Marcelo Ohienart

Historias de Gente Común y de la Otra

crónicas ramenses - parte 2

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Ohienart, Marcelo Historias de gente común y de la otra - crónicas ramenses - parte 2 – 1º ed. Buenos Aires – Ediciones El Escriba. ISBN: 1. Narrativa Argentina.I. Título CDD A863 Fecha de catalogación: ©Marcelo Oscar Ohienart mohienart@gmail.com Crédito de tapa: Diseñadoras Maité y Quillén Di Lorenzo Fotografía de tapa: Ignacio Ohienart Hecho el depósito que dispone la Ley 11.723 Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso del autor

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La nostalgia es la cita sutil con el pasado y una forma del sueño. Es la corriente oculta y silenciosa que se opone al olvido con decoro. Es el domingo triste del recuerdo y la vaga saudade de lo que un claro día fue tocante, entrañable. De lo que hubo de hondo y bello entre tantas cosas. No es sólo el pasado, tiene algo de futuro adivina, espera aquello que mañana no afeará la vida. Raúl González Tuñón

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El pasado a la vuelta de la esquina A modo de presentación… ¿Será profeta en su tierra? ¿Escribiendo sobre ella alcanzará acariciar el placer del reconocimiento? ¿Tendrán eco sus crónicas? Todos estos interrogantes jamás burbujearon en la ansiedad de Marcelo Ohienart. Tal vez ni siquiera aleteen en sus sueños, porque él, desde sus líneas, trasunta la intención emotiva de plasmar la historia afectiva del lugar que pisó y pisa desde que nació, esa historia plagada de momentos heterogéneos, donde convive la curiosidad con el dulce encuentro con el pasado. Ya lo ha hecho en sus crónicas anteriores y lo sigue haciendo. No se ha conformado con sus primeras aproximaciones y continúa, inquieto y esgrimiendo la espada de la insatisfacción creativa, recorriendo calles, reconociendo rincones, rastreando personajes… Por eso y siempre rescatando la dinámica de un hombre joven, estas páginas son un verdadero logro, un lazo indestructible con el amor y el respeto. Estamos acostumbrados a que este tipo de ensayos sean llevados a cabo por escritores, poetas o periodistas que cargan un bagaje de recuerdos, anécdotas y la poderosa necesidad de entregarse a la nostalgia. No es este caso. Aunque se trate de reflotar vivencias y estampas, para algunos ya con color sepia o aroma a naftalina, estoy seguro de que aquellos
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que como Marcelo Ohienart han nacido en este lugar, cada capítulo, cada página, la mera mención de un nombre, vibrarán con la intensidad de lo nuevo. El conocer algo que ha sucedido es nuevo. Este es un libro escrito con naturalidad, sin análisis críticos, simplemente la reunión de aguafuertes transparentes, directo, desprovisto de los artificios de la tecnología irreverente o de pretensiones sociológicas. Es la presentación de un mundo que fue pero que significó el presente explosivo de una ciudad en constante evolución. Y creo que, desde el meollo del relato afectuoso, por encima de recursos rebuscados, efectistas o sobredimensionados, nos encontramos una vez más ante la innegable resurrección de valores espirituales, puramente humanos y asentados sobre vigorosas raíces. Marcelo Ohienart escribe como siente, sin apelar a ningún recurso, nada más que a su espíritu constantemente emprendedor, nervioso, creativo. Con ese aporte ha construido esta demostración de voluntad, paciencia y determinación, este ángulo cálido que nos induce a un viaje de ida y vuelta, siempre, siempre, acompañados por la ternura. Alberto Cambas Sabaté

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Prólogo Algunos se han ocupado ya de rescatar a los primeros comerciantes de Ramos Mejía, aquellos pioneros de esta gran urbe del conurbano bonaerense. Por caso, en Aquel Ramos Mejía de Antaño de Eduardo Giménez o Historia de Ramos Mejía de Luis Ghirardi, se recuerdan los apellidos de los fundadores del hoy centro comercial ramense: Della Maestra; Ferrazzi; Giovo; Piegari y tantos más. Otros, como quien escribe, por cuestión de edad, sólo recordamos algunos comercios de la década del setenta y del ochenta. Por eso, como resultó un hueco entre ambos rescates, para aquellos nostálgicos se me ocurrió tratar de rearmar aquel centro comercial ramense, digamos entre las décadas del veinte al cincuenta. Recurriendo al relato oral de los que fueron protagonistas y testigos pude ir armando, como un rompecabezas –al que seguramente le faltarán piezas-, el entramado comercial céntrico. La “Mesa de Magariños” (del café homónimo) conformada por un grupo de hombres mayores, fue el puntapié que permitió ir construyendo el recorrido. Algunos de sus nombres son familiares, otros simplemente serán reconocidos por sus familiares, lo importante es que con su aporte comencé este ensayo.
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Algunos de estos hombres son Héctor Cufré, director fundador del Normal de San Justo; Nicolás Magnelli; Alejandro Valentín Recoaro; Ismael “Cacho” Díaz; Ludovico “Tito” Ombroni, Oscar Novillo; Oscar Ferrazi; Tito San Martín y Horacio Perkins. Estos hombres recibieron a este cronista y abrieron sus recuerdos. Sus discusiones sobre tal o cual comercio, ubicado aquí o allá, permitieron ir confeccionando un damero comercial de las principales manzanas comerciales de nuestra ciudad, por eso vaya desde estas líneas mi más infinito agradecimiento y gratitud. Soy un fanático de la tradición oral, no reniego en absoluto del academicismo, pero contar con la voz de los protagonistas para hilvanar la historia suele ser el argumento menos refutable de todos. Cometería una falta garrafal e imperdonable si no mencionara otros nombres que colaboraron en este emprendimiento: Piasco; Benchimol; Morelli; Zani; Jarast; Rossi; Frasisti y Baudracco, son sólo algunos más de todos los autores que tiene este ensayo. La idea es ir recorriendo con ustedes las distintas arterias de nuestro centro comercial para recordar los comercios que, si bien no fueron pioneros, colaboraron fuertemente para forjar este presente comercial.

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En esta recorrida virtual, iremos mechando anécdotas imperdibles de nuestros antepasados, recogidas una vez más desde la memoria individual. Los invito a abrir su mente y su imaginación para tratar desde este presente, reconstruir juntos ese pasado fundador. El viaje comienza ahora.

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Los miembros de la “Mesa de Magariños”

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“La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser” (Cuesta Abajo – Tango)

Lado Norte… ¿es el lado fundador? No vaya esto en desmedro del lado norte de nuestra ciudad, que por otra parte, fue la zona fundacional, no olvidemos que esa manzana rodeada por las calles Álvarez Jonte, Riccheri, Além y 9 de Julio está asentada la primera plaza de nuestra ciudad, la Plaza Domingo Faustino Sarmiento. El monumento a Sarmiento y su madre, junto a la Parroquia Ntra. Sra. del Carmen son hitos fundacionales de nuestra ciudad junto a la Casa Estación del ferrocarril. De hecho, las autoridades del Museo que funciona hoy en la estación, han ideado un recorrido histórico por estos tres lugares. Por eso, bien vale empezar nuestro recorrido por los frentes de esas arterias norteñas. Frente al Colegio Santo Domingo se levantaba, casi sobre Gaona esquina Scalabrini Ortiz, el “Almacén Travi”, caminando desde ésta por Riccheri, antiguamente denominada Buenos Aires, en dirección a la estación ferroviaria se ubicaron el “BillarConfitería de Piasco”; la “Peluquería de Francisco Cachone”; la “Lechería de Martín Arla y Rafael Andreane” y finalmente, en el
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número 31, “El Progreso”, bazar y librería propiedad de Emilio Parodi. En Ardoino 34 la cigarrería Villa y en su intersección con Monteagudo, la esquina que durante los años setenta cobijó al restaurante “La Tablita”, fue la herrería “La Libertad” de Pascual Caprio. Volviendo a la plaza, sobre 9 de Julio y Além, la “Peluquería de mujeres de Cayetano Latanzi”; en el 30, la tienda, mercería y ropería “La paloma” de Muci Acha, más popular como “lo de Acha”; en el 34, la sastrería “Casa Basulto”; a la altura del 56, la “Zapatería de Vito Antonio Longo”; después la imprenta de “Dublino–Pagani” y ya en el número 84 un verdadero hallazgo que resultó de esta investigación: la sede social de “Cóndor Béisbol Club”. El Cóndor Béisbol Club que, por cierto, hasta por lo menos 1959 existía, había sido autorizado por una ordenanza municipal, la número 2209, a utilizar un predio propiedad de la comuna ubicado en el barrio Los Álamos, a la altura del kilómetro 35 de la ruta nacional 3 como su campo deportivo. La ordenanza está rubricada por Oscar Prego y Faustino Aguirre, presidente y secretario del Concejo Deliberante, respectivamente. Al 200 de 9 de Julio el almacén de comestibles y bebidas “El Modelo” de Pablo Cassara.
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Sobre Além, mucho más conocida como Segunda Rivadavia, llegando a Güemes, el primer local de la “Ferretería El Indio”, propiedad original de Bertolon y Medo, hoy en Güemes Nº 45, propiedad de Carlos Scopelleti, quien fuera el primer dependiente de la originaria ferretería. Carlos es un tipo verdaderamente singular, uno de esos personajes que escasean en el comercio de hoy. Hay una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: hace un tiempo, llegó a su local uno de esos viajantes de comercio, representante vaya a saber de qué proveedor de herramientas, y comenzó a frecuentarlo. Un buen día, el hombre llega y se encuentra con que “Carlos” acusa un trato extremadamente formal y distante. El viajante, al que llamaremos Juan, se sorprende y le pregunta al ferretero si ha pasado algo. El caso es que el personaje que el viajante creía que era Carlos, terminó presentándose como “Roberto”, a la sazón el hermano gemelo de Carlos, que vivía en el Sur, según el ferretero. De ahí el distanciamiento. Juan, el viajante absorto, no puede creer la increíble semejanza entre ambos gemelos. Así las cosas, “Roberto” le explica que “Carlos” se había tomado unas merecidas vacaciones. En este punto, el lector creerá que esto es pura “sanata”, pero créanme, lo pude comprobar. Quien escribe, supo presenciar las
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confusiones del viajante. Confusión que contaba con la complicidad de su hijo Juan Carlos y de quien escribe, llamándolo alternativamente, “Roberto” o “Carlos”, según la ocasión. Por supuesto que hubo una última visita de Juan, del que no se supo nada más, sólo se puede aseverar que jamás supo la verdad. Ese es Carlos Scopelleti.

Ferretería El Indio. De izquierda a derecha: Bertolón, Medo y Carlos Scopelleti. Diciembre de 1951. Esquina de Além y Guemes.

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Fotocopia de la Ordenanza sobre “Cóndor Béisbol Club”

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Boceto del autor. Armando el rompecabezas comercial, con la ayuda de la “Mesa de Magariños”.

