compartir es reciclar

Noche invernal Alberto Llanes Página 06 Crisis de la razón capitalista Carlos Olmos Página 14 Lo que se desprende de la ciudad Ángel Kemmerling Página 28 Hacia una tercera cultura
Cinthia Campomanes

Página 34 El día que maté a un hombre El Arpa Página 48 Don Darío o del encuentro en Cherán Círculo Ometeotl Página 50

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ILUSTRADOR

tania cruz, ILUSTRADORA josé cortés, ILUSTRADOR monero ponce, marlene lanz, ILUSTRADORA guadalupe rivera, ILUSTRADOR pablo mojica, ILUSTRADOR alberto llanes, COLABORADOR carlos olmos, COLABORADOR ángel kemmerling, COLABORADOR cinthia campomanes, COLABORADORA el arpa, COLABORADOR luis moreno, MIEMBRO laura pizano, MIEMBRA ramiro santa ana, MIEMBRO diego velasco, MIEMBRO
Las ideas expresadas son responsabilidad del autor y no de la revista Colimotl

Colaboraciones y comentarios: ometeotl.cceh@gmail.com
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AÑO II NÚMERO IV 010812

Hola

B

AUTOR: CÍRCULO OMETEOTL ILUSTRADOR: JOSÉ CORTÉS

ienvenidas(os) al cuarto número de Colimotl; quisimos que sus límites se extendieran, por lo que encontrarán textos producidos en Xalapa, Veracruz: El día que maté a un hombre, Lo que se desprende de la ciudad y Hacia una tercera cultura. Y otros más originados en tierras colimotas: Noche invernal, Crisis de la razón capitalista y Don Darío o del encuentro en Cherán. Todos son diferentes entre sí, de modo que asociarlos sería un trabajo forzado. No obstante, pensamos que comparten algo de lo que hemos estado llamando «cultura libre». Ese algo es el trabajo en comunidad, es decir, saber que el discurso que manejamos en Colima no es el mensaje mesiánico que iluminará a todos los lectores de Colimotl. Creemos en la necesidad de construir un conocimiento que concilie las cosmovisiones de distintas regiones del país que experimentan diferenciadamente tanto los dolores que golpean México y el mundo como las alegrías que trazan sonrisas y sueños.

Por si gustan de ficciones les ofrecemos tres relatos. Agucen sus oídos para escuchar Lo que se desprende de la ciudad, un aglomerado de voces citadinas que nos recuerda una parte de nuestro contexto que todavía nos cuesta aceptar; crudeza al borde del cinismo bajo el halo de la normalidad propia de una charla entre amigos. Luego, seremos cómplices de la ambición de un escritor en El día que maté a un hombre, ¿será que no deberíamos hablar de invención sino de emulación? Finalmente, en Noche invernal aparece un personaje-fantasma, visión huidiza que transita en la memoria de las palabras y del deseo. A veces la literatura provoca realidades que escapan del rigor lógico. Pero también en ocasiones los hechos tangibles son tan difíciles de comprender hasta el punto de parecer inventivas ficcionales. Un ejemplo es lo que está sucediendo en Cherán, municipio michoacano, donde detrás de un manto de desinformación hay personas que ante la impotencia de no poder hacer valer su voz se organizaron para autogobernarse, en lugar de conservar sus esperanzas en la «democracia» mexicana. La crónica Don Darío o del encuentro en Cherán se antoja para jugar con la idea de que la ficción tiene algo de real y viceversa.

Por otro lado, el ensayo Hacia una tercera cultura revisa algunas obras canónicas en lengua inglesa que fueron traducidas al español por Sergio Pitol y reconoce el valor de la creación literaria y de la traducción, así como la íntima relación entre ellas. Al mismo tiempo nos invita a posar una mirada analítica sobre el conocimiento para concebirlo como la unión entre Arte y Ciencia. Tal actitud crítica se materializa en Crisis de la razón capitalista donde hallarán un metaanálisis del capitalismo, así como el planteamiento de reestructurar los paradigmas que se han promovido para criticar este sistema que nos toca vivir. El texto incita a ubicar las categorías que hemos adoptado en nuestras circunstancias concretas y revalorizarlas para ver si vamos por buen camino o hay que modificar los puntos de partida y de llegada que orientan nuestras acciones. Deseamos que su curiosidad mueva las siguientes páginas, que sus ideas dialoguen con las aquí expuestas, que nuevas inquietudes despierten y que su lectura sea el momento de posicionarse en nuevos ángulos para mirar y disfrutar la vida. Que gocen, así, de la cultura libre.

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AUTOR: ALBERTO LLANES ILUSTRADOR: CÍRCULO OMETEOTL

n toquido extraño en la puerta de mi casa, como de alguien que trae prisa, me sacó de un sueño profundo.

Por fortuna hace tiempo vivo solo y no tuve ningún problema con mujer alguna con quien compartiera el lecho y se sobresaltara tras la estampida de golpes que se superponían uno tras otro con cierto frenesí. Luego de levantarme, muy a mi pesar (era la primera vez que lograba conciliar el sueño gracias a una dosis importante de Diazepam tras dos meses enteros de insomnio), me dirigí a la puerta para ver de quién se trataba. En el umbral, una ex novia de mi época de bachillerato era la que había sacudido mi sueño. Sin más preámbulo me dijo que venía a tomar unos tragos, así que sin decirme nada, ni cómo consiguió mis datos, mi dirección, o si estaba ocupado o no, entró como una estela húmeda que se cuela por algún resquicio dejando una sensación gélida a su paso. La piel se me enchinó, una extraña sensación me recorrió en fracción de segundos de cabeza a pies. Era algo que no podía comprender pero sí, ahí estaba, en mi casa. La mujer llevaba una botella de whisky porque recordaba que era mi bebida favorita.
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Cerré la puerta con calma y fui tras ella. El ambiente se tornó gélido tras su presencia. Sí, sí recuerdo su nombre pero… se volteó a verme y me extendió la botella al tiempo que con sus labios tocó los míos y me dijo que iba al congelador por hielos. Tanto su beso como su convicción y su visita (entrada la madrugada) me dejaron igual que los hielos que iba a traer para beber ese primer trago de… hacía exactamente, si mi memoria no fallaba, diez años que no la veía ni sabía nada en concreto de ella, de cuando en cuando algún mensaje por alguna de las redes sociales de moda que utilizamos para estar en contacto con ciertas personas que dejamos, por una razón u otra, de ver, pero nada más. Nuestros mensajes se limitaron a cada año desearnos feliz día por nuestros cumpleaños y hasta ahí. Recuerdo que salió de mi vida de una manera peculiar que, ahora que hago memoria, en aquel momento me dejó igual que los hielos que iba a traer en este instante del congelador, complemente helado… frío. Regresó del congelador con un par de vasos repletos de hielo, hundió, con muchísima seguridad, a la mitad de los vasos el whisky y el resto lo completó con agua mineral. Tenía presente cómo me gustaba y la cantidad necesaria para ponerme a tono. Todo lo recordaba a la perfección, cual si hubiera sido ayer la última vez que la hubiera visto. Sus movimientos eran automáticos y con seguridad por todo el espacio, sabiendo a la perfección dónde estaban las cosas en mi hogar. Todo lo hacía como si ella en realidad fuera la señora de la casa y esos diez años los hubiera vivido allí, a mi lado.

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Narrativa

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A pesar del tiempo se veía espectacular, mucho mejor que hace diez años cuando la dejé de ver. El tiempo le había sentado de maravilla y traía un color blanco (pálido) que resaltaba más su rostro y sus ojos de un negro fijo… firme, haciendo juego con su cabello que, negrísimo, iba agarrado en una coleta que me fascinaba cuando éramos novios y que engalanaba con parsimonia su cabeza. Fue entonces cuando dejé el sopor que me había causado su extraña presencia y empezamos una amena charla entre trago y trago. Continuamos nuestra historia en el episodio donde la habíamos dejado diez años atrás cuando nos dimos cuenta que, si tuviéramos un hijo, llevaría, cosa curiosa, los apellidos de mi padre al combinar ambos al momento de la mezcla. En ese justo momento desapareció de mi vida para siempre hasta ahora, diez años después que hizo acto de presencia en la puerta de mi casa tocando como cuando alguien trae prisa, sacándome de un sueño profundo que estaba teniendo tras un tiempo importante de terrible insomnio, para tenerla frente a mí, con su hermosura fría y un vaso de whisky en la mano para brindar por... Se sentó en mi sofá favorito con su cabello negro y su piel totalmente blanca (no sé porque este estilo de mujeres siempre me han parecido tan… exquisitas) y puso su mano en mi pierna. Sentí un frío tan violento que, una ráfaga exquisitamente extraña y húmeda, recorrió de nueva cuenta mi cuerpo entero. No dejaba de reír cuando le contaba algún pasaje perdido-vivido tiempo atrás, cuando por fortuna nos puso el destino uno delante del otro y las experiencias, los recuerdos… llegaban a mi mente y los sacaba a

