Catalina Smulovitz (1988) OPOSICIÓN Y GOBIERNO: LOS AÑOS DE FRONDIZI/2

IX CRÓNICA DE UN FINAL ANUNCIADO: LAS ELECCIONES DE MARZO DE 1962 1. Introducción

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Las elecciones de marzo de 1962 fueron significativas, no sólo porque precipitaron el fin del gobierno frondizista, sino también porque confirmaron el carácter imposible del juego político que se había abierto con la Revolución de 1955. La dinámica partidaria de esos años se asemeja bastante a la dinámica del “chicken game” o juego de la gallina 1. En este juego el peor resultado ocurre cuando los jugadores deciden no cooperar entre ellos. En ese caso el resultado es la destrucción de los participantes y la finalización del juego. El caso argentino presenta diferencias que hacen imposible una aplicación estricta del juego. No sólo en la escena partidaria argentina hay varios jugadores en vez de los dos que aparecen en el “chicken game”, sino que tampoco puede afirmase que el resultado de las contiendas haya sido la destrucción de los partidos. Sin embargo, la metáfora es útil para describir los rasgos generales de la competencia partidaria de esos años. El calendario electoral preveía las principales contiendas electorales para marzo de 1962. Esto convertía a las elecciones de marzo, y a las de la provincia de Buenos Aires en particular, en un evento decisivo para la estabilidad del gobierno. En todo momento, el partido gobernante los planteó como una opción entre la estabilidad institucional o “el salto al vacío” que representaba la vuelta de l peronismo. La segunda consecuencia del calendario electoral provenía del carácter experimental que el gobierno le había asignado a las elecciones previas. El permiso implícito a la participación del peronismo significó la pérdida de una importante atribución del gobierno. 2. Los motivos de los actores a. El gobierno El gobierno apostaba a vencer a un peronismo vuelto a la legalidad y constituirse así en la solución para el problema de la sucesión legítima de éste. Es factible que, en un primer momento, el gobierno se haya lanzado a las elecciones y haya autorizado implícitamente la participación del peronismo porque creía que éste se iba a abstener. Pero Perón cambió de parecer una vez iniciada la competencia. Ante este cambio, el gobierno tuvo que modificar su estrategia. Optó por la polarización de electorado apelando para ello no sólo al enfrentamiento peronismo-antiperonismo, sino también a vaticinios que anunciaban la ruptura del orden institucional en caso de una victoria peronista. b. El Peronismo 1. Perón Aun cuando el peronismo estaba sorprendido por la posibilidad de participar que se le había abierto, sabía que una victoria en las urnas significaba un triunfo efímero. Sabía que si vencía era improbable que pudiera acceder a los cargos electivos. Si esas elecciones estaban planteadas como decisivas para el futuro político de Frondizi, las mismas también lo eran, aunque por razones opuestas, para el futuro político personal de Perón. Tal como estaba planteado el enfrentamiento, como una opción suma cero entre los dos líderes, los resultados serían igualmente definitivos para ambos. Otro elemento que justificaba la reticencia de Perón a concurrir tiene que ver con el hecho de que en 1962, si bien el peronismo estaba autorizado a concurrir, Perón en persona no podía participar. Si el peronismo ganaba, la solución hubiera dejado de lado a Perón, lo cual éste no estaba dispuesto a permitir. El anuncio de la fórmula peronista el 24 de enero de 1962 confirmó el cambio de opinión de Perón. ¿Por qué modificó Perón su posición? ¿Qué argumentaron los
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El “juego de la gallina” o “chicken game” era un juego supuestamente practicado por jóvenes norteamericanos a fin de probar mayor valentía que su oponente. Consistía en dirigir a altas velocidades el automóvil propio en contra del del oponente. El primero de los conductores que abandonaba la ruta de colisión era considerado un “gallina”.

