Omraam Mikhaël Aïvanhov

LA MÚSICA Y EL CANTO en la vida espiritual
306 Es

I En la naturaleza todo canta, todo vibra, cada criatura emite vibraciones que se propagan a través de ondas musicales. Por eso puede decirse que en la naturaleza todo es música. Hay música en los arroyos que fluyen, en los manantiales que manan, en la lluvia que cae, en el retumbar de los torrentes, en el continuo movimiento de los océanos y de los mares. Hay música en el soplo del viento, en el susurro de las hojas, en el gorjear de los pájaros... La música de la naturaleza despierta constantemente el sentimiento musical en el hombre; le incita a expresarse él mismo, bien a través de un instrumento, o bien a través del canto. Por medio de la música, el hombre transmite espontáneamente sus sentimientos y sus sensaciones: es a través de la música que expresa su sentimiento religioso, y también manifiesta sus dolores, sus alegrías, su amor y todas sus experiencias más profundas. La música es una respiración del alma y de la conciencia. Por medio de la música, el alma se manifiesta sobre la tierra. Cuando la conciencia superior se despierte en el hombre, cuando desarrolle en él las posibilidades de percepción más sutiles, empezará a captar esta grandiosa sinfonía que resuena a través de los espacios, de un extremo al otro del universo, y entonces comprenderá el sentido profundo de la vida. La música despierta en nuestra alma el recuerdo de la patria celestial, la nostalgia del paraíso perdido. Es uno de los medios más poderosos, más poderoso que la pintura o la danza porque es inmediato, instantáneo... De pronto, recordamos que venimos del Cielo, y que es al Cielo donde deberemos volver algún día. Es cierto que hay músicas que, al contrario, despiertan el deseo de permanecer en la tierra el mayor tiempo posible, pero no es ésta la verdadera predestinación de la música. Todo el mundo oye música, pero en una Escuela iniciática se aprende a escucharla para despertar en uno mismo centros espirituales, para proyectarse en el espacio, elevarse, ennoblecerse, purificarse, e incluso para resolver problemas. Escuchando una obra musical, es preciso, ante todo, saber lo que representa, si es una fuerza buena o mala, y a qué puede ser comparada: ¿se parece al viento, al trueno? ¿es cómo un torrente, cómo una cascada que se precipita desde lo alto de la montaña, o cómo la electricidad, cómo el calor?.. Cualquiera que sea la fuerza emitida, hay que saberla utilizar. Si es el viento, podéis imaginaros que navegáis sobre una barca con todas las velas desplegadas. Si es la electricidad, podéis accionar ciertos instrumentos espirituales, etc... La música es una fuerza. Cada sonido, cada vibración produce movimientos en el espacio y desencadena poderes en el hombre. Cada día, después de las comidas, tengo la costumbre de haceros oír música, pues quiero enseñaros a utilizarla como instrumento de creación interior para que podáis emprender, gracias a ella, un formidable trabajo espiritual: proyectar ideas, imágenes sublimes que se realizarán un día. Sobre todo, cuando se trata de una música mística, religiosa, profunda, que os eleva y os conmueve... Muchos espiritualistas desecharon la finalidad de la música para efectuar sus trabajos, y se equivocaron. La música puede ser un medio extraordinariamente poderoso para despertar numerosas células adormecidas, para ennoblecerse, transformarse, perfeccionarse; no debemos descuidarla. Dejad a los demás que comprendan y vivan las cosas como ellos quieran, pero vosotros que procuráis avanzar por el camino de la vida espiritual, debéis utilizar todo lo que Dios os ha dado. Un discípulo es un ser que sólo piensa en utilizar su tiempo, sus energías, todos los materiales que Dios y la naturaleza han puesto a su disposición, para realizar o ganar algo más. Es como ese

