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ANDRE.BRETON

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ARCANO 17
Traducción:

Marisol Vera Giusti

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EDITORTAL CUARTO PROPIO

NOTA EDITORIAL

André Breton, nace en L'Orne, Tinchebray en 1896,7
muere en París en 1966. La

II

Guerra

Mundialy

sus

tnAtncret

l¿ demuesnan elfracaso de la sociedad occidental' En rebeldía, niega inclwo sut "ualoret" en su época de ddhesión al Dada; pero, poco inclinado al nibilismo, Breton desea más

inútilcs

bien reencantar el mundo y esto lo lleua a Ia auentura sunealista. Funda el mouimiento sunealista con elManifies' rc de 1924, pero allí est¡í, sobre todo, k conciencia intansigente que mantendrá toda su uida a traués de sus escritos
entalos: les Pas perdus (1924), Introducrion au discours sur le peu de réalité (1927),le Surréalisme et la Peinture ( I 928),Second Manifeste du surréalisme (l 930), Misére de la poésie ( I 932),Point du jou r ( I 934),Posirion
teóricos

I

politique du surréalisme

(I

936),la Clé

des champs ( I

95j),

l'fut magiqu e (1957). Gran poeta, André Breton es tanzbién ;nuentor de un génaro en que la autobiografin, la poesía, lo nouelesco y la reflexión, se mezclan para probar que "cambiar
la uida" no es un saefio sitto una obra -la obra de sus caatro grandes libros: Nadj^ (1927), les Vases communicants (1932),l'Amour fou (1937) I A¡cane 17 (1944), que tzn
más libros de uida que tle lrcturu.

Breton escribió Arcttno I7 dt¿rante un uiaje a la Península de Gaspé en Quebec, en lzs meses que sigaieron al Día D en 1944, cn que las tropas aliadas esmban liberando ln Europa
ocupada. [Jsando el inmenso roquerío Percé -su presencia, su lenta

ARCAn-O

lz

*4,*

c

destrucción, su sirzguLtr bellcza- cotno metrífora cenilal, Breton reflexiona sobre cl atnot y lrt párdida, k agresión y lrt guerra,

NOTA BIOGR{FICA

pacifisnto, el feminismo ), lo ocultu, en un libro que es en ?arte plcsíd, en parte realidr¿d, en parte nrcño. En la. carta 17 de los Arcanos Mayores del Tarot, una mujer desnuda bajo un cielo esn elkdo, uacía el agua de d.os jarros en el aguay en k tierra. Esta carta representa esper*nzl,
el

El surrcalismo

surge en. París cn el año 1924,

tas

el

alejnntiento de Breton del dadaísmo. El principal moüuo que
lleuó al autor de Arcano 17 a separarse del camino trazado
el

por

renouación.y resu.rrección,, que son lor rcmat que permean el

Arcano 17.
Dcdica el libro a su ftrcera y última esposa Elisa Bindhofi chilena, a quien corxoce atttndo alla acaba de sufrir h pérdida
de su única hija.

dtdttísnto, moaimiento de uanguardia surgido en Zurich el I de Julio de 1 91 6, fue k necesidzd de superar el nihilismo que caractarizaba al mouimiento lid¿rad.o por Tristan Tzara

I

proporxer un sistema abernatiuo al orden político, económico

y social que había lleuado a Euro, a a k Prirnera Guerra
Mundial.
El surrealismo
te gesta como

Considaradas reaolucionarias en su tiempo,

ks

ideas de

una solución a todo Io qtte el

Breton Parecen hoy premonitorirts; pero sobre todo siguen siendn alucinantes por apasionada conuicción que ks
sublrace:

k

k

mouitniento dadaísta condenaba sin proponer otrd

alterntti'

indestructibilidad de

k

uida

espiritu bunzano.

I k

libertad del

ua. Surge conto una reacción extrema al cientifcismo Progresista, ú h sociedad burguesd a k omnipotencia de k razón.

!

parte del discurso que Aragon pronuncia en Iv[adrid, el año I925, en h Residenci¿ de Estudiantes: " i Ahl Banquero.s, estudiantes, obreros, funcionarios, criados, sois los celadores de lo útil, los timoratos de la ¡recesidad. Yo no trabajaré nunca; mis manos están Puras' Ocultad también esas callosidades intelectuales que son vuestto orgullo. ¡Yo maldigo la ciencia. esa hermana gemela del
Recordemos

trabajo!".
El sw'rcalistno ua a ProPoner itna nueuafonna de habitar el tru.mdo que cuestiona las diuisiones cntre lo racional 7 lo in"acional, entre lo irrcal 1' lt real, entre Ia uigilia 7 el sueíto'
Propttgna elpknteamiento de una suprarrealidad que uuel¿,a

ARcANorz
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l:

:

fasionar lo que el pcnsarniento occidenml ha escindido. Breton llega a sostener quc la causa de la infeticidad det
a

rechazaban

k

escrirura ¿utomtitica quc se oponía al realismo

diuisión históica que se ha establecido entre elmundo mteriory el mundo interior. Para é1, como
es

hombre de occidente

k

socialkta, ett¿tica ofcial del arte reuolucionario. Breton se mantuul fftne I no cstuuo dispuesto a ac(P1ar que el partido

interfriera

en l¿ creación

artística. Conocida

es

la citación que

para el resto de los sancalista, lo inacionaly el sueño juegan un rol tan importante en k uid¿ del hombre, como la razón

recibió dclpartido para que declarase en quéforma ayudtiban a reuolución unos dibujos de Picasso aparecidos en Le

h

y la aigilia.
Con el

fn

de abrir ks puertas

al

incon¡ciente que

se

encuentra aprisionado por

Manifiesro del

razin, plantea en el primer Surrealismo (basado en las teorías

h

surréalisme au service de la Révolution. Con clfn de apaciguar los ánimos, Breton decide mandar Congreso Internacional de Escritores Reuolucionarios, al efectuada el año 1930 en Jartou, a dos de los principales

II

psicoanalíticas de Frcud) el método dc I¿ cscritura aatumática. En 1 92 4, def ne al sunea lismo co mo " n¡romarismo psíquico

rePresentantes del mouimiento: Louis Aragon

y S¿doul' Du-

rante el d¿sanollo del congreso, los dos enuiados del surrealismo, aPolan
los

puro, por cuyo medio se inrenta expresar verbalmenre , por escriro o de cualquier orro modo, el funcionamienro real del pensamienro. E un dicrado del pensamienro, sin la intervención regulaeiora de la razón, ajeno a la preocupación esrérica o rnoral".

fusihmientot que ordena Stalin contra unos

suPuestot saboteadores, acePtan

h

estética del realisrno socia'

listay afrman que el sunealismo, elpsicoanrilisisl, el notshismo son mouim;entot de origen contraftevolucionario.
Las afrmaciones re alizadas por Aragon y Sadoul prouocan

La revolución etpiritual que sugiere el surreali¡mo, no por
posible si no ua acompañada dc una reaolución social. Es eso, que los sutealistas adhicrcn al partido comunista en el año 1927. En el comunismo, aen la posibilidad de derrocar al orden burgués. Sin embargo, las relaciones entre
es

un aerdadero cisma dentro del mouimiento (Breton anterior' mente la había expulsado a una serie de surrealittat ?or
considerarlos reaccionarios). Pero
entre Louis Aragon

la

separación defnitiua

Breton se ua a Producir tras la publicación d¿l libro dcAragon, Frenre Rojo, que adopta la estética

!

s

arreal ;stas ! comunistas no,es tauieron exentas de friccio nes. Desde un comicnzo, clpartido comunistafancés se optrso
aceptat ¿entro de

dcl realismo socialista.
Breton decide alejarse del stalinismo y se acerca al trotshis' mo, lo que ua a traer como coroiario su expubión ciei partido
comunista el año

a

sus fiks al mouimie nto lidcrado por André Breton. Consideraban que los surrealistas eran un producto

I933. Cinco

años más tarde, Bre ton

se

reúne

de la clitc pequeño buiguesa que los posntlados de Freud 1 iban en contra de k teoría de k lucha de clascs. por tiltimo,

en México con Trotski, escribe el manifesto Para un arte

revolucionario independiente y junto al pintor mexicano

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aNonr BRFrroN

ARC.{Norz

*'}ri

Diego Riuera J, Trotshifottnan ht Federación Internacional del Ane Reuohtcionat io Indeltendiente . El intento de Bretan y los surrealistas por manrcner la
creación artitticn

fna
el

signifca r t1ue, tras

del dominio de un partido, les ua a esullido de k Segunda Guerra. Mundial,

chilena Elisa Bindbofi que se urt a transJormar en su tercera esposa, trrts el facaso matrimonial con Jacqueline Lamba. Con Elisa uiaja a Canaü 1, uisin ks reseruas de los indios hoppies y zunis en Estadns Unidos. Esuibe Arcano 17

a

k

basado en un sueño de su tercera

mujer' A su uez, en su estddí¿

gobiérno de Petain a/ ser con.¡iderado tut ,,anarquista p)tigro
so" parrz /¿ sociedad.

la censura de dos de sw princip,¿les libros Fata Morgana y Antología del humor negro. A su uez r, ,rrorrrkdiprríl La misnu suerte corre Benjamit piret,

no teng:zl:un aliado pode?.zsl que los proteja. Reciben atdques tanto de los comunistas como de hs tmcionalistas. Breton sufe

en Estados Unidos, Breton comienza 4 interesarse cad¿ uez más por k creación dz una mitol'ogíamoderna' De estaforma, pretende acahal con el antropocentrismo 7 logocentrismo que predominan en el pensamienn occid¿ntal.

Breton

reg,'esrt

a

París

junto a Elisa Bindhofr el 26
se uuelae

de

por el solo ltecho de haber pat"ticipado en k Guerra Ciuil
Españo[a.
De bido a estrts periecuciones, los principales miembros del surrealisnrc deciden abandonar Francia. ya en I 939, temien_

!

a reagruPdr mayo de I 946. Pese a que el mouimier,to "Plnce que te reanudan las conuers¿ciones en el café de

k

fancesa

Blnncbe"y en /n "Promenade deVenus", hs cosas en k ciudad b¿n cambiado. Los jóuenes qile antes se interesaban
se comPrometen con

por el surrealismo ahora

do Ltu consectrcncias de

y

el

h Segmda Guerra Mundial, Tanguy pintor cltileno Robern JVIatta, habían partidt, ,r*lo'o
-¡e

Estados Unidos. Breton

embarca el24 de marzo d.e I 94 I en

el redlismo socialista y con el existencialismo deJean Paul Sartre. Eluard se seParrt del moaimiento. Desnos muere ! Antonin Artaud pasa sus últiwos días confnado en un centro psiquiátrico'
Bretoin
se

uuelue a ser arreshtdo por k policía que lo considera un "peligroso agitador". Tias st liberado uiaja en el "Presidenrc Trujillo', in rumbo a Nueua York. Ahí lo espcran sus amigos Tanguy, Kay Sage, Halter, I Ernx. Participa en k reuista Viewy en k reuista Yr* YYY, en k que aparecerri Prolegómenos a un rercer mani_

y

dirección a Martinica. Junto a él uiajan Ckud¿ Leui_Stauss

encuentra prácticarnente solo con Tangry y Peret. Se

\Viftedo Lant. En Martinica

dedica a escribir ensayos flosófcos 7 textos de crítica. Su salud

paulatinamente ua emPenrando producto d¿l asma, Pero aun así recbaza k atención médica. Su r-uerte se ua a producir el 28 de Septiemire de 1966, causando una profandz contter'
antiguos camarad¿s 1 entre los jóuenes que n0 dudaron en llegar hasta el cementerio de Batignolles para presenciar el entierro del padre del sunealismo. nación entre
sus

fiesto del surrealismo.

En 1942 asume como locutor en k radio ,,La uoz de
América", dond¿ también nabaja Ckude Leui_Strauss, Conoce

La pregunta que surgió tras l"a muerte de Breton fue qué sucedería con el mbuimiento surreaüsta. Para muchos críticos

rr $-nNonr

BREToN

ARCANo Tz

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Ú

1r

k muerte dcl autor de Arceno 17 signifcaría inemediabhmentc cl término d¿l sueño sunealist¿. Baslban sus prcmoniciones y juicios en un artícalo aparecido en la rnista Le Monde cl año 1969, en el que Sciurter, en rErescntación del gnpo sunealista, daba por terminada
opositores al mouimiento,

la

entidad del mouimiento en cuanto grapo organizado. El cnor quc cometieron los níticos opositores al moai1t miento suncalista, considerarh rcn solo como una

fuc

moda

artística surgida a comicnzts del sigto )X. Nofueron capac$ dc admitir o reconocer que el sunealismo, drr), urn prrrprr_ tiua epistemológica, no cra otla cosa que un medio ¿,

t¡iuo-

ción total del esplrin. Y por cl hccho de representar unrt altcrnatiua a la cosmovisién occidental quc lle)ó al honor de
las dos guerras mlndiales, el sunealiimo dejó de ser una

En el sueño de Elisa, esa vie.ia ginna quería abrazarme y yo hufa de ella, estábamos en la Isla Buenaventura, uno de los mayores santuarios de aves marinas que hay en el mundo. Habíamos hecho el viaje esa misma mañana, bajo
cielos cubiertos, en un bote de pesca a velas desplegadas y habíamos disfrutado, al partir, del arreglo totalmente for-

patajcru parai,tonuertirse cn una propu-esta existencial y espirinal, en unafdna difercnte dc habitar el mundo
estética

1, que continaó. aigente, lucgo del dcceso d¿ Breton, en expresiones

tuito, a la Hogarth, de flotadores confeccionados con un barril rojo o amarillo, cuvo fondo decoraban al pincel con
signos de apariencia cabalística; barril coronado por un alto vástago, en cuya cima floraba una bandera negra (el sueño
se

como el gochismo, los moaimicntos contrflcultirales, la antipsiquianía, el rcano dc h ctueldad, cl renlismo mágico,
hasta nuestlo, días, e¡t todas a"quellas acciones.d¿l.hombre.que surgen dc uno de los principahs postulados del surrealismo: k poetización de h uida colectiua q.ue se intenta imponcr a todo lo que uala en desmedro de Iibertad social y espiritual del bombrc.'

rewlución del 68

I

k

apoderó, sin duda, de aquellos artefactos, agrupados en

haces irregulares sobre el puente, paravestir a la gitana). El

golpeteo de las velas nos había acompañado rodo el trayec-

k

to, hasta que nuestra atención había sido atraída por el
aspecto que, en desafío a la imaginación, presentaba la abrupta pared de la isla, franjeada paso a paso por una
espuma de nieve viva, sin cesar recomenzada a golpes largos y caprichosos de paleta azul. Sí, por mi parte, el esPectáculo

Marco Fernández P. Santiago, marzo 2001
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me habfa capturado: durante un hermoso cuarto de hora,

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aNorf, aneron

ARCANo

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mis pensamientos quisieron convertirse en avena blanca, en esa batidora donde de tiempo en riempo, un ala muy

próxima, diez veces más larga que la orra, consentía en
delinear una
le

enteramente mágica, dándome la espalda con ese aire de ofendida, cuando hice un ademán de romarle la mano, para

tra -jamás la misma- y el carácte r exorbitan-

te de toda la inscripción volvía a arraparme de inmediato.

luego darse vuelra con los ojos cada vez más brillantes, mendigando todos los recursos delgozo y de la gracia de la que hula. O como esos visones marrones y blancos que sorprendimos no lejos de aquí, en un montículo y qur,
¡nientras pasábamos frenre a sus jaulas alineadas, se prec pitaban a sus madrigueras, ovillándose frente a nuestrc j
ojos, para luego salir tras nuestros pasos y venir a examinarnos de cerca, El pensamiento ¡. oético reconoce cie rtamente

Se habría podido hablar de sinfonía, a propósito del conjunto rocoso que domina Percé. pero he aquí una imagen que no alcanza su verdadera dimensión, sino a partir del insrante en que se descubre que el reposo de los
pájaros se integra a las cavidades de ese acantilado a pique,

de forma tal, que el ritmo orgánico se superpone con precisión al ritmo inorgánico, como si necesirase consolidarse sobre él para manrenerse. ¡Qué lucidez la de prestar dinamismo de alas a la avalancha! Los distintos lechos de

una gran afinidad con ese.tip,,. de comportamienros. Es el enemigo de la pátina y está perfectamente en guardia frente a todo lo que intenta apresarlo: es en ésto en lo que. se

piedra de sutil línea, deslizándose de lo horizontal a lo oblicuo, a cuarenta y cinco grados sobre el mar, trazados con un maravilloso hilo de riza en consranre ebullición
(sueño que esroy en une cama plegada con

distingue, en esencia, del pensamienlg__srdiqg!-o. Para t't:;i:;:' ' permanecer como lo que debe ser, conductor de electrici- i' dad mental, es preciso sobre todo, que se cargue en un
medio aislado.

ú,

ia misma

blancura de encaje de hilo, cuyas grandes flores me fascina-

ban de niño, al despertar). Es extraordinario que sean los mismos pliegues impresos en el terreno por los siglos, los que sirven de rrampolín a la vida, en aquello que riene de más incitante: el vuelo, la aproximación rasante y la deriva
lujosa de las aves marinas. Tiembla una estrella sobre todo lo que intenta y evita con ferocidad inmediata el conracro

El aislamiento en este litorsl de la Gaspésie, es hoy todo lo inesperado ypoderoso quese pueda imaginar. Esa región
de Canadá vive, en efecro, en un estado particular y, a pesar

de todo, un poco al margen de la historia; por el hecho de

humano; como las niñas muy pequeñas (ahora último la de mis amigos Arshile y Agnés Gorlcy, de once meses, ran

que, incorporado a un dominio inglés, ha mantenido de
se han establecido todo tipo de anacronismos- sino también la impronta profunda

Francia

-no sólo la len¡;ua donde

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de las cosrumbres. Tal vez, por dramático que sea, el actual

las noticias de Europa en un estilo naturalmente apocalíp-

desembarque de numerosos canadienses franceses en la costa normanda ayude a restablecer el contacto vital que falta desde hace casi dos sigles. Pero los que habitan aquí,

dco, abundan adicionalmente, en información converrida en disonante por su presentación a página completa ("Por veinticinco noches consecutivas, verdaderas lluvias de meteoros iluminaron el cielo de agosto"), alternando con
recetas de aspecto sibilino (panqueques de bleuets, cuando

muestran en sus gestos y declaraciones' que nunca han lcgrado sobrepasar toalmente un estado en el que su piopia aventura, en cuanto BruPo' se mezcla para confund:rse, para bien o para mal, con la otra. Si de su parte piobablemente rodo rencor ha desaparecido, su integración al seno de la cornunidad inglesa es de lo más ilusoria' La iglesia católica, fiel a sus métodos oscurantistas' usa su rodapoderosa influcncia para prevenir la difusión de aque-

la rana de moras). Todo esto compone, en el aire admirablemente límpido,
estas palabras disfrazan simplemente

una pantalla muy eficaz de protección contra la locura de Ia hora, como un vapor que ciertas mañanas se exriende por todo el horizonte ("Alouette, tabaco natural para fumar"
dice cándidamente ese paquete, con la imagen de un pájaro cantando en la hierba y, en ese comienzo cle canción en que queda estancado, se refleja todo lo gue represenra el antiguo

llo que no

sea literatura edifican¡e.
a

(El teatro cláico
se

está

prácticamente reducido

Bthery Polyeucte,que

ofrecen

en grandes pilas en las libre;i{as de Quebec; el siglo dieciocho parece no haber existidc, Hugo es inenconrrable). Los

Valois de Nerval para desvanecerse con igual rapidez: "Alouette, gendl alouerte -Alouetter /o te fumaré")*.

tttlTos,como llaman aquí a los autobuses, escasos y asmáril:os, solo alcanzan un Poco de dignidad al arravesar los ..uentet cub;ertot de otra época. La estación no ha sido, ..demás, favorable al turismo. Los americanos se abstienen, con pocas excepciones, desde hace varios años- Las recienDe golpe ha caído la cortina sobre la colonia de aves, que se extiende solo a una parte de la costa noreste de la isla. No habría podido, esta vez, desanidar de la mirada al papagayo de mar, pero un planga*' ha venido a planear muy cerca. r r- ----:l.., -l LrclrrPU l^ -l-:-^^.. ^^L--^ ^,,^l:^^^l^ r1c tcl¡ruu cl ^:^--^ clc aulltlldt Ju lduL¿¿ 4¿a¡r 4r¡éq4r ru

provincia, que han traspasado el poder del Partido Liberal a la Unión Nacional, rrajeron consigo la redistribución de todos ios cargos púbiicos, io que
res elecciones en la

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disuadió de cualquier proyecto de vacaciones tanto a las personas que ocupaban los cargos, como a aquellos que aspiraban a reemplazarlos. Los di¿¡ios locdes' que relatan
:

* Dc la canción infantil "Alouetre, gentil alouette-alouette, je tc plumcrai".

