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Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

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Equipo de análisis de coyuntura Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Apuntes para el análisis del conflicto magisterial
“Las negociaciones son difíciles de construir, pero fáciles de derrumbar” Pablo Lederach Desde hace varias semanas, cientos de maestros, agrupados en la Asamblea Nacional del Magisterio, se mantienen en asamblea permanente y ejecutando medidas de hecho si sus demandas de aumento salarial, profesionalización docente, mejoramiento de la infraestructura educativa, dotación de suministros didácticos y alimentos para los estudiantes, entre otros, no son atendidas. Todo ello, ha desencadenado un serio conflicto1 que afecta, no únicamente a las autoridades gubernamentales y al sector magisterial, sino a padres de familia y alumnos de los centros educativos públicos. La dinámica del conflicto en mención entraña dos dimensiones concretas sujetas de análisis: una de carácter sustancial y la otra de carácter político. La de carácter sustancial se fundamenta en que las demandas planteadas trascienden la superficialidad, muchas de ellas apuntan a la realización de reformas de fondo al sistema educativo nacional y que por tanto, requieren de la adopción de medidas y soluciones de mediano y largo plazo. Ello es lo que en teoría de análisis y transformación de conflictos se denomina “conflicto genuino”. Por su parte, la dimensión política, se encuentra implícita en las tensiones de poder generadas, tanto entre autoridades gubernamentales y maestros, como entre los demás actores que influyen, utilizan o bien se han sumado a las demandas planteadas con intensiones de diversa índole. A continuación se analizan en detalle ambas dimensiones. Dimensión sustantiva: Un aspecto digno de atención es el cambio suscitado en la naturaleza de las demandas magisteriales. Anteriormente éstas se circunscribieron a los aumentos salariales –como las de 1989-, no obstante, el conflicto actual trasciende este elemento. El clamor por la dignificación del magisterio parece ya no ser suficiente. Las profundas deficiencias del sistema educativo nacional, la
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Un conflicto se entiende como una situación en la que dos o más partes discrepan 1

incapacidad y poca voluntad de los funcionarios públicos por impulsar y dar cumplimiento a los compromisos contenidos en los Acuerdos de Paz , provocan altos niveles de insatisfacción e impaciencia que amenazan la gobernabilidad democrática en el país. Desde esta perspectiva existen algunos factores que llaman la atención en la realización de este análisis. Uno de ellos se refiere al momento en que se plantean las demandas. En el caso particular, de la solicitud de aumento al presupuesto en educación, el momento político oportuno se presentó en la fase de evaluación y formulación del Presupuesto Nacional de Ingresos y Gastos del Estado, no obstante esto no sucedió. Puede ser que la razón encuentre su fundamento en el desconocimiento político y estratégico de la importancia de cada una de estas fases, o bien en que la suma de tensiones no alcanzó su punto máximo en ese momento, sino hasta principios del presente año, cuando se pretende iniciar la reforma curricular al pensum de estudios de educación primaria, el cual requería de un mayor esfuerzo por parte de los docentes y que además fue calificada por muchos, como una medida arbitraria, impositiva e improvisada. La suma de tensiones a la que se hace referencia en el párrafo anterior puede encontrar sustento en varios elementos tales como: los constantes e injustificados aumentos presupuestarios al Ejército; la voluntad manifiesta del Gobierno de indemnizar a las ex Patrullas de Autodefensa Civil; la poca voluntad política de avanzar en el cumplimiento de los Acuerdos de Paz; el incremento constante a los precios de la canasta básica; la incapacidad, incompetencia e inoperancia de muchos funcionarios e instituciones públicas en detrimento del bienestar y desarrollo nacional; el agotamiento y desgaste de anteriores intentos de diálogo y negociación que no contaron con la voluntad, seriedad y compromiso requeridos; y los cada vez más indignantes e impunes casos de corrupción2 a nivel de las instituciones estatales, entre otros. No puede obviarse el hecho de que el proceso de reforma educativa y los programas destinados a mejorar la calidad y cobertura en educación han tenido avances significativos, aunque aun insuficientes producto de la falta de continuidad de muchos proyectos y programas exitosos, como consecuencia de los cambios de gobierno, así como intereses personales o partidarios que empantanaron, o bien, echaron por tierra los logros alcanzados. Ello, aunado a los múltiples y desbordados ofrecimientos de campaña electoral, provoca sentimientos de descontento que empañan el ambiente propicio para la generación de un diálogo serio y transparente. El ambiente electoral que domina el escenario político guatemalteco es otro momento político importante que pone en peligro y tela de duda la calidad y continuidad de las soluciones o acuerdos a los que pudiera arribarse en su oportunidad cuestionando la efectividad del movimiento magisterial. El sector magisterial intenta negociar en el último año de gobierno eferregista. Para muchos, esto plantea una grave desventaja para los maestros que, como bien se indicó anteriormente, no tendrían la seguridad necesaria de que los acuerdos o compromisos a que se arriben, contarán con el apoyo del próximo gobierno.
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Particularmente se considera que el caso de la fusión CHN-BANORO tuvo un efecto detonante en la gestación del conflicto. 2