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colación. Estaba preciosa, incluso más que antes… mucho más (como dijera aquella vieja canción). El tono de su piel blanca le daba un aire gélido, vampírico me atrevería a decir, pero hermoso, sensual e invitador. Me dijo que se había ido a vivir a un lugar que tenía inviernos terribles y que añoraba volverme a ver, a estar conmigo como ahora… a mi lado. Al observar sus labios noté que tenían un tono morado anormal pero pensé que el hielo del whisky y el frío (especialmente intenso de esa noche) tenían algo que ver con esa coloración en su boca. Agotamos más allá de la mitad de la botella en pocos minutos. El agua mineral se terminó y tuvimos que beber el resto en las rocas. Entonces ella se levantó, quitó su mano de mi pierna dejándomela helada y fue directo al baño sobrellevando una especie de áurea… halo gélido por toda la estancia, tanto que si hubiera tenido chimenea no me hubiera quedado más remedio que ir a encender… la pasión. A su paso con dirección al baño lanzó un beso que se cristalizó en el viaje a mi boca y me golpeó con áurea totalmente congelada, cubetada de agua fría, o como una estalactita de hielo que se me hubiera clavado en los labios luego de haber sido lanzada con precisión mortal de amor. Y sin decir más se introdujo. Pasaron algunos minutos que aproveché para beber el resto de mi vaso cuando el ruido del picaporte de la puerta del baño atrajo totalmente mi atención. En el umbral ella posaba en ropa interior como sólo lo hubiera hecho la señora de la casa luego de beber unos tragos y querer un poco de acción romántica.

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Quedaba claro que no sólo sabía los movimientos y lugares y resquicios y dónde estaban las cosas en la casa, también sabía perfectamente qué es lo que quería y quería amarla. Amarla hasta que me dejara escarchado y helado de amor, del más frío que pudiera tener y guardar para mí. Sin decir nada más se introdujo a la recámara, se metió al lecho que destendió con parsimonia y la invitación a compartirlo con ella fue el paso siguiente. Tomé en mis manos otro trago que serví de manera casi automática y fui tras ella como huyendo de una avalancha de nieve. Con su voz helada me invitó a despojarme de todo ropaje y a hundirme en la cama a su lado. Caminé hacia ella en estado de total calentura, como afiebrado y con el corazón dando vuelcos. De tan caliente sentí una quemazón como cuando un hielo quema en las manos o en el cuerpo entero. Así me sentí. Una vez dentro del lecho tirité de frío y me castañearon terriblemente los dientes. Se puso por encima y dijo que no me moviera. Noté que se había desnudado totalmente. No sé en qué momento ni cómo le hizo, pero me esperaba desnuda, desnuda y fría encima de mí. Al entrar, otra vez después de tanto tiempo en ella, sentí una sensación conocida pero esta vez un témpano me recibió que de tan frío… quemó. Hielo y fuego… fuego y hielo al mismo tiempo. Empecé a sudar frío en tanto entraba y salía… pero ella misma, yo no (yo estaba inmóvil como me había dicho), ella se movía arriba abajo abajo arriba con frenesí. Sus besos eran congeladas o bolis en mi boca
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que me partieron los labios en tanto yo todo lo veía azul. Al llegar al éxtasis estallamos a un mismo tiempo. Eché aguanieve por los poros del cuerpo y se tumbó entonces a mi lado exhausta… fulminada por una terrible capa de nieve o un bolo que nos golpeó a los dos y nos dejó sin sentido. Sin mediar media palabra nos internamos en un sueño lleno de frialdad que de tanto, resultó húmedo porque amanecí escarchado de una fina película de hielo en todo el cuerpo. Al despertar con el día clareando y con un poco de gripe por la helada nocturna que viví, mi dama se había ido de la casa como hace exactamente diez años me dejara de la misma manera tan abrupta como lo hizo ahora. En el buró una nota me pegó como una bala fría cuando le di lectura. Estaba escrita con tinta indeleble color azul bloque de hielo o azul frialdad y congelamiento terrible del alma. El texto estaba telegrafiado, como de alguien que trae prisa y toca a las puertas de las casas de manera intempestiva y despierta a las personas que no pueden dormir por culpa del terrible insomnio: Fuíme. Recordé apellido de hijos y situación por la cual separación. No logro superarlo. En nevera agua mineral, fui por ella. Whisky sobre la mesa. Besos fríos. Dentro de diez años podemos volver a encontrarnos. Quizá. Y guardo esa nota como referencia de aquella noche helada o cuando alguien asegura que sólo se trató de un terrible sueño…eso sí… un sueño terriblemente helado… congelado diría yo.
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AUTOR: CARLOS OLMOS ILUSTRADOR: MONERO PONCE

uiero agradecer la invitación que me han hecho para venir a participar en este acto académico, pero sobre todo por haberme compartido el estudio del profesor PALOMO GARRIDO Aleksandro, La crisis de los valores en la globalización. El declive de la moral capitalista. (VDM Verlag Dr. Müller, Inglaterra 2008) 420p. Un libro muy bien elaborado, en su forma y en su fondo, escrito con pulcritud y lucidez, que no sólo instruye sino que también alecciona. Y algo más: es un libro que desafía al lector (y qué bueno), de modo que uno no puede sino agradecerlo, y por supuesto felicitar a su autor. Es un buen ejemplo de seriedad académica, que muestra la urgencia de reivindicar el quehacer intelectual, más allá del regodeo profesionalístico en que casi siempre se instala. En efecto, «desenmascarar» la realidad y los sofismas, según Aristóteles, es la labor y tarea del filósofo. Cuatro son los momentos de que consta este libro: primero, una mirada diacrónica o genealógica de la sociedad capitalista actual. Luego, otra mirada sincrónica, advirtiendo sus características y sus efectos, sobre todo en el campo moral-axiológico. Enseguida una evaluación crítica del capitalismo global, en casi todos sus aspectos y formas. Finalmente, una clave de contestación a la cultura que resulta del capitalismo y sus trampas. En mi intervención haré sólo alusiones puntuales de autores y temas en atención a la brevedad que corresponde.
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1. Tiempo de comerciantes

Según el autor, hubo un tránsito paradigmático del éthos que resultaba del discurso religioso (no ciertamente, monomórfico) a un nuevo éthos esencialmente capitalista (otro tiempo de comerciantes): el retiro y declive de las religiones (secularización y muerte de Dios), sobre todo en la Europa industrializada, dio lugar a nuevas referencias axiológicas surgidas del auge de la economía capitalista de mercado, y a la cosmovisión que de ahí deriva. El enfoque aquí (el «malestar» de las religiones, o bien la consigna maoísta: «la religión es veneno») es el que se remonta a Hume y Turgot (en el siglo XVIII), a Comte, Feuerbach y Nietzsche (en el siglo XIX) y a Russell y el Círculo de Viena (en el siglo XX). Es además el discurso filosóficamente «correcto» en la Europa ya rica, y también en la España eurounida. En México, el liberalismo decimonónico de V. Gómez Farías y G. Barreda, nos acostumbró a esos términos, convertidos en cliché de vanguardia ideológica. En Europa es casi una declaración de principios, para no exponerse a la mirada sospechosa o al desaire académico. Así se explica el éxito editorial de autores como Michel Onfray y Philip Pullman, difusores entusiastas de este enfoque (ateísmo victoriano, le llamó John Gray), inofensivo para la mentalidad capitalista progre. Ya sabemos que toda genealogía elige sus eslabones, y que el esfuerzo de objetividad no exime (a nadie exime) de filias y de fobias. El prejuicio, dijo Derrida, nos sigue (ya Einstein había dicho que es más difícil desintegrar un prejuicio que desintegrar un átomo). Y aun con el halo de verdad que esta genealogía tiene, creo, no obstante, que en este rubro (lo religioso) hay matices, de forma y fondo, que implican una complejidad mayor (ej. De la religión de B. Constant y The Varieties de William James), incluso en

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planos no teológicos (no se diga exegéticos), como el histórico o el antropológico ( ej. Jean Delumeau, Giorgio Agamben, Paul Ricoeur). Matices ajenos, generalmente, a la actual vulgata iconoclasta. Simplifico: No creo que advertir la influencia helenística en textos neotestamentarios resuelva el entramado de su fondo, ni que las resonancias estoicas o cínicas definan el contenido de su mensaje. O que la declaración de mito solucione de raíz el fenómeno religioso (ni siquiera lo fue para Bultmann y sus seguidores). Tampoco que el sufrimiento sea categoría construida arbitrariamente (y que eso sea una respuesta), o que la disyuntiva (aut-aut) del tardopositivismo entre fe y ciencia sea el único planteamiento epistemológico (pienso en Carlo Rubbia y Michael Polanyi). O bien que la creencia religiosa implique per se el desprecio de la vida y el mundo presente. Y menos que la fe signifique, en todos los casos, la aceptación pasiva e ingenua de una doctrina asfixiante y opresiva.

sensatez no anula la inteligencia, antes la implica, de manera que seamos libres...

