Los muchos libros

MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN [mediaisla] Siempre llegan. No siempre podemos (ahora) ahondar en su espesura. Tal vez podamos (por ahora) dar noticias, festejar. Buscar —de momento— el sentido de su presencia. Luego (mañana) ensayar con ellos a hacer piruetas, a colgar papalotes en el viento.

Segunda edición de «Testimonios y profanaciones» de José Alcántara Almánzar
En los últimos dos años, Editora Santuario ha venido republicando la obra cuentística de José Alcántara Almánzar (La carne estremecida, Las máscaras de la seducción). Un autor que ha sido estudiado en la academia y cuyos cuentos, además de aparecer en las mejores antologías en Hispanoamérica, vienen de la mejor tradición de la cuentística dominicana. Yo reafirmo luego de la lectura Testimonios y profanaciones, que su obra tan señera como la de Juan Bosch y Virgilio Díaz Grullón, tiene la impronta del Boom latinoamericano. Me place el desplazamiento casi fotográfico de sus textos, la crónica, la vida cotidiana, de una literatura urbana que tiene, como la de Virgilio Díaz Grullón, la profundidad sicológica de los personajes, como ocurre en textos clásicos de Alcántara, pongamos como ejemplo, “Ruidos”, y “El zurdo”. También aparecen aquí los espacios populares y lo real maravilloso, como “En ella y él al final de la tarde”, o en “Lulú y la metamorfosis”. El equívoco y la transformación en “La máscara de la seducción”. En fin, en Testimonios y profanaciones se destaca el elementó cronístico y cinematográfico, la detallada observación, el lenguaje sencillo, pero en un ritmo muy

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propio que hace que todo el cuento funcione como esmerado artificio. Me detengo en las seis historias breves que entrelazan a las demás. Historias cotidianas, historia de sangre y de política, que retratan la época. Y me llama la atención un cuento como “El laberinto revisitado”. Interesante su escritura con un tema tratado por José Luis González en el que no sabemos si lo revisitado es el mundo neoyorquino o el tema del apagón en Nueva York. Lo cierto es que este texto, va más allá de lo realizado por González. Primero en la atmósfera del acontecimiento, los distintos ritmos que se establecen y el final sumamente humano. No debo dejar de decir que “El día que volvimos a ser gente” es de un gran humor y una alegoría de la puertorriqueñidad. Con este texto Alcántara ha realizado una incursión en el espacio de la emigración, sin separarse un instante de lo humano como medida de las cosas que pasan y ocurren. De Testimonio y profanaciones es el cuento muy antologado: “Con papá en casa de Madame Sophie”.

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«El cuerpo del delito, el delito del cuerpo: la literatura policial de Edgard Allan Poe, Juan Carlos Onetti y Wilfredo Mattos Cintrón» de José Ángel Rosado El profesor José Ángel Rosado presenta en este libro una minuciosa investigación sobre la literatura policial. Es un texto que va desde el estudio del género entroncado en la obra de Poe hasta los contextos de la modernidad, la prensa y las comunicaciones que dieron origen a un relato sobre el crimen en la vida moderna. Rosado había trabajado primero estos extremos en la obra de Juan Carlos Onetti y había le ha tocado a otros de la América del Sur como Borges y Adolfo Bioy Casares, buscando una explicación sociológica de los desplazamientos de este tipo de escritura; une una contextualización del tema del cuerpo como delito, la palabra y la censura; unido a un acendrado interés por el cine. Todo esto para llegar a la obra única en el género del puertorriqueño Wilfredo Mattos Cintrón, quien con su detective Isabelo, recorre los lugares sórdidos de Río Piedras. Esta es una obra que el lector debe leer para aprender dos de los mejores contextos en los que se desarrolla el género policial, el mundo de Poe, su anclaje en Sudamérica con Onetti, Borges y Bioy Casares y esta nueva literatura de Mattos Cintrón. Este ensayo, que versa sobre modernidad, ciudad, literatura, crimen de Estado y medios de comunicación, es uno de los más importantes sobre la literatura policial que han parecido en las últimas décadas en Puerto Rico. En la introducción dice el autor que

