Ayers, William (2004) Educando para la libertad: compromis o moral y acción étic a en el s alón de clase.

Boston: Beacon Press. (Título original en ingles Teaching Tow ard Freedom: M oral Commitment an d Ethical action in the Cl assroom)
168 pp. ISBN: 0-8070-3268-9

Reseñado por Ramin Farahmandpur

(Originalmente publicada como http://edrev.asu.edu/reviews/rev439.htm)

Traducción al español de Juanita Vélez Olivera y Diana Vélez Olivera (asesoría de Jorge Ossa Londoño) Abril 2, 2006
El discurso de la democracia que permea lo público en la actualidad, ha cambiado tanto a la derecha que los debates morales y éticos no directamente asociados con la confrontación maniquea entre el bien y el mal, han sido efectivamente marginados o definitivamente excluidos; donde las corporaciones buscan a ultranza los más altos márgenes de ganancias en sus inversiones sin ninguna consideración del bienestar de los millones de trabajadores pobres, donde la educación sincronizada al pulso de Wall Street está forzando a miles de estudiantes de escuelas públicas a competir uno contra otro mediante la práctica de pruebas altamente estandarizadas; donde el “gang” de Bush y su junta corporativa derraman millones de dólares en Irak con la esperanza de entronizar la presencia militar de Estados Unidos en la región y extender el alcance del imperio en el Oriente Medio, “en nombre de la democracia” y de la “guerra contra el terrorismo”. Dentro del país, donde la bandera de la democracia del mercado libre vuela a la mayor altura, millones de estadounidenses experimentan soledad crónica y desempleo. Como ocurrió en la reciente devastación del huracán Katrina, especialmente en New Orleans, donde muchas de las víctimas han sido sometidas a prácticas y políticas discriminatorias y racistas, el capitalismo esta catapultando la brutalidad de su despliegue, creando una fuerza contingente y desechable del proletariado, pero a una escala mayor. Entre el estado prevaleciente de desesperanza y de desespero, el nuevo libro de William Ayers ofrece, en alguna medida, esperanza y coraje a los profesores y a los educadores de los profesores que están decididos a tomar parte en la educación democrática y en las prácticas de aprendizaje. En “Educando hacia la libertad: compromiso moral y acción ética en el salón de clase”, W. Ayers explora las tensiones dialécticas existentes en las políticas educativas. El libro, como lo sugiere el título, examina el propósito de la educación y de la escolaridad

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mediante la revisión de un amplio rango de fuentes, incluyendo la literatura y el cine. Uno de los tópicos que discute Ayers es el de la educación como una tarea humanizante. Para Ayers, la meta de la educación es cultivar, desarrollar y expandir nuestras capacidades como seres humanos. La educación, como lo señala Ayers, tiene el potencial de ‘empoderarnos’ y habilitarnos para lograr una concientización más profunda, o en palabras de Paulo Freire, desarrollar la “conciencia crítica”, de nuestra humanidad. Ayers cree que la educación puede guiarnos para hacernos más “completamente humanos” y “autoconscientes”. La educación puede también iluminarnos para servir mejor los intereses de la “comunidad humana”. Ayers sostiene que el rol de la educación debería ser para abrir puertas a nuevas posibilidades para transformar el mundo. En el capítulo 1, Ayers discute algunas películas recientes, incluyendo La muralla contra conejos, Las Hermanas Magdalena y El regreso del niño Navajo. Estas películas sirven de ejemplo de los retos y luchas de los seres humanos cuando se enfrentan a formas de educación deshumanizantes, opresivas y conformistas que se esfuerzan en mantener y reproducir relaciones de dominación y subordinación. Reconociendo las tensiones dialécticas y las contradicciones inherentes en la educación, Ayers nota que la educación puede orientarse bien hacia la liberación o hacia la opresión. El autor también discute las formas deshumanizantes de educación institucionalizada en novelas como Tiempos difíciles de Charles Dickens, y critica también los modelos “autoritarios” de educación que se basan en el “modelo bancario” que él identifica como unidimensional y unidireccional. Para Ayers “educación es siempre a favor de algo y en contra de algo” (pag. 11). Él dice que educar involucra la toma de decisiones morales y éticas. Ayers argumenta que puesto que la educación esta entrelazada en forma inextricable con la infraestructura social, política y cultural de la sociedad, no puede permanecer neutral o indiferente a las inequidades sociales existentes. Para el autor, la educación es siempre un lugar para la confrontación entre las diversas fuerzas políticas, sociales y culturales en la sociedad. Basándose en el trabajo de Jean-Paul Sartre, existencialista francés, que argumentó que todos somos libres de tomar decisiones en nuestras vidas, Ayers anota que, así mismo, la educación incluye la toma de decisiones éticas y morales. Más aún, Ayers sugiere que las escuelas históricamente han enfatizado la importancia del manejo de las aulas de clase, la disciplina de los estudiantes, el desarrollo del cuerpo docente y la planeación de las clases. Sin embargo, han puesto poca atención a la educación como una práctica de la libertad. Ayers cree que la institucionalización de la escuela y la educación ha cortado y apartado las conexiones entre pensamiento y acción, y entre acción y reflexión. En fin, Ayers plantea una pregunta importante: “¿Para qué y en contra de qué estamos educando?” Ayers responde a esta pregunta, argumentando que la educación debería estar dirigida hacia la terminación de la explotación, la opresión y las injusticias e inequidades sociales. Un tema recurrente que aparece a lo largo de su libro es que el objetivo de la educación debería ser ayudarnos a ganar una sensibilización más profunda de nosotros mismos y de la sociedad, y para trabajar hacia el desarrollo de lo que el Dalai Lama ha identificado como una “reorientación radical” hacia el mundo. Esto incluye el desarrollo de actitudes y disposiciones como la compasión, la generosidad, el coraje y el amor en nuestra relación con el mundo. Ayers no limita su crítica a las características unidimensionales y unidireccionales de las formas institucionalizadas de educación, sino que la extiende a las escuelas de posgrado y a los institutos de investigación que están comprometidos con la objetivación de la profesión docente ofreciendo a los profesores currículos preconcebidos. Ayers identifica esta aproximación a la educación como “la enseñanza como ciencia”. Igualmente problemática es la noción de “enseñanza como salvación” que utiliza conceptos e indicadores como “deprivación cultural” y “en riesgo” para identificar y clasificar estudiantes marginalizados y oprimidos.

