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La realidad cuántica y el problema de la objetividad

José Del Grosso Mérida, 31/08/2012
Delgrosso.jose@gmail.com

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Foto portada José Del Grosso

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LA REALIDAD CUÁNTICA Y EL PROBLEMA DE LA OBJETIVIDAD
José O. Del Grosso J. Profesor Titular de la Universidad de Los Andes, Mérida Departamento de Psicología y Orientación

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Resumen
El siguiente artículo trata de un análisis teórico del problema de la objetividad, la subjetividad y la intersubjetividad, apoyado en disciplinas como la epistemología, la psicología, la neurociencia, la teoría cuántica y la teoría del caos, que tiene por objetivo demostrar la íntima relación e inseparabilidad que existe entre la objetividad, la subjetividad y la intersubjetividad y cómo ello al mismo tiempo permite la construcción y aceptación de diversas realidades, así como su cuestionamiento.

Palabras claves Objetividad, subjetividad, intersubjetividad, realidad, paradigma.

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Preámbulo
El problema de la objetividad, subjetividad e intersubjetividad está íntimamente vinculado tanto a la naturaleza del Universo como a la manera como conocemos, de modo que si queremos llegar a alguna conclusión válida debemos preguntarnos: ¿Cuál es la naturaleza del Universo? y ¿Cómo conocemos?

La naturaleza del Universo Cartesiano-Newtoniano Del paradigma cartesiano-newtoniano (C-N) heredamos tanto la noción de que el universo es una máquina, cuya realidad es única, objetiva, absoluta, verdadera, ordenada e inmutable; como el que es posible conocer la naturaleza tal como ella es. Desde luego, los seguidores del paradigma C-N reconocen que no es fácil percibir directamente y de una sola vez la realidad tal como la conciben; y aceptan que hay cierto grado de subjetividad en el acto de conocer, pero que la posible distorsión de la realidad de los observadores puede ser corregida al repetir los experimentos y comparar sus resultados. Sostener que podemos obtener conocimientos válidos y objetivos era posible dentro del paradigma C-N porque entre sus principios epistemológicos hallamos el de la independencia entre sujeto y objeto y el que la realidad se refleja tal como es en nuestro cerebro, es decir, que el observador, al ser independiente de aquello que estudia y no afectarlo y, al mismo tiempo no ser afectado por el objeto de estudio, está en la posición de poder captar la realidad casi totalmente como ella es.

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Además de los dos principios epistemológicos mencionados hay otros principios que refuerzan la posición de que podemos conocer la realidad de manera objetiva. La concepción de que el universo es como una máquina, nos habla de un universo ordenado y de que, entre sus piezas sólo, existen relaciones causaefecto locales y lineales, es decir, regularidades precisas que nos permiten conocer de manera objetiva, no sólo a través de la percepción, sino también de las matemáticas; el pasado, el presente y el futuro del universo. Las irregularidades, se considera, son excepciones que no vale la pena tener en cuenta. Según el paradigma C-N, los ladrillos de construcción básicos y más pequeños del universo son los átomos; los cuales son entendidos como sólidos que se combinan para formar todos los objetos que lo integran. Se considera que entre dichos objetos hay un éter o vacío. Ya que el universo se comporta como una máquina carente de inteligencia, de creatividad y de consciencia, para los cartesianos-newtonianos, la evolución ocurre de manera gradual, poco a poco, de manera que se puede hablar de eventos y cosas acabadas, estables, que casi no se transforman. Desde el ángulo del observador y, teniendo en cuenta los principios cognitivos anteriores sobre la naturaleza del universo, es posible obtener un conocimiento válido y objetivo siempre y cuando el sujeto se desprenda de sus emociones, no tenga en cuenta sus intuiciones, deje de lado sus prejuicios y observe fundamentalmente a través del sentido de la vista, considerado como el sentido más confiable; y siempre y cuando, utilice el método científico. El ser humano es visto como una máquina, cuyo cerebro, que funciona como tal, nos permite pensar de manera mecánica, de modo que podemos lograr un conocimiento objetivo de la realidad si, durante el proceso de pensamiento seguimos secuencias ordenadas en forma lineal.

