La Balserita Víctor Carvajal Ilustraciones de Carolina Schütte González

1

Dedicado a Constanza Corbinaud Castañeda.

2

Alucinaciones

Tiara soñaba con Diego esa madrugada. Ella y su compañero esperaban por una lancha que los 3

La niña se estremeció de la cabeza a los pies. amenazando con regresar de un salto a su mundo submarino. como pequeños peces fuera del agua. mecida por las olas. De pronto. como si la pasarela de madera no existiera. En medio de la bruma. pedaleando de un lado a otro.trasladara hasta el embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. apareció una imponente figura. 4 . como si una brisa gélida la dominara. cuando la neblina comenzaba a dejarle un espacio de cielo al océano. la niña vio ciertos destellos que se desplazaban en medio de la bruma. Desde el muelle. porque creyó haber visto a su hermano. ambos miraban en silencio aquel paisaje de ensueño. Diego montaba su espléndida bicicleta.

5 .

El rostro del muchacho hizo una mueca de asombro y saltó como un resorte. Tiara buscó refugio junto a Diego. —¿Qué pasa? —balbuceó. temblaba de miedo. porque en ellos se reflejaba mejor el color gris del mar y del cielo. Miembro de nuestra estirpe real. el hermano mayor de Tiara. Ocho hombres la tripulaban. 6 . Ataviados con finas plumas multicolores. Tiara permaneció expectante unos segundos ante la sorprendente aparición que emergió de la nada: mecida por las olas. perturbado por la repentina reacción de su compañera. Entre ellos se encontraba el abuelo de la niña y Kiko. La nave se acercó. los tripulantes de aquella embarcación maravillosa detuvieron el acompasado movimiento de los remos a escasos metros de la costa. nada —titubeó ella. —¡Eres una Miru! —saludaron—. flotaba la imponente piragua. —No.Tiara se volvió para mirar a Diego a los ojos. —¿Nos vienen a buscar? —preguntó Diego.

—El competirá en una prueba muy dura —respondió el abuelo. aborda tu pora y rema hasta nuestra embarcación.—¿Quiénes son ustedes? —preguntó la niña. —Son los príncipes Ariki Paka y vienen por ti —respondió el anciano. sin mayor alegría—. al tiempo que miraba a su abuelo y a Diego. —Eres navegante. Mientras la niña intentaba separarse de su amigo para obedecer las instrucciones que recibía. —Navegamos contra el tiempo —respondieron apremiados los príncipes—. mudo de asombro. impulsada por la misteriosa voluntad que la 7 . —¿Y mi papito? —insistió la niña. —¡Qué bueno! —replicó Tiara. —¿Tengo que subirme a la balsa? —exclamó la niña. igual que nosotros —respondieron los príncipes. —¡Quiero ir a verlo! —Tiara —se apresuró Kiko—. volviéndose a ellos. Para que nos lleven a la escuela. Es largo el viaje hasta las costas del Poike.

que no había tiempo que perder. Parecía un caballo desahogando su dicha. Ella corrió a los botes. El abuelo y Kiko exigieron a la niña que se apurara. logrados al apretar y soltar los frenos. Diego. —Vamos. a punto de perder el equilibrio. La niña no hacía más que celebrar la habilidad de su compañero. Monta de una vez en tu bici y ven conmigo. —Que aborde la nave —ordenaron los príncipes. avanzando hasta el agua. El muchacho dudó. víctima de una fuerza misteriosa y con sorprendente habilidad. se preguntó si Diego estaría dispuesto a ir con ella. con una rueda primero y luego con la otra.dominaba. zigzagueando de un lado a otro. —No iré sin él —respondió Tiara. Diego —dijo Tiara—. Al escuchar que Tiara mencionaba la bicicleta. comenzó a desplazarse lentamente por el embarcadero. junto a los cuales 8 . Eran saltos pequeños. una extraña figura de goma que rebotaba sobre el entablado resbaladizo. Diego? —insistió. —¿Vienes. Tiara contemplaba maravillada la destreza de Diego.

Mientras bebía el resto de leche humeante. como si estuviera dispuesto a lanzarse al agua con ella. fue asaltada por una idea que la hizo temblar de pies a cabeza: tal vez su madre 9 . Aquí no hay hombre flojo. Para su sorpresa. En el embarcadero le pareció distinguir a Diego.flotaba su Amiga Yara. —Se embarcó temprano. Tiara fue a mirar por la ventana. chica. la balsa de espuma plástica. Acomodó su mochila. desató la amarra y de un salto abordó decididamente la débil embarcación. inmóvil frente al mar. Arrodillada en la —¿Y mi papito? —preguntó. mientras se abrigaba con su chaleco de lana. Se sentó a cubrir de margarina una media rebanada de pan amasado recién sacado del horno y apuró el desayuno. Vertió leche caliente en un jarro enlozado y la endulzó con azúcar. la niña recordó el sueño que había tenido y regresó entusiasmada a la cocina. hija. Entonces. la bruma se mantenía suspendida sobre el mar tal como la viera en su sueño. sosteniendo su bicicleta con ambas manos. —¿Y el Kiko? —Salió de pesca con su padre.

la niña prefería no faltar a clases. mamá! —gritó desde la 10 . no faltará quien la balsee. al menos. Y frente al profesor. Pero si al menos regresara su padre o su hermano de la pesca. ¿Se sentiría reconfortada? —Mamá. Tiara se levantó de un salto de la mesa y volvió al cuarto de baño. En la escuela. —¡Chao. la que al parecer a nadie importaba. aun cuando nadie la acompañara. Por fortuna. —Hija —respondió después de un rato la madre. De todos modos. se enjuagó la boca con un potente sorbo de agua y terminó de limpiarse los labios con un paño de algodón.. siempre existía la posibilidad de alzar la mano y ser tomada en cuenta. su madre estaba demasiado ocupada en sus quehaceres como para preocuparse de la hija del medio. afanada como estaba en el cuidado de sus hijos pequeños—. Cepilló con descuido sus dientes. podía deambular por los pasillos.. tengo que ir a la escuela —rogó. pues era muy arriesgado navegar con tanta niebla. bordado con delicadas flores rojas y amarillas.deseaba que esa mañana se quedara en la casa.

hija —respondió la madre. Saltando como una gaviota. Pero Tiara no respondió. —Anoche soñé contigo —dijo. sonriendo. Tiara se aproximó a su compañero de escuela y le ofreció la mejilla para aceptar un beso desganado y tibio. i te ehu—ehu. Con su uniforme azul. mientras esperaba el bote que los balsearía hasta la caleta de la escuela. Huevito? —preguntó Diego. kia—kia. muy serio. salió a la bruma de la mañana.puerta. 11 . siguió el camino que señalaba la estrecha pasarela. Tensó el cordel entre sus dedos entumecidos y con los pulgares y los índices formó diversas figuras a medida que cantaba: Kia—kia. tari rau kumara. —¿Qué cosa. De uno de sus bolsillos sacó la delgada cuerda para el juego del kai-kai\ su entretención predilecta. —Váyase como pueda. Hasta que descendió por la escalinata de madera que conducía al muelle.

—¡Picado! —¿Por qué? —replicó Diego. —¡Pascuala! —remedó Tiara. —Como tu bicicleta —replicó Tiara. —Porque no entiendes mi canto. él viene de Isla de Pascua como toda tu familia.i te Papua—púa. en la penumbra y en la suave neblina. golondrina. muy molesta. —¿Por qué no le dicen Huevito también? —replicó la niña. traes ramitas de camote. —¡Ya está la Pascuala con sus cosas extrañas! —comentó Diego. En cambio. —¿A quién le importa? Golondrina de mar. —¿No le dicen Pascual a tu padre? —insistió Diego. —Porque él no come huevos como tú lo hacías cuando eras chica —prosiguió Diego—. en tono de burla. —¡Qué bonito! —se burló Diego. —¿Qué tiene mi bici? 12 .

igual que la tía Emilia. —¡Picada! —¿De qué sirve? —Bueno. pero no me gusta que se rían de mí. yo sueño con ser directora. que la predisponía a descubrir la magia de las cosas. En ese preciso momento se acercó a ellos la mamá de Diego.-—Es como el horno eléctrico que le trajeron a tu mamá de Puerto Cisnes. Por un instante guardaron silencio. En el fondo de sus corazones abrigaban sentimientos de mutua aprobación. pero ya lo usará cuando pongan el nuevo generador de electricidad. por estas pasarelas donde apenas cabe una persona. Y ella admiraba la 13 . a regañadientes hicieron una tregua. —¿Y tú? -¿Qué? —¡Que quieres ser maestra cuando grande! —Si tu sueño es andar en bici —respondió Tiara—. —¡Directora! ¿Puedo reírme un rato? —Puedes. Diego reconocía en Tiara cierta delicadeza y sensibilidad.

por la falta de espacio. no hay calles para vehículos ni veredas para los peatones. en la Isla Toto. 14 . Más rocas que tierra. Los únicos medios de transporte motorizado que se conocen son las lanchas y las pangas. plataformas y palafitos. haciendo que su hijo se bajara de ella. que soñaba con ir a la escuela en bicicleta. Pero. inventando el modo de trepar a los botes y transformar en columpio las cuerdas tensadas que sujetaban las naves. —Me la llevo —sugirió la mujer. el hermano de Tiara había tenido la ocurrencia de utilizar las mismas embarcaciones como plaza de juegos. a punta de pasarelas. mientras se apoderaba de la bicicleta. Las casas del poblado se apretaban unas con otras. A falta de un sitio amplio. ¿cómo lo haría? En Puerto Gala. Más terreno no había en aquellas rocas. Los moradores debían circular por estrechas veredas de madera que permitían el acceso a cada vivienda. con instalaciones para hacer ejercicios. Las precarias construcciones se hicieron quitando espacio a la piedra.tenacidad del más cercano de sus compañeros. en el archipiélago de Los Chonos.

Los dos habían estado una tarde entera junto a las rocas dándole forma de balsa al pedazo de 15 . —¡Pero se hace tarde! —protestó la madre. observando atentamente el muro de humedad suspendida sobre el agua y que impedía ver el horizonte más cercano. conservado con hielo en la bodega del barco. Tiara recordaba cuánto había costado cortar el enorme trozo de espuma plástica. con el cuchillo conseguido por su hermano Kiko en la cocina de la casa. sin esos implementos era imposible bogar. Varias embarcaciones menores flotaban junto a las rocas.—¡No. Era el envase que usaban los tripulantes del barco que solía llegar de Puerto Montt a recoger la merluza que pescaban los hombres de la caleta. Esas cajas de plumavit eran llenadas de pescado fresco. sin remos ni chumaceras. Y si esos niños hubiesen contado con ellos. Todavía no ha venido nadie a buscarnos. También estaban las balsas de espuma plástica que ellos utilizaban para jugar. sus padres jamás les perdonarían maniobrar un bote sin su consentimiento. mamá! —rogó Diego—.

Después consiguieron una vara de madera de un metro y medio de largo y le clavaron dos palmetas en los extremos. manteniéndose alejado 16 . la echaron al agua y la alejaron de la costa con el remo. en primavera.espuma plástica. Siguiendo la costumbre. para lograr el mismo espacio interior de un bote. Luego. Habían instalado en ella el volantín manu—hakerere del abuelo. con el mismo cuchillo lo ahuecaron. Había sido el trabajo de varios días seguidos. cuando el tiempo se presenta mucho más propicio para navegar. con un buen anzuelo y una carnada que la propia Tiara había conseguido para la ocasión. Kiko ató el volantín a la popa de la falsa embarcación y de la cola colgó una lienza con un anzuelo en su extremo. Cierta vez. Kiko hizo una demostración para que Tiara aprendiera a utilizar el remo y luego se dedicó a instruirla con gran paciencia. En este caso se trataba de una balsa para divertirse junto a la costa. que por su peso se hundió en el mar. Pero no sólo la usaron como entretención. cuando Kiko era todavía muy pequeño para acompañar a su padre en la pesca. ataron la balsa con una cuerda bastante larga.

—¿Lo cree. —Aquí hay botes de sobra —comentó la madre de Diego y miró intensamente a Tiara. —Mi papá puede llegar en cualquier momento —respondió la niña. nunca he visto a su padre cruzar a la escuela. Pero. Ese día. A partir de entonces siempre mantuvo viva la esperanza de un reencuentro. niña? —replicó la mujer—. robustas y sabrosas.del bote y a merced de los vaivenes del viento. como si de la niña dependiera el traslado de su hijo—. la verdad sea dicha. Por aquellos días. —Mi hermano también nos balsearía. 17 . los niños Miru consiguieron una pesca maravillosa: tres merluzas españolas. lo que falta es que alguien se haga responsable. la balsa de Tiara no tenía nombre y la niña decidió bautizarla con el nombre de alguien que le encantaría que regresara a la caleta: Amiga Yara. Pero desde que se hizo persona se va todos los días con mi papito. como el padre de Tiara no había regresado y en casa no había qué hacer de comida.

—¡Por ahí podríamos ir a la escuela! —exclamó. jugando a enfrentar riesgos y pasar la prueba. Su hermano tampoco se muere por llevarla a la escuela. al parecer. ya lo habían hecho. Felizmente para ambos. Por lo tanto. sin consecuencias. Los catorce alumnos que venían de otras caletas y que diariamente cruzaban con algún apoderado a la escuela. nunca tuvieron nada que lamentar. —¿Nunca le han dicho que no debe aventurarse por esas rocas? Tiara enmudeció y Diego tragó saliva. Ninguna lancha surcaba las aguas a esa hora de la mañana. 18 . no había ninguna posibilidad de que una embarcación pasara a recoger a los rezagados de Caleta Chica.—Claro —insistió la madre de Diego—. Ambos cruzaron miradas temiendo ser sorprendidos en un secreto que no debía ser develado por ningún motivo. En varias ocasiones se habían aventurado por esas rocas. La niña observó atentamente el accidentado montículo de rocas que se extendía a lo largo de la costa y que la niebla se lo tragaba como si nada más existiera en el mundo.

alegrando la travesía de marineros y pescadores. También en la escuela nos dicen. porque cuando Kiko era pequeñito caminaba por ahí y a veces me dejaba ir a la siga. formando una trenza de espuma. había seguido los pasos aventureros de su hermano. —¡Oh. El suave oleaje golpeaba porfiadamente en los pies de Tiara. Pero en verdad no es tan peligroso. De algún modo hemos de llegar a la escuela. suspirando y roja como un tomate—. tan poco prácticos para todo. cuando Tiara era muy niña. —Lo que hace falta es una buena pasarela —comentó la mujer—. Buscaban afanosas una embarcación para nadar delante de la proa.Incluso. precisamente en esas rocas tan peligrosas. —Mi mamá siempre lo hace —reconoció la niña. Estos hombres. dulces olas! —suspiró. Pero las olas tal vez son sordas y sólo nos hablan con esa monotonía tan propia porque abandonaron la escuela antes de aprender lo que debían. —¿Qué hacer? —se preguntó—. Se preocuparon de hacer 19 . como si no tuviera ninguna urgencia. Un grupo de toninas cruzó saltando frente a los ojos de Tiara.

estirando de los ganchos para colgar chaquetas y pantalones. Las antenas eran variadas y curiosas. Tiara observó los techos de las casas. —¿De verdad soñaste conmigo. levantadas sobre las rocas.instalaciones de radio y olvidaron lo más necesario. con fondos de latón recortado de aquellos tambores que alguna vez fueron recipientes de aceite o de petróleo. Los cables eléctricos que las conectaban parecían mantenerlas atadas a las techumbres. Huevito? —La pura verdad —respondió ella. Los hombres las habían construido de alambre. para irnos en la nave de los príncipes. La niña se sentó a esperar en la única roca sin humedad. pero no hubo forma de que te bajaras de tu bici —habló 20 . muy cerca del agua. había antenas con tapas de olla. —¿Y qué sueño fue ése? —Mi abuelo y mi hermano vinieron a buscarnos. evitando que la ventisca las arrastrara cual cometas de los confines. Diego fue a sentarse junto a ella. entre el espeso bosque y el mar.

—Podías flotar como una canoa —respondió ella.bien bajito. Una lancha se acerca. —Pero no es el lanchón de su padre. Ya está otra vez la Pascuala diciendo tonteras. Huevito? —insistió Diego. triste y pensativa. 21 . —¿Eso fue lo que soñaste. Es el de mi marido. —¿Estás loca? —Hasta le puso nombre: vaka—ama. niña —comentó satisfecha la madre de Diego—. —¡Debe ser la vaka-poe—poe de mi papito! —exclamó Tiara y se levantó llena de entusiasmo. Se acercó a la orilla del pequeño embarcadero para escuchar mejor la monotonía del motor fuera de borda. —¡Qué suerte. hijo! —interrumpió la madre de Diego—. —¿Tu abuelo? —preguntó Diego. muy sorprendido—. —Eso —musitó ella. para que la madre de Diego no los escuchara. acercándose a la niña y tironeando una de las mangas de su gruesa parka de invierno.

Tiara se aferró al borde de la lancha y vio como sus zapatones se hundían en el agua en el piso de madera. papá? —preguntó el niño.El dilema —¿Cómo estuvo la pesca. —¿Podemos subir. Tiara buscó con la mirada el tarro para achicar el agua del bote. —Terminamos de descargar y nos vamos —respondió el hombre. 22 . Tiara y Diego abordaron la embarcación. viejo! —comentó ella. El lanchero aceleró el motor fuera de borda y el bote se sacudió como en una tormenta. Anselmo? —Escasa —respondió el padre de Diego. al tiempo que su compañero de faenas comenzaba a desembarcar unas cuantas cajas de espuma plástica repletas de merluzas. —¡Qué bueno que llegas a tiempo.

La madre de Diego. 23 . después de mantener alzado el brazo en señal de despedida.

Los 23 24 . se dirigió a la campana y tiró de la cuerda. que la observaba de muy cerca. Sus compañeros ya estaban formados en el patio. Contempló entusiasmada la estela de espuma que dejaba la trayectoria del bote y recordó la bicicleta que en sueños había inventado su abuelo. Tiara y Diego fueron los últimos en llegar a clases. compartiendo el caminar pausado y sin prisa. La directora consultó su reloj y asintió con la cabeza. Las ruedas giraban como medusas de plata. observando cada detalle.regresó al caserío. que apretadamente cubrían laderas y cerros. Tiara se quedó un largo rato observando la bicicleta que la mujer se esforzaba en mantener aferrada a su cintura. el pequeño grupo de docentes y auxiliares se parapetaba bajo el alero del corredor techado de la construcción de madera. El agua salpicaba el borde de la embarcación y la niña debió abrigar sus manos entumecidas. Tres sones retumbaron en las paredes del edificio y en la corteza de los árboles cercanos. Frente a ellos. El profesor. esperando el toque de la campana para ingresar a la sala. lanzando fríos destellos con sus incontables rayos.

¿qué tenemos? Un argumento que presenta dos posiciones que provocan confusión en quien las enfrenta. seguidos por su profesor. mirando a Tiara y luego a Diego. que quiere decir tomar. apenas los alumnos estuvieron sentados. que repentinamente se quedó más tieso que una estaca. Voz griega que viene de dis.alumnos ingresaron a la sala de clases. es alguien encerrado en un dilema. Diego? ¿Cuál es el tuyo? 25 . —¿Qué le pasa? —protestó Diego. —Nos corresponde matemáticas —señaló el profesor. En términos generales. y lambanein. mientras la directora se dirigía a su oficina y las tías Lidia y Elvira iniciaban sus labores en el comedor y en la cocina. Y preguntó sin entusiasmo. ¿Por qué. —¡Dilema! —meditó el profesor—. —¿Podríamos estudiar el dilema de Diego? —¿Dilema? —replicó el profesor. ¿Qué dilema? ¿Sabes lo que es eso? —Sería bueno que lo resolviera —insistió Tiara. es decir dos. porque no deseaba que la niña le aportillara una vez más la clase programada—. Entonces.

—No sabe qué hacer con ella —prosiguió Tiara. adelantándose a que su compañero 26 .

27 .

—Mi abuelo tuvo la genial idea. 28 .respondiera—. Quiere usarla. —A ver. le parecía más claro.. aquello que acoquinaba hasta al más audaz. —Su abuelo está muerto —interrumpió Diego abruptamente. risas veladas y pullas carentes de ingenio. ¿Qué idea es ésa? La niña. —¿Qué falta de respeto es ésa? —sentenció el profesor. —La Huevito ha estado toda la mañana en eso —protestó Diego. No sé de qué habla.. suma de murmullos. Tiara —tragó saliva el profesor—. Entonces optó por lo más temido de la clase. El profesor escuchó atentamente. a medida que lo expresaba. expuso lo que imaginaba y. Ya está de nuevo la Pascuala diciendo leseras. en medio de un fastidioso rumor. pero en la caleta no se puede andar en bici. con gran desplante y sin un asomo de duda. —¡Tío Tato! —reaccionó por fin el muchacho—. —¿De qué se trata? —insistió el profesor. —Yo sólo quiero ayudarlo —se disculpó Tiara. Siempre los dejaba temblando con eso.

