DE LOS METALES E N PARTICULAR MENTE D E L ORO

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PRIMERA-

DEL COBRE Y SUS MINERALES Excede en la composición del cobre la parte sulfúrea, c.isi fija, de cuyo color destemplado se origina su color encendido, respira sobre todos los metales olor de azufre cuando se derrite, y por su demasiada combustión está menos sujeto a los daños que el aire, agua o tierra p u dieran ocasionar a su corrupción, como por l a misma causa no está sujeto a accidentes semejantes. Es en las máquinas donde mejor sirve por no tomarse orín, comí) el acero o hierro, y así en la antigüedad fué tenido en muy gran precio, y de él se hacía la clavazón para los navios, las armas y otros instrumentos, uso que también tuvieron los naturales de este reino. Críase el cobre en piedras minerales de diferentes colores, aunque siempre las señalan pintadas, azules o verdes: nace junto con el oro y la plata, y siguiendo a veces las vetas de cobre puro, se ha encontrado con ricas bolsas de finísimo oro. E l trocarse en plata, es más ordinariamente experimentado, y las vetas cobrizas que sobre la tierra muestran alguna, 5 U i ^ l e n ^ s ^ m u y ricas en lo hondo, como van participando J DEL PLOMO i Metal muy ordinario y conocido es el plomo, y apenas hay m i n e r a l de plata donde no se baile, y es muy raro el ; que no tieen alguna mezcla de él. Criólo la naturaleza muy I sobrado de humedad para que la comunique y preste a los metales de oro y plata, que con su ayuda se derriten y aprovechan, como sin él se queman y consumen antes de

E l más precioso de los metales y el más perfecto de cuantos cuerpos cría la naturaleza sin ánima, es e l oro, tan generalmente deseado como conocido de todos. E n géndrase de la materia y modo, que queda dicho en común, de todos los metales; pero de partes tan perfectamente purificadas, y con tal decocción unidas, que hacen casi incorruptible su sustancia; pues ninguno de los elemento stiene fuerza para corompcrlo o destruirlo. Persevera más puro en l a violencia del fuego, que a todos los demás consume. E l aire n i e l agua no lo enmohecen ni deslustran, estando en su perfección; n i lo pudre o d i s m i nuye l a tierra; ha granjeado meritísimamente con l a nobleza de su ser, l a estimación que en todo el mundo tiene: y las virtudes naturales que acompañan la igualdad de su admirable temperamento, son las más apropósito para la alegría y consuelo de los corazones humanos, cuya piedra imán, es este siempre codicioso metal. - ~ T 1

