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Relatorio del: COLOQUIO INTERNACIONAL DE LA EDUCACIÓN SECUNDARIA JESUITA “Servir a la misión de Cristo hoy significa poner especial atención

al contexto global. Este contexto requiere que nosotros actuemos como un cuerpo universal con una misión universal”. Este fue el lema del coloquio y el eje conductor de todas las ponencias, los paneles y los talleres. El ICJSE se planteó dos objetivos: A) Reconocernos como una red global que como tal pueda responder a los retos actuales, en especialmente al desafío de llegar a ser una red apostólica más efectiva. B) Reflexionar juntos acerca de la misión e identidad jesuita hoy, a fin de responder mejor a nuestras fronteras apostólicas. En la evaluación del coloquio se concluyó haber conseguido ambos objetivos y convinimos en varios compromisos a corto, mediano y largo plazo. A continuación presento un resumen de las ideas que a mi parecer fueron las más relevantes y que me han seguido resonando bajo la expectativa de poderlas compartir y aplicar en el colegio.

EL PRIMER DÍA (lunes 30/07) tuvo como tema generador las Comunidades mundiales. El P. José Mesa, transmitió el saludo del Padre General y luego hizo una introducción al Coloquio, enfatizando en el sentido y la necesidad de entendernos como una red global. Su discurso aludió a muchas ideas/frases que a propósito expusieron en su momento Arrupe, Kolvenbach, el propio padre Nicolás y la CG35. De esta intervención resalto las siguientes ideas:     Debemos empezar a trabajar de otro modo: por eso la invitación a hacer cambios importantes en nuestras escuelas, adaptarnos a nuevas estructuras. Mirar hacia fuera de nuestras paredes: que las decisiones que se tomen al interior de nuestros centros consideren el contexto, la comunidad, el medio ambiente. Nuestra misión hoy más que nunca debe estar bien clara: la promoción de fe y justicia. La globalización no es una idea sino un hecho: por eso hay que asumir la responsabilidad de formar integralmente a nuestros estudiantes para que sean personas solidarias; debemos hablar de globalización de la solidaridad, la cooperación y la conciliación/reconciliación. Ser consecuentes con nuestra tradición humanista y seguir apostando por la formación de la juventud. El momento actual es crucial y el Coloquio puede ser el inicio de esos cambios que se necesitan.

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El P. Mesa también se refirió a las características que deberá tener la red jesuita y las escuelas jesuitas como tales, finalmente sugirió formas de cómo responder a esas características y cómo lograr la formación integral de la persona. En el panel del ICAJE (Comisión Internacional para el apostolado jesuita de educación) sobre las Comunidades mundiales jesuitas, se hizo una presentación sobre qué es y cuáles son los objetivos de dicha Comisión que depende y asesora al Secretariado de Educación. El representante de cada región expuso un resumen de su contexto, estadísticas, fortalezas y retos. En relación a latinoamérica, se identificaron como los principales retos: la participación en la red internacional; el crecimiento de la identidad ignaciana y del cuerpo apostólico ignaciano internacional; la educación intercultural; nuevas competencias para el trabajo; nuevas formas de administración educativa; programas de intercambio y la potenciación del uso de las dos lenguas globales. Como fortalezas de la red latinoamericana se consideran: la formación social, el trabajo intersectorial, el replanteamiento de la infraestructura escolar acorde a criterios ecológicos y urbanísticos, la formación de colaboradores. Los proyectos emergentes son tres: La Campaña de ayuda a Haití, un sistema común de gestión de calidad educativa y la disposición de apoyar a Fe y Alegría en África. En el segundo panel sobre la CG35 y la misión jesuita se recordó y enfatizó en que nuestra misión es el servicio de la fe para la promoción de la justicia en colaboración con todos. Es decir se reconocen 3 dimensiones dentro de una sola misión: fe, justicia y colaboración y ellas deben evidenciarse en todos nuestros trabajos. Entre las condiciones o sugerencias para cumplir la misión se nos planteó, entre otras: programas de formación en colaboración para jesuitas y laicos, actitud de cambio, apertura y tolerancia a la diversidad y disposición a compartir recursos (humanos, económicos, infraestructura, educativos). Patxi Álvarez, Secretario para la justicia social y la ecología, abordó el tema de la “buena educación para todos”, planteó la pregunta de si el llamado actual sigue siendo el mismo de los primeros jesuitas y dejó claro que aunque no podamos atender a todos los pobres, se debe hacer algo por ellos y lo ideal es ofrecerles el mejor servicio que podamos ofrecerles. Afirmó que para ser consecuentes con los compromisos establecidos en las últimas Congregaciones Generales debemos ofertar una educación de calidad que contribuya a mejorar las sociedades beneficiando a los sectores vulnerables, también nos invitó a promover escuelas verdes y a no olvidar que nuestra educación debe estar apoyada en la espiritualidad ignaciana. Anthony Da Silva se refirió a la colaboración en la educación jesuita y expuso los casos de las Escuelas Cristo Rey en USA y las de Fe y Alegría en latinoamérica, como ejemplos de trabajo en red y de atención a los sectores pobres y marginados.

