Programación Junio 2007

HOJA DE SALA

06 | 07

FilmotecadeAndalucía
Ciclo: Estreno de... Jueves 14 a las 21.00h.

ESPECIAL Espacio abierto a colaboraciones de la Filmoteca con actividades, eventos u homenajes organizados por otras entidades, instituciones o asociaciones. Se programa de forma esporádica.

La Chiquita Piconera
Equipo artístico Nieves María Castro Ocaña: La Chiquita Piconera; Ricardo Luna: Julio Romero de Torres; Ana González Wals: Francisca Pellicer; Manuel Eloy Moreno: Rafael; Bartolomé García Sánchez: Padre de La Chiquita Piconera; Carmen Rodríguez: Madre de La Chiquita Piconera; Domingo Torres: El carbonero; Lola Basallo: Mandadera; Berta Lid: voz en off; Total de figurantes: 22. Equipo técnico Dirección / Guión: Miguel Ángel Entrenas; Casting / Dirección de actores: Ana González Wals; Ayudante de dirección: María José Villegas; Auxiliar de dirección: Fátima Entrenas; Script y asesora de arte: Rosalía Guisado; Story-board: Miguel Ángel Entrenas; Jefe de producción: Rafael Patiño; Ayudante de producción: Juan Antonio Díaz; Iluminación (color) / Cámara: Miguel Ángel Entrenas; Foto fija: José Luis Rodríguez; Electricistas: Rafael Patiño y Juan Antonio Díaz; Minicabeza caliente: Jean Caballero; Montaje: Miguel Ángel Entrenas; Sonido: Rafael Gil Gómez, Javier López Raso y Raúl Naranjo Ramos; Música original (composición y dirección): Rafael Trenas; Intérprete cante flamenco: Mercedes Garrote; Intérprete aria: Carmen Blanco; Músicos: Rafael Trenas (guitarra), Andrés Manchado (piano), Miguel Moreno Linares (viola) y Juan Antonio Moyano (cello); Grabación: ABN Studios; Ingeniero de sonido (mezclas): Miguel Ángel Oliva Durán; Escenografía: Quiski; Atrezzo: Ángeles Patiño; Vestuario: Ana González Wals y María José Villegas; Maquillaje: Lola Molina y Raquel Muñoz; Peluquería: Anabel Carrillo Fernández, Sergio Horcas y Rosa Díaz; Cabecera / Efectos especiales: Marcelo Fernández; Bocetos / Asesoría pictórica: Jorge Yepes; Cartelería: IES El Tablero (Ciclo Formativo Artes Gráficas); Prensa: René Palacios More; Insert especial: Documental Vivimos en Córdoba (Miguel Ángel Entrenas, 1983-1984) (incluye escenas, ya mayor, de la auténtica Chiquita Piconera, María Teresa López). Una producción de cine amateur de Miguel Ángel Entrenas PC. Agradecimientos Rita Proietti-Peparelli; Acucine; Alfarería Bartolomé Pedraza Jurado; Asociación de Patios Cordobeses (Manuel Garrido / Manuel Sánchez); Carbonería Parras (Luis Aguilar, Sevilla); Carruaje (José Luis Arteche / José Wilches); Centro Cívico Levante; Centro Cívico Norte; Cine Fuenseca (Martín Cañuelo); Córdoba Film Comission (Diputación de Córdoba) (Ana Romero / José Antonio Sánchez Rodríguez); IES Ángel de Saavedra (Pilar de Miguel); IES El Tablero (Consuelo Serrano Aznar / Rosa María Cuadrado / Flores Serrano Orta / Ángeles Benítez / Enrique García de la Torre); La San Fernando Art Factory (Ana González Wals / René Palacios More); Maquillarte (Menchu Benítez); Museo Julio Romero de Torres - Sala Íntima (Mercedes Valverde); Policía Municipal de Córdoba; Residencia de la Tercera Edad Nuestra Señora

Más información sobre la película http://www.filmotecadeandalucia.com/

de los Dolores; Tienda Almaysar de la Plaza del Potro; Tienda de Muebles Mymm; Tienda Kiss Party.