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Esta crónica incompleta fiel tan sólo a los recuerdos, lleva en sí un íntimo homenaje a todos los que se fueron (Del Viejo Ramos Mejía - Raúl Oscar Díaz Castelli)

Lado Sur. El centro se hizo centro Viniendo de Ciudadela, los ramenses se sorprenden al ver la sede de la Región Descentralizada Noroeste del Municipio de La Matanza en la esquina de Almirante Brown y Rivadavia. Para los más jóvenes y para los curiosos en general, si se acercan hasta allí, observarán en la ochava, que se preservó en la restauración arquitectónica el frontispicio de la fábrica en un bello bajo relieve de material gris, con la imagen de una cara con gesto serio, sobre su cabeza dice “Chissotti” y a la altura de su pecho como si fuera su apellido “Marca Registrada”. Ese rostro es el de Fernando Chissotti, creador de lo que fue “Chissotti Hnos. & Cia.”, destiladores licoristas, especialistas en Fernet y Grappa Chissotti. Dice una crónica del historiador Ángel Verger que “Don Fernando Chissotti, llega al país en febrero de 1889, desde Italia, pronto se dedica a la licorería por tener conocimientos sobre eso. Y es a fines de 1895 que elabora y fabrica en su casa, lo que sería su especialidad al fraccionar una modesta y reconfortante grappa a la que le da su apellido. La cual, muchos obreros, toman a la mañana para combatir el frío”.

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“Su calidad hace que sea aceptada por todo el pueblo, dejando de fabricar los néctares de anís, menta o guindado. La demanda es mucha, por esa razón agrega a su rubro el oscuro Fernet. La ciudad se agranda y la mano de obra consume sus productos. Los obreros licoreros, destiladores de la bebida, agregan como novedad la grappa con miel o la rosada de rico sabor y fuerte graduación alcohólica, la que es apetecida por la ciudadanía de las provincias. Sus productos se extienden a otros países, por su alta calidad. Pasan los años, la fábrica se agranda y don Fernando, anciano, se retira del negocio dejando a sus hijos la dirección de la misma. Sus hijos Oreste, Jacinto, Alberto y Alfredo no tienen el mismo criterio de ese luchador, y el comercio empieza a decaer por la fuerte competencia en el ramo. Ya no se fabrica la diaria producción de 1.500 litros de grappa y 400 de Fernet. Por esa razón sus hijos deciden separarse y vender, para tomar otros rumbos, el amplio depósito y fábrica junto a la casa hogareña de Alte. Brown y Rivadavia fue subastada en octubre de 1971. De aquella fábrica, orgullo de Ramos Mejía, sólo queda el recuerdo de un itálico luchador”.

Antigua publicidad de la marca

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Siguiendo por Rivadavia, en su cruce con Cabral, estaba la Quinta “La Rana”, en la que las Hermanas Oblatas, iniciaron su actividad abriendo una escuela para niñas huérfanas. Vivían de la caridad pública y para mantenerse vendían trabajos de bordado que realizaban, con el paso del tiempo se reubicaron en su actual solar, en Necochea y Saavedra. Caminando por Rivadavia en sentido oeste, llegamos a la cuadra que hoy ocupa el Supermercado Coto, altura 13.800, pero antes, mucho antes, hubo otros comerciantes. La foto de esa cuadra es muy famosa y muy vista, es la que acompaña este recuerdo y data de 1914.

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De izquierda a derecha: la zapatería Berro-Bellocq, al lado la entrada de carros lecheros, luego el restaurante café de la familia Harboure, la tienda del “turco” Salomón Fener, y la talabartería de la familia Trapese, cerrando el cuadro, construida en madera. Doblando por Moreno, que por aquellos años tuvo una pequeña luminaria en medio de la calle, un surtidor de combustible, la cochería “Duarte”, la florería “La Orquídea”, en el 67 la “Sastrería Tamburri, para damas y caballeros” y un terreno que era utilizado por los Bomberos Voluntarios para organizar kermeses. Dicho sea de paso, en una guía comercial de 1945, facilitada al autor por Ariel Baudracco, se promociona “el deber de buen vecino” en la colaboración de la construcción del nuevo cuartel central de los bomberos.
Esquina de Moreno y Rivadavia. Al margen izquierdo se observa el surtidor de combustible.

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Copia de la publicidad por la construcción del cuartel central de los bomberos

Desandando Rivadavia siempre hacia el oeste, aquellos viejos vecinos se iban encontrando con las siguientes ofertas comerciales: la Sodería de Espina; Para Ti; la Tintorería Hiroshima (y si no, cómo se iba a llamar, ¿no?); la cervecería Africana; el cine Ardoino, propiedad de Esteban Ardoino, más tarde Cine Ramos Mejía; la casa de fotografía de Perelti; la Tienda GDA – Grandes Despensas Argentinas, que era una casa de deportes; en el 13.968 el Escribano José Claret; el 13.972 para la Agencia “Crysler” de Iannone & Rodríguez y venta de Nafta y Kerosene YPF Fiscal, como rezaba su propaganda. Cerrando la cuadra, en el 13.998 la Farmacia Giovo de Braulio E. Vidaurreta.
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Trazar un recorrido de recuerdos es muy arbitrario, por tal razón, en esta crónica iremos rodeando las manzanas, por ello, mis pasos se encaminan por la calle Bolívar (vereda este). En Bolívar 28, “Camiserías Vernet”, artículos para hombres; la panadería de Felipe Escudero; una curiosidad: para 1946, en el 42 la lechería “La Martona” y en el 52, “La Vascongada”; en el 44, “Artículos de Foot-Ball y Sport” de Arturo Talevi; el 60 para el “Bazar Arroyo” y ya en el 78 la Peluquería de Víctor Piegari y su promoción de “corte de melenas”. Nos relata Eduardo Giménez en su Ramos Mejía de Antaño: “en el interior de ese salón, una de las paredes estaba cubierta por la gran consola de madera oscura con altos espejos, enfrente las sillas de Viena para la espera de los clientes, y, en el medio, la mesita con La Prensa y los últimos números de la revista Caras y Caretas. Tampoco faltaba, al fondo, el intrigante artefacto de bronce cromado para el agua caliente de las afeitadas y los paños para fomentos”.

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“El peluquero, don Víctor Piegari, solía convertir a su salón en un amable lugar donde se charlaba, abordándose todos los temas. A veces hasta llegó a afeitar en silencio a determinados clientes, pero en general bastaba con arrellanarse en su cómodo sillón y preguntarle: “¿Qué se dice, don Víctor?”, para que se iniciara la conversación. Y en las contadas veces en que la navaja infería algún pequeño corte, don Víctor se apresuraba a cauterizarlo con la piedra de alumbre”.
Otra foto curiosa de nuestra ciudad. La esquina de Bolívar y Rivadavia, hacia el sur, con boulevard.

Girando por Mitre, vivía la familia Ghisani, y a los fondos del cine Ardoino, un terreno que era utilizado por el Atahualpa Rugby Club, que tenía su sede en Avenida de Mayo 552. Atahualpa Rugby Club fue el 101 club afiliado a la U.A.R. en 1958. Se desafilió en 1965, junto con otro equipo denominado Los Tábanos. No poseyó cancha propia, sino que jugaba en un Campo Deportivo de los ferreteros. Varios de sus jugadores,
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después pasaron a Matreros, de la vecina localidad de Morón. Fue su primer presidente Dn. Adalberto Maldonado y como tesorero Mario Valsecchi. Hablando de deportes, es digno mencionar a Francisco Dove, primer representante de nuestros pagos en una olimpíada y a Dn. Alberto Lefrancois, quien resultara imbatible en la prueba atlética de los tres mil metros. También por esos años, surgía “el tata” Rocamora, primer garrochista nacional, campeón intercolegial y ganador del campeonato ferroviario. Fue representante olímpico de la Argentina en dos ocasiones. Después de este recuerdo deportivo, volvamos a caminar nuestras calles. Acabamos con el recorrido de la manzana comprendida por Rivadavia, Bolívar, Mitre y Moreno. Visitemos ahora, la vereda sur de la calle Mitre, entre San Martín y Moreno. ¡Agarrate, Catalina, que nos vamos para abajo! El burdel, el juego, todo, dicen, se daba en “La Jaula” de Gilardoni, que con el tiempo desapareció y dio paso a la tienda del “turco” Rich. Dicen las crónicas de la época, que en “La Jaula” era común el “escolazo”.
Propaganda de la época en una publicación comercial

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Si me permiten una licencia, ya que estamos en esta esquina, quisiera recordar el comercio de Mitre Nº 7: la “Casa Tozzi”, de radio electricidad, pero que sólo hacía reparaciones. En esa misma vereda, por supuesto, se encontraba el viejo Salón Victoria, luego Cine San Martín y antes, Sociedad de Socorros Mutuos de Ramos Mejía.
Plano de remodelación del Salón Victoria de 1928

Cruzamos la calle Bolívar y nos ubicamos en la actual farmacia Para Ti para continuar nuestra recorrida. Avanzamos caminando por Rivadavia. Aquellos viejos vecinos se encontraban con un carrousel en la esquina, circa de 1935, luego, la Librería Renacimiento, con su
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“gran surtido de novelas” a la altura del 14.012; más adelante, en el 14.024 la Tienda “La Lucha”.

Al 14.036, la mercería de G. Ferrazzi, un petit Gath & Chaves, según los memoriosos. Luego Bonafide, y en el 14.050 el Mercado Ramos Mejía.

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Mención especial para este lugar: dentro del mercado, que tenía su salida por la calle Belgrano, los ramenses encontraban los siguientes comercios: fábrica de hielos “La Rubia”; despensa “Las Familias” de Natalio Benasso; verdulería “La Real” de Saverio Nicotera; despacho de carnes de Telmo Bernabel Bordolí; “La Milanesa” fábrica de pastas de los hermanos Rodríguez; otras carnicerías: la de Manuel Sánchez y “El Antiguo Porvenir” de Ángel Sessarego; venta de verdura “La Legalidad” de José Strazzeri y la frutería “La Paz”, de quien presumimos, hermano del anterior, don Salvador Strazzieri. En el 14.056 la “Confitería Ramos Mejía” de O. D. Della Maestra; la fiambrería de Luis Tabusso, estaba al 14.062 de Rivadavia y en el 14.072 una gran despensa: “La Flor de Ramos Mejía” de Fausto Bellano & Cia., solar que luego ocupara definitivamente la zapatería de la familia Berro. Continuando por la Avenida de Mayo, en su mano par, en el 32 “La Novedad”, la casa de las lanas; “Trevi Bar”, la Casa de Auxilio, pasando ésta, el solar conocido como Casa Vivero. Avanzados los años, contiguo a la Casa de Auxilio se construyó un inmueble en el que funcionó durante muchos años una calesita para niños y que hoy es una biblioteca municipal. Si bien la foto que ilustra, es de algunas décadas posteriores de las que se ocupa este trabajo, vale la pena su publicación.

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Gentileza de la familia Zani. Circa 1970.

Así llegamos a la calle Belgrano que nos recibe con la actual Casa de la Cultura, pero que supo ser el primer solar que albergó al cuartel de Bomberos Voluntarios. El predio que ocupa la Galería Rivadavia supo ser un baldío en el que, de tanto en tanto, se asentaba un circo, luego el Mercado, actual Galería La Stradda. Luego, ya en la esquina de Bolívar, con los números 93 al 99, la legendaria “Soria”, propiedad de Luis Soria.

