Luego de haber estado perdido durante mucho tiempo, había vuelto al ministerio de magia para rendir nuevamente mi examen

de Aparición, el cual en primera instancia no había aprobado, pero que sin embargo siempre fue mi sueño y seguía siéndolo, además de un gran desafío. La examinadora, al aprobar los documentos necesarios para aquella ocasión me señaló que debía entrar por una puerta que rezaba “Centro Examinador de Aparición”, giré el picaporte y apenas puse un pie en el lugar me sorprendí puesto que solo era una sala totalmente blanca, muy grande y en la cual solo resaltaban dos círculos rojos pintados en el suelo. Cerré los ojos respirando hondamente, y cuando abrí los ojos, para mi sorpresa ya no estaba en la misma sala, ahora me encontraba entre dos acantilados sobre el mar, erosionados por el paso del tiempo y separados uno del otro por la misma distancia que había observado entre los círculos rojos del ministerio. -Es una sala cambiante, retrata un lugar que hayas visualizado mentalmente-recordé las palabras de mi padre, que me había aconsejado antes de venir. *Pues que conveniente estar en esta situación…*pensé irónicamente. Escuchaba el rugido de las olas al chocar contra la parte baja de los acantilados, debía haber por lo menos unos cien metros en caída libre. Miré de reojo a la funcionaria del ministerio que anotaba cada uno de mis movimientos en una pequeña libreta. Decidí dejar de perder tiempo, pero era difícil concentrarse en un lugar así, un paso en falso y podía caer a una muerte segura, o lograr el aparecerme y escindirme, pero tampoco debía olvidar que ya me había aparecido muchas veces antes, en los antiguos días, donde luchaba junto a mis viejos compañeros de la Orden del Fénix, era mi obligación volver a tomar mis responsabilidades, ya que había pasado mucho tiempo como exiliado. Bien, era hora de enfrentarme a esa bestia negra con valentía, por lo cual recordé lo principal para aprobar el examen, las tres D’s. Primero, mi destino, el cual era el otro acantilado, que estaba a diez metros de mi posición. Comencé a concentrarme en el círculo rojo que allí se encontraba, visualizando mentalmente el lugar, poco a poco la imagen se fue esclareciendo hasta el punto de que parecía una fotografía muy fiel. Debía de poner todo mi esfuerzo para mantener ese destino. Luego, estaba la determinación de aparecerse allí, poseía el deseo y toda mi fuerza de voluntad en poder viajar hasta el lugar indicado, imbuí cada célula de mi ser, cada partícula de mi existencia desde mi mente para dar el cien por ciento de mi voluntad en aquello, era sumamente necesario querer por sobretodo lograr aparecerse allí sin ningún problema… La inseguridad llegó cuando miré hacia abajo y vi la altura a la cual nos encontrábamos, entonces me entró un miedo terrible ya que a veces me daban ataques de vértigo, me demoré cerca de dos minutos en volver a la calma… *Mierda, esto no me ayuda en mucho*debía callar mi fobia y volver a comenzar. Esta vez sí que me concentré en el círculo rojo, visualizando nuevamente la fotografía panorámica del lugar pero en detalle el círculo. Mi cuerpo esta vez se llenó de un aura extraña que imaginé

para representar la determinación que poseía por llegar hasta allá. Abrí los ojos un momento después. Miré nuevamente a la examinadora. piernas o ninguna parte de mi cuerpo. . No me faltaba ni una ceja. ni mi nariz. pestaña. De pronto sentí un fuego interno. esta vez con una sonrisa en los labios mientras recordaba la última D. en definitiva. estaba sano y salvo… Miré inquisitivamente a la examinadora. oído. la cual era deliberación. una llama que me esperanzó y me dio la confianza necesaria. sintiendo como era arrastrado a la nada. así que sin más preámbulos giré sobre mí mismo con deliberación. respirando una gran bocanada de aire. como esperando una respuesta de su parte. miré hacia abajo y para mi sorpresa estaba parado sobre el círculo rojo pintado sobre el acantilado contrario al donde estaba mirándome la examinadora. en ese entonces comencé a revisar todo mi cuerpo con mis manos y mis ojos asegurándome de que no me hubiera escindido. atrapado y oprimido en algo parecido a un tubo.

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