ORDINARIO

René Higuera

Originalmente aparecido en Renovigo (Obras teatrales). Ed. Palabras del Humaya, 2008

Personajes Dos mujeres de complexión similar, de tesitura de voz similar, de rostro, de preferencia, parecido. La primera es una mujer joven (MJ), de veintitantos; la segunda es de edad muy avanzada (MV), cabello cano. Alternándose los roles Enfermera, vestido o bata holgada en tonos blancos y perlados percudido en retazos de seda, cofia. Cubre bocas. Paciente, vestido idéntico al de E.

Obra en dos actos, cada acto en tres movimientos.

PRIMER ACTO

PRIMER MOVIMIENTO

Escenario en su mayor parte oscuro. Una luz apenas insinuada muerde el proscenio. Se ilumina parcialmente una cama cubierta por una sábana de seda negra que llega hasta el suelo con soltura. MJP está debajo. MVE está parada al lado derecho de la puerta, invisible, casi. Después de un minuto de silencio comienza Zwei sonatinen for piano op1- Mov. 2 largo, de Arvo Pärt. MJP aruña la sábana como si quitara telarañas (para quien observa deberá ser “algo” que se mueve “ahí debajo”), sale de la cama dando vueltas y enrollándose en la sábana de tal forma que la cama queda descubierta y muestra su estructura y fondo blancos. Se desenreda, se hinca y se pone la sábana como un rebozo, dejando libre sólo el rostro, justo al límite del proscenio, de frente al público, bajo la luz; gesticula con la boca como si hablara, pero en su voz no hay sonido, en cambio sí se escucha cuando empieza a tronar los dedos con mayor y pulgar, primero una mano, luego la otra, emulando en el sonido un reloj en su tic, tac, tic, tac… emulando en el movimiento el uso de un rosario. MVE, en la oscuridad: Estaba tan podrida. Todos los que te rodeaban también estaban enfermos de alguna manera. Como tú o más jodidos. (…) Algunos no verán jamás las alturas (suelta una carcajada que reprime de inmediato). (Con tristeza) Nunca verán las alturas. (Termina pieza de Arvo Pärt) Algunos son desde el principio una interminable caída y golpe tras golpe tras golpe hasta que… (Recriminando) Acuérdate de tu padre, sí, el misterioso, acuérdate bien, sí, tu santo padre en el cielo. Se lo llevaron los perros, (con rabia) buitres desgraciados, buitres blancos cayeron sobre su pecho y le

