Cuando la pizarra entra por la puerta... ¿la imaginación salta por la ventana?

Toni Solano Peñaranda de Bracamonte CITA-FGSR. Mayo 2012 Por circunstancias diversas, he vivido la incorporación de las TIC en un contexto educativo de escasez de medios, algo que me ha obligado a buscar alternativas a la falta de equipamientos y de recursos tecnológicos. Cuando los ordenadores irrumpieron en las escuelas con sonido de fanfarrias, tampoco tuvimos la suerte de celebrarlo, porque hubo quien antepuso la salud de los ojos al avance de la Escuela 2.0. Aun así, hicimos de la escasez una virtud y nos adaptamos a los nuevos tiempos. Los primeros escarceos con pizarras digitales me llevaron a replantearme qué es lo que necesitaba para ser un buen docente con pizarra digital. Fruto de esas reflexiones fue mi ponencia Pizarra digital: ¿pared o ventana?, en la que planteaba que no podemos -o no debemos- convertir la pizarra digital en un mero sustituto de las pizarras tradicionales. El elemento fundamental de aquella reflexión era que la pizarra digital debe ser una ventana abierta al mundo, abierta a Internet, tanto para descubrir lo que existe fuera como para que los demás vean lo que se cocina en el aula. Para mí, resultaba evidente que la comunicación aula-realidad exterior tiene tanto valor en un sentido como en el otro. Pasado un año de aquello, cuando de nuevo se pone en cuestión el valor de la Escuela 2.0 y sus avances, cuando muchos docentes de comunidades en las que todavía no han llegado los ordenadores al aula han aprendido a convivir con aulas virtuales con cierta normalidad, siento que debo matizar algunas de mis conclusiones nunca definitivas. En esta ponencia titulada Cuando la pizarra entra por la puerta... ¿la imaginación salta por la ventana?, pretendo poner el énfasis en el elemento creativo e imaginativo de los docentes frente a las mejoras metodológicas y funcionales de las pizarras digitales. Creo que la pizarra digital no debe aspirar a ser una mera ventana abierta, pues esa ventana quizá muestre únicamente una visión de la realidad, unas vistas programadas y monolíticas que vuelven a encorsetar la docencia en un marco predefinido. Para que la pizarra digital sea un elemento de renovación en el aula es preciso que no condicione nuestra visión global, que sea un vehículo y no un fin en el viaje del aprendizaje. Cuando lo que se muestra en la pizarra es previsible y rutinario, aunque sea moderno e innovador, deja de tener valor y es percibido por el alumnado como un contenido sin interés. El docente ha de usar la pizarra como una ventana, pero una ventana orientada a paisajes cambiantes, poliédricos, dinámicos y versátiles. La pizarra digital ha de estimular la creatividad en el aula, no convertirla en un conjunto de lugares comunes, de alternativas a la fotocopia o el libro de texto. No me pregunten cómo hacerlo, pues para esta metodología no se ha escrito aún el solucionario. Mi ponencia es, pues, como lanzar la piedra y esconder la mano; aunque tal vez la piedra caiga en buen tejado.