"

Pájaro dclAdándco.

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r. ll$ runpÉ

RnFToN

ARcANo

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ojo doble esmeralda entre dos abrazos de sus alas blancas deshilachadas de negro (es el planga de Bassan quien comanda el roquerío de Buenaventura, donde su género está representado por se is o siete mil individuos. Contrariamente a la gaviota de alas gris perla y al cormorán encrestado, no se muestra en la costa de Percé para participar del destrozamiento del bacalao, a la hora del retorno de los
pescadores). Pero se ha torcido uu rumbo: de hecho, no es solo el fantasmagórico broderie lanzado sobre ese inmenso

Hay también, mezclándolo todo, vastas salpicaduras de tinta como para atestiguar que una cierta forma de escrirura, aparentemente

mul practicada,

es

nada menos que un

veneno moffal, ün virus que atiza todo el mal. y así, bajo ese velo de significación lúgubre, se eleva uno roralm\i:nre
esa

distinto con el sol. Todas .r"r.rtrí", que se organizan, r rda distribución de lechos geológiéos con planicies ond,;laygraderfas interrumpidas,
esas

cofre rojo y negro con cerraduras azules, que

se alza

preciso

hendiduras bruscas, esas vueltas completamente inesperadas, esas zonas de rosa y

das

sobre el mar; sino también, la orquestación que le es inseparable, y de la que uno de nttestros compañeros de

púrpura, equilibrando otras con hierbas azules de ultramar, a merced de playas transversales, ora nocturnas, ora incandescentes, representan de manera inmejorable Ia estructura

ruta decía no poder comparar mejor que con la que se escucha bajo Fez. De nuevo, solamente el latigazo de la
noche de las banderas. Los ojos se cierran como después de un resplandor. ¿Sobre qué ruta azota ese látigo? ¿Dónde va tan tarde el conductor, tal vez ebrio' que no parece siquiera llevar un fa¡ol? Es cierto que el viento ha podido apagarlo'

del edificio cultural humano en la estrecha maraña de sus componenres, desafiando toda veleidad de sustracción de alguno de ellos. Bajo esta tierra blanda -la base de ese

En la vida habría creído posible ver una tempestad igual' Y la junta imaginaria queda sepultada en una falla que
se abre, que va alargándose siempre delante del flanco de

roquerío coronado de pinos- corre un hilo sutil imposible de romper, que enlaza las cúspides y, algunas de esas ci-nas son, en cie¡ta manera, un siglo quince en Venecia c en
Sienna, un siglo dieciséis isabelino, una segunda mitac], del siglo dieciocho frances, un comienzo del diecinueve ro-

la roca y con la velocidad del relámpago, descubre

el

corazón ajusticiado, el corazón rutilante de la vieja Europa, alimentando los grandes regueros de sangre derramada. La Europa sombría, hasta hace un instante tan lejana'

mántico alemán, un ánguio del siglo veinte ruso. Cualquiera sean las pasiones que lleven a negar esra evidencia, hoy todo el porvenir imaginable del espíritu humano reposa sobre este sustrato complejo e invisible.
Otra
cosa sería precaverse, si realmente se desea, del

Ante mis ojos, Ios vastos coágulos rojizos y herrumbrosos, se configuran en el intertanto con manchas de oro excremental, entre cascadas de flusiles y hélices azules'

retorno

de catástrofes análogas a las que se obrienen eliminando antagonismos de otro orden. Pero toda voluntad de frustra-

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ción en

ese

dominio, tiene como objeto la represalia y no

vuelo de las banderas nggl1¡. Yo no tenía entonces una gran

podría tener otro efecro que el de empobrecer aquello que frusrra. La civilización, independientemente de los conflictos de interés no insolubles que la minan, es unA, como ese roquerío sobre cuya cima s: posa la casa del hombre. (De la playa de Percé, solo se adivina una Por la noche, un

conciencia p"i[[" y d.bo decir que me siento perplejo cuando intento evaluar lo que me ha sucedido. Pero más

que nunca, me parece que las corrienres de simpatía o
antipatía deberían por fuerza somererse a las ideas. Y yo sé que mi corazón ha luchado, conrinuará luchando, debido sólo al movimiento de esa jornada. En las galerías más profundas de mi corazón, siempre volveré a encontrar el vaivén deesas innumerables lenguas de fuego, algunas de
las cuales

runto vacilante sobre el mar). ¿Qué esl Poco importa. Ese puerto luminoso concreta todo lo que iluede ser común r la vida.

lamían len¡amenie una soberbia flor carbonizada.

Es difícil para las nuevas generaciones represenrarse un
especráculo como aquel de enronces. No se habían produAgrupadas por encima de nuesrras cabezas, las bande ras

de venianas jamás apagadas continuaban lamiendo

cido aún rodas las formas de desgarro en el seno del
proletariado. La llama de la Comuna de París esraba lejos
de apagarse; había

su

medida de aire. Tenían el ¡amaño de aquellas de tela roja que flamean en París, ciertli rrabajos de vialidad, en los que
grandes letras negras separadas con Punros' que a menudo ha acaparado mis la inscripció"
se desraca, en

entonc.r

tniiárffi *ilhcie'tes

para

sostenerla, unificaba rodo con su poderosa luz, que habría

ensoñaciones. La bandera roja, totdmente limpia de marcas

!1!!"

pude haber tenido

o insignias; siempre reencontraÍé en ella la mirada que a los diecisiete años, cuando durante una

sido menos bella, menos verdadera, sin algunas voluras de humo espeso. Tanra fe individr.¡almenre desinreresada, tanta resolución y ardor podía leerse en sus caras, ranra
nobleza también en Ia de los ciudadanos. Alrededor de las

manifestación popular, en las cercanías de la orra guerra, la he visto desplegarse por miles bajo el cielo de Pré SaintGervais.:Y por lo tanto -sie¡rto que a uavés de la razón ¡a nede me es posible- condnueré estremeciéndome aún más, con laevocación del tiempo en queaquel mar flameanre' en
lugares escesos y bien circunscriros, se vio horadado por el

i).

AaLLv

ban{ras negras, cierro, los esrragos físicos eran más notope rforado ciertos ojos, dejando allí puntos de incandescencia inolvidables. Sigue siendo como si la llama hubiera pasado sobre rodos ellos,

/ l.tr,'é-"

rios; pero la pasión había realmente

quemándolos solo más o menos, no dejando en algunos sino la reivindicación y la esperanza más razonable, la mejor

fundada, mientras que llevó a los otros, más escasos,

a

zr S,rNonÉ, nnrron

aD-a\r^ rt ¡.o.\

consumirse ahí mismo en una actitud inexorable de sedición y desafío. La condición humana es tal, independiente de la condición social ultra acomodable de que está hecho
el hombre , que incluso esta última actitud

ofrecerse a sf mismo en holocausto a todas las frrer¿as diseminadas en el cspíritu de su tiempo y que, en generat, no se buscan entre sf sino para tretar de excluirse mutua_

-de la cual en la

historia intelectual no faltan ilustres representantes que se llamen Pascal, Nietzsche, Strindberg o fumbaud- me ha parecido siempre la más justificable en el plano emotivo,
hecha la abstracción de las razones utilitarias que la sociedad pueda tener para reprimirlas. indispensable es recottocer al menos, por su parte, que solo ella está marcada por

menre. Es en este sentido que ese hombre es, ha sido siempre y, por un misterioso decreto de esas fuerzes, de:,e
ser, a la vez su víctima y su dispensador. Así es, necesari;mente, que un cierto gusto de la libertad humana, llamac.a

a ampliar aunque sea en ínfima proporción

.l ."mpo á.

una grandeza infernal. iNo olvidaré jamás el divio, la exaltación y orgullo que me provocó una de las primeras
veces que, siendo niño, me lle',raron a un cementerio

receptividad de todos, atra.. sobre uno solo todas las consecuencias funestas de la ilmoderación. La libertad no consisre en acariciar un poco la tierra que ha cuidado a aquellos que no han sabido vivir o han sabido md, por
haberla amado hasta

-entre

h locira...

Pero dejemos separada-

tantos monumentos funerarios deprimentes o ridículos- el descubrir en una simple placa de granito, grabado en letras rojas de imprenta, el magnífico lema: ¡¡l DIoS NI MArsTRo.+

mente a los unos reintegrar sus galeras de Charonne o de
otros retomar sus humoradas. eué he rmosas líneas tienen cien anzuelos nuevos, allá, bien alineados. Las velas no nos llevarán más lejos: la chalupa viene a
a los

Malakoffy

La poegig y el arte ttndtán siempre debilidad por todo lo que transfigura al hombre en ese llamado desesperado, irreducdble, qur de tiempo en tiemPo, le hace tomar la
decisión irrisoria de jugarse la vida. Es que más allá del arte, de la poesía, querámoslo o no, se bate también una bandera

buscarnos para conducirnos a tierra firme.

alternativamente roja o negra. Ahí también el tiempo aprieta: se trata de esrujar de la sensibilidad humana todo lo que es capaz de dar. Pero ¿de dónde viene esa ambigüedad aparente, esa indecisión final respecto al color? Talvez no Ie sea dado a un hombre el actuar sobre la sensibilidad de otros para modelarla, ensancharla hasta el punto de

Cozando todo

lo posible del minuto

presenre, me

sobrepongo de manera incompleta al problema que me surge del fondo del alma. Eso que mi propia situación tiene en este mismo instante de mayor privilegio, refuerza aún más por contrasre, la conciencia de la parcialidad del

destino que allá consagra a tantos otros al temor, a la

26 {.;¿4'ANDRT BRETON

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vergüenza,

., á, qu.
,.rno,

dar de la ética de ,enrimientor. Urr" i. las ft'er¿as principales en verdad g;.rr^ * manifiesta en aquello qT, { g1¡cribir

"

la época carnicerla y al hambre ' La dureza de uno aPenas se arreve a declarar estas cosas Por la impresión de alardear de tener buenos
a la

mismas, un refugio y un trampolín en las expresiones más

lo inactual, quiero decir, aquella en que un "acrual" totalmente distinto, ha hecho brotar lo eterno,
perfectas de
hasta reabsorberse en la distancia. ¿Cómo esa mañana sobre el mar, se traducía en Io más alto la mezcla de alegría y

esos

logra hasentimientos Por considerarlos debilirantes' fuera de :erlos sospechosos, o en todo caso' seriamente resulta' debe ofrecer más :ugar. La me.,nlidad que de allí están l.f.r,r"r, q,r. nunca se le informe que ejércitos aliados la * !", prr.rt"s de París. ¿Qué puedo hacer? Me posee y la enriendo ,.r,r".¡ón de una desigualdad tanto mayor que me importa' el mundo único

aprehensión suscitada por la salida inmediara de París, componiéndose con la cercanía y alejamienro del roquerío de pájaros de Buenavenrura? Se uaducía por la dicción impregnada de estrofas de Baudelaire. Y no era yo quien
recitaba.

válida en el

cienas apariencias' no sanado de su furor. No, a pesar de Cuán¡as todo ha sido aún sacrificado al Moloch militar' he podido América' veces, primero en Francia, luego en es de esta guerra, con la ligereza, obreruar en los entrerelo.r úel consuelo pleno' que jamás la Ou, aigo, con la alegría tan la poesía de circunstancias- ha sido

-u"do

4

Eldolor es tan grande , ran totalizante cuando se está en \ é1, qu. pocos se han ocupado de buscar equivalentes en el \ . r.. ; riempo, cuando sería natural que ésto hiciera renacet
|

io.ri"irro t ablo de pl.n"rn..r,. gozada.Pareciera,

han abierto ir,r,.r-.iables oldos que de otra forma se habrían "llí fenómeno' la ma¡rtenido sordos. Es fácil reconocer en este esa necesidad de una desuiación pot la

incluso' que

se

"París ya no es el teatro de escenas tiernas no se encuentra allí Ia palabra para reír; cada y galantes: ya uno se ocupa sólo de sus penas y su miseria". La obra de la que extraigo esta cira, juzga sin miramientos al Jefe de

"lgun".tp.ranza:

manifestación de que la existencia esencia, que se experirnenra cada vez de individual es¡á en peligro o, incluso' la persecución
de esa existencia' cualquier eYento particular en el marco tiende a Oigo qu., dado que la naturalta de los sucesos dolorosa' las hacerlos tomar una dirección demasiado

Esmdo. "El concenrra y gasta lo que le queda de energía y de vitalidad en patéricos y breves esfuerzos de viejo, en

pequeños rnovimienros seniles en el logro de caprichos
L--"-. u¡!v!J
se

.".1^^.-" J Lttüf ru¡ba¡!J.

A-,-1.^i^

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nrrp cc rpcp.a rt

congela, mientras continúa haciendo su vida de siempre

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'r!

de ellas a maneras personales de sentir encuentran' Pesar

. . Vive su úlrimo invierno de su castillo, donde se le han enviado en el desamparo

con una puntualidad aterradora.

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ARcÁNo rz

S

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l

como aguinaldo, pequeños haces de leña del bosque, como si fueran joyas". No se trata aquí de la condición reciente de Francia, sino de su condición dr.rrante el último año del reinado de Luis XIV; pero de lo que su autor Virgilio José nos informa, según Saint Simon y los otros, es de los deplorables hábitos de la mayoría de los grandes y las repugnantes intrigas que se traman en la Corte, que no dejan de llevarnos a buscar un paralelo. Lo que motiva al ni siquiera ese exceso de horror, sino el proyecto de hacer aparecer sobre este sombrío telón, una luz en el espíritu de lo.s l-rombres, con el
escritor que acabo de consultar, no
es

tias de la batalla: la lucha no admite otras discusiones que
l¿s del rorneo galante de siempre, aunque las hermosas ya

no lo resistan.

incorporados completamente :n un himno a la sola gloria
de la natural eza

privaciones, esos dolores que muy ternprano van ;_: arruinar su salud fisica, es de maravillarse al ver .o*o ,o,
Esas

y

del amor. A..f roda rempestad, al

piim.r

objeto de que tomen razón de su existencia, esa estrella que hace olvidar el lodo, la personalidad angélica de'Watteau. La obra de Vatteau tiene, en efbcto, esa fortuna de hacernos confirmar, sólo en virtud de su propia gloria, todo lo que podría tener de aterradora la consideración del egoísmo y la maldad de los hombres en los períodos de desgracia. Por más que se haya hecho esperar la liberación del régimen bajo el cual sufrió \(/atteau, o que ya no nos involucren vitalmente ni la angustia ni las infamias de su época, es él

día hermoso que llegue, encuenrra l" -rn.r" d. r., "rrgu_ llida y negada en una perla. Bajo sus adorables fronclosicia_
des, demasiado derramadas y demasiado vivaces para pade_ cer de las querellas de los hombres, todo tiende, todo debe tender al fin y al cabo a reorientarse según las deducciones de la vida.

quién continúa reinando sobre nuestros afectos. Peor aún, se nos conduce cada vez más a ver toda esa época atroz a través de su sueño.

IJna mano de mujer, tu mÍ::ro en su palidez de estrella, solamenre para ayudarte a desc:nder, refracta su rayo en la mía. Al menor conra.to ,. h".é árbol en mí y va a describir
en un insrante, esas.bóvedas ligeras a nuestros pies, donde, con vapores de te mblor o de sauce, el cielo invertido mezcla

En cuanto al aparato guerrero

de

entonces: esos tricornios, esas bufleterías, esos faldones; él
no canta sino a aquello que es rutilante a los ojos de las niñas y las prepara para hacer gala de la ligereza de su cintura, la
e

legancia de su cuello. Nos mantiene alejados de las angus-

sus hojas azules. ¿A qui puedo deber, por mi lado, esa remisión de una pena que tantos otros sufren sin sentirse más culpables de lo que yo me siento ahora? Anres
de

ro

qS

nNonÉ

tnrroN

ARcANo

rz

$,.:

conocerte, había reencontrado el dolor, la desesperanza' no Anres de conocerte' seemos sinceros, estas palabras
tenían sentido. Tú bien sabes, que al vene por primera vez' te reconocí sin duda alguna. Y de qué confines' los mís la terriblemente guardados ti venfas; aquella iniciación a
te había consagrado en ,cual nadie o casi nadie es admitido, una lo que tú eres. Cuando tevi, estabaaún todala nieblade se puede' sobre todo' .rp..i. indecible en tus ojoi. Cómo una quiér, pu.d. renacer luego de la pérdida de un ser' de

mente inmersa. Sólo él me garanriza tu prcsencia roral

a

mi

lado y el retroceso gradual, absoluramente necesario, desde las zonas en que la contemplación a d¿bil distancia no hace

más que reabrir los párpados de Medusa. Sólo él se ha convertido en maesrro de rodo el llamado de la sombra. La contención que rc aportaba re e ra imprescindible: quisieras o no, te habías rerirado.

,rin" q,r.., todo lo que se ama' con mayor razón cuando su jovencita' se muerte es accidental y en esa niña, casi una lo ha encarnaba objetivamente (no eres sólo tú quién me dicho) toda la gracia, todos los dones del espíriru' toda la avidezde saber y de probar gue nos da de la vida' una
imagen encantadora y siempre conmovedora, a través de compleun juego permanentemelrre renovado, locamente Ese drama yo lo ¡o y aai."ao, de tamit:es y prismas? igrror"b", te veía solame nte engalanada de una sombra azul

A pesar de lo que la vida, a tu pesar re ha exigido, no e res de las que pueden entregarse a ella a medias. El dolor y el mismo sueño de sucumbir, no han sido para ri orra cosa que puertas abiertas ante la necesidad siempre renacienre de

doblegar, de sensibilizar, de embellecer esa vida cruel. Tú sabes como la veo por ri, las plumas de ruiseñor en su
cabellera de paje. Su temblor te sosrienet no conozco nada

ámo

aq,rella que baña los juncos al amanecer y no ¡rodía dudar q,re ru venlas de aún más lejos; que del derrumbe de de someter esas perspectivas que te e ran caras hasta el punto 1", tuy*, no habías podido evirar el guerer hacer en ri la

más penurbador, que la idea de que se ha apoderado enteramente de ri. La ofensa es de ral magnirud, que sólo podía estar a su altura un igual poder de perdón. Más belk,
la solución del enigma, entre rodos el más re rrible, era el de

,,o.h. p..r" y lo pudiste haber logrado a no ser Por una sola fdla pár la cual se te había inesperadamente llamado de
vuelta. Cada vez que rememoras esas atroces circunstancias, no tengo otro recurso en mi arnor' que espiar a hurtadillas en el fondo de tus ojos la señal que hace posible una brusca vuelta atrás cuando ru estás ahí, ran profunda:.

ser más bella de lo que nunca habías sido. Más bella por haber puesto de tu lado a las Dominaciones. Más bella por
saber aún consenrir al día hora rras hora, a la hierba cada

brizna. Muís beila por haber ciebido reromar ei fiitro y ser ran bien nacida como para llevarlo a rus labios sin reservas,
pasando además por aquello que podría habersido rerrible-

mente amargo. Ha sido necesario, nada menos, la asisren-

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RpF'l'oN

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cia de todas las potencias que se manifiestan en los cuentos,

mente, del amor que toma todo

el

poder, que se da toda la

para que surgiese de la ceniza la flor del bálsamo yse soltase

duración de la vida, que ciertamenre no consienre en
reconocer su objeto sino en un sólo ser. Desde esa perspec-

la bestia blanca cuyo gran ojo devela los misterios del
bosque.
o

tiva, la experiencia, aunque haya sido adversa, no me ha enseñado nada. Para mf esa instancia ha sido siempre muy
l'.:Lw9L¿t

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j'-9avir (t^nui:Lu-';lIi''-..{-

poderosa, sé que no renunciaré

a

ella sino sacrificando rodc

-:-v'El órgano del amor humano resuena sobre el mar' su movimiento enteramente abstracto es devorado por la ciudad, por el sol de medianoche abriendo, aunque sea en un tugurio, las ventanas sinuosas de los castillos de hielo;
por los vértigos que se peinan las alas preparándose Para chocar de refilón y tienen el rizado de una tarde de primavera, que es el eco sin fin emboscado en un verso o en
alguna parte de la frase de un libro; la queja de esa estrella de cuero de muchas toneladas, que un deseo de carácter

lo que me hace vivir. Uno de los mitos más poderosos me ata, sobre el cual ninguna negación aparente, en el context;
¡l\
11;n

de mi avenrura anterior, podr,r prevalecer. "Encontrar el
.