Sobre este aspecto se profundiza más adelante. En todo caso, puede afirmarse que los movimientos sociales en Guatemala, y en particular, el movimiento magisterial denotan mayor madurez, solidaridad, compromiso, niveles de organización, claridad de objetivos y articulación.

La dimensión política: Desde este punto de vista, es necesario destacar que el movimiento magisterial ha visualizado una oportunidad para reivindicar su organización, su poder de convocatoria y su capacidad de incidencia que, desde hace años, no había manifestado de una forma tan contundente. Este movimiento surge como una expresión del momento actual del tensionamiento político que afecta al país. Una de las grandes debilidades que afectan la sociedad civil guatemalteca, es su poca capacidad de organización, convocatoria, aglutinamiento y articulación para el logro de intereses comunes. Durante los últimos meses los guatemaltecos han sido testigos de varios intentos de organización, todos ellos, con objetivos diversos tales como, los “viernes de luto” , el Movimiento Cívico por Guatemala, los movimientos campesinos, el movimiento pro- justicia, entre otros. Ninguno de los cuales logró el nivel de duración, intensidad, convocatoria y organización, que sí ha logrado el magisterio nacional, razón por la cual éste se está convirtiendo en plataforma para otros movimientos o grupos de intereses distintos, que ven en el movimiento magisterial una oportunidad de presionar para que sus demandas sean finalmente atendidas amenazando aun más la estabilidad y la gobernabilidad del país. Algunos analistas consideran que este fenómeno no se da en el vacío. Perciben tras telones, cierto apoyo de grupos, partidos políticos de oposición o sectores interesados en desestabilizar al actual Gobierno. La intencionalidad, en todo caso, aun no ha quedado clara. Lo que sí ha sido evidente es que el conflicto ha encontrado un escenario propicio y eco favorable en aquellos sectores opuestos al gobierno. Los partidos políticos, por su parte, una vez más se han situado fuera de toda esta problemática. Su débil institucionalización les ha impedido canalizar los intereses de estos grupos de ciudadanos con el fin de convertirse en los interlocutores y representantes idóneos capaces de incidir, real y efectivamente, en las estructuras estatales. El impacto a este nivel solamente se ha dejado sentir en los discursos proselitistas de los aspirantes a la presidencia de la República. El tema educativo está siendo parte central de los mismos, como seguramente también lo será de las plataformas programáticas de los partidos políticos que estarán en contienda. Por otra parte, resulta conveniente resaltar el hecho de que el actual Ministro de Educación, se sitúa dentro del ala portillista del FRG. Razón por la cual, para algunos especialistas, subyace la posibilidad de que las dificultades existentes para mostrar voluntad política y ceder de manera negociada a las demandas magisteriales sea el resultado de una especie de boicot planificado por los mismos miembros del partido en contra del actual ministro, con el fin de marcar distancia y de desprestigiar, al actual Presidente de la República Alfonso Portillo, valiéndose o utilizando como “blancos” a sus amigos y seguidores.
