Las migraciones salvadoreñas en la construcción del nuevo nosotros

Miguel Huezo Mixco Mirando al Sur, Antigua Guatemala, diciembre 2008

Agradecimientos
A la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID) Al Proyecto Mirando al Sur Al Centro Cultural de España en San Salvador A mis colegas del PNUD, donde he tenido un espacio privilegiado para las investigaciones culturales A Katharine Andrade-Eekhoff A Amparo Marroquín Parducci

Índice del diagnóstico
1. Una sociedad transnacional Introducción El sinuoso proceso de la construcción de las identidades
a. La identidad federada b. La identidad mestiza c. Identidades en colisión d. Identidades en fuga y retorno e. Identidades pan étnicas

2. Dinámicas migratorias
a. Fases de la migración internacional salvadoreña
Primera etapa (1920-1969) Segunda etapa (1970 – 1979) Tercera etapa (1980 – 1991) Cuarta etapa (1992-2005)

b. Estadísticas inciertas c. Inmigrantes centroamericanos

3. La economía de los vínculos
a. Transporte aéreo y telecomunicaciones b. Telecomunicaciones c. La economía de los vínculos Transporte aéreo Telecomunicaciones Turismo Consumo nostálgico

4. Percepciones sobre los migrantes

5. Migraciones y ciudadanía 6. Migraciones y procesos locales 7. Perspectivas políticas de los migrantes en El Salvador 8. Políticas culturales en torno a la migración Bibliografía

Una sociedad transnacional

Transnacionales
Para Levitt y Glick Schiller (2004), La sociedad debe considerarse más bien como “un conjunto de múltiples redes entrelazadas de relaciones sociales, a través de las cuales se intercambian de manera desigual, se organizan y se transforman las ideas, las prácticas y los recursos”. La “simultaneidad”: el proceso que hace a las personas vivir una vida que incorpora las instituciones, las actividades y las rutinas tanto en el país de destino como transnacionalmente. Los negocios, los medios de comunicación, la telefonía, la política y la religión son parte de una vasta serie de redes que se extienden a lo largo de múltiples estados, que ponen en contacto a personas con relaciones transnacionales con otras que carecen de ellas, pero que reciben influencias de los flujos de ideas, objetos simbólicos y remesas sin necesidad de haber migrado. Las acciones y las identidades de quienes no tienen vínculos, o los tienen más débiles, con las redes transnacionales no escapan a las dinámicas producidas dentro del campo social del que participan. Las personas están insertas en múltiples instituciones legales y políticas.

“Cuando la gente sale de su país se convierte en la caricatura de los que se quedan”, Paraiso Travel (2001), de Jorge Franco. Sin embargo, lo que está ocurriendo en El Salvador indicaría que el país se está convirtiendo un poco en la caricatura de los que se van.

Los migrantes no solo están re-fundando –en general-- un nuevo país. Sus localidades de origen, de las que salieron tomando todos los riesgos, poco a poco también comienzan a parecerse, por ejemplo, a los barrios latinos de Los Ángeles, California. A su vez, ciertas zonas de Los Ángeles se parecen mucho a ciudades salvadoreñas como Soyapango.

Un nuevo Adán
El migrante vendría a ser una especie de “nuevo Adán”: un fundador y un paria. Un campesino des-territorializado pero reterritorializado en la diáspora, y un habitante de las “ciudades globales” de Norteamérica con una parte de su vida apegada a El Salvador (Tenorio, 2002).

Remesas y cultura
Las “remesas” son un resultado y a la vez un eslabón de una infinidad de decisiones tomadas por actores sociales (individuos o familias) en un proceso de negociación muy complejo que involucra a personas y grupos a ambos lados del giro de dinero: Estados Unidos y El Salvador. La remesa no es solo un acto económico, sino también expresión de complejas relaciones sociales y emocionales.

Explorar las subjetividades
Todos los aspectos que se toman en cuenta a la hora de explicar los flujos migratorios y sus consecuencias suelen ser aspectos objetivos. Se olvida la dimensión subjetiva de las dinámicas migratorias y con ello la posibilidad de “poner de relieve la individualidad, la irreducible singularidad de las mujeres y los hombres que son los protagonistas de las migraciones” (Mezzadra 2001, citado en Campione, 2004).

