MADRE RAFOLS En 1804 llegaron a Zaragoza procedentes de Barcelona las hermanas de la Caridad de Santa Ana, obra pía fundada

por el padre Juan Bonal, requeridas por el Hospital de Nuestra Señora de Gracia - que atendía enfermos y dementes de pago o de caridad en Zaragoza - para que lo reformaran y atendieran. Vinieron 12 personas, hombres y mujeres, aunque sólo permanecieron las mujeres, siendo nombrada como superiora la madre Mª Josefa Rosa Rafols. Las hermanas de la Caridad se encargaban de atender a los enfermos, limpiarles, darles de comer, etc. Tenían alguna formación sanitaria (podían realizar cursas, preparar medicamentos, etc.), lo que fue imprescindible en el momento en que la ciudad quedó sitiada. La madre Rafols junto con sus hermanas estará allí donde se la necesite, atendiendo a los heridos, trasladándolos y cuidándolos en el Hospital. Cuando éste sea bombardeado el 3 de agosto de 1808 la M. Rafols organiza el traslado de enfermos a la Casa de la Misericordia (actual Edificio Pignatelli) donde se instala el Hospital de Convalecientes. Ante la situación de desabastecimiento extremo causado por el 2º Sitio la M. Rafols cruzó las líneas de batalla para presentarse ante el mismísimo mariscal Lannes - jefe de los sitadores - y pedirle agua, alimentos y medicinas para sus enfermos, accediendo éste a sus peticiones (¿impresionado por su valor? ¿desconcertado ante lo absurdo de esta guerra que rebasaba su lógica militar?). Esto se repetiría en varias ocasiones. La M. Rafols fue por ello sospechosa de "traición" pues no se entendía que los franceses accedieran a darle víveres sin conseguir a cambio algún tipo de información sobre los sitiados. Cuenta la leyenda que tenía un cántaro milagroso, que rellenándolo de agua bendita ésta se multiplicaba dando a beber a todo el que tuviera sed. Tras la capitulación la M. Rafols siguió ejerciendo sus labores hasta su muerte a los 72 años. Está enterrada en la Casa General de su congregación, en la actual calle Madre Rafols.