P. 1
odisea

odisea

|Views: 433|Likes:

More info:

Published by: Sofía Micaela Bazan on Jun 20, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOCX, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

08/28/2014

pdf

text

original

Facultad de Filosofía y Humanidades Escuela de Letras Cátedra de Literatura Clásica, Griega y Latina Ciclo lectivo 2012 Equipo docente

: Prof. Dr. Pedro Luis Villagra Diez Prof. Lic. Guadalupe Erro Prof. Dra. Fabiana Demaría de Lissandrello

Trabajo Práctico N° 2: La Odisea

Bazán Carballo, Sofía Micaela

1- La afirmación de J. Latacz: “la telemaquia es el fundamento del epos... ella... prepara al oyente para la aparición de Odiseo” se refiere a que los primeros cuatro cantos nos anticipan la aparición del héroe mediante pistas brindadas, no solo por los dioses, sino también por los mortales que testifican haberlo conocido, y esta es la base de toda la tragedia, pues es el regreso de Odiseo a Ítaca el que mantiene a los personajes entre la incertidumbre y el conocimiento. Con revelar unos pocos detalles en estos cuatro cantos, se logra anticipar el esperado desenlace. Al principio, en el concilio de los dioses (Canto I), se habla del conocido héroe Odiseo, al que le fue “prohibido” su regreso a su patria luego de la Guerra de Troya, pero él no aparece directamente. Al igual que en los siguientes cantos, se lo recuerda, se habla de su muerte, de su legado, pero nunca aparece. Se desconoce su paradero, e incluso se duda sobre su retorno a Ítaca y sobre si sigue vivo. Ahí es cuando aparece Atenea, dirigiéndose a los dioses:
“Pero se me quiebra el corazón por el prudente y desgraciado Odiseo, que desde hace mucho tiempo padece penas lejos de los suyos, en una isla azotada por las olas, en el centro del mar; isla poblada de árboles, donde tiene su mansión una diosa, la hija del terrible Atlante (…) La hija de este dios retiene al infortunado y afligido Odiseo, no cejando en su propósito de embelesarle con tiernas y seductoras palabras para que olvide a Ítaca; mas el héroe, que está deseoso de ver el humo de su país natal, ya siente anhelos de morir.” (Canto I)

Esto nos indica el destino de Odiseo luego de la Guerra de Troya y sus obstáculos para retornar a su hogar. Además, es importante destacar la descripción del estado en el que se encuentra el héroe: deseoso de regresar a Ítaca pero comenzando a rendirse por ver cumplido su sueño. Entonces el lector se confunde, Odiseo desea regresar, pero está perdiendo sus esperanzas. Pero luego nos encontramos con Zeus, quien dice sobre el desafortunado héroe:
“Mas, ea, tratemos de su vuelta y del modo como haya de llegar a su patria; y Poseidón depondrá la cólera, que no le fuera posible contener, solo y contra la voluntad de los dioses, con los inmortales todos” (Canto I)

En este momento se comienza a maquinar el plan de Atenea y los dioses para lograr el regreso seguro de Odiseo a su anhelada Ítaca. Y es uno de los indicios más fuertes para el lector sobre el paradero del héroe y sobre su futuro retorno, ya que, a pesar de poseer libertades para sus decisiones, los personajes de las tragedias dependían de la predisposición de los dioses para que se cumpliesen sus destinos, como sucede en esta situación en la que Poseidón era quien deponía la llegada de Odiseo a Ítaca.

Pero también existen los signos que preparan a los personajes de la historia para el regreso de Odiseo, ya que los mortales no eran conscientes de todo ese diálogo entre los dioses. Por ejemplo, de nuevo hablando de Atenea, esta vez en la figura de Mentes, se dirige al hijo del héroe, quien había perdido todas las esperanzas de ver a su padre:
“Vine porque me aseguraron que tu padre estaba de vuelta en la población. Más sin duda lo impiden las deidades, poniendo obstáculos a su retorno; porque el divino Odiseo no ha desaparecido aún de la fértil tierra, pues vive y está detenido en el vasto ponto, en una isla que surge de entre las olas (…). Voy ahora a predecir lo que ha de suceder, según los dioses me lo

inspiran en el ánimo y yo creo que ha de verificarse, porque no soy adivino ni hábil intérprete de sueños: Aquél no estará largo tiempo fuera de su patria, aunque lo sujeten férreos vínculos; antes hallará algún medio para volver, ya que es ingenioso en sumo grado.” (Canto I)