El nuevo nosotros
La amplitud y el impacto de la migración en la economía, la política y la cultura llevó a proponer la necesidad de construir un “nuevo nosotros” (PNUD, 2005). Con esa propuesta, eminentemente cultural, se intenta advertir que los salvadoreños del siglo XXI estamos viviendo una mutación que requiere de nuevas formas de representación colectiva capaces de delinear la diversidad de identidades que están emergiendo.

El Salvador no solo necesita reducir las brechas económicas y sociales, responsables en medida importante del éxodo migratorio. Necesita: Hacer efectivo el ejercicio de una ciudadanía sustantiva, ejercida y socialmente reconocida; Establecer, mejorar y sostener en el tiempo los vínculos con su población en el exterior, para que esta tenga posibilidades formales de incidir en las decisiones que se tomen sobre el rumbo del país.

País de migrantes
En términos porcentuales, la población migrante salvadoreña está por encima de la de México (9,4%), República Dominicana (9,3%) y Cuba (8,7%) (CEPAL, 2006). La cifra de migrantes de América Latina y el Caribe, de acuerdo con estimaciones mínimas, equivalen a un 4% de la población regional (CEPAL, 2006). En El Salvador los cálculos oficiales han venido estableciendo que 20 de cada 100 salvadoreños residen fuera de las fronteras territoriales (PNUD, 2005), la inmensa mayoría en Estados Unidos.

Los números enloquecidos
Las proyecciones del Censo 1992 estimaban que para 2007 la población salvadoreña rondaría los 7.1 millones personas. No era posible para los demógrafos anticipar la magnitud de los flujos migratorios entre 1992 y 2007. El Censo estableció en 6.1 millones de habitantes la población salvadoreña. Esto puede dar una idea de la magnitud de las migraciones.

Salvadoreños en el mundo

El Salvador

1

Mundo

0%

25%

50%

75%

100%

Datos El Salvador Mundo

69.47% 30.53% 100.00%

6,600,000.00 2,900,000.00 9,500,000.00

¿Cómo empezó todo esto?
Desde los años ochenta los movimientos furtivos de migrantes comenzaron a convertir al país en una sociedad transnacional. Su magnitud no solo se ha traducido en importantes flujos de dinero hacia sus familias (un promedio de más de 2 mil millones de dólares anuales entre 2000-2006), sino que también está planteando un desafío para la manera en que se debe entender la sociedad y, en consecuencia, las formas de practicar la ciudadanía.

Círculo virtuoso
Círculo virtuoso
MEJORAN LA CALIDAD DE VIDA ESTABILIDAD MACROECONÓMICA

ENVÍO DE REMESAS

COMBATE A LA POBREZA

SENTIDO DE CIUDADANÍA

DESARROLLAN HABILIDADES EMPRESARIALES

Círculo vicioso
Círculo vicioso
DESPRECIO DE LA IDENTIDAD INDUCEN A MAS EMIGRACION GENERAN AVERSIÓN AL TRABAJO

REMESAS Y DEPORTADOS

MARAS

DESINTEGRACIÓN FAMILIAR PUDREN LA SOCIEDAD Y AMENAZAN LAS RAICES CULTURALES

¿Una comunidad im-posible?
La sociedad salvadoreña, atravesada por fallas, de larga data, de tipo económicosocial, político y cultural, se está enfrentado al hecho de que su diáspora, tan grande y tan relevante, ha vuelto más compleja la idea y la posibilidad de construir una “comunidad imaginada”

Papel de la cultura
¿Qué papel tiene la cultura en la construcción de una ciudadanía más integral que permita estrechar los vínculos entre los salvadoreños dentro y fuera del territorio?

Entendemos cultura como…
Las maneras de vivir juntos (Unesco). No solo como un valor trascendente o una manifestación de la creatividad popular, sino como un “recurso” Yúdice (2002) para: promover una opinión pública de aceptación de la diversidad; para apoyar la resolución de conflictos sociales y borrar todo lo posible los límites de la exclusión, y para promover lo cohesión social y un reconocimiento del otro como sujeto de deberes y derechos.

Dónde actúa la cultura
Las esferas de lo público y lo social requieren del desarrollo de fundamentos subjetivos, afectivos y morales para cohesionar a las sociedades. En la producción de un sentido subjetivo de nosotros, tanto en el ámbito de la vida cotidiana, familiar, y también en las relaciones laborales y en la esfera pública, es un aspecto clave del Desarrollo Humano, particularmente en una sociedad atravesada por fracturas políticas económicas, sociales y culturales

En revelar la diversidad de imaginarios colectivos y cómo estos no necesariamente se encuentran articulados o integrados en un “mundo en común”, lo que genera fragmentación del tejido social. En reconocer la diversidad de la sociedad salvadoreña, que los migrantes mismos han venido a convertir en algo más complejo, y que puede ser una ventana de oportunidades como de amenazas para un proyecto de país. En apoyar su reconocimiento como sujetos de derecho.

