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ALGUNOS CONCEPTOS EN TORNO AL ANÁLISIS DEL DISCURSO Y LA TEORÍA DE LA ARGUMENTACIÓN Apuntes de la Cátedra de Etnolingüística- Fac. de Humanidades y Artes- UNR Mag. María del Rosario Fernández Breve perspectiva teórica Concebimos a la teoría de la enunciación como práctica / acción 1 y como proceso en el que, a partir de los elementos de superficie del enunciado, es posible reconstruir la enunciación (pensada como proceso cognitivo, psicosocial y semiótico 2). Nos adherimos a la propuesta de Charaudeau quien intenta abordar el fenómeno del lenguaje desde cuestionamientos externos e internos (el planteo de la comunicación como lógica de acción e influencia social, la construcción de sentido como un doble proceso de producción /comprensión, la construcción del texto como operaciones propias de la puesta en discurso) articulados a partir de una perspectiva lingüística amplia. "...Si hay comunicación, tiene que ver con la comunicación particular por el hecho de que ésta se realiza a través del lenguaje verbal; si hay construcción de sentido, éste es específico por el hecho de que esta construcción se hace dentro de formas verbales; si hay construcción de un texto, éste depende de las reglas de ordenamiento de lo verbal. Es por ello que esta posición en el análisis del discurso puede ser designada como semiolingüística. Semio- de ´semiosis´, evocando que la relación forma - sentido se instaura en un mundo de intencionalidad ligado a una perspectiva de acción y de influencias sociales; lingüística recordando que esta forma está constituida por una materia de lenguaje, de la las lenguas naturales - que, por el hecho de su doble articulación, de la particularidad combinatoria de sus unidades (sintagmático - paradigmática, en varios niveles- palabras, frases, texto) , impone un procedimiento de semiotización del mundo que es diferente del de otros lenguajes" (Charaudeau, 1994,pág. 4) Para que ocurra el proceso de "semiotización" del mundo es necesario un doble proceso:  De transformación: En el que se parte de un "mundo a significar" para transformarlo en un "mundo significado". Comprende cuatro operaciones:  De identificación: detección, conceptualización en el mundo fenomenal de seres materiales o ideados que son transformados en "identidades nominales"
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En este sentido, deseamos rescatar la opinión de Mc. Donald quien, revisando la obra de Wittgenstein , rescata la idea de "acción" no en un sentido ontológico, sino lógico a partir del cual se presupone el lenguaje como una forma de acción: "...in Wittgenstein's late method is that ´action´ is not conceived ontologically (in a manner associated with Nietzsche), but logically, in a Kantian sense. Kant's transcendental or synthetic a priori logic was developed as a means of revealing ´ the conditions of possibility´ of phenomena and their laws. Such logic is a form of nonlogical necessity, a presuppositional logic, which is supposed to provide a rational foundation for science and morals (McDonald 44-5). Wittgenstein assimilated this presuppositional logic to his notion of language as forms of action. What is presupposed by our uses of language - what constitutes their logic - are loosely formed structures or channels that provide the tracks along which sense and nonsense run (McDonald 59). Such structures, or ´language games´ and ´forms of life,´ are to be regarded not as forms imposed on phenomena, but as arising from the social and cultural contexts in which such phenomena occur (McDonald 60, 68)." (Mc Donald, 1999, pág. 15 y 16)
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La perspectiva semiolingüística adoptada por Charaudeau, en este sentido, rescata estas tres dimensiones en el lenguaje. La dimensión cognitiva se pregunta "si hay una percepción del mundo y una categorización de éste, independeintemente de la acción del lenguaje o si ésta se hacen necesariamente a través del lenguaje" (Charaudeau, 1994 pág. 2). Desde la dimensión psicosocial los planteos se focalizan en el valor de cambio de los signos y su capacidad de influencia sobre los hechos de lenguaje. La dimensión semiótica intenta correlacionar la construcción de sentido con la construcción de las formas.

2  De calificación: adjudicación de propiedades y características que transforman a los
seres en "identidades descriptivas"  De acción: inscripción de los seres en esquemas de acción por los cuales se transforman en "identidades narrativas"  De causación: dado que los seres con sus peculiares características actúan y son actuados en una forma motivada que los inscribe en una cadena de causalidad, esta cadena será transformada en "relaciones de causalidad"  De transacción Por el cual el "mundo significado" se constituye en un objeto de intercambio entre un sujeto hablante y otro sujeto que asume el rol de destinatario. Sus principios son: que todo acto de lenguaje en un intercambio entre dos participantes que posean un mundo de referencia común y finalidades o motivaciones comunes. Ambos participantes se hallan involucrados en un proceso recíproco, pero no simétrico. "Este principio de interacción funda el aspecto contractual del dispositivo sociolingüístico puesto que implica un reconocimiento - legitimación recíproca de los participantes que se enfrentan" (Charaudeau, 1994,pág. 5)  La pertinencia: los participantes deben poder reconocer los universos de referencia, "deben poder compartir - lo cual no quiere decir necesariamente adoptar- los saberes contenidos en el acto de lenguaje en cuestión: saberes sobre el mundo, sobre los valores psicológicos y sociales, sobre los comportamientos, etc. Este principio exige entonces que los actos de lenguaje sean apropiados (en el sentido de P, Grice) en relación a su contexto (en el sentido de Spenber y Wilson) y, agregamos nosotros, a su finalidad, lo cual, por lo mismo, confirma el aspecto contractual del dispositivo sociolingüístico. " (Charaudeau, 1994,pág. 5)  La influencia: todo sujeto apunta, con su acto de lenguaje, a alcanzar a su interlocutor ya sea para que éste actúe, se emocione o piense de un determinado modo. En este sentido, el sujeto interpretante de un acto de lenguaje se sabe "objetivo de influencia". Podrá interactuar pero no está obligado a tener en cuenta las coacciones 3.  La regulación: para que el intercambio de los participantes no culmine en un enfrentamiento corporal o en la ruptura de palabra, debe existir una regulación de las influencias y contrainfluencias que aseguren un mínimo marco de intercomprensión e intercambio en el cual dominarán ciertas estrategias. Cabe destacar que para Charaudeau, el proceso de transformación no se realiza libremente, sino bajo el control del proceso de transacción 4. La noción de "contrato de comunicación" permite "vincular el fenómeno de la puesta en texto individual con las coacciones que lo sobredeterminan y con el postulado de intencionalidad que lo funda" (Charaudeau, 1994, pág. 8) y por ello se erige en una noción crucial a partir de la cual podrán problematizarse cuestiones vinculadas con la norma, el reconocimiento y la situación. En la interacción enunciador / enunciatario, el primero opera en dos sentidos: el de la coacción (necesidad de seguir ciertas normas) y el de la opción (planteo de estrategias). De este modo,
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 La interacción: plantea

Las coacciones constituyen uno de los componentes del contrato de comunicación y pueden perseguir distintos objetivos: "´hacer saber´( o ´informar´), que consiste en transmitir un saber a quien se supone que no posee; ´hacer pensar´(o ´persuadir´), que consiste en transmitir al otro el medio para modificar o confirmar su opinión; ´hacer hacer´(o ´incitar´) que consiste en llevar al otro a actuar de determinada manera; ´hacer sentir´(o ´emocionar´) que consiste en llevar al otro a compartir un estado emocional agradable o desagradable. " (Charaudeau, 1994,pág. 10)
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"Esta dependencia del proceso de transformación con respecto al proceso de transacción es lo que marca, a nuestro juicio, un cambio de orientación en los estudios sobre el lenguaje, desde el momento en que uno se interesa por conocer el sentido comunicativo (el valor semántico - discursivo) de los hechos de lenguaje: no solamente no se puede uno contentar con las operaciones de transformación en sí mismas, sino que es necesario considerarlas en el marco impuesto por el proceso de transacción, marco que llamamos dispositivos socio - lingüísticos base de la construcción de un ´contrato de comunicación´" (Charaudeau, 1994,pág.6)

