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La Privatización del Espacio Público:

Casos que están privatizando el área pública.

Fabián Almendra Vargas.

Haciendo una definición de Espacio público que es el lugar donde cualquier


persona tiene el derecho de circular diferenciándose de los espacios privados,
donde el paso puede ser restringido, generalmente por criterios de propiedad
privada, reservas de estado u otros. De esto podemos concluir que el espacio
público es de propiedad pública, dominio y uso público.
Al parecer, la resiente definición está cambiando en el constructo de la
sociedad actual. El espacio público está desapareciendo, por causa de los
procesos de globalización y privatización y también por las nuevas formas de
control social (Low S., 2005).

El espacio público es donde se puede desarrollar el acto más significativo que


presenta una ciudad que es la interacción social y la relación entre sus
habitantes. Entonces, sin estos espacios, los conflictos sociales y culturales no
son visibles, y la población, los individuos no pueden participar directamente en
su resolución. (Low S., 2005).

Hoy en día el espacio público dejó de ser un lugar para todos, donde cualquiera
podía circular libremente. Hay muchos ejemplos y situaciones que hacen
pensar que los espacios públicos se han ido privatizando.

El siguiente ensayo busca mirar los espacios públicos como lugares dónde no
todos pueden ser participes, hay control y los reyes del espacio restringen el
paso de sus ocupantes, rasgos característicos de un proceso de privatización.
Comenzaré por los malls. Los shopping se han elevado a la categoría de
“espacio público sustituto” (Así parece ser visto por la población). Los malls son
capsulas que encierran a sus ocupantes en espacios establecidos por alguien,
por un proyecto que beneficia a unos pocos.
El mall es un macro-juego donde todos los ocupantes somos sus figuritas de
acción. Todo esta fríamente calculado para que la gente se mueva e
interactúen como se les dé la gana. Pasillos sin asiento para que la gente no
tenga más lugar donde sentarse sino es en el patio de comida para consumir y
descansar, pasillos especialmente diseñados para mujeres, donde se
concentran tiendas de zapatos, vestidos, etc., puntos estratégicos de compras,
en definitiva te mueves al ritmo que te impone el mall. Somos títeres de un ente
imaginario. ¿Esto es característico de un espacio publico?. Por supuesto que
no lo es, un espacio público es valorado como un lugar donde la gente puede
leer, sentarse, reunirse (Low S., 2005) , interactuar, circular libres y no estar
regulado por sistemas de control, solamente el control social. Aparte un
“espacio público” se refiere a cualquier espacio abierto en el cual se reúne un
numero de personas (Low S., 2005), ojo!, espacio abierto, no encerrados en
una caja de “juego”. Entonces, el concepto de espacio publico sustituto está
mal empleado o sino es un espacio público privatizado, puesto que manejan tu
accionar.

Dejando los malls a un lado y prestando atención en una característica


presente en toda sociedad que es el factor temor. Es este factor es el causante
de que los espacios públicos como lo son los parques, las plazas estén siendo
“privatizados” por sectores públicos y privados.
Uno de los cambios que se pueden apreciar en los espacios públicos debido al
temor que reina en la sociedad y que es característico en Latinoamérica, es el
cierre de plazas en horarios determinados donde la luz del día comienza a
despedirse y el miedo se toma la calle. Para tener mayor seguridad en estos
espacios públicos se ha tenido que modificar gran parte de estos, como por
ejemplo: Sacar los árboles de las plazas para que no entorpezca la tarea
policial en la búsqueda de los malhechores, sacar bancas que impiden la
lectura y el descanso (debido a que la ciudad es considerada un flujo, todo lo
que entorpezca ese flujo ininterrumpido debe ser arrancado), el comercio
ambulante es desarraigado para impedir el comercio negro, por lo tanto no
todos somos parte de ese espacio público, muchos son expulsados por
sospechas o perseguidos por controles impuestos. Cada día los espacios
públicos van desapareciendo y se están tornando lugares reglamentados que
impiden la libre circulación y libre uso de sus espacios.