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Por mi parte, diría con Chesterton que la creencia religiosa acaso me ha pedido que me quite el sombrero, pero no que me quite la cabeza. La lección ejemplar del espíritu de la filosofía (maestro severo) es que la sensatez no anula la inteligencia, antes la implica, de manera que seamos libres de nuestras propias certezas, a salvo de la tentación dogmática y del, así llamado, afán sucursalero. Dice Montaigne: «es necia presunción desdeñar y condenar por falso cuanto nos parece inverosímil, vicio ordinario de quienes piensan tener un entendimiento superior al común (quelque suffisance outre la commune)» (I, XXVII). Además, el trasfondo del actual capitalismo europeo no es el mismo que en otras latitudes del mundo capitalista (aunque se parezcan mucho las élites en todos lados), como la Norteamérica rica, las Áfricas, el Oriente asiático, Latinoamérica, etc., como se ve en los estudios de Samir Amin, por ejemplo.

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Y recordemos que ya Rousseau y Novalis, lo mismo que Constant y Alexis de Tocqueville, deploraron en su tiempo el predominio nefasto de la lógica capitalista en un periodo de incipiente capitalismo, que no era todavía el que Karl Marx analizó a mediados del siglo XIX.
2. Economía canalla

Creo que podemos ubicar el momento presente, que muestra las miserias del capitalismo global, como una fase del proceso que ha tenido el Discurso crítico en occidente en el siglo XX y lo que va del XXI (es una secuencia personal, por supuesto).
Primero, la radiografía sociocultural o «diagnóstico de la época», a principios del s. XX, en la obra de Simmel, Sombart y Weber. Segundo, la revisión que hizo la Escuela de Frankfurt (Horkheimer y Adorno, principalmente) de la Ilustración y sus claroscuros. Tercero, la cratología o análisis del poder y las instituciones, en los años posteriores, en la obra de Foucault. Cuarto, el discurso del fin de los así llamados metarrelatos de salvación o filosofía de la posmodernidad,

en Calinescu y Lyotard, Habermas y Vattimo.

Y quinto, el paso teórico cualitativo a la crítica del capitalismo triunfante (del Welfare State, estado de bienestar, o de signo thatcheriano) en el mundo posbipolar: R. Sennett, S. Zizek, Ch. Taylor, A. Giddens, A. Negri. En un nivel más divulgativo pero serio: Z. Bauman, P. Bruckner, T. Eagleton. En México, Iván Illich, Adolfo Sánchez Vázquez y Enrique Dussel.
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Sin duda, hoy por hoy, la crítica de la razón capitalista global, con sus manifestaciones y consecuencias, es la asignatura más importante y más urgente de la filosofía y las ciencias sociales en general: poner al descubierto el fondo falso e inhumano del éthos capitalista. En palabras de Easterlin, el triunfo del crecimiento económico «no es el triunfo de la humanidad sobre las necesidades materiales», todo lo contrario, «es el triunfo de éstas sobre la humanidad». En efecto, la cultura del nuevo capitalismo, con su espejismo de mercaderías y de marcas; sus engaños especulativos y su voraz afán de lucro y de distancia social; su iconolatría burda del éxito (The Winners, win-win) y su legitimación de la codicia; con sus tretas para «lavar el cerebro» (brain washing) e inventar necesidades o inducir los deseos; su mundo cosístico; su felicidad oficial de centro comercial (pop hedonism); su sociedad de élites

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ricas y de mayorías empobrecidas, legalmente justificada; su círculo tramposo del PIB como medida de progreso y bienestar y el uso deshonesto del concepto de desarrollo; su obsesión competitiva y su páthos consumista desprovisto de sentido de comunidad; su control del Estado político y de los medios de difusión de mercaderías; su imperativo de la diversión y su vacío de zapping…Todo ello aboca necesariamente en el eclipse de sentido, en una nueva forma de barbarie y de nihilismo: un nihilismo de luces de neón, que brilla afuera toda la fatiga y depresión que esconde dentro. El «miedo líquido» (Z. Bauman) es su ánimo cultural; «prozac», el medicamento antidepresivo, su símbolo (A. Ehrenberg). La pulsión bélica-comercial (Think tank) se combina con la «mentalidad rosa» (pink Think), y se instala en la indiferencia confortable del mundo burgués capitalista, si es que se está «dentro», por supuesto: extra mercado, nula existencia: «Ontología burguesa», nada menos. Por eso, la globalización es en realidad globalitarismo, biopoder que todo lo que toca lo despersonaliza y lo degrada. «Terrorismo financiero» le llamó V. Forrester; «Apartheid capitalista» Peter Sloterdijk; «Economía canalla» Loretta Napoleoni; símil de la tercera guerra mundial, Vicente Verdú.
3. Éxodo

Porque precisamente: «allí donde los economistas ingleses vieron una relación entre cosas (cambio de una mercancía por otra), Marx vio una relación entre personas», escribió Lenin. Es a partir de aquí que hay que poner al descubierto la injusticia fáctica e inherente del éthos capitalista. No es verdad que la economía de mercado capitalista sea «éticamente neutral», como dijo L. Robbins, o que la «mano invisible» del mercado (Adam
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Smith) esté exenta de nombres propios y de responsabilidad (la bandera de Sen). Acaso uno de los daños mayores del éthos capitalista, sea el habernos quitado, poco a poco, la capacidad de concebir otro modo de vida humana y de felicidad; otro tipo de mercado social; otro ejercicio del poder; otro alcance de la democracia y los derechos humanos; otro género de estado político; otras formas de convivencia y de trabajo; otro concepto de naturaleza; otro enfoque de educación y de universidad, gradualmente asimilada a la empresa, que no ve en ella más que una maquiladora de profesionistas en función de su mercado y con su misma mentalidad (la desintelectualización manifiesta de los estudios universitarios ha hecho del otrora «currículum oculto» un currículum inculto). De bien poco sirve una visión edulcorada y retórica del trasfondo de la sociedad capitalista global, del tipo que circula entre quienes se dicen preocupados por los valores (autoridades, instituciones, empresas, «marcas») pero sin cuestionar el fondo y sin salirse del mundo pequeño burgués, ni mucho menos: autoestima, éxito, liderazgo, optimismo de tono mediático (fun morality), afán de superación, espíritu emprendedor, ecologismo (deep ecology), yoga y fitness, etc., que no incomoda ni estorba a nadie. Incluso, la rehabilitación de A. C. Pigou a la que apela Amartya Sen (valores dentro del capitalismo) se ubicaría en este mismo tono. A diferencia de Rousseau y Alexis de Tocqueville, a nosotros nos corresponde, a posteriori, asumir una contestación y un talante consecuente, frente a la cultura cosificante y narcisista del nuevo capitalismo. Aquí, toda apología del éthos capitalista es complicidad.

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El autor de La crisis de los valores en la globalización busca y encuentra una salida (un éxodo como Paolo Virno, no un escape) que nos permita otro modo de percibir y percibirnos, que nos involucre en una dinámica personal y social, que no tenga las características de la ontología burguesa, su mentalidad y sus prácticas. Él encuentra la clave en un talante cifrado por la cooperación, que contrarreste el afán competitivo y egótico, del que se nutre la lógica capitalista. Ayudándose del ya clásico «dilema del prisionero», de Robert Axelrod (evoca la primera implicatura conversacional de Grice), muestra la necesidad ética y humana, de crecer desde la confianza y la reciprocidad, desde los nexos que estimulen a generar el nosotros radical, que se ha ido diluyendo en la sociedad individualista del capitalismo global. A este propósito, creo que asistimos en los últimos años a una sintomática convergencia de sugestiones, en torno a lo que parece ser la recuperación de la tercera tarea

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del lema de la revolución francesa: luego de la libertad (irrenunciable pero históricamente cómplice de injusticias y egoísmos) y de la igualdad (también irrenunciable pero igualmente cómplice de tiranías variopintas) queda la fraternidad, es decir, la posibilidad y el reto de organizar la vida personal y comunitaria con criterios no egóticos, no cosísticos y no autoritarios, sino cimentados en la prioridad de las personas, y éstas definidas en su condición fraterna: sin violencia, sin racismos de ningún tipo, sin arrogancia, sin envidia, sin humillación, sin opresión, sino con respeto, cuidado y responsabilidad mutua. Otra modernidad, altermodernidad. En esa convergencia, se reúnen las propuestas de pensadores diversos, teniendo como antecedentes las de J. Rawls, J. Derrida y H. Jonas, principalmente, que reivindicaron la teoría de la justicia, de la amistad y de la responsabilidad social o alteral, respectivamente. Cito aquí, sucintamente, algunos de ellos: A. Etzioni (responsabilidad comunitaria y espíritu de cooperación), R. Sennett (talante cooperativo artesanal), T. Eagleton (generosidad y ágape o amor benevolente), D. Jacques (humanismo no iluminista y ética de la compasión), D. Innerarity (ética de la hospitalidad), T. Todorov (humanismo activo, y espíritu de servicio), P. Sloterdijk («expulsión de mercaderes» y recuperación de lo vital común, koinós bios), Josep María Esquirol (vida austera, y ética del respeto y la humildad). En ese mismo sentido van los recientes trabajos de Zygmunt Bauman y de Vicente Verdú. Bauman (en El arte de la vida) propone un giro hacia una ética de la otredad centrífuga (no egocéntrica), en la línea de E. Levinas. Verdú (en El capitalismo funeral) advierte con beneplácito las reacciones no escolares sino socioculturales, de la, así llamada, «Nueva modestia» (Zero Euro attitude, Zero prestige) en países desarrollados, como rechazo abierto del capitalismo globalitario.

