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Psicoanálisis de la obra de Fito Espinoza

Psicoanálisis de la obra de Fito Espinoza

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Usando el método del Psicoanálisis para desmenuzar una de las obras del artista peruano Fito Espinoza.
Usando el método del Psicoanálisis para desmenuzar una de las obras del artista peruano Fito Espinoza.

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Published by: Alici Ugaz on Jun 10, 2012
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08/04/2013

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ESCUELA NACIONAL SUPERIOR AUTÓNOMA DE BELLAS ARTES DEL PERÚ

PSICOANÁLISIS DEL ARTE

Alumna: Alicia Ugaz Peña Código: 07-032 Profesor: David Durand Ato

Lima – Perú 2011

INTRODUCCIÓN

Siempre es necesario salir para poder regresar.

Si el lenguaje es un refugio para el ser humano, entonces Fito Espinoza ha encontrado un refugio integral, gráfico y verbal. No sólo eso, sino que ha optado por compartirlo, sea vendiendo sus obras por pedido, colgándolas en su blog, permitiendo que se publiquen en medios escritos físicos y virtuales- compatiéndo con ello todas esas suertes de respuestas con las que se ha topado en su vida (haciendo referencia una reflexión de Picasso con respecto al problema del arte de ofrecer siempre problemas y no soluciones) Escojo su obra porque me conmueve y me inspira a crear reafirmando la esperanza en la pertinencia de un arte de voz positiva, que comparta no sólo la visión del problema, sino que la crítica vaya acompañada de una invitación: un gesto de desprendimiento del artista sobre los caminos por los que solucionó un conflicto cotidiano. El método psicoanalítico nos permite dar una lectura, es como un punto de vista más y lo que pretendo a través de este ensayo – lleno de preguntas abiertas- es incidir en la presuposición de que nada escapa al Orden Simbólico. ¿Es realmente cierto que la relación (de pareja, amorosa), al implicar el concepto de lo social, es meramente parte de un orden construido por el Gran Otro? O en todo caso, ¿está, Fito Espinosa, desafiando estas tajantes declaraciones del orden simbólico?

DESARROLLO

VACÍO Fito Espinosa Ilustración en técnica mixta ¿Quién no se ha sentido destrozado alguna vez, por (des)amor? Si Lacan se refería al ser fragmentado, partido, en pedazos dispersos, Fito Espinosa lo graficó de manera literal: el sujeto escindido es el personaje principal de esta obra. Eso está claro, pero la cuestión que parece plantear esta escena es ¿somos capaces de reconocernos como un todo?, ¿somos un todo en función al otro? ¿ es el estadío del espejo una mera ilusión

momentánea que se derrumba en distintos momentos de nuestras vidas y que sentimos que reaparece de vez en cuando? Si muchas teorías afirman al hombre como un ser social por naturaleza, ¿es posible llevar esta afirmación a un terreno más complejo que el de la satisfacción de necesidades vitales de sobrevivencia? (en aspectos específicos como el de la relación de pareja, por ejemplo).

“Hice un gran espacio para ti… El hice indica una construcción del individuo, no expresaría lo mismo un apareció. El sujeto hizo un espacio para esa persona, para ese objeto a, la mujer. Lo hizo y se lo hicieron porque el gusto, la afinidad y la atracción no son predisposiciones con las que nacemos como si viniésemos con un chip desde que nos conciben: no son más que construcciones sociales. Resulta muy extraña entonces la afirmación de “ser sociales por naturaleza”, en tanto lo social es una construcción, como la cultura y por otro lado lo natural es lo instintivo, en cierta manera lo animal. Es como una paradoja, donde es imposible establecer el punto exacto en que sí es natural la relación de un humano con otro. ¿Qué sucede con la relación amorosa? Sin entrar en romanticismos sobre la complementariedad de las almas y el puro amor ¿quién nos dice cómo, a quién, por qué, hasta cuándo, cuánto debemos amar? Me resultaría muy decepcionante cederle toda esta tarea (digna de un ser o una fuerza divinos) al orden simbólico.

…y luego quedó vacío.” ¿A quién corresponde el trauma de este personaje sufriente? La silueta del objeto a es claramente femenina, pero ¿ocupa esa posición? Si pensamos en la Fórmula de la Sexuación lacaniana quien ocupa el lugar del esclavo en esta escena pareciera ser más

