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Mensaje Del Presidente CGEUPRRP Graduacion 2012

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Mensaje del Presidente del Consejo General de Estudiantes del Recinto de Río Piedras.

Centésima Séptima Colación de Grados del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.

28 de junio de 2012

Me uno al saludo protocolar. Debo comenzar este mensaje por darle a todos los graduandos y graduandas mis más calurosas y efusivas felicitaciones. No solo se gradúan del mejor recinto del sistema UPR sino que reciben un título de una de las más prestigiosas universidades del Caribe e Iberoamérica. ¡Enhorabuena!

Hoy no es un día tradicional, y esta no es una graduación tradicional. Los logros que hoy celebran, bajo ninguna circunstancia se ciñen exclusivamente al ámbito académico. La experiencia universitaria no se limita a la asistencia al salón de clases, a una calificación en un papel timbrado, o a un promedio que nos confiera una distinción honorífica. La universidad trasciende los confines del salón de clases y el trabajo académico. El intercambio en los pasillos, las conferencias, los debates, foros y tertulias, la participación en organizaciones estudiantiles, los eventos artísticos, las asambleas, las marchas, las protestas, las huelgas, todas son experiencias que forman parte integral de la vida universitaria y representan vivencias de formación para los universitarios.

Nuestros años de estudio más recientes han sido testigos de una guerra por la esencia misma de nuestra Universidad. Muchos hemos sido y seguiremos siendo partícipes en esta guerra, pues se trata de un conflicto en el que chocan dos visiones completamente distintas de universidad, de democracia, de ciudadanía y de País; visiones que se han enfrentado en los pasillos, las aulas, las cafeterías, los vestíbulos, los foros de gobernanza institucional, y por último, en nuestras calles. Se trata de visiones diametralmente

opuestas en su concepción del rol que debemos jugar los miembros de la comunidad universitaria en la gobernanza de nuestra Universidad.

De un lado, tenemos la visión de Universidad promulgada por los administradores que hoy obedecen al Dr. Miguel Muñoz, al Lcdo. Luis Berríos, al Presidente del Senado y al Gobernador de Puerto Rico. En esa universidad, a los universitarios no se les permite espacio alguno de participación en la toma de decisiones universitarias. En esa universidad, un funcionario puede ocupar el cargo de Vicepresidente o de Rector sin distinción alguna como académico, sin grados terminales, sin publicaciones en sus portfolios, sin el aval o apoyo de los universitarios a quienes van a servir. Sin mérito y sin base moral, luego tienen la osadía de denegar permanencias a profesores con grado terminal, denegar publicaciones y llamarse líderes de esta universidad. En esa universidad, el presidente de su Junta de Síndicos puede ser el asesor del presidente senatorial que le usurpa a la universidad más de 200 millones de dólares recurrentes en su fórmula presupuestaria; el mismo asesor del mismo presidente senatorial que usurpa 50 cuerdas de terrenos agrícolas de la estación experimental en Gurabo para sembrar cemento, cuando la comunidad se ha expresado en contra de esa mal llamada permuta. Ese presidente de nuestro cuerpo rector, a la vez que devenga cientos de miles de dólares en contratos con la Asamblea Legislativa dice mantener su “libertad de criterio” y no tener un “conflicto de interés”.

En esa universidad, una Rectora puede golpear violentamente la mesa mientras se discute un plan de seguridad en el Senado Académico, acusar a los senadores de “indisciplinados”, abandonar la reunión y negarse a certificar una contundente petición de renuncia de parte del liderazgo docente y estudiantil, del máximo foro académico de nuestro Recinto, mientras sermonea a los estudiantes sobre “democracia”.

En esa universidad la Junta de Síndicos puede tomar decisiones injustificadas en bloque, limitar el acceso a la información a los síndicos estudiantiles y docentes, iniciar reformas universitarias por la cocina, y hasta regular nuestras asambleas y procesos estudiantiles en nombre de su muy particular visión de “democracia”.

En esa universidad, el Presidente declara ante el Gobierno que la Universidad esta sólida presupuestariamente, que no necesita asignaciones adicionales de fondos, para luego declarar al estudiantado que el presupuesto precario de la Universidad requiere que nos aumenten los costos de estudio, que nos impongan cuotas, que nos limiten la oferta académica, recorten secciones, “pausen” programas académicos. Hay un presupuesto sólido, pero nos endeudamos e hipotecamos hasta los chicles de los pupitres para seguir operando. Hay un presupuesto sólido, pero no hay dinero para arreglar nuestros edificios, y escogemos entre pagar el agua o la luz para seguir operando.