La cultura salvadoreña es una coproducción transnacional

CONTEXTO GLOBAL

IMPACTO CULTURAL DE LAS MIGRACIONES

INFLUENCIA CHICANA

HERENCIA COLONIAL ESPAÑOLA CULTURA

HERENCIA INDÍGENA INDÍ AFRICANA EUROPEA ÁRABE CHINA

IDENTIDADES REGIONALES, MICRORREGIONALES, MUNICIPALES

MEXICAN A INTERCULTURALIDAD

CULTURA ESTADOUNIDENSE

INFLUENCIA CULTURA SALVADOREÑA EN ESTADOS UNIDOS

IDIOMA ESPAÑOL IDIOMA INGLES ESPAÑ “SPANGLISH”

CONTEXTO REGIONAL

La sociedad salvadoreña se encuentra ante el reto de incorporar a la migración como un factor de desarrollo –algo que de manera importante y espontánea ya lo hacen los migrantes, a través de las contribuciones económicas a sus familias en el interior del país—. Esto pasa por construir vínculos y formas de ciudadanía.

La nostalgia y otras formas de aproximación

La diáspora no es simplemente una réplica en pequeño de su país de origen. Es, más bien, otra entidad salvadoreña que se mezcla con los espacios políticos y económicos en los cuales radica. Al interior de estas dinámicas, el arte, los medios masivos y la cultura en sus distintas manifestaciones se recrean en diálogo con sus entornos inmediatos. La nostalgia es también una de las principales formas de aproximación a sus países de origen.

Remesas
Son el producto más visible de las migraciones internacionales. El Salvador está entre el Top Ten de países del mundo cuyas remesas inciden en el PIB nacional al menos con un 10%. En 2007 el Banco Central de Reserva del país les atribuye un 18% del PIB.

Los migrantes constituyen ahora un nuevo sujeto social, político y cultural. Son parte, además, de comunidades con especificidades reconocibles, tanto en El Salvador como en Estados Unidos, así como en Canadá, Australia, Suecia e Italia. Son poblaciones que experimentan agresiones a sus derechos fundamentales, que requieren de un tipo de tutela particularmente complejo por las condiciones subrepticias de la migración ilegal, dominante en los flujos de personas.

La migración salvadoreña está aparejada, además, al fenómeno más amplio y multiforme de la migración latinoamericana. En las próximas cuatro décadas, los latinos llegarán a ser en EEUU unos 100 millones (el 25% de la población). En la medida que la mayoría ‘no-hispana blanca’ vaya reduciéndose hasta constituir un 50% de la población estadounidense es previsible que se producirá una transculturación fuerte entre ‘lo latino’ y ‘lo estadounidense’” (Yúdice, 2006)

Los diez principales países de origen de la población estadounidense nacida en el exterior: 2000

País de origen Número Porcentaje Total de nacidos en el extranjero 31,107,889 100.0 Los diez principales países 18,157,587 58.4 México 9,177,487 29.5 China1 1,518,652 4.9 Filipinas 1,369,070 4.4 India 1,022,552 3.3 Vietnam 988,174 3.2 Cuba2 872,716 2.8 Corea3 864,125 2.8 Canadá4 820,771 2.6 El Salvador Alemania Todos los demás países 817,336 2.6 706,704 2.3 12,950,302 41.6

1 Incluye a quienes responden China, Hong Kong, Taiwán y las islas Paracel. 2 La estimación de nacidos en Cuba no difiere estadísticamente de la de Corea. 3 Incluye a quienes responden Corea, Corea del Norte y Corea del Sur. 4 La estimación de nacidos en Canadá no difiere estadísticamente de la de El Salvador. Fuente: U.S. census Bureau. Census 2000, Summary File 3.

Desde hace unos veinte años se viene hablando de ciudades latinas estadounidenses: Los Ángeles, Miami y Nueva York, las más mencionadas. Las comunidades salvadoreñas están presentes en muchas de esas ciudades donde, en un futuro mediato, pueden pasar a jugar un papel político más activo, algo que, de hecho, ya está ocurriendo.

