You are on page 1of 18

Tomado de: LÓPEZ, Ángel y Beatriz GALLARDO.eds. Conocimiento y lenguaje. Valencia: Universitat de València, 2005, pp 125- 154.

___________________________________________

4. Lenguaje y cultura
___________________________________________
Ricard Morant Marco
Universitat de Valencia 4.1 Introducción En el siguiente capítulo nos proponemos reflexionar sobre la interacción existente entre el modo de expresión y el entorno cultural de un grupo humano. Para demostrar cómo el lenguaje se adapta a las necesidades comunicativas de sus hablantes abordaremos en el primer apartado la definición de los conceptos clave. A continuación, presentaremos los principales aspectos culturales que tienen una incidencia lingüística; en el tercer subapartado examinaremos los ámbitos del lenguaje marcados culturalmente. Acabaremos el tema con el análisis lingüístico de dos subculturas: la de los reclutas y la de los estudiantes. Antes de entrar en materia creemos necesario advertir que no vamos a realizar un estado de la cuestión sobre la etnolingüística, la antropología lingüística o la lingüística antropológica. Para ello basta con revisar los trabajos de M. Casado (1988), J. A. Argente (1996), A. Duranti (1997) y J. A. Díaz Rojo (2004). Tampoco vamos a razonar sobre lenguas y culturas exóticas. No recurriremos, por tanto, a comunidades lejanas cuyo idioma desconocemos, a pesar de que nos pueden proporcionar ejemplos tan llamativos como éste de M. Gardner (1988: 13-14):
Los zulúes, por ejemplo, viven inmersos en un mundo de formas redondeadas. Las cabañas son redondas, y también lo son las puertas. Al arar, sus surcos trazan líneas curvas. Raramente tienen ocasión de ver líneas o ángulos rectos, y su idioma no contiene ningún vocablo que signifique «cuadrado».

Finalmente, al plantear las explicaciones de los casos presentados intentaremos ser cautelosos y prudentes. Así, para justificar la distinta manera de decir la hora en castellano («Son las tres y media») y en catalán («Son dos quarts de quatre») aceptaremos la interpretación de J. Tusón: se trata de convenciones pu-ras y simples, y no de una diferente manera de concebir el paso del tiempo (unos mirando hacia el pasado y los otros con proyección hacia el futuro). En este último sentido huiremos de opiniones como la de L. Graves, para quien la fórmula temporal catalana constituye una prueba evidente de que sus usuarios «sempre están pensant per endavant i es recorden del pas inexorable del temps i de la brevetat de la vida». Estudiar la relación lenguaje-cultura implica enfrentarse de inmediato a una difícil cuestión, la polivalencia del término cultura. A pesar de los múltiples significados que se le atribuyen a este término, nosotros partiremos de una definición sencilla, la de E. Sapir. Para este lingüista, la cultura es lo que una sociedad hace y piensa. En otras palabras, la cultura hace referencia al patrimonio distintivo que identifica a una comunidad, y que está constituido por los modelos de conducta propios, por las formas de actuación aprendidas y compartidas por el grupo desde que se nace hasta que se muere. Tomemos un ejemplo práctico, el rezar y el ayunar. Estas dos acciones no se cumplen de idéntica manera en la cultura musulmana y en la cristiana. Para dirigirse a Alá sus seguidores se descalzan, se lavan y se postran en dirección a la Meca, cosa que no hacen los cristianos. Sin embargo, éstos, a diferencia de aquéllos, cuando ayunan por motivos religiosos (miércoles de ceniza, viernes santo) lo hacen durante todo el día, incluso después de que haya caído el sol, mientras que los musulmanes durante el Ramadán (mes del ayuno) no pueden comer, beber ni fumar desde el alba hasta «que el negro se confunda con el blanco», o sea, hasta el ocaso. El otro aspecto definitorio de una comunidad cultural es su forma de pensar, en la que se incluyen desde las creencias hasta las supersticiones. En nuestra sociedad, por ejemplo, todavía existen muchas manías relacionadas con el embarazo. Así, se cree que si una embarazada «tiene un antojo» (un deseo vivo y pasajero de una cosa) y no lo cumple, se produce en el feto una mancha con la forma del objeto apetecido que no se satisfizo. Por otro lado, abundan las creencias populares referidas al matrimonio como la de llevar huevos al convento de Santa Clara para evitar así un chaparrón que desluzca

la boda prevista. Aparte de lo que se hace y de lo que se piensa, también forma parte de la cultura lo que se dice. Los cuentos, los refranes, las formas de hablar, los chistes, etc., reflejan el mundo que nos rodea y fotografían nuestros deseos y nuestros miedos. Últimamente, han adquirido un gran protagonismo las leyendas urbanas, unas historias verosímiles e inverificables que transcurren en un tiempo cercano y en lugares concretos y que al narrador le ha contado «el amigo de un amigo». Entre ellas tenemos desde la del joven al que le roban un riñon, hasta la de la chica que hace el amor con un joven recién conocido en la discoteca, y al día siguiente desaparece dejándole escrito en el espejo: «Bienvenido al club del sida». Definida la cultura y sus tres componentes fundamentales pasamos a comentar nuestro principal instrumento de trabajo, el lenguaje. Éste nos servirá porque constituye una fuente de conocimiento de la realidad cultural de un pueblo. Primero, porque es un baúl donde se guarda toda la experiencia histórica de un grupo humano. Basta acudir a la etimología de las palabras y de las frases hechas para demostrar esta idea. El libro de C. Aranda (2002:72) lo deja muy claro al explicar el origen de la expresión Me lo ha contado un pajarito:
Decimos esto cuando conocemos una cosa, pero no queremos decir quién nos ha informado. Los pájaros son, desde tiempos inmemoriales, portadores de noticias. Una paloma avisó a Noé de que el diluvio universal había terminado. Los antiguos también creían adivinar el futuro por el vuelo de los pájaros. Las palomas se han utilizado muchas veces para enviar mensajes y se dice que a los niños los traen las cigüeñas. En fin, tradicional-mente son los pájaros los que traen las noticias, buenas y malas, a los hombres.

En el mismo recorrido, si nos fijamos en el lenguaje urbano además de la multiculturalidad reinante, advertiremos que nos encontramos inmersos en una cultura de la integración, que lucha por el respeto hacia las personas que sufren alguna discapacidad. Con esta finalidad se han colocado semáforos sonoros (con indicador acústico del tiempo de paso para viandantes) y suelos guía (constituidos por baldosas punteadas que comunican de forma táctil el camino adecuado para atravesar el paso de peatones a las personas ciegas). Aclarado el concepto de cultura del que partiremos y justificado el uso que vamos a hacer del lenguaje a lo largo del tema, conviene puntualizar varias cosas antes de abordar la relación entre la forma de ser de un colectivo y su modo de expresión. En primer lugar, que el lenguaje y la cultura no son entidades idénticas, pues aquél es una parte integrante de ésta; tal vez, la llave que nos permite el acceso al resto de la cultura. Entre ambas realidades además no existe una relación biunívoca. O sea, pueblos con lenguas diferentes pueden tener una misma cultura (el islam es la cultura de árabes, turcos, indoiranios) y la misma lengua puede ser hablada por culturas diferentes (el inglés es la lengua oficial de británicos- y estadounidenses). Al emplear en este caso los vocablos cultura y lengua asumimos la siguiente consideración de J. A. Díaz (2004):
Estos términos son vagos e imprecisos, porque, cuando hablamos de la cultura de un pueblo, ¿dónde fijamos los límites geográficos o sociales de dicho pueblo? Cuando nos referimos a la cultura española en concreto, ¿a qué nos estamos refiriendo? ¿Existe, como una unidad delimitable, la cultura española, la cultura hispanoamericana o la cultura hispana? En el caso de la comunidad lingüística del español1,1 no existe una homogeneidad cultural entre todos sus hablantes como para que puedan ser tomados co¬mo una unidad cultural. Por tanto, debe prescindirse de considerar que existen unos valores y creencias propios de una supuesta cultura compar¬tida por todos los hablantes del español. Con esto no negamos que quizás exista algún rasgo común a toda nuestra comunidad lingüística que pueda estar presente en algunas categorías lingüísticas; más bien rechazamos la idea de que, globalmente considerada, la lengua española de hoy sea el reflejo o la cristalización de una cultura específica (¿hispana, española?!, tomada también en su totalidad.
1 Entendemos aquí la comunidad lingüística como conjunto de hablantes que usan la r lengua.

Aparte de un baúl, el lenguaje es una ventana abierta a la cultura actual, una herramienta trascendental para su estudio. A través de él se puede ojear la personalidad de un pueblo. Por ejemplo, si paseamos por la ciudad y observamos detalladamente los rótulos de los negocios se infiere la pluralidad étnica en la que vivimos hoy. Las palabras de E. García Escalona (2002: 184) son muy reveladoras:
Se ha incorporado al espacio madrileño la palabra 'tetería' (es otra cosa que el salón de té), el colmado, los locutorios (hasta de videoconferencias), las agencias de traspaso de divisas, billetes específicos, peluque¬rías especiales para cabellos rizados y carnicerías musulmanas.

Por consiguiente, no siempre -y este es el caso del español-, existe una superposición perfecta entre comunidad cultural y comunidad lingüística. Tampoco ambas se mantienen estables con el paso del tiempo. Por eso. A. Giovannini y sus colaboradores (1996:35-36) no dudan en afirmar:
La cultura es como un ser humano, algo que evoluciona día a día. Actualmente vivimos en un mundo de cambios constantes: valores, ideas, tecnología, forma de vivir, de pensar, de sentir, etc. Esto implica que la cultura y la lengua también evolucionan. Hemos de tener en cuenta el momento histórico presente, pero siempre relacionado con el pasado. Así, por 1 ejemplo, no se podría entender que todos los españoles que ahora tienen entre veinte y cincuenta años tengan santo, si no conocemos la historia reciente de España.

estos dominan con precisión su paisaje, diferencian cada rincón de la montaña, poseen un vocabulario detalladísimo para describir hasta el último recoveco del espacio que les rodea. Este rasgo es señalado por A. Bailarín (1974: 77):
Así, el benasques tiene palabras para designar todos los ríos, riachuelos, barrancos, torrentes, arroyos, regatos, pozos, aguazales, ibones, balsas, cascadas, chorreras, fuentes, manatiales, hontanares, acequias, cauces, puentes, etc. Igualmente las tiene para nombrar las vertientes, montañas, crestas, peñas y gargantas, picos, puertos, collados, oteros, espolones, etc., sin olvidar las partidas de terreno, los caminos y senderos., los pueblos, aldeas, ermitas y humilladeros.