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podríamos pensar al enunciador , tal como lo hace Mc. Donald (1999) en referencia al "narrador", como el sujeto constructor de las posibilidades de lo enunciado (en tanto fija normas de acción), incluso más allá de lo enunciado5 . Sin embargo, su función no será la de fijar un preciso sentido sino la de producir un discurso por el acto mismo de narración (o de enunciación), discurso que construirá un sentido, pero que no lo designará. Desde esta perspectiva, el enunciador podría ser concebido, como el "narrador", en tanto entidad pública y finita puesto que se halla limitado por otras acciones y por no asirse en una referencia psicológica más allá de las fuerzas sociales y culturales que constituyen su material textual, no pudiendo trascender el orden de las representaciones de la realidad. En esto radica, precisamente, su dimensión histórico - cultural: "...What we call cultural context does not explain the narrative act but rather enables us to describe it. The ´narrator´is thus not a private, internal subjet distinct from the more ´external´ forces of cultur but rather the workings of the discourses of culture. As a performative presence dispared along the temporal axis of the text, she or he may be pictured as a fold in the social and historical surfaces whic constitutes our sense of subjetivity - of the I" (Mc Donald, 1999, pág. 19) La función otorgada al contexto histórico no es explicativa, sino descriptiva y la presencia del enunciador 6 excede el eje temporal del texto a partir del cual ha sido dibujada. El enunciador se inserta, así, en una cadena de transmisión que lo precede y de la cual, a la vez, él mismo formará parte a fin de poder tomar la palabra 7. Así podríamos explicar el esquema por el cual el sujeto de hacer (enunciador) sustenta sus dichos en otra figura, la del destinador con quien acuerda los valores en circulación, los objetos que circulan en función de ciertas normas establecidas. De este modo, el sujeto enunciador, para devenir tal, deberá "negociar" permanentemente sentidos con su enunciatario (en un sentido micro) y con el destinador justiciero (en un sentido macro). Del diálogo entre ambos surgirá un mundo determinado que opere como "marco", como "esquema" a partir del cual los sujetos harán surgir sus identidades, siempre puestas en tela de juicio, siempre dialógicas. Ojo ver cómo insertar Narración y “puesta en discurso” A lo largo de nuestra labor profesional, siempre nos llamó la atención el hecho de que el tratamiento de la narración resultara una fuente de investigación para distintas disciplinas: la crítica literaria, la antropología, la sociología, la historia, la psicología, el periodismo, etc. Como podemos observar en nuestra vida cotidiana, en el abordaje de diferentes culturas, y aún en el desenvolvimiento histórico de las mismas, el narrar parece ser una forma de comunicación y simbolización propia de todos los seres humanos8, en cuyo tratamiento confluyen diversas
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"The narrator, however, must be conceived not just as a personal presence but as form of action that operates at level radically disproportionate to the action of the story" (Mc Donald, 1999,pág.18 )
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En “El decir y lo dicho” (1984) , Ducrot piensa la noción de enunciador como una voz identificable dentro del texto. Al elaborar su teoría de la argumentación en la lengua junto con Anscombre (1984) esta noción no es descartada, sino ampliada de tal modo que se considera que el “enunciador” resulta no sólo una voz identificable en el texto, sino un punto de vista que puede corresponder a un mismo locutor. Así, por ejemplo, en una negación hallamos dos enunciadores (puntos de vista): el que corresponde al enunciado asertivo (afirmación) y el de quien niega.
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"...Such is the cultural chain of transmission , into which every teller must insert himself or herself in order to be a teller at all" (Mc. Donald, 1999,pág. 20)
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“La frecuencia con que las sociedades y los individuos tienden a reconstruir las acciones y las intenciones humanas bajo la forma de una historia narrada, han llevado a varios lingüistas a postular que el narrar historias es un acto de lenguaje autónomo y la narratividad es independiente del contenido a narrar. Y ha llevado a varios psicólogos cognitivos a postular también la hipótesis de que la narración no sólo es un constructo

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problemáticas (socio-culturales , psicológicas y lingüísticas) que nos permitirían concebirla como una capacidad derivada del lenguaje. Si priorizáramos un abordaje socio-cultural, podríamos tomar como ejemplo de la importancia de la narración, la circulación de los mitos en una determinada cultura. El mito que se constituye en la forma discursiva de una realidad cultural que, de una u otra manera, a través de sus sucesivas y diferentes concretizaciones (Jauss, 1982) dicta pautas de conducta “está ligado al primer conocimiento que el hombre adquiere de sí mismo, más aún, es la estructura de este conocimiento” (Gusdorf, 1960) La existencia de estas formas narrativas en todas las culturas apoyaría la tesis de la narratividad como capacidad eminentemente humana. Pero este carácter universal no debe llevarnos a pensar que su constitución, su adquisición, transmisión y transformación serán iguales en diferentes culturas, ni aún en el seno de una misma, puesto que las estrategias que se pondrán en juego a la hora de narrar, dependerán, fundamentalmente, de los diálogos que se entablen con el otro presupuesto a quien se cuenta algo. Si, en cambio, priorizáramos la perspectiva psicológica, desde Freud (1908) hasta las psicólogos cognitivos (Bruner, Amaniti, etc.) el narrar, como veremos en detalle más adelante, se vincula con la construcción no sólo del self (en oposición al “otro”) sino fundamentalmente de la memoria y resultaría una forma básica y “natural” de organizar el pensamiento. No resulta asombroso, en este sentido, realizar observaciones que tal vez pudieran resultar elementales, pero baste el reflexionar acerca de enunciados tan comunes como los que los niños a diario manifiestan: “Entendí la lección de historia cuando me la contaron” . Sin duda alguna, resulta mucho más fácil comprender el desarrollo de un suceso histórico si éste es contado que si debemos comprenderlo a través de un cuadro sinóptico. Recordamos más fácilmente un concepto en una situación de examen si evocamos las circunstancias en que lo estudiamos. Y ello, creemos, ocurre, precisamente, porque el soporte de nuestra cognición parecería vincularse con lo narrativo 9. Desde una perspectiva histórica, epistemólogos como Foucault (1964, 1965, 1975) y Veyne (1972) se adhieren a la concepción de la creación del suceso histórico a partir de una construcción discursiva de índole narrativo, tal como también podríamos observar en el tratamiento que Verón (1987) hace de la actualidad periodística. A partir de estas breves observaciones, desearíamos señalar que, en consecuencia, abordaremos desde una concepción interdisciplinaria el tratamiento de la narratividad 10, pensándola en tanto un fenómeno psico - socio - cultural para cuyo tratamiento apelaremos a la lingüística como herramienta de análisis y la semiótica, como fuente interpretativa, no perdiendo de vista que dicho fenómeno cumplirá con los objetivos básicos de cualquier lenguaje: comunicar y simbolizar.

de la crítica literaria, sino una forma del pensamiento humano. Todos los individuos tendemos a interpretar las acciones humanas bajo la forma de una secuencia narrativa. La capacidad narrativa parecería iniciarse con la capacidad del lenguaje, aunque bajo las formas elementales del ‘y después’ “ (Teberosky -1995-pg. 103)
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En este punto deseamos contar una experiencia que una de las docentes asistentes a los cursos de Capacitación Docente Continua que dictamos desde hace varios años realizó y que consideramos altamente reveladora. Nuestra maestra, abocada al área de Ciencias Naturales en sexto y séptimo grado, detectó como un auténtico problema, el hecho de que sus alumnos no fueran capaces de comprender los principios básicos de ciertas leyes fisicoquímicas cuando leían el manual correspondiente. A partir de conocer y tomar los postulados acerca de la narratividad provenientes del psicología cognitiva, decidió realizar una suerte de “experimento” con sus alumnos: convirtió el texto expositivo propio del manual en un texto narrativo, relatando, a través de experiencias concretas, los principios que tantas dificultades ofrecían a sus alumnos. Con asombro concluyó que las dificultades de comprensión eran superadas y que a los niños les resultaba mucho más fácil construir los conocimientos pretendidos y, en consecuencia, aplicarlos luego a otros ámbitos del saber.
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Preferimos el término narratividad al de narración, que nos permite asociar el fenómeno de contar con la capacidad, inherentemente humana del lenguaje.