Sinopsis por Miguel Ángel Entrenas En una fría mañana de invierno, hacia 1925, una chiquilla está encendiendo un brasero de picón en el patio de su casa cordobesa. Su madre la llama por su nombre para arreglarla y peinarla, pues una mandadera la espera detrás de la reja de la casa con el fin de conducirla en un lujoso carricoche al estudio de un pintor famoso, Julio Romero de Torres. Después de una larga espera en el estudio del pintor, quien la observa escondido, aparece la mujer de éste y pregunta a La Chiquita quién es y qué hace allí; ella le dice su nombre y confiesa que ignora el motivo de su presencia en el lugar. Al marcharse la mujer entra Julio, quien, tras contemplarla detenidamente, le ofrece tres pesetas por cada vez que pose para él, prometiéndole no pintarla desnuda. Y por cada vez que posa, La Chiquita entrega las tres pesetas a su padre. Un día, acompañando a su madre a la carbonería, conoce al hijo del carbonero, quedando éste prendado de La Chiquita. En una sesión surge una fuerte atracción entre La Chiquita y Julio, sin que se llegue a mayores. Sin embargo, al haber sido observados por la mandadera, el hecho provoca muchas habladurías a nivel popular, llegando el mismo a oídos del ya novio (que amenaza a La Chiquita), así como a los de su padre, que la abofetea acusándola de haber mantenido relaciones sexuales con Julio. El novio la obliga a acostarse con él antes del matrimonio para comprobar su virginidad. Francisca, la mujer de Julio, monta en cólera al enterarse de las posibles relaciones, y presa de un ataque de celos arremete en el estudio contra La Chiquita y el pintor, aprovechando éste la ocasión para darle a saber la grave enfermedad que padece y debido a la cual pronto morirá. Ante este hecho, Francisca opta por perdonar y procura la reconciliación. La Chiquita comprende entonces que su vida ya no será igual (el cuadro está prácticamente acabado) y decide abandonar el estudio, dejando a Julio y a su mujer reconciliándose. Breve anotación sobre la pintura de Romero de Torres por René Palacios More La trayectoria vital y pictórica de Romero de Torres se enraíza en los simbolistas, en los prerrafaelistas y en cierta influencia de un realismo que él habrá de convertir en un naturalismo de proyección costumbrista. No hay que considerar, ya, al costumbrismo de manera peyorativa, pues la acentuación en lo más inmediato le permite al pintor situarse a distancia del realismo chabacano. A partir de Musa gitana muestra este pintor su seria tendencia hacia un etéreo idealismo que le afirma en los medios modernistas (pese a no ser tal, o al menos no totalmente, para mí). Su gran particularidad estriba en haberse convertido ya por entonces en una especie de paradigma de lo andaluz, lo que ha llevado a cierta crítica actual a procurar desvalorizarlo. Puede afirmarse que cada cuadro suyo es una copla sumamente arraigada en un sentir del cante, el baile, el clavel, la guitarra, el puñal. Mas no se limita esta obra a ser mera representación objetual de dicho sentir. Ese cierto romanticismo literario que la envuelve es la mejor baza a jugar por parte de Romero de Torres para encontrar su senda hacia una concepción crepuscular de la pintura. Y quien dice crepuscular piensa en sensualismo decadente, hasta desembocar en un levísimo erotismo prostibulario. Y en este erotismo se hace presente, omnipotente, la visión de lo humano a través de la figura femenina. He ahí el origen de sus retratos. Estas figuras (y por qué no decir todos los referentes también representados en cada tela) se adscriben a un estatismo cuasi ornamental, que refleja a la vez que anuncia una levísima monumentalidad subyacente ya en algunos pintores, y escultores, que le son contemporáneos. Algún autor quiso sintetizar la obra de Julio Romero de Torres comentando su reiterada utilización de tres empastes: el oliváceo oscuro, el terroso, el morado nazareno. En aceptada esta afirmación (que quiso ser peyorativa), la misma no desmerece la tarea del pintor que, a partir de tal mezcla (creo que hay más elementos pictóricos en él que los así indicados), logró expresar, en boca de otro autor, el sentido onírico del paisaje rural, así como saber situarse en un exacto punto entre el clasicismo pagano y el anecdotismo costumbrista. Sea como fuere, en su conseguida intención de trascender una femineidad tradicional, oscurecida por la cadena de lo religioso, Julio Romero de Torres (de quien se ha afirmado, con razón, que guarda connotaciones del tremendismo propio de Zuloaga, Gutiérrez Solana, Regoyos o Nonell) otorgó a la mayoría de sus retratos una erótica morbidez gracias a la que puede reconocerse a la mujer andaluza como un verdadero arquetipo eterno (sin denotación religiosa del término) de la belleza eterna.

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