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El peligro de una espiral ascendente: El conflicto entre el magisterio y el Gobierno, ha entrado en un juego político ascendente que va desde la discrepancia de posturas hasta la confrontación abierta. Las opciones planteadas por el MINEDUC han sido rechazadas, la mayor parte de ellas han respondido únicamente a una parte de las demandas –las demandas salariales- y se han limitado al momento coyuntural3, lo cual aumenta los niveles de tensión, en virtud de que el gremio magisterial parece encontrarse en una lucha sin retroceso. El grado de polarización parece ir en aumento sobre todo por la existencia de estrategias alternativas al diálogo4, tales como las amenazas legales por parte del Gobierno, y la toma de calles y carreteras, por parte del magisterio. Los actores buscan un espacio para dialogar5 y negociar6, pero ninguno está dispuesto a despojarse su estrategia alternativa, en tanto no haya confianza y cierto nivel de satisfacción con las soluciones propuestas. Las soluciones, por su parte, deben ser el resultado de un proceso de coparticipación propositiva y de responsabilidad compartida. Si bien es cierto que la presencia de Monseñor Quezada Toruño como testigo de honor se concibió como un logro positivo en el proceso, la ausencia de personas técnicamente preparadas y capacitadas en procesos de negociación, continúa siendo un vacío digno de atención. La mediación requiere de condiciones políticas como lo es la legitimidad, y de condiciones técnicas referidas a recursos operativos, información oportuna y capacidad de seguimiento. La carencia de estas condiciones resta capacidad de iniciativa para mediar y llegar a soluciones negociadas. La espiral ascendente del conflicto coloca al país en una encrucijada de tres vías: a) Buscar una vía democrática y participativa de solución, respondiendo en buena medida o en su totalidad a las demandas planteadas. b) Transformar el conflicto en una oportunidad que siente una nueva perspectiva en la relación Gobierno- magisterio, mediante el establecimiento del diálogo como política permanente y corresponsabilizadora. c) Invisibilizar el origen estructural del conflicto otorgando un paleativo momentáneo o sintomático y trasladando la responsabilidad al próximo
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Se percibe poca intencionalidad o capacidad para plantear soluciones de fondo partiendo del análisis de otras propuestas provenientes, tanto del movimiento magisterial como de otras instancias, entre ellas, la Gran Campaña por la Educación. 4 Estas estrategias son usadas como medidas que, por una parte, condicionan y presionan a los actores a ceder en sus posiciones y por la otra, le otorgan un carácter de mayor urgencia a la búsqueda de soluciones concretas. 5 Es sumamente importante hacer una distinción entre los términos dialogar y negociar. Diálogo es el medio por el cual se puede llegar a una negociación El objetivo del diálogo es acercar a las partes. 6 La negociación implica la formulación de conclusiones, la suscripción de acuerdos, la implementación de políticas y la explicitación de procedimientos. El objetivo de la negociación es establecer soluciones y acuerdos. 4

gobierno. Ello indudablemente conllevaría consecuencias sumamente negativas para la gobernabilidad del país. Es imperativo que el conflicto magisterial llegue a su fin pero de manera digna, satisfactoria y democrática. Es necesario un replanteamiento de las acciones y demandas de ambas partes tendientes a evitar mayores repercusiones en la sociedad. De continuarse con el ritmo actual se corre el peligro de que se aumente la presión social, en el caso de que se adicionen al movimiento otros grupos de intereses, o bien, las demandas del magisterio puedan ser víctimas de un profundo desgaste que obstaculice la consecución de todos, o buena parte de los objetivos iniciales planteados. Ello tampoco quiere decir que deba asumirse una actitud conformista, pero sí debe trabajarse por el justo equilibrio de fuerzas, en términos de oportunidad para ambas partes y en pro del beneficio nacional.

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