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Destaco entre todos ellos a Antonio Negri y su revisión epistémica (son sus palabras) de la ética social, en el contexto presente, sobre todo su insistencia en el rubro de la disposición cooperante, como expresión de lo común, que dinamiza la existencia humana en la dirección de la confianza y de otro estilo de vida que surge de la opción por la pobreza («la fuerza de la pobreza», en sus palabras), que no aspira ni a acumular ni a dominar a nadie, condición que sí permite la experiencia de la libertad (no la domesticación de la sociedad administrada y consumista) y un nuevo éthos de convivencialidad, humana y ecológica, donde es posible, dice Negri, el amor, «la dimensión ontológica del amor», la «potencia ontológica del amor», según sus términos. Nos recuerda los mejores desvelos de Iván Illich y Arnold Gehlen (nada que ver con la retórica de los fundamentalistas de la economía de mercado, en sus diferentes tonos).

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Ignoro si la «mano invisible» del capitalismo global ha mimado o no al autor de La crisis de los valores en la globalización. En cambio, por éste su libro, podemos saber que si se ha quitado el sombrero, no se ha quitado la cabeza. *Del libro del autor, Brevedario y otros ensayos filosóficos, recientemente publicado por la Universidad de Colima. Conferencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Colima el 25 de agosto de 2009. Publicado en el suplemento cultural Altamar no. 296, Colima, 30 de agosto de 2009, pp. 6-8; y en la revista Cátedra no. 10, Colima, Universidad de Colima, 2009, pp. 98-103.

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AUTOR: ÁNGEL KEMMERLING ILUSTRADORA: MARLENE LANZ

Supiste del cabrón que mataron en el Centro? No viejo, qué onda, qué pasó. ¿Por qué se lo quebraron? Pues así seguro quién sabe, sólo supe que lo mataron en pleno Centro unos tipos que iban en coche. Y eso, ¿lo atropellaron? Nel carnal, lo balearon. Órale, no pues sí estuvo feo. Feísimo. Nadie supo ni qué pedo. Conozco a un cuate que chambea en una tienda de deportes, casi enfrente de donde pasó el desmadre y medio vio. Dice que sólo alcanzó a ver que dos cabrones se hicieron de palabras, escuchó la detonación, se tiró al suelo y no vio más. Cuando llegaron las patrullas y las ambulancias no había pero ni señas de los matones. Según, todos los que pasaban por ahí se quedaron bien pasmados y ni pío. No pues qué gacho. Pero digo, a poco nadie vio siquiera el coche. Yo creo que no, al parecer sólo al muerto y de ahí en más, nada. Y si vieron ni hablarán. Ya ni se investigó por falta de pistas, dicen. Las calles de esta colonia a veces me dan miedo. Sobre todo de noche. A pesar de ser un enredijo de caminos estrechos y callejones con escaleras, es difícil no perderse. Uno camina sobre ellas y mira alrededor: nadie. Generalmente la gente se amontona sobre las avenidas principales y en las esquinas donde venden antojitos y cuanta cosa. Pero yo no vivo cerca de esas avenidas y siempre tengo que andar entre este enredijo. Todo se ve
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muy tranquilo, pero siempre pasa algo. Asusta más la calma, porque como que precede a lo malo que va a pasar, y sí, siempre ocurre algo. No sé cómo sea en otra parte, pero aquí así es. Por eso me la vivo encerrado. De la casa a la escuela, y de la escuela a la casa. Las sirenas suenan a cualquier hora, y ni idea sin son policías o ambulancias. Luego una de cosas raras, se oyen tiros bien cerca. De veras que ya ni se sabe lo que pasa. Por ejemplo, asómate, ¿ves a esos tres tipos de la esquina? Ya llevan rato ahí, y en toda mi vida de vivir en este lugar jamás los había visto. Con toda seguridad nadie de por aquí los conoce, porque la casa de la esquina frente a donde están lleva como cuatro años deshabitada. Y como podrás darte cuenta, detrás de ellos sólo hay árboles. A ratos se rascan la nariz con una llave, eso es raro. En fin, me causan desconfianza. Mejor hay que dejar de verlos; cerraré las cortinas, no vaya a ser que... ¡A la madre, ya estoy bien pedo carnales! Qué esperabas mi gordo. Ya llevamos cartón y medio entre los tres; lo bueno es que es domingo. Sí verdad, ¿y qué hora es? Ya van a dar las seis. No chingues, llegamos como desde las dos y media, ¿no? Así es. A la madre, con razón. Ten cabrón, date unos llavazos pa’ que aguantes, te toca. Eso es todo mi Pinto, me late. Vaya vaya, miren quién viene, el pinche Chango. Ven a pegarme un abrazo Chango. Te voy a pegar tus vergazos qué. No se te quita lo alburero Pinto. Jajaja, no te enojes. Y ese milagro que te dejas ver. Voy a mi casa, vivo cerca de aquí, sólo que casi nunca rolo por estos rumbos pero hoy me quise venir por acá. Ah chingá, no sabía. Tú nunca sabes nada Pinto. Y

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ustedes, qué andan haciendo por mis rumbos. La Corcholata contestó: pues nada, que andábamos bien picados; compramos cartón y medio de caguamas y nos venimos aquí. No pues sí andan encarrerados. El Barril se incorporó, se guardó las llaves y lo saludó: Qué onda mi Chango, hace rato que no te veía. Sí verdad, pues ya ves, de pura cagada nos topamos. Le estiró la cerveza. A webo que sí, dijo, y le pegó un tragote. El Pinto sacó una bolsita y se la arrimó al Chango: ponte. Al Chango le brillaron los ojos y se puso unos llavazos. Vamos por otro cartón. Pero si ya estás bien derrotado Barril. ¿Y entonces para qué me pasaste el perico pinche Pinto? Si ya ando al pedo. A webo, esa es la actitud. Aparte el Chango nos va a hacer compañía verdad. Cuándo les he quedado mal. El Corcholata se puso todavía más contento y se fueron por otras cervezas. Con la misma regresaron y destaparon una para cada uno. A medida que bajaban las cervezas, se turnaban la bolsa del perico. Al Barril fue al que se le salió: ¿Te acuerdas del taxista Pinto? Y se rio a carcajadas. Cállate pendejo. Ya pinche Corcholata, eres re puto. Si fue gracioso. Pues, en parte, pero cállate. A ver, qué pedo, qué pasó. Ya ves imbécil, por andar de hocicón. Ya ya, cálmense los dos. Es el Chango, no hay pedo, dijo El Pinto. Y se siguió, contando lo que sucedió: Hace como semana y media traíamos la nave del patrón. Veníamos de recoger el perico, y de entregar una parte. Yo iba manejando. Junto a mí venía Corcholata y en la parte trasera Barril y Gato. Todos andábamos hasta la madre de polvo. El Gato era el más pasado de todos. Ya íbamos para la casa, pero para llegar a webo debemos de atravesar el Centro. Ese día no había mucho tráfico, hasta

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parecía día libre. Eran como las once de la mañana. Ya sabes, todo tranqui. Pero te digo, veníamos hasta atrás de pericos. Y que me paso volando el retrovisor de un taxista. Yo ni cuenta me di sino hasta que el taxista se nos cerró y se bajó bien emputado a armarla de pedo por su retrovisor. Ni se terminó de desprender, estaba medio colgando de la puerta. Y el cabrón alega y alega por su retrovisor; y todos adentro sin agarrar el pedo. En eso le digo al Corcholata «Ya cabrón, dale un varo a este pendejo con tal de que ya se vaya a chingar su madre». El Corcholata le dio un fajo de billetes. «Cabrón, ¿tú crees que con eso me va a alcanzar?», que nos grita, pero ya no le hice caso por andar hasta la madre. «Ya cabrón, hay que acabar con esto y largarnos», dije. Nadie dijo nada: El Gato se sacó su escuadra debajo de la camisa, se bajó, le apuntó al taxista y lo mató. Sólo alcancé a gritarle al Gato, «No chingues cabrón, no decía acabar en ese plan, ya qué pedo, súbete, vámonos a la verga». Ni pata le metí al coche. Para qué. Eso nomás atrae la atención. Adentro le dije al Gato, «Loco, yo decía acabar en el plan de darle más varo a ese cabrón para que le llegara, no matarlo». Y que me dice «No mames, ¿en serio? Jajaja, pues ya fue». Y nos fuimos a las carcajadas todo el tramo. Ni le contamos al jefe. Nos cuelga. Pero bueno, lo chingón es que ni en los periódicos salió este desmadre. Así que míranos, tranquilos y echando las caguamas, en honor del difuntito.
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AUTORA: CINTHIA CAMPOMANES ILUSTRADOR: CÍRCULO OMETEOTL

Todo experimento brillante, al igual que toda gran obra de arte, comienza con un acto de imaginación.