^t3+,U4

lugrr.y la fórmula"

se

confunde ,on "por..r l,

*.-ñd-*ii'

4g¿ryg:rpo".

Esa aspiración suprema es suficiente

para extender frente a ella el campo alegórico que quiere que todo ser humano haya sido arrojado en la vida en busca
de un ser del otro sexo y que sólo uno sea su par en todos los sentidos, al punto que uno sin el otro aparezcan como el producto de la disociación, de la dislocación de un solc

insólito ha suspendido, a unos cientos de metros de una cadena que enlaza dos cimas sobre un pueblo de los Alpes Bajos: Moustiers-Sainte-Marie' Ese amor, nada me impedirá ver allí la verdadera panacea' por mucho que se la combata, se la desacredite, se haga mofa de ella con fines
religiosos y otros. Dejando de lado todas las ideas falaces, insostenibles y de imposible redención, es posible precisaf .,blrn..'t mente a través del amor y sólo por él se realiza, en su grado es sólo él (tisi't-,.;a lr5f1/. más alto, la fusión de la elbtelgia ¿ l" -.19ryg' quién viene a conciliar de golpe, en plena.armonía y sin equívocos, esas dos nociones; mientras que firera de é1, permanecen siempre inquietas y hostiles. Hablo, natural(..,-

bloque de luz.

ke

bloque, felices lo¡ que logran reconsri-

tuirlo. La atracción, porsf sola, no sabrá ser una guía segura. El amor, aun aquel del que hablo, debe luchar y poder jugarse también. En la jungla le la soledad, un luminoso
gesto de apertura puede hacer cieer en un paraíso. Pero ser

"ltqla_-dgju¡ difícil el manrenerse una vez ahí: rearticulado el bloque, su estructura misma diluye:todo factor de división; se caracteriza por tener la propiedad de que entre las partes que lo componen, existe una adherencia física y mental a toda

el primero en denunciar el amór, es confesar que no se ha sabido estar a l" exigqnglas. No debería ser

34

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si bien puede prueba. Una concepción como ésta' en las in.luro osada, reina más o menos explícitamente y de Ford' las cartas de Eloísa, en el tearro de Shakespeare obra de Novalis' cartas de la Monja Portugúesa, en toda la l'obscur' e ilumina el hermoso libro Ce Tom ásHerdy: Jude sino de reciproEn el más amplio sentido, el amor no vive recíproco; cidad, lo que no implica que sea necesariamente complacerun sentimiento bastante menor puede de paso' el amor en su reflejo y hasta exaltarse un Poco' Pero

parecer

de ese pincel al que sólo disrrae la evocación del pelaje de la graciosa besda en alerta. ¡Qué de llamaradas caen aún

como copos a lo lejos! Y enrre relámpagos, la imagen oblicua de la rampa que conrra su volunrad ha sido doblemenre inexorable, esa imagen desmesuradamenre agigantada en la hierba. Como en la pupila de sus ojos, es exactamenre esa expresión familiar la que da cuenta de lo
que valoramos por sobre rodas las cosas: así hubo un día e n gue ya no re podías sosrener en la pupila de rus ojos, de esos

re

recíproco .r.i úni.o q,re condiciona e[ acoplamiento es sol y ,ob.e .l cual la prisa no existe y en el que la carne que el espíritu sea espléndida impronta de la carne;
a la vez

toral'

ojos a los que la suerre quiso que yo viniese más mrde a exrraer rodo el dfa. ¡Y qué cordón mágico se nos muesrra
aquí! La vida, como Ia liberrad, no aprende de sí misma sino a través de golpes y en parcial encanramiento, se eleva a la conciencia toml de sus medios y de sus recursos iluminando
además otros ojos con rodo su

cuyas aguas fuente permanente, inalterable y siempre viva' caléndula y el la se orienten de una vsz Por rodas [enrre

tomillol*.

brifio. Su rriunfo

es a cada

comienza,

donde El día será hermoso, lo veo filtrarse hacia rus ojos' esa más desenfocado, a ser mn hermoso' Son de

,n rr los punros por.los que se desliza el sol misma ^gu^, sobre las sílices azules y el arco que desde lo alto los contorna; es del más fino, del más sensible pincel de marta' no de los reflejos que pueden extasiarnos, sino del renrblor

rturbador y cándido como las flores que , pasado el invierno, florecen entre los escombros. En rus ojos esrá la primera floración y rus labios rienen con las palabras esa afinidad de las irisaciones en cadena, siempre renovada, que es el luio de los remolinos. Y rambién eres bella de esa belleza que siempre ha subyugado a los hombres, de esa belleza gue ellos remen y honran en la persona de Helena,
pe

instantc

de esa belleza sobre la que la faralidad misma se encarniza en vano y que si es preciso, la ererna jusiificación anre los otros y ante sí misma, debe esrar contenida en esas palabras

'

dcl dcsconsuelo del amor [Entre le souci et le serpoled: mctáfora

misteriosas: "yo soy Helena". Y esa belleza, para todos los que sean capaces de reconocerla, parece haberre dado

y su plenitud.

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t'Jll. runnÉ BRF:roN

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derechos, en el senddo de que ya no eres libre de desaparecer y aparecer con la máscara del sufrimiento o del cansancio, que sigrres teniendo que dar cuenta a la vida por todos

tus fuegos. Puede que la belleza no muestre toda

su

dimensión sino a ese precio. Un acento, el más suntuoso de todos,le fakarásiempre que las difrcultades le impidan ser tan duramente empapada. La cima de la montaña no alcanza verdadera forma divina sino en la bruma de tu mirada, en el ala del águila dorada que pasa sobre tus cabellos. Y yo te amo, porque el aire del mar y el de la montaña, confundidos aquí en su pureza original, no están
más libres de miasmas ni son más embriagadores que el de

tu alma, por la que la más grande de las ráfagas ha pasado,

confirmándola .s<¡lemnemente y con todo rigor en su disposición natural para resolverlo todo y P^re comenzar
con ias menudas dificultades de la vida, con la efusión de una generosidad sin límites que daría fe por sf misma de lo

espíritu de los hombres las grandes cicatricel colectivas y los recuerdos laceranres de estos tiempos de odio! ¡eué asilo sagrado deberán con
i

el brazo de mar, venía a echar mano a las mujeres y iovencitas, con les que llenaba sus grand.s bolsillos. De vuelta a casa, la cena hecha, lauaba su ropa co r mucha agua y la tendía a secar sobre los altos acanrilado_r. La imaginación popular no podía dar mejor cuenta de ie persistencia acusadora y radianre de las manchas en él roquerío, de los esfuerzos sobr :humanos y de la prodigiosa cantidad de espuma en perp4tua agitación dibujada-por esos plumajes blancos gue no h"n podldo hacerlos d.r"p"_ recer. ¡Qué lavado no menos laborioso logrará borrar del

zancada

que fuera refugio de un ogro que franqueando de una

d eas q

ue, co mo las

que tú posccs en propiedad: el sentido absoluto de la
grandeza.

Aquí, a la levedad de tu pie

se opone

un paraPeto tan

inseguro, que debe ser reforzado por la noche con pesadas piedras, lo que no impide a la tempestad tratarlo a su antojo como a r-rn juguete de paja, aquí, eu la fina arena constelada de estrellas por las pi.sadas de los pájaros. La Isla Buenaventura,
a

faldeo del roquerío, cenrro d:.. desfile general en que los pájaros se nos mosrraban, abrigándor. J. a dos en dos! El l1gl l"_poe¡_ír,*eJ arte: es sólo a través de ellos qu.

para sobreponerse e esta época en que, en su vuelc fastuoso y libre, concurran t."nrfig,r."r este lienzo de " trágico muro! ¡Qué lugar de privilegio convendrá que reserven a la expresión del a¡ or, como esos nidos en el

r,"*: ;:;:;T::::,tffi ::,;',:l

algunas rnillas, guarda su espejismo: la leyendaquiso

ciencia, sino hasra que ella misma se haya dado cuenra de como poner fin a la extraña maldición condenarla
que la asola y parec€
a

.re.yp_.'irí!"1!_11a.q¡r..,[9_1,¡"g,g¡f retom3-r-su amplgll{. No se podrá uoluei"lonr", con la

glggtqGG

;

acumular mucho más descorrt.nto yd.sgracia

,s

.::,iiiÍ

n*-orÉ sR¡roN
ARc¡ANo

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saneamiento que beneficio. Sin perjuicio de las medidas de
veces ,nor.l qu. r. impongan en esta sombría aurora de dos para el el año mil, que son esencialmente de orden social' espehombre considerado aishdamente, no Parece haber en un golpe ranza más válida ni más a,nplia que la que cabe

número de oro*, de tal manera que, por sus proporciones, el Roquerío Percé podría pasar por un modelo de exacti-

de ala.

He aquí de nuevo, perpe ndicuiar

a la

cresta de las olas'

que en esa línea aPenas punteada y sinuosa a ras del agua'

cadadíaretomanlosbuscadoresdeágatas'elRoquerío
de nuestras Percé mismo, tal como se recorta en el marco muy lejos' Mienventanas y cuya imagen me acompañará

tud natural. Se presenra en dos parres que, desde donde tengo por hábito observarlas, perecen llevar existencias distinras. La primera despierra inicialmenre la idea de un navío, a la que viene a superponerse la de un instrumento musical de tipo anriguo; la segunda, una cabeza de perfil un tanto difusa, cabeza de porre altivo con una pesada peluca Luis XIV. La proa del navío hundiéndose al norre, hacia la playa, una gran brecha se abre en su base, al nivel del mástil trasero. Elevándose unos sesenra pies sobre el mar, esa brecha podía, antes que algunos derrumbes la
obstaculizaran, servir de pasaje
a los

veleros. Sigue siendo

no poder obserrras lo rodeaba, hace un raro' lamenraba y que varlo en su con.iunto a l'lusa de la exrrema cercanía

cierto gue ella es esencial para una evaluación sensible, que en ella reside la cualidad verdaderanenre única del monumento. Cualquiera sea su exigüidad relariva frente
al cascarón que perfora, rrasmire, sin duda, la idea que el supuesto navío es rambién un arcoi y es admirable que las

'

una las nuevas disposicion;s' de su m¿sa hicieran surgir imagen distinta a la que me había formado' Es preciso sólo aquella última, cuando se trata de repre-

.orrr.*",

corrientes que se hacen añicos a lo largo de la pared,
encuentren en ella una salida por la que precipirarse, cada vez más frenéticas. Esa brecha es, sin duda, la que impone el segundo parecido con una especic de órgano lejano, ral
vez más ese instrumenro que cualquier orro, desde el día

:

0iác..

,,r. l)ür{..,

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a, "¡',

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sentar estructuras así de complejas' Es por lo demás' el particularmente desde ese ángulo, vale decir' desde o.rr., qu. rr', diseño ha llamado la arención de los fotógra"Roquerío Percé: 280 pies de altura en la proa' 250
fos: dice pies en el punto nrás ancho, 1420 pies de largo"
me disgusta lacónicamente un folleto publicirario; y si no de tales tanto copiar estas cifras, es Porque en el regisrro el dimensiones no me sorprendería gue se manifestara

en que, buscando idenrificar la cara y la acrirud de la cabeza de piedra vuelta hacia é1, soñas¡e que podría ser
t
nombrc d'on se refie¡e a la dimensión aúrea.

.¡.ar

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Haendel, para luego corregirte rápidamente: ¿Haendel?

pero que una persza invenciblc ha homologado como
experiencias, sobre las cuales los hombres dudan de volvr:r. Parece ser, por lo tanto; que la panida podría haber si,lo

No, ciertamente: Bach.

jugada de manera muy diferente, sobre todo, que I calamidades cada vez más generalizadas que marcan
Los geólogos y los paleontólogos encue ntran su máxima

.,rs ,:u
_o

desarrollo,

de

berían atesriguar que, desde cualquier pun

delicia .n ,od" la península de Gaspé, donde pueden calcular los deslizamientos inmemoriales de las tierras' donde a veces una piedra en traje de arlequín' uniformeSe mente pulida por el mar, es en sí misma un testimonio'
enconpasan de mano en mano los magníficos fragmentos ir"do, alrededor de la Gran Caverna, donde se cruzan Por doquier las aladas torres de las filas de trilobites' que evocan

de vista, ha estado muy mal :onducida. Encabezando lós errores iniciales que nos p"..,r.n más perjudiciales, está la

1",

plr.", mejor

trabajadas de Bénin, poniendo distancia

idea de que el universo sóle .iene senrido en función del hombre y que no lo tiene, pj..¡.-plo, para los animales. El hombre se jacta de ser el gran elegido de la creación. Todo lo que el transformismo* ha podido revelarle sobre su origen y sobre las necesidades biológicas generales que asignan un término a la duiación misma de su especie, quedan, de hecho, en letra muerta. Insiste e n ve r y comportarse como si esas revelaciones, apabullantes para su orgu_

dentro de lo posible, deljuego de sus luces grises' plataylila' Hay algo a tiaué, de toda esa infinidad' que viene de tanto tanro más lejos' -a, i.jo, que el hombre y que va también es más Naturalme nte esto es cierto en cualquier Parte' Pero
el recuerdo evidente en un lugar donde cada paso nos trae difedebidamente contextuado. Resulta una óptica' muy
en rente de la de corto plazo, que la que tiende a prevalecer la opacidad' las ciudades. El gran enemigo del hombre es de él' Esa opacidad .rrá fu.r" de él y de ella; y sobretodo y toda donde se encuentran las opiniones convencionales
a veces a Pensar clase de defensas sospechosas' Uno se pone jugado el todo por que la suerte ciel género humano se ha

llo, no hubiesen tenido lugar, Las mismas

reservas que los

filósofos le han enseñado a tener sobre la capacidad de su entendimienro, no aparecen en sus propósitos sino formalmente y no lo disuaden en absoluto, en su fuero interno, de disponer de las causas finales, como si ellas se refiriesen

obligatoriamente a sí mismo. Sus trabajos incesantes no
han tenido jamás la fuerza para hacerlo romar conciencia de

ser azarosas' el todo, en una serie de partidas muy lejos de

' Transformismo: teoría biológica que explica la aparición de las distintas especies a través de las sucesiva, rranrformriiones de esas
esPectes en otras.

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ARCANo

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sido la indigencia de sus criterios. La facundia que le ha ororgada y el optimismo obnubilante de que está provisto'
de sus le llevan a felicitarse estrepitosamente Por el esrado

el menor título, pasando por poera y riene en Francia la asombrosa prerrogativa de ser el primer educador de la juvenrud). Entre el rropel de esos pedesrales y esrelas,
seguiremos buscando vanamenre el lugar de los grandes aventureros del espíriru; de aquellos que hicieron al hombre enfrentarse a sí mismo, lo conminaron a conocerse en

tonocimientos' en tanto oue la mayoría vive en una cre,ciente falta de curiosidad

r:al' y esos conocimientos' cada

que vez otra cosa centrados sobre Ia comodidad inmediata'
en no es más que una caricatura del progreso, no demoran

son una volverse esrruendosamente en su contra' Sus ideas
s

¿ma, sí, una suma de posrulados sin rigor' que habrían podido ser otros y conrinúan imperturbablemente Pasanbuena do l" cuenta de sus consecuencias, al riempo que una

cantidad de ellos son definitivamente deficientes' El destillegue' no de esas ideas parece ser, cuando quiera que éste siguieron' el no poder remontar el curso que previamente

profundidad o Io pusieron en posición de justificar sus prerendidos ideales -se llaman Paracelso, Rousseau, Sade, Laurréamont, Freud, se llaman Marar, Sainr-Jusr... la lisra de este lado sería larga, e incluso ésros que ciro, con una o dos excepciones, no han realizado acro revolucionario alguno, sino en un senrido relarivo. ¿Cuándo habrá, por
enteramente nueuo en que las ideas recibidas cuaQuiera ettat teAn, comenzando por las más elemenrales, las más aldvamenre desechadas como fuera de lugar, sean aceptadas sólo como objero de estudio y bajo la reserya de ser someridas a un examen de aniba a abajo, por

fir, un laborarorio

El hombre

las encuentra rigurosamente canalizadas hasta

su nacimiento y no es libre para hacerlas progresar sino dentro de un cauce ente:.¿mente demarcado' Esa vía esrá el cuartel' la ,,, bordeada de edificios: la iglesia, la escuela,
fábrica, la tienda, el banco, de nuevo la iglesia y las estatuas' de entre las cuales, aquellas muy escasas' las sólidas' dan fe vacías' que glorias reales y se disringuen aPenas de las

definición libre de rodo prejuicio? Digo que se regueriría que esas ideas pudiesen ser desechadas un día, regisradas sólo a beneficio de inventario. Me parece, en parricular,
que no correspondería mosrrarse de masiado severo a priori

irrnum.rables, rienden a consagrar las glorias usurpadas' (Estas úldmas, por lo demás' no son las menos inquebran-

nbles: baste dar como ejemplo típico a La Fontaine' a de quien se da por sobrenombre "el buen hombre"' a pesar . li, prot.rtr., incluso antes que Ia mía, de Jean-Jacques
sin Rousseau y de Jean-Henri Favre. La Fontaine continúa'

en la perspecriva de la lógica, que ha demosrrado hasra ahora su dimensión enreramenre desechable; y la moral no puecie, sin impuciicia, prerender orra cosa que conciliar el

mayor número de inrereses humanos, lo que exige, para
emPczar, que renuncie a fundarse sobre consideraciones
extrat€rresrres o sobre las miserables reliquias de ésras. Sería

t

,l

absolutamente necesario, con toda urgencia, remediar lo que puede tener de limitante y aflictivo el concepto de tiempo,por lo menos tal como se lo ha formado Occide nte. Y correlativamente, obviar, a través de una mirada más convincente de su necesidad, lo que hace al hombre que se

Conver.dría sobre rodo, rerminar con la idea que la cultura humana, ral como la propagan los manuales, es el producro de una acrividad ordenada y necesaria, cuando ha sido edificada sobre lo arbirrario y ha aceptado seguir el

llama a sí mismo civilizadb, continuar haciendo de la
muerte ull evento de espanto, mientras que sobre este tema,
el salvaje podría servirle como Inodelo de dignidad' Es a ese

precio

y sólo a ese precio, que las grandes

instancias

humanas siempre oprimidas: la aspiración a la verdad, a ia belleza, me atrevería a decir a la bondad, y en todo caso, al

la rutina. No hay absoluramenre nada de faral en el hecho que haya alcanza_ do tal o cual nivel, porque nada en su esencia misma objeta aquello en que se ha converrido, sino libremenre, por lo menos de cualquier orra resrricción. Ningún dererminismo válido, al inrerior de su marco, justifica pues el aplomo de la mayor parre de las ideas que se trasmiten a rravés del

camino general que le ha asignado

poder del amor, lograrían tomar el toro por las astas y
regenerar el mundo tan rápido como ha sido destruido' Así, se abrirían inmensos los campos del descubrimiento, después de lo cual, lo que conocemos no será más que pobres concesiones horriblemente engrilladas. Dice extrañame¡lte

tiempo, a las quevienen a engancharse, de paso, un mínimo de ideas originales que se cuidan de rrasgreclir las prime_ ras, salvo en algunos deralles. La educación actual es enteramenre defecruosa, en la medida que, definiéndose

