EL DIABLO SOBRE LAS COLINAS CESARE PAVESE

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El diablo sobre las colinas

Cesare Pavese

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I
Éramos muy jóvenes. Creo que durante aquel año no dormí nunca. Pero tenía un amigo que aún dormía menos que yo y algunas mañanas e le veía pasear por delante de la estación a la hora de la llegada y salida de los trenes, Lo habíamos dejado poco antes en su portal, ya de madrugada, pero Pieretto había querido dar otra vuelta, ver el amanecer y tomar un café; luego estudiaba las caras adormiladas de los barrenderos y los ciclistas. Ni siquiera él recordaba con claridad las conversaciones sostenidas durante la vigilia nocturna. Las había digerido y ahora decía con tranquilidad: -Es tarde ya, me voy a la cama. Alguno de aquellos que trotaban detrás de nosotros no llegaba "a comprender qué hacíamos a una determinada hora, acabado el cine, las diversiones, las tabernas, los remas de conversación. Se sentaba con nosotros en un banco, nos oía gruñir, burlarnos, se exaltaba ante la idea de ir a despertar a las chicas y esperar la aurora arriba en las colinas. Luego, apenas • nosotros cambiábamos de humor, dudaba y encontraba el valor suficiente para irse a su casa. Al día siguiente nos preguntaba -¿Qué hicisteis después? No era fácil dar una respuesta escuchar un borracho, ver cómo encolaban carteles, dar una vuelta por los mercados, ver pasar las ovejas por los paseos... Pieretto decía solemne: -Conocimos a una mujer. El otro no nos creía, pero se impresionaba igualmente. -Se necesita mucha perseverancia seguía Pieretto -. Se pasa y se repasa bajo el balcón durante toda la noche. Ella lo sabe, se da cuenta. No es necesario conocerla, lo presiente. Llega un momento en que no puede aguantar más, salta de la cama y abre las persianas. Tú apoyas entonces la escalera... A pesar de ello, y entre nosotros, no se hablaba muy a gusto de mujeres, al menos no con seriedad. Si me gustaban Oreste y Pieretto era porque no me lo decían todo acerca de ellos. Las mujeres, aquellas que separan, debían llegar más tarde. Por el momento se hablaba sólo de este mundo, de la lluvia, del sol, y nos gustaba tanto que ir a dormir lo considerábamos una pérdida de tiempo. Una noche de aquel año llegarnos a la orilla del Po y nos sentamos en un banco del paseo. Oreste había refunfuñado: -¿Por qué no vamos a dormir? -Échate ahí - le contestamos -. ¿Por qué te has de empeñar en estropearnos el verano? ¿No puedes dormir con un solo ojo? Nos miró a hurtadillas, apoyando la mejilla en el respaldo. Yo decía que jamás tenía que dormir uno en la ciudad. -Siempre está todo encendido, corno si fuera de día. Habría que hacer algo distinto cada noche. -No sois más que unos chicos - dijo Pieretto -. Unos chicos codiciosos. -Y tú - le dije -. ¿Qué eres? ¿Un viejo? Oreste dio un salto: -Los viejos, dicen, no duermen nunca. Nosotros damos vueltas y vueltas durante la noche. Quisiera saber quién es el guapo que duerme. Pieretto reía. -¿Qué pasa? - le pregunté. -Que para dormir bien antes se necesitan las mujeres. Ésa es la razón por la que ni los viejos ni vosotros podéis dormir.
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-Será - murmuró Oreste -, pero en este instante me caigo de sueño. -Tú no eres de ciudad - dijo Pieretto -. La gente como tú encuentra en la noche cierto sentido. Eres como los perros de un establo, o corno las gallinas. Eran ya las dos pasadas y la colina, más allá del Po, centelleaba. Hacía fresco, casi frío. Volvimos hacia el centro. Yo reflexionaba en la extraña habilidad que tenía Pieretto para ponerse siempre a cubierto y decir que éramos unos ingenuos. Ni Oreste ni yo, por ejemplo, perdíamos mucho el sueño pensando en las mujeres. Me pregunté por enésima vez qué vida podía haber hecho antes de venir a Turín. En los bancos del jardín de la estación, bajo la escasa sombra de aquellos arbolillos, dormían a boca abierta dos mendigos. Descamisados, cabellos y barba revueltos, parecían gitanos. Los urinarios se hallaban cerca y, aunque la noche supiera a fresco de verano, reinaba en aquel lugar un tufo fuerte que se resentía de un largo día caluroso, sol, movimiento y barullo de sudor, de asfalto derretido, de multitud sin paz. Por la noche, en aquellos bancos - flaco oasis en el corazón de Turín -, suelen sentarse mujeres, solitarios, vendedores ambulantes, despistados, y se aburren, esperan, envejecen. ¿Qué es lo que esperan? Pieretto decía que algo grande: el hundimiento de la ciudad, el Apocalipsis. A veces una tormenta de verano los barría de allí y lavaba toda clase de huellas. Los dos de aquella noche dormían corno muertos estrangulados. En la plaza desierta algún letrero luminoso hablaba aún al cielo vacío, arrojando sus reflejos sobre los dos muertos. -Ésos están a gusto - comentó Oreste -; nos enseñan cómo debe hacerse. Hizo ademán de irse. -Ven con nosotros - le dijo Pieretto -; en casa no te espera nadie. -Ni tampoco adonde vais vosotros. -Pero se quedó. Fuimos por los nuevos soportales. -Aquellos dos... - dije despacio -. Debe ser bonito despertarse con el primer rayo de sol en la plaza. Pieretto no dijo nada. -¿Adónde vamos? -pregunté. Pieretto se detuvo después de unos pasos. -Me parece bien ir a algún sitio - dije -. Pero ahora todo está cerrado. No se ve un alma. Me pregunto para qué sirve tanta luz. Él no soltó su acostumbrada pregunta: «¿Y tú para qué vives?», pero dijo: -¿Vamos a la colina? -Está lejos. -Sí... Pero tiene siempre aquel olor... Bajamos por la calle central. Al llegar al puente sentí frío; después acometimos la subida con paso rápido para salir de aquellos parajes conocidos. Había humedad, estaba oscuro, sin luna, brillaban las luciérnagas. Al cabo de un rato aminoramos la marcha, sudábamos. Hablábamos con calor de nosotros, arrastrando a Oreste en la conversación ; aquellos caminos los habíamos recorrido muchas veces empujados por la fuerza del vino y la compañía. Pero eso no importaba, era un pretexto para ir, subir, sentir la loma de la colina bajo nuestros pies. Pasábamos entre campos, recintos, rejas, vallas, olíamos el asfalto y el bosque. -Para mí no hay diferencia alguna con una flor en un jarrón - sentenció Pieretto. Por extraño que parezca nunca habíamos subido hasta la cima, al menos por aquel camino. Tenía que haber un punto, un paso en donde el camino se hiciera más llano, el extremo elevado de la colina que yo imaginaba como un último obstáculo, un balcón abierto hacia el mundo externo de la llanura. Desde otros puntos, Superga, del Pino, habíamos mirado hacia allá en pleno día. Oreste nos había señalado en el horizonte de aquel mar de rocas, sombras vagas y selváticas, sus pueblos... -Es tarde - dijo Oreste -. Antes había varios locales por aquí.
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Das vueltas y vueltas durante toda la noche. Oreste abrió la boca para volver a gritar y Pieretto dijo: 4 Librodot . -A lo mejor nos ha visto.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 4 -Cierran a una hora determinada . Pieretto comentó que quien tenía un coche como aquel bien podía hacer lo que le viniera en gana y quedarse allí mirando las estrellas. Lo miramos en suspenso. Oreste evitó con un salto mi patada. Me detuve. El perro se puso a ladrar de nuevo y los grillos callaron asustados. Lento y silencioso apareció un coche descubierto. -¿Lo has visto bien? -Duerme. ¿Por qué no se iban los del coche hacia Turín y nos dejaban a solas con nuestra Naturaleza? Oreste dijo por señas que debíamos movernos. a mi lado. color verde pálido. Pieretto pareció salir de su abstracción: -Las liebres y las culebras se esconden bajo tierra porque tienen miedo del que pasa. ¿Dónde está ese campo que tanto os gusta? Se agarró a mí salvajemente: -Si degollaran a uno en el bosque. pero el campo auténtico no lo conoces. los clientes que se quedan siguen armando jaleo dentro. Un grito que comenzó como un bramido y que llenó el cielo y la tierra. Anduvimos bajo el canto de los grillos y en aquellos pocos pasos muchas cosas vinieron a mi mente bajo los árboles. callaba. -Si al menos pasara alguno. Pero no duerme uno de aquella manera. -Imposible . un mugido de toro que terminó en carcajada de borracho. -Parece muerto .dijo Oreste -. entonces. Pensé que en el coche podía haber una pareja y me hubiera gustado estar lejos en aquel instante. quién sabe dónde. -¿De qué tienes miedo? -preguntó Pieretto.dijo -.dije -. El olor que se siente es de gasolina. La tensión se hizo intolerable. prados . Sin embargo. No me atrevía a volverme.dije para divertirse con puertas y ventanas cerradas? -Tendrán jardines. escupió con disgusto: -Atención .aclaró Pieretto -. ¡Quién sabe! Dormirán en el parque. con el coche en movimiento. -Veamos si responde . -Lleva los faros apagados . Pieretto no respondió. ladraba un perro. Una mitad permaneció en la sombra bajo los árboles.¿Merece la pena subir a la colina en verano . -Nos volvimos a mirar la curva negra de árboles. Escuchamos. Oreste había salido ya de la sombra. -Pero también los parques se acaban . -¿Nos quedamos aquí? -dijo Oreste después de una curva. -Esperemos a ver si arranca. ése no duerme.. Nada.dije-. no ver a nadie. bestial. ¿crees que lo considerarían como una empresa legendaria? ¿Callarían los grillos junto al muerto? ¿Crees que el lago de sangre sería algo más que un esputo? Oreste..dijo Oreste. Entonces lanzó un grito lacerante.dijo Pieretto. Se detuvo suave y dócilmente. Pieretto. En mis orejas aún resonaba la explosión de ira de Pieretro. Era joven y estaba boca arriba. viene un coche. mirando extrañamente hacia el cielo. Dijo a Pieretto: -Tú no conoces el campo. Luego viene el bosque y las viñas. Una luciérnaga atravesó la carretera centelleando como la colilla de un cigarrillo. Rozando el coche esperaba oír murmullos o risas.dijo Oreste. Oreste gruñó. Escuché con atención. en cambio vi un hombre solo al volante. A lo lejos.

con estridencias y variaciones. Tendría que verse. insoportable. -¡Es Poli! -nos dijo -. Era un guapo muchacho y tendría algún año más que nosotros. El otro apretó la frente contra la mano como un perro que juega. ¿Queréis acompañarme? Es un lugar muy bonito. Agarrado a la mano de Oreste nos miró como si no nos viera. parecía casi normal. al fin. Los oímos hablar y forcejear ligeramente. No se movió. Oreste le preguntó: -Pero ¿no estabas en Milán? El otro contestó: -¡Has venido a buscar ardillas? -¿Dónde crees que estamos? . ronco y débil al mismo tiempo. El perro enloqueció. largamente. Se me puso la piel de gallina pensando en que. al interior de los cubículos y de las raíces. tenía profundas ojeras y una expresión aterrada. Oreste le preguntó a quemarropa: -¿Te has escapado de casa? -Me esperan en Turín -contestó Poli-. No ocurrió nada durante unos minutos. era. Estuve a punto de decir : «Se habrá muerto de miedo. se había callado y todo a nuestro alrededor se llenaba de nuevo con los chirridos de los grillos bajo las estrellas. Oreste se volvió a nosotros. que tenía un tono embrutecido. a las sombras. llenaría y haría vibrar todo en la noche. ¿Lo veis vosotros? De no haber sido por la voz. -Puede ser -dijo Oreste. ¿Lo habéis cambiado? ¿Por qué diablos se meterá a razonar con un borracho? .Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 5 -Preparados. II Lo encontrarnos en el estribo del coche con la cabeza entre las manos. Miró a su alrededor y entonces dijo a Oreste: -Vengo aquí desde hace tres noches. -Nos miró sonriendo con aquellos ojos suyos. Ninguno de nosotros. Lo miramos a distancia. El otro cogió la mano de Oreste y sacudió la cabeza como uno que sale del agua. -Parece que está vomitandodijo Pieretto. -Vamos . Lo conozco.pensé. Esta vez mugieron juntos. Oreste me dijo al oído: -Ahora es cuando llega la policía. Luego añadió mirando el coche-. Es una sorpresa. El susto de antes se había convertido en irritación -. 5 Librodot . en todo.dijo Oreste y liberó su mano al mismo tiempo. aterrorizado y triste. -¿Se ve Turín desde aquí? -preguntó levantándose con agilidad y mirando a su alrededor -. una voz semejante llegaría a todos lados. como el rayo de luz de un faro en la noche. Somos tres. Me avergoncé de aquel grito de poco antes. como si fuera un niño avergonzado -.dije -. Hay un sitio desde el cual se ve Turín. Parecía un enfermo mirando desde el fondo de la cama. Sin embargo.» En aquel momento oí el chasquido de la portezuela del coche al cerrarse de un golpe. se había reducido jamás a aquel estado. Escuchamos de nuevo sin apartar los ojos de la curva. al fondo de los senderos. después de haber bebido. como un animal peligroso. digno del coche que llevaba. Mirábamos fijamente la banda de sombra. Gente rica. Fue hacia él y le puso la mano en la frente como cundo se hace para saber si se tiene fiebre. El perro. Son los dueños de una finca. ¿Por qué no lo deja en la cuneta?» Poli nos miraba.

Explicaba por qué. me convencía de que era sólo un ingenuo. Luego. Tras un instante de silencio. patios. parecía estar mal en aquel momento. Nos detuvimos. son «tal y cual». -¿Y quién se las hace? -preguntó Oreste. Poli. -Me gustan las bromas -dijo Poli-. en cambio.hay que hacer como él. gente importante. O vivir sin gastar nada. -En cambio.dijo Pieretto acercándose. Pieretto dijo en voz alta: -Se divierte usted con bien poca cosa. La vida es banal si no hay contrastes. volvía a mí el humor de antes cuando. Poli continuó tranquilamente: -Me gusta el contraste. ¿A usted no? -Para hablar mal de uno que se ha enriquecido -contestó Pieretto . Pero yo disfruto plantando a aquella gente. -¿Cuál es? Poli dejó caer los brazos suspirando. consternado. miraba el mar de luces. se despiertan. Solamente con los contrastes se siente uno más fuerte. no habíamos vuelto la cabeza. A medida que Pieretto oía y aceptaba.: callejuelas.. Nombró hoteles. -Esta noche me siento como un dios . Poli perdió el hilo. Con la interrupción de Pieretto. Poli abrió los brazos como haciéndoles cómplices y comentó con voz bajísima -: Aún hay otro motivo. Pieretto se apartó unos pasos. Los dejé hablar mientras escuchaba el canto de los grillos. Charlamos durante un rato sentados en la hierba. Pieretto lo miraba con sorna. Poli. Ellos creen ser alguien.dijo despacio. Ahora nos miraba humildemente desde el fondo de los ojos. el coche magnífico: algo habitual e inseparable en él. pero. -¿Qué hacemos? -preguntó Oreste. cuando uno está allá en medio. Poli dijo : -Sentémonos.dijo Oreste. Arrojó el cigarrillo.dijo Poli sin oírle . Empecé a creer que aquellos ojos extraviados eran como su camisa de seda. huía de Turín y de la humana sociedad. hacen el amor. preguntó: -¿Usted cree? -Lo dijo ansiosamente y hasta el propio Oreste sonrió. Poco antes. chimeneas! Visto desde aquí parece un mar de estrellas. -Decías que la vida es pesada . ni se da cuenta. Bajamos por el camino hasta la terraza de una curva desde donde se veía el brillante resplandor de Turín. -La vida depende de nosotros . -¡Qué pequeño es el mundo . yo me separaba.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 6 ¡Qué asco da cierta gente que todo lo hace con guantes! Incluso los hijos y los millones. Poli no hacía caso de los sarcasmos de Pieretto. ¿qué? .. Yo no me hago ilusiones. El otro sacó los cigarrillos y los ofreció a todos. superior al propio cuerpo. -Si me vieran contigo y tus amigos se reirían de mí. 6 Librodot . sueñan. Encendimos. No parecía borracho. Chasqueó los dedos buscando la palabra. desde hacía tres noches. Nadie se rió. sin embargo. Y. su apretón de manos. Oreste propuso : -Vamos a ver Turín. mantenidas. Después de mojar las plantas gritó: -Usted se está burlando de nosotros. al escuchar la llegada del coche.dijo Pieretto. cuando nosotros subíamos a la colina. con el brazo sobre los hombros de Oreste. El otro levantó los ojos sonriendo: -¿Quién? Los que duermen en aquellas casas.

Oreste. Yo hubiera querido no subir porque comprendía que con él no podíamos ser nosotros mismos. Lo encontré mordisqueando una manzana. en Turín había alquilado una habitación e iba a comer a un restaurante. A las cinco estamos allí. Como él tenía los padres en un pueblo. sobre todo Oreste. Poli. ¿se va? -¿Adónde? -¡Al Greppo! -¿Estás loco? ¡Yo quiero irme a dormir! . Al día siguiente de aquella noche fui a buscarlo.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 7 pensábamos que era una pareja haciéndose el amor. Me peguntó si había visto a Pieretto. junto a los soportales. Me dijo que eran propietarios. -¿Podemos fiarnos? . Se levantaron Poli y Pieretto. No podíamos salir. Son sólo las cuatro menos algo. Mañana hay que trabajar. Desde el estribo dijo a Poli: .me dijeron. Bajamos hacia Turín. Luego se volvió hacia Poli y gritó: -¿Iréis este año al Greppo? Poli interrumpió su discusión con Pieretto para decir: -Papá nos dejó allí el año pasado y se llevó el coche. preguntó: -Entonces. a primeras horas de la tarde. De pronto dije: -¿Vale la pena haber dejado Turín para no hacer otra cosa que charlar? -¡Es cierto! . claro. Ser corteses con él significaba servirle de espejo. -Cuando era un chico íbamos juntos a cazar: Era ya un rebelde. -¿No vienes? -. sabíamos siempre dónde encontrarlo. Teníamos que escucharlo y aceptar su mundo contestando a tono. seguro de sí. me quedé rezagado con Oreste para preguntarle por Poli. en cambio. no bebía de esta manera. que hacía medicina. Mientras íbamos hacia el coche. III Durante el día sudábamos a causa de los estudios. con el codo sobre su cartera y apoyado de espaldas contra la pared. Lo mejor es ir a casa. Hablamos de un proyecto que teníamos para aquel año.dijo Oreste -. Estábamos ya en los paseos luminosos y abandonados. Abrió las portezuelas del coche y nos invitó. junto a Poli. La gente tiene ideas extrañas. al volante. Pieretto. a causa de los estudios no salía con nosotros por la noche pero. Protesté y dije que era una cosa absurda. Todos a la vez gritamos que teníamos una casa.saltó Oreste. Los saludé. no había abierto la boca. Pieretto y yo preparábamos leyes y habíamos dejado para octubre el esfuerzo mayor. una gran finca. Todo lo más a pasar un día con algún amigo y unos discos. Ores-te bajó en Vía Niza. El coche rodaba con suavidad. Ya tendremos ocasión de ir al Greppo.¡Hasta la vista! En un instante me dejaron ante el portal de mi casa. -Llévanos abajo. Déjanos en Porta Nuova. No acertaba a comprender cómo Oreste había convivido con él durante varios días. Le dije a Pieretto que nos veríamos al día siguiente. una colina entera.murmuré. Queríamos ir a pasar unos días 7 Librodot .insistió Oreste -. El coche desapareció con ellos dos. aunque. -Aún no es de día -dijo Poli-. tenían tierras. Quería apartarme. ¿de qué? No sé si volveré. -Yo quiero irme a dormir .

Durante aquel año y cuando estaba solo lo pasaba mal. daba vueltas por las calles de siempre. Él. Poli había crecido en ella. aunque el padre fuera un hombre extrarrico. Terminó de beber y nos fuimos. un comendador de Milán que poseía aquella enorme finca. 8 Librodot . pero aquella noche pensaba en los callejones del pueblo de mis padres. y caminar hasta que se hiciera de día para encontrarme entonces en cualquier sitio. nunca. El reciente encuentro con Poli me había quitado muchos escrúpulos y me decía que en el mundo. Oreste dijo que eso era inútil porque campo y calor lo tendríamos en abundancia una vez llegados al pueblo. -No las tomó contra sus semejantes . eso sí. Pero aquella noche me fue algo mejor. Porque eso es lo que sin saberlo me habían inculcado padre y madre. con diez amas de cría. Se entiende. divertido e inquieto pensando en Poli. de Poli. -¿No estará estudiando? -Muy fácil . caballos. Oreste dijo que no era nada extraño. Era un buen chico y sabía razonar. -Es la clase de vida que llevan . en el movimiento. o bien tirar adelante por uno de los paseos. La idea de Pieretto y mía era colgarnos la mochila a la espalda y hacer el camino a pie. Pieretto no se preocupa jamás de si la gente se ofende o no. Son como mujeres.dije yo-. que no quiere decir mendigos. por mi parte. Tú que eres amigo suyo tendrías que conocerlo. estaba borracho. cosas de las que me gustaba gozar. . pero a la cual no iba nunca. A veces me plantaba en una esquina y me quedaba allí media hora. al pueblo de Oreste. Luego tiene aquel modo suyo de reír que parece que le está escupiendo a uno a la cara. Un borracho es otra cosa.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 8 al campo. anduve por callejas desiertas bajo las estrellas y el aire fresco de la noche. Me hallaba siempre a punto de interpelar a una chica o de meterme en un figón equívoco. Durante dos o tres temporadas. -Ya sabes cómo son estas cosas . sino contra el que ha hecho dinero y no sabe vivir. Volver a casa para estudiar no tenía sentido alguno. A mi padre le gustaba. al paso de las perdices.¡Quién sabe! -dijo Oreste-. Yo. provincianos en ciudad. He nacido y vivido en Turín. Es algo mucho peor.contestó -. estaba demasiado acostumbrado a vivir. Le faltaba firmeza. de verano en verano. algo que no entendía. Aquella noche no vi ni a Pieretto ni a Poli. pobres. Con el otro y su coche. no he visto nunca a Poli ofendido. pasaba y repasaba las encrucijadas y los letreros.dijo Oreste -. Había en el aire. a hablar con Pieretto y recorrer las calles. O bien. Pasé el rato en un cine. en la oscuridad misma de los paseos. A mitad de una cosa cambiaba de idea. había privilegiados todavía más absurdos que yo. Insinué que a Poli le habría dicho Pieretto las mil y una. Como al salir no tenía sueño. coches. O quizás está borracho sólo desde hace tres días y le gusta comportarse como un cerdo. Oreste tenía salidas inesperadas. de aquel modo tan extraño de comportarse. A un borracho se le llega a querer. -¿Qué decías de Pieretto? -Que no creerás que se fueron anoche a dormir. Sólo cuando se alargó los pantalones tuvo permiso para salir fuera y conocer a algún paisano suyo. ¿No viste lo pronto que se pusieron de acuerdo los dos? Hablamos de la noche anterior. Oreste negó con la cabeza. ¿Has visto lo que dice de sus semejantes? -Lo dijo por decir. de día y de noche. con Poli se trataba de tú. -Poli no estaba borracho. Su casa era espaciosa y nos divertiríamos. había dio a cazar con los otros.dije -. -No es tonto. las locuras de los pobres te serán consentidas. las de los ricos. furioso conmigo mismo. veía de nuevo las mismas caras. además. Ir de caza juntos es como ir a la escuela.

estas cosas no le interesan.dije yo-. bajo el sol. Entonces un cura que sabía guiar subió al coche y llevaron a Poli a Novara. pero sería más triste si viviera como nosotros. volvería. Sus medios se lo exigen. atravesó la calle y me alcanzó. Si no lo había visto antes es porque había pasado el día con Poli. Estaba lleno de cocaína. a su modo se las ingenia y toca cosas que vosotros ni siquiera sospecháis. Poli no hacía nada distinto a nosotros. Un doctor lo había despertado. puede que un día se deje la piel. Había por en medio una señora. pero con el cura conversó acerca del pecado. Él tenía otros medios : drogas. -Sois unos estúpidos .dijo Pieretto -. con la excursión a los lagos. de peligro. -Será algo estúpido . ¿por qué? A Poli. mujeres de clase. Me reí abiertamente y Pieretto se enfadó: -¡Te escandalizas porque uno toma cocaína y luego te ríes si se habla del pecado! Se detuvo delante de un bar.rebatió Pieretto. Me explicó que. Poli había ido a darse un baño y a cambiarse.dije Nosotros razonamos las cosas. No tenía sueño. el cual fue haciéndoles un largo sermón acerca de los pecados y del infierno. quizá la causa había sido el efecto deslumbrador del sol. En un pueblo semejante había vivido Oreste y. Hablaba poquísimo. con la cara del sacerdote. seguramente. Y volvería para quedarse. Por ejemplo. demostrando profundidad de ideas y una cierta experiencia. Fuimos discutiendo como siempre. allí. la comida y a continuación llevar el cura a casa. ¡Pero si sólo dice tonterías! -objetaba yo. pasábamos las noches hablando sentados en los bancos e incluso fornicábamos pagando anticipado y bebíamos vino. ¿Había en ello alguna diferencia? Ya en la puerta de casa oí que me llamaban. -Es medianoche y Oreste duerme a estas horas. podía quedarse en la ciudad. Había disfrutado con las locuras de Poli. Finalmente Poli estuvo en condiciones de aclarar la cosas. se divierte. Allí Poli se había sentido mal y se cayó como un saco al bajar del coche. Nosotros. una especie de furia que lo había seguido de Milán a Turín y lo asediaba sin descanso en el hotel enviándole flores. Era Pieretto quien. destacándose de la sombra de la pared. Me explicó entonces que existe siempre una necesidad de experiencia. La noche pasada la habían terminado dando vueltas por el campo en el coche hasta encontrarme por la mañana junto a los lagos. Se pasa de la raya. Pieretto sostenía que Poli hacía bien conociendo la vida según sus medios. había gritado. -No importa . «No tengo dinero para hacerlo». -Es un inconsciente .decía Pieretto -. pero sabe vivir. Pieretto había telefoneado al hotel de Turín y alguien le había respondido que llamara a Milán. en cambio. Aquélla era su ambición porque. pobretones y burgueses. -Estás loco . A mí me gusta saber por qué disfruto cuando voy de paseo. pagar el médico. hablar. al fin y al cabo. que los límites están colocados de acuerdo con el ambiente en que se vive Puede que Poli diga y haga tonterías. Pieretto estaba contento. Para el dinero que gasta. diciendo que iba a telefonear. el teléfono. Es un inconsciente. -¿Por qué? ¿Ha intentado darte coca? Él contestó irritado que Poli de la cocaína no hacía una escena teatral. La riqueza es potencia. libertad. eso es todo. envenenado. Al salir dijo: 9 Librodot . hecho sudar y vomitar . deseándolo. hasta Oreste lo asegura. luego riñeron con el cura porque acusaba a Pieretto de haber sido el causante de la mala inspiración del amigo. Quería estar conmigo.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 9 abiertos en mitad del campo. Al cabo de un rato se asomó a preguntar si Oreste iba a venir con nosotros. tú buscas Turín mientras yo quiero subir a la colina. Pieretto volvió al teléfono y siguió hablando y riendo. A mí me gustan los olores de la tierra.

una ojeada por encima del plato. Nos la había presentado diciéndole a ella que éramos «lo mejor de Turín». en la antecámara de la cárcel. Ella se acercaba a sus hombros. Poli frenó de golpe. Yo no sé cómo Pieretto se comportaría con los suyos. Él seguía bromeando mientras nos contaba mil cosas.gritó Rosalba mientras Poli aminoraba la marcha ante una villa iluminada. que escuchara y aprendiera. Confíe en nosotros. 10 Librodot . se miraba en su espejito de mano. Poli se volvió para decirme: -Deseo que nos haga compañía. ¿Qué encontraría Pieretto en aquellos dos? Me preguntaba si ella sabría lo de las drogas de Poli y me los imaginaba borrachos. -¡Ya estamos! . distinguí el ansia y la intimidad de las voces. de un vicio inicial. A mí. Pasamos Sassi. A través de los paseos desiertos de la periferia flanqueamos la colina negra en la noche. las aguas negras y la negra colina inminente no me dejaban pensar. Poli dio vuelta a la llave. Bromeaba. contra el río. luego la cabeza de ella afirmó con fuerza. antes de arrancar habló con ella. ante las montañas. reía y guiaba. ¿Por qué te empeñas en correr toda la noche? ¡Eres siempre tan temerario! -dijo la mujer desolada. era afectada y llevaba una flor en el pelo. Dobló sobre la grava y se detuvo en un patio en donde había otros coches aparcados. Ni mi padre ni mi madre hubieran dicho nada: dos palabras acerca del tiempo. ¿qué sabían ellos de nuestras inquietudes nocturnas? A lo mejor tenían razón. Poli. Volvimos hacia Turín. La novedad de aquella carrera. No podía estarse quieta y ya antes. Con aquel traje de noche parecía la madre de Poli. -¿Adónde se va? Yo dije claramente que no me apetecía estar fuera toda la noche. Pieretto se inclinó hacia delante y le dijo algo. aquellos rostros inermes me daban pena y me preguntaba qué clase de tipo era mi padre a los veinte años y qué chica fue mi madre. de ahí nacen las cosas. Estábamos en el campo negro. Al llegar al hotel vimos a Rosalba. -Parémonos aquí. En un instante estuvimos fuera de Turín. Vi también las chaquetas blancas de los camareros. cautas preguntas acerca de los exámenes. Rosalba reía excitada. Probablemente los míos pensaban en el tapete verde. Delante de nosotros. No acertaba a comprender por qué Pieretto se prestaba a ello. tenía los ojos enrojecidos. Es ya la media. Pero era evidente que Poli buscaba nuestra compañía para limitar las expansiones de aquella mujer. Poli se volvió y nos sonrió. los bruscos saltos en la noche. nos lanzaba miradas afanosas. que paseaba arriba y abajo. detestables. no volveremos tarde. Llevaba un vestido de color rosa.Librodot -Vamos con Poli. sonrisas. Era delgada -¡pobrecilla!-. Entonces dije a Pieretto: -Pactos claros esta noche. luego corrimos a lo largo del Po. se trata siempre de un tedio. Se veía que tanto Poli como Rosalba conocían aquellos lugares. Miraba a Rosalba con sus ojillos vivos. Rosalba se colocó junto a Poli. y si un buen día yo llegaría a tener unos hijos tan extraños. vi un espacio en la penumbra con mesitas y lámparas discretas. y a Poli maniobrando en el coche. en mujeres. En el mundo de Poli se llega hasta la grosería sirviéndose de la gente con alegre despreocupación. El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 10 IV Me atemorizó la idea de pasar de nuevo una noche en blanco. Yo veía las dos cabezas juntas. mientras esperaba que nos acomodásemos.