A su parecer la colaboración en la educación jesuita debe asumir ciertos retos, los más importantes: la formación de los colaboradores laicos y enseñar y aprender a vivir en un mundo multicultural. También se trató el tema de la educación superior y se afirmó que sus mayores desafíos son lograr claridad respecto de la misión e identidad y facilitar el acceso a ella ya que es muy costosa. Al finalizar el panel se dieron las siguientes sugerencias: trabajar en la comunicación pues ella es condición necesaria de la colaboración, implementar y hacer uso de plataformas apostólicas que pueden facilitar el trabajo con otros ministerios; tener presente siempre el horizonte (fronteras) y no renunciar al magis que no significa hacer más, sino ser más cuidadosos para hacer bien las cosas. El día se cerró con la ponencia de Vivien Stewart titulada Un aula tan ancha como el mundo, en la que nos explicó cómo se ha transformado el mundo en las últimas décadas y cómo eso ha influido en la educación. Básicamente apuntó a los siguientes tres asuntos: a) Un nuevo contexto global que demanda nuevas competencias. b) La escuela debe ser global: ciudadanos y competencias globales. c) Conexiones globales: concretar la red de escuelas jesuitas Las ideas más importantes tienen que ver con el rol del maestro, quien deberá buscar la manera de abrir el alumno al mundo, de ahí que ellos mismos deberán tener orientación o experiencia internacional. También se deben modernizar los currículos involucrando la ciencia, el arte, el lenguaje y la técnica. El trabajo en red debe propiciar las escuelas asociadas en diferentes regiones y los intercambios estudiantiles. Al finalizar su exposición, surgieron preguntas y cuestionamientos respecto a la factibilidad de implementar los cambios sugeridos en algunas escuelas, sobre todo en aquellas que no tienen acceso fácil a la tecnología o que no cuentan con suficientes recursos económicos. Tras algunas discrepancias y aclaraciones se concluyó que en la medida de sus posibilidades cada centro debe orientarse a ser esa escuela global si es que aspiramos a hacer realidad la red educativa jesuita. El día terminó con la visita al Boston College High School, donde nos ofrecieron una opípara cena por la celebración de sus 150 años.

EL SEGUNDO DÍA (martes 31/07, fiesta de San Ignacio de Loyola) tuvo como tema generador, misión e identidad. La primera intervención, titulada siendo fiel a la misión jesuita, estuvo a cargo del P. Lombardi, quien exhortó a una nueva evangelización pues afirma que los fundamentos de la cultura cristiana no existen en los jóvenes y por tanto la educación debe ser un semillero donde inculcar la fe. El P. Lombardi hizo un resumen de cómo se ha abordado el tema de fe y justicia en La Compañía, ratificando que su misión siempre se ha definido como “el servicio de la fe”, afirma además, que ese