Es cosa de abrir bien los ojos. con una rueda más grande que la otra. enfrentó el desafío que ella misma se había impuesto. ¿Serías tan amable de hacernos un bosquejo? Tiara se levantó con cierta resistencia. —¡Pascuala! —reaccionó Diego. alentada por el entusiasmo que cada trazo provocaba en ella.—¡Al pizarrón! —señaló—. tendré que bajarte la nota en artes plásticas. Veamos lo que Tiara se propone. pues no contaba con una demostración frente a las burlas del curso. En todo caso. ¡Esa no es mi bici! —Claro que no lo es —intervino el profesor. La niña prosiguió como si nada. —¡Un catre! —respondieron. comprobando así la satisfacción de ver realizado el 29 . —¿Es la chancha del Diego? —comentó alguien. dibujó un biciclo desproporcionado. Haciendo caso omiso del rubor que con seguridad se había apoderado de sus mejillas.— Nadie con dos dedos de frente diría que eso es una bicicleta. sosteniendo a duras penas el trozo de tiza entre sus dedos. como un velocípedo. indignado—. Temblorosa. con una tercera a medio camino.

. destemplando los oídos por unos instantes. —¿Y ese óvalo? —preguntó el profesor.primer acercamiento a la materialización de una idea. Las risas y comentarios de los más grandes terminaron como por encanto. este problema no tiene mucho que ver con aritmética. —¿Una qué. daremos el problema a los alumnos de los cursos superiores. —Bueno —comentó el profesor—. ¡Más respeto! ¿Qué es lo que más recalcamos en esta escuela? ¡Respeto.? —Pero si lo dijo clarito la chica —comentó un gracioso. rasguñando la pizarra. fue la única voz que habló en el aula. Aunque a Diego no le corresponde como materia. Se produjo un silencio tan profundo. —¡Es el huevo que desayuna todos los días! —¡Silencio! —advirtió el maestro—. respeto y más respeto! —Es una vaka—ama —explicó la niña. —¡Silencio! —volvió a sentenciar el profesor. pero sí con física y mecánica.. que la tiza. 30 .

Un comentario más y se irán amonestados a la dirección. se escribe con c.—Es una vaca enamorada hasta las patas —insistió el chistoso. Analizar el principio mecánico que le permite girar. si la bici fuese montada sobre la balsa. tal como las aspas que movían los motores a vapor en el siglo XIX. —¡Ya. la cadena haría girar un remolino que salpica el agua. —Tarea para los de séptimo y octavo —señaló el profesor—. tonto. El tema también 31 . al pedalear. Mi abuelo dice que el balancín evita que se vuelque. Investigar el principio físico del molino y su aplicación para utilizar el viento o el agua como energía impulsora. tío Tato —continuó la niña con exagerada calma—. —Esa vaca que dice —replicó la niña con enorme desplante—. La rueda. —Es una balsa con un balancín. Esa consonante no existe en la escritura rapa—nui. basta! —advirtió el profesor—. Por eso. la vaka de la que hablo se escribe con k y significa algo muy distinto. Entonces.

—Pero. que la habrían pulverizado con los ojos si hubieran tenido el poder de hacerlo. joven. El profesor miró atentamente a cada uno 32 . con las dimensiones a escala. ¿cómo le pone oídos a la tonta de la Huevito? —comentó alguien. el tamaño de las aspas. a ver —advirtió el profesor. Un golpe tremendo. seguido de un silencio inquietante. No tuvo más palabras. dejó paralizados a todos los alumnos del curso. Tendrán nota por eso. Una vez concluida la primera parte de la tarea. Y luego calcularán el volumen de la rueda. se abocarán al estudio de la idea del abuelo de Tiara. Dibujarán el proyecto como corresponde. en medio de las miradas de los varones más grandes. —Aquí. Invitó a Tiara a sentarse.será parte de la materia de historia para los de quinto y sexto. No quiero excusas. —A ver. Y no importa que esté muerto. En la misma escuela están las respuestas. el material de que están hechas para que la fuerza empleada provoque el movimiento deseado. —Digo —explicó el alumno sorprendido— que cómo resolvemos este casito.

tímidas al comienzo. con el efecto del eco. Pero. El profesor y los alumnos se observaron mutuamente en silencio. salieron como cuetes que alimenta el viento hacia la tranquilidad 33 . luego más atrevidas. ¿quiénes podían hacer tanto alboroto? Más de alguien había comentado que en el dormitorio abandonado del segundo piso habitaban fantasmas. —¿Ratones? —musitó el maestro. hizo trizas el miedo que se había apoderado de las almas de aquellos muchachos y. —¡Elefantes! —comentó uno de los muchachos. Pies descalzos corrían por el segundo piso. El profesor enmudecía. más sonora que nunca. porque fue más de uno el que se sintió. A nadie le causó gracia el comentario y coincidió con el griterío en el piso de arriba. Un nuevo estruendo se sumó al anterior. Se oyeron risas de niños. al instante. provocando la hilaridad desenfrenada de aquellos espectros. si es que en verdad lo eran. La campana. celebrando su propia ocurrencia. muy serio.de esos niños y ellos lo miraron pidiendo auxilio a gritos.

Les esperaba la leche caliente y el pan amasado de la tía Elvira. sin embargo. La niña sintió como nunca la profunda nostalgia que le provocaba la ausencia de la única compañía que siempre tuvo en la escuela. Tiara. permaneció inmóvil en su asiento. La recordó con nostalgia y lamentó haberla dejado partir antes de tiempo. tal como lo hacía con su amiga Yara en los recreos. deseaba demostrar a sus compañeros que nada lo unía a la trastornada que tenía tales ocurrencias y que lo único que le gustaba era llamar la atención. manifestando su rechazo. Diego se hizo el desentendido. Desde un comienzo la evitaron. disimulando la inquietud que le había causado el reciente suceso. Tiara sacó la pitilla que siempre llevaba en su bolsillo y se puso a jugar al kai—kai. La niña se levantó dificultosamente y se dirigió al comedor junto a la cocina.momentánea del comedor. donde el bullicio de los muchachos llenaba el recinto. Durante años se sintió privilegiada de contar con su gran 34 . —¿No sales a recreo? —preguntó el profesor con la voz temblorosa y sin levantar la cabeza de su libro de clases.

desechándola como un resto de basura. semejante a una ballena invernal. ignorándola por completo. ¡Qué distinto sería si Yara no se hubiera marchado para siempre de la noche a la mañana! Había partido abruptamente.amiga. coincidiendo con el arribo de aquel barco gigantesco. Ahora. al levantar anclas el barco con sus incontables pasajeros y tripulantes. Había sido como una aparición fantasmagórica. Lo cierto fue que luego de aquella aparición repentina. Si 35 . como una vela encendida que irremediablemente se consume al paso de las horas. como un madero a la deriva. pensó que convivir con aquellos fantasmas del segundo piso era mejor que hacerlo con sus compañeros de escuela. de madrugada. ¡Cómo la extrañaba! Por primera vez sentía tan hondo la orfandad que le producía la falta de una amistad que se extinguió de pronto. también partió su gran amiga y dijeron más tarde en el poblado que Yara y sus padres abordaron sin remordimientos la nave. porque allí lo que más había era trabajo bien remunerado. que la abandonaban. sin despedida. atiborrado de turistas. Ella había sido una luz en medio de las tinieblas.

si en ella estuviera el poder de remediarlo. El piso de arriba IVlientras tanto. quería ir al piso de arriba y mirar cara a cara a los espectros. con sorpresa. Asombrado comprobó que Tiara era más tozuda de lo que pensaba. Y fue lo que hizo. Ella se dirigió a la puerta de mañío y la empujó. —¡Esta Pascuala! —comentó. Había sido cerrada hace algún tiempo y desde entonces nadie subía al segundo piso. convencido de que Tiara jamás intentaría cruzar esa puerta clausurada.pudiera. haciendo ceder los tornillos oxidados que sostenían una aldaba corroída por el tiempo y la humedad. Diego. Diego no dejaba de observarla. 36 .

El 37 .Diego quedó perplejo de asombro. sin dejar de pensar que su audacia iba tal vez demasiado lejos. ¿Cómo pudo abrir ese candado? ¿Es que había conseguido la llave en alguna parte? Con extremada lentitud. Tiara se aferró al rústico pasamano de la escala y subió peldaño tras peldaño.

38 .

Los ojos de la niña se habituaron a la oscuridad reinante y paulatinamente aparecieron los objetos que albergaba el antiguo dormitorio: una hilera de catres de hierro. conteniendo la respiración. como si hubiesen esperado por años la visita de alguien a quien darle la bienvenida. Al llegar al piso superior se halló en un lugar estrecho y asfixiante. también descascarado. ¡Qué lindo sería si en cada catre aguardase un niño con los ojos atentos. Picaban desaforadas.corazón brincaba en el pecho de la niña. mal pintados de blanco. arrimado a un muro de sombras. en disposición de recibirla como amiga! Tiara se sentó en una cama. Cientos de pulgas comenzaron a saltar del polvo a las piernas de Tiara. veladores de madera con el esmalte descolorido. un enorme ropero. atravesadas a lo ancho del catre. Las tablas desnudas. imaginó qué 39 . como si el aire allí fuese un bien escaso. aguardaban un colchón que las cubriera. Un velo de polvo suspendido o de bruma colada a través de alguna ventana sin vidrios daba la impresión exacta de lo que había imaginado: un refugio de fantasmas. Entonces.

Tiara se levantó. Varios niños se acercaron. La quietud del lugar invitaba a dejarse llevar por el envolvente rumor que provenía del exterior. La niña se tumbó de lado sobre aquellas tablas desnudas y mantuvo la mirada perdida. Cerró los ojos por fin y escuchó claramente las risitas que se ocultaban en los rincones del recinto. 40 . En un dos por tres la rodearon. tal vez sintió que lo hacía con exagerada lentitud. observándola con una curiosidad inquietante. la brisa incansable. No tuvo voluntad para abrir los ojos. escapar de allí y regresar de inmediato a la seguridad de su aula. el constante ir y venir de las olas cercanas la fueron acunando en un cálido recogimiento. como si no tuvieran pies para desplazarse o bien no tocaran el suelo mientras caminaban.sería de ella si tuviera que compartir ese lugar con otras internas y evitarse el fatigoso traslado diario de la casa a la escuela. Se sintió dominada por la sensación de estar atrapada y tuvo la convicción de que no saldría tan fácilmente de ahí. sin hacer el menor ruido.

Observaban a Tiara desde el borde de sus camas. evitando moverse. Me dicen la Ese y soy de la caleta. Pascuala? —Tiara. no más. perdón. —¿Y en qué caleta vives? 41 . —¿Y cómo te gusta que te llamen. Tiara. quienes permanecían más apartados. Me dicen la Huevito. la Pascuala. —Hola —respondió—. como si la niña que los visitaba fuese un fantasma aparecido a plena luz del día. y vivo en Caleta Chica. ¿Y tú? Parecía una luminaria. que reía de buena gana ante el asombro de sus compañeros. —¿Y a ti? -¿Qué? —¿Cómo te gusta que te llamen? —¡Ese\ —repitió—. —¿Huevito? —Cuando chica me lo pasaba comiendo huevos —respondió. Así me gusta. Dime Ese.—¡Hola! —dijo por fin la única niña que integraba aquel grupo extraño—. —¡Qué bonito! Pero aquí serás la Te. con su blanca dentadura contenida en una boca expresiva.

en lancha.—Bueno. —¿Y tu papá? —Juan Alberto Miru. en mi casa. —Es que yo no vivo lejos —respondió Tiara—. 42 . Dicen que cuando lleguen más niñas habrá un dormitorio para nosotras y voy a dejar tranquila a la directora. porque así el padre nos manda a hacer al tiro otra pieza.. Sólo tengo que balsearme. No tengo que dormir en la escuela. Habríamos sido yuntas. ¿Viniste a quedarte? Sería regüeno. —Pero no me dijiste el nombre de tu caleta. —¡Qué pena! —se lamentó de veras la niña—. —Es que no es nunca lo mismo. —¿Vivís con tus papás? —Sí. en ninguna. —¿Cómo se llama tu mamá? —Verónica Hito. —¿Y te quieren? —Sí. —Igual podemos ser amigas —respondió Tiara... Como aquí están los hombres. Vivo en la escuela. mucho. ahora —dudó un instante—. por el momento duermo en la pieza de la señorita Emilia. —¿Balsearte? —Cruzar en bote. Tanto como yo los quiero.

te los voy a presentar. —El caído del catre es Luis —dijo la muchacha. un tanto perezosos. muy delgado y de baja estatura. El desplome del muchacho provocó la risa de sus compañeros. Estaba junto al río. y la risotada fue general. Mira. chiquillos. no más. sin poder levantarse. Ellos no reaccionaron. Tenemos visita. con un chiquillo y todo. ¿verdad? ¿Están presentables? Es lo correcto —comentó la Ese.—Caleta. limitándose a bajar la cabeza en señal de asentimiento. debajo de un puente. Había cariño en ese gesto—. acérquense pa' que la Te los conozca. ah! Caleta. Era nuestro hogar. mientras les pasaba revista con la mirada. Los muchachos. polvo. A ver. caleta de cabros. 43 . caleta. ¿entendís? ¡Soi medio dura de mollera. El niño. sin nombre. envuelto en una nube de. familia. al tratar de incorporarse hicieron que se deslizara una de las tablas y ellas se corrieron. ahí vivíamos todos nosotros. trataba de mantener fresca la sonrisa que ocultaba el bochorno que lo mantenía pegado al piso. Cacharon. arrastrando el resto del entablado.

y entre carreras. pero aquí nos tratamos como hermanos. en medio de una risotada—. El regocijo provocado por el desplome sucesivo de catres los mostró como chicos de carne y hueso. Vestía una larga sotana. abrazó a sus compañeros. La muchacha. No somos muchos. Dos muchachos yacían tendidos sobre las pesadas tablas que se habían desplomado sobre el piso. levantando una polvareda que amenazaba con oscurecer el recinto. 44 . alegre y entusiasta. cubierta a medias por un abrigo acolchado. —Esos son el Douglas y el Leuquipán —agregó la muchacha. atraídos por el alboroto. —Y el otro caído del catre —siguió presentando la muchacha— es el Simón.Pero no fue la única caída. como que igual nos tenemos terrible de respeto. manotazos y pisotones perdieron toda compostura y la algarabía fue total. Un sacerdote se presentó repentinamente en el lugar. porque de inmediato el entablado de otra cama también se fue al suelo. dejando un reguero de tablas a su alrededor. En medio del desorden se sintieron las pisadas apresuradas de quienes subían al segundo piso.

per la Madonnail —exclamó el religioso. Le seguía un hombre joven. en camisón de franela y con una mañanita sobre los hombros. medio dormido.A pesar de su aparente enojo. Sus rostros de alegría se tornaron de sorpresa. chicos! ¿Qué desastre es éste? Todos. como los que a veces exhiben quienes han estado recluidos por un largo tiempo. sin ver la luz del día. Ante la repentina presencia de quienes irrumpían en el recinto. apareció de la nada. colmaron de paz el recinto. con ojos desmesurados. los chiquillos se volvieron a ellos con la actitud de quien espera una reprimenda. Recuperaron las tablas desprendidas de las camas y sólo de vez en 45 . atónitos. el gesto amable del hombre bonachón. —¡Orden! —advirtió en voz alta la joven—. colaboraron en poner las cosas en su lugar. sin que ninguno se restara. que más parecía un niño por su semblante de sorpresa y algo de picara complicidad en la mirada. Una señorita. con sus dientes separados y una ancha sonrisa iluminando su rostro mal rasurado. ¡A ver. —¡Qué cagnara es ésta.

aquella figura menuda pero saludable. —¡Eso es! —dijo la joven. ese timbre de voz. Algo hay que hacer para cambiar esas tablas. Acto seguido se dirigió a la joven—: Emilia. 46 . padre —respondió ella. al evocar la situación que tanto regocijo les había causado. le parecieron a Tiara los atributos de una persona conocida. Estaba vestida con excesiva formalidad y en sus manos sostenía un enorme diploma. ¿Sería la misma tía Emilia en la que pensaba? De pronto. recordó la fotografía que había visto en el muro de la oficina de la directora. repitió Tiara en su mente. —Eco. ¡Así es como debe ser! Aquel rostro. autoritario y calmado. ¿Emilia?. cerrándose todavía más la mañanita a la altura del pecho—. En el retrato aparecía diez años más joven y era exactamente la edad que exhibía esta señorita que acompañaba al sacerdote.cuando dejaron escapar una risa. ragazzo —comentó alegremente el religioso. La expresión de su rostro era el retrato de la felicidad. alentando la buena disposición de esos muchachos—. ¿podemos ocuparnos de esos maderos? —Sí.

su profesor de todos los días? —Todos nos ocuparemos del problema —repitió el sacerdote y salió tras los pasos del hombre joven. ¿Renato?. ya más tranquila. El joven se dio media vuelta para marcharse por la misma escalera que lo había llevado al segundo piso. Tiara sintió que su corazón daba más de un brinco. Haga meño. abandonó el dormitorio por una puerta contigua. ni menos para despedidas embarazosas. La tía Emilia. también sonó conocido el nombre en la cabeza de la niña. Su reacción impulsiva fue salir corriendo. Renato.—Bueno —exclamó a su vez el profesor—. La campana puso fin al recreo. ¿Sería el mismo tío Tato. una mano pesada la remecía del hombro. sin darse tiempo para explicaciones. me encargaré de esas tablas. la directora de la escuela en persona. —¡Qué bien! —replicó la joven—. 47 . Sin embargo. por la buena disposición de los muchachos.

Tendida sobre un costado. —¡Tiara. abrió los ojos y despertó frente a la preocupada mirada de Diego. Bajo la pasarela JJiego se mantuvo en silencio durante la jornada de clases. Hace rato que sonó la campana y como no llegabas nunca a la sala. La comezón de las picadas de pulga no lo dejaba en paz y cada vez que se rascaba debía simular frente a sus compañeros. Llegó a pensar que la inconfortable situación a la que estaba sometido 48 . arrepentido tal vez de haber entrado en ese recinto prohibido. despierta! —le dijo su compañero.. al tiempo que no dejaba de rascarse las piernas. para no provocar preguntas indeseadas y las burlas inevitables. evitando toda posibilidad de comunicación con Tiara.. con el bochorno que provocaba la crueldad de sus compañeros. por encima del pantalón largo—. tal como se había dormido.

Las clases llegaron a su fin y los alumnos se dispersaron en varias direcciones. Los muchachos abordaron ordenadamente los botes. Por un instante el muchacho se negó a reaccionar. Tiara soportaba el silencio de su compañero como un golpe despiadado. Estaba dolida. pero no albergaba rencor alguno. Sabía que aquella ofuscación de Diego era pasajera y una voz interior le aseguraba que sólo era cuestión de tiempo y que la amistad entre ambos volvería a la normalidad.era el merecido castigo por transgredir una norma impuesta por la dirección de la escuela. —Hazle un huequito a la Pascuala —advirtió el lanchero. Una parte de ellos permaneció junto al embarcadero en espera de los botes que debían pasar a recogerlos. olvidándose de Tiara. Tiara estaba a punto de protestar de 49 . transportando niños. directo al corazón. Diego se acomodó en el de su padre. La lancha del papá de Diego arribó casi al mismo tiempo con otra embarcación que luego enfilaría un rumbo distinto.

impotencia. el muchacho tuvo que contener sus ansias 50 . deseando hundirse en el asiento de madera. a evitarse. Ambos sentían la respiración agitada. —¡Diego! —insistió el hombre—. Y como habló en general. No lograba entender tanta indiferencia. ni la palabra. ¿Está sordo. Las niñas primero. Pero no pudo levantarse de su asiento. al acercarse el bote al embarcadero. observando de lado el perfil de cada rostro. soportando las miradas de los niños. le habría llamado severamente la atención por su imprudencia. hijo? El muchacho. dispuestos. se apretujó cuanto pudo dentro del bote y Tiara ocupó el lugar estrecho que su compañero le dejaba. su propio padre. Diego hizo esfuerzos tremendos para no dirigirle la mirada. —¡Lo que siempre te digo! —sentenció el papá de Diego—. Y como la travesía era demasiado corta. Durante el trayecto estuvieron atentos a las reacciones mutuas. él se preparó para bajar cuanto antes. quién sabe. porque la lancha no se arrimaba del todo a los maderos del pequeño muelle y el patrón de la embarcación.

Diego. por lo que ambos se levantaron casi al mismo tiempo. —Dejo a estos chicos y regreso. —Dame la mano —insistió la niña. —Papá —preguntó Diego—. Pero él no la aceptó. La niña dio un pequeño salto y alcanzó el muelle. Allí esperó a Diego para tenderle una mano. Ayude a la Pascuala. Tiara se afirmó en Diego. Ella también manifestó apuro por descender del bote. Diego apretó su mochila contra el pecho y esquivó a su compañera.de salir huyendo. cogiéndose de uno de los 51 . pasándola a llevar con torpeza y casi la derriba sobre los maderos del piso. hijo. —Ahora las mujeres son las galantes —bromeó el pescador. Tiara se apoyó abiertamente en el hombro de su compañero. ¿puedo acompañarte? —Usted sabe. cómo se preocupa su madre cuando no llega a tiempo de la escuela —respondió el hombre. —Me habría gustado ir contigo —rezongó el muchacho. obligándolo a sentarse de nuevo.