agujeraron las tripas. (En tono de burla) ¿Pensabas que regresaría? (MJP deja súbitamente de tronar los dedos. Carcajada de MVE que se vuelve tos) Tú tenías tu pelo, tu carisma, tu mirada bonita, aquel abrigo rojo hasta las rodillas pegado a ti como otra forma de nombrarte. Tenías tu vestido de tul, tus guantes blancos. “Tus guantes blancos” Yo te veía cruzar la plaza cada tarde y le decía, “mira, ahí va otra vez esa puta, ja ja, a que se la cojan, ja ja, a que se la metan por el culo”. Tenías tus amigos… (saca un cigarro y lo enciende, se escucha el sonido del encendedor, reverberado. En la oscuridad se ve moverse la tiza del cigarro. Da un golpe profundo y deja salir una voluta espesa y grande. Suspira) Tus amigos… (Se queda ida. Luego aniñada:) Me gustaría salir, que me dejaran salir. De mí. Ver otras personas. (Declamatoria) No siempre el mismo yo otra vez cuando despacio los ojos por fin se abren al comienzo pero lejos lejos de saber qué es lo que pasa en realidad contigo me pongo una sábana encima sábana negra es cuando viene. (Con seriedad) Cuando viene por todos. Pero a su tiempo, a su tiempo “!Y qué vergas te importa lo que fue¡” dijo él un día pero yo sé que hablaba de otra cosa hablaba de otra cosa recorrer de nueva cuenta aquella tarde nublada del 86… aquel silencio de papel haciendo de la sombra un remolino. Le pegunté “Hijito, hijito, ¿no has visto por aquí a tu hermano?” y también “¿Por qué te escondes?” o a veces muy bajito, al oído ¿No soy acaso lo que esperabas? Qué va quedando de ti… Nada qué esconder ahora. Nada que valga el trabajo de esconderse. Nada que una vez escondido le importe a nadie un carajo para nada. Ahí va la vieja esa, dicen, y mi lentitud los desespera, quisieran que fuera más rápida, que avanzara de prisa, circula, circula, que desapareciera pronto. Qué fue de aquellos pechos, de aquellas piernas suaves y bien ejercitadas, de aquellos pezones bien erectos de carne viva como fresas, de aquellos labios bien lubricados dios mío de aquella flor abierta al mundo… (Suspira. Con calma) Después nomás el vientecito frío de aquí para allá. Nada que no pudieras soportar ¿no es así? (risa nerviosa). De vez en cuando un poco de polvo, es cierto, (apenada) pero muy poco, de verdad… a veces… casi nada… a veces. (Molesta, su mirada es de odio mientras habla) Pero él qué, ¿eh? qué vas a decir de él (tose). Tantos años de muerto… (escupe) tantos años de muerto y todavía nos sigue echando sus gusanos. Tose casi hasta ahogarse, se encorva y se da golpes en el pecho y no para de toser. De la tos se eleva el Ave María de J. S. Bach, una luz lenta y creciente abandona a MJP y alcanza a MVE, inclinada casi hasta tocar el suelo con las manos, casi arrodillada, sujeta con la izquierda a la perilla de la puerta; se deja caer en el suelo (la luz decrece hasta la nada en su caída) y con el peso de su espalda la puerta se entreabre. Por la puerta sale una luz muy resplandeciente, de un blanco intenso, o tornasolado, que hace visible por momentos a MJP, arrodillada y en actitud mímica de súplica. Mientras MVE intenta con bastante dificultad ponerse en pie sujetándose del marco de la puerta, su sombra cae sobre el público; la oscuridad no los ciega, pero el resplandor los encandila. Se levanta al fin. Sale por la puerta y la cierra tras de sí dejándolo todo en la oscuridad.

SEGUNDO MOVIMIENTO

Escenario oscuro. Una luz idéntica a la del primer movimiento deja ver a MJP en la misma actitud que hace un momento. Comienza a tronar los dedos pero ahora más despacio, con un intervalo de dos segundos entre cada chasquido. En el chasquido #10 MVE entreabre la puerta, entra. En el chasquido #11 la cierra, se queda parada a un lado, como en el Mov. 1. En el chasquido #15 MVE se dirige a la velocidad de un paso por chasquido hacia MJP que está situada a 15 pasos de distancia. Cuando llega hasta MJP (#30) deja caer en su regazo un par de guantes blancos manchados de sangre (#31) y emprende el camino de regreso a la misma velocidad (#32). En el chasquido # 36 MJP baja la mirada hacia los guantes, en el chasquido #40 se detiene. Cuando MJP deja de tronar los dedos MVE se vuelve mucho más lenta, da un paso cada cuatro segundos. MJP, con la mirada en los guantes: como una luz hambrienta que devora lo que deja ver, y tras de ti, tú, ya tomando tu forma, tu ser, yo misma sin esperanza alguna, otra vez otra vez, sin esperanza alguna yo misma, tu ser, tomando tu forma ya, tú, y tras de ti, lo que deja ver como una luz hambrienta que devora

