a los otros actores (periodistas, políticos,
técnicos, empresarios) de que estaban mejor situadas para realizar un aná-
lisis distanciado y objetivo...
Entre la demanda de «dominio» por los políticos, de «valorización» por
los periodistas, de «legitimidad» por los ingenieros y la demanda «pura y
simple» para los empresarios, no queda mucho sitio para una demanda
de «conocimientos». También en este caso serán los hechos, con su bru-
talidad, es decir, los conflictos, los que abrirán una real demanda de aná-
lisis.
B) Las ideologías de la comunicación: compresión e integración
Los mejores resultados técnicos, la «digitalización» y la compresión de
datos, trastornan las condiciones de funcionamiento de las grandes redes.
Todo puede intercambiarse instantáneamente de un extremo a otro del
planeta, todo es consultable, y cada uno, navegando en la toeb, puede
circular en un océano de datos y de imágenes. Si se pueden comprimir
63
SOBRE LA COMUNICACIÓN
los datos e integrar los servicios, épor qué no esperar a poder hacer lo
mismo con los problemas de sociedad? Con esta idea: cuanto más se com-
primen los mensajes, más numerosos son, más circulan, más informan,
más integrada está la sociedad. Ycomo, desde un punto de vista técnico,
se pueden asociar los servicios del trabajo, del ocio, de la educación, la
idea de una globalización de la comunicación se impone, con la perspec-
tiva, en filigrana, de una reorganización de los tejidos sociales. Compre-
sión e integración pasan a ser los ideales de la comunicación funcional.
El drama viene simplemente del hecho de que ni las sociedades ni los
seres humanos se comunican con tal modelo de racionalidad. Las defor-
maciones y los cuellos de botella están omnipresentes, empezando por las
distancias, frecuentes, entre la intención y la recepción. Además, las pér-
didas y las deformaciones forman parte integrante de la recepción. Y en
fin, suponiendo incluso que los receptores comprendan sin deformación,
queda el problema de que, al no ser idénticos los contextos de emisión y
de recepción, la interpretación de los mensajes es necesariamente diferen-
te entre la intención del emisor y la recepción por el público. Al no ser
nunca semejantes los marcos espacio-temporales de la emisión y de la
recepción, la hipótesis de la compresión consiste en hacer una analogía,
falsa, entre cantidad de datos y contextos. Un número creciente de datos
no basta para aproximar mejor los contextos.
De hecho, compresión e integración, presentados como una de las
grandes ventajas de las autopistas de la información, refuerzan el ideal
de la comunicación funcional regido por un solo esquema de racionalidad:
aquel en el que se da por supuesta la existencia de una lógica idéntica
para los diferentes actores y los diferentes estadios de la comunicación
(de la intención a la construcción del mensaje; del transporte a la recep-
ción y a la comprensión). Pero la integración de los servicios (trabajo, ocio,
educación...), notable adelanto desde el punto de vista técnico, no quiere
decir nada en el plano de los contenidos, porque el hombre no vive en un
espacio-tiempo integrado. Hay diferencias radicales que se mantienen entre
las situaciones de trabajo, de ocio, de servicios, de educación. No es el
mismo hombre, o más bien no son las mismas actitudes, disposiciones,
gustos, expectativas, los que se movilizan cada vez.
La integración fisica de las actividades no cambiará nada el hecho de
que el usuario no esté integrado. Acceder por ejemplo a todos los servicios
desde un mismo terminal no modifica en nada el hecho de que aquellos
son radicalmente diferentes desde el punto de vista esencial de los valores,
de su papel y de su finalidad. Que la misma fuente facilite informaciones-
servicios acerca de los trenes, las cuentas bancarias, la telecompra, la for-
mación profesional, los bancos de datos, el telediario, los telefilmes, los
64
LAS CONTRADICCIONES CULTURALES
juegos..., no modifica el hecho de que se trata cada vez de actividades de
comunicación de naturalezas diferentes. Su acercamiento físico en un solo
terminal no cambia nada su alteridad.
El límite principal a la ideología de la integración y de la compresión
se condensa en una palabra: se pueden comprimir los datos, no se pueden
comprimir ni los contextos ni los sentidos. Y el problema es tanto más
complícado cuanto, en una cultura del instante, interesa más el aconteci-
miento que el sentido, la información que el conocimiento. Pero el acon-
tecimiento no conduce necesariamente al saber. Se refuerzan, pues, las
dificultades: no solamente la hipervalorización del acontecimiento no fa-
vorece forzosamente el saber, sino que la integración de las actividades
no garantiza tampoco una mejor gestión de éstas por el hombre. En otras
palabras, lo que se gana en velocidad y en integración por un lado, no
se recupera en eficacia por el otro.
C) El cambio completo de la relación identidad-comunicación
Asistimos, desde hace un siglo, al cambio completo de la relación entre
identidad y comunicación. El sigloXIX, contra lo que pueda parecer, fue
el de la comunicación, tanto desde el punto de vista del ideal histórico
como del desarrollo técnico, con la conquista del mundo por el tren, la
apertura de grandes rutas marítimas, el telégrafo y el teléfono. El sigloxx
ha acentuado esta tendencia con el avión, luego con el cine, la radio y la
televisión. Es verdad que la problemática de la identidad jugó en el siglo
pasado, principalmente con las identidades nacionales, un papel esencial
sobre todo en Europa, pero a escala mundial el movimiento es más bien
el de la apertura. La identidad era el obstáculo a la comunicación, valor
en ascenso e identificado al progreso. Desde luego, ningún imperio pudo
resistir a ese movimiento general de apertura. La comunicación estaba del
lado del progreso, y todas las luchas por la democracia, por la libertad de
prensa, de reunión y de expresión estuvieron lígadas a la idea de apertura
y de superación de las fronteras. En este final de siglo el movimiento se
ha reforzado: la comunicación se ha convertido más en el valor domi-
nante, y la defensa de la identidad se ha asimilado todavía más a un
combate de retaguardia. Las dos guerras mundiales, ligadas principal-
mente al nacionalismo, el aumento de los conflictos de identidad desde
la descolonización y, más aún, desde la caida del comunismo, parecen
confirmar esta evidencia: el enemigo es la identidad, principalmente na-
cional. Y tanto más cuanto en el abierto mundo actual todas las oposicio-
nes se manifiestan de un modo basado en la identidad.
65
SOBRE LA COMUNICACIÓN
Pero ahí es donde actúa el contrasentido. Es verdad que existen, desde
siempre, pasiones identitarias, pero éstas se han acentuado por el movi-
miento general de apertura y de comunicación. No puede decirse, pues,
que la identidad es el obstáculo a la comunicación, porque la mayor parte
del tiempo es la generalización de la comunicación la que acentúa la reac-
ción de identidad. Y condenar los procesos de identidad en nombre del
«progreso» de la comunicación se sostiene aún menos, porque son esos
progresos los que acentúan las presiones de identidad. En este sentido se
ha producido el cambio de la relación identidad-comunicación. Ayer la
identidad era un obstáculo a la comunicación, hoyes su condición. Si no,
el belicoso que defiende la identidad surgirá aún más como reacción a un
exceso de apertura y de comunicación.
En otras palabras, en lugar de apoyarse en los excesos de los movi-
mientos de identidad, hay que considerarlos más bien como síntomas de
un creciente problema cultural: el de la dificultad de vivir en un universo
abierto. El problema ya no es el de la apertura contra las identidades, sino
el de la gestión de la identidad, verdadero «doble» de la comunicación. Lo
observamos, por ejemplo, en Europa, donde la aplicación del acuerdo de
Schengen prueba a diario que en el tema de la apertura de fronteras se
impone la prudencia. El espacio de Schengen debería hacerse «natural-
mente» como continuación de la libertad de circulación de mercancías y
capitales, y en el empleo correcto del valor democrático común de la
libertad de circulación de los hombres. A la hora de la verdad, cada uno
descubre la dificultad: la apertura creciente de las fronteras crea en con-
trapartida una necesidad de identidad, y en consecuencia de control de
esas fronteras. En un universo ampliamente mediático, la identidad co-
lectiva está amenazada por esa misma comunicación que tiene tendencia
a disolverlo todo. ¿Cómo evitar la «disolución» de las identidades, o más
bien, cómo reflexionar acerca de los medios para que este miedo de una
despersonalización creciente, ligada al hundimiento de las identidades, no
cause estragos? En nuestros días la identidad es mucho más problemática
que ayer, porque se piensa en un universo abierto en el que el valor
dominante es el de la comunicación. La idea es, pues, simple: el problema
es inverso al que se planteaba hace un siglo. La dificultad corresponde hoy
a la identidad y no a la comunicación. Es, desde luego, lo que se manifiesta
de manera trágica en Yugoslavia, y cada vez más en Europa. En lugar de
ver en ello la prueba de un resto del pasado, hay que ver, al contrario,
la huella de un problema futuro para los países desarrollados.
Con el pretexto de que se trata de la misma palabra, la pereza invita
a no ver las diferencias radicales de contexto. Se piensa que el que busca
su identidad siempre tiene una postura de reacción, al menos en su re-
66
LAS CONTRADICCIONES CULTURALES
lación respecto a cualquier cosa. Hoy esta relación es radicalmente dife-
rente a la de ayer. Ayer la identidad era una resistencia a la apertura, hoy
es una reacción a demasiada apertura. El sentido es, pues, diferente. Si,
en los dos casos se trata de la apertura, la perspectiva no es la misma:
ayer, era para rechazarla; hoyes para manifestar sus límites. De un lado,
los discursos oficiales sólo hablan de mundialización, de apertura, de eco-
nomía a escala planetaria, de riesgos ecológicos mundiales, de derechos
del hombre como nuevo principio político democrático a escala del glo-
bo... De otro, se observa cada vez una mayor resistencia discreta, pero
real, a esta «evidente» mundialización. ¿En nombre de qué se puede decir
que la «crispación de la identidad» es un miedo de cara al porvenir y a
la apertura? ¿Quién detenta el sentido de la historia? La dificultad de
admitir el cambio radical de la relación entre identidad y comunicación
es probablemente una de las claves del porvenir, y en consecuencia de
los conflictos políticos.
En una palabra, la problemática de la identidad no tiene el mismo
sentido en el contexto de las sociedades cerradas de ayer y en el de las
sociedades abiertas de hoy.
La escasa legitimidad que rodea en nuestros días la problemática de
la identidad colectiva, la necesidad de justificarse en todo discurso que la
evoque, y la amalgama que se produce entre identidad y «reacción» dicen
mucho sobre el camino que hay que recorrer. Descalificar este problema
no lo hará desaparecer. Tanto más cuanto la cuestión de la identidad
oculta otra al menos tan importante como ella: la del pluralismo de los
modelos culturales en nuestras sociedades. Ala hora de la mundialización
de los mercados, de la cultura y de los modos de vida, la reivindicación
«identitaria» es también una demanda de pluralismo, de cohabitación cul-
tural, un rechazo de ese enorme rodillo compresor económico y cultural
que, decenio tras decenio, estandardiza los modos de vida. No entender
lo que hay de reivindicación de las diferencias, de preservación de las
singularidades en el tema de la identidad, es aceptar finalmente la UnI-
dimensionalidad moderna. Rechazar la problemática de la identidad, o
deslegitimarla, es negarse a ver los límites de la comunicación triunfante.
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69
CAPíTULO 3
LAS INVESTIGACIONES
La comunicación es, como se ha visto, un terreno particularmente di-
fícil de analizar, porque se trata de la actividad humana por excelencia,
aquella en la que cada uno se siente simultáneamente actor y analista, y
piensa que casi no tiene necesidad de conocimientos al margen de los
suyos. Además, la mezcla de las dimensiones funcional y normativa, en
el seno de un modelo cultural que favorece el lazo comunicación-moder-
nidad, da a cada uno la sensación de comprender lo esencial. Pero hay
una tercera dificultad, esta vez de orden teórico.
La comunicación es un campo de investigación que moviliza al menos
diez disciplinas: antropología, lingüística, filosofía, sociología, derecho, cien-
cia política, psicología, historia, economía, psicosociología. Es un objeto in-
terdisciplinario y no una disciplina. Esto presenta temibles problemas de
traducción de las disciplinas entre sí, y de solapamiento de problemáticas.
Establecer, por ejemplo, un diálogo mínimo entre la antropología, la eco-
nomía, la ciencia política y el derecho sería una hazana. La comunicación,
al superponer constantemente varios discursos, no facilita su análisis. Sin
embargo, y volvemos a encontrar aquí la tercera hipótesis del comienzo
del libro, parece necesario desarrollar los conocimientos, es decir, un dis-
curso que no sea ni el de la información ni el de los agentes industriales
o políticos. Justamente para introducir un cierto margen de maniobra y
de libertad en el momento en que la comunicación está desmembrada entre
los valores y los intereses. Insistir sobre el papel de los conocimientos es
otra forma de evitar la instrumentalización de la comunicación.
Pero hablar del papel de los conocimientos no significa crear una dis-
ciplina nueva, que se llamaria «ciencia de la comunicación», o cualquier
otro nombre que podría inventarse. Hablar de conocimientos para la co-
municación es, por el contrario, tener presente la necesidad de un enfoque
multidisciplinario. La comunicación es un objeto de conocimiento inter-
70
LAS INVESTIGACIONES
disciplinario, a la medida de su dimensión antropológica, y esta dimensión
de encrucijada debe ser preservada para evitar una especialización, apa-
rentemente tranquilizadora, pero en realidad reductora y empobrecedora.
I. LA HISTORIA DE LAS INVESTIGACIONES EN FRANCIA
La historia de las investigaciones sobre la comunicación en Francia no
se conoce todavía, contrariamente a lo que sucede en otros países l. Pa-
radoja tanto más sorprendente por cuanto Francia, durante mucho tiempo
a remolque en materia de comunicación, ha recuperado ese retraso a par-
tir de 1974, convirtiéndose a partir de entonces en uno de los países más
avanzados del mundo en materia de nuevas tecnologías en ese campo.
El éxito de Minitel, con más de seis millones de aparatos y más de catorce
millones de usuarios, es un récord envidiado por muchos países, porque
evidencia el triunfo entre el gran público de un media completamente
nuevo. Teníamos retraso; ahora estamos en el pelotón de cabeza gracias
a la digitalización, la telemática, las redes, el número de cadenas de te-
levisión. Antiguos y nuevos media han experimentado un crecimiento im-
portante, haciendo de Francia y de Canadá los dos países en los que las
experiencias en materia de nuevos servicios, desde hace unos veinte anos,
están más avanzadas. Se percibe además un interés real del país por las
nuevas técnicas de comunicación. El fracaso ha afectado a la gama elec-
trónica y, más recientemente, al «plan cable», pero las nuevas técnicas de
1 No se ha hecho la historia de las teorías de las ciencias de la comunicación, puesto
que las tradiciones intelectuales e incluso las formas de denominar los fenómenos estudia-
dos varían de un país a otro. Habría que hacer además un estudio crítico sobre la deli-
mitación del campo que, según los países y las tradiciones intelectuales, da preferencia a
la comunicación, la información, los media, la publiddad, la cultura, las técnicas, la ideo-
logía, el dominio, la alienación, la libertad... La tradición anglosajona juega además un
papel determinante en esa delimitación y esa taxonomía. Si para Francia no hay todavía
trabajos de conjunto, se pueden citar no obstante, en relación con el análisis contenidoen
este libro, los trabajos de: D. Bougnoux, Sdences de l'information et de la communication,
Larousse, París; P. Flichy, Une histoire de la commrmication modeme, La Découverte, París,
1991; A. YM. Mattelart, Histoire des théoríes de la communicatíon, La Découverte. París,1995;
A. Mattelart y B. Miege, La Pevsée communicationne/le, PUG, 1995.
Además existen manuales y trabajos de conjunto que, si bien no tratan precisamente
de la historia de las investigaciones en Francia, ofrecen sin embargo una panorámica del
terreno de los conocimientos relativos a la comunicación. Por ejemplo, en francés: Baile
E, Médias et société, Montchrestien, París, 1992; Cayrol, R, Les Médias. Presse écriie, radio,
té/évision, PUF, París, 1991; Lazar, J., Sociologie de la ccmmunicuíicn de masse, Colín, París,
1991; Sfez, L, Dictionnaire critique de la communication, PUF, París, 1993.
71
SOBRE LA COMUNICACIÓN
satélites van a relanzar la cuestión del vínculo entre lo audiovisual y las
telecomunicaciones. La modernización tecnológica, iniciada por el presi-
dente Valéry Giscard d'Estaing entre 1974 y 1981, la ha continuado la
izquierda de 1981 a 1995 al tiempo que se introducía la competencia pú-
blico-privado en el campo audiovisual. Simultáneamente, Francia ha man-
tenido a escala europea, en el marco de las negociaciones del GATT, una
posición valiente en favor, a la vez, de una reglamentación de la comu-
nicación, del mantenimiento de una especificidad europea en materia de
industria de la comunicación, y de la defensa del derecho de autor.
En resumen, en treinta años las relaciones comunicación-sociedad han
cambiado en Francia, confirmando la tesis de la comunicación como agen-
te de modernización. Viraje tanto más interesante puesto que Francia, que
había jugado un papel activo en el nacimiento del teléfono, y luego de
la radio, y por último de la televisión, había sido más recalcitrante que
Gran Bretaña y Alemania, por ejemplo, respecto al paso del estadio de
innovación científica al de mercado para el gran público. La comunicación
es probablemente en Francia una de las más grandes mutaciones que el
país haya conocido, en sus dimensiones tanto técnicas como económicas
o culturales. Yel progreso de los diferentes mercados, del vídeoal Minitel
y al satélite, demuestra la adhesión de los ciudadanos a esos valores. En
una generación, Francia se ha sumergido en la comunicación, símbolo de
la modernidad.
¿y la investigación en todo esto?
Hay que distinguir cuatro periodos:
1. El primero va hasta los años 60. Se dedica principalmente al estudio
de la prensa escrita, en el marco de algunos centros universitarios, como
el Instituto francés de la prensa, en París -fundado en 1938 por R. Stoet-
zel, es el más antiguo centro de investigación universitaria sobre la co-
municación-, y el centro de R. Escarpit, en Burdeos, a finales de los años
cincuenta. Por el lado contrario, la radio no será objeto de una gran cu-
riosidad teórica. Existe también una tradición de trabajos universitarios de
calidad en literatura, en lingüística y en psicología, pero en su conjunto
las disciplinas de ciencias sociales, en aquella época se interesan menos
por ese terreno que por el del trabajo, la industria, la familia, los comien-
zos del consumismo, la educación, otros sectores esenciales de la sociedad
moderna de masas. Curíosamente, la comunicación, que sin embargo es
un componente importante de la modernidad, está ausente de esa inte-
rrogación sobre la forma de sociedad de posguerra, al margen de algunos
trabajos sobre la naciente publicidad. Igualmente se examinan poco los
sondeos, y los estudios políticos se inclinan por la geografía electoral y
72
LAS INVESTIGACIONES
las instituciones. Es sorprendente el contraste entre los pocos trabajos pio-
neros, que no serán comprendidos, y el ciclón que pronto arrasará ese
inmenso sector.
2. El segundo periodo va desde los años 60 hasta 1975. Es el verdadero
inicio de los estudios sobre los media, principalmente la televisión y la
publicidad, desde luego como un eco de su doble éxito. La ausencia de
tradición francesa en esos campos empuja a los universitarios a volverse
hacia los países anglosajones, donde existen numerosos trabajos de in-
vestigación. Estos trabajos jugarán un papel esencial en la mayor parte
de los países europeos, como lo atestigua el número de misiones de es-
tudios recibidas en los Estados Unidos. Hay que citar aquí los nombres
de G. P. Friedmann. B. Cazeneuve, E. Morin, R. Barthes, O. Burgelin y
H. Chombart de Lauwe. Friedmann, que ya había trabajado mucho para
desarrollar la sociología industrial, introdujo la tradición americana -de
P. Lazarsfeld a E. Katz- de las investigaciones sobre los media. La tele-
visión y sobre todo la cuestión preocupante de la cultura de masas están
en el centro de los debates sobre la emergencia de la sociedad de con-
sumo.
La mayoría de las cuestiones actuales sobrela influencia de los media,
el problema del nivel cultural, la violencia en la televisión, la cultura de
élite, la muerte del libro, la ideología americana, el comportamiento de
los niños respecto a la televisión, ya fueron entonces planteados. La ac-
titud general es una mezcla de admiración por esos procesos técnicos y
de profunda interrogación sobre la emergencia de la sociedad y de la
cultura de masas y sobre el papel que en ese terreno deben desempeñar
los media. Se busca en una educación para los media, o en los proyectos
de televisión educativa -iya entonces!-, el mediode paliar la influencia
de los media. Pero estos forman parte integrante de la modernidad y
están demasiado ligados a la elevación del nivel de vida y al deseo de
apertura al mundo, para que sean francamente detestados. Se produce
más bien una adhesión-repulsión.
Mayo del 68 acabará brutalmente con ese comienzo de estudio de los
media y de la comunicación. El papel esencial jugado por el CECMAS
(creado en 1960) 2 gracias a Friedmann, Morin y Barthes, en la Escuela de
altos estudios, es retrospectivamente excepcional; todo lo relativo a una
reflexión sobre la imagen, su estatuto y su influencia, la televisión, la
cultura de masas estaba ya presente. Estos pioneros deseaban distinguir
2 En relación con la creación de la revista Communications (Seuil), que desempeñará
un papel esencial en la encrucijada de la estética, de la sociología, de la lingüística y del
cine. La «5» de la palabra nos recuerda a la vez la amplitud del campoy su ambigüedad.
73
SOBRE LACOMUNICACIÓN
entre lo que era criticable en la creciente potencia de las industrias cul-
turales -de las que la televisión era el símbolo- y lo que había allí de
potencialidad, de emancipación, de innovación y de creación en lo que
se llamarán más tarde prácticas culturales. La cultura de masas, que se
implantaba, merecía algo mejor que la condena sin apelación pronunciada
entonces por las élites culturales. Esta cultura de masas era igualmente
menos amenazadora de lo que pensaban los analistas marxistas, pero evi-
dentemente más ambigua de lo que proclamaban los discursos quizá de-
masiado interesados de los actores. Incluso la problemática de la recepción
y del público estaba ya presente. Curiosamente desaparecerá de las mentes
durante el decenio siguiente. La demanda social en materia de investi-
gación sobre la comunicación era débil, a la medida desde luego de la
ambivalencia de la sociedad. Algunas élites modernizadoras se interesaban
en ello y todavía con prudencia. La comunicación seguía siendo un sub-
conjunto de la problemática más general de la «civilización del ocio» o
del «consumo», y se consideraba el símbolo -raramente el remedio- del
tema tan angustioso de la «muchedumbre solitaria» (D. Riesman).
Los estudios universitarios apenas incluyen ese campo de investiga-
ción, reciente, sin tradición intelectual, y finalmente sin estilo, sin unidad
ni legitimidad. El periodo es aún bastante conformista en el campo inte-
lectual, y las innovaciones de Friedmann, de Morin y de Barthes dan
miedo. Molestan cuando hablan de un potencial de emancipación a través
de la comunicación de masas, y se descalifican esas innovaciones como
se desconfía del naciente discurso sobre una nueva estética de la imagen.
Si el cine provoca verdaderos debates teóricos, la televisión se aborda
realmente poco. Como si hubiera una imagen noble de un lado y no del
otro. En aquella época, son pocos los que, como M. Ferro, establecen la
ligazón. La televisión preocupa por la influencia política potencial que se
le otorga, sin merecer por lo demás legitimidad en materia de creación
estética.
En cambio, la radio vive su apogeo en medio de una casi indiferencia
intelectual. Esta técnica simple, flexible, poco costosa, aparecerá además,
al final del milenio, como la gran revolución del sigloxx, Pero tiene en
su contra el haber sido utilizada durante la guerra por los regímenes fas-
cistas y el no ofrecer el carácter fascinante de la televisión. Se deja un
tanto abandonada. Es más familiar que la televisión, pero menos noble
todavía que ella...
3. El decenio siguiente (1975-1985) es finalmente el de los contrasentidos.
Respecto a la cuestión punzante de la influencia de los media, parece que
la causa ha sido definitivamente comprendida. Al haber pasado por allí
el mayo del 68, ya no hay otros temas que la dominación, la alienación
74
LAS INVESTIGACIONES
y la ideología dominante. Triunfa la escuela de Francfort con las figuras
emblemáticas de H. Marcuse y de T. Adorno. En el plano económico, las
tesis sobre el imperialismo cultural americano confirman definitivamente
el hecho de que los media pertenecen a los «aparatos ideológicos del
Estado». En la problemática tercermundista, las industrias culturales cons-
tituyen -lo que no es falso- una forma suplementaria de dominio eco-
nómico y sobre todo ideológico, incluso si la mayor parte de los dirigentes
de esos países no dudan en amordazar totalmente la libertad de comu-
nicación y de servirse, sin remordimientos, de la radio y la televisión para
sus propios fines. Si las libertades son reales en Occidente, se las consi-
dera, sin embargo, como «formales», y las elites occidentales tienen una
evidente tolerancia respecto al Este y el Sur. En esta época aparece la
primera crítica sistemática del imperialismo económico y cultural de las
industrias de la información y de la comunicación. El debate apasionado,
violento, impregnado de mala fe de una y otra parte, en torno al nuevo
orden mundial de la información, se plantea, con la Unesco por medio,
a partir del Informe Mac Bride (1980). Los ataques a las libertades ele-
mentales y a la libertad de información en los países socialistas hacen que
la opinión se vuelva a favor de los occidentales. Pero los problemas reales
planteados no recibieron apenas respuesta más tarde, y resurgirán ma-
ñana con más violencia, puesto que el pretexto comunista ya no está ahí
para que el campo occidental pueda contraatacar.
La comunicación ilustra desde hace treinta años una de las formas del
nuevo desequilibrio Norte-Sur, y no porque los países del Sur no hayan
tenido por el momento el medio de reaccionar, los problemas planteados
han sido menos exactos. Paralelamente, en los países occidentales ha de-
saparecido la curiosidad respecto a las innovaciones culturales, intelectua-
les o estéticas del periodo precedente. Se habla de las ingenuidades de
ayer, de los límites de la sociedad del ocio, de la alienación de la sociedad
de consumo, de la ilusión de la cultura de masas.
Los caminos del conocimiento no pueden disociarse aquí de un en-
foque crítico. Cualquier otro discurso es considerado sospechoso, confor-
mista y finalmente un soporte de la «ideología dominante». Toda proble-
mática que parta de la recepción, es decir, de la manera según la cual los
individuos y los grupos reciben y utilizan las imágenes, se revela super-
flua. La respuesta ya es conocida: el espectador es una víctima, y sufre.
Entonces se le ofrecen dos soluciones: rebelarse, o perderse en la aliena-
ción. No está en el ambiente actual la idea de una autonomía del receptor.
Hace estragos la victoria del estructuralismo, principalmente en psicología
y en lingüística, dos disciplinas que habrían permitido relativizar este en-
foque determinista. Las dos han abandonado sus referencias humanistas
75
SOBRE LA COMUNICACIÓN
y se han sumergido durante cerca de quince años en una fiebre estruc-
turalista en la que la cuestión del sujeto, tan complicada en toda situación
de comunicación y a fortiori mediatizada, parece definitivamente elimi-
nada. En cuanto a la historia, y aparte algunos pioneros, no se ocupa
apenas de este objeto "no noble» y demasiado reciente. En filosofía, las
aperturas, reales, realizadas por F. Dagognet y M. Serres, siguen siendo
minoritarias y al margen de las principales corrientes de investigación.
No obstante, aparece simultáneamente otro discurso, ligado a las nuevas
técnicas de comunicación. Desconectado del enfoque crítico dominante, va,
al contrario, a desarrollar una visión optimista. Cuanto más se relacionan
los media clásicos con una reproducción «ideológica» o cultural, tanto más
los nuevos media esbozan una sociedad más libre, interactiva. Se espera
mucho de las promesas de la televisión por cable en Canadá y en los
Estados Unidos, que permita enmendar los destrozos de la televisión hert-
ziana. La comunicación de masas parecehaber sidosuperada por lasaper-
turas en materia de telecomunicación o de nuevos servicios a domicilio.
Las perspectivas de individualización que ofrece el cable, y la informática,
confirman que estamos ante otra historia de la comunicación. Paradóji-
camente, estas innovaciones inseparables de planteamientos industriales
se condenan menos que la televisión de masas. Seha impuestouna cierta
dicotomía: lo nuevo es mejor que lo antiguo. Es verdad que permanece
una tradición de investigación crítica, pero lo más sorprendente es la apa-
rición de una lógica de estudio de tonalidades mucho más positivas. Apa-
rece entonces una oposición -que continúa hoy- entre el mundo aca-
démico, escéptico respecto a esa "revolución» de la información y de la
comunicación por nuevas técnicas interpuestas, y el mundo de los estu-
dios y de la prensa, mucho más favorable.
Las «nuevas técnicas» crean las condiciones de un horizonte inédito.
Reaparecen hoy, quince años más tarde, con las autopistas de la infor-
mación, Internet, la democracia electrónica, la teleenseñanza, los mismos
argumentos. Se han olvidado los intereses, las lógicas económicas, losmo-
delos culturales, la alienación. Todo o casi todo se ha vuelto«libre» gracias
a las nuevas técnicas, incluso cuando los trabajos sobre los usuarios so-
ciales no confirman, ni por asomo, este optimismo tecnológico.
4. La cuarta fase comienza alrededor de 1985. Puede ser calificada de periodo
de apertura intelectual. En el terreno de las investigaciones se asiste a una
cierta aproximación entre posiciones opuestas. Los que mantienen una
postura critica de tipo marxista o «francfortés» reconocen progresivamente
que el público es más inteligente de lo que aparenta, y que a pesar de
los poderes culturales e ideológicos, los media no tienen esa influencia
tan temida. El público ha aprendido a «jugar» con los media. En cuanto
76
LAS INVESTIGACIONES
a la "política-espectáculo» propuesta por los media, se agota en si misma.
Este cambio lo ilustra bien el renovado interés por los trabajos sobre la
recepción. Si existe un estudio especifico de la recepción y del público es
una prueba de que no se conoce a priori el uso que se hará de los men-
sajes, que existe, pues, una autonomia y no un determinismo de la recep-
ción. La curiosidad creciente por la problemática del <'espacio público» ilus-
tra también los cambios de actitud. Quien dice espacio público dice em-
parejamiento de puntos de vista, negociaciones, relaciones de fuerza. Esto
no significa que no haya mecanismos de dominio, sino simplemente que
existe una autonomía relativa de los actores, una capacidad critica de su
parte.
En fin, la aparición de trabajos sobre la historia del correo, del teléfono,
de la radio y de la televisión vigoriza la evolución de los juicios, en el
sentido de que esos trabajos resaltan la existencia, en cada época, de una
autonomía relativa de esas técnicas en relación con la sociedad. Se redes-
cubre la importancia del contexto sociocultural, simbolizado por los cul-
tural studies, que insisten principalmente en la interacción entre técnicas,
modelo dominante e identidades culturales.
Inversamente, los partidarios de un enfoque empírico crítico, a quienes
los acontecimientos más bien han dado la razón, están obligados a reco-
nocer que la extraordinaria expansión de las industrias de la comunicación
hace más complicada una visión optimista de las relaciones entre comu-
nicación y sociedad. Cuanto más avanzadas, interactivas, omnipresentes,
se vuelven las técnicas de comunicación, más se afianza la comunicación
funcionaL En resumen, se está produciendo una cierta aproximación entre
distintos puntos de vista, sin que esto lleve consigo la supresión de las
diferencias teóricas. Los trámites se han hecho menos exclusivos unos
respecto a otros.
Además la filosofía política, que ha recobrado al fin el interés por la
democracia pluralista, descubre de nuevo el concepto de espacio público
y la problemática de la argumentación de la comunicación, y por esa vía
incluso la cuestión de la intercomprensión, Un conflicto opone a "post-
modernos) y «habermasianos», en cuyo seno la referencia a la comuni-
cación es cruciaL La comunicación ha pasado a ser al fin a los ojos de los
intelectuales una cuestión teórica y práctica esencial, «digna», lo que todos
los investigadores que trabajaban en ese campo afirmaban desde hace
treinta años...
Los dos enfoques, crítico y empírico-crítico, tienen en comúnla volun-
tad de salvar el modelo democrático de la tiranía de la comunicación;
evitar que, bajo el concepto de "novedad», las nuevas técnicas acaben por
reducir aún más la autonomía individual; y limitar los daños de la falta
77
SOBRE LACOMUNICACIÓN
de reglamentación y la influencia de los grandes grupos de comunicación.
Estas dos corrientes de investigación ~ l a s más antiguas- tienen final-
mente en común, pese a ser opuestas, la voluntad de conservar en la
comunicación una cierta perspectiva emancipadora.
Además aparecen otras dos vías radicalmente antinómicas de las pre-
cedentes. Una que podría calificarse de turiferaria y que, retomando el
discurso de los actores, sólo habla de «revolución de la comunicación». La
otra, que podríamos llamar escéptica, o nihilista, que, a partir de la omni-
presencia de la imagen, ve cómo emerge una especie de sociedad virtual
totalmente centrada en la comunicación narcisista.
En realidad, en treinta años, el campo de la investigación se ha diver-
sificado, pasando de dos a cuatro corrientes. Las dos primeras oponían los
empiristas-críticos a los críticos a propósito de un análisis divergente sobre
el lugar que ocupa la comunicación en la sociedad y sobre la capacidad
crítica de los individuos. Las dos corrientes posteriores, por el carácter
sistemático de su proceso, han acercado a los «hermanos enemigos» pre-
cedentes, cuyo punto común es una común capacidad para razonar a
partir de una observación empírica de la realidad.
Estas dos nuevas direcciones de investigación, una favorable a la hi-
póstasis de técnicas de comunicación inéditas, y otra que critica las situa-
ciones de comunicación a través de la imagen, tienen en común que se-
ducen fácilmente a las élites culturales. La reconversión de estas últimas
a la democracia no ha suscitado en ellas un gran interés por la comuni-
cación. En todo caso, no en la medida de la importancia de las cuestiones
relativas al vínculo entre comunicación y democracia de masas. Como si
hiciera falta esperar un poco todavía para pasar del reconocimiento teórico
de la democracia pluralista a un interés real por su forma actual, la de-
mocracia de masas... Cuando se redescubre a los autores del siglo XIX son
más bien los de la primera mitad, y la obra del sigloxx está todavía en
gran medida por descifrar...
En cambio, de «la base», es decir, de los estudiantes, partió un movi-
miento de interés real. Ese decenio 1980-1990 vio multiplicarse los DEA3
Y los terceros ciclos en sociología, antropología, historia, ciencia política,
ciencia de la información y de la comunicación. El nacimiento de ese
público académico ha favorecido incontestablemente los interrogantes y
los trabajos. Con la creación de la AF5IC (Association fran,aise des sciences
de /'information) en 1986, se llevó a cabo una primera estructuración. Por
el contrario, un parámetro no ha cambiado prácticamente en treinta años:
3 D.E.A.=Diplóme d'Études ApproJol1dies, que se cursa después de la maitrise (licencia-
tura) y antes del doctorado. (N. del T.)
78
LAS INVESTIGACIONES
la demanda social respecto a una reflexión crítica sobre el estatuto de la
comurúcación en la sociedad, sigue siendo débil. El discurso común, vi-
gorizado y no matizado a pesar del progreso de los estudios y de la
prensa, oscila siempre entre la desconfianza y la fascinación. La demanda,
cuando existe, se refiere a los modos de empleo más que a los reflexiones
sobre el sentido y los riesgos de las mutaciones. Como si lo más impor-
tante fuera, por el momento, aprovechar esos «maravillososinstrumentos»
(G. P. Friedmann), y dejar para más adelante una reflexión crítica.
En fin, tras una ausencia de información hasta los años 80 sobre la
comunicación en la prensa, se ha asistido, por el contrario, después de
ese periodo a una plétora de informaciones, así como a la creación de
emisiones de radio y de televisión más o meno, narcisistas, cuyo objeto
son los media. LResultado? El nivel de información del público ha au-
mentado, no sin una cierta desproporción. Los multimedia, Internet..., son
objeto de una cobertura incesante, hasta el punto de que podría creerse
que Europa y los países desarrollados están ya en el cibermundo. La ad-
hesión ideológica ha suplantado ampliamente el deber de información de
la prensa. Esta, que mantiene, en general, una distancia crítica, sigue aquí,
al contrario, el discurso más directo entre todos los profetas de la sociedad
de la comunicación. No hay duda de que el nacimiento de un público
estudiante en este campo vendrá acompañado de un enfoque más crítico,
menos proclive a las informaciones y las promesas, o, en el lado opuesto,
más tendente a matizar los discursos catastróficos en beneficio de una
demanda de conocimiento.
Para resumir esta evocación rápida de una historia de las ciencias de la
comunicación en Francia, podrían distinguirse cinco factores.
A) Un cambio radical de contexto en veinte años
En los años 60 no había un medio intelectual que trabajara sobre la
comunicación, y Francia tenía retraso respecto a Estados Unidos, Gran
Bretaña y Alemania. Sólo algunas disciplinas tenían una cierta tradición
de exploración en ese terreno, especialmente la literatura, la psicología,
en parte la filosofía y la lingüística. Pero se trataba de competencias y
tradiciones centradas más bien en el texto: comunicación verbal, teatro y
cine, todo ello sin gran relación con la explosión de la comunicación, de
los media y de la informática. Treinta años después, existe una comunidad
científica, aunque sea todavía débil y necesitada de un trabajo interdisci-
plinario, siempre difícil. ¿Un índice? La historia de las revistas. En los años
60 no existían realmente más que Communications y Communication et Lan-
79
SOBRE LA COMUNICACIÓN
gage. Durante treinta años no hubo apenas creación de revistas. Pero en
los años 90 se asiste a una verdadera explosión editorial en Francia y en
Europa, principalmente con Herme», Réseaux, Quaderni, ME!, European Jour-
nal of CommUlúcation, Les Cahiers de médiologie...
Además, los cambios económicos, técnicos y culturales, las creaciones
de empleos y las necesidades de estudios han dado nacimiento a profe-
siones, a actividades, que, sin ser directamente demandantes de análisis
teórico, constituyen no obstante un medio cultural favorable a una refle-
xión. Incluso si, por el momento, la demanda corresponde más a una
necesidad de información, como lo atestigua el éxito de la prensa espe-
cializada en ese sector, que a una sed de conocimientos propiamente di-
cha. Es necesario además reconocer aquí el trabajo obstinado de algunos
escasos parlamentarios, menos de una veintena, que, durante veinte o
treinta años, contra viento y marea, en oposición a las modas, han pro-
ducido regularmente análisis y proposiciones; éstas han conferido al Par-
lamento una autoridad en la materia y le han permitido conservar una
cierta autonomía. En el seno de ese grupo, la constancia del senador lean
Cluzel es un buen ejemplo de independencia de espíritu.
B) Un interés creciente, pero dificultades no resueltas
La comunicación no es ni una disciplina ni una teoría, sino una en-
crucijada teórica; ya hemos visto que se construye en la intersección de
una decena de disciplinas, lo que explica una segura dificultad intelec-
tual...
Dos tareas deben emprenderse simultáneamente: desarrollar los tra-
bajos sobre la comunicación en cada una de las disciplinas a las que atañe,
y favorecer la construcción de objetos interdisciplinarios. En una palabra:
trabajar desde un punto de vista teórico sobre lacomunicación no es tanto
retomar, para ensalzarlo o criticarlo, el discurso de los actores, como cons-
truir objetos de conocimiento, como se hace, desde siempre, con todos los
aspectos de la realidad. La dificultad es aquí tanto más real cuanto no
hay ninguna distancia histórica entre las conmociones producidas por la
comunicación, y su análisis. Ambas son sincrónicas. Hay que construir la
autonomía intelectual de ese campo de investigación, crear las herramien-
tas teóricas, los conceptos -por ejemplo en torno al espacio público, la
comunicación política, la argumentación, la opinión pública, la recepción,
los relevos de opinión, la comurúcación interpersonal, las funciones de
agenda, la espiral del silencio, los usos y compensaciones, la comunicación
no verbal, los usos sociales, el interaccionismo, la comunicación intercul-
80
LAS INVESTIGACIONES
tural...- para llegar a escapar de esta «tiranía de la comunicación». La
producción de conocimientos interdisciplinarios es, sin duda, el único con-
trapeso al dominio creciente, en la realidad y en los espíritus, de las téc-
nicas de comunicación y de los intereses económicos que las sostienen.
C) El enfoque ideológico ha cambiado de forma en treinta años
Los adversarios de la comunicación eran ayer, fundamentalmente, los
marxistas, que libraban una doble lucha: lucha ideológica contra los me-
canismos de dominio, presentes en la comunicación internacional audio-
visual, y lucha económica para denunciar el peso de las industrias cul-
turales. Este enfoque perdura hoy, reforzado además por los aconteci-
mientos que, con la mundialización de la comunicación, reafirman las
múltiples formas de dominio económico, simbólico o cultural.
Sin embargo, la corriente dominante es otra: la ideología imperante es
más bien la de las industrias de la comunicación, es decir, la que elogia
«la sociedad de la información y de la comunicación» que se dibujará
después de los televisores y los ordenadores. Todo cambiará mañana con
la comunicación interactiva, incluso aunque ya hubiera sido anunciado
hace veinte años con la llegada de la televisión comunitaria por cable. La
fuerza de la ideología es la de no cambiar nunca, anunciando para ma-
ñana lo que habia prometido ayer. La debilidad de los hombres radica en
no interrogar suficientemente la historia para relativizar las promesas del
futuro...
D) La explosión del mercado de la comunicación
Por todas partes impera la exageración: tener treinta cadenas a do-
micilio parece lo mínimo, cincuenta, algo razonable, de cien a ciento vein-
te, el signo del progreso... Sin hablar de las promesas de interconexión
con las redes. Sin preguntarse si un individuo tiene realmente el deseo,
la necesidad, la capacidad de mirar tantas cadenas, de pasar tanto tiempo
ante su pantalla. Sin preguntarse por qué nos lamentamos de la enorme
cantidad de tiempo que pasa el ciudadano delante de la televisión tradi-
cional, a la vez que deseamos que ese mismo ciudadano se convierta lo
antes posible en un perfecto cibernauta, interactivo y multirnediatizado...
La comunicación ha pasado a ser uno de los símbolos más sólidos de la mo-
dernidad. Además, el éxito de esas técnicas es lo que explica esta sustitu-
ción de ideología: ayer marxista y crítica, hoy liberal y empapada de nue-
81
SOBRE LA COMUNICACIÓN
vas tecnologías. La cuestión que se plantea es «écómo funciona?» más que
«épara qué sirve?», pues se considera ésta una interrogación de pata de
banco, ya que el progreso parece ir «evidentemente» en la dirección de
las nuevas técnicas.
E) Distinguir estudios e investigaciones
Ayer las investigaciones del mundo académico eran la única manera
de acceder al conocimiento de un sector vital, pero acerca del cual la
demanda social era escasa. Hoy, la necesidad de conocimiento no es más
intensa, pero el fenómeno está enmascarado por la superabundancia de
informaciones que existen en el mercado, por las estrategias de los actores,
los cambios económicos, las prospectivas técnicas, los nuevos servicios y
su experimentación. Los estudios encargados por los actores y los poderes
públicos parecen proporcionar los conocimientos deseados. ¡Entre la infor-
mación de los actores, la de los despachos de estudios, la de los media,
y la vulgarización, todo parece claro! Hay una sensación profunda de
saberlo todo, y va acompañada de la idea de que las investigaciones no
sirven para nada si no son utilizables. Para qué andar con sutilezas, parece
responder la sociedad al mundo del conocimiento, cuando en un universo
dominado por tanto escepticismo la comunicación aparece, al contrano,
como uno de los últimos terrenos de aventura.
11. EL ITINERARIO DE UN INVESTIGADOR: «¡CIRCULEN, NO HAY NADA
QUE PENSAR'»
Desde hace veinte años, mis investigaciones se desarrollan en torno a
la cuestión de las relaciones de la comunicación con la sociedad. De múl-
tiples maneras he abordado ese objeto fascinante e inasequible: ¿qué es
hoy la comunicación? ¿Cuál es el modelo cultural? ¿Cómo esta cuestión tan
antigua está actualmente trastocada por el éxito masivo, a menudo vio-
lento, en todo caso rápido, de las técnicas de comunicación? ¿Qué lazos
existen entre comunicación y cultura de masas de un lado, y entre éstas
y democracia de masas por otro?
Digamos que la dificultad teórica de la comunicación es inversamente
proporcional a la omnipresencia de ésta en la vida cotidiana. Como si su
banalización, en una panoplia cada vez más avanzada de herramientas
fascinantes y mágicas, pusiera el punto final a la reflexión.
Dicho de otro modo: «¡Circulen, no hay nada que pentar!». El éxito de la
82
LAS INVESTIGACIONES
comunicación en las múltiples situaciones de la vida diaria parece aportar
la respuesta práctica a la ausencia de legitimidad teórica que siempre ha
rodeado esta cuestión. En realidad, tal triunfo conduce a error. Se nece-
sitarán conflictos sociales para hacer comprender que, más allá de las po-
líticas y los cálculos económicos, de los avances y las seducciones, existen
riesgos antropológicos esenciales. Para admitir, en fin, en pocas palabras,
que la comunicación es una de las cuestiones más complejas en nuestras
sociedades y entre las culturas.
Es, sin duda, la angustia ligada a la distancia entre la importancia de
las cuestiones y la escasez del número de trabajos existentes lo que me
ha empujado, en el CNRS (Centre national de la recherche scientifique),
a emprender investigaciones de envergadura en este terreno. Es decir,
a construir una política cientgica sobre la comunicación, única condición de la
emergencia de una comunidad científica.
Porque la experiencia demuestra que no progresa el conocimiento si
no existe una comunidad científica. Es verdad que el trabajo de creación
intelectual -sobre todo en ciencias sociales- sigue siendo a menudo so-
litario, pero la recepción, la discusión, la acogida y la circulación de ideas
dependen de la existencia de una comunidad. Esta puede ser un freno a
la innovación -como lo demuestra en cada generación la historia de las
ideas-, pero puede también jugar un papel decisivo y dinámico cuando
se trata de un campo nuevo como el de la comunicación. La comunidad
tiene también una función positiva de protección y de valorización. No se
puede trabajar y pensar solo. Además la investigación y, de un modo
general, la creación de conocimientos nos llevan a ser humildes, en el
sentido de que cada uno necesita el trabajo de los otros. En resumen, es
esta conciencia de la importancia de las comunidades intelectuales en la
investigación, lo que explica el tiempo que he dedicado a estas cuestiones.
Porque no hay comunidad sin política científica, es decir, sin orientación
en un periodo largo, con las prioridades intelectuales, las teorías, las fi-
nanciaciones, las evaluaciones.
A) El programa Ciencias-Tecnología-Sociedad del CNRS (1980-1985)
Desde ese punto de vista, la dirección del programa Sciences- Techno-
logie-Société (STS) del CNRS, de 1980 a 1985, me ha sido muy útil. Se
trataba, en la línea de lo que existía en Estados Unidos, en Alemania y
en Gran Bretaña, de estimular los trabajos interdisciplinarios que anali-
zaran la interacción, en los dos sentidos, entre ciencia y sociedad. Es decir,
las épocas en las que la lógica científica y técnica se impusieron a la
83
SOBRE LACOMUNICACIÓN
sociedad, y a la inversa, aquellas en las que las demandas sociales y eco-
nómicas han tenido un nuevo impulso y han estimulado la investigación
fundamental. Comprender esta interacción en sectores tan diferentes
como la química, la aeronáutica, las telecomunicaciones, la física, lo nu-
clear, la defensa o la biología, ayuda a admitir la imposibilidad de separar
ciencia y sociedad; también esto fue una lección de modestia.
Un programa STS es en miniatura un lugar de lectura de todas las
complejas relaciones entre ciencia y sociedad. En perjuicio, por otra parte,
de todas las teorías unívocas, que dan más importancia a una visión lineal
del desarrollo de las ciencias.
Tres dimensiones fueron favorecidas', el estudio de la situación de la
ciencia; el papel del Estado; el desarrollo de las políticas de la ciencia y
la tecnología, y su impacto en la sociedad. Se trataba, a partir de tradicio-
nes de la filosofía y la historia de las ciencias, de ensanchar la perspectiva
tradicional sin caer en el sesgo de una «sociologización de la ciencia» que,
a fuerza de demostrar la interdependencia de las ciencias y la sociedad,
llega a negar la autonomía del conocimiento científico y técnico. La de-
bilidad de la comunidad científica francesa ya me había llamado la aten-
ción.
B) El programa acerca de las ciencias de la comunicación
del CNRS (1985-1995) 4
Eramos conscientes algunos -principalmente G. Delacóte, entonces
director del departamento de información científica y técnica del CNRS,
A. Matelart e Y. Stourdzé- de la importancia de la apuesta teórica. El
director general del CNRS entonces, P. Papan, pidió un informe científico
y favoreció la puesta en marcha en 1985 de un programa de investigación
acerca de las ciencias de la comunicación, que fue apoyado por todos sus
sucesores.
¿Para qué evocar, aunque sea brevemente, la forma en que se elabora
la política científica? Para que el lector comprenda cómo un organismo
de investigación como el CNRS decide esa política.
El programa acerca de las ciencias de la comunicación tenía por ob-
jetivo financiar y desarrollar trabajos fundamentales en tres direcciones:
las neurociencias y las ciencias cognitivas, respecto a los procesos de com-
4 Para más detalles sobre el proyecto científico, se puede acudir a los resúmenes del
informe sobre las ciencias de la comunicación, que redacté en 1985 y que se reproduce
después de la conclusión de este libro.
84
LAS INVESTIGACIONES
prensión y de producción del lenguaje, del conocimiento y de la memoria;
las ciencias cognitivas y las ciencias físicas para ingenieros, en el marco del
reconocimiento de formas, de la representación de los conocimientos en
inteligencia artificial, de modelos de percepción y razonamiento para la
comunicación hombre-máquina; y las ciencias humanas y sociales para la
imagen, la comunicación, la política, y más generalmente el impacto de
las ciencias de la comunicación en la sociedad. En diez años fueron fi-
nanciados ciento sesenta proyectos de investigación, de ellos dos tercios
para ciencias sociales. Los resultados más importantes fueron publicados,
la may<;ría en la revista Bermés, «Cognition, Communication, Politique»
(CNRS Editions), nacida en 1988.
¿Qué balance científico puede hacerse de un programa que en diez
años ha contribuido a recuperar el retraso de Francia y que se ha em-
peñado en poner un poco de conocimiento allí donde dominan los es-
tudios y a menudo los efectos de la moda?
Se imponen cinco conclusiones:
1. La comunicación no es una disciplina, pero hay que partir de las dis-
ciplínas y servirse de su capital de experiencia y de conocimiento para
estudiar este objeto disciplinario. Es la forma de escapar a la moda del
instante que domina, sobre todo en ese nuevo sector. Se dará preferencia
a los trabajos históricos para hallar un poco de profundidad. También es
necesario favorecer un enfoque comparativo para comprender cómo otros
países, otras tradiciones culturales, asimilan esos cambios técnicos y so-
ciales.
2. Se favorecerán los conocimientos y no la descripción, las interpretacio-
nes construidas más que los juicios mordaces, a fin de superar la fasci-
nación ligada a los resultados de las máquinas. Después de todo, al final
de esas técnicas que se perfeccionan sin cesar, se encuentra siempre la
antiquísima cuestión de la relación con el otro, mucho menos «superada»
de lo que parece. En esta perspectiva, es esencial trabajar los conceptos
para estructurar ese campo de conocimiento emblemático de las socieda-
des contemporáneas.
3. Hay que pensar la comunicación en su contexto, es decir, com-
prender que no hay comunicación sin sociedades y que son esos contextos
sociales los que más a menudo dan su sentido, su color, su especificidad,
a los procedimientos de comunicación aparentemente estandardizados.
4. Hay que emprender trabajos sobre el largo plazo, y romper así con
la verdadera tiranía de la prospectiva que anuncia regularmente reformas
radicales «para mañana». La simple enumeración, durante veinte años, de
85
SOBRE LA COMUNICACIÓN
las múltiples rupturas que cambiarían todo, permite relativizar saludable-
mente las pretensiones de la prospectiva.
5. En fin, no existe política científica sin proyecto de construcción de
un medio científico, si no parte de una comunidad, y sin revistas. Hay que
recordar aquí el papel de colecciones como «Hermes», pero también de
revistas como Quaderni, Réseaux, Communications, Intermédia, Media, Culture
and Society, Les Cahiers de médiologie... La multiplicación de revistas desde
hace diez anos atestigua la renovación intelectual de reflexión sobre la
comunicación, la cultura y la sociedad. El éxito de una revista no es nunca
otra cosa que el encuentro entre una oferta, en este caso científica y cul-
tural, y una demanda, cuando no es una apetencia.
III. LAS CUATRO POSICIONES TEÓRICAS
Entre las seis disciplinas movilizadas, las naturalezas múltiples de los
trabajos sobre la radio, la televisión, la informática, los nuevos media, los
campos de aplicación (trabajo, ocio, educación, servicios...), las perspecti-
vas técnicas, económicas, sociales y culturales, hay tanta diversidad que
parece difícil la síntesis de las posiciones teóricas en presencia. Tanto más
cuanto ese dominio de conocimiento, que se beneficia sin duda de tra-
diciones antiguas a través de la literatura, la psicología, la filosofía, el
estudio de la prensa escrita y de la edición, ha sido no obstante comple-
tamente alterado con la llegada de las telecomunicaciones, de la radio, y
luego de la televisión y de la informática. Todo ordenamiento es, pues,
sospechoso, salvo que se precise en relación con qué factor discriminante
se efeclúa.
El ángulo elegido aquí se refiere a las relaciones entre la comunicación y
la sociedad. Tales son los dos ejes que hemos retenido, con dos hipótesis
cada vez. Por lo que respecta a la comunicación, la oposición se silúa entre
los trabajos que parten de una hipótesis favorable a la comunicación y
los que parten de una hipótesis desfavorable. Por lo que respecta a la socie-
dad, la oposición reside entre los trabajos que contemplan una visión
abierta de la sociedad y los que insisten más bien en el tema del control
social o del dominio. Desde mi punto de vista, está de una parte la actitud
favorable o desfavorable con respecto a la comunicación, y de otra parte
la visión más o menos cerrada de la sociedad y de las relaciones sociales,
que forman los dos ejes en torno a los cuales se distribuyen los trabajos
sobre la comunicación. El factor discriminante es, pues, la forma en que se
piensa la relación comunicación-sociedad.
86
LAS INVESTIGACIONES
Por comunicación hay que entender aquí el conjunto de técnicas, de la
televisión a los nuevos media, y su implicación económica, social y cul-
tural. Pero también los valores culturales, las representaciones y los sím-
bolos ligados al funcionamiento de la sociedad abierta y de la democracia,
como he explicado en la Introducción. Finalmente, pues, y en relación con
una concepción antropológica de la comunicación, se han clasificado las corrien-
tes de pensamiento en cuatro grupos.
Esas cuatro posiciones estructuran este dominio bastante más allá de
la investigación y se encuentran en la prensa, en el discurso de los actores
o en el de los políticos. Al leer los artículos de prensa o al escuchar a tal
o cual personaje que interviene acerca del campo de la comunicación, se
pueden encontrar esas cuatro posiciones, y sobre todo saber a cuál de
ellas se une el artículo o el actor.
¿Por qué insistir en el hecho de que esas cuatro posiciones, que son
el resultado de un acto de conocimiento, van más allá de posiciones es-
trictamente teóricas, y discriminan también tanto los discursos de inves-
tigación como aquellos de los actores o de la información? Para recordar
que en materia de comunicación hay siempre superposición de discursos.
El discurso erudito no está siempre alejado del discurso del actor, del del
periodista o del discurso común. Es el alto precio que hay que pagar por
la ambivalencia fundamental de la comunicación. Todo el trabajo sobre
las diferentes posiciones teóricas en el campo de la comunicación supone
la previa revolución mental señalada en la Introducción, que ha hecho
del individuo el sujeto de su propia historia. La emergencia de la co-
municación, desde el sigloXVIII, en su perspectiva normativa, no habría
ocurrido si no hubiera habido previamente este lento reconocimiento de
la libertad y de la igualdad de los individuos, es decir, el reconocimiento
del lugar que ocupa el otro. En breves palabras, no hay «revolución de
la comunicación» sin revolución previa del sujeto.
Eso ocurre porque las cuatro posiciones teóricas corresponden a una
concepción de las relaciones entre comunícación y sociedad, a través de
cuatro subconjuntos: el individuo, la democracia, la economía y la técníca.
Esto significa que cada una de ellas implica una cierta relación con el
individuo, la democracia, la economía y la técnica.
Dicho de otro modo, cada visión de las relaciones comunicación-socie-
dad implica frecuentemente un enfoque de intersubjetividad, de relación
con las técnicas, la política y la economía. En esto, una visión de la in-
formación y de la comunicación encubre una teoría implícita o explícita
de la sociedad y del lugar que en ella ocupan los individuos.
En fin, y esto se desprende de los dos puntos precedentes: no hay
87
SOBRE LA COMUNICACIÓN
una posición «natural» sobre la comunicación, tanto en lo que respecta a
la imagen como a la recepción, la televisión, las nuevas técnicas de la
comunicación...
Desde ese punto de vista, aconsejaría al lector plantear a cada discurso
académico, político, técnico o económico que tomara partido sobre la in-
formación o sobre la comunicación, las cuestiones prácticas siguientes:
¿Qué se presupone? lOe qué habla el que habla tan «naturalmente» de la
comunicación? ¿Cuál es su visión implícita de la sociedad? ¿Cómo influye
ésta en su concepción de la comunicación?
Hechas estas observaciones, volvamos a las cuatro posiciones teóricas.
A) Primera corriente: los turiferarios
Esta corriente, muy optimista tanto sobre la sociedad como sobre las
técnicas, reagrupa a aquellos que ven en las rupturas de la comunicación
el surgimiento de una nueva sociedad, más democrática, más relacional e
interactiva. Se trata aquí, casi, de una «creencia». Esta posición es omni-
presente en los media, los periódicos, los trabajos de prospectiva. Aquí
todo, o casi, es «positivo». Las «resistencias» de las sociedades se identi-
fican con un «miedo al cambio» y a los arcaísmos. Y sobre todo, no hay
que tomar retraso con respecto a Estados Unidos ni a los dragones del
Sudeste asiático (como si el modelo de la sociedad de mañana fuera a
venir de allí y conquistar el mundo entero...). ¿El tema? La economía de
lo inmaterial pone en el centro del sistema productivo la acumulación de
la información y de la comunicación, de las que cada uno es productor,
haciendo así de esta sociedad la primera en la que los individuos se en-
cuentran en el centro del sistema productivo. El mercado, con la desre-
glamentación, es el instrumento de esta transformación, y la aldea pla-
netaria, la perspectiva para todos.
Si el público no está todavía convencido de las virtudes de esta sa-
cudida, no es por falta de información o por miedo al cambio. La lógica
económica es el brazo armado de esta revolución mundial, que permitirá
redefinir las relaciones Norte-Sur y dar una oportunidad a los países del
Sur. La educación, que es uno de los complementos de esta revolución
de la comunicación, permitirá a esas naciones saltar una etapa, la de la
sociedad industrial, para encontrarse directamente en la «sociedad postin-
dustrial».
Aparece aquí el discurso dominante en las industrias de la comuni-
cación y, más ampliamente, en todos los partidarios de esta «revolución».
88
LAS INVESTIGACIONES
B) Segunda corriente: los críticos
Esta corriente denuncia las desviaciones de la comunicación, de sus
industrias, sus intereses y sus ideologías. ¿Se puede escapar de ellas? Al-
gunos lo creen, y otros, al contrario, más pesimistas, consideran esos múl-
tiples servicios de comunicación como las «camisas de fuerza de mañana».
Esta alienación es más peligrosa que el dominio, y la cosificación amenaza
a las sociedades modernas de comunicación. Las industrias de la cultura
y de la comunicación son los principales artífices de este dominio ideo-
lógico. Sin embargo, se puede emprender una lucha, porque se trata de
«liberar» a los individuos y las sociedades de una influencia que es cul-
tural e ideológica antes incluso de ser económica y política. Los mecanis-
mos de dominio cambian, no el dominio ni el poder, hoy casi más tota-
litario que ayer a través de la gestión, o la manipulación de la información.
En el plano internacional, las ideologías de la sociedad postindustrial sólo
son coartadas de una nueva división internacional del trabajo que refuerza
el dominio del Norte sobre el Sur.
La referencia a los conceptos marxistas es próxima a esta visión de las
relaciones entre la comunicacion y la sociedad, y conduce a la idea de
que sólo un cambio radical permitiría invertir la lógica. Las técnicas de
comunicación pueden tener un buen uso si son subtendidas por otro pro-
yecto político. En esto es en lo que se trata de una perspectiva abierta de
la sociedad, ya que los cambios son posibles en una óptica igualitaria y
emancipadora.
C) Tercera corriente: los empiristas-críticos
Aquí es esencial la idea de un margen de maniobra en las relaciones
entre comunicación y sociedad. La sociedad no será jamás justa ni igua-
litaria, pero al menos ha dado a luz, a través del calor de la comunicación
y gracias a las técnicas que llevan su nombre, instrumentos y referencias
conformes con el ideal democrático.
Si la comunicación no es bastante para construir una sociedad demo-
crática, al menos sus valores permiten sacar a relucir las contradicciones
entre los ideales y la realidad. Yen consecuencia de emprender combates
intelectuales, culturales y políticos para que esos ideales, enarbolados por
la sociedad y plebiscitados por las técnicas y los servicios, sean más con-
formes con sus propios discursos. Esta acción crítica la hace posible la
ambigüedad fundamental de la comunicación, con sus dimensiones fun-
cional y normativa. Y he aquí la segunda hipótesis: la inteligencia del pú-
89
SOBRE LACOMUNICACIÓN
blico es la guardiana de esta dualidad de la comunicación, evitando el
hundimiento de su dimensión funcional. La inteligencia del público equi-
vale simétricamente a la inteligencia del ciudadano en el modelo demo-
crático.
La reglamentación es, en este caso, capital para preservar un equilibrio,
primero entre sector público y sector privado, y luego entre media ge-
neralistas y media temáticos, en fin, entre los intereses de las industrias
y las identidades culturales nacionales. La comunicación de masas no es
la perversión de la comunicación, sino la condición normativa de la de-
mocracia.
En cambio, el tema de la «sociedad de la información» es un discurso
ideológico, ligado a los intereses de las industrias susceptibles de crear
nuevas desigualdades, pero que sobre todo abren una brecha a un de-
sastre antropológico. Las élites asumen una responsabilidad en estos des-
lizamientos de la ideología de la información y de la comunicación, por
no haber sabido hacer las cosas que les correspondían, y sobre todo por
no haberse tomado en serio, desde un punto de vista teórico, ese inmenso
arsenal.
D) Cuarta corriente: los nihilistas
Esta corriente manifiesta, al principio, una desconfianza doble hacia la
sociedad y hacia el hombre. La primera idea es que la sociedad no ha
cambiado fundamentalmente, y que no cambiará estructuralmente, inclu-
so si la democracia mejora parcialmente ciertas situaciones. La segunda
idea afecta a la finalidad de la comunicación, que no mejora de modo
sustancial las relaciones humanas o colectivas, y que constituye más bien
un mercado de engañabobos. Los nihilistas, más o menos escépticos, com-
parten con los turiferarios una creencia sólida en el poder de las técnicas,
pero de forma opuesta. Mientras los segundos ven en ellas un factor de
cambio radical -sobre todo las nuevas técnicas-, los primeros se entre-
gan a una visión pesimista. Según este esquema, y contrariamente al an-
terior, los individuos no están dotados de un real sentido crítico. En rea-
lidad los actores son víctimas, victimas de esa «virtualidad» de una co-
municación «emancipadora». Sólo una minoría, desengañada pero realista,
está en disposición, por su cultura, de denunciar las trampas y las ilusio-
nes de esta comunicación. La perspectiva desconfiada, elitista, es la que
domina aquí. No obstante, existe un enfoque menos trágico. En lugar de
ver alienación y dominio en la imagen o en la comunicación, retiene por
el contrario juegos, frivolidades y decadencias más o menos festivas. Los
90
LAS INVESTIGACIONES
individuos se pierden en el juego y el simulacro, sin ilusión, pero con
alegría, y escapan así a la cultura racional dominante.
Sea «pesimista» u «optimista», esta cuarta corriente manifiesta en todos
los casos una cierta desconfianza respecto a la imagen. La imagen no dice
la verdad, miente, engaña...; y en todo caso, no está del lado de la eman-
cipación, sino del poder. Volvemos a encontrar la antigua reticencia del
pensamiento occidental respecto a la imagen. Es inútil confiar en el es-
píritu crítico del público, plagado de ilusiones. E inútil creer en el grupo,
al que se manipula. Sólo una minoría ejerce una verdadera crítica, sin
esperanza de ser escuchada. Nos hallamos ante la desesperanza de la
lucidez de la minoría ilustrada contra las ilusiones de la pericia colectiva.
El escepticismo está hecho a la medida de la omnipresencia de la imagen
y de los mundos virtuales que, mañana, encerrarán a los individuos y las
colectividades en las simulaciones de realidad.
En el primer grupo se encuentran los turiferarios de la revolución de la
información y de la comunicación, cuyo número crece a medida que los
mercados se expanden.
En el segundo grupo están aquellos que, en nombre de un enfoque
marxista o -francfortés», denuncian la captación de la comunicación y de
sus industrias en provecho de los intereses económicos e ideológicos de
las industrias de la comunicación. Se pueden considerar cercanos a una
visión estructuralista en la que la lógica de los intereses gana siempre a
la lógica de los actores.
El tercer grupo reúne a aquellos que desean utilizar la ambigüedad de
la comunicación para preservar sus dimensiones de emancipación y per-
mitir tanto a los individuos como a las colectividades rechazar la cosifi-
cación y la instrumentalización completa de la comunicación. Nos encon-
tramos aquí con la visión idealista crítica que aparece a menudo en una
cierta filosofía de la historia y de la sociedad.
El cuarto grupo reúne a aquellos que finalmente no tienen confianza ni
en la sociedad democrática, ni en la cantidad de personas, ni en la co-
municación y las industrias ligadas a ella, ni incluso en el individuo... La
comunicación y la imagen crean una libertad ilusoria y no mejoran la
percepción del mundo y su transformación. El único garante es la crítica
radical. Podrían ser llamados los postmodernos.
Estas son las cuatro posiciones teáricas en Francia sobre el análisis de las
relaciones entre comunicación y sociedad. Conocerlas permíte al lector
sítuarse mejor de cara a los análisis presentados. Me parece inútil precisar
que mi posición teórica está próxima de la tercera corriente.
91
SOBRE LA COMUNICACIÓN
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93
SEGUNDA PARTE
TELEVISIÓN: EL VÍNCULO SOCIAL
INTRODUCCIÓN
EL VÍNCULO SOCIAL DE LA SOCIEDAD INDIVIDUALISTA
DE MASAS
La historia contemporánea ha visto sucederse dos rupturas radicales,
que han colocado, ambas, en su centro, la problemática del vínculo social.
En el plano sociológico, el surgimiento de la «sociedad de masas» con la
revolución industrial del siglo XIX y sus consecuencias: crecimiento de la
clase obrera, de la población urbana, y llegada tardía, tras las dos guerras
mundiales y numerosas luchas, de la sociedad de consumo. En el plano
político, surgimiento de la democracia de masas, a través de la conquista
del sufragio universal.
El resultado es lo que llamo la sociedad ituutiduaíisu: de masas, en la que
cohabitan dos datos estructurales, ambos normativos pero contradictorios,
constitutivos de nuestra realidad social y política: la valorización del in-
dividuo, en nombre de los valores de la filosofía liberal y de la moder-
nidad; la valorización de la multitud, en nombre de la lucha política en
favor de la igualdad. La economía ha asegurado el paso de uno a otra,
al ensanchar sin pausa los mercados, hasta la instauración de una socie-
dad de consumo de masas, en la que encontramos de nuevo las dos
dimensiones: elección individual y producción en gran cantidad. Estamos
obligados, como he explicado antes, a administrar esas dos dimensiones
económicas: el individuo y la masa, cuya existencia trastorna los equilibrios
socioculturales anteriores.
La crisis del vínculo social es el resultado de la dificultad de encontrar
un nuevo equilibrio. Los vínculos primarios, ligados a la familia, al pueblo,
al oficio, han desaparecido, y los vínculos sociales ligados a las solidari-
dades de clase y de pertenencia religiosa y social se han hundido. El
resultado es que ya no hay gran cosa entre la masa y el individuo, entre
el número y las personas. En este contexto de ausencia de relevos socio-
culturales entre el nivel de la experiencia individual y el de la escala
97
SOBRE LA COMUNICACll)N
colectiva se sitúa el interés de la televisión, que ofrece justamente un
vínculo estructurante entre esas escalas yesos espacios.
Pero volvamos brevemente a la crisis del vínculo social ligado a las
contradicciones de la sociedad individual de masas. Ninguna de las re-
ferencias unitarias que organizaban ayer el espacio simbólico de nuestras
sociedades resulta hoy estable. Por todas partes dominan las dualidades
contradictorias cuya consecuencia es una cierta fragilización de las rela-
ciones sociales. Existe, como se ha visto, la pareja individuo-masa, con
finalidades evidentemente contradictorias; la oposición igualdad-jerarquía,
en la que la existencia de la igualdad no excluye en absoluto la realidad
de una sociedad bastante inmóvil y jerárquica; el conflictoapertura-cierre
ligado al hecho de que la apertura y la comunicación han pasado a ser
las referencias de una sociedad sin un gran proyecto desde la caída del
ideal comunista; la distancia que separa la elevación general del nivel de
conocimientos y la realidad masiva de un desempleo descalificante... Y
todo eso en el contexto de la desintegración de las estructuras familiares,
de los desequilibrios ligados a los movimientos de emancipación de las
mujeres, de la crisis de los modelos de trabajo en los que las identidades
campesina y obrera han desaparecido en provecho de un sector terciario
proteiforme, de dificultades para hacer del medio urbano un marco de
vida aceptable...
El tributo a la libertad se paga caro, como se paga caro el advenimiento
de la sociedad de masas, en nombre de la igualdad. Mutaciones tanto más
difíciles de integrar por cuanto, además, los ciudadanos, gracias a los me-
dia, se proyectan hacia el mundo exterior. Con la televisión, cada uno da
varias veces al día la vuelta al mundo desde su cocina o desde su co-
medor. Y para completar el paisaje, no olvidemos que esta afirmación de
los derechos del individuo va acompañada de un rechazo de las jerar-
quías, de los códigos y de las reglas impuestas por las múltiples institu-
ciones que son la familia, la escuela, el ejército, la Iglesia... Cada uno es
libre, incluso si el resultado consiste en una discreta pero obsesionante
soledad, que explica la importancia creciente de la problemática del
vínculo social.
Mi hipótesis, después de muchos años, es que la unidad teórica de la
televisión se sitúa en relación con ese riesgo. Esto se ve, por otra parte,
en el uso de la palabra. Cuando hace una quincena de años yo hablaba
de la televisión, se captaba a lo mejor la idea original, pero se pensaba
sobre todo que ocuparse del vínculo social era menos importante que
criticar la dominación impuesta por la televisión, en nombre de la cultura
de masas. No éramos muchos entonces, en ciencias sociales, los que uti-
98
ELVÍNCULO SOCIAL DELA SOCIEDAD INDIVIDUALISTA DEMASAS
lizábamos el vocabulario del vínculo social, procedente de los primeros
trabajos de sociología y de antropología de principios de siglo.
Luego todo cambió. La violencia de las fracturas sociales ligadas a la
crisis ha llevado esta problemática al centro de la sociedad y de la política.
Hasta el punto de que hoy, equivocadamente, todo el mundo habla de
vínculo social a propósito de todo. El abuso de la palabra no impide el
interés crucial de esta cuestión, por lo demás muy compleja.
La televisión es actualmente uno de los principales vínculos sociales
de la sociedad individual de masas, y es así mismo una forma de ese
vínculo social. Como he dicho a menudo, la televisión es la única activi-
dad compartida por todas las clases sociales y todas las edades, estable-
ciendo así un vínculo entre todos los medios. Esto no impide, al contrario,
una crítica empírica de lo que es la televisión. Pero a la vista de esta am-
bición y de este papel antropológico puede ser criticada. A condición de
no mezclar los dos niveles, teórico y empírico.
Es esencial distinguir los dos planos; esto permite comprender lo que
me separa finalmente de los trabajos de la escuela de Francfort. Para ellos,
la instrumentalización de la comunicación en las relaciones económicas y
de poder del sistema capitalista le han hecho perder todo valor normativo,
colocándola finalmente junto a los aparatos ideológicos de dominio. Sin
negar esta dimensión, aún más visible hoy que hace cincuenta años, con
la internacionalización de las industrias de la comunicación, sigo sin estar
de acuerdo con esta hipótesis que apunta a instrumentalizar definitiva-
mente la comunicación, y hacerle perder cualquier otra dimensión. Esta
tesis, en cambio, tiene mucho éxito, porque es radical y sin ambigüedad.
La paradoja, por cierto, de las ciencias sociales, inevitablemente ciencias
de la complejidad y de los matices, consiste en que sólo tienen éxito si
son «radicales», como si radicalidad y verdad fueran sinónimos...
Sin embargo, en nombre de las sucesivas radicalidadcs, tantos errores
trágicos han sido dichos y cometidos en el siglo xx, que ese vínculo, siem-
pre dudoso, entre verdad y radicalidad, debería ser puesto en entredicho.
Seduce, no obstante, hasta cuando trata de los trabajos relativos a la co-
municación. El gran progreso epistemológico en ciencias sociales ocurrirá
el día en que se admita que la exigencia crítica no es sinónimo de discursos
violentos y catastróficos, ni de conclusiones dicotómicas y radicales. Yque
en ciencias sociales verdad no es sinónimo de radicalidad. ¿Por qué hemos
dado este rodeo? Porque desde hace muchos años esta tesis de la tele-
visión como vínculo social la critican aquellos que no la consideran lo
bastante radical, lo bastante «justa», como si hiciera falta ser lo más hostil
posible a la televisión para estar más cerca de la verdad.
Me parece, por el contrario, que los acontecimientos en Europa, tras
99
SOBRE LA COMUNICACiÓN
una quincena de años que han visto la televisión secuestrada por la re-
lajación del dinero, de los audímetros y de la aventura privada, restable-
cen progresivamente las prácticas que ilustran esta hipótesis del papel de
los media de masas como vínculo social.
Naturalmente, no se trata de afirmar que la televisión "hace» el vínculo
social -sería caer en un determinismo tecnológico que, por otra parte,
condeno--, sino más bien que, en un periodo de profundas rupturas so-
ciales y culturales, sigue siendo uno de los vínculos sociales de la moder-
nidad. No es el único, y otros igualmente se desarrollarán, pero el hecho
de que no sea el único no impide que se recuerde su papel, que se ha
vuelto más importante dada su visibilidad y su popularidad. Ella contri-
buye a ese «sentido», tan difícil de establecer, de las sociedades modernas.
Además, decir que la televisión contribuye al vínculo social no nos tras-
lada a la técnica, como he dicho a menudo, sino al estatuto de la sociedad
individualista de masas, es decir, a una mezcla de individualismo, libertad
e igualdad. La televisión juega este papel respecto a ese triángulo de la
modernidad, especie de estructura antropológica de la sociedad. Dicho de
otro modo, lo que prima es lo social, y no la técnica.
La fuerza de la televisión estriba en constituir ese vínculo social, y
representarlo. Volviendo a la hipótesis de E. Durkheim sobre la religión,
casi se podría decir que la televisión es una de las formas elementales de
lo social. Si hay numerosas prácticas sociales que contribuyen al vínculo
social, pero no son visibles, el interés de la televisión está en que lo re-
presenta de forma visible para todos. Y a este nivel de visibilidad y de
representación no existen otras muchas actividades sociales y culturales
tan transversales como la televisión. ¿No es acaso, junto con la meteoro-
logía, la única actividad realmente compartida por todas las clases sociales
y todas las edades? Precisamente porque existe ese papel social de la tele-
visión, critico el discurso entusiasta, demasiado técnico, que rodea la te-
levisión temática, presentada como el futuro de la televisión. Tal plantea-
miento confunde precisamente la dimensión social y la dimensión técnica,
y reduce la televisión a la segunda.
El problema no es la existencia de la televisión temática, un fenómeno
clásico de la segmentación de mercados. El problema se plantea cuando
esta evolución, posibilitada por la técnica, se presenta como un progreso
en relación con la problemática de la televisión generalista. Aquí se cae
en la ideologia técnica.
Recordar el papel de los media generalistas en relación con el vínculo
social, es, pues, volver a situar el reto de la comunicación en el marco de una
teoría de la sociedad. La posición en favor de los media generalistas es ante
todo la respuesta a la siguiente pregunta: écórno establecer un vínculo, a
100
ELVí'JCULOSOCIAL DELASOCIEDAD INDIVIDUALISTA DEMASAS
través de los media generalistas públicos o privados, en el seno de las
sociedades con importantes fracturas y exclusiones? ¿y cómo establecer
un vínculo, a través de los media nacionales, en sociedades abiertas en
las que la ideología de la «comunicación mundial», directamente isomorfa
a los intereses de las multinacionales, desestabiliza todavía un poco más
las identidades nacionales, y aumenta en los países del Sur su profunda
ira contra los países ricos del Norte? He aquí la doble apuesta esencial de
la relación entre una teoría de los media generalistas y la problemática
del vínculo social. La cuestión no está en la apertura al mundo, ya am-
pliamente efectuada en medio siglo, y visible hoy en la economía mun-
dialista de los grupos de comunicación. Está en la investigación de los
medios capaces de reforzar la cohesión social en el interior de las socieda-
des, y de seguir ofreciendo, conforme al modelo de la democracia, una
posibilidad de informarse, de cultivarse y de divertirse al mayor número
de personas. Y en el escalón mundial, asegurar una reglamentación para
evitar que esta mundialización de la comunicación conduzca, por una
nueva ley de la jungla, a reforzar a los más poderosos y a los más ricos.
La conexión entre vínculo social y media generalistas sigue estando
del lado de lo normativo, es decir, de la referencia a lo universal, mientras
que la adhesión a lo temático, aparentemente más adaptado a las nece-
sidades del público, es en realidad compatible con una teoría de la socie-
dad que acepta fracturas, desigualdades y segmentaciones. El fiel de la
balanza entre las diferentes concepciones de la televisión y las teorías de
la sociedad se refiere al estatuto de público.