Vi a Rosalba como desnuda en el gesto que hizo. éste es un café como los demás. Recordando la historia de las flores que enviaba a Poli. no puedo permitir que mis amigos se aburran. Rosalba aplaudió con la alegría convulsa de una niña. dignas de aplauso. Quién sabe. Me di cuenta de lo loca y torpe que era. Rosalba. Porque la mujer. no escuchaba. Parecía una fiesta. una Rosalba en verde oliva.añadió Pieretto -. Sería una descortesía. respondían las expresiones de todos. esperó que terminara la pieza y continuó: -Quiero deciros que estos días. Aun sin querer. Aquel grito de la otra noche me ha despertado. encarnados. Tuvo un sobresalto. La orquestina volvió a sonar. pero sé que no puedo esperar fortuna. No sabía bailar. pero esta vez sin canto. -El que baila está muy ocupado .» Me abandoné en la silla y tendí la oreja hacia el lado de la sombra intentando oír el murmullo del río. al grito de la mujer. aparté la mirada y oí que decía Pieretto: -Me gustaría mucho sacarla a bailar.contestó Poli riendo -. Durante el número. La voz de la cantante las guiaba. Pieretto se puso de bruces sobre la mesa enseñando bien los puños deshilachados de su camisa -. Hay que perdonarlo. se enfadaba. se plegaba. Es una ciudad bien. las lámparas y reflectores que iluminaban las plantas cambiaron mágicamente de color y fuimos verdes.dijo Pieretto -. -El que baila es un tonto . Poli levantó el rostro asombrado y recordó: -Nuestro amigo. -Cualquiera tendría que contar por su cuenta -dijo Pieretto-. había que escucharlas. Ayer sucedieron muchas cosas. Callaron las otras voces musicales y quedó sólo el piano. Fue como el grito que despierta a un sonámbulo. En el centro de las lamparitas hizo su aparición una mujer que se puso a cantar. Hay cosas que tendríamos que hacer nosotros.dijo Poli mirando a su alrededor. hablaba por ellas. Poco a poco. Llevaba un traje de noche y flores en los cabellos. Una orquestina tocó con gran fragor para cesar súbitamente. Estamos en Turín. ¡Lástima! Hay cosas que no soporta. 11 Librodot . Poli. porque busca a su alrededor lo que ya tiene entre sus brazos. En aquel momento llegaron licores y café y ella se apartó de Poli. Luego la orquesta cubrió el piano y lo sumergió. son extremadamente importantes. gritaba en el centro.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 11 Cuando terminó la agitación y embarazo de sentarnos y ordenar las consumiciones Rosalba había cambiado ya de idea varias veces. Ha sido una como la crisis violenta que resuelve una enfermedad. Rosalba apretaba con aire beatífico la mano de Poli y él. de las mesitas surgieron parejas que se pusieron a bailar abrazadas en la penumbra. Ella se puso tan colorada como el fuego. susurraba con ellas. se balanceaba con las manos sobre los senos y gritaba. invocaba alguna cosa. ¿se ha ido a dormir? Me hubiera gustado que estuviera aquí con nosotros. Ella nos lanzó una mirada de asombro.. a lo mejor en Milán tenía hijos. Aquí estaría bien el grito de Oreste. -Se resiente de la noche de ayer . que ejecutó unos minutos de variaciones. amarillos.contestó él -. La orquesta seguía sonando y algo añadí yo también. -Quiero bailar . un rito convulso entre el río y la colina en donde. -Querida Rosi . pero nosotros solos. para mí. impasible. hablaba en voz alta . Pero me equivocaba porque no era un café como los demás.dijo secamente a Poli. hablaba con Pieretto. -Un lugar discreto . -Gente letárgica . como si no lo advirtiera. Impresionaba ver su rostro con aquellos ojos encendidos. Desgraciadamente no soy Poli. decidí dejarlos hablar y me dije : «Después de todo.dijo Pieretto -. no lo olvides.

enfadada con Poli. Se puede llegara la inocencia. Una fuerza tremenda está en nosotros: la libertad. Pieretto se inclinó hacia delante para no perderse la escena. tan delgada y devorada. -¿Habéis ido de caza? . Era como un viejo que se cree muchacho. tenía ojeras. Por muy aburridos y descontentos que estuviéramos era difícil resistir a la cadencia de la música.dijo Pieretto .continuó . -Potencia de un grito . Siguió un silencio embarazoso en el que todos. la contuvo. -Peor . Sin querer fijé mi mirada en los ojos de Poli .dijo Rosalba. ¡pobrecilla! .¿lo había oído usted antes? -¡Eres duro! ..saltó Rosalba.dijo -. nos miramos las uñas. pero hombre. se está dispuesto a sufrir.sin pasión». El grito me ha mostrado a mí mismo. Finalmente le dijo: -Di claramente lo que piensas. al menos para nosotros. ¿La saco a bailar? Al quedarnos solos en la mesa.son viejas como el mundo. Ella se retorcía como si estuviera desnuda. Hice una mueca y dije: -Mierda. pensé en el coro de grillos allá en la colina negra. -Una mujer enamorada es siempre estúpida. -Estas noches modernas . ¿No te gustan? -He dicho mierda. débil. dubitativo -. Escuché algunas palabras de la canción. ¿quieres huir de Turín? Poli. -Es el reclamo que se usaba en la caza . -Veo mi vida .Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 12 -¿Estabas enfermo? -preguntó Rosalba.continuó sonriendo -. excepto Poli. Uno se siente entonces libre y responsable. como se hace para mantener el equilibrio de uno que está a punto de caerse. V Aquella noche bailó también Pieretto con Rosalba porque ésta.preguntó Poli. que en aquellos años no sabíamos bien el significado de la palabra saciedad. con esa mujer se podría hacer mucho más. Noté que Rosalba. -Fuimos a la colina. -¿No tenéis más historias que contar? ¿Podemos bailar ahora? . le tocó la espalda y luego la cogió por los sobacos. La voz educada de Poli la domó. no me hago ilusiones. Mientras estaba callada. me sirvió a mí y repitió: -Adonde fueres.interrumpí .dije. -No es muy listo . Pieretto recogió mi mirada. Ahora sé que hoy un hombre: vicioso. Decían «vivir vivir -tomar tomar.Pieretto.. afanosamente. La voz de oliva de la mujer llenó la noche. Sobre la voz cadenciosa y el roce de las parejas. -Ese grito .como si fuera la de otro. parecía que la noche no iba 12 Librodot . contento. se sirvió licor. taconeaba el tiempo de la música. ceñudo. Rosalba jadeaba con los ojos semi-cerrados.. quería humillarlo. de dónde vengo. era soportable. Me pregunté si se oiría desde las colinas. Poli ni se movió siquiera. Sé quién soy ahora. -¿La contento? . Pensaba en su grito.dijo Pieretto.contestó Poli -..dijo Pieretto. qué hago. Rosalba aplastó el cigarrillo en el cenicero. -Es bonito despertarse sin hacerse ilusiones .dijo sonriendo. -Es una estúpida . No sé el licor que llegamos a beber entre todos.

Rosalba saltó a tierra y gritó -¡Poli.últimas luces del lugar -. -Era una conversación muy importante . -¡Déjame en paz! . -Por tu culpa . Ella continuó: 13 Librodot . -La culpa es mía dije-. -¿Por qué no dices a tus socios lo que decías allí? Repítelo. el coche tomó una ruta distinta. No entramos a Turín. Se detuvo cuando el sol apareció sobre la cima de una colina. Quería que Poli pagase y nos llevase a comer algo al Valentino. Pieretto estuvo todo el tiempo silencioso. si no me hubieras hecho bailar. Parpadeé. No comprendías nada. Me despertó un movimiento.dije. Como Poli continuara hablando con Pieretto y el camarero. se abría en lo alto. Rosalba se quitó las flores del pelo y. En el café.dijo roncamente -. Se detuvo. Sentía pena y rabia a la vez por todos ellos. Sólo Poli manejaba con tranquilidad el volante. vi que todos dormían y que el pueblo estaba cerrado y desierto.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 13 a terminar nunca. Arrojé vivamente la cerilla que me quemaba. alta. Era la primera vez que una mujer me ofrecía flores y tenían que venir de una como Rosalba. Poli se volvió y nos dio los buenos días con jovialidad. un salto como sobre las ondas de un vértigo. La inocencia y la libre elección. hacia la carretera de Moncalieri. -A esta hora deben estar ya todos en el campo . es más joven que Poli. no nos estropee la fiesta. también el suelo había sido regado y tenía olor a bodega y a lluvia. De cuando en cuando se volvía a nosotros y nos sonreía casi como si fuéramos cómplices.le dijo él. pero las calles seguían desiertas. un verdadero espectáculo. era evidente que se hacían kilómetros porque sí. ciñendo a Rosalba con el brazo. Poli ! Al regreso Poli guió. encendió y dijo sonriendo en voz baja y con esfuerzo: -Usted. ¿dónde estamos? -Telefonea a tu casa . confieso que padecí. La mujer que nos servía. -Común Macedonia . Los otros dos se habían puesto a bromear y a morderse las orejas. Pedí el teléfono.dijo Pieretto -. di que no te has encontrado bien. pero ni allí nos detuvimos. para esperar las primeras luces del día. camareros y clientes que bebían el último sorbo en el mostrador.. Rosalba guiñaba los ojos. No lo había. Yo veía agitarse el vestido rosa en el cerco de lamparitas . me las ofreció: -Tenga . Cerré los ojos. El coche brincaba sobre los guijarros de un pueblo: amanecía. Bajo los balcones barrigudos y en la sombra de la mañana una muchacha regaba las piedras de la calle con una botella. Rosalba se fue al coche e hizo sonar repetidas veces el claxon. Apareció el campanario de otro pueblo. profundo. borracho. Entonces salieron todos. dijo que en Correos había un teléfono. más allá de los puentes. salvándolas de Poli. mirando de reojo a Rosalba. -Si no hubieras bebido tanto -saltó ella -. Salimos a la plaza.. Sudabas coñac. Llegamos a la plaza por una calleja cubierta.me dijo Pieretto -. pero la orquesta había cesado hacía un rato y Rosalba llamó a un camarero. Ella sonreía con beatitud. pareciéndome que iba a caer sobre nosotros. ella en rosa. Al levantarme pedí a Pieretto el portamonedas.dije por decir algo. delgada. Con aquel vestido rosa se la veía vieja. Ella me pidió un cigarrillo. dueño. aquella pesadilla duraba ya un buen rato y un cielo luminoso. Algunas cabezas aparecieron en las ventanas. Yo estaba enfadado con Poli después de todas las historias de la noche. Durante el rato que duró aún la carrera fui oliendo las flores. Rosalba también se levantó y dijo: Te acompaño.dijo Poli a Rosalba-. Me desperté en una luz fría y rosa. satisfecha de él. aquí huele a manicomio. y del Po salían ráfagas nocturnas de frío. Nos sentamos ante una ventana. que ellos también lo oyeron. Pieretto estaba alegre.

-¿Cómo fue hablar con él? -Más que a mí . Pregunté alegremente: -¿Nos vamos? -Su amigo . Ella no respondió. pero eran ya las tres. pero Pieretto estuvo con él hasta por la mañana. se cansa de mí. Me aparté sin dejar de mirarla. en Milán creen que me he ido al mar. Dos campesinas que pasaban se volvieron a mirarnos. Lo encontramos en la colina mirando las estrellas. Me miró con aquellos ojos. Cuando está borracho aún me soporta. Rosalba. Dígame una cosa. ya le había interrogado. Mientras esperaba en Correos que me pusieran la comunicación le dije a Rosalba. no elige ni la droga ni el vino. yo no me atrevía a mirarla. llevo tres días sola en el hotel. Rosalba callaba. Estoy en sus manos. En la sombra.Usted lo ha visto esta noche contento. ¿No sabe si Poli le ha dicho algo? -Fueron a los lagos. Pieretto reía. me acerqué a la puerta y escruté el cielo. no haga caso. Poli me abandona. Ni siquiera puedo salir de paseo porque me conocen. Usted ha visto cómo me trata. -. Después de hablar y gritar con mi madre en la pequeña cabina fui hacia la salida. La otra noche estaba con nosotros. Yo me había ido a dormir. Se toca el fondo. Yo miraba los guijarros y adivinaba las cabezas en los balcones.dijo ella -.es listo. conocía a Pieretto y a Oreste. Entonces.. continuó su discurso. podría preguntar a Pieretto lo que habían hablado. aquí? Trajeron huevos y cerezas. se cogió de mi brazo. -No.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 14 Más sincero que Poli. -Usted me comprende. Yo procuraba no mirar a Rosalba. Rosalba no se había movido. 14 Librodot . Cuando más caído está uno más fuerte es la decisión a tomar. Aparté la mirada y anduvimos sobre el empedrado de guijarros. -Ya lo sé. -Ya estamos . como siempre. -La voz se hizo más jadeante -. . pero siguió mirando la calle.pero se emborracha más y hace cosas peores para huir de mí.dijo -. Pieretto gritó: -¿Qué se come. -No lo sé. parpadeó sorprendida: -¿Iba solo? ¿Y por qué a medianoche en la colina? -Él estaba solo.. una claridad que viene del fondo. Cuando todo se ha perdido nos encontramos a nosotros mismos. Comprendí al instante que ella no había perdido el tiempo y que. es mi piel. Quiso saber qué habíamos hecho aquellos días con Poli. mientras bailaba con Pieretto. -Estaba borracho y se sintió mal.le temblaba la voz. Cuando empecé a hablar del encuentro.le dije -. ni siquiera baila ya conmigo. ¿verdad? -preguntó jadeante -. antes de eso . partiendo el pan. parecía algo borracho. Eligió una sola vez hace millones de años cuando gritó el primer ¡viva! -Hay una inocencia . Poli. Pieretto y Poli confabulaban.dijo ella . Ayer creí morirme. Vivimos al día. con un gesto rápido. -Un borracho es un borracho .dijo Poli -. ¿sabe? No dejó mi brazo ni siquiera al entrar cuando levanté la cortina de colgajos tintineantes. que fumaba en el quicio de la puerta: -Oreste conoce a Poli desde que eran chicos.

Me vino la idea.le decía a Pieretto . Para lavar un barril o cortar la leña estudian aún la luna. De mi infancia no me quedaba otra cosa que el verano.balbuceaba él. y no tanto en las palabras como en la voz y el apretón del brazo. Pieretto movió varias veces la cabeza y dijo: «No». Yo pensaba en Oreste. Cuando amenaza el granizo extienden dos cadenas. El campesino de hoy sabe hacer negocios mejor que tú. me detenía en las callecitas del pueblo. Los campesinos no saben lo que es la gasolina. costeas las viñas. sólo recuperarme un poco.y pagan la contribución -añadía Pieretto-. testarudo -.dije al llegar a la esquina. porque en coche se atraviesa. de callecitas con los soportales bajos y rajas de cielo altísimas. VI Los dejamos en la puerta del hotel. -. de atravesar las colinas. sí. En la ciudad no saben estar. ves todo. en el desorden.vas verdaderamente por el campo.sí. Me pareció tranquila. -Sí. Es la misma diferencia que existe entre mirar el agua o arrojarte dentro.» Pieretto reía en la oscuridad y me decía que hoy se encuentra gasolina por todo el mundo.. hacia el mar. -Hasta la vista . Yo pensaba en la conversación de poco antes. No envidiaba los coches. Cuando nos levantamos para marchar la miré de reojo. en los sollozos de Rosalba. Conocía esa clase de aldeas amontonadas en el campo. pero no se conoce una tierra. En mi cansancio me era fácil no pensar en la noche. ni a Rosalba ni a ninguno de nosotros. Guadaña y azada son esenciales para ellos.interrumpió Pieretto ... pero viven de modo distinto.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 15 -Pues yo te digo . entre el remolino de los muchachos y del polvo. acompañado de Pie-retro.. adormilada. llegado quién sabe de donde y que atravesaba el pueblo por la calle principal para desaparecer quién sabe hacia donde. Atravesé con Pieretto los jardines. y hundiéndome en aquel cielo que había soñado en el duermevela bajo la luz fresca. tomas los senderos. callaba. un vagabundo. Oí a mi madre agitarse en el pasillo y retrasaba el momento del encuentro. Las estrechas calles que desembocaban en los campos por todas partes. ¿Te persuades de que el estado ideal del hombre es la debilidad? ¿Cómo puedes sentir algún alivio si antes no te precipitas? Rolsalba seguía comiendo cerezas. miraba hacia arriba. regala un coche a uno de ellos. Gran maravilla era un coche ruidoso. Los ojos me hacían daño de cansancio. -No es cierto -saltaba yo-. Él reía con malicia. que estudiaba para médico: 15 Librodot . eran las cancelas de la vida y del mundo. Yo los he visto. Y trillan con máquinas y dan sulfato a las viñas. Y lo más seguro es que no te invite a subir ni a ti. Fui a casa y me arrojé sobre la cama. un pueblo en la llanura. yo pensaba en Oreste. Conocía también el huerto de verano de la casa de los viejos adonde mis padres me enviaban cuando era chico. -Yo busco esa clase de inocencia . en la oscuridad de mi cuarto. cuanto más la conozco más me convenzo de que soy un vil y de que soy sólo un hombre. «A pie . No quería dormir. Mejor un pordiosero. de día y de noche. Ya verás cómo corre. -Se sirven de ello . hacia qué nuevas ciudades.que si te has olvidado de la hora esta noche es porque habías perdido la posibilidad de elegir. entre acequias y cercados de árboles. con la mochila a la espalda.grité en voz baja . No hablamos. El reverbero del sol en los escaparates me hería los ojos. es cierto. bajo la escuálida luz de la mañana perdida.

dijo Pieretto -. no tardará. -Está a punto de llegar el viejo -dijo vuelto a nosotros-. Para él la noche tiene otro sentido. podía. Sudamos discutiendo en el restaurante con Oreste. Le van a hacer una transfusión de sangre. pero alguien estaba ya dispuesto a sustituirlo por otra arma más adecuada. Hablamos durante toda la noche. su destino dependía de la vida de Poli y de la llegada del padre de él. detener las indagaciones y hacer callar a todo el mundo. había telefoneado ya dos veces a sus amigos enfermeros para adquirir noticias. -Canalla. -Estoy con Oreste . hacía dos días que estaba fuera de casa. decía de las suyas. -Hemos estado juntos hasta hace media hora. que aquella historia no había acabado. Era Pieretto. a los camareros que corrían. ven cuanto antes. en madreperla. Aquella noche paseé con Pieretto. gritaba: « ¡Matadme! ¿Por qué no me matáis a mí también?» Tanto había gritado que habían tenido que encerrarla en el baño. Poli no se vuelve a mirar a una mujer. Se la oía desde el bar. -Se lo ha buscado . pues resulta que después no se puede corresponder con ellos. El timbre del teléfono interrumpió mi duermevela. sobre todo si el que conduce está borracho. no gustándole el escándalo. Poli. quería saber si lo había visto. Pensé que también Rosalba y Poli se lo habrían dado y si Rosalba no era demasiado vieja para desnudarse. -Ella le ha disparado por rabia . -Estoy estudiando. tanto en el hospital como en el hotel. Menos mal. -Potencia del dinero . Creí que sería Rosalba. antes del hecho. con dos palabras. Una mujer puede aceptar todo menos que al hombre le ataque una crisis de conciencia. Mi padre dijo que un neumático puede provocar una desgracia.chilló ella riendo. Luego añadió que no había que aprovecharse de los amigos. -Tenía que suceder . Con él te puedes pagar un delito o una agonía. Rosalba estaba encerrada en su habitación. -¿Cuándo ha sido? -pregunté. Ahora. Era la hermana de Pieretto. Tiene más ciencia que nosotros.dijo Pieretto -. Le conté que por la mañana Rosalba me había preguntado por Poli. Le dijimos que el culpable era Poli. debía de haber tomado algún estupefaciente porque reía desde la cama beatíficamente. tú mismo lo has dicho.dije -.: aquellos dos se han dado un balazo. pero sabe controlarse. para recuperarme.dijo Oreste -.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 16 -Ahí tienes a un campesino que vive en la ciudad . Hacia el atardecer sonó el teléfono. Poli estaba moribundo. hombre. -Para no preocuparla no le dije nada de lo sucedido. el revólver de Rosalba. que habíamos pasado la noche con ellos y que Poli trataba a la mujer con desprecio y grosería.dijo . un juguete de señora. Oreste telefoneó de nuevo. pero antes.. -Quien duerme no peca . -Yo me vuelvo al hospital . El gruñía. 16 Librodot . que merece la pena . me di un baño. ¿Sabes lo que me dijo ella esta noche? Que a pesar de su juventud.-¿Y quién habla de dormir? En la mesa conté que habíamos tenido un pinchazo.insistió . Él venía del hospital. Decidí estudiar por la tarde.dijo Oreste -. ¡Vete a saber la porquería que hay debajo! Había sido a media tarde. Rosalba. tenía una bala en el costado que le rozaba un pulmón. -Ven. A lo mejor conoce a Rosalba. Una Rosalba como ésa parece hecha a propósito. esperaban instrucciones de Milán. Estaba exhausto de agitación y de sueño. Éste era un hombre que. Estaba sí.dijo Pieretto -. Me llamaron. ¿se puede saber dónde habéis dormido? -No hemos dormido. Gritaba ya desde hacía rato.

gobernaba la barca mientras yo nadaba. VII Aquel verano iba a menudo al Po. sonriendo.» Yo no fui. -Éste es el mundo de los Poli . un hálito fresco de raíces. cuando empecé a tomar gusto al aire libre y comprendí que el placer del agua y de la tierra continúa más allá de la infancia. que tanto la coca como la libre elección me parecían unas animaladas.dijo -. parecía un niño atemorizado a punto de echarse a llorar. Ahora lee a Nino Salvaneschi. Al cabo de una o dos horas. nos había tocado un caso bonito. más allá de un huerto o de un frutal. y el hombre. Esta clase de noticias gustaban a Pieretto y Oreste lo sabía. Pieretto fue a verlo: «Es siempre el mismo. Pero no jugaban aquellos hombres que recogían la arena con el agua a las rodillas: izaban. Habló con el viejo comendador y se dio a conocer.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 17 -A mí me preguntó qué hacíamos en la colina. Pieretto. lo que habían hablado no se sabía. ellos habían hecho ya dos o tres viajes. Hacía turnos a la cabecera de la cama de Poli como un enfermero. Remontábamos la corriente bajo los puentes a fuerza de remar. Y 17 Librodot . que entraba en los ojos y los lavaba. -No lo creerás. la gobernaba lentamente con una pértiga. delgado y ennegrecido. Se burlaba de todo y de todos. de la cosecha y de la siembra como si verdaderamente entendiera. Finalmente llegó la noticia de que Poli se salvaría. con un chaleco sobre el torso desnudo. -Yo no busco imprevistos. pensaba yo aquellas mañanas. Poli seguía al día siguiente entre la vida y la muerte. Fue. el cerdo lo hacía de todos modos. dijo que tanto si moría como si no. A pesar de estar ya en el mes de junio. Descargaba su arena en la ciudad. sobre las tablas de aquella barca. Iba casi siempre solo porque a aquella hora Pieretto dormía. La vida. aún oscura. ¡Pobre Oreste ! Estuvo a punto de perder el curso. Le estaba bien lo sucedido. jadeando. . fumando la primera pipa. a flor de agua.¡Pero si no haces otra cosa que pensar noche y día en cómo salir de la jaula! ¿Por qué crees que vamos al otro lado del Po? Sólo que te equivocas. Pero cuando yo dejaba el río. y las arrojaban a la barcaza. pero ¿qué es lo que buscamos por las calles cada noche? Algo que rompa la monotonía. en un café. Según Oreste. Son cosas que una mujer comprende. la barcaza descendía llena. en un tranvía. Llegaba al hospital guiando el coche verde de Poli. Convéncete. Lo remontaban a grupos. bajo el sol cada vez más alto. Una hora o dos por la mañana. Hablamos aún durante unos días de todo ello y luego Oreste nos dijo que lo habían enviado al mar en coche-cama. entre márgenes y árboles. es como un juego bajo el sol.decía el cirujano a sus ayudantes. -Ha sido un accidente . La colina era bonita al volver. Dijo que éste hablaba del campo. Le dije que. para salir. -Hubiera preferido que hiciera el cerdo. paladas de barro. ahora que no se drogaba y que su padre lo cuidaba. ¿no? -Quisiera oírte si te hubiera tocado a ti. pasados los puentes. Le hicieron unas cuantas transfusiones más de sangre y sudaba en la cama. El viejo había visto a Rosalba. Me gustaba sudar remando para luego arrojarme al agua fría. a lo largo de la ribera amurallada. en aquella hora le velaba una neblina húmeda. y volvía a remontar el río. a un lado de la colina. pero a ella la habían encerrado en un convento de monjas y no se hablaba del homicidio. para mí. Si venía él. Era él quien enviaba por la mañana a dormir a Oreste. las cosas más imprevistas suceden en una habitación de Turín.

Eso sería como el purgatorio. -No hay nada que sepa tanto a muerte . Yo no soy como Oreste. -Es decir. como la de un tronco o un animal de los bosques.refunfuñé. alegre e íntima. Las pocas veces que lo había visto bromeaban él y el hijo. barracas cerca del río. saltaban al agua. no somos bastante animales. el peso vivo de la corriente me hubieran infundido una virtud. Siempre de los otros. Tenía a la familia allí pero él iba de aquí para allá. que cuando le oía aquellas salidas se encogía de hombros y se echaba a reír. de Oreste y mía. La Naturaleza es la muerte. Le dan miedo. cuando empezaba nuestra vida nocturna y aquéllos volvían a sus casas..se convertiría en un animal. -¿Qué tiene que ver en eso el purgatorio? -pregunté. desde donde el viejo vigilaba ciertos trabajos de restauración.. No puede sufrirlos y reñía con ellos porque tenía terror a que pudiera hacerme cura o fraile. A eso me refiero al dulce egoísmo que engorda. O en la taberna se echaban un trago. -¿Y quién te acusa? Nadie tiene la culpa de haber nacido. descansaba... Nosotros vamos en barca fumando en pipa. se cocían al sol.. «Mi padre . los había finalmente colocado en un convento y dejado a madre e hija con las monjas. ésos sólo trabajan. de egoísmo. plantas y animales no les importa nada. también ellos veían el sol y la colina.. -No tienes más que mirar a los areneros. de la naturaleza exuberante. detrás de su padre. Fue él quien el año anterior había dicho: «¿Qué diablos hacéis con el Po? ¿Por qué no vamos?» Así había roto aquella timidez nuestra. pisos populares.dijo -. una fuerza ciega. de forma que me callaba y seguía manejando la pagaya. hablaban 18 Librodot . -No hay otro modo de explicar la Naturaleza . un alma en pena. Pensaba en ello especialmente durante la noche.» Ahora el viejo. se daban consejos. Pieretto reía. Cada palabra que sabe a campo me toca de cerca y me sacude. Era como si el sol.contestó -. un gigante con la camisa abierta. Todo vive y se consume por sí mismo. También Pieretto. arquitecto sin paz ni sosiego que plantaba y levantaba a capricho el campo y la familia. mi sangre permanecía fresca durante todo el día vigorizada por el contacto con el río. -Ésos no . así como así. ¿Acaso es mía la culpa? .como el sol del verano. La culpa es de los otros. -¡Quién sabe lo que es un verdadero animal! Un pez. mientras ellos vivían con los frailes en una celda. descargaban.nunca ha sabido manejar a los curas. la orilla. No conseguía.decía Pieretto . Cuando sudaba remando. hablaba. Un animal de salud y de fuerza. Antes había vivido en varias ciudades. También él se bebía con los ojos el agua goteante. Y era también lo que más irritaba de Pieretto. Descendiendo hacia Turín. mientras estudiaba. un mirlo.continuó . cuando venía conmigo. aquellos hombres subían y bajaban por el río. de la gran luz. las villas y las manchas de los árboles lejanos se recortaban en el aire. Era esta una vieja conversación. se había calmado y se contentaba con Turín.. en Puglia.. arrastrados por la corriente. Pieretto hacía pocos años que estaba en Turín. encontrar las palabras justas para responderle. En cierta ocasión. una lagartija. O no es nada. mientras daba vueltas por la ciudad. gozaba de la mañana. Hay quien dice que en el interior de cada bestia hay un alma.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 18 durante todo el día.decía Pieretto . o las almas están dentro. -Si uno hiciera todos los días esta vida . lavados los ojos por el sol y el agua. nos secábamos boca arriba y la colina. a lo mejor una ardilla. Tú hueles el aire y sientes el bosque y te das cuenta de que a los árboles. Cierto. que no hacíamos una cosa simplemente porque no la habíamos hecho nunca. y se tumbaban a dormir.