en su interior, el fruto, la semilla no el fruto, la raíz, el terreno, ¿a dónde van los pájaros? bandadas de pájaros tornasolados cruzan el cielo como una lluvia de estrellas de una nube pequeña y distante Y distante, y distante distante otra vez, para sí mismo, el vuelo el vuelo, para sí mismo, distante no tal tus manos otra vez al vuelo otra vez, otra vez, aquí, de nuevo junto a ti, junto a quién, después caer otra vez, como siempre, lejos de ti para volver a verme en la mirada para volver a ver, para volver, para volver… no volver: olvidar, olvidar, eras tú o quién cuando, (se ensimisma, en su rostro se va figurando una sonrisa) tus manos… (se acaricia el rostro con mucha suavidad. Suelta de súbito una carcajada. Se enmaligna. Habla. Dice:)!BASTA¡(Gime con pesadumbre, se jala el cabello, desesperada, angustiada. Llora. Se levanta. Deja caer la sábana negra. Su rostro refleja odio. Se dirige al fondo del escenario en dirección a MVE, marcando así una hipotenusa al movimiento que ésta apenas completa. Cuando la tiene frente a sí la toma por los hombros con violencia y la tira al suelo. Va sobre ella. Arremete con remarcado sadismo. La mujer golpeada llora. Grita con un dolor que ahoga casi los gritos. Dice entre gemidos: ¡Ay mamacita¡ ¡Ay mamáaa, madrecita por favor no me dejes caer, no me dejes caer mamáaa, me caigo mamáa, no me dejes, no me dejes¡ MJE patea en el estómago, patea en los brazos, costillas. Pone un pie sobre la garganta de MVE, que se ahoga en tos. En este momento la luz se apaga. Desde la oscuridad brotan como hilos los sollozos de MVE, un llanto entre calmo y nervioso, totalmente desconsolado, totalmente desde el abandono. Comienza fragmento de Arvo Pärt, Litany II(Psalom). Entonces el Tercer Movimiento.

TERCER MOVIMIENTO

MJP, a un personaje imaginario: ¿Que si duermo bien? Duermo mejor en el día. Por la noche el sueño me cansa. Amanezco adolorida, como si me hubiera esforzado mucho mientras dormía, no sé, despierto más cansada que cuando me acuesto por la noche. ¿Sueños? No, nunca recuerdo mis sueños. Bueno… dicen que todos soñamos siempre… pero yo no los recuerdo. Sé que sueño y sé más o menos qué estaba soñando por el ánimo con que despierto, pero del sueño me van quedando apenas unas lágrimas, una incomodidad que me expulsa de… ¿Orfeo, se dice? Sí, ése, Morfeo, sus brazos etc. A veces despierto con una tristeza muy profunda que no sé dónde acomodar en la vigilia que no tiene acomodo y sí, me siento muy triste y me doy cuenta de que había estado llorando mientras dormía y no sé por qué porque no recuerdo qué estaba soñando pero no puedo quitarme ese sentimiento y sigo muy triste por algo que no sé qué es o se me escapa pero ya no puedo quitarme eso de encima. ¿Mal, me veo muy mal? (Un cañón de luz señala parpadeante a MJP, y finalmente permanece sobre ella, sentada en el suelo al lado izquierdo de la puerta, recargada sobre la pared, con la mirada fija en alguien (PI) entre el público.)Pues yo creo que si algo malo me pasa me pasa en los sueños, a lo mejor por eso no los recuerdo, ha de ser una forma de defensa, el olvido ¿no? ¿Escuchaste…? y a veces tengo la sensación de que había algo en el sueño muy importante, algo que yo debía recordar, pero no recuerdo nada. Nomás me queda esa sensación de que algo se me olvida, de