Se oponen dos teorías. Una disocia la realidad de los públicos de la
cuestión teórica del gran público. Para la otra, el público es la suma de
los audímetros. De un lado, la problemática del público, como la de la
televisión, nos lleva a una teoría de las relaciones entre comunicación y
sociedad. Del otro, está ante todo ligada a las realidades del mercado y
se resume en una lógica económica y cuantitativa. Nos enfrentamos a dos
teorías: la que une comunicación y sociedad; y la que considera la elección
de los públicos como la mejor de las teorías. Dos filosofías de la comu-
nicación y finalmente dos concepciones de la sociedad. ¿Por qué no? Pero
a condición de situar el antagonismo en el nivel teórico, que es el suyo, y
de no perderse en categorías económicas o en cuestiones de tecnología.
No hay, en este sentido, una teoría de la comunicación sin una teoría
implicita o explicita de la sociedad. Ysi quisiera polemizar, diría que existe
una compatibilidad perfecta entre una sociedad organizada según el mo-
delo de lo «políticamente correcto", en la que cohabitan sabia, democrática
y representativamente todas las comunidades, en la indiferencia general
mutua, y una sociedad que reposa en una teoría de los media fragmen-
101
SOBRE LACOMUNICACIÓN
tados, donde cada individuo y cada comunidad dispondría de sus media
para encerrarse allí mullidamente. '
En esto toda organización de la televisión, como de la radio, además,
remíte a una teoría de la sociedad. En esto también la valorización de los
media generalistas remite a una cierta exigencia cultural y democrática.
En esto, en fin, toda defensa de la televisión generalista es inseparable de
una defensa de la televisión pública y, para el futuro, del mantenimiento
de un, sistema m i ~ t ~ equilibrado, público-privado. El sistema sigue siendo
ademas la gran o;lgInahdad de Europa, que deberia sentirse orgullosa, en
lugar de desconfiada, en el momento en que se ve confrontada a la in-
mensa batalla de la desreglamentación.
102
CAPÍTULO 4
TELEVISIÓN GENERALISTA y TEORÍADE LA SOCIEDAD
Desde hace tiempo defiendo la tesis según la cual la televisión gene-
ralista es el media más adaptado a la heterogeneidad social de la sociedad
individualista de masas l. Antes de desarrollar esta posición, deseo recor-
dar que la radio desempeñaba -y sigue desempeñando todavía hoy en
gran medida- ese mismo papel. Y lo juega tanto más cuanto ésta no
tiene el incordio de la imagen, suscita menos el ánimo de control por
parte de autoridades de todo tipo, y sobre todo cuenta con aquello que
está en el núcleo de toda comunicación, y podríamos decir de toda ex-
periencia humana: el sonido de la voz. Como he dicho a menudo, la radio
es probablemente el gran medio de comunicación del sigloxx, el más
próximo al hombre y a todos los combates por la libertad. El análisis
centrado aquí en la televisión no debe, pues, hacer olvidar el papel crucial
de la radio en la problemática del vinculo social y, más ampliamente, en
la antropología de la comunicación.
Pero volvamos a la televisión. ¿Por qué se ha adaptado a la sociedad
individualista de masas? Porque esta forma de sociedad se caracteriza por
una débil comunicación entre los estratos sociales.
Cada uno es libre, es verdad, pero en su espacio. Las relaciones socia-
les, a pesar de la visibilidad proporcionada por los media, permanecen
jerarquizadas, y la cohabitación entre los medios socioculturales resulta
difícil. La situación más ardua es la de las comunidades extranjeras. Sólo
la televisión generalista ofrece a la vez esta igualdad de acceso, funda-
mento del modelo democrático, y esta paleta de programas que puede
reflejar la heterogeneidad social y cultural. La rejilla de los programas
1 Para más detalles sobre la teoría de la televisión, se puede consultar Éloge du gml1d
pub/ic, une tl1éoric critique de la télévisiol1, Flammarion, París, 1990.
103
SOBRE LA COMUNICACIÓN
permite recuperar los elementos indispensables del «estar juntos», y cons-
tituye una escuela de tolerancia en el sentido de que cada uno está obli-
gado a reconocer que los programas que no le gustan tienen tanta legi-
timidad como los que le gustan, por el hecho de que unos cohabitan con
otros. La fuerza de la televisión generalista radica en colocar en pie de
Igualdad todos los programas, y no decir a priori cuáles son los destinados
a tal o cual público. Obliga a cada UllO a reconocer la existencia del otro,
proceso indispensable en las sociedades contemporáneas confrontadas a
los multiculturalismos. Esto está además ampliamente confirmado por los
estudios de audiencia. Si la rejilla está hecha en función de los especta-
dores supuestamente interesados a lo largo de las horas del día, el estudio
retrospectivo prueba el carácter más heterogéneo del público real. Algunos
han contemplado aquello que se pensaba que contemplarían, pero otros,
en los que no se había siquiera soñado, han hecho lo mismo. Y recípro-
camente. Lo que justifica el papel de la televisión generalista: ofrecer una
amplia paleta de programas p ~ r a satisfacer al número más grande posible
de publicas, y dejar un espacio para los "públicos inesperados». En esto la
televisión es menos un instrumento de masificación de la cultura que un
medio de ligar las heterogeneidades sociales y culturales. Yal reflejar éstas
a través de sus programas, legitima los diferentes componentes dándoles
la posibilidad de una cohabitación, incluso de una integración.
Por supuesto, la televisión no puede conseguir la integración social y
cultural que fracasa parcialmente en otras partes... Pero en su forma ge-
neralista limita la dinámica de la exclusión. Esta exclusión, tanto social
como cultural, se acelera cuando los medios socioculturales marginales de
la SOCIedad no se reconocen en absoluto en los media. Lo muestran los
estudios efectuados en ;arios países: cuanto más la televisión es un espejo
que permite a la mayona de las categorías sociales reconocerse, más limita
la exclusión de poblaciones que se sienten ya al margen de la sociedad '.
Los medios cercanos a la marginalidad, si encontraran un eco a sus preo-
cupacioncs, podrían forjarse una imagen de la solidaridad social. Se sabe
hoy, por las investigaciones acumuladas durante medio siglo, que el mi-
lagro de la televisión reside en esa especificidad: el mismo mensaje dirigido
a todo el mundo n l ~ n c a es recibido de la misma manera. Precísamente porque
los espectadores, indcpendientemsnro de su capacidad crítica, no viven
z El problema se presenta de formairritante para los inmigrantes, cuya representación
en los rrogramas de televisión europeos tiende a disminuir, en el conjunto de todas las
categ_onas de programas. Comosi las dificultades de integración, desde hace una veintena
de anos, con la crisis, se manifestaran por una presencia todavía menor en las pantallas...
(Cfr. encuesta de Le Monde, 18 sept. 1996).
104
TELEVISIÓN GENERALlSTA y TEORÍA DELA SOCIEDAD
de manera idéntica e igualitaria. Las diferencias de contexto actúan en la
recepción. Y la cuestión clásica consiste menos en saber lo que los media
hacen a los públicos que lo que los públicos hacen con las imágenes.
La homogeneidad del mensaje no impide la heterogeneidad de la recepción.
Esto no significa la ausencia de influencia de la televisión, sino que esta
influencia no es ni directa ni mecánica. Esto explica igualmente su papel
de vínculo social: los diferentes medios sociales reciben de manera dife-
rente los programas, y toman de ellos lo que quieren. A condición, evi-
dentemente, de que la rejilla refleje en parte sus preocupaciones: cuanto
más abierta y generalista es, resulta más susceptible de merecer el interés
de los públicos. La heterogeneidad de los programas de la televisión ge-
neralista es una forma de la heterogeneidad social, que ofrece así una
ocasión de «comunicación» y de «vínculo», en el sentido de participación
y no de transmisión. Al saberse ahora que el espectador "negocia» las
imágenes recibidas, se adivina hasta qué punto la "parrilla» de progra-
mación, por su heterogeneidad, legitima los otros programas y cómo sobre
todo puede ilustrar un proyecto de integración. Esta ambición posible de
la parrilla de programas compensa además la polisemia de la imagen. Esta
puede ser, según los casos, reproducción de la realidad, creación realista
o virtual, índice de lo invisible --como en el caso de los lazos con la
religión- o, por el contrario, acta de poder; a menos que sirva de infor-
mación sobre la realidad en el caso del periodismo, o que haga «imagen»
en relación con otras situaciones de comunicación. A la polisemia de la
imagen responden además la mayor parte de las intenciones de los emi-
sores y la de la interpretación de los receptores. En resumen, las condi-
ciones de una real «comunidad de interpretación» se reúnen raramente
con facilidad por lo que respecta a la imagen, pues las distancias entre la
intención del emisor, el mensaje y las condiciones de la recepción son
irreductibles. Esto invita a favorecer la organización, siempre parcial, ga-
rantizada por una parrilla de programas.
,
En la realidad, la televisión generalista nunca puede alcanzar comple-
tamente el objetivo de ofrecer a todos los públicos los programas que
desean. De entrada están los que eligen y determinan los gustos del pú-
blico. Y además en esta representación, más o menos explicita, de los
públicos por parte de la televisión, es donde se ve cómo se construye ese
concepto esencial de «gran público». Se trata de un concepto y no de una
realidad, del mismo tipo, por ejemplo, que el de la «igualdad» de los
ciudadanos ante el sufragio universal. En realidad, se sabe que no hay
lOS
SOBRE LACOMUNICACiÓN
igualdad ante el voto, pero esta igualdad es indispensable desde el punto
de vista de una teoría de la democracia. Para la televisión, el trámite es
idéntico. Todo el mundo sabe bien que no es nunca completamente ge-
neralista y que no puede satisfacer realmente a todos los públicos, pero
lo esencial estriba en la ambición de querer tocar a todo el mundo.
Por esta razón, el sufragio universal, la televisión generalista y el gran
público son tres grupos de palabras del mismo nivel teórico. Nos de-
vuelven al modelo de la democracia y, antes de encubrir las realidades
sociológicas son, ante todo, conceptos. Su dimensión teórica es importante
para resistir a la prueba de la realidad concreta cifrada en: el sufragio
universal y el cuerpo electoral; la televisión generalista y la heterogenei-
dad social; el gran público y los públicos. La tensión entre un concepto
y la realidad sociológica es en cada momento considerable. No sólo la
imagen no es recibida de manera idéntica por cada uno, sino que además
la heterogeneidad de los programas ofrece una apertura sobre la hetero-
geneidad social y cultural, sin encerrar a cada uno en sus programas como
en el caso de la televisión temática. La televisión contribuye a construir
los marcos culturales colectivos, y puentes entre las visiones del mundo
de las múltiples comunidades que componen una sociedad. Reflejar la
heterogeneidad social y cultural no significa alienarse, sino dar al público
la posibilidad de identificarse, de reencontrarse en algunos de esos pro-
gramas, en todo caso de no ser excluido o relegado a las cadenas popu-
lares de baja estofa. La fuerza de la televisión generalista consiste no sólo
en ofrecer esta cohabitación de los programas, sino también, y quizá sobre
todo, en no jerarquizar esa cohabitación. Todos los programas están ahí,
y cada uno puede acceder a ellos sin que una jerarquía defina, a priori,
la significación más o menos cultural, o más o menos popular, de algunos
de ellos.
La igualdad de acceso y la gratuidad son las formas de la igualdad del modelo
democrático. La televisión generalista tiene tanto más ese papel de reflejo
y al mismo tiempo de estructuración colectiva, que a escala individual
deja libre a cada uno. Nadie está nunca obligado a mirar. En este aspecto
la parrilla de los programas es un elemento tan importante del sistema
audiovisual como la naturaleza jurídica de ese sistema. Es evidente que
una televisión pública es más independiente de la tiranía de la audiencia
y puede ofrecer una panoplia de programas más abierta. La rejilla repro-
duce explícitamente el nivel de ambición de los dirigentes de la televisión,
pública o privada. Cuanto más amplia y diversificada es, y tradicional e
innovadora a la vez, y completa en géneros y horarios, para tratar de
atraer a todos los públicos potenciales, más se adapta a su estatuto
de media de masas. Cuanto más se encierra, al contrario, en cierto tipo
106
TELEVISiÓN GENERALlSTA y TEORÍADELA SOCIEDAD
de programas cuyo éxito está asegurado sin necesidad de introducir in-
novaciones, sin abrirse a otros públicos u otras preocupaciones, más fra-
casa en su misión esencial de espejo y de vínculo social de la heteroge-
neidad social. En materia de teoría de la comunicación, el concepto de
«generalista» sigue siendo desde este punto de vista perfectamente inno-
vador, incluso si algunos, que tienen prisa por agarrarse a las últimas pa-
labras de moda (segmentación, interactividad, individualización...) han re-
legado rápidamente el término al desván de los trastos viejos. Es como si
hoy el éxito de la prensa escrita especializada invalidara el concepto de
una prensa generalista.
En el fondo del debate, el éxito, en todos los campos de los medía
temáticos, refleja la atomización y la individualización de las relaciones
sociales. La individualización de los media es uno respuesta funcionalista clásica
a la individualización de las relaciones sociales. El contrasentido consiste en
ver en este encuentro un progreso entre un modelo social individualista
y las técnicas del mismo tipo, cuando resulta que se trata simplemente
de una visión funcionalista. Si los media generalistas jerarquizan eviden-
temente los programas a través de la rejilla, esta jerarquía se produce a
priori, pues el público real no corresponde siempre al que se ha previsto.
Las diferencias observadas muestran el carácter nómada de los compor-
tamientos de los espectadores. Éste es un argumento esencial en favor de
una rejilla generalista, lo más amplia posible, a fin de dejar abierta esta
posibilidad de redistribución de los comportamientos del público. Es lo que
han mostrado con acierto, desde hace tiempo, M. Souchon y otros. No
hay concordancia entre la previsión y el comportamiento real del público.
Éste no ve siempre los programas concebidos a priori para él. Existe, pues,
una verdadera autonomía de su comportamiento respecto a las previsio-
nes, que justifica el interés del concepto de televisión generalista.
él.a paradoja? La individualización, considerada como un progreso, es,
desde el punto de vista de una teoría de las relaciones entre comunicación
y sociedad, menos ambiciosa que la problemática del gran público. En
efecto, la televisión generalista es la única que admite el carácter com-
puesto de la sociedad, la mezcla de las tradiciones y de las novedades,
de las injusticias y de las innovaciones. Se dirige a todos los estratos de
la sociedad, en la tradición, desde luego, de la radio, del musie-hall y de
la prensa popular. No se elige, se dirige a todos, sin dar preferencia a un
público a priori. La televisión temática, por el contrario, levanta acta de
la complejidad social, se dirige a públicos identificados, y el fenómeno de
agregación que constituye es necesariamente más limitado, puesto que la
paleta de los programas lo es también. Esto muestra que la representación
107
SOBRE LA COMUNICACIÓN
social que implica un media temático es más simple que la que subtiende
un media generalista.
De hecho, la televisión se parece un poco a la meteorología. Es verdad
que se interesa uno más por el tiempo de su región, como por ciertos
programas y no por otros. Pero nadie se hace ilusiones sobre la «auto-
nomía» de la meteorología de su región; no se la puede aislar del contexto,
incluso si cada uno cree encontrarse en un «microclima- ... Y además se
tiene curiosidad por saber el tiempo que hace en otra parte, porque cada
uno tiene allí familiares o amigos. Por otro lado, la meteorología es cada
vez más comprensible a medida que se toma una cierta distancia. Los
movimientos de losvientos en Europa permitencomprender mejor lo que
pasa en Francia o en la región en que se vive. El mismo principio se
aplica a la televisión generalista. Cuanta más distancia se toma gracias a
esos programas, más se puede comprender otra cosa. La televisión pre-
senta, pues, puntos comunes con la meteorología: a todos nos gustaría
aislarnos, aunque comprendiéramos bastante pronto los riesgos del encie-
rro. Se necesita una visión de conjunto, como hace falta una visión de
conjunto para comprobar una elección. Esta comparación con la meteo-
rología es todavía más esclarecedora si se piensa que los programas que
tratan ese tema están entre los que más se ven en el mundo. Ypor todas
partes se tiende a acompañarlos de explicaciones serias, que al público le
gustan cada vez más. ¿Se puede ver en ello una prefiguración de lo que
puede pasar con la televisión generalista?
Las representaciones inherentes a la televisión generalista son intere-
santes por otras dos razones. Ante todo, juega un papel de identificación
individual y colectiva. La televisión es un pocotodo lo que se necesita saber
para ser miembro de una sociedad y de un Estado-nación. Por otra parte,
équé hacemos cuando viajamos? Vemos la televisión. Enefecto, es un atajo
para tener una pequeña idea del país en el que nos hallamos, precisa-
mente porque es el espejo de su identidad. Volver a encontrar en ellalas
series americanas que nos gustan, pero traducidas a otras lenguas, rela-
tiviza el afecto que sentimos por ellas. También es un mediode tocar con
los dedos la realidad de la mundialización de la comunicación y de los
intereses ligados a ella. Después, y esto es particularmente importante en
los momentos de fragilidad social, tal como existen actualmente, perma-
nece evidentemente como una herramienta de estabilización cultural. Una
ventana abierta contra la exclusión. Si se habla de todo, incluso de los
excluidos, se evita el fenómeno de la auto-eliminación de la espiral del
silencio'. Contribuye a mantener juntos medios sociales o culturales en
'1 Espiral del silencio; concepto introducido por F. Neuman para dar cuenta del fe-
lOS
TELEVISIÓC\J GENERALISTA y TEORíA DE LASOCIEDAD
trance de fragilización social y cultural. En esto.es esencial la am.plitud de
los programas'. ciertos medios enlazarán a traves de la información, ot,,;s
de los deportes, las variedades, los Juegos, las ficciones... La importancta
de la rejilla es un poco el símbolo del tamaño del espejo a la
sociedad. Cuanto mayor es, más fuerte es la función de cohesión sorial,
De hecho, la idea esencial en la defensa de la televisión generalista es
la siguiente: reflejo de la heterogeneidad social, se convierte en facto; de inie-
gración. Y no solamente de integración social y También m-
tegración nacional. A la hora de la mundialización de la y
de la internacionalización de las imágenes, las televisiones generahstas
nacionales juegan un papel capital de identidad nacional -y son incluso
a veces, en ciertos países, las únicas que lo haren-s-. Esto exphca la apuesta
política que constituye la existencia de televisiones nacionales en todaslas
naciones, y la importancia de lasbatallas políticas emprendidas paraevitar
que se transformen, sobre todo las de países pequeños, en simples distri-
buidores de programas extranjeros, evidentemente amencanos. Luchar en
favor de una televisión nacional es tan importante como luchar por la
existencia de una escuela, de un ejército o de un sistema de seguridad
social. Son factores esenciales de identificación colectiva.
Se puede decir que la televisión generalista cumple de la mejor manera
esta triplc función: vínculo social, modernización, Por
esta razón existe un vínculo estructural entre televisión y tclemslOn publlco.
Es verdad que el concepto central sigue siendo el de la televisión gen,e-
ralista, pero sus costes y sus obligaciones son tantas que a la televisión
generalista privada siempre le amenaza el deslizamiento hacia el nivel
más bajo. Es decir, de concentrarse en unos pocos programas de éxito...
¡y de parecerse por esa causa a una televisión temática'. Sobre todo en el
contexto de la desenfrenada competencia actual. En sentidoinverso. cuan-
do la televisión pública generalista hace bien su trabajo ofrece una paleta
más amplia. En otras palabras, si se quiere realmente garanuzar la calidad
de la televisión generalista hay que preservar el estatuto y el papel de la
televisión pública, a saber, un sistema audiovisual equilibrado en la com-
petencia entre público y privado. .'
Mañana la televisión pública, en una economra mundial de la comu-
nicación, será una condición esencial para el mantenimiento de la televi-
sión gcneralista y un factor de identidad nacional.
nómeno según el cual el que no se siente representado en los m.edia, y la.vida pública
en general, tiene tendencia a excluirse, a encerrarse en una espiral de silencio, y en con-
secuencia, a tener todavía menos posibilidades de ser escuchado.
109
SOBRE LA COMUNICACIÓN
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111
CAPÍTULO 5
LA CULTURA Y LA TELEVISIÓN
1. EL GRAN PÚBLICO: EL EQUIVALENTE DELSUFRAGIO UNIVERSAL
La cuestión del público, y en consecuencia de la recepción, es una de
las más importantes, pero durante mucho tiempo ha sido poco analizada,
porque suscitaba menos curiosidad que el estudio de los dirigentes, de las
estrategias de poder, de las «estrellas» o de los programas.
¿A qué se debe ese desinterés? A que la comunicación, actividad se-
ductora por excelencia, encuentra siempre un público y, en consecuencia,
~ n a recepción. Pero el público, en esta «cadena» de la comunicación, sigue
SIendo el elemento menos visible. Y además el público se confunde a
menudo con la venta. iSi el público compra es señal de que acepta! Así
ocurre con la prensa escrita y también con los medios audiovisuales en
los que la dimensión de los públicos basta para vender la publicidad.
Desde el momento en que las industrias de la comunicación han encon-
trado públicos, la cuestión del público se ha considerado resuelta. En otras
palabras, las cuestiones complicadas y un poco misteriosas de saber quién
recibe, por qué, cómo, con qué efecto, parecen resueltas por el simple
hecho de que los individuos pagan para comprar o miran lo que se les
ofrece. Si existe un público, épara qué añadir análisis? Tenemos una cierta
representación puesto que las mediciones de audiencia permiten hoy
cuantificar el público.
El paso de una reflexión, que ya es difícil, sobre el público a una teoría
del gran público parece aún más aventurado, pues se mezclan entonces
datos cuantitativos y cualitativos. A través de las mediciones de audiencia
sabemos aislar los públicos, pero ignoramos lo que es el gran público, algo
muy diferente de una simple suma de públicos. Nos hallamos en este
caso a ~ t e una de las dificultades mayores de la democracia: équé repre-
seniacum podemos tener del público al margen de las elecciones? Desde
112
LA CULTURA YLA TELEVISIÓN
luego los sondeos ofrecen una, e igualmente los periodistas proponen
otra, más cualitativa. ¿Pero hasta qué punto esos dos conceptos del es-
pacio público y del público son complementarios o contradictorios? En
política, el voto permite zanjar la cuestión, pero en la comunicación la
cuestión es más delicada, ya que no existe el voto. En la lógica comercial
la cuestión se simplifica: el público es el que compra. Pero en materia de
comunicación no comercial, el público no puede quedar reducido al mer-
cado. ¿Cómo atenuar esa distancia entre una lógica de mercado y una
lógica normativa?
En este punto la problemática del gran público se junta con la de la
televisión generalista. Hemos visto que ésta es un concepto y no una simple
organización técnica de la televisión, ya que en el término «generalista»
se encuentran la idea del vínculo social y la voluntad de reunir varios
públicos. Igual pasa con el gran público. En la realidad, éste nunca existe;
sólo hay públicos... El gran público es un concepto, una representación, una
elección, una orientación, un valor, una voluntad. Es la traducción, ell el terrello
de la comunicación, del concepto de sufragio universal en el de la política. De la
misma forma que no hay ninguna igualdad sociológica entre los múltiples
electores, tampoco hay igualdad entre los múltiples públicos de la co-
municación, escrita y audiovisual. Pero en los dos casos se trata de un
objetivo normativo: reunir individuos que comparten una cosa cualquiera,
más allá de lo que los separa. En esto el público, y a fortiori el gran
público, es siempre una conquista. Se trata de un concepto cualitativo, sin
relación con los datos cuantitativos de la audiencia, o más bien diríamos
que la cuestión del gran público no se reduce a la de audiencia.
La observación cuantitativa de la audiencia ha sustituido a la proble-
mática cualitativa del gran público. O más bien ha parecido, equivocada-
mente, que aportaba una respuesta práctica, cuando se trata de dos pun-
tos de vista radicalmente diferentes al público. ¿Qué es la audiencia? Prin-
cipalmente la reacción a la oferta de los programas, y no la demanda del
público. Refleja la representación que los programadores se hacen de los
públicos más que expresa una orientación sobre lo que es el gran público.
Corresponde a una especie de panelización. Pero como el gran público es
un dato inalcanzable y las cifras de audiencia son en cambio tangibles, la
tentación es grande, con toda la buena fe del mundo, de encontrar en las
«grandes audiencias» la huella del «gran público». El audimeiro, por su
eficacia cuantitativa, ha eliminado la problemática cualitativa del gran público.
Un poco como los sondeos, que han diezmado toda problemática cuali-
tativa de la opinión pública. Ambos, además, han aparecido cuando ha
hecho falta comprender y contar una gran cantidad. El gran público sigue
siendo una ambición; la audiencia, una realidad contingente.
113
SOBRE LA COMUNICACIÓN
¿Qué problema tiene hoy la comunicación? La dificil distinción entre
gran público y audiencia. Ayer la ausencia de una medida cuantitativa de
la audiencia presentaba el riesgo de cavar un foso entre lo que el público
esperaba y la representación de ese mismo público por los directivos. En
nuestros días, la precisión de las mediciones de audiencia tiene el peligro,
a la inversa, de hacer creer en la adecuación entre la idea del gran público
y la realidad sociológica de los públicos. La distancia entre una demanda
potencial que no puede expresarse, a falta de una oferta susceptible de
revelarla, y el conocimiento cuantitativo de los públicos por las audiencias,
crece sin que nadie se dé cuenta. Y como la oferta aumenta en volumen,
sin diversificarse, se refuerza la tendencia a establecer una continuidad
entre crecimiento de la oferta, mejor conocimiento de las audiencias y
gran público como suma de esos públicos.
Sólo una crisis permitirá que aparezca la distancia entre una proble-
mática teórica del gran público y la realidad de la audiencia.
La mejora del nivel de vida y de los conocimientos favorece en buena
lógica una diversificación de la demanda. Las industrias culturales, comen-
zando por la prensa sensacionalista y acabando por la especializada, la
explosión de las radios, y la llegada, en fin, de las televisiones temáticas,
han dado carta de naturaleza a esta variedad, aplaudida por todos.
¿Quién puede, en efecto, criticar la relativa diversificación de la oferta a
la que hemos asistido? El contrasentido consiste en creer que esta diver-
sificación significa el fin del gran público. Hay en la idea de gran público
una exigencia que resisle al descubrimiento de la variedad de los públicos. No
solamente los media temáticos no ponen en discusión la problemática del
gran público, sino que sobre todo, con respecto a él, no constituyen un
«progreso»,
Sin embargo, el punto de referencia de los públicos temáticos ha apa-
recido como un grado suplementario de complejidad en la reflexión sobre
el público, como una mejora en relación con el problema del gran público.
La televisión de masas generalista correspondía al estadio "primitivo» de
la televisión, como también la problemática del gran público. Con esta
idea, implícita y falsa, según la cual es "más fácil» tener éxito con una
comunicación de masas que con una comunicación temática. Sin embargo,
los que trabajan en la comunicación saben, por el contrario, que la ver-
dadera dificultad estriba en "enganchar» y conservar el gran público, y
no en encontrar los públicos temáticos.
La crisis de la ambición del gran público no procede ni de la diver-
sidad de los gustos del público -que ha existido siempre- ni de la mul-
tiplicación de los soportes, sino de una crisis de la representación de la
sociedad, y del papel de la televisión en esa sociedad.
114
LACULTURA YLATELEVISiÓN
Como no se sabe muy bien qué es lo que constituye el «estar juntos»
de una sociedad, existe la tendencia, desde hace más de veinte años, a
abandonar esta problemática del gran público, puesto que reenvía ante
todo a una preeminencia de la oferta, en la que la primera responsabilidad
no procede del público, sino de la forma en que los dirigentes consideran
su papel. A falta de saber qué oferta hay que proponer, y qué concepción
de la televisión ha de prevalecer, nos fijamos en el comportamiento del
telespectador y hacemos un llamamiento a su "libertad» como prueba su-
prema de «madurez»,
La paradoja de la evolución observada desde hace cerca de treinta
años consiste en haber presentado como un progreso el simple desplaza-
miento de la problemática de la oferta hacia la de la demanda. En la
medida en que era necesario para la publicidad el estudio del consumo,
se ha confundido el hecho de tomar en cuenta los comportamientos del
público en una lógica competitiva, con una "filosofía» de la televisión, e
incluso de la oferta. Bajo el pretexto de que el consumidor es soberano,
se ha abandonado toda ambición autónoma. ¿No se ve la madurez de
una democracia en el reinado del público? Así resulta que hoy en día la
demanda, identificada con el consumo, se considera como una prueba de
madurez, mientras todo el mundo sabe que en materia de actividad cul-
tural la oferta es primordial. En síntesis, la televisión de la oferta habría
sido la de los pioneros, mientras que, por el contrario, la televisión de la
demanda sería la de la edad adulta.
Si se quiere una comparación, existe tanta diferencia entre los sondeos y
el sufragio universal como la que hay entre la audiencia y el gran público. Los
sondeos, como la audiencia, son una representación cuantitativa, pero no
comportan ninguna ínterpretación cualitativa. El papel del sufragio uni-
versal es, en política, trascender la suma de los comportamientos indivi-
duales; el papel del gran público, en la comunicación, es el de trascender
el conocimiento empírico del comportamiento de los públicos.
En esto se comprueba que nunca se capta la problemática del gran pú-
blico. Es una elección, siempre frágil, que resulta de una cierta ambición
respecto al papel de la televisión. E incluso se puede prever la vuelta de
una problemática del gran público, como síntoma de la vuelta de una am-
bición para la televisión. El gran público, a semejanza del sufragio uni-
versal, es un concepto central de cualquier reflexión teórica sobre la de-
mocracia de masas.
Il. EL DESAFÍO DE LA CULTURA DEL GRAN PÚBLICO
Valorar la problemática de la cultura del gran público no es más fácil
que resaltar el valor del gran público, pues ambos, además, están ligados.
115
SOBRE LA COMUNICACIÓN
Basándome en trabajos anteriores, quisiera subrayar la importancia de una
reflexión sobre las relaciones entre comunicación y cultura, en el momento
en que la expansión de la comunicación refuerza la falsa idea de que la
comunicación de masas podría matar la cultura. Se considera la televisión
de masas como un factor de «embrutecimiento», por no decir de aliena-
ción, en comparación con los media individualizados. Evolución paradó-
jica, porque los pioneros, en los años 50, habían deseado hacer de la
televisión una herramienta de democratización de la cultura '. Era la época
en que se debatía sobre la cultura popular y la democratización a través
de la cultura. Pero este objetivo parece haber desaparecido con la sociedad
de consumo, la mejora del nivel de vida y el desarrollo de la televisión,
hasta el punto de llegar a la situación actual, casi caricaturesca, en la que
el nivel cultural de los programas y el lugar que en ellos ocupa la cultura
son inversamente proporcionales a la multiplicación de las cadenas. Como
si un número mayor de televisiones, la competencia pública-privada y el
aumento del nivel cultural de las poblaciones condujeran al resultado pa-
radójico de eliminar un poco más la cultura de la televisión.
Las relaciones televisión-cultura no han sido nunca buenas, pero hoy
están en su momento peor. Si bien las élites no son responsables de la
baja calidad de los programas, en veinte años no han opuesto resistencia
firme a ese movimiento, como son capaces de hacer en otros terrenos
culturales en los que se sienten comprometidas. En esta evolución han
encontrado, a bajo coste, la confirmación de sus prejuicios. Persuadidas de
que la televisión era nefasta para la cultura, han visto en esta tendencia
no sólo la confirmación de su análisis, sino de sus apriorismos.
No obstante, esas mismas élites, en conjunto, son favorables a la de-
mocratización de la cultura y deberían haber encontrado en la televisión
la herramienta de su combate. Pero sobre todo han visto, erróneamente,
una amenaza contra su propio puesto en la sociedad. Desconfiados res-
pecto a una cultura de masas en la que veían una amenaza, fueron cla-
ramente hostiles a la radio y luego, sobre todo, a la televisión, que era
uno de sus principales instrumentos. No le han dedicado, pues, muchos
esfuerzos, y el paso siguiente era previsible. Cuando la evolución técnica
. ha permitido la multiplicación de las cadenas, encontraron con facilidad
en la idea de la televisión cultural la solución a este doble problema: su
1 Cfr. los trabajos de E. Mario, G. Friedmann, O. Burgelin, G. Balandier, M.-J. Chom-
bart de Lauwe, J. Dumazedier, todos los cuales se planteaban la cuestión de la cultura de
masas y del papel de la televisión en su seno. Reflexión relacionada con la idea de eman-
cipación cultural que encontramos en el teatro popular (p. ej., el INr, Théátre Nationaf
Populaire), los cineclubes. las casas de la cultura de André Malraux y las primeras grandes
exposiciones culturales.
116
LA CULTURA y LA TELEVISIÓN
exclusión de la cultura de masas y la no-presencia de su cultura en la
televisión. Ylos mismos que condenaban el dominio de la televisión sobre
la cultura fueron los primeros que presentaron la televisión cultural como
el medio de salvar la cultura. Las élites que se oponían a la forma de
tratar la cultura en la televisión se convirtieron a la idea de la televisión
cultural para la élite, predicando simultáneamente una democratización
de la cultura.
La cuestión, con ese media tan especial que es la televisión, consiste
en saber a qué tipo de cultura se adapta mejor. lOebe ante todo suministrar
una herramienta cultural más a una minoría culta que ya posee otros
medios de cultivarse, o debe sensibilizar hacia las diversas formas de cul-
tura al mayor número de personas? ¿Se adapta a todas las formas de
cultura? Tal es el fondo del debate, y no saber si los media de masas
dejan un espacio a la cultura de élite. La cuestión central radica en com-
prender a qué forma de cultura se adapta mejor la televisión, y no en
saber si la televisión generalista deja su puesto a la cultura de elite, Se
habrá comprendido ya que el problema no está en la existencia de una
cadena cultural temática -perfectamente posible si el mercado existe-,
sino más bien en el estatuto que se le quiera dar. Si se trata de una cadena
temática como las otras, no hay ningún problema. Pero la situación es
completamente diferente si se considera la cadena cultural como el medio
de salvar el «honor perdido» de la televisión. Desde una perspectiva de-
mocrática, lo más importante no es saber si la televisión es útil o no, a la
cultura de élite, que dispone de otras herramientas y relevos, sino más
bien juzgar qué puede aportar la televisión a la cultura del mayor número
de personas.
La cuestión se vuelve entonces mucho más complicada, e interesante.
Además, la televisión cultural sirve de pretexto a las televisiones genera-
listas para eludir sus responsabilidades en ese campo; constituye un gueto
para la minoria culta, sin tener la función de movilizar a otras capas so-
ciales; y sobre todo refuerza el dominio de la televisión sobre la cultura.
Dominio que las élites encontraban demasiado fuerte en el caso de la
televisión generalista, pero que consideran justificado en el de su televi-
sión temática... Basta comprobar la actitud favorable de la prensa «culta»
hacia la cadena "Arte" desde su creación, a pesar de unos resultados de
audiencia que han sido siempre muy confidenciales, para comprender el
poder de ese lobby. Si las élites culturales nunca se han interesado mucho
en la televisión -salvo para criticarla-, han sabido en cambio encontrar
los relevos de expresión, jugando a menudo con los complejos culturales
de los tecnócratas y de los políticos, para justificar la necesidad absoluta
de la creación y del mantenimiento de una cadena cultural sin público.
117
SOBRE LA COMUNICACIÓN
Enfrente, los defensores de la cultura «gran público» eran considerados
fácilmente como simples tenderos ... La crítica más radical contra el con-
cepto de televisión cultural se apoya en la expresión, es decir, en el vinculo
estructural que se establece entre televisión y cultura '. En vez de reflexio-
nar sobre las condiciones en las que la televisión, instrumento de comu-
nicación muy particular, puede servir a ciertas formas culturales, pero
resulta inadaptada a otras, se llega a la peligrosa idea de una posible
adecuación entre cultura y televisión. Por el contrario, el mejor servicioque
se puede hacer a la cultura, y a la televisión, es precisar las condiciones
de su relación y sobre todo admitir una discontinuidad entre cultura y
televisión. En otras palabras, es preciso reconocer que para ciertas formas
de cultura la televisión no es el mejor instrumento de comunicación.
Ese es, en fin, el fondo del debate: despejar el tipo de relaciones po-
sibles entre cultura y comunicación de masas. La simplificación es la fuer-
za, pero también el límite, de la comunicación de masas. Lo que se ve en
televisión son ideas, sentimientos y emociones simplificados. Por eso una
cantidad tan grande de personas puede acceder a todo a través de la
televisión. También por eso no se puede encontrar todo en la televisión.
O más bien se puede encontrar de todo, pero de un cierto modo, bajo
ciertas condiciones. El tratamiento del hecho cultural en la televisión es,
pues, forzado.
He ahí el punto desde el que hace falta partir. Antes de condenar la
televisión, y anteriormente la radio, por las «traiciones» a la cultura que
habrían perpetrado, algunos habrían hecho mejor en comprender cómo
esas característicashacen de ella un instrumento adaptado a ciertas formas
culturales e inadaptado a otras. Admitir que la comunicación, principal-
mente audiovisual, requiere normas particulares, apropiadas o no según
las expresiones culturales, desplaza la cuestión, que ya no es: na televisión
favorece la cultura o la traiciona?, sino, teniendo en cuenta sus inconve-
nientes: iu qué forma de creación y de expresión cultural se adapta o no la
televisión? Esta forma más realísta de plantear el problema vuelve subal-
terna la cuestión de la televisión cultural. Esta puede existir si hay una
demanda, pero sin el estatuto normativo que le conceden quienes la in-
ciensan.
En un siglo, la cuestión del lugar que ocupa la cultura ha cambiado.
Antaño el debate se centraba en la oposición entre cultura de élite y cultura
popular. Cuando se hablaba de cultura, se trataba de la primera, en las
2 Para más detalles: Éloge du grand public. Una tlIéorie critique de la télévision, cuarta
parte: «L'illusion de la téiévision culturelle, GU l' espace public fragmenté», Flammarion,
colección «Champs», 1993.
118
LA CULTURAYLA TELEVISiÓN
obras, en los gustos, en la educación o en la comunicación. En cuanto a
la cultura popular, consistía en la que llegaba a más gente, pero sin un
real «valor cultural». Habrá que esperar al sigloXIX y la lucha de clases
para dar valor a esta cultura popular y democratizar el acceso a la cultu-
ra de élite. Hoy ya no hay dos culturas, elítista y popular, sino cuatro:
cultura de élite, gran público, popular y particularizante (minorías étnicas
o religiosas...).
El gran cambio está en la aparición de esta cultura media, gran público,
mayoritaria, generaí : la que está más extendida en nuestras sociedades,
aquella a la que cada uno pertenece de todas formas, incluso si se adhiere
además a otra forma cultural.
La causa de que haya surgido esta cultura media gran público es el
resultado de la conjunción de tres factores. Primero la democratización,
que ha ensanchado el círculo de los públicos cultos, y favorecido esta
«cultura gran público», principalmente con la puesta en marcha de polí-
ticas culturales, de las que los grandes museos de masas son el símbolo
más bello (el Louvre, el centro Pompidou, la Villette). Luego, la elevación
del nivel cultural por medio de la educación. Ypor último la sociedad de
consumo y la entrada de la cultura en la era de la industria. Así se creó
esta «cultura gran público», que los media, a su vez, han favorecido y
distribuido.
Esto provoca una contradicción tipica de la sociedad indiz'idualista de masas
en la que existen simultáneamente una cultura que valoriza al individuo
y una cultura del gran número de personas. ¿Consecuencia? Se asiste a
una diversificaciónreal de las culturas y a su legitimación, al mismo tiem-
po que a un desinterés respecto a la cultura de masas, una conquista sin
embargo reciente y frágil de muchos decenios de luchas.
III. DE DOS A CUATRO FORMAS DE CULTURA
La cultura "de étite». Naturalmente, antaño estaba en posición domi-
nante y en consecuencia se siente desposeída de esa plaza hegemónica
por el surgimiento de esta cultura media ligada al consumo, al desarrollo
3 La bibliografía sobre esta cuestión esencial de la cultura gran público es escasa, en
todo caso inversamente proporcional a la importancia del problema. Ha habido trabajos
en los años 60-70, pero pocos después, a causa del dominio del enfoque crítico que no
estaba alejado de considerar esta cultura como la forma más sofisticada de alienación...
Y, luego, la explosión de esta cultura gran público en tantas culturas específicas ha sido
considerada, también, como un progreso ...
119
SOBRE LACOMUNICACIÓN
de las fórmulas de entretenimiento, de los viajes y de la «industria cul-
tural», En modo alguno amenazada en el aspecto de la calidad, se siente
aplastada por la multitud, y sufre a causa de una pérdida de prestigio.
La cultura media. Tiene sus propias normas, valores y barreras, y se
sitúa menos en posición de inferioridad respecto a la cultura de élite que
la cultura popular de antaño. La novedad deriva del hecho de que esta
cultura de gran cantidad de gente expresa todos los movimientos de
emancipación política, económica, social, sobrevenidos desde hace más de
medio siglo. En volumen ocupa el espacio de la cultura popular de ayer,
con el añadido de la legitimidad. Es a la vez la música, el cine, la publi-
cidad, los media, los viajes, la televisión, la moda, los estilos de vida y de
consumo. Es la cultura moderna, lo que se lleva y suscita el sentimiento
de pertenecer a su época, de estar «en la onda». De no ser excluido. Es
una de las fuerzas del vínculo social.
La cultura popular. Se encuentra desplazada, compartida por muchos
menos individuos que hace cincuenta años, a causa de las mutaciones
sociales, la disminución de la población campesina y obrera, la urbaniza-
ción masiva y el crecimiento de la cultura media. Ligada ayer a un pro-
yecto político, generalmente de izquierdas, sufre hoy, en sus formas ideo-
lógicas, las consecuencias del reflujo de la clase obrera y de la desvalori-
zación de los medios populares.
Las culturas especiales. Incluidas ayer en la cultura popular, tienen ten-
dencia a distinguirse en nombre del derecho a la diferencia (mujeres, re-
giones, minorías...). Sin alcanzar volúmenes considerables, ponen en en-
tredicho la cultura popular en el sentido en que ésta ya no tiene el mo-
nopolio de la legitimidad popular ni el poder de integración simbólica
que eran antes suyos.
Las culturas especiales, en nombre del «derecho a la diferencia», ca-
recen de la función de unificación asumida antaño por la cultura popular.
Ayer, ésta unificaba los medios sociales. Hoy, no sólo las distancias sociales
son más grandes, y no sólo la clase media y la cultura media han ocupado
el lugar y la legitimidad de la cultura popular, sino que además ésta se
encuentra un poco enclaustrada en la gestión y la valorización de los
patrimonios populares. En efecto, las culturas especiales, orgullosas de su
diferencia, ansían distinguirse tanto de la cultura media como de la cultura
popular. En este sentido, hay una real desintegración de las culturas.
Estas cuatro formas de cultura cohabitan y se interpenetran, gracias
principalmente al papel esencial de los media. Puede incluso decirse que
una buena parte de la población es «muíucuíiuvu!», en el sentido en que
cada uno pertenece sucesivamente, y a veces incluso simultáneamente, a
varias de esas formas de cultura. Así la cultura de élite, diga lo que diga,
120
LA CULTURAy LATELEVISiÓN
se ha abierto mucho a la comunicación; en cuanto a la cultura de masas,
se diferencia tanto como la cultura popular. En fin, a muchos les afecta
el ascenso de esas culturas especiales, ligadas al movimiento de afirmación
de las comunidades. La paradoja procede de que la relación de fuerza
entre esas cuatro formas de cultura es visible gracias a los media, pero
esa visibilidad vuelve simultáneamente su cohabitación más cómoda... Ha-
cemos como si la «lucha de las culturas» fuera para mañana mismo en el
seno de las democracias, cuando en realidad nunca ha habido tanta tole-
rancia respecto a las diferentes formas de cultura, ni, además, de visibilidad,
ni probablemente de cohabitación, incluso a veces de interpenetración... En
contrapartida, ese formidable cambio no crea valoración alguna de los
media generalistas que, sin embargo, de la radio a la televisión, han hecho
mucho en medio siglo para valorar las diferentes formas de cultura, ex-
poniéndolas y haciendo que cohabiten.
La referencia a la noción de ciudadano multicultural no significa la ins-
tauración de un multiculturalismo, imposible de hecho, sino que expresa
la idea de que, en la realidad, un individuo accede, principalmente por
los media, a varias formas de cultura o, en todo caso, sabe que existen.
Esto representa una gran diferencia con respecto a ayer, cuando cada uno
permanecía en su medio cultural. Si es verdad que se mantienen las ba-
rreras culturales, también lo es que son, no obstante, menos visibles, lo
que ya es un progreso.
Dicho de otro modo: cuando la elite, guardiana con mucha razón del
patrimonio, denuncia el fin de la cultura académica a causa del dominio
de los media, olvida la mitad de la problemática. Es verdad que la cultura
que transmiten los media se adapta mucho más a la cultura gran público
que a la cultura de élite, pero el origen de esta cultura media no es ante
todo audiovisual, sino que es el resultado del lento movimiento de de-
mocratización y de enriquecimiento que se ha producido en un siglo. La
televisión aparece después. Es el mismo error de razonamiento que se pro-
duce cuando se hace responsable a la televisión del aislamiento de los
individuos. Ella no es la que ha provocado el éxodo rural, la que ha
hacinado las poblaciones en los suburbios, la que ha dispersado las fa-
milias numerosas. Digamos que, tanto en un caso como en otro, la tele-
visión ha hecho visible un fenómeno que se había producido con ante-
rioridad.
Considerar la cultura de masas un producto de los media es un con-
trasentido, porque en gran medida es el resultado de una democratización
y una elevación del nivel de vida, incluso si es exacto que los media de
masas han jugado su papel. Pero también en este caso las cosas son más
complejas de lo que parece, porque esta «cultura gran público», vilipen-
121
SOBRE LA COMUNICACiÓN
diada por la élite, tiene también una dimensión de progreso para aquellos
que acceden a ella, que es el primer piso del edificio cultural. Desde luego
esta cultura no reivindica la destrucción de la cultura de élite, sino que
más bien la respeta, incluso si en la realidad le «hace sombra». Si existe
hoy un problema real para garantizar el acceso a la cultura minoritaria,
su existencia o su papel no están, sin embargo, amenazados. Incluso es al
revés: cuanta más democratización hay, incluida la de la cultura, más se
manifiesta una necesidad de distinción, de diferencia, de promoción, favo-
rable, a su vez, a la cultura de élite.
Se puede enunciar también la hipótesis contraria. Cuantas más formas
culturales hay, menos amenazadas se ven las culturas académica y patri-
monial, y más importancia adquieren. A condición de que asuman su
lugar, sin ostentación ni desprecio por las otras culturas, y que no se
sientan amenazadas por las otras formas culturales, ni obsesionadas por
ese estatuto de cultura de élite.
IV. LAS CINCO RELACIONES ENTRE CULTURA Y TELEVISiÓN
Las relaciones entre cultura y sociedad son tributarias de la comuni-
cación y de la televisión, pero en diferentes grados. Y estas diferencias
juegan un papel esencial.
1. La cultura de élite apenas necesita la televisión, puesto que el libro,
el teatro, la música, la pintura, la ópera, las artes plásticas... son actividades
culturales que existen en sí mismas y que "pasan mal» por la pequeña
pantalla. El error de concepto de televisión cultural consiste en creer que
es posible una televisión centrada en esta cultura de elite y académica.
Desde luego lo es, pero no puede encontrar un «gran público» por la
sencilla razón de que el número de espectadores capaces de acceder a
ella es limitado, y que la mayoría de las formas de esta cultura se prestan
mal a la tiranía de la imagen. Sólo pueden soportar las restricciones apor-
tadas por la imagen a esas formas de cultura (a excepción, sin duda, de
la música) los públicos que ya han integrado los modelos culturales de la
ópera, la escultura, la pintura... Para los demás, el intento es muy a me-
nudo demasiado árido, poco comprensible, y provoca incluso un fenó-
meno de rechazo, acompañado de una buena dosis de complejos cultu-
rales, aunque no se manifiesten. La cultura, cuando no se comunica en
las formas susceptibles de ser recibida, suscita rechazos y complejos, salvo
evidentemente para aquellos que han franqueado las barreras de la "se-
lección cultural».
122
LA CULTURA YLA TELEVISiÓN
Sin embargo, puede haber una televisión cultural si existe un público
suficientemente numeroso para mantener viva esa cadena. A condición,
como he dicho a menudo, de no presentar esa televisión temática, una
entre tantas, como la que da sentido a toda la televisión, o la que salva la
cultura. En cuanto a la televisión generalista, puede muy bien, si sus di-
rectivos lo desean -como ocurrió en el pasado- ofrecer una sensibiliza-
ción, una introducción a esa cultura minoritaria. Luego el público será
quien tenga que hacer el esfuerzo de ir más allá sin televisión, porque de
todos modos, ya se trate de la televisión cultural o de la generalista, la
cuestión de pasar al acto sigue siendo esencial. Es decir, toda práctica cul-
tural -a excepción de la televisión, por sí misma- requiere «salir» de la
televisión. Para leer un libro, ver un museo, una exposición, escuchar un
concierto..., hay que salir de la cercanía del televisor.
La sensibilización por medio de la televisión no elimina la experiencia. Desde
este punto de vista, la televisión generalista es menos perniciosa, en sus
relaciones con la cultura de élite, que la televisión cultural, porque aquélla
admite de entrada los limites de su papel. Modesta, acepta esta función
de sensibilización, pero no pretende ir al fondo de las cosas.
2. La cultura gran público encuentra naturalmente en la televisión su
principal aliado, tanto para la creación como para la difusión. Demasiado
a menudo se ignora que la televisión contribuye directamente a crear esta
cultura común por el estilo, las imágenes, las referencias. Esto es cierto
para la información, los juegos, las variedades, los deportes, los docu-
mentales, los telefilmes, la música. Al tratar de todas las actividades hu-
manas y para el mayor número de personas, es evidente que la televisión
ayuda a la elaboración de los marcos culturales de la sociedad contem-
poránea. Es la creadora de esa cultura gran público que difunde simul-
táneamente. Por esto el concepto de televisión generalista es esencial: la
calidad de esta creación cultural, común a todos, depende evidentemente
de la ambición de la televisión generalista. La televisión gran público es
no sólo uno de los lugares de creación de esta cultura contemporánea, a
la que cada uno pertenece, sino también el lugar de sensibilización a las
otras formas de cultura. Esencialmente la del patrimonio, a la que la elite
es tan sensible. Esta doble función, pues, es la que hace de la televisión
gran público uno de los instrumentos principales de toda problemática
auténticamente democrática.
3. Es también un factor de identidad cultural nacional, indispensable
frente a la internacionalización de la cultura. ¿Qué pasaría con la batalla
por la identidad cultural, esencial en cada país, si este media de masas,
respetado y utilizado por todos, no existiese? A través de las películas, los
documentales, la información, las variedades, los juegos, la publicidad, la
123
SOBRE LA COMUNICACIÓN
lengua, los estilos de las imágenes, las alusiones a un patrimonio común,
contribuye directamente a la fabricación de la identidad cultural nacional
y al acceso a las otras formas de cultura. La publicidad es un buen ejemplo
del matrimonio, posible y fructífero, entre creación, industria e identidad
nacional. Hoy, por ejemplo, todos conocemos las diferencias y la impor-
tancia de los modelos culturales en el seno de la publicidad americana,
inglesa, francesa o italiana. La existencia de media generalistas nacionales
fuertes es lo que permite este doble movimiento indispensable de la cul-
tura contemporánea: la apertura al mundo y la preservación de una iden-
tidad. Ampliamente implantados y respetados entre la población, los me-
dia generalistas pueden entonces asumir esa doble función, y no ser, por
ejemplo, los caballos de Troya de la cultura extranjera o «mundial».
4. La cultura popular. La televisión generalista juega también aquí un
papel esencial. a la medida del lugar que o ~ u p a esta cultura, ligada a la
existencia de las tres grandes clases sociales. Estas, con fuertes identidades,
valores y símbolos han representado durante siglos los valores de la ma-
yoría. Desde hace medio siglo esta cultura popular ha sido desestabilizada
por la emergencia de la cultura media gran público, con el consumo, la
imagen, el turismo, la sociedad terciaria, la libertad individual, el final del
campesinado y del mundo obrero. Pero esta cultura popular obrera, cam-
pesina y de comerciantes, constituye todavía la infraestructura de nuestras
culturas europeas nacionales. Si desapareciese del «triángulo de la mo-
dernidad», la modernidad misma se desequilibraría. Para comprender la
importancia del lazo entre estas dos culturas tomemos un solo ejemplo:
el deporte. La televisión ha contribuido a relanzar las prácticas deportivas,
a democratizar ciertas especialidades, pero no habría podido jugar este
papel si no hubiera integrado toda la tradición popular del fútbol, del
rugby, del baloncesto... En otras palabras, la cultura popular nUllca está lejos
detrás de la cultura moderna.
La cultura gran público no sería nada hoy sin las raíces de la cultura
popular. Y si la televisión no fuera más que el vínculo de la cultura mo-
derna gran público, existiría un riesgo de desestabilización. En realidad,
tanto para la cultura como para los otros tipos de programas la televisión
tiene una función de «continuidad», que se asegura mejor a partir del
momento en que todas las formas de cultura están presentes.
5. En cuanto a las culturas especiales que emergen, sea como reivin-
dicación extrema de la modernidad (minorías culturales, sexuales, religio-
sas...), sea como voluntad de mantener la tradición en el contexto mo-
derno (movimientos regionalistas, ecológicos...), es preciso que puedan
manifestarse en el espacio público mediático. Si se dice que la televisión
es a la vez el espejo y el vínculo de. la sociedad, todas las formas de
124
LACULTURA YLATELEVISIÓN
cultura deben poder encontrarse en ella. No encarnarse en ella, pero sí
ser «visibles».
Quizá respecto a la cultura es como se dibuja mejor el papel positivo
de la televisión, mientras que, por el contrario, el discurso dominante ve
en ella su principal crítica. No sólo la televisión no mata la cultura, sino
que puede contribuir a reducir las desigualdades culturales de una socie-
dad que, al tiempo que promueve un modelo de libertad, de apertura,
de emancipación y de cultura, permanece muy jerarquizada. Al mostrar
y al ofrecer una pasarela para el desfile de las diferentes culturas, la te-
levisión permanece fiel a un cierto ideal democrático. A condición, claro,
de que sus directivos compartan esta ambición.
V. DE LA COMUNICACIÓN A LA INCOMUNICACIÓN
En resumen, las relaciones entre la televisión y la cultura son de cinco
órdenes.
Tomo aquí la palabra cultura en el sentido francés de creación y de
obra, y en el sentido británico de saber vivir y de modo de vida. Para el
tercer sentido de la palabra, cercano a la definición alemana, que insiste
en la idea de civilización, se trata de un enfoque que en general no se
adapta a los media audiovisuales. Por cultura entiendo, pues, el conjunto
constituido por las obras y el estilo de vida, y que se refiere del mismo
modo a la cultura media, la popular o la de elite.
1. Ante todo, la televisión es a la vez creadora y difusora de la cultura
gran público, transversal a todos los medios sociales, y constituye en cierto
modo la identidad de la modernidad.
2. Después es un lugar de exposición y de sensibilización hacia la cul-
tura popular y hacia las culturas especiales que emergen o reaparecen.
3. Es un lugar de sensibilización hacia la cultura patrimonial. que no
suprime la existencia de cadenas culturales si el mercado existe.
4. Ha de plantear con nitidez, incluso en una cadena temática cul-
tural, el principio según el cual sigue existiendo una incompatibilidad, una
incomunicación entre televisión y cultura. La televisión no siempre se adapta
a la cultura. Al subrayar esta discontinuidad se evita un dominio dema-
siado intenso de la imagen sobre las prácticas culturales. En fin, hay que
recordar al espectador que la cultura depende, al cabo de un momento,
de lógicas que, en la mayoría de los casos, no tienen nada que ver con
la imagen.
Es esencial insistir en esta posición teórica en favor de la discontinuidad
entre imagen y cultura para preservar la especificidad de una y otra. Nada
125
SOBRE LA COMUNICACIÓN
sería más perjudicial para el mundo de la cultura, o para el de la comu-
nicación, que creer que el problema de su relación estaba resuelto.
Esta discontinuidad, necesaria y benéfica a los dos mundos, es negada,
por cierto, cuando existe una televisión cultural. El simple hecho de juntar
esas dos palabras proporciona la ilusión de una posible buena comunica-
ción. Cuanto antes se reconozcan los límites de la televisión, para ciertas
formas de cultura, antes podrán valorizarse otras formas de comunicación
más propicias a esas expresiones culturales. Insisto también en las discon-
tinuidades entre cultura y los media por otras dos razones esenciales. A la
hora de la comunicación es indispensable utilizar los media para favorecer
una cierta sensibilización a la cultura. En sentido contrario, no hay que
subestimar la relación violenta de fuerza entre cultura y comunicación.
Cuanto más crece el imperio de la segunda, más debe preservar su es-
pecificidad la primera. Por esta razón soy partidario de la cultura en el
seno de los media generalistas, y poco favorable a las cadenas culturales.
En el primer caso se sabe enseguida que la televisióny, más ampliamente,
la comunicación, no pueden ser el todo de la cultura, mientras que en el
segundo es posible la ilusión de una «comunicación» entre ambas.
¿Por qué finalizar con la evocación de la relación de fuerza entre cul-
tura y comunicación? Porque en el futuro el mundo intelectual y cultural
habrá de mantener sus distancias con respecto a la tiranía comunicacional.
Deberá mostrar principalmente lo que, en el orden de la cultura, escapa a
la lógica de la comunicación. Los media temáticos culturales en realidad
no hacen otra cosa que aplazar la inevitable prueba de fuerza entre el
mundo de la cultura y el de la comunicación.
5. Queda una última relación, esencial, entre televisión y cultura: se
trata del papel de la televisión como factor de identidad cultural. En un mundo
abierto, en el que las industrias culturales ensanchan los mercados a escala
mundial, la televisión es indispensable como factor de identidad cultural
nacional. Esto afecta no sólo a las obras, sino también, y quizá sobre todo,
a los estilos, las modas, las actitudes. Cuando se viaja, se aprecian inme-
diatamente estas dos características de la televisión: difunde programas
internacionales, frecuentemente americanos, doblados en todas las len-
guas, pero también programas nacionales. La información, los juegos, el
deporte, los documentales, la ficción, permiten igualmente traducir y re-
flejar una identidad de lengua y de cultura. Yesta dualidad es la que hay
que preservar. La televisión, factor de identidad nacional, es la condición
indispensable para luchar contra el imperialismo cultural.
Mencionaremos ahora el ejemplo brasileño, que ilustra perfectamente ese
vínculo cultura-televisión. Se trata de un país en el que la televisión pri-
vada, Globo, domina ampliamente, y donde, no obstante, la preocupación
126
LA CULTURA YLATELEVISIÓN
de preservar una identidad cultural y la capacidad de creación de ese
pueblo joven han conducido a la invención de las telenovelas. Las tele-
novelas son series de considerable éxito, cuyo contenido evoluciona en
función de las reacciones y de las propuestas del público, todas las cuales
reflejan la realidad social y cultural brasileña. Y, sobre todo, las ven todas
las clases sociales. Diariamente se emiten de tres a cinco telenovelas, que
sin duda han hecho más para preservar un cierto orgullo nacional, valorar
la creación y mantener una cierta cohesión que innumerables políticas
públicas de otro tipo. Los brasileños, cualquiera que sea su situación en
una jerarquía social que continúa siendo implacable, toman parte activa
en los episodios y a la vez como espectadores, lo que prueba el papel de
una televisión generalista en un país inmenso y lleno de contrastes. Cuan-
to más se internacionaliza el mercado de la comunicación, más esencial
es el papel que juegan las televisiones nacionales. Es el mayor desafio de
las negociaciones del GATT y de la aMC, en donde la violencia de las
posiciones americanas basta para comprender que para ellos la preser-
vación de esta identidad cultural es contradictoria con los intereses eco-
nómicos de las multinacionales de la cultura.
En conclusión, puede decirse que a pesar de los discursos dominantes que
condenan el papel de la televisión en la cultura, se observan cuatro fe-
nómenos.
1. Existe un margen real de maniobra. A condición de que las élites
salgan de su posición hostil a priori respecto a la televisión, y que hagan
el esfuerzo de inversión intelectual y teórica que nunca han hecho para
reflexionar sobre este problema complejo de las relaciones entre cultura
y comunicación.
2. Una segunda condición es que los poderes públicos, como los direc-
tivos públicos y privados de los media, ejerzan su responsabilidad y definan
una política ambiciosa de defensa de la identidad cultural nacional, y de
revalorización del estatuto de la televisión generalista, pública y privada.
En este tema todo está por reafirmar, y no a través de una huida hacia
adelante en las nuevas técnicas -que no cambian para nada el problema
complicado de las relaciones entre cultura, comunicación y sociedad-,
sino de la voluntad de garantizar el papel esencial de la televisión como
vínculo social. El terreno de la cultura no es el único en el que se plantea
esta cuestión de una redefinición del papel de la televisión, pero es sin
duda uno de los terrenos-test.
3. En una palabra, hay que emprender una reflexión urgente sobre lo
que está «fuera de la comunicación». Desde hace medio siglo existe la
tendencia de pensarlo todo en relación con la comunicación. Sin embargo,
127
SOBRE LA COMUNICACIÓN
no pasa todo por una problemática de lo comunicación. Sí es verdad esto para
la cultura como para la ciencia, la religión o la política. Y si bien es ne-
cesario meditar sobre las condiciones de las relaciones cultura-comunica-
ción,. comunicación-ciencia O comunicación-política, también es urgente
meditar en lo que de todos modos, en la política, la ciencia, la religión o
la cultura, no se piensa en relación con la comunicación.
Hoyes, en efecto, vital subrayar a partir de cuándo "el billete de la co-
municación ya no es válido». Esto evitará el error de abrir un proceso a la
comunicación para explicar ciertas desviaciones en la política, la ciencia,
la religión, la cultura... Ya la inversa: evitará quizá que esas grandes áreas
sucumban, una tras otra, a los ambiguos encantos de la comunicación. No
sólo demasiada comunicación mata la comunicación, sino sobre todo los
«excesos» ligados a la hipertrofia de la comunicación son otras tantas oca-
siones de considerarla como cabeza de turco.
4. La cultura, la política, la educación, la salud, el trabajo... no sea ~ o ­
tan en la comunicación. Ni se resumen en ella. Ni se funden. Sigue ha-
blenda un antes y un después de la comunicación, en los que reflexionar
para reequilibrar la relación de fuerza con la comunicación.
Porque toda comunicación es una rclación de fuerza, y hoy más que nunca,
mientras se mezclan las dimensiones funcional y normativa, los intereses
económicos y los financieros. Tanto para la cultura como para la política
es, pues, indispensable pensar en esas prácticas, en esos valores, fuera de
la comunicación. He utilizado suficientes argumentos en favor de la pro-
blemática de la comunicación, para subrayar aquí, respecto a la cultura y
también la política y otras actividades sociales, la necesidad de reflexiones
teóricas a fin de salir de la problemática de la comunicación.
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129
CAPÍTULO 6
FUERZAS y LÍMITES DE LO TEMÁTICO
Nos enfrentamos a la siguiente paradoja: con la crisis, se ha convertido
en un tema central el del vínculo social. Sin embargo, simultáneamente
se anuncia como simbolo de progreso el estallido de los media generalistas
y su sustitución por una miríada de media temáticos. De un lado se bus-
can la cohesión social y los factores de integración, uno de cuyos com-
ponentes esenciales son los media de masas; de otro, se presenta como
factor de progreso todo lo que va, por el contrario, en el sentido de una
individualización...
En el momento en que las élites, las Iglesias, los poderes públicos y
las autoridades morales de todas clases buscan ocasiones de reducir las
divisiones, los media temáticos, ligados a la individualización de la co-
municación, se presentan como el futuro. Se ignora esta contradicción
porque la mayoría de los analistas no establecen «el vínculo» entre la
fascinación por la individualización de la comunicación y la toma de con-
ciencia de la fragilidad de los vínculos sociales. Sin embargo, en esos pe-
riodos de desestabilización general todos recalcan el papel esencial de
ritual y de ceremonia colectiva que desempeña la televisión en caso de
acontecimiento importante o grave: guerra, accidente, atentado, catástrofe
natural, gran manifestación deportiva, conmemoración, juegos olímpicos...
En esas ocasiones, instintivamente, los media generalistas recuperan su
papel de agente de la cohesión social, algo que los media temáticos son
incapaces de hacer. Los grandes acontecimientos mediáticos han pasado
a ser constitutivos del universo simbólico de toda sociedad. En otras pa-
labras, a partir del momento en que un acontecimiento afecta a todo el
mundo, todo el mundo se vuelve hacia la televisión, como ayer ocurría
con la radio.
Quisiera resumir los argumentos que abogan en favor de los media
temáticos y las objeciones que yo les hago a través de una serie de diez
130
FUERZAS YLÍMITES DE LO TEMÁTICO
preguntas-respuestas. Recordemos, una vez más, que el problema no está
en la existencia de media temáticos en lo audiovisual, como existen en la
prensa escrita y la radio, como resultado de un fenómeno clásico de seg-
mentación de un mercado. No, se basa en el hecho de presentar esta
evolución como un «progreso» respecto a la televisión generalista, y en el
hecho de percibir lo «temático» como un grado suplementario de refina-
miento en la historia de la comunicación.
I. LosMEDIA TEMÁTICOS PERMITEN POR FIN LA INDIVIDUALIZACiÓN
DE LA COMUNICACIÓN
Es el más antiguo argumento contra los media de masas. No obstante,
si se admite que el mismo mensaje dirigido a todo el mundo no es reci-
bido de la misma manera, la objeción de la falta de individualización
persiste. ¿Cómo defender un programa único dirigido a todos cuando
todas las industrias favorecen la individualización de la elección? ¿No es-
tará «atrasada» la televisión generalista? ¿No estará reforzando los denun-
ciados efectos negativos de la sociedad de masas? Defender la televisión
generalista es tanto como ignorar la evolución técnica, pero también los
daños de la cultura de masas. Los media temáticos son, a la vez, el por-
venir y la encarnación del ideal individualista.
De hecho, hoy el problema no es tanto la individualización como la
dificultad de preservar el «estar juntos». Contrariamente a las apariencias,
el obstáculo no es la masificación, sino la cuestión de los vínculos entre
individuos y sociedades. Es verdad que la sociedad de masas existe, pero,
paralelamente, el movimiento de individualización es más potente, con la
rotura de la familia y de las clases sociales, y con la sociedad de consumo.
Las dificultades más numerosas aparecen del lado de la cohesión social
y de la solidaridad colectiva. Yme declaro en contra de la «mejora»ficticia
de la comunicación de los media temáticos. No sólo no mejoran la co-
municación, sino que refuerzan el movimiento de individualización, que
toma los valores emancipadores del individuo como garantía, simplemen-
te para gestionar «la sociedad de las soledades organizadas». Como ya he di-
cho, se observa tras el tema de la individualización de la comunicación
una regresión respecto a una problemática general del vínculo social. Y
sobre todo circula esta idea falsa, y al final peligrosa, de que con las te-
máticas habrá, «al fin», una «buena» comunicación.
¿A qué se parecería un país con cuarenta o cien cadenas, según las
promesas menos audaces? ¿Qué tendrían en común los individuos para
intercambiarse? éCuél sería la experiencia colectiva? ¿Qué lazo existiría
131
SOBRE LA COMUNICACIÓN
entre los medios socioculturales a los que todo separa? ¿Qué tipos de
conversación? Todos sabemos por experiencia que la televisión es uno de
los mejores soportes de la conversación. Su gran fuerza radica en «hacer
charlar» y ser la ocasión para un intercambio. A condición de que unos
y otros hayan visto más o menos los mismos programas.
11. Los MEDIA ESTÁN ADAPTADOS A LA COMUNICACIÓN
DE LAS COMUNIDADES
El punto de partída del razonamíento es el siguiente: «El gran público
ya no existe; en cambio, las múltiples comunidades están buscando co-
municaciones adaptadas a sus escalas y a sus valores. Los media temáticos
son a la vez un factor de identidad y de intercambios entre comunidades
electivas. Corresponden al paso de la «comunidad de los ciudadanos» a
la «comunidad de los destinos».
Esto es exacto, a condición de recordar que existe el riesgo de que
cada comunidad se encierre en su sistema de valores y de representación.
¿Por qué habría de comunicarse con otras comunidades si ya tiene todo
en casa? El ascenso del movimiento comunitario es una respuesta a dos
contradicciones actuales. Por una parte, expresa la búsqueda de nuevas
solidaridades frente al hundimiento, en medio siglo, de numerosas es-
tructuras sociales de la sociedad de masas. Por otro, la comunidad es un
horizonte para el profundo movimiento de liberación individual. Los in-
dividuos libres e iguales sienten la necesidad de «comunicar» a escala de
grupo. La comunidad electiva resuelve entonces la doble cuestión de «es-
tar juntos» y de la «libertad individual». En los dos casos, la cuestión no
resuelta es la del paso a la sociedad. Resolver la cuestión de la comuni-
cación al nivel de las comunidades deja intacta la de la comunicación al
nivel de la sociedad. Y aquí volvemos a encontrar el límite de los media
temáticos. El «small is beautifub no basta. Explica quizá el efecto mágico
de la palabra red. Hoy se valora todo lo que es comunicación a través de
una red. Elegir los destinatarios, construir una comunidad a la que se
llama «red» se considera un progreso. Pero pasado el efecto de la moda
ligada a la palabra, descubriremos que la comunicación «a través de una
red» puede ser muy cerrada, aunque parezca, por el contrario, más abier-
ta. Hay ahí, además, un contrasentido: la idea de apertura, ligada a la
comunicación, no se encuentra forzosamente en la red a la que se asocia
actualmente. Hasta una época muy reciente, las palabras red, malla o tela
de arana no eran símbolos de libertad... Ha sido con las redes informáticas
y la comunicación audiovisual can lo'C]ue ha cambiado el sentido, sin que
132
FUERZAS YLÍMITES DE LOTEMÁTICO
se sepa qué suscita más admiración: si los alardes técnicos o la supuesta
mayor libertad de los usuarios... Y cuando la delincuencia, a través de
redes interpuestas, haya inventado nuevas formas de robo y de explota-
ción, éseseguirá hablando todavía de las redes como de una nueva forma
de libertad?
Los media interactivos y temáticos, evidentemente favorables al mo-
vimiento actual de individualización, éno se han convertido a fin de cuen-
tas en factores de rigidificación, acentuando las soledades que debían, por
el contrario, reducir? ¿Qué hay más triste que un cibercafé en el que nadie
habla, y todos están «conectados» a una comunicación a distancia con un
ser sin carne ni presencia, seguramente menos molesto que ese otro ser
físico presente a su lado, con quien, aparte los temas del ciberespacio, es
verdaderamente difícil establecer un intercambio?
El problema, desde siempre, no es tanto comunicarse entre comuni-
dades homogéneas como entre comunidades heterogéneas, por no decir
indiferentes unas a otras. Sólo los media generalistas pueden atravesar
varias comunidades. El desafío de nuestros días no está en ofrecer media
temáticos a los católicos, a los protestantes, a los musulmanes, a los ju-
díos..., sino de encontrar la forma de unir a esas diferentes comunidades
en una comunidad más amplia...
IlI. Los MEDIA TEMÁTICOS SON ELFUTURO. COMO LOS MEDIA
GENERALISTAS SON EL PASADO
El argumento es bien simple: «Ambos media corresponden a dos etapas
de la innovación científica y técnica. La comunicación moderna nos remite
a la comunicación individualizada e interactiva, por oposición a aquélla,
unilateral y masiva, de la primera etapa de la comunicación».
Este razonamiento describe perfectamente la ideología técnica que con-
fiere un valor normativo al tipo de comunicación conseguido por la técnica,
en este caso los media individualizados. Hoy, con la ruptura de las es-
tructuras sociales, es más fácil satisfacer los gustos particulares que crear
un interés por problemáticas generalistas. Presentar como un progreso
técnico el hecho de ocuparse de uno mismo, y poco de los demás, es
hipócrita, en el momento en que el individualismo dominante se corres-
ponde con lo que se lleva y con los intereses industriales y comerciales
que lo acompañan, La individualización era un valor progresista en una
sociedad cerrada, que ignoraba la igualdad de los individuos y de las
comunidades, pero ya no tiene el mismo sentido en una sociedad que,
desde el punto de vista económico y social, valora al individuo. Lo te-
133
SOBRE LA COMUNICACIÓN
mático no es una ruptura con relación al orden ambiental, sino la unión
con el mismo.
¿Saben los "combatientes» de la televisión individualista que son vÍC-
timas de un discurso que tiene pocoque ver con el ideal anunciado? Pero
hay más: la mayor parte de los media temáticos serán mañana de pago.
zlIasta qué punto la televisión debe ser de pago? éllasta dónde puede
imponerse la lógica del mercado? En otras palabras: ¿a partir de cuándo
debe ser antepuesta la problemática del interés general? Se habla mucho
ahora de un servicio universal para el teléfono; épor qué la idea no habría
de ser aplicable a la televisión, que es realmente la actividad de comu-
nicación más democrática? élIasta qué punto ha de aplicarse a la televi-
sión la ley de la jungla del mercado? Nadie consentiría que la escuela, la
salud, los transportes, la investigación y otras funciones colectivas esen-
ciales se rigieran exclusivamente en función de los nichos de rentabilidad
y por una lógica del dinero. ¿Por qué admitirlo para la televisión, la única
actividad transversal de nuestras sociedades?
En el momento en que la Unión Europea quiere introducir en sus
textos, con toda la razón, la problemática del interés general, no podemos
dejar de admirarnos del desarrollo de las cadenas de pago temáticas en
Europa...
IV. Los MEDIA TEMÁTICOS ABREN UNA NUEVA ERA
DE LA COMUNICACIÓN
Sí, a condición de recordar que desde el punto de vista teórico los
media temáticos son un subconjunto de los media generalistas, y no una
superación. Acondición también de acordarse de que el gran público no
es la suma de los públicos temáticos, sino la unión temporal de diferentes
públicos, en aquello que tienen en común, de humano, por encima de las
irremediables diferencias que los distinguen.
El reto para mañana no es la desaparición de esta referencia al gran
público, sino el final de una cierta ambición en la manera de concebirlo.
il'uede existir tanto un gran público de mala calidad como un gran pú-
blico de buena calidad! Los media generalistas siguen siendosusceptibles
de ofrecer mañana programas de baja calidad al gran público, mientras
los programas interesantes serían patrimonio de los media temáticos. Se
llegaría así a una comunicación a dos velocidades, opuesta al objetivo per-
seguido por los media de masas, pero perfectamente adaptada a una so-
ciedad individualista de masas.
134
FUERZAS YLÍMITES DE LOTEMÁnco
La idea de rejilla generalista no es tanto una referencia al pasado como una
idea de futuro. En realidad, existen dos representaciones diferentes de la
sociedad y dos maneras de responder a la cuestión de la heterogeneidad
social. En un caso se quiere ir más allá; en el otro se la considera un
hecho. El reto no consiste en la desaparición del gran público -teniendo
en cuenta los intereses ligados a una economía de masas-, sinomásbien
en la lenta e ineluctable destrucción de la ambición que lleva consigo esa
palabra desde hace un siglo.
V. MAÑANA, CON EL ZAPPING, EL ESPECTADOR SE HARÁ SU PROPIA
CADENA GENERALlSTA
Hacer zapping en el seno de las cadenas temáticas no lleva a construir
un programa generalista, porque la relación con la imagen es diferente.
Lo que se espera no es lo mismo. De cara a las cadenas generalistas,
evidentemente el abanico es más ancho, y de ahí la posibilidad de sorpresa
-una de las causas del éxito de los media- mayor. Pero sobre todo la
actitud es diferente: nos gusta ver lo mismo que los otros, desde nuestra
casa. Nos gusta participar en lo que hacen los otros, pero a distancia. El
talento de los media generalistas está en permitir esta participación individual
a una actividad de masas, fenómeno que no se produce evidentemente en
los media temáticos, donde se sabe previamente a través de qué segmentos
de programas se circula.
La relación con la oferta también es diferente. En un caso, con la rejilla
generalista el espectador halla esa voluntad de tocar a todo el mundo y
a no importa quién. En cambio, frente a la oferta temática la selección del
público se efectúa a priori. En un caso juega un gran papel el azar; en el
otro, no. De todas formas, no nos colocamos de la misma forma frente a
un media temático o generalista. En un caso se toma la iniciativa; en el
otro se selecciona. Uno no es mejor que otro, pero la experiencia de-
muestra que la elección final es más vasta al seleccionar en el seno de
una oferta extensa que cuando se parte de una demanda explícita. Sim-
plemente porque siempre existe ese acceso "por casualidad» a las imá-
genes. ¿Hay muchas situaciones sociales en las que los públicos puedan
compartir experiencias, pese a sus diferencias sociales y culturales? Como he
dicho a menudo, menos mal que ahí están la televisión y la meteorologia
para alimentar las conversaciones, porque a menudo no existen otras expe-
riencias compartidas entre individuos llamados a codearse unos con otros...
Existe otro argumento en favor de los media generalistas. Se suele
decir que los media temáticos tienen la ventaja de hacer de cada uno de
135
SOBRE LA COMUNICACiÓN
nosotros su propio programador: en vez de «sufrir» los programas no de-
seados, los «elegimos» nosotros mismos. ¿Pero quiere el espectador trans-
formarse en «programador»? A cada uno su oficio. Al espectador lo que
le gusta es elegir, pero a través de una oferta organizada. No es seguro
que desee hacer la oferta. Se parece un poco a la diferencia que existe
entre los muebles que se compran acabados y los que tiene que montar
uno mismo. ¿Quién prefiere los muebles en kit? Lo más frecuente es que
se prefiera que estén montados. Incluso si de tarde en tarde, porque le
gusta a uno el bricolaje, o por economía, puede hacerlo uno mismo. En
una palabra: las cadenas temáticas tienen un evidente papel de comple-
mentariedad, pero no de sustitución, en relación con los media genera-
listas.