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La naturaleza del mundo cuántico/caos/orden A partir de los resultados de las investigaciones en el ámbito de la física cuántica durante más de un siglo y, de más de medio siglo en el campo del caos, la imagen que viene emergiendo del Universo es que Éste Es/Siendo Creativo, Inteligente y Consciente. Se trata de un paradigma del Ser/Siendo y no del ser como algo acabado pues, se ha podido establecer que, entre las características esenciales del Universo, está la de que todo se encuentra en constante movimiento y transformación, es decir, en constante evolución y probabilidad de ser/siendo. Y que este eterno y continuo movimiento se debe a la relación caos/orden. Este nuevo modo de ver el Universo o de ordenarlo y establecer relaciones, considera que Éste es una unidad indivisible y que semeja a un Gran Organismo. Lo anterior implica que somos/siendo una continuidad en, con, por y a través del Universo. En este sentido el Universo es un gigantesco sistema caos/orden integrado por subsistemas, en donde todo está relacionado con todo, tanto de manera local, como de manera no local e instantánea, de modo que las relaciones causa-efecto no se limitan a la proximidad en el tiempo y el espacio. Como un gigantesco sistema que es el Universo, sus subsistemas están integrados por partes que dependen crucialmente del estado de la totalidad, de una manera tal, que no puede expresarse en términos de las propiedades de las partes aisladas. De hecho, las partes están organizadas en formas que fluyen de la totalidad (Louis De Broglie en: David Bohm, 2005, p. VII y VIII). El caos no se prolonga hasta el infinito, sino que en cierto momento es atraído hacia el orden. El caos contiene en sí algo de orden y el orden algo de caos. En este sentido las individualidades o sistemas no se hallan en perfecto equilibrio, sino dentro de ciertos niveles de caos o desequilibrio, lo cual permite la estabilidad temporal y el cambio. Acorde con David Bohm, existen muchas clases de orden que se contienen los unos a los otros y que se afectan recíprocamente mediante su constante e inmediata comunicación, sin importar la distancia, de allí que la realidad que observamos sea tan solo un aspecto visible de las posibilidades subyacentes (Bohm, 1992). Nos hemos habituado a pensar que el orden no es más que la 7

disposición regular de objetos o formas, razón por la cual ni pensamos en otras formas de orden ni pensamos en su relación con el caos. Así, no nos damos cuenta de la diversidad del continuum caos/orden del crecimiento, de la evolución filo y ontogenética, social, de una composición musical, de la actividad psíquica, del orden subyacente al caos… Menos aún caemos en cuenta de la existencia de caos/ordenes dentro de otros caos/ordenes. Cuando el intercambio de energía/información activa entre los subsistemas y su entorno se mantiene dentro de ciertos límites sus cambios son graduales pero, cuando rebasan los niveles de desequilibrio que el subsistema puede tolerar, entonces ocurre o un salto cuántico o transformación, o la muerte. En este sentido la evolución puede ocurrir tanto de modo gradual como a saltos. Hoy día ya no se tiene por objetivo conocer cómo son las cosas o qué son las cosas y se ha dejado de hablar de sustancias, pues este modo de hablar tiende a crear dualidades antagónicas irreconciliables como materia viva y materia inerte; más bien se busca conocer las relaciones caos/orden. En este sentido, por una parte, el Universo, como un todo orgánico, se halla en constante transformación, por lo cual no se puede hablar de una realidad única, constante y absoluta y, por otra, el observador, al ser parte indivisible del Universo, también se transforma junto con toda su psyche, perdiendo así toda posibilidad de ser objetivo; entendiendo por objetividad el conocimiento de las cosas como son en sí en todo momento y para todos. En este sentido, el sujeto no puede más que referirse a lo que recuerda de momentos estáticos pasados (Del Grosso, 2012). Desde el punto de vista humano, el hecho de que somos/siendo en, con, por y a través del Universo implica que no podemos seguir concibiendo la posibilidad de un conocimiento objetivo absoluto, pues al no ser objetos discretos e independientes en el Universo, sino que somos/siendo Él, al tratar de conocer el Universo, nos estamos conociendo a nosotros mismos y al tratar de conocernos, estamos conociendo el Universo, de modo que, por una parte, ese tratar de conocer es autoreferencial y, por otro, al no haber un allá afuera, es como si el ojo tratara de verse a sí mismo.