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Luego, por Bolívar, el Registro Civil, la sastrería de A. Bevilacqua en el 67; el Dr. Agustín Carrizo, cirujano dentista en el 47; en el 23 el estudio fotográfico “Armande”; en el 19, bar “El Inca”, del que nos ocuparemos en un capítulo aparte, y finalmente, “La Clínica de Las Medias” en Bolívar 11. La esquina de Av. De Mayo y Rivadavia. Sus cambios
La Av. De Mayo en 1930.

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Otra vista, desde la Casa de Auxilio. 1942.

Foto de la década del 60.

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Foto de la década del 70.

Foto actual de la más famosa esquina.

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Llegamos a la esquina más famosa de nuestra ciudad, la que para la década del 40 supo albergar en el 14.100 al “Bazar, Radio, Electricidad y Juguetería” de Arturo Talevi. Años más tarde, el almacén de don Bernardino Fernández. El terreno de la propia esquina, fue el asiento del “Bar Dos Avenidas”, y durante esos años, en su planta alta contaba con un salón de billares; más tarde “Odeón” y muchos más acá, el ya desaparecido “Pálamos”. Nos relata Carlos Boragno en “Ramos Mejía, escritos sobre la ciudad”: Si tenemos que hablar de una esquina importante en nuestra ciudad, tenemos que mencionar a la Avenida de Mayo y Avenida Rivadavia, después de charlar con algunos vecinos, pude compilar esta pequeña historia: …dicha esquina era propiedad de los hermanos Fernández, y el rubro, no podía ser de otra manera, era lógicamente Bar y Almacén de Ramos Generales. Por la entrada de Rivadavia, de tierra, aún sin adoquinar, se ingresaba al bar, y por la de Avenida de Mayo, al almacén, en ambas veredas había un palenque para que los parroquianos ataran sus caballos. En la década del 60, se llamó “Dos Avenidas”, reducto del hipismo vernáculo, motoqueros, poetas y músicos, luego, ya en los 80, se convirtió en un moderno bar, llamado “Odeón”. Esta cuadra de Rivadavia al 14.100 mantiene los dos comercios más antiguos en cuanto a no haber cambiado de ubicación desde su fundación: la Panadería “La Rosa” de Vettier
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y Lassallotte y la Farmacia “Del Pueblo” de Rosseau y Bianchi. La primera en el 14.130 y la segunda en el 14.176. En el 102, existió “La Unión”, gran almacén, fiambrería y bar, con venta de carbón, leña y forrajes, propiedad de M. Cueto y Flia. La tintorería “Bucarest” de R. González en el 14.118, que más tarde se mudaría a Av. De Mayo. También vivió en esta cuadra la familia Berrueta, uno de cuyos integrantes, José María, fue el primer presidente de los Bomberos Voluntarios, designado el 11 de marzo del 37, según la asamblea general que cita Luis Ghirardi en su trabajo “Historia de Ramos Mejía”. Ya cerrando la cuadra, en el 14.180 la confitería de Manuel Piasco. Doblando por Necochea, uno podía llegarse hasta el consultorio del Odontólogo Ricardo Folco, en el 57 de dicha arteria y unos ciento cincuenta metros más adelante, entre Belgrano y Alsina, la empresa de transportes de José Iglesias e hijo y la carnicería de José Rossi. Pero, no nos distraigamos y volvamos a nuestra esquina emblemática, para desandar la vereda oeste de la avenida De Mayo. El primer registro que esta investigación detectó, fue el ubicado en el 35, como perteneciente a la partera Martina Albiztur de Pardo, sin embargo, la “mesa de Magariños”, adjudica ese domicilio a la “Librería de José Spina”; Carlos Gallia, tuvo la ‘quesería, mantequería y fiambres’, La Flor de Ramos Mejía en De Mayo Nº 37, negocio homónimo al que tuvieron Fausto
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Bellano & Cia. en la Av. Rivadavia, aunque este escriba no pudo determinar si se trató de una casualidad o si los segundos vendieron su comercio al tal Gallia al abandonar su primera ubicación. La “Bicicletería Ramos Mejía” de Remo Tonello, en el 41; en el 69, otro odontólogo, el Dr. Reyes Salinas; la Peluquería de Cataldo Mollo y la tienda “La Obrera” de A. Halbete, en el 99. Esta cuadra también albergó la sede de la Unión Telefónica. Antes de abandonar el recorrido de esta última manzana, recordemos que en la esquina de Rivadavia y De Mayo, hubo un mástil instalado en 1934, en oportunidad de los festejos del 9 de Julio –ver foto de página 32- y en la ochava sudoeste aún permanece, un poco descuidado, es cierto, un monolito construido por los reos del Penal de Sierra Chica, emplazado en 1913, su fin es el de la orientación, por ello tiene tres caras o aristas: una indica la distancia a Buenos Aires (3,30 Km.), otra, la distancia a Morón (4,90 Km.) y la última, la que hay hasta San Justo, que indicaba 4 km. De Mayo y Belgrano, fue el lugar de la primera ubicación del busto al Gral. Belgrano que hoy está en la plazoleta de San Martín y Moreno, trasladado cuando en 1969, se decidió eliminar el cantero central de Tilos que corría a lo largo de la Avenida hasta su intersección con Alvarado. Terminado el recorrido de las, para mí, principales manzanas del centro comercial, los invito a un recorrido aleatorio por
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distintas cuadras. Comenzaremos por la calle Belgrano, en su vereda sudoeste, y su intersección con Bolívar. Pareciera que hay terrenos destinados a tener por siempre el mismo fin: fíjense si no, que en Bolívar 101, es decir, la propia esquina, para 1928, estaba “Al Ahorro”, almacén y ferretería de Agustín Cavalleri, en 1946 existió la Pizzería “Titín” de Agustín Rastilli y con el tiempo, en ese mismo solar, funcionó hasta hace muy poco (septiembre de 2011) la Pizzería “Las Palmas”, que acompañó la cena y el café de los ramenses por muchísimos años, el rubro gastronomía estuvo predeterminado. Continuemos, el solar que ocupa el Banco Provincia, fue sede del Telégrafo Provincial, en el número 36, en el año 1946, funcionó el restaurante y cancha de bochas de Antonio González; estaba también la Librería de Lizardo; supo estar el Colegio Nº 4; el Almacén Bar de Buscaglia y doblando, ahí nomás, en el 104 de la avenida, la despensa “El Luchador” de López y Lorenzo. Si cruzamos, y nos adentramos al 100 de Belgrano: los automóviles de alquiler de Tiburcio Contreras y en la próxima cuadra, en el 252, la olvidada “Pileta de Natación Iguazú” y por último, ya al 300, el “Club Defensores del Oeste”, sede de los amantes del deporte de la paleta. Cuna de grandes pelotaris ramenses. En Bolívar al 100, existió la fábrica de aguas gaseosas de los Hnos. Del Porto y el bazar, menaje y juguetería “El Ahorro” de Enrique Gaggiolo; en Alsina 43 la empresa de pompas fúnebres de Miguel Vicente, y en el 145, la cochería Miranda, aunque la
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que se ha mantenido a lo largo de los años es la ubicada en Espora 460: “Casa Morelli e hijos”. Como cierre de este capítulo, los mayores recordarán que durante muchos años, cuando uno viajaba, sea en el 196 (hoy 96) o en el 188 (hoy 88) hasta la esquina de Avenida de Mayo y Alvear, pedía el boleto indicando que iba “hasta la pileta”. Mis mayores referían que en el lugar existía una casa con pileta de natación que podía ser vista desde la vía pública, yo mismo, he indicado al chofer el destino de mi viaje usando esa frase. El haber buceado en la historia me permitió confirmar tal expresión y poder documentarla para todos los lectores. Cuando uno le decía al colectivero “hasta la pileta”, se refería a esto:

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La fotógrafa de la Catanga La fotógrafa alemana Grete Stern, que vivió en Buenos Aires hasta su muerte, realizó un trabajo visionario en los años 40, cuando solía pasearse por Ramos Mejía con su aire europeo inconfundible, publicó en 1999 el periódico Página 12 cuando se hizo una retrospectiva de su obra. A principios de 1940 se radicó en la localidad de Villa Sarmiento, conocida por nuestros mayores como “la Catanga”, la familia Stern-Coppola, ya que las excelentes condiciones ambientales del lugar ayudarían a la recuperación de la salud de su hija de cuatro años Silvia. En la calle Hilario Ascasubi Nº 1073 (hoy H. Ballesteros) inauguraron una casa racionalista, obra del arquitecto ruso Wladimiro Acosta, con un amplio jardín parquizado con variadas especies, entre ellas un castaño de la India. La construcción resultaba insólita en el barrio ya que no coincidía con el gusto local de chalecitos que convivían con casas antiguas, a tal punto que los vecinos la llamaban “la fábrica”. En la planta baja de la casa se encontraba la vivienda y en la alta el correspondiente estudio. Cinco años antes el matrimonio había llegado a Buenos Aires desde Europa exiliado del régimen nazi. Grete Stern, nacida en Alemania, se había formado profesionalmente en el dibujo, la
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publicidad gráfica y la fotografía vanguardista, esta última en la Bauhaus. Y fue allí donde conoció al argentino Horacio Coppola. En 1935 se casaron y debido al antisemitismo virulento se radicaron en la Argentina. Rememora su hija Silvia en un reportaje realizado por Moira Soto para Página 12, “posé como modelo de muchos de los Sueños de Grete Stern, esos maravillosos fotomontajes surrealistas realizados entre 1948 y 1952 para la revista Idilio”. Dijo Luis Príamo, un enfático preservador del patrimonio fotográfico nacional sobre esa obra de Grete: “fue la primera obra fotográfica –y la más importante hasta hoy– radicalmente crítica de la opresión y manipulación que sufría la mujer en la sociedad argentina de la época, y de la humillante consecuencia del sometimiento consentido. La mirada zumbona y sarcástica de Grete no se detiene en la compasión por la víctima, sino que avanza también sobre los resultados alienantes de la resignación”. Volviendo a Silvia y el recuerdo de su madre: “Era divertidísimo trabajar con ella, acompañarla. La pasaba muy bien. Yo tenía doce, trece, catorce años y para mí eran simplemente sueños, ilustraciones destinadas a una revista para mujer. Creo que mi mamá nunca pensó que estos fotomontajes fueran demasiado urticantes o cuestionadores. Los Sueños eran en realidad una tarea de encargo, para ganarse la vida. Pero, desde luego, siguiendo una línea de conducta. Aceptó porque estaba de acuerdo y se tomó en serio el trabajo”.
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Y rememora “ella caminaba por la calle tan tranquila en pantalones. María Elena Walsh solía recordar el escándalo que provocaba. Iba a veces con el pelo a la garçon, tuvo épocas en que se pintaba mucho y otras nada, casi siempre con el pucho en la boca. Un estilo completamente fuera de los cánones aceptados en esa época”. Silvia Cóppola iba al Colegio Ward y en más de una oportunidad tuvo que discutir la insinuación –hecha por algún profesor– de que “las mujeres que fumaban eran poco menos que putas. Pero mi mamá no se sentía una transgresora, ella pensaba que tenía derecho a hacer lo que se le diera la real gana. No registraba toda la incomodidad o sorpresa que despertaban sus actitudes”. En esos tiempos, Grete Stern ya se había separado del notable fotógrafo Horacio Cóppola y, en consecuencia, en la escuela Silvia era la única hija de divorciados: “Como si este estigma no fuese suficiente, mi madre se comportaba de forma atípica. Por ejemplo, había una reunión de chicas en mi casa, y ella era muy capaz de poner sus músicas –brasileña, jazz– y largarse a bailar sola. Yo me quería morir. Hasta los quince, dieciséis fui una niña muy convencional, y me daba pudor que mi mamá se saliera tanto de la norma. Discutíamos bastante. Pero ella seguía en lo suyo, imaginativa y creadora para todo: le gustaba jugar con los colores al cocinar, teñir el arroz con remolacha. Vivíamos en una casa poco convencional, muy moderna, con mucho vidrio, del arquitecto Vladimiro Acosta. Por cierto, mi mamá nunca puso cortinitas”. Para cerrar el recuerdo grato de esta ilustre vecina, no se puede dejar de decir que, esa casa –de estilo racionalista, que aún se mantiene en pie- fue centro de intelectuales y artistas españoles
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(Arturo Cuadrado, Luis Seoane) alemanes (Clément Moreau -Carl Meffert-) y argentinos de la talla de María Elena Walsh, Pepe Fernández, Ernesto Schoo y Gyula Kosice. Grete falleció en 1999, a los noventa y cinco años de edad.