VI. Los MEDIA TEMÁnCOS PERMITEN AL PÚBLICO SER POR FIN ACTIVO
La falsa idea del espectador «pasivo» ante una televisión generalista y
«activo» ante un media temático tiene siete vidas como los gatos, incluso
si desde hace tiempo las investigaciones demuestran que en todos los casos
el espectador es activo, porque filtra y selecciona los mensajes. Nadie re-
cibe pasivamente un mensaje escrito, audio, o audiovisual. Simplemente
las expectativas no son las mismas. Otra idea falsa sería que el público
seleccionase en el caso de los media temáticos, mientras que en el caso
opuesto los padecería. El público selecciona en todos los casos: simplemente
el tipo de selección no es el mismo, ya que la oferta y la expectativa son
diferentes.
Se olvida que de todos modos el público contempla aquello que se le
ofrece, a lo que se añade el hecho de su falta de crítica. Siempre está
implicita la misma hipótesis de la imbecilidad de los espectadores... En
treinta años de televisión los públicos han adquirido una cultura crítica
de lo audiovisual, y aunque no hagan grandes discursos, sí saben muy
bien distinguir entre programas generalistas y temáticos. En el futuro pro-
bablemente querrán conservar los dos enfoques, y primarán sin duda la
oferta generalista, a pesar de los discursos que, desde la aparición de lo
temático, hace más de veinte años, predicen el fin de lo generalista. En
los Estados Unidos, por ejemplo, país que no se molesta por la teoría, los
prospectivistas, siempre seguros de que «mañana todo cambiará», anun-
cian desde hace dos decenios la desaparición de las grandes redes gene-
ralistas (ABC, CBS, NBC). Esto es lo que escuché durante mi primer viaje
de investigación sobre la televisión, en 1976, en los Estados Unidos... Y
luego, a pesar de los enormes progresos de las cadenas temáticas, los
136
FUERZAS YLÍMITES DE LO TEMÁnco
media generalistas siguen estando en cabeza de las audiencias, en más de
un 60 %' Probablemente a causa del deseo de «estar juntos» y de man-
tener el «vínculo social».
VII. LA TELEVISiÓN TEMÁTICA CULTURAL PERMITE QUE LA CULTURA SE
SALVE EN LATELEVISiÓN
Ya he tomado posición extensamente sobre esta cuestión teórica esen-
cial. Sí a la televisión cultural si se presenta como una cadena temática
entre las otras, si encuentra un público y si está financiada, bien sea por
ese público, bien sea por el mecenazgo o los abonados. No a la televisión
cultural presentada como el «núcleo central de la televisión», como el
lugar de los «verdaderos» programas culturales, financiados con fondos
públicos, cuando se trata de programas muy específicos que sólo pueden
gustar a una «élite». ¿Por qué el dinero público no va a las cadenas ge-
neralistas del que cruelmente carecen, para cumplir su misión de ofrecer
una sensibilización hacia la cultura? ¿Por qué no habría de reconocerse
que existe una verdadera aspiración cultural por parte de públicos que
no pertenecen a la élite. y que es necesario satisfacer? Dicho de otro
modo, una cadena francesa financiada con fondos públicos es la mala
solución al verdadero problema de la insuficiencia de programas de ca-
rácter cultural ofrecidos por los media generalistas principalmente públi-
cos. La idea de una televisión especializada en «cultura» y financiada con
fondos públicos es antinómica con la idea misma de promoción cultural
que está en la raíz de los media de masas, porque sólo fomenta la cultura
de una minoría y refuerza das barreras y los niveles» que se trataría más
bien de reducir.
No me refiero aquí a las televisiones de conocimientos, como la experien-
cia de la «5» en Francia, porque el problema es algo diferente. Es verdad
que no existe una cultura sin conocimientos, pero los modelos de tales
televisiones no están ante todo colocados en una perspectiva de jerarquía
cultural. Los conocimientos son ciertamente un sistema de jerarquías, pero
por el momento las cadenas temáticas sobre el conocimiento no han te-
nido esta voluntad de «distinción», en todos los sentidos del término, que
encontramos en las cadenas culturales y de arte. Incluso es al contrario:
están hechas oficialmente para ensanchar los conocimientos de todo el
mundo. Para divulgar. Pertenecen, pues, al paradigma de las televisiones
generalistas y dependen casi siempre de estatutos públicos. Esa es la opor-
tunidad de la televisión del servicio público y de su objetivo de emanci-
pación. Cuanto más las cadenas temáticas culturales plantean el problema
137
SOBRE LA COMUNICACIÓN
del elitismo y de la segregación, tanto más, en sentido opuesto, el con-
cepto de cadena del saber y los conocimientos se sitúa en la tradición de
la cultura gran público de la televisión.
La televisión está hecha para ensanchar y no para encerrar. Desde
luego la audiencia de «Arte», en Francia, se ha quedado siempre en una
media inferior al 2 %, y esto pese a una actitud muy favorable de la
prensa escrita y de las élites. El conformismo es tan intenso en ese terreno
que criticar la idea de una cadena cultural está mal visto. Es razonable, a
condición de no sospechar de uno que es un adversario de la cultura y
de la emancipación de los pueblos. La izquierda, que, en Francia, habría
debido criticar el proyecto en nombre de una cierta idea de la democra-
tización cultural, no solamente la ha concebido, sino que siempre la ha
defendido. el.a derecha, en la alternancia del poder, será más valiente?
Pero hay tanta hipocresía cuando se trata de cultura que todo es posible.
Indudablemente lo peor está en la buena conciencia con la que las élites,
que jamás han pensado ni apoyado la televisión generalista -que es, sin
embargo, un indispensable instrumento de cultura- se han precipitado
sobre la idea de televisión cultural, confundiendo su cultura con la cultura.
ilxponer una cultura minoritaria en una cadena especializada nunca ha
constituido un proyecto cultural! Con esto se manifiesta también una falta
de reflexión sobre la especificidad de la televisión como técnica de comu-
nicación.
Pero hay más, y éste es seguramente el argumento decisivo desde el
punto de vista teórico. Ese tipo de cadena cultural mantiene la ilusión de
Ul1a continuidad posible entre cultura y televisión. No solamente no hay
apenas apertura hacia las otras formas de cultura, sino que, en el modo
de consagrar esta forma tan particular de cultura de élite, se refuerza la
ilusión de que la televisión podría garantizar la continuidad con todas las
formas de cultura. Ahora bien, como he explicado antes, es preciso pre-
servar, por el contrario, para bien de la comunicación como de la cultura,
una cierta discontinuidad entre los dos. Sobre todo si se piensa que uno
de los problemas del mundo cultural e intelectual será mañana mante-
nerse a una cierta distancia de la comunicación triunfante, para preservar
la especificidad y la visibilidad de los diferentes sistemas de valores. El
acercamiento entre «Arte» y la «5» en Francia sólo ha servido para re-
plantear el problema. ¿Cuál de los dos modelos saldrá ganador? ¿Se tra-
tará de una «super>' Arte? -y reaparecerán entonces todos los problemas
teóricos precedentes-o ¿O bien de la extensión del modelo de una ca-
dena educativa- ¿O bien asistiremos a la implantación de una falsa
cadena generalista que sume las dos legitimidades y que pretenderá ser
televisión «fuera de serie» con todos' los riesgos, ya señalados, de una
138
FUERZAS YLÍMITES DELO TEMÁTICO
televisión a dos velocidades? En todos los casos es esencial la cuestión de
la identidad, del estilo, de los objetivos, y merece un debate. Las creacio-
nes de cadenas de televisión, sobre todo en el sector público, son dema-
siado infrecuentes para que no se haga una reflexión de conjunto.
VlIl. LA TELEVISIÓN TEMÁTICA CORRESPONDE A UN NUEVO TRATO
DE LA COMUNiCACiÓN
Se puede afirmar que la televísión temática corresponde a un nuevo
trato de la comunicación, porque lo temático está conectado con el mo-
vimiento de diferenciación de las ofertas y demandas culturales de las
sociedades avanzadas. A condición de recordar que siempre es más fácil
tener éxito con un media temático que con uno generalista. El progreso
de la prensa especializada, y luego, desde hace unos treinta años, de los
media temáticos, demuestra que existe una demanda en ese sentido. Pero
la experiencia histórica muestra también que los mejores grupos de co-
municación especializada sólo desean una cosa: establecer una confron-
tación con la comunicación gran público que sigue estando en el horizonte
de esta comunicación. Incluso si es menos rentable. Lo vemos con las
emisoras de radio temáticas que han tenido éxito: esperan convertirse en
generalistas. Este es también el caso de los grandes grupos de prensa
especializados, que sueñan con fundar o comprar periódicos de infor-
mación general.
¿Por qué esta tentación hacia el gran público? Simplemente porque el
desafío, la grandeza, el sentido de toda situación de comunicación sigue
siendo evidentemente la conquista de ese gran público, de ese «no im-
porta quién» de la sociedad que, en cierto modo, es el verdadero desti-
natario de la comunicación. En esta capacidad de haber podido tocar a
ese «no importa quién» ha residido el éxito del circo, más tarde del music-
hall, de la radio, del cine y por último de la televisión. Pasar la prueba del
gran público sigue siendo el horizonte de la comunicación. Sobre todo en una
sociedad democrática, en la que la cultura común a todas las clases socia-
les ocupa el lugar de todos conocido.
En cambio, sigue existiendo una demanda de comunicación no satis-
fecha en la comunicación gran público, pero que ya no lo es por los media
temáticos: se trata de la comunicación directa, inmediata. Se supone que esta
necesidad podrá ser satisfecha a través del correo electrónico, de Internet
y de las múltiples promesas de las autopistas de la información. Veremos
en la quinta parte de este libro las ventajas y los limites de estos servicios.
La idea que defiendo es simple: estas técnicas no estarán probablemente
139
SOBRE LA COMUNICACIÓN
en condiciones de resolver esas necesidades más de lo que lo están los
media generalistas o temáticos actuales, porque amplían la circulación,
cuando el problema radica en que lo que se pide es compartir.
IX. CON LO TEMÁTICO, LA OFERTA ESMÁS VASTA
Si, aparentemente, pero en treinta años de diversificación se da uno
cuenta de que no hay relación entre el aumento del número de soportes
y el del número de programas. ¿Por qué? Porque al ser cada vez más
viva la competencia, la dife:encia se establece en torno a algunos tipos de
programas. Hay cada vez mas «conductos", pero lo que se encuentra en ellos
son los mismos tipos de programas. Esta constatación se cumple tanto en las
cadenas generalistas como en las cadenas temáticas. Más para las segun-
das, que dependen todavía más de su público. Los media temáticos con-
tribuyen finalmente poco a la diversificación de la oferta. Ciertamente el
nivel de los programas de los media temáticos puede ser mejor, pero nada
asegura que los medios generalistas no reaccionarán mañana. Después de
todo, una quincena de años en la existencia de la televisión, que sólo
tiene cincuenta años, no es suficiente para sacar una conclusión definitiva.
De todos modos, más allá de lo que los separa, los media generalistas y
temáticos se enfrentan a los mismos obstáculos: admitir los límites de la
comunicación meduuicu.
Dos ejemplos: la ciencia y la cultura en la televisión. Hablar pública-
mente de grandes cuestiones científicas es una experiencia de la demo-
cracia, pero el límite está evidentemente en la competencia del público y
el tecnicismo de los datos. ¿Yale más una cadena especializada a la que
el público científico podrá acceder, en todos los casos de manera incom-
pleta, a ciertas informaciones y debates científicos, o por el contrario es-
forzarse cada vez en definir el nivel en el que las cuestiones científicas
sean susceptibles de ser tratadas en los grandes media -en otros térmi-
nos, proponer la divulgación de calidad, complementada con el recurso a
especialistas para que expliquen ciertos problemas a través de un diálogo
con periodistas, y la organización de debates sobre la ciencia y la socie-
dad-? En un caso, tenemos acceso a un conocimiento más preciso, pero
limitado para el público, sin que además podamos superar los obstáculos
impuestos por el media de la imagen; en el otro caso, tenemos una mayor
simplificación, pero un público más amplio.
. Lo mismo para la cultura. ¿Vale más una cadena especializada, pero
limitada en audIenCIa: o una utilización de la televisión generalista para
senSIbilIzar hacia las diferentes formas culturales? Las dos posturas tienen
140
fUERZAS YLÍMITES DELOTEMÁTICO
sus ventajas y sus inconvenientes, pero parece, desde el punto de vista
de la relación entre comunicación y democracia, que la televisión gene-
ralista presenta una ventaja: dirigirse a un público muy extenso y no
provocar la ilusión de que la televisión, tanto en el caso de la ciencia
como en el de la cultura, puede ir hasta el fondo de las cosas. Dejar
aparecer los límites de la comunicación audiovisual es menos «alienante»
que dar la ilusión de una «comunicación» completa. Hay que extraer las
consecuencias de la simplificación impuesta por toda comunicación audio-
visual, y abandonar la idea de que la comunicación temática podria su-
primir este obstáculo. La simplificación inherente al media televisión, ge-
neralista o temática, es compatible con algunos géneros de programas, y
deja un lugar para otras formas de comunicación no audiovisuales. En
otras palabras, se trata menos de anotar el fracaso de la comunicación gran
público -que seria compensado por la comunicación temática- que de
situar el nivel en el que la comunicación mediática es posible, sea temática o
generalista.
Finalmente lo temático y lo generalista expresan dos tratamientos a la
incomunicación y a la heterogeneidad sucial. La primera espera reducir la
incomunicación, pero sin poder superar la heterogeneidad social. La se-
gunda admite la incomunicación, pero trata de atreverse con la hetero-
geneidad social, al ofrecer pasarelas entre públicos que no pertenecen a
los mismos universos socioculturales.
X. ¿POR QUÉ OPONERSE A LA TELEVISIÓN TEMÁTICA?
No se trata de oponerse, sino de situar el nivel en el que lo temático
es complementario de lo generalista, y de eludir que lo temático sea la
solución a las contradicciones de los media de masas. Las evoluciones son
demasiado recientes para basar en ellas análisis definitivos, y se impone
la modestía. Lo temático como segmentación de un mercado no plantea
ningún problema; se presenta más como nueva teoría de las relaciones
entre comunicación y sociedad. En relación con la contradicción central
de la sociedad individualista de masas, a cuyo cargo está administrar per-
manentemente dos niveles -el del individuo y el de la comunidad-, el
interés del media generalista radica en cambio en tratar de mantener jun-
tas esas dos dimensiones. El media temático renuncia a ello, e intenta
sobre todo dar satisfacción al nivel individuaL
Por otra parte, lo temático no es tampoco la solución a otro problema
esencial: el de saber cómo reducir la omllipresencia de la televisión y de la
imagen en nuestra sociedad. Desde ese punto de vista, los límites del
141
SOBRE LA COMUNICACIÓN
media generalista permiten ver aún más deprisa los de la televisión, y en
consecuencia el interés de escapar de ella para hacer otra cosa... A la
inversa, lo temático amplifica ei embarga de la imagen sobre el conjunto de
las situaciones sociales, sin admitir límites a priori.
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142
TERCERA PARTE
COMUNICACIÓN y DEMOCRACIA
INTRODUCCIÓN
No HAY DEMOCRACIA SIN COMUNICACIÓN
Lo podemos decir ya: la comunicación no es la perversión de la de-
mocracia, sino más bien la condición de su funcionamiento. No hay de-
mocracia de masas sin comunicación, y por comunicación es preciso en-
tender desde luego los media y los sondeos, pero también el modelo
cultural favorable al intercambio entre las elites, los dirigentes y los ciu-
dadanos. En esta perspectiva, los media y los sondeos son a la vez el
medio dado a los ciudadanos para comprender el mundo y la concreción
de los valores de la comunicación, indisociables de la democracia de
masas.
Pero es necesario ir más lejos: zqué sería de nuestras complejas socie-
dades, en las que el ciudadano está alejado de los centros de decisión
políticos y económicos, algunos de los cuales se encuentran en lejanos
países, si no existieran los medios, por la comunicación, de informarse
sobre lo que ocurre en el mundo? Encontramos una vez más esta doble
dimensión de la comunicación: a la vez normativa, indisociable del pa-
radigma democrático, y funcional, como el único medio de gestionar las
sociedades complejas. Hoy todo es complicado y lejano, y no siempre
reconocemos que el modelo normativo de la comunicación y las múltiples
herramientas que la instrumentalizan son también el medio de reducir las
distancias entre dirigentes y dirigidos.
Dicho de otro modo, si la simplificación de la realídad y la persona-
lización, que son las leyes de bronce de la comunicación, presentan in-
convenientes bien conocidos, son también el medio que se otorga a los
ciudadanos para acceder a la comprensión de una realidad social, cultural,
económica y política complicada. La comunicación de masas, con sus ven-
tajas y sus inconvenientes, es inseparable del modelo de democracia de
masas, al mezclar dimensiones funcionales y normativas. En ese mismo
sentido, las críticas justificadas respecto a la racionalización efectuada por
145
SOBRE LA COMUNICACIÓN
los media; los sondeos, la comunicación política, el marketing, hay que
matizarlas también por este dato de hecho: éson el precio que hay que
pagar para establecer un vínculo entre las realidades y los medios sociales,
sin relación alguna las unas y los otros? Sólo la comunicación permite hoy
una cierta visibilidad entre la base y la cumbre. Ser comprendido por todo
el mundo tiene un precio: simplificación y racionalización.
y volvemos a encontrar aquí el fuerte vínculo existente entre la comu-
nicación y la valorización del ciudadano. Este vínculo estructural entre
comunicación y democracia juega igualmente un papel respecto a dos
grandes cuestiones de nuestras sociedades individualistas de masas.
La primera cuestión se refiere a la crisis del modelo de intercambio in-
tersubjetim Ya he dicho bastante sobre los límites de la comunicación me-
diática, en relación con el conjunto de una problemática de la comuni-
cación, para tener que recordar que, en el contexto de las «soledades or-
ganizadas» de nuestras sociedades, los media, aunque no aporten una
solución suficiente, constituyen, no obstante, una solución parcial. La co-
municación mediática no resuelve la falta de comunicación intersubjetiva,
pero al menos evita un alejamiento aún mayor entre la escala individual
y la de la sociedad. Lo mismo ocurre para la otra contradicción: la dís-
tancia entre el conocimiento y la acción. Como he dicho a menudo, el
ciudadano occidental es «un enano en materia de acción y "" gigante en
materia de información», en el sentido de que en medio siglo ha ensanchado
considerablemente su percepción del mundo, sin poder ensanchar pro-
porcionalmente su capacidad de acción. Pero al menos esta sobreinfor-
mación tiene la ventaja de que el ciudadano occidental -el único que
accede libremente a todas las informaciones- tenga la sensación de que
está más o menos al corriente de los problemas esenciales. La situación
sería peor si ese ciudadano no pudiera actuar mucho y estuviera, además,
aislado del mundo. Suelo tender a darle la vuelta a la crítica que se hace
a menudo, con razón, contra el lugar que ocupa la comunicación en nues-
tras sociedades. No, no resuelve estas dos contradicciones, cuyas causas
son además externas a ella misma, pero al menos evita al ciudadano estar
todavía más perdido y dominado.
La segunda cuestión se refiere a la doble crisis por la que atraviesan
las democracias de masas: la de la representación y la de la soberanía. En
los dos casos la comunicación relativiza los efectos negativos. ¿Qué repre-
sentación de las fuerzas sociales, ideológicas, culturales, garantizar, a partir
del momento en que las mutaciones económicas y sociales han destruido,
en medio siglo, los criterios de representación social? Y aún más cuando
resulta que el final de la sima Oeste-Este ha suprimido el principal eje
respecto al cual se construía la representación política. (Resultado? Ya no
146
NO HAY DEMOCRACIASINCOMUNICACIÓN
se distingue muy bien cuáles son los criterios que estructuran las repre-
sentaciones sociales de nuestras sociedades, ni los criterios sociales en los
que se asienta la representatividad política, al ser todas las fuerzas polí-
ticas favorables al cambio y a la modernidad... A la inversa, la crisis de
soberanía se refiere a la relación de las sociedades con el exterior. ¿Qué
queda de la soberanía nacional en las economías interdependientes en las
que domina un modelo de sociedad abierta? Esta crisis de la soberanía
está directamente ligada a la crisis de identidad nacional. principalmente
en Europa.
En los dos casos la comunicación, sin ofrecer una solución sustitutiva,
modera los efectos negativos. Por imperfectos que sean esos modelos nor-
mativos de comunicación, constituyen un medio de vincular la escala in-
dividual con la del mundo exterior. Pero subrayar el papel normativo de
la comunicación en la sociedad individualista de masas supone ir más
lejos, porque el fenómeno es demasiado proteiforme para no ser, a su
vez, pervertido por su propia ambivalencia. Si se quiere evitar que la
dimensión, finalmente favorable, de los media y de los sondeos se trans-
forme a su vez en una tiranía, hay que construir conceptos que permitan
limítar el efecto negatívo. Porque nada garantíza a príorí que los medía
y los sondeos sigan siendo, en una economía de la comunicación en plena
expansión, los mensajeros de la información y de la opinión que han sido
en la teoría democrática... Las desviaciones observadas desde hace una
veintena de años con la hipermediatización de la realidad y el dominio
de los sondeos obligan a un trabajo de «compresión teórica».
El primer concepto que hay que reexaminar es el de espacio público,
cuyo papel, como ya he dicho varias veces, es esencial para la democracia
de masas. Como garante del paso entre la sociedad civil y la sociedad
política, su papel crece a medida que la mayor parte de los problemas de
la sociedad se trasladan a la plaza pública y se debaten contradictoria-
mente. Si se quiere evitar un ensanchamiento infinito de ese espacio pú-
blico, es preciso limitarlo. Más claro: el riesgo que existe es el de ver el
vocabulario y las dicotomías políticas invadir todo el espacio público y
convertirse en la única forma de aprehender la realidad. Para conjurar
esta unidimensionalización hace falta mantener las distancias entre las múl-
tiples referencias necesarias, culturales, simbólicas, religiosas, estéticas, sin
las que la sociedad, a fortiori democrática, no funciona.
Igual ocurre con el otro concepto central, el de la comunicación política,
en el que se observa el mismo fenómeno. La extensión de la lógica polítíca
a todas las esferas de la sociedad acrecienta mecánicamente el papel de
la comunicación política, pero con el riesgo de hacer de ella un fenómeno
totalmente proteiforme, sin ninguna capacidad discriminatoria y sin efecto
147
SOBRE LA COMUNICACIÓN
estructurante. También en este caso un trabajo teórico de cierre y de de-
finición de criterios de validez es necesario si se quiere conservar la fun-
ción normativa de la comunicación.
¿Cuál es el riesgo? Es doble. En primer lugar, el de una «economía
general de la expresió11», sin relación con los obstáculos de toda comunica-
ción auténtica. El desequilibrio en favor de la expresión tendría el riesgo
de favorecer, por reacción, la lógica del experto, quien, en nombre de las
competencias y los saberes, se coloca por encima de las leyes de la política,
y casi de todas las leyes. Por otra parte, el triunfo de una lógica de la
expresión y de la igualdad de opiniones puede reforzar la idea de una
«nueva» forma de democracia llamada democracia de opinión o democracia
del público. Esta, al apoyarse en el hundimiento de las ideologias y el
igualamiento de los puntos de vista, llegaría a promover un modelo de
democracia política centrado principalmente en la expresión de las opi-
niones.
Si, fiel a las hipótesis de partida, planteo un vínculo normativo entre
comunicación y democracia, es a condición de definir la forma más ri-
gurosa los papeles del espacio público y de la comunicación política, que
son los instrumentos teóricos indispensables para pensar y gestionar la
democracia de masas. Y también la condición para recordar que, si la
comunicación permite quizá gestionar de forma más pacífica las relaciones
de fuerza, no las elimina.
148
CAPÍTULO 7
EL TRIÁNGULO INFERNAL: PERIODISTAS, POLÍTICOS,
OPINIÓN PÚBLICA
El triunfo de la comunicación ha desestabilizado la relación de fuerza
existente entre las lógicas de la información, de la opinión pública y de
la acción, o más bien ha cambiado la forma. Ayer era la lógica del poder
la que se resistía al contrapeso de la información y del público. Hoyes la
omnipresencia de la comunicación y de la opinión pública lo que deses-
tabiliza una lógica política menos arrogante.
1. Los ELEMENTOS DEL DESEQUILIBRIO
1. Si bien no hay política sin comunicación, hoy se ha llegado a in-
vertir la relación: la comunicación derrota a la política, en detrimento de
los políticos, más frágiles por esta causa. ¿Cuál es su situación?
Los políticos de los países occidentales se eligen para un periodo corto,
con un margen de maniobra débil, en las sociedades burocratizadas, en
las que la soberanía nacional está fuertemente mermada por Europa y la
mundialización. No obstante, deben dar la sensación de que saben adónde
van y de que ven las cosas a largo plazo. Sin gran capacidad de acción,
están, sin embargo, obligados a dar la impresión contraria, de dominar el
futuro, cuando la mayoría de ellos saben que cinco años más tarde ya no
estarán en el poder (en todo caso, no estarán en los mismos cargos)... La
radio y la televisión, al forzarlos a responder rápidamente, sin demasiada
palabrería, aceleran su relativo descrédito, pues el público ve que, durante
su mandato, no siempre tienen gran cosa que proponer. Se enfrentan con
la siguiente contradicción: los media son necesarios para dar valor a su
acción, pero al mismo tiempo subrayan la debilidad de su margen de
149
SOBRE LACOMUNICACIÓN
maniobra... Además el político sufre la presión del acontecimiento y la del
cortejo de periodistas. Estos comentan a diario, encuentran significados
ocultos a las estrategias improbables, y dudan de la capacidad de acción
de los políticos, que se ven entonces obligados a correr de emisoras de
radio a platós de televisión para responder a los rumores, confirmar al-
gunos, desmentir otros, desmarcarse de quienes les hacen la competencia,
cuidar su propia imagen, comprometer el futuro y no dar la impresión
de ser incapaces de enfrentarse al presente. Difícil, en esas condiciones,
no ver que a menudo el rey está desnudo... Por ejemplo, tras una elección
presidencial «se» considera que todo se juega el primer año, y «se» le
conceden seis meses a un primer ministro para que pruebe su valía. Por
lo que respecta a los ministros, zcuántos consiguen no hacerse olvidar y
se ganan un cierto respeto? Los alcaldes de las grandes ciudades o los
presidentes de consejos regionales no están en una situación mejor: sólo
existen localmente, y necesitan emprender un agotador recorrido de com-
batientes para salir de su región y de los media locales, y destacar a escala
naciona!. Una situación comparable se produce en todos los países de-
mocráticos. Debería hacerse hoy una verdadera sociología del político, ma-
chacado por la comunicación triunfante. Pero no hay que contar para ello
con la ayuda de los responsables políticos, que no se atreven a decir la
verdad, lo mismo que los periodistas, por otra parte, incapaces de reco-
nocer que muy a menudo la situación se ha invertido a su favor.
La presión de la información y del acontecimiento es tal que el actor
se desestabiliza. Este último se ha visto frustrado finalmente por la imagen
y la información. Ciertamente al político no se le juzga sólo por su ca-
pacidad de acción, porque la política es también la gestión de un espacio
simbólico y una mezcla sabia y complicada de simbolos y de acción. Pero
ia partir de cuándo el predominio de lo simbólico perjudica la capacidad de acción
del político? La diferencia entre la capacidad de información y la lentitud
de la acción crea un malestar, que el ciudadano percibe perfectamente.
Cuanto más desea éste no ser víctima del personal político, tanto más no
desea que le fuercen a comprobar en directo su fragilidad. ¿Por qué?
Porque la débil capacidad de acción del hombre público y su fragilidad
desestabilizan también al ciudadano. Y es aquí donde la retahíla de los
sondeos prosigue la obra de desestabilización de la información. A partir
de una imagen, positiva o negativa, cuya diferencia se debe a menudo
un poco a cualquier cosa y un mucho al papel de las élites -que no se
privan nunca de emitir una opinión definitiva y autorizada sobre todo lo
habido y por haber-, los políticos son asaltados por los «barómetros» y
las cotas de popularidad. Como un yoyó. Ycomo los sondeos los comen-
tan continuamente los media -son ellos, además, quienes con más fre-
150
ELTRIÁNGULO INFERNAL PERIODISTAS, POLÍTICOS, OPINiÓN PÚBLICA
cuencia los encargan-, los políticos se encuentran bajo el gota a gota de
las cifras. LResultado? Abusan de las palabras huecas, según las cuales los
sondeos no les influyen, y confirman que su única preocupación estriba
en llevar a cabo una acción de larga duración... Discursos en los que nadie
cree, y que acentúan la sensación de malestar. Tanto más cuanto, en rea-
lidad, una parte creciente del empleo del tiempo de los políticos, a través
de los media, persigue justamente tratar de conjurar la predicción de esos
barómetros desfavorables... En este tema los actores tienen una respon-
sabilidad, por aceptar finalmente que los medios de comunicación sean
los árbitros de sus relaciones con los ciudadanos. ¿Qué hacen realmente,
y cada vez más a menudo, los políticos? No sólo conceden una confianza
cada vez más ciega a los especialistas en comunicación que, aunque se
presentan en plan modesto, se comportan en realidad como verdaderos
rasputines, sino todavía más: multiplican las operaciones de comunicación
mediática cada tres o seis meses, inventando un nuevo estilo, que hace
felices a los media y los coloca de forma creciente en una lógica comu-
nicaciona!. íSin embargo, jamás se reconquista un capital político a través
de operaciones de comunicación! Y además esas emisiones, de efectos
renovados sin cesar, se transforman en shows, que los media consideran
como tales. A fuerza de situarse en un territorio que no es el suyo, los
políticos pierden la indispensable alteridad.
Nos encontramos lejos del esquema ideal del político que se nutre de
información y de opinión pública, que evalúa la acción emprendida y que
da a conocer la jerarquía de los problemas que le parece!] importantes
para el futuro. Si la realidad se pareciera a esta imagen de Epina!... '. Los
actores políticos, a pesar de sus fanfarronadas, son en realidad los perde-
dores de esta hipermediatización; y en treinta años solamente unos pocos
han sabido resistir esta situación inédita. Pocos han sabido aprovecharla,
porque en el transcurso del mandato el público desenmascara bastante
pronto a los políticos convertidos en especialistas de la comunicación-
espectáculo. Y durante mucho tiempo ya no vuelve a confiar en ellos.
2. La presión ejercida por los media es considerable, pero los periodistas
reconocen difícilmente la inversión de la relación de fuerza en su favor.
Informarán sin cesar de las «dificultades» de relación con las diez o veinte
personalidades que están en la cumbre del Estado -y que llegan apenas
a manejar su relación con la comunicación-, pero silencian los casos más
1 La imaginería de Épinal (en los Vosgos) surge en el taller de lean-Charles Pellerin,
en la época napoleónica, y está dedicada a motivos patrióticos y sociales (sentido del
ahorro, educación infantil, ascensión sociaL). Se considera, por su realismo un tanto in-
genuo, un precedente del cómic... (N. del T)
151
SOBRE LACOMUNICACIÓN
frecuentes, en los que por el contrario se encuentran en posición favorable
con los otros políticos. Además hay que distinguir aquí, entre los perio-
distas, a la pequeña minoría que a través de editoriales, redactores-jefe,
contactos regulares con los encargados de los sondeos y los despachos de
asesoría, juegan un papel esencial en la propagación de rumores, y a la
gran mayoría de la corporación, más modesta, que no tiene acceso a ese
primer círculo, y sólo vive de los juicios rápidos y definitivos. ilncluso los
fracasos estrepitosos -así, en Francia, las previsiones unánimes en favor
de E. Balladur contra J. Chirac, «el eterno perdedor-e- no han dejado
ninguna huella! Seis meses más tarde todo se había olvidado, y la élite
medíática recomenzó la misma ronda, firme en las mismas actitudes. El
poder del periodismo, que consiste en pasar de un acontecimiento a otro
sin pararse nunca, se convierte aquí en un defecto. Y en esa relación de
fuerza con los políticos, los periodistas tienen la enorme ventaja de no
tener que hacer frente a ninguna sanción. Es verdad que existe la percep-
ción crítica del público, pero ésta se manifiesta tan lejana...
Todo esto debería ser objeto de una sociología precisa. Lo que sor-
prende en el contexto actual es la forma en que los políticos, con unas
pocas excepciones, se han vuelto modestos. Conscientes de su escaso mar-
gen de maniobra y constantemente «iluminados» por los media, están
obligados a tener más prudencia, mientras que en el lado contrario el
mundo de la comunicación está mucho más seguro de sí mismo. A través
de, o con la superposición, de radios y televisiones el ciudadano no puede
ignorar durante mucho tiempo los rumores que circulan en dos medios
bien intencionados» de la comunicación. El resultado es que, en todo caso,
los políticos dependen terriblemente de los comentarios de esta nomen-
klatura periodística, que tiene mucha menos influencia en la opinión de
lo que ella cree, pero que en cambio tiene mucha sobre los dirigentes
políticos, cansados y ansiosos, y sobre el resto de eso que se llama las
«élites». En definitiva, sólo hay una parte pequeñísima de la población
que vive hasta ese punto la presión de la comunicación, pero como se
trata del medio próximo al poder -siempre seguro de ir "por delante»
del resto del país- se comprende el efecto «reduplicador» de tal proceso.
Frente a la constante persecución mediática, los políticos se muestran im-
potentes, tanto más cuanto están expuestos a la sanción de la elección,
cuya dureza no conoce el mundo de la comunicación. Este ve, describe,
analiza, pero no es responsable. Y como el "riesgo» de los periodistas se
llama audímetro y pérdida de lectores, esto les empuja, por el contrario,
a «añadir más persecución»,
En resumen, es verdad que los periodistas, grandes beneficiarios del
movimiento actual, deberían "aflojar las tuercas» a la clase política, pues
152
EL TRIÁNGULO INFERNAL: PERIODISTAS, POLÍTICOS, OPINiÓNPÚBLICA
los dos campos ya no tienen las mismas armas. No se trata de reducir la
función crítica indispensable de la prensa, sino de admitir la diferencia
radical de realidades. Hay que hacer un aggiornamento, como se verá en
la cuarta parte, porque es capital el papel de contrapoder de la prensa, a
condición de no traspasar ciertos límites. Y a condición también de que
la prensa acepte ser criticada, y de no gritar «ataque a la libertad de
prensa» en cuanto alguien se atreve a poner en duda algunos de sus
comportamientos. Por lo demás, la autocrítica no es una práctica corriente
en la prensa.
3. No menos desestabilizante es la influencia de los sondeos. Cierta-
mente Francia es un caso original, como primer productor y consumidor
de sondeos, pero esta tendencia la hallamos también en otras partes. El
problema es simple. Este instrumento complementario de percepción de
la realidad se ha hecho omnipresente, lo que rebaja otro tanto cualquier
otro enfoque, sobre todo cualitativo, considerado como "menos riguroso».
y sobre todo su omnipresencia hace olvidar el límite principal del sondeo:
nunca es la expresión natural de la opinión pública, sino la respuesta de
ésta, en condiciones especiales, a una pregunta planteada por un encues-
tador; al ser así, esa respuesta no se inscribe ante todo en una lógica de
información pública.
En otras palabras, los sondeos son considerados como medidas de la
opinión, cuando se trata de respuestas sesgadas a preguntas orientadas,
en una dirección que no es verdaderamente informativa. Pero como las
repiten y comentan los periodistas, se olvida su origen. La información
de los sondeos siempre necesita ser completada por otros elementos y
situada respecto al encargo. Pero esta contextualización desaparece en
cuanto los resultados se hacen públicos. Sólo quedan los porcentajes. Esas
cifras sintéticas, repetidas hasta la saciedad durante uno, dos O tres días
por los media en competencia unos con otros, dan al mismo sondeo tanto
eco como si se tratase de una batería de sondeos. Aún encima, los media
son ellos mismos importantes solicitadores, y se agrupan a menudo para
comprarlos. El resultado es un efecto amplificado del sondeo: cada uno
de los medios de difusión que han participado quiere valorizarse, y pro-
voca una amplísima difusión, lo que aumenta proporcionalmente el im-
pacto de esas pocas cifras.
Si el público permanece al final distante y crítico respecto a esos men-
sajes -como lo está respecto a la información en general-, las élites y
los políticos son, en cambio, muy sensibles. Las que finalmente se encuentran
más claramente bajo la influencia de los sondeos son las élites, cuando disponen
de otros medios de información, de los que simulan desinteresarse, por
un constante cuidado de distinción... Son las que, a pesar de sus afirma-
153
SOBRE LA COMUNICACIÓN
ciones -y quizá porque están alejadas de la realidad- ven en ellos, por
el contrario, un «buen espejo». Los sondeos influyen en las élites que
ejercen a su vez su dominio sobre los políticos, quienes, apresurados y
fatigados, encuentran ahi un «resumen de la realidad».
No es éste el lugar para una reflexión de conjunto sobre la difícil
cuestión de las relaciones entre opinión pública, sondeos, funcionamiento
del espacio público y comunicación política; no se trata tampoco de cri-
ticar la existencia de los sondeos que, por su carácter público, contribuyen
a una cierta apertura de la sociedad. El problema procede del desequilibrio
actual surgido de su omnipresencia, que vehicula una representación pe-
culiarísima de la realidad, estrepitosamente reemplazada por los media, y
que acentúa esa presión cuyas consecuencias sobre los políticos son difí-
ciles de ver. Simplemente a fuerza de reaccionar a los sondeos, repro-
ducen la lógica y acentúan así el papel de ese espejo tan especial de la
realidad. El desequilibrio creado por los sondeos es tanto más claro por
cuanto el agotamiento de las grandes opciones ideológicas, el debilita-
miento de las instituciones intermedias, el final de las diferencias entre
mundo rural, mundo obrero y mundo terciario, y la lenta homogeneiza-
ción de modos de vida han hecho desaparecer los otros puntos de refe-
rencia. Ayer, las diferentes estructuras sociales, culturales e ideológicas
eran otros tantos filtros a través de los cuales pasaban las cifras y las
interpretaciones. Hoy, con la disminución del papel de esas otras infraes-
tructuras, ya no queda, cara a cara, otra cosa que los políticos y «la opi-
nión». Esta se ha convertido en un cuerpo inmenso y liso, aún más an-
gustioso e inasequible, que siempre da más prestigio a los sondeos. Más
que nunca, éstos parecen la vía de acceso a esta «pitonisa misteriosa».
Por útiles que sean, sólo miden el primero de los tres niveles de la
opinión pública, aquel que está ligado a la actualidad y a los aconteci-
mientos. El segundo, ya más profundo, corresponde a las preferencias ideo-
lógicas y a las representaciones, y sólo puede ser abarcado parcialmente
por ese modo de recogida de la información. El lazo entre esos niveles es
complejo y provoca siempre sorpresas, no en los sondeos, sino en el juego
social concreto. Existe, en fin, un tercer nivel, el de las infraestructuras
culturales, religiosas y sociales, del que no se sabe gran cosa, principal-
mente cómo se articula con los niveles precedentes. La fuerza y el límite
de los sondeos radican en dar forma al primer nivel de la opinión, que
es «activado» por los acontecimientos y la información. Tanto más cuanto,
a pesar de las precauciones que los encuestadores se ocupan de recordar,
todo el mundo confunde en el sondeo fotografía y previsión. El sondeo,
que es sobre todo un retrovisor o una instantánea, pero prácticamente
nunca un elemento prospectivo, se valora y se busca evidentemente por
154
ELTRIÁNGULO INFERNAL: PERIODISTAS, POLÍTICOS, OPINIÓNPÚBLICA
esta última dimensión. Es un medio de precaverse un poco de la incer-
tidumbre del futuro.
La omnipresencia de los sondeos acentúa entonces la cultura de lo ins-
tantáneo, en la que se suceden a un ritmo desenfrenado acontecimientos,
sondeos, informaciones, como en una especie de gigantesco juego de pre-
guntas-respuestas. La consecuencia es una reducción de cualquier distan-
cia crítica. Todo es inmediato y crea esta ilusión de transparencia o, al
menos, de racionalidad posible de la historia instantánea... Una especie
de «cultura-tampón», a base de sobreinformación, de sondeos, se crea en-
tre uno mismo y el mundo. En vez de suministrar brújulas suplementarias
a los políticos -los únicos confrontados a la cuestión capital de la ac-
ción- esta medida del tiempo, por sondeos interpuestos, les desorienta
un poco más y les lleva a pilotar sin ayuda de instrumentos. Un ano parece
la eternidad. Desde este punto de vista, la influencia conjunta de los media
y los sondeos es nefasta; amplifica el corto plazo y oscurece en proporción
una perspectiva a medio y largo plazo, cuando la política, sobre todo si
el margen de maniobra es estrecho, necesita perspectivas para movilizar a
los ciudadanos desengañados y lúcidos.
La paradoja radica, pues, en que la información y los sondeos, que
deberían permitir a los políticos comprender mejor la realidad, y a los
ciudadanos relativizar el discurso de los dirigentes, llegan al resultado
inverso, emborronando las visiones y provocando una sobreexposición a
corto plazo.
n. TRES CONSECUENCIAS DE ESE DESEQUILIBRIO
1. Pese a la hipermediatización de la realidad y a la omnipresencia
de toda clase de indicadores, las crisis sociales siguen siendo siempre ines-
peradas y violentas. Las «elites rnediáticas», que parecen saber todo en
especial cuando se las escucha, no tienen más capacidades anticipadoras
que las élites tecnocráticas, también seguras de sí mismas... En realidad,
el desenganche se produce entre las categorías dirigentes y la sociedad. Esta
tecnocratización de la percepción de la sociedad por los media, los son-
deos, los indicadores, y los rumores interpuestos plantea un temible pro-
blema a la democracia: en efecto, las élites y los políticos desearían ver la
realidad, pero sólo se enfrentan a ella a través de tal entramado de cifras,
barómetros, estadísticas, hábitos mentales, visiones del mundo ..., que ol-
vidan la existencia de otra realidad social. Todo les parece tan coherente,
completo y racional que identifican los «captores» y la realidad. En cuanto
a los ciudadanos, sin hacerse demasiadas ilusiones, tienen no obstante
155
SOBRE LA COMUNICACIÓN
necesidad de creer que los dirigentes saben lo que quieren, Nada peor
por otro lado que ese «desenganche»: conduce directamente a los movi-
mientos sociales, las huelgas y los conflictos, que al final cuestan mucho
más caros a la colectividad que un mínimo de diálogo social, Porque el
efecto perverso de todos esos sistemas de información es de hacer creer,
equivocadamente, que la realidad se conoce bien, La comunicación en
todas las direcciones funciona como un sistema de autointoxicación en el
seno de los medios dirigentes,
2, Cuando la crisis social estalla, la lógica del acontecimiento ocupa de-
masiado lugar en una economía de la comunicación en la que los efectos
de la competencia son tan fuertes como la lógica «acontecedera». Todo se
desequilibra y se desarrolla al instante, La mayoría de las veces nadie ha
previsto la crisis que, sin embargo, viene con frecuencia de lejos, y en
unos pocos días haría falta que, en una especie de catarsis, todo se arre-
glase, Los media y los sondeos se encuentran más aún «en el puente de
mando», y amplifican la crisis social por el simple efecto mecánico de la
competencia que hay entre ellas y de la repetición, Hasta el punto de
que, al cabo de algunos días, una crisis social o política se parece a una
situación insurreccional, No sólo los media plantean entonces el problema
de la «capacidad del poder» para resolver la crisis, sino pronto es la «au-
toridad» y hasta la «legitimidad» política las que se ponen en duda, ¡Como
si se tratara de regímenes dictatoriales desestabilizados por la presión po-
pular, evidentemente democrática! Y si la crisis dura, todos esperan la
caída, incluso la derrota, la huida a Varenncs., il.a calle contra las insti-
tuciones! En tal situación, los media acentúan el enloquecimiento por la
impaciencia, la dramatización de las informaciones y de los comentarios,
y en ese juego de balanza, finalmente orquestado por nadie, y que tiende
a volver a caer enseguida después de algunos días cruciales, el papel de
la comunicación, debido a la hipermediatización de las tensiones, no es
secundario, Se tiene la impresión de que no hay nada más que la crisis,
que invade y desestabiliza todo, Tras cada fase crítica, los media conclu-
yen que los dirigentes se han debilitado, desestabilizado, incluso deslegi-
timado, iSin plantearse nunca la cuestión de saber si por su manera de
actuar no han contribuido ellos mismos a la desestabilización, que luego
analizan doctamente! Y estos observadores, que sin embargo no tienen la
terrible responsabilidad del poder, avivan las brasas mientras recalcan
cuán frágiles son nuestras democracias,
3, En fin, y éste es el tercer tiempo de una especie de ascensión en
poder del papel de los media, éstos tienden, en una situación tensa, a
jugar como mediadores para «desbloquear» la crisís y «hacer avanzar el
diálogo», argumentando que las cosas irían más rápidas si los protagonis-
156
ELTRIÁNGULO INFERNAL: PERIODISTAS, POLÍTICOS, OPINIÓNPÚBLICA
tas estuvieran mejor informados, Reducen así las crisis a un problema de
«información», cuando la mayor parte de las veces el problema no está
ahí, sino en la gestión de una relación de fuerza política en la que la
información no es más que un elemento,
Esta tendencia de los agentes de la comunicación a querer, indirecta-
mente a través de la radio y sobre todo de la televisión, «hacer avanzar»
el debate en tiempos de crisis es cada vez más preocupante, La hemos
visto incluso en el plano internacional durante la crisis que precedió a la
guerra del Golfo, en enero y febrero de 1991, A lo largo del otoño de
1990, después de la invasión de Kuwait, en agosto, los media occidentales
desplegados en Arabia instauraron una especie de «media diplomático»a
través de la CNN, Pretendían «acercar» los puntos de vista, como para
«acelerar» la diplomacia, La idea muy afincada en aquel momento fue que
había que poner remedio a «la falta de comunicación» directa entre las
partes, A través de la vía indirecta de los media, sin intermediarios, podía
encontrarse una solución que evitara la guerra, Hubo incluso un inter-
cambio de casetes entre los señores Bush y Hussein, Además de que esa
gestión desdeñó toda experiencia de las relaciones internacionales y de
los proyectos reales de las partes, llevaba implícita una idea ingenua, que
consistía en creer que si se consigue que comuniquen en directo las partes,
se llega a una solución",
A escala más reducida, y con menores riesgos, asistimos a eso mismo
en las democracias mediatizadas, Ya que los estudios de radio y de tele-
visión son los lugares de confrontación de puntos de vista, épor qué no
utilizarlos con este fin en tiempos de crisis? El sueño de la mayoría de
los periodistas consiste en transformar los platós en escenarios de negociaciones,
Obligar, en dírecto, a las partes a negociar bajo la mirada de los ciuda-
danos se convierte en el fantasma periodístico, y en una figura del ideal
democrático' Pero tal desviación olvida que no hay vida social y política
si no es mediatizada por los ritos, los tiempos, los códigos, las institucio-
nes, y que la lógica de la sociedad no es la del directo, En realidad, existen
en una sociedad varios escenarios, y no hay nada peor que querer reunir
todo en uno solo, Hay un momento y un escenario para cada situación
social,
Lo mismo que la comunicación ha sido incontestablemente un factor de
apertura en relación con los cerrados escenarios tradicionales de principios
de siglo, hoy vemos que el problema es otro, y no puede reducirse a esta
idea simple y falsa según la cual cuanto más garantizan los media la
transparencia, más contribuyen a la democratización, Si en nuestros días
las partes no negocian más rápidamente o mejor, no es porque unos no
sepan «realmente» lo que quieren los otros; es porque se organiza allí un
157
SOBRE LA COMUNICACIÓN
juego de relaciones de fuerza en las que la apuesta no es la información
sobre los proyectos respectivos, sino la capacidad de ejercer influencia por
todos los medios (silencio, retirada, amenaza) en la relación de fuerzas.
La historia, la política y la sociedad no existen en el mismo espacio-tiempo que
la información.
En situaciones de crisis el problema no es ante todo comunicacional,
sino político, y es en la escena política donde deben funcionar las cosas.
Existe en los «media-diplomacia» y en los «media-negociación» la idea
elemental, pero equivocada, de que nos comprenderíamos mejor si nos
hablásemos directamente. Si esto es cierto para muchas situaciones hu-
manas y sociales, lo es mucho menos en el marco de los conflictos en el
seno de las democracias donde reinan ya en permanencia la información
y la comunicación, y donde los bloqueos sociopolíticos no dependen en
primer lugar de una problemática de comunicación. Ylo es menos todavía
en el plano internacional, donde desde épocas inmemoriales toda la ex-
periencia de la diplomacia consiste en administrar los tiempos, en distinguir
los momentos en que son necesarios los intermediarios de aquellos otros
en que las relaciones directas son posibles. La lógica de los poderes y de
las relaciones de fuerza, en ciertas situaciones, es superior a la de la co-
municación. Se ha visto muy claro en el otoño de 1995
2
, cuando, de buena
fe y rápidamente, los medía desearon «organizan> debates para «ver claro
e informar al público». Este, la mayor parte del tiempo, no ha jugado su
papel, porque los diferentes actores se negaban a encontrarse cara a cara,
a hablar o negociar en público. Los sindicatos estaban dispuestos, pero el
gobierno lo estaba mucho menos. Y los agentes económicos esperaban a
saber cómo iba a evolucionar la situación. Cuando, hacia el final del con-
flicto, en diciembre de 1995, las diferentes fuerzas en presencia aceptaron
esos debates públicos, fue aquello una violenta disputa, pues el número
y la heterogeneidad de las posiciones en presencia crearon una verdadera
cacofonía. Tal resultado tuvo quizá un efecto negativo al dar al público
la sensación de que «unos y otros nunca llegarán a entenderse».
¿Por qué he insistido en estos deslizamientos? Para postrar el estrecho
margen de maniobra que existe en nuestras sociedades en las relaciones
entre comunicación y política.
2 En aquel momento en Francia era primer ministro Alain Iuppé, y sus medidas re-
lacionadas con la Seguridad Social originaron una oleada de huelgas que afectaron tam-
bién a todos los sectores de la producción y el transporte y llegaron a paralizar la vida
del país. (N. del T.)
158
ELTRIÁNGULO INFERNAL: PERIODISTAS, POLÍTICOS, OPINIÓNPÚBLICA
Ill. LAS PUERTAS DE SALIDA
1. Para los políticos se trata en primer lugar de aflojar «el torno del
acontecimiento» que pesa sobre ellos por la vía oblicua de los media y los
sondeos, y revalorizar su papel, que no es el de manejar la comunicación
política, sino actuar sobre la realidad. En descargo de los periodistas ~ d e
quienes se puede lamentar que ejerzan una presión demasiado fuerte
sobre los politicos->, hay que recordar que a menudo son esos mismos
políticos quienes solicitan a los media y los sondeos, de los que se quejan
en privado... Aflojar el torno y distanciarse significa evidentemente ne-
garse a estar de actualidad de emisión en emisión para repetir incesan-
temente la misma cosa, con un soso tono vacío, del que el público, que
no dice nada pero al menos piensa, no se deja apenas engañar. Ysignifica
también, para los actores, negarse a entrar en la lógica perversa del co-
mentario constante de los sondeos, y tener a veces el valor de poner en
duda públicamente la problemática de ciertos sondeos, los temas, la ma-
nera de plantearlos, las preguntas, sus ritmos... Tal toma de distancia se-
guramente sería bien recibida por un público que los sufre de la misma
manera, y que apreciaría ese rasgo de carácter de los políticos. Igualmente
encontraría la confirmación de que no hay una connivencia forzosa entre
el mundo de la política y el de la comunicación...
Después de todo, si los políticos sufren por esta situación de hiper-
comunicación, no tienen más que decirlo en público, y no sólo en privado,
como hacen todos. Hasta que no reaccionen públicamente, los media y
los encuestadores tienen derecho a pensar que les son favorables. Ypara
ser honesto, hay que reconocer que esta hipermediatización constituye
todavía a los ojos de los actores políticos un factor determinante en la
competencia que opone a unos y otros.
Digo esto para evitar una visión errónea, que opondría a los buenos
y débiles políticos a los perversos e irresponsables periodistas. En realidad,
se trata muy a menudo de una pareja satánica, en la que cada uno achaca
al otro la responsabilidad de sus propias lagunas. Los políticos deben tam-
bién tratar de encontrar "palabras» para explicar la dificultad de la acción
política y subrayar su especificidad en relación con cualquier otro tipo de
acción humana. Por parte del público, que en su conjunto no es apenas
favorable a este hostigamiento mediático, sería sin duda bien recibido que
los políticos se distinguieran de los periodistas y de los sondeos, y cons-
tituiría un paso hacia una reconquista de su confianza. Lo que fastidia
probablemente al conjunto de los ciudadanos es menos la débil capacidad
de acción de los políticos que su dificultad para hacer público lo que les
distingue de una lógica de comunicación y de opinión. Muchos ya no ven,
159
SOBRE LACOMUNICACIÓN
desde luego, una sensible diferencia entre los políticos y el mundo de la
comunicación...
2, Revalorizar el dúo político-ciudadano,
En un periodo favorable a los media y a los sondeos, no basta con
pedir a éstos que se autodisciplinen -¿quién aceptaría hacerlo?- para
que la sítuación cambie, Más bien hay que favorecer el acercamiento entre
políticos y ciudadanos para que puedan concretarse las posibílídades de
un reequilibrio entre la política y la comunicación, Si no, podrían muy
bien producirse fenómenos de rechazo de la comunicación, incluidos los
media y los sondeos, cuyas consecuencias serían catastróficas para la de-
mocracia de masas, La revalorización del dúo político-ciudadano pasa por
la del oficio del político: es precisamente al mostrar su escaso margen de
maniobra cuando se contribuye a dar valor a esta función, M, Crozier
propuso un día la fórmula del «Estado modesto», Debería hablarse del
«político modesto», para que el público vea la endeble capacidad de los
políticos,
Asi, apostar por la inteligencia crítica del público sería para estos úl-
timos un buen medio de liberarse de la presión de la comunicación, y
recuperar las raíces de su compromiso. La cuestión que se plantea aquí
es principalmente la de la militancia, Hoy los media forman un cortocir-
cuito entre los dirigentes y los militantes -estos, que se enteran de las
cosas por los media, tienen la justa sensación de que todo se ventila en
las alturas, y que su acción no sirve para nada-, Son los dirigentes quie-
nes tienen que invertir este esquema y mostrar que en realidad su «vida
en la cumbre» sólo vale porque hay abajo, en otro sitio, miles de inicia-
tivas, Y esta vida mílítante local es importante, aunque los media no ha-
blen de ella, Ante todo corresponde a los políticos mostrar a los media
que lo esencial de la vida política democrática no se juega sólo en la
capital, Hay que romper esa impresión desastrosa según la cual el com-
promiso ya no tiene sentido, y todo se negocia en otra parte, Tanto más
cuanto a la primera crisis social se da uno cuenta de que el Estado y la
sociedad política están rápidamente bloqueados y desamparados, Los que
actúan en los conflictos, ayer ignorados con soberbia, se encuentran en-
tonces propulsados desde la base hasta los terciopelos de los salones do-
rados de los palacios de la República para convertirse en «compañeros
serios», Revalorizar la política con relación a la comunicación es ante todo,
por parte de los dirigentes políticos, convencer a los mílítantes y simpa-
tizantes de que el sentido de la política no está en los palacios nacionales
o internacionales,
J Ampliar el círculo de los que hablan,
Esto depende en primer lugar de la responsabílídad de los media,
160
ELTRIÁNGULO INFERNAL: PERIODISTAS, POLíTICOS, OPINIÓ"JPÚBLICA
éQué observamos en la mayoría de los países? La tendencia a ver siempre
la misma cincuentena, o el centenar de personalidades (políticas, cultura-
les, diplomáticas, académicas.i.) en los media, ¡Como si sólo hubiera que
hacer hablar a un centenar de personas! ¿Por qué los periodistas llaman
siempre a las mismas personalidades tan identificadas? ¿Por qué no con-
siguen ampliar su agenda de direcciones? Porque ese juego de espejos, a
su vez, les valoriza a ellos: interrogar a alguien «conocido» les eleva a la
altura de la persona interrogada, El resultado es un cierto muelle de des-
carga de ese medio mediatizado, que se pone a hablar a su vez palabras
banales, A fuerza de hablar en los media se «habla estilo media», con frases
cortas, matizadas, equilibradas, Agua tibia, Para el público, una evidente
saturación: se ve siempre a los mismos, y se sabe lo que van a decir, Para
ese medio mediatizado, una confusión entre ser conocido, ser mediático
y ser valioso, El interés de la comunicación, que consiste en sorprender, se
atenúa aquí intensamente: el juego de «ro)" se monta desgastado, con los
indignados, los serios, los dulces, los maliciosos, los reidores, los aburridos,
los rebeldes", Los periodistas deberían romper ese círculo vicioso, No lla-
mando -como se hace cada vez más- a "personas corrientes» a quienes
se concede la palabra en emisiones con escenarios más o menos apara-
tosos, en una perspectiva en la que se mezclan el voyeurismo y una especie
de actitud de dudosa base, No, deberían ampliar el circulo de la palabra,
simplemente buscando un poco más lejos los individuos capacitados para
intervenir, iY claro que hay' Basta con querer encontrarlos: hoy todo el
mundo sabe hablar en la radio y en la televisión, incluso sin haberlo hecho
nunca, porque al escuchar y mirar desde la infancia se sabe hacerlo casi
instintivamente, lo que no ocurría hace veinte años, Ampliar el círculo,
ampliar las palabras, las referencias, los vocabularios, suscitaría curiosidad,
crearía sorpresas y confortaría a los periodistas en su papel de «descubri-
dores de talentos», Al hacerlo, justificarían su función y darían también la
sensación, a un público cada vez menos inclinado a creer no importa qué,
que ellos están ahí "para todo el mundo»,
El problema de la política moderna es que ha pasado de jugar entre
dos a jugar entre tres, Antes se trataba sobre todo de un cara a cara
político-periodista, Ahora ese cara a cara se hace delante del público, que
ve todo o casi todo, pero ni los políticos ni los periodistas, digan lo que
digan, han sacado consecuencias de ello, Paradójicamente, la primera di-
ficultad se le presenta al público, Acometido por informaciones del mun-
do, lo ve todo, sin poder hacer gran cosa, Esto crea una frustración que
oscila entre la sensación de impotencia y la de rebeldía, La segunda di-
ficultad se les presenta a los políticos, Todavía no se han dado cuenta del
todo de cuánto ha cambiado la mirada que el público les dirige, El cinismo
161
SOBRE LA COMUNICACIÓN
y el doble lenguaje cada vez se aceptan menos, a causa principalmente
de que el nivel cultural del público no cesa de aumentar, y de la cultura
crítica que aportan los media. Pero la tercera dificultad, que afecta a las
relaciones entre,el público y los periodistas, no es menos real, aunque sea
menos visible. Estos se transforman en «caballeros blancos» de la verdad,
pero el público no se deja engañar. Simplemente no lo manifiesta. Desde
este punto de vista, la connivencia, perjudicial para la democracia, entre
ciertos periodistas y magistrados, debe ser examinada. Los magistrados,
ni más ni menos que los periodistas, no están por encima de las leyes. Y
la tentación de presentarse como los últimos bastiones de la verdad y de
la justicia, contra políticos necesariamente sospechosos -a semejanza, por
otro lado, de directivos de grandes grupos industriales-e, presenta pro-
blemas temibles. Primero de desvalorización de quienes están confronta-
dos a la acción y la responsabilidad. Después, de sospecha respectoa toda
autoridad. Y por último de deslizamientos progresivos hacia dos ideas
seductoras en apariencia, pero al final peligrosas: la prensa como cuarto
poder, y el gobierno de los jueces.
Las tres dificultades de la política moderna son, pues: un crecimiento
de la esfera política, acompañada sin embargo de una mayor dificultad
de acción; una visibilidad acrecentada de la política, que conduce sin em-
bargo a una especie de inversión de la relación de fuerza en provechode
los media; un público cada vez más aguerrido, y sin embargodesprovisto
de medios de acción, y hasta de medios para expresar su rencor. Atención
al público cuando salga de su espiral de silencio...
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163
CAPÍTULO 8
EL ESPACIO PÚBLICO
Ensanchar el espacio público 1 (cuya definición se hallará en el Glo-
sario), ha sido un objetivo constante, pero éhasta dónde pueden publici-
tarse y discutirse contradictoriamente los asuntos de la ciudad? iHasta
dónde las dificultades de racionalización, y necesariamente de politiza-
Clan, indispensables para una discusión colectiva de problemas de natu-
raleza diferente son compatibles con la complejidad social y cultural?
éllasta donde el Ideal democrático, que consiste en favorecer el diálogo,
es posible sm caer en una especie de cohabitación burocratizada de in-
tereses contradictorios? La cuestión de los límites del espacio público es
nueva, ya que en fecha reciente el proceso consistía, por el contrario, en
desear ampliar esa esfera pública, rechazar el secreto y favorecer la infor-
mación. La idea está en reintroducir lo heterogéneo, las diferencias, y no
en extender la transparencia. Dicho de otro modo, en pensar los límites
del espacio público para salvar ese concepto esencial.
1. LA FRONTERA PÚBLICO-PRIVADO
Es un tema de considerable importancia, que ha sido objeto desde el
siglo XVII de enfrentamientos culturales y políticos de una violencia inau-
dita. Lentamente, la filosofía, la antropología y la sociología ponen al día
1 A propósito de la definición y de las características del espacio públicocontempo-
ráneo, véase el Glosario, así como: J. Habermas, L'Espace public, Payot, 1986; Hermes, 11.
0
4,
«Le nouveau espace public», 1989; Hmnes, n," 5-6, «Individus et politique». 1990; ííermés,
n.' 10, «Espaces publics, traditions et rorrununautés». 1992; Hcrmes, n." 1 1 ~ 1 2 , "A la recher-
che du publir, réceptíon, télévision, medias», 1993; Hermes, n." 13-14, «Espares publics en
images», 1994.
164
EL ESPACIO PÚBLICO
los conflictos y las relaciones de fuerza que han pasado a través de esa
violenta batalla.
No es cuestión aquí de retomar los términos del debate, sino simple-
mente de plantear la cuestión desde la perspectiva sincrónica. La victoria
de la categoría de lo público mezcla tres factores. En primer lugar, el factor
político ligado al movimiento en favor de la democracia que, desde hace
un siglo, identifica la emancipación a la lucha contra un espacio privado
dominado por los valores morales y religiosos. Luego está el factor social:
los formidables movimientos sociales producidos en un siglo con el éxodo
rural, la urbanización y la transformación de los modos de vida han mo-
dificado las fronteras entre esas dos categorías. Por último, el factor cul-
tural, en el que se mezclan la idea de emancipación y la generalización
de la comunicación, y que favorece una cierta descompartimentación. La
socialización creciente de la vida pública, la multiplicación de políticas de
la familia más sanas, y, en fin, el profundo movimiento de liberación de
la mujer, acompañado por la evolución de los media, que han contribuido
a que se pueda «hablar de todo», han empujado las fronteras público-
privado, rechazado los territorios del secreto, favorecido la toma de la
palabra y facilitado esta realidad hoy banal, pero impensable hace cin-
cuenta años: se habla de todo en la plaza pública. Todo puede decirse y
discutirse, sin tabúes, incluidas la sexualidad y la religión, que fueron
durante mucho tiempo los dos últimos bastiones del territorio privado.
iHasta dónde lo público puede aventajar a lo privado? Si la toma de la
palabra pública sobre cuestiones privadas ha estado ligada al movimiento
de emancipación, el precio a pagar ha sido el modo en que ésta se orga-
niza. Un modo racional, laico y político. El reconocimiento, tras numerosas
luchas, de «la persona» ha pasado por una batalla encarnizada en favor
de los derechos del individuo en los que se mezclaban vida privada y
vida pública (duración del trabajo, escuela, salud, educación, jubilación...).
La condición y el precio de esta batalla fueron la laicización y la politi-
zación de los vocabularios. ¿Resultado? Hoy toda defensa de la esfera
pública se traslada a la idea de emancipación, y toda defensa de la vida
privada a una concepción «conservadora». Esta distinción ya no se man-
tiene a partir del momento en que las categorías «públicas» han ganado,
y aparecen nuevos problemas ligados a la procreación médica asistida y
al estatuto del embrión. Todo lo que se pone en juego, por ejemplo, en
los confines de lo viviente, no puede ser tratado primeramente a través
de estas categorías políticas. El cambio consistirá en abandonar ese voca-
bulario dicotómico para abordar de otra forma la problemática tan com-
plicada de la relación público-privado en las sociedades en que domina
la publicidad en sentido etimológico. El vocabulario público social y po-
165
SOBRE LA COMUNICACIÓN
lítico no puede ya ser el único modo de calificación y de descripción de
las realidades "privadas», pues se corre el riesgo de suscitar un real em-
pobrecimiento. Este es el mayor de los riesgos.
Defender la frontera público-privado consiste, más al1á de cuestiones
antropológicas y ontológicas, en afirmar el derecho a la coexistencia, sin
jerarquía de referencias diferentes. Preservar esta distinción es ante todo
admitir la multiplicidad de los discursos, sin temor a que más tolerancia
respecto a los discursos morales, espiritualistas y religiosos provoque una
"vuelta a la Edad Media»... En otras palabras, preservar la función de
debate, inherente al espacio público, obliga hoya reintroducir, en el seno
de éste, vocabularios y referencias que han estado excluidos en razón a
los enfrentamientos ideológicos de ayer, y a admitir, a su lado, la presen-
cia de otros códigos lingüísticos y simbólicos. Los otros sistemas de inter-
pretación y los antiguos valores no están "de más» para abordar los nue-
vos problemas de la sociedad, muchos de los cuales tienen que ver con
la definición de la vida, de la muerte y de la libertad individual. Las
sociedades laicas, igualitarias, individualistas y de masas se enfrentan a
contradicciones para las que carecemos dramáticamente de instrumentos
conceptuales. Y si se quiere salvar una de las conquistas del modelo de-
mocrático, la capacidad de deliberación, ha de ser a través de la coexis-
tencia con otros sistemas de referencias y de valores.
En resumen, el espacio público no es quizá el único lugar donde se
piensa sobre la legitimidad de la sociedad democrática. Esta había con-
seguido circunscribir en el espacio público las principales categorías de
vocabulario y de referencias para pensar la sociedad moderna; la super-
vivencia del modelo requiere una reapertura de este espacio a otros sis-
temas de valores. Un ejemplo: el debate sobre la definición de la vida y
de la persona. Evidentemente, son los conceptos esenciales de libertad, de
persona, de ética, de norma, de convención, de una parte, y los progresos
del conocimiento del genoma y de la célula en neurobiología, por otra, los
que obligarán a una redefinición de la vida y de la conciencia. La com-
plejidad de estos problemas, en los que chocan violentamente las cate-
gorías filosóficas, religiosas y sociales, va a l1evar aparejada, por carambola,
una reflexión más general sobre las relaciones público-privado y sobre la
categoría de lo privado. Las perceptibles reacciones contra los excesos de
la socialización son factores favorables a un reexamen de la manera
de pensar la relación público-privado, como los progresos de la biología
y de la medicina lo son del lado de las ciencias. Quizá sea la conjunción
de esos dos movimientos, de diferente naturaleza, la que permita retomar
el debate teórico y normativo sobre las relaciones público-privado, que
están en el fundamento de toda problemática del espacio público.
166
ELESPACIO PÚBLICO
Il. RECREAR LAS DISTANCIAS
El precio que hubo que pagar al modelo de democracia fue una cierta
racionalización de las formas de pensar y de denominar los problemas de
la sociedad. Y esto a través de la afirmación progresiva y conflictiva de
dos valores esenciales: la libertad y la igualdad. No hay espacio público
sin libertad e igualdad de los individuos. Las dos batal1as fueron aún más
difíciles porque opusieron, y oponen todavía, sistemas de pensamiento y
visiones del mundo que pueden llamarse, para decirlo pronto, la derecha
y la izquierda. Si la derecha defiende la libertad, la izquierda, desde hace
un siglo, le responde: nada de libertad sin igualdad. Progresivamente ha
sido este concepto de igualdad el que se ha impuesto como la perspectiva,
cuando no la realidad, de las sociedades individualistas de masas, hasta
el punto de que el modelo socialdemócrata, que es su traducción, se ha
convertido en el modelo cultural dominante en Europa, incluidos los re-
gímenes políticos conservadores. «Tengo derecho» es hoy el concepto
de nuestras sociedades, hasta el punto de haber eclipsado la problemática
de la libertad, que se considera alcanzada, y la de los deberes, considerada
mucho menos importante. En cuanto al concepto de igualdad, ha pasado
al vocabulario común y pertenece a todas las familias políticas. Eviden-
temente el resultado es una inmensa socialización de los vocabularios. Cuando
las sociedades estaban desgajadas de una referencia trascendente, se ne-
cesitaba un vocabulario capaz de dar cuenta de los hechos sociales, por
lo que son. En esa batalla, en la que la lucha por los conocimientos y la
de la democracia, y hasta la del socialismo, eran contemporáneas, el vo-
cabulario de las ciencias sociales, marcado por la laicidad, la racionalidad
y la igualdad, desempeñó un papel esencial. Hubo, pues, una especie de
adecuación entre el pensamiento de las ciencias sociales y el vocabulario
político. El lazo era tanto más visible por cuanto durante mucho tiempo
las fuerzas políticas conservadoras eran poco favorables e incluso hostiles
a las ciencias sociales, mientras que en cambio las "fuerzas de progreso»
deseaban promoverlas. Si hay, pues, una palabra que caracterice el fun-
cionamiento del espacio público democrático, esa palabra es igualdad.
¿Por qué este rodeo en torno a la igualdad para comprender la ne-
cesidad de las distancias que hay que introducir en el funcionamiento del
espacio público? Porque finalmente ese soberbio movimiento en favor de
la igualdad reduce peligrosamente la legitimidad y el que
las "distancias». Las distancias son sospechosas. Ahora bien, no hay SOCle-
dad sin distancia. Pero hoy, en un contexto dominado por el paradigma
de la igualdad, reivindicar las distancias es una forma desviada de justi-
ficar, y hasta de rehabilitar, la jerarquía, de combatir, pues, el ideal de
167
SOBRE LACOMUNICACIÓN
igualdad. Además, en filosofía política y en sociología política y antro-
pológica, los trabajos sobre la cuestión son escasos. Es esta consecuencia
lógica, pero diabólica, la que debería ser examinada: admitir que el con-
cepto de democracia de masas no puede subsistir más que a condición
de preservar las distancias entre las experiencias, los vocabularios, los sím-
bolos. Pero esto supone una verdadera revolución mental, la misma que
aquella que apuntaba a examinar los efectos de nivelación efectuados por
la sociedad igualitaria. Es la ecuación reivindicación de las distancias como
sinónimo de visión conservadora y jerárquica de la sociedad la que hay
que llegar a criticar. Del mismo modo hay que admitir que reivindicar el
derecho a las diferencias no conduce forzosamente al difercncialismo, a
la discusión del universalismo o a la instalación de un modelo de sociedad
«políticamente correcto».
¿Qué elegir para el espacio público? Que siga siendo el lugar de los
debates, de los valores contradictorios, o que se convierta progresivamente
en el espacio de cosificación de los valores igualitarios, racionalistas, de-
mocráticos. Como ya pudo constituirse el espacio público en nombre de
la igualdad de puntos de vista, es evidente que existe el riesgo de que
esta condición normativa de partida llegue a ser simplemente la norma
ideológica, incluso la ley y el orden. Es un poco lo que ya ocurre. Pobre
de aquel que, en nuestras sociedades, no piense de manera laica, cientí-
fica, racional, igualitaria. Esto explica la necesidad imperativa de reintro-
ducir otros sistemas de valores, más tolerancia, pues, hacia las categorías
religiosas, pero también las científicas, médicas, estéticas. No es que esas
categorías se opongan con firmeza a los valores dominantes en el sistema
democrático, sino que no se reducen a eso. Su lógica es más compleja que
la del espacio público democrático. Los sacerdotes son capaces de expre-
sarse públicamente y debatir, los científicos de exponer las grandes op-
ciones, los médicos de plantear los problemas sociales y humanos de la
salud... Pero simultáneamente todos saben que lo esencial del discurso
religioso, científico, médico o estético no se agota en esa dimensión pú-
blica. Hay otros orígenes, valores, referencias y objetivos en cada uno de
esos cuatro discursos. Y salvo que se tenga una visión estrechamente so-
ciologizante de la realidad, nadie puede seriamente reducir al sacerdote,
al científico, al médico, al artista, y otros, al discurso que mantienen en el
espacio público. Pero la tolerancia a esta «otra dimensión de su discurso»
no es grande en nuestras sociedades democráticas.
Se encuentra normal que los curas se ocupen de los pobres, cosa que
corresponde a la definición «sociológica» de su papel, pero difícilmente se
tolera que emitan dogmas que contradigan el dogma laico, racional y
democrático dominante respecto a la vida, la familia, la persona. Hasta la
168
EL ESPACIO PÚBLICO
misma Iglesia se ve tentada, para hacerse comprender mejor, a ufrecer un
discurso más sociológico, con el riesgo de ser totalmente absorbida por
esta lógica y de no poder defender el resto de su sistema de valores y de
interpretaciones, exterior al paradigma sociológico dominante. No se
aguanta por más tiempo que los científicos, cualquiera que sea su espe-
cialidad, vengan, a propósito de la atmósfera, de la tierra, del océano, del
medio ambiente, de la sociedad..., a mantener razonamientos opuestos a
los valores dominantes. Ni tampoco se escucha al médico que aparta la
problemática actual de la manera de ver la vida y la muerte.
No se trata del conflicto clásico que existe en toda sociedad entre los
conocimientos del momento y la resistencia a la innovación. No; se trata
de un rechazo más violento, que excluye los discursos y las visiones del
mundo que no s,e corresponden con los discursos del espacio público laico
y demucrático. Este, cuando triunfa, se ve amenazado por el mismo des-
tino que el observado en la primera parte de este libro a propósito del
paso de la modernización a la modernidad. Al igual que la modernización,
al triunfar, corre el riesgo de crisparse en modernidad, el espacio público
democrático corre el riesgo de soportar todavía menos los discursos que
no dependen del sistema de valores dominante. 0, para decirlo en otras
palabras: el precio que hay que pagar para constituir este inmenso espacio
discursivo accesible a todos, y en especial que todos comprendan, ha sido
evidentemente la racionalización y la reducción del número de discursos
y de referencias. Así es como el objetivo democrático -reducir las distan-
cias y las jerarquías- conduce a un espacio público donde el número de
sistemas de valores y de referencias en cohabitación es demasiado redu-
cido. De la igualdad al conformismo, y de ahí a la estandardización, no hay más
que un paso. Eso es hoy lo que amenaza al espacio público democrático,
con el hándicap suplementario de tener la sensación de hacerlo en nombre
de la referencia democrática. El número no siempre tiene razón, aunque haya
salido de una elección democrática. La gran dificultad, para la sociedad actual,
estriba en encontrar el justo equilibrio. ¿Cómo se puede evitar que la
legitimidad concedida por razón del número de personas se transforme
en conformismo, incluso en dogmatismo? Es un viejo problema, que ya
planteó Tocqueville en el siglo XIX, pero que toma más importancia tu-
davía con la extensión de la democracia.
De hecho, hay hoy día confusión entre el espacio público, como lugar de
expresión y de mediación, y como lugar de jerarquización normativa. Este es-
pacio, con vocación de recibir todos los discursos emitidos públicamente
y garantizar la mediación, no tiene, en teoría, vocación de transformarse
en un sistema normativo de jerarquización de los buenos y los malos dis-
cursos. Se trata de saber si el espacio público debe seguir siendo un es-
169
SOBRE LA COMUNICACIÓN
pacio de expresión y mediación, y en consecuencia de conflictos, entre
representaciones y símbolos contradictorios, o si la legitimidad creciente
del paradigma democrático refuerza el tema del espacio público como
lugar de normatividad. El espacio público democrático no puede ser el
juez -y la palabra está elegida a propósito- del conjunto de las situa-
ciones sociales y culturales. El hecho de separar los órdenes simbólicos y
aceptar la existencia de jerarquías entre las diferentes funciones no está
en contradicción con el modelo democrático.
lII. ESPACIO PÚBLICO CONTRACOMUNIDADES PARCIALES
La historia del espacio público es la del paso de un modelo de socie-
dad en el que cohabitan de manera jerárquica varias comunidades, a un
modelo de sociedad en el que las comunidades parciales han perdido su
importancia en provecho de ese espacio más universal.
Por comunidad parcial, o restringida, hay que entender tanto las comu-
nidades religiosas como las científicas, médicas, militares, artísticas, etc. En
pocas palabras, todos los medios estructurados por reglas y normas. Éstas
están ligadas, para la religión, a un mismo corpus de conocimientos; para
la comunidad científica, a reglas que definen lo verdadero y lo falso; para
la medicina, a la definición de la vida, de la muerte, a la obligación de
determinados cuidados... Es decir, comunidades definidas a la vez por
reglas estrictas de funcionamiento, por un sistema de autocontrol y de
autolegitimación, así como por reglas de reconocimiento mutuo. Estas co-
munidades parciales son evidentemente muy antiguas. Si algunas han
perdido su poder social, como las comunidades religiosas, otras han
adquirido en dos siglos, por el contrario, una legitimidad real, como la
comunidad científica; y manifiestan muy antiguas, y a veces mutuamente
antagónicas, relaciones con la realidad.
Toda la historia de la sociedad moderna ha consistido en reducir el
peso y la legitimidad de esas comunidades parciales en favor del naci-
miento de un espacio público universal. Ese fue el caso, en nombre de la
lucha contra el dominio politico de las religiones, de la separación de los
poderes temporal y espiritual y la laicizacióndel Estado, y finalmente del
poder. Luego, a partir del siglo XVllI, esta batalla se transformó, en nombre
de los ideales de la Revolución, en la constitución, lenta y difícil, de un
espacio público como espacio de expresión y de deliberación de los ciu-
dadanos libres e iguales ante la Ley. Se trató después de integrar ahí la
idea de justicia económica; y por último, a partir de la segunda mitad del
sigloXIX, la batalla consistió en querer reducir las desigualdades sociales.
170
EL ESPACIO PÚBLICO
La idea misma de espacio público es, pues, una conquista contra los po-
deres de esas comunidades restringidas, cuya autoridad iba antaño mucho
más allá de sus reglas profesionales, puesto que definían las morales, los
valores y las jerarquías para la sociedad en su conjunto. Además la pér-
dida progresiva de autonomía y de poder de esas comunidades se hizo
en favor de la consolidación y el ensanchamiento del espacio público.
Incluso se puede decir que los dos movimientos han sido simultáneos,
pero de sentido contrario. Ha habido siempre, pues, una relación de fuerza
entre esos dos conceptos, el de espacio público y el de comunidad parcial.