servicio de la fe a través del tiempo se ha enriquecido con nuevas características y ha adoptado diferentes enfoques que le han permitido interactuar con los nuevos problemas que aparecen. Se refirió a la más reciente Congregación General la cual confrontó la misión de la Compañía con las rápidas transformaciones del mundo de hoy, de forma particular con la globalización, sus ambigüedades, posibilidades y riesgos; el progreso de la ciencia y la tecnología, especialmente en el campo de las comunicaciones y las consecuentes repercusiones en la cultura y, finalmente, con la visión de la persona y la sociedad humana. Bajo estas consideraciones la Congregación 35 describió la misión de La Compañía como una vocación hacia la reconciliación, entendida como relación de reconciliación con Dios, con los otros y con la creación. Esto supone una amplia estructura que incluye la religiosidad humana y la dimensión espiritual, aspectos sociales y relacionales, y la responsabilidad con la creación, con el medioambiente en el cual vive el hombre. El P. Lombardi, recordando al P. Arrupe y al P. Kolvenbach, ratifica que escuela y educación son un terreno importante para la evangelización y que la tradición educativa jesuita nos llama a mantener el equilibrio entre la formación académica y una educación humanista que implique aprecio y gusto por la historia, el arte y la filosofía sin renunciar al uso de la tecnología. Además, enfatiza que hay que educar a nuestros jóvenes para que puedan mantener relaciones humanas profundas y significativas, pues los medios y la tecnología les envuelven en relaciones muy superficiales, hace un llamado a recuperar e instaurar el sentido de comunión en oposición al de conexión que es el que domina la era digital. La siguiente intervención, la identidad jesuita en el siglo 21, estuvo a cargo del P. Daniel Huang, quien resumió las reflexiones que, sobre la misión y espiritualidad jesuita en nuestras instituciones, emergieron de la 70ª Congregación de Procuradores celebrada días antes en Nairobi. Explicó que fueron cuatro los temas críticos abordados en la Congregación y nos ofreció diez pautas de reflexión para contestar a la pregunta de ¿cómo sostener y profundizar la espiritualidad ignaciana en nuestras escuelas? En relación a los temas críticos señaló que el primero fue el informe del estado de cada Provincia que el Procurador respectivo, ofrece al Padre General, lo cual es precisamente el objetivo primordial de la Congregación. También informó que los Procuradores decidieron que no es necesario realizar una nueva Congregación General aún y que hubo un largo diálogo de reflexión sobre el estado actual de La Compañía de Jesús, en el que el P. Nicolás respondió a más de 40 inquietudes de los procuradores. El segundo tema fue la reflexión sobre la misión jesuita hoy y se dijo que el P. General ha creado tres nuevas secretarías para ayudar a animar las tres dimensiones de la misión que deben estar presentes en cualquiera de los ministerios jesuitas: el servicio de la fe, la promoción de la justicia y la colaboración. El tercero fue el nuevo sentido que debe darse a la vida en comunidad. Tradicionalmente la Compañía ha sido descrita como una comunidad para una misión, pero a partir de la CG35 se viene insistiendo que la comunidad no es solo para la misión sino que ella misma es misión, es decir que la vida comunitaria es un elemento constitutivo de la misión y por tanto, sería más apropiado hablar de comunidad con misión.

