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LA FORMACIÓN DE LOS VALORES (2) Libertad Regalado E.

A las escuelas y colegios les corresponden continuar la preparación de ese ser humano acorde a los patrones y normas establecidas por la sociedad, los centros educativos responden a la filosofía de sus proyectos y a lineamientos básicos de educación, los mismos que en ningún momento deben estar en desacuerdo con la comunidad donde se vive. Escuela y familia se vuelven corresponsables de la educación, de la formación ética del niño o niña. Recordemos que nuestra masa está hecha de elementos que nos llevan a la virtud y al pecado, de modo que si está en nuestro poder el obrar cuando es bueno también cuando es denigrante. Somos al mismo tiempo el ángel y el demonio; y si en nuestros primeros años no hubo quien nos oriente, nos enseñe los códigos de comportamiento ético; no sabremos ni por qué ni cómo aumentar o disminuir la bondad o la malicia de nuestros actos. Savater en su libro “El valor de educar” (creo que debería ser el libro de cabecera de los señores profesores) nos señala que solo disponemos de cuatro principios de la moral: el filosófico que dice: haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley. El religioso: hazlo por que es la voluntad de Dios, por amor a Dios. El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio. El político: hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad de la que formas parte, por amor a la sociedad y por consideración a ti mismo. Como ven no hay ningún motivo que nos lleve a los actos en contra del bien común, de la tranquilidad, de la paz, de la verdad, del amor. Todos los caminos nos dicen que de lo único que debemos preocuparnos es de vivir en consonancia con los valores más elementales. En la edad de la adolescencia a nuestros hijos, hijas, les apetecen muchas cosas: quieren manejar un carro o que les compren una moto, pero aún no tienen la mayoría de edad; les gusta probar de todo, pero no miden las consecuencias; quieren tener dinero para ser alguien entre los amigos, pero aún no saben qué es trabajar; quieren saber cosas, y para ello hay que estudiar; pero nuestros hijos desean divertirse y lamentablemente las ciudades están plagadas de centros que invitan a la diversión; en fin, quieren que los dejen vivir, que no los disciplinen; pero sí, que estén allí los padres, para ayudarlos a salir de los problemas en que la vorágine del mundo los va atrapando. En resumen quieren darse la buena vida, sin tener ninguna responsabilidad, olvidando que la vida de un ser humano significa tener ante todo buenas relaciones no solo con nuestros pares sino con todos los seres y cosas que

pueblan el planeta; relaciones basadas en el respeto, en la solidaridad, en la tolerancia.