¿Cuál es hoy el problema? La relación de fuerza se ha invertido de tal
modo que las comunidades restringidas casi no tienen autonomía en la
gestión de su sistema de referencias y de símbolos, y están cada vez más
sometidas a las reglas que rigen el espacio público. Pero una sociedad no
puede reposar en la legitimidad y la autoridad de U11 único sistema de
valores, aunque sea el sistema de valores democrático; y esta problemática
no agota el sentido de todas las actividades humanas, ya se trate de la
religión, de la ciencia, del arte militar, de la medicina, de las artes... El
problema no está en el derecho a la expresión de cada una de esas co-
munidades, sino en el lugar acordado a esos sistemas simbólicos hetero-
géneos en relación con las reglas democráticas dominantes del espacio pú-
blico.
De esta situación de hegemonía del espacio público democrático se
derivan dos problemas teóricos diferentes, aunque complementarios.
1. En primer lugar, los riesgos de una sociedad sin mediación, es
decir, de una "sociedad en directo». La sociedad de ayer era la de los inter-
mediarios, pero la batalla democrática ha consistido en luchar contra ellos,
en nombre de la igualdad. De ahí ha nacido una sociedad sin interme-
diarios, en la que los únicos principios de jerarquía son aquellos vincu-
lados al saber y a la elección, con exclusión de cualquier otro. ¡Seve que
hay una conquista democrática, y se adivinan al mismo tiempo los exce-
sos! Si por un lado se suprimen los intermediarios, en nombre de la igual-
dad, existen los riesgos reales de que regresen, apoyándose en valores
mucho más "jerárquicos». Después, las sociedades necesitarán mediacio-
nes de todas clases. Hoy, nuestras sociedades carecen de mediación más que de
mediatización. La mediatización no sustituye la mediación humana, es de-
cir, el conjunto de contratos, ritos y códigos indispensables a la comuni-
cación social y a la vida cotidiana. Cuanta más información y comunica-
ción, transparencia e inmediatez hay, más se necesita reintroducir las me-
diaciones. Los filtros cognitivos. En esto se ve que el encuentro de los dos
movimientos de extensión de la lógica del espacio público y de la infor-
mación y la comunicación es "diabólico». Refuerzan el movimiento de
171
SOBRE LACOMUNICACIÓN
racionalización cuando haría falta, por el contrario, contrarrestar ese mo-
delo de una «sociedad en directo» con más intermediarios. De un lado,
se desvaloriza a los intermediarios; de otro, se valoriza el «do it yourself»
con los avances de las técnicas que permiten hacer todo uno mismo en su
casa, por ordenador, tanto el trabajo como la formación profesional, las
relaciones con su banco, la educación y el ocio... La consecuencia es que
el individuo es libre, se ha desprendido de intermediarios inútiles, pero
está solo frente al mundo, en el marco de redes en las que nadie plantea
la cuestión de las rigideces que crean...
De pronto, nos hemos deslizado con facilidad de la idea de libertad debida a
la ausencia de intermediarios, a la ideología de la inmediatez. Todo es público
e inmediato. ¿Pero puede haber una sociedad que deje al individuo, al
ciudadano, al trabajador, al consumidor, solo, sin intermediarios, frente al
mercado, el Estado y la política? Yen consecuencia mucho más frágil.
Volvemos a encontrarnos aquí con la cuestión de las distancias: ya no
hay distancia entre lo próximo y lo lejano, todo es «legal y democrático»,
en un presente inmediato. El riesgo radica evidentemente en el creci-
miento de un doble problema, el de una homogeneización excesiva, ligada
al hundimiento de las comunidades parciales, y aquel otro, complemen-
tario, de una anomia de los sujetos, unidos a la sociedad únicamente por
los hilos del tejido democrático. He aquí, sin duda, uno de los problemas
antropológicos más complicado, surgido del triunfo del modelo de la so-
ciedad democrática, dominado por el espacio público.
Uno de los efectos paradójicos del modelo cultural de esa sociedad
que emerge, sin jerarquía, sin intermediarios y en directo, es la valoriza-
ción extrema del poder del experto. Se trata de un principio de jerarquía
mucho más dificil de discutir que los otros, pues reposa en la legitimidad
democrática del saber. He aquí la paradoja, que volveré a tratar en la
parte siguiente. La sociedad igualitaria, individualista y sin intermediarios
refuerza el poder del experto, quizá uno de los más jerárquicos y de los
menos discutidos hoy en día.
2. El segundo problema teórico ligado a la hegemonía del espacio
público democrático es el del estatuto del papel y del valor de las comu-
nidades restringidas. No solamente las comunidades parciales (arte, religión,
ciencia, medicina, ejército) son portadoras por su existencia de historias
más antiguas que las de la democracia, sino que sus sistemas de valores
y de referencias no tienen, la mayor parte del tiempo, relación directa con
el modelo dominante del espacio público laico y democrático. Al hacerlo
así, constituyen otras tantas trampas que permiten evitar los estragos de
esta sociedad en directo. Y tienen otros dos papeles esenciales. Preservar
un principio de jerarquía, no ligado al sistema electivo, y mantener prin-
172
ELESPACIO PÚBLICO
cipios de pericia independientes del modelo democrático. En resumen,
preservan las fuentes de alteridad frente a los valores democráticos. Son.
sin duda, la mejor muralla contra el surgimiento de otros principios de
movilización: las sectas, las paraciencias o las medicinas paralelas, cuyo
prestigio crece de forma proporcional a las dificultades de las Iglesias, de
la ciencia y de la medicina. En otras palabras, la valorización de las co-
munidades parciales ligadas al patrimonio cultural de nuestras sociedades
es probablemente el mejor medio de evitar que la necesidad creciente de
mediación y de lugares para realizarla, favorezca el ascenso de movi-
mientos comunitarios más o menos hostiles al espacio público democrá-
tico. El deseo de adherirse a estas comunidades se ve reforzado porque
el individuo necesita escapar a las «soledades interactivas». Si es verdad
que no se valoran las comunidades parciales tradicionales, también lo es
que se impondrán otras nuevas, más radicales y mucho más cercanas a
una contestación del espacio público democrático. Reconocer el papel cen-
tral de las comunidades restringidas en el espacio público democrático
evita reducir la ciencia, la religión, la medicina, las costumbres, el ejército,
la cultura, la escuela, a problemas de opinión. Sí a la democratización de
la sociedad; no a la igualdad de los saberes, las opiniones, los símbolos y
las representaciones, al margen de los que están ligados al ejercicio de la
legitimidad política. Yno al sondeo como medio «universal» de acceso a
las representaciones, símbolos, creencias, que dependen de otros sistemas
cognitivos. Además, la generalización de los sondeos al conjunto de las
prácticas sociales, siguiendo el modelo del sondeo político, contribuye a
esta ideología de la igualdad y del paradigma único. En nombre de la
«ígualdad- de la opinión pública se hacen sondeos sobre el primer mi-
nistro, el papa, la contracepción, las «vacas locas», la conquista del espacio,
la homosexualidad, el matrimonio de los curas, las manipulaciones ge-
néticas... Encontramos de nuevo el problema al que se enfrenta la de-
mocracia de masas: la confusión de planos en materia de igualdad. Laigualdad
política y la referencia igualitaria, visibles en la mayoría de las esferas
sociales, no establecen, sin embargo, un concepto de igualdad válidopara
todas las prácticas sociales y todos los espacios cognitivos. Plantear este
problema no significa adherirse a un modelo antiguo, jerárquico, ni ser
nostálgico del pasado. Significa simplemente subrayar una de las mayores
contradicciones del triunfante espacio público.
En otras palabras, es esencial valorar el papel y la legitimidad de las
comunidades parciales, que son un complemento normativo indispensable.
Creer que esas comunidades podrían poner en peligro los valores de-
mocráticos sería tanto como confiar poco en el triunfo de esos valores...
Dicho de otro modo, es el triunfo mismo del espacio público, ampliado y
173
SOBRE LA COMUNICACIÓN
mediatizado, el que ordena que se revalorice el lugar y el valor de los
otros espacios simbólicos y culturales de las comunidades parciales; y es
el medio, para la democracia de masas, de caminar sobre sus dos piernas.
Si la relación de fuerza se volviera demasiado desfavorable a las co-
munidades restringidas, algunas quizás abandonarían sus referencias uni-
versales para cerrarse de nuevo y unirse entonces a la lógica del irreden-
tismo comunitario. Existe un riesgo real de empobrecimiento simbólico
del espacio público democrático mediatizado; y si se quiere salvar ese
concepto esencial para la democracia, hay que limitar la extensión que se
ha hecho hacia el modo político, racional y laico. Limitar la extensión
significa también devolver su lugar y su legitimidad a los otros sistemas
de valores para evitar un cierto empobrecimiento de la esfera pública. En
resumen, crear de nuevo las distancias, mientras el movimiento democrático
desde hace dos siglos ha dedicado sus fuerzas a reducirlas.
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175
CAPITULO 9
LA COMUNICACIÓN POLÍTICA
1. LAS DIFÍCILES RELACIONES ENTRE EXPRESI6N, COMUNICACI6N
y ACCl6N
La larga batalla por la democratización ha consistido, históricamente,
en hacer que se reconozca el vínculo entre expresión, comunicación y
acción. No hay política democrática sin capacidad de expresión de las
opiniones, y sin comunicación entre los actores 1. Hoy la comunicación
política triunfa, pero es ambigua, en la medida de la definición que se
encontrará en el Glosario.
1. La legalización de la libertad de expresión es verdad que facilita
la circulación de un número increíble de opiniones de todas clases, pero
estas no responden todas a los criterios de la opinión clara del ciudadano.
Los imperativos «Exprésate», «Sé tú mismo», que escuchamos tan a me-
nudo en nuestra cultura de la libertad, no tienen gran cosa que ver con
la opinión elaborada de la teoría democrática. La expresión no es la opio
nión construida y reflexiva. Además, son siempre los mismos medios los
que seexpresan, mientras otros se encuentran «frustrados de expresión»;
las desigualdades en esta materia siguen siendo, pues, relativamente gran-
des. Nos vemos confrontados entonces al siguiente problema: la libertad
favorece la expresión más que la opinión razonada del ciudadano del si-
gloXVIII, lo que obliga cada vez más a la comunicación política a admi-
nistrar flujos de opiniones de valores diferentes. No existe una solución
fácil a la cuestión de la confusión entre expresión y opiniones, ni a la
,l. Para,la definición de la comunicación política, véase el Glosario. Y para la proble-
mática, dos -Communicatíon pnlitique: construction d'un modele» y
«Les medias, maillon faible de la communication politique». Henncs, n' 4, 1989.
176
LACOMUNICACIÓN POLÍTICA
necesaria regulación de estos dos movimientos. Es el descubrimiento de
la insaciable necesidad de expresión y de comunicación, perceptible duo
rante las crisis, lo que permite comprobar la dificultad de legislar en ese
terreno. Para colmo, unos y otros no entienden por opinión la misma
cosa. Para los periodistas, está ligada ante todo a la lógica del acontecí-
miento; para el público se trata más bien de expresar opiniones; y para
los políticos, es un elemento de su juego estratégico. Dicho de otro modo,
ninguno de los actores pone el mismo sentido ni espera lo mismo de esa
«expresión de las opiniones», condición fundamental del funcionamiento
de la comunicación política.
2. Si nos situamos ahora del lado de lo que sehace público, aparecen
otros dos límites. El primero se refiere a la calidad de las opiniones emi-
tidas. Lo que se hace público no siempre es lo más interesante. La publi-
cidad, principio esencial de la teoría democrática, no es sinónimo de cali-
dad: lo que se da a conocer no es forzosamente importante y, a la inversa,
lo que es importante no siempre se conoce. El segundo límite viene del
hecho de que no hay una relación directa entre libertad de opinión y di-
versidad de las opiniones emitidas. En la realidad asistimos, por una es-
pecie de efecto perverso, a una reducción del número de los puntos de vista
que se debaten. En otras palabras, el número creciente de media no lleva
forzosamente a un número mayor de opiniones debatidas. Se efectúa una
especie de selección, que persigue eliminar las opiniones «extraviantcs» y
que conduce a un proceso de empobrecimiento, en modo alguno contro-
lado, pero que se traduce en un reforzamiento de ciertas opiniones en
detrimento de otras. Esto desequilibra evidentemente toda la comunica-
ción política.
3. El tercer problema se refiere a la ascensión en potencia de la lógica
del experto, fenómeno en parte contradictorio con el paradigma de la li-
bertad y de la igualdad de opiniones, pero que se explica por la necesidad
de jerarquizar las opiniones que, por otra parte, se expresan libre e igua-
litariamente. El progreso de la función de expertoes una de las respuestas
a la siguiente pregunta: ¿a quién conceder la palabra, en vista de que las
palabras son todas iguales? Los periodistas también se enfrentan a este
temible problema de elección, al que responden en general de tres formas:
otorgando la palabra a aquellos que son «representativos» por haber sido
elegidos o designados por su organismo; dándosela a los que son como
petentes en su terreno; y por último, a aquellos que «representan» fiel-
mente el punto de vista del «señor Todo-el-mundo», La palabra otorgada
al ciudadano ordinario del tercer grupo es una antigua tradiciónque sin
duda ocupa cada vez más espacio, sobretodo en tiempos de crisis, cuando
177
SOBRE LA COMUNICACIÓN
los media quieren "conceder la palabra» y permitir expresarse a todos,
Pero muy pronto se aprecian los límites,
Esta generalízación de la expresión en la sociedad de comunicación
plantea, pues, dos problemas, Si todo et mundo se expresa, icutén escucha?
La sociedad de expresión no es la sociedad de comunicación: puede haber
tantos esquizofrénicos como personas que se expresan, Por otra parte, la
necesidad de una palabra competente y autorizada aumenta a medida que
crece a su vez el número de los que se expresan, Dicho de otro modo,
cuanta más expresión hay, más se necesitan los expertos, La comunicación
política se enfrenta entonces a la contradicción siguiente: construida sobre
un modelo de igualdad de expresión, favorece finalmente a los expertos
y especialistas, Acudir al experto presenta tres «ventajas», En primer lugar,
una reacción al igualitarismo ambiente, El experto ofrece relíeve y compe-
tencia, mientras que la palabra pública nivela, Luego hay un proceso que
empalma con la lógica de '1uridizacióm, de la sociedad, La sociedad de-
mocrática, en la que todo el mundo tiene derechos, se transforma lenta-
mente en un inmenso pretorio en el que cada uno, a través de un abo-
gado, se defiende de los ataques que ponen en duda su identidad y sus
intereses, Basta, para darse cuenta de esta desviación jurídica, observar la
evolución de la sociedad americana, ¿Es la «guerra del derecho» el precio
que hay que pagar para el paso de la lucha de clases a la lucha de los
cargos? En todo caso, frente a la «[uridización» de la sociedad, el experto
presenta todas las garantías, porque es en todas partes uno de los pivotes
de esta lógica jurídica, Por último, el experto es un medio de resolver la
relación competencia-poder, porque en principio él no toma decisiones, En
realidad los elementos de decisión son la mayor parte de las veces tan
complejos que el análisis de los expertos se convierte a menudo en la
decisión, pero tal procedimiento facilita la ficción de una independencia
de la autoridad de decisión, El lugar del experto en la comunicación po-
lítica resuelve, pues, varios problemas: el saber y la competencia, la jerar-
quía y la igualdad, la autoridad y el poder, Ysin embargo, el crecimiento
de su papel es síntoma de una crisis de la política, Este aumento de poder
simboliza la cuestión de la iecmcidad, que nos encontramos también con
los altos funcionarios, la tecnocracia, y que podría mañana afectar del
mismo modo a los científicos cuando se les pida que se comprometan
más en los asuntos públicos, En cincuenta años, la tecnificación del poder
ha conducido a invertir la relación de fuerzas, Evidentemente es la fun-
ción del arbitraje del político la que se discute, así como además la obli-
gación, para todas las funciones ligadas a un examen pericial, de saber
mantenerse en su sitio,
178
LA COMUNICACIÓN POLÍTICA
4, Queda un último problema, quizá el más difícil de resolver: el de
la distancia entre la información y la acción, El modelo democrático, desde
hace dos siglos, se ha construido en función de este vínculo estructural:
la información es la condición de la acción, que permite al ciudadano
comprender el mundo, hacerse una opinión, para luego actuar a través
del voto, Las batallas por la libertad de información se han librado y se
libran todavía en el mundo en nombre de ese vínculo normativo, La li-
bertad de información es la condición del estatuto del ciudadano, Hoy la
desproporción se establece entre ambos: el ciudadano sabe todo de todo, Como
digo a menudo, el ciudadano occidental es ungigante en materia de información
y un enano en materia de acción, La ampliación de la comunicación política
a un número creciente de sujetos hace más visible esta contradicción: zde
qué sirve saber todo sobre todo si no puedo hacer nada? Tanto más cuan-
to en medio siglo se han venido abajo las estructuras militantes, asocia-
tivas, sindicales y políticas que daban al individuo con toda razón la sen-
sación de poder actuar. A éste le invade literalmente la comunicación, y
no está provisto de medios de cara a la acción, El final de las solidaridades
colectivas, con la desaparición de las clases sociales y luego de los medios
profesionales y las estructuras familiares extensas, acentúa esa sensación
de aislamiento, El individuo se encuentra solo frente a la sociedad, Su
único campo de acción es el del consumo, Apostemos a que en una o
dos generaciones se estará de vuelta..,
El problema central para el futuro de la democracia de masas sigue
siendo el de la acción polttim, En el dúo comunicación-política, hoyes la po-
lítica la más frágil, como se ha visto en el caso de los políticos, y como vol-
vemos a ver aquí, y con más intensidad, para el conjunto de los ciudadanos,
11, LA DEMOCRACIA DE OPINIÓN: EL AMBIGUO TRIUNFO DE LOS
SONDEOS Y LOS MEDIA
La lógica del examen pericial no es uno de los medios de resolver la
cuestión de la jerarquía y del sentido que hay que dar a las innumerables
oleadas de comunicación, La otra solución, opuesta si se puede decir, con-
siste en llevar adelante hasta sus últimas consecuencias la lógica de la
opinión, y en buscar la forma de estructurar sobre esta base la comuni-
cación política y el espacio público, Hemos visto que la primera, más aún
qlle la segunda, se ve confrontada al difícil problema de elección de a
quién hacer hablar, Esto plantea la cuestión de la representación, a cuyas
ventajas me he referido, y sobre todo a sus inconvenientes, ligados a la
técnica de los sondeos: simplificación de las opiniones expresadas, que
179
SOBRE LA COMUNICACIÓN
sólo corresponden al primer nivel de opinión; simplicidad de los sondeos
en relación con la complejidad de los acontecimientos; sesgo estructural
introducido por el hecho de que el sondeo es a menudo un pedido co-
mercial antes que un elemento de información; dificultad para depurar el
contenido y la importancia de las opiniones no expresadas; hipótesis de
continuidad entre sondeo y voto...
Pero desearía retomar la cuestión del peso demasiado grande de la lógica
de la opinión en el modelo de la comunicación política, no desde el punto
de vista de una crítica de los sondeos -que ya empieza a hacerse-, sino
de la tentación de organizar un modelo político sometido a la ley de la
opinión: es la referencia al tema de la democracia de la opinión o de-
mocracia de deliberación. Esta se presenta como una etapa en la profun-
dización del modelo democrático. De una parte, se apodera de la lógica
de la opinión pública, y de otra, integra el papel normativo de los media
y los sondeos -los dos instrumentos privilegiados de la opinión públi-
ca-, para hacer de ellos el motor de una nueva comunicación política.
Puesto que el ideal de la democracia es el régimen de la opinión, y que
los medios de información permiten a ésta estructurarse y expresarse a
través de los sondeos, zpor qué no resolver las contradicciones existentes
yendo hasta el final del esquema democrático? Es decir, construyendo una
verdadera democracia de opinión, modelo consumado de la democracia
representativa.
We dónde procede el reciente tema de la democracia del público y
de la democracia de opinión? Apareció, hace una veintena de años, por
oposición a los modelos políticos centrados en el carácter primordial de los
factores ideológicos. Hablar de democracia de opinión era tanto como
desmarcarse de las teorias, influidas por el marxismo, que insistían en la
dominación y la alienación, y para las que el cambio era con frecuencia
sinónimo de «revolución». Al valorar la deliberación se ponía el acento en
la elección favorable a una visión pluralista, democrática, de la política. Y
además ha sido en ese movimiento en el que se ha revalorizado el con-
cepto de espacio público. La opinión o las opiniones, contra la lucha de clases y
la ideología. Hablar de «democracia del ciudadano» era recordar la impor-
tancia de las ideas, de los argumentos, de la discusión, por oposición a la
dicotomía dominación-subversión. En la democracia de opinión hay un
lugar para las opiniones que cambian y pueden dar entrada a la delibe-
ración. Con las opiniones se discute, se opone uno, no se prepara la gue-
rra civil. Por lo demás, a partir de finales de los años 80, al estar lograda
definitivamente la idea de la democracia pluralista, se produjo un cambio
completo de situación. Para insistir en el carácter abierto de esta demo-
cracia pluralista, algunos hablaron de democracia de opinión. Y el desliza-
180
LACOMUNICACiÓN POLÍTICA
miento se produjo: la democracia de opinión vino a ser otra manera de
poner el acento en las elecciones individuales, por oposición a las eleccio-
nes colectivas. Era tanto como dar su valor al individuo racional que, por
su capacidad de juicio, puede relativizar el yugo de las ideologías, y pue-
de, informe tras informe, hacerse su propia opinión. En ese esquema apa-
rece el vínculo con los sondeos, que son precisamente el medio de conocer
las opiniones.
El sondeo es a la opinión lo que la ideología colectiva fue a un cierto rostm
del socialismo. Hablar de democracia de opinión otorgaba valor a la capa-
cidad crítica del individuo y a su capacidad para resistir a los determinis-
mos, lo que iba parejo con el descubrimiento del «voto volátil», es decir,
ese comportamiento electoral no definido previamente por la elección
ideológica. Concretamente, los electores pueden votar en función de los
sujetos, de los momentos, y no solamente en función de su elección ideo-
lógica habitual. Entonces parecía que todo iba en el mismo sentido: el
final de las grandes ideologias, la individualización de los comportamien-
tos electorales, la independencia respecto al grupo, o la capacidad para
hacerse su propia opinión en función del contexto y de los problemas.
Hubo un deslizamiento del individuo autónomo, dueño de su opinión, al
elector estratega y racional.
La conjunción de estos factores es la que creó el éxito del tema de la
democracia de opinión, o democracia deliberativa, o democracia del público, según
se insista en la opinión, en la capacidad de discusión o en el público, por
oposición a la ideología. Esta evolución se presenta incluso a veces como
una ruptura cualitativa. Algunos, como P. Rosanvallon, hablan de tres
modelos políticos. Anteayer, la democracia representativa, de la que el
Parlamento era el centro; ayer, la democracia de participación, con los
movimientos sociales y los sindicatos; hoy y mañana, la democracia de
opinión, con los media y los sondeos. Se pasa de una elección colectiva
centrada en la ideología, a una elección individual centrada en la infor-
mación. Después de los partidos de masas y los grandes compromisos
tenemos la democracia racional, en la que la inteligencia del público obliga
a los políticos a otro discurso y a otra acción. Y encontramos de nuevo la
valorización del individuo, la inteligencia del público y el papel de la
comunicación. Brevemente, tres factores a los que yo me adhiero. No
obstante, no extraigo de ello las mismas conclusiones.
Es cierto que hay incontestablemente verdad en esta descripción, pero
es demasiado pronto para considerarla como definitiva. Sobre todo hay que
desconfiar de la seducción ofrecida por ese modelo que resuelve casi mi-
lagrosamente el conflicto entre dos lógicas antinómicas. En primer lugar,
la de la opinión pública, calcada del sufragio universal. Si el voto es un
181
SOBRE LACOMUNICACIÓN
acto que permite pasar del sondeo a la realidad, el sondeo sigue siendo
un concepto, con esta eterna cuestión: éhasta dónde es el portavoz de la
opinión pública? y en segundo lugar, la del ciudadano racional, que se
parece tanto al agente económico racional que el parecido resulta turba-
dor. La objeción principal se basa en la hipótesis de continuidad entre las
diferentes formas de racionalidad y de comportamiento. Por ejemplo, se
sabe desde siempre que la economía es radicalmente diferente de la po-
lítica. En un caso se trata de interés; en el otro, de valores. Y, de todos
modos, incluso en la lógica económica, en la que impera el interés, se
reconoce difícilmente el carácter racional del agente económico... La lógica
del interés incluso no basta para hacerle actuar racionalmente, salvo en
los manuales y las teorías. Wónde se ha visto a un agente decidir racio-
nalmente maximizando sus intereses y minimizando sus riesgos?Afortiori
para el político, en el que los valores y las pasiones aventajan a los in-
tereses. Hay pues algo más que «wishfull thinking» en esta «traslación" de
la supuesta racionalidad del agente económico a una racionalidad nueva
del agente político.
El problema es, pues, el siguiente: algo cambia lentamente en el mo-
delo político, pero es demasiado pronto para saber si se trata de la de-
saparición de las grandes fracturas o de una simple readaptación ideoló-
gica coyuntural a lo largo de una veintena de años. Lo que es largo en
una biografía es muy breve para la historia. En todo caso, se constata un
comportamiento más distanciado del ciudadano. Toda la cuestión radica en
la evaluación de ese cambio y en su sentido. Sólo una minoría de analistas
se adhiere al tema de la democracia de opinión, pero como esa minoría,
a través de los sondeos, los comentarios, los periódicos, los trabajos de
ciencias políticas y de oficinas de estudio, está en contacto con los polí-
ticos, relativamente desorientados por la pérdida de las referencias tradi-
cionales, podemos constatar una influencia de ese discurso. Además da la
sensación de que algo cambia: por fin hay algo nuevo en política, algo
nuevo que combina de manera positiva los datos actuales: mucha co-
municación, los sondeos, la importancia de la elección individual, la in-
dependencia de la elección. Todo lo que empalma con las ideas del mo-
mento. En una palabra, la idea de democracia de opinión es «moderna»
y sincrónica con las mutaciones del momento. También es inútil decir que
gusta a los media y a los institutos de sondeos, porque los instala en el
centro de ese nuevo modelo político.
Además este modelo se distingue de otras dos tendencias venidas del
otro lado del Atlántico y que casan mal con la tradición del Viejo Conti-
nente. La primera tendencia es la de lo "políticamente correcto», que tiende
a establecer una correlación y una cierta transparencia entre estructuras
182
LACOMU:-JICACIÓN POLÍTICA
socioculturales y comportamiento político. La segunda tendencia es el mo-
vimiento comwzitarista, que también respeta la elección individual, peru
combinada con la lógica del grupo. Está más en consonancia con las ca-
racterísticas de la sociedad norteamericana que con las de las sociedades
muy antiguas y complejas de Europa. Esas dos tradiciones no tienen su-
ficientemente en cuenta la interacción entre la elección individual y la per-
manencia de las estructuras ideológicas y sociales en el seno del espacio
público, como se comprueba en el modelo de la deliberación. Este encaja
mejor con la tradición europea, en la que existe desde siempre un con-
flicto entre las lógicas individualista y colectiva.
En resumen, por encima del «mercado de las ideas», está la de de-
mocracia del público seducido, porque lleva hasta sus últimas consecuen-
cias la lógica del individuo, de la opinión y de la estrategia individuales.
Pero el problema radica en saber: éhasta dónde hay continuidad entre las
lógicas del consumidor, del agente económico y del ciudadano? ¿El hecho
de que se trate del mismo individuo basta para favorecer el mismo mo-
delo y pretender encontrar en él mecanismos idénticos? En efecto, acercar
las lógicas económica y política legitima el modelo del agente económico
racional libre y calculador, y conduce a la existencia de un solo modelo.
Hasta los teóricos del individualismo metodológico, como R. Boudon, son
más prudentes respecto a la continuidad de los comportamientos, como
por otra parte los filósofos ingleses del sigloXVIII, que no fueron tan lejos
en la hipótesis de esta continuidad en el individuo, entre sus comporta-
mientos económico y político. Se sabe ya que la racionalidad en las rela-
ciones coste-eficacia, objetivo-medios, no es siempre lo que excita al agen-
te económico. Se puede entonces comprender fácilmente que las distan-
cias son todavía más claras cuando ese mismo agente se comporta como
ciudadano... De todos modos, ése ha visto alguna vez que la política,
siempre enfrascada en conflictos de valores, se haga sin pasiones, sin ar-
bitrariedades ni mentiras? También en ese caso existe una adecuación de-
masiado rápida entre el comportamiento coyuntural-que se observa desde
hace una decena de años- de un individuo liberado de la elección ideo-
lógica con un modelo de teoría política que colocaría exactamente en su
centro las mismas categorías. Además con la democracia de opinión vol-
vemos a encontrarnos con la misma ambigüedad que con la opinión. Una
multitud de personas no tiene siempre razón, salvo en el caso concreto
del voto. Una democracia de opinión centrada en opiniones mayoritarias
suscitaría algo más que contratiempos. No sólo la democracia de opinión
da un valor demasiado importante a la opinión, sino que sobre todo es-
tablece un vínculo demasiado rápido y racional entre información y opinión. No
existe un lazo directo, como se ha visto, entre información y verdad, de
183
SOBRE LA COMUNICACIÓN
una parte, entre información y opinión, de otra. Las opíniones no son la
sabia fuente de las informaciones reunidas y reelaboradas, Ylas ideologías
pueden hacer mañana los mismos estragos que ayer.
De hecho, hay en la, adhesión al tema de la democracia de opinión
una apuesta y una hipótesis. La apuesta se refiere al final de grandes
infraestructuras ideológico-culturales colectivas en favor de la elección in-
dívidual. La hipótesis consiste en creer que si se dan al ciudadano todos
los medios de información, por el conducto de los media y los sondeos,
se resuelve la contradicción de la sociedad individualista de masas entre
la escala individual y la realidad colectiva. El tema de la democracia del
público recuerda otras dos expresiones que se han impuesto, desde hace
unos veinte años, para caracterizar los nuevos fenómenos, pero de las que
no estamo: seguros que aporten finalmente una capacidad superior de
Se trata en pnmer lugar del «voto volátil», expresión que
caracteriza el voto cuya racionalidad no se comprende y que trastorna las
clasificaciones habituales. En segundo lugar se trata de la expresión co-
mente «voto protestatano». con la que se caracteriza al Partido comunista
francés o al Frente nacional, simplemente porque las categorías referen-
CIadas no entran en el credo liberal dominante. Pese a las apariencias,
hablar de democracia del público o de democracia de opinión no es quizá
mas esclarecedor que hablar de voto protestatarioo voto volátil...
III. LA CRISIS DE LA REPRESENTACIÓN
El tema de la democracia del público ilustra la crisis del modelo de
comunicación ligado a la de la representación política, que nos tras-
lada a la distancia existente entre la sociedad y su representación política.
Ayer, las y capas estaban relativamente identificadas, y
los políticos refle!aban mas o menos esta representación socio-
econonuca. Hoy, este fenomeno de delegación se ha emborronado, como
ha ocurrido.con las estructuras sociales. Hay ahí, pues, un primer nivel
de indeterminación. El segundo se refiere al vínculo entre las ideologías
y el discurso de los actores. Ayer, ese vínculo era bastante claro entre las
ideologías de derecha, de izquierda, y los grupos sociales. Hoy
es mas borroso. La crisis de la representación política existe, pues, en ese
doble mvel Por esa razón es ante todo una crisis de representacíón
SOCIal, en el sentido de las estructuras sociales e ideológicas son menos
VISIbles que ayer. De ahf a llenar a través de la comunicación es decir
por la vía de los sondeos y los media, el descenso de influe;cia de
ideologías y la falta de correspondencia entre estructuras sociales y com-
184
LA COMUNICACIÓN POLÍTICA
portamientos políticos, no hay más que un paso. Tanto más cuanto el
hundimiento de las estructuras ideológicas refuerza aparentemente el rei-
nado de la opinión pública, comoel de la información y la
No es seguro, y éste es un punto que esta lógica ,soclOlo-
gica de la información y de la romurucacron resuelv,a la de la
representación», y en consecuencia, de la comumcaClOn política, EXIsten
pocos estudios sobre la crisis de representación y en gene;al sobrela.cues-
tión de la representación, al. marg:n de los clasrcos de CIenCIa
política, que no cubren las dimensiones antropológicas. sociológicas y fi-
losóficas. Se trata, sin embargo, de uno de los conceptos esenciales de la
democracia. En efecto, el sufragio universal generalizado, el final de la
relación entre estructura social e ideología y el derrumbe de los grandes
discursos ideológicos, que aseguraban un mecanismo de representación,
invitan a la reflexión sobre la representación. Incluso suponiendo que los
media y los sondeos garanticenuna mejor visibilidad,'y por otra parte un
mejor paso entre la esfera de la sociedad y la de la política, esto no cambia
en nada el problema fundamental de la falta de existencia o de visibilidad
de principios estructurantes. Nada dice la visibilidad de las relaCIones
sociales sea suficiente para crear una lógica política. Los sondeos y l?s
media no garantizan forzosamente mejor el paso de la representaCIon
social a la representación política de lo que ayer hacíanlas clases SOCIales
y las ideologías. La información y la comunicación no pueden ser el sustItuto
de las estructuras sociales y de las VIsIOnes del mundo. En otras palabras, la
sociología de mañana, en el supuesto de que sea visible a través d: los
sondeos y la comunicación, no es la politica de mañana. Se llega aSI a la
paradoja siguiente: ayer, la comunicación .zarandeaba los SIstemas de re-
presentación anteriores para doblegarlos, incluso para ponerlos duda.
Hoy se presenta comoel motor P?sible de una nueva representa,clOn. Pero
los progresos en la representacion, obtemdos por medio de tecmcas. de
comunicación, no son suficientes para orgamzar una nueva comurucacion
política. ,
La verdadera dificultad consiste en darse cuenta de que la mayona de
las palabras y conceptos surgidos de la sociología de la comunicación
(público, opinión pública) reflejan másuna problemal1ca S?clOcultural que
una lógica política, y de que es dIfICIl construir categonas politlcas con
conceptos socioculturales. La paradoja se debe al hecho de que los poli-
tólogos, tradicionalmente desconfiados respecto a la sociología, son qUIe-
nes introducen hoy con los media y los sondeos las palabras y las referen-
cias para tratar de pensar la politica actual. y :s un sociólogo re-
cuerda a los politólogos el limite de competencia del discurso sociológico
para pensar las realidades políticas...
185
SOBRE LA COMUNICACIÓN
El resultado es la eliminación de la violencia histórica. Todo se vuelve
s,ensato; la política se reduce a la lógica del público, y el vocabulario po-
Iífico se acerca al vocabulario e,conómico y sociológico. Yla opinión pú-
bhca se. encuentra con que esta en el centro de la historia, y que se ha
convertido casi absolutamente sola en el proyecto de la historia. Yhe aquí
el nesgo de cuanto más es la opinión pública y un concepto
central para identificar una capacidad de reacción social y cultural a los
políticos, tanto más, no puede ser la fuerza principal del espacio
público. Sobre todo en una epoca en la que ya no se trata sólo de dis-
cursos. Ayer, en una sociedad violenta, lo discursivo y la deliberación
constituían un progreso. Preferir las palabras a los golpes era una novedad
radical, Pero hoy la situación es diferente, puesto que todo es discursivo
y deliberativo. La ruptura consistiría más bien en tratar de reintroducir la
alteridad del lado de la capacidad de acción, y no del lado de los discursos.
En fin, esta crisis de representación -que explica el éxitodel tema de
la democracia de opinión- favorece el discurso de cierta elite, en la que
se incluyen de nuevo altos funcionarios, comunicadores y universitarios.
Se trata de individuos autónomos respecto a las grandes estructuras so-
ciales e ideológicas, que construyen.«racionalmente» su opinión, y para
quienes la es un vasto espacio de debates y de análisis. Algunos,
para justificar mas todavía esa «racionalización» de la política, no dudan
en hablar tomando prestadas las palabras del vocabulario económico del
«mercado político» en el que los actores hacen sus «ofertas» de programas
y sus dISCurSOS, a partir de los cuales los CIudadanos hacen su «elección».
El peligro de tal visión estriba en que pueda vehicularse un falso esquema
de la «racionalidad política», y ,también que se valore el papel de esa cate-
gana tan especial que se llamaéliie en el funcionamiento de las sociedades
complejas. En efecto: zquién estaría en el meollo de una democracia de
opinión y de deliberación? ¿Quién tiene naturalmente las capacidades
simbólicas y cognitivas para sacar en claro las opiniones, jerarquizarlas,
interpretar los debates, animar y jerarquizar el espacio público? ¿Quién,
smo precisamcnte ese medio privilegiado, tiene posibilidades de nombrar,
gestionar y argumentar en términos abstractos?
Pero la deliberación /10 es el centro de la política porque se pueda dominarla...
Ser capaz de saltar de una idea a otra no es suficiente para tener una
Idea cabal de la realidad, y sobre todo no garantiza una acción mejor. Un
de tropismo que desdeña el hecho de que el centro de la
política sigue SIendo el poder y la acción, mucho más difíciles de ser
a con éxito que el análisis y la deliberación. Hoy la «deli-
beración racional» que han puesto de moda algunos analistas no basta
tampoco para hacer olvidar que, en un pasado muy reciente, los mismos
186
LA COMUNICACIÓN POLíTICA
y otros han salido fiadores con plena «racionalidad» de los análisis ideo-
lógicos y los regímenes políticos más discutibles.. .
Esta visión prudente, discursiva y racional tiene, por último, un m-
conveniente: no impide en absoluto que surja la violencia histórica. ¿Ejem-
plos? Todos los conflictos de identidad, y religiosos tras la
caída del comunismo, la guerra en la ex Yugoslavia, la emergenCIa del
racismo, la duradera fractura social en los países europeos, y la incom-
prensión entre Europa y Medio Oriente después de la guerra del Golfo,
se han producido de forma inesperada en la escasa treintena de países
occidentales donde el funcionamiento del espacio público es más satisfac-
torio. Esas tragedias han surgido en las naciones donde el "mercado de
las ideas» es más libre y donde los sondeos captan, casi en tiempo real,
las evoluciones de la opinión. ¿Por qué entonces esas diferencias? ¿Por
qué esas democracias de opinión superinformadas, donde todo se debate
a la luz del día, se encuentran en la misma situación de imprevisibilidad
y de fractura que la mayor parte de las otras sociedades políticas que no
se benefician de esa «logística democrática»?
Si hay que intentar que la política sea racional con objeto de regular
las pasiones y las violencias de la historia, esto no es una razón, como
decía R. Aron, para creer que sean racionales la sociedad y la política...
En conclusión, hay que recalcar que el papel capital desempeñado hoy
por el espacio público y la comunicación politica en la democracia de
masas no está exento de contradicciones. La primera es la ilusión de la
transparencia, que colocaría en el centro la lógica del examen del experto
que, en nombre de la pericia, reintroduciría la jerarquía. Dicho de
modo, es necesario reafirmar los principios de jerarquización para evitar
que otros, más taimados, se impongan subrepticiamente. En el mismo
orden de ideas, el modelo deliberativo tendría el riesgo de reforzar to-
davía más la autoridad de las élites, en nombre de la competencia y de
la argumentación racionaL La segunda contradicción se refiere al principio
de representación, que ya no es el remedio a los límites de esta lógica de
la transparencia y de la comunicación, porque materializa la representa-
ción de los sondeos. Esta no soluciona, además, el problema esencial: el
de la crisis de la representación política. Aún más: se corre el riesgo de
una extensión sin limites de la política. Todo se vuelve política, en nombre
del progreso de la democratización. El peligro es entonces el del final de
la indispensable separación entre espacio público y sociedad civil.
La cuestión que se nos plantea, de cara al futuro del modelo de la
democracia de masas, es la de los límites respecto a una lógica de la co-
municación que progresivamente invade el espacio político. Hoy el rey
está desnudo, o más bien esa transparencia adquirida sólo resuelve de
187
SOBRE LA COMUNICACIÓN
forma imperfecta la cuestión del poder en la sociedad democrática. En
este equilibrio siempre frágil entre comunicación y política, el desequili-
brio favorable al primer término, desde hace medio siglo, obliga al con-
trano a una reflexión teórica sobre la política y el poder. En resumen, si
la extensión de la democratización, de la que la comunicación es a la vez
el instrumento y el simbolo, ha permitido sin duda resolver ciertas con-
tradicciones, la lucidez y la modestia nos obligan a reconocer los límites
de estas experiencias.
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189
CUARTA PARTE
INFORMACIÓN y PERIODISMO
INTRODUCCIÓN
TODO SE COMPLICA
Ayer el objetivo era simple: asentar la libertad de información; la le-
gitimidad de la prensa y del periodismo constituía un combate en la di-
rección normal de éste por la democracia, y los dos fueron juntos, en
medio de luchas épicas y a menudo trágicas.
Hubo que batirse para crear el estatuto del periodista (1935 en Francia),
sin el que no hay prensa autónoma: fue objeto de largas y numerosas
batallas en todos los países occidentales a comienzos del sigloxx. Hoy,
dos siglos más tarde, lo esencial se ha conquistado. En efecto, la libertad
política de información nunca es «natural», porque siempre habrá una
relación de fuerza entre los actores políticos y la prensa, pero en los países
occidentales la prensa y la información son legítimas. La prensa muchas
veces ha sabido incluso presionar, por medio de la opinión pública, para
obtener del poder público lo que quería.
El combate, pues, se ha ganado, y las contradicciones pendientes de
resolver se derivan de una triple victoria.
Victoria política: los periodistas y la información están en el núcleo de
toda democracia, y la realidad de las relaciones de fuerza no pone en
discusión esta conquista. Victoria técnica: ayer, hacer información era una
hazaña; hoy todo es técnicamente posible. Los sistemas de producción y
de transmisión permiten cubrir no importa qué acontecimiento de un ex-
tremo al otro del mundo, e informar instantáneamente al resto del pla-
neta. El sueño de saberlo todo acerca de todo lo más deprisa posible y
para el mayor número de personas se ha hecho realidad. Por último,
victoria económica: la información y la comunicación se han convertido
en uno de los sectores más lucrativos de nuestras economías. Incluso si
los periódicos tienen a veces dificultades financieras, los semanarios, la
prensa especializada, las emisoras de radio y la televisión, pública o pri-
193
SOBRE LACOMUNICACiÓN
vada, los grupos de comunicación son sectores en expansión, y la próxima
alianza de la informática, la televisión y las telecomunicaciones se presenta
incluso como «la llave del sigloXXI».
¿Por qué, entonces, todo se complica? Porque la mayor parte de los actores
siguen argumentando y luchando como si estuvieran todavía en el siglo
pasado, cuando los obstáculos ya no son el resultado de una falta de
libertad de información, sino, al contrario, de la dificultad para gestionar
su ejercicio. Los periodistas piensan los problemas de la información con
los ojos de ayer, como si la libertad de información no fuera cosa hecha,
como si la relación de fuerza con el poder fuera todavía frágil. Las con-
tradicciones no están ligadas a la falta de libertad, sino a las dificultades
para no abusar de ella: sobredosis de información, errores ligados a la
competencia desenfrenada entre los media, falta de profesionalidad de los
periodistas, ritmo demasiado rápido de producción de la información...
La prensa, en vez de asumir una cierta autocrítica ligada a los errores
de su propia victoria, hace como si aún estuviera amenazada en su exis-
tencia legal. Se presenta frágil como en 1850, mientras sucumbe a los
espejismos del «cuarto poden>. En vez de reconocer que la técnica ha
facilitado la producción de la información, los periodistas siguen invocan-
do las complicaciones «técnicas» del oficio. En vez de reconocer que el
problema ya no es hoy la libertad política de la información, sino el peso
de la economía y de sus efectos sobre la libertad de información, la prensa
persiste en querer batallar en el plano político y en perder en el plano
económico, en el que los títulos, diarios, emisoras de radio, y mañana
televisiones y nuevos media pasarán de un propietario a otro, al socaire
de las concentraciones y las fusiones. En vez de admitir que la dificultad
actual es el estatuto de la información en un universo saturado de infor-
mación, la prensa hace como si la información siguiera siendo un bien
raro. En síntesis, en vez de mirar la realidad del sigloXXI, se considera
que está en las categorías del sigloXIX. Habla de sus derechos para no
tener que hablar de sus deberes; se ve en el retrovisor del pasado para
no meditar en las oblígaciones ligadas a sus victorias.
Es aquí donde todo se complica para la prensa occidental. Evalúa mal
los destrozos que, decenio tras decenio, están en el lado opuesto de sus
discursos. No percibe el lento pero inexorable movimiento de desafecto
de las opiniones públicas hacia ella. Los periodistas se consideran todavia
como los esforzados caballeros de la verdad en el combate épico de la
información del siglo pasado, e ignoran las contradicciones lígadas a su
propio poder. Quieren ese poder, disfrutan y juegan con él, pero no están
dispuestos ni a analízarlo, ni a asumirlo, ni a sufrir la crítica respecto a
194
TODOSECOMPLICA
él, con lo que crean una distancia con el público, que es, sin embargo, su
única fuente de legitimidad, y del que no quieren escuchar la sorda de-
silusión.
Tres ejemplos ilustran el cambio de escala y de naturaleza de los pro-
blemas.
Ayer, las dificultades de producción, de difusión y de recepción de la
información desembocaban en una relación bastante simple entre acon-
tecimiento, hecho e información. En la multitud de acontecimientos coti-
dianos, los hombres de la prensa seleccionaban algunos hechos significa-
tivos: la rareza de la información podía ser una cierta condición de su
calidad, al menos en el plano normativo. Hoy todo puede llegar a ser
información: ya no hay límite a la producción y la difusión de la infor-
mación. Pero, como consecuencia, la saturación acecha. ¿Hasta dónde pue-
de absorber el ciudadano occidental tantas informaciones, la mayoría de
las cuales ni le interesan ni le afectan? El límite está del lado de la recep-
ción.
Otro ejemplo. Ayer el camino era sencillo: la información simbolizaba
la lucha contra el secreto, la mentira, el rumor, y a favor de la verdad,
que debía abatir a sus adversarios a medida que se imponía. il-loy ha
triunfado, pero el secreto, la mentira, el rumor, también están boyantes!
Se han desarrollado a la misma velocidad que la información. Esta ha
favorecido tanto la verdad como propagado el secreto o la desinforma-
ción...
Tercera ruptura: el esquema universalísta de la información occidental
hacía de la «mundialización» el horizonte tanto de la democracia como
de la información. Hoy la mundialización de las técnicas y la constitución
de grandes grupos de comunicación a escala mundial hacen posible la
realización de ese ideal. Pero la mundialización de la información no tiene
mucho que ver con el ideal de universalidad de la información occidental.
*
La cuarta parte de este libro analiza esta oscilación entre el ideal de
la información y del periodismo, y el incremento de los peligros y las
contradicciones. En ambos casos, bien se trate de los límites de la libertad
de la información o del triunfo del periodismo, asistimos a la revancha de
la geografía. La información y el periodismo se han liberado de los apre-
mios del tiempo, pero tropiezan con el segundo término, el espacio. La
195
SOBRE LA COMUNICACIÓN
misma información no tiene el mismo sentido según las áreas culturales
y los sistemas simbólicos. El universalismo occidental vuelve a encontrarse
con las fronteras de los otros sistemas simbólicos. La información occi-
dental podía reivindicar más ese universalismo cuando se correspondía
con el dominio de Occidente en el mundo. A partir del momento en que
éste se discute, el universalismo de la información se discute también. La
información se encuentra hoy enfrentada al relativismo histórico y geo-
gráfico. En el momento en que los valores democráticos, con el hundi-
miento del comunismo, parecen haber conquistado el mundo, es cuando
los principios de la información universal occidental chocan con otros va-
lores... Otro se parece a nosotros. Si con las nuevas tecnologías se ha con-
quistado, e incluso domesticado, el tiempo, na se ha conseguido lo mismo
con la geografía. Cuanto más mundial es la información, más esencial es
la noción del punto de vista. Al negar esto, la información occidental corre
el riesgo de deslizarse hacia un simple culturalismo, incluso hacia su ca-
ricatura, el occidentalismo. Los capítulos X y Xl examinan esa oscilación
de la información y la comunicación del ideal a la ideología. El capítulo
XII se dedica a las tres crisis del periodismo. Este se encuentra en la
situación paradójica de no haber tenido nunca tanto prestigío -y hasta
legítimidad-, convirtiéndose en la profesión que simboliza los tiempos
modernos, como vemos en las novelas, en la televisión y en el cine, y ser
al mismo tiempo, silenciosa pero seriamente, puesta en entredicho.
La cuestión que se plantea es la de saber cómo salvar los valores de
libertad y de emancipación que han subtendido la historia de la lucha
por la información y la comunicación. La solución podría consistir en
hacer lo contrario de lo que generalmente se emprende. Ralentizar en vez
de acelerar, organizar y racionalizar en vez de aumentar los volúmenes
de información, reintroducir intermediarios en vez de suprimirlos, regular
en vez de desregular.
196
CAPíTULO 10
ENTRE EL IDEAL Y LA IDEOLOGÍA
El ideal gira hacia la caricatura: tal es, sin duda, la percepción de la
información y la comunicación que a fin de cuentas los ciudadanos
occidentales, sin que el mundo de los media sea consciente de ese desli-
zamiento. El público es menos admirativo, menos incauto quizá que el
mismo mundo de la comunicación.
Cinco hechos, que son otros tantos síntomas, permiten comprender la
distancia entre el discurso oficial y la realidad. Probablemente es la ca-
pacidad de tomar conciencia de ello la que medirá el indispens,able
aggiornamento. El ángulo elegido en este capítulo Ilustra la lmea, teonca
del libro. Existe una clara distancia entre el Ideal de información y la
realidad, pero existe igualmente un de maniobra. En otras pala-
bras, el objetivo no es denunciar la distanciu entre el discurso
mantenido por los periodistas sobre ellos mismos y sobre la información,
sino más bien reflexionar acerca de las condiciones que han de cumplirse
para que, más allá de esas contradicciones, el mundo de la información
y de la comunicación siga siendo fiel a los valores que le sustentan y que
propaga. He aquí el porqué de que este capítulo dedicado a los cmco
síntomas de la crisis se incluya antes del estudio de la información y del
periodismo. . .. .
1. La confusión respecto a la sltuaclOn de ¡aprensa enlas y
en las dictaduras. Cuando se habla a los periodistas de simplificación, de
conformismo, de tiranía del acontecimiento, de ausencia de alejamiento,
de lógica de scoops, de efectos perversos de la de falta de
trabajo, de carencia de mirar con perspectiva la actualidad, de resistencia
al conocimiento, de conceder un peso demasiado grande al acontecmuen-
to con relación al análisis, de exceso de narcisismo..., responden: ,dAten-
ción! Al criticar demasiado estáis atentando contra la libertad de prensa
y dando crédito a todos los que quieren limitarla. Denunciar los excesos
197
SOBRE LACOMUNICACIÓN
es hacer el juego a aquellos que, en el mundo, y son muchos, desean
reducir la frágil libertad de la información». Se miden así con el mismo
rasero la voluntad todavía tímida de reglamentar mejor la profesión de
periodista, la deontología de la información, los límites a la investigación...
y los múltiples ataques a las libertades de información en las dictaduras.
Toda crítica de la informacíón se considera como un cheque en blanco entregado
a los enemigos de la libertad. Toda crítica de los periodistas occidentales
provoca la siguiente respuesta: zsabéís cuántos periodistas han perdido la
vida en el mundo desde principios de año en el ejercicio de su profesión?
Como si hubiera una relacíón entre ambas cosas. Como si los periodistas
que dieron la vída por la libertad de información bajo decenas de dicta-
duras garantizaran la vida felizmente normal de decenas de miles de pe-
riodistas en los países democráticos. Como si hubiera la más mínima re-
lación entre las facilidades de producción de la información que hay aquí
y la lucha árida, a menudo trágica, para asentar esa misma información
allá. Como si las dificultades de la información y del periodismo en las
dictaduras otorgaran una fianza en Occidente. En breve: una lógica de
amalgama.
2. El segundo síntoma se refiere al cambio de estatuto de la informacíón
en nuestra socíedad.
Ayer atributo de la lucha por la democracia, hoy está presente en todas
partes. No sólo porque es indispensable para que funcione una sociedad
compleja, sino también porque todos los actores -económicos, políticos,
militares...- desean comunicar. El resultado, en todo caso, es que todo el
mundo se expresa y que el público tiene cada vez más dificultades para
hacer una criba. ¿Cómo distinguir la información ligada a la prensa de los
millares de informaciones -económicas, comerciales, institucionales...-
que circulan en la sociedad? Distinción tanto más difícil de hacer por
cuanto todos los actores manejan la información utilizando la legitimidad de
l ~ información-prensa para justificar su propia información. Algunos pe-
riodistas-estrella, al aceptar prestar su colaboración a esta florescencia de
la información institucional, contribuyen finalmente a borrar las pistas.
¿Resultado? Los servicios de prensa, de comunicación, de relaciones pú-
blicas, se han multiplicado en treinta años y están omnipresentes al lado
de los grandes grupos industriales, comerciales y financieros. Las relacio-
nes información-verdad se hacen entonces más complejas. Antaño, en las
sociedades cerradas y no democráticas, el secreto era la norma, y a me-
nudo las informaciones tenían como objetivo que brillase la verdad. Pero
hoy, en que todo el mundo informa, la información ya no es sinónimo
de verdad, aunque, sin embargo, esto no quiere decir que siempre sea
falsa. Amenudo está «entre los dos», lo que obliga a la información-prensa
198
ENTRE EL IDEAL YLA IDEOLOGÍA
a radicalizarse en la información, las revelaciones, el levantamiento de
secretos, para distinguirse de esa oleada que la remeda. Una segunda
razón hace difícil la relación información-verdad. En las sociedades con-
temporáneas la mayor parte de los problemas no se resuelven ya en la
oposición blanco-negro, verdadero-falso. No sólo la complejidad de las
situaciones económicas e institucionales hace difícil la relación entre in-
formación y verdad, sino que además la omnipresencia de la información
y de la comunicación en la estrategia de los actores desplaza el sentido
de la verdad. La paradoja consiste en que esa doble evolución es en gran
medida el fruto de la lucha por la publicidad, la democracia... Pero com-
plica al mismo tiempo la noción de verdad, que era ayer mucho más
sencilla en la batalla de los siglos XVIII YXIX por la información y la de-
mocracia. No sólo deben entonces «distinguirse» los periodistas de todos
cuantos hacen información y comunicación, sino que, sobre todo, su tra-
bajo de indagación es más difícil. ¡Es más difícil, desde luego, desvelar y
revelar cuando todo es más complicado, y cuando todo está aparente-
mente ya desvelado y en la plaza pública! Desde luego, no todo está en
la plaza pública, y hoy los secretos son tantos como ayer, pero más difí-
ciles de explicar. Se asiste entonces a un deslizamiento imperceptible y a
la vez duradero: el ideal de la información se radicaliza en imperativo de
scoop, de acontecimientos, de secretos y de revelaciones. La información-
prensa, para distinguirse, refuerza una lógica de «revelaciones», que desde
luego siempre ha existido en la prensa, pero de la que podía pensarse
que habría jugado un papel menos importante con la elevación general
del nivel cultural y del espíritu crítico del público, cada vez más alto.
3. El tercer síntoma de ese oscilamiento se refiere al estatuto de ese
medio de la informacíón y de la comunicacíón. Hoyes mucho más importante
en cantidad que hace medio siglo, y los periodistas que se codean con los
publicitarios, los especialistas en comunicación, los despachos de relacio-
nes públicas, los asesores de todo tipo, se arriesgan a perder, no su iden-
tidad, sino su visibilidad. Al mismo tiempo, los periodistas están mucho
más solicitados que ayer, pues todo el mundo desea acceder al espacio
público. Se encuentran, pues, a la vez banalizados en una gigantesca lógica
de comunicación y valorizados, ya que son ellos quienes tienen acceso al
espacio público a través de los periódicos y de las emisoras de radio y de
televisión. En una sociedad abierta todo el mundo quiere acceder al es-
pacio público y para ello ha de pasar por esos intermediarios que son los
periodistas. Los «que hacen pasan>, gestores del espacio público, se han
convertido en los «seleccionadores», por no decir los «censores» de lo que
debe o no existir públicamente.
Tres fenómenos, pues, se acumulan para explicar el reforzamiento de
199
SOBRE LA COMUNICACIÓN
su situación. Han de distinguirse de ese vasto medio de la comunicación
que aparentemente ejerce el mismo oficio que ellos, y para marcar sus
diferencias tienen que controlar el acceso al espacio público. Existen mu-
chos más mensajes e información que ayer, lo que obliga de todas formas
a una selección mayor de lo que debe, o no, ser hecho público. En fin,
en nuestra sociedad abierta el espacio público ha pasado a ser el principal
lugar de visibilidad y, muy a menudo, ay, de legitimidad. ¿Resultado?
Todo el mundo hace presión para estar presente en él, reforzando casi
mecánicamente el papel de los guardianes de su acceso. Existen pues
causas objetivas, independientes del comportamiento de los periodistas,
que explican ese poder, por otra parte discutible, que detentan hoy en la
gestión del espacio público.
El medio de la información y de la comunicación es de ahora en ade-
lante el «director de orquesta» que decide sobre aquello que accede al
espacio público. Con el bien conocido y perverso efecto del frasco: los
mediadores, para protegerse de las presiones que sufren del exterior, se
autolegitiman y consideran sus opciones objetivas y justas. Confunden la
luz que lanzan al mundo con la luz del mundo. Están convencidos -y esto
es válido sobre todo para la élite periodística- de que desempeñan un
papel esencial. El enorme sistema de comunicación de nuestras sociedades
llega así al resultado paradójico de iluminar sólo un número limitadísimo de
problemas y de interlocutores. Siempre son, en efecto, las mismas perso-
nalidades políticas, culturales, científicas, religiosas, militares..., las que se
expresan en los media. El pequeño circulo mediático ilumina con su luz
el pequeño círculo de aquellos que considera que son los más competen-
tes para expresarse. Así se hacen los dos medios la ilusión de creerse que
sólo ellos dos son representativos de la realidad...
Esto tiene tres efectos perniciosos. El primero, seleccionar y no abrir.
El segundo, otorgar una legitimidad demasiado grande a los que forman
parte de ese primer círculo. El tercero, instalar un sistema en el que se-
leccionadores y seleccionados se autoprotegen. El mundo de la informa-
ción y de la comunicación disfruta de un prestigio mucho más grande
que los mundos de la ciencia, la economía, la religión... La cultura seduce
mucho menos que la comunícación, tanto más cuanto, con un poco de esmero,
el mundo de la comunicación se presenta como culto. Y como tal es con-
siderado.
¿Un simple ejemplo? La proporción creciente de libros escritos cada
año por los medios de la prensa. Si siempre han publicado libros los
periodistas, su número era antes bastante limitado. Hoy, la proporción de
novelas, ensayos, testimonios, visiones del mundo, escritos por los medios
de la comunicación, no para de aumentar. Y como sus autores son «co-
200
ENTRE ELIDEAL YLAIDEOLOGíA
nacidos», los editores son respecto a ellos mucho menos exigentes que
respecto a otros autores, porque están seguros de que venderán los libros
y obtendrán «buenas repercusiones» en los media. Y como la sección «li-
bros» en los diarios y semanarios, en la radio y en la televisión, ocupa un
espacio muy limitado, se llega al paradójico resultado siguiente: las obras
de las que hablan los media son las más de las veces aquellas escritas por
los mismos medios de comunicación... La luz hecha por la comunicación
sobre ciertas caras de la realidad se transforma en legitimidad, con la re-
ducción proporcional de la curiosidad respecto a lo que se encuentra del
otro lado del círculo. Siempre ha habido un «círculo de luz» que ilumina
ciertos aspectos de la realidad en detrimento de otros, pero lo que ha
cambiado es la legitimidad reconocida a ese círculo de luz, es decir, al
medio profesional de la comunicación. En nuestros días, con la omnipre-
sencia de la información, de los valores de la publicidad y de la trans-
parencia, se ha impuesto la idea implícita de que todo lo que es impor-
tante es visible. Cuando se comprueba, para acabar, que el mundo de la
comunicación sólo lee los diarios y los resúmenes de prensa, se comprende
hasta qué punto se refuerza la idea de que lo que es público es legítimo.
Una idea símple y falsa se establece: todo lo que es importante es conocido, y en
consecuencia mediatizado.
Los periodistas no son los únicos responsables de esta situación, tanto
más cuanto sólo se aprovecha de ella una minoría, pero en la medida en
que desde el punto de vista teórico ellos dan el pase al espacio público,
se explica que se aprovechen y a veces abusen de esta situación.
4. El cuarto cambio se refiere a las reiaciones entre información ehistoria.
Desde siempre, la historia es violenta y sangrienta, pero en el paradigma
democrático figura la hipótesis de una relación entre ignorancia y violencia.
La violencia sería multiplicada por la ignorancia, y uno de los fundamen-
tos de la información es reducir la ignorancia para limitar la violencia.
Esto fue verdad durante mucho tiempo, pero hoy este esquema se hace
más complejo debido a la omnipresencia de la información. Tres hechos
recientes prueban los límites de esa ligazón. El primero se refiere. a la
experiencia humanitaria. El potente movimiento que en una generaClDO ha
removido las fronteras tradicionales de la acción política, y demostrado
que la valentía, la voluntad de testimoniar y de actuar, podían contener
la violencia, ha dado validez durante un cierto tiempo a esa fórmula cé-
lebre según la cual «se mata menos cuando hay cámaras delante». Esto
fue verdad durante une veintena de años, pero poco a poco el juego se
ha complicado. De Somalia a Ruanda, pasando por Yugoslavia, sabemos
hoy que ver, decir, mostrar, testimoniar, no impide la violencia. Los hom-
bres aprenden a matar bajo la mirada de las cámaras sin demasiada apren-
201
SOBRE LACOMUNICACION
sión. De golpe se ha puesto en duda una de las ideas más sólidas de la
asociación humanitarismo-información, lo que no invalida en absoluto el
esquema general, pero lo complica. En pocotiempo se ha llegado a com-
prender que las dictaduras, por ejemplo la de SaddamHussein en lrak
a jugar con la información y la comunicación occidentales.
ha VIsto -y se ha olvidado demasiado deprisa- durante la guerra del
Golfo. Yse ha comprobado en muchísimas situaciones históricas que no
hay nada que pare la violencia. La información, presente de forma con-
tm,ua, no ha frenado ni la violencia ni la barbarie. Desde luegono ha sido
inútil, pues ha contribuido a hacer reaccionar a los gobiernos, divididos
sobre el tipo de intervención que debían emprender. Y sobre todo ha
facilitado la creación de tribunales internacionales contra los crímenes de
guerra.. Pero todos sentimos, no obstante, que el margen de maniobra
sigue SIendo escaso, pues nada puede forzar al ciudadano a interesarse
por las informaciones si no desea hacerlo. Ahora bien, en el dispositivo
mformal1vu-humamtan?, el pubhco occidental desempeña un pa-
pel esencial, 'ya es el quien presiona a los gobiernos para que actúen
durantelas de violencia histórica. Perono hay mediode forzar
a ese pubhco SI decide dar la espalda a la información. Decenio tras de-
cenio, la opinión pública occidental corre el riesgo de dejarse ganar por
la decepción, y esto puede tener graves efectos, porque la indignación
SIendo, en el caso de lo humanitario, el principal motor de la acción
política. Se a una escala más modesta, con el ahogo de las
grandes sOl;ees medlal1ca; .organizadas para recaudar fondos para las cau-
sas humamtanas o cienfíficas. La «elasticidad» de la opinión pública oc-
cidental -por retomar una palabra procedente del vocabulario econó-
rruro-> respecto a sus propias miserias y las del mundo, tiene un limite
del que hay que ser consciente. ¿Se puede vivir permanentemente bajo
la mirada de las desgracias del planeta, sobre todo cuando se sabe que
no se puede hacer nada para aliviarlas?
El segundo hecho se refiere al estatuto de la información a escala inter-
Con las facilidades técnicas de una información mundial instan-
tanea y multidireccional, lo que se pone en duda es la relación misma
info,rmación y mundialización. Ayer, en un mundo en el que la
información era algo raro, ésta podía contribuir a acercar los puntos de
vista, Hoy, con la instantaneidad de la información, el mundo está rápi-
presente: demasiado presente, demasiado rápidamente, sin me-
diación, Hasta el punto de suscitar una necesidad de retirada. El ciuda-
dano OCCIdental, el único en directo a las catástrofes planetarias,
se cansade esta «responsabilidad mundial» que debería ser la suya. La
informarión, que se cree que le permite acercarse al mundo, suscita por
202
ENTRE ELIDEAL YLAIDEOLOC1A
el contrario en él un fenómeno de rechazo: «La Correze mejor que el Zam-
beze», según la célebre fórmula de R. Cartier. y la expresión es todavía
más cierta hoy que ayer, puesto que, gracias a la comunicación y la in-
formación, Zambeze está tan presente como la Correze en las cocinas y
en los comedores. ¿Consecuencia? Las condiciones que han de ser satisfechas
para que esta información mundial desempeñe el papel positivo deseable
son mucho más difíciles. En una palabra: habría que restablecer la distan-
cia, alli donde ha sido suprimida por los avances técnicos. éCómc reintro-
ducir una distancia para evitar el rechazo? Por el conocimiento. Por él se
«domestica» al otro y se familiariza uno con él. Así se llega a un resultado
paradójico: el conocimiento, que siempre exige esfuerzo, tiempo y distan-
cia para leer y comprender, se transforma en el complemento indispen-
sable para aceptar la inmediatez del otro. La lentitud del conocimiento se
convierte en el medio de contrapesar la velocidad de la información.
El tercer hecho se refiere a lo que se llamala injerencia medidtica. Puesto
que saber todo rápidamente parece una solución demasiado simple para
reducir la violencia de la historia, los media occidentales meditan sobre
una estrategia más sutil de injerencia mediática. Ésta consiste en elegir las
situaciones que, a priori, es posible examinar. Fijar el blanco de algunas
situaciones y presionar llega a ser más eficaz que actuar en todas direc-
ciones. ¿Pero hasta dónde las naciones occidentales pueden mantener en
ciertos países «media independientes»? 1 ¿Qué se entiende por media in-
dependientes? ¿No hay un riesgo de boomerang, al final idéntico a lo que
pasa conlas ONG(Organizaciones no gubernamentales) y ciertas acciones
humanitarias, en las que la lógica de la comunicación ocupa un espacio
cada vez mayor? Una cosa es verdad: la omnipresencia de los media en
el plano internacional crea una situación inédita en la historia, sobre la
que no se ha reflexionado bastante, y que no puede consistir en creer,
como se pensó de buena fe desde hace unos treinta anos, que cuantos
más media hay, y más información, mejor. lHasta dónde la mundializa-
ción de los media perturba o es un factor favorable del juego eminente-
mente complejo de las relaciones internacionales? Las tentaciones de «me-
dia-diplomacia» son evidentemente peligrosas, pero el simple hecho de
que numerosos actores de la comunicación piensen en ello es un índice
de esta idea, corriente en el seno de los media occidentales, según la cual
es «normal>, para ellos intervenir en las relaciones internacionales. En esto
también la guerra del Golfo 2 habría debido, por el contrario, hacer tomar
I Según la terminología de la Unesco.
2 Para más detalles sobre el encadenamiento de los hechos, véase War Carne, L'infor-
mation et la guerre, cap. 1, «La guerre du Go1fe en direct» y cap. IV, «La presse va plusvite
que l'événement». Para el análisis, véase ibid., cap. IX, «L'information devant l'histoire et
l'action», y cap. XI, «Les mutations culturelles».
203
SOBRE LACOMUNICACIÓN
conciencia del peligro de esta actitud. Pero como el conflicto fue corto,
aparentemente justo, y ganado por los occidentales, no ha sido para ellos
la señal de alarma que deberia haber sido. En pocas palabras: cuanto más
ocupan los media un lugar importante en la escena internacional, más
grande es para ellos la tentación de querer influir en las relaciones entre
países. Toda la cuestiónradica en saber hasta dónde esto es posible, pues-
to que hoy sabemos que la realidad no opone ya la información pura,
honesta, servici? de la verdad, a la lógica política oscura y equívoca.
5. El último síntoma del cambio de la relación con la información se
refiere a la confianza del público. Hemos visto que en la teoría democrática
esta confianza es la clave de la legitimidad periodística. Porque tienen la
confianza del público -apreciación eminentemente cualitativa-, los pe-
riodistas pueden desempeñar su papel esencial de contrapoder. Porque
se apoyan en esa confianza, pueden trabajar. Si ésta se desmorona, se
acabó, en un cierto plazo, su autonomía respecto a los diferentes poderes.
Desde luego, de veinte años para acá, en casi todos los países, esta con-
fianza se ha emp?ñado, en proporción a los excesos de la información y
de la comurucacion, directamente ligados a las facilidades técnicas de la
producción de la información, a las consecuencias de la competencia, y
al hecho más general de la expansión del mundo de la comunicación.
. Los periodistas se aprovechan de ello, pero el público ve la separación
existente entre los discursos que se pronuncian y la realidad. Yes cons-
ciente de la distancia entre el discurso de neutralidad y las mil y una
maner?s enque los se encuentran ligados, aunque sólosea por sus
lazos financieros, a las múltiples cadenas de los mundos industrial, finan-
ciero y político. Si la historia demuestra que la información ha estado
siempre unida al dinero, nunca esos lazos han sido tan fuertes, princi-
palmente por el desarrollo de las diversas industrias de la comunicación
y nunca la información y la comunicación han desempeñado tal papel
la sociedad, El resultado, en todo caso para el público, es que algo del
«contrato de confianza» se ha roto, sin que los periodistas se preocupen.
Ya nada se cree «naturalmente». Se duda fácilmente de la información y
los periodistas, pero el mundo de la información no es consciente, porque
los CIudadanos no dicen nada, y continúan informándose, en un mercado
más bien floreciente. En realidad, la demanda de información aumenta al
mismo .tiempo que una desconfianza creciente de la opinión respecto a los
periodistas. No se trata de desconfianza entendida como un medio de
mantener las distancias, sino más bien de desconfianza respecto a la ca-
Iidad de los que informan. ¿Qué llega a ser la información-prensa, ya
margmahzada, en un mundo en el que circulan tantas informaciones de
todas clases, si simultáneamente el público evoluciona hacia un real es-
204
ENTRE ELIDEAL YLAIDEOLOGÍA
cepticismo respecto de aquellos que la fabrican? En el momento en que
la información es, por fin, instantánea, y permite saber todo sobre todo,
se da uno cuenta de la importancia del punto de bloqueoconstituido por
el público. Si el receptor ya no concede su confianza al periodista. la 10-
formación pierde una buena parte de su valor. Durante CIento cmcuenta
años había habido una tendenciaa «olvidarse» del receptor, de tanto como
se consideraba que esa confianza era cosa hecha, y el gran problen:
a,
durante ese periodo, había sido mejorar las conquistas de la información.
Hoy las conquistas se han logrado, pero la confianza se debilita...
,
La dificultad de referirse a los daños de la información con los perio-
distas ilustra la resistencia a la lógica del conocimiento de la que hablé al
comienzo de este libro. No están dispuestos, en efecto, a escuchar un
análisis crítico, ellos que, sin embargo, lo manipulan fácilmente, y estopor
dos razones. Frente a las presiones externas, el medio profesional ha de-
sarrollado una especie de cultura de rechazo y de pa:a pro-
tegerse, porque se trata de un medio frágil sobre el ;lue múltiples
grupos de presión. Por otra parte, el rnedío periodístico no esta acostuo;-
brado, contrariamente a lo que se dice, a ser desaprobado. Ytant?
porque la mayoria de los actores, que desean acceder al público,
han de pasar por los periodistas como intermedmnos, y no tienen
de desautorizarlos, por miedo a ver cerrado el acceso .al espacio público.
Por esta razón los periodistas son tratados con miramientos, y hasta cor-
tejados, mucho más que criticados. Nada hay de sorprendente, pues, en
que los beneficiarios de tantas solicitaciones, hayan acostumbrado y
aguanten mallos análisis contrarios a esta práctica dominante...
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206
CAPÍTULO 11
EL FRÁGIL TRIUNFO DE LA INFORMACIÓN
Desde el siglo XVIII el ideal de la información -saber todo, inmedia-
tamente, por todo el mundo- se ha convertido en realidad en apenas
treinta años, al menos en los países democráticos.
Desde luego, no es posible saber todo, inmediatamente, acerca de todo,
pero el principio se ha aceptado. En el momento en que el ideal se vuelve
realidad es cuando el sueño se rompe por dos razones: la lógica de la
información se hace demasiado simple respecto a la complejidad de
la historia; las perturbaciones creadas por la información aumentan tan
rápidamente como sus conquistas. El descubrimiento de estas tres últimas
décadas es amargo. El sueño de miles de periodistas, demócratas y mili-
tantes de todo tipo resulta mucho más difícil en el momento de encajar
en los hechos. Dicho de otro modo, a pesar de las facilidades técnicas y
de los consensos de los que es objeto, la información sigue siendo hoy
tan frágil como ayer, pero por razones diferentes. Al final nunca es algo
concedido, sino ganado, y muy frecuentemente, con habilidad. Su apa-
rente éxito no debe hacernos olvidar, pues, que sigue siendo un bien raro
y frágil. La información en la encrucijada de los valores politicos de las
técnicas y del mercado ilustra este débil margen de maniobra del que he
hablado al comienzo de este libro, pero que es posible, no obstante, pre-
servar.
l. LA PRESIÓN DEMASIADO FUERTE DE LOS HECHOS
En treinta años hemos asistido a un deslizamiento de efectos perju-
diciales de ahora en adelante. La victoria politica de la información se ha
mudado en un verdadero bombardeo informativo, porque al mismo tiempo
207
SOBRE LA COMUNICACiÓN
el cambio técnico ha permitido progresivamente saber muchas cosas, rá-
pidamente. La información se ha vuelto omnipresente y limita con una
tiranía del instante. Se sabe todo, de todos los rincones del mundo sin
tiempo para comprender, ni respirar, y sin que sepamos finalmente lo
que triunfa, si el deber de informar, o la locura competitiva, o la fasci-
nación por los instrumentos, o las tres cosas a la vez.
El segundo factor explicativo de esta presión se deriva del papel de
las g u e r r ~ s ; 51 las guerras no son desde luego periodos de libertad para la
información, frecuentemente son la ocasión para las innovaciones técnicas
o al menos para las proezas periodísticas. Esto ha podido comprobarse en
Indochina, Argelia, Vietnam, las Malvinas, la guerra del Golfo, Yugosla-
via... Los conflictos militares provocan un tratamiento excepcional de la
información, con todos los problemas planteados, a tamaño natural: ha-
llazgos técnicos y censura, imposibilidad para los periodistas, a pesar de
sus discursos, de situarse por encima de los contendientes en nombre de
la neutralidad de su trabajo, efectos perversos de las imágenes recibidas
simultáneamente en los dos campos bélicos, distancia entre la capacidad
de acceder a la mformación y la incapacidad de actuar, ilusión de creer
que todo debe ser visible (con su corolario: la duda respecto a todo lo
que no se muestra) ... ¿Hasta dónde es compatible el derecho a la infor-
mación con las obligaciones de la guerra, o sea, de la censura y de la
política? ¿A partir de cuándo la mentira, el silencio o la autocensura se
convierten en parte adherida a la información?
El tercer factor se refiere a las situaciones de crisis sociales o políticas,
que también son reveladoras de otra contradicción de la información
triunfante. La cobertura rapidísima de las crisis no es en absoluto un factor
para su solución. Ayer las crisis estallaban, pero la lentitud de la infor-
mación no permitía ni a los actores ni a los públicos apreciar correcta-
mente la situación. Hoyes al revés. La información sobre las crisis «en
directo» permite enseguida saber, sin que esto contribuya forzosamente a
explicarlas mejor o a resolverlas. Los hechos aplastan todo. La desestabi-
lización que sufren los actores en caso de crisis afecta también a los media,
que se encuentran finalmente atrapados, la mayor parte de las veces, en
la misma trepidación que los actores, cuando su papel debería ser, por el
contrario, temporizar y permitir a unos y a otros distanciarse un poco de
los conflictos. De hecho los media no escapan al desorden que ataca a los
actores, y esto pese a la larga tradición periodística de la urgencia y del
acontecimiento. Pero como la experiencia no se transmite -rara vez los
periodistas que han cubierto una crisis siguen la próxima-, la dramati-
zación de la información amplifica la dramatización de los acontecimien-
tos. La «comunicación de crisis» no está siempre a la altura de la misión
208
ELFRÁGIL TRIUNFO DELAINFORMACiÓN
de información de los media y provoca a menudo una «crisis de comu-
nicación»,
Dicho de otro modo, los medios técnicos de los que disponen hoy las
redacciones, que deberían permitirles reaccionar más deprisa, y en con-
secuencia de conservar la calma, no impiden ni los funcionamientos irre-
gulares, ni las dramatizaciones, ni los errores, retrasos y contrasentidos en
la producción de la información de crisis. ¿Por qué? Porque la distancia
entre la calidad de los instrumentos y la dificultad de analizar y reaccionar
en directo, es todavía más clara. La perfección de los instrumentos choca
con la capacidad de análisis en directo. La información inmediata no es
más fácil de hacer que antaño, cuando los medios técnicos eran más ru-
dimentarios, porque lo más difícil sigue siendo el análisis y no la cobertura
del acontecimiento. Desde luego todo es en directo, pero en desorden. El
directo no es sinónimo de verdad, y el sentido es todavía más difícil de des-
pejar cuando se aplica a los acontecimientos. En otras palabras, la infor-
mación requiere distancia. La distancia, es decir, eso contra lo que los
periodistas, con razón, han luchado durante más de un siglo para hacer
una información lo más cercana posible a los hechos. El resultado es pa-
radójico: cuanto más se está en directo, más hay que reintroducir el alejamiento.
Los límites de la información en directo, en tiempo de guerra o de
crisis, son pues el revelador del problema más general de la calidad de la
información. No sabemos forzosamente mejor hoy que ayer, simplemente
porque la información no se reduce ya al relato del acontecimiento. Se puede
ver todo, pero no comprenderlo todo. La hazaña no es ya acceder al acon-
tecimiento, sino comprenderlo. Demasiada información mata los hechos y
su comprensión. Tal es el resultado paradójico de la victoria del paradig-
ma de la información: lo "que acontece» satura la información. O más bien
la información, en vez de ser una elección entre varios acontecimientos, se
convierte simplemente en su suma.