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La articulación entre la función comunicativa y la simbólica de la lengua está ya clara en los trabajos de Volochinov y Baktin de 1926, autores para quienes el sentido (la comunicación) implica siempre la comunidad. Así, la lengua se entiende como subsistema sólo comprensible en la dinámica de las relaciones sociales, dinámica que sostiene, desde las comunicaciones entre el uno y el otro, la producción de sentido. La dimensión social, otorgada a la producción de enunciados (polifónicos en sí mismos) implicaría que la función simbólica de la lengua se ve supeditada a la comunidad. Así mismo, es el uso de un mismo código y el conocimiento de los referentes psicoculturales (indagables a través de las estructuras lingüísticas - Fernández Güizzetti, 1981, 1983) lo que otorga cohesión a la comunidad. No deseamos soslayar, en este punto, la cuestión de que, además de la relación lengua - cultura, deben tenerse en cuenta las relaciones entre el discurso y el grupo social ya que, como sostiene Benveniste (1974), la lengua es el código interpretante del código social. Esto significa que, a través de los diferentes modos de comunicar, resulta factible analizar los procesos culturales y sociales que acontecen en determinado momento de la historia. Al reconocer en la competencia narrativa una cualidad inherente a cualquier sujeto, veremos, junto con Greimás y Courtés (1982) “en las estructuras narrativas profundas la instancia apta para explicar el surgimiento y la elaboración de toda la significación (y no solamente la verbal), capaz, asimismo, de asumir las performances narrativas y de articular, igualmente, las diferentes formas de la competencia discursiva. Estas estructuras semióticas – que seguimos llamando, a falta de un término más adecuado, narrativas, o mejor aún semio- narrativas – son, para nosotros, el depósito de las formas significantes fundamentales; ellas poseen una existencia virtual y corresponden - con un inventario ampliado- a la ´lengua´ de Saussure y de Benveniste, lengua que se presupone en toda manifestación discursiva y que, al mismo tiempo, predetermina las condiciones de la ´discursivizaciòn` (es decir, las condiciones de funcionamiento de la enunciación). Las estructura semióticas – llamadas narrativas- rigen, a nuestro parecer, las estructuras discursivas (...) en nuestro proyecto semiótico, la denominada narratividad generalizada -liberada de su sentido restringido que la vinculaba a las formas figurativas de los relatos- se considera como el principio organizador de todo discurso. Cualquier semiótica puede ser tratada o como sistema, o como proceso y las estructuras narrativas, definirse como constitutivas del nivel profundo del proceso semiótico” (Greimás- Courtés, 1982, pág.274) Conviene aclarar en este punto que el discurso, en tanto proceso, implica una compleja red de relaciones en la que se funcionalizan aspectos diacrónicos y sincrónicos, en la que hablan diversos enunciadores y locutores que se dirigen a distintos destinatarios y alocutarios (Ducrot1984), por lo cual, la narratividad se verá sesgada por la instauración de un forzoso “otro”, lo cual, a nuestro juicio, tal como venimos diciendo, impone una dimensión argumentativa en todo fenómeno narrativo y discurso en general. El análisis del discurso, desde nuestro punto de vista, se erige en una ciencia interdisciplinaria en sí misma puesto que su objeto, el discurso, resulta polifónico, esto es, abordable desde múltiples perspectivas y disciplinas científicas que, lejos de excluirse, se complementan. Hemos podido vislumbrar que es la semiolingüística la ciencia que en forma óptima puede dar cuenta del discurso. No obstante esto, desearíamos redefinir algunas concepciones que, aunque siempre enunciadas, deberían revisarse: la noción de referente, la de texto y la de enunciado. Concebimos a éstos como PRODUCTOS de PROCESOS: el de referencialización, el discursivo y el de la enunciación, de tal manera que pudiéramos conformar el siguiente cuadro11 PROCESO DE REFERENCIALIZACIÓN
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PRODUCTO REFERENTE

(pautado

psico

-

socio

-

Plantear nuestro análisis considerando estos tres niveles de generalización creemos que soluciona algunos problemas metodológicos y brinda, a nuestro modesto juicio, un enmarque posible en el que pueden interactuar de manera rica y coherente, diversas teorías. No obstante, dicho esquema (apenas esbozado aquí) debe ser perfeccionado en sucesivas investigaciones cuya impronta será el considerar que todo modelo de análisis debe funcionar en una relación dialéctica con el objeto de estudio, lo cual presupone necesariamente su dinamismo.

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culturalmente) TEXTO ENUNCIADO

DISCURSIVO ENUNCIACIÓN

No podemos comprender los producto sin analizar sus procesos, es por esto que se impone una visión generativa. Por otra parte, dicho análisis implica grados crecientes de generalización que van desde lo menos complejo (enunciación / enunciado) a lo más complejo (referencialización / referente) El referente es aquel producto fruto del proceso de referencialización que pertenece al macro código de la cultura (entendida ésta como un sistema semiótico - Lotman-1979) El texto es el producto del fenómeno discursivo e implica un "recorte" peculiar en el complejo entramado que es toda cultura, y, en términos de Veyne (1974), una psinapsis. El enunciado es un producto surgido del proceso de enunciación que, creemos, ha sido muy bien estudiado por los lingüistas (Benveniste-1974, Ducrot, 1984,etc.) y que, como sintetizan Costa y Mozejko (2001), permite su caracterización como “una acción de puesta en discurso, realizada por un sujeto competente, que definiría su identidad por la relación con un tú sobre el cual pretende influir: ´hacer ser´ e incluso, ´hacer hacer´” (pág. 23). En este marco, el enunciado involucrará siempre una dimensión argumentativa para la que no vasta con que un locutor presente cierto enunciado (o conjunto de enunciados) como destinado a ser admitido por otro (u otros), sino que se hace necesario que dichos enunciados cumplan con determinadas condiciones. Esto nos conduce a proponer un abordaje, no sólo desde un aspecto “macro” , sino también “micro”, para el tratamiento de la dimensión argumentativa de la narración. En lo que se refiere a la noción específica de discurso, nos adherimos a la postura de Charaudeau (1982) quien, como ya dijimos, concibe al discurso como “el conjunto de actos significativos que hablan el mundo a través de la instancia misma de su transmisión” .“Hablar el mundo” implica la concepción del mismo no como una exterioridad objetiva, sino como un fenómeno que adviene en el proceso discursivo. De este modo, no hay significados unívocos, sino múltiples significaciones que circulan y se generan a partir del fenómeno de la comunicación. El discurso en tanto práctica social impone, tal como señalan Costa y Mozejko (2001) un “proceso de opciones – que quedarán objetivadas en el texto- realizadas por el agente social (autor) desde su capacidad de acción (es decir: desde las posibilidades y limitaciones que determina su posición relativa)” (pág. 18). Para estos autores, el análisis de las prácticas discursivas no puede ser reducido al ámbito de quien produce el discurso (quien, por otra parte y retomando los postulados de la polifonía textual y la ADL (Argumentación dans la LangueArgumentación en la Lengua), jamás resulta un sujeto único) , transformando, de este modo, al receptor en un “agente pasivo, imposibilitado de reaccionar , aceptar, rechazar, en definitiva, de hacer uso, también, de sus márgenes de libertad. En el ámbito de las prácticas discursivas, la probabilidad de imponer sentido pasa, en gran medida, por la capacidad de generar aceptación en los receptores. Dicha aceptación tiene dos fuentes principales que se articulan y potencian: • La legitimidad del agente que produce el discurso fundada en criterios que M. Weber (1996) distingue en: legales, tradicionales y carismáticas. • Las características de las construcciones textuales que resultan de procesos de selección tendientes a persuadir, manipular , lograr adhesión de los receptores” (Costa- Mozejko, op. cit. págs 18 y 19) Si bien desde nuestra perspectiva concebimos al texto como un producto del proceso discursivo, realizaremos una sintética exposición acerca de los tratamiento más relevantes que se han hecho del mismo. Como sabemos, durante mucho tiempo fue la crítica (especialmente, la literaria) la encargada de analizar textos. Las diversas corrientes de la crítica centraron su interés en tres cuestiones fundamentales: el autor, el referente y el receptor. Las primeras constituyen lo que