El paso de una sociedad tradicional y conservadora a otra laica y global está alterando la onomástica y otros aspectos lingüísticos. Sin embargo, hemos de insistir en que no todo cambio cultural comporta necesariamente una t: formación lingüística. Aún decimos que el sol sale o que el sol se pone, como á este astro fuera el que da vueltas alrededor de la tierra y no al contrario. En opinión de A. de Miguel (1994: 138) parece que «nada ha cambiado en es» lenguaje después de Copérnico o Einstein». En síntesis, la cultura y el lenguaje no mantienen una correlación, pero un vínculo estrecho como se demostrará en los próximos apartados. 4.2 Lenguaje y entorno El lenguaje de cualquier grupo humano se adapta normalmente a los cuatro pilares de cualquier cultura, a saber, al entorno natural, al social, al material] al ideológico. 4.2.1 Lenguaje y entorno natural El espacio físico que rodea a una determinada comunidad influye en su modo de expresión. Al indagar en este aspecto descubriremos los elementos del paisaje que juegan o han jugado un papel fundamental en ese pueblo. Si analizamos el benasqués, la modalidad lingüística autóctona de los habitantes del Valle de Benasque, advertimos cómo

Esta cantidad de nombres para designar su medio natural demuestra la gran importancia que el espacio posee para los hablantes. En opinión de J. A. Saura (1998: 32), esta extensa matización de los lugares, las piedras, los bosques, las praderas, en suma de los accidentes geográficos confirma que eran puntos de referencia esenciales «para unas gentes que vivían de ese espacio natural, que nacían y morían en él, entrelazadas, fundidas con el medio físico». Otros ejemplos ilustrativos de la incidencia del paisaje en el lenguaje los obtenemos al establecer una comparación entre los montañeses y la gente de mar. Si cotejamos la forma de expresarse de los habitantes de ambas zonas observaremos importantes diferencias. Así, el concepto de montaña no es el mismo para ambas poblaciones. Para la gente del llano, la montaña es el territorio comprendido desde el pie hasta la cima de una elevación; para la gente que vive en el corazón de una serranía, en cambio, la montaña solamente comienza por encima de los prados, ellos van a la montaña cuando salen del terreno cultivado de la elevación. El significado del término pronto varía también de un territorio a otro. En las zonas de alta montaña las 10 de la mañana constituye una hora temprana, por eso los niños comienzan en ese momento el horario escolar. Podemos pensar en el frío que hace antes de esa hora en aquellos pueblos en los que la nieve efectúa regularmente su aparición a principios de diciembre. En otras zonas no montañosas, sin embargo, la primera clase de los escolares comienza a las 8 o a las 9 de la mañana, porque la temperatura ambiente es superior. Las diferencias determinadas por el entorno físico no se reflejan solamente en el significado, sino que también se advierten en la forma.

Pensemos, por ejemplo, en la manera de cuantificar socialmente la riqueza de una persona. Al recorrer distintas comarcas comprobamos que en los pueblos vitivinícolas, como Requena o Utiel (Valencia), se pregunta(ba): «¿Cuántas cepas tienes?». En las zonas de grano como Izagre (León), la pregunta era distinta: «¿Cuántas cargas tiene?». En Bulnes (Asturias), por otra parte, donde hasta hace unos años (antes de la construcción del funicular) se veían obligados a transportar casi todo lo necesario para vivir sobre sus espaldas o a lomos de borricos, la riqueza se medía, principalmente, por el número de jumentos que cada cual poseía. En muchos otros pueblos españoles el poderío de una familia se conocía por el número de cerdos que se sacrificaban durante la tradicional matanza. Recordemos que hasta hace bien poco, el puerco era en el mundo rural sinónimo de abundancia y prosperidad: poseer uno o varios era como tener hoy un fondo de inversión o una cuenta de ahorro. No es de extrañar, pues, que las primeras huchas cobrasen la forma de un cerdito, como símbolo de ahorro. Si en nuestro país el cochino, el borrico y la vaca eran animales de gran valor, en la economía del nómada del desierto del Sahara mauritano, la riqueza gira en torno a la camella, por su leche. F. Pinto (1997) sostiene que antaño con unos 25 camellos se tenía una posición media, con 50 se era rico, y con unos 100, muy rico. La incidencia del medio ambiente en el lenguaje se advierte también en las amenazas de los padres a los estudiantes vagos, cuando éstos estudian poco. En tal caso, los progenitores de zonas de predominio agrario les recuerdan a sus hijos: «¡Te sacaré de la escuela y te irás al campo!». A aquellos de las comarcas de secano les dicen: «¡Si no sacas el curso, ya sabes, a plantar ribazos al monte!». Y a los de zonas turísticas, con gran desarrollo en el ámbito de la construcción, la temida frase es: «¡Si no apruebas, te irás a la obra!». Otra área del lenguaje en la que incide el paisaje es la de los genitales. En las zonas de mar al órgano de la mujer se le llama almeja; en el territorio donde se hace horchata, se le denomina chufa, y en las comarcas de hongos, recibe el nombre de seta. Y es que las personas acuden a los elementos de su entorno para designar las cosas y para dar cuenta de sus experiencias. El escritor V. Blasco Ibáñez (1981: 70-71) en su novela Cañas y barro lo expone con sencillez al describir a uno de sus personajes:
Todas sus comparaciones se las facilitaban los pájaros de la Albufera. ¡Las hembras...! ¡Mala peste! Eran los seres más ingratos y olvidadizos de la creación. No había más que ver a los pobres 'collsverts' (patos) del lago. Vuelan siempre en compañía de la hembra, y no saben ir sin ella a buscar

la comida. Dispara el cazador. Si cae muerta la hembra, el pobre macho, en vez de escapar, vuela y vuela en torno del sitio donde pereció su compañera, hasta que el tirador acaba también con él. Pero si cae el pobre macho, la hembra sigue volando tan fresca, sin volver la cabeza, como si nada hubiese pasado, y al notar la falta de acompañante se busca otro.

La importancia de distintos animales en las diferentes culturas no sólo influye en el lenguaje coloquial, sino también en las traducciones de libros como la Biblia. Zuluaga (2001: 68) lo deja muy claro al afirmar: Así, por ejemplo, 'pingüino' puede ser equivalente de agnus (=
«cordero»): en la traducción de la Biblia para un pueblo en cuyo entorno no existen los corderos (el ejemplo es de Nida, 1964), 'agnus Dei qui tollis peccatamundi" se tradujo por 'pingüino de Dios que quitas los pecados del mundo'; se optó, pues, por el nombre de 'pingüino' para 'agnus'. Estos dos lexemas no se corresponden ni desde el punto de vista de sus significados básicos ni de sus denotaciones, pero son buenos equivalentes desde el punto de vista clasemático (animal) y desde el de la valoración social (mansedumbre) en las respectivas lenguas y culturas; en otras palabras, la pertenencia a la clase animal y la connotación de mansedumbre constituyen, en este caso, las invariantes.

De las distintas asociaciones de los animales en las diferentes culturas también saben mucho las multinacionales. Así, McDonald's, que según datos de V. Verdú (2003: 17) sirve diariamente a 45 millones de clientes en 30.000 establecimientos de 120 países,
[...] sirve siempre el Big Mac, pero a su lado emplaza la ensalada micoise en Francia, el feta en Grecia, el pollo frito en Singapur, el pollo al curry en Gran Bretaña y la comida kosher en Israel. O transcorpo'reiza su unidad de culto en el McLaks de Noruega a base de salmón en vez de carne o en el Maharaja Mac de la India con cordero y no buey para respetar a los hindúes.

4.2.2 Lenguaje y entorno material Nuestra manera de expresarnos se ve afectada por el paisaje pero también por los objetos que utilizamos. Las cosas que nos rodean tienen un papel importante en el desarrollo de nuestro lenguaje. Para demostrar esta idea nos referiremos a tres aparatos básicos actualmente: el coche, el ordenador y el móvil. El primero llegó gracias a la

sustitución de los animales por los vehículos a motor. Con este procesó de mecanización se ha alterado el lenguaje. De hecho, la aparición del automóvil ha supuesto la jubilación del lenguaje dirigido a las caballerías. Hasta hace poco todos conocían el significado de los gritos ¡So! (orden para detener el animal) o ¡Arre! (interjección para iniciar el paso o acelerar). En la actualidad estas señales auditivas ya no se oyen, ahora predomina el rumor y el escándalo provocado por los tubos de escape, claxons y sirenas. Con la motorización llegó asimismo el cambio de significado de la palabra coche. Este medio de transporte tirado por caballos se convirtió poco a poco en un vehículo impulsado a motor. Ya quedan pocos cocheros y pocos carros. Estos han ido desapareciendo de las carreteras y del lenguaje. Antes se empleaban a menudo las expresiones tirar del carro, aguantar carros y carretas o la frase ¡Eh, tú, para el carro! Hoy se van jubilando lentamente estos modismos y se están incorporando otros como frenar o aparcar un proyecto, dar luz verde a una iniciativa, dejar en punto muerto una ley o acelerar un recurso. Con la llegada de la automoción creció la familia de las palabras compuestas por auto-: autobús, automóvil, autocar, automotor, autovía, autoescuela, autolavado, autocine, autopista, autostop, etc. También se han incorporado nuevas siglas: ITV (Inspección Técnica de Vehículos), ORA (Ordenanza de Regulación de Aparcamiento), GTI (Gran Turismo Inyección) y vocablos como gorrila (guardacoches ilegal), servofreno (freno cuya acción está amplificada por un dispositivo eléctrico o mecánico), airbag (peto de seguridad o neumático), jeep, etcétera. Otros dos objetos actuales con una honda repercusión en nuestro lenguaje han sido el ordenador y el móvil. Estos nuevos avances han ampliado nuestras posibilidades de comunicación y han comportado hasta la transformación de los hábitos comunicativos tradicionales. A estos cambios, sobre todo al hablar a través de la pantalla, se refiere Tony Cortés Díaz en El Magazine (17-2-2002: 8):
Tengo 27 años, trabajo frente a un ordenador y en casa tengo otro PC, una consola última generación, televisión por cable. Las nueve horas diarias de trabajo me las paga la compañía por lo que trabajo, pero las restantes antes de descansar se pasan entre internet, la consola y la televisión. Mi vida circula por un cable de fibra óptica que me conecta al mundo. Mi círculo de amistades es cada vez más grande gracias a la red, pero a mis amigos de toda la vida los veo en contadas ocasiones. Sólo me sé comunicar por e-mail, incluso llamar por teléfono se me hace pesado.