Ellos lo saben mejor que nosotros. imaginaba cosas nuevas. La conocía. -Ésos se han equivocado. -Tú estabas mejor en el convento . ni una cara conocida por las calles. de los pescadores. -Es como viajar en moto . que iría conmigo al río el próximo sábado. disfrutaba lo mío. La vieja tienda . no comportarse como un atleta. de los establecimientos balnearios. Claro que se divertían mucho pero también volverían. me tostaba al sol. aquella manera demasiado libre no me gustaba. al mediodía hacia las dos. La más bonita. no escrutar el horizonte o la colina. y remaba y fumaba en pipa. en los cafés.decía el viejo -. Una cosa que hacía a menudo era sorprender alguna mujer en la ventana. Como si un fraile fuera en moto. aburrida. Pero existía el viejo proyecto de ir al pueblo de Oreste. feliz. La hora de más inquietud era la noche y eso se comprende. de Moncalieri. Mientras. Yo sabía que un día u otro conocería alguna y que algo sucedería. gritaban desde las barcas. me imaginaba los ojos. mira cómo engordan los frailes. No saben estar en compañía. hasta los areneros levantaban la cabeza y reían. Me preguntó si iba a bailar. era dependienta en una librería. entre las bañistas bronceadas y semidesnudas. huesuda y miope. son gente triste. los hombros. Más que del río. Se la quitó dándome la espalda y riendo. y el padre parecía un nuestro e inútil coetáneo. -Historias . En el fondo.Resina -. Tenía un contrato y Pieretto iría allí a bañarse. Se está bien allí donde se tiene el alma en paz. un primitivo. La religión es como una tienda vieja. pero se cuidaba las manos y tenía cierto aire lánguido. Luego se tumbó sobre los cojines de la barca quejándose del sol y contemplándome remar. No envidiaba para nada a mis dos socios. pues Pieretto me había viciado. Ahora un santo es como un fraile que va en moto. -Los hay también delgados. Oreste y yo. Fue mientras yo miraba unos libros cuando ella me preguntó dónde tomaba el sol. pero no hubo nada de estupendo ni de nuevo. ¿quién puede creerlo? El viejo lo miró con sospecha. las piernas. También al Po venían chicas. Llevaba conmigo aquel pequeño placer. La hermana se fue por aquellos días y él quería que fuéramos nosotros. Con los ojos entrecerrados parecía 19 Librodot . una mujer estupenda. ella hablaba de piscinas. -¿Y qué hay de malo en ello? -Nada .le decía Pieretto -porque vivías como un soltero. Nunca hubiera pensado que aquel principio de verano en la ciudad podía gustarme tanto. pensaba en los días pasados. de pie sobre la barca. una habitación. Llevé una chica al río hacia finales de julio. absorta como sólo las mujeres saben estar. a la orilla del Sagone. Me preguntaba si la gente como Poli hubiera gustado de aquel placer y comprendido mi vida. Prometió. un trozo de espejo. colocando el remo verticalmente. En mi casa los excesos no gustaban y el Po me disculpaba de ir al mar. yo paseaba por las mañanas. Aquel año el viejo trabajaba en Génova. Al pasar levantaba la cabeza y entreveía un interior. Cambiamos algunas palabras acerca del calor. cuando las calles vacías no contenían más que una raya de cielo. esperando que ellos volvieran para luego echarnos el saco a la espalda y emprender el camino hacia el campo.decía Pieretto -. Sin los amigos. para ver un poco de gente.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 19 como yo no sabía que se pudiera hablar a un padre. que a aquella hora vivían en las playas. Se llamaba Teresina .dijo el viejo irritado -. Era difícil en el agua.dije yo. -Un anacronismo . Y si no. Decidí permanecer solo en Turín.contestó su hijo -. Fea señal ser santo. Llegó con un trajecito de baño blanco debajo de la falda. iba en barca.

pero Pieretto rebatía que no. Una chica. Y. de la piscina. El año anterior había ido yo con Pieretto y su hermana. Retorciéndose. no me lo imaginaba.» Era bajo de estatura.hay que pasar por estúpido. miró a los otros bañistas y tomó gaseosa con una caña. No estaba muy seguro de lo que buscaba en ellas. me dio pena. no eran feas. Bajo el sol. Reía apoyando su nuca en mis labios. que en vez de presumir con Pieretto de una gran aventura. del pacto implícito en el juego. «No sé qué encuentra . Me aburría. ofendía aquel lugar. enrojecidas. me besó en la boca. Él había escapado a su pueblo. Decía: «Esta noche al casino a jugar. no había duda que él era el más atrayente. Frente a Oreste. no es suficiente . no tenía preferencias. con el pelo ensortijado y de piel oscura. arriba. para él era lo mismo. ante todo.decía Pieretto -. Parecía nacido para arrancar la chica a cualquiera. aquel perfume y nuestros cuerpos desentonaban. ni siquiera en la playa conquistaba una chica. no. Ella no se bañó porque se había untado con aceite y olía a toilette. no das tiempo a que te conozcan.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 20 distraída. sobre la hierba. canalla? ¡Eso está prohibido! » Continuó riendo con aquellos ojos pequeñitos y me dijo por qué no me daba también aceite. quiere saber con quién se juega el tipo. las ahogaba prácticamente. sí.decía -. feliz. es necesario ser estúpido. No se equivocaba. No sabiendo un dialecto. Sabía lo que hacía. «Para gustar a las mujeres . mejillas secas. grueso y huesudo. adonde ella no llegaba. Quiero decir. pero con las mujeres no tenía suerte. encontraba siempre el punto de menor resistencia y. o de una vieja que alquilaba habitaciones. Figones o grandes hoteles. Ella se apartó y dijo: « ¡No. se volvía insolente. buscaba una playa nueva. Sabía de antemano la respuesta: -Una mañana. pero no Oreste. luego perdía la paciencia. hablaba todos. fracasaba. pero durante el invierno Oreste nos disuadió de ello porque decía que era mejor pasar un mes entre las viñas que en la carretera. Le puse los cojines sobre las piedras y me dijo que cogiera la botellita de aceite y le untara la espalda. Las atontaba a palabrería. Un cuerpo desnudo no es bonito al aire libre. En realidad estaba mucho mejor solo y tampoco era la primera chica que me desilusionaba. Él no era un tipo calmo y ya el año anterior. no.pasaba la noche jugando en elcasino. Las piernas largas. date aceite ! » No pasó de unos cuantos besos. sin embargo. No sé por qué. Le pregunté : « ¿Por qué te has dado tanto aceite?» Y ella. Detuve la barca bajo los árboles y me arrojé al agua. pero una noche. Cuando salí del agua goteando me dijo que nadaba muy bien y se puso a pasear por la orilla. y a mí. Acepté acompañarla a una piscina en donde Resina. Pasado el primer despecho me alegré que todo terminara allí. tanto si reía como si le guiñaba el ojo. Arrodillado le froté con los dedos y reía y me decía que fuera bueno. A Oreste. cada mañana. nariz contra nariz: « ¿Qué quieres hacer.» «No es cierto. La apreté cuerpo contra cuerpo.le consolaba yo . Son cosas que se hacen en una habitación de la ciudad.le decía -. metía las narices en todos los sitios y hacía amistades de una punta a otra de la costa. en el mar con Pieretto.» Y ya se tratase del bañero. le diría que no hay mujer que valga una mañana de agua y de sol. del dueño. Daba risa verlo.» Así había nacido el proyecto de ir a pie. aunque aceptó el ir detrás de las matas. en lo alto de las colinas.» 20 Librodot . VIII No volví a verla porque me fastidiaba la historia del aceite. «Te agitas demasiado . su manera de ser con ellas era del todo inútil. tendremos que ir nosotros.

Él. Terminada la temporada de baños. Luego descubría lugares nuevos. decía que hay demasiada gente que cree que las nubes y el horizonte marino son puros y salvajes. Precisamente a ella con este discurso. Debían de gritar algo que nosotros no oímos. la hermana y una amiga. De encontrarla en el paseo nos hubiéramos vuelto a mirarla. grande e inaferrable. -¡Cállate! . le hacía frente. terrazas. Tenía. además. -Aquí tienes las mujeres y aquí tienes el baño . Añoraba ciertas madrugadas antelucanas y el paseo furtivo a lo largo del mar bajo la tibieza de las últimas 21 Librodot . se puso a hablar de la sangre. El burgués que se casa y pretende una virgen. A veces. empequeñecidas por la distancia. una muchacha bien hecha. persona imprevista y violenta. con el pelo sobre los ojos. Pero el susurro del mar. -Se hace el amor para herir. Pieretto levantó una mano hacia el sol y lanzó un gran grito. sosteniendo.explicó -. La soledad en el campo da sed de sangre. Pieretto entretenía a la hermana y a la amiga. qué preciosidad. contemplaba una piedra grande como el puño que. -¿Por qué? . Decía que la vieja pretensión del hombre de encontrar una mujer intacta era un residuo del mismo gusto. y el padre. Luego estaban Linda y sus amigas. dijo que el gusto de lo intacto y de lo salvaje es esparcir la sangre. sentido -ensenadas. a pie.comentó Linda. las únicas amistades que había hecho eran el dueño de cualquier garito y algún viejo jubilado. Para llegar hasta ellas tuvimos que nadar. parecía una enorme montaña. no me decía gran cosa.dijo él. de un gato. el mar. -Estáis frescos . entonces. debió de cubrir la voz. Con Linda paseaban de bracete. Linda.preguntó él -. Entonces arrojamos piedras.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 21 Íbamos por la carretera de la costa. que arriba apenas llegaba. de los trozos de periódico que se encuentran en las playas desiertas. Él decía que en el mundo no hay un solo rincón virgen. luego me tendí bajo el peso del sol a quemarme. se estiró al sol y propuso una nadada. caminitos.me dijo. eso sí. pero sostenía que podía sufrir el frecuentar en la ciudad a quien la había visto desnuda en la playa.» Carlota. -Y se va al monte a cazar por el mismo motivo. Todos esperamos que nos toque al menos una vez. sobre el mar. desde bañarse desnudos. gente nueva y todo cambiaba. más adulta que nosotros. de un niño. -Bajemos . olivare -. Linda se levantó. En el fondo. desde la roca donde estaba.dije. de bruces sobre una roca. le dijo que callase. se desnudaban Linda y Carlota. Recuerdo que comimos melocotones. Carlota era una chica que decía sencillamente: «Madre mía. mirando la espuma que corría por la arena. buscando cierta playita. Ahora pensaba en Oreste y en que era el primer año que él veía el mar. No comprendía la broma y reía resentida. Pieretto no hacía caso de esas cosas. Desde aquel día no se vio más a la bella Carlota en los lugares intactos. haber maniobrado en ventaja suya. Me gustaban los lugares que tenían forma. para esparcir sangre . Las chicas alzaron la cabeza y se movieron.» Ir lo decía del mar. Allá abajo. «La estlpida manía de llegar el primero. -La ha traído Linda para ti. Estaba seguro de que Pieretto no lo dejaría dormir y los sabía capaces de todo. Hablaban de los huesos. -Nos esperan . Estas son las cosas que me gustan. De aquella playita escondida me acordé durante mucho tiempo.gritó Carlota. Era así como Pieretto se jugaba las chicas. contra el cielo. Jugamos con las chicas sobre los escollos y entre las salpicaduras del agua. quiere sentir esa satisfacción. varios amigos para la playa y para el baile.

no se vuelve.dijo -. ¡Bendito de usted que no se ha movido aún de aquí! Hablamos de los otros dos. Pensaba en ello todavía cuando ya el tren corría ligero entre escarpados abruptos donde había que mirar hacia el alto para ver el cielo. llevándole en la barca sobre el Po. sus amigos le esperan en un pueblo que no sé cómo se llama.suspiró. un mar de valles y barrancos que hacía daño a los ojos. que trabajaba en una oficina y me telefoneó a principios de agosto. -Viejo se nace . nuevas cuestas. Arrojé la maleta al carro y. al paso lento de los bueyes. Le dije un nombre . pero aquellos ojos guiñando en el rostro oscuro me hicieron callar. Este año tenía mis propios amigos. subir. Es una costumbre de la playa. En cambio. y. Respiraba ahora un olor de aire y de higos y me pareció sentir la brisa marina. los ojos llenos de lomas calcinadas. Llegamos arriba por entre viñedos y rastrojos secos. Y con los años empeoramos. ocas. Hasta que decimos basta. como se suele reír con los muchachos. ni él ni Pieretto volvieron por Turín. eso no es como hacer una casa.contesté con una mueca -. También esta vez me habló riendo. Era allí. Ella se dio cuenta y me hizo una mueca. ¡De las suyas! -Soltamos una al día .dijo -. pero hubiera pagado por oírle decir. IX La casa de Oreste era como una terraza rosácea y áspera y dominaba. La miraba de soslayo. A medida que las vertientes se ensanchaban a mis pies.. Respiré 22 Librodot . una llanura que conocía. Pregunté al carretero quién había plantado tantas vides y si bastaban los brazos para trabajarlas. La encontré antes de cenar delante de un café. nuevas viñas. También a mí me sucede. Entre bochorno y polvo me encontré en la placita de la estación. Volvió Linda.. Yo los he dejado chapotear en el agua. espejos de agua. desde la ventanilla. Un grueso carretero me mostró el camino. Había corrido durante toda la mañana por la llanura.sentencié -. -¿Me invita a un vermut? -me dijo-. prados. hablaba intentando saber quién era yo. si aquel mundo le convenía.las colinas de Oreste.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 22 estrellas.me dijo -. subimos a la misma marcha. Dijo: -Las viñas han estado siempre. -Óigame bien . -Ésta es una de las salidas de Pieretto . Podemos vernos y le daré las instrucciones. no volveré a tener vuestros veinte años. -¡Qué rabia da volver en agosto! . distinguía nuevos pueblos. Debía subir. Estaba tan bronceada que al principio no la reconocí. Somos tremendos. porque el pueblo estaba arriba. son ya bastante grandes. Bajo el murallón que sostenía el pueblo estuve a punto de decirle qué idea habían tenido de plantar las casas allá arriba. Aquellos dos se habían ido directamente. -¿Qué hace la bella Carlota? Ella rió abiertamente. Él me miró con curiosidad. -No sé lo que habrán hecho . Todos somos así en la familia. -A veces. gente ya hecha. había visto las herrumbrosas arboledas de mi infancia. Estaba seguro de que Oreste no necesitaba condimento alguno para disfrutar de sus vacaciones. pero tampoco soy vieja. No le llevé la contraria. demasiado para vosotros. en la gran luz. Pieretto abusa.gritó -. -De acuerdo . sentándose y cruzando las piernas-.

me hizo entrar en una estancia a la sombra (cuando abrió las ventanas me di cuenta de que era un salón con porcelanas y cuadros. se informó de mi viaje. Llamé con la aldaba de bronce. Se sentó ella también y me entretuvo con la sonrisa de superioridad de Oreste entre los labios.dijo -. y tenía un rosáceo color jaspeado. Mi cuñada quiere hablar con el párroco. Me dieron palmadas en la espalda. había deshojado un almanaque y viejos libros de escuela en el despacho del padre.dijo el hombre de los bigotes . me di cuenta apenas desemboqué en la plaza y el carretero me indicó la casa. Estaba sudando y fui derecho hacia los tres escalones de la puerta. Pero las mujeres pierden la cabeza. viejas campesinas sentadas. no hable de ello. que ese alguien lo lleva en la sangre y ningún otro lo sabe. niñas. La madre de Oreste. Por todos los sitios aparecían mujeres. me acogió agitada. fundas en los muebles. finalmente abrieron. Pensé en los lugares que hay en el mundo y que pertenecen a alguien. Procedí con cautela y le dejé hablar. que debían decirle quién sabe el qué. -Lo mismo dice su padre -. quieren creer..dijo -. me preguntó si quería café. viejas.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 23 con fuerza y dije: . se informó. eso espanta a las moscas. sobre el mirador de las murallas. Se olía a pan y a fruta. ¡Dentro de un convento! ¡Hay que ver! Llegaron Oreste y Pieretto. Volví a llamar con la mano. eso es todo. Llevaba bigotes y me encendió el cigarrillo y me habló de muchas cosas. áspero en aquella luz. ¿aún no lo han conocido? -Para mí. -Eso se dice por decir. para Oreste. -¿Se lo ha dicho Oreste? -Ya sabe lo que ocurre . que los había visto trabajar y eso que ni él ni su padre eran creyentes-. si mi padre poseía tierras. después de todo era posible eso también. nos lavábamos en un barreño.Y cerró las persianas -. Ni Oreste ni su amigo estaban en casa. que había nacido y crecido allí. habla del seminario y de las reglas. ¿Quiere refrescarse un poco? Cuando llegaron ellos yo conocía ya toda la casa. que se comía dentro de una hora y que todos los amigos de Oreste eran buenos: no iban juntos a estudiar? Luego se levantó y dijo: -Hace viento. que a causa de ello había llegado a comprender a los curas. criadas. Mientras esperaba miraba a mi alrededor: el revoque. bajado a la cocina. Había ya salido al mirador. . A la cabecera se colocó 23 Librodot . Se divierte. adonde éste entró luego vociferando.y flores de judías y calabazas. eran lugares familiares. ha estudiado. -Me gusta. tendrán que dormir juntos. Nuestra habitación daba al vacío. pero yo lo conocía por las fotografías del salón. el gran silencio meridiano. Estaban negros y famélicos y fuimos a la mesa en seguida. era una verdadera villita descolorida por las hiedras y el viento. despechugados. pedí excusas por haber llegado a aquella hora. En el estrépito del carro que se alejaba pensé que aquéllos. .son todo historias para pasar el rato. por favor. Vi un jardín lleno de dalias.¡Qué aire más rico! El pueblo era una calle llena de piedras a cuyos lados se abrían patios y alguna villa con balcones. clavelillos y geranios . Me dijo que esperara. las mujeres creen estas cosas. si había estudiado para cura como mi amigo. Me respondió una mujer a través de las persianas. salpicando los ladrillos rojos. La casa de Oreste estaba en un rincón de la plaza. que los hombres volverían pronto. refunfuñó. Le conté entonces cómo había estado Pieretto en el convento. Entre las casas se veían ángulos frescos. un biombo de bambú. me gusta mucho .. Usted perdonará. escaleras. -No haga caso si se moja el suelo. un manojo de hierba sobre la terraza contra el cielo.dominaban los colores escarlata y amarillo . una mujerona con el delantal de cocina. se habla. Pieretto sabe mucho de curas. Quería saber si yo también venía de la playa. sobre las colinas lejanas. Me dijo que Oreste regresaría en seguida. jarrones de flores). Exclamó. Porque allá arriba tiraba el viento incluso a aquella hora. Pero. gallineros. las mujeres trabajaban en el hogar sobre el fuego crepitante.

Es una moda como la de los baños de mar.dije yo. Cuando está en el baile cree hallarse en el mar. Continuamos comiendo con apetito y la conversación siguió. es bonito dárselo fuera. los tres a la tórrida habitación. -No se va por el sol . De no haber sido porque íbamos juntos y su conducta se convertía en la mía. hermanitas. cara en el blanco barreño y le dije a Oreste: -¿Hasta cuándo dura la fiesta? -¿Qué fiesta? -La del engorde. -Hay que ver cómo es la gente .. Tendrían que dejarlos solos.les dije -. ahora que todo el mundo tiene baño en casa. Para reanimarme me lavé la. Sería una indecencia. no iban más que los enfermos. -dijo Pieretto. pero que a la Riviera. Subimos. y se tumbó en la cama. cuestiones de trabajo. -Bonita broma . -Desnudos .gritó la vieja. no cesaba de llenarme el vaso. murmuraciones del pueblo.hay establecimientos balnearios? -¡Ya lo creo! -dijo Oreste -. Nos levantamos de la mesa entorpecidos y adormilados. Oreste se reía en la luz rasgada de las persianas cerradas.Oreste me miraba contento. Conocí a la víctima de Pieretto. El padre dejó que terminara y luego dijo que sol había en abundancia en todos los lados. Parecía que Pieretto estaba advertido: comía y callaba. pero apenas Pieretto abría la boca. En cambio.preguntó solícita la madre . hemos venido aquí para eso. la atmósfera se caldeaba. -Vaya a dormir. Las niñas bromeaban. Se había quitado la camisa y me enseñó los músculos negros y rotundos. pero que vayan muchachas es una vergüenza. ¿No teníamos que venir a pie? Oreste se encogió de hombros. Las mujeres no me dejaron un momento el plato vacío y el padre. La vieja Justina gruñó al fondo. 24 Librodot . Las niñas escuchaban con atención. No entendió y lanzó a su alrededor una ojeada cómica. -No querrá que bailen entre hombres .saltó Pieretto -. la cuñada Luisa. con los dedos. le hice seña del que camina. -No tiene sentido.dijo Pieretto -. Y se canta y se baila. -Comprendo los hombres . No sucedió nada.dijo Pieretto -.dijo con desprecio -. la moda sólo era para las novias. Se aludió a la Virgen de agosto. Hablamos de los baños de Oreste. -Ya te hartarás de ir por campos y viñedos . le reían los ojos. Yo dije que había ido al Po a tomar el sol y que el río estaba 1 lleno de bañistas. -Para ver a tu prójimo desnudo como tú mismo. -Habla por ti.' una vieja rubicunda sentada al otro lado de la mesa. -¿Por qué se va? -preguntó Oreste.sentenció Pieretto. las mujeres iban y venían. de tierras.me dijo -. ni siquiera por el agua.dijo. -Si llegas a venir a pie. Yo observaba a todos. Aquí se come una viña por vez. viejas tías.dijo el padre En mis tiempos. Le amenacé con la mano y luego. Una hermanita de Oreste puso un gesto de estupor y se llevó las manos a la boca. El padre no había comprendido. que hace calor me dijeron. -Oreste ha tomado gusto a tocar y a bailar . Le explicamos el proyecto que teníamos de ir a pie desde Turín. que has estado . -Pero es bonito ir a pie cuando todos van en tren .Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 24 el padre. . era feliz viéndome en su casa. Creía que ya estaba aburrido de estar en la mesa. -¿También en el Po . en su tiempo. para eso hay un tren . se burlaban de ella y hablaban de ciertas flores para el altar que el sacristán había puesto en el agua bendita. a mi lado.dijo Pieretto -. -Se está bien . A veces eran cosas de ellos. Aún lo huele cuando ve una chica.. hubiera podido divertirme.dijo el padre. -Más indecencia es una chica que se desnuda al aire libre .

bajé la escalera de piedra y fui a la cocina. . El objeto era atezarse las ingles. desde donde salía un rumor sordo. Aparté un poco el cinturón de los pantalones y mostré una faja de vientre pálido.dijo Pieretto. Contempla hoy el panorama. hasta una grieta escabrosa llena de acacias. Se descendía a través de viñedos. un hilo de agua formaba varios estanques sucesivos. X Fuimos al día siguiente. Me sonrieron diciéndome que estaban preparando la cena. -¿Y qué haremos durante todo el agosto? refunfuñé. en una tinaja. Dije a Pieretto: -Has escandalizado a las mujeres de esta casa. Luego subían a comer.¡Qué pueblo! . Una vieja. mañana será distinto. -¿Tan pronto? . -Estáis contentos . desnudos como culebras. eso sí que parece un mar.dijo Oreste.me ofreció Oreste. Encontré a una hermanita y a la mamá de Oreste que. -¿Quieres fumar una pipa? . Para quedarse en cueros hay que meterse bajo tierra. Salían de casa hacia mediodía y estaban en aquel lugar una o dos horas. Vendrás al pantano con nosotros. Aquél era su juego. El primer día que se llega a un sitio es difícil dormir. entre campos de maíz. aunque todos vayan a echar la siesta. ¿qué más quieres? . Terminarán por arrojarte de aquí. pero sea entre hombres. Me quité la camiseta por encima de la cabeza. Ellos gritaron: -¡Infame! ¡Él también! ¡Comprendido! -Estás señalado . uno de los cuales se hallaba al fondo del manantial. Mientras la casa se adormilaba y en todas las habitaciones zumbaban las moscas. -¿Qué os pasa? ¿Estáis borrachos? -Enséñanos el ombligo . sea en calzoncillos. Los dejé hablar y reír a su modo.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 25 -Estos campos sí que huelen bien de verdad . Aquel tono de conjura en la habitación oscura me fastidió un poco.exclamé. Mira allá abajo.dije. amasaba con vigor sobre la mesa. Cuando yo llegué venían precisamente de allá. con las mangas remangadas. La vieja de la tinaja se volvió con una sonrisa desdentada: -Comer se hace de prisa gruñó. un baño entre los maizales desarrollaba la fantasía. Ahora comprendía aquel hablar y agitarse de las mujeres. Ellos seguían riendo. las nalgas. -También en el Po brilla el sol tanto o más que en la Riviera. al sol no se le puede esconder nada. y parloteo. 25 Librodot . No se sabía nada de la idea de Pieretto. cancelar la infamia. ennegrecerlo todo. Os quedaréis hasta la vendimia. ¿Qué pasa? -Has comido. Oreste se sentó en la cama: -Basta de bromas. No hay que tener miramiento alguno. Allá. bañándose y revolcándose en el sol dentro de la tierra agrietada. Siempre serás el mismo. apartando un poco la persiana-. como de cuna. oí a Pieretto: -Está negro como un cangrejo. Aquella tarde descubrí otras cosas. Era un curso de agua en mitad de la cuenca que dividía nuestro collado de un altiplano accidentado. has bebido. fregaba los platos. Desde aquel lugar lo único que se veía era el cielo y un ribazo de matas.dijo Pieretto -. Se te permite porque es el primer día .dijo Pieretto -.dijo Pieretto con aquel modo suyo tan abominable -. En las horas de calor el sol caía perpendicular. Cuando lo conseguí.dije -.

La ignorancia era el mal menor. señora . Se habló entonces de Pieretto. Nunca ha estado tan bien como ahora. Papá los manda y luego vende la cosecha. además. En cambio. -En San Grato. Allí está la que hace la uva blanca. El viento había cedido y. Figurémonos una chica de nuestra edad.dijo la mamá de Oreste enjugándose la frente -. -Aquí ha de contentarse con Oreste . un sótano oscuro que olía a azufre y a algarrobas. pero me alegraba que en aquella casa no hubiera más que mujeres maduras y niñas. Les dije que no tenía sueño. Le pregunté dónde estaban las viñas de su padre. villas y hasta buhardillas -. ¿Eres tonta? . -¿Quién? . O una amiga. la madre ordenó a Dina que me acompañase.me miró estúpidamente-.dijo la madre. Claro que eso no se lo dije. de mis huertos regados. La niña de las trenzas rubias que echaba agua sobre la harina se encantó mirándome. -Tu mamá. -Menos mal que ya conoce el campo . una Carlota cualquiera. que seguía amasando -. Dina me esperaba muy seria. que estaba acostumbrado a otra vida y había vivido siempre en la ciudad. Le hablé entonces de aquel padre loco que tenía y que los había llevado de aquí para allá viviendo en conventos.Y continuó amasando. Luego está el Rasotto con el molino. -Se vuelve una morena y. con recelo.le dije riendo -. -¡Muévete! . -¿Te gustaría trabajar la tierra? -pregunté. . Me quedé a mirarlas. -¡Oh! No tenemos tiempo .E indicó en el valle un declive de pradería y arbolado -. es todo alegría.Y me indicó la espalda amarilla de nuestra colina que se vislumbraba sobre las casas al otro lado de la plaza -. El mar es un sitio adonde no se debe ir sola. Dos hombres o cuatro no aumentan el trabajo.comentó la madre -. hermana de Oreste. Fui al cubo colgado de la pared y estaba a punto de beber en el cazo chorreante cuando la madre gritó: -¡Dina. Me puse a hablar con ellas de mis establos. -Muchas mujeres toman el sol en el mar -dije-. era demasiado joven. cuando era chico en mi pueblo también bebía así. A Pieretto le gusta hacer diabluras y bromear. la pequeña Dina caminaba a mi lado arregladita y limpia y hablaba de ella. Así ya sabe lo que es. gana el ciento por ciento. Ya ha sido este año. Dijo que al mar iría cuando se casara.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 26 -En esta casa estamos demasiadas mujeres . y nosotros alrededor de ella.dije -. Volvimos a pasar por el jardín de las dalias y noté que entre una casa y otra se abría el vacío del valle. Allá celebran la fiesta detrás de la estación. .dijo la madre -. Ya hay bastante con vigilar si se han hecho los trabajos. mujeres y viejos tomaban el fresco. 26 Librodot .Dina me miró extrañada -. hubo fuegos artificiales. Cuando pregunté por un estanco. -Creí que tú con tus hermanas y tu padre. es trabajo de hombres. Está de moda volverse morenas. Nosotras somos mujeres ignorantes. aquella que en la mesa se había llevado las manos a la boca para reírse. ¿Has visto el mar? Me habló de todas estas cosas durante el camino. Salimos juntos a la plaza y volvimos a recorrer la calle de aquella mañana. a la sombra de las casas. no antes. Cuando salí de la tienda. -No se preocupe de él. de los prados. Los jornaleros. apareciendo a nuestra misma altura colinas como islas en el aire. ¿quién podía llevarla ahora? Oreste no. Le pregunté quién trabajaba la tierra. Cuando se le conoce bien. La gente nos miraba. dale un vaso! -No lo necesito . la niña mayor era Dina que tenía once años. pero no pasa de ahí. Los vimos desde la terraza con mamá.

habíamos oído cantar.¡Tomad el sol por todos lados hasta volveros como toros! Era extraño pensar desde allá abajo en el mundo de arriba. nombrado los pueblos diseminados por los alrededores. el parpadeo de las estrellas y las luces lejanas prolongaban hasta el porvenir. Y entonces me acordé de Poli. Pensaba en ello al día siguiente. ha hecho algo bien hecho. era grande. raíces y filamentos como negros tentáculos: la vida interna y secreta de la tierra. No iba equivocado. 27 Librodot . por la plaza. sin ver bien las caras. dimos vueltas por el pueblo bajo las estrellas. saltaban. la costura. No hay por qué avergonzarse . -Si todos hicieran como tu . en la vida. más bestial que humano. ante todo.dijo Oreste -. me reconoció. pero la vieja no pudo aguantarse. movido por la curiosidad. el fregote. Abrí la puerta y Dina miró al interior.decía la mamá -. ¿adónde irla la casa? -Al paraíso -contestaba Justina. de los placeres que nos esperaban. Habíamos hecho proyectos. con ángeles y santos en las hornacinas. Por la noche comimos y bebimos. charlaban. Contemplé la iglesia un momento en la sombra fresca y colorada.dijo -. -Las niñas. se volvió y exclamó: -Eso está muy bien hecho. Nada de respetos humanos. Al salir tropezamos en la puerta con una vieja Justina. La noche antes habíamos dado vueltas y más vueltas por el pueblo. Los niños en la plaza se perseguían ensordecedores. bajo el sol feroz. dentro del agua. saludábamos y reíamos con la gente. de escondernos a todas las miradas y bañarnos ennegrecidos como troncos de árboles. Decía que para hacer algo importante antes había que casarse. que paseaba a la sombra de las casas. Oreste y Pie-retro. Adivinaba en la alta pared de la hoya. decía: . de la vendimia. muchas flores y una lucecita. Estábamos bien seguros. y no nos perdía de vista. el lavado de la. en la gente. La dejamos allí y atravesamos la plaza. reconoció también a la niña y apretó los labios en forzada sonrisa. Al fondo blanqueaba el altar como un pedazo de turrón. Oreste. sin intención alguna. mientras Oreste y Pieretto se remojaban como chiquillos.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 27 Mamá. otros encuentros. ropa. a la vida entera. Nadie podía sorprendernos allá porque si se movían las cañas producían un ruido más que rumoroso. -Vamos a ver la iglesia? La iglesia estaba en la plaza. de piedra blanca. matorrales. Otras cosas sucedieron aquel día. Desde mi sitio veía el cielo descolorido por el reverbero solar y sentía bajo mí temblar y zumbar a la tierra. Había un grupo de jóvenes que gritaba y llamaban a Oreste. Pensaba en aquella idea de Pieretto que decía que el campo calcinado bajo el sol de agosto hace pensar en la muerte. El estremecimiento de hallarnos allí desnudos y de saberlo. Dina me dijo que la vieja estaba a todas horas en la casa parroquial y que plantaba todos los trabajos de casa. con un viejo. Palabras y bromas cambiadas bajo las estrellas.pregunté. Me aproveché de su estupor para bajar los escalones. hablado de los vinos que había que beber. el párroco. iremos a cazar. Dios. era una mujer demasiado a la antigua. ¿Ha conocido ya al párroco? Balbucí que había pasado por allí casualmente. dijo Dina. con alguno de nosotros. era algo siniestro. Me ha consolado verlo. -¿Quién trae las flores a la Virgen? . Entramos y ella se arrodilló y santiguó. un sentido festivo e irresponsable que los asaltos del viento tibio. -¿Y recoger las flores en el campo no os vuelve morenas? -le hice la pregunta en voz baja. -En septiembre . Se apartó muy dignamente. se revolcaban y se burlaban de mis caderas pálidas e infamantes. tendido junto al manantial. más acostumbrados que yo. y que me produjeron una extraña alegría. lo que fuera con tal de no perder una sola función. con una mujer. animados por el vino y por el fresco.