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se dio en llamar una visión psicologizante cuyo interés radicaba en vislumbrar los rasgos propios de la personalidad y de la vida de un autor en su obra. Sus consecuencias pedagógicas pasaban por preguntas tales como: ¿Qué quiso decir el autor en la obra? ¿Qué elementos de la vida del autor se hallan presentes y justifican tal texto?. De este modo, la biografía del autor, se convertía en una suerte de cuaderno de bitácora para navegar los intrincados mares del texto. Esta extraña brújula partía del presupuesto básico de que el autor es un sujeto empírico. Foucault (1985) sale al paso de estos planteos y concibe al autor como una función textual que se define en y por las relaciones textuales que entabla. Las segundas abordaban la relación texto/contexto, pretendiendo entender el sentido de una obra en función de las condiciones sociales de su producción. Como podemos advertir, ambas perspectivas no abandonaban el universo de producción, dejando fuera de estudio, la recepción de la obra, el efecto que genera en el lector. Así llegamos a una tercera propuesta, centrada en el receptor, cuyo interés es estudiar la obra literaria, desvinculada del autor y transformada en el efecto que tiene sobre el lector, destacando la forma en que fue recibida y cómo se conserva a través del tiempo (Jauss, 1970, 1982) Para esta teoría, el autor no es una esencia psicofísica, sino una unidad constituía por la totalidad de las obras que se adjudican, constituyéndose en una unidad surgida del efecto mismo de lectura. En este sentido, se produce un desplazamiento por el cual no interesa ya el sujeto productor de un discurso “per se”, sino en tanto es construido por un otro (el lector). El texto pasa a ser referenciado en la dinámica de la comunicación. Citamos estos tres grandes lineamientos por considerar que ellos se encuentran presentes en las diversas concepciones acerca de la narración y, de algún modo, se reflejan en las evaluaciones institucionales, convirtiéndose en teorías subyacentes, implícitas que generan una determinada valoración de las producciones infantiles. Nos hallamos, de este modo, ante una extraña pero no menos fascinante trinidad: autor - mundo - lector que podríamos traducir en la dinámica del quién cuenta qué y a quién. Como en la historia de la crítica literaria, el elemento que siempre aparece evanescente y desdibujado es, precisamente, el a quién se cuenta. En opinión de Costa y Mozejko (2001), ya Gérard Genette (1972) señala que todo discurso se dirige necesariamente a alguien, aunque, según estos autores, “se detiene, de manera casi exclusiva, en el análisis de las relaciones entre el sujeto de la enunciación y el enunciado” (pág. 26), cuando, tal como ellos plantean, el “lugar del enunciador” puede ser analizado a partir de diferentes oposiciones: yo vs instituciones 12; yo vs otros yo 13; yo vs enunciado; yo vs enunciatario. En cuanto a estas dos últimas oposiciones,
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“Cada enunciado puede ser leído como el resultado de la opción de un sujeto frente a formaciones discursivas (Foucault, 1988) y géneros propios de una cultura. Esta opción se relaciona con la posibilidad de atribuir al enunciador roles temáticos específicos regidos por normas que condicionan su hacer. El yo podrá definirse como historiador, cronista, novelista, poeta, etc. y en, en cada caso, su modo de enunciación específico se relacionará con las normas establecidas por las instituciones en las que se inscribe: la reproducción de un status quo, la innovación parcial o, incluso, la construcción de un campo disciplinar nuevo, plantean una serie de problemas específicos: ¿qué efectos de sentido produce el respeto a ultranza de normas de género estereotipadas?,¿qué características debe atribuirse un enunciador que pretende imponer una manera nueva de hacer en un campo disciplinar específico,¿qué tipo de competencias lo convierten en iniciador legítimo de una nueva disciplina?” (Costa – Mozejko, 2001, pág. 27)
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“El enunciador de un texto particular se construye también a través de relaciones con otros enunciadores cuya existencia convoca en el enunciado. Una forma de incorporar voces y miradas diversas, frente alas cuales el yo define su posición diferenciada, es la de aquellos enunciadores que presentan diferentes versiones de los hechos: cada yo ofrece precisiones sobre lo dicho, acompañadas de un señalamiento particular de la competencia específica que permite distinguirlo de los demás. La superioridad del yo suelde definieres sobre la base de: a) una mayor competencia cognitiva (sabe más, fue testigo privilegiado, posee secretos que nadie conoce) ; b) una competencia del orden del decir: ´dice adecuadamente lo que conoce; c) un tipo de competencia que podríamos llamar axiológica y que implica la capacidad de valoración de los elementos del enunciado según sistemas de valores consensuados: en este caso, el yo se presenta como quien sabe distinguir el bien del mal, la verdad de la mentira, etc.; d) la configuración del yo como sujeto de pasiones, por ejemplo: amor a la verdad con los siguientes recorridos efectuados en su búsqueda, ocultamiento de intereses particulares, etc. La alusión a otros yo también puede ser utilizada para establecer equivalencias: el yo particular se inscribe en una genealogía que permite explicitar las fuentes de su saber, legitimarlo según un criterio de

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nos interesa particularmente rescatar la opinión de Costa y Mozejko (2001) acerca de la oposición yo / enunciado puesto que ella se vincula con uno de los fenómenos que, a nivel de la polifonía textual, hemos señalado como indicativo del diálogo que los sujetos entablan con el “gran otro” (Lacan). Costa y Mozejko señalan que, más allá de los lugares privilegiados de texto en los cuales se marca la subjetividad (Kerbrat Orechioni - 1986), de las categorías espacio temporales y la voz (Genette,1972) o del componente espacial y axiológico de las relaciones y de la modalización (Filinich, 1997 y Parret, 1995), el enunciador se define en función de opciones que realiza teniendo en cuenta un modelo (que nosotros referimos en relación a las vinculaciones del texto con el hipotexto 14) : “... todos los niveles del enunciado pueden analizarse como resultado de opciones que el sujeto de la enunciación realiza teniendo en cuenta los modelos vigentes. Las opciones en el nivel del discurso, las figuras retóricas seleccionadas, las supresiones , las alteraciones o el respeto absoluto de modelos narrativos, pueden leerse como estrategias del enunciador (...) ...En síntesis, las normas y los modelos que intervienen en el proceso de enunciación pueden leerse también como posibilidades frente a las cuales las opciones que realizan los agentes sociales se convierten en estrategias de posicionamiento que permiten ir delimitando ese lugar inicialmente vacío del yo. El sujeto de la enunciación es construido en el juego de tensiones entre los códigos y las variaciones / transformaciones / rupturas que se pueden introducir. En este sentido, las opciones realizadas, que van configurando al enunciador, constituyen opciones estratégicas específicas a la práctica discursiva.” (Costa y Mozejko, 2001, págs. 29 y 30) En cuanto a la oposición yo / enunciatario y en relación con aspectos vinculados a la ADL, rescatamos la idea de que: “Todo enunciado es un objeto que circula entre dos sujetos: el yo se instaura a sí mismo y, simultáneamente, construye al tú- enunciatario, como simulacro cuyas marcas registra el
autoridad, incluirlo en una línea de transformaciones mejoradas” (Costa y Mozejko, 2001, págs. 27 y 28)
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Modelo textual subyacente en un texto dado que no puede ser referido a uno en particular. Así, por ejemplo, cuando un niño comienza su relato con el enunciado "Había una vez", no podemos decir que esté concretamente reescribiendo "Caperucita Roja", "Los tres Chanchitos", "La Cenicienta" o "Blancanieves", sino que está pensando en ese "estilo" de cuento que subyace en su producción como modelo a seguir. Literalmente, el término "hipotexto" significa "debajo del texto" (del griego: hipodebajo- como en "hipo- pótamo" - "debajo del río" ). Las relaciones hipotextuales constituyen una de las posibles vinculaciones entre los textos, junto con la intertextuales, intratextuales, paratextuales e hipertextuales. Las relaciones intertextuales implican la vinculación de dos textos (o enunciados) adjudicables a enunciadores (en tanto voces y no en tanto “puntos de vista”) diferentes. Las relaciones intratextuales implican, en cambio, la vinculación de dos textos (o enunciados) adjudicables a un mismo enunciador. Las relaciones paratextuales imponen la distinción entre el “cuerpo del texto” y su “periferia” (Lane, 1992). Entendemos por paratexto a todos aquellos elementos (lingüísticos y no lingüísticos) que acompañan al cuerpo del texto y que pueden hacer variar su significación. Los elementos típicamente paratextuales son: los títulos, subtítulos dedicatoria, epígrafes, comentarios de contratapa y solapas de un libro, epílogos, prólogos, índices, copetes, ilustraciones o fotos que acompañan a un texto, etc. Resulta siempre interesante ver la relación que entabla el cuerpo del texto con el paratexto. Así, por ejemplo, en épocas de la Guerra del Golfo, un diario rosarino publico en primera plana el siguiente titular: SANGRIENTA GUERRA EN EL GOLFO. Si pensamos que los titulares, como los títulos, funcionan como elementos de predicción lectora, ante semejante enunciado, cualquier lector esperaría una noticia cruenta y bañada de sangre. No era así, y, para mayor ironía, la noticia periodística estaba acompañada de una foto en la que dos diplomáticos se estaban dando la mano. De este modo, podríamos ver las contradicciones planteadas entre los elementos paratextuales en sí (titular y foto) y en relación con el cuerpo del texto (titular y cuerpo de la noticia). Las relaciones hipertextuales implican el entrecruzamiento de mensajes codificados a través de distintos códigos. Un claro ejemplo lo constituye el cine en donde lo lingüístico se “cruza” con lo no lingüístico (imagen en movimiento, música, etc.). Cabe destacar que esta taxonomía es simplemente un modo práctico de abordar el tratamiento de los textos y que, de algún modo, no existe texto “químicamente puro” en el que veamos una sola de estas relaciones. Muy por el contrario, generalmente se combinan dos o más de ellas.