Estos nuevos medios están generando además lenguajes específicos en los que prevalece la rapidez de la escritura frente a la corrección ortográfica. Pensemos en cómo los portátiles han originado un nuevo sistema de interacción, el deno-minado mensajeo. Las normas de uso de estos mensajes cortos, los nuevos tele-gramas basados en la omisión de los elementos redundantes por razones eco-nómicas, se recogen en el libro Qrs hablar: La ch pasa a x: Noche = NXE La II se transforma en y: Llama = YM Las cifras y los signos valen por lo que significan o suenan: Más = + No se usan los acentos y los signos de interrogación sólo se colocan al final;-¿Donde? = DND? Hay un grupo de abreviaturas fijas: Mañana = MÑN; besos = BSOS; un minuto = ¡MNT. A estas reglas hay que añadir una serie de símbolos, los emoticonos, que están hechos de signos de puntuación y que pretenden expresar de forma taquigráfica el estado de ánimo del emisor. Con estos símbolos de puntuación-emoción se ha generado una gestualidad y una paralingüística digital, que es captada a partir de la vista. Pocos ignoran el significado de alucinas (@-@), el de © o el de ®. Por otra parte, con la expansión de otro objeto, el ordenador, vino la revolución informática que dio origen al ciberlenguaje. Esta modalidad lingüística se distingue por el uso de la @, (en las direcciones de correo electrónico une el nombre del usuario y el de su servidor), por la formación de términos encabezados por ciber- (cibersexo, cibercafé, cibernauta, ciberrelaciones, etc.) o por la utilización de palabras de la vida real que cambian de nombre o de significado al entrar en la vida virtual. En este sentido, A. Grijelmo (1999: 167) apunta que lo que en la vida real llamamos orden, en el terreno virtual se convierte en comando, o lo que en cualquier otra actividad humana se llama simplemente copiar se transforma en bajar. También las voces navegar, pirata, ratón, menú, etc., alteran su significado al pasar de la lengua general a la red de redes. Tan enorme ha sido el influjo de Internet que ha dejado su marca hasta en el lenguaje coloquial, que se vale de las expresiones ser una IBM (inmensa bola mantecosa), cambiar de chip, se te ha fundido el disco duro, eres más inútil que un teclado sin enter, me he quedado bloqueado, estás en off, vas a 42 bytes por segundo (muy lento) o eres un tonto.com.

4.2.3 Lenguaje y entorno social El modelo de articulación social y parentesco, que va cambiando con el paso del tiempo, también deja su huella en el lenguaje. Para demostrarlo analizaremos la evolución de dos instituciones milenarias: el matrimonio y la descendencia. En la sociedad tradicional, la que imperaba en nuestro país hasta hace poco, la unión matrimonial, tenía una enorme importancia sobre todo para el colectivo femenino. De hecho se decía que «la carrera de la mujer era casarse y tener hijos». Por eso, antaño cuando las niñas tomaban la primera comunión, las mujeres se dirigían a las madres de las criaturas con la expresión «ahora ya lo que le hace falta es que la vea usted casada». El gran deseo de las progenitoras lo expone J. A. Pérez Rioja (1990: 21) en el siguiente texto: «La gran ilusión de las madres era dejar "recogidos" a los hijos, es decir, casados; y si se trataba de las hijas, ese anhelo se trocaba en verdadera obsesión». Para cumplir esa pretensión, las madres o las hijas, si hacía falta, hasta acudían a los santos y santas casamenteros (se recurría a menudo a S. Antón o a la Virgen de Guáyente). Todo menos oír que a su hija la llamaran solterona o que le recordaran: «Te has quedado para vestir santos». Tan mal le solía sentar esta palabra o expresión a la aludida o a su madre que ante esa acusación solían contestarle a la casada con un: «Vale más vestir santos que desvestir borrachos». Han transcurrido los años y estamos asistiendo a una mayor aceptación social de la vida en solitario, por eso ha aumentado el número de personas solteras, de las llamadas impares. Junto a este hecho somos testigos de la pérdida de importancia del matrimonio como institución. La gente se casa menos y más tarde, no en vano en las invitaciones a la boda y en los carteles humorísticos que pegan los amigos para anunciar el inminente enlace predominan fórmulas del estilo de «¡Al fin se casan/ nos casamos!». A los jóvenes cada vez les cuesta más dar el paso para formar un nuevo hogar porque su periodo de formación se prolonga más, porque cuesta encontrar un puesto de trabajo digno y porque acceder a una vivienda les resulta muy difícil. Ante tantas dificultades muchos optan por el apalanque, por la prolongación durante el mayor tiempo posible en el nido familiar. Han aflorado además nuevas maneras de vivir y de establecer relaciones con el prójimo. Y en estos momentos, tal vez las palabras

clave sean unión de hecho y cohabitación. Esta última, en opinión J. González Anleo (1999: 161-162):
[...] tiene un sentido múltiple, es concepto polisémico: ensayo juvenil o matrimonio de prueba, tolerado ya en muchos países, decisión final de divorciados o separados que no quieren repetir un matrimonio tras el fracaso del primero, una relación de transición previa a ulteriores nupcias de quienes quieren evitar nuevos fracasos matrimoniales tras una separación siempre traumática [...].

Por tanto, hoy además de los matrimonios religiosos, tenemos los civiles, y junto a éstos existen otras fórmulas convivenciales como los sin papeles (se juntan), las parejas de hecho o las parejas mecano (parejas reconstituidas con otro nuevo cónyuge y puesta en común de los respectivos hijos). Además de la aparición de esta nueva terminología, ante la nueva realidad social, como reconoce I. Morant (2000: 3-10), se han tenido que inventar nuevos modos para nombrar situaciones antes inconfesables. Y así:
Las instituciones políticas, por ejemplo, envían ahora sus invitaciones dirigidas al Sr. o la Sra. X y acompañante, y no y esposa, como ocurrió en otro tiempo.

Últimamente se está luchando por conseguir el matrimonio entre personas del mismo sexo. El día en que se logre, el diccionario habrá de modificar la definición de matrimonio como 'unión de un hombre y una mujer'. ¿O se creará un nuevo término específico para designar la unión homosexual? Es probable que surja una polémica terminológica, como de hecho ya se vio en un debate sobre la cuestión en un foro del Centro Virtual Cervantes, del Instituto Cervantes, en que algunos contertulios se negaban a aceptar que la unión entre homosexuales se denominara con el mismo término que el matrimonio tradicional, cuyo nombre, para ellos, sólo es digno de la unión heterosexual. Quienes así piensan, creen que la unión entre personas del mismo sexo será lo que sea, cualquier cosa menos matrimonio. En resumen, junto a la familia nuclear (esposa, esposo, hijos) tenemos la familia extensa (con tres generaciones viviendo juntas), la familia monoparental (sólo con padre o madre más descendencia), la homoparental (dos madres o dos padres más hijo o hijos), etc. Por lo que respecta a la descendencia se ha pasado de una época en la que se afirmaba «Hijos, los que Dios nos dé» o «los que Dios quiera», a un período en el que predomina el lema «Hijos, cuando se pueda». Antes

tenían mala fama los casados sin descendencia porque una de las funciones básicas de la familia era la de la reproducción. J. Eslava (1993: 73) lo ratifica:
Algunos matrimonios recitaban una piadosa jaculatoria para desagraviar al Señor antes de cumplir con el débito conyugal: Señor, no es por vicio ni fornicio, que es por dar hijos a tu servicio.

En algunos municipios valencianos se pregona que «el casar no fóra res, si al cap de l'any no foren tres», equivalente al «no hi ha dos sense tres». Y a la recién casada se le anuncia que va para monja de san Agustín, basándose en el dicho «Monja de Sant Agustí, tres caps en un coixí» (la mujer, el hombre y el bebé que llegará). Y es que un matrimonio sin hijos era como un arroz sin aceite, y a la esposa, fuera o no estéril, si no paría se la acusaba de machorra. Actualmente, sin embargo, la presión social para ser padres y madres ha disminuido en nuestra sociedad, la fecundidad ha caído en picado, el niño es un «bien escaso», más voluntariamente deseado que en otros tiempos. Hoy, ante la llegada masiva de mujeres al mundo laboral, las parejas se lo piensan más, porque, sobre todo para las mujeres, resulta difícil compaginar su vida familiar y laboral. Algunas de ellas, como Consuelo León, sostienen que para conciliar el doble papel de madres y trabajadoras, «sería ideal crear un pacto social entre empresas y Gobierno para cambiar los horarios, y que la Administración distinga con el certificado de empresa familiarmente responsable al que aplique estas políticas». También se dice que otra causa de la escasez de niños es el fuerte desembolso que suponen. Alguien ha dicho que el refrán «Los niños vienen con un pan debajo del brazo» se ha convertido en «Los niños vienen con un gasto debajo del brazo». Esto explicaría la gran cantidad de hijos únicos y la modificación del concepto de familia numerosa: antes se concedía esta categoría a los casados con cuatro hijos o más; hoy se concede este título a las parejas con más de dos. Los avances de reproducción asistida, por otro lado, nos han familiarizado con expresiones inexistentes hace unos años, como niño probeta, banco de semen, madre de alquiler, inseminación artificial, y ha invalidado el conocido refrán de que «Madre no hay más que una». 4.2.4 Entorno ideológico y lenguaje Probar que el lenguaje queda marcado por las creencias de una

