ESPIRITU Y MATERIA

V:.M Q:.Q:.H:.H:.

“En el principio era Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios…” El Verbo hecho carne. Evangelio de San Juan, 1,1.

Si analizamos esta breve pero profunda frase bíblica podemos decir que el G:.A:.D:.U es el principio espiritual de todas las cosas y gran constructor de la materia por el poder de su Verbo. En otras palabras, el Espíritu se transforma en materia por la Gran Voluntad. Cabe entonces preguntarse, ¿en qué momento el Ser Humano separa la materia del espíritu? En la génesis de la humanidad el respeto al Dios (dios principal entre todos los dioses menores) era parte inherente de la vida. Hombres y mujeres pasaban su vida entera mirando hacia al cielo en busca de complacer a ese dios que los amaba. El concepto intuitivo de la coexistencia del espíritu y la materia era una verdad vivida y respetada. El momento en que se pierde este pensamiento de vida se desvanece en el tiempo tormentoso de vaivenes conflictivos y destructivos. Cuando la humanidad logra restablecer en parte su calma y verdadera posición en el mundo, se da cuenta que ha perdido esa conexión ancestral que distinguía la unión divina entre la materia y la energía espiritual. Así, estos temas pasan a ser dominio de unos pocos quienes resguardan celosamente las perlas de quienes no comprendían los significados profundos de la vida.

Con el tiempo y gracias a la evolución del hombre como raza, se fueron creando diversas formas de ver y estudiar la “vida”, naciendo la ciencia, la filosofía y las religiones. Cada uno dando interpretaciones sobre la materia y el espíritu. En muchas tradiciones culturales aparecen posturas dualistas. Parece que en el modo de concebir el mundo y la realidad se contraponen (cuando no se repelen una a la otra) lo natural y lo sobrenatural, lo que está arriba (el cielo) y lo que está abajo(lo terreno), lo eterno y lo corruptible, la materia y el espíritu, el alma y el cuerpo, lo activo y lo pasivo, el amor y el odio. En algunas tradiciones orientales hay una tendencia holista en la que han logrado unir los extremos del aparente dualismo. (En el taoísmo, yin y en yang que se unen en el Tao).Pero también hay en otras tradiciones culturales intentos de armonizar y unir cosas que parecen ser excluyentes. Esto sucede con lo que suele llamarse “Materia” y “Espíritu”. Por supuesto que aquí no hablamos del Espíritu en un sentido religioso sino en un sentido puramente racional y filosófico que puede trascender todas las tradiciones culturales. En la mayor parte de las culturas, la “Materia” es siempre una realidad que se ve y se toca, que ocupa un lugar medible en el espacio-tiempo. Que se altera y se degrada con el tiempo. Lo material parece siempre corruptible. En contraparte, la palabra “Espíritu” nos remite a otra realidad mucho más interna, intangible e incorruptible.

Por su cuerpo el hombre es una parte del universo, sometido a las leyes necesarias que rigen la materia. Por encima de la pura materia, el hombre posee además una vida fisiológica o vegetativa, inconsciente, que hace de su cuerpo una unidad orgánica, en q ue las fuerzas físico-químicas aparecen ordenadas y dirigidas al bien del todo por un principio vital; el cual, por eso mismo, es esencialmente superior a la materia, que a la vez esencialmente es dependiente de ella. En este punto me gustaría dejar algunas preguntas que saltan de Perogrullo,

¿Existe una realidad a la que podemos llamar “Espíritu” o “espiritual” aunque no la veamos ni la detecten los más potentes microscopios? Y si existen la Materia y el Espíritu, ¿puede haber alguna relación entre ellos? Ahora podemos soñar y jugar un poco con la alquimia; Tomemos la teoría de un gran hombre y científico, Albert Einstein, sobre la relatividad de la materia. El dice: E=mc 2 , donde E representa la energía contenida en una masa “m” y c es la velocidad de la luz al cuadrado. En simples palabras, si a una masa m se le imprime una velocidad tal que supere al cuadrado la velocidad de la luz, esta masa m se transformará en pura energía. Ahora bien, imaginemos por un instante que E es la energía espiritual que está contenida en un cuerpo de masa m. Entonces c vendría siendo el factor que relaciona al Espíritu con la masa. Basado en textos del geólogo y filósofo Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), el “Espíritu” y la “Materia” son propiedades de la trama del Universo. Es más: no son dos realidades opuestas sino que una es desarrollo de la otra. Sólo existe la “Mate ria”, pero ésta está en proceso de “Espiritualización”. Este texto es muy significativo: está tomado de su libro “La Energía Humana” y dice así: “No hay en el Mundo sólo Espíritu ni Materia; la Trama del Universo es el Espíritu-Materia. Ninguna sustancia, aparte de ésta, podría producir la molécula humana”. Materia y Espíritu en “El Corazón de la Materia” De aquí podríamos decir entonces que c es la “Fuerza del Corazón” Para Teilhard, cuando nos impregnamos de lo Material, lo que se toca, lo tangible, podemos acceder desde dentro del corazón a intuir lo absoluto, lo espiritual. Es Dios (o GADU) lo que se transparenta a través de lo material. Por eso, para Teilhard, como buen científico,

