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-Mamá, Sofía manchó el asiento con mayonesa –dijo Tere, mientras Sofía le hacia señas de que no dijera nada. -Pero ya lo estoy limpiando -¡Lo estás embarrando más! Mamá ¡regáñala!

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La pelea fue interrumpida con el sonido ensordecedor que hizo un trailer al pasar junto al vochito en el que viajaban. -¿Falta mucho mamá? –Preguntó Sofía- ya me enfadé. -Ya casi llegamos, allá esta la brecha por la que vamos a ir. Tere y Sofía hicieron una mueca de disgusto, al principio les había parecido muy buena idea viajar de un pueblito a otro, conociendo lugares interesantes del norte del país pero, después de una semana en carretera, estaban muy enfadadas lo único que veían era un paisaje árido, seco, sin interés. Su mamá se esforzaba por señalarles los cactus y los animales que encontraban a su paso, para ellas todo se veía igual. El carro no tenía aire acondicionado, el calor era insoportable y por las ventanas entraba un aire caliente que las sofocaba. Ahora estaban buscando la zona del silencio, extraño lugar en donde pasaban cosas inexplicables, había quien afirmaba que la zona del silencio era una puerta a otra dimensión, aparentemente el lugar atraía meteoritos, naves espaciales y curiosos como ellos. A mamá le había parecido interesante incluir un lugar misterioso en la expedición. Al final del viaje llegarían a casa de sus abuelos, en donde se reunirían con su papá para pasar las verdaderas vacaciones. -Creo que ya nos pasamos mamá, llevamos mucho rato por este camino y no se ve nada. -¿Y qué quieres que se vea? Es la zona del silencio, no se tiene que ver, se tiene que escuchar. ¡Que tonta eres! -Mamá, Tere me dijo tonta Esta vez su mamá no le prestó atención, estaba preocupada, ya deberían de haberse topado con alguna señal, con alguna persona.

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Nada. A su alrededor solo había desierto. -Mamá ¿ya vamos a llegar? Tengo mucho sueño – dijo Sofía, mientras veía una lagartija parada sobre una roca. La lagartija le sonreía. Sofía pensó que eso era lo más horrible que había visto. Sofía y Tere se durmieron. Sofía vio una enorme bola de fuego que caía del cielo, quemándolo todo a su paso, ella quería gritar, quería correr, su cuerpo no le respondía. Sintió el calor en sus brazos, en sus manos que trataban de proteger sus ojos. Su cabeza ardía, abrió los ojos y vio a su hermana carbonizada. Un grito desgarrador, de miedo y dolor, salió de su garganta. Sofía despertó. Habían pasado unos segundos. Todavía podía ver a la lagartija sonriente. Como si no hubieran avanzado de lugar. -Mamá ¿ya vamos a llegar? –Sofía tocó a su mamá porque no le respondía, su mamá se desmoronó quedando convertida en un montoncito de arena. Sofía despertó. -Mamá tuve una pesadilla horrible, soñé que te desmoronabas y… Sofía se dio cuenta de que todavía estaba soñando porque ahora se encontraba en el carro con los esqueletos de su mamá y su hermana. -Por favor, quiero despertar -¿Estás bien? – preguntó su mamá. -Por fin –dijo Sofía tengo pesadillas. -¿Ya vamos a llegar?

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-No lo sé –dijo su mamá–, sigo manejando para salir de aquí, pero todo se ve tan igual. No sé en donde estamos. Nunca llegaron a la casa de los abuelos. Papá las buscó. Todavía las está buscando.

FIN

Por la carretera por Tania Ruíz se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported. Basada en una obra en www.elcostaldecuentos.com. Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse enhttp://www.elcostaldecuentos.com.

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