servidor del Evangelio a quien su amo, antes de irse de viaje, le confió varios talentos y decidió hacerlos fructificar en lugar de enterrarlos en alguna parte, donde permanecerían improductivos. El discípulo es un servidor inteligente, sensato, que quiere utilizar todo lo que el Cielo le ha dado para hacer un trabajo divino: ya se trate del aire, del agua, del alimento, así como del pensamiento, del sentimiento, o de su cuerpo, de sus ojos, de sus oídos; sabe cómo utilizar todo lo que existe en la naturaleza. Sabe trabajar con todo, y se enriquece diariamente sin cesar, mientras que los demás malgastan su tiempo, desperdician sus fuerzas y se empobrecen, porque no tienen método alguno de trabajo en su mente. Por lo tanto, cuando escuchéis música, sabedla utilizar para hacer un trabajo, para dar forma con el pensamiento a todo lo que deseáis. ¡Deseáis tantas cosas... pero no hacéis nada para obtenerlas! La música os proporciona todas las buenas condiciones: crea una atmósfera propicia para la actividad mental, es como un viento que hincha la vela de vuestra barca y ésta se aleja, navega hacia un mundo nuevo, hacia el mundo divino. La música es una ayuda poderosa para la realización. Es evidente que para uniros al mundo divino no podéis escuchar cualquier tipo de música. Desgraciadamente, en el momento actual, la música se aproxima cada vez más al estruendo, a la cacofonía. Cuando estaba en el Japón, en Osaka, en la Exposición Universal, escuché un concierto de música contemporánea. Era para enfermar, para volverse loco. Al oírla, sentí que esa música ocasionaba la demolición total del ser humano, destrozaba el sistema nervioso. Cabe preguntarse si ciertos compositores no son realmente locos que quieren también enloquecer a la humanidad. Esta ya lo estaba un poco gracias al trabajo de algunos... ¡pero los músicos lo rematarán! Muy pocos músicos han estudiado la verdadera psicología para saber que los sonidos, la palabra, todas las vibraciones actúan sobre el ser humano. Son leyes físicas. En algunas conferencias os hablé de las experiencias del físico Chladni. Por ejemplo, se esparcen polvos sobre una placa, que luego se hacen vibrar con un arco. Las ondas vibratorias crean entonces líneas de fuerza (que podríamos llamar puntos vivos), las cuales rechazan las partículas en vibración hacia los puntos que no vibran (los puntos muertos). Estos puntos muertos son los que determinan el trazado de las figuras geométricas. Yo también he realizado esta experiencia, y he sacado la conclusión de que esto es exactamente lo que sucede con el ser humano. Los sonidos que oímos, producen en nosotros figuras geométricas; aunque no las veamos, bajo el efecto del sonido, bajo el poder de las vibraciones, partículas infinitesimales de nosotros se organizan para formar figuras. Este es el motivo por el cual, cuando escucháis ciertas músicas contemporáneas tan cacofónicas, esta estructura, esta armonía que está en vosotros, este orden preestablecido por el Creador, acaba por dislocarse. Observad a la juventud: prefiere una música excitante que le embriague, que le haga gesticular, contorsionarse. La otra música, la de los grandes compositores, Mozart, Beethoven, Haydn, es para la gente mayor según parece. Pues bien, estos jóvenes no han comprendido nada, ignoran que esa música que les gusta, sólo despierta en ellos impulsos de la mayor ligereza e inconsciencia. Ciertos tipos de música tienen efectos muy nocivos sobre el comportamiento y la sensibilidad, pero los jóvenes no se han detenido a estudiar los efectos que esa música que les gusta produce en ellos, ni hacia donde les empuja. N o quieren saberlo, buscan tan sólo lo que les "dice algo", lo que es placentero en el momento presente, sin prever lo que les ocasionará en el futuro, qué locuras cometerán, debido, precisamente, a los estados que esa música habrá despertado en ellos.