E L A P L A T A Y SUS MINERALES Es después del oro, el más perfecto de los metales, l a plata, y simboliza con él tanto, que los que más contradicen el arte de sus transmutaciones, no juzgan ésta por imposible; pues solamente le falta el color y peso para ser oro: cosas que con calcinaciones y conocimientos^ a l fuego, no son dificultosas de alcanzar, como lo enseñan muchos y practican algunos. A l grado de buena mezcla de sur partes y purificación de ellas, se sigue la perseverancia en e l fuego, sin casi evaporarse n i consumirse nada, y l a firmeza y tenuidad de su sustancia, con que se sujeta al martillo y se permite estender en hilos y hojas sutilísimas. Pareciera imposible de creer, si no fuera tan experimentado y común entre los que tratan de esto, que se saque de una onza dos m i l cuatrocientas varas de hilo de plata, aunque más debe admirar que se cubra todo aquesto por todas partes con solo seis granos o medio tomín de oro: de manera que con serlo tanto la p l a ta es cinco veces más dubitable y tenue el oro que ella, y así batido en panes, se dilata tanto, que con una onza se pueden c u b r i r diez anegadas o más de tierra. Críase la plata algunas veces blanca y pura en las m i nas, atravesada corno hilos en las piedras, que llaman me! tal machacado, como el que se ha sacado y saca en el mineral de Turco en la provincia de Carangas. E n C h n nuepiña, labor de los incas, dos leguas de Bcrenguela. de l a provincia Pacajes, en el cerro que yo descubrí y registré, media legua del asiento de S a n Cristóbal, en l a provincia de los Lípez.
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Jlegar a su perfección Es por esta causa facilísimo de evaa, w o porar a l fuego; gástase en él, y lleva tras sí todo lo que no O J2 3 - 5 ^ 3 ^ 3 c O 3 o es oro o plata, con que es su refinación más fácil. Parécese < SI * W 3 3- o C o o 36 O tí en el peso a l oro y en e l color a l a plata, mézclase con a m Q 3 0 O O 3 o 9 O P bos, y además de purificarlos, como queda dicho, los apar- ^\ 3 O < 3 o Ow o 3 ta también del cobre, derritiéndose fácilmente y llevándo- 3 tú 3 tí 3 o o o w 3 n o > 3^8 los consigo, quedándose el cobre entero como en su lugar o n o ^ p 3 N •d o 3 3 » S 8 8 ffl ea SI O ¿3 3 0 r 3 o o 03 se dirá; y asi es el más necesario de todos en el uso d e l 3 £ a > C 02 -3 3- 3 3 o arte de los metales. Testifica su blandura, l a abundancia de o 0 w 9 S B humedad o azogue impuro de que se compone, y por varios 3 73 a o » £ o tí caminos y no dificultosos se lo sacan y apartan los a l q u i N 3 P 3 3 o 2 Í t* 3 n 5 mistas. No se corrompe n i disminuye al aire o agua como O N W G3 c O w sd D 42 g* *8 el hierro, antes se aumenta y crece en cantidad y peso, coo > Í3 Cl. 3 ra O < n P 3 3 P O mo lo afirman graves autores, y aún dicen haberse ocasio0 3 73 3 o». nado de esto ruinas de edificios que con planchas de plomo Sí" M p o 3 3 O O estaban cubiertos. Hállase mezclado a veces con oro; pero N p 3^ < o 3 05 2 2 O c o C 05 3 3 P« 3 c » lo más ordinario es con plata, y suele también acompañar O 3 3 *H ra C/3 p O al cobre. L l a m a n comunmente Soroches a los metales en ra g £.0 3 o que se cría el plomo, los más son negros, costrosos y r e l u - tú 0 ra 5 3". o> 3 ra w ra ra era 3 ra !P 3 3 o 3 cientes; otros hay que llaman Muertos porque no b r i l l a n , O O o o 3 p ojosos; otros Oques, que en lengua general de esta tierra a • 3- N ra p .. tí 3 tn 3 2, P O 3J a ra 05 3^ o ra quiere decir Frailescos, por tener este color. 3 0 o 5 3 o * a ra o 3 o ra 3 N c Po oW a e 305 S IP o B ^2 " 3 a 3 > ra 3 cr d ra Í2, P 3 y 3 HJ o & 3 5 ^ P ra c O o ra 3 ra 3 J5 n c c 3 w ra ra •i ra O 3 o: ra o ra 3 P' te >i gj ea r ra ° 3 ra 3 ra O 05 S 5 ^ w P S a p O 3 ti _ 3 ra P 3 3 3 tí 3 ^ P Si o p N H H 3 3 ra S*' P ra 3tí3» ra _ 3 o ra ra 5 a o, a 3 2- g a 3 p o o era c - o p ra g ^ ^ w O P 3w < T > P $ m 3^ i o
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COMO BUSCAN LAS VETAS OE M E T A L E S