A flora apenas a la orilla del alto-plano. dijo incrédula: -Un niño tan guapo! Me acuerdo cuando pasaban en el coche con las sombrillas abiertas. el del Greppo? . -Estaba bien.dijo Pieretto. Si en vez de dejarlos en libertad como sí fueran perros.dijo Oreste.. de quién se hablaba. al fin. -Lo siento por el padredijo el de Oreste -. sí. -Vamos. como un cielo al revés. Eso son cosas que suceden en las mejores familias. la vieja..gritó Pieretto al viento ¿No sabes que lo que te toca una vez se repite de nuevo? ¿Que corno has reaccionado una vez reaccionarás siempre? No es la casualidad la que te proporciona los problemas. en donde el padre. Intervino Justina. Eso se llama destino. Cuando contó la historia de los disparos. abuela o tía. -Si no se queda para siempre . -En la nuestra. Los jornaleros regaban de sulfato las hileras. no . Nos detuvimos ante la gran tina llena de agua inocente. de las carreras nocturnas. bombeando desde el morral de hierro el agua coloreada. con los baños de mar. Alguna palabra de la hermana. del coche verde.preguntó bruscamente el padre. la madre.. Con los primeros rayos del sol se ven las puntas de los pinos. -¿Y quién es esa mujer? -preguntó la madre. son pecados que se cometen en todos los sitios. Había escuchado todo hasta entonces y ahora se hallaba dispuesta a saltar como un halcón mirando del uno al otro. -¿Sabéis a quién he visto este año? -dijo Oreste al círculo de caras. que la casa del Greppo estaba abierta. nada de ello fue suficiente para detenerla. donde aquel montón de estrellas. con blusas y calzones endurecidos y salpicados de azulete. estoy seguro de que Poli sigue todavía en la Riviera.dijo Pieretto -. adelante . Los pámpanos goteaban. como un ojo celeste. Volvemos a caer. nos recibió con afecto. allí desde la hora de la siesta. A esta hora se habrá curado del todo.La tomó otra vez con el baile. parpadeando. que desde el fondo de la mesa preguntó. que no sabía nada del muchacho. Era el año en que yo esperaba a Oreste.decía Oreste -. Aquella tarde subimos a San Grato. resentida. les pidieran cuentas. -¿Estás seguro que hablas de Poli. y además. -Le disparará cualquier otra chica. ante un barullo ansioso de ávidas preguntas y exclamaciones. -Sí. Oreste empezó de nuevo con la noche de la colina.dijo Pieretto. se movían curvados bajo la canícula. -Tiene razón el señor dijo refiriéndose a Pieretto -. pero que allá arriba seguro que había mujeres. terminar . ojeadas de las niñas. que el marido de la modista de la estación había visto pasar los baúles. Así termina a veces el dinero. las bombas chirriaban. -El Greppo está allá arriba . profunda y opaca. Lo llevaba la nodriza vestida de puntillas.dijo Oresteno vale la pena. Le dije al padre de 28 Librodot . no sé si criada. Le gritaron. Hablamos de Poli en la mesa al día siguiente al subir del pantano. Lo consiguió. Continuó así durante un buen rato. con los agujones. la vieja Sabina. Las niñas escuchaban con la boca abierta..Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 28 XI Hablamos de ello en seguida oyendo el canto de los grillos. de las heridas. -Pero de noche . Gracias al dinero el padre ha arreglado todo en el mejor de los modos. de Rosalba. padre y madre mandaran en los hijos. Ella entonces. situado al dorso de la colina detrás del pueblo. en una pausa. -¿Le ha de tocar siempre a él? -¿Cómo? . Un hombre que era el dueño de todo Milán. dijo.. con aquella voz aguda y estridente.

Sin verlo.continuaba el padre -. los arados. en el vacío de las vertientes. -. ante todo. por ejemplo. el petróleo. para estudiar medicina. El campo lo hacen los hombres.. saltando sobre los terrones. No hay un solo día en que no tenga algo la mujer: dolor de cabeza. Callé. pero lo sabréis a su tiempo. -La medicina es también agraria .dijo Oreste con alegría -. Habló el: -El pantano es otra cosa. -¿Tiene muchas enfermedades la vid? -dijo Pieretto. El padre aprobó. eres un loco si no vives aquí.refunfuñó -. -¿Qué cosa? -Distinto de estas viñas. -Mi idea . El padre dirigió la mirada hacia la viña de abajo. Pieretto rió de nuevo. pero me eché a reír. Oreste. Le entraban a uno ganas de saltar de colina en colina. -Antes ..dijo el padre -. Dirigí la vista adonde terminaba el altoplano. al día siguiente es ya un mal año. Pero ahora se hace todo a base de química y abonos y.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 29 Oreste lo extraño que me parecía tener que regar los racimos de uva con aquella rociada venenosa. El caso es que ahora. El cuerpo sano es corno un árbol que da frutos. Vete a saber cómo lo hacían antes.dijo Oreste. más valía aprender a disfrutar de los bienes propios. apenas uno vuelve la espalda. oí reír a Pieretto. de espalda. Ahora todo son enfermedades. Los temporales lavan la viña y se llevan el sulfato. como dice su amigo.dijo -. que es algo que sirve a los demás. . de escaleras. Miré a Pieretto. Entrecerré los ojos y distinguí únicamente polvillo. Cada vez se hace más difícil aprovechar la tierra.añadió el padre --. Atravesé el rastrojo seco y los alcancé en el calabazar. la uva crecía sin tantos baños. Debe ser el efecto del mes.. No hay nada de misterioso en el campo . busqué las puntas de los pinos. no sé por qué dices que el campo ha cambiado. Tú.era que este jovencito frecuentase la Escuela Agraria. de abrazar todo con la mirada.dijo Pieretto con la boca llena -.Miró al cielo dubitativo -. Aquí reina el hombre. de gallineros. -Pero si no eres listo no te los dará a ti. se veía la plaza del pueblo y una jungla de techos.La tierra es como la mujer . vaya con ellos a comer ciruelas . la práctica. La tierra degenera. los sulfatos.¡Vete a saber! . eso si es que han dejado alguna los pájaros. Me parecía estar en el cielo. Parece un desierto.. la luna que sube y baja. lunática. No se reconoce. -Buen Dios . -Y es cierto .. -Tú me asaltó bruscamente -. mirando a Oreste .siguió Pieretto -. Con tal que no nos caiga un temporal . en el pantano los sapos: 29 Librodot .dijo el padre. -No he dicho nunca que la tierra haya cambiado. sobre cuyas hileras se levantaban nubecillas inocentes: -Sí. y gritó algo a un muchacho que dejaba una botella sobre la hierba -. muchas. A nuestros pies. será verdad. Hasta la azada es un instrumento científico. -Vaya. -Es un pueblo magnífico . que antes el campo era más sano. El horizonte temblaba.dije -. los grandes sombreros de los trabajadores estaban manchados de lo mismo. Oreste y Pieretto me llamaron desde lo alto. se ve el valor de la azada cuando un campo se abandona.. empequeñecida. El padre nos alcanzó. La gran luz se engolfaba allá abajo. -Nos guiñó el ojo melancólico.dijo. Estaban bajo un árbol dando saltos. -En mi pueblo se dice que un agricultor sabe mucho más que un perito agrónomo. . Sois aún jóvenes. -Se comprende .

Pensé en cosas que luego no dije a ninguno. Era maravilloso encontrar prados todavía empapados de agua. que no hay quebrada ni fondo de bosque que la mano o el ojo del hombre no hayan molestado. cuando las ataban con salchichas y por -debajo corría leche.dijo Oreste. cada luz. encontré a faltar hallarme desnudo y aplastado por el sol. en nuestro agujero. De día y de noche. ya ardiente por el sol. A veces. a la ida. paseamos al mediodía por delante de la iglesia entre la gente festiva. Sacudió la cabeza y me lanzó una ojeada maliciosa que me recordó a su madre. Los cazadores no cuentan. entre el ir y venir de los muchachos y el órgano y las campanas. pero no me entendió. un ribazo. Cuando el abuelo vivía en esa finca sólo se compraba aceite y sal. Y los árboles y las plantas son iguales en todos los sitios. la tierra olía aún a mojado y a nocturno. . El primer domingo que. Aquel baño para nosotros era casi un vicio. en vez de ir allí. que miraba irónico la nuca de ®reste. ¡Dios mío! Todo el día estoy pensando en ese chico y en su padre. Hay cosas que sólo ahora se comprenden.¡Quien sabe! . A los pies los terrones calcinados.contestó Oreste -. y las flores. -Puede ser . se discutía y se reía.decía que las viñas siempre han estado ahí. parecía opaca y las imágenes de las paredes parecían estar al revés. sintiendo la tierra debajo de mí. le murmuré: -¿Te imaginas a esta gente. labradores. y Pieretto. un lugar inculto en donde nadie haya puesto el pie. Se huele y se escucha. Un campo sin cultivar tiene las mismas raíces que éste. los tallos retorcidos y. A Pieretto. las cañas iguales tocando el cielo. y en otro tiempo los bandidos. parecían más intensos destacando en la sombra.dije al cabo de un rato . -El carretero que encontré en la estación . desnuda al sol como nosotros? Como no respondió me enfrasqué de nuevo en mis pensamientos. Se volvió y dijo: -Si queréis ver un campo inculto ahí están las tierras del Greppo. le parece a uno estar fuera del mundo. cada ruido o rumor de la mañana. Había un momento durante el bochorno en que pasaba como una nube blanca y el agua. por lo menos cazadores.decía yo -.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 30 -Sapos y culebras están en todo el campo .dije -. si aquella tierra había sido violada. nos había dejado solos). Yo quería saber si el campesino como tal había llegado a todos los rincones y si esos mismos rincones habían sido tocados con la mano. XII Todos los días íbamos al pantano. entonces. la fuga de festones verdes. Y también los grillos y los topos. ¿Existe en el campo un rincón. -Campesinos . Sobre todo por la mañana. el sol y las estaciones se suceden sin que lo sepa el hombre? Oreste decía que no. oyendo la misa desde el umbral. bajo mi espalda y piernas. aquel día. en los ojos. Estábamos sentados en una terraplén de la viña y al levantar los ojos veíamos oscilar los pámpanos. El padre escuchaba pensativo. Tuve una discusión en la viña con Oreste (pasábamos las tardes en San Grato. que estaban en todas partes. Mala cosa es poseer tierra y no estar en ella. Ahora conocíamos todos los rincones del bosque. el cielo. aunque ya estábamos completamente negros. en donde desde el principio de los tiempos la lluvia. El cazador se comporta como el animal que persigue. 30 Librodot . Mirando desde abajo una viña que asciende hacia el cielo.

Él dijo que tenía algo que hacer y nos dejó. Cuando estábamos en Génova todos los días iba a correos. bebía buen vino. Era un vino que dejaba la boca cada vez más seca.) -¿No vamos hoy al Molino? Todos los días bajábamos de la colina a la cuenca en donde estaba la otra finca.hacemos una salida. -A Pieretto debe saberle mal cuando mamá cierra la puerta de casa a medianoche. Hasta los criados del Rosotto. Me gustaría ver cómo son las colinas a la luz de la luna. ¿cuándo nos volvemos a Turín? Pero Oreste no quería ni oír hablar de ello. y Oreste tenía que hacerse perdonar por nosotros una ausencia más larga que las otras.que esto huele mal. En el valle del Molino había algo así como un cielo propicio. -Nos bañamos con la luna en el mar .dije . Bebimos los tres bajo el pórtico que daba a los prados.dije . que iban despechugados y descalzos. cuando Oreste apareció de nuevo -. los profundos prados de trébol. sin embargo . De las bodegas del Rosotto salía una botella y luego otra. pero el hombre significa ciudad.preguntó -. -Precisamente por eso. ¿es la hija del jefe de estación? Él se echo a reír pero no dijo nada. Pero lo más bonito del Rosotto era la siega del heno. ¿Crees que molestas? Tía Justina te aprecia. grutas o cavernas. -El tiempo pasa . Ayer ya tenía una raja.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 31 -Y. mientras en Turín nos gustaban las tabernas.. sentían el efecto de los trenes y charlaban de cerveza y carreras ciclistas. Me parecía beber el mismo perfume del heno. desde que estábamos en el campo no habíamos cogido una borrachera. Las casitas y el jardín de la estación recordaban los alrededores de una pequeña ciudad en las noches de mayo al fondo de los paseos. No acababa de entender si tanta dulzura pasaba del vino al aire o viceversa. celoso. Si se lo decíamos a Oreste sacudía la cabeza y se echaba a reír. Era su modo de discutir.proseguí -. sino vino bebimos la tarde de la siega del heno.dijo Pieretto . se respiraba un aire distinto. De mis primos de Mombello. -Una noche de estas . (Era yo quien había querido ir a misa por miramiento a la familia. me preguntó qué más quería: comía. Por la tarde jugábamos a los bolos con los criados Pale y Quinto. las ciudades también han existido siempre. La misma sonrisa nos hizo cuando pasamos por una casa llena de geranios a la orilla de la vía. no hacía nada en todo el día. -Somos unos estúpidosdijo Pieretto -. Incluso en el paso a nivel donde esperaban los carros y las bestias se impacientaban. -Entonces . Dábamos vueltas por detrás de la alquería. tan bueno como otro. buscamos día y noche el secreto del campo y lo tenemos aquí dentro. Había cierto movimiento de fiesta en la estación. -¿Te aburres? . Parece que bebes leche fría. Gritó un saludo y una voz fresca y femenina le respondió. 31 Librodot . A lo mejor sucias. Luego nos preguntarnos por qué. Pero no cerveza.. Tu mamá trabaja. -Es vino de fresa . el padre salía al porche y nos daba de beber. cuando las chicas pasean y ondadas de olor de heno invaden la ciudad. mientras Oreste iba a despachar algunos asuntos a la estación. abandonado.dijo Pieretto. Se encogió de hombros. «Venid antes de que llegue la noche».dijo -. todos trabajan para nosotros. barracas de paja.dijo Oreste -. -A mí me parece .y la uva no madura. no por otra cosa. El padre de Oreste nos había dicho. Hay que reconocer • que Pieretto tiene razón. No me lo habían dicho nunca y me sentí triste. los tropeles de ocas. y con la chaqueta por encima de los hombros se había alejado cuesta arriba. A él que en Turín decía que las noches eran suyas.

dijo Pieretto -.continuó Pieretto. ¿va bien así? Oreste menea la cola y le besa las trenzas. Me refiero a un bosque verdadero. esquivando el golpe -.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 32 -Hay que salir de noche . -Esto es algo que no se puede hacer dije al cabo de un rato -: estar desnudo en el bosque y pillar una borrachera. ¿no? Oreste no es un buen amigo..refunfuñé -. luego viene el servicio militar. él responde que es cuestión de otro año. quizás es hermoso por eso.. hablan en el jardín. en fin. Pecado es solamente no comprender lo que se hace. tres años. Oreste. Ella dice que cuando acabe la carrera será todo suyo.. pues bien. me di cuenta que estábamos borrachos.admití --.apremió Oreste -. No pude yo. Esta mañana lo eché de menos. ¿es pecado? Él podía confiar un poco en nosotros y contarnos algo. -No has entendido nada interrumpió Pieretto. a la que encontré cierto día sentada en un escabel en la terraza mientras cosía. Amor y bebida son cosas de personas civilizadas.mugió Pieretto -¡Estoy harto de verte desnudo! -¡Tú te lo pierdes! contesté. no pude. a dos pasos. -Bebe . Oreste. Todos los días va a ver a escondidas a su chica. -Vamos a Mombello. Me parecía ofender algo o alguno. -Me parece estar cometiendo un pecado . Esta noche bebamos.dijo -. este juego de sociedad. se cogen de la mano. Esta escenita. Sólo toleraría verte otra vez en cueros si llegara a emborracharme. Oreste nos llenó los vasos. Cuando iba en la barca. Son estupendos. -¿Y a quién le importa? . -¿Y tú dices que eso es pecado? . -la pruebaañadí . -Había conmigo una chica que se prestaba. seguía sonriendo. más tarde deberá encontrar la iguala. -Ni tampoco se puede hacer el amor en un bosque.es que estas cosas se hacen a escondidas. Anda. dijo Oreste. Oreste dijo que bastaba enganchar el caballo y salir.dije -.. XIII Pero yo sabía todo por Dina. Oreste asintió sonriendo. No podemos emborracharnos en tu casa. . Del vino se pasó a los caballos. 32 Librodot . Podernos salir por la mañana y volver por la noche. al menos el nombre. -Otro día . En el Rosotto había un birlocho de tres plazas. Confesé que sí. Pero en el pantano bien estás desnudo. no hacen nada obsceno. dinos algo. a casa de mis primos. ahora estamos en mi casa. Todo es cuestión de usos y buenas maneras. rojo como un pimiento. Oreste. colorado como un tomate. Ahí tienes a Oreste continuó -. Tengo ganas de verlos. -No seas bruto gritó-. Pieretto dijo que había muchas cosas que se hacen a escondidas y no son pecado. al menos el nombre. -Y así nos perdemos el baño . Está aquí. -No tienes idea de lo que es una mujer . pero que siempre sentía algo de angustia. -Cuando ibas en la barca. sacudió la cabeza y le amenazó con la botella.¿Por qué no? preguntó Oreste.

le soplé sobre los escalones donde estábamos sentados. pan -. salpicado de crestas blancuzcas. Me imaginaba el campo humeante e inundado. Aquella mañana no fuimos al pantano. pimientos. la noche del heno. con malicia. de frondas. -Por mí. afortunadamente no granizó. a la madre de Oreste. De los trozos de conejo sobre el tajo ensangrentado venía olor de albahaca y de ajo. Nos quedamos en casa.nos llegaban las voces de todo el pueblo -. A lo mejor. parecía más próximo que de costumbre. Me preguntaba qué clase de mujer sería la pequeña Dina. El mar de las colinas. Los padres de ella lo sabían.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 33 -Así que vas a casarte pronto . el pantano hirviendo. que ya está en la edad. caras rechonchas. se dio cuenta de que estábamos borrachos. A veces. ¿te gusta? Dina se encogió de hombros. de rayos y raíces. Cinta debía ser así . encuentra siempre cobijo. sin embargo.minestra. En voz baja. piernas sólidas. casi de adobo. Y. mientras bebía o comía . ahí tienes a Oreste. morenas. Seguí jugando a preguntas y respuestas y Dina disfrutaba con mi estupor. un olor acre. a la batería de cobre. Cinta era hija del peón caminero y trabajaba con la modista. entre mujeres y niñas que corrían y chillaban bajo los relámpagos. -Antes se casará usted . en casa. Me invadió un olor loco de mojado. duras y robustas. gritaba que cerrasen las ventanas. comía sólo pan y pescado.» Durante el diluvio hubo un momento de extraña soledad. Terminó de pronto. aquellos jugos terrestres que eran los mismos que olíamos en el viento. sembrado de hojas. frágil y esbelta. Era la mañana en que íbamos a enganchar el birlocho. las comparaba con las chicas del pueblo que veíamos en el campo. ni tampoco el horizonte lo que me asombró. las nubes galopaban espumosas. a las estampas de la Virgen y a los ramos de olivo colgados de la pared. las raíces descubiertas y los rincones más celados de la tierra penetrados y violados. la colina. -Yo tengo tiempo. como una cepa. « ¡Y Justina que ha salido! »... a las otras. por ella no hay que preocuparse. vació el saco. Pieretto gritó: « ¡Qué delicia! » Hasta. Temblaban los cristales. una avispa. Pero no fueron las nubes. Y ella. el cemento. de flores aplastadas. era buena y ella misma se hacía los vestidos e iba en bicicleta. El crepitar de los sarmientos en el hogar arrebolaba la cocina de una luz rojiza que daba reflejos fantásticos a los festones de papel coloreado. Se oía la masa de agua. Dina sabía también que como el padre de Cinta se cuidaba él mismo la viña. mirándome con aquellos ojos grandes: -¿Habéis abierto una botella? ¿Cuántas? -¿Y tú cómo lo sabes? -Porque durante la cena ha tapado su vaso con la mano.le dije.pensaba -. Me dijo que Oreste hablaba con Cinta. Oreste se veía obligado en el pueblo a fingir que todo era una broma. caer y mugir. de una ventana a la otra.me contestó -. Se desencadenó un temporal que azotó el campo y encharcó los caminos. la sangre espesa que las hacía así. -Esta noche con Oreste se ha hablado de Cinta . Miraba a las viejas. « ¡Figúrate! . casi sólida. de buena sangre. que ni siquiera piensa en ello. Y fue Dina quien. casi negro. tenía ya charcos secos. El padre se puso las botas y salió. con las otras . pero el padre nos llevó a San Grato para ver los 33 Librodot . casi de paz y de silencio. Era el viento. Me detuve bajo la escalera donde desde la claraboya cegada llegaban las gotas y el olor de agua. Dina era rubia y diminuta. arriba.se oyó la voz de la madre -. Cuando salimos al mirador con Dina. carne. Y si no. quien ha de casarse con ella es Oreste. tal como había comenzado.le pregunté-. me preguntaba qué efecto me harían dentro aquel alimento áspero y rico. gritaban en la escalera. a Justina. Corriendo el viento de la vega. pero aquí. Ores te respiraba y reía. Alguien. -¿Es guapa? . no.

dijo Cinto abriendo paso. Todos decían que los bosques se llenarían de setas. vestidos con camisa a cuadros y fustán. Con las niñas recogimos . escuchaba. bajo las encinas. Tres perros de caza se le echaron encima. Pieretto. La casa estaba al fondo de la altiplanicie. metió racimos de uva blanca y nos dijo que comiéramos. Una ventana en la planta baja se veía negra. Cinto. Terminó que todos bajamos a la cantina y aquí David llenaba de los barriles el vaso empañado. Bastó un pequeño valle para tapar la vista del Greppo. embutidos y melones.gritó Oreste saltando a tierra. visto mujeres y niños en la oscuridad. sentado sobre un cepo de madera. -¿Aquella es la finca? . -Es Oreste .Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 34 daños. luego de un bosquecillo a otro maizal. Allá arriba la fruta estaba tocada y alguna teja se había roto. al salir el sol. nadie hubiera dicho de la tormenta del día anterior. no se veía un campo ni un techo. A ras de las viñas que subían a lo alto vi una enorme vertiente boscosa. esfumada de verde cobre por la vid trepadora. se salía afuera y se veían los estorninos a bandadas alzarse sobre los campos punteados de encinas. Levantamos las ramas caídas.i David! i Cinto! . De no haber sido por la dureza de la carretera y el olor del viento. el caballito nos llevó por una pendiente casi llana de un campo de maíz a otro.pregunté. -¿Son todos médicos? . Desde allá se ven todos los pueblos de la llanura. resultado del año. desaparecía en una especie de gruta y volvía a salir con un vino más negro. Al día siguiente fuimos a ver a los primos de Oreste. agujereando el plaste y tapándolo con el dedo. Aún bebíamos cuando el día estaba terminando y eso que agosto tiene los días largos. De vez en cuando me volvía porque. Corríamos entre campos por la insensible subida. La habitación era baja. -Vamos al fresco . . temporal. poco antes. la esconden los árboles.preguntó David arqueando una ceja. del establo había un pozo. Pero no fuimos a buscar setas. al borde mismo de la viña que. De vez en cuando uno de los dos se levantaba. comido polenta. Al principio no comprendí su entusiasmo por los primos.dijeron. Al lado. Eso fue por la tarde. Parecía deshabitada. Aquel día hablamos de todo. entre colinas bajas. por un caminito adyacente. detuvieron el caballo. y dejado allí para calmarse y descansar. Desde la estación. 34 Librodot . oscura de humedad. perdida entre cañizares y encinas. Era un gran patio de tierra morena. cuando llegamos a la casa de los primos de Oreste. y David subió un cubo de agua. es decir: cosecha. hablaba con la boca llena. Mientras tanto habíamos visitado la casa y las viñas. como las viñas que habíamos atravesado. Eran éstos hombres hechos y derechos. daba vueltas alrededor del pozo. Oreste le explicó con calor quiénes éramos. El sol matutino había hecho milagros. Era hermoso ver ciertas pequeñas florecitas. todavía lo buscaba entre los árboles. -La casa está encima. reía como un niño. un poco gruñendo y saltando alrededor de Oreste. que salieron al patio y. rústica como un establo. vacía. milagrosas. bajo la sombra ligera de las acacias o encajados entre las cañas. el más joven de. caza. La sangre espesa de la tierra era capaz hasta de eso. casi roja. Oreste había dicho. El caballo fue llevado a la sombra. uno incluso canoso. saliendo de una estrechura entre peñascos. del barro grandes cestos de manzanas y melocotones enfangados. manos gruesas y velludas. y miraba complacido el caballo. los dos. La casa era de piedra. sin asombro. mirando al cielo: -Mirad el Greppo. renacían gráciles.

aquella tierra y aquellos dos? Cuando Oreste terminó miró a los dos hermanos y luego a nosotros. de la uva en el cubo.no hay peligro de borrachera. -¿Has bebido en tu vida tanto vino y lo has aguantado así? . -¿No sabes que el invierno es la estación de ellos? .preguntó Pieretto. -Vamos. ellas son las que hacen esta tierra. porque van a comprar a Due Ponti. -Sí .añadió David -.dijo David -. Cuando se da bueno el día.dijo David. díselo a él que tira al faisán. -¿Y qué dice el guardián? -preguntó Oreste agitado. eres un estúpido . -Tú. -Díselo a Cinto . estaréis encerrados.se echó a reír David-. -No has dicho que toma cocaína . Sabía mal dejar aquella isla.decía Pieretto -. Mientras pasaba bajo un manzano. luego a David -. y ellas y sus retoños en la cocina para no molestar. -Es cierto. ¡Qué Turín! ¡Qué Sala de Anatomía! Lo 35 Librodot . El sol rasando las viñas daba un color rojizo. ¿qué dices ahora? Desvié la cuestión como si apartara una mosca.. Pero ya sabes como es él. ¿Sabéis que a Poli. -Cuando se necesita. Hablamos de David y de Cinto.dijo Pieretto -. -Cuando se bebe al aire libre .. desentonado.había dicho yo -. Con tanta pluma como le hemos matado.dijo Oreste -. Mientras Oreste contaba lo ocurrido. bebiendo y charlando.dijo Oreste . tenía un aire inverosímil. -Pero trabajan . -No sabemos si está en el Greppo . XIV Salimos con la luna y el aire fresco del atardecer. vamos arriba .contestó Cinto con aire sosegado -. El caballito partió como un perro de caza. Pareció que hasta los perros entendían. Oreste levantó la cabeza como si olfatease.dije -. aque la inmensa campiña roja.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 35 -En invierno. una sombra rica en cada terrón. David le llenaba el vaso. Cinto sonrió con ironía. el del Greppo. Oreste. le dispararon como a un faisán? Los dos escucharon en silencio. ¿Sabes lo bonito que es ir a cazar con la nieve? -Bonito es todo el año . No nos hablamos. menos mal que ya está curado. ya vieja. -Él sabrá lo que hace .es cómo tienen a sus mujeres. de los vinos. Dejémoslo. -¿Hay siempre faisanes por esta parte? -Miró a Cinto. aquí . con las vides flacas y negras bajo las encinas. Me di cuenta de que la historia. de lo hermosa que es la vida genuina. Nosotros afuera. Se levantaron y nos miraron inquietos. Habrá que ver las liebres que mataréis en agosto. -Aquí nadie os controla . Pieretto levantó la mano y nos cayó una granizada ¡Hola! . No tiene la cabeza en su sitio. -Me gustan esos dos dije en el viento de la carrera. Esto es muy bajo.dijo Pieretto. ¿qué relación tenía con aquel vino.dijo Oreste. -Luego me guiñaron el ojo y roe dijeron -: Tú que dices que en el campo ni se bebe ni se hace el amor.gritábamos chasqueando la lengua. que anochece -dijo Pieretto. -Lo más grande de todo dijo Pieretto . en cada tronco de árbol. David contestó por él: -Ha habido problemas con el maíz. ahora nos sale con el maíz.

entre las cuales ahora corríamos. Ahora. miré los rostros uno a uno. al otro agrónomo. le habían parecido. Cuando la iglesia se fue vaciando. así que nos pusieron en el mirador una mesita y una botella. -Se llama Giacinta dijo sin mirarnos y luego gritó blandiendo el látigo -: ¡Dios bendito. Era hermosa la luna. un horizonte marino. estoy bien aquí. hay que enseñarle que la vida es difícil . y empecé a pensar en su rayo nocturno sobre el inmenso lugar.dijo la madre -.?». en el crepúsculo. entre blanca y amarilla.gruñó la vieja -. pero en aquel momento habló Oreste. de ver y hacer.¡Maldita sea! ¡Me has hecho venir las ganas! Al día siguiente era domingo. entre hombres y muchachas veladas que hacían pensar en el gran sol y en el pantano. .la era. Oreste.dijo Pieretto -. La luna las oye de todos los colores.añadió Pieretto-. con la sana intención de volver a beber. Salieron nuestras mujeres. en cambio. haced la cura de la luna. como ni él ni Pieretto podían dormir. Oreste. Son cosas que las mujeres comprenden. médico de pueblo.dijo Pieretto. Me preguntaba yo si en Mombello los primos taciturnos eran gente de hacer fiesta. habían recordado la vida hecha en la playa.. Recordé la vertiente del Greppo. pero la vi desaparecer a nuestras espaldas en el aire puro. -A la iglesia sólo van los que no creen en Él . Su fiesta era la caza. sobre los prados. Pieretto soltó una más gorda. Fue la noche de Oreste. como es justo. Un misterioso mar de islas y lejanías donde. -Hay que ver cómo sois observé Tenéis unos padres que os quieren. se le convence de que está equivocado y de que lo que has hecho ha sido por su bien. Quería saber por qué íbamos a misa.te casarás con aquella chica? -No habla. para mezclarse con la gente.sonrió Pieretto complacido -. tú. Oreste decía que las colinas bajas. Dios. -Eso es . tiene la excusa de que hoy estamos borrachos. sobre la tierra. no habla . mirando al sol. -San Francisco era santo . -Hay que ayudar al padre. pero fraile. Llegamos cantando.¿De veraspregunté a Oreste . llegas adonde él quería. Si luego. Estuvimos en la misa así. al uno fraile. siguiendo con la barbilla la curva de la carretera. Justina nos escrutó ávidamente empujando a las niñas y empezó la discusión. dijo con calma: -¿Y quién te dice que no es eso lo que quiero hacer? Dame tiempo. Y creía en. se perdía en la fantasía. Cuando la luna tramontó y cantó el gallo.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 36 que debes hacer escavane y trabajar tus tierras en paz. desde lo alto del mirador.. ni siquiera sé si el mar me gusta. « ¿Eran aquellas. el último trozo a pie. ya desde pequeño. ¡Cómo pasan las semanas! Dimos unas vueltas por la plaza. un ceño burlón. la gruta del vino -. Nos contó todo acerca de Giacinta. de tomar el tren. No queréis saber nada de eso y los hacéis sufrir. estuve a punto de decir. la tierra. Pieretto. No me dirá que el 36 Librodot . calmo y salvaje a la vez como los primos de Oreste.» -Pero estabas como un grillo . este año enloquezco! La noche antes. si interrumpían alguna vez su modo de vivir . con los ojos fijos en la nuca del caballo. acabarás ateo. Explicó que todo el mundo es la iglesia de Dios y que hasta san Francisco se arrodillaba en el bosque. -¿Qué es eso del recinto sagrado? -preguntó Oreste. la espera paciente. la soledad de los crepúsculos. «Tantos deseos como tenía entonces de ir. Sólo los perros ladraban quién sabe dónde. buscando una mirada. Tú. Pieretto dijo: . No hacía viento y el pueblo dormía. si después la perdíamos estando fuera del recinto sagrado.