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sindicalistas para provocar dicho cambio? Existen distintas versiones que dan cuenta de la vehemencia con la que los sindicalistas defendían la tesis concurrencista. Cabe, entonces, preguntarse acerca de los motivos de los sindicalistas. 2. Los sindicalistas Durante el gobierno frondizista y con la recuperación de las principales estructuras gremiales, el sindicalismo peronista había consolidado su hegemonía en el movimiento obrero y se había vuelto a convertir en la “columna vertebral” del movimiento peronista. Sin embargo, ese mismo sindicalismo había sufrido una importante derrota en 1959, cuando la aplicación del Plan Conintes y las facultades restrictivas que le otorgaba al Poder Ejecutivo la Ley 14.455, habían vuelto estériles las luchas sindicales de 1959. Por consiguiente, a fin de alcanzar un instrumento de presión adicional a los exclusivamente gremiales, el sindicalismo peronista se había propuesto alcanzar el control de la arena electoral a fin de agregar la presión política electoral a sus recursos de lucha. ¿En qué forma las elecciones de 1962 podían servir para dar lugar al nacimiento del vandorismo como un actor con una identidad política diferenciada? Es posible pensar que Vandor defendía la tesis concurrencista, a pesar de conocer los riesgos y costos que una victoria significaría para el movimiento obrero en particular y para la estabilidad democrática en general, porque la misma le permitiría legitimar la estrategia tendiente a autonomizarse de la figura de Perón, a la vez que le permitiría constituirse en el líder de la misma. 3. Marzo de 1962, o cómo elegir la estrategia de mayor riesgo a. La Nominación Dada la forma reticente en que Perón aceptó la concurrencia, tanto su postulación en segundo término en la fórmula de la provincia de Buenos Aires, así como su postulación para la diputación de Capital admiten diferentes interpretaciones. Es factible que con esa candidatura, Perón lograba aparecer ante el peronismo en general y ante los sindicalistas como favoreciendo la concurrencia, a la vez que conseguía evitar que la misma se concretara. Aún no se había acallado el revuelo que la candidatura de Perón había originado, cuando el ministro Vítolo anunció, tal como todos preveían, que el Poder Ejecutivo impugnaría dicha candidatura ante la justicia. Pocos días más tarde la justicia electoral avaló la solicitud del Ejecutivo. Esta decisión reabrió la puja entre los sectores que dentro del peronismo favorecían la concurrencia y aquellos otros que preferían la abstención. Las innumerables versiones que circularon en esos días permiten entrever que, si bien Perón terminó avalando la concurrencia, ese “aval” fue más la consecuencia de la presión ejercida por los sindicalistas, quienes se adelantaron a los hechos proponiendo un reemplazante para el segundo término de la formula, que el resultado de una decisión del jefe peronista. ¿Por qué era importante para la estrategia sindical no sólo que Perón manifestara su voluntad concurrencista sino también que las elecciones tuvieran lugar con la efectiva presencia de candidatos peronistas? La presencia efectiva en las elecciones era necesaria, ya que había que demostrar no sólo que Perón no podía aparecer en persona en el terreno, sino que también los representantes locales tenían respaldo y fuerza suficiente como para llevar adelante el proceso de autonomización que se estaba perfilando. La estrategia finalmente desarrollada por el peronismo en 1962 se explica más por las pujas internas que en ese momento se dirimían, que por los objetivos que el mismo pretendía concretar en relación al gobierno. Y si bien la estrategia resultante dio origen a los acontecimientos que precipitaron la caída de Frondizi, no puede atribuírsele al peronismo la total responsabilidad de la misma. 4. Un final sin partidos A pesar de que el oficialismo le ganó al peronismo en distritos importantes como el de Capital, y a pesar de que el peronismo no triunfó en otros de tanta relevancia como Córdoba, el 19 de marzo de 1962 el gobierno intervino cinco de las provincias donde había ganado el peronismo. Las intervenciones eran parte de un plan de contingencia ideado por el gobierno para afrontar la eventualidad de dicho triunfo peronista. Como bien señalara Robert Potash, los días que transcurrieron entre las elecciones de marzo y la fecha del derrocamiento de Frondizi demuestran que el decreto de intervención no había sellado irremediablemente la suerte del gobierno. El 20 de marzo los jefes del Ejército y la Fuerza Aérea propusieron que Frondizi “permaneciera en el cargo siempr e y cuando accediera a nombrar un gabinete de coalición designado por los tres servicios y a seguir un plan de gobierno que ellos trazarían”. Frondi zi aprobó la propuesta, aceptó la renuncia de sus ministros civiles y convocó a seis partidos para formar un gabinete de coalición. Cuatro de ellos: la UCRP, la Federación de Partidos de Centro, el Partido Socialista Democrático y el Partido Demócrata Progresista no aceptaron la invitación. Los partidos estaban más interesados en obtener la renuncia del Presidente que en revertir la situación creada por las intervenciones o en defender la libertad de sufragios. Y este era un requerimiento que Frondizi no estaba dispuesto a aceptar, entre otras razones porque hasta ese momento ni las propias FFAA habían solicitado públicamente su renuncia. Cuando el 23 de