En la ciudad post-moderna donde se encuentra una lógica de privatización y


segregación, ha hecho que grandes áreas sean ocupadas por sectores
privados impidiendo el transito peatonal y automovilístico (El uso de sus
espacios es exclusivo de sus ocupantes). Borja habla de crisis del espacio
público y la sitúa a lo largo del siglo XX. Señala diversas causas: la dinámica
de la propiedad privada, la prioridad pública y privada a los programas
inmobiliarios, la ocupación exclusiva de las vías circulatorias por parte del
automóvil, la oferta comercial cerrada, la inseguridad ciudadana.
La aparición de las parcelas de agrado, barrios cerrados ha ido apropiándose
de los espacios que antes pertenecían a todos y ahora son solo de sus
habitantes, segregando a la población aledaña e impidiendo el intercambio
social y cultural tan necesitado en esta sociedad. Las ofertas inmobiliarias cuya
oferta comercial cerrada brinda a la sociedad seguridad lo que apalea el temor
presente en sus habitantes. Todo esto nace por el miedo de las personas por
interactuar con otros individuos, ahora las actividades están siendo más
individualistas en vez de comunitarias. Así ¿Cómo queremos recuperar los
espacios públicos, reivindicar los sectores olvidados, si nuestro temor nos
impide compartir con los otros? Todo lo hacemos por nuestra propia seguridad,
tendemos a encerrarnos en cuatro paredes sin contacto con los movimientos
de la sociedad, cada vez parecemos que estamos viviendo dentro de cárceles
aislados del mundo y lo que ocurre fuera de nuestros hogares.

Pero la privatización del espacio público también ocurre en los sectores más
vulnerables de nuestras ciudades, donde se hace presente la pobreza y falta
de oportunidades para sus habitantes. Así es como llegamos a los barrios con
características de gueto.

El barrio, la calle, el vecindario es el espacio público por excelencia el cual es el


más próximo a su vivienda, por lo tanto el barrio se considera como un espacio
público local, donde hay relación e interacción social entre sus habitantes. El
barrio crea un espacio de prácticas sociales y culturales conocidas y familiares
para los pobladores involucrados. Por lo tanto, no es un espacio público
cualquiera sino que es un espacio de tránsito que separa o une al mundo
público y lo privado. (Saraví G., 2004).
El barrio es para los habitantes un cierto dominio del espacio, puesto que es
conocido y se sabe reconocer. (Saraví G., 2004).
El barrio como espacio público y todos los aspectos característicos de este,
están siendo ocupados mayoritariamente por jóvenes los que presentan y le
dan valores específicos a cada lugar de este espacio.