Apollinaire en su último ppema:
Queremos explorar la bondad, comarct ,nor-, donde todo calla.*

coma positiva, comienza por abusar de la conf-ianza del niño, dándole como la verdad aquello que no es más que
una apariencia provisoria, o una hipótesis, cuando no una contra-verdad manif-iesra; rambién en la medida en que

,l

Cediendo a la presión de los siglos no ha habido en este poema más culpa que la de pedir perdón.

impide al niño formarse, en el riem¡ro requerido, una opinión por sí mismo, imprimiéndole de partida cierros
pliegues que convierten en ilusoria su liberrad de juicio. Los mismos hechos que se le presenran .omo vividos, con

'

"Nous uoulons explorer tdit" énorme oü tout

h

los que se procura poblaruu -.-orl", que se entrega como pasrc a su joven exalración, son amplificados o
bonté, connéc

r

reducidos,

\

enrrecruzados de ficción

o por lo

menos

necesidades de una ilfrccido, d. *anera te:ndenciosa por las es que no es la Lurr, d. la cual lo m(',\os que puede decirse l.l ho-br.' sino már. bien' de una cierta casta de indivicurso No hace falta n,ls que por e.iemplo' hoiear un duos.

escolares-ilusraciones cuyo recuerdo, insisto, habrápenado a yarias generaciones- es imposiblc defenderse de tal asimilación. Esas ilustraciones no a¡rdan, en efecto, a comprender el libro, ni comenran rampoco sus episodios
sobresalientes: y esta observación se aplica igualmente a las

elemental de historia de Francia

-no hablo

de las ediciones

sido distribuidas revisadas y expurgadas que Pueden haber

anécdotas destinadas a llamar la atención de esos jóvenes espíritus que adquieren en forma arbitraria giros bizarramente ociosos, o en todo caso, irracionales y al mismo tiempo muy concretos: su cuento parece desenrollarse enteramente al margen de la relación histórica propiamen-'i

delito flagrante a en estos últimos años- para atraPar en
operar sobre las aquellos que otorgándose el derecho de otra cosa que conciencias vírgenes, no logran a menudo Robespierre; Luis estropearlas para siempre. Justicia para poilo ,le-ás, un buen rey, ral vez un poco débil

XVI .rr,

nacionales continuarán Gic); pero los verdaderos héroes estas son las ,i.n¿o honrados en ta persona de Napoleón: la República ideas, generalmente indelebles, de las que

te dicha y yo no puedo evirar, a la disrancia, ver como adquieren un carácter oculto muy marcado. Su rr"-"
difiere, en gran parte, de la del tablero general con el cual, no calza sino en algunos contornos. Es más, parece deslizar:
ahí intenciones simbólicas secreias: los ancianos vestidos de

j

,

i

fr"n..o

cuya ha sido parddaria se le inculquen a niños' secundaria' inmensa mayoría no sobrepasará la licencia de los profeEs aforttrnaio que la clase, muy consciente

blanco recogen el muérdago bafo los robles con hoces de

oro; "Recuerda el jarro de Soissons"; Carlomagno visira
una escuela y regaña a los niños ricos; Felipe el Hermoso fabrica moneda falsa; Carlos VI dene un encuenrro excitant€ en el bosque de Mans, una joven pasrora de rodillas recibe insrrucciones de San Miguel y de Santa Caralina; la

que debía a sores, se haya tomado todas las libertades tales circunstancias del programa' De todas

partir de

ese espíritu maneras, no es esa parcialidad escandalosa'

ha llamado incorregiblemente reaccionario lo que me en su más la atención, sino todo aquello que puede'
transcurso,
e

mParentar

a

los susodichos historiadores con

el teramente los mitógrafos -en que la única diferencia'

d.ru..rt"lor" para los primeros- es que éstc; dan por mítico' Sobre exacto lo qu. lo, segundos exPonen como todo si uno ,. fija en las ilusuaciones de esos libritos

III y sus "favoriros" en el boliche; Enrique IV ahoga en la cosra a un cierto Mayenne; Eminencia gris; el Rey Sol; Luis XV niño mata pájaros en una pajarera; ese excelente Luis XVI dedica sus tiempos de ocio a la cerrajería (en lo que concierne a la
misma pasrora en la hoguera; Enrique

Revolución Francesa,

se le

comunica genrilmenre al escolar

,,

la"$¿*"

aNonr BREToN

ARcANo rz

$

rr

que se le pondrá al tanto cuando sea más grande), Napoleón bajo todas sus carasr su sombrero, etc.; Pero del siglo XIX sólo lo necesario Para que la obra se cierre con una hermosavista
a la

concierne, :stán casi en
ésta

ese

estado degracia: no seve porqué

no pclría extenderse a otras ramas de la actividad
Es necesario

intelectual.

decir, que no seveseñal alguna que

plaza de la

Óp.ra'

¡Es

posible concebir un

anuncie esa tregua de pasiones todas irracionales, de la cual

desdén más perfecto por las proporciones precisas! y ¿no podríamos decir gue el autor persigue con esto un diseño mucho menos naiue que lo que su lenguaje casual daría a
entender? ¿Que está menos PreocuPado de dar testimonios verdaderos, que de influir sobre el inconsciente a través de una parábola en ia que conduce el sentido y la unidad y que

podrían resultar tiempos menos crueles.

pone a su merced a aquellos que no serán invitados a aprender sino la letra? Siempre que se dé ese comPortamiento ambiguo, en un camPo en el que la más rigurosa
autenticidad debiera ser la regla, atraerá sobre sí todos los recelos. Entre las ideas recibidas, las ideas históricas, en tanto que la historia se escribe en el marco nacional, se exigen las más exPresas reseryas. Aquí, como en otros lugares, pero aquí particularrnente' un baño de escepticismo prolongado sería recom:ndable lo más pronto posible' No podrá plantearse la existencia de un nuevo humanismo'
irasta el día en que la historia, escrita después de haber entre rodos los pueblos y limitada a 5enerado un consenso :tna soh uersión,logre tener como sujeto a todo el hombre' en la medida que los documentos lo permitan' Y dé cuenta

Queridas sombras largamente atrapadas entre fuegos contrarios, ayer casi replegadas; sombra frenética de Charles Fourier, sombra siempre trémula de Flora Tristán,
sombra deliciosa del Padre Enfantin, las burlas de que han sido objeto no darán cuenta de ustedes indefinidamente y agrego que sólo ellas predispondrán en su favor a los

poetes. Se les debe una gran reParación, los eventos actuales la preparan, bien podría estar muy próxima; y esa repa,ración deberá ser tanto más clamorosa cuanto más tardía. La sociología tiene a bien darse grandes aires,

proclamando con insistencia un poco excesiva, que ha
llegado a la edad adulta; no veo porqué tendría el derecho de acusar de inconsistentes y ridículos aportes como los de ustedes, cuya audacia sin límites no lta dejado de esnr al servicio de la extrema generosidad. I rs bufones que en el arre han acogido, sin llegara descorazc narlo, a u ndouanier* Rousseau consagrado a desarrollar :us posibilidades de expresión instintiva fuera de los preceptos escolares; la
* Pintor'.francés apodado doudnicr.
I

con entera objetividad de sus hechos y gestas pasadas, sin
consideraciones especiales
a la

comarca que tal o cual habita
les

o al idioma que habla. El arte y la ciencia, en lo que

indiferencia vagamente condescendiente de dgunos, que sigue siendo ejercic.a a cuenta de un cartero Cheval* advenedizo que, por me Jio de los peores recursos' hizo realidad sus sueños; se vuel'¡en hoy o se volverán mañana contra aquellos que hayan creído poder enfrentarlos haciéndose los fuertes. Lo que siempre me hallamado apasionadamen-

que en ellos procede de la embriagucz imaginativa,
imposible negarse
la primera mitad
a

es

ororgar

a los

escrirores reformadores de

delsigloXIX, en el mismo grado que a los arristas primitivos, el beneficio de la extrema frescura. De
esta frescura esramos particularmente ávidos hoy. En el campo social, así como en los demás, se puede esperar que
de la confirsión ideológica sin precedenres que marcará el

te la atención, en obras como las suyas' es que han sido explosivas en su época, que se producen enteramente dentro de los parámetros asignables a una época y rinden un tributo más amplio que las otras a las aspiraciones y temores que constituyen el fondo común de la humanidad. Si la reivindicación humana, Para que le sea posible un

fin de esta guerra, surgirá un número apreciable de propuestas radicales que vendrán defuera de los marcos establecidos; y desafiando la acusación de ingenuidad ranto como

triunfo parcial, debe aplicarse, en la práctica, sobre puntos
precisos, y para ello tendrá que poner
a la

Ia de anricipación graruira y sin consecuencias, harán hablar fuerte al lenguaje del corazón y de los senridos, ar re la carencia provisoria de un lenguaje del espíritu. Presrerr-os
atención a lo que
ese

ciencia de su lado,

no queda más que, bajo pena de un empobrecimiento afectivo que la volvería estéril y, a decir verdad, que ya la emenaza, fortalecerse y refundirse a veces en el deseo irrefu na b le de! b ienestar colectivo, .demasiado rápidamente acusado de utopía por aquellos a quienes ensombrece individualmente. Mal que les Pese' Por lo demás, a los
grandes personajes muy Poco indulgentes, cuya expresión desdeñosa ha sido acentuada a la dismncia por sus seguidores, que dirigen los destinos del socialismo científico, los

grandes temas que le son propios

lenguaje nos trasmite, en honor a ios -tal como aquél que llama

a consagrar la carne de la -nisma manera que el alma, sosteniendo que no son disc¡;iables- domina laidea de la saluación teríefta por k mujer, de la vocación trascendente de la mujer, vocación que se ha visro sistemáricamente
ensombrecida, contrariada o desviada hasra nuestros días, pero que no puede sino predominar triunfalmenre un día,

con la ayuda suprema del mismo Goethe.

mejores destilados no nos harán ser condescendientes con los vinos claros. A través de sus exageraciones ¡ de todo lo

'

En el original,

tl-reur Cheval.

La consrrucción de la geometría de un riempo no totalmenre cumplido, requeriría del impulso de un observador ideal, al margen de las conringencias de estos tiem-

tz $¡'ar.,onr BREroN,.

ARCANo

rz

j[_\1t

si

pos, lo que para comenzar implica la necesidad de un lugar

al mismo I empo, cubra tan amplia sucesión de existencias humanas. En su profundidad, hay más que tiempo

ideal de observación. Ysi bien todo me prohibe sustituir a ese observador, no es menos cierto que ningún lugar me ha

parecido cumplir tan cercanamente con las condiciones requeridas como el Roquerío Percé tal como se me muestta a determinadas horas, como a la caída del dla o en ciertas mañanas de bruma, cuando se velan los detalles de su estructura y se dibu.ia en él la imagen de un navío, gobernado siempre de manera imperiosa. A bordo, todo indica la mirada infalible del capitán, de un capitán que también sería un mago. Y es que la mole, totalmente desprovista de sus aparejos, parece súbitamente preparada para el más vertiginoso de los viajes de largo aliento. Nos permite explicarnos, en efecto, que el agua acumulada en otoño en las cavidades del roquerío, se hiele durante el invierno provocando una continua distensión de la corteza, marcada por desprendimientos anuales de aproximadamente trescientas t<lneladas. Los exoertos en esos temas no nos han concedido, por cierto, la gracia de la pueril operación arirmética que nos permitiria, una vez evaluado el peso roral del roquerío en cuatro millones de toneladas, deducir
el :iempo global que requeriría para desaparecer, digamos,

suficiente para ver nacer y morir una ciudad como parís, en la que los cañonazos retumban en esre momento hasta 'en el inrerior de Notre Dame, cuya gran roseta
se

vuelca.

He aquí que esa gran rosa vira y gira en el Roquerío: sin duda, esos golpes marcan una señal convenida, pues la cortina se leuanill Hemos sosrenido que , frente al Roquerío Percé, la pluma y el pincel debían declararse impoten_ tes y es cierto que guienes son llamados a hablar de ésre menos superficialmenre, creerán haberlo dicho rodo cuando hayan dado fe de la magnificencia de ese cortinaje,
cuando su voz, repe ntinamente más grave, haya intenrando tender sobre él un resplandor sombrío, cuando hayan podido poner algún orden en la modulación de Ia masa de aire que vibra en esos rubos magistralmente conrrapuestos. Pero, a falra de saber que allí hay un corrinaje

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podrían dudar que su drapeado abrumador oculra una escena enrre muchos planos? Y en primer lugar, detrás de
é1, se

¿cómo

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bosqueja

a

manera de prólogo, un cuenro para niños

("- L ;.rr rr. r*r;r'-^ l--,

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que no riene otro fin que ordenar i,as luces: la dura
escarcha de cabellos blancos ya casi no e ve allí, su cocina de ruidosa hechicera, ya no sabe como hacerla sino en las

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,*^i'3r'"o' ¿.^h l1,i J*
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años. Por poco autorizado que sea este cá-!culo, tiene a lo menos la virtud de poner la enorme mole en marcha, de proveerla de motores cuyo poder guarda ur.os trece

mil

relación con el lentísimo

y por lo tanto muy sensible

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proceso de desintegración que ha sufrido. Es hermoso, es conmovedor que su longevidad no sea interminable y, que

grandes marmiras, a la puerta de la ;asa. No imporra cuanta sea ru rabia al no poder reducir rodo a migajas, cada vez cr.e sale debe encerrar con doble llave a la
pequeña quc esrá al cuidado de su lechuza. Pero el pájaro

..

se ha ganado la confianza de la niña enseiíándole de boreales: a''cambio de la libertad, le ha dado el "uror", secreto pata €ncencer instantáneamente' desde cualquier ángulo que quiera de la desaliñada habitación, un ojo centelleante y fij", parecido al suyo' Basta tocar una
El cáscara de nuez vacía con una húmeda paja de escoba' fuego prueba ser el más cautivante de todos y la pequeña

que de tanto escuchar a la lechuz'a, ha adquirido una mirada lo bastante perpicaz como Para poder darse una fiesta a través del ojo de una aguja, no tarda en pasear la paja encantada por iodos los orificios posibles, desde los

,g,rj.ro, del escurridor hasta el de la cerradura, desde el oj"l de un viejo zaPato hasta el último del vestido' Y todo .ro ,. pon., no sólo a mirar, sino a hacer la luz y todas las
luces se aprestan a comunicar, cuidando de mantene r los aspectos distintivos de sus fuentes: están los que se inician

"ho." trantparente del Roquerío. Allá, donde no podía verse
recién sino los trazos repentinos del cuarzo, esas rrompas a su turno, se pierden en la luz difusa para dar lugar a miles de heraldos portadores de oriflamas que se dispersan en todos los sentidos. En esas pavesas claras franjeadas de oro, a nadie se Ie ocurriría reconocer a los de dura estofa que se han alzado y se alzan aún detrás de todas 1", "rr.nt.r.", peligrosas de los hombres. y es, por lo

a insertarse naruralmenre en la hendidura de la brecha, la misma desCe donde he gozado al tomar el ángulo de visión necesario para ver la salida del sol; y es el cuerpo vaporoso que soporra rodc el arco ahora sin peso. Sobre un .r..n"rio giratorio, Ios elefantes blancos encadenados al ritmo del viento y de las olas están arrodillados, volteando sus rrompas dirigidas al cielo en el senrido de las lunaíde sus uñas, sin engendrar con su insensible balanceo orra cosa que la imagen

mado en una garza- que recorre roda la exrensión del roquerío. El cuerpo de la garza ha venido

agua, se deposira y cristaliza en las cavidades minerales. Pero la niña no ha tenido más que dirigirse hacia la escoba para ponerlas en fuga. Es un hecho: todas las luces comunican. La antigua choza ya no está, la escoba se ha ransfor_

en una almendra azul en la cual se ha practicado una
ventana, detrás de la cual se prende una iámpara; otros en un grueso granizo que comienza a fundirse en una calle

polvorienta, otros en un ovillo de seda verde desteñida bajo las garras de un gato negro, otros en.aquello que
puede restañar la sangre del dedo de una hermosa árabe' ,er,rlt"do de un pinchazo en un rosal' ¿Dónde hago

- marejada

ranro, toda

esa

intervenir

pintar no hizo falm más que una sola ágata de Percé? Yo querría hacirla saltar la cuerda al interior de las piedras. Los químiccs se obstinarían en no ver otü cosa que la sílice que, llevada por el
a esa pequeña, si para

de banderas, gobernadas _lo hemos visto_ por un despojo de la bandera pirata y en proa hacia

tación deslumbradora, que se apodera del roquerío hasra que parece ser roda su subsrancia. y la proclamación, declamada a los cuatro vientos, ., .n .f..ro importante ya

una rransmu_

16

S

nNnrÉrnno;'t

ARcANo

rz

$r.:Lf sz

que de las bocas radiantes acordonadas de seda arcoiris' no se propaga a todos los ecos más que la nueva de siempre: la gran maldición se ha levantado, es en el amor humano

noche. Esr pálida rorre en cuya exrensión se clespliega una cascada dbrada que va a perderse e¡r la arena, es l:r torre de

a""¿.

reside todo el poder de regeneración del mundo' "Y un poderoso ángel levanta una piedra que Parece una gran rueda de molino y la precipita al mar diciendo: es con este estrépito y esta impetuosidad que caerá esta gran

Mélisande, como si sus ojos, canales de golondrinas'de abril ysu boca, árboles en flor, no estuvieran tan cerca mío
en esa choza desde donde miramos. En la piedra que sube

ahora toralmenre imbuida de azul pcro dañada de vagabundos fulgores bermejos -como para creer que la bella

Babilonia y no se la verá más". Pero la profecía omitió decir, que hay otra piedra parecida a una gran rueda de molino, que le hace exactamente contraPeso en la balanza
de las olas, que se levanta tumultuosame nte' fogosamente la otra se hunde; ej-*I9l-t!-hombre y la

faltar- se puede ver aún al navío que levanta su ancla, sus chimeneas vomitando en grandes voluras al iascinador vencido que tto es de rtinguna
nzanert quien
se

sangre humana no puede

dice que r.r, sino la boa que se enroscaba

f ;,'." '
.. ;lt::''a

L*t.o
rt, J^'. I La

en cuanto

mujer al que la mentira, la hipoctai" y'n
h¡tró

@f_,-0.y:"g"t"**r;j: esquivar la vi gil ant.,F^i" ;;;; h" d.Uido
ri.;il"
a balbucia de antiguas religiones furibundas y comienza Y en [a piedra cear, tan t"rd., .n.l.anto de los trovadores'

fil"laji-91'L?n;;qu¿rqG'

-Gii"

en los meandros de la pesada roca v que, mienrras el pensamienro enfilaba de aquí hacia orras regiones, cosilbar cuando no a abrir sus fauces rriangulares en la escotadura. En é1, hemos renido tiempo de reconoa

menzaba
é1,

cerle,

el único arresano de la opacidad y la desgracia, el

que triunfa sin luchar:

"Ni muerto, ni vivo. De la bruma.

sus que sube , sie mpre unacon'tlroguerío que contemplo' rayos de la atravesados por todos los

,r.o, .n descenso,

'más lejos, detrás de ellos, el de Montségur' siempre ardiendo. Allá, esa ventana atrapada en la hiedra' esa
ventana
ele

luna, las almenas de los antiguos castillos de Aquitania y

Del fango. Informe." Aquel que se llama de joven peer Gynr: el gran Torcido. Ninguna duda de que renace más impúdico y más vil que nunca, de lo" supuesros arrepentimientos y las irrisorias veleidade: de mejoras que se
saldarán en moneda falsa al rérmino r
e esra

guerra. Por lo

vitrales rojos esrriados de relámpagos' es la u.nr"n. de Julieta. Esa habitación, en el primer piso de un
paso albergue perdido en el valle, cuye puerta abierta deja libre a todos los músicos en tropel, es donde Kleist' Puesto
a

tanto esa arca permanece, aunque r o pueda hacer que todos la vean; esrá cargada de rod¡, la fragilidad pero también d,- toda la magnificencia del don humano. Engastada €iir sü rTlxrflvilloso iceberg de piedra de luna, esrá

última desanudar para siemprc la solcdad, ha pasado su

muda por'tres hélices de vidrio que son el amor, pero

aquel que entre dos seres se eleva a Io invulneraüle; el ane, pero sólo el arte qu, ha llegado a su más alta expresión; y

la lucha a ultranz¿ por la libenad. Al observarlo
sólo gracias a sus p,jaros.

más

disrraídamente dest .e la ribera, el Roquerlo Percé es alado

ft;'L sruü-i',"
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Melusinadespués delgrito. Melusina bajo elbusto, ve¡ centellear sus escamas en el cielo de otoño. Su empalme deslumbranre ciñe ahora tres veces una boscosa colina que

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ondula en olas según una pi:rtirura en la que todos los
acordes se ordenan y repercuien sobre los de la capuchina en flor. Se habrían practicado corres para abrir esas pen-

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dienres de ski; por lo menos eso es todo lo que quiere retener la inrerpreración profana; pero habría que admirir
entonces, que mucho antes que la nieve , sus curvas se visten de ia más bella escarcha, la escarcha azul que, si uno evira

-f¿ €.<¡-¿:::t.2.. "¿- -4¿- ¿tt¡.'t2".