Demás de las vetas de metales que se descubren y con rúe se encuentra paso, como queda dicho, halla otras la liligencia humana ayudada con el arte. Dan los colores le los cerros indicio, no pequeño, de si tienen o no mineóles, en sus entrañas como se dijo en el primer capítulo le este tratado y se experimenta en cuantos hay hoy m i ías descubiertas en este reino, que sen de muy diferente •mroccr de los demás, aun a la vista de los que de esta natoria entienden menos. No hay regla infalible y cier:a para por el color solo de la tierra, hacer argumento de a especie de metal en particular que en ella se cría, sin ¡ue el término más ordinario en que se cría el oro, es colorado o amarillo retinto, como el ladrillo muy cocido, también se hallan sus vetas entre cauchales blancos, como en Oruro y Ch.ayan.ta. Son rubios, de color de trigo, los más de los minerales o cerros de plata de estas provincias, a imitación del primer ejemplar de los del mundo, Potosí; y el mismo color tiene Seapi, el de Pereira y otros en los Lipes que producen cobre, aunque es pardisco, verdoso y colorado a veces su más común panizo: en el plomo y los demás, pasa lo propio. De suerte que el verdadero desengaño consiste en el ensaye de las vetas. Estas se hallan o descubiertas en los farellones que crían sobre la tierra, que quebradas sus piedras las conoce el minero, por la diferencia que tienen do las ordinarias; ensáyalas y trabaja en la mina si es de provecho, o da esperanza de serlo; pero si corren las vetas encubiertas que llaman Encapadas, se busca de esta manera. Por las quiebras que los cerros hacen por donde el agua corre cuando llueve, o por otra parte 'de sus faldas, se sube poco a poco con el martillo que llaman Cateador, en l a mano, que tiene punta por la una parte, calzada de acero para cavar si fuere necesario, y por la otra boca, para quebrar las piedras; adviértense con diligencia en las diferencias que se encuentran de ellas, y quebrando las que conocidamente no parecen de las ordinarias, se encuentra con algunas ya medianas, ya muy pequeñas do metal: considérase, según el sitio, el lugar de donde pudieron caer, que es necesaria esté más alto siempre. Llaman Podados a estas piedras de metal que así se hallan. Sigílenlas el cerro arriba, mientras de ellas se ve rastro, y en no pareciendo más, es señal cierta de que, por allí cerca va la veía. Dcscúbrensc con una zanja, sirviendo do segura guía los sueltos de metal que en el cavarlas se encuentran. Los ojos o manantiales de agua que se ven en los cerros, no son pequeños indicios de la cercanía de las velas, pues corro por éstas el agua que por aquellos sale. Suelen ser señales de votas, árboles, matorrales o yerbas que siendo de un género, se ven como plantadas a la hila, haciendo muestra de la mina que debajo de cllaa corre. No crecen tanto ni tienen el color tan vivo como las demás plantas que se crían sobre vetas de metale;;; porque las exhalaciones de que ellos salen, las desmedran y enflaquecen; consúmeseles, por esta causa, más apriesa el rocío de l a mañana que sobre ellas cae, y aun la nieve se derrite primero en los cerros que tienen minas, que en los circunvecinos que carecen de ellas, y en el lugar por donde las vetas corren, antes que en los otros que no las

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™ Casi el mismo fundamento tiene el lustre que se ha" lla en todos los metales, pues cuanto su parte, que es más sutil y más pura, tanto más resplandor tienen estando igualado, lisos o bruñidos. Sobrepuja en esto, como en otras excelencias ,el oro a todos los demás, y la plata, después de él, a los restantes. Es color blanco, común a m u chos mol ales, aunque en la plata so halla más, perfecto; n * se con qué ojos la miró Cárdeno, cuando le pareció negra. Causase de l a humedad terminada de lo seco terrestre, sutil y digesto, porque si este fuere lodoso, impuro o combusto, se produce el color oscuro o negro, y conforme la latitud que en esto se halla, son más o monos blancos los metales. Es el oro amarillo o rubio, color procedido de la decoción tortísima con que su azufre purificado tiene al azogue, o humedad de que so compone, como en las tejías, orines y otras cosas se experimenta, causárseles este color rubio en lo húmedo do lo que padece de lo seco terrestre que tiene mezclado por l a fuerza del calor. E l m J o r _ d c l cobre, tionej¿Lmismo principie), aunque por l a i m puridad y combustión de su;i3x¡Hes- y mala mistión de ^enasToescITce:del color del oro, y mucho más de su noi i l c r i y qnil-itesj *~ —ÍJO tienen buen olor, n i buen sabor generalmente los metales, por la sulfüricdad que a todos acompaña, aunque el oro huele y sabe bien, por su excelentísimo temperamento, o por lo menos, no sabe ni huele mal. Do lo mismo lea procede el manchar las manos o cosas que los tocan, en que también tiene excepción la pureza sin úrnal del oro. L a ductibilidad, o poder alargarse a golpe de martillo, es asi mismo propiedad de los metales. Es su causa l a humedad que está encerrada en la sequedad que muestran, que se rinde y cede su lugar cuando los baten de que se sigue el alargarse. Es el más dócil para aquesto el
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oro, luego la plata, después de ella, el cobre refinado, el hierro, el estaño y plomo. Quémanse y se consumen los metales en el fuego, por el azufre untuoso y terrestre de que se componen; como, al contrario, los defiende de él la parte que tienen de humedad o azogue. E n el oro, primero, y después de él, en la plata, están estas dos cosas tan purificadas y fuertemente unidas, que n i la humedad puede evaporar, defendida de lo terrestre que l a ampara; n i lo terrestre se quema, amparado de la humedad cine lo defiende, y por esto perseveran en el fuego sin disminuirse ni corromperse: consúmense los demás por faltarlos la purificación y unión dicha de sus partes.