Las migraciones internacionales también abren interrogantes sobre algunos de los fundamentos de la nación y la relevancia de la acción del Estado y de las fronteras que delimitan su organización jurídica. Existe el riesgo de que se debilite o se pierda el sentido de pertenencia de una parte de la comunidad política nacional. Es como si el Estado salvadoreño se estuviera vaciando de nación

Muchos migrantes y sus descendientes siguen manteniendo lazos con sus países de origen, o con las redes sociales que trascienden las fronteras territoriales de los Estados. Desde la perspectiva transnacional de la migración, la fuerza y la influencia de esos vínculos transfronterizos son una variable fundamental para entender más plenamente las migraciones contemporáneas.

La crisis del Estado nación
Las migraciones son un agente decisivo dentro del proceso de reacomodamiento del Estado nacional. Pensar las formas de su participación ciudadana pasa por mirar y entender al país ya no solo como un espacio donde tiene lugar una oposición entre un “aquí” y un “allá”, sino como parte de un campo social mucho más complejo en el que están implicados no solo uno sino diversos Estados, y no un solo sino varios territorios

Dieta y nostalgia
Las familias salvadoreñas (2001) están dispuestas a gastar hasta US$112 semanales en adquirir productos nostálgicos (achiote, laurel, ajonjolí, dulces, velas, pupusas, quesos). Si multiplicamos este dato por los 282 mil 772 hogares salvadoreños reportados en el Censo de Estados Unidos de 2000, se obtendría que el tamaño del mercado potencial de productos étnicos solo en ese país superaba ya los US$1 mil 600 millones. El mercado se concentra principalmente en cinco estados de Estados Unidos que albergan la mayor cantidad de migrantes salvadoreños: California (Los Ángeles y San Francisco), Washington D.C., Texas y Nueva York. Entre 2002 y 2004, las exportaciones de productos étnicos aumentaron casi en un 70% al pasar de US$24.7 a US$41.7, y que hay ya 10 productos que han logrado superar la barrera de exportación de US$1 millón por año (Ministerio de Economía, 2005).

¿Hasta cuándo?
La pregunta ¿cuánto tiempo más durarán las remesas?, se responde con otra pregunta: ¿por cuánto tiempo pervivirán los vínculos entre los salvadoreños con sus parientes que viven y trabajan fuera de sus fronteras? Las remesas podrán prolongarse en la medida que haya salvadoreños que huyan del país. Y en dependencia del tipo de vínculos que se mantengan a uno y otro lado de la transacción.

¿Serán suficientes los vínculos fundados en la nostalgia, el paisaje, la comida, etc.? Fortalecer los vínculos pasa por la construcción de un imaginario común. La posibilidad de construir este imaginario pasa por la construcción de una ciudadanía. En El Salvador hace falta reconstruir ese eslabón fundamental en la cadena de los vínculos. Es necesario echar una mirada al proceso de construcción de la “identidad” salvadoreña como una comunidad imaginada.

El sinuoso proceso de construcción de identidades

Los salvadoreños tenemos un pobre sentimiento de pertenencia a una patria y enormes dificultades para reconocernos como comunidad nacional. Las elites han excluido de la idea de nación a grandes sectores de la sociedad. Este proceso podría verse agravado con la presencia y acción de los migrantes: viven fuera del país, tienen diferentes ideas y prácticas de los derechos y responsabilidades. Sus rituales cívicos y sus fidelidades tampoco se ajustan a los de una comunidad salvadoreña convencional: se sienten parte de otro país.

I
a. La identidad federada b. La identidad mestiza c. Identidades en colisión d. Identidades en fuga y retorno e. Identidades pan étnicas

Identidad federada
En las primeras décadas de existencia independiente, en la imaginación de las elites y la población salvadoreñas la noción de “patria” era Centroamérica y, más concretamente, la federación. Los periódicos, que nacían y se extinguían en medio de las guerras y las asonadas, tuvieron como norte a la federación. La prensa salvadoreña nació en 1824 con el claro propósito de inscribir a San Salvador en el presente de la federación, y los periódicos siguieron siendo federalistas incluso cuando ya no había federación (Tenorio, 2006).