Luego, ante la aparición de dos águilas que volaban sobre el ágora, enviadas por Zeus, como un augurio de muerte, Haliterses Mastórida, quien era capaz de conocer los augurios y explicar los casos fatales, se refiere a los Pretendientes:
“Grande es el infortunio que a éstos les amenaza, porque Odiseo no estará mucho tiempo alejado de los suyos, sino que ya quizás se halla cerca y les apareja a todos la muerte y el destino; y también les ha de venir daño a muchos de los que moran en Ítaca, que se ve de lejos.” (Canto II)

Así les advierte, no solo a los Pretendientes, sino a todos en Ítaca sobre el pronto retorno de Odiseo a su patria. Entonces, en resumen, nos podemos referir a dos preparaciones para el regreso del héroe: el del lector, fundamentado en el diálogo y la nueva intervención de los dioses, y el de los personajes de la tragedia, basado en las indicaciones de Atenea y de Haliterses Mastórida.

2- Así como el plan de Zeus era el hilo conductor que guiaba los hechos que se iban dando a lo largo de la Ilíada, en la Odisea es el reconocimiento (ἀναγνώρισις). El descubrimiento, primero de la situación en la que se encuentra Odiseo, y luego de su identidad se va dando a lo largo de la historia, pero toma mayor fuerza cuando éste ingresa en Ítaca y comienza a revelarse ante varios personajes. Estos reconocimientos pueden dividirse en ciertas etapas:  Primero ante su hijo, gracias a las indicaciones de Atenea, quien para lograr su cometido lo toca con la varita de oro para rejuvenecerlo. Al verlo, Telémaco piensa que es un dios, pero Odiseo le dice:
“No soy ningún dios. ¿Por qué me confundes con los inmortales? Soy tu padre por quien gimes y sufres tantos dolores y aguantas los ultrajes de los hombres” (Canto XVI)

Telémaco sigue sin confiar en él, y cree que es un dios que busca engañarlo para que se llene de esperanzas en vano, pero Odiseo le asegura que no vendrá otro como él, pues ha vagado por la tierra veinte años y ahora ha regresado, le cuenta de Atenea y su intervención en su cambio. En ese momento Telémaco abraza a su padre y ambos lloran por la emoción del reencuentro.  Segundo, su perro, Argos, quien lo reconoce apenas Odiseo pone un pie en su palacio.
“Y un perro, que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argo, el can paciente de Odiseo, a quien él había criado (…). Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas (…). Entonces la negra muerte se apoderó de Argo, después que tornó a ver a Odiseo al vigésimo año”. (Canto XVII)

Su perro, fiel al héroe, no necesita de otra confirmación para saber que se encuentra ante su amo, y al verlo regresar se abandona a los brazos de la muerte, pues pasó muchos años esperando.

Tercero, su nodriza, quien lo había criado, Euriclea, quien al bañarlo reconoce una cicatriz que había recibido el héroe de un jabalí:
“Euriclea se acercó a su señor, comenzó a lavarlo y pronto reconoció la cicatriz de la herida que le hiciera un jabalí con sus albos colmillos (…). Al tocar la vieja con la palma de la mano esa cicatriz, le reconoció y soltó el pie de Odiseo (…). El gozo y el dolor invadieron juntos el corazón de Euriclea, se le arrasaron los ojos de lágrimas y la voz sonora se le cortó.” (Canto XIX)

Euriclea lo reconoce gracias a un signo, la cicatriz, que es propia de Odiseo. Desde ese momento lo sabe en su corazón y no necesita confirmaciones, pero debe callar por orden del héroe, ya que de esa forma su plan de venganza contra los Pretendientes va a poder ser cumplido.  Y cuarto, y más importante, su reencuentro con su esposa. Luego de ser vencidos los Pretendientes, y a pesar de la intervención de Telémaco, Penélope no cree que sea su marido, y le pide a Euriclea que le prepare el lecho fuera de la habitación, lo que provoca en Odiseo tristeza, ya que cree que su esposa, olvidándose de él, se deshizo del lecho que él mismo construyó. Al realizarle una descripción detallada de éste, Penélope se da cuenta de todo:
“(…) Penélope sintió desfallecer sus rodillas y su corazón, al reconocer las señales que Odiseo describía con tal certidumbre. Al punto corrió a su encuentro, derramando lagrimas; le echó los brazos alrededor del cuello, le besó la cabeza (…).” (Canto XXIII)

Esto, según Latacz, es el reencuentro para el que el poeta trabaja desde un principio. Odiseo advierte que quizás no regrese, pero Penélope mantiene sus esperanzas, que luego pasan a ser penas y lamentos por la pérdida de su amado esposo. Por ello, al momento en que ambos se reconocen y dejan de estar desorientados, ya que Odiseo también se sentía perdido sin su familia y sin su patria, quedan olvidados los veinte años que el héroe ha pasado lejos.