¿ rel,., ,u,'*4--, u4 nu e:/ " ¿rt';'- l< ¡a,{u c1'-,-...á-- r2'- /^ *¡, zi n t '
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divagar por todos los caminos conocidos y aún los esbozados -y ésta debe ser la única regla del arte- rermina por

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imponer sus palmos de desesperanza de pintora de ventanas mentales. Melusina, es su maravillosa esrela, perdiéndose dramática enrre los pinos, en el pequeño lago que
adqr.riere allí el color y el filo de un roble.

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s-eL9,9l,c_u_qttr._e.pígr,ltf qa;_g,u.g¡,_rg!d4*L!egoj9.g9ry_ejl
¡ravés de esos infiernos a que la conde'111. ¡!,n e! agxitig ¡nás

o la de algur. o de los suyos. Siempre me ha provocado
estupor que su voz no
se

pEb&T4!'
t.i-e,¡g {e_

qqr-qi4'-lcti*ó

haya hecho oír en esas circunsran-

(Gt'e-va¡

anus-engsneral'

ella¡Cuántas veces, en el transcurso de csra guerra

cias; que no soñara con sacar todo el partido posible, todo el inmenso partido de dos inflecciones irresisribles y sin

y aún de la anterior, escuché resonar el grito enterrado por nueve siglos bajo las ruinas del castillo de Lusignan! La

precio que le han sido dadas: una para hablar al hombre en el amor, la otra para concitar en ella toda la confianza del

todo, la gran víctima de esas emPresas militares. No olvidaré jamás los brazos de la mujer, en ciertas tardes de París, en la estación del Este, la admirable mujer
es, después de

niño. ¡Qué presrigio, que porvenir no habría podido rener
el gran gesto de rechazo y de alarma de.la mujer! Ese griro siempre poderoso y qu€ por un maleficio, como en un sueño, no logra hacersalirdei plano virtual. ¡Si en el devenir de esros úldmos años hubiera podido posarse, sobre rodo en Alemania y que, por imposible hubiera sido lo suficien-

y perturbadora figura que comPonían. Era menos la cara que el brazo lo que en el aire 1a enrarecido 7 falso, rcnía entonces es€ acento único. Los brazos de aquellas que
amaban verdaderamente' que perdían todo; ese brazo de la Tetis de Ingres, ese brazo hecho para retener y suspender, ese brazo que también hace tan conmovedora y un algo

temente fuerte como para no haber podido ser acallado! Que después de ranros "santos" y de heroínas nacionales
atizando la combatividad de uno y orro campo, una mujer, simplernente mujer, operara el tan distinto milagro de, extender los brazos sobre aquellos que van a luchar para decirles: Sois hermanos. La mujer,
¿es

inquietante la laxitud de la articulación del codo, que le permite plegarse un Poco hacia atrás (en circunstancias parecidas un gesto como ése se convierte en un gesto rrágico). Toda la mujer; todo aquello que no está irremediablemente alienado en las íormas de sentir que le son
detiene en el movimiento lujurioso y pródigo de es: brazo; movimie nto que me lleva a recordar qué extraño final tiene asignado, como Para recalcar que arriesga dislopropias,
se

necesario enronces

que el yugo la someta, para que vea enronces alguna oportunidad de jugar su rol; para que aLdique sin vuelra
los poderes que le son tan manifie.;tamenre conrrarios? Esta crisis es ran aguda, que por mi ¡ arte no descubro
a

frenre

más que una solución:

cá¡:s€ si se subleva. Y todo ello es desafiado, humillado y negado hasta el límite por el aparato de una guerra de cuya excitación fisica no Participa mujer alguna digna de ese

lleglg 4qtTpJ

_l_e

t'tSgly3lgfl^

ideas de la mujer a expensas de las del hombre, cuyo fracaso __._.1 __--

nombre,

a

menos que esté directamente am€nazada su vida

se consurna i,rn estrepitosam€nte hoy. Es al arrista en farffiiar a quñ-¿ó?i;p^o-"8; "u.tqu. no sea más que en protesta contia ese escandaloso esrado de cosas, hacer

predominar al m:iximo todo lo que surge del sistema femenino del rnundo, en oposición al sistema masculino;
de hacer hincapié exclusivamente en las facultades de la mujer; de exaltar,,nejor aún, de apropiarse hasta hacerlo celosamente tuyo, ). aquello que la distingue del hombre en su forma de er rluar y de querer. A decir verdad, esa
dire cción que me gustaría pode r asignar al arte, no es nueva;

muestra sobradamente hoy de lo que es capaz. Se acabó el

tiernpo, digo, de quedarse hoy en las veleidades, en las conccsiones más o menos vergonzosas; es preciso pronunciarse en el arte sin equívocos conrra el hombre y por la
mujer;

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@psdq_qgq

gj!áa4¡
a las

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qe

b-ugd9is¿p-ag-d-eyaLvsr g-$p-oder

mano-s

d,._lq¡suie.r, de denegar al hombre rodas esas instancias, en

hace ya tiempo que ésre le ha sido implícitamente sumiso; en gran medida, y mientras que más nos adentramos en la época moderna, mas contamos con que esa predilección se

¡anto la mu,ier no llegue a retomar de ese poder su parre equitativa; y_S$o yr ngggglgjlr_g en la vida.

afirme y tienda

a la

exclusividad. Rémy de Gourmont no

se

ve libre de ésto por sus injurias a Rimbaud: "Temperamen-

to de niña", decía. Una apreciación de este tipo da hoy la
medida de quien la expresa: bastaría para instruir el proceso
a la inteligencia

tipo masculina de fines del siglo XIX. Por
esas

un lado el gran viaje : nada menos que "cambiar la vida"; por

otro, la baba de la rata comelibros. De

dos actitudes,
se

Ivlelusina después del grito... el lago centellea, es una sortija ¡'es siempre rodo el mar pasando a rrávés del anillo del Dux, es preciso pues, que esra alianza sea consagrada por todo el universo sensible y que ya nada pueda hacer que se quiebre. Melusina bajo el busto se broncea con todos los
reflejos de I solsobre el follaje de otoño. Las serpienres de sus pie rnas danzan al son del ramborín, los peces de sus piernas

piénsese solamenie lo qiie ha configurado estos tiempos:

observará por un lado al espíritu en ascensión gradual y siempre seguro y por otro una constante pérdida de energía. La justicia se ha visto pues, cumplida; me limito a pedir

se zambullen

y

sus cabezas reaparecen más allá como

que en el fluturo sea aún más expedita. Que eliarte dé paso, resueltamente, al supuesto "irracional" femeriino, que sos-

srrspendidas en las palabras de ese sanro qu€ les predicaba cn las meseras; los pájaros de sus piernas levantan sobre ella

tenga con fer<¡cidad que su enemigo es todo aquel que teniendo la presunción de ser seguro, sóli {o, lleva en
realidad la marca de esa intransigencia mascul:naque, en el

el filamento aéreo. Melusina, a medias recuperada por la vida, en pánico; Melusina la de exrremos inferiores de piedrecilla, o de hierbas aromáticas, o de plumón, es a ella
a quien invoco, no veo a nadie más que ella, que pueda

plano de las relaciones humanas a escala internacional,

redimir esta época salvaje.

Es la

mujer enrera y por lo ranro,

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la mujer tal como es hoy, la mujer privada de su base
humana, prisionera de sus raíces tan movedizas como nos es dado concebir; pero también a través de ellas en comunicación providencial con las fuer¿as elementales de la naturaleza. La mujer privada de su base humana, la leyenda así lo quiere por la impaciencia y el celo del hombre. Esta base sólo podría serle restituida luego de una profunda meditación del hombre sobre su error y de una larga penitencia proporcional a la desdicha que este ha provocado. Pues Melusina, antes y después de la meramorfosis, es Melusina.

Melusina en el insranre delsegundo griro: ha brorado de
sus caderas vacías, su vienrre es toda la cosecha de agosro;

su torso se hace esbelto en el fuego de artificio de su ralle arqueado, ceñido por dos alas de mariposa; sus senos son armiños aprisionados en su propio grito, enceguecedores a fuerza de limpiarse la boca aullan¡e con carbón ardiente. y
sus brazos son el alma de los arroyos que canran v perfu-

man. Y bajo la cavidad de sus cabellos desreñidos, se componen para siempre rodos los rasgos disrindvos de la rrrujerlniña, de esa variedad ran particular que siempre ha
subyugado a los poetasp orque el tiempo no ha pasado sobrc

elh.

Melusina, ya liberada del peso de la fatalidad desencadenada sobre ella por el hombre; Melusina liberada, Melusina antes del grito que debe anunciar su regreso; porque ese grito no podría ser oído si no fuese reversible, como la Píedra del Apocaliprir y como todas las cosas. El primer grito de Melusina fue como un ramillete de helechos comenzando a quebrarse en una alta chimenea; fue el

La mujer-niña. Es su advenimienro a rodo el imperio sensible lo que el arte sistemáticamente debe preparar. Debe renerlo consrantemente presente en su triunfo, haciendo huir
a

los murciélagos de desolado vuelo silogísrico,

j-rnco más frágil rompiendo sus amarras en la noche; fue,
en un relámpago, la espada calenrada al blanco ante los ojos

mientras los lusrrosos gusanos tejen a su amaño el hilo misterioso que, sólo é1, puede llevar al c rrazón del dédalo.
Esa criatura existe y, si no esrá

investida

[e

la toral concie n-

<.: todos los pájaros de! bosque. El segundo grito cle I felusina debe ser el descenso del columpio en un jardín donde no hay columpio, debe ser el retozar de jóvenes
caribúes en el claro, debe ser el suefio del alumbramiento sin dolor.

cia de su poder, no es menos cierro que er ella a quien vemos

de tiempo en tiempo hacer una apariiió., en el sistema,

tomar por l.n corro riempo el mando de los delicados engranajes r:l sistema nervioso. Y es Balkis de ojos ran grandes, que aún de perfil, parecen mirar de frente; y es

i
Cleopatra en la mañana del Actium; y
es la

jo. :n hechizada

de Michelet al cuidado del arenoso páramo y es Bettina cerca de una casca Ja hablando por su hermano y su novio, y es, más oblicua ¡:.ún por su misma impasibilidad, el hada del grifo de Gust.,ve Moreau; y eres tú. ¡Qué de recursos felinos, de ensoñ¿iciones de someterse a la vida; de fuego interior que marcha frenre a las llamas, de la travesura al servicio del genio y, por sobre todo, de la extraña calma recorrida por la luz al acecho, no están contenidos en csos
instantes en que la belleza, como para dar una visión más

¿Quién entregará el cerro sensible a la mujer-niña? ¿Quién dererminará el proceso de sus reacciones aún
desconocidas para ella misma, de sus volunrades sobre las cuales ha sido tan altivamente lanzado el velo del caprich r? El que lo haga deberá haberla observado largamente fren,e a su espejo y previamente, le habrá sido necesario rechazar todas las formas de razonamiento de las que los hombres
están ran pobremente orgull,rsos, tan miserablemente engañados; hacer tabla rasa de ios principios sobre los cuales se ha edificado de manera roralmenre egoísta la psicología

amplia, repentinamente

se

torna vana, deja morir en ella la

vana agiración de'los hombres! ¡De cuánta fuerza explosiva están cargados esos instantes! El rostro de la mujer-niña

disipa a su alrededor los sistemas mejor organizados, porque nada ha podido hacer que sea subyugada o incluida por
ellos. Su apostura desarma todos los rigores, comenzando,
y yo no sabría ya cómo decírselo, por los más antiguos. Lo

del hombre, que en ningin

caso es uálida para la muj er, a fin de instruir la sicologfa de la mujer conrra la prirnera, pa.ra

mismo que la golpea la afirma, la suaviza, la afinca y p^r^ decirk¡ todo, la logra como el cincel de un escukor ideal, dócil a la armonía de r¡na ley preesrablecida que jamás acaba
pues, sin posibilidad de dar pasos en falso, él está en la rura de la perfección y aquella ruta no tendrá final. Y la mue rre

conciliarlas posteriormente. He escogido a la mujer-niña. no para oponerla a la otra mujer, sino porque en clla y sólo
en ella me parece que reside, en el esrado de transparencia absoltrta, el otro prismade visión del que se rehusa obsrinadamente dar cuenra, porque obedece a leyes muy disdnras, de las que el despotismo masculino debe evitar divulgar
a

,corporal rnisma, la desrrucció¡l fisica de la obra, no es, al producirse, un final. La iluminación subsiste, qué digo, es
la estatua entera, más bella aún si fuera posib'ie, despertan-

cualquier precio.

do a lo imperecedero sin perder nada de

apariencia -;u carnal, su substancia hecha de un cruce sublime de rayos.

De la cabeza

a los

pies, Melusina ha vuelro a ser mujer.

El día después ya ha pasado, en las novelas de caballería, en

ca ;,;.i$ auona rrne'rc

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los graneros entregados a su olor especial, tan impregnado de polvo, ella se ha reintegrado al marco vacío del cual incluso su imagen había desaparecido en plena época feudal. Pero, poco a poco, el muro en los límites del marco
se
I

carbón? Qebe ser una conferencia másque se prepara; y de una ventana enteramente diferente, aposraría, el mismo espectáculo: ¿una pila de carbón, una rrampa, o un auro

resquebraja, se borra. Ya no hay otro marco que el de una

ventana que se abre a la noc\e. Esa noche es total, podríamos decir la noche de nu:stros tiempos. La espléndida

que cruza? Unos concertarán proyecros sin envergadura, mienrras que los orros harán valer o disimularán inrereses sórdidos, porque ni unos ni orros me han enrendido; es por
lo demás su sisrema de referencias común el que es indigente, falso. Esto para el futuro, ral como cree n poder disponer de é1, por lo menos... No han cambiado en veinre años y son los mismos que se preparan a partir de nuevo. Es muy

Melusina ap€nas reencontrada, temblamos Por temor
1ue se haya desvanecido
e

a

nteramente. Sólo el aullido de los vacío. Si se lo tnira , cbos. El marco esú desesperadamente de larvas plesas de los ijamente no surge n de él sino figuras peores tormentos, las peores envidias. De un Bosh ciego,
esas caras

difícil inreresarse por ellos y a decir verdad, ellos tal vez ni
lo desean: son los caballeros del funeral.
He cerrado los ojos para recordar con rodas mis fuerzas la noche verdadera, la noche desprovista de su máscara dc espanros, la suprema reguladora y consoladora, la gran noche virgen de los Himnos a k noche. Ha sido preciso esperar que la perturbación se disipara en su superficie, dejarle tierñpo para reposar. Ahora ha llegado para quedaren el maico que llena hasra el desborde con sus miríadas de faceras. No tiene fondo como el ,liamante; y sólo los
se

sin consistencia ni colores, todos con expresiones
las más horribles transformacioncs,

atroces que pasan por

sostienen la escena por algunos segundos antes de descender lúgubremente de derecha a izquierda para dar lugar a

otros mas aterradores que les siguen; ¡es un tropell Un cortometraje nocturno y descolorido: están lejos de haber dejado el campo libre. ¿Porqué ninguno reverbera en ese camino estrecho y resbaladizo? ¡Ahí! Lo olvidaba" ' las sirenas de alarma, su infame torniquete, debe ser una de esas cortas pausas Para exPresar la amenaza. En esas dos
caras laterales, las mujeres en bata de levantarse deben aún

amantes que hayan logrado aislarse ¡,eligrosamenre para inclinarse sobre ella desde una ven:ana arrojada a un parque, mienrras a lo lejos la fiesta ard: enrre los rosales de

bajar niños apenas despiertos que tienen miedo' Prohibido avanzar: seguro, ya no es Ia vida. El silencio ahora, Peor que

cristales

y

las burbujas de músicas bajo las hileras de

todo. Paso la mano sobre mi frente. La noche engañosa' De espaldas un auto que cruza' ¿una tramPa o una pila de

lámparas, s .brán qué bóvedas de espejos, qué rosa de luces de un faro en una noche como esra, alinrenra¡r su ebriedad

de resplandor; podrán testimoniar que es en una noche

como

ésta

y sólo en ésta, que los impulsos

del

.rrazón y de

Mañana.
se

los sentidos encuentran su reposo infinito.

Es sólo en el insrante de su aparición que el paisaje i.lumina, que la vida vuelve a ser clara, que justo bajo el

Es toda la mági':a noche en el marco, toda la noche de encantamientos. Los perlumes y temblores trasvasijan el aire entre .los espíritus. La gracia de vivir hace vibrar en

sordina sus flautas de Pan bajo las cortinas. El cubo negro
de la ventana ya no es, por lo dcmás, tan difícil de rornper:
se ha

visto penetrado poco a poco por una difusa claridad de guirnaldas, como una enredadera de luz que se apega a las dos aristas transversales de arriba y no cuelga por abajo

el de una A uno y otro cosrado de esra muje r que, rr.ás ql"ta. allá de Melusina, es Eva y ahora toda la mujer, tiembla ala derecha un follaje de acacias a la izquicrd" ur," mariposa 7 oscila sobre una flor.

