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El tronco de la vida

Pequeño de cuerpo pero duro de huesos y fuerte en sus músculos, caminaba a su paso, ajeno al sudor, sin asomo de cansancio. Llevaba una mochila grande sobre sus anchas espaldas y el machete ritual en su mano derecha, por si las culebras o la maleza que estrecha la senda montañosa. Las pendientes pronunciadas las subía a paso seguro; en el descenso sus pisadas eran lentas y muy cautas; cuando atravesaba las cañadas no temía mojarse, pero huía con acierto de los arenales sin fondo. Si el tramo era llano y sombrío su ritmo era firme y constante; cuando aparecía un potrero o algún claro en la selva, su ritmo caminero era indiferente al sol de justicia: sólo le interesaba llegar a su casita de la montaña con el arroz, los frijoles y el azúcar para su numerosa descendencia. Unas tres horas llevaba de camino áspero y en constantes toboganes cuando el cielo se puso a lloviznar, fenómeno habitual en la selva ngobe. La lluvia siempre es mala compañera para los caminantes con bultos pesados sobre su cuerpo, pero no era la primera vez, ni sería la última que debía recorrer sendas llenas de lodo o atravesar quebradas y regachos con peligrosas avalanchas. A nuestro pequeño caminante indígena lo único que le importaba era llegar cuanto antes a su casita de madera, con los suyos, y sentir el placer de la comida en sus hambrientas bocas. Pero la desgracia es caprichosa y a veces se ceba en los caminantes más fuertes y experimentados. Y el infortunio estaba esperándole en algún punto del trayecto: cuando llegó a la altura de una quebrada de tamaño medio, un estrecho y liso madero de abedul la puenteaba de parte a parte. En circunstancias normales, hasta la hubiera atravesado saltando sobre las piedras que asoman a lo ancho de su cauce; pero ahora el caudal del torrente bajaba un tanto crecido. Por eso decidió atravesarlo a través del improvisado puentecillo de madera. Allí se escondía su mala suerte, agazapada en el tronco mojado y en la suela de sus botas, alisadas por interminables correrías. Sin miedo alguno comenzó a atravesarlo y casi alcanza la otra orilla, cuando resbaló sin remedio y cayó de costado sobre el lodo fangoso, espeso y profundo. Sin perder la calma, se desembarazó de su pesada mochila, y cuando quiso darse cuenta, ya estaba hundido hasta la cintura.

¿Sería verdad eso o estaba perdido sin remisión? . la oportunidad en medio de la desgracia: sólo la prudencia y la paciencia podrían ofrecerle alguna oportunidad en aquel atolladero. si pronto no pasa alguien por este camino y la lluvia sigue cayendo. golpeada por el agua: seguramente podría recuperar su contenido siempre que no se la llevara la corriente. algún detalle imprevisto. Menos mal que el aguacero había bajado su intensidad y el empuje del agua no resultaba peligro mayor para nuestro desventurado caminante. Tenía que esperar un poco más. terrible e inexorable. peor estaba él. sólo sirve para sujetarme y no hundirme más. aunque por nada deseaba perder los alimentos de su morral: con mucho esfuerzo lo dirigió a favor de corriente contra el traicionero palo-puente hasta quedar empotrado sobre él. la lluvia constante y el mal estado del camino a nadie animaba por esos escondidos senderos. Pensó con rapidez y sangre fría: “Hacia afuera no puedo salir: el palo-tierra se rompe con el peso de mi cuerpo. Su cuerpo lo sentía frío desde los pies hasta los hombros.” Transcurrían los minutos y la senda se mantenía totalmente desierta: la ausencia de población alguna. Su mochila se mantenía a la vista. moriré ahogado por la torrentera. completamente atrapado entre el barro y la arena cenagosa. mientras el cuello y su rostro estaban azotados por la corriente continua y violenta de la quebrada. por más que movía los dedos de sus pies no sentía un punto de apoyo sólido para impulsarse hacia afuera. hacia su ansiada libertad y salvación. Decidió dejarse llevar un poco más por la paciencia y la mesura: cualquier movimiento brusco podría arrancar de cuajo la raíz de apoyo: entonces sufriría una muerte lenta. cerca de él. Ahora bien. En ese momento estaba casi enterrado hasta la altura del pecho. el fondo del limo no parecía tener fondo y no acertaba con una solución salvadora: el palo-puente quedaba algo apartado de su brazo izquierdo y sólo acertó con una pequeña raíz. Pero la raíz no era consistente: si presionaba mucho sobre ella amenazaba con arrancarse. A ella se sujetó con todas las fuerzas que le quedaban.Sentía el peligro aferrado a su cuerpo.