—Mentolathum —dijo la niña. —Es bueno para las picaduras. Diego. 52 . —Estos dos se las traen —comentó el lanchero. Diego volvió a rascarse las piernas. —¿Qué? —replicó Diego. Entonces. ruborizados hasta los cabellos. -¿Qué? —El Mentolathum —porfió ella. y en ese tira y afloja estuvieron un par de segundos. El motor fuera de borda ahogó las risas de los chiquillos que seguían viaje y la embarcación se alejó dando pequeños tumbos sobre el agua. como si repentinamente se acordara de las picadas de pulga. como si también celebrara el ingenio de su dueño. —¿Qué pasa? —Los tengo atravesados en la garganta —comentó Tiara. —Todo por tu culpa —protestó Diego. celebrando a carcajadas la ocurrencia—. Cuide bien a la Huevito. muy molesto. —¿Te acuerdas de los ruidos que escuchamos? —¿Qué ruidos? —Esos que venían del piso de arriba.tirantes de la mochila.

—¿Y por qué mejor no traigo el horno eléctrico de mi mamá? —replicó con ironía. 53 . Es que no puedo guardar el secreto. —¡Ya. —Después que hagamos las tareas nos encontramos aquí mismo.—Que yo sepa. —¡Por qué no te habré dejado allí para que te comieran viva las pulgas! —¿Te gustaría saberlo? —No pienso subir allí nunca más en mi vida. —Pobre de ti que sea otra de tus tonteras —amenazó con dureza. Diego! Si es en serio —protestó ella—. —Y trae tu bicicleta —agregó Tiara. quedando completamente desarmado. Diego perdió el control de su mochila. —Es que no sabes lo que descubrí. —¡Estas loca! ¿No sabías que está prohibido? —Tú también subiste. ¿De acuerdo? —Será después del té —afirmó Diego. —¡Y a mí qué me importa! —¿Te digo lo que hay en el piso de arriba? —No me interesa. los huevos no tienen espinas —se burló él con alevosía. que se deslizó hasta el suelo.

una tabla de alerce y un azadón comido por el óxido. haciendo equilibrio en el borde de la embarcación. Allí se separaron. Mientras esperaba trepó a uno de los botes más altos y. antes de salir del patio de su casa. observó pacientemente la pasarela 54 . bifurcándose hacia el bosque impenetrable y que sólo convergían frente al embarcadero. una cuchara de madera. Encontró un viejo tarro de lata. evitando ser sorprendida. Nuevamente.—Lo que dije en la mañana fue sin querer —respondió ella. Ocultó el balde entre los botes y regresó a la casa por más objetos inútiles. porque el camino a sus casas se hacía por pasarelas que se apartaban. Tiara no pudo esperar hasta la hora del té para ir al encuentro con Diego. Se dirigió con todos aquellos cachivaches al sitio donde se encontraría con Diego. Recogió un viejo balde de plástico en desuso. pero no había señales de su amigo. uno de aquellos trastos que alguna vez fue tiesto de pintura. Aguardó unos minutos. Llegó antes a la cita. y lo arrastró fuera de la casa. tomó las precauciones para no ser descubierta.

¿Estás loca? —¿Por qué? —replicó ella con absoluta inocencia—. como era su sueño. como si fuera una mascota. entonces! —¡Ven! Busquemos una caleta. —¿De nuevo con lo mismo. se contentaba con llevarla de paseo. rogando que nadie se presentara en su lugar. —¡Tengo que hacerlo en la casa. Tiene que ser una caleta donde nadie nos encuentre. Pascuala? —replicó Diego. —Estamos en la caleta. —¡Mentolathum! —y le ofreció una cajita de lata. Ai no poder montar en ella y pedalear a gusto. —Ponte ahora mismo esta pomada —dijo Tiara. Es muy buena para las picaduras. —Este lugar no sirve —explicó ella—. —¡Tengo las piernas llenas de pintas rojas! —Ponte la pomada y listo.que conducía a la casa de Diego. Yo hablo de algo más oculto. cuando su amigo estuvo junto a ella. 55 . Al cabo de un rato apareció Diego caminando junto su bicicleta. —¿Qué? —exclamó Diego—.

aprovechando tus picadas de pulgas? —sugirió ella con un dejo de picardía. —Pero. —¿Ni siquiera brincando con tu bici. —¿Cómo lo sabes si todavía no te lo cuento? -¿Qué? —Que mi papá quiere desarmar mi bici. al tiempo que miraba en todas las direcciones. —¿Brincando? —De eso también tengo que hablarte. —¿Para que no la uses? —Para construir esa canoa que se le ocurrió a tu abuelo. con bici y todo. Pascuala? —De ahora en adelante tienes que usarla como sea. —¿De qué estás hablando. —No pienso moverme de aquí —protestó él. —¿De qué? —Fue lo que hiciste cuando saltaste al agua.—Igual no hay nadie —protestó Diego. —Nunca faltan los curiosos —replicó ella. ¿cómo lo supo? 56 .

La niña se dirigió hacia una cavidad que se producía entre la roca y la parte inferior del pasadizo de madera. Diego caminó por la pasarela. en tu estilo. —¿Lo ves. Ahora no hace más que transmitir con el asunto. —¿Y para qué le dijiste? —Para reírme de ti. a tu manera. como se dice. en la misma dirección de Tiara. sigúeme! —¡No voy a bajar! —protestó Diego desde la baranda. insiste que las balsas de pluma. como él la llama. —¡Ven.vit son peligrosas y que una bicicleta para el agua. Desde ahí llamó a su compañero. sería más segura. —Es que nunca pensé que me escucharía.—Yo le conté. arrastrando la bicicleta. —Ahora con mayor razón tienes que demostrarle que puedes usar tu bici. Tiara recogió los cachivaches y se alejó saltando de bote en bote. 57 . tonto? Te castigó la boca. haciendo equilibrio con la carga que llevaba. asomando apenas la cabeza.

había descendido un par de pasos en dirección al refugio. Comenzó a descender por la superficie rocosa. Tiara se echó a reír de felicidad. Las extravagantes ocurrencias de Tiara se apoderaron de su mente y pensó montar en la bicicleta. con los pies bien puestos en los pedales. aferrado a la bicicleta. —¡Salta con ella! —respondió Tiara con el ánimo encendido. apretando los frenos. como un chispazo de luminosidad. sujetándola con ambas manos. por un instante. Sin darse cuenta siquiera. El tiempo se estiró como la melcocha y Diego perdió la paciencia. se vio haciendo equilibrio. pero en ese instante resbaló una de las ruedas y Diego se echó sobre la roca. como nunca lo había hecho. Entonces fue Tiara en su ayuda. como una lagartija que salva su pellejo bajo la luz del sol.—¡Aquí es increíble! —No puedo dejar mi bici —porfió. hasta acercarse a la entrada del escondite que había descubierto su compañera. Diego esperó que la niña cambiara de idea y regresara donde él aguardaba. Ella sujetó con las dos manos la 58 . dando brinco tras brinco.

incómodo e inseguro. como diciendo casi. —¿Qué cosa? —Arremángate los pantalones. suspendida sobre el mar. casi —comentó ella. —Casi. Pero el muchacho aceptó a regañadientes la invitación a entrar en aquella caverna.'" Aceptó sentarse. estirando la comisura de los labios hacia las mejillas.bicicleta y ambos la arrastraron hasta el escondite. Estaba asoro. ponte cómodo. —Esta será nuestra caleta —prosiguió ella. Mientras Diego se subía las piernas de su pantalón. por fin.chado. como si nada. Pero lo primero es lo primero. si la partida fuera menos complicada que la llegada. -¿Qué? —Vamos a calmar esa picazón. —¿Qué caleta? —protestó él. —Ahora. casi lamentamos una tragedia. a punto de 59 . Tiara se dedicó a cubrir con pomada cada picada de pulga. Diego no disimulaba su molestia y se habría marchado de allí enseguida.

la ropa de abrigo. momento! Eso no. —Tendremos que traer más cosas de la casa. podemos traer una radio y escuchar la música que nos gusta.morirse de vergüenza. compartiremos la comida. Una caleta es como un hogar verdadero. que sería como 60 .. Entiende que aquí vamos a convivir. —¡Yo no pienso estar un minuto más aquí! —Escucha —rogó la niña—. -¿Qué? —Diego —se apresuró ella—. —¿Para qué quieres estas porquerías? —Este balde es para lavar nuestras cosas —explicó Tiara. en cambio. las revistas. Aquí seremos como una familia. Ella. ¡Ah.. porque ahí sí que nos pillan. Nos cuidaremos el uno al otro. como si nada. Pero aquí estaríamos como rico Pancho Gómez. —¿Qué dices? —¡Aquí la vida puede ser muy emocionante! Podemos cerrar los ojos y escuchar el ir y venir de las suaves olas. sin que nadie.

61 .

Allí los chicos se refugian en caletas como ésta y el río es como un padre para ellos. El les lleva todo lo que necesitan. ¿Entiendes? Yo seré la Te y tú serás el Deivid. Si quieres te puedo llamar Jonathan o Braian. colchones viejos y hasta podría darnos una mesa para las horas de comida. —¿Y por qué el Deivid. arrastra sillas. Los alimentos sí que no podemos obtenerlos del río. —¡Quiero irme! —Aquí seremos alguien. Todo el mundo 62 . Lo que queramos comer tendremos que salir a buscarlo. Deivid es muy importante porque es el nombre del navegante inglés que vio de lejos la isla donde nacieron mis padres y mis abuelos. Entonces.el torrente de un río. si me llamo Diego? —Es que no sé cómo se dice Diego en inglés. porque a él sólo llegan desperdicios. Pero no estés pensando en tu casa o en la mía. podemos ver la ciudad maravillosa que está sobre nosotros. Tú irás hacia un lado y yo hacia el otro. buscando lo que sea necesario. Podemos dividir en dos la ciudad. incluso dinero.

me encuentro con ellos. sí me acuerdo.conocía a la Isla de Pascua como La Tierra del Deivid. Así son los chicos que viven en las grandes ciudades. —¡Pero si no me has contado nada! 63 . -¿Qué? —Todo de lo que te hablé. como ya sabes. —Bueno. Entonces. —¿Por qué no? —Porque aún no te cuento el secreto. ¿Me sigues? —¡No pienso escucharte! Estás diciendo puras leseras. ¿te acuerdas del estruendo de ayer? —Sí. —¿Con quiénes? —Con los que me contaron todo lo que te acabo de decir. de repente. —¡Tengo que irme! —No puedes irte. Esos que no son tomados en cuenta. esos chicos que nadie infla y deciden vivir en una caleta como ésta. —No me interesa. lo siento —respondió ella con una seguridad que daba miedo. yo subí al piso de arriba. —Lo escuché ayer en el piso de arriba. —Oye.

que escuchan música 64 . Deivid. se extiende un parque maravilloso. para que no nos topemos. evitando nuevas interrupciones—. Deivid —se apresuró a explicar ella. Te decía que tendremos que dividirnos.—¿Cómo que nada? —¡Nada! —¡Pero si no hago más que hablarte de eso! —¿De qué? —Del río que atraviesa la ciudad. Un bosque en medio de las enormes avenidas. ¡Ah! ¡Esto sí que es bueno! ¡Puedes ir en tu bici! —¿Cómo lo sabes? —En la ciudad es distinto. No. no todo. Junto al río que atraviesa la ciudad de punta a cabo y llega al mar. Bueno. porque sería pérdida de tiempo. Porque en la ciudad la gente no camina por pasadizos estrechos como estas pasarelas. tú irás en un sentido y yo en el otro. Las calles son anchas y tan largas que se pierden de vista a la distancia. desde la cordillera al mar. Tienes que andar mucho para ir de un punto a otro. Y ese parque es el paraíso de los biciclistas. y que en sus aguas arrastra todo lo que se necesita para vivir en una caleta.

donde los pasadizos son estrechos. —Sí. ¡Es fantástico! Los biciclistas compiten en estadios repletos de gente y en los parques. Además. porque ellos pueden desplazarse de un punto a otro por caminos muy planos donde la bicicleta es dueña y señora. los que vivimos aquí no dejamos espacio para tu bici. algunos trepan por los troncos de los árboles. 65 . puestos en desorden con diferencias de nivel.mientras pedalean. Es fabuloso. Deivid. —¿Paraíso de los biciclistas? —se mostró Diego un poco más interesado. La llevan en el bolsillo y con unos botoncitos ensartados en sus orejas escuchan directamente lo que más les gusta. Por esos caminos sólo pasan bicicletas. Ellos no son arrollados por personas que ocupan todo y no dejan pasar a nadie como ocurre aquí. hay enormes plataformas elevadas para dar saltos y volteretas en el aire. Los biciclistas pueden subir y bajar escaleras con sus bicis. sin atreverse a contradecirla. Diego la escuchaba con la boca abierta. En la ciudad es distinto. Estaba fascinado con el relato de Tiara. mientras pasan aviones sobre sus cabezas.

—¿Y la luz amarilla? —Esa es un aviso. interminables. Porque ahí sí que estás frito: te llevan detenido enseguida. Cuando llegas al cruce y está encendida la roja. uno con ropa de niños.—Para los vehículos —siguió ella— hay grandes avenidas. otro para los hombres y otro para los jóvenes. un microbús o un vehículo de los carabineros. tienes que detenerte. feliz de la vida. formando un cruce. porque la próxima luz que viene es la roja. hay luces de tres colores: roja. un almacén distinto encima del otro. otro con ropa de mujer. largas. porque así evitas que puedas arrollar un automóvil. Pero cuando la luz roja cambia a verde. por donde pasan miles de autos. La ciudad es enorme y tiene de todo lo que puedas imaginar. puedes seguir pedaleando como si nada. es para decirte que no podrás cruzar al otro lado de la calle. En un almacén se 66 . cuando dos caminos parece que terminan y se encuentran. amarilla y verde. Almacenes con ventanas para observar la mercadería que hay en su interior. En cada esquina. En ese orden hacia abajo. Algunos tienen varios pisos. buses y camiones. Y tienes que hacerlo.

y podemos ir por sus calles para mirar a la gente que pasa y machetear. En el corazón de la ciudad hay una pantalla gigante. Se encuentran las personas. Deivid. Porque ellos saben en lo que andamos. Pero cuando Chile gana todos gritan al mismo tiempo. Allí van todos cuando Chile juega fútbol con otro país. muebles y alfombras. ¿Lo ves. como le pasó a la Ese. 67 . —¿Machetear? —Pedirles una moneda. en otro se compran cosas para la casa. enorme. Y a lo mejor vamos a tener que saltar desde la calle al río para librarnos de los pacos y vamos a quedar adoloridos del cuerpo. entonces van a seguirnos y tendremos que salir corriendo. tonto? ¿Es que no te das cuenta? Desde esta caleta podemos sentir lo cerca que está la ciudad.pueden comprar aparatos eléctricos. fabulosa. se abrazan a coro y empiezan a saludarse entre ellos. como el horno de tu mamá. —¿Pedir plata? ¿Como los mendigos? —Pero debemos cuidarnos de los carabineros. para comprar lo que queramos. pero nadie se saluda porque no se conocen.

para darme la bienvenida. ¿entiendes? Una de las camas se cayó y se produjo el descalabro. pase lo que pase. Nos reímos. sabe cuándo está contento. En todo caso. tú y yo nunca nos vamos a separar. Se fue a vivir con otros niños en una caleta. una chiquilla que duerme en el piso de arriba. cuando entré al dormitorio estaba lleno de camas. conoce todos los cantos del río. Entonces. ellos al verme se levantaron para saludarme. —¿Quién es ella? —Déjame seguir —lo interrumpió Tiara—. porque seremos como hermanos. —¡Estás delirando! —Mira. Se lo ha recorrido todo. Y 68 . -¿Qué? —El uno es del otro y el otro es de uno. Tenía seis años cuando falleció su abuelita y quedó en la calle. debajo de un puente. cuándo desdichado. porque no tenía a nadie más en la vida.—¿A quién? —A la Ese. Imagínate al Leuquipán. como de hospital. porque junto con la cama se cayó el chiquillo que estaba en ella. En cada cama había un niño.

como todos se mataban de la risa. Entre los dos la arrastraron y luego la levantaron hacia la pasarela. 69 . se incorporó tan de repente que se golpeó la cabeza con las tablas de la pasarela. —\Deivid. Diego mostraba su molestia dando fuertes tirones del manubrio. A duras penas logró sacar la bicicleta fuera del escondite y a regañadientes aceptó que Tiara le ayudara. resbalando a ratos. Eso fue lo que escuchamos en la sala: eran los cabros de arriba que se caían del catre como sacos de papas. porque la humedad proveniente del mar comenzaba a cubrir las rocas. mira! —advirtió ella—. se fueron al suelo y se desató la batahola. todavía con el pantalón arremangado. —¡Termina de una vez! Diego. —¡Estás inventando! —¡Es la pura y santa verdad! —¡Me voy! —Primero tengo que terminar con esas picadas de pulga. como si quisiera evitar que Tiara pusiera sus manos sobre el asiento o la rueda trasera. como una llovizna. Justo encima de nosotros se alza una pantalla gigante.

arrastrando su bicicleta. subía los 70 . habría dicho: ¡estás más loca que una cabra! No hicieron más que terminar de trepar hasta la pasarela cuando descubrieron que eran observados. para que la distingan hasta los helicópteros que giran sobre nuestras cabezas. te darás cuenta de que una mujer muy bella nos dice: sonrían. Pero Diego no respondió y se volvió a mirar una vez más a su compañera.perfectamente iluminada. a ratos corría. salió temprano y todavía no ha vuelto. ¿Está tu papá? —No —respondió la niña—. como si quisiera montar en ella. Solitaria en casa —Hola —saludó—. Diego aprovechó la distracción de Tiara y se alejó. El alcalde de mar se acercó con la inquietud pintada en su cara curtida por el agua salada. sonrían. luego. Si te fijas bien en la preciosa imagen que nos mira. Si en ese momento hubiese expresado lo que pensaba.

se vería obligada a no regresar nunca más a su propia caleta. Las lágrimas de su pena no corrieron por sus mejillas. Tiara se preguntaba si el alcalde de mar había descubierto el escondite debajo de la pasarela. El alcalde de mar caminaba cabizbajo y en silencio. como si fuesen cómplices de algo malo. Se molestó con su amigo por salir huyendo de esa manera. los pájaros desaparecieron de pronto y hasta se detuvo la suave brisa que se deja sentir durante el día. El recogimiento se apoderó de la niña. La noche se anunciaba con todas sus señales. Era la hora de la conciencia. No era posible que se alejara del modo que lo había hecho. hasta que se perdió de vista.escalones con la bici al hombro. al menos podré hablar con tu mamá —dijo el hombre. 71 . que con tanta ilusión deseaba compartir con Diego. De ser así. ella sí que está —respondió la niña. La hora en que la naturaleza habla con su quietud. La noche la cubría con su manto de soledad. —Bueno. Mientras se dirigían a la casa. —Sí.

Buscan a mi papito. —¡Mamá! —llamó desde la puerta—. ¿Le sirvo un té? —No lo voy a rechazar —respondió el hombre y se quitó el gorro de lana que cubría su cabeza.Caminaba cabizbaja por un túnel de hielo y quien la acompañaba no era más que otro de los tantos fantasmas que encontraba cada día. que entró en la cocina de la modesta casa y aceptó tomar asiento—. mientras vertía el agua caliente de una tetera ennegrecida por el fuego—. —El salió bien temprano —explicó la mujer. Con el hijo mayor se fue. —Adelante —respondió la madre y salió a recibir al alcalde de mar. 72 .

73 .

Se lo advertí hasta el cansancio. 74 . —Es que ahora tiene que ir a Puerto Cisnes. Si se lo he dicho tantas veces. En caso contrario vienen los marinos y se los llevan por rebeldía. qué duros de cabeza estos hombres! —Así no más. pues —reiteró—. ¿No ve que su hijo no puede salir a pescar sin el permiso respectivo? —¡Por Dios. Pero no entiende. —Pero cómo ha de ir tan lejos —protestó ella. oiga. —¿Y usted no pudo ayudarlo? —Pero si lo hice —se excusó el visitante—. —¿De qué se trata esta vez? —Que no puede ir de pesca con el hijo mayor. pero no me asuste. —¿Qué problema? —Que no escucha razones. —Sí. —La Capitanía de Puerto le puso una multa. Ahora tienen que presentarse. —Ay.—Ese es el problema —comentó el hombre. Ni caso que hicieron. —¡Ah! —exclamó ella. —A lo mejor anda en eso.