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La necesidad de cambiar nuestra óptica y nuestro pensamiento Nuestra percepción y nuestro pensamiento forman parte del continuum caos/orden. No escapa a éste. Lo anterior sugiere la necesidad de un cambio en cuanto a la manera de conocer y en cuanto al lenguaje y manera de pensar actuales. Nuestras posibilidades de conocer la realidad, de manera dinámica, armónica y acertada, la cual encaje con la realidad, están viciadas por una serie de obstáculos que nos hemos autoimpuesto, bajo el pretexto de desarrollar un método científico que nos permita conocer la realidad de manera objetiva. Visto retrospectivamente, sin saberlo y siguiendo las creencias de que existe una sola verdad absoluta, inmutable e incuestionable; y de que la realidad puede ser conocida de manera objetiva debido a que ésta se refleja con bastante precisión en nuestro cerebro, crearon una ilusión. Pero aún, los investigadores olvidaron que la física C-N planteaba una teoría de objetos materiales discretos en movimiento; no aplicable a las ciencias sociales. El paradigma C-N contiene de manera implícita entre sus principios epistemológicos el restar. Así, el observador: debe ser impersonal, debe inhibir sus emociones, debe pensar de manera lineal sólo sobre cosas concretas y medibles, debe privilegiar el sentido de la vista, debe descartar la intuición, debe aislar las variables que estudia…, de modo que la experimentación crea en verdad una situación artificial. Psicológicamente, observar de manera impersonal supone una actitud psicótica, particularmente si es realizada disociándose emocionalmente. Luego, el que describa la realidad de manera impersonal no garantiza ninguna objetividad, es sólo un artificio. Adicionalmente se le pide al científico un imposible: que se disocie de sus creencias personales de orden ideológico y de su pasado. Como decía Heinz von Foester (1987), el conocimiento es autoreferencial, de modo que es imposible liberarse de lo que venimos sido/siendo, es decir, de los contenidos de la memoria que nos dan la impresión de ser como personalidades discretas e independientes.

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Por otra parte, el paradigma C-N incluye en su sistema de creencias la idea de verdades, conocimientos y una realidad única; la idea de absolutos, la idea de objetividad y la idea de dualidades de distinta naturaleza como yo-no yo, blanco-negro..., los cuales distorsionan el proceso de conocer. A lo anterior, se añade un lenguaje que es analítico y abstracto, que dificulta pensar en términos holísticos, expresar cualidades y las nociones referentes a contínuums como caos/orden y objetos y eventos que pueden ser dos o más cosas al mismo tiempo como la energía/materia/información activa. De hecho, tanto los científicos como el común de las personas debido a lo anterior vivimos en una situación de dualidad que nos crea confusión. Desde el punto de vista intelectual vivimos como si las cosas no evolucionaran, pero tenemos en cuenta que sí lo hacen; como si todo se repitiera cuando en verdad las cosas se reiteran y en el ínterin pueden dar vuelcos impensables; de leyes naturales que sólo son aplicables en contexto… En función de lo anterior se plantea entonces la necesidad no sólo de cambiar nuestro modo de percibir y pensar, sino de también de construir un lenguaje que incluya lo holístico y cualitativo, crear una lógica difusa (Fussy logic), eliminar las dualidades…, todo lo cual plantea la necesidad de revisar y reestructurar nuestras ideas sobre la verdad, el conocimiento, la realidad, la objetividad, la subjetividad y la intersubjetividad.