No quiero decir, sin embargo, que tan sólo haya que escuchar música mística: misas, oratorios, réquiems... En ocasiones, os hago escuchar cantos folklóricos, sobre todo tiroleses. Es beneficioso oír cómo esos chicos y chicas cantan, silban y bailan. Por otra parte, en todas las épocas, los sabios, que conocían la naturaleza humana y sus necesidades, instauraron fiestas en las cuales el pueblo podía relajarse y regocijarse gracias a la música, la danza o el teatro. Incluso los Padres de la Iglesia instituyeron fiestas tomando como modelo las de Egipto o de Grecia. Jamás habrían establecido tales costumbres si no hubieran sabido que esta distensión correspondía a necesidades fundamentales de la naturaleza humana. Aquellos que están siempre serios, que nunca se relajan, les falta algo. Tienen que escuchar cantos tiroleses. ¡Son tan joviales, alegres y primaverales! Son jóvenes encantadores que cantan y bailan enviando magníficas miradas al sol, a la naturaleza, al cielo, a las flores, y su alegría es comunicativa; con ellos se siente que la vida es bella. Los cantos tiroleses expresan el deseo de permanecer joven, de ser feliz, de amar a toda la naturaleza, y gracias a ellos, podemos adquirir energía y realizar un trabajo beneficioso. La música es una ayuda muy poderosa para la realización. Así pues, en lugar de dejar vagabundear vuestro pensamiento de un lado a otro, cada vez que escuchéis música, concentraros en lo que más deseáis para vuestra evolución. Si es la salud, imaginad que sois un ser con buena salud: que hagáis lo que hagáis, ya sea andar, hablar, o comer, tenéis una salud espléndida que transmitís irresistiblemente a los demás. Si os falta la luz, la inteligencia, si con frecuencia cometéis errores o torpezas, utilizad la música para imaginar que aprendéis, que comprendéis, que la luz, la sabiduría penetran en vosotros, e incluso que la propagáis y la comunicáis a los demás. Si queréis adquirir la belleza, la fuerza, la voluntad o la estabilidad, haced lo mismo... Realizad este trabajo para cada uno de los aspectos que sintáis defectuosos en vosotros, y un día sentiréis que, gracias a la música, habéis realizado grandes transformaciones.

II El relato bíblico de la ocupación de Jericó, cuyas murallas se derrumbaron al sonido de las trompetas, o el mito de Orfeo, que encantaba con su lira no sólo a los humanos, sino también a las fieras, a las rocas y a las olas embravecidas, nos revelan, como tantas otras cosas, que desde la más remota antigüedad, los Iniciados conocen la influencia mágica de los sonidos sobre los seres y sobre la materia. Es interesante descubrir qué centros del organismo son activados por la audición de los sonidos. Es toda una ciencia aún poco explorada. Hasta ahora, los músicos han tenido mayor interés por los instrumentos que por la voz. Tienen tendencia a creer que la voz es menos expresiva que un instrumento, lo cual es inexacto. Si la voz humana no ha expresado aún toda su riqueza, ni manifestado todos sus poderes, es porque los hombres y las mujeres no cuidan suficientemente su forma de vivir. Las cuerdas vocales no son un instrumento ajeno al hombre como todos los demás instrumentos musicales; pues todas las vivencias del ser humano, así como también todos los sentimientos y los pensamientos que alimenta en su corazón y en su mente, se reflejan en ellas. Por más cualidades técnicas que posea un cantante, o una cantante, sus debilidades y los desordenes de su vida, se traslucirán en su voz. Por eso, los que verdaderamente desean cultivar su voz, y conservarla el mayor tiempo posible, no deben tan sólo tomar muchas precauciones con respecto a su salud, sino también vigilar las emociones que viven. La más mínima emoción, -inquietud, miedo, cólera, duda, alegría, esperanza- se