De qué color es nuestra bandera

Por Miguel Domingo Aragón (*)

Con tanto como se ha escrito sobre la bandera y tantas minucias ponderadas por los historiadores celebratorios, todavía no nos hemos puesto de acuerdo sobre su color. ¿Es celeste o azul? Con ese matiz se distinguieron los partidos en la guerra civil. Artigas usó un azul oscuro, que se oscureció más en sus continuadores federales. Así era la bandera de Rosas y de Brown, llamada “blanca y negra” por Sarmiento, a causa de lo subido de su tono. Lavalle hizo del celeste un color partidario. En la época de Mitre se renovó la discusión (Mitre por el celeste, Pelliza por el azul) y aún no ha terminado. La combinación del blanco y el celeste existió antes, es una combinación borbónica, que está en la banda de Carlos III (como puede verse en el retrato de Carlos IV pintado por Goya) y en la bandera del Consulado de Buenos Aires, del que Belgrano fue secretario por largos años; la que, al parecer, quería evocar el manto de la Inmaculada. Pero estos no son antecedentes inmediatos ni fueron aducidos como justificativo para formar con esos colores la escarapela, el escudo y la bandera. Los colores fueron apareciendo tras el significado que se les atribuía. Un color político Primero fue el blanco, que era el de las cintas distribuidas por French y Berutti el 22 de mayo de 1810, símbolo de unión. ¿Unión de quiénes? De los españoles, peninsulares y americanos. Era una manera de afirmar que la deposición del virrey no significaba una ruptura de la integridad imperial. Fue, por lo tanto, un color político, que no quería desplazar a los oficiales de la anarquía; los cuales siguieron honrándose como la legitimidad de Fernando VII. Establecida la Junta Grande, fracasado el complot que preparaba contra ella el regimiento de América (jefe French, segundo jefe Berutti), se formó la Sociedad Patriótica y Literaria para oponerse a la injerencia provinciana y su divisa, blanca y celeste, agregaba al simbolismo de unión el de libertad (a la vez que adoptaba un color contenido en el escudo de Buenos Aires). La Sociedad Patriótica fue disuelta, o anulada, por Saavedra y French y Berutti destituidos y desterrados. Con la caída de la Junta Grande, el poder porteño se expresó en el Triunvirato y volvieron los colores blanco y celeste que, a pedido de Belgrano, el Triunvirato dio a la escarapela (el 18 de febrero de 1812). El símbolo de “unión y libertad” será como el lema de la Asamblea, que lo grabó en las monedas que mandó a acuñar. El blanco y celeste, pues, expresaban el poder porteño y de ahí que Artigas se distinguiera con el azul.

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Belgrano, después de haber impuesto la escarapela, propone los mismos colores para la bandera, pero esta vez sin éxito, ya que el Triunvirato no quería tener bandera. La Asamblea, después, parece aceptarla de hecho, pues las tropas que sitian a Montevideo la usan como tal cual es hoy: dos franjas azul-celeste y una blanca en el medio. Definiciones Ahora bien: ¿qué es “azul-celeste”? Los partidarios del azul dicen: “El color celeste, que es un semicolor, no existe en heráldica y, por lo tanto, cuando el Congreso de Tucumán, en 1818, sanciona la ley sobre la bandera, dice “blanco y azul”, donde debe entenderse azul por el azur heráldico. Pero la ley del Congreso agregaba: “en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”, es decir como se había usado con la determinación de azul-celeste. Azul, es un vocablo derivado del árabe lazurd, de donde también proviene el francés azur que es definido en heráldica. En castellano, como en árabe y en francés, el color es el que aparece en el cielo cuando está sin nubes. Celeste, del latín coelestis, se usa desde el siglo III para determinar lo que pertenece al cielo, ya sea en sentido material o místico (como celestial, en el segundo sentido). De modo que para que azul-celeste no sea una designación redundante, debe interpretarse que entre los diversos tonos del azul -que llegan al turquí en la bandera federal- Belgrano y el Triunvirato quisieron especificar el más claro. Los unitarios, pues, tenían razón, aunque se les fuera la mano al lavar demasiado al celeste. Si usted quiere saber, entonces, cuál es el color de la bandera argentina, no le puedo decir con una exacta combinación de anilinas. Mire al cielo cuando está sin nubes. Es ése. Y el blanco, por supuesto. Que significa la unión; pero también el argento –la plata- y la Virgen, que lleva a Dios, y la luna, que contiene al sol.

(*) Pseudónimo de Roque Raúl Aragón. (Publicado en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, el 20 de junio de 1978)

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