¿Cómo construimos la realidad? Cuando intentamos aproximarnos a la realidad y conocer algo, siempre y de manera ineludible lo hacemos partiendo de algún supuesto o principio epistemológico que consideramos una verdad madre, pero cómo saber entre tantas posibilidades cuál es el supuesto más auténtico y fiable. Sabemos ahora que la realidad adopta determinada forma según los principios cognitivos o postulados que adoptemos. En este sentido podemos decir que la realidad que comunicamos no es más que una construcción mental selectiva, apoyada en sistemas de creencias también selectivos.

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El partir de unos ciertos principios epistemológicos supone que el observador tiene implícitamente ciertas expectativas acerca de lo que se propone conocer, lo cual va a inducir a tener en cuenta ciertos aspectos de la realidad y a ignorar otros, hecho que hizo notar Heisenberg con su principio de incertidumbre, dejando en claro que no existe separación alguna entre sujeto y objeto y que, por ende, la presencia del observador y sus instrumentos de medición afectan profundamente lo observado. A la luz de los conocimientos más recientes, también sabemos que la realidad no se refleja de manera objetiva en nuestro cerebro y que el cerebro, además, no es capaz de distinguir entre lo que usualmente llamamos realidad y las ilusiones, las alucinaciones o aquello que imaginamos. Todo el contenido que se halla en un momento dado en nuestro foco de atención suele ser considerado como real y objetivo, sobre todo cuando lo apoyamos con un determinado sistema de creencias. El cerebro es básicamente un transductor de la energía, esto es, un transformador de la energía captada a través de nuestros sentidos y un filtro de la misma, pues a nuestro foco de atención no llega sino un reducido porcentaje de información. El cerebro es también un intérprete de la energía, pues interpreta la energía/información activa que llega a él en función de nuestra manera de pensar, las limitaciones del lenguaje y los sistemas de creencias que hemos adoptado. En otras palabras, el cerebro actúa según el software que le incorporemos. También es un constructor de la realidad que percibimos, pues el cerebro sólo se apoya en el 50% de la energía/información activa que recibe y construye el otro 50% restante de lo que llega a nuestro foco de atención (Talbot, 2007). Vemos lo que esperamos ver. Reflexionando sobre lo anterior, resulta interesante que la mayor parte de la ciencia Occidental haya pasado por alto la psicología del observador e ignore toda la serie de transformaciones que usualmente hacemos en torno a aquello que deseamos conocer.

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Realidades o ilusiones Pienso que somos la experiencia de y la realidad misma, es decir, que no hay un afuera desde el cual podamos observarla. También pienso que vivimos la realidad según nuestras posibilidades de experimentarla, conocerla y concebirla. Estoy en desacuerdo con los físicos y filósofos cuánticos que afirman que la realidad sólo existe cuando es observada. Pienso que la realidad, el Universo en que soy/siendo en, con, por y a través de Él, no se limita al momento en que debido a nuestra percepción se produce un colapso de ondas. El aceptar que el mundo existe sólo cuando lo observamos, es aceptar que las ondas existen en todo momento, independientemente de si las observo o no y de cómo mi cerebro las interpreta. Cuando un árbol está cayendo sin testigo humano alguno en la selva, en verdad existe el árbol que cae, sólo que el evento está ocurriendo en términos de movimientos de la energía/onda que se encuentra allí en contexto y vinculada a la continuidad de todo el Universo. La manera de concebir el mundo nos restringe a verlo de manera material y concreta, es decir, en términos de masa, razón por la que sabemos más acerca de ella que acerca de la energía, su heterogeneidad, sus expresiones de densidad y vibraciones, sus vínculos con la información activa, el cómo debido a ella informa, da forma, y es in-formada, cómo la energía siendo una unidad que abarca todo el Universo crea y mantiene individualidades… De allí que descartemos fenómenos como la sincronicidad y la telepatía, vinculados a la cualidad de la energía que no produce trabajo como la electricidad, cuya existencia sí reconocemos. Algunas creencias acerca de la realidad y modos de actuar, en términos de supervivencia y convivencia, son más efectivos que otros, algunos nos permiten fluir con la corriente del eterno movimiento y transformación del Universo y otros no. El hecho de que ciertos modos de vivir y concebir el mundo nos permita hacerlo de manera efectiva y fluida implica que hay una cierta objetividad temporal válida y fiable, por ende, no puedo ignorarla ni actuar de manera caprichosa y arbitraria, sino siguiendo las probabilidades de que las cosas sean/siendo y en contexto con el continuo caos/orden temporal. 12