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hace el bronce de campanas, piezas de artillería y otras cosas. Echase una libra de estaño, desde cuatro a ocho de cobre, según la diversidad de la otra. Tuvieron noticia los indios de esta mezcla; y les servía para la fortaleza dé sus instrumentos y armas, como nosotros e l acero o hierro templado, que ellos no alcanzaron. E l alaton, se hace de pedazos de cobre pequeños puestos en crisoles capaces, cúbrese con polvo de jalamina, que es un medio mineral amarillo; hay no lejos de Turco, en 1» provincia de Carangas, y también junto a Pitantora e n los Charcas. Sobre el polvo de jalamina se echa mucho vidrio molido jiara que la cubra y no deje respirar, dásele fuego y con él muda color el cobre y crece a razón de ocho por ciento. Para espejos, se hacen varias mezclas, aunque l a mejor es de dos partes de plata y una de plomo. Háccnse además de esto, con artificio, el Cinabrio, Solimán, Precipitado, Psorico, Esmalte, Escoria, Diaphrigcs, Cadmia, Pompholix, Spodosflor de cobre, su escama, Cardenillo, Vermicular, Stonmoma, Herrumbre azul, Albayalde, Sandix, Ochra, G r e ta, Purpurina y V i d r i o . Hácense el cinabrio, de una parte de azufre y dos de azogue, cuécese y se sublima todo junto en vasos de vidrio u ollas vidriadas. El solimán se hace también de azogue mezclado con otra tanta caparrosa y molido hasta que de ninguna manera de deje ver, rociándolo para que mejor se incorpore, con un poco de vinagre fuerte, sublímase en vasos de v i drio; hácese también con alumbre, y suelo mezclársele sal. En agua fuerte se deshace el azogue, evapórase a fuego lento el agua, y queda el azogue duro como piedra: muélese sutilmente, vuélvese a poner al fuego sobre un crisol o vaso de cobre, si lo hubiere: menéase hasta que se ponga coloradísimo, de color muy vivo, y este es el precipitado. Consta el psorico de dos partes de calchitis y una de greta, muélense y mezclanse con un poco de vinagre fuerte; pénese en estiércol por cuarenta días, sácase y sobre u n tiesto de olla nueva se tuesta al fuego, hasta que ponga muy colorado. E l mejor esmalte se hace de alumbre, caparrosa y salpiedra; dásele todos los colores como al vidrio. Escoria, es lo que se despide del metal cuando se funde, y nada sobre él derretido como grasa.

