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MANIFIESTO DE JOSÉ VASCONCELOS A LA NACION MEXICANA Al despedirme de mis conciudadanos después de ganar las elecciones presidenciales del año

de mil novecientos veintinueve, afirmé que volvería al país tan pronto como un grupo de patriotas levantase bandera de rebelión contra los defraudadores del voto público y contra todo el régimen callista, el más inicuo que ha conocido nuestra patria. Desde entonces ni un solo día he dejado de incitar a mis partidarios y a la nación entera a que sacudan la ignominia reinante. Nuevos inauditos atropellos que ponen en peligro la supervivencia de nuestra nacionalidad, han determinado que por fin la protesta armada, se propague por el territorio patrio como incendio que purifica. Por eso he venido desde el sur, a cumplir mi promesa, a reunirme con los míos, y a ponerme al servicio de la regeneración nacional. Con insistencia he proclamado que no debe otorgarse legalidad alguna a los gobiernos que se han sucedido desde la usurpación electoral del veintinueve: por eso señalé como equivocados a quienes tomaron parte en las elecciones del año pasado, sin otro beneficio que desorientar la opinión creando apariencias de legitimidad en favor de los usurpadores; dividiendo a su vez la oposición unificada en el veintinueve, por el sacrificio y el éxito cívico. Equivocadamente también han procedido los que protestan nada más de la política religiosa de los últimos meses. Esa política es la misma del año veintiséis; es la que inauguró el callismo, pero que ya estaba escrita en la Constitución que el carrancismo nos impuso. No se trata, pues, de pedir a autoridades que no lo son que reformen tal o cual decreto sobre enseñanza: se trata de barrer a los usurpadores con todas sus alianzas. La paciencia del pueblo ha fomentado el abuso y el descaro de los asaltantes del mando. Pero ya hay en los campos, brazos levantados en defensa de la Justicia; convoco a la nación entera, para apoyarlos y encauzar el movimiento nacional que avanza. Sitio de honor ocupa en él la mayoría católica empeñada en la santa causa
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de la conquista de la libertad religiosa. Pero no basta con reclamar una sola de las libertades humanas. Para consolidar la libertad religiosa hace falta recobrar todos los derechos naturales del hombre. En consecuencia, fundado en el mandato que en mil novecientos veintinueve me confirió el voto de los mexicanos. DECLARO: Primero. La nación mexicana carece de autoridades legítimas. Son usurpadores todos los gobiernos del año treinta a la fecha. Segundo. Invito a todos los patriotas para que, reconociendo en mí la única posibilidad de retorno a situación normal por vías legales, me presten apoyo armado como única autoridad de derecho, en mi condición de Presidente Electo, despojado del mando por los usurpadores. Tercero. En vista de la situación creada por el callismo en todos los órdenes y en vista de que tanto carrancistas como callistas han violado sistemáticamente la Constitución que en el año diecisiete impusieron al país; en vista, asimismo, de que con menosprecio de dicha Constitución, los hombres del callismo se han convertido en latifundistas y grandes propietarios; en vista de que los anhelos del nacionalismo patrio están bastardeados; en vista asimismo de que las únicas disposiciones constitucionales aplicadas con rigor, son las que persiguen y aniquilan a los católicos mexicanos; en vista de que la Constitución del año cincuenta y siete, válida en cuanto a los derechos del hombre, se hallan anticuadas en lo económico, puesto que motivó la destrucción de las comunidades indígenas, y también por su fanatismo antirreligioso ha perpetuado la discordia entre los mexicanos; se declara que tan pronto como las fuerzas nacionales de la regeneración, ocupen la mayor parte del territorio nacional, se convocará a elecciones para Asamblea Constituyente. La nueva Constitución contendrá preceptos que afirmen las garantías políticas de todos los pueblos cultos poniendo en primer lugar la libertad de conciencia, la libertad de enseñanza, la libertad de asociación y la libertad de imprenta. Sostendrá los derechos del campesino, el pequeño propietario y el ejidatario, librándose de los abusos actuales; cuidará también de englobar y afirmar todas las conquistas que en materia obrera y sindical ha logrado la Revolución. La nueva Constitución será un progreso sobre las anteriores, no un retroceso; será constructiva como no lo han sido nuestras anteriores constituciones. Y al efecto, en materia religiosa, establecerá un régimen de libertad semejante al de Francia y los Estados Unidos, al de Inglaterra y los países sudamericanos, hermanos nuestros.
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Cuarto. Por ser de justicia revolucionaria estricta, se declaran confiscadas las propiedades de Plutarco Elias Calles, de Amaro, Almazán, Rodríguez, y todos los latifundistas y capitalistas del actual régimen de facto, quedando sometidos al juicio de residencia todos sus funcionarios. Quinto. Al ocupar las fuerzas regeneradoras un territorio, constituirán autoridades municipales por voto auténtico. En cada lugar el jefe de las fuerzas regeneradoras, ejercerá el mando, hasta en tanto le sea refrendado por el Presidente Electo o por él reemplazado. Sexto. La Asamblea Constituyente determinará la fecha de la convocatoria para elecciones presidenciales, así como el plazo que deba durar en el mando el Presidente Electo. Séptimo. Los no combatientes colaborarán al derrocamiento de la usurpación, por la acción moral y la propaganda subversiva. Por el boicot generalizado que paralice la vida económica y social hasta en tanto el país se libere, por la huelga de contribuciones y en general por todos los medios de sabotaje que sea posible poner en práctica.
MEXICANOS:

Se os brinda la última ocasión de conquistar la autonomía patria. Haced que los sacrificios de los últimos veinte años no sean vanos. La Revolución comenzó como impulso de justicia. Ya Madero había visto la necesidad de transformar las Leyes de Reforma según las consecuencias de la vida civilizada. Mientras esto no se haga, México no podrá tener educación pública, hospitales, ni paz en su seno. Nuestro programa no es de reacción, sino de progreso. Ninguno de los pasados de la República merece resucitar. Lo que precisa es construir un presente acreedor a las reafirmaciones del futuro. Condenamos a los fariseos que han estado engañando al pueblo para robarlo. Convocamos a hombres, y mujeres, honrados y patriotas; también a los extranjeros que conviven con nosotros y trabajan. Traemos la paz. Pero la paz exige el derrocamiento de los forajidos; la ejemplarización de los delincuentes, así anden resguardados con la banda de general o la toga de magistrado. La guerra está ya iniciada. Del patriotismo de los mexicanos depende que esa guerra termine pronto mediante la destrucción de los enemigos de la especie humana y el triunfo de la justicia, la libertad y la cultura. Febrero de 1935.
A l f o n s o T a r a c e n a , Cartas políticas de José Vasconcelos ( P r i m e r a serie), 1 9 2 4 - 1 9 3 6 .

M é x i c o , Clásica-selecta. Editora Nacional, 1959, p p . 158-161.

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