En esa universidad, los mejores intereses universitarios los velan las palabras, y los ultrajan las acciones de sus administradores.

En esa universidad, el rol del universitario se resume en una doctrina desarrollada por el Dr. Muñoz y su equipo de trabajo: “La doctrina del buen universitario”.

El buen universitario de Miguel Muñoz y Ana Guadalupe es aquel cuya experiencia universitaria se limita exclusivamente al estudio y al trabajo. Las acciones del buen universitario deben siempre estar ceñidas a los roles y responsabilidades asignados por la administración universitaria en los distintos reglamentos institucionales. El buen universitario no cuestiona las políticas o decisiones de los administradores, so pena de sanción o expulsión. Cuestionar, opinar, intentar incidir en los procesos de toma de decisiones y protestar no son parte de sus roles y responsabilidades.

El rol primordial del buen universitario es entrar al aula, recibir las instrucciones de un su profesor o profesora, y abandonar la universidad a toda prisa: un acto muy similar al de retirar dinero en un banco, o comprar un combo en un restaurante de comida rápida. (“Buenos Días/ Tardes, Un Juris Doctor agrandado con un MBA sin tesis, para llevar. Un Bachillerato en Educación, agrandado con una segunda concentración en Historia.”)

La responsabilidad del “buen universitario” para su entorno y la universidad se limita al pago de la matrícula y la cuota, independientemente de la calidad del servicio ofrecido o si consiguió o no las secciones necesarias para mantener su carga académica. De eso se encargan los administradores. Como ha dicho el Dr. Muñoz en muchas de sus reuniones con el liderato estudiantil, “Tengan fe, les doy mi palabra”.

Esta doctrina y visión de universidad fue perfectamente resumida en las siguientes palabras, por una de las funcionarias de mayor rango en administración: “Los estudiantes a estudiar, los profesores a enseñar y los administradores a gobernar”.

Si éstas son las inspiradas y modernas visiones de universidad de que se nutre la administración, me pregunto:

¿Es ése el tipo de ciudadano que queremos para Puerto Rico? ¿Queremos entes que se sienten a esperar a que el gobierno lo resuelva todo, sin valerse por sí mismos? ¿En qué pretenden convertirnos? ¿En autómatas sin razonamiento crítico? ¿En entes que comen, viven, trabajan, mueren y delegan la gestión gubernamental en una clase política corrupta? ¿Es eso lo que necesita nuestro país? ¿Es este tipo de “ciudadano” el que vencerá los problemas que tanto nos aquejan? ¿Es ése el futuro del que tanto hablan en campañas publicitarias electorales? Alguien, por favor, véndame un pasaje al pasado, sin escalas, y sin retorno.

Frente a una visión simplista y unidimensional, los universitarios defendemos una visión de Universidad que se nutre de una comunidad universitaria invitada a participar con plena ciudadanía en su institución. Hablemos, entonces, de la ciudadanía universitaria.

El ciudadano universitario concibe los retos de la universidad como suyos y se involucra en sus asuntos con el mismo ahínco que un ciudadano involucrándose en los asuntos de su país. El ciudadano universitario aspira a participar plenamente de la vida universitaria. Asiste a las charlas, actividades artísticas, conferencias y seminarios. Aquellos

ciudadanos universitarios que cuentan con una habilidad musical o atlética no dudan en unirse a la banda, al coro, a la tuna o se integran a nuestros equipos atléticos, representando a nuestra universidad con orgullo, esfuerzo y dedicación. El ciudadano universitario se ocupa por informarse sobre los asuntos que conciernen a la universidad y participa de los debates sobre los mismos. Si el ciudadano universitario no está de acuerdo con una política promulgada desde ese ente foráneo que conocemos como la Junta de Síndicos, o de sus extensiones conocidas como la Presidencia o la Rectoría, ese ciudadano no calla y no obedece: denuncia, investiga, presenta alternativas sensatas y, frustrado, protesta. El ciudadano universitario asume la responsabilidad de participar de las asambleas, o busca enterarse de los debates que se suscitan en las mismas y presenta soluciones viables a las problemáticas de la universidad y del País.