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enunciado. Este simulacro de receptor no corresponde necesariamente a la figura de un sujeto cooperador, más bien, la serie de estrategias tendiente a persuadirlo corroboran la hipótesis del conflicto, la posibilidad de que las significaciones propuestas sean aceptadas o rechazadas por el enunciatario. Lejos de construirse como sujeto de poder unilateralmente ejercido mediante la imposición del enunciado, el enunciador prevé un interlocutor con competencias propias, a quien hay que motivas para hacer, se éste la simple lectura en tanto recorrido del texto mismo hasta su final, sea una interpretación condicionada por las orientaciones brindadas en el enunciad, o bien, incluso, un hacer específico en el extratexto, provocado por la particular manera de organizar los elementos textuales “( Costa y Mozejko , 2001, pág. 30) A continuación apuntaremos algunos conceptos que consideramos como indispensables para el tratamiento de la “puesta en discurso”. Nos focalizaremos, primero, en cuestiones vinculadas a la perspectiva narratológica para luego referirnos a ciertos aspectos puntuales de la ADL.

Algunos conceptos vinculados a la perspectiva narratológica Tomamos la primera noción de “focalización” de Genette (1972 ) y su revisión (1986) surgida de la respuesta a la crítica que Mieke Bal (1977) 15 le formulara: “Par focalisation, j´entends donc bien une restriction de ´champ´,c´est- a- dire en fait une sélection de l´informations narrative par rapport a ce que la tradition nommait l ´omniscience, terme qui, en fiction pure, es, littéralement, absurde (l áuterur n´a rien a ´savoir´ puisqu´il invente tout) et qu´il vaudrait miex remplacer par information complete- muni de quoi c´est le lecteur que devient ´omniscient´. L´instrument de cette (éventuelle) sélection est un foyer situé,c ´est- a- dire une srote de gouloi d´information, qui n´en laisse passer que ce qu´autorise sa situation” (Genette, , pág. 49) Nos referiremos, o bien al predominio de un solo tipo de focalización o bien a la combinación de distintas focalizaciones en un mismo relato (focalización mixta).

Focalización cero Un relato se encuentra en focalización cero, cuando el narrador se impone a sí mismo restricciones mínimas, entra y sale de la mente de sus personajes y su movilidad para desplazarse por distintos lugares es total. El foco ("foyer") del relato se desplaza constantemente de una mente figural a otra en forma indiscriminada. Este modo de focalización corresponde al llamado "narrador omnisciente", aunque, de hecho, su omnisciencia implica una libertad mayor, no sólo la de acceder a la conciencia de los personajes, sino también la de ofrecer información narrativa sin límites cognitivos. Un relato en focalización cero nos ofrece toda clase de antecedentes; el narrador se desplaza en el tiempo sin restricciones, abre cierra el ángulo que permite pasar información sobre lugares de los que, incluso, pueden estar ausentes los personajes. La postura del narrador resulta autónoma y claramente identificable, tanto por los juicios y opiniones que emite en su propia voz, como por la libertad que tiene para dar la información narrativa que él considere pertinente, en el momento que él juzgue adecuado.
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Según la opinión de este autor, todo enunciado narrativo impone un “focalisatuer” (quien focaliza el relato) y un “focalisé” (quien es focalizado). Así, por ejemplo, en el caso de un relato en focalización interna, el “focalisé” coincide con el “focalizateur”, en tanto que, en un relato en focalización externa, sólo hallamos un “focalisé”. Genette se opone a esta visión sosteniendo que: “...Pour moi, il n´y a pas de personnage focalisant ou focalisé: focalisé ne peut s´appliquer qu´au récit luimême, et focalisatuer, s´il s´appliquait á quelqu´un , ce ne pourrait être qu´á celui que focalise le récit, c ´est- á- dire le narrateur – ou , si l´on veut sortir des conventions de la fictions, l´auteur lui- même qui délégue (ou non) au narrateur son pouvoir de focaliser” (Genette, 19..., págs. 48 y 49)

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Focalización interna Un relato se encuentra en focalización interna cuando el foco del relato coincide con una mente figural. El narrador restringe su libertad con objeto de seleccionar únicamente la información narrativa que dejan entrever las limitaciones cognoscitivas perceptuales y espaciotemporales de la mente figural. La focalización puede estar centrada en un personaje (focalización interna fija) o bien en un número limitado de ellos (focalización interna variable).

Focalización externa

La focalización externa se caracteriza porque las restricciones narrativas se dan no por la mentes figurales, sino, precisamente por la imposibilidad de acceder a ellas. "...En focalisation externe, le foyer se trouve situé en un point de l ´univers diégetique choisi par le narrateur, hors de tout personnage, excluant par là toute possibilité d´information sur les pensées de quiconque..." (Genette, 1983,pág. 50) En tanto que un relato en focalización cero impone un mínimo de restricciones al narrador para acceder a la conciencia figural, en el relato en focalización externa, el narrador tiene la libertad de elegir el o los puntos en el espacio desde donde ha de narrar, independientemente de la ubicación espacial de los personajes, pero le es vedado el acceso a la conciencia de los mismos, por lo cual, se encuentra en una auténtica desventaja cognitiva.

