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LECCIONES QUE DEBEMOS APRENDER Libertad Regalado Espinoza Conviene que el orgullo no se convierta en vanidad, colocarse por encima

de los demás, decirles todos los días lo maravilloso, lo rico que eres y lo hábil y preparado que te encuentras en el oficio que has escogido, solo sirve para provocar indignación y desagrado, en los que a diario están obligados a escucharte. Tales son las palabras del consejero Paumgartner a el tonelero de Nuremberg, nombre de una de las obras maestras de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, escritor alemán que influyó en muchos escritores como: Keller, Baudelaire, Poe, Kafka. La historia de Federico, Conrado y Reinhold volvió a envolverme; por la tierna ilusión y fuerte pasión, que el amor por Rosa, provocaba en estos tres caballeros; quienes sabedores de la resolución del maestro Martín, de ofrecer la mano de su hija, solo a quien demuestre ser un experto y consumado tonelero, que fuera además, capaz de construir el tonel de dos cargas más perfecto; los llevara a dejar a un lado sus verdaderas vocaciones, con el único interés de conseguir estar cerca de ella. Hay muchas escenas que deberíamos rescatar de esta novela. Una de ellas es el encuentro de Federico y Reinhold en el camino a Nuremberg, los dos personajes después de haberse sometido a un aprendizaje forzoso para toneleros, deciden regresar al pueblo, y en una aldea cercana al objetivo se conocen y Federico le confiesa su amor por Rosa, a lo que Reinhold, escondiendo su sentimiento, le relata una historia que demostraba cuan valedera era la verdadera amistad: Un príncipe ofreció entregar un premio al cuadro del tema más interesante pero de ejecución muy dificultosa. Dos jóvenes pintores muy amigos y que trabajaban juntos se presentaron al concurso, cada uno con habilidades muy particulares. Durante la ejecución de la obra sin ningún tipo de egoísmos intercambiaron consejos muy útiles, lo que ayudó a que pudieran concluir con el pedido del protector de los artistas. Al concluir, se olvidaron de los méritos de cada obra y se abrazaron como los verdaderos amigos que eran; de tal suerte, que cuando el premio fue adjudicado a uno de ellos, los dos sintieron que en sus obras habían reunido la experiencia que poseían, así que el triunfo de uno, no significaba una derrota para el otro. De esta forma Reinhold graba en Federico que disputarse el mismo premio es una prueba para una verdadera amistad, sin que entren en juego las envidias y los celos, y además sin temer de ninguna manera la competencia. Qué buena lección nos ofrece esta novela, ahora que está muy venida a menos la verdadera amistad, pues hemos convertido al mundo en campo de batalla, donde todos somos poseedores de la verdad y por lo tanto nos cerramos a las opiniones de los demás, jamás escuchamos; la envidia, los celos y la prepotencia limitan nuestro crecimiento afectando a la comunidad donde vivimos.

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