La niña se acercó a su madre y le alcanzó el pañuelo blanco bien doblado que siempre llevaba consigo. parecía a punto de llorar. siempre lo llevaba consigo.—La pura verdad no más digo. 75 . Sin embargo. para hacerme presente que tiene infracciones acumuladas contra el Pascual. Me llamó especialmente el almirante de la Segunda Zona. la mujer se concentró en las mamaderas de sus hijos y el pañuelo de la niña permaneció intacto sobre el mantel de plástico anaranjado que cubría la mesa. —Usted sabe —dijo la mujer— que andan preocupados de los pescadores. Tiara observó la preocupación de su madre. para secar la humedad salobre. le había dicho. Desde entonces. «Así siempre estarás preparada para un imprevisto». Cabizbaja. pero siempre lo consideró un recurso indispensable en medio del mar. capaz de cegar la vista y provocar comezón en los ojos. Nunca entendió a qué tipo de sorpresa se refería. Era un detalle que también le había dejado su amiga Yara.

doña. pero las reglas deben cumplirse. —Es un modo de decir.. no lo tome usted tan mal. 76 . fue a la cuna con la leche que el pequeño reclamaba. En eso no hay maña. Tiara se limitó a observar como su hermanito satisfacía su hambre y deseó con toda la fuerza de su corazón que el pequeño fuera su hijo para tener el derecho de alimentarlo. sin que nada ni nadie se interpusiera entre ambos. —. interrogándola con la mirada. Pero la madre. —rompió su silencio el alcalde de mar. El menor de los hermanos soltó el llanto y la niña corrió a consolarlo.—Todos lo saben —respondió el visitante—. El alcalde de mar se volvió a mirar a la niña. —Tanto le dije que no aceptara ser presidente de la caleta. —Pero eso no lo libera de cumplimientos que a todos corresponden —comentó finalmente el hombre..Maña? —exclamó ella. más eficiente. —Este muchacho.

señor alcalde —respondió la niña. —No. —Sí —asintió el hombre—. qué bien! Eso me tranquiliza. Tiara descubrió el gesto de complicidad que le hacía el alcalde de mar y guardó silencio. ¿No estará pensando hacer algo indebido? —¿Indebido? —preguntó la niña con un hilo de voz. Y enrojeció de inquietud. —¿Pensaban poner esa bicicleta sobre tu balsa de plumavit? —exclamó el hombre. La balsa no la usamos cuando hay neblina. Luego.—¿Diego? —respondió Tiara.. —¿Cómo? —replicó el hombre. en las rocas? —Lo que pasa. Allí se sentó a contemplar la noche. se levantó de la mesa y salió a la puerta de la vivienda. 77 .. —¿Qué intentaba hacer con esa bicicleta? —Andar en ella —respondió la niña con absoluta inocencia. ¿Ahí. bastante asombrado—. suspirando como si le hubieran quitado un peso de encima—. —¡Ah. —pero la explicación que rondaba su mente no se convirtió en palabras. don.

—¿Cómo que nada? Tengan cuidado con ese juguete. dándole la apariencia de un espectro frente a la oscuridad. —Es urgente. 78 . —¿Me acompañas al muelle. —Cariños a la tía Lidia —dijo ella. señor alcalde —escuchó decir a su madre—. No.—No se preocupe. La puerta crujió al abrirse. doña. ¿Me pasé de la raya? —¿Cómo? —¿Hablé más de la cuenta? —¡Ah! —replicó ella—. En el umbral apareció recortada la figura sombría del hombre. dejando libre el paso al alcalde de mar. se sentó en la popa y se subió el cuello de la chaqueta de paño. El alcalde de mar dejó de regañar a la niña ante la presencia de su asistente. Huevito? Tiara caminó en silencio junto al hombre. Un reflejo de luz amarillenta lo rodeaba. Abordó la pequeña embarcación. que se dirigió al embarcadero. —Se me hizo de noche —comentó—. que lo esperaba en el bote. para nada. Tiara se levantó y se hizo a un lado. Apenas lleguen les daré su recado. Puede ser muy peligroso.

El alcalde de mar no respondió. alejándose rápidamente del embarcadero. ¿Qué era lo que en verdad sabía el hombre? 79 . pero el asistente ya había girado el bote y remaba con energía. Hubiese querido volverse. Tiara quedó tan intrigada como al principio de la visita del alcalde.

una voz interior le decía que lo vivido esa noche era lo más impresionante de todo lo conocido hasta entonces. subía los últimos peldaños. Fue a la ventana para mirar hacia la costa. Kiko y su padre no habían regresado de la pesca durante la noche. Se lavó y vistió a la carrera. al final de la pasarela que se internaba en medio de un racimo 80 . con la sensación de haber dormido más de la cuenta. fue a la puerta y salió a la mañana con un sobresalto en el pecho. El sueño la había engañado. corrió a la cama de su hermano. Tal como lo temiera. cargando con dificultad la bicicleta. pero que no podía recordarlo.Los príncipes A la mañana siguiente despertó asustada. Ni siquiera probó la leche del desayuno. Se apresuró para ir a la escuela. Sin despedirse de su madre. La madre de Diego. Al ver que Diego no estaba.

atiborrado de casas. 81 . Tiara se quedó observándola hasta verla desaparecer.

un silbido. y ella habría corrido a ocupar su lugar en la lancha. La quietud sobrecogía y nada se podía esperar de aquella neblina envolvente y misteriosa. Tampoco lo haría su padre. Una señal habría bastado. ¿Cómo no se tomó la molestia de comprobar si había salido de la casa? Tampoco se preocupó de avisarle. que pescaba muy lejos de allí. un grito. con la proa y la popa muy elevadas.Al parecer. su compañero ya había cruzado a la escuela en el bote de don Anselmo. Abandonada a su suerte observó el panorama brumoso. mar adentro. Y no pensó en ella. ¿Es que todavía estaba enojado? Con alegría recordó las peripecias del día anterior: recordaba cómo se había esmerado para entusiasmar a Diego y hacer que cumpliera un sueño. habían navegado su padre y su hermano? La vaka poe—poe era una nave de gran tamaño. Tiara perdió la esperanza de que alguien pasara y la llevara a la escuela. Observó un instante el océano. En todo el archipiélago no había otra embarcación que la igualara. ¿Qué tan lejos. Imposible ver en la inmensidad que cubría la neblina. La había construido el abuelo y 82 .

haciéndolos pasar una y otra vez por la borda de la flamante embarcación. Tiara suspiró con satisfacción al evocar aquellos días. Siempre dispuesta a imitarlo. Tres días antes de botarla al mar. cuando su condición de niña no era un obstáculo para seguir en todo a su hermano. que su padre echaba a volar cuando pescaba. Los hombres ensamblaron hábilmente la madera para rehacer aquellas partes que se habían deteriorado con el tiempo. le ofrecieron pescados como alimento. algas y jaibas. no le perdía pisada y soñaba con ser tan atrevida como él. pulpos pequeños. De alguna manera. Esperó que la densa bruma se alejara para ver el volantín. su hermano Kiko la había hecho participar en la restauración del bote. estuvieron pescando para alimentar al nuevo lanchón.Tiara recordó claramente cuando la repararon. manu—hakerere. Como una forma de nuevo bautizo. Kiko la llevó a la costa y la hizo recolectar caracoles. después de muchos años de uso. cuya carne servía de carnada. Como única respuesta escuchó en su mente el cantar lejano que le recordaba su origen: 83 .

Y mientras Here—veri lo encumbra. pero sus dedos estaban demasiado entumecidos como para intentarlo. rodeando a la niña como si quisiera devorarla. quiso distraer su mente con la cuerda para el juego Kai-kai. e Uka—ui—é. ka kau te umu ena. E Tu—Here—veri é ka haro—haro mau. Sentada en el 84 . Uka—ui lo molesta tironeándolo a él. revuelve el curanto. Ella cerró los ojos y aguardó temerosa. un silbido haciendo que se levantara y se pusiera a salvo.» » Y Tiara traducía mentalmente cada frase. la vieja Uka—ui. Sin embargo.«E hakerere te manu é. un grito de advertencia.» «Mientras eleva su volantín. un ruido de motor debía salvarla. el viejo Here—veri. su mujer. nae Tu—Here—veri é. ka neku—neku mai. Nada de eso aconteció. La bruma avanzó repentinamente hacia la costa. e Uka—ui é.

¿por qué aquí sólo importan los hombres y los niños pequeños? —También las niñas. Una hermosa pluma crecía en su cabeza. donde un moño mantenía recogido sus cabellos grises. la dominaba.muelle. querida nieta —respondió el anciano. que parecía un digno jefe de su pueblo. —Abuelo. —Se prepara para una dura competencia —repitió Kiko. —Y no vendrá. En su rostro moreno de sol mostraba dos líneas de color que cruzaban la piel desde las orejas al nacimiento de la nariz. por debajo de los ojos. sintió que el frío. En la piragua navegaban Kiko y el abuelo. azotando el viento. —Abuelo —se lamentó la niña al verlo en pleno sueño—. espantando la bruma. abriendo un camino en medio de la espesura blanquecina. 85 . mi papito no viene para llevarme a la escuela. El volantín manu—hakerere fue al encuentro de la niña. disfrazado de sueño. Después apareció la imponente embarcación de los príncipes.

—Pero antes iremos a casa —propuso el anciano—. —Sí. —Pero usted. abuelo. abuelo? —¡Qué injusto! Por muy muerto que yo esté.—No. No servimos para la pesca. no servimos para la batalla de cada día. Ha de ver como allí las jovencitas lindas tienen otro destino. gritamos. ¿Le gustaría conocer a otras niñas? 1 Locas de piernas desmembradas. ¡He tamaroa te pokil. acaso? —Se alegraron cuando nació mi hermano. uno de estos días tendré que ir a la casa de mi nuera y decirle un par de cosas que le pongan los pelos de punta. ¿no alegra el hogar. No es así. —¿No? —Somos las locas de piernas desmembradas1. abuelo! —imploró la niña. lo recuerdo perfectamente —comentó el abuelo—. —¡Hágalo. era un modo despectivo de tratar a las mujeres. —¿Y eso qué significa? —¡Es hombre el niño! —¿Lo ve. 86 . mi nieta —replicó el anciano—. según la tradición. —¿Quién lo dice? —Mi papá. en Rapa Nui.

su amiga inolvidable. Siempre es así en los sueños. Tengo que ir a la escuela. Pero tenemos que regresar antes de la colación. Entonces ocurrió lo inesperado. pensó Tiara y recordó a Yara. porque desde el otro extremo de la caleta apareció Diego pedaleando en su bicicleta. pero no le prestó mayor atención a tanta reiteración. Y le pareció un sueño soñado.«Me encantaría». Kiko —protestó la niña—. —No hay tiempo que perder —dijeron los príncipes. —Debemos llegar antes de la ceremonia —advirtieron los príncipes. 87 . porque hasta en la vida misma ocurrían situaciones así de repetidas. —¡Tiara! —gritó Kiko—. Aborda tu pora y rema hasta la piragua. —Podemos ir. tanto que siempre los adultos se quejaban de lo monótono y aburrido que solía ser a ratos el diario vivir de cada día. —La navegación es larga —agregó el abuelo. Huevito —gritó Diego desde el mar—. —Pero. La señorita Emilia nos ha dado permiso.

En un santiamén Tiara estuvo junto a la embarcación y su hermano la levantó en vilo. De un salto se embarcó en la balsa de espuma plástica y remó hasta la piragua de los príncipes. mientras el abuelo amarraba la balsa a la nave de los príncipes.Corrió a su Amiga Yara y desató las amarras. porque sabía que así cumplía su sueño. sólo se escuchaba el golpe acompasado de los remos. Se perdió con su bicicleta en medio de la niebla y Tiara se quedó muy tranquila. Unos segundos más tarde. 88 . De Diego nunca más se supo.

89 .

—Falta mucho para eso —respondió su hermano—. Ese es Puerto Ballena. desapareciendo casi por completo en aquel manto de mar encrespado y turbulento. —Pronto tendremos que asegurarnos para cruzar el golfo Corcovado —advirtió el abuelo—.Navegaron hasta que salieron del canal estrecho y se alejaron de Puerto Gala y de la isla Toto. El océano se interna hacia el archipiélago y la corriente que se forma es como una tormenta. vamos hacia Islotes Locos y pasaremos frente a Melinka. arrastrando todo lo que hallaban a su 90 . evitando ser alcanzada de costado por el fuerte oleaje. La proa se hundía en las aguas. Ahora dirigimos la nave hacia el norte. El anciano ató una cuerda de un metro de largo a la cintura de la niña y aseguró el otro cabo a un madero. la popa se elevaba hacia el cielo y las olas entraban a raudales. La piragua echó al viento su velamen y los audaces príncipes pusieron rumbo hacia el canal Moraleda y a Tiara le pareció que ya estaban en el océano. en el interior de la nave. ¿Tienes miedo? —No. La embarcación enfiló hacia la corriente. abuelo —respondió Tiara.

la niña se sentía segura con la compañía de su abuelo y de su hermano. Navegaron frente a Chaitén. El velamen de la piragua se hinchaba con la fuerza del viento y los remeros no decaían en su empeño. Pero los príncipes habían tomado las precauciones necesarias y el oleaje no causaba mayor daño. 91 . en efecto. Pronto la navegación será más tranquila. pero a ellos parecía no importarles la dura prueba que enfrentaban. La piragua dejó atrás el golfo Corcovado y entró en aguas más serenas. en medio de los príncipes. El abuelo y la niña colaboraron con dos cuencos de madera. al tiempo que indicaba un grupo de islas que estaban a la vista.paso. poniendo en riesgo incluso sus vidas. —Esas son las islas Desertores —comentó el hermano de Tiara. El agua los empapaba de pies a cabeza. Y así fue. y frente a Queilén. por el oriente. Pese a lo difícil de la situación. achicando el agua acumulada en el piso de la nave. —Nos acercamos a Quellón —gritó el abuelo. sacudido por los vaivenes—. por el poniente. A Tiara le daba gusto ver como su hermano remaba con el mismo brío de los príncipes.

pero los avezados príncipes no desmayaron en mantener siempre la embarcación bajo control. —Y ese es el Huelqui —agregó el abuelo.ques y la península de Huelqui.—Pronto avistaremos las islas Chau. la nave recuperó su travesía sin mayores inconvenientes. Acercándose a Calbuco la navegación se tornó incontrolable.ques —agregó el abuelo. La mañana se despejó de pronto y a los ojos de Tiara se hicieron visibles las empinadas cumbres de los volcanes. como el que un día. En la placida travesía avistaron uno o dos barcos de pasajeros. —Ese de allá es el Michinmahuida —dijo el hermano de la niña. El abuelo desató la cuerda de la cintura de su nieta y la niña pudo moverse libremente en la magnífica piragua que la llevaba a la isla de su antepasados. La navegación continuó entre las islas Butachau. Al acercarse a la punta Palos Negros. entró en la estrecha bahía de la 92 . por curiosidad o error. No entraron a Puerto Montt y prosiguieron rumbo al océano Pacífico por el canal de Chacao. Los esperaba el golfo de Ancud.

Entraron. —¿Alguna vez te hemos contado nuestra historia? —dijeron los príncipes. en aguas oceánicas. Navegaron por fin frente a Carel. dejando atrás el archipiélago de Chiloé y poniendo rumbo al norte. alejándose cada vez más de la costa. finalmente. —¿Qué historia? —replicó la niña—. —¿Y por qué? 93 .isla Toto y se detuvo frente a Caleta Chica para llevarse a Yara. El recuerdo volvió a ocupar un lugar candente en el corazón de Tiara. mientras Kiko y los príncipes remaron con toda la energía de sus músculos. en las constantes sacudidas sobre las olas tempestuosas. ¿Abuelo? —Te la contaba cuando eras muy pequeña —respondió el anciano. donde la navegación sería más calma. —Huimos del continente Hiva—prosiguieron los príncipes.mapu y los príncipes se alistaron para enfrentar exitosamente la barra que formaba el oleaje que separaba el océano de la salida del canal. El abuelo amarró de nuevo la cuerda a la cintura de su nieta. Los navegantes evitaron que la nave sufriera más de un deterioro.

Lo llevamos a una caverna. que nos representaban. para alejarlo de los peligros. porque lo dejamos en compañía de seis montoncitos de piedra. La tortuga se defendió y con una de sus aletas golpeó a nuestro compañero.—El gigante Uoke. —Fue atacado por una tortuga. lo estaba hundiendo. —¿Por qué hacía tanto daño? —¿Quién puede entender los actos de un gigante? —respondieron. En él vio una tierra nueva y nos envió a explorar la isla soñada. si no la poníamos a salvo. La tierra se inundaba y nuestra gente habría muerto. —¿Estaría más seguro? —Sí. entonces? —Nuestro sabio Hau Maka tuvo un sueño. —¿Lo abandonaron? —preguntó la niña. —¿Las piedras pueden ser buena compañía? 94 . Eramos siete exploradores y al regresar en busca de nuestra gente dejamos la tierra nueva al cuidado del séptimo príncipe. —¿Una tortuga puede herir a un hombre? —Quisimos comerla —explicaron—. —¿Qué hicieron. con su fuerza descomunal.

—Nuestro rey hizo preparar dos piraguas. La nombró: Te Pito o Te Henúa. —¡Rapa Nui.—Tenían la facultad de hablar. 95 . —¿Por qué nunca me lo dijeron? ¿Kiko? —Ahora lo hacemos.» Así tuvo sosiego. —¿Eso quiere decir que soy como ustedes? —Lo es —replicaron. sí! —Lleva nuestra sangre en las venas —respondieron. llegó a la tierra nueva y desembarcó en Anakena. pues había navegado en círculos para llegar a ella y no había otra tierra en las cercanías. —¿Quieren decir que les importo? —Más de lo que imagina. —Allí nacieron el abuelo y el padre. Hablaban? —Cuando él preguntaba desde el interior de la caverna: «Príncipes. —. ¿dónde están?» Los seis montones de piedra respondían: «Aquí estamos. que significa Ombligo del Mundo.

esperaban junto al mar. Se volvió angustiada a su hermano. ataviadas finamente de blanco. Pero la niña se resistió a seguirlas. Un grupo numeroso de mujeres. Lentamente remaron hasta la pared rocosa y fueron recibidos por aquel grupo de mujeres. —Oh. abordaron la balsa de espuma plástica. Tiara pensó que la frágil embarcación se hundiría con el peso de tantas personas. pero Kiko había desaparecido. Neru de miembros bellos —dijeron los príncipes con gran ceremonia. y tomando a Tiara de la mano inició el camino hacia la cima. —Es la última de las elegidas —comentó la mujer que la recibía.Después de interminables horas de navegación y cuando Tiara pensaba que jamás llegaría de regreso a la escuela para la colación. Los príncipes acercaron la piragua a la pared rocosa y cuando el vaivén de las olas se aquietó por completo. ante los ojos maravillados de la niña apareció un acantilado imponente. El abuelo lo había seguido y los príncipes se alejaban en dirección a una colina 96 . pero Amiga Yara se mantuvo a flote.

Entonces. como si fuera una más de ellas. escuchó el entonado canto de las novatas: ¡Oh! Neru de miembros bellos y delgados. Sorpresivamente se vio vestida de blanco y temió lo peor si llegaba con ese vestido a la escuela. al borde del abismo. que seguían cuidadosamente el trazado del sendero.muy cercana donde. Sin medir los riesgos a que se exponía. mientras ella se negaba a dar ni siquiera un solo paso en la dirección que señalaban. Tiara caminó ágilmente sobre las rocas. al parecer. colgantes. con aquellas mozas silenciosas. curiosamente vestida de azul. confundida en medio del grupo de jóvenes. comenzarían los festejos. apareció en medio de las mujeres y miró de lejos a la niña. Tiara temblaba de miedo. con el deseo vehemente de abrazar a su amiga. En la larga fila que ascendía hacia la cumbre. 97 . Pero Yara se volvió para comenzar a subir la escarpada pendiente del acantilado. Hasta que su amiga Yara.. Las mujeres la arrastraban.. Tiara sintió que le volvía el alma al cuerpo y corrió al encuentro de su gran amiga.

Cuelgan hacia abajo. de aquella tierra de Hiva.. Es la hora en que se levanta la caña de azúcar. pudo ver un túnel muy largo. que se extendía varios metros hacia el interior de la roca. Era una bóveda perfecta... Eres tú. ¡oh! hermosa Miru. Cuando la niña se habituó a la oscuridad.. como si aquellos ojos de agua fuesen tenues luminarias. Escondidas allá atrás.. —Frente a la Caverna de las Vírgenes —respondió una de ellas. En ellos se 98 . —¿Dónde estamos? —preguntó a media voz la niña.. formando espejos..Lleváis el manto antiguo de Rapa Nui. Penden en las cuevas las calabazas del color. Escondidas están las Neru... Adentro había pequeñas lagunas con agua fresca. Allí se aclaraba el piso de roca. Tiara fue llevada al interior de la gruta. De las paredes fluía el agua cristalina en pequeñas filtraciones. —¿Caverna de las Vírgenes? —Entremos —ordenó la mujer que encabezaba la comitiva..