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L o que queda en el fondo de la hornilla cuando funde y refina el cobre, es el diaphriges. Es cadmia (aunque la hay natural también) lo que se pega a las paredes de los hornos en que se funde, principalmente cobre; llámase bodrite, la que es semejante a las cobas, ostracitas la que parece a los tiestos, y placite, la que es como corteza. Es la pompholix, una sustancia harinosa y junta como lana, que, en tocándola con las manos, se deshace; pégase a las paredes cuando se funden los metales, llámala el vulgo atutia. Hay entre la pompholix y el spodo, muy poca diferencia, es este más impuro, hállase en las paredes donde se refina. Hácese la flor del cobre, cuando sobre sus planchas calientes al sacarlas de la hornilla en que se fundieron, se echa agua fría; despídense con ella unos granitos muy sutiles que levanta el humo y se recogen sobre unas palas de hierro. L a escama del cobre, es lo que se despide de él cuando se martilla y bate; y lo que sale del hierro, llaman a l gunos stonmoma, aunque este nombre griego más propiamente significa el acero. Críase el cardenillo del cobre, si con tapaderas de este metal se cierran vasos en qué haya vinagre fuerte, recógese al cabo de diez o doce días. S i en lugar del cobre dicho se pone la tapadera de hierro, se cría y junta lo que llama herrumbre. M u y parecida es el cardenillo la que llaman vermicular. Tómase una parte de vinagre blanco y dos de orines podridos, échanse sobre un vaso o almirez de cobre y con mano de lo mismo, se menea hasta que se espese, añádesele luego de sal y alumbre la veinticuarta parte, pónese al sol hasta que se cuaja y seca; redúcese en forma de gusanillos, de que tomó el nombre. E l azul se hace poniendo en estiércol caliente sobre un vaso de vinagre fuerte en que se haya desatado un poco del almojatre, planchas sutiles de plantada azogadas llenas de agujeros. Ráese el azul al cabo de veinte días. S i sobre el vinagre se pone plomo, se cría el albayalde. Póngase albayalde en una cuchara o vaso de hierro, sobre brasas encendidas, y menéese hasta que se ponga coloradísimo, y esto es el sandix.

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Es la ochra, amarilla, hácese de plomo quemado hasta que toma este color. L a greta se hace en las refinaciones del oro y de la plata, como en su lugar se dirá. Tiene color de oro, la purpurina, aunque poco estable y permanente: témanse cuatro o seis partes de estaño y otras tantas de azogue, una de almojatre y otra de azufre, muélese todo, mézclase en un vaso de vidrio y se destila, lo que en el fondo queda, es purpurina. Téngase en último lugar la obra más hermosa del arte, que la fábrica del vidrio. Hácese de dos partes de arena transparente o harina de piedras que se derriten al fuego, y una de nitro o sal-piedra, o sal de sosa, que llaman yerba de vidrio, limpiase y se purifica con la mezcla de un poco de piedra imán. Plácenlo otros de dos partes de ceniza y una de la arena dicha, con la imán en el fuego y hornos convenientes. CAPITULO X X X V DE L O S COLORES D E TODOS L O S M I N E R A L E S G E NERALMENTE Para que los menos experimentados alcancen más fác i l el conocimiento de las cosas minerales, que traen entre las manos, y que con la vista, el más cierto desengaño de los sentidos, sepan enterarse de que sea lo que en l a caba de sus minas encontraren, reduciré a colores, como á géneros más conocidos toda la diversidad de minerales. Son de color blanco: algunas especies de greda, el alumbre, el amianto, la piedra arábica, ia yudaica, la melitc, la galatitc
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mado borea. De azul verdoso: el cardenillo y la piedra ar-

menia o eibairo de este color; y asi, los pintores al color que de ella se hace, llaman verde azul. De blanco que tira a rojo, es la afrodisiaca. De rojo que blanquea, el xanto. De negro entre rojo, la batrachite. De negro que tira a purpúreo, el alabandico. De blanco que amarillea, el topacio. Hállanse en otros diferentes colores de por sí, como las ágatas, que las hay blancas y negras y de otros colores mezclados. E l apslto tiene venas rojas esparcidas sobre el campo negro: y al contrario, está teñido de venas negras sobre su campo rojo el nosomonite. Tiene la hcliolropía en su verde bello, venas de finísima sangre. Y en los záfiros, y en el lapilázuli, se ven de muy resplandeciente oro. Dos venas, una blanca y otra roja, discurren paralelas por la egitilla. Es de cuatro colores el cupatalo, de azul, de encendido, de bermellón y de camuesa, do otros tantos se suele hallar la orea, roja, verde, blanca y negra. CAPITULO X X X V I
D E L A S F A C U L T A D E S O V I R T U D E S 1)E L A S C O S A S MINERALES

o de leche, el alabastro, el cristal, el diamante, la plata, el,

azogue, el estaño y el mármol. De color negro son: la tierra pnite, e l azabache, el sm-i y la melanterla. De ciano, l a turquesa, el lapislázuli y el eibairo. De verde: la esmeralda, la prasma, la cliisócola o alinear, alguna greda y el vitriolo o caparrosa. De amarillo: e l oro, la ochra, el crisopacio, el crisólito y el oropiinente. De rojo: el rubí, el granate, el balax, l a cornerina, la sandáraca, el coral, l a piedra seissile, la ematite o piedra de sangre, el cobre, el minio o bermellón, la tierra lemniia y la almagre. De p u r púreo: el jacinto y la amatista. De azul claro: el jaspe 11a-