El cuarto tema abordado en la Congregación fue el de las prioridades apostólicas y se corroboraron las cinco preferencias o desafíos apostólicos universales determinados en la CG35: las casas romanas, el apostolado intelectual, las personas desplazadas, China y África. La CP70 puso especial énfasis a África y Madagascar. Como se señaló líneas arriba, el P. Huang nos ofreció diez ideas para reflexionar la sostenibilidad y profundización de la espiritualidad ignaciana en nuestras instituciones: 1. Instrumentos apostólicos: la preocupación por la identidad jesuita y católica no es un tema de control o de poder. Nuestras escuelas deben continuar siendo principalmente instrumentos apostólicos y su objetivo mayor servir a la misión de la iglesia y de la sociedad. Habría que preguntarnos qué estamos haciendo para mantener la perspectiva apostólica en nuestras escuelas, si la prioridad en ellas no es solamente el aspecto académico. 2. Servicio a la fe: debemos poner más atención a la fe en estos tiempos en que ella está seriamente amenazada. Parece ser que estamos siendo más exitosos en promover la responsabilidad social y menos en el servicio a la fe porque no logramos que nuestros estudiantes disfruten su amistad con Cristo y su comunidad, la iglesia. ¿Qué significa en nuestra escuela el servicio de la fe y cómo servir a la fe en contextos no-cristiano? 3. Puentes para unir en la iglesia: la identidad jesuita es fundamentalmente un enlace entre el servicio a Cristo y servicio a la iglesia. En la CG35 se afirmó que todos los jesuitas y las instituciones jesuitas deben construir y ser puentes dentro de la iglesia. ¿Estamos uniendo a los jóvenes con la iglesia? ¿Qué dificultades percibimos y cómo respondemos a ellas? 4. La Colaboración como misión: la percepción de colaboración en la Compañía es muy desigual debido al clericalismo en lugares donde la Compañía crece y, al contrario, por una visión de la colaboración como mera estrategia para paliar el reducido número de jesuitas en donde ella decrece. Analicemos en nuestros centros si la colaboración es vista como un medio o como parte integral de la misión. ¿Qué hacemos para cambiar actitudes de clericalismo o de visión instrumental de la colaboración? 5. Animados por una comunidad apostólica: necesidad de una comunidad apostólica ignaciana más amplia (compuesta de jesuitas, laicos, personas de otras religiones) y una escuela que promueve y protege la dimensión apostólica. ¿Quiénes componen nuestra comunidad apostólica ignaciana? 6. Acompañamiento y testimonio de la comunidad jesuita: hay crisis de identidad y preocupación por el rol del jesuita en las obras, sobre todo cuando la comunidad jesuita no mantiene el poder y control de las instituciones. Las preguntas ¿por qué ser jesuita si los colaboradores pueden hacer todo lo que hacemos? ¿Cuál es el rol de la comunidad jesuita? Son más frecuentes cada vez y ante estas inquietudes el P. General ha contestado que “los jesuitas son custodios de la espiritualidad de San Ignacio” y deben dar testimonio del evangelio en la forma como viven juntos, es decir que la comunidad en sí misma debe entenderse como misión.

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Se debe discernir y acompañar el papel de los colaboradores llevando las obras y preguntarse, ¿los jesuitas viven e inspiran el evangelio al resto de la comunidad? ¿Pueden cambiar actitudes los jesuitas? Cercanía a los pobres, justicia social y respeto al ambiente: el servicio a los pobres es una dimensión presente en todos los ministerios. El número de comunidades jesuitas viviendo con y cómo los pobres ha disminuido, ha decaído la atención a las causas estructurales de la pobreza. Hace falta trabajar más por una justicia inter-generacional que atienda al medioambiente. ¿Cómo promocionamos la cercanía a los pobres? ¿Cómo creamos pasión por los cambios estructurales y el cuidado del medioambiente? Dimensión de universalidad: hay un redescubrimiento de la vocación universal de los jesuitas entre muchos jesuitas, especialmente los jóvenes. Esa mentalidad universal se expresa en redes intersectoriales e interprovinciales y cada vez se habla más de la cooperación de sur a sur. ¿Estamos desarrollando el trabajo en redes a todos los niveles? ¿Hay mayor cooperación entre conferencias? Creatividad del Reino: preparación para el 2014: 200 años de la restauración, el renacimiento de la Compañía. El P. Provincial ha dicho que somos gente para el Reino y esto nos sitúa dentro de una visión eterna, por eso debemos ser creativos. Todo puede cambiar y el magis nos invita a superar todo aquello que limite la venida del Reino. Creatividad no es competencia: magis no es más sino mejor. ¿Cómo cambiar nuestra motivación por la competencia. Cómo promover la creatividad para el Reino? Discernir el futuro de las instituciones: los jesuitas siguen fundando escuelas eficaces, evangélicas y transformadoras y ello ha traído como consecuencia exceso de trabajo para los jesuitas que tienden a abarcar demasiado. Los jesuitas saben comenzar obras pero no saben cuando dejarlas ni cómo hacerlo. Entonces aquí aparece otro desafío: distinguir entre trabajo ignaciano vs. trabajo jesuita. Hay que pensar en las estructuras y programas que necesitamos para conservar una vida de entrega conectada con la tradición y visión ignacianas.