En resumen, se puede hablar de dos tipos de reconocimiento: el que necesita de señales y signos, y el que se siente en el corazón sin necesidad de éstos. Con Telémaco, que nunca había conocido a su padre, el reconocimiento es instantáneo, a pesar de la leve duda del hijo del héroe. Él no lo conocía, solo sabía de su padre a partir de las memorias de quienes lo habían conocido de verdad, por ello confía en las palabras de Odiseo. Al igual que Argo, que sabe que se trata de su amo con solo mirarlo, sin ninguna confirmación. En cambio, su criada necesita de la cicatriz, y su esposa de la descripción del lecho. Eran las personas que más lo conocían, pero no lo reconocen de inmediato, con solo verlo o escucharlo. Necesitan de signos que lo identifiquen como Odiseo.

3- El agregado en el canto XVIII se refiere al momento en que Penélope, embellecida por Atenea durante su breve sueño, se presenta ante los Pretendientes en todo su esplendor, causando en éstos reacciones de

pasión. Pero esto se interrumpe con Penélope manifestando su preocupación por su hijo, Telémaco, quien por su parte se expresa en contra de los Pretendientes y le menciona a su madre como Iro fue vencido por el nuevo huésped, llevando la atención a éste. Si se suprime este diálogo, los siguientes versos, cuando Eurímaco se dirige a Penélope, quedan perfectamente enlazados con la descripción de la aparición de la hermosa mujer ante los Pretendientes. Schadewaldt habla sobre los puntos de vista de distintos autores, como que Penélope actúa casi como una prostituta, dejando de lado su supuesta fidelidad hacía su marido, o que ella, siendo consciente de su propia belleza, manipula a los hombres a su antojo, o, la que más resalta, que Odiseo y Penélope actúan juntos para conseguir los regalos de los Pretendientes. Él, sin embargo, atribuye ese agregado a una estructura, de dos partes: la parte clara, representada en la belleza, y la parte oscura, basada en el duelo de la mujer por su marido. Así Schadewaldt dice que esta estructura aparece en tres partes de este canto:  Primero, cuando Atenea le urge a Penélope presentarse ante los Pretendientes para alegrar su ánimo y engrandecerse ante su hijo y su esposo. Ésta, luego le dice a Eurínome, refiriéndose al viaje de Odiseo:
“(…) pues destruyeron mi belleza los dioses que habitan el Olimpo, cuando aquél se fue en las cóncavas naves.” (Canto XVIII)

Se presentan dos partes, como ya se mencionó antes, la idea de belleza proporcionada por Atenea y por Eurínome al decirle que debe estar bella para aparecer ante los Pretendientes, y por otro lado la renuencia de Penélope de hacerlo, ya que sigue en pena por su marido y eso es la causa de que su belleza haya desaparecido.  Segundo, cuando Penélope es embutida en un sueño corto, donde su belleza es renovada por Atenea. Al despertar, Penélope se expresa de esta manera ante las doncellas:
“Ojalá que ahora mismo me diera la casta Ártemis una muerte tan dulce, para que no tuviese que consumir mi vida lamentándome en mi corazón y echando de menos las cualidades de toda especie que adornaban a mi esposo, el más señalado de todos los aqueos” (Canto XVIII)

De esta manera, a pesar de que su belleza ha sido recobrada (parte clara), Penélope sigue en pena por su marido (parte oscura), y no quiere a ningún otro más, pues él era el más distinguido, e incluso preferiría morir a seguir en ese estado de angustia y tristeza.  Tercero, cuando Penélope se muestra ante los Pretendientes y Eurímaco la halaga:
“(…) sobresales entre las mujeres por tu belleza, por tu estatura y por tu buen juicio.” (Canto XVIII)

Pero Penélope se mantiene impasible, o incluso se pone más triste, al responderle:

“Mis atractivos (…) los destruyeron los inmortales cuando los argivos partieron para Ilión y se fue con ellos mi esposo Odiseo. Si él, volviendo, cuidara de mi vida, mayor y más bella sería mi gloria. Ahora estoy angustiada por tantos males como me envió algún dios.” (Canto XVIII)

De esta manera siguen apareciendo dos partes, el triunfo de la belleza de Penélope sobre los Pretendientes, y la evidente tristeza de ésta por el desenlace de los hechos. Pero ella debe resignarse, porque como expresa en su réplica a Eurímaco, ella debe casarse con otro hombre al cuando éste tenga barba, tal y como lo requirió Odiseo al momento de su partida.