No se puede pretender que un puertorriqueño desarrolle un compromiso para con el país si ese compromiso no es promovido desde sus años formativos. La consecuencia previsible de la visión promulgada por los administradores y sus padrinos políticos es la proliferación un “ciudadano” apático, enajenado, y desvinculado de los problemas del País. No es casualidad que en nuestro Recinto no se propicien espacios públicos de encuentro para los miembros de la comunidad, ni los docentes cuentan con un Centro de Facultad, ni los estudiantes con un Centro de Estudiantes. El propósito de la universidad no es solamente el de conceder grados y títulos, sino el de formar ciudadanos con conciencia crítica y compromiso con nuestra sociedad y nuestro futuro. ¿Qué mejor lugar que la Universidad para inculcarle a nuestros ciudadanos un genuino compromiso con nuestro país? ¿Qué mejor manera de formar ciudadanos responsables y ejemplares que proveyéndoles un espacio en la universidad para incidir de forma efectiva en la toma de decisiones?

Como ha expresado el catedrático y amigo, Dr. Waldemiro Velez Cardona: “Debemos procurar que en todos los espacios universitarios los miembros de nuestra comunidad convivan (y no sólo estén), compartan (y no sólo recelen), cooperen (y no sólo compitan), disientan (y no sólo consientan), discrepen (y no sólo callen), discutan (y

no sólo escuchen), confronten (y no sólo comparen), negocien (y no sólo acepten), consensúen (y no sólo impongan). De esa forma podremos ir aprendiendo a negociar y a decidir juntos, y no sólo a asumir individualmente las decisiones tomadas por otros.”

No permitan que su salida de esta universidad represente una regresión en su desarrollo como ciudadanos de nuestro país. Que estos años de dignidad, solidaridad, lucha y sacrificio no se conviertan en un mero episodio anómalo de sus vidas. Sus responsabilidades como ciudadanos egresados de la universidad pública de nuestro país trascienden el acto de depositar un voto en una urna cada cuatro años, y el pago de contribuciones. Que la otorgación de su grado académico, por el cual tanto trabajaron, sudaron y lucharon, no culmine en la enajenación, la apatía política, y el abandono de las causas nobles y justas a cambio de la acumulación de riqueza material. Sigan los ejemplos de ciudadanos universitarios como Juan Santiago, Rafael Corrada y Mara Negrón, entre tantos otros, que le dedicaron su vida a causas nobles, demostrando una verdadera vocación universitaria y un compromiso indiscutible con su país. El trabajo de estos ciudadanos universitarios perdurará y trascenderá los límites de nuestra generación. Ellos serán recordados por su trabajo desinteresado y por los cambios que lograron impulsar en sus respectivas disciplinas para el beneficio de nuestra sociedad.

Hace poco se me acercó un ciudadano a hablarme sobre la universidad y los estudiantes universitarios. Me expresó que era maestro, y que se retiró luego de 30 años de servicio público, frustrado y decepcionado, hasta que fue testigo de los procesos estudiantiles de 2010 y 2011. Luego de una extensa conversación sobre el futuro de nuestro país, me expresó que su única esperanza yacía en los estudiantes universitarios, en ustedes, en nosotros. Insistió que en nuestros hombros recae la indelegable responsabilidad de

retomar nuestro país y adecentarlo, de expulsar a los politiqueros que han desgraciado el servicio público y de desarrollar un proyecto de país que trascienda los ciclos electorales. El país confía en ustedes, en la educación que han recibido y en la valentía que han demostrado. No los defrauden, no se defrauden, no nos defraudemos.

En los últimos años ustedes han demostrado que no aceptan la visión de la universidad que nos han tratado de imponer desde la Junta de Síndicos, la presidencia, rectoría, Fortaleza o el Capitolio. En su corazón y alma vibra esa otra universidad democrática y el servicio del pueblo de Puerto Rico que se han esforzado por construir contra viento y marea. Nuestra universidad no se vale de cámaras de seguridad ni de guardaespaldas, se nutre del diálogo franco, del compromiso con el futuro y con la producción de conocimientos que nos ayuden a reconstruir nuestro país, para beneficio de todos sus habitantes. Aunque pueda tardar alguna generación más, estoy convencido que las semillas que ustedes han sembrado con su lucha y sacrificio en defensa de la universidad pública, habrán de germinar en esa otra universidad en la que queremos que estudien nuestros hijos. Como nos canta El Topo (Antonio Caban Vale) “un día esa ley se ha de cumplir”.

