Inicio » 80grados, Columnas, Portada ¿Hacia una Universidad más “pequeña y ágil”?

POR RIMA BRUSI | 14 DE SEPTIEMBRE DE 2012 | 1:33 AM – 12 COMMENTS

La Universidad de Puerto Rico está rota, comentaba un conocido analista radial ayer miércoles en la tarde. Rompen el proyecto social más importante y exitoso del país, añadía, tal vez irreparablemente. Se refería a eventos recientes y conocidos: La editorial de la UPR, ignorando la fila de manuscritos académicos sometidos y aprobados, decide publicar la propuesta política de Ricardo Rosselló; el Recinto de Ciencias Médicas decide ofrecerle una plaza especial, con “perks” y sin competencia, a este mismo joven, cuyo expediente es satisfactorio pero no extraordinario, como si se tratara de un candidato excepcional con propuestas millonarias y laboratorios establecidos; la legislatura le quita, en una mal llamada “permuta”, terrenos agrícolas a la UPR; la

administración central y el Recinto de Mayagüez perdieron acceso a fondos presentes, aprobados y futuros de la National Science Foundation, por negligencia repetida (y tal vez corrupción) en el papeleo relativo alas compensaciones de los investigadores y a la relación entre esas compensaciones y el tiempo invertido; la pérdida de inversiones del plan de retiro, a causa de inversiones realizadas por los síndicos de la UPR a pesar de la oposición de la junta de retiro y del asesor financiero del plan. Podría seguir. Claro que a esas afrentas frescas (“frescas” por lo recientes y por el desparpajo de sus perpetradores) habría que sumarles otras en el pasado no muy lejano: Los abundantes macanazos, golpes, gases y agresionesvarias dirigidas al estudiantado que protestaba (y en ocasiones al que no protestaba también, y al que estaba allí parado nomás también, y a los papás y mamás que se metían en el medio, pues también); la designación de espacios limitados (y a veces distantes, cambiantes o invisibles) como las nuevas “zonas de expresión pública”, en detrimento del derecho democrático a la expresión; la ignorada mayúscula que los poderes administrativos le dieron a las propuestas alternativas de estudiantes y profesores para bregar con el problema fiscal de la universidad y reducir o evitar el alza en la matrícula. Podría seguir. Cuando el atropello es mucho y seguidito, se nos reduce el ancho de banda. El atropello de hoy hace que un poco se nos olvide el de ayer, el atropello visible y descarado hace que se nos pase el estudio del menos obvio. De modo que quiero traer a la mesa otro asunto, otra ruptura, otro síntoma de la desintegración del proyecto social y cultural que es la UPR. Se trata de la cantidad y el perfil de los estudiantes. En el 2009-2010, había en los once recintos de la UPR un total de 65,669 estudiantes. En el 2011-2012, el total se había reducido a unos 57,000.

¿Quién se queda fuera? No se habla mucho de eso. Pero hay razones para pensar que los que se quedan fuera tienden a ser los estudiantes más pobres. Permítanme tomar a mi propio recinto (UPR-Mayaguez o RUM) como ejemplo. En el año 2008 entraron al RUM 2560 estudiantes. De estos, el 44% provenía de escuela privada, y el 56% de escuela pública. En el 2012, entraron 1,858 estudiantes, el 50% de ellos de escuela pública. Pongamos esto en perspectiva: aproximadamente el 80% de los estudiantes de cuarto año de escuela superior en el país asiste a escuela pública. Ocho de cada diez. Pero en nuestro recinto los que vienen de la pública son cinco de cada diez, con una merma adicional de 6%. Voy a graficar un poco la cosa para que esté más clara: Cambios en clase entrante UPRM

¿Qué quiere decir esto? Un par de cosas: 1) que el perfil de los admitidos no se parece socioeconómicamente al del país, 2) que

el número absoluto de admitidos se ha reducido considerablemente (27%) y 3) que junto con esa reducción, se ha agravado la diferencia entre los estudiantes de cuarto año y la clase entrante en el RUM. Otro pedacito de evidencia, más micro, más anecdótico, tal vez más emocional: Hace algunos años, mi colega David González y yo comenzamos un trabajo de alcance en los residenciales públicos mayagüezanos, con la meta de aumentar el número de jóvenes en esos espacios que llegan al RUM. El primer año, fueron admitidos e ingresaron a la universidad seis. Al año siguiente, ocho. Al año siguiente, diez. ¿El año pasado? Uno. Uno. Tome en cuenta que cerca del 12% de los jovencitos en edad universitaria en Mayagüez viven en residenciales públicos. Pero solamente 1 de 1,858 (0.0005%) entró al Recinto de la Universidad pública que le queda, en la mayor parte de dos casos, a una o dos millas de sus casas. Ahora bien, no es la primera vez que presentamos (el “nosotros” se refiere al conjunto de profesores y estudiantes investigadores que creamos o laboramos en el Centro Universitario para el Acceso del RUM, que hoy lidera la colega Lissette Rolón) datos cualitativos y cuantitativos que demuestran y denuncian la exclusión estructural y simbólica de los sectores más pobres de la oportunidad educativa. Y a través de los años, hemos ido acumulando una lista de preguntas y reacciones frecuentes, que estaré atendiendo aquí y en la entrada que escribiré el mes que viene. Por ejemplo: Pregunta frecuente #1: Esos datos son de Mayagüez, y Mayagüez es uno de los recintos más selectivos del sistema UPR. ¿Cómo sabemos que ese patrón de admisión desigual es un problema a nivel de sistema? Respuesta: Hay evidencia que sugiere que ese es el caso, aunque ciertamente el sesgo es más pronunciado en el RUM y la