Vivir en estos barrios cuyas calles, quioscos, plazas, almacenes, esquinas,


entre otros, están “reinadas” por grupos de jóvenes los cuales carecen de
educación y tratan de escapar de las realidades de sus hogares y situaciones
de cesantías y falta de oportunidades en el área laboral es sumamente difícil,
puesto que la puerta de escape es la drogadicción, el alcoholismo, la
delincuencia, entre otros, que ponen en constante riesgo a los vecindarios
próximos de esta realidad.
Lo que hacen estos jóvenes es “privatizar” el espacio público por excelencia
que es la calle, puesto que no todos pertenecen a su “reinado”, sólo son parte
de este espacio público los que comparten las normas, códigos, reglas y
pueden entablar una relación que penosamente se convierte en un círculo
vicioso, donde los problemas de estos jóvenes son traspasados de generación
en generación. Las personas que no se hacen parte de estas “legislaciones”
impuestas por los “reyes de la calle”, son excluidas y aisladas dentro de su
propia vecindad. Se les tilda de “giles” , pero los giles para ellos, son en
cambio, los que puedes ver en los trabajos “ganándose la vida” dignamente sin
necesidad de delinquir, estos son los giles que puedes ver en las
universidades, donde han podido llegar con sus propios esfuerzos en conjunto
de sus padres, son esos giles que luchan por salir de la pobreza y experimentar
la posibilidad de vivir una vida placentera y no rodeada de personas que lo
único que saben hacer es intimidar y encerrar en sus propios hogares a las
personas de su propio vecindario. Para los “giles” vivir dentro de ese núcleo
desagradable de delincuencia, violencia, entre otros es complicado, puesto que
viven bajo amenaza y en peligro, ya que ellos son las principales victimas de
los “dueños de la calle”. Son foco de discriminación entre los delincuentes, son
mirados como objetos de abuso, de burlas, de ignorancia.
Para sobrevivir en estos tipos de barrios, los “giles” deben manejar el
vocabulario de los “incluidos” para poder manejar situaciones de riesgos, saber
como reaccionar frente a ataques violentos, saber por qué lugares caminar
dentro de la población, este punto hace que la comunidad de los aislados se
limiten dentro de sus propios espacios. El espacio público es ahora espacio de
algunos, no todos pueden pasar por calles oscuras, estrechas, puesto que el
acecho de los delincuentes es inminente.
En conclusión, la problemática de la comunidad pobre dentro de la ciudad (la
segregación), crea nuevas problemáticas dentro de sus barrios y vecindarios,
tales como falta de educación, formación, inestabilidad laboral, desempleo,
falta de oportunidades. Todos estos factores actúan en cadena,
desencadenando otros tipos de situaciones dentro del hogar, lo cual hace que
los jóvenes huyan de esa realidad hacia el espacio más próximo, la calle. En la
calle se encuentran con otros jóvenes que escapan de situaciones similares,
comparten historias en común y salen en conjunto de esa realidad,
lamentablemente no de la mejor manera, sino que involucrándose en la droga,
alcohol, robo, violencia, entre otros, como señala Borja (2003) “la pobreza del
espacio público los hace más pobres”, en vez de tratar de salir adelante, tratar
de emigrar como lo hacen los “giles”, empeoran su situación contagiando a la
demás población haciendo que el lugar en donde residen, se convierta en un
lugar indeseado y poco valorado.

Estos son algunos ejemplos y casos que hacen ver que cada vez más estamos
terminando con los espacios públicos. Cada día son menos los lugares donde
puedes interactuar libremente, caminar sin temor, decir lo que piensas sin
recibir la burla de los demás, cada vez no podemos caminar por caminos
oscuros, por plazas cerradas, por caminos vigilados por guardias, por plazas
exclusivas, por esquinas reinadas por delincuentes. Esta sociedad donde se
valoriza más el flujo y no el descanso, se privilegia el automóvil antes que al
peatón dudo que se crearán más espacios donde el pueblo pueda recrearse y
esparcirse y enriquecerse culturalmente.
Esta frase «Mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas,
por donde pasará el hombre libre para construir una sociedad mejor» (Salvador
Allende, presidente de Chile, 1973) se convierte cada día mas en una quimera
en vez de acercarse a una realidad próxima.

BIBLIOGRAFIA

Borja J. (2003): Espacio público y espacio político, La ciudad Conquistada cap.


6, 2003

Cáceres G. y Farias L. (1999) El espacio urbano: Efectos de las grandes


superficies comerciales en Santiago de la modernización ininterrumpida 1989-
1999, Ambiente Hoy, VOL XV- Nº 4 pp.36-41, 1999.

Low S. (2005): Transformaciones del espacio publico en la ciudad


latinoamericana: cambios espaciales y prácticas sociales. Traducción realizada
por Diego Campos, Bifurcaciones, 2005.

Saraví G. (2004): Segregación urbana y espacio publico: Los jóvenes en


enclaves de pobreza estructural, Revista la CEPAL 83, Agosto 2004..