Salgan a luchar por un mejor Puerto Rico en sus respectivas disciplinas. La lucha por el futuro de nuestro país no tiene un campo de batalla predeterminado, el abogado lucha dentro y fuera de los tribunales para que se haga justicia, el planificador lucha por mantener el balance entre los intereses económicos, sociales y ambientales, el maestro lucha por educar a aquellos que representan el futuro de nuestro país, los arquitectos luchan por, literalmente, diseñar y construir un mundo nuevo, los científicos luchan por encontrarle respuesta a los enigmas que surgen de lo natural, el sociólogo lucha para entender nuestra condición humana social, el psicólogo lucha por mantener la salud mental de nuestro pueblo, el economista lucha por entender el capitalismo y las fuerzas del mercado y plantear alternativas, el músico lucha para inspirar al ser humano con sus instrumentos, el científico político lucha por entender las relaciones de poder y encontrar mejores maneras de ejercerlo, y el historiador lucha por poner en perspectiva la

experiencia actual del país a partir de las experiencias previas.

Participen activamente de los procesos democráticos de nuestro país. Si el Gobierno o los partidos no les quieren conceder un espacio, tómenlo sin permiso. No permitan que les arrebaten derechos constitucionales con argumentos demagógicos y mentiras. Defiendan a capa y espada, especialmente contra el Gobierno, su derecho a la libertad de

expresión, la libertad de asociación, el derecho a la fianza y la presunción de inocencia. Defiendan nuestros recursos naturales y el patrimonio universitario. Apoyen los proyectos de ley que protejan el ambiente, como el Proyecto del Senado 2282 y su protección de todos los terrenos públicos en el Corredor Ecológico del Noreste, y participen de la campaña telefónica que están organizando varios grupos universitarios en contra de la Resolución Conjunta del Senado 1053 que regala terrenos agrícolas de la UPR al municipio de Gurabo para la siembra de cemento. Luchen por un mejor futuro posible, no solo para sus familias, sino para sus hermanos puertorriqueños.

Demuéstrenle a los administradores y a sus jefes políticos que, a pesar de sus mejores y más nefastos esfuerzos, no han logrado romper ese espíritu y vocación universitaria que les ha caracterizado. Déjenle saber que ustedes son ciudadanos de la Universidad de Puerto Rico, y que los universitarios hacemos mucho más que estudiar y trabajar. Que sepan que los administradores vienen y van, pero la esencia de la universidad perdurará, que ustedes son una parte integral de ella, y que la llevan con ustedes dondequiera. Que en todo momento se sepa, que él es un gallito, que ella es una jerezana, que ellos son ciudadanos universitarios.

Termino este mensaje, citando una parte del mensaje de graduación promulgado por Margot Arce de Vázquez en la sexagésima segunda colación de grados de este Recinto el 2 de junio de 1962: “Los estudiantes de la universidad, tanto los activos, como ustedes los egresados hoy han contraído, por universitarios, un gravísimo compromiso: el de estudiar la situación de Puerto Rico (abriéndose paso por las selvas de falsas y engañosas apariencias), buscando penosamente, pero con valor y honradez, cual es la verdad de su estructura política, social y económica, cuáles son los defectos de nuestro carácter colectivo, que valores superiores se hallan en quiebra en nuestra sociedad, problemas que se tienen que resolver para salvar nuestra cultura hispano-puertorriqueña con todos sus hermosos valores humanos recogidos y vividos por nobles puertorriqueños del pasado, enaltecidos en las páginas de nuestros mejores escritores.

La tarea que les espera no será fácil; requerirá mucho valor, mucha sinceridad, mucha clarividencia que les permita traspasar la espesa niebla de la propaganda y de las consignas políticas y derribar los falsos ídolos e idolillos que nuestro pobre y confundido pueblo ha levantado en sus altares”.

Doy fe del valor que han demostrado durante los pasados años. Asuman su responsabilidad como ciudadanos de nuestro país. El país se los exige.

Gracias

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