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La educación “real”, propone Ayers, involucra “autoeducación” como oposición a los modelos bancarios de educación en los cuales los estudiantes son vistos como receptores pasivos de conocimiento. En vez de consumir formas dominantes de conocimiento que buscan reproducir y mantener relaciones asimétricas de poder y privilegio, Ayers mantiene que los estudiantes deberían producir nuevas formas de ser y conocer lo que es productivo, “empoderando” y liberando. Adicionalmente, el autor sugiere que los profesores deberían convertirse en estudiantes de sus estudiantes. Siguiendo el proverbio de Marx: “¿Quién educará a los educadores?”, Ayers cree en la reciprocidad de la enseñanza y del aprendizaje. En otras palabras, los profesores pueden aprender de las experiencias vividas por sus estudiantes y de sus narrativas e historias de marginación que llevan al aula. La aproximación humanística de Ayers hacia la Educación puede ser resumida en la siguiente cita: La meta del profesor que educa para la libertad es reconocer que todos los niños son chispas de energía, sin reglas, hacedores de sentido; siempre dinámicos, siempre en movimiento y en permanente travesía. ¿Quién soy yo en el mundo? Tú eres un universo entero y haces parte del gran mar que somos todos. Nos conviene recordar también nuestras propias preguntas y caminos, nuestra propia búsqueda de sentido. Nuestro primer compromiso, entonces, es este: reconocer y hacer un llamado a la humanidad de cada uno de nuestros estudiantes, convertirnos en estudiantes de nuestros estudiantes, volvernos sus aliados (pag. 65-66). W. Ayers hace otras preguntas igualmente importantes incluyendo: “¿Qué significa ser humano?” Él sugiere que ser humano significa convertirse en un viajero de la travesía de la vida. Esto incluye la reflexión sobre nuestra relación con el mundo, nuestra posición en el mismo, y la acción transformadora. La educación implica, según el autor, esperanza, lucha y posibilidad de hacer un mundo más igualitario y humano. Explica que su visión de una educación emancipadora es una que, …se opone al miedo, a la ignorancia y a la desesperanza por medio del fortalecimiento del conocimiento y la destreza. Esto capacita al ser humano para preguntarse, maravillarse, y mirar críticamente. Es tanto el proceso por medio del cual los seres humanos descubren y desarrollan capacidades variadas en la medida en que se encuentran históricamente a sí mismos, y el vehículo para movilizarse hacia adelante y superar las limitaciones. Su valor singular es que se trata de educación para la libertad (p. 79). En el capítulo tres, Ayers menciona escuelas de libertad en el Sur en los años sesentas, durante el movimiento de los derechos civiles, como un ejemplo de cómo la educación puede ser puesta al servicio del “empoderamiento” comunitario. El autor explica que las escuelas de libertad “fueron creadas como una alternativa a las escuelas opresivas a las que los niños negros asistían en Mississippi” (pag. 82). A diferencia de la escuela tradicional que es generalmente autoritaria y opresiva por naturaleza, las escuelas de libertad fueron capaces de desarrollar y practicar formas humanísticas de educación para estimular a los estudiantes para reflexionar y pensar críticamente sobre sus experiencias y circunstancias sociales en el mundo. Ayers cree que las escuelas de libertad como movimiento siguen teniendo relevancia en la actualidad, y pueden servir como un modelo para profesores y educadores que desean poner en práctica una educación democrática en sus aulas de clase. W. Ayers apoya un currículo escolar “basado en la realidad”, “comprometedor” y “participativo” Involucra a los estudiantes en el análisis, la interpretación, la deconstrucción