cultura no resulta complicado. Basta fijarse en la actualidad para comprobar que nos encontramos inmersos en una sociedad donde se rinde culto al cuerpo, donde la apariencia física se considera fundamental y donde lo joven y lo bello constituyen el mensaje sagrado. No es extraño, pues, que tanta preocupación por la belleza haya dado lugar a una serie de matices que la lengua recoge y que comenta J. A. Díaz (2004): Se distingue entre 'feo de cara y feo de cuerpo', de forma que una persona puede tener un rostro poco agraciado, pero poseer un 'buen tipo' o un 'buen tipazo'. De ella se dice que 'es como las gambas', de las que 'se aprovecha todo menos la cabeza'. Al contrario, puede haber 'guapitos de cara' con cuerpos poco bellos. La veneración al cuerpo ha generado asimismo numerosos sinónimos de carácter despectivo para referirse a la persona de físico poco agraciado. J. de D. Luque, A. Pandes y Fr. J. Manjón (1997: 129130) han recogido más de treinta: petardo, aborto, batracio, bulldozer, callo, caraculo, cardo borriquero, engendro, foto mal parido, etc. Otro de los elementos que conforman la belleza del cuerpo es el peso. Éste ha provocado una obsesión generalizada por la báscula y ha incorporado también a nuestro vocabulario cotidiano palabras como step, fltness, light, calorías, liposucción, CDR (cantidad diaria recomendada), bulimia y anorexia. Esta preocupación por los kilos y el pánico a la obesidad ha dado pie a la creación de abundantes expresiones referidas a la persona con sobrepeso: obeso, ballenato, fuerte, hermoso, potente, lustroso, orondo, opulento; diminutivos como gordito, rellenito, regordete; e insultos como cebón, botijo, gordinflón, gordinflas, cebado, amplio, jamona (este último sólo para las mujeres). La expresión estar gordo-a, ha generado, por otro lado, numerosos sinónimos: tener donde agarrarse, estar de buen año, tener unos kilos de más, estar como una vaca, estar como una foca, etc. La gordura al mismo tiempo ha dado lugar a cierta gradación de términos; se parte de rellenito, regordete, gordito, entrado/entradito en carnes, tener unos kilos/kilitos de más, aplicado a gente un poco gruesa, y que hoy van perdiendo el carácter atenuador y eufemístico que antes tenían; se pasa a un segundo nivel, formado por estar de buen año, tener donde agarrarse, hasta llegar al último grado, en que nos encontramos con insultos muy ofensivos: estar como un tonel, estar como un fudre, ser un gordo de mierda. Actualmente está de moda un modelo de belleza basado en la delgadez y eso hace que algunos vocablos que tenían antes un matiz

positivo (orondo, rollizo, lustroso, fuerte, opulento) se hayan cargado de valor negativo. Los adjetivos peyorativos para calificar a los delgados (delgaducho, escuálido, famélico, lamido, esquelético, seco, consumido), por otra parte, van perdiendo su carácter insultante y en algún caso adquieren un contenido parcialmente meliorativo. Esto se entiende si partimos de la idea de que adelgazar para «tener un cuerpo bonito» se ha convertido en una anhelada meta especialmente para muchas mujeres en una época en la que decir «Te encuentro más delgada» se ha vuelto un cumplido, en un tiempo, en el que ante el insulto: ¡Gorda!, ya no se suele replicar: «Más vale gorda y hermosa, que flaca y asquerosa». Esta cultura de la delgadez ha impuesto en las tiendas de moda unas tallas diminutas, ha dado lugar al imperio de la 36. Además, ha propagado un modelo de belleza, seguido por multitud de jóvenes, caracterizado por los huesos (ya es válida casi literalmente la expresión «Me muero por tus huesitos»), es decir, por una cara de poca salud y un cuerpo de palo. Hace un par de generaciones a las mujeres con estas características se les recriminaba: «Pareces una escoba vestida», o «Está más chupada que la pipa de un indio». Como acabamos de ver el paisaje, los avances tecnológicos, los cambios en las maneras de vivir y en la manera de pensar afectan a nuestro modo de expresión. Ahora bien, ¿en qué partes del lenguaje encontramos las huellas de esa influencia? 4.3 Reflejos culturales en el lenguaje La cultura de un pueblo deja su marca en el lenguaje. Estas señales de la personalidad y la historia de un colectivo, se reflejan en la mirada, en los gestos, en la pronunciación, en la forma y contenido de las palabras y frases, en la onomástica, etc. 4.3.1 Reflejos culturales en el lenguaje no verbal Si en una comunidad analizamos con detenimiento el lenguaje no verbal, el que va más allá de las palabras escritas o dichas, detectaremos importantes muestras culturales. Por ejemplo, en nuestro ámbito auditivo nos llama la atención un caso de secularización evidente: la sustitución como homenaje a los difuntos del rezo de un padrenuestro por un minuto de silencio, que más o menos es el tiempo que se tarda en recitar esta oración. Este ritual se

hacía en nuestro país cuando era un estado confesional. Actualmente, como el país es laico, ante la muerte o asesinato de una personalidad, los ciudadanos se suelen congregar en determinados puntos estratégicos de un pueblo o ciudad (ayuntamiento, facultades, plazas principales, etc.), donde permanecerán mudos durante sesenta segundos para mostrar su repulsa o admiración por la persona muerta. La conversión de un padrenuestro en una manifestación silenciosa resulta fácil de explicar: la no existencia es la muerte, a la que también nos remite el silencio. No hace falta aclarar el origen de la expresión silencio sepulcral, que habla de la paz inmóvil de los cementerios. No obstante, como contraposición, en ciertas ocasiones este mismo sentimiento de dolor y homenaje hacia el difunto puede expresarse mediante un ruido ensordecedor. M. Peñarroya nos contó que durante el entierro del bicampeón de motociclismo valenciano Ricardo Tormo en su ciudad natal, Canals, sus compañeros y amigos del mundo de la moto acompañaron al féretro con sus máquinas y le dedicaron un sentido homenaje sonoro apretando a fondo sus aceleradores, componiendo con el rugir de los motores una marcha fúnebre atronadora, emocionada y emocionante. Dentro del campo visual, destacan los gestos, que a menudo irradian datos importantes sobre la idiosincrasia de una comunidad. Estos movimientos corporales han sido muy estudiados, unas veces en una sola lengua, otras, desde una perspectiva comparativa, contrastando el valor de un mismo gesto en distintas sociedades o analizando cómo un mismo concepto posee representaciones diferentes en función de la cultura. Un ejemplo de esto último nos lo ofrece M. García (2001: 33-34) al aludir al movimiento manual utilizado para describir la acción de comer:
En la mayor parte de los casos el gesto es una tradición de la cultura [...]; en Japón se utilizan los palillos con tazón; en Gran Bretaña lo hacen como si estuvieran untando mantequilla, algo bastante significativo. Quizá se deba al excesivo consumo de este lácteo en este país [...]; en Irlanda cortan con cuchillo y tenedor. En la mayoría de los países se hace como si tuviéramos una cuchara y un plato, llevándonos la mano a la boca.

Esta cita nos demuestra cómo cada comunidad refleja su cultura a través de sus gestos. Si partimos de esta idea hemos de diferenciar en el seno de la gestualidad dos grandes grupos, los gestos universales, los

que parecen poseer personas de procedencia geográfica muy distinta, y los gestos culturales, que se adquieren al convivir en ciertas comunidades. Para ilustrar estos últimos recurriremos al concepto de suicidio. Así, para indicar a alguien que una persona se ha quitado la vida en Estados Unidos se ponen la mano en forma de pistola en la sien; en ciertas naciones africanas se colocan la mano o manos en el cuello si-mulando la acción de ahorcarse; en Japón hacen la pantomima de sacarse las tripas mediante el rito del harakiri. Para entender este gesto hemos de tener en cuenta, como sostiene C. Martínez Shaw (11-1-2004: 20-23), lo siguiente:
El sable es, en efecto, el alma del samurai, el único que tiene derecho a usarlo por partida doble (daishó); es decir, a combinar la espada larga o katana, destinada a la batalla campal y al enemigo exterior, y la espada corta o wahizachi, destinada al combate dentro de los castillos y frente al enemigo interior, a veces frente a uno mismo, por lo que es también el arma para el suicidio ritual.

fenómenos fonéticos, morfosintácticos o léxico-semánticos podemos saber mucho sobre la constitución interna de una época y de una comunidad. En cuanto al influjo fonético de la cultura deseamos comentar cómo el volumen de la voz es a menudo el reflejo de la personalidad de un pueblo. Unas culturas aceptan mejor que otras un bajo o elevado volumen de voz, los gritos en situaciones que en otros lugares serían inconcebibles. Estudiosos como A. Ba¬ilarín (1974: 79) tratan de buscar una justificación en el caso de su manera de hablar:
El benasqués habla en voz alta, tal vez, por la necesidad que tuvo de dominar la bulliciosa naturaleza: el ruido del río, el rumor de la selva, el ulular del viento, el fragor del torrente, el vocerío del ganado, o más bien porque, como los niños y el hombre primitivo que aún no tienen el oído castigado, ame el ruido.

Otro ademán nuestro relacionado con el sable, pero perteneciente al ámbito táctil, es el que la pareja vaya del brazo izquierdo del hombre. Este hábito nos informa de que antiguamente el novio o esposo debía de tener libre la mano derecha para desenfundar la espada ante un ataque, pues a él le tocaba defender a su dama. Si en los intercambios comunicativos no se tienen en cuenta los rasgos diferenciales de cada cultura, si el hablante tiende a emplear su propio código cultural aunque utilice una lengua que no sea la suya, en el contexto multicultural presente pueden surgir malentendidos, como el que narra A. Tusón (1997: 88):
Un maestro me explicó el caso de un compañero suyo a cuya clase asistía una niña magrebí. El profesor, consciente de las dificultades que tenía la niña para seguir las clases, le ofrecía una atención especial y, en muchas ocasiones, se acercaba a su mesa para darle explicaciones y ayudarla de forma individualizada, pero se sentía frustrado porque la niña siempre miraba hacia otro lado sin -según él- mostrar el mínimo interés. Al ca¬bo de algún tiempo, descubrió la causa de la actitud de la alumna: era musulmana y no podía mirar a la cara a un hombre adulto, lo cual, lógicamente no significaba que no atendiera a lo que le decía el profesor.

Otro rasgo fonético que queremos señalar emparentado con la cultura mediática es el de nuestra progresiva familiaridad con la pronunciación inglesa. En el desarrollo de esta tendencia, según D. Westall, la gran protagonista es la pequeña pantalla:
Las nuevas formas de entretenimiento televisivo, emitidas en el horario de máxima audiencia, el prime time, ofrecen a los participantes la posibilidad de expresarse de manera glamorosa con frases hechas como las preferidas del 'showman' Javier Gurruchaga: «Ladies and Gentlemen», «excesivamente heavy» [jébi] o «¡Esto es Hollywood!» [jólibud]. Además el 'cast' tiene el 'chance' de transmitir su mensaje con un aire de «prestigio» al salpicar el discurso con muestras léxicas de origen norteamericano: close up > [klóusap] o 'primer plano', 'plano americano'; 'stuntman' o 'stunt' > [estúnman, estún(t)] o 'especialist', 'doble'; 'superstar' > [superstár, superestár] o 'superestrella'»; 'zapping'> [zápin] o 'zapeo'.