Yupi. Pero sabemos que a nivel de país y a partir de los datos del PUMS 2008 (analizados por el Dr. Walter Díaz y disponibles aquí), la mediana de ingreso familiar de aquellos jóvenes matriculados en algún recinto de la UPR es de $32,379.00; en contraste, la mediana de ingreso de aquellos que están matriculados en una universidad privada es de $25,979.00, y la de los que no están matriculados en la universidad es de $15,600.00. Es decir, que con el aumento en ingreso familiar tiende a aumentar la posibilidad de acceso a la educación universitaria pública. Hay asimismo varias razones para creer que la reducción en tamaño de la universidad afecta desproporcionadamente a los estudiantes menos acomodados. Sabemos, por ejemplo, que el índice de admisión (IGS) está fuertemente relacionado al ingreso familiar y a la extracción de clase de los estudiantes.1 Es decir, que a mayor ingreso familiar, mayor la probabilidad de que un estudiante sea admitido. Sabemos también que a mayor ingreso familiar es mayor la probabilidad de que un estudiante solicite a la UPR. Y finalmente, sabemos que la reducción de cupos tiene un impacto directo sobre el IGS de un programa: si aumenta el número de solicitantes relativo al cupo del programa, el IGS tiende también a subir. El achicamiento de la universidad afecta a los más pobres aún siendo admitidos, por razones estructurales: A diferencia de sus contrapartes más acomodados, los estudiantes de escasos recursos dependen de la Beca Pell para pagar sus cursos. Para retener la beca necesitan matricular al menos doce créditos. Sin embargo, la reducción de cursos, lejos de aliviarse con la reducción del número total de estudiantes, parece estar peor que nunca. Si tengo chavos y me tengo que quedar con diez créditos, pues ni modo, los pago y me los quedo. Si no tengo chavos y logro matricular solamente diez créditos, los pierdo todos. Si logro los doce pero el cheque se atrasa y no me dan la prórroga, los pierdo también.

En fin: Que se rompe la universidad de muchos modos, últimamente. Y que uno de esos modos es lastimando, en nombre de la “universidad más pequeña y ágil” de la que hablaba Ygrí Rivera, la capacidad de la institución para atender la desigualdad social e impulsar la educación de los sectores más desaventajados. Reducir los cupos tiene ese efecto. Permitir que los políticos dispongan de las tierras y proyectos comunitarios de la universidad, también. Al final del día, el ataque a la universidad tiene como telón de fondo otros ataques, otros choques. El más obvio de ellos es el político-partidista y el uso de la universidad como botín eleccionario. Pero hay otros choques ideológicos importantes que atender aquí. Uno de ellos es el de dos visiones de mundo que son no sólo distintas, sino enemigas: aquella donde predomina el falso moralismo, la solución superficial y la creencia en la superioridad moral del más que tiene; y aquella que privilegia la profundidad y que reconoce a la desigualdad como un problema grave y generador de otros problemas. Para la primera, la UPR es un obstáculo y necesita empequeñecerse, orientarse más hacia las carreras y menos hacia la educación liberal/humanista, servir mayormente a la clase media alta y reclutar talento docente sólo en las filas del partido. Para la segunda, la UPR es un proyecto cultural, su función incluye pero va más allá del diploma y tiene el deber de conectarse con la realidad social del país. Hay tela para cortar con este asunto. Muchas cosas sin decir, muchas cosas sin estudiar, mucho debate latente. Pero por algún lado hay que empezar. Me he propuesto mantener estas columnas cerca de las mil doscientas palabras, de modo que dejo el resto para la próxima. En ella espero atender algunas “preguntas frecuentes”

adicionales. ¿Tiene una pregunta? Déjemela aquí en los comentarios. Gracias por leer y hasta pronto. 1. Esta discusión supera el espacio y naturaleza de esta entrada, pero he escrito en detalle sobre el tema en un artículo próximo a publicarse en la revista de Ciencias Sociales, y en este Cuaderno de Trabajo. [↩ ]

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