-foyrluminoso que acaba de someterse a los precedentes, se descubre en su desnudez a unajoven arrodillada al borde cle un esranque, que vierte con la mano derecha el contenido de u¡ra ánfora de oro, mientras que con la mano izquier.Ja vacía sob¡e la tierra no menos incansablemente,

,.1fo:

t

del tercio superior de la figura. La imagen se

precisa

gradualmente en siete pisos que se convierten en estrellas,

mientras la parte inferior del cubo queda vacía. Las dos estrellas más altas son de sangre, representan al sol y la luna; las cinco rnás bajas, alternativamente amarillas y azules

como la savia, son los otros planetas conocidos antiguamente . Si el reloj no se hubiera detenido a medianoche, la

aguja más corta habría podido, sin cambiar nada, dar cuatro veces vuelta al cuadrante antes que emanase del cenit la nueva luz que domina a las primeras desde arriba: una estrella mucho más brillante se inscribe en el centro del primer septenio v sus ramas son de fu.go rojo;7 amarillo y es la Ca¡rícula o Sirio, es Lucifer portador de lri luz y es, en su gloria primando sobre todas las demás, la Cstrella de la

Cuando la suerte re llevó a mi encue nrro, la sombra más grande me habiraba y puedo decir que es en mí que esa venrana se abrió. La revelación que tú me rrajiste, incluso anres de saber en qué podía consistir, supe que era una revelación. Comprendí, al verte aparecer, al escuchar rus primeras palabras, que en un cierro senrido desesperado, vertiginoso y sin freno, de los pensamientos donde ocurre que la máquina mental está ran fuertemente afianzada que nos hace perder k pista, he debido rocar uno d. .ro, polo, que generalmenre esrán fue¡a de nuestro alcance; accionar por azar esa sirena escondida que llama a los soconos extraordinarios. Siempre hecreído en esos auxilios; siempre me ha parecido que una tensión exrrema en la forma de

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lii$,rNoru BREro¡
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soportar una prueba moral, de la que no quiero permitir queote distraigas ni siquiera de manera imperceptible, o consentir en limitar su devastación por medio de algún ejercicio, debía provocar naruralmente ese auxilio y creo' además, haberlo verificado innumerables veces. Que se trate de pruebas en las cualls todo lleva e Pensar que no
pbdremos salir o de pruebas menores' Pieñso que la actitud

abierto. En mí estaban instaladas unas ruinas que jamás florecerlan con esa rosa. Y las ideas por las cuales el hombre riende a mante ne rse en contacro definido con los demás, las ideas, ampoco salieron indemnes: aún más ruinas, sólo fachadas que se mantenían en pie, recinro de la Torre de
Babel. Las palabras que las designaban, rales como de recho,

a tomar es mirarlas'a la cara y deiarse ir. Considero ésto r',ílido, tanto para el dolor como para el tedio. En el plano i;rtelecrual, es al haberme dejado ir aI fondo del tedio que lie llegado a encontrar soluciones insólitas, enteramente füera de la investigación de.ese mom€nto, algunas de las
cuales me han dado razones para seguir viviendo. Pero

justicia, libertad, habían adquirido sentidos locales, contradictorios. Se había especulado ranro, en unayorra parre,
sobre su elasdcidad que se logró reducirlas y exrenderlas a

cualquier cosa, hasta llegar
ra

a

hacerlas decir precisamente lo
esa

contrario de lo que querían decir. Seguramenre la dicradudesrrucción cada día más meticulosa del valor semánrico, destrucción a que el periosu

militar encontró

lugar en

cuando has llegado a ese Punto, ya es otra cosa. lJna gran parte de Ia tierra no era más que un espectáculo de ruinas. En mi interior, me habría sido necesario aceptar sin por ello
resignarme, que todo lo que había considerado indefectible en el campo de los sentimientos, sin que pudiera saber por
cuál ráfaga, había sido arrasado: no quedaba como muestra más que una niña de quien, presa de la aprehensión más

dismo más obtuso y cínicamenre venal

se

había dedicado.

Aquellos que guardaban aquí

y

allá, el cuidado por los

significados correctos, con todo lo que junto a Io emorivo
puede válidamente conmover al hombre, esraban consrre-

ñidos al silencio, en la imposibilidad de comunicarse enrre ellos e incluso de contar unos con orros.

justificable,

t"d" l"

me ha podido oír hablar antaño. Esta niña, injusticia, todo el rigor del mundo, la habían
se

separado de

mí, me habían privado de sus

hermosos

Será

difícil a la distancia, una riez ,nás, medir Ia exten-

despertares que eran mi alegría; me habían hecho perder el contacto maravilloso de cada día, se preparaban a alejarla

sión de

lo' dominios

a que la óptica de guerra somete al
es más

espíritu cr: 'ico general. Nada

sintomático, desde

esa

aún más de mf. Yo no ayudaría a la conformación de

ese

perspectiva, que lo amargo del debate a que ha dado lugar

joven espíritu que venía a mí tan resplandeciente, tan

una obra reciente, de pequeíras dirnensiones, que fue

distribuida en varios países a

lt

vez; quiero ,rablar de

Si lencios del mar, obra fir mada con el seudónimc "Vercors",

puede no ver el peligro que esra forma de abordar la obra, dando rodas las licencias a esros prejuicios, represenra para la libertad de expresión lireraria y artístical Si no esramos atentos, quién sabe que oscurantismo implicará su exten-

que se presentaba co;no surgida de parte de la resistencia en

la Francia ocupada. Sus lectores, innumerables, se encon-

traban repartidos e r dos campos enemigos decididos a luchar. Unos veían n eila, sin discusión posible, una obra

sión inservible a las obras del pasado.*

'

maestra: aún más, lá aclamaban como el resultado de un
esfuerzo inestimable para superar el conflicto actual sin por

ello dejar de vivirlo en todo su rigor; por recuperar -sin
detenerse más que lo necesario en su comprensión entere-

mente exte rna, episódica- los

ve

rdaderos valores humanos.

He aquí, por lo tanto, donde estábamos; donde estamos aún. ¿Y quién podrla felicitarse de haber escapado enrera_

.

Los otros, con no menos pasión,la denunciaban como una falsa disfrazada, una explotación execrable de la propagan-

mente del contagio, de dirigirse de otra forma que

a

da alemana, una de las tantas maquinaciones pérfidas
destinadas a minar la moral de los países aliados. Mientras que, en atención
a

tropezones en esta bruma? El espacio, el tiempo mismo que servían de bases comunes de orientación se han visro, anre nuestros ojos, barridos o disconrinuados. Cierto, cada uno

la ambigüedad de la tesis del libro y a la
se exigiría

imposibilidad provisoria de verificar su origen,

una prudencia extrema, ios unos y ios otros, a su conveniencia, abandonaron toda sangre fría. Desde ambas partes, la misma dimisión crítica. Alternarivamente exaltada o maldita, la obra lleva una vida enteramente fuera de caucc,
creando por este hecho un anrecedente deplorable. En los

por cuenra propia la operación que consisre en revincular los países más separados entre sí por todas las antiguas y aun las ñruras líneas de tráfico: no es mJ .os cierto que por mucho riempo esos países habían viv.Co
realiza replegados sobre sf mismos, en la casi ignorancia de que

aquello que se resenrla, esraba realmente fuera de sui
fronreras. En Europa, en lfrica, en Asia, los esrados de conciencia se han repartido en islotes bien separados los
* El autor de Sibncio d¿l nar fuc lucgo descubierto, anulando las sospechas dc las que fue objeto, dejanJo cn claro d. que l"do ,. encontraba la sicosis. Pero el fondo de csta observación sigue tcniendo

juicios que de ella se hicieron, nada hay que provenga de un examen profundo de sus medios, que descanse en una
evaluación comparada de sus méritos y debilidades inrrínsecas.

No

se

ve una apreciación sino de aquello i-rra lo que

pueda servir en lo inmediato, o verse perjudica..o. ¿Quién

senrido.

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unos de los otros. Las masas humanas, entregadas inicialmente
a la

orgía de la conquista, han aplasrado

a

orras rnasas

humanas; en principio, infinitamente dolienres no han podldo, durante años, hacer orra cosa que apelar a rodos sus recursos yhoyse levantan heridas, en tanto que las primeras
se

üorr...ion., mínimas que necesitan sus puntos de vista sociales) como aquellas qu. La niña de los ojos "b..n ghriosos. Era esencial
que París se liberase a sí mismo. Después, no queda sino confiar plenamente en su desrino; esperar que a la primera ocasión favorable, lo veamos

(con las

aprestan a conocer el talión. Pero quién sabe, de lejos y
se

retomar su fisonomía única de los días gloriosos. IJna
inmensa sombra se exriende aún sobre el mundo, desde el momento en que la voz de París no se escucha; y no será

sin duda rambién de cerca en la medida que aquellas

levantan, quién tendrá la pa.rte del poder de la ene rgía que han acumulado y es preciso decir también de la fariga, una
'lez pasado ei primer momento de entusiasmo. Se han dado ;:'risa en tender un puente entre el París de principios de : 940 y e I París de 1944, pe ro sólo un espíritu simplista se ciistraerá con la ilusión de que esos dos París son el mismo.

naturalmente en la evenrualidad, a mayor o menor plazo, de una consulta popular aunque se la suponga imposible

El gran desconocido

es el

pensamiento del París actual y de

sin limitaciones y sin arrificio, lo que podrá llenar esta laguna; sino un sondeo prolongado de opinión en rodos los campos, si no se producen fenómenos suficientemente disruptivos por sí mismos.

algunas otras ciudades de Europa. Ese pensamiento no ha

sido aún descubierto. París, sus calles, sus plazas, los
últimos documentos, son un enigma total:
se trara de saber

qué corrientes sensibles trabajan desde entonces para convertirse en maestros, qué bases de discriminación, adecuadas a su apariencia invariable, están en tren de adoptar qué

Yo usaría, de paso, este paréntesis para expresar algo de lossentimienros que mis amigos yyo alimenramos respecro de lo francés. Un cie rro recorrido p(. r nuesrras declaraciones anteriores, güe no tuvimos temo de desear que fuesen provocarivas, tendería a hacer creer qL : nos desolarizábamos

lección, en tanto organismo obediente

a sus

propias leyes y

no a consignas extranjeras, lo sacarán de su dura experiencia. Todo lo otro que tienda a propagarse no es más quc grosera imaginería. Es preciso, para tener alguna idea del

enteramenre de la siruación, lo que no dejará de parecer contradictorio con lo anrerior. Es cietto que, desde el siglo

XIX

los

p

etas y escri rores franceses

mecanismo de asimilación y de expulsión que pone en
marcha, conocer bien Parls desde dentro o, en su defecto,
referirse a ciertas páginas magistrales que Balzac le consagra

Huysmar

s- comenzaron a cubrir con sus

-Baudelaire, Rim baud,
sarcasmos al

"espíritu francés" o lo que ya se imponía como ral en su época. Antes de ir más lejos, .debemos observar que su

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.!
contribución
a

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la culrura de lengua francesa corx iensa

muy

hemos declarado resucltamente como detractores de

ese

largamente el daño que hayan podido hacer, er. Francia o
en el mundo, al espíritu en cucstión, que no es, en el mejor de los casos, sino la :spama de esa cultura. Sin perjuicio de

espíritu, ¿no es precisamente en la medida en que queremos despertar otroal cual éste amenaza cada vez más con borrar; un otro que a intervalos demasiado largos, se ha mostrado en Francia lleno de vida y de fuerza; y lo que esa vida y esa fuerza implican de seriedad, de gusto por la investigación

la repugnancia que nl arte rrarará siempre de instalar en el marco nacional, aqu al que requiere de cambios constantes
sobre el plan mayor, la exrrema virulencia de los ataques a los que se enrregan los jóvenes escritores contra el "espíritu

y el riesgo, de insatisfacción mouiz y mejor aún,
se abierta

de

confianza generosa, no desarraigable, ansiosa de manrener-

francés" y que alcanzan su paroxismo enrre 1920 y 1930, dan a pensar que ese espíriru ha constiruido un obstáculo

a todos los caminos del progreso

humano?

y una amenaza inrolerable que obligaban a aracarlo
frontalmente y a usar para ello todas las armas disponibles. Esto no es siempre bien enrendido en el exrranjero, donde la gente se hipnoriza con la libenad de expresión poco menos que sin límirc de la que se pudo gozar en Francia durante ese período. Ésra hizo perder de vista la falta de

Sostengo que somos nosotros quienes hemos sido los más fieles a ese espíritu, en la misma medida en que no perde-

mos oporrunidad de flagelar al orro, de arrinconarlo en lo que riene de tirubeante rras su débil seguridad y su risa

amarilla. Es digo, en su esencia, en la gran tradición francesa, un espíritu que jam:ís hemos dejado de ¡eivindicar, de hacer nuesrro: es el que pasa a los Cuadernos de
Estado generales o que anima los decretos del 93 el que, a través de las flucruaciones de inrerés de un problema a otro,

delpúblico. Frente al arte en parricular -la reacción de la opinión general fue entonces de lo más decepcionante. Está hecha de hastlo y
de una atonía profunda, disimuladas bajo la máscara de la

respuesra viral de la inmensa mayoría

inspira ranto el movimiento de Port-Royalcomo la Enciclopedia, que suscira a Benjamín Constant y a Srendhal
ranro como, a lo largo del siglo pasado, imprime su mar
caracterísrica al movimiento obrero.
;a

liviandad, de la suficiencia, del senddo común más rrasnochado, que se cree buen sentido; de escepticismo no

iluminado, de seudoasrucia, Ios cuales no trasmiten otro sentimiento válido que el temor consrante de ser engañados. Es ésro de l<l que insisrenremente se habrfa podido acusar al "espíritu francés" y no veo como se podiía refurar que esas caracrerísticas son reales

eue no se lea aquí

..e

miparre alegato alguno en apoyo de un humilde requel_imiento desrinado a abreviar un tiempo de exilio. Sigo
convencido que un pueblo, c:ue ha sido históricamenre el

y

detestabli s. Si nos

mayor porrador de liberrad ,que existe en el mundo, no
puede de ninguna forma reposar a la espera que los otros

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pueblos alcancen su nivel, bajo pena de perder su genio y

de ver corromperse las ideas de las que no hace sino
retroactivamente su substancia. No soy el único para quien es no sólo admisible, sino imperiosamenre necesario, que de su seno se eleven ya las voces que lo atormentan y Io sobrepasan, acusándolo sin cesar de ser infiel a su misión.

,. p..cibil, a rravés de delgadas membranas, las ciudades del porvenir. Con grandes vacilaciones alcanzan su movimienro de ascensión y las que esrallan son siempre las más
En mi ebullición perperua, no podría sino ocasionar la pérdida de todo lo que vivo, no me debo más que a lo que amenaza caer en letargo sobre la superficie de la tierra. Es a ese trisre estanque al que me dirijo, donde bajo cremas fosforescenres, las ideas vienen a sepulrarse desde que dejaron de conmover al hombre. yese estanque es el
iridiscenres.

ventana, que había girado sobre su eje, rransportada ,La a 1, , lsj65 y enreramente brumosa con las imágenes que Ba:.delaire instaló en el CrEt)scub de ks Mañanas,vuelve a F csarse frente a mí y se devela lentamenre. Comienzo a

de los dogmas que han llegado a su fin, a ios que los hombres no sacrifican más que por costumbre o pusilanimidad. Es el de las innumerables existencias encerradas en sí mismas,

oír, más y más distinramente las voces de dos arroyos que corren en esre final de noche alegórica. Reducido a mí mismo, había casi dejado dc percibirlos, o al menos se habían fundido para mí en un murmullo. pero ese murmu-

desde

el que el magma emire a ciertas horas un olor

llo, yo sabía oscuramenre que era ran indispensable a la continuación de la vida como el latido del corazón. No
perdí de visra que, no es a rravés de una legislación seca, de

y

pestilente, y no por ello deja de tener el poder de resplan_ decer en un nuevo sueño, pues es g ésre al qu. doy l" ebullición incesanre de ideas disidenres, de ideas-fermento

es

por mí que reencuenrra en ius profundidades

principio secrero de sus rorbellinos.

el

programas, de planes, de regímenes, gue se cambia el mundo. El murmullo ha dado lugar ahora a dos voces claras, alternariyas. He aquí lo que dicen los arroyos: izquierda.Ardo y despierro, he cumplido la volun¡ad del fuego. El vienro no acabará jamás de desenredarlas orlas devapordel vaso del cual emerjo. yen ese vapor
de la

Arroyo de derecha:Yo encanro y r, ulriplico. Obedezco
que sin mí no podría cumplir las promesa$'del grano. y el grano se abre y planta crece, y se cumple la operación maravi_ llosa por !a cual un solo grano da origen a muchos. y
al frescor del agua, soy capaz de vesrir su pal"cio de espejos con una sola gota y voy a la rierra que r:re ama, a la rier.a

Arroy

I

las

ideas dejarán asimismo de ser fecund", .n .l instante que el hombre no las riegue con todo lo que la n"rurd.r" pu.d.

az

S

ar.ront BREToN

A¡cANo rz

$

er

darle individualmente de claridad, de movilidar ' de generosidad y de frescura de visión. Llevo a la tiet''a, donde

collar de Isis, la del pájero ai,lrado y de ella suben todos los
aparejos que pueda necesitar el sueño humano para lograr su reestablecerse en la cuerda floja y hacer deslizar orra vez su semilla blanca, resquebrajada en el sentido de la nerva-

transito, esa confianza que debe tener en el eterno
reverdecimiento de s rs razones Para tener esperanzas, en el momento mismo e r. que Bueden Parecer destruidas' Le deyuelvo intacto el rotor de su juventud, ese que en el mejor de los días, a la luz de I amor, ha hecho que se crea amo
de la vida.

dura de las hojas, por un hilo extendido enrre las esrrellas. La rosa dice que la capacidad de regeneración no dene

límite; afirma que el invierno, con todos sus rigores y sus
manchas, no puede sino ser transitorio y más aún, que sus latigazos deben golpear periódicamente los caminos para

recopilar la energía, para obtener de las lancetas de mil
abejas la energía que a la larga se adormecería en la granada

El antiguo estanque ya no existe. El agua ha recuperado su amplia respiración bajo el cayado de la luna y la cavidad de las olas se matiza con todos los peces de mares cálidos'

demasiado embriagadora del sol.

distingue a "los luchadores" púrpuray azul cuervo, que no pueden tolerarse mutuamente y están dispuestos a pelear a muerte contra su imagen' Su esgrima es tan vivaz, que la irradiación subsiste tras eiios y recorre Entre ellos
se

La mariposa gira. Durante el último discurso, se ha quedado inmóvil y de frente, imirando un haz de luz implantado en ia flor. Ei aietéo descubre ahora su ala triple,
de la que de todas las piedras finas han limpiado el polvo. Su bomba ha dejado de frrncionar, se marca un tiempo en
el transcurso de la

por todos lados, desde la más sutil a la más finamente il r*inada de las conchas líquidas y transparenres' Pero la
ola se calma, el combate singular se realiza o se desvanece en la aurora, los dos arroyos corren sin ruido por la tierra;
y ocupando sólo todo el campo sensible, se eleva el olor de

indusria

apenas material, de instrumen-

tos imponderables, que se desarrolla a parrir déljugo flor.- l. Y antes volar para dedicarse a la diseminación de la susra:r-

una rosa.

a

La rosa que antaño aPenas se dejaba entrever' anuncia la noche borborones todo lo sagrado de Egipto

cia fecundanre, antes de retomar la línea punteada y sinuosa que dirige su vuelo, no parece existir sino para
mostrar lo suntuoso de
esa al;', a la

ei

mirada. Y a su vez, habla

temblorosa. Es, vertiginosamente vuelta sobre r ' misma, el

para expresar qué misterioso consuelo hay en

l" aparición

al fu\,tronr

BREToN

ARc^No rz S'¡\"a:

.\
de generacionés sucesivas, cómo circula incesanremenre la

sangre nueva

y porque la especie no debe padecer de

la

misma usura que el individuo, la selección fr¡nciona siempre ,a tiempo logrando imponer su ley a pesar de todo. El
horínbre ve temblar esa ala que, en todos los idiomas, es la

que a vecesr rrozos enreros se desprendan de ella y sin duda, nunca es esro más cierto que con la pérdida de lo que más

el mundo; porque ésta llega de improviso y agravada por el enigma obsesionanre que deja una vida cortada en su flor. No hay nada que Ia crueldad no replere
con la conciencia de ese vacío espanroso, que sigue sin la menor transición a la plenitud del corazón. En ese esrado
de descalabro insranráneo de rodo, es a vosorros genios, a quienes corresponde acercaos a ese corazón y sin que nada

se quiere en

primera mayúscula de la palabra Resurrección. Si los más elevados pensamientos, los mejores senrimientos, pueden entrar en una decadencia colectiva y también el corazón humano puede rrizarse y los libros pueden e nvejecer y rodo
debe morir exreriormenre, hay un poder que no tiene nada de sobrenarural que hace de esra misma muerre la condi-

cambios, que velan porque nada precioso

ción de renovación. Asegura anticipadamenre rodos los se pierda inrerior-

lo indique por fuera ni por sí mismo, poner en marcha vuestros alambiques. Y aunque la operación a la que
procedáis necesire tiempo y se regule bajo el prisma de las lágrimas, no es menos cierro que la conjura funciona y que la vija se acaba, si no para enrrar en gracia,"l p"ra
es sólo que, en la ceguera del ser, uno se abandona y confía; sino más bien, la vida cargada de rodo lo que ha

mente y porque a través de las obscuras meramorfosis, de

estación en estación, fulgurantes.