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–Jonah Lehrer

:45 pm. Julio Ramón, después de haber cumplido con su faena como profesor, se dispuso a realizar su labor espiritual, escribir. Entonces, le vino la ansiedad, el sudor en las manos, el estupor: las ganas de un cigarrillo. Sólo uno, un maldito cigarro. No, no lo hagas. Eres un hombre de fe o por lo menos, consciente de que tienes un cuerpo que se reducirá a cenizas si sigues por el camino del humo. No. Entró a su cuarto, se tiró en la cama, cerró los ojos. Se dispuso a pensar, pensar lo que fuese, talvez llegaría la revelación que alejara la nicotina de su mente. Había sufrido ya bastante a causa de fumar. Lo que en principio había sido un hábito, luego un rito, ahora era una pesadilla. Lamentaba su incapacidad para escribir sin cigarros. No concebía su oficio de escritor sin exhalar humo por la boca. No. La revelación llegó: una teoría filosófica. Una en la que Empédocles era el genio y proponía cuatro elementos fundamentales de la naturaleza:
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el aire, el agua, la tierra y el fuego. Para Julio Ramón el ser humano tiene contacto directo con todos los elementos, excepto el fuego. El aire se respira todos los días, el agua ocupa la mayor parte del cuerpo, la tierra brinda alimentos. Pero, ¿y el fuego? No hay relación directa con él. De ahí el milagro del cigarro, pues éste es el mediador entre el fuego y el hombre. El escritor se paró de un salto de su cama. Se vistió su chamarra y salió por una cajetilla a la tienda más cercana. Al regresar, después de haberse quitado la chamarra, se sentó en su escritorio, encendió un cigarrillo y empezó a escribir. En el relato Sólo para fumadores del peruano Julio Ramón Ribeyro, somos testigos de cómo el artista –el creador-, se procura el sentido, la razón de ser de su condición de fumador, mediante una lógica que lo ayuda a calmar su ansiedad. Inventiva elocuente, justificación o absurdo, pero también -y es lo que aquí interesaejercicio del principio de la fenomenología: la reflexión en torno a un objeto o fenómeno. Sorprenden los medios del Hombre para conocer, conocerse. Si los saberes –científicos, sociales, artísticos, metafísicos, por mencionar los más comunes- no han colmado –calmadosus expectativas es a causa de cómo sus cuestionamientos varían de acuerdo a sus circunstancias. Siempre hay algo más allá de nuestro entendimiento. El escepticismo, además, gobierna la mente humana. El deseo por descifrar el misterio de la existencia se vuelve un acto de fe. Psicología, Historia y Literatura se asisten para ensanchar el conocimiento de la

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naturaleza del individuo. No hay divorcio: todo hombre es un Adán en el Edén, todo hombre vuelve a ser natural, único, toda vez que este hombre «ignorante» busque su propia esencia. Ahora bien, el asunto de entenderse a sí mismo sirve además para lograr la comunión con los otros, la integración del «yo» al colectivo y de éste al individuo. Practicante infatigable de este arte vital es ese demiurgo de nombre escritor; «la literatura», afirma Guy Davenport, «pone dentro de nosotros el mundo que está fuera». A su vez, Jonah Lehrer, nos dice que sólo el artista, «expresa lo que vemos por dentro». Más aún, continúa Lehrer, «puede explorar lo inefable sin ofrecernos una respuesta, pues a veces no existe ninguna respuesta». Pero incluso sin éstas, el artista convoca al diálogo con los otros, en esos otros mundos posibles, reales, infinitos. Tal es el caso de la literatura. «Cuentos de hadas», en palabras de Nabokov, que brindan un panorama de las épocas precedentes permitiendo empezar a reconocernos. Axial, para esta identificación,

Nuestra cultura Por desgracia, nuestra cultura actual parece suscrita a una definición de verdad demasiado estricta. Si algo no puede cuantificarse o calcularse, ese algo no puede entonces ser verdadero; y, como este enfoque científico ha explicado muchas cosas en el pasado, asumimos que puede explicarlo todo. Pero cualquier método, incluido el experimental, tienesuslímites. -Lehrer
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primero consigo mismo, luego con el otro, lo otro, es la traducción. «Las traducciones eran un obsequio por el que siempre sentiría gratitud. ¿Qué –más bien quién- sería yo sin Dostoievski, Tolstoi y Chéjov?», apunta Susan Sontag. «La traducción», continúa la autora de Contra la interpretación, «entonces, y en primer lugar, da a conocer mejor lo que merece ser mejor conocido: porque perfecciona, profundiza, exalta; porque es un indispensable legado pretérito; porque es una contribución al conocimiento, sagrado o de otro orden». Y, entonces, el hilo de Ariadna nos permite llegar no a la salida, sino al centro del laberinto, a proponer que la Colección Sergio Pitol Traductor cumple cabalmente dicha labor humanística. Pues llegar a culturas como la china, la polaca, la italiana, la inglesa, entre otras, es ir, viajar en el tiempo. Afición primordial de Pitol, que desde muy joven siguió el camino de su maestro Manuel Pedroso: leer, estudiar idiomas y vivir. Así llegaría a los clásicos, a iniciarse en la traducción, a inclinarse por la literatura en lengua inglesa. Una literatura que ha permeado tanto su escritura como su visión del mundo. «La tarea que me he propuesto realizar a través de la palabra escrita es hacer oír, hacer sentir y, sobre todo, hacer ver. Sólo y todo eso». Son palabras de Joseph Conrad que también ejemplifican la labor de Pitol. De todo lo anterior se puede inferir que adentrarnos en la adicción confesa de Sergio Pitol a los ingleses, ilustraría de manera orgánica cómo se trenzan arte, ciencia y humanidades. Veamos.

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Cruce de caminos

Jane Austen escribiría en Emma (1815) la premisa que describe la trama de su propia novela y la de Washington Square (1881) de Henry James: «Es raro, muy raro, encontrar la verdad completa en un descubrimiento humano; es rara la vez en que algo no está un poco disfrazado o un poco equivocado». Además de las tramas y el tono mordaz con que abordan sus historias, Austen y James experimentan con las psicologías de sus protagonistas: Emma Woodhouse y Catherine Sloper, quienes viven pasionales encuentros con la duda, la rivalidad, el error, la ilusión… antes de llegar a una madurez emocional. Sin embargo, sus pensamientos exaltados no comparten el mismo final. Por una parte, Catherine, la niña de la ciudad, siempre sumisa y dependiente, demuestra que no es precisamente vivir en este escenario lo que vuelve a los individuos, y en este caso a la mujer, un ser más autónomo. Mientras que Emma, en el mundo

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rural, desenvuelta y segura de sí misma, también ligada y fiel a su padre, procura el hallazgo de aquéllo que nutra su crecimiento individual. Y no hay reproches, pues a ambas se les presenta la oportunidad de madurar emocional y vivencialmente. A la par, Ford Madox Ford y Ronald Firbank también tratan las relaciones peligrosas. En El buen soldado (1915), de Madox Ford, John Dowell, a partir de un discurso fragmentario, rememora el suceso más importante de su vida, a consecuencia del amor y de la amistad. El telón se abre y las dos parejas protagónicas: el mismo John y Florence, Edward y Leonora, «gente bien», juegan a coexistir en la alta sociedad. Las mujeres, ejemplos de excelentes actrices, van a duelo con diálogos matizados por el orgullo, la vanidad y el dolor estoico. Los hombres a veces en su papel de verdugos, otras como víctimas, buscan explicaciones, las encuentran, vuelven a cuestionar. Todos entregados a sus pasiones. Un lastre que sólo soportan en su intimidad, y que de cierta manera los libera o, por el contrario, los angustia en demasía. Por su parte, Ronald Firbank en En torno a las excentricidades del Cardenal Pirelli (1926) hace uso de los secretos que celosamente guarda el hombre, pero con un tono florido para provocar, desde el principio, inmediatas especulaciones de lo que se esconde: personajes misteriosos, un tanto raros, apartados en los santuarios, bajo la tutela de su Dios, pero sobre todo, imbuidos de perfidia. El narrador, desde una óptica satírica, los dibuja henchidos de erotismo, deseo y lujuria. Los silencios que usa

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Madox Ford, Firbank los multiplica. Así, las frases se disparan para lograr una prosa rítmica. Con Firbank, no sólo son las metáforas las que funcionan para plantear nuevas formas del lenguaje, sino todo su mundo narrativo. Su extrañeza se logra gracias a esos silencios de los que el lector debe ocuparse para darle un significado a la lectura. Con estas novelas constatamos que Austen tiene razón: es difícil encontrar la «verdad completa». Antes bien, se descubren verdades, varias. El ingenio de la literatura, entonces, es similar al del método científico, ya que no aceptan resultados terminantes. Al respecto Lehrer señala que «Los hechos científicos son significativos precisamente por ser efímeros, pues una nueva observación, una observación más cabal, siempre puede modificarlos». Lo mismo con el espíritu literario. George Eliot diría sobre su Middlemarch (1872) tras haberla escrito: «simplemente una serie de experimentos sobre la vida, un intento de ver de lo que pueden ser capaces nuestro pensamiento y nuestra emoción».