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busca con su trabajo explorar la relación entre la literatura policial y el crimen con los proyectos de modernidad. Sobre la obra ha escrito Janette Becerra: “Al estilo de un detective que anota pistas y ata cabos sueltos, José Rosado invita en El cuerpo del delito a adentrarse en el fascinante mundo de la literatura policial (…) Este es un libro indispensable para todo estudioso del género detectivesco, e iluminador para todo entusiasta de la narrativa policial.” «Luz sobre la piedra» de Manuel García Verdecia La poesía clásica cubana, a mi manera de ver, tiene del vanguardismo una fuerza extraordinaria y se basa en dos ejes: el neobarroquismo y el irracionalismo. Creo que estos dos elementos se encuentren en este poemario de Manuel García Verdecia. Lo más interesante es cómo dentro de esos elementos fundamentales de la poética del país caribeño, sale en un “Yo” que tiene algo que decir. Lo que se dice es humano, profundamente humano y con ello la poesía se convierte en arte necesario para que el hombre diga su

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propia humanidad, desde un yo que transparenta el mundo. Sobre el autor ha dicho Paulina Vinderman: “Abraza al mundo pero lo abraza con lucidez, con sabiduría, en su totalidad. Este mundo al que hemos sido arrojados con furia y llanto, con un tatuaje en los párpados de misterio y de misión, que debemos explorar desde el principio de los principios. Vida y muerte multiplicando y pulverizando espejos y puentes; vida y muerte unidas como gemelos del tiempo, pero nunca reconciliadas”. Disponible en eBook y Papel

La segunda edición de «Rumor de pez» de René Rodríguez Soriano Los encasillamientos son malos para los actores y también para los escritores. René Rodríguez Soriano inició su obra como poeta. Luego despegó el narrador que estaba liado a su poesía. En su narrativa dormía plácidamente su poesía, el poeta que no ha cesado, el poeta que es. He leído y releo toda su obra. Y cuando me encuentro de nuevo con Rumor de pez, siento que Rodríguez Soriano posee una

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fuerza expresiva inusitada. No me aventuraré a explicarlo ahora, pero pronto lo diré de manera detenida. Rumor de pez es un libro que encanta. En español, la palabra encantado, como en francés, enchanté, ha pasado de los cuentos de hadas a la vida cotidiana. Vocablo que nos ha quedado de un pasado mágico. Creo que con la palabra, la magia se ha convertido en nosotros y que solo la poesía logra trasuntarla. Y si Rumor de pez ha conquistado a jurados y público, tal vez yo, amigo y admirador de la obra de René Rodríguez Soriano, no sea el único que crea que en verdad la poesía dominicana tiene aquí una manera de embrujar, como si dijéramos que la palabra nos eleva y nos hace viajar por regiones desconocidas y luego, de tanto caminar, nos damos cuenta que estamos aquí, que no nos hemos movido. Solo, entonces, nos queda lo vivido, lo gozado. Algo muy raro estos tiempos. Disponible en eBook y Papel La biblioteca perdida «Comentarios sobre Libros dominicanos». Un adiós a Francisco Comarazamy Un poco antes de su muerte conseguí en un baratillo una colección de los comentarios que Comarazamy publicó en Listín Diario. No estoy seguro, pero posiblemente desde 1965 hasta hace unos años el distinguido periodista tuvo en el decano de la prensa dominicana esa columna. Con la muerte de un hombre parece que la cotidianidad mezquina se alejará y aflorará, poco a poco, el quilate de su obra. La de Comarazamy fue importante y monumental. Aunque no era un crítico literario, era un hombre culto, sencillo, preocupado tanto por la literatura como por los libros. Y esto se echa de ver cuando vemos su obra, cuando notamos

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sus acotaciones críticas. No hubo joven que no encontrara en sus breves comentarios la ventana para presentarse. Su columna fue como el espacio inaugural de muchos escritores. Sus comentarios no eran arbitrarios, ni buscaron sentar pautas, escuelas, métodos…sino presentar el amor por la lectura y los libros. A veces tomaba el pulso del momento editorial y hablaba de los libros que recibía, qué tanto se publicaba de este género y cómo otros quedaban opacados. Sé que se han publicado tres volúmenes de sus comentarios y que quedan miles de cuartillas que deberían ponerse en orden y a la disposición de los lectores interesados. Ahora que el libro comienza a tener otra vida en el mundo, y que las librerías parecen lugares accesorios, y que solamente se salvarán junto al sabor del café y algunos emparedados, debemos valorar la obra de este periodista que vivió más de cien años y que hizo del trabajo y el silencio dos grandes virtudes. Sus comentarios tienen una gran utilidad y el tiempo sabrá poner en su lugar cada cosa. Creo que el aporte de don Francisco Comarazamy no cabe en dos adjetivos. | Envíe su libro directamente a Los muchos libros. Apartado 375124. Cayey, PR 00737. Puerto Rico

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