la mariposa recupere sus

colores

poder rolerarla de nuevo. Pero ahora.esa vida ya no
a

-.no,

como aquella

Por lo tanto,. es aquí que os invoco, porque esroy
conscienre que, sin vuesrra presencia, genios que presidís secretamente esra alquimia, sin vosotros, maestros de la
vic:a poética de las cosas, nada más puedo hacer. Esa vida que ya más allá de los seres y que a muy pocos les es posible

podido pesar en el sendmienro de su negación concrera, es la vida que rehusa continuar despu{s de haber dado la vuelta complera sobre sí misma, la vid que ha ampliado su ' dominio hasta las regiones donde se -ncuenrran los seres inolvidables que han parrido y dondc I desrino, en lo que

nos concierne, pareciera manrenerse en el período más sublime d-. {o que han podido ser. Esas regiones, en roda su
extensión, rólo son exploradas por la poesía; pero sin duda, en este momenro de mi vida, para que, más allá del gran

concebir como real, y con mayor razón vivirla, en ranto interfiere constantemenre con la orra. Esa orra esrá hecha
para ser triturada, es terriblemenre expuesra y frágil: puede

pesar de los tiempos

y de mi propio

desconcierro, yo

a6 +?,t,, ,{troR.É BREToN

ARCANo

rz ,¡i}

sz

pudiese recuperar

la inteligencia poética de'' uni.rerso,
tornado tan
a

preciso que se abriesen a mi lado unos ojos en li s que éstas
se develaran enteras. Genios que me habéis

el chal en tu mano cerrada sobre la boca, eras la imagen misma del secreto, de uno de los grandes secretos de la naturaleza en el momento en que se libera y en rus ojos de

puras las aguas de

sr,:l,s

ojos, estoy lejos de haber podido dar

siquiera una idea c.e vuestros poderes: es a vosotros
bién, que
ese

quienes ha correspcr,..dido hacer, maravillosamente tam-

fin de rormenra se podfa ver surgir un muy pálido arcoiris. Cad¿ vez que desde enronccs he querido hacerme una idea física de esa clave, es la esrrucrura de ese ojo lo que se me
aparece bajo el arco superior que bordea la ceja izquierda,

don in:egral del sí mismo sobreviva al objeto de su predilección y tienda a reencontrarles un uso, a
restituirse de alguna manera
a la

vida. El más admirable de

sobre el que se sobrepone una impercepdble luna que, le permire extenderse, marcando en su curva t.rrr" o jo, oscilaciones en el nivel de esa media luna pálida y perdida en el origen de los riempos. En ese signo misrerioso, qle

vuestros artificios y genios, ¿no es el de exigir en el nombre mismo de lo que ya no es y a que tanto valor se concedía, que sean salvaguardadas la belleza, la gracia, la animación, todos los recursos del espfritu y del corazón? Vosotros
habéis dejado en claro que su alteración. su aminoramien-

to, partirían de un consentimiento sacrílego. Para un ser

a

sólo he visto en ri, está el origen de una especie [e interrogación palpirante que da al mismo tiempo su respuesra y me lleva a la fuenre misma de la vida espiritual. Respecro a esa mirada resplandecienre de un exceso de
brillantes, con ese puente.sensibilizado en exrremo bajo el cual se torna nácar y pizarray bajo esa ala de ave qu€ se alisa

quién la misma inmensidad de la pena no baste para
contener, la verdadera, la imperdonable pérdida de contacto, sería decirse: ¡ya no m€ reconoce! Esto sería la supresión de lo que caracreriza la unión suprema. El más hermoso deber para con
é1, es

en la esquina de la soberbia frente, se consrruye y equilibra para siempre una cara movediza que de golpe

se es

el de mantenerte tal como te amaba.

para mí una sola con esa clave. Clave que brilla con tal luz que me lleva a adorarel fuego mismo en quehasido forjade.

No hay triunfo alguno fuera de lo que, liberado a todos los
Aquí estuvo para mí la clave de esta revelación de la que te he hablado y que sólo a tí debía en el umbral de ese último invierno. Te vuelvo a ver en la calle he lada, moldrada en un
escalofrío, sólo los ojos descubiertos. EI cuello a,tc subido,

refinamientos de la conciencia de la pena, se muesrra en su naruraleza tenazmehre rebelde a la misma pena. En esa disposición contradictoria reside la vinud, singular entre todas, que se desprende de tu ser I 9ue, sin ducla, me he cnconrrado designando con esr¿ls palabras: ,,la juvenrud eterna", anres de haber dimensionado su prestancia. Me ha

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bastado verte para convencerme que la juvenrud ererna no es un mito. Es su mismo sello el que, de una vsz por todas,

I
escena

cambia... ¿qué pasará? La acacia se acerca hasra

parre de tu cara que acabo áe dibujar malamenre. Existe, en efecto, entre los elementos que la componen, una relación que de ahora en adelanre debe ser
esa

delimiró para mf

ocupar todo el campo ¿no se diría que aparra con sus brazos los monrantes de la venrana? ¡prodigio! Avanza hacia mí, me va a dar vuelra: yo sueño.

imposible de modificar;

y el milagro

reside en que tal
Estanques de los cuales emergen piedras dudosas (¿entre ellas tal vez hay fuentes de cocodrilos?). Una de ellas

cerreza sea inherenre a esa misma relación. Esto no tiene

que la vida espirirual, llegada a su mayor nivel de inrensidad, imprime a toda la expresión de un rosro humano.

explicación, como el diamante. Hay una esrrella sobre ri, por fuerza, sin que rú lo sepas. yo sólo puedo localizar aproximadamenre su hogar. Tampoco es orgánica la subs_ tancia de esa esrrella: esrá hecha con la irradiación

configura bajo el agua un volumen piramidal y parece flotar, a juzgar por el colgajo de algas suspendidas de su
puntaycuyos desgarros roman
Sus costados biselados al

vienro formas jeroglíficas.

dejan enrrever fragmenros de pinru_ ra, cntre los cuales se consume un sol verde, sosrenido por ganchos de escorpiones. A su alrededor vienen a posarse sobre el agua plumas que llegan girando: son azules con trazos de óxido y se alternan en la caída con gotas de sangre.

La esrrella reroma su lugar de privilegio enrre los siete planeras de la ventana, donde se arenúan los firegos
para

imponerla como la cristalización pura de la noche. En el único ángulo que aún quedaba amurallado de rinieblas, las garras de

Al remontar el recorrido de esas goras, se d.scubre,

mr'ry

alto en el cielo, el remo inmóvil del gavilán; y el ojo del
gavilán escruta el estanque en ranro en. su corazón se prende una lámpara que permite ver rodo lo q _re pasa en su interior.

mil

linces laceran todo

desenganchando un árbol han fijado y cuyo follaje es de un verde ran fascinante que parece hecho de los mismos oios de los linces. Erp.ro qu. ru te rindas
a

lo que impide ver, a Io largo d..uy", ramas ésras se
"

su serenidad original. La joven sigue inclinán_

dose sobre la rie¡ra con el agua en sus dos

espalda

j"rior, dando la al espinoso árbol. pero impercepriblemenre la

En ese corazón se despliega con fas;o el misterio de la memoria .' del porvenir y yo, que lo conremplo en €se instanre, s:y el primero en terner ser cegado. Ahora todo el estanque se vacía en el ojo del pájaro, v lo que destroza al pá4aro es él mismo, pues la profundidad del estanque está en él y esa profundiclad se descubre a su alre.ledor. En su

reflejo aéreo, la pirámide se ha devuelro al c :njunto que forma con su base sumergida, y ese conjuntr, es un gran cofre que el grito del pájaro revela, está herméticarnenre cerrado sobre los aiiados despojos. Ese cofre, nada hay más imperioso para él c. ue seguir viéndolo, que disputarlo con
la mirada al embroi,o de hierbas y al furor de las olas. Es ahí,

las puertas de los palacios que de arriba a abajo exploran los peces luminosos, luego ha pasado de brazo en brazo, elevado cada vez más dto por las colonias

vidrio, ha danado

en el insranre más crfrico de rodos, en que acaba de
descubrirlo, de saludar con un grito de dolor lo irremediable, cuando vuelve el pico conrra su propio corazón, lo que, en su emoción suprema, no logra sino engrandecerlo. En un espasmo que hace por si solo la gloria del mundo, ese
corazón, ahogado por lo que se desvanece, en el abrupto límite, se dilara para acoger, en el colmo de la exalración

sólo entonces que es llevado a la costa, para ser entregado de pie, a la tierra. Y la tierra se amotina, pues nada puede hacer para que jamás sea profanado. El cofre
es

llquidas. Y

está allá, siempre casi hermético, erizado de uñas de crus-

táceos, su larg4 cabellera chorreante. Pero muy pronto, el suelo bajo él entra en zafarrancho: raíces de una fuer¿a desconocida se enredan y se disrienden hasra que parecen conjugar en ellas rodo el exceso de vigor de los bosques
el

cohtraria,

lo que será. Y en ese corazón de sombra se abre en ese momento un joven corazón de.luz, aún totalmente
a

tropicales y de ellas crece a ojos vista hasta la plena madurez, árbol al que le tocó en suerte encerrar al cofre en su troqco
ese

siguiendo el orden excepcional de la naturaleza. pero yo
reconozco árbol:
¡es el

qu,: me botó hace poco!

dependiente del primero y que reclama de él su subsistencia. Se ha requerido nada menos que el vértigo de ese

Alora

se

abismo para que ia sangre vueiva a fluir a través de los canales de la vida. El antiguo Egipto no ha logrado representar mejor las circunstancias gue rodean la aparición de

un Dios.

ha encerrado completamente en su secreto, tal como yo había comenzado a verlo. En cuanto a especie, no difiere de los que le rodean: sólo es más noble que ellos. Veo venir hombres vestidos con túnicas ligeras y rayadas, portando hachas. Tienen una orden que cumplir, sobre la cual disputan largamente. Deben se¡ los esclavos. Se derienen ante el árbol sagrado. El rronco del árbol a rierra. Los golpes muestran los ramajes que.revelan, con et pulimiento, los árboles perrificados. El tronco del árbol al escultor del rey. A cada nuevo corre su cincel se quiebra, pero el pilar exigido no deja de brotar por el encanramiento y su estilo será ral que consagrará un reino. El pilar puesto frente al rey...

En el inrerranto, el cofre se ha deslizado poco a poco hasta el mar. Ha quedado arrapado en el engrAnaje de sus corrientes, ha rodado sin fin en sus rorruosas,,rscaleras de

rz f$, ar.rone BREToN

,

ARCANo

tz S*

l:

de esrrellas y amarrado por una lun"
ma de serpienres y espigas y

Pero, en la preparación de la fiesra, rodos los rumores giran en rorno a la presencia de una mujer en la Corre. ¿Dánde he visro anres a esra mujer? Tiene un gran parecido con aquella que, arrodillada, sosrenía las jarás; pero su cuerpo admirable se encuenrra ahora recubi..ro po, un velo tejiio

.n la unión de sus muslos. Sus cabellos sueltos s,rporran una rurilanre diade_
,oÁl^mano derecha agita una cítara, a cuyo ritmo acomoda sus pasos maravillosamenre liv-anos. De dónde y como ha veniáo, nadie sabe. El escriba ha anorado solamenre, que su enrrada en palacio coincide co,r la desaparición de una golondrin", qu. se había hecho norar por su insisrencia en describir círculos de apariencia augural alrededor del pilar mienrras esraba siendo construido. Pero el relaro se exrravía, y llega a atribuirle
encanros: ella camina indiferenre por la tierra y el agua, ha perfumado a las mujeres del séguito soplando sob.-. .lla., en ausencia de la nodriza se la ha visro amamanrar al infanrc real con su dedo. Pero ya ha sonado la hora de su parrida y la melancolía se insrala en la fiesta. El presenre de la reina no es orra cosa que el pilar, que se apresran a render insensiblemenre en medio de las cuerdas. parece ahora entregado a su naturaleza original: se podría volver a conrar
una serie de

'

mares. haga lo que haga, el adorado cuerpo del que fue el hermani.l esposo no volverá a fuigurar anre sus ojos en su equilibrio soberano. De ese cuerpo, 9ue fuera hog". d. l" belleza roral y de la sabiduría roral, esrá condenad" l'no ...og..
los catorce fragmenros dispersos y la murilación habrá sido más implacable porque el órgano adecuado

Una laguna en el sueño. ¿euiere ésro decir que jamás a.lgo es reencontrado? pero esra desolador" ...riau_U.. llama también a orra que la compensa, aun mejor, es capaz de reconciliar al espíriru .on l" primera, y esa segunda certeza es la de que. nada se pierde jamás. La chalu-pa de papiro arrasrra a la diosa por rodos los pero

*á, qu.

la

vidala sido

para trasmirir

presa

del a¡dficio sublime en que la leyenigmáiica, imprescriptible, encuentra el medio para ejercerse: lo que ha sido d.r_on_ tado en carorce piezas debe ,.. r.".-"io carorce veces. La cera y las especies que van a servir rara Ia recreación múltiple esrán reparridas alrededor d. cada

d. lo, pec.*. Temblando, soy tesrigo

rronco recién conado y extiende sobre él los bálsamos olorosos cuyos e fluvios se exrienden para siempre por toda la comarca.

lino el úlrimo

los anillos de su albura. La que se apresra a romar posesión de ella, inrerviene en los últimos preparadvos: envuelve en

restos divinos que ocupan uno de los á:. rgulos del taller, es decir, una de las ramas de dos esr.ellas ,-obrepuesras: una hecha de ángulos equiláteros, iguales y secanres a las bases paralelas; la :,tra hecha de dos cuadrados iguales y secanres en que cada uno exhibe dos lados paralelos

uno de ros

permiddo ver su ejecución: los ojos vendados, esroy en

del otro. Estoy consciente de la operación sin que me

a una diagonal

sea

el

e4

#F

ANDRÉ BREToN

ARcANo

'r $$ rt

)'
corazón de la estrella con los comPases' Se me descubren los catorce dioses rigurosamente parecidos: la dior'r los acompañeríaen las catorce direcciones. Cada una de las estatuas

formado. Es

así

como 9l vulgo

se

siente satisfecho de saber

que las ceremonias hopi, de,tnavariedad excepcional, que

.s entr.gada como única al sacerdote que la espera' asegurándole que él cs el inico que tendrá la verdad y el secreto; debe prometer ba. I juramento no revelar qué reliquia
contiene. La muttirrd se reúne en los templos, alrededor de estatuas rivales. Pelo a ravés de los tiempos, la mirada más perspicaz de los niños no logra desprenderse de la cabeza que está en lúemfis.

requieren de la intervención del mayor número de seres sobrenaturales a los que la imaginación haya provisto de
cara y auibutos distintos, tiene por objeto, más o menos, atraer todas las protecciones sobre las culturas de esas tribus

indígenas, para quienes e¡ primer rango figura la del maí2. Paralelamente, la que el Egipto de los faraones ha tenido

por reina de los cielos, pasa por no haber jugado en el
espíritu de quienes la honraban, otre prerrogativa que la de
desencadenar las inundaciones del

Nilo, impacientemente

esperadas cada año. Por materialista que pretenda ser, esta

interpretación positiva de los mitos que no quiere tomar en

A mi vez, abro los ojos: la acacia reverdecida ha Vuelto a la figura primitiva, mientras en mí el mito espléndido desenmaraña Poco a poco las curyas de su significado antes tan comple.io, en los diversos planos. Desde esta perspectiva, ¡me parece más rico, más ambicioso y también más propicio al espíritu que el mito cristiano! Es penoso obseru"r-qu. baio la influencia de éste último, se han ido refutando cada vez más las altas interpremciones que
presiclían las creertcias antiguas. Esas creencias han sido sistemáticamente remitidas ala len'a de lo que contenían: no se ha querido retener más que la fabulación poética' que
se

consideración sino lo utilitario inmediato y tiende

a

simplise

ficarlo al extremo, no es menos insignificante. ¿Quién
aceptaría pensar que construcciones así de elaboradas resuelven

o menos se agotan en el an¡ílisis de la necesidad de deificar la lluvia y los otros principios
más

y

fertilizadores quc requieren las tierras áridas? Otra forma atractiva y más digna para el espfritu es la de adoprar el

punto de vista de los verdaderos mitógrafos que sostienen
que la condición esencial, para la viabilidad de un mito,'€s
la de satisfacer varios sentidos a la vez, entre los cuales se ha

escogido distinguir el sentido poético, el sentido históricr, el sentido uranográfico y el sentido cronológico. La inrer-

ha acorclado en general encontrar brillante, y se ha creído

poder no darle otra solvencia que la de la en-rlmeración de las necesidades materiates de los pueblos el'' que se han

pretación positiva, de la que denuncio aquí su caracrerísrica
acaparadora
e

intolerante, nooodría pasar más que por una

nj

re

{ii: nNonr BREro:

ARcANo

lz SF

rz

de las ramas de la inrerpretación histórica general, por sí misma ya resrrictiva, de la inrerpreración érnica, que parre de la- misma cepa. Imposibirindo espirirualisra, que han romado algunos

de que dispone el hom_ bre, le entrega los elemenros susceptibles de revincular los objetos en apariencia más lejanos i d.r.rrbr. parcialmenre la mecánica del simbolismo-uniuersal. Los grandes poeras de esre úlrimo siglo lo han comprendido adlirablemente,

inrerés de manrener en esrado dinámico a.l sisrema de comparación de campo ilimirado

suficienremenre amplia como para abarcar las diversas formas de invasión de una docrrina religiosa.y justificar ia fe persisrenre que ha s-do puesta en ella. El esoterismo, con todas las reservas srbre sus principios básicos, ofrece al menos el enorme

adentro y sin poder,.en consecuencia, aceptar el deralle de sus clasificaciones, debo reconocer qu. rilo esa clasificación ha demosrrado hasra ahora ,er lo

dar cuenta de los rniros, ,ro d.r-d. er exterior sino desde

d. .onriru"r en ra vía auto^ d.d¡.Jor'"

del Ciclo deAmuro.

alternan la influencia de la Cába.la judía y la de los romances

es indigencia, mediocridad insoporrable, repugnante: paneles publicirarios y rrozos rimados.

ftT" el. resro Todo

mantenerse. Conscienremente o no, el proceso de descubrimiento artísrico, si se manrien. .*rr"ño al conjunto de sus ambiciones metafísicas, no dejará de estar adhárido a la y.los medios de progresiónpropios de
la alra magia.

" "lgrlnor.rpíriru. no saben gozar sino de lo estárico y lo d.Ig"rt"do, en el arte ese contacto no ha cesado y no cesará .ntin"mente de

Malqu.l., pÁ.

qu.