que perdí el hilo. Pero en el transcurso de la mañana se me va pasando. Hasta que –fíjate (es curioso)- me encuentro con algo MVE: –digo me encuentro porque así se sienteMJP: que me llama la atención de una forma especial MVE: –y estoy hablando de cualquier cosa, de objetos o utensilios o lo que sea, de cosas que veo todos los días MJP: (O también con las palabras –con las personas, cuando las dicen-, alguien en la plática de repente dice una palabra que resuena en mis oídos, cualquier palabra. MJP y MVE: Puerta, por ejemplo, MJP: alguien dice que esto y esto y la puerta tal- pero eso no quiere decir que cuando veo una puerta y dicen puerta es igual, no: a veces es una palabra, el sonido de una palabra que creo haber escuchado en el sueño; otras son imágenes.-) -Espera. (Hace como que busca algo entre el público. Con tristeza:) Pero otras veces despierto muy contenta, ¿sabes?, y miro todo esto y me dan ganas de regresarme a seguir durmiendo pero ya no puedo y tengo que quedarme en este, sí, mundo, lado, lo que quieras. Quisiera quedarme en la cama todo el día, días, así, sin hacer nada, sin pensar en nada. (¿Un cigarrillo?) No tengo ánimo ni motivo alguno para querer enfrentar el día. (La luz emigra de MJP a MVE, rostro y atuendo ensangrentado, y gana intensidad sobre ella, situada en la misma postura de MJP, a la derecha de la puerta)A veces pasa así. Siento cómo la luz empieza a atropellarse en mis párpados. Más allá de mi voluntad de no ver nada todo va volviéndose rojo. MVE: Me toco primero las mejillas, me palpo los brazos y el pecho para saber si todavía sigo ahí. Intento abrir un ojo. La luz se precipita como por un embudo. Me cierro nuevamente. De verdad no tengo nada que ofrecer al día. Nada qué pedir. ¿Escuchaste eso…? MJP: ¿verdad que estoy bonita todavía…? ¿Qué es eso que se escucha? ¿tú no lo oyes? MVE: Así yo veo el azul que se me impone y reviso por simple consecuencia el calendario pegado a mi pared y el reloj. Me pregunto si verdaderamente hay una relación entre el día y la hora y yo mismo. Esa fecha, su viernes y su luna nueva, y yo metido ahí, sin poder evitarlo, recibiendo sus influjos, en la insignificancia. Sin embargo todo esto vuelve a empezar, y me lleva a mí entre las piernas. (Con exageración, predicante)Tienes que seguir, me dice el cuerpo, tienes que salir y dar la pelea. Levántate y anda, dice el cuerpo, Señor Señor Señor pero mi alma mucho tiempo ha ya muerta y su peso me jala y me inclina sobre las tumbas que susurran turbias palabras de sosiego en mis oídos terminales cómo seguir entonces cómo despertar señor cuerpo,

cómo,

cómo.

MJP: Estoy ahí, del otro lado, en un patio de lleno de flores rosas donde alguna vez una anciana me mira extrañada y se me acerca extendiendo sus brazos, sus manos una sobre la otra forman un nido que llega para mostrarme algo, mírelo, dice, no sirve, no puede volar. Hace el ademán de ponerlo en mis manos y yo lo tomo, sin hacer preguntas; me sonríe… y se recarga en el tronco descarapelado de la jacaranda con una nueva ilusión calentándose en sus manos, siempre vuelve, dice, y yo me quedo mirando mis manos vacías. Se incorpora, en la oscuridad, camina hacia la derecha, atraviesa el haz de luz que hace visible a MVE, sale por un costado del escenario. MVE se queda en silencio, el rostro compungido, al borde del llanto. Después de unos instantes se levanta con su habitual lentitud, abre la puerta y sale. Se cierra el telón. Fin del Primer Acto