El hecho estructural más importante para comprender la crisis de la
información es, pues, el peso excesivo del acontecimiento en relación con
la comprensión de la realidad. La información se ha convertido en una
oleada continua, más y más dramática y dramatizada, sin que emerjan,
na obstante, mejor los factores de comprensión. Atestada por una mezcla
de acontecimientos, de rumores, de opiniones de comentarios, la infor-
mación constituye un diluvio del que el receptor encuentra dificultades
para salir. En otras palabras, cuanto más acontecimientos hay, menos pue-
de la información reducirse al relato de los hechos, pues requiere inter-
pretaciones.
209
SOBRE LA COMUNICACIÓN
n. INFORMACIÓN: UNA PIRÁMIDE INVERTIDA
La distancia entre los avances técnicos que caracterizan la cobertura
de los acontecimientos y la dificultad de comprenderlos mejor se ha acen-
tuado por un hecho poco conocido: la desproporción entre el pequeñísi-
mo número de periodistas de agencia, que están en el origen de las in-
formaciones, y el volumen de informaciones que circulan en el mundo.
Menos de veinte mil periodistas, si se suman las tres grandes agencias
occidentales (Associated Press, Reuter, France Press), crean la aplastante
mayoría de las informaciones que utilizan los media del mundo entero.
Esto significa que hay tres escalones.
En el principio, el pequeñísimo número de periodistas de agencia, pro-
ductores de la mayor parte de las informaciones que circulan en el mun-
do. Luego un número mucho mayor de periodistas que, en otras partes,
más tarde, reproducen, completan esta información de las agencias, e in-
troducen comentarios y anexos. Por último, todos los demás actores que
intervienen a su vez sobre estos dos primeros flujos. ¿Resultado? La pro-
ducción de la información es una gigantesca pirámide invertida. Las contra-
dicciones ligadas a este estado de hecho apenas se perciben, ya que si-
multáneamente el volumen y la oferta de información no paran de au-
mentar, en un mercado que está globalmente en expansión. Estas dos
dimensiones contradictorias explican muchas distorsiones, puesto que
cada estilo de periodismo (prensa, radio, televisión, generalista, especiali-
zado) que interviene en la información desea dejar allí su huella, intro-
duciendo en ella comentarios y complementos. Al final, lo menos impor-
tante en el asunto pasa a ser la información en bruto, sin la que, sin
embargo, las otras no existirian. Los «agencieros» siguen siendo ampliamente
desconocidos del público, cuando son ellos quienes, desde todos los rincones
del mundo, producen esta información en bruto en el punto inicial de
toda la cadena. En otros tiempos, las dificultades de producción y de
difusión de la información otorgaban un valor a los periodistas que se
encontraban en la fuente. Hoy, cuando todo es «fácil», a quienes se otorga
valor es a los presentadores y comentaristas. En ese flujo continuo de
información, nos preocupamos menos de la fuente que de la manera de
distinguirse.
III. LA AUTARQUíA DEL MEDIO
Cuando se observa ese medio, se queda uno sorprendido por el hecho
de que los periodistas que contemplan el mundo tienen paradójicamente
210
EL FRÁGIL TRIUNFO DE LA INFORMACIÓN
tendencia a vivir replegados sobre ellos mismos. Como si el hecho de
exponerse obligara en contrapartida a protegerse del ruido y de las presio-
nes. El medio periodístico, finalmente muy pequeño, vive, trabaja, se reen-
cuentra constantemente en los mismos lugares, obedece los mismos ritos,
las mismas costumbres, vive en un circulo estrecho, observa los mismos
estilos, comparte los mismos códigos culturales y los mismos reflejos, en
una especie de mimetismo silencioso, sin, pese a todo, demostrar mucha
solidaridad mutua. Esto es todavía más cierto para la nomenklatura perio-
dística, es decir, las cincuenta o cien personas que, en cada una de las
capitales del mundo, dirigen los diarios de prensa escrita, de radio, de
televisión, y están en relación con los mundos político, diplomático, eco-
nómico. En todo caso, es grande la distancia entre el carácter cerrado de
ese medio y el hecho de que sea él quien, día tras día, informa y hace la
apertura del mundo...
IV. LA TENTACIÓN DEL CONFORMISMO
Tiene dos causas. Por una parte, el efecto de recipiente cerrado: entre
los periodistas y sus diferentes interlocutores no hay bastantes «corrientes
de aire» procedentes de otros aspectos de la realidad; la sociedad se re-
duce a los murmullos y rumores de la capital. Por otra, un reflejo de
autodefensa para protegerse de la complejidad del mundo. ¿Cuál es hoy
la angustia de los periodistas? No dar cuenta de los hechos, lo que está
hoy en el orden de las cosas, sino saber si sus colegas han elegido final-
mente los mismos hechos, y si los comprenden de la misma manera. Lo
que separa y distingue hoy a los periodistas entre sí no son tanto los
hechos como las interpretaciones. Si varios periodistas, pertenecientes a
diferentes formas de prensa, comprueban que han reaccionado de la misma
forma a talo cual hecho nacional o internacional, tienden a concluir que,
a pesar de sus diversidades, han visto lo esencial del acontecimiento. Dicho
de otro modo, para ellos reaccionar aproximadamente de la misma forma
es la prueba de una buena percepción de la realidad. Pero no se dan
cuenta de que esta reacción similar no remite forzosamente a una per-
cepción objetiva de la realidad, sino a la existencia de una cultura profe-
sional común. Esto ya es importante, pero tener, entre varios, los mismos
reflejos no garantiza siempre tener razón. He aquí por qué la prensa tiene
tendencia, a pesar de sus diferencias, a tratar al mismo tiempo y casi de
la misma manera los acontecimientos y los problemas, antes de pasar,
como un gorrión revoloteante, de un tema a otro. Esta tentación de con-
formismo en la manera de ver y de hablar del mundo no se reconoce en
211
SOBRE LA COMUNICACIÓN
el mísmo medio, que ve en ello, por el contrario, la prueba de un cierto
profesionalismo. Esto es parcialmente cierto, pero en un universo supe-
rinformado también hay que ver en ello una huella de la inevitable or-
todoxia que es una manera tanto para protegerse del desorden del mundo
como de poner en él un poco de orden. Hablar al mismo tiempo de la
misma cosa, de la misma forma, no es forzosamente una prueba de
verdad.
V. UN ACONTECIMIENTO GANA SIEMPRE AL ANÁLISIS
La fuerza del periodismo, que compensa la tentación del conformismo,
estriba en tener una gran sensibilidad frente a los acontecimientos, pero
la contrapartida de esta disposición consiste en no siempre relativizarlos
respecto a los hechos estructurales. Y a menudo en preferir el aconteci-
miento al análisis. O en cambiar frecuentemente de análisis en función
de las circunstancias. La grandeza del periodismo está en preferir un
acontecimiento a un análisis, porque ésa es la esencia del oficio; pero al
mismo tiempo los acontecimientos no valen si no es en relación con los
análisis, y como hoy hay cada vez más acontecimientos susceptibles de
convertirse en informaciones, se comprende que la relación, siempre di-
fícil, entre hecho y análisis se incline en favor del primero. El aspecto
positivo sigue siendo la flexibilidad de adaptación al acontecimiento; y el
aspecto negativo, que éste es cada vez menos capaz de dar un sentido a
la historia. En otras palabras, la fuerza del periodismo radica en estar en
el flujo de los tiempos; su debilidad, estar en la superficie de los tiempos;
su talento, pasar de uno a otra. De todos modos -y esto es lo que mues-
tra la historia-e, muchos análisis conservan su pertinencia independien-
temente de ciertos hechos contradictorios, simplemente porque aconteci-
mientos y análisis no pertenecen al mismo registro de conocimiento de la
realidad.
VI. LosEXCESOS DE LAINFORMACIÓN
Son demasiado conocidos para que sea necesario dedicarles mucho
tiempo. No obstante, los periodistas tienen indudablemente menos con-
ciencia de ellos que el público. ¿Cuáles son esos excesos? La tiranía del
acontecimiento; la lógica del scoop y de las revelaciones para distinguirse
212
EL FRÁGIL TRIUNFO DE LA INFORMACIÓN
de la competencia; la persecución mediática de ciertos acontecimientos o
personalidades, en detrimento de ángulos enteros de la realidad que se
silencian; la ausencia de distancia y de cultura profesional para ver con
perspectiva los acontecimientos; la facilidad en el tratamiento de los he-
chos; el escaso seguimiento de la información; la obsesión por las reve-
laciones, secretos y descubrimientos que, semana tras semana, y tanto en
los media «serios» como en los «populares», toman al público aparte para
permitirle al fin «saber todo» sobre tal o cual aspecto de la realidad; la
aceleración de la información en nombre del «derecho a saber»: la espec-
tacularización y la dramatización de la realidad; la fascinación por la ur-
gencia y las situaciones de crisis, que corresponden a los estereotipos de
la cultura del medio periodístico; la imposición de asuntos que movilizan
a menudo más a los periodistas que al público; la confusión entre la co-
bertura instantánea del acontecimiento y su comprensión; el silenciosobre
los efectos de la lógica despiadada de la competencia; la «sobrernediati-
zación» de un muy pequeño conjunto de personalidades «representativas»
de la sociedad, que circulan sin cesar de un media a otro; el narcisismo
del medio mediático, que lleva a la prensa a dedicar un espacio consi-
derable a los cambios de empleos, o de «empleadores», de las «vedettes»,
así como a los nuevos proyectos de emisión, como si se tratara en cada
ocasión de informaciones que importaran a todo el mundo... Y la lista
podría fácilmente aumentar. De esto deriva una especie de malestar di-
fuso. El público no sabe muy bien hasta dónde todas esas prácticas tienen
una relación de cualquier tipo con el deber de informar, y a partir de
cuándo sirven de garantía a una competencia desenfrenada entre actores
de la comunicación, de perceptible narcisismo...
VII. A MÁS INFORMACIÓN, MÁS SECRETOS
El volumen creciente de informaciones tropieza con otro obstáculo no
previsto en la teoría democrática: la información debería reducir el espacio
que ocupan secretos y rumores; lo que se comprueba es lo contrario. ¿Por
qué? Porque todos se sienten más valorados por el hecho de compartir
informaciones conocidas únicamente por unos pocos, más bien que por
estar al corriente de lo que todo el mundo sabe... Si el secreto tiene el
inconveniente de unir a los socios, el rumor tiene la ventaja de valorar al
narrador y al receptor, pues el rumor es la información de más rápida
difusión. Una información pública se valora mucho menos que un rumor.
Lo que explica que ambos crezcan tan deprisa como la información pú-
blica, y que todos busquen un medio de saber alguna cosa que no sepa
213
SOBRE LA COMUNICACIÓN
todo el mundo, con esta idea implícita: la verdad está siempre más o
menos escondida; «se» pretende ocultarnos alguna cosa que los periodis-
tas nos van a revelar. Este fenómeno explica el éxito de todos los «infor-
mes confidenciales» publicados por los grupos de prensa, incluso si al-
gunos alcanzan una tirada de más de cinco mil y hasta de diez mil ejem-
plares... Además son más caros porque tiran pocos ejemplares, lo que
prueba que en el inconsciente colectivo la información semisecreta y su
pariente el rumor tienen siempre más valor que la información pública...
VIII. EL DÉFICIT DE LEGITIMIDAD
Los periodistas van en busca de una legitimidad, que saben discutida,
incluso si hoy tienen más influencia que hace un siglo. La encuentran
desde luego en el fenómeno del grupo, pero también a base de frecuentar
a «los grandes de este mundo». Sus interlocutores se convierten así, y esto
es normal, en sus socios de legitimidad. Además el año está salpicado de
citas, de reuniones regionales o mundiales, en las que los grandes actores
económicos, políticos y militares se encuentran. Yéstos aceptan cada vez
más en sus entrevistas, en nombre de la «transparencia», la presencia de
la nomenklatura periodística mundial. Al participar en esas reuniones -la
de Davos, en Suiza, todos los años en enero, es quizá el arquetipo-, esta
«élite» tiene así la sensación de entrar en la «comunidad de los grandes».
y sobre todo, de tener la posibilidad en poco tiempo -lo que siempre
obsesiona a los periodistas- de acceder a lo esencial de los problemas del
momento. No sólo tienen la convicción -falsa, pero compartida por los
demás participantes de ese tipo de reunión- de dominar por esa vía los
problemas del momento, sino también la sensación de adquirir un poco
de la legitimidad de los grandes de este mundo. Incluso cuando se de-
muestra que los sabios trabajos de prospectiva mundial la mayor parte de
las veces son inútiles, dan la impresión, mientras se enuncian, de que
ofrecen una síntesis y «un sentido al estado del mundo». Esta busca
angustiosa de sentido, que oprime a todos los responsables, es uno de
los resultados mecánicos de la mundialización de la información y de los
problemas. En efecto, tener una conciencia de los problemas del mundo
mucho más grande, y de la dificultad para resolverlos, crea una necesidad
de racionalización de la historia.
Este fenómeno de legitimación mutua entre las «elites» y la «elite pe-
riodística» contemplada a escala internacional es idéntica en el marco de
las naciones, y provoca una tendencia a cuidarse mutuamente, por tres ra-
zones. Al acceder a las mismas fuentes, al hablar con los mismos inter-
214
EL FRÁGIL TRIUNFO DELAINFORMACIÓN
locutores, al reaccionar de la misma forma, los periodistas tienen reaccio-
nes comunes con las élites, incluso si luego, por el ejercicio de su oficio,
se «distinguen». A un cierto nivel jerárquico, las élites de los media deben
de todos modos tratar con cuidado a las otras élites económicas y políticas,
porque el mercado profesional sigue siendo inestable y las oposiciones
políticas de hoyes fácil que estén en el poder mañana, obligando a cada
uno a «tratar con miramientos a la cabra y al repollo». Además, los cons-
tantes cambios en el sector de la comunicación -que provocan concen-
traciones, compras, despidos y bajas voluntarias- obligan a los periodistas
a mantenerse en términos amistosos con mucha gente. Incluidos los co-
legas cuyos análisis no siempre comparten, pero con quienes quizá serán
llamados a trabajar mañana, en vista de lo caprichosos que son los ca-
minos de ese mercado de trabajo tan especial. En fin, compartir con otros
colegas los secretos de los grandes de este mundo crea lazos que están en
relación con la legitimación del medio.
Este medio tan individualista mantiene, pues, un real espíritu de cuer-
po frente a las críticas, y manifiesta incluso reacciones corporativistas,
como si todo reproche fuera a fin de cuentas un ataque a la libertad de
prensa. En su conjunto, los periodistas no tienen tampoco muchos pro-
pósitos críticos acerca de su «pequeño territorio», lo que provoca un ma-
lestar en el público. ¿Por qué los periodistas, que amonestan con tanta
facilidad a todos los medios sociales, se niegan a que se proceda con ellos
de la misma manera?
IX. EL CUARTO PODERO LAIDEOLOGÍA PERIODíSTICA
El ideal -que nunca llegarán a confesar- de muchos periodistas oc-
cidentales éno es acaso llegar a ser K. Berstein o B. Woodward, los dos
periodistas héroes del Watergate? Llegar, en nombre de la verdad, a de-
sestabilizar el poder político legitimo de una democracia, incluso a derri-
barlo, es seguramente el sueño inconfesable de un número considerable
de periodistas... ¿No es poner el ideal de la información por encima de
todos los poderes?
Cuanto más competencia hay en el seno de la información, más quie-
ren sobresalir los periodistas por lo más alto y convertirse en los purifica-
dores de la democracia. El periodismo de investigación pasa a ser la refe-
rencia y la línea del horizonte, con esta desviación, por cierto bien co-
nocida, consistente en deslizarse hacia un periodismo de denuncia, que,
en nombre de las grandes virtudes de la democracia, se funde con otra
tradición muy antigua del periodismo popular, principalmente en los paí-
215
SOBRE LA COMUNICACIÓN
ses anglosajones: el «periodismo de zanja». Ayer se limitaba a los sucesos,
y hoy se practica en todos los aspectos de la sociedad, en la medida,
además, de la extensión del campo de información. Las «revelaciones»
afectan en nuestros días de manera igual a la politica, la ciencia, la reli-
gión, la medicina, la vida pública o privada... La gran dificultad de esta
desviación ideológica hacia el cuarto poder la ilustra la figura mítica del
periodismo de investigación, que renace regularmente cada veinte años como
tema central de la esencia del periodismo. Desde luego la indagación, sím-
bolo de la tradición periodística, es aún más necesaria en un universo
saturado de informaciones..., ipero a condición de no identificarla con un
trabajo de justicieros! Y si se piensa en la colaboración que puede esta-
blecerse entre la justicia y la prensa, se aprecian también las desviaciones
en que se puede incurrir, principalmente por el hecho de que no hay
contrapoderes en la prensa y en la justicia. Tanto más cuanto los perso-
najes políticos y económicos, tantas veces controvertidos hoy por la pren-
sa y la justicia, se enfrentan a la temible prueba de la acción. ¿Cómo
separar el derecho a la crítica, la necesidad de respetar la ley y la dificultad
de la acción? Por otra parte, la referencia a la verdad para explicar ciertos
comportamientos de la prensa y de la justicia provoca escepticismo. El
público tiene a veces la sensación de que esta búsqueda de la verdad
tiene dos velocidades. Obsesiva, incluso sofocante en algunos casos, se
vuelve, al contrario, más discreta en otros casos, principalmente por lo
que respecta a las mutaciones, los fracasos, hasta las exacciones del mundo
de la prensa y de la comunicación, o los errores de la justicia. La peor de
las desviaciones de la democracia sería una especie de «colusión purifi-
cadora» entre la prensa y la justicia.
x. ¿GUARDIANES O JUECES DEL ESPACIO PÚBLICO?
El creciente poder del papel de los periodistas en el espacio público
lleva a una degradación de sus relaciones con los otros oficiantes de este
espacio que son los intelectuales. Ayer sus intereses eran comunes, y la
historia de la democracia se encuentra jalonada de batallas en las que
periodistas e intelectuales marcharon cogidos de la mano. Hoy la media-
tización de ciertos intelectuales ha hecho perder a ese medio la plaza de
experto exterior al juego social que tenía antes. Yel papel cada vez mayor
de los periodistas en el espacio público hace menos útil el recurso a los
intelectuales. En definitiva, los periodistas estarían mejor situados para
denunciar las injusticias y ocupar la posición moral de los intelectuales
216
ELFRÁGIL TRIUNFO DELAINFORMACIÓN
del siglo pasado l. Se sienten tentados entonces, con algunos intermedia-
rios mediáticos, a transformarse en señores del pensamiento; además, es-
criben cada vez más libros sobre temas cada vez más alejados de su com-
petencia estricta. Y el éxito de estas obras refuerza su legitimidad. La
consecuencia es que la elite periodistica se dedica a hablar de todo, con lo
que adquiere progresivamente un eslatuto doble: el de periodista y el de
pensador en caliente de la sociedad. Ocurre que algunos de ellos parti-
cipan incluso en emisiones en las que son entrevistados por otros perio-
distas... Al pasar del estatuto del personaje que interroga al de persona
interrogada, evidencian su cambio de sitio en el espacio público.
En cierta manera, se establece una rivalidad entre esa minoría y los
otros periodistas. ¿Por qué no? Esto introduce una cierta competencia en
la interpretación de los acontecimientos, pero el problema procede enton-
ces del hecho de que ciertos periodistas consideran que pueden ser los
dos a la vez. Como también ciertos intelectuales que se comportan simul-
táneamente como simples periodistas. Se observa ahí un defecto del fe-
nómeno mediático: el que consiste en creer que se pueden desempeñar
dos papeles al mismo tiempo. Una minoría de periodistas-sabios y de in-
telectuales-periodistas se encuentra así constantemente en el centro de los
media, dispuesta a comentar la historia, de la que no dudan en pensar
que ellos son el centro. Incluso si, evidentemente, no hay relación directa
entre comentar la historia y estar en su núcleo...
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1 A este respecto, se puede consultar el artículo de J.-D. Bredin «Les habits neufs de
la [ustice», en Le Monde, jueves10de octubre de 1996: "Los media suenan fácilmente con
un derechoy una justicia que no pudiesencontrariarlos. Se ve cómo se agitany se oponen
las imágenes: el juez todopoderoso contra el intratable defensor, el periodista purificador
contra el político corrupto, el intelectual generoso que desearía vaciar las cárceles contra
el villano francés que sólo querría llenarlas. Debate de imágenes. ¿Se puede procurar huir
de ellas un instante?».
217
SOBRE LA COMUNICACIÓN
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218
CAPíTULO 12
LAS TRES CRISIS DEL PERIODISMO
Los periodistas son los principales beneficiarios de la información y de
la comunicación. ¿Serán también sus víctimas? ¿Sabrán dominar su vic-
toria, o serán engullidos por ella? Beneficiarios o víctimas, la respuesta
dependerá en realidad de su capacidad para superar esta victoria y para
no confundir el carácter público de su oficio, su visibilidad, hasta su no-
toriedad, con su legitimidad. Porque desde hace treinta anos se cava len-
tamente un abismo entre la representación que los periodistas se hacen
de sí mismos y la confianza que les otorga el público 1
En su descargo sígue habiendo dos hechos. El fenómeno es recíente
y se debe principalmente a la explosión de la televisión. Antes los perio-
distas eran más modestos, socarrones e irónicos respecto a ellos mismos.
Todo ha cambiado con la visibilidad y la notoriedad otorgadas por la
imagen.
«La televisión vuelve loco» -según el título de una obra de B. Ma-
zure-, ya se sabe, y ha vuelto locos a muchos de los que se han rozado
con ella: periodistas, animadores, productores y dirigentes. En segundo
lugar, la mayor parte de los periodistas no cae en ese defecto, pues no
son «vedettes» y hacen con bastante modestia su trabajo. Pero el público
sólo ve y conoce a esa cincuentena de periodistas mediatizados, y se hace
a través de ese pequeño grupo una imagende la profesión en su conjunto.
Ahora bien, esa profesión está muy jerarquizada, y la mayor parte del
1 Esta representación se caracteriza por el inmutable calendario anual de encuentros
entre periodistas, como muestra el articulo de A. Cojean «La tribu des marchands d'ima-
ges», Le Monde, lunes 14 de octubre de 1996: ('n. enero en los Estados Unidos (el muy
americano Natpe en Las Vegas o en Nueva ürleáns), febrero en Montecarlo (festival y
mercado), abril en Cannes (MIP:), junio en Budapest (para los compradores de los países
del Este), octubre en Cannes (Mipcom), diciembre en Hong Kong (MIPAsia»>,
219
SOBRE LA COMUNICACIÓN
m e ~ i o padece las imágenes positivas o negativas transmitidas por esa pe-
quena nomenkuüura, sin conseguir distinguir a unos de otros. Bien sea
porque, al estar en la parte baja de la jerarquía, ciertos periodistas no
consiguen hacerse oír; o bien porque ellos mismos aspiran a ser admitidos
en el club de los privilegiados... El reto es doble: por una parte, la pérdida
de la confianza del público reduciría la legitimidad de los periodistas y,
en consecuencia, su papel de contrapoder; y por otra, la ilusión según la
cual, graCIas a las nuevas tecnologías, podría reducirse el papel de los
periodistas. A la larga, el estatuto del periodista, intermediario entre el
espectáculo del mundo y el público, es el que se pone en duda, como
resultado de esa evolución técnica y de la crisis de confianza del público
respecto a la profesión. Es inútil decir que esa evolución sería catastrófica
para el oficio, pero también para la información, el público y la democra-
cia. Como he dicho a menudo, cuanta más información, comentarios y
opiniones hay, más índispensable es, por el contrario, la función del pe-
riodista como intermedíarío para seleccionar, organizar y jerarquizar la
información.
No sirve de nada denunciar las desviaciones del oficioen las que todo
el mundo piensa. Es necesario más bien comprender las causas y despejar
las soluciones posibles. Pero esta revalorización del periodismo tiene un
precio: un serio examen de conciencia, que supere la autocrílica narcisista
captada en ciertos coloquios sobre la «crisis del periodismo». Si el público
de los países occidentales no percibe este aggiornamento a lo largo de los
diez a veinte años próximos, y sin duda incluso antes, el contrato de
confianza, silencioso pero indispensable, entre el público y sus informa-
dores corre el ríesgo de romperse. Sería una pena, pues se trata de una
muy bonita profesión: aprehender día a día el hilo del tiempo, distinguir
lo importante de lo secundario, intentar explicarlo a públicos invisibles.
Pero hoyes más difícil hacerlo que ayer, a causa de la omnipresencia de
la información. Cuanto más fácil técnicamente es hacer la información, más
díficultades plantea su contenido. Lo que se gana en facilidad técnica se
pierde en significación. Este hecho desestabiliza la actividad periodística,
necesanamente artesanal y cuyo sentido sígue siendo poder dístinguir día
tras día, como espectador de la historia, lo trágico de lo superfluo. El
periodista es frágil porque está diariamente expuesto al fuego de la his-
toria y a la mirada del público. Nada sería peor que la lenta degradación
de esta función de «vigía de la democracia» en el momento en que triun-
fan los valores de la información.
Mi propósíto persigue, pues, revalorizar la función del periodista, y no
disminuirla, con más motivo porque unas cuantas dificultades a las que
se enfrenta afectarán pronto al mundo intelectual y cultural. Al final, el
220
LAS TRES CRISIS DEL PERIODISMO
problema será, en efecto, en gran medida el mismo: écórno resistir a la
lógica comunicacional? ¿Cómo preservar una cierta alteridad en la manera
de ver la realidad? Tanto más cuanto en veinte años la emergencia de la
categoría de los «intelectuales mediáticos» permitirá imaginar el problema.
¿Se puede jugar simultáneamente a varias legitimidades? ¿A partir de
cuándo el mundo intelectual y cultural debe rechazar la simplificación y
el lado espectacular inherentes a la existencia de los media, desde el mo-
mento en que éstos hacen desaparecer la lógica del conocimiento? ¿A
partir de cuándo el mundo periodístico debe rechazar la tentación de
pasar del estatuto de contrapoder al de cuarto poder, haciéndole perder
así la alteridad indispensable para su función? En los dos casos la pre-
gunta es la misma: écómo evitar que la comunicación nivele todas las
diferencias, suprima las distancias indispensables? Las dificultades obser-
vadas aquí en la evolución del periodismo afectan, pues, en un cierto
plazo, al mundo académico, el de los expertos, y a la franja de tecnócratas
que intervienen en el espacio público. Pero adquiere un valor ejemplar
cuando se trata del oficio de aquellos que hacen la información y la co-
municación.
1. LAS TRES CRISIS DEL PERIODISMO
No tienen las mismas causas, pero se refuerzan unas a otras para de-
sestabilizar la identidad de una profesión reciente y frágil.
1. Los obstáculos económicos: los periodistas occidentales luchan por la
libertad política, como si ésta estuviera amenazada, mientras que la lógica
económica es al menos tan amenazante para la libertad de la prensa como
la represión política. Las leyes del capitalismo --que han estado siempre
omnipresentes en el sector de la prensa, porque no hay que idealizar el
pasado- tienen hoy efectos implacables, a la medida del desarrollo del
sector. Los diarios son comprados, suprimidos, fusionados. Los grupos de
comunicación manejan las radios, las televisiones y las industrias de pro-
gramas. En cuanto a los grupos multimedia, combinan, con las nuevas
tecnologías, ofertas de programas y servicios que desestabilizan toda la
tradición de la información y de la comunicación. Los periodistas se en-
cuentran a disgusto frente al lugar creciente que ocupa la lógica econó-
mica, porque no disponen ni de las palabras ni de las referencias para
combatir sobre el terreno. Tanto como están a gusto con la lucha política,
de la que comparten las referencias, están molestos, y cogidos a contrapié,
por los obstáculos económicos. La estandardización y el racionalismo que
se derivan de ella perturban la división del trabajo tradicional, dejando
221
SOBRE LA COMUNICACIÓN
sin defensa a un grupo profesional poco acostumbrado a este tipo de
lucha. El individualismo de la profesión acentúa los efectos de desesta-
bilización, y como el mercado del trabajo está, simultáneamente, en re-
cesión y en expansión, muchos periodistas, como a menudo en la historia
de la prensa, piensan poder "arreglárselas» individualmente. La lógica in-
dividualista se opone aquí a la defensa de la identidad profesional. Y la
ideologia de la desregulación que domina el sector de la comunicación se
ha identificado enseguida con la "defensa de un corporativismo estrecho»,
lo que es en realidad una lucha política esencial, en el marco del modelo
democrático.
En la lucha económica despiadada que arrastra a todo el sector de la
comunicación, los periodistas, pese a las sonrisas y los buenos discursos,
son a menudo «carne de información». Los grupos y los capitanes de in-
dustria saben que, a condición de poner suficiente dinero en la negocia-
ción, las «vedettes» de la profesión, como las estrellas del fútbol, pasarán
de un grupo de comunicación a otro. El resto de la profesión es poco
capaz, además, de oponerse a las lógicas de reestructuración. En Occi-
dente, se ha desestabilizado ese medio profesional en treinta años, más
por la lógica económica que por la presión política. Pero no se atreve a
reconocerlo.
2. Los obstáculos técnicos: en apariencia se trata menos de obstáculos
que de facilidades. En realidad, estos últimos afectan estructuralmente,
como hemos visto, al trabajo periodístico. Hoy todo va muy deprisa, de-
masiado deprisa. Ya no hay distancia entre el acontecimiento y la infor-
mación. El sueño del directo, al hacerse realidad, se vuelve una pesadilla.
Con intensidad creciente, debido a que la obligación de la competencia
empuja todavía más a acortar los plazos entre acontecimiento e infor-
mación. Los periodistas también en esto están cogidos a contrapié, pues
en el momento en que la realidad alcanza su ideal es cuando ven sus
límites. Cruel toma de conciencia: no se consigue forzosamente una mejor
información por tener la nariz metida en el acontecimiento. De todos
modos, y en el supuesto de que los periodistas puedan seguir el ritmo
de los acontecimientos sin demasiados errores, esto no significa que el
receptor, en el otro extremo, tenga la misma capacidad de absorción. El
tema de la mundialización de la información es lo que mejor ilustra esta
contradicción entre avance técnico y contenido de la información. Técni-
camente puede existir una «mundialización de la información», pero no
hay un «receptor mundializado», El tema de la aldea global es una realidad
técnica y una ilusión desde el punto de vista del contenido de la información.
Cuanto más fácil es, técnicameme, hacer la información, más aparece la
dificultad del lado de la selección y de la construcción de la información
222
LAS TRES CRISIS DEL PERIODISMO
de un lado, y de la recepción de ésta por otro. El cambio técnico, acen-
tuado por las obligaciones de la economía, ha roto la cadena que ayer era
relativamente continua entre el hecho y el acontecimiento, la técnica y el
periodista, la información y el público. La paradoja está en que es el
progreso técnico el que ha roto esa cadena, mientras que durante un siglo
y medio se ha buscado, con el mismo progreso técnico, reducir la longitud
de esa cadena de la información.
3. Los obstáculos políticos: laquí también la dificultad es consecuencia
de una mejora! La libertad política de la información se ha conseguido.
Desde luego, la relación de fuerza entre periodistas y actores permanece
infranqueable, pero no tiene punto de comparación con lo que ocurrió
durante un siglo. Como se ha visto, el problema estriba en evitar que los
periodistas abusen de esta victoria. La mayor parte del tiempo ya no son
los periodistas quienes están entre las manos de los políticos, sino a la
inversa. No obstante, los políticos están interesados en hacer creer que
dominan su relación con el mundo, y los periodistas que siempre les es
tan difícil trabajar... De una manera general, lo que ha cambiado en un
siglo es el lugar que ocupa la información en el funcionamiento de la
democracia. Todo ciudadano encuentra hoy normal estar informado pú-
blicamente, libremente, contradictoriamente, de la mayoría de los grandes
problemas de la sociedad. La información está omnipresente. ¿Pero cómo
evitar que se abuse de esta situación? Esto significa dos cosas: por una
parte, evaluar el impacto del bombardeo informativo, visible con la mul-
tiplicación de cadenas temáticas de información en radio, televisión y nue-
vos media. Por otra parte, evaluar la creencia según la cual lo esencial de
la realidad es hoy perceptible gracias a la información. En otras palabras:
écómo admitir que la información, por omnipresente que sea, no será
nunca suficiente para dar cuenta de lo esencial de la realidad? ¿y que
existen aspectos enteros de la realidad ampliamente infratratados, en el
plano de la información, y que no son, sin embargo, menos importantes?
El resultado de estas tres crisis es, en todo caso, una desestabilización pro-
funda del mundo de los periodistas, que se encuentra a la vez beneficiaría
y víctima de esa triple evolución.
Il. LAS DIEZ VÍAS DEL AGGIORNAMENTO
A) Romper la unidad aparente del grupo de los periodistas
Hablar "de los» periodistas apenas tiene sentido, porque existe, aquí
como en otras partes, una jerarquía, y la mayoría de las desviaciones
223
SOBRE LACOMUNICACIÓN
observadas se refiere a la minoría de los «periodistas líderes» al frente de
la radio, los diarios, la televisión, los grupos de comunicación, es decir, la
cumbre de la jerarquia. Gran cantidad de periodistas que no pertenecen
a ella no comparten esos comportamientos, pero no lo hacen saber, por
todas las razones explicadas anteriormente. Mientras los periodistas no
lleguen a romper esa falsa unidad, que les es más perjudicial que favo-
rable, el público seguirá siendo escéptico respecto a ellos. Esta diferencia-
ción consistiria ante todo en valorar a los periodistas de agencia, que
desempeñan, como hemos Visto, un papel crucial en la producción de la
información y permanecen, sin duda, fieles como nadie al ideal del oficio.
Pero éstos, al no ser conocidos ni estar mediatizados, apenas hacen hablar
de ellos. Hay también otras diferencias que habría que hacer aparecer para
distingnir mejor los múltiples oficios del periodismo: en la prensa escrita,
en la radio, en la televisión, mañana en los nuevos media, haya cada
momento un trabajo de especialización por hacer. La prensa de la capital
no es. la de proVlTIClaS, y esto no justifica en absoluto el complejo de
supenondad de la primera respecto a la segunda. Ni la perezosa jerarquia
en la que la segunda acepta demasiado a menudo situarse en relación a
la primera'. Diferenciar es indispensable, tanto más cuanto en medio siglo
han aparecido vanas formas de periodismo: periodismo económico, social,
militar, territorial, científico..., que ponen en entredicho la jerarquía «na-
tural>, que coloca a los periodistas del servicio internacional, y luego los
de la política interior, en lo más alto. ¿Por qué las múltiples formas de
que se han desarrollado después de la guerra no han conse-
guido en mtredich» el estereotipo del oficio, que procede de la prensa
de otra epoca? Merece la pena que meditemos en esta lección de un
medio que, por otra parte, «se asombra» de la «lentitud» con que otros
medios profesionales o culturales se niegan a cambiar. Podria aplicarse
exactamente el mIsmo razonamientn al medio de la información...
No sólo existen nuevas formas de periodismo que deberían integrarse
una reflexión crítica sobre el oficio, sino que se plantean también te-
mibles problemas de fronteras. ¿Ciertas funciones de documentalistas en
los media electrónicos no son periodismo? ¿Por qué en algunos países los
presentadores. de audiovisuales son periodistas, y en otros son
ammadores? ¿Cuales son las diferencias entre ciertas funciones de rela-
ciones públicas y el periodismo? Wónde termina el periodismo, dónde
empieza la comunicación? Los que se encargan de la comunicación de las
grandes instituciones (empresas, ciudades ...), zson periodistas? ¿Cuál es el
precio de la información en ese extenso mercado? ¿Quién lo fija y, sobre
todo, quién paga? ¿Será preciso que también ahi haya conflictos sobre los
márgenes del oficio y entre los «obreros» de la información y las estrellas
224
LAS TRES CRISIS DELPERIODISMO
para que los problemas se planteen? iHasta cuándo ese medio formado
por elementos tan diversos aceptará que se le identifique a una cincuen-
tena de personalidades?
B) Relativizar las imágenes mitológicas del oficio
A. Londres, Rouletabille, P. Lazarefi, B. Woodward, F. Giroud y mu-
chos otros... Estas referencias desempeñan, como en todo medio profesio-
nal, un papel esencial, pero aquí quizá más que en otros campos, debido
a la dimensión pública del oficio. Entre las figuras míticas, o imaginarias,
del oficio, y las realidades de la vida profesional, hay una gran distancia.
¿Qué impacto tienen todavía sobre el medio esos seres «emblemáticos»?
¿Cuáles son hoy los verdaderos valores del periodismo, en el momento
en que éste triunfa caricaturizándose? Dos ejemplos concretos: écómo sal-
var una concepción del periodismo diferente de la evolución constatada
en Estados Unidos, donde todo se termina por la instalación de una lógica
jurídica? ¿La salida del periodismo democrático se halla en el espacio ju-
dicial a través de abogados? ¿El periodista es un superabogado y la in-
formación puede escapar a su judicialización? Están en discusión a lavez
la evolución de la sociedad y la de las representaciones del papel del
periodista. Otro ejemplo: el de las fuentes. iHasta dónde puede el perio-
dista proteger sus fuentes, y a partir de cuándo debe hacerlas públicas?
Problema esencial, ligado al creciente espacio que ocupa el derecho en la
vida pública. Para salvar su lugar en una sociedad en la que todo es
«información», édebe aceptar el periodista esta carrera de persecución ha-
cia las «revelaciones», los «secretos», los scoops, protegiendo sus fuentes y
utilizando al público, o a la justicia, en su «lucha» contra los poderes? ¿El
periodista jurista y abogado es una nueva figura, al lado del periodista
de pesquisa y de investigación? iEn qué se convierte la tan antigua figura
del reportero? ¿No ocupa demasiado espacio el periodismo institucional?
¿Qué pensar del periodismo de relación y de presentación, ligado a los
media audiovisuales, y del que nadie puede negar que desempeña un
papel importante, ya que su fuerza estriba en esa relación de confianza
con el público? iTodavía es compatible la hipermediatización de la reali-
dad con uno de los papeles clásicos del periodismo desde hace más de
un siglo, a saber, presionar en la politica?
C) Recuperar la confianza del público
Esta confianza es la clave de la legitimidad del periodismo. A pesar
de sus discursos, los periodistas tienen poca curiosidad por el público.
225
SOBRE LA COMUNICACiÓN
A menudo muestran respecto a él una relativa indiferencia y no están
lejos de pensar que su oficio les pone "por dclcntc» de él. Como si saber las
cosas antes que los otros creara una diferencia... Además, los periodistas
tienen una visión cualitativa del público demasiado sumaria, en la que
emergen dos polos: el paternalismo y el miedo a hacerse criticar. "Con-
fían» muy a menudo en los sondeos para forjarse una opinión del público,
y en algunos testImomos favorables o desfavorables. Toda profesión se
arroga una representación más o menos simplificada del público, pero
pocas encuentran en ello hasta ese punto el sentido y la legitimidad de
su OfIClO. Muchos subestiman la inteligencia del público y sobre todo no
han comprendido cuánta cultura audiovisual crítica ha adquirido éste en
medio siglo, a medida principalmente que se elevaban sus conocimientos.
La infor.mación ya no basta, ya no asombra. El público quiere comprender,
y cspecialmsnrs comprender la información en su contexto, lo que apa-
rentemente debería revalorizar el papel del periodista. Cuantas más in-
hay, más se necesitan vínculos complementarios entre infor-
manoll y saber.
D) Informar sobre las trampas y las dificultades de la hipermediatización
Ante tod?, esto necesario porque las técnicas van más deprisa que
la información. Ayer esta era una conquista, hoyes una banalidad, incluso
SI los periodistas siguen dramatizándola. Pero esta dramatízación es más
bien referencial. Después, porque las facilidades técnicas y la presión de
la a una escalada de la dramatización. La mayor
parte de las informaciones sepresentan de un modo dramático, jadeante
y grave (por ejemplo, la cnSIS de las vacas locas). Las "revelaciones» se
a un ritmo rápido, creando a la larga un riesgo evidente de «so-
bredosis informacional». El tema de la «informaciónmundial» participa en
ese proceso de inflación. Son los periodistas quienes tienen que recordar
que cuanta más información hay, más determinante es la noción de punto
de VIsta, porque en este tema un ciudadano mundial. Los perio-
distas lo saben bien: icuando son vanos los que comentan el mismo acon-
tecimiento, rápidamente se aprecia que unos y otros lo ven de distinta
manera! Pero en lugar de ver en esta diversidad una fuerza ven una
debilidad... '
En fin, está pendiente un inmenso trabajo sobre la imagen, a fin de
mantener bien clara, para el público, la diferencia entre imágenes de la
realidad -lIgadas a la actualidad-, imágenes de ficción e imágenes vir-
tuales. Hoy, en un universo saturado de imágenes, el vínculo entre ima-
226
LAS TRES CRISIS DEL PERIODISMO
gen y verdad ya no es directo. A partir del momento en que hay una
plétora de imágenes, éstas ya no dicen, naturalmente, «lo verdadero» (en
el supuesto de que lo hayan dicho alguna vez...). Con la imagen nada es
jamás simple, y todavía menos hoy para las sociedades que han estable-
cido la relación privilegiada y más directa con la realidad. Su estatuto se
encuentra, pues, modificado por el simple hecho del volumen de imá-
genes en circulación. Esto crea una situación inédita en la que la imagen
constituye al menos tanta realidad como representa. Así pues, lo que se
plantea es la cuestión del estatuto de la imagen y de su relación con la
realidad. El vínculo entre imagen, realidad y verdad ha de ser examinado
cada vez más, puesto que el lado espectacular de la realidad hace que
ésta se reduzca a una sucesión de imágenes fuertes, que la mayoria de
las veces simbolizan acontecimientos graves o trágicos. Un ejemplo: todas
las televisiones del mundo recurren a montajes de imágenes violentas no
sólo para las informaciones, sino también para la publicidad, los reportajes
y los documentales. Para comprobar el peso de esta dramatización, basta
ver los genéricos de casi todas las revistas de información en las televi-
siones privadas o públicas: una sucesión entrecortada de imágenes de los
acontecimíentos más trágicos de los últimos años. ¡Como si el público
necesitara esta dramatización para interesarse por la información! ¡Como
si olvidara el carácter trágico de la historia! Como si hiciera falta un poco
más de violencia cada día para no huir de las informaciones... En realidad,
con la manipulación de esas imágenes dramáticas se ejerce sobre el pú-
blico una violencia considerable.
En resumen, si se quiere que la imagen conserve su papel en la eco-
nomía general de la información y de la verdad, es indispensable, después
de veinte a treinta años de explosión de ímágenes de todas clases, que se
emprenda, por parte de aquellos que las hacen y las manejan, un trabajo
crítico. No sólo ya no basta estar informado para saber, sino que ya no
basta ver para saber. En treinta años, las referencias tradicionales de la
relación entre información y conocimiento han oscilado, lo que justifica
un esfuerzo teórico en el que los periodistas deben ser los protagonistas.
Si no, el fenómeno de rechazo de la información, incluido el de las imá-
genes más sofisticadas, podría venir de un público saturado de sangre,
de imágenes y de sentidos.
E) Valorar la función del intermediario generalista
¿En qué consiste la información-prensa respecto a todos los otros tipos
de información? ¿Por qué esta vital distinción debe ser mantenida? ¿En
227
SOBRE LA COMUNICACIÓN
qué se convierte la especificidad del periodista si todo el mundo hace
información y comunicación? ¿Cómo rechazar la fusión de este oficio con
un medio profesional más amplio, el de la comunicación? Se pueden se-
guir dos pistas. Por una parte, reafirmar el vínculo existente entre la in-
formación-prensa y los valores democráticos, para resistirse a los espejis-
mos de una información objetiva. El reto del periodismo no es hacer la
competencia a Internet. Por otra parte, reivindicar el carácter generalista
de la información-prensa, en el sentido, no de un nivel cero de la infor-
mación, sino de una elección que conduce al imperativo democrático. El
ciudadano puede ejercer su soberanía cuando es capaz, gracias a la in-
formación recibida por todos, de comprender los problemas del momento.
Esto significa reafirmar el papel esencial del periodismo como inter-
mediario generalista entre el espectáculo del mundo y el gran público
destinatario de su trabajo. En un universo de numerosos, complejos y
contradictorios discursos, la fuerza del discurso periodístico consiste en
simplificar los problemas para hacerlos comprensibles al mayor número
de personas. Volvemos a encontrar aquí la cuestión normativa del público
y de su relación con la información y la democracia. Cuantos más niveles
hay de discursos, de conocimientos, de saberes jerarquizados y de infor-
mes periciales, de intereses, de mentiras, de semiverdades, más esencial
es la función del periodista generalista. En fin, el volumen creciente de
informaciones refuerza el papel del periodista como intermediario entre
el mundo y los ciudadanos. El progreso no consiste en acceder directa-
mente desde la propia casa a una cantidad incalculable de informaciones,
sino en comprender mejor el mundo, y en poder otorgar la confianza a
aquellos cuyo mérito consiste en ser los intermediarios entre la historia y
la realidad de los públicos.
F) Retuumzar la indagación
Indagar es ante todo salir de los caminos trillados, intentar compren-
der, no contentarse con los discursos oficiales, cruzar unas informaciones
con otras. «Indagar e informar», como se decía en la gran tradición perio-
dística. El periodista es el «reportero», el que da cuenta al público del fruto
de su indagación. Gestión original en relación con otras profesiones que
intervienen en el campo de la información, y que define siempre la es-
pecificidad del oficio: la de ir a ver. En ese sentido, la indagación perio-
dística es pariente cercana de la otra gran indagación, la de las ciencias
sociales. La indagación permite también alumbrar las cualidades del tra-
bajo periodístico: independencia de espíritu, curiosidad, espíritu crítico,
228
LAS TRES CRISIS DEL PERIODISMO
subjetividad. Estimula una reflexión sobre la especificidad de la informa-
ción-prensa en relación con los otros géneros de información y permite
principalmente resistir a tres escollos. El de la «información-basura», que
persigue a base de revelaciones y de indagaciones chocantes propaga: la
imagen, bien sea del periodista de escándalos, sea la del penod!?ta
justiciero. El segundo escollo, al contrano, se refiere a la «información-
comentario», que transforma al periodista en simple comentador y seu-
doordenador de los acontecimientos del momento. El tercero es la des-
viación hacia la información «objetiva» de la que he hablado varias veces
y que, basada en cifras y estadísticas, aleja la información del principio
tan suyo en la teoría democrática: ser el relato de la histona de los hom-
bres para otros hombres. La indagación permite también al periodista de-
senredar los hilos cada vez más sutiles de los sistemas de información
gestionados por los grupos de presión, que hoy saben muy bien utilizar
la lógica de la información y de la comunicación. los peno-
distas no hablan bastante del daño a la hbertad de información que re-
presenta la acción de los grupos de presión. Dar cuenta al público es
también reconocer la inteligencia crítica del público, y reconocerle la ca-
pacidad de comprender estos problemas. Es también el medio de recordar
que el horizonte de la información es menos la objetividad que la 11Onesttdad.
Al reivindicar la honestidad más que la objetividad, el periodista es más
creíble para el público, porque el volumen de informaciones intercambia-
das en un incesante movimiento -browmano-, hace caduca la idea de
objetividad. Ésta podía servir de referencia en un universo pobre en in-
formación. Hoy, en un mundo supermediatizado, resulta inadaptada.
G) Reconstruir una jerarquía de la información
Esto significa reexaminar el peso respectivo de las secciones en los
media, la jerarquía entre los servicios, y en consecuencia el número de
periodistas por servicio. En los media generalistas, la parte brillante sigue
siendo la política internacional y la nacional, en detrimento de la econo-
mía, de la sociedad, de la ciencia, de la educación, del medio ambiente,
de la religión y de la cultura. Esto plantea el problema no sólo de la
formación y de la competencia de los periodistas, sino también el de la
desproporción en el tratamiento de planos enteros de la realidad. «Dim;, la
distribución de los periodistas en las diferentes secoones y yo te diré, a
través de esa jerarquía, qué representación te haces de la sociedad.» Se
comprueba además, al reflexionar sobre las secciones, hasta qué punto los
media tienen una visión de la información directamente ligada al trocea-
229
SOBRE LA COMUNICACIÓN
miento institucional de la sociedad. La prensa se divide según los mismos
criterios que los grandes ministerios y las grandes administraciones. Bonita
prueba de independencia... Distribuir de otra forma las secciones y mo-
dificar su ponderación permitiría jerarquizar de otra manera la informa-
ción; la prensa podría conseguir entonces un poco de independencia res-
pecto a las múltiples presiones que sufre. Esto reforzaría quizá también
los lazos con el público, lazos que muy a menudo se reducen hoya un
simple «correo de los lectores» relegado a las páginas menos leídas y me-
nos valoradas... Debe abrirse una reflexión sobre «los límites del deber de
información» en paralelo con el examen crítico de la jerarquía de la in-
formación. En un universo hipercompetitivo en el que se permiten todos
los golpes, saber decir «no» a la difusión de ciertas informaciones aportará
crédito a los periodistas. Esto quiere decir reabrir los dossiers de la deon-
tologia, de la política del secreto, de la relación entre vidas privadas y
públicas, la necesidad de no «rellenan>, y atreverse a denunciar a las per-
sonas indignas de trato que, en nombre de un derecho demagógico a la
información del público, transgreden todas las reglas deontológicas... En
resumen, admitir que, paralelamente a un trabajo crítico sobre la jerarquía
de la información, se impone una reflexión sobre su deontología. Si los
periodistas no la emprenden, sin que por eso tengan el monopolio, otros
se encargarán de hacerlo...
H) Criticar la ideología de la transparencia y de la inmediatez
Mostrar todo y decir todo no son ya sinónimos de verdad, lo que
obliga a trabajar de nuevo sobre el estatuto de la imagen, los límites del
directo y el papel de la autocensura. No es difícil comprender cómo una
cierta concepción de "decir todo, mostrar todo», en nombre del «derecho
de saben> del público, atrae el voyeurismo de este último. Reexaminar la
relación con la información es también reabrir una reflexión sobre el fu-
turo del papel del periodismo. iHasta dónde debe entrar en una lógica
de comunicación, incluso de animación, y a partir de cuándo, al hacer
esto, pierde su especificidad? Si no hay información sin comunicación, za
partir de qué momento la hipertrofia de la segunda transforma al perio-
dista en animador? él-lasta dónde la colocación de la información como
espectáculo es necesaria bajo la presión de la competencia y del afán de
interesar a un público hastiado? él.as obligaciones del «negocio de la cari-
dad» autorizan, por ejemplo, a los periodistas más apreciados a transfor-
marse en bufones y en héroes de la generosidad popular? éllasta dónde
el fin justifica los medios en una época en la que toda iniciativa pasa por
230
LAS TRES CRISIS DELPERIODISMO
una lógica de comunicación? Todo esto plantea la cuestión de la definición
del oficio y de la capacidad de distinguir a los diferentes especialistas. Ayer
el sueño del periodista era, a través de la búsqueda de la verdad, con-
vertirse en actor, en la línea de los dos héroes del Washington Post. En
sentido opuesto, está el papel de testigo privilegiado de la actualidad y
el del periodista-presentador que todos los dias entra en los hogares y ex-
plica el mundo. Es dificil mantener la proporción entre la humanización
de la información garantizada por el periodismo y la valoración del pe-
riodismo que la información garantiza... Trabajar de nuevo el perfil del
animador, del señor de las tertulias, permitiría sin duda que aparecieran
mejor las distinciones. Ese papel de productor de tertulias y otras emisiones
de diálogos más o menos en directo es una nueva identidad profesional
periodística. En verdad, no es necesario ser periodista para animar las
tertulias, pero la legitimidad periodística mejora en general la credibilidad
de esas emisiones. iHasta dónde ir? ¿Hasta dónde, igualmente, la multi-
plicación de emisiones que tratan temas de sociedad, de costumbres, de
cultura, de religión... debe permanecer reglamentada por una lógica de la
información?; y si otras lógicas deben ser aplicadas, écuáles son? Existen
seguramente otros perfiles profesionales diferentes de los cuatro a que
nos hemos referido rápidamente aquí. Cada vez que se presenta la oca-
sión, la pregunta es la misma: zsegún qué principio calificar la naturaleza
de la actividad? él,a aparición de un segmento de mercado rentable, con
problemas de legitimidad, guiará una extensión del oficio de periodista?
¿O bien la aparición de nuevos soportes, de los que habrá que limitar los
riesgos de desviación? ¿O bien una reflexión sobre la naturaleza de la
información suministrada? Hay que retomar el viejo debate sobre la iden-
tidad del periodista. ¿Qué relación puede establecerse entre esas tres fun-
ciones antiquísimas de testigo, de actor y de portavoz, las tres valorizadas
por la evolución actual, pero que se han vuelto cada vez más contradic-
torias?
1) Informar es menos peligroso en las democracias que en las dictaduras...
Admitir la diferencia radical de situación entre las dos formas de pe-
riodismo es esencial para evitar las equívocas amalgamas. Las dificultades,
a menudo trágicas, de los segundos no pueden servir de garantía a los
errores y el laxismo de los primeros. El problema no es sólo la necesidad
de diferenciar más claramente los papeles y las responsabilidades, sino
también asegurar, para los periodistas de los países occidentales, más so-
231
SOBRE LA COMUNICACIÓN
lidaridad con aquellos de sus colegas que, en la aplastante mayoría de los
países del mundo, viven difícilmente su oficio.
La información es instantánea, omnipresente, pero al mismo tiempo,
en un número impresionante de países, justo al lado de los ordenadores
y de los satélites, los periodistas siguen pudriéndose en los calabozos o
son martirizados. ¿De qué sirve hablar de una «información mundial», de
soñar con redes interactivas, si no se protege, en nombre de los derechos
humanos elementales y de la libertad de información, a aquellos más frá-
giles que están en el nacimiento de esas informaciones repercutidas luego
en unos segundos a los cuatro puntos cardinales? Luchar para promover
una cierta visión universalista de la información es también, y quizá sobre
todo, defender a los profesionales de la información y a quienes les ayu-
dan: abogados, testigos, políticos, sindicalistas, religiosos, intelectuales,
hombres de cultura...
J) Aprender a resistir a las industrias de la información y de la comunicación
Éstas, a golpe de compras y concentraciones y por intermedio de fi-
guras aparentemente épicas de capitanes de industria que hacen hoy for-
tuna con la comunicación -como ayer otros la hicieron con el petróleo,
el acero, la aeronáutica o el automóvil-, trastornan regularmente todos
los equilibrios, al comprar, vender, despedir y transformar las líneas edi-
toriales. Estos empresarios se comportan con la información y los perio-
distas de la misma forma que cualquier otro capitán industrial en la vida
de los negocios. Tras haber garantizado a las redacciones, en el momento
de las adquisiciones, ventas, fusiones o reestructuraciones, «el respeto a
la libertad de los periodistas», su independencia, y su voluntad de no
interferir en el contenido de los periódicos, esos mismos industriales re-
ducen la plantilla más o menos rápidamente, ofreciendo a los periodistas,
por el sistema de las cláusulas profesionales, la posibilidad de dejar las
redacciones. Los periodistas acentúan por otra parte su propia desestabi-
lización difundiendo, a través de sondeos, editoriales y rumores, una vi-
sión demiúrgica de esos nuevos capitanes. De todos modos los media se
muestran más acogedores y fascinados respecto a los grandes predadores
de las finanzas que respecto a los grandes industriales, los grandes co-
merciantes, los políticos, los hombres de ciencia y de cultura... ¿Por qué
esta diferencia? Dicho esto, la prensa generalista sigue siendo más digna
que la prensa especializada, que, con el pretexto de «personalizar la in-
formación», se aproxima a menudo peligrosamente a una '<información-
promoción». No transcurre una semana, un mes, en que la prensa espe-
232
LAS TRES CRISIS DEL PERIODISMO
cializada no lance a un gran capitán del Monopoly financiero e industrial
mundial... ¿Cómo puede el público tomar en serio a los periodistas cuan-
do no los ve luchando, de todas las formas posibles, a través de huelgas
y conflictos, cuando ocurren las operaciones económico-política-financie-
ras de concentración que atacan de forma manifiesta la libertad de infor-
mación y de comunicación? Desde luego no se pasa fácilmente de un
lado de la información al otro, del estatuto de aquel que plantea las pre-
guntas sobre las razones de una acción al estatuto de aquel que actúa.
Pero el mismo problema se presenta en todas las profesiones que obser-
van la realidad, y la reflexión avanzaría si el problema fuese planteado.
De todos modos, actuar es muy difícil, pero la manera de facilitar una
acción no consiste en negar sus dificultades. Para el público, de todo ello
se desprende la percepción sorda de una defensa de la libertad de infor-
mación y de comunicación a dos velocidades. Resuelta, fuerte, espectacular,
cuando se trata de ataques a la libertad política; más modesta, matizada
y titubeante cuando se trata de ataques ligados a la lógica económica.
Los periodistas no son la única profesión intelectual, individualista y
a priori protegida que se encuentra atrapada por el torbellino de los in-
tereses contradictorios. Mañana el mundo académico y el de la investi-
gación, ambos tan individualistas y a disgusto con las lógicas del dinero,
se encontrarán en la misma situación. Luchar para preservar un cierto
estatuto periodístico es, pues, luchar también para garantizar las condicio-
nes de una cierta libertad de información, cuyo reto, como se ve, va más
allá de ese grupo profesional. Estas evoluciones en el campo de la infor-
mación, tan diametralmente opuestas a los valores de la libertad y del
conocimiento -r-que. por otro lado, la dorninan->, prefiguran, en efecto,
otras batallas similares en otros medios profesionales que gestionan la
información, el conocimiento, la cultura. Luchar por la defensa de un
cierto modelo normativo del periodismo tiene por eso repercusiones que
superan ampliamente la simple defensa de un oficio.
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234
QUINTAPARTE
LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
INTRODUCCIÓN
Los ESTRAGOS DE LA IDEOLOGÍATÉCNICA
Las nuevas técnicas ilustran de modo ejemplar el lugar central que ha
tomado la información y la comunicación en la sociedad occidental, ya
que, a partir de nuevos servicios en la informática, las telecomunicaciones
y la televisión, se ha llegado a predecir nada menos que el nacimiento de
una nueva sociedad. En veinte años escasos se ha impuesto este tema de
la sociedad de la información con un éxito considerable, legitimado por la
prospectiva, las industrias de la comunicación, los tecnócratas, un cierto
discurso de ingenieros, y los media. Está tan afincado en nuestros hábitos,
que parece anticuado oponerse.
Es necesario subrayar aqui la especificidad, cuando no la originalidad,
de la ideologia técnica. Desde luego ésta, como toda ideologia, es «un
conjunto de ideas, de creencias, de doctrinas inherentes a una época, una
sociedad o una clase» (Diccionario Petit Robert), pero su configuración está
relativamente marcada por el contexto histórico.
No se trata de una ideologia de la ciencia, en el sentido en que existía
en el sigloXIX a través de libros, periódicos, publicaciones, y que se basaba
en la idea de los conocimientos y del progreso, porque hoy la ciencia
como valor está en crisis. Seguramente sigue siendo el último valor de
una sociedad laica, pero la manipulación de la materia -con la energia
atómica- y la de la vida -la biologia- le han hecho perder el aura que
la envolvió durante cerca de dos siglos.
Se trata de una ideologia más modesta por dos razones. La primera
está ligada al hecho de que versa sobre las técnicas. Incluso sus avances
tienen algo de excepcional, y no son del mismo nivel teórico que los
saberes. Directamente ligadas al individuo y a la sociedad, no transforman
ni la naturaleza ni la materia. Si bien fascinan a los hombres, porque
multiplican por diez su capacidad de tratamiento de las informaciones,
no tienen el mismo prestigio que las ciencias y las técnicas que han mo-
237
SOBRE LA COMUNICACIÓN
la. con el cosmos. En la medida en que se ha ligado la
ideología científica de finales del XIX y comienzos del xx a una noción del
progreso de los conocimientos, del saber, la de las técnicas de comuni-
cación se sitúa en posición más modesta en relación con la capacidad de
mejorar las relaciones individuales y sociales. La segunda razón de carác-
ter aparentemente más discreto de esta ideología es que surge de los
escombros de las grandes ideologías políticas que pretendían transformar
el mundo. El fracaso vuelve modesto, y la ideología técnica no tiene a
priori el mismo nivel de ambición histórica que las grandes ideologías
relí¡;ios.as,. políticas o científicas. Ciertamente se comprueba que la ideo-
logia tiene un Impacto SOCIal considerable, justamente porque es
modesta e instrumental. Pretende, en efecto, como toda ideología, trans-
formar el mundo, pero a partir de realidades comprensibles por todos.
Dicho de otro modo, su modestia aparente es una garantía de su éxito,
ligado a su dimensión instrumental. Se desconfía de la ciencia y se des-
confía. menos de una técnica, sobre todo si ésta corresponde a la comu-
rucacion. Puesto que hay siempre comunicación en la sociedad, y las pro-
mesas técnicas permiten una comunicación en todas direcciones, la salida
soñada es naturalmente la emergencia de una sociedad de la comunica-
ción. Un ejemplo: Internet. Esta red que hoy fascina e ilustra sin duda
mejor que cualquier otra cosa los peligros y las esperanzas, significa en
realidad, por el sufIJO "net» (en inglés) la red; y "Web» (también en inglés),
la «ielc de araña». Lo que simboliza el advenimiento de la libertad indivi-
dual designa en realidad una redecilla y una tela de araña. Es decir, eso
de lo que todo el mundo, intuitivamente, quiere librarse. Y quien dice
tela de araña o redecilla dice algo que lo arroja y lo recoge. ¿Quién re-
coge? ¿y qué recoge? ¿A quién beneficia? Sorprendente...
éllasta dónde las técnicas de la comunicación son realmente el sector
clave de la economía de mañana y trazan el modelo de una nueva socie-
dad? Lo que llamo, con otros, la ideología técnica, consiste justamente en
establecer un lazo áirecio entre los tres, y la reflexión crítica apunta hacia
mostrar las contradicciones, pero sobre todo las discontinuidades entre esas
tres lógicas. Las técnicas de comunicación no dan nacimiento a una nueva
sociedad porque afecten al funcionamiento de nuestras economías. Lo
propio de la ideología es establecer continuidades y correspondencias en-
tre fenómenos de naturaleza diferente. La dificultad de una reflexión teó-
rica radica en el hecho de que en los años 50, con los primeros ordena-
dores, nació un discurso que no ha cesado de amplificarse luego, según
el cual no se trataba sólo de gestión cada vez más rápida del flujo de
información, sino también del nacimiento de una nueva sociedad. Nin-
guna otra técnica, desde el sigloXIX, salvo el "hada electricidad», ha dado
238
LOSESTRAGOS DELA IDEOLOGíA TÉCNICA
nacimiento a tal discurso sintético, uniendo con tanta naturalidad el mun-
do de los artefactos, el de los intereses y el de los valores. En esto es en
lo que la ideología técnica, a pesar de su apariencia modesta, es temible,
porque combina las tres dimensiones de toda ideología: por los fantasmas
existentes sobre la sociedad de información, encauza un proyecto político;
por su dimensión naturalmente antropológica, constituye un sistema de
creencias; por sus retos económicos, es una ideología de acción.
,
¿Cuáles son los posibles cerrojos al desarrollo de la ideología técnica?
El mercado y el público. El mercado porque, a pe,ar de las previsiones, es
el que finalmente efectuará la prueba de la verdad. El público porque, a
caballo entre la economía y la sociedad, expresa a través de su compor-
tamiento lo que espera de esas técnicas. Si los actores técnicos y econó-
micos tienen un interés evidente en la desreglamentación, corresponde a
la capacidad de los actores politicos preservar una reglamentación inde-
pendiente de los intereses estrictos de las industrias de la comunicación
que medirá realmente su distancia respecto a la "revolución» de la infor-
mación en la sociedad.
Si el discurso ideológico parte de las capacidades técnicas para ascen-
der a la economía y acabar en un modelo de sociedad, el discurso del
buen sentido recordará la autonomía de cada uno de esos niveles, y su-
brayará hasta qué punto es el orden político, a través de la reglamenta-
ción, el que ha de organizar las relaciones entre técnicas, economía y
sociedad. La fuerza de la ideología técnica se comprueba en su incapaci-
dad para entender un argumento adverso, la prontitud con que descalifica
el argumento opuesto, y su facilidad para tratar de retrógrados, conser-
vadores, pusilánimes y hostiles al "progreso» a todos cuantos se oponen.
Lo vemos en el escaso interés respecto a los trabajos de los investigadores,
especialistas en ese terreno, que en su gran mayoría ponen en duda esta
utopía de la sociedad de la información. Se prefiere a ellos, de modo casi
ostentatorio, a algunos actores que sostienen la ideología de la revolución
de la comunicación. Si el poder de un discurso ideológico, como ayer fue
el caso, por ejemplo, con el marxismo, se mide por su capacidad de des-
calificar las objeciones, entonces lo que rodea las técnicas de comunicación
se parece realmente a una ideologia.
Tres efectos nefastos son el resultado de esta ideología. El primero, la
confusión entre estas tres palabras cercanas, pero de sentido tan diferente:
mundial, global, universal. ¿Cuál es la diferencia? Las técnicas de comuni-
cación se han vuelto hoy mundiales; la economía capitalista se globaliza, y
239
SOBRE LA COMUNICACIl1N
Occidente defiende valores universales. La ideología técnica establece un
sentido entre los tres: las técnicas de la comunicación, al mundializarse,
son un instrumento necesario a la globalización de la economía, y los dos,
al ensanchar las fronteras, se convierten en el brazo armado del univer-
salismo occidental. De ahí a creer que los tres son sinómimos no hay más
que un paso, que no debe franquearse. No se refieren a las mismas rea-
lidades ni a los mismos valores, sino que el reto de la ideología técnica
es exactamente establecer una correspondencia entre los tres. Si la mundia-
lización de las técnicas fascina, la globalización de las economías inquieta,
mientras que la idea de universalidad seduce. Para despejar las dudas el
mejor medio es dotar a la mundialización de las técnicas y a la globali-
zación de las economías de la dimensión normativa que rodea la referen-
cia a lo universal. El universalismo sirve de garantia a un desarrollo de
las técnicas de comunicación a escala mundial y a una globalización cons-
tante de la economía capitalista. Pero estas dos realidades técnica y eco-
nómica tienen muy poca relación con el sistema de pensamiento del uni-
versalismo, del que hemos visto en la parte sobre la democracia y la in-
formación que está además en discusión por parte de los países del Sur,
que ven ahí más bien la marca del imperialismo. Para el Sur, e incluso
para algunos países del Norte, la mundialización de las técnicas de co-
municación y su inserción en una economía mundial no tienen nada que
ver con un cierto ideal de universalismo planteado por la civilización
occidental y pensado además para una época, el siglo XVIII, que no conocía
ni la totalidad del mundo y sus mercados, ni las técnicas de comunicación
y la conquista del tiempo. El riesgo está, pues, en que el valor universal,
ligado al sistema occidental, y ya en parte puesto en entredicho en el
plano mundial, sirve de garantía a lógicas técnicas y económicas alejadas
de toda referencia normativa. Cuanto más se desunen esas tres palabras,
más se evita la unidimensionalizarión de la realidad, premisa de todos los
conformismos. Si referencias exteriores a la lógica del mercado y de las
técnicas ya no llegan a imponerse, ¿a qué asistiremos? A la incorporación
de referencias universales en un estricto lenguaje técnico y económico. No,
las tres palabras no tienen el mismo sentido, y la mundialización de las
técnicas, como la globalización de la economía, no son la instrumentali-
zación de los valores del pensamiento universalista.
El segundo efecto nefasto de la ideología técnica consiste en creer que
las técnicas de comunicación son sinónimo de libertad. Esto fue verdad
en el pasado, y ya no lo es hoy. Las dictaduras aprenden a jugar con los
media occidentales, a volver contra ellos sus discursos, a utilizar las mis-
mas técnicas en provecho propio. Ya no hay vinculo directo entre técnicas
de comunicación y valores occidentales. En otras palabras, las parabólicas
240
LOSESTRAGOS DELA IDEOLOGÍA TÉCNICA
de los satélites no son el primer paso hacia la democracia, y los funda-
mentalistas de todas clases, como vemos, aprenden a servirse de ellas y
a volverlas contra Occidente. La técnica no basta para definir el uso: esto es
un giro copernicano en la historia de las técnicas de comunicación. Por-
que, con escasas excepciones, la historia de la prensa escrita, y luego la
de la radio y de la televisión, han sido más bien factores de libertad. Eo
una palabra, puede haber simultáneamente muchos ordenadores, muchas
parabólicas, y regímenes autoritarios.
El tercer efecto nefasto de la ideología técnica consiste en poner en el
mismo plano la oferta y la demanda. Por el momento, la oferta va muy
por delante de la demanda, lo que después de todo es bastante frecuente
en la historia técnica, y que explica aún más que las necesidades de la
comunicación dependan ante todo de la satisfacción de las necesidades
fundamentales. Pero en lugar de admitir esta incertidumbre, la ideología
técnica, por el contrario, hace como si las necesidades fueran naturalmente
a desarrollarse.
La demanda en materia de comunicación depende sin embargo del
medio ambiente social y cultural, y nada dice que no encontrará la oferta
de servicio. La historia quizá haga aparecer otras necesidades, reclamando
otros medios distintos a los ofrecidos por las técnicas de comunicación.
Nada, pues, garantiza a priori que la nueva demanda de comunicación
vaya a encontrarse satisfecha con la oferta de técnica y de servicios ac-
tuales. Es un ejemplo típico de huida hacia adelante tecnológica: ya que
existe una crisis de la comunicación entre los individuos, los medios so-
ciales, las generaciones, se postula que la oferta cada vez más perfeccio-
nada de las técnicas aportará los elementos de respuesta. Nos encontra-
mos siempre con la misma idea característica de la ideología técnica: con-
fundir avance técnico y aVa>1ces humanos y sociales.
,
Para evaluar el impacto de las nuevas técnicas de comunicación y tra-
tar de comprender lo que ellas cambiarán y no cambiarán, hay que volver
a los dos principios siguientes. Primero: reconocer que toda comunicación es
una relación de fuerza. Al ser el horizonte de toda comunicación la relación
con el otro, nada le garantiza que tendrá éxito. Y esto desde siempre,
tanto a nivel individual como colectivo. Ahora bien, la mayoría de los
discursos sobre las nuevas técnicas de comunicación niegan esta realidad
de la relación de fuerza, haciendo incluso de la comunicación el campo
por excelencia que la evitará... Segundo: a partir del momento en que
toda comunicación es una relación de fuerza, ¿qué se gana y qué se pierde
241
SOBRE LA COMUNICACIÓN
con cada nueva forma de comunicación? Las técnicas, principalmente de co-
municación, permiten en general economizar esfuerzo. Pero si bien ofre-
cen un servicio superior, siempre es a un coste, no sólo financiero, sino
igualmente antropológico, puesto que toda técnica, sobre todo de comu-
consiste en reemplazar una actividad humana directa por una
actividad por una herramienta o un servicio. Y se suprime
entonce: una expenenClahumana, cuyo contenido no se recupera siempre
en las tecmcas. Hoy, mnguna de las promesas técnicas hace referencia a
lo que se pierde en esta comunicación mediatizada por las nuevas técnicas.
Decir que consiguen mejorar la comunicación humana se queda un poco
corto... Discernir lo que se pierde como contrapartida a lo que se gana
por nuevo servicio de comunicación es, pues, esencial para evitar
u1tenores decepciones. Los retos económicos ligados a las nuevas técnicas
de comunicación son tan considerables a escala mundial que parece poco
probable que alguien pague por los otros...
Comunicar con airo tiene siempre un precio. Y el precio nos traslada cada
vez más a estrategias financieras y comerciales mundiales, muy alejadas
de los Ideales de libertad y fraternidad que florecen por otra parte en los
discursos sobre la «SOCiedad de la información». En realidad, en la relación
entre comunicación y sociedad se está siempre en el filo de la navaja:
entre lo que permanece de acuerdo a un cierto ideal de la democracia y
de la liberación del hombre, por un lado, y por el otro lo que depende a
partir de ahora de lógicas de poder y de intereses.
242
CAPÍTULO 13
LAS CLAVES DEL ÉXITO: TRANSPARENCIA,
RAPIDEZ E INMEDIATEZ
Hace más de veinte años que se habla de «la sociedad de la infor-
mación y de la comunicación». Las primeras obras de economistas, en su
mayoría americanos, y ciertos trabajos de prospectivistas, aparecieron en
los 70. Pero ha sido después de los 90 cuando el tema se ha popularizado,
hasta el punto de convertirse en uno de los argumentos principales del
espacio público y de los media. No transcurre una semana sin que un
semanario o un diario pondere los méritos y las promesas de las auto-
pistas de la información, las virtudes de la interactividad y los prodigios
de Internet. Es como si, en menos de diez años, hubiéramos pasado del
arcaísmo a las utopías informacionales, luego a los mercados florecientes,
y por último a las mutaciones sociales y culturales que conmocionan todo
a la vez: el trabajo, la educación, el ocio, los servicios. En resumen: como
si todo, o casi, hubiera ya cambiado...
l. LAS CONDICIONES TÉCNICAS
Los discursos son tan inflacionistas que se olvida la realidad, y se nos
hace creer que todo el mundo está ya en su casa delante de esa famosa
«pared de imágenes», el no va más de la modernidad tecnológica, que le
permite hacer zappmg por lo menos en unas sesenta a cien cadenas'. Sin
I Recordemos que en Francia hay veintitrés millones de receptores de televisión e,
incluso, si el equipamiento en parabólicas es rápido, hay actualmente menos de dos mi-
llenes, y otros tantos hogares cableados. Está lejos, pues, todavía la realidad de los fan-
tasmas de la sociedad interactiva. Suponiendo evidentemente que se trate de un ideal
esperable....
243
SOBRE LA COMUNICACIÓN
embargo, en cada país una aplastante mayoría de espectadores contem-
plan entre cinco y siete cadenas, y la audiencia se concentra en tres o
cuatro de ellas. Pero qué importa la realidad, puesto que, si todo no ha
cambiado todavía, todo va a cambiar... La misma distancia con Internet.
Se habla tanto cada día, que se olvida que sólo hay entre treinta y cua-
renta millones de ordenadores en el mundo que están conectados a la
red, de los que veinticuatro millones están en Estados Unidos, mientras
que a juzgar por la cobertura de prensa se puede creer que los mil mi-
llones de personas de los países ricos son ya sus usuarios. A escala de
Francia, ya nadie pregona el éxito excepcional de seis millones de Minitel
y de sus catorce millones de usuarios, lo que es un éxito, por esta vez,
mundial. Para qué hablar de los 120.000 a 200.000 usuarios de Internet,
presentados como la «sal de Francia» y la vanguardia de la sociedad de
mañana... ¿Quién no ha leído el reportaje ni visto la emisión de televisión
sobre los «cibercafés», esos espacios «del futuro» donde cada uno, en una
atmósfera convivencial, dialoga con el otro extremo del mundo? Hay una
desproporción considerable entre esos cuantos cafés y el número de emi-
siones que les han sido dedicadas, lo que podría hacer creer que los «vie-
jos» cafés han desaparecido, porque se habla menos de ellos... Sin em-
bargo, se puede ser un perfecto internauta, pero incapaz de hablar a otro.
Esquizofrénico, pero enganchado a Internet. En resumen, si el fenómeno
es aún ampliamente minoritario en la realidad, es ampliamente mayori-
tario en los media, las conversaciones, las referencias. Todo el mundo
tiene miedo de no estar «en la onda» y «se apunta». Si no existiera la
cruel verdad de los hechos, se podría creer que todos los franceses «in-
teligentes», y también los ingleses, los alemanes, en fin, todos los que
viven «en su época» y se preocupan del futuro, están conectados a la
Red...
De hecho, es sobre todo la significación cultural la que se impone y la
que me interesa. Antes de ir más allá en el análisis crítico del tema de la
«sociedad de la información» hay que comprender las razones del éxito de
las nuevas técnicas. El ordenador se ha convertido un poco en el objeto-
faro, como el automóvil en los años 50-60. Hablar de alienación respecto
a los intereses de las industrias es no dar crédito a la inteligencia del
público. Hay que volver a los hechos, y no desacreditar a priori ese vasto
movimiento en favor de la sociedad de información, y comprender sus
motivaciones, que son en mi opinión numerosas y de estatuto diferente,
pero adelantaré la hipótesis de que son, ante todo, de orden cultural.
Me parece que cinco razones, de naturaleza diferente pero que se com-
plementan, pueden explicar el movimiento actual. Se trata de la ruptura
con los media de masas, de la aventura de una generación, del símbolo
244
LAS CLAVES DEL ÉXITO: TRANSrARENCIA, RAPIDEZ EINMEDIATEZ
de la modernidad, de la respuesta a una cierta angustia antropológica, y
del sueño de un «cortocircuito» para el desarrollo de los países pobres.
Antes hay que recordar en qué consiste esta «revolución».
Evidentemente, las condiciones técnicas son primordiales. Nada de au-
topistas de la información sin interconexión de los servicios de la infor-
mática, de las telecomunicaciones y de lo audiovisual. En materia indus-
trial, los mercados que se tracen no tendrán la misma forma según el tipo
de tecnología (informática, telecomunicaciones, audiovisual...) que domi-
na. El terminal será relativamente diferente si se trata más bien de un
ordenador, de un aparato de televisión o de un super-aparato de teléfono.
Pero, de todos modos, el usuario accederá, cualquiera que sea ese termi-
nal, a los servicios interconectados de esas tres tecnologías; el transporte
del texto, del sonido y de la imagen permitirá las «tres A» de lo multi-
media: anytime, anywhere, anything. Para que esto sea posible, sin lista de
espera -lo que está lejos de ser hoy el caso-, ha hecho falta una digi-
talización y una compresión de los datos. Tercera condición, la puesta a
punto de soportes de almacenamiento a medida de la gestión de esos flujos
de informaciones. Por último, cuarta condición: la instalación de redes de
doble banda que permitan la interactividad y la circulación de las infor-
maciones «empaquetadas». Es, pues, a la vez la capacidad de cálculo, de
almacenamiento, de transporte en los dos sentidos y la bajada de los
costes lo que explica el éxito de las tecnologías de la información, de las
que el símbolo es quizá Internet, aunque no sea la tecnología ni el servicio
más extendido. Como decía en 1993 el vicepresidente Al Gore, gran de-
fensor y propagandista del tema, se trata «de ofrecer a la población la
posibilidad de acceder por un coste módico, de forma simple, a una mul-
titud de servicios de información y de distracción». Ycomo decía también
G. Thery, autor del informe sobre las autopistas de la información (octubre
de 1994), «la revolución del año 2000 será la de la información para todos».