refleja en su voz. ¿Por qué cuando experimentamos cólera o miedo somos incapaces de emitir sonido alguno? Por el contrario, si sentimos amor, ¡tenemos ganas de cantar! El amor crea las voces más hermosas. Entonces, para poder cantar, ¡hay que enamorarse de alguien... o de algo! Yo os aconsejo que os enamoréis más bien de algo, es más sencillo -de algo muy elevado que nunca pueda perturbaros, sino inspiraros continuamente-. Si un cantante vive una vida pura, equilibrada, armoniosa, en contacto con la naturaleza, su voz se fortalece, aumenta en volumen, en flexibilidad, en dulzura, en sutileza, en agilidad, se vuelve cada vez más dócil, pudiendo emitir más fácilmente todos los matices de aquello que desea expresar. En lugar de servir tan solo a su vanidad, a sus pasiones, de ir en busca de placeres o ventajas financieras, debe elevarse hacia un ideal superior. De este modo se une a entidades espirituales que vendrán a ayudarle y le guiarán por un camino lleno de posibilidades para trabajar y enriquecer su voz. No se trata evidentemente de un camino fácil, exige sacrificios, renuncias, pero ¡merece la pena! Hay demasiados cantantes, que a través de su voz, envían a su público ondas desarmónicas o malsanas que le hacen retroceder hacia estados caóticos, confusos o pasionales. ¿Dónde están aquellos que, con su voz, inspiren a su auditorio el deseo de abandonar su vida triste y mediocre para abrazar una nueva vida consagrada a la belleza y a la luz? Actualmente necesitamos cantantes que sean verdaderos magos, capaces de transformar a los seres con su canto. Pero tan sólo aquél que ha trabajado año tras año para aumentar la extensión, la intensidad y la pureza de su aura puede producir semejante efecto sobre las almas. Sí, es el aura la que crea las condiciones para que el artista pueda actuar mágicamente sobre su auditorio. El Cielo, al dotar a ciertas personas de una bella voz, las hace poseedoras de un gran tesoro gracias al cual pueden realizar maravillas. Pero estos seres no saben cómo hacerlo, y sobre todo no están demasiado convencidos. Los cantantes son, a menudo, niños mimados que no conocen el

valor de sus talentos y, sobre todo, no han reflexionado sobre la mejor forma en que pueden usarlos. Deben tener un ideal y realizarlo. Un artista debe tener como ideal el de conducir a los demás seres hacia la Fuente, y entonces su nombre será inscrito en el Libro de la Vida: quedará inscrito que salvó a varias almas de las tribulaciones y de la muerte. Y que no se inquiete por su propia alma: si salva el alma de los demás, alguien vendrá a salvar la suya. A aquél que derrama alegría a su alrededor, otros le proporcionarán alegría. Y cuando los oyentes o los críticos le pregunten: "¿Cómo habéis conseguido cantar, así? ¿Qué formación habéis recibido? ¿Qué disciplina habéis seguido?", en lugar de contestar banalidades, o de hablar únicamente de su carrera, ese artista dará respuestas adecuadas para iluminar a los humanos, para reforzar en ellos su deseo de transformarse. Explicará que el alma humana es hija de Dios, que para conocerla en todo su esplendor, hay que vivir una vida divina. El artista no puede verdaderamente conmover a su público, si antes no ha trabajado en desarrollar todas las riquezas que el Creador ha depositado en su alma. No se puede emocionar a los demás seres transmitiendo todo lo que en uno mismo es mediocre e imperfecto. Y, para transformarse, para que su alma se exprese, hay que aceptar la enseñanza de una Escuela iniciática que infunda luz a todos los ámbitos de la existencia: nutrición, respiración, gestos, sentimientos, pensamientos... Los artistas deben consagrar sus dones para poder despertar las almas a la luz. Lo que os voy a decir os parecerá, quizás, de otra época, pero ¿por qué los