Fotografía desde el parque tomada en esos años

La revista Idilio (Editorial Abril) era una publicación popular dirigida a un público mayormente femenino de clase media, que incluía una sección denominada “El psicoanálisis le ayudará”. Bajo el seudónimo de Profesor Richard Rest, el sociólogo Gino Germani y el psicólogo Enrique Butelman analizaban los relatos
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de sueños que eran enviados por sus lectoras para que luego Stern los ilustrara con fotomontajes que condensaban los elementos oníricos descriptos.
Tapa de la década del 50 “Los Sueños de Evasión”

“Los sueños de Obstáculos”

“Amor sin Ilusión”

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“Grete Stern”

María Elena Walsh. Fotografiada por Grete en 1947

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De trenes, taxistas y nazis Así como relatamos que Grete Stern encontró refugio en nuestros pagos escapando del nazismo imperante en Europa, en las postrimerías de la segunda guerra mundial, algunos relatos refieren la llegada de alemanes, partidarios del nazismo, a Ramos Mejía. Si bien al momento de escribir estas líneas, la investigación no pudo dar con algún domicilio cierto, hay crónicas históricas que mencionan a nuestra ciudad como una más de las localidades entre las que los nazis habrían encontrado refugio. Por aquellos belicosos años, el Partido Nazi, en retirada ante lo inevitable de su derrota, pergeñó un plan de fuga, que por supuesto contó con la complicidad de compatriotas adherentes al régimen y algunos otros, que colaboraron por un interés pecuniario. Los historiadores dedicados al estudio de las actividades llevadas adelante por el Tercer Reich, han coincidido en la siguiente versión de la historia: La idea de llevar el nazismo organizado a Buenos Aires fue de los marineros mercantes de las líneas Hamburg-Süd y HapagLloyd que salían de Hamburgo. Desde mediados de 1930, los miembros del partido de Hamburgo habían trabajado para crear una oficina en el puerto sudamericano con el fin de mantener contacto con los alemanes de ultramar y a la vez obtener fondos para el movimiento nazi.
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El partido Nazi argentino, según registros descubiertos en Alemania al final de la guerra, tenía 315 miembros a principios de 1933, y 2110 a comienzos de 1936. En 1937 la AO hizo el cálculo de que el Landesgruppe argentino era en números absolutos el cuarto partido Nazi fuera del Reich (después de los de Brasil, Holanda y Austria). No obstante, considerando la relación entre los alemanes nativos que residían en la Argentina y los miembros del partido, la relación era de 28:1, lo cual colocaba al partido argentino muy abajo en las estadísticas. Cuando el partido fue supuestamente disuelto por la presión del gobierno argentino a mediados de 1939, las listas contenían 1635 miembros. Según Wieland, los criollos fueron admitidos en la organización semilegal que lo sucedió, denominada Federación de Círculos Alemanes de Beneficencia y Cultura. La última cantidad de miembros registrada fue de 1489 a fines de 1942. El 16 de septiembre de 1942, el presidente Castillo ordenó el cierre de la federación, y en agosto de 1943 el gobierno militar la disolvió definitivamente. La embajada alemana en la Argentina hizo esfuerzos para cultivar a intelectuales, profesionales y funcionarios argentinos en la visión de la “nueva Alemania”. A mediados de 1936 se fundó una Comisión de Cooperación Intelectual, integrada por diecinueve destacados argentinos proalemanes, entre los que se destacaban Gustavo Martínez Zuviría, el Premio Nobel de Biología Bernardo Houssay, el decano de la Facultad de Derecho de Buenos Aires Juan P. Ramos, el político derechista Matías Sánchez Sorondo, los médicos Gregorio Aráoz Alfaro y Mariano Castex y los historiadores Ricardo Levene, Carlos Ibarguren y Roberto Levillier. En julio de 1937

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la embajada subsidió la fundación de un Instituto de Estudios Germánicos dentro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. El instituto fue dirigido por Juan Probst, un profesor de literaturas del norte europeo en la universidad nacional, que había nacido en Alemania. Además, el embajador von Thermann dispuso que las universidades alemanas otorgaran títulos honorarios a personajes notables de la política argentina como Saavedra Lamas, Castex y Ramón Castillo. Debe mencionarse la vasta red de espionaje nazi montada en la Argentina durante la guerra y financiada por la embajada alemana. Dicha red estuvo constituida por personajes llegados del exterior y algunos empresarios de la colectividad alemana captados al efecto en la Argentina. Entre los últimos se encontraba Werner Koennecke, quien, desde una oficina situada en el edificio del Banco Germánico, llevaba las cuentas de Hans Harnisch, Wolf Franczok y el agregado naval de la embajada, Dietrich Niebuhr. Y es aquí, donde nuestra ciudad, toma relevancia entre tantas otras: en la red de espionaje. Administrada por Koennecke y operada por Franczok, se crea la “Red Bolívar”, una de las organizaciones de espionaje nazi de mayor éxito de la Segunda Guerra. Cuando fue descubierta por Coordinación Federal en agosto de 1944, incluía una flota importante de automóviles, transmisores portátiles, “casas seguras” y unas diez chacras transmisoras en Bella Vista, Pilar, San Justo, General Madariaga, Ranelagh, San Miguel, Ramos Mejía, y en las provincias de Santa Fe y Santa Cruz. Esta versión de los hechos, ha sido elaborada y se puede leer en la página oficial de la
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Universidad del CEMA, si el lector tiene la pretensión de profundizar este estudio. El relato oral recogido, da cuenta, coincidiendo con ese año, que solían llegar en tren a la Estación de Ramos Mejía, individuos ataviados con traje y una maleta por todo equipaje, respondiendo a los cánones de la raza aria, que sin hablar castellano, se acercaban a la parada de taxis, en aquella época ubicada sobre Bolívar esquina Rivadavia, a las puertas del Bar “El Inca”, con un papel en el cual figuraba una dirección. Papel que era exhibido al taxista para que los condujera hasta ese lugar. Citan el barrio como aquel que está en el lado norte de nuestra ciudad, precisando la zona como detrás del Colegio Ward. El recuerdo es vago y ha pasado de abuelos a nietos, y dice que la curiosidad ganó a los taxistas, a tal punto, que cuando ya habían sido muchos los pasajeros y viajes hasta ese domicilio, uno de los taxistas, antes de emprender, el que luego sería su último viaje, habría manifestado que con ese último pasajero trataría de averiguar de qué se trataba todo ello. Nunca más se supo algo del infausto taxista. ¿Fantasía, leyenda, mito urbano? Queda en el lector su final apreciación.

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La tos convulsa de un futuro presidente Cuando la vasca Dominga recibió al pequeño de once años, enviado desde el sur por sus padres para que, con “los aires ramenses” curara su tos convulsa, jamás imaginó que su nieto terminaría siendo tres veces presidente de la Nación. Dominga Dutey Bergougnan, casada con el doctor Tomás Liberato Perón, quien fallece en nuestra ciudad el 1º de febrero del año 1889, a los cincuenta años de edad y cuando mucho se podía esperar de su sabiduría, recibe la visita durante el reconocimiento póstumo a su marido de los diputados Ramos Mejía, Rueda, Macías y Albarracín que de inmediato solicitan una ayuda para la viuda del doctor; modesta ayuda de 200 pesos que recién le es otorgada para aliviarla de sus necesidades ya que sus medios de vida eran escasos en el año 1892. El doctor Tomás Perón muere en La Matanza y es así porque aquejado por una grave enfermedad se traslada a Ramos Mejía por ser el aire más saludable que la zona donde habitaba. Supo relatar Alfonso Corso que “Bueno es saber que Liberato fue condecorado por los vecinos sanjustenses de la época, y en esa casa en la década del 30-40 más de una vez el General Perón se acercó para conocer el sector del que fue su querido abuelo que no tuvo la fortuna de conocer”.

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Su casa ramense estaba ubicada con frente a la hoy calle Alvarado, entre las actuales Avenida de Mayo y Necochea. Tomás Eloy Martínez escribió al respecto: La casa de doña Dominga era blanca, pequeña, rodeada por cercos de ligustro. Allí conoció Mario (el padre de Juan Domingo Perón) a los señores Maupas, que tenían un parentesco remoto con los Martirena y estaban interesados en mejorar la explotación de sus haciendas en el Chubut. No tardaron en concertar un buen trato. Mario les administraría el campo de La Maciega -en Cabo Raso, doscientos kilómetros al sur de Puerto Madryn-, criaría sus propias ovejas y dividirían las ganancias. En la primavera de 1900, Mario Tomás emprendió el insensato viaje hacia los desiertos del sur, arreando una manada de quinientas cabezas. Dice la historia que en el año 1906, Juan Domingo contrajo una varicela, que la abuela mitigaba con baños de agua caliente y cataplasmas de talco. No había terminado de curarse el niño cuando lo atacó la tos convulsa, y aquella vez fue Baldomera quien lo curó con una medicina pretérita, columpiándolo en el parque antes del amanecer, cuando los árboles sueltan el oxígeno y el aire se pone azul. Es el año 1908, su abuela lo inscribe en el Politécnico Olivos y vuelve a su casa de la capital de la calle Bolivia 377 en el barrio de Flores, de la que volvería a su chacra en Ramos de tanto en tanto, fue ella la que lo hizo preparar para el Colegio Militar y le consiguió la beca por su primo el coronel Dutey. Su fallecimiento, justamente en Ramos Mejía, se produjo el 9 de diciembre de 1930.
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Doña Dominga, falleció sin imaginar que ese pequeño niño del que cuido con esmero y dedicación, sería luego elegido por los argentinos, no una, sino tres veces como presidente de todos los argentinos. Este dato: que Juan Domingo Perón viviera en nuestros pagos, debe sorprender a muchos, pero, debo decirles que no es la única sorpresa que nos deparará don Juan Domingo.