Porque ése es el gran cambio: la perspectiva de los mercados de masas.
En efecto, la oferta es por el momento mayor que la demanda, pero ésta
parece haberse acelerado en los últimos diez años. La economía, condición
práctica de puesta en marcha de las posibilidades técnicas, será la segunda
condición de esta innovación masiva. La tercera es de orden político y
tiene por nombre la desreglamentación. ¿Cómo constituir un mercado
mundial de la información y de la comunicación si las fronteras impiden
los flujos transnacionales? Es la batalla ideológica, económica y política
llevada a cabo por los Estados Unidos desde finales de los años SO, prin-
cipalmente a través de las negociaciones del GATT y de la aMe. En esto
se juntan con toda precisión los ideales de una sociedad de la información
245
SOBRE LACOMUNICACIÓN
y los intereses vitales de las industrias de la información, ligadas muchí-
simo a la batalla jurídica en favor de la desreglamentacíón,
La configuración de esta sociedad no será exactamente la misma si son
finalmente los fabricantes de informática y de electrónica quienes vencen,
si se trata de los operadores de telecomunicaciones, o de los responsables
de grandes grupos de comunicación (televisión y cine), El paisaje cambiará
igualmente si es la lógica de la fibra óptica o la de los satélites la que
domina, si las negociaciones internacionales permiten la estandardización
o, al contrario, habrá competencia por las consolas de acceso, si la imagen
digitalizada es el mercado de futuro -a menos que no sea todavía sim-
plemente el teléfono o los datos informáticos-, si son los productos off-
line u on-tine los que se impongan o si el primer mercado es el profesional
o el doméstico... Pero en todos los casos los retos económicos son consi-
derables. Incluso se puede decir que, a pesar de los discursos optimistas
sobre los mercados de mañana, la violencia de las batallas para la desre-
glamentación refleja una semi-inquietud sobre la extensión de ese mer-
cado. Si éste debía ser natural y rápidamente internacional, épor qué pre-
cipitarse tanto para querer abrirlo? Bastaría esperar los beneficios. Sin
duda, al seguir existiendo una incertidumbre respecto al tamaño y la ra-
pidez de constitución de ese mercado «mundial», los agentes económicos
quieren tener todas las bazas de su parte y que para ello se les garantice
lo antes posible la apertura de las fronteras.
11. LAS CINCO RAZONES DEL ÉXITO
A) La ruptura con los medias de masas
Ruptura por tres razones. Ante todo, la televisión forma parte del pre-
sente indefinido, mientras que «la Red» está del lado del futuro. Como
suele decirse: «¡Eso cambia las cosas'». Luego, el usuario tiene la sensación
de pasar a ser activo. Ya no recibe imágenes, sino que toma la iniciativa.
Desde luego, con la televisión temática la impresión de elegir es más fuer-
te, pero se queda uno en una lógica de recepción: se mira, y se habla
luego, mientras que con el ordenador se encuentra uno en otro espacio.
Para empezar, no hay imágenes, sino el teclado, y el usuario tiene la
sensación de actuar individualmente, incluso de dialogar con otro. La in-
teracción ofrecida por el teclado da una sensación de responsabilidad y
de acción. Por último, las nuevas técnicas satisfacen una formidable ne-
cesidad de comunicación inmediata. Internet es lo contrario de la televisión:
el intercambio prima sobre la imagen. El contenido es, a fin de cuentas, menos
246
LAS CLAVES DEL ÉXITO: TRANSPARENCIA, RAPIDEZ EINMEDIATEZ
importante que el dispositivo, y la instantaneidad se nos antoja más sa-
tisfactoria que el contenido del mensaje recibido. Iniciar uno mismo la
comunicación crea una sensación de igualdad. Las nuevas tecnologías
-incluso si en la realidad esto es falso- dan la impresión de una mayor
libertad que los media de masas. Con el ordenador, el usuario tiene la
sensación de ser el protagonista de lo que hace. Es la fuerza del «hágalo
usted mismo».
B) La aventura cultural de una generación
Es imposible comprender el éxito de las tecnologías de la información
sin ver en ellas ante todo el signo de una generación. Una generación que
nació con la televisión, ha visto a sus padres dedicarle una gran parte de
su tiempo, y que de golpe tiene la sensación de crear su propio terreno
de aventuras, de poder inventar cualquier cosa y de diferenciarse así de
las generaciones precedentes. Además ese universo es poco comprensible
para los adultos, a lo que los jóvenes añaden códigos, vocabularios y bo-
cetos de una subcultura para resaltar su diferencia y el hecho de que se
trata de «otra época»... Es un terreno nuevo «del gusto venido de fuera»,
abierto a las aventuras individuales, y no hay duda de que la promoción
rápida de genios del bricolaje telemático seducirá a una generación que
tiene la sensación de poder inventar, sin tener que justificarse. Aún más,
la preponderancia del vocabulario inglés refuerza la idea de pertenencia
a otra cultura diferente de la de los padres. Menos del 5 %de los inter-
cambios a través de Internet se realizan en francés. En fin, es una aven-
tura valorizante para una generación que no ha conocido más que la crisis
y el paro. He ahí las actividades que tienen un porvenir, en las que se
pueden crear otras solidaridades e inventar un arte de vivir. Todas esas
dimensiones culturales, exteriores a las características propiamente técni-
cas, son importantes. La cultura de la velocidad y el fin de las distancias
complacen también, y quizá, aunque sea de forma implícita, el origen
militar de esos servicios. En todo caso, el carácter sofisticado de esas tec-
nologias es incontestablemente un factor de seducción. Poder comunicar
con no importa quién a no importa qué hora, desde no importa dónde,
sobre no importa qué, tiene algo de fascinante. Hay siempre alguien, en
alguna parte, con quien podemos relacionarnos; una especie de doble de
uno mismo, con quien se puede «dialogar» instantáneamente sin necesi-
dad de dar cuenta a nadie.
Esta ruptura reintroduce la idea de cambio radical. Los jóvenes pueden
acceder a un mundo técnico en el que los progresos son todavía posibles.
247
SOBRE LA COMUNICACIÓN
No todo es conocido. Se dibuja una nueva frontera, que escapa a la cultura
de los adultos, y que permite ser actor de una nueva etapa del progreso.
Con Internet domina la esperanza de un progreso posible, no solamente
en la. ciencia física, la conquista del espacio o la ciencia biológica y el
conocmuento de los seres vivos, sino también del lado de la sociedad y
de los hombres 2
Internet como medio de emprender un salto cualitativo en la historia
de la comunicación y de anudar nuevas solidaridades: esto es ciertamene
discutible, pero lo más importante es la certeza, para una juventud en
busca de un ideal, de ser el actor de un nuevo mundo.
Volvemos a encontrar la idea de esta ruptura cultural en el vocabu-
lario: Internet, ciberespacio, navegación, interactividad, internautas, redes,
plataformas, servicios on-line, newsgroups... No sólo son mágicas las pala-
bras, sino que éstas son las claves de otro mundo, en vías de constitución.
Los cómics y los dibujos animados de las dos o tres generaciones prece-
dentes se hacen reatidnd. Lo que una generación no busca ya en una
ideología política -como fue el caso para la de los años 60- lo encuentra
hoy en la cibercultura, el ciberespacio. Ahí tiene también la sensación de
un progreso, porque se trata de algo tangible, que rápídamente afecta al
individuo y a su libertad, es decir, lo que está en el centro del modelo de
la sociedad individualista de masas. La unión es al fin posible entre el
individuo y la muchedumbre. El instrumento se ha convertido aquí di-
rectamente en el soporte de este valor tan buscado: la comunicación con
otro. Estos servicios tienen incluso una cualidad superior, pues permiten
pasar de la sociedad de la información a la sociedad de la imaginación,
abriéndose así a otros espacios. En esto "la Internet» no tiene la
impresión de ser instrumentalizada, hasta 'aplastada, en una batalla in-
dustrial que la supera, sino al contrario, ser la pionera de la primera so-
ciedad de lo imaginario...
. contrasentido que corresponde a la realidad vivida. La signi-
ficación cultural de Internet parece más importante que la batalla econó-
mica e industrial, porque esas redes condensan todas las aspiraciones de
la sociedad individualísta de masas: el individuo, la multitud, la libertad,
la igualdad, la rapidez, la ausencia de obligaciones. Las diásporas pueden
de ese modo entrar en relación y permitir que se combine el deseo de
vivir en grupo sin aislarse de otros grupos similares al otro lado del mun-
do: una especie de nueva figura de lo universal que se libera de los te-
2 Cfr., por ejemplo, las obras de: Negroponte, N., L'Hommc numéricuc, Laffont, París,
Rosnay; J. de, L'Homme symbiotique. Regards surleíroisieme millénairc, SeuiJ, París, 1995;
Levy, P., Qucst-ce que leVirtud?, La Découverte, París, 1995.
248
LAS CLAVES DEL ÉXITO: TRANSPARENCIA, RAPIDEZ EINMEDIATEZ
rritorios y autoriza a las comunidades a reforzar sus identidades y sus
lazos a través de redes extraterritorializadas. Se parece al sueño de una
utopía inmaterial. Como si después de la conquista de la naturaleza y de
la materia, las tecnologías de la comunicación fueran a dominar el tiempo
y el espacio, abriendo así la vía a una sociedad de relación. La libertad,
lo imaginario, lo que está "fuera de la ley» más bien que «lo sin ley», con
una mezcla de transparencia y de novedad, dominan en este Lejano Oeste
de la comunicación. Por eso, por ejemplo, la batalla esencial de la desre-
glamentación no se percibe como un reto político mayor, como lo fue
principalmente, para la generación anterior, el tercer mundo, porque la
desreglamentación se considera a priori como un cambio sincrónico a
otros: hace falta que todo circule. Hacen falta más «libertades». Por eso
toda voluntad de reglamentación de la Red para limitar los tráficos, las
mafias, la pornografía, el tráfico de medicamentos... se interpreta amplia-
mente como una censura a la libertad. Y la amalgama es más rápida por
cuanto, además, los regimenes comunistas y religiosos quieren limitar el
acceso y el uso de Internet. «Demasiada reglamentación matará la Red»,
parecen decir una buena parte de sus fans... Los adeptos de Internet, sin
decirlo explícitamente, no distan mucho de pensar que son los artesanos
de una utopía que conseguirá quizá cambiar las cosas mejor que lo han
hecho las generaciones precedentes. Es probablemente así como la gene-
ración Internet se inscribe en una filiación y una historia. Se asiste a dos
fenómenos contradictorios. La instalación en una cultura del instante, del
tiempo indefinido, en la que todo es posible, y simultáneamente la sen-
sación de aportar una nueva piedra a la larga historia del progreso. Esta
generación, a la que no se ha predicho otro destino que el eventual aban-
dono del paro, tiene de buena fe el convencimiento de ser portadora, con
esas técnicas yesos servicios, de ideas y proyectos que relanzan la espe-
ranza. Y de ser la primera que ha creado una especie de cultura, incluso
de sociedad, basada en «la solidaridad tecnológica». ¿Cómo no respetar
esta percepción de una juventud que tiene demasiado la impresión de
que histórica y políticamente todo ha sido intentado por los mayores, y
que sólo le quedaba habituarse al consumo, a la crisis y al paro? Las
considerables inversiones afectivas y culturales de estos nuevos servicios
van mucho más allá de sus resultados, pues afectan de hecho a una rein-
versíón de la historia y del progreso. Es muy difícil hacer sobre esto una
crítica simple.
C) El símbolo de la modernidad
Internet no es sólo el símbolo de una generación, sino también de la
modernidad. Todo con las técnicas de comunicación es limpio, desprovisto
249
SOBRE LA COMUNICACIÓN
de nocividad. Nada amenaza la naturaleza, como pasa con lo nuclear. Es
inmaterial, convivencial, directo, leve, instantáneo, y crea una realidad
virtual que no necesita justificarse respecto a una tradición. Lúdicas, sin
un marco a priori, «las redes» favorecen la iniciativa individual y el co-
nocimiento. Lo que es mágico con las técnicas de comunicación, y enlaza
con la modernidad, es el hecho de que se trate de instrumentos que no
exigen ningún esfuerzo y que liberan al hombre de toda fatiga, para ha-
cerle navegar por un universo silencioso. Ahí es donde se establece el
vínculo, sin duda, entre ecología y comunicación. En los valores de la moder-
nidad, la protección del medio ambiente desempeña un papel esencial,
casi similar al tema de la lucha de clases, hace un siglo. Y frente a esta
problemática, los valores de la información y de la comunicación son los
aliados objetivos. La cibersociedad no degrada la naturaleza: la observa y
la respeta. Mañana los ciudadanos respetarán tanto los ecosistemas como
todas las diferencias culturales... En cierto modo se recuperan en la ci-
bercultura los mitos del pensamiento socialista y comunista de los si-
glos XIX y XX. Pero -y la diferencia es capital- sin odio ni violencia.
Como si las "generaciones del ordenador», tras haber comprendido por
fin las violencias de la historia, quisieran inscribir una nueva página de
la humanidad, despojada de sangre y de conflictos...
Tanto más cuanto con Internet se maneja el conocimiento, que es quizá
uno de los símbolos más fuertes del sigloxx. Tras haber puesto al día los
orígenes de la materia, y luego de la vida, y haber conocido las peores
barbaries, éno está a punto este siglo de volver a atar los lazos con los
conocimientos y -por qué no- con una cierta sabiduría? Al introducirse
en el núcleo de los conocimientos, se da valor a la cultura y en conse-
cuencia a la educación, que como se sabe están en el centro de esos ins-
trumentos.
Es el sueño de un mundo fraternal, sin fronteras, sin jerarquías entre
pobres y ricos, del que las técnicas de comunicación serían un poco el
portaestandarte. Comunicar de un extremo al otro del mundo ya no cues-
ta nada, a condición de disponer de los terminales. Todos los individuos
pueden, pues, entrar en la gran Red, inmensa burla a las desigualdades
económicas tradicionales. Nunca el sueño de una especie de igualdad,
liberada de territorios y fronteras, se ha visto más al alcance de la mano.
Se vencen las fronteras, con sus territorios de miserias y de explotación,
lo que permitirá al fin una sociedad de omnipresencia J. La pantalla pasa a
.1 Píerre Lévy es también uno de los apólogos de la «poesía de lo virtual»; escribe,
como conclusión de su libro: «Poned atento el oídoa la interpelación de estearte, de esta
filosofía, de esta política inaudita: Seres humanos, gentes de aquí y de todas partes, arras-
250
LAS CLAVES DEL ÉXITO: TRANSPARENCIA, RAPIDEZ EINMEDIATEZ
ser el espacio de las representaciones de la modernidad con todo lo que
tiene de mejor: el ideal de la transparencia y de la inmediatez.
Las autopistas y su cortejo de virtualidad encarnan los valores de la
modernidad en los que dominan la conquista del tiempo y del espacio,
el final del esfuerzo, una cierta visión de la instantaneidad y un sueño
de convivialidad. Se capta el lado idealista, incluso peligroso, de tal utopía,
pero éen nombre de qué descalificarla de antemano cuando se ve a qué
han conducido los otros sueños de la sociedad ideal desde hace dos siglos?
Es la ciencia-ficción al revés, porque resulta chocante comprobar qué hu-
manistas y altruistas son los discursos mantenidos sobre da sociedad In-
ternet». Los adeptos de la «Red" quieren además aprender a emitir una
póliza para garantizar a esas redes el carácter de libertad y de convivia-
lidad del que deriva su fuerza. Del sueño de una generación al ideal de
la modernidad, encontramos ahí unos elementos de seducción que es di-
fícil descalificar a priori. Además, simultáneamente, las promesas de un
trabajo más libre y descentralizado hacen soñar con lo que podría ser otra
cultura del trabajo despojada de jerarquías inútiles. En cuanto a la edu-
cación, también será con toda seguridad más innovadora. En resumen, de
cualquier lado que se mire, los ideales de la modernidad empalman con
los instrumentos de navegación informaciona!...
D) Una respuesta a la angustia antropológica moderna
El éxito de la Red no procede solamente del hecho de que se trata del
símbolo de una generación y de la modernidad, sino también de que
resuelve ciertas angustias culturales contemporáneas. Y desde ese punto
de vista se puede introducir la hipótesis siguiente: la adhesión, casi ex-
cesiva, que suscitan esas nuevas técnicas es quizá también un medio de
domesticar el miedo que despiertan. Una especie "de adhesión reaccional»
o de fenómeno contra-fóbico. Hay, en efecto, algo de misterioso, incluso
de inquietante, en esta comunicación en todas direcciones, pero como es
trados por el gran movimiento de desterritorialización, injertados en el hípercuerpo de la
humanidad y ruyo pulso hace eco a sus gigantes pulsaciones; vosotros que pensáis reu-
nidos y dispersos en la hipercorteza de las naciones, que vivís atrapados, descuartizados,
en ese inmenso acontecimiento del mundo que no cesa de volver en sí y recrearse, que
sois arrojados vivos en lo virtual, que estáis aprisionados en ese enorme salto queefectúa
nuestra especie hacia lo alto del flujo del ser, sf en el corazón mismo de ese extraño
torbellino, estáis en vuestro hogar. Bienvenidos a la nueva residencia del ser humano.
ibienvenidos a los caminos de lo virtual!-. P. Lévy, Qu'est-ce que levirtuel?, La Découverte,
1995, pág. 146.
251
SOBRE LA COMUNICACIÓN
difícil oponerse a la ciencia y a la técnica, es mejor adherirse a ellas ple-
namente, como para conjurar su suerte. Protegerse acercándose unos a
otros: al adherirse masivamente, se tiene menos miedo y se domestica la
aprensión. Y además, se ha reprochado tanto a la generación de los años
80-90 el haberse centrado en el consumo, que ésta encuentra aquí el me-
dio de conciliar consumo y conocimiento. De las consolas a los ordena-
dores, de los juegos a los CO-Rom, alcanza la sensación de «no consumir
en plan idiota». Desde luego consume, en esto como en lo demás, pero
lo hace por da buena causa», algo de agradecer en el contencioso que
opone a menudo esta juventud, de alto nivel de consumo, al mundo de
los adultos, que vive con dificultades la crisis económica, el paro y el final
de un cierto modelo de consumo. Además, esta forma de comunicación
por máquinas interpuestas, es menos molesta que la comunicación directa.
La ventaja de los dispositivos técnicos consiste en efecto en limitar el cara-
a-cara. El placer está ahí, sin tener que manejar la presencia de otro. Vol-
vemos a encontrar una de las contradicciones de la antropología moderna:
comunicar, pero sin las obligaciones impuestas por el otro.
Estos servicios interactivos resuelven simultáneamente, en efecto, dos
problemas existenciales de la modernidad: la soledad y la necesidad de so-
lidaridad. Es posible salir de su soledad y la disponibilidad facilitada por
esos útiles deja espacio a toda solicitud de solidaridad que pudiera ma-
nifestarse. El ejemplo del correo electrónico ilustra bien esas dos dimen-
siones. Es personal, individual, poco costoso y secreto, y refleja de ese
modo lo que está en el meollo del modelo individualista. Además, ofrece
la posibilidad de dialogar con alguien más fácilmente que por teléfono o
por correo. En fin, por la rapidez de los intercambios y su carácter anó-
nimo, el correo electrónico facilita la solidaridad y la necesidad de dar,
tan importante en nuestras sociedades. Tenemos, pues, simultáneamente
el individuo, el antídoto a la soledad y la puerta abierta a la solidaridad.
Todo esto es tanto más seductor porque no hay sanción inmediata de
la realidad. Hallamos aquí el encanto y la ambigüedad de la palabra vir-
tual. Si la virtualidad seduce tanto es porque no se abre a una sanción de
lo real. Se queda uno en un universo de «entre dos aguas». Al navegar
en lo virtual, se está en el mundo, y a la vez se escapa de él, situación
que se corresponde bastante bien con el contexto contemporáneo: a la vez
presente y ausente del mundo. El individuo desde su nacimiento, a través
de los media y el consumo, sabe todo del mundo, y ha aprendido también
a mantenerse a distancia. Para no quedar dividido entre el hecho de saber
todo y el de no poder hacer nada, el ciudadano moderno prefiere insta-
larse en una especie de postura intermedia, a la que los técnicos de la
comunicación interactiva están bastante adaptados. Además, el desplome
252
LAS CLAVES DEL ÉXITO, TRANSPARENCIA, RAPIDEZ EINMEDIATEZ
de las grandes ideologías no crea el deseo de invertir más en la transfor-
mación del mundo. La comunicación virtual, con todos sus servicios, co-
rresponde, pues, bastante bien a la lucidez un poco desesperada del momen-
to. Se desea invertir, pero sin creer en ello; comunicar con otro, pero sin
pagar un alto precio. La comunicación virtual constituye también una
especie de sustituto parcial de las ideologías desastrosas del siglo xx. Inter-
net sería la primera superación de la torre de Babel, sin las ilusiones de
la gran noche, como búsqueda de una nueva solidaridad basada en la
comunión a distancia, sin proximidad física.
El éxito de las nuevas técnicas estaría, pues, a la altura de las decepcio-
nes ideológicas del sigloxx, y en ese aspecto están ligadas a una cierta
angustia antropológica. ¿Por qué esta ideología, aunque sea discutible, ha-
bría de ser peor que cuantas la han precedido en el sigloxx y que han
sido muchísimo más mortíferas? ¿Quizá hay que encontrar en la palabra
red, de la que se ha resaltado cuán sorprendente resulta que sea símbolo
de libertad, la busca de un principio de solidaridad? ¿Podrían ser las redes
los medios de conseguir que se mantengan juntas sociedades que no tie-
nen otros vínculos que la comunicación? Los otros valores -políticos,
religiosos, sociales...- que debían garantizar una mejor comprensión entre
los hombres han fracasado hasta un punto que es difícil condenar a priori
éste, con el pretexto de que es más reciente y viene unido a un nuevo
mercado. El liberalismo, el socialismo, el comunismo, y antes que ellos el
catolicismotriunfante, éno eran simultáneamente valores de emancipación
y de temibles lógicas económicas y políticas, sin gran relación con sus
ideales? ¿Por qué negar a la comunicación esta ambigüedad que se ha
reconocido, además, a todas las otras grandes filosofías y visiones del
mundo?
E) El «cortocircuito» del desarrollo mundial
Esta última razón, que podría explicar el movimiento actual, es sin
duda esencial, incluso si no siempre se ha verbalizado. Se ha dicho tanto
que las nuevas técnicas de comunicación permiten una comunicación ins-
tantánea de un extremo al otro del mundo, que muchos ven en ello la
condición para saltarse una etapa de esa interminable carrera al desarrollo
-por no decir al subdesarrollo- iniciada en los años 60, e inscribirse así
de golpe en la economía del sigloXXI. Si la señal de los satélites puede
ser recibida en todas partes y si los ordenadores son tan avanzados en
Hong Kong como en Yaundé o en Bogotá, los instrumentos de otro de-
sarrollo están presentes. Las técnicas de comunicación constituyen enton-
253
SOBRE LA COMUNICACIÓN
ces los medios de saltar las etapas del desarrollo, con lo que se produce
una pequeña reducción de las distancias entre países ricos y pobres. No
sólo encontraríamos ahí el medio de reequilibrar las relaciones Norte-Sur,
sino también el de desarrollar el diálogo Sur-Sur. Quebrar los lazos Norte-
Sur y establecer al fin una comunicación Sur-Sur es, sin duda, una opor-
tunidad para emanciparse del Norte y extraer otras fuentes de colabora-
ción y de desarrollo. Al utilizar las mismas herramientas que el Norte, y
al crear nuevos circuitos de comunicación y de intercambio entre países
del Sur, estos países encontraríanahí uno de los factores de su autonomía
de mañana,
Esta generación del ano 2000, sensible a la comunicación y a la soli-
daridad, ve, pues, en esos instrumentos el medio de neutralizar los impla-
cables efectos del capitalismo. En efecto, el desarrollo de esos países se
hace también con un esquemacapitalista, pero la idea es que esos pueblos,
una vez equipados de terminales e integrados en las redes mundiales,
sabrán servirse de ellos para sus propios intereses. Las nuevas técnicas de
comunicación permitirían otra solidaridad, la superación de las fronteras
y la afirmación de nuevas competencias...
Basta ver el enorme éxito de la informática en Europa del Este y en
Rusia sólo desde 1990 para comprender las esperanzas que esos países y
sus economías invierten en industrias de un nuevo tipo. Encontramos
multiplicado por cien aquello que ya gustaba en el Oeste: la novedad, la
idea de Lejano Oeste, la rapidez, el carácter «limpio», la dimensión de
juventud, la libertad de invención, la creación de nuevas solidaridades,
un medio de cortar radicalmente con un pasado que se adhiere a la piel...
Sin olvidar la idea de revancha, porque los pueblos de Europa del Este
tienen desde luego la sensación de que desde 1945 -para los rusos, desde
1917- no han tenido las mismas oportunidades que los occidentales. Hoy
y sobre todo mañana, con la ayuda de esos instrumentoscomunes,incluso
con ese hándicap de partida, esos pueblos orgullosos y cultos se sienten
capaces de superar los desafíos. Si instrumentos idénticos están disponi-
bles al mismo tiempo en las dos partes de Europa, entonces las oportu-
nidades, quizá por vez primera desde el inicio del siglo xx, serán al fin
iguales. Esta sensación de revancha pacifica y de competencia con armas
iguales es muy intensa en el antiguo campo comunista, como lo es tam-
bién en muchos países del Sur. Al Este comoal Sur se encuentra un poco,
como un eco a la etimología de la palabra cibernética «<ciencia del timón
y del gobierno»), la idea de que esas herramientas permiten al fin un
nuevo pilotaje de la economía. Se comprende asi por qué se percibenlas
nuevas técnicas de comunicación, no comouna forma de dominio, o como
una ideología, sino más bien como la condición de un nuevo punto de
254
LAS CLAVES DEL ÉXITO, TRANSPARENCIA, RAPIDEZ EINMEDIATEZ
partida: las primeras oportunidades verdaderas de un nuevo desarrollo
para el Este, y el medio de reducir la trágica distancia entre el Norte
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256
CAPÍTULO 14
LAS SOLEDADES INTERACTIVAS
Desde el Renacimiento, la ciencia y la técnica han sido las que regu-
larmente han cambiado la sociedad, y los acontecimientos han subrayado
no menos regularmente las diferencias entre las tres lógicas: científica,
técnica y social. Recordemos hasta qué punto debió conmoverse la socie-
dad con el motor de explosión, la electricidad, el petróleo, el automóvil,
el tren, el avión... Pero nunca el vínculo ha sido tan fuerte como con la
comunicación, ya que en este caso es la forma de la sociedad la que toma
el nombre de la técnica dominante. Yesto con mayor motivo cuando hoy
en día no hay ya en el mundo occidental otros sistemas de referencia.
La ideología de la comunicación viene a ser la ideología de sustitución.
No se opone a ninguna otra: es la ideología dominante, con un factor
suplementario de legítimación, el de encarnar el cambio. Desde luego, en
Occidente, desde hace al menos un siglo, el cambio se asimila al progreso,
y como las técnicas de comunicación están llamadas a cambiar conside-
rablemente la sociedad, están doblemente legítimadas y valorizadas. Se
implanta una especie de pareja modelo, de intereses complementarios:
«técnica de comunicación y cambio». La ideología técnica se convierte en
la ideología de la sociedad actual. Y además con las técnicas de comuni-
cación se está del «lado bueno» de la ciencia, puesto que no amenazan
ni la naturaleza ni la materia, y tienen por objetivo mejorar las relaciones
humanas y sociales. Aún más: se diría que esos instrumentos establecen
directamente el vínculo entre las dimensiones funcionales y normativas. O
más bien, se aprecia en sus capacidades funcionales (intercambiar más
deprisa; manejar un gran número de informaciones; abolir las distancias...)
la posibilidad de resolver los problemas de sociedades ya no desde un
punto de vista funcional, sino normativo (comprenderse, hablarse...); se
completan las capacidades funcionales con una capacidad normativa; se
257
SOBRE LA COMUNICACIÓN
funcionales resolverán los problemas de sole-

cambiar la técnicas ,con una capacidad de
democráticas: la libertad la igu Id d lres mas sohdos de las sociedades
dos dimensiones explic; la La cobertura de esas
por otro lado, establecer un vínculo entre la escala i permiten,
titud de personas Se su ni' n IVI ua y una mul-
y las mismas pantalla;, a presencIa de los ordenadores

otorgar a un instrumento la caa ridad de tecruca, en esa tentación de
cultural, político, dependientes /e un probler;'a social.
es triple. Descalificar todo discurso qu:
lazo entre avances de los instrumentos ner ISCUSIon ese
nacional y apostar por lajuventud P y problemas de sociedad. Ser trans-
bajo la forma de un discurso modesto, y no
el racionalismo y el cientifismo Es un f y como OCUrrIO con
la dificultad de la crítica porque la e uen sentido, que explica
cuando es banal y cotidi;na Con ' °tog.a nunca es. tan fuerte como
los progresos objetivos de mo. es Imposible discutir
excluir la hipótesis de que la ni
oportunidad para una mejor comprensión lOS ay sera una
la en ti tema de la sociedad de
sos' el p I di' P anos. os autores de esos discur-
o, ape e a prospectIva; las características propias de ese discurso.
L ¿QUIÉN HABLA DE LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN?
Hay que recordar aquí dos h h An
sociedad de la info .. o ec os. te todo, el discurso sobre la
rmacron no es ni homogéneo ní id
bien una extrapolación de avances t" ea m ,constrUI o; es más

la miníaturízacíón el desc:nso de fuerza¡ Los avances crecientes,
mercados son fin;lme t' I . s precIOs y a mundialización de los
logía. Si nadie sabe rae¡ores en favor de esta ideo-
menos cada uno puede ca bque sIgmica sociedad de información, al
mpro ar que «vamos hacia ella». Si mañana, en
258
LAS SOLEDADES INTERACTIVAS
el domicilio o en el trabajo, para el ocio o para la educación, todo el
mundo va a utilizar los mismos servicios, ¿cómo no ver en ello una ver-
dadera revolución? Es, pues, esa mezcla de evidencia, de seducción téc-
nica, de ausencia de grandes discursos, de captación por la juventud y
de ignorancia de las desigualdades sociales y culturales tradicionales, lo
que explica el éxito del tema de la sociedad de la información.
El segundo hecho se refiere a los autores de ese discurso. Tampoco ahí
hay homogeneidad. No puede decirse que exista un cuerpo de doctrina,
con un grupo social y profesional que haga su propaganda a través de
folletos, publicaciones, congresos. No, el fenómeno es más difuso. Es ver-
dad que ciertos libros han contribuido a popularizar el tema, pero no
puede decirse que se trate de una escuela o de una corriente de pensa-
miento. Son probablemente las revistas y los media los mejores amplifi-
cadores de un discurso "que camina solo». Tan solo camina que no tro-
pieza con verdaderos adversarios. El discurso cientifista es hoy mucho
más modesto; el discurso político anda buscando nuevos mañanas que
canten; y el discurso religioso está enzarzado en la dificultad de manejar
sus relaciones con la tradición y la modernidad. Es, pues, finalmente la
situación, más que los autores, lo que explica el favor que merece este
tema. El carácter un poco cabe-todo y desajustado de ese discurso de la
sociedad de la información es un factor favorable. Más que de un discur-
so, de lo que se trata es además de un listo-para-pensar. La paradoja radica
en que los cientificos, si tenemos todo en cuenta, desempeñan un papel
bastante modesto en la creación de ese discurso. Los científicos de la in-
vestigación fundamental (lógicos, matemáticos, especialistas en informática
teórica...) no dicen nada: ni condenan ni aprueban. Desde luego, se trata
para ellos de ciencias aplicadas y de técnicas, de actividades, pues, que
no dependen de su esfera directa de competencia, pero su silencio, por
su duración, puede interpretarse más como asentimiento que como críti-
ca... El medio profesional de los ingenieros es evidentemente el primer
productor y difusor de discursos de ese tipo. ¿Cómo reprochárselo? De la
inteligencia artificial a las redes, a los diálogos hombres-máquinas, son los
autores y los creadores de esta enorme aventura cientifico-industriaL Se
comprende que popularicen esta historia a través de publicaciones, entre-
vistas, libros... Tanto mejor, visto que su triunfalismo es más bien modesto.
Seguramente el discurso es sólido, sin huella de dudas inútiles, pero acaba
con menos arrogancia que hace un siglo, sin duda también porque la
ideología cientifica y técnica, como el racionalismo, son hoy menos des-
pectivas.
Están por desarrollar otras tres fuentes de ese discurso sobre la socie-
dad de la información y de la comunicación.
259
SOBRE LA COMUNICACIÓN
Ante todo, el discurso tecnocrático-estatista, que existe desde hace más
de veinte años en Japón y en Europa. Discurso de dominante prospecti-
VIsta, que anticipa el curso de la informatización real para justificar los
grandes planes de equipamientos destinados, de hecho, a sostener la in-
dustria nacional. El acento se pone en sectores no comerciales como la
educación, la salud, los transportes, la lucha contra la contaminación ín-
cluso si la perspectiva es de ir evidentemente en el sentido de un refor-
zamiento del sector industrial. El tema de la socíedad de información da
coherencia a planes que dependen más de la lógica de la política indus-
tnal que de la ideología l.
El discurso cultural-modernista sobre la sociedad de información es más
una decena de años. Se puede simbolizar su nacimiento por el
acontecimiento que representó el éxito del Macintosh. El éxito no pertenece
ya a aquellos que hicieron del ordenador el instrumento de una racio-
nalización,tayloriana de las organizaciones, sino aquellos que han sabido
hacer el el Instrumento de una expresión individual y de una trans-
formación cultural de la empresa. La referencia a la sociedad de infor-
mación resp?nde aquí a un objetivo preciso: «etiquetar» un producto o
una estrategia, de modo que se haga comprender claramente que se ins-
en una perspectiva de ruptura en relación con la «vieja» sociedad
industrial. La marejada Internet muestra que ese discurso se basa en re-
sortes poderosos y que no se trata ni de una ideología ni de un argu-
mentano hueco, SInO de un verdadero dinamismo de mercadotecnia. A
la hora en que la informática penetra en actividades cada vez más diver-
sas, penetra en él un fuerte deseo de transformación de las relaciones de
y de trabajo. La informatización no se reducirá a la penetra-
cion de nuevas herramientas en todas las esferas de la vida pública y
privada, SInO, por el contrario, a la emergencia de una sociedad nueva,
que se desvela poco a poco y penetra en las organizaciones.
En fin, el discurso político sobre la sociedad de la información es el
único que comporta una dimensión ideológica y encuentra, en efecto, su
ongen en el trabajo de apelación a la ideología liberal. El éxito político de
la ola liberal que ha marcado los últimos veinte años se mantiene sobre
] Un ejemplo entre una decena: en Francia, el 2 de octubre de 1996 el comisionado
del Plan hizo público un informe alarmante sobre das redes y la sociedadde información»,
Se en él del ¡retraso de Francia en ese sector clave. Retraso quería decir que no
habla mas un ] j;, de que estuvieran conectados a Internet, y que
necesarias, pues, medidas de urgencia para aumentar el consumo de comunicación.
Esta ciar? el argumento industrial que hay detrás, pero nunca se plantea la cuestión de
sab,er que aporta.que un. 30%de ,h.ogares franceses estén conectados a Internet... Lo que
se Impone es el Imperativo categonco de la modernidad (cfr. Le Monde, 3 octubre 1996).
260
LAS SOLEDADES INTERACTIVAS
todo en el trabajo teórico consistente en reformular los conceptos de Es-
tado de derecho y de mercado a la luz de la y de la teoría de
la información. El pensamiento liberal ha encontrado ahí una modernidad
tal que los temas de la desregulación dominan a partir de ahora
tamente el universo económico. Hasta fecha reciente, no se trataba todavía
de una referencia explícita a la sociedad de información. Hace unos. pocos
años se ha franqueado el paso por los amencanos,
como Newt Gingrich, que han levantado sus discursos políticos sobre esta
lógica central. El debate público americano ha sido sometido entonces a
propuestas del tipo o mercado y perfecto», o «el cibe-
respacio como extensión de la Iógíca democrática», o Incluso el de
«la democracia electrónica» como complemento «del mercado elertrónico».
Se puede hablar aquí de propuestas ideológicas, pero no es seguro.que
ese discurso encuentre un real eco, justamente por el hecho de su caracter
demasiado sistemático.
Brevemente, el discurso tecnocrático-estatista persigue legitimar l?s
grandes programas. El discurso cultural-modernista quiere «vender» SIS-
temas interactivos y multimedia en las orgamza;:lOnes hasta aqUl mono-
idiomáticas y unidimensionales. El político qUIere relanzar una
batalla ideológica con el viejo conflicto hberahsmo-estah:mo al, fondo..
Pero no se hablaría tanto de sociedad de la informaciónSI solo huble!a
esos discursos. El tema se recupera en otras partes y es esta
la que le proporciona cierta visibilidad. n'es medio; Jue-
gan aquí un papel importante: los medios académicos, los medios de la
comunicación y los medios europeos. . .
Los medios académicos no son parte directamente afectada por el dIS-
curso sobre la sociedad de la información. Al contrario, desde hace tiempo
se muestran irritados por el espacio ocupado en los discursos por la In-
formación y las tecnologías de la información. un poco molestos. al
ver cómo esas nuevas técnicas se presentan fárilmente como «las hijas
mayores de la ciencia». Al tener una cultura más profunda de la historia
de las ciencias, no están dispuestos a ver tan pronto en esas tecmcas
avanzadas una ruptura radical. Saben que el conocimiento, la investiga-
ción y la invención dependen de otros muchos factores diferentes de
aquellos ligados a la informatización. El ordenador se ha en
un útil banal e indispensable, pero la ciencra no la hace d. Y luego el
medio académico por su cultura y su visión del mundo, tiene un poco
más de ironía re;pecto a todo lo que surge, y que se califica
inmediatamente de revolucionario. En fin, ese medio, bastante dividido y
jerarquizado ya no se adhiere con el mismo entusiasmo que en el SIglo XIX
al y al tema del progreso del conocimiento. Pero esta actitud
261
SOBRE LA COMUNICACIÓN
más no le ha conducido, no obstante, al desarrollo de una pro-
«oenoa, tecnología y sociedad», con la inclusión de una refle-
sobre las disciplinas de las matemáticas, la física y la bio-
logia. que habna devuelto la Información a su sitio, en resumen modesto.
En vez de favorecer este dIstancIamiento, benéfico en todos los discursos
sobre la sociedad de la Información, la comunidad científica no ha dicho
gran cosa.. Salvo que, al recurrir masivamente a esas técnicas, ha legiti-
mado en ,cIerto modo, por deslizamienm, sucesivos, los discursos sobre la
«reV?!uClon de la Información,»; estos discursos, por el contrario, citan sis-
.el medio academlco comoel primer sector de da sociedad
de la infonnación»..: En suma, con su silencio, el medio académico ha
una garanlIa a los dISCursos sobre la sociedad de la información
tant? mas cuanto ese silencio viene acompañado de una atracción por 1;
te?na de los sistemas, las ClenClas cognitivas y la teoría de la informa-
..., terrenos de conocimientos en desarrollo, cercanos al discurso ideo-
10gICo.
Los medios de ,la comunicación son una segunda fuente de promesa ilu-
sana. La expresion :,socledad de la información» les ha parecido que iba
en la bu:na dlrecclOn, pero la han ensanchado hablando también de co-
muntcacum, Al hablar de sociedad de la información y de la comunicación
quieren mostrar que las tecnologías de la información sólo tienen sentido
SI se Integran en problemática de la comunicación, lo que es exacto
e irnplira una relación de fuerza constante -y muy interesante- entre
aquellos hablan ante todo de información -dejando abiertala puerta
a su ulIlIzaclOn- y los que, al contrario, al hablar de comunicación quie-
ren enseguida scciclizar el problema.
Los medios europeo; arrastran a todos los otros en la ilusión que provoca
este tema. Al prrnrrpm Europa se puso a hablar de sociedad de la infor-
maclO,n en el marco preciso de los discursos tecnocrático-estatistas. En
relación con los grandes Industriales europeos, se trataba de hacer de
que Europa se comprometiera en grandes programas de investi-
gaclOn-desarroll? y de Infraestructura de la comunicación, tomando el re-
de las politicas Industriales nacionales. Pero este objetivo ha sido
rápidamenn- superado. Se habla hoy mucho más de sociedad de la información
en Bruselas que en ninguna parte del mundo. Esta sociedad se presenta
como el gran desatío de manana. Incluso si, al retomar tan deprisa ese
discurso de los y los japoneses, se encuentra todavía más le-
gItImado, y da a estos la sensación de que tienen razón. Pero el tema
en el dISCurso europeo, otra significación. La sociedad de la infor-
macron hace las veces de excusa y de esperanza. De excusa primero por-
que la letargia económica y el nivel alcanzado por el paro ya no sertan
262
LAS SOLEDADES INTERACTIVAS
un asunto de responsabilidad política, sino el síntoma de una crisis his-
tórica: el paso de una sociedad a otra. Y en segundo lugar de esperanza,
porque la expresión :,sociedad de la información:, no pone el acento en
una noción de contemdo que da todas las oportunidades a vlelas naciones
de una rica cultura sin parangón posible: la sociedad de la información
como nueva frontera y desafío a señalar respecto a Estados Unidos y
Japón. El drama es que la recuperación de ese discurso no manifiesta
ninguna singularidad europea, sino que apunta más bien a legitimar ese
tema lanzado al otro lado del Atlántico y en Japón; a afianzar, pues, la
idea, de que se trata realmente de la próxima «revolución mundial». Todos
los intereses industriales y económicos ligados a las tecnologías de la in-
formación no han podido soñar mejor legitimación, cuando han visto a
las élites tecnocráticas, carentes de un proyecto político para Europa, re-
cobrar el tema de la sociedad de la información como el gran horizonte
de Europa... Quién habría dicho, hace veinte años, que los más antiguos
países del mundo iban a definir como su mayor porvenir su a
ese discurso mal ensamblado y que mezcla preocupaClones econonucas,
técnicas y vagamente sociales...
¿Por qué hemos diferenciado esos tipos de discursos? Ante todo para
recordar que no hay un cuerpo de doctrina, ni una estrategia de actores
o de discursos, sino una mezcla de lógica y de valores. Después, para
subrayar, que existe, como en otras partes, un margen de malliobra y que
nada sería peor que dar a esos discursos de fuente, género y ambiciones
diferentes sobre la «sociedad de la información» una coherencia ideológica
que no poseen. Existe, desde luego, una ideología técnica ambiente, pero
es posible, por un lado, criticarla, y por otro hay que recordar que
homogénea. Sin duda, el humor es a la larga una mucho mejor lógica
argumentativa que la respuesta demasiado seria a esos discursos, cuyo
carácter serio habría que someter precisamente a prueba...
n. LA PROSPECTIvA y SUS FRACASOS
Para comprender el interés de un pensamientocrítico sobrela sociedad
de la información, habría un método simple: hacer examen de conoencia
de los innumerables errores cometidos por la prospectiva. Basta retomar
las promesas hechas desde hace treinui OllaS respecto a todo lo que debía
cambiar, en la vida diaria -el trabajo, la educación, el ocio.;.-, para darse
cuenta en cada caso de los límites del discurso prospectivo. Estees siempre
definitivo, preciso y seguro de sí mismo, incluso si en la mayor parte de
los casos se ve invalidado por los hechos. Una antología de disparates de
263
SOBRE LA COMUNICACIÓN
los trabajos de prospectiva, a lo largo de los treinta años de su floreci-
miento,introduciría ya esta relativización necesaria al conocimiento y ese
humor indispensable a la libertad de espíritu... ¿Cuál es el tono general
de trabajos de prospectIva? «Todo será mejor, convivencia!, interac-
tivo, sm molestias, libre, mundial, instantáneo, sin jerarquía, libremente
aceptado, desprovisto de toda lógica de poder y de dominio; a la escucha
del otro '. Todo es posible, a condición de apresurarse, porque la fuerza
del discurso prospectivista está en fijar uncalendario. y hay que reaccionar
respecto a _esta anticipación. «racional>, del futuro. Si no se hace rápida-
mente, se,ra «demaSIado tarde». La prospectiva oscila siempre en-
tre una visten mas bien coherente y tranquilizadora del futuro, y una
Imagen más bien pesimista del presente, salvo en lo que respecta a pre-
pararse desde hoya los cambios...
Mutatis mutandis, las promesas miríficas de la sociedad de la infor-
mación y de la comunicación recuerdan curiosamente a los discursos re-
ligiosos sobre lo que sería el mundo por fin cristianizado en los siglos XVII
YXVIII, cuando la Iglesia estaba en el summum de su poder... El dominio
religioso era cosa hecha, como pasa hoy con el discurso técnico. En la
aceleración a la que asistimos desde 1990 lo más sorprendente es sin duda
la escasez de documentos serios, oficiales, en los que se fundan promesas,
rumores y estrategias. Aparte los discursos americanos, ampliamente di-
fundidos desde 1992 por el vicepresidente Al Core, existen pocos textos
en Europa. Todos se publican después de 1993, a excepción, claro está,
del mforme Nora-Mine (1975), el primero que popularizó estos temas en
la perspectiva muy y modernizadora inspirada por el presi-
dente Valery Ciscard d Estamg y del que se olvida COn facilidad el papel
esencial que desempeñó en la modernización de Francia.
. Del informe Bangeman de 1993, Europe and the Global Information 50-
CIety, Recommendation to the European Council, muy entusiasta de cara al
futuro, se diez aplicaciones-piloto, al final muy heterogéneas
(teletrabaJo, tele-ensenanza, redes universitarias, teleservicios de PYMES
telegestión de transportes por carretera y aéreos, redes en el campo de 1;
salud, teleinformación sobre las peticiones de ofertas, servicios públicos
electrómcos, ciudades virtuales).
Iacque, Delars, en el informe Crecimiento, competitividad, empleo (CEE,
2 «Con Internet, se patente esta famosa conciencia planetaria tan encomiada por
los precursores como Teiihard de Chardín, En el ribermundo no existe la noción de ex-
... Lo que es grande en Internet es esta bella palabra: compartir. Compartir infor-
mariones es una larga tradición científica. Hemos intentado abolir las fronteras ...» lean-
Pierre Luminat, Télérama, número fuera de colección, «Ledélire du muitimédia-, abril 1996.
264
LAS SOLEDADES INTERACTIVAS
1994), veia también en la sociedad de la la gran oportunidad
tecnológica económica, social y cultural de Europa . En fin, en el
informa C.' Thery de 1994, el padre del Minitel, iba en sentido,
y preveia cinco millones de hogares conectados en el ano 2000 . "
Prueba del dinamismo de este tema, el grupo C-7 en su reuruondel
7 de febrero de 1995 definió once ambiciosos proyectos-piloto, a realizar
por los diferentes países: inventario global del impacto de la de
la información; interrogabilidad de las redes banda ancha,
y formación transculturales; bibliotecas electromcas; museos y galenas de
arte electrónicas; gestión del medio ambiente y de los recursos naturales,
gestión de las situaciones de urgencia; sistemas de salud; redes de datos
administrativos; PYME; SIstema de informaciones marítimas. .
Lo que sorprende en esos informes, finalmente escasos, es la
bre inquebrantable de sus aseveraciones. Como si no dedujeran lección
alguna de los múltiples fracasos de_la prospectiva, que regularmente de:-
de hace entre veinte y cuarenta anos ha previsto mutaciones que Jamas
se han realizado. Por ejemplo, el imperativo absoluto del c;eclmlentocero,
propuesto por el Club de Roma en los años 70 como de
salvar el mundo de los desastres ecológicos, si antes la cnsiseconomlca
no le sumerge en esta otra obsesión: écómo recuperar el crecimiento? ¿Por
qué entonces la prospectiva .tiene tanto éxito? Porque se trata de un ver-
dadero ejercicio de metOl11mla, en el que se toma la parte por el todo. A
partir de algunos elementos de certidumbre, se extrapola a. otra escala
diferente. Pero nunca se mencionan las diferencias entre el numero mSlg-
nificante de certidumbres y el número considerable de incertidumbres. Y
sobre todo, nadie va a comprobar retrospectivamente las de la
prospectiva. Lo esencial, con la prospectiva, es el1 el aqUl yahora
de la producción de los textos. Detrás de sus referenCias racionales, su
lado serio de ingeniero y de experto, l?s eJercICIOS de prospectiva son las
más de las veces ejercicios de creencia. Sirven para calmar la angustia
) J. Delors, POllf entrer dans lexxr' sicc!c, leLivre /Jlane de la Commision Européennc, Michel
Laffont/Ramsay, 1994. . .
4 G. Thery, Les Auturoutes de l'infonnation, La DO,cume,ntatJOn G. The!y
ve en las «autopistas de la información» un «desafio universal». del ano
2000 será la de la información para todos. Comparable en extensión técnica a la de los
ferrocarriles o la electrificación, será más profunda en efectos las redes de
telecomunicaciones constituyen de ahora en adelante el de nU,estras
ciedades. Será tambiénmucho más rápida porque.las tecnologías evoluClonat; n:as.dep,nsa
que hace un siglo (...). Esta revolución, hecha posible por las recten-
tes, se caracteriza por la aparición de con.ceptas del de la de. la
información. El desarrollo de la digitalización, asociado en especial al de la fibra óptica,
provocará una verdadera ruptura liberadora ...» (pág. 11)...
265
SOBRE LA COMUNICACIÓN
creada por el futuro. Su fuerza radica e lid
tido para el hoy incluso si tod 1 idrea ¡ ad en suministrar un sen-
como cada vez problema eso e mun o simula hablar del porvenir. Y
nuevas técnicas de -hoy se refIere al impacto de las
petróleo, el final del comunismo al:r tercer mundo o la crisis del
mdad de que se discuta al" m re...-, casi no existe la oportu-
os que se Ocupan d I bl
todo trabaJ'o de prospect¡'va es' T d . e pro ema. El credo de
. « o o comienza hoy' y ,{
ruptura radical con respecto al pas d T d '. 110S entrentamo« a una
y pobre del que lo ponga en o. Eo °fva a cambiar, y el pasado es inútil".
no les gusta que se critique su n autores de prospectiva
orden y dibujar una ers ecti . an e ica o tanto tiempoa poner
referencia, que recibe! toda coherente, con sólo algunos puntos de
conjunto... Ycuanto más serio ica una puesta en entredicho del
cibidas son sus ideas La ro- yt
CIen
1 ICO es su aspecto, tanto mejor re-
adornado COn los de _un ejercicio de creencia,
decirlo... a . ¿ or que no? Pero por qué no
Hay que leer esos trabajos PI'
minio del futuro que los' ara ver a necesidad angustiosa de do-
técnica para cambiar la y i
a
creencia en la capacidad de la
tallas industriales COn relaciones se ba-
neral de un calendario de medid . todo eso acampanado en ge-
d
i as urgentes que ha t
e acumular un retraso inatrn able . . yque ornar, so pena
entre el carácter inevitableme!te . La. es SIempre considerable
nera definitiva con la que se ?de las previsrom«, y la ma-
política que ha de emprenderse y e de talo cual
fueran los múlti I . ._. ern argo, SI se nuraran aunque sólo
desde hace mdustrial en Jos diferentes países
. - . . -, afia para que las capa id d d .
non antIcIpadora fueran - d CI a es e arnbi-
E
mas mo estas.
ncontramos todas . .
ción-. Tomando como en «la sociedad de la informa-
técnícas y de la veta indu t . le partí a un dominio, casi posible, de las
. s na , se aventura uno 1
ridad hacia la anticipación de s .. d . con menos segu-
dificil de evaluar (y, en d hacia una demanda más
davía más incertidumbre o ' e mercado), para acabar con to-
nes (salud educación urb
P
runa p)rosPdectiva de las diferentes ínstitucio-
, ,amsmo y e su d t "'
«moderna». Las evaluaciones más'" "1 «a ap acion- a la sociedad
ocio, porque los mercados existen es se refieren a los juegos y al
que mejora la vida cotidiana de '10 .iudada de senncios, es concebible lo
(relación con los bancos los se " s CIU a. anos y cansados
viajes), pero la cuestión'se adlmmlstrativos, el telecomercio, los
educación, o cuando no se trata a tent °d qude a la salud, la
n e o o e InformaCIon, sino de co-
266
LAS SOLEDADES INTERACTIVAS
nocimientos. Respecto al trabajo, o el teletrabajo, salvopara empleos muy
,ubcalificados -o al contrario, supercalificados-, las dificultades apa-
recen mucho más reales que lo que se había realmente imaginado. Con-
trariamente a las promesas seductoras, la instalación de ciudades en el
campo parece más complicado de lo que parecía... En cuanto a la edu-
cación, al margen de los CO-Rom y de algunas aplicaciones interactivas,
se aprecia rápidamente una distancia entre las capacidades de diálogo
hombre-máquina y el papel considerable que se quiere hacer desempeñar
en relación con cuestiones mucho más complejas, como el aprendizaje, la
síntesis de los conocimientos, la didáctica, el afán de saber'. En pocas
palabras, en cuanto se avanza en cada uno de esos inmensos territorios
se comprueba que todo se vuelve complicadísimo.
El carácter finalmente heterogéneo de las prospectivas se encuentra al
nivel de los experimentos cuya necesidad reconocen todos para evitar la
repetición de ciertos errores del pasado. El grupo G-7 en 1995 decidió,
como hemos visto, once proyectos piloto, y Francia, a una escala más
modesta, como consecuencia del informe Thery, ha retenido igualmente
cuarenta (de los cien que fueron presentados después de una convocatoria
de ofertas), la mayor parte financiados con fondos privados. La realidad
es trivial: las incertidumbres son considerables; las dificultades técnicas
cada vez mayores a medida que se avanza; los mercados y la demanda
son difíciles de prever; los costes, ampliamente aleatorios. Pero todo el
mundo sabe que hay que estar presente en ese Lejano Oeste para garan-
tizar el futuro. Entonces cada actor económico, industrial o técnico, y cada
Estado, hace dumping. Todo el mundo «miente», porque lo importante es
ocupar el terreno, en espera de que como resultado de una experimen-
tación se retrazará un verdadero mercado. El mercado de las nuevas tec-
nologías se parece a un gigantesco juego de póquer-mentiroso. Todo el
mundo debe seguir, so pena de distanciarse, pero sin saber a dónde va,
mientras da firmemente la impresión inversa.
En resumen, sigue habiendo muchas incertidumbres y zonas desco-
nocidas, pero se niegan en nombre de la guerra técnica y económica des-
piadada a la que se libran los grandes grupos y los Estados. En realidad,
todo el mundo, por razones diferentes, está embarcado en esta partida.
El primero que dice la verdad es eliminado inmediatamente. Así es como
los diferentes grupos multimedia actúan, haciendoque parezcaque saben
muy precisamente lo que quieren, cuál es el calendario, para qué y con
qué beneficio...
5 Cfr. G. Dclacótc. Savoir apprendre: les nouvelles méthodes, OdileIacob. París, 1996.
267
SOBRE LA COMUNICACIÓN
III. LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN YSUDISCURSO
A) El mund¡alismo
a la escala del mundo tanto
l
. or vez pnmera se reúnen b
as...» Es el conocido terna de la aldea global el d b do as esca-
PmOlrnaladso técnilcas del comunicación, corno o
por os va ores de la com . . , N '
entre la ideolozía di li umcacion. o solo no se percibe el vínculo
rnunicaci . O' mun la ista y los mtereses de las industrias de la co-
la entre ese terna de
te Sin b l l norruco se Ignora igualmen-
nÓmico a global es la mejor garantía al liberalismo eco-
mundial des . n loe que c?rresponde al sueño de un mercado
b li pojado de normas mutiles, principalmente nacionales El r
era econorruco encuentra en el mundialismo de las ' . . 1-
murucacion su mejor justificación ideolózica y funri teIcmcas de co-
densa dI' o'' « oona». nternet con-
de un a:eJor mfranera, desde ese punto de vista, la ideología técnica
o sm anteras, la Ideología liberal del '1
r
ee flow»
Aquello qU,e debería representar la innovaciÓn
los intereses el contrario, enel centro de
Información corno valor democrático y 'Ia la
de referencia a la «cibercivilización».
tanto éxito. Si no hubiera tal tiene
raciones, sena más fácil criticarlo. Además hablar de m d" Ii ..Y
dos venta¡ . Id' un la izaoon tiene
que el a ,o'.Jnmascarar el desequilibrio Norte-Sur y creer
medio de a las redes, encuentra igualmente el
identitarias cad ' o», por otro, ofrecer a las reivindicaciones
. '.a vez mas numerosas y violentas en el mundo una
noplIa de y de técnicas susceptibles de ser utilizadas'
ras se amp Jasen las condiciones de comunicación, más un
para expresarse, y asentarse, la reivindicación identitaria
SIn embargo, es exactamente a la inversa' 'or
mas la cuestión identitaria se
" o eme per er su identidad en un flujo generalizado de com .
Y la persp,ectiva orientada hacia dividir el mundo en cuatro
es reglones (América, Europa, Asia del Norte y del Sur) no cambia nada
Det
de
hablar de «regiones» nos traslada a un vocabulario más fa'
rrular y a reJereneIas que todos tenernos. Pero las regiones no se harán ni
268
LAS SOLEDADES INTERACTIVAS
fácil ni rápidamente. Suponiendo que lleguen a constituirse -lo que a la
antigua medida de la historia de Europa ilustra su complejidad-, segui-
rán confrontadas a la violencia de las relaciones de fuerza entre las eco-
nomias nacionales, las formas multinacionales y factores paralelos de
mundialización de la economía. En resumen, la mundialización, presen-
tada corno la «única» perspectiva del desarrollo, debería, corno todas las
demás «certezas» económicas que han causado tantos daños desde hace
un siglo a la historia económica, ser abordada con más prudencía. Ysobre
todo, habría que recordar que cuanto más progresa la comunicación, más
crucial se vuelve la cuestión de la identidad. Además, ciertos analistas, que
perciben el riesgo de una reivindicación identitaria creciente, proporcional
al crecimiento de la comunicación, encuentran la solución en la promoción
de este dúo-milagro: lo global y lo local, o, para retornar una fórmula del
mismo tipo: la mundialización y la individualización. Pero esa gran dis-
tancia, factible en el plano técnico, no lo es ni en el individual ni en el de
la sociedad. Lo que se corre el riesgo de que se produzca corno conse-
cuencia de las contradicciones inmensas entre la lógica de lo global y la
de lo local es más bien la explosíón y la fragmentación. Tanto más sí se
tiene en cuenta que el movimiento de globalización de la economía no
es nuevo, sino que simplemente se acelera desde los años 50. Por el con-
trario, lo que es nuevo es la presencia de la comunicación. No sólo no es
seguro que la mundialización de las técnicas de comunicación sea capaz
de manejar la reivindicación de identidad que se produce corno reacción
a esa globalización de la economía, sino sobre todo que no debe olvidarse
que esa mundialización de la comunicación tiene un efecto de revelación:
hoy se ven gracias a ella los daljos de esa globalización, es decir, las desi-
gualdades. Siempre ha habido daños, lo que pasa es que no eran visibles
simultáneamente. El verdadero cambio está ahí: la mundialización de la
comunicación hace todavía más visibles los daños de la globalizacióneco-
nómica.
La información y la comunicación no pueden a la vez ser el valor
dominante de la sociedad individualista de masas, de la democracia de
masas, y constituir el sistema de representacíón de la sociedad mundial
de mañana... Es necesario que aparezcan otras referencias filosóficas, ideo-
lógicas, religiosas exteriores a la información y a la comunicación para que
estos dos valores esenciales desempeñen, por otra parte, su papel. Hay
una cierta locura en la idea de creer que la información y la comunicación
serán a la vez los instrumentos y los valores que se encuentren de nuevo
al nivel de la economía, de la sociedad, de los ideales y de la sociedad
mundial...
269
SOBRE LACOMUNICACIÓN
B) El tiempo suprimido
No sólo las técnicas cortocircuitan la duración de toda comunicación al
permitir una comunicación instantánea que ayer precisaba tiempo, sino
s?bre. todo, con el progreso de los satélites y de la fibra óptica, la comu-
rucacion a distancin es tan barata como la comunicación local. No encon-
tramos incluso en la diferencia de precios la huella de la duración y
del espacIO. La bajada radical de los costes de comunicación a larga dis-
tancia -:-para la informática ayer, para la imagen hoy, para las teleco-
murucaciones mañana- crea un mundo instantáneo. La conquista del
recobra la idea postmoderna de un tiempo indefinido, sin pasado
m presente,. y que integra permanentemente el pasado y el futuro. Todo
se vuelve smcroruco, presente al espíritu y a la vista. Desde luego con
por poco que s,e acepten las diferencias horarias, se puede pasar
el día navegando a través de los husos horarios. Manejar la comunicación
a distancia, sm fronteras y sin duración, suscita una indecible sensación
de poder, menos molesta a partir del momento en que todo parece lúdico.
De hecho,. el postmodernismo, que es más una moda que una ideología,
tiene el rmsmo defecto que la comunicación: creer que se puede salir del
tiempo, o llegar a su compresión. Por supuesto toda filosofía expresa una
del tiempo y una visión del espacio, pero el trastorno que las nue-
vas técnicas provocan en esas dos escalas no basta para crear un modelo
de sociedad. es donde opera el silogismo de la ideología técnica: ya
que toda filosofía d: la existencia una visión del tiempo y del
espaoo, y que las tecmcas de comumcacion trastornan esas definiciones
del 1 del espacio, se llega la conclusión de que las técnicas de
comumcacron ongman una nueva filosofía... En realidad las autopistas de
la información encarnan la ilusión de un tiempo único la información y,
en consecuencia, de ,un tiempo umco para, todo: la ilusión de un tiempo
mundial, en oposrcion a Jos tiempos históricos locales. El sueño de un
tiempo único es una constante de las utopías y de las seductoras desvia-
Clones de la ideología técnica.
C) Todo cambiará
¿La El mismo ritmo se impone a la técnica y a la socie-
dad, lo que obliga al tiempo social a ser un calco del tiempo técnico. Esto
conduce a un desinterés respecto al pasado: «Esto va a cambiar tanto que
es ínútil conocerlo». Hay tantas cosas que hacer para prepararse al futuro,
270
LAS SOLEDADES INTERACTIVAS
que es inútil mirar hacia el pasado. Esto nos molesta más porque no sería
útil. Si, el pasado ha presento. . ., ."
Otra versión de esta ideología de la comurucaoon. qUlza mas angus-
tiosa todavía, consiste en subvalorar la importancia de los cambios
rridos, y en sobrevalorar los que vendrán. las mutaciones serán
aún más radicales» Esto crea una espeoe de «Jadeo» permanente, que es
más desestabilizante todavía porque la mayor parte de la población no
ha integrado siquiera los cambios precedentes. ¿Por qué es esta
impresión de loca carrera? Porque los trabajos prospecllvos estan garan-
tizados por las firmas de los mejores cientfficos de este terreno, y porque
suponen establecida la hipótesis, jamás pla;'teada, según la cual la explo-
sión de las innovaciones técnicas engendrarla a una velocidad Identlca cam-
bios en toda la cadena: puesta a punto de las aplicaciones, creación de
los servicios, oferta, nacimiento de los mercados, existencia de una de-
manda. .
Por mucho que se imaginen apticaciones en medicina, educación, agn-
cultura, teletrabajo. comercio..., no quiere decir que efectivamente OCUrrI-
rán. Ni, sobre todo, que se harán las previstas actual-
mente, y que proceden en su mayona de una l?glca de n
ejemplo personal. En 1979 publiqué (con J.-L. Lepigeon) una mvesllgaclOn
comparativa sobre la informatización de la escrita y la llegada
(ya...) de nuevos media en Fran:Ia, en Gran en Estados Unidos
y en Escandinavia (De la presse écrite aux nouveaux mediaS, Documentatton
francaise, 1979). Según lo escuchado a la mayor parte de lo.s interlocutores.
la informatización de la fabricación, luego la generalIzaclOn de las redac-
ciones electrónicas, y por último el acceso más fácil a las bases de datos
debían «revolucionan, la prensa escrita y la información. Ya en aqu.ella
época habíamos relativizado ampliamente ese idílico discurso. Pero veinte
años después es posible ver, puesto que todos los cambIOS se han realizado,
en qué esas mutaciones técnicas, sin embargo col1s1derabhes, no han revo-
lucionado la concepción de la prensa y de la Desde luego,
la informatización de todas las fases de la producción presenta ventajas,
pero también inconvenientes inesperados, principalmente en términos de
rigidez. Pero sobre todo la entrada de lalrensa en la «revolución de la
información» no ha provocado la revolución anunciada, a saber «una nue-
va concepción de la información y del periodismo»... Hoy, con ,una om-
nipresencia de la informática y de todos los medios tecmcos.mas sofisti-
cados, no parece que la información y la prensa hayan cambiad» mucho
desde el punto de vista del contemdo y de su papel, Esto demuestra una
vez más que una innovación técnica, por fuerte que sea, .no lleva consigo.
mecánicamente, una transformación profunda del contenido de las activi-
271
SOBRE LA COMUNICACIÓN
dades. No sólo el tiempo técnico no es el tiempo social. sino sobre todo
el cambio técnico genera problemas nuevos, inesperados, que no estaban
presentes en los famosos discursos de prospectiva... Todos estos fracasos
deberían hacer reflexionar, pero nada se ha hecho. Por ejemplo, la socie-
dad de la información, que debía estar ya aquí en los anos 90, y que
evidentemente no ha acudido a la cita, en lugar de provocar una reflexión
crítica se anuncia simplemente para pasado mañana. Más que comprender
que las sociedades no evolucionan al ritmo de las innovaciones técnicas,
se habla de «resistencia al cambio» y de miedo al futuro... Todo salvo
poner en duda la racionalidad sintética tranquilizadora, pero falsa, de la
prospectiva. Todo salvo poner en duda esta urgencia del tiempo y esta
confusión entre tiempo técnico y tiempo social.
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273
CAPÍTULO 15
MANTENER LAS DISTANCIAS
¿y si todo esto fuese verdad? ¿y si asistiéramos pOI fin a un cambio
pOS111VO, que no amenazara a nadie y que resolviera los problemas de
soledad y de comunicación de nuestras sociedades? ¿y si por una vez se
pudiera confiar en el progreso científico y técnico, sin la aprensión que
rodea lo nuclear, la conquista del espacio o la biologia? ¿Si, en fin, se
tratara de una revolución pacífica, universal, convívencial en todas direc-
ciones? Seria una revancha del progreso respecto a tantas decepciones y
angusl1as.
Mantener esas distancias y su espíritu criticoes, pues, tanto más difícil
por cuanto intuitivamente todos deseamos dejarnos arrastrar por las pro-
mesasde la mode;mdad y que se nos tache de «cascarrabias» y
de «frioleros». ¿Como, en sentido opuesto, mantener las distancias res-
pecto al otro discurso, ultrapesimista, que denuncia las desviaciones de la
comunicación en las múltiples industrias del mismo nombre y no ve en
el tema de la sociedad de la información más que la marca de una nueva
dominación? En breve, es difícil mantener esas distancias cuando, en veinte
año:, todo ha sido anunciado o denunciado, a veces realizado, a veces
olvidado, y nuestras sociedades se encuentran finalmente hartas de todas
las promesas del infierno o del paraíso de las técnicas de comunicación.
Conservar las distancias equivale a conjugar cinco verbos: distinguir, re-
glamentar, relativizar, ralentizar, revalorizar.
I. DISTINGUIR
, Es, sin la palabra maestra. ¿Por qué? Porque del lado de las
técnicas se asiste, por el contrario, a una integración creciente de la infor-
274
MANTENER LAS DISTANCIAS
mática de las telecomunicaciones y de lo audiovisual, que permite, más
abajo, ;ervicios integrados individualizados, interactivos, universales, poco
costosos, que han contribuido a difundir el tema de la de la mfor-
mación. Al integrar servicios ayer separados, se ha l,a idea de
servicios universales de la información y de la cOI!'umcaclOn, ?Sl como el
tema sintético de la sociedad de la información. Este no habna temdo el
éxito que todos sabemos si no se hubiese comprobado la eiicaoa de ,esta
integración creciente. Distinguir, reintroducir el Juego, mostra; el caracter
hipotético, incluso discutible, de ciertas es tanto mas necesano
por cuanto al individuo se le exlge elegir: Sl se adhiere, ha de ser total-
mente' si titubea o critica, se le descalifica. Entre los dos, nada de d1SCU-
sión, de argumentación, de debate, cuando es ese espacio discursivo el que
haría falta crear para evaluar, relativizar, las promesas: distin-
guir lo que parece verosímil de lo que resulta, mas incierto, .
Entre las numerosas distinciones que habna que establecer, se 1mpo-
nen estas dos. Primera distinción: jerarquizar innovación científica y técnica;
aplicación y servicio. No se pasa direda'",ente de una a otro, las
«resistencias» sociales, culturales, institucionales, aumentan a que
se evoluciona desde el nivel de la técnica al de la realidad empmca.. La
historia de las ciencias y de las técnicas está abarrotada de
tos que nunca han sido aplicados, o lo sido un plazo radicalmente
diferente del que estaba previsto, o segun modahdades totalmente1:np;e-
vistas. Hay siempre una lejanía de la ciencia a la tecmca, y de la tecmca
a la sociedad. Basta ver cómo el teléfono, que fue la pnmera ruptura en
las técnicas de la comunicación, fue no sólo objeto de múltiples contro-
versias sino sobre todo de calendarios de implantación diferentes en los
diferentes paises. Evidentemente, el hecho de .que se trate de técnicas de
comunicación refuerza la ilusión de un lazo directo entre ciencra, tecmca
y sociedad, porque, en general, al invertir en una técnica capaz de resolver
un problema social y cultural se queman las etapas entre esos tres estadios.
Hoy, la fuerte demanda de no en la sociedad,
explica las inversiones, en todos los sentidos del término, en las nuevas
técnicas de comunicación.
Esta distinción que ha de mantenerse entre los tres niveles (descubri-
miento, aplicación y servicio) ha de ponerse en paralelo con lo que de-
pende del conocimiento estricto (descubrimiento), de la batalla industrial
(aplicación) y de la reglamentación (servicio). hay nada peor que mez-
clar los problemas ligados a la demanda potencial con los que c?rrespon-
den a la competencia industrial o las políticas de investigación. En la
realidad, los actores, sobre todo industriales, deseosos de ocupar los
torios en los que la competencia es intensa, han hecho todo lo posible
275
SOBRE LA COMUNICACIÓN
por mezclar los planes, lo que es normal. iPero los actores económicos no
son los únicos actores «legítimos» de la sociedad!
Segunda dístinción: separar en los nuevos servicios lo que se refiere claramente
al trabajo, los servicios, la educación, el ocio. Las diferencias entre trabajo,
educación, servicios... no desaparecen porque todo se haga a partir del
mismo terminal. Lo característico de la ideologia técnica consiste en hacer
creer que el uso de la misma herramienta crea una integración. El uso
del mismo teclado no cambia nada la heterogeneidad de las actividades
a las que se accede... Tanto parecen fáciles las aplicaciones para el sector
del ocío y de los servicíos, cuanto son muy complicadas para el trabajo, la
educacíón, la salud. Pero se enmascaran muy a menudo las dificultades de
los segundos detrás de las facilidades de los primeros. Como si los ex-
perimentos de tamaño natural, en un terreno, fueran a servir directamente
en el otro. Sin embargo, los hechos deberían hacernos prudentes. Ya hace
veinte anos que se promete «la explosión del teletrabajo, que debe a la
vez desconcentrar las ciudades, facilitar un trabajo inteligente, llevar el
trabajo al campo, crear nuevas solidaridades». El teletrabajo sigue siendo,
en realidad, marginal (menos de 100.000 empleos hoy; menos de 200.000
en el ano 2005), y las dificultades aumentan a medida que se aplica. Pero
en lugar de reconocer que las dificultades están ligadas a la complejidad
de eso que se llama el trabajo, se responde que mañana una nueva ge-
neración de instrumentos permitirá resolver todos los problemas. En otras
palabras, se tecnifica el problema y se rechaza admitir que en la auto-
matización de las tareas se tropieza pronto con dificultades de división y
de organización social del trabajo poco compatibles con una cierta visión
del trabajo automatizado. La cuestión no es reciente: se ha planteado des-
de las primeras automatizaciones del trabajo humano en los anos treinta
y cincuenta '. ¿Quién lo ha entendido entonces? El carácter más sofisti-
cado de las herramientas, medio siglo más tarde, no ha cambiado esa
problemática de la distancia, incomprimible, entre la complejidad e inter-
actividad del cerebro en las situaciones de trabajo y las ineluctables sim-
plificaciones que implica la automatización de las tareas y de las funcio-
nes. En otro terreno, las repetidas dificultades desde hace treinta años en
materia de traducción automática o de inteligencia artificial en los sistemas
expertos deberían también hacernos más modestos... Una de las cuestiones
centrales es la de saber hasta dónde es posible individualizar las relaciones
de trabajo, de educación, de salud, de ocio... él-lasta dónde ese tipo de
1 Cfr. todas las investigaciones de los sociólogos del trabajo, que dedicaron numerosos
estudios a la cuestión de la automatización del trabajo entre 1960 y 1980: G. Friedmann;
A. Gortz; P. Naville: A. Touraine; S. Mallet; M. Crozier; R. Tréanton...
276
MANTENER LAS DISTANCIAS
tareas es organizable de un modo interactivo del sistema de información,
y a partir de cuándo el avance logrado tal individualización p.asa a
ser contradictorio con, por ejemplo, la necesidad inextinguible que tienen
los seres humanos de vivir en colectividad? Por otro lado, cuanto más
sofisticadas son las actividades, mayores problemas plantea la automati-
zación supone una cierta estandarización.
La cuestión central no es, además, automatizar el acceso a la informa-
ción, sino la de saber: zpara qué uso? Y la respuesta es radicalmente di-
ferente según los campos de aplicación. me qué información tenemos
realmente necesidad y para hacer qué? Nadie consume «información» en
sí misma, y ésta sólo existe en relación con una capacidad de interpretación,
de selección y de reorganización que varía de un individuo a otro y de
una actividad a otra. El individuo no está jamás solo con una máquina:
está siempre en sociedad, en interacción con otros problemas, otras lógi-
cas, otras referencias, que ineluctablemente interfieren con las tareas cog-
nitivas. En resumen, no existe ningún lazo entre el aumento del volumen
de informaciones disponible y el aumento de su utilización. Cuantas más
informaciones hay, más importantes son los filtros de los saberes y de los
instrumentos culturales necesarios para su utilización. En otras palabras,
las desigualdades culturales de acceso y de utilización crecen a medida
que se pasa de las informaciones para los o el ocio, a las infor-
maciones ligadas al teletrabajo o a la teleeducación. DlstmgUlr consiste,
pues, en et discurso que confunde simplicidad de acceso con jerarquías de
competencías. Estas no cambian. Si puede haber Igualdad de acceso, no hay
igualdad en la capacidad de utilización. Las desigualdades ,de saber no se
modifican con la simplificación del acceso y de la utilización,
En este orden de ideas se impone otra distinción: las necesidades de
nuevos servicios (y ante todo los más inmediatamente utilizables como
son el correo electrónico y el acceso a las bases de datos) no son idénticas
según se esté en el Oeste o en el Este, en el Norte o en el Sur. Los países
ricos del Norte de Europa y de la Europa del Oeste VIven ya en un
universo saturado de información. Por el contrario, para la antigua Europa
del Este, la necesidad es inmensa. El correo electrónico, por ejemplo, es
un medio cómodo y rápido de intercambios, que permite remediar las
carencias de los sistemas de información tradicionales, a menudo escasos,
del teléfono o de la informática, y de romper las redes tradicionalmente
centralizadas de comunicación. En los dos casos se ve la ventaja de esos
servicios, pero no obstante se plantea una cuestión: écuál es el preciodel
acortamiento de circuito permitido, por ejemplo, por el correo electromco?
En efecto, es conforme al tiempo de la modernidad, pero el tiempo de la
Europa del Este y de los países del Sur no es quizá idéntico al de los
277
SOBRE LA COMUNICACIÓN
países del Norte. Y al querer acelerar demasiado, se crean desequilibrios
en el seno de esos países y entre ellos y los países ricos. En otras palabras,
no sólo las necesidades reales no son las mismas según el Este, el Oeste,
el Norte y el Sur, sino que igualmente la rapidez de los instrumentos
introduce distorsiones y desequilibrios en el seno mismo de los paises
beneficiarías.
n. REGLAMENTAR
Se considera a menudo que la mundíalízacíón de las técnícas de co-
municación es la condición de la globalización de la economía y la fuente
de todos los progresos. He aquí la ecuación diabólica que se ha hecho
fuerte desde hace una veintena de anos y cuyo tercer término se llama
desreglamentación 2
Ahora bien, el reto de la mundialización. para la comunicación, es
simple y esencial: reglamentar o suscitar reacciones identitarias violentas.
Contrariamente al ingenuo discurso modernizador, las nuevas técnicas no
pueden nada contra la violencia política o religiosa. O, por decírlo de otra
forma, no son las parabólicas las que harán razonar al fundamentalismo,
sino más bien el fundamentalismo el que instrumentalízará las parabólicas
o las prohibirá. Hace veinte años podía pensarse que el mejor medía de
luchar contra los regímenes autoritarios era abrir las fronteras. ¿Qué com-
probamos hoy? La apertura se ha realizado, con las perspectivas de la
mundialización por satélites, Internet y otras redes mundiales, pero esto
no desestabiliza a esos regímenes autoritarios. Peor: suscita resistencias
identitarias en las que se amalgaman apertura e imperialismo. Principal-
mente en los países del Sur, donde el fundamentalismo religioso encuen-
tra en la lucha contra el occidentalismo -identificado a la ideología y a
los intereses de la apertura- uno de sus recursos favoritos. La idea largo
tiempo dominante según la cual se favorecía, a través de la apertura, el
comercio, los intercambios, la desreglamentacíón en definitiva, una mejor
comprensión, y al final la democracia, encuentra hoy su límite. Justamente
porque hoy, al contrario que en el siglo pasado, todo es apertura. La aper-
tura no garantiza ya la democracia. Las tiranías saben ahora manejar aper-
tura económica y cerramiento político, y volver contra nosotros los valores
de la comunicación. La apertura y la mundíalizacíón ya no bastan para ser
ídentificadas al progreso y a la democracia, sobre todo desde que los países
1 Renaud de la Baume y [ean-jeróme Bertolus hablan además de una «deificación de
la competencia» orquestada }X)f «Les Nouveaux Maitres du monde» (Belfond, 1995).
