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análisis e interpretaciones puede derivarse en irrespetar los hechos y su sentido intrínseco. El texto Pensar la Revolución francesa de Furet es una contribución lúcida y fecunda en los intentos de corregir los viejos vicios de la nueva historia.

BIBLIOGRAFÍA

Schaff, Adam, Historia y verdad, México, Grijalbo, 1982. Pereyra, Carlos, El sujeto de la historia, Madrid, Alianza, 1984. Castoriadis, Cornelius, El imaginario social y la institución, Barcelona, Tusquets, 1989. Furet, Francois, Pensar la revolución francesa, Madrid, Petrel, 1980.

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Mauricio Archila: "Ni amos ni siervos. Memoria obrera de Bogotá y Medellín (1910 - 1945). En Controversia 156-157 Edit. Cinep, Bogotá, 1990.
Este trabajo del profesor Mauricio Archila, es la coronación de un propósito de largo aliento —el estudio de la memoria obrera en cuatro grandes ciudades del país: Barranquilla, Barrancabermeja, Bogotá y Medellín— complementado por dos textos sobre la formación de la clase

obrera en las dos primeras ciudades y publicados en Controversia del Cinep, números 133— 34 y 142. La historigrafía sobre el movimiento obrero colombiano en las últimas décadas estuvo signada por el interés de los investigadores de aclarar el rol político del mismo, sus relaciones con el Estado y los partidos políticos, así como su desenvolvimiento a la luz de una periodización establecida con base en el curso de la economía y del régimen político. El énfasis en estos trabajos se colocó en el estudio de su devenir institucional desde los años 30. Ello implicó un gran descuido y olvido del período de formación de la clase obrera, de la diversidad de sus manifestaciones de resistencia, de sus elaboraciones culturales, así como del proceso de autoidentificación y autoestima por el cual buscó su inserción distintiva en la sociedad industrial. En esta dirección se pueden ubicar los trabajos de Miguel Urrutia, Edgar Caycedo y Rojas y Moncayo, quienes trabajaron desde concepciones ideológicas, dejando la marca de sus preferencias políticas en sus textos, además del esfuerzo valorativo para tratar de dar coherencia a sus estudios. Se trata de trabajos que, a más de presentar la información fac-

tual organizada cronológicamente, dejan ver la intervención del interés valorativo de los autores en los que se hace uso indiscriminado de nociones relativas al problema de la conciencia de clase, falsa conciencia, introducción de ideas foráneas, desviaciones, sumisión, autonomía, determinación de la estructura económica, etc. Con la excepción de Daniel Pécaut en su libro Política y Sindicalismo, en el cual se ensayaba una visión más estructural del movimiento obrero en relación con los procesos sociales contemporáneos del país, y de Alberto Mayor, en Etica, trabajo y productividad en Antioquia, en el que aborda la temática de la formación de un sistema de valores y una disciplina del trabajo en la región antioqueña; se tenía la impresión de un notorio estancamiento de la investigación sobre el movimiento obrero, que sólo en los últimos años de los 80 se viene superando. Los ensayos del profesor Archila, especialmente los que aluden a la recuperación de la memoria histórica de los trabajadores, hacen parte de ese ambiente, de ese espíritu que busca refrescar y reestimular un tema que había desaparecido de la agenda de los historiadores, por