..

que, en el apogeo de su poder creador,

Swedenborg; por Baudelaire, que roma nororiamenre de los oculdstas su teorfa de ,,.orr.rporrd.ncias,,; por fumbaud

Hugo, en que vienen ,.u.|*rr. los vlnculos muy " esrrechos con la escuela de Fabre D'Oliver, pasando por Nerval, cuyos famosos sonetos se refieren a pitágoras; por
desde.

terrible de rodos los s.cr.tor, un

todas las prueba.; cuando haya visto y rocado las cosas san¡as; si se Ie juzgólo basranre fuerre como para soportar el úlrimo
y más

"Cuando el iniciado en los misterios de Eleusis,, informa Eliphas Levi, "haya superado rriunfalmenre

,.....dot.
e

enfatizar en exceso la fndole de sus lecruras _basta referirse a la lisra ya publicada de obras que piden prestadas a la

,o ,.

pod.í"

nuevo hay que ingeniárselas para abrir," ,or,
es

m:ís carga las de senddo. En esra búsqueda del espíritu en que coda; uerta que se logra abrir lleu" orr" pue rta que de

ticas: Osiris u un dio¿_!efrq,'. ¡pa rbras m¿s oscuras y brillanieiq ui ;l b*kñ; r* t,, q** .n t¿r_ino, d.l "* cuesdonamiento humano, me parecen las más ricas,
las

acercará corriendo y le dirá al oído

velado se le
enigmá-

.;tas palabras

biblioreca de Charleville- hasra

apoitin"ir., en quién se

al entrar en una de las últimas piezas toman verdaderamen_ te la forma de llave maestra. pero

ü,

únicas que

preciso, en efecto, para

lr

$

anonÉ

rnrron
ARcANo

tr d&n,

I

poder compenetrarse de ellas, haber dejado de pontar con la brújula, haberse abandonado a la ronda te círculos
excéntricos de las profundidades; haber fijado - iaros a mi amigo Marcel Duchamp- los "corazones volantes" de lo

a romar conciencia del daño irreparable que se.te ha hecho y que se exalra y

pasa

por tus ojos cada vez que vuelves

ensombrece aún al recuerdo,de los miserabbs sacerdor¿r que
Sé también que es el ¡nismo fuego que me rorna tan alras sus llamas rransparen-

trataron de acercársete en esi ocasión.

perdido. Es ahí, en e"e minuro punzanre, en que el peso de los sufrimientos sopu r¡¡¿dos parece engullirlo todo, el mismo exceso de la prt eba enrraña sn cambio de signo que
dende a hacer pasar lo humano indisponible al lado de lo

tes, que las enlaza en vivas quimeras ante mis ojos. Y sé que

el amor que ya no cuenta en ese punto más que consigo mismo no se recupera, y que mi amor por ti renace de las
cenizas del sol. Así mismo, cadavezque traicioneramenre,

disponible y a otorgar a este último una grandeza que no habría podido conocer sin aquello. Es ahí que esas palabras pueden ser plenamenre oídas. Es necesario haber ido al

una asociación de ideas te vuelve a ese punto en que, para

fondo del dolor humano, haber descubierto sus exrrañas capacidades, para poder saludar con el mismo don sin límites del sí mismo, a lo que vale la pena vivir. La única desgracia definitiva cn la que podrfa incurrirse frenre a tal
dolor, porque haría imposible esa conversión de signo, sería la de enfrentarla con resignación. Bajo cualquier ángulo que hayan tomado frente a mí las reacciones a que te
expuso la mayor desgracia que te era concebible, siempre te

un dla y que, desde la altura en la que te mantienes ahora, amenaza cual flecha buscando el ala, con precipitarte de nuevo en el abismo, probando yo
se negó

ti toda esperanza

mismo la vanidad de todapalabra de consuelo y entendiendo toda tenrariva de diversión como indigna, me he con-

vencido que sólo una fórmula mágica aquf podría ser operante. Pero, ¿qué fórmula sería capaz de condensar en eila, y enrregarre instantáneamenre, roda la fuerz,a para vivir, para vivir con roda la intensidad posible, cuando sé
que te ha sido devueka tan lenramente? Aquella con la que

No hay, en efecto, menrira más desvergonzada que la que consiste en sost€ner, incluso y sobre todo en presencia de lo irreparable, que la rebelión no sirve de nada. La rebelión porra en

he visto pone r el más alto énfasis en la rebeldía.

decido quedarme, la única por la que juzgo acepmble traerte de vuelta a mf cuando ocurre que te inclinas
nrinamente hacia la otra vertiente, está en esas palabras que, cuando comienzas a voltear tu cabeza, quiero sola.mente deslizar en tu oreja: Otrr:: yf dill_l:glg.
repe

sl misma su justificación, enteramente independiente de las posibilidades que tenga de modificar o no el estado de hecho que la determina. Es el fulgor en el viento, pero el

::

fulgor que busca la pólvora. Venero el fuego

,o\brío qu.

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SF a¡¡on-t ¡R¡.ror.r,

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ARCANo

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La úldma palabra ¿cómo decirlo? pertenecía a esa expresió, i jactanciosa y finalmente escéptica en la que parecfa habe,. Pero la virtud de esta formula desborda incluso el marco de la vida individual, para extenderse a los grandes grupos

humanos. Ninguna época se presta mejor que la nuesrra,
¡hélas! a la demostración de lo que digo. Ninguna, en efecto, ha logrado engrandecer más, llevar más alto el contenido de lapalabra Resisrencia. Todo lo más exaltante y miís noble que se ha obtenido, porque, al no obedecer a ninguna voluntad exterior, a ninguna limiración y al no haber retrocedido ante el sacrificio de la vida -sólo ahora posible estar seguro que ese sacrificio es voluntarioes es

algo de fanfarronerfa, muy parisina. Ese hombre debfa se i. de aquellos que saben ver más allá de sf mismos, que sabetl a parrir de qué momento ya nc vale la pena vivir la vida, aue

libremente y sin duda seben tumar el riesgo. De los que

üvir. Frente a la desaparición de rales seres, en un combat€ como éste, la altivcz humana
le disputa el lugar a la aflicción y cada una roma la delantera paso a paso. Osirh es an dios ncgro. Sino doy aqul de modelo
se comprenderá que es a fin de disponer de todo el poder concreto, pero deben ser incluidos en mi homenaje vasros Brupos, tal como se han constituido en todos los países invadidos. Aquí sin embargo, se impone

saben morir como han sabidc

sino a un hombre,

dirigido por el espíritu de resistencia tal como se ha
manifesmdo en los países ocupados de Europa. Todo lleva

aquí a hablar de heroísmo, a restituir su valor a una
expresión mancillada. Soñaba hace algunos dfas frente a la

una reserva. De lejos, es por lo menos d. rupon., que el esplritu de resistencia, tomado en su senrido más amplio y
donde yo introduzco de partida el desinterés, no habrá sido tan perfectamente claro para todos, sino sólo para algunos.
La palabra resistencia está hoy como nueva; ha sido tan bien rejuvenecida que se la tiene sin duda, muy imprudentemente, por sustrato de la. usura en materia de vocabulario; nos quedamos enreramente deslumbrados de haber descu-

fotografía de un periodista francés, Pierre Brossolette,
antiguamente encargado de la sección de política extranjera en el Popukire, cuya muerre, en un hospital de París, señalaba un diario canadiense. Mis ojos iban yvenían de ese
joven y sonriente rostro al que acompañaban algunas líneas especificando que Brossolette acababa de sucumbir a raíz
de terribles heridas contraídas en el curso de su lucha en el

"underground". Habla entre esos dos documentos, la
noticia y la imagen, una contradicción que si bien tornaba más dramática la información tcndía a resolverse, por más paradójico que
sea, en

bierto una nueva virtud, sin darnos el trabajo de observar quc no hay ninguna que responda menos al número de "virtudes cristianas" y que sea, en última instancia, menos, conciliable con algunas de ellas. Pero, por admirable y
necesaria que haya sido en tanro fenómeno esponráneo,

beneflcio de la confian zay dela vida.

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roz

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ruronf

BRr.ToN

ARcANo rz

S

r;r

voluntad de resistencia no podrá ser considerada por
mucho tiempo fuera de lo que la ha morivado en cada caso,

mismas impedir su retorno. Liberar al aire de esas abyectas
nubes de langostas, abrir ca¡nino al derecho más elemental

y alvez sería bueno preparaise, entonces, para las desilusiones. Es probable que la reacción de las masas, en lo que

de la vida; entre las limitaciones extremas que le impone una ingerencia manifiestamente parasitaria, sanear los lugares expuestos a la contaminación a t.-avés de la elimina-

tienen de menos conscienre -y quiero excepruar de ésro a
los medios obreros- habrá sido totalmente instintiva y no

habrá fijado otro objetivo que el de detener una operación intolerable, cuyos efectos esraban siendo inmediatamente resentidos en carne propia. Ese fenómeno de inrose

ción de rodos aquellos que han encontrado acomodo.con el mlón en la nuca; no es posible concebir nada más
necesario. Ysin embargo, eso no constituye todavía un paso

lerancia casi química, enconrró eventualmente su comple-

decisivo hacia un mundo para siempre protegido de Io que viene a infectarlo, Lo necesario, eso que sin réplica debiera

mento y

justificación moral sólo en el marco patriórico. No es necesario decir que una vsz roro el yugo, esos
su

elementos corren el riesgo de'recaer en sus errores pasados, de lanzarse nuevamente con todo egoísmo en la persecución del bienestar, acentuando simplemente su posición de desafío agresivo contra todos aquellos que no hablen su mismo lenguaje. Despuá de esta forma rotalmente episódica

primar con urgencia sobre todo el resro, está aún muy lejos de ser aquí lo suficiente. En el intervalo que separa a esta guerra de la precedente, el concepto de libertad, que había irradiado como relámpago un prestigio exrraordinario a los
días de la Revolución Francesa, en la misma Francia estaba

en tren de ser desconocido, de perderse. Todo aquello en

lo que se había afirmado el genio de un pueblo, cedía cada
vez más a la presión de fuerzas contrarias más o menos disfrazadas. Todo aquello que podría haber sido su activo -el esratuto viral de ese pueblo tal como de buen o mal
grado se desprendía aún de sus instiruciones- era puesto a

;i'limirada de resisrencia se esrablece la forma verdaderar;rente consciente, donde,todo el problema reside en saber
hasta qué punto ésra librá renido éxito en educar y rnanrener en estado de alcna y de disponibilidad a la primera. Es ella la que, m:ís allá de las tareas más urgenres, que convergen todas en pos del objerivo: perseguir al invasor, se dedica a dererminar las causas profundas del

la sombra por temor a que la idea de libermd, que

se

mantiene mal en reposo, se hiciese aún más exigente. Sus
conquistas ya anriguas no se relataban más que de memo-

conflicto actual, por fuera de toda vía rutinaria
-tendidas las mismas emboscadas hasta donde se pierde vista- y prepara las medidas radicales que puedan por
la sí

ria, con todo tipo de precauciones y reservas, para que el
recuerdo fuera lo menos exalrante posible. Y lo que
se tenía.siempre la
es

peor,

acritud de esrar excusándose, como de

ror ::l¡i nr.ronÉ BRETON

ARc{No rz ¡1$ ros

una enfe¡medad dc crecimiento que había puesro en peligro la salud del paciente -de ese mismo pueblo- pero que felizmente había podido siempre ser tratada a tiempo por

eminentes prácticos como La Corday, Tallien, Napoleón Bonaparte o el señor Thiers. Evidentemenre, habla de qué
dar seguridad
a

que puede continuar oponiéndose a la restricción y a la. servidumbre, que ellas sf se recrean continuamente y de L forma más ingeniosa. Estemos en guardia: la libertad pa::i el prisionero es algo admirablemente concreto, positivo
afuera, las alegrlas que esperabi.; ¡cuán rápido son borradas! Pasado el primer momento de alivio y excitación, dispon-

"'ll tanto él está tras los barrotes; pero a pleno día, una vez

los más delicados. Ojalá los sucesos recien-

tes hayan enseñado a Francia y al

mundo que

la libertad no

puede subsistir sino en estado dinámico, que ésta se desnaturaliza y se niega en el mismo instante en que se cree poder hacer de ella un objeto de museo. Y por favor, rregua para

toda discusión bizantina sobre su naruraleza: no sólo serfa en vano, sino de nuevo peligroso, el instituir un debate de fondo sobre la libertad, en el cual se apresurarfan a participar todos aquellos que puedan estar inreresados en embro-

-tal como no se experimenta voluptuosidad en vivir en paz con los dientes después de las crisis de la primera infancia- no es de
drá de esa libertad sin gozarla verdaderamente

extrañar que de inmediato, con inquietud, se pregunte qué hacer con esa libertad. Arriesga, desgraciadamente, seguir
el mismo camino de todos aquellos que' en el movimiento

llar la cuesrión. Dejando deliberadamente de lado

su

acepción filosófica, que nada tiene que hacer aquf, pero donde sus adversarios roman parrido para obscurecerla, la libertad se define muy bien en oposición a todas las formas
de servidumbre y de restricción. La única debilidad de esta

de resistencia en Francia y otres partes, han limitado sus expectativas a la liberación del territorio. El esfrrer¿o de

liberación no coincide más que de manera parcial y fortuita con la lucha por la libertad. Se impone una distinción muy formal entre esos dos términos, hoy en que algunos se disponen a sacar partido de su confusión a expensas de la libertad. La idea de liberación tiene en su contra que es una idea negativar Que no sirve más que momentáneamente respecto a una expoliación de hecho, bien definida, que es
necesario detener. Toda idea de ese tipo, no constructiva

definición reside en que representa generalmente a la libertad como un estado, vale decir, en inmovilidad, en
tanto toda la experiencia humana demuesrra que esa inmoviliclad implica su ruina inmediata. Las aspiraciones del hombre a la libenad deben mantenerce en capacidad de ser
recreadas sin ce.sar; es por esto que de be ser conquistada no como u¡l estado sino como fterza uiua qte entraña una

progresión continua. Es, por lo demás, la única manera en

por sí misma -se lo ha visto con el antifascismo previo a la guer¡a, ribeteado con la ornamentación de la oposición prlra- es de mediocre estatura. La idea de libertad, por i'l contrario, es una idea plenamente dueña de sí misma' qu::

loo.#

n¡¡onÉ BREToN

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' La libenad no es, como la liberación, I" lu.h" conrra enferrnedad
una remisión de la enfermedad, la desaparición de síntoma
m¿ís

reflejauna visión incondicional d elo quecalifcaalhombre y presra de por sí un senddo apreciable al deuenirhurnano.
la

sino recordar, para que anre su mirada, en el fi,rturo, los más

malintencionados renuncien

a

hacer raciocinios sobre ella,

; ella esla salud.L" Iib.;;;;rpuede hacer creer en un resrablecimienro de la salud, .n ,..iro no marca sino

manifiesro, más

su

sabiendo hasta qué punro sus concepciones la rienen como fundamenro inrelectual, de la misma manera que la hisroria, en esencia la más reaccionaria, la más parcial, se absriene de pedir cuentas a los soldados de Valnry.

escapa a roda contingencia. La liberrad, no sólo como ideal sino

"1.;_;;

La liberrad, ella

como recreadr

en

ar

gun os h

de los riempos el poder."rninrr

" hombres, debe excluir tod" idea i.'.0",i,Ur," cómodo y concebirse como erorismo conrinuo. t-" rr...r¡a"d primordial de liberación, que acaba de verse ran profundamenre resenrida y el amor la liberrad, a.t .a lr.i. no se puede disimurar que es mucho -e* op.ionJ, t a.¡,¿o ar rigor

_

b;:;oTJ:

;':,i:::x*ili:,::
l,

La estrella aquí reenconrrada es la Ce la mañana, que tiende a eclipsar a los demás astros en la venrana. Me entrega el secreto de su estrucrura, me explica por qué riene dos veces más ramas que ellos, por qué esas ramas son de

" i,

desigual, crea que pued. aquello que los hizo sublevarse,.pr.;; "lir.'i,,

" l.lo por esro deja de ser alá*.nr. d.r.;l;;"., expulsados )'puesros fuera de comba¡: el úlrimo t¡aidor pasado por las "1.*., y el úlrimo ar.nas, aquellos que "i.;;'l; f"l"n compromerido ro mejor d.;-l;; en rucha

:i; ;;:;: ;,;

han admiddo una
11

l"d;';

l¿.

Incluso más,

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ffi i l..lli.;

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fuego rojo y amarillo, como si se rrarase de dos esrrellas conjunras de rayos alternados. Está hecha de la unidad de esos dos misrerios: el amor llamado a renacer de la pérdida
del objeto, del amor que no se eleva sino enronces
a

su plena

su dignidad roral; la liberrad condenada a no conocerse bien, ni a exaltarse sino al precio de su privación.
a

conciencia,

En la imagen nocrurna que me ha guiado, la revolución de esa doble conrradicción se produce bajo la prorección del

-"nr.'..*

descubrirá enronces la misma chirp. ¿..r1liUenad que no sino crecer y llegar a ser , una esvellapara ndos. Esa ::ig. liberrad, yo diría, qr. h.n uirro

o;

corazón de Io recuerden,

,

árbol que guarda los restos de la sabiduría muena, por
medio de intercambios llevados a cabo enrre la mariposa y la flor y en virrud del principio de expansión ininterrumpida de los fluídos, al cual está ligada la cerreza de la ererna
renovación. Esa resolución
es,

d.rp-u-n-r-"r;1;.

".

podrán

por lo demás, una resolución

común, pues no necesita otro instrumenro que el que los

roa

S

aNonr BREToN
ARCANo

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rol

Hebreos han figurado jeroglíficamenre en la letra b (pronunciar: fe) que se parece a la lengua en la boca y que en su sentido más elevado, significa la palabra.

Víctor Hugo, escribe M. Viatte, asistimos de partida en el
abate Constante, a la cafda del ángel que, al nacer, se niega a "ser esclavo'y que produce en la noche "una lluvia de estrellas y soles por la atracción de su gloria,': pero Lucifer, la inteligencia proscrita, engencra dos hermanas, poesía y

Libertad y "el espfritu del amr
Sin embargo, no me parece que la verdad a.legórica que se explica aquí sea susceptible de adquirir toda su amplitud, sino a condición de ser completada y alterada con un miro adventicio. En efecto, una cie¡ra falta de información aún
subsiste, en lo que respecta
a las

¡.

tomará sus características

iéú.Id.". Esta relación necesariamenre rápida y seca, no permite prejuzgar -al que desafiando el otro exrremo, aceptará pasar además a la
incontinencia verbal- la grandeza que confiere a tal episo-

para someter y salvar aI ángel

circunstancias quedeciden,

en la figura que he rerrazado, la aparición de la esrella principal y eventualmente podrían permitir el remontar a su origen. O a esa laguna tal vezvacía. Existe, en efecto, en
los muros del tiernpo, un cuadro muy relacionado al que le precede en cuanro a la naturaleza de las preocupaciones que

dio el don visionario de Hugo, en parricular, donde da testimonio de la creación del ángel Libertad: "EI ángel Libertad", nacido de una pluma blanca que se le escapó a
Lucifer en su caída, penetra en las tinieblas, ta estrella qué lleva en la frente crece, se convierte en "meteoro primero, luego en cometa y hoguera". Se ve cómo, en lo que ellz

traiciona,

y que sin duda, no deben sino a extremaJ

diferencias de factura el no haber sido enfrentados antes. Este cuadro, cuyo rema es Ia formación de la estrella misma, constituye en mi mirada la expresión suprema del pensamiento romántico; en todo caso, es cl símbolo más vivo que
nos ha legado. Este símbolo es el que M. Auguste Viatte ha contribuido a relevar de la manera más entusiasta en su reciente obra: Víctor Hugo y los iluminados de su tiempo.y que se desprende de un paralelo entre el Testamento de k

podía tener aún de incierto, la imagen se precisa: es l;,
rebeldía misma, la sola rebeldía creadora de luz. y esa lui solo puede ser conocida por tres vfas: la poesla, la libertad

y el amor, que deben inspirar. el mismo celo y convergcr hasm conformar el trofeo de la juventud ererna, en el punto
menos descubierro y más iluminable del corazón humano.

20 de agosto -20 de octubre 1944

Percé-Sainte-Agathe

libertad del abare Consrante publicado en I 845 y EIfn de Satán, una de las últimas obras líricas del poeta. "Como en

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OTRAS OBRAS DE ANDR-E BRETON

LEs CHAMps MAcNErreuEs
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Los cAMpos MAcNETrcos

(coN Soumu¡-r) (1919) ¡-rs P¡s pERDUs / Los pasos pERDrDos (1924) M¡Nr¡¡srr/ Pn¡u¡nMru,npmsro o¡rsunnr¡r¡srr.lo ( I 924) ¡-E SunREnrnME ET t-A, P¡¡rurunr / El sunn¡¡usMo y r,{,
PrNruRA (1926)

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N¡,oJa (1927) S¡coxo M¡rulr¡srE
FrEsro

DU suRRfuLrsr'rE

orl

/ S¡cuNoo M¡N¡-

Sunn¡¡.L¡s¡r¡o (1930)

¡.es Vas¡s coMMUNrcANrs

/ Los vAsos coMUNrcANTEs

(te32)
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M¡sEns oe ü poÉslr / Mlseru¡ DE r.lr poESfA (1934) r'Avoun rou / El AMoR Loco (1937) Frrr Monc.r¡¡.r (t942) Anc¡Ne 17 /AncnNo t7 (t947) ¡-r C¡.8 DEs clrAMps / [¡ n¡v¡ DE Los clMpos (1953) ¡-'Anr MAGteuE / El nnr¡ MÁcrco (lg57) Cr¡¡n pp rennr / Cr¡no DE rrERM (1g66)

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