278
MANTENER LAS DISTANCIAS
pobres han comprendido cómo los valores mundialistas de Occidente coin-
cidían a través de las técnicas de comurucacion y el comercio mundial.
con sus únicos intereses. Lo que signifíca: atención al boomerang de la co-
municación. Occidente no se da cuenta suficientemente de hasta que pun-
to se percibe la mundialización, que es su ideología, ligada a sus Intereses,
como un factor de desestabilización: econormca, social y cultural. ,
¿Hasta dónde lo que es bueno para la economía es bueno slInUltaM,a-
mente para las sociedades? Una vez más encontramos esta contradicción
entre lógica capitalista y realidades socíales y culturales. Todo el problen;a
reside en el hecho de que ya no hay un "ínculo directo entre mun,dlallzacwn
de las técnicas y progreso de la comunicación en el sentIdo democratI,co de la
palabra, es decir, mejor comprensión mutua. Incluso es al reveso SI, se
quíere mejorar la comprensión entre los pueblos, las culturas,
ricos y los otros, hay que imponer las condídones a la comumcaclOn,. es
decir ir contra la corriente dominante de los intereses y de las Ideolog
las,
es decir, reglamentar. Cuanta más comunícación hay, más reglas hacen jalta.
Cuanto más recordemos que no hay un público un acontecí-
miento mundial, un cíudadano mundial, un espaCio. pubhco mundial.
comprenderemos mejor los límites del discurso mundialista y las
dades de una reglamentacíón como medio de pre:ervar las díferencias.
Si bien puede existir eventualmente una eco;,omla globahzada, no hay
socíedad globalizada, y, a fortiori, comurucacron orgamzada. SI bien las
técnicas y los mercados pueden ser internacionales, los pubhcos sIguen
siendo siempre nacionales, incluso si reciben los mismos progran:as y un-
lizan los mismos ordenadores. Los irredentismos no se crean IpSO jacto.
Desde hace medio siglo surgen como reacción a este enorme movimiento
de identificación del progreso con la mundlahzaclOn. .
Decir que «los retos son mundiales» es retomar a su cuenta los. dIS-
cursos de los actores cuyos intereses son efectivamente SI no,
se mantiene otro discurso cuyo objetivo es ante todo amplificar las
gualdades y respetar las diferencias. Si no se orgamza la.
sobre la base de las ídentidades nacionales, culturales, lmgmstlCas, surgrra
un «identitario» de rechazo, muy diferente del que existe en el
seno de toda sociedad. El surgimiento de este «identitario de rechazo»
sería la prueba del fracaso de todos los valores occidentales'. , .
Tener en cuenta esas senas de identidad es, pues, también el
de salvar la referencia a lo universal para no identificar
universalismo. Lo esencial, como hemos visto, es romper esta ¡[uswn segun
la cual la mundialización sería la encarnación de lo universal, y rec?rdar que
la identidad no es el obstáculo al universalismo, sino su condición. SI Oc-
cidente na llega a inscribir la capacidad mundialista de las técnicas de
279
SOBRE LA COMUNJCACJÓN
comunicación en la realidad de las identidades socioculturales de la co-
municación, pone en pie los instrumentos de su propia destrucción. De
todos el carácter «naturalmente progresista» de la mundialización
es discutible, Desde luego, la mundialización de las técnicas de comuni-
ha un instrumento formidable para todos los disidentes de los
paises comumstas y para todos los combatientes de la libertad contra las
dictaduras, Los disidentes de la Europa del Este y de la ex URSS han
sabido sacar provecho de esta mundialización de la información, lo mismo
que las ONG, principalmente con la llamada al tema de la comunidad
internacional. El movimiento humanitario, a partir de los años 70, ha he-
cho lo mismo. Pero el terrorismo utiliza hoy, también con toda eficacia la
mundialización de, las técnicas de comunicación, y sabe muy bien
repercutIr su acoon, con la nusma eficacia que los media en el plano
internacional. '
que desplazar, en fin, la problemática falsa, aunque seductora,
segun la cual las nuevas técnicas de comunicación permitirían reducir las dis-
toncia» entre el Norte y el Sur, y también en el seno de los paises desarro-
llados. En reahdad, el subdesarrollo tiene más numerosas y complejas cau-
sas que el acceso a la información. Más aún que para los paises ricos.
Conceder demasiado sitio a la información en las causas del éxito, o el
fracaso, del desarrollo, es subestimar ampliamente las otras dimensiones
educación, salud, capacidad de producción agricola, or-
gamzaClon de los mercados de materias primas, politica urbana...). Yante
las capacidades de movilización -social, cultural y politica-, que
no tíenen nada que ver con un acceso más rápido a Internet... No es
posible redu.Clr el desarrollo de los paises del Norte desde hace ciento
Cln,cuenta anos a una problemática de la información. A fortiori para los
paises del Sur que manejan dimensiones antropológicas todavía más nu-
merosas y complejas. AIúse encuentra una equívoca reducción de las cau-
sas de desarrollo a un solo factor. Y sospechosa, dado el isomorfismo de
ese razonamiento a las ideologías de la información. Hacer de la infor-
mación el central de la economia y de la sociedad es simplemente
hacer una Jugarreta y confundir la dimensión funcional de la información
Con su dimensión normativa. Es transformar Internet, símbolo de la ideo-
funcional de la comunicación, en arquetipo de la información nor-
mativa.
III. RELATIVIZAR
Hay que destacar ,tres direcciones para ver con "perspectiva» las pro-
mesas de la revolución de la comunicación. Las nuevas técnicas de co-
280
MANTENER LAS DlSTANCJAS
municación no resuelven mejor la relación individuo-masa que los media
de masas. Por supuesto, se presentan como el medio de resolver el pro-
blema delicado de nuestras sociedades: el de la relación entre la escala
individual y la escala colectiva. Sin embargo, como he explicado en la
segunda parte, el problema principal hoyes menos el aplastamiento del
individuo por la cantidad, que el desgarramiento del vinculo social, y la
desocialización. ¿En qué se convierte el vínculo social en la sociedad si
todo va en el sentido de la individualización? Las nuevas técnicas de
comunicación no permiten reequilibrar el vínculo entre el individuo y la
cantidad de personas; las técnicas no son la post-comunicación de masas,
y constituyen más el retrovisor que el proyector. Al valorar esencialmente
la demanda y no la oferta, no modifican la problemática del «estar juntos».
En efecto, a través de la demanda y de la interactividad se anudan los
lazos, pero aquí la problemática es la del mercado y no la de un proyecto
cultural. Las nuevas técnicas reúnen a aquellos que iulblan ya el mismo
lenguaje y pertenecen a la misma cultura. La televisión, con sus torpezas
y sus enormes insuficiencias, se dirige a todo el mundo. Yla proliferación
del número de canales no cambia nada esta problemática del «estar jun-
tos». En realidad, las nuevas técnicas de comunicación son lo simétrico de
los media de masas respecto a la cuestión central de la integración cultural,
sin desplazarla ni mejorarla.
Sigue habiendo, por otra parte, una considerable desproporción entre
el tamaño de los retos económicos y la modestia de las aplicaciones y los
servicios. Una de las fuerzas del discurso de las técnicas de comunicación
reside en el hecho de presentarse como universal. En realidad, no es nada,
por dos razones. La primera se refiere a la desproporción entre los discursos
y la realidad de los mercados. Por el momento, nos encontramos en la
fase de la constitución de los grandes grupos del sector, no de la definí-
ción de los servicios ni de la organización de los mercados. En efecto,
cada grupo industrial hace dumping para distinguirse de sus competidores,
anunciando "para mañana» el lanzamiento de un producto revoluciona-
rio, pero en la realidad los servicios no están preparados. En la guerra
psicológica que libran los grupos industriales, cada uno marca su territo-
rio, pero los mercados van más despacio que los discursos.
La segunda dirección está ligada al problema, ya evocado, de los límites
de la prospectiva. Lo que ha de cambiar es «considerable», pero los calen-
darios de experimentación tienen siempre retraso y se basan sobre todo
en escalas de aplicación más modestas. ¿Qué relación hay entre los acuer-
dos laboriosos entre operadores, los poderes públicos, los suministradores
de servicio, los 2.000 a 5.000 hogares, a los que hay que Convencer del
interés de la experimentación, y además el discurso sobre la sociedad de
281
SOBRE LA COMUNICAClÓl\
la información? Es un poco como si cada vez la montaña diera a luz un
ratón. Pero como los experimentos, apenas comenzados, son ya repercu-
tidos y comentados en los cuatro rincones del mundo, citados en los co-
loquios científicos y comerciales, se tiene Ja sensación contraria de una
multitud de experimentos, cuando se habla siempre de los mismos. El
Lejano Oeste juridico y la ausencia de normas acentúan ese fenómeno,
que cuenta además con la garantía laudatoria de Jos medios cientificos.
Con el pretexto de que éstos recurren mucho a esos sistemas de infor-
mación, y cada vez más a niveJ mundial, se llega a la conclusión de que
será ígual para todo el mundo. Pero hay muchas diferencias entre los
científicos y el gran público...
Por ahora, el único resultado concreto de la ausencia de reglamentación
no proviene de una capacidad superior de creación original, sinomás bien
de Ja utilización de esos sistemas de información para causas más turbias:
droga, mafia, pornografía... Prueba, una vez más, de que una libertad sin
obligaciones no es siempre sinónimo de progreso. Y contrariamente al
discurso ideológico ambiente, es perfectamente posible reglamentar Inter-
net, en cuanto los poderes políticos lo desean'. Todos los juristas que
trabajan sobre las nuevas técnicas de comunicación disponen de los con-
ceptos, referencias y métodos para racionalizar y organizar lo que hoy se
presenta como una especie de universo «orgiástico» de la información, en
el que cada uno hace lo que quiere y cuando quiere. Internet se ha con-
vertido en el fantasma de un planeta, llegado al extremo de la desregla-
mentación, e ilustra el síntoma -a examinar- del deseo violento de su-
primir toda obligación. Una vez regulado, Internet encontrará, y esto es
normal, las dificultades de las otras experimentaciones. La elección se hará
así progresivamente entre dos tipos de aplicación radicalmente diferentes.
Por un lado, las informaciones de servicios y de intercambios accesibles a
todos que constituyen un amplio mercado, una especie de super-Minitel
o de ordenador familiar. Por otro, servicios especializados que requerírán
una competencia técnica para ser eficaces, y que ilustran el problema uni-
versalmente conocido según el cual la comunicación especializada, cual-
quiera que sea el tema (astronomía, física, química... ) requiere un saber
compartido, unas competencias y una pericia mutua para ser eficaz.
La cuestión central ya no es hoy el acceso a la información, sino: da
información para hacer qué? ¿Qué cuestión plantear a esta información
hoy omnipresente? Ysaber plantear una cuestión a un stock de informa-
ciones requiere previamente una competencia. Por eso los discursos que
J Cfr. el artículo de F. Pisani «Internet soumisala propriétéartistique et intellectuelle»,
Le Monde, 24 de diciembre de 1996.
282
MANTENER LAS DISTANCIAS
confunden el acceso a la información y la competencia necesaria F
ara
saber utilizar la información son engañosos. Por ejemplo, la Idea segun la
cual Internet permite a los médicos intercambiar informaciones. de un ex-
tremo al otro del mundo acerca de un diagnóstico, o un tratamlento,.r
ara
salvar vidas humanas, es típicamente el género de referencias que legitIma
Internet. Lo mismopara la meteorología, las catástrofes naturales, las epI-
demias... h
Pero en cada ocasión se confunden dos fenómenos: la estrec a espe-
cialización necesaria para que el intercambio de información sea
con la facilidad de acceso. La rapidez de intercambio y de interaccion no
reduce en nada la jerarquía de los saberes y de las competencias. SI
no es médico, no sirve de nada acceder inmediatamente a un diagnóstico.
La facilidad de intercambios no modifica en absoMo JCFarquiade los saberes
ni la distancia entre las competencias. Nada sena mas demagoglco que ver
en ello las primicias de una república de sabios para todos. La exístencia
de una demanda no es tampoco forzosamente sinónimo de. progreso.
Ante todo, porque la demanda, a través de las nuevas tecrucas, eXIge
previamente la existencia de una infraestructura a partir de la cual
surgir. Existe, pues, siempre una ?ferta prevIa a la demanda'. Después, sr
las nuevas técnicas de comurucaoon favorecen los mtercamblOs: llega un
momento en que se manifiesta una cierta laxitud. T?dopuede mtercan;;
biarse, cualquiera puede acceder a todo... ¿y despu,es? ¿Para hacer que.
¿Para qué proyecto? En una palabra, las nuevas tecrucas no crean una
nueva cultura o nuevos saberes: dependen siempre de culturas y saberes
anteriores. Por lo demás, la comparación con los media de masas es escla-
recedora. Si éstos han tenido el ecoque conocemos, ha Sido, por supuesto,
porque constituían una innova,;ión té,;nica, pero ha sido s?bre todo por-
que, anteriormente a ellos, habla existido un proyecto político de demo-
cratización de la cultura. ¿Cuál es hoy el proyecto cxtenor que subtiende
las nuevas técnicas de comunicación? . .
¿Para qué, con qué fin, acceder desde nu:stra casa a la blbbo:eca del
Congreso, o a la de Alejandría? El avance tecruco y la autonomía de la
demanda no constituyen un proyecto. Los conocimientos son íümítados.
pero nadie puede acceder a todos los conocimientos. y los conocimientos
sólo valen en relación con un contexto y un proyecto. Dicho de otro
modo el conocimiento se inscribe en una relación que lo estructura y le
da un' sentido. Si uno no tiene un proyecto, éde qué le sirve poder acceder
a todas las informaciones? y entre el proyecto y uno, se necesita un m-
termediario, las más de las veces humano. . . .
La idea de un acceso directo, sin la ayuda de un espeClabsta, es decir.
sin el saber del documentalista, es una ilusión. Cuanto más numerosos y
283
SOBRE LA COMUNICACIÓN
complei?sson los mensajes, más se necesitan los intermediarios. Pero lo
ca;actenstico las nuevas técnicas es crear la ilusión de una comunica-
cion mientras que hará falta, mañana, revalorizar los dispositivos
de conexión (znterfaces). En los próximos años el oficio de documentalista
será esencial, en proporción al volumen de informaciones y de conoci-
rruentos al pueda acceder. Una de las paradojas de esta situación
de «comurucaríon directa» será, sin duda, revalorizar los intermediarios
de los que pensaba desembarazarse.
IV. RALENTIZAR
, ¿Qué es lo que ,nos. fascina? El tiempo que se gana con las nuevas
técnicas de comurucaoon. ¿Pero para hacer qué? ¿Qué se pierde y qué
se en esta situación? Ganar tiempo no constituye un proyecto.
Cuestión tanto mas pertmente por cuanto hace treinta años todo el mun-
do estaba yaconvencido de la llegada del ordenador haría ganar un
lle,mpo considerabls y perrrutíría a los hombres dedicarse a actividades
mas ennquecedorns. El resultado no es convincente, y sin embargo hoy
renacen las nusmas promesas...
El gran error de las técnicas de comunicación es encarnar la idea de
un cortocircuuc histórico que es el sueño de Occidente. Perolassociedades,
como los indívíduos, no puede,n escapa: al tiempo, y la gran ventaja de
la expencncia de tremta an?s es mostrar que el tiempo ga-
por tecnologías de la información no ha permitido ni a los in-
dividuos m a las sociedades ganar nada. El tiempo comprimido que apro-
xuna futuro y presente el punto de confundirlos, debe ser compen-
sado por una valonzac;on de la memoria. No para vivir en el pasado, sino
para escapar a la tiranía del presente y remtroducir un relieve. Para que
el futuro tome forma de nuevo, hay que ralentizar el tiempo, reintroducir
relieve, es decir, memona. Recordar, como ejemplos confirmativos, la dis-
iancu; constante entre la aceleración de la circulación de la información y
la extrema lentitud evolución de las sociedades. Recordar también que
el tiempo del acontecímísnto no es siempre el de la información, y menos
el de la sociedad. Recordar, por último, que el avance del tiempo
técnico no tiene que ver con el de los individuos y las sociedades,
y que cuanto mas se compnme el tiempo por un lado, más hay que
por el otro. Lo que se llama el triunfo de la cultura del
«zappmg» Ilustra este fenómeno. Se quiere acceder a todo, como se hace
zappmg de programa a otro. Se rechaza la integralidad, y en conse-
cuencia el tiempo que la acompaña: sólo se consumen «condensados» y
284
MANTENER LAS DISTANCIAS
«abstractos». Luchar contra el zapping es reintroducir la idea de duración
y de un tiempo completo, en oposición a la ideologia de la compresión,
que hallamos en el centro del éxito de lo multimedia. Lo multimedia es
rápido, un poco de todo, acerca de todo. Como si el zapping permitiera hacer
la economia de la prueba del tiempo. La cuestión justa consiste en pre-
guntarse: épor qué hacer circular, cada vez más deprisa, un número más
y más importante de informaciones? ¿Por qué no se dice jamás que a
nivel mundial el principal beneficiario de esta aceleración del tiempo por
los sistemas de información ha sido en veinte años la creación y la ex-
pansión de esa enorme burbuja financiera especulativa 4 que perturba re-
gular y salvajemente todas las tentativas de cooperación económica? ¿Por
qué los economistas no denuncian esta perversión que hace caduco todo
esquema económico? Igualmente, épor qué se habla del milagro de la
comunicación a distancia sin hablar de las utilizaciones mafiosas y espe-
culativas de Internet? Es difícil, sin embargo, evocar las delicias futuras
de la sociedad de información, hecha de intercambios pacíficos, sin re-
cordar que históricamente la emergencia de sociedades ha ido siempre
acompañada de desigualdades. ¿Quién ha olvidado las violencias que se
han desarrollado paralelamente a la sociedad industrial, y las que han
acompañado la sociedad terciaria, las del éxodo rural y del fin de las
fábricas? ¿Por qué esta sociedad habría de ser más pacífica que las otras?
La omnipresencia de los sistemas de información no da origen a una
sociedad de la información, simplemente porque una sociedad se organiza
en torno a sistemas de valores, y no a sistemas técnicos.
Dos ejemplos. Hablar de «nuevas técnicas de comunicación», como se
hace después de veinte años, es inapropiado, porque las generaciones que
han nacido con ellas las consideran, al contrario, como algo que forma
parte de su presente. Sólo para las generaciones que tienen entre treinta
y sesenta años la palabra "nuevo» llene un sentido. Segundo ejemplo:
cientos de miles de empleos han sido creados en torno a la informática
en los años 60 con las magníficas palabras de programador, analista de
sistemas... No sólo los empleos han desaparecido, sino que los sistemas
de formación y de educación que estaban demasiado calcados sobre esos
empleos, ligados. ellos mismos a un estado de la técnica, se han demos-
4 Cfr. el artículo de P.-A. Delhommais, Le Monde, 18 de diciembre de 1996: «Hoy se
cambian diariamente en el mercado internacional de divisas 1,3 billones de dólares, es
decir, aproximadamente el equivalente al producto interior bruto anual de Francia» (ex-
tracto), y el artículo de E. LeBoucher, Le Monde, 6 de enero de 1997: "ElBanco de Francia,
por ejemplo, se encuentra de hecho fr,ente a mercados más ricos
fl. Sus reservas de cambios se elevan a 122 mil millones de francos, mientras que en los
mercados se cambian más de un billón de dólares por día» (extracto).
285
SOBRE LA COMUNICACIÓN
trado caducos'. En una .visión «racional y eficaz» del tiempo, se ha querido
acercar demasiado el sistema de formación y el oficio. No sólo los oficios
han desaparecido, SInO aquellos que los ejercían; a causa de su formación
demasiado ligada a esos instrumentos, han tenido muchas dificultades
para reconvertirse. El ejemplo debería ser meditado en el momento en
que se predice un «planeta Apple» para el que habría que preparar
a los runos desde ya. El hundimiento de empleos, formaciones y califi-
de los oficios que tienen hoy algo que ver con el mundo de la
informática, después de treinta años de un crecimiento casi insolente
prueban ya los límites del terna de moda del "planeta ciber» y del «ciber-
espacio».
v. REVALORIZAR LA EXPERIENCIA
Limitar la influencia de la comunicación se ha convertido en un gran
reto, sobre todo para las generaciones que desde hace veinte años viven
e.n ese imperio sin fin. Y esto significa rechazar el "progreso», sino
SImplemente preservar la dimensión normativa de la comunicación.
A) Reducir la influencia de la imagen y de los teclados
hay relación entre el número de horas pasadas delante de la pe-
quena pantalla, o de un ordenador, y la realización de sí mismo. Desde
ese punto de vista, el discurso dominante según el cual las quince cadenas
de hoy no son nada en comparación con las cincuenta, incluso las cien
cadenas que, serán recibidas debe ser tornado por lo que es: una
estupidez. SI, esto es posible tecmcamente, pero no tiene sentido social-
mente, .0 lo será al precio de un estallido de todos los vínculos sociales y
del encierro de cada uno en un umverso esquizofrénico. ¿Cómo se puede
a la vez hacerse preguntas sobre los problemas antropológicos planteados
por las tres horas de consumo audiovisual medio diario en los países
desarrollados y esperar con avidez la llegada de las cincuenta cadenas y
sus complementos, panopha de todos los servicios multimedia a do-
micilio?
En el fondo de esas .técnicas,. cada una más avanzada que la otra,
la misma cuesiion: la dificultad de entrar en contacto con otro.
¿Podra el hombre pensar durante mucho tiempo en realizarse COIl la prolongación
de sistemas de comunicación de todas clases? Y el terna de «cibionte», puesto
286
MANTENER LAS DISTANCIAS
corno ejemplo por ciertos adeptos de la revolución de la comunicación 5,
ilustra perfectamente esta contradicción. Para ellos, el hombre definido
corno «cibionte», es decir, corno la prolongación humana de las redes, se
percibe corno un progreso en el sentido de una integración de las carac-
terísticas técnicas y humanas. Se puede, por el contrario, ver en él el
símbolo de una tecnificación completa del hombre, y no el triunfo de una
humanización de la técnica. ¿Qué significa esta idea del progreso en la
que las técnicas "prolongan» naturalmente las características del hombre?
B) El libro es la expresión directa para salir de las tiranias
de la comunicación
El libro, hay que recordarlo, sigue siendo evidentemente la "nueva»
técnica más sofisticada, más interactiva, más móvil, menos cara, gracias a
los prodigios de todas las ediciones de bolsillo, la más universal, la más
libre, y sobre todo la más imaginativa en el sentido de que la polisemia
de la recepción abre sin cesar nuevas vías a la interpretación. En efecto,
el libro exige esfuerzo y tiempo, dos cosas que las nuevas técnicas de co-
municación permiten economizar. Pero justamente el precio de ese tiempo
es ese esfuerzo que se trata de recordar contra una cultura del instante y
de la facilidad. Todos nos acordarnos de los libros que hemos realmente
leído, del tiempo que hemos pasado, de la prueba que eso ha constituido.
Nadie se acuerda de su "navegación» en las diferentes bibliotecas accesi-
bles por redes, salvo lo que fue la primera experiencia. El libro es también
las bibliotecas -de las que no se recalcará nunca suficientemente su papel
humanista-o Una biblioteca, real, con los olores, los locales, con los libros
que se cogen, abren y se dejan reposar, y no solamente las bibliotecas
virtuales. Por estas razones debería establecerse la regla siguiente: cada
franco dado por los poderes públicos a las nuevas tecnologías debería
acompañarse de un franco para multiplicar las bibliotecas, multiplicar las
que existen, contratar bibliotecarios. él.a fuerza irreemplazable del libro?
, [oél de Rosnay"(L'Hmllll1c symhintiqllc, Rcgllrds sllr le troisiell1c milléllairc, Seuil, marzo,
1995) describe las revoluciones mecánicas, biológicas e informáticas que nevarán a la lle-
gada de un nuevo ser colectivo, el «cibionte. ... lque es ir muy Jejos sobre el porvenir de
la terno-utopía! «Para mí, el hombre del futuro será el hombre simbiótico. Poco diferente
física y mentalmente del hombre del sigloxx, pero que dispondrá, gracias a sus conexiones
biológicas, psicológicas o bióticas con el cibionte de extraordinarios medios de conoci-
miento y de acción (...) La emergencia de la biófica permite augurar interfaces todavía
más íntimas entre el hombre y sus máquinas, lo que conducirá, principalmente, a la crea-
ción de nuevos árganos y nuevos sentidos...» (pág. 128).
287
SOBRE LA COMUNICACIÓN
Es algo físico, diferente uno de otro, pesado, requiere un esfuerzo
I
cada
sImboliza una victoria: la de haber sido leído. Es el
propios po; el descubrimiento
y I f r • s pa res, que constituyen la cadena del tiempo
deest le,o, tiempo nos falta para leer, la fuerza del libro.
o ro ,mo o'. e su oblIgaclOl1 denva su genio.
significa el frenesí actual consistente en multiplicar los catálo .
:utomatízados, cada vez más completos, avanzados, interactivos? ¿En

accesodsmofel deseo; problema, como sabemos, mucho más complejoob:
a In orrnacron mata el deseo de conocer. y provoca el d;
porque -hay que recordarlo- el hombre no desea c J ti
en un sistema técnico. y cada uno ha hecho esa e . . onver
brería Una lib . d . xpenenoa en una li-
pequeña es insatisfactoria, pero una librería
mayor y aun un
l
a gran superficie, suscita a menudo un
1 e rec azo, en ugar de crear un deseo de lectura Sim-
p por
q
l
ue la abundancia revela la imposibilidad de leerlo todo En
ma ena e cu tura como en materia de comunicació I l ' .:
y en consecuencia a la elección,
Al contrario de la lectura evid t t h
sión directa, con las artes del' la expre-
la mas «arCaIca» pero la más sofisticada de las artes de la s

urgente recrear situaciones l lempo, es
obligaciones del espacio y t;esmqpuoe ;N
e
reenculentran al contrario las
. 1 d . • o es e teatro un mara 'U
precio, irreemplazable, del "aquí y ahora»? En un
a su vecino. no consisto en conectar en la Red, sino en ser capaz de habla;
una
ncamente e enan "preparar» mejor a los niños a vivir en mundo
de la televisiónque debía "familiarizan, a los niños
la ye er la Instalación, urgentísima, de
mostrado' , n e nusmo argumento que se ha
l ., ayer para la televisión: a saber, que familiarizando
se
yor parte de las veces esos mismos niños disponen ya en su
288
MANTENER LAS DISTANCIAS
todas las técnicas de comunicación; no han sido privados de ellas y son
más bien tenaces usuarios. No es, pues, cierto que su mejor "preparación»
a la integración al mundo moderno consiste en ampliar el uso de servicios
y de técnicas con los que están ya familiarizados.
El mejor medio de prepararse al mundo multimedia de mañana no
consiste en superequipar los centros escolares de televisores, consolas, so-
portes y teclados interactivos, sino más bien de valorizar lo que se refiere
a la comunicación directa, empezando por el libro y el intercambio directo
con un profesor, pero también el teatro, que fue, en la historia de la hu-
manidad, la primera forma de representación y de distanciaciónrespecto
a la realidad. Todo está ya en el teatro. Sobre todo por oposición a una
cultura de la comunicación tecnificada. Sentir nuestro cuerpo en el es-
pacio, respetar las reglas de la puesta en escena, inventar las convenciones
indispensables a todo juego, aprender a hablar, crear una realidad a partir
de una ficción, suscitar la atención de un público, aceptar la prueba del
tiempo real, son no sólo experiencias indispensables, sino sobre todo me-
dios de relativizar la cultura de la «dbersociedad». No hay ninguna re-
lación entre el hecho de ser un as de Internet, de conectarse en las redes,
y ser capaz de hablar en público, de aprender de memoria un texto, de
interpretarlo, de suscitar la adhesión y, sobre todo, de crear emoción. Todo
gracias a las convenciones más simples y más arcaicas, que afectan al
desplazamiento de algunos individuos en un mismo decorado, sobre un
escenario que en la mayoría de los casos... ino supera los 100 metros
cuadrados! Hay en la convención de la regla del teatro el antídoto a un
número considerable de situaciones de comunicación modernas, y el des-
cubrimiento del carácter eternamente "moderno» del teatro. Por eso, por
ejemplo, los centros escolares, en vez de invertir vampirescamente en par-
ques de técnicas avanzadas y caras, seria preferible que reconstruyeran
teatros. Salas de fiestas, como se decía antes, mejor que parques multímedia.
Los parques se oxidan muy deprisa, abandonados por los niños que tie-
nen en sus casas técnicas más avanzadas y más de moda que las existentes
en los centros escolares. La escuela 110 puede rivalizar con la modernidad. Ése
noes su papel, sino que, por el contrario, es su mejor remedio, sobre todo
en una época en la que sólo hay modernidad. Contrariamente al discurso
modernizador de los adultos, los niños no reclaman forzosamente que la
escuela duplique la modernidad exterior, sino más bien que les introduzca
en otro espacio discursivo, cognitivo, simbólico, que marque la diferencia
con el mundo real. La escuela debería elegir con más intensidad la alte-
ridad que el mimetismo, y los recuerdos que nosotros tenemos de la es-
cuela están ligados al descubrimiento y a la alteridad. La escuela no está
289
SOBRE LA COMUNICAC¡ON
en el mundo sino al lado del mundo, yeso es lo que permite a los jóvenes
prepararse para el mundo.
. Es inútil, pues, querer hacer de la escuela, en el sentido amplio del
término, un lugar de Iupermodemídad ésta no es su función. Y, una vez
jóvenes no la piden, incluso si se rebelan frente a la cultura y la
tradición. expenencta que todo acceso al patrimonio y a la
cultura suscita en ellos un júbilo que no tiene nada que ver con el placer
banal, «natura]", con el que acceden a todos los bienes y servicios de la
modernidad. El contrasentido consiste en decir que leerán más con los
libros electrónicos, que irán más a los museos tras haber circulado por los
museos virtuales... De lo que tienen necesidad los jóvenes, al contrario,
es expenencms de naturaleza diferente, y si todas las experiencias de
relatitm con el mundo están mediatizadas por una técnica, aparecerá un
nesgo de empobrecimiento. La elección no está, pues, entre el teatro o la
sala de fiestas y los ordenadores. Está, por el contrario, en invertir en
ambos, y más en el primero. Los enseñantes que, por amor a su oficio,
sensibles a la realidad del patrimonio cultural sufren tal presión téc-
ruca que no se atreven a oponerse a la ideología moderna y a reivindicar
lo que a menudo estuvo en el origen de su vocación: el deseo de transmitir
a las .jóvenes generaciones el gusto del patrimonio, de la historia, del
conoCImiento,. del tiempo, de lo inútil, sin los que no hay ni vida indivi-
dual m colectiva. Ha hecho falta casi un siglo para reconocer que el gim-
nasu: es tan Importante para el desarrollo del niño como las aulas. ¿Cuán-
do redescubrirán nuestras sociedades que el teatro, es decir, todo lugar
dedicado al trabajo de la voz y de la puesta en escena del cuerpo, es tan
Importante como el parque multimedia, que se ha pasado de moda antes
de ser instalado? ¿Qué gobierno occidental, qué ministerio de Educación
tendrá el valor de decir que para el mañana el teatro es al menos tan
importante como el ordenador? ¿y qué cuesta menos a la colectividad? Y
tras haber descubierto el gímnasio, y luego el teatro, será quizá posible
revalonzar la tierra, la agncultura, como otro medio más de contrabalan-
cear una experiencia de la relación con el mundo, demasiado centrada en
la gestión los signos. Pero el redescubrimiento de la tierra y de la
naturaleza, zno es ya lo que se constata en los países occidentales, donde
se observa un desarrollo formidable de la jardinería? Uno de cada dos
franceses se ocupa en ello, y otro tanto ocurre en todos los países de
Europa. Nadie a los a la jardinería, y sin embargo, está
en plena expansión. También eso se debe, sin duda, a una especie de
búsqueda del equilibrio. y jardinero? za tiempo ganado por
el lado de los signos permitirá sentir, en el lado contrario, la lentitud de
290
MANTENER LAS DISTANCIAS
la naturaleza? Por qué no. Esto completa además muy bien las otras dos
experiencias de la relación con el mundo de la lectura y del teatro.
C) Valorar la experiencia humana
Desde hace mucho tiempo, en Occidente, se plantea el del
vínculo entre comunicación y acción. Si las técnicas de cornurucacion se
justifican siempre en nombre de una mejor capacidad de acción (efr. los
argumentos relativos al teléfono, la radio, etc.), la expenenCla
también que la comunicación no es siempre la condición de la
acción. Las nuevas técnicas relanzan este debate: ¿que es en realidad la
experiencia humana? Lo contrario de lacomunicación mediática o de Inter-
net. Necesita tiempo, no es ni comumcable m reproducible, a menudo es
el resultado de fracasos y depende de factores no dominados. Del mismo
modo que la identidad es una construcción, el resultado de un p:oceso,
y no un dato, la experiencia es el resultado de un trayecto, que esta en el
lado opuesto de la instantaneidad de la moderna. La ex-
periencia necesita tiempo, supone una conf:ontaclOn con el mundo o con
otro, mientras que con las maquInas se esta frente al mismo semejante, o
al avance técnico. Por lo demás, por eso nos gustan, pues nos evitan la
confrontación con la alteridad.
En efecto con las técnicas de comunicación existetambién una relación
con otro, pero baja de tono, a distancia, amortiguada, «pasteurizada».
Nada que ver con sentir al otro en la realidad...... . .
Por último, el porvenir de las técnuus de comunlcacIOn seJugara en torno a
la relación con la experiencia. O bien una «aculturación» es posible respecto
a las técnicas, y una forma de diálogos se anudará entre esas dos
nes con el mundo que son la comunicación mediatizada y la
directa. O bien esa «aculturación» no es posible, y entonces podna dibu-
jarse un serio desequilibrio antropológico, resultado de la cre-
ciente entre el mundo de la expenencia y el de la comurucacron. Esta
revalorización de la experiencia tendría también la ventaja de valorar la
duda, que es una gran característica de la cultura pe;o que se
encuentra, hoy, ampliamente desalojada por la racionalidad La
duda es otro medio de recordar que el hOrIZonte de la comunlcacIOn humana
sigue siendo la comunicación intersubjetiva y no la comunicación Internet.
En una palabra, el hombre se enfrenta a tres tipOS de comUl:lcacIOn: la
comunicación intersubjetiva o humana, la menos avanzada, la arcaica,
la más lenta, la menos eficaz, pero sin duda la clave de toda la
comunicación mediática, condición del vínculo social; la comurucacion In-
291
SOBRE LA COMUNICACIÓN
tcrnet, evidentemente la más avanzada, pero cuya eficacia se mide por las
dimensiones antropológicas que deja de lado. él.a elección? No elegir, sino
buscar las tres formas de comunicación. La primera porque da sentido a
la vida, la segunda porque está ligada a la sociedad y a la democracia de
masas, y la tercera porque está en fase con la apertura de las sociedades
y el espacio en aumento de los flujos inmateriales.
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293
SEXTA PARTE
EUROPA
INTRODUCCiÓN
LA COMUNICACIÓN FRENTE A LA HISTORIA
Las dificultades de la construcción política de Europa desde Maastricht
(1992) ilustran los límites del voluntarismo y por carambola los de la in-
formación y de la comunicación que desde siempre han desempeñado un
papel favorable en esa construcción. Al pasar de una Europa compuesta
por una élite de 370.000 personas a la Europa de los 370 millones, la del
sufragio universal, uno se da cuenta de la enorme dificultad para movi-
lizar a los ciudadanos pertenecientes ya a viejas democracias, habituados
a la política, a los debates y en la que el entusiasmo respecto a la Europa
política es inversamente proporcional a los discursos gubernamentales. Y
recordarles todas las mañanas que la Unión es el único medio de evitar
la decadencia, no les motiva más. Por supuesto, cada uno desearía que
esta soberbia utopía tuviese éxito, para superar los siglos de guerra y
realizar la mayor democracia del mundo. Pero las inmensas dificultades
para pasar de la construcción económica a la construcción política obligan
a reflexionar, con más motivo porque entre tanto el adversario, el co-
munismo, que servía de factor de cohesión, se ha hundido completamente
solo...
En todos los casos, la construcción europea ilustra los límites, como
factor de movilización, del papel de la información y de la comunicación.
En efecto, en todos los países, la información sobre Europa es hoy ple-
tórica -lo que no fue siempre ~ I caso-, sin que esto haya incrementado
la adhesión de los ciudadanos. Estos reciben información de todas partes,
sin que la causa europea progrese. Prueba de que íncluso sobre un ob-
jetivo aceptado por todos los países, llevado públicamente, democrática-
mente, abiertamente por todos los gobiernos con debates y ratificaciones
parlamentarias, no basta informar o comunícar para convencer. Experien-
cia esencial, pues se trata de una situación nueva, en la que está todo por
inventar y en la que los acontecimientos han sido muy rápidos en cm-
297
SOBRE LA COMUNICACIÓN
cuenta años. Se habría podido ensar .
!nnegablemente democrátíco de el voluntansmo y el carácter
mformación, hasta tal punto 1" d so1er 10 proyecto habrían dado a la
determinante. Un papel un 19a a a a historia democrática, un papel
ocurrió en el siglo XIX salvando las distancias, a lo que
mación. No sólo esto no se ha atalla de la prensa por la infor-
10 contrario, es decir la escasa PI'nfl CI o'd
smo
que Europa incluso revela
" uenCla e los m di ,
gran mayona, son favorables a Euro a' e la
é
pues estos, en su
construcción política difícil H 11 P e !nforman posItIvamente de esta
se olvida a menudo en las' reflejado algo que
receptor». La información choca '1 comunIcaclOn: la «resistencia del
las lenguas, de los símbolos de o con las de la historia, de
difICultad de constitución y d
Y
n;presentaclOnes, sino también con la
f e exprcsron de la op: ., 'b"
m, con Jos intereses contradict . d iruon pu ICa. Choca, en
En una palabra, Euro a es e unos y de otros.
relaciones entre informac1o'n Kar .de lectura de la dificultad de las
P
, , comUnICaClOn cult . d
or esa razon este libro u . t t ,ura, socie ad y política.
'. ' ,q e m en a presentar '.
tIgaclOnes sobre las relaciones entre com . smtesis de las inves-
acaba por Europa AqUI' in ··t I UnICaClOn, historia y sociedad
bl
',51Uf vue ven a al' '
pro ernas teóricos que se han evocado parecer a mayona de los
tIgador que trabaJ'e sobre las rela . precedentemente. Para un inves-
E
. Clones entre co . .,
mapa es un terreno de experimentación de y sociedad,
Clal de observación empírica Of 1 teonas y un Jugar esen-
Ia eficacia del modelo modestia respecto a
comunicar, presionar a las o a, m ormaClOn: no basta informar,
para crear un interés mutuo. p publIcas, abrir las culturas entre sí
La cuestión es, pues, la siguiente' zhas d' .
comunIcación son útiles a la con t '., asdta ande la mformación y la
C t
· , s ruccron e un nue .
ues IOn tanto más crucial por cuant l b va espacio político?
por doble fenómeno. o a o servador le ha sorprendido
Ante todo, el estilo de la cornuní .,
Maastricht, mientras que no ha evolucionado mucho
truccion europea ha cambiad d d y 1995 el sentllto de la cons-
, . o, pasan o e un proye t d
economlca a Un proyecto pol't' d
CO
e construcción
, . 1 ICO, e un esque . . b
nocratIco a una ambición más dern ,. ma mevlta lemente tec-
Jeto y en la perspectiva euro ea Este cambio radical en el ob-
de los discursos sobre Euro D modificado ru el tono ni el estilo
xistencia de un discurso aparece mmediatamente la ine-
comunicación. Europa no deia oir en la gran batalla de la
por la concentración de su gs aralIsls particular, mientras que,
constItuye el primer mercado de tod' ra tOdnIVel de Vida y de cultura,
as as m ustnas de la comunicación
298
LA COMUNICACIÓN FRENTE ALA HISTORLA
informática, como de la telecomunicación y de lo audiovisual. Esta pasi-
vidad de Europa en un sector crucial de la actividad económica y cultural
es tanto más sorprendente por cuanto Europa desempeña en ese terreno,
más allá del mercado, un papel cultural y político preponderante, junto
a los Estados Unidos y Japón, en el núcleo de la enorme relación de fuerza
sobre la desreglamentación. Desde luego, se percibe una voluntad de pre-
servación de las identidades culturales, visible a través de la batalla de los
derechos de los autores y de las cuotas de difusión de la Directiva «Te-
levisión sin fronteras», pero se adivina también una cierta fascinación, por
no decir una fascinación cierta, respecto a las nuevas técnicas de comu-
nicación, y la ideología de «la libertad», de la que he hablado en la quinta
parte.
¿Qué falta entonces en esta batalla esencial de la información y de la
comunicación en Europa? El deseo y la convicción, que son algo bien dis-
tinto de la información. Una multitud de informaciones no bastan para
crear un «deseo de Europa»; la información y la comunicación no pueden
reemplazar la falta de un proyecto político.
Europa permite en realidad retomar una cuestión teórica fundamental:
la de las relaciones entre comunicación y comunidad. Cuando existe una
comunidad, con una identidad, fronteras, una historia, como es el caso
en la mayoría de los Estados-naciones, el papel de la comunicación es el
de facilitar una cierta representación de aquélla. A través de la comunica-
ción, una comunidad se representa y reactualiza su identidad. En el caso
de Europa, la situación es completamente distinta. La comunicación es
aquí una acción, es decir, un medio para crear una identidad todavía in-
cierta. La cuestión entonces radica en saber hasta dónde pueden actuar
la información y la comunicación. masta dónde pueden contríbuir a la
constitución de una identidad, ayudar a un proyecto político, y a partir
de cuándo este voluntarismo 1 corre el riesgo de volverse contra sí mismo?
Pensar en el papel de la información en relación con Europa es situarlo
en relación con un proyecto. Y todo el problema viene de la claridad tan
endeble de ese proyecto. Encontramos por ahora mucha realidad insti-
tucional y poca realidad simbólica.
Hay que seguir dos recorridos para salir de la institucionalización arti-
ficial de Europa, bien visible en la preparación de la conferencia ínter-
gubernamental de 1997, en la que las instituciones, en vez de reflejar una
madurez política, a todas luces insuficiente, intentaban más bien crearla:
1 He hecho un análisis más detaJJado de los límites del voluntarismo en el marco de
la Europa democrática en: Naissance de I'Europe démocratique, cap. 3 y 5, Flarnmarion, París,
1997
299
SOBRE LA COMUNICAerÓN
revalorizar el pasado, que es el gran crisol de la identidad europea, y va-
lorizar la utopía, que es el sentido de ese proyecto. Revalorizar el pasado
es ante todo rehabilitar, como he dicho 2, (da banda de los cuatro»: el pasado,
la identidad, la nación, la religión. Es decir, los elementos de la hístoría
que permiten comprender la unidad de Europa, más allá de la víolencia de
las divisiones de todas clases por las que ha atravesado.
Aquí, la historia es el pedestal de la utopía. Esta puede desarrollarse en
tanto en cuanto el pasado, en su heterogeneidad, sea «validado», tomado
en cuenta, aceptado. La utopía necesita ese «tener en cuenta el pasado».
Es decir, de la legitimación de las hístorías para desplegarse, tanto más
cuanto Europa, por vez primera, no se hace contra un enemigo, sino por
ella misma, en un universo no cerrado, y tanto más abierto que no se sabe
dónde se detienen las fronteras de Europa. La utopía es indispensable,
pero difícil de llevar adelante, porque no depende nunca de un trabajo
voluntarista: no se crea un «ministerio de la Utopía». No se pueden tam-
poco retomar las utopias socialistas del sígloXIX porque las rupturas de-
finitivas han ocurrido precisamente respecto al siglo pasado. Los Estados
europeos ya son todos democráticos. Todos conocen las ventajas y los
inconvenientes de los principios triunfantes de libertad y de igualdad; las
desilusiones del siglo XIX impiden creer en el sueño de un cambio radical;
las tragedias de los dos totalitarismos han matado la idea de revolución;
las sociedades europeas ya están «abiertas» al doble sentido de las reali-
dades económicas y de los valores; la comunicación es hoy omnipresente
y hace repercutir tanto en los éxitos como en los fracasos, hasta el vacío
de los proyectos... Uno de los medios para establecer el vínculo entre la
historia y la utopía es volverse hacia la ex Europa del Este. Exterior a la
construcción europea, se ha convertido en una de las condiciones del éxito
después de la caída del comunismo. En primer lugar, porque ciertos paí-
ses son desde siempre candidatos a la integración, y en segundo porque
la Europa del Este es un poco el «doble» de nuestra historia. Se ven allí
de una forma más clara que en el Oeste, donde dominan racionalidad y
modernidad, los lazos entre historia y utopía. Es, en fin, el lugar de lectura
de la mayor parte de los problemas del futuro, porque, a través de la
gestión de las relaciones entre identidad y nación, historía y religión, eco-
nomía y valores, se encuentran condensados no los problemas anteriores
de la Europa del Oeste, sino los que vendrán. La Unión Europea no podrá
constituirse, no sólo si en el Este dominan el rencor y la incomprensión,
incluso el desorden, cuando se trata de países que han atravesado por la
2 Cfr. Naissance deI'Eumpe démccmtínuc. op. cit.,cap. 4: "Que faire? Réhabiliter la bande
des quatre: passé, identite. nation, religiort».
300
LACOMUNICACIÓNFRENTE ALAHISTORIA
misma historia que nosotros, sino también por'1
ue

una relación casi inversa a la nuestra btrad1clOn:uevo marco simbólico
relación invertida es una suerte e del Este presenta una
y cultural ligado a la El Permite alejarse un tanto de
segunda ventaja para a u .d t a ex-
la influencia del modelo tecnocrático que ha prevalw °d útil
periencia de la construcción política. Desdeluego, aa ser hoy
1 . er medio siglo de la construcoon. pero
por la falsa ::'e
Europa tecnocrática y la lEuropa
rmite marcar distancias respect8 a a expenenCla


muy vIeJos, ya emocra 1CO , . "
d ertos y de ¡ncomprenslO
n
...
diferencias, de guerras, . mub I el de la información y de la co-
Para resumIr la reflexión so re e pap . e nOS encontra-
municación en la construcción europea, se puede %'uestra los límites
mas frente a la paradoja siguiente: de u,na una realidad his-
de la de que no hay Europa sin
tonca,. de"otrAa'l ceiudadano le es imposible adherirse a ese proyecto
comunlcaClOl1. [a romuni .• que son me 105
1 . 1d la información y de a comurucaoon.
pape esenCIa e
f
cionales para superar los actuales cortes. Con Europa,
ra
n
comunicación se encuentran directamente de cara a
la historia.
301
CAPÍTULO 16
DEL MULTICULTURALISMO A LA COHABITACIÓN
1. LA PRUEBA DE LAS CULTURAS
a los europeos en los fundamentos de su cultura es
ue os separa. Sobre todo después del final del comnni
:: homogéneos. Hoy 1;
países m - ' as tvergencias, no solo en el seno de los
también expresión Europa del Este, sino
manifiestan a medida que uropa t E este, las oposiciones se
de la Unión. Ya existían pasa a a uropa a la ampliación
su expresión La E d pero el contexto histórico favorecía poco
radical. l e ay se encuentra confrontada a una prueba
bre todo políOtl·cParosegUlrl a construcción de su unidad económica-y so-
- en e momento en que 1ft d . -
l
alyer imponían artificiales unidades, se el e cohesldon, que
a un profundo m .. d . . _.' que se esarro-
entre la globar e afirmación identitaria? Esta contradicción
en una de la economía europea, que se expresa
afirmación de las identidad s y fronteras, y el mOVImIento inverso de
tóricos más difícíl d el s, es probablemente uno de los desafíos his-
I Cl es e reso ver Y no ha d - . .
prenderse de esta verdadera a . _ y na a mas SImplIsta, para des-
sas de tranquT pana, que ver, como creen las élites, ansio-
«miedo» a la r ese movImIento de afirmación identitaria, un
ese proceso tiene en parte, sólo en parte, porque
frente al economicismo que la simple reacción
tada a la prueba de las cult . o es acr para Europa verse confron-
es la «globalización de los ::as,den en que la úníca cuestión
ella· .. rca os». mas exactamente, no es fácil par
en dI:. cultural, en el
mo e o po ítíco comun va en otra dirección
,
302
DELMULTICULTURALI5MOALACOHABITACIÓN
y que simultáneamente, en el plano económico, no cesamos de ponderar
las ventajas de los «grandes mercados». Si todos sabemos que el éxito de
Europa pasa por tomar en cuenta su formidable capital cultural, somos
igualmente conscientes del hecho de que ese patrimonio no basta para
hacer triunfar el inmenso proyecto político. Justamente porque la cultura
ha sido en la historia tanto un factor de aproximación como de división.
11. LA PERSPECTIVA
La única cuestión es saber hasta dónde los factores culturales pueden
afectar en el sentido de la integración, y a partir"de qué momento repre-
sentan el riesgo, por el contrario, de convertirse en un factor de bloqueo.
La frase apócrifa de ). Monnet según la cual «si hubiera que rehacerlo,
habría que empezar por la cultura», es tan falsa hoy como ayer. Afortu-
nadamente los «padres fundadores» comenzaron por la economía y los
intereses, y no por los valores de la cultura; seguramente Europa no ha-
bría conseguido hacerse de forma tan rápida.
No obstante, es imposible ir más allá en la Europa política sin integrar
en ella la historia y sus diferencias culturales, aun sabiendo que podrían
ser un factor de división. Verdadera cuadratura del círculo.
De hecho, la relación con la cultura será probablemente el fiel de la
balanza en la construcción de Europa. Todo pasa a través de ella, pero
con una condición (y esto complica un poco el problema): no hacer de
ella un «objeto» de política, como hay además la política agrícola, indus-
trial, urbana... La adhesión de los pueblos a Europa no depende de una
"política cultural» ambiciosa, sino de una mayor consideración de ese fac-
tor determinante e inaprehensible que mezcla estilos de vida, tradiciones,
patrimonios, historia, lenguas... Sin esta toma de conciencia de la urgencia
de integrar las heterogeneidades culturales, pasará con Europa lo que ya
barruntamos con el Sur: la emergencia de un irredentismo cultural y re-
ligioso víolento como reacción a la insuficiente toma en consideracíón de
lo simbólico. Yen ese esquema, la comunicación, que es en general factor
de progreso y de difusión de la cultura, puede muy bien por el contrario
convertirse en el vehículo de todos los irredentismos. Las parabólicas de
los satélites, como se demuestra desde hace quince años, y mañana todos
los Internet, «vehiculan» tanto la modernidad, la apertura ..., como pueden
mañana reemplazar el odio del otro, de Occidente. Dicho de otro modo,
si el lugar de los fenómenos culturales no se reconoce por lo que es en
si, sin Jerarquía en relación con un patrón cualquiera de la «moderniza-
ción», entonces la comunicación, que es generalmente su brazo armado,
303
SOBRE LACOMUNICACiÓN
puede igualmente volverse el instrumento de un temible combate ideo-
lógico identitario. La cultura es probablemente un factor más importante
del éxito de la Europa política que la moneda única. ¿Pero quién está
dispuesto a aceptar hoy esta evidencia mientras se impone la idea banal
y falsa de que la moneda única aportará el crecimiento y, como conse-
cuencia, la unidad política? La dificultad del factor cultural estriba en que
no basta hablar de él, e incluso de ponerlo en primer plano, para estar
en paz. Hace falta, por el contrario, pensar en él constantemente, sin
nombrarlo, o hacer de él un «objeto» de política, como la moneda, la
industria, la salud... Las desigualdades culturales en el seno de la Europa
del Oeste, y entre ésta y la Europa del Este son tan vivas como las que
existen entre el Norte y el Sur. El error consiste en querer partir de la
cultura para hacer la Europa política, con el pretexto de que ambas están
enlazadas; mejor idea es, al contrario, continuar con la economía y la
política, sabiendo que la cultura vendrá a ser sin duda, de forma silenciosa
pero determinante, la causa del éxito o del fracaso del tema central de la
gestión de la alteridad.
El objetivo no consiste, pues, en poner delante la cultura, sino en in-
tegrar el peso de las alteridades culturales como condición del éxito del
proyecto democrático. Consiste todavía menos en importar para Europa
el modelo del multiculturalismo existente en Estados Unidos y que tendría
por naturaleza -so capa de reconocer la legitimidad de las diversidades
culturales- que legitimar una especie de "diferenciación cultura]". Todo
separa eíectivamente las relaciones entre comunidad-diferenciación-uni-
versal, en los Estados Unidos y en Europa. En Estados Unidos a los in-
migrantes se les requeria, al llegar, que abandonaran sus culturas, sus
lenguas, sus ideas. Éste era el precio que había que pagar para integrarse
en la sociedad americana. Y la pérdida de su identidad cultural anterior
-el precio de la integración- se recuperaba en el reconocimiento y la
legitimidad de las comunidades culturales que siempre han mantenido
un gran peso en ultramar. Sobre esa relación especial integración-comu-
nidad, con un fondo de gran violencia política que suprimía la identidad,
fue como se construyó la sociedad americana, sin referencia, finalmente,
a lo universal. Completamente diferente es la situación en Europa. Ante
todo, no se trata nunca de individuos, sino de pueblos, de naciones, que
deciden libremente construir un nuevo espacio político, sin renegar para
nada de su pasado ni de su tradición, deseando al contrario integrarlas en
una perspectiva más amplia, en la que nadie sabe todavia si se tratará de
una sociedad, de un Estado, de una confederación... Aquí lo que prima
no es el individuo separado de su marco religioso, cultural e histórico,
304
DELMULTICULTURALlSMO ALACOHABITACiÓN
. .d d on el recuerdo
sino al contrario, la adhesión voluntaria de colectívt a es, c
de dos guerras mundiales como fondo. b dono y ruptura de
En Europa la historia no se hace nunca por a an
a
no arroja ninguna
las otras historias, sino por sino que debe
de sus culturas en los «cubos de asura e ra las «acumula». y Si
«integrarlas» todas. No, olvida la historia r una afirmación cul-
mañana se asiste a una vuelta atras bala a o f 1 aso en Yugoslavia,
. .' l" . lenta como ue e c
turalista, identitana. re Iglosa, VlO laci , d las historias Apoyarse
será la prueba del fracaso de esta acumu es posible por 'otra razón
en el modelo americano de tipo comumtano fuerte -como en los
fundamental: la ausencia en Europa un. bóii La ciudadania ame-
Estados Unidos- que garanl1ce un po er sim o lCO. o más bien han
ricana y el dólar han forjado identidad de las íden-
permitido que se acepte el a pagar e '1 la forma política no
tidades anteriores. Nada eS asi en Europa. ohso o ía con la reacción de
'd iti YSi lo tuviera cocar
tiene ningun po er coerci IVO: nos ue esperan con-
pueblos que han necesitado siglos para ser euro, no tiene,
tinuar siéndolo, sino que ademas la economla
d
a " del dólar.
todavía por un cierto tiempo, la fuerza de se determinante del
Caemos, pues, en la europea. olítico y económico,
factor cultural como condición del éxito del proy Pa;a ue el culturalismo
sin que éste pueda transformarse en culturahsmo. ., qimbólica europea
desempeñe un papel de fermento en la suna utopía movi-
haría falta que se asociase a un UnIversalismo, b si el modelo de
lizadora que por ahora no exi:te. Dicho en de la cons-
la cohabitación cultural es el umco adtptado al ti amente diferentes. Ya
trucción de Europa, puede ,tomar dos armas sin proyecto de
sea una simple cohabllaclOn de ldenl1dadesde los Estados-naciones con
integración, bajo la forma de la cohabltaclOn habitación ligada a un pro-
una soberanía política reducida; ya sea una ca d 'ntegración depende
. .. ese proyecto e 1
yecto político de mtegracion. p,ero .f ncias de las tradiciones.
de una fase previa de valoración de las di ere ,r es la razón por la
No se puede hacer la economía de esta etdapa, Yf es aa y la valorización
d
ti 1 punto e re erenCl
que no me canso e repe Ir que e , ro a olítica, sino que
de las identidades no son un de la Eu . P Jobstáculo en el
son su misma condición. Las identidades esta perspectiva ha
marco de la primera etapa, pero lo nacional, que en este
de ser tenida en cuenta la cuestión de a 1 el h d según el cual la
. ble: 1 rgumento escuc a o
momento es ínfranquea e, y, e a . . 'n euro ea es un argu-
identidad constituye un obstaculo a la a aplicar a
mento que ignora el cambio de contexto Istonco y
305
SOBRE LA COMUNICACiÓN
la realidad actual los de ayer. Igualmente, el argumento según
el cual vanos paises (Bélgica. España...) tienen una identidad nacional dé-
bil o discutible no es apenas admisible porque la problemática nacional
se con frecuencia por la de las regiones. Se encuentra entonces
una idea de identidad, mcluso la escala no es la misma, Lo que importa,
de todos modos, es el surgírruento de la problemática identitaria en la
construcción política europea,
III. Los DESAFÍOS
, Para comprender la inmensidad de la tarea basta ver la dificultad que
impide a los diferentes paises llegar a solucionar el multiculturalismo en
el seno de su propio país. ¿Cómo hablar entonces de multiculturalismo, y
hasta de identidad europeos? Inventanar hoy las diferencias y or-
gamzar la cohabitación cultural es ya un objetivo ambicioso, porque quien
dice cohabitación presupone el reconocimiento de las identidades cultu-
rales. Através de los puntos de referencia y de la legitimación de las
se po?rá después ir más lejos, Ese inventario y este descrédito
seran la condición de un real "querer estar juntos», y no a la
mversa. La cohabltaCIO/1 precede al multiculturalismo y no es sincrónica con éste.
El a segulf para favorecer esta cohabitación es el del turismo. El
de y luego el de España y de Portugal en los años
60, despues el de Crecía y Yugoslavia en los 70, con el nacimiento del
turismo de masas, ha favorecido una forma de iniciación no amenaza-
dora, hacia el otro. El turismo es un buen medio de aborda; al otro desde
a menudo a través de estereotipos, pero éstos son una etapa ne-
:esana. En el turismo, el otro no es amenazador, porque el encuentro con
el es de corta d.uración'. Hoy,. con la apertura de las dos Europas, y la
desreglarnentación del viaje acreo, encontramos dos condiciones favora-
bles suscitar el gusto por el viaje: la curiosidad cultural y el cambio
de pars sm de Al conocer un poco mejor al otro, por
medio de l?s viajes y el turismo, se tiene menos miedo, y se favorece, en
consecuenoa, una cohabitación. Evidentemente, sería estupendo si
fuera acampanado por un replanteamiento del «turismo de hormi-
gon» que domma desde hace treinta años en Europa del Sur...
De una manera más general, el destino que ha separado las dos
Europas durante medio siglo se vuelve hoy un factor favorable a su des-
tino comun, porque la Europa del Este ofrece un punto de vista original
sobre toda la construcción de Europa. Las diferencias y las semejanzas se
leen simulíáneameme Todo -desde los niveles de vida a los estilos, ves-
306
DEL MULTICULTURALlSMO ALACOHABITACIÓN
tidos, lenguas y religiones, ciudades y acumulaciones, colores, monumen-
tos y referencias- se opone, permitiendo ver, en directo, díficultades
de organización de la cohabitación entre las dos Europas. Sm olvidar las
diferencias de modelos de racionalidad, de espiritualidad, de verdad, de
relaciones con el patrimonio, y las experiencias tan de la de-
mocracia y del socialismo. En resumen, las diferencias otras
tantas vías de acceso a una mejor comprension mutua. Tanto mas cuanto
las diferencias no existen solamente entre el Este y el Oeste, smo en el
seno de cada uno de los dos antiguos campos. y cada una de las dos
Europas es un lugar de lectura de las dificultades de la otra. Finalmente
todo separa las tradiciones católicas, protestantes, ortodoxas, .comolas del
islam y del judaísmo, así como la manera en que se han los
modelos de racionalidad y los diversos modelos de modernización. Pero
al mismo tiempo este entrelazamiento de historias,. violentas e innume-
rables, aparece también como una forma de la, historia hecha en y
por hacer en común. A pesar de tod,as las existe un. destmo
europeo, fundado en el paso a traves de esas dlf;rer:c:as. Re-
cuperar los vínculos con la Europa del Este quiza no es mas difícil que
construir los de Europa del Oeste. . .'
El diálogo entre las dos Europas, con sus semejanzas y sus diferencias,
es una de las formas de lo que puede pasar en el seno de la Unión
Europea. Un diálogo que además debe. tener como objetivo simple-
mente revisitar la historia contemporanea, smo pasar por un esfuerzo de
conocimientos históricos. ¿Cómo ir más allá sin revisitar no sólo la historia
del Imperio austro-húngaro] o del Imperio otomano,. sino también la del
Imperio bizantino, de Armenia, de los remos ,es:andmavos, o de la L1ga
hanseática o del Sacro Imperio romano-germamco? Un
de esos quince siglos de la historia europea sería una de las causas mas
profundas del fracaso del diálogo la Europa latma'y onental, y la
del Norte y el Sur. No se trataría solo del del dlal?go entre esas
Europas, sino también del fracaso de la Unión, una incapacidad para asu-
mir su historia. El diálogo con la Europa del Este representa el lugar de
lectura de la factibilidad del proyecto europeo en su conjunto. Tal es el
balance positivo de esos hallazgos inesferados.. .'.
El viejo debate entre la marcha hacia la o el respeto
de las diferencias orientales, que caractenza el diálogo entre las dos
Europas, se reitera en realidad en el seno de los dos campos. Es ese mo-
vimiento continuo entre el descubrimiento de puntos comunes y de di-
1 ¿Cómo olvidar que en el Imperio austro-húngaro, sobre todo después del compro-
miso de 1867, cohabitaban doce lenguas y cinco religiones? ..
307
SOBRE LA COMUNlCAC¡ÓN
ferencias lo que caracteriza finalmente la materia de este trabajo intcrcul-
tural que hay que llevar a cabo. Verdaderamente, Europa es probable-
mente uno de los modelos existentes de comunicación intercultural más
con la de un cierre de Europa, que pasa de 6 a 12,
a 15, manana a 25 o 30, la ausencia de lengua común y de puntos de
vista comunes la historia... Europa y su cultura reflejan las tragedias
de la hístoría y obhgan a ser modesto cuando se necesita ser simultánea-
mente ambicioso.
En ese contexto, el silencio de los «intelectuales» es sin duda uno de los
hechos más sorprendentes. Tomaron la palabra en favor de Europa de
forma puesto que en el clima de guerra fría que dominaba durante
medlO slg10
é
Europa se aS1,mllaba a un proyecto imperialista, dirigido Con-
tra el y además beneficioso para el capitalismo '. El viraje se
efectuó a lo largo de los años 80, sin levantar realmente las dudas sobre
el hecho de saber si en definitiva las dimensiones políticas arrastraban o
no a la.s dimensiones económicas en la construcción europea. El final del
comumsmo en 1991 no ha simplificado el problema, ya que hacía falta
redescubnr Europa Este, durante tanto tiempo olvidada. Brevemente,
Europa, durante medio slglo y por razones sucesivas, ha tomado a los
a contrapié. No habiendo sido abordada ni intelectual ni
1deologJcamente, no ha sido nunca un «objeto noble» y ha
permanec.1do como el patrimonio de una minoría de políticos, de altos
funcionarios y de empresarios que sólo tenían el apoyo de una pequeña
parte de los a menudo la menos prestigiosa. En efec-
to, la parte mas «pubhCl,tada» de medios académicos, a la que se llama
la mtelllgentsla, se ocupo mucho mas en este periodo de apoyar los corn-
revolucionarías del tercer mundo en nombre de la ruptura del irn-
que de mteresarse por Europa, considerada como un proyecto
cap1tahsta. En resumen, los mtelectuales han «dejado escapar Europa». Sin
haber hecho nunca después su autocrítica, pero seguramente esto se ha
echado de menos en Europa, que no se ha beneficiado del lucimiento de
los sobre la clase obrera, el movimiento revolucionario, la ruptura
COn el capllahsmo, el tercermundismo, la refundación del socialismo... Los
mllítantes europeos fueron escasos en el medio intelectual 3, y este medio
: Cfr. de I'Europe démocratiquc, op. cit., cap. 15: «Les intellectuels de cour».
La historia compromiso de los intelectuales en la batalla de Europa está sin
ha.cer. y quienes eran favorables a Europa lo eran también en su mayoría a la
Alianza -en consecuencia, a Estados Unidos contra la URSS en el seno de la
guerra fna-, se, t.rataba., como se los llamaba despectivamente, de los "intelectuales de
derechas». Poquísimos mtelectuales de izquierda se comprometieron en la batalla de
308
DEL MULTICULTURALlSMO ALACOHABITACIÓN
siglo ha contribuido a arrojar una especie de sobre la virtud y
la legitimidad de esta inmensa obra en construcción. Y sm embargo, el
apoyo del mundo intelectual habría rendido sin duda un servicio a los
políticos, que les permitiria encontrar aliados del lado de la cultura y de
la historia. Sin cambiar para nada la orientación económica, que era la
buena solución, esto habría no obstante permitido recordar con mayor
nitidez la dimensión cultural y política del proyecto. Incluso los historia-
dores y los antropólogos, cuyo saber es hoy indispensable para la com-
prensión de la heterogeneidad europea, apenas se han movilizado. El con-
traste resulta sorprendente entre el número impresionante de intelectuales
que han aportado durante medio siglo, en nombre del radicalismo, su
apoyo a los combates más discutibles, y el pequeñísimo número de ellos
que se han consagrado a la cuestión europea. Europa ilustra, en realidad,
los límites, no del mundo académico y cultural, sino de lo que se llama
"los intelectuales». Han tenido una actitud y un comportamiento en las
antípodas de lo que esperaban los universitarios, o sea, apertura de espí-
ritu, curiosidad, tolerancia y espíritu de análisis. En todo caso, ni esos
"intelectuales» que condenaron Europa como proyecto capitalista, ni la
mayor parte de los otros universitarios, se comprometieron en la cuestión
europea hasta los años 90. . .
Detrás del abandono de los intelectuales, aparece el del omoannent».
El conocimiento movilizado fue esencialmente práctico, administrativo,
político y económico, pero apenas intelectual y cultu,ral. Por esto hace falta
evitar, en el momento del paso de la Europa econonuca a la Europa po-
lítica, zaherir demasiado a los tecnócratas porque, durante medio siglo,
han sido ellos los únicos que han creído en Europa. Sin ellos, y una mi-
noría de políticos cristianos, demócratas y socialistas, aquélla no habría
podido realizarse nunca. No hay que olvidar el papel esencial que
tecnócratas desempeñaron ayer, aunque hoy, en el momento del nao-
miento de la Europa política, tengan demasiado peso y crean eqUlvoca-
damente que la Europa monetaria y económica permitirá hacer la
política. En suma, su peso demasiado grande hoyes la consecuenoa de
que ayer fueron los únicos que querían Europa. No es una razón para no
reducir su peso hoy, pero sí es una razón para homennJearlos por el trabajo
considerable que hicieron en medio de una semiindiferencia. Hoy las cien-
cias sociales deberían valorizarse, porque las miradas cruzadas entre las
Europa. Lo que explica la escasa «legitimidad intelectual de la construcción europea,» hasta
los años 80. Sobre ese tema, véase principalmente Preuves, revista europea de Pans, obra
colectiva, introducción de P. Crémion, epílogo de Prancois Bondy, Commentaire, [ulliard,
1989.
309
SOBRE lACOMUNICACIÓN
diferentes s?ciedades son un medio de hacer avanzar la causa europea.
Pero, en eso, los enclaustramientos disciplinarios, las tradiciones
y las diferencias de enfoque en los países reducen erróneamente el papel
podrían jugar las ciencias sociales. Al menos se puede constatar, des-
pues de Maastncht, gracias a la multiplicidad de los procedimientos eu-
ropeos de intercarnbíns de estudiantes, de profesores y de traducciones,
que se ha puesto en marcha un movimiento intelectual y universitario
entre las Europas. El movimiento está disperso, pero al menos ha comen-
zado.. Más allá del compromiso insuficiente de las ciencias sociales, y más
ampliamente de conocimiento de Europa y de su historia, habría que
subrayar. la necesidad de revalonzar los fenómenos espirituales.
Para Incrementar el conocimiento de Europa, parece necesario caminar
sobre los dos pies, es decir, sobre los valores racionales y espirituales. Al
haber hoy tnunfado los pnmeros, se aprecia mejor sus limitaciones para
un sentido a la VIda. Completarlos con los valores religiosos -sin
miedo de ver en ello una amenaza para el laicismo-> sería un medio de
volver a poner Europa sobre sus dos pies. Los dos sistemas no están de
más para conseguir «la última utopía».
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311
CAPÍTULO 17
IDENTIDADy COMUNICACIÓN
I. EL VUELCO DE LA PROBLEMÁTICA DE LA IDENTIDAD
. La identidad es, en la cultura occidental, objeto de una contradicción
mfran9ueable entre la escala individual y la colectiva. En el primer nivel
es dehbertad; en el segundo ha sido factor de odios. A escala
individual, el vmculo entre identidad y emancipación es evidente: todas
las luchas por la emancipación desde el sigloXVIII pasan por la afirmación
de los derechos de la pers?na, la libertad de pensamiento, de expresión,
y luego de la Igualdad, aSI pues por el derecho a la identidad. El movi-
miento de, liberación de las mujeres a partir de los años 20, y luego el de
la liberación de las costumbres desde los 60, han acentuado esta evolución:
liberarse es ser uno rrusmo, afirmar su identidad, en todas sus dimensio-
nes. En pocas palabras, la identidad es uno de los símbolos más fuertes de
la lucha por la emancipación individual; y una de las características esen-
ciales modelo cultural europeo. Además, esta contradicción entre la
valoracíón de la Id;ntidad individual y la realidad de una sociedad de
masas es la que esta en el centro del modelo actual al que llamo sociedad
de masas y de la que he intentado comprender las caracte-
nsticas en la segunda de este libro. Cuando el modelo de la sociedad
de masas se dibuja a partir de la mitaddel sigloXIX, irá acompañado del
modelo anteríor, centrado las provmcras, corporaciones, familias en
sentld,: amplio... y favorecera la emergencia del individualismo. La ma-
sificación y la estandardización han tenido este impacto porque encontra-
ron individuos cada vez más aislados frente a la sociedad.
. Factor de progreso en el plano individual, la identidad, además, ha
SIdo a men.udo factor de odIOS en el plano colectivo.
. Es la nusma palabra, pero no tiene el mismo sentido. La historia está
de guerras en las que las comunidades, las naciones, han com-
batido en nombre de su identidad, por la extensión de su territorio o para
312
IDENTIDAD YCOMUNICACIÓN
conquistar otros pueblos cuyo poder o identidad eran menos firmes. La
identidad colectiva ha sido siempre más bien un argumento de poderío
y un factor de expansión política, principalmente en el sigloXIX, a través
del lazo que se ha anudado entre identidad y nacionalismo, y cuyo resultado
fue la inestabilidad política bien conocida desde hace dos siglos. Las tra-
gedias de las guerras de 1914-18 y de 1939-45 representan el «triunfo» del
principio de identidad nacional, es decir, una búsqueda belicosa de la
conquista del territorio, y la afirmación de la superioridad de unos pue-
blos sobre otros. Factor de progreso en el plano individual, se ha conver-
tido en un factor de odio y de conflicto al pasar al plano político. Y
además los regímenes marxistas han tomado el relevo del nacionalismo
guerrero de la segunda mitad del sigloXIX y de la primera parte del si-
glo XX, ya que instauraron su dictadura en nombre de la mezcla de un
proyecto nacionalista y político. El fascismo no lo había hecho de modo
diferente.
En pocas palabras, a finales del sigloxx la identidad no tiene buena
reputación en las democracias. Sombríos recuerdos se despiertan cuando
alguien lucha por defender la identidad colectiva, y toda la idea de la
comunidad internacional desde 1945, con la creación de la ONU, ha sido
-como lo había intentado sin éxito la Sociedad de Naciones entre 1920
y 1935- construir un orden internacional que trate de superar el principio
identitario. Esto explica que el progreso se asimile de ahora en adelante
a la «superación» de las identidades nacionales, en favor de organizacio-
nes internacionales de cooperación económica y cultural más vastas. Es-
trictamente sobre ese modelo se construyó Europa después de la confe-
rencia de La Haya de 1948: superar las identidades nacionales en favor
de una cooperación para evitar la vuelta a la guerra y trascender los
irredentismos identitarios irreductibles en provecho de un nuevo principio
colectivo democrático. Hoy, reivindicar la identidad colectiva, la patria, la
nación, está mal visto y se identifica con un pensamiento «conservador».
La única identidad colectiva valorada es la que trasciende las identidades
comunitarias y nacionales, en favor de organismos de cooperación más o
menos internacionales. Si a NAFTA, a ASEAN, a APEC, al MERCOSUR,
a Europa..., que son otros tantos medios de superar las identidades na-
cionales; no a todo cuanto puede reforzarlas. A la hora de la mundiali-
zación, las identidades nacionales parecen superadas y peligrosas; y se
fomenta la idea de favorecer los grandes reagrupamientos a fin de que el
planeta se divida en unos pocos conjuntos, y no sucumba más a la locura
sangrienta identitaria nacionalista de Europa desde hace un siglo.
Tal es el punto del que hay que partir para comprender el escepticismo
que rodea la problemática de la identidad.
313
SOBRE LA COMUNICACIÓN
y sin embargo, la hipótesis que desarrollo desde el comienzo de este
libro, y especialmente en el marco de la construcción de la Europa política,
en decir que los pueblos, y no las élites, sólo aceptarán la consti-
tución ,de ese espacio político con la condición previa de una reva-
lonzaClon de las identidades colectivas. Afirmación que presenta tantas más
dificultades cuando se observa que toda la historia pasada va exactamente
en sentido inverso, incluida la construcción europea: pero es el cambio
de naturaleza del proyecto europeo lo que obliga a reabrir el dossier de la
Identidad. Las identidades, principalmente nacionales, y hasta regionales,
son ya, enel, marco del proyecto de la Europa política, un obstáculo,
SInO una condición. Lo fueron ayer, en los tiempos del nacionalismo triun-
fante y rencoroso. Lo fueron también en los años 50, al comienzo de
Europa, cuando era necesario hacer nacer la idea de Europa contra las
Ya no lo son ,hoy, cuando se trata de pasar de la Europa
econormca a la Europa pclítíca, y sobre todo de la Europa tecnocrática a
la Europa democrática, la de los ciudadanos.
, Pero pocos analistas se han dado cuenta de ese vuelco de la proble-
rnatica: los acontecimientos y los conflictos con base reivindicativa iden-
titaria nacionalista siguen dando la sensación de que la identidad era Un
obstáculo. Y no es la tragedia yugoslava la que a priori les demuestra su
error. Al contrario, alienta la sensación de que la identidad sigue siendo
el SIn embargo, aquí como allá, en el Oriente Próximo y en el
Onente MedIO, el nacionalismn behcoso se sitúa tan en el origen de com-
p?:tamlentos guerreros que él mismo es la consecuencia de procesos his-
tonco.s de manejar las identidades y sus cohabitaciones.
MI hipótesis es Simple. Teniendo en cuenta la extraordinaria aceleración
de los acontecimientos europeos de diez años a esta parte, de la dificultad
existente para, «cerrar» Europa, es decir, saber de una vez por todas dónde
empieza y donde acaba, el principio identitario es un parámetro, una
un punto de estabilidad en el paso difícil de la Europa tec-
nocrática ala Europa democrática. E incluso en el marco de ese nuevo y
gran espacio democrático, hay que preservar las identidades colectivas
porque hoy son democráticas y no guerreras, e indispensables para resistir
al poderoso movimiento de racionalización y de estandardización ligado
a la apertura de los mercados. Las identidades colectivas no son un obstáculo
para Europa, ;ino su condición. Simplemente porque sin ellas el proyecto
su relieve y no llega a superar el plano económico. Los intereses
nacionales eran un freno para la creación de la Europa económica, que
persigue todo ser un gran mercado sin «fronteras». Aquéllos consti-
tuyen todavía evidentemente factores de resistencia en el marco de la
constitución de la Europa política, pero al mismo tiempo son la condición
314
IDENTIDAD YCOMUNICACIÓN
para que ese espacio se mantenga algo vertebrado. Contrariamente al dis-
curso ambiente, el nacionalismo no es el obstáculo de Europa, pero llegará
a serlo si nos negamos a tener en cuenta el peso y la identidad nacional
o comunitaria en el seno de ese nuevo conjunto.
Europa ilustra a su modo la problemática central de este libro, a saber, que
cuanta más comunicación hay, más necesarias son las identidades. Ayer, en un
universo cerrado, la identidad era un obstáculo a la apertura y a la co-
municación. Hoy, en un universo abierto, es al revés: la preservación de
las identidades es la condición del mantenimiento de una problemática
de emancipación ligada a la comunicación. Dicho de otro modo, el re-
pliegue identitario o agresivo es menos la causa que las consecuencias de
haber tomado en cuenta la identidad de forma insuficiente. A la hora de
la comunicación triunfante, el reto no es la disolución de las libertades
individuales, sino el desmoronamiento de las identidades colectivas y de
los lazos sociales que son, sin embargo, las condiciones previas a la ins-
talación y a la eficacia de todas esas redes interactivas. Sin el colchón de
esas identidades colectivas, las redes tecnológicas modernas no pueden
desempeñar su papel, y corren el riesgo incluso de favorecer un formi-
dable desorden. Ésta es una de las razones que explican las violencias
identitarias del Próximo y el Medio Oriente, asi como de Alrica del Norte
desde hace veinte años. Si se hubieran respetado mejor las identidades
culturales, religiosas, sociales y simbólicas de esos viejos países ya trastor-
nados por la colonización, y luego por el «imperativo de la moderniza-
ción», Occidente habría evitado probablemente la lucha contra la violencia
sufrida desde hace treinta años. Es demasiado fácil denunciar la identidad
belicosa del otro cuando se ve la forma en que, durante numerosos de-
cenios, se le ha ignorado pura y simplemente... Se constata la misma si-
tuación, simétrica, con Europa del Este. Todos nos hemos felicitado de la
forma en que los diferentes países se han desprendido del comunismo,
pero zcómo analizar la capacidad de resistencia durante veinte a treinta
años sin la fuerza del sentimiento nacional, es decir, de esta famosa iden-
tidad de la que hoy desconfiamos? Dicho de otro modo, esos países han
podido atravesar la prueba de la «descomunistización» a partir de ese
modelo cultural, de esas tradiciones y de esas identidades. ¿Por qué lo
que es una fuerza en el caso de un combate de liberación habría de ser
un hándicap en el de un proyecto abierto y libremente consentido?