Y ahora tiene que marcharse. —¿Por qué? —El dice que soy fea. hasta que su piel se vuelva blanca como la espuma. iniciando el regreso hacia la salida. linda niña. pero ninguno de esos rostros encontró el de Yara. Sin embargo. quedó deslumbrada por la belleza de quienes la acompañaban. 99 . —Aquel que no tenga ojos para ver la belleza de su hija no merece ser el padre que la guía. —Esto no le gustará a mi padre. Cuando eso ocurra será recluida en esta caverna. Y Tiara debía venir porque será una de ellas. a medida que se alejaban de la caverna. —¡Todavía soy una niña! —protestó ella. alimentarlas y ver que nada les falte durante su aislamiento. Y a nosotras se nos ha encomendado cuidar a las iniciadas. —Dejará de serlo antes de lo que imagina. —Aquí son recluidas las jovencitas hasta el día de sus bodas. Así será más hermosa y aumentará la pureza que se le exige a una novia. La comitiva entonó un nuevo canto.contemplaron un instante las niñas.

oh reclusa! ¡Te amo. Abordaron la nave y ésta se alejó del acantilado. oh reclusa! ¡Contra la roca está suspendida la calabaza con tu comida. En la balsa de plumavit remaron hasta la piragua. Finalmente. Kiko y los príncipes. porque has estado prisionera! ¡Cuán blanca te has tornado en tu retiro. el abuelo amarró la cintura de su nieta mientras ésta dormía. oh reclusa!» Con el mismo cuidado empleado en el ascenso bajaron por el estrecho sendero.«¡Estás encerrada en una caverna. Junto al acantilado aguardaban el abuelo. cansada por la extenuante travesía. bordeando el abismo. que en sueños es mucho más rápida. cruzaron frente a la caleta donde vivía la niña y se 100 . Puso rumbo al archipiélago de Los Chonos. La navegación de regreso tendría las mismas emociones. a velocidad de crucero.' ¡Cuánto tiempo has estado encerrada. penetrando en la densa bruma que cubría por completo el océano. Pero al acercarse al canal de Chacao. Estaban en las proximidades de Puerto Gala. Tiara despertó cuando la piragua aminoraba la marcha.

de su hermano y de su abuelo. La embarcación de los príncipes había desaparecido. —¿Y esto qué contiene? —exclamó ella. Los momentos recién vividos resultaron maravillosos. como si nunca hubiese cruzado aquellos mares. el profesor y hasta la mismísima directora. con la intención de rechazar una realidad tan inesperada como repentina. Tiara. cuando no estaba preparada para enfrentar el resto del día. Tiara se encontró sorpresivamente frente a la escuela. una vez que estuvo a un metro de la imprudente—. El abuelo desató la amarra de la balsa y la niña se despidió de los príncipes. ¿Y esto qué es. Y a ella. después de haber tenido un sueño que insistía en mantenerla adormecida. chica. un juego? —reiteró la señorita 101 . Con la bruma también se había marchado gran parte de la magia de aquel sueño. Entonces vio que a su encuentro venían las tías.detuvieron a metros de la Escuela Madre de la Divina Providencia. y el despertar se presentaba tan abrupto como un inmenso peñasco arrojado a las aguas. su hermano y su abuelo también la abandonaban. Se restregó con fuerza los ojos.

—Apúrese. ¿Cuántas veces se te ha dicho lo mismo? —Eso fue lo que hice. ¡Esto no puede quedar así! —¡Pobre inocente! —suspiró Elvira. chica —dijo Lidia. haciendo sentir todo el peso de su autoridad. —¿Qué? —exclamó Lidia. —¡A mi oficina! —ordenó la directora—. Irán a detenerlo uno de estos días. de la Junta de Vecinos y que. Luego se dirigió a la escuela. seguida por la comitiva que la había recibido sin ninguna manifestación de bienvenida. Jamás se perdonaría que algo le ocurriera a su Amiga Yara. además.Emilia. 102 . tío Tato —respondió la niña. atendía el comedor de la escuela. Supiera lo que me ha contado mi marido. Tiara se tomó todo el tiempo necesario para dejar bien amarrada la balsa al embarcadero y asegurar el remo. —¿Cómo capeará el temporal? —comentó Elvira. —Tiene la cabeza llena de pajaritos —agregó Lidia—.— tiara —intervino el profesor —. Es igualita a su padre. Debes venir acompañada por un adulto. del Centro de Padres.

pero el Pascual no le quiso dar permiso. no miden consecuencias? —Pero al menos a los otros niños los traen sus padres. —Ai papá de Tiara nunca lo hemos visto. —Sí —dijo Elvira—. —¡Es su juguete! —Por lo mismo. que son incapaces de traerla. ¿En su casa no ven riesgos. ¿cómo permiten que la niña se arriesgue de este modo? —Deberíamos esconderle esa balsa. No puede venir a la escuela con eso. ¿vino alguna vez a la escuela? Ni cuando los niños hacen invitaciones para las festividades. —Yo recibí el encargo de ir a su casa a decirle a su mamá que viniera. —¡Desconsolada quedó la pobre niña! 103 . —La mamá viene de vez en cuando. No sé. para que nunca más se embarque en ella. —No estuvo para la premiación de la hija.—Yo estaría mucho más molesta con los hombres de su casa —agregó Lidia—. A ninguno se les ocurre venir en una balsa de mentira.

—Nunca pueden. ¿va a venir mi mamá?» Cuando la niña entró en la oficina de la directora. 104 .—Ese día me dio mucha pena. —¿Por qué? —Salen muy temprano. mientras se disponía a escribir sobre una hoja de papel en blanco—. en presencia de sus padres. Ya ni sé quién es tu apoderado. un reconocimiento de la escuela. quiero que esta misma tarde entregues esta notificación en tu casa. un chico se siente dichoso de recibir un estímulo. la señorita Emilia se había sentado detrás de su escritorio y esperaba con una paciencia fingida. —Tiara Miru —sentenció finalmente. La directora guardó silencio al tiempo que observaba severamente a la niña. ¿Por qué nadie viene a dejarte? Tu familia es dueña de una o dos lanchas y no te traen a la escuela. me dijo: «Tía Lidia. —Se le llenaron los ojos de lágrimas a la pobrecita. porque sea como sea. —Como ella supo que yo había ido especialmente a su casa.

—Puedes volver a la sala —ordenó la directora y le extendió la comunicación que acababa de firmar. tía Emilia! —replicó la niña. Es demasiado. ¿Qué dirían de nosotros? Y tus parientes serían los primeros en condenarnos. 105 . tu imprudencia puede contagiar a los alumnos que llegan por agua y no me extrañaría que mañana vengan a la escuela a bordo de balsas como la tuya. —¿Y se puede saber con quién venías? —Es que no me creería si le dijera. —¡Yo no crucé sola. Además. Tu hazaña es un pésimo ejemplo. Espero que lo entiendas. tía —respondió la niña. ¿Te imaginas que pase una desgracia? ¡Ni Dios lo permita! Nuestra responsabilidad es muy grande. considerando que no es ninguna gracia lo que has hecho.—Entiendo que sus labores de pesca comienzan de madrugada —aceptó la directora—. Nunca había ocurrido algo semejante. —Sí. —Comprenderás que ninguna de mis niñas debe arriesgar la vida como lo has hecho. Pero alguien tiene que acompañarte.

106 .

que usarían en sus largas semanas de internado. las balseaba un bote a remos. enfrentando riesgos que podrían haber terminado en tragedia. como si se disculpara. bueno o malo. —Hasta luego. Hubiera querido detener a la niña y levantarse de su escritorio para abrazarla con dulzura. No volaba una mosca en el interior 107 . Pero la lección debía surtir el efecto deseado y la autoridad no podía dar señales de debilidad. Estuviera el tiempo como estuviera. en invierno o en primavera —la lluvia en Chiloé no hace la diferencia—. Entonces.Tiara recibió el papel doblado en cuatro y lo guardó en el interior de la mochila. La directora se reclinó en la butaca de su escritorio y recordó aquellos tiempos de niñez. A ninguna de ellas se les habría pasado por la mente hacerlo solas. tía Emilia —dijo. ellas tenían que cruzar con sus baúles cargados de ropa limpia. cuando ella y sus hermanas debían abordar un bote para cruzar el canal. Su corazón de maestra se colmó de ternura. Los alumnos dejaron de escribir cuando Tiara entró en la sala.

—Lenguaje y Comunicación —anunció el profesor—. Todas las miradas se dirigían a Tiara. Algunos sonreían. Busquen la unidad que apunté en el pizarrón. 108 . pues era la primera vez que provocaba tanto interés entre sus compañeros.del recinto. Lectura en silencio y comprensión del texto. La niña ocupó su puesto y abrió la mochila para sacar sus cuadernos. Cuando el profesor se volvió al pizarrón para anotar las actividades de la unidad. A continuación los leyó con gran entusiasmo. otros la observaban como si la vieran por primera vez en la vida. varios mensajes escritos llegaron silenciosamente a las manos de la niña. Ella los apiló uno por uno sobre su falda y los alisó cuidadosamente.

Diego miró a Tiara y descubrió que sonreía. el profesor suspendió las anotaciones en la pizarra y enfrentó a sus alumnos. interrumpió bruscamente la lectura de Tiara. seguido de carreras a pie descalzo. pero estos golpes eran reales y las risas tampoco eran producto de la fantasía de nadie. proveniente del piso superior. Un tercer estruendo.Un fuerte golpe. La niña comenzó a reír sin ocultar la gracia que aquello le producía. Un segundo golpe se produjo en el piso de arriba. Los compañeros de Tiara dejaron de espiarla a hurtadillas y dirigieron las miradas al techo. Ella apartó la vista de los papeles que ocultaba debajo del pupitre y observó las manchas de humedad en el cielo de la sala. hizo que el curso completo se paralizara de espanto al escuchar claramente las risas que venían del segundo piso. Diego recordó lo que su compañera le había contado la tarde del día anterior cuando ambos se reunieron debajo de la pasarela. Hasta entonces pensaba que Tiara estaba más loca de lo que se creía. 109 .

Pero no consiguió que lo escucharan. Con la palma de la mano golpeó dos o tres veces sobre el escritorio.Diego comenzó a sonreír con ella y el profesor sacudió sus manos y sopló el resto de tiza de sus dedos. tuvo que hacer uso de su autoridad para poner un poco de orden en el alboroto que amenazaba con desbordarse. al tiempo que preguntaban a media voz por qué reían de esa manera. —¿Qué ocurre? —dijo al fin el profesor. Lo único que deseaban era salir corriendo. preparado para iniciar un interrogatorio sobre el comportamiento de sus alumnos. Mientras Tiara evocaba lo vivido en el piso de arriba. ¡Silencio! ¿Qué les pasa. Diego comenzó a contar a sus compañeros lo que sabía sobre el hecho y la situación fue de conocimiento público en cosa de segundos. porque todo el curso comenzó a tironear a Diego de la manga de su chaleco. con la intención de aquietar los ánimos alterados—. Y como sus alumnos seguían comentando en voz baja y las risas iban en aumento. chicos? —¿Será verdad lo que dice la Huevito? —¿Qué dice la Huevito? 110 .

Pero ni se imaginen que hemos terminado con el 111 . ¿es verdad lo que dicen tus compañeros? —Así es. —Eso mismo fue lo que me contó la Huevito —se disculpó Diego. Y se quedó mordiendo sus palabras. salgan a recreo. al levantarse. Sonó la campana y los alumnos se aquietaron por un instante. porque en ese preciso instante se produjo un nuevo golpe. —¡Ya basta! —alzó la voz el maestro. Los mismos niños. corren las tablas de las camas y se caen. —¿Qué cosa? —insistió el profesor. —Está bien —dijo al fin—.—Que los internos son caídos del catre. Las risas de todo el curso se reavivaron y por un momento parecieron incontrolables. —La Huevito tiene nombre —censuró el profesor. desatando aún más las risas que tanto les costaba controlar a esos niños. cada vez más inquieto—. Tiara. tío Tato —replicó ella—. aguardando las instrucciones del profesor. sin dejar de reír. con el Credo en la boca.

Pero finalmente se alejaron de ella. echando a rodar una pelota de fútbol. —¿Quieres venir? —¿Adonde? —Al dormitorio de los internos. —Parece que fue verdad lo que dijiste —comentó. Especialmente tú. cuando el segundo piso estaba deshabitado. 112 . El profesor esperó pacientemente que la niña saliera para sonreír de buena gana. Los chiquillos corrieron al patio más atolondrados que nunca. Esta vez Diego permaneció unos instantes junto a su compañera. Te has convertido en una alborotadora de tomo y lomo. Tiara.asunto. no se explicaba cómo había llegado al conocimiento de Tiara y cómo era posible que ocurriese de nuevo. tendrás que explicar el hecho. Algunos se acercaron a Tiara y le dieron suaves palmadas en la espalda. Primero tienes la audacia de venir a la escuela en tu balsa y ahora eres responsable de este desorden. Sin embargo. Alguien le acarició la cabeza. porque conocía de sobra la situación comentada por sus alumnos.

sin medir consecuencias. una vez más se atrevió a empujar la puerta. al parecer no tenía ninguna intención de correr con la novedad a la oficina de la directora. antes de venir a la escuela. —¿Así. la recibieron con entusiasmo. como esto? —Más bello. sin saber si tomar en serio las palabras de Tiara. La niña esperó que nadie la observara. Diego la miró profundamente unos segundos. Sus compañeros lo llamaron y se alejó corriendo. que cedió fácilmente. porque la aldaba ya no estaba en su lugar. El tío Tato seguía ocupado en la sala. Subió muy animada. se alegró de no ser tomada en cuenta. sin mirar atrás.—¿Estás loca? ¿Para que las pulgas me piquen de nuevo? —Tengo que contarte lo que me pasó en la mañana. como era ya costumbre. 113 . Convencida de que nadie se preocupaba de ella. Las pulgas.

de ajetreos de unos y pasividad de otros. Le tendieron los brazos y la rodearon hasta formar un apretado enjambre de niños que deseaban manifestar un sentimiento de amistad incontenible. se sonrojó emocionada y no supo de qué modo debía corresponder a tales manifestaciones de afecto. Los internos de aquel dormitorio corrieron al encuentro de Tiara. Al cabo de un rato de entusiasmo. deseando que el sueño la dominara. llegaron al dormitorio la 114 . Ella se mostró sorprendida. porque antes de lo esperado regresaron las apariciones de la primera visita. La niña se sentó en uno de los catres y mientras se rascaba intensamente las piernas. cerró los ojos y se mantuvo muy quieta.Cálida bienvenida ti segundo piso estaba tan desierto y abandonado como el día anterior. Su deseo se cumplió.

señorita Emilia. —lo creo que los chicos echarán de menos el alboroto matutino —comentó el sacerdote. Tiara fue a sentarse con aquellos niños. el joven Renato y el padre Ronchi. —Oye. —Ya hablé con un pescador. acomodándose en una de las camas. —¿Qué importa si nos caemos? Se sentaron con sumo cuidado. la Ese. Tiara quedó instalada en medio de todos. —¡Oye. ¿cómo llegaste aquí? 115 . que le hicieron un lugar. Te\ —dijo la Ese—. hasta formar un círculo de conversación muy animada. muerto de risa. Te —preguntó la Ese—. como la invitada principal. —De una vez por todas —comentó la señorita Emilia— hay que resolver este asunto. Ven a compartir con nosotros. que en invierno hace trabajos de carpintería —confirmó Renato. —¡Tengan cuidado! Que estos catres son como huevos.

116 . —Sí. sí —afirmó el sacerdote—.—Mi abuelo vino con mi papá —respondió Tiara. el Pascual ya estaba aquí cuando visité la caleta.

117 .

—Y a usted. desde que lo conocimos. ¡El nombrecito! —Le llamaron así —respondió el sacerdote— porque la Isla de Pascua es su lugar de origen. padre Ronchi —preguntó la Ese—. Lo que importa es que no se falte el respeto. después de todo lo que ha hecho por estas caletas. —Le respetamos —aclaró el joven Renato—. ¿le decían «el italiano»? —Eso sería muy injusto —intervino la señorita Emilia—. los hombres dejaron de vivir solos bajo la ley de los puños y con el poco sentido común que les quedaba. ¿Recuerda? —Como si fuera ayer. —Usted vino a poner orden en este lugar —agregó la señorita Emilia—. 118 . no me habría molestado en assoluto que me hubiesen llamado como quisieran.—¿Pascual? —repitió uno de los niños—. —Bueno —agregó el sacerdote italiano—. —Cuando llegó el padre Ronchi —continuó ella—. El padre los convenció de traer a sus familias para restablecer las leyes del hogar.

Esos pescadores aprovecharon el abrigo natural de la bahía para establecer su pobre y su transitorio 119 . al sur de Chaitén y Quellón. a su entera assoluta volunta. pensando che la aventura tomaría tan solo unas cuantas settimana. trozada y compartida con cientos de islas pequeñas. donde sólo moraba el esplendor y la bondad de la naturaleza en su estado más primitivo. de la noche a la mañana se vieron surcadas por grandes cardúmenes. Las protegidas aguas que rodean el archipiélago.—lo vino a conoscere la relitat de la isla —comentó el sacerdote— e incontrai una térra di nessuno. alejada y solitaria. siempre a la espera de que la merluza cambiara de sitio. fue habitada por intrépidos pescadores que siguieron la huella de la merluza española. Atrás dejaron hogar y fami. La isla Toto.glia. los pescadores lo hicieron en esa parte del océano. En un inizio los pescadores llegaron con sus aparejos. Mientras los peces buscaron refugio en esas aguas. Se fueron quedando los hombres. una isla en la cuale cada individuo delimitava le frontiere de su autoritá. de la cuale tutti querían apoderarse.

también comerciantes de todos los negocios imaginables: almaceneros. Las chozas que levantaron estaban construidas con las ramas arrancadas de los formidables árboles de la isla y los techos y paredes fueron cubiertos con el plástico que ellos mismos habían lie. mueblistas. Pero sólo una mísera parte de la lincakiikihlf xttjui. zapateros.mar quedaba en las manos de aquellos esforzados pescadores. comerciantes con patentes de alcoholes y otros con bebidas de fantasía. como se la conoció de ahí en adelante. más de cinco mil personas. porque un exportador recogía la merluza para transportarla a Puerto Montt. abasteros y carniceros. Esta aparente prosperidad convocó a otros hombres y el caserío comenzó a tomar las dimensiones de un pueblo. No sólo pescadores. Llegaron a establecerse a la ciudad de plástico.'LTí v|uip ^sacaban .vado para proteger sus escasas pertenencias de la humedad del océano.caserío. 120 . sastres. llegaron ferreteros. carpinteros y enfermeros primerizos especializados en labores mínimas de salubridad. panaderos.

casa—bote. que al principio hizo diferencia. el abuelo y su hijo la habían construido imitando las antiguas viviendas de Rapa-Nui. Había sido una vivienda muy precaria. poco a poco se convirtieron en hogares con muros de madera y techo de zinc auténtico. 121 . Tiara. sin embargo. Tenía forma ovalada. no conoció el primer refugio que levantó su abuelo. como un bote volcado. en medio de la lluvia. —Como la de Pascual —comentó el padre Ronchi—. Así fue. Antes de que naciera la niña llegaron tablas bien aserradas. necesarias para la casa definitiva. de modo invertido. semejante a una tajada de melón. forrado en plástico. por la que había que agacharse para no golpearse la cabeza. El techo era como la quilla de una embarcación y a ella se entraba o salía por una puerta lateral.Con el tiempo la pesca dejó de ser abundante. con ramas y madera del lugar. en efecto. clavos y planchas de zinc. ¿Per che ser distinta? Era la única hare—paenga. Pero esos hombres y sus familias se acostumbraron de tal modo a la belleza de la isla Toto que ninguno quiso abandonarla. Sus casas de plástico.

io dije: te ricordo perfectamente. y como se me quedara mirando con cara de duda. agregué: estudié para maestra en la Escuela Normal de Ancud. —Así me convenció —agregó la señorita Emilia. —Y a mí —se sumó Renato. io dije. padre. Construí una scuola para bambinos. La primera vez la observé a la entrada del pueblo. ella incontré dos veces el mesmo día.—No fue capricho. No puede ser casualidad. —Menos io. —Buono. Así son en la isla donde nacieron mis antepasados. tampoco. —¿Aunque todos los vecinos reclamaran porque ocupaba más espacio que las demás? —Cada uno hizo lo que quiso. Al incontrarla de nuovo en la chiesa. que hiche lo che debía —replicó enseguida el sacerdote italiano—. En sitios lejanos convencí a profesores para venir cual maestros. ¿cómo se llama? —respondió Tiara—. ¿Qué estudios tienes? —Soy profesora normalista. Fue divertido. 122 . sí —recordó el sacerdote—. le respondí —continuó la señorita Emilia—.