Algunos conceptos vinculados a la ADL a) Marcadores y conectores / expresiones conectivas Desde la perspectiva de Portolés (1998) deben distinguirse los “conectores” de los “marcadores”. Para este autor, el término de “conector” se limita a “un tipo concreto de marcadores que realmente conectan de un modo semántico- pragmático un miembro del discurso con otro expreso en la mayoría de sus usos o si no, con la suposición contextual fácilmente accesible.” (Portolés, 1998, págs. 36 y 37). Los “marcadores”, en cambio, son entendidos, en un sentido más genérico 16 , que puede o no incluir la característica de “conectar” enunciados (ya sea porque la conexión que pueda realizarse no se produce con un enunciado lingüístico precedente, sino con un dato contextual, ya sea porque algunos marcados sólo en ocasiones conectan enunciados17) , en tal sentido, este autor piensa a los conectores como una
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Este sentido más genérico es el que Montolío (2001) utiliza para definir a los “conectores” y “expresiones conectivas” (a los que no discrimina como una subclse dentro de los marcadores) en tanto piezas léxicas cuyo significado “constituye una especie de instrucción que se da al interlocutor, del tipo de: ´ lo que sigue constituye la causa de lo que se ha dicho antes ´ (significado, por ejemplo, de porque) o ´ lo que viene a continuación es la conclusión que se deduce de la información anterior ´ (instrucción de, entre otros, por lo tanto) , etc. Así pues, los conectores, en general, tiene un significado que consiste en una instrucción para el interlocutor sobre cómo tiene que procesar las informaciones que se plantean en el enunciado. (...) el significado de los conectores consiste en una instrucción al receptor para que procese la información que sigue a la partícula conectiva manteniendo con la información precedente un determinada relación (por ejemplo, causa – consecuencia: argumento- contraargumento; hipótesis – consecuencia; nueva información sobre el mismo tema, etc)” (Montolío, 2001, págs. 29 y 31).
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Como es el caso de “en realidad” y “en el fondo” que pueden operar o bien conectando dos enunciados expresos (uno que se presenta indicando una situación “aparente” y otro que expresa una situación valorada como “real”), o bien no conectando necesariamente dos enunciados. El ejemplo que Portolés brinda en este caso es el siguiente: “Alicia no vendrá con nosotros, porque, en realidad, / en el fondo no le

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subclase en el conjunto de los marcadores que son entendidos como “unidades lingüísticas invariables, [que] no ejercen una función sintáctica en el marco de la predicación oracional y poseen un cometido coincidente en el discurso: el de guiar, de acuerdo con sus distintas propiedades morfológicosintácticas, semánticas y pragmáticas, las inferencias que se realiza en la comunicación. El criterio fundamental de esta definición no se enclava en la gramática, sino en la pragmática: los marcadores guían el procesamiento inferencial” (Portolés, 1998, págs. 48 y 49). Rescatando el sentido semántico – pragmático (y no el estrictamente gramatical), Portolés conceptualiza a los marcadores como aquellas unidades cuyo significado es de procesamiento (y no conceptual) que “guía las inferencias que se han de efectuar de los distintos miembros del discurso” (Portolés, 1998, pág. 75). En este sentido, se retoma la concepción de Ducrot en función de la cual cada marcador consta de una serie de instrucciones que permiten la descomposición del significado de procesamiento 18. Las instrucciones semánticas revisten, entre otras, un carácter argumentativo, de formulación o de estructuración de la información. Dentro de los marcadores consideraremos como variantes los marcadores de control de contacto 19 y los reformuladores a.1) Operadores A diferencia de los conectores, que tienen en cuenta a los dos miembros del discurso, los operadores, como los reformuladores, sólo toman en consideración al segundo miembro. Los operadores resultan marcadores que “por su significado condicionan las posibilidades discursivas del miembro del discurso en el que se incluyen o al que afectan” tal como ocurre con los reformuladores, “pero sin relacionarlo con otro miembro anterior” (Portolés, 1998, pág. 112). a.2) Reformuladores Los reformuladores como señala Portolés (1998) son “un tipo de marcador del discurso cercano por su significación al conector” (pág. 213) . A diferencia de los conectores (que tienen en cuenta la orientación argumentativa de los dos miembros del discurso que vinculan), los reformuladores hacen que solamente el miembro que los contenga condicione la dinámica discursiva que siga (ej: “en todo caso”, “en cualquier caso”). A diferencia de los conectores, que tienen en cuenta a los dos miembros del discurso, los reformuladotes, como los operadores, sólo toman en consideración al segundo miembro. Los reformuladores son marcadores “que presentan el miembro del discurso en el que se encuentran como nueva formulación de lo que se pretendió decir con un miembro anterior… La reformulación va desde la explicitación de un primer miembro … hasta la rectificación” (Portolés, 1998, pág. 141) .

interesa” (Portolés, 1998, pág. 36)
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Esta perspectiva evita la clasificaciones múltiples de algunas unidades en pro de buscar un “significado unitario” que dé cuenta de todos sus usos posibles, a la vez que explica cómo unidades diversas como “por lo tanto” y “en consecuencia” o “sin embargo” y “con todo” pueden ser agrupadas en un mismo conjunto por tratarse de marcadores que comparten alguna instrucción semántica.
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Briz (1998) denomina de este modo a los marcadores que “manifiestan la relación entre los participantes de la conversación, sujeto y objeto de la enunciación, y de éstos con sus enunciados (…) refuerzan o justifican los razonamientos de los hablantes ante su (s) interlocutor (es) sean argumentos o conclusiones; bien como retardos en la comunicación; como llamadas de atención para mantener o comprobar el contacto o como fórmulas exhortativas y apelativas que implican activamente al interlocutor” (Briz, 1998, págs. 224 y 230)

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b) Tipos de negación Entendemos por negación descriptiva a aquélla que resulta un derivado delocutivo de la polémica sin que por ello el locutor presente su palabra como poniéndose a un discurso adverso (Ducrot, 1984). Entendemos por negación polémica a aquélla que opone dos enunciadores diferentes y sus puntos de vistas que son puestos en escena por el locutor. Se caracteriza por su efecto “descendente” y por conservar la presuposición del enunciado positivo subyacente (García Negroni, 1998.b) Entendemos por negación metalingüística a aquélla que opone dos locutores o un mismo locutor en momentos diferentes. En tal sentido, esta negación produce una descalificación del marco, entendido como “espacio de discurso impuesto por una palabra anterior del interlocutor o del propio locutor” (García Negroni, 1998.b, pág. 229) . Se caracteriza por negar el espacio discursivo que es evocado. En opinión de García Negroni (1998.b), este tipo de negación “no desencadena jamás una lectura o interpretación descendente (i.e lectura ´menos que´ ). Dado que su característica central es la de rechazar, desacreditar un determinado marco de discurso a favor de otro, diferente, el efecto que producirá será o bien contrastivo (lectura ´contrario a´) en cuyo caso el espacio que será declarado como el adecuado para la aprehensión argumentativa de la situación será el definido por la escala antonímica; o bien ascendente (i.e lectura ´más que ´) en cuyo caso la negación declarará situarse en una escala extrema o extraordinaria, distinta por lo tanto de la escala ordinaria o banal que ha sido descalificada. En ambos casos, y al igual que en todos los otros usos característicos de la negación metalingüística, el marco impuesto por el discurso del locutor precedente es rechazado a favor de otro. Ese otro espacio podrá ser el antonímico, el extremo o simplemente otro totalmente distinto” (García Negroni, 1998.b, pág. 231) En cuanto a los marcadores del discurso (Portolés,1998), ellos serán abordados en función de indagar el tipo instrucciones que la descomposición del significado de procesamiento permite (Ducrot, 1974). Las instrucciones semánticas revisten, entre otras, un carácter argumentativo, de formulación o de estructuración de la información. En tal sentido, hemos agrupado el tratamiento de los marcadores conforme al tipo de instrucción que implican: una instrucción argumentativa, de formulación o de estructuración de la información (esta última función debió ser ampliada de tal modo que nos permitiera el abordaje de lo más estrictamente "narrativo"- organización de secuencias) . Hemos asociado la instrucción ARGUMENTATIVA con una mayor incidencia de CONECTORES contraargumentativos, causales, consecutivos y aditivos con valor argumentativo y con los OPERADORES de reformulación argumentativa. La instrucción de FORMULACIÓN se vincula con la incidencia de REFORMULADORES explicativos y de recapitulación y con OPERADORES de formulación. La instrucción de ESTRUCTURACIÓN DE LA INFORMACIÓN ha sido asociada con los CONECTORES aditivos no argumentativos organizadores de la información ( lo cual nos exigió discriminar en el tratamiento del nexo "y", los casos en que éste introduce la conclusión de un razonamiento causal de aquellos en que simplemente sirve a los fines de “enlazar” sucesos) y con los MARCADORES de continuidad / cierre. En cuanto a los conectores contraargumentativos, prestamos espacial interés al nexo “pero” en su capacidad de oponer excepciones “ordinarias” o “extraordinarias” 20 y en la utilización
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“En resumidas cuentas, pero presenta una excepción que queda compatible con la regla, que no hace salir del marco que establece el garante genérico que convoca. (Y) sin embargo, en cambio, cuestiona la validez de la regla a la que alude por medio del garante, y sitúa el debate fuera del marco de esta regla. De manera un tanto lapidaria, se puede decir que la excepción que presenta pero, confirma la regla (excepción ordinaria) , mientras que (y) sin embargo pone en juego una excepción que esta vez infirma