la ciencia es una forma de adoración. La ciencia, el conocimiento de los procesos naturales, pueden ayudar a percibir lo espiritual que late por debajo y en el interior de la realidad material.

El hombre no es, pues, ni un cuerpo, ni espíritu, sino un ser compuesto de un alma y un cuerpo. Y cuando se dice "un ser" debe entenderse la expresión en su sentido escrito, un ser uno, una substancia viva que siente, percibe y actúa. Mientras que el cuerpo material se alimenta de lo material, el espíritu, a pesar de que depende de la materia para expresarse en esta dimensión, se alimenta de nuestros actos y acciones, de manera que debemos aprender a alimentar nuestro espíritu adecuadamente de alegrías, energías positivas, de amor. La masonería es, en fondo y forma, una iniciación espiritual por medio de símbolos; resulta complicado y resbaladizo transmitir el mundo iniciático porque éste es un mundo interior que ocurre en el fondo del alma de cada masón. Carl Jung, el gran pensador del psicoanálisis, sostiene que el símbolo se expresa en mil lenguas a la vez y penetra en el subconsciente colectivo despertando allí arquetipos que provocan energías psíquicas de poder impredecible que son capaces de influir en la conducta de los individuos. El masón es un ser que vive, desde su iniciación, sujeto a los símbolos que la Orden le presenta ante sus ojos y percepción. La interpretación surge de dos caminos, la objetiva y la subjetiva. La significación subjetiva es la que nosotros asociamos más y mejor al carácter y al espíritu de la Iniciación y es la que más profundas huellas nos deja en el alma. El sentido profundamente espiritual de la Masonería es una consecuencia de la esencia de nuestros símbolos, y es justamente la proclama de nuestros fundadores . La vocación espiritual del masón moderno le viene por inspiración del precepto fundamental de la Orden: La existencia de Dios como Gran Arquitecto del Universo.

La intención en cada tenida, al abrir los trabajos, de dedicar éstos a Su Nombre y Gloria, le reportan al masón momentos de sublimación relíngate ajena a dogmas e imposiciones de terceros, pues él -por virtud de la Iniciación- reconoce y va reconociendo en su fuero interno la más viva representación de la Divinidad asumida por la categoría de la convicción y la fe. Esta espiritualidad tambi én reconoce el cotidiano compromiso que el masón tiene de construirse a sí mismo, arrancándole a "la materia" la parte que día con día pasa a formar parte esencial de su existencia y que nutre su vida cotidiana.

CONCLUSIÓN

El espíritu está presente en cada parte del cuerpo y en todos los cuerpos. Todo cuerpo ocupa un lugar en el espacio por su cantidad por lo cual tiene una extensión. Si se pregunta dónde está determinada la existencia del espíritu no tiene sentido, pues este es un ser inmaterial; por lo que se dice que el espíritu está presente en los cuerpos y no que está en el cuerpo . La vida espiritual es la vida específica del hombre, la que lo constituye persona y lo distingue y diferencia de todo el mundo material y lo coloca en un grado inmensa y esencialmente superior a la materia. La Masonería le ofrece al mundo un ambiente de convivencia ecuménica en el sentido griego del término -lo que es universal y extensible a todo el mundo- y solo ella es capaz de contribuir a la construcción de un espíritu de entendimiento universal más allá de los diferendos de religión y política. Por ello la Orden es una posibilidad espiritual y de ninguna manera una construcción ideológica.

ES MI PALABRA Por Luis Amigo

Bibliografía La espiritualidad masónica, R:.H:. RAMIREZ AGUILAR CUAUHTÉMOC GRAN LOGIA UNIDA DE VERACRUZ, MÉXICO.

Propias investigaciones.

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