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Un cadillac presidencial como remis Les decía de otras sorpresas de “Perón” para nuestros pagos. Si bien ésta, involucra a Ciudadela, por la proximidad con nuestra vecina ciudad y porque el testigo es un ramense, merece su publicación. El taxista Carlos Guarella, columnista del Diario La Nación, quien se ocupara de averiguar la historia del automóvil Cadillac que transportara durante años al presidente Juan Domingo Perón desde la quinta de Olivos hasta la casa de Gobierno, nos cuenta que: Durante la Revolución Libertadora, ese automóvil permaneció guardado en la cochera presidencial que se encuentra en Leandro N. Além y el pasaje Tres Sargentos del barrio de Retiro, finalmente fue rematado y adquirido por un particular que lo tuvo en su poder durante largos años y al fallecer éste lo vendieron y actualmente es propiedad de la firma BlmAutoEpoca, coleccionistas de autos que pertenecieron a grandes personalidades, contando entre otros con vehículos que fueron de Juan Manuel Fangio y de Diego Armando Maradona. Es oportuno mencionar que el Cadillac limousine modelo 1951, construido por la empresa General Motors Company, posee un motor V8 de 5424 c.c. de cilindrada, una caja automática de 3 velocidades y marcha atrás, dirección hidráulica, levanta vidrios eléctricos y cuenta con un peso total de 2.310 kg., tapizado negro de cuero avainillado y pana en óptimo estado de conservación.
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Al publicar esta investigación, Carlos es contactado por Silvano Marangone quien le cuenta la siguiente historia: “desde el año 1960 estoy radicado en California, Estados Unidos. Hace unos días un amigo me envió un e-mail donde usted cuenta su visita al museo Eva Perón y su encuentro con el Cadillac de Perón. Quiero contarle que en

el año 1956 estaba planeando mi casamiento cuando un amigo del barrio en Ramos Mejía, me dijo que había un remisero en Ciudadela, que alquilaba el Cadillac limousine que había sido de Perón. Fui a ver al señor y lo contraté por $300 de aquel entonces.
El remisero me hizo notar que si la calle era de tierra, él no manejaba su auto en la tierra. Efectivamente, la calle Charcas, donde vivía mi novia, no estaba todavía asfaltada y le dije que no había problema puesto que la novia podía caminar por la vereda la media cuadra hasta el asfalto de la calle Martín Rodríguez. Luego me enteré de que el amigo decidió entrar la media cuadra y levantar a la novia y a su padre frente a su casa. De allí los llevó hasta la Iglesia San Cayetano en Liniers; de allí fuimos hasta la casa de fotos y al salón de fiestas. Como usted lo dice el auto era fuera de serie, una belleza. Me alegra saber que ha sido conservado hasta hoy en día. Por supuesto para mi esposa y para mí, fue un Cadillac muy especial y gracias a su relato volvimos a disfrutar de lindos recuerdos”. Segunda sorpresa.
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El día que desairaron al Coronel Desde hace muchos años, los ramenses estamos acostumbrados a ver en la esquina de Rivadavia y Bolívar a la Farmacia Para Ti. Esta farmacia, hace unos pocos años atrás, anexó un local contiguo sobre Bolívar, en el que durante mucho tiempo funcionó un cafetín, o mejor dicho, un copetín al paso, denominado “Leo Ramos”. Leo Ramos resultó ocupar el mismo solar que antaño ocupó el Bar El Inca, al que ya hemos citado en la recorrida comercial. El grupo de memoriosos de Magariños y Carlos Morelli, me contaron una anécdota muy interesante que involucra al Inca, a los taxistas, un mozo y un Coronel. El Inca contaba entre sus empleados con un mozo bastante singular, de nombre Rigoletto. La historia refiere que cierta vez, tal como contábamos en el capítulo sobre Perón viviendo en Ramos Mejía, durante aquella década, de tanto en tanto, Perón volvía por estos pagos. En uno de los tantos regresos a la Capital, Perón junto a su chofer, se estacionaron frente al Inca e ingresaron al local, para, podríamos decir una parada sanitaria, aunque una vez en el lugar y luego del menester fisiológico, se acomodaron en una mesa y pidieron a Rigoletto un par de cafés.
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Resulta entonces que, entre el pedido y el despacho del mismo, ingresó al bar un taxista que volvía de realizar un viaje, es en ese preciso instante que le pide un café al solícito mozo. La anécdota debe haber sucedido en los primeros años de la década del cuarenta, ya que el militar fue reconocido por los amigos taxistas, muchos de los cuales no guardaban simpatía sobre el que empezaba a ser un personaje renombrado. Debe haber sido por ello, que justo en el momento en que Rigoletto, su bandeja y dos cafés se dirigían a la mesa del Coronel, los parroquianos taxistas le exigieron al mozo que atendiera en primera instancia al colega y no al foráneo cliente. Absorto por el desplante, el Coronel Perón se dirigió nuevamente al baño y orinó, retirándose finalmente sin consumir. Ese, dicen, fue el día que Perón “meó en Ramos Mejía”. Tercera y última sorpresa que nos deparó don Juan Domingo en este rescate histórico sobre nuestra ciudad.

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El Negro Castro Por los años de la “Bella Epoque”, cuando aún la alta burguesía mantenía sus quintas en Ramos Mejía, a las que solían concurrir para pasar los calurosos veranos, se encontraban con un serio problema: hacerse de la cantidad de agua suficiente para el refresco y el baño. El punto es que, cuando comienzan a construirse las grandes mansiones, poco a poco, empiezan a desaparecer los molinos de viento de las antiguas chacras, y es allí donde aparece nuestro personaje, al que podríamos denominar “el bombeador de Ramos Mejía”. El negro Castro, recorría diariamente las grandes mansiones del barrio La Catanga ofreciendo sus servicios de “bombeo” para llevar agua a los tanques. Durante muchos años, este fornido servidor se ganó el sustento diario bombeando el agua a las familias de abolengo vernáculo.

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Los hermanos De La Sierra Los hermanos De La Sierra ganaron triste fama debido a su pendencia. Cuenta el recuerdo popular que uno de ellos, el mentado Carlín De La Sierra sufrió la “gayola” por un entuerto carnavalesco. Una tarde de febrero en pleno carnaval, Carlín, un hombre de mala bebida, tomaba caña en la barra del Dos Avenidas, cuando entró una mascarita a tomar algo. El infausto disfraz de Arlequín que traía puesto, fue motivo suficiente para que el camorrero Carlín hostigara varias veces al fulano con un “dale, vení, tocate algo”. Así lo hizo en reiteradas oportunidades, sin obtener respuesta alguna del Arlequín. Fue entonces cuando, cansado por el desaire, esgrimió un “no tocas para mí, no tocas para nadie”, y sin mediar palabra, le descerrajó un tiro, asesinándolo. Carlín peno cárcel. Su mujer, entre tanto, formó nueva pareja y ese nuevo compañero supo ocuparse de la buena crianza de los hijos de Carlín. Con el paso del tiempo, condena cumplida de por medio, un buen día Carlín reapareció en el Dos Avenidas. Se acodó en la barra y saludó al patrón. El silencio y sorpresa de los parroquianos,

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se rompió cuando Carlín meneó la cabeza a manera de saludo a los presentes. El encargado del bar, conocedor de las andanzas y de la mala bebida de éste, y sobre todo, por conocer cómo había continuado su vida la ex mujer de Carlín, entabló charla con él. —Y, ¿qué vas a hacer ahora, Carlín? —Y qué sé yo, me bua´ir pa´las casas. —Te parece, después de tanto tiempo… —Y vos qué sabes, qué me queres decir! —inquirió. —No, nada, pero viste, ha pasado tanto tiempo, la vida… Carlín lo interrumpe. —Vos sabes algo de mi mujer y no te animas a decirme, ¡habla! —Y sí, Carlín, todos sabemos, qué querías que hiciera sola con los pibes… —Ta´bien, no me contes más. —… —Y decime, che, él, ¿la quiere?, ¿la trata bien? —Es un gran tipo y la cuida mucho. —¿Los pibes lo quieren al quía? —Sí, claro, son pibes buenos, él se ocupó de ellos, son educaditos … —Ta´bien eso.

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La conversación finalizó. Carlín terminó de un sorbo su tercera caña, saludó y se retiró del bar. Esa, fue la última vez que se lo vio “al Carlín” por Ramos. Nunca nadie supo algo más de él.

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Los Berro, una familia fundadora Les traigo ahora, una vieja entrevista realizada por el periódico La Barra a una de las familias fundadoras de nuestro centro comercial: la familia Berro-Bellocq. En 1915 Domingo Berro y su esposa María Bellocq se establecieron en Ramos Mejía para inaugurar en 1919 la primera zapatería de Ramos que vendía calzado ya confeccionado. Detrás del escritorio de su oficina de la calle Rivadavia, Juan Alberto Berro, hijo de Domingo, nos cuenta los detalles de su pasado familiar y de cómo vio crecer el pueblo hasta convertirse en ciudad. “Podríamos decir que mi padre tuvo la primera zapatería de Ramos Mejía –asegura Juan Alberto Berro- porque si bien había en esa época otro negocio parecido, del otro lado de la vía, era de un zapatero remendón que arreglaba calzados (se refiere a la zapatería de Vito Antonio Longo). Mi padre había sido empleado de Gath & Chaves encargado de una sección y dejó su trabajo para establecerse en el oeste”. Nos describe la foto de 1919 de la primera zapatería Berro, ubicada en Av. Rivadavia entre Moreno y Pueyrredón, que citamos en los primeros párrafos de “lado Sur”. El predio era propiedad de la familia Harboure y al lado de la zapatería había una entrada para los carros de los lecheros, en su mayoría vascos, que
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cargaban su producto directamente del tren lechero que paraba en la estación. “Cuando yo era chico Ramos Mejía era todo quintas, sólo estaban edificadas las primeras dos cuadras, explica. Jugábamos a la pelota en la calle Moreno que era ancha y despejada, especial para el picadito y nos bañábamos en una laguna que se formaba en la esquina de Moreno y Rivadavia”. Juan Alberto asistió al colegio Sarmiento ubicado en la esquina de Güemes y segunda Rivadavia, luego hizo cinco años más en la escuela Mitre, de Capital Federal. En su juventud frecuentaba la confitería de Della Maestra en Rivadavia y luego de 1936 asistía al lugar de moda: los bailes del Club Estudiantil Porteño que en esa época estaba ubicado en la vieja cabaña de los Ramos Mejía (hoy Plaza Mitre). Juan Alberto Berro presenció el crecimiento el desarrollo del Pueblo de Ramos Mejía y recuerda anécdotas de su niñez y juventud vividas en estos pagos: “Entre los lecheros que paraban al lado de mi casa había uno que se llamaba el vasco Pedro al que mataron de 67 puñaladas en la quinta del cañón, entre la calle Alvarado y Bulnes” –nos cuenta-, mientras asegura que Ramos Mejía se formó en base a la Sociedad de Socorros Mutuos que en aquella época daba auxilio a los más pobres. “Estaba integrada

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por los hombres más prestigiosos de Ramos Mejía entre los que estaba mi padre”. También su recuerdo vaga por algunos personajes como la Señorita Lascano, la primera maestra, que tiene una calle en su honor al 700 de San Martín; y Savacino, un jugador de fútbol que integraba el plantel de Boca Juniors por 1930. Desde el 35 al 55 estuve en La Marina y en el 56 me hice cargo de la zapatería, que a partir de 1925 se había trasladado a Rivadavia y Avenida de Mayo, cuando se lotearon las dos manzanas frente a la estación. Con el tiempo Berro tuvo siete sucursales y una fábrica hasta que en 1994 abandonamos el rubro del calzado”. Casado con María Ghisani, hija de José Ghisani, uno de los tres fundadores de la compañía de Ómnibus del Oeste, tiene dos hijos, Juan Alberto y Adriana, que administran los hoteles de Río Hondo en Santiago del Estero y de Río Cevallos en Córdoba. La tarde ya caía y desde la ventana de la oficina de Berro se divisaba un tren que respiraba actualidad; sin embargo allí dentro el aire había quedado cargado de recuerdos.