Aparte de la programación de las cadenas y de las muchas horas que nos pasamos delante de la tele, el empleo de la pronunciación inglesa en la expresión de términos como jeep (yip), meeting (mitin), ranking (ránkin) o play off(pléiof), se ha visto favorecida por cierta actitud hacia esa lengua, el considerarla superior. A este mayor prestigio se refiere F. Lázaro (2003: 23):
Es casi seguro que una clínica se quedaría sin clientela si en lugar de anunciar 'liftings' ofreciera 'estiramientos de piel' [...] Para llamar al 'balonvolea', muchos implicados en ese juego prefieren 'volleyball'; el 'golf no agradaría tanto si se hispanizaran 'fairway', 'green', 'puf o

4.3.2 Reflejos culturales en el lenguaje verbal En este subapartado partimos de la idea de que a través de ciertos

'drive'; ni el tenis sin el 'smash', ni el 'waterpolo' sin este nombre: el empleo de tales voces confiere reputación de entendido frente a los ignaros, y por tanto se sienten como ineludibles para atraer admiración a la cosa y, por tanto, a quienes la llaman así.

desde hace tiempo a muchos hablantes hispanoamericanos, que dicen «hoy fui al cine» o «esta tarde vi a mi madre», como si cualquier hecho que no sea estricto presente fuera ya definitivo pasado.

No obstante, ya hay gente que comienza a estar cansada de tanto anglicismo. Así se manifestaba un joven de Sabadell en El País de las Tentaciones:
[Estoy harto] de los 'reality shows' y de la 'virtual reality'. Del 'airbag' y de 'Air Jordán'. De los 'outside' y de la 'prime time'. Del 'web' y la 'WTA'. Del 'star system' y de la 'jet set'. Del 'hip hop' y los 'Dj'. De los 'Wonderbra' y los 'Take That'. Del That's english'. Sólo falta que a Isabel Tocino la llamemos 'Elizabeth Bacon' (El tablón/2, 7-II-97).

Este paso del indefinido al pretérito perfecto parece concordar con la mayor velocidad que estamos imprimiendo a nuestras vidas. Todo lo hacemos cada vez más rápido, parece que las horas duran últimamente treinta minutos y los minutos, treinta segundos. C. Fresneda cuenta que:
En la Dallas Diagnostic Association -la clínica del doctor Larry Dossey, uno de los pioneros en el tratamiento del «mal del tiempo»los recién llegados se someten a una simple prueba: «Relájese, cierre los ojos y cuente mentalmente el transcurso de un minuto». La mayoría de los pacientes levanta el brazo a los treinta segundos.

En el ámbito morfosintáctico aparecen asimismo rasgos culturales. Con el fin de demostrarlo nos referiremos a dos casos relacionados con la evolución de los tiempos verbales. El primero, estudiado por Coseriu, lo comenta Casado (1988: 73):
Entre otros muchos cambios lingüísticos motivados por las nuevas necesidades expresivas suscitadas por el cristianismo, debe incluirse según Coseriu- la sustitución del futuro latino clásico ('amabo') por el futuro romance ('amare habeo' > 'amaré'). La nueva espiritualidad cristiana «despertaba y acentuaba el sentido de la existencia e imprimía a la existencia misma una genuina orientación ética. El futuro latinovulgar, en cuanto no significa 'lo mismo' que el futuro clásico, refleja, efectivamente, una nueva actitud mental: no es el futuro 'exterior' e indiferente, sino el futuro 'interior', encarado con consciente responsabilidad, como intención y obligación moral» (1977a, p. 34).

Los nuevos avances se inventan para hacerlo todo más rápido. Por ejemplo, los ordenadores personales doblan cada 18 meses su velocidad; estamos asistiendo también al desarrollo de la economía de alta velocidad, que nos dirige hacia la sociedad de las 24 horas activas al día, y al ir al supermercado encontramos más productos que se nos venden con los términos express o vit: Wipp Express (detergente), ColaCao Vit, etc. Ante esta falta de tiempo, ante el veloz ritmo de nuestras vidas, resulta comprensible la expansión de las siglas: JVA, NIF, AVE, LOCE, etc. Si la morfosintaxis es un buen campo de estudio para detectar los reflejos culturales en un idioma, el ámbito léxico-semántico es el más apropiado para explicar la relación lenguaje y cultura. Sapir (1921: 21) ya sostenía que:
El vocabulario de un idioma es el que más claramente refleja el medio físico y social de sus habitantes. El vocabulario completo de un idioma puede ciertamente considerarse como un inventario completo de todas las ideas, intereses y ocupaciones que embargan la atención de la comunidad.

El segundo ejemplo, más actual, pertenece a J. Marías (31-12-1995: 8) y se refiere a la aceleración del tiempo y a su repercusión lingüística. Según este escritor, todo va tan rápido en nuestro tiempo, que cuatro años resultan ser muchos y hasta el castellano registra el fenómeno:
A diferencia de otros, el español distingue con bastante claridad lo que es distante de lo que es cercano en el pasado, lo que está concluido de lo que no lo está tanto, y según los casos decimos «me ocurrió» o «me ha ocurrido». Pues bien, yo noto cada vez más mayor confusión en el uso de estos tiempos verbales, o, si se prefiere, cada vez más libertad y, por tanto, mayor subjetividad, con la tendencia a que el pretérito indefinido («me ocurrió») invada territorios que tradicionalmente pertenecían al pretérito perfecto («me ha ocurrido»), como les sucede

Dentro de este ámbito se advierte normalmente una cierta relación entre los intereses materiales y la organización léxica de un pueblo. O sea, cualquier tema que se convierte en un «centro de interés» de una comunidad desarrolla una extensa familia numerosa de palabras, así como múltiples sinónimos. Todos estos nombres representan una riqueza y demuestran la gran importancia que ese concepto posee para los hablantes. Así, en italiano sobresale el campo semántico de la pasta

y distingue más de cien variedades de este alimento: cappelletti, conchiglie, canneroni, cubetti, farfulle,fusilli, gomiti, gnocchi, lasagne, ondine, orzo, maccaroni, raviolini, spaghetti, tufoli, etc. El inglés de los Estados Unidos, en cambio, se distingue por la gran precisión en el terreno de las armas de fuego. Esto, según D. Westall, explica que en inglés americano haya una gran cantidad de palabras de uso común para describir los diferentes tipos de armas: shotgun, rifle, handgun, deer rifle, revolver, browning, six Shooter, colt, 38 special, etc. No es extraño, por tanto, que los correspondientes términos españoles sean, en su mayoría, préstamos del inglés. El interés de un pueblo por cierta parcela de la realidad no sólo se manifiesta en el número de términos que surgen a su alrededor, sino también en las expresiones. Los españoles, por ejemplo, sobresalen en el área léxica de los toros. La tauromaquia ha encontrado un gran desarrollo en el mundo hispánico y constituye una de las principales fuentes de analogía. Luis Antequera (1990: 54) demuestra en uno de su artículos la influencia de la jerga taurina en el habla cotidiana. Así, sostiene que la primera de las nociones que el lenguaje exalta de los toros es el valor, de ahí las expresiones coger el toro por los cuernos («afrontar un problema con gallardía y decisión») o tener más valor que el Guerra. Otro de los conceptos claves es la dificultad propia del toreo de la que surgen las locuciones ver los toros desde la barrera o a toro pasado. Además de coraje, en la tauromaquia se valora la astucia, cualidad de la que deriva torear a alguien («engañar, marear incluso tomar el pelo a alguien»), ser toro corrido (astuto) y el calificativo marrajo, que, nacido para designar el astado traicionero, denomina por extensión a la persona torcida y engañosa. Otro atributo importante en este ámbito es la camaradería. No es extraño, pues, que se hable de estar al quite cuando alguien colabora desinteresadamente con quien se ve de improviso en un lío; o de echar un capote a alguien como sinónimo de «echarle una mano». Otras dos muestras lingüísticas de cómo palabras y frases taurinas han pasado al castellano son el calificativo torero que se le dirige a quien ha tenido una magnífica actuación o como piropo (Al príncipe de España el día de su boda la gente al pasar por la calle le gritaba «Felipe, torero, queremos un heredero») y el taurino grito de ole equivalente al chapean de los franceses. En el gallego, por otro lado, uno de los conceptos clave es el mar, no en vano Galicia tiene 1.200 kilómetros de costa. Este hecho justifica el que peixe haya dado lugar a numerosas expresiones, tales

como peixe entre dous gatos («entre la espada y la pared»), fresco coma un peixe («fresco como una lechuga»), ser peixe de pouca sonada («no valer un pito»), ser peixe fino («estar como un tren»), etc. La importancia de este vocablo se advierte además en que determinados modismos que en castellano hacen referencia a ciertos animales no marinos, en gallego están formados con el término peixe, tal y como se recoge en el Diccionario de X. A. Pena (2001): Saltar el pájaro del nido = Abandona-lo peixe a posta Dormir como un lirón = Dormir coma un peixe Marear la perdiz = Marea-lo peixe No ser moco de pavo = Non ser peixe podre Ahora bien, la cultura extralingüística (creencias, valores, actitudes) influye en el léxico, pero no lo determina. Es decir, aunque los campos léxicos están más o menos desarrollados en función de los centros de interés de las comunidades lingüísticas, encontramos vacíos léxicos de conceptos importantes. En opinión de J. A. Díaz (2004):
La inexistencia de una palabra para designar un concepto en una lengua no implica que necesariamente en la cultura de sus hablantes no sea relevante dicho concepto y mucho menos que sean incapaces de concebirlo.

Y para ratificar esta idea afirma que «los hijos sin padre se llaman huérfanos, pero las personas sin hijos -la falta de descendencia es una situación amarga para muchas personas y, por tanto, muy relevante en sus vidas- no poseen ningún nombre.» Desde el punto de vista semántico, el carácter superficial y fácil del cambio del léxico, como diría Tusón (1986: 66), hacen de éste el nivel adecuado donde se puede comprobar la innovación lingüística ante la constante modificación de la forma de pensar y actuar de un pueblo. Así, se consideran relevantes para el estudio del influjo cultural al menos cuatro fenómenos: la creación de neologismos, el desplazamiento semántico, la extensión semántica y la pérdida de ciertas palabras. La aparición de un neologismo de forma se da cuando los hablantes necesitan una palabra nueva para designar una realidad también nueva. Esto es lo que ocurrió hacia 1988 en nuestro país con la popularización del mando a distancia. En esta cultura mediática aparece un fenómeno nuevo: la posibilidad de distraerse cambiando de canal sucesivamente o de defenderse de una mala programación. Para

denominar este hecho se importa el término zapping aunque, como recuerda C. Maldonado, se intentó buscar una palabra propia:
Fue por eso por lo que el Canal Sur de televisión, en su concurso «Si tú me dices ven», premió con un millón de pesetas la propuesta de la palabra 'zapear' como alternativa al vocablo inglés 'zapping'. El ganador fue don Federico Pastor de Villacarrillo, quien argumentó que ese verbo español, que significa 'ahuyentar o desembarazarse de algo o alguien* (recordemos la interjección castellana ¡zape! para ahuyentar al gato), era el más apropiado. Otras ingeniosas aportaciones de los concursantes, en ese intento de conseguir una palabra nueva por medio de un neologismo y no por medio de un préstamo extranjero, fueron canaleo, zigzagueo, cambiazo, teleboleo, teleojeo, mariposeo, zipi-zape o tequiyar (de «¿Te quieres ir ya?»).