SEGUNDO ACTO

CUARTO MOVIMIENTO

Escenario invertido (180°): Al frente un marco con puerta transparente y dos guarniciones laterales de 50 cm. de altura x 60 cm. de largo. Sostenida en la esquina superior izquierda del marco o cayendo por ese ángulo, una lámpara o foco de luz roja. Al fondo un espejo grande y fragmentado, cada uno de cuyos fragmentos se compone, una totalidad. Una cama a la izquierda cubierta por una sábana blanca de seda. Oscuro. Se abre el telón. La luz roja se enciende repentinamente y deja ver a MJE sentada en el suelo, bañada por el fuego, devastada, el rostro hinchado, con moretones, el atuendo es el mismo E del tercer movimiento. Sin cofia. Con cubre bocas. Temblando de frío. MJE, con la mirada perdida, como tratando de ajustar sus recuerdos al tiempo. De pronto algo la perturba, parece que va a hablar, hace un ademán con la mano como quien puntualiza, despacio, pero se detiene y vuelve a perderse. Se quita el cubre bocas. Recoge las piernas como en flor de loto. Saca el cigarro y lo enciende. Mira fijamente a PI, y a la vez que una sonrisa de complicidad y burla va creciendo en su boca derruida, deja descansar su brazo derecho sobre su rodilla, en la izquierda el cigarro permanece en alto, entre índice y cordial, el codo hincado en la pierna. Fuma. Dice a PI con impresión que circula del hastío al extrañamiento en un rostro pasmado: Los pies en la tierra, dice… ja… debería sonreír más. Más a menudo. No sé a qué vienes si no te vas a divertir. Conozco esa cara de no sé nada, esa cara de mártir, marica pusilánime, (remedando) NO ES A MÍ, NO ES A MÍ, diles, qué importa, todos sabemos de qué se trata esto… ¿No te ha

pasado que (Da una bocanada al cigarro. Se ensimisma.) a veces, cuando duermes por la tarde, profundamente… y despiertas un rato después, ya de noche… y parece que ya es otro día. Te despiertas por la noche y sientes que ya es otro día… de madrugada, porque todo te lo dice… es como si todo a tu alrededor te lo dijera, al oído… y tú lo crees por un momento, qué rápido pasa el tiempo, todo termina por pasar… siempre… pero, luego te acercas a la ventana… o llega un amigo olvidado… de muy lejos… y se asoma por tu ventana… y comprendes… descubres… quizás… (A PI) ¿decepcionado…? (Para sí de nuevo) que es el mismo día. Es como si el tiempo entero se hubiera escondido, en algún lugar, y tú sientes su ausencia como un hilo de dolor en la boca del estómago… derramándose… fuera de mí… rojo… muy rojo… y soy yo también… eso… desgastado… siempre… con esa sensación de… Y estoy atada como un cordero en el rastro de dios, engordando, engordando. Como si el tiempo no fuera ese demonio real que mastica y mastica las cosas, sino… sino una especie de idolillo sin poder alguno, una copia mal hecha puesta ahí para cubrir las… apariencias. Como si te pusieran curitas en los ojos… (risa contenida) para ver mejor (carcajada. Silencio de 4 segundos). (Angustiada) Y esa sensación de que esto ya pasó una vez… Se repite Zwei sonatinen for piano op1- Mov. 2 largo, de Arvo Pärt, entonces, al mismo tiempo: A: MVP sale lentamente de debajo de la cama y se enreda la sábana blanca como en el Mov. 1. La cama ahora muestra un fondo negro. MVP camina lenta y cabizbaja hasta situarse frente al espejo. Se arrodilla y se inclina hasta tocar el suelo con los brazos. Se mantiene en esa posición. A’: MJE hace con la mano del cigarro la mímica en el aire de tocar las notas que se escuchan, ensoñada. Mete la otra mano entre sus piernas, entrecierra los ojos, se recarga con lascivia sobre la pared imaginaria, es una flor empapada, hambrienta, palpitante. En el momento del éxtasis deja caer el cigarro y se cubre el rostro con las dos manos, su respiración es muy marcada pero en descenso. Cuando muestra el rostro hay una sonrisa, una enorme sonrisa que mira a PI, pero esa sonrisa se va volviendo el gesto de alguien que ha sido estafado, que sabe que ha sido estafado, pero lucha pesarosa por aparentar que todo está bien. Baja la cabeza como si se hubiera dado cuenta de repente de que ha estado haciendo el ridículo, avergonzada. Se levanta y entra con sigilo por la puerta. Se queda parada de espaldas al público al lado izquierdo de la puerta. A su izquierda. Se apaga la luz roja.