artistas actúan ante los poderosos y los ricos que pagan su localidad muy cara, y cuyas almas no son precisamente las más hermosas, en lugar de cantar gratuitamente ante aquellas almas ya preparadas que están predispuestas a recibir un impulso divino y a trabajar para la nueva vida? ¿Por qué no reúnen a todas las almas que necesitan recibir alimento celestial, y cantan para ellas? Quizás ganarán menos dinero, pero ¿es tan importante el dinero? Toda creación que nace de una idea desinteresada, que se pone al servicio de una causa impersonal, posee el germen de la inmortalidad. Aquél que es consciente de esta ley, adquiere la verdadera riqueza, porque llevar un alma a la luz es superior a todo. Si tenéis una hermosa voz, ¿creéis que este don es sólo para vosotros? No, es para realizar un trabajo sobre los demás. El Cielo os pedirá cuentas, tarde o temprano, de cómo habéis empleado este don. Y si debéis dar como respuesta la siguiente: "Lo he utilizado para enriquecerme, para tener éxito, he querido distraer a la gente, halagar sus deseos, sus caprichos, los he hundido en la sensualidad, en las pasiones,... entonces el Cielo os responderá: Pues bien, si es así, perderéis vuestra voz." Todos los cantantes, conscientes de que tienen una misión a desempeñar para despertar las almas, deben aprender a trabajar sobre sus cuerdas vocales por medio del pensamiento. Voy a daros un ejercicio. Imaginad que, rodeados por una luz radiante, cantáis ante una multitud inmensa, millares de personas están ahí, escuchándoos... y a través de vuestra voz surgen energías poderosas, sutiles, que penetran y conmueven el alma de todos los que os escuchan: su corazón se abre, su inteligencia se ilumina, y a partir de entonces, deciden trabajar para el bien... Ejercitaos de esta forma durante meses, durante años, y llegará un día en el que vuestra voz sólo despertará en los seres su naturaleza superior, su naturaleza divina.

III ¡Qué poder tiene el canto cuando se realiza en las adecuadas condiciones! No tan sólo condiciones materiales, técnicas, sino psíquicas y espirituales en las cuales tomen parte el alma, el corazón, el espíritu. Entonces sentimos que la atmósfera es atravesada por corrientes y seres luminosos, ya que esta armonía vivificadora los atrae. Esto explica la gran importancia que tiene el cantar juntos en coral a cuatro voces. En primer lugar, es un símbolo de lo que debemos hacer para sintonizarnos, para armonizarnos entre nosotros. Porque esta fusión de voces sobre nuestras cabezas es, al mismo tiempo, una fusión de nuestras almas y de nuestros espíritus. Vuestra voz está impregnada de vuestro magnetismo, de vuestra vitalidad, de vuestro perfume. Estáis unidos a vuestra voz como si se tratara de una pequeña cometa que sujetáis con un hilo muy largo. Vuestra voz sale de vosotros y planea por encima vuestro, se encuentra las demás voces con las cuales se fusiona, y luego vuelve a vosotros amplificada, enriquecida, con todo lo que ha recibido de esta fusión. También por medio del canto coral expresamos nuestro deseo de abrazar el universo, de estar en armonía con el todo. Por eso, antes de cantar, debéis siempre mirar en vuestro interior para apaciguaros, para alejaros de las preocupaciones cotidianas, con el fin de poder armonizaros con todas las criaturas del cosmos y cantar al unísono con ellas. En una palabra, esta práctica de cantar a cuatro voces, es un reflejo, una expresión en el plano físico, del ejercicio que debemos hacer cada día, y a ser posible, varias veces al día para sintonizar al unísono nuestro espíritu, nuestra alma, nuestro intelecto, nuestro corazón. Se puede decir que las cuatro voces: bajo, tenor, contralto y soprano, corresponden a las cuatro cuerdas del violín, que es también una imagen del hombre. La