Así, en resumen, este agregado le da mayor fuerza a las dos primeras partes donde aparece la estructura de claro y oscuro. Con esos versos ya no queda duda de que lo que Penélope busca es cuidar a su hijo y respetar los deseos de su marido, pero que no tiene ningún interés en alguno de los Pretendientes ni mucho menos en contraer nupcias con ellos, sino que todo lo contrario, se siente sumamente desdichada y le gustaría acabar con su desconsuelo. Incluso aunque las esperanzas de que Odiseo regresa ya son escasas, Penélope se mantiene fiel a su marido. 4- La Odisea de Roberto Fontanarrosa es una parodia de la Odisea de Homero. Se diferencia de esta por contar los hechos de otra manera. Primero, apelando a otros códigos de comunicación, no solo un código lingüístico escrito (como es la Odisea de Homero) sino que lo entremezcla con imágenes. Luego, Fontanarrosa elige ciertas escenas que son las más conocidas por el público en general: el reencuentro con Penélope y algunos de los obstáculos que tuvo que atravesar para lograrlo. Al principio de la obra de Fontanarrosa, Penélope reconoce a su marido y le reclama haberlo esperado “toda una mitología”, refiriéndose irónicamente al tiempo que tarda este en regresar. Él le habla de su bolso de piel marrón, de su vestido de domingo y sus zapatos de tacón, haciendo alusión a lo “coqueta” que era Penélope con los Pretendientes, como su belleza fue renovada por Atenea, aunque no se lo mencione. Luego Fontanarrosa ironiza la llegada de Odiseo y su tripulación a la isla de los Ciclopes, donde Odiseo se refiere a los ciclopes como famosos por su generosidad. Pero Polifemo habla de que esos son los triciclopes y que él está de mal humor por un orzuelo en su ojo. Cuando los aqueos escapan del cegado ciclope, afirman que corren porque fue un “uso ilegal de la medicina”. De esta manera, Fontanarrosa parodia la manera en la que el ingenio de Odiseo los ayuda a escapar en la Odisea de Homero (cegando al ciclope con un palo afilado). Más adelante, al llegar a la isla de las sirenas, se burla sobre como Odiseo manda a sus hombres a que cubran sus oídos pero requiere que él sea atado, según Fontanarrosa, porque tiene ganas de “oír algo de música”. Se salvan, y las sirenas le gritan a Odiseo “maricón” por no sucumbir a sus encantos. Cuando llegan a la isla que habita Circe, ella les ofrece embutidos puros de cerdo que llevan su nombre (haciendo alusión a todos los hombres que Circe transformó en animales) y todos comen menos Odiseo,

argumentando que el cerdo le cae mal. Cuando los hombres se transforman en cerdos, Odiseo la amenaza con la diosa Triquinosis y ésta los transforma de nuevo. En cambio, en la Odisea de Homero, Odiseo se gana la amistad de Circe y ella transforma de nuevo a su tripulación y lo deja ir en paz. Al final, cuando Odiseo termina su historia, Penélope le dice que lo único que ella ha hecho fue tejer para dentro y para afuera, pero luego le comenta a una amiga, en tono confidente que no le cree a Odiseo, que seguro estuvo de nuevo con la ninfa Calipso, pero que su historia va a superar la de su marido cuando le cuente por qué teje escarpines. Aquí Fontanarrosa ironiza la espera de Penélope que se puede ver claramente con Homero, y sugiere que la fiel esposa traicionó a su esposo al no soportar la espera. En resumen, los elementos que separan a la obra de Homero con la de Fontanarrosa son modernos, e introducidos con el propósito de provocar el efecto humorístico. Por ejemplo, lo del orzuelo, los insultos de las sirenas (que además trasladan la obra a nuestro dialecto), la referencia a la triquinosis y lo que causa, la ironía de que una mujer espere a su marido por veinte años, etc. Además, se busca acercar al lector a la mítica historia mediante un vocabulario e imágenes sencillos, utilizando la ironía como elemento primordial para provocar cierto efecto. La historia es una forma entretenida de acercar una obra clásica a los lectores que no la han leído, pero como toda parodia, es necesario leer la “original” para que el efecto humorístico sea mayor. Pero con ciertas escenas, que son muy conocidas, como la de la isla de las sirenas, gracias a otras parodias o a su trascendencia en la historia universal, es posible admirar el talento del humorista para crear ese efecto deseado.

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->