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que los niños hacen del mismo en función de reponer o no redes causales en los textos. Apelamos a la “Gramática de la argumentación” (Lo Cascio,1990) a fin de explicar el modo en que los textos de los niños nos habilitan, o no, para reponer la formulación de reglas generales 21 a partir de las cuales pudieran reconstruirse las cadenas causales que habilitaran una contra - argumentación indirecta o directa 22 (Anscombre- Ducrot 1978, 1979, 1983- y Anscombre, 1983), más allá de la función básica de “pero” como “conector que introduce un segundo miembro del discurso antiorientado con respecto del primero” ( Portolés, 1998, pág. 204).Tal como hemos visto en nuestro trabajo (Fernández, M.R, 2001) la explícita consideración o no de la voz del otro puede ser analizable a partir de la reposición de reglas implícitas. Hemos clasificado los contraargumentativos. conectores en aditivos, consecutivos / causales y

Los conectores aditivos “unen a un miembro discursivo anterior otro con la misma orientación argumentativa (N.A: Con la excepción de algunos usos de encima). Permiten, de este modo, la inferencia de conclusiones que serían difícil de lograr si los dos miembros permanecieran independientes (…) Dentro de los conectores aditivos se distinguen dos grupos: aquellos que se ordenan en una misma escala argumentativa: incluso, inclusive y es más; y aquellos otros que no cumplen con esta condición: además, encima, a parte, y por añadidura” (Portolés, 1998, pág. 139). En opinión de Montolío (2001), un grupo de estos conectores, a los que la autora sigue considerando como “aditivos”, presentan un valor argumentativo. “además”, “encima”, “es más”, “incluso”, “inclusive”, “por añadidura”, Nosotros hemos considerado dentro de este grupo a “también” en tanto refuerzaría un argumento que se encuentra en la misma escala que el que le precede). “Además”, presenta la particularidad de otorgar mayor fuerza argumentativa al segundo segmento que al primero. Lo mismo ocurre con “encima” que resulta más propio del habla que de la lengua escrita. Para nuestro análisis mantendremos la distinción realizada
(excepción extraordinaria).” (Anscombre, 1998, pág. 97)
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“Regla general (RG): las garantías a partir de las cuales si se tienen ciertos ´datos´ o ´argumentos´, se pueden sostener y, por lo tanto, se justifican ciertas tesis u opiniones” (Lo Cascio,1991,pág. 123) A partir de los ejemplos analizados por Lo Cascio, podemos deducir que las reglas generales corresponderían al nivel de las creencias. Una argumentación debe satisfacer dos condiciones: • Un locutor presenta un enunciado (o conjunto de enunciados) E1 a fin de que sean admitidos o aceptados por otro enunciado, E2. • Para que E1 pueda erigirse en argumento a favor de E2 , no basta con que E1 brinde “razones” para E2 , sino que se hace necesario que la estructura lingüística de E1 satisfaga ciertas condiciones a fin de que, en el discurso, pueda advenir argumento para E2 . “L´observation qui a déclenché nos recherches est la suivante: certains énoncés E1 , tout en fournissant les meilleures raisons du monde d´admettre d´autres énoncés E2, sont cependant incapables, dans un discours, de servir d´arguments en faveur de E2 . (...) Les enchaînements argumentatifs possibles dans un discours sont liés à la structure linguistique des énoncés et nono aux sueles informations qu´ils véhiculent” (Ducrot – Anscombre, 1983, págs. 8 y 9) De este modo, en términos de Ducrot y Anscombre, una argumentación no puede ser reducida al acto aparentemente próximo, de la inferencia al que definen como un acto de lenguaje en el que: “...Le locuteur L d´un énoncé E fait un acte d´ inférer si en même temps qu´il énonce E il fait référence à un fait précis X qu´il présente comme le point de départ d´une déduction aboutissant à l énonciation de E” (Ducrot- Anscombre, 1983, pág. 10) Esta perspectiva teórica nos condujo, en nuestra investigación a plantearnos si en las narraciones de los niños aparecen auténticos actos argumentativos o simples actos inferenciales.
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Tal como lo sintetiza Anscombre (1998), la contra – argumentación es indirecta cuando la secuencia “p Conec q” presenta una conclusión (r) distinta de q para la que q es argumento, en tanto que p resulta argumento para – r. La contra – argumentación directa se produce cuando p es argumento para – q.

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por Portolés entre nexos aditivos que ordenan en una misma escala argumentativa y los que no, por considerar que el valor argumentativo que Montolío señala como peculiar, en realidad, se halla implícito en la clasificación de Portolés. En cuanto a los nexos que ordenan en una misma escala argumentativa, nosotros los dividiremos en aquellos que comportan un valor consecutivo (“y” en los casos en que encabece el enunciado consecuencia- q- de una relación causal explícita o implícita) y aquéllos que no comporten un valor causal como por ejemplo, siguiendo a Portolés “incluso”, “inclusive” y “es más”. A este grupo nosotros agregamos el nexo “y” cuando se trata de casos en los que éste no se presenta introduciendo la consecuencia de una relación causal implícita o explícita. De este modo, a nuestro juicio, el nexo “y”, si bien siempre presentaría enunciados que se ordenan en una misma escala argumentativa, tiene la doble posibilidad de ser catalogado como un nexo con valor consecutivo o sin valor consecutivo. Si bien Portolés sólo menciona en su clasificación a los conectores consecutivos, consideramos que merece la pena retomar la taxonomía propuesta por Montolío (2001) de conectores causales y consecutivos puesto que, si bien ambos generan estructuras causales, su diferencia radica en dónde se coloca el foco o el centro de interés de la información. “…Así entendemos que las estructuras causales son aquéllas que inciden subrayándola, en cuál causa, premisa o argumento que produce o lleva a la conclusión (…) Por su parte, las estructuras consecutivas se caracterizan por indicar cuál es exactamente la conclusión o consecuencia que se deduce de la información previa…” (Montolío 2001, pág. 100) Los conectores causales presentan diferencias semánticas en la focalización que imponen sobre la información. Siguiendo a Montolío (2001), podemos distinguir tres grupos: • Conectores que señalan inequívocamente hacia la CAUSA (focalización de la causa frente a la consecuencia): como, porque, ya que, visto que, puesto que, dado que, etc. • Conectores que introducen la consecuencia pero señalando de ella que es el RESULTADO de la causa precedente: por ello, por eso, por esa razón, por ese motivo, de ahí que, por lo que. • Conectores que señalan inequívocamente hacia la CONSECUENCIA (focalización en la consecuencia frente a la causa): en consecuencia, por consiguiente, por lo tanto, entonces. Lo conectores consecutivos tienen como significado básico indicar que la información que les sigue constituye una consecuencia derivada de la información que antecede, lo que “resulta especialmente productivo para llevar a cabo la operación argumentativa de la demostración, pues la demostración consiste, precisamente, en exponer y probar cómo desde una premisa o argumento concretos se llega a la conclusión a la que interesa llevar al receptor. De ahí la presencia recurrente de este tipo de expresiones conectivas en cualquier texto que presenta características argumentativas”. (Montolío, 2001, pág. 100 y 101). Los conectores más frecuentes son: “por lo tanto”, “así (pues)”, “por eso”, “por ello”, “por es/ tal razón”, “por esa/ por tal causa”, “por este/ ese motivo”, “de ahí que”, “por lo que”, “así que”, “de modo que”, “de manera que”. Indicaremos, a continuación algunas peculiaridades de estos conectores. “Así que” “expresa una consecuencia que se obtiene siempre de un proceso deductivo personal (de ahí el talante subjetivador que le hemos atribuido)” (Montolío, 2001, pág. 104). A diferencia de éste, “así pues” introduce consecuencias más generales y constatativas, lo que lo hace especialmente pertinente para exponer deducciones libres de la subjetividad que “así que” conlleva. El conector “por lo que”, a diferencia de “por eso”, impone un grado máximo de integración entre la causa y su consecuencia en una misma estructura oracional. Si el emisor desea aislar la consecuencia, utilizará el conector “por eso”. El conector “de ahí que”, desde el punto de vista informativo, “implica la presencia de un razonamiento, ya que plantea el consecuente (esto es, la información que le sigue) como una evidencia, como algo que se acepta al tiempo que se presenta el antecedente como el argumento que conduce hacia ella. Cuando un escritos usa la construcción [A de ahí (que) B] plantea que posee la certeza de que B (la conclusión) es cierta, y presenta en A el argumento que conduce a