El amor y la pasión Yo he llegado a hacerme muy cínico en estascuestiones; quierodecirquees improbable creer enlapermanenciadelamordelhombre o de la mujer. O, por lo menos, es imposible creer en la permanencia de una pasión temprana. -Madox.

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Por su cuenta, Henry James experimentó esta condición humana en La vuelta de tuerca (1898). Aquí, el autor se encarga de infiltrar cierta dosis de angustia a su protagonista, una institutriz que está a cargo de dos niños huérfanos. La sensibilidad de esta mujer se vestirá de horror para crear una fantasía de la que, en primera instancia, sólo ella participará. Será testigo de apariciones fantasmales de algunos de los sirvientes que también vivieron en la casa que ella ahora custodia. La historia jamesiana presta atención a un asunto que la ciencia ha tratado con tanto esmero: el desentono de la racionalidad, la irrupción de lo extraordinario en la naturaleza del hombre. Así lo ha hecho buena parte de la literatura. Ahí está «El Horla» de Guy de Maupassant o «Las ruinas circulares» de Borges. Ahí está Virginia Woolf quien, a decir de Lehrer se adelantó a esto, pues «se dio cuenta de que el yo emergía a través del acto de atención». De nueva cuenta la fenomenología es el instintivo para el flujo de conciencia. Ahora, la neurociencia moderna confirma el «yo» en el que creía Woolf, «Los humanos nos inventamos a partir de nuestras sensaciones». Entrados en los terrenos de ciertas exigencias existenciales, encontramos a Robert Graves con su autobiografía Adiós a todo eso (1929) y a Joseph Conrad con El corazón de las tinieblas (1902). Si bien sus recursos narrativos son distintos, ambos autores hacen una denuncia social sobre dos etapas difíciles para el mundo: La Gran Guerra y la supuesta «colonización» que

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se realizó en el Congo por parte de Europa. Hechos que los autores vieron con el acto de atención del que habla Woolf, y de los que inmediatamente sienten necesario desprenderse. Pues es un «yo» creado de sensaciones formadas en contextos de violencia y flagelación. La misma sentencia que le hace Pitol a Conrad aplica para Adiós a todo eso: «Gracias a la necesidad natural de comunicar lo vivido y a su incapacidad de compartirlo debemos el nacimiento de su obra literaria». Conrad en boca de Marlow, su álter ego, nos dice que fue en el país del marfil, en la tierra de los «salvajes infelices», donde ocurrió la gran tragedia. Éste es testigo de una humanidad corrompida, tal es el caso del señor Kurtz quien debido a una obsesión mortal, a un deseo insaciable de poder, se encuentra al borde de la locura.
Adiós a todo eso también describe las tinieblas de

En tanto que Graves, en la mayor parte de

la guerra. El hombre «civilizado», vuelve de nuevo a la ignorancia, puesto que éste no tiene conciencia del porqué de sus acciones, de la

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esencia de su ser. Graves también da cuenta de cómo el patriotismo se vuelve una burla para los que están en el campo de batalla. El orgullo de todo batallón se convierte en «la capacidad de mantener y elevar la moral de sus hombres como una unidad efectiva de combate». El deber de todo buen soldado inglés es «sencillamente combatir contra quienes el rey le ordenaba combatir». No hay Dios que gobierne donde reina la muerte. De nuevo, las poderosas tinieblas. El miedo es el alimento del alma. La convicción del hombre de guerra es coexistir con el enemigo en la niebla del caos. Las lecturas-catarsis, como las descritas arriba, provocan el acto de atención en el lector. Este principio fenomenológico se genera por las relaciones psíquicas, históricas y de imágenes que presenta el escritor. De ahí la importancia de la literatura. «La buena literatura» nos dice Mario Vargas Llosa, «tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan». Un vínculo que alcanza su cumbre gracias a la traducción, esa ciencia humanística en la que Pitol se ha especializado. Su pasión por las letras y toda una vida inmersa en la literatura no es la suma de necesidades, sino el resultado de posibilidades. Hurgar en la literatura es descubrir un Aleph. El acto de atención de la lectura despierta el espíritu crítico, la intuición y la imaginación del lector: «el motor del progreso» según Vargas Llosa.

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Ahora bien, para que el progreso se dé es necesaria la comunión entre Ciencia y Arte. La falta de fe de una como de la otra es la negación al diálogo en un universo que compete a ambas partes. Habría, entonces, que repensar cómo llegar a la solución que plantea C. P. Snow: la formación de una tercera cultura, la cual pretende llenar el «vacío de la comunicación» entre las dos culturas: Ciencia y Arte. El primer paso, creo, es la tolerancia. Después hacer uso del espíritu crítico, sin que esto implique desdeñar a la primera. Antes bien, dialogar, colmar el «vacío de comunicación». Pues si vamos a los orígenes descubrimos, que la Ciencia y el Arte tienen el mismo propósito: descifrar el misterio de la existencia.

La existencia No, es imposible; es imposible comunicar la sensación de vida de una época determinada de la propia existencia, lo que constituye su verdad, su sentido, su sutil y penetrante esencia. Es imposible. Vivimos como soñamos... solos -Conrad

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BIBLIOGRAFÍA

AUSTEN Jane, Emma. (Universidad Veracruzana, México 2011) 556p. CONRAD Joseph, El corazón de las tinieblas. (Universidad Veracruzana, México 2011) 144p. DAVENPORT Guy, “Mis lecturas”, en: Letras Libres. (Letras Libres, México 2003) núm 49, año IV, 44–48pp. FIRBANK Ronald, En torno a las excentricidades del Cardenal Pirelli. (Universidad Veracruzana, México 2009) 108p. FORD Ford Madox, El buen soldado. (Universidad Veracruzana, México 2007) 262p. GRAVES Robert, Adiós a todo eso. (Universidad Veracruzana, México 2009) 454p.

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JAMES Henry, La vuelta de tuerca. (Universidad Veracruzana, México 2011) 160p. —Washington Square. (Universidad Veracruzana, México 2010) 236p. LEHRER Jonah, Proust y la neurociencia. (Paidós, Madrid 2010) 287p. PITOL Sergio, El mago de Viena. (FCE, Bogotá 2006) 271p. —Adicción a los ingleses. (Lectorum, México 2002) 162p. RIBEYRO Julio Ramón, “Sólo para fumadores”: Cuentos completos. (Alfaguara, México 1994) 571–595pp. SONTAG Susan, “El mundo como la India”, en: Letras Libres. (Letras Libres, México 2003) 46–54pp.

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Empecé un cuento sobre un hombre al que crucifican y recordé que eso ya estaba hecho. Después inventé otro sobre un drogadicto que viaja al más allá sin saberlo y también ya estaba hecho. ¿De qué me sirve pensar si pienso lo que otros ya pensaron? Talvez deba ordenar mis ideas, buscar las similitudes con las de otros hombres e inventar un diccionario de fantasías ya escritas. Entonces busqué líneas que no estuvieran en los libros que he leído y noté que en todos hay hombres que mueren: la muerte en desel retrete, la muerte en el espejo, la honra, o el muerte en los bares. La orgullo quizás, de muerte persiste para los humanos irreales. Yo escritores y quería matar a uno de esos propaga la hombres. Apareció así, un hombre desdicha con botas de piel, pantalones ajustados, y la cinturón con hebilla de plata, camisa de cuadros naranjas y azules; entre los bellos pectorales resaltaba una cadena de oro que colgaba de su gordo cuello, tenía bigote delgado, lentes oscuros y sombrero de ganadero. Con su obeso aspecto delante de mis palabras, delante de las líneas azules del cuaderno, le dije: eres tú mi alto miedo y hoy tú debes orinarte de susto, pues tengo el poder de la tinta y puedo hacer que caigas, que tus dientes amarillos se llenen de sangre para que no vuelvas a tus autos blindados ni a tus mujeres mentirosas que dicen amarte por horror a la muerte. Eso le dije, una mosca pasó, fui por una cerveza al refrigerador, miré a la ventana y ese hombre asqueroso ya se había esfumado de mi memoria.
IVE A EL ARP ALUPE R AUTORR: ADOR: GUAD ILUST RA