ciento: la tierra eretria y la mclia

De azul: el záfiro, el

Daré fin a este tratado con una relación breve de las virtudes que las cosas minerales tienen, en orden a la medicina del cuerpo humano, además de las que quedan dichas, para que los que las manejan sepan aprovecharse en las ocasiones de ellas. Obran algunas por propiedad oculta en su esencia o por su forma específica: y otras hacen efecto mediante las cualidades elementales que tienen, contrarias a los temperamentos de las enfermedades. De las primeras, se oponen unas a los venenos y otras a diferentes males; y entre las que son remedio contra el veneno, unas curan la peste, como la esmeralda, la tierra lcninla y la armenia; otras son contra un veneno sólo, como lo es la sátira, el nitro y la caparrosa, contra las callampas u hongos venenosos. L a sal, puesta por emplasto contra el veneno del opio y de los hongos. De las que con la dicha oculta virtud curan las enfermedades, algunas restrañan la sangre de cualquier parte del cuerpo, como hace la heñíante. Otras corroboran y fortalecen el estómago, cuando pendientes del cuello se traen sobre él, como lo hace el jaspe verdadero. Otras ligadas al brazo izquierdo, prohi-

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DEL AZOGUE

Es el azogue, conocidísimo minera), un cuerpo líquido y que corre como agua, compuesto por la naturaleza, de sustancia viscosa y muy sutil, abundantísima de humedad, de donde le procede el ser muy pesado, muy resplandeciente y muy frío como sienten los más, aunque no falta quien afirme ser de calidad muy caliente, por los efectos que en él se experimentan de su grande sutileza y penetración con que traspasa, no solo la carne, sino los más duros huesos, y porque conocidamente es veneno el solimán, por ser cálido en sumo grado, y éste no más que azogue esencialmente, aunque alterado por la mezcla de los metales con que se coció y sublimó, y asi puede otra vez reducirse, como se reduce, a verdadero azogue, en el modo que adelante se dirá. Pero dejando la averiguación de esto para los que tratan de la facultad de los simples, lo cierto es que tiene tanta conveniencia la naturaleza del azogue con la de los metales, que aunque no es ninguno de ellos, es convertible en todos, no solo por ser uno de los principios de que se eoroiione. corno los más filósofos afirman y prueba la facilidad con que con todos se une e incorpora, sino también poique con toda su sustancia se transmuta en metal verdadero, que como los que de naturaleza nacieron tales, sufre l..s exámenes del fuego y del martillo. Muchos modos enseña Raimundo para convertirlo en oro o en plata; uno muy lácil hay en la disquisición Eliana, para hacer de él verdadero plomo; y cuando se suspenda el crédito que debe darse a escritos que quizá no se entienden, son tantos los (Nttigus de vista en estas provincias que tienen hoy y guardan plata refinada muchas veces por copella hecha de azoffttie por sus mismas manos, aunaue con medicina dada de .•.i.r.;S, que n o ha dejado lugar de duda en la posibilidad de KM transmutación. Raro era el uso, y corto el consumo que el azogue había antes de este nuevo siglo de plata; pues se gastaba solamente en solimán, cinabrio o bermellón y polvos que se hacían del precipitado, que son los que llaman los Juanes de Vigo, géneros de que sobraba mucho, aunque hubiese muy poco de ellos en el mundo. Pero después que por su medio se aparta de las piedras de metal, molidas en sutil harina, l a plata que tienen, invención de que en la antigüedad hubo muy pequeño rastro y cortísimo ejercicio, es i n creíble la suma que en estos beneficios se consume. Porque si la que se ha sacado de plata en este reino, ha llenado de riquezas y de admiración a todos los del universo; otro tanto es por lo menos, lo que se ha perdido y consumido de azogue, pues aun hoy, que a costa de descompasadas érdidas le tiene más acertada la experiencia, consume el que beneficia mejor otro tanto peso de azogue, como lo que saca de plata y rara es la vez que no se pierde más. '

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