Para los expertos, el pasar rápidamente de una película a un debate y de un concurso a una retransmisión deportiva, puede denominarse de tres maneras diferentes, puesto que ellos distinguen el zapping del flipping y del grazzing. El primero consiste en el cambio de canal cuando llega la publicidad. Por otro lado, se hace flipping cuando el telespectador cambia de programa mientras éste está en marcha. Por último, está el grazzing, que se basa en la visión simultánea de varios programas. Según M. Cubells (2003: 45),
Sólo un experto en el uso del mando puede hacerlo. Eso les hace perder el control y para evitarlo el programador le diseñará productos desenfrenados con un ritmo y un lenguaje lo suficientemente acelerado y frenético para que, si usted no se queda en el espacio televisivo, no pueda entenderlo.

Otro fenómeno lingüístico en el que se refleja el cambio cultural es el desplazamiento semántico, que se da cuando el significado de una palabra sufre un cambio en sus semas. La palabra millonario constituye un ejemplo ilustrativo. Y es que en el seno de la Unión Europea (UE), con la renuncia a la política monetaria nacional en beneficio de una política monetaria común, desaparece la peseta y llega el euro. Esta moneda cuyo nombre se eligió el 15 de diciembre de 1995 por ser una voz que se pronuncia prácticamente igual en todas las lenguas de la UE, por ser corta y por simbolizar correctamente la idea de Europa, afectó a nuestro vocabulario. Q. Monzó señala que con la aparición del euro se ha revalorizado la palabra millonario. Y es que desde el momento en que bastante gente de la clase media tuvo un millón de

pesetas en el banco, el aumento del número de millonarios devaluó la palabra. Por eso, los ciudadanos inventaron tres nuevos términos para realzar la cosa: multimillonario, archimillonario y supermillonario. Ahora bien, con la conversión de pesetas en euros ha descendido el número de millonarios pues para serlo se necesitan más de 166 millones y pico de las antiguas pelas. Con la ausencia de éstas, suponemos que comenzarán a jubilarse además las expresiones mirar la peseta, ganarse la peseta, lo que faltaba para el duro, dar duros a cuatro pesetas, que dejarán paso a otras construidas a partir del vocablo euro. Sin embargo, el proceso de sustitución será largo y costoso, como lo está siendo el que la gente calcule los precios en euros y no en pesetas o en duros. Un tercer aspecto lingüístico en el que se advierten las huellas culturales es el de la extensión semántica. Ésta se produce cuando una palabra adquiere un nuevo significado que añade a los que ya posee. Para ejemplificarlo nos centraremos en la palabra mascota, que, según A. Grijelmo (2004: 55-57), adoptamos del francés mascotte, y que en un principio designaba a los animales o cosas que traían suerte. Así, la borrega del Tercio de la Legión es la mascota de los legionarios que desfila incluso con ellos, porque se le atribuye la virtud de alejar las desdichas o atraer la buena fortuna. Desde hace poco, los perros, los gatos y otros animales han adquirido una gran importancia en nuestras vidas. Estos seres colaboran eficazmente en la salud física y mental de sus dueños, es decir, estimulan la comunicación, palian la soledad, mejoran la autoestima y dan seguridad. Con el aumento de estos ciudadanos de cuatro patas, receptores de caricias y mimos, cuya tarea principal es estar con nosotros, se necesitaba un sinónimo para aludir a ellos. Es en ese momento cuando el término mascota se enriquece con un ensanchamiento de su significado al incorporar a la acepción inicial, un segundo sentido, el de 'animal de compañía'. Y ahora una mascota puede ser un siamés que no trae ninguna suerte, pero también una persona como Españeta (utillero del Valencia CF), que se ha convertido en un talismán para la plantilla che. Finalmente, reflexionaremos sobre la desaparición de una palabra corno reflejo de una transformación cultural o social. Para ilustrar este fenómeno nos centraremos en la pérdida del término pordiosero (que procede de la exclamación ¡por Dios! y la terminación -ero) como consecuencia de la secularización que se ha producido en

nuestro país. Según J. A. Pérez-Rioja (1990: 60),
'Pordiosero' se decía del pobre mendigo que pide limosna invocando el nombre o el amor de Dios. Frente a ese pedir porfiadamente y con humildad, hoy se hace de muy distinto modo, invocando latiguillos tan lamentables y repulsivos como el tan conocido de «una ayuda, por favor, que no es para vicios ni drogas, porque yo no robo ni mato».

Ya no encontramos, por tanto, a personas que pidan con la expresión «¡Una limosnita por el amor de Dios!». Ni que den las gracias si la consiguen con un «¡Que Dios se lo pague!». Actualmente el vocablo pordiosero, aunque se encuentre en el diccionario y esté disponible para el hablante, parece superado, al igual que el firmar con una cruz (los analfabetos firmaban con ella, después se decantaron por la huella digital), la presencia del crucifijo en las clases de las escuelas públicas, el giro alzarse con el santo y la limosna, la interjección ¡Ojo al Cristo que es de plata! o el saludo ¡Ave María purísima!. Todas estas expresiones han ido cayendo en desuso desde 1975, porque la progresiva secularización de la sociedad ha ido acompañada de la secularización lingüística. España ha dejado de ser un estado confesional, pero aún así, como subraya A. de Miguel (1985: 140141), Dios sigue a la vista. O sea, resulta imposible eliminar muchas frases de carácter religioso como adiós, ser un viva la virgen, en un santiamén o no estar católico. Asimismo, expresiones como gracias a Dios, si Dios quiere y a Dios gracias son cada vez menos frecuentes entre los jóvenes -y cuando éstos las usan, lo hacen generalmente como formas desgastadas y desprovistas de carga religiosa-, quedando su uso reservado para personas mayores, particularmente si poseen sentimientos religiosos. En síntesis, los rasgos culturales de un pueblo se filtran en cualquiera de los niveles del lenguaje. Sin embargo, es en el ámbito léxico-semántico donde mejor se perciben las huellas que han dejado la forma de pensar y actuar de un grupo humano. A partir de esta idea y del supuesto de que las áreas de interés de un colectivo desarrollan un extenso campo léxico a su alrededor, nos proponemos averiguar seguidamente los conceptos clave de dos subculturas. 4.4 Subculturas A continuación examinaremos dos subculturas, o sea, dos unidades culturales específicas formadas por comunidades o grupos humanos

cohesionados por una actividad (o por otra variable social), la de los reclutas y la de los estudiantes. De éstas, la primera ha pasado a mejor vida, y la segunda está en plena vigencia. Para entender nuestra forma de proceder hemos de asumir dos hechos: primero, que todos pertenecemos a varios de estos grupos, que se caracterizan por la posesión de unos rasgos lingüísticos propios. E. Boix y Fr. X. Vila (1998: 120) ratifican esta idea al señalar:
Un fill d'un poblé del Segriá on prácticament tothom parla en cátala, pot ser, durant la setmana un estudian! a Barcelona, on s'adapta al cátala central, i un treballador en castellá en una assessoria jurídica i, durant el cap de setmana, pot ser soci d'un grup d'escalada d'alta muntanya, amb una varietat especial particular, i navegar per Internet a mitjanit en llengua anglesa.

La segunda idea que se ha de asumir es la de que en cada una de estas subculturas (escaladores, estudiantes, internautas, etc.), el lenguaje especial empleado une, identifica y retrata a sus miembros. 4.4.1 El lenguaje de los reclutas Si nos planteamos retratar la vida de los reclutas durante su período de servicio militar obligatorio, basándonos en su lenguaje, llegaremos a la conclusión de que los soldados forzosos aborrecían la mili, de ahí que deseasen pasarla cuanto antes y con el menor esfuerzo posible. Hasta hace poco los chicos al llegar a la mayoría de edad se convertían en quintos y ante su inminente ingreso en filas se planteaban la cuestión del Servicio Militar Obligatorio. Unos estaban en contra, lo consideraban un secuestro legal y se convertían en objetores o insumisos. Otros, convencidos o no, eran enviados a un cuartel. Allí, como nos recuerdan Álvarez, González y Vigara (1994: 67-68):
Aislados de su ambiente «natural», de su familia y de sus amigos, ha(bía)n de convivir durante un lapso de tiempo con otros jóvenes de su misma edad y su mismo sexo en un espacio cerrado y fuertemente jerarquizado; en un ambiente en el que se considera(ba)n prioritarios ciertos valores que, salvo excepciones, no ha(bía)n tenido ocasión de «plantearse» o sólo ha(bía)n ocupado hasta entonces la parte baja de su escala (el respeto formal y la obediencia, el honor, la cortesía, el coraje...).

Si indagamos en el lenguaje del que se valían para comunicarse entre ellos en el cuartel, advertimos que había al menos dos conceptos clave para este grupo: el deseo de la tropa de reemplazo por recuperar la condición de civil, de ahí su obsesión por el tiempo y por hacer el menor trabajo posible, es decir, por escaquearse. La primera preocupación de los que realizaban la mili era volver cuanto antes a su vida normal. Esto no nos sorprende si pensamos que son soldados forzosos y no voluntarios, como los soldados y militares profesionales. Así pues, en el cuartel se perciben dos concepciones distintas del tiempo. Por una parte, la de la tropa de reemplazo, que valoraba el tiempo pendiente para la licencia (cuanto menos mejor); por otra, la de la tropa profesional, que concede especial importancia al tiempo de servicio realizado (le aporta antigüedad y experiencia). Esta diversa concepción temporal se refleja en el énfasis manifestado por los profesionales al comunicar: Oye, que llevo cinco años de servicio. Y en la satisfacción de los soldados forzosos al decir: Me quedan quince días y la loca (la última mañana en el cuartel). La obsesión de los reclutas por consumir los días de disciplina castrense se reflejaba en la terminología tan expresiva que empleaban los soldados para aludir a los periodos de tiempo cubierto, o al que faltaba para licenciarse. Esto se manifestaba por un lado, en los abundantes apelativos que les clasificaban según el tiempo de servicio que llevaban. Así, a los soldados recién llegados, los parias de la sociedad castrense, sus compañeros veteranos les llamaban pollos, chivos, monstruos, chinches, bultos. La misma preocupación, según F. Rodríguez y J. Gómez (2002), se advertía en los tratamientos que se daba entre sí la tropa por medio de un variado número de metáforas asociadas a la familia. El uso de éstas, en concreto de las voces padraco, abuelo, bisa o wisa, son una prueba evidente de que en el cuartel la veteranía es un grado. Otra palabra que ratificaba la inquietud por consumir el tiempo de mili era asfixiómetro, una especie de almanaque donde se iban tachando diariamente los últimos 90 días. Para M. Peñarroya (2002):
En estos calendarios escritos de los últimos días de mili, la tropa produce solamente escritos con finalidad lúdica, en los que destaca la subversión lingüística (utilizando profusamente signos poco usuales como 'y', 'ss' o 'k' en palabras que no los llevan: 'wissa' (soldado

veterano), 'komanda-ka' (comandante), la deformación de palabras.