El siguiente evento de este día fue un panel de discusión sobre el tema “Un mejor ambiente para aprender y creer” que se centró en el compromiso que tienen nuestras instituciones de ofrecer a los niños y jóvenes ambientes seguros donde puedan aprender e interactuar entre ellos y con el medio. Aquí se habló de la coherencia y credibilidad que debemos mostrar, de la necesidad de que todos demos ejemplo y seamos testimonio porque de no hacerlo corremos el riesgo de sentarnos en las fronteras y perder la pertinencia y eficacia que ha caracterizado a la educación jesuita desde sus inicios. Se presentaron experiencias puntuales para garantizar esos ambientes sanos y protegidos, como el caso del Protocolo que para el efecto ha diseñado un colegio de Colombia. Se insistió en el mensaje de que los abusos de cualquier tipo son tóxicos para nuestros colegios.

Más adelante tuvimos la oportunidad de participar de dos talleres, escogidos de acuerdo a las inclinaciones de cada uno. Yo asistí al de “Pasión por la misión” y luego a “Un proyecto ecológico en la escuela”. El primero mostraba la experiencia de laicos llevando una obra jesuita, el ejemplo concreto del Liceo Javier de Guatemala. La idea fundamental fue la importancia de tener clara la misión y la formación de los laicos en temas de espiritualidad ignaciana. Como recomendaciones para tener éxito en este tipo de gestión se sugirió invertir en personal escogido para que puedan realizar la experiencia de EE. de un mes, implementar jornadas mensuales de acompañamiento a profesores y auspiciar maestrías para docentes. El segundo nos enseñó cómo en el colegio La Inmaculada de Lima, se han adelantado proyectos alternativos para optimizar los recursos naturales que son escasos en la zona agreste en la que se encuentra el colegio. Se ha construido un sistema de tratamiento de aguas servidas, se ha forestado buena parte del terreno, producen abono natural con la basura que se genera, se han producido y comercializado algunos productos y se ha creado y se mantiene un zoocriadero que cuenta con especies nativas incluso algunas que se encuentran en peligro de extinción. El evento académico final del día fue la conferencia “Liderazgo nacido de la misión jesuita” por parte de Chris Lowney. Al referirse al liderazgo dentro de las instituciones educativas, aludió la siguiente frase de Alberto Hurtado: “Para enseñar basta con saber algo, pero para educar hay que ser algo”, con la que dejó clara la invitación a que quienes trabajamos en instituciones jesuitas ejerzamos liderazgo. Me agradaron las afirmaciones de que el líder debe amar a quienes lidera y las tres características que nos ayudan a ser buenos líderes educativos: seguir a Cristo, rendir cuentas y ser innovadores. Al igual que el día anterior, la jornada terminó con una cena, esta vez en homenaje a Ignacio de Loyola, patrocinada por el Boston College, pero antes de ella tuvimos una misa celebrada por el Cardenal O’Malley.

EL TERCER DÍA (miércoles 01/08), su eje generador fue tecnología y colaboración e inició con la presentación del P. Orobator, titulada “La primera vez que fui a la escuela no había escuela”, una reflexión sobre la educación como acompañamiento, solidaridad y compasión. Fue a mi parecer la intervención más emotiva de todas tanto por el fondo, el mensaje que nos dejó, cuanto por la forma, los distintos elementos que empleó para transmitir ese mensaje: canto, lectura bíblica, oración, imágenes. La idea en la que insistió el P. Orobator es la de la expectativa que la escuela crea en los niños: es un lugar al que entrarán pero no se sabe cuándo ni cómo saldrán, pero se intuye que una vez que entran en ella serán diferentes. Entonces el mensaje es que de la escuela todos deben salir siendo mejores y habiendo disfrutado de ella.