En su obra ¿Es real la realidad?, Paul Watzlawick nos dice que podríamos hablar de una realidad de primer orden y de una realidad de segundo orden. La realidad de primer orden se refiere a aquellos aspectos del mundo físico que se apoyan tanto en el consenso de la percepción como en la reiteración de los hechos, de modo que son verificables. Trata acerca de la identidad de las cosas. Hay cosas en nuestro entorno que son indiscutibles, un perro es un perro y si estamos siendo mordidos por un perro, sentimos dolor por la mordida; y si hay alguien que está viendo lo que ocurre, con seguridad, no va a decir otra cosa. La identidad del perro y del hecho en sí es indiscutible, lo que puede ser discutible es la razón por la cual lo hizo. La realidad de segundo orden se refiere al significado, el sentido y al valor personal que atribuimos a las situaciones y objetos. Lo anterior nos señala que Vivimos una sola realidad de primer orden, pero que existen tantas realidades de segundo orden como personas existimos. En otras palabras, si bien podemos ser objetivos respecto a ciertos aspectos de la realidad en términos de percepción, relaciones, contexto, reiteración, caos/orden y consecuencias, ésta objetividad no se desliga de la subjetividad del observador. Ahora bien, la construcción del conocimiento no es sólo un proceso individual, sino también colectivo, en medio del cual el orden, el poder y el control siempre forman parte implícita del conocimiento. De modo que podemos deducir que en lo que llamamos realidad hay una intersubjetividad y que “… en virtud del proceso de comunicación pueden surgir <<realidades>>, ideas y concepciones ilusorias totalmente diferentes” (Watzlawick, 1979, p. 8).

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CONCLUSIONES En primer lugar, el problema de la objetividad, la subjetividad y la intersubjetividad está vinculado tanto a la naturaleza del Universo como a la manera como conocemos. En segundo lugar, es imposible lograr conocer la realidad tal cual es/siendo de manera objetiva, pues somos siendo en, con, por y a través de ella y es como si el ojo intentara verse a sí mismo. En tercer lugar, al ser parte de la realidad afectamos y somos afectados por ella. En cuarto lugar, objetividad, la subjetividad y la intersubjetividad no pueden ser vistos como tres aspectos discretos y distintos en el momento de concebir la realidad, sino como tres aspectos continuos e íntimamente entrelazados, que como una unidad se manifiestan de manera variable. En quinto lugar, lo anterior hace posible concebir y considerar como verdaderas distintas realidades y, al mismo tiempo cuestionarlas. En quinto lugar, lo anterior nos señala que no podemos acceder a la realidad tal cual es, pero que siempre podemos tener aproximaciones a ella que nos permiten vivir en ella con relativa eficacia.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Bohm, David (1990). A new theory of the relationship of mind and matter. En: Philosophical Psychology VOL. 3, NO. 2, pp. 271-286. Briggs, John y Peat, David (1990). Espejo y reflejo: del caos al orden. Barcelona (España). Edit. Grijalbo. Escohotado, Antonio (1999). Caos y orden. Madrid. Espasa Calpe. Foerster (von), Heinz (1987). Sistemi che osservano. Roma, Astrolabio. Harrison, D. (1989). Le maschere dell'universo. Milano: Rizzoli. Rosenblum, Bruce y Kuttner Fred (2010). El enigma cuántico: encuentros entre la física y la conciencia. Barcelona (España), Tusquets Editores S.A. Stapp, Henry, (2009). Mind, matter and quantum mechanics. 3ª edic. Berlín, Springer. Watzlawick, Paul (1979). ¿Es real la realidad? Barcelona (España), Herder. Watzlawick y Nardone, (1995). El arte del cambio. Barcelona (España). Herder.

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