decía Justina -.chilló Justina a Pieretto -. -Dígame .dijo Pieretto deteniéndose . se agarran a los santos más famosos y dicen «Llagamos como él. en cambio. de bosques. que nos seguía a paso de hombre. en realidad no había más que santos porque cada uno. Pues bien. A nuestro alrededor se hablaba de fiestas y ferias inminentes porque finales de agosto es tiempo vacío en el cual el campo está entre grano y vendimia y ello da respiro a los labradores para que se muevan. ¿qué es la religión según usted? -La religión .es comprender cómo van las cosas. Desde la sombra donde estábamos se veían las vertientes de los valles. es más. hacer algo que ellos mismos no saben bien qué es. horizontes. Esta carretera . XV Pero también la colina del Greppo era todo un mundo. Con tal de trasnochar cualquier conversación era buena. árboles. mimosas. sembrados de viñedos. Y después de tanto mirar siempre se descubría algo: un árbol insólito. Cuando llegamos bajo aquella vertiente vimos los árboles en la carena. Oreste nos mostró. -Religión intervino el padre de Oreste . Se llegaba por las Costas. el abandono. A las cuatro estábamos sentados en el mirador tomando café. casi fríos. una era. higos y cerezos cubiertos de trepadoras. era más tentadora que de costumbre. Pieretto dijo que admitía los santos. plátanos y saúcos. -Y cuando estás muerto -dijo Oreste -. y no tienen en cuenta que en el mundo no hay dos gotas de agua iguales y que todos somos distintos. en el campo que habíamos recorrido. la nube vaga del Greppo. toda barrancos y abismos. Habíamos bajado del birlocho. de campos. y caminábamos por una carretera más ancha que el caminillo de antes. por entre lomas y pendientes solitarias. con su deseo. Pero lo que más asombraba era la confusión. ¿qué has comprendido? -¡Maldito enterrador! . una curva del sendero. No sirve el agua bendita. saber lo que quieren cada uno de ellos. no es otra cosa que un santo y si lo dejaran hacer daría sus frutos. Iríamos al día siguiente sobre el birlocho. Continuamos en la mesa. mantener una familia. grandes laderas como vacas acurrucadas. para cada uno de estos seres.no es sólo ir a la iglesia. Basta comprender y ayudar a comprender. para cada deseo de ellos. más allá de la tierra de las encinas. luego. densas en zarzales y arbolado. -¡El culto . negros y luminosos recortados contra el sol.saltó Pieretto -. Cada una de aquellas colinas era un mundo hecho de lugares sucesivos. el culto! Si no se respetan los ministros del culto. y del mar ardiente de la campiña subían voces sumisas. Religión es algo más difícil. Todos desean algo en la vida. rumores y ráfagas de viento. hasta dónde llegaban las tierras de Poli. inclinados y llanos.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 37 arcipreste cree en Dios con aquella cara. contraten y discutan. hay que comprenderles. medio comido por la hierba.cortaba vertientes salvajes. Se trata de educar a los hijos. Tras algún viñedo desierto. un color no visto aún. es que no es ni cristiano ni italiano. la 37 Librodot . hacía resaltar cada menudencia y hasta el extraño pasillo marino. El sol. desde poniente. Desde una curva. Hay que hablar con la gente. Él nos salvará». sauces. a medida que subíamos hacia el sol. a mitad de la altura. en la selva cabalgaban algunos frutales. Cuando uno está muerto ya no hay deseos. Había casas. Al principio de la subida vimos un bosque de grandes adelfas y álamos tenebrosos. Los curas. Por todas partes había fiestas y se hablaba de acudir a ellas. Justina callaba. vivir de acuerdo con todos.a trozos asfaltada . existe Dios. lanzándole ojeadas asesinas.

Era de allá abajo. pero a las formas familiares se mezclaban plantas insólitas como oleandros. magnolias. Para no mirarle las piernas tuve que mirar a otra parte.? Se detuvo al ver a la muchacha. y en aquel momento caballo y birlocho nos parecieron ridículos. El tufo venía de un estanque a flor de tierra. a fuga.dijo una voz clara.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 38 vegetación se aligeraba. El olor del estanque me había recordado el pantano y se inundó mi corazón con la nostalgia del lugar conocido. Cambió la mueca por una sonrisa molesta y nos miró con impaciencia. Ahora. un pinar cerraba la villa. -Está Poli y está su mujer. después de haber dado una vuelta por el parque.continuó Pieretto -.dijo Pieretto.dijo Oreste . Olor que sabía a automóvil. a carreteras costeras y a jardines sobre el mar. -Un rascacielos natural . Entonces el llano era laborable y el viejo iba por ahí con el fusil y la fusta día y noche. encarnado hasta la nariz.dijo Pieretto. que daba al descampado un aire de exótica soledad. balbució que el jardinero había ido a buscarlo. en silencio. Me respondió que el verdadero campo inculto ya lo habíamos pasado. Voy a explorar.dijo Pieretto con una sonrisa -. Ya veis qué carretera habían abierto. -Parece una isla . Se había acercado furtiva por entre los árboles. Si acaso. Desembocamos en la cima entre matorrales. Tenía unos diez metros de ancho y de largo. y aquí la mancha de árboles se hacía verdadero parque. A dos pasos de casa. Nos quedamos solos con el caballo y yo miraba.. pero de todos modos me sentía como un patán. -Nos detendremos aquí . echaría una ojeada al bosque que tenía aquel hermoso y salvaje abandono. Llevaba blusa y pantaloncitos blancos. Nos miró con sonrisa maliciosa y nos tendió la mano. Entre los pinos se veía ya el blanco de la casa. Oreste.. Era una muchacha rubia. una mezcla de fermentos vegetales quemados. 38 Librodot . una clínica moderna con todas sus instalaciones. Se podía hacer una clínica.añadí. Dudaba. con alguna piedra en el centro y el agua verde cubierta de florecillas blancas. que me parecieron palas de higos de India. se veía el cielo. somos. -Tienes hasta una piscina . -Pero así como está .le dije a Oreste -. a través de los árboles. lo conocimos en Turín. -Buscamos a Poli . -Hablábamos por hablar . En tiempos del abuelo de Poli venían aquí muchos señores. Mi esperanza era que Poli no estuviera y así. algún ciprés y árboles extraños que jamás había visto yo. arrojas ahí a los muertos y te resucitan. Me hirió el olor del aire. de ojos duros. -¿Le has visto? -preguntó Pieretto con calma. -¿Es esto lo que tu padre decía? -pregunté a Oreste. ¿no te parece? -Ya huele a muerte -. Papá lo conoció. Dejó su aire de defensa. el extraño cielo entre los árboles.. -Somos amigos de Poli . -¿Poli? -interrumpió. En aquel momento apareció Oreste agitado. tierra y sol con el hálito ardiente del asfalto. ¿Cómo está? Tampoco gustó a la mujer aquella aclaración.-¿A quién buscan? . crujía la gravilla y. Alzó las cejas casi ofendida.fue la salida de tono de Pieretto. ¿Quién iba a imaginarse que tenía una mujer. Nos miraba a nosotros y a la mujer. Nos miramos.dijo Oreste -. al bajar. De pronto la rubia se calmó. Era evidente que su voz revelaba a la señora..no le sirve a nadie. De un ribazo en el camino colgaban calabazas pálidas. -La idea era hacer un coto. bajo nuestros pies. nos volveríamos a casa. en tal desorden. un llano boscoso y arable en donde todos hacían y cortaban leña a su placer.

Nos dijo al instante que debíamos quedarnos con él día y noche y que le haríamos un gran bien con nuestras largas charlas. Eso es ya agua pasada. que comprendía el pasar la vida entre bosques. los días que siguieron allá arriba.dijo riendo -.de la mañana a la noche? Gabriella se estiró en la butaca.. No vemos a nadie. -La herida estará ya cerrada . -Tendrán sed .dijo la mujer compungida -. las de arriba. dijo simplemente: -Sí. con las piernas desnudas. Ahí llega Poli. debía ser más joven que Poli. Pieretto le escuchaba con evidente cortesía. Poli.dijo Oreste. « ¿Será la bebida? . de cortinas y butacas. Poli continuó festejándonos y suspirando a gusto. Me ha ayudado mucho.quiso saber Pieretto . -Sí. Contestando a la pregunta de Pieretto de si su mujer estaba enterada de todo. 39 Librodot . un poco absurdo. Le dijo a su mujer que diera orden de prepararnos habitaciones. Poli se quedó pensativo. infantil. Era muy joven. Poli sonrió divertido. Mermelada. Pero Poli nos acogió con aquel calor exagerado. Hasta la idea de que Poli-estuviera casado me molestó. Acompáñalos. Yo le dije que era hermoso allá arriba. -¿Qué es lo que hacéis .dijo riendo-. tal como estaba. ¿De qué hubiéramos hablado? Ni siquiera podía preguntarle cómo estaba su padre. puede llegar a gustar . He recordado muchas veces aquel encuentro. La comida seria será esta noche. no sé por qué. dormimos.dijo la mujer -. se mordió el labio y balbució: -Tu padre es un hombre de una pieza. pobre chica. Hubo un tiempo que con Gabriella nos decíamos todo. No podía acostumbrarme a aquel rostro impasible.. Pieretto sonrió. un obstáculo. hacemos ejercicio. Entró Gabriella y abrió el armario de los licores. Era un armario forrado de cristal que se iluminaba al abrirse. casi con miedo. que tenía tantas cosas que decirnos. Pero esta vez nos pusimos de acuerdo para pasar el verano corno los chicos que un tiempo fuimos. algo más grueso. que estalló: -Pero ¿qué hacías entonces en Turín. -La miel le produce urticaria . en la estancia toda llena de cristales.dijo ella. contrariado. porque Giacinta era morena. Yo le hago compañía y le sirvo de enfermera. si ya estabas casado? Poli lo miró con disgusto. Dijo á Pieretto que se había hecho la ilusión de que nos quedáramos con él. negro de sol y malicioso. Hemos hecho el loco juntos por el mundo. ya costumbre en él. Así. ¿o será el resto?» -Nosotros tomarnos una comida fría . Los dos esposos se miraron. galletas. Quien no se pudo contener fue Oreste. Me acordé de pronto de Giacinta. Yo iré después. No parecía haber cambiado mucho. Tenernos muchos recuerdos comunes. de mirada dulce. pero a ratos tenía inflexiones roncas en la voz que me sorprendían. Estamos aquí única y exclusivamente para aburrirnos. Protestamos que nos esperaban en casa. Hablamos del Greppo. el rubor . Luego la vida nos separó. Llevaba una camisa corta fuera de los pantalones y al cuello una cadenita. -Tomamos el sol. Todo nuestro pasado con él resultaba prohibido. Pero tiene los cabellos blancos por culpa tuya.de Oreste.pensaba -. -Pero ¿no estás en plena luna de miel? preguntó Pieretto. que el caballo esperaba. luego nos miraron a nosotros. Dijo únicamente: -No siempre se hace lo que los otros quisieran. que teníamos que llegar antes de la noche. Oreste comprendió su metedura de pata.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 39 -Los amigos de mi marido son mis amigos .

-Esto sólo sucede cuando se vive separado. El jardinero se ocupó del caballo.. Al despedirnos aquella tarde. y Poli aclaró que se lo había llevado su padre para que no cayera en la tentación de correr más peligros y pudiera reponerse en serio. en el crepúsculo. XVI Dos días nos costó convencer a la familia de Oreste para que nos dejara volver allá arriba.ceñudas . lasadelfas. lo llevó al establo. hamacas y botellas.dijo Oreste. -Vinieron y se fueron en coche. salvaje. Las mujeres . con un zumbido de abejas. en la ventana que le esperaba en la estación. ¡Qué desastre! ¿Ustedes se quedan? ¿Dónde están los milaneses? . ¿Han bebido como cerdos? ¿Hubo fiesta anoche? -Vinieron muchos de Milán dijo la chica apartándose el pelo con el brazo. muchacha ruborosa y ceñuda que ya nos sirvió la otra vez. -Pero cuando dos se han separado . ¡Qué gente! Una mujer se cayó de la ventana.dijo Poli ¿Por qué me tratáis así? Gabriella levantó con gracia el vaso y lo miró consternada: -¿Tanto os interesan los pollos y los bailes públicos? Hasta Poli rió. En el rellano de pinos encontramos una novedad.es porque ya hay algo más. Toma el sol . -Si no se tiene mucho estudias o trabajas. concluyó diciendo que la culpa era toda del dinero. Pinotta. Se quiso saber quién era la esposa. -¿No estáis bien con nosotros? -dijo el padre. En el invernadero se oía caer el agua. la selva. los bosquecillos de encinas. Acordamos volver al día siguiente para quedarnos allí unos días. no tienes tiempo para locuras. Oreste. pero aún no se había decidido si Oreste se quedaría con nosotros. Volvimos a atravesar los campos. Volaban los pájaros. -¿Forman parte de la finca también? -pregunté. -.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 40 Discutimos y resistimos medio en broma y medio en serio. Bailaron hasta que se hizo de día e hicieron batalla con los cojines. Busqué con los ojos los descampados abandonados. La insistencia me fastidiaba y pensaba. en el camino de vuelta.dijo el padre . -A ella no le importa un pito. La mañana era fresca en el bosque de pinos. Sólo la noticia de que Poli estaba casado tranquilizó a la madre.dijo Pieretto conciliador -. si estaba deshecha por el dolor y al mismo tiempo firme y decidida a no dar su brazo a torcer. Pieretto dijo que era indigno que una colina entera perteneciera a un solo hombre. Bueno. ¿vamos o no vamos? Fuimos en el birlocho. se quedó en la puerta del invernadero y nos observó sin salir al sol. como era su obligación. y las conversaciones se desviaron sobre el nuevo aspecto que la aventura de Poli asumía.preguntó Oreste. En la mañana todo era lúcido y goteante. -Pero ¿qué puede importaros la casa donde os alojéis? . No 40 Librodot . -¡Cuántas botellas! . como un monte de otros tiempos. Gabriella había dicho que era una lástima no poder ir a buscarnos con el coche. -Duermen .confabularon en la mesa. cojines abandonados sobre el prado. En la espera nos fumamos un cigarrillo. las profundas simas.dijo alzando la barbilla. harto. solitario. mientras miraba a Ores-te. como en la época en que una sola familia llevaba el nombre del pueblo.

bajo la luna. eso fue sólo para el día de la fiesta . El caso es que no vuelvan. campanillazos. en la sala. Cuando entré en la sala de cristales no me había resignado a la aventura. fresca y vestida. nos tendía la mano. Bebimos el fondo de una botella y le rogamos a Pinotta que nos abriera la veranda. las manchas de sangre. Entró Gabriella. declaró que él se iría a dormir a su casa. o 'de quien se deja seducir. Finalmente bajó Poli en pijama. con la faja en la cintura y el clásico gorro en la cabeza.dijo . una mueca maligna. debemos estar nosotros solos. Pinotta acababa de ordenar los jarrones. Fue entonces cuando Oreste. volvería en bicicleta. hablando. -Estúpido. a comportarme educadamente. prohibida. -Espero que aquí no haya dormido ningún loco de esos . Pinotta echó a correr escaleras arriba. ¿Mamá no quiere que se pierda? -Y luego añadió riendo-. Había vuelto a su tono habitual. como el día de nuestro primer encuentro.dijo mirando enfatuadamente el humo ¿Danza clásica. mesas de madera de encina . balbuciente y despeinado. entonces. -¿Había un bosque que llegaba hasta el agua? -preguntó Oreste. Era un mar privado. No podía apartar de mi mente a Rosalba. Déjalos en paz. con el velo. no perdía de vista a Poli. con decisión.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 41 se movía nadie en la casa. Haced lo que queráis. ninguno que no fuera del grupo. Pieretto se había quedado chapoteando en el baño. descalza. adornos más rústicos: sillones. se notaba la mano de Poli y de Gabriella -« ¿ o de Rosalba?». limpiar los ceniceros. una playa acotada. puertas que se cerraban. ésta es vuestra casa y el camino de vuelta ya lo conocéis. Había olvidado el color miel de aquella cabeza y los pies desnudos en las sandalias. recoger los platos y vasos. oímos voces. desde los tiempos del abuelo cazador. hombre. -En aquel bosque. -Vamos. nos dejaba a nosotros en el Greppo y.dijo ella haciendo una mueca -. -Buenos amigos . La vergüenza que sentía al caminar por las alfombras. con la piscina en medio del bosque para los días de viento y nadie podía entrar allí. la estúpida maldad de aquellos días. de la sospecha que cosas semejantes pudieran suceder en medio de tanta limpieza y educación. que había renunciado al mar por el placer de venir aquí. En las otras habitaciones se amontonaban. Al bajar al salón los encontré con Oreste. Aquella mañana hablamos de los bosques. pero.me han traído un poco de vida milanesa.nos dijo -. La sala presentaba ahora un aspecto delicioso. habló del mar. Esas cosas no cambian. así como aquel aire perenne de llegar a una paya. ¿quieren darse un baño? . si acaso. tanto. según él los criados iban vestidos de pescadores. Me apoyé en un árbol y contemplé la llanura. Poli criticó el buen gusto de los dueños de la casa. Fue porque Ores-te decía que a mí me gustaba el campo.dijo Gabriella con un tono que no me gustó. a ver a Pinotta llamada y ordenada con dureza y alegría era producto del recuerdo de Rosalba. de cierta playa con un pequeño puerto en donde tenían amigos y los olivos llegaban hasta el agua. Vi una chispa. discutimos en pie si la culpa de los excesos era del prójimo. ¿te acuerdas. Se quejó de que lo hubiéramos hecho esperar tres días . -¿Por qué? .una cama con baldaquín -. Me gritó algo a través de la puerta. pero aquí. con los muebles y las cortinas claras y ligeras. El fumaba y sonreía abstraído. ya hablaréis después. Gabriella. -Existe todavía. Allí nos encontraron Poli y Gabriella. me preguntaba -. Se anunciaron con ruido. Gabriella bailó Chopin -. Gabriella? 41 Librodot .nos dijo al acompañarnos a las habitaciones.

Ni Rosalba quiso ayudarte ni tú tienes derecho a compadecerla.preguntó. Lanzaba aquellos gritos suyos salvajes para asustar a Gabriella.. se iba. -Estaba todo decidido decía Poli en voz baja -.. Ya la otra vez había desaparecido a la misma hora.mismo. Las dos voces se confundieron un instante. -Aún huele a la noche pasada . No excluyo que un par de ellos estén aún por el bosque. Cuando al fin apareció. Nosotros no somos quienes nos damos la muerte. hacía bien en estar solo. Morir no me dio miedo. no viene de nosotros. Yo perdono a Rosalba.. Sabía casi a marina. Hasta Gabriella. Poli dijo que iba a tomar el sol. Estoy agradecido a aquella desgraciada que me lo enseñó. 42 Librodot .refunfuñó -. se esparcieron por todos los sitios. de su cuerpo.. hablaba con voz sumisa . -¡Historias! . Poli sonrió pensando en algo.me parecía oírle aquella noche en la colina. Por la noche me di cuenta de que en el Greppo no se oían voces de campo. -¿No baja Pieretto? . la noche de los gritos de Oreste . quien deseaba estar solo. ella quiso ayudarme. Ahora es todo más fácil. dar vueltas a mi gusto por la colina hasta la hora del almuerzo. Pieretto y Poli charlaban junto al estanque. Hablaba despacio. XVII Al atardecer. Olfateé los pinos en el aire todavía tibio. se venía. Deja en paz la inocencia. Habíamos hablado de ello en el birlocho y Pieretto comentó: «Ésa está señalada como nosotros. ¡Qué lástima que ayer no estuvieran tus amigos! Llamó a Pinotta para ordenarle que abriera las vidrieras. Gabriella nos había conducido a una pequeña gruta bajo la roca rodeada de helechos en donde brillaba un poco de agua estancada. En cambio. ¿por qué no le decimos que nos acompañe al pantano?» Me hubiera gustado estar solo. Oreste estaba sombríamente alegre. hablaba de sí. molesto. sus salidas perentorias. Sean buenos chicos.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 42 -¡Qué lástima! . pero ganó la de Pieretto -. Conseguí estar solo bajo los pinos hasta la hora de la cena. Érais dos cerdos. una alegría. Lo difícil es vivir. pero a mí no me la das..le dijo a Pieretto -.dijo ella-. como las bestias. más allá del seto. Era odiosa aquella pintora tuya que fumaba habanos. Eres una cara dura. Poli y Pieretto se quedaron discutiendo.dije. -Usted baja y yo subo . con aquella voz baja y clara. Notaba. pinchaba.le interrumpió Pieretto con un gruñido. con fervor.saltó ella -. que todo el día había estado con el rostro hinchado y cansado. Todo lo nuestro nace de ahí. En una hondonada encontramos un árbol con melocotones dulces como la miel. Gabriella nos había ya dicho que al Greppo se venía con absoluta libertad. Poli. Las voces se alejaron bajo la luna. Los eróticos y los borrachos dejan tufo. la muerte. He comprendido que el mal. Ciertas cosas nunca se llegan a saber del todo. -Son como los monos . Poli se quejaba. Oreste. Durante todo aquel día vagabundeamos por el bosque.. no somos nosotros quienes los hacernos. -Yo creí que la orgía se celebró bajó los pinos . se marchó en el birlocho y se hizo de noche en el Greppo. tomé a Oreste del brazo y nos fuimos juntos. las exclamaciones de Pieretto. -En lo más profundo de nosotros hay una gran paz. -Al fin he comprendido que debía curarme. reponerme como si fuera un niño.

dijo Pieretto -.» La vida en el Greppo habría cambiado. el mantel blanco. Gabriella habló de viajes. No estaba muy convencido de encontrarme allí. Días atrás. de su humor sombrío. Miraba a Gabriella y me preguntaba si Oreste no había sido más listo que nosotros.me decía . ¿por qué están juntos? . Desde allí arriba se dominaba la llanura como desde una nube. Ha hecho bien vuestro amigo en ponerse a salvo. Yo pensaba: «A lo mejor si beben abundante serán más sinceros.y nosotros. -Entonces. a estar solo. -La mesa es sagrada -había dicho Gabriella -. Él conocía mejor a Poli. esos dos se detestan. mientras se puede se debe hacer de cada comida una verdadera fiesta. ¿quién se ha muerto? . Nos dijo con amabilidad: «Sentaos». mirando en los umbrales de las puertas. aquí por la noche no tenemos más que grillos.¡Si yo lo supiera! Menos mal que en la mesa Poli no cesaba de llenar nuestros vasos. inclinado sobre el plato. más ellos mismos. -Vamos. Gabriella comía con desgana . -Con tal que estén contentos . Nosotros confesamos que sólo éramos dos estudiantes. de cuando él y Poli recorrían los bosques. puestas con gracia sobre el mantel. del aburrimiento mundano. con Poli. Pinotta temía las ojeadas de Gabriella y acudía a todo. no apartaba la vista de Gabriella. sabía muchas cosas. -Los grillos. pero se había cambiado de vestido. -Os aburrireis -dijo de pronto Gabriella -. Todos somos pecadores. pero lejos. en los rostros. de extraños encuentros en los hoteles de la montaña. Pinotta. en las viñas. Luego levantó los ojos interrogante -. Exigía flores aquí y allá. Sé que en Turín. dejaremos en libertad a Pinotta y nos iremos contentos a pasear o a dormir. nos sirvió durante todo el tiempo. la verdadera dueña de la casa. habíamos comentado: « ¿ Que harán esos dos en el campo?» Nos preguntábamos si habían ido para estar solos y en paz. Poli. Había nacido en Venecia. en la era. a pensar en nosotros. Yo procuré no mirar los puños de la camisa de Pieretto. una locura y que gracias a nuestro encuentro aquella noche se ha curado. Bajó con las sandalias.exclamó -. con la mesa deslumbrante preparada en el salón. ni de que semejante casa surgiera como una isla en aquella tierra de campesinos. que era para él un vicio.dijo ella jugueteando con la rosa que tenía delante. que charlaba y charlaba del placer que sentía paseando en la noche. escuchaba a Pieretto. discutiendo acerca de si Gabriella era digna de venir con nosotros al pantano. Hasta Gabriella bebía a sorbos gustosos. de Poli muchacho y de la necesidad de soledad que pronto o tarde nos alcanza a todos.y nos haremos amigos en seguida. con aquel paso suyo que parecía ir descalza. Pensaba en los festones de papel coloreado de casa de Oreste. Los 43 Librodot . pero estaba claro que en el Greppo no se hallaba a gusto. Hablamos de la vida de la ciudad y de la del campo. Bastará eso . No había escapado de allí sólo para correr a ver a Giacinta. Nos miró un instante y se echó a reír. Con muy buenas maneras se había vuelto a su casa a dormir. Gabriella dirá entonces que quiere de veras a su Poli y Poli dirá que Rosalba era fea. cantos de gallos. «¿Qué hacemos nosotros? ¿Qué sabe Gabriella de Rosalba?» Ella parecía inteligente. Fuimos a cenar cuando ya era noche oscura. a nuestro encuentro y al berrido que lanzó Oreste. vamos. Comprendí que en algún lugar de la cocina debía haber otra mujer. la luna -dijo Pieretto . Miraba las flores. echando hacia atrás la cabeza como un pajarillo. frecuentaban ciertos locales nocturnos. en las panochas amarillas. tragaba sin ruido. la cocinera. ladridos.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 43 cloqueos. Hablamos de Oreste. «¿Y si por la noche tomaban juntos la cocaína?» -Creedme .

Es corno estar solo. Fue Pieretto quien dijo: -Furor blanco con la espuma. sobre todo si ya se conocen las respuestas.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 44 infortunios rejuvenecen y nadie es culpable. es ingenuo y es sincero como debe ser un hombre. El rato bajo los 44 Librodot . con los ojos hinchados y a medio cerrar. vosotros estabais. Gabriella aceptó el vino y lo bebió. Que la ha descubierto en Turín.es hermosa. Poli no se descompuso. -¡Señora! . estaba muy gracioso cuando descubrió la vida sincera. -La música quiere alegría . Gabriella aspiró el humo. Sinceridad no es delito.corrigió ella -.puedo poner un disco.continuó ella -.dijo -.. -Falta la música .dijo Pieretto -. Vi la mano sutil estrujar la rosa que había dejado caer y no me atreví a mirarla a la cara.gritó Pieretto -. sin poner el disco. . Pero quisiera saber la cara que pusieron al oírle.. Yo pensaba en Oreste y en su viña.dijo Poli levantándose . aquella noche en la colina. Matemos el ternero. -Vamos a ver la luna desde el bosque . podemos llamarnos por nuestros nombres. Al fin y al cabo tenemos amigos comunes. duros y maliciosos.. Quería solamente que alguno de ustedes me dijera si Poli. de despertarme a la mañana siguiente y luego bajar. Desearía que alguno me dijera si aquella noche. Cambió el tono de voz y propuso : -¿Salimos a tomar el aire? Nos levantamos en silencio y bajamos la escalera. ¡Brindo por el ternero! -Nada de señora . Bebimos todos. hablar con ellos. Alguien tenía siete diablos en el cuerpo. sentarnos a la mesa y esperar la noche otra vez. ya lo sé. Mientras en el silencio encendía un cigarrillo. Habíamos perdido un hijo pero nos ha sido dado de nuevo. y no siempre comprende que las crisis de conciencia no convienen a todos. si Poli explicó a la compañía su vida inocente. Poli la miró de arriba abajo. -Aquí va a terminar como anoche .prosiguió Gabriella -.Alargó el brazo hacia el vaso de ella con una seña.sonrió . Tenía el aire de esperar otra cosa. nos miró y se echó a reír.dijo . bufando..dijo Gabriella -. Nos miraba estirado. -Quos Deus vult perdere . Bebamos otro poco. Gabriella sonrió con maldad. -Se puede beber después . XVIII -Déjame hablar . encontrar de nuevo a aquellos dos. Poli se había sentado. Mejor. los rostros de los que estaban con él. el olor del cielo. me ponía enfermo. -No nos hemos entendido. así podemos hablar con sinceridad. Porque Poli es sincero . Nos invadió el cántico de los grillos. -Si quieres música . No me gustó la cara de Poli.y nadie está borracho hoy.. Entre dos se habla muy poco. Gabriella lo miró fascinada un instante y rió estúpidamente.. Esa ingenuidad suya -. Se oía el rechinar de los dientes. Y nos clavó aquellos ojos.dijo Pieretto. Pero yo quisiera ver los rostros. Aquella noche Pieretto fue a mi cuarto.dijo Poli sombrío. Luego nos traerán el café. de los que le escuchaban. Odio los delitos pasionales. La idea de dormir en aquella casa. Suele pasar.