De entre estas frases sobresalían unas con rima que aludían de forma jocosa al tiempo que llevaban de servicio o al que les quedaba por cumplir:
Soy vikingo, porque ya no repito domingo (de mili) Soy rana, porque ya no repito semana (de mili) Soy romano, porque los días (de mili) que me quedan los cuento con la mano Soy lavadora, porque me quedan horas (de mili)

Por otro lado, el control temporal se reflejaba en el ámbito oral mediante gritos como: «¡Poka al segundo, que se joda todo el mundo!», «¡Poka al sexto, que se joda el resto!», en los que se recordaba lo poco que les quedaba a los veteranos de un determinado batallón para colgar el uniforme, para lograr la blanca (cartilla militar) y quedar lili(-s) (licenciado). Ese día tan esperado, los exsoldados explotaban de alegría y repetían constantemente:
Soy flecha, porque ya la tengo hecha (la mili) ¡Estoy lili! ¡Soy civil!

Incluso algunos destrozaban la ropa militar dando a entender su ruptura definitiva con la vida en el cuartel. Sus compañeros de reemplazos posteriores, en ciertos acuartelamientos, les rendían honores haciendo un pasillo y cantándoles:
Cuando veas pasar al abuelo, Por la puerta principal Lo verás vestido de paisano Con la blanca en la mano Y diciéndote adiós: Adiós padracos, Bultos también Se va el abuelo, Se va el abuelo

Paño volver... Esta batalla contra el tiempo, manifestada en las costumbres anteriores, era aprovechada por el mando para hacer del tiempo pasado fuera del cuartel un premio, y del tiempo forzoso en el interior, un castigo. Los arrestos consistían en privar al soldado de la

posibilidad de salir del acuartelamiento, y los permisos para ausentarse constituían una forma de gratificar la buena conducta. El recluta hasta el último momento vivía temeroso de que sus mandos lo retuvieran más tiempo en el cuartel, sobre todo por practicar el escaqueo. Según M. Peñarroya, los soldados forzosos huían de las obligaciones impuestas por la vida castrense, trataban de escabullirse de las guardias, de las maniobras, de la instrucción, de la limpieza, etc., porque las consideraban una mortificación. Por eso, los que estaban desempeñándolas eran a menudo objeto de burla por parte de sus compañeros. Al soldado de guardia, por ejemplo, le dedicaban el famoso ¡Dos piedras! (machácatela con dos piedras, fastidíate); al cuartelero le recordaban ¡Cuartelero, rapa el día entero!; y al imaginaria tras la petición de ¡Compañía, silencio!, le contestaban festivamente ¡En agosto (o en febrero, noviembre, etc.) me licencio! Ahora bien, el escurrir el bulto a la hora de la actividad castrense comportaba el peligro de un posible arresto y constituía otra de las obsesiones de la tropa, y así lo evidencian los numerosos sinónimos de arrestar: follar, pasar por la piedra, mandar al trullo, la visita al cala, empaquetar, meter un paquete (o un puro, un parte, un rabo), empurar, etc. Sobre esta actitud negativa ante las tareas propias del cuartel, F. Rodríguez y J. Gómez (2002) comentan:
Quien se ve obligado a 'hacer la mili' describe esta acción con muy diversos sinónimos ('chupar', 'curvarse', 'machacar', 'mamar', 'patear', 'planchar la mili'), y lo mismo ocurre con 'hacer guardias' en las largas noches cuarteleras ('chupar garita', 'ser carne de garita', 'estar de plantón', 'pelar una guardia', etc.). Y, obligado a ello, la mayor preocupación del recluta consistirá en evitar en la medida de lo posible el trabajo rutinario (escaquearse se convierte en un deporte general y también en un arte).

obsesionados por los exámenes y los suspensos, por eso se plantean el dilema entre estudiar o copiar. Desde la perspectiva conceptual, esta modalidad lingüística nos presenta a los alumnos como víctimas atormentadas por los profesores mediante exámenes. Que los estudiantes tienen ingenio nadie lo duda. Basta recordar pintadas como herrar es umano o Cada chico es un mundo. ¡Haz turismo! o lemas como el del estudiante: «Cara dura y adelante, ligar y no estudiar y en septiembre a catear», para darse cuenta de su imaginación. Si a la agilidad mental que les distingue le añadimos el espíritu de rebeldía contra lo establecido que les caracteriza, comprenderemos por qué los alumnos denominan al centro, la cárcel, y al aula, la jaula. Y entenderemos por qué afirman que: Si el estudio te hace grande, que estudien los enanos. Otro centro de interés del mundo estudiantil lo constituyen los compañeros más odiados, que son, por una parte, los escarabajos peloteros o pelotas, que tratan de captar la voluntad del docente con vistas a las calificaciones. Por otro lado están los empollones. Actualmente, se cotiza poco el seso, ya que está mejor visto ser guapo que ser inteligente. Muchas jóvenes prefieren destacar antes por sus curvas que por sus neuronas, prefieren ser una chica diez que la número uno de la clase. En la sección «Pregunta lo que quieras» del número 589 de la Revista Super Pop (2000: 41), Lucía de Santander confesaba:
No les gusta mi cerebro Creo que no estoy mal, pero los chicos no se acercan a mí porque dicen que soy una empollona. Me comporto muy bien en clase y saco muy buenas notas, pero parece que esto me aleja más y más de los chicos. No quiero suspender, pero quiero salir con un chico. ¿Qué hago?

Resumiendo, el lenguaje de los reclutas reflejaba el modo de vida de la tropa, que anhelaba pasar cuanto antes a la vida civil, por eso, contaba permanentemente su tiempo de estancia en el cuartel donde huía de las obligaciones propias de la disciplina militar. 4.4.2 El lenguaje de los estudiantes Al analizar la modalidad lingüística de los alumnos se advierte que se presentan como personajes ingeniosos, descontentos con el profesorado, que suelen odiar al empollón y que viven angustiados y

A estas personas responsables y estudiosas las insultan con palabras despectivas como calculín, sapientín, cerebrín, Pitagorín, la enciclopedia, la fotocopiadora, bombilla, coderas, rata de biblioteca, la computadora, el repelente niño Vicente, Marisabidilla, la lista Calixta, etc. A este respecto conviene comentar que la persona estudiosa se enfrenta al siguiente dilema: si trabaja y saca buenas notas se convierte en el orgullo de sus padres, pero al mismo tiempo, en el blanco de la ira de sus compañeros. Parece que el estudioso es un pringao, no como el vago que se presenta como un tío enrollao. Tampoco cuesta demostrar la mala fama de la que goza normalmente el profesor. Pensemos que el docente para una gran

parte del alumnado es el verdugo, el negrero, el ogro, el dictador, o es bautizado con un alias despectivo. La mala imagen que a menudo se tiene de los enseñantes explica por qué los bautizan con motes despectivos. Esta segunda identidad, muchas veces ignorada por el personaje en cuestión, suele fundarse en una característica física: el Dumbo, el botijo, el pitufo, etc. También se crean numerosos alias basados en rasgos anímicos. Por ejemplo, a los enseñantes rígidos y duros les atribuyen nombres como la rombo, la sargenta de hierro, Jode Luis, la señorita Rottenmmayer o sor piojo. Encontramos asimismo una importante cantidad de motes relacionados con la materia impartida por el profesor y con el nombre propio del enseñante: doña Brujida, Pútrida, Venancium o la Toña records. El desprestigio de los enseñantes también se manifiesta en pintadas como:
Matar profesores no es un delito, es un deporte. ¡Contamos contigo!

San Cucufato, Los cojones te ato. Si no me aprueban No te los desato.

Esta mala imagen del docente ha sido provocada sobre todo por los enseñantes estrictos, que se distinguen por imponer una disciplina férrea, por aplicar el ordeno y mando y por amenazar con el que la hace la paga. A todos éstos se les considera un latazo, peñazo, cañazo, rollazo, tostonazo o plastazo. El alumnado aparte de por los docentes vive angustiado y obsesionado por los exámenes y sus resultados. Para este colectivo el ejercicio escrito es un tormento, por eso, hay muchos profesores que cuando se enfadan les imponen a sus estudiantes el mismo castigo: «Para mañana, examen». Y es que con sólo oír la palabra ya hay alumnos que se ponen enfermos. Esto ha provocado la creación de eufemismos como ejercicio escrito, control, prueba o evaluación. Tan dramático resulta un examen que los términos emparentados con él hacen referencia al campo semántico de la muerte. La semana trágica es la semana de exámenes; las salas de examen, el matadero, el patíbulo, la guillotina, el paredón o la sala de torturas. Fulminar, cargar, colgar, tumbar, etc., son sinónimos de suspender; la lista de notas es la lista de condenados o lista negra, y el boletín, la doloroso. La realización de un control resulta tan angustiosa que poco antes del inicio desencadena el famoso tembleque, canguelo, telele en los protagonistas. Muchos temen quedarse en blanco y para evitarlo se encomiendan a la Virgen, a santa Rita, a santa Gema, a san Judas Tadeo o a san Cucufato:

Otros conceptos clave son estudiar y suspender. Al analizar el primero comprobamos que estudiar, arrastra dos tipos de sinónimos, los emparentados con la posición del que se prepara, o sea sentado, como si empollara (incubar o calentar la silla) y con los codos sobre la mesa (romperse, desgastarse apelarse los codos, encodar y codear) y esforzando la vista (quemar cejas) y la mente (quemar neuronas, calentarse los cascos); el otro conjunto está constituido por las expresiones encabezadas por el verbo chupar, que en argot significa 'permanecer', y que da lugar a chupar biblioteca, chupar mesa y chupar flexo; existe un verbo equivalente fonéticamente afín al anterior, se trata de chapar. Esta tarea básica del mundo estudiantil, el estudiar sobre todo para un examen, resulta penosa por el desgaste físico y psíquico que supone para los examinandos. Este sufrimiento y angustia vital se advierte en la siguiente estrofa, que es una readaptación de una canción del grupo Mecano:
Hoy no me puedo levantar, esta semana de exámenes me dejó fatal. Todas las noches sin dormir, leyendo, estudiando y sin parar de sufrir.