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y reconstrucción de los múltiples significados de los textos. También incluye un compromiso activo con el aprendizaje y el desaprendizaje de cada uno. El autor dice: Estamos en búsqueda de una pedagogía de experiencia y participación, una pedagogía centrada y a la vez en expansión más allá de sí misma, una pedagogía crítica capaz de cuestionamiento, re-pensamiento y re-imaginación. Buscamos una enseñanza viva y dinámica, que ayude a los estudiantes a luchar con la pregunta: “¿cuál es mi lugar en el mundo?” (pag. 84). Ayers nos recuerda que desarrollar formas democráticas de educación requiere que los estudiantes y los profesores participen en un diálogo activo. El diálogo auténtico, como dice Ayers, es “improvisado”, “participativo”, “colaborativo” y “lleno de discusión y conflicto”. En un diálogo existe la posibilidad de cometer “errores” y “ligereza(s) en la percepción” del otro. Pero en el diálogo también tenemos la oportunidad de hablar, de escuchar, de entender y de ser entendido por los otros. En el capítulo cuatro el autor defiende una pedagogía crítica impregnada de esperanza y posibilidad, así como saturada de conflicto y contradicciones. La pedagogía emancipadora a la que Ayers invita a los profesores empieza con un compromiso firme con los estudiantes. Incluye la expansión de la noción de una educación democrática, apoyando el desarrollo de lo que el autor llama “república de muchas voces”. En esencia, el autor quiere que los profesores reconozcan que la educación incluye la toma de decisiones éticas y morales. Proyectar la educación hacia la libertad significa reconocer, identificar y nombrar “obstáculos” y barreras que impiden el desarrollo de nuestras capacidades humanas. Pero quizás, la pregunta más crucial que Ayers propone es: ¿cómo conectamos y cómo movemos a la educación para acercarla a la práctica de la libertad? El autor cree que esto puede alcanzarse mediante la participación de los estudiantes y de los profesores en el “activismo”. Para Ayers los activistas son aquellos que toman “una posición particular en el mundo” (pag. 109). Los activistas actúan según sus convicciones valores y creencias. Ellos “se comprometen, participan, contribuyen, toman posiciones, inician, mueven…. Ellos cuestionan la sabiduría recibida, se preguntan lo que puede ser pero no ha sido y luego actúan” (pag. 109). Según el autor los activistas actúan en contra de la injusticia social y toman decisiones éticas y morales. Ayers, desde mi punto de vista, tiene razón cuando argumenta que el activismo es “un evento pedagógico”. En otras palabras, el activismo y la educación están íntimamente ligados. Ayers sugiere que no podemos pensar la ética en términos abstractos, más bien, necesitamos visualizarla en términos concretos y prácticos. Esto requiere el desarrollo de lo que Ayers identifica como “ética práctica”. La ética práctica involucra la ética de los “sentimientos” y “acciones”. También requiere, creo yo, la ética del cuidado y la compasión. El autor examina más profundamente la inclusión del “fundamentalismo del mercado” en las escuelas. Él propone un número de preguntas básicas que es importante considerar: ¿A que propósito sirve la escuela? ¿A los objetivos de quien sirve la escuela? ¿La escuela sirve a los intereses de los sectores privados ó a los públicos? En el apogeo de la comercialización y la corporativización de las escuelas públicas y las instituciones de educación superior (véase McLaren y Farahmandpur, 2005) la preocupación de Ayers respecto a la creciente privatización de la educación pública se vuelve más urgente. Consideremos la reciente adopción de McDonald’s de una nueva estrategia para promover sus productos en el mercado altamente rentable que está dominado por los niños. Esto viene después del panfleto difamatorio altamente publicitado que se llamó el caso McLibel y a la reciente película “Super Size Me” que generó preguntas éticas y morales relacionadas con el procesamiento y preparación de alimentos en McDonald’s, que muchos creen que han contribuido al incremento de la obesidad y otros problemas de salud en