las pocas vacantes estaban ocupadas. Ellos esperaban visita de autoridad de la chiesa. comenzó muy joven su vida de magisterio y montaba a caballo diariamente diez o doce kilómetros para enseñar en una escueli. Con viento. el único boxeador del pueblo. —Beni. Mi madre. ¿Qué oportunidad podría tener en mi pueblo? Sabía que no había ninguna posibilidad de encontrar un puesto de maestra. con esfuerzo y sacrificio.—Guardé silencio por un instante —prosiguió el sacerdote— y luogo pregunté: ¿enseñarías en lugar remoto? —Es lo que espero. io dije —agregó el sacerdote—. para hacerme cargo de mis alumnos? ¿O quedarme a esperar que el hijo de la señora Rita. que también era profesora. 123 . hablaré hoy mismo con tuo padre para que enseñes a niños que necesitan maestra. lluvia o tormenta. —¿Qué más podía hacer? ¿Quedarme a enseñar en una isla y embarcarme todos los días.ta lejana. me solicitara en matrimonio? —Y fue divertido como io fui recibido en su pueblo.

entraban descalzas al pueblo. pues oye. 124 . adornaban las imágenes de las Vírgenes que habían traído especialmente para la visita del obispo. la calle principal era engalanada con arcos de flores. había llegado en el camión municipal. En ese tiempo. El religioso italiano tuvo que caminar bastante para seguir el viaje. El padre Ronchi descendió con su larga sotana y abrigado con un amplio chaquetón impermeable. ya viene!». Las gentes del campo. Alguien gritaba: «¡Que ya viene. en efecto. El camino estaba en construcción y no llegaba al embarcadero. El visitante. con sus acordeones. Luego. para realzar el paso del visitante. Los músicos iniciaban los sones de las melodías. reservados para estas ocasiones. al ver la polvareda que levantaba el único vehículo motorizado de la isla.—Una vez al año —contó Emilia— nos visitaba el obispo. que lo había recogido a dos kilómetros del canal de Dalcahue. acompañadas de hijos y maridos. En la primera casa de la calle principal se ponían sus zapatos y cambiaban el atuendo de todos los días por trajes mejores. tambores y guitarras. que por esos años residía en Ancud.

porque io no llevaba anillo alguno y no estaba habituado a ceremonias. —Y lo hizo molto bene. Había tanta innocenza en su mirada.Sostenía en su mano izquierda un pequeño bolso de viaje y sonreía en todo momento. en señal de respeto.tarla y reconocí a la del beso en la mano como si io fuese un obispo. No soy más que un cura en misión de pastor. Subí a felichi. que me dije: oh. io dije. Fue impresión molto grata la que ella causó entonces. tanto candor e ingenuidad. Es la persona que preciso. me incliné a besarle el anillo de su mano derecha —reconoció Emilia. un hombre sencillo que llega donde se lo 125 . saludando afectuosamente con la mano a quienes se acercaban a darle la bienvenida. mientras ella tocaba el armonio durante la misa. permite que io pueda llevarla conmigo. ¿Qué haces?. —Le ofrecí el ramo de jazmines que había preparado y de todos modos. Signor. —Así es el padre Ronchi —continuó la señorita Emilia—. —Ambos nos sorprendimos. —Yo había recibido el honor de poner flores en uno de los altares y acompañar a la señora Rita.

como decir misa donde no hay iglesia. para darles algo de cariño y comprensión. por muy distantes que se hallen y por muy escasos que sean los medios para llegar hasta ellos. Tratábamos de ayudarlos. Suele viajar con un bolso de mano y aborda el primer vehículo que pase. Fui el mayor de onche hermanos y tuve una infancia difficile.propone. bautizar niños perdidos en los rincones más apartados o entregar víveres a los necesitados. Io nací en un pueblo cercano a Milán. —Es que así fue mi niñez —prosiguió el sacerdote—. —Así lo conocí en Santiago —intervino el joven Renato—. de hacer más soportable la vida que llevaban. tratando de entender su situación. No era nuestra intención sacarlos del río. Por eso. Les llevábamos algo de comer. especialmente para cumplir sus oficios. Vine misionero a Chile y recogí bambinos bajo puentes del río Mapocho. Queríamos estar junto a ellos y establecer un vínculo. que no 126 . a los venti decidí por sacerdocio para dedicar mi tiempo a los pobres. Yo era uno de esos estudiantes buena onda que nos acercábamos a los niños que vivían bajo los puentes.

—Nosotros no sabíamos que era sacerdote —comentó la Ese—. —Después ritorné per lui. El padre Ronchi hizo 127 . No tuvo la intención de echarnos.pre ritornarían a vida de vagabondo. De la noche a la mañana. apareció este hombre mayor. viajé con ellos más de mil quinientos kilómetros. sem. Esa misma noche desapareció y creímos que se lo habían llevado o que se había muerto. Entonces pensamos que era el dueño de la caleta. —Dios nos pone cosas en el camino —prosiguió la señorita Emilia—. pero no le gustaba que estuviéramos ahí. así de repente.se sintieran tan solos. sin permiso ni nada. El padre Ronchi me pidió que lo acompañara cuando decidió traer a todos estos niños sin hogar. —¿Sin el permiso de sus padres? —¿Y de qué padre podía solicitar permiso? Allora hice hogar donde los bambinos estudiaran y crecieran. Una noche llegaron los policías buscando a cuatro jóvenes que sus familiares habían dado por perdidos. Io sabía que mientras se quedaran en la ciudad. Decidí trasladarlos a Puerto Cisnes.

La radio es el puente que une a cientos de almas que pasan aisladas la mayor parte del tiempo.construir esta escuela de madera. de empresas. a clases! —sentenció la señorita Emilia y desapareció. no respetaban. que es el medio de comunicación más efectivo de la zona. en su aislamiento. cuando recién llegados. que fue lo que hicieron al principio. Tiara se incorporó de un brinco y todos se quedaron con el alma en un hilo. conseguí al menos cada quince días que una patrulla de carabinieri viajara a la isla para la ley que estos uomo. Buscó la colaboración de personas caritativas. para que dejaran de dirimir diferencias con la forza de los puños. como no bastaba. —Pedí ayuda para levantar una chie. El tañido de la campana interrumpió la tertulia.sa y dar en ella muestras de gratitud y. materiales de construcción y los implementos necesarios para instalar una modesta estación de radio. —¡Niños. Io hice para que ellos entendieran por leyes de razón y orden. consiguió víveres. sin 128 . inmóviles. autoridades e instituciones. como si nada más importara.

Al resto de los alumnos no parecía preocuparle lo que ella había hecho durante el recreo. aceptando que a veces la indiferencia de los demás es más conveniente de lo que uno pudiera desear. Mientras se dirigía a la sala. Aquel pensamiento calmó sus inquietudes. 129 . En su pupitre tuvo que disimular para contener las ganas de calmar la picazón. Entonces comenzó a rascarse. comprobando que no había sido descubierta. La niña bajó los peldaños de dos en dos. de cuando en cuando se detenía para aliviar la comezón que parecía quemar la piel de sus piernas. Con la irresistible comezón en sus piernas cerró la puerta a sus espaldas y se quedó inmóvil allí por unos segundos. El patio estaba desierto. como si de pronto hubiesen retornado a la condición que siempre tuvieron: fantasmas. aunque Diego la interrumpía a cada rato. lanzándole miradas de complicidad. pero la puerta de la sala permanecía abierta.respiración. Era el único que sabía dónde había estado. evitando que la cama se desparramara por el suelo. sintiendo como las pulgas nuevamente la convertían en blanco de sus picadas.

Terminadas las clases, Tiara amarró su balsa a la panga de don Anselmo, que fue en busca de su hijo. Diego se limitó a observarla durante el trayecto. Era demasiado abrumador para él sentirse cómplice de una falta que había provocado tanto rechazo en la escuela. Por fortuna, en la lancha nadie comentó el incidente de la mañana. ¿Todo ese alboroto por haber navegado en balsa unos cuantos metros? ¿No sería demasiado? Ella no había puesto en peligro su vida. Si así hubiera sido, jamás se habría alejado tanto de la orilla. Por lo demás, había demostrado que Amiga Yara era muy segura. Como todos los días, la madre de Diego lo esperaba en el muelle con la bicicleta. En el momento de descender y antes de que corriera a reunirse con su adorada bici, Tiara le habló a media voz: —Más tarde nos vemos, en la caleta bajo la pasarela. Tengo mucho que contarte. —Después de la once será —respondió Diego, mostrándose desinteresado—. Y después de las tareas, porque si no mi mamá no me deja salir. A lo

130

mejor a ti tampoco te van a dar permiso después de lo que hiciste. —Voy de todos modos —respondió la niña. El padre y el hermano de Tiara no estaban cuando ella regresó de la escuela. —La tía Emilia mandó esta comunicación —dijo a su madre. —Déjela ahí —respondió ella. —¡La directora quiere hablar con ustedes! —Bueno —replicó la madre un tanto molesta por el reclamo de su hija—, ella entenderá que sus padres tienen asuntos que resolver. —A lo mejor quiere hablarles de mí. —¿Hizo algo malo, hija? —y como Tiara no respondió, la madre continuó—: La otra vez también quería que fuéramos a la escuela y era para recibir un premio. —Tienen que leer la comunicación. —Que la lea su padre cuando llegue. La niña enmudeció intentando entender los asuntos de sus padres, pero su mente sólo tenía espacio para la segunda visita que había hecho al 131

piso de arriba. Ni siquiera la preocupaba el malestar de la directora, ni el regaño que había recibido de su maestro. Tampoco le importaba el contenido de la comunicación que la tía Emilia le había enviado a sus padres y que ella no había tenido la imprudencia de leer. Tiara salió de la habitación. Contrariada, triste, confusa y sin saber qué hacer, perdió por un momento el sentido de la existencia. Cuando, más tarde, Diego asomó su nariz en la ventana de la cocina, atisbando hacia el interior, Tiara no se veía por ningún lado. La Te y el Deivid

Diego fue a reunirse con Tiara y ella lo vio venir con su bicicleta. Se detuvo junto a la baranda de la pasarela y aguardó allí un instante. —Sabía que estabas aquí —le dijo al verla—. ¿Entregaste la comunicación? —Sí. —¿Qué dijo tu mamá? 132

por muy tirado de las mechas que fuera. Escuchó con atención alguna señal que pudiera venir desde la pasarela. No la leyó. deseando que su compañero aceptara. —Deivid —le dijo—. tal vez. Hasta que no pudo más 133 . Me vine sin permiso. ¿nunca has intentado montar tu bici en la pasarela? —¿Cómo? —Subirte a tu bici. para que las ruedas no giren. —Te van a castigar. —¿Estás loca? Tiara desapareció en el interior del refugio.. —Pero podrías andar sin andar. —¡Adonde puedo ir con ella! —protestó Diego. Si te montas en tu bici y pedaleas bien corti. lo animó para que lo hiciera.—Nada. Deivid —insistió ella—. —¿Y qué vas a hacer cuando la lean? —No sé. Por un momento pensó que Diego se había cansado de estar allí. Huevito.. Se hizo la lesa y cambió de tema.to. Al ver que Diego no mostraba el menor interés por descender al refugio. Allí esperó pacientemente con los dedos cruzados. -¿Qué? —Escucha.

mientras seguía las indicaciones de Tiara. —¡No. Sin pensarlo más de una vez. ¿qué tiene de divertido? —¿No? —insistía ella—. afirmado en la baranda de la pasarela. Ahora pisa bien firme los pedales y tuerce un poco el manubrio. Cuando pierdas el equilibrio. Para su sorpresa. allí estaba Diego. —¡Esta no es forma de andar en bici! —protestó Diego. al verla junto a él. Mantente ahí. Deivid\ —gritó ella. trepó por la roca y sorprendió a su compañero. —Pero. tuerce el manubrio hacia el otro lado. Diego vencía finalmente aquel sentido del ridículo que tanto lo avergonzaba cada vez que montaba su bicicleta. obligándolo a mantener el equilibrio. —¡Eso es. no! —le dijo ella—. Diego. intentando pedalear. animándolo.con la curiosidad y se asomó a ver qué había ocurrido en verdad. quiso bajarse rápidamente. Hasta que pudo más la curiosidad que la soledad y el silencio que reinaba en el escondite y Tiara salió a la luz de la tarde. pero ella lo detuvo. moviendo los pedales hacia delante y hacia atrás. ¿No es divertido? 134 .

entonces! —¡No! —¡Bájate! —No. —¡Déjame probar. no hubo forma de que Diego renunciara al intento. a través de la auténtica peripecia. 135 . de juego torpe al comienzo. como era su deseo. tal vez. ¡Con qué gusto hubiese querido pedalear y pedalear en línea recta y atravesar grandes extensiones de bosques. se convirtió en sorprendente descubrimiento. te dije. el muchacho se resistió a ceder porque tal posición le otorgaba poder frente a su compañera. por un sendero sinuoso y. Era dueño de la única bicicleta que había en la caleta y siempre se lamentaba de no poder disfrutarla. y la perseverancia. sentir el placer de dejarse llevar por la velocidad al descender por un camino que sólo estaba en su imaginación.—No le veo la gracia. Porfiadamente. Pero. ¿qué cosa más extraña que «andar en bici» sin pedalear ni un centímetro? Sin embargo y por curioso que resultara.

comenzó a desplazarse a salti. —¿Ir más lejos? —ella se llevó las manos a los labios para ahogar un grito que amenazaba con escapar de su garganta. —Puedo ir más lejos si quiero —comentó. Repentinamente. Allí se detuvo. 136 . como un balón que bota sobre el cemento inexistente y fue avanzando hacia la superficie accidentada de la roca.Era cosa de verlos.tos. inmóvil como una estatua. Ella era la que más se divertía con los logros del compañero y celebraba entusiasta cada giro. cada golpe de manubrio para mantener el equilibrio. su figura recortada contra el verde del cerro y el azul negruzco del cielo.

137 .

Deivid —protestó la niña. ¿No querías verme en peligro? ¿No te agrada el riesgo? —¡Nunca dije que andes por las rocas! ¿Y si perdía el equilibrio? ¿Y si rodaba hasta las aguas con bici y todo? Tal vez ella había sido muy imprudente al animarlo de esa manera. deseaba ver a su propio hermano en el pellejo de Diego. retando toda lógica. Al mismo tiempo. por donde comenzó a descender. permitiendo que bajara unos centímetros la rueda 138 .—¿No quieres que baje hasta el refugio? —Pero. siempre dispuesto a no titubear ante el peligro. De tal modo la bicicleta era controlada con mayor eficacia. —¿Y por qué no? —replicó. rechazando consecuencias—. A ratos se paraba en los pedales. sobre el asiento. con gran cuidado. aterrando a su compañera. de valiente. sin soltar el freno y torciendo el manubrio de lado a lado. dándoselas de arriesgado. entusiasmado con su idea. El ciclista de las pasarelas se bajó de la bicicleta para levantarla sobre la baranda de madera y posarla en la roca.

—¿Ellos? —Estarían maravillados. —¿Qué cosa? —Esos giros con tu bici. Mira. También traje una papa cocida. —¿Podré ir a la escuela? —¡Esas rocas sí que son peligrosas! —Pero puedo intentarlo. No lo olvides. —¿No es lo que querías. —¿Por qué? —Porque si viviéramos con ellos te mandarían a machetear con tu bici. 139 .trasera y otros centímetros la delantera. —¿Sólo medio pan amasado? —Mi mamá lo hace bien rico. —Yo jamás haría eso. La voy a partir en dos. Después de una exhibición como ésa lloverían las monedas. —Aquí soy la Te. —¿Para que todos vean? —Para que te vean los del piso de arriba. Hasta que se detuvo frente a la entrada del escondite. —Prefiero que hagas una exhibición en el patio. —Es increíble lo que haces —dijo ella. traje algo para la once. Huevito? —Por mi culpa podrías caer y quebrarte una costilla. Huevito.

Bajé muy temprano a la caleta. Ni siquiera se asoma a la puerta de la casa cuando salgo. Fue maravilloso. ¿de nuevo fuiste al piso de arriba? —Sí. Ya. Deivid.—Si aparece tu mamá por aquí nos saca de un ala. —Huevito —murmuró—. no era muy habladora. será mejor. Por lo general. Ella no va a venir. —No quisiera estar en tu pellejo cuando el Pascual lea la comunicación y vea que no estás en la casa. -¿Qué? —Vino el Kiko a buscarme. También vinieron los príncipes. —Tranquilo. Pero desde que comenzaron sus fantasías se había vuelto parlanchína y de sus labios salían expresiones que jamás le habían escuchado. Deivid. come. las tías apenas le sacaban una palabra. -¿Y? 140 . En la escuela. El se quedó en silencio. pero no pude esperarte. mirando con ojos de asombro a su compañera. Entonces llegaron en su piragua y navegamos hasta la isla de nuestros antepasados. ¿Por qué haces tantas leseras? —Es lo que tengo que contarte. pero tú no estabas.

. —¿Con la directora? —. —Pero ése no era. porque el jesuita anduvo en los años de 1760. ¿era cierto que se aparecía como un fantasma? —¿Qué historia es ésa? —preguntó ella. —¿Hasta de la fecha te acuerdas? —Bueno —continuó él su relato—. Los 141 . Lo pasamos en historia. «¡El cura fantasma!». Cuando el cura llegó a la faena no encontró ni un alma.. con el profesor Renato. —Entonces.. entonces mi padrino y sus compañeros vieron aparecer la silueta del religioso sobre la nieve.—No sólo estuve con los internos.. También con la tía Emilia. gritaron y salieron corriendo. que a cierta hora del día se aparecía un misionero jesuita.. como de bien lejos.. —¿El tío Tato? —Y también con el padre Ronchi. así. Abrió los brazos y gritó a los cuatro vientos. —Se parece a esa historia que nos contó una vez el tío Tato. —Mi padrino trabajó en la carretera Austral y una vez vieron un sacerdote que se aproximaba.

Deivid. Iba con Jaime Caro. con fuertes palmadas en la espalda. ella conoce muy bien todo eso —replicó la niña— porque es de allá. «Voy a calentarme un poquito y después hacemos la misa». Lo recibieron contentos. obedeciendo al cura que los llamaba.hombres entendieron que había llegado un sacerdote verdadero. 142 . —Es bonita esa historia. —¿Cuál? —En una oportunidad se embarcó en un bote tan pequeño como mi balsa. Estaba muerto de cansancio. —Sí. les dijo. Regresaron a la obra. esas que producen electricidad para que la gente de sectores apartados como el nuestro tenga radio para comunicarse. Había caminado un día y medio y pasado toda una noche sin techo ni abrigo. un ingeniero de Aysén experto en turbinas. —En algunas islas de Chiloé también usan baterías de auto. Eso nos contó la tía Emilia. —¿Turbinas? —Sí. muerto de frío. El padre Ronchi contó una que yo nunca había escuchado.

El hogar era humilde.Pero lo que Tiara contó era para sorprenderse. ¿No nos andarán buscando? 143 . en cosa de minutos. el padre Ronchi celebró dos confesiones. Con sencillez. que sonreían con disimulo. porque jamás habían pisado una iglesia y aquella era la primera vez que veían un cura. cinco bautizos y una boda. se vistieron para la ocasión. El sacerdote y el ingeniero habían navegado ya varias horas. El fuego ardía en la cocina y la mujer del botero los invitó a comer a la suerte de la olla. cuando los sorprendió la noche. El hombre les ofreció pasar allí la noche y continuar viaje al día siguiente. El hombre reconoció que con su mujer tampoco se habían casado. ya se nos hizo tarde. como todos los de la región. Aceptaron. El ingeniero fue testigo de matrimonio y padrino de los niños. el botero que los transportaba vivía por allí cerca y la casa más próxima era precisamente la suya. Esa misma noche. El padre Ronchi quiso saber si los niños estaban bautizados. No lo estaban. entre un caserío llamado La Junta y otro conocido como Raúl Marín Balmaceda. —Huevito —interrumpió Diego—. El jefe de familia era padre de cinco hijos.

Si hubiese traído unas frezadas me quedaría a dormir. —¿Tienes miedo de llegar a tu casa? —No. Cuando abandonaron el refugio no se veía a nadie por los alrededores. Después de lo que hablamos.—No me quisiera ir. el llanto de un niño rompió la paz de la noche que se anunciaba. Deivid?. por los angostos pasadizos de madera húmeda y ennegrecida. uno detrás del otro. donde por fin se sintieron más seguros. Tiara le ayudó a Diego a cargar la bicicleta hasta la pasarela. ¿verdad. Tiara se asomó a la ventana como de costumbre y 144 . Deivid. Diego se quedó esperando unos minutos después de que la niña desapareció por la puerta estrecha. Antes de que anocheciera se despidieron a la entrada de la casa de Tiara. ya se me pasó. Desde allí caminaron lentamente. El accidente Ai día siguiente y a primera hora de la mañana. Fue lindo.

pues nadie se movía de su sitio. pero ninguno de ellos descubrió la presencia de la niña. pero su compañero no se veía por ningún lado. con semblante de preocupación. se preguntaba por qué razón los marinos no buscaban en la casa a su padre y a su hermano. más bien. ¡Qué bueno que no estén en la casa! Hubiera deseado que Diego estuviera allí. que aguardaban por algo que se presentaría de un momento a otro. a unos cuantos metros de su casa. Era muy extraño lo que ocurría. Se acercó a esa gente allí reunida. Una lancha de la Armada se mecía suavemente con el ir y venir de las olas. Tiara esperó en los escalones que 145 . y un tanto más apartados.lo único que vio fue un grupo de pescadores reunidos en la caleta. —Vienen por mi padre y mi hermano —pensó la niña—. Se despidió de su madre y con la ilusión de siempre descendió por la pasarela en dirección al embarcadero. Se diría. Inquieta. Terminó su desayuno y volvió a mirar resignadamente el mar que comenzaba a sacudirse la bruma. el alcalde de mar y tres marinos conversaban en voz baja.