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circunstancias que no es del caso aclarar en este comentario. La buena acogida de la crítica a estos trabajos, se puede explicar en tanto responden a dos expectativas centrales. En primer lugar, en cuanto contribuyen al conocimiento más profundo y sistemático del período de formación de la clase obrera colombiana (1886-1930), tradicionalmente olvidado o soslayado en las investigaciones precedentes. Archila descubre un mundo rico de acontecimientos y procesos, dejando ver un amplio campo de relaciones vitales entre los artesanos y los nuevos obreros y entre éstos y una sociedad que empezaba a reventar moldes tradicionales y a instaurar las nuevas modalidades de vida. Se explora a profundidad el entrecruzamiento social y las manifestaciones vitales de la resistencia obrera a las formas y técnicas de trabajo introducidas en los primeros momentos de la industrialización y sus respectivas secuelas políticas y culturales. Nos encontramos con hipótesis bien documentadas sobre los componentes de la conciencia obrera en sus inicios: el cristianismo, el liberalismo radical y el pensamiento socialista, los cuales, al entreverarse con las tradiciones organizativas de tipo mutualista, configuran el arsenal con el que los trabajadores se enfrentan a los problemas de la "vida moderna". En segundo término, en cuanto la perspectiva teórica desde la que se aborda tal propósito —la del estudio de mentalidades colectivas— demuestra las inmensas potencialidades de la incorporación de temáticas referidas a los comportamientos colectivos, percepciones, representaciones mentales, sistemas de va-

loración, de aquellos que son objeto de estudio. Se trata, como ya lo insinuara el profesor Ber nardo Tovar en su reseña Aquí nadie es forastero (Anuario Col. de H.S.C. No. 15, 1987) de una "novedad historiográfica" que representa "la apertura de un espacio de investigación que enriquece e inclusive refresca el conocimiento histórico". El es fuerzo exploratorio de Archila permite descubrir vivencias co lectivas de los trabajadores que dan cuenta de las manifesta ciones de su vida cotidiana, de sus esfuerzos por alcanzar una identidad que los diferenciara de los "pobres" y de los "ricos", identidad elaborada en una com pleja trama de pensamientos y vivencias por medio de las cuales ellos aprenden el sentido de la autoestima, igualmente, de la manera como iban forjando sus sentimientos, sus ideales, de cómo se apropiaban de la cul tura de la época y la adaptaban a su peculiar condición.
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autoridades e instituciones del Estado, las tendencias de izquierda y, finalmente, lo respectivo a las formas organizativas de tipo gremial y político que ellos se dieron. Archila, como él mismo lo declara, desarrolla su exploración asumiendo una clara posición política de simpatía con quienes son el objeto de su estudio, sin embargo, y a diferencia de los que hacen historia militante, no deja afectar su trabajo por prejuicios valora ti vos de corte ideologista. Su historia "desde abajo" "pretende ofrecer nuevas identidades" para lo cual acude a fuentes primarias que facilitan "el estudio de tradiciones, mitos, representaciones mentales y expresiones culturales" de los trabajadores, haciendo un ejercicio en el espíritu sugerido por G. Duby de traslación al universo mental de los protagonistas para captar cómo ellos pensaban el mundo y se ubicaban a sí mismos en el contexto de sus circunstancias. Un elemento novedoso aplicado a esta investigación, tiene que ver con el tipo de fuentes utilizadas, novelas, crónicas, testimonios y memorias, a través de las cuales se rastrea el tejido íntimo de la sociedad del que no da cuenta la fuente institucional. Cabe destacar el recurso a la entrevista oral, sobre todo cuando es posible encontrar aún testigos vivientes de la experiencia de aquellos años. Las entrevistas en este caso —lo advierte el autor— no tienen la presunción de establecer verdades a partir de consideraciones estadísticas. Numéricamente, los entrevistados sólo representan una ínfima minoría; pero como no se procede con el espíritu de la en-

El estudio está conformado por seis capítulos. En los dos primeros, el lector se encuentra con una agradable descripción histórico-geográfica de Bogotá y Medellín en los albores de este siglo, apoyada en testimonios y en crónicas de la época. En los otros cuatro, el autor nos presenta el proceso de elaboración de la imagen obrera, de su vivencia con respecto a las condiciones del trabajo, los ideales esgrimidos en sus primeras luchas, las dificultades para su adaptación a los nuevos ritmos del trabajo, su resistencia a la disciplina del capital, lo que para ellos representaba el tiempo libre, el carácter heterogéneo de esta noción y las diversas miradas que sobre el mismo tenían los obreros, la Iglesia, los patronos, las