cuerda del sol representa el corazón; la del re, el intelecto; la del la, el alma; la del mi, el espíritu. El mismo violín representa el cuerpo físico. y el arco, es la voluntad que actúa sobre los cuatro principios del corazón, del intelecto, del alma y del espíritu. La fusión armónica de las cuatro cuerdas, la ejecución de una pieza musical a través de las cuatro cuerdas, nos enseña que los cuatro principios -corazón, intelecto, alma y espíritu- deben vibrar armónicamente en el hombre. ¿Por qué creéis que el violinista está siempre afinando su violín? Para que comprendamos que el hombre no puede hacer un auténtico trabajo interior, si todo su ser no está armonizado. Por lo tanto, antes de nada, es necesario mirar dentro de uno mismo y asegurarse de que las cuerdas del violín estén afinadas. Cantar es muy importante. Claro que podemos contentamos con escuchar discos en nuestra propia casa. En Francia no es fácil encontrar a gente que cante, ni tan siquiera parece que tengan necesidad de hacerlo. Sin embargo, entre cantar y oír cantar, existe una gran diferencia. La misma que hay entre mirar como alguien está comiendo y comer. Si os contentáis con mirarlo, las energías serán para él, y para vosotros no habrá nada. Y cuando se levante de la mesa, se sentirá dinámico, dispuesto a trabajar, mientras que vosotros apenas podréis sosteneros. ¡Ahí está la diferencia! Sí, los que cantan se unen al mundo de la música, mientras que los demás se debilitan interiormente porque no se han alimentado. La música, el canto, son alimentos que permiten hacer un trabajo espiritual. Diréis: "¡Ah! pero, ¿se puede hacer un trabajo mientras cantamos?" Claro que sí, siempre que no consideréis el canto como un pasatiempo, sino como una actividad que afecta a todas las regiones del ser.

En el Árbol Sefirótico, la música pertenece a la séfira Hokmah, en donde reinan los Querubines. Los Querubines son pura música, por eso viven en la perfecta armonía. Hokmah es la región del Verbo que lo ha creado todo, y el Verbo no es sino la música, los sonidos armoniosos que han dado forma a la materia. Pues el sonido modela la materia y le da forma. Así es como, por medio del Verbo, Dios modeló la materia informe al pronunciar las palabras "tohou va bohou", como dice en hebreo el Génesis. Dios habló sobre este polvo cósmico y las formas aparecieron. Bajo la influencia del Verbo, los Querubines recibieron una vibración divina, y esta vibración se transmitió a todas las demás criaturas de las regiones situadas por debajo de la séfira Hokmah, hasta la Tierra. Los Querubines no hacen más que cantar juntos en armonía. Por eso cuando los humanos tratan también de cantar en coro, empiezan a unirse a este orden angélico de los Querubines que es el orden de la música y de la armonía celestiales. Cuando cantáis, aún sin saberlo, os unís a los Querubines, y en ese momento esta armonía de los sonidos actúa sobre vosotros, y consigue hacer vibrar las partículas de vuestro cuerpo físico hasta obtener un día formas de una armonía y de una belleza perfectas. El canto prepara pues las mejores condiciones para la purificación y el embellecimiento del cuerpo físico. Y, un día, se despertarán en vuestra alma antenas capaces de captar las fuerzas cósmicas que provienen de la región de Hokmah: recibiréis la inspiración, oiréis la armonía de las esferas, cantaréis con los Ángeles, y la sabiduría se instalará en vosotros. Porque la música es una expresión de la sabiduría: Hokmah, en hebreo, es la sabiduría. Hokmah es una región que se sitúa más allá de nuestra escala del 7, se extiende más allá de nuestro sistema solar, abarca todo el zodíaco. Y como el zodíaco es un símbolo de la inmensidad, del cosmos, del infinito, por eso la música nos eleva hasta fundirnos con la