. ¿Has visto alguna vez comer con las flores en el plato? Era mejor la viña de Oreste y el pantano. después de que durante días y semanas habíamos dormido los tres en el mismo cuarto. No eres tú quien duerme con ella. La noche anterior aquellos árboles y la luna debían de haber visto cosas de todos los colores. Oreste. -Es todo un tipo . del don que tenía de exasperar a las mujeres. Venía con Pinotta.dijo Pieretto -. Mañana. que había ido a hacer la compra a Due Ponti. -Pero él se deja. 45 Librodot . Entonces hablamos de Poli y de su extraño destino.. tarjetas postales llegadas para nosotros. Gabriella gritó desde la ventana: -¡Si para tenerlo con nosotros es necesario. Estar solo.observó -.. A media mañana llegó Oreste tocando el timbre de la bicicleta como si fuera un cartero.. Él me miró con aquel modo suyo entre estúpido y divertido. Habíamos ya hablado de volver allá. la tensión. Hay que tener ojos en la cara. largas tardes. eran lo mismo dispuestos a desencadenarse de nuevo para pasar otra noche como fuera. -No grites . Sabe elegir las mujeres. puede ser que ni siquiera se lo pregunten. Gabriella no duerme con Poli. Sabía que los dos.. -Ya verás como vuelve. Lo bueno es que nos trajo verdaderamente el correo.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 45 pinos y la luna había durado lo suyo. -No se diría. . amigos.me dijo. cuando todos sabíamos de qué pozo se trataba? Se lo dije a Pieretto mientras fumaba el último cigarrillo: -¿Quieres decirme qué hacemos en esta casa? Ésta no es gente para nosotros. No sé por qué están juntos. -¿Gabriella? ¡Pero si siempre está riñendo! Nos ha medido de la cabeza a los pies. nos contó que había visto vuelos de pájaros en el campo y oído aleteos que prometían un anticipo de caza.dijo -. absorbiendo por otros los poros del cuerpo aquel reino. aunque me arrojen a patadas. Gabriella no aludió al pasado. Ellos tienen dinero. Oreste. para ellos el tiempo es siempre bueno. -Pero Gabriella te gusta . me dejó fresco y reposado como aquel cielo que saludé por la mañana desde la ventana. ¿Por qué aquellas conversaciones ambiguas. Había hendiduras. de buen humor. -Cuidado que eres tonto . Gabriella es su mujer. Todo estaba despierto y vivo. Disfrutó con mi estupor y continuó: -Ni el uno ni el otro piensa en ello. Mira. Por otra parte. diré a mis amigos que escriban todos los días ! Entramos con ella y nos sentamos en espera de Poli. -Eso espero. la gruta de Gabriella. Pero era precisamente eso lo que me producía malestar. Ha nacido para vivir en una celda y no lo sabe.interrumpió Pieretto. Él sí que lo ha sabido hacer.. y el sol que llenaba la llanura más allá de los pinos me hizo comprender que el horizonte era vasto y las cosas que haríamos en el Greppo disfrutando de los bosques y de la compañía. -Y qué quiere decir eso? Se le echan encima como furias. Mientras dure. Cualquiera se daría cuenta de ello. No sabe qué hacer con nosotros.. Tendría que ser ermitaño. la sospecha. charlando. Yo de aquí no me muevo ni. Poli y Gabriella. como la hiedra que esconde un pozo. Con desenvoltura nos hizo hablar de nosotros. jugando. barrancos. las cosas no dichas.. Es una comedia demasiado bonita. Dormí bien en la cama blanda con edredón de seda.

Es la madre común. y cuanto antes se acostumbra uno. como un insecto o un pájaro. en aquel sol. Verás cómo con el tiempo su padre lo venderá todo. ¿por qué no la trabajas? A la sonrisa vaga de Poli dijo Oreste: -Se necesita una persona bien distinta a él. Tú tendrías que saberlo.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 46 -¿Tanto le gusta esparcir la sangre. Ahora. -No encuentra ya gusto alguno . aunque antes fuera un jardín y la barraca un pabellón. llegando por entre los matorrales a un pequeño pabellón negro. revistas ilustradas y el cestito de trabajo de Gabriella. Aún no habíamos visto al jardinero. Me gustaba la luz verde de los pinos en las ventanas. en septiembre. viejos libros encuadernados. un billar. Pero sonrió . Pero ni de vallas ni caminos se veía rastro alguno. diez días solamente. Había libros. Oreste no comprendía nuestra alegría y nos miraba inquieto. Oreste? – preguntó Gabriella-.explicó Gabriella -. en la sombra de las persianas. ¿no? Oreste volvió al tema de la caza y dijo que Poli no debía dormir hasta tan tarde. Nadie dijo nada. ¿Se lo ha preguntado a Poli? A propósito. llevó de nuevo a Oreste al tema de la caza. De la cocina nos llegaban olores diversos. Yo pensaba que septiembre estaba cerca. -¿Dónde está el viejo perro de Rocco? -preguntó Oreste. XIX Así que también Oreste se quedó en el Greppo. mesitas de juego. los primeros días por cuestas abruptas hasta las viñas sofocadas por la hierba. La colina parecía cocer al sol de agosto. Debe usted quedarse aquí con nosotros. Luego ella se fue. Parecía que se estaba de acuerdo en ello. Parecía como si tuviéramos las piernas enriscadas en aquel perfume. -Con tanta tierra como posees . La mejor hora de caza durante el verano es antes del alba.los filetes se los come. preparamos una batida.. --Anoche se habló de Poli -explicó Gabriella-. -Lo sospechaba . madreselvas y menta levantaban a su alrededor una barrera invisible y era hermoso caminar hasta llegar al punto de salir afuera para volver de nuevo al bosque. la que no engaña a sus hijos.si queréis. Al almuerzo. al acercarnos.dijo Poli . Dimos vueltas por las habitaciones alrededor de la veranda. Riendo. En un rincón encontré novelas. y si era correcto que estuviéramos allí tanto tiempo. -Porque un hombre en crisis coge siempre la azada y la hinca en la tierra . ¡Si ni siquiera la utilizan para cazar! -¿Y por qué tendría que labrar la tierra? -pregunté a Pieretto alzando los ojos de la revista.sentenció -. -Debe estar muerto .. Por la tarde bajábamos en grupo. porque todas las cosas suceden por la noche.murmuró Pieretto. Oreste y Poli lo llamaban la pagoda china y recordaban cuanto todavía estaba cubierta de gelsominas. Poli no quiere saber una palabra de muertes. No dije nada y abrí la revista. oíamos entre las ortigas el estrépito de topos y ratas .dijo Pieretto a Poli -. ¿Se lo ha dicho? Oreste le miró interrogante.. Por favor. No le va con su nueva vida.. Gabriella bajó con el albornoz y sabía a sol. el paraje era sólo un matorral. una vez dimos la vuelta a toda la colina.la colina la había devorado Pero el contraste no entristecía. a través de cuyas grietas se veía el cielo. -Pero . ¿por qué no nos llamamos por nuestro nombre? Al campo se viene para estar en libertad. la mancha boscosa aparecía así más virgen y 46 Librodot . A veces escapaba en la bicicleta y luego volvía.contestó ella -.

con Oreste y ella. él no era el tipo de hombre para pensar en estas cosas. No sé si Oreste pensaba en ello. el resto es servidumbre. curiosa. Gabriella había dicho: « ¿Por qué trabajan ellos si son los dueños?» Le expliqué que eso era lo bonito. . Pieretto dijo a. ver desde lo alto el lugar de las encinas. donde vivían los hermanos.Gabriella -No entiendo por qué no pasan el invierno en este pabellón. una orgía sensual de pulgas y jugos.mientras el otro continuaba: -Se-amos sinceros. Durante los primeros días Pieretto y Poli pasaron muchos ratos juntos. Se puede pensar en las cosas del alma. en cambio. Al contrario de Poli. podíamos hablar sin que la sombra de Poli nos fastidiase.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 47 salvaje. Y Gabriella saltó como una víbora: -¡Qué loco! Poli sonrió. Al menos la tierra permanece sepultada. Comerían raíces y encontrarían la paz de los sentidos. me preguntó si allí vivía la chica de Oreste. Aquí nadie cavaba la tierra para recoger algo.dijo Oreste. es la estación del alma. En verano el campo es desagradable.y luego Milán. Oreste callaba. Hablamos de ello en cierta ocasión cuando Gabriella. Gabriella le miró a él y a Poli sonriendo fugazmente: -Sé cómo hay que pasar el invierno refunfuñóy me gusta este olor indecente. nadie vivía allí. ¿Y las flores. Le respondí que algo mejor: «dos hombres estupendos que trabajaban sus viñas y se bastaban por sí solos». Gabriella era la primera en sonreír. que solamente trabajando la propia tierra se es digno de vivir en ella. y si se aludía a ello alguna vez. de dar la vuelta al mundo? -Allá abajo hay arrozales . el invierno! gritaba Pieretto -. sobre todo. tan quemadas tenía las mejillas. dónde había crecido Oreste cuando chico. las ermitas. aquel Mombello de tierra roja. dónde iban de caza. haciendo el elogio de David y de Cinto. Cerró irónicamente los labios. -¿Qué te pasa? .Señalé con el dedo la llanura donde blanqueaban las aldeas-.» Paseando con ellos. -¡El invierno. La mayoría de las veces hablábamos poco. No nos venía a la mente ni el recuerdo de él ni el de Rosalba. nosotros éramos solamente un horizonte. y las frutas que caen? Poli reía. 47 Librodot . ¿Qué diablos hacen tantos sacos de simiente? Hay olor de coito y de muerte. que nunca decía nada sobre aquellos lugares. Los primeros días pensaba que Gabriella me gustaba y que no había mal alguno en estar cerca de ella. Dijo: «Se ve que hay gente así. Nuestras voces entre los matojos no bastaban para violarla. ¿Ya se te han pasado las ganas de embarcarte. A mí me gustaba. Gabriella buscaba y hacía indicar a Oreste los pueblos. El invierno. Le dije bromeando: -Si hubieras nacido en el Greppo tu horizonte sería aquel otro. Solos. A mí me parecía. El campo en agosto es indecente. que parecían rosáceos. -No habléis mal de Milán . Quería saber cómo vivían los campesinos. entre el olor de mastranzo y tierra reseca. Tendré que volver allá un día u otro. con respecto a la viña de San Grato. y nosotros salíamos con Gabriella hasta la loma y nos fumábamos un cigarrillo sentados en la cuneta y mirando los árboles minúsculos en la llanura.intervino Gabriella -. En un tiempo habían probado y después lo dejaron. La idea de que en los bosques el gran sol de verano sabe a muerte era cierta. no podía quitarme de la mente que. una isla en un cielo marino. estar hablando de él. y las bestias en celo. las carreteras.dijo Oreste .

de detenernos en la superficie de las cosas. Lo más hermoso era cuando descendíamos a la gruta o a las viñas. a Gabriella. pero también él iba con precaución. por todos lados. -¡Ya lo creo! .dijo Poli. . Y abarcó con una ojeada a todos. de salmuera terrestre más fuerte que en otro lugar. a una serie de gestos y etiquetas sin sentido. un grupo de árboles.decía Gabriella -. discutía con Pieretto. -¿Quién puede ser más inútil que yo? -repitió cierta noche estirándose -. la colina secreta que vivía su vida. bromeaba de una vez que había ido a caballo. Sí . sentía en ella como un desprecio.comenzó Poli. Usted. -Eso es masoquismo . Bailaba un poco con cada uno de nosotros. Pocos hombres saben los confines de la propia sensualidad.contestó Oreste contento -. -¿Y qué? -dijo ella-. nos cocíamos al sol. delante de nosotros. un juego superfluo. -Pero no hay fondo. incluso cuando reía y aplaudía.prosiguió -.le dijo -. -Parece que lo dice en serio . ¿Y quién no cuenta paparruchas? Entonces Poli empezó a quejarse y a acusarnos. de noche. un rincón. saben qué es un mar. Ni siquiera sirvo para divertiros. bajo la gran luna que aclaraba las estrellas. Oreste la miró con tal brusquedad que nos hizo reír a todos. Había aquel vago olor de agosto. siguiendo con los ojos los pasos. quién en los vicios mezquinos. detrás. y sentir a nuestros pies. que yo no había visto. Había también el placer de pensar en todo ello. Ella también sonrió -¿No es cierto que usted no tiene crisis de sinceridad? . -¡Oh! Ya estamos en crisis.dijo. Gabriella torció la boca: -Frente a Oreste no somos más que carroñas . Las primeras noches callábamos y escuchábamos. a la gente. quién en el mañana. nos echábamos en la hierba. Oreste. Me gustaría ir a la taberna y emborracharme con los peones. la falda azul celeste. 48 Librodot . de vestirme para bajar. -Es algo que transporta a uno más allá de la muerte . tocado. Luego volvía a sentarse. de vuestras conversaciones tan inteligentes. Estoy cansada de vivir.. En el fondo lo que más me gustaba de todo era pensar que estábamos viviendo en el Greppo. absorbido. comíamos fruta salvaje. incluyéndome a mí -. Quién pensaba en el empleo. -Hay un valor en la vida de los sentidos. La gente se agitaba y se jugaba la conciencia en las cosas más materiales y estúpidas. No merezco otra cosa. Quizá Pieretto le podía hacer frente. Había siempre algo. Oreste? -Hay crisis y crisis. ¿Ha mentido alguna vez en su vida.cortó ella fríamente -. como de costumbre. Es el único sincero y sano.. En crisis. yo no me fiaba del todo. en donde ella también vivía. ponga mucha atención o terminará como nosotros.. Oreste. de reducir la vida a un drama inútil. jugando. Poli. de despertarme por la mañana. en el pecado. callaba..susurró Pieretto. -¿Él solamente? -preguntó Pieretto.concluyó Poli. que respiraba como nosotros el olor de los bosques. Eso está muy de moda por aquí. Se necesita valor y uno sólo puede salvarse tocando el fondo. -Cansada de todo . XX Por la noche nos quedábamos en la veranda bebiendo. Me gustaría un hombre que me destrozara. -¿Hay alguien más inútil que yo? .Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 48 Oreste. escuchando discos.

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Todos se debatían y rellenaban el día con palabras y vanidad. -Pero si queremos ser sinceros - dijo --, ¿qué es lo que nos importa de estas bobadas? Somos carroña, eso es lo que somos. Y entonces digo yo, ¿a qué se llama crisis? No precisamente a emborracharse con los mozos de cuerda y los patanes que no valen un dedo más que nosotros. No hay más que concentrarnos en nosotros mismos para descubrir quiénes somos. -Ya lo has dicho tú - dijo Pieretto. -¿Para que sirve todo lo demás? -continuó el otro, testarudo -. El resto se compra, los otros pueden hacerlo por ti. -No todos disponen de medios suficientes -dijo Oreste. -¿Y bien? He dicho pueden, no que lo hagan. Son siempre cosas que no dependen de nosotros. Nadie puede decirte quién eres. -¡Pero si somos carroña! - saltó Gabriella -. ¡Oh, Poli ! ¿No estabas de acuerdo en que lo somos? -Poli sostiene otra cosa - dijo Pieretto -. Sostiene que todos tenemos tendencia a contentarnos con la etiqueta, con el juicio corriente. No basta saber que somos carroña, eso es demasiado poco, hay que preguntarse por qué y comprender que podríamos no serlo, que también nosotros estamos hechos a semejanza de Dios. Así resulta más divertido. Gabriella fue a poner un disco. A las primeras notas abrió los brazos e imploró: -¿Quién me quiere? Se levantó Oreste y nosotros continuamos hablando. Ahora Poli decía, mirando al soslayo, que si Dios estaba dentro de nosotros, no veía el motivo por el cual había que buscarlo en el mundo, en la acción. -Si nos ha sido dada la semejanza con Él - murmuró - ¿a quién toca sino al hombre interior? Yo seguía con los ojos la falda celeste y pensaba en Rosalba. Estuve a punto de decir : «Esta escena ha sucedido otra vez», pero me pareció que una extraña sorpresa iluminaba el rostro de Pieretto. -¿Estás seguro que eso no es una vieja herejía? - murmuró. -No me interesa - dijo Poli bruscamente -; me basta con que sea verdad. -¿Tanto te importa dijo Pieretto parecerte al Padre Eterno? -¿Y qué hay más que eso? -contestó el otro convencido-. ¿Te dan miedo mis palabras? Dales el nombre que quieras. Yo llamo a Dios la absoluta libertad y certidumbre. No me pregunto si Dios existe, me basta ser libre, cierto y feliz, como Él. Y para llegar, para ser Él mismo, basta que un hombre toque el fondo, se conozca profundamente. -¿Queréis dejarlo ya? -gritó Oreste por encima del hombro de Gabriella. No le hicimos caso. Pieretto dijo alegre: -Y tú, ¿tocas ese fondo? ¿Bajas a él a menudo? Poli asintió sin sonreír. -Creía -- continuó Pieretto - que el mejor modo para conocerse uno era aceptar la propia responsabilidad. ¿Has pensado en lo que harías si viniese el diluvio? -Nada - dijo Poli. -No me has entendidodijo Pieretto -. No lo que quisieras, sino lo que harías, lo que las piernas te harían hacer. ¿Escapar? ¿Caer de rodillas? ¿Bailar alegremente? ¿Quién puede decir conocerse a sí mismo si no ha visto de cerca la necesidad? La conciencia es sólo una cloaca. La salud está en el aire libre, entre la gente. -He estado entre la gente - dijo Poli cabizbajo - desde muy niño. Primero, en el colegio. Después, en Milán; siempre he vivido con ella. Me he divertido, no lo puedo negar. Supongo que esto pasa a todos. Me conozco y conozco a la gente... Ese no es el camino.
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-A mí dijo Gabriella al pasar - me sabe mal morir porque no veré más a nadie. - ¡Usted baile! - gritó Pieretto. -Pero tiene razón - dije a PoliTú, en cambio, ¿ves a Dios en el espejo? -¿Qué quieres decir? -Pura lógica. Si el mundo no te interesa y llevas a Dios dentro de los ojos, mientras estés vivo lo seguirás viendo en el espejo. -¿Y por qué no? - dijo Poli-. La propia cara no la conoce ninguno. Hablaba con aire tranquilo que me hizo pensar. La música había cesado. En el silencio, a través de los cristales se oían los grillos. -Vuelve la angustiadijo Gabriella a bracete de Oreste -. Estamos hartos de vosotros. Salimos todos bajo la luna que parecía ahora enorme y descendimos por la carretera. -Haría falta un local allá abajo - dijo Pieretto -; así tendríamos una meta. Gabriella, que nos precedía con Oreste, dijo: -¡Ay de vosotros si volvéis a hablar del diluvio! Yo caminaba entre los dos grupitos, olfateando la tierra, la luna, la hierbabuena. Pasamos bajo el talud de los higos de India. Las matas y los árboles sobre las lomas descubiertas hacían mil juegos de luna. Había en todo un hálito ligero que parecía el respiro de la noche. Oreste nos nombró los animales que poblaban el Greppo. Había urracas, ardillas y algún lirón, liebres y faisanes. Para mí los grillos y las cigarras me cantaban día y noche en la sangre, daban voces al verano, vivían. A veces su estruendo era tan grande que me hacía estremecer: tenía que llegar hasta las serpientes, hasta las raíces de la tierra. Me preguntaba si los dueños del Greppo, no tanto Poli y Gabriella que no eran nada, sino el antepasado cazador y los guardianes de su tiempo, habían amado esta tierra, este monte salvaje, como a mí me parecía amarlo ya. Cierro, mejor que nosotros, ellos lo habían poseído. Una cosa que la presencia de Gabriella me ayudó a comprender. Le hablé dentro de mí, como a veces discutía en voz baja con Pieretto. Aquel abandono, aquella soledad del Greppo, era un símbolo de la vida deshecha de ella y de Poli. No ha-, cían nada por su colina y la colina no hacía nada por ellos. El desprecio salvaje de tanta tierra y tanta vida no podía dar otros frutos que no fuesen inquietud y futilidad. Pensaba de nuevo en las viñas de Mombello, en el rostro brusco del padre de Oreste. Para amar a una tierra hay que trabajarla y sudarla. Volvimos al día siguiente a aquel pabellón y aquí la idea de Pieretto de que el campo sabe a coito y a muerte, me hizo sonreír. Hasta el zumbido de los insectos ensordecía, y el fresco ardiente de la hiedra, y el lamento de una perdiz. Los dejé, a ella y a Oreste, en la sala derruida, mientras pateaban y gritaban para alzar el vuelo de las perdices y salí afuera al sol.

XXI
Me burlé de Oreste porque desde hacía tres días no iba por el pueblo y dormía en una habitación de la planta baja, junto a la de la cocinera. -De él me fío - había dicho Gabriella. Oreste subía por la mañana a despertarme y fumábamos en la ventana. -Durante toda la noche he estado dando vueltas por los bosques - me dijo. -¿Por qué no me has dado un silbido? -dije-. Te hubiera acompañado. -Quería estar solo. Puse la misma cara que hubiera puesto Pieretto en semejantes circunstancias, pero me arrepentí. Oreste bajó los ojos como un perro.
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-¿Hay alguien más en esta historia? Él no respondió, miraba el cigarrillo: -Vamos a la terraza - dije. Se llegaba allí por una escalerita de madera que terminaba en una trampa. Nunca habíamos subido. Al mediodía Gabriella tomaba el sol en aquel sitio. Atravesamos el pasillo de puntillas. La escalerita rechinó inmediatamente bajo nuestros pies. Oreste salió el primero. Era una especie de galería descubierta bajo el cielo, y el sol fresco la inundaba completamente. Un muro de ladrillos la cerraba, y columnitas a todo alrededor sostenían traviesas de madera puestas en forma de pérgola. Sobre el muro, macetas con geranios de color escarlata y las puntas oscuras de los pinos que afloraban a su alrededor. -No está mal. Esta mujer sabe vivir. Oreste miraba perplejo. Taburetes y albornoces, así como una hamaca se hallaban plegados contra la pared. Pensé que desde la hamaca abierta no se debía ver otra cosa que el cielo y los geranios. -Querido mío - dije a Oreste -. No hay ninguna necesidad de llevarla al pantano. Está más negra que nosotros. -¿Tú crees que toma el sol aquí? -balbuceó. -¿Te ha invitado a venir? -sonreí y de nuevo me arrepentí. Oreste no apartaba los ojos del albornoz. -Felices las hormigas y los abejorros - dije -. Bajemos. ¿De quién era la culpa aquella mañana? ¿De quién me burlaba? Pensando en ello hoy, doy la culpa al Greppo, a la luna, a los discursos de Poli. Hubiera tenido que decir a Oreste: «Vámonos a casa.» O hablar con Pieretto. Quizás éste aún hubiera podido salvarlo. Pero Pieretto, que comprende todo, durante aquellos días no se dio cuenta de nada. Por otra parte también me gustaba aquel juego. Se acercaba el mediodía y Gabriella, que durante toda la mañana había paseado por casa en pantaloncitos cortos, charlado y cerrado de golpe las puertas, que había hecho correr a Pinotta, Gabriella desaparecía de pronto, dejándonos bajo los pinos soleados o en la tranquila veranda leyendo o escuchándonos el uno al otro. Oreste y yo nos lanzábamos una ojeada; era un secreto nuestro, y aquella hora de sol transcurría en suspenso, lenta. Una mañana en que Poli se fue arriba y ya no lo vimos durante un rato, vi que Oreste palidecía. Yo no estaba celoso de él, no pensaba seriamente en Gabriella, pero ni siquiera me preguntaba si él lo pensaba. Disfrutaba con aquel juego, eso era todo. Era algo así como el secreto del pantano, tan innocuo como aquel, y procuraba que Pieretto no lo comprendiera. Porque era un tipo capaz de hablar de ello en la mesa. Cuando quise decir a Oreste: « ¿Pero no te espera Giacinta?» comprendía que ya era tarde. Fue la mañana en que él no respondió a mi acostumbrada llamada: no estaba. Gabriella le había hablado. Salieron con el primer rayo de sol, juntos, después del temporal de la noche. Desde mi ventana los vi volver riendo sobre la hierba. Precisamente aquella mañana Poli no salió de su habitación. Me encontré a Pieretto y a Pinotta abajo, charlando. La criada me lanzó una mirada aviesa. Pieretto dijo: «Ya estamos de nuevo. Ese cretino ha vomitado.» Pinotta contó que la habían llamado para limpiar la vomitona de la colcha. -¿Ha ocurrido otras veces? -preguntó Pieretto. -Siempre que beben demasiado - contestó ella. Pero la noche anterior no habíamos bebido más que naranjada, es más, el aire pesado y los primeros relámpagos nos produjeron una inquietud, un mal humor que en mí se había convertido en malestar, verdadero sentido de culpa y, volcando la conversación sobre nuestra estancia en el Greppo, dije que ya era tiempo de marcharnos. Me saltaron encima - ella también - y se empeñaron en explicarme que se estaba muy bien y que aún había que hacer tantas cosas.
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pero Pinotta no puede quejarse. sí . Ante Dios. Así. Pieretto entró en mi habitación y discutimos la recaída de Poli. Robaba los somníferos a su madre para drogarse. Entonces pensé en serio en Giacinta. así que Poli era ya un libertino antes de ser hombre. una criada se lo había llevado a la cama apenas cumplidos los doce años y le había chupado la médula durante meses. si no se muere. los hijos se encuentran ya en aguas profundas cuando aún no saben nadar. era un pueblo famoso por la feria de agosto. no contenta con eso. Resbalaban sobre la hierba y se reían.decía Pieretto -. Ya puede tenerlo el padre en el campo. -Pero ¿por qué están juntos? -Están acostumbrados a reñir.dijo Pieretto -. Oreste fue a casa a buscar el birlocho. XXII Para poder llevarnos a la feria. Dentro de una hora se levantará. Gabriella venía de ver a Poli que tenía la habitación separada de la suya. le divierte. La culpa es de este mundo en donde los padres tienen demasiados millones. pero como no 52 Librodot ...es Pinotta. -Se parecen. Luego. Cuando Gabriella se eclipsó a mediodía lancé una rápida ojeada a Oreste y vi que no quería responderme. Continuamos discutiendo el proyecto de ir al día siguiente a una fiesta de los alrededores a bailar. gobernantes que padre y madre le habían procurado en el Greppo hasta los trece o catorce años.» Nadie habló de la droga. -Presuntuoso . -Lo esperaba. que es más ingenuo que los demás. Ese cretino se lo toma en serio . pero aún le brillaban los ojos. Le habían enseñado toda clase de tonterías de las cuales la principal era que rico se nace y que era justo que las mujeres hicieran la reverencia a mamá. Entonces (el resplandor de los relámpagos aclaraba los pinos) añadí que no comprendía por qué ellos venían a estar solos al Greppo. Él lo hace todo con seriedad. -¿No crees tú que se amen? Pieretto rió a su manera y silbó: -Esta gente .. Casi siempre de la parte del dinero. se lo llevaba al interior del bosque y jugaban a encorrerse. -Para él la vida son esas cosas .dije con impaciencia -. Un trueno nos hizo entrar en la casa y no se habló más del asunto.dijo-. -Menos mal que está Oreste. y había dicho : «El enfermo ha resucitado. diga lo que diga su mujer. Fue entonces cuando vi. si luego necesitaban nuestra compañía. se hace budista. Dije a Pieretto -¿Y Gabriella? ¿No toma ella cocaína? -Ésa se burla de todos nosotros .Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 52 La única que podría quejarse . se comprende.no tiene tiempo que perder. -El cerdo es él . a través de la ventana. Sus problemas son más simples.dijo -. Bajamos a la veranda y vi a Oreste y la vi a ella.dijo .dijo-. Pensaba en Poli. Masticaba tabaco.dijo Gabriella. abofeteaba a las criadas para tener así el pretexto absurdo de abrazarlas y que lo abrazaran. en vez de partir de la orilla como todos los animales. ¿Tú sabes qué clase de vida le han dado a este chico? Me contó una fea historia de criados. En efecto. Tanto a ella como a Oreste le reían los ojos de tal manera que nos olvidamos de Poli. Estaba sentado con abandono y rumiaba algo dentro de sí. Pieretto torció la boca.. a Gabriella y a Oreste que volvían riendo.dijo Poli . Esto sucede por ser hijos de Dios. Peligro no hay. ¿Qué tiene que ver el dinero? No todos los que son como él son iguales. -Es un vicioso . todos eran hijos suyos. Pero él tiene esto. Ya verás como.