pero la corriente lo empujaba en sentido contrario. Sería mi salvación. . arrastrado por la corriente. las celebraciones y Dios… ¿Dios? ¿Dónde estás ahora. aguanta un poco más. solo y… ¡oh Dios. lo que necesito para salvarme. de mi mujer.¡Si pudiera alcanzarlo cuando pase junto a mí! Si pudiese agarrarlo con los dos brazos. y el madero parecía bailar de un lado al otro.Señor. mis hijos sin padre. la muerte. los perros sin amo. Dios? Acude en mi auxilio…. deseos y reflexiones: “Prudencia. la casa. de… ¡Es mi única oportunidad! El viejo tronco. la salvación de mi mochila.Su mente parecía otro río en ebullición de palabras. sin mucha humedad en sus entrañas. rezando en otras. casi un milagro al encuentro de su desgracia: . la mala suerte. su vida dura y sacrificada. Al llegar a su altura. solo y sin esperanza. de mis hijos. esto se acaba.. la quebrada. el cansancio apretando su cuerpo. la pequeña comunidad y la pequeña iglesia. el indio mantuvo su mano izquierda en la tembladora raíz y con la derecha intentó agarrar el viejo tronco flotante: . solo. ayúdame. sólo en ti espero mi salvación!.. para qué…. la mochila. el río y el bote. la finca. la arena. mis hijos. bajaba golpeándose en todos los obstáculos de las orillas del cauce. aquí solo. solo y desamparado. el cielo sin ojos que lo miren. casi entregado a lo definitivo de su desgracia… Entonces observó aguas arriba un tronco bastante viejo y seco. el trabajo. y los hijos. la mochila rota.. mi casita de madera. sólo te pido un poco de suerte y mucha fuerza para alcanzar lo que busco. La quebrada no era tan ancha. mi mujer sin marido. mi mochila. mi compañera. a veces con delirios. y esta vida qué. agotada su mente. los alimentos para los peces. ¡Si yo pudiera!. En varios intentos manoteó hacia su pequeña “Arca de Noé” y cuando ya parecía un barco a la deriva.” Más de una hora llevaba luchando entre la vida y la muerte. consiguió engancharse a un trozo de rama. Mientras sus fuerzas se agotaban. de tamaño regular. de mi casa. la ausencia para siempre… y Dios que no quiere saber de mí. de una piedra a otra piedra… pero se acercaba adonde nuestro indefenso náufrago. paciencia. la lluvia. la mujer. mi cuerpo enterrado. la raíz amenazaba romperse y el tronco quería escaparse torrente abajo. Le pareció una visión irreal.. Desde ella fue jalando el madero hacia él. si no me ayudas estoy perdido. a punto de… y todo por un resbalón. mis hermanos sin su hermano. los cantos.

Hubiera sido el final.Por esta vez me he salvado. apoyándose en la barriga del madero. Ya más sosegada su respiración y consciente de su nuevo estado. somnoliento. –salió como un grito de sus pulmones. . pero con la preciosa carga dentro de sus mallas. . . la arrastró sobre el barro y la hierba hasta colocarla entre las retorcidas raíces de un árbol centenario. consiguió atraer el palo flotante hasta situarlo en paralelo a su cuerpo. Medio hundido consiguió abrazar con sus dos manos el viejo y pesado tronco desde arriba de su circunferencia. mi Dios! En un golpe de intuición soltó la raíz que apretaba su mano izquierda y giró todo su cuerpo a la velocidad del rayo. hojas podridas.. Ahora le tocaba salir del barro: poco a poco fue empujando su cuerpo hacia arriba con la presión de sus brazos sobre el punto de apoyo. Ya en la orilla. Con otro nuevo y desesperado impulso alcanzó a extraer su cuerpo hasta la cintura..Señor. fue el momento para nuestro agotado indio ngobe incorporarse sobre el puente traicionero. Respiró fuerte mirando al cielo encapotado. Sintió que sus cansados brazos respondían a los estímulos de su cerebro y alcanzó a ver sus hombros fuera del agua: los veía por primera vez desde su fatídico resbalón. ¡sálvame que perezco! ¡Ayúdame ahora. Se sentó de una vez: descansando. Allí chocaron ambos palos. abrió los ojos y observó con incredulidad el escenario de su batalla contra la adversidad y la muerte. Y pudo descansar un poco con las dos manos aferradas al viejo tronco. Casi había dejado de llover y el caudal se mantenía adecuado para manipular su tronco de salvación. ¡Gracias.Con Dios por delante ¡estoy salvado! ¡Que no dé vuelta este palo! Y sobre el viejo troncó descansó su cansado medio cuerpo lleno de barro. Desde allí mismo recuperó su preciada mochila. mi Dios! .. dejó un rato en descanso a su cuerpo hasta que se puso a bogar sobre el madero hacia el puente trampa. chorreando agua por todos lados. arena y suciedad. En un tercer impulso arrancó su sus piernas del fangal hasta situarse a caballito sobre el arca de la nueva vida. en otro esfuerzo más lo fue colocando en paralelo a la orilla de la quebrada donde era menor la fuerza de la corriente.¡¡Uuuff!. cuidando que el madero no girase sobre sí mismo.

. Ni una hora había transcurrido desde su momento salvador cuando nuestro esforzado protagonista ya estaba otra vez en camino. como si nada hubiera sucedido: era hijo de esa tierra y en la montaña le esperaban muchas bocas hambrientas. Después desempacó el contenido de la mochila: el arroz.. Señor! –Se expresó con satisfacción. los frijoles y el azúcar se mantenían en buen estado dentro de sus bolsas de plástico.¡Gracias.. 17 – ekaina – 1012 Kankintú Igandea xabierpatxigoikoetxeavillanueva . ¡Buen viaje!.Lo más importante está listo para que mis hijos coman en buen provecho. desnudo como Adán.Primero se quitó la ropa sucia y fangosa: en la corriente lavó todo ese desastre lo mejor que pudo. la puso a secar sobre las raíces milenarias. y así.