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niños. Nancy Hellmich (2005) reporta que en un esfuerzo para restaurar su ya deteriorada imagen pública como la cadena de comida rápida amiga de la familia y para proteger sus acciones, McDonald’s ha decidido invertir en programas de educación física en las escuelas públicas. Más de un millón de estudiantes en 31.000 escuelas públicas han aceptado participar en el programa de McDonald’s “Pasaporte para Jugar”. El programa consiste en una serie de actividades físicas multiculturales incluyendo “golf bumerán” de Australia, “Mr. Daruma se cayó” de Japón y “Korfball” de Holanda. Los estudiantes que completan cada una de estas actividades reciben una estampilla para su pasaporte, expedida por McDonald’s. De acuerdo a Bill Lama, jefe de mercadeo de McDonald’s, el objetivo del programa Pasaporte para Jugar es educar estudiantes en la “importancia de comer bien” y “estar activos”. Semejante cálculo estratégico permite a McDonald’s no solo restaurar mucha de la publicidad negativa que ha recibido en los últimos años, sino que también ayudar a McDonald’s a ganar más presencia y visibilidad en las escuelas públicas. También en el capítulo cuatro, Ayers hace un llamado a los educadores para que desarrollen e introduzcan herramientas y prácticas pedagógicas a los estudiantes para que los ayuden a desenmascarar y descubrir las fuentes de poder y privilegio en la sociedad. Esto incluye ayudar a los estudiantes a desarrollar un “lenguaje crítico” y un “lenguaje de posibilidades” que les permita cuestionar y criticar el significado de conceptos como democracia y libertad. El cuestionamiento filosófico de Ayers es una invitación abierta a los educadores para que retomen y redefinan el modo como entendemos y practicamos la libertad. Para el autor, la libertad incluye el desarrollo de una conciencia crítica, la participación en acciones colectivas, compromiso activo en la acción social, y finalmente la disposición para imaginar un mundo más justo y más humano. El objetivo de Ayers es definir y reconectar radicalmente el lazo entre la educación y la libertad. Hacia este fin, la propuesta del autor es una invitación a los educadores para repensar la relación entre la educación y la libertad. Para Ayers educar para la libertad incluye una investigación epistemológica y ontológica de “lo que puede ser, lo que debería ser, y lo que no es aún”. En resumen, Ayers anima a los educadores a ver la educación no solo como una actividad ética y moral, sino también como una actividad política unida al proyecto de cambiar y transformar el mundo. El libro de Ayers es un excelente texto introductorio para aquellos interesados en examinar cuestiones éticas y morales de la educación. Para los estudiantes interesados en programas de educación para profesores, el autor ofrece reflexiones y propone serias preguntas sobre el rol y el objetivo de la educación en la sociedad. Los estudiantes en escuelas de posgrado se beneficiarían igualmente de la lectura de este texto. Referencias Hellmich, N. (2005). McDonald’s pick off school PE program. USA Today. September 12. McLaren, P. and Faranhmandpur, R. (2005). Teaching against Global Capitalism and the New Imperialism: A CriticalPedagogy. Boulder, CO: Rowman and Littlefield. Acerca del autor de la reseña: Ramin Farahmandpur es un profesor asistente en el Departamento de Política Educativa, Estudios Básicos y Administrativos en la Universidad Estatal de Pórtland. Ente sus intereses se cuenta la pedagogía crítica y la educación multicultural. Es co-autor de Teaching against global Capitalism and the New Imperialism: A Critical Pedagogy. Boulder, CO: Rowman and Littlefield, (2005)

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Acerca de las traductoras: Juanita Vélez Olivera y Diana Vélez Olivera son estudiantes de noveno grado, Colegio La Enseñanza, Medellín, Colombia. Para esta traducción contaron con la asesoría de Jorge Ossa Londoño. ****
Reseñas Educativas/ Education Review publica reseñas de libros sobre educación de publicación reciente, cubriendo tanto trabajos académicos como practicas educativas. Reseñas Educativas/ Education Review en español es un servicio ofrecido, gratuitamente por el Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad del Estado de Rió de Janeiro (UERJ). Todas las informaciones son evaluadas por los editores: Editor para Español y Portugués Gustavo E. Fischman Arizona State University y Laboratorio de Políticas Públicas (UERJ Editor General (inglês) Gene V Glass Arizona State University Editora de Reseñas Breves (inglês) Kate Corby Michigan State University Las reseñas son archivadas y su publicación es divulgada por medio de una listserv (EDREV). Reseñas Educativas es firmante de la Budapest Open Access Initiative.