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dicha conclusión. Es decir, de ahí que presenta consecuencias conocidas por el interlocutor”. (Montolío, 2001, pág. 111) Los conectores contraargumentativos: “vinculan dos miembros del discurso, de tal modo que el segundo se presenta como supresor o atenuador de alguna conclusión que se pudiera obtener del primero (…) Existen conectores contraargumentativos que indican un contraste o contradicción entre los miembros vinculados: en cambio, por el contrario y por el contrario. Antes bien se sitúa en un miembro del discurso que comenta el mismo tópico que el miembro anterior. Sin embargo, no obstante, con todo, empero, ahora bien y ahora introducen conclusiones contrarias a las esperadas de un primer miembro. Y , por último, eso si muestra un miembro del discurso que atenúa la fuerza argumentativa del miembro anterior” (Portolés, 1998, pág. 140) Montolío (2001) observa que en este grupo podemos hallar argumentos que “pierden” o “ganan” la “batalla dialéctica”. Se trata de los conectores introductores de argumento débiles y fuertes, respectivamente. Entre los primeros encontramos conectores como “aunque”, “si bien”, “a pesar de (que)” y “pese a (que)”. Entre los segundos, conectores “pero”, “mas”, “sin embargo”, “no obstante”, “empero”, “con todo”, “ahora bien”, “aun así”. Se trata, en todos los casos, de conectores que introducen argumentos “fuertes”, es decir, que prestan una información inesperada que “se desvía de la línea argumentativa previa, y a que conduce a una conclusión diferente de la que se esperaría a partir del primer miembro. Es decir, el segmento informativo que introduce un conector de este tipo invalida la conclusión o inferencia que podría deducirse del segmento previo” (Montolío, 2001, pág. 62). En tal sentido, rescatamos la función básica de “pero” como “conector que introduce un segundo miembro del discurso antiorientado con respecto del primero” (Portolés, 1998, pág. 204). No obstante ello, existen casos en los que “pero” es utilizado en enunciados coorientados (Van de Voorde, 1992) y en enunciados cuyo sentido implica un uso sobrerrealizante (García Negroni, 1995). En este grupo, además de los conectores introductores de argumentos débiles y fuertes, hallamos lo conectores de contraste como “en cambio”, “por el contrario”y “antes bien”. Se diferencian de “sin embargo” y “no obstante” “en que no se encargan de anular una conclusión a la que parecía conducir el fragmento precedente, como hacen aquellos, sino que ponen en contraste la información que les antecede con la que introducen” (Montolío, 2001, pág. 83). “Por el contrario” se distingue de “en cambio” en que aporta una nota de mayor oposición, a tal punto que en algunas ocasiones “funciona con un valor opositivo excluyente; es decir, no pone en contraste dos informaciones de significado diverso, sino que niega la verdad de la primera proposición y la sustituye por la segunda, que se presenta como la única correcta (al igual que hace la conjunción adversativa excluyente sino, frente a la meramente correctiva o restrictiva pero)” (Montolío, 2001, pág. 87) Los operadores pueden ser clasificados en operadores de refuerzo argumentativo, de concreción, o de formulación. El significado de los operadores de refuerzo argumentativo se asocia con la intensificación (en tanto argumento) del “miembro del discurso en el que se encuentran frente a otros posibles argumentos, sean éstos explícitos o implícitos, y al tiempo que se refuerza su argumento, se limitan los otros como desencadenantes de posibles conclusiones (Fuentes: 1994). Son operadores de refuerzo argumentativo: en realidad, en el fondo, en rigor, de hecho, en efecto, la verdad…claro y desde luego” (Portolés, 1998, págs. 143 y 144) Los operadores de concreción “presentan el miembro del discurso en el que se localizan como una concreción o ejemplo de una generalización (Fernández: 1994- 1995)…Son operadores de concreción: por ejemplo, verbigracia, en especial, en particular y en concreto.” (Portolés, 1998, pág. 144) Como operador de formulación, hemos considerado la utilización de “bueno” que “presenta su miembro del discurso como una formulación que transmite satisfactoriamente la intención

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comunicativa del hablante.” (Portolés, 1998, pág. 144). Briz (1993.b) otorga distintos valores a este operador entre los cuales pueden considerarse: el explicar, matizar, o corregir lo anteriormente dicho; cambiar o recuperar un tema; formar parte de un movimiento concesivo (asociado a pero); y actuar como refuerzo ponderativo de una conclusión.

Los reformuladores pueden ser clasificados en explicativos, rectificativos, distanciamiento, y de recapitulación.

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Los reformuladores explicativos “presentan el miembro del discurso que introducen como una reformulación que aclara o explica lo que se ha querido decir con otro miembro anterior que pudiera ser poco comprensible (Casado: 1991). Pertenecen a este grupo: o sea, es decir, esto es y a saber. Existen otros reformuladores explicativos que no son ni tan frecuentes ni se hallan tan gramaticalizados como los anteriores. Se trata de signos como: en otras palabras, en otros términos, dicho con / en otros términos, con otras palabras, dicho de otra manera, dicho de otra forma, dicho de otro modo, de otro modo, etc.” (Portolés, 1998, pág. 142) Los reformuladores rectificativos “sustituyen un primer miembro, que presentan como una formulación incorrecta, por otra que la corrige o, al menos, la mejora. Reformuladores rectificativos son los adverbios mejor dicho y más bien. No se hallan totalmente gramaticalizados.” (Portolés, 1998, pág. 142) Los reformuladores de distanciamiento presentan expresamente como no relevante para la prosecución del discurso un miembro del discurso anterior a aquel que los acoge. Con ellos no se pretende formular de nuevo lo antes dicho, sino mostrar la nueva formulación como aquélla que ha de condicionar la prosecución del discurso. Al tiempo que priva de pertinencia el miembro discursivo precedente. Son reformuladores de distanciamiento “en cualquier caso”, “en todo caso”, “de todos modos”, “de todas formas / de maneras”, “de cualquier modo”, “de cualquier forma” y “de cualquier manera”. Pese a que Montolío (2001) los trata como conectores de contraste que no llegan a tener un valor contraargumentativo, puesto que introducen “un segmento informativo coorientado con el precedente; es decir, pueden relacionar dos informaciones sin que se produzca una operación de oposición, contrasto o contraargumentación entre ellas” (Montolío, 2001,pág. 92), nosotros los hemos considerado dentro del grupo de los reformuladores que anulan la importancia informativa de la proposición anterior. Los reformuladores recapitulativos “presentan su miembro del discurso como una conclusión o recapitulación a partir de un miembro anterior o una serie de ellos. Este miembro recapitulador puede mantener la misma orientación argumentativa de los miembros anterior como sucede con en suma, en conclusión, en resumen y en síntesis; pero también, además de la misma orientación, pueden introducir miembros con orientación opuesta los reformuladores en resumidas cuentas, en definitiva, a fin de cuentas, en fin, total, vamos, al fin y al cabo (Montolío: 1992) y después de todo. Por otra parte, estos últimos marcadores se pueden documentar con el miembro anterior implícito, esto es, actuando como operadores” (Portolés, 1998, pág. 143)

BIBLIOGRAFÍA