inmensidad. Hay que tratar de comprender todo esto, y no quedarse en el placer de la sensación. Hay que saber que los beneficios del canto llegan a las regiones más sublimes. Si lográis comprender bien esto, estoy seguro de que dedicaréis mucho más tiempo a cantar juntos, porque experimentaréis en vosotros mismos resultados tangibles. Estáis siempre sumidos en ocupaciones aparentemente importantes, pero que no os hacen ni más felices, ni más nobles, ni más luminosos, ni más saludables. Quizá os aporten más facilidades, holgura económica, pero todo ello no contribuye en nada a vuestra transformación. Mientras que, al cantar juntos con convicción, tratáis de sintonizar con otro orden de cosas y entonces evolucionáis, os transformáis. A veces me preguntan: "¿Pero, por qué canta Vd. en búlgaro? ¡No se entiende nada!" Ante todo debo decir que existen traducciones de esos cantos que se pueden conseguir fácilmente. Pero sobre todo, en lo que concierne a la música, no es la comprensión intelectual lo que más cuenta, sino lo que bajo el efecto de los sonidos, de las vibraciones, de la armonía, uno puede llegar a sentir. ¿Acaso comprendemos el canto de los pájaros, el sonido de las cascadas o del viento sobre las ramas? No, pero nos quedamos admirados, cautivados, maravillados. Para vibrar en armonía, no es necesario comprenderlo todo. Cuando alguien os mira con amor, ¿podéis decir exactamente lo que se esconde detrás de sus ojos? No, pero estáis maravillados y vibráis. Y cuando se decía la misa en latín, ¿acaso todos la comprendían? Por supuesto que no, y ahora que se dice en francés, algunos están decepcionados, estiman que era mejor en latín y quizá tengan razón: la lengua latina aportaba un elemento que ya no se percibe ahora en francés. En lo que concierne a los cantos, siempre es mejor cantarlos en la lengua en que fueron escritos. Incluso sin comprender las palabras, existe una relación entre esas palabras y la música,

y una traducción destruye esta relación. La música no está hecha para ser comprendida, sino para ser sentida. Incluso cuando va acompañada de palabras, la sensación es lo más importante. Naturalmente, si ambas van unidas, es aún mejor, pero es la sensación la que más cuenta. En cualquier caso, en la Fraternidad tenemos un gran repertorio. Cada canto actúa favorablemente sobre quien lo canta, e incluso sin cantarlo, el simple hecho de tenerlo en la cabeza, os beneficia porqué vibra en vuestro interior. Cuando sintáis que no sabéis muy bien donde estáis, que vuestras ideas se confunden, cantad: "Misli, pravo, misli (piensa con rectitud)", y veréis el camino con más claridad... Cuando creáis que ya nadie os ama, cantad: "Bog é lubov (Dios es amor)", y entonces, ¿qué más queréis si Dios no os abandonará jamás? Y si estáis algo cansados, enfermos, cantad: "Sila zdravé é bogatstvo (fuerza y salud son riquezas)", entonces todo tiembla, los muros, el techo... y os ponéis en pie nuevamente. Si encontráis que la vida es insípida, que ya no os inspira ninguna alegría, decid: "Krassiv é jivota (la vida es bella)..." y cuando os sintáis felices, cantad: “Blagoslaviaï, douché moya, Gospoda (Alma mía, bendice al Señor)”. Ahí tenéis unos buenos recursos, todo un arsenal mágico. ¿Los utilizaréis? ¡No estoy muy seguro! Sin embargo, hay que utilizar todos estos medios, y estoy aquí para recordároslo sin cesar, para que sepáis que están a vuestra disposición. Espabilaros, abrid los armarios y serviros, tenéis de todo. Siempre necesitáis a alguien que os lo recuerde, y yo no hago otra cosa... Pensad que lo peor de todo es poseer riquezas y sentirse siempre desgraciado porque ignoráis que las poseéis. Por eso, si dedicáis más tiempo al canto y, todos, sin excepción, aprendéis a cantar juntos en armonía, obtendréis grandes