Il. INFORMACIÓN E IDENTIDAD
Durante un siglo, la información ha sido sinónimo de apertura y de
comunicación; ha sido considerada, pues, como un medio de superar la
315
SOBRE LACOMUNICACIÓN
identidad de las sociedades cerradas, para contribuir al nacimiento de una
sociedad más abierta. Hoy la relación es a la inversa, simplemente porque
entretanto ha cambiado el modelo dominante. Informar para abrir no
constituye ya una innovación, sino una banalidad... Restituir la informa-
cióncon relación al reto d<; Europa, es decir, la de su identidad potencial,
viene a ser, pues, determmante, y hay que admitir también en este caso
que la información europea va frecuentemente por delante de la identi-
dad europea. Puede, pues, tener un efecto tanto estabilizador como de-
sestabilizador. No hay que confundir el rodillo-compresor institucional
europeo, del Parlamento a la Comisión, pasando por el Tribunal de [us-
tICIa de La Haya, la CIG (Conferencia Intergubernamental de la Unión
Europea), donde todo se desarrolla según un calendario impecable, con,
por otra parte, la conciencia y la adhesión del ciudadano. Esta conciencia
dd ciudadano va mucho más despacio que la lógica institucional, y un
día hara falta darse cuenta de la importancia de la distancia entre las
preocupaci?nes de las élites y la realidad de las opiniones públicas, y cesar
de. descalificar a las segundas respecto a las primeras. Con el sufragio
universal ya no hay los que van por delante y los que están atrasados.
Nadie es el amo de «la escala de la europeídad». O entonces no hacía
falta a la Europa democrática... En resumen, habria que salir de la
información europea de los estereotipos, dejar de distribuir buenos y malos
puntos, con relación a una jerarquía que confunde las inevitables relacio-
nes de fuerza entre Estados y el difícil nacimiento de una identidad co-
lectiva <;uropea. En palabras, nadie puede saber, a pesar de los dos
estereotIpos del británico «adversario de Europa» y el alemán «alumno
aplicado», cuál de los dos pueblos -y no de los dos gobiernos, o de las
dos élites- será finalmente el más favorable a la emergencia de esta nue-
va entidad política.
, Resp,etar las de punto de vista en la información europea, y
mas alla en la polítira europea, no es un obstáculo para la identidad
europea, sino que constituye más bien un medio de reconocer el carácter
problemático. No hay nada peor, de cara a los ciudadanos informados
pero escépticos, que hacerles creer que sólo Gran Bretaña, aferrada a
pasado, es un obstáculo al éxito de Europa. Hace falta, al contrario, darle
la vuelta al argumento, y dar las gracias a los británicos. Al mantener un
discurso escéptico sobre la Europa política, permiten a los ciudadanos re-
conocerse en esta tesis, y recuerdan a los otros que no es posible avanzar
al ritmo de las élites.
En una palabra, de cara al proyecto de la Europa política, los euroes-
céptlcos tienen tanta legitimidad como los eurofanáticos. No hay individuos
o pueblos «más adelantados» que los otros -o entonces nos tropezamos
316
IDENTIDAD YCOMUNICACIÓN
de nuevo con la tesis de las «vanguardias»...-. Valorar la identidad a
través de la información en su conjunto no es, pues, un freno a Europa,
sino que representa, sin duda, el medio de el anhelo. de Euro¡;a.
He ahi dónde se sitúa de manera concreta el vínculo entre información
e identidad. Lainformación en un universo en el que dominala ideologia
modernizadora de apertura, desregulación, interactividad..., no debe re-
forzar esta ideologia, sino, al contrario, recordar la legitimidad de la pro-
blemática identitaria.
En la relación identidad-información está pendiente otra revolución.
Hay que dejar de creer que cuanto más rápida y directa es la información,
más cerca está de la verdad. Este razonamiento es verdadero en el plano
de un Estado-nación -aunque hay que introducir, no obstante, un limite
a ese vinculo entre velocidad y verdad, como se ha visto en la cuarta
parte-, pero es ciertamente menos verdad en el caso de la situación
europea donde toda información es recibida contradIctOriamente en los di-
ferentes paises. Un mismo acontecimiento (por ejemplo, una decisión de
Bruselas) no es explicado de la misma forma por los diversos correspon-
sales, porque cada uno habla para su opinión pública, y modula esta
decisión, o esta información, en función de las especificidades de su opi-
nión pública. Cuanto más rápida va la información, menos se hace esa
descodificación-recodificación, y más esta información, en vez de favore-
cer lentamente la emergencia de la conciencia europea, corre el riesgo de
provocar, al contrario, un fenómeno de rechazo. Cuantomás «mediatizan»
los periodistas toda información europea, en función de su contexto cul-
tural, y la «traducen» de un espacio mental a otro, más posibilidades hay
de que sea aceptada la misma información. La crisis de las vacas locas en
la primavera del 96 es un ejemplo tipico de los estragos de una infor-
mación demasiado global y difundida demasiado rápidamente. En menos
de dos días esta crisis, y la forma de hablar de unos y otros -por no
decir de considerarse sospechosos mutuamente- ha roto numerosos hi-
los, pacientemente tejidos a través de la politica agrícola común. Los viejos
contenciosos y los estereotipos han destruido, en un mes, casi cuarenta
años de pacientes esfuerzos. Todas las distancias entre los intereses na-
cionales han vuelto a hacerse visibles, y se reactualizaron los procesos de
intención, mientras los vocabularios recuperaban las ancestrales descon-
fianzas... Los conflictos de intereses y la manera demasiado simple en que
se elaboró la información contribuyeron a esa explosión y a una vuelta a
las sospechas que no borrarán fácilmente los discursos planos y racionales
de los ministros de Agricultura. La velocidad de la información se con-
virtió aquí en un factor de desestabilización.
La Europa del Este es también un buen lugar de lectura para compren-
317
SOBRE LA COMUNICACIÓN
der el límite de un cierto modelo de información. Hacemos como si la
información y la comunicación fueran en sí mismas un factor de progreso
y dejamos implícitamente suponer que la Europa del Este era una parte
del mundo «subinformado», y que bastaría con aumentar el volumen de
la información -hecho actualmente según el modelo occidental- para
acrecentar la sensación de pertenencia de la Europa del Este a Europa.
En reahdad, el modelo occidental de la información acerca de la Europa
del Este debena modula;se tomando en cuenta la dinámica propia de la
Europa del Este. En la medida en que la información, y el reclamo
de la libre, desempenaron un papel determinante al final del co-
mums,mo, SImplemente había mucha información -y habría
que segun que paises-e, el problema es mucho más com-
plicadocmco después. la fase de liberación de la palabra, ligada
al fin de la dictadura, se asistió a una especie de banalización de la in-
formación. En primer lugar, porque los hechos han contradicho a menudo
las promesas, y los grupos de comunicación que se instalaronfavorecieron
el surgirruento de una información cada vez más alejada del ideal de
verdad que en tiempos de la resistencia. Después, porque tras esta
fase de liberación a establece.rse entre los media, la opinión pú-
blica y los poderes políticos una inevitable relación de fuerza. La infor-
mación y la expresión de la palabrano han mantenido la misma influencia
que en tiempos del comunismo, cuando en un universo de mentiras eran
un elemento de verdad. Todo se ha vuelto más matizado, y las infor-
mariones verdaderas cohabitan hoy con las informaciones falsas comoen
no importa qué sociedad intelectual. En otras palabras, en ese fenómeno
complejo del paso de una sociedad totalitaria a un sistema democrático
la información sólo ha desempeñado ese papel de lugar de la verdad y
de la palabra durante periodo limitado. Hoy en Europa del Este ya
no se trata de la instalación de un sistema libre y democrático de la in-
formación, comose vio por ejemplo en Francia entre 1944 y 1946: estamos
ya enel momento de las concentraciones, de las fascinaciones por lo mul-
tim;dla y las relaciones complicadas entre los agentes económicos y
políticos, alejados del esquema romántico e idealista de una información
que es el de la verdad y de la toma de la palabra libre...
Una .vuelta rápida por laEuro¡;a del Este muestra la complejidad de
las relaCl,ones entre información e Identidad en Europa, y el límite de la
Idea ?egun la cual se supone que el sentimiento europeo debería estar en.
[uncum direaa del volumen de información difundida. La dificultad de
tomar en cuenta las especificidades nacionales y culturales en la forma de
ab,ordar la cuestiónde la información corre el riesgode suscitar una reac-
cion identitaria nacional VIOlenta. Ante todo, comoreacción a la influencia
318
IDENTIDAD YCOMUNICACIÓN
de los capitales extranjeros en el sector de la informac!ón lo que
frecuentemente ocurre con la prensa escrita, pero mas aun con la televi-
sión y los nuevos media. Y luego como reacción frente a un modelo de
sociedad cuyo ideal de apertura se parece mas a los .intereses de las m-
dustrias que a la consideración de las identidades nacionales y culturales,
durante tantísimo tiempo escarnecidas. .'
La Europa del Oeste deberia meditar sobre las altivas relaciones .que
la Europa del Este mantiene con la identidad. Ve en ellocon demasiada
facilidad una simple reacción al amordazamIento, de las Identidades na-
cionales bajo el comunismo, cuando resulta que este fue a una
forma de «nacional-comunismo» más que de comumsmo mternaclOnahsta.
y los países del Oeste, aparentemente mej?r implantadosen su identidad,
se niegan a admitir que se enfrentan en termmos diferentes a un problema
idéntico. ¿Ejemplo? El fracaso del modelo de integración de las P?blaclO-
nes inmigrantes desde hace una treintena de años. Hoy los diecisiete rru-
llones de inmigrantes «acampan» más que se integran en Europa del Oes-
te, y se encuentran casi cara a cara con los millones de parados
del universo europeo. ¿Cómo hablar del caracter secunda;1O del factor
identitario cuando se ven los conflictos frecuentemente trágicos que la
presencia de inmigrantes -que han contribuido ampliamente, sin em-
bargo, al crecimiento de Europa- provoca? . ..
El cara a cara visible de esos diecisiete millones de inmigrantes y de
esos veinte millones de parados explica por sí mismo el limite de
modelo de la información demasiado inclinado a la apertura y a la CIr-
culación. Sin hablar de problemas mucho más antiguos, pero casi menos
complicados, ligados a las identidades vasca, irlandesa, corsa, flamenca,
valona, macedonia, griega, y que regularmente hacen pedazos el esquema
simplista del ciudadano europeo moderno y racional.;
lll. COMUNICACIÓN E IDENTIDAD
La inversión de la relación entre comunicación e identidad no es más
fácil de dilucidar que el existente entre información e identidad, porque
en los dos casos se ha considerado que el progreso consiste en superar la
problemática de la identidad.
Aquí también puede ser útil Europa de! Este a Europa Oeste. En
el Oeste se puede, después de cuarenta anos de construcción, tener por
un instante la ilusión de una superación de las Identidades naClo".ales,
mientras que en el Este las identidades. naci?nales resisten. SI las elites
eligieran deliberadamente «la occidentalízación», basta pasearse por los
319
SOBRE LA COMUNICACION
campos y las para ver cómo los pueblos, más allá de una evi-
dente aspiraoon a un bienestar, defenderán, inmediatamente después, su
identidad nacional, una vez que ésta tenga que confrontarse al torbellino
de la comunicación mundial. Y se tratará de naciones en el sentido de
comumdades culturales, lingüísticas, ligadas por una historia y unos re-
cuerdos. El problema es además más amplio que la información, puesto
que afecta a todas las formas de comunicación (filmes, variedades, publi-
Juegos...) y consecuencia a las los estilos y los
símbolos. La reaccron identitaria se manifestara en relación con este do-
minio global, porque el Este comprobará muy pronto la
en la que se halla sumido. De un lado el Oeste, a través de
satelItes, telecon:unic?ciones e informática, no cesa de vender, en sentido
hteral y en sentido figurado, la modernidad, y los modelos occidentales
de comunicación; por otro lado, y paralelamente, el Oeste rechaza la en-
trada ?e Europa del Este la Unión Europea... El resultado es, pues,
paradójico. El.fin del comunismo y la omnipresencia de los mismos flujos
de comurucanon de los dos lados van a borrar la falsa oposición que
separaba las dos Europas. Pero pronto emergerán otras diferencias entre
el Estel el Oeste, que estaban enmascaradas por el comunismo. Así, el
fin de este no simplifica la entre las dos Europas: refuerza
la Europa del Este en su posicron de dominada, sin por otra parte crear
mucha curiosidad en el Oeste respecto a ella, si no es para el comercio...
No h?y de que el Este, ha sufrido un movimiento de desper-
sonalizacíón durante CIncuenta anos con el comunismo, sin poder opo-
nerse a ese dominio, no soportará una segunda vez ese proceso.
En otras palabras, los flujos de comunicación más numerosos, si no
respetan mejor las identidades culturales, nacionales, lingüísticas, presen-
tan el nesgo de alentar reacciones violentas. Y para eliminar la cuestión
embarazosa de la identidad nacional en el Este, se habla del difícil naci-
miento de «sociedades civiles», lo que tiene la doble ventaja de negar
toda cspeciñcídad a esas sociedades y valorar aún más aquellos conceptos
que Son los nuestros, aplicándolos a otras sociedades... En el Oeste la
no es simple, puesto que la ampliación sin fin de Europa
mulliphca la cuestión del cierre y de la identidad. Abrir más y más sólo
puede reforzar el ':lalestar de un universo sin identidad. y esto, por cuan-
to no hay un sentido para esa ampliación. Esta acentúa el desconocimiento
que no será compensado de ningün modo por el hecho de que.
millones de europeos vean los mismos programas de televisión recibidos
por los mismos utilicen los mismos ordenadores, contemplen los
mismos CD-Rom de ongen americano... La distancia entre un descono-
cimiento mutuo que no disminuye de decenio en decenio, y el acceso a
320
IDENTIDAD YCOMUNICACION
los mismos programas de comunicación presenta el peligro de crear, a la
larga, reacciones violentas.
¿Qué adulto o qué estudiante, en Europa del Oeste, es capaz de dar
una fecha y un nombre de una personalidad importante de la historia de
los otros catorce países? El test sería desde luego abrumador SI se lo hi-
ciéramos a los dirigentes de los quince países de la Unión. Y estarnos
hablando de la historia reciente. ¿Qué pasaría si nos remontáramos a la
historia antigua, dominada por los hechos religiosos? Se acuerda uno, por
ejemplo, de los problemas creados por el papa Juan PabloJI cuando qUlSO
homenajear a los dos monjes Cirilo y Metodio, que evangelizaron Europa
oriental e inventaron el alfabeto con el que se escribieron las lenguas
eslavas en el sigloIX. Los abismos de desconocimiento religioso, histórico,
cultural, surgieron entonces, mostrando la dificultad de, conocer slqUlera
las grandes fechas de la historia de los otros. Cada pals europeo refleja
la misma importancia de acontecimientos, o pe,rsonales,
distribuidos a lo largo y ancho de una histona de mas de mil anos, pero
totalmente ignorados por los demás. Esta observacióngeneral explicaP?r
qué Europa no escapará a un trabajo sobre su propia historia, Hayademas
una paradoja. Europa pretende ser una entidad política nueva,. aferrada
a una visión moderna v racional de la historia, y al rrusmo tiempo se
constata en cada Estadb-nación una tendencia acentuada a celebrar las
grandes fechas y a valorar los acontecimientos más antiguos de la con-
ciencia nacional.
¿Por qué negar la importancia de la historia, en ;J marco de la cons-
trucción europea, y sentirse fascinado por ella a traves de los,amversanos
y las conmemoraciones en el seno de los Estados-naciones? Soloun
plo para Francia, aunque los mismos ejemplos existen para los otros PaI-
ses. En otoño de 1996 el Papa fue para rendir homenaje al bau!Ism? de
Clodoveo en Reims hace mil quinientos años, y al papel desempenado
por san Martín de Tours hace mil setecientos años. Los dos aconteci-
mientos dieron lugar a una comunicación masiva, y a enfrentamientos
típicos de la identidad francesa. Pero es fácilmente adivinable el esfuerzo
que los otros paises tuvieron que hacer para comprender el lugar de esos
dos nombres en su propia historia. Y el esfuerzo que habra que hacer, a
cambio, para comprender los acontecimientos, fechas, simbolos y ratees
característicos de los otros catorce países de la Unión..., sin hablar de los
nombres y fechas de la Europa central y orientaL.. Esto significa que no
basta que haya mucha comunicación para que exista conoclmlent? y res-
peto de las identidades, porque el respeto de las reqUle,re. un
largo tiempo. El riesgo consiste h?y que la comurucacton global, rápida,
instantánea, horizontal, crea la ilusión de una mejor comprenslOn de las
321
SOBRE LA COMUNICACIÓN
identidades y provoca a cambio violentas reacciones. Para reducir ese ries-
go, es necesario introducir por todas partes la palabra clave de la diferen-
cia. Contrastar las diferencias, todas las diferencias, para preservar las
identidades y evitar la trampa del Irredentismo identitario.
, En esta perspectiva, hay que romper también la oposición entre ar-
caismo y La Europa política no tiene nada que ver con ese
economl';o,. y sm embargo se utiliza constantemente por las
élites políticas y eC?nOmICas, un fin evidentemente descalificativo para
todos aquellos disfrazados con la dulce palabra de «arcai-
cos». Pero ¿qUlen. las brújulas de la historia? ¿Quién puede, de
cara a una situación politira totalmente inédita, decidir qué es lo moderno
y «útil», y qué es arcaico e «inútil»? Tanto más cuanto se podría apostar
que en el prodigioso reajuste simbólico que hay que emprender en el
marco de la Europa política, numerosos puntos de referencia, códigos,
que a priori se consideraron pasados de moda, se re-
velaran en realidad como factores determinantes para hacer avanzar la
conoencia europea. Además, incluso si a las elites puede satisfacerles una
cierta modernización, no ocurre igual con los ciudadanos. Éstos necesitan
más puntos de referencia del pasado cuanto más incierto les parece el
futuro.
En unive,rso desbordante de comunicación, hay palabras que ma-
tan. La dicotomía moderno-arcaico «contamina» ya bastante las relaciones
Norte-Sur, para venir a reintroducirla en el seno de las dos Europas. Y
sm embargo, la palabra se utiliza constantemente. Pero équé es moderno o
atanco respecto a la ,;onstrucción política de Europa? ¡El sentido del pro-
yecto europeo no se Juega en absolutoen relación con la modernidad! La
palabra nos ,traslada a la experiencia europea a partir del siglo XVII, pero
hoy el desafío otro completamente distinto. La misma palabra no apor-
ta nada discriminante respecto a este reto que consiste en saber hasta
dónde más de 370 millones de individuos pueden poner en común su
destino. En realidad, utilizar esta dicotomía en el orden de la política tiene
por .mtenta: r.emtroducir la misma jerarquía que existe en el or-
den econonuco, El uruco medio de compensar las ilusiones de un cono-
cimiento mutuo ligado a la omnipresencia de la comunicación consiste en
desarrollar una antropología cultural para despejar todo lo que hay de
"Igual en lo.diferente y de diferente en lo igual», Las palabras identidad,
tradl:lOnes, islamismo, modernismo, nacionalismo... hay que retomarlas en
las tradiciones para comprender cómo se separan y se solapan.
Del mismo modo, señalar las grandes familias de argumentación en torno al
conflIcto que encontramos por todas partes entre modernidad y tradición
es seguramente un mejor "factor de comunicación» entre las Europas que
322
IDENTIDAD YCOMUNICACIÓN
creer a todo el mundo «embarcado» del mismomodo en la gran «aventura
de la modernidad». La homogeneización de los modos de vida, de un
extremo al otro de Europa, a través de las modas de indumentaria, de la
alimentación de la música, de los coches, de los ordenadores..., no pre-
figura en modo alguno una identidad cultural común. Las apariencias son
las mismas, pero no las referencias. NI tampoco los reflejos, los estereo-
tipos, los Y cuanto más que las unen, se
acercan, mas se puede enunciar la hipótesis del papel discriminatorio de-
sempeñado por otros simbolos y otras representaclOnes.En otras palabras,
cuanto más se abre el universo social, comercial, econorruco, incluso po-
lítico, haciendo desaparecer las diferencias visibles, más éstas permanecen,
pero más ocultas. Convendría hacer un día, en ese sentido, el balance de
las acciones del Consejo de Europa, de la Unesco, en favor de los derechos
del hombre... para ver cómo esas mismas palabras envuelven diferentes
enfoques. Las grandes instituciones internaCIOnales y la demo-
crática que domina en ellasenmascaran de hecho díferencias considerables.
Todo el mundo hace como si cada uno se comprendiera, sabiendo que
esta comprensión no hay que profundizarla demasiado... Pero así ,;omo
el carácter ambiguo de esos vocabularios comunes no plantea demasiados
problemas en el plano internacional -porque es preCISO hacer que la
comunidad internacional «coexistas->. sí en cambio los plantea en el plano
europeo, porque se trata de hacer aquí una cosa juntos. Que aparezcan
esas diferencias no pone en absoluto en duda el patnmoino comun de los
valores. Al contrario: tras haber hecho un repaso en torno a todas las
diferencias y explicitado un poco los malentendidos, es cuando se en-
cuentran -si existen- los puntos comunes. Igualmente, y en paralelo a
ese examen crítico, hay que reafirmar el papel de una reglamen.tacwn e,n
el campo de la comunicación. Es decir, rechazar para Europa la ideologia
de la desreglamentación, demasiado evidentemente adaptada a los mt,e-
reses de las industrias de la comunicación. Pero qUlen dicereglamentaclOn
dice autoridad y legitimidad del Estado. Y sin duda habrí? que admitir
que la Europa política pasa ante todo por una revalorización de la aut?-
ridad de los Estados nacionales, incluso SI en la historia de la
europea hayan sido a menudo los adversarios. Aquí tambiénha cambiado
el contexto. Ayer se trataba de frenar la disminución del papel de los
Estados-naciones; hoy se trata, por el contrario, en un contexto econorruco
y politico ampliamente abierto, de poder apoyarse en lo que queda de
soberanía nacional para «organizar» esta .,.,
En un contexto de apertura, de comunicación y de disminución de
soberanías, cada uno debe sentir que su identidad está preserv?da y que
existe un Estado para garantizarla. En otras palabras, contranamente a
323
SOBRE LA COMUNICACIÓN
una idea ingenua, la Europapolítica no ha de pasar por una «superación»
de las ideas políticas, imposible de cunseguir en un plazo corto, sino, al
contrario, por una reafirmación del papel de los Estados y de la regla-
mentación.
La «televisión europea» es algo prematuro desde el punto de vista de
los programas, pero no para la información, cuyas Euronews son un ejem-
plo a desarrollar urgentemente, porque en ellas se encuentran simultá-
las diferencias y los puntos comunes. Además de una coope-
racron evidente que debe desarrollarse en materia de información, para
comprender mejor lo que acerca y distingue a los europeos, la televisión
puede desempeñar un papel positivo de otras dos maneras. En el plano
nocional, la televisión generalista, pública o privada, debe seguir siendo el
principui instrumento de comunicación nacional y de integración cultural.
Toda la problemática la encontramos desarrollada en la segunda parte.
En el plano europeo es casi al revés. Las televisiones nacionales con los
intercambios de programas permiten comprender mejor las diferencias
culturales. Esos intercambios deben facilitar la cohabitación cultural, sin
que con ello se pretenda edificar una integración prematura. Ladistancia
entre la inmensidad de los retos ligados a la televisión y la debilidad de
la política europea en este terreno es inquietante para el futuro. Lo que
falta aquí es la voluntad política. Sin embargo, con más de trescientas
cmcuenta cadenas de televisión públicas y privadas en Europa, se podría
actuar. Pero la televisión padece la desconfianza de las élites, mientras
que sigue siendo para la gente el principal instrumento de diversión, de
información y de cultura... Cada europeo dedica una media de tres horas
diarías a mirar la pequeña pantalla... La televisión es un instrumentoam-
pliamente infrautilizado, no para «imponer» la idea europea, sino para
constituir una vía de acceso al conocimiento mutuo. ¿Cuándohabrá gran-
des proyectos audiovísuales para ese gran proyecto político?
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326
CAPjTCLO 18
EL DIFÍCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLÍTICO
I. REEXÁMENES DESGARRADORES
Europa es uno de los proyectos políticos más ambiciosos del siglo xx,
pero todo -contexto y perspectiva- ha cambiado desde 1990. Se trataba
de luchar contra el comunismo, y éste se ha hundido. Europa se hacía en
el plano económico por la acción de una minoría de altos funcionarios y
de empresarios; después de Maastricht se ha convertido en un proyecto
político cuyo avance depende del sufragio universal. Se trataba ayer de
un espacio relativamente cerrado, y es hoy mucho más abierto, hasta el
punto de que nadie sabe ya dónde se acaba Europa, ni al Este ni al Sur.
Resumiendo: todo ha cambiado y nos encontramos frente a una si-
tuación casi inverosímil, la de la construcción de un espacio político de
370 millones de habitantes donde cohabitan másde diez lenguas, en torno
a temas, vocabularios y retos de los que nadie domina las dimensiones.
Sin adversario declarado, con el objetivo de movilizar no las elites, sino
pueblos y opiniones públicas sin apenas experiencia directa de Europa, y
que, cuando tienen una, se muestran más bien reservados respecto a ella.
En efecto, Europa, que debía al menos garantizar el crecimiento, se debate
desde hace diez años en una crisis económica de la que se repitesin cesar
a sus pueblos que es el síntoma de una decadencia en relación con el
surgimiento de todos los dragones de Asia y de otros lugares... Yesto en
un calendario que se encoge constantemente, ya que la amplíación obliga
a rehacer las instituciones, para un proyecto cuya claridad ya no salta a
los ojos. Ycon un fondo de imperativo categórico, de moneda única, que
por encima de todo no hay que poner en duda, sea como sea, bajopena
de "hacer el juego a los enemigos de Europa»... ¿Cuál es la fuerza de un
proyecto que no se puede discutir so pena de destruirlo? Ycuando al-
gunos periodistas, políticos, empresarios o universitarios discuten el ca-
327
SOBRE LA COMUNICACIÓN
lendario o la perspectiva, caen inmediatamente bajo el doble anatema de
ser antieuropeos y de "primar» a los británicos, considerados desde siem-
pre como los adversarios de Europa.
Entre la indiferencia, la incomprensión, la falta de vocabulario y de
reto común, la sospecha y la impecable lógica institucional que siguedan-
do vueltas sola, como si todos supieran a dónde va, se encuentran ahí
reunidos los ingredientes de un formidable contrasentido. Todo está por
reexaminar, mientras que incluso las palabras, los vocabularios, los retos,
las referencias, los símbolos, sin los que no hay espacio político, están
apenas identificados. Un soberbio campo de fútbol sumido en la niebla
británica, del que no se ven los límites, con equipos cuyo nombre y com-
posiciones exactas no se saben, para un partidodel que casi no se conocen
las reglas del juego...
Hay que inventarlo todo, lo que ya es difícil, pero, además, todo se
hace públicamente. Europa debe inventar su identidad política bajo la mi-
rada omnipresente de los media, que, a pesar de su actitud más bien
favorable, han de ser temibles amplificadores de lo que no funciona. Yla
visibilidad que consiguen en esa inmensa obra, sin arquitecto ni plan pre-
ciso, es todavía más perturbante para el ciudadano que no sabe ya muy
bienlo que quiere, ni cómo llegar, mientras soportael discurso ordenancista
y sin matices de las élites políticas.
Ya he tratado de explicar 1 en qué es difícil crear artificialmente un
espacio político cuando no se reúne realmente ninguna de las condiciones
históricas, simbólicas o culturales; en qué es difícil animar un espacio po-
lítico cuando hay apenas un espacio común, pero aún no un espacio
polítíco 2; en qué no es posible comprimir el tiempo hístórico, y en qué
el voluntarismo, incluso adornado con las más bellas referencias, alcanza
sus límites. Pero nada se ha hecho. Los políticos y los tecnócratas no
entienden nada. Para resolver la grave crisis de inadaptación de las es-
tructuras de Europa, tras la ampliación a quince miembros, los gobiernos
han organizado, a partir del atona del 96, esta enorme conferencia inter-
gubernamental', encargada, sin ningún lazo con las poblaciones ni com-
1 qr. NaisSllllCe de I'ElIropc démocmtique, op. cit., 2." parte: «Les paradigmes uses»: 3:'
parte: (,A la recherche des concepts politiques fondarnentaux».
2 A este respecto, el conjunto de los títulos de la página 4 de Le Monde del 12 de
octubre de 1996 es absolutamente reveladorde los problemas ligados a la construcción de
Europa: "La declaración de reconciliación checo-alemana sigue en suspenso», "Las pri-
meras elecciones europeas en Austria podrían reforzar la derecha nacionalista», «Doscien-
tos jefes religiosos lanzan en Roma una llamada a la tolerancia» y "Los monasterios ru-
manos vuelven a ser "el pulmón de la ortodoxia"»,
3 Se refiere el autor a la organización de la Cumbre de la Unión Europea celebrada
en Amsterdam en junio de 1997, (1\', del T.)
328
ELDIFíCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLíTICO
prensión de las opiniones..., ide inventar las estructuras de la Eu-
ropa! Dicho de otro modo, se prosigue con los mIsmos, metodos
tecnocráticos que ayer. Al tiempo que contmua.el pro-
yecto de la moneda única, que impone a las economlas y a las sociedades
temibles reformas.
Sin ninguna pretensión de exhaustividad, se pueden señalar al menos
diez pistas de trabajo, diez reexámenes, más o menos dolorosos,
favorecer esecambio de perspectiva necesario para estainmensa y pacífica
aventura política.
II. LA INADAPTACIÓN DE LAS ESTRUCTURAS POLÍTICAS EUROPEAS
Revelan la triste realidad del momento: la ausencia de utopías, de
ideas nuevas, y la tendencia general a concebir Europa con las mlsn;as
reglas institucionales que las existentes en el seno de cada Istado-nacíón.
Es decir, Europa como un super-Estada-nación. Encontramo,s en ellatodo
lo que estamos acostumbrados a en paIses: un legIS-
lador (el Parlamento); un ejecutivo bicéfalo (el Consejo Europeo y la Co-
misión); un órgano judicial (el Tribunal de [usticia): una burocracia ma-
tacable (<<Bruselas»). Muchas sabias autorizadas, en traje
gris, que animan el de los coches y las
nes solemnes. ¿Para que remo de la ímaginación? ¿Que proyecto, SI no
es el de un super-Estado democrático al que hay que buscar CIUdadanos
y del que sobre todo se prohíbe SI sera finalmente federal o con-
federal, por miedo a resucitar antiquísimas religiosas? El debate
sobre la soberanía nacional está desfasado, pues esta ya ha s.ldo, en la
realidad, ampliamente mermada por Bruselas. como los
lo ignoran, es difícil movilizarlos para la siguiente, ellos
todavia no han comprobado que sus soberamas nacionales estan amplia-
mente disminuidas, pese a las declaraciones lasreu-
niones del Consejo Europeo. Crear una sensibilización política a partir de
tal desconocimiento es aún más difícil, ya que simultáneamente se cons-
tata la ausencia de identidad política, de lengua, deterntorIo,. de remo
imaginario. Tanto más cuanto al lado del discurso oficial, a
ciudadanos», se descubre el peso considerable de los grupos de presum (mas
de mil en Bruselas) de los que no se sabe muy bien si darles casa
como en Estados Unidos, o fingir que se les ignora, como en la tradición
europea. Añadamos a esto el silencio de las relaciones de fuerza, las ne-
gociaciones entre expertos y «el estilo» alto fUnCIOnarIO que prevalece en
los asuntos europeos, y se comprende por qué todo eso no está hecho
329
SOBRE LA COMUNICACIÓN
para reducir la sensación de impotencia que domina ya al ciudadano en
el seno de cada Estado-nación. Si el ciudadano no puede agarrarse a la
realidad de su país, zcómo podría hacerlo en un territorio tan lejano e
inaccesible?
Todos los folletos, emisiones de televisión, campañas de comunicación,
debates..., no conseguirán reducir la percepción de esta distancia infran-
queable entre el ciudadano y «lo que pasa en las alturas». El modo de
acción no lo da el voto cada cuatro años al Parlamento. Desde ese punto
de vista, Europa ilustra a la perfección el problema señalado en la tercera
parte de este libro: el ciudadano occidental es a la vez un gigante en
materia de información, y un enano en materia de acción política.
La única capacidad de acción sigue siendo, para los ciudadanos, uno
de los más antiguos medios de expresión, a saber, la "manifestación». Pero
éde qué valen las manifestaciones en relación con esas soberbias cons-
trucciones jurídicas e institucionales que Europa inventa? Si quisiéramos
realmente tomar en serio a los ciudadanos europeos, deberíamos seriamente
ocuparnos de las manifestaciones -la mayoría hostiles, pero esto no es
lo más importante- que tejen la historia de Europa, porque se trata real-
mente de actos públicos, de los que siempre se buscan, además, las hue-
llas. Pero esta manera de hacer política no es «políticamente correcta", y
se la olvida y desvaloriza sistemáticamente. En otras palabras, se desea
que los ciudadanos «se comprometan en Europa», pero a condición de
que esto se haga de manera prudente y respetuosa. Europa es así el lugar
de lectura, a tamaño natural, de los límites del modelo de la democracia
de masas en general. Todas las dificultades con que nos encontramos son
un tanto simétricas con los hándicaps que existen en el seno del Estado:
confianza relativa en el Parlamento, percepción de una pérdida de sobe-
ranía nacional, dureza de las políticas de reestructuración como las de la
siderurgia, la pesca o la industria, poder de los grupos de presión, om-
nipotencia de la tecnocracia... En esto Europa es una lupa. Esas dificul-
tades no son catastróficas en el seno de los Estados-naciones, porque exis-
ten, paralelamente, las tradiciones, las culturas, la experiencia común, que
son otros tantos estabilizadores complementarios. Pero nada de esto hay
en Europa. Para inventar un nuevo sistema institucional suficientemente
distanciado del precedente, para motivar a los ciudadanos cansados y has-
tiados, que, aunque siguen ligados a la causa europea, querrían realmente
encontrar la ocasión de creer en ella de forma adulta, haría falta un poco
de aliento. Aliento, y no sermones; porque son sermones lo que los ciuda-
danos escuchan cuando se atreven al fin a decir en voz alta lo que todo
el mundo piensa en voz baja, a saber: que por el momento no hay muchas
ideas originales. Y utopías, todavía menos.
330
ELDIFÍCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLÍTICO
III. YA NO HAY SENTIDO DE LA HISTORIA
Este «descubrimiento" recubre dos realidades sobrevenidas en cinco
años. Ante todo, no es la democracia lo que ha destruido el comunisn:o,
sino el comunismo que se autodisolvió, tanto bajo el efecto d;, la presIOn
del capitalismo como de la democracia. Lo que ocumo despues es mucho
más complicado que lo que Occidente ha para «la
transición», ya que las elecciones en los paises ex comumstas han de-
mostrado desde 1995 la difícil relación que esas sociedades mantienen
con el pasado inmediato. Esto no significa la «vuelta del comunismo»,
sino que la elección no está entre la noche y la luz. En otras palabras,
el concepto de «transición», tan tranqmhzante para el
Oeste -pues supone dar un sentido a la histona, la nuestra-, es aqm
inapropiado. . . , .
Si no hay transición, es que la historia carece de no existen
a priori los que tienen razón, que van por delante con relación a los otros;
y los que están equivocados, que van con retraso. Naturalmente, son las
democracias occidentales las que desde siempre se adhieren a este his-
toricismo. Pero no es seguro que la inmensa mayoría de los países del
mundo compartan nuestra visión de la historia. y Occidente tiene cada
vez menos medios para imponer este punto vista. Nuestro umversa-
lismo se encuentra con otros filósofos de la historia, y llene SIempre el
riesgo de reducirse a un culturalismo, incluso a un estricto occidentalis-
mo... Cruel decepción para los demócratas que, con la.llegada de l?s so-
cialistas y los comunistas, han creído durante casi un SI¡;lo que la historia
tenía un sentido y que ellos eran, evidentemente, la brújula,AusenCIa de
sentido no quiere decir ausencia de valores, pero esto dificulta
combates, porque es más fácil luchar cuando se pIensa que se actua por
el bien de todos que cuando otros sistemas de valores, opuestos al vues-
tro, pueden suscitar tanta adhesión colectiva. .' .
Esta incertidumbre en cuanto al sentido de la historia es particular-
mente difícil en el momento del nacimiento de la Europa política porque
las dificultades de ésta serían mejor aceptadas si cada uno tuviera la sen-
sación de desempeñar el papel de pionero respecto a una orientación cuyos
valores comparte todo el mundo. En otros términos, los acontecimientos
van deprisa. El regreso al poder de antiguos comumstas, no impide, SI-
métricamente, una crisis que sacudiría los avances, tanfrágiles, de Maas-
tricht. Yde cara a ese regreso de la historia, el dem?cratrco»
consistente en querer acelerar la construccion política corre el nesgo de
encontrarse cogido a contrapié. ¿Quién habría podido prever tal vuelta
atrás en 1990-1992? Sólo tenían razón los que se atrevieron a recordar que
331
SOBRE LA COMUNICACIÓN
la victoria del no significaba la victoria de la democracia Per
eran una rnmona. . o
d En, una palabra, atención al "boomerang de Europa del Este». Lo ue
a emas toma un senltdo concreto cuando se sabe que muchos aísesqde
la Europa del Este son hoy candidatos a la UniónEuropea sP
pana a t r t d . I se acam-
e d _es a lS a fe espera de demasiadas humillaciones, surgirán reaccio-
n s anmas a ese ormidable proyecto.
Pese a la buena conciencia de aquellos que se arrogan la eti ueta de
y en consecuencia se permitendesde haceanos d;scalificar
a quienes rec azan un CIerto modelo de Europa el conflicto
a los "pro» y los «anti» europeos. Maastricht fue sin dudI:1
e en el que esta dicotomía -por no decir esta exclusiva- ha tenido
política. Los partidarios del «sí» han podido culpa-
I una u tima vez a los que votaban <<00», fundiendo ese no con un
;ec .azo de Europa. Los que votaban <<00», por mucho que hiciesen ara
justificar que no eran forzosamente antieuropeos, explicando su
untratado c?nfuso, complejo, inaplicable, no les valía de nada.
E orrua consistía enyaduClf el <<00» por un rechazo disfrazado de
uropa; Incluso SI, después, todo el mundo reconoció ue el tratado no
aplicable...r ni podría serlo 00 que decían los que ani-
vo;ar contra, sm ser forzosamente antíeuropeos disfrazados).
la o; e del paso al sufragio universal ha sidoromper
a e cu pa I Izac/On que rodeaba Europa. Aceptar el sufra '0 uni-
versal es optar ror todaslas posiciones políticas en igualdad de
nes, sm Jerarqma a entre los partidarios de Europa y los otros. En
este aspecto la camp?na Maastricht ha cerrado definítivamente un
modo de comurucacion política: aquel en que las élites "saben" dan
lecciones los pueblos «que no saben». Los pueblos han visto tanto{erro-
cadcausa os por esas nusrnas élítes desde hace medio siglo que soportan
v;z el tono opaternalista que muestran respecto a
. . como e imperativo econonuco de la moneda única no trae con-
por el momento, mnguna ventaja polítíca para los pueblos, es pro-
e que se el nesgo de qt;e las verdaderas dificultades políticas
en uropa. Salvo SI las elites realizan el enorme aggiornamento
f
que le?nen que hacer, ellas. ¿Pero por qué se impondrían semejante es
-
IV. LAS OPOSICIONES POLíTICAS QUE NO SE HANCONSTITUIDO
TODAVIA
EL DIFíCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLíTICO
Reconocer que las oposiciones políticas no son todavía visibles sería
inútil a todo el mundo. Significaría que se ha vuelto una página y que
nos encontramos en otro contexto. Todolo que se reduzcanlos discursos
a argumentos de "pro» o «anti» Europa, servirá para frenar el surgimiento
de las reales oposiciones políticas de mañana.
¿Un test del fin de la falsa oposición entre los buenos, los partidarios
de Europa, y los malos, los otros? El dia en que cese de descalificarse la
posición británica y de hacer de ella la cabeza de turco de cuantoimpide
a Europa avanzar. Los británicos no son «antieuropeos-. lo que ocurre es
que no defienden la misma concepción. y se puede incluso decir que los
acontecimientos, sobre todo desde 1991, les dan en parte la razón. Un test
de readaptación cognitiva y simbólica del debate sobre Europa aparecerá
cuando se cese de diabolizar la posición británica para considerarla tal
cual es: una posición tan legitima como las otras, en una cierta visión
política de Europa.
La incapacidad de Europa para hacer avanzar la Europa social es un
ejemplo del carácter prematuro de las oposiciones políticas del futuro.
Incontestablemente, la Europa social es, a pesar de las tradiciones políticas
y religiosas diferentes, una conquista y un triunfo de Europa. De la iz-
quierda a la derecha, del Norte al Sur, a despecho de verdaderas diferen-
cias, existe una cierta visión común de la Europa social. Y sin embargo,
por el momento, ese dossier no logra avanzar. ¿Por qué? Porque la Europa
social. antes de ser una realidad institucional, o un tema unificador de las
opiniones públicas europeas, pertenece al patrimonio sindical europeo. Atra-
vés de luchas -que, por otra parte, no han tenido ni las mismas formas
ni los mismos calendarios-, los sindicalistas europeos se han apoyado en
ese dossier esencial. Habría, pues, que movilizar esa dinámica sindical,
principal «autor y actor» de esa Europa social. para que se relanzara el
debate. ¿Pero qué comprobamos? La inmensa dificultad de cooperación
entre dos grandes tradiciones sindicales europeas, que además se han
opuesto violentamente durante el medio siglo de guerra fría. Hasta que
los mismos aetores de esta Europa social no lleguen a cooperar, habrá
pocas probabilidades de que ésta siga adelante. Ahora bien, se silencia esta
dificultad que tienen las organizaciones sindicales para colaborar entre sí,
para superar los bloqueos ideológicos, para definir objetivos comunes,
para movilizar las opiniones públicas. Se hace como si se tratara de una
falta de voluntad por su parte, y se espera, en la gran tradición del mé-
todo Coué'. que las opiniones, solas, se movilizarán en torno a la Europa
4 Coué. un farmacéutico de Troyes (1857-1926) inventó un método de autosugestión
que lleva su nombre, según el cual si una cosa se repite miles de veces uno acaba por
creerlo, y sucede. Así podrían curarse .c-segúnél- todas las enfermedades. (N. del T.)
332
333
SOBRE LA COMUNICACIÓN
social, que es efectivamente uno de los grandes patrimonios europeos.
Perocon la Europa socia], como con la Europa política, no hay cortocircuito
posible.. Es necesano desde ahora admitir el tiempo, la duración, las ex-
penencias,
V. LA CRÍTICA DE LAS ÉLITES
, . No nacerá el espacio político europeo sin una crisis del papel de las
ebtes, aunque sean ellas las que han hecho Europa. Tres razones lo ex-
plican.
En primer lugar, una crisis es el mediopara los elegidos, losciudadanos,
los «don nadie», de reapropiarse del debate político que por el momento
se desarrolla «en las alturas». Si se quiere ampliar el debate, hay que ampliar
el CIrculo. En consecuencra, hacer comprender a quienes tienen el mono-
pobo ellos ya no son los propietarios, y que deben dejar un sitio a
los demas: Lo. que hay de terrible con las vanguardias es que quieren
hacer la historia en lugar de los demás, y por su bien...
Después, es el mediode salír tono definitivo, con frecuencia pre-
tenCIOSO, competente, sin apelación, con el que las élites hablan de
Europa. Los demás «no saben», pero saben. Saben todo, de la próxima
decadencia de por el dominio futuro de Asia, del Pacifico que será
el nuevo ... Estas certezas son siempre económicas, incluso
Sl la economla. se equivoca ,siempre. Cuando se escuchan, se concluye que
la hlston? es siempre econormca. Hay además una contradicción al querer
hacer felices a los pueblos y no querer nunca escuchar lo que dicen, si
esto no va en el sentido que quiere la élite.
El sentido de la historia no pertenece forzosamente a aquellos que están
en lo mas alto de la sociedad. Más allá del tono y de la argumentación,
hay toda una postura que es rechazada, tanto más cuanto en todos los
paises los ciudadanos recusan cada vez más el comportamiento del alto
funcionario y del especialista que siempre tienen razón.
En una palabra, los tecnócratas ya han sido objeto con bastante insis-
tencía de una contestación sorda pero creciente en los Estados-naciones
para esto se refleje en la forma en que han «colonizado» Europa:
Esta sera qUlza también el lugar de lectura del rechazo de un estilo de
debaje: de vocabulario, de lenguaje político, impuesto por las elites tec-
nocráticas en casi todos los países europeos.
Por último, romper el dominio de las élítes significa también rechazar
la ideología de los calendarios, tan apreciada por los altos funcionarios, y
que fue indispensable para la construcción de la primera Europa. Pero
334
ELDIFÍCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLÍTICO
quien dice calendario y negociaciones maratonianas dice poblaciones ha-
blando el mismo vocabulario y compartiendo los mismos valores, lo que
fue incontestablemente el caso durante cuarentaaños en las negociaciones
europeas. Pero con la democracia de masas las relaciones de fuerza mez-
clantambiénlos conflictos simbólicos, las representaciones, las oposiciones
de lenguajes y de estilos. Brevemente: realidades que obligarán a inventar
otra forma de negociación política.
En una palabra, la crítica de las élites será el síntoma de una apropia-
ción de la Europa política por parte de los ciudadanos. Pero nadie pone
en duda que las élites aceptarán difícilmente esta puesta en duda de su
tranquila jerarquia. La relación de fuerza se hará al nivel esencial de las
palabras y de los modos de argumentación. Se' puede además hacer un
test. Mientras la moda, el estilo, el vocabulario tecnocrático sigan domi-
nando en la comunicación política de Europa, se verá en ello una señal
de que los ciudadanos no se han apropiado todavía de ese nuevo espacio
político. Tras la revolución de 1789 ya no se hablaba en términos políticos
de la misma forma que en los años 1760-1780... La ilegibilidad de lostextos
europeos ha sidopor fin reconocida por los funcionarios europeos y cons-
tituye un símbolo evidente de esa distancia inevitable, pero perjudicial,
entre la lógica política tecnocrática y la lógica política democrática. La
complejidad de los textos está ligada -y es normal- a la complejidad
de las situaciones, pero es la ausencia de cualquier otro tipo de texto, vo-
cabulario, referencia, argumentación, lo que ilustra la situación actual,
marcada por la ausencia de otros lenguajes distintos del lenguaje terno-
crático. Y, si no hay otro lenguaje que éste, es porque nadie habla otro... '.
VI. EL CONFLICTO ENTRE LÓGICA ECONÓMICA Y LÓGICA POLÍTICA
La Europa económica significa la supresión de las barreras en favor de
un gran mercado. La Europa politica se basa en una perspectiva diame-
tralmente opuesta, pues no hay democracia sin el respeto de las diferen-
cias, y en consecuencia sinel mantenimiento de lasbarreras y lasfronteras
que la lógica económica pretende, por el contrario, suprimir. En cuantoa
las desigualdades entre países, interesantes desde un punto de vista eco-
nómico, se abordan, al contrario, de una forma opuesta en una lógica
política, ya que el ideal democrático no persigue explotar las diferencias
5 Cfr. el «Informe sobre el funcionamiento del tratado sobre la Unión Europea» (10
de mayo de 1995, extracto de La Conférence illtergo!Juerncrncnta/c, f¡¡jCUX ct dOCUIl1ClltS, 1996,
Presses de la FN5P. pág. ISO).
335
SOBRE LA COMUNICACIÓN
y las desigualdades, sino reducirlas. A finales del sigloxx es difícil con-
formarse con el credo liberal del siglo pasado que veía en el crecimiento
económico -en el supuesto de que esto fuera exacto-- las condiciones
de la emergencia de la democracia... La historia ha mostrado que no existe
un lazo directo entre el nivel de desarrollo económico y la democracia. Y
para los mismos modos de vida no basta para crear
una adhesión colectiva, Se confunde con demasiada facilidad la estandar-
dización del consumo con la conciencia política. 0, por decirlo con otras
palabras, el ciudadano europeo no es sólo un consumidor con una pa-
peleta de voto: es mucho más que eso. La Europa de 105 pantalones vaqueros,
los coches, de la, cmnida rápida, no crea la Europa de las conciencias, y menos
aun la Europa polltlca. Los parecidos son en este caso muy engañosos. Y
las diferencias persisten más aún porque vienen marcadas por los pare-
CIdos, de los de vida. Esta oposición tan real entre lógica
econorruca y lógica política vuelve a encontrarse igualmente de manera
ejemplar en la cuestión de la mundialización.
¿Cuál es el discurso común, ampliamente difundido por las élites y los
media, respecto a Europa y la mundialización? «La Europa friolera titubea
y envejece. Es incapaz de adaptarse a la apertura y sufrirá la competencia
de los nuevos protagonistas, principalmente de Asia. En todo caso, parece
poco capaz de adaptarse con éxito a la mutación de la tercera revolución
digital, como si, tras haber aportado al mundo la primera revolución y
haber orquestado la s,egunda, se encontrara hoy cansada, incluso dejada
atraso Su tamano hana de ella un elemento poderoso, pero su historia,
sus tradiciones demasiado democráticas, es decir, demasiado institucio-
nalizadas, por no decir burocráticas, sin hablar de su demografía, consti-
tuyen sus hándicaps. En pocas palabras, Europa encontrará dificultades
frente al desafío de la mundíalización, y finalmente conocerá el umbral
de su decadencia, como antes Atenas y Roma.» ¿Cuál es la lógica domi-
nante de esta mundialización si no es precisamente el ideal de un mundo
sin fronteras, un gigantesco mercado? Nunca han sido tan fuertes las con-
tradicciones entre los íntereses de la economía, en los que el ideal lo
constituye la supresión de fronteras, y los íntereses de la democracia, cuyo
objetivo no es supnmir las diferencias sino respetarlas y manejar su re-
lación, Tener miedo a la íneficacia de Europa frente a la mundialización,
denunciar su envejecimiento y alabar la «vitalidad» de los países del Sur
es desdeñar todas las tradiciones económicas, sociales, históricas, y sobre
todo los «saber hacer» que han contribuido a su historia. Es simplemente
retomar el vocabulario más crudo del liberalismo de 1820, en el que se
Idel:bf!ca vitalidad con capacidad para hacer trabajar el mayor tiempo
posible a pueblos enteros sin pagarles... Es reducir las capacidades de
336
ELDIFÍCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLÍTICO
Europa a un problema de sobrecosto de los precios del trabajo sin tomar
en cuenta cualquier otro parámetro. Como si la historia, sobre todo cuan-
do se trata de una historia política, no hubiera ya demostrado la impor-
tancia esencial de otros parámetros. Se puede emitir, por ejemplo, la hi-
pótesis simple de que ese mismo capitalismo. salvaje asiático que seduce
tanto a las élites europeas, tiene todas las posibilidades de chocar pronto,
como en Europa a partir de 1850, con rechazos, huelgas, conflictos por
parte de las poblaciones. Y entonces perderá esas «marcas». capitalistas
puras que fascinan tanto a ciertos europeos. Retomar sm matices ese vo-
cabulario de la mundialización significa también retomar los térmmos y
los intereses de la primera potencia económica mundial. ¿Quién, fuera de
los Estados Unidos, razona en términos de mundialización? Ninguna eco-
nomía puede estar simultáneamente en todos los continentes, y el triu,n-
fante golpe de fuerza consiste en hacer creer que todas las econorruas
tienen como escala de referencia la mundialización. Pero sólo un número
muy pequeño de empresarios actúan a escala mundial. De todas formas,
frente a mercados a veces mundiales, las empresas conservan sus identi-
dades nacionales: las quince primeras multinacionales tienen todas una
nacionalidad, resaltada y valorizada. Y además, uno de los elementos de
su estrategia consiste en jugar constantemente en esa doble escala nacio-
nal e internacional. Si Coca-Cola, lBM, Apple o GM... merecen tanto apre-
cio es porque se trata a la vez de firmas mundiales y de símbolos de los
Estados Unidos...
El problema principal para Europa no es la mundialización, sino la
construcción de su propia economía con la integración de la Europa del
Este, la construcción de un sistema político viable y de buenas relaciones
con la Europa del Sur. El verdadero desafio consiste en .que su proyecto
tenga éxito. 0, para decirlo de otro modo, la mundwhzaclO11 es
mucho más fácil que el proyecto de la Europa pohtlca y eCOllomlca. Es mas difícil
para Europa acertar en esta doble integración económica y política; que
ser competitiva en los diez mercados de futuro. Pero hoy existe tal vértigo
en torno a la idea de mundialización que todo lo que no depende de esta
lógica se considera secundario. Ysin embargo, realiza; con éxito la región
Europa será sin duda más importante para la econorrua del mundo y para
el futuro de la democracia que ser capaz de rivalizar con «los dragones»
de todo tipo. . .
Hay muchas más ambicio11es en el proyecto Europa que la reahdad IlbY;-
cambista de la mundializació11. ¿Nos damos cuenta de la mmensa energra
que ha hecho falta a los europeos para salir de las ruinas de la Segunda
Guerra Mundial? ¿Para conseguir su enderezamiento y comenzar a cons-
truir algo entre 6, 9, 12 Y15? La energía necesaria era totalmente diferente
337
SOBRE LA COMUNICACIÓN
de esa tan admirada de los dragones de Asia. En ese caso también, esta
incapacidad de Europa para realizar el inmenso trabajoque ha conseguido
sobre sí misma y estar orgullosa de ello es un índice de su entrega total a
las lógicas puramente económicas de la mundialización.
Que Europa no sea capaz de relativizar, incluso de romper ese dis-
curso sobre la mundialización, demuestra hasta qué punto no está orgu-
llosa del reto que se ha impuesto, y dice mucho sobre su alienación al
economicismo ambiente. También resulta preocupante que en el momento
en que la finalidad política del proyecto europeo arrastra a la dimensión
económica, Europa sea incapaz de relativizar ese discurso sobre la mun-
dialización. Una de las paradojas de la situación actual es la cohabitación
de dos discursos contradictorios. De una parte, el del librecambio y la
desregulación, que acabamos de ver, y de otra una llamada tambiénapre-
rmante para que haya más cooperación internacional a fin de regular los
mercados y sobre todo los flujos financieros y monetarios que, gracias a
los recursos informáticos, acentúan la velocidad de circulación de esta
masa de capitales especulativos que desestabiliza todas las tentativas de
cooperación económica e internacional. Todos los años, en la reunión del
G7 y en otras, los dirigentes de los países más ricos tratan de organizar
un poco los mercados, aunque siguen afirmando el resto del tiempo que el
liberalismo y la desregulación son las condiciones de todos los progresos.
Habría que elegir... Frente al «dumping ideológico» de la mundialización,
Europa se comporta como si careciera de experiencia y estuviera despro-
vista de capacidad de análisis. Sin embargo, fue durante más de un siglo
el centro de la economía mundial y sabe, por su historia, cuánta relación
ha tenido esta mundialización con las tragedias que ha sufrido. Hoy, casi
pide disculpas por reivindicar su identidad. En lugar de esto haría mejor
en reivindicar la fuerza, para el porvenir, del concepto de identidad.
y sobre todo recordar, cosa que sabe por su propia historia, las dife-
renCIas que existen entre tres formas de identidad. La identidad nacionalista,
que predomina entre finales del sigloXIX y la Segunda Guerra Mundial;
la identidad-refugio, que se desarrolla a finales del siglo XX, cuando el rodillo
compresor de la modernidad y de la mundialización aplasta todas las
diferencias culturales y sociales, y que puede tomar un aspecto religioso
o político, como se ve principalmente en el Próximo y el Medio Oriente.
y en fin, la identidad-acción, ligada al proyecto europeo, que recuerda que
no hay cooperación con valoración de las identidades, conforme al mo-
delo democrático, sobre todo para los viejos países y las viejas culturas.
Es todo ese vuelco de lógica de la relación con la identidad del que Europa
es hoy el actor y el pionero. Ahora bien, en lugar de valorar el nacimiento
de otra concepción de la identidad que tiene en cuenta las tragedias del
338
ELDIFÍCIL NACIMIENTO DELESPACIO POLíTICO
siglo xx y las conquistas de la democracia, Europa pasa su tiempo dedi-
cada a devaluar su propia experiencia y a justificarse. Como si estuviera
retrasada respecto a la «mundiahzación», cuando resulta que va adelan-
tada respecto a la cuestión siguiente: ¿Sobre qué base organizar coo-
peración, una vez admitida la pobreza de ese «modelo» mundialista, sim-
ple aderezo de la eterna ley de la jungla? y rnasoquista Europa,
que no llega a extraer orgullo y confianza en SI nusma del extraordinario
trabajo que ha conseguido hacer en medio siglo... .
¿Unbuen ejemplo de esta dificultad para distanciarse del discurso eco-
nómico mundialista? La actitud tibia de Europa respecto a la reglamenta-
ción de las industrias de la comunicación. «Los intereses» ligados a la dcsre-
glamentación son evidentes. Y, en el lado opuesto, Europa es sin la
región del mundo en la que se sabe mejor que no hay COmUnICaClOn sin
identidad, lenguaje, tradición, valores, protección de los autores...
bien, frente a los inmensos intereses en favor de la desreglamentación,
permanece sorprendentemente modesta, como si también en eso temiera
verse criticada por no ser bastante «abierta». Pero écómo construirla Eu-
ropa política sin reivindicar su identidad en un sector tan ¿Como
crear la adhesión de los ciudadanos, si éstos no ven la capacidad de los
dirigentes para reivindicar esta identidad europea que se les, pide
a ellos, los ciudadanos, que construyan? ¿Por que los CIudadanos habnan de
creer en la identidad europea cuando constatan la incapaCIdad de los dmgentes
para llevarla adelante contra la ideología liberal dominante? . ,.
Los ciudadanos comprueban todos los días esa diferenCia trágica entre
el discurso de los políticos vueltos hacia la promoción de la identidad
europea y su comportamiento, librecambista, banalmente sometido a la
ideología económica. ¿Por qué los ciudadanos en el
proyecto de identidad europea, cuando ven que sus elites ru siquiera la
reivindican?
Europa debería ser la primera, si extrajera las lecciones de su pasado,
en recordar que en materia de comunicación no se pueden separar los
«conductos» de los «contenidos». Y si se quiere promover la identidad
europea, esto pasa ante todo por una actitud más ofensiva contra el dis-
curso y los intereses mundialistas de las industrias de la comurucaoon...
VII. REEXAMINAREL CONCEPTO DE OPINIÓN PÚBLICA
Esto implica un trabajo en profundidad sobre el lenguaje, la retórica
y la argumentación. Se actúa como si hubiera solamente entre el Estado:
nación y Europa un cambio de escala, sin cambio de naturaleza. Como SI
339
SOBRE LA COMUNICACIÓN
dialogar, debatir, oponerse a 370 millones fuera lo mismo que a 370.000
personas. Se sabe, sin embargo, que hace falta tiempo para pasar del sur-
gimiento de un espacio públíco a la constitución de un espacio político y
luego a la construcción de un lenguaje político común. Con Europa se
espera un cortocircuito. Desearíamos que el espacio público y el espacio
político existiesen ya, que se constituya la opinión pública, las opiniones
observables 6. Ahora bien, no existe todavía espacio público europeo, y
todavía menos espacio político y opinión pública. Sin embargo, eso es lo
que erróneamente pueden hacer pensar los eurobarómetros que, astuta-
mente, mes tras mes, registran las «opiniones» de los europeos sobre los
grandes temas del momento. En realidad, plantear las mismas cuestiones
a pueblos que no hablan el mismo lenguaje, que no tienen los mismos
recuerdos, los mismos intereses, las mismas relaciones con el mundo...,
ino crea una opinión pública europea! Incluso si se suman los resultados
y se ponderan los factores cualitativos. Lo que plantea problema es la idea
de un barómetro, simple diferencia del sondeo nacional a una escala más
amplia. Si se quisieran tener sondeos significativos sobre el estado de la
opinión pública europea -suponiendo que exista-, habría que realizar
un trabajo semántico considerable de conceptualización y de interpreta-
ción. Por lo demás, los eurobarómetros, más aún que los sondeos, duer-
men prudentemente en los cajones de los dirigentes. Si los utilizaran, sería
todavía más grave. Es prematuro hacer sondeos en Europa; incluso cuan-
do el tema está bien delimitado, como con motivo de la ratificación del
tratado de Maastricht, se da uno cuenta de que las mismas palabras no
encierran las mismas realidades. Los sondeos son todavía más tranquili-
zantes en el plano europeo que en el plano nacional, pero la comprensión
simplificada que aportan es todavía más peligrosa que la ausencia de com-
prensión. Es mejor ser consciente de que no se sabe cómo funcionan las
opiniones públicas, en vez de creer que existen técnicas susceptibles de
comprender la dinámica de «la opinión pública» europea. Lo vemos en
Rusia, donde la industria de los sondeos está en pleno apogeo, pero don-
de se constata el carácter a menudo extravagante de los resultados: écómo
los rusos, que han aprendido a desconfiar de todo desde hace setenta
años, que practican con refinamiento el doble y hasta el triple lenguaje,
expondrían con naturalidad lo que piensan a desconocidos que vienen a
preguntarles? Esta desconfianza es también cada vez mayor en el Oeste.
¿Cómo creer, entonces, que no es todavía más intensa en el Este?
Si quisiéramos realmente comprender la estructuración de las opinio-
6 Cfr. Naissancc de l'Europe démocratique, op. cit., cap. 9: «La recherche désespérée d'un
espace public».
340
EL DIFÍCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLiTICO
nes, nos haría falta, en realidad, no permanecer en el primer nivel de la
opinión pública, sino, a través de encuestas cualitativas, comprender la
dinámica de las representaciones, símbolos y estereotipos, en otras pala-
bras pasar a los otros dos niveles de opinión de los que he hablado en la
tercera parte.
Trabajo complicado y costoso, que necesitaría una metodología sofis-
ticada para resolver la cuestión del comparatlsmo, del que todos los Inves-
tigadores saben que es un verdadero rompecabezas heurístico... En cam-
bio, esto no impide trabajar en un marcaJe de los estilos, vocabulanos,
figuras de retórica y de argumentación existentes en los diferentes países.
Una vez más es útil el espejo de la Europa del Este para comprender lo
que acerca y separa las estructuras de opiniones y de
Igual que la falsa unidad del comunismo no ha supnmld? las diferencias,
habría que reconocer que el éxito de la Europa tecnocratIca no es sufí-
ciente, por ahora, para fundar la unidad de la Europa política. Si el ré-
gimen comunista no ha sido capaz de unificar la Europa del Este, hay
que reconocer, no obstante, que ha creado estilos, reflejos, costumbres,
que perduran en los antiguos países de detrás del telón de. acero. Yque,
por otra parte, les son útiles para anudar entre ellos relaciones sobre la
base de esta cultura común. Igual ocurre en Europa del Oeste. El medio
siglo de construcción no ha sido suficiente para crear una identidad, pero
constituye un capital simbólico para el futuro. En ambos casos hay que
saber movilizar lo que ha fundado una experiencia común, y valorarlo. A
partir de experiencias políticas opuestas, Este y Oeste se han enfrentado
al mismo problema: evaluar lo que debe ser mantenido y lo que debe ser
inventado.
La Europa del Este, en un contexto radicalmente diferente del nuestro,
nos permite también reflexionar sobre los lazos entre pasado y presente.
En los dos casos, al Este como al Oeste, no hay ruptura, sino continuidad.
Un ejemplo útil, para la Europa del Oeste, que puede verse en el Este,
es el que se refiere al debate que se desarrolla allí sobre la modernización.
¿Qué hace falta sacrificar a la modernización?, se pregunta la antigua
Europa del Este, presionada por todas partes para adoptar el modelo eco-
nómico del Oeste y olvidar toda su experiencia de medio siglo. éllasta
qué punto las obligaciones económicas impuestas como condiciones de la
Europa política pueden ser aceptadas?, se preguntan las OpInlOneS públi-
cas occidentales que no están persuadidas de que la fuerza de Europa
consista en su crecimiento económico. La Europa del Este, por su simple
«retraso», replantea la cuestión de la contradicción existente entre el eco-
nomicismo dominante y la debilidad del proyecto político. Nadie cree que
la economía sea la condición de la Europa política, pero a falta de una
341
SOBRE LA COMUNICACiÓN
idea política bastante estructurada, todo el mundo hace como si lo uese.
¿No hay ahi un interesante objeto de debate? Existen otros terreros en
los que la experiencia del Este es útil para reflexionar sobre el naciniento
de la Europa política. Son, por ejemplo, las diferencias entre legalílad y
legitimidad. La Unión Europea es legal. tEs legitima? Si bien nadie rilica
la legalidad de Europa, en cambio su legitimidad, sobre todo polítio, está
por construir. La experiencia, «en profundidad», de la Europa delEste,
donde existían todas las distancias entre legalidad y legitimidad, es ndis-
pensable para un sistema políticoque trata de construir nuevos prirtipios
de legitimidad. Está por hacer el mismo trabajo comparativo con ibjeto
de comprender en las dos partes de Europa los lazos entre socielades
civiles y sistema político. Incluso todas las diferencias en el mundode la
articulación entre ambas serán interesantes para la Europa política. f con-
dición, al menos, de mostrar curiosidad hacia esas dos tradicions tan
próximas y tan diferentes.
VIII. LA HETEROGENEIDAD DE LOS VOCABULARIOS POLÍTICOS
Antes de construir los «debates europeos», haría falta todavía ccitras-
tar, ante todo, lo que separa las mismas palabras, para no acentur las
incomprensiones ligadas a las distancias semánticas. Las palabras Istado,
nación, fronteras, patria, religión, identidad, espacio público, legitimidaa clase
social, redistribución, modernización tienen, evidentemente, interpretaiones
radicalmente diferentes en el Norte y en el Sur, en el Este y en el Oeste.
Contrastarlas impide ya jerarquizarlas. También los estereotipos, as re-
presentaciones, los valores y los símbolos de cada cultura son evi.ente-
mente diferentes, porque están ligados a la historia. Marcar las distatcias,
las connotaciones y los acercamientos es tan importante para la causa
política de Europa como crear artificialmente debates sobre los «gnndes
problemas» de Europa...
El trabajo sobre las palabras es previo a toda capacidad de diálojo, En
esta fase de reapropiación de las palabras, es esencial el testimorio de
quienes tienen una experiencia de Europa, incluso si ésta no es, pa des-
gracia, siempre favorable, comovemos con los agricultores, los pescalores,
los siderúrgicos... En todo caso, ellos tienen una opinión: sólo se le pide
que la expresen. Pero, curiosamente, se desconfía de sus testimonio y de
sus análisis, como si los debates «serios» sobre Europa no pudier.n ser
mantenidos más que «en lo más alto», ya que los que están «aba» no
pueden realmente comprenderlos...
En el mismo orden de ideas, abrir un debate sobre la monedaúnica
342
EL DIFÍCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLÍTICO
permitiría salir del economicismo ambiente y proporcionaría la ocasión de
un encuentro sobre uno de los retos mayores de la construcción europea.
La cacofonía a la que tal debate conduciría, sería útil para comprender las
estructuras de lenguaje de los diferentes países. En efecto, con motivo del
tema de la moneda, que por sus referencias históricas y culturales se su-
merge en espacios simbólicos mucho más ricos y complejos que el exclu-
sivo espacio económico, se han encontrado a la vez las bases de una cierta
identidad europea y la marca de las divisiones. Creer que tal debate acre-
centaría las divisiones es una añagaza. Al contrario, permitiría que esta
cuestión saliera del simple espacio de los especialistas y de los economistas
en el que está encerrada. Equivocadamente. Crear otras formas de debate
político distintas de las monopolizadas por las élites es una condición sine
qua non del nacimiento del espacio político europeo. Si no, los ciudadanos
se alejarán un poco más todavía del proyecto y se hundirán en una espiral
de silencio. Ese silencio no molestará a aquellos «que saben», pero alejará
un poco más aún a la gran mayoría de los ciudadanos que parecen no
tener ninguna influencia sobre la construcción europea ni, sobre todo,
ningún medio de hacerse oír. Esas élites que no cesan de llamar a la Europa
de los ciudadanos son las mismas que siguen «echando el cerrojo» en los
debates sobre la moneda, la identidad, la mundialización, descalificando
todo lo que no es «políticamente correcto»...
IX. LA DIFERENCIA ENTRE LOS ESPACIOS POLÍTICOS NACIONALES
Y LOS EMBRIONES DE ESPACIO POLÍTICO EUROPEO
La existencia de problemas y de decisiones políticas comunes en
Europa desde hace medio siglo no basta para crear un espacio político
común, salvo para las 370.000 personas de la élite europea que o bien
hacen Europa o tienen en ella un interés directo. ¿y los otros centenares
de millones de europeos? Lo que se discute en el reconocimiento de esas
discontinuidades entre espacios políticos es la intermitencia de las expe-
riencias políticas. No sólo esas experiencias no son compartidas entre las
élites de cada país y el resto de los ciudadanos, sino que no lo son tam-
poco elltre los diferentes países. Ciertos Estados se han enfrentado más
deprisa que otros a debates políticos europeos, pero esto no significa sin
embargo que estén «adelantados» o que haya una "buena» y una «mala
forma» de debatir. Cada uno se inscribe en la realidad europea a su ma-
nera, a su ritmo, con la condición de no jerarquizar a priori los diferentes
estilos. Esto permite además abrir una reflexión sobre la diferencia de ritmo
de constitución de opiniones y debates, y en consecuencia, relativizar la
343
SOBRE LA COMUNICACIÓN
idea una sola cronología. Nadie duda de que los griegos, los daneses,
los británicos. los alemanes y los franceses no tienen la misma experiencia
de los debates europeos, simplemente porque no forman parte de Europa
desde las n:Ismas fechas y sobre todo porque no han tenido jamás la
mIsma relucién con Europa, a la vez histórica y geográfica. Recordar las
existentes entre espacio público, espacio político y opi-
ruon pública en el seno de cada Estado-nación, y entre Estados europeos,
es esencial SI se qUIere romper la jerarquía simplista entre los «buenos
alumnos»! los «buenos discursos», y los demás...
El espacio político europeo está «en el aire», no existe, y no sirve de
creer que existe a través de las migajas de emparejamiento a las que
asistimos, Por el momento, la comunicación política propiamente europea
llene dificultada, para emerger, y no por falta de retos comunes, sino de
retos comunes debatidos y compartidos.
X. Lo QUE SEPARA LAS TRADICIONES POlíTICAS ES MÁS FUERTE QUE
LA NATURALEZA DE LOS PROBLEMAS COMUNES
. Simplemente porque el peso de las tradiciones religiosas, culturales,
históricas lleva ventaja a la dimensión propiamente política de un pro-
yecto europeo.
La ecología es unejemplo ,de esa diferencia. Problema europeo
por excelencia, suscita una movilizadón en Alemania y en Europa
del Norte, y en cambio no ha conseguido nunca romper las quiebras
políticas tradicionales de Europa del Sur.
Tampoco la Europa social, que, pese a las diferencias de sistema insti-
tucional, es, como se ha visto, una de las experiencias importantes de
Europa, ha creado por el momento interés europeo. Todo el mundo está
de acuerdo en salvar el modelo «europeo de Europa social», pero al haber
cada, uno «manipulado» el suyo, es difícil dar el paso a una posición
comun. No es haya indiferencia respecto al vecino, sino que el co-
nocírniento es débil y la gravedad de la crisis empuja a cada uno a in-
tentar salvar su patrimonio, dejando para más tarde la puesta en común
delas experiencias. Estos dos ejemplos, opuestos uno al otro, ilustran las
dificultades que existen para construir lenguajes y debates políticos pro-
píamente europeos. ¿y qué decir de los difíciles problemas políticos de
Irlanda" de Macedonia, de Córcega, del País Vasco, que desgarran las vi-
das políticas nacionales sm mteresar nunca a los demás países? Y, sobre
todo,. SIn que la aceleración de la construcción política de Europa haya
cambiado nunca nada de esos enfrentamientos políticos... En un primer
344
EL DIFíCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLíTICO
tiempo, catalogar los temas que estructuran las oposiciones políticas
cionales y darlos a conocer a los demás países es un mediode sensibili-
zarse mutuamente, mientras se espera llegar a comprender como se com-
binan de manera singular los factores religiosos, ideológicos, culturales, y
los factores propiamente nacionales.
Xl. Los ANALOGISMOS IDEOlÓGICOS ACTUALES ESTÁN LLAMADOS
A EVOLUCIONAR
El empirismo de la construcción europea permite a menudo superar
las oposiciones que parecen indeformables y tomaban la forma de
guerras de religión. Los hechos dan a veces razan a las Ideas, lo que de
cara al futuro resulta reconfortante.
Dos ejemplos: la oposición federalista-confederalista ha conducidoduran-
te treinta años a una verdadera guerra ideológica. Antes incluso de pro-
poner cualquier cosa sobre Europa, a cada uno se le requería anunciar su
preferencia, lo que producía además el resultado de toda dis-
cusión, ya que la elección de uno de los dos campos descalificaba a los
ojos del otro. Hoy, con la obligación real, bien visible a través de las
dificultades de la Conferencia intergubernamental, de Inventar una forma
política para Europa, se comprueba el carácter artificial de una y otra.
Empíricamente, la forma institucional política tomará de las dos
tradiciones para intentar mventar una estructur.a la. coha-
bitación de quince países de tradiciones y de niveles eCOnOm1C?,S diferen-
tes, y con la obligación de dejar la puerta abierta a la ampha,clOn.
ese punto de vista, la construcción empírica mucho mas nca, VISto
el número de parámetros que han de movilizarse, que las OposIcIOnes
ideológicas anteriores entre federalistas y Esto nos lleva a
un hecho insuficientemente subrayado: el caracter med,to de este proyecto
y su apretado calendario obligana inventar, también en el plano jurídico,
cosa de la que Europa, paradójicamente, no está orgullosa, cuando se trata
de uno de los resultados más deslumbrantes de su construcción. En poco
tiempo los europeos han contribuido brillantemente a la creaci?n del de-
recho, 10 que retrospectivamente es una prueba de la ambición de este
proyecto.
El segundo ejemplo se refiere a un tema que estuvo muy de moda
durante diez años y que atestaba los discursos políticos europeos, hasta
el punto de presentarse como el «sésamo» de la Europa política:, a saber,
el principio de subsidiariedad. Vagamente surgido de. tradición de.la
Iglesia -en la que por cierto nunca fue realmente utilizado-e, era el prIn-
345
SOBRE LA COMUNICACIÓN
cipio a partir del cual deberia distinguirse lo que dependía de la com-
petencia europea de lo que dependia de la de los Estados-naciones. Según
ese «concepto-milagro», todo lo que podía ser emprendido a un nivel
subalterno no dependía de la competencia europea; hubo debates sin fin,
principalmente los de Maastricht 1991-1992, entre adversarios y partidarios
de la subsidiariedad, lanzándose unos a otros a la cabeza ejemplos que
na convencían a nadie, dado lo bien que saben los europeos, viejos pue-
blos avezados a la política, la tendencia de todo poder a intervenir hasta
los niveles más bajos, sin respetar regla alguna... Las fronteras de las com-
petencias de unos y otros dependen más de la experiencia y de las re-
laciones de fuerza que de distinciones a priori, aunque se considerasen
legitimadas por una vaga historia de monasterios. Tanto más cuanto que,
en materia de subsidiariedad, las Iglesias no siempre han dado ejemplo...
En todo caso, la palabra-comodín constituyó una especie de lugar mullido,
artificial, para el debate político europeo durante casi cinco años. En vez
de simplificar los debates, más bien los ha oscurecido. Y quizá esto tenga
relación con el hecho de que fue introducido por los tecnócratas, en busca
de sentido, que estaban muy orgullosos de las referencias históricas, res-
pecto a las cuales, además, los historiadores se mantenían prudentes... En
resumen, ese «sésamo» de la Europa política felizmente se ha hundido,
con armas y bagajes, desde el año 95, sin que nadie lo haya notado... ni
lamentado... El abuso de la palabra subsidiariedad, en el debate sobre Maas-
tricht, la ha gastado seguramente para bastante tiempo, y los políticos
tienen buen cuidado hoy de no hacer demasiada referencia a ella, lo que
prueba, una vez más, que los lazos entre tradición y novedad no son
fáciles de tejer. No se puede contentar uno con querer inventar todo por
el simple hecho de inventar, y no basta tampoco encontrar en la caja de
herramientas política de la tradición occidental, aunque sea religiosa, una
palabra antigua para que estructure el futuro. Los sinsabores de la palabra
subsidiariedad deberían hacer reflexionar a todos aquellos que se imagi-
nan capaces de hacer surgir conceptos nuevos en el campo político
europeo.
Estos dos ejemplos, opuestos, son un factor de optimismo, pues mues-
tran que la presión de los hechos es capaz, sobre todo en política, de
superar problemáticas aparentemente inatacables. El empirismo es a veces
más fuerte que el dogma. No hay duda de que la construcción concreta
de Europa permitirá superar otros puntos considerados durante mucho
tiempo como «infranqueables».
346
EL DIFÍCIL NACIMIENTO DEL ESPACIO POLÍTICO
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CONCLUSIÓN GENERAL
EL FILO DE LA NAVAJA
Las sociedades modernas y democráticas están condenadas a la co-
municación por dos razones complementarias.
La primera afecta a la dimensión normativa, ligada al intercambio y al
reparto que están en el meollo de la experiencia humana, así como al
modelo de la sociedad individualista de masas que intenta manejar las
dos dimensiones contradictorias de la libertad y la igualdad. La dimensión
funcional, en cambio, está ligada a la creciente complejidad de las econo-
mías y de los sistemas políticos, y requiere la instalación de redes de
información fiables e interactivas, colectivas e individuales. En los dos
casos el reto es, desde luego, la comunicación, que enlazaa los individuos
entre sí, pero que no tiene la misma significación. Sobre todo en el mo-
mentoen que la explosión de las técnicas y las promesas de esegigantesco
mercado se presentan como da encarnación» de la comunicación nor-
mativa.
La cuestión radica, pues, en saber cuál es la condición para salvar la
dimensión normativa de la comunicación, y hacerla escapar a las dos des-
viaciones técnicas y econ