-¡Yo la saco! Quería que Rocco me describiera la selva. emblemático. dije que yo también me quedaba en el Greppo. él sonreía con aquella sonrisa cansada y paseaba. pero ¿quién? Ni las cocineras.dijo Pinotta. Los espíritus del bosque.que Poli hiciera el amor con ésta. propuso. «Estaría bien . quizás había habido allí una viña. demasiada gente. El viejo sacudió la cabeza. Vagabundeé por detrás de la casa alrededor del invernadero. la vida de otros tiempos. En el cielo claro. Dijo que el agua del estanque no bastaba y que había que llevarla a brazo. o un animal del Greppo seres desnudos y salvajes como yo -. Ella contestó a su modo: en la terraza la señora tomaba baños de sol. levanté la cabeza y le dije: « ¿Volverán para la cena?» Levantó los ojos y aclaró: «Yo diría de beber algo. luego volvió a su habitación y apareció de nuevo al anochecer.dijo Gabriella sentada entre Oreste y Pieretto -. -Del pozo . y gruñó algo. casi tanto como los tallos de la hierbabuena. viejas enciclopedias y colecciones ilustradas. Este argumento interesó también a Rocco. En todo el día apenas cambiarnos diez frases. Antes había una bomba pero ahora estaba rota. De la mancha de árboles que cerraba y reparaba el claro podía llegar alguien. Hablaba ahora con más confianza y me preguntó por qué no había ido a la fiesta del pueblo con los otros. no sabíamos qué decirnos. Me asombré al encontrarme tan negro. Era un recuerdo de otros tiempos. mientras». sobre las cañas. álbumes amarillentos. vi por la ventanilla la cabeza colorada de Pinotta que planchaba sobre una tabla. vieja y blanca como la luna.pensé . Luego escupió la colilla en la mano. Durante toda la tarde no hice otra cosa que hojear los viejos libros de la habitación de juego. Hablamos. Si Poli era un señor tan sano y vivaz.» Poli. al día. -Sois unos patanes . bajó un momento a la hora de comer.dijo Rocco -. una gruesa mano ennegrecida. ¿Por qué existirá una relación entre los cuerpos desnudos. Se quejó de la estación. entró él. salió el viejo Rocco y refunfuñó alguna cosa entre dientes. ¿no lo debía acaso a los años pasados en el Greppo? Pinotta se puso a escuchar con aquellos ojos suyos siempre enojados. Al mediodía volví a la villa entre pinos. sí . En la boca de la gruta me puse desnudo y tomé el sol. -Creí que usted llevaba el agua. la luna y la tierra? Hasta el padre de Oreste había bromeado acerca de ello. Se alejaron entre risas. -No cabíamos en el birlocho . y allí se iba a bailar. al crepúsculo. «Demasiada gente . -¿Y quién la saca? La cabeza roja se agitó salvajemente. Me miraron. Pensé muchas cosas dejando vagar la mirada aquí y allá. 53 Librodot .corté. Mientras miraba por la puerta abierta aquellos ricos jarrones de flores ya marchitas. pero los redondos ojos de Pinotta no me dejaban en paz. Pregunté de dónde procedía el agua que bebíamos. por aire no nos quejamos. Cuando.» Sonreí porque Rocco me miraba un poco atravesado. En aquel punto el barranco daba en el cielo y I un repecho escondía la llanura. -Sí. Desde los días del pantano no lo había vuelto a hacer. ni Poli. Pregunté entonces si alguien se bañaba en la terraza y con qué agua.refunfuñó -. pero siento que no vengáis. Le dije que el aire del Greppo era bueno. la hoz blanca de la luna daba un aire mágico. Pasé la mañana en la gruta de la hierbabuena. -No se ha matado nadie aún. me dijo que tenía buen color en la cara.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 53 cabían más que tres y a Poli le dolía la cabeza. quizás. porque un día de permiso tiene su encanto. que seguía con mal color.

empezó .. especialmente ahora. pero no ha cambiado nada. había más gente. ¿te gustaban las bestias salvajes.. Estaba en mangas de camisa. ¡Quién sabe si alguna vez iremos de acuerdo!» Poli dijo.Cuando llegué aquí . de los viñedos mal cuidados.. pero que tenía un defecto.. voz. caballos. Yo con los animales hablaba como contigo. que has vivido tanto tiempo aquí. en la inocencia inconsciente que está en nosotros mismos. Esta mañana tomando el sol en la gruta me parecía que la colina tenía sangre. Para ti. A medianoche nos pusimos a cenar. Teníamos perros. Sentía cierta ansiedad. ha muerto. una vida suya. ¡Figúrate! Y eso que no había estado jamás.dijo melancólico -. XXIII 54 Librodot . Hablamos de Pieretto. no sé cómo fue.no nos tratamos de tú? Los dos somos amigos de Oreste.continuó -¡Pobrecilla! Me ha hecho sufrir. Iba y venía taconeando. dijo que Pieretto valía mucho más. -¡Oh! . todo debe tener una voz.le dije .. zorros. Sonrió. de lo que pensaba hacer a mi regreso. -No hablo de la casa.continué sentí una gran emoción. Bebimos bastante y en cierto momento. -¿Por qué . ¿Comprendes? Como con una mujer... Así pasó aquella noche. No se puede hablar con los animales selváticos. Así lo hicimos.. Pinotta nos miraba a los dos. y parecía divertirse bastante. -Pienso . no creía en las fuerzas profundas. -Quizás aquello que yo siento en las colinas lo encontrabas tú en los animales. Me gustaban los gatitos porque los tenía en las rodillas.me interesaba. moreno.. qué había sido de ella. son más libres que nosotros. Él callaba y escuchaba con sus ojos: -. ahí tienes otro. Se informó educadamente de mi vida en Turín. «Bub» era un irlandés de trote que luego se rompió el lomo. gatitos. -Mamá es otra cosa . como estar con mamá. y se le veía la cadenita. sino de los bosques. ¿has pensado así alguna vez del Greppo? Mientras hablaba me decía dentro de mí: «Si tú eres un loco.Tú. Le pregunté si pasaría el invierno en el Greppo. Le vi replegarse: -. Me gustaba «Bub» porque se dejaba azotar. vida.que el verte en este lugar en donde has estado de chico debe producirte cierta impresión. Incluso aquí. solos en aquella mesa. ¿Cuándo tú eras chico ya estaba así? Él seguía mirándome. Asintió taciturno.. en donde todo parece detenerse. -La casa es la mismadijo al fin -. en el fondo.? -No dijo resuelto-. -El tiempo pasa dije -. Miraba la nieve desde la oscuridad de la ventana y si las mujeres me buscaban no contestaba para hacerlas sufrir. le conté que las mujeres de la casa de Oreste lo creían un teólogo y él se echó a reír con animación. Le pregunté dónde estaba. liebres. más que el propio Poli. Usted. le hablé de Rosalba. de este aire salvaje.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 54 Bebimos sentados bajo los pinos. Pero esta mezcla de abandono y de raíces no simple campiña sino algo más . atormentando el vaso: -Como todos los chicos estaba loco por los animales. más criados. De los animales me gusta la indolencia. se encuentra bien solo. Fue el invierno que estuvo en Milán y pasé la Navidad sólo con los criados y la nieve.

Poli? Si queréis. Le pregunté si la cocaína formaba parte de la paz del alma. se calmaron los ánimos. Algo más tarde.decían -. -¿Qué tiene que ver el nudismo? -Mucho. Pero no comprendía a Pieretto. « ¡Cuánto nos hemos reído . no dejarme arrastrar por sus burlas.. Oreste blandía un fusil aún humeante. la ira sorda no me dejaron dormir. todo era un sueño. reírme en su propia cara. dentro de nosotros hay gloria. Él decía que la muerte no es nada porque no somos nosotros quienes la hacemos . Y. Rosalba estaba muerta . Miré a Oreste. No había necesidad de preguntarle nada. tranquilo y feliz. del nudismo a la crueldad de la caza. No bastó la noche entera para hacerle admitir que entre suicidio y muerte por enfermedad o por desgracia hay un buen salto. Luego hablaba de Rosalba con la voz balbuceante de un chiquillo emocionado. que se había puesto a bromear con Poli. pero que deje a los otros en paz. nosotros haremos de perros. la sangre tiene algo de diabólico : «Oreste quiere ir a cazar. hay quien va desnudo entre la gente por el gusto de embrutecerse y violar una norma humana. casi dándole la razón. por fin. disimular. los dos estaban ahora bien. luego había tocado las campanas y hecho salir al sacristán. pero la tensión. Se había matado en aquella pensión de monjas . rodeado el estanque y hablado en voz baja hasta que se hizo de día. Entre las agujas de los pinos se transparentaba la luna. de los pobres animales. Que vaya si quiere. Gabriella subió para arreglarse. No bajé en seguida. un estallido me hizo saltar de la cama. La creciente intimidad con Gabriella iba reflejada en sus ojos. Corrí a la ventana y los vi riendo mientras bajaban del birlocho. un narcótico -. Poli no sabía gran cosa. y llegó el mediodía antes de que el barullo se calmase.. eso sí. Bastaba descender. -Y así -. Durante toda la noche. Bajé yo también.dijo Pieretto.» La luz del día me calmó un poco. la cocaína. El primer rayo de sol nos encontró en la butaca y a Pinotta despeinada haciendo café. Habíamos paseado bajo los pinos. sin comprender que eso a un hombre puede llegar a repugnarle. Me respondió que todos empleaban drogas. la feria. el reflejo de la juerga común. bebimos. El vino. sentado en el brazo de la butaca de Gabriella ¿has preparado tus fusiles.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 55 Cuando. discutimos y fumamos. una burla que todos habían acordado jugarme. la sangre derramada y la colina. Tumbados en las butacas suspiraban y vociferaban comentando una cosa y la otra. de que ninguno tenía la culpa de nada . a media mañana. los baches de la carretera. Reinaba entre ellos un entendimiento. era eso lo que Rosalba le había enseñado . yo estaba ronco y aturdido : durante toda la noche habíamos hablado de la muerte de Rosalba. del vino a los somníferos. La de los pueblos es gente que se sabe divertir. salió también Poli. miraba vagamente el techo y pensaba que Rosalba. Un fragor. Ahora hablábamos de caza. Hablaban de un labrador que había conocido al abuelo de Poli y contaba cuántas mujeres había dejado encinta 55 Librodot . hemos pasado por el pueblo de Oreste!» El caballo piafaba con la cabeza baja. Gente que sabe divertirse . unirme a ellos... Cuando oí las voces alegres. Poli decía que de todas las drogas no comprendía la sangre derramada . me irrité contra Pieretto porque estaba seguro de que lo sabía y no me había dicho nada. cuando él se marchó al mar..decían -. robaron uva de una viña. Pieretto se había caído en una cuneta y pegado con un tabernero.. paz y nada más. Gabriella se había enganchado el borde del vestido y gritaba: « ¡Ayudadme a bajar! » Salieren corriendo la cocinera y Pinotta. el cansancio. llegaron los tres en el birlocho. Hablaba con cierta ternura de cuando estuvo a punto de morir.veneno. Comenzaron las discusiones y los saludos.

Me mordí la lengua. -A mí me gusta el olor de acetileno . hombre. y salió sin pronunciar palabra. Sí. Al menos la gente que nos detesta es sincera.. Por algo decía yo que era mejor marcharnos. Al campo no le iba mal. Fuera lo que fuera lo que Pieretto tuviera en la mente. -Ya hace tres días que dura . Por mí se pueden matar si quieren. -Pero te gusta Gabriella.y nos acercamos a la ventana.dijo -.dijo Poli --. -¡ No lo sabías? .le dije . -¿Qué te da miedo? ¿La escopeta? -dijo Pieretto echándose a reír.dijo Pieretto Me recuerda los puestos de invierno y las cornetas de juguete. Esta gente no es corno nosotros. ¿Dónde vives? Le hubiera pegado. -¡ Qué lástima! . Continuamos así hasta que nos llamaron para comer. -Pero tienen su encanto .briella. ¿Le diste tú ese consejo? Comprendí entonces que él era aún más inocente que yo. fue Oreste quien dio un grito inarticulado. Alguien se lo está tomando en serio. ¿Te ha hecho daño el tiro al plato? Oreste lo miró. Poli levantó un ojo con perplejidad. Encontramos a Poli perplejo y aburrido. Se miraron fijamente un instante. -Veo que tú también has pensado en ello. Tú dijiste que nos detestan.» -Poli es un bastardo y un inconsciente.. Apenas estuvimos solos en la escalera le pregunté a Pieretto si sabía lo de Rosalba. pero ya Pieretto había vuelto en sí. Qué lástima que Gabriella te quiera tanto como te quiere. En aquel momento pasó Gabriella por el pasillo.y puede haber un conflicto. pero me importa Oreste. -Es un viejo gusto de familia . encarnados los dos. miró luego a Poli. Oreste se hallaba ya ante Pieretto sin pronunciar palabra. Oreste huidizo y Ga. ni sus elocuentes discursos. No me gusta esa historia de Rosalba.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 56 en Ios pueblos de alrededor.pregunté -. No me importa Poli. -¿Qué clase de nuevo lío es éste? . tienen su encanto.dijo Pieretto -. -¡ Tonto ! . Lo que me da miedo es que no se le puede decir nada a Oreste. No ha nacido aún quien lo llegue a conseguir.dijo él -.. XXIV 56 Librodot . Podría pagar deudas de familia. -¿Sólo eso? -No me gusta la cara de Poli. ¿Quién de vosostros dos la ha seducido? -Quién cree haberla seducido querrás decir.. Son incapaces de un pensamiento abstracto.dijo Pieretto -. Tienes que mandarla a menudo a estas fiestas. « ¿ Qué querías que hiciera una mujer en aquella situación? Una mujer no tiene escapatoria posible.algo que nunca había hecho . Le tomé del brazo . -¿Qué te ocurre? -preguntó bruscamente-. con los cabellos lavados. -Puede ser . ¿O acaso no te gusta la gente sincera? -Pero Oreste se ha de casar con Giacinta. nos lanzó un saludo y corrió escaleras abajo. Me contestó con calma que hacía tiempo y que desde los días de Turín se lo esperaba.se burló Pieretto -. -No cuando se emborracha. que parloteaba de los madroños rojos que llevan los bueyes y del hedor abominable del acetileno.

-Por otra parte hasta Poli lo sabe. reír bromear con los músicos. Ya has visto cómo la trata Poli. Tenías que haberla visto bailar. me cogió de bracete y nos dijo : -Vamos.. Cogí un cartucho rojo y le dije: -¿Es con uno de éstos con el que quieres matar a Poli? -¿Qué dices? -refunfuñó y me lo arrebató de la mano. ni siquiera Poli. pero ¿sabes cómo terminará todo? Me miró de nuevo con el rostro contraído.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 57 Quise hablar con Oreste. encarnado hasta la raíz de los cabellos. Escopeta y carrucheras las había arrojado sobre un diván de la habitación del billar. Días después. arrancarlo de aquella convicción.dijo -. No es que él me huyera pero tenía un aire entre sarcástico y ofendido que no ayudaba nada. Desde la historia de Turín. Le brillaban los ojos.le dijo Pieretto. Tuve un arranque de impaciencia y me desvié por el camino. nos decía lo maravilloso que era que. ¿por qué no nos íbamos cuanto antes? Volveríamos a casa y tendríamos un buen recuerdo. inconsciente. ¿Creía él tratarlo así? Si quince días antes Poli hubiera intentado la conquista de Giacinta. Entonces decidí 57 Librodot . loco. -¿Podremos ir de caza contigo? -pregunté. Ella no lo puede ver. abriría los ojos. Sabe estar con todos. mirándome de arriba abajo. ¿qué hubiera sucedido? Si al menos supieran disimular. Era inútil porque Oreste me hablaba indignado. haciendo el amor con otro en sus propios ojos. ni Oreste tampoco. Sabía que Oreste y Gabriella tenían que bajar hasta las viñas para encontrar los faisanes.dijo --.. de no ofenderme con su felicidad. ¿qué hacen aquí juntos? Continuamos así hasta que nos interrumpieron. comprendí que aquella mirada había sido una tentativa de no ser insolente.pero no me perdía de vista. cansado. compasivamente. Es una mujer. En voz baja (los otros estaban en la veranda) le dije que ahora que con Poli nos tratábamos de tú no podíamos menos que considerarlo como si fuera un amigo. a mí. pero cuando terminé de hablar sonreía testarudamente y calló. Aquella tarde fuimos a cazar... Gabriella debió comprender que se hablaba de ella porque vino. Ella está de acuerdo. cuando nos dimos cuenta de que aquel juego era superior a nosotros. haciéndole rabiar. harto. -Eso se ve. con aquella testarudez que quiere decir: «ahora o nunca». -Es una chica extraordinaria . ninguno le entendía como nosotros. Yo dejaba hablar a Pieretto. Yo no robo nada. y no estaba casada. Llegaría el momento en que Poli. y estuvo a punto de interrumpirme varias veces. pero también sabía que Gabriella no pensaba en los faisanes. Vino Poli con nosotros. Y tampoco queremos escondernos. Fue el padre de Poli quien le dijo que viniera aquí para que él estuviera tranquilo y no hiciera locuras. ellos disparan . ¿Adónde quería llegar? Oreste me escuchó. entretenía a Pieretto. -No es lo mismo -balbució por fin-. De vez en cuando se detenía. Le detuve en la escalera y le rogué que me enseñara la escopeta. Le dije si podía hablar. -¿Te ha dicho ya que eres su hombre? Me miró con esfuerzo. No le dije que no se cura un enfermo haciéndole beber. -Hace más de un año que se separaron . Porque estas cosas nos daban vergüenza y no sabíamos hablar de ellas. No conseguí inquietarlo. Ella ya vivía sola. Me pareció que Poli miraba a Oreste y a su mujer con aire divertido. charlatanes . -Nosotros hablemos. entre tantos como había conocido aquellos años. vamos. -¿Te lo ha dicho ella? Y si es así.

el amor de Oreste.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 58 quedarme solo. -Se parece a la noche de Turín .dijo Poli -. no pidió ni las cartas ni música. No quiso beber. -Falta el grito. de los faisanes.dijo Oreste. busqué con los ojos entre las viñas la nubecita de humo.dijo Poli con toda calma. se quejó como una niña y dijo sin mirarnos: -Apagad la luz. Siguió un estrépito en la casa. me pareció por un instante que el único verdaderamente sano allí era él. oíamos el ruido de sus pasos. Gabriella daba el brazo a Oreste y a Pieretto y a mí me hizo un mohín de enfado.corrigió Pieretto -. el pantano.dijo Pieretto. XXV 58 Librodot . una gran tristeza ante la idea de que el verano en el Greppo.. en algún ribazo. Había más. ¿Verdad. pasearon juntos. Así lo hice y me puse a fumar.dijo Oreste -. Era duro no ver a Gabriella. -La última estrella de la mañana aparece allá arriba . Me pregunté si en aquel último coloquio con él no hubo por mi parte despecho y rencor. aquellas palabras. no oírla parlotear.. Era extraño pensar que Poli estuviera sentado con nosotros.gruñí. Otro disparo. en el morral. distinguí la de Pieretto. todo habría pasado dentro de poco. Gabriella saltó de la butaca. Yo miraba a Poli y me preguntaba cómo serían las noches en el Greppo cuando ellos dos estaban solos. Me invadió una gran pena. Fumaba y escuchaba. Habían matado una docena de pajarillos que me enseñaron empapados en sangre. como desde hacía tiempo no lo hacía. quizás al pabellón. Recordaba el Po. que para ver los murciélagos hay que apagar la luz? Fueron a sentarse en las escaleras y nosotros detrás. Un día u otro tendríamos que irnos y ellos también.» Me eché de nuevo sobre la hierba y desde allí escuchaba el murmullo de las cosas. entre las cañas y el horizonte. Gabriella se encogió en la butaca y escuchó nuestra charla. y que juntos. tiran en serio a los faisanes. ¿Por qué no cambiáis el guardabosque? -Mejor -. -Falta algo . «Esos dos son bobos . Me preguntaron dónde diablos había estado. -Entre David y Cinto han terminado con la caza -. Subimos cuando la sombra del Greppo inundaba la llanura. -Bebamos algo . Gabriella se lo comía con los ojos con aire perplejo y distante. de las posibles batidas futuras.dijo Poli. nos miraba uno a uno y parecía sonreír. estrellas que voces de grillos. El pensamiento de que uno de nosotros se fuera con ella complaciente por el bosque. sonaron puertas y la voz.lo oí jadear . Oreste. la vida del Greppo que ahora podía gozar tranquilamente en todas sus profundidades y toda su paz. ya lejana de Oreste. Fueron él y Gabriella entre los árboles. Es lo que se espera del Greppo. entre los cartuchos. Siguieron voces alegres. Los demás callábamos ansiosos. Entonces Pieretto . a la luz del día. mejilla contra mejilla.murmuré -. convencido. casi entre las cañas. no estar con ella y con Oreste. Oreste discutía excitado. de señores feudales. -Espero que Gabriella no coja un enfriamiento .dijo Poli. terminado para siempre. pueden dispararte sin darse cuenta en otra ocasión . Escuché. -De príncipes . En pie. y las conversaciones nuestras? Oí un disparo. la vibración de los disparos. La caza es un juego de chicos. -Ten cuidado.lanzó aquel grito desgarrado a modo suyo y riéndose. En la mesa volvimos a hablar de la caza. Hablamos de estrellas y estaciones. Estaban allá abajo. aquel silencio. respondió. ¿En dónde estaba el olor de muerte del verano? ¿Y las charlas.

rió ella -. Callamos durante un largo rato y miramos las estrellas. es que han encontrado un amante. Incluso me trata de tú.me pregunto si las mujeres comprenden algo. Gabriella sonreía y escuchaba… -¿Es de los discos de Maura? . pasar ante un cine. -Sí. sí.. -Hubo un tiempo en que yo las creía sensuales dijo Poli mirando a la tierra --.le dije.dijo -. Me parecía preocupado.le dijo. por el mundo. Oí un rumor sobre la grava.añadió Pieretto. buscó un disco. -Oreste ve en la oscuridad. casi de flores. en una pensión. Nos dispersarnos por la sala y Gabriella.. que resonaba. -Él deja que la gente se mate por sí mismacontesté a Pieretto. Pero debía ser una alguna lagartija. Por eso van siempre detrás de alguien que no encuentran. Dijo desde su oscuridad: -No soy bastante altruista para hacerlo. -No eres el único . -Dans les couvents . No las deja un momento y ellas están en paz. Así terminó la velada y nos fuimos a dormir. No las satisface ningún hombre.pregunté. Ninguna mujer sabe estar sola. que entró en mi habitación cuando el sol estaba ya bastante alto. Las mujeres corren tras ellos o escapan para que las sigan.. Son verdaderas femmes damnées. el dios al que ruegan o el hombre que han matado. -El hecho es .. 59 Librodot . subía un olor dulce. sabían eso. Oye y verás. -A la una de la noche encuentras las que quieras -dijo Pieretto. debieron parecer otras tantas estrellas. en los hoteles.gritaba.comprenden al hombre.dijo él que les falta la vida interior. Se abandonó en una butaca y escuchó una canción. corno los gatos . creí que. De la colina. esperé que fueran Oreste y Gabriella y se terminara todo. -¡No me coges! . -Ese discurso no te afecta a ti . -Es bonita -dijo Pieretto-. Llevaba una flor en los cabellos. Saben estar solos mejor que nosotros. Me acordé de las gelsominas del pabellón y de que en un tiempo. Ninguna de ellas vale un gramo de droga. ¿Vosotros no? -A veces dijo Poli . Las más interesantes son las desesperadas. con voz de contralto. libertad. Tratadme todos de tú y no se hable más del asunto. -Me duele la cabeza . Oreste callaba de pie junto al gramófono. -Pero ¿no depende un poco del hombre? . Las mujeres encerradas en un convento. ¿Había vivido alguien en aquel pabellón? -Los animales siguió Poli . pasar una noche en Turín. no van más allá de la piel.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 59 -Siento deseos de entrar en un bar dijo Pieretto cuando volvimos a las escaleras con la botella-. las que no saben gozar. ¡ Eso es! gritó -. No la habíamos oído nunca. sincopado. canturreando. con sueño pesado. Era un blues lento. bajo la sombra del bosquecillo.preguntó Poli. Llegó Oreste tranquilo. -No -rebatió Poli en los trenes. Me despertó Pieretto. Si comprenden lo que es un hombre. Cuando Dios quiso volvió Gabriella corriendo. Dormí mal. con los ojos semicerrados. en el fresco de los pinos. Cuando al fin entrarnos y encendimos las luces estábamos ya más desenvueltos. -Tu flor .dijo Pieretto -. ¿O quieres matar a alguno? Poli encendió el cigarrillo y volvió a su posición normal. En las mejores familias. ni es placer que me guste. al menos.

Estaba en la cama del baldaquín. está hecho así. No pude aguantarme.dijo mirándome divertida.me decía -. Me estaba peinando y me detuve. Pinotta quitaba el polvo . aburrido. -Me miró riendo en el espejo. -Le hará bien a la salud. la de contralto. Pieretto se echó a reír y hasta Pinotta me miró con impertinencia. Ella misma se levantó para ir a buscarme el calmante.. en la luz. apenas puesto el disco. Pero aquella mañana me sentía más tranquilo.dijo Pieretto -.gruñí . Poli era siempre el mismo: con tal de tener a Pieretto soportaba a Oreste e. Volvió Gabriella y me dio el tubito. Poli está harto de mujeres. -Quién sabe .dijo. -¡Adelante! . Cuando bajarnos.dijo él -. -Lo siento . de haber tenido razón Pieretto.balbucí -. Tuve la impresión de que no me veía. ¿a esta hora? -Es Oreste que saluda a su bella . Los demás duermen. en la madre de Oreste y en lo que hubieran dicho de haber sabido lo que sucedía en el Greppo. le hará bien a la salud. Él me miraba sin sonreír. -Éste es el día de las visitas . me parecía-que lo más difícil hubiera sido aceptado. Había algo extraño en el aire. Poli nos habría ya expedido. Ya estamos. teniendo ya una chica. no pudiendo más. --Si he comprendido bien . Hundí la cabeza en la palangana y bufé: -¿No te parece que Oreste exagera? -Bobadas . Quería pedirle una aspirina.Pieretto se frotó las manos. sentada en el alféizar de la ventana. la noche anterior no dormimos nada. No me gustaron sus caras. -Bajaremos en seguida . y. -Ése no tiene parz . Cada vez que volvía de una de aquellas excursiones pensaba que podía ser la última.» Volví a subir. ya con pantaloncitos. -Perdonad. -Están locos. Pasé la mañana en la gruta.el efecto que le producirá ahora la estación. Me preguntaba si desde el mirador de Gabriella se veían las cañas donde yo estaba.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 60 La voz del disco. -Volverá en bicicleta.dijo Pieretto -. A quien no comprendo bien es a Poli. Luego dijo a Pinotta-: ¿Se ha acordado de aquellos cigarrillos? A las once. -¡Ni lo sueñes! ¿No te das cuenta lo que sufre cuando habla de ellas? Ése es un loco enamorado. ¡ Quién sabe si habría vuelto Oreste ! La llanura humeaba entre los árboles. Gabriella salió. Ha dicho que lo dejaban sin respiración. nos dijo que Oreste. Movió la mano y sólo entonces me di cuenta de que estaba fumando. Atravesó la estancia de baldosas rosa lucidísimas y revolvió en un cajón.dije -. quería decir que nos soportaba. No esperaba que se quejara. Se diría que rechaza los cuernos. 60 Librodot . «Ése estúpido . -Está en el baño -dijo Poli. con mi dolor de cabeza. se hallaba Gabriella. se había ido en el birlocho diciendo que volvería a mediodía. Prefiere a los animales o a nosotros. con un bonito pijama granate.me dijo. que todavía se podía arreglar algo. Pensaba en la vieja Justina.. llamé a la habitación de Poli. Por lo visto. -Con tal que no me equivoque. llenaba la casa. . pero no encontré a nadie y me quedé bajo los pinos. la canción había terminado hacía un rato. pero mientras Poli no nos arrojara de allí.

declaró que el culpable había sido él. lleno de polvo y de estiércol de bueyes. Gabriella. los cuatro. Entonces Oreste. arrojó la servilleta y salió. Desde abajo no se veían más que los pinos y las lomas abruptas. compungido. y volver a pensar en todo eso desde mi vida habitual. Poli dijo algo. que bajaba despacio por el caminillo. Me dijo que arriba me buscaban. y llegué cauteloso a la cima. Oreste acababa de llegar. Ella lo miró. junto a él. Me armé de valor y decidí anunciar aquella misma noche que me volvía a Turín. me dijo que no debía traicionarla. -Tenso que vi ir entre locos y fantoches . bromeando. 61 Librodot . -¿También el doctor? -Sí.balbucí. Hasta ese momento no había ido nunca hasta allí. Oreste. que se quedó en el salón hojeando revistas. Poli. gritó apenas me vio. con la botella de coñac al lado. Esta vez bajamos en grupo. Me hubiera gustado en aquel momento estar lejos de allí. Como Dios quiso salimos a cazar. Fumaba y vi que le temblaba la mano. «Están locos». Verdaderamente el Greppo era una isla. Estaban tomando el te bajo los pinos. Me encogí de hombros y sorbí el té. un lugar inútil y salvaje. Toqué en el codo a Pieretto y le interrogué con los ojos. por indolencia. astucias de tiro. -¿Toman el sol arriba? . Al verme pasar ante la ventana como ánima en pena me preguntó por qué no me quedaba a beber con él y por qué no llamaba a Pieretto. El más ecuánime de todos me pareció Poli. Dijo con hastío: -Cada cosa a su tiempo. -Pero ¿no estaban enfadados? . Se quejó con aquel de nosotros que se había puesto a tocar un disco a las siete de la mañana. Me miró como se mira a uno que molesta.murmuré. Lo decía con aire inocente. también el doctor. El olor a trébol y a establo me gustó y me dije que el mundo no terminaba en el Greppo. Comiendo. Un enjambre de mariposas amarillas revoloteaba por encima de mi. Subiendo por el camino miré por última vez la colina. Anduve durante un buen rato. pensé. Estaba de veras enfadada. ni tampoco desertar como ayer. la tomó con Gabriella. -Están tomando el sol en la terraza. explicó ciertas. Me encontré con Rocco. Me encontré en el caminillo rojo de la altiplanicie. con falda rosa. Por lo que dijo. que le había despertado. Pieretto dijo: -¡Qué idiota! -Y se fue a dormir. La ausencia de Oreste desbarató la caza. En tal forma aquel monte se había metido en mi sangre. Gabriella se retiró a escribir cartas. -¿Quién? -pregunté. como si nada hubiera pasado (tenía ya el fusil sobre las rodillas). grité el nombre de Pieretto y me fui. Ella lo miró con ferocidad. rojo hasta la raíz de los cabellos.dijo con maldad. Me lo dijo Pieretto. XXVI Siguió una tarde de penoso silencio. por la villanía de siempre. Todos nosotros guardamos silencio. no pareció hacer caso. para hablar. Volví sobre mis pasos. Tampoco parecía haber dormido mucho. Él se encogió de hombros y miró al cielo.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 61 incluso a mí. Pero fue Oreste quien. Se pusieron a hablar de Dios.

De tipos como vosotros no tengo miedo. -Además tiene que crecer . -La única . Estaba seria y.le dije -. Pieretto tenía aire de comprenderlo todo y de estarse divirtiendo. Gabriella es una mujer.preguntó entre ligero y burlón. Como al cabo de un rato no sucediera nada. Yo le lancé una ojeada.. -Lo primero es un buen cazador añadió Pieretto.dijo Poli. tan gracioso. Esperamos que pasara otra ave. Quiero disparar yo también. Soy la única aquí. reía.añadió presto Pieretto. Entonces habló con dureza : -Díselo tú también.dijo Gabriella -. Ella también gritó. -Pero qué manera. -Veo que no has perdido el apetito . -Solamente son perdigones .murmuró -. Para matar a un hombre se necesitaría hacer el disparo a quemarropa. . Oreste me desespera . Latiéndome locamente el corazón (la tuteaba). Es un cazador. -No es difícil .dijo Poli -.saltó Gabriella -. Como habíamos dejado el camino. se eclipsaban en la terraza y en el bosque. parecía como si quisiera esconderse.. Hablaban con calor. Gabriella . tan joven. no había necesidad alguna de esconderse. A ti te escucha. A pocos pasos detrás de nosotros se oía el parloteo de los demás. Estábamos ahora entre los árboles y los matorrales. -Se hubiera necesitado un perro . Yo hubiera dicho que ella se reía de nosotros y que con Oreste se 62 Librodot . Tan serio. incluso a Poli. -¡Atención! . dile que no sea caprichoso. a mí . Le vi los ojos muy cerca. Yo creo que hubieran podido encontrarse y hablar ante nuestros ojos. Gabriella me cogió la muñeca y susurró: Tú no sabes bien cuánto lo quiero.repuso. sin embargo.dijo Poli -.real nos dijo . pero ella se encogió de hombros y se separó de mí. Gabriella lo miró sin dejar aquella sonrisa punzante. Oreste había tirado a un ánade . Gritamos todos. Poli propuso dirigirnos al pabellón. Parecían haber vuelto los primeros días del Greppo.. ¡Ay de ti si se lo dices! Pero ha de obedecerme y no tener caprichos. -Dame el fusil exigió ella -.dije a Oreste. -¿Qué tenéis contra Oreste? . En aquel momento Poli dijo algo y él se volvió.pero había fallado. Aquella noche en la mesa se habló y se bromeó a costa del ánade real. Gabriella era así. Quería hablarte de Oreste. -¿Y por qué no había de tener hambre? . Oreste nos miraba entre confuso y alegre. con la boca llena. No lo sabe nadie. balbucí : -¿Puedo hablarte? -Pardon? . Gabriella tenía el arma en el brazo. Creo que sois buenos amigos. Oreste miraba de ella al cielo y estaba inquieto y feliz. Gabriella me miró con una mueca que parecía una sonrisa. ante los de Poli.se excusó Oreste. -Esto no funciona. Ella y Oreste desaparecían. Me pegué a las costillas de Oreste y le pregunté dónde estaba la liebre que había que matar. Vi que Oreste inclinaba la cabeza y continuaba comiendo. Nos habíamos detenido.. Oía gritar a Pieretto. Dejadlo estar. Poli se había quedado al borde de la cuneta como si no tomara parte en el juego. Es mi hombre.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 62 -Ha ido ella a su habitación . Guiñó el ojo y sonrió. Salimos al sol y los demás siguieron detrás de nosotros. un matorral era suficiente para escondernos de los demás.dijo ella -. Parecía que jugaban. Silbó algo sobre mi cabeza y resonó un disparo de fusil. ¿Te has dado cuenta de que es una mujer? . ¡ Tirarnos en la nuca! ¡Podías habernos dado! Pero Oreste era feliz. ¿Cuánto hacía que le sonreía de aquella manera? Sonreía así a todos.dijo -.dijo ella riendo siempre. Oreste es malo.