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marzo el Presidente solicitó al general Aramburu que mediara en la situación, los márgenes de negociación se habían estrechado; a esa altura la mayoría de los partidos había dejado sentado que el piso para cualquier acuerdo era la renuncia del Presidente. 5. El otro juego de Frondizi La cuota de poder que Frondizi pudo preservar permite entender su firme decisión de no renunciar. Su renuncia habría significado una victoria para sus adversarios políticos, pero también habría permitido mantener, aunque en forma turbia, el estado de derecho, ya que habría permitido apelar a los mecanismos constitucionales para su reemplazo. Es factible que el desinterés de Frondizi por encontrar soluciones que permitieran preservar el estado de derecho estuviera vinculado a la aparición de importantes modificaciones en su ideología política. Mario Barrera ha analizado el impacto que información nueva, así como eventos políticos diversos, han tenido en los cambios que se produjeron en la ideología frondizista. Este autor identificó cuatro estadios diferenciados en la evolución ideológica de Frondizi: un primer estadio reformista (1930/1943), un segundo transicional (1944/1955), un tercero desarrollista (1956/62) y un cuarto denominado desarrollista dictatorial (1963/1970). El pasaje a la etapa desarrollista dictatorial implicó el abandono de los mecanismos democráticos como el medio reconocido para acceder al poder. Según Barrera, este cambio estuvo motivado por el impacto que causó en Frondizi el fracaso de su gestión. Por lo tanto, puede especularse que su desinterés por facilitar una solución que permitiera la preservación del estado de derecho estuvo también motivada por su convencimiento de que el mismo constituía un obstáculo para la realización de sus objetivos. 6. Conclusiones Al igual que en el “chicken game”, en la escena partidaria argentina las estrategias que llevaban al compromiso eran inestables. Cada uno de los partidos suponía que cualquier gesto que indicara sui intención de resignar parte de sus objetivos de corto plazo, en ve de provocar gestos equivalentes en los otros, sería apropiado por sus rivales y usufructuado como una victoria política, Por consiguiente, cada uno de los partidos evitó dar señales que pudieran indicar su voluntad de cooperar. La consecuencia fue que cada uno de los partidos desarrolló una estrategia que culminó con significativas pérdidas para cada uno de ellos. En este contexto, la defensa del régimen semidemocrático no aparecía como un objetivo valioso ni aun para aquellos partidos que se suponía debían beneficiarse con el mismo en tanto éste no les garantizaba la posibilidad futura de acceder al poder.

[Catalina Smulovitz, Oposición y gobierno. Los años de Frondizi, Vol. 2, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988, pp. 143-168 (Biblioteca Política Argentina, 214)]

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