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E
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AUTOR: CÍRCULO OMETEOTL ILUSTRADOR: ARQ. PABLO MOJICA

s sábado por la tarde cuando Teodoro-Gallo y Dalila andan cerca de Tanguan… que diga de Tangancica... una vez más, de Tangancícuaro. Dalila, como siempre, ya está un poco malhumorada porque le duele la cabeza por no haber desayunado, y por ese motivo Teodoro-Gallo le propone hacer escala técnica. —Entonces, nos chingamos unos tacos, ¿o qué? —¿Dalila? —insiste Teodoro-Gallo. —¿Qué? —contesta Dalila sin mirarlo y distrayéndose con su reproductor mp3. —Que si no quieres unos tacos... —Sabes que no como carne, ¿por qué andas preguntando? Teodoro-Gallo busca la manera de convencerla, debido a que a él ya se le habían antojado unos tacos de lengüita. —Mmm, ¿unas quesadillas? Dalila permanece en silencio por unos momentos y contesta: —Pues ya qué, con tal de que se me quite el pinche dolor de cabeza. En cuanto Dalila termina de hablar, Teodoro-Gallo no espera más
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y decide pararse en el primer puesto que esté abierto. No obstante, los restaurantes brillan por su ausencia, por lo que pasan algunos minutos hasta que ambos se encuentran con el puesto de tacos de Don Darío, que sin saberlo, es una taquería muy conocida en el pueblo por tener de todo tipo de tacos, pero nada de quesadillas. —¡Buenas, jóvenes! ¿En qué puedo servirles? —los saluda Don Darío mientras voltea la carne adobada de la caserola. —Buenas, ¿tiene tacos de lengua? —pregunta Teodoro-Gallo mientras busca un lugar donde acomodarse. —De lengua, de tripa, de trompa, de maciza, de lo que usted quiera, menos de las mías. A Dalila no le causa gracia la actitud de Don Darío, pero decide ignorarlo y le increpa: —¿Y quesadillas? Una camioneta pasa con el estéreo a todo volumen y levantando polvo sobre el lugar cuando el taquero comenta: —Hasta carnitas le puedo conseguir señorita, pero quesadillas no tengo, ¿quiere una orden? ¡Es más! Se la dejo a mitad de precio. Dalila prefiere ahorrarse más molestias y decide irse a sentar, para esperar que Teodoro-Gallo coma. Él, tan acostumbrado a estas situaciones, por estar probando las cebollas y chiles en escabeche no se percata que hay un aire de incomodidad, mientras espera los seis tacos de lengüita que pidió. Don Darío al mismo tiempo que se pone a hacer los tacos, se da cuenta de que hay cierta tensión e intenta mitigarla. —Y bien, ¿de dónde vienen? Pues parece que nada más andan de paso. Teodoro-Gallo todavía no termina de comer una rica cebollita cuando indica:
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—Pues de aquí, de Cherán, vinimos a un campamento que organizaron los compas de la comunidad y pues nos invitaron. —¿Y de dónde son ustedes? —De Colima —interfiere Dalila. A Don Darío se le hacen interesantes los cambios de humor de Dalila, pero sin deseos de satisfacer su curiosidad continúa con la plática. —Ah, de Colima, algo lejos, ¿no? Y pues, ¿qué hubo en Cherán? He escuchado que han tenido algunos problemas por ahí, ¿no? —Pues hubo un evento al que le pusieron Encuentro Nacional de Resistencias Autónomas Anticapitalistas —menciona Dalila mientras se aprieta la cabeza.

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—¡Ah, chinga! ¡Anticapitalistas! ¿A poco los pinches indios andan de revolucionarios, echando balazos contra el gobierno? Mientras termina de decir esto, Don Darío le entrega los tacos a Teodoro-Gallo. —Gracias —Teodoro-Gallo toma el plato y se dispone a preparar los tacos—, eh, no son indios, los compas nos dijeron que ellos preferían el término de civilización cultural purépecha, y pues sí, ahí andan echando chingadazos contra el mal gobierno; lo que los compas andan defendiendo es el derecho de construir su autonomía. Mientras Teodoro se hace líos con el méndigo limón reseco, Dalila continúa: —Sí, mandaron a la chingada a los tres niveles de gobierno, al municipal, al estatal y al federal, y andan regresando a sus formas tradicionales de regirse. —Ah, cabrón —se sorprende Darío mientras limpia su espacio de trabajo—, ¿entonces lo que quieren los pinches indios es mandar a la chingada a México y formar su propio Estado? A Dalila le causa gracia la pregunta y explica:

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—Ah, mmm, pero no es lo mismo una Nación que un Estado. Lo que hicieron los compas de Cherán fue que ante los pinches políticos que nada más se hacen pendejos cuando llegan al poder, decidieron organizarse y trabajar los problemas entre ellos, y por eso mandaron a la chingada al gobierno, pero eso no quiere decir que dejen de ser mexicanos: su pedo es con el mal gobierno, no con el país. —Pero si lo que no les gusta son los políticos que hay, entonces, ¿por qué no se arman un partido político y buscan gobernar el país, y así se dejan de chingaderas «revolucionarias» y buscan una solución «civilizada»? —objeta Darío con aires de haber encontrado una respuesta contundente al conflicto. —Ejem, ejem —Teodoro carraspea porque por glotón se le atora un pedazo de lengua—, pues porque los compas de Cherán no buscan que su sistema se aplique en Colima, o en Chiapas, o en donde sea, lo que ellos dicen es que es necesario luchar por el derecho de cada pueblo a elegir su forma de organización política. Cada pueblo es distinto y está en diferentes circunstancias, si los de Cherán intentaran aplicar sus formas en otros lados, caerían en el mismo problema del sistema político actual, que supone que bajo una misma lógica se puede controlar a toda una nación tan diversa como la mexicana.

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De nuevo, Dalila continúa: —Ajá, además, ¿para qué hacer un pinche partido político? ¿Para creer que nuestro voto representa nuestra voz? ¿Para creer que un instituto electoral, muerto desde su nacimiento, puede ser el zombie que succione todos los pinches males del mismo sistema que los concibió para sus propios fines? ¿Para creer que con todo esto se puede cambiar, cuando no han sucedido sino un chingo de luchas donde la mayoría somos las cifras de encuestas de siempre, las tortas y las promesas de siempre, porque unos se alimentan con pan y otros con circo? ¿Para creer que es el gobierno el que toma las decisiones fundamentales de nuestro país? Darío se encuentra un poco desconcertado por la respuesta debido a que le parece un tanto extravagante. Sin embargo, empieza a quitar la carne adobada de la cacerola y replica de modo muy somero: —Está bien señorita, pero no se me alebreste, mejor dígame qué fueron a aprender ahí, ¿a echar balazos, o qué? —Jajaja, no. Tuvimos varios talleres, la idea de éstos fue la de servir como un punto de encuentro para las distintas experiencias que cada compa ha tenido en sus lugares de procedencia. Fue como un diálogo entre todos, en el que pudimos ver que no somos pocos los que andamos en lo mismo. —Entonces, ¿estuvieron varios días ahí, no? —le salta la duda a Darío, que ahora está acomodando algo de la carne adobada sobre la tabla de cortar. —Sí —Teodoro pone un par de chiles en su plato—, el encuentro duró cuatro días, pero nosotros sólo estuvimos tres porque tenemos cosas que hacer acá en Colima. —Ah, ¿y están baratos los hoteles por allá? Darío se pone a cortar la carne para tenerla lista, Teodoro-Gallo casi se atraganta por lo que acaba de escuchar y Dalila responde:

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—Jajaja, no nos quedamos en un hotel. Estuvimos acampando en la plaza de toros y ahí también se estuvieron haciendo los eventos. —Pues, ¿qué no hay hoteles por allá, o qué? —se extraña Darío hasta el punto de interrumpir su trabajo y voltear a ver a Dalila. —Mmm —Dalila se hace la misma pregunta—, no lo sé. Pero el chiste de acampar es por lo mismo, ¿para qué ir a un hotel si entre nosotros podemos organizarnos? Y pues ahí anduvimos armando brigadas de limpieza, de vigilancia, de preparación de alimentos... —Aunque sí hubo uno que otro que luego le hacía al buey, pero en general todo estuvo bien, para haber sido la primera vez que organizan algo como eso con cabrones que apenas andamos aprendiendo otras maneras de convivir —interrumpe TeodoroGallo sin terminar de pasar el bocado. —¿Y estuvieron cómodos? —cuestiona Darío mientras vuelve a su trabajo— Porque yo luego no puedo descansar si no es en una cama, je. Dalila se molesta un poco, sin embargo, dice tranquilamente:
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Narrativa