resultados. Primero tenéis que trabajar sobre vosotros mismos, pero con este trabajo contribuís también a mantener y reforzar la luz en el mundo, pues esta armonía se refleja por todas partes y tarde o temprano el mundo entero la sentirá. Así es como se trabaja para el bien de la humanidad. Todo lo que hacemos en la vida es mágico, pero este aspecto se ignora, se desconoce porque se tiene miedo a la palabra "magia", es un campo que no queremos estudiar, reconocer ni comprender. ¡Cualquier obra de arte, pintura, escultura, danza... la misma belleza de las criaturas, todo es magia! "Magia", significa influencia, acción de una cosa sobre otra. Así pues, si un objeto o un ser ejerce a su alrededor una acción favorable, si aporta paz, luz, armonía, se trata de magia blanca, divina. Si, por el contrario, produce turbación, oscuridad, desorden, es magia negra, diabólica. Hay que comprender esto y llegar a pensar, sentir, obrar y comportarse cada vez más de una manera constructiva, positiva, armoniosa: en ese momento, nos habremos convertido en un mago blanco. Cuando os reunís para cantar, poseéis un poder mágico, formidable, benéfico, pero no perdáis de vista esta verdad: la base del poder es la unidad, la armonía. Pensad en la familia que vais a formar. Dejad a un lado vuestras diferencias de carácter, de tendencias, de grado de evolución, de clase social, de oficio... todo esto no tiene ninguna importancia, no juega un papel relevante en la vida espiritual. Reforzad en vuestros corazones la idea de que, a pesar de vuestras divergencias, pertenecéis todos a la Fraternidad Blanca Universal, que sois sus miembros, y que cantáis juntos con el fin de despertar las conciencias de toda la tierra: en ese momento, sí que representáis una verdadera fuerza. Creedme, esta unidad es la que os da la fuerza. Así pues, aunque no os améis, aunque tengáis diferencias, no importa; reuníos aunque sólo sea para cantar juntos y haréis milagros. Pensáis: “¡Ah! si me encuentro a fulano, ¡le retuerzo el pescuezo!” Muy bien, pero antes, id a

cantar; luego ya veréis. Cantad primero, y es posible que después ¡ya no tengáis ganas de retorcer el cuello a nadie! No comprenderéis de dónde os viene esta repentina indulgencia. Es el canto el que os habrá transformado, apaciguado un poco. Así pues, el que os améis u os detestéis, el que tengáis opiniones diferentes, no cuenta para nada: lo importante es realizar esta unidad. ¿Creéis que todos los soldados que van a la guerra en el mismo regimiento, se entienden entre sí? A menudo son vecinos que se detestan, pero una vez unidos por la misma causa, ¡mirad de lo que son capaces de hacer para vencer al enemigo! Se sostienen, se ayudan, e incluso se salvan la vida. Una vez terminada la guerra, quizás reemprendan sus rencillas, pero durante un tiempo, al menos, estuvieron de acuerdo. ¿Por qué no podemos hacer nosotros lo mismo? E incluso estoy seguro de que, mientras cantáis, mientras rezáis juntos, vuestras desavenencias desaparecen, y acabáis por no querer pelearos más. Ahí está la diferencia. Espero que estas palabras os hagan comprender mejor la importancia del canto, y sobre todo, de los cantos espirituales, de los cantos místicos que cantamos aquí. Hasta ahora, el canto era para vosotros tan solo un pasatiempo, una distracción. De ahora en adelante, tenéis que comprender que es un alimento, una necesidad espiritual. Esforzaos al máximo en adquirir, por fin, esta nueva conciencia, permaneced todos agrupados, unidos por el trabajo que hacemos aquí. Porque sin daros cuenta, se produce dentro de vosotros una purificación, una ordenación, una iluminación, una liberación. Preparáis un núcleo, una célula de la nueva vida para todos aquellos que van a venir.

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