bien el hombre. La mujer se parece más al orden simbólico, vemos que su figura está compuesta por el fondo y el fondo no es otra cosa que el mismo orden simbólico. Ella tiene el poder en tanto que ha sometido al sujeto a estar fragmentado, ella tiene la posición del amo en esta ocasión. Y siendo el amo, somete a la posición masculina al goce (no al placer), el individuo cierra los ojos: disfruta, sufre e intenta reconfortarse a sí mismo diciéndose que “pronto todo volverá a su lugar”. Claro que no todo volverá a su lugar para quedarse así, vendrá otro objeto a, y así se le da un sentido al goce, la repetición del disfrute y el sufrimiento. Algo interesante por su constancia es donde sitúa Fito a sus personajes, el espacio sea abierto o cerrado siempre nos remonta a lo urbano. El papel tapiz indica nuevamente una construcción, un espacio privado lleno de patrones que siguen un orden, esto reafirmaría la idea de que el acuerdo social de que algo sea como es y no de otra manera es lo que va dictando incluso nuestros más profundos sentimientos. Que encuentres a tu media naranja dependerá -desde aquella visión de “todo es orden simbólico” que pretendo derrumbar de alguna manera en este este ensayo- del gusto que el sistema se le antoje implantar en ti y las condiciones en las que tu vida se vaya desarrollando.

Mi Objeto de Deseo se parece a Mí Volviendo a la representación del Objeto A, expondré mi lectura sobre la construcción de este personaje según la premisa de que, cuando se trata de la pareja, buscamos fisionomías parecidas a las nuestras (formas del rostro, por ejemplo). En el aspecto formal, la figura del hombre y la mujer es la misma, reconocemos la feminidad apenas por un doblés del vestido y el cabello. ¿Es acaso esta configuración anatómica un índice de narcisismo? No es que Fito se parezca físicamente a sus personajes, aunque podría ser que en el revuelto de sus pensamientos se mire a sí mismo como uno de ellos y disfrute al exponerlos siempre ante el público (y si tomamos esto como una verdad implícita, obviamente es aplicable a cualquier producción artística visual).

Más allá del propio narcisismo que puede aflorar del artista llevándolo a autorepresentarse en cada obra, prefiero mirar el asunto por otro lado: lo que grita la obra como un pequeño universo presentado como un síntoma. El síntoma en esta representación de pareja es la gran similitud de las partes, es decir que el individuo satisface su deseo con algo que, a la vez que llene su trauma, lo contenga a sí mismo. Es decir que, el trauma, ese hoyo en nosotros no es más que un trozo de nosotros mismos del que se nos despoja en un momento único e irrepetible de nuestra existencia, y por lo tanto tras el paso del tiempo (una condición del universo de la civilización, otra construcción del Gran Otro) cambiamos en tan variados aspectos que, ni así encontrásemos ese trozo de nosotros mismos podríamos llenar la falta. Pero, si buscamos eso que nos falta en el objeto a ¿no es iluso pensar que el otro será ese trocito faltante si todos y cada uno de los individuos son sujetos con agujeros? Es como una fórmula fractal, sin fin, con la que podemos comprender por qué se afirma que el Objeto A no es otra cosa que el motor del Orden Simbólico: implica la impotencia del individuo y su afán de continuar sufriendo.

El Arquetipo del Sin Voz Que Fito Espinosa siempre recurra a una particularidad infantil en su obra no puede ser un aspecto simplemente de ocurrencia formal o estética. Por un lado podríamos deducir, basándonos en la etimología de la palabra infante, que los personajes de Fito no solamente nacen de conceptos arquetípicos de lo infantil, sino que representarían el lado natural del ser. Esto no tanto en relación con lo instintivoanimal, más bien con la presencia del “sin voz” reconocible en distintos momentos de la vida del individuo. El infante aún no conoce el lenguaje, aún no ha sido corrompido por la ley. En este caso podemos leer el estilo singular de Fito, aquella estructura simplificada de la anatomía como un estilo no corrompido por las reglas tradicionales del arte realista.

Y… ¿Qué le hace escapar al artista de la fiel representación de la realidad? Resultaría fácil decir que el mercado le ha dictado esas maneras de representación, pero me arriesgaré a decir que Fito está apostando por invitarnos a recordar lo real, lo que ninguna imposición (ningún gran otro) podrá jamás arrebatarnos: la condición de infantes, de haber nacido fragmentados y de cierta manera libres.

Y por lo tanto… Claro que el psicoanálisis me enrumbó hacia una comprensión de esta obra desde una perspectiva esquemática que de alguna manera reconforta y me hace sentir que como artista puedo sugerir lecturas similares en mi propia obra (encaminando así mi mensaje y mi posición). Lo más sustancial tras esta lectura psicoanalítica es seguir manteniendo en pie mi tesis de que, efectivamente, ciertos aspectos sí escapan al orden simbólico. O, sin llegar a ser absolutista, suelto una cuestión más: ¿de qué manera le conviene al Gran Otro que este individuo haya perdido a su media mitad y sienta que pronto llegará otra más parecida a él? Ya sé, de seguro este individuo comprará más desodorantes Axe, como una inversión segura para su próxima captura del objeto a. O tal vez, realmente la relación amorosa no cabe dentro del sistema, es tan extrañamente deforme que ni el tan cálido y cobijante lenguaje puede definirla.

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