Hacia 1860, la comunidad política salvadoreña todavía “era muy débil e imprecisa” y seguía “subordinada a la aspiración de la reconstrucción de la federación centroamericana” (López Bernal, 1998)
Bandera de El Salvador (1865 y 1912)

Identidad mestiza
A inicios del siglo XX diversas corrientes de pensamiento propusieron: una identidad que despreciaba las etnias no blancas (Guzmán, 2000); los mitos indígenas como soporte a la identidad criolla (Gavidia, 1976); la reivindicación de una identidad fundada en el pasado indígena, (Espino, 1996); y la postulación del pensamiento indígena como la utopía de unidad entre religión, vida y poesía (Geoffroy Rivas, 1998).

En El Salvador se interiorizó, a lo largo y ancho de la escala social, la noción de que en el país el problema indígena no existe simplemente porque “no hay indígenas”.

Identidades en colisión
Alrededor de los años treinta, algunos intelectuales sostenían que El Salvador seguía careciendo de una “cultura propia e integradora”, y que vertebrar una comunidad demandaba una reforma política y social que otorgara ciudadanía a los sectores marginados del país (Rivera, 2001).

Desde los años sesenta hasta finales del siglo XX, tomó fuerza una visión de la cultura como extensión de la política que, en el marco del conflicto armado, no hacía posibles las opciones conciliatorias.
La matanza de 1932. Instalación de Milton Doño

Identidades en fuga y retorno
Desde mediados de los años 70 se comenzó a producir un fenómeno completamente nuevo: las migraciones internacionales masivas. Falta de tierras para cultivar y de empleos, la misma guerra civil, la inseguridad social, los terremotos y las expectativas de trabajo en Estados Unidos, habían propiciado esta fuga.

En la década de los años setenta, la diáspora se calculaba en unas 73 mil personas. Para el año 2008, la cifra podría ser superior a los dos millones de personas

Foto: Juan de Dios Davish

El Salvador de nuestros días es un laboratorio de transformaciones económicas y culturales. El modelo económico adoptado ha vuelto irrelevante la antigua economía agroexportadora sustentada principalmente en el café, que por más de cien años le dio sustento a la “identidad salvadoreña”.

Una sociedad consumista
La presencia de remesas ha transformado la economía de al menos 27 de cada cien de los hogares salvadoreños. Los Indicadores de Desarrollo del Banco Mundial, El Salvador es el séptimo país con el consumo privado (como porcentaje del PIB) más alto en el mundo. Según el Banco Central de Reserva, en 2007, el consumo agregado del país fue equivalente al 106% del PIB.

El consumo de pan fabricado con trigo (cereal importado en su totalidad) ya supera con creces el gasto nacional en el consumo de derivados del maíz (ENIG, 2006). El número de líneas celulares pasó --1997 a 2006-- de 20 mil a más de 6 millones. La densidad telefónica (cantidad de líneas móviles y fijas por cada 100 habitantes) aumentó en El Salvador de 6.4 en 1997 a 40.3 en 2004, incrementándose al 125% en 2007 (SIGET, 2007).

En quince años la cantidad de viajeros entre ES y EEUU pasó de 123 mil (1990) a casi un millón y medio de personas (2004). El idioma inglés se está integrando cada vez más a la vida cotidiana, aun en las zonas rurales, al punto que los programas oficiales de educación han establecido como obligatoria la enseñanza del inglés en todas las escuelas públicas.

Si consideramos los datos de subempleo y pobreza, que revelan grandes brechas económicas y sociales. Esta sociedad de consumidores está montada sobre una enorme plataforma de exclusión social. Los salvadoreños vivimos la paradoja de ser consumidores del siglo XXI pero ciudadanos del siglo XVIII (García Canclini).

Identidades panétnicas
La “americanización” de los salvadoreños suele ocultar la “latinización” de los salvadoreños. La asignación panétnica “latino” o “hispano” tiene cada vez más fuerza, y aún cuando los salvadoreños o cualquier otro grupo migrante latinoamericano se resista a aceptarla, todas las instituciones de la sociedad se la impondrán.

La indentidad “hispana” es también mercadológica. La contribución económica de los latinos al PIB estadounidense, estimada en más de $700 mil millones en 2006, alcanzará un trillón de dólares en menos de cinco años (Suárez-Orozco, 2006). Para 2010, los latinos en Estados Unidos tendrán un poder de compra acumulado mayor que las economías de Canadá o México (La Opinión, 0409-2007). Esto hace que los latinos sean cada vez más cortejados como nicho consumidor y como fuerza política.

En las elecciones presidenciales del 2000 había 7.5 millones de latinos registrados en el padrón electoral y de estos, 5.3 millones votaron. En 2004, aumentaron a 9.3 millones los registrados, de los cuales 7.5 millones acudieron a las urnas. Mientras en la elección presidencial de 2004 el voto latino representó el 6 por ciento del total de sufragios, en los comicios presidenciales de noviembre de 2008 los hispanos representaron un 8% del electorado.