Durante su exposición presentó experiencias duras de su niñez pero resaltando que a pesar de las carencias materiales que debió afrontar hubo muchas cosas buenas, sobre todo, el cariño y cuidado que la maestra prodigaba a los niños y la solidaridad que se tenían entre ellos. Fue muy interesante la metáfora de la “puerta sin retorno” que empleó para decir que la educación debe ser como enviar a los niños a través de una puerta sin retorno, de la que nunca volverán siendo los mismos. La educación y la escuela, por supuesto, transforman, crean nuevas oportunidades, amplían los horizontes, permiten cruzar fronteras, estimulan la creatividad, ayudan a desarrollar las capacidades. Habló de la valentía sagrada y la agresividad apostólica, típicas de nuestro modo de proceder, que nos llevan constantemente a descubrir, redefinir y alcanzar el magis. Para nosotros, las fronteras y los límites no deben ser obstáculos sino nuevos retos, nuevas oportunidades que hay que encarar y que nos permitirán crecer. Otra idea interesante es que “en nuestra jornada está nuestra educación”, y por eso hay que hacer de esa jornada amena y provechosa. Pensemos en ¿Qué pasaría si la educación fuera una jornada de crear comunidad, pero no cualquier comunidad sino una de solidaridad, de compasión, de amistad y de mutuo apoyo? Seguro que los niños y jóvenes serían más felices y le sacarían mayores provechos a su educación. Los maestros debemos ser como Jesús/pastor, pendiente de que ninguno de sus discípulos se pierda. Imaginemos qué pasaría si en la escuela nos llevaran a lo largo del camino del conocimiento, la verdad y el descubrimiento como lo hace un pastor que guía y acompaña a su rebaño. Seguramente avanzaríamos confiados y nunca perderíamos el horizonte. Finalmente, el padre Orobator nos compartió a modo de oración un lindo mensaje: “Que las mujeres y los hombres comprometidos en el ministerio de la educación jesuita, seamos arquitectos de un nuevo mundo donde la fe y la justicia convivan con la excelencia académica; un mundo donde el servicio se exprese a través del amor, la compasión y la solidaridad; un mundo donde ningún niño quede atrás. Que nuestros ministros, especialmente los jóvenes, puedan aprender a caminar con la juventud, aprendan de su generosidad y compasión, y ayuden a cada persona a crecer y lograr, a pesar de la fragilidad y la fragmentación, la alegre integración de sus vidas con Dios y con los otros. Que las mujeres y los hombres comprometidos con la educación jesuita nunca estemos contentos con el status quo, el conocimiento, lo probado, lo ya existente; que constantemente nos esforcemos por descubrir, redefinir y lograr el magis; y, a través de nuestra pedagogía, transformemos las fronteras y los límites en nuevos desafíos a enfrentar, nuevas oportunidades que aceptar, con valentía sagrada y agresividad apostólica” La segunda ponencia del día fue “La red jesuita y la tecnología”, dirigida por el P. Daniel Villanueva quien nos expuso sobre la importancia del uso de la tecnología dentro de la Compañía como instrumento que ayudará a mejorar el trabajo que realizamos a nivel internacional.