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La laguna de Ramos Mejía por Raymundo Yasky

Aunque es asunto de la generación de mi padre, yo alcancé a bañarme varias veces en la Laguna Mauricio, ubicada en un ¼ de hectárea justo en la esquina sureste de Espora y Rondeau. En aquella época y con una edad carente de experiencia, uno caminaba por Espora hacia el oeste, cruzaba Necochea y después Avellaneda y, puff!.. se desvanecía el poblado y quedabas mirando un desierto inmenso. El peladero tenía los surcos de recientes cultivos, tal vez papas, como único rastro de la acción humana. Rondeau era el confín y solamente estaba trazada con una especie de futura vereda donde se alineaban espaciadamente los algarrobos, a donde trepábamos para deleitarnos mordiendo sus vainas, mientras nos defendíamos de sus espinas. Subido a un algarrobo y mirando hacia el norte, veíamos un grupo de añosos árboles que rodeaban y daban sombra a la Laguna Mauricio. Todo en medio del silencio ensordecedor, causado por la carencia absoluta de presencia humana. Mis dos compañeros de aventuras, el Bebe Eguía, el Paco Alarcón y yo nos íbamos de picnic con unos pancitos y una lata de paté de la Swift o Armour,
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que traían su propia llave para abrirlas, y desparecíamos de Ramos algunas horas. Una vez llegamos a un remoto lugar: ¡La vía del F.C.O. que corre desde Haedo a Santa Catalina! (El autor se refiere a la Estación Santa Catalina de la línea Mármol-Haedo) Las negras aguas de la sombría laguna donde flotaban grandes trozos caídos de los árboles vecinos, nos recibían para refrescarnos, pero siempre nos metíamos con cierto temor a lo desconocido. Nadie sabía nadar y no se conocían las piletas de natación. Unos cuantos muchachos llegaban en patota a bañarse, nunca más de media docena, de cuando en cuando. Nadie se ahogó allí entonces. El Gran Zeppelín pasó una vez sobre nosotros camino a El Palomar y eso fue lo más notable, junto a la llegada del Español Ramón Franco en su avión Plus Ultra, que yace en el Museo de Luján. Creo que la mejor época de la laguna fue la década del 20. En los años 40 ya se extinguió con la expansión urbana de Ramos Mejía. Pocos pueden recordarla hoy día.

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Crece y crece, no para de crecer Para fines de la década del cuarenta, más precisamente en 1950, algunas zonas de nuestra urbe aún eran grandes quintas, que empezaron a ser loteadas. Hemos conseguido para estas crónicas dos loteos interesantes: Barrio Parque Dorrego y Villa Don Bosco. Comencemos por el Barrio Parque Dorrego. Promocionado como Ramos Mejía, por la fijación de límites posterior, paso a ser parte de la localidad de Lomas del Mirador.

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El 224: “La Avenida de Mayo que nace en la Estación Ramos Mejía cruza seis cuadras de los terrenos en venta, observe en estas dos fotos las líneas de ómnibus que circulan por dicha arteria”.

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La extinta línea 2: Ramos Mejía – Tapiales, también acercaba al loteo.

El barrio

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Los Lotes

Urbanización de Villa Don Bosco. La Villa Don Bosco de Ramos Mejía, un verdadero Barrio Residencial, formado por ciento cinco lotes con ciento veinte chalets de categoría. Todos los lotes no distan más de media cuadra de calles pavimentadas de hormigón, calles en cuyo trazado y construcción no se han escatimado materiales ni trabajo, calles cuidadosamente niveladas que representan una seguridad para las comunicaciones en los días de lluvia. Los ciento veinte chalets que ya han sido edificados, constan de un mínimum de tres habitaciones y servicios anexos, con chimeneas, roperos, techos de tejas, lavadero cubierto, obras de carpintería de máxima calidad, instalaciones completas de supergás y agua fría y caliente, trabajos todos realizados sobre planos originales de los arquitectos de B.Y.C.S.A. Por las tres avenidas que limitan a Villa Don Bosco se desarrolla un activísimo
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tránsito de ómnibus y colectivos para todos los puntos, y este movimiento habrá, sin dudas, de incrementarse cuando se habilite la hermosa Avenida Don Bosco (hoy Avenida Palacios), magnífica arteria de veintisiete metros de ancho, que unirá directamente la avenida San Martín con la Avenida Brandzen (sic). Así, la empresa encargada de las obras, en el libro impreso para la promoción del barrio, explicaba los beneficios y cualidades del nuevo barrio. Agregaba más adelante, y es importante que nos detengamos en lo que se valorizaba en aquellos años, porque no ha diferido tanto, a pesar de haber pasado más de sesenta años: “La Villa con sus recientes construcciones que se levantan airosas, rodeadas de terrenos aptos para convertirse en hermosísimos y floridos jardines, es el lugar ideal para instalar la apacible morada de fin de semana, el dulce retiro de la quietud hogareña, libre por completo del tráfago y del torbellino ensordecedor de la gran urbe”.

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Plano de Ubicación

Un dato que se desprende del mapa, es que para 1950, los salesianos aún no se habían desprendido de la franja de lotes que en el plano limitan con la calle Alvear. Esos lotes, urbanizados más tarde, permitieron la continuidad de la calle Formosa hasta Humboldt, lo mismo sucede con los terrenos lindantes a F. Varela y a la ex Avenida Don Bosco. 74

En el plano de los lotes se puede observar con más detalle, lo relatado.

También se puede observar, el predio que más tarde se convirtiera en la Sociedad de Fomento Don Bosco, conocida popularmente como “La Maderera”. 75

En la promoción de venta, el libro presenta fotos del predio de “Los ex alumnos salesianos”, años más tarde “Ateneo Familiar Don Bosco”.

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Las siguientes fotografías nos muestran algunas arterias de nuestra ciudad y los medios de transporte. Así se veía la calle Humboldt en la década del 50.

Av. De Mayo y Humboldt

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Avenida Rivadavia y su intersección con San Martín. Observará el lector que hoy, este cruce ya no existe, en la actualidad San Martín comienza en Bartolomé Mitre. Un detalle: las farolas del medio de la avenida.

San Martín, doble mano, llegando a Humboldt, y un edificio aún en pie en la esquina de San Martín y A. De Elia.

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Paisajes hoy desconocidos, en el momento en que se levantaba el barrio.

Calle Humboldt

Calle Moreno 79

Calle Caupolican

Calle Pirovano. Al fondo se pueden ver las instalaciones del Colegio Don Bosco.

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Otra curiosidad del loteo, era que la empresa constructora, en su libro promocional, presentaba 50 proyectos distintos de chalets, de los cuales el comprador podía seleccionar uno según las conveniencias, sean económicas como familiares.

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Gracias a este excelente libro, podemos enterarnos de cuáles eran los medios públicos de la década del cincuenta que llegaban a nuestra ciudad.

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Recordemos ahora, a partir de la información que nos brinda la foto, la historia de algunas de esas líneas. La Línea 188, nace en el año 1939, cuando se crea la línea provincial numerada como 188, con recorrido entre Once y Lobos, con coches de color verde, franja roja y techo blanco, llamada Expreso Liniers SRL, que cumplía un amplio recorrido con tramos de tierra en las rutas 3 y 205. Conocida desde entonces como “el lobero”, su historia se desarrolla como una línea de ómnibus de gran porte tipo media distancia, ampliando destinos como San Miguel del Monte y General Belgrano. La empresa Ideal San Justo. Si bien hay antecedentes de transporte público en la zona en las décadas de los veinte y los treinta la fecha oficial de constitución de Transporte Ideal San Justo es el 7 de marzo de 1943. Su recorrido original era de Liniers a Isidro Casanova. A lo largo de la década de los cincuenta se fue extendiendo dentro de la Capital Federal: primero a Villa Luro, luego a Plaza Flores y Primera Junta. En noviembre de 1961 llega finalmente a Constitución. Mientras tanto también se extendía hacia las distintas zonas de La Matanza: Casanova, Castillo, Laferrere y González Catán. Hacia mediados de los cincuenta nace la Línea C (años después se convertirá en línea cumunal 621) con terminal en Ramos Mejía y en 1965 la Línea 620 con terminal en la Ruta 3 y Gral. Paz. En 1969 cambia el número de la línea 196 por el actual número: 96.
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La que hoy conocemos como 174, gerenciada por el Grupo Plaza, nació como 21 comunal de La Matanza y al poco tiempo se provincializó, como 224. Su prestataria, San Bosco, fue de menor a mayor y creció paulatinamente, agregando ramales y desarrollando su recorrido hasta crear una pequeña red generalmente bien servida. El colectivo 2. Una verdadera rareza. Arrancó en 1941 yendo de Tapiales a Ramos Mejía, sin entrar a Capital pero tocando la Gral. Paz a la altura de Mataderos. En 1945 la autorizaron a entrar, con un corto Tapiales - Mataderos, y la pasaron a jurisdicción provincial con el número P.108 (que nunca usó). Algunos historiadores de líneas de colectivos, mencionan a la línea 2 como la antecesora del desaparecido 162. Ómnibus “17 de Octubre”. El 1 de marzo de 1948 se nacionalizaron las empresas ferroviarias de capital inglés y sus subsidiarias, entre ellas el Ferrocarril del Oeste y Grandes Ómnibus a Luján (G.O.A.L.), que sufrió una intimación a cesar sus servicios el 26 de noviembre del mismo año por quiebra decretada el 6 de octubre anterior. Su sucesora inició servicios a las cinco de la mañana del sábado 27 de noviembre: nos referimos a la Empresa Nacional “17 DE OCTUBRE” -la inauguración simbólica se había llevado a cabo en la noche del viernes 26, en irónica coincidencia con el cese de G.O.A.L.

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Inicialmente quedó bajo dependencia del Ministerio de Transportes de la Nación, para luego pasar a la órbita de la Administración General de AUTORRUTAS ARGENTINAS (Empresa Nacional de Transportes - E. N. T.), Gerencia Zona Oeste. Se la promocionó como “UNA EMPRESA DEL PUEBLO AL SERVICIO DEL PUEBLO”, la primera de propiedad del Estado dedicada al autotransporte de pasajeros, en consonancia con la política del Poder Ejecutivo Nacional, concurrente a satisfacer las necesidades públicas en materia de transporte automotor para lo cual iniciaba sus servicios con un parque móvil de cincuenta unidades ACLO de procedencia inglesa, color plateado, con capacidad para cuarenta pasajeros sentados, las que habían sido adquiridas para la Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires. Las salidas se efectuaban de Avda. Pueyrredón 146 (Est. Once) de 05.00 a 24.00 hs., con un saque cada quince minutos la fallida G.O.A.L. despachaba, conforme a su slogan, “un G.O.A.L. cada cinco minutos”- los domingos y feriados y cada diez minutos los días hábiles (¿será que siempre todo tiempo pasado fue mejor?) y la duración del viaje entre cabeceras era de una hora con cincuenta y cuatro minutos.