QUINTO MOVIMIENTO

Trisagion. Arvo Pärt. La anciana está frente al espejo. Un chorro de luz la baña y la multiplica. Como nace el broto de una blanca semilla, la vida en el cuerpo que se despega del suelo comienza como loas sin sonido, como rezos poseídos o la hierba mecida por la tempestad de aquella noche de octubre, o el mar picado deshojándose en la orilla, una tras otra, en amoroso vaivén, tu cuerpo bajo el agua, a punto de mojar el mío. La mujer joven, de espaldas al público, al lado izquierdo de la puerta. A su izquierda. Media oscuridad. Mira el desarrollo de la anciana. Observa. Un minuto. Ahora empieza a moverse. Con pasos como de una danza elegíaca se dirige a la mujer vieja (1>2). Un cañón la sigue. Llega hasta ella. Sobre el hombro derecho deja caer los mismos guantes y se aleja danzante hacia el punto 3. Cuando la anciana siente los guantes en su regazo trata de girar con rapidez sobre su torso para apresar a la joven, pero gira hacia el lado contrario y cae de bruces. Se levanta entre gemidos y extiende las manos hacia una MJE paralela, imaginaria, como si estuvieran cada una en un espejo distinto que se refleja entre sí. La anciana trata de alcanzarla, estira los brazos, pero vuelve a caer estrepitosamente y se escuchan risas grabadas. La joven está en el punto 3 y emprende la danza hacia el punto 4. La anciana se levanta y vuelve a caer cada vez más hacia la cama, como si fuera jalada por un oscuro magnetismo hacia su centro. Se escuchan risas y aplausos grabados. La mujer vieja se levanta, derrotada ya, temerosa, y termina por ir a la cama. Se acuesta y se cubre con la sábana negra. De

pies a cabeza. La joven llega hasta el punto 4 y se queda viendo a la anciana como quien se mira su propio cuerpo dormido. Comprende. Camina lenta y cabizbaja hasta situarse frente al espejo (2). Se arrodilla y se inclina hasta tocar el suelo con los brazos. Se mantiene en esa posición. ¿Duerme usted bien?

SEXTO MOVIMIENTO

MV está en la cama, en posición fetal bajo la sábana negra, de espalda al público. Duerme. MJ, las rodillas hincadas, levanta el torso y comienza a mirarse detenidamente en el espejo. Tratando de reconocerse, se toca los brazos, se palpa el rostro. MV, bajo la sábana: Hay una mujer de grises… cabellos. Sentada en una cama de sábanas blancas y percudidas; la palidez de… su piel, y sus delgados brazos dan al ambiente un aire de melancolía. Me parece que puedo sentir, el olor, del cuarto, donde ella se peina, un… olor a humedad, olor a viejo. Miro su rostro y sé que ella no está ahí, sus movimientos, de un lento automatismo se neutralizan en… esa mirada, perdida, que la aleja de su cuerpo. Quizás espera… a alguien… algo… o simplemente, recuerda. O espera. Con tal desesperanza que imagina lo que no ha de venir como algo que ya ha sucedido, que ya no volverá. NO. Rojo. Cabello rojo. Rojo sangre. Sangre menstrual. Con tendencia a lo negro. Con origen en lo negro. Envidia. Siempre. Envidia de ser. De la imposibilidad de ser lo que se es. Lo que uno es. Yo. Siendo. Forma entre las formas. Contorno, figura, opacidad. Silueta. Color. Materia. Atracción. Repulsión. Una cierta temperatura. Un manojo de costumbres. Un lugar para la destrucción voluntaria… o involuntaria… Un cúmulo de razones para permanecer, inclinada, sin levantar jamás el rostro.