DON DARÍO O DEL ENCUENTRO EN CHERÁN

—Pues fuimos a aprender y a trabajar, no a descansar. —Ah, bueno, me refiero a que si de «revolucionarios» andan por allá, me imagino que no han de tener las comodidades que uno luego tiene, por aquello que ustedes hablan de la «auto» no sé qué. —«Autonomía» —aclara Teodoro mientras de pilón pide otros dos tacos, pero ahora de tripita —Pues en parte, porque no hay que confundir entre las dificultades propias de quien busca regresar a formas tradicionales de organización, y los impedimentos llevados a cabo por el mal gobierno para estar chingando a una comunidad. Además, muchas de esas comodidades son eso nada más, no son necesidades. Don Darío se rasca la cabeza y comenta: —Pues sinceramente jóvenes, lo que ustedes me dicen me parece muy «radical», ¿por qué no mejor seguimos el ejemplo de otros países, que han podido salir adelante sin chingaderas «revolucionarias»? —Sí claro —Dalila ya no puede contener su disgusto—, hay que seguir el ejemplo de los estados «modelo» y repetir su «éxito» que reside en el intercambio desigual, la explotación insaciable de recursos, la ocupación militar, los estados títeres, los megaproyectos, el encubrimiento de prácticas etnocidas y ecocidas, la homogeneización e imposición de modos de vida, el pillaje, la especulación, la servidumbre, la neocolonización, la implantación del miedo al Estado, la militarización de zonas civiles, la externalización de costos ambientales, el doble discurso, la paz a precio de bombardeos, la polarización política, la censura y manipulación de la información... —¡Tranquila señorita!, si no lo dije para que se enojara, se le va a irritar más la panza; sólo opino que esto de mandar al papalote al gobierno me parece exagerado y puede ocasionar más muertos y levantones, si de por sí por acá eso ya es cosa de todos los días... Dalila se soba los ojos mientras Don Darío le da los tacos de tripa a Teodoro-Gallo y replica:
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círculo ometeotl

COLIMOTL NO. IV

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—¡Ja!, ¿por qué se catalogan como violentas todas aquellas soluciones que se apartan de lo legal? ¿Porque es ilegal hacer valer la voz cuando todos los medios se utilizaron para silenciarla? ¿Porque la indignación ya no cabe en el pozo de la sumisión? ¿Porque la violencia del Estado se difunde como la paz impuesta, y la paz buscada se cataloga como violencia de quienes no quieren más violencia? ¿Eh? —A ver joven, ayúdeme con su amiga que ya se me encabronó —demanda Don Darío a la par que vacía más chiles y cebollas en escabeche que Teodoro se anda acabando. —Je, sí, luego se altera —explica Teodoro-Gallo mientras toma más cebollitas y chiles—, pero lo que quiere decir es que desde hace mucho tiempo se plantea que la solución es la reforma del Estado, cuando quizá el problema es la misma forma de organización política de nuestro país. Don Darío retoma la labor de cortar en trozos la carne adobada y suspira.

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Narrativa

DON DARÍO O DEL ENCUENTRO EN CHERÁN

—Ahí sí que yo ya no sé, pero bueno... como jóvenes siempre tenemos muchas expectativas y poco a poco nos vamos dando cuenta que muchas de nuestras esperanzas no tienen chiste cuando uno ya tiene familia y tiene que ponerse a trabajar. —¿Por qué lo dice? —pregunta Teodoro mientras le da una sabrosa mordida a sus tacos. —Pues porque mmm —Darío piensa en la mejor manera de decir las cosas, para evitar mayores malentendidos—, por ejemplo, ustedes muy «anticapitalistas» y de seguro durmieron en «modernas» casas de campaña compradas en, no sé, ¿una Bodega Aurrera? —Jajaja, claro, las contradicciones son comunes, pero éstas no son una consecuencia de nuestras «altas expectativas» sino su propia posibilidad, porque somos parte de este mundo que tiene un lastre que nos dificulta ir a las raíces, es desde ahí que tenemos que buscar la... —¡Ese Don Darío!, écheme unos tres tacos de asada, tres de lengua y dos de pura maciza, que tengo un hambre de la chingada —interrumpe una persona que acaba de cruzar la carretera para llegar al puesto. —¡Cómo no! —Darío rápidamente se pone a preparar el pedido—, ahorita se los sirvo. Como caída del cielo, la orden de tacos de un cliente tambaleante y con una caguama en sus manos vino a salvar a Don Darío de una plática que empezaba a incomodarle, o por lo menos a aburrirle. Mientras tanto, Teodoro-Gallo, que picoteaba en el plato los restos de sus tacos, pensaba algo semejante a lo que Dalila reflexionaba, aún molesta, con un dolor de cabeza insoportable y ya sin hambre: la búsqueda de «alternativas» es un quehacer inagotable, una labor nunca acabada, un trabajo recurrentemente estereotipado, una práctica más políticamente consecuente que teóricamente consistente. Y esto fue el encuentro en Cherán: sólo un punto de partida.

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Hastapronto

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AUTOR: CÍRCULO OMETEOTL ILUSTRADORA: TANIA CRUZ

urante los tres años de vida del Círculo Ometeotl hemos indicado que nos encaminamos hacia una «cultura libre»; se trata de un proceso en el que aún nos encontramos y del cual precisaremos algunos detalles. Aquellos que han leído otros números de esta revista saben que superados los titubeos decidimos que Colimotl permanecería a pesar de que se tornó distinta respecto a cómo la concebimos originalmente. Para algunos esto parece un quebrantamiento de nuestros objetivos; sin embargo, a un trabajo de esta índole no se le puede enclaustrar en una concepción estática porque es material «libre» y se escapa adonde ustedes lo hacen llegar. Esta publicación semestral es ahora un espacio de diálogo para escritores y lectores; nosotros nos regocijamos al escucharlos, puesto que el oído es fundamental en esta clase de creación cultural. Manifestamos nuestro aprecio y agradecimiento a quienes se introducen al Círculo para hacerlo más grande e interesante en los momentos en que necesita más fuerza, ya sea enviando textos, ilustraciones o asistiendo a las sesiones de encuadernación. Así también a los que critican, apoyan, proponen y/o llevan a cabo ideas y acciones que sustentan este proyecto. Colimotl principalmente abarca una parte de la «cultura libre»: la creación artística e intelectual, pero no es la única que deseamos impulsar. El perro de agua es un programa que a través de internet surge para llenar el vacío que mina la difusión de información, de modo que cada quince días focalizamos la atención en una problemática socioambiental de nuestra comunidad y en movimiento centrípeto hacia el mundo. Además, en las voces de quienes nos acompañan en la transmisión admiramos el valor de la palabra hablada. Convencidos de que no se necesitan intermediarios, sino que cualquiera puede ir directo a las fuentes y difundirlas sin compromisos, rendimos honor al nombre del

programa y nos escurrimos para hablarles de las cosas que rara vez se externan en los medios ordinarios de comunicación. El perro de agua es el lugar donde pretendemos brindarles contenidos sin distorsiones, interpretaciones y ediciones, en cambio ofrecemos la viva voz de los invitados. La palabra nos importa y vemos que muchas veces Colimotl y El perro de agua no son espacios suficientes para expresiones concernientes a un aspecto en la creación cultural que incluso tiende a ser minimizada en las instituciones culturales: la investigación. Sí, sabemos que investigar no es una tarea sencilla; sí, tenemos en cuenta que para estas actividades se ocupan ciertas habilidades y preparación que no tendemos a desarrollar de manera autónoma. No obstante, tenemos la certeza de que las investigaciones no se limitan al quehacer académico de personas cuyo trabajo es remunerado por instituciones. Por este motivo decidimos aventurarnos en una editorial independiente y «libre» ya que no buscamos comercializar las producciones. Sólo esperamos una cosa: que lean y critiquen nuestros textos. O que sean más osados publicando con nosotros aquello que en una revista, en un suplemento o en una charla, no tiene cabida. La vertiente de la investigación es el terreno que junto a ustedes construimos para compartir la palabra larga, muchas veces acortada.

círculo ometeotl DATOS DEL DISEÑO Diseño elaborado con Scribus 1.4.0.rc3, Inkscape 0.48.2 r9819, Gimp 2.6.11 y Shotwell 0.11.6. La composición tipográfica se hizo en tipo FreeSerif y FreeSans. Para los estilos principales: 14, 24, 28, 32, 36, 48 y 62 puntos para títulos, 8 pts. para los nombres de los autores, 11 pts. para el cuerpo del texto y 9 pts. para notas al pie. La dimensión de la revista es media carta.
E-MAIL: Tania (dralamy@hotmail.com), Monero (moneroponce@hotmail.com), Marlene (marlenelanz@hotmail.com), Guadalupe (guadalupe_rivera@riseup.net), Pablo (moxikarquitecto@hotmail.com), Ángel (kemmer_tv@hotmail.com) y El Arpa (twisted_mind89@hotmail.com). FACEBOOK: Cinthia (Cinthia Campomanes Mejia).

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