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La Fallida G.O.A.L. promocionaba sus servicios en publicidades gráficas en las que incluía un mapa en el cual aparecían los recorridos de La Florida, con quien efectuaba combinaciones. Consta en el aviso su slogan cada cinco minutos un súper pullman. (Colección Alfredo Caropresi Charras).

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La línea 3. En un rescate sobre la construcción de la ex Danubio, el periódico la Barra Dyr, nos trae el siguiente testimonio: Corría el año 1936, todavía no había cumplido un año, cuando Ilda Cangelosi vino a vivir muy cerca de la esquina de Rondeau y Tacuarí a una propiedad adquirida por sus padres, don Miguel y doña Rosa. Su padre estaba trabajando de albañil en la construcción de la enorme fábrica que se levantaba calle por medio perteneciente a la familia Diarbekirian. Todavía se alcanza a leer: Hilandería y tejeduría Danubio S.A. en las casi ilegibles letras ubicadas sobre el portón principal, justo enfrente de la casa de Ilda. La vida de don Miguel, doña Rosa y sus tres hijas se desarrolló vinculada a la pujante empresa que crecía. Cuando dejó de trabajar en la construcción de la fábrica, Miguel comenzó a vender sándwiches a los operarios y luego abrió en el frente de su casa una panadería y frutería. El movimiento de gente llegó a ser tan intenso que toda la cuadra se llenó de negocios. El colectivo 3, perteneciente a la empresa La Cabaña, que venía desde la estación de Ramos Mejía, se vaciaba por completo en la parada de la fábrica cada vez que coincidía con el comienzo de un turno. Hay quien rememora también como en el horario de salida cientos de obreros unían a pie la distancia con la estación cortando la calle por completo.

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Fotografía de Norma Fassolo. Colección Busarg. Circa 1960.

El colectivo 10, trocó su nombre por el de “630 comunal” y luego 180, empresa que conocemos actualmente. Situación similar se da con la línea 49, aún vigente. Obviaremos la mención de la línea 216, actual 166 que corre desde Palermo por Juan B. Justo, luego Gaona, hoy Presidente Perón hasta Morón. Quedará para otra investigación conocer algo más de la línea 186, homónima de la línea gerenciada por Expreso Cañuelas. Por último, un aporte de Ariel Baudracco que me acerca la venta de algunos lotes en pleno centro ramense.

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Curiosidad del plano. Los antiguos nombres de las calles del lado norte.

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La calle que desapareció Varios son los documentos que acreditan la desaparición de la primera cuadra de la calle Alsina. Podríamos decir, que es la peatonal de Ramos Mejía. Veamos las pruebas.

Como se observa tanto en el plano, como en la foto, Alsina fue absorbida por la Plazoleta Gral. San Martín, vean el automóvil estacionado. En primer plano el busto del Libertador y la vieja Galería Ramos Mejía, que por aquellos años, aún poseía el alero que se derrumbara en la década del noventa.

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Una quinta demasiado peculiar Muchas fueron las quintas que importantes familias construyeron en el lado norte de Ramos Mejía. Nos ocuparemos de contar la historia de la quinta “El Retiro”, a partir del testimonio de su actual propietario, el señor Marcelo Jarast. Según nos relata, la quinta se construyó en 1872 y ocupaba el predio que hoy abarcan las calles Carlos Calvo, Crámer, y Barcala hasta la actual calle Palos, que no existía y era el deslinde con el terreno vecino que ocupa hoy el Club Estudiantil Porteño. Vale aclarar que la calle Palos se abrió por donación del padre de Marcelo, don Adolfo Jarast, quien adquiere la quinta en 1945. Desde su creación hasta llegar a manos de don Adolfo, la quinta fue albergue de un Colegio de Monjas, fue utilizada por el Club River Plate como concentración, luego adquirida por la familia Sopeña de Cisneros y finalmente por Jarast. De aquella vieja quinta sólo se conserva su portón de entrada, originalmente ubicado en la ochava de Barcala y C. Calvo y hoy trasladado unos veinte metros sobre esta última y la construcción que perteneciera a la antigua caballeriza. Cuenta Marcelo Jarast, que durante la noche negra que invadió a nuestro país en la década del setenta, el gobierno militar, más
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precisamente la Fuerza Aérea, alquiló la quinta a su madre, instalando en ella una “base de comunicación”. Su recuerdo es vago, pero dice que “no fue un campo como esos otros que hubo (se refiere a Centros Clandestinos de Detención), sólo instalaron una antena muy alta y equipos de comunicación, y fueron tan despiadados que para pasar los cables rompieron vitraux de más de cien años”. Continúa su recuerdo diciendo: “llegó un momento, en que dejaron de pagar el alquiler y fue tanta la insistencia de mi madre, que una de esas tantas veces que les iba a reclamar el pago, se encontró con que los milicos se habían ido, dejando todo destruido”. Hoy Marcelo Jarast, continúa viviendo en ese viejo casco, y gentilmente aportó la siguiente fotografía.

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La Batalla que no fue Gracias al archivo del Centro de Estudios Históricos de La Matanza y al trabajo del periodista e investigador Alejandro Enrique, puedo traerles una crónica sobre un hecho del que había recogido distintas versiones. Desde bandas armadas que se enfrentaron cuerpo a cuerpo en la curva de Avenida de Mayo, hasta revueltas callejeras. Acá la verdadera historia: La Década Infame que los conservadores ejecutaron luego del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930 se expandió por todo el territorio nacional. La política y los negocios formaron parte de una misma cosa para quienes se sentían los verdaderos dueños de la Argentina. En el año 1939 gobernaba la provincia Manuel Fresco. Todo un símbolo del caudillismo bonaerense, Fresco lideraba el Partido Demócrata Nacional (PDN). En la Intendencia de Matanza se había comisionado a Agustín Isaías de Elía. Descendiente de Francisco Ramos Mejía, Agustín de Elía además de Intendente se desempeñaba como senador y creyó ver un gran negocio en el traslado del Palacio Municipal. Por entonces San Justo no era el poblado más desarrollado del distrito. Según un informe del gobierno comunal de entonces, su población estable rondaba los 4.000 habitantes, mientras que
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en Ramos Mejía, en diciembre de 1938, había 28.215 personas. La influencia del Ferrocarril Oeste hacía que el poblado más próspero fuese Ramos, impulsando básicamente al comercio. Entonces el intendente de Elía creyó oportuno presentar un proyecto para construir un nuevo Palacio Municipal en terrenos baldíos ubicados en Avenida de Mayo al 1.500. En una superficie totalmente despoblada, a principios de 1939 se pensaba crear el barrio parque General Bartolomé Mitre junto a la nueva sede comunal. Los conservadores matanceros supusieron que la obra iba a ejecutarse rápidamente y se inauguraría en enero de 1940. Pero, inesperadamente, surgió una fuerte oposición del vecindario sanjustense. Además del flamante Palacio Municipal y del barrio Bartolomé Mitre se anunciaba una sucursal bancaria, un colegio nacional, una sala de cine, un recreo público y un edificio para aguas corrientes. El Estado municipal ya había adquirido una parcela de tierra de 120.000 metros cuadrados y se apresuraba a imponer la iniciativa. De inmediato, y ante la velocidad que tomó el proyecto, en San Justo se constituyó la Unión de Vecinos de Matanza. Encabezados por Ignacio Arieta, Héctor Fernández Mendy, José E. Eizaguirre, Joaquín Domato y Vicente Capurro, estos referentes (mayoritariamente vinculados a la UCR) desplegaron una intensa
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actividad. Movilizaron a vecinos, realizaron actos públicos y enviaron telegramas al gobernador Fresco y al presidente Roberto Ortiz. El doctor Arieta argumentaba que se trataba de un gasto innecesario y que “el actual Palacio Municipal es nuevo y bello; y cuesta desde su inauguración en 1927 hasta ahora, cerca de 400.000 pesos”. Esto último lo expresó en el salón de actos del diario capitalino La Prensa hasta donde se llegaron decenas de matanceros opositores al traslado. Ante tamaño movimiento, Agustín de Elía optó por insistir con el proyecto; no quería que los radicales le torcieran el brazo. Para eso hizo organizar otro movimiento vecinalista pero en este caso para apoyar su idea. En una carta sin firmas lo alentaban a seguir adelante. La esquela se publicó el 17 de junio de 1939 en el diario El Oeste: “todas las grandes empresas de aliento que hicieron grande a este país tuvieron opositores, pero en este caso somos la inmensa mayoría de la población de este partido los que hemos de acompañar”. La batalla estaba declarada y el Intendente no se privó de nada: Los mismísimos inspectores municipales salieron a la “caza” de adherentes. Arieta no dejó pasar la grosería política y denunció a de Elía ya que “inspectores y empleados de la Municipalidad de Matanza, haciendo gravitar el peso de su autoridad, recorren pueblos y villas del partido exigiendo adhesiones para el proyecto”.

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Al parecer los inspectores presionaban a pequeños comerciantes de los distintos pueblos matanceros. Ante tal ofensiva, los vecinos de San Justo sacaron un as de la manga y le asestaron un golpe de gracia al intendente de Elía. Los vecinos dieron a conocer a la opinión pública que las tierras en donde se quería construir el nuevo Palacio Municipal y el barrio General Bartolomé Mitre pertenecían “a la sucesión de doña Magdalena de Elía de Ezcurra”, familiar del Intendente. Se supo así que el tema de fondo, en verdad, era un negocio inmobiliario con destinatario directo. Quedaba demostrado que el nuevo edificio municipal ocultaba favores comerciales para la familia de quien impulsaba el proyecto. Esto sublevó a los vecinos de San Justo que el domingo 2 de julio colmaron la plaza céntrica. Banderas y carteles poblaron el centro cívico (ver foto). Acusaron al jefe comunal y hasta un descendiente de Justo Villegas se hizo presente en el mitin. “Se buscan tierras familiares para sacarles rentas”, acusó sin tapujos Alfredo Villegas Oromí ante la ovación de la multitud. El intendente Agustín de Elía estaba derrotado, sabía que ya era una batalla perdida y sólo atinó a responder con palabras desafortunadas. “En 74 años San Justo no ha registrado ningún acontecimiento digno de mención. Es un pueblo viejo, cuya iglesia está en pésimas condiciones y donde no existe ni una comisión de
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damas que se ocupe de obras de beneficencia”, lanzó en los periódicos de la época. El poder político matancero, en manos de los conservadores, había quedado al desnudo y el proyecto de traslado naufragó. Los negocios y negociados formaban parte ineludible para los padres del Fraude Patriótico. Pero el pueblo dijo presente y evitó el affaire.

