#AcampadaIFE Zona temporalmente autónoma.

¿Quiénes temen la revolución? Los mismos que la han provocado; los que con su opresión o su explotación sobre las masas populares han hecho que la desesperación se apodere de las víctimas de sus infamias; los que con la injusticia y la rapiña han sublevado las conciencias y han hecho palidecer de indignación a los hombres honrados de la tierra. Ricardo Flores Magón. 1910.

Hemos recuperado el espacio público una vez más, hemos abierto un espacio efímero de autonomía y organización, frente al tránsito diario, frente al flujo automatizado de los autos y de las personas; hemos decidido empoderarnos de nuestra voz y nuestras acciones: estamos aquí, haciendo que ocurra lo im-posible, [de]constuyendo la resistencia. Trazamos ahora una nueva cartografía política, tejemos territorios nuevos de diálogo, de comunicación, de organización; contra el sistema político dominante, hilamos una nueva manera de organizarnos, una lógica desjerarquizada, sin lucro y sin protagonismos, real, concreta, legítima, un devenir nómada sobre líneas de fuga. Ésta es nuestra salida, una de tantas sin-salidas posibles como respuesta a la práctica fraudulenta de las instituciones. Acampando estamos, esperando la marea, manteniendo el fuego incendiario de la resistencia, trabajando en aquella chispa que habrá de consumar la revolución: la revolución molecular, el renovar de las subjetividades, de nuestras desiciones y causas, en nuestras maneras de actuar, sentir y gritar la rabia de nuestra indignación. Acampando experimentamos y confirmamos que otra democracia es posible, que la organización le pertenece al pueblo, y que la apatía y el miedo se quedan atrás cuando las multitudes asumimos la libertad como bandera. Nuestra reunión y convocatoria son la invitación abierta a que ocurra lo im-posible, a que acontezca lo que no ha tenido lugar: la justicia social a base de organización. El reclamo de las personas es lo que mantiene vivo este lugar; en medio del tránsito citadino se abre un pliegue que sobrevive a la hegemonía del imperio tecnomediático; ante la irrealidad que exponen los medios de desinformación, se expanden mínusculos canales de concientización, tentáculos moleculares y flujos capilares que se contraponen a la red principal de información —repleta de censura y docilidad―. Nuestro brote anti-sistémico, nuestro no-lugar, está hecho a base de rumores, de boca en boca, somos una herida entre las calles: cooperandos en la autonomía hacemos que exista éste lugar, que de otra manera sólo se explica como un error del sistema. Desconococemos aquí y ahora, a las instituciones que no representan el sentir del pueblo sino el de la clase dominante, no somos guerrilleros —aunque quisieramos— sino ciudadanos: estudiantes, trabajadores, amas de casa, hijos y madres —sin distinción de género—, somos nuestros abuelos que traen el café en cada noche de frío, las abuelas que nos acompañan y visitan cada noche desde el martes 3 de julio, cada día y cada noche hasta que la revolución se desate y se mude de lugar.

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