Como si una puerta de tenue humedad se abriera para darle paso. Decidida. Estirpe real. aguardó por el prodigio de aquel día. en el fondo de su corazón. recibe nuestro respeto. la espléndida embarcación de los príncipes se dirigió resuelta al sitio donde flotaba la niña. Aunque no lo 146 . después del primer viaje que hicieron a la isla de sus antepasados. Tiara la vio acercarse. cogió el remo y. A decir verdad. evocó la deslumbrante piragua de los Ariki Paka. abordó la pequeña plancha de espuma plástica y remó con decisión hasta el muro de neblina. emergiendo desde la densa bruma que engullía al resto del mundo circundante. sin pensarlo dos veces.bajaban al muelle y. Sintió con cuánta dulzura la miraba. Tiara se alegró con la llegada de los navegantes. Soltó las amarras. no pensaba más que en ellos. Soñando despierta. se dirigió al lugar donde mantenía amarrada su balsa. Vio la satisfacción en los ojos de su hermano. navegando pausadamente en medio de la bruma y la tranquilizó aún más la presencia de su abuelo y de su hermano Kiko. —¡Niña Miru! —saludaron los príncipes—.

La navegación enfrentó las mismas dificultades del viaje anterior y. porque en el viaje anterior el comportamiento de Tiara había sido admirable. aunque la esperaba. donde el mundo desconocido y fascinante de sus abuelos se abría ante sus ojos. Tiara sabía que navegando hacia el norte se llegaba a una isla donde brillaba el sol esplendoroso. así también ocultó rápidamente la piragua de los príncipes. el alcalde de mar. Kiko estaba muy contento.manifestara. Así como la bruma ocultaba las aguas del archipiélago. 147 . En todo momento fue protegida por su abuelo y su hermano. los marinos y los pescadores continuaron su charla como si nada. pero curiosamente la navegación fue más breve que la primera. precisamente por estar ella en conocimiento de las peripecias. Se preparó entonces para una travesía extenuante. dudaba que tuviera la resistencia de enfrentar nuevamente la prueba. Ajenos a la audacia de la niña y la presencia de los Ariki Paka. hasta que al cabo de un tiempo se disipó la bruma y ante los ojos de Tiara apareció el imponente volcán Rano Raraku.

que llegan al peñón a depositar sus huevos —dijeron los príncipes. En el ascenso la niña fue descubriendo los monumentales moáis. las aves sagradas. en apariencia idénticos. en el pasto silvestre o saliendo de la montaña. La niña descubría gigantes pétreos a cada paso. 148 . —Aquí en Mataveri se reúnen los competidores. demostrando que cada uno representaba un personaje rodeado de misterio. ha pasado el invierno y se aproxima el verano. —Es cuando retornan las manutara. —Tu padre competirá por uno de esos trofeos —agregó el abuelo. —Compite para que su jefe gobierne por un año los destinos de sus hombres —concluyeron los príncipes. enseñaban pequeñas diferencias. como si la roca misma les diera forma con el cincel y el martillo de ventiscas y tormentas. —¿Mi padre? —exclamó Tiara. descansando en sus pedestales. Desembarcaron en las cercanías del volcán y caminaron hacia la cima del cráter.—Es tiempo de primavera —comentó Kiko—. Los rostros de tales monumentos.

un enorme rostro de piedra volcánica yacía tendido observando el cielo. Más allá. sobre una extensa planicie. —Estamos en Orongo —explicaron los príncipes—. en la cumbre. una imponente escultura se arrodillaba en medio de la llanura. una parte de los faldeos del volcán estaba poblada de estatuas en distintas posiciones. En verdad. Las viviendas allí construidas eran de piedra laja. celebrando con danzas y cantos de envolventes melodías. Tiara no terminaba de sorprenderse al contemplar tanta maravilla y su corazón brincaba 149 . Hombres y mujeres se congregaban en aquel lugar. con puertas muy pequeñas siempre abiertas hacia el mar. dispuestos a pasar allí todo un día. A poca distancia del sitio de las celebraciones se alzaba un moái de varios metros de altura. porque allí estaba la cantera donde fueron esculpidas la gran mayoría de las esculturas de Isla de Pascua. Y se celebra la ceremonia del Tangata Manu.Tiara pudo admirar la hermosa aldea que allí se levantaba.

el sacerdote dio la señal de inicio. se veían los peñones Motu-nui y Motu-iti. ocultas por la hierba que las circundaba. Desde el observatorio solar. Al sur de la isla se podía observar el islote Motu—kaokao. Los 150 . las olas los golpeaban con furia. cubiertos de vegetación. Y algún día. que emergía del mar como una espada puntiaguda. penetrando en la roca como lanzas espumosas.de alegría de sólo pensar que ella y su familia pertenecían a ese mundo fascinante. Los jefes observaban a cierta distancia. —Las piedras hablan por sí solas —comentó uno de los príncipes. Entre esas grietas. Los tres islotes dejaban ver cuán enormes eran las dificultades para llegar hasta ellos. Este es el santuario. Hasta allí han de nadar. Y llevó a la niña hasta una roca tallada con signos y figuras indescifrables—. Más lejos. —Esa es la meta —dijo Kiko—. también yo competiré. blanqueada por los excrementos de las aves. cómodamente instalados. solían hacer sus nidos las aves. igual que mi padre. Rodeados por grietas y quebradas.

dos estatuas observaban la competencia. Una vez en el peñón más cercano. Debían esperar largas horas hasta que llegaran las aves a poner sus huevos. apiñados en la cima del escarpado risco. El primer valiente que logró apoderarse de uno de ellos. donde cumplían la primera parte de la travesía. gritando con todo el aire de sus pulmones. bajaron hábilmente. Los que pasaban con éxito la prueba llegaban al islote. Debían sortear numerosos peligros en la travesía hasta el peñón. alzándolo con su mano derecha. 151 . tratando de alcanzar cuanto antes las aguas del mar. Los competidores. Desde el acantilado.aguerridos nadadores. —¡Es mi hijo! —exclamó jubiloso el abuelo. Algunos sucumbían en la empresa. en un monumento funerario. empezaba la vigilia. se sumergieron en el mar y montados sobre pequeñas canoas de totora nadaron con pies y manos para alcanzar el primer islote. portando sus canastos kete. para que su jefe lo escuchara desde el lugar de los festejos. saltó sobre la roca. arrastrados por la corriente. pereciendo en medio de las aguas.

152 .

ante los ojos asombrados de la niña. tiempo que duraba su jerarquía. Con afilados cuchillos de obsidiana procedieron a cortarle el cabello y también le rasuraron los brazos y las piernas. en verdad. Así ocurrió. porque debía dirigir los destinos de sus hombres a partir de esa primavera y hasta el fin del próximo invierno. colmado de orgullo—. A continuación. en el peñón el ganador atesoró su trofeo en el canastillo que portaba y se dispuso a regresar junto a su jefe. se levantó de inmediato para ser ungido como hombre pájaro. Luego. le tiñeron de rojo la cabeza.—¿Mi padre? —replicó la niña. Mientras tanto. 153 . ¿qué dice? —¡Ka—varu te puokol —explicó el anciano. otros competidores se agruparon en la cima del peñón alzando huevos de pájaro. El superior. ¡Rasúrate la cabeza! Es lo que le grita a su jefe. que debía lucir el huevo a la entrada de su casa por espacio de un año. —¿No reconocería yo su voz? —Pero. que observaba rodeado de su gente.

honrando a los jefes que representaban, pero reconociendo su derrota. Uno tras otro, los contrincantes iniciaron el descenso con sus trofeos y arrojándose al mar se disponían a regresar sobre sus balsas de totora. Nadie se preocupó más de los competidores. Algunos se perdieron en medio de las aguas, otros cayeron desde las rocas y nadaron con grandes dificultades. Las dos estatuas de aquel monumento funerario sabían que pronto celebrarían ritos mortuorios. Sacerdotes silenciosos ensartaron en el piso los soportes de las angarillas funerarias: cuatro estacas clavadas en la tierra soportarían una modesta camilla con el cuerpo de un desdichado, envuelto en telas y en esteras que lo mantendrían por varios días, al tiempo que los cantos fúnebres, los llantos y los lamentos se escucharían en toda la isla. Luego, serían llevados a los santuarios que, a modo de mausoleo, se levantaban a lo largo de la costa. Mas, por ahora, el pueblo se dedicaba a festejar las alegrías, pues tiempo habría para tanta tristeza. —Quisiera ver a mi padre —imploró la niña. 154

—Las celebraciones podrían resultar interminables —advirtieron los príncipes—. Lo hemos perdido y no sabemos cuántas peripecias ha de sortear antes de llevar el trofeo a las manos de su jerarca. —Además, ahora comienzan las rencillas —advirtió el abuelo. —¿Rencillas? —exclamó ella. —Las disputas —aclaró Kiko. —Los competidores lamentan su derrota —agregaron los príncipes—. Mientras uno de ellos celebra la victoria, el resto es víctima de la envidia y las diferencias suelen concluir en destrucción y muerte. —¿Y nadie puede detenerlos? —La única autoridad en la celebración del Hombre pájaro es el propio jefe de esos competidores. —¡Ustedes deben hacerlo! —¿Nosotros? —¡Sí, por algo son príncipes! —Nos debemos a nuestro monarca y él espera al otro lado de la isla, sumido en la tristeza. Está muy lejos para intervenir y los jerarcas de estos 155

hombres no aceptan mediación alguna, aunque provenga del mismo rey que los gobierna. —¿Y mi padre también estará en esas rencillas? —Ningún competidor puede escapar a ellas. —¿Podría morir, entonces? —Así es, querida niña —respondieron los príncipes, y cantaron a media voz:

«Ka tangi é... ere ika iti é. Mo nua é, ere mo te matua é. He ono matua, hoki tae tangi ai; ko te bebe au; o ko te matua akore...» «Está llorando... la pequeña víctima. Por su madre y por su padre. Ya no tiene padre, por eso llora; ahora está pobre; ya no tiene más padres.»

—¿Y ese canto tan triste? —preguntó. —Es un lamento —respondió el anciano, presagiando un desenlace trágico. Tiara enmudeció al ver tan preocupado a su abuelo. También el hermano de la niña mostró la 156

congoja en su semblante. Por un momento detestó la participación de su padre en esos festejos. —Estas celebraciones y desenfrenos, Hopu contra Hopu, provocan no sólo dolor y muerte —comentaron lastimosamente los príncipes—, sino también la ruina de este lugar sagrado, muchas veces con la destrucción definitiva de estatuas y monumentos. Las palabras de los Ariki-paka sonaron como un presagio ineludible en el corazón de la niña. —Vamos, Tiara —dijo Kiko con profunda tristeza—. Debemos regresar. Con los cantos y bailes en sus oídos se dirigieron a la embarcación y entraron en la densa bruma que ocultaba todo el entorno de la isla. Cuando finalmente la nave salió de la espesa niebla, Tiara se hallaba frente a la caleta de su casa. Cerró los ojos, con el ferviente deseo de no salir de aquel sueño, pero no pudo permanecer así demasiado tiempo; voces que salían a su encuentro, la sacaron abruptamente de su ensueño. Ai abrir los ojos nuevamente descubrió que la piragua de los príncipes había desaparecido por completo, también su hermano y su abuelo. 157

El encanto de la niña se quebró como un espejo. Uno de aquellos hombres agrupados en la costa, y que de vez en cuando dirigían la mirada hacia el mar, alcanzó a ver la balsa de Tiara asomando por la bruma que se diluía bajo la luz del sol. Al dar la voz de alarma, todos se volvieron para verla remando hacia la escuela. —¡Ya estábamos advertidos! —exclamó el alcalde de mar—. Anoche la Lidia me habló de lo que hizo esta chica. —Pero, ¿cómo no la vimos subir a esa balsa? —Ni siquiera la vimos salir de su casa. El alcalde de mar, apremiado por su falta de cuidado, sintiéndose más responsable que nadie, abordó rápidamente su bote y dio las instrucciones al hombre que lo acompañaba para ir cuanto antes detrás de Tiara y evitar que siguiera remando en condiciones tan precarias. Daba miedo de sólo pensar en una desgracia. Si llegase a volcar esa balsa de juguete, la niña se hundiría en cosa de segundos, con el peso de su mochila y con tanta ropa en el cuerpo. Además, ¿quién podría asegurar que sabía nadar y ponerse a salvo por sí misma? 158

Considerando la gravedad de la situación, los marinos abordaron de inmediato el bote inflable que los llevaba a la lancha y el motor fuera de borda rugió como una bestia antes de ponerse en movimiento. Lo hizo pesadamente al principio y luego debió hacer un giro muy amplio, antes de dirigirse al sitio exacto donde flotaba la balsa de Tiara. Mientras el alcalde de mar bogaba directamente hacia la niña, los marinos tomaron las precauciones necesarias, porque el oleaje que producía el poderoso desplazamiento del bote inflable amenazaba con hacer zozobrar la balsa. El único que podía alcanzarla sin mayor contratiempo era el alcalde. La niña remó cada vez más rápido, para acercarse cuanto antes al embarcadero de la Escuela Madre de la Divina Providencia. Los golpes acelerados de su remo terminaron por agotarla y no dieron el resultado que ella esperaba; la balsa pareció detenerse a escasos metros de la costa, como si el agua transparente y liviana se tornara pesada. Mientras el bote del alcalde de mar se acercaba más y más, la balsa dio un giro mar adentro, porfiando con los deseos de quien trataba de 159

De pronto. sintió que la arrastraban violentamente hacia la superficie. Tragando agua a borbotones. pudiera salvarla. la alzaron de un solo envión y la pusieron a salvo. que no dejaba de toser. que finalmente había llegado junto a la niña. como si quisiera expulsar del cuerpo la muerte que estuvo a punto de arrebatarle la vida. no pudo mantenerse a flote y se ahogaba sin que nadie. dando la sensación desastrosa de que todo estaba perdido. Mientras un hombre remaba con premura hacia la costa. perdiendo un zapato y sintiendo el escozor del agua salada en las fosas nasales. irritadas por el esfuerzo. un esfuerzo inútil. haciendo equilibrio en medio del constante vaivén de la modesta embarcación. Los dos hombres del bote. Tratar de mantenerse a flote resultaba extremadamente difícil a ratos. el otro reanimaba a la pequeña. Con el extremo de un remo rescataron la mochila antes de que se hundiera definitivamente. al parecer. Tiara notó que sus brazos eran mordidos por mandíbulas feroces.controlarla. 160 . hasta que la mochila de Tiara cayó al agua y a los pocos segundos su dueña. dando manotazos desesperados.

ni de curiosidad maliciosa en los niños. Allí la tía Elvira preparaba una leche bien caliente. La directora se tomaba la cabeza a dos manos. Más bien. mientras el tío Tato corría a la habitación contigua.Revelaciones sorprendentes Recién desembarcados y ante el horror de quienes se enteraron sorpresivamente del accidente. mientras la tía Lidia le quitaba rápidamente las ropas mojadas. el alcalde de mar sacó en brazos a la pequeña del bote y corrió con ella hacia el comedor de la escuela. junto a la cocina a leña que prodigaba calor a todo el recinto. Pero esta vez no hubo posibilidad alguna de recriminación por parte de los adultos. para conseguir una manta y abrigar a la desdichada. con los ojos empapados de llanto. que a veces servía de enfermería. el 161 . preparándola para abrigarla cuanto antes.

una vez instalados en la oficina de la directora—. —Esta niñita nos ha metido en un tremendo lío —comentó el alcalde de mar. descuida. Lidia. ¿Qué diría el Sename. por ejemplo? Poco menos que permitimos los riesgos que asumen nuestros alumnos en su afán por venir a clases. señorita Emilia? 162 . ¿Y qué puedo decirle? —Y no sólo eso —agregó la señorita Emilia—.repentino recibimiento se dirigió a su mujer. me llamará de inmediato. por favor. Preocúpate de ella. marido —replicó ella—. —Sí. Ve tranquilo. Justo ahora que me acaban de avisar que se adelanta la visita fiscalizadora del seremi de Educación. —¿Todo en orden. cuando comienza el buen tiempo. De lo contrario. Espero que esto no llegue a oídos del almirante. La directora y el alcalde de mar salieron muy preocupados del recinto. Siempre viene en septiembre. imagínese usted que se enteren las autoridades. afanada en reanimar a Tiara—. pero ahora lo hará precisamente cuando se anuncian días más fríos.

—Aquí está la niña —dijo la tía Lidia. —¿Te tomaste tu leche? —preguntó la directora. El viento ha soltado el zinc del techo. Nos cae el agua del cerro. Los extintores vencidos. reconfortada. Porque nacen menos niños en la zona. tía Emilia —respondió la niña. —¡Adelante! —exclamó la señorita Emilia. Pero para eso se necesita dinero. Tres golpecitos en la puerta de la oficina de la directora interrumpieron la conversación. Tenemos goteras. —Sí. acompañando a Tiara. Además. 163 . nos ha bajado la matrícula en un cincuenta por ciento. Lo que ha hecho esta chiquita deja en evidencia que los dormitorios del segundo piso nunca debieron cerrarse. las fundaciones del edificio están húmedas y las bases se están pudriendo.—Los pagos están al día. más animada y con el color saludable pintando en su rostro. porque las familias emigran y porque los apoderados no quieren cooperar con los cinco mil pesos mensuales que exigimos para seguir funcionando. pero la situación en la escuela ha empeorado este último tiempo.

Al parecer.Tiara tuvo que morderse la lengua para no manifestar su extrañeza por la notoria bondad que recibía. tuvo que contenerse para reprimir el impulso de salir corriendo e ir al encuentro de su compañero. Con dificultad y por mucho tiempo había soportado las burlas de sus compañeros. Sólo así se podría entender la presencia del alcalde de mar. del anticipo de una sanción drástica y definitiva: la expulsión de la escuela. Tiara pensó en la peor de las consecuencias. 164 . pero que sin embargo en los últimos días se había convertido en un lugar de encanto y sorpresa. Estaba convencida de que no volvería a ocupar su pupitre en aquella sala que le había brindado momentos amargos. Tal vez se trataba de un anuncio. pero también era cierto que finalmente había conseguido establecer una profunda amistad con Diego. Diego asomó su nariz por uno de los ventanales de la oficina. había que accidentarse para que la tomaran a una en cuenta. al verlo. Ella. Tanta demostración de amabilidad no era algo de todos los días.

165 . No le diste ninguna importancia a mis quejas. al borde las lágrimas—. Tal vez te sientes sola y no puedo desconocer el momento difícil que estás viviendo. pero quiero que sepas que toda la escuela está contigo y con tu familia. Fuiste muy impetuosa. tía Emilia —respondió la niña—. Pero también hago un esfuerzo por entender tu comportamiento. —Tía Emilia —interrumpió la niña. es cierto. Le tomó cariñosamente las manos y le habló en un tono de voz que jamás había empleado con ella. pero eso tiene remedio. ¡No voy a tomar una medida tan extrema! En todo caso. que sólo van en tu propio beneficio. querida. Es muy duro. chica? —replicó la directora—. — ¿Qué cosa? —preguntó Tiara. debo hablar con tus padres.La directora arrastró una silla para sentarse junto a la niña. ¿me va a echar de la escuela? —¿Qué dices. —Escucha —le dijo. ¿Entregaste la comunicación que les envié? —Sí. la entregué. Pero usted misma dijo que soy un mal ejemplo para mis compañeros. Situaciones como éstas pueden superarse. —Bueno.