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cuesta, lo que importa de esta técnica, más que información puntual, es lo que insinúan los viejos obreros acerca de su vida cotidiana, de la vida fabril, de las costumbres, de la moralidad, en fin, de sus experiencias vitales, la utilización del tiempo libre, etc. Algunas anotaciones del autor sobre el tema de las expresiones políticas autónomas de los trabajadores, deberían ser objeto de un tratamiento más detenido, máxime si tenemos en cuenta la crisis y derrumbe de lo que se suponía era el ideal de los trabajadores, los países socialistas. La noción de autonomía podría pensarse desde varias perspectivas, señalo a modo de ejemplo dos: la primera relacionada con las expresiones propiamente gremiales, campo en el que es más clara la existencia de comportamientos propios, como los sindicatos, las huelgas, las reivindicaciones laborales, la prensa obrera, etc. La segunda, en el terreno político, mucho más difícil de precisar, en tanto los partidos políticos en el país, particularmente el liberal, se movieron en el escenario obrero en busca de apoyo político y con el ánimo de orientar desde la ideología liberal el movimiento obrero. Si se insiste en el concepto de "identidad política propia" del "proyecto autónomo del proletariado" sería necesario aclarar qué se entiende por tal, si ello conduce a pensar en la existencia de una forma de organización política distinta a las demás, si seguimos pensando

en la vigencia de las identidades socialismo-clase obrera, liberalismo-burguesía y en tal sentido pensamos en las ideologías naturales de clase. O por el contrario, y en la perspectiva thompsoniana, asumimos este problema de acuerdo a las consideraciones de lo que se pone en juego en el momento histórico que se está investigando, lo que implica el alejamiento de aquellas presunciones, para abordar las preferencias políticas de los trabajadores como producto del enfrentamiento de tesis de diversos partidos que miran el movimiento obrero como un escenario más de sus disputas. Por ello, sería mucho más benéfico para la historiografía, pensar la autonomía política de los trabajadores en el marco de las valoraciones y de las pugnas partidistas y de la manera como se presenta el asunto en el momento que es estudiado y no a la luz del concepto ideal o modelo. Una observación crítica del texto, tiene que ver con la formulación de ciertos juicios de valor, que aunque escasos, deberían ser superados. Uno de ellos es la afirmación de que "los empresarios en realidad disfrazaban muchas veces su verdadero rostro en el paternalismo" (pág. 124). Por una parte, las cualidades paternalistas no fueron exclusivas de los empresarios colombianos, se trata de un comportamiento que también se dio en otros países, y de otro lado, debe estudiarse en un espectro más amplio de condicio-

namientos culturales, por ejemplo a la luz de tradiciones religiosas como la caridad. En historia de mentalidades, estos fenómenos o comportamientos importan en cuanto realidades y al observarlos interesa el estudio de sus motivaciones culturales más que la intencionalidad voluntarista del sujeto. Para concluir, hay que reconocer en el texto del profesor Archila, una excelente asimilación del modelo aportado por E.P. Thompson para el estudio de la formación de la clase obrera y de su conciencia y que puede ser puesto en práctica para diversos períodos. En nuestro país por ejemplo, el estudio del movimiento obrero en el período llamado de la violencia podría investigarse en dicha perspectiva, lo que permitiría entre otras cosas, el derrumbe de la idea de la inexistencia o del escaso valor del tema, ya que el movimiento en vez de dejar de existir, lo que hizo fue cambiar de expresiones y modalidades de supervivencia. Así pues, que si lo que derivamos del texto, a modo de conclusión, es la apertura de nuevos horizontes en la investigación de los movimientos sociales, no es lógico lo que dice Archila al finalizar su estudio: "es al lector a quien corresponde la última palabra", en un alarde de generosidad inconsistente, en cuanto ni el investigador, ni el lector, pueden dar por concluido un tema.
Darío Acevedo C. Profesor Asistente Departamento de Historia Universidad Nacional de Colombia.