Y yo me pregunto por qué. Aquí ni siquiera podemos ponernos en cueros. ¿Os parece. que acompañara a Pinotta a Due Ponti.dijo Poli -. desesperado.. Qué extrañas cosas tiene la gente! . estamos todos desnudos sin saberlo. -Era mejor el pantano. -¿Qué te ocurre? . Demasiado civilizado.. ¿qué le importaba? Para Gabriella era sólo un pasatiempo.. Cuando por la noche nos veíamos alrededor de la mesa..dijo entonces Poli. Ni yo ni Pieretto podíamos hacerlo saltar ni siquiera llevando la conversación al terreno de Poli.recalcó Pieretto -. quería que él estuviera allí y le pasaba la mano bajo el brazo. Oreste entonces. con una rápida sonrisa. se iba bajo los pinos. -Sonrió. pero él me contestó: -¿Tú qué sabes? De vez en cuando reñían en silencio lanzándonos ojeadas.Pieretto me miró -. le rogaba que fuera a buscar flores. -imposible . que os ganáis la vida? -Si quieres quedarte en cueros puedes hacerlo . ¿Y por qué no? Pero esas cosas no las hacen los campesinos. Ni siquiera Pieretto bromeó aquella noche.preguntó Gabriella enfadada. 63 Librodot .dijo él . -Ojalá . Ella sonrió ligeramente. vivimos como campesinos. Aquí nos sentimos demasiado civilizados. La señora tiene tus ideas. Y se lo decía fastidiada. como los animales.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 63 desahogaba por todos. Por entre los árboles se acercó Oreste con aquel aire ofendido. cuando Poli tardaba en bajar y Gabriella se encontraba con Oreste entre los pies.dijo Pieretto -. XXVII -No me gusta mucho este pinar . me refiero a vivir desnudos. -¿Señores? .dijo Pieretto -. La desnudez es debilidad. como señores. no es muy salvaje. Oreste obedecía bajo la sarcástica mirada de Poli. Por otra parte. el rostro de Oreste parecía el de un muñeco sorprendido. -¿Es un complot? preguntó. Se encuentran pocas culebras y bichos. Pero luego bajaba Poli y también Pie-reno y entonces Gabriella lo llamaba con dureza.que tú sí te contentas con esto. acaso.dijo Pieretto Poli está convencido de vivir corno un campesino. -Por mí . Apareció Gabriella entre los árboles y nos miró con sospecha. Nos sentamos a la mesa algo embarazados. La vida es debilidad y pecado. vete. -¿Oyes? .dijo Pieretto echándose a reír -. es decir. Por las mañanas. no es tan fácil. -¿Queréis poneros desnudos? -dijo Gabriella-. A mí me parece que comemos y bebemos corno cerdos. Se lo dije una noche en que lo vi pensativo. ella le decía que nos hiciera compañía. -Apuesto . -El hecho es -continuó Pieretto inexorable -que ponernos desnudos. -Muñeco -le decía vete. -Tu Dios debe estar desnudo . -A mí no me lo parece dijo Poli -. no a desnudarse por juego. -Se entiende . -No me llames señora. si se te parece debe estar desnudo. Las mujeres lo saben cuando pierden sangre.le dije. saliendo y entrando de las habitaciones.dijo Pieretto acercándose cierta noche con Poli a los árboles -. es como tener una herida abierta.

estreché manos. pañuelos en la cabeza. levantó la cabeza. animada y exclamando: -¡Son ellos! ¡Han vuelto! Se oyó gritar y vociferar. -Cazadores. al vacío de la llanura. la común excitación arrastraron incluso a Poli. saludaba a gritos. Otro cogió a Gabriella por el brazo y los dos se dejaron caer sobre un sofá. Vociferaban. Pinotta. De todas partes aparecían los amigos milaneses. guiñaba los ojos y respondía con volubilidad. -Y antes tenéis que vendimiar. un diluvio de cosas .dijo Poli -. Consuélate. En el silencio que siguió se oyó el resonar agudo de un claxon. Algo de la conversación bajo los pinos había quedado en el aire. alguno había comido. que miraba tristísimo a Gabriella. tú vas allá abajo y nosotros te esperamos. Las chochas. Las referencias a Milán. Ninguna de ellas valía lo que Gabriella. dulces . reinaba olor de pinos y campo maduro. Era evidente que algo sucedía.¡Valor! Comenzó así aquella noche que debía ser la última. -Es un pecado que las viñas del Greppo las vendimien solamente los tordos . casi ansiosas.dijo de pronto Gabriella con inesperada vivacidad -. cogido por sorpresa cuando lanzaba a Gabriella una mirada enternecida. Volví a pensar en Rosalba. Lo llamaban. Pero no sonrió nadie. Me atacó la vieja impaciencia. fue imposible hablar de nada.dijo bruscamente -. no conocía a ninguno. Parecerá extraño. algunos bebido. El grito del claxon pareció aquel de Oreste. lanzó una mirada a Pinotta que les hizo reír a todos. Cilli y. Oreste. botellas. de los coches llegaron cestas. Mientras se desahogaban en aquel primer encuentro. Entre los hombres había un joven delgado con una extraña chaqueta que terminaba en la cintura. a los troncos negros. saltaron los tapones. ¿qué me dices? Oreste. con Oreste. Oreste. pedían fuego. apareció con cofia. pues existía el acuerdo con su padre de que debíamos estar presentes para la vendimia en San Grato. Una luz repentina inundó los cristales y Gabriella saltó en pie. auténticas. las respuestas. En un momento me encontré solo. Chicas y hombres se arrojaron sobre las butacas protestando y riendo. Conté tres mujeres y cinco hombres. Gabriella me presentó aquí y allá. cuando volvimos a entrar para sentarnos. Oreste se enfadó. la temporada ha terminado . algo que nos avergonzaba. Hablamos de ello. que habitualmente nos servía con delantalito.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 64 El más inocente me pareció Ores-te. -Se enfadó. De pronto me di cuenta de que entre Poli y Gabriella se cambiaron miradas: eran duras. Oreste sonrió tímidamente. Puse la mano sobre la espalda de Oreste y le dije: . Nuestra cena cambió de arriba abajo. Abrieron de par en par el mueble de los licores. Alguien asistía aparte al tumulto. Pinotta atravesó la sala camino de la cocina. Era la espina de Oreste. -Queda aún la de paso . nos miraban descaradamente a la cara. las estarnas. un arabesco de colores y de piernas desnudas. al entrar. Gabriella. como siempre. la voluntad de estar solo. de pie. que reía con las mujeres. las estrechó Pieretto y. La luz brutal de los faros de los dos coches daba un color mágico a la grava del camino. Ni Poli ni Gabriella objetaron nada. pero precisamente aquella atmósfera de malestar que reinó durante la cena restaba malicia a las miradas. Se cruzaban los nombres y oí el de Mara. Las mujeres iban con vestidos de viaje. Esta vez habló Pieretto: -Los placeres del Greppo están en las últimas . las preguntas. Lo habíamos discutido a su tiempo y. mientras afuera aumentaban las risas y el barullo. Afuera. Recuerdo que me serví de beber no sé por qué.dijo entonces Pieretto. en el aire sutil y estrellado. Tú. Poli se levantó de mala gana. con el 64 Librodot .

nunca con la propia. Nos quedamos en la veranda cuatro o cinco y una mujer delgada sentada junto a Poli. Poli tiene un atraso en su desarrollo que le dura desde hace tres meses. Yo pensaba en el mal humor de Poli cuando los oímos llegar. Abandonadas. Escuchaba a los hombres con su pequeño rostro inocente y corrompido. batió palmas . No era ya tan joven. La delgada tosió sobre el vaso tintineante. y el joven de cabellos revueltos la tiraba de la muñeca. el inmoral egoísmo del amor en el campo. -No más de tres meses -dijo impasible Dodó como si él llevara la voz cantante -. ojos fríos y que hablaba muy seguro de sí. como un perro de caza. sobre las butacas.dijo él --. Las otras mujeres no me gustaron. riendo. casi apoyado en el alféizar y tenía un deseo inmenso de desaparecer.dijo a Poli la mujer delgada. pensaba en las miradas de antes. Nadie bailaba aún. Gabriella fue la última mientras el gramófono empezaba a rascar. 65 Librodot .me fijé que había cambiado de vestido. El argumento de todos era una protesta contra la vida escondida de los dos.en un momento de silencio declaró cínicamente que las aventuras se corren con las mujeres de los otros. Estaba hablando con Poli. Pieretto. transportando una mesita. Hemos venido a darte un empujón. hacía frente a los más cercanos. reían tontamente.dijo Poli con. y levantando el dedo dio el tiempo. el aburrimiento deliberadamente buscado.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 65 rostro encendido. seriedad. -Rieron y gritaron todos. rubias. rostro fuerte y sarcástico . Nadie le hizo caso. -¿Papá o Gabriella? -preguntó riendo estúpidamente. Me di cuenta de que Oreste había desaparecido y también Gabriella. morenas. cuarenta años. no se había movido. XXVIII -Quiero que me cuente por qué vive aquí arriba .cierto Dodó. ahora llevaba uno azul -. Oreste había desaparecido de nuevo. según supe más tarde -. Cilli se divertía mordisqueando bocadillos con grandes movimientos de la nuez. se había ya incorporado y hablaba con el grupo. Tenía una voz seca y dura y los dedos cubiertos de anillos. Me pregunté entonces cuántos de aquellos hombres la habían tocado. Ella reía y hablaba y se dejaba arrastrar. Ahora todo había cambiado y los amigos habían irrumpido alegremente por la escalera. -Vas un año retrasado . olfateaba el ambiente. La delgada. El tal Dodó era un hombre de tez bronceada. Eran tantas otras Rosalbas. El joven añadió: -Nosotros queremos divertirte. Estaba hermosa con aquel vestido. Entonces Pieretto abrió la boca para decir: -En una sola noche no le arrancarán el secreto. Gabriella. intercambiaban brindis. -Esto . Volvieron al instante. Alargó la mano con el vaso y dijo: Dadme. La mujer hizo una mueca. Papá me tiene prisionero. Un hombre de traje claro. Vino Pinotta con los ojos bajos llevando hielo.añadió el joven cuando pudo hacerse oír. Pieretto. Son siempre conveniencias familiares. Nos dijimos: quizá estando solo no bebe bastante. Volvió aquel Dodó del rostro sarcástico y dientes de oro. cuántos sabían de ella tanto como el propio Oreste. enjoyada y maquillada más que ninguna otra. impertérrito. de escapar hacia el bosque. Miré a Gabriella por él. Estaba sentada enroscada en el sofá con las piernas encogidas. Estaba en pie.dijo un joven de cabellos revueltos medio tumbado en el brazo de un sillón-. -¿No lo sabe? . -Lo mismo da . -No. invitó a quien quisiera a subir a lavarse. Dodó apostaba que ni siquiera sabes lo que se baila en Milán este año.

Cilli comenzó las letanías. A mí no me espera nadie.. se enjugó los ojos llorosos y les dijo que acabaran con aquello. Los otros aclamaron a Cilli. gozar con ellos. La voz de contralto cantaba el blues.dijo con aquella voz suya-. -No sé muy bien dónde estamos .» ¿Quién se acordaba de él? Me han dicho que está loco. -¿Estás bien? . me aislaron ante el vacío del campo. Comen.farfullé mirando a Pieretto. En cambio. incansable. Bebí otra copa de licor y me fui. Gabriella se abrazaba a Dodó. arrodillado en la alfombra. Me esperaba una broma remilgos y su voz de gallo -..dijo convencido -. -¿Es la primera vez que viene? . beben y se echan encima unos de otros. Bastaba. Ni las mujeres ni Dodó deseaban otra cosa que pasarlo bien. Mara. pues. Simpático ambiente . Ninguno había propuesto salir en masa hacia los pinos. De pronto (Gabriella había salido y aún no había regresado) calló el gramófono. Fue hermoso salir en la noche y detenerme al borde del barranco.le dije. luego vi a Mara que me dijo: «Vamos a casa de Poli. todavía no satisfecho. Cuando volví dije en un aparte a Gabriella : -Afuera espera Oreste. Me pareció evidente que aquél era el hombre adecuado para ella. Él sacudió la cabeza y miró a la mesa y a las parejas.. cantaba. ¿potable? -Como el agua -dijo Pieretto. En el fondo era fácil mezclarse con aquella gente. Esa colorada. Atravesé el salón para servirme bebida y tropecé con Pieretto que lamía un pedazo de hielo. se posternaba maullando ante un retrato de Poli incrustado en el suelo. -Elegante y sincero . Se echó a reír y corrió hacia afuera. -Cerró los ojos como si él lo estuviera -. ¿Cómo está la criada? . -ase está loco. La música y el barullo de los otros me llegaban amortiguados a mis espaldas. con aquellos gestos de pájaro.y guiñó el ojo. la amiga rubia de Dodó. ¿Qué pretendes? ¿Que te enseñen cómo se hace? -¿Dónde está Oreste? -Si fueras de ellos harías lo mismo. Poli se acercó vacilante y 66 Librodot . Yo creí que íbamos al Casino. Se ciñó la chaqueta en las caderas y se fue. Los más asiduos bailando eran Poli y aquella delgada de los anillos. -Encantado . -No sé quien está más loco de los dos – dije-.' Oreste no estaba. Los otros rodeaban a Cilli. La mañana estaba lejos aún.dijo con voz tonta -. De cuando en cuando se formaba un grupo y Pieretto peroraba. Se había vuelto hacia la puerta. -¿Qué se dice de Poli en Milán? -le pregunté. quien.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 66 Al cabo de un rato bailaban todos. me alargó la mano. Parecía flotar entre las estrellas. De amplia frente y sarcástico. El extraño Cilli se acercó por entre medio de las parejas. quien ni bailando perdía la calma. reía. Poli y la delgada se detuvieron abrazados. -Todos ellos son sinceros . le susurraba algo y Gabriella reía en su mejilla.. Pieretto asistía a la escena. apretándose. -¿Quién sabía que aún estaba en este mundo? Él sirve sólo como excusa para una excursión. El gramófono. Estábamos jugando al póquer en el círculo cuando pasaron los amigos a buscarnos. excitaba a las mujeres.bisbiseó -. Me miró tolerante.preguntó Pieretto.

Pero Pieretto dijo entonces algo.le dijo -. No me pude contener y me asomé a la puerta. creo a Poli y a la de los anillos. Estaba pálido. -Ya ves . luego todos se callaron y no rió nadie. en la sombra. Bebe. y se fue. que miraba a su alrededor buscando algo. El gramófono callaba. -Bien . Oreste pasó junto a mí y me dio una palmada en la espalda. XXIX Ahora muchos de ellos habían salido hacia los pinos.murmuré detrás de mi vaso . -No está .y que nos muestre la llaga. Entraron Gabriella y Oreste. Entonces me aventuré por la escalera dispuesto a sonreír casualmente. con mucha seriedad. hacía casi frío (desde ahora. Gabriella salió en aquel momento con Dodó. El barullo y el zumbido empezaban a nublarme la vista. 67 Librodot . -Si esos imbéciles se marcharan . Se oyó aún alguna risita. aparte del grupo. quién sabe cómo. Las luces.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 67 riendo como los otros.dijo él. Levantó el vaso guiñándome el ojo discretamente. pero volverá en seguida. palabras a media voz. estaba también Pieretto y parecía tranquilo. jadeaba: -¿Qué hacen ahora? ¿Qué pasa? Yo no me atrevía a mirar a Poli. Se le veía feliz. sonriente. alguien la agarró: era Cilli. Oí que alguien tosía en la escalera. Yo le hice un gesto. Vi a Poli sentado al fondo. Buscaban a alguien.le dije -. La delgada. luego. Me encontré bebiendo con Dodó. que movió la cabeza. a lo mejor se dirigían al mío. dijo que un dios que se respete lleva la llaga en el costado : -Que el imputado se desnude .le dije a Oreste -.dijo. No vi a nadie. por la noche y por la mañana la llanura se llenaba de nieblas). esta noche se divierten a su gusto. ¿Dónde está Pieretto? -Ojalá se fueran . Nos habíamos entendido. Al ruido de los cristales sonaron risas de entre los pinos. Bebí otra ginebra. Estaba borracho. -¿Qué dice Gabriella? -Que no ve la hora de que se vayan. Se hablaba de darse caza unos a otros arriba en la colina. Me incliné hacia él.dijo . pero todo ahora parecía pálido. un poco desvanecido. Entraba el fresco por la ventana. -Esta noche puedes decírmelo . Me bastó el otro rostro encendido. Estábamos solos en la veranda. Ella huyó dando un brusco tirón y dejando caer los vasos.-¿Has estado en la terraza con ella? ¿Lo has conseguido? Oreste me miró con franqueza y movió ligeramente los labios. Alguien puso un disco y las parejas se formaron de nuevo. Pinotta pasó ante las magnolias con una bandeja y. Alguien hablaba con él. Por allí se iba a los dormitorios. -¿Van bien las cosas? Tenía los cabellos revueltos.

La escuché con la cabeza baja. le quiero. El corazón me golpeaba el pecho otra vez. Tú. -Quédate aquí un momento .me dijo confidencialmente. -Sí. Entré en mi habitación. soledad. ¿Qué pretendéis? Somos amigos. -¿Y él? ¿Te quiere? Se levantó y me dijo: -Piénsalo. -Oye -dijo-. Al cabo de un rato le pregunté: -¿Estás celosa? -¡ Oh.le dije -. infundían. caminar. No había nadie tampoco. por favor. voces confusas. Se alejó hacia los pinos. no dijo nada pero se apartó. hasta Milán o quién sabe hasta dónde. La cabeza me daba vueltas. -Yo.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 68 encendidas profusamente. Oí chillidos femeninos y la risa rasgada de Pieretto. Muy cerca sentía su respiración y su perfume. ¿Te parece absurdo? . en los pinos. Le pregunté: «¿Cansada?» Se encogió de hombros. Cuando me levanté hubiera querido correr colina abajo. No le había tocado la boca. «Se divierten». a Poli . cerré a mis espaldas. Sé bueno. Lo único que debes hacer es decir a Oreste que no puedo disponer de mí misma. Este invierno volveréis a Turín. -¿Y si llega Oreste? . Cuando os vayáis recálcaselo. ¿tú me crees? Esperé. ¿dónde estabas tú? Me arrepentí de haberlo dicho. Dile que entienda de una vez que Poli está enfermo y que lo único que deseo es que se cure. Díselo a Oreste. Pensaba en que el Greppo había perdido su virginidad. Yo no entro en esto. Me senté a fumar ante la ventana y a oscuras. -Oreste dice que no sabes qué hacer con Poli. Oreste y el otro. En cambio. -No sois más que unos muchachos .dijo al fin fríamente -. Un traspiés en el pasillo me sacó de mis pensamientos. Se apartó. Cuando Poli se hallaba en la clínica. dile que lloro. También Oreste debe volver. Ella callaba. -¿Te sabe mal? . -¿Me crees o no? Levanté la cabeza. Bajamos juntos y Gabriella me hizo un guiño. La alcancé a mitad de la escalera. encendí y apagué. El corazón me latía tan fuerte que hasta ella podía oírlo. Estaba avergonzado y desesperado. Calló.-alejarme del Greppo. ¿Has visto? Eso es lo que he hecho con Oreste. Salí y vi la falda azul que revoloteaba. ¿y después? Todo termina aquí.insistió. -Estúpido . pasos allá abajo. No me había tampoco contestado. Nadie arriba tampoco. que se case con ella.sonrió -. Arrimé mi mejilla a la suya y la besé. ¿se lo dirás? -¿Qué tienes? ¿Lloras? La voz era tensa. más que otra cosa. ¿qué has hecho con Oreste? No me respondió pero tampoco soltó mi mano. Dejándose caer sobre los escalones. -No digas tonterías. entré de nuevo en la sala para beber de nuevo. Oía gritos.murmuré. Yo también me dirigí a los pinos. Díselo. Él tiene novia.susurró -. 68 Librodot . caminar hasta el amanecer. Estáis separados. Gabriella me cogió la mano y me atrajo con fuerza hacia ella. dije.me dijo -. No le pregunté por Dodó. sólo me faltaba oírte esto! -Entonces el celoso es Poli. ¿Quieres beber algo? -Oye .

mientras la luz eléctrica palidecía. Habíamos vuelto sin orden alguno.dijo sombríamente.Hace fresquito . la mujer es tuya. -¿Estás borracho? . -Empieza a hacer frío. -¿No hay nadie arriba? .Lo increíble . Se fueron a pleno día. quién parloteaba.. afuera. -Poli -. Pinotta.¿Habéis visto a Gabriella? Cuando se hubo marchado.anunció -. Quién miraba por las ventanas.Poli lo miraba siempre de aquel modo. A mí me parece que siempre soy un muchacho. -¿La tienes tomada contra Oreste? Movió la cabeza sin sonreír.. Tenía los ojos encendidos. de los pinos. -¡Volveremos! . -Me aburren . -Aquella bestia de Cilli -. -Quisiera que estuvieseis siempre aquí. tumbados aquí y allá. . -Las trompetas del juicio . Es gente vieja que no sabe hablar -. Le pregunté si hacía tiempo que conocía a aquellos amigos y me di cuenta de que no estaba borracho.¿no te encuentras bien? Me miró de arriba abajo asido fuertemente a los brazos de la butaca. hizo sonar el claxon de uno de los coches y el grito ronco. Vació el vaso y chasqueó la lengua. En aquel momento entró Dodó... en grupos de dos. al menos no de alcohol. del barranco.le dije . se hicieron lívidos. Tuvo un amago de vómito y apretó los labios. Así Oreste podría matar alguna cosa.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 69 Entonces Poli bajaba por la escalera.. de tres. Los rostros terrosos en la madrugada. se frotó las manos y se dirigió a la mesa. Si al menos nevase. nos hacía café. cortado.gritaban -. Poli continuó: -Es hermoso gritar de aquel modo en la noche. Cilli y otro dormían.debe de haber quitado las bragas a alguna chica. solos. corno las brasas en la ceniza. Parece una voz subterránea que viene de la tierra o de la sangre. Poli lo miraba apagadamente.es cómo el alma más vieja que tienes dentro es precisamente aquella que tenías cuando eras chico. Me gusta Oreste.» Yo me pregunto. a quien fui a despertar llamando a su puerta. Algún idiota. Llevaba dos chaquetas sobre los hombros. Bajó los ojos y se repuso.continuó . Pieretto y Dodó bebían grappa a pequeños sorbos.dijo -. . del bosque. ¿No te diviertes esta noche? ¿Quieres marcharte? -Tus amigos de Milán se irán por la mañana. Tenía los mismos ojos de la primera noche. El viejo Rocco los vio pasar junto al estanque donde sumergía un tubo. No sé que les pasa a las chicas.dijo . Lo dijo despacio y con insistencia.dijo Dodó -. te las da a oler y dice: «Si adivinas de quién son. que fumara con él. luego rosa. Me rogó que me quedara con él. aunque ninguna de ellas puesta. aquella que nos lo encontramos en la colina. XXX El amanecer nos sorprendió a todos en la sala. Cuando la apagamos nos miramos unos a otros. ¡Por la autopista se llega pronto! 69 Librodot . ¿Está borracho? -Volvió a su mueca sarcástica. sobre la grava húmeda que casi no crujió a sus pasos. sobresaltó a Poli. Nos vio y se detuvo. Esa es la costumbre más antigua que tenemos. Las mujeres fueron las primeras en reanimarse.

Oreste. dejémosles tranquilos.Gabriella sonrió: -Eres trivial. Gabriella daba vueltas en torno a Poli.: decididlo entre vosotros. -No me duele .dije -. Hizo un gesto como para esconder la mano. Corrió poniéndose la bata. con gesto de niño castigado. Todas las miradas.dijo Gabriella. Yo me voy a descansar. solo. como una fiebre. También Oreste callaba con las manos detrás de la espalda. La encontré en su habitación. hasta Poli. Nos quedamos allí en las butacas. Dijo Oreste: -Tú no soportas ninguna. Puse la mano en la manilla y la puerta cedió. Me parecía imposible volver a la vida de antes. Llamamos a Oreste. pero la abrió: estaba sucia de sangre. en un plato. -¿Sabías lo de Gabriella? -¿El qué? -Que está enamorada como un gato. La idea nos gustó: «Así ayudaremos a Pinotta. Entramos en la sala. -¿Tú sabías que era tísico? . pero luego dijo: -¿Quién es el ratón? Bajaron todos. levantó los ojos jadeante. . Algo había cambiado. era un hombre melancólico. un cigarrillo terminaba de quemarse. en la mañana. Aparté con el pie un vaso intacto caído en el camino. Se lo llevó a la boca. Pasando sobre la grava miramos a nuestro alrededor. En la rama baja de un pino cercano colgaba un chal a cuadros.nos dijimos en la veranda. Mientras iba por el pasillo . -Es culpa de los hombres continuó Pieretto -.. los ojos excavados en 70 Librodot . a Pieretto.dijo Pieretto -. quejidos. -No es vómito . no me atreví a recoger la mirada de Gabriella. ¿Quién había pronunciado la palabra? Era como si ya nos hubiéramos despedido. En el desorden de la sala reinaba aquel olor a cerrado y a flores.dijo Pieretto -.dijo . por loco que fuera. auscultó a Poli mordiéndose los labios. voluntarioso y taciturno. -No . Le dije también que Poli. es necesario.Librodot - El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 70 Iremos a Milán . Yo me esperaba el dolor de cabeza. los sobresaltos de aquellos días le quemaban en los ojos.dijo Oreste . No sabía que hacer y él me miraba con aquellos ojos hinchados.la encontré esta noche en la cocina llorando porque ninguno la saca nunca a bailar. -Vámonos . Más que otra cosa se le veía fastidiado.Se sirvió él también. Era en la habitación de Poli. de aquellos que a fuerza de pensar saben de antemano lo que ha de tocarles. A veces resultaba ingenuo. -Con la vida que ha hecho no es nada extraño . Poli. en estos casos se cura. Milaneses.balbuceó jadeando.. estornudos. Le dije que no basta tener en la mente la salud para hacer o no hacer una cosa..dijo Pieretto-. bajo la luz de siempre. Había también olor a cera y. Aquella dureza ya no le abandonó. sentado en la cama y en pijama. Haya paz. sólo he esputado.Gabriella. Poli la acogió sorprendido. Hablamos de ir a Due Ponti a comprar.» Subí a mi habitación a coger la chaqueta. Tenía en la mano un pañuelo blanco lleno de sangre. -Bebe .oí toses. Ahora. Probablemente lo sabía.dijo -. inermes. las palabras. Al hombre se le conoce por las mujeres que soporta. -Oíd ..dije a Pieretto-.aquel olor a visillos y a sol . -Gente estúpida . Quizás ellos digan lo mismo de nosotros. Lo admitió.dijo Gabriella . Se alejó en el aire claro. -A Pinotta . Poli había ya entrado. -No comprendo .

Es todo un mundo a descubrir. -Tienes que visitarte cuanto antes . Nos dijo con su voz de siempre que no era cosa de cambiar las costumbres. que el mundo está lleno de gente que pierde sangre por la nariz. Bajamos en el paso a nivel. Ella tuvo que levantarse para hablar con el viejo Rocco. «El señor commen-datore . le tocó a Oreste. 71 Librodot . Se fueron y él la tenía entre los brazos con la mejilla sobre su hombro. En pocos minutos nos encontramos en la estación. Cambiamos algunas palabras. Lo mismo da. que la cosa debía ser vieja y que no entendía cómo en la clínica no se habían dado cuenta. ante las colinas familiares. . en las bajadas. vaciando cajones.» Gabriella hizo cargar las maletas. Hablaba sin mirar a Gabriella. Estaba terroso pero sonreía. bromeamos. -¡Basta ya! . cuando el coche verde había aparcado entre la sombra de los árboles. -Tú también dijo Poli. Gabriella dijo entonces que iba a ir a Due Ponti para telefonear. A los pies del Greppo no pensé en volverme. el rostro duro de Gabriella sonrió un instante. -No falta más que mi padre . Poli agitó la mano. Poli no dijo una palabra y me sorprendió que no tomase el volante. asfaltada y blanca.insistió ella -. -Llévame a mí . empaquetando. y que vive quien tiene deseos de vivir. entre las casas floridas. Sacó un cigarrillo.dijo Pieretto. Oreste la seguía con los dientes apretados. Oreste llevaba el fusil en bandolera y sostenía su bicicleta sobre el estribo.estaba fuera de Milán. -El mundo es grande . Gabriella le quitó el vaso de la mano y le ayudó a extenderse en el diván. debes ir a Milán en seguida. Tintineó su copita. -¿Bebemos? -dijo Poli entrando en la casa-. Poco después de mediodía llegó el coche. la tierra selvática. Oreste le aconsejó que descansara para así tener fuerzas para emprender el viaje. era el automóvil verde guiado por un joven en librea. fríamente. mandando aquí y allá.dijo Pieretto y tragó su licor.dijo con todo respeto . Nosotros tres detrás. Pieretto le dijo que no dijera estupideces. Pero yo. quiero hablar con su padre. Allí empezaba la carretera provincial con paracarros y cercados bajos. Los pequeños pecados son los que llenan el día. Hubo una discusión para enseñar la carretera al chófer.le dijo -. en cosas livianas.dijo Poli--. no sabía llevar a otro y entonces. Luego ella y Pinotta dieron vueltas por la casa. Cuando volvieron Oreste y Gabriella estábamos un poco alegres y Poli balbuceaba que es fácil vivir cuando uno sabe liberarse de las ilusiones. Solo me fui a sentar al borde del barranco y miré la llanura. Comimos en silencio. Oreste explicó. Me pareció haberlas conocido siempre. Jugarse la vida en un pequeño vicio.Librodot El diablo sobre las colinas Cesare Pavese 71 el rostro apagado. como era lógico. -Voy yo en la bici -propuse. Era un día de grandes nubes blancas en el cielo dulce que sabía a fruta. Luego se alejaron y nosotros nos fuimos a beber al Molino. -¿Cambia eso algo? -Tosió y se tocó la boca. Yo pensaba ahora en aquella noche en la colina. menos mal que pronto terminará todo. pero no lo encendió y lo dejó -. Subimos al coche.

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