La cultura del Barroco: una estructura histórica

José Antonio Maravall Maravall comienza su artículo diciendo que Barroco es un concepto totalmente histórico y que comprende los tres primeros cuartos del siglo XVII, centrándose principalmente entre 1605 y 1650. Esta cultura no puede ser comprendida sin prestar atención a una situación de crisis y conflictos bajo la cual se construye en la presión de las fuerzas de represión que dominan, sin anular, la existencia individual. “[…] Siempre que se llega a una situación de conflicto entre las energías del individuo y el ámbito en que éste ha de insertarse, se produce una cultura gesticulante, de dramática expresión. […]”. (50) El pueblo español del siglo XVII aparece movido por una grave crisis en su proceso de integración que provoca un estado de inquietud e inestabilidad sumido en una conciencia de “decadencia”. Así, la temática del Barroco se articula alrededor de esta conciencia y hace del conflicto una situación normal para el momento. Se trata de un estado de desarreglo y disconformidad que afecta la relación de los distintos estratos sociales e ideológicos. La monarquía estuvo ante dos necesidades: fortalecer los medios físicos de represión y procurarse medios de penetración en la conciencias y de control psicológico que le asegurasen su superioridad frente el conjunto. De esta manera, la cultura del Barroco es un instrumento operativo destinado a actuar sobre un grupo de hombres de los cuales se tiene una visión determinada a la que aquella debe adecuarse con la finalidad de hacerlos comportarse de maneras que se conserve y potencien los modelos de esas sociedades regidas por los sistemas políticos del momento. “[…] En resumen, el Barroco no es sino el conjunto de medios culturales de muy variada clase, reunidos y articulados para operar adecuadamente con los hombres, tal como son entendidos ellos y sus grupos en la época cuyos límites hemos acotado [1605-1650], a fin de acertar prácticamente a conducirlos y a mantenerlos integrados en el sistema social. […]”. (51) Se trata de una época en la que se es consciente del valor que tiene la fuerza humana y se la trata, por ello, de conservarla, estudiándola y perfeccionándola, cubriéndose del uso revolucionario de la misma. Por este motivo, el Barroco es una época con principios dirigistas sobre múltiples aspectos de la convivencia humana: una economía dirigida y al servicio de un imperialismo que apunta a la gloria; una literatura comprometida con las vías del orden y de la autoridad, aunque a veces no esté de acuerdo con estos; una ciencia peligrosa, pero contenida en manos de sabios prudentes; y una religión rica en la heterogeneidad de creyentes. (51) La difusión de la literatura y del arte barrocos, se produce desde los centros de control y poder social hacia los lugares más apartados; se difunde la cultura barroca desde aquellos puntos en que se localizan los centros de poder hasta zonas rurales que viven bajo la irradiación de aquellos otros núcleos. Todos los controles que rigen en el Barroco se vinculan al centro de la monarquía. Se trata de una etapa polémica en todos los campos en la cual lo más importante es persuadir en vez de demostrar. Desde esta perspectiva, la literatura y la pintura juegan un papel muy importante, ya que aparece un nuevo mecanismo de persuasión consistente en implicar o introducir al espectador en la obra, de forma tal que sea un elemento más de la misma o que se convierta en un espectador partícipe. Con este mecanismo se consigue hacerlo cómplice de la misma; pues, la obra se le presenta abierta a sus ojos, pudiendo quien la observa interpretarla y variarle la perspectiva o el foco desde el cual se la mira. El siglo XVII se enfrenta a un individuo que necesita ser movido o interpelado desde dentro (desde sus fuerzas afectivas), y es esto lo que buscará el arte del Barroco: mover, admirar e impresionar.

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