Lo que pasa es que tu hermano y tu papá no han regresado de la faena y creemos que han tenido un percance. Tiara. La lancha de la Armada espera rastrear el bote de tu padre.¿Se lo dice usted. muy temprano esta mañana. Y como no lo ha — 166 . lo sabemos. —Pero si a mí me gusta venir a clases. alcalde? —rogó la directora con ojos llorosos. Les interesaba saber si tu padre había regresado sin novedad a la caleta. —¿No? —No —continuó el hombre—. porque la señorita directora ya estaba en antecedentes. —Está bien —respondió el hombre—. —Claro que sí. El asunto es que hoy día ni siquiera debías venir a la escuela. Yo mismo avisé por radio. Los marinos no vinieron para detenerlo. porque la embarcación no aparece por ningún lado. De todos modos pensaba ir a su casa y decírselo a su madre. Pero al mismo tiempo pensamos que en una situación como ésta harías mejor quedándote junto a tu madre —explicó la directora. antes de que Tiara huyera en su balsa. —Así es —afirmó el alcalde—.

hecho. 167 . del pájaro sagrado. El hombre guardó silencio y miró atentamente a la directora. eran habituales entre los hombres de mar. aunque no nos guste. por desgracia. Pensaron que la niña recurría a tales argumentos para evadir la gravedad de los hechos que amenazaban con hacerla víctima de acontecimientos que. se disponen a iniciar la búsqueda una vez que se levante la bruma y esperamos que los encuentren sanos y salvos. tenemos que ponernos en todos los casos. sorprendidos por las expresiones de la niña. No vamos a pensar en lo peor y así se lo haremos saber a tu mamá. Por un momento se sintieron superados por la incapacidad de echar abajo sus fantasías y hacerla poner los pies sobre la tierra. Entonces. Pero. La directora y el alcalde de mar mantuvieron un silencio expectante. —¡Pero mi papá fue a Isla de Pascua! —exclamó la niña. sin saber qué responder a tanta inocencia. —Con mi abuelo y mi hermano lo vimos compitiendo por el huevo Manutara.

para que la febril fantasía fuera la única realidad que debía imponerse. el alcalde de mar y la tía Lidia. hasta fascinarlos por completo. Los alumnos miraban al techo. En el corredor. pero. Paulatinamente. cosa curiosa. con la emoción pintada en cada rostro. La directora. por primera vez en varios días no se escuchó ninguno de aquellos ruidos que provenían del piso de arriba. Tiara les habló de sus dos travesías en la nave de los príncipes.decidieron no contradecirla y se dispusieron a tomarla más en cuenta. que había sido incapaz de esperar en la cocina y porque la curiosidad la mataba. como nunca lo habían hecho. que no tuvo valor para marcharse. junto a la puerta. desearon alentarla para que no callara. agazapado. escuchaba la tía Elvira. el relato emocionado se apoderó de la atención de quienes la escuchaban con profundo respeto. parecía que los fantasmas se habían 168 . como una alimaña. en lugar del drama que posiblemente le aguardaba en casa. a la espera de noticias de Tiara. El profesor en su sala no pudo iniciar la clase de la mañana.

Que el mar había sido el camino de sus constantes migraciones. que de isla en isla había llegado a poblar gran parte del globo terrestre. Entretanto. Narró con lujo de detalles cada paso de la competencia por conseguir el huevo de la gaviota sagrada. Habló de cómo la vida para ellos se había desarrollado entre piraguas y tormentas. la directora. expectante entre sollozos. permitiendo la 169 . al borde de las lágrimas. aquellas corrientes marinas que fluyen por cursos determinados. siempre cruzaron los mares conquistando atolones y peñones volcánicos dispersos por el océano. dirigidas al oriente. Que habían seguido las rutas del océano. la pequeña confesó lo orgullosa que estaba de pertenecer a una raza de audaces navegantes que. y el alcalde de mar. En medio del silencio reinante. en frágiles embarcaciones. la niña continuó su relato. tanto en el mar como en la cima del peñón de los pájaros. habló de la valentía y destreza de su padre. es decir. Contó la historia de los orígenes lejanos del pueblo rapa-nui.enterado del drama que vivía Tiara y la acompañaban con su silencio.

Les habló de por qué abandonaron su continente de origen. la recordaba desde que la llevaron a la escuela. Emocionada. además. —Por eso les digo —concluyó por fin— que mi padre saldrá vencedor. como una niña sorprendente. y cómo desde hacía un tiempo se empeñaba en convencerse a sí misma del futuro esplendoroso que algún día cambiaría su vida.navegación en grandes círculos o en forma triangular. apenas entregue el huevo que consiguió para el Hombre 170 . Así fue como los primeros habitantes vieron aparecer la isla en medio del mar y que por no haber otra tierra en las cercanías la llamaron el Ombligo del Mundo. tratando de comprender finalmente el verdadero sentido de las palabras de su alumna. Los ojos de la niña brillaban con el resplandor de aquella felicidad que tan a menudo le resultaba esquiva. que los cursos seguidos por el viento cambiaban según las estaciones del año. La directora la escuchó con los ojos rojos de tanta lágrima contenida. para ir muy lejos y regresar siempre al punto de partida. Les contó. y regresará muy pronto. incluso de las rencillas en la aldea sagrada.

tía Emilia —respondió ella—. —Gracias. —Querida —dijo al fin la directora—. porque así es la gente de mi raza. Tienes autorización para ausentarte todo el tiempo que sea necesario. que ha de estar muy afligida.pájaro. —Tiara —interrumpió el alcalde mar—. habría enviado el bote de la Alcaldía. —Gracias —respondió ella. Pero de ahora en adelante mi asistente irá por ti cada mañana y no necesitas poner en riesgo tu vida. Lo siento en mi pecho. es muy hermosa la historia que acabas de contarnos. —¿No quieres que te llevemos a tu casa? 171 . te aconsejaría regresar a tu casa y acompañar a tu madre. volviendo a nuestras preocupaciones. de haber sabido que abordabas esa balsa de juguete para venir a clases. pero mi mamá está muy bien acompañada con mis hermanos pequeños. Lo sé. que es su jerarca. pero ahora. Prefiero quedarme en la escuela.

—Prefiero quedarme. Quiero estar con mis compañeros. Quiero ir al segundo piso, donde me esperan los internos. —Pero, ¿qué le pasa a esta chica? —exclamó la directora, aún más sorprendida—. ¿Has subido al segundo piso? —Sí, tía. —¿No sabes que está estrictamente prohibido? —¿Me va a expulsar por eso? —Es que no lo entiendo, niña —protestó la directora, controlando su enojo—. ¿Con qué facilidad pasas a llevar disposiciones tan antiguas? Por favor, dime que no lo has hecho. No hagas que me prive contigo, chica. —No, tía Emilia —balbuceó la niña—. Es que fui a ver por qué había tanto ruido. Y me encontré con ellos. —¿Fuiste a ver? ¿Ruidos? ¿Qué ruidos? —Los golpes que oíamos en la sala y que venían del dormitorio. —¡Eso es imposible! Se cerró definitivamente cuando la escuela dejó de recibir niños de lugares apartados. Desde entonces nadie ha vuelto a poner un pie en ese lugar. Pensé que lo sabías. 172

—¿Y las tablas que se caen de los catres? —¿Fue el profesor quien habló de las camas que se desarmaban? —El tío Tato nunca nos habló de eso, tía Emilia. Entonces, subí a ver lo que ocurría —respondió la niña como si nada—. Y me encontré con todos esos niños que el padre Ronchi trajo desde el río Mapocho. ¿No es bien corpulento así, con una sotana larga como un vestido y con una parka oscura? También estaba el tío Tato, mucho más joven, y usted tía, que nos contó cómo había conocido al padre. Además, descubrí que el segundo piso es como un hogar y esos niños son una verdadera familia. Se puede conversar con ellos, todos se interesan por uno. La directora y el alcalde de mar se desplomaron en su silla con esta nueva revelación de Tiara. Lidia tuvo que afirmarse en el borde del escritorio, y afuera, Elvira mantuvo el equilibrio apoyando su cuerpo contra el marco de la puerta. En la sala de clases, en el dormitorio del segundo piso, en la oficina, en los pasillos vacíos, se instaló un silencio tan profundo, que a la escuela llegó, 173

como una tormenta, el constante movimiento del oleaje, el canto de los pájaros del interior y el vuelo rasante de las aves de la costa. Una corriente de aire, poderosa y tibia, que de pronto azotó la caleta y los alrededores de la escuela, se apoderó de aquellas almas atrapadas en el asombro. Con un nudo en la garganta, conteniendo las lágrimas a punto de reventar en llanto, con profunda ternura, observaron cada gesto de la niña, que a pesar de su entusiasmo, de su abandono, estaba más bella que nunca, más segura de su existencia, como si una fuerza poderosa y desconocida la iluminara. —Tía Emilia —preguntó de pronto—, ¿usted le hizo clases a esos niños? —Sí —respondió la directora con los ojos bañados en lágrimas—. Ellos fueron mis alumnos. Tiara, por última vez te lo pregunto: ¿te gustaría irte a la casa? —No, tía, gracias —respondió ella. —Como quieras —aceptó la directora—. Está bien, puedes volver a clases. —¡Chachita, Dios! —exclamó Elvira y se apartó bruscamente de la puerta. Luego, corrió hacia el comedor arrastrando los pies, evitando que las 174

—Huevito —le dijo al oído—. el que se parece a una ballena iluminada. —¿Qué dices? —Pasa que si un día viene de nuevo ese barco enorme. pero falta mucho para eso. totalmente vacío a esa hora de la mañana. porque también había escuchado las palabras sorprendentes de la niña. Habrían permanecido así hasta el nuevo tañido de la campana. y tú quisieras embarcarte en él y alejarte de tu caleta. —Todos nos tendremos que ir algún día a Puerto Cisnes.tablas del piso crujieran a su paso atolondrado. Allí se abrazaron amistosamente. de Puerto Gala. que la esperaba inquieto y emocionado. Tiara salió al patio y se acercó a Diego. 175 . —Ya ves como también se fueron los internos del piso de arriba. de la isla Toto. del archipiélago de Los Chonos. te juro que yo también me iría. —Bueno. cuando terminemos la escuela. pero se detuvieron en medio del patio. Juntos caminaron hacia la sala. si te vas quisiera irme contigo. sí.

tengo que ayudarle mucho a mi mamá. ¿Quieres que te lo dibuje? —No. Huevito —replicó. pensándolo bien. Huevito —respondió Diego—. podemos atarle un canasto para la carga. Podemos usar mi bici para cargarla. Ahora que mi papito tiene que vencer las rencillas en la ciudad sagrada. —No quisiera que la estropearas. porque lo echaban de menos. descubrirá nuevas islas.—¿También se fueron? —Muchos de ellos estudian lejos de aquí. ¿Me acompañarías al monte a buscar leña? —Sí. Tendré que ayudar bastante en mi casa. muerto de risa—. Aunque. por encargo de sus reyes. Diego. —¡Ah! 176 . ¿Cómo eres para el hacha? —¡Seca! Siempre le ayudaba a mi hermano. claro. Nunca se sabe cuando el gigante Uoke hundirá la tierra donde vivimos. —¿Cómo? —Muy fácil. por favor. Ahora mi hermano es un tripulante más en la nave de los príncipes. Tal vez regresaron al norte.

177 . —¿Saldrías a pescar conmigo. aún con vida. junto a la vaka—paenga que había zozobrado en las aguas del archipiélago. Diego. Nosotros la manejamos desde la orilla. ahora que mi hermano es un príncipe y mi papito conquistó el huevo Manutara? —Tú sabes que no podemos salir de pesca. —No tenemos que hacerlo. porque en ese preciso instante la embarcación de la Armada regresaba con ellos. —¡Oh. anticipaba una situación fortuita que involucraba a su padre y a su hermano Kiko. Amarramos el volantín de mi abuelo a la balsa y la dejamos que flote bien lejos. después de haberlos encontrado flotando. eso sí. —¿Por qué? —Porque serás muy importante y yo apenas tu compañero.Tiara. Huevito! —¿Me dirás Tiara cuando yo sea princesa rapa-nui? —Entonces no querrás que te acompañe. sin querer.

Como 178 .—Kiko. mi abuelo y los príncipes estarán felices de que vengas conmigo.

179 .

la estrechó una vez más en sus brazos. muy conmovido. 180 . de que ahora sí tenía al mejor de los compañeros: ese que ha conquistado el corazón por completo. —¿Crees que voy a subir y bajar peldaños con mi bicicleta? —Eso creo. También vas a necesitar un casco para proteger tu cabeza. Diego.mi papá tiene que ir a Puerto Cisnes. le voy hacer un encargo. ¡Cómo habría deseado ella que toda la escuela fuera testigo del maravilloso gesto de su amigo! Tiara no se sentía rechazada. —¿Qué clase de encargo? —Unas rodilleras y unas coderas para ti. después de mucho tiempo tuvo la convicción de que no estaba sola.

causar miedo. Acoquinar: amilanar. Anakena: playa de arenas blancas en Isla de Pascua. Ariki Paka: exploradores que se adelantaron al rey Hotu Matu'a para reconocer la isla Rapa Nui. por ejemplo. donde llegaría finalmente el rey del continente Hiva. que se hundía en el mar. verter. una embarcación. Archipiélago: parte de mar poblada de islas. formada por la erosión que produce el viento y la constante humedad del mar. un dique. reducir a menos una cosa. una bomba. 181 . Extraer el agua de una mina. desanimar. entonces. Achicar: aminorar.Glosario Acantilado: pared de roca casi vertical. o bien manual. Allora: voz italiana. sirviéndose de algún medio mecánico.

ensenada. farfullar. una idea que se proyecta por primera vez. Caído del catre: término de uso popular que señala a una persona distraída. navegar con remos. Atisbar: mirar. Caleta: cala. En la 182 . Atónito: pasmado. ingenua o de pocas luces. Atolón: arrecife. Bosquejo: apunte inicial. por lo general de corales. rocas a flor de agua que forman un banco en el mar. balbucieron).Arrecife: piedras. cruzar en balsa. Puerto pequeño. Balbucear: balbucir (balbucía. Cagnara: voz italiana que significa jarana. además y tal vez. observar recatadamente. Babero: el que conduce una balsa. Pero. como así se les llama al conjunto de los hombres que descargan un barco. Balsear: pasar. sorprendido. mascullar. musitar. en forma de anillo. Bogar: remar. boquiabierto.

Expresión chilota muy arcaica. Algunos fuegos artificiales menores son llamados «cuetes». es bajo un puente junto al río. Pero el habla popular de Chile utiliza este término para referirse a una bicicleta muy vieja. eludir un compromiso o situación apremiante. Chachita. Por lo habitual. Chancha: cerda. mantener el barco sin permitir que se hunda. La bicicleta y el catre crujen cuando están viejos y desvencijados. Catre: cama antigua. como «hacer la chancha. También.expresión cotidiana de las ciudades. En Perú. es decir. Dios: Taitita. se usa el término como sinónimo de cantidad y como el lugar donde «paran» las personas sin hogar y que suelen reunirse para dormir en algún lugar. Cuete: en Chile es algo que se dispara. Guatemala y México significa pistola. con estructura de hierro. Dios. no asistir a clases pudiendo hacerlo. que revienta. la cimarra». En algunos países de América significa algo malo. 183 . explota. Capear: sortear algún peligro.

Chicos (as): niños (as) en la lengua popular de la gente al sur de Chiloé. También se le conoce con los nombres de Hiva-Marac-Renga. Hombre flojo: expresión popular proveniente de una canción chilota que dice: 184 . Hiva: continente mítico. Galante: atento. frío. seguramente por el intenso contacto laboral del chileno con el sur de Argentina. habitantes de Isla de Pascua. débil. Esta expresión se ha hecho común. Gélido: helado. Hacer meño: voz chilota. Endeble: de poca resistencia. Marae Renga y Mangareva. hacer mérito. Hare-paenga: piedras que formaban el cimiento de las casas-bote. Hiva Maru e Rengo. Güeno: pronunciación incorrecta (pero muy común) del vocablo bueno. en especial con las damas. Chiesa: voz italiana que significa iglesia. del que se dice fue el lugar de origen de los primeros rapa-nui. frágil.

» Hopu: nadadores diestros. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. sale a pescar. pánavegar. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. Io: voz italiana que significa yo. Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. 185 . Kete: canastillo. que la mar está linda pánavegar. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. sale a pescar. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar.«Levántate. muy difundido. hombre flojo. Jarana: diversión bulliciosa.

El creador de lo existente: tierra. cielo. cometa. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel. mar. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. aun cuando no pueda ser específico. considerado estirpe real. que se remonta a los orígenes de un pueblo. civilización o lugar. Manu-hakerere: volantín. la labor del maestro. animales y plantas. pájaro-fragata (Sterna lunata). Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. 186 . Mítico: perteneciente al mito. Miru: clan pascuense. Meño: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. Magisterio: relacionado con enseñanza. Manutara: golondrina de mar. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. utilizado para pescar.Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui.

Jornalero: trabajador que recibe un salario por cada día trabajado. Kai-kai: antiguo juego de cuerdas o «cunitas». lo: voz italiana que significa yo. Los Chonos: archipiélago de la Undécima Región. Inquebrantable: que no se puede quebrantar o doblegar. 187 .» Hopu: nadadores diestros. competidores que intentaban conseguir un huevo de pájaro en los islotes al sur de Rapa Nui. que la mar está linda pa'navegar. También se le conoce por los nombres Hotu Matúa y Otu Matúa. Kete: canastillo. pa'navegar. Hotu Matu'a: primer rey de Rapa Nui. Jarana: diversión bulliciosa.«Levántate. El kai-kai se acompaña con cantos y recitados graciosos. sale a pescar. sale a pescar. muy difundido. hombre flojo.

aun cuando no pueda ser específico. la labor del maestro. mar. Mítico: perteneciente al mito. civilización o lugar. 188 . animales y plantas. ave sagrada en la mitología de Rapa Nui. El creador de lo existente: tierra. Meno: voz chilota que se refiere a un favor hecho en beneficio de alguien. elaborado con una corteza vegetal muy liviana. Miru: clan pascuense. que se remonta a los orígenes de un pueblo. cometa. considerado estirpe real. utilizado para pescar. pájaro-fragata (Sterna lunata).Make Make: Es la divinidad principal de los rapa-nui. Manutara: golondrina de mar. cielo. Manu-hakerere: volantín. Magisterio: relacionado con enseñanza. Melcocha: miel caliente que se estira a medida que se echa en agua fría. Cualquier pasta comestible que se prepara con esta miel.

descubierta y del tamaño de un bote. lugar de celebraciones y ceremonias. Monte peñascoso. Neru: doncellas elegidas por su belleza. Panga: lancha a motor. por ejemplo. Poike: región de la isla Rapa Nui. Orongo: poblado de piedra en la falda del volcán Rano Raraku. Cualquier figura plana con forma ovalada y curvilínea. Óvalo: con forma de huevo. antes de sus bodas. En los botes con motor la función del 189 . El óvalo de la cara. Piragua: embarcación larga y estrecha. más grande que una canoa y navega a remo y vela.Moái: escultura monumental de piedra volcánica cuyo origen es un misterio. Peñón: peña grande y escarpada. Nessuno: voz italiana que quiere decir ninguno. Per che: por qué. Plumavit: espuma plástica. Popa: parte posterior de una embarcación donde va el timón.

en cuyas canteras se esculpieron la mayoría de los moáis . Rano Raraku: volcán ubicado en la costa sureste de Isla de Pascua. Qué contiene (expresión común en Chiloé): qué es. Quetro: pato silvestre que habita junto a la costa marina y en lagos interiores. En otros países es el golpe que se da con una porra. es decir. un palo labrado de modo rústico. Privarse: en Chiloé significa enojarse. qué significa. Ragazzo: voz italiana que significa muchacho. Porrazo: golpe que se recibe al caer con todo el cuerpo. aguda. lanzada oportunamente. Pora: balsa pequeña construida con totora. Pulla: Expresión grosera. Se encuentra desde Ñuble hasta Tierra del Fuego. 190 .timón la cumple la columna que sujeta la hélice impulsora.

Rapa Nui: «La Isla Grande». en la latitud del puerto de Caldera.760 kms de la costa. Con su fuerza descomunal hundió el continente Hiva. representante en la región de un determinado Ministerio de la República. Remero: el que usa los remos. pertenece a la Quinta Región y se ubica a 3. Reclusa: persona recluida o encerrada en algún recinto cerrado. Recalar: llevar una embarcación a la vista de una costa conocida. Rico Pancho Gómez: expresión chilota que alude a una persona que lo tiene todo y lo disfruta. Isla de Pascua. semanas. Toto: isla del archipiélago de Los Chonos. Te Pito o Te Henúa: Ombligo del Mundo. Tangata manu: hombre pájaro. donde vivieron 191 . Sename: Servicio Nacional de Menores. Settimana: voz italiana. Uoke: gigante legendario. Seremi: secretario regional ministerial.

Vaka-ama: embarcación pequeña con un balancín en uno de sus costados. Yunta: par. Vaka poe-poe: embarcación de gran tamaño similar a un lanchón. hombre.los antepasados rapa—nui. significa amistad inseparable. en ciertos estratos sociales. como una yunta de bueyes. Uomo: voz italiana. En la ciudad. provocando enormes inundaciones. 192 .

cazador de Tierra del Fuego. en la colección Mar de Libros ha publicado Lugares de asombro y creencia popular y Mamiña. el último niño. niña de mis ojos. Además. Mamire. Es uno de los autores chilenos de mayor trayectoria en el área de la literatura infantil. con diversas publicaciones en narrativa y drama.Víctor Carvajal Nació en Santiago de Chile. 193 . Caco y la Turu. y Sakanusoyín. Es autor en Alfaguara Infantil de Un monstruo ASI de grande. En sus obras muestra la vida de los niños y jóvenes de hoy en América.

Related Interests