Un amasijo de cuerdas y sonidos huecos, laúd para los golpes bajos, una pura angustia de ser, el aire etílico, los días que se afilan como cuchillos hacia el despeñadero, Ya lo ves, no somos tan felices, ¿Estoy mal yo, o son los otros? Yo les digo que se vayan, los corro, les digo que se vayan, con insultos, con espuma en el hocico, lárguense. No se lo merecen. Sé que no se lo merecen. Me ha tratado bien. Él. Aun después de muerto. (En este momento algo se mueve debajo de la cama, jala la sábana que cubre a MV por el lado invisible al público. MV queda totalmente descubierta, en la misma posición fetal, de espalda al público. El bulto se cubre con la sábana. Es una mancha negra que avanza a rastras hacia MJ. Es Orfeo que baja cada noche y cada noche fracasa.) Me trata bien (risa nerviosa). Pero yo no puedo, ¿entiendes? (iracunda) Tengo que golpearlo, destrozarlo, porque es demasiado grande. Quiero que sepa lo mierda que soy, que lo sienta, el perro, (con un nudo en la garganta) y se vaya… y me deje sola como al principio, sin nada en la cabeza, sin el peso muerto de su amor en el pecho… (Orfeo se acerca) que se vaya y me deje, y se dé cuenta… de que no vale la pena, que no valgo, y se vaya, y me deje otra vez hablando sola, y se vaya, y me deje dormir… (llega hasta ella…) y me deje dormir… (…la cubre con la sábana. Queda un bulto negro frente al espejo. De inmediato la luz que iluminaba esa área se apaga al tiempo que cae una luz tenue sobre la cama, mordiendo una esquina. MV despierta impulsivamente y queda sentada en la cama, los pies en el suelo, de frente al público, con la vista al frente, sin mirar, ensimismada, recordando. Angustiada). Orfeo y MJ salen del escenario sin ser vistos, protegidos por la oscuridad. MJ, tras bambalinas, con inflexión idéntica a MV: ¿Pensabas que regresaría? Tú tenías tu pelo, tu carisma, tu mirada bonita, algunos son desde el principio una interminable caída y golpe tras golpe tras golpe hasta que… miro su rostro y sé que ella no está ahí, sus movimientos, pero yo no puedo, ¿entiendes? es como si todo a tu alrededor te lo dijera, al oído… y tú lo crees por un momento, a veces, cuando duermes por la tarde, profundamente. ¿Por qué te escondes? Tengo miedo de no ser lo que todos esperan, de mí, que no soy nada, un reflejo, querías un hijo, decías que si dios te diera un hijo lo dejarías todo por él, un hijo sano, fuerte, valeroso como tú, para llevarlo de la mano, para enseñarle el mundo. Pero yo he visto como todo se va entumeciendo. Yo misma cada vez más piedra. Tú querías un hijo. Pero yo no puedo, ¿entiendes? (iracunda) Tengo que golpearlo, destrozarlo, porque es demasiado grande. Quiero que sepa lo mierda que soy, que lo sienta, el perro, (con un nudo en la garganta) y se vaya… y me deje sola como al principio (del lado contrario a la cama sale Orfeo con un cirio encendido en las manos que le ilumina el rostro mientras atraviesa el escenario hacia MV. Orfeo ahora tiene forma de niña, de 6 a 8 años, con un vestido rojo) y tú sientes su ausencia como un hilo de dolor en la boca del estómago… derramándose… fuera de mí… algunos no verán jamás las alturas… Yo… No se lo merecen. Sé que no se lo merecen. Ya lo ves, no

somos tan felices, no somos tan felices, sin nada en la cabeza, sin el peso muerto de su amor en el pecho… (Orfeo se acerca) que se vaya y me deje, y se dé cuenta… (llega hasta ella, pone una mano sobre su hombro. MV lo mira al rostro y dice como por inercia estas últimas palabras antes de que Orfeo se ponga un dedo en los labios y le pida con ese gesto silencio…)de que no vale la pena, un hijo, que no valgo… (silencio). MV se pone en pie. Orfeo la toma con amor de la mano, le regala una gran sonrisa de paz. MV la devuelve apenas esbozada. Orfeo apaga la vela con un soplo y la deja en el suelo. Ambos salen del escenario tomados de la mano. MV justo antes de atravesar el umbral voltea hacia PI. Se enciende la luz roja. 10 segundos. Telón

Fin

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