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Los Grandes Transformadores. Por Cecilia Valenzuela

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Los grandes transformadores

Por: Cecilia Valenzuela Periodista Miércoles 6 de Junio del 2012

Para proteger sus intereses, los dirigentes de la izquierda marxista han convertido un tema de tierras, de propiedad y de beneficios de la explotación minera en un conflicto ambiental, étnico y filosófico. Pero en los ochenta, convirtieron la guerra provocada por la violencia terrorista en un problema de derechos humanos. El Estado Peruano se enfrenta a políticos de izquierda que no han dejado de ser marxistas, leninistas, maoístas. Que instintivamente apuestan por la destrucción del Estado para tomar el poder; apuntando siempre a la cabeza del Estado y a lo que ellos identifican como su columna vertebral: las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Lenin organizó un partido que destruyó el Estado zarista y tomó el poder. La izquierda marxista tiene ese gen en el cerebro; por eso, cuando sus dirigentes intervienen en los conflictos propios del crecimiento y del desarrollo del país, la solución se entrampa o se torna imposible. Durante los años de la violencia terrorista, el problema del país era la guerra contra la amenaza maoísta, pero en vez de fortalecer al Estado y unirse a la lucha de la sociedad contra la violencia, la izquierda marxista se dedicó a

convertir los errores de las FF.AA en el principal problema del país. Pronto, los excesos en materia de derechos humanos –que merecían atención, pero no absoluta dedicación en medio de una guerra– desplazaron a las agresiones que la sociedad sufría desde los grupos terroristas, y se convirtieron en el principal problema del Estado Peruano. La izquierda no ayudó a vencer al terrorismo; al contrario, ayudó a debilitar al Estado que lo enfrentaba. Ahora, gracias a la ayuda de sus compañeros marxistas, los militantes de Sendero Luminoso y del MRTA se han reorganizado políticamente y desde los Frentes de Defensa de los Recursos Naturales enfrentan a unas fuerzas del orden desmoralizadas y perseguidas. Por desgracia en el Perú no hay una izquierda moderna ni moderada. La misma y vieja izquierda marxista es la que capitaliza un lado del conflicto. Acabamos de verlo en Espinar, un problema que debió discutirse entre socios –las comunidades y la empresa– se ha convertido en un problema ambiental sin solución, con eslóganes abstractos como aquello de agua sí, mina no. Y lo vimos antes en Piura, en Bagua, en Arequipa y en Cajamarca: la izquierda marxista, leninista, maoísta, a través de sus organismos ad hoc –Conacami, la Red Muqui, Cooperacción–, ubicada en medio del conflicto apuntando siempre a las fuerzas del orden y a la cabeza del Estado. Y lo hace desde la comodidad de sus ONG con el financiamiento de las ONG internacionales, las defensoras de los derechos humanos de antes, las ambientalistas de hoy.

Cuidado, los intereses de la izquierda marxista no pasan por combatir la pobreza ni la desigualdad. Su prioridad sigue siendo el poder y para ello utilizan a los líderes populares y lo único que producen son muertos y mártires: Mollohuanca es el Pizango de ayer y Pizango, el Hugo Blanco de antaño.

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