Partió de la afirmación de que la tecnología está abriendo nuevos espacios a nuestra misión y hay que asumirla con creatividad y con actitud de escucha y aprendizaje, es decir que se requiere un nuevo liderazgo, un liderazgo de cambio e innovación. A continuación se expusieron tres iniciativas de trabajo en red que han probado ser eficientes: International Baccalaureate, Ignacianos por Haití y la Red global de “advocacy” ignaciana; además se extendió la invitación para que las asociaciones de exalumnos participen del próximo congreso de ASIA que se realizará en Medellín en el año 2013 y cuyo tema será: Educación jesuita, una responsabilidad social. En la tarde continuamos con los talleres y esta vez participé de: “Design for change” e “Ignacianos por Haití”. El primero es una propuesta de emprendimiento que aplica la metodología de resolución de problemas y el desarrollo de habilidades, se lo está llevando con éxito en algunos colegios de España. Lo que más me llamó la atención es la afirmación de que esta herramienta permite desarrollar de manera adecuada el PPI, a través de sus cuatro fases: SENTIR-IMAGINAR-HACER-COMPARTIR. El segundo taller presentó la campaña de recaudación de fondos que está promoviendo FLACSI para apoyar a Fe y Alegría-Haití y en la que la REI-Ecuador ha colaborado significativamente. Se hizo un llamado a mejorar la comunicación entre cada colegio y la oficina de organización de la campaña, para informar mejor, a través de la web, lo que se hace en cada institución. En el espacio designado a discusiones regionales, realizamos la evaluación del coloquio en base a las preguntas que nos formuló el padre Mesa. Para finalizar el día tuvimos un tour en tranvía por Boston.

EL CUARTO DÍA (jueves 02/08), este día tuvo tres momentos: a) sesiones de colaboración b) una ponencia y c) discurso de cierre En el espacio de sesiones de colaboración participé de una charla sobre los “intercambios”, en la que se expusieron las experiencias que sobre el tema han tenido colegios de México, Brasil, Argentina y Colombia. Existen programas de pocas semanas que se consideran más bien intercambios culturales o visitas de inmersión y otros ya más largos que sí se pueden considerar académicos. Se afirmó que nuestros países ofrecen muchos atractivos para instituciones de Estados Unidos y se está abriendo el campo hacia Australia, sobre todo por la posibilidad de aprender y practicar los idiomas (español o inglés). Se sugiere animar los intercambios virtuales con chicos desde los 12 años en adelante, así como propiciar la interactuación de las áreas de idiomas y los intercambios de docentes. El tema de la ponencia fue “En los pasos de San Ignacio-el peregrinaje de los educadores ignacianos”, estuvo a cargo del P. Martin Connell quien nos explicó cómo la vida de Ignacio y sus Ejercicios Espirituales pueden guiar nuestro trabajo como docentes jesuitas.

En su participación el padre Connell definió a los educadores jesuitas (¿ignacianos?) como peregrinos en el camino caracterizados por lo que él denomina las cuatro pes: peregrinaje, poder, potencial y peligros. Luego de hacer una apología sobre los mapas, afirmó que para poder ubicarnos y saber dónde estamos no sólo es necesario un mapa sino también la memoria porque “hay que ver el mundo y no solamente dejarse guiar de lo establecido”. Propuso algunas recomendaciones que facilitarían la labor de los educadores: asumir la tecnología para asistir a las escuelas mediante el uso de plataformas. Mantener una visión institucional compartida. Compartir relatos: dialogar, el coloquio es muy educativo. Mantener una simetría básica en nuestros planteles. Como cierre de la jornada y del coloquio, el padre Mesa presentó los resultados de las evaluaciones y los pasos que se deberán seguir, enfatizó en que a partir del momento en que se acabara el coloquio comenzaría el verdadero reto de hacer realidad todo lo que allí se había planteado. Los compromisos básicamente se resumen en potenciar el trabajo en redes, mantener los vínculos interinstitucionales e intersectoriales y transmitir todo lo aprendido a nuestros colaboradores. Se enfatizó la modernización de nuestros centros a través de la tecnología y la formación integral de las personas; también quedó claro que todas las obras hemos de trabajar por la misión de la Compañía: servicio de la fe, promoción de la justicia y colaboración. También se decidió que en cuatro o cinco años se realizará el segundo coloquio y que inmediatamente se reestructurará la Secretaría de Educación. Una vez terminado el coloquio, los representantes de Latinoamérica continuamos con el encuentro de FLACSI (reunión de Rectores y de Delegados de Educación).

Carmen Cañas Martínez Quito, 23 de agosto de 2012