De acuerdo con una investigación del Pew Hispanic Center, el 64% de los hispanos y el 69% of de las hispanas apoyaron a Barak Obama. Los jóvenes hispanos, de manera coincidente con los jóvenes de todo el país, apoyaron a Obama por un amplio margen de 76% versus 19% a favor de McCain (López, 2008).

Los salvadoreños en Estados Unidos trascienden el mundo hispano o latino hacia otras culturas estadounidenses y otras minorías no hispanas (afroamericanos, asiático-americanos), así como los otros nuevos inmigrantes (asiáticos y de Europa oriental).

Estas relaciones bombean su propia influencia hacia el interior de los lugares de origen de los migrantes salvadoreños.

Los migrantes vienen propiciando un renacimiento del apego al país dentro y fuera de las fronteras (Marroquín, 2004).

La herencia de lo salvadoreño está profundamente cuestionada. Por su importancia demográfica, por su peso económico, por su influencia cultural, por su contradictoria posición en la política salvadoreña, los migrantes están llamados a jugar un papel relevante en ese “nuevo nosotros”.

La (s) cultura (s) salvadoreña (s) de nuestros días se ha (n) vuelto más compleja (s). Los veloces cambios que está experimentando a menudo son difíciles de explicar.

Agendas de organizaciones de salvadoreños en el exterior
2000 en adelante (EE.UU. principalmente pero con diversificación hacia otros países) Organizaciones de servicios Organizaciones de servicios Organizaciones de servicios legales y sociales para legales y sociales para legales y sociales para salvadoreños en EE.UU. salvadoreños en EE.UU. salvadoreños en EE.UU. con agenda ampliada con agenda ampliada Comités de solidaridad con Asociaciones de oriundos Asociaciones de oriundos y El Salvador coaliciones Cámaras de Comercio Cámaras de Comercio Gremios profesionales Gremios profesionales Grupos deportivos Grupos deportivos Grupos artísticos y culturales Organizaciones estudiantiles Comités de acción política Partidos políticos salvadoreños Nueva coaliciones entre regiones y nacionalidad y etnias Comités de liderazgo en Canadá, Italia, y otros Década de los 80s (EE.UU. principalmente) Década de los 90s (EE.UU. principalmente)

El Salvador necesita poner en marcha la construcción de un proyecto común que haga realidad la idea de la nación como una comunidad posible. Un proyecto que ofrezca a los salvadoreños el sentimiento de un futuro en común y que haga sentir que sus sacrificios pueden tener su contrapartida de mayor equidad. Se trata de construir una ciudadanía que contribuya al ejercicio de una “democracia que no pase por encima de las diferencias sino que se haga cargo de ellas” (Martín-Barbero, 2007).

Junto a las estrategias económicas, sociales y políticas, El Salvador necesita una estrategia cultural cuyo principal propósito sería contribuir a la construcción de ese nuevo Nosotros. Una política cultural se entiende como un mecanismo diseñado por el Estado para incidir en la forma de convivencia y las identidades de esa sociedad. Consiste en una estrategia que propicie el encuentro de una identidad renovada, fundada en la diversidad, abierta a lo universal, que privilegie el diálogo de conocimientos y experiencias, y que permita cambiar y cualificar la convivencia y las actitudes. Para usar la muy citada imagen de Anderson (1991), se trata de concebir una nueva “comunidad imaginada”.

No habrá desarrollo ni cohesión sin una cultura que fortalezca las capacidades individuales y colectivas. Una cultura que fortalezca el sujeto colectivo y una imagen fuerte como un “nosotros”. Generar un imaginario de sociedad como actor colectivo. Desarrollar convivencia cotidiana como experiencia de sociedad.

¿Qué hacer?
Diseñar un Programa cultural de largo alcance con articulaciones en México, Centroamérica y Estados Unidos. Articular este Programa con otros similares que se encuentran en desarrollo, como el Convenio Andrés Bello (Latinidades). Crear un observatorio cultural con sedes regionales destinado a generar información y diagnósticos culturales que relacionen a las migraciones con los cambios culturales, el consumo, el arte emergente. Fortalecer las capacidades de la Red nacional de Casas de la cultura para que se asuman los aspectos culturales relacionados con las migraciones.

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