Ante las dificultades para prepararse bien un control tenemos a los estudiantes partidarios de la ley del profeta: menos estudiar y más chuletas. Éstos se rompen los sesos pensando en cómo burlar las pruebas para pasar el examen. Son defensores de que no metas en tu cabeza lo que te cabe en un bolsillo, por eso se declaran partidarios del lema del estudiante: sacar chuletas y adelante, pues más vale chuleta en mano que estudiar en verano. Y con el objetivo de copiar, unos elaborarán lenguajes secretos y otros harán auténticas obras de ingenio, como las expuestas en el primer museo de la chuleta ubicado en el Instituto Cayetano Sempere de Elche en 1999. De todas estos sistemas de copia señalamos tres: - La mocosa, o sea, un pañuelo de papel en el que se ha escrito la información deseada. - El sandwich, es decir, una goma de borrar cortada por la mitad y en medio, la pequeña chuleta.

- El agua bendita, que consiste en una botella de agua con anotaciones escondidas en la pegatina de la marca. No obstante, de entre todos los métodos para copiar destaca la chuleta. De este término proceden los vocablos chuletamen, chuletófilo, chuletónix, chuletón y chuletear. Los especialistas, al hablar del tema, distinguen entre el chuletamen móvil, que comprende todas aquellas chuletas que, distribuidas en diversos lugares (bolsillos, bolsos, bocamanga, etc.), es necesario sacar y meter, y el chuletamen fijo, que se basa en chuletas pegadas o cosidas en algún lugar del cuerpo, en la ropa o en un objeto. Realizado el examen llega la otra preocupación de los estudiantes, las notas. Al analizar este concepto clave se observa una desproporción entre la familia de suspender y la de aprobar, que apenas cuenta con un sinónimo, pasar. Es curioso también el contraste entre he aprobado y me han suspendido. Para comunicar que no se ha superado un examen el alumno cuenta con términos del ámbito sexual como follar, joder, cepillar, tirarse, aunque el más usado es catear. Por otro lado, los exámenes con un gran número de suspensos se denominan escabechinas, lijadas, barridas o pulidas. En estas cribas suele predominar la mínima nota, el cero. Éste ha generado sinónimos como cerapio, patata, bicicleta (si son dos), coche (cuatro ceros), churro, rosco, roscón, donut, dónete, buñuelo, ensaimada, etc. En resumen, al analizar la subcultura del alumnado a través de su lenguaje específico se advierte que el estudiante es una persona creativa, que no siente un gran afecto por los compañeros muy estudiosos ni por los enseñantes y que vive preocupado por los exámenes y las notas, por eso se plantea el dilema entre estudiar o copiar. 4.5 Ejercicios 1. Ve a tu despensa o al supermercado y fíjate en las etiquetas y en los envases de galletas, yogures, leche, cereales, etc. ¿Qué palabras y expresiones te llaman la atención? ¿Crees que este lenguaje tiene que ver con la cultura del sanismo, del «vivir sano»? 2. Pregunta a la gente de tu alrededor las razones por las que fuma, no fuma o ha dejado de fumar. ¿Por qué el tabaco ha pasado de ser considerado un pequeño vicio a ser una droga? ¿Cómo se refleja este cambio de connotaciones en el lenguaje?

3. Reflexiona sobre el siguiente texto de la modelo Judit Mascó, «La vida de una modelo», EPS, 21-3-2004, pp. 118-124.
Gracias a los viajes que he hecho he descubierto que el concepto de belleza, por más que en todo el planeta se esté imponiendo el canon occidental, es muy variado. En muchos países de África, la piel de los blancos es muy similar a la piel de los cerdos; les parece rosa y horrorosa. En las islas del Pacífico, la belleza es sinónimo de formas orondas, de peso, de fortaleza física, de fertilidad. Una mujer estilizada y delgada es considerada débil y también fea (p. 120).

4. Prepara un debate en torno al uso de símbolos religiosos en la escuela pública. El siguiente fragmento del libro El islam explicado a nuestros hijos de Tahar Ben Jelloun puede servir de punto de partida:
No, ¿te refieres al velo que se llama hiyab en el mundo árabe y chador en Irán? El Corán sólo dice que una mujer que reza, que se dirige a Dios, debe cubrirse la cabeza y llevar una ropa que no sea ajustada. Eso también se encuentra entre los cristianos y los judíos. No está bien visto que una mujer entre en una iglesia o en una sinagoga vestida de manera provocativa, p. ej., con una minifalda o una blusa transparente, o con la melena suelta, llamando exageradamente la atención (p. 71).

5. En nuestra sociedad, y de acuerdo con la cultura de la integración, se están desarrollando las llamadas playas accesibles en las que las personas con movilidad reducida pueden disfrutar de un baño en el mar, porque tienen zona de aparcamiento cerca del paseo, rampas, pasarelas de madera y una zona de baño señalizada y sillas anfibio. Sin embargo, según Dulce Fonollá (Magazine, 16-09-2001: 6), con esto sólo no se resuelve el problema:
Resulta que perdida por nuestro litoral se encuentra una persona minusválida que ha puesto un anuncio en el periódico con el único objetivo de encontrar a alguien para que le acompañe a la playa. Decían por la radio que no era la primera vez que lo intentaba y que en las anteriores había sido sin éxito. A cambio ofrecía comida y estancia. Lo he oído, he reparado en ello y, egoístamente, en ningún momento se me ha ocurrido llamar. Escucho otra emisora que nos informa del nuevo proyecto de infra¬estructura que tiene previsto el Ministerio de Medio Ambiente para favorecer el acceso a la playa a las personas que se desplazan en silla de ruedas. En un principio, se podría considerar que todos esos kilómetros de rampas y pasarelas (y sus correspondientes presupuestos) son una gran idea para mejorar la calidad de vida de esos ciudadanos con proble¬mas, si bien es evidente de que a una gran mayoría no les sirve para aliviar su minusvalía. De

sacarles de casa ya se encargará otro ministerio.

¿Cuál es tu opinión al respecto? 6. Estudia el lenguaje específico del deporte que más te guste. Recoge primero las muestras lingüísticas más características; a continuación clasifícalas teniendo en cuenta las palabras clave, y finalmente, explícalas. 7. Piensa sobre el lenguaje políticamente correcto y explica los aspectos positivos y negativos de esta tendencia llegada de los Estados Unidos de América. El siguiente fragmento de Amando de Miguel (1994: 34-35) puede servir como punto de partida:
Los viejos ya no son tales, sino dignos titulares de la tercera edad. Esta última metáfora ha adquirido incluso rango constitucional. Los humildes asilos han cambiado el rótulo por el de ciudades de la tercera edad [...]. Esto de las edades del hombre es asunto convencional y escolástico. Sólo que la convención nos dice que no son tres, sino cuatro, las edades del organismo humano: 1) infancia o niñez, desde el nacimiento hasta la pubertad; 2) adolescencia o juventud, desde la pubertad hasta la madurez; 3) edad adulta o madura, que corresponde al período más largo de madurez, y 4) ancianidad, vejez o edad avanzada, que equivale al último período de la vida ordinaria del hombre. La «tercera edad» es, pues, mera invención. Hemos decidido eliminar a los viejos de nuestra vista. Como no hay forma de lograrlo, nos contentamos con llamarlos de otra forma. De nuevo resuena el oscuro mito: las cosas dejan de existir si no se las nombra.

etnolingüística. Para ello seguirá los postulados de Coseriu y se centrará en dos planteamientos: en el estudio de los hechos lingüísticos en cuanto determinados por los 'saberes' acerca de las cosas (cultura) y en el estudio de la cultura ('saberes' acerca de las cosas) en cuanto manifestada por el lenguaje. DÍAZ ROJO, José Antonio (2004): Lengua, cosmovisión y mentalidad nacional. Murcia, Tonos Digital, <www.tonosdigital.es>. El tema central del libro es la relación entre la lengua y la visión del mundo o mentalidad colectiva. Se analizan algunos mecanismos de codificación lingüística de la realidad y se revisan las principales teorías sobre el tema, especialmente la hipótesis de la relatividad lingüística. Se defiende la idea de que la lengua refleja la cultura, pero no contiene una sola cosmovisión, sino que es el sedimento histórico de la visión del mundo de las distintas generaciones. En cambio, en las hablas especiales o variedades de habla es donde se refleja la mentalidad de cada subcultura, es decir, de cada grupo o comunidad humana cohesionada por una cosmovisión común.
DURANTI, Alessandro (1997): Antropología lingüística.

Lecturas recomendadas
ARGENTE, Joan A. (1996): «El lenguaje y la cultura: lingüística y antropología», Elementos de lingüística. C. Martín Vide (ed.) Barcelona, Octaedro, pp. 361-392. En este trabajo el autor presenta y comenta las contribuciones tanto de la lingüística antropológica al estudio del lenguaje como de la antropología lingüística al estudio de las relaciones entre lenguaje y cultura, pasando por la hipótesis de la relatividad lingüística. El capítulo concluye resaltando el enorme valor de la diversidad del lenguaje para la humanidad y para la lingüística. CASADO VELARDE, Manuel (1988): Lenguaje y cultura. La etnolingüística. Madrid, Síntesis. El autor, tras repasar las distintas corrientes que en la lingüística moderna han abordado la relación lenguaje y cultura, pasa al análisis de la

Madrid, Cambridge University Press, 2000. Se trata de una obra en la que se muestra que el concepto de lenguaje que se desprende del trabajo de los antropólogos lingüísticos del siglo XX ha cambiado. Éstos han pasado desde un enfoque del lenguaje como sistema de clasificación, una ventana a la realidad mental, a una noción de lenguaje como agregado de rasgos, tendencias y actos que son, en unas ocasiones, el telón de fondo y, en otras, el escenario de la constitución del mundo en el que vivimos. Lo que solía pensarse antes como fuera del lenguaje se ve ahora como más o menos parte del mismo, constitutivo de su organización y, por tanto, de su significado.