Comisión de Liturgia

Iglesia Evangélica Metodista Argentina en Temperley

La Cena del Señor “Hagan esto en memoria de mí”

Las siguientes reflexiones en cuanto a los sacramentos, principalmente respecto a la Mesa del Señor, surgen luego de conversaciones con hermanos y hermanas de nuestra iglesia que cuestionaran la participación en la Comunión de niños y niñas muy pequeños, es decir, que no llegaran a “entender” lo que sucedía en el sacramento. Como Iglesia Evangélica Metodista Argentina reconocemos dos sacramentos: el Bautismo y la Santa Cena. Si bien ambos sacramentos están atestiguados por las Escrituras, la Santa Cena es instituida por el mismo Jesús “la noche en que fue entregado”, como nos lo relata el Apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios (1 Cor. 11:23-26). Como podrán advertir seguramente mi opinión es radicalmente opuesta a la de mis hermanos y hermanas respecto a la participación de niños y niñas pequeños/as del sacramento de la Comunión. Pero, como en todas las cuestiones importantes y significativas, no se trata de gustos personales sino de establecer criterios teológicos que fundamenten una determinada posición. Eso es lo que trataré de hacer en el resto del texto. Como primer paso, recordar el pensamiento de Juan Wesley en relación a la Santa Cena me parece de mucho valor. El fundador del movimiento metodista sostenía dos cuestiones: 1. Participar cada vez que sea posible de la Santa Cena. Es sabido cómo exhortaba a los participantes de las “clases” y “bandas” metodistas a concurrir al culto dominical y comulgar. Incluso sostenía que de poder tomar varias veces al día la Cena del Señor, había que hacerlo. 2. El segundo punto está muy relacionado al anterior y se podría decir con razón que es la explicación de aquél. Para Wesley, el sacramento de la Comunión es un medio de gracia. ¿Qué quiere decir esto? Que en el sacramento es Dios mismo quien se hace presente en los elementos del pan y la copa. En una de las formas en las que Dios ha elegido manifestarse a su pueblo. También es necesario que nos detengamos un momento en el tema de “entender” lo que sucede en la Santa Cena. Afirmar que los niños y niñas, en oposición a nosotros – adultos maduros- no entienden lo que se hace y por qué, es asumir que nosotros entendemos totalmente el misterio de Dios presente en la Comunión. El decimosexto artículo de fe de nuestra iglesia afirma respecto a los dos sacramentos “[que son] testimonios seguros de la gracia y buena voluntad de Dios para con nosotros, por los cuales obra El en nosotros invisiblemente, y no sólo aviva nuestra fe en El, sino que
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también la fortalece y la confirma”. Debo ser honesto y decir que a pesar de los estudios cursados en teología y de haber comulgado muchísimas veces, todavía no entiendo totalmente la manera en la que Dios obra en mí al participar de la Comunión. Por lo cual no creo que “no entender” sea un impedimento para que se manifieste la gracia y buena voluntad de Dios en los niños y niñas. Es más, creo que con su sensibilidad aguda e inocencia pueden captar más de lo que nosotros podemos captar con nuestras mentes y razón. El decimoctavo artículo de fe está dedicado solamente a la Cena del Señor: “El cuerpo de Cristo se da, se toma y se come en la Cena sólo de un modo celestial y espiritual. Y el medio por el cual el cuerpo de Cristo se recibe y se come en la Cena es por la fe”. La primera parte de este artículo sustenta lo dicho anteriormente. ¿Quién entiende a ciencia cierta el modo celestial y espiritual en el que se da, se toma y se come el cuerpo de Cristo? Por otro lado, aparece un factor sumamente importante, la fe. El medio por el cual se participa en la mesa es la fe. Aquí me permito aplicar el criterio del otro sacramento. A diferencia de otras expresiones evangélicas reconocemos y practicamos el Bautismo de párvulos, es decir, que bautizamos a bebés. En el Bautismo de personas adultas, uno de los requisitos es confesar la fe en la cual se es bautizado, aquí se suele usar el Credo Apostólico. Cuando realizamos bautismos de párvulos, ellos no tienen fe. Por lo que el Bautismo se lleva adelante en la fe sus madres, padres, madrinas y padrinos y a ellos se les encomienda la enseñanza en el camino de la fe. La comunidad presente también se compromete en cada Bautismo a acompañar y velar por ese niño, niña, o persona adulta. El criterio del Bautismo que me permito aplicar a la Santa Cena es realizarla en y con la fe de sus madres y padres, y en este sentido, con la fe de toda la comunidad presente que acompaña y participa conjuntamente de la Mesa del Señor. Por todo esto, a mi entender en muy recomendable que todo niño o niña que desee participar de la Mesa del Señor pueda hacerlo. Recordemos las palabras de Jesús. “Dejad a los niños venid a mí y no se lo impidáis”. Vale decir que esto no excluye la responsabilidad de sus madres y padres, junto con toda la comunidad de fe, de explicarles y hacerles notar qué es lo que hacemos y por qué en la Comunión. P. Maximiliano A. Heusser

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