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El pasaje Del Carmen y el arte Corre paralelo a la Avenida De Mayo a la altura del quinientos, entre las calles Espora y Castelli y entre De Mayo y Necochea. Ese pasaje, designado originalmente como Pasaje del Carmen, hacia los años 40 pasó a llamarse Pasaje Vidt y en noviembre de 2001 nuevamente cambió de nombre: Pasaje Concejal Salomón Jasky. Nos cuenta Alejandro Díaz López en el semanario La Barra: Salomón Jasky, luego deformado como Yasky, fue un ilustre vecino de Ramos Mejía y su familia está, además, en los anales de la Argentina, aún cuando muchos no sepan de quiénes estamos hablando. Salomón, hijo de padres inmigrantes europeos, nació en 1897 en Pueblo Cazés, Entre Ríos. Allí, fue cadete de la farmacia del pueblo y al venir a Buenos Aires revalidó su título de Dependiente Idóneo en Farmacia. Ejerció la profesión por vastas zonas hasta dar, en 1925, aproximadamente, con Ramos Mejía. Aquí, primero se desempeñó en la Farmacia Giovo, en 1935, se estableció independientemente en San Martín y Viamonte, con su farmacia “Farmacia Inglesa”. Su residencia estuvo, a su llegada, en los altos de la casa de la familia Caprio, en San Lorenzo y Ardoino. En 1929 se mudó a una casa emplazada en la esquina del Pasaje del Carmen y Espora y en 1935 trasladó su familia a San Martín y Viamonte, donde estaba la farmacia.
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Fue como el médico del barrio por aquéllas épocas, llevando recetas a los vecinos y siendo un hombre de confianza, como pasaba con todos los farmacéuticos hace tiempo atrás. Cabe aclarar que no era farmacéutico, sino Dependiente Idóneo en Farmacias, como dijimos. Los “Dependientes...” eran quienes verdaderamente elaboraban los remedios y el farmacéutico era el propietario de la misma, debido a que el título de los Idóneos imposibilitaba la adquisición. La independencia de Salomón en 1935 pasaba por tener su establecimiento propio y no ser empleado de una farmacia. Fue integrante de las comisiones de la Casa de Auxilio y Soc. de Socorros Mutuos y uno de los socios fundadores de los Bomberos Voluntarios de La Matanza. Fundador del Centro Socialista de Ramos Mejía en 1931 y Concejal del Partido Socialista entre 1932 y 1936. Esta posición lo llevó a ser Convencional Constituyente en la Asamblea Constituyente de 1934, reformadora de la Constitución Provincial. Alrededor de 1940-41 desarrolló el “Rincón de Arte Almafuerte”. Salomón apreciaba las actividades culturales y consideraba este aspecto importante en la historia y desarrollo de un pueblo. Este pequeño albergue de artistas, ubicado al lado de la farmacia, se convirtió en el primer movimiento artístico de Ramos y propició la creación, años más tarde, de la Sociedad Estí102

mulo de Bellas Artes, la cual actualmente está ubicada en Castelli 129. En aquel primitivo rincón artístico empezaron a tomar forma los monumentos de Almafuerte (hoy en Pza. San Justo), Sarmiento (en la Pza. homónima, frente a la Estación Ramos Mejía) y, en menor alcance, el de San Martín (también en la Pza. S. Justo). Jasky dejó este mundo en 1985 y su fallecimiento incentivó, con los años, a numerosas personas a proponer homenajearlo. Es así como el proyecto llegó al Concejo Deliberante de La Matanza, quien ordenó nombrar al Pasaje Vidt con el nombre de Concejal Salomón Yasky. Dicho sea de paso, donde vivió algunos años, aunque aún faltan poner las placas. Por otro lado, Salomón era primo hermano de Samuel Yasky, contador del Frigorífico Nacional, a quien llamó Lisandro de la Torre para conformar su grupo de peritos investigadores. Esa comisión desenmascaró la verdad. De la Torre denunció, hacia 1935, tratados turbios y corrupción en el negocio de las carnes, lo que se transformó en tema nacional y llegó al Congreso, en donde se debatió. La historia terminó con un senador muerto, Enzo Bordabehere, y el fracaso de De la Torre por depurar la cuestión. Esta situación adquirió suma importancia, pasando a la historia como El Debate de las Carnes.

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Así lucía el Pasaje Del Carmen cerca de la década del cuarenta

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Del viejo Ramos Mejía Dice la dedicatoria de puño y letra de Raúl Oscar Díaz Castelli, su autor: “A Pichón Morelli, con antiguo afecto y simpatía, y… cumpliendo una vieja promesa”. Un aporte de Lucio Rossi, que supo guardar semejante documento. ¡Oh, viejo Ramos Mejía! Mercedes Reales fuiste hasta 1858; y cuando llegó el ferrocarril por breve tiempo te llamaron Apeadero San Martín. ¿Qué queda de tus estancias, de tus tradiciones gauchescas y de tus quintas veraniegas? Pienso, y te imagino como ayer con tus parques arbolados, y el aire diáfano y fragante que ya no respiramos. De las aves que alegraban nuestro despertar mañanero, quedan ya pocos zorzales pues, calandrias y jilgueros

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con los mansos chingolitos volaron hacia otros cielos. Duele ver el lugar de tus cuidados jardines ocupados por muros de cemento, y bajo calles asfaltadas quedaron tus caminos polvorientos, huellas de ligeros rodajes de lucidos coches familiares, y de las pesadas carretas del viejo Santillan, inolvidable. De tus familias antiguas viven en nuestro recuerdo después de los Ramos Mejía, Ezcurra, Riglos, Unzué, Luzuriaga, Monasterio, Gallo, Irigoyen, Lalor, Labougle, Escalada, Díaz, Rocamora, Pizurno, Lacroze, Berrueta, Martínez de Hoz, Bottaro, Marsan, Coronado, Elizalde, Parker y los Fox, y otras que el andar de los años de nuestra mente borró. acaso es justo comienzo

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tributar noble memoria a la comisión de fomento que del siglo en la alborada fue puntal en el progreso. Tres fueron sus fundadores: Adolfo J. Labougle Secretario en el Congreso; Jaime Rocamora, ingeniero y Adolfo M. Díaz, Almirante -modestamente mi abuelocomo preeminente y digna ofrenda porque nos honra el recuerdo de dos que crearon leyenda: Gabriel Ardoino, protomédico, su vida fue apostolado. Y como él, la gran maestra que fue Mercedes Lescano. Asimismo contemporáneo fueron Domingo Roca y Adano, sobresaliente galenos, seguidos de Batlle Besio. y justicia es ponderar a tantos que en honesta y dura brega abrieron cauce a la prosperidad.

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resaltan Claret, Parodi, Giovo, Braga, Garciarena, Los Folco, Mendiguren, Rattaro, Osti, Amadi, Barrena, Harboure, Mollo, Robiano, Ferrazzi, y otros muchos olvidados. Al intelecto con honor dignamente prestigiaron: Fernán Felix de Amador, Ernesto y Lino Palacio, Almafuerte, Estrella Gutiérrez, y Julio Navarro Monzó. Martínez Ferrer y Ballester Peña, magos místicos del color. No faltaron hombres de prensa que al periodismo realzaron: Ramón Quiroga, mordaz, polemista muy versado; Emilio Noya jovial, bonachón siempre ameno, y elegante, señorial, el “irlandés” don Juan Gleeson. Como no traer el recuerdo de los viejos conductores,

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inicialmente cocheros: Mateo Cuevas y Rossi, respetuosos, siempre serios y con ellos Jorge Morelli actuaron desde el comienzo. Después con sus compañeros en caravana marcharon… hoy, con sus coches y caballos transitan cielos lejanos. Merecedor de memoria Rodolfo Becco el cartero, por su vida meritoria y su abnegado denuedo, siempre cabalgando su montado con soles, vientos, lluvias, truenos. Y no es menos merecedor, porque honró la tradición como criollo y gaucho noble, don Atencio el domador, que con palabras y hechizos a muchos pingos curó. También Vitantonio Longo y su primer(a) zapatería. Y los Piégari, aún al frente

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de su gran peluquería. ¿Y cómo yo podría olvidar al errante y bondadoso zapatero que fue el “turquito” Don Juan? Recitábame la Biblia desde mi temprana edad, cuentos de las mil y una noches y preceptos del Koran (sic) Bien, ahora le toca el turno a los boliches y fondas. Acaso, las más antiguas fueron, las del “gallego” Gayoso y la de Luisito Soria, resuelto y dicharachero; y el salón de Manuel Piasco para banquetes y encuentros. El más mentado sin dudas fue el boliche “La Jaula”, donde noche a noche se reunían junto a vinitos y cañas, el Payo Suárez, criollazo famoso por lo embustero, Con José María Becco -que supo ser resero-

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en tenidas ocurrentes entre rizadas y juegos… no faltaron madrugadas que se armaran entreveros. Y con ánimo risueño, ¿cómo no recordar los “valores” pintorescos? En primer lugar, Don Floro, viejo payador curdela y discreto guitarrero; gran amigo de Macedonio, que de frac y de galera “presidía” los entierros. ¿Quién no recuerda al buitre que después de varias cañas, engulliría las trizas de los vasos exponiendo así su vida? Otras veces a topetazos con un carnero endiablado de algún circo en recorrida. Esta crónica incompleta fiel tan sólo a los recuerdos, lleva en sí un íntimo homenaje a todos los que se fueron,

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y a todos los que quedaron en los recodos del tiempo… porque todos formaron parte de un algo que sentimos nuestro, hoy ascendido a ciudad por lo que llaman progreso. ¡Oh, viejo Ramos Mejía! aunque hoy te llamen ciudad los habitantes modernos, para nosotros, serás siempre nuestro muy querido pueblo, evocando aquel pasado con nostálgicos recuerdos.

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Fuentes Periódico La Barra Dyr de Ramos Mejía Sitios web: www.jupacolectivos.blogspot.com www.busarg.com.ar C.E.H.LA.M. Boragno, Carlos. Ramos Mejía, escritos sobre la ciudad de Ramos Mejía. 1936-82. Tomo II. Edición del autor. Ghirardi, Luis. Historia de Ramos Mejía. Edición del Autor. Corso, Alfonso. Historia de la Ciudad de Ramos Mejía. Fundación Banco de Boston. Archivo propio del autor. NOTA DEL AUTOR: “El pasado a la vuelta de la esquina” (página 7) es autoría de Alberto Cambas Sabaté. Escritor, politólogo y periodista, a lo largo de su extensa carrera ha sido distinguido con los siguientes premios: Premio Insula el Ebro - España Premio Osvaldo Soriano - Argentina Premio Hucha de Oro – España Premio Villa Joyosa - España Premio SADE San Martín - Argentina Premio SADE Tres de Febrero – Argentina Premio SADE Avellaneda – Argentina Premio SADE – Gualeguaychú – Argentina Premios obtenidos en el Gran Prix Hemminway y La Felguera (Francia y España) y Voces con Vida (México).
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Indice El pasado a la vuelta de la esquina. Prólogo. Lado Norte… ¿es el lado fundador? Lado Sur. El centro se hizo centro. La fotógrafa de La Catanga. De trenes, taxistas y nazis. La tos convulsa de un Presidente. Un Cadillac presidencial como remis. El día que desairaron al Coronel. El Negro Castro. Los hermanos De La Sierra. Los Berro, una familia fundadora. La Laguna de Ramos. Crece y crece, no para de crecer. La calle que desapareció. Una quinta demasiado peculiar. La batalla que no fue. El Pasaje Del Carmen y el arte . Del Viejo Ramos Mejía. Fuentes. Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página Página 7 9 13 19 39 45 49 53 55 57 59 63 67 69 91 93 95 101 105 113

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Esta edición se terminó de imprimir en los talleres gráficos de El Escriba, Sunchales